Viernes, 15 Marzo 2019 06:10

Duros escenarios en el planeta Trabajo

Duros escenarios en el planeta Trabajo

¿Así que usted cree que la fuerza de un hombre, su valor, ha sido creada para invertirla en echar abajo a otro hombre? ¡Magnífico! A mí me parecía que el valor de un individuo debe servirle para trabajar y hacer la riqueza colectiva, y no para usarlo como arma ofensiva contra los demás. ¡Su teoría es maravillosa!… (César Vallejo, El tungsteno)


Los resultados antiobreros de la globalización neoliberal, el transitado sendero del ecosuicidio, el inmenso poder de las grandes corporaciones y sus prácticas de evasión pueden ser ilustradas de maneras muy diversas. Una de las posibles (de un informe de Oxfam Vía Libre): en el año 2015 las grandes multinacionales trasladaron unos 600.000 millones de dólares (la mitad aproximadamente del PIB español) a paraísos fiscales. Un 30% de estas “estafas nacionales-fiscales” dentro de la UE. Las pérdida de recaudación para España, Francia, Italia y Alemania fueron de unos 35.000 millones. En seis años, más de 200.000 millones.


Una de las condiciones para ello: explotación creciente y despiadada de las clases trabajadoras. Y no sólo en territorios no desarrollados o empobrecidos. Un ejemplo: la pobreza en Cataluña afecta a más de millón y medio de personas (la población es de 7,5 millones, en torno a un 20%), de las cuales cerca de 350.000 (un 5% aproximadamente) sufren las duras y terribles penalidades de la pobreza severa.


Hay otras consecuencias del desarrollismo capitalista desbridado: las muertes prematuras por contaminación. Se calcula que son más de 800 mil en toda Europa. En el mundo la cifra asciende a 8,8 millones (el doble de lo (mal) calculado anteriormente) [1].


¿Y cuál es el futuro que se presenta a las clases trabajadoras que van perdiendo poco a poco (a veces también de golpe) sus derechos laborales conquistados, incluso los más básicos, los más esenciales?


No creo que nadie pueda tildar de economista -o pensador- radical a Joaquín Estefanía, el que fuera director de El País. Tal vez por ello convenga presentar algunas de sus consideraciones sobre el mundo obrero realmente existente en esta fase hegemónica neoliberal del capitalismo. En uno de sus últimos artículos, "El miedo y el futuro del trabajo” [2], señalaba, por ejemplo, cosas del siguiente tenor:


1. Más del 60% de la población activa mundial pertenece a la economía sumergida (es decir, a la economía ocultada y sin derechos y protección para los trabajadores).
2. El planeta Trabajo, la expresión es suya, “se halla en una de sus mutaciones más profundas desde el inicio de la revolución industrial en el siglo XVIII”. ¿Por qué? “Porque la naturaleza misma del trabajo y su relación vertebradora de la cohesión social están en cuestión”.

3. La transformación está siendo tan profunda “que genera temor en amplias capas de la sociedad”, en amplios sectores de las clases trabajadoras fundamentalmente.

4. Una de las consecuencias de ello, apunta JE, es, posiblemente, “la ola de conservadurismo (de derechas, pero también de izquierdas) que asola al mundo y que disputa, en estos momentos, la hegemonía al liberalismo y a la socialdemocracia” (dejo ahora, no entro en ello, lo del “conservadurismo de izquierdas”). Muchos ciudadanos-obreros tienen miedo “a perder su puesto de trabajo en el futuro inmediato, sustituirlo por otro de peor calidad y menor seguridad” o incluso a instalarse en la precariedad permanente. No hay más vida que esa, cualquier otro modelo es utopía, sueño. De hecho, sabido es, España encabeza las tasas de temporalidad [3].


5. Según uno de los últimos informes de la OIT -que cumple ese año su primer centenario— “se está reduciendo el paro en el planeta (173 millones de desempleados, un 5% de la población activa), pero no mejora la calidad del empleo, todo lo contrario, decenas de millones de personas se ven obligadas a aceptar condiciones muy deficientes”. El trabajo decente y en condiciones es escaso, cada vez más. No hay otra.


6. 3.300 millones son los asalariados en el mercado global. De ellos -el dato es terrorífico- más de 2.000 millones (un 61% del total) pertenecen a la economía sumergida, como decíamos. “En su mayor parte no tienen derecho a protección social, 1.100 millones de personas trabajan por cuenta propia (autónomos, verdaderos o falsos), a menudo en actividades de mera subsistencia debido a la falta de oportunidades de empleo en el sector formal”. Con problemas graves para beneficiarse de algunos de los capítulos que componen el cada vez más disminuido y demediado Estado del bienestar (mejor Estado asistencial).

7. Una de cada cinco personas menores de 25 años -la juventud sin futuro del 15M- no trabaja ni estudia ni recibe formación alguna.

8. Es en este contexto, prosigue JE, en el que se expande el capitalismo de plataformas, que abarca, en progresión geométrica, a un número creciente de sectores productivos. “De las plataformas digitales se puede afirmar que, asumida su presencia creciente, la gran tarea es regularlas sabiendo que hay una gran asimetría entre unos poderes públicos lentos en reaccionar y unas empresas tecnológicas extraordinariamente rápidas en asentarse”.

9. JE comenta que la profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social María Luz Rodríguez Fernández [MLRF], una estudiosa del tema, “cree que lo novedoso está en cómo las plataformas digitales cambian la organización del trabajo y ponen contra las cuerdas las regulaciones pensadas para otros modelos de producción”. Desde un punto de vista sindical, el punto es esencial. Una de las cuestiones más urgentes, añade MLRF, sería elaborar un catálogo de derechos laborales comunes para los asalariados y autónomos, catálogo “que habría de aplicarse a los trabajadores de las plataformas”. Punto crucial igualmente desde una perspectiva sindical de resistencia.

10. Muchos trabajadores trabajan en este tipo de empresas tecnológicas porque no han encontrado un trabajo convencional, señala JE.Así es. Uno de sus temores principales “es ser desactivados de las apps que les notifican los encargos disponibles y, por tanto, perder el acceso al trabajo (despido digital) sin previo aviso ni conocimiento de los motivos”. Según MLRF, las plataformas raramente aparecen como empresas con trabajadores bajo su responsabilidad. Son “plataformas tecnológicas desprovistas de mano de obra, porque a sus presuntos financiadores (sociedades de capital riesgo) no les gusta invertir en trabajo, sino en tecnología”. Explotación a larga distancia, con fuerza de trabajo de usar y tirar y sin derechos.

11. La experiencia que tenemos de la confrontación entre las empresas del capitalismo de plataformas y el que se podría denominar capitalismo analógico, señala JE, “es que las primeras apelan a la modernidad y a la tecnología digital y crean un relato de ruptura con el pasado que no es algo inocente, sino que parece significar que la normativa y las garantías laborales vigentes no sirven para afrontar esta nueva realidad avasalladora”. La posmodernidad es un atraco en toda regla, mayor aún, a las clases trabajadoras.

12. En trabajos de la autora citada hay una recomendación genérica, muy útil en opinión de JE, para los cada vez más numerosos usuarios de las heterogéneas plataformas digitales: “cada vez que nos encontremos con un servicio o un producto especialmente barato pensemos en lo poco que tiene que haber ganado el trabajador para que ese servicio o este producto cueste tan poco”.


13. Una nota de Ignacio Vidal Folch, "Te vendo el alma por una ‘app’ sexi. El recurso a las plataformas de la economía digital suscita dilemas éticos. El autor debate con Chuky, un álter ego imaginario y diabólico, los pros y los contras de recurrir a Uber, Amazon y Airbnb” https://elpais.com/elpais/2019/02/27/ideas/1551267234_743017.html, citada por JE, ayuda a entender la situación. Algunos pasos:


¡Qué alegría, ya vuelven a circular los taxis! Los taxistas han puesto fin a su larga y enconada huelga gracias a la firmeza de la Comunidad de Madrid, que ha demostrado que… —… demostrado que le importan un bledo los intereses de los colectivos de trabajadores cuando los toma al asalto el neocolonialismo en versión digital —dice Chuky, el muñeco diabólico que vive en mí y que acaba de despertarse, como siempre, de mal humor. ¿He contado ya que en cada uno de nosotros no habita, como dicen, un niño interior al que hemos de cuidar, sino un muñeco diabólico? El mío se llama Chuky, viste levita verde y plastrón, se parece a Juan Carlos Monedero y tiene muy mal carácter. Me ha dicho:


—Y si las instituciones del Estado no amparan a los trabajadores, ¿para qué sirven, para qué tenemos que mantenerlas?


—Hombre, Chuky, no seas así. A todos nos preocupan el incierto porvenir, la destrucción de puestos de trabajo y los sueldos de miseria que contribuyen al precariado y que son consustanciales a estas megacorporaciones de servicios que operan en lo digital, pero…


—Sí, sí, “pero”, pero cuando un sector regulado, como el del taxi -que es perfectible pero funciona razonablemente, ofrece a los usuarios un servicio muy correcto y garantiza la subsistencia de miles de familias- sufre el asalto de unos inversores multibillonarios con empleados no sindicados y servicios más baratos de su coste real, con el objetivo transparente de monopolizar el mercado… ¿Dónde está la solidaridad de los intelectuales, de los periodistas, de la sociedad? ¿Qué pensabais, qué decíais, cuando los taxistas viendo a Hannibal ad portas presentaban resistencia a su extinción? ¿Dónde queda el pacto social?


[…] —Sí, cuando las abstracciones sobre la inevitabilidad del mundo digital y las bondades de la desregularización no resultan convincentes, entonces se manifiesta el clasismo del burgués acomodado —esto es: acomodado hasta que las corporaciones multibillonarias del algoritmo pongan también sus zarpas y sus infinitos recursos a apoderarse de su profesión—. El clasismo, sí. De pronto los taxistas ya no son los sacrificados currantes que pasan 12 horas en un trabajo estresante y muy poco saludable para llevar a casa un sueldo digno, sino mafiosos de medio pelo y tipos amargados que siempre tienen en la radio el Carrusel deportivo, ¿verdad? Y cuántos perjuicios causan cuando se ponen en huelga. Hay que ver lo respondón que está el servicio…


[…] —Qué comunidad más ciega y tonta formamos, iter persollicitae depravationis et caliginosissimae moralis caecitatis iam est ingressa, camina ya hacia su degradación más inquietante y hacia la más tenebrosa ceguera moral, Mateo 6,22, sí. Se han necesitado siglos para conquistar unos derechos y los regalamos en un cuarto de hora porque nos ponen delante una app sexi. Iamque adeo afecta est aetas, a tal punto está nuestra época quebrantada. Lucrecio, claro.


A Chuky le sobran razones en su crítica y lo que señala es la tarea de la hora: se han necesitado siglos de lucha y esfuerzo (represiones y muertes incluidas) para conquistar derechos básicos. Es necesario protegerlos y defenderlos. Las nuevas plataformas representan un enemigo impío enfrentado a esos derechos. Los quieren liquidar todos o casi todos. Piensan en los trabajadores como “empresarios” que venden su mercancía-capital, “la fuerza de trabajo”, a pelo, sin ninguna protección. Pensar de nuevo la situación y apuntar iniciativas de movilización, denuncia y defensa de lo conquistado es más urgente que nunca.


Pere Jodar y Jordi Guiu [4] han escrito en los siguientes términos refiriéndosea la unidad de los trabajadores:


[…] está claro que el mercado del trabajo ha explosionado en múltiples grupos, y que, incluso, se ha individualizado extraordinariamente, rompiendo con el mito de la homogeneidad de la clase trabajadora de los años dorados (1950-1980), pero el movimiento obrero se formó también entre los trabajadores precarios de finales del siglo XIX y principios del XX, así como en la España de los años cincuenta o sesenta. En definitiva, hay asalariados, trabajadores: uno trabajan fijos, otros temporales, otros no pueden trabajar, pero todos ellos continúan siendo trabajadores, no “precariado”, ni “clase desocupada”.

 

Notas:
(1) Cristina Sáez, https://www.lavanguardia.com/ciencia/cuerpo-humano/20190312/46999524021/contaminacion-causa-800000-muertes-prematuras-europa.html
(2) https://elpais.com/elpais/2019/03/07/ideas/1551982378_130567.html?id_externo_promo=enviar_email
(3) https://elpais.com/economia/2019/02/13/actualidad/1550088419_496910.html
(4) Pere Jodar y Jordi Guiu, Parados en movimiento. Historias de dignidad, resistencia y esperanza, Barcelona, Icaria, 2019l, p. 29.

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Viernes, 14 Diciembre 2018 05:41

Protestan la “ley de esclavitud”

Protestan la “ley de esclavitud”

Miles de personas se manifestaron ayer en el centro de Budapest, a un día de haberse aprobado la reforma laboral que la oposición nombró como “la ley de la esclavitud”. La norma fue aprobada con el apoyo de dos tercios del partido conservador Unión Cívica Húngara (Fidesz), dirigido por el primer ministro Viktor Orbán, pese a los intentos de la oposición de bloquear la votación. “Hoy en el Parlamento prácticamente pusieron el último clavo en el ataúd de la democracia, lo que hicieron fue el último paso en la construcción de un estado de partido único”, denunció Miklós Hajnal, portavoz del movimiento Momentum, mientras afuera comenzaban las protestas. 

Entre otras cuestiones, la reforma supone un aumento de las horas extra, como así también una quita del poder de negociación a los sindicatos. La norma prevé el aumento de 250 a 400 horas extras anuales. Esto podría significar en algunos casos que los empleados trabajen seis días por semana. Además permite a los empleadores abonar las horas hasta 36 meses después de trabajadas.


Mientras se debatía la reforma, los diputados opositores hicieron sonar pitos y sirenas en una señal de rechazo a la norma. Mientras tanto afuera, se organizó una manifestación espontánea con miles de personas que marcharon por la ciudad hasta la sede del Fidesz. Allí un grupo de mujeres ondearon la bandera húngara junto a la de la Unión Europea. La multitud también bloqueó el Puente de las Cadenas, uno de los símbolos de Budapest. Al final del día la policía agredió con gases lacrimógenos y detuvo a 34 personas. Ayer la segunda movilización redobló la apuesta. Más de 3000 personas convocadas por sindicatos y estudiantes tomaron las calles del centro de la capital húngara. “Agradezcamos a Viktor Orbán todo este año y todo lo que ha hecho por el pueblo húngaro”, rezaba la irónica convocatoria de los estudiantes. Por su parte, Tamás Szûcs, presidente del Sindicato Demócrata de Maestros, fue determinante: “Ni un paso atrás. Los trabajadores no pueden permitírselo. Esta es la Ley Laboral más reaccionaria de Europa. Ya es hora de que los sindicatos demuestren que pueden superar sus intereses particulares”.


Desde que asumió al cargo en 2010, Orbán fue criticado por sus políticas contrarias al lineamiento de la Unión Europea y gran parte de los húngaros denuncia que la democracia atraviesa una situación crítica.

 

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Domingo, 21 Octubre 2018 07:20

Temer prepara la mano dura de Bolsonaro

Temer prepara la mano dura de Bolsonaro

Por decreto, fundó una “fuerza de tareas de inteligencia” que reúne a todas las policías, a las tres fuerzas armadas y a los agentes civiles. Un mandato convenientemente difuso.

 En el ocaso de un gobierno que desde hace mucho parece moribundo e inerte, Michel Temer, el más impopular presidente de la historia de los períodos democráticos brasileño, avanzó y mucho en la apertura de espacios de poder para las fuerzas armadas, ampliando el camino para un cada vez menos tenue vuelco hacia los cuarteles. El lunes 15, en medio al torbellino provocado por la disputa electoral, Temer bajó un decreto que poco o casi nada llamó la atención en un primer momento. El objetivo es la creación de una “fuerza de tareas de inteligencia” contra las organizaciones criminales.

El problema, dicen analistas, es que ya está sentada por ley la competencia de la Policía Federal para tratar de crímenes, valga la redundancia, federales, como el narcotráfico o el lavado de dinero. Otro punto que llamó la atención es que, en términos de jerarquía, la “fuerza de tareas” obedece en primer lugar al “gabinete de seguridad nacional” de la presidencia, institución abolida en los gobiernos del PT y que Temer trajo de vuelta. Y el otro punto que creó alarma en las organizaciones sociales se refiere a la vaguedad del tema: “organizaciones que atenten contra el Estado o sus instituciones”. Desde luego tanto el lavado de dinero como el narcotráfico atentan contra las instituciones y el Estado. Pero ¿qué más? ¿Sindicatos que llaman a la huelga general? ¿El Movimiento de los Sin Tierra que ocupa áreas ilegales o improductivas?


Muchos analistas señalan una especie de preparación de terreno para que el ultraderechista Jair Bolsonaro y su grupo de generales retirados, caso efectivamente lleguen al poder, puedan desatar una ola de control y represión contra lo que consideran una extemporánea “amenaza comunista”.


Desde que llegó al sillón presidencial gracias a un golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff, no son pocos los pasos de Temer en dirección a abrir espacio a militares en la estructura del gobierno. Por primera vez desde su creación, todavía bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, el ministerio de Defensa fue entregado a un general. La intervención militar en el estado de Rio de Janeiro, decretada el pasado febrero, fue otro paso: bajo el mando de un general quedó toda la estructura policial, desde la investigativa hasta la ostensiva, pasando por el sistema carcelario. Por si fuera poco, Temer también bajó un decreto determinando que cualquier caso de violencia cometido por un militar que participe de la intervención en Río será juzgado por la justicia militar, y no la civil, como determinaba la legislación anterior.

También llamó la atención que el nuevo presidente del Supremo Tribunal Federal, Dias Toffoli, un magistrado que no logró ser aprobado en un concurso público para ser juez de primera instancia pero llegó a la corte máxima, haya convocado para ser una especie de súper-asesor a un general retirado, muy cercano a Bolsonaro. Para inquietar aún más al campo progresista brasileño, el nuevo decreto creó concretamente un núcleo duro de inteligencia, reuniendo el todopoderoso Gabinete de Seguridad Nacional y la Agencia Brasileña de Inteligencia, y también los servicios de la Marina, Fuerza Aérea y Ejército, además del sector de control de actividades financieras del ministerio de la Hacienda, la Receta Federal, y todas las policías, inclusive la responsable por carreteras.


Resumiendo: caso realmente llegue a la presidencia de la República, Bolsonaro contará con instrumentos ilimitados y en manos de generales en actividad para controlar la vida de cada brasileño, teniendo como blanco primordial asegurar que no ocurran atentados “contra el Estado y las instituciones”. Le tocará al núcleo duro del eventual gobierno de ultraderecha decidir qué atenta o no.

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Lunes, 15 Octubre 2018 06:59

Sombras nada más

Sombras nada más

Cada día –aun si uno hace el intento de evitarlo– Trump interrumpe todo, y cada intervención es más obscena y mentirosa que la anterior. Muchos aconsejan, incluyendo la gente del presidente, que no hay que tomar tan en serio los comentarios del mandatario. Pero ahora los mensajes se han vuelto tan ominosos que hasta observadores veteranos que no suelen gritar, están sonando la alarma. Muchos ven tinieblas que recuerdan los momentos más oscuros de la historia moderna.

En una serie de mítines políticos para apoyar a candidatos republicanos leales al régimen, Trump ha hecho lo de siempre: autoelogiarse –recién declaró que su presidencia es "la revolución más grande jamás realizada en este país"– burlarse de sus opositores, atacar a los inmigrantes, acusar a los medios de fake news y llamarlos "enemigos del pueblo", pero ahora ha elevado el tono del ataque contra sus críticos y opositores al declarar que son parte de una "turba enfurecida" que está amenazando la "ley y orden".

"La agenda demócrata es el socialismo y las fronteras abiertas", declaró ante sus fanáticos la semana pasada en un mitin en Iowa. Agregó que, en el contexto de las elecciones intermedias, “no le das poder a una turba enfurecida de izquierda. En eso se han convertido los demócratas. Volverían tan rápido a nuestro país en Venezuela….” Una y otra vez afirmó que los demócratas se han vuelto "demasiado extremos y, francamente, demasiado peligrosos como para gobernar". Afirmó que habían "enloquecido".

En un artículo de opinión firmado por Trump publicado en USA Today afirmó que si los demócratas toman control del Congreso, eso "llevaría a Estados Unidos más cerca al socialismo peligrosamente" y que destruirá la prosperidad en este país.

“Demócratas socialísticos (sic) liberales es igual a una America comunística (sic). Patriotas no permiten que eso ocurra. Voten Trump 2020”, dice el lema de una camiseta de uno de los fanáticos en un mitin.

En un mitin en Misisipi, acusó que “demócratas radicales quieren destruir nuestras leyes… nuestras instituciones… demoler nuestra prosperidad en nombre del socialismo y probablemente peor”. Como siempre, en estos actos subrayó la amenaza de los inmigrantes, acusando que los demócratas desean volver a este país en "un santuario gigante para extranjeros criminales", como el MS-13.

Laurence Tribe, profesor de leyes de la Universidad de Harvard, comentó vía tuit sobre estas declaraciones recientes: "tan peligroso que se ha mostrado en muchos contextos, él (Trump) ha dicho pocas veces algo tan alarmante como esto. Es retórica tomada directamente del libro de jugadas de fascistas y dictadores".

Tal vez es por ello que la obra de filósofos/as como Hannah Arendt, que exploraron el totalitarismo y las funciones de propaganda en la época que surgieron Hitler, Mussolini y Franco, ha resucitado como lectura urgente y necesaria para estos tiempos.

Al aproximarse las elecciones intermedias, la retórica de Trump y su oposición suele ser resumida por los medios como expresión de un país dividido y polarizado. Pero vale recordar que Trump no ganó el voto popular y conquistó la Casa Blanca con el voto de apenas una cuarta parte de los ciudadanos con derecho a sufragar. Sólo un promedio de 40 por ciento aprueba su gestión en las encuestas. El Congreso controlado por los republicanos tiene un nivel de aprobación de 16 por ciento, según Gallup.

En el extranjero, según una encuesta reciente del Pew Center en 25 países, entre ellos los principales aliados de Estados Unidos, sólo 27 por ciento le tienen confianza a Trump; las calificaciones más bajas de todos son las registradas en México, donde únicamente 6 por ciento expresa confianza en el liderazgo de Trump.

Todo lo cual debe provocar la pregunta tanto para los de adentro de este país como para los gobiernos extranjeros, ¿hasta dónde se debe colaborar con un régimen como este antes de convertirse en cómplice? Es una pregunta que fue esencial la última vez que este tipo de tinieblas ensombrecieron al mundo.

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“Las redes sociales son una amenaza para la democracia”

El filósofo británico A. C Grayling reflexiona sobre los fallos de las sociedades contemporáneas

No hay desafío intelectual que acobarde a A.C. Grayling. Porte y habla elegantes, mirada curiosa y discurso que mezcla teorías, alguna broma y ejemplos epatantes, el filósofo británico se sumerge en cada charco que se le pone delante durante la mañana que comparte con EL PAÍS en Segovia, donde es uno de los intelectuales invitados al Hay Festival. Primero por los pasillos del Convento de Santa Cruz la Real, luego en una conferencia ante varias decenas de adolescentes que solo rompen su silencio para reír y finalmente durante la entrevista, Grayling ataca y defiende las redes sociales y el mundo digital, busca soluciones a las fallas de la democracia y levanta la voz contra el Brexit.

“Todo lo relacionado con las redes sociales tiene dos caras, como el dios Jano, la buena y la mala. El problema es que la mala está empezando a ganar por paliza”, asegura este activo usuario de Twitter con más de 51.000 seguidores. “Existen noticias falsas y gente sexista, racista, fascista que ahora tiene una voz amplificada. Las redes son una amenaza para la democracia porque son tan fáciles de manipular, tan fáciles de usar para desinformar, para difundir propaganda y mentiras… Lo hemos visto en la elección de Trump y más todavía en el referéndum sobre el Brexit. Ha ido todo a peor desde los griegos. Ahora los sofistas tienen un enorme altavoz para sus mentiras y sus trucos retóricos”, añade.


Cuando Grayling (Zambia, 1949) ataca no le importa caer en contradicciones aparentes. Fundador de la Nueva Universidad de Humanidades en Londres, el autor de Democracy and Its Crisis viaja de Tito Livio a la actualidad para buscar respuestas: “Sí, la democracia fue hecha para fracasar en múltiples vías, pero ha funcionado. ¿Por qué? No porque sea un buen sistema sino porque lo era la gente que trabajaba en él. Las instituciones están sustentadas en ideas sólidas pero creo que han sido atacadas desde dentro y desde fuera. La política ha dejado de ser lo que era en los viejos tiempos, ya no es un gran debate ideológico entre la izquierda y la derecha. Ahora se trata de ver quién puede conducir mejor el coche”, explica, siempre pendiente de captar al interlocutor.


Ahora bien, si mezclamos el avance de las tecnologías –”la existencia de algoritmos que lo saben todo sobre nosotros porque así lo hemos querido”– con la crisis hay gente que se ha quedado en la cuneta del progreso y se echa en brazos del Brexit, Viktor Orbán (primer ministro húngaro), Trump o quien sea menester, reflexiona el autor. ¿Qué puede hacer la democracia? “Frenar la desigualdad exacerbada y poner fin a la austeridad que está castigando a tanta gente. Invertir en los ciudadanos y ser conscientes de las oportunidades que existen. Y, también, necesitamos una conversación de más nivel, aunque ya sé que esto es muy optimista”.


“Todo puede volver a ir mal, muy mal”, reflexiona después de un rato de conversación sobre las teorías de Steve Pinker –"amigo mío y profesor en mi universidad”– que aseguran que estamos viviendo el momento más pacífico de la historia de la humanidad. Aquí no hay dos caras, Grayling apuesta por esa idea pero se pregunta por qué la gente no lo percibe así. “Lo que Pinker asegura está muy fundamentado. Ahora, ¿por qué nos preocupamos tanto por la violencia? Porque, como ya sabemos, las buenas noticias no son noticias y nos pasamos el día recibiendo información negativa desde los medios”.

Ateo confeso, Grayling es un azote impenitente de lo religioso. “Estamos viviendo el final de la influencia de la religión, no de la religión en sí misma. Pasa en todas las sociedades avanzadas: el secularismo domina, con independencia de que la mayor parte de la gente tenga creencias religiosas. Ahora bien, cuando la bestia está amenazada, lanza sus zarpazos y eso es lo que estamos viendo, especialmente en el mundo islámico”, cuenta sin ceder un centímetro. “Sí que ha habido algo positivo: el gran arte y la gran música que generó la Iglesia porque era la que tenía el dinero. Ahí tienes a Stalin usando las mismas técnicas que empleó el inquisidor Tomás de Torquemada, que trabajó bajo estos muros”, asegura, como quien pone un ejemplo casual, presto a meterse en el siguiente lío dialéctico. Le da igual que sea en un pasillo de un convento convertido en universidad, o en un periódico, o en un aula. Qué más da. “Esto es lo que me gusta hacer. Es mi vida y es una gran vida”.

 

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Lunes, 17 Septiembre 2018 05:45

“Cruzo la calle y encuentro un trabajo”

“Cruzo la calle y encuentro un trabajo”

Catalogado como “presidente de los ricos”, el líder francés se dedica ahora a los pobres con un ingreso universal de actividad, un subsidio aún por definirse, entre otras medidas dirigidas a los sectores más vulnerables.

Macron paga en los sondeos tanto los magros resultados de su política como sus intervenciones displicentes.


La nueva súper producción política del presidente francés Emmanuel Macron está en pleno rodaje. Luego de que, apenas inició su mandato en 2017, fue catalogado como “el presidente de los ricos”, el jefe del Estado se dedica ahora a los pobres con una serie de disposiciones destinadas a combatir las crecientes carencias de la sociedad. En plena pérdida de popularidad el macronismo sale a corregir una inusual sinfonía de sarcasmos contra los sectores más vulnerables de la sociedad. Desde su ya famoso “los galos son refractarios a los cambios”, pasando por las ayudas sociales “cuestan una guita monstruosa” o su última salida ante un desempleado a quien le dijo “cruzo la calle y encuentro un trabajo”, Macron ha concentrado sus intervenciones con posiciones antagónicas hacia los pobres y hasta culpabilizado a los excluidos del sistema. Ayer, el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa) se preguntó “Macron invita a seis millones de personas a cruzar la calle para encontrar un trabajo. Para él, los desocupados son culpables de su desempleo. ¿Dónde vive este hombre?”. Como lo recuerda un editorial publicado este fin de semana por el matutino Libération, nunca ha dicho una palabra sobre los directores de empresas “que cobran millones en indemnizaciones cuando se van mientras sus resultados son malos, los banqueros que especulan sobre el volcán”.


“Presidente de los ricos” cuya retórica envuelve “un desprecio de casta”, Macron paga en los sondeos tanto los delgados resultados de su política como sus intervenciones displicentes. Con los meses ha logrado que su perfil sea el de un hombre “indolente” ante el sufrimiento social y no el del centrista extremo que arropa a todo un país. El plan contra la pobreza desplegado ahora constituye la primera ofensiva en ese campo en un momento delicado donde la caída en los sondeos de opinión, las denuncias contra varios ministros y el enfrentamiento con la prensa han enturbiado su gestión. Macron se presentó como el promotor de un “Nuevo Estado de bienestar” que busca desmontar el círculo de “la fatalidad social”. El eje de la iniciativa gira en torno a la capacitación, la infancia, la juventud, la manera de renovar los circuitos del reparto de los subsidios y, sobre todo, una idea hurtada a los socialistas (fue presentada en la campaña electoral de 2017 por el candidato socialista a la presidencia, Benoît Hamon): la instauración de una suerte de “ingreso universal de actividad”. Se trata de un subsidio aún por definirse que garantice un ingreso mínimo y ayuda sociales a todas las personas. Su plan, como casi todo lo que hace, es una pincelada del social reformismo tan defendido por los social demócratas y otra inspirada de la filosofía social de la derecha. La palabra “universal” toca el corazón de la izquierda. El hoy analista y ex director del vespertino Le Monde, Jean-Marie Colombani, comentó en los medios la “habilidad” de Macron cuando “evoca un slogan de la izquierda y una realidad que evoca reivindicaciones clásicas de la derecha”.


La situación social francesa privilegiada en comparación con sus vecinos. Por un lado, es el país del Viejo Continente que consagra más recursos que ningún otro a los respaldos sociales con un 32,1% del Producto Interno Bruto mientras que su porcentaje de pobreza llega al 13 6?%. En el seno de la Unión Europea Francia es, sin lugar a dudas, el país con políticas de redistribución e igualdad más profundas. En este contexto, la red imponente de subsidios sociales respalda a los cerca de nueve millones de personas que viven con ingresos por debajo del promedio nacional (1.150 dólares).


Como lo señaló el mandatario, su dispositivo no consiste en “ayudar a los pobres a vivir mejor en la pobreza, sino ayudarlos, acompañarlos para que salgan de ella”. En síntesis, según su idea, no se busca que sean menos pobres sino que haya menos pobres. El costo de las medidas macronistas asciende a unos 8000 millones de euros. No cambia tanto el monto sino la forma en que se encamina el problema. Por ejemplo, el ingreso universal de actividad estará condicionado por “derechos y deberes suplementarios”. Con ello se apunta a romper el círculo de la dependencia inactiva permanente en la que suelen caer muchas de las personas que se benefician con los subsidios. Ya hay en Europa un modelo de reforma semejante: hace más de diez años, tanto el ex primer ministro británico Tony Blair como el canciller alemán Gerhard Schröder emprendieron transformaciones similares con la misma mezcla de social reformismo y liberalismo atenuado. La proyección pública de “Macron presidente de los pobres” recién acaba de comenzar. El jefe del Estado aún arrastra la etiqueta de la película que el mismo diseñó como “Macron presidente de los ricos”.
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Lunes, 30 Julio 2018 07:08

Trump, dictador en ciernes

Trump, dictador en ciernes

En uno de sus tuits, el presidente estadunidense, Donald Trump, intentó utilizar ayer al editor de The New York Times, Arthur Gregg Sulzberger –con quien sostuvo un encuentro en días pasados– al insinuar que el jefe editorial del rotativo neoyorquino estaba de acuerdo con su opinión paranoica acerca de los medios informativos, a los que ha descrito en conjunto como el enemigo del pueblo.


Pocas horas después, en un comunicado, el periodista aclaró que en el encuentro le advirtió al jefe de Estado que sus crecientes ataques a los medios son divisionistas, peligrosos y dañinos, y su discurso incendiarioestá provocando un incremento en las amenazas a los periodistas que podría derivar en agresiones violentas.


Este desmentido, enésima confirmación de la manera inescrupulosa en la que Trump maneja sus relaciones públicas, es un episodio más en la cruzada que el presidente republicano ha emprendido en contra de los informadores.


La semana pasada ordenó que se prohibiera el acceso a una conferencia de prensa en la Casa Blanca a la reportera de la cadena CNN Kaitlan Collins, porque previamente había formulado preguntas inapropiadas, en un hecho que indignó a la comunidad periodística de Washington.


En un comunicado, la Asociación de Corresponsales de la Cssa Blanca dijo que ese veto era absolutamente inapropiado, erróneo y pusilánime.


Lo cierto es que las embestidas del mandatario hacia los medios han llegado a un grado de descalificación total, como cuando el martes anterior, en un discurso pronunciado en la ciudad de Kansas, en la convención anual de los veteranos de guerra, afirmó: lo que estás viendo y lo que estás leyendo no es lo que está sucediendo, y pidió a los ciudadanos que no crean en la mierda de las noticias falsas.


En suma, en su ataque frontal a los medios informativos y al periodismo en general, Donald Trump muestra la contundencia de su autoritarismo, su intolerancia y su espíritu antidemocrático.


Cabe esperar que la sociedad estadunidense, en lugar de seguir las arengas presidenciales cuya finalidad es generar un ambiente de linchamiento en contra de la información independiente y crítica, sea capaz de darse cuenta del peligro que el ocupante de la Casa Blanca representa para la institucionalidad de la nación y para los derechos a la información y a la libertad de expresión.


Y ojalá que logre presionar a los contrapesos de la Presidencia para que actúen a tiempo, porque con estas expresiones, el magnate republicano se ha mostrado como un dictador en ciernes.

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Viernes, 06 Julio 2018 07:20

Las venas abiertas de Nicaragua

Las venas abiertas de Nicaragua

Pertenezco a la generación de los que en los años 1980 vibraron con la Revolución sandinista y la apoyaron activamente. El impulso progresista reanimado por la Revolución cubana de 1959 se había estancado en gran medida por la intervención imperialista de Estados Unidos. La imposición de la dictadura militar en Brasil en 1964 y en Argentina en 1976, la muerte del Che Guevara en 1967 en Bolivia y el golpe de Augusto Pinochet en Chile contra Salvador Allende en 1973 fueron los signos más sobresalientes de que el subcontinente americano estaba condenado a ser el patio trasero de Estados Unidos, sometido a la dominación de las grandes empresas multinacionales y de las élites nacionales conniventes con ellas. Estaba, en síntesis, impedido de pensarse como conjunto de sociedades inclusivas centradas en los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.


La Revolución sandinista significaba el surgimiento de una contracorriente auspiciosa. Su significado resultaba no solo de las transformaciones concretas que protagonizaba (participación popular sin precedentes, reforma agraria, campaña de alfabetización que mereció el premio de la UNESCO, revolución cultural, creación de servicio público de salud, etc.), sino también del hecho de que todo esto se realizó en condiciones difíciles debido al cerco extremadamente agresivo de los Estados Unidos de Ronald Reagan, que supuso el embargo económico y la infame financiación de los "contras" nicaragüenses (la guerrilla contrarrevolucionaria) y el fomento de la guerra civil. Igualmente significativo fue el hecho de que el gobierno sandinista mantuviera el régimen democrático, lo que en 1990 dictó el fin de la revolución con la victoria del bloque opositor, del que, además, formaba parte el Partido Comunista de Nicaragua.


En los años siguientes, el Frente Sandinista, siempre liderado por Daniel Ortega, perdió tres elecciones, hasta que en 2006 reconquistó el poder, manteniéndolo hasta hoy. Sin embargo, Nicaragua, como por lo demás toda Centroamérica, estuvo fuera del radar de la opinión pública internacional y de la propia izquierda latinoamericana. Hasta que el pasado abril las protestas sociales y la violenta represión llamaron la atención del mundo. Pueden contarse ya muchas decenas de muertes causadas por las fuerzas policiales y por milicias adeptas al partido del Gobierno. Las protestas, protagonizadas inicialmente por estudiantes universitarios, apuntaban a la displicencia del Gobierno ante la catástrofe ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz causada por el incendio y por la deforestación e invasión ilegales. Se sucedieron después las protestas contra la reforma del sistema de seguridad social, que imponía recortes drásticos en las pensiones y gravámenes adicionales impuestos a los trabajadores y los patrones. A los estudiantes se unieron los sindicatos y demás organizaciones de la sociedad civil.


Ante las protestas, el Gobierno retiró la propuesta, pero el país estaba ya incendiado por la indignación contra la violencia y la represión y por la repulsa causada por muchas otras facetas sombrías del gobierno sandinista, que entretanto empezaron a ser más conocidas y abiertamente criticadas. La Iglesia católica, que desde 2003 se "reconcilió" con el sandinismo, volvió a tomar sus distancias y aceptó mediar en el conflicto social y político bajo condiciones. El mismo distanciamiento ocurrió con la burguesía empresarial nicaragüense, a quien Ortega ofreció sustanciosos negocios y condiciones privilegiadas de actuación a cambio de lealtad política. El futuro es incierto y no puede excluirse la posibilidad de que este país, tan masacrado por la violencia, vuelva a sufrir un baño de sangre. La oposición al orteguismo cubre todo el espectro político y, tal como ha ocurrido en otros países (Venezuela y Brasil), solo muestra unidad para derribar el régimen, pero no para crear una alternativa democrática. Todo lleva a creer que no habrá solución pacífica sin la renuncia de la pareja presidencial Ortega-Murillo y la convocatoria de elecciones anticipadas libres y transparentes.


Los demócratas, en general, y las fuerzas políticas de izquierda, en particular, tienen razones para estar perplejos. Pero tienen sobre todo el deber de reexaminar las opciones recientes de gobiernos considerados de izquierda en muchos países del continente y de cuestionar su silencio ante tanto atropello de ideales políticos durante tanto tiempo. Por esta razón, este texto no deja de ser, en parte, una autocrítica. ¿Qué lecciones se pueden extraer de lo que pasa en Nicaragua? Ponderar las duras lecciones que a continuación enumero será la mejor forma de solidarizarse con el pueblo nicaragüense y de manifestarle respeto por su dignidad.


Primera lección: espontaneidad y organización. Durante mucho tiempo las protestas sociales y la represión violenta ocurrieron en las zonas rurales sin que la opinión pública nacional e internacional se manifestara. Cuando las protestas irrumpieron en Managua, la sorpresa fue general. El movimiento era espontáneo y recurría a las redes sociales que el Gobierno había promovido con el acceso gratuito a internet en los parques del país. Los jóvenes universitarios, nietos de la Revolución sandinista, que hasta hace poco parecían alienados y políticamente apáticos, se movilizaron para reclamar justicia y democracia. La alianza entre el campo y la ciudad, hasta entonces impensable, surgió casi naturalmente y la revolución cívica salió a la calle asentada en marchas pacíficas y barricadas que llegaron a alcanzar el 70% de las carreteras del país. ¿Cómo es que las tensiones sociales se acumulan sin que se noten y su explosión repentina toma a todos por sorpresa? Ciertamente, no por las mismas razones por las que los volcanes no avisan. ¿Puede esperarse que las fuerzas conservadoras nacionales e internacionales no se aprovechen de los errores cometidos por los gobiernos de izquierda? ¿Cuál será el punto de explosión de las tensiones sociales en otros países del continente causadas por gobiernos de derecha, por ejemplo, en Brasil y Argentina?

Segunda lección: los límites del pragmatismo político y de las alianzas con la derecha. El Frente Sandinista perdió tres elecciones después de haber sido derrotado en 1990. Una facción del Frente, liderada por Ortega, entendió que la única manera de retornar al poder era haciendo alianzas con sus adversarios, incluso con aquellos que más visceralmente habían hostilizado al sandinismo, como la Iglesia católica y los grandes empresarios. Respecto a la Iglesia católica, la aproximación comenzó a principios de la década de 2000. El cardenal Obando y Bravo fue durante buena parte del período revolucionario un opositor agresivo al gobierno sandinista y activo aliado de los contras, apodando a Ortega como “víbora moribunda” durante toda la década del noventa. Pese a ello, Ortega no tuvo pudor en aproximarse al cardenal al punto de pedirle en 2005 que oficiase el matrimonio con su compañera de muchos años, Rosario Murillo, actual vicepresidenta del país. Entre muchas otras concesiones a la Iglesia, una de las primeras leyes del nuevo Gobierno sandinista, todavía en 2006, fue aprobar la ley de prohibición total del aborto, incluso en casos de violación o de peligro para la vida de la mujer. Esto, en un país con alta incidencia de violencia contra mujeres y niños. Por otra parte, la aproximación a las elites económicas se produjo por la sumisión del programa sandinista al neoliberalismo, con la desregulación de la economía, la suscripción de tratados de libre comercio y la creación de sociedades público-privadas que garantizaban jugosos negocios al sector privado capitalista a costa del erario público. Se produjo también un acuerdo con el expresidente Arnoldo Alemán, considerado uno de los jefes de Estado más corruptos del mundo.


Estas alianzas garantizaron cierta paz social. Y debe destacarse también que en 2006 el país estaba al borde de la quiebra y las políticas adoptadas por Ortega permitieron el crecimiento económico. Se trató, sin embargo, del crecimiento típico de la receta neoliberal: gran concentración de riqueza, total dependencia de los precios internacionales de los productos de exportación (en particular café y carne), autoritarismo creciente ante el conflicto social causado por la extensión de la frontera agrícola y por los megaproyectos (por ejemplo, el gran canal interoceánico, con financiamiento chino), aumento desordenado de la corrupción, empezando por la elite política en el Gobierno. La crisis social solo fue atenuada debido a la generosa ayuda de Venezuela (donaciones e inversiones) que llegó a ser una parte importante del presupuesto del Estado y permitió algunas políticas sociales compensatorias. La situación tendría que estallar cuando los precios internacionales bajasen, hubiese cambio de política económica en el principal destino de las exportaciones (Estados Unidos) o se evaporase el apoyo de Venezuela. Todo eso ocurrió en los últimos dos años. Mientras tanto, terminada la orgía de favores, las élites económicas tomaron sus distancias y Ortega quedó cada vez más aislado. ¿Puede un gobierno continuar denominándose de izquierda (y hasta revolucionario) a pesar de seguir todo el ideario del capitalismo neoliberal con las condiciones que este impone y las consecuencias que genera? ¿Hasta qué punto las alianzas tácticas con el “enemigo” se transforman en la segunda naturaleza de quien las protagoniza? ¿Por qué las alianzas con las diferentes fuerzas de izquierda parecen siempre más difíciles que las alianzas entre la izquierda hegemónica y las fuerzas de derecha?


Tercera lección: autoritarismo político, corrupción y desdemocratización. Las políticas adoptadas por Daniel Ortega y su facción crearon divisiones importantes en el seno del Frente Sandinista, y oposición en otras fuerzas políticas y en las organizaciones de la sociedad civil que habían encontrado en el sandinismo de los años 1980 su matriz ideológica y social y su voluntad de resistencia. Las organizaciones de mujeres tuvieron un protagonismo especial. Es sabido que el neoliberalismo, al agravar las desigualdades sociales y generar privilegios injustos, solo se puede mantener por la vía autoritaria y represiva. Fue eso lo que hizo Ortega. Por todos los medios, incluyendo cooptación, supresión de la oposición interna y externa, monopolización de los medios masivos, reformas constitucionales que garantizan la reelección indefinida, instrumentalización del sistema judicial y creación de fuerzas represivas paramilitares. Las elecciones de 2016 fueron el claro retrato de todo esto, y la victoria del eslogan “una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria” encubría mal las profundas fracturas en la sociedad.

De un modo casi patético, pero quizás previsible, el autoritarismo político fue acompañado por la creciente patrimonialización del Estado. La familia Ortega acumuló riqueza y mostró su deseo de perpetuarse en el poder. ¿La tentación autoritaria y la corrupción son una desviación o son constitutivas de los gobiernos de matriz económica neoliberal? ¿Qué intereses imperiales explican la ambigüedad de la OEA frente al orteguismo, en contraste con su radical oposición al chavismo? ¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa haciéndolo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de las conquistas revolucionarias opaca la capacidad de denunciar las perversiones que les siguen al punto de que la denuncia llega casi siempre demasiado tarde?

Por Boaventura de Sousa Santos
Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
Coimbra, 5 Julio 2018

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Viernes, 22 Junio 2018 06:16

Nicaragua: la locura del poder

Nicaragua: la locura del poder

La insurrección popular en Nicaragua, que exige la salida del poder de la pareja Daniel Ortega-Rosario Murillo, es una buena oportunidad para reflexionar sobre las opciones estratégicas de las fuerzas revolucionarias. En particular, para repensar las causas de esta deriva autoritaria y criminal, ya que la masacre de jóvenes nicaragüenses muestra la peor faceta de un régimen que se dice sandinista.

Dos cuestiones llaman la atención. Algunos intelectuales de la izquierda latinoamericana han orillado hasta el momento cualquier pronunciamiento sobre lo que sucede en Nicaragua. Se comprende, aunque no comparto, el silencio de varios gobiernos, ya que las alturas del poder tienen sus lógicas. Mucho menos aceptable es que intelectuales que van y vienen con sus opiniones sobre los más diversos temas, rehúyan una opinión contundente sobre la brutal represión.

La otra es que, afortunadamente, muy pocas personas atribuyen los sucesos a la mano negra del imperialismo. No tengo la menor duda de que Washington desea la caída de Ortega-Murillo y trabaja para ello, pero el argumento según el cual todo lo que perjudica a la izquierda es obra del imperio, está en franca decadencia.

Lo que viene sucediendo en Nicaragua puede contribuir a una reflexión de fondo sobre las revoluciones y sobre la administración del aparato estatal por fuerzas políticas de izquierda.

La primera es que las causas de la deriva genocida no pueden atribuirse al clan Ortega-Murillo, del mismo modo que el estalinismo no fue cuestión sólo de Stalin. En este punto debemos ser claros y precisos: Daniel Ortega es un genocida que profesa un caudillismo sediento de protagonismo y poder, como señala Mónica Baltodano, con rasgos de locura por el poder (goo.gl/kr41uc).

Sin embargo, la cuestión no puede ni debe reducirse a Ortega y a Murillo. Hay algo más. Podemos perder todo menos el poder, decía el comandante Tomás Borge, citado también por Baltodano. Salvo el poder todo es ilusión, proclamaba Abimael Guzmán, presidente del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el grupo revolucionario más criminal de la región.

Por más poderosos que sean los individuos, son ejecutores de fuerzas históricas y sociales que los empujan en cierta dirección. El estalinismo es un fenómeno político que no puede explicarse en términos de una excentricidad individual, escribió el historiador Edward Hallet Carr en su obra De Napoleón a Stalin (Crítica, 1983, p. 122).

Stalin fue el músculo de la modernización acelerada de Rusia, pasando por encima de cualquier resistencia, aún al precio de aniquilar la dirección histórica de su propio partido. “Stalin fue el déspota más despiadado que Rusia había conocido desde tiempos de Pedro ( El Grande), y fue también un gran occidentalizador”, añade Carr en La Revolución Rusa de Lenin a Stalin (Alianza, 1979, p. 221).

Ortega representa a la una nueva burguesía nicaragüense que se forjó mediante la acumulación por despojo de capital, desde la piñata (apropiación masiva de bienes públicos por la cúpula al abandonar el gobierno en 1990) hasta los acuerdos petroleros con Venezuela, que le permitieron a un sector del FSLN ascender económicamente en alianza con la Iglesia y sectores de la vieja burguesía.

No es la primera vez en la historia que se utiliza el aparato estatal para acumular riquezas. En Nicaragua este proceso parió lo que Baltodano denomina oligarquía chayo-orteguista ( Chayo es el mote de Rosario Murillo) que necesita el poder estatal para reproducirse y sostenerse. Pero un ascenso tan vertiginoso requiere siempre de métodos corruptos y mafiosos, como ha sucedido en tantos procesos que se dicen revolucionarios pero, en realidad, han gestado una nueva clase opresora.

No resulta adecuado mentar traición, cuando la deriva actual de Ortega comenzó hace mucho tiempo, y se tornó inocultable en la década de 1990. Después de la piñata se produjo la reacción cínica de la izquierda nicaragüense y continental a la denuncia de Zoilamérica Narváez, en 1998, asegurando que su padrastro (Daniel Ortega) la abusaba desde los 11 años (goo.gl/L5Q7op). Los hechos graves no nacen de golpe, crecen en la tolerancia ética y en los desvíos del poder.

La segunda cuestión es el tema del poder estatal. No pocos nicaragüenses aseguran que la represión de Ortega es peor incluso que la del dictador Anastasio Somoza. ¿Porqué se repite la historia? ¿Porqué Stalin fue comparado con el zar Pedro El Grande y los dirigentes comunistas chinos con los viejos mandarines del imperio?

Lo que no funciona es pretender cambiar el mundo desde arriba, desde el aparato estatal, e imponerle los cambios a las masas, como si fueran objetos sin voluntad propia (una de las peores frases que se escucha en la izquierda dice conquistar a las masas). Pretender cambiar el mundo como una totalidad, sustituyendo un todo por otro todo, es un camino que conduce al desastre autoritario, como lo enseña un siglo de revoluciones triunfantes.

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Temer les dio más poder a los militares brasileños

Por primera vez desde la dictadura, un militar estará al frente del Ministerio de Defensa. También fue creado el Ministerio de Seguridad Pública, que toma atribuciones de Interior, entre ellas el control de la policía federal.

 

El presidente de Brasil, Michel Temer, entregó ayer más poder a las Fuerzas Armadas, al nombrar por primera vez desde la dictadura al frente del ministerio de Defensa a un general.


Lo hizo en el marco de los cambios en el gabinete para crear el ministerio de Seguridad Pública luego de la intervención militar decretada para que el Ejército comande la lucha contra el delito común en Río de Janeiro. El anuncio lo hizo en el Palacio del Planalto el portavoz de Temer, Alexandre Parola, quien destacó que mañana asumirán los nuevos ministros.


El ministerio de Defensa fue creado en 1999 y siempre fue ocupado por civiles, ya que desde el fin de la dictadura en 1985 cada fuerza funcionaba como una cartera autónoma, sin control político directo. Ahora, 19 años después, Temer decide mover el tablero y, tras la intervención militar en la seguridad pública de Río de Janeiro, ofreció el ministerio de Defensa al número 2 de la cartera, general de reserva Joaquim Silva e Luna, ex jefe del Estado mayor del Ejército.


El cargo de Defensa era ocupado hasta ahora por Raúl Jungmann, un diputado aliado de Temer que pasará a ocupar la nueva cartera de Seguridad Pública, el ministerio número 29 del gabinete. El portavoz Parola anunció que será editado un decreto para estas designaciones que deben ser ratificados en 60 días por el Congreso. La creación de este nuevo ministerio reduce el accionar de la cartera de Justicia, ya que Seguridad Pública tendrá la conducción de la Policía Federal, institución que lleva adelante la Operación Lava Jato pero cuya conducción fue cambiada por hombres del propio Temer a fines del año pasado.


Jungmann, ex ministro de Reforma Agraria en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pertenece al oficialista Partido por el Socialismo (PPS, ex socialista) y es una de las cartas de Temer para elegir un candidato de su riñón a gobernador de Río de Janeiro en las elecciones de octubre. “Esperamos un trámite parlamentario tranquilo para aprobar la creación de un nuevo ministerio”, dijo el jefe de gabinete, Eliseu Padilha, a periodistas.


Jungmann ganó relevancia como ministro de Defensa al saltar al primer plano nacional con la decisión de Temer de intervenir federalmente con el Ejército la seguridad pública de Río de Janeiro. Antes importantes referentes en temas de seguridad no habían aceptado las ofertas del gobierno para asumir en Seguridad Pública, que necesitará de un amplio tránsito para articular políticas con el servicio penitenciario y con los gobernadores, responsables por las policías de cada estado.


Incluso el jefe del Ejército, general Eduardo Villas Boas, quien en setiembre se había negado a intervenir como policía interna, la semana pasada defendió una mayor protección en caso de homicidios cometidos durante las intervenciones en Río de Janeiro. “No queremos otra Comisión de la Verdad”, dijo en la reunión de gabinete encabezada con Temer al referirse a la comisión creada por la destituida Dilma Rousseff, que investigó los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura (1964-1985), de la cual ella misma había sido víctima.


La acumulación de funciones y poder del Ejército con la intervención en Río fue una “jugada maestra” en palabras del propio Temer, para enfrentar el delito, más allá de que la capital carioca sea la décima del país en violencia. En octubre, Temer promulgó una ley que evita que los militares que cometan delitos o maten a personas sean juzgados por la justicia ordinaria y ordena que sus casos se remitan a los tribunales castrenses.


El avance del poder castrense se da en un año electoral en el cual la mano dura es la principal propuesta del sorprendente número 2 en las encuestas, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, y alimenta el sueño de varios oficialistas en postular a Temer. El presidente negó ser candidato.


Otro factor que según organismos de derechos humanos encendió un debate dentro del Ejército es que la fiscal general elegida por Temer, Raquel Dodge, le pidió a la corte suprema anular la Ley de Amnistía de 1979 que prohíbe juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad. Todos los dictadores brasileños ya fallecieron y las denuncias abiertas apuntan directamente a los jefes de los regimientos, cuarteles y comisarías, todos protegidos por la Ley de Amnistía, ratificada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal por ser parte de una “solución negociada” para retomar la democracia.


La primera elección directa en Brasil fue en 1989, en la que fue elegido Fernando Collor de Mello, quien recibió el bastón por parte de José Sarney, elegido por un Congreso que administró la transición, en 1985, sin elecciones. El 29 de septiembre de 1992, Collor se apartó de la Presidencia debido a las investigaciones sobre posible corrupción en el Poder Ejecutivo. Su entonces vicepresidente, Itamar Franco, actuó como presidente interino hasta el 29 de diciembre de 1992, cuando Collor efectivamente renunció y luego fue impedido por el Congreso. Así, Itamar Franco se convirtió en presidente constitucional para gobernar hasta fines de 1994.


Franco fue sucedido por Fernando Henrique Cardoso, quien fue reelecto en 1998 y gobernó hasta diciembre de 2002. Las dos presidencias de Cardoso fueron sucedidas por otras dos de Lula (2003-2010) y otra de Dilma, quien fue reelecta en 2014 pero no pudo completar su segundo término porque fue derrocada por un golpe parlamentario en agosto de 2016.

 

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