Ante el colapso. Por la autogestión y por el apoyo mutuo

Antes que rescatar una memoria proscrita, este libro se propone identificar la actualidad de una propuesta que reivindica la autogestión, la desmercantilización, la despatriarcalización y la descolonización de nuestras sociedades. En esa tarea, y más allá de la contestación del capital y del Estado, pretende colocar en un primer plano los derechos de las mujeres, los de muchas de las poblaciones de los países del Sur, los de los seres humanos integrantes de las generaciones venideras y los de las demás especies con las que, sobre el papel, compartimos el planeta.

 

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Autogestión. Errekaleor, una isla iluminada por el movimiento popular*

Fábricas a un lado y hectáreas de hierba al otro, tránsito de bicicletas y pocas personas a pie. Más adelante, unas rotondas que marcan la salida de Gasteiz. Tomando una de éstas a la derecha, una carretera sin apenas movimiento; 200 metros más adelante la primera de muchas fachadas con murales y el lema “You are now entering free Errekaleor”, emulando al barrio Bogside de la irlandesa Derry. Es Errekaleor, uno de los barrios ocupados más grandes de Europa.

Para entender la historia de esta singularidad alavesa y vasca merece echar la vista atrás. En la década de 1950, la población gasteiztarra prácticamente se duplicó debido a la expansión industrial de la ciudad y fue en ese contexto cuando se levantó una urbanización destinada a parte de esas personas trabajadoras. Un barrio que inicialmente se llamó “Un mundo mejor” y que años después tomó el nombre de “Errekaleor” (Río Seco) por el río que pasa por debajo de las casas.

De ese barrio era, entre otros, Romualdo Barroso, uno de los cinco obreros asesinados el 3 de marzo de 1976 en Gasteiz tras una asamblea obrera en el barrio de Zaramaga. Tenía 19 años. Las vecinas, año tras año y al igual que todo Gasteiz, le recuerdan con un emotivo acto en el cine del barrio, que ahora tiene su nombre.

Fue a comienzos del siglo XXI y coincidiendo con el desarrollo urbanístico del sur de la ciudad cuando se decretó el realojamiento de sus habitantes para la posterior demolición y reconstrucción de Errekaleor. Un realojamiento que las antiguas vecinas calificaron como “estafa”. “Me echaron de mi hogar porque necesitaban derribar el barrio y no lo han hecho”, denuncia Gabriel García, que residió con su hijo durante doce años en el barrio.

En septiembre de 2013, un grupo de estudiantes del campus de Gasteiz decidió ocupar el portal número 26. De esta manera, denunciaban los altos precios del alquiler en la capital alavesa y nacía un nuevo colectivo: Errekaleor Bizirik (Errekaleor Vivo). Año a año, el barrio comenzó a tener cada vez más habitantes mientras que el proyecto parecía consolidarse. El actual primer edil de Gasteiz, Gorka Urtaran (PNV), mantenía una postura ambigua afirmando que en el barrio no se podía vivir y más adelante tendiendo la mano a las que allí residían. Sería en el segundo año de vida de Errekaleor Bizirik cuando el barrio sufriría uno de los primeros golpes. 

 

La isla energética

 

En marzo de 2015, la Policía local cargaba en el barrio para que Iberdrola pudiese cortar la luz. Sería el anticipo del ataque más grande vivido por Errekaleor desde su ocupación, un hecho que llegaría dos años más tarde.

Durante la lluviosa mañana del 18 de mayo de 2017, la unidad de antidisturbios de la Ertzaintza tomaba el barrio para “facilitar” el trabajo de los técnicos de Iberdrola. Técnicos que habían sido llamados por el Departamento de Industria del Gobierno Vasco y que compartían una misma función: dejar a oscuras un barrio entero de Gasteiz. Pero este ataque, paradójicamente, tendría un efecto boomerang a pesar de efectuar el corte de luz.

Más de una docena de conciertos, una manifestación de más de 10.000 personas precedida por 14 columnas sectoriales. La respuesta dada durante las dos semanas posteriores al corte de luz marcó la agenda política y social de la ciudad. Y todavía quedaba el reto más importante: recaudar 100.000 euros para ser la isla energética soberana más grande de Euskal Herria. Tardaron 50 días en llegar a la cifra, pero consiguieron el objetivo con creces: el coopfunding consiguió reunir más de 108.000 euros.

Jon Crespo, militante del barrio, recuerda con emoción aquellos días posteriores: “Conseguimos ganar una batalla, ya que el objetivo de Urtaran era el derribo. La solidaridad y el compromiso lo frenó”. 

A día de hoy, Errekaleor es autosuficiente en lo que a energía se refiere. Un total de 270 placas suministran electricidad al barrio con una máxima producción de 70Kw. ¿Hubiese sido esto posible sin la intervención de la Policía Autonómica Vasca? Pese a pasar meses sin luz, con frío y una amenaza de derribo constante, el proyecto sigue creciendo: 120 personas residen a día de hoy en el barrio, dos de ellas han nacido en él y hay un total de siete niños y niñas. 

 

Gota a gota

 

A día de hoy es difícil conocer todos los proyectos en profundidad con una simple visita guiada. Llama la atención una inmensa huerta situada en la zona sur del barrio. Preguntando a nuestro anfitrión de qué modo consiguen mantenerla día a día, éste le da máxima importancia al hecho de que sea gestionada por personas que vienen desde fuera del barrio. Es decir, una huerta de uso comunitario que supera las fronteras de Errekaleor en el ámbito humano.

Otra herramienta que también atrae “forasteras” es la imprenta popular instalada en los bajos del centro social del barrio. A pesar de haber estado en stand by debido al corte de luz, media docena de máquinas hacen posible que los colectivos, a precios populares, puedan sacar sus carteles, octavillas o dossieres.

La panadería también ha funcionado a trompicones debido a la falta de suministro eléctrico. A pesar de ello, han conseguido repartir pan artesano por todo Gasteiz y ahora pretenden hacer un horno de leña.

Pero por encima de todo es la cultura la que florece en cualquier zona del barrio. Un bloque, un mural; entre ellos los de artistas conocidos como el italiano Blu o el valenciano Escif en la cara sur. En la zona norte, otro mural resume el espíritu de Errekaleor: “Auzo Boterea” (poder de barrio). 

Diferentes artistas han conseguido poner en marcha un local de ensayo para grupos locales tras meses de trabajo. Y uno de los sitios en los que podrán actuar es el propio gaztetxe de Errekaleor, la antigua iglesia convertida en el lugar de ocio y de debates políticos. 


Una utopía hacia dentro y fuera

 

En septiembre se cumplirá un lustro desde esa primera entrada al bloque 26. Un lustro que ha servido para crear y desarrollar alternativas. Pero “queremos más”, nos dicen nuestros anfitriones. Es por ello que ya tienen diversos objetivos en sus cabezas.

El hecho de que Errekaleor se encuentre en la periferia de la ciudad hace que uno de los principales retos sea el de la “permeabilidad con el resto de colectivos de Gasteiz”, explica Crespo. Una opción para ello está siendo la dinámica OkupaTU Gasteiz en la que cuatro colectivos de la ciudad comparten aniversarios: la radio libre Hala Bedi –35 años–, Gaztetxe de Gasteiz –30 años–, el frontón ocupado Auzolana –diez años– y los cinco años del propio Errekaleor.

El hecho de la “permanencia y perspectiva de vida en el propio barrio” es otro de los grandes objetivos. Diferentes edades, diferentes perspectivas… “No queremos que Errekaleor se ancle en algo juvenil”.

A pesar de la dificultad del reto, querrían crear condiciones para emanciparse del mercado actual: desde la alimentación y la energía, pasando por el ocio y los cuidados. “Deberíamos conseguir que la producción autogestionada no se mercantilice dentro del barrio, imperando así las relaciones no capitalistas entre las vecinas”, nos dice Crespo.

Con el objetivo de superar la “clásica relación de compraventa”, buscan fórmulas no mercantiles de puesta en común de lo producido, para así poco a poco no depender del trabajo asalariado fuera del barrio. Pretenden, de esta manera, construir relaciones entre vecinas en las que “impere el cuidado mutuo y el bienestar común”.

La legislatura actual terminará, probablemente, sin la irrupción de las excavadoras en Errekaleor. Las vecinas, por lo menos, están convencidas de que no habrá derribo alguno este año. En cuanto a las relaciones con el Gobierno local que salga de las próximas elecciones de 2019, no cambian su postura: “Seguiremos con la mano tendida a dialogar, pero de Errekaleor no nos moveremos”.

Seguro que es difícil explicar las 24 horas del día de un barrio en un solo artículo. De lo que no hay duda es de que, al igual que su vecino Romualdo, las errekaleortarras son ya parte de la historia. 42 años después, siguen peleando por “Un Mundo Mejor”.

 

* https://www.elsaltodiario.com/autogestion/errekaleor-una-isla-iluminada-por-el-movimiento-popular , 14/07/2018.

 

Los trabajadores de esta fábrica griega demuestran cómo enfrentarse al capitalismo

Un valiente grupo de trabajadores se ha convertido en ejemplo para Reino Unido y el resto de Europa al tomar el control de su lugar de trabajo
Los dueños, en quiebra, huyeron y los trabajadores son ahora los dueños de la fábrica. No hay jerarquías y todos tienen el mismo salario

Uno podría llamar a los hombres y mujeres de Viome trabajadores de fábrica, pero eso no sería ni la mitad. Prueba con esto: de las personas más valientes que he conocido nunca. O con esto: organizadores de uno de los experimentos sociales más llamativos en la Europa contemporánea. Y con esto otro: una lección diaria de Grecia al Reino Unido del Brexit, tanto en la forma de trabajar como en la forma de hacer política.


En el punto más alto de la crisis griega en 2011, el personal de Viome fichó y empezó a trabajar para enfrentarse a un dilema existencial. Los dueños de la empresa estaban en quiebra y habían abandonado la fábrica, situada en la segunda ciudad más grande de Grecia, Tesalónica. Desde este momento, el guión se escribió prácticamente solo: la fábrica, que producía químicos para la industria de la construcción, se iba a cerrar. Habría despidos inmediatos y se hundiría a decenas de familias en la pobreza. Y viendo que Grecia estaba en la mayor depresión económica jamás vista en la Unión Europea, las posibilidades de que los trabajadores consiguiesen otro empleo eran prácticamente nulas.
Así que decidieron ocupar su propia fábrica. No solo eso, sino que la han puesto patas arriba. Pasé un par de días allí hace unas semanas informando para Vice News Tonight on HBO y ahora parece una fábrica normal. Tras la fachada, se ha convertido en el equivalente político a la cabina Tardis [cabina de la serie británica Doctor Who que se caracteriza por ser mucho más grande por dentro que por fuera]: cuanto más miras al interior, mayor es su importancia.


Para empezar, no hay jefes. No hay jerarquía y todo el mundo tiene el mismo sueldo. Tradicionalmente, las fábricas trabajan de acuerdo a un modelo de trabajo en cadena, donde cada persona realiza una labor de uno o dos minutos durante todo el día, todos los días: Yo pongo la pantalla, tu el protector y ella mete el iPhone en la caja. Aquí, todo el mundo se reúne a las 7 de la mañana para tomar un café griego negro y hablar sobre lo que hay que hacer. Es en ese momento cuando se reparten las tareas. Y, sí, se turnan para limpiar los baños.


A ver si nos entra en la cabeza. Un puñado de hombres y mujeres de mediana edad que han pasado toda su carrera recibiendo órdenes a modo de ladridos sobre lo que tenían que hacer y cuándo hacerlo han tomado el control de su lugar de trabajo y de su futuro laboral. Se han convertido en sus propios jefes. E inmediatamente se han alineado a los principios de la máxima igualdad posible.


“Antes solo hacía una cosa y no tenía ni idea de lo que hacía el resto”. Así recuerda Dimitris Koumatsioulis la fábrica cuando empezó a trabajar en 2004. ¿Y ahora? “Todos estamos unidos. Hemos olvidado el concepto de 'yo' y podemos funcionar colectivamente como 'nosotros'”.


El otro gran cambio se ha producido entre la fábrica y sus vecinos. Cuando los trabajadores “recuperaron” su lugar de trabajo (por utilizar el concepto local), solo lo pudieron conseguir con la ayuda de los residentes de la ciudad. Cada vez que llegaban los representantes de los antiguos dueños para requisar el equipo de la fábrica, tal y como les había permitido un tribunal, centenares de residentes formaban una cadena humana en frente de la fábrica (contacté con los abogados de Viome, pero a pesar de las promesas, no llegó ninguna declaración).


Cuando los trabajadores preguntaron a la comunidad local qué deberían empezar a producir, una solicitud era dejar de hacer productos químicos de construcción. Ahora fabrican en su mayoría jabón y detergentes ecológicos: más limpio, más verde y más agradable para el olfato de sus vecinos.


El personal de la fábrica utiliza el edificio como punto de reunión para refugiados locales y he visto cómo se entregaban las oficinas a médicos para convertirlas en una clínica para trabajadores y vecinos. El sistema sanitario griego se ha destruido por los recortes en el gasto, en ocasiones el trato a los refugiados es espantoso; y en ambos casos, los trabajadores de Viome están haciendo todo lo que pueden para reemplazarlos.


Donde el Estado ha colapsado, el mercado se ha quedado corto y los jefes han huido, estos 26 trabajadores están intentando llenar el vacío. A estas personas les ha fallado el capitalismo; y ahora rechazan el capitalismo en sí mismo como un fracaso.


Otro veterano, Makis Anagnostoy, habla de cómo su fábrica es la prueba de que “una economía alternativa es posible”. Compara esto con el modo en que normalmente pensamos sobre el trabajo. En cualquier gran fábrica u oficina, los guardias de seguridad mantienen a raya al mundo exterior. En la puerta, dejas tus principios a un lado y escuchas a los jefes. Incluso se habla sobre la conciliación entre vida personal y vida laboral como si fuesen polos opuestos. En Viome, esto se combina. Uno de los resultados es un fuerte vínculo de lealtad entre los trabajadores y su comunidad.


La tarde en que llegué, una multitud de personas se presentó para recaudar fondos. Se sentaron en sillas de plástico en medio del almacén y vieron una obra de Dario Fo, representada por una compañía nacional de teatro. La actriz principal modificó algunas de sus líneas para referirse a este lugar y a este negocio: “Venden sus jabones por todos lados ¡Y todo el mundo los compra!”. El público aplaude mientras a algunos se les saltan las lágrimas.


Viome es valiosa, pero también es frágil. Desde el tejado del edificio se puede ver la inmensa área propiedad de la empresa matriz. Solía emplear a 350 personas; ahora, los 26 hombres y mujeres operan desde un pequeño rincón del terreno.


Ganan lo mismo que si estuviesen recibiendo la prestación por desempleo. Y cuando cae la noche, uno de los trabajadores se queda de guardia —por si acaso vuelve el antiguo dueño—. Durante el día, una serie de barriles vacíos actúan a modo de barricada.


Por todas sus debilidades, Viome ofrece una lección en política a cualquier visitante británico. Un año después del referéndum de permanencia en la UE, los británicos han entrado en una era de una soberanía estúpida. Los acomodados políticos aseguran que lo han “pillado”. Hacen que escuchan, pero solo escuchan las respuestas que quieren. A los disidentes se les dice que “están menospreciando Reino Unido”. Cualquier brote de democracia, tal como puede ser que el Partido Laborista quiera más voz de sus representantes, se aplasta como un ejemplo de ley de la calle.


Mientras tanto, la política en Reino Unido se vende como lo que un aspirante a tory alfa le dijo a otro en una recepción con champán. Desde Tesalónica, ves todo eso como la mentira que realmente es. ¿Recuperar el control? Simplemente dar la posibilidad a Alexander Boris de Pfeffel Johnson de poner alguna carita en horario de máxima audiencia. ¿Referéndums? Llenos de mentiras y alarmismo.


Si estás cansado de antiguos exalumnos jugando al populismo, ven a ver cómo es la democracia cuando la pone en práctica la gente. Ven a Viome.

 

Por Aditya Chakrabortty
19/07/2017 - 20:56h


Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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Viernes, 16 Mayo 2014 07:46

El cambio desde abajo en Venezuela

Ahora que las aguas mediáticas se han calmado, podemos hablar de las transformaciones profundas en la sociedad venezolana, ese tipo de cambios de larga duración llamados a reconfigurar las sociedades. No nos puede resultar extraño que estos movimientos no sean atendidos por los grandes medios, enfocados en noticias que se desvanecen sin dejar rastro. Más llamativa es la escasa atención que le otorgan los analistas y buena parte de los militantes partidarios, probablemente porque consideran que la política (con P grande) se reduce a lo que acontece en las proximidades de los palacios de gobierno.

 

Consideremos la experiencia de Cecosesola (Cooperativa Central de Ser­vicios Sociales del Estado Lara), una red de 60 comunidades con epicentro en la ciudad de Barquisimeto (2 millones de habitantes) pero con presencia en cuatro estados del noroccidente de Venezuela. Las cooperativas están dedicadas a la producción agrícola, agroindustrias en pequeña escala, servicios de salud, transporte, funeraria, ahorro y préstamo, fondos de ayuda mutua, distribución de alimentos y de artículos para el hogar.


La envergadura del emprendimiento no es menor. En su conjunto tienen 20 mil asociados, mil 300 trabajadores que cobran el mismo salario (al que llaman "anticipo"), casi 4 mil participan en las más de 300 reuniones anuales de la red, desde encuentros semanales hasta vivencias, en las que todo se discute, desde el precio de los productos en los mercados hasta la gestión del centro integral cooperativo de salud.


Las tres grandes ferias familiares de Barquisimeto venden 600 toneladas semanales de hortalizas y frutas, 35 por ciento del consumo de una gran ciudad como esa, donde trabajan 500 asociados, hay 250 cajas y se abastecen unas 200 mil personas cada semana. No es un emprendimiento marginal, sino el mayor punto de venta de alimentos en la ciudad, mucho más importante que los supermercados. Tres aspectos me parecieron destacables.


No hay cámaras ni guardias privados, sólo "vigilancia comunitaria". Pese a las tensas colas que hay en todo el país, las que se forman en las ferias de Cecosesola son serenas y solidarias. La mañana que participé en la feria del centro se habían perdido zapatos en el alboroto que se forma en la entrada. Cuando la megafonía informó del hecho en pocos minutos aparecieron los zapatos. Así sucede incluso cuando se pierden billeteras y objetos de valor. Pese a no haber vigilancia, las "fugas" (lo que el capital juzga como robos) son de sólo uno por ciento, frente al 5 por ciento en los supermercados.


Los precios son diferentes. Las hortalizas y frutas tienen sólo dos precios, de modo que el comprador puede llenar un saco con los más diversos alimentos y se pesa todo junto, simplificando la contabilidad. Se fija un precio ponderado o promedio. Pero lo más notable es que los precios los fijan asambleas periódicas de asociados, abiertas, en las que los productores explican los costos y comparten los datos con los demás cooperativistas, eliminando los intermediarios. Esta democratización de los precios, costos y márgenes devuelve al mercado la "transparencia" que Fernand Braudel consideraba como la principal característica de los mercados precapitalistas.


La tercera cuestión es que la enorme red no tiene dirección ni dirigentes. Todo lo deciden entre todos, por eso la gran cantidad de reuniones. Cecosesola se define como "organización en movimiento", parte de un proceso de "transformación personal y organizacional a través de la más amplia participación de todos y todas". Confianza, convivencia, integración, emociones compartidas, sustituyen los formales estatutos y cargos de diversos niveles.


A la hora de explicar su forma de hacer, dicen que "la única instancia organizativa formal es un conjunto flexible y cambiante de 'reuniones' abiertas a aquel o aquella que quiera incorporarse, sin distingo de su procedencia. Se trata de espacios de encuentro que no obedecen a un diseño previo, que se crean y desaparecen según las necesidades del momento". La lógica no es la acumulación (crecer, ganar poder o prestigio) sino perdurar en el tiempo. Llevan 40 años.


Durante ocho días participé en una decena de espacios, desde encuentros de productores rurales y de la cooperativa de producción de pastas 8 de Marzo (donde un varón joven se declaró feminista), hasta reuniones de la oficina de contabilidad y del centro de salud. La rotación es regla, el debate franco y directo, el aprendizaje es constante y la colaboración permanente.


En la asamblea semanal del centro de salud había 55 personas formando un enorme círculo. El centro atiende 200 mil consultas anuales. La construcción del edificio demandó tres años de debates para decidir la estructura. Tres plantas abiertas hacia la ciudad, sin paredes que bloquean la comunicación, mucho aire, grandes espacios colectivos donde los usuarios y sus hijos hacen yoga, ejercicios físicos y espirituales, y conversan mirando las montañas.


En la asamblea había enfermeras, oficinistas, personal de mantenimiento, de cocina y limpieza, y hasta seis o siete médicos de los 60 que trabajan en el centro de salud. Todos discutiendo de igual a igual. Hubo críticas por errores, que fueron serenamente debatidas. No es fácil incorporar a los médicos, pero al parecer se van ablandando. Una doctora participa en las ferias como cajera, lugar que ocupan también los trabajadores de oficina, quienes consideran el espacio de las verduras como el más agradable.


Cecosesola es una revolución cultural en movimiento. Escuché compradores de las ferias que se sienten comunidad aunque nunca fueron a una reunión. No reciben nada del Estado. Todo lo autofinancian. Nos enseñan que es posible producir y vivir de otro modo, con base en otros valores que los hegemónicos, que se pueden crear y gestionar espacios mayores a los que domina el capital, con entera autonomía. Uno de los lemas de Cecosesola es: "Construyendo aquí y ahora el mundo que queremos".

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Otras democracias son posibles: la Comuna de París

Acaban de cumplirse 143 años de la proclamación de la Comuna de París, una de las experiencias de democracia obrera participativa más iluminadoras de la historia contemporánea de Occidente, pero también, y al mismo tiempo, una de las más trágicas que se han conocido.


Al final de la guerra franco-prusiana, con una Francia derrotada, su primer ministro, Adolphe Thiers, advirtió la importancia de desarmar inmediatamente París para imponer el humillante armisticio firmado con Prusia. El 18 de marzo de 1871, bajo el pretexto de que las armas eran propiedad del Estado, Thiers ordenó al ejército la retirada de los cañones que la Guardia Nacional tenía en las colinas Montmartre. Entonces una multitud indignada de mujeres y hombres de clase trabajadora se opuso al desarme, que dejaría indefensa la ciudad. Una parte de las tropas enviadas por el Gobierno se negó a disparar contra la gente y muchos de los soldados acabaron confraternizando con el movimiento de resistencia, que se alzaba en armas contra la Asamblea Nacional, desencadenando un proceso revolucionario que enfrentaba al proletariado parisino con la gran clase de terratenientes, rentistas y campesinos ricos que dominaba la Asamblea francesa.


Tras el intento fallido de desarme, el gabinete de Thiers huyó a Versalles. Los sublevados instituyeron un gobierno municipal provisional que después de las elecciones del 26 de marzo se transformó en la Comuna de París. Se constituía, así, una alcaldía rebelde de fuerte base obrera. El ejemplo de París se extendió por otras ciudades y pueblos provinciales, como Lyon y Marsella, donde se proclamaron comunas insurgentes rápidamente aplastadas por Versalles.


Más allá de sus tropiezos, la Comuna de París nos legó uno de los ejercicios de construcción de poder popular desde abajo más relevantes de la historia reciente. ¿Qué aprendizajes de la Comuna en materia de democracia pueden contribuir a iluminar las actuales luchas por democracias reales? ¿En qué medida estas luchas pasan por una práctica política revolucionaria que amplíe el poder efectivo de las clases populares y otros colectivos históricamente afectados por la discriminación? A mi juicio, como embrión de democracia revolucionaria, la Comuna de París proporciona algunas enseñanzas clave que abren caminos poco explorados para el avance de democracias al servicio de la emancipación social:
Democracia de base: la pretensión era la creación de un Estado desde la base formado por autogobiernos municipales federados entre sí con un gobierno central con escasas funciones de coordinación. Un Estado nuevo que contribuyera a deshacer la relación entre gobernantes y gobernados, donde obtener mejores condiciones de vida y trabajo, en el que la gente se sintiera reconocida y que estuviera dispuesta a defender.


Democracia obrera de inspiración socialista. Los comuneros eran conscientes de la necesidad de romper con las viejas formas de dominación política (el parlamentarismo liberal y el Estado capitalista burgués), lo que los llevó a experimentar formas alternativas de política y sociedad. Aunque la Comuna no acabó con el Estado capitalista, su gran mérito fue arrebatar completamente su control a la burguesía, transformándolo en un organismo nuevo que permitía el acceso al poder a quienes tradicionalmente habían sido apartados de él. Ya no era el gobierno de las clases elitistas dominantes, sino de las mayorías populares no representadas, los obreros, cuya bandera roja, símbolo de la fraternidad internacional de los trabajadores, hondeaba por primera vez en la sede del Gobierno, el Hôtel de Ville.


En este punto adquiere especial relevancia el componente socialista de la Comuna, presente en el tipo de democracia que estableció: una democracia no meramente formal, sino sustantiva, participativa, que combinaba democracia representativa con democracia directa. Una democracia que representaba un proceso más allá de la toma coyuntural del poder, ya que aspiraba a sustituir el aparato burgués del Estado por otro en correspondencia con los intereses de la clase trabajadora. En otras palabras, la democracia obrera de la Comuna permitió la inversión del poder, desplazando el poder político clasista y elitista acaparado por propietarios para poner en manos de la clase trabajadora la capacidad efectiva de deliberar, decidir y organizar la sociedad.


La democracia de la Comuna se articulaba en torno a cinco principios: 1) elección por sufragio universal de todos los funcionarios públicos. 2) Limitación del salario de los miembros y funcionarios comunales, que no podía exceder el salario medio de un obrero cualificado, y en ningún caso superar los 6.000 francos anuales. 3) Los representantes políticos estaban umbilicalmente ligados a los electores por delegación y mandato imperativo. 4) Cualquier representante podía perder la confianza de los electores y ser depuesto de inmediato; de ahí que la Comuna instituyera la revocabilidad del mandato, acabando con la perversidad de un sistema representativo liberal que, como en la actualidad, permitía suplantar la voluntad de los representados y promovía la profesionalización de la política. La Comuna se cuidó, de este modo, de hacer un uso contrahegemónico de la democracia representativa en el que los representantes obedeciesen y no, a diferencia de lo que ocurre hoy, donde los que mandan no obedecen y los que obedecen no mandan. Este tipo de democracia representativa consagraba el derecho popular a pedir cuentas, exigir responsabilidades y controlar a los representantes, lo que asestó un duro golpe a la aún tan en boga comprensión parasitaria de la política, vista como un trampolín para obtener privilegios, hacer carrera profesional y olvidarse del electorado. 5) Transferencia de tareas del Estado a los trabajadores organizados, como la promoción de la autogestión obrera mediante la socialización de las fábricas abandonadas por los patrones.


Nuevas medidas emancipadoras. Las iniciativas para socializar el poder político no fueron las únicas. También se acompañaron de atrevidas medidas de carácter social, entre las que cabe destacar la separación entre la Iglesia y el Estado, garantizando el carácter laico, obligatorio y gratuito de la educación pública; la expropiación de los bienes de las iglesias; la supresión del servicio militar obligatorio; la aprobación de una moratoria sobre los alquileres de vivienda que abolía las anteriores leyes en esta materia, confiscaba las viviendas vacías y cancelaba las deudas por alquiler, poniendo la vivienda al servicio de las necesidades sociales y el bienestar general; la supresión del trabajo nocturno en las panaderías y la prohibición de la práctica patronal de multar a los empleados, una estrategia habitual para reducirles el salario.


Sin embargo, la burguesía francesa no permitió que el nuevo sistema político prosperase. Con la colaboración de las tropas prusianas que cercaban París, el gobierno de Versalles envió más de 130 mil soldados que el 28 de mayo de 1871, tras 72 días intensos y fugaces de autogobierno popular, aniquilaron la Comuna. Se estima que en la batalla murieron más de 20.000 parisinos y que unos 43 mil combatientes fueron capturados; unos 13 mil fueron condenados a prisión, 7 mil de los cuales fueron deportados a Nueva Caledonia.
La Comuna de París representa no sólo la última de las grandes revoluciones populares del siglo XIX, sino también el pri

mero de los democraticidios de la era moderna, algo apenas mencionado en la historia "oficial" de la democracia. Lamentablemente, hoy también son tiempos de democraticidio, de exterminio de saberes y prácticas democráticas. El capitalismo ha fulminado la democracia representativa en buena parte de Europa, donde los Parlamentos y las elecciones, como en Italia, son prescindibles. Pero también son, entre otras cosas, tiempos de experimentalismo político, de grietas abiertas en el poder constituido, de protestas populares, de organización colectiva y de luchas por un poder popular constituyente que, como nos recuerda la Comuna de París, nace en las calles como exigencia de cambio de las viejas estructuras políticas y económicas que oprimen a la gente y coartan la construcción de otras democracias posibles.

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Martes, 31 Diciembre 2013 08:16

En el veinte anivesario del ¡Ya basta!

En el veinte anivesario del ¡Ya basta!

Carta a los comandantes David y Tacho

 

Compañeros comandantes:


Recordarán tal vez ustedes, como yo ciertamente lo recuerdo, que en la primera Escuelita, a mediados de este año 2013, el EZLN tuvo conmigo laatención, y yo la buena suerte, de designarlos mis votanes (guías, interlocutores, protectores). Por esta razón les dirijo esta carta pública, la cual va también para todos cuantos quieran dedicar un momento a su lectura.

Esta carta quiere ante todo celebrar los veinte años trascurridos desde aquel 1º de enero en que las comunidades indígenas del Sureste, organizadas en el Ejército Zapatista, irrumpieron a plena luz en la historia de México y de América Latina, tomaron cinco ciudades y dijeron ¡Ya basta!, exclamando sus agravios, sus razones y su programa de justicia y libertad.


Así comenzó esta aventura rebelde que lleva ya veinte años y todos los que todavía durará.


***

Invocaron ustedes entonces como causa inmediata dos hechos capitales, cuyas secuelas estamos viviendo en la tragedia mexicana de estos días. Uno fue la modificación radical del artículo 27, pilar de la Constitución de 1917, abriendo la puerta al desmantelamiento definitivo del ejido y a la privatización del territorio mexicano a favor del capital financiero.


Y como causa convergente, denunciaron la subordinación de la nación a la economía, las finanzas y el mercado de Estados Unidos con la implantación del Tratado de Libre Comercio (TLC) a partir del 1º de enero de 1994, fecha en la cual la noticia de la insurrección del sur amargó los festejos de los poderosos por ese Tratado.


Veinte años después, esos dueños del poder acaban de completar la destrucción del artículo 27, abriendo de par en par las puertas a la privatización del petróleo y de las riquezas naturales de la nación a la potencia militar vecina, y entregando a su maquinaria militar nuestros recursos estratégicos. Así las petroleras regresarán con sus guardias blancas, sus militares y policías privados, sus territorios, sus espías, sus abogados, sus políticos a sueldo y su arrogancia imperial.


Estados Unidos y su máquina militar acaban de ganar en México el equivalente de una guerra de Irak, pero sin guerra y al otro lado de su frontera.

***


El reparto agrario y la expropiación petrolera de los años del presidente Lázaro Cárdenas, cuando se hizo efectivo el contenido del artículo 27 no brotaron simplemente de la voluntad presidencial. Esa voluntad se fue reforzando y tomando cuerpo en las luchas de los campesinos, las comunidades indígenas, los trabajadores industriales, los electricistas, los petroleros, los maestros. Un viento de organización y de esperanza sopló sobre todo el territorio.


El sindicato petrolero nacional, heredero de las grandes luchas obreras de los años 20, se organizó formalmente en agosto de 1935. Nació en la pelea por sus derechos y su contrato colectivo. Lo rodeaba una marea de organización apoyada desde el gobierno. En 1935 hubo cerca de seiscientas huelgas grandes y pequeñas, casi todas resueltas a favor de las demandas obreras por las juntas de conciliación y arbitraje. En 1936, en La Laguna, el presidente Cárdenas dio razón a las demandas campesinas contra los latifundistas ingleses. Allí se inició la reforma agraria que llevó al reparto de unos veinte millones de hectáreas bajo la forma de ejidos o pequeña propiedad.


Sobre ese reparto agrario y la organización campesina se apoyó un audaz programa educativo, la educación socialista, llevado adelante por un ejército de maestros rurales que llegaron hasta el heroísmo al tener que enfrentar con sus cuerpos y sus vidas las guardias blancas de los terratenientes y de los cristeros.


Sin movilización y organización obrera el presidente Cárdenas no habría podido imponerse en 1935 sobre el ala callista y sus aliados militares y políticos y, entonces, abordar desde 1936 el reparto agrario. Y sin este reparto no hubiera tenido la base de apoyo y estabilidad para realizar en 1938 la expropiación del petróleo enfrentando a la vez a dos potencias mundiales: Gran Bretaña y a Estados Unidos.


***


La organización de un pueblo en movimiento fue la clave de las conquistas mexicanas: educación, tierra, salarios, petróleo, bosques y una conquista inmaterial que los poderosos odian con ese odio cerval que destila Televisa en sus programas: la dignidad y el respeto como condición de vida y de comunidad de mujeres y hombres en todas las edades de la vida.


El objetivo último de la guerra sucia contra el pueblo mexicano que los gobiernos hoy llaman "guerra contra el narco" ha sido sembrar el miedo, paralizar por el desamparo y la pobreza, destruir la capacidad de organización y de respuesta. Para ello durante décadas han destruido y saqueado Pemex; han corrompido a sus funcionarios y su sindicato; han destruido el Instituto Mexicano del Petróleo; lo mismo han hecho con la industria eléctrica y con las organizaciones de los maestros, los petroleros, los electricistas.


El objetivo de esa guerra ha sido dejar al pueblo sin defensa y sin capacidad de reacción inmediata ante el golpe de mano contra el patrimonio y la soberanía de la nación, largamente preparado, que Poder Ejecutivo y Congreso de la Unión acaban de asestar.


Pero, como ustedes y nosotros bien sabemos, la conquista inmaterial de la experiencia, la dignidad y el coraje, producto de la vida y de esa historia, no han podido destruirla. Aquí está aunque a veces se esconda, se disimule o se cubra con máscaras de palabras o de silencios. Aparece después en los movimientos de los Indignados; en las irrupciones de los #YoSoy132 en medio de una desleída campaña electoral; en las manifestaciones de los maestros; en las protestas contra la injusticia de una justicia que encarcela a Yakiri y no halla a los violadores; en las calles de nuestras ciudades, en las normales rurales y en las defensas comunitarias que protegen Cherán y tantos pueblos azotados por la violencia del narco y del ejército.


***


Estuve en la primera Escuelita, allá en San Cristóbal, a mitad de año. Lo que escuché en las palabras y vi en la presencia física de los expositores y las expositoras zapatistas, jóvenes todos que a la hora de la insurrección tienen que haber sido niños, fue una tarea larga de organización humana, de cuadros como se diría en el lenguaje de la izquierda, de hombres y mujeres que saben explicar y organizar para fines comunes y con palabras comunes para todos.


Eso no se logra en un día o en un año. Requiere una larga paciencia, saber escuchar y comprender y una cierta humildad en quienes la practican. Arrogancia y soberbia son sus enemigos mortales, esas virtudes de quienes nunca han organizado a nadie, ni en las malas ni en las buenas, pero han hablado y escribido mucho acerca de sus propias hazañas y personas.


Entre las cosas que allá escuché, anoté algunas:


* Somos trabajadores del campo y nos abastecemos y gobernamos nosotros mismos. Controlamos nuestro territorio y tenemos hoy 27 municipios autónomos. Tenemos un sistema nuestro de justicia donde nada tiene que ver el dinero. Hemos logrado gobernarnos entre nosotros y hemos hecho nuestra autonomía. Podemos decidir los planes de trabajo. Con esa libertad podemos conquistar otros corazones. Pueblo que no se organiza en si mismo, pueblo que no tendrá futuro.


* Nuestros responsables no reciben salario. Tienen que hacer su trabajo por conciencia. Tenemos nuestras autoridades propias en salud, educación y gobierno. Hemos avanzado por prueba y error en las decisiones. Así se formaron las Juntas de Buen Gobierno. Tenemos ahora veintisiete Municipios Autónomos.


Cada municipio son varias regiones, cada región son varios pueblos. Sistemas de educación y sistemas de salud hemos organizado en los municipios. Tenemos nuestros dispensarios. Es algo que nos llevó mucho tiempo. Sin nuestra presencia, ya se habrían apoderado de todos los recursos naturales y echado para afuera a las comunidades indígenas.


* Hay diez radios comunitarias en los cinco Caracoles. Tenemos nuestros dispensarios de salud en las cabeceras, pero también hemos habilitado saberes y conocimientos tradicionales en todo el territorio: hueseros, parteras y conocedores de plantas medicinales. Cuando el dispensario está lejos, a veces una compañera tenía que caminar cinco o seis horas desde el fondo de la selva y a veces parir en el camino en condiciones difíciles. Nos hemos dedicado a rescatar la vieja cultura y que el parto se haga en el pueblo con parteras locales. Lo mismo para la herbolaria o para el huesero en caso de fracturas o dislocaciones o dolores.


***


Mucho más escuché, compañeros comandantes, pero ya esta carta es muy larga. Estoy escribiendo cosas prácticas y sencillas. Ustedes ya las saben pero otros, que todavía no, las leerán y sabrán.


Quiero decir, en fin, que lo que vi y escuché es experiencia, organización, conocimiento, confianza en las propias fuerzas y otras condiciones alcanzadas que tal vez quedarán para escrituras futuras, si el tiempo nos da vida y la vida nos da tiempo.


Reciban un saludo fraternal y mi gratitud por la invitación a la Escuelita y por la conversa de aquella tarde.

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Miércoles, 04 Septiembre 2013 06:21

La libertad según los zapatistas

La libertad según los zapatistas

Desde que los medios dejaron de prestarle atención, muchos creen que la rebelión zapatista ya no existe. En silencio, lejos de los focos y las cámaras, han profundizado los rasgos de su construcción autonómica al punto que ya se puede hablar de una sociedad diferente, regida por reglas, códigos y leyes distintas a las del mundo dominante.

 

Desde sus seis años de altura, Carlos Manuel abraza la cintura de su padre como si nunca se fuera a despegar. Mira el techo y sonríe. Julián, su padre, intenta zafarse. El niño cede pero permanece junto al padre. Irma, su hermana de unos ocho años, observa desde un rincón de la cocina donde su madre, Esther, trabaja sobre el fogón dando vuelta las tortillas de maíz que siguen siendo el alimento principal de las familias rurales.

 

Los otros tres hijos, incluyendo al mayor, Francisco, de 16, observan la escena que se repite durante las comidas como si fuera un ritual. La cocina es el lugar de pláticas que se esparcen tan lentas como el humo que asciende sobre los techos de zinc. Las palabras son tan frugales y sabrosas como la comida : frijol, maíz, café, plátanos y alguna hortaliza. Todo sembrado sin químicos, cosechado y elaborado a mano. Criado a campo abierto el pollo tiene un sabor diferente, como toda la comida en esta comunidad tojolabal.

 

Al terminar la comida cada uno lava sus platos y cubiertos, incluso el padre que por momentos colabora en la preparación de la comida. Pregunto si eso es lo normal en estas tierras. Responden que es costumbre en las comunidades zapatistas, no así en las del “mal gobierno”, en referencia a los que, sin sorna, denominan “hermanos priístas”. Esas comunidades, vecinas a las que empuñan la estrella roja sobre fondo negro, reciben bonos y alimentos del gobierno, que les construye casas de bloques y suelo de material.

 

En toda la semana no hubo el menor gesto de agresividad entre el padre, la madre y los hijos. Ni siquiera gestos de mal humor o reproche. Al parecer, la prohibición del consumo de alcohol suaviza las relaciones humanas. Las mujeres son las que más disfrutan los cambios. “Distingo a los zapatistas por la forma en que se paran, sobre todo las mujeres”, comenta el experimentado periodista Hermann Bellinghausen.

 

El día del fin del mundo

 


La nueva etapa que está transitando el zapatismo comenzó el 21 de diciembre de 2012, día marcado por los medios como el fin del mundo que para los mayas es el comienzo de una nueva era. Decenas de miles de bases de apoyo del EZLN se concentraron en cinco cabeceras municipales de Chiapas, las mismas que habían tomado el 1 de enero de 1994.

 

La reaparición del zapatismo conmocionó a buena parte de la sociedad mexicana. No sólo no habían desaparecido sino que resurgían con más fuerza, mostrando que eran capaces de movilizar una cantidad importante de personas en formación militar, aunque sin armas.

 

En el comunicado del 30 de diciembre el subcomandante Marcos asegura que “en estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines gobiernos de turno, que reciben limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles”.

 

Agrega que a diferencia de lo que sucede en las comunidades afines del PRI, en las zapatistas “las mujeres no son vendidas como mercancías” y que “los indígenas priístas van a nuestros hospitales, clínicas y laboratorios porque en los del gobierno no hay medicina, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado”.

 

Algo de todo eso pudieron comprobar quienes acudieron a la primera escuelita entre el 12 y el 16 de agosto. En realidad fueron convocados sólo los compañeros de ruta, lo que supone un viraje profundo en sus modos de relacionarse con la sociedad civil : “A partir de ahora, nuestra palabra empezará a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, sólo podrá ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas mediáticas y coyunturales”, reza el comunicado.

 

Agrega que “muy pocos tendrán el privilegio” de conocer la otra forma de hacer política. En una serie de comunicados titulados “Ellos y nosotros” enfatizaron en las diferencias entre la cultura de los políticos del sistema y la cultura de abajo o zapatista, asegurando que no se proponen “construir una gran organización con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado”.

 

Destacan que la unidad de acción debe respetar la heterogeneidad de los modos de hacer : “Todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación, así se oculte con un lenguaje revolucionario, esotérico, religioso o similares. Cuando se habla de “unidad”, se omite señalar que esa “unidad” es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la “unidad” no sólo se sacrifican las diferencias, también se esconde la supervivencia de todos los pequeños mundos de tiranías e injusticias que padecemos”.

 

Para comprender este enfoque, que llevó al zapatismo a promover la escuelita de agosto, deben comprenderse los problemas que atravesaron las relaciones con la izquierda electoral y con personas que, en su opinión, “aparecen cuando hay templetes y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla”.

 

La lógica de la escuelita es opuesta a la de esa cultura política. No se trata de ir a escuchar a los comandantes indios ni al subcomandante Marcos, sino a compartir la vida cotidiana con la gente común. No se trata de la trasmisión discursiva y racional de un saber codificado. La cosa va por otro lado : vivenciar una realidad a la que sólo se puede acceder a través de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.

 

Una vida nueva

 


“Ya no tenemos dificultades”, dice Julián, sentado en un taburete de madera rústica, en su casa de techo de chapa, paredes de madera y suelo de tierra apisonada. Lo dice con naturalidad frente a quien lleva cuatro días durmiendo sobre tablas de madera, apenas cubiertas con una manta fina. Julián ingresó en 1989 en la organización clandestina. Marcelino, mi guardián o Votán, ingresó poco antes, en 1987.

 

Con fruición relatan las reuniones clandestinas en remotas cuevas en la montaña, a las que decenas de zapatistas llegaban por la noche, mientras los patrones y sus capangas dormían. Caminaban toda la noche y apenas regresaban al amanecer para incorporarse al trabajo. Las mujeres les cocinaban tortillas a oscuras, para no levantar sospechas. Bien mirado, tiene razón cuando dice que lo peor quedó atrás. El látigo del hacendado, la humillación, el hambre, la violencia y las violaciones de las hijas.

 

El 1 de enero de 1994 los hacendados huyeron y los capangas corrieron detrás. La “comunidad 8 de Marzo”, a la que llegamos quince forasteros-alumnos (mitad mexicanos, un yanqui de 75 años, un francés, un colombiano, dos argentinas y un uruguayo) está en las tierras que un día fueron ocupadas por Pepe Castellanos, hermano de Absalón, teniente coronel, ex gobernador y propietario de catorce fincas en tierras usurpadas a los indios. Su secuestro, en aquel lejano enero, fue la espita que precipitó la huída de los terratenientes.

 

La comunidad cuenta con más de mil de hectáreas de buenas tierras, ya no tienen que cultivar en las laderas pedregosas y áridas, cosechan los alimentos tradicional y por recomendación de la comandancia también hortalizas y frutas. No sólo se liberaron del látigo sino que se alimentan mejor y consiguen ahorrar de un modo muy particular. Julián cosecha seis sacos de café, unos 300 kilos, de los cuales deja un saco para el consumo familiar y vende el resto. Según el precio, consigue comprar con cada cosecha entre dos y tres vacas. “Las vacas son el banco y cuando tenemos necesidad vendemos”.

 

Por necesidad entiende problemas de salud. Su hijo mayor debió someterse a un tratamiento y para sufragarlo vendió un toro. Es la misma lógica que aplica la comunidad. En las tierras comunitarias realizan trabajos colectivos en torno al café y con la cosecha compran caballos y vacas. Entre los animales de las familias y los comunitarios tienen 150 caballos y casi 200 vacunos.

 

Días antes de llegar los alumnos se estropeó el filtro de agua y para repararlo decidieron vender una vaca. Del mismo modo sostienen la sala de salud, la escuelita y todos los gastos que demandan transporte y alojamiento de los comuneros para cumplir los deberes de los tres niveles del autogobierno : el local o comunitario, los municipios autónomos y las Juntas de Buen Gobierno.

 

Las mujeres también tienen emprendimientos comunitarios. En esa comunidad tenían un cafetal con el que compraron seis vacas y un gallinero con medio centenar de aves cuyos ahorros utilizan para traslados y gastos de las mujeres que ocupan cargos o asisten a cursos. Los pocos insumos que no producen las familias (sal, azúcar, aceite y jabón) los compran en la cabeceras municipales en tiendas zapatistas, instaladas en locales que ocuparon después del levantamiento de 1994. De ese modo no necesitan acudir al mercado y toda su economía se mantiene dentro de un circuito que controlan, autosuficiente, vinculado al mercado pero sin depender del mismo.

 

Las tiendas son atendidas de forma rotativa por los comuneros. Julián explica que cada cierto tiempo le toca estar un mes en la tienda de Altamirano (a una hora de la comunidad) lo que lo obliga a dejar la casa. “En ese caso la comunidad te sostiene la milpa durante quince días y yo apoyo del mismo modo al que tiene que ir a la tienda”. Esther fue cargo en la junta, en el caracol Morelia, a media hora de la comunidad, y sus quehaceres fueron cubiertos de la misma manera, que podemos llamar reciprocidad.

 

Salud y educación

 


Cada comunidad, por pequeña que sea, tiene una escuelita y un puesto de salud. En la comunidad 8 de Marzo hay 48 familias, casi todas zapatistas. La asamblea elige a sus autoridades, mitad varones y mitad mujeres, a los maestros y a los encargados de la salud. Nadie puede negarse porque es un servicio a la comunidad.

 

La escuelita funciona en una sala de la casona abandonada por el hacendado. Aún sobrevive una reja de hierro a través de la que pagaba a sus peones, quienes apenas podían ver una mano que dejaba caer monedas ya que la oscuridad ocultaba el rostro del patrón.

 

Temprano en la mañana los niños se forman en la cancha de basquetball frente a la casona, marchan en fila con paso marcial guiados por un joven de la comunidad que no debe superar los 25 años. La educación zapatista sufre la falta de infraestructura, los salones son precarios así como las bancas y el mobiliario. Los docentes no cobran sueldo pero son sostenidos por la comunidad al igual que los encargados de la salud.

 

Sin embargo tiene enormes ventajas para los alumnos : los maestros son miembros de la comunidad, hablan su lengua y son sus iguales, mientras en las escuelas estatales (las del mal gobierno), los maestros no son indios sino mestizos que no hablan su lengua, incluso la desprecian, viven lejos de la comunidad y mantienen una vertical distancia con los niños. El clima de confianza en las escuelas autónomas habilita vínculos más horizontales y facilita la participación de padres y alumnos en la gestión de la escuela. Los niños participan en muchas de las tareas de la comunidad y, entre ellas, en el sustento de la escuela y de sus maestros. No existe distancia entre escuela y comunidad ya que son parte de un mismo entramado de relaciones sociales.

 

Si la escuela oficial tiene un currículo oculto a través del cual trasmite valores de individualismo, competencia, organización vertical del sistema educativo y superioridad de los docentes sobres los alumnos, la educación zapatista es el reverso. El currículo se construye en colectivo y se busca que los alumnos se apropien de la historia de su comunidad, para reproducirla y sostenerla.

 

La transformación y la crítica son permanentes y trabajan para construir de forma colectiva el conocimiento ya que los alumnos suelen trabajar en equipos y buena parte del tiempo escolar transcurre fuera del aula, en contacto con los mismos elementos que configuran su vida cotidiana. Lo que en la educación estatal es separación y jerarquía (maestro-alumno, aula-recreo, saber-no saber), en las escuelas autónomas es integración y complementariedad.

 

En la salita de salud conviven medicamentos de la industria farmacéutica con una amplia variedad de plantas medicinales. Una chica muy joven se encarga de procesar jarabes y pomadas con esas plantas. La sala cuenta con una huesera y una partera, que completan el equipo básico de salud en todas las comunidades zapatistas. En general, atienden situaciones relativamente simples y cuando se ven desbordados trasladan al paciente a la clínica del caracol. Cuando no pueden resolver, acuden al hospital estatal de Altamirano.

 

La salud y la educación están escalonadas en los mismos tres niveles que el poder autónomo zapatista. En los caracoles suelen funcionar las clínicas más avanzadas, incluyendo un que cuenta con quirófano y practican operaciones. En los caracoles, que albergan las Juntas de Buen Gobierno, también suelen estar las escuelas secundarias autónomas.

 

La Escuelita

 


Siete horas demandó recorrer los cien kilómetros que separan San Cristóbal del caracol Morelia. La caravana de treinta camiones y coches salió tarde y avanza a paso de tortuga. Sobre las dos de la madrugada llegamos al caracol, un recinto donde se asienta un entramado de construcciones que albergan a las instituciones de la región autónoma : tres municipios, doce regiones y decenas de comunidades, gobernadas por la Junta de Buen Gobierno.

 

Además hay una escuela secundaria y un hospital en construcción, clínicas, anfiteatros, tiendas, comedores, zapatería y otros emprendimientos productivos.

 

Pese a la hora, una larga fila de varones y otra de mujeres nos esperaban engalanados con sus paliacates. Nos formamos por sexos y uno a uno fuimos conociendo a nuestros Votán. Marcelino alarga la mano y pide que lo acompañe. Vamos hasta el enorme salón de actos directo a dormir sobre los durísimos bancos.

 

A la mañana café, frijoles y tortillas. Luego hablan los miembros de la junta y explican cómo va a funcionar la escuelita. Por la tarde, casi de noche, salimos hacia la comunidad. Entre los alumnos pudimos ver a Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo, y a Hugo Blanco, dirigente campesino y ex guerrillero peruano, ambos pisando los 80.

 

Llegamos a la comunidad hacia medianoche luego de media hora a los tumbos sobre la caja de un pequeño camión. Toda la comunidad, formada en filas de hombres, mujeres y niños con sus pasamontañas, nos recibe puño en alto. Nos dan la bienvenida y a cada alumno le presentan la familia donde vivirá. Julián se presenta y cuando ya todos reconocieron a su familia, marchamos a dormir.

 

Primera sorpresa. Dividieron la casa con un tabique, dejaron una habitación para el huésped con puerta propia y los siete miembros de la familia se amontonaron en una superficie similar. Nos despiertan con las primeras luces para desayunar. Luego vamos a trabajar en la limpieza del cafetal familiar, machete en mano, hasta la hora de la comida.

 

El segundo día tocó enlazar ganado para ser vacunado y el tercero la limpieza del cafetal comunitario. Así cada día, combinando el trabajo con explicaciones detalladas de la vida comunitaria. Por las tardes tocaba leer los cuatro cuadernos que repartieron sobre Gobierno Autónomo, Resistencia Autónoma y Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo, con relatos de indígenas y autoridades.

 

Cada alumno podía formular las más variadas preguntas, lo que no quiere decir que siempre fueran respondidas. Pudimos convivir con una cultura política diferente a la que conocemos: cuando se les formula una pregunta, se miran, dialogan en voz baja y, finalmente, uno responde por todos. Fue una experiencia maravillosa, de aprender haciendo, compartiendo, saboreando la vida cotidiana de pueblos que están construyendo un mundo nuevo.

 

 

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Viernes, 26 Julio 2013 06:22

Extractivismo, movimientos y revolución

Extractivismo, movimientos y revolución


Días atrás se realizó un encuentro en Caracas para debatir las relaciones entre movimientos y estados, y cómo la autonomía y el poder popular pueden construir alternativas a un desarrollo anclado en el modelo extractivo. Participaron militantes de 30 organizaciones y movimientos, desde las cooperativas agrupadas en Cecosesola y la Red Nacional de Sistemas de Trueke hasta indígenas amazónicos y yupka, colectivos juveniles, culturales y artísticos, afrodescendientes, feministas y diversas expresiones urbanas y rurales. También hubo debates y encuentros con el Movimiento de Pobladoras y Pobladores.

 

Es importante constatar la fuerza y determinación de estos movimientos, la profundidad y certeza de su análisis, el carácter autónomo de sus reflexiones, la certidumbre de que enfrentan un periodo decisivo en la vida política. Si hubiera que sintetizar, algo más que difícil cuando las palabras circulan y dan vueltas y más vueltas, tres serían los temas centrales que debaten: salir del extractivismo, profundizar la autonomía y construir un modelo productivo de nuevo tipo.

 

El extractivismo apareció de dos modos. Uno esperable y ya habitual, vinculado a los daños sociales y ambientales que provocan las explotaciones mineras y petroleras, que amenazan la vida de las comunidades indígenas y campesinas. El asesinato del cacique yupka Sabino Romero por mafias de ganaderos el 3 de marzo en la Sierra de Perijá, estado de Zulia, es parte de la ofensiva de los terratenientes contra quienes luchan por la demarcación de sus territorios ancestrales en una zona donde avanza la minería.

 

Muchos grupos no indígenas y aún urbanos pelean contra las consecuencias del modelo extractivo. A las consecuencias que ha generado durante más de medio siglo un modelo asentado en la extracción y exportación de petróleo, se suma ahora la creciente presencia de mineras y la construcción de grandes obras de infraestructura.

 

La crítica a la “cultura rentista”, que convierte a los movimientos en dependientes del Estado y tiene una larga tradición en Venezuela, fue algo inesperado. Uno de los grandes cambios en ese país ha sido la democratización de la renta petrolera, antes reservada a unos pocos y ahora derramada hacia los sectores populares. Sin embargo, esa democratización no hizo sino reforzar la cultura rentista e instaló el modelo productivo como algo inamovible. En el seno de los movimientos, esa cultura atenta contra la productividad, como señalan los colectivos que integran el Parque Cultural Tiuna el Fuerte.

 

Lo interesante de esta mirada es que coloca el problema abajo, no arriba. El extractivismo es un dato de la realidad, al igual que la hegemonía de la cultura rentista. Pero lo que denominan como ausencia de “productividad” es parte de un desafío cultural que se puede encarar y ganar. De eso hablaron los movimientos y en esa tarea están centrando sus esfuerzos.

 

Los productores agrupados en Cecosesola (Cooperativa Central de Servicios Sociales del Estado Lara) abastecen de alimentos a una cuarta parte de la población de Barquisimeto, capital del estado de Lara con sus tres mercados semanales que venden 450 toneladas de alimentos. En sus seis centros de salud atienden 190 mil personas al año. Todo lo que hacen es autogestionado.

 


La red de trueke intercambia lo que produce, desde alimentos hasta artesanías, pero también saberes y servicios, utiliza monedas comunales y se pregunta cómo impulsar la construcción de poder popular sin ser destruida por funcionarios ineptos o el poder del dinero.

 

El Movimiento de Pobladores y Pobladoras tiene más de 300 edificios ocupados en Caracas, muchos estaban abandonados y ahora los autogestionan. El mayor movimiento urbano agrupa a inquilinos que resisten los desalojos, los comités de tierra urbana que nacieron en 2002 cuando se aprobó la regularización de asentamientos urbanos autoconstruidos, a los trabajadores residenciales, antes llamados conserjes, y a los damnificados por desastres naturales. Están construyendo 14 grupos de viviendas con base en la ayuda mutua, crean comunidades urbanas en camino hacia una profunda revolución urbana.

 

Tiuna el Fuerte es una de las experiencias juveniles urbanas más potentes del continente. Es uno de los pocos colectivos que consiguen trabajar con jóvenes pobres con prácticas ilegales, para construir con ellos espacios de creación cultural y artística mediante su participación en la Escuela Endógena de Hip Hop. Las reflexiones sobre el rentismo petrolero de las mujeres de Voces Latentes, que trabajan junto a los colectivos de Tiuna el Fuerte, es notable: si logramos modificar la cultura rentista y la inclusión a través del consumismo, por una cultura productiva y autogestiva, estamos empezando a salir del modelo extractivo.

 

Se dirá, en sintonía con cierto estructuralismo, que hasta que no se cambie el modelo productivo no se modificará el comportamiento de la población, que la cultura depende de la producción, que la cultura por sí sola no puede, que ese modo de hacer política tiene resonancias posmodernas. Sin embargo, la lucha de clases, la lucha en general, no es un dato estructural sino una construcción ética de los de abajo. No hay determinismos desde las fuerzas productivas hacia el resto de la sociedad. No deberíamos juzgar sin conocer las intenciones de quienes están haciendo.

 

En Venezuela hay potentes movimientos, entendidos como prácticas colectivas capaces de transformar parcelas de la sociedad modificando el lugar material y simbólico de quienes los integran. En ocasiones esa porción de la sociedad se ha sentido y se siente apoyada por el Estado y por los diversos gobiernos. En ocasiones no. Lo cierto es que hay gente en movimiento, haciendo para cambiar su vida y su sociedad. Suceda lo suceda en los próximos años, estarán allí, batallando por un mundo mejor.

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Previsiblemente, la crisis mundial –a la que se agrega el criminal bloqueo estadunidense– aumentará aún más su peso sobre Cuba, reduciendo el turismo e incluso las remesas de los cubanos emigrados. Las dificultades crecientes de la economía venezolana, así como el agravamiento de los desastres climáticos, son también factores que hay que tener en cuenta cuando se piensa en cómo sacar del actual pozo a la economía de la isla y en cómo reducir las tensiones sociales y políticas en un país que está instalado en una crisis profunda desde hace más de 20 años (la vida de una entera generación) y que no ve en el horizonte ni cambios reales ni objetivos alentadores sino sólo una dura lucha por la supervivencia dirigida además por el mismo sistema y los mismos cuadros que ayudaron a llegar a la actual dramática situación o que no supieron cómo evitarla.

Para salir de esta crisis, que se agrava con la crisis mundial pero se viene arrastrando dese hace decenios por causas específicamente cubanas, se necesita tensar todas las fuerzas de la población, recurrir a su capacidad creativa, su cultura, sus conocimientos, movilizarla como protagonista de todas las decisiones, como patrona de su propio destino, darle como objetivo la igualdad, la participación plena y creativa. En una palabra, dejar de tratar a los cubanos como súbditos y reconocerlos como ciudadanos plenos, movilizando su voluntad, su conciencia, su voluntad de socialismo, no detrás de huecas consignas desgastadas sino en pos de objetivos democráticos y autogestionarios para que por Estado no se entienda un aparato por sobre la sociedad y que pretende controlarla sino la gestión colectiva de los ciudadanos en primera persona.

La democracia no es un obstáculo en el trabajo de los especialistas, burócratas y tecnócratas: es una necesidad vital para aumentar la producción y la productividad y lograr nuevas invenciones colectivas. ¿Quién discutió previamente las actuales medidas para salir de la crisis que permiten vender propiedades en Cuba, por 99 años, a extranjeros, cuando los cubanos mismos no pueden comprarlas, que decide construir gran cantidad de campos de golf de 18 hoyos (para extranjeros), costosísimos en agua y en esfuerzos, que eliminan totalmente el magro subsidio por desocupación o la gratuidad de los entierros? ¿La Asamblea Nacional, que sólo se reúne siempre a posteriori para refrendar las decisiones del vértice partidario? ¿Un congreso o una conferencia del partido, siempre postergados pues ese partido único, en el que milita lo mejor y también lo peor del funcionariado cubano, está fusionado con el aparato estatal, no tiene objetivos diferentes de éste y a él está subordinado y, por supuesto, no controla en lo más mínimo a los dirigentes del Estado-partido? ¿Los llamados sindicatos, que en vez de ser la voz de los trabajadores frente al aparato estatal supuestamente de esos trabajadores son simplemente una parte de la burocracia estatal, al extremo de ser incapaces de decir una palabra frente a la pérdida de grandes y viejas conquistas, de evaluar las políticas del Estado, de formular propuestas y contrapropuestas surgidas de asambleas democráticas en las empresas?

¿Por qué no se discuten las medidas gubernamentales en cada empresa, en cada barrio, en cada comunidad campesina? ¿Por qué no se escucha la voz y las sugerencias de quienes deberán sufrir las consecuencias de dichas medidas y, al mismo tiempo, deberán poner el hombro para sacar al buey del barranco?

Una crisis es una oportunidad de cambiar. En vez de recurrir solamente a un hipotético turismo o inversionismo de lujo, ¿por qué no discutir cuáles inversiones productivas son hoy necesarias y deben ser permitidas al capital privado –por ejemplo, en la producción agroalimentaria y la distribución de los alimentos en la isla–? En vez de centralizar una vez más, ¿por qué no descentralizar y dar poder de decisión y de organización a nivel territorial, horizontal, a los productores y poner a su disposición insumos y medios de transporte? El combate a la burocracia no consiste sólo en reducir el número de funcionarios redundantes o improductivos y de reglamentaciones absurdas: consiste en cambio fundamentalmente en trasladar el poder de información y de discusión a los ciudadanos, que son usuarios-productores-consumidores atados por esa burocracia.

La democracia, la autogestión, la planificación desde el territorio y desde los lugares de producción, la libertad de opinar, disentir, expresarse, informarse, son indispensables si se quiere sacar a la población de una desmoralizante y creadora de apatía resignación ante las decisiones que llueven desde el vértice del Estado tal como llegan los huracanes. Repetimos: la vía china o la vietnamita son irrepetibles en Cuba, no sólo por razones demográficas, históricas, culturales, sino también porque esa es una salida que sólo se podría encarar abriendo completamente el país al capital y la intervención de Estados Unidos y eliminando lo que queda de la revolución para que acabe el bloqueo y lleguen inversiones masivas. Cuba nunca fue socialista, aunque sí luchó por aportar a la construcción del socialismo en la isla y en el mundo. Pero su revolución democrática, antimperialista, de liberación nacional, fue importantísima para la isla y para todo el continente y, aunque está estancada desde hace rato porque no puede profundizar su curso y, por el contrario, retrocede, sigue siendo la garantía de la independencia nacional y es la base del consenso político que aún mantiene el gobierno, sobre todo entre las generaciones más viejas, que conocieron el pasado y no quieren retornar a él, como lo expresa claramente Silvio Rodríguez. Es suicida enterrar los restos de revolución para atraer inversionistas. Por el contrario, hay que reanimarla con un gran cambio, sobre la base de la democracia, la autogestión, la libre organización, la eliminación de la autocracia y la burocracia y la extensión al máximo del poder de los productores.

Por Guillermo Almeyra
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Jueves, 30 Julio 2009 06:32

Open Spectrum ¡Liberemos las ondas!

Open Spectrum (espectro abierto en inglés) es una iniciativa reciente dirigida a reducir al máximo la intervención de los gobiernos en la administración de las comunicaciones inalámbricas. Su objetivo es fomentar la autogestión de los usuarios y, sobre todo, garantizar que el espectro electromagnético se trata como un bien común y se revierte su privatización actual.

La importancia del espectro
 

El término "espectro" hace referencia a las frecuencias a través de las cuales se envían señales electromagnéticas de todo tipo: radio tradicional, televisión, radares, redes WiFi, señales GPS, teléfonos móviles... Habitar en un país occidental en el siglo XXI es prácticamente sinónimo de ser usuario del espectro de radiofrecuencia. "Rara vez le prestamos atención a lo que ocurre en el espacio radioeléctrico, a pesar de que seríamos incapaces de vivir sin él", explica José Luis de Vicente en el catálogo de una exposición dedicada a este tema en el festival Zemos98. "Desde las rutas marítimas o aéreas hasta las previsiones meteorológicas, pasando por las cadenas de suministro de cualquier producto a los medios de comunicación, cada vez más cosas descansan sobre nuestra capacidad de hacer circular señales por ese espacio que se sitúa entre los tres kiloherzios y los trescientos gigaherzios. El espacio radioeléctrico es el suelo urbanizable de la sociedad de la información".

Regulación y monopolio
 

Desde hace un siglo, el espectro se ha considerado un recurso escaso que debe ser regulado por el gobierno. Así, por ejemplo, la administración concede a las emisoras de televisión y radio licencias que determinan cómo pueden emitir, en qué frecuencias, a qué potencia, en qué lugares y con qué objetivo.

En otros contextos este control sería inconcebible. Nadie aceptaría que el gobierno estableciera cuántos periódicos, blogs o páginas web pueden existir, o que adjudicara según sus propios criterios las licencias para imprimir libros. Estos controles se toleran en el caso de las radiofrecuencias porque se cree que son necesarios para evitar las interferencias. En buena medida, esta legislación es el resultado de la aparición en la primera mitad del siglo XX de las primeras grandes empresas dedicadas a la radiodifusión, que pretendían garantizar la recepción óptima de sus emisiones. De este modo, surgió un sistema de concesión de licencias basado en el "interés general", teóricamente dirigido a evitar las interferencias, pero cuyo subproducto es el incremento de la concentración de los medios de comunicación en manos de las grandes compañías.

Control superfluo

El modelo legal que concede el monopolio de las frecuencias más útiles a las industrias de las telecomunicaciones y al gobierno se ha mantenido a pesar de que han ido apareciendo tecnologías que lo hacían superfluo. Espectro Abierto es, en primer lugar, un intento de desmitificar la necesidad técnica del control de la radiofrecuencia. En palabras de Robert Horvitz, miembro fundador de la Open Spectrum Foundation, "en la última veintena de años se han desarrollado sistemas técnicos que resuelven problemas que antes necesitaban de la intervención del gobierno. Los teléfonos inalámbricos escanean automáticamente una banda para seleccionar un canal libre. Las redes telefónicas celulares GSM asignan dinámicamente las frecuencias cuando los teléfonos están activados, y fijan los niveles de señal en el mínimo necesario para una conexión adecuada. Los receptores inteligentes pueden separar señales codificadas de manera distinta incluso cuando ocupan el mismo canal, etc. Las regulaciones diseñadas para proteger al equipamiento ‘tonto’ de las interferencias provocan escasez artificial de las frecuencias solicitadas. Estudios recientes han demostrado que las asignaciones estáticas de frecuencia pueden traducirse en cifras de utilización de banda de entre un 5% y un 10%".

¿Interferencias?
 

Las interferencias no existen en sí mismas, no son un fenómeno natural: sencillamente las ondas no interfieren entre sí. Una demostración cotidiana es que si dos personas hablan a la vez sus voces no se distorsionan, ambos conjuntos de ondas llegan intactos al oyente. La razón de que, en ocasiones, no podamos entenderlas, no tiene nada que ver con la deformación de las ondas, sino con las limitaciones de nuestros oídos. Es decir, la interferencia es el resultado de la incapacidad de determinado receptor para aislar adecuadamente una señal concreta. Las primeras radios tenían muy poca capacidad para procesar las señales que recibían. En cambio hoy existen receptores que pueden separar la señal del ruido con gran precisión y no necesitan reservar una zona libre en torno a la frecuencia que están recibiendo.

El ejemplo WiFi
 

Los defensores del espectro abierto mencionan de forma recurrente las tecnologías WiFi como ejemplo de las posibilidades que abriría el tratamiento del espectro como un bien común no monopolizable. "La banda de frecuencias alrededor de los 2.4 Ghz es una de las escasas frecuencias públicas donde se permite emitir sin necesidad de licencias. Se emplea sobre todo por dispositivos domésticos, como los teléfonos inalámbricos", explica José Luis de Vicente. "Pero también por los routers que hacen posible el funcionamiento de las redes WiFi. Si la tecnología de las redes inalámbricas no se hubiese basado en una frecuencia abierta, hubiese sido muy difícil que se hubiesen extendido con la fuerza que lo han hecho". Para Robert Horvitz, "la tecnología WiFi es un ejemplo de cómo un gran número de personas pueden compartir una banda, sin canales asignados específicamente, si todas utilizan baja potencia y formas de onda diseñadas para minimizar los efectos de las interferencias".

Abundancia (de espectro) y desarrollo
 

La premisa básica de Open Spectrum es que la escasez del espectro es artificial: en palabras de Kevin Werbach, uno de los primeros defensores del espectro abierto, "en lugar de tratar el espectro como un recurso físico escaso, podríamos ponerlo a disposición de todos como dominio público, lo que permitiría un uso más eficiente y creativo de las ondas de radio". Los partidarios del espectro abierto aspiran a que, en último término, cualquiera pueda emitir señales en cualquier frecuencia sin necesidad de un permiso específico y con la única condición de respetar un mínimo conjunto de reglas técnicas, de modo que la regulación del espectro radioeléctrico se aproxime a las normas cotidianas que regulan la comunicación oral. A menudo se argumenta que la eliminación de las regulaciones gubernamentales en este ámbito podría tener importantes repercusiones sociales y políticas, en especial en los países más pobres, pero algunos van aún más allá. Por ejemplo, David Weinberger, experto en tecnologías de la comunicación, afirma: "Actualmente Internet se usa predominantemente para transmitir textos. La apertura del espectro supondrá que nuestra conectividad no estará ya constreñida por la velocidad de escritura y un tipo de presentación de las ideas basado en el texto. Tendrá un gran efecto democratizador. Esperaremos y exigiremos respuestas directas. Seremos capaces de organizarnos no sólo en torno a ideas escritas sino también a expresiones de pensamiento mucho más ricas, lo que posibilitará una auténtica democracia participativa. El espectro es ubicuidad. El espectro abierto es igualdad y libertad".

Darwin Palermo
La Dinamo

 

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