El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe; que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.


La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.


¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos, son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los estados, ni de los estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.


El capital es de por sí una agresión constante. Nos dice todos los días tienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la que aporta a la expansión de la ganancia del capital.


La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, que agacharte más que ayer.
Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimos perdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa, u hoy voy a jugar con mis hijos, u hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí, o simplemente no nos vamos a agachar, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando.


El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: autoritarismo, violencia, reforma laboral, reforma educativa. También introduce un juego, una ficción; si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.


Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos no, nosotros que decimos ¡ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.


El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia.


En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir Sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano.


La otra posibilidad es decir Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.


Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos.


Pero, ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un adiós final al capital?


Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante, y no lo podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.


En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear.


¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.

Por John Holloway, profesor del posgrado en sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Este es el texto de una ponencia presentada al Seminario sobre el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista.

Publicado enPolítica
Lunes, 06 Abril 2015 07:23

La "revolución pasiva" de Santos

La "revolución pasiva" de Santos

Truncha habrá de quedar la "revolución pasiva" de Santos con la que quiere remediar la crisis orgánica del sistema de dominación oligárquica que él encarna.

 

Ya se conoce el informe de la Comisión Historia encargada por la Mesa de conversaciones de La Habana que conforman el gobierno y las Farc del análisis del conflicto colombiano y sus víctimas, en el que se presentan las visiones de las raíces del conflicto, tanto en la realidad nacional, como en aspectos de orden internacional, las explicaciones de su extensión temporal y las graves consecuencias que ha tenido. Se trata de importantes estudios en los que, desde enfoques diversos, se presenta una visión global de la prolongada guerra nacional colombiana (http://bit.ly/1Ah17QJ).

El reto de hoy, para el pensamiento crítico, se refiere a la necesidad de caracterizar el actual proceso, su posible evolución, así como los desenlaces que pueda tener en el mediano y largo plazo. El funcionamiento de la Mesa de conversaciones ha creado un momento abierto e indefinido que, desde el lado revolucionario, debe permitir conquistar profundos cambios en la sociedad y el Estado, en el sentido de la superación de la crisis orgánica del sistema de dominación oligárquica.

Es evidente que en Colombia hay un enorme desprestigio de las instituciones actuales.

No hace falta acopiar muchos hechos, pues la percepción de crisis institucional es absoluta. Tal crisis institucional, al producirse paralelamente a una grave crisis económica como la que está en curso, deviene en lo que Gramsci llamaba crisis orgánica, como lo hemos planteado en otros análisis. Y que nosotros, desde hace años, llamamos crisis del régimen. Lo que es simplemente constatar un amplio sentimiento de repudio ante el sistema político vigente y los perversos daños que produce sobre la vida de millones de colombianos.

Sabemos por Gramsci que la irrupción de una crisis orgánica sólo es posible cuando el bloque dominante, que en nuestro país está conformado por la élite política, militar y empresarial, no puede resolver una grave crisis económica.

La reciente crisis en el sistema judicial a raíz de los escándalos por corrupción en la Corte Constitucional y el desorden masivo en otros ámbito del poder político, nos indican las dimensiones del desbarajuste del régimen tradicional. De igual manera lo muestra la crisis económica y fiscal del Estado.

Es en tal momento que se pone en cuestión absolutamente todo lo político, y se abre una oportunidad para la transformación real.

Santos, como representante del actual bloque oligárquico de poder, adelanta una "revolución pasiva" para desactivar y erradicar los factores de inestabilidad y colapso. Ese plan lo inició con su Ley de Víctimas y restitución de tierras y el reconocimiento de la existencia de una prolongada guerra civil que el gobierno de Uribe Vélez se empeñó en desconocer durante sus dos periodos gubernamentales.

El movimiento popular, social y las fuerzas revolucionarias plantean y proyectan una estrategia enderezada a concretar las más genuinas banderas de cambio democrático en la perspectiva del socialismo. Si los más desprotegidos, el pueblo, se organizan, pueden aprovechar el momento para disputarle el poder al débil bloque dominante y convertirse ellos mismos en la nueva clase dirigente. Entrar por la grieta del sistema.

Pero también puede suceder, por supuesto, que ese bloque dominante logre restaurarse y recuperar el control de la política.

Precisamente Gramsci llamó "revolución pasiva" a esta segunda opción, es decir, al proceso político cuyo objetivo es la reforma del sistema desde arriba. Esto es, donde el bloque dominante es el que dirige el inevitable cambio surgido con la crisis total.

 

La "revolución pasiva" del santismo

 

De todas las posibles respuestas a las crisis de hegemonía, una de ellas es la que normalmente va más asociada a los procesos de transición política marcados por la "revolución pasiva".

Señalemos de manera preliminar que, la "revolución pasiva" es una construcción categorial de gran amplitud, se trata de un criterio o canon de interpretación y no un programa/instrumento político como lo es para la burguesía que encarna el señor Santos. En ese sentido permite esbozar un ejercicio de aplicación analítico-interpretativa buscando dar cuenta de una combinación-desigual y dialéctica-de dos tensiones, tendencias o momentos: restauración y renovación, preservación y transformación o, como indica Gramsci, "conservación-innovación".

La "revolución pasiva" emerge como expresión de la "crisis orgánica" de la sociedad burguesa así como antítesis o fracaso de la revolución activa de las clases populares

Una revolución pasiva es un proceso de modernización impulsado desde arriba que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio más que su complicidad. Se produce porque comparte el diagnóstico de que hace falta un cambio. Es posible cuando el bloque dominante acepta también que las viejas instituciones ya no son suficientes ni adecuadas para mantenerles en el poder, y cuando entiende que han de actuar antes de que otro sujeto tome el control de la situación. Es decir, la característica crucial de la revolución pasiva es que surge para disputarle la dirección del cambio a las organizaciones populares.

Constituye una especie de salida intermedia entre la dictadura y el cambio revolucionario. Para que pueda realizarse, tiene que existir una amenaza lo bastante fuerte para poder derribar un régimen y lo suficientemente débil para instaurar un nuevo sistema. En esta situación, mezclada de debilidad y fortaleza, algunos representantes de las clases políticamente débiles y económicamente fuertes logran integrar y hacer suya parte del programa de demandas de los grupos adversarios y consiguen, de este modo, realizar una revolución pasiva.

Posteriormente, si hay lucidez en el poder político asediado o en algunos de sus sectores, se inicia una segunda etapa, en la cual se asumen parte de las demandas de la oposición -salvo las más radicales, que serían las que llevarían a la superación total del viejo orden – así, se logra dirigir desde arriba el cambio y la transición.

Gramsci caracteriza estas maniobras políticas como un conjunto de procesos de "innovación-conservación" "revolución-restauración", o "revolución sin revolución". Se trata de una transformación desde arriba por la cual los poderosos modifican lentamente las relaciones de fuerza para neutralizar a sus enemigos de abajo.

Toda revolución pasiva es la expresión histórica de determinadas correlaciones de fuerza y, al mismo tiempo, un factor de modificación de las mismas. Por ello, en relación con su génesis, Gramsci anota que se trata de reacciones de las clases dominantes al "subversivismo esporádico, elemental e inorgánico de las masas populares" que "acogen cierta parte de las exigencias populares". O sea no caracterizada por un movimiento subversivo de las clases subalternas sino como conjunto de transformaciones objetivas que marcan una discontinuidad significativa y una estrategia de cambio orientada a garantizar la estabilidad de las relaciones fundamentales de dominación.

En el inicio del proceso está entonces una acción desde abajo –aunque sea, esporádica, elemental, inorgánica y no "unitaria"- la derrota de un intento revolucionario o, en un sentido más preciso, de un acto fallido, de la incapacidad de las clases subalternas de impulsar o sostener un proyecto revolucionario pero capaces de esbozar o amagar un movimiento que resulta amenazante o que aparentemente pone en discusión el orden jerárquico. En efecto, si bien el empuje desde abajo no es suficiente para una ruptura revolucionaria sin embargo alcanza a imponer –por vía indirecta- ciertos cambios en la medida en que algunas de las demandas son incorporadas y satisfechas desde arriba.

La singularidad de esos momentos es que determinados proyectos antagónicos se disputan entre sí la victoria, pero coincidiendo todos ellos en el descrédito de las instituciones previas o, dicho de otra forma, en la necesidad de superarlas. En la necesidad del cambio. Esto es importante, porque significa que proyectos políticos antagónicos pueden compartir un espacio común: el de la necesidad de un cambio. El corolario sale rápido: si esos proyectos políticos no perfilan y distinguen sus propias propuestas ideológicas, y si se mantienen en el llano discurso de deseo de superación de instituciones preexistentes, entonces tales proyectos políticos pueden ser en gran medida intercambiables.

La revolución pasiva implica por lo tanto la capacidad de las clases dominantes, frente a la explosión de las contradicciones sociales y políticas, de gobernar, integrar destruyendo las contradicciones fundamentales evitando que devengan protagónicas en la crisis orgánica.

Mediante la revolución pasiva los segmentos políticamente más lúcidos de la clase dominante y dirigente intentan meterse "en el bolsillo" a sus adversarios y opositores políticos incorporando parte de sus reclamos, pero despojados de toda radicalidad y todo peligro revolucionario. Las demandas populares se resignifican y terminan esfumándose en la maquinaria de la dominación.

La revolución pasiva consiste, pues, en lograr el retorno a la "normalidad" del capitalismo. Se trata de resolver la crisis orgánica reconstruyendo el consenso y la credibilidad de las instituciones burguesas para mantener el orden oligárquico. Es decir: la continuidad del capitalismo. Lo que está en juego es la crisis de la hegemonía burguesa, amenazada por las rebeliones populares y la resistencia campesina revolucionaria armada.

Se pretende volver a legitimar las instituciones del sistema capitalista, fuertemente devaluadas y desprestigiadas por una crisis de representación política que hacía años no vivía nuestra sociedad.

Se plantean por tanto las siguientes cuestiones, ¿En qué medida los cambios reproducen o restauran el orden existente o lo modifican para preservarlo? ¿En qué medida "acogen cierta parte de las exigencias populares"? ¿Cuánta y qué parte? Las variaciones posibles son diversas pero acotadas por dos puntos límites: la revolución pasiva no es una revolución radical –al estilo jacobino o bolchevique- y la restauración progresiva no es una restauración total, un restablecimiento pleno del estatus quo anterior.

En relación a su dinámica, la modernización conservadora implícita en toda revolución pasiva, es conducida desde arriba. Ese arriba se refiere tanto al nivel de la iniciativa de las clases dominantes como a la cúpula estatal, ya que el lugar o el momento estatal aparece crucial a nivel estratégico para compensar la debilidad relativa de las clases dominantes, las cuales recurren, por lo tanto, a una serie de medidas "defensivas" que incluyen coerción y consenso.

Se conforma de tal manera un modelo de dominación basada en la capacidad de promover reformas conservadoras maquilladas de transformaciones "revolucionarias" y de promover un consenso pasivo de las clases dominadas.

 

Cesarismo y transformismo

 

La revolución pasiva se ve acompañada del cesarismo y el transformismo. Se apoya en un cesarismo progresivo (la presencia de una figura carismática que cataliza y canaliza las tensiones y encarna el paternalismo asistencialista) y el transformismo (el desplazamiento de grupos dirigentes progresistas del movimiento popular hacia posiciones conservadoras en puestos en las instituciones estatales).

En otros términos, hay dos momentos en el proceso de revolución pasiva.

El primero, la restauración. En ese primer momento el bloque dominante trata de bloquear (con el Cesarismo populista de derecha encarnado en Uribe Vélez) la organización popular que crece al calor de las demandas políticas, evitando de esa forma una transformación radical del sistema desde abajo.

El segundo, el transformismo (santista, en este caso). En este momento el bloque dominante recoge algunas de las demandas populares y las hace suyas, adaptándolas previamente a sus propias necesidades y confundiendo así a las masas populares en revuelta.

En nuestro caso, lo que resalta es el transformismo promovido por Santos. Por medio del transformismo Gramsci designa un proceso de deslizamiento molecular que lleva al fortalecimiento del campo de las clases dominantes, a través de un paulatino drenaje (absorción) por medio de la cooptación de fuerzas del campo de las clases subalternas o, si se quiere, viceversa, un debilitamiento del campo subalterno por medio del abandono o traición de sectores que transforman oportunistamente sus convicciones políticas y cambian de bando.

Con el transformismo, Gramsci quiere referirse a dos realidades: a) el proceso de absorción de las demandas menos radicales y la articulación de éstas en un programa más moderado; y b) la captación e integración de dirigentes de los grupos políticos rivales. A través del transformismo se logra quebrar la relación de fuerzas anterior que había obligado a adoptar la estrategia de reformismo político preventivo.

El transformismo aparece entonces como un dispositivo vinculado a la revolución pasiva en la medida en que modifica la correlación de fuerzas en forma molecular en función de drenar –por medio de la cooptación– fuerzas y poder hacia un proyecto de dominación en aras de garantizar la pasividad y de promover la desmovilización de las clases subalternas.

Aunque el concepto de revolución pasiva remite al ámbito superestructural es evidente que, más allá de la dimensión socio-política, es clara la referencia a una consolidación capitalista por medio de la intervención estatal en la vida económica en función anti-cíclica, como lo demanda la coyuntura creada con la caída de los precios del petróleo y sus efectos en los ingresos fiscales del gobierno. En este sentido cabe toda la extensión bicéfala de la expresión "formas de gobierno de las masas y gobierno de la economía" usada por Gramsci para referirse al estatalismo propio de una época de revolución pasiva.

Estamos en la situación del Estado ampliado, que incluye a la sociedad civil y pretende controlar las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la planificación.

En el tiempo de la revolución pasiva la concepción del Estado ampliado, vinculada con los procesos inéditos de difusión de la hegemonía no comporta la puesta en mora o la disminución de la concepción del Estado «según la función productiva de las clase sociales», sino significa una complejización radical de la relación entre política y economía, una intensificación molecular de una primacía de la política entendida como poder de producción y de gobierno de los procesos de pasivización, estandardización y fragmentación.

 

Consecuencias de la revolución pasiva

 

Las principales consecuencias de las transiciones políticas guiadas por el modelo de la revolución pasiva son las siguientes:

a) La ausencia de una verdadera participación popular, dado que son las cúpulas de las organizaciones políticas las que pactan y consensuan "por arriba" los contenidos y los plazos del proceso de transición.

b) La modificación, en parte, de la realidad política anterior. Especialmente, la oposición intenta enmascarar su debilidad presentando dichas modificaciones como cambios políticos profundos.

c) El debilitamiento de las fuerzas radicales opositoras y la integración de muchos miembros de dichas fuerzas en los antiguos grupos rivales a través de diversos mecanismos de aplicación de la estrategia del transformismo.

d) La inexistencia de una hegemonía alternativa. Hay que tener en cuenta que la revolución pasiva no siempre resuelve la crisis de hegemonía que la provoca, entendida como escisión entre sociedad política y sociedad civil con mayores o menores grados de intensidad, que son los que marcan el nivel orgánico o coyuntural de cada crisis de hegemonía. Conviene tener presente que Gramsci contempla diversas posibilidades de respuesta a dicha crisis:

a) Guerra civil entre los grupos que luchan por la hegemonía.

b) Reacción de la clase dominante a través de un nuevo tipo de dictadura o de una reestructuración de sus posiciones en la sociedad política mediante mecanismos diversos de reforma interna.

c) Insurrección revolucionaria de masas con dirección política que logra imponer un nuevo sistema.

d) Subversivismo de masas sin dirección política.

e) Solución cesarista de la crisis a través de un caudillismo.

f) Prolongación de la crisis y extensión del caos político y social por la incapacidad de respuesta de los grupos dominantes y la existencia de una sociedad civil débil e inerte.

g) Pacto y consenso entre las fuerzas antagónicas ante la imposibilidad de la victoria de una de ellas y, por lo tanto, construcción de un nuevo régimen en el que se integran parte de las demandas de cada una de las fuerzas intervinientes. Este pacto y consenso sirve para crear un nuevo dominio político, pero no resuelve el tema de la dirección social, cultural y económica. Y sólo la suma de dominio y dirección crea una nueva hegemonía.

Cerremos, esta parte señalando que ese el programa político de la burguesía con su intento de revolución pasiva impulsada desde las alturas seudo reformistas del santismo neoliberal. Lo que queda de ese experimento de Tercera vía es un mecanismo de expropiación de las demandas populares por la vía de "renovaciones", "modernizaciones" y "recomposiciones" parciales, que preparan el camino a restauraciones más de derecha en su totalidad. Es un detalle que no debemos ignorar.

Está en marcha una suerte de transición liberal, dirigida por el mismo bloque dominante. Ese gran poder privado y salvaje que teme un cambio desde abajo y desde la izquierda y que quiere retocar el sistema desde arriba y por derecha neoliberal.

Pretenden logra transformaciones importantes en la organización social, pero reduciendo al mínimo la "iniciativa popular" en la producción de esos cambios. Por eso aquello de que el modelo no se negocia, al decir de Humberto De La Calle.

La operación del bloque dominante es la misma: la restauración del sistema por medio del transformismo.

 

El programa de cambios democráticos

 

Por supuesto, lo visto es un lado de la cuestión política en el momento. Y la política es un arte cuyo principal instrumento es la estrategia. El desafío para los revolucionarios es identificar las rutas convenientes de acción. Por eso nos preguntamos ¿qué sucede cuando la iniciativa la toman nuestros enemigos? ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología "progresistas", poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar o demonizar a los sectores populares más intransigentes y radicales?

¿Cómo enfrentar esa iniciativa? ¿De qué manera podemos deconstruir esa estrategia burguesa?

Gran parte de las reflexiones de los marxistas sobre la lucha de clases han girado en torno a la necesidad de asumir la iniciativa política por parte de los trabajadores y el pueblo. Desde luego, considerando siempre las condiciones concretas de la lucha social, que en este caso se ubica en una coyuntura de compleja y desigual combinación de las movilizaciones populares y de masas, pues, dentro del conglomerado de olas y mareas políticas que se entrecruzan, no todo aparece tan nítidamente diferenciado ni delimitado como pudiera suponerse.

Estamos ante un difícil desafío: pensar desde la teoría revolucionaria no en la posibilidad inmediata del asalto al poder o de una ofensiva abierta de las masas populares, sino en aquellos tiempos del proceso de la lucha de clases donde el enemigo pretende mantener y perpetuar el modelo neoliberal de manera sutil y encubierta. No lo pretende hacer de cualquier manera. Paradójicamente, las clases dominantes intentan resolver su crisis orgánica, garantizar la gobernabilidad y mantener sus jugosos negocios enarbolando nuestras propias banderas (oportunamente resignificadas). Resulta más sencillo enfrentar y golpear a un enemigo frontal que intenta aplastarnos enarbolando banderas neoliberales y fascistas, como en el caso de Uribe Vélez. Pero resulta extremadamente complejo responder políticamente cuando el neoliberalismo se disfraza de prospero, continúa beneficiando al gran capital en nombre de "la democracia", los "derechos humanos", la "sociedad civil", el "respeto por la diversidad", los diálogos de paz y la reparación de las víctimas con la restitución de las tierras despojadas por el paramilitarismo.

En otros terminos, resulta relativamente fácil identificar a nuestros enemigos cuando ellos adoptan un programa político de choque o represión a cara descubierta. Pero el asunto se complica notablemente cuando los sectores de poder intentan neutralizar al campo popular apelando discursivamente a una simbología "progresista". En esos momentos, navegar en el tormentoso océano de la lucha de clases se vuelve más complejo y delicado.

De tal manera que, a la capacidad de la oligarquía de operar recomposiciones de todo tipo, es necesario oponer una lucha política de tipo acumulativo, cuyas definiciones estratégicas no van más allá, en situaciones ideales, de la constitución de un "bloque o frente amplio popular" que opera un cambio importante en la relación de fuerzas.

Además, sabiendo que una comunidad política vive siempre en un ámbito institucional que tiene la apariencia de haber estado siempre ahí. Que hay instituciones que rodean y envuelven nuestra vida cotidiana, que también van cambiando, pues todo cambia. Y los sistemas políticos no son ajenos a ese proceso. La pregunta más obvia es ¿hacia dónde se debe cambiar?

Desde el campo popular y revolucionario, es inevitable ver nuevos procesos constituyentes, como ha sido planteado por la delegación revolucionaria en la Mesa de conversaciones en La Habana, es decir, procesos que constituyan nuevas instituciones políticas o que produzcan cambios radicales en los diseños vigentes hasta ese momento. Habitualmente estos procesos se refieren a la institución superior, la Constitución. Pero es preciso recordar acá que no todos los procesos constituyentes son iguales. A veces los procesos constituyentes tienen una perspectiva popular que refleja las demandas y exigencias de las gentes más desfavorecidas, esto es, lo que llamamos comúnmente el pueblo. Así fue claramente en los casos de Francia entre 1789 y 1792, de México en 1917, de Rusia en 1918 y 1924, de España en 1931 o de Italia en 1948. Sin embargo, otras veces los procesos constituyentes son dirigidos desde arriba, desde las mismas élites que gobernaban las instituciones previas.

Un proceso constituyente implica a su vez un proceso destituyente, porque la constitución de nuevas instituciones se hace sobre la eliminación de las anteriores instituciones. Dicho llanamente, si quiero algo nuevo es porque no me gusta lo viejo o directamente no lo tengo; si quiero democracia ampliada es porque la que tengo es ficticia. Por eso puede afirmarse que una crisis institucional es el reflejo de una enorme grieta, de un proceso destituyente abierto de facto.

Así pues, hay momentos políticos, como el de hoy, en los que las instituciones vigentes se ponen en cuestión. Es entonces cuando se abre el debate sobre cómo han de cambiar, y en ese momento diferentes proyectos políticos confrontan entre sí en torno al tipo de instituciones nuevas que hay que crear.

Es por tal razón que los cambios de fondo que demanda Colombia, no se pueden lograr sin confrontar con las instituciones centrales del aparato de Estado oligárquico. Debemos apuntar a conformar, estratégicamente y a largo plazo —en términos de varios años y no de tres meses— organizaciones populares de lucha revolucionaria.

Así que no habrá transformación social radical al margen del movimiento de masas, en el entendido que los procesos de transición pacifista deben captar la hilazón entre el arte político y el arte militar, entre la fase político-militar y la técnico-militar, pues "las revoluciones siempre son guerras".

Publicado enColombia
"Cuba no termina de amoldarse a la palabra cambio"

Aleida Guevara, la hija del Che, visitó Argentina para promover el programa sanitario Operación Milagro, que cura de forma gratuita la ceguera leve a pacientes pobres latinoamericanos. Habla sobre la transición política y la apertura económica en marcha y brinda pistas y nombres sobre los posibles sucesores de Raúl Castro.

 

La similitud física de la alergóloga y pediatra Aleida Guevara con su padre es llamativa. La coordinadora del programa continental cubano Operación Milagro no necesita presentar documento para demostrar que lleva la sangre del líder revolucionario argentino-cubano en sus venas. Sin embargo, Aleida recuerda con mucho humor una anécdota donde su semejanza con el Che fue puesta en tela de juicio por una criatura de 6 años. "En una oportunidad, una paciente intentó llamar la atención de su hijo y le dijo: '¿Sabías que la doctora es la hija del Che?'; 'Imposible, mamá. ¿La hija del Che, tan gorda?'", rememora Aleida y estalla en una carcajada que le achina los ojos. Pelo rubio trigal hasta la altura de las orejas, ojos café, sencilla en su vestimenta, verborrágica, distendida en el trato, estuvo casi tres semanas en Argentina para inaugurar el Hospital Escuela Ernesto Che Guevara en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba e impulsar como madrina política las brigadas militantes que coordinan la Operación Milagro y el programa de alfabetización Yo sí Puedo en el litoral y la Patagonia.


—Vine al país por invitación de la fundación Un Mundo Mejor es Posible (Ummep), para reimpulsar las misiones solidarias de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) en Argentina, que son la Operación Milagro y el programa (de alfabetización) Yo sí Puedo. De alguna manera, la misión alfabetizadora es la madre de la Operación Milagro. Cuando comenzamos a trabajar con el Yo sí Puedo encontramos cierta resistencia en algunas personas. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que la dificultad en la formación de la lectura provenía de su mala visión. Entonces decidimos caminar conjuntamente con las dos misiones, porque nadie puede aprender a leer si tiene problemas en sus ojos. En estos días, además, tuve el privilegio de encontrarme con jóvenes médicos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana (Elam). Ellos son como mis hijos, su carácter y resistencia me da mucha energía.


 

—¿En qué consiste la Operación Milagro?


 

—Para contar qué es la Operación Milagro primero tengo que hablar de la Brigada Che Guevara. La brigada surgió como una idea para reagrupar a todos los egresados argentinos de la Elam. La mayoría trabaja en hospitales públicos y en zonas vulnerables, pero como Argentina es un país tan grande, hacía mucho tiempo que no se encontraban. Para reencontrarnos, entonces, fuimos a trabajar en la prevención de la afección de cataratas a un pueblo de Chubut muy chiquito, que se llama Gan Gan. La catarata es una ceguera leve y prevenible pero mucha gente sin cobertura de salud pierde la vista por no tratarla a tiempo. Uno de los primeros pacientes beneficiados con este programa, cuando recuperó plenamente la visión gritó emocionado: "Esto es un milagro". El nombre viene de ahí, de ese pequeño milagro que podemos alumbrar. En la última década, Cuba operó gratuitamente a más de 2 millones de personas con problemas de salud visual en toda la región. De ellos, 48 mil son argentinos. Cuando los egresados de la Elam no podían ejercer su título por un litigio con el colegio médico local, los doctores trataban a los pacientes argentinos en hospitales bolivianos fronterizos gracias a un acuerdo con Evo Morales. Ahora el hospital Ernesto Guevara, ubicado estratégicamente en Córdoba, a mitad de camino entre el norte y el sur, busca concentrar la atención de todos los argentinos con este problema visual.

 


—También en Brasil la llegada de médicos cubanos para trabajar en zonas vulnerables despertó críticas de la corporación médica. ¿Cómo viven esta situación?
—En Brasil hay cerca de 12 mil médicos cubanos, y queremos llegar a 14 mil. En Venezuela tenemos cerca de 11 mil médicos trabajando en misiones solidarias, como Barrio Adentro. La idea es llegar a zonas donde la cobertura sanitaria es muy floja. Por eso insisto en que nuestro objetivo no es desplazar a ningún colega. Todo lo contrario, la salud cubana intenta ocupar espacios vacíos, donde los más pobres de Latinoamérica sólo ven a los médicos en las series de televisión.

 


—¿Qué opina de los cambios anunciados en la política macroeconómica de Cuba? ¿La "perestroika" de su país se asemejará al abrupto giro económico instrumentado por otros gobiernos comunistas, como el chino o el vietnamita? ¿Cómo observa, en definitiva, la transición política iniciada por Raúl Castro?
—Para nosotros la palabra cambio es un poco difícil de aceptar. Porque cambio podría implicar que cambiamos de sistema político, que abandonamos el socialismo, y eso es inaceptable. Lo que estamos buscando son nuevas soluciones a viejos problemas, corregir políticas públicas que ya no resultan eficaces. Y lo hacemos de forma lenta, porque no podemos darnos el lujo de equivocarnos. En Cuba es muy importante la conciencia social, sin esa mística desaparecemos como país. Los cambios en economía no implican abandonar la formación política de los ciudadanos. Las dos cosas caminan de la mano. Son cambios lentos pero firmes. Por ejemplo, ahora se pueden vender las viviendas. Sólo la parte construida, porque la tierra, el lote, sigue siendo propiedad estatal.

 


—¿Los autos también entran en la lógica de compraventa?


 

—Claro, también podemos cambiar nuestros carros por dinero. En ese sentido la población tiene más posibilidades. Pero, insisto, esa puerta no está abierta del todo. Porque, ¿qué pasa? Ahora las familias adineradas de Miami buscan inundar La Habana con dólares, y eso podría disparar los precios de los inmuebles o de los autos. Esa situación no la podemos permitir.

 


—¿El liderazgo de Raúl Castro es muy diferente al de Fidel? ¿Qué ocurre con el desafío generacional de renovar los cuadros políticos de la revolución?

 


—Son parte del mismo proyecto. La personalidad de cada uno, en todo caso, es una anécdota. La cuestión generacional es un desafío porque Fidel, Raúl, en su momento el Che, han puesto la vara muy alta. Será muy difícil remplazarlos, pero ese camino ya está iniciado. Seguramente Raúl Castro dejará el gobierno en unos tres años, él ya anunció que este es su último período.


 

—¿Se anima a dar nombres para alistar en la posible sucesión?


 

—El vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel es un hombre muy respetado por el pueblo y un guevarista de pura cepa. Humilde, inteligente y con mucho carácter. Los cubanos ya ven en él un recambio posible, se sienten seguros con su continuidad.


 

—Es inevitable preguntarle por su padre. ¿Le resultó incómodo, en algún momento de su vida, ser la hija de un ícono revolucionario global?


 

—Todo lo contrario. La gente siempre me pregunta por el Che y entonces surgen los recuerdos personales que tengo de Ernesto Guevara papá. Yo tengo muy pocos recuerdos con papá, porque también fue poco el tiempo compartido. Él partió para el Congo cuando yo tenía 4 años. Sin embargo, esos momentos familiares fueron muy lindos. Papá era muy mimoso conmigo y mis hermanos, besaba muy apretado, casi que ni respirábamos cuando nos abrazaba. Así soy yo con mis hijos. Cuando llega la noche, mi hijo mulatico siempre me dice: "Mamá, ya estoy preparado para la sesión de besos". Y eso me quedó de mi papá, que era demasiado exigente con él mismo y con nosotros, pero también era muy tierno (dice Aleida con los ojos brillosos).


—¿Cómo está Fidel Castro? ¿Qué se sabe de él en la isla?


 

—A ver, primero quiero decir que estoy muy herida con ciertas informaciones malintencionadas que circulan sobre mi tío, porque yo a mi tío lo quiero tanto como a mi papá.


 

—¿Está hablando de Fidel cuando menciona a su tío?


 

—Claro, desde que soy bebé le digo tío. Realmente nos queremos mucho. A veces discutimos. Él es un poco terco, pero yo lo soy más. Por ejemplo, me insistía con que le pusiera Victoria a mi hija, en homenaje a una fecha revolucionaria que coincidía con el día de su nacimiento. Pero yo le di la discusión y la gané. La nombré Estefanía, y todos contentos igual. Ahora Estefanía le dice abuelo a Fidel. Una vez la maestra de la escuela me recriminó que Estefanía había insistido en clase con que tenía tres abuelos. Y yo le contesté cuál es el problema, está mi suegro, el Che, y Fidel, que es su tercer abuelo. Le expliqué la situación a la docente, que Fidel Castro había hablado con ella la noche anterior, y que él habla con ella como su abuelo. "Ah, entonces no hay ningún problema", me contestó apurada (risas). Lamentablemente hace mucho que no lo veo a Fidel, y lo extraño. Sé que está trabajando en el estudio de plantas medicinales y escribiendo sobre los peligros de una tercera guerra mundial nuclear, que él ve como muy próxima por el conflicto entre Rusia y Europa por Ucrania, esa es su última obsesión. Lamentablemente, la alta intromisión de Estados Unidos con la Otan cerca de Moscú le está dando algo de razón.


 

—Ya que lo menciona, ¿la administración de Barack Obama modificó el vínculo con Cuba? ¿Su gobierno es menos injerencista que sus colegas republicanos en el cargo?

 


—No, lamentablemente, la relación empeoró. Con la toma de poder de Obama pensábamos que un hombre negro, vamos, debería tener cierta sensibilidad social. Nos equivocamos radicalmente. El bloqueo comercial durante la era Obama ha sido peor. Hace poco tiempo atrás la Casa Blanca inició una persecución comercial a un banco francés por decidir abrir una línea de créditos para afianzar negocios en la isla. Lo mismo sucedió con un banco suizo, que afronta una multa millonaria comercial por intentar saltar el cerco económico contra Cuba.

 


—Cristina Fernández viene sosteniendo una posición política muy fuerte contra Estados Unidos en el contexto del litigio con los fondos buitre. ¿Cómo lee la posición argentina en este conflicto?


 

—Pienso que el mundo atraviesa un momento muy particular. Lo que el gobierno argentino intenta hacer en el caso de los fondos buitre es abrir un camino para otros países de la región. Por eso acompaño las palabras de la presidenta argentina. No nos pueden seguir robando nuestro futuro. No somos hombres y mujeres ignorantes, somos gente con cultura, y sobre todo somos pueblos con ganas de defender lo nuestro.

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Del "demos" al "Podemos": levantamientos populares en Grecia y España

En la antigua Grecia, cuna de la democracia, el poder derivaba del "demos", el pueblo. Bien, el pueblo de la Grecia contemporánea se ha estado tambaleando bajo las medidas de austeridad por cinco años y ahora votó para ponerle fin. En enero, el partido Syriza, contrario a las medidas de austeridad, obtuvo una victoria arrasadora en las elecciones nacionales. Grecia es miembro de la llamada Eurozona, el grupo de países europeos que se sellaron una unión económica a través de una moneda común en 1999. Tras la crisis financiera de 2009, la economía griega cayó en la ruina. En 2012 entrevisté a Yanis Varoufakis, economista y miembro de Syriza, y actual ministro de Finanzas de Grecia.


"Grecia está atravesando su Gran Depresión, algo similar a lo que pasó Estados Unidos en la década de 1930. No se trata solo de un cambio de gobierno. Se trata de una economía social que ha entrado en un coma profundo. Es un país que está a punto de alcanzar el estatus de Estado fallido". Para estabilizar la economía griega se propuso un paquete de rescate financiero. El dinero fue prestado por tres instituciones, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, bautizados en Grecia como "La Troika". A cambio del rescate financiero de más de cien mil millones de euros, Grecia tenía que imponer estrictas medidas de austeridad, entre ellas despidos masivos de trabajadores del sector público y la privatización de recursos públicos, como las instalaciones portuarias del gobierno.


Durante varios años, los principales partidos políticos de Grecia aceptaron las demandas de la Troika y reprimieron las protestas emergentes con violencia policial. El nuevo partido en el poder, "Syriza", es un acrónimo que significa "Coalición de la Izquierda Radical", y Varoufakis, junto con su colega Alexis Tsipras, nuevo primer ministro, no tardaron en desafiar las medidas de austeridad.


Paul Mason, jefe de la sección de economía del canal de noticias Channel 4 del Reino Unido, ha realizado algunos de los mejores informes en inglés sobre la crisis griega. Cuando lo entrevisté en "Democracy Now!" le pedí que explicara qué significa la llamada "austeridad": "La austeridad en Grecia significa algo así como un 50% de aumento medible de suicidios masculinos. Significa una caída del 25% del salario real en cinco años. Significa que la economía perdió un cuarto de su capacidad; se redujo en un 25%. Si vas a un café en Atenas, habla con la persona que te está sirviendo: va a ser una persona con estudios universitarios completos, probablemente esté viviendo con más de una persona en una habitación y sus ingresos serán más o menos de 100 euros a la semana, o sea 400 al mes. Si bien el ingreso promedio es de aproximadamente 500 a 600 euros al mes, que es más o menos lo mismo en dólares, un camarero, que probablemente sea un graduado universitario, puede estar ganando unos 400 euros por mes. Esa es la austeridad. Y por otro lado están las 300.000 familias que no pueden pagar la electricidad. Alrededor del 15% de la población ha perdido su cobertura médica o está a punto de perderla. Grecia tiene un sistema de salud basado en el seguro médico. Cuando lo pierdes, te unes a la fila de los inmigrantes indocumentados en la Cruz Roja". Entrevistado por Der Spiegel, Varoufakis calificó a la austeridad de "ahogamiento fiscal". A su vez, el pueblo griego no olvida que Alemania, bajo el régimen nazi, ocupó brutalmente su país por cuatro años durante la Segunda Guerra Mundial.

El representante de Syriza ante el Parlamento Europeo, Manolis Glezos, de 92 años de edad, fue tomado prisionero por los nazis por arrancar una bandera con la esvástica de la Acrópolis. Mason continúa: "La clase política alemana simplemente no puede hacerse a la idea de que haya sido electo un partido que quiere hacer algo tan radicalmente distinto, algo que no puede hacerse sin romper las reglas con las que fue conformada la eurozona".


La recesión mundial también dejó en la ruina a España, que tiene actualmente una tasa del 50% de desempleo entre los jóvenes. Las ejecuciones hipotecarias han aumentado desenfrenadamente, dejando a miles de personas en la calle que aún tienen que pagar toda la hipoteca, lo que condujo a varios deudores hipotecarios a suicidarse. En medio de esta ruina financiera creció un movimiento popular que algunos llamaron "los indignados". Miles de personas ocuparon la principal plaza de Madrid, la Puerta del Sol, en demanda de una verdadera democracia. Nacido en el seno de este movimiento, el pasado mes de mayo se fundó un nuevo partido político llamado "Podemos".


Pablo Iglesias, de 36 años, profesor de ciencias políticas, es el secretario general de Podemos. Esta semana estuvo de visita en Nueva York y brindó una entrevista a Democracy Now! Le pregunté sobre la crisis en España y qué está haciendo Podemos al respecto: "Creo que los tres grandes problemas son: la deuda, la desigualdad y el desempleo. Y las políticas de austeridad no han servido para mejorar estos tres problemas sino, por el contrario, para empeorarlo. Nosotros decimos que democracia significa que cuando algo no funciona se puede hacer de otra manera y las políticas de austeridad no han funcionado en nuestro país. Hay que apostar por todo lo contrario a lo que han implicado las políticas de austeridad".


Dos meses después de la formación de Podemos, el partido recibió 1.200.000 votos y logró ingresar a Iglesias y a otros cuatro miembros más de Podemos al Parlamento Europeo. Una encuesta sugiere que Podemos podría ganar las elecciones nacionales el próximo mes de noviembre. Si Podemos gana, Iglesias podría ser el próximo presidente español. De resultar electo, promete poner fin a los desalojos, reestructurar la deuda y promover una reforma impositiva, ya que considera que la clase media y los trabajadores tienen una carga impositiva mucho más elevada que los ricos.


Mientras el futuro de Europa se presenta como incierto, los movimientos populares en Grecia y España ganan poder y desafían a los sistemas políticos y económicos tradicionales. La crisis económica mundial ha provocado un terrible sufrimiento a miles de millones de personas en el mundo. Pero también generó una apertura, permitiendo a los ciudadanos replantearse las reglas sobre las que están asentadas sus vidas y sus trabajos, desafiar a quienes tienen el poder y demostrar que otro mundo es posible.

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Viernes, 20 Febrero 2015 10:00

La tormenta perfecta

La tormenta perfecta

Hace años, a comienzos de los dos mil, en un hotel de Maracaibo donde debía presentar mi libro Adiós muchachos, me tocó ver el ir y venir de los participantes a un entusiasta cónclave de partidarios del comandante Hugo Chávez, recién llegado entonces a la presidencia, que se celebraba en otra sala vecina, todos de boinas y camisas rojas, broches en las boinas e insignias en las camisas, y todos con rostros sonrientes y entusiastas, como si acabaran de atrapar el futuro y no estuvieran dispuestos a soltarlo.


Para entonces yo ya venía de vuelta de mi propia revolución en Nicaragua, y precisamente en aquel libro de memorias contaba mis experiencias, un libro lleno de nostalgias por lo que pudo haber sido y no fue; y para quien quisiera leerlo buscando lecciones, que yo no me proponía dar, también estaba lleno de advertencias acerca de los errores y equivocaciones que una revolución incuba desde el primer día, a lo mejor sin proponérselo, pero que indefectiblemente conducen a la fatalidad.


Hay diferencias notables entre ambos procesos históricos, la primera de ellas que nosotros habíamos derrocado una dictadura familiar de larga data, haciendo tabla rasa del antiguo régimen, y en Venezuela el sistema democrático se había agotado, agobiado por la corrupción, lo que había dado paso a que las esperanzas se fijaran en Chávez, cuya figura había venido creciendo tras un fallido golpe de Estado. Pero la parafernalia revolucionaria que él desplegaba era muy parecida, en el discurso y en los símbolos.


Y esa vez, mientras escuchaba al otro lado del tabique corear las ardorosas consignas bolivarianas, me invadía un sentimiento confuso en el que se mezclaban mis recuerdos de cuando los diques se rompen, se sueltan las aguas caudalosas y entonces todo parece posible; mi respeto por la devoción con la que aquellos militantes improvisados, de diversas edades, compartían aquel sueño que creían realizable; y la voz que por dentro me decía que esa película yo ya la había visto. Aunque, por supuesto, no iba a cometer la arrogancia de meterme al salón donde sostenían su seminario, o taller, no sé qué cosa sería, a advertirles que sabía cuál era el final, porque yo lo había vivido.


Para entonces ya sabía que lo mejor de una revolución que alza su vuelo mesiánico ocurre el primer día, cuando se puede ver el mundo desde la altura, tan pequeño que se piensa que la empresa de transformarlo no tendrá mayores obstáculos, y que lo peor empieza al mismo día siguiente, cuando se decide que los sueños necesitan un reglamento. Y los sueños reglamentados se vuelven siempre pesadillas.


Es cuando el socialismo redentor empieza por acaparar la verdad absoluta, y para entrar en el reino de los justos se necesita del carnet, una estrecha vía de acceso exclusiva para quienes piensan de la misma manera, o fingen que piensan de la misma manera, que es la manera en que piensa el caudillo. Es cuando el romanticismo revolucionario se convierte en un método, y los sueños de cambio entran en un rígido orden burocrático. Cuando toda voz o pensamiento distinto se castiga primero como disidencia, y luego como traición. Cuando todos los errores que se cometen por estulticia burocrática, o por estrechez de miras, se achacan al infaltable imperialismo.


Ya había aprendido para entonces en mi propia experiencia algo que una vez escuché decir a Lula da Silva en Managua, cuando nosotros ya habíamos perdido la revolución y él seguía aún intentando ser presidente de Brasil: y es que el gran error de la izquierda, un error estratégico, era pensar que la democracia se dividía en democracia burguesa y democracia proletaria, cuando lo que existía era una sola clase de democracia, sin apellidos.


Aquellas palabras desafiaban el dictum de exclusión que sigue caracterizando a la izquierda populista de América Latina en el siglo XXI, y que sólo revela un sentimiento primitivo profundo, que es el de sentirse dueño exclusivo de la verdad: el dictum que divide al mundo entre feligreses y traidores. Para pertenecer a la fila de los buenos, hay que ponerse la camisa roja.


Bajo esta concepción simplista, todos los que no rezan el credo que el caudillo y su camarilla dictan están destinados a ser silenciados, o a pasar el resto de sus días en las prisiones políticas que el Estado redentor establece en beneficio de la sanidad ideológica, y de la permanencia sin fin de los mismos en el poder, ellos, sus esposas o sus hijos.


Cuando alguien se considera dueño exclusivo de la verdad y tiene en el puño las llaves del paraíso donde los justos con carnet deben vivir hacinados, todo lo malo que ocurra dentro de las fronteras cerradas de ese paraíso será culpa de quienes se niegan a ponerse la librea ideológica. Porque para quienes dictan la regla no es posible advertir que esa regla está fundamentalmente equivocada.


Mientras la regla excluya el consenso, mientras el sistema que todo lo quiere monopolizar niegue espacios de convivencia, mientras la democracia siga teniendo apellidos, mientras desde las tribunas oficiales se siga predicando el discurso obsoleto de que el pueblo está formado sólo por los partidarios del régimen, y todos los demás, cualquiera que sea su condición económica, aun los más pobres, son la derecha aliada del imperialismo, la tormenta seguirá acumulando nubes oscuras hasta convertirse en la tormenta perfecta.


Y el ogro burocrático, frente a la imposibilidad de lograr que la sociedad funcione con la normalidad pacífica que se necesita para la vida diaria, alimentos, medicinas, servicios básicos, lo único que puede hacer es ponerle más cercos a la libertad. Dictar más leyes y más reglamentos de control, más medidas de represión, confiscar más supermercados y farmacias, buscar más culpables, cuando la culpa está en el sistema mismo, que agotó hace tiempos sus sueños, y sólo conserva y multiplica sus pesadillas.


Los sueños mesiánicos comienzan siempre con grandes discursos y terminan en grandes colas.


Ciudad de México, febrero de 2015
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Reino Unido aprueba la reproducción asistida con el ADN de tres padres

La Cámara de la Comunes da luz verde por 382 votos a favor y 128 en contra a esta técnica para evitar la transmisión de enfermedades genéticas

 

LONDRES.- La Cámara de la Comunes británica dio hoy luz verde a la técnica que utiliza el ADN de tres personas en la reproducción asistida, a fin de evitar la transmisión de enfermedades genéticas.

 

Los diputados aprobaron esta técnica, denominada donación mitocondrial, por amplia mayoría, con 382 votos a favor frente a 128 en contra

 

Si prospera la legislación, que pasará ahora a la Cámara de los Lores, el Reino Unido se convertirá en el primer país del mundo que legaliza la reproducción asistida con genes de tres individuos.

 

Aunque el Gobierno británico ha dado su respaldo al procedimiento, los diputados pudieron hoy ejercer el voto libre, sin someterse a la disciplina de su partido, por tratarse de un tema muy sensible.

 

La viceministra de Sanidad y Asistencia Social, la conservadora Jane Ellison, dijo en la Cámara de los Comunes que la técnica es "la luz al final del túnel para muchas familias afectadas", como es el caso de Sharon Bernardi, de Sunderland (noreste de Inglaterra), que perdió siete niños por enfermedades mitocondriales. "Para el Parlamento, este es un paso audaz, algo que se ha pensado mucho", explicó Ellison.


Los científicos estiman que alrededor de 2.500 mujeres en el Reino Unido podrían beneficiarse de este procedimiento, que cuenta con el apoyo de numerosos científicos de todo el mundo.

 

La técnica, que ha sido desarrollada por investigadores de Newcastle (noreste de Inglaterra), utiliza una versión modificada de la fertilización 'in vitro' para reunir material genético de los dos padres más el de una tercera persona, una mujer con mitocondrias sanas.

 

El tratamiento implica intervenir en el proceso de fertilización para eliminar las mitocondrias defectuosas de la madre y sustituirlas por las de la donante.

 

Las mitocondrias son partes constitutivas de las células del organismo que actúan como diminutas generadoras de energía y que, si son defectuosas, pueden dar lugar a problemas de corazón, trastornos cerebrales o ceguera.

 

El procedimiento se ha diseñado para ayudar a familias con disposición genética a este tipo de enfermedades, que pasan de generación en generación por línea materna y que afectan a alrededor de uno de cada 6.500 niños en todo el mundo.

Martes, 20 Enero 2015 14:33

Fascismo, liberalismo e izquierda

Fascismo, liberalismo e izquierda

"Las recientes vicisitudes del fundamentalismo musulmán confirman la vieja visión de Walter Benjamin de que 'cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada': el auge del fascismo es el fracaso de la izquierda, pero a la vez una prueba de que había un potencial revolucionario, la insatisfacción, que la izquierda no fue capaz de movilizar", dice Zizek en esta columna.

[...] Las recientes vicisitudes del fundamentalismo musulmán confirman la vieja visión de Walter Benjamin de que "cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada": el auge del fascismo es el fracaso de la izquierda, pero a la vez una prueba de que había un potencial revolucionario, la insatisfacción, que la izquierda no fue capaz de movilizar. ¿No se sostiene lo mismo hoy sobre el llamado "islamo-fascismo"? ¿El ascenso del islamismo radical no es exactamente correlativo a la desaparición de la izquierda secular en los países musulmanes? Cuando allá por la primavera de 2009 los talibanes se hicieron cargo del valle de Swat en Pakistán, el New York Times informó que diseñaron "una revuelta clasista que aprovecha las profundas fisuras entre un pequeño grupo de ricos terratenientes y sus arrendatarios sin tierra". Sin embargo, si por "aprovecharse" de la difícil situación de los agricultores los talibanes están "provocando alarma sobre los riesgos en Pakistán, que sigue siendo en gran medida feudal", ¿qué impide que los demócratas liberales en Pakistán, así como en Estados Unidos, se "aprovechen" de esta difícil situación y traten de ayudar a los campesinos sin tierra? La triste consecuencia de este hecho es que las fuerzas feudales en Pakistán son el "aliado natural" de la democracia liberal.

 

Entonces, ¿qué pasa con los valores fundamentales del liberalismo: la libertad, la igualdad? La paradoja es que el liberalismo en sí no es lo suficientemente fuerte como para salvarlos de la embestida fundamentalista. El fundamentalismo es una reacción –una falsa, desconcertante, reacción, por supuesto– en contra de un fallo real del liberalismo, y es por ello que una y otra vez ha sido generado por el liberalismo. Abandonado a sí mismo, el liberalismo lentamente se socava a sí mismo; lo único que puede salvar sus valores fundamentales es una renovada izquierda. Para que este legado clave pueda sobrevivir, el liberalismo necesita la ayuda fraterna de la izquierda radical. Esta es la única manera de derrotar al fundamentalismo, de barrer el suelo bajo sus pies.


Pensar en respuesta a los asesinatos de París significa dejar caer la autosatisfacción de suficiencia de un liberal permisivo y aceptar que el conflicto entre la permisividad liberal y el fundamentalismo es en última instancia un falso conflicto, un círculo vicioso de dos polos que se generan y presuponen mutuamente. Lo que Max Horkheimer había dicho sobre el fascismo y el capitalismo en 1930 –"aquellos que no quieren hablar de manera crítica sobre el capitalismo también deberían guardar silencio sobre el fascismo"– debería aplicarse también al fundamentalismo de hoy: "los que no quieren hablar críticamente sobre la democracia liberal también deben guardar silencio sobre el fundamentalismo".


(Fragmento de una columna publicada por este filósofo esloveno en el New Stateman de Gran Bretaña.)

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Miércoles, 07 Enero 2015 20:33

Una revolución tranquila

Una revolución tranquila

Sin duda alguna los eventos más importantes en Colombia durante el año que terminó (2014) fueron, por un lado, la continuación y el avance de los diálogos de Paz en La Habana, y por el otro, la defensa ciudadana y popular – política, cultural, ideológica y jurídica –, del gobierno de Gustavo Petro y la Bogotá Humana. Ambos hechos se constituyeron en una derrota para Uribe y el Procurador Ordoñez. Además, se neutralizó a los empresarios corruptos que se apoderaron de los servicios públicos en la capital de la república a la sombra, primero, de Lucho Garzón y después, de Samuel Moreno. Claro, ambas situaciones están relacionadas.


La arbitraria pero fallida destitución e inhabilidad política del actual alcalde de Bogotá fue un ataque directo contra el proceso de Paz. Las fuerzas más reaccionarias, corruptas y derechistas del país se unieron con empresarios uribistas y santistas, políticos y funcionarios corruptos del Distrito Capital, taurinos semi-feudales, ideólogos clericales y homofóbicos, para derrotar al "movimiento democrático" que tiene en Petro a una de sus principales figuras, así éste a veces cometa serios errores. De haberlo conseguido, el mensaje para los líderes de la guerrilla habría sido absolutamente negativo: Si a un ex-guerrillero que lleva 24 años de ejercicio pacífico le cobraban de esa manera su rebeldía... ¿qué podrían esperar ellos hacia el futuro?


El proceso de Paz... dramas y tragedias


Sin embargo, con relación al conflicto armado los colombianos tenemos dudas. Decía Marx que "La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos", y ello cae como anillo al dedo a nuestro país. La generalidad de los colombianos queremos la Paz pero tantos años de violencia nos pesan. El drama del proceso de Paz es que los actores – guerrilla y gobierno – quieren utilizar ese escenario para vender una imagen "pacifista" que no se corresponde con la realidad que percibe la población. Las amplias mayorías ciudadanas no le tienen confianza a la cúpula guerrillera y saben que Santos le teme a Uribe. El ex–presidente utiliza hábilmente ese hecho para explotar miedos e inseguridades. Y lo hace especialmente entre las "clases medias" que no quieren saber nada de un gobierno de izquierda que vaya a implementar políticas "estatistas" como las que Chávez y sus herederos aplican en Venezuela. ¡La amenaza del "castro-chavismo" efectivamente asusta!

Es importante recordar que la insurgencia después de 1983 inició un proceso acelerado de crecimiento. Se apoyó y financió con recursos obtenidos de gravar la economía del narcotráfico. También recurrió a la extorsión y el secuestro que eran resultado de aplicar sus propios impuestos de guerra. Ese desarrollo progresivo de sus fuerzas y frentes insurgentes, llevó a pensar – erróneamente –, a los dirigentes farianos, que hacia 1998 habían conseguido el "equilibrio estratégico" frente a las fuerzas militares oficiales. Grave error de lectura política que también cometió Sendero Luminoso en el Perú. La línea militar se había impuesto en esta fase de la lucha, representada por Jorge Briceño (a. el "Mono Jojoy"), el mejor exponente y sucesor de Jacobo Arenas dentro de las nuevas generaciones guerrilleras. En esa etapa se sacrificó la calidad y la formación política de la militancia insurgente siendo sustituida por la cantidad y la preparación militar y logística. Así, la "guerra sucia" diseñada para degradar a la guerrilla encontró terreno fértil. El sentido ético de la lucha revolucionaria se fue diluyendo. Es lo que hoy tanto le cuesta a la insurgencia y el pueblo le cobra con creces. El miedo a una dictadura de las FARC es explotado por sus enemigos y es reforzado por la actitud arrogante y la soberbia que aún muestran muchos de sus comandantes.


Por el lado del gobierno el drama de Santos es no poder desprenderse decididamente de la sombra uribista. Es dramático porque él sólo no lo puede hacer. Y no lo va a hacer si la misma insurgencia no le facilita el camino. El actual Presidente de la República fue Ministro de Defensa de Uribe, estuvo al frente de todas las operaciones – muchas de ellas ilegales, criminales y mafiosas – que el Estado adelantó contra las FARC y contra amplios sectores del pueblo, que así no tuvieran nada que ver con la guerrilla, fueron arrasadas y exterminadas a sangre y fuego. Pero además, Santos es un representante del más fiero y brutal neoliberalismo que se aplica en América Latina. Así lo hace desde los años 90s. Ya lo pregonaba antes desde el Diario El Tiempo pero se decidió a ejecutarlo a partir de su participación como Ministro de Comercio en el gobierno de César Gaviria Trujillo (1990-1994). Por ello, aunque tocaba votar por él para evitar que el uribismo puro y rabioso, decididamente guerrerista y paramilitar, llegara nuevamente a la Presidencia, la verdad es que Santos se mantiene en una posición de equilibrista, entre Uribe y la Paz. En lo único que se diferencia es en que se atrevió a iniciar los diálogos sobre la base de reconocer la existencia del conflicto armado. El problema es que un día avanza y al día siguiente retrocede.

La dificultad consiste en que si Santos le cede mucho a la guerrilla – así teóricamente sea en favor del "pueblo" – el uribismo se fortalece. Si no cede mayor cosa, la insurgencia se echará atrás, lo que beneficia también a quienes viven de la guerra. Entre más se envalentone la guerrilla en la mesa o en el monte, menos apoyo popular va a obtener. El actual cese unilateral de fuegos está en la dirección correcta pero la dirigencia guerrillera todavía no entiende que su mayor fortaleza sería mostrarse arrepentida de haberse dejado degradar. Es urgente ser más consciente de los errores cometidos – posiblemente forzados y provocados por la guerra sucia –, y ser humilde frente al pueblo (no tanto frente a las clases dominantes), poniéndose al servicio de la salida negociada sin mayores pretensiones. Y en ello radica su principal dificultad, porque a la vez, debe presentarle a su militancia unos logros mínimos para poder garantizar su transformación en actor político y social, especialmente en las zonas de colonización donde han estado desde siempre. El tema de la justicia transicional va a ser definitivo en la recta final de los diálogos y tendrá que haber mucha moderación de ambas partes, para obtener el respaldo popular para lo que se acuerde.

Nuevos sujetos políticos citadinos

Lo ocurrido con Petro es una confirmación de que se consolida una nueva etapa en la vida política del país. El protagonismo político de la población de las ciudades está en evolución. La participación de decenas de miles de jóvenes que se expresaron en la "ola verde" y en los "cacerolazos" de solidaridad con el paro nacional agrario en 2013, son el anuncio de que en las ciudades se mantiene y fortalece el despertar político de las nuevas generaciones. El apoyo a la Bogotá Humana es una manifestación clara de ese "movimiento democrático" pero desgraciadamente Petro y la cúpula de los "progresistas-petristas" no lo entienden plenamente. No logran generar un espíritu verdaderamente democrático e incluyente en su trabajo político-administrativo. Los celos y recelos con el resto de la izquierda – especialmente con el Polo –, se les notan por encima. Por ello, no consiguen trasmitir entre el grueso de esa juventud y de la población bogotana, una imagen de anti-burocracia y no se muestran enteramente dispuestos a gobernar con la amplia participación de la gente. La consulta de los tres candidatos "petristas" a la Alcaldía para aspirar al siguiente período, que es de hecho un cierre de espacios frente a otros candidatos de la talla de Clara López o de Carlos Vicente de Roux, envía ese mal mensaje.


Pero el problema va más allá. Lo que podemos observar haciendo un balance del año que terminó es que en Colombia la gente no quiere grandes cambios. Especialmente las "clases medias". Los profesionales y tecnólogos proletarizados, los técnicos, micro y medianos empresarios, los "emprendedores", comerciantes y proveedores de bienes y servicios, están relativamente cómodos y aceptan los males del capitalismo. Muchos de ellos, se ven insertos a través del comercio y el consumo en la economía globalizada y son relativamente beneficiados por los TLCs, así sea marginalmente. Les molesta la corrupción, los privilegios de altos funcionarios, los injustos impuestos, pero no quieren cambios drásticos que impliquen nuevas polarizaciones, tensiones y violencias. Una "revolución tranquila", pacífica, ciudadana, "suave", es con lo que la gente sueña. Por ello, la izquierda nacionalista y "estatista" no logra empatar con ese amplio espectro de la población que en Colombia ha crecido a la sombra de una economía inflada con recursos del narcotráfico, importantes inversiones extranjeras y la explotación petrolera y minera.


Es por esa razón que la necesidad de construir un Nuevo Proyecto Político empieza a estar en la cabeza de muchas personas. Un nuevo intento que no puede desechar los esfuerzos anteriores pero que debe alimentarse del espíritu y sentir de esa población citadina que, en el caso de Bogotá, participa en política en forma independiente durante las últimas dos décadas. Habrá que ser paciente, ir al ritmo que la gente propone, ser astuto y amable, proponer soluciones, dejar de ser apocalípticos y "casandras del desastre", mostrar optimismo y seguridad, hacer a un lado la eterna queja y el negativismo ideologizado. Además, proponer metas alcanzables y posibles que tengan consecuencias inmediatas. "Arañando el cielo y arando la tierra", "soñar con los pies bien puestos en el suelo". Si logramos hacerlo en el 2015, seguro que avanzaremos.

Diferenciarnos de la izquierda tradicional

Es evidente que se debe hacer un ejercicio de diferenciación de la "izquierda tradicional". Y tendrá que hacerse sobre temas fundamentales. Ya no se trata sólo de superar el gamonalismo y caudillismo de nuevo tipo que hemos detectado que se manifiesta en que cada parlamentario de izquierda o progresista tiene su grupo dentro de su respectivo partido. Ahora les llaman "tendencias" para camuflar los intereses individuales y grupistas. Para poder avanzar con el Nuevo Proyecto Político habrá que aclarar temas más gruesos, entre los que está, por ejemplo, el modelo de Estado que requiere la Nación para una fase de "post-acuerdos" (post-conflicto) y para avanzar por caminos que superen incluso lo que se está haciendo en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay y demás países de Sudamérica, en donde el "estatismo" empieza a hacer crisis, especialmente en aquellos países en donde los presupuestos gubernamentales dependen de los ingresos de la explotación de recursos naturales energéticos (gas y petróleo), que hoy se ven mermados por la crisis de los precios internacionales de los hidrocarburos.


Es igualmente claro que el Nuevo Proyecto Político que empieza a emerger no puede "cargar con los muertos de la guerrilla". No podemos desconocer las causas que originaron el conflicto armado pero tampoco tenemos que asumir errores que no son nuestros. Por ello tiene que haber una importante distancia con los actores armados e incluso con sus cercanos. Sólo una fuerza democrática que, siendo consciente de nuestra tragedia no compre ni herede los resentimientos y odios, podrá avanzar y desbrozar el camino de la reconciliación hacia el futuro. La juventud citadina será fundamental en ese proceso. El arrepentimiento sincero y el perdón auténtico serán las herramientas para lograrlo, pero ello seguro nos llevará décadas. Hay que empezar.


También somos conscientes que la "izquierda tradicional" no ha podido desligarse de las herencias "estatistas" que construyó la burguesía burocrática en América Latina desde hace 50 años. Se confunde la "defensa de lo público" con el monopolio absoluto del Estado en la gestión pública. Y ello se presenta en lo fundamental porque la "izquierda tradicional" representa principalmente los intereses de los trabajadores del Estado y actúa entonces, no como una fuerza política que está interesada en el conjunto de la sociedad, sino que acciona como un gran sindicato, defendiendo los intereses "laborales" de esos trabajadores (educación, salud, justicia, servicios públicos). No es casual que parte de esa izquierda hoy se enfrente a Correa en el Ecuador y a Evo en Bolivia, colocándose al frente de esos trabajadores. El tema de la "privatización" está en el medio. En el ejercicio de Petro en relación al servicio de aseo se alcanzó a iniciar el debate pero no se profundizó. El modelo que tiene en mente la izquierda tradicional es crear una gran empresa pública – tipo la que maneja el acueducto de Bogotá – y no les gustó la idea de compartir la recolección y el reciclaje con cientos de microempresas de recicladores porque para ellos eso es privatización. No entienden que una cosa es garantizar buena calidad, oportunidad, eficiencia y tarifas equitativas y proporcionales a los ingresos de los usuarios, y otra cosa es la operación del servicio que puede ser estatal, privada, comunitaria, cooperativa, social o mixta.


En fin, ese es uno de los temas a estudiar y profundizar. El otro es la actitud frente a la economía globalizada. Oponernos totalmente a los TLCs no parece ser la mejor posición. El "nacionalismo estrecho" no convoca en Colombia. Y lo que se observa en el resto de Sudamérica es que la construcción de verdadera autonomía económica tendrá que pasar por un paciente proceso de integración regional y un largo camino de industrialización de nuestros procesos productivos sin que ello signifique desligarnos de los mercados internacionales. Por el contrario, tendremos que hacer grandes esfuerzos por ser competitivos en ese terreno, apropiarnos de la comercialización directa de nuestras materias primas y productos procesados, constituir un nuevo tipo de empresas transnacionales con carácter latinoamericano, aprovechar las tensiones y conflictos entre los bloques económicos en juego (EE.UU., Unión Europea, BRICS, Japón, etc.), y construir paulatinamente nuestro propio modelo de desarrollo colocando la defensa del medio ambiente en un lugar importante y prioritario.


Recién estamos empezando pero es necesario abrir el debate. Ese es el propósito al que convocamos en el año nuevo. Con sencillez y modestia. Sin protagonismos individuales. Construyendo "proceso" y "corrientes de pensamiento" más que aparatos organizativos. Ayudando a construir unidad en las dinámicas locales y regionales para disputar los gobiernos municipales y departamentales en las elecciones de octubre de 2015. En donde existan condiciones y se pueda, se debe derrotar al conjunto de los partidos tradicionales, y en donde sea obligatorio, hay que construir convergencias más amplias para derrotar el uribismo y defender el proceso de Paz. Cada caso debe ser mirado con lupa y los intereses del "movimiento democrático" deben estar muy por encima de los intereses individuales y de grupo. ¡Si se puede!

Nota: En un balance del año 2014 tendrían que haberse destacado los triunfos deportivos de Nairo Quintana, James Rodriguez y la Selección Colombia. También las tragedias como la ocurrida con los niños quemados en un bus en Fundación (Magdalena) y los nativos de la Sierra Nevada muertos por un fulminante rayo. La sequía, el hambre y la tragedia ambiental en La Guajira y Casanare, ligada a la explotación indolente de los recursos naturales a manos de empresas transnacionales. Los desmayos inexplicables de jovencitas en Carmen de Bolívar. La anécdota de Doña "Mechas" llamando a apoyar a "Juanma" y contra "Zurriaga". La persistencia guerrerista de Uribe y el debate parlamentario realizado por Iván Cepeda contra el paramilitarismo. La muerte de Gabo. El paro judicial y la acumulación de problemas en la justicia. La lentitud en la restitución de tierras. La crisis de los precios del petróleo y su impacto fiscal. La tensión mundial entre EE.UU. y Rusia que parece la re-edición de la "guerra fría". En fin tantos hechos que muestran la vitalidad de nuestra sociedad y los grandes problemas acumulados que no van a tener solución si no nos unimos y derrotamos a la casta oligárquica.

Publicado enColombia
Lunes, 05 Enero 2015 08:43

El viento de cambio viene del sur

El viento de cambio viene del sur

En caso de ganar en Grecia, Syriza se convertiría en el primer partido europeo que llega al poder con un discurso en contra del ajuste y contra los dispositivos de rescate financieros monitoreados por la UE, el Banco Central Europeo y el FMI.

 

Desde París

 

Entre septiembre y diciembre, la Unión Europea (UE) vive una de sus más agitadas pesadillas. Después del referéndum soberanista en Escocia de septiembre pasado, el auge de las llamadas izquierdas radicales europeas viene a introducir un ingrediente suplementario de agitación y de profundo cuestionamiento del modelo financiero con el que la Unión Europea funciona desde hace años. Las alternativas que ofrecen las izquierdas radicales de España –Podemos– o de Grecia –Syriza– y la atracción electoral que las confirman como nuevas fuerzas políticas ineludibles pusieron a Bruselas en un tenso compás de espera. La historia se aceleró en los últimos días luego de que, ante la incapacidad de designar a un nuevo presidente –en este caso el conservador Stavros Dimas, que contaba con el respaldo de la UE–, Grecia convocara a elecciones legislativas anticipadas para este 25 de enero. Las encuestas de opinión vaticinan un triunfo de la izquierda radical de Syriza, el partido de Alexis Tsipras. Con un 30 por ciento de las intenciones de voto, Syriza se apresta a protagonizar la primera victoria de la "izquierda de la izquierda" en Grecia y, también, el inicio de un ciclo histórico: en caso de ganar: Syriza se convertiría en el primer partido europeo que llega al poder con un discurso en contra de la austeridad y contra los dispositivos de rescate financieros monitoreados por la "troika" –el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la UE–. El líder griego ya dijo que "la política de austeridad será muy pronto una cosa del pasado".

Grecia, Portugal, Chipre, Irlanda o España, la brisa del cambio viene principalmente de los países del sur. La tendencia hacia la izquierda en estos países contrasta con lo que ocurre en el norte de Europa, donde la crisis y la austeridad propulsan más bien a la extrema derecha. Ante una socialdemocracia inerte y pactista, las izquierdas radicales encontraron un terreno de legitimidad muy fértil. Como lo explica al vespertino Le Monde el profesor y especialista de los radicalismos políticos, Jean-Yves Camus, "para los socialdemócratas ya no hay más utopía. Ya no hay más proyecto de emancipación económica colectiva sino únicamente individual. A lo sumo, la socialdemocracia propone una utopía de sociedad, como por ejemplo el matrimonio para todos. La izquierda radical se opone a ello e intenta hacer comprender a los electores que el software actual puede ser algo muy distinto que una simple adaptación al mundo". Las propuestas de Podemos en España y Syriza en Grecia van en esa dirección. El horizonte griego es para Bruselas una confirmación de esos postulados. No se trata sólo de ideas, sino de contenidos que van en contra de la ortodoxia liberal de la Unión Europea, empezando por la renegociación de los planes de rescate otorgados a Grecia por la troika a partir de 2010. El primero, que se extendió de 2010 a 2012, ascendió a 110 mil millones de euros. El segundo, por 130 mil millones, cubría el período de 2012 a 2014 y tenía que ser desembolsado por etapas y según la evolución de las reformas estructurales planteadas por los prestamistas. Por ahora, el FMI suspendió el pago de la ayuda hasta después de las elecciones. Bruselas teme que Syriza salga de la tutela financiera de la Unión Europea antes de que concluyan las negociaciones sobre el segundo plan de rescate. Y los europeos, como ya ocurrió en las elecciones de 2012, no se privan de agitar los pañuelos rojos, de esgrimir el ya conocido discurso "nosotros o el desastre", o de afirmar que todo voto contra los planes de austeridad es, de hecho, un voto contra Europa. El comisario europeo para los asuntos financieros y monetarios, Pierre Moscovicci, llamó a los griegos a que, en las elecciones legislativas, "reafirmen una política pro europea porque las reformas emprendidas son necesarias".

Más cínico, el actual presidente de la Comisión Europea, el ex primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, dijo "mi preferencia sería volver a ver rostros familiares en enero". En suma, los adversarios de la izquierda radical griega, tanto dentro de Grecia como en el seno de la Unión Europea, acusan a Syriza de conducir el país a la quiebra y de empeñarse en querer que Grecia salga del euro. La falacia es absoluta. En ningún punto del programa del movimiento figura esta propuesta. El partido de Alexis Tsipras ya fijó las condiciones de la resurrección: un programa de 1300 millones de euros destinado a paliar las consecuencias de la "crisis humanitaria". Y en el capítulo que toca a la pesadilla europea, Tsipras anunció que reclamará a la Unión Europea una quita "realista" de una deuda que, según él, "es imposible de pagar". El equipo económico de Syriza calcula que la deuda griega podría cancelarse en un 50 por ciento y que el resto "se pagaría con crecimiento".

Las estadísticas griegas distan de ser tan optimistas como las que presentan los tecnócratas de la Unión Europea y la prensa del sistema: el país lleva seis años en recesión, tiene una deuda equivalente al 177 por ciento de su PIB, una evasión fiscal que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) evalúa en un 25 por ciento del PIB, un desempleo que roza el 40 por ciento según los sectores mientras que, sólo en Atenas, hay cerca de 25 mil personas sin techo. La retórica de la izquierda radical es mucho menos incendiaria que hace unos años. Incluso incluye en su paquete de soluciones a la Unión Europea y al mismo Banco Central Europeo, con la diferencia de que, ahora, la prioridad no es reembolsar a costa de sacrificios sino pagarles a los sacrificados todos los esfuerzos que hicieron.

No sólo Syriza ha movido sus posiciones, también lo hizo la guardiana de la ortodoxia financiera de Europa, Alemania y su canciller Angela Merkel. A diferencia de hace cinco años, cuando Berlín impuso una camisa de fuerza de austeridad a Europa e insistió en que en ningún caso Grecia debía salir de la zona euro, Alemania modificó su postura con un plan revelado por el semanario Der Spiegel y bautizado "Grexit". Según la revista alemana, Merkel y su equipo económico calculan que es ineluctable la salida de Grecia del euro si gana Syriza. Pero contrariamente a 2010, ahora, escribe Der Spiegel, los riesgos de que la zona euro se haga añicos sin Grecia "son limitados". Alemania habría cambiado su análisis y opta ahora ya no por la idea de que el desastre de uno acarrea el desastre de los demás, sino por el principio de "la cadena". La revista alega que la "teoría de la cadena es la opción dominante: si uno de los miembros más débiles de la cadena se cae, el resto de la cadena se torna más sólida". Es lícito recordar que Europa ha reforzado su sistema mediante dispositivos de rescate como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y otros planes piloteados por el Banco Central Europeo, el BCE.

De todas maneras, incluso con su anunciada victoria, Syriza no podría gobernar solo. Su triunfo no resolvería completamente el problema de gobernabilidad de Grecia. Ioannis Papadopulos, politólogo en la Universidad de Macedonia, reconoce que "Syriza ya empezó a centrarse e, inevitablemente, tendrá que asociarse con un partido socialdemócrata para gobernar. Ello no quita que las izquierdas rojas de Europa viven una renovada primavera. "La borrasca viene del sur", escribe el matutino Libération. Los dos huracanes son, desde luego, Syriza y Podemos. Ambos han restaurado una idea que en los últimos años hacía reír a quienes escuchaban su enunciado: la lucha de clases, la certeza de que las sociedades modernas se han divido cada vez más entre quienes ganaron con la globalización y quienes perdieron con ella, entre los asistidos que pierden sus ayudas y los inversores que ganan en todos los casilleros. La Europa del Sur se ha convertido en un laboratorio espontáneo frente a ese ya experimentado laboratorio del liberalismo que es la Unión Europea. Este nuevo aporte no es tampoco ajeno a la idea de construcción europea, contrariamente a quienes sólo ven a Europa como un manantial liberal. De los 42 escaños que los partidos de la izquierda radical ganaron en las elecciones europeas del año pasado, ninguno de estos euroescépticos están contra de Europa o de la integración europea. Anne Sabourin, miembro del Partido de la Izquierda Europea (GUI), asegura "no estamos contra Europa sino por otra Europa". El motor de esta izquierda es la transformación, no la eliminación. Ahí está uno de sus hallazgos. El otro es haberse hecho escuchar pese a la brutal corrupción del pensamiento y de la política, a la propaganda de los medios, a la dictadura de la opinión única, el ejército de robots-analistas-comentaristas que destilan en los canales de televisión la sinfonía única del miedo, de la austeridad como destino salvador y del infierno si a alguien se le ocurre renunciar a ella.

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Domingo, 07 Diciembre 2014 09:46

Un movimiento genuino por el cambio social *

Un movimiento genuino por el cambio social *

La guerra es la salud del Estado, escribió el crítico social Randolph Bourne en un ensayo clásico cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial:
Automáticamente pone en movimiento en toda la sociedad esas fuerzas irresistibles de uniformidad, de cooperación apasionada con el gobierno para forzar a la obediencia a grupos minoritarios e individuos que carecen del sentimiento de rebaño... Otros valores, como la creación artística, el conocimiento, la razón, la belleza, la mejoría de vida, son sacrificados de inmediato y casi en forma unánime, y las clases significativas que se han constituido en agentes aficionadas del Estado se dedican no sólo a sacrificar esos valores para sí mismas, sino a obligar a otras personas a sacrificarlos.


Y al servicio de las clases significativas de la sociedad estaban los intelectuales, adiestrados en la dispensa pragmática (exención del deber religioso de no matar), inmensamente listos para la ordenación ejecutiva de los acontecimientos, dolorosamente impreparados para la interpretación intelectual o el enfoque idealista de los fines.


Están alineados al servicio de la técnica de guerra. Parece haber una particular afinidad entre la guerra y esos hombres. Es como si hubieran estado esperándose mutuamente.


El papel de los intelectuales tecnocráticos en la toma de decisiones es predominante en aquellas partes de la economía que están al servicio de la técnica de guerra y vinculadas de cerca con el gobierno, que apuntala su seguridad y crecimiento.


Poco es de extrañar, pues, que los intelectuales tecnócratas estén típicamente comprometidos con lo que el sociólogo Barrington Moore llamó en 1968 la solución depredadora de la reforma simbólica en el interior y el imperialismo contrarrevolucionario en el exterior.


Moore ofrece el siguiente resumen de la voz predominante de Estados Unidos en el interior y el exterior, una ideología que expresa las necesidades de la élite socioeconómica del país, que es postulada con diversos grados de sutileza por muchos intelectuales estadunidenses y que gana adhesión sustancial de la mayoría que ha obtenido alguna participación en la sociedad acaudalada:


"Uno puede protestar con palabras todo lo que quiera. Sólo hay una condición inherente a la libertad que nos gustaría mucho alentar: las protestas pueden ser tan estentóreas como sea posible, siempre y cuando permanezcan inefectivas... A quien recurra a la fuerza, de ser necesario, lo borraremos de la faz de la tierra mediante la respuesta mesurada que hace llover fuego de los cielos."


Una sociedad en la que esta es la voz predominante sólo puede mantenerse mediante alguna forma de movilización nacional, la cual puede variar en extensión desde, como mínimo, una asignación de recursos sustanciales hasta una amenaza creíble de fuerza y violencia.


Dadas las realidades de la política internacional, este compromiso sólo puede mantenerse en Estados Unidos mediante alguna forma de sicosis nacional: una guerra contra un enemigo que aparece con muchos disfraces: burócrata del Kremlin, campesino asiático, estudiante latinoamericano y, sin duda, guerrilla urbana dentro del país.


Tradicionalmente, el intelectual ha quedado atrapado entre las demandas en conflicto de la verdad y el poder. Le gustaría verse como el hombre que busca discernir la verdad, decir la verdad como la ve, actuar –colectivamente donde pueda, individualmente donde deba– para oponerse a la injusticia y la opresión, para contribuir a dar forma a un mejor orden social.


Si elige este camino, puede esperar ser una criatura solitaria, despreciada o injuriada. Si, por el contrario, pone sus talentos al servicio del poder, puede lograr prestigio y riqueza.


También puede tener éxito en persuadirse –tal vez con justicia, en un momento dado– de que puede humanizar el ejercicio del poder de las clases significativas. Quizás espere unirse a ellas o incluso remplazarlas en la función de manejo social, en interés final de la eficiencia y la libertad.


El intelectual que aspira a este papel puede valerse de la retórica del socialismo revolucionario o de la ingeniería social del Estado de bienestar al perseguir su visión de una meritocracia en la que el conocimiento y la capacidad técnica confieran poder.


Puede representarse a sí mismo como parte de una vanguardia revolucionaria que abre el camino hacia una nueva sociedad, o como un técnico experto que aplica tecnología gradual al manejo de una sociedad que puede atender sus problemas sin cambios fundamentales.


Para algunos, la elección puede depender de poco más que una evaluación de la capacidad relativa de las fuerzas sociales en competencia. No resulta sorprendente, pues, que con mucha frecuencia los papeles cambien: el estudiante radical se vuelve el experto en contrainsurgencia.


En cualquier caso, es necesario ver sus afirmaciones con recelo: propone la ideología convenenciera de una élite meritocrática que, según la frase de Karl Marx (aplicada en este caso a la burguesía), define las condiciones especiales de su emancipación (como) las únicas condiciones generales por las que la sociedad moderna puede ser salvada.

 

El papel de los intelectuales y los activistas radicales, pues, debe ser sopesar y evaluar, intentar persuadir, organizar, pero no capturar el poder y gobernar. En 1904, Rosa Luxemburgo escribió: Históricamente, los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son infinitamente más fructíferos que la infalibilidad del comité central más brillante.

 

Estas observaciones son una guía útil para el intelectual radical. También brindan un refrescante antídoto al dogmatismo tan típico del discurso de la izquierda, con sus áridas certidumbres y su fervor religioso con respecto a asuntos que apenas si se entienden: el autodestructivo equivalente en la izquierda a la petulante superficialidad de los defensores del statu quo, incapaces de percibir sus propios compromisos ideológicos más de lo que un pez percibe que nada en el mar.


Siempre se ha dado por sentado entre los pensadores radicales, y con justa razón, que la acción política efectiva que amenaza intereses sociales arraigados conducirá a la confrontación y la represión. Es, por consiguiente, un signo de bancarrota intelectual para la izquierda buscar construir confrontaciones; es una clara indicación de que los esfuerzos por organizar una acción social significativa han fallado.


Particularmente objetable es la idea de diseñar confrontaciones con el fin de manipular a los participantes inconscientes para que acepten un punto de vista que no surge de una experiencia significativa, de un entendimiento real. No es sólo un testimonio de irrelevancia política, sino también, precisamente porque es manipulador y coercitivo, una táctica propia sólo de un movimiento que apunta a mantener una forma elitista y autoritaria de organización.


Las oportunidades de los intelectuales de tomar parte en un movimiento genuino de cambio social son muchas y variadas, y creo que ciertos principios generales son claros. Los intelectuales deben estar dispuestos a encarar los hechos y abstenerse de erigir fantasías convenientes.


Deben estar dispuestos a emprender el arduo y serio trabajo intelectual requerido para hacer una aportación real al entendimiento. Deben evitar la tentación de unirse a una élite represiva, y deben ayudar a crear las políticas de masas que contrarresten –y en última instancia controlen y remplacen– las fuertes tendencias a la centralización y al autoritarismo que están profundamente arraigadas, pero no son inescapables.


Deben estar preparados a enfrentar la represión y a actuar en defensa de los valores que postulan. En una sociedad industrial avanzada existen muchas posibilidades para la participación popular activa en el control de las grandes instituciones y la reconstrucción de la vida social.


Hasta cierto punto, podemos crear el futuro en vez de limitarnos a observar el flujo de los acontecimientos. Dado lo que está en juego, sería criminal dejar que las verdaderas oportunidades pasen inexploradas.


* Este artículo está adaptado del ensayo Conocimiento y poder: los intelectuales y el Estado de bienestar-guerra, que apareció en el libro de 1970 La nueva izquierda, editado por Priscilla Long. El ensayo está reimpreso en Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013, por Noam Chomsky.
** El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos mundiales y los nuevos desafíos al imperio de EU: entrevistas con David Barsamian. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.
© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya

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