Holanda recorta servicios sociales y los transfiere a los municipios

Tras casi medio siglo de funcionamiento intensivo, el Estado de bienestar cambia de nombre en Holanda y pasa a llamarse "sociedad participativa". El paso entraña recortes presupuestarios y grandes cambios para la ciudadanía. Desde el pasado 1 de enero, la ayuda a los ancianos y las personas dependientes, incluidos los niños discapacitados, se convierte en una "obligación moral" para familias, amigos y vecinos. El incumplimiento de este nuevo deber no está penalizado, al menos por el momento.

Solo cuando la situación sea insostenible, las personas que no se valen por sí mismas podrán acceder a un centro subvencionado. La recién estrenada Ley de Cuidados de Larga Duración establece que los Ayuntamientos serán los encargados de proporcionar la atención, para lo que recibirán financiación estatal.

El primer discurso de la Corona del nuevo rey holandés, Guillermo Alejandro, introdujo en septiembre de 2013 la idea de sociedad participativa en forma de advertencia, y también de reto. Por un lado, mostraba lo insostenible de mantener, con la crisis, un sistema de cuidado que en 2010 costó 23.500 millones de euros al erario público —con ese presupuesto se atendió a 250.000 dependientes en instituciones públicas y a otras 350.000 con ayuda pagada a domicilio—. Dado el envejecimiento creciente en este país de 16,7 millones de habitantes, el desafío consiste en convencer a los ciudadanos de que deben apoyarse y ser responsables de quienes les rodean. La pregunta es si lo harán espontáneamente. Porque a partir de ahora el derecho histórico a recibir atención pública solo se podrá ejercer cuando la persona no pueda valerse por sí misma y carezca de una red de apoyo informal. Con este cambio, el Estado pretende ahorrar 2.300 millones de euros este año.

 

Actiz, una empresa dedicada a proporcionar ayuda a ancianos y dependientes de cualquier edad, y con unos dos millones de clientes, teme que puedan perderse cerca de 55.000 empleos con la reforma. En conjunto, trabajan en el sector 1,1 millones de personas, y los sindicatos generalistas prevén la pérdida de hasta 100.000 empleos.

Los primeros cambios empezaron a notarse ya a finales del año pasado, antes de la entrada en vigor de la ley de cuidados. Los ancianos "que conservan su vitalidad y pueden valerse" —según definición de la norma— han ido abandonando las residencias, donde eran atendidos en gran medida a costa del erario público. Tras una evaluación de sus necesidades, su nuevo domicilio es una casa de renta baja. Antes, ellos pagaban la residencia en función de sus pensiones y el Estado ponía el resto. Ahora se espera que les ayuden, gratuitamente, sus parientes, conocidos o vecinos. También pueden acudir en su auxilio voluntarios que recibirán un pago simbólico por hacerles la compra, limpiar, cocinar, bañarles o recordarles que deben tomar su medicación.

"Nuestro centro cuida pacientes de Alzheimer y contaba también con un hogar de ancianos, que ha desaparecido. Hay gente de 80 y 90 años que ha tenido que marcharse a un piso a depender de su familia. No sé. Hay familias entregadas, claro. Pero la sociedad está acostumbrada a abonar impuestos para resolver la atención a los mayores. Piense que los parientes no siempre viven cerca", dice una enfermera de La Haya que pide anonimato.

Los pacientes de Alzheimer no entran en el cupo de los que serán enviados a casas de renta baja. Tampoco se moverán las 200.000 personas (más otros 10.000 niños y adultos discapacitados con asistencia permanente en sus hogares) ingresadas en instituciones especializadas.

Los candidatos al traslado por la nueva ley tienen muy claro lo que quieren. Según una encuesta de la Unión General Holandesa para los Mayores, un 65% prefiere pagar a profesionales para recibir atención. "Tienen la sensación de que si viene un familiar o un amigo deberán estarle muy agradecido. Si pagan, serán más libres de pedir lo que necesiten. Pero, claro, todo depende de sus pensiones", señala la directora de este sindicato, Liane den Haan.

Evelien Tonkens, catedrática experta en la materia, plantea: "¿Quién quiere que le duche el vecino?". En su opinión, el desmantelamiento del Estado de Bienestar pretende crear una especie de "ciudadanía afectiva donde los voluntarios son vistos como héroes". Entre los riesgos que apunta aparece una sobrecarga de trabajo para las mujeres.

Ben Paulides, concejal del partido Demócratas Liberales, de Wassenaar, municipio contiguo a La Haya, se pregunta: "Habrá menos presupuesto municipal para pagar a las organizaciones de asistencia. Si ofrecen servicios a bajo precio ¿estarán cualificados quienes atiendan a los ancianos?".

 

 


Menos Estado de bienestar en la Unión Europea

 

  • • La crisis económica, en unos casos, y las políticas de corte liberal, en otros, han supuesto recortes en el Estado de bienestar de distintos países de la UE.
  • • En España, la financiación de la Ley de Dependencia ha sufrido un tajo notable. Los beneficiarios ascienden a 723.000, pero hay decenas de miles en lista de espera. El Gobierno ha dejado de cotizar a la Seguridad Social por los cuidadores familiares.
  • • En Suecia, el recorte de gasto y privatización de la atención a mayores fue uno de los factores que, en 2014, le costó las elecciones al Ejecutivo de centroderecha.
  • • El Gobierno francés prevé reducir en 21.000 millones el gasto público, sobre todo en protección social, este año
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Jueves, 17 Abril 2014 06:19

Economía de corto y de largo plazo

Economía de corto y de largo plazo

La economía es y ha sido siempre una ciencia del presente. Su densidad temporal es baja, o nula. Específicamente, la economía normal nada sabe de medioambiente y menos de ecología.

Los análisis a corto plazo parecían alentadores desde un punto de vista. Frente a la crisis estructural de los países más desarrollados, hace menos de un lustro la atención se centró en dinámicas emergentes que arrojaban mejores resultados. Así, frente a la hecatombe de los países del G–7 y G–8 (más 1 o menos 1, da igual), el grupo de países BRIC se revelaba como una sorpresa. Una sorpresa y una esperanza.


Primero vino la crisis de las PuntoCom; luego las crisis de las hedge funds, la crisis hipotecaria, el techo de la deuda en EE. UU., las deudas galopantes de las principales economías de Europa —con la notable excepción de Alemania— y Japón. Sucedió el rescate de Irlanda, Grecia, Portugal. Y en alguna ocasión, un rescate continuado y repetido. El mundo tembló y aún tiembla con el eventual colapso de España, Italia y Francia.


En paralelo, Londres subsidia al resto de Inglaterra, y Alemania permanece como la locomotora de la Unión Europea. Contra los odios velados y las sospechas y acusaciones encubiertas.


La crisis económica y financiera se ha revelado, en realidad, como un componente de crisis sistémicas y sistemáticas. Crisis de confianza, crisis política, crisis social crisis del sistema de salud, crisis del sistema de pensiones, crisis medioambiental, crisis de tasa de natalidad en los países industrializados por debajo de cero...


En paralelo, los historiadores han girado la atención —acompañados por un puñado de buenos economistas— hacia un fenómeno novedoso: el colapso. Colapso de sociedades, colapso de culturas, en fin, colapso de civilizaciones. No hay que ser hipersensibles para entender el panorama entero.


Pues bien, el grupo de países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) surgió en un momento como la nueva esperanza del mundo. (Incluido, en algunas ocasiones, como el grupo de países BRICK (ladrillo), más Corea). Esta es y sería la vanguardia del mundo hacia futuro.


Alguna prestigiosa entidad financiera mundial centró, incluso la mirada, hacia la segunda fila de las mejores y más promisorias de las economías en el mundo: el grupo de países CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica). Y luego el resto; unos más adelante y otros más atrasados. En un mundo compuesto por 196 países.


La punta de los países en el mundo estaría conformada, con varios entrecruzamientos, por el G–7 (o G–8), el G–20, los países de la OCDE. De acuerdo con numerosos indicadores, ellos serían el pasado y el presente del capitalismo. Pero el futuro del mundo tendría como vector a los países BRIC, y lo dicho, posteriormente, acaso a los CIVETS. Y luego las complejidades del sistema internacional.


Sin embargo, numerosas fuentes han llamado crítica y reflexivamente la atención acerca de profundas dificultades en el grupo de países BRIC. Desde el punto de vista económico, freno en Brasil. Desde el punto de vista medioambiental, alarma en China. Y desde el punto de vista político, amenaza con Rusia.


Pues bien, como quiera que sea, el tema de fondo es el de la ponderación entre una visión de la economía de corto plazo y una de largo plazo. A corto plazo, es manifiesta la crisis, o mejor, el entramado de crisis sin que aparezca ninguna salida o solución real o efectiva —eso, a corto plazo—. A medida que pasa el tiempo, los aires apocalípticos y escatológicos lanzan sus alientos sobre el mundo. Un buen ejemplo de ello es esa literatura —particularmente juvenil en boga y triunfante en los mercados—. Con, en muchas ocasiones, sus paralelos en el cine. Una mentalidad medieval y milenarista flota en el ambiente, sin duda alguna.
Las reuniones anuales de Davos, y los numerosos foros mundiales paral

elos —muchos de ellos auspiciados por Naciones Unidas— son claros en el diagnóstico; o los diagnósticos. Pero nadie ve una salida a corto, y ni siquiera a mediano, plazo. Las voces más pesimistas advierten del final de la especie humana. Desde ese punto de vista, lo que quedaría sería aprovechar el momento, disfrutar el día (carpe diem), y esperar lo mejor.


La economía es y ha sido siempre una ciencia del presente. Su densidad temporal es baja, o nula. Específicamente, la economía normal nada sabe de medioambiente y menos de ecología. ¿Ecología y medioambiente? El tiempo de largo plazo de la naturaleza y sus ciclos.


Los modelos económicos clásicos y vigentes —el modelo clásico, el neo–clásico, las economías de escala y el desarrollo (humano) sostenible— son una sola y misma cosa. Con sus derivaciones y orlas: responsabilidad social empresarial, la ética empresarial, y otras arandelas. Lo evidente es que la función de producción es exactamente la misma en esos cuatro modelos, y permanece inalterada, inmodificada. Su nombre adquiere diversas expresiones: capitalismo, sistema de libre mercado, modernidad, modernidad–y–postmodernidad, por ejemplo.


La economía no sabe de ecología, y correspondientemente, tampoco de historia. Mucho menos el modelo económico actual —dicho de manera genérica— que ha desplazado a la macroeonomía —economía y política; o economía y sociedad— a lugares secundarios, situando a la microeonomía —empresa, matemáticas financieras, econometría— al lugar del papel protagónico. Ya no se hace economía política y muchísimo menos una crítica de la economía política.

Como ha sido puesto de relieve una y otra vez, el bienestar y la recuperación de los bancos no se traduce en manera alguna como bienestar para la sociedad. El institucionalismo y el neoinstitucionalismo —económico, sociológico o político— consisten, en blanco y negro, en la preocupación por las instituciones en desmedro de la vida. En verdad, la defensa de las instituciones no se traduce necesariamente como la defensa de la vida y, por el contrario, en numerosas ocasiones alrededor del mundo sucede todo lo contrario.


Si la alternativa es entre institucionalidad y vida, o entre modelo económico y financiero y vida, ya conocemos la respuesta de ellos; y de otro lado, la respuesta nuestra. En fin, si hay que dejar que la economía se hunda y, en ocasiones incluso contribuir de manera piadosa a su muerte, es en nombre de la vida, su dignidad y calidad: la vida humana, tanto como la vida en general en el planeta.


A todas luces, la humanidad, en la época de la globalización, atraviesa por un cuello de botella. Si de apuestas se trata, la más sensible, razonable es por la de futuros de largo alcance y con gran densidad temporal. Numerosas otras ciencias y disciplinas pueden realizar mejor la labor que la economía no fue capaz de llevar a cabo.

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Jueves, 26 Septiembre 2013 07:47

Marx (y no sólo Keynes) llevaba razón

Marx (y no sólo Keynes) llevaba razón

Una de las causas de la crisis financiera y económica que ha recibido escasa atención ha sido la evolución de la distribución de las rentas entre las derivadas del capital y las derivadas del trabajo, a lo largo del periodo post II Guerra Mundial. El conflicto capital-trabajo, al cual Karl Marx dedicó especial atención, hasta el punto de considerarlo como el hilo conductor de la historia ("la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases") , ha perdido visibilidad en los análisis de las crisis actuales, sustituido por los análisis de los comportamientos de un sector del mundo del capital, es decir, el capital financiero, sin dar suficiente importancia al conflicto del capital (y no solo de su componente financiero) con el mundo del trabajo. Los datos, sin embargo, continúan acentuando la importancia de la relación capital-trabajo en la génesis de las crisis económica y financiera que están ocurriendo en estos momentos.

 

Durante el periodo entre el fin de la II Guerra Mundial y los años setenta (definido como la época dorada del capitalismo), el Pacto Social entre el mundo del trabajo y el mundo del capital (en el cual el primero aceptaba el principio de propiedad privada de los medios de producción a cambio de aumentos salariales -condicionados al aumento de la productividad- y del establecimiento del estado del bienestar) dio como resultado un aumento muy notable de las rentas del trabajo que alcanzaron su máximo nivel en la década de los setenta. La participación de los salarios (en términos de compensación por empleado) en la renta nacional alcanzó cifras récord entonces. En los países que serían más tarde la UE-15 (el grupo de países más desarrollados económicamente en la Unión Europea), este porcentaje era el 72,9%. En Alemania, el porcentaje era 70,4%, en Francia 74,3%, en Italia 72,2%, en Gran Bretaña 74,3% y en España 72,4%. Al otro lado del Atlántico Norte, en EEUU, era 69,9% (European Commission, ECFIN, Statistical Annex, Table 32, Autumn 2011).


Esta situación creó una respuesta por parte del mundo del capital que revertió la distribución de las rentas. Las políticas iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en Gran Bretaña iban encaminadas a favorecer las rentas del capital, debilitando y diluyendo el Pacto Social. La generalización de estas políticas determinó una redistribución de las rentas a favor del capital, a costa de las rentas del trabajo. Como consecuencia de ello, la participación de estas últimas disminuyó considerablemente de manera que en 2012 era el 65,2% del PIB en Alemania, en Francia el 68,2%, el 64,4% en Italia, el 72,7% en Gran Bretaña y el 58,4% en España, el porcentaje más bajo entre estos países y por debajo de la UE-15, cuyo promedio era 66,5%.


Esta disminución de la participación en el PIB de las rentas del trabajo creó un enorme problema de escasez de demanda privada, origen de la crisis económica. Esta escasez pasó, sin embargo, desapercibida debido a varios hechos, de los cuales uno de ellos fue el impacto económico de la reunificación alemana en 1990 y el enorme crecimiento del gasto público resultado de las políticas de integración de la Alemania Oriental en la Occidental, que se financiaron con un gran crecimiento del déficit público alemán, que pasó de estar en superávit en 1989 (0,1% del PIB) a un déficit de 3,4% del PIB en 1996. Este crecimiento del gasto público tuvo un efecto estimulante de la economía alemana y, por lo tanto, de la economía europea, dentro de la cual la alemana tenía y continúa teniendo un peso central.


El segundo hecho que ocultó el impacto negativo que la disminución de la participación de las rentas del trabajo tenía sobre la demanda privada fue el enorme endeudamiento de las familias y de las empresas que ocurrió en paralelo al descenso de las rentas del trabajo. Este endeudamiento fue facilitado por la creación del euro que tuvo como consecuencia la tendencia a hacer confluir los intereses bancarios de los países de la eurozona con los de Alemania. La sustitución del marco alemán por el euro tuvo como resultado la "alemanización" de los tipos de interés. España fue un claro ejemplo de ello. El precio del dinero nunca había sido tan bajo, facilitando así el enorme endeudamiento privado que tuvo lugar en España. Mientras que el sector público estaba en superávit, el privado tenía un enorme déficit que pasó desapercibido debido a su gran endeudamiento (consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo).


Esta situación, aun siendo muy acentuada en España y otros países periféricos de la eurozona, ocurrió en todos los países de la eurozona. El crecimiento anual medio salarial en los países de la eurozona descendió de un 3,5% en el periodo 1991-2000 a un 2,4% en el periodo 2001-2010, en Alemania de un 3,2% a un 1,1% y en España de un 4,9% a un 3,6% (European Commission, ECFIN, Statistical Annex, Table 29, Autumn 2011). El notable crecimiento del endeudamiento está basado, en gran parte, en esta realidad.


Por otra parte, la elevada rentabilidad de las actividades especulativas en comparación con la de las de carácter productivo (afectada, esta última, por la disminución de la demanda) explica el elevado riesgo e inestabilidad financiera, con la aparición de las burbujas, entre ellas, la inmobiliaria. La explosión de estas burbujas sobre todo en EEUU dio origen a la percepción de que la crisis financiera se inició e iba a estar limitada a EEUU, sin apercibirse de que la banca europea, y la alemana en particular, (incluyendo las cajas) estaba entrelazada con la estadounidense de manera tal que la crisis financiera estadounidense afectó inmediatamente al capital financiero europeo y muy especialmente al alemán. La banca alemana (Sachsen LB, IKB Deutsche Industriebank, Hypo Real Estate, Deutsche Bank, Bayern LB, West LB, DZ Bank, entre otros) tuvo que ser rescatada con fondos públicos, incluidos por cierto, fondos procedentes del Banco Central de EEUU, el Federal Reserve Board. Esta banca y cajas alemanas estuvieron también afectadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria española, que generó la petición de rescate de la banca española (que incluyó a las cajas) que significó, en realidad, un rescate al capital financiero alemán, que tenía invertido en entidades españolas casi 200.000 millones de euros, que intenta ahora recuperar a partir del rescate a la banca española, rescate que acabará siendo pagado con fondos públicos españoles, tal como señalan los últimos datos.


La redistribución de las rentas a favor del capital y a costa del mundo del trabajo ha creado este enorme problema de escasez de la demanda (causa de la crisis económica) y del gran crecimiento del endeudamiento y de la especulación (causa de la crisis financiera). Tal conflicto capital-trabajo ha jugado un papel clave en el origen y reproducción de las crisis actuales, mostrando que Karl Marx (además de Keynes) llevaba razón.

 

Por Vicenç Navarro, cCatedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en la Johns Hopkins University

 

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Jueves, 19 Septiembre 2013 08:26

Los deberes de los ciudadanos

Los deberes de los ciudadanos

La defensa de los derechos de la ciudadanía nunca fue tan urgente como hoy, en un contexto en el que los derechos más básicos están siendo violados de forma brutal e hipócrita. El 'bienestar' colectivo 'concedido' a los portugueses por los aventureros del Gobierno no es más que la suma del malestar que infligen al 99% de la población. A la vista de esto, tal vez extrañe que yo me dedique a señalar los deberes de los ciudadanos. Somos parte de una cultura que privilegia derecho en detrimento de deberes, lo que parece insensato, pues es evidente la simetría entre derechos y deberes: cualquier derecho es un espejismo si no le corresponde el deber de alguien que garantice que el derecho sea ejercido. Una de las razones por las que tendemos a hablar más de derechos que de deberes es que, en las democracias, está asumido que el deber de garantizar la vigencia de los derechos pertenece al Estado y que a los ciudadanos corresponde disfrutar y defender sus derechos. Es lo que ocurre cuando el Estado deja de cumplir ese deber, como sucede ahora: corresponde a los ciudadanos el deber colectivo de defender los derechos por todos los medios pacíficos que tengan a su alcance.

 

Lejos de ser un deber abstracto, éste es un deber concreto y situacional. Su ejercicio conlleva riesgos porque, cuando el Estado se desentiende de su deber, las instituciones son víctimas de una patología insidiosa: siguen vigentes, pero dedicándose a realizar la misión contraria a aquélla para la que fueron concebidas. Es así como el Estado social se transforma en un Estado antisocial y la seguridad social, en inseguridad social. Por esta razón, el deber de los ciudadanos tiene que ser ejercido fuera de las instituciones y, cuando es ejecutado dentro de ellas, asume un carácter de contracorriente que exige coraje y determinación. Paso ahora a ejemplificar situaciones y deberes específicos de grupos de ciudadanos.

 

Los ciudadanos jueces y magistrados del Ministerio Público tienen el deber de hacer cumplir los derechos hasta el máximo de su jurisdicción. En un Estado democrático, el modo de destrucción de los derechos actualmente en curso sólo fue posible en el pasado instaurando la dictadura, por ejemplo, en el Chile de hace cuarenta años. Sólo cumpliendo el citado deber, el poder judicial no tendrá un día que pedir perdón a los portugueses por haber faltado a su deber, como sucedió recientemente con los magistrados de Chile y Argentina. Los ciudadanos militantes del Partido Socialista (PS) tienen el deber de revolverse contra un liderazgo incapaz de proyectar una visión del país y de Europa más allá del infierno neoliberal, pusilánime hasta el punto de que parece que sólo querría el poder si se lo dieran y de que no lo concibe con ningún rasgo que lo distinga del poder que está en el poder. Urge un congreso extraordinario después de las elecciones autárquicas en la que los socialistas rebeldes puedan decir al ciudadano Antonio Acosta que en política, hay crímenes que se cometen por omisión.

 

Los ciudadanos activistas de sindicatos, movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil tienen el deber de unirse en protestas intensas y turbadoras para los aventureros del poder. Unirse como si la democracia –hoy agonizante- se fuese a morir mañana y, en el caso de que no se hubiesen unido, se lamentasen de que sólo hubieran tenido la voluntad de unirse después de dejar de tener poder para hacerlo. Los ciudadanos intelectuales públicos tienen el deber de defender la dignidad de todos los portugueses, también contra los intereses poderosos que quieren seducirles; y el deber de mostrar que la deuda es impagable y que la austeridad y el neoliberalismo son las manos que sacan el dinero de los bolsillos de los pobres y de las clases medias y los introducen en los bolsillos de los ricos y súper-ricos. Los ciudadanos autárquicos tienen deberes específicos que cumplir en las próximas elecciones. Los de mi ciudad, Coimbra, tienen el deber de castigar ejemplarmente al PS por su incapacidad de renovar su liderazgo y por insistir en un candidato mediocre que durante diez años entregó a la ciudad a la vorágine del sector inmobiliario y a la polución de los residuos tóxicos (co-incineración). Finalmente, los ciudadanos en su conjunto tienen el deber de salir a la calle y dar voz a sus aspiraciones de una democracia diferente para una vida decente. Y el deber de quedarse en la calle hasta que los políticos vayan a escuchar. Cuando dejemos de ir a sus elecciones y ellos sí vengan a nosotros, tal vez empiecen a pensar seriamente en representarnos.

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Una mirada al modelo cubano de bienestar

En muchas oportunidades, he preguntado a mis estudiantes cuáles serían las principales razones para decir que en Cuba es bueno vivir. La mayoría de las veces sus respuestas están relacionadas con el acceso a la salud, la educación y la seguridad social y efectivamente, estos son los pilares de nuestro modelo socialista, pero para las personas jóvenes constituyen realidades tan asumidas desde la cotidianidad que se tornan demasiado habituales o quedan congeladas en un discurso que, a fuerza de repetición, se hace irrelevante.

 

Yo me atrevería a decir que existe un modelo cubano de bienestar que se ha incorporado con tanta familiaridad acrítica que ha quedado invisible a nuestros ojos o paradójicamente instalado en la voz de muchos de los que ya no están, luego de haberlo perdido, o de visitantes que viven otras realidades en sus países de origen. De la vida cotidiana en Cuba, por lo general se habla de las dificultades, sobre todo de índole económica, pero pocas veces se escucha hablar de nuestras bondades y fortalezas.

 

Algunas experiencias profesionales vividas me han hecho pensar mucho en nuestro socialismo, visto como cultura y civilización alternativa. Cuando los psicólogos y otros especialistas participamos en el proceso de lograr el retorno del niño Elián González, emergió con mucha fuerza este tema. Más recientemente en consulta, conversando con algunos ancianos repatriados, con niños que por decisión de sus padres deben irse a residir a otros países o con jóvenes que han retornado de España luego de vivir la experiencia de ser echados a la calle por no tener trabajo ni dinero para pagar la renta, me vuelve a resurgir, a partir de sus vivencias, la idea del modelo cubano de bienestar.

 

Recuerdo cuando Elián estaba en Estados Unidos que el abuelo Juanito le decía telefónicamente que le estaba haciendo una chivichana para su regreso y al otro día aparecía en la pantalla televisiva que le habían regalado un carro eléctrico de juguete que parecía de verdad, si los abuelos o el padre le decían que su perrito lo extrañaba, al otro día aparecía Elián con un cachorro de labrador que le habían regalado, si le decían que le habían comprado un librito de Elpidio Valdés, aparecía Elián vestido de Batman. Sin embargo, el cariño de su familia, el amor de cuantos lo esperaron, la solidaridad de sus amiguitos del aula, de sus maestras, pudieron más que todas las cosas materiales del mundo.

 

Conversando hace muy poco con un adulto mayor que tomó la decisión de no regresar a EE.UU. luego de haber vivido 19 años en ese país, me decía: Es real doctora, allí se vive muy cómodo, pero eso no lo es todo en la vida, allá "no eres nadie", no existes para nadie. Me contaba que se pasaba largas horas solo en la casa, esperando que los hijos y nietos regresaran de trabajar y de la escuela, que se quedaba encerrado porque no podía salir ya que, según ellos, estaba viejo y no lo dejaban manejar, y que por el día el barrio en que él vivía parecía una maqueta, no se veía persona alguna, ni nadie tenía tiempo de dedicarte un rato para conversar. En una visita que hizo a la otra hija que vive en Cuba, decidió no regresar. Me cuenta que está haciendo ejercicios en el parque, que juega dominó por las tardes, que les repasa al otro nieto y a dos amiguitos más, que ha recuperado unos cuantos amigos de la "vieja guardia" y que con el dinerito que le mandan de allá y la ayuda de su familia aquí, tiene de sobra para cubrir sus gastos. Usando sus palabras textuales me decía: "Algunos conocidos me decían que iba a venir al infierno, pero en realidad, doctora, me siento en el paraíso. Evidentemente, el modo de vida que ahora lleva no será el paraíso, pero le genera mayor bienestar".

 

Un día me llevaron a un niño hijo de dos diplomáticos, que vino de vacaciones y no quería regresar con los padres a la misión donde ellos estaban trabajando, estaba "alzado", en plena "huelga", decía que lo dejaran con la abuela, que él no quería irse de nuevo, que no le gustaba estar allá. Cuando pregunté a los padres qué sucedía con el niño, me contaban que allá tenía que vivir encerrado por razones de seguridad, no tenía apenas amiguitos con quien compartir después de la escuela, y no estaban los primos, a los cuales adoraba. Desde que llega aquí es como si le dieran la carta de libertad —me decían los padres—-, se va para el parque de la esquina con los amigos del barrio, sale a pasear con los primos, juega pelota y fútbol en plena calle, se pasa el día rodeado de los abuelos, de los tíos y de los vecinos. En la entrevista con el niño me contaba que los primos le decían que él era bobo porque quería quedarse en Cuba teniendo la oportunidad de estar en otro país y el niño me decía: "Yo extraño mucho cuando estoy aquí la pizza de peperones, pero te cambio un millón de pizzas por quedarme viviendo ahora mismo en Cuba".

 

Un joven que vino de retorno de España, me contaba que se había quedado sin trabajo y por supuesto no tenía dinero para pagar la renta, que la dueña le dio tres meses de plazo y al no tenerlo lo echó a la calle, pero lo más triste del caso es que nadie, ni sus amigos, le tendieron una mano pues le decían que dada la crisis cada cual "debería arreglárselas como pudiera" y tuvo que regresar porque la opción que tenía era o dormir en el metro o virar para la casa de sus padres aquí en Cuba. Al final, me decía, quienes están prestos a acogerte son los tuyos.

 

Me he quedado pensando en estos testimonios que muy bien podrían servir para tantos jóvenes que no encuentran bienestar alguno de vivir en Cuba y que solo imaginan una vida "de progreso" en el exterior o sobrevaloran la vida afuera como una vida de éxito y oportunidades, pero yo me pregunto: ¿qué tenemos aquí que falta en otros lugares? ¿Qué descubrieron el niño, el adulto mayor y el joven que vino de España, a partir de sus experiencias allá, que nosotros no vemos aquí? ¿Realmente el modelo de vida que proponen las sociedades capitalistas contemporáneas constituye actualmente un modelo de bienestar, a pesar de estar vendido por los medios de comunicación como el "sueño del progreso prometido"? ¿Hablamos hoy de buena vida o del buen vivir, de vida llena o vida plena? ¿Necesariamente el desarrollo económico y tecnológico es lo único que garantiza el bienestar personal y social?

 

Voy a hacer un esfuerzo de síntesis a partir de estas experiencias profesionales en lo que considero radican algunas de las bases de nuestro modelo cubano de bienestar.

 

EN PRIMER LUGAR EL NO SENTIMIENTO DE EXCLUSIÓN, EL NO VIVIR "ANOMIA SOCIAL"

 

Este es un tema de profundas connotaciones espirituales y éticas. Cuando uno llega a un barrio en Cuba y pregunta por una persona, por lo general te dicen: "Vive en aquella casa". Los cubanos todos tenemos un nombre y una biografía porque todos tenemos espacios de pertenencia (familia, escuela, comunidad, centro de trabajo) y de participación social, todos en nuestra vida hemos asumido responsabilidades, asistimos en el barrio a las reuniones, a nuestro consultorio del médico, votamos en la misma urna, compramos los productos normados en el mercado o tenemos el mismo mensajero. Seguro que en algún momento hemos dicho: "Las mismas caras todos los días", pero justo ahí radica un escenario vital de grandes dimensiones humanistas y solidarias.

 

La anomia social o en palabras del abuelo que entrevisté el "Tú no existes", resulta una experiencia contraria a la que vivimos en Cuba, es la experiencia de vivir sin tener un lugar, sin ser reconocido o advertido, y no se trata de un lugar físico, sino de un lugar simbólico, un lugar de pertenencia y participación, un lugar que da sentido a la vida. Vivir en el "no lugar" es sentirse aislado, en soledad existencial, es sentirse extraño y ese es uno de los problemas del mundo actual. Incluso los lugares donde hoy coexisten muchas personas, más que lugares de encuentro son especialmente "no lugares". Resulta increíble que en un metro puedan ir diariamente cientos de personas que no intercambian palabra alguna y que muestran mayor contacto con los medios tecnológicos en una especie de autismo técnico, que de persona a persona. Otro "no lugar" son los aeropuertos y los moles (catedrales del consumo): mucha gente a tu alrededor y absolutamente ningún contacto. Si te caes nadie te recoge, porque además, existen tantas leyes de "derechos ciudadanos" que supuestamente protegen a las personas desde una visión individualista, que nadie te toca no vaya a ser que te acusen de acoso sexual. Están legislados el "no contacto" y la indiferencia.

 

Hoy día la realidad social en otros países hace que cada vez estemos más excluidos que incluidos. Amén de la existencia de desigualdades sociales como consecuencia de las realidades económicas actuales en Cuba, nuestras políticas promueven la inclusión social conducente a borrar la distancia de género, color de la piel, capacidades físicas, orientación sexual. Cuba, como sistema social, a pesar de todas las dificultades y contradicciones, intenta construir un mundo donde todos quepamos, y donde la reciprocidad humana espontánea se da a partir de estas condiciones. En "la otra geografía", en el mapa de la globalización neoliberal, dividida en clases, los nexos interpersonales están dañados por disímiles diferencias y los unos quedan alejados de los otros por fronteras invisibles, que laceran la integridad y la participación.

 

LOS DIVERSOS ESPACIOS DE SOCIALIZACIÓN

 

Los espacios de socialización son muy importantes en la vida, el entramado social es el recurso, el sostén para todo sujeto, pues está claro que ciertamente es en él que una persona puede desarrollarse en su potencial con plenitud. Las familias viven actualmente en aislamiento en muchas partes del mundo y mientras mayor es el nivel de vida, mayor es el modo de vida enclaustrado. Nadie conoce al vecino de al lado, nadie sabe quién es, dentro de las casas los miembros no tienen muchos espacios cara a cara, porque la invasión de la tecnología es tal que un padre puede estar chateando con un colega en Japón y no tiene la menor idea de lo que le sucede al hijo en el cuarto contiguo. En estudios que se han realizado en diferentes partes del mundo, el tiempo de conversación mirándose a los ojos, que un padre (especialmente el papá) dedica a sus hijos, no pasa de 15 minutos diarios.

 

Uno de los grandes impactos del modelo capitalista hegemónico actual es el poco tiempo para la familia u otros espacios comunitarios, los días entre semana la familia como grupo "no existe", los horarios extensivos e intensivos de trabajo, el pluriempleo de los padres para poder solventar las cada vez mayores exigencias del consumo, hacen que aquellos viejos rituales y tradiciones familiares se hayan desterrado de la vida cotidiana. Los psicólogos y sociólogos de muchos países plantean que el mayor impacto de esta realidad son la soledad infantil y la ausencia de vínculos en el anciano. Muchos niños de la clase media o media alta llegan de la escuela sin que asome en el hogar un rostro adulto hasta horas avanzadas o permanecen con una nana que brinda comida, pero no puede suplir el afecto y la atención de los padres.

 

Los medios tecnológicos aparecen como el antídoto a la soledad, pero sin ninguna restricción de los adultos, lo que puede producir adicción a los videojuegos, incrementar la violencia e incentivar la erotización temprana. Es poco frecuente que los niños o adolescentes dispongan en el mundo de hoy de las plazas públicas, las calles y los parques al aire libre como lugares de encuentro porque no hay seguridad ciudadana para ello. Los universos espacio-temporales de la red urbana destinados a la juventud, son vistos por los adultos como lugares de amenaza y peligro más que de esparcimiento y construcción de lazos sociales. En Cuba los parques y las plazas siguen siendo lugares de socialización de diferentes generaciones.

 

La familia cubana está tejida en redes sociales de intercambio, con los vecinos, con las organizaciones, con la escuela, con los parientes, incluidos los emigrados. Lo característico del modo de vida de los cubanos son los espacios de socialización, el tejido social que no excluye y deja sin nombre a nadie. Yo diría que la célula básica de la sociedad en Cuba, además de la familia como hogar, la constituye la red de intercambio social familiar y vecinal, ese tejido social en redes, representa una de las fortalezas invisibles más grandes que tiene el modelo cubano de bienestar, es ahí donde radica el mayor logro de nuestro proceso social, la solidaridad social, la contención social, el intercambio social permanente. Ese capital es solo perceptible para el que lo pierde y comienza a vivir otra vida fuera del país.

 

A pesar de que tenemos dificultades económicas y problemas no resueltos, la familia en Cuba existe. La familia cubana comienza a vivir intensamente después que los niños salen de la escuela y los niños, jóvenes y adolescentes hacen vida familiar-comunitaria a partir de su salida de los centros escolares. La vida familiar en Cuba no se produce a puerta cerrada. La puerta de un hogar cubano puede ser tocada muchas veces por los agentes de fumigación, por los vecinos, por la enfermera, por los dirigentes de base, por los "puerta-propistas". Hay que salir diariamente al mercado, ir a casa de los vecinos para recoger mandados, botar la basura, ir a la farmacia, buscar a los niños en la escuela. La vida familiar en Cuba es multigeneracional, donde todas las edades se mantienen interactuando, la mayoría de los adultos mayores no viven en asilos, su verdadero espacio por lo general es la comunidad.

 

LA SOLIDARIDAD SOCIAL A CONTRACORRIENTE DEL INDIVIDUALISMO

 

En el escenario internacional actual el bien individual es más importante que el bien social, el modelo de desarrollo económico pone a las personas ante el deseo de vivir "mejor" (a veces a costa de los demás) por encima del vivir todos bien. Hoy día la gente dice "yo no le hago mal a nadie, que nadie se meta en mi vida, a mí me gusta, a mí me va bien, es mi cuerpo, es mi vida, es mi espacio", eligen la actuación que maximice los beneficios y las ganancias. El "nosotros" se sustituye por el "yo". La conducta egoísta en este mundo hegemónico actual es denominada y bien ponderada como "racionalidad instrumental" cuando en realidad esa racionalidad lo que esconde es una gran insensibilidad social.

 

En nuestro país existe la solidaridad social, aunque hoy vivimos una suerte de paralelismo entre nuestros comportamientos solidarios y la insensibilidad de algunas personas. La socialización del transporte o "botella", por ejemplo, el hacer de tus vecinos, tu familia, la socialización vecinal de teléfonos particulares, el pasarse los uniformes escolares, algunas medicinas, el brindar tu casa particular como aula después de un ciclón que afectó la escuela, son ejemplos de nuestro intercambio solidario. Me contaba una joven que estudiaba en la escuela Lenin que en el grupo de sus amiguitas, además de ser una práctica generalizada de los grupos, se juntaba cada semana lo que traían de la casa para repartírselos equitativamente y así todas comían lo mismo, independientemente de que algunas podían traer más cosas y otras no traían casi nada. Para ellas lo más importante eran la amistad y la hermandad.

 

LA CREATIVIDAD E INTELIGENCIA COLECTIVAS

 

En Cuba, además de que puedes conversar y tener múltiples intercambios sociales, puedes darte el lujo de una buena charla con muchas personas. Todos sabemos de algo, todos podemos dar una opinión o podemos tener buenas ideas, tenemos cultura política, cultura deportiva o algunos saben mucho de arte. Tenemos capital cultural acumulado y eso es parte de nuestro patrimonio social y del bienestar invisible. No somos para nada ignorantes, resultado de los niveles educacionales alcanzados. Los cubanos y las cubanas impresionamos por nuestra capacidad para conversar, para emitir ideas y criterios. Uno de los grandes problemas que tengo como psicóloga clínica, cuando atiendo a las personas, es que se me va el tiempo, porque estamos acostumbrados a conversar, algunos me traen una lista de cosas escritas para que no se les escape lo que desean decir. Estamos acostumbrados a regalarnos tiempo y eso es un lujo en los momentos actuales, cuando nadie tiene tiempo que ofrecer, donde en todas partes del mundo se vive el síndrome de la prisa.

 

En mis visitas a impartir docencia a países latinoamericanos, en los trabajos de estudios de familia que deben presentar en clases, los estudiantes presentan una realidad familiar-social que me deja perpleja, por la carga de problemas sociales acumulados, no solo en familias pobres, sino de cualquier clase social. Me doy cuenta, por lo que escucho, de que nosotros estamos a siglos de distancia, porque el tema no es económico, sino de ignorancia, de pobreza mental acumulada, de estigmas sociales, prejuicios de clase, de género, de raza, violencia contra la mujer, soluciones mágicas a los problemas sin fundamento científico, abuso sexual infantil, poligamia, taras genéticas por una sexualidad irresponsable o sexo entre parientes, todo ello son problemas cotidianos. Son los problemas asociados al desamparo social, a la ausencia de programas sociales de prevención. Para nosotros es excepción lo que para ellos es cotidiano.

 

Como profesora siento que nuestra población es culta y desarrollada, y lo vivimos sin apenas darnos cuenta y aunque lo cotidiano aparenta ser intrascendente, es el gran telón de fondo de la historia. Algunos jóvenes emigrados suelen darse cuenta de esta realidad social tan diferente con la que tienen que aprender a lidiar.

 

¿CÓMO POTENCIAR NUESTRO MODELO CUBANO DE BIENESTAR?

 

El nuevo modelo económico tiene, entre sus objetivos, incrementar la productividad. Con el nuevo modelo económico el gran desafío es fortalecer nuestra propuesta cubana de bienestar que representa una alternativa al anti-modelo dominante, una concepción que también comparten y reiteran prácticamente todos los pueblos indígenas del continente y del mundo y proviene de una larga tradición dentro de diversas manifestaciones religiosas. Todas estas visiones, incluida la cubana, es que el objetivo global del desarrollo, que no es tener cada vez más, sino ser más, no es atesorar más riqueza, sino más humanidad. Se expresa en su insistencia en vivir bien en vez de mejor, lo que implica solidaridad entre todos, prácticas de reciprocidad y el deseo de lograr o restaurar los equilibrios con el medio ambiente y a la vez mejorar las condiciones de vida de la población. Sin embargo, la mejora en las condiciones de vida no va a revertir sola los problemas de índole social que hemos acumulado. La dimensión económica no puede aislarse de las dimensiones sociales, culturales, históricas y políticas que otorgan al desarrollo un carácter integral e interdisciplinario, para recuperar como objeto fundamental el sentido del bienestar y del buen convivir.

 

No hay que ser un científico social para percatarnos de que, al margen de las condiciones de vida, en nuestro país existen muchas personas y familias que más que pobreza material ya tienen instalada la pobreza espiritual. Algunas familias tienen pobreza mental, expresada en sus estrategias de vida alejadas de los más elementales comportamientos decentes, en sus patrones de consumo distantes de la realidad de nuestro país, cercanos a la tenencia material superflua, en sus aspiraciones alejadas del bienestar común. Ahí radica la cultura de la banalidad y de la frivolidad propia del modelo hegemónico actual.

 

La acumulación de problemas materiales producto de la cruenta crisis económica de la década de los 90, ha deteriorado sustancialmente los valores a nivel social. Los valores no son solo principios, sino que deben ir acompañados de comportamientos, para que no pierdan su eficacia. Si desde las prácticas contradecimos los principios, pues estamos ante una crisis de valores.

 

Cuba no está ajena a las influencias hegemónicas del actual mundo unipolar y supuestamente global, hay que continuar tratando de construir un modelo de bienestar alternativo "a la intemperie", bajo todas las influencias que genera la colonización de la subjetividad, incluyéndonos, a pesar del efecto modulador de nuestras políticas sociales. En el mercado no valen los ideales, sino la capacidad de consumo, los no consumidores se vuelven seres humanos "no reconocidos", excluidos de todo tipo de reconocimiento social.

 

Existe hoy en el mundo una sobresaturación de información, algunas muy buenas, pero otras plagadas de mediocridad y superficialidad. Los medios de comunicación del actual modelo hegemónico fomentan la banalidad con tal de vender más. Somos atiborrados con entretenimientos, novelas, series y películas de violencia que tienen un poder de encantamiento increíble porque atrapan, pero se corre el riesgo de ser arrastrado al ocio y a la adicción (drogas, alcohol, sexo promiscuo, dinero fácil, juegos de azar, videojuegos).

 

Cuando Gandhi, Premio Nobel de la Paz, señaló los siete pecados capitales de la sociedad contemporánea se refirió precisamente al contexto global en el que nos encontramos inmersos: Riqueza sin trabajo, Placer sin conciencia, Conocimiento sin utilidad, Comercio sin moralidad, Ciencia sin humildad, Adoración sin sacrificio y Política sin principios.

 

Por lo general, la publicidad y el mercado asocian el bienestar al placer, al tener, al éxito, al estatus.

 

Es cierto que si no tenemos mucha cultura, la tendencia a pensar que en el tener está el bienestar y dejarnos atrapar por todas las propuestas de consumo crece como "hierba mala", es someternos a la ignorancia. La ética del ser requiere de una formación moral, una preparación, una educación familiar, en general una educación de mayor envergadura, y a eso es lo que tenemos que apostar como sociedad.

 

FOMENTAR LA SOLIDARIDAD SOCIAL

 

Con el fortalecimiento del trabajo por cuenta propia, la comunidad constituye el espacio vital de muchas familias. Familia-comunidad-organizaciones-trabajo se fortalecen en sus vínculos. Sin embargo, los nuevos escenarios constituyen una magnífica oportunidad para fortalecer la vida comunitaria, además de potenciar el trabajo en beneficio del bienestar común. Cuba aporta la diferencia en el sentido de solidaridad y responsabilidad social que hemos incorporado.

 

Se hace necesario potenciar una cultura solidaria y una responsabilidad social que sirva de antídoto a la penetración de la cultura del mercado. Es importante que la gente mantenga su eticidad solidaria, que no se fragmente el proyecto colectivo. Aunque el nombre, y no la idea del trabajo por cuenta propia sugiera una cierta desconexión social, que no representa nuestra ética solidaria.

 

FORTALECER EL ESPACIO COMUNITARIO

 

La familia y la comunidad han ganado en importancia en Cuba como escenarios de la vida en los tiempos actuales. Cuando algún visitante observa nuestro modo de vida comunitario, en ocasiones refieren que antes en su país se vivía así, pero hace más de diez años que ya se vive a "puertas cerradas" y a "casas vacías durante gran parte del día" Esto se debe, en su mayor parte, al surgimiento de nuevas tecnologías, a horarios laborales cada vez más extensos, a la frecuencia con la que cambiamos de trabajo y casa, y a ciudades cada vez más grandes y pobladas. El crecimiento exacerbado del individualismo está haciendo cada vez más difícil encontrar una sensación de comunidad. La comunidad ha sido reducida al núcleo familiar mínimo, y en estas circunstancias es muy fácil caer en el aislamiento, que conlleva a la soledad y la depresión, creando un gran colapso social, con resultados tan drásticos como incrementos en violencia, abuso de drogas y enfermedades mentales.

 

Cuando las personas de todas las edades, grupos sociales y culturas sienten que pertenecen a una comunidad tienden a ser más felices y saludables, y crean una red social más fuerte, estable y solidaria. Una comunidad fuerte aporta muchos beneficios, tanto al individuo como al grupo en sí, ayudando a crear una mejor sociedad en general. Nuestro gran desafío es que nuestras puertas no se cierren, que no perdamos la sensibilidad por los otros, por nuestro barrio y entorno, que sigamos preocupándonos por el bien común.

 

Las diferentes formas de inserción a la economía no han deteriorado sensiblemente el tejido social existente, no somos una sociedad estratificada en clases sociales, sino tejida en redes familiares, vecinales y sociales, mantenemos una ética solidaria.

 

Una aspiración importante es que en la comunidad se encuentren soluciones novedosas a muchos de los problemas sociales que tenemos basado fundamentalmente en esa visión de la comunidad como espacio potenciado en la solución de los problemas. Para ello se necesitará una mayor dinamización de la comunidad en su capacidad para influir en las problemáticas locales.

 

Es importante mantener la implicación de los ciudadanos en la vida social, preservar el cuidado de nuestros espacios, el respeto a los ancianos, los niños, las mujeres, las personas con alguna discapacidad y sobre todo, mantener la responsabilidad social en la educación de las jóvenes generaciones.

 

Tomando en consideración todos estos elementos, considero que tenemos una gran responsabilidad social de no perder nuestro modelo cubano de bienestar, que nuestro país cuenta con condiciones sin precedentes para marcar la diferencia, que es preciso continuar resistiendo a la colonización de la cultura y la subjetividad, que el gran desafío es seguir proponiendo otros modelos de ser humano y de colectividad que realmente indiquen caminos de verdadera humanización.

 

(Tomado de Kaos en la Red)

Publicado enInternacional
Martes, 20 Noviembre 2012 11:54

¿Por qué no estalla la sociedad?

[...] un niño de tres años con leucemia. Necesitaba un trasplante de médula ósea. El papá corría desesperado por los pasillos del hospital, buscando que la EPS se lo autorizara.

Cuando llegó adonde el gerente, éste le dijo: "No le voy a autorizar eso a su hijo, no me importa ir a prisión.

Me sale más barato ir tres días a la cárcel que autorizarle el trasplante.**

 

Las violaciones al derecho a la salud en nuestro país son reiteradas. Se cuentan por miles. En general, el servicio se presta a destiempo, de manera deshumanizada y con baja calidad, lo que trae de la mano el desarrollo de enfermedades y secuelas prevenibles y muertes totalmente evitables. Algunos casos recientes llaman la atención: el deceso del señor José Chíquiza, el pasado 17 de octubre, porque la EPS no le autorizó el proceso de diálisis; y la niña Ana María Forero, de 11 meses, que murió el 23 de octubre por diagnóstico y manejo inadecuado.

 

Pero las personas que sufren en carne propia la mala atención, se cuentan por miles. Esta realidad de violación a un derecho fundamental da paso a una necesaria pregunta: ¿Por qué en el país este volumen de hechos no conduce a la sociedad a enormes y sostenidas movilizaciones sociales por un sistema de salud de verdad público y universal, que lleven a transformar este aberrante estado de cosas en salud?

 

La respuesta a esta pregunta es clave para poder avanzar en otra dirección, bajo el entendido de que establecer un nuevo modo y un sistema de salud en el país solo será posible como producto de enorme presión social sobre quienes legislan y hacen tal política pública, habilitando un real proceso democrático, participativo, de la gente para que incidan en los procesos sociales y políticos de la salud. Por supuesto que no hay una única respuesta a esta pregunta porque la situación obedece a la historia y la complejidad de la sociedad colombiana. Arriesgo a describir un conjunto de razones como explicaciones a este fenómeno1:

 

Una primera razón se relaciona con la profundización del modelo neoliberal, asentado en el individualismo, que estima que cada individuo puede encontrar las soluciones en el mercado como producto de su propio esfuerzo, con lo cual se demeritan las acciones colectivas. Es un asunto que se expresa clara-mente en el campo de la salud, dada las características del modelo de asegu-ramiento individual que se implantó con la Ley 100.

 

Una segunda razón tiene que ver con el hecho de que el asunto del de-recho a la salud no es propiamente el que moviliza: la gente se mueve realmen-te cuando se enferma (entendiendo que la enfermedad es una condición personal, por cuanto se expresa en la corporeidad individual, y además suele ser una condición temporal), momento en que requiere ser asistida, y al no recibir servicios de atención busca actuar, pero más en el círculo personal-familiar que en el colectivo-social. Esa perspectiva se ve reforzada por el modelo de la Ley 100, que es de carácter curativo-individual y ha legitimado el criterio de que la salud es solamente un paquete de servicios (POS) que el individuo recibe como producto de una relación contractual con la EPS y la IPS.

 

Una tercera razón tiene que ver con la represión y la violencia ejercidas contra las organizaciones sociales que luchan por el derecho a la salud y con-tra sus líderes, y asimismo con las características de un sistema político excluyente y antidemocrático como es el colombiano. Son elementos de la trayectoria histórica de la nación que han repercutido sobre los niveles organizativos y de participación política. La penalización de la protesta, la desaparición forzada, el exilio o el asesinato de un dirigente social infunden miedo y parálisis en la movilización colectiva, convirtiéndose en un dispositivo de control de movilización y organización social.

 

Una cuarta razón se relaciona con la capacidad de manejo político que ejercen quienes defienden el modelo de Ley 100, principalmente las EPS. Al establecer alianzas con los sectores que deciden en el Ejecutivo y en el Legislativo de la nación, han ganado suficiente capacidad de crear importantes recursos de poder; disponen de cuadros técnicos de alto nivel que influyen en las decisiones claves en materia de salud; a través de investigaciones académicas y de un trabajo en medios de comunicación masivos han logrado promocionar el modelo como exitoso, cuyas dificultades, según ellos, son temporales y obedecen a situaciones de menor calado que pueden ser corregidas, y avanzan en instalar la idea de que la salud es un bien que se adquiere a través del aseguramiento, en el cual hay que demostrar capacidad de pago (sea directamente, sea porque se goza de un subsidio), con lo cual se despoja a la salud de su condición de derecho y se la sitúa como asunto más de orden individual que colectivo.

 

Esto, a la vez, contribuye a la naturalización de los hechos de injusticia en salud, que no desata la indignación necesaria requerida en la sociedad para que ésta no los acepte, se exprese y movilice ampliamente en contra de ellos, lo que explica parcialmente por qué la sociedad colombiana no está todavía en una real fase de indignación contra esta situación de salud.

 

Una última razón que se puede plantear aparece en el seno mismo de los procesos identitarios y organizativos, y se relaciona con sus recursos, formas de organización y articulación, formas de liderazgo, tipo de agenda política configurada, relación con la cotidianidad de las demandas y necesidades de salud de la gente. Allí hay debilidades y limitaciones que juegan a la hora de explicar la ca-pacidad de convocatoria y movilización. En ellas cabe destacar que los sectores sociales no han logrado establecer una agenda política suficientemente diversa, que posibilite arti-cular las particularidades y las necesidades de los diferentes sectores que pudieran confluir para constituir un movimiento social por la salud. Se actúa en un plano estratégico o en uno coyuntural, sin lograr la conjugación adecuada de estos dos niveles. Se adelantan prácticas que no consiguen ponerse en contacto con la gente. Se lanzan propuestas estructurales pero no se proponen ni se dan respuestas concretas a los problemas cotidianos de la salud de la gente. Aparecen liderazgos a partir de intereses específicos que no entienden suficientemente la importan-cia de las articulaciones entre los diversos sectores. Finalmente, se mezcla la idea de un proceso (la movilización social) con la de una instancia organizativa (movimiento o alianza). Esta situación organizativa lleva a sostener que a veces el surgimiento de una propuesta política, en un lugar político decisorio, puede ser el catalizador de un profundo proceso de cam-bio social, pero que no es suficiente si en la sociedad no se han constituido sujetos políticos encargados del encauzamiento de dichos cambios2.

 

La tutela en salud, expresión de resistencia ciudadana


Sin lugar a dudas, la mayor expresión de descontento con la situación de salud se expresa en el uso extensivo de la tutela por parte de la gente. En el lapso de una década (1999-2009), el derecho a la salud fue el más litigado en Colombia, con 775.102 casos, para exigir principalmente procedimientos de cirugía y medicamentos, el 60 por ciento de los cuales era parte del paquete contenido en el POS, es decir, que están financiados, por lo cual las EPS no debieran negarlos3.

 

Lo interesante de la tutela es que, cuando una persona se entera de que otra tuvo una situación igual o similar a la suya y la tutela le sirvió para resolver el problema, se decide a utilizarla, razón por la cual las organizaciones socia-les estimulan su uso mediante el establecimiento de redes de apoyo para la asesoría y el acompañamiento de los usuarios que quieran interponerla4. Igualmente, las tutelas llevan al desarrollo de jurisprudencia por parte del sistema judicial, convertida en decisiones que cobijan a los colectivos.

 

En este sentido, no se puede desconocer la tutela como una importante acción ciudadana, que puede interpretarse como una forma de resistencia al actual sistema de salud (por cuya razón no es gratuito que el Gobierno haya querido eliminarlo o restringirla al máximo), pero admitiendo a la vez que no logra convertirse en un dispositivo suficiente que profundice la indignación y la movilización social requeridas para detonar socialmente el rechazo al actual sistema de salud.

 

Incrementar la indignación y la acción social


Para avanzar en conseguir un nuevo sistema de salud en Colombia que sea garante de su derecho, se requiere pensar cómo se puede incrementar la movilización social, aspecto en el que la indignación debe jugar un papel preponderante. Es decir, nuestra sociedad debe expresar permanentemente su rechazo y movilizarse por cada hecho injusto en salud, que va desde la falta de atención, el maltrato en los servicios, hasta los de enfermedad y muerte, y el robo de los recursos públicos de la salud.

 

Se requiere fortalecer y ampliar las alianzas de los sectores sociales, académicos, gremiales y políticos proclives al derecho a la salud, que lleve a superar el particularismo, el protagonismo y la cooptación de un sector por otro. Pasar a una fase de reconocer claramente, luego de una lucha de 20 años, que si no se actúa conjuntamente no es posible un cambio de fondo al sistema de salud y las políticas sanitarias.

 

A la vez, se requiere estimular la articulación de la lucha del derecho a la salud con otros derechos, como el de educación, de pensión, de salud en el trabajo, de seguridad social, entre otros, entendiendo que la lucha social en el campo de los derechos humanos debe hacer efectivo que son integrales e interdependientes.

 

Dada la coyuntura actual y teniendo como referencia las experiencias de otros países, es preciso articular la demanda por el derecho a la salud como parte de una agenda más amplia de la sociedad (en el caso de Brasil, fue la articulación con la lucha por la democratización), que para Colombia puede ser el derecho a la paz, por lo cual se debe posicionar la salud dentro de las temáticas por discutir en el nuevo proceso de diálogo.

 

Por último, se debe considerar la necesidad de desarrollar una estrategia internacional de apoyo a la iniciativa de un nuevo sistema de salud en Colombia, que dé a conocer la real situación de salud en el país y le quite piso al respaldo internacional al actual modelo sustentado en la Ley 100.

 

* Por Mauricio Torres-Tovar, méédico salubrista público, presidente de la Asociación Internacional de Políticas de Salud.

 

** La crisis de la salud según El Espectador.com; 11 noviembre 2012.

1 Estas reflexiones son parte del trabajo de investigación sobre acción social colectiva por el derecho a la salud en Bogotá, que está recogida en el libro de mi autoría Lucha social contra la privatización de la salud, que se encuentra en prensa.

2 Gerschman, Silvia (1992). Movimientos sociales en salud: en la búsqueda de la reconstrucción social. En: Fleury, Sonia, organizadora. Estado y políti­cas sociales en América Latina, México, Universidad Autónoma Metropolita­na Xochimilco, pp. 255-275.

3 Lamprea, Everaldo (2011). La Constitución de 1991 y la crisis de la salud. Bogotá: Universidad de los Andes.

4 Echeverry, Esperanza (2009). Las organizaciones de usuarios: incidiendo en la construcción del derecho a la salud. Gerencia y Política de Salud Nº 8, diciembre, pp. 80-105.

 

Publicado enEdición N°186
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