Carteles en la calle parodiando a Theresa May. Matt Brown

La democracia global de redes, flujos y gobernanza multinivel que plantean las propuestas dominantes no tiene nada que ver con la democracia local. Y sin democracia local, nunca habrá democracia global.

 Mi intención con este artículo es abrir un diálogo público en torno a una idea que hace unos días Izaskun Bilbao publicó, parafraseando a Daniel Innerarity: 

“Pasamos demasiado tiempo discutiendo sobre términos como Estado, soberanía, territorio, que ya prácticamente no significan nada”


Primero, si la gente discute mucho sobre algo, entonces, es que tiene significado. Porque el significado de las palabras está en su uso (Wittgenstein), no en una esencia transcendental accesible solo para algunos. Si la gente usa esas palabras, entonces tienen significado.


Segundo, despreciar o ignorar (diciendo que no significan nada) los debates que se están dando en todo el mundo, o al menos en Latinoamérica, África, India y Europa en torno al Estado, el territorio y la soberanía, empezando por el movimiento feminista (no sólo occidental) pasando por las propuestas económicas alternativas (de la economía circular, a la sostenible, desde el cooperativismo anticapitalista hasta la municipalización y la nacionalización de empresas y corporaciones), hasta los procesos de soberanía en Escocia, en Reino Unido con el Brexit, en Cataluña, Grecia e Italia, no es nada estratégico para una gobernante y nada honesto intelectualmente. Desde Italia, hasta Alemania, desde Rusia hasta Guatemala, se habla de soberanía y de territorio. Pero, como en el tema del nacionalismo, donde un 92% de la población europea tiene como identidad política principal la nación, todo aquello de lo que habla el pueblo, a la elite ilustrada tiende a resultarle primitivo, reduccionista e inconsecuente.


Las propuestas liberales, patriarcales y moralistas (es muy importante poner adjetivos, ya que no es lo mismo hablar de democracia socialista, de democracia liberal o de democracia patriarcal), como digo, las propuestas dominantes para resolver los déficits democráticos tanto globales como europeos se basan en la premisa de que la democracia puede funcionar sin comunidades políticas soberanas y sin la capacidad política (capacidad institucional y territorial) que hace posible que una comunidad política se autogobierne; de hecho, la mayoría de los pensadores liberales y neoliberales (incluidos los partidos del 155 y una gran parte del PNV, así como Podemos y ramificaciones varias) rechazan la soberanía nacional, popular y estatal como un mecanismo para democratizar el mundo (excepto si se trata del Estado español, de su soberanía y de su territorio).


En cambio, cualquier análisis político y económico, realizado fuera de las manos de los partidos y los lobbies neoliberales, muestra que el conjunto de estructuras públicas que llamamos Estado, junto con la teoría y las prácticas de soberanía popular y estatal, son fundamentales para la democratización, entre otras cosas, porque cuanto menos poder institucional y territorial tiene una comunidad política, menos soberanía, es decir, menos capacidad política podrá adquirir y, por lo tanto, menos poder tendrá para reproducirse a través del tiempo y el espacio como una democracia: ya que una comunidad sin capacidades políticas (soberanía material) y un lugar indiscutible de autoridad (soberanía formal) no puede gobernarse de acuerdo con sus propias decisiones políticas. En breve, la democracia en la actualidad no puede funcionar sin el Estado, entendido como conjunto de estrategias y estructuras públicas territorializadas que una comunidad desarrolla para autogobernarse.


Las propuestas en contra del Estado, la soberanía y el territorio, son todas propuestas a favor o del mercado libre y el capitalismo global o bien se sustentan en una Estado-fobia proveniente de la moral cristiana y patriarcal. Si no es así, por favor que ofrezcan textos y prácticas que lo desmientan.


Desde los movimientos sociales, los sindicatos y los partidos o asociaciones de izquierdas, se lleva años reformulando el concepto de soberanía popular, y en mi opinión, lo más acertado es repensarla como la capacidad institucional y territorializada del pueblo para gobernar de acuerdo con sus propias decisiones. Por lo tanto, en las reformulaciones no patriarcales ni liberales de la soberanía, el Estado y el territorio, no puede haber democratización, en el sentido de empoderamiento público-colectivo para el autogobierno, sin territorializar y/o institucionalizar el poder político. El territorio, desde las propuestas feministas, socialistas, decoloniales y ecologistas, es uno de los elementos básicos de la democratización porque el bienestar no es solo colectivo, sino también territorial: escuelas primarias y secundarias, hogares y hospitales del sistema de salud, transporte público, ferrocarriles y servicios sociales como guarderías, saneamiento, canalización de agua potable, reciclaje, producción, recogida y distribución de alimentos, agricultura y materias primas, industrialización, tecnologización, etc.: todo ello es territorial (a ver si alguien cree que Google “vive y se enriquece” en un espacio global tendido del cosmos).


Si un territorio tiene bienestar (tiene capacidad política/económica pública e institucionalizada, es decir, soberanía material para el autogobierno), entonces, la población que habita ese territorio tiene bienestar. Confundir el territorio y el Estado con fronteras arbitrarias (como si el Estado fuera más arbitrario que ser hombre o ser rico) sugiere una confusión mental importante, ya que las fronteras se imponen mediante el sueldo, la sexualización, la racialización, la no-diversidad funcional, el flujo de capitales, la mercantilización, la financiarización, el matrimonio, la religión, internet, los medios, el sistema de justicia, la educación liberal, la Unión Europea, la familia, los bancos, las corporaciones, etc. todos ellos implican fronteras, límites y exclusión. No entiendo tanta insistencia en la desaparición del Estado, el territorio y la soberanía y tan poca insistencia en la desaparición de los sueldos, la familia, la religión, el patriarcado y el capitalismo.


Para que pueda haber democratización, es decir, empoderamiento colectivo para el autogobierno, el poder se tiene que territorializar e institucionalizar (en sentido de publificar estructuralmente). Esta definición de democracia es nuestra. No vuestra. Y es tan particular como la vuestra, a ver si por un despiste histórico vais a creer que lo vuestro es universal y racional, y lo nuestro un vómito emocional y coyuntural.


No parece que a la elite liberal (elite económica y política) y gran parte de la academia, le interese la pregunta de ¿Qué necesita el pueblo o la comunidad política, en esta era de capitalismo global, para sobrevivir como una democracia? Entre otras cosas porque a dicha élite parecen no interesarle los conceptos no patriarcales ni liberales de soberanía, Estado y territorio. Nosotras leemos sus textos. Leen ellxs los nuestros?


Decir a la gente que más se moviliza (sean huelgas de trabajadorxs, sean pensionistas, sea el movimiento feminista, o sean las manifestaciones por el derecho a decidir) que su discurso está vacío y que no se corresponde con la realidad, cuando son las movilizaciones populares más grandes de este país (y mirad Cataluña!), es el síntoma más visible de hasta qué punto no interesan las demandas de soberanía material de la ciudadanía ni los mecanismos que hacen posible el autogobierno del pueblo. Causa por cierto directamente relacionada con la subida de la ultraderecha en toda Europa.


El objetivo y la idea de gobierno democrático y de soberanía popular siempre ha sido garantizar que las comunidades políticas se reproduzcan a sí mismas como ellas decidan (llamar al sujeto y objeto de la democracia pueblo, nación, demos, sociedad, comuna o comunidad no cambia este hecho). Si no se relaciona el objetivo de la democracia con el empoderamiento de las comunidades políticas para poder autogobernarse, y si no se relaciona el autogobierno con la capacidad territorial e institucional que una comunidad política tiene, es decir, con la soberanía material necesaria para poder decidir y llevar a cabo las decisiones que toma la población, entonces ¿a qué llaman democracia?


Este proceso de globalización que de una forma u otra avalan la mayoría de partidos (también los de izquierda) con las propuestas que hacen sobre una democracia cosmopolita o global no es más que la guía de cómo hacer desaparecer la democracia local. Y ¿cómo se hace esto? Quitándole a las comunidades políticas su territorio, su Estado (es decir, sus estructuras públicas) y su soberanía, o, dicho de otra forma, privatizando el territorio nacional (TTIP, CETA, Banco Central Europeo, etc.), la soberanía popular y las estructuras públicas (educación pública, sanidad pública, servicios públicos, etc.) que llamamos Estado. La Unión Europea es uno de los dispositivos clave de este proceso de privatización global llevado a cabo mediante la privatización de lo local.


Todo el mundo sabe que la globalización capitalista ha sido impulsada por los propios ejecutivos estatales, transfiriendo elementos clave de los Estados-nación a la esfera privada, a manos y corporaciones privadas. Este proceso es constitutivo de lo que llamamos la privatización de la democracia. La transferencia de las capacidades estatales y, por lo tanto, las capacidades públicas y políticas (desde la toma de decisiones, la elaboración de leyes y la implementación hasta la evaluación, re-regulación, producción y distribución) a manos privadas, ya sean expertos, lobbies, grupos de interés, actores ejecutivos o corporaciones: es lo que caracteriza la privatización de la democracia, y esa privatización de la democracia se hace privatizando el Estado, el territorio y la soberanía popular.


Según Sassen, la globalización es un proceso de desensamblaje de las lógicas organizativas y capacidades autoritativas del Estado-nación y su reensamblaje en lógicas económicas, judiciales y financieras a escala global; y estas capacidades y lógicas organizacionales conducen a la desnacionalización del territorio. Sin embargo, a menos que dicho reensamblaje global tenga estructuras públicas y políticas globales elegidas por el pueblo, la palabra "desnacionalización" no es más que un eufemismo. Sin estructuras públicas globales elegidas por el pueblo y responsables ante ellas, la “desnacionalización” es solo otra palabra para decir privatización de la democracia o desdemocratización.


Esto no se ataja con redes fluidas y gobernanzas multidimensionales, eso se ataja teniendo estructuras y capacidad política, económica y social local, es decir, teniendo comunidades políticas con soberanía material territorializada y públicamente institucionalizada y controlada.


La democracia global de redes, flujos y gobernanza multinivel que plantean las propuestas dominantes no tiene nada que ver con la democracia local. Y sin democracia local, nunca habrá democracia global.


* Para un desarrollo más amplio ver Privatizar la democracia: capitalismo global, política europea y Estado español (Icaria, 2018).

 

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Pese al avance de la tecnología, prefiero las salas de cine: Scorsese

Oviedo. España. El sentimiento de división es muy peligroso y va contra la idea básica de lo que es Estados Unidos, país que creado por inmigrantes, aseguró el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, Martin Scorsese.

El multipremiado cineasta destacó que en la Estatua de la Libertad de Nueva York puede leerse "Traednos a los que no tienen casa", por lo que confió en que pase la discriminación hacia los migrantes impuesta por el presidente Donald Trump "y podamos trabajar todos juntos para cambiarla".

Incluso, dijo que si esa política hubiera empezado en 1909, "yo no estaría aquí ni tampoco la mayoría de los estadunidenses".

Recordó su película Gangs of New York aborda la reacción contra los inmigrantes irlandeses en Nueva York, a los que se odiaba por su catolicismo, aunque, insistió, a Estados Unidos lo crearon los nacidos en otras tierras.

"La migración es un experimento; todo mundo habla una lengua distinta, hay religiones distintas, todos viven juntos. Estamos intentando convivir, nunca va a ser fácil, pero es muy triste que ahora esté pasando esto, y es trágico en muchos casos", dijo.

Scorsese, director de las célebres películas Taxi driver, Buenos Muchachos y El lobo de Wall Street, entre otras, se refirió a la polémica que se ha generado con la plataforma Netflix, que producirá su próxima cinta The Irishman, con la participación de Robert de Niro, Joe Pesci y Al Pacino.

"Tenemos que proteger el respeto por el cine como arte, de modo que pueda ser apreciado por los públicos que asisten a las salas todo el tiempo posible; sin embargo, hay un factor muy importante en muchas películas, y es que no están apoyadas ya por los estudios", asentó.

Puntualizó: "Los que ponen el dinero ahora son Netflix o Amazon, y es esencial a tomar en cuenta de dónde va a salir el dinero para financiar las películas, ya que las becas o las fundaciones, no son suficientes".

Habló del mexicano Alfonso Cuarón, cuya película Roma, premiada con el León de Oro en la muestra de cine de Venecia, también es producida por Netflix.

A mí me pasó igual, agregó. "Netflix nos ha apoyado y esta película con De Niro, Pesci, Al Pacino y demás, no tenía financiamiento de otra manera".

No obstante, subrayó que la cuestión clave actual y lo que hay que proteger es la experiencia teatral que se produce al ver una película. "El cine del que yo vengo, o que intento mantener, restaurar y respetar, necesita ser visto con un público; eso no significa que las películas no se puedan ver en casa, con grandes pantallas. Creo que se trata de ambas cosas".

Llamó a trabajar para que, aunque una cinta sea producida por Netflix o cualquier otra plataforma, antes tenga tiempo suficiente en las salas de cine y luego ya se pueda ver en casa.

Scorsese, quien recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes el próximo viernes, de manos del rey Felipe VI, en el Teatro Campoamor, de Oviedo, aseveró que “estamos viviendo una revolución extraordinaria.

"No sabemos hacia dónde se dirige el cine; no sabemos en qué se va a convertir la imagen en movimiento. Han pasado 100 años de su historia y a lo mejor el cine es lo que ha sido hasta ahora y ahora entramos a una nueva fase", anotó.

Scorsese citó a George Lucas y expresó que “tal vez vamos a tener 15 años de un agujero negro; no sabemos a dónde nos vamos a dirigir con toda la tecnología a nuestra disposición.

"Nuestros hijos están teniendo una experiencia de cine completamente distinta y a lo mejor esa experiencia es en casa, pero yo prefiero las salas", apuntó.

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“Quieren exterminar a la izquierda con vocación de poder”

Correa, quien vive en Bélgica desde hace un año, afirma que en su país lo quieren ver preso o muerto y que Lenin Moreno –hoy su archirrival– pautó con EE.UU. “La CIA actúa con las embajadas. La decisión es exterminar a la izquierda.”

El otoño belga es excepcionalmente cálido. Rafael Correa aprovecha un sábado de octubre a la mañana para ir al mercado de la Place de la Université, en Lovaina La Nueva, el pueblo belga de 29 mil habitantes a 40 minutos en tren del centro de Bruselas, donde desde hace un año vive el ex presidente de Ecuador. Viste elegante sport y calza unos zapatos leñadores gastados. Lleva en el bolsillo un papel arrancado de un cuaderno donde su esposa Anne Malherbe –a quien conoció en una residencia universitaria de esta misma ciudad hace 28 años– le anotó en francés que debe comprar berenjenas, tomates, pepinos, papas y frutas. Gasta 45 euros. Le pide al verdulero que para la próxima reemplace las bananas de República Dominicana por las de Ecuador. Paga con una tarjeta del banco holandés ING. Saluda en quechua a Armando, un ecuatoriano de una comunidad andina que tiene un puesto de ropa en el mercado. Recorre a pie 10 minutos rodeado de verde y regresa a su departamento: un cuatro ambientes con balcón terraza en un segundo piso. Lo alquila a 1250 euros mensuales.

Los Correa se mudaron a Lovaina La Nueva a mediados de 2017 porque les gustó la escuela pública de allí para Miguel, su hijo adolescente. También para estar cerca de sus dos hijas, Anne Dominique y Sofía, que consiguieron becas para estudiar en París. Además, buscaban acercarse a los padres de Anne, oriunda de Namur, a media hora de la nueva casa. Querían, dicen, poder comer juntos los domingos o salir tranquilos a la calle. Este verano fue complicado para la familia: a fin de mayo, a Anne Dominique la atropelló un auto en Ginebra, donde estaba haciendo una pasantía como periodista. Tuvo una doble fractura abierta en el tobillo además de muchísimos golpes. Se está terminando de recuperar.
–¿Fue fuerte el cambio de ser el presidente diez años de un país a ser uno más en un pueblo belga?


–Antes de ser presidente detestaba la rutina o ir al supermercado, ahora lo disfruto. Dijeron ‘Correa es un don nadie ahí’. ¡Eso vine a buscar! Me encanta cocinar. Arroces, ceviche. Me gusta experimentar. Por ejemplo, el otro día inventé la “salsa amatriciana al estilo Rafael”: le pongo chorizos españoles. También soy experto en parrilladas aunque una de mis hijas, vegetariana, me ha convencido de comer menos carne.


Visitas ecuatorianas


En su mano derecha Correa porta una muñequera: se resintió del esguince que se hizo el 8 de julio último tras zamarrear al periodista ecuatoriano Ramiro Cueva, después de que éste lo increpó en la calle mientras el ex presidente caminaba con una de sus hijas. “¿Si te dicen ladrón tienes que decir viva la libertad de prensa? Por ser presidente no dejas de ser humano.” Hace unos días la Justicia belga condenó al periodista por amenazas: debe pagar 1600 dólares de multa si vuelve a Europa.


Hubo otro episodio violento: en agosto dos periodistas del medio ecuatoriano La Posta llegaron para mostrar la vida europea del ex presidente. Se enfrentaron con correístas que viven en Bruselas. Correa denunció acoso a la policía: “Vinieron a buscar una vida de millonario y no pudieron demostrar nada”.


El salario medio en Bélgica es poco menos de 4000 euros por mes. Correa calcula que podría vivir bien con los 4600 dólares de la pensión presidencial más el sueldo como maestra de su esposa: “Pero tengo 13 procesos penales, hace meses que tengo que trabajar para pagar mi defensa”.


Recibe ingresos por dar cursos on line y conferencias. Tiene un salario fijo como presidente del Instituto de Pensamiento Político y Económico Eloy Alfaro y además hace consultorías por su cuenta. Asegura que se ha “comido los ahorros familiares”, que se endeudó, pero que ya equilibró los números porque “por una conferencia pueden pagar 60 mil dólares, no como Obama que cobra 200 mil, pero las pagan bien”.


Lenin Moreno le retiró la seguridad presidencial, ahora tiene un servicio particular. “Es una protección básica, gente desarmada, necesito tener al menos un chofer que sepa conducir en caso de emergencia. Lo paga una institución. No puedo decir cuál. La discusión en Ecuador es tan tonta que dicen ´¿si es tan popular para qué necesita protección?´ Pero además de eso, suponiendo que no tenga ningún enemigo personal, que es imposible, tengo secretos de Estado”

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–¿Es privada o pública esa institución que paga la seguridad?


–Es, digamos, sin fines de lucro.


Judicialización de la política


En Ecuador, Correa tiene una orden de prisión preventiva vigente desde julio de este año. La Fiscalía General del Estado lo acusa de ser el autor mediato del secuestro del ex seguidor suyo Fernando Balda, a quien agentes de inteligencia ecuatorianos intentaron secuestrar en Colombia en 2012. La fiscalía apunta a Correa porque era “el presidente de la república y por lo tanto jefe directo de los servicios de inteligencia”. “A mí me quieren muerto fuera del país o preso en el país y que me maten ahí. Saben que les ganamos cualquier elección si yo estoy”, responde. Una jueza se pronunciará sobre su situación en una audiencia el próximo 23 de octubre. Interpol aún no ha atendido el pedido de captura. Su última opción es pedir asilo en Bélgica. “Es muy difícil que cumplan su sueño de verme esposado volviendo al país. Si voy tendría que ir a probar mi inocencia cuando debería ser al revés. Ya basta, es una locura allá, se vive una dictadura, una falta total de Estado de Derecho.”


–Pero quien lidera ese Estado fue promovido por ustedes mismos para llegar al poder.


–Totalmente, yo soy el principal responsable de lo que está ocurriendo. ¿Cómo pude dejarme engañar por un tipo así diez años? Es un impostor profesional. Me decía que yo era el mejor ecuatoriano de todos los tiempos. Ahora dice todo lo contrario. O fue un impostor profesional o algo se le saltó. Es difícil que exista alguien con tanto cinismo, sólo puede mantenerse con la complicidad de la prensa.


–¿Dolió personalmente el cambio de Lenin Moreno?


– No éramos amigos, yo lo apreciaba mucho por su historia, por cómo se recuperó de una tragedia. Pero no era tan cercano como otros que también traicionaron y esos sí desgarra el alma. Debo estar preparado, sé que así es la vida. Pero tú puedes saber que una inyección duele y no por eso cuando te la ponen te va a dejar de doler. Sí me sorprendió la cantidad y magnitud de las traiciones. ¿Quién puede adivinar esas cosas? Caras vemos, corazones no. Hay analistas allá que dicen que la traición es el instrumento tradicional de la política ecuatoriana. ¡Lo banalizan! Como si fuera una opción que tienes la de traicionar ¡por favor!.


–Según la Celag, Lenin Moreno creó una “Oficina para el intercambio de información con EE.UU.” y el Centro de Inteligencia Estratégica, que estarán abiertos a la cooperación con la Casa Blanca, ¿esta nueva política puede explicar su giro?


–Por supuesto, son causa y son consecuencia. Yo creo que el tipo (Lenin Moreno) ha pautado con Estados Unidos

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–¿Antes o después de la elección presidencial?


–Creo que después de la primera vuelta. Pensó que iba sacar más pero era muy mal candidato, si hubiera sido bueno tendría que haber ganado en primer turno. El tipo se acobardó y, por ejemplo, pautó con el Partido Social Cristiano, que son lo peor de la política ecuatoriana y probablemente haya tenido contacto con la Embajada de Estados Unidos pensando en la traición.


–¿Estados Unidos es la mano detrás del lawfare? El lawfare, como escribió José Natanson en línea con Carreiro de Barros Filho, en tanto “utilización de los jueces como herramienta de persecución política a través de la creación de maxiprocesos que involucran un alto nivel de espectacularización” (ver recuadro).


–Las oligarquías nacionales y las internacionales también. No solamente el gobierno de Estados Unidos, hay un sistema que marcha por sí solo, estoy seguro que ni los presidentes de Estados Unidos saben lo que hace la CIA. Pero puedes estar seguro de que la CIA actúa con las embajadas. La decisión es exterminar a la izquierda. No van a permitir que se repita otra época de oro en América Latina: 90 millones han salido de la pobreza. Ahora regresaron 20 millones. Están dispuestos a todo. La orden es exterminar a la izquierda con vocación de poder. No a la izquierda tonta, la del “todo o nada”. Sino a la izquierda de los Lula, Cristina, Chávez, Correa que pateamos el sistema. Van a tratar de exterminarla físicamente también. No se engañen, no exagero.


Política y moral


Para Rafael Correa, no se patea el sistema con demandas como la despenalización del aborto. Discute con el feminismo: “busquemos la igualdad de derechos, salariales, políticos pero no podemos ser iguales en todo, biológicamente no somos iguales”. Cree que antes del aborto “hay mil cosas que pasan antes, como la injusticia o la pobreza. Para llenar un tarro si metes primero arena, lo fino, y luego metes rocas, entra menos que si primero metes lo grande y luego lo fino”.


–Hubo bastantes críticas por esa posición moral, de gente que comparte tus ideas en lo político o en lo económico. ¿Se pueden reconciliar ambas?


–Para mí la cuestión social en el continente más desigual del planeta, es la primera cuestión moral. Pero en Brasil, por ejemplo, hubo una gran marcha antes de las elecciones, contra el moralismo de Bolsonaro y las chicas fueron con el torso desnudo, a pedir el aborto, el matrimonio igualitario. Le subieron 6 puntos a Bolsonaro. Antes de ponernos a discutir estas cosas que están en la frontera del debate, discutamos cosas evidentes como la desigualdad de derechos. El además ha cogido la insatisfacción de la gente en temas que la izquierda nunca habla por purismo, como la seguridad.¿Por qué la izquierda no enfrentó más claramente ese problema para evitarlo? Es una torpeza política. En Ecuador sí lo hicimos, tenemos el sistema de seguridad integrado más avanzado de América latina.


–¿Para poder captar esos significantes vacíos la Iglesia Evangélica le dio a Bolsonaro una llegada a las bases que la izquierda perdió?


–Te diría que la iglesia evangélica encontró esas bases que la izquierda no atendió. Cuando la gente se asusta por ciertas posturas busca otra cosa y cuando ve que no tiene perspectivas de cambio, se deja convencer de que así tiene que ser y encuentra refugio en estas iglesias. Es difícil, a los dirigentes políticos nos acusan de no haber sido dirigentes espirituales. Que no cambiamos los hábitos de consumo, que nos enfocamos en el materialismo y no en lo espiritual del asunto. Pero bueno, sí quizás dejamos espacios para que los ocupen estas posturas radicales, como la de Bolsonaro.


–Cuando ganó Donald Trump se decía que se iba a topar con los frenos y contrapesos del sistema. En Brasil da la sensación de que no hay contención y que Bolsonaro puede parecerse más a Rodrigo Duterte (el líder conservador y autoritario de Filipinas que lleva adelante una sangrienta “guerra contra las drogas”) que a Trump.


–Creo que se parece más a Duterte, sí. Porque ni Trump va a hablar a favor de la dictadura, de la tortura, de la desaparición de 30 mil personas. Sin embargo, mira, soy optimista por naturaleza. Si no hacemos esto con optimismo mejor dedicarse a otra cosa. Y hay que ver las cosas en el largo plazo. Yo no quiero que gane, es difícil pero no imposible. Hay 20 millones que no votaron, esos 20 millones, los necesita la inmensa mayoría Haddad. La prensa juega un rol terrible. Pero si gana Bolsonaro, como cuando ganó Bush en Estados Unidos, puede despertar a los gobiernos progresistas de América latina. Va a ser tan elemental su gobierno que puede provocar una reacción favorable para retomar la vía del humanismo.


–¿A qué plazo hay a la vista algún tipo de cambio de correlación de fuerzas?


–Cualquier cosa puede pasar. Antes de mi gobierno, cada gestión duraba un año y medio. Yo soy optimista de que pronto cambiará la situación política y empezaremos a recuperar lo mucho que hemos retrocedido.


Retiro parcialmente voluntario


Mientras siga vigente la prisión preventiva, Correa no volverá a Ecuador. Igual dice que su objetivo, cuando se fue, no era exiliarse sino retirarse para escribir. En su escritorio, que está en el living de su casa, se sienta cuando todos se van a dormir y solo queda despierto su gato Dobi. Está preparando tres libros sobre el desarrollo latinoamericano. Para eso está revisando bibliografía como “¿Por qué fracasan los países?” de Acemoglu y Robinson o “¿Por qué las naciones latinoamericanas fallan” de Pérez Caldenentey y Vernego. Para Correa “no vamos a alcanzar el desarrollo si no aumentamos la productividad” y para eso hay que superar la “incapacidad para organizarse”. Por eso, también está releyendo la ‘tesis climática’ de David Landes sobre por qué los países con clima cálido nunca lograron desarrollarse


.“Eliminemos los paraísos fiscales” 

¿Cómo fue el choque entre haber teorizado sobre el poder y haberlo tenido? ¿Cuál es el balance?


–Todo lo que dijimos que íbamos a hacer, lo hicimos o tratamos de hacer. Me hubiera gustado ir mucho más lejos en muchísimas cosas, como con la reforma universitaria. América Latina avanza por impulso cuando se flexibilizan las restricciones nacionales e internacionales. Las nacionales son las oligarquías y las internacionales son, por ejemplo, los países hegemónicos. Las propias independencias latinoamericanas se pueden explicar así. Una nueva ventana de oportunidad se dio a fines de los noventa, principios del 2000. Luego, con la crisis del 2008, el fracaso del neoliberalismo dejó las elites debilitadas y sus medios de comunicación no se esperaban eso. Hasta el 2014 que comenzaron a cambiar las cosas porque llegó un período de recesión.


–También surgieron los casos de corrupción


–Messi es un genio pero si muestras los goles que no hizo lo haces pasar como la peor bestia del mundo. Eso es la manipulación, mostrar solo una parte de la realidad, porque de cada gol que falló convirtió cinco. Eso hacen. Han utilizado la recesión y el discurso anticorrupción. Hacen un trabajo muy de filigrana, la prensa siempre la han tenido, lo peor de América Latina es su prensa. Están sosteniendo a los nuevos gobiernos e invisibilizando a nosotros, a no ser que tengan malas noticias. Han cooptado al poder judicial. En Brasil con cursos en Estados Unidos. En Colombia financiando escuelas judiciales y en Ecuador con la desinstitucionalización total para poner su gente ahí. Con esas dos cosas: poder mediático, que te destroza y te juzga en los titulares y el Poder Judicial que solo aplica los titulares mediáticos se aplica el lawfare.

–¿Digamos que hubo corrupción y también una apropiación del discurso de la corrupción?


–Utilizaron muy bien el discurso anticorrupción. Pero un gobierno honesto no es el que no tiene casos de corrupción, es el que no las tolera. Es imposible en diez años que no haya algún caso, eso no existe. De hecho los dos casos que tuvimos, y nos ocupamos de ellos, fueron a través de paraísos fiscales. Pero bueno, por más atento que estés, ¿cómo descubres una coima en un paraíso fiscal? ¿cómo sabes que un pago de Odebrecht terminó en una cuenta de Andorra? Si quieren luchar contra la corrupción, eliminemos los paraísos fiscales.


 América latina, entre China y el FMI


En un contexto de guerra comercial entre Estados Unidos y China hay más presiones para evitar acercamientos con China, pero ese acercamiento ¿no es cambiar de influencer?


–Fuimos el más país exitoso en la relación con China y eso EE.UU. no lo va a permitir. No solo necesariamente a través de los presidentes, hay mandos medios que están preocupados por mantener los intereses de EE.UU. Con China es el hambre y la necesidad. Cuando llegué al Ministerio de Economía en 2005 vi que ellos tenían excedente de financiamiento y nosotros déficit. Ellos tienen necesidad de hidrocarburos. Es lo lógico. Denme financiamiento y le doy hidrocarburos. Es lo obvio a nivel técnico. China es el principal financista del mundo, sobre todo de EEUU. Pero nosotros tenemos que dar explicaciones, hay que superar esos complejos.


–Cuando se fue del Ministerio de Economía en 2005 fue por acercarse a China y evitar la injerencia del FMI, ¿cómo se evalúa el nuevo acercamiento argentino con el FMI?


–Proponía acercarme a China, pero ser multipolares, buscaba también que nos financie Venezuela, que pasaba un buen momento en ese entonces. Pero querían que me sometiera al FMI y al Banco Mundial. El caso argentino o ecuatoriano, es lo mismo. Ecuador ha firmado catorce cartas de intención con el FMI, somo expertos en ajustes. Si eso tuviera éxito seríamos Suiza. Los que han fracasado son ellos, no nosotros. En Argentina, lo mismo, Cavallo el autor de la convertibilidad pero era la corner solution del Fondo Monetario: novelerías de esos burócratas que experimentan con nuestros países, los quiebran y después van a un hotel cinco estrellas a imaginarse la siguiente novelería. Si esa receta fuera exitosa seríamos desarrollados.


–El gobierno de Mauricio Macri afirma que este es un nuevo Fondo Monetario..

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–(Ríe) Son las mismas recetas de siempre. El FMI está cooptado por Estados Unidos y Europa: lo utilizan para defender sus intereses. Las grandes ayudas son para garantizar el pago de la deuda privada. Mira el caso de Grecia. No es para ayudar a los pueblos, es para que les quedemos debiendo. Te imponen los ajustes para asegurarse que todos los centavos que entren sean para pagar.

 

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Viernes, 12 Octubre 2018 06:11

La urgencia de buscar nuevos caminos

La urgencia de buscar nuevos caminos

La abrumadora votación que recibió Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, que lo colocan en las puertas de la presidencia, son una buena oportunidad para que las personas de izquierda reflexionemos sobre la necesidad de transitar nuevos caminos. No alcanza, por tanto, limitarse a denunciar lo que ya sabemos: el carácter militarista, autoritario y ultraderechista del candidato. Hay que explicar porqué medio país lo vota y qué implicaciones tiene para el proyecto emancipatorio.

Brasil vive una profunda fractura de clase, de género y de color de piel que se expresa de forma nítida en los partidos de la derecha, que han delineado sus objetivos de forma clara y transparente: quieren instalar una dictadura pero manteniendo el sistema electoral. La izquierda cree en una democracia inexistente, asentada en una imposible conciliación de clases. Si Bolsonaro es fascista, como dicen el PT y sus intelectuales, debemos recordar que nunca fue posible derrotar al fascismo votando. Hace falta otra estrategia.

La otra es la fractura geográfica: un país dividido entre un sur rico y blanco y un norte pobre y negro/mestizo. Lo curioso es que tanto el PT como los principales movimientos sociales nacieron en el sur, donde tuvieron algunos gobiernos estatales y municipales. Esa región es ahora el epicentro del hondo viraje hacia la derecha, con claro contenido racista y machista.

Debemos explicarnos las razones por las cuales las élites y las clases medias acomodadas han producido este fenomenal viraje, desertando de su partido preferido, la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso, hacia Bolsonaro. Han abandonado la democracia y apenas conservan las elecciones como máscara de la dominación.

La razón principal la explica el filósofo Vladimir Safatle. "Brasil llega a 2018 con dos de sus mayores empresas siendo públicas, así como dos de sus mayores bancos. Además, con un sistema de salud que cubre a 207 millones de personas, gratuito y universal, algo que no tiene ningún país con más de 100 millones de habitantes" (goo.gl/KRX6EE). Agrega que las universidades no son sólo para las minorías ricas y concluye que "Brasil llega a los días actuales en una situación muy atípica desde el punto de vista del neoliberalismo".

El autoritarismo es el modo de imponer la agenda que necesitan el sistema financiero, el agronegocio y las mineras para seguir acumulando riqueza en un periodo de crisis sistémica. No lo pueden hacer sin reprimir a los sectores populares y criminalizar sus movimientos. Por eso Bolsonaro convoca a militares y policías y se permite amenazar al activismo social, con modos muy similares a los de la ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, quien acusa a los movimientos sociales de mantener relaciones "muy estrechas" con el narcotráfico, cuando todos sabemos que es la policía la que los ampara (goo.gl/eLWyNZ).

El racismo, las violencia anti-LGBT y el odio a la izquierda de las clases medias brasileñas, muestran la cara oculta del país con mayor desigualdad del mundo. No quieren perder sus privilegios de color, de género, de posición geográfica y de clase. Poco les importa que sean asesinadas más de 60 mil personas cada año, en su inmensa mayoría jóvenes, negros, pobres, porque saben que es el precio para mantener sus privilegios.

Ante este panorama las izquierdas no deben seguir aferradas a una estrategia que fue esbozada para otros tiempos, cuando el diálogo de clases era aún posible. En el anterior medio siglo hemos pasado de la estrategia de la lucha armada a la estrategia puramente electoral. Ambas tienen en común el objetivo de la tomar del poder y enfocan todas sus baterías en esa dirección.

Este péndulo es nefasto porque coloca a los sectores populares sólo como apoyo logístico o como votantes, siempre al servicio de vanguardias o caudillos, pero nunca como protagonistas de sus vidas políticas. Ante nosotros algunos pueblos originarios, comunidades negras y un puñado de movimientos están transitando otros caminos, por fuera de las instituciones pero sin confrontarlas abiertamente.

Están abriendo espacios en los territorios de los pueblos que juegan un doble papel: resistir creando vida. En los recientes años hemos reporteado, como otros compas, quizá miles de resistencias creativas en todos los países de la región. Son caminos que lo recorren por sí mismas, sin que ninguna vanguardia o partido les indique los pasos a seguir.

Si en algún momento decidieran tener presencia electoral, lo harán desde esos "poderes en movimiento" pero sin desarmarlos. Lo que no tiene el menor sentido, es que mientras la burguesía está desmontando una democracia que le sirvió durante el periodo de los estados del bienestar, nos limitemos a actuar sólo en ese terreno, colocando todas las construcciones previas en peligro.

La estrategia puramente electoral nos deja a merced de los de arriba, menos al puñado de cargos que saltan del partido al Estado, en un viaje sin retorno.

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“La izquierda tiene responsabilidad en el ascenso fascista por rendirse al mercado cuando gobierna”

El ex director general de Amnistía Internacional habla con 'Público' sobre la actualidad migratoria en Europa, el panorama político en Brasil y el auge de los movimientos de ultra derecha.


El senegalés Pierre Sané (Dakar, 1948) es creador del Imagine África Institute, un think tank cuyo lema es “alimentar para pensar, pensar para actuar” y busca “recrear el continente, descolonizando su futuro”. Sané es, también, ex Director Adjunto para Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO (2001-2010) y ex Director General de Amnistía Internacional (1992-2001). Miembro del partido socialdemócrata de Senegal, Sané se ha convertido, además, estas semanas previas a las presidenciales brasileñas, en vehemente voz de alerta ante la inhabilitación para la reelección del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el riesgo que encarna el violento candidato fascista Jair Bolsonaro.


“Os referiré el caso de un candidato progresista, defensor de los intereses de la mayoría social, injustamente acusado de corrupción, encarcelado por ello sin pruebas y apartado así de la carrera electoral”, comenzó Sané su intervención en el encuentro Amenazas a la democracia y el orden multipolar el viernes 14 en Sao Paulo (Fundación Perseu Abramo) “¿Os suena? Pues hablo del alcalde de Dakar, Khalifa Sall”.


Sané fue el único, junto al ex ministro de Asuntos Exteriores de Lula y de Defensa de Dilma Rousseff, Celso Amorim, promotor de la iniciativa, en acudir a la doble cita, en Sao Paulo y el 17 en Madrid (Common Action Forum y Casa América) donde ex presidentes como José Luis Rodríguez Zapatero, Felipe González, Dominique de Villepin, Massimo D’Alema, abogados y jueces como William Bourdon, Renata Ávila o Baltasar Garzón e intelectuales y periodistas como Noam Chomsky y Juan Luis Cebrián denunciaron “un doble golpe, parlamentario contra Rousseff y judicial contra Lula” así como las consecuencias globales de una victoria de la ultraderecha en las elecciones del 7 y 28 de octubre. “Sobre todo en África”, puntualizó Sané, “continente para el que Brasil ha sido referente con medidas del Partido de los Trabajadores (PT) como la bolsa de familia -subsidio a más de quince millones de familias bajo el umbral de la pobreza a cambio de escolarización y vacunación infantil-. “Las fuerzas reaccionarias africanas están atentas y si el golpe se consolida lo podrán imitar”.


¿Democracia y derechos humanos están hoy especialmente amenazados?


Amenazas siempre ha habido y habrá porque derechos humanos y democracia son fruto de un combate cotidiano. Hay avances y retrocesos, victorias y derrotas. Nunca llegaremos al “¡Conseguido, a otra cosa!”. Porque en la gobernanza pública siempre habrá intereses económicos contrapuestos: el de los poderosos que tratan de mantenerse en el poder y el resto que aspira a acceder.


¿El peligro actual viene más del auge fascista o de la idea extendida de que derechos humanos y democracia son una bella pero inalcanzable utopía?


A mí me gusta la definición de democracia de John Keane en su obra Life and death of democraty: “El gobierno de los humildes, por los humildes, para los humildes”. De acuerdo que es, como los derechos humanos plenos, un ideal. Pero si el mundo avanza, es en la persecución del ideal, de la utopía. Y el pasado más reciente demuestra, con Martin Luther King o Nelson Mandela, que lo que hace 50 años eran utopías se han convertido en realidades. El que un joven negro fuera presidente de EEUU no realiza el sueño de igualdad racial de Luther King, pero sí señala que, como él decía, “el arco de la historia tiende hacia la justicia”.


España acaba de vender armas a Arabia para no perder empleos del sector naval. ¿Los principios son un lujo frente a las necesidades económicas?


El ideal sería abolir la guerra y por ello luchan entidades pacifistas que quizá en el futuro lo consiga. Pero, dado el peso de la industria bélica en economía y empleo, las entidades de derechos humanos plantean batallar, más que por la abolición total, por enmarcar el comercio de armas en el derecho internacional. Y este dicta la prohibición de vender armas a un régimen en plena campaña de violación de derechos humanos y crímenes de guerra.


Elecciones en Brasil


¿Por qué su denuncia activa del encarcelamiento de Lula y el impulso del fascista Bolsonaro?


Dilma Rousseff fue destituida y Lula encarcelado e inhabilitado para la reelección porque el PT construía en Brasil una alternativa, un cambio de paradigma. Por primera vez en la historia de Brasil tenemos un movimiento obrero de gente corriente que llega al poder, lo ejerce doce años y, con la reelección de Lula, podrían haber sido veinte. La élite brasileña siempre lo ha visto como una amenaza porque, defiende los intereses de la mayoría demográfica, la igualdad racial en un país con 54 por ciento de población negra y, como votar, en Brasil, es obligatorio, en la dinámica electoral siempre tiene las de ganar. La única manera de impedirles gestionar el país es usando métodos anticonstitucionales y antidemocráticos. Si la estrategia triunfa tendrá consecuencias internacionales.


¿Especialmente en África?


El continente africano, con lazos históricos, demográficos y culturales fuertes con Brasil, se ha mirado mucho en su espejo en la etapa del PT porque suponía un ejemplo de lucha eficaz contra la pobreza, la desigualdad de clases y razas. Pero también porque desarrolló una política internacional que tenía muy presente a África e impulsaba un equilibrio mundial multilateral.


Ha criticado duramente que Brasil desoiga al Comité de Derechos Humanos de la ONU que pide que se deje a Lula presentarse, leyendo la lista de sus 18 miembros internacionales. ¿La ONU se ha labrado su falta de peso justo por su incapacidad para que las resoluciones sean vinculantes (caso de Palestina, o el Sahara Occidental)?


En toda la sociedad, incluida la internacional, hay un sistema de funcionamiento: leyes que se deben respetar. La ONU es grupo de diálogo entre estados. Son los estados quienes escriben las leyes, se comprometen a respetarlas y se someten al sistema de control mutuo. Cuando uno de los estados se pone fuera de la ley, como es el caso actual de Brasil, es a él a quien hay que culpar y no a los encargados de monitorizar el comportamiento de todos: la ONU. Ahora bien, hay que ser conscientes de que los estados sólo respetan las leyes por la presión moral del resto de estados y de la sociedad civil internacional.


Los juicios anti-corrupción que han encarcelado a Lula en Brasil y el alcalde de Dakar, según han dicho en estos encuentros, buscan eliminar al opositor. ¿Cómo perseguir la corrupción sin confiar en el poder judicial?


La lucha anti-corrupción no puede depender sólo del poder judicial. Porque este, aunque independiente del político, forma parte de la estructura de poder del sistema. Así que hay que seguir luchando contra la corrupción en los tribunales, sí. Pero también desde una sociedad civil vigilante, organizada, en sindicatos, asociaciones, ONGs, movilizada, defensora de los principios del derecho internacional: igualdad, libertad y justicia. Las instituciones hay que perfeccionarlas.


Alternativa y responsabilidad de la izquierda


¿Cómo socialdemócrata, hace alguna auto-crítica sobre al ascenso del voto ciudadano internacional a líderes mesiánicos, neofascistas?
Sí, los partidos de izquierda, progresistas tienen una parte de responsabilidad en el ascenso de la extrema derecha. Porque la izquierda, los socialdemócratas llegan al poder sobre una promesa de mejorar las condiciones de vida ciudadana, de profundizar en democracia y libertad y contribuir a un mundo de paz. Pero cuando alcanzan el poder traicionan estas promesas y dicen a la gente que es el mercado quien obliga a ir a esta o esta dirección. Cuando la gente no ha votado al mercado, sino a ellos para que apliquen políticas alternativas.


¿Quién gobierna de verdad el mundo?


Parece que GP Morgan, Goldman Sach, Bank of America, City Bank, Deutche Bank, HSBS… los grandes bancos internacionales. Porque el mundo hoy está gobernado por el poder de las finanzas.


¿Hay una alternativa progresista a este estado de cosas?


La alternativa existe, teorizada en universidades, think tanks y ONGs, pero todavía no es hegemónica. Así que, mientras, la tendencia de los partidos socialistas es a continuar la política neoliberal sólo que con añadidos de programas sociales. No es suficiente. Son remiendos. Zapatero propuso una alianza internacional de think tanks progresistas para dar forma a esta alternativa económica y yo añadiría una nueva internacional progresista como la propuesta por Bernie Sanders y Varoufakis, con militantes, sindicatos y medios de comunicación. La idea compartida por muchas organizaciones progresistas es que no se puede seguir una agenda de globalización de la democracia si no se sigue una agenda de democratización de la globalización.


¿La respuesta debe ser simultánea y multinacional?


Un solo país no podrá hacerla, está claro. Y eso es una dificultad porque, en la UE, por ejemplo, no van a llegar a las presidencias de gobierno todos los socialistas a la vez. Es el caso en España, ahora, pero si la mayor potencia, Alemania, sigue en manos conservadoras será difícil desarrollar la agenda alternativa. Ahora bien, en el actual contexto europeo, yo preveo que el cambio va a abrirse camino de la mano de la mano del laborismo de Jeremy Corbyn.


¿De qué manera?


El ha conseguido que la militancia pase de 120.000 a medio millón, haciendo del partido laborista, el de izquierda europea con mayor base. Le apoya una militancia joven y comprometida. Corbyn, creo, preferiría no repetir el referéndum y que Gran Bretaña no permaneciera en la UE porque entiende que es un foro neoliberal donde será más difícil aplicar su agenda social. Una agenda que no le veo con vocación de exportar a Europa, ni internacionalmente vía alianza con Sanders y Varoufakis. Pero como no va a tener más remedio que repetir el referéndum y permanecerán en la UE, entonces tendrá que aliarse con otros socialdemócratas. La vía de llegada a Europa de una agenda alternativa, de progreso social viene por este joven y activo laborismo.


¿Superará la izquierda su tendencia a la división?


Junto a la tendencia autocrítica, cierta, los progresistas hoy afrontan la gran dificultad de identificar al enemigo porque el poder del capitalismo, su potencia política es difusa. Se puede decir que el enemigo son los bancos, poderes financieros, la industria del armamento… Y ante eso surgen movimientos de mujeres, antirracistas, ecologistas, de lucha de clase, de solidaridad con los pueblos del sur… El gran reto es analizar todos estos desafíos a través de una narrativa única que nos permita plantear una alternativa de conjunto. Hacer entender a todos que, si bien la solución es muy compleja, enfrentamos todos el mismo combate contra la misma estructura de dominación, responsable de la opresión de las mujeres, de los trabajadores, y de personas su identidad racial y sexual.


Migración y África


América y Europa comparten ser escenario del rechazo a migrantes y refugiados. ¿Qué hacer?


Luchar contra el racismo. Porque en Grecia desde 2009, 500.000 jóvenes griegos han abandonado el país para instalarse en otros países europeos y no se les llama migrantes. Senegal con 14 millones de habitantes tiene a 30.000 franceses y más y más emprendedores españoles e italianos se instalan sin que se les llame migrantes. Vivimos en un mundo donde cuando eres blanco y vienes de país desarrollado puedes viajar libre e instalarte y cuando vienes de un país pobre y de color te identifican como migrante. También está la discriminación económica.


A los príncipes árabes instalados en París no se les llama migrantes. Los europeos deben aceptar que entramos en mundo multicultural, multirracial. La migración siempre ha existido. América del norte y Latinoamérica son fruto de la migración masiva de europeos y entramos en un periodo de migración africana y árabe a Europa que no se puede encarar levantando vallas que la dejen aprisionada. Es absurdo porque en 2100 el 41 por ciento de la población mundial será africana. Europa debe cambiar de mentalidad y aceptar que no será exclusivamente blanca sino también negra y amarilla. Porque, además, necesita, población joven, mano de obra y esa riqueza vendrá de África.


¿Tiene África esperanza? ¿Cuál?


La esperanza de África, en el sentido de su aspiración, es idéntica a la del resto de habitantes del planeta: el deseo de democracia, libertad y derechos humanos se ha universalizado y todo el mundo quiere vivir en sociedades justas y libres. Pero la expectativa africana en términos de desarrollo tiene que venir del cambio económico: no se puede crear empleo sin industrializar y no se industrializa con el sistema de vender materias primas e importar manufacturas. En Senegal producimos oro e importamos joyas, Costa de Marfil exporta cacao y trae chocolate, Gabón madera y trae muebles. El valor añadido y los empleos se crean en el primer mundo. O África empieza a transformar in situ la riqueza natural en producto de consumo o los jóvenes seguirán emigrando para trabajar.


China invierte fuerte en el continente africano. ¿Teme que imponga su modelo político y social, tan deficitario en los estándares democráticos?


El riesgo siempre existe. Dependerá del equilibrio de fuerzas. Actualmente, en África, no intentan imponer su modelo. Se limitan a hacer negocios con regímenes de todo tipo. ¿Eso va a evolucionar? ¿Para mantener su ambición de ser la primera potencia económica recurrirán a lo militar? No lo sé. Lo que sí sé es que África debe definir sus relaciones con China, elegir su futuro económico y político. Y para eso hay que reforzar la unidad africana y que el continente hable con una sola voz al mundo exterior. Sólo con visión compartida, lo logrará.


Como ex director general de AI, ¿ve la denuncia de abusos en ONGs como Oxfam como campaña de desprestigio o necesaria medida regenerativa?


Las ONGs son organizaciones humanas, con sus debilidades. Deben someterse a la crítica pública, con la misma exigencia que aplican al mundo económico y político y tener mecanismos de auto corrección. Si en una ONG hay corrupción, abusos, o comportamientos no éticos deben ser criticadas para corregirse. Lo que no comparto es el cuestionamiento de la legitimidad. Quienes dice: ¿Qué derecho tiene Amnistía para venir a cuestionar el respeto a los derechos humanos aquí? La Declaración de Derechos Humanos señala que, junto a los estados, organizaciones y sociedad civil, deben trabajar para universalizarlos.


Cuándo levanta la vista, ¿ve a la ciudadanía preocupada por los derechos humanos y la democracia?


En todas las sociedades habrá siempre militantes más concernidos que el resto de población y es normal. Estar preocupado no implica tampoco dejar de llevar una vida normal, incluido salir a cenar y disfrutar. Pero sí que la gente debe asumir que, si se quieren mejorar las cosas, no basta hablarlo en casa, todos somos responsables y debemos intentar avanzar con los medios al alcance.

 

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Viernes, 28 Septiembre 2018 06:19

Neoliberalismo progresista latinoamericano

Neoliberalismo progresista latinoamericano

La feminista estadunidense Nancy Fraser viene alertando sobre los problemas derivados del "neoliberalismo progresista", que identifica con los gobiernos de Bill Clinton, Tony Blair, el socialismo francés y sus sucesores como Barack Obama (goo.gl/4GGTbX). En su opinión, "combina políticas económicas regresivas, liberalizantes, con políticas de reconocimiento aparentemente progresistas". Se trata del multiculturalismo, el ambientalismo, los derechos de las mujeres y LGBTQ.

El reconocimiento de estos derechos y colectivos sociales es, para Fraser, "enteramente compatible con el neoliberalismo financiero", ya que bloquea el igualitarismo. El abordaje de las discriminaciones consiste en “asegurar que unos pocos individuos ‘talentosos’ de grupos ‘subrepresentados’ puedan ascender al tope de la jerarquía corporativa y alcanzar posiciones y remuneraciones paritarias con los hombres heterosexuales blancos de su propia clase”.

Mientras una minoría consigue insertarse en el capitalismo financiero, el resto continúa prisionero del capital, con lo que el sistema adquiere mayores niveles de legitimación, amplía su base de apoyo y consigue aislar a los críticos a los que, de paso, les endilga los motes de masas "atrasadas e incultas". Así, el feminismo liberal, el anti-racismo liberal y el capitalismo verde son las únicas opciones "críticas" que el sistema legitima, calificando toda otra resistencia o rebelión como "populismo".

Creo que el análisis de Fraser es adecuado y enteramente compartible para el norte del mundo, aunque creo que debe ser matizado para las regiones del sur y en particular para América Latina. Aunque sus argumentos pueden ser tomados como punto de partida, las diferencias con nuestro continente son notables.

La primera es que el progresismo (neoliberal, porque ese es modelo imperante) accede a los gobiernos como consecuencia de las luchas de los pueblos originarios, afros, sectores populares y trabajadores que resistieron la primera oleada neoliberal privatizadora y protagonizaron levantamientos, insurrecciones y amplias resistencias del más diverso tipo.

Esta es la principal diferencia con los procesos del norte. Las nuevas construcciones de poder, arriba y abajo, se bifurcan: en el sur asistimos al fin de las democracias y de la soberanía de los estados-nación, y a la neutralización de la política institucional como espacio donde se construyen sujetos colectivos y se promueven los cambios de larga duración. Pero el protagonismo popular es también una de las razones del desborde de la represión y de la violencia estatal y paraestatal.

La segunda es que ese conjunto de resistencias han abierto fisuras en la dominación, donde los de abajo estamos construyendo mundos otros por fuera del Estado y del mercado. Postulo que esos espacios son los principales obstáculos para la total implementación del neoliberalismo, tanto conservador como progresista, con sus mega-emprendimientos mineros, monocultivos y grandes obras de infraestructura.

Espacios como las 400 fábricas recuperadas en Argentina, los 100 bachilleratos populares y una red de medios antisistémicos donde se informa 15 por ciento de la población. Sumemos: 5 mil asentamientos de reforma agraria en Brasil, con 25 millones de hectáreas, habitados por 2 millones de sin tierra; 12 mil acueductos comunitarios en Colombia; decenas de miles de emprendimientos colectivos y comunitarios en toda la región; áreas enteras "liberadas" de mercados y estados en varios países, cuya referencia mayor son las juntas de buen gobierno zapatistas.

La tercera es que en América Latina los poderes que se reconfiguran arriba, son el resultado de una amalgama o alianza entre grandes empresas, narcotráfico y sectores del aparato estatal. Sobre esa base se van creando desde narcoestados hasta diversas formas de dominación (desde “guerras contra el narco” hasta feminicidios) que a menudo cuentan con la bendición de las iglesias evangélicas y pentecostales.

El análisis y la descripción de estos nuevos poderes de arriba es necesario para comprender dónde estamos y hacia dónde vamos, mientras adjetivos como "fascista" o "ultraderechista", aun siendo justos, no contribuyen a esclarecer la realidad. Cuánto más avanzan los movimientos antisistémicos, más brutal es la reconfiguración del poder de arriba, siendo México una referencia ineludible.

La cuarta es la conversión de las democracias en un sistema excluyente, que crea enemigos internos para aislar a sectores enteros de la población que perturban la lógica del capital financiero. Mientras en el norte se bautiza como populismo toda transgresión de las reglas, en el sur se emplea cada vez más una legislación antiterrorista, implementada tanto por gobiernos conservadores como progresistas, entre los que cabe destacar casos tan diferentes como los de Daniel Ortega y Dilma Rousseff.

Ante la nueva estructura del poder de arriba, los márgenes de maniobra institucionales serán cada vez menores.

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Jueves, 27 Septiembre 2018 05:57

El control del gran hijo

El control del gran hijo

Tres noticias seguidas una de otra y un hallazgo. La primera me la dio mi hermano Reynaldo. Su libro Inteligencia artificial total ya salió y está disponible en Amazon, la opulenta firma comercial por Internet. La segunda noticia fue el video de una tienda automatizada en Dubai, cortesía de una prima. Y la tercera me la envió un amigo: se trata de una tienda "inteligente", precisamente de Amazon, donde el público entra, escoge los artículos que requiere, los pone en una bolsa y sale sin tener que hacer filas ni tener que pagarle a ningún cajero. El importe de la compra, uno puede suponer, se lo pasarán a una cuenta domiciliada en algún banco. Las tres noticias las recibí, claro, en mi celular. El hallazgo fue un aparato para masaje corporal con fines terapéuticos que me permite prescindir del masajista.

De acuerdo con los autores que cita mi hermano, para el año 2039 –en 20 años– la sociedad, en todas sus relaciones y procesos, y los individuos, de la cuna a la tumba, quedarán sujetos, dentro de una inconmensurable red, al fenómeno transversal de la inteligencia artificial total. Estamos en los prolegómenos de ese cambio radical.

Ya está probado que una inteligencia artificial puede derrotar a los campeones de ajedrez y hasta del juego denominado Go. En el encuentro de una inteligencia artificial con el campeón indiscutible de Go, la máquina lo derrotó en tres ocasiones consecutivas.

La inteligencia artificial, sin ser total, está presente, de manera sigilosa, en todos los aspectos básicos de nuestra vida. La máquina capta, identifica, aprende, calcula y decide. Ahora sólo sobre ciertos movimientos e información específicos. En el futuro será sobre los comportamientos de individuos, organizaciones sociales, estados y países en todas sus dimensiones. Acaso por total (y quizá totalitaria), una vez adquirida la información necesaria y disponibles las llamadas aplicaciones requeridas podrá imponerse ineluctablemente a la voluntad y las acciones humanas. Según el astrofísico británico Sthephen Hawking, citado por el autor, el desarrollo de la inteligencia artificial total significará el fin de la raza humana.

Al mercado detrás de la inteligencia artificial sólo le importa ganar con este instrumento, aunque Bill Gates, previendo el futuro del desempleo, ha adelantado la propuesta de cobrar un impuesto a los robots. Hasta ahora, a los gobiernos les importa desarrollarlo. Como a ciertas empresas, su objetivo es ampliar su capacidad de competencia y poder.

Así lo ha hecho el gobierno chino de Xi Jinping, mediante su 13º Plan Quinquenal, que prevé invertir fuertes sumas en investigaciones y en apoyo a grandes empresas (Alibaba, Tencent, Baidu) para elevar el nivel de uso y posibilidades de la inteligencia artificial. Lo mismo hace Francia en el gobierno de Emmanuel Macron: tiene planeado invertir mil 500 millones de euros hasta 2022 en apoyos a investigación y proyectos, así como 10 mil millones de euros del Fondo para la Innovación y la Industria. En Estados Unidos, Barak Obama declaró, al fin de su mandato, que su sucesor "gobernará un país que estará siendo transformado por la inteligencia artificial". Sin embargo, el gobierno de Trump ha preferido inhibirse. Con los gigantes informáticos (Google, Apple, Microsoft, Facebook, IBM, Amazon) que han crecido en su territorio y bajo sus normas, deja que las empresas privadas sean quienes se ocupen fundamentalmente del tema. Pero hay que decir que el empleo político de la inteligencia artificial (supuestos datos confidenciales de los usuarios de Facebook) ya fue probado en apoyo a la candidatura de Trump.

Los beneficios que ha conseguido la cibernética aplicada en campos básicos de la vida económica y social, le han conferido la legitimidad suficiente para continuar ampliando su avance incontenible.

El autor señala esos beneficios, incluidos los de la salvación de numerosas vidas humanas, y las etapas en que, una vez alcanzado el rango total, la inteligencia artificial irá dejando sentir sus efectos: primero ofrecerá satisfacciones y comodidades, luego un riesgo creciente, y al final un peligro difícil de eludir. Jim Yong Kim, entonces presidente del Banco Mundial ha adelantado un dato pavoroso: la inteligencia artificial total dejará sin empleo a 50 y hasta 65 por ciento de la población económicamente activa en los países donde menos se ha desarrollado, vale decir, los de África y América Latina. Más profundo será el dominio de potencias y empresas trasnacionales sobre todos los ámbitos de sus sociedades.

En el libro hay una serie de puntos que pueden favorecer el desarrollo de la inteligencia artificial, principal motor en nuestros días del desarrollo económico, político y social. Bien harían los gobiernos de los países que sufrirán su previsible evolución invirtiendo, paralelamente, en un plan social de contrainteligencia artificial total.

Con la máquina, criatura humana, ocurre lo que una abuela me decía:

Ay, señor, nosotros somos la última generación que obedecimos a nuestros padres y la primera en obedecer a nuestros hijos.

Lunes, 24 Septiembre 2018 06:28

¿Cuándo se jodió el progresismo?

¿Cuándo se jodió el progresismo?

Los progresismos latinoamericanos desestiman la construcción de una nueva ética pública como un problema “liberal” propio de almas bellas o de las agendas imperiales. Pero es posible identificar un tipo de “republicanismo desde abajo” en toda la región, que incluye una cierta economía moral de lo que debe ser la función pública junto con ideas de alternancia en el poder estatal. Las “cruzadas anticorrupción”, el honestismo y el socialismo real.

“Veníamos bien y pasaron cosas”, dijo en una entrevista el presidente Mauricio Macri para explicar una crisis que puso fin a su “utopía gradualista” que, hasta el momento, lo alejaba de la imagen del presidente ajustador con el que buscaba asociarlo la oposición. Pero la expresión podría usarse, también, para reflexionar sobre el cambio de ciclo político en la región: el continente actual está muy lejos de aquellos días en los que Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Lugo y Correa parecían estar construyendo un proyecto regional común con una espalda política que era la suma ampliada de sus propias legitimidades y de los capitales simbólicos que cada uno de ellos movilizaba. Pocos esperaban que, algunos años más tarde, la región se encontrara frente al actual deterioro económico, e incluso democrático, y con sus instituciones de integración en crisis. Pero se podría fácilmente reemplazar la superficial expresión macrista por una pregunta vargallosiana de mayor calado: ¿cuándo –y por qué– se jodió el progresismo?


Después de dos “décadas” de proyectos políticos definidos e intensos –la neoliberal de los 90 y la progresista de mediados de los 2000– el continente entró, más que en un nuevo ciclo, en un proceso de fragmentación y disgregación, que combina la supervivencia de un progresismo que no acaba de morir y de una “restauración conservadora” que no acaba de nacer, al menos en término de un nuevo proyecto hegemónico.


Mientras una Venezuela en caída libre sirve a las derechas continentales como baza de triunfo electoral –por la amenaza de “venezuelizaciones” más imaginarias que reales–, el líder estrella del post-populismo –Mauricio Macri– comenzó a hacer agua y pocos querrían hoy ser los Macris de sus países. Brasil, otro proyecto post-progresista, pero sin elecciones de por medio, se encuentra sumido en la peor crisis en décadas, con un potencial candidato ganador preso (Lula), otro hospitalizado (el ultraderechista Bolsonaro, recientemente atacado con un cuchillo) y un presidente conservador, Michel Temer, cuya aprobación asciende al 3%; el 76% lo considera ruim o péssimo. Entretanto, el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México puso en marcha una incierta experiencia de “progresismo tardío” que difícilmente sea suficiente para reeditar el ciclo sudamericano pero alcanza para limitar la consolidación del giro conservador.


Recientemente, el filósofo Slavoj Žižek convocó a “dar vuelta” la famosa Tesis N° 11 de Marx sobre Feuerbach (Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo). “En el siglo XX, tal vez hayamos tratado de transformar el mundo demasiado rápido, sin saber qué estábamos haciendo. Debemos dar un paso atrás y reinterpretarlo”. Y en el caso latinoamericano, no se trata solo de comprender el mundo, sino de sacar conclusiones no autocomplacientes de la agenda y experiencia progresistas y de su agotamiento. La reciente reunión del Foro de San Pablo reunido en La Habana –que articula a las fuerzas de izquierda de la región– es una expresión patente de las dificultades para andar este camino y de un repliegue en la “resistencia” antiimperialista que funciona como un operativo de cierre político/sentimental, cargado de nostalgia hacia el Comandante Fidel Castro, de cualquier perspectiva de lectura (auto)crítica del pasado reciente. “Este XXIV puede tener la misma importancia histórica de los años 90 cuando cayó el Muro de Berlín”, señaló Mónica Valente, secretaria ejecutiva del Foro, en una analogía sintomática de las dificultades para pasar del socialismo “del siglo XX” al “del XXI”.


La corrupción está hoy en el centro del debate político y social. Es cierto, como ha apuntado Frederico de Almeida, que asistimos a la expansión internacional de esquemas políticos y legales de combate a la corrupción desde el centro hacia la periferia y que los efectos de las “cruzadas anticorrupción” se vuelven más inciertos cuando se aplican en democracias frágiles, como hoy ocurre en Brasil y podríamos agregar a la Argentina. Pero no es verdad, como se sostiene a menudo, que las luchas anticorrupción sean solo contra gobiernos de izquierda: en Guatemala hubo una lucha de masas contra la descomposición del Estado, hasta niveles de verdadera podredumbre moral, bajo un gobierno de extrema derecha como el del general Otto Pérez Molina; en México, López Obrador ganó con una campaña fundamentalmente “honestista”, y el reciente referéndum anticorrupción en Colombia –boicoteado por Alvaro Uribe– fue motorizado por la izquierda; por no hablar del papel del rechazo social a la corrupción en el nacimiento de fuerzas “amigas” de América Latina como Podemos en España.


A menudo, especialmente en su versión nacional-popular, los progresismos desestiman la cuestión de la construcción de una nueva ética pública como un problema “liberal” propio de almas bellas o de repetidores del discurso de los medios hegemónicos o las agendas imperiales. Sin embargo, es posible identificar un tipo de “republicanismo desde abajo” en toda la región, que incluye una cierta economía moral de lo que debe ser la función pública junto con ideas de alternancia en el poder estatal (como ocurrió en Bolivia en el referéndum de 2016). Que eso sea manipulado por la derecha no puede ocultar que las formas de financiamiento político (y personal) –y los esfuerzos por construir o apoyar a “burguesías nacionales” de maneras opacas y corruptas– debilitaron las credenciales morales de los progresismos y habilitaron que figuras de la “patria contratista” (Macri) o de la banca y las offshore (Guillermo Lasso, en Ecuador) pudieran enarbolar banderas anticorrupción como parte de sus campañas.


En Argentina, Macri ganó; en Ecuador Lasso perdió, pero el vicepresidente correísta Jorge Glas terminó preso por la causa Odebrecht en medio de una guerra política entre Lenín Moreno y el expresidente Rafael Correa –quien, a su vez, habría pedido asilo en Bélgica, donde vive con su esposa–. En Venezuela, a su vez, operó un verdadero saqueo de recursos públicos “por arriba”, reconocido por el propio gobierno y el enraizamiento de una economía política de la ilegalidad “por abajo” que explica, en gran medida, la supervivencia de los sectores populares en medio de la hiperinflación y la escasez. Y en Brasil, Lula Da Silva (casi 40% de apoyo en las encuestas) está impedido de enfrentar en las urnas al neofascista Jair Messias Bolsonaro (alrededor de 22%). La sentencia de 12 años de prisión por el famoso tríplex supuestamente recibido de manos de una constructora es débil y no es difícil percibir en la aversión a su candidatura un antiplebeyismo a flor de piel, sumado al racismo y el clasismo de gran parte de las elites brasileñas. No obstante, como balance político de los gobiernos del PT, no es posible dejar de lado los vínculos opacos con constructoras o frigoríficos, y el papel del propio Lula en la expansión regional de las “translatinas” brasileñas, aprovechando su influencia y prestigio como un soft power –como queda en claro con el reguero dejado por la causa Odebrecht en toda América Latina.


Sin duda, no se puede reducir el ciclo progresista a la corrupción y borrar lo que implicó en el sentido del “derecho a tener derechos” difundido entre los sectores populares. Pero tampoco puede pasarse por alto que, históricamente, el socialismo democrático combinó la demanda de ética pública con la de justicia social y que el desacople de ese binomio terminó por crear un hándicap moral de la izquierda que dificulta seriamente la (re)construcción de alternativas políticas anticonservadoras.


Pero si el “hándicap moral” de la izquierda le lavó la cara a diversos políticos y políticos/empresarios conservadores, existe un “hándicap democrático” que impide denunciar con eficacia los retrocesos democráticos evidentes hoy en la región. Brasil es sin duda un caso alarmante de degradación con consecuencias regionales, como la desaparición de la Unión de Nacionales Sudamericanas (Unasur), e internas, como los crímenes políticos, el aumento de las desigualdades, la pérdida de derechos y la “desdiabolización” de quienes defienden la dictadura militar. El caso de Bolsonaro es un emergente de esta situación, con su discurso fascistizante y discriminador en lo político y ultraliberal en lo económico (lo que atrae a los partidarios de la mano dura y de la destrucción del Estado de bienestar). En Colombia, la violencia estatal y los asesinatos políticos son de más larga data. Pero la falta de crítica a los déficits democráticos de Venezuela –y más aún de Nicaragua– impide construir una vara común para responder ante la politización de la justicia (o judicialización de la política), la represión estatal, los retrocesos institucionales y más en general los recortes de derechos democráticos. Hoy Venezuela es gobernada por una Asamblea Constituyente –por encima de cualquier poder constituido– que opera como un poder de facto sin contrapesos institucionales de ningún tipo. Y el gobierno de Daniel Ortega utilizó grupos parapoliciales para resistir en el poder con un saldo de alrededor de 300 muertos. Todo esto es justificado por la amenaza imperialista.


Es cierto que el imperialismo conspira, pero como lo muestra un reciente artículo de investigación del New York Times, lo hace de manera menos “orgánica”, homogénea y eficaz de lo que parece creer el discurso bolivariano. Lo que no es sorprendente, dado que hoy ocupa la Casa Blanca un presidente acusado de traición a la patria por parte del establishment conservador por su aparente colusión con Rusia en la campaña electoral de 2016 que además está enfrentado con los tradicionales aliados de la OTAN. Denunciar las conspiraciones reales es diferente a utilizar la amenaza imperial como acto reflejo frente a todos los problemas –en su mayor parte de naturaleza endógena–. Por ejemplo, ¿por qué Venezuela está sumergida en caos económico y Bolivia mostró una macroeconomía cuyo desempeño fue elogiado por el Banco Mundial y la prensa económica global? Quizás la gestión de algunas pistas. Pero el actual retroceso de parte de la izquierda hacia la cultura del socialismo real –expresado en simpatías hacia Vladímir Putin– lleva a abandonar la disputa por la democracia contra las visiones que la reducen a la libertad de mercado, la pospolítica o el republicanismo conservador. Y a replegarse en un dudoso y minoritario “pueblo verdadero”.


La ventaja del progresismo es que las derechas regionales carecen de proyectos atractivos para la región, en medio de una incertidumbre global que puso en crisis a los defensores del libre comercio y las modernizaciones neoliberales más clásicas. Pero lo que parece cierto es que el progresismo no “va a volver2 tal como era. Ni el continente es el mismo que el de la “década ganada”. Quizás, el progresismo se jodió cuando dejó de leer bien la realidad. La Tesis 11 invertida.


Pablo Stefanoni
es periodista e historiador, editor de la revista Nueva Sociedad.

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Esperando al robot: cómo las máquinas cambiarán la economía en los próximos cuatro años

El Foro Económico Mundial ha presentado un informe sobre el impacto a corto plazo de la economía de la “cuarta revolución industrial”. Pese a que aseguran que no se perderán empleos, este foro insinúa que será necesaria una reconversión profunda de la actividad humana.

No es solo un lema; la cuarta revolución industrial es una realidad que se proyecta sobre el futuro inmediato de la humanidad y la economía mundial. El Foro Económico Mundial (WEF) ha presentado esta semana su informe sobre el futuro de los trabajos en el periodo 2018-2022. No hay ciencia ficción, solo una proyección sobre el impacto de la tecnología ya existente y de la que se desarrollará en los próximos cuatro años. El diagnóstico va por barrios: para el World Economic Forum, las posibilidades de esta evolución de las tecnologías supondrán un aumento de puestos de trabajo para los humanos. Una mirada crítica encontrará motivos para la preocupación.


Este foro, basado en Ginebra (Suiza), tiene entre sus objetivos la cooperación entre multinacionales y sector privado con los Gobiernos. De este modo, su prospección de las consecuencias económicas de la cuarta revolución industrial establece una condición de partida, que es la reforma de los sistemas de educación y formación, de los mercados laborales y de los “contratos sociales existentes”, entre otras intervenciones. De este modo, siempre según en WEF, en los próximos cuatro años se crearán 133 millones de nuevos “roles” en el mercado laboral “más adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos”. A cambio de estos 133 millones de nuevos roles, la organización calcula que se perderán 75 millones de trabajos, estos sí, casi exclusivamente humanos.


La encuesta realizada para el informe —sobre una base de empresas que suponen 15 millones de empleos— establece una pérdida de empleos de 0,98 puestos de trabajo y un aumento de la oferta que superaría los 1,7 millones de puestos. No obstante, pese a esta visión próspera, la mitad de las multinacionales encuestadas responde que la economía de los próximos cuatro años supondrá la reducción de empleos a tiempo completo en su fuerza de trabajo. Sólo un 38% cree que estos cambios repercutirán en más contrataciones.


El desplazamiento no es solo de máquinas o algoritmos por humanos, sino que la evolución tecnológica también tendrá efecto en el desplazamiento espacial de las industrias y los servicios a emplazamientos geográficos por distintos motivos —aunque los costes laborales siguen siendo los preeminentes—. Un 48% de las compañías encuestadas consideran que la cuarta revolución industrial acarreará una modificación de los emplazamientos de su actividad.


En 2018, explica el estudio, la presencia de máquinas y algoritmos aumentará en los 12 sectores que analiza el estudio. A día de hoy, en estos sectores el total de tareas, medidas en horas, realizadas por homo sapiens supone un 71% del total. Un 29% de esas tareas son realizadas por máquinas no humanas. Para 2022, la balanza estará mucho más equilibrada: un 58% de las tareas las seguirán haciendo personas, un 42% serán hechas por máquinas y algoritmos.


Las tendencias inherentes a este cambio tecnológico ya se han hecho notar en el cuatrienio anterior. Empleos como los de periodista, dispensadores de alimentos y bebidas, auxiliares administrativos, diseñadores gráficos, fotógrafos y arquitectos han perdido pie en las necesidades de contratación. En cambio, diseñadores de software y profesiones asociadas a recursos humanos y márketing salen ganando en la demanda de contratación, y se espera que sigan siendo sectores de alta demanda.


Reciclaje de humanos


El WEF dedica especial atención al "imperativo de recapacitación" de algunas profesiones y, en el análisis geográfico, de algunos países —aunque España no aparece más que en el epígrafe Europa Occidental, Francia es el Estado que requiere de mayor adaptación a la nueva economía, según el Foro Económico Mundial—. Más del 54% de las personas asalariadas a día de hoy necesitarán una reeducación en las nuevas características de la economía digital; el 35% de ese porcentaje necesitará adecuarse durante más de seis meses a ese contexto.


Esta organización insiste en que las habilidades “más humanas” son las mejor situadas para el cambio tecnológico. Harán falta dosis industriales de creatividad, asertividad, iniciativa, persuasión y negociación para paliar la inferioridad del homo sapiens a la hora de introducir datos, ensamblar piezas, llamar a la puerta con un catálogo de ventas, etcétera. Son algunos de los puestos de trabajo que el WEF ha señalado como “redundantes”. Curiosamente, a los empleos en peligro señalados habitualmente —repartidores, teleoperadores, reparadores de aparatos electrónicos— se unen en este informe los empleos de abogados y abogadas.


Las máquinas adquirirán, en los próximos cuatro años, cada vez más competencias en procesamiento de datos —actualmente se las utiliza para el 47% de las horas dedicadas a esta tarea, en 2022 será el 62%— o documentación relacionada con el trabajo —sus competencias subirán hasta el 55% desde el actual 36%—. Su entrada será menor en competencias como la toma de decisiones y razonamientos, pese a que su presencia aumentará desde el actual 19% de las horas hasta el 28%. Otro aumento importante se producirá en auditoría, coordinación y gestión de grupos: dentro de cuatro años, el 29% de estas actividades las harán máquinas.


Un cambio de paradigma


El Foro Económico Mundial señala tres actores a la hora de abordar estos cambios, industria, gobiernos y trabajadores. Los Gobiernos, indican, deben adaptar la educación a este salto. Sus recomendaciones son un reforzamiento del llamado conocimiento STEM (por las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y de las habilidades “no cognitivas” asociadas al liderazgo o la persuasión. Pese a que el WEF omite una recomendación clara, el informe insinúa que el cambio de modelo, puede llevar aparejado necesariamente, la implementación de una renta básica de nuevo tipo.


Respecto a los trabajadores, en su encuesta, el WEF reseña que los sindicatos son el último actor que las empresas señalan como factor clave para la transición a la economía del big data. El Foro señala como una responsabilidad individual de las personas asalariadas desarrollar sus carreras en el nuevo contexto. En todo caso, concluyen, “aunque la idea de una renta básica puede seguir siendo políticamente y económicamente inviable en el periodo 2018-2022, algunas variantes o aspectos de la idea, como proporcionar una ‘fondo de aprendizaje universal’ para que las personas recurran a él cuando sea necesario, podría recibir una atención creciente en los próximos años”.

Viernes, 14 Septiembre 2018 06:10

La izquierda en el límite

La izquierda en el límite

En la pasada década, en diversas partes del mundo, la izquierda ha emprendido múltiples y disímbolos intentos por figurar el enigma de cómo gobernar en tiempos tan inclementes. Tiempos cifrados por las secuelas de lo más cercano (que nos ha tocado vivir) a una depresión (la crisis financiera de 2008), por el ascenso de las versiones más exóticas (e inalienables) de la derecha (Trump, Rajoy, Temer…), por la restauración (casi en copycat) de los mecanismos que llevaron a la propia crisis y por el súbito giro, en los años recientes, que recomienda amurallar mercados y naciones. Un recorrido más detallado por cada una de estas experiencias mostraría las gigantescas dificultades para hacer política de izquierda desde los andamiajes del Estado, cuando éste representa hoy la zona más acosada y disputada por los poderes globales. Toda la retórica conservadora sobre el Estado como sitio de la degradación, la inoperancia, los excesos y el dispendio no hace más que ocultar que, por debajo de la mesa –y a veces no tan debajo–, esos poderes han hecho del Estado su principal fuente de ingresos y utilidades –mediante el endeudamiento–, su guardián policiaco –para garantizar el extractivismo y las obras de estructura– y su niñera o su pastor –como una metáfora medieval– de almas y cuerpos de poblaciones que viven siempre bajo el azoro de la criminalidad.


De esta breve y reciente historia de la izquierda quedan éxitos inesperados –casi nunca reconocidos–, repliegues forzados, caídas bruscas, fracasos abismales (y hasta fatales) y catástrofes –como la tragedia de Nicaragua–. Pero sobre todo: intentos apenas advertidos por desarrollar estrategias impensadas –inverosímiles hace pocos años– para hacer de la vida cotidiana algo menos inclemente en tiempos tan bizarros. Y acaso es este límite el que fija sus máximas expectativas en la actualidad. Enumero sólo unas cuantas estaciones de este pasado reciente.


Brasil, el caso más paradigmático. Bajo los gobiernos de Lula y Dilma, Brasil acabó por consolidarse como una asombrosa subpotencia, la única en América Latina. Nadie se los puede negar. Gobiernos siempre realistas, enfrascados frecuentemente en alianzas descorazonadoras (basta con recordar que Michel Temer fungió como vicepresidente de Dilma Rousseff) que hicieron posible hacer frente al desafío número uno de cualquier orientación de izquierda en la actualidad: propiciaron un veloz crecimiento durante años –hasta que llegó la crisis de 2015. Sólo así, bajo condiciones de maduración, fue posible emplear estrategias sociales destinadas a hacer un poco menos pobre la pobreza. Sin crecimiento, intentar distribuir el ingreso conduce a la locura. ¿La clave brasileña?: no permitir la escalada del endeudamiento. Tal vez, el desafío más complejo de la actualidad. No hay nada que prenda más los focos rojos en el mundo global que un Estado que renuncia a endeudarse. La razón es sencilla: hoy no es necesario bloquear naciones, basta con cortarles el suministro de préstamos. En el primer momento en que el gobierno del PT mostró una debilidad, comenzó la cacería de los halcones bancarios. Fue el momento del desafuero de Dilma. Pero la respuesta del PT, lejos de enfrentar la crisis con violencia –como en el caso de Nicaragua– siguió los compromisos de las instituciones que él mismo ayudó a forjar. Nunca hay que despreciar la distinción entre una izquierda democrática y una autoritaria y clientelar, si se quiere entender a la izquierda en general.


Portugal, la sociedad manda. Bajo la coalición de Antonio Costa, Portugal parece haber sorteado muchos de sus dilemas tradicionales. Se ha convertido en un centro tecnológico, una economía próspera y una sociedad cada vez menos desigual. La fórmula ha sido distinta a la brasileña: situar al Estado como un soporte de la sociedad y entregar a ésta toda la iniciativa. Tal vez sea la fórmula idónea para el siglo XXI.


Grecia, la zona de la ambigüedad. La mayoría de los analistas apuntan que abandonar el euro habría sido la mejor opción para el país mediterráneo. La sociedad griega no se recobra, la degradación de la vida continúa, la vida precaria se extiende. Y sin embargo, Tziriza, al que hace algunos años se acusó de capitulación, ha logrado tranquilizar a la angustia europea. Todo a costa de su propia identidad. ¿Valió la pena? Si no hay condiciones para realizar el mínimo de una estrategia de izquierda, ¿por qué no dejar que gobierne el centro? Un síndrome de las franjas políticas de este ámbito es no reconocer el momento en el que hay que replegarse. Esta ambición no mata, pero termina con cualquier identidad.


Uruguay, un caso singular. Nadie más exitoso que el Frente Amplio que gobierna desde Montevideo. La fórmula ha sido insertar a las inversiones extranjeras estrictamente en el mundo productivo –y contener su paso en la esfera financiera. Inversiones de riesgos calculables, ecológica y socialmente ecuánimes, sobre todo en el desarrollo de la infraestructura.


Todas estas fórmulas pasan por una y la misma pregunta: cómo domesticar a las fuerzas globales y mantener, en casa, un Estado disciplinado.

 

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