Pepe Mujica: "Ahora tengo que cumplir mi papel de viejo"

El expresidente de Uruguay Pepe Mujica es un hombre solicitado, admirado, que se dedica a replantar unas tomateras antes de atender a la prensa.


Para hablar con Pepe Mujica hay que hacer cola. Una larga cola. El expresidente de Uruguay es aún hoy un ídolo, un icono para muchos, y un hombre solicitado.


Compartimos nuestra espera con dos ecuatorianos –un padre y el hijo– que bajaron del avión en Montevideo para conocer a 'El Pepe', darle un abrazo, sacarse una foto, oír su voz en directo y volver al avión rumbo a su país. También con una periodista local, un joven de Canelones, dos voluntarios españoles y 'El Turco', el guardia de seguridad de Pepe Mujica, que nos contó anécdotas de los visitantes que acuden diariamente mientras nos pasaba y cebaba el mate.


Mujica llegó a la garita con la ropa de trabajo y excusándose por demorar tanto: se había empeñado en replantar unas tomateras que no quedaron bien, según decía. Tomó asiento arrastrando los pies, cansado, y contó.


En su humildad reside su cercanía, y quizás sea ése el motivo por el que es tan admirado. Agarró una cajita de la mesa, se armó un cigarrillo y lo encendió inquieto. "Dale, preguntadme", dijo tras la primera calada, mirando hacia la ventana.

 

 

¿Te cansa atender a toda esta gente? ¿A los periodistas?


Sí.


¿Te crees merecedor de tantas visitas?


No. Vivimos en una época muy crítica en la que hay debilidad. La gente admira la sencillez y el compromiso. Y, entonces, lo que debería ser normal les llama la atención. Yo no tengo la culpa de que a las instituciones contemporáneas se les hayan pegado una serie de usos y costumbres que son propios de la monarquía y no de la república.


Los presidentes y los ministros tienen una aureola, una alfombra roja... un protocolo complicado, y cuando andan en público quieren parecer estatuas. Y la gente siente que no hay autenticidad. Están un poco hastiados, por eso cuando ven a un viejo raro que es distinto les llama la atención y les parece un mérito bárbaro. No es ningún mérito. Más bien hay demérito del otro lado.

 


¿Cuál crees que es la función del político?


Hay que separar dos cosas: las deformaciones de la politiquería y luego la función de la política. La política no es una profesión. Es una pasión. Es una necesidad humana, porque el ser humano es gregario y no puede vivir en soledad, no es un felino, necesita de la sociedad. La función de la política es amortiguar las contradicciones inevitables que existen en una sociedad y la diferencia para que exista esta sociedad. Alguien tiene que administrar eso.


Pero cuando la política se transforma en una profesión, en una forma de vivir, y también de acumular plata, entonces pierde credibilidad para con la gente y pierde el sentido de la función que tiene. El político tendría que vivir como vive la inmensa mayoría de la gente del país, no como vive la minoría privilegiada. No se está en política por una compensación económica, y al que esté buscando plata habría que colgarlo.

 


Su mandato

 


¿Creías que podrías hacer más cosas antes de llegar a la presidencia?


Al ser humano le gusta imaginar lo que puede lograr, pero reconozco que siempre estás limitado y hay una parte de la limitación que está bien. Imagínate... ¿y si te sale un tirano? Hay que tener garantías frente a eso. Yo creo mucho más en el juego de las fuerzas colectivas, con todos los defectos que puedan tener. Estoy a favor de los partidos.


El francotirador sólo puede ser heroico, no más. Cualquier mejora en la historia necesita que tenga fuerza colectiva, llámalo partido, organización, como quieras. La única manera de avanzar es con construcciones humanas que tengan peso y que obliguen a la construcción colectiva.


¿Volverías a ser presidente?


No. Tengo 81 años y hay que trabajar para que venga otra gente y se vaya renovando. No, no, yo ahora tengo que cumplir mi papel de viejo. Dar consejo y orientaciones que nadie le va a dar pelota. Hay que cumplir el papel que uno tiene que cumplir. Hay que lograr que surja nueva gente, que se preste. Imagínate tú que con suerte voy a tener 84 años para la campaña electoral. ¿Qué? ¿Voy a asumir con 85 años, hasta los 90 años? Es medio grosero. Ha habido algunos, sí. Yo qué sé. Aquellos primeros ministros de la Reina Victoria eran unos viejos peligrosos. Es peligroso un viejo, sobre todo uno que esté lúcido. No te olvides que el primero que le dio una paliza a Napoleón era un anciano.


¿Crees que la sociedad uruguaya es conservadora?


Es una sociedad de viejos. Hay una tendencia mundial a jóvenes envejecidos. No es que estén envejecidos, es que están ganados por la influencia del consumo. Sobre todo, hay una especie de nihilismo, de tender a no creer en nada. No todos, hay excepciones. Espero que sea coyuntural, si no iría en contra de la especie. El Uruguay tiene una sociedad conservadora, pero no reaccionaria. Acá las versiones de extrema derecha no están. Es una sociedad centrista.

 

Guerrillero

 


¿Cómo un presidente puede llegar a cambiar algo?


No se puede pretender cambiar la realidad si no se tiene la comprensión y el apoyo de mucha gente. Por convencido de que uno esté intelectualmente, y para que la gente pueda acompañar y dar un paso más, hay que estar al lado de ella y hay que estar al lado de los problemas que tiene. Eso cuando somos muy jóvenes nos cuesta mucho entenderlo. Razonamos en términos absolutos, que son más propios de las matemáticas y no de la realidad humana. La gente no puede entendernos.


Yo no puedo decirle a alguien: "Mira, el socialismo te va a traer esto y lo otro", porque él está preocupado con pagar la luz a fin de mes. Yo tengo que luchar para que él pueda pagar la luz y subvertir sus necesidades inmediatas, y eso para que lentamente pueda ir aprendiendo y sintiendo un poco más. Si no estoy con él cuando tiene necesidades básicas, no va a tener orejas para escuchar lo que le voy a decir para pasado mañana. Quiero decir que el proceso de construcción en una fuerza colectiva es bastante difícil.


¿Qué punto de inflexión fue decisivo para entender esto?


Es una evolución que se produce mirando la realidad. Por ejemplo, si tras pasar catorce o quince años de dictadura salíamos planteando progreso con armas en la mano, ese pueblo al cual nos debemos lo iba a sentir como una provocación. "Éstos nos van a empujar a la dictadura de vuelta".


Y una democracia liberal no es el fin de la civilización, ni el fin del mundo, ni el mundo es mejor, pero es mejor que una dictadura. Y la gente tiene un sentido muy concreto. Entonces nosotros decidimos la militancia en el plano legal, en función de esa realidad.


¿Cuándo deja de tener sentido una guerrilla?


La guerra no puede ser el objetivo en una sociedad. Una de las definiciones clásicas de la guerra es que se hace por una paz mejor. Pero si no tienes en el horizonte la posibilidad de una paz mejor, no te metas a hacer guerra, porque lo único que tienes es sacrificio. Tenemos el caso de Colombia: ¿por qué las FARC se plantean? Porque el Gobierno no puede terminar con la guerrilla. Pero la guerrilla tampoco llega al gobierno. No puedes estar toda la vida guerreando, no es lógico.

 


El futuro

 


¿Podría surgir un nuevo Che Guevara?


No veo por qué no. Pero seguramente sería distinto, irrepetible, en otras circunstancias. Ahí estuvo Mandela. Todo el mundo convulsionado. Pienso que la especie humana en su afán de superación va a generar portavoces porque lo determinante no son las figuras, son las causas, son el motor de la historia que va proyectándose a través de los seres humanos. Se van a generar luchadores. Yo no tengo duda.


Pero parece que la figura de ídolo hoy se asocia a la de la persona que triunfa, sobre todo económicamente.


La sociedad contemporánea es terriblemente desigual, con una minoría de gente que acumula mucha riqueza. Y no puedo creer que la gente vaya indefinidamente a soportar eso. Creo que va a haber lucha y la próxima revolución de carácter tecnológico no es la informática. Son las máquinas que piensan sustituyendo masivamente al humano que van a obligar a recortar los horarios de trabajo en el mundo entero y eso va a producir convulsiones.


Puede pensarse en una democracia mucho más descentralizada con una capacidad de decisión trasladada a la propia sociedad. Hoy es posible consultar por un montón de cosas y que responda. Eso no existía. La democracia representativa tiene una limitación muy fuerte. Nadie representa a nadie. No existe la representación. El ser humano es irrepresentable. Es único. Apenas somos semejantes.


¿Se puede frenar al capitalismo, cambiar el sistema?


No. No puedes pretender que la gente piense distinto porque estás en una cultura funcional capitalista y eso tiene más fuerza que un ejército. Esto de "me voy a comprar un auto mejor, una casa mejor"... Eso lo hace el capitalismo, que quiere que seamos consumidores y trabajadores, que generemos plusvalía y que ésta contribuya a multiplicar la riqueza.


Cambiar el sistema no es sólo cambiar las relaciones de producción y distribución, es más un cambio cultural y esto cuesta mucho más que un cambio material. Si no cambia la cultura, no cambia nada. Y eso significa cambiar el sistema de valores con los que vos te manejas en el común corriente de tu vida. Y nosotros tenemos lo que nos da esa pantalla, la tecnología. Es la lógica de la acumulación, que es la característica del capitalismo.


¿Cuál?


Cuando tú compras, no compras con plata. Compras con tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero resulta que lo que más te importa, que es el tiempo de tu vida, no puedes comprarlo porque no puedes comprar más vida. Aunque no hay que olvidar que el capitalismo también nos dio más vida y más progreso.


Es, por un lado, cruel, injusto y egoísta. Y, por otro lado, es terriblemente transformador y creador. El problema es la finalidad ética y moral. El capitalismo piensa en el mercado, en la acumulación y se olvida de las necesidades del hombre. Ése es el problema y eso es lo que hay que cambiar.

 


Entrevista del cuaderno de viajes Planos Americanos con Pepe Mujica.

 

 

Publicado enPolítica
Viernes, 25 Noviembre 2016 06:50

Sí se puede: los de abajo como sujetos

Sí se puede: los de abajo como sujetos

Cuando los de más abajo, los jóvenes (varones y mujeres) pobres de las periferias, los ninguneados de siempre, toman las riendas de sus vidas y además lo hacen en colectivo, es porque algo muy profundo está cambiando. Un mundo nuevo comienza a despuntar cuando el intelectual, el dirigente, el estratega (en masculino), se disuelve por la potencia de lo colectivo que anuncia un vendaval político, social y cultural de largo aliento.

El viernes 19 de noviembre una multitud de más de 20 mil personas caminó la décima Marcha de la Gorra, en Córdoba (Argentina). Había que ver y sobre todo sentir a esos chicos danzando, cantando, gritando en la cabecera de la marcha, esos que día a día son golpeados, asesinados y desaparecidos por la policía provincial, una de las más letales del país. Una marcha que comenzó en 2007 exigiendo la derogación del Código de Faltas, hoy travestido en Código de Convivencia, que equipara las faltas con los delitos penales, una trampa jurídica del poder provincial para perseguir jóvenes "peligrosos". O sea, pobres que viven en las periferias.

En Córdoba existe un Estado policial funcional a un capitalismo militarizado, que tiene en el extractivismo soyero y en la especulación inmobiliaria urbana sus núcleos de acumulación de capital. Los que no consumen sobran; no existen ni para el poder ni para los medios, son los culpables de la "inseguridad" y, como señala Giorgio Agamben, pueden ser asesinados sin que eso se considere delito. El Código de Faltas aprobado en 1994 es la pieza legal de este engranaje.

El año pasado fueron detenidas 73 mil personas, en su mayoría por "portación de rostro", o sea, por su aspecto, por ser jóvenes de piel más oscura, llevar gorras y ropas "sospechosas" para los uniformados. Unos 200 chicos son detenidos cada día. Desde 2011, más de 150 fueron asesinados y varios miles golpeados y heridos. La figura legal que utiliza la policía es el merodeo, que puede ser confundido con pasear, caminar o circular. El 80 por ciento de los jóvenes de 18 a 25 años fueron detenidos alguna vez.

Lo peor es que el código otorga a la policía la potestad para detener, instruir y juzgar en cualquier punto de la tramitación del hecho. Impunidad es la palabra más adecuada. No les permiten salir de las periferias. La policía los detiene sistemáticamente en los puentes y en las salidas de los barrios y los persigue cada vez que retornan a sus casas.

La definición de Estado policial la sintetiza Huayna, militante de la Federación de Organizaciones de Base, en Barranca de Yaco, un barrio periférico de casas precarias levantadas sobre un basural. "Llamamos a la ambulancia y viene la policía. Llamamos a los bomberos y viene la policía. Es el único servicio que tiene el Estado para nosotros".

Esos chicos que encabezan la marcha con los retratos de sus amigos asesinados, como Güere Pellico, de 18 años, fusilado por la espalda cuando volvía a su casa en moto, han recorrido un largo camino. Ahora son capaces de redactar un texto memorable, como la Carta abierta al Estado policial, la proclama que se leyó al finalizar la caminata.

No pretendo echar luz sobre la acción pública que, finalmente, es similar a las que protagonizan los abajos a lo largo y ancho del mundo. El punto central fue cómo los jóvenes pobres se convirtieron en sujetos.

Desde el ciclo de protestas 1997-2002, cuyo pico fue el levantamiento del 19 y 20 de diciembre de 2001, decenas de estudiantes universitarias y licenciadas (mayoría mujeres) trabajan en barrios pobres creando talleres de teatro, murga, revistas y radios comunitarias con base en la educación popular. Hacia 2007, relata la sicóloga comunitaria Lucrecia Cuello, los jóvenes de los barrios comenzaron a reunirse en grandes asambleas hasta de 300 integrantes. Ahí se produjo un hecho formidable.

"Nos dijeron que las decisiones las querían tomar ellos, que querían salir a la calle y no sólo hacer talleres. Nos dijeron que los técnicos nos apartáramos a un lado y que luego nos volverían a llamar", explica Cuello. Se apartaron y esperaron. Pero, sobre todo, comprendieron que su lógica académica de trabajo reproducía "el tutelaje colonial sobre los pobres, que siguen siendo subalternos en relación a las ONG y los partidos de izquierda". De esos encuentros nació el Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos que convoca las Marchas de la Gorra.

Con el tiempo y la permanencia en los territorios, un puñado de licenciadas acompañaron a los jóvenes que "desbordaron la educación popular gracias al encuentro que tuvieron entre ellos, que fue determinante para romper con el técnico y con el militante que va al territorio". Se trata de una explicación similar a la que ofrecen Huayna y otros militantes de la decena larga de organizaciones sociales que trabajan en las periferias. "Nosotros por nosotros", sería la síntesis, aunque cada vez más se debería usar el femenino, ya que ellas empezaron a tallar fuerte en los años recientes.

Hasta ahí, en apretada síntesis, el relato de ese ponerse de pie que hizo posible la Marcha de Gorra, desde la doble mirada de las periferias y de los "técnicos". Se agolpan las preguntas. ¿Estamos en condiciones de pensar, y de sentir, que los más pobres pueden ser sujetos? Los que nos decimos militantes, ¿aceptamos colocarnos a un lado para "simplemente" acompañar a los sujetos de abajo? ¿Sentimos realmente que pueden cambiar el mundo sin vanguardia política o intelectual?

Llegados a este punto, ¿cuál es el papel de los militantes, o como le llamemos a esa actitud de vida? Lo primero, comprender con la piel, hacer nuestros los dolores colectivos. Lo segundo, acompañar un proceso sin dirigirlo. Lo tercero, regocijarnos por ser aceptados como uno/una más. Lo cuarto, decir lo que pensamos cuando nos lo pidan y guardar silencio el resto del tiempo. Políticas de la ética y la humildad. De lo contrario, nuestra revolución se limitará a reproducir el colonialismo y el racismo.

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Por una polarización democrática: cómo segar la hierba bajo el populismo de derechas. Entrevista

Después de 1989, solo se hablaba del "fin de la historia" gracias a la democracia y la economía de mercado y en la actualidad estamos experimentando la aparición de un fenómeno nuevo en la forma de un liderazgo autoritario / populista - de Putin a Donald Trump, pasando por Erdogan. Claramente, una nueva "internacional autoritaria" está logrando cada vez más definir los discursos políticos. ¿Acertó su contemporáneo Ralf Dahrendorf cuando previó un siglo XXI autoritario? ¿Se puede, de hecho se debe, hablar de un cambio de época?


Después de la transformación de 1989-90 cuando Fukuyama aprovechó la consigna de la "post-historia", acuñada originalmente por una especie de conservadurismo feroz, su reinterpretación expresó el triunfalismo miope de las élites occidentales que se adhirieron a la creencia liberal de la pre- armonía establecida de la economía de mercado y la democracia. Ambos elementos informan la dinámica de la modernización social, pero están vinculados a imperativos funcionales que chocan repetidamente. El equilibrio entre el crecimiento capitalista y la participación de la población - solamente a medias aceptada como socialmente justa - en el crecimiento de las economías altamente productivas sólo puede tener lugar en un estado democrático digno de este nombre. Tal equilibrio, que justifica el nombre de "democracia capitalista", era, sin embargo, dentro de una perspectiva histórica, una excepción y no la regla. Solo eso ya hacía de la idea de una consolidación global del "sueño americano" una ilusión.


El nuevo desorden mundial, la impotencia de los EE.UU. y Europa con respecto al crecimiento de los conflictos internacionales, es profundamente inquietante y las catástrofes humanitarias en Siria o Sudán del Sur nos conmocionan, así como los actos de terrorismo islamista. Sin embargo, no puedo reconocer en la constelación que usted indica una tendencia uniforme hacia un nuevo autoritarismo, sino, más bien, una variedad de causas estructurales y muchas coincidencias. Lo que les une es el teclado del nacionalismo, que ha comenzado también a ser utilizado en Occidente. Incluso antes de Putin y Erdogan, Rusia y Turquía no eran "democracias impolutas". Si Occidente hubiera aplicado una política un poco más inteligente, se hubiera podido fijar el curso de las relaciones con ambos países de manera diferente - y las fuerzas liberales en sus poblaciones podrían haber sido reforzadas.


¿No estamos sobre-estimando las capacidades de Occidente de manera retrospectiva?


Por supuesto, dada la gran variedad de sus intereses divergentes, no habría sido fácil para "Occidente" elegir el momento adecuado para tratar racionalmente con las aspiraciones geopolíticas de una superpotencia rusa relegada o con las expectativas europeas de un descontento gobierno turco. El caso del ególatra Trump, altamente significativo para todos en Occidente, es de un orden diferente. Con su desastrosa campaña electoral, está llevando a un punto crítico un proceso de polarización que los republicanos han estado alimentando con cálculo frío desde la década de 1990 y que están incrementado sin escrúpulos, hasta el punto de que el "Grand Old Party", el partido de Abraham Lincoln, no lo olvidemos, ha perdido por completo el control de este proceso. Esta movilización de resentimiento está dando rienda suelta a las dislocaciones sociales de una superpotencia en declive político y económico.


Lo que sí veo, por lo tanto, como algo problemático, no es el modelo de una Internacional autoritaria que se plantea como hipótesis, sino la ruptura de la estabilidad política en nuestros países occidentales en su conjunto. Cualquier valoración de la retirada de los EE.UU. de su papel como potencia mundial siempre dispuesto a intervenir para restablecer el orden, tiene que tener en cuenta el fondo estructural, que afecta a Europa de una manera similar.


La globalización económica que Washington introdujo en la década de 1970 con su agenda neoliberal ha traído consigo, medido a nivel mundial en relación con China y los demás países emergentes BRIC, una disminución relativa de Occidente. Nuestras sociedades deben trabajar en cada país la conciencia de esta decadencia global junto con el crecimiento explosivo inducido por la tecnología de la complejidad de la vida cotidiana. Las reacciones nacionalistas están ganando terreno en los ambientes sociales que nunca o inadecuadamente se han beneficiado de las ganancias de la prosperidad de las grandes economías, porque el prometido siempre "efecto goteo" no se materializó durante décadas.


Incluso si no hay una tendencia inequívoca hacia un nuevo autoritarismo, obviamente estamos pasando por un enorme giro a la derecha, de hecho, una revuelta de la derecha. Y la campaña pro-Brexit fue sólo el ejemplo más destacado de esta tendencia en Europa. Usted mismo, como se ha dicho recientemente, "no contó con una victoria del populismo sobre el capitalismo en su país de origen". Todo observador sensato no ha podido sino sorprenderse de la naturaleza obvia irracional no sólo del resultado de esta votación, sino de la propia campaña. Una cosa es evidente: Europa también es cada vez más presa de un populismo seductor, de Orban y Kaczynski a Le Pen y la AFD. ¿Quiere esto decir que estamos atravesando un período en el que la norma en Occidente son las políticas irracionales? Algunos sectores de la izquierda ya están defendiendo reaccionar frente al populismo de derechas con una versión de izquierdas.


Antes de reaccionar de forma puramente táctica, hay que resolver el rompecabezas de cómo el populismo de derechas se apropió de los temas de la izquierda. La última cumbre del G-20 fue una pieza de teatro instructiva en este sentido. Una lectura de las preocupaciones de los jefes de gobierno sobre el "peligro de derechas" es que podría llevar a los estados nación a cerrar sus puertas, a levantar el puente levadizo y a acabar con los mercados globalizados. Este estado de ánimo abraza el asombroso cambio de política social y económica que una de las participantes, Theresa May, anunció en la última conferencia del Partido Conservador y que causó olas de ira, como esperaba, en los medios de comunicación pro-empresarial. Obviamente, la primera ministra británica había estudiado a fondo las razones sociales para el Brexit; en cualquier caso, está tratando de robarle el viento a las velas de populismo de derecha cambiando la anterior línea del partido y vendiendo un "Estado fuerte" intervencionista con el fin de combatir la marginación de los sectores "abandonados" de la población y el aumento de las divisiones en la sociedad. Teniendo en cuenta este irónico cambio de la agenda política, la izquierda en Europa tiene que preguntarse por qué el populismo de derechas está teniendo éxito a la hora de ganarse a los oprimidos y desfavorecidos para el falso camino del aislamiento nacional.


¿Cuál debe ser la respuesta de izquierdas al desafío de la derecha?


La cuestión es por qué los partidos de izquierda no se lanzan a la ofensiva contra la desigualdad social domesticando de manera coordinada y transfronteriza los mercados no regulados. Como una alternativa razonable - tanto frente al status quo del capitalismo financiero salvaje como a la agenda de un "völkisch" o retroceso nacionalista de izquierda a la supuesta soberanía de las que se ha desprovisto hace mucho a las naciones - yo sugeriría que sólo hay una forma supranacional de cooperación que persigue el objetivo de dar forma a una reconfiguración política socialmente aceptable de la globalización económica. Los regímenes internacionales de tratados son insuficientes para ello; por que, dejando a un lado por completo su dudosa legitimidad democrática, las decisiones políticas en torno a cuestiones de redistribución sólo pueden llevarse a cabo dentro de un estricto marco institucional. Eso deja sólo el camino pedregoso de una profundización institucional y la incrustación de una cooperación democráticamente legitimada a través de las fronteras nacionales. La Unión Europea fue una vez un proyecto de este tipo - y la unión política de la zona euro aún podría serlo. Pero los obstáculos en el proceso de toma de decisiones interno son muchos para eso.


Desde Clinton, Blair y Schröder, los socialdemócratas han derivado hacia la línea neoliberal imperante en las políticas económicas, ya que era o parecía ser prometedora en el sentido político: en la "batalla por el centro" estos partidos políticos pensaban que sólo podían ganar mayorías adoptando un curso neoliberal de acción. Esto significaba aceptar una vieja tolerancia de las crecientes desigualdades sociales. Mientras tanto, este precio - la “sangría” económica y socio-cultural de sectores cada vez mayores de la población - ha aumentado claramente tanto que la reacción contra ello se ha ido a la derecha. Y ¿a dónde podía ir? Si no hay una perspectiva creíble y proactiva, la protesta simplemente se refugia en formas gestuales e irracionales.


Incluso peor que la derecha populista parecen ser los "riesgos de contagio" en los partidos establecidos - y, de hecho, en toda Europa. Bajo la presión de la derecha, la nueva primera ministra de Gran Bretaña ha aplicado una política de línea dura para disuadir o incluso expulsar a los trabajadores extranjeros y migrantes; en Austria el jefe socialdemócrata del gobierno quiere restringir el derecho de asilo por decreto de emergencia - y en Francia, François Hollande, ha estado gobernando ya durante casi un año en un estado de emergencia, para gran satisfacción del Frente Nacional. ¿Está Europa alerta de esta revuelta de derechas o los logros republicanos están siendo erosionados de forma irreversible?


Mi balance es que los políticos han manejado mal el populismo de derechas desde el principio. El error de los partidos establecidos ha sido aceptar el terreno de enfrentamiento definido por el populismo de derechas: "Nosotros" contra el sistema. Aquí casi no importa un ápice si este error toma la forma de una asimilación o de una confrontación con la "derecha". Basta mirar al estridente aspirante a presidente francés, Nicolas Sarkozy, que está superando la oferta de Marine Le Pen con sus propuestas, o el ejemplo de la sobria ministra de Justicia alemana Heiko Maas que ataca con fuerza a Alexander Gauland en el debate: ambos refuerzan a su oponente. Ambos los toman en serio y elevan su perfil. Hace un año que, aquí en Alemania, todos conocemos la estudiada sonrisa irónica de Frauke Petry ( líderesa de AfD ) y el comportamiento del resto de la dirección de su fantasmal banda. Solo haciendo caso omiso de sus intervenciones se puede segar la hierba bajo los pies de los populistas de derechas.


Pero esto requiere estar dispuesto a abrir un frente completamente diferente en la política interna y al hacerlo, convertir el problema antes mencionado en la cuestión clave: ¿Cómo podemos recuperar la iniciativa política vis-à-vis las fuerzas destructivas de la desenfrenada globalización capitalista? En su lugar, la escena política es predominantemente gris sobre gris. Por ejemplo, la agenda pro-globalización de izquierda de dar forma política a una sociedad global que crece junta económica y digitalmente ya no puede distinguirse de la agenda neoliberal de abdicación política al chantaje de los bancos y de los mercados no regulados.


Por lo tanto, habría que hacer de nuevo que fueran reconocibles los programas políticos enfrentados, incluyendo el contraste entre la mentalidad abierta “liberal” - en un sentido político y cultural - de la izquierda, y el aire viciado nativista de las críticas de la derecha a una globalización económica sin restricciones. En una palabra: la polarización política debe re-cristalizar entre los partidos establecidos en los conflictos sustantivos. Los partidos que prestan atención a los populistas de derechas en lugar de despreciarlos no deben esperar para hacerlo a que la sociedad civil desdeñe su discurso y su violencia. Por lo tanto, considero que el mayor peligro es una polarización muy diferente hacia la que se dirige la oposición dura dentro de la CDU cuando mira recelosa al período post- Merkel. En Alexander Gauland reconoce de nuevo la figura central del ala Dregger de la antigua CDU de Hesse, carne de su propia carne, y juega con la idea de recuperar votantes perdidos por medio de una coalición con el AfD.


Incluso verbalmente, muchas cosas están al revés: Los políticos cada vez más son denunciado como "enemigos del pueblo" y abiertamente insultados. Alexander Gauland llama a Angela Merkel, una "canciller dictatorial". En la misma línea se inscribe la rehabilitación gradual de la "Wörterbuch des Unmenschen (diccionario de la jerga nazi)": Frauke Petry quiere llevar el concepto de "völkisch" de nuevo al lenguaje cotidiano, Björn HOCKE habla de "entartete Politik " ( "política degenerada") y, acto seguido, una diputada de la CDU sajona cae en el clásico discurso nazi de la "Umvolkung" (desgermanización) - y todo esto sin mayores consecuencias.


La única lección que partidos democráticos deben sacar en lo tocante al tratamiento de estas personas interesadas en tales términos es: deben dejar de bailar alrededor de estos "ciudadanos preocupados" y denunciarlos tajantemente por lo que son: el caldo de cultivo de un nuevo fascismo. En lugar de eso, somos testigos una y otra vez del ritual cómico, bien practicado en la antigua República Federal, de los equilibrios obligatorios: cada vez que se habla de "extremismo de derechas" los políticos se sienten obligados inevitablemente a señalar a toda prisa el correspondiente peligro de "la extrema izquierda", como si tuvieran que justificarse.


¿Cómo se explica la susceptibilidad ante el populismo de derecha de la AfD en Alemania del Este y la magnitud de los delitos de la extrema derecha allí?


No se debe, por supuesto, caer bajo ninguna ilusión en relación al fuerte éxito electoral de la AFD en los estados occidentales de Alemania, como lo demuestran los resultados de las últimas elecciones de Baden-Württemberg - incluso si las agresivas declaraciones del Sr. Meuthen (de la AFD) contra el legado liberal-izquierdista de la generación del 68 hacen suponer no tanto una mentalidad de un extremista de derechas, como una disposición relativamente antigua en la República Federal. En el oeste, los prejuicios de extrema derecha de los votantes de la AFD parecen florecer a través de un medio social conservador, que no tuvo la oportunidad de desarrollarse en la antigua RDA. En el oeste también se encuentran aquellos activistas de derecha que, inmediatamente después de la reunificación de 1990 se desplazaron en masas desde la vieja República Federal hacia el este, llevando con ellos las capacidades organizativas necesarias. Sin embargo, a juzgar por los datos estadísticos conocidos, la vulnerabilidad "sin filtrar” a los viejos prejuicios autoritarios y las "viejas" continuidades es definitivamente mayor en el este de Alemania. En la medida en que este potencial aparece en antiguos no votantes, se ha podido mantener de forma más o menos discreta hasta que ha aparecido el catalizador de nuestra reciente política de refugiados. Hasta ahora, estos votantes habían sido atraídos por la sesgada percepción política y la buena voluntad nacional de la CDU del Este o por el partido de la "Izquierda". Hasta cierto punto no hay mal que por bien no venga. Pero es mejor para un cuerpo político democrático cuando esos modos de pensar políticos cuestionables no son barridos bajo la alfombra a largo plazo.


Por otro lado, el oeste, es decir, el anterior gobierno de Alemania Occidental, que definió como se ha llevado a cabo la reunificación y la reconstrucción y que ahora tiene la responsabilidad política de las consecuencias, bien podría acabar quedándose con el bebé en vista de cómo la historia juzga estos hechos. Mientras que la población de la antigua Alemania Occidental ha tenido la oportunidad en buenas condiciones económicas de liberarse gradualmente de la herencia de la época nazi debatiendo públicamente durante décadas, librándose de los prejuicios y de unas élites continuistas, la población de la antigua RDA no ha tenido la oportunidad después de 1990 de poder cometer sus propios errores y de aprender con respecto a ese pasado nazi.


Cuando se trata de la política federal la AfD ha empujado a la Unión (CDU / CSU), al caos estratégico. Recientemente, los políticos de la CDU y la CSU redactaron un "Aufruf " (mandato) para un " Leitkultur ", una consigna política para preservar el marco cultural heredado, con la intención de detener "que el patriotismo sea abandonado a la personas equivocadas”. Se puede leer en él: "Alemania tiene derecho a estipular lo que debería ser evidente por sí mismo". "El arraigo en una patria amada y la experiencia diaria del patriotismo" deben ser promovidos.. En la (antigua) República Federal, como consecuencia de una creciente aceptación de la democracia, la Ley Fundamental actuaba como la cultura de la base y su reconocimiento se convirtió en la medida de una integración con éxito. Hoy en día, ¿estamos experimentando la transición de esta cultura de base constitucional-patriótica en una nueva cultura alemana formada por hábito y la costumbre, como el deber de dar la mano cuando se saluda a alguien?


Obviamente hemos supuesto demasiado rapidamente que la CDU de Merkel había dejado detrás de si los debates de la década de 1990. La política de refugiados ha hecho emerger una oposición interna que combina los descendientes de la derecha nacional-conservadora de la vieja CDU / CSU con los conversos de la CDU del este. Su "Aufruf " marca el punto a partir del cual la CDU se vendría abajo como partido si se la obliga a decidir entre dos opciones de como organizar la integración de los refugiados: de acuerdo a las normas constitucionales o de acuerdo con las ideas de la cultura nacional mayoritaria. La constitución democrática de una sociedad plural otorga derechos culturales a las minorías para que éstas tengan la posibilidad de continuar su propia forma de vida cultural dentro de los límites de la constitución. Por lo tanto, una política de integración constitucional es incompatible con la obligación legal de que los inmigrantes de un origen diferente sometan su estilo de vida a la cultura de la mayoría. Por el contrario, exige la diferenciación entre una cultura mayoritaria arraigada en el país y una cultura política que abarca todos los ciudadanos por igual.


Esta cultura política está, sin embargo, determinada todavía por la manera en que los ciudadanos interpretan los principios constitucionales a partir del contexto histórico del país. La sociedad civil debe esperar de los ciudadanos inmigrantes - sin poder imponerlo legalmente - que crezcan en esta cultura política. El informe que Navid Kermani, un ciudadano alemán de origen iraní, publicó en Der Spiegel sobre su visita al antiguo campo de concentración de Auschwitz es conmovedor e ilustrativo: en el babel de los visitantes de muchos países optó por unirse a un grupo silencioso de alemanes, los descendientes de la generación responsable de lo que ocurrió allí. Pero no fue en todo caso la lengua alemana del grupo lo que le movió a hacerlo.


Teniendo en cuenta que la cultura política no dejará de evolucionar dentro de una cultura democrática que vive del debate, los ciudadanos recién llegados tienen tanto derecho como los más antiguos a su propia voz en el proceso de desarrollo y cambio de esa cultura política común. El poder definitorio de estas voces esta ejemplarizado por los escritores de éxito, cineastas, actores, periodistas y científicos de las familias de antiguos "trabajadores invitados" turcos. Los intentos de conservar legalmente una cultura nacional no sólo son inconstitucionales, sino poco realistas.


En su última entrevista, en Die Zeit el 7 de julio, criticaba como "viejo lector de periódicos" una "cierta complicidad de la prensa" sin la cual la "política de embotamiento general de Merkel" no se habría extendido por todo el país. Es evidente que con la política de refugiados de Merkel estamos experimentando una nueva polarización. ¿Ve alguna posibilidad de pensar en alternativas políticas?


Dada la fijación de la AfD, me temo más bien una desaparición de las diferencias entre los demás partidos. Al referirme a una política de embotamiento general estaba hablando de Europa. En cuanto al futuro de la Unión Europea, por su parte, nada ha cambiado desde el Brexit. No se lee, por ejemplo, prácticamente nada sobre la nueva escalada del conflicto entre el ministro de Finanzas Schäuble y el FMI tras el abandono de este último del programa de ayuda a Grecia. Sin una iniciativa para cambiar la política de recortes, la falta de disposición interior en Europa para la cooperación se desarrollará en otros ámbitos políticos.


Wolfgang Schäuble, tras el Brexit, en una entrevista con Die Welt , se ha retractado públicamente de su propuesta de futuro de un núcleo proactivo europeo que él y Karl Lamers diseñaron en la década de 1990. Angela Merkel, que es una política racional que favorece un pragmatismo tecnocrático, pero que puede ser también una tacticista movida por la ambición de poder, me sorprendió con su política de refugiados constructiva. Su último viaje a África muestra que tiene la capacidad y la disposición de actuar de una manera estratégica y de largo alcance. Pero, ¿qué significa cuando, por otro lado, ya desde el año 2010, lleva a cabo una política hacia Europa desde la perspectiva estrecha del egoísmo económico nacional?. De hecho, parece pensar sólo en términos de los intereses nacionales en esa área política donde es responsabilidad de nuestro gobierno proporcionar el impulso necesario para la creación y posterior desarrollo de la UE. La política de austeridad miope de Merkel, que rígidamente mantiene el status quo, ha impedido dar los pasos necesarios y ha profundizado las divisiones dentro de Europa.


Ha exigido durante mucho tiempo una transnacionalización de la democracia, el fortalecimiento de la UE, para compensar la pérdida de control dentro de los Estados-nación en una sociedad global altamente interdependiente. Sin embargo, el anhelo de un repliegue en el Estado-nación está creciendo. Dado el estado actual de la UE y sus instituciones ¿cree que hay la más remota posibilidad realista de luchar contra esta renacionalización?


Las negociaciones sobre el Brexit traerán este tema nuevamente a la agenda. De hecho, todavía apoyo la diferenciación interna entre una Unión política más estrecha (lema: Core Europe) y una periferia de estados miembros que pueda unirse al núcleo en cualquier momento. Tantas razones políticas y económicas hablan a favor de este diseño que creo que los políticos harían mejor en creer en la capacidad de la gente de aprender, que en justificar su abandono de una alternativa político para el futuro alegando su impotencia ante fuerzas sistémicas fatalmente inalterables. La carrera de Angela Merkel ofrece, con la retirada de la energía nuclear y su política de refugiados pionera, dos notables ejemplos contrarios a la tesis de que no existe margen de maniobra política.

 

20/11/2016

Publicado enSociedad
"Mi gran deseo es consolidar la igualdad y dignidad boliviana"

Mi gran sueño, que está dentro de la Agenda 2020-2025, es que Bolivia tenga cero por ciento de pobreza y ciento por ciento de cobertura de los servicios básicos en áreas urbanas y rurales, afirmó el presidente Evo Morales.

El gran deseo que tengo es consolidar la igualdad, la dignidad y la estabilidad del pueblo boliviano, declaró en entrevista exclusiva con Prensa Latina el primer mandatario indígena en este país, a bordo del avión presidencial de regreso a La Paz desde Riberalta.

Luego de una jornada de 19 horas, dar una conferencia de prensa a las cinco de la madrugada, recorrer 680 kilómetros al frente de una caravana en el departamento amazónico de Beni -parte de ellos conduciendo-, y hablar en seis poblados en la ruta, Morales dialogó una hora con Prensa Latina.

Pese al ruido de los reactores y el cansancio de recorrer un terraplén lluvioso desde Trinidad hasta Guayaramerín, cerca de la frontera con Brasil, como inicio de un proyecto para asfaltar este importante eje integrador al costo de mil 280 millones de dólares, finalmente hablamos sin prisa.

La primera pregunta lo pone a pensar sobre qué conserva el primer presidente indígena boliviano de dirigente sindical campesino y las largas marchas de protesta con un morral al hombro, y cuáles experiencias en 11 años de mandatario atesora más y cuáles preferiría no recordar.

Lo primero, comienza Evo, es una lección familiar que viene de una vivencia cultural: los principios andinos del Ama Sua, Ama Llulla y Ama Quella, que significan no robar, no mentir, no ser flojo, y esta enseñanza viene fundamentalmente de mis padres desde que era niño.

Hoy me siento seguro de mí mismo y mantengo esa herencia familiar, cultural, que es parte de mi identidad, afirma inclinándose para contrarrestar el ronroneo del avión, cuido bastante estos principios éticos y morales, primero como persona, luego como dirigente y ahora como Presidente.

Segundo, continúa, aprendí desde que era dirigente sindical que cuanto más grande es una persona debe ser más humilde; cuantas más responsabilidades tiene más compromiso, esfuerzo y sacrificio debe hacer; y lo importante de siempre estar con el pueblo, en las buenas y las malas.

Este accionar es parte de una ética, recalcó, y por eso digo que personalmente nunca llegué al Chapare (región en la que fue presidente de las seis Federaciones Sindicales del Trópico de Cochabamba) en el año 1980 con la pretensión de ser dirigente y mucho menos Presidente.

Cuando uno se organiza, reflexionó, cuando identifica los enemigos internos y externos y toma conciencia sobre la injusticia y la desigualdad, es posible enfrentar un proceso de liberación de carácter social, sindical, cultural, y también una lucha electoral.

Ahora, subrayó Morales, hay muchos más compromisos, muchas más responsabilidades, y lo que no quisiera que vuelva en mi país es esa política de separatismo que impulsaron algunos grupos de la derecha en los años 2006, 2007 y 2008 cuando intentaron dividir Bolivia.

En esta retrospectiva autobiográfica, la pregunta que se impone es cuáles son los sueños que aún le faltan por lograr, ante lo que el dirigente que acaba de recibir un verdadero baño de masas en todos los poblados y ciudades donde entregó obras sociales, esboza una sonrisa.

Sobre todo, precisó, el gran deseo que tengo es consolidar la igualdad, la dignidad y la estabilidad del pueblo boliviano.

Yo mismo no puedo creer todavía que tenga ya casi 11 años de Presidente, confesó. Antes, los gobiernos nunca garantizaron estabilidad política y por tanto nunca garantizaron el crecimiento económico, aclaró.

En crecimiento económico también hemos batido marcas, dijo, con la integración de nuestro país en comunicaciones gracias al satélite Túpac Katari, la construcción de caminos, aeropuertos, la reducción de la pobreza, y casi se termina la deserción escolar con el bono Juancito Pinto.

Es decir, precisó, con las políticas sociales implementadas por nuestro gobierno bajo el pedido clamoroso de los pueblos, movimientos sociales y especialmente el movimiento indígena campesino originario, hemos respondido y hay resultados. Esa es la enorme alegría que tengo, enfatizó.

En lo político y económico este gobierno batió récords

En lo político, comentó, es un récord histórico. Participamos en siete elecciones, entre consultas y referendos, y ganamos tres con más del 60 por ciento, igual cantidad con más del 50 por ciento, aunque 'perdimos una', en el referendo del 21 de febrero pasado.

Cuando llegamos al Gobierno en 2006 el Producto Interno Bruto (PIB) era de nueve mil millones de dólares, y en 1985 cuando comenzó aquí el modelo neoliberal ascendía a cinco mil millones de dólares, ilustró el mandatario en alusión a los logros económicos.

Dijo que en 20 años el PIB sólo había crecido en cuatro mil millones de dólares, y lo contrastó con el período de 2006 a 2015, durante la gestión del Movimiento al Socialismo, cuando llegó a 34 mil millones de dólares.

Ese es un salto histórico sorprendente, destacó Morales, de 25 mil millones de dólares de incremento del PIB en nueve años, gracias a la política de nacionalización, de recuperación de nuestras empresas públicas.

Imagínese, explicó en tono coloquial, cuánto perdió el país durante la época neoliberal, con empresas que entregaban el patrimonio del pueblo boliviano a transnacionales o con contratos inconstitucionales que privatizaban nuestros recursos naturales.

Esta situación económica, acotó, nos ha permitido dos cosas: una liberación política y otra liberación económica. Ahora no decide en Bolivia el embajador de Estados Unidos sobre su situación política, y en lo económico tampoco decide el Fondo Monetario Internacional, subrayó.

Ahora somos los bolivianos quienes decidimos sobre nuestro país, antes decidían en Bolivia los 'Chicago Boys', pero ahora lo hacemos los 'Chuquiago Boys' (nombre indígena del valle donde está asentada la ciudad de La Paz), antes decidían los gringos ahora lo hacemos los indios, recalcó el gobernante.

En mi experiencia, puntualizó, antes se importaban políticas, programas y hasta proyectos, ahora se exportan proyectos, programas y hasta políticas económicas. Hemos volteado la tortilla, como se dice popularmente, y eso nos satisface.

Se refirió a las reivindicaciones que plantea el pueblo, sin precedente alguno. 'Imagínese que el 20 por ciento de la población que ha pasado en estos 10 años de ser pobres a ser clase media tienen hoy otras reivindicaciones, otras necesidades, ya no piensan en dejar la pobreza', reflexionó.

Ello hay que entenderlo políticamente para atender sus demandas, afirmó.

En estabilidad también hemos batido récords, dijo. El presidente democráticamente electo Andrés de Santa Cruz y Calahumana, gobernó el país de 1829 a 1839, le faltaron unos meses para 10 años, y, agregó, ya nosotros lo hemos pasado.

Otro de los gobernantes que más duró en el cargo fue Víctor Paz Estenssoro, quien gobernó en cuatro ocasiones (1952-1956; 1960-1964; 6 de agosto al 4 de noviembre de 1964 y 1985-1989) por un total de unos 13 años, y el 2018 vamos a batir ese récord después de casi 190 años, resaltó como elemento inédito e histórico.

Recordó que procedía del sector más vilipendiado de la historia de Bolivia, 'el más humillado, despreciado, como es el movimiento campesino indígena originario. Nos organizamos y ahora batimos récord en estabilidad política', exaltó el mandatario.

No sé si en el futuro se repetirá, pero hay grandes perspectivas para continuar este camino de liberación mediante una revolución democrática cultural, con transformaciones sociales y la participación del pueblo.

Al pedir una reflexión sobre las causas de la derrota del referendo del 21 de febrero, y el uso por la derecha de la guerra mediática nacional e internacional con las nuevas tecnologías de comunicación social en una campaña orientada a desprestigiar los dirigentes, Morales no demoró en responder.

Reconoció la pérdida sufrida el 21 de febrero con la diferencia de un uno por ciento frente a lo que consideró semejante estructura de comunicación imperial acompañada por la derecha neoliberal, en una lucha en la cual 'han jugado un papel importante algunos medios de comunicación nacionales', observó.

El imperio con su orientación constante a la derecha, los programas conservadores, junto a los medios de comunicación del sector privado, se dedicaron a posicionar en la opinión pública mentiras tras mentiras, señaló.

La derecha en Bolivia no tiene ninguna propuesta, afirmó, 'si algo tiene la derecha son las mentiras que saben usar en sus medios para alentar el rechazo al gobierno con calumnias, e intentar desgastar al pueblo organizado y movilizado en defensa de su revolución democrática y cultural'.

Frente a esta realidad, es nuestra obligación mejorar nuestro sistema de comunicación, aseguró el jefe de Estado, al aclarar que 'si con semejante campaña no pudieron derrotarnos ampliamente el 21 de febrero es porque hay conciencia' y, recalcó, 'ahora muchos están arrepentidos porque saben que fueron engañados'.

Alertó a renglón seguido que 'ese engaño no perjudica a Evo sino al pueblo boliviano', tras agregar que los movimientos sociales constituyen un movimiento político, que tienen un programa, principios y su Agenda del Bicentenario, con objetivos enormes para el bien de todas y todos los bolivianos.

Llegó la hora de profundizar la Revolución e integración

Para el presidente boliviano, Evo Morales, lo que está pasando en algunos países suramericanos al retornar la derecha al poder es motivo de una profunda reflexión de nuestros movimientos sociales y llegó la hora de profundizar la revolución.

Quienes apostamos por la dignidad y soberanía de nuestros pueblos, enfatizó Morales, estamos convencidos de que en cualquier momento los movimientos sociales recuperarán los procesos de revolución democrática en Suramérica y en América Latina.

Lo que pasa con los servicios básicos, inclusive en los países vecinos con Bolivia, precisó, llama la atención sobre que si bien alguna gente se equivocó a la hora de votar, ahora están arrepentidos al ver los resultados de sus errores en la participación democrática.

Quienes no perdemos nuestro horizonte y tenemos principios y valores, acompañados por programas y proyectos de desarrollo pero también de liberación, confiamos triunfar en esta dura batalla, recalcó el mandatario.

Yo confío mucho en los movimientos sociales, afirmó. En Bolivia, explicó, los movimientos sociales hicimos mucha historia con resultados positivos para el pueblo, compartimos experiencias de luchas y tenemos muchos eventos de carácter social, político, económico y, sobretodo, ideológicos, que es lo más importante.

En ese cambio en un sector que pasó de ser pobres a clase media con el Proceso de Cambio, indicó, al considerar que fue 'tal vez el error del gobierno no ideologizarlo, porque la ideología acompaña al programa de liberación y los proyectos que defienden la libertad y la soberanía de los pueblos, por eso es tan importante'.

No estamos en tiempo de oligarquías y monarquías, menos de anarquías, y hay que enfrentar también las anarquías financieras y, recalcó, 'tenemos un conjunto de políticas a adoptar para garantizar esta liberación definitiva, la segunda liberación de los pueblos de Bolivia después de la fundación de la República'.

Pasamos momentos difíciles, golpes de Estado, dictaduras militares, ahora estamos en el tiempo de profundizar nuestra Revolución, enfatizó el jefe de Estado.

Interrogado sobre el tema de la integración regional y los intentos de Estados Unidos por boicotear la unidad de América Latina y El Caribe, Morales aclaró que hay muchos rubros en el tema de la integración, pero insistió en que fundamentalmente necesitamos la integración política.

Recordó a grandes líderes que han impulsado la integración regional en los últimos tiempos como Hugo Chávez, Lula (Luiz Inácio Lula da Silva), Néstor Kirchner, entre otros, y destacó el logro de incorporar temas de Estado a este proceso.

Hemos consolidado la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) después de 200 años de la fundación de las Repúblicas, y gracias a Fidel (Castro) consolidamos la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), afirmó.

Recuerdo siempre, comentó, cuando Fidel me dijo después de constituir Celac: Evo, lo que soñé se ha cumplido.

Además, agregó, hoy la OEA (Organización de Estados Americanos) es otra, pero sigue estando Estados Unidos en ella y enfatizó en que una OEA sin Cuba para América Latina y El Caribe es un tema pendiente dentro del proceso de liberación de toda la región.

Pero, ¿cuál es la arremetida del imperio norteamericano?, preguntó, y respondió que 'Estados Unidos trata de dividirnos en Unasur con la Alianza del Pacífico, y volver a las políticas del Consenso de Washington o al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas').

No puedo entender que algunos presidentes en Suramérica mantengan esa misma política de dividir Unasur, precisó, tras lamentar que no todos los movimientos sociales en la región estén organizados para garantizar este proceso de integración por la liberación de nuestros pueblos frente a las políticas de dominación.

Estados Unidos intenta utilizar a algunos presidentes para debilitarnos, denunció Morales, al tiempo de que aclaró, 'es un debate interno el cómo Estados Unidos está usando a algunos países pro imperialistas o pro capitalistas de la región con la pretensión de que dejemos de usar la Celac'.

Ahí nuevamente reitero mi confianza en los movimientos sociales, destacó, para referirse luego a otras formas de integración territorial, e invitar a los otros países suramericanos a hablar de carreteras y líneas aéreas. A veces es más rápido llegar a Europa desde Bolivia que llegar a Paraguay o a Colombia, ejemplificó.

Esa es otra forma de integración y estamos avanzando en algunos temas importantes, anunció, para recordar luego un gran sueño compartido con Hugo Chávez y Fidel Castro de crear una línea aérea del ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América), que salga de Bolivia, pase por Ecuador, Venezuela, Nicaragua y llegue a Cuba.

En otras esferas de integración, puntualizó Morales, hacen falta carreteras, ferrocarriles, y hay un gran proyecto para Suramérica que es el corredor ferroviario del océano Atlántico hasta el Pacífico, con el cual las exportaciones e importaciones de nuestros países van a ganar tiempo y reducir sus costos, significó el presidente boliviano.

 

Por Pedro Rioseco
Prensa Latina

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Miren Etxezarreta: "Crear partidos nuevos supone volver a lo viejo"

La Catedrática de Economía Aplicada reflexiona sobre el momento económico, político y social. Precursora de la antiglobalización, activista anticapitalista, Etxezarreta advierte de que “el problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que han entrado en la dinámica del capitalismo que queremos cambiar”.

 

Muchas veces ha contado que se hizo economista para descubrir por qué había ricos y pobres. Aunque la Catedrática de Economía Aplicada confiese hoy con socarronería que nunca lo consiguió. “He empezado a comprenderlo ahora, ochenta años después. En todas las épocas ha habido ricos y pobres, la historia del ser humano es una historia de explotación, y en la etapa actual el explotador es el sistema capitalista. En el capitalismo se encuentra pues ese porqué”.

Y no es trivial la broma de Miren Etxezarreta (Ordizia, 1936), doctora en la London School of Economics, profesora en las universidades del País Vasco o Sussex, Catedrática Emérita de la Autónoma de Barcelona y referente de economistas, activistas y de muchos movimientos de izquierda y antiglobalización. Aunque a ella, modesta, le cueste reconocerse en el perfil: “¡No, hombre, tanto no!”, exclama.


Hija de un casero nacionalista, amamantada por una republicana, dice que haber nacido el año en que estalló la Guerra Civil nada tiene que ver con su trayectoria de reflexión, investigación y pelea. “En mi juventud fui muy religiosa y no sé si lo fui porque me preocupaban los demás o si fue la religión la que me llevó a rebelarme contra la injusticia”. Eso, y la “genética geográfica” de las mujeres de su Guipúzcoa natal “que no aceptan pasivamente lo que les llega”.

No lo consintió Miren cuando se fue ocho años a Inglaterra a especializarse en la Economía Agraria de la que nació ‘El caserío vasco’. Ni cuando a su vuelta, a unos meses para que se iniciara el Proceso de Burgos, la despidieron de la Universidad de Bilbao por considerarla una agitadora estudiantil. Tampoco cuando se trasladó a Barcelona y fue precursora de los movimientos antiglobalización de los 90 con las campañas contra el Banco Mundial y el FMI o, más tarde, en la Plataforma contra el Forum 2004. Mucho menos cuando fundó, para estudiar las consecuencias sociales de la ortodoxia económica, el Seminario de economía critica Taifa, que según la definición con la que nos recibe su web es “la reunión de personas de mala vida o poco juicio”.

Sensatez le sobra a la estudiosa que a sus ochenta años sigue en su particular contienda que nada tiene que ver con la política... o los políticos. “¿Qué cómo se me quedó el cuerpo cuando volvió a ser investido Rajoy?”, responde una cuestión con otra pregunta. “Mi actitud no va a cambiar se ponga quien se ponga. No mandan los políticos, hay poderes fácticos mucho más importantes detrás. Y no podemos olvidar que el neoliberalismo en España lo introdujo el PSOE. Lo que yo quiero es una sociedad distinta y no tengo la esperanza de que eso venga de arriba a abajo”.


Profesora en EEUU, Canadá, México, Francia, Chile, Argentina, la intelectual pasó algunas temporadas en la Nicaragua sandinista y con Chavez en Venezuela. Luego, algo entiende de revoluciones Extezarreta, escéptica en torno al papel de los partidos. “Los partidos políticos son instituciones de una época pasada del capitalismo. En España, el 15M supuso un soplo de aire fresco para cambiar muchas cosas y, sobre todo, en la forma de cambiarlas. Hay que innovar en las maneras de hacer política y de transformar la sociedad. Crear partidos nuevos no supone otra cosa que volver a lo viejo, a las formas de los siglos XIX y XX, y a la dinámica del capitalismo que queremos cambiar. El problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que se han dirigido a fórmulas antiguas”, explica.

La catedrática advierte de que es prioritaria una labor teórica que pasa por entender las nuevas formas de hacer política y el desarrollo de la conciencia de clase. “Y va a ser muy difícil, porque ya no tenemos una clase trabajadora unitaria, comprensiva, homogénea. El mundo laboral está en descomposición por la presión tremenda del capitalismo, que es muy hábil. Al que han deformado la cabeza desde joven para que se convierta en un emprendedor, nunca tendrá conciencia de clase por mucha hambre que pase. El problema es conseguir que esa clase descompuesta en distintas formas vuelva a sentir conciencia. Tenemos una construcción teórica ingente por hacer para avanzar en la construcción púlbica”.

Además de sobre el caserío y ‘La Economía Agraria’, la discípula de Marx o Rosa Luxemburgo también teorizó sobre ‘La reestructuración del capitalismo en España’, ‘La vulnerabilidad de los modelos neoliberales’ o ‘La Globalización capitalista’. Ya jubilada –y sonríe con el participio- ha tratado de desmontar los tenebrosos argumentos del poder político y económico en torno al futuro de las pensiones en ‘Qué pensiones, qué futuro’.

“Creo que el mensaje de que no hay dinero para las pensiones es una absoluta falsedad, una falacia. Las pensiones son una parte del gasto social del país que ha de cubrirse con el producto social, pero tenemos un sistema que ha decidido –y es una decisión política e ideológica- que las prestaciones se paguen con las cotizaciones de los trabajadores. Se trata de un trasvase de clase generacional, que no es obligatorio. Si no llega con las cotizaciones se puede buscar el dinero en otro sitio, por ejemplo los impuestos”, propone Etxezarreta.

“Si cada gasto ha de pagarlo quien esté vinculado con él, el ejercito deberían pagarlo capitanes y coroneles, la monarquía deberían pagarla los monárquicos, ¿no?”. Y se hace la reflexiva otra pregunta: “¿No nos estamos endeudando para salvar a los bancos o, mejor dicho, a los banqueros? ¿Por qué no nos endeudamos para salvar a los viejiños entre los que me incluyo?”, y vuelve a reír con su adjetivo.

Viejiña o no, el cerebro lozano y privilegiado de la jubilada no para de trabajar. Activista -como cuando se sentó durante el 15M frente a las puertas del Parlament de Catalunya- sigue estudiando la sociedad desde paradigmas críticos, en especial del marxismo, con los jóvenes que la rodean en el Seminario de Economía Crítica Taifa. Para ellos tiene Etxezarreta un mensaje de esperanza: “Ningún sistema es eterno. La historia tiene más años que el capitalismo. Hubo formas de organización social anteriores y habrá formas posteriores. El capitalismo no es eterno. ¿Cuándo y cómo finalizará? No lo sé”.

Sí sabe cómo le gustaría que fuera: “Convertido en un sistema humanista, justo, armónico, en el que las personas vivamos en cooperación”. Y aunque reconoce la dificultad y el riesgo de que acabe convertido en una “distopía cruel, dura y cada vez más injusta”, considera que es factible. A eso ha dedicado Miren Etxezarreta su vida. “A eso y a dos nietos preciosos” concluye la octogenaria, que pide expresamente que su entrevista termine con el “optimismo controlado” de la siguiente frase: “Nunca en la historia del capitalismo había habido tantos pequeños grupos de gente tratando de vivir de una forma distinta. Son multitud de florecitas con una minoría de fuerza -no me hago ilusiones- pero, si somos capaces de desarrollarlas, este tipo de iniciativas pronto se convertirán en una importante vía hacia la transformación social”.

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Domingo, 13 Noviembre 2016 06:18

El peligro de la pseudoactividad

El peligro de la pseudoactividad

Este texto escrito por Zizek la semana previa a las elecciones, donde afirma que a la izquierda le convenía que ganara Trump, abrió un debate sobre cómo aprovechar la crisis del neoliberalismo, globalizado que mantiene aun más actualidad después de la elección del empresario como presidente de Estados Unidos.


José Saramago en su novela “Ensayo sobre la lucidez” cuenta la historia de hechos extraños en una ciudad capital no nombrada en un país democrático no identificado. Cuando en la mañana del día de la elección llueve torrencialmente, la participación de votantes es sorprendentemente baja, pero el clima mejora a media tarde y la población se dirige en masa a los centros de votación. El alivio del gobierno dura poco, sin embargo, cuando el recuento de los votos revela que más del 70 por ciento de los votos emitidos en la capital fueron en blanco. Perplejo por este aparente lapso cívico, el gobierno le da a la ciudadanía una oportunidad para resarcirse una semana más tarde con otro día de elecciones. Los resultados son peores: ahora el 83 por ciento


de las boletas están en blanco... ¿Es esto una conspiración organizada para derrocar no sólo al gobierno sino a todo el sistema democrático? Si es así, ¿quién está detrás y como lograron organizar a cientos de miles de personas en semejante subversión pasando desapercibidos? La ciudad sigue funcionando casi normalmente, con el pueblo soportando cada uno de los golpes del gobierno en una inexplicable unión y con un nivel verdaderamente Gandhiano de resistencia no violenta... La lección de este experimento mental es clara: el peligro hoy no es la pasividad sino la pseudo actividad, la necesidad de “estar activo” de “participar” para poder enmascarar la vacfuidad de lo que sucede. La gente interviene todo el tiempo, “hace algo”, los académicos participan en debates sin sentido, etc. Lo verdaderamente difícil es dar un paso atrás, retirarse. Aquellos en el poder a menudo prefieren una participación crítica, un diálogo de silencios - sólo para comprometernos en un “diálogo”, para asegurarse que nuestra amenazadora pasividad está quebrada. La abstención de los votantes es por lo tanto un verdadero acto político: nos confronta forzadamente con la vacuidad de las democracias de hoy.


Así, exactamente, es cómo los ciudadanos deben actuar cuando se enfrentan con la elección entre Clinton y Trump. Cuando a Stalin se le preguntó a finales de la década de 1920 qué desviación es peor, la de la derecha o la de la izquierda, replicó: “¡Ambas son peores!” ¿No es lo mismo con la elección que los votantes estadounidenses están enfrentando en las presidenciales de 2016? Trump es, obviamente, “peor”, ya que promete un giro de derecha y promulga una decadencia de la moralidad pública. Sin embargo, por lo menos promete un cambio mientras que Hillary es “peor”, puesto que hace que el no cambiar nada parezca deseable. En tal elección, no debemos perder los nervios y escoger el «peor» que significa cambio -incluso si es un cambio peligroso, ya que abre el espacio para un cambio diferente, más auténtico. El punto no es, por lo tanto, votar por Trump - no sólo no se debe votar por tal escoria, ni siquiera se debe participar en esas elecciones. El punto es abordar fríamente la pregunta: ¿cuál es la victoria más adecuada para el destino del proyecto emancipatorio radical, el de Clinton o el de Trump?


Trump quiere devolver la grandeza a Estados Unidos, a lo que Obama respondió que estados Unidos ya es grande, pero, ¿lo es? ¿Puede un país en el que una persona como Trump tiene la oportunidad de convertirse en presidente ser considerado realmente grande? Los peligros de una presidencia de Trump son obvios: no sólo promete nominar jueces conservadores a la Corte Suprema, no sólo movilizó a los más oscuros círculos de supremacía blanca y coquetea abiertamente con el racismo anti-inmigrante; no sólo se burla de las reglas básicas de la decencia y simboliza la desintegración de los estándares éticos básicos; mientras aboga por la miseria de la gente común, promueve efectivamente una agenda neoliberal brutal que incluye beneficios fiscales para los ricos, más desregulaciones, etc. etc. Trump es un vulgar oportunista, pero sigue siendo un espécimen humano (en oposición a entidades como Ted Cruz o Rick Santorum, quienes sospecho que son extraterrestres). Lo que Trump definitivamente no es, es un exitoso capitalista productivo e innovador: apenas si destaca por entrar en bancarrota y luego hacer que los contribuyentes cubran sus deudas.


Los liberales con pánico de Trump descartan la idea de que una victoria eventual de Trump puede iniciar un proceso del cual surgiría una izquierda auténtica, su contraargumento es una referencia a Hitler. Muchos comunistas alemanes dieron la bienvenida a la toma de posesión nazi como una nueva oportunidad para la izquierda radical como la única fuerza que puede derrotarlos, pero, como sabemos, cometieron un error catastrófico. La pregunta es: ¿Es lo mismo con Trump? ¿Trump es un peligro que podría reunir un frente amplio de la misma manera que Hitler, un frente donde los conservadores decentes y los libertarios luchen juntos con los progresistas liberales tradicionales y con lo que queda de la izquierda radical? Fredric Jameson tenía razón al advertir contra la designación precipitada del movimiento Trump como nuevo fascismo: “La gente está diciendo” ‘esto es un nuevo fascismo’ y mi respuesta es - ¡no todavía!” (Incidentalmente, el término “Fascismo” es usado hoy como una expresión vacía cada vez que algo obviamente peligroso aparece en la escena política, pero carecemos de una comprensión adecuada del término: no, ¡los populistas de hoy no son simplemente fascistas!) ¿Por qué no todavía?


Primero, el temor de que una victoria de Trump convierta a Estados Unidos en un estado fascista es una exageración ridícula. Estados Unidos tiene una textura tan rica de divergentes instituciones cívicas y políticas que su directo Gleichshaltung no puede ser promulgado. ¿De dónde proviene entonces este temor? Su función es claramente unificarnos a todos contra Trump y así ofuscar las verdaderas divisiones políticas que corren entre la izquierda resucitada por Sanders y Hillary, quien es LA candidata del establishment, apoyada por una amplia coalición arco iris, que incluye viejos guerreros fríos como Paul Wolfowitz y Saudi Arabia. En segundo lugar, Trump se apoyó en la misma rabia que usó Bernie Sanders para movilizar a sus partidarios. Por eso Trump es percibido por la mayoría de sus partidarios como el candidato anti-establishment, y lo que uno no debe olvidar nunca es que la rabia popular es por definición de flotación libre y puede ser re-dirigida. Los liberales que temen la victoria de Trump no tienen realmente miedo de un giro radical de la derecha. Lo que realmente temen es simplemente un cambio social radical. Como dijo Robespierre los liberales admiten (y sinceramente se preocupan) por las injusticias de nuestra vida social, pero quieren curarlas con una “revolución sin revolución” (en paralelo exacto al consumismo actual que ofrece café sin cafeína, chocolate sin azúcar, multiculturalismo sin enfrentamientos violentos, etc.): una visión del cambio social sin cambio real, un cambio en el que nadie se lastima realmente, donde los liberales bien intencionados permanecen protegidos en sus enclaves seguros. En 1937, George Orwell escribió:


“Todos estamos en contra de las distinciones de clase, pero muy pocas personas en serio quieren abolirlas Así llegamos a la importante conclusión de que cada opinión revolucionaria saca parte de su fuerza de una convicción secreta de que nada puede cambiarse”.


El punto de Orwell es que los radicales invocan la necesidad de un cambio revolucionario como una especie de símbolo supersticioso que debe lograr lo contrario, es decir, EVITAR que el único cambio que realmente importa, el cambio en los que nos gobiernan, se produzca. ¿Quién realmente gobierna en los Estados Unidos? ¿No podemos oír ya el murmullo de reuniones secretas en las que los miembros de las élites financieras y de otro tipo “están negociando sobre la distribución de los puestos clave en la administración Clinton”? Para tener una idea de cómo funcionan estas negociaciones en las sombras, basta con leer los correos electrónicos de John Podesta o Hillary Clinton: The Goldman Sachs Speeches (que aparecerán pronto en OR Books en Nueva York, con una introducción de Julian Assange). La victoria de Hillary es la victoria de un status quo ensombrecido por la perspectiva de una nueva guerra mundial (y Hillary definitivamente es una guerrera fría demócrata típica), un status quo de una situación en la cual gradualmente, pero inevitablemente, se desliza hacia la ecología, la economía, la humanidad y otras catástrofes. Por eso considero extremadamente cínica la crítica “izquierdista” de mi posición, que afirma que:


“Para intervenir en una crisis la izquierda debe estar organizada, preparada y tener apoyo de la clase obrera y los oprimidos. No podemos de ninguna manera respaldar el vil racismo y sexismo que nos divide y debilita en nuestra lucha. Debemos estar siempre del lado de los oprimidos, y debemos ser independientes, luchando por una verdadera salida por izquierda de la crisis. Aunque Trump cause una catástrofe para la clase dominante, también será una catástrofe para nosotros si no hemos sentado los cimientos de nuestra propia intervención”.


Es cierto que la izquierda “debe ser organizada, preparara y tener apoyo de la clase obrera y los oprimidos”, pero en este caso la pregunta debería ser: ¿cuál victoria del candidato contribuiría más a la organización de la izquierda y a su expansión? ¿No está claro que la victoria de Trump hubiera “sentado los cimientos de nuestra propia intervención” mucho más que la de Hillary? Sí, hay un gran peligro en la victoria de Trump, pero la izquierda se movilizará SOLAMENTE a través de una amenaza de catástrofe - si continuamos con la inercia del status quo existente, NO habrá ciertamente movilización izquierdista. Estoy tentado a citar a Hoelderlin aquí: “Sólo donde hay peligro, la fuerza salvadora también está aumentando.” En la elección entre Clinton y Trump, ninguno de ellos “está del lado de los oprimidos”, así que la verdadera elección es: abstenerse de votar o elegir a quien, sin valores, abre una mayor posibilidad de desencadenar una nueva dinámica política que puede conducir a una masiva radicalización izquierdista.


Muchos de los votantes pobres dicen que Trump habla por ellos - ¿cómo pueden reconocerse en la voz de un multimillonario cuyas especulaciones y fracasos son una de las causas de su miseria? Al igual que los caminos de Dios, los caminos de la ideología son misteriosos ... (aunque, por cierto, algunos datos sugieren que la mayoría de los partidarios de Trump no son de bajos ingresos). Cuando los partidarios de Trump son denunciados como basura blanca, “es fácil discernir en esta designación el temor de las clases más bajas que caracteriza a la élite liberal. Aquí está el título y el subtítulo de un informe del diario británico The Guardian de una reciente reunión electoral de Trump: “Dentro de un rally de Donald Trump: buena gente en un circuito de retroalimentación de la paranoia y el odio. La muchedumbre de Trump está llena de gente honesta y decente, pero la invectiva republicana tiene un efecto escalofriante sobre los fanáticos de su one-man show.”


¿Pero cómo se convirtió Trumpen la voz de tantas personas honestas y decentes? Trump solo arruinó el Partido Republicano, enfrentando tanto al establishment del viejo partido y a los fundamentalistas cristianos. Lo que queda como el núcleo de su apoyo son los portadores de la rabia populista frente al establishment, y este núcleo es desechado por los liberales como el “blanco basura “-, pero, ¿no son precisamente aquellos que deben ser ganados a la causa radical de izquierda? (Esto es lo que Bernie Sanders logró). Uno debiera deshacerse del pánico falso, temiendo que la victoria de Trump sea el último horror que nos hace apoyar a Hillary a pesar de sus obvias deficiencias. Aunque la batalla parece perdida para Trump, su victoria habría creado una situación política totalmente nueva con posibilidades de una izquierda más radical - o, para citar a Mao de nuevo: “Hay desorden bajo el cielo, por lo que la situación es excelente”.


Hay otro aspecto del duelo Trump / Clinton que se refiere a la diferencia sexual. Sorprendentemente para un comunista maoísta, Alain Badiou –en su nuevo libro La Verdadera Vida– advierte sobre los peligros del creciente orden nihilista post-patriarcal que se presenta como el dominio de las nuevas libertades. Vivimos en una época extraordinaria en la que no existe una tradición donde podamos basar nuestra identidad, ningún marco de vida significativa que nos permita vivir una vida más allá de la reproducción hedonista. Este Nuevo Trastorno del Mundo, esta civilización progresivamente emergente, afecta de manera ejemplar a los jóvenes que oscilan entre la intensidad de quemarse totalmente (el goce sexual, las drogas, el alcohol, hasta la violencia) y el esfuerzo por triunfar (estudiar, hacer carrera, ganar dinero dentro del orden capitalista existente), la única alternativa a ella es una retirada violenta hacia alguna Tradición artificialmente resucitada.
Badiou perspicazmente observa aquí que estamos recibiendo una versión decadente y reactiva del alejamiento del Estado anunciado por Marx: el estado de hoy es cada vez más un regulador administrativo del egoísmo del mercado sin autoridad simbólica, carente de lo que Hegel percibió como la esencia del Estado (la comunidad abarcadora por la que estamos dispuestos a sacrificarnos). Esta desintegración de la sustancia ética está claramente señalada por la abolición del reclutamiento militar universal en muchos países desarrollados: la misma noción de estar dispuesto a arriesgar la vida por un ejército de causa común parece cada vez más inútil si no directamente ridículo, ya que las fuerzas armadas, de ser un cuerpo en el cual todos los ciudadanos participan igualitariamente, gradualmente se está convirtiendo en una fuerza mercenaria.


Esta desintegración de una sustancia ética compartida afecta de manera diferente a los dos sexos: los hombres gradualmente se convierten en adolescentes perpetuos sin un claro paso de iniciación que promulgaría su entrada en la madurez (servicio militar, adquisición de una profesión e incluso educación). No es de extrañar, pues, que, para suplantar esta carencia, proliferen las pandillas juveniles pospaternales, proporcionando una iniciación sustituta y una identidad social. En contraste con los hombres, las mujeres son hoy más y más precozmente maduras, tratadas como pequeños adultos, y se espera que controlen sus vidas, que planifiquen su carrera ... En esta nueva versión de la diferencia sexual, los hombres son adolescentes lúdicos, forajidos, mientras las mujeres son maduras, serias, legales y punitivas. La ideología gobernante no espera hoy que las mujeres sean subordinadas, se espera, - se solicita,- que sean juezas, administradoras, ministras, CEOs, maestras, incluso policías y soldados. Una escena paradigmática que ocurre cotidianamente en nuestras instituciones de seguridad es la de una maestra / jueza / psicóloga cuidando a un delincuente masculino joven, antisocial e inmaduro ... Así surge una nueva figura del Uno: un agente frío competitivo de poder, seductor y manipulador, que atestigua la paradoja de que “en las condiciones del capitalismo las mujeres pueden funcionar mejor que los hombres” (Badiou). Esto, por supuesto, de ninguna manera convierte a las mujeres en sospechosas como agentes del capitalismo; simplemente señala que el capitalismo contemporáneo inventó su propia imagen ideal de la mujer.


Hay una tríada política que retrata perfectamente la situación descrita por Badiou: Hillary - Duterte - Trump. Hillary Clinton y Donald Trump son la pareja política definitiva de hoy: Trump es el adolescente eterno, un hedonista imprudente propenso a los estallidos irracionales que dañan sus posibilidades, mientras que Hillary ejemplifica al nuevo Uno femenino, una manipuladora despiadada autocontrolada que explora imprudentemente su feminidad y se presenta a sí misma como guardiana de los marginales y las víctimas - su feminidad la hace más eficiente en la manipulación. De manera que uno no debería ser seducido por su imagen de víctima de un Bill que anda coqueteando por ahí alegremente mientras permite que las mujeres lo chupen en su oficina - él era el verdadero payaso, mientras que ella es el amo en la relación que le permite a su sirviente pequeños placeres irrelevantes ... ¿Qué, entonces sobre Rodrigo Duterte, el presidente filipino que abiertamente solicita asesinatos extrajudiciales de drogadictos y traficantes, llegando a compararse con Hitler? Defiende la decadencia del imperio de la ley, la transformación del poder estatal en una regla extralegal que gobierna su salvaje justicia; como tal, hace lo que todavía no está permitido hacer abiertamente en nuestros países occidentales “civilizados”. Si condensamos los tres en uno, obtendremos una imagen ideal del político hoy: Hillary Duterte Trump.

 

Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural esloveno. Su última obra es Contragolpe absoluto(Editorial Akal).

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Martes, 08 Noviembre 2016 06:27

La posibilidad de la izquierda

La posibilidad de la izquierda

La izquierda radical y la socialdemócrata impulsan cambios y, pese a las diferencias, los analistas prevén prontos acuerdos.


Hay un más allá de las elecciones presidenciales norteamericanas: sea Hillary Clinton o Donald Trump quien gane la consulta, los analistas estadounidenses apuestan por la reconstrucción de un bloque compuesto por la socialdemocracia progresista, la dispersada izquierda y la izquierda radical que protagonizó las movilizaciones sociales de 2011. Si el campo Demócrata cuenta con la movilización de los latinos y los afroamericanos para imponerse en una elección cuyo resultado se volvió incierto en los últimos días, el aporte de los movimientos populares de la izquierda del Partido Demócrata y de la izquierda radical no es menos sustancial. Descendientes de la agitación ciudadana representada por Occupy Wall Street en septiembre de 2011, varios grupos de la izquierda radical tuvieron un papel preponderante durante la campaña electoral. Los llamados grassroots (las bases) están unidos por una misma voluntad de cambio y de impugnación del sistema pero diseminados en movimientos no del todo convergentes: la justicia racial (Black Lives Matter), los derechos de los trabajadores inmigrados, el salario mínimo de 15 dólares la hora, el cambio climático, el cuestionamiento de la policía o la regulación de las finanzas.


La sorpresiva irrupción del senador de Vermont, Bernie Sanders, y el movimiento Feel the Bern, con su emblema central de una “revolución política y social” capaz de destronar a las elites, cambió las relaciones y el impacto electoral de estos grupos. Sanders aunó en torno de él a la coalición de izquierda más grande de la historia reciente de Estados Unidos. Se trata ahora de que esa entidad siga viva después de las elecciones. Para ello y pese a las dificultades estructurales propias del sistema político norteamericano, los simpatizantes de esos movimientos esperan el fin de las presidenciales para romper el viciado bipartidismo y constituirse en una suerte de “poder político independiente”, según lo definido por Cindy Wiesner, la coordinadora nacional de Grassroots Global Justice Alliance, una fuerza que agrupa unas 60 organizaciones progresistas presentes en 20 estados.


Si bien es cierto que la izquierda radical estadounidense desconfía del progresismo disfrazado de Clinton, la construcción de una propuesta electoral distinta a partir de estas elecciones es una realidad cada vez más tangible. Ya durante la campaña y apretada por las propuestas del Bernie Sanders, la candidata demócrata fue impulsada a posturas progresistas que no figuraban en su plataforma inicial. Lo esencial está sin embargo en el futuro, en lo que el columnista del diario The Washington Post y vicepresidente del Comité Político Nacional de Democratic Socialists of America, Harold Meyerson, llama “la nueva izquierda”. Habría incluso dos nuevas izquierdas: la que apareció con pujanza a la izquierda del Partido Demócrata detrás de Sanders, y la izquierda radical de todos los movimientos ciudadanos herederos de Occupy Wall Street. Ambas tienen una característica común: son electores jóvenes cuyas edades oscilan entre los 18 y los 30 años. Harold Meyerson anota al respecto: “Durante el último lustro, ha habido pruebas cada vez mayores del giro a la izquierda entre los demócratas y los jóvenes”. Estas dos izquierdas se sienten investidas de dos misiones: rescatar la dinámica de 2011 que renació con estas presidenciales y procesar una respuesta a la grosería política y el racismo de Donad Trump. Cindy Wiesner destaca que si bien el electorado de Trump aumenta “con el miedo de la gente, se puede deplorar el hecho de que Trump haya normalizado el racismo y la discriminación. A partir de él, se borró la frontera de lo que, antes, estaba políticamente permitido expresar”. Aunque el zócalo electoral sea hoy fértil para una gran movilización popular, nadie oculta el hecho de que, triunfe o pierda, Donald Trump ya ganó.


Sin embargo, la violencia de la campaña, su xenofobia y los disparates acumulados por el republicano crearon otro fenómeno: el reconocimiento, por parte del ala izquierda del Partido Demócrata, de todos los movimientos sociales radicales que, antes, no eran aceptados como izquierda normal. Puede que en el futuro esta convergencia se amplíe, incluso si, como lo reconoce Harold Meyerson, “la mayoría de las condiciones previas para convertirse al socialismo o incluso para llegar a simpatizar con el mismo, no parecen existir en los Estados Unidos de hoy. No existe desde luego ninguna organización socialista democrática que ande por ahí reclutando gente en gran número”. Con todo, el progresismo norteamericano se ha revitalizado en estos años y, aunque tarde en constituirse en una opción madura, su afianzamiento es inobjetable. Una vez más, Meyerson anota: “Que la izquierda haya necesitado aquí más tiempo para aparecer que la derecha se puede explicar por el hecho de que la mayoría de los demócratas y liberales creyeron inicialmente que la presidencia de Obama proporcionaría un remedio suficiente a los males de la economía. Sólo cuando quedó claro que esos males eran bastante más graves y exigían una cirugía bastante más radical que la ofrecida por la política convencional comenzó surgir una izquierda revitalizada”.


La izquierda radical y la socialdemócrata empujan hacia un cambio drástico. No se pusieron de acuerdo sobre la urgencia de votar por Clinton para impedir el ascenso de Trump –más de la mitad de la izquierda radical se niega–, pero los analistas convergen cuando vaticinan que habrá un pacto mínimo. Bruce Miroff, profesor de ciencia política en la Universidad de Albany, está convencido de que el Partido Demócrata se orientará hacia la izquierda, principalmente, por la necesidad del aporte de los votos de las minorías. “La postura de Hilary Clinton en 2016 está mucho más a la izquierda que la que asumía en los años 90 y que la de de su propio marido cuando fue presidente”, afirma Miroff. Las divisiones son desde luego persistentes y polimorfas: el ala izquierda del Partido Demócrata repudia a Hillary Clinton y la izquierda radical se tapa la nariz ante su nombre. El lema “todo menos Trump” no funciona con igual eficacia en todo el espectro de la izquierda norteamericana. Una encuesta de Genforward, de agosto, mostró que sólo la mitad de los simpatizantes de Bernie Sanders respaldaría a Clinton. El interrogante queda totalmente abierto: ¿hacia dónde irán las izquierdas norteamericanas luego de las elecciones? La respuesta es variada y oscila entre “la construcción de un poder político independiente” y la “duradera transformación del Partido Demócrata”. Lo cierto es que hay en Estados Unidos una opción impensable hasta hace unos años: se puede decir “socialismo” sin que lo tomen a uno por un delirante, e incluso existe formalmente una ultraizquierda con rostro y legitimidad. Así como hay una “derecha desacomplejada” que asumió la retórica de la ultraderecha, existe también una izquierda radical perfectamente asumida. El éxito creciente de la revista Jacobin prueba que hay lugar para debatir sobre las ideas marxistas o socialistas. Su editor, Bhaskar Sunkara, es uno de los más fervientes partidarios de una “izquierda política independiente como alternativa al Partido Demócrata”. La base de estas izquierdas en gestación es, según lo resume Sunkara, “la pujanza de los movimientos sociales, los únicos capaces de instaurar una relación de fuerzas con el poder del dinero”. La campaña electoral de 2016 creó un monstruo patético, Donald Trump, al mismo tiempo que diseña en el horizonte la figura de una izquierda que va, lentamente, configurando su identidad frente a lo que, en 1936, Franklin Roosevelt calificó como “los príncipes privilegiados de las nuevas dinastías económicas”.


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Lunes, 24 Octubre 2016 06:26

A la vuelta

A la vuelta

Qué ambiente más extraño. Todo indica que Hillary Clinton ganará la elección presidencial el 8 de noviembre, y, tal vez más importante, que Donald Trump será derrotado. Sin embargo, no se siente como que hay algo que festejar. Es más una sensación de alivio, pero sin grandes expectativas, ni esperanzas. Muy diferente de lo que fue con Barack Obama en su primera elección. Es histórico –la primera mujer en llegar a la presidencia de la última superpotencia–, pero ni eso genera gran entusiasmo.

No se sabe qué está a la vuelta, pero no se siente que haya habido un gran triunfo ni nada. Fue más bien un escape de lo peor para seguir en lo mismo.

Entre los jóvenes hay un murmullo inteligente, pero no hay gritos colectivos de alegría. Querían algo más, muchos se atrevieron a soñar que otro Estados Unidos es posible. La campaña de Clinton les ofrece a Katy Perry y Miley Cyrus, entre otros, para intentar captar su voto. Merecen algo más.

Si se da el resultado pronosticado, si no hay grandes sorpresas o algo que descarrile la maquinaria, habrá ganado la élite dominante después de casi dos años durante los cuales la mayoría de este pueblo expresó abierta y explícitamente que desea un cambio y que no confía en las cúpulas políticas, pero está por ganar la reina del establishment. Hay alivio de que, al parecer, el monstruo anaranjado volverá a su jaula dorada, sus campos de golf, sus hoteles, y que no regresará a la arena electoral. Desde ahí, con el resto del uno por ciento, continuará ejerciendo tal vez aun más poder que como político, ya que él mismo dijo –y en gran medida eso está comprobado– que los políticos son títeres de multimillonarios como él.

No se sabe qué se asomará a la vuelta. Algunos creen que las fuerzas más oscuras desencadenadas por la estrella del reality show no aceptarán su derrota en las urnas, desconocerán la legitimidad de un gobierno encabezado por "esa mujer", y podrían pronunciarse "patriotas" al hacer algún llamado a la "resistencia" (vale recordar que hay más de 300 millones de armas de fuego en manos de ciudadanos privados en este país; o sea, casi suficiente para armar a cada habitante).

Otros dicen que a la vuelta puede que se abra una era liberal, y tal vez hasta más progresista, como resultado de una serie de fuerzas que se expresaron en la arena electoral a través de la campaña del socialista democrático, Bernie Sanders. De hecho, el propio Sanders está convocado a que sus bases continúen la "revolución política" que deseaba promover en una administración Clinton.

"No es mi revolución política; es tu revolución política", respondió recientemente a una pregunta de sus seguidores sobre cómo continuar lo que él impulso. "Ideas que en algún momento parecían locas y marginales ahora están incorporadas en la Plataforma Nacional del Partido Demócrata", señaló que la mayoría del contenido es lo que su campaña logró insertar. Afirmó que ahora, la lucha es que "se implemente esto" obligando a la nueva presidenta a proceder a través de "la movilización, la educación y la lucha".

A la vez, expresiones nuevas de luchas antiguas continuarán insistiendo en cambios, desde jóvenes inmigrantes, al movimiento de derechos civiles Black Lives Matter, a la resistencia indígena a la explotación y destrucción ambiental de sus tierras (este fin de semana, unos 80 fueron arrestados en la lucha contra un oleoducto en Dakota del Norte, parte de un gran movimiento de resistencia de los Sioux y decenas de pueblos indígenas a lo largo y ancho del país, junto con ambientalistas blancos y Black Lives Matter), como una creciente huelga de prisioneros nacional y sin precedente en protesta contra la explotación de su mano de obra y las condiciones que padecen, como también batallas por el incremento del salario mínimo a 15 dólares/hora, y la incesante lucha de organizaciones como la Coalición de Trabajadores de Immokalee para transformar las condiciones en que trabajan los jornaleros agrarios.

El menosprecio del pueblo por la clase política no es nada nuevo, pero al llegar a su conclusión este proceso electoral, eso es el aroma a rancio que se huele por todo el país. Son 30 años de políticas neoliberales que cualquiera en América Latina conoce demasiado bien, y para implementarlas se requiere una ofensiva contra las organizaciones sociales, sobre todo los sindicatos. Eso ha resultado no sólo en represión económica de millones para generar concentración de la riqueza sin precedente en casi un siglo, sino también en la represión social. Las políticas del temor son las más efectivas.

Por eso, ante ello, lo que rescata a muchos, y el mejor antídoto al ejercicio arrogante del poder y el desprecio al pueblo es la comedia. Sin los comediantes esta elección general hubiera sido casi inaguantable. Sus críticas a veces se volvieron noticia, igual de importante que la opinión de algún experto, y a veces con más filo periodístico que los medios. Stephen Colbert, la breve y muy bienvenida reaparición de Jon Stewart, Noah Trevor, quien heredó el Daily Show de Stewart y otro discípulo de ese programa, el ferozmente chistoso y atinado John Oliver en su programa semanal en HBO, y la extraordinaria Samantha Bee, son algunos de los mejores guías, reporteros y analistas de esta coyuntura política. Y de vez en cuando, el ya muy añejo Saturday Night Live logra recuperar sus viejos méritos satíricos. En sus mejores momentos, rinden honor a Darío Fo.

Pero los comediantes no pretenden tener la respuesta ni pueden indicar qué podría estar a la vuelta. Aunque los políticos dicen que sí saben y proponen y prometen lo que harán de aquí en adelante al convocar a todos a sumar fuerzas para lograrlo, todos saben que esto suele ser tramposo y hueco. La experiencia lo comprueba. Por lo tanto, nadie se atreve a pronosticar lo que está a la vuelta.

En una calle de Manhattan frente a un antro se anuncia que tocará una banda: Los Esperanzados Desesperados. Tal vez esa es la mejor forma de nombrar lo que se necesita para dar la vuelta en este país.

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No hay cambio posible sin debilitar a las grandes empresas y fortunas

 

Las empresas gigantes y las grandes fortunas. Estos son los actores más importantes de una economía crecientemente globalizada, los que determinan las reglas del juego y los que cosechan los mayores beneficios.

 


Según la Conferencia de Naciones Unidas y el Desarrollo (UNCTAD) las 100 empresas transnacionales (ET) más importantes tenían en 2015 activos valorados en cerca de 13 billones de dólares, una cantidad superior al Producto Interior Bruto (PIB) de los países que forman parte de la Unión Económica y Monetaria, superaba en un 159% el de toda Latinoamérica y el Caribe, en un 789% el del África Subsahariana, en un 973% el de la economía española y en un 3174% el del conjunto de los países de ingreso bajo, según la clasificación utilizada por el Banco Mundial.


Si las comparaciones se hacen teniendo en cuenta las diez ET más importantes, atendiendo al volumen de activos que manejan (Royal Dutch Shell, General Electric, Total, British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Volkswagen, Vodafone y Apple) las asimetrías son asimismo muy destacadas. Este selecto grupo de grandes corporaciones atesora activos por valor de 3,3 billones de dólares, lo que equivale al 28% del PIB de la zona euro y al 63% del de Latinoamérica y el Caribe, el 108% del contabilizado en el África Subsahariana, el 272% del de España y el 731% del registrado en los países de ingreso bajo.


Las grandes empresas no sólo lo son por su tamaño, medido por el volumen de activos que controlan y por las exportaciones que realizan. También tienen conexiones accionariales, entre sí y con otras muchas firmas, creando una tupida malla de intereses y relaciones, revelando un panorama corporativo mucho más concentrado que el reflejado por las estadísticas oficiales.


La tendencia a la concentración empresarial –empresas cada vez más grandes para competir con éxito en los mercados, doméstico y global- y también a la formación de alianzas y grupos de presión que refuerzan el poder oligopólico de las grandes corporaciones forman parte del adn del capitalismo. La crisis económica, lejos de atenuar este proceso concentrador, lo ha impulsado, con el aumento de las fusiones y adquisiciones empresariales, la mercantilización de los espacios públicos y el debilitamiento de la capacidad reguladora de los estados nacionales. El capitalismo que emerge de la crisis es más corporativo y oligárquico.


El Credit Suisse (Research Institute, 15 de octubre de 2015) aporta información regular sobre la distribución mundial de la riqueza. Dada la carencia de la datos fiables y contrastados –ante la capacidad que tienen los poderosos para ocultar una parte de su riqueza e ingresos- y la falta de interés mostrada por los gobiernos y las agencias internacionales al respecto, la información aportada por esta institución es del máximo interés.


Encontramos en este ámbito un panorama similar al referido a las ET (en realidad, forman parte del mismo proceso, la concentración empresarial y la de la riqueza se retroalimentan). Según el Credit Suisse, en Europa, algo más de 10 millones de personas, el 1,7% de la población adulta, acumulaban una riqueza superior a un millón de dólares. En el estado español gozaban de la misma situación de privilegio 360 mil personas, el 1% de los adultos.


Centrando nuestra atención en los mega ricos, los que concentran una riqueza superior a los mil millones de dólares, el Credit Suisse contabiliza en 2015 a 439 adultos; si se amplía el abanico a todos aquellos cuya riqueza se sitúa entre los 500 y los mil millones habría que añadir otros 696. En nuestro país, 20 personas se encuentran en el tramo superior, más de mil millones, y 33 en el siguiente.


Nada de esto es relevante para la economía estándar, que permanece instalada en un relato donde los actores son los países y donde el libre juego de la oferta y la demanda, alimentado por una supuesta mano invisible, se configuran como el motor de la economía. Un capitalismo sustentado en la competencia perfecta, donde ninguna empresa puede operar, de manera duradera, con beneficios extraordinarios, y donde no influyen en los procesos de toma de decisiones, en la operativa de los mercados y en la gestión de los asuntos públicos las enormes y crecientes diferencias en la distribución de la renta y riqueza.


Este es el discurso de los poderosos, que oculta, deliberadamente, la existencia de las “manos visibles” de los mercados, que son las de las grandes corporaciones y fortunas, con el inestimable apoyo de las redes y medios de comunicación (intoxicación, más bien) que controlan y, sin el menor pudor, ponen a su servicio. No solo condicionan de manera decisiva las agendas de los gobiernos, sino que han ocupado, en el sentido más literal del término, el espacio de la política y de lo público.


Sin debilitar su poder, ningún cambio es posible.

 

Fernando Luengo, profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del colectivo Reinicia Podemos

https://fernandoluengo.wordpress.com.

@fluengoe

 

 

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 08:26

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

 

Edición 2013.Formato 22 x 27 cm.56 páginas.
P.V.P: $20.000  ISBN:978-958-58826-2-1

 

Reseña:

Estamos en un escenario de luchas, fuerzas y necesidades económicas, políticas e ideológicas que dan nacimiento a un nuevo campo histórico de profundos impactos en la sociedad, del cual no escapan la familia y sus diversas variables.Las transformaciones en la estructura demográfica, por ejemplo el aumento de madres solteras, madres adolescentes, padres solos, familias reconstruidas, familias diversas, familias que no están unidas por parentesco o consanguinidad, son un hecho social incontrovertible, así sigan existiendo múltiples resistencias que persisten en ideas en torno al modelo tradicional de familia, aferradas a valores morales que quieren seguir imponiendo esa moralidad en los ordenes públicos y legales

 


 

Indice.

 

Familias, cambio social y resistencia (Carlos Iván Pacheco)

Mis dudas políticas acerca de la familia como una entidad necesaria a la convivencia social. (Francesca Garallo Celentani)

Cultura, amor y monogamia (Norma Mogrovejo)

Cultura patriarcal, amor romántico y monogamia (Julia Antivilo)

Sexualidad humana y revolución feminista ( Helio Gallardo)

 

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