Christoph Harnisch, jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia. CAMILO ROZO

El Comité Internacional de la Cruz Roja lleva cincuenta años en Colombia y ha visto las mutaciones y las distintas formas en que la población ha padecido a varios grupos armados. Christoph Harnisch (Suiza, 1958), su actual delegado, lleva cinco en el país y alerta sobre un nuevo escenario de mayor complejidad.

El diplomático, que fue intermediario neutral en las negociaciones en La Habana a solicitud del Gobierno de Colombia y las Farc, habla con EL PAÍS sobre las actuales dimensiones del conflicto; del aumento de un 300 por ciento de las víctimas de artefactos explosivos improvisados, que pasó de 57 en el 2017 a 221 en 2018, sobre su preocupación por cómo los migrantes venezolanos son aún más vulnerables en medio del conflicto y de los desafíos de la búsqueda de desaparecidos.

 

Pregunta. ¿Cuál es la situación del conflicto armado después del acuerdo de paz? ¿Se mantiene o ha empeorado?

Respuesta. El CICR nunca ha utilizado la palabra posconflicto. La realidad de muchos países en conflictos no se puede resumir en estas categorías intelectuales, es mucho más compleja. Y nunca hay que olvidar que la idea fundamental de este acuerdo de paz fue que la paz no es la firma, es construir algo durante años y años y años. Por eso nosotros siempre preferimos utilizar el término pos acuerdo. Ya sabíamos que solamente un acuerdo con una parte, con las FARC, pero no con la otra, iba a ser una paz parcial. Entendemos y entendíamos que había un interés político de proyectar una imagen de un país en paz, lo cual sería muy bueno. Ahora, lo que hemos visto con presencia en el terreno nos muestra otra realidad. Había esperanza en muchas de esas zonas muy dejadas por años y no hubo estabilización. Y en esas zonas hubo una situación peligrosa que es el desarrollo de lo que es ilegal. Esto afectó la población civil.


P. ¿Cuáles son las violaciones que más les preocupan?

R. No es que el CICR quiera ser ave de mal agüero, son simplemente observaciones que hacemos. Hay intimidación, amenazas, restricción de movilidad, artefactos explosivos improvisados y enfrentamientos. Eso no quiere decir, como me critican algunos: ¡ah entonces para usted la paz no fue útil! La paz fue muy útil, pero hay que reconocer una realidad para muchas personas que están en estas zonas. Vemos con preocupación también el desplazamiento individual por razones de amenazas. Son las mismas violaciones al DIH del pasado.

 

P. ¿Por qué habla de cinco conflictos armados actualmente?

R. Hemos visto que están presentes las mismas prácticas de control social del pasado, en las que se les dice a los campesinos si pueden trabajar o no. Y en las zonas donde hubo voluntad de cambiar cultivos ilícitos por lícitos se presentó un choque entre los campesinos y los grupos que tienen la posibilidad de influenciar de manera negativa a la población. Para nosotros, el enfoque no es jurídico sino humanitario. Por eso hablamos de cinco conflictos.

 

P. ¿Cuáles son y cómo operan?

R. Primero, está el actor con el que hubo negociaciones de paz, (la guerrilla) del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Ahí vimos fortalecimiento en regiones como Chocó, Nariño, Cauca y Catatumbo. El segundo conflicto armado es con la estructura del Clan del golfo. Muchas veces dicen, bueno ellos no tienen una motivación ideológica, para nosotros eso no es un criterio, lo importante es que esos grupos están en terreno y afectan a la población civil. El tercero, es el EPL (Ejército Popular de Liberación), que es una estructura que en el 2016 estaba bastante débil y se fortaleció desde 2017. En cuarto lugar está la situación que ocurrió en la última fase de La Habana. Algunos de las FARC, concretamente del Frente 1, 7 y 40. En este, hemos tenido largos meses de análisis. ¿Qué es esto, en términos jurídicos? Porque las Farc ya fue un grupo insurgente que no se puede llamar un grupo armado. Ahí la prensa inventó el término disidencias o grupos residuales. Para complicar todo, hubo enfrentamientos entre el ELN y el EPL, y así hicieron el quinto conflicto armado.

 

P. ¿Todos atravesados por la coca?

R. Lo que pasó después del inicio de 2017 es que estos grupos se habían preparado para lo que venía después de la eliminación en la geografía militar de las Farc y ahí vimos un reagrupamiento y la pelea por el dinero rápido o las economías ilegales, no solo coca sino también la minería ilegal. Un campesino que quiere cambiar de la coca al café, a la yuca, no puede hacerlo en muchas zonas porque si lo intenta tiene problemas con estos grupos, o bandas, que en algunos casos son pequeños.

 

P. Es decir, lo mismo del pasado pero con grupos dispersos

R. Lo nuevo en Colombia es que no hay una dimensión nacional en el conflicto armado, hay micro regiones con dinámicas que no tienen mucho que ver unas con otras. Es una situación más compleja en donde la pregunta fundamental es cómo proteger a las poblaciones y neutralizar las economías ilegales. Ese es el gran dilema del Estado colombiano, y no depende de un gobierno. Además, el pasado era más sencillo en términos de análisis: todo mundo conocía los frentes, bloques, comandantes de las Farc; hoy pasa eso con el ELN, pero el tema se complica en las fronteras. Hay una fragmentación, un análisis mucho más difícil de lo que son esos grupos, los civiles muchas veces nos dicen que no saben quiénes son. Y eso es muy diferente del pasado. Entonces estamos entrando en una nueva cara del conflicto, la cara de estos grupos es más difícil.

 

P. La atención está en las disidencias, ¿pero cuáles son los que afectan más a la población?

R. Todos utilizan artefactos explosivos improvisados y sus peleas para la reorganización de rutas ponen en riesgo la población. El efecto es el confinamiento, accidentes, heridos, y este es el aspecto más triste porque afecta a los niños, a los campesinos. En Colombia siempre se habló de reclutamiento forzado de menores; hoy estos grupos no utilizan la fuerza sino el dinero. Es una nueva dimensión. Esas dinámicas ponen en contradicciones muy duras a las familias por la pobreza en la que se encuentran.

 

P. ¿Cómo ha sido la respuesta del actual gobierno?

R. Es un poco temprano para evaluar los éxitos y las dificultades. Con todas las críticas que se pueden hacer, es mucho más complejo que en el pasado. El del ELN y las Farc fue un conflicto muy tradicional. Diría que la respuesta debe ser con esfuerzos muy contextualizados. No se puede hacer un plan nacional que implemente de la misma manera en todo el país, porque el Catatumbo, Nariño o Chocó son totalmente diferentes. Cabe destacar muy claramente que no es responsabilidad de un solo gobierno. La situación fue compleja ya en 2017, no es una acusación al gobierno que no hace suficiente. Lo que sí es que se necesitan respuestas. La gente nos dice, es importante que ustedes vengan, para ver lo que pasa, pero no es suficiente.

 

P. Ha insistido en poner el foco en los desaparecidos

R. En el marco del acuerdo de paz se habló de la necesidad de dar recursos para los más de 80 mil desaparecidos, o tal vez más, y hoy lo que nosotros sabemos es que siguen desapareciendo personas por el conflicto armado. Desaparece una persona cada cuatro días.

 

P. Se esperaba que el pos acuerdo permitiera a acceder a información para encontrar desaparecidos.

R. Estamos trabajando fuerte en eso. Para este tema es importante que tengamos la información más actualizada sobre sitios de entierro, no solo de combatientes, sino de civiles. Hubo resultados buenos en 2017 y 2018. Ahora hay ciertos miedos de hablar de estos temas.

 

P. ¿Por qué?

R. Primero, muchos de los exguerrilleros se dispersaron; también hay temor a palabras como inseguridad jurídica, y claramente lo que pasó a nivel nacional (se refiere a la fuga del excomandante de las Farc, Jesús Santrich) impactó a estas personas. Tercero, los primeros casos de asesinatos de ex Farc.

 

P. Usted había alertado por falta de presupuesto en la Unidad de Búsqueda de personas Desaparecidas

R. Apoyar la Unidad de Búsqueda debe ser un objetivo estratégico, porque tendrá el papel de encontrar, con una organización extrajudicial y humanitaria, los desaparecidos durante al menos 30 años. El primer punto positivo es que existe y tiene recursos pero no son suficientes. La Comunidad Internacional ayuda de manera eficaz, lo que hace falta es la voluntad del Estado de priorizar esto y no simplemente decir nosotros tenemos dudas sobre ese sistema integral. No, en este tema de los desaparecidos no debe existir polarización. Todo el mundo está de acuerdo en que esta es la tarea de la sociedad colombiana de los próximos años y entonces hay que darle apoyo a la Unidad. Entendemos las dificultades del presupuesto, pero presupuestos traducen voluntad.

 

P. Pero con un gobierno que no creía en la existencia del conflicto armado, ¿sí habrá interés de encontrar los desaparecidos? Eso mostraría las dimensiones de lo que pasó.

R. Ese debate sobre conflicto armado nunca ha sido útil. Estas situaciones necesitan un fondo político, pero claramente si detrás de este debate hay una voluntad de no implementar, eso sería lamentable. No sé si estamos en esa situación, pienso que no, pero hay unos elementos de duda que tendrían que ser esclarecidos. Se sabe muy bien que los gobiernos siempre quieren disimular con el tema de los desaparecidos porque es doloroso para toda la sociedad y entendemos que ahí hay opiniones divergentes. Lo que hay que aprender es que tenemos una Unidad de Búsqueda que forma parte del sistema integral y eso es un logro inmenso.

 

*Delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja, habla de su preocupación por el escenario de violencia que vive el país.

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Sábado, 13 Julio 2019 05:46

Cuánto cuesta un soldado

Cuánto cuesta un soldado

EE.UU. gasta hasta 17.000 dólares por cada marine o infante

Llevan hasta setenta kilos encima y cada cosa cuesta una fortuna: armaduras de 1600 dólares, cascos de más de 300, mochilas de mil dólares.

 

 La evidencia está en los noticieros en blanco y negro, en las obras maestras del reportaje de guerra, en las toneladas lineales de imágenes de lugares como Kursk, Anzio, Iwo Jima o Berlín. Ahí se ve, jóvenes para siempre, a soldados ingleses, alemanes, rusos, americanos, franceses, japoneses y varios, varios etcéteras, peleando la mayor guerra jamás vista. Van con un uniforme de brin, un casco de metal, un cinturón y botas de cuero, un arma en la mano. A lo sumo, se molestan en colgar de la cintura una cantimplora, alguna granada, cargadores, un puñal. Si se los ve con una mochila, es chiquita como las que usan hoy los chicos, o una bolsa con tres piolines, a la rusa. Esa era gente que ganaba sus guerras sin accesorios, durmiendo en el suelo, comiendo lo que hubiera.

 Los países por los que peleaban no habían inventado lo que Estados Unidos inventó a partir de los años sesenta y sobre todo al profesionalizar sus fuerzas armadas, eliminando todo servicio militar. Para la Francia de 1940, para la Gran Bretaña de Churchill, para el Japón de Hirohito, para la URSS amenazada de exterminio, para los Estados Unidos después de Pearl Harbor y para la Alemania después de Stalingrado, la guerra era un peligro existencial, una carga atroz. Pagar una guerra era fundirse, empeñarse por años. Pero arrancando en Corea, acelerando en Vietnam, afirmándose en la guerra fría y la colección de guerra imperiales que no se podían perder, Estados Unidos transformó la guerra en un negocio espectacular. Fue el triunfo de lo que el presidente Eisenhower, que era general y había comandado Europa en la segunda guerra mundial, llamó el complejo industrial militar.

La carga de todo esto la llevan, literalmente, los soldados americanos de hoy, que van como burros llevando encima hasta 70 kilos de equipo obligatorio. Que necesiten todo es debatible, porque últimamente si un americano muere en combate es porque lo mató un insurgente en chancletas y de civil, armado con un Kalashnikov usado, una bolsa de pan y una botella de agua envuelta en un trapo. Pero lo que no queda duda es que equipar al marine o al infante moderno puede costar hasta 17.500 dólares, un negocio soñado para más de uno.

Esto se gasta en darle una armadura, rodilleras, coderas, antiparras, máscara antigás, radio, visión nocturna, guantes con tejido antiflama, un casco de kevlar y una carabina modular M4 con más accesorios que una Ferrari. Para darse una idea, el casquito de plástico laminado le cuesta al ejército, que los compra de a centenares de miles, 322 dólares, la radio 580 y el chaleco antibalas 1620. La mochila llena de cachivaches cierra a 1031 dólares y los borceguíes a 105. El fusil básico bajó de los 1200 que cobraba cada uno la Colt, su creador, a 700 y ahora a 642 en la última licitación, que compró 120.000 unidades por 77 millones. Esta baja subraya el sobreprecio que se paga por la munición, que se calcula en 787 dólares por hombre para que salga en descubierta, nomás. Y por supuesto, falta considerar la cantidad de cosas que se le pueden adosar a un M4: dos tipos de lanzagranadas, dos tipos de agarres frontales, tres tipos de mira laser, dos tipos de mira telescópica, de cerca y de lejos.

A todo esto, lo más barato es el soldado raso, que gana cincuenta dólares por día –una miseria en Estados Unidos- más un extra de cinco si está en una zona de combate. Que el negocio no es para el que lleva la mochila queda claro cuando se calcula el costo total de tener un hombre bajo bandera en una unidad de combate. La OTAN calcula un promedio de 180.000 dólares por año por persona, cifra en la que los 26.000 anuales de salario básico es lo de menos. Cada soldado en operaciones en Afganistán le cuesta a Washington 2.100.000 por año.

Roosevelt se debe estar revolviendo en su tumba viendo estos gastos. Cuando el presidente mandó tropas a medio mundo, cada soldado llevaba 170 dólares encima, a moneda corregida y actualizada. Los GI iban con un casco metálico, pesado e incómodo, un rifle M1 que pateaba como una mula, borcegos de cuero, ropa de algodón, un cinturón con bolsitas para cargadores y un Zippo. Para Vietnam, el costo de cada hombre equipado ya había subido a 1112 dólares, en buena parte porque los fusiles M16 costaban casi 600 cada uno. Vale la pena anotar que Estados Unidos movilizó 11.300.000 hombres y mujeres en la segunda guerra mundial, y 2.300.000 en Vietnam, pero hoy apenas araña los 800.000 en unidades de combate.

Quien tenga vocación de estudiar estas cosas puede encontrar en internet –cuando no- un vívido debate sobre la cantidad de cachivaches que lleva encima un infante. Según un estudio encargado por el mismo Pentágono, un soldado no debería llevar encima más que el 33 por ciento del peso corporal. En promedio, esto significa que en todo concepto un soldado no debería cargar más de 27 kilos y una mujer bajo bandera hasta 20. El estudio se encargó porque los soldados llevan hasta el 60 por ciento de su peso encima, con picos absurdos como el final del examen de oficiales de los Marines, en que los candidatos tienen que marchar quince kilómetros en menos de tres horas, cargando setenta kilos de equipo encima. Alguien se debe haber acordado de los soldaditos de la gran guerra, tan livianos ellos, y hasta haber recordado que los legionarios romanos caminaron medio mundo conocido llevando hasta la mitad de su peso, contando las armaduras de metal martillado.

El informe fue prolijamente ignorado porque sacarle equipo de encima a los soldados significa cancelar contratos, algo que de ninguna manera es una opción. No asombra que los militares estén invirtiendo en soluciones más caras y lucrativas, como robots de carga que le lleven el bolso al pelotón, o exoesqueletos como los de la película Elysium para que cada uno sea un superhombre cargado de accesorios.

Mientras, en el resto del mundo en el que se acuerdan que la guerra es un sacrificio más que una industria, los costos son otros. Los chinos ponen un soldado en el campo con 1523 dólares, y la principal crítica que les hacen –y aceptan- es que hay muy pocas radios como para coordinar movimientos. El precio es relativamente alto porque el arma de combate, el Modelo 95 –nieto o bisnieto de un Kalashnikov- cuesta 4300 yuan, unos 700 dólares.

Pero si se quiere una comparación precio-calidad que desgaste la excusa americana de “lo nuestro es más avanzado”, hay que ir a Rusia. Moscú acaba de presentar la super-armadura integrada Ratnik-2, un sistema que consta de casco, chaleco antibalas, radio, antiparra inteligente con visor infrarrojo y de visión nocturna, tanquecito de agua con filtros, un botiquín y hasta una bolsa de dormir. Esta pieza pesa apenas 20 kilos y cuesta 3500 dólares, mayorista, pero le resulta tan cara al Kremlin que la van a usar únicamente los comandos de las fuerzas especiales. Al final, son los rusos los que saben de economía y los especialistas en defensa ya se acostumbraron a ver equipos de rendimiento comparable al occidental, a un tercio del costo. Por ejemplo, el nuevo supertanque Armata, que no llega a los cuatro millones de dólares y es el par de cualquier cosa que produce la OTAN a doce millones.

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Alertan sobre el uso de 'robots asesinos' en futuras guerras: no existe aún regulación

La Cruz Roja afirma que abordar el problema de las futuras armas autónomas será crítico ya que plantea cuestiones éticas sobre la delegación de decisiones letales a las máquinas. Mientras, una reciente encuesta internacional muestra un importante rechazo de la ciudadanía de 26 países, entre ellos España, a este tipo de armamento.

 

Los sistemas armamentísticos autónomos letales, los 'robots asesinos', no existen aún. No obstante, la creciente automatización de las armas mantiene abierto desde hace años un debate internacional sobre la necesidad de una regulación o, directamente, una prohibición de los mismos. El problema de fondo es si dejar o no en manos de un algoritmo la decisión de matar a un ser humano.


Mientras países como EEUU, China, Reino Unido, Rusia, Francia e Israel desarrollan armamento cada vez más automatizado, no existe aún un tratado o una legislación internacional que regule lo que, probablemente, será una realidad en un futuro cercano: los 'robots asesinos'.


Este tipo de sistemas de armas serán capaces de seleccionar objetivos de forma independiente, es decir, sin intervención humana, y atacarlos. Por lo tanto, son diferentes a los drones operativos hoy en día, ya que en este caso los humanos seleccionan y atacan objetivos, pero a distancia.


El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, apoya una prohibición total [] de estos sistemas armamentísticos autónomos, y muchas ONGs y activistas exigen que exista, al menos, un marco normativo suficientemente estricto.


De momento, ese marco no existe. Si bien se negocia un protocolo para este mismo año en el marco de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCV), una encuesta de Ipsos publicada este martes y encargada por Human Rights Watch y la Campaña Contra los Robots de Combate —una alianza de 88 ONG que trabaja en este asunto desde octubre de 2012— muestra que el 61% de los participantes de 26 países se oponen a la existencia de este tipo de armamentoautónomo (el 65% en España).

Las Naciones Unidas están revisando las implicaciones estratégicas, legales y morales de los sistemas de armas autónomos letales. Sin embargo, tras una reunión en noviembre del CCV, tan solo 28 países en el mundo están dispuestos a prohibir este tipo de armamento. España no se encuentra en este grupo (PDF).


Donde sí está España es en el grupo que precisamente no apoya una negociación de un nuevo tratado sobre este asunto, al lado de Australia, Bélgica, Francia, Alemania, Israel, Corea del Sur, Rusia, Suecia, Turquía, EEUU y el Reino Unido.


Cruz Roja


En una entrevista concedida a la Fundación Thomson Reuters en Yakarta, Yves Daccord, director general del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), afirmó que este sería un tema crítico en los próximos años, ya que planteaba cuestiones éticas sobre la delegación de decisiones letales a las máquinas y la responsabilidad que conllevan las acciones de estas máquinas.


"Tendremos armas que vuelan sin ser manejadas remotamente por un humano y tendremos suficiente inteligencia para localizar un objetivo y decidir si es la persona adecuada para eliminar", dijo Daccord. "No habrá un ser humano que tome esa decisión, será la máquina quien decida: el mundo esencialmente delegará la responsabilidad en un algoritmo para decidir quién es el enemigo y quién no, quién vive y quién muere".

Significativamente, Cruz Roja no aboga por la prohibición total, sino por "mantener un nivel de control humano sobre tales armas". "Esto significa que, en cualquier momento de la operación, un humano puede intervenir", dijo Daccord. Según el CICR, las normas deberían abordar cuestiones como la definición de armas autónomas, el nivel de supervisión humana sobre estas armas, como la capacidad para intervenir y desactivar, así como las condiciones operativas para su uso.


Los partidarios de las armas autónomas alegan que éstas harán la guerra más humana, al ser más precisas en la localización y eliminación de los objetivos. Para afirmar lo anterior, argumentan que los robots carecen de emociones humanas como el miedo o la venganza y minimizarán las muertes de civiles, sostienen los defensores de estros robots.


No obstante, Daccord recuerda que tales máquinas podrían funcionar mal, y esto puede generar dudas sobre la responsabilidad ante un error. "Se puede responsabilizar a las personas, según el derecho internacional humanitario, con armas gestionadas a distancia, como los drones, pero con las armas autónomas nos estamos movemos en un nuevo territorio", dijo.
Problema ético


Para Milton Meza Rivas, investigador de la Niversidad de Barcelona y asesor del Grupo de Trabajo sobre sistemas de armas autónomas letales de la ONU, "un robot autónomo letal, por muy bien diseñado y programado que esté, probablemente no podría cumplir a rajatabla los principios básicos del derecho internacional humanitario (especialmente los de distinción, proporcionalidad y precaución) ya que, en razón de la complejidad que involucra una operación militar, es difícil que la máquina pueda contar con una base de datos que le permita evaluar todo el contexto".


Así, este experto sostiene, en un análisis publicado por el Institiuto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) en agosto de 2016 (PDF), que podría haber un incremento en el riesgo de que se produzcan daños no previstos e indiscriminados contra inocentes, ya que, como recuerda, "los principios rectores del derecho internacinal humanitario implican una capacidad de discernimiento propia del ser humano".

El problema de fondo es, por tanto, ético. Así al menos lo consideran expertos como Carlos Espósito, catedrático de Derecho Internacional Público en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.


En una conferencia en la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa (Fide) en 2017 alertaba de que, desde la perspectiva del derecho internacional, habrá problemas cuando "la tecnología permita que los drones sean totalmente autónomos, es decir, que su programación le permita disparar sin esperar una orden o autorización de un operador humano".


Es decir, es necesario resolver el dilema que plantea dejar que un robot, que a priori no tiene capacidad empática, decida y mate por sí mismo a una persona. Así, para Espósito, mientras que la atribución de responsabilidad y la reparación de los daños y perjuicios son problemas que se resuelven jurídicamente, la cuestión relativa a si es justo delegar la decisión de matar en una máquina es un problema ético.

MADRID
23/01/2019 07:42 Actualizado: 23/01/2019 07:42
P. ROMERO | AGENCIAS

 

EEUU vive una guerra cultural, de clase y racial

Cuando una parte de la población de una nación está armada para defenderse de otra parte de la población, estamos ante una guerra civil no declarada. Cuando el Estado no tiene el monopolio de la violencia legítima, ¿podemos pensar que se trata de un 'Estado fallido'?


Las masacres en escuelas y centros de estudio pueden considerarse una emergencia de la violencia en la sociedad estadounidense. En los primeros 45 días de 2018, hasta la masacre de San Valentín, hubo 18 tiroteos en escuelas, en diez de las cuales hubo muertos, según el Everytown for Gun Safety, un grupo que defiende un mayor control sobre la venta de armas. En el mismo lapso se han registrado 18 tiroteos en escuelas de EEUU, en 10 de los cuales hubo heridos o muertos. Desde 2013 la cifra trepa hasta los 290 tiroteos en centros educativos.

Otro informe de prensa asegura que en el primer mes y medio hubo 1.800 personas que murieron en Estados Unidos por herida de bala. Desde 2011 fueron 200.000. Una verdadera guerra. La notable cantidad de muertes por armas de fuego, y en particular la sucesión de matanzas en escuelas, han llevado a diversas organizaciones a convocar la Marcha por Nuestras Vidas (March for our Lives, en inglés) el sábado 24 de marzo en Washington, para que la libertad de poseer armas de grueso calibre sea regulada


Los convocantes de la protesta demandan la prohibición de la venta libre de fusiles de asalto, por considerarlas armas de guerra que van más allá de la defensa personal. Pero defienden "el derecho de los estadounidenses respetuosos de la ley a poseer y portar armas, como se establece en la Constitución de los Estados Unidos".


Los organizadores también reclaman la prohibición de las revistas especializadas en armas de guerra, asegurando que aquellos estados que las prohíben tienen la mitad de tiroteos. Y sostienen que la verificación de antecedentes de los compradores reduce drásticamente los sucesos violentos.

Lo que sorprende es que aún los opositores a las armas de fuego muestran su respeto por la "segunda enmienda" de la Constitución que defiende "el derecho del pueblo a poseer y portar armas". Lo cierto es que en EEUU hay más armas que habitantes y que la mitad de las armas del mundo en posesión de civiles está en este país.


El Congreso nunca autorizó la creación de una base de datos sobre la cantidad de armas en poder de particulares ni la cantidad de muertos por armas de fuego. No cualquiera tiene un arma. Una pista sobre los poseedores la ofrece el Departamento de Justicia de Estados Unidos: en 2013 se vendieron 16,3 millones de armas de fuego (45.000 cada día), un aumento del 130% en relación a 2007, cuando Barack Obama llegó a la Presidencia y se desató el pánico a que el Gobierno restringiera la venta.

Aunque la violencia crece, cada vez son menos los ciudadanos de EEUU que tienen armas. En la década de 1980, la mitad de las familias tenían armas, cifra que cayó a un tercio en la actualidad. Lo que indica que los que tienen un rifle, una escopeta o una pistola cada vez acumulan más cantidad de armas. Según un estudio de EFE, el 66% de los estadounidenses posee más de un arma en su casa.

El estudio ofrece algunas pistas sobre quiénes tienen armas y contra quiénes las utilizan. El 65% afirma que posee un arma para protección, seguido de los que las tienen para uso deportivo y caza, y muy lejos por los coleccionistas. La mitad afirma que creció en un hogar con armas.


La distribución entre grupos sociales es la clave. El 57% de los republicanos está armado frente a sólo el 25% de los demócratas. La mitad de los blancos (49%) tiene armas frente a menos de un tercio de los negros (31%) y apenas una quinta parte de los latinos (20%). El 72% de los estadounidenses disparó alguna vez un arma.


El panorama se aclara. Una minoría de hombres blancos republicanos está armada. Por otro lado, sabemos que la policía ha disparado y matado más de mil personas cada año desde el comienzo de la crisis de 2008, en su inmensa mayoría negros, lo que ha dado pie al nacimiento de movimientos como Black Lives Matter (Las vidas negras importan, en inglés), entre otros.

¿Cómo entender y cómo analizar estos datos?

La primera cuestión es que estamos ante un país que vive una larga guerra civil. Cada día 309 personas reciben heridas de bala y 93 mueren por disparos. Desde 1967 murieron por disparos 1,59 millones de personas, más que los ciudadanos de EEUU que perdieron la vida en guerras, que suman 1,2 millones en estos 50 años.


Son cifras elocuentes. Es una guerra interna de la que no se puede acusar a ninguna potencia extranjera. Es una forma de vida que está en el ADN de los estadounidenses y que probablemente esté arraigada en la forma como se creó la nación. Por algo la segunda enmienda se formuló en 1791, cuando la rebelión contra la monarquía inglesa llevó a los rebeldes a crear milicias armadas para defenderse de los ejércitos coloniales.


La segunda cuestión es la identidad de los estadounidenses, punto en el que aparecen fuertemente divididos. El hecho de que 'sólo' la mitad tenga armas, y que apenas uno de cada cuatro votantes demócratas las posea, enseña una fractura identitaria muy fuerte. Más aún porque cada vez son menos los que creen que las armas resuelven los problemas de seguridad, tal y como muestran el descenso constante en la posesión y los movimientos que se han disparado este año contra las armas de guerra.

El tercer aspecto es el que siento más importante. Los más oprimidos, negros e hispanos, los más débiles socialmente, son los que menos armas tienen. Son las víctimas principales de los que tienen armas, tanto de los civiles como de los policías, guardias nacionales y militares que son mayoritariamente blancos, en particular los mandos medios y superiores.

Por lo anterior, debemos concluir dos cuestiones: el Estado no tiene el monopolio de las armas y la violencia se ejerce principalmente contra los pobres, focalizada en negros e hispanos. Una frase casi prohibida en EEUU, resume la cuestión: lucha de clases.

 

09:04 22.03.2018(actualizada a las 09:59 22.03.2018)URL corto

 

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Miles de alumnos de EEUU alzan la voz por un mayor control en la venta de armas

Decenas de miles de estudiantes salieron el miércoles a las calles en todo Estados Unidos o se concentraron en sus escuelas en señal de dolor por la matanza perpetrada el pasado 14 de febrero en un instituto de Parkland, en el sur de Florida, y en demanda de un mayor control en la venta de armas.

 

Al cumplirse un mes del tiroteo, estudiantes de más de 3.000 centros educativos de todo el país dejaron sus clases y se concentraron en los campus e instalaciones o marcharon por las calles para reclamar a la autoridades acciones concretas para restringir el acceso a las armas de fuego.


La masiva participación y protesta tuvo su acto central a las 10:00 hora local durante el paro de 17 minutos de duración, uno por cada vida segada en la matanza perpetrada en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, de Parkland.


Unos 3.000 alumnos y profesores de esta escuela de Florida se concentraron en el campus en memoria de las víctimas y para pedir a los legisladores cambios efectivos a las leyes de control de armas.


"Es muy emocionante. Mi corazón está roto y está siendo muy duro, pero estoy orgullosa de la acción de estos estudiantes", dijo Carla Madeiros, madre de una alumna del centro, para añadir que "no hay lugar para las armas automáticas y tiene que haber un cambio" en las leyes.


Alumnos del cercano colegio West Glades se sumaron a la concentración en Parkland bajo el lema de "No más rifles", un mensaje de protesta que resonó contundente en todo el país en rechazo a las permisivas leyes actuales de control de armas.


Los alumnos que abarrotaban las gradas y el campo de deportes del colegio de Parkland entonaron con emoción "Shine", el himno que ellos mismos compusieron en señal de duelo por la muerte de 14 estudiantes y tres adultos en el tiroteo.


"Lo que pasó fue horrible", señaló Gloria de Jesús, madre de otro estudiante en referencia a la masacre que perpetro Nikolas Cruz, de 19 años, quien disparó indiscriminadamente con un fusil de asalto en este centro educativo.


A Parkland se acercaron personas de todas partes de la nación, como una joven conmocionada de Pensilvania que entregó a los familiares de las víctimas del tiroteo un retrato de cada uno de los asesinados.


En el camino desde la escuela hasta el parque Pine Trails, el estudiante Liam Kiernan aseguró que "nunca se había sentido tan fuerte y entusiasmado" y se mostró conmovido por la "resistencia" de toda la comunidad.


"Sólo podemos mirar hacia delante", dijo el joven mientras caminaba hacia el parque donde el día posterior a la masacre tuvo lugar la vigilia en recuerdo a las víctimas.


Muchos alumnos, como en Nueva York, salieron pronto a las calles para mostrar pacíficamente su rechazo a la violencia por armas de fuego en los colegios y llamar al Congreso de EEUU a que actúe de manera decisiva para aprobar leyes que endurezcan el acceso a las armas.


En Washington, centenares de estudiantes se concentraron frente a la Casa Blanca y al Capitolio con pancartas y con gritos de "Basta es basta" ("Enough is enough") y "¿Cuántos más?".


Líderes demócratas salieron al encuentro de los jóvenes para conversar con ellos sobre sus reivindicaciones de un mayor control de armas.
Las voces airadas de muchos alumnos y líderes comunitarios culpan de la escalada de ataques armados en colegios a la inacción de los legisladores, más pendientes de "enviar mensajes de solidaridad y pesar por las víctimas" que por generar un cambio real con nuevas leyes, señaló su página web el grupo Women's March Empower, organizadora de la protesta.


Esta jornada histórica jalonada por las protestas de miles de estudiantes se sintetizaba en la demanda escrita en uno de los carteles que se agitaba en Parkland: "!Las oraciones y condolencias no son suficiente! Nuestros funcionarios del Gobierno necesitan actuar ya o renunciar a su puesto".


Una de las principales reclamaciones de numerosos estudiantes, padres, profesores y líderes comunitarios es la prohibición de la venta de armas de asalto como el fusil semiautomático AR-15 usado en la matanza por Cruz, exalumno de Marjory Stoneman Douglas.


Cruz, autor confeso de la matanza, afronta 17 cargos por intento de asesinato en primer grado y otros 17 por asesinato premeditado en primer grado, delitos que un gran jurado le imputó la semana pasada.

 

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Lunes, 19 Febrero 2018 06:00

Jóvenes al rescate

Jóvenes al rescate

“Estamos juntos aquí porque si lo único que puede hacer nuestro gobierno y el presidente es enviar sus condolencias y oraciones, entonces es momento de que las víctimas sean el cambio que necesitamos ver”, declaró Emma Gonzalez durante un mitin contra las armas el sábado en Fort Lauderdale, cuatro días después de sobrevivir a la matanza en su preparatoria en el pueblo de Parkland, Florida, a unos kilómetros de donde hablaba con voz firme y entre lágrimas de ira y tristeza.

Gonzalez, de 18 años, señaló que ya todos conocen las estadísticas sobre los tiroteos masivos y cómo se repiten estas tragedias por todo el país. De hecho, ella y sus compañeros se han sumado a los más de 150 mil estudiantes en más de 170 escuelas primarias, secundarias y preparatorias que han atestiguado un tiroteo en sus instalaciones desde la matanza en la preparatoria Columbine, en 1999, según un análisis del Washington Post.

“Vamos a ser los jóvenes de los cuales ustedes después leerán en sus libros de texto. No porque vamos a ser otra estadística sobre tiroteos masivos en Estados Unidos, sino porque vamos a ser el último tiroteo masivo (…) vamos a cambiar las leyes”, prometió a los más de mil estudiantes, padres de familia y otros que se congregaron para decir ya basta.

Si el presidente quiere presentarse frente a mí y decirme en mi cara que esto fue una tragedia terrible y que nunca debió haber ocurrido, y si quiere seguir diciendo que nada se puede hacer al respecto, felizmente le preguntaré cuánto dinero ha recibido de la Asociación Nacional del Rifle. Y ¿quieren saber algo? No importa, porque ya sé: 30 millones de dólares (...) A todo político que recibe donativos de la NRA (Asociación Nacional del Rifle): vergüenza, y en ese momento cientos de sus compañeros y padres de familia corearon: vergüenza, vergüenza.

“Los gobernantes electos nos están mintiendo. Y parece que nosotros los jóvenes somos los únicos que nos damos cuenta, y estamos aquí para decir que eso es BS (bullshit, una pendejada). Empresas que hacen caricaturas de los jóvenes estos días, diciendo que sólo nos importa lo nuestro y que estamos obsesionados con los trends… estamos preparados para decirles BS. Políticos que están sentados en sus curules dorados financiados por la NRA diciendo que nada se podría haber hecho para evitar esto, decimos BS... Dicen que ninguna ley podría haber prevenido cientos de tragedias que han ocurrido. Decimos BS. Que no sabemos de lo que estamos hablando, que somos demasiado jóvenes para entender cómo funciona el gobierno. Les decimos BS”. Y con ello respondió un coro: no más BS.

Gonzalez no está sola. Un nuevo grupo de líderes feroces acaba de nacer de las muertes violentas de 17 de sus compañeros en el más reciente tiroteo masivo en este país. Cualquier político que está aceptando fondos de la NRA es responsable, declaró Cameron Kasky, otro estudiante de la preparatoria en Parkland, a ABC News. Y dirigiéndose directamente al senador de su estado, Marco Rubio, agregó: “no es nuestra tarea decirte cómo protegernos. Nuestra tarea es asistir a la escuela, aprender y no ser baleado (…) Su tarea es protegernos y nuestra sangre está en sus manos”.

Vale señalar que Rubio está entre los más beneficiados por la generosidad de la Asociación Nacional del Rifle, la entidad más poderosa contra el control de las armas en manos privadas.

Otro estudiante sobreviviente David Hogg, en una entrevista con CBS News, se dirigió directamente a Trump este domingo denunciando: hemos visto el cierre de gobierno, hemos visto la reforma de impuestos, pero nada para salvar las vidas de los niños. Usted me enferma.

Respondiendo a un tuit de Trump que acusa a la FBI de no haber seguido alertas sobre el sospechoso porque estaban demasiado ocupados en investigar la colusión que no existe entre los rusos y su campaña electoral, Aly Sheehy, otra sobreviviente, respondió: 17 de mis compañeros ya no están. Esos son 17 futuros, 17 jóvenes y 17 amigos robados. Pero tienes razón, siempre se tiene que tratar de ti. Qué tonta, se me había olvidado.

Estudiantes, algunos que ya realizaron acciones locales, anunciaron que están organizando movilizaciones a escala nacional, algo que está preocupando a políticos hasta ahora muy cómodos, quienes habían logrado frenar iniciativas anteriores para imponer controles sobre las más de 300 millones de armas que están en manos privadas en este país.

En la convocatoria a la “Marcha para nuestras vidas, acción impulsada por estudiantes a través del país y citada para Washington el 24 de marzo, se declara: Ni uno más. No podemos permitir que un niño más sea baleado en la escuela. No podemos permitir que una maestra más tenga que decidir si ponerse en frente de un rifle de asalto para salvar las vidas de sus estudiantes. No podemos permitir que una familia más esté esperando una llamada o un texto que nunca llega. Nuestras escuelas no están seguras.Nuestros hijos y maestros se están muriendo. Tenemos que hacer que nuestra prioridad principal sea salvar estas vidas. (www.marchforourlives.com/mission-statement).

El 14 de marzo se está convocando a una huelga estudiantil de 17 minutos, por las 17 víctimas, y otras el 20 de abril, el aniversario de Columbine, donde se pide que todos se vistan de anaranjado para exigir el cambio, entre otras.

En otra entrevista con CNN, Kasky resumió: mi mensaje a aquellos que están en cargos de elección es: están con nosotros o están en contra. Estamos perdiendo nuestras vidas mientras los adultos están jugando.

O como lo resumió el editor en jefe de Wired, Nicholas Thompson, en un tuit: Estados Unidos: donde los estudiantes de prepa actúan como líderes, y los líderes actúan como si estuvieran en la prepa.

En un país donde más personas han fallecido por violencia de armas de fuego desde 1968 hasta hoy día que el total de estadunidenses muertos en todas sus guerras desde su independencia, donde el pueblo más armado del mundo comete masacres y donde en promedio hay cinco balaceras en sedes académicas cada mes, serán los jóvenes quienes tal vez podrán rescatar a su país de esta barbarie.

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Noam Chomsky considera que la humanidad enfrenta tres crisis fundamentales.

 

La humanidad enfrenta una crisis moral que representa amenazas más graves que las vividas en la Guerra Fría y a la sociedad parece no importarle, declaró este domingo el filósofo, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky.

Durante su presentación en el festival Ciudad de las Ideas, que se celebró este fin de semana en Puebla (México), el lingüista afirmó que la sociedad actual se enfrenta a tres grandes crisis, todas con un factor común: la crisis moral de deshumanización.

“Todavía recuerdo ese 6 de agosto de 1945”, aseguró el intelectual sobre el día que la bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima (Japón) para apuntar la primera de estas crisis, la nuclear. Recordó que estaba en un campamento de verano cuando sucedió y entonces: “A nadie le importó. Salí solo a caminar y desde entonces he seguido el comportamiento temerario por parte de los líderes políticos”.

Chomsky dijo que acabar con la guerra nuclear es sencillo porque “sabemos cómo enfrentar el problema” y la solución es deshacerse de las armas pero los intereses particulares de determinados países prevalecen ante la paz mundial. En pleno siglo XXI la historia de las Guerras Mundiales parece quedar muy atrás para los jóvenes, sin embargo la amenaza es mayor porque los países están más armados que nunca y en una carrera armamentística y de exhibición de poder con una actitud de provocación constante al “enemigo”, indicó el analista nacido hace 89 años en Filadelfia, Estados Unidos.

“En el caso del cambio climático los signos ya están, la ciencia ha demostrado las consecuencias”, sostuvo Chomsky al resaltar la segunda crisis, la ambiental. Comentó que la Comisión Nacional del Cambio Climático en EEUU ha informado de que existe la posibilidad de que el nivel del mar se eleve hasta dos metros en este siglo, lo cual ha sido negado por la administración de Donald Trump.

Imaginar las consecuencias de que se produjera un incremento del nivel de mar es escalofriante porque si hoy hay problemas de refugiados “piense cómo sería si Nueva York estuviera bajo el agua”, sostuvo. Consideró inverosímil que EEUU, “el Estado más importante en la historia de la humanidad, está rehusando participar para enfrentar el problema”.

La tercera crisis que enfrenta la humanidad es el riesgo inminente a una pandemia porque “estamos en el vértice de catástrofes posibles y no lo estamos tomando en serio” reiteró. En una conversación con el fundador del festival Ciudad de las Ideas, Andrés Roemer, y el físico Lawrence Krauss, Chomsky criticó los tratados comerciales advirtiendo que no buscan el beneficio de la sociedad sino satisfacer los intereses de quienes los formulan.

“Los tratados de libre comercio no lo son; están diseñados por ejecutivos corporativos, inversores que buscan su propio interés, son convenios de intereses” enfatizó Chomsky. Además, acusó al gobierno de EEUU de imponer unas leyes que dificultan el desarrollo de tecnologías renovables.

(Con información de EFE)

 

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Las masacres con armas de fuego y su relación con la violencia doméstica

La masacre ocurrida la semana pasada en la iglesia bautista de la comunidad de Sutherland Spring, en Texas, fue un crimen terrible y, también, terriblemente predecible. Como otras masacres similares, el hecho es representativo del problema sistémico que existe en Estados Unidos con las armas y la violencia. El responsable de asesinar a 26 personas y herir a otras 20 antes de suicidarse fue, presumiblemente, Devin Patrick Kelley, un hombre blanco que había sido miembro activo de la Fuerza Aérea estadounidense. Este tiroteo en masa es otro ejemplo letal del vínculo entre violencia doméstica y masacres con armas de fuego.

 

Cuando integraba la Fuerza Aérea, Kelley fue hallado culpable de agredir a su esposa y de fracturarle el cráneo a su hijastro, que no llegaba a tener dos años de edad. La Fuerza Aérea lo sometió a una corte marcial y lo mantuvo confinado durante un año, pero no informó su sentencia al Sistema Nacional Instantáneo de Verificación de Antecedentes Penales del FBI . Esta no fue la única señal de alarma: también había cometido abuso violento contra animales y emitido amenazas de muerte hacia sus superiores de la Fuerza Aérea. Según se informó, le había estado enviando mensajes de texto amenazadores a su suegra, que concurría frecuentemente a la iglesia donde Kelley cometió el asesinato en masa.


Sarah Tofte, directora de investigación del movimiento a favor del control de armas “Everytown for Gun Safety”, declaró en una entrevista para Democracy Now!: “La mayoría de las masacres con armas de fuego están relacionadas de alguna manera con la violencia doméstica o familiar”. El equipo de Tofte acaba de publicar un nuevo informe, que indica que en el período 2009-2016, en más de la mitad de las masacres con armas de fuego, los agresores mataron a sus parejas u otros miembros de sus familias. La violencia doméstica es más que una señal de alarma; es un crimen en sí mismo. Entre otras cosas, el informe señala:
“La presencia de un arma de fuego en una situación de violencia doméstica hace que sea cinco veces más probable que una mujer resulte asesinada”.


“Las mujeres en Estados Unidos tienen una probabilidad 16 veces mayor de ser asesinadas con un arma de fuego que las de otros países de altos ingresos, lo que hace que este país sea el más peligroso en el mundo desarrollado en cuanto a violencia con armas de fuego hacia las mujeres. Todos los años, las mujeres estadounidenses sufren 5,3 millones de incidentes de violencia por parte de sus parejas”.


“Cincuenta mujeres estadounidenses son asesinadas cada mes por disparos efectuados por sus parejas, y muchas más resultan heridas. Cerca de un millón de mujeres que hoy se encuentran vivas son sobrevivientes de ataques con arma de fuego por parte de sus parejas”.


Soraya Chemaly, directora del Proyecto de Discurso del Centro de Medios de Mujeres ( WMC , por sus siglas en inglés), afirmó en una entrevista para Democracy Now!. “No hay absolutamente ninguna duda de que la práctica de la violencia dentro de un hogar, en un ambiente íntimo, hacia personas que, en teoría, el agresor ama, abre camino a la violencia pública”.
Soraya prosiguió: “El tema de fondo es cómo abordamos la violencia privada, cómo abordamos la violencia sexual, qué pensamos en torno a la violencia de género. La división público-privada con la que estamos trabajando no está resultando para nada, porque tendemos a presentar esta violencia terrorista privada de un modo que parece irrelevante para el ámbito público. Si pensamos en el hecho de que en Estados Unidos hay tres mujeres al día asesinadas por su pareja, si eso ocurriera en un solo incidente y estuviéramos hablando de entre 20 y 25 mujeres muertas a la semana en un solo incidente, quizás las personas comenzarían a reaccionar y a prestar atención”.


Mariame Kaba, activista y educadora que trabaja en programas contra la violencia doméstica, nos dijo: “Nos quedamos enfrascados en el intento de etiquetar a la violencia masiva como ‘terrorismo’. Pero lo que tenemos que hacer —y no estamos pudiendo— es poner fin a la violencia contra las mujeres, contra las personas sin género declarado y contra los niños y niñas, que es lo que está en la raíz de estas formas de violencia armada y tiroteos en masa. Sería mejor que nos enfoquemos en tratar de poner fin a estas otras formas de violencia, que son en sí mismas violencia en masa”.


El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, viajó a Sutherland Springs para reunirse con familiares de las víctimas de la masacre. Pence es un miembro de larga data de la Asociación Nacional del Rifle ( NRA , por sus siglas en inglés) con calificación “A”. Como congresista, votó para impedir que una persona pueda demandar a los fabricantes de armas y para suavizar las leyes que rigen las compras interestatales de armas. Esta semana, Pence atribuyó la culpa de la masacre en Texas a “fallas burocráticas” y a la enfermedad mental del atacante. A principios de este año, el presidente Donald Trump revirtió una normativa de la era Obama y facilitó que las personas con problemas de salud mental pudieran adquirir armas.


Trump se encontraba en Japón en el momento de la masacre de Texas, en el marco de una gira en la que intentaba vender miles de millones de dólares en armamento a los aliados regionales al tiempo que insistía con su retórica beligerante contra Corea del Norte. El presidente debería aprender de los países que visita. En Japón, un país de 127 millones de habitantes, hay menos de diez muertes causadas por armas de fuego en un año típico,

principalmente debido al estricto control de armas. Esa cifra es un gran contraste con las más de 33.000 muertes anuales causadas por armas de fuego en Estados Unidos.


En medio de las negociaciones para la venta de armamento, cuando se le preguntó sobre el control de armas a la luz del horror ocurrido en Texas, Trump sostuvo que era demasiado pronto para hablar de cambios en la política de armas. ¿Cuántas masacres más tendrán que ocurrir?


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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sábado, 23 Septiembre 2017 07:28

Las formas de lucha

Las formas de lucha

Hay temas que, a pesar de tener una presencia constante en la vida de la gran mayoría de las personas, aparecen y desaparecen del radar de aquellos a quienes corresponde reflexionar sobre ellos, sea en el plano científico, cultural o filosófico. Algunos de los temas hoy desaparecidos son, por ejemplo, la lucha social (más aún, la lucha de clases), la resistencia, la desobediencia civil, la rebeldía, la revolución y, subyacente a ellos, la violencia revolucionaria. A lo largo de los últimos ciento cincuenta años, estos temas tuvieron un papel central en la filosofía y la sociología políticas porque sin ellos era virtualmente imposible hablar de transformación social y de justicia. Hoy en día, la violencia está omnipresente en los noticieros y las columnas de opinión, pero raramente se refiere a los temas anteriores. La violencia de que se habla es la violencia despolitizada, o concebida como tal: la violencia doméstica, la criminalidad, el crimen organizado. Por otro lado, siempre se habla de violencia física, raramente de violencia psicológica, cultural o simbólica y, nunca, de violencia estructural. Los únicos contextos en que a veces la violencia adquiere condición política es la violencia en los países “menos desarrollados” o “Estados fallidos” y la violencia terrorista, considerada (y bien) como un modo inaceptable de lucha política.


En términos de debate filosófico y político, nuestro tiempo es un tiempo simultáneamente infantil y senil. Gatea, por un lado, entre ideas que lo atraen por la novedad y le confieren el orgullo de ser protagonista de algo inaugural (autonomía, competencia, empoderamiento, creatividad, redes sociales). Y, por otro, se deja perturbar por una ausencia, una falta que no puede nombrar exactamente (solidaridad, cohesión social, justicia, cooperación, dignidad, reconocimiento de la diferencia), una falta obsoleta pero lo suficientemente impertinente como para hacerle tropezar en su propia ruina.


Como la lucha, la resistencia, la rebeldía, la desobediencia, la revolución siguen constituyendo la experiencia cotidiana de la gran mayoría de la población mundial, que, además, paga un precio muy alto por eso, la disyunción entre el modo en que se vive y lo que se dice públicamente sobre él hace que nuestro tiempo sea un tiempo dividido entre dos grupos muy asimétricos: los que no pueden olvidar y los que no quieren recordar. Los primeros solo en apariencia son seniles y los segundos solo en apariencia son infantiles. Son todos contemporáneos unos de otros, pero se remiten a contemporaneidades diferentes.


Revisemos, pues, los conceptos senilizados. Lucha es toda disputa o conflicto sobre un recurso escaso que confiere poder a quien lo detenta. Las luchas sociales siempre existieron y siempre tuvieron objetivos y protagonistas muy diversificados. A finales del siglo XIX, Marx otorgó un papel especial a un cierto tipo de lucha: la lucha de clases. Su especificidad residía en su radicalidad (la parte perdedora perdería todo), en su naturaleza (entre grupos sociales organizados en función de su posición frente a la explotación del trabajo asalariado) y en sus objetivos incompatibles (capitalismo o socialismo). Las luchas sociales nunca se redujeron a la lucha de clases. A mediados del siglo pasado surgió el término “nuevos movimientos sociales” para dar cuenta de actores políticos organizados en otras luchas según criterios de agregación distintos de la clase y con objetivos muy diversificados. Esta ampliación no solo ensanchaba el concepto de lucha social, sino que daba más complejidad a la idea de resistencia, un concepto que pasó a designar los grupos inconformes con el estatuto de víctima. Es resistente todo aquel que se niega a ser víctima. Esta ampliación recuperaba algunos debates de finales del siglo XIX entre anarquistas y marxistas, en particular el debate sobre la revolución y la rebeldía.


La revolución implicaba la sustitución de un orden político por otro, mientras que la rebeldía significaba el rechazo de un determinado (o de cualquier) orden político. La rebeldía se distinguía de la desobediencia civil, porque esta, al contrario de la primera, cuestionaba una determinación específica (por ejemplo, servicio militar obligatorio) pero no el orden político en su conjunto. El concepto de revolución se fue alimentando con la Revolución rusa, la Revolución china, la Revolución cubana, la Revolución argelina, la Revolución egipcia, la Revolución vietnamita o la Revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 (aunque muchos, como yo, dudásemos de su carácter revolucionario).
La caída del Muro de Berlín restó actualidad al concepto de revolución, aunque el mismo resucitase algunos años después en América Latina con la Revolución bolivariana (Venezuela), la Revolución comunitaria (Bolivia) y la Revolución ciudadana (Ecuador), incluso si en estos casos hubiesen muchas dudas sobre el carácter revolucionario de tales procesos. Con el levantamiento neozapatista de 1994, el Foro Social Mundial de 2001 y años siguientes, y los movimientos indígenas y afrodescendientes, los conceptos de rebeldía y de dignidad volvieron a ser predominantes. Hasta hoy.


Subyacente a las vicisitudes de estos diferentes modos de nombrar las luchas sociales contra el statu quo, estuvieron presentes siempre dos cuestiones: la dialéctica entre institucionalidad y extrainstitucionalidad; y la dialéctica entre lucha violenta o armada y lucha pacífica. Las dos cuestiones son autónomas, aunque están relacionadas: la lucha institucional puede o no ser violenta y la lucha armada, si es duradera, crea su propia institucionalidad. Ambas cuestiones comenzaron a ser discutidas a lo largo del siglo XIX y explosionaron en momentos diferentes al final del siglo XIX e inicio del siglo XX. ¿Por qué las menciono aquí? Porque a pesar, en los últimos treinta años, de haber sido consideradas obsoletas o residuales, ganaron últimamente una nueva vida.


Institucional versus extrainstitucional. Esta cuestión se agudizó con las divisiones en el seno del partido socialdemócrata alemán en vísperas de la Primera Guerra Mundial. ¿Luchar dentro de las instituciones? ¿O presionarlas y hasta transformarlas desde fuera por vías consideradas ilegales? La cuestión siguió su curso durante cincuenta años y pareció haberse agotado con el fin de la revuelta estudiantil de Mayo de 1968. Obviamente que en diferentes partes del mundo continuaron habiendo insurrecciones, guerrillas, protestas, huelgas generales, luchas de liberación; pero de algún modo se fue consolidando la idea de que representaban el pasado y no el futuro, toda vez que la democracia liberal, ahora apadrinada por el neoliberalismo global, el FMI, el Banco Mundial, la ONU, acabaría por imponerse como el único modo legítimo de dirimir conflictos políticos. Todo cambió en 2011 con la ola de movimientos de protesta en diferentes países: las distintas primaveras de revuelta, el movimiento Occupy Wall Street, los movimientos de los indignados, etcétera. ¿Por qué este cambio? Sospecho que la crisis de la democracia liberal se ha venido profundizando de tal modo que movimientos y protestas por fuera de las instituciones pueden pasar a ser parte de la nueva normalidad política.


Lucha armada versus lucha pacífica. La cuestión de la violencia es el tema que el pensamiento político dominante (tan viciado en el estudio de los sistemas electorales) evitó a toda costa a lo largo del siglo pasado. Sin embargo, los protagonistas de las luchas se enfrentaron continuamente con la cuestión en el terreno. Obviamente que no toda violencia es revolucionaria. Durante el siglo XX quienes más recurrieron a ella fueron los contrarrevolucionarios, los nazis, los fascistas, los colonialistas, los fundamentalistas de todas las confesiones y los propios estalinistas después de la perversión de la revolución que emprendieron. Pero en el campo revolucionario las divisiones fueron encendidas: entre los marxistas y maoístas de la India y Gandhi, entre Martin Luther King Jr. y Malcom X, entre diferentes movimientos de liberación del colonialismo europeo y Frantz Fanon, entre movimientos independentistas en Europa (País Vasco, Irlanda del Norte) y movimientos revolucionarios de América Latina. También aquí –a pesar de la continuidad de la lucha armada en el Delta del Níger y en las zonas rurales de la India dominadas por los naxalitas (maoístas)– la idea de violencia revolucionaria y de lucha armada ha perdido legitimidad, de lo cual las negociaciones de paz en curso en Colombia son una demostración elocuente.


Empero, hay dos elementos perturbadores de los que quiero dar cuenta. En muchos países donde la violencia política terminó con negociaciones de paz, la violencia volvió (muchas veces contra líderes políticos y de movimientos sociales) bajo la forma de violencia despolitizada o criminalidad común. El Salvador y Honduras son casos paradigmáticos y Colombia podría serlo. Por otro lado, la lucha armada fue deslegitimada porque falló muchas veces en sus objetivos y porque se creyó que estos serían más eficazmente alcanzados por la vía pacífica y democrática.


¿Y si se profundizara la crisis de la democracia? Uno de los revolucionarios que más admiro y que pagó con la vida su dedicación a la revolución socialista, el padre Camilo Torres, de Colombia, doctorado en sociología por la Universidad de Lovaina, respondió así en 1965 a la pregunta de un periodista sobre la legitimidad de la lucha armada: “El fin no justifica los medios. Sin embargo, en la acción concreta, muchos medios comienzan a ser impracticables. De acuerdo con la moral tradicional de la Iglesia la lucha armada es permitida a una sociedad en las siguientes condiciones:


1. Haber agotado los medios pacíficos.
2. Tener una probabilidad bastante cierta de éxito.
3. Que los males resultantes de esta lucha no sean peores que la situación que se quiere remediar.
4. Que haya el concepto de algunas personas de criterio ilustrado y correcto sobre el cumplimiento de las condiciones anteriores” [1].
A un pacifista como yo, que siempre luchó por la radicalización de la democracia como vía no violenta para construir una sociedad más justa, provoca estremecimientos pensar si en muchos países los patrones de convivencia pacífica y democrática no se estarán degradando a tal punto que las cuatro condiciones del padre Camilo Torres puedan tener respuesta positiva.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez


Notas
[1] Torres Restrepo, C. (2016), Textos inéditos y poco conocidos, vol. 1, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, p. 272.

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Lunes, 10 Julio 2017 06:28

Paz con ONU 2

Paz con ONU 2

Con la dejacion de las armas por parte de las Farc viene el proceso de insercion economica, politica y social de los guerrilleros. El acompañamiento de las Naciones Unidas es una garantia de la mayor trascendencia y para el efecto se nombrará una nueva Mision politica por el Consejo de seguridad.

Es de la mayor importancia conocer los elementos de tal participacion internacional.

Este 10 de julio debe salir una nueva Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para ordenar una nueva Misión política de dicho organismo en Colombia con el fin de acompañar la nueva fase de la implementación de los acuerdos de paz.

La Misión anterior ya cumplió su tarea en lo relacionado con el Cese bilateral de fuego y las hostilidades, la ubicación de las Farc en las Zonas veredales y los Puntos Transitorios y la dejación de las armas.

El nuevo mandato tiene que ver con la tarea de garantizar la construcción política, social y económica de la paz, y la seguridad de los combatientes guerrilleros en la transición y la inserción civil al campo de la lucha democrática.

Al respecto es necesario tener en cuenta que el modelo de la superación de la guerra colombiana se debe entender en los términos de un Protocolo aplicado por Naciones Unidas en las dos últimas décadas para superar las denominadas “nuevas guerras” suscitadas después de la Segunda Guerra Mundial, una de las cuales es la nuestra, originada desde el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán en 1948 y la violencia de los años 50.

Las Farc ya cumplieron con la dejación de las armas, aportando sustancialmente al fin del conflicto, ahora le corresponde al Estado dar cumplimiento a sus compromisos incluidos en el Acuerdo final de paz.

Inicialmente se prevé una presencia durante 36 meses, pero dada la complejidad de lo que viene por las características de una “paz imperfecta”, con otros actores inmersos en la violencia anti sistémica o delincuencial, por la continuidad del negocio de las drogas, es muy probable que tal Misión deba ampliar su participación por más tiempo, como una garantía esencial para la guerrilla mutada en un movimiento político y social.

Por supuesto, la incertidumbre alimentada en el campo político por actores adversos a la paz es otro elemento a considerar en esta labor de las Naciones Unidas.

Tal como lo hemos señalado en otras reflexiones el papel de la ONU no es casual y el mismo se inscribe en un prototipo conocido como Paz posbelica que refleja la plataforma diseñada en el documento de la “Agenda para la paz” de Boutros Boutros-Ghali, formulado en 1992, la cual ha servido de referencia en las operaciones de construcción de paz posbélica y se ha convertido en la forma de intervención internacional más habitual por parte de Naciones Unidas. Documento que marcará el paso de cómo deben abordarse los escenarios postconflicto con el objetivo de mantener una paz permanente.

En este documento se introdujo una taxonomía de conceptos y enfoques que desde entonces han sido una referencia clave en este ámbito: la diplomacia preventiva, las operaciones de mantenimiento de la paz (peace-keeping), las operaciones de imposición de la paz (peace-making) y la construcción de la paz (peace-building).

La construcción de la paz (peace-building), es un concepto más amplio que abarca todos los anteriores y se refiere a las acciones para alcanzar una paz estable y duradera, una vez que las hostilidades han terminado.

Este informe proporcionó un importante impulso a los argumentos a favor de la adopción de una política global de prevención de conflictos y construcción de la paz por parte de la comunidad internacional.

Boutros-Ghali en su documento definió consolidación de la paz (paceboulding) como los medios destinados a individualizar y fortalecer estructuras que tiendan a reforzar y consolidar la paz a fin de evitar una reanudación del conflicto.

Por supuesto, no se trata de un concepto que genere consenso, sino que por el contrario, cada gran corriente de debate en la disciplina de las Relaciones Internacionales tiene su propia interpretación sobre como tales operaciones adquirieron un carácter cada vez más multidimensional, al integrar no sólo elementos relacionados con la diplomacia preventiva o el mantenimiento de la paz (Pacekeeping) —como se había caracterizado al período de la Guerra Fría— sino también tareas de asistencia humanitaria, asistencia en procesos electorales, reconstrucción física de infraestructuras, estrategias de buen gobierno, iniciativas de desarme, desmovilización y reinserción de ex combatientes (conocidas por sus siglas en inglés DDR) o estrategias para la reforma del sector de la seguridad (policía y ejército principalmente).

Estas “operaciones multifuncionales complejas” pretendían no sólo consolidar la paz después de un conflicto bélico, sino también evitar el estallido de nuevos conflictos violentos.

Los elementos relacionados con la construcción de la paz, tal y como fue concebida por Boutros Ghali incluían el desarme de los actores armados, restaurar el orden, la eliminación de la armas, la repatriación de los refugiados, el apoyo y asesoramiento para la formación de los cuerpos de seguridad, el seguimiento de las elecciones, el desminado y otras formas de desmilitarización, proveer de asistencia técnica, avanzar en los esfuerzos para la protección de los derechos humanos, reformar y fortalecer las instituciones de gobernanza y promover la participación formal e informal en el proceso político. También incluía proyectos orientados a la creación de un nuevo entorno político, económico, social y de seguridad, con los recursos e instrumentos necesarios para resolver las tensiones e incompatibilidades existentes de forma pacífica. En definitiva, Naciones Unidas juega un papel clave en ofrecer instrumentos y en apoyar a aquellos países asolados por la guerra para el establecimiento de las condiciones de una paz sostenible y duradera.

Este Programa de paz se complementó después con otros documentos de la ONU como los siguientes:

Suplemento de un Programa de paz (1995).

Los resultados del Grupo de Trabajo Interdepartamental que contienen:

- Una Agenda para el Desarrollo (1994).

- Una agenda para la democratización (1996).

- El Informe del Panel sobre Operaciones de paz de Naciones Unidas (2000), también conocido como Informe Brahimi.

Otras contribuciones posteriores como los de la Comisión Carnegie para la Prevención de conflictos letales, el Informe del Secretario General sobre Prevención de Conflictos (2001), las propuestas de la Unión Europea en el marco de su Política Exterior y de Seguridad Común, así como diversas iniciativas de la sociedad civil han ido ampliando el enfoque de construcción de paz.

Todos estos aportes han ido conformando el marco de la construcción de la paz, que abarca todas aquellas iniciativas que apoyan estructuras sostenibles y procesos, que fortalecen las perspectivas de una coexistencia pacífica e implican objetivos de medio y largo plazo de carácter político, económico, social y cultural.

Para el nuevo movimiento político que se constituirá próximamente, conocer y aplicar adecuadamente este esquema es de la mayor prioridad dada su coincidencia con los potenciales democratizadores del Acuerdo final

Asi debe ocurrir en la tarea de organizar los Programas de desarrollo con enfoque territorial Pdets y sus Planes de Acción como instrumentos de transformación territorial en los 16 espacios geográficos previstos para el efecto en casi 190 municipios del país.

Espacios en los que se debe implementar la reintegración social y económica de los integrantes de las Farc; echar a rodar los proyectos productivos agroindustriales; ejecutar la reforma rural integral mediante el acceso a los 3 millones de hectáreas de tierra y formalizar la propiedad de otros 7 millones; poner a funcionar Ecomun como una red amplia de cooperativas; construir los planes de vivienda rural; hacer las inversiones en vías terciarias, en educación, salud, tecnología y ambiente; y dar seguridad a la población.

Ojala todo salga dentro de lo previsto por el bien de la convivencia y el respeto a la vida.

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