Lunes, 06 Marzo 2017 08:06

Increíble

Increíble

Cuando el peor ex presidente de tiempos modernos y sus allegados empiezan a criticar a Trump, las cosas están muy mal. Tan mal que sólo los comediantes pueden atinar al descifrar el momento, donde todo y nada es, literalmente, increíble.

George W. Bush rompió el silencio –e interrumpió su nueva carrera de pintor de retratos de "héroes" estadunidenses– para criticar el ataque del presidente Donald Trump contra los medios, recordando que la prensa libre es vital para una democracia.

Peter Wehner, principal estratega político de la Casa Blanca de George W.Bush, comentó al Washington Post este fin de semana que "tenemos como presidente a un hombre errático, vengativo, volátil, obsesivo, un mentiroso crónico y dispuesto a creer en teorías de conspiración. Y uno puede esperar que habrá más por venir, ya que cuando personas como Trump tienen poder se vuelven menos, no más, prudentes".

O sea, que veteranos de uno de los gobiernos más tramposos, que detonaron las guerras más largas de la historia de este país basados en la fabricación de pruebas y engaños, que torturaron y desaparecieron personas, que intimidaron a los medios y permitieron el fraude financiero más grande de la historia moderna, el cual llevó al país al borde de otra gran depresión, de repente expresen su alarma, crítica y hasta defensa de "la democracia" ante Trump, preocupa aún más.

Ex jefes de inteligencia, ex generales y almirantes, ex altos funcionarios del gobierno de Bush y los anteriores de ambos partidos han expresado su creciente alarma ante el manejo del puesto más poderoso del mundo por Trump. A la vez, sus contrapartes activas están filtrando tantos documentos y borradores confidenciales que implica la existencia de una amplia rebelión dentro del gobierno permanente contra el nuevo jefe.

Pero no pocos observadores se preocupan de que el manejo del gobierno por Trump alimente cada vez más la ya alta desconfianza en lo que se llaman "instituciones" democráticas, incluyendo las cúpulas políticas, el Congreso y los medios. De hecho, algunos sospechan que esto es parte de la estrategia de Trump y su gente, como lo fue en su campaña electoral: lograr que todo sea increíble. Ante ello, se puede impulsar un desmantelamiento de casi todo y establecer una nueva dinámica de poder.

El ejemplo más reciente de esto: Trump acaba de acusar a su antecesor, Barack Obama, de impulsar una conspiración para descarrilar su gobierno, lo que incluye haber ordenado en octubre la intervención de sus comunicaciones en su oficinas en la Trump Tower. No sólo es un ataque posiblemente sin precedente de un presidente a un ex presidente, sino que la acusación tan seria se hizo sin ninguna evidencia. Al parecer es tan extrema que el propio jefe de la FBI ha solicitado que el Departamento de Justicia declare públicamente que Trump está mintiendo.

Pero lo peor es que Trump podría tener razón, aunque no exactamente como él lo explica. Los voceros y aliados de Obama –incluido su ex jefe de inteligencia nacional James Clapper–, al rechazar la acusación, afirmaron que el presidente no tenía la autoridad para ordenar tal investigación, que éstas se llevan a cabo por medio del Departamento de Justicia o agencias de inteligencia mediante orden judicial. Por lo tanto, afirmó uno de sus voceros, "ni el presidente ni ningún funcionario de la Casa Blanca ordenaron nunca la vigilancia de ningún ciudadano estadunidense".

Pero las revelaciones de Edward Snowden comprobaron que el gobierno espió las comunicaciones telefónicas y electrónicas de millones de ciudadanos estadunidenses durante el gobierno de Obama. Más aún, el que mintió sobre eso fue nada menos que Clapper, quien en 2013 negó ante el Senado que la Agencia de Seguridad Nacional recaudaba datos sobre millones de estadunidenses, sólo para que semanas después se difundiera el archivo masivo de Snowden que demostraba lo opuesto. Justificó esta mentira poco después afirmando que estaba en una situación en la que tenía que ofrecer una respuesta de "la manera menos no verídica" para evitar revelar inteligencia, según él.

Pero todo es especulación, porque en todo esto no hay pruebas. Igual que tantas veces anteriores con Trump, en las que acusa, exagera o manipula información –sea sobre la amenaza de los inmigrantes, el fraude electoral, la fabricación de "noticias falsas" por los medios, el tamaño de su voto electoral, la cantidad de gente que participó en la celebración de su toma de posesión, el cambio climático y tanto más. Y cada vez que se presentan los hechos, o se ofrecen las pruebas para mostrar su ficción, son ignorados o descartados.

Y más allá de estas cosas tan triviales, y en medio de acusar de un posible golpe contra su gobierno, el comandante en jefe tuvo tiempo para atacar, otra vez, al actor Arnold Schwarzenegger.

Todo es increíble

Al mismo tiempo, no es que nada se esté logrando detrás de este circo de la incredulidad. Se está implementando una de las políticas antimigrantes más severas y crueles en décadas; una que gira en torno a crear un clima de temor que algunos dirigentes de organizaciones inmigrantes califican de "terrorismo" en contra de sus comunidades.

Por otro lado, ya se logró anular o congelar más de 90 regulaciones gubernamentales, desde protecciones al medio ambiente, medidas de control (mínimo) de armas de fuego, normas de privacidad y protecciones al consumidor, según un conteo reciente del New York Times. Se está invitando a la industria de hidrocarburos a un banquete, se están descartando medidas y acciones de defensa de derechos y libertades civiles, se está impulsando la privatización de la educación pública, entre tanto más.

Trump no miente al decir que ha logrado mucho en poco tiempo. Como tan frecuentemente afirma: "es increíble".

Pero es la constante resistencia en todas las esquinas del país (incluso dentro del propio aparato de Estado), la valentía de los más vulnerables –sobre todo los inmigrantes– y las expresiones de humor crítico e ira que más molestan a Trump lo que promete crear una respuesta que podría ser, en el uso "alternativo" y mejor de la palabra, increíble.

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Venezuela: preludio de una dictadura militar

1. El Comando Nacional Antigolpe


La constitución del "Comando Nacional Antigolpe" y el nombramiento de Tareck El Aissami como su coordinador y nuevo Vicepresidente ejecutivo, colocan a Venezuela en la antesala de la dictadura militar abierta. Es el último dispositivo disponible de un Estado y modelo en agonía, previo a la instalación de un régimen militar abierto. Significa la amenaza con la fuerza brutal, que Federico el Grande llamaba ultima ratio regis: el último argumento de los reyes; consigna que mandó grabar en los cañones de su ejército.


Que el "madurismo" prepara el Estado de Excepción y su propio "Comité de Salud Pública", a fin de "buscar las medidas preventivas, legales y correctivas contra los sectores golpistas, y así lograr la paz y la estabilidad de la población venezolana", es lógico, desde su afán de prolongarse en el poder. Sin embargo, ni caminando sobre el filo de la navaja, el régimen es capaz de acertar en sus recursos de sobrevivencia. La preparación de una mayor violencia estatal es una medida impotente que en nada ayudará a cambiar la agonía del régimen y el desenlace de la crisis terminal, en que se encuentra.


2. Tres escenarios de cambio


En un país con una crisis terminal del modelo monoproductor económico, caracterizada por una caída del Producto Interno Bruto de alrededor del 12% y una inflación de 500% en el año pasado; los precios mundiales del petróleo estancados; con un gobierno incapaz de tomar las medidas necesarias para cambiar el rumbo nacional; una oposición parlamentaria igualmente incompetente y corrupta para re-direccionar el país; un pueblo y clases medias antagónicas a la violencia; una fuerza armada controlada por una fracción hegemónica abrazada al "Libro de las Revelaciones" (apocalipsis)

gubernamentales; una creciente pérdida de prestigio y posiciones internacionales y, sin un sujeto nacional visible capaz de impedir de manera racional el colapso del modelo, la preparación represiva estatal del "Comité de Salud Pública" madurista, sólo acelerará la llegada del Termidor, del fin del proceso. Ante el parálisis estructural del Estado, del sistema partidista y de los movimientos sociales independientes, eventuales cambios de rumbo sólo pueden devenir de tres fuentes: a) una mayor intervención de Washington; b) un levantamiento popular y/o de clase media; c) un cambio en la correlación de fuerzas dentro del aparato militar.


3. Onán, el estratega de la MUD


Un cuarto escenario posible, pero que no cambiaría la tragicomedia venezolana actual, sería la capitulación final y abierta de la MUD, aceptando las condiciones del madurismo en un modelo de poder compartido. Julio Borges, el nuevo líder de la AN, con un pasado turbio suyo y de Primero Justicia, parece estar en ese camino, con su estratagema idiota de la declaración de "abandono de cargo" de Maduro. De hecho, la oposición actúa en la realidad virtual (VR) de su play station "Asamblea Nacional", con episodios como los de una nueva asamblea constituyente, de desconocimiento del gobierno, de referendos revocatorios, de diálogos de paz, etc., tratando de justificar su razón de ser ante su clientela electoral con prácticas, que más bien pertenecen al campo de la satisfacción auto-erótica (Onán), que a la política. Es totalmente claro, que la camarilla en el poder no entregará el Estado bajo ninguna de las modalidades institucionales que la oposición promueve en sus simulaciones y "reality shows" parlamentarios. El diálogo con la Internacional Socialista y el Vaticano, por ejemplo, es un foro mediático y, nada más. La modificación real del status quo sólo vendrá por uno de los tres escenarios mencionados anteriormente. Lo demás son memes propagandísticos y deseos filantrópicos que desconocen la realidad darwinista de las sociedades de clase y el papel de la violencia en ella.


4. El Aissami versus Diosdado Cabello


En la despiadada lucha por el poder dentro del oficialismo, el nombramiento de El Aissami refuerza el eje Maduro-Padrino López, en detrimento del grupo de Diosdado Cabello. La implicación para las elecciones del 2018 es evidente. Si El Aissami logra cierto éxito en el cargo, será el candidato presidencial del PSUV en el 2018. Si Maduro es forzado a renunciar antes, lo que es probable, El Aissami será automáticamente la cabeza del Estado. Ambos factores operan en contra de Cabello, quién además, carece de un sostén fundamental: no tiene proyección ni respaldo geopolítico. Siendo El Aissami parte del grupo de Maduro, cuenta con la simpatía de Cuba, a diferencia del anticomunista Cabello, a quién la Revolución Cubana nunca vio con buenos ojos. De la misma manera, por los grandes éxitos del eje geoestratégico Putin-Irán-Hezbollah-Turquía en Medio Oriente, el factor etno-político de ser libanés-sirio, beneficia excepcionalmente a El Aissami. El flamante Vicepresidente ejecutivo contará con el apoyo de esta nueva y poderosa configuración geopolítica mundial y, por supuesto, el de la comunidad sirio-libanesa venezolana.


5. Dos atractores, cero pueblo


El talón de Aquiles de El Aissami es, que lleva el estigma del fracaso del madurismo y que tiene que compartir entusiastamente todo el discurso absurdo y engañoso del grupo en el poder, por ejemplo, que el raquítico aumento al salario mínimo reciente es el comienzo de la "contraofensiva económica del Gobierno Revolucionario" y que 2017 será el inicio del "despegue económico". De todas formas, su nombramiento y los cambios en el gabinete no salvarán al gobierno, porque el cambio de algunas figuras de la inflada e inepta burocracia ministerial madurista no parará la crisis sistémica del modelo, ni convencerá a los ciudadanos de que el Titanic pueda salvarse. Sin un programa de saneación económica y sobrevivencia nacional, una narrativa de esperanza creíble y un extraordinario equipo humano capaz de salvar el barco del naufragio, no servirá de nada cambiar alguno de los oficiales a bordo.


El nombramiento de El Aissami y la formación del Comando Antigolpe representan la política madurista de siempre: improvisaciones tácticas, carentes de estrategia y perspectiva. Mientras tanto, el país sufre las consecuencias de este circo político, en el cual entretienen los gladiadores y payasos de dos camarillas de la clase dominante. A diferencia del circo romano, el pueblo está ausente. ¿Hasta cuándo?

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Refrendación multimodal, fast track e implementación de la paz.

Para SaraLeukos:

Nunca caminaras sola.

 

El camino de la construcción de la paz estará sembrado de muchos obstáculos. De ir y venir. De acertar, errar y corregir.

La vida nunca ha sido rectilínea. Es diacrónica. Zigzagueante. Ocurre en una simultaneidad desigual y diferenciada. La revolución tecnológica y comunicacional, presente en la hipermodernidad, hacen aún más visible este rasgo central del organismo societal. También el carácter efímero de muchos acontecimientos, por la condición liquida de la contemporaneidad.

Casi seis años de diálogos nos dejan como nación un importante resultado. La paz ha construido su plataforma programática, su discursividad y los signos de los nuevos sujetos que emergen.

Refrendación multimodal.

Ha sido traumática la refrendación de los consensos. Un plebiscito precipitado y adverso freno en seco la nave de la paz. Había una euforia exagerada, cercana al delirio. Así es la vida. Hablan los hechos y solo la necedad lleva a desconocerlos olímpicamente.

Era preciso corregir, se revisó el texto de las coincidencias y el resultado arrojo un NAP de 330 y pico de páginas.

Su refrendación la ha hecho el Poder legislativo. La votación ha sido mayoritaria y el clima que se respira es otro. Se trata de otro paso de acumulación política que fortalece la voluntad pacifica ciudadana, pese a la hostilidad de los contradictores del campo ultraconservador que proceden de manera oportunista para fortalecer sus proyecciones electorales hacia el 2018.

Obviamente, la intervención de la representación parlamentaria en respaldo de la paz parece insuficiente. Hace falta más legitimación de la paz, pues el Congreso, como todo el régimen político imperante, sufre de la desafección popular.

La paz necesita sumergirse en la sociedad civil. Requiere ganar en credibilidad, mediante un proceso gradual, constante y dinámico desplegado en otros escenarios del campo político que no se localizan en las periferias sino en el corazón mismo del orden institucional.

Legitimar la paz.

Hay que acceder con la paz a otros espacios de la deliberación como: i) los cabildos abiertos, que pueden usarse para avalar el acuerdo a nivel local y regional, y para debatir participativamente medidas locales de implementación; ii) las iniciativas populares legislativas para algunas de las medidas de implementación, o incluso para una ley refrendatoria, en caso de que la Corte no habilite el fast track; iii) a un nuevo plebiscito sobre el acuerdo o sobre alguno de sus temas, que podría tener un carácter puramente político o también serviría para habilitar el fast track si la Corte no lo hace; iv) a las mesas de víctimas en las regiones y los comités de justicia transicional, que permitirían apoyar y afinar localmente las medidas de verdad y reparación; v) a los consejos territoriales de paz, que podrían usarse para apoyar y debatir otras medidas locales de paz; vi) la movilización social en las calles y plazas públicas (http://bit.ly/2h1aVXj ).

Fast Track con urgencia.

La paz, requiere con urgencia, además, que la Corte Constitucional le de luz verde al fast track, para que las leyes y decretos sobre la materia se expidan con la celeridad e integralidad necesaria para evitar un estancamiento del fin del conflicto social y armado y propiciar el salto de la guerrilla a su movilización política que, necesariamente, debe tener en las regiones, municipios y localidades su lugar prioritariamente. Sin afanes electorales, pero si con la miradas puesta en lo movilización social y en los proyectos de innovación social que hagan tangibles los pactos agrarios, sobre erradicación de cultivos ilícitos y derechos de las víctimas.

La semana entrante será definitiva en tal sentido por el pronunciamiento inminente de la Corte. Es lo que torna prioritaria la movilización y acción ciudadana, con plantones y cadenas humanas, frente a las oficinas de dicha institución, demandando sensatez y buen juicio a la hora de tomar las decisiones correspondientes, que no deben ser otras que aquellas que favorecen el curso de la construcción de la paz.

Que cadenas humanas de camisas blancas acompañen las deliberaciones y pronunciamientos de la Corte sobre el Fas track.

La tarea de la implementación.

Respecto de la implementación del NAP, no se deben interrumpir las labores correspondientes. Que cada quien haga lo de su incumbencia.

En un régimen presidencialista como el imperante, el Ejecutivo no debe retardar tareas que lleven a poner en funcionamiento instancias como la ‘Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final’, la ‘Comisión Nacional de Garantías de Seguridad’, la ‘Unidad Especial de Investigación’, el ‘Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política’, o el ‘Programa Integral de Seguridad y Protección para las Comunidades y Organizaciones en los Territorios’, que no dependen de decisiones legislativas.

Con voluntad y compromiso, la ley de Amnistía, acompañada con mensajes de urgencia al Legislativo, puede hacerse realidad, antes de mediados de diciembre, fortaleciendo el proceso de dejación de las armas por las Farc.

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Domingo, 04 Diciembre 2016 05:44

Trump y el fascismo del siglo XXI

Trump y el fascismo del siglo XXI

Contrario a lo que se piensa, Donald Trump es miembro de la clase capitalista transnacional (CCT), ya que tiene fuertes inversiones alrededor del mundo y una parte muy importante de su "populismo" y discurso antiglobalización respondió a la demagogia y la manipulación políticas en función de la elección presidencial.

Asimismo, esta clase capitalista transnacional y el mismo Trump dependen de la mano de obra migrante para sus acumulaciones de capital y no pretenden realmente deshacerse de una población en peonaje laboral, debido a su condición de migrante y no de ciudadano/residente "legal". Sus pretendidos planes de deportación, reducidos en número ya como presidente electo, y sus propuestas de criminalización de los migrantes en una escala mayor buscan, por un lado, convertir a la población migrante en chivo expiatorio de la crisis y canalizar el temor y la acción de la clase obrera ciudadana (mayoritariamente blanca) contra ese chivo expiatorio y no hacia las élites y el sistema. Por otro lado, los grupos dominantes han explorado cómo reemplazar el sistema actual de súper explotación de la mano de obra migrante (con base en la no documentación) con un sistema de mano de obra migrante visada, esto es, con visas laborales (guest worker programs, en inglés).

A la vez Trump busca intensificar las presiones para bajar los salarios en Estados Unidos, a fin de hacer "competitiva" la mano de obra estadunidense con la extranjera, o sea, con la mano de obra barata en otros países. La nivelación transnacional de los salarios hacia abajo es una tendencia general de la globalización capitalista que sigue en marcha con Trump, esta vez con un discurso de "volver competitiva" la economía estadunidense y "regresar los trabajos" a su país.

No hay que menospreciar la dimensión de extremo racismo de Trump, sino analizar esta dimensión más a fondo. El sistema estadunidense y los grupos dominantes se encuentran en una crisis de hegemonía y legitimidad, y el racismo y la búsqueda de chivos expiatorios son un elemento central para desafiar esta crisis. Al mismo tiempo, sectores significativos de la clase obrera blanca estadunidense vienen experimentando una desestabilización de sus condiciones laborales y de vida cada vez mayor, una movilidad hacia abajo, "precarización", inseguridad e incertidumbre muy grandes. Este sector tuvo históricamente ciertos privilegios gracias a vivir en el considerado primer mundo y por privilegios étnico-"raciales" respecto de negros, latinos, etcétera. Van perdiendo ese privilegio a pasos agigantados frente a la globalización capitalista. Ahora el racismo y el discurso racista desde arriba canalizan a ese sector hacia una conciencia racista y neofascista.

Igual de peligroso es el discurso abiertamente fascista y neofascista de Trump, que ha logrado "legitimar" y desatar los movimientos ultra-acistas y fascistas en la sociedad civil estadunidense. En esa dirección he venido escribiendo sobre el "fascismo del siglo XXI" como respuesta a la grave y cada vez mayor crisis del capitalismo global, y esto explica el giro hacia la derecha neofascista en Europa, tanto del Oeste como del Este; el resurgimiento de una derecha neofascista en América Latina; el giro hacia el neofascismo en Turquía, Israel, Filipinas, India y muchos otros lugares. Una diferencia clave entre el fascismo del siglo XX y el del siglo XXI es que ahora se trata de la fusión no del capital nacional con el poder político reaccionario, sino una fusión del capital transnacional con ese poder político reaccionario.

El trumpismo representa una intensificación del neoliberalismo en Estados Unidos, junto con un mayor papel del Estado para subsidiar la acumulación transnacional de capital frente al estancamiento. Por ejemplo, la propuesta de Trump de gastar un billón de dólares (trillón en inglés) en infraestructura, cuando la estudiamos bien, su objetivo en realidad es privatizar esa infraestructura pública y trasladar impuestos de los obreros al capital en forma de recortes de impuestos al capital y subsidios a la construcción de obras públicas privatizadas. Viene una época de cambios en Estados Unidos y en todo el mundo. Temo que estamos al borde del infierno. Seguramente habrá masivos estallidos sociales, pero también una escalada espeluznante de represión estatal y privada.

La crisis en espiral del capitalismo global ha llegado a una encrucijada. O bien hay una reforma radical del sistema (si no su derrocamiento) o habrá un giro brusco hacia el "fascismo del siglo XXI". El fracaso del reformismo de élite y la falta de voluntad de la élite transnacional para desafiar la depredación y rapacidad del capitalismo global han abierto el camino para una respuesta de extrema derecha a la crisis. El trumpismo es la variante estadunidense del ascenso de una derecha neofascista frente a la crisis en todo el mundo; el Brexit, el resurgimiento de la derecha europea; el retorno vengativo de la derecha en América Latina, Duterte en Filipinas, etcétera. En Estados Unidos la traición de la élite liberal es tan responsable del trumpismo como las fuerzas de extrema derecha que movilizaron a la población blanca en torno a un programa de chivo expiatorio racista, misógino y basado en la manipulación del miedo y la desestabilización económica. Críticamente, la clase política, que durante las últimas tres décadas ha prevalecido, está más que en bancarrota y ha pavimentado la llegada de la extrema derecha y eclipsado el lenguaje de las clases trabajadoras y populares y del anticapitalismo. Contribuye a descarrilar las revueltas en curso desde abajo, empuja a los trabajadores blancos a una "identidad" fundamentada en el nacionalismo blanco y coadyuva junto con la derecha neofascista a organizarlos en lo que Fletcher denomina "un frente unido blanco y misógino".

 

Por William I. Robinson, profesor de sociología de la Universidad de California en Santa Bárbara. Autor del libro América Latina y el capitalismo global, una perspectiva crítica de la globalización (México, Siglo XXI)

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Miércoles, 09 Noviembre 2016 07:18

Nicaragua: no aclarar porque oscurece

Nicaragua: no aclarar porque oscurece

Río San Juan, Nicaragua, mayo de 1972. "Tenga: acá está Nicaragua". En su finca de Las Brisas, José Coronel Urtecho acaba de regalarme Poemas de un joven, la breve y monumental obra de Joaquín Pasos (1914-42), con prólogo de Ernesto Cardenal (FCE, colección Tezontle, México, 1962, 153 páginas). Antes, durante y después de cenar, el poeta habló sin parar. “Escribir es fácil. Sólo hay que conocer las ‘carajadas’ de las palabras”.

Me voy a la cama con los versos de Joaquín en Canto de guerra de las cosas ("Cuando lleguéis a viejos/ respetaréis la piedra/ si es que llegáis a viejos/ si es que entonces quedó alguna piedra"), y empiezo a cabecear con el cantar de ranas y bichos felices que viven en una floresta similar a la de Campeche, y que sólo Juan de la Cabada podría imitar y nombrar.

Al día siguiente, en el muelle de San Carlos, a orillas del Gran Lago de Nicaragua, abordo un frágil y oxidado ferry con bullangueros pescadores, campesinos y soldados de la Guardia Nacional. Sólo falta Lord Jim.

En el viaje, me acerco a tres jóvenes que discuten a gritos. ¿De beisbol, de futbol, de política, de mujeres? No. Discuten de poesía. ¡Estudiantes de letras!, me digo. Tampoco. Dos cursan ingeniería, y el otro vende mariguana. Cae el sol... ¡Granada a la vista!

Noviembre de 1974. Se forma en México el primer Comité de Solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Lo integran Carlos Pellicer, Efraín Huerta, Thelma Nava, Juan Bañuelos, Adalberto Santana, Jaime Labastida, Óscar Oliva, Sergio Mondragón, Juan de la Cabada, Andrés García Salgado y el que suscribe.

En uno de los actos para difundir la causa, alguien lee un editorial de Joaquín Pasos, publicado en 1934 en Ópera Bufa, revista literaria, política y satírica que circuló en Nicaragua: “Se comercian las ideas, se comercia el honor, se comercia el gobierno, el amor, la mujer, el hombre, el periódico, el voto, el sentido común (...) Se comercia la razón, la tierra, el canal. Se comercia el sandinismo, el conservatismo y el agua. Se comercia el liberalismo, la luz, el pensamiento y la caricatura (...) Se comercia la ley. Se vende la ley. Se compra la ley. Se vende la Presidencia. Se compra la Presidencia. Están en baratillo: la belleza, la virginidad, los candidatos, los cándidos, los ideales, los abogados, los médicos, los dentistas (...) y los territorios nacionales”.

Managua, diciembre de 1979. Escribo un poema a la revolución: “Son las nueve de la noche ya/ y los abanicos cumplen silenciosamente su función/aireando el aire/ Ayer, en la plaza/ un grupo de jefes guerrilleros explicaban la revolución al pueblo/ Un chavalito de 11 años se acercó a uno de ellos, que apenas superaba los 20: ¡idiay! ¿te acordás de mí?/ Indiferentes al sol, conversaron algunos minutos/ como viejos camaradas de la guerra...”, etcétera.

"Está buenísimo, ¿no?" El poeta Octavio Robleto (1935-2009) suspira: "Es una mierda. Pero Pablo Antonio lo va a publicar para que no te deprimas".

Managua, 19 de julio de 1989. En el parque Carlos Fonseca Amador, millares de personas asisten a los festejos por el décimo aniversario de la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Impulsándose en sillas de ruedas, un centenar de lisiados de guerra ingresan al parque exclamando: "¡Patria libre o morir!". La gente aplaude, y el presidente Daniel Ortega cierra su discurso: "¡La revolución sandinista es irreversible!".

El diario Barricada (vocero del FSLN) titula en primera plana: "Diez años de cambios y victorias, y vienen días mejores". Siete meses después, el FSLN pierde las elecciones.

Managua, 25 de febrero de 1990. La coalición de partidos derechistas, tutelada por Estados Unidos, gana con 54 por ciento de los votos. En 12 años de guerra contra Somoza y los mercenarios de Washington han muerto 75 mil nicaragüenses, casi dos por ciento de la población total del país. En su mayoría, jóvenes. A escala, de haber Estados Unidos librado una guerra similar, hubiera llorado a seis millones de muertos... Pero no esperemos que el imperio financie algún "Museo del Holocausto" en Nicaragua.

Managua, 15 de julio de 2009. El comandante Tomás Borge (1930-2012), fundador del FSLN junto con Carlos Fonseca Amador (1936-76), dice en entrevista para Nuevo Diario: “Habíamos llegado al poder cubiertos con un aura de santidad. Éramos ‘los muchachos’, héroes del pueblo que habíamos liberado. Pero luego vino la guerra, las presiones, la crisis económica y los errores, y los héroes que éramos nos convertimos en reyes”.

Managua, 6 de noviembre de 2016. En un contexto donde la democracia se ha degradado al moralismo de las ideas sin ideología y las ideologías del oportunismo sin ideas, Daniel Ortega vuelve a ganar la presidencia. Y el espíritu bufo de Joaquín depone su alegría: "He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo, días, cosas, almas, fuego/ Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos".

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Jueves, 29 Septiembre 2016 06:11

El proyecto educativo de la nueva derecha

El proyecto educativo de la nueva derecha

Ha nacido una nueva derecha adecuada a los tiempos extractivos y de expolio-piratería contra los pueblos; una derecha posterior al Estado del bienestar, que ya no aspira al desarrollo, sino a consolidar las desigualdades, la segregación de la mitad pobre, mestiza, india y negra de nuestro continente. Una derecha implacable formada en el rechazo a lo popular, a la soberanía nacional, a las leyes y las constituciones.

En el terreno educativo, esa nueva derecha busca desembarazarse de los anteriores compromisos, entre ellos la laicidad y la libertad de cátedra, para adecuar el sistema educativo al periodo de guerra y confrontación que atravesamos. El objetivo es retomar el control del conjunto del sistema educativo, desde los ministerios hasta el aula, consolidando una educación antiemancipatoria, en la que el control de la población es el objetivo casi excluyente.

Hace 12 años nació en Brasil la organización no gubernamental Escuela Sin Partido, muy activa en las redes sociales y los grandes medios, articulada con diputados y concejales de los más diversos partidos para hacer aprobar sus propuestas. En su página web (escolasempartido.org/) se puede acceder al programa de seis puntos titulado Deberes de los profesores, en el que se destaca que el profesor no promoverá en el aula sus propias ideas, ni perjudicará a los alumnos que profesen ideas diferentes, ni hará propaganda político-partidaria se limitará a exponer de forma neutra el programa, y otorga a los padres la elección de la "educación moral" que quieren para sus hijos.

Algunos "principios" de Escuela Sin Partido parecen compartibles. Sin embargo, conllevan objetivos que nos hacen retroceder más de un siglo. Por un lado, disocia entre el acto de educar y el de instruir. Para ellos la educación es responsabilidad de la familia y la iglesia, mientras los profesores deben limitarse a instruir, o sea a trasmitir conocimiento como si éste fuera neutro, ahistórico, descontextualizado.

La segunda es lo que consideran como "adoctrinamiento" en el aula. Hablar sobre feminismo, homofobia o derechos reproductivos, por ejemplo, sería tanto como imponer una "ideología de género" en las escuelas. Todo lo que sea desviarse de la asignatura se considera "adoctrinamiento", situación que en los proyectos de ley que ha presentado Escuela Sin Partido en varios municipios y en parlamentos de los estados sería tipificada como "crimen de acoso ideológico" y "abuso de autoridad", punibles con cárcel y penas agravadas.

En el apartado "capturando al adoctrinador", en su web, aparece una larga lista de situaciones comunes en las aulas, como "difamar personalidades históricas, políticas o religiosas", entre muchas otras. El docente debería mencionar a Hitler, Pinochet o Mussolini sin más, como a cualquier otra personalidad, sin establecer diferencias, dejando a los padres la exclusividad de opinar. Lo mismo respecto a los genocidios, los feminicidios y así, porque está rigurosamente prohibido mentar valores. Consideran que los debates sobre diversidad sexual, contemplados en las currículas de muchos países, serían en este caso "inconstitucionales".

Una de las prácticas más graves promovidas por Escuela Sin Partido es el espionaje de la práctica docente para luego denunciarla. Bajo el epígrafe "Planifique su denuncia", pide a los alumnos y a sus padres que anoten cuidadosamente o filmen los momentos en los cuales el docente estaría "adoctrinando" a los alumnos. Promueven actitudes que llevan a los jóvenes a convertirse en policías de los docentes.

Uno de los objetivos centrales de la nueva derecha en el terreno educativo es la descalificación de los docentes que serían culpables de todos los males de la educación, desde el fracaso escolar hasta la baja calidad de la enseñanza. De ese modo consiguen desviar la atención de los problemas estructurales en la educación, focalizando sólo las consecuencias y ocultando sus causas. El profesor siempre es sospechoso de izquierdismo. En paralelo, consideran que los alumnos no tienen capacidad para formar sus propias convicciones y que deben estar sujetos a la autoridad paterna, eclesial o docente.

Como era de esperar, los profesores han reaccionado con campañas de denuncia del proyecto, que ya fue aprobado en el estado de Alagoas, Brasil, y será abordado en otros. Pero no debemos olvidar que lo que se proponen en esta coyuntura, no sólo en Brasil, es frenar en seco al creciente movimiento estudiantil, en particular a los estudiantes de secundaria, que son los menos susceptibles de ser cooptados por las instituciones estatales y de la izquierda electoral.

En efecto, la crisis política brasileña está modelada por las movilizaciones de junio de 2013; una crisis que está lejos de haberse cerrado con la destitución ilegítima de la presidenta Dilma Rousseff. Incluso Chile, el régimen neoliberal modélico por su estabilidad, atraviesa una crisis de legitimidad a consecuencia del potente movimiento estudiantil, que desde 2011 abrió brechas por las que están pasando diversos actores sociales. Uno de los más importantes empresarios, Andrónico Luksic, reconoce que "el país se está cayendo" y destaca el papel del movimiento por la educación en esta crisis (goo.gl/qpXIsA).

En otros países sucede algo similar. En Paraguay los estudiantes se mostraron como un actor potente en pleno gobierno reaccionario de Horacio Cartes. Nuevas camadas de jóvenes rebeldes están presentes en casi todos los países. Ni qué hablar de México, después del parteaguas que fue Ayotzinapa.

Buena parte de los objetivos que se propone Escuela Sin Partido en Brasil parecen utopías de orden que cuentan con escasos apoyos. Sin embargo, no se los debe subestimar. Cuando las crisis políticas se profundizan, aparecen potentes bifurcaciones; la derecha se quita el velo para mostrarse como lo que es: el partido del orden, dispuesto a pasar por encima de todo. Son las izquierdas las que deben decidir si optan por las instituciones o por acompañar las resistencias.

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Sábado, 24 Septiembre 2016 05:18

El estado de vigilancia en los países libres

El estado de vigilancia en los países libres

ALAI AMLATINA, 23/09/2016.-En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro /No Place to Hide/ (/Sin lugar donde esconderse/).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según /The Guardian/ y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria /routers/, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el /New York Times/ informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

*/Traducción de Jorge Majfud/**//*

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Sábado, 03 Septiembre 2016 05:50

Final de una época

Final de una época

La muerte de Islam Karimov –quien gobernó con mano dura Uzbekistán durante el cuarto de siglo reciente– marca el final de una época en esa república centroasiática de la antigua Unión Soviética, que de una sociedad feudal pasó, el siglo pasado, al llamado socialismo desarrollado y, tras proclamar su independencia en 1991, devino régimen autoritario del entonces primer secretario del partido comunista uzbeko y, luego, presidente inamovible.


De acuerdo con la hermética tradición centroasiática de minimizar malas noticias, hechos, gestos y filtraciones –por ejemplo, los comunicados con información dosificada desde su hospitalización para tratamiento dilatado hasta el más reciente que reconocía el estado crítico del paciente, las fotos de los preparativos para un funeral fuera de lo común en Samarkanda, su ciudad natal, entre otros–, apuntaban hacia una sola conclusión: Karimov murió a comienzos de esta semana.


El anuncio oficial del deceso –tras sufrir el domingo anterior un derrame cerebral a los 78 años de edad– se hizo este viernes, sólo después de que los clanes que se reparten el poder en Uzbekistán, en un intenso forcejeo intramuros que duró varios días, decidieron quién sucederá a Karimov.


Cumplida la formalidad de las exequias de Estado, se dará a conocer el nombre del nuevo líder uzbeko. Descartada la hija mayor, Gulnara, cuyo palacete a orillas del lago de Ginebra se erige como todo un monumento a la corrupción y, desde que intentó desplazar a su padre, se encuentra en Tashkent bajo arresto domiciliario, dos son los candidatos más mencionados para tomar el relevo en Uzbekistán.


Encabeza la carrera sucesoria Shavkat Mirziayev, primer ministro desde 2003, y le sigue Rustam Azimov, el ministro de Finanzas. El primero cuenta con el apoyo de Rusia y del jefe del servicio de seguridad nacional, Rustam Inoyatov –el brazo represor de Karimov–, y el segundo, considerado un político más liberal, goza de simpatías en Occidente por sus nexos con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.


En todo caso, el cambio de gobernante en Uzbekistán ejercerá un fuerte ascendiente en toda la región de Asia central y no sólo por tener frontera con Afganistán, lo cual convirtió el país en puerta de entrada de la droga afgana hacia Europa y el resto del mundo. Aumenta el riesgo de expansión que representan los grupos islamitas radicales con cada vez más adeptos entre los jóvenes, en su mayoría desempleados, mientras Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y China no escatiman esfuerzos por alinear a Uzbekistán en su órbita.


Karimov deja como legado una población sumida en la miseria y una élite corrupta que no conoce límites para acumular riqueza, en un país que es el quinto exportador de algodón del mundo y figura entre los 10 principales en cuanto a reservas de oro y uranio, con cientos de opositores encarcelados y torturados, con serios conflictos interétnicos en el valle de Ferganá, disputas territoriales y tensión con sus vecinos.

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Domingo, 28 Agosto 2016 05:55

“Las ideas importan menos ahora”

“Las ideas importan menos ahora”

La autora bielorrusa, cronista del declive de la Unión Soviética, reflexiona sobre el futuro de la nueva Rusia y la naturaleza del amor y la vejez

Opina Svetlana Alexiévich que la banalidad enmascara la vida real con mayor frecuencia de la deseada. Y la avalancha actual de información no ha mejorado las cosas. Por eso, para acercarse lo más posible a la verdad, la escritora bielorrusa de 68 años construye su relato desde hace décadas a partir de los testimonios de personas anónimas. Ganadora del último Nobel de Literatura, su obra está considerada como clave para entender la nueva Rusia con libros como El fin del ‘Homo sovieticus’ (Acantilado) o Voces de Chernóbil (Debate). En una visita a Madrid charla sobre el valor de las ideas, el amor y la vejez.


Pregunta. ¿Cómo ve Rusia en un futuro cercano?


Respuesta. Es imposible predecirlo. No sabemos qué se está cociendo en la caldera rusa. Puede que salga algo parecido al fascismo o puede haber un estancamiento. A menudo no se tiene en cuenta el factor paciencia. En Rusia la gente lleva tantos años sufriendo, tiene tanto aguante, que podemos estar así años. Pero estamos reviviendo la filosofía de una fortaleza asediada, rodeada de enemigos, de histeria militarista de tiempos pasados. Todos los días nos enseñan en televisión las adquisiciones de material militar: un nuevo buque de guerra, un nuevo avión, un nuevo tanque... Hay una propaganda muy agresiva en contra de EE UU, de Europa, de Ucrania. Hay una espiomanía que resurge. Es una locura. Se persigue a los homosexuales, y la Iglesia ortodoxa se ha vuelto más agresiva y no para de prohibir obras de teatro, libros... Ni la propaganda soviética era tan descarada como la de ahora.


P. Los rusos son más libres que antes, al menos desde el punto de vista material, según insiste el Gobierno de Putin. Usted habla de esa libertad como una cierta forma de espejismo.


R. Es que es muy relativa. Por ejemplo, se sabe que el 7% de la población acapara la riqueza del país. La gran mayoría vive con lo mínimo. ¿De qué libertad podemos hablar, por otro lado, con casos como el de Mijaíl Jodorkovski, que de la noche a la mañana pasó de ser millonario a preso? Después de 10 años en la cárcel, todavía no saben qué delitos imputarle.


P. Ha dicho que las ideas comunistas van a volver a Rusia. ¿Qué significa eso?


R. Muchos jóvenes rusos leen a Trotski, Marx y Engels. Ven a Stalin como una figura a imitar y se abren museos en su recuerdo. Está de moda. Detrás de esto subyace el hecho de que hay mucha gente que se siente derrotada e idealiza el pasado. Quieren que se mantenga la libertad de poder viajar por el mundo y que las tiendas estén llenas de productos. Pero, al mismo tiempo, quieren que haya un socialismo igualitario.


P. Todos los intentos de comunismo han fracasado.


R. Es cierto. China, Camboya..., en todos hubo derramamiento de sangre. Creo que es porque fueron muy prematuros.


P. Entonces, ¿cree que es posible intentar acercarse a un socialismo utópico si la sociedad está preparada?


R. Lo creo. Pero sería un socialismo más cercano al que ya disfrutan sociedades próximas como Francia, Alemania y Suecia. Creo que será un desarrollo paulatino, cuando se perfeccione la idea de una sociedad civil. Estoy convencida de que el futuro en Rusia pasa por la idea socialista, pero no podemos saber exactamente cuándo llegará.


P. ¿Qué hay que olvidar para salir adelante?


R. En Rusia se echa en falta una reflexión sobre el estalinismo, como sucedió en Alemania con el fascismo. Esto solo lo han hecho un pequeño grupo de intelectuales rusos. Mira lo que ha sucedido en Perm, una ciudad del norte del país. Existía allí un museo a las víctimas de las represiones estalinistas. Cuando Putin llegó al poder, echaron a la dirección del museo y pusieron a otras personas. Ahora es un museo en memoria de los trabajadores del gulag. Ya no es un museo de los que estuvieron encarcelados, sino de los carceleros. Otro ejemplo: han aprobado una ley que autoriza la persecución penal de personas que cuestionen la victoria de la Unión Soviética en la II Guerra Mundial. Estoy convencida de que las mujeres que hablaron conmigo para el libro La guerra tiene rostro de mujer se habrían negado a hacerlo ahora.


P. Usted suele referirse a los tiempos turbulentos que atravesamos no solo en Rusia, sino en todo el mundo, por el terrorismo, las guerras, el problema de la inmigración, la economía y los desastres ecológicos. ¿Qué papel deberían tener los intelectuales?


R. Desgraciadamente las ideas juegan ahora un papel menos importante en nuestras sociedades. Lo que se impone es la parte material, y lo lamento mucho. Necesitamos personalidades capaces de ofrecer al mundo una nueva visión, sistema, filosofía, valores que el mundo sigue necesitando. Vivimos una época llena de información, donde todo va más rápido, pero la información no tiene nada que ver con el misterio de la vida humana. Solo ofrece una mirada superficial. La vida es mucho más compleja. O las redes sociales, por cierto, en las que casi todo son banalidades. Lo que a mí me interesa, e intento hacer con mi literatura documental, es hablar del espíritu de los sentimientos del ser humano. Y estos giran, en mi opinión, en torno al amor y la muerte.


P. Ahora escribe dos libros, uno sobre el amor y otro sobre el envejecimiento.


R. Sí. He acabado con los libros sobre las personas que vivían con grandes ideas. Ahora me interesa el ser metafísico, el ser humano en su vida privada.


P. ¿Qué se ha encontrado?


R. Historias de hombres y mujeres que intentan ser felices y explican por qué no logran serlo. Está siendo muy complicado, porque a la gente le cuesta hablar más de sus sentimientos que de los hechos. En Rusia, las personas no consideran que su vida tenga interés. Aún estamos aprendiendo a construir la privacidad. El amor y la muerte son dos grandes misterios de la vida. Por ejemplo, respecto al envejecimiento, resulta que gozamos de 20 a 30 años más de esperanza de vida que antes y todavía no existe una filosofía que dé soporte a este extra, a este nuevo tiempo. Faltan ideas que cubran este nuevo periodo.


P. Han pasado 30 años de Chernóbil. ¿Qué significa aquella catástrofe ahora?


R. La gente sigue enfermándose y muriendo. Y lo peor: no hemos aprendido nada de aquello.

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Daniel Ortega asesta otro golpe al Parlamento y se hace con todo el poder en Nicaragua
El Tribunal Electoral, controlado por el presidente, despoja a la oposición de sus escaños parlamentarios. Ortega impone en Nicaragua un régimen de partido único

 

El Tribunal Electoral de Nicaragua entregó este viernes al presidente Daniel Ortega el control total del Parlamento, al despojar a los diputados de la oposición de sus escaños. El mandatario nicaragüense consolida así todo el poder en su figura, con tintes cada vez más autoritarios, e impone un régimen de partido hegemónico en el país centroamericano.

 

El fallo del tribunal ordena a la directiva de la Asamblea Nacional el despojo de los escaños a los diputados que fueron electos en 2011 por el PLI, que comandaba el líder opositor Eduardo Montealegre.

 

El 8 de junio, la Corte Suprema ya había despojado a Montealegre de la representación legal del partido. Con aquella decisión, la justicia nicaragüense dejaba a la oposición sin una casilla electoral para participar en las presidenciales de noviembre, en las que Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), será el único candidato importante en liza.

 

La Corte entregó la representación del Partido Liberal Independiente (PLI) a un político de poca monta que hasta entonces era desconocido en Nicaragua, Pedro Reyes, quien exigió obediencia a los 20 diputados elegidos en 2011 por el PLI y su aliado, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

 

Estos representantes opositores —que desde su elección han denunciado desde el Parlamento las arbitrariedades de Ortega, convirtiéndose en una voz incómoda para el presidente— se negaron a obedecer a Reyes, al que consideran un “aliado silencioso” de Ortega, y éste pidió al Tribunal Electoral que los despojase de sus escaños, decisión que ha tomado este jueves.

 

De esta manera, Reyes pasa a las páginas de la historia de Nicaragua como el político que entregó todo el poder a Ortega, considerado por la oposición como un mandatario autoritario que quiere imponer una nueva dinastía familiar en el país, que no logra sacudirse un pasado de opresión, dictaduras y guerras.

 

Varios dirigentes del MRS, fundado en 1994 por el exvicepresidente y escritor Sergio Ramírez y conformado por disidentes del Frente Sandinista, denunciaron en un comunicado publicado en redes sociales que el presidente “ha liquidado la Asamblea Nacional sacando a diputados opositores”. Por su parte, el movimiento Ciudadanos por la Libertad —que aglutina a los simpatizantes de Montealegre y a los diputados opositores despojados de sus escaños— también emitió una nota crítica con la decisión judicial. “Podrán destituir a todos y quitarnos un partido, pero la dignidad y principios nunca”, remarcaba.

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