Más de un millar de ciudades del mundo se suman a la revuelta generacional por el cambio climático

Las señales del impacto del cambio climático se agolpan alrededor del mundo. Y los jóvenes han dicho basta. Pertenecen a una generación que recibe como herencia un problema que ellos no han creado. Este viernes están saliendo a denunciarlo en más de un millar de ciudades del planeta (unas 50 en España). Protestan contra la inacción de los Gobiernos ante una crisis ambiental que ya no se puede revertir pero sí mitigar. La solución para que el calentamiento no tenga consecuencias tan devastadoras se conoce: eliminar los gases de efecto invernadero de la economía, según exponen la mayoría de los científicos.

"Los políticos no están haciendo lo suficiente", se lamenta desde Adelaida (Australia) Tomás Webster Arbizu, de 13 años. Este adolescente es uno de los miembros en su ciudad del movimiento Friday for Future, que se inspira en Greta Thunberg, la joven sueca que en agosto decidió parar todos los viernes como protesta por la falta de ambición de su país ante el calentamiento global.


Su gesto se fue contagiando a otros chicos a lo largo del planeta. Australia fue uno de los países en los que primero prendió la protesta. En noviembre se celebró una primera gran huelga. 15.000 personas participaron en las concentraciones, recuerda Webster por teléfono. Cuatro meses después, los organizadores esperan que se duplique la asistencia. Y ya no se trata de un movimiento de carteles cutres y lemas pintados de colores. Webster explica que tienen un listado de 30 peticiones concretas para su Gobierno. Enumera las más importantes: "Se debe impedir que se abra la mina de carbón de Carmichael, que sería la más grande del hemisferio sur. Se debe frenar la producción de combustibles fósiles en el país y en Australia en 2030 toda la energía debe ser renovable".


Mientras que en muchos países, como Australia, las protestas han sido ya masivas, en España las pocas concentraciones que se han celebrado apenas han reunido a algunos centenares de estudiantes. Y eso que, según el CIS de noviembre –que realizó varias preguntas sobre el cambio climático– parece que no hay muchas dudas sobre el problema. Hasta el 83,4% de los encuestados para ese sondeo sostuvo que existe el cambio climático y hasta un 93,4% de ellos consideró que la acción del hombre influye mucho o bastante en ese calentamiento.


La prueba de fuego para el movimiento será este viernes en España. Algunos datos parecen apuntar a la concienciación de los jóvenes. "En España, desde hace casi un año, en los estudios de opinión se ve que entre las principales preocupaciones los jóvenes figuran, además de la igualdad, el cambio climático", apunta Belén Barreiro, socióloga y directora de 40dB. Y esa preocupación disminuye cuanto mayor es la edad del encuestado, añade. Barreiro considera que este puede ser un rasgo distintivo de esa generación y que se puede achacar a que "se han socializado" en un mundo cargado de información sobre los efectos del cambio climático. "Cada vez la información es más clara sobre el cambio climático", añade Barreiro.


En los últimos años son incontables los estudios e informaciones sobre las señales del cambio climático. Y no se trata de avisos de lo que podrá ocurrir en el futuro, sino de lo que está ocurriendo ya. Por ejemplo, durante el último decenio se han dado en el planeta ocho de los 10 años más cálidos desde que hay registros fiables. Esos registros datan de finales del XIX, de la segunda Revolución Industrial, cuando se empezó a torcer la salud del planeta. En las zonas desarrolladas del mundo, gracias a los avances tecnológicos, el ser humano ha alcanzado un nivel de bienestar inédito. Pero el crecimiento se ha basado en unos combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas natural– que al quemarse liberan los gases de efecto invernadero que guardaban en su interior.


La masiva quema de esos combustibles, aunque arrancó con la Revolución Industrial, no se disparó hasta los años cincuenta del siglo pasado. “La gran aceleración se produce a partir de la II Guerra Mundial, cuando se dispara el consumo de combustibles fósiles, los daños ambientales, el uso de agua”, explica Amaranta Herrero, profesora de Sociología Ambiental en la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta docente e investigadora es una de las promotoras de un escrito de apoyo a la protesta de este viernes que han firmado unas 300 personas ligadas al mundo científico.


La alianza entre la ciencia y los jóvenes es otro de los rasgos diferenciadores de esta protesta. En Alemania –donde también se han producido nutridas manifestaciones en las últimas semanas– hasta 12.000 científicos han firmado un escrito similar. "Existe un desfase gigante entre el consenso científico sobre el cambio climático y la falta de acción de los políticos", señala la investigadora Herrero. "Desde la comunidad científica nos preguntábamos cómo no reaccionaba la sociedad. Hay un consenso científico brutal y hay que gritarlo", añade.

La ciencia señala, por ejemplo, a una concentración en la atmósfera de dióxido de carbono –el principal gas de efecto invernadero– que se ha disparado más de un 30% desde 1960. “Las pruebas del cambio climático actual son inequívocas (...) Desde 1880 la temperatura media de la superficie mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados”, recordaba esta semana el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La ONU advertía también del incremento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos –como inundaciones o sequías– asociados al cambio climático que ya se está produciendo.


"Estamos preocupadas por nuestro futuro. Nos hemos encontrado un mundo diferente al que se encontraron nuestras madres y abuelas", resume Gemma Barricarte, de 25 años y una de las estudiantes promotoras de las protestas en Barcelona.


La docente Amaranta Herrero, habla del concepto de "justicia intergeneracional" para referirse a este movimiento estudiantil que, como el cambio climático, es global. "Ellos no han causado el problema y se lo van a comer con patatas", añade.


"Los Gobiernos se comprometen a cosas y luego no cumplen", apunta Gemma Barricarte sobre los motivos de la protesta. Naciones Unidas ha vuelto a advertir esta semana de que los planes de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero que han propuesto los países no son suficientes. Se necesita que aumenten mucho más esos compromisos. "No vamos a parar hasta conseguirlo", dice esta estudiante catalana.

Por Manuel Planelles
Madrid 15 MAR 2019 - 04:05 COT
L

 

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Todo preparado para la gran rebelión estudiantil por el clima

Los estudiantes de educación secundaria y superior están llamados a un paro este viernes 15 de marzo en la primera gran huelga internacional contra el cambio climático y la falta de políticas para atajarlo.

 

La juventud se planta por su futuro. Es un lema válido para prácticamente cualquier reivindicación estudiantil pero en este caso se refiere, literalmente, a la posibilidad que ese futuro exista para esos jóvenes. “La ONU ya ha dictado que en 2030 tenemos que tener ya una serie de medidas drásticas o no habrá planeta que recuperar”, señala Irene Rubiera, portavoz de Fridays for Future Madrid. “No sé cuántos años van a tener Pablo Casado, Pedro Sánchez y toda esta gente en ese momento, pero sé que serán muy mayores y les importará todo mucho menos”. A ella le va la vida en ello: tiene 19 años.


La lista de eventos globales para la gran huelga estudiantil internacional programada para este viernes 15 de marzo, que tiene el fin de exigir a los gobiernos implementar medidas inmediatas y realistas para frenar el cambio climático y dejar el aumento de temperatura global medio a un máximo de 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales, ya supera las 1.300 convocatorias en más de cien países. A nivel estatal, son medio centenar las ciudades donde se han programado concentraciones y manifestaciones, según ha recopilado la plataforma Juventud por el Clima - Fridays for Future.


Es el colofón de un movimiento, Fridays for Future —los ‘viernes por el futuro’—, que tiene una impulsora y cara bien visible en Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años que comenzó todo esto cuando decidió dejar de asistir a clase para que el gobierno sueco redujera sus emisiones, y una herramienta clara: la huelga. “Como dice Thunberg, nosotros estamos ahora en clase estudiando para un futuro que no vamos a tener, así que es una manera de simbolizar que no vamos a estudiar para un futuro que no tenemos”, explica Rubiera.
Sin precedentes en Europa


En países como Alemania, Australia, Bélgica, Francia o Suiza, los paros y protestas de los viernes están siendo masivos desde hace un mes y han cosechado un éxito sin precedentes en algunos de ellos, más si cabe resaltando que las movizaciones son impulsadas y llevadas a cabo por jóvenes de secundaria que, de esta forma, están elevando la voz contra un problema que los adultos no parece que acaben de tomar demasiado en serio.


En España la iniciativa ha tardado algo más en arrancar, “quizá porque aquí tenemos menos tradición de asociacionismo juvenil”, opina Rubiera. Aunque hace dos meses un grupo de estudiantes se plantó ante la sede de la Generalitat de Girona, el pasado 1 de marzo se producía el primer Friday for Future convocado a nivel estatal, que conseguía tímidas protestas frente al Congreso —unas 500 personas en Madrid—, y en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, además de en otras ciudades como Girona, Málaga o Valencia.


Quince días después, organizado en apenas tres semanas y de forma telemática —”tenemos un grupo grande de coordinación nacional, otros de gente que trabaja en los institutos y otro de diseñadores de carteles”, cuenta la activista del nodo madrileño de la organización—, el movimiento pretende llegar mucho más lejos y multiplicar las protestas tanto en número de asistentes como de ciudades. Aquí, además, las universidades se han apuntado para unir fuerzas para defender el planeta, lo que supone un potente aliado del movimiento.
Escuchen a los científicos


Quien busque un decálogo de reivindicaciones, más allá del cumplimiento de temas básicos que la comunidad internacional apoya de palabra pero no de acción —como es el caso del malogrado Acuerdo de París o no sobrepasar, como dicta el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), los 1,5 ºC— no lo encontrará. “Solo pedimos una cosa, que escuchen a los científicos. Yo tengo 19 años y no sé cuáles son las medidas concretas para abordar el problema, pero sé que hay gente que ya las tiene y nosotros pedimos que se les escuche”, indica Rubiera.


La juventud llama a hacer caso a los científicos y estos devuelven el cumplido. Más de 12.000 de Alemania, Australia y Suiza presentaron este martes en Berlín un manifiesto por el que secundan la huelga juvenil. La lista con todos los nombres se entregará este viernes a los activistas alemanes, un país que cuenta con más de 180 protestas programadas para ese día.
Políticos, sin interés


Desde el movimiento ven con preocupación la falta de interés de los dirigentes españoles. “Nos preocupa que estando en campaña electoral no hablen mucho de esto”, indica la activista, “lo ven muy lejos, no ven que es un problema muy serio que hay que abordar de manera inmediata, y eso es un problema”.


Desde el ecologismo nos les faltan apoyos, también logísticos, aunque en Fridays for Future dejan claro desde el principio que es un movimiento apartidista y que no ha surgido de ninguna organización. La Alianza por el Clima, una federación internacional formada por 400 organizaciones, que ha expresado su agradecimiento y apoyo al movimiento, recuerda que “la evidencia científica señala al cambio climático como la principal amenaza para el planeta tierra y nuestros medios de vida, y que disponemos de un plazo tan limitado para frenarlo que todas las acciones cuentan”.


En España, Ecologistas en Acción, a través de un comunicado, remarca que “el compromiso de perseguir una ruta segura de descenso de las emisiones, capaz de limitar el incremento de la temperatura global por debajo en 1,5 ºC, es la única respuesta posible a las demandas de la activista climática Greta Thunberg”. Para la confederación, la ola de movilizaciones iniciada por la adolescente sueca “denuncia con claridad cómo los actores políticos tradicionales no han estado ni están a la altura del reto que supone cambio climático”. Asimismo, reclama a los partidos políticos, sindicatos, empresas y organizaciones que han mostrado su apoyo a la huelga “que canalicen su acuerdo con las movilizaciones juveniles planteando los cambios necesarios en sus propias entidades y asuman el cumplimiento de objetivos coherentes con las indicaciones del IPCC”.


También Greenpeace se ha volcado con los jóvenes, llamando a la movilización “la revolución de las tizas de colores” y animando a toda la sociedad “a sumarse y empujar por un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de ponernos manos a la obra para buscar soluciones. El tiempo es escaso y hay mucho trabajo que hacer”.


Desde Unidos Podemos también se apoyan la movilización, tal como aseguró su secretario de Organización, Pablo Echenique este miércoles. Equo, el partido verde enmarcado en la coalición, ha llamado a secundar la huelga y ha asegurado que apoyará “cualquier acción relacionada con la lucha contra el calentamiento global”.

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El New Deal ecológico pone en peligro de extinción a los dinosaurios del Congreso

En las últimas semanas, un vórtice polar que azotó Estados Unidos causó la muerte de al menos 20 personas. Al mismo tiempo, los científicos del gobierno estadounidense informaron que 2018 fue el cuarto año más caluroso desde que se lleva registro y que los últimos cinco años han sido los más cálidos de la historia reciente.

Un enorme agujero en uno de los glaciares más grandes de la Antártida está causando un derretimiento acelerado, mientras que, en todo el continente, grandes lagos de agua de deshielo se desplazan y amenazan con hacer colapsar estas vastas capas de hielo, lo que conduce a un rápido aumento del nivel del mar en todo el mundo. El derretimiento de los glaciares del Himalaya genera riesgo de inundaciones y problemas en el suministro de agua que podría afectar a decenas de millones de personas.
A modo de prueba de que el planeta está experimentando lo que se ha llamado “la sexta gran extinción”, un análisis reciente de datos científicos concluyó que el 40% de los insectos del mundo están al borde de la extinción.


Ante todo esto, ¿cuál fue la respuesta del presidente Donald Trump? En medio de la ola de frío extremo causada por el vórtice polar, tuiteó: “¿Qué diablos está pasando con el calentamiento global? Por favor, vuelve pronto, ¡te necesitamos!”. Pero, pese a todo, hay esperanzas. Dos demócratas, la representante de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez y el senador de Massachusetts Ed Markey presentaron una resolución en el Congreso que establece “el deber del gobierno federal de crear un New Deal ecológico”. La Resolución 109 de la Cámara de Representantes tuvo una notable cifra de 67 copatrocinadores en esta cámara, todos demócratas, y se ha enviado a once comités distintos de la Cámara de Representantes para su consideración.


Al anunciar la presentación de la resolución, Ocasio-Cortez expresó: “Hoy es el día en que realmente nos embarcamos en una agenda integral de justicia económica, social y racial en Estados Unidos de América. El cambio climático y nuestros desafíos ambientales son una de las mayores amenazas existenciales para nuestra forma de vida; no solo a nivel nacional, sino mundial”.


El New Deal ecológico hace referencia al New Deal original, esto es, el contundente plan de gobierno implementado en Estados Unidos por el presidente Franklin Delano Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión de 1929. Además de imponer una serie de políticas regulatorias para restringir el poder de los grandes bancos que fueron en gran parte responsables del colapso financiero, el New Deal permitió al gobierno federal contratar directamente a millones de trabajadores para hacer todo tipo de tareas, desde construir carreteras y puentes hasta escribir poesía. También se creó el sistema de Seguridad Social para proteger a los ancianos de los estragos de la pobreza. Desde entonces, el New Deal se ha vuelto sinónimo de una intervención a gran escala del gobierno para resolver problemas grandes y aparentemente inabordables con éxito.


Las resoluciones paralelas del Senado y la Cámara de Representantes presentadas por Markey y Ocasio-Cortez —quien es conocida como “AOC” por sus partidarios— son un llamado a la acción para que el Congreso elabore leyes que implementen un auténtico New Deal ecológico, que pueda cambiar rápidamente el curso económico del país a otro que sea alimentado por energía renovable, de una manera limpia, justa y equitativa.


Anderson Cooper, presentador de la CNN, le preguntó a Alexandria Ocasio-Cortés en el programa “60 Minutos” acerca de la propuesta: “¿Se refiere a que todo el mundo tendrá que conducir un automóvil eléctrico?”. La representante respondió: “Se van a necesitar muchos cambios rápidos que ni siquiera concebimos como posibles en este momento. ¿Cuál es el problema de tratar de llevar nuestra capacidad tecnológica lo más lejos posible?”


Cooper también la interrogó sobre el costo de llevar a cabo un New Deal ecológico que, en parte, AOC propone financiar con un aumento del impuesto marginal a los súper ricos: una tasa impositiva del 70% sobre los ingresos obtenidos por encima de los diez millones de dólares, por ejemplo. Varias encuestas nacionales insinúan un fuerte apoyo a tal impuesto.
Si bien casi todos los aspirantes demócratas a la presidencia han abrazado el New Deal ecológico, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, se burló del plan al responder la pregunta de un periodista sobre la posibilidad de que la propuesta sea tratada en el Congreso: “Será una de varias o, quizá, de muchas sugerencias que recibamos. El sueño ecológico, o como lo llamen; nadie sabe lo que es, pero están a favor, ¿no?”


Después de que el senador Markey presentara su resolución ecológica, el líder de la mayoría del Senado, el republicano Mitch McConnell, declaró a los medios: “Vamos a votar sobre la propuesta en el Senado para darles a todos la oportunidad de dejar asentadas sus declaraciones”. McConnel, junto con el Partido Republicano, están calculando que un voto a favor podría perjudicar políticamente a los demócratas que están actualmente en funciones cuando llegue el momento de su reelección.


Pero McConnell está equivocado. La mayoría de los estadounidenses cree que el cambio climático es real, que representa una amenaza para la humanidad y que hay que hacer algo al respecto. Es hora de que los dinosaurios del Congreso y la Casa Blanca se desprendan de los combustibles fósiles y apoyen el New Deal ecológico, o se enfrenten a la extinción.

Columna15 de febrero de 2019
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sábado, 16 Febrero 2019 06:12

La industria petrolera y la geoingeniería

La industria petrolera y la geoingeniería

La industria de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) ha estado siempre en la vanguardia de la negación del cambio climático: son sus principales culpables e intentan así desviar la atención sobre su responsabilidad. Un notable reporte de investigación, Combustible al fuego ( Fuel to fire), publicado esta semana por el Centro Internacional de Derecho Ambiental (CIEL, por sus siglas en inglés), muestra además que desde hace décadas impulsan la manipulación tecnológica del clima, o sea, la geoingeniería. Ésta no es, como plantean sus promotores científicos, una medida de emergencia frente a la crisis climática, sino una forma de asegurar la permanencia de los combustibles fósiles y, con ello, de empeorar el cambio climático (https://tinyurl.com/y4gjzbys).

Es conocido que las petroleras impulsan y controlan las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés). Además, también han estudiado muchas otras formas de geoingeniería, incluyendo la modificación de la radiación solar, en pos de proteger sus ganancias y seguir sus actividades con altas emisiones de dióxido de carbono, argumentando que se puede contrarrestar el calentamiento global bajando la temperatura y retirando el exceso de carbono de la atmósfera, lo cual también son negocios adicionales para la misma industria, que creó el problema.

El informe del CIEL revela que ExxonMobil, Shell, BP, Total, Chevron y otras tienen intereses, patentes e investigación en todas las formas de geoingeniería e incluso algunas han sido pioneras en investigarlas. Exxon, por ejemplo, investigaba desde la década de 1940 formas de modificación del clima, como por ejemplo cubrir áreas con asfalto para aumentar la absorción de calor con la idea de provocar lluvia en otras zonas.

James F. Black, uno de los investigadores de Exxon que participó en ese proyecto, tuvo también un papel clave en la investigación de la empresa sobre cambio climático y dióxido de carbono en las décadas siguientes.

Desde la década de 1940, las mayores petroleras han hecho investigación sobre el clima –tanto para proteger sus inversiones como para entender sus impactos–. Cuando el debate sobre cambio climático empezó a generalizarse, tenían amplia información para construir formas de negar el fenómeno y evadir su responsabilidad.

Complementariamente han investigado, promovido y cabildeado el desarrollo de una amplia gama de técnicas de manipulación del clima, tanto técnicas de remoción de dióxido de carbono, por ejemplo, plantaciones para bioenergía, captura directa de aire (ambas, combinadas con CCS), alcalinización del mar y fertilización oceánica, como técnicas de geoingeniería para alterar la radiación solar que llega a la Tierra. Entre estas últimas, crear y blanquear nubes marinas para reflejar el sol o inyectar sulfatos en la estratósfera para bloquear los rayos del Sol, imitando el efecto de las nubes volcánicas, todas con la intención de bajar la temperatura.

El informe aporta numerosos datos y nombre de científicos y cabilderos de la industria petrolera que han tenido enorme influencia en las políticas de Estados Unidos sobre energía y cambio climático para impedir el desarrollo de políticas de energías renovables y para promover la geoingeniería, tanto bajo la administración de Barack Obama como en la actual. El propio director ejecutivo de Exxon, Rex Tillerson, pasó de ese cargo a secretario de Estado con Trump hasta 2017. La existencia de opciones de geoingeniería justifica, según éstos, que no es necesario hacer recortes en las emisiones.

Uno de los más activos proponentes científicos de la geoingeniería es David Keith, de la Universidad de Harvard. Argumenta que son medidas que deben prepararse frente a la inacción climática. En 2017 presentó el proyecto ScoPex, experimento para diseminar partículas reflejantes del Sol, a realizarse en Arizona o Nuevo México, probablemente en territorio indígena. Sería el primer experimento a cielo abierto de manejo de la radiación solar. Más que un experimento científico, ScoPex es punta de lanza para comenzar con experimentos de geoingeniería solar y posteriormente su desarrollo a gran escala.

Keith se presenta como científico, pero es simultáneamente fundador y accionista de Carbon Engineering, empresa comercial de remoción de dióxido de carbono con la técnica de captura directa de aire. El carbono es usado para hacer combustibles sintéticos. El reporte del CIEL muestra que esto no remueve el carbono de la atmósfera, sino, incluso, por su alta demanda energética, podría emitir más. En enero 2019 las petroleras Chevron y Occidental Petroleum se sumaron como inversores a esa empresa, que fue financiada inicialmente por Bill Gates, entre otros.

Es una muestra de lo que plantea el informe: hay una línea de continuidad entre la industria de combustibles fósiles, sus excusas para seguir extrayendo petróleo, gas y carbón y todas las formas de geoingeniería.

La creciente consideración de geoingeniería en informes y negociaciones internacionales sobre cambio climático debe cuestionarse radicalmente, a la luz de que en lugar de paliar los síntomas la geoingeniería es un argumento para posponer la necesaria reducción de emisiones.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC.

Sobre geoingeniería y sus impactos, ver el libro Geoingeniería: El gran fraude climático, de Grupo ETC y Fundación H. Boell, http://tinyurl.com/ycljetdf

 

Trasnacionales deforestarán vasta zona de Brasil

Brasilia. Seis grandes comerciantes de materias primas, incluidos Cargill Inc y Bunge Ltd, acordaron un mecanismo común para monitorizar las cadenas de suministro de soya en busca de deforestación en la vasta sabana de El Cerrado, según un comunicado publicado ayer.

El Cerrado cubre aproximadamente un cuarto del territorio de Brasil, el segundo bioma más grande del país después de la selva amazónica. Sus plantas hunden profundas raíces en el suelo, por lo que hace que se compare la zona con un bosque al revés, formando un importante sumidero de carbono, cuya preservación es vital para la lucha contra el calentamiento global.

Las compañías que pertenecen a la red Soft Commodities Forum, que firmaron el acuerdo para controlar sus cadenas de suministro de soya en El Cerrado, incluyen a Archer Daniels Midland, Cofco International, la unidad de agricultura Glencore y Louis Dreyfus Company.

Las empresas acordaron detallar la cantidad de soya que proviene de El Cerrado y las compras realizadas en los municipios con mayor riesgo de deforestación.

Los primeros hallazgos serán presentados en junio. La declaración no dice que las compañías hayan acordado poner fin a la deforestación en El Cerrado.

"Estamos tratando de enfrentar el desafío de alimentar a la creciente población del mundo de manera sostenible", aseveró el presidente ejecutivo de Louis Dreyfus, Ian McIntosh, según el comunicado.

"Esto significa ser conscientes de la preservación del medio ambiente, incluidas las áreas de importancia para su biodiversidad. El bioma El Cerrado es una de esas áreas, donde se debe hacer todo lo posible para garantizar que cualquier expansión agrícola ocurra de la mano con la preservación de la vegetación nativa."

Aproximadamente la mitad del bosque nativo del bioma y otra vegetación han sido destruidos en los pasados 50 años, con tierras recién despejadas que alimentan el auge de la soya en Brasil. El país es el mayor exportador global de la oleaginosa.

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La revuelta escolar calienta el debate ambiental en el corazón de Europa

Las huelgas de estudiantes llevan el cambio climático a la agenda del Gobierno belga


Bélgica está sorprendida. Sus adolescentes se han lanzado a la huelga en los institutos y en esta ocasión no piden tasas educativas más bajas ni oportunidades de empleo al salir de las aulas. Desde hace tres semanas, miles de estudiantes de secundaria y bachillerato han dejado de asistir a clase los jueves y desfilan por las calles de Bruselas escoltados por la policía con un objetivo altruista: reclamar medidas efectivas contra el cambio climático. El crecimiento de la protesta es exponencial. El 10 de enero fueron 3.000 manifestantes, luego 12.500 y la pasada semana 35.000.


En la mañana de este jueves vuelven a estar convocados, esta vez en la Estación del Norte de la capital belga, donde alumnos de todo el país se reunirán para una nueva demostración de fuerza. La cuestión climática ha aglutinado en Bélgica un descontento generacional tan poderoso como inesperado. Su potencia en la calle se ha vuelto imposible de ignorar. Y ha llevado la ecología a la agenda del primer ministro, Charles Michel, obligado a explicar en qué ha contribuido su Gobierno a frenar el deterioro del planeta. “Hemos hecho mucho, pero quizá no lo hemos sabido explicar demasiado bien”, justificó en el diario Le Soir.


Como en tantos otros movimientos, las redes sociales han sido claves en la organización de las marchas. ¿Por qué ahora? Una joven sueca tiene parte de culpa. A sus 16 años, Greta Thunberg inició en su país una protesta para apelar a los políticos a actuar contra los efectos del cambio climático. Decidió dejar de ir a clase los viernes y dedicar ese tiempo a sentarse ante el Parlamento con un cartel que rezaba “huelga escolar por el clima”. Su gesto no pasó inadvertido. Fue invitada a intervenir en la cumbre del clima de Katowice, y luego en el Foro Económico de Davos. Una frase demoledora lanzada a la cara de los líderes mundiales en la ciudad polaca terminó por convertirla en un icono para los defensores del planeta: “Estáis robando el futuro a vuestros hijos”.


Esa lúgubre advertencia impregna el movimiento en Bélgica. La flamenca Anuna de Wever, de 17 años, vio a Thunberg abochornar a los mayores y se propuso imitarla. Grabó un vídeo llamando a la huelga escolar por el clima y pronto se hizo viral en Facebook. Tras su llamamiento en redes sociales, su vida ha adquirido un ritmo frenético. El domingo intervino al término de una marcha contra el cambio climático en Bruselas en la que participaron 70.000 personas. Se ha reunido con ministros. Aparece en televisión. Está escribiendo un libro. Y ayer viajaba en tren a Bruselas desde su Flandes natal para acudir a una reunión en el Parlamento belga. Desde su asiento en el vagón, explicaba por teléfono el sentir de su generación sobre el deterioro del planeta. “Los jóvenes están muy asustados. Por eso, cuando conocí el movimiento de Greta Thunberg, me inspiró y me dije que tenía que hacer lo mismo en Bélgica. Pensé que podía ser una revolución que nuestra generación luchara en cada país”. ¿Cuándo pararán las huelgas? “Cuando el Gobierno consensúe un plan de acción contra el cambio climático con expertos”, contesta De Wever.


Para el sociólogo Johan Tirtiaux, de la Universidad de Namur, si el Ejecutivo quiere contentar a los escolares debe evitar la autocomplacencia y dar una respuesta ambiciosa y concreta, perceptible en el día a día. “El sentimiento general es que se hace poco”, alerta. Tirtiaux dirigió en 2016 un macroestudio sobre las inquietudes de los jóvenes de entre 18 y 34 años basado en 30.000 entrevistas. El medio ambiente apareció como la primera preocupación por delante del acceso al empleo y la calidad del sistema educativo. Un síntoma del malestar que hoy empuja a las calles a los hijos, sobrinos o hermanos pequeños de los que respondieron.


Descolocados ante la corta edad de los manifestantes, hay quien ve en el movimiento una mera excusa para perder clase. "No creo en la caricatura de que sean vagos que no quieren ir al colegio", rebate Tirtiaux. El sociólogo ve muy ambicioso que puedan mantener el poder de convocatoria actual cada jueves, aunque una protesta muy diferente, la de los chalecos amarillos, suma 11 sábados seguidos en las calles de París. Aún así, Tirtiaux cree que no hay que subestimar el aviso de los adolescentes. "Hay que tomar en serio ese sentimiento de declive. Esta generación ha crecido en medio de un discurso de crisis muy fuerte. Un relato de que todo se deteriora e incluso será peor para sus hijos y nietos".


Habitualmente desconectados del debate político, la fuerza con que el mensaje de la joven Greta ha conectado con adolescentes de todo el mundo tiene pocos precedentes. Sin llegar a las altas cifras de asistentes de Bélgica, ha habido marchas similares en Alemania, Australia, Canadá o Suiza. De Wever confía en que el fenómeno se vuelva global: “Quiero animar a todos los estudiantes a sumarse. Es importante que hagamos esto juntos”.

 

Por ÁLVARO SÁNCHEZ
Bruselas 30 ENE 2019 - 18:05 COT

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Sábado, 22 Diciembre 2018 07:15

Conferencia de cambio climático en Polonia

Conferencia de cambio climático en Polonia

LA CUMBRE INTERNACIONAL del Clima (COP 24) concluyó el fin de semana pasada en la ciudad carbonífera polaca de Katowice con algunos pasos hacia adelante y muchos hacia atrás.

 

Entre los avances se puede citar que adoptó mecanismos para poner finalmente en marcha los acuerdos de París sobre cambio climático de 2015, pero en vez de obligar a los estados a cumplir esos acuerdos, se limita a “sugerirles” que los apliquen. Unos 200 países firmaron la declaración final de la cumbre polaca, pero se sabe que en 2020 Estados Unidos, uno de los mayores contaminantes del mundo, ya no formará parte del acuerdo adoptado en la capital francesa, y se presume que otro gran defensor de las energías fósiles y negador del cambio climático, como el brasileño Jair Bolsonaro, seguirá los pasos de su admirado Donald Trump y también se retirará del pacto. Grupos ecologistas hicieron notar además que la cumbre se vació en su tramo final de representantes políticos, en especial de los mayores emisores de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global, lo que llevó a que el plenario final no tuviera la fuerza necesaria para adoptar decisiones acordes con la ambición proclamada de los impulsores de la cumbre.


El Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático, que elaboró un informe para la cumbre de Katowice, señaló en el texto que para alejar el peligro de un calentamiento, a la larga letal, del planeta, el aumento global de las temperaturas debería limitarse a un máximo de 1,5 grados hacia fines de siglo. Para ello los países más contaminantes deberían reducir en 2030 al menos 50 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero, con respecto a 2010.


“La tendencia actual es exactamente la contraria: la temperatura ya aumentó un grado centígrado respecto de la era preindustrial, y las emisiones de gases de efecto invernadero se dispararon un 2,7 por ciento en 2018. Este dato científico, considerado como la base de toda la acción política, fue no obstante cuestionado en la COP 24 por un pequeño grupo de países liderado por Estados Unidos”, señala una nota publicada en la revista digital española Elsalto. Y agrega: “El núcleo de la cumbre giró sobre el cuestionamiento que las potencias petroleras (Arabia Saudita y Estados Unidos) realizan a los informes científicos, mientras que los estados más vulnerables al cambio climático han sido ninguneados. En el seno de la Unión Europea se ha evidenciado la división entre aquellos países que presionan para reducir aun más los compromisos con la lucha climática y los que obvian que los efectos del cambio climático situarán una gran parte de los ecosistemas europeos en riesgo de desaparición”.


“Hubo una falta de respuesta sorprendente al informe del IPCC. ¡Los países no pueden reunirse para decir que no pueden hacer nada más!”, comentó Jennifer Morgan, de Greenpeace International, citada por la agencia AFP.


Según una nota del domingo pasado de esta agencia francesa, “el manual adoptado por la COP 24 incluye las cuestiones de transparencia, un asunto clave porque permite a los países controlar que el resto cumple con su parte en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. También concede una cierta flexibilidad a los países en desarrollo”. Pero en la cumbre los países ricos no concretaron sus promesas de ayudar con unos 100.000 millones de dólares antes de 2020 a los más pobres para que “prosigan su camino hacia una transición ecológica”, según se apunta en la declaración.

 

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En la cumbre de la ONU sobre cambio climático, la juventud es la que indica el camino

KATOWICE, Polonia — Cerca de 15.000 personas se han dirigido a Katowice, en el corazón de la región carbonífera de Polonia, con motivo de la cumbre anual sobre cambio climático de la ONU. Este encuentro se llama “COP24” por ser la 24ª “Conferencia de las Partes” para las negociaciones sobre el cambio climático. Los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global han estado en marcha desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992. Entre las personas que se congregaron en Katowice se encuentran dos jóvenes mujeres, del norte y del sur del mundo, que han decidido dedicar sus vidas a revertir la destructiva adicción de la humanidad a los combustibles fósiles; con suerte, antes de que sea demasiado tarde.

“Dado que nuestros líderes se están comportando como niños, nos toca a nosotros asumir la responsabilidad que deberían haber asumido ellos hace mucho tiempo”. Con estas palabras se dirigió al Secretario General de la ONU, António Guterres, la semana pasada, Greta Thunberg, una activista sueca por la justicia climática de 15 años de edad.
Greta comenzó a estudiar el tema del cambio climático cuando tenía 9 años. En una entrevista para Democracy Now! durante la COP24 dijo “[Con el tiempo] caí en una depresión. Sentía que vivir no tenía sentido porque todo estaba tan mal”. La joven dejó de comer y de hablar. Su padre, actor, y su madre, una cantante de ópera de fama mundial, dejaron de trabajar para quedarse con ella y la cuidaron durante este difícil período hasta su recuperación. La activista reflexionó: “Pensé que podía hacer mucho con mi vida. ¿Cuál era el punto de sentirse así, cuando en realidad podía hacer algo bueno?”


Greta tiene síndrome de Asperger. A causa de esto, ella expresó: “Yo funciono de una forma un poco distinta a los demás. Veo las cosas en blanco y negro. Entonces, supongo que pude ver el mundo con una perspectiva diferente”.


En agosto de este año, Greta comenzó una “huelga estudiantil”. Se manifestaba frente al Parlamento sueco en lugar de ir a clases. Después de las elecciones que se llevaron a cabo en Suecia en septiembre reanudó sus clases, aunque sigue haciendo huelga los viernes.


Kevin Anderson, reconocido científico experto en clima, tuiteó: “Sobre el cambio climático, Greta Thunberg demuestra más claridad y liderazgo en un solo discurso que las contribuciones a lo largo de un cuarto de siglo de los llamados líderes mundiales. La ignorancia deliberada y la mentira han dejado pasar un aumento del 65% en las emisiones de dióxido de carbono desde 1990. Es hora de entregar la batuta”.


Cerca de la medianoche del miércoles, Greta Thunberg se dirigió a una sesión plenaria de la COP24: “Nuestra civilización está siendo sacrificada en favor de que una cantidad muy pequeña de personas siga haciendo enormes sumas de dinero. Nuestra biosfera está siendo sacrificada para que las personas ricas en países como el mío puedan vivir en la opulencia. Es el sufrimiento de muchos el que paga los lujos de unos pocos”.


Joanna Sustento es una filipina de 26 años de edad que, como sobreviviente del cambio climático, conoce demasiado bien ese sufrimiento. En un video de Greenpeace Filipinas, Joanna describe lo que sucedió el 8 de noviembre de 2013, cuando el tifón Haiyan azotó su ciudad natal, Tacloban: “Tenía una vida feliz, un buen trabajo, buenos amigos y una familia maravillosa. Pero en cuestión de minutos, todo eso cambió”.


En una entrevista para Democracy Now! en Katowice, Sustento relató: “El tifón Haiyan mató a más de 10.000 personas y dejó a más de 14 millones de personas sin hogar. Fui testigo de cómo mi madre, mi padre, mi hermano, mi cuñada y mi sobrino de 3 años fueron arrastrados por la marejada ciclónica. Quedamos mi hermano y yo para buscar los cuerpos de nuestra familia tras el paso de la tormenta. No logramos encontrar a nuestro padre ni a nuestro sobrino. Es difícil ser quien queda atrás. Tenemos que lidiar con todas las preguntas, el duelo, el dolor y el remordimiento”.


Joanna Sustento habló también sobre la iniciativa –primera en su tipo– que llevaron adelante en Filipinas para responsabilizar a las grandes corporaciones contaminantes, las llamadas “Gigantes del carbono”: “Shell, BP, Chevron, ExxonMobil, Suncor, Lukoil… hay 90 grandes corporaciones en todo el mundo, pero solo 47 de ellas están presentes en Filipinas. Esta petición fue presentada en 2015 por sobrevivientes del tifón, pescadores, agricultores y otras organizaciones ambientales ante la Comisión de Derechos Humanos de Filipinas para investigar a estas 47 empresas de petróleo, carbón y gas por su responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos resultantes del cambio climático”.
Al igual que Greta Thunberg, Joanna Sustento está comprometida con la lucha por la justicia climática a largo plazo: “Veo que hay mucho poder en la gente. El pueblo tiene mucho poder para generar esa presión hacia nuestros gobiernos y corporaciones, para cambiar el sistema actual”.


Greta concluyó su testimonio ante la sesión plenaria del miércoles por la noche con las siguientes palabras: “Se han quedado sin excusas y se nos está acabando el tiempo. Hemos venido para hacerles saber que el cambio se producirá, les guste o no. El verdadero poder le pertenece al pueblo”.


En la COP24, celebrada en un centro de conferencias ubicado sobre una antigua mina de carbón, en una parte del mundo que ha sido testigo de los peores estragos de la guerra, los jefes de Estado reunidos aquí, así como sus representantes en las negociaciones sobre el cambio climático deberían escuchar las palabras de estas dos jóvenes sabias.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 12 Diciembre 2018 06:58

La cultura de los gases de efecto invernadero

La cultura de los gases de efecto invernadero

En 1992, la Organización de las Naciones Unidas organizó una conferencia cumbre sobre desarrollo y medio ambiente en Río de Janeiro. El resultado tangible más importante fue la firma de la Convención marco sobre Cambio Climático (Unfccc, por sus siglas en inglés). Es el tratado internacional más importante sobre cambio climático. La conferencia de las partes que se lleva a cabo en Katowice, en el corazón de la región productora de carbón en Polonia, es el último episodio de lo que cada vez más se parece a una trágica comedia de errores.

Mientras la comunidad científica publica informes cada vez más alarmantes, los gobiernos de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI) pretenden mantener negociaciones serias sobre la forma de evitar la catástrofe final. Las conferencias de las partes de la Unfccc se suceden año tras año sin que se tenga un instrumento confiable para la reducción de emisiones de GEI. La COP24 reunida en Katowice se desarrolla ante un telón de fondo ominoso.


De todas las fuentes de energía, el carbón es la que más GEI produce. Y Silesia, en Polonia, es la principal región productora de carbón en ese país. Así que no sorprende que los delegados puedan contemplar en el vestíbulo del centro de convenciones de Katowice pedazos de carbón desplegados como piezas de arte detrás de llamativas vitrinas. También se puede apreciar una exposición de joyería incrustada en carbón y cosméticos a base de hulla. Los asistentes a la COP24 pudieron también disfrutar de un concierto ejecutado por la banda de mineros del carbón. Los organizadores de la conferencia creyeron que era un buen momento para celebrar la cultura del carbón y las emisiones de gases invernadero.


Al mundo industrializado se le ocurrió otra forma de celebración: en los pasados dos años las emisiones de gases de efecto invernadero han vuelto a incrementarse después de cuatro años de haberse estabilizado. Estábamos mal, pero ahora estamos empeorando. Para confirmar lo anterior, en su discurso de apertura de la COP24, el presidente de Polonia, Andrzej Duda, señaló que su país tiene reservas de carbón para dos siglos. “Será difícil no utilizarlas”, sentenció.


Cuando se firmó la Unfccc en 1992, nadie preguntó si la estructura y dinámica de la economía mundial permitirían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estaban comenzando los años de lo que Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, llamó la “gran moderación”, anunciando una época de estabilidad macroeconómica y crecimiento. Mientras se consolidaba el neoliberalismo, se cantaban loas a la globalización.


En 1997 se firmó el Protocolo de Kioto, que estableció un mercado de cuotas transferibles de carbono como mecanismo para reducir las emisiones de GEI. Las fuerzas del mercado eran el nuevo dios y la idea implícita era que la globalización neoliberal conduciría a evitar el cambio climático. El tratado terminó en el fracaso, pero inauguró una senda peligrosa de complacencia y de falsas soluciones.
En aquellos años la economía mundial ya mostraba una desigualdad que sería muy difícil revertir. Debajo de la aparente tranquilidad se estaban gestando las tormentas de una nutrida serie de crisis económicas que mostrarían que la inestabilidad del capitalismo era real. Pero el mensaje no sería escuchado. Todo siguió igual en las negociaciones sobre cambio climático y en otras conferencias de Naciones Unidas sobre los objetivos del milenio o respecto de las metas de desarrollo sustentable. Nadie cuestionaba las distorsiones, desequilibrios, desigualdad y el predominio del sector financiero.


En 2012 se llevó a cabo la conferencia en Río de Janeiro sobre desarrollo sustentable. Se suponía sería la celebración de “Río+20”. En plena debacle financiera global, el documento final ni siquiera menciona la palabra crisis. Hasta propuso que las inversiones necesarias para alcanzar las metas del desarrollo sustentable podrían provenir del sector financiero. En el colmo del engaño, el documento alardeaba estar basado en un modelo matemático de simulación de la economía global, en el cual ni siquiera se mencionaba al sector financiero.


Hace un mes el banco Credit Suisse (www.credit-suisse.com) dio a conocer su informe sobre riqueza y desigualdad en el mundo. Las cifras son aterradoras: 10 por ciento de habitantes del planeta posee 85 por ciento de la riqueza global. Según el texto, la concentración de riqueza y poder económico no tiene paralelo en la historia: uno por ciento de habitantes del planeta concentra 50 por ciento de la riqueza global. Lo más importante no aparece en el informe de este poderoso banco: las fuerzas económicas desatadas bajo el neoliberalismo son las responsables de esta desigualdad y se están encargando de intensificarla. Son las mismas fuerzas que se oponen a la descarbonización de la economía mundial. Su marco de política económica impide la transición energética hacia una economía alejada de los combustibles fósiles.


Twitter: @anadaloficial

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Elecciones intermedias revelan el "estado de depravación moral" en EU; partidos ignoran dos amenazas clave: clima y guerra nuclear: Chomsky

Nueva York. El lingüista y analista político Noam Chomsky consideró que las recientes elecciones intermedias en Estados Unidos revelaron una vez más el profundo "estado de depravación moral" que prevalece en las instituciones políticas en este país.

En entrevista publicada en el sitio de información TruthOut, Chomsky insistió en que esta depravación se reveló por el hecho de que en las campañas electorales se ignoraron casi por completo las dos amenazas existenciales inminentes para la humanidad: la catástrofe ambiental y la guerra nuclear.

"Hubo muchas críticas al gobierno de (Donald) Trump, pero apenas una palabra acerca de las posiciones más siniestras que ha tomado: aumentar la ya terrible amenaza de la guerra nuclear y competir para destruir el entorno físico que necesita la sociedad humana organizada para sobrevivir", expuso.

Entrevistado por el académico C.J. Polychroniou, el intelectual estadunidense afirmó que los temas fueron ignorados, pese a que suponen las preguntas más críticas y urgentes que han surgido en toda la historia humana.

Trump cuestiona a la CIA

El jefe de la Casa Blanca cuestionó que agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hayan concluido que el príncipe de Arabia Saudita, Mohammed bin Salmán, ordenó el asesinato del periodista crítico de la familia real, Jamal Khashoggi, cometido el pasado 2 de octubre en el consulado saudita en Estambul.

Haciendo referencia a rotundas negativas del príncipe heredero y del rey de estar involucrados, Trump expresó: "quizás el mundo debería hacerse responsable, porque el mundo es un lugar muy, muy peligroso".

Críticos en el Congreso y altos funcionarios de otros países acusan a Trump de ignorar los derechos humanos y dejar pasar a Arabia Saudita por motivos económicos, incluida su influencia en el mercado petrolero mundial.

"Mi política es muy sencilla: Estados Unidos primero. Devolver la grandeza a Estados Unidos y es lo que estoy haciendo", dijo Trump a la prensa después de hablar vía telefónica con miembros del ejército por el feriado del Día de Acción de Gracias.

El príncipe heredero y su padre, el rey Salmán, dijeron que no cometieron "esta atrocidad", insistió Trump. "Es algo terrible. Y me desagrada más que a ustedes. Pero el hecho es que ellos han generado una enorme riqueza, trabajos realmente enormes en sus compras y, muy importante, mantienen bajo el precio del petróleo".

 

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