"Ante la advertencia de catástrofe global presentada por la ONU, necesitamos un 'Plan Marshall' para el cambio climático"

Un nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solamente tiene una docena de años para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catástrofe global. De lo contrario, millones de personas estarán en peligro debido a las crecientes sequias, inundaciones, incendios y pobreza. El amplio informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la O.N.U. pide cambios inmediatos y sin precedentes en las políticas globales para mantener el calentamiento global en un máximo de 1,5ºC. Hablamos con Kevin Anderson, profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, que dice que el informe del IPCC no responsabiliza a los grandes emisores mundiales, y argumenta la necesidad de un “Plan Marshall” contra el cambio climático para salvar al planeta de la destrucción. “Aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono son producidas por el 20 por ciento de la población mundial….Cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones centrándonos en los 7,5 miles de millones de personas, creo que se está malinterpretando donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones,” dice Anderson “No estamos desarrollando las políticas que necesitan ser creadas para ese 20 por ciento en particular”.

Transcripción


AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! Soy Amy Goodman, En América Central, al menos 13 personas han muerto después de las lluvias torrenciales del Huracán Michael a su llegada a Honduras, Nicaragua y El Salvador causando inundaciones y desprendimientos. Se espera que el monstruoso huracán llegue al Mango de Florida como una tormenta de Categoría 3 el miércoles, el Gobernador de Florida, Rick Scott, ha declarado el estado de emergencia en 35 condados, y el Gobernador de Alabama, Kay Ivey, ha declarado el estado de emergencia en todo el estado.


Florida se está preparando para una gran tormenta cuando el nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solo queda una docena de años para mitigar el cambio climático o enfrentarnos a una catástrofe global. Este es el jefe de la agencia meteorológica de la O.N.U. Petteri Taalas.


PETTERI TAALAS: Hay una urgencia extrema y países que dan su compromiso después del Acuerdo de Paris. Y hasta ahora, el progreso no ha sido lo suficientemente bueno como para acercarnos al objetivo de 1,5 grado o 2 grados de calentamiento. Así que hay una clara necesidad de elevar nuestro nivel de ambición para alcanzar, cuanto menos, el objetivo de 2 grados. En este momento nos dirigimos hacia un calentamiento de 3 a 5….


Existen algunas estimaciones: ¿Cuál es la diferencia entre un calentamiento de 1,5º y uno de 2º? Y uno de los temas más importantes es que habría 420 millones de personas menos sufriendo debido al cambio climático si fuésemos capaces de limitar el calentamiento a 1,5º…


Las emisiones que ya hemos despedido a la atmosfera hasta ahora significan que esta tendencia negativa continuará durante las próximas décadas. Así que va a ocurrir, lo que se traduce en un aumento en la cantidad de desastres y retos debidos al cambio climático.


AMY GOODMAN: El informe del IPCC expone varios caminos posibles para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados que incluyen cambios en el uso de la tierra y los sistemas de transporte, y la adopción de tecnologías futuras, que incluyan retirada de dióxido de carbono de la atmosfera. Según el informe, las emisiones netas globales deberían caer un 45 por ciento de los niveles de 2010 para 2030 y alcanzar el cero neto para el año 2050. El lunes, el presidente Trump viajó a Orlando, Florida, pero no hizo ninguna mención al cambio climático o al nuevo informe de las Naciones Unidas.


Para más información, nos acompaña Kevin Anderson. Es profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía y cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido.
Dr. Anderson, bienvenido de nuevo a Democracy Now!


KEVIN ANDERSON: Buenos días.


AMY GOODMAN: Quería preguntarle primero sobre este informe mientras este monstruoso huracán recorre Latinoamérica y amenaza a Florida y Alabama.


KEVIN ANDERSON: Bueno, el informe deja bien claro que entre 1,5 grados centígrados de calentamiento y 2 grados centígrados de calentamiento, debemos esperar condiciones climáticas más extremas, lo que de hecho, es la razón por la que las zonas más pobres del mundo pidieron a la comunidad científica que investigara cuales son las diferencias reales entre los impactos de un calentamiento de 1,5 grados y uno de 2 grados. Y, por supuesto, 2 grados fue el límite previo al que aparentemente todos nos estábamos dirigiendo, pero como emana del informe, es muy claro que hay un paquete entero de impactos que es mucho peor con un calentamiento de dos grados que con uno de 1,5 y que estos fenómenos azotaran principalmente a las comunidades más pobres y más vulnerables del mundo.


Así que es un informe muy importante en todo lo relacionado al conocimiento de los impactos del cambio climático y en que deja claro cuál debe ser nuestro objetivo, 1,5 mejor que 2 grados, aunque, como probablemente comentemos después, creo que incluso un calentamiento de 2 grados parece muy optimista ahora.


AMI GOODMAN: Escribe en su respuesta a este transcendente informe de la O.N.U que solo unos pocos emisores son, en última instancia, los responsables del cambio climático.. Explique quienes son.


KEVIN ANDERSON: Bueno, para ponerle unas cifras, aproximadamente la mitad de las emisiones globales proceden de las actividades de más o menos el 10 por ciento de la población mundial, y aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono proceden del 20 por ciento de la población mundial. Y, las emisiones están estrechamente relacionadas con la riqueza o la renta de los ciudadanos. Así que, un profesor como yo, sería relativamente, un gran emisor. Normalmente los profesores viven en casas grandes y tienen un coche grande. Viajan bastante a menudo. Algunos de ellos tienen una segunda vivienda. Cogen vuelos. Consumen muchos productos. Así que, sí está muy relacionado con las rentas.


Y por eso, mi preocupación es que cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir nuestras emisiones centrándonos en los siete mil millones y medio de personas, creo que malinterpretamos donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones, y por ello, no estamos desarrollando políticas dirigidas especialmente a ese 20 por ciento de la población.


Mucha de la gente que está escuchado tu programa ahora, en EE.UU. o en cualquier otra parte del mundo, serán emisores medios o bajos. Y ellos, si, es importante que hagan algunos cambios. Pero habrá otra gente escuchando que serán grandes emisores. Y somos nosotros a los que realmente deben estar dirigidas esas políticas, para sacar las emisiones fuera de nuestros estilos de vida. Debemos asegurarnos, al hacer todo eso, de que no empobrecemos a la gente que ya está sufriendo con el sistema económico actual.

AMY GOODMAN: ¿Quiénes son los mayores emisores de carbono, Dr. Anderson?

KEVIN ANDERSON: Los mayores emisores de carbono, Bueno, van a ser los más ricos del mundo. Desde el punto de vista del clima, cuando oyes a los Al Gores y los DiCaprios hablar del cambio climático y miras a su huella de carbono, será miles de veces mayor que la media de cualquier africano y probablemente muchos cientos más que muchos americanos. Así que, más o menos, los más ricos son los mayores emisores.
Pero también creo que un profesor como yo, profesores titulares en universidades, la gente a la que vemos como superior –ese es el leguaje que usamos- superior en nuestras organizaciones y empresas, tanto del sector público como por supuesto del privado, estas personas son los grandes emisores. Así que, quiero decir, no haré ningún comentario sobre periodistas, pero ciertamente, algunos de los periodistas que conozco, son también grandes emisores. Son esa cúpula dirigente de nuestra sociedad.

AMY GOODMAN: ¿Y qué países?

KEVIN ANDERSON: ¡Oh! países, bueno, quizá el mayor emisor de la actualidad sea China, seguido de EE.UU., pero en ambos países, por supuesto, hay grandes diferencias entre los grandes emisores dentro de ese país y los que emiten menos dentro de ese país.
Así que, los dos países que más emiten son EE.UU. y China, y luego, siguiendo muy de cerca está la Unión Europea.

AMY GOODMAN: ¿Me puede hablar del monstruoso huracán al que se enfrenta EE.UU. ahora mismo y que va a azotar El Mango de Florida? Si miramos los informes meteorológicos, y los partes meteorológicos en momentos como estos –cada vez ocupan más y más tiempo en las noticias, porque si no estamos hablando de incendios en California, estamos hablando de estas tormentas monstruosas en las Carolinas y que ahora probablemente azoten Florida y Alabama- Alabama, todo el estado está en estado de emergencia –no hay casi ninguna mención por parte de los meteorólogos- y no solo estoy hablando de Fox, estoy hablando de MSNBC y CNN- de la conexión entre estas tormentas cada vez más violentas y el cambio climático. ¿Hay alguna conexión? ¿Y puede explicarla?


KEVIN ANDERSON: Bueno, ciertamente hay una conexión. Lo que hemos hecho poniendo más dióxido de carbono en la atmosfera es hacer que esa atmosfera este más caliente. En otras palabras, hemos introducido más energía en la atmosfera. Esa energía se desarrollará en una suerte de condiciones meteorológicas diferentes y más extremas.


Ahora bien, es imposible decir si este huracán en particular está causado por el cambio climático, lo que sucede a menudo es que estamos agravando o aumentando el poder de estos huracanes en estos fenómenos meteorológicos extremos. Y esto, lo que llamamos el lenguaje refinado de la atribución, con el que estamos intentando decir, “¿es este fenómeno un fenómeno del cambio climático?” estamos entendiéndolo mejor. Y ciertamente hay bastante evidencia para sugerir que algunas de las recientes condiciones meteorológicas graves que hemos visto han sido seriamente empeoradas por el calentamiento adicional que hemos puesto en la atmosfera debido a la quema de combustibles fósiles y a la liberación de dióxido de carbono.

Así que, aunque no puedo comentar nada sobre este huracán en particular, y decir “este huracán fue causado por el cambio climático”, la gravedad de este huracán y los setenta y tantos otros fenómenos que hemos visto en los últimos años, claramente han sido agravados por el cambio climático, por nuestra quema de combustibles fósiles. Y los meteorólogos deberían hacer esa conexión cuando hablan de estos temas durante las predicciones meteorológicas en EE.UU.

AMY GOODMAN: Ud. habla de lo que es necesario, Profesor Anderson. El informe dice que no hay precedentes históricos documentados para la escala de cambios necesarios. Ha hablado de un Plan Marshall. ¿Qué quiere decir con un nuevo Plan Marshall?

KEVIN ANDERSON: Bueno, el Plan Marshall fue una estrategia deliberada después de la Segunda Guerra Mundial para tratar de reconstruir Europa después de que, obviamente, había sido bombardeada y destruida, tanto institucional como físicamente, durante la guerra. Por eso digo que es probablemente la analogía metafórica más cercana a la dimensión del reto al que realmente nos enfrentamos de decarbonizar, de cambiar de un sistema basado en los combustibles fósiles a un sistema energético de carbono cero, y para hacer eso, las zonas ricas del mundo deben hacerlo en dos décadas y probablemente en tres o tres décadas y media las zonas ligeramente más pobres del planeta.
No vamos a conseguirlo mediante mecanismos menores, simplemente ajustando los mercados. Va a requerir la intervención estratégica de los gobiernos para hacer los cambios necesarios. Ahora en un principio parece un gran desafío, y ciertamente lo será. Pero creo que también hay una narrativa positiva detrás de todo esto, en lo que esta transición, esta transformación a un sistema de energía de carbono cero vendrá con muchas oportunidades de trabajo, a largo plazo, oportunidades de trabajo seguras, no solo construyendo centrales generadoras de energía de bajo consumo de carbón, sino también el amplio programa de electrificación que será necesario y en acondicionamientos –en otras palabras, haciendo que los edificios que ya están construidos, que seguiremos usando durante los próximos 20, 30, 40 años- sean adecuados para siglo 21, que necesiten mucha menos energía para calentarlos o enfriarlos, y que sean un entorno mucho más seguro mientras el clima continua cambiando, que es indudablemente lo que hará. Aunque detengamos todas las emisiones hoy, el cambio climático seguirá desarrollándose.

AMY GOODMAN: Ud. ha criticado al IPCC por limitar sus recomendaciones sobre políticas a seguir para que encajen perfectamente dentro del actual modelo económico. ¿Puede explicarlo? Quiero decir, para algunos, tener un trascendental informe como este es crucial, porque vivimos en un país, en los Estados Unidos, donde el presidente niega con orgullo el cambio climático, lo llama el timo chino. Así que tener un informe como este –pero Ud. critica algunos aspectos del mismo.

KEVIN ANDERSON: Por supuesto, Aunque creo que es un informe realmente bueno en su intento de entender los impactos entre un calentamiento de entre 1,5 y 2 grados centígrados, cuando llega el momento de decir lo que debemos hacer, creo, de nuevo, que no está siendo verdaderamente honesto. Y teniendo en cuenta que es efectivamente un informe científico, creo que nuestro papel como científicos y académicos es decir las cosas como son, sin colorearlas o endulzarlas para hacerlas más atractivas.


Por eso mis comentarios son esos –y no solamente con este informe. Es algo que ocurre repetidamente con el IPCC. Así que, aunque estamos siendo bastante honestos cuando hablamos de los impactos, cuando llega la hora de decir que tenemos que hacer, corremos asustados. No queremos asustar a los políticos o al público. No queremos cambiar los sistemas energéticos que tenemos ahora. Por eso siempre intentamos algo así como masajear en líneas generales el statu quo, hacer cambios graduales.


Lo que estoy diciendo es que, realmente, cuando miramos a las cifras que hay detrás del informe, miras a las cifras a las que llega la ciencia, estamos hablando de una revolución del sistema energético completa. Y eso va a suscitar cuestiones fundamentales sobre como manejamos nuestras economías. Y de nuevo, puedes volverte y decir, “Bueno, eso parece ser algo demasiado diferente al sistema económico que tenemos ahora” Pero debemos recordar de que ahora hace 10 años de la crisis bancaria, y muchas partes del mundo todavía están sufriendo las repercusiones de esa crisis. Por decirlo de otra manera, el actual marco económico ha tenido problemas dentro de su propio dominio.


Por eso creo que esta ha sido una oportunidad real, que estamos perdiendo, para reestructurar la economía hacía una economía adecuada a la sociedad, no una sociedad adecuada a la economía. Y creo que los políticos –o, los académicos, han evitado asustados ser honestos sobre lo que nuestros números nos dicen acerca del ritmo de cambio que necesitamos y como debemos cambiar la capacidad productiva de nuestra sociedad, de construir segundas viviendas para profesores o jets privados o grandes coches cuatro por cuatro- cambiarla a construir transporte público, electrificaciones, mejorar las viviendas para todo el mundo. Es mover esa capacidad productiva, los recursos y el trabajo, del lujo para el 20 por ciento a una infraestructura baja en carbono para todos nosotros.

AMI GOODMAN: Dr. Anderson ¿y las consecuencias de que Trump haya sacado a EE.UU del Acuerdo de París? Acabamos de tener una sección sobre Brasil. El primer candidato, Jair Bolsonaro, a quien nuestros invitados llamaron fascista, un candidato de la extrema derecha, ha prometido que también sacará a Brasil del Acuerdo de París, y que abolirá el Ministerio de Medio Ambiente, lo que los defensores del medio ambiente temen conducirá a la deforestación del Amazonas. ¿Su opinión sobre ambos, Bosonaro y Trump?

KEVIN ANDERSON: Bueno, desde una perspectiva científica, y podría discutirse que también desde una perspectiva moral, están completamente fuera de onda con lo que los análisis están diciendo. También creo que debemos ser muy cuidadosos cuando vemos a estos personajes extremos, -y ambos creo que son personajes extremos- debemos recordar que ellos son un poco de ruido en el sistema. La tendencia general es que hay un mayor reconocimiento de la seriedad del problema. Incluso las encuestas en Estados Unidos muestran esto. No he visto los datos para Brasil, así que no estoy seguro. Estamos viendo fenómenos del cambio climático y la gente ya piensa que es un tema importante.


Aunque algunos de nuestros dirigentes, quizá no siempre las personas más brillantes, no puedan entenderlo o piensen que tienen una base política que debe atraer a aquellos que no quieren escuchar ese mensaje, creo que el resto de nosotros no deberíamos tenerles miedo. Debemos redoblar nuestros esfuerzos. Y de hecho, cuando el presidente Trump decidió salir del Acuerdo de París, lo que, por supuesto, todavía no puede hacer aunque tenga esos planes, los chinos y los franceses dijeron “Bueno, intentaremos hacer un esfuerzo extra para compensar”. Y también vemos en EE.UU. que muchos alcaldes siguen diciendo que el cambio climático es realmente un tema importante. Así que, EE.UU no es una dictadura. Trump no puede dictar lo que la población de EE.UU. va a hacer. Por supuesto que él es importante, y tiene mucha influencia, pero también la tienen los alcaldes.


Así que el deber del resto de nosotros que estamos más informados a través de la ciencia, y que también diría, contamos con una experiencia más razonada, moral y progresiva para realizar nuestros análisis – es nuestro deber aumentar nuestro trabajo y asegurarnos que nos dirigimos en la dirección adecuada y no nos asustamos de los Trumps de este mundo, hay muchos. Vendrán y se irán. Pero el cambio climático, la física del cambio climático, está aquí para quedarse, sin importarle los caprichos efímeros del presidente de turno.

AMY GOODMAN: Y por último, ¿Cómo se ve el futuro? ¿Cómo pueden empeorar las cosas, si seguimos como hasta ahora?

KEVIN ANDERSON: Bueno, de la manera que están las cosas en este momento, creo que es bastante razonable pensar que nos estamos dirigiendo a un calentamiento de unos 4 grados centígrados durante este siglo. Eso sería totalmente devastador. Recordemos que la diferencia entre hoy en día y la Edad de Hielo es aproximadamente 5 grados, estamos hablando de cambios que normalmente ocurrirían en decenas de miles de años sucediendo en poco más de cien años. Y cien años, en algunos aspectos, puede parecer mucho tiempo, pero muchas de las personas que nos están escuchando, sus hijos estarán vivos todavía en cien años, y ciertamente sus nietos. Cien años es mañana en muchísimos aspectos. Y lo que hagamos hoy formará parte de la infraestructura


AMY GOODMAN: ¿Cómo será el mundo?


Bueno, veremos muchas más hambrunas, sequias, inundaciones, cambios en los patrones de alimentos. Creo que probablemente empezaremos a ver muchos más cambios entre comunidades, lo que se traducirá en mucha más tensión entre comunidades. Si miramos a Siria, los conflictos en Siria claramente no fueron causados por el cambio climático, pero los 12 años de sequía en esa región fueron un factor agravante. Y eso es en solo un año de 1 grado de calentamiento.


Al dirigirnos a un calentamiento de 4 grados centígrados, estamos hablando del colapso de muchos ecosistemas que en el mundo polinizan nuestras cosechas, que limpian nuestro aire. Así que este es un planeta muy diferente al que ahora habitamos. Y el caos que resultará de todo eso será malo para nuestra especie, para los humanos, pero también, por supuesto, para muchas otras especies en el planeta. Y es por esto por lo que tenemos que hacer todo lo que podamos para conseguir un calentamiento de 1,5. Creo que es un gran reto. Así que hagamos todo lo posible para mantener la temperatura lo más baja posible.


AMY GOODMAN: Kevin Anderson, nos gustaría agradecerle que haya estado con nosotros, el profesor Zennströn en liderazgo contra el cambio climático.
KEVIN ANDERSON: Ha sido un placer


AMY GOODMAN: ´en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, desde donde está hablando con nosotros.

Traducido por Eva Calleja

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Caos climático, capitalismo y geoingeniería

Se acaba de hacer público un nuevo informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, referencia científica de Naciones Unidas en el tema) que alerta sobre la necesidad urgente de cambios y reducciones drásticas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para detener el calentamiento global y que no sobrepase 1.5º C respecto de niveles preindustriales. El informe es una advertencia importante e insoslayable en cuanto a la gravedad del cambio climático y las reducciones que son necesarias. Ya con el aumento de 1º C sufrimos extremos climáticos devastadores en muchas regiones del mundo. Cada décima de grado implica nuevos riesgos, amenazando de extinción ecosistemas enteros.

El IPCC señala claramente las causas del cambio climático a escala global: la emisión de GEI debido principalmente a que energía, industria y agricultura industrial se basan en combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón.

Sin embargo, el informe falla en las propuestas sobre los caminos a tomar, ya que no cuestiona el statu quo económico ni la inequidad global sobre quienes han provocado y deben hacer inmediatamente una fuerte reducción de emisiones. Por evitar cuestionar los temas de fondo, incluye en sus propuestas tecnologías de alto riesgo, como las de geoingeniería, que no son ninguna solución e incluso podrían empeorar el desequilibrio climático.

Se evidencia así la relación entre la geoingeniería y la preservación del capitalismo: para poder seguir con el modelo de desarrollo y producción industrial que ha provocado el desastre climático, se plantea usar tecnologías de alto riesgo para que algunos puedan sobrevivir conservando sus privilegios, aunque implique toda una serie de nuevas amenazas ambientales y sociales para millones de otras personas.

Por ello y coincidiendo con el informe del IPCC, 110 organizaciones internacionales y nacionales y seis premios nobel alternativos publicaron un Manifiesto contra la geoingeniería, en el que grandes redes, como Amigos de la Tierra Internacional, Vía Campesina, Red Indígena Ambiental, Alianza de Justicia Climática y Marcha Mundial de Mujeres, exigen un alto a la geoingeniería y a los experimentos propuestos, varios de ellos sobre territorios indígenas, tanto por los impactos en la biodiversidad, las comunidades y pueblos, como por la desviación que significa de la atención hacia soluciones verdaderas. (https://tinyurl.com/yakb6ghb)

Pese a que hay tecnologías de geoingeniería contempladas en tres de los cuatro escenarios planteados por el IPCC, el panel también reconoce en su primer escenario que es posible limitar la temperatura sin usar esas tecnologías, que existen otras vías, como proteger y restaurar ecosistemas naturales y realizar cambios en la agricultura y otros sectores, que evitan emisiones y pueden absorber y retener los gases de efecto invernadero. En ese escenario ¬¬–el único justo– el IPCC plantea la necesidad de reducir las emisiones de Co2 en 45 por ciento hasta 2030.

Esta cifra parece alta, pero hay que recordar que solamente 10 países, con Estados Unidos a la cabeza, son los responsables históricos de dos tercios de los gases emitidos y que actualmente 10 naciones son responsables de más de 70 por ciento de las emisiones, entre las cuales se mantienen Estados Unidos y las que integran la Unión Europea. Esos 10 países emiten dos veces más GEI que la totalidad de los otros 175.

Es una imagen clara de injusticia climática global, pero es preciso agregar también la inequidad dentro de los países. Según Kevin Anderson, experto en cambio climático de la Universidad de Manchester, 50 por ciento de las emisiones de carbono provienen de las actividades del 10 por ciento más rico de la población mundial, y si consideramos el 70 por ciento de las emisiones son provocadas por solamente 20 por ciento de la población. Anderson explica que si se estableciera un límite a la "huella de carbono" (consumo y producción) de 10 por ciento de los individuos que son los mayores emisores, para que ésta sea equivalente a la huella de carbono de un ciudadano europeo medio (considerablemente alta para la gran mayoría de países), las emisiones globales de carbono se reducirían en un tercio en uno o dos años. (https://tinyurl.com/yalat5wg)

En lugar de analizar ese tipo de propuestas, el IPCC plantea el concepto falto de lógica de "emisiones negativas". Significa que se pueden seguir emitiendo gases si se contrarrestan con tecnologías de geoingeniería, entre las que incluye bioenergía con captura y almacenamiento de carbono, captura directa de aire, cambio de la química de los oceános y otras, aunque reconoce que no está probada su viabilidad económica, técnica ni ecológica y que tendrían fuertes impactos negativos sobre la biodiversidad y seguridad alimentaria, entre otros.

Varios factores, como el hecho de que el IPCC tiene representantes de empresas petroleras entre los autores del informe, explican esta enorme contradicción entre alertar sobre la realidad climática e incluir propuestas que la empeorarán.

Las organizaciones que firman el Manifiesto contra la geoingeniería seguirán en el camino de la resistencia y las alternativas reales.

Por 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

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El futuro del planeta, en manos de unos ricos que no pagan su deuda

Mientras el informe del IPCC deja claro que los esfuerzos para contener el aumento de temperatura global por debajo de 1,5 grados deben ser mucho más rápidos y mayores, el principal instrumento económico para la adaptación, el Fondo Verde para el Clima, no tiene apenas fondos. Los países ricos son los que más deben aportar, pero las negociaciones siguen encalladas.

Por si aún no había quedado suficientemente claro, el último informe del Grupo de Expertos Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) viene a afianzar un hecho que se lleva corroborando año tras año: si queremos limitar el aumento de temperatura medio del planeta por debajo de los 1,5 grados, los esfuerzos a realizar deben ser mucho mayores y más rápidos de lo que hoy tienen acordado las naciones y organizaciones que rigen el mundo. Es más, el documento se ha centrado en las consecuencias que implicaría quedarse en un incremento de 1,5 grados o llegar a los 2. Y este segundo escenario es catastrófico, especialmente, por supuesto, para los más pobres.


“El informe del IPCC ha encontrado que el factor sobre el que más impacta ese aumento de 1,5 grados a 2 es el agua”, señala Alejandro González, responsable de Cambio Climático de InspirAction. Si con 1,5 el nivel del mar subirá entre 26 y 77 centímetros, con 2 grados esa cifra aumentará 10 cm, lo que se traduce, según el informe, en 10 millones de personas más afectadas, básicamente en las zonas más desfavorecidas.


“Ese medio realmente marca una diferencia muy importante, por eso tenemos que ser mucho más ambiciosos”, apunta Tatiana Nuño, responsable de Energía y Cambio Climático en Greenpeace. Y en lugares como el Estado español es crucial. Como indica Javier Andaluz, responsable de Cambio Climático de Ecologistas en Acción , “en los países mediterráneos puede ser la diferencia entre adaptación o pérdidas y daños irreversibles”.


Un cambio tan drástico y una aceleración de los objetivos y ambiciones necesitan de acuerdos políticos y dinero, mucho dinero. “El instrumento clave para la adaptación es el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) y por lo que sabemos hasta ahora el dinero no está puesto sobre la mesa”, denuncia Andaluz.


El compromiso adquirido es movilizar 100.000 millones de dólares para conformar este fondo, pero desde el mismo dejan claro que, a día de hoy, solo hay un 10% de esa cifra: 10.200 millones. “El nivel de urgencia que tenemos es tal que los países ricos, que son los responsables de todo esto, no solo tienen que realizar las medidas de mitigación, sino que tienen que contribuir a que no haya emisiones extra en los países más desfavorecidos”, apunta González. Por ello , la demanda por parte del llamado G77 —en el que se agrupan los países con menos capacidad económica y del que forman parte 134 naciones— más China de que haya una inversión mayor por parte de los más poderosos va a ser una de las claves de la próxima Cumbre del Clima (COP24), que se celebrará en diciembre en Katowice (Polonia).


Sin embargo, tal como señala el experto de InspirAction, “no hay un compromiso claro y firme de que esos países ricos vayan a comprometer los fondos que habían acordado para capitalizar el GCF”. La última cumbre preparatoria interseccional con este punto en la agenda tuvo lugar en septiembre en Bangkok y dejaba un panorama oscuro. “Quedó claro que el G77 y China no van a avanzar y a seguir bajo el Acuerdo de París si no está el dinero y las transferencias de capacidades puestas sobre la mesa”, indica Andaluz, “y eso debe salir de los más ricos”. Pero a pesar de la urgencia, las posiciones en cuanto a financiación quedaron enconadas en dos posiciones: la de los que más tienen, básicamente el Grupo Paraguas —que incluye a Estados Unidos, Canadá, Rusia, Japón y Australia— más la Unión Europea, y la del G77.


Poderosos contaminantes


La responsabilidad histórica de los más ricos no está en duda. Tampoco que, hoy en día, los que más tienen son los que más contribuyen al cambio climático. Un informe de Oxfam International ya indicaba en 2015 que el 10% de la población con más recursos es la responsable de la mitad de las emisiones globales, mientras que la mitad más pobre del mundo en términos de población —3.500 millones de personas— solo producen el 10% de las emisiones. Por ello, como indican desde el colectivo Contra el Diluvio, “con la desigualdad actual, si conseguimos que el 10% más rico del mundo emita al nivel del europeo medio reduciríamos rápidamente las emisiones de CO2 en un tercio”.


En la misma línea, el informe Equidad y aumento de ambición: hacia un Diálogo Facilitado que sea efectivo en 2018 , firmado por más de un centenar de organizaciones de todo el globo en diciembre de 2017, remarca que “los compromisos de los países más enriquecidos no llegan a cubrir lo que sería una contribución justa”. Para no sobrepasar las 450 ppm de concentración de C02 en la atmósfera en 2020 —escenario que se equipara con un calentamiento no superior a 2ºC, siendo actualmente de 405 ppm—, el documento ya resaltaba la necesidad de “destinar más de 375.000 millones de dólares anuales en los países del Sur global, que deberán llegar a 1,3 billones de dólares en 2035”.


Con cifras pero sin fondos


Con estos hechos sobre la mesa, llama la atención la falta de acuerdo sobre los 100.000 millones que el GCF necesitaría para el año 2020, más teniendo en cuenta que esa cuantía es calificada por las organizaciones sociales como arbitraria. “Esa cifra se dice al tran tran, se pone sobre la mesa para encauzar unas negociaciones que ya estaban vendidas”, apunta González, quien destaca que “no se decide si van a ser préstamos, préstamos a fondo perdido, donaciones… cuáles son las características de esos préstamos o de las aportaciones de los países”. Además, el experto recuerda que “enseguida salieron voces como Oxfam o Amigos de la Tierra calculando que esa cantidad debía de ser al menos del doble”.


De hecho, el informe Equidad y aumento de ambición señalaba hace diez meses que un Fondo Verde para el Clima presupuestado con 100.000 millones de dólares se encontraba “muy lejos de las necesidades reales”, y destacaba que la adaptación de los ecosistemas, naturales y humanos “supondrá un coste de entre 140.000 y 300.000 millones de dólares anuales en 2030, y que se multiplicará por cinco en 2050”.


Financiación privada


Con este panorama y la falta de acuerdos, los gobiernos giran la mirada hacia las empresas, lo que tiene sus peligros, según denuncian desde las organizaciones sociales. “Cada vez surge con más interés que las grandes empresas pongan ese dinero que falta en el Fondo Verde para el Clima”, indica Andaluz.


“Las grandes compañías están haciendo un doble juego”, destaca por su parte el responsable de InspirAction. “Por un lado, desde la cumbre de Addis Abeba [para la Financiación del Desarrollo Sostenible de 2015 ] se dice que los Objetivos de Desarrollo Sostenible no se podían sostener con financiación pública y debía entrar la privada; y no un porcentaje, sino que el grueso debía venir de multinacionales, con la consiguiente desvirtuación de la agenda de desarrollo, con una serie de injerencias de modelos de negocio, etcétera…”. Por otro, la llegada al GCF de “empresas y fondos de inversión para intentar capitalizar iniciativas para desarrollar proyectos”.


Así están las cosas. Multinacionales y sus modelos de negocio en la base de la lucha global contra el clima. El futuro del planeta, en manos del capital y supeditado al beneficio. Lo dice hasta el GCF: “Responder al desafío climático requiere la acción colectiva de todos los países, ciudades, empresas y ciudadanos privados”. Un fondo que busca 100.000 millones de dólares anuales desde 2020 que puedan llegar “desde diversas orígenes”.


Mientras tanto, el informe del IPCC deja clara la situación: el ritmo actual de emisiones el aumento de 1,5ºC será un hecho en algún momento entre 2030 y 2052. Y la cosa irá a peor. “Estamos en la trayectoria de un aumento de entre 3 y 4 grados”, expone la responsable de Greenpeace, “así que necesitamos transformaciones muy rápidas y muy urgentes en todos los ángulos de gran alcance, donde se incluye el sistema energético, el transporte, el modelo de consumo, al consumir menos carne, la agricultura…

”.
Tras el fiasco de Bonn y el fracaso de Bangkok y del resto de reuniones intermedias, el horizonte está puesto en Katowice.

Por Pablo Rivas
@CeboTwit

publicado
2018-10-13 07:01:00

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 10 Octubre 2018 06:23

Calentamiento global para el premio Nobel

Calentamiento global para el premio Nobel

La humanidad está en el umbral de un fracaso de proporciones colosales en su intento por mantener el calentamiento global en un nivel moderado. Si se quiere evitar que el cambio de la temperatura mundial alcance una cota superior, lo que llevaría a un desastre de dimensiones cataclísmicas, se requiere que todas las economías del mundo apliquen medidas sin precedente para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Es la principal conclusión del informe especial del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) dado a conocer el pasado 6 de octubre. El IPCC es el brazo científico de Naciones Unidas sobre el tema del calentamiento global.

El informe especial del IPCC se concentra en los efectos de un calentamiento global de 1.5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales. El Acuerdo de París lo considera un nivel moderado, muy por debajo de la meta de 2 grados que se considera objetivo alcanzable si todos los países cumplen sus promesas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Desgraciadamente, los datos para 2017 muestran que las emisiones han seguido aumentando.


En 2006 se publicó el informe Stern, en Inglaterra, sobre la economía del cambio climático. El análisis fue por encargo del Tesoro británico y fue bien recibido por la mayor parte de los expertos sobre cambio climático, pero no así entre los economistas del medio académico.


Una de las principales conclusiones del informe Stern era que se necesitaban inversiones cuantiosas para mitigar los futuros daños del calentamiento global.
En el futuro, el impacto negativo del calentamiento global podría alcanzar entre 5 y 20 por ciento del PIB. Por tanto, era importante aplicar medidas para reducir las emisiones de GEI, ya fuera mediante un impuesto sobre las toneladas de carbono emitidas o vía un (muy controvertido) mercado de cuotas transferibles o algún otro mecanismo que penalizara las emisiones de GEI.


El mensaje central era: es necesario incrementar los precios del carbono para reducir las emisiones de GEI.
La estimación de daños que hizo el informe Stern para los perjuicios en el futuro fue considerada por muchos economistas como una exageración que buscaba justificar el monto de las inversiones necesarias en la actualidad para mitigar los daños futuros. Así fundaba Stern su conclusión de que las emisiones de GEI debían reducirse drástica e inmediatamente.


Un día de noviembre en 2009, el economista William Nordhaus (de la universidad de Yale) escribió una nota a su colega Nicholas Stern, en Londres, autor del informe que lleva su nombre. En el mensaje, Nordhaus señalaba a Stern que su trabajo se había adelantado unos 50 años. Y no era un elogio. Nordhaus estaba decididamente en el bando de los académicos que criticaron la metodología y las principales resultados del informe Stern. Quizás dentro de 50 años, bromeaba Nordhaus, las conclusiones a las que llegaba Stern podrían justificarse, pero no ahora.


Ayer recibimos la noticia de que William Nordhaus ha recibido el premio Nobel por sus trabajos sobre la economía del cambio climático. Es irónico que casi el mismo día que se anunció este premio se hubiera dado a conocer el informe especial del IPCC. Para este economista, la principal falla del informe Stern era que al utilizar una tasa de descuento muy baja justificaba la necesidad de realizar grandes inversiones para reducir las emisiones y mitigar los efectos del cambio climático.


Un ejemplo permite aclarar por qué la tasa de descuento es el número más importante en la economía del cambio climático. Supongamos que se van a necesitar 100 millones para indemnizar a las generaciones futuras por los daños que estamos provocando con el cambio climático. Tendríamos que depositar cierta cantidad hoy en el banco para obtener esos 100 millones en unos 60 años. ¿Cuál es la suma de dinero que necesitamos poner hoy en el banco si quisiéramos obtener 100 millones dentro de 60 años? El valor presente de esos 100 millones con una tasa de descuento muy baja, digamos de uno por ciento, es de 55 millones, pero si la tasa es de 3 por ciento sólo necesitamos 17 millones, porque esa tasa de interés compuesto alta es lo que va a realizar el trabajo de obtener los 100 millones dentro de 60 años.


El informe Stern considera que la tasa de descuento debe ser de 1.4 por ciento, pero Nordhaus considera que debe ser más cercana a 3 o 4 por ciento, porque debe estar cerca de las tasas comerciales y de equilibrio de largo plazo. Aquí el flamante premio Nobel patina, porque las decisiones sobre inversiones de interés público relacionadas con el cambio climático no pueden equipararse a las de las inversiones privadas en el sistema financiero. En síntesis, para Nordhaus las inversiones que hoy se requieren para mitigar el daño futuro son modestas. Su conclusión va radicalmente en contra de lo que recomienda con un grito de emergencia el informe especial del IPCC.
Twitter: @anadaloficial

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Insta ONU a adoptar cambios rápidos y sin precedente contra un clima más extremo

Si se quiere que la temperatura de la Tierra no suba más de 1.5 grados, hay que adoptar cambios rápidos y sin precedente en la forma en que se usa la energía para comer, viajar y vivir, o nos arriesgamos a sufrir un clima aún más extremo y la pérdida de especies, señaló este lunes un reporte de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Limitar el aumento de la temperatura promedio global a 1.5 grados Celsius, por encima de los niveles preindustriales, en lugar de cumplir con la meta de dos grados acordada en las conversaciones sobre el cambio climático de París en 2015, tendría "claros beneficios para los seres humanos y los ecosistemas naturales", indicó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su siglas en inglés).

Sin un cambio real, el mundo no está ni siquiera en camino de alcanzar el objetivo de dos grados, aseguraron los expertos.

Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, señaló a los periodistas en Ginebra que "hay una clara necesidad de tener una ambición mucho mayor para alcanzar incluso el objetivo de los dos grados, ya que en este momento nos estamos moviendo hacia entre tres y cinco grados".

Los pasados 18 años han sido los más cálidos registrados desde el comienzo de las mediciones en la década de 1850, indicó. Los científicos atribuyen el incrementeo de las temperaturas y el clima extremo sobre todo a gases de invernadero como el dióxido de carbono a partir de combustibles fósiles, entre ellos el carbón, el petróleo y el gas.

El reporte del IPCC señaló que al ritmo actual de calentamiento, las temperaturas mundiales serían 1.5 grados más altas entre 2030 y 2052, tras un alza de un grado por encima de los niveles preindustriales desde mediados del siglo XIX.

Cumplir con el objetivo de 1.5 grados mantendría la subida del nivel global del mar en 0.1 metros por debajo del objetivo de dos grados para 2100, según el reporte. Esto podría reducir las inundaciones y dar tiempo para adaptarse a la gente que vive en las costas, islas y deltas fluviales de todo el mundo. También se reduciría la pérdida de especies y la extinción y el impacto en los ecosistemas, agregó.

"Hasta los científicos se sorprendieron al ver (...) lo grandes que serían los beneficios de limitar el calentamiento global a 1.5 grados en lugar de dos", dijo a Reuters Thelma Krug, vicepresidenta de IPCC.

El grupo, ganador de un premio Nobel, emitió su informe desalentador en una reunión llevada a cabo en Incheon, Corea del Sur.

En el documento, de 728 páginas, el grupo detalló cómo el clima, la salud y los ecosistemas podrían estar mejor si los líderes mundiales pudieran limitar de alguna forma el calentamiento causado por el ser humano a solamente medio grado Celsius.

 

Panorama

 

En el informe también ofreció varios puntos de lo que podría ocurrir:

 

• Se afectaría a sólo la mitad de las personas por falta de agua.

• Habría menos muertes y enfermedades ocasionadas por el calor, contaminación y enfermedades contagiosas.

• El nivel de los océanos subiría casi 10 centímetros o menos.

• Menos de la mitad de los animales vertebrados y plantas perderían gran parte de sus hábitats.

• Habría menos ondas de calor, aguaceros y sequías.

• La capa de hielo de la Antártida occidental podría no llegar a un derretimiento irreversible.

• Y podría ser apenas suficiente para evitar que la mayor parte de los arrecifes de coral del mundo mueran.

 

"Para algunas personas esta es una situación de vida o muerte sin lugar a duda", señaló Natalie Mahowald, climatóloga de la Universidad de Cornell y una de las autoras principales del reporte.

Limitar el calentamiento a medio grado a partir de ahora significa que el mundo puede mantener una "semblanza" de los ecosistemas que tenemos. Añadir otro medio grado –meta de los líderes mundiales– significa, en esencia, una Tierra diferente y más desafiante para la gente y las especies, señaló otro de los autores principales del reporte, Ove Hoegh-Guldberg, quien también es director del Instituto de Cambio Global de la Universidad de Queensland, en Australia.

Sin embargo, cumplir con la meta más ambiciosa de un menor calentamiento requeriría un recorte inmediato en las emisiones de gases que atrapan el calor, así como cambios drásticos en el sector energético.

Aunque el panel de la ONU dijo que técnicamente es posible, vio poca probabilidad de que vayan a ocurrir los ajustes necesarios.

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Satélite equipado con láser medirá espesor de capas de hielo polar vulnerables al cambio climático


La misión ayudará a mejorar las previsiones sobre el aumento del nivel del mar, explican científicos

 

La misión Ice, Cloud and Land Elevation Satellite-2 (IceSat-2), de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa), se prepara desde el sábado para medir la altura cambiante del hielo de la Tierra.

El satélite con el láser espacial más avanzado de la Nasa fue lanzado el sábado en una misión para medir la pérdida de hielo en la Tierra y mejorar las previsiones sobre el aumento del nivel del mar por el calentamiento global.


La nave, lanzada el pasado sábado, llevó un único instrumento, el sistema de altímetro láser topográfico avanzado (Atlas), que medirá el volumen de las capas de hielo, glaciares, masa helada marina y vegetación.


Atlas se activará aproximadamente dos semanas después de que el equipo de operaciones de la misión complete las pruebas iniciales de la nave espacial.


Para nosotros la parte más anticipada de la misión comienza cuando activamos el láser y obtenemos nuestros primeros datos, señaló Thorsten Markus, científico del proyecto IceSat-2.
En opinión de Thomas Wagner, investigador del programa de criosfera de la Nasa, las nuevas tecnologías de observación de IceSat-2 mejorarán nuestro conocimiento de cómo las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida contribuyen al aumento del nivel del mar.


De igual manera, añadió, nos ayudarán a entender la conexión de la pérdida de hielo marino con el sistema global.


Envuelto en la oscuridad antes del amanecer, el IceSat-2, de media tonelada y un valor de mil millones de dólares, fue lanzado a bordo de un cohete Delta II desde la base de la Fuerza Aérea Vandenberg en California a las 6:02 horas locales (13H02 GMT).


“El IceSat-2 explorará las capas de hielo polar de nuestro planeta en constante cambio”, agregó.


El lanzamiento marca el final de casi una década sin que la Nasa tuviera un instrumento en órbita para medir la superficie de la capa de hielo en todo el mundo.


La anterior misión, el IceSat, se lanzó en 2003 y finalizó su trabajo en 2009.


Considerada excepcionalmente importante para la ciencia, la nueva misión ayudará a mejorar las previsiones del aumento del nivel del mar, según Richard Slonaker, ejecutivo del programa IceSat-2.


Revelación de detalles sin precedente


El satélite debería revelar detalles sin precedente sobre el actual espesor del hielo en las regiones polares, vulnerables al calentamiento global.


La mediciones serán extremadamente precisas, con un margen de error inferior al grosor de un lápiz, precisó Kelly Brunt, del equipo.


La misión anterior permitió a los científicos saber que la capa helada estaba adelgazando y que el hielo desaparecía de las zonas costeras de la Antártida y Groenlandia.


En ese periodo, la misión de un avión, llamada Operation IceBridge, valoró sobre el Ártico y la Antártida tomando medidas de altura y documentando el cambio en el hielo, afirmó la Nasa. Pero se necesita urgentemente una actualización.


La dependencia de la humanidad en combustibles fósiles como fuente de energía significa que la acumulación de gases que producen el calentamiento global continuará.


La temperatura global promedio está creciendo: cuatro de los años más calurosos en los tiempos modernos se han registrado entre 2014 y 2017.


Este calentamiento provoca que la capa de hielo se reduzca en el Ártico y Groenlandia, y a su vez eleva el nivel del mar, una amenaza para cientos de millones de personas residentes en las costas.


El IceSat-2 debería ayudar a los científicos a entender en qué medida el hielo que se derrite está elevando el nivel del mar.
Vamos a ser capaces de ver específicamente cómo el hielo cambia en el curso de un año, afirmó Wagne.

Miércoles, 12 Septiembre 2018 06:42

Morir de hambre, morir por capitalismo

Morir de hambre, morir por capitalismo

El mundo se muere de hambre. Hoy 821 millones de personas, según el último informe de la ONU. ¿Y mañana? La Tierra entró en números rojos el pasado 1 de agosto, es decir, a esas alturas del año, la Humanidad ya había consumido lo que produce en un año. ¿De veras creen que con este sistema se rebajará esa cifra de hambruna mundial?

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se han dado de bruces con la realidad, se han estrellado contra el capitalismo y, con todo, la ONU sigue distinguiendo entre un capitalismo bueno y malo. Este sistema depredador en el que, inevitablemente, para que unas pocas personas amasen fortunas han de hacerlo a costa de otras y del mismo planeta, es incompatible con eses Objetivos del Milenio.


En 2017 aumentó en 7 millones el número de personas afectadas por la subalimentación, es decir, por la carencia crónica de alimentos. Nos estamos moviendo ya en los niveles de hace 8 años; vamos de mal en peor. Mientras el 20% de la población de todo África (256 millones) se muere de hambre, en Europa, Norteamérica… continuamos con un consumismo desmedido. Según WWF, con el ritmo que mantenemos en los países depredadores nos harían falta 1,6 planetas para satisfacer nuestras demandas. Inviable.


En lugar de tomar medidas radicales, esto es, que acudan a la raíz del problema, la ONU parchea y se limita a ir desplazando el límite para cumplir con los Objetivos del Milenio: ya vamos por el 2030. En este punto, no debemos olvidar que la ONU no es un ente etéreo, sino que somos [email protected], que 191 jefes de Estado suscribieron en el año 2000 los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que se encuentra ‘hambre cero’.


El cambio climático, que hemos provocado los ‘países desarrollados’, tiene mucho que ver en esta situación, pero también la sobreexplotación de recursos naturales en las regiones afectadas, olas guerras, esas que desde países como España alimentamos vendiendo armas a uno de los bandos, como sucede con el conflicto en Yemen y nuestros negocios con Arabia Saudí. Y es que la guerra en Yemen, junto con otras como las de Sudán del Sur, Somalia y el norte de Nigeria son algunas de las causantes de la hambruna.


Como consecuencia de todo ello se producen movimientos migratorios ante los cuales, España y Europa dan la espalda, estableciendo un cordón sanitario y abandonando a nuestras propias víctimas. Quienes llegan a nuestras fronteras son eso, el resultado directo o indirecto de nuestro consumismo: ‘primero España y l@s españ[email protected]’, claman ciertas personas. De nuevo, parches con tintes xenófobos y fascistoides.


A niveles domésticos sucede lo mismo que a escala global. Una parte del España consume de manera desmedida mientras la pobreza avanza a pasos agigantados. La miseria se ceba con buena parte de la población mientras en plena crisis afloran 10.000 nuevas personas millonarias.


Nada cambiará si no acabamos con el capitalismo. No basta con reformularlo, es preciso desterrarlo. De no hacerlo, nada importará la Diada, el tráfico de masters o la goleada de la Selección. Más pronto que tarde, nos habremos ido al carajo.


¿Cuá[email protected] de ustedes saben que la ONU tiene una campaña en marcha desde hace años llamada ‘Acabemos con la defecación al aire libre’? En lo que usted ha tardado en leer este artículo, ha muerto un niño o una niña a consecuencia de enfermedades ligadas con esta práctica. Un tercio de la población mundial (2.500 millones de personas) continúa sin acceso a un saneamiento adecuado, como retretes o letrinas. Más de mil millones de personas en todo el mundo han de literalmente cagar al aire libre mientras el resto del mundo les cagamos encima a ellos. Sigan defendiendo el capitalismo y, quizás, sean ustedes quienes se vayan por el retrete mañana.

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:48

Cambio de era

Cambio de era

En el libro “La nueva página”, publicado en 1994, iniciaba como sigue el capítulo titulado “Cultura bélica y cultura de paz”: “Se está escribiendo una nueva página en la historia de la humanidad y, en particular, de la relación de nuestra especie con el planeta Tierra. Estamos adquiriendo una apreciación diferente del ritmo temporal de la historia, en una rápida secuencia de acontecimientos políticos, sociales, culturales y medioambientales que han cambiado la percepción que teníamos de nosotros mismos como individuos y como miembros de la comunidad, lo que supone un reto a nuestra capacidad de manejar tendencias de ámbito mundial”.

En aquel momento, todavía la inmensa mayoría de los seres humanos nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados, de tal modo que desconocía lo que acontecía más allá de su entorno inmediato. Sometidos, desde el origen de los tiempos, al poder absoluto masculino, eran temerosos, obedientes, silenciosos… hasta el punto de que en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se menciona que su pleno ejercicio “liberará a la humanidad del miedo”. También la mujer no aparecía más que de forma fugaz y mimética en los escenarios del poder. Gracias en buena medida a la tecnología digital, en las últimas tres décadas la humanidad ha sido capaz de saber lo que sucede a escala mundial y de expresarse libremente, adquiriendo, ahora sí, todo su significado la frase con que se inicia la Carta de las Naciones Unidas, creadas en 1945: “Nosotros, los pueblos…”, porque se ha logrado conciencia generalizada de la igual dignidad de todos los seres humanos que, como establece la Constitución de la UNESCO (1945) constituye el pilar fundamental sobre el que se asientan todos los derechos humanos. Igual dignidad, sea hombre o mujer, de una creencia u otra, de una cultura u otra, de una etnia u otra… Todos iguales sin discriminación ni exclusión alguna.


Por fin, en muy pocos años, la mujer en el estrado; por fin, “Nosotros, los pueblos” dotados de voz y de capacidad para retener en sus manos las riendas del destino común; por fin, la gente, cuando es más apremiante reconducir tantas tendencias erróneas y hacerlo con apremio porque, en el antropoceno, hacemos frente a procesos potencialmente irreversibles. No caben demoras, porque el legado a las generaciones venideras no puede ser el de la habitabilidad de la Tierra deteriorada, el de la insolidaridad, el de la indiferencia.


Es tiempo de acción. No podemos seguir siendo espectadores distraídos, impasibles, obcecados por cuestiones totalmente intrascendentes, ni podemos consentir que el inmenso poder mediático sustituya la razón por la emoción.


He aquí algunos de los más relevantes después de la nueva era:


• Los medios de comunicación son particularmente influyentes y es imperativo poner coto al exceso de noticias falsas que transmiten periódicos, medios audiovisuales e informáticos convertidos tristemente en “la voz de su amo”. Quien paga manda. Estamos aturdidos por tantas noticias sobre casi todo, que olvidamos las informaciones que deberíamos atender con diligencia. Los “mercados” nos inundan de noticias sin verificar, tendenciosas y/o irrelevantes.Debemos reaccionar con firmeza, siendo conscientes de que la razón de la fuerza sólo podrá sustituirse por la fuerza de la razón cuando tengamos bien presentes las facultades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar… ¡crear! Cada ser humano capaz de crear, de dirigir con sentido su propia vida, nuestra esperanza.


• El gran científico Ilya Prigogine, en el prólogo al libro mencionado al inicio, escribía que “Desde hace muchísimos siglos nuestro mundo ha estado dividido en Estados independientes que han procurado sus propios intereses por todos los medios, incluyendo la guerra. Sin embargo, el filósofo Enmanuel Kant y el Presidente estadounidense Woodrow Wilson ya concibieron en el pasado la idea de que esta situación podría modificarse mediante la creación de organizaciones internacionales. Estas contribuirían a reemplazar la guerra por negociaciones basadas en la comprensión mutua”. El multilateralismo democrático, unas Naciones Unidas dotadas de los medios personales, financieros, técnicos y de defensa oportunos, es imprescindible para poder esclarecer los presentes horizontes tan sombríos y facilitar la transición de la fuerza a la palabra, de la era del poder absoluto al poder genuinamente democrático. La necesidad de contar con una Organización de gran prestigio y respeto a escala mundial se evidencia actualmente por lo que está sucediendo en Irán, Nicaragua, Siria, Libia,… y en la deriva neoliberal en grandes países de América del Sur… No puede dejarse la gobernanza en manos de unos grupos oligárquicos y plutocráticos como el G6, G7, G8, G20, que no sólo han sido totalmente ineficientes sino que han conducido a la humanidad a una situación en la que la propia calidad de vida en el planeta está amenazada, y resurgen peligrosísimos brotes de fanatismo xenófobo, de supremacismo, de racismo… que demuestran que no se han aprendido bien las lecciones de las circunstancias que condujeron a las dos grandes guerras del siglo XX.


• Es imperativo conseguir la puesta en marcha de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que constituye en realidad una nueva visión del mundo. Las directrices que contiene para una nueva era consisten en “Transformar nuestro mundo”, como se titula la importantísima Resolución de la Asamblea General del 21 de octubre de 2015. El primer párrafo establece que “Reconocemos que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones es el mayor desafío con que se encuentra el mundo y constituye un requisito indispensable”…


• Es esencial que la juventud se aperciba de la maravilla que representa la inverosímil vida humana. Todos distintos, pero iguales. No podemos ser aislacionistas cuando se necesita más que nunca actuar conjuntamente. “Ningún desafío se sitúa más allá de la capacidad creativa que caracteriza a la especie humana”, dijo el Presidente J. F. Kennedy en junio de 1963. Ha llegado el momento, antes de que sea demasiado tarde, de inventar el futuro. En efecto, el por-venir está por-hacer, y –enfrentados a procesos sin retorno- es necesario construir el nuevo mundo sin demora. Hay que cambiar de civilización y estilos de vida, pero manteniendo siempre los principios éticos que, según la Constitución de la UNESCO, deben “guiar a la humanidad”. Los “pueblos” ya tienen voz para ser protagonistas de una democracia genuina (justicia, libertad, igualdad y solidaridad) que aleje para siempre de los escenarios del poder la imposición, el absolutismo y la “cleptocracia”, en afortunada expresión de Moisés Naim.


• Una de las acciones más urgentes en el antropoceno y urbanoceno es, hay que insistir en ello, promover un nuevo concepto de seguridad, de tal modo que no se tenga sólo en cuenta la seguridad territorial sino la humana, procurando resolver los conflictos a través de la mediación y la negociación. Seguridad alimentaria, sanitaria, medioambiental, educativa… de manera que se asegure la calidad de vida de los seres humanos que habitan en estos espacios y tras estas fronteras tan bien protegidas. La insolidaridad manifiesta que, en contra de lo que cabía esperar, se está desarrollando profusamente en Europa debe superarse rápidamente y atender a los emigrantes y refugiados, que no llegan a nuestras costas por capricho sino para sobrevivir, puesto que se han reducido al máximo las ayudas al desarrollo y la gente no puede vivir en condiciones mínimamente adecuadas en sus lugares de origen. Cuando la amenaza es morir de hambre, los más acaudalados deben comprender que su mano debe abrirse, también por propio interés, en lugar de “cerrarse opaca”, como refiere en uno de sus poemas José Ángel Valente. El propio Papa Francisco, hace unos meses, manifestaba al término del viacrucis, pensando con profunda tristeza en los emigrantes y refugiados, “la vergonya de habere perdutto la vergonya”. Es necesaria, en consecuencia, una movilización general para que sea factible el cambio de era a tiempo, adoptando medidas que requieren saber y resolución. “Sapere aude”… pero saber atreverse a continuación, para implicarse, para comprometerse, para llevar a la práctica las soluciones más urgentes en relación al cambio climático, al armamento nuclear y a la extrema pobreza. Esta movilización para una evolución acelerada debe ser liderada por las comunidades académica, científica y artística, conscientes de que la alternativa a una evolución adecuada es la revolución, que debe evitarse porque comporta violencia.


• Disponemos de grandes directrices –Declaración Universal de los Derechos Humanos, Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, Agenda 2030…– y también de referentes, algunos todavía en activo pero todos presentes, como Edgar Morin (complejidad), Stephane Hessel y José Luis Sampedro (implicación), Paulo Freire (ciudadanía mundial y educación que no debe confundirse con capacitación, ni conocimiento con información… ¡ni información con noticia!). Educación para el cambio social, para una ciudadanía crítica, responsable y emprendedora, capaz de compartir y convivir, y de participar activamente en el contexto de la nueva era.


• En el artículo titulado “El complejo militar-industrial golpea de nuevo” (Othernews, 29.06.2018), se advierte con detalle lo que está costando la producción del bombardero indetectable B-2SPIRIT: ¡2100 millones de dólares! Es por esta razón que lo primero que debe lograrse para el cambio de era sin que la humanidad retroceda en autoestima, libertad y capacidad acción, es la reducción de los colosales costes militares y de armamento, para que, sin menoscabo de una efectiva defensa, sea posible atender financieramente las necesidades propias de una vida digna en un planeta plenamente habitable.


En conclusión, la nueva era no aguardará a que la humanidad esté preparada para hacer frente a las amenazas globales. Corresponde a la humanidad anticiparse y actuar en consecuencia. Ciudadanos del mundo capaces de grandes clamores a escala mundial con un multilateralismo democrático que permita una economía basada en el conocimiento y un desarrollo humano global y sostenible, mediante el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Que nadie diga que es imposible. La gran responsabilidad hoy en día de todos los seres humanos es demostrar a las generaciones venideras que supieron estar a la altura de sus asombrosas facultades intelectuales.

 

Por Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO (1987-1999)

10/09/2018

 

 

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La estrecha relación entre los paraísos fiscales y el cambio climático

Un nuevo estudio de la Universidad de Estocolmo alerta sobre el papel de los paraísos fiscales en la destrucción del medio ambiente.

La revista Nature Ecology & Evolution ha publicado un informe realizado por el Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo en el que analizan el uso de los paraísos fiscales por parte de los conglomerados agroindustriales que operan en la selva amazónica y las empresas pesqueras involucradas en actividades ilegales.


El estudio denuncia que el uso de los territorios con una fiscalidad laxa y el secreto financiero que les proporcionan ha reforzado las industrias vinculadas a la deforestación amazónica y al agotamiento de recursos naturales.


En dicha investigación se han analizado los datos del banco central brasileño para poder determinar las relaciones de las principales multinacionales agroalimentarias que operan en el país y los paraísos fiscales. Los datos analizados, correspondientes al periodo entre 2000 y 2011 ya que no existen datos posteriores, revelan que al menos nueve de los mayores productores mundiales de soja y carne de vacuno, dos industrias consideradas como los principales impulsoras de la deforestación, utilizan subsidiarias en este tipo de territorios para financiar sus operaciones en la selva amazónica. Cerca del 70% del capital extranjero, unos 18.400 millones de dólares, llegó a las empresas que operan en Brasil tras pasar por complejos de ingeniería fiscal y flujos de capitales usando subsidiarias de las propias empresas en territorios donde la factura fiscal es prácticamente nula y que brindan a estas empresas opacidad en sus operaciones.


Según los investigadores, “la prueba directa de causalidad sigue siendo esquiva” ya que es imposible establecer un vínculo directo entre el flujo de capital procedente de los paraísos fiscales, el uso de la tierra y el daño ambiental, pero alertan que la falta de transparencia asociada a las operaciones en los paraísos fiscales dificulta a los organismos de control y a los investigadores el seguimiento de la forma en que la financiación extraterritorial puede afectar a las operaciones sobre terreno.


En cambio, para el economista e integrante de la Plataforma contra los Paraísos Fiscales, Walter Acis, la relación es clara ya que, como explica a El Salto, el que este tipo de empresas contaminantes aprovechen las ventajas fiscales y de opacidad que les ofrecen estos territorios al localizar sus subsidiarias en ellos “facilita una sobre acumulación (capitalización de beneficios que no rinden impuestos), lo que permite potencialmente aumentar su capacidad inversora en procesos que aceleran el cambio climático”.


Esta misma investigación también se ha adentrado en la estructura fiscal de las grandes empresas pesqueras. El informe descubre que el 70% de los buques identificados por la Interpol como responsables de llevar a cabo actividades de pesca ilegal o no regulada tienen, o han tenido, banderas de paraísos fiscales. Estas grandes empresas pesqueras usan, principalmente, los mismos países que utilizan las grandes multinacionales de cruceros para evadir impuestos y funcionar de una manera opaca a las regulaciones internacionales: Panamá y Belice.


Esta investigación, por el momento, solo abarca estos dos sectores, pero, según explica el responsable del área de Cambia Climático de Ecologistas Javier Andaluz a El Salto, hay que tener en cuenta que los principales sectores económicos responsables de las emisiones de CO2, tales como el energético, minería o el transporte, “alcanzan su máxima expresión con el capitalismo globalizado”, y alerta que en este sentido “tienen relevancia todos los mecanismos que engrasan y facilitan el flujo global de recursos materiales y energéticos, como son los paraísos fiscales, pero también los tratados comerciales (llamados de ‘libre comercio’) que fomentan las inversiones y los flujos comerciales garantizando los intereses de las grandes firmas capitalistas y debilitando la capacidades de regulación de los estados nacionales”.


LOS PAPERS DEL CAMBIO CLIMÁTICO


Las investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), conocidas como los Panama Papers o los Paradise Papers, sobre el uso de los paraísos fiscales por parte de miles de empresas y particulares, ya mostraron cómo las compañías de recursos naturales y agroindustriales a menudo se aprovechan del secreto que proporciona la industria offshore para varios propósitos, incluyendo la evasión de impuestos.


Como ejemplo, en 2017, los medios colaboradores con el ICIJ Premiere Lignes en Francia y Poder360 en Brasil, publicaron, gracias a los Paradise Papers, que la empresa brasileña Amagi, comercializadora de granos, oleoginosas y sus derivados, y la multinacional suizo-francesa Louis Dreyfus crearon en 2009 una empresa conjunta para operar en Bahía y otras áreas de Brasil. Según la investigación, el verdadero propietario de la filial subsidiaria utilizada en las Islas Caimán era el actual Ministro de Agricultura de Brasil, Blairo Maggi.


Otro informe de ICIJ publicado en noviembre de 2017 encontró que un productor de pulpa y papel con sede en Singapur utilizó una red de compañías ficticias para evitar el pago de impuestos retenidos sobre los préstamos y para expandir sus operaciones en Indonesia, al tiempo que supuestamente contribuyó a la destrucción de la frágil selva tropical del país.


¿Y SI NO EXISTIERAN ESOS PARAÍSOS FISCALES?


Según la estimación de un informe elaborado por Amigos de la Tierra Internacional (ATI), con el dinero que los gobiernos pierden por culpa de la existencia de los paraísos fiscales, en los próximos 15 años se podría abastecer a África, América Latina y gran parte de Asia al 100% con energías renovables. En otras palabras, los ingresos públicos que se pierden a través de los paraísos fiscales alcanzarían para suministrarle en 2030 a la mitad de la población mundial 100% de energías renovables.


ATI estima que las inversiones adicionales requeridas para suministrarle a la mitad del mundo 100% de energías renovables ascenderían en promedio a 507.000 millones de dólares anuales en un período de 15 años. Esta cifra es muy inferior a las estimaciones de ingresos públicos perdidos a nivel mundial a través de los paraísos fiscales. Una investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la pérdida de ingresos fiscales del conjunto de los Estados como consecuencia del fraude fiscal, sin tener en cuenta las operaciones en paraísos fiscales que gracias a las regulaciones internacionales y la ingeniería fiscal son legales, se elevaría a los 600.000 millones de dólares anuales. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos estima que los países en desarrollo pierden cada año unos 200.000 millones de dólares debido a la evasión fiscal. Algunos cálculos, como la de los economistas Gabriel Zucman y Thomas Piketty, elevan esa cifra mucho más.


Uno de los autores principales del estudio de la Universidad de Estocolmo, Víctor Galaz, alertó, tras presentar el informe, de que es hora de “empezar a ver los costos ambientales de los paraísos fiscales y cómo los actores y los flujos financieros están dando forma al planeta de maneras muy profundas”. El Centro de Resiliencia ya ha anunciado que seguirá publicando nuevas fases de este estudio que abarcaran otros sectores, empresas y países.

Por YAGO ÁLVAREZ
@ECONOCABREADO

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El calentamiento global aumenta el apetito de los insectos que diezman los cultivos

Un estudio publicado en la revista 'Science' estima que por cada grado que aumente la temperatura media del planeta se perderán entre el 10% y el 25% de los cultivos de arroz, maíz y trigo.

Los insectos y las plagas han constituido siempre un riesgo para los cultivos de alimentos en el mundo, pero el problema podría agravarse considerablemente a consecuencia del cambio climático. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya había alertado de que la propagación de plagas y enfermedades de plantas “ha aumentado drásticamente en los últimos años” debido a la globalización, el comercio, la intensificación de la agricultura y el calentamiento global. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Washington se ha centrado en este último factor para saber hasta qué punto afecta el aumento de las temperaturas a los insectos y, en consecuencia, a los cultivos de los que tanto ellos, como nosotros, nos alimentamos.


Según el estudio de los investigadores publicado este viernes en la revista Science, por cada grado que aumente la temperatura media del planeta se perderán entre el 10% y el 25% de los cultivos de arroz, maíz y trigo —alimentos básicos para unos 4.000 millones de personas en el mundo— debido a la mayor actividad en las poblaciones de insectos, sobre todo los de las zonas templadas.


"En primer lugar, las temperaturas más cálidas aumentan exponencialmente las tasas metabólicas de los insectos. En segundo lugar, con la excepción de los trópicos, las temperaturas más cálidas aumentarán las tasas de reproducción de los insectos. Tienes más insectos y están comiendo más", señala Curtis Deutch, coautor de la investigación.


Al contrario que los mamíferos, los insectos son seres ectotérmicos, es decir, que regulan su temperatura en función de la temperatura ambiental, produciendo cambios en su metabolismo. Los científicos de la Universidad de Washington han analizado los estudios realizados a insectos durante décadas en laboratorios y al aire libre concluyendo que los aumentos de temperatura hacen crecer su apetito y sus tasas de reproducción. Luego, comprobaron cómo se traducían esos cambios en los diferentes escenarios de calentamiento global que se prevé que sufra La Tierra.


Para un aumento de dos grados en la temperatura media, su modelo predice que las pérdidas de los cultivos de trigo serán del 46%, las del maíz de un 31% y las del arroz del 19%. En total, los investigadores calculan que las pérdidas de estos tres cultivos ascenderían aproximadamente a 213 millones de toneladas cada año.


Además, aunque los investigadores han observado que los cambios en la temperatura afectan en mayor o menor medida a todas las especies de insectos, las pérdidas en los cultivos no serán iguales en todas las regiones del mundo. Las zonas con temperaturas templadas, donde se cultiva el maíz o el trigo, por ejemplo, se verán más afectadas que los trópicos, con cultivos como el arroz, y donde la actividad de los insectos no se altera tanto.


Rosamond Naylor, coautora del estudio y profesora del Departamento de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad de Stanford, señala que “los pesticidas, el uso de cultivos genéticamente modificados o técnicas como la rotación de cultivos” pueden ayudar a controlar las pérdidas provocadas por los insectos, pero advierte de que “en casi todos los escenarios de cambio climático las poblaciones de plagas ganarán, causando que los precios de los alimentos aumenten y las familias con inseguridad alimentaria sufran”.


Gabriela Vázquez, de Ecologistas en Acción, apunta por su parte que "no se trata de buscar soluciones tecnológicas", sino de "replantearse el modelo en su conjunto, tendiendo hacia modelos diversificados, adaptados a las características de cada zona".

 

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