México va al Centro: América Latina a las Dictaduras

1. Entre neofascimo y dictadura

En un reciente artículo (ver Aristegui Noticias) definí el proyecto nacional de Andrés Manuel López Obrador como un proyecto de Centro con Compromiso para las Mayorías (CCM); no de "izquierda", tal como generalmente se usa el término, con ligereza, en América Latina. Pese a que un CCM no tiene nada de malo en la situación actual del hemisferio, caracterizada estratégicamente por el colapso de la socialdemocracia criolla (Lula, Kirchner, Correa, Murillo, Maduro), la amenaza a la democracia por el neofascismo monroeista del Norte e iniciales dictaduras militares por el Sur, el concepto causó la saña de dogmáticos e ilusos, por igual. Una saña suicida, que hace recordar la famosa frase del historiador argentino Jorge Abelardo Ramos: ¡Pobre de América Latina. Los pillos y los pendejos siempre juntos!


2. Centro y Ultras


No tiene nada de malo un programa de centro para México, ni para América Latina, por tres razones: 1. En la actualidad no existe ningún proyecto de izquierda serio en la Patria Grande, es decir, ningún proyecto de transformación sistémica. Y a nivel mundial solo se halla en status nascendi (forma incipiente) en China, en los designios de Xi Jinping; 2. Tampoco hay un sujeto social o político de importancia en el continente americano, que podría desarrollar o implementar un proyecto de este tipo. Por eso, exigir un gobierno de izquierda de "obreros y campesinos", es simplemente un meme anacrónico de la sociedad industrial; una utopía extemporánea, cuyo intento de implantación terminaría en la distopia. 3. El concepto "centro" es la base epistemológica de nuestro Ser: es el GPS que determina la praxis de sobrevivencia. Mal "calibrado", ese software y soft power (sistema operativo) lleva los actores a la destrucción ontológica (real). Pese a la importancia y utilidad práctica del concepto, su uso molesta a los populistas de la ultraizquierda y la ultraderecha. ¿Por qué?


3. El asalto de la Ultraderecha


La ira de la ultraderecha frente al triunfo del centro se deriva de su extremismo y dogmatismo ideológico que rechaza cualquier compromiso real sobre la conducción de la sociedad. Su visión del mundo es binaria y, al igual que los fundamentalistas religiosos, sufre de una psicosis colectiva, que le obliga a exorcizar toda verdad incompatible con sus delusiones. En la ecuación que determina su praxis extremista, el "centro" es una herejía intolerable del sendero del Santo Grial que tiene que ser extirpado.


4. El asalto de la Ultraizquierda


En la ultraizquierda, el ataque al Centro se deriva de una combinación de arrogancia intelectual y de auto-asumirse de manera desmesurada como el auténtico representante "del pueblo", de "los trabajadores", de "los pueblos indígenas", de "los campesinos", etcétera. Más poderoso aún que este mind set (pensamiento) narcisista son sus intereses utilitaristas, es decir: defender sus franquicias de poder, como columnas periodísticas, espacios televisivos, corporativismos sindicales, cofradías académicas oligopólicas, nomenclaturas partidistas y movimientos sociales bajo control de gurús y caciques. A este conglomerado variopinto se agrega todo un cohorte oportunista de poetas, filósofos y expertos al vapor, que demandan ser protagonistas de la transición.


5. El mantra vanguardista


El asalto oportunista al Transitor es peligroso, porque cuando es exitoso, la ultraizquierda, los señoritos académicos (ver Ecuador) y los tecnócratas llenan los cargos de conducción con arribistas, vividores y dogmáticos, que se constituyen en un nuevo sector de la clase política. Si el líder desaparece y las condiciones lo permiten, se transforman en usurpadores del poder. La camarilla socialdemócrata delincuencial de Maduro, que ha destruido a Venezuela, pero también los "contras" de Gorbachev son ejemplos de esta dinámica. El mantra de este cohorte de desviación, cuyo acceso a medios masivos de indoctrinación es inteligentemente facilitado y financiado por las fuerzas corporativas de la reacción, es el meme propagandístico, que ellos son la verdadera vanguardia nacional (avantgarde) y que el Centro es una posición inferior. Se trata de un raciocinio especioso y una metafísica narcisista tonta, dado que el centro de un proceso social, al igual que su vanguardia, son situacionales. Las dos posiciones sistémicas pueden, por lo tanto, convertirse dialécticamente en su contrario, dependiendo de las condiciones objetivas.


6. El Centro como Vanguardia


La realidad cósmica, incluyendo a la social, está constituida por una unión dinámica de opuestos. Debido al incesante movimiento de la materia –movimiento igual a cambio-- la correlación de fuerzas entre los opuestos sufre variaciones, lo que genera las transiciones sistémicas. Esto significa que las tres posiciones esenciales que caracterizan políticamente a toda comunidad e institución humana --vanguardia, centro y retaguardia-- son dinámicas y situacionales. A diferencia, por ejemplo, del status estático de las coordenadas geográficas de la cartografía. Un ejemplo bélico lo ilustra. En la guerra, la ofensiva es la "reina" de las operaciones. Sin embargo, cuando un contingente militar se queda encerrada en un "caldero", la medida adecuada de vanguardia es la retirada, para impedir su destrucción. Combinando este razonamiento dialéctico con el aforismo de Bismarck, de que la política es el arte de lo posible, y con el axioma de la ética, de que un proyecto social sólo es ético, cuando es viable (realista), entonces queda evidente, que en muchos contextos políticos latinoamericanos actuales una posición de centro es equivalente a una posición de vanguardia. La vanguardia es una función dependiente de las condiciones objetivas en que actúa el Transitor, no la presunción de élites y caciques dominantes o la reliquia de una narrativa.


7. Preservar el Centro


Cuando un proyecto nacional de centro logra convertirse en gobernanza, necesita cumplir con dos tareas primordiales: atender las necesidades de la gente lo mejor posible, dentro de las limitaciones que imponen las condiciones objetivas; asimismo, preparar la hegemonía y conservación del poder, más allá del primer mandato.


Repetir el ejercicio de gobierno exige satisfacer tres imperativos. 1. Tener un líder capaz de asumir la continuidad del proyecto. La catástrofe de los gobiernos socialdemócratas en Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, radica en gran medida en el nombramiento de políticos que no estaban a la altura de la tarea: Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Nicolás Maduro, Lenin Moreno y Rosario Murillo. 2. Mantener al Partido vivo como un vaso comunicante entre el pueblo y el gobierno-partido, en términos de flujo bidireccional de información, poder, participación, justicia y anticorrupción. El Partido Comunista de China bajo Xi Jinping es un modelo exitoso al respecto. 3. La formación de cuadros jóvenes en Escuelas de Formación en lo Político. Ningún partido político occidental, llámense Partido Socialista, Partido de los Trabajadores, Partido del Trabajo o Partido Comunista, tiene escuelas respectivas que merezcan el nombre. Donde existen, son aulas de indoctrinación del liberalismo burgués o cajas de resonancia de una ortodoxia dogmática fuera de tiempo. Y tampoco tienen idea de cómo formarlos, porque --a diferencia de Marx, Engels, Lenin y Mao-- están a años de luz de la ciencia de vanguardia, que inevitablemente tiene que ser el fundamento de la enseñanza en lo político y en la cultura.


8. La encrucijada latinoamericana


Colapsada la época de la socialdemocracia criolla, los pueblos de la Patria Grande se encuentran una vez más entre el neofascismo monroeista del Norte y las proliferantes dictaduras del Estado de Seguridad Nacional del Sur. Pueden "escoger" entre los ineptos delincuentes neoliberales como Macri, Temer, Moreno et al, y los ineptos delincuentes socialdemócratas como Maduro. Unos que otros han destruido las economías nacionales, la democracia formal burguesa y el contrato social de la nación. En consecuencia, la espiral hacia las dictaduras militares avanza. En el caso de la socialdemocracia, todo el desastre se ha desarrollado con la complicidad de los gobiernos "progresistas" que se han callado la boca ante los crímenes y mentiras de Maduro. Sustituyeron la solidaridad revolucionaria internacional por la cultura de la mafia y la omertá(ley del silencio). Incluso hoy, cuando Maduro pretende ejecutar su mayor crimen, tratando de provocar desesperadamente una guerra con el peón terrorista criollo de la OTAN, Colombia --usando el pueblo como carne de cañón-- o la intervención militar del Monroeismo, para salvar su pellejo, se callan esos gobiernos, líderes y partidos "antiinmperialistas", socialistas y comunistas de América Latina. ¿Como quieren así, que "la Izquierda" tenga algún papel progresista que jugar en la Patria Grande?


9. Son líderes


Se entienden como líderes. Y, sí lo son. Pero líderes de la retaguardia histórica. Sólo les importan las relaciones con los Estados. Los pueblos que sufren la represión y el hambre, no les interesan, ¡Una auténtica vergüenza histórica, esa "Izquierda" criolla!

 

Por: Heinz Dieterich | Lunes, 03/09/2018 01:32 PM |

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Alberto Acosta: “La izquierda debe hacer una profunda autocrítica”

Crítico con los gobiernos progresistas, el expresidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador Alberto Acosta plantea una etapa de balance para América Latina, sin desdeñar variables como la corrupción y las prácticas autoritarias. Luego avizora una izquierda con nuevos componentes en la agenda como el feminismo y el medio ambiente.

En setiembre se cumplen diez años de vigencia de la nueva Constitución de Ecuador, ¿cuál es su balance?


Tenemos diez años de una Constitución que despertó muchas expectativas, tanto por su contenido como por la forma en que fue elaborada. Desde 1830 hemos tenido 21 constituciones. Todas fueron elaboradas por el sistema tradicional: desde los asambleístas y con una muy escasa participación ciudadana. Esta Constitución de Montecristi se caracterizó por una amplísima participación. Es la Constitución más ecuatoriana de todos los tiempos. En contenido, esta es una Constitución que sintetiza una suerte de proyecto de vida en común. Es una herramienta democrática para la construcción de una sociedad democrática.


¿Y cuánto se avanzó en economía social y solidaria?


A pesar de que esta Constitución fue defendida por el entonces presidente de la República (Correa), no ha sido puesta en práctica. La Constitución decía con claridad que el ser humano está sobre el capital. Correa se llenaba la boca hablando de que el ser humano está sobre el capital, pero, en su gobierno, terminó favoreciendo a los grandes grupos económicos. A Correa no le interesó nunca la nueva Constitución de Montecristi, fue una herramienta para concentrar el poder del caudillo.


Usted hace énfasis en la condición de caudillo de Rafael Correa. ¿Cuánto de esto hay también en otros gobiernos de izquierda, como Evo Morales o Cristina Kirchner o Lula?


A mí me preocupa mucho que los procesos progresistas, que en realidad no son procesos de izquierda, hayan consolidado las viejas formas y prácticas caudillistas. Esta ha sido una historia latinoamericana. Los caudillos latinoamericanos marcan la historia de todos nuestros países, con sus matices y características. Las historias están marcadas por figuras de caudillos y con insuficientes procesos de democratización. Esto se repite con los gobiernos progresistas. Es una de las explicaciones de por qué estos progresismos no pudieron avanzar. No profundizaron la democracia. Si a los progresismos tuviéramos algo que criticarles en el ámbito político es el debilitamiento de los movimientos sociales. Eso va a permitir ahora que el neoliberalismo recupere espacios con mucha más fuerza.


Estuvimos antes en una etapa de viraje hacia la izquierda en América Latina, ¿se ha culminado esa etapa?


Yo creo que sí. Hay varias explicaciones. Una explicación de fondo es que los gobiernos progresistas no intentaron afectar la matriz de acumulación capitalista. Y, dos, tampoco afectaron la modalidad de acumulación primario exportadora de nuestras economías. Todos los países de América Latina, con gobiernos liberales o neoliberales, o los progresistas, todos sin excepción, han profundizado la dependencia de sus economías del mercado mundial. Somos cada vez más dependientes de exportaciones de recursos primarios. Sean productos agrícolas, petróleo o minerales, al final son materia prima. Ha habido un proceso de desindustrialización y de reprimarización de nuestras economías.


¿Tampoco hubo experiencias de fondo en materia de diversificación productiva?


Seguimos siendo exportadores de materia prima. Los países lo único que hacen es vender productos primarios. No hemos sido capaces de diversificar nuestras exportaciones, ni siquiera de procesar de nuestras materias primas.


¿Qué futuro ve para la izquierda en los próximos quince o veinte años?


La izquierda, inclusive los progresismos, tienen que hacer un proceso profundo de autocrítica. Hay que analizar cuáles fueron los avances, si es que lo hay y, sobre todo, cuáles fueron los graves errores. Errores económicos, errores políticos, errores sociales, que impidieron las grandes transformaciones. Había expectativa, diagnósticos, propuestas, había constituciones como la del Ecuador, que pudo haber sido el marco referencial para una gran transformación.


¿Y qué piensa sobre el régimen de Venezuela?


Venezuela parecería estar en una interminable crisis terminal en el ámbito económico y político. Hay causas internas y también las presiones imperialistas. El imperio está haciendo su tarea para debilitar cualquier proceso que sea alternativo.


Pero Maduro tampoco ha hecho mayores esfuerzos para legitimarse…


Por eso digo: causas internas. Veamos los graves errores de Venezuela: Un país con tantos recursos económicos no ha sido capaz de resolver la demanda de los servicios sociales básicos. Eso no es un tema del imperialismo. Es un mal e irresponsable manejo. La consolidación de regímenes caudillescos y autoritarios es también una de las grandes explicaciones de esta realidad. Ese es uno de los grandes mensajes para la izquierda. Por eso tenemos que ser autocríticos.


Y en la autocrítica también está el tema de la corrupción que golpeó duro a la izquierda.


A todos. Y en el caso de la izquierda eso es intolerable. Porque gobiernos como el de Correa, que levantaron la tesis de una revolución ética y de lucha frontal contra la corrupción, terminaron embarrados en corrupción por los cuatro costados. Eso es terrible.


Y Brasil…


Brasil siguió con la lógica de su subimperialismo, con Odebrecht, que es un solo ejemplo; podríamos contar situaciones de Petrobras y otras realidades, porque Odebrecht no es el único caso. Eso, en gobiernos progresistas, es intolerable. La izquierda tiene que hacer una autocrítica y tiene que buscar la verdad cueste lo que cueste. Es preferible que se repliegue, que aprenda y, de ser el caso, desaprenda. Y si realmente busca transformar la sociedad, la izquierda debe partir por nuevos planteamientos básicos.


¿Como cuáles?


Una izquierda feminista, que enfrente el patriarcado; una izquierda ecologista, que garantice los derechos de la madre tierra; una izquierda socialista, que permita la equidad social, y una izquierda decolonial, que nos permita superar todos los atisbos de racismo, de exclusión y de marginación, que son una lacra de la sociedad en América Latina.

 

Por Wilber Huacasi
La República (Lima)

 

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Un hombre puede –y debe– ser feminista

Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.

 

http://tomasee.blogspot.com

 

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“El movimiento de mujeres en Argentina y América Latina es heredero del 68”

Hace 50 años el mundo era un volcán en ebullición. Por lo general, 1968 es recordado por las revueltas estudiantiles en ciudades como París, Praga y Berlín, aunque fue un momento bisagra también en nuestro continente, tanto en ámbitos urbanos como rurales. Raúl Zibechi acaba de publicar 1968 en América Latina, un libro en el que recupera precisamente aquellos desbordes desde abajo vividos en diversos territorios de la región, y que resultan fundamentales para entender el presente. Las raíces del feminismo y los movimientos campesinos e indígenas en el ‘68, los sentidos de esa verdadera revolución global y la vigencia de las luchas emancipatorias en las periferias de las grandes ciudades. La necesidad de mirar la historia en perspectiva, para celebrar lo sembrado y profundizar el trabajo militante.

¿Por qué este libro ahora, siendo que hay tantos libros del ‘68 más centrados en Europa? ¿Qué te decidió a escribirlo?


Lo que me motivó a escribir este libro fueron dos ideas básicas. Por un lado, el eurocentrismo, ya que cuando se piensa en el 68, se piensa en mayo y en París. Y el 68 fue una revuelta que a nivel global cambió el mundo, como plantea Wallerstein, pero que además tuvo su epicentro en Vietnam, en lo que fue la ofensiva del Têt, que derrota por primera vez en la historia a las fuerzas armadas imperiales, las más poderosas del mundo. Eso me parecía importante colocarlo fuera de París y fuera de Europa, a nivel mundial, concretamente en América Latina y desde los movimientos de abajo. Y la segunda cuestión, que en la historia cada tanto tiempo se produce una institucionalización de la memoria, en la cual los grandes eventos, los grandes patriarcas ocupan un lugar central, y lo que queda al costado no se visualiza como importante. Por ejemplo, en Argentina, los movimientos populares indígenas aparentemente no existieron en esa época, o los campesinos de las Ligas Agrarias, si bien sabemos que existieron, a nivel de la memoria militante no aparecen en un lugar destacado. En ese mismo sentido, yo tengo un enorme respeto por el Cordobazo y por la figura de Agustín Tosco, pero el Cordobazo fue mucho más que Tosco y Elpidio Torres. Fue un proceso nacional de unas 15 puebladas en los años siguientes y en todo el país, pero además fue de un protagonismo muy de base, de los obreros de taller, de las mujeres en la fábrica y también fuera de la fábrica. El libro un poco busca poner en un lugar destacado los procesos que normalmente no tienen ese grado de visualización y, por lo tanto, no se congelan en la memoria como los protagonistas principales.


En la primera parte analizas un conjunto de experiencias latinoamericanas de desborde desde abajo , que tienen su génesis en un ciclo que no se ciñe al año 68, sino que es parte de un proceso más prolongado e invisible. Más allá de los contextos específicos, ¿qué las emparenta entre sí y por qué resultan actuales?


Las emparenta una cuestión básica y es que son experiencias de abajo, que surgen en la cotidianidad de la resistencia y la convivencia de lo popular indígena afro. Me dediqué a buscar información, entre otras, sobre la experiencia del campamento Nueva La Habana, en Santiago de Chile, protagonizado por el MIR. Encontré que el campamento de Nueva La Habana no era muy distinto de lo que hoy podían estar haciendo los zapatistas o los mejores grupos territoriales ex piqueteros en Argentina. Fue una experiencia alucinante de salud, educación y producción de poder popular y fue en los primeros años de la década del 70. Quiero recalcar algo: a veces pensamos que lo que pasó en el ciclo piquetero en Argentina es la novedad. Sí, sí, por supuesto que hay novedad, pero hay también historia. Tanto en este caso como en los restantes, quería recapitular alguna de esas historias que me parecen importantísimas como antecedente y como ejemplo de lo que empezó a pasar en una época. En los ´60 y ´70 se comienzan a construir otros mundos, en la misma tónica que hoy hacen los sin tierra, los sin techo, los zapatistas, y muchos movimientos más, como las fabricas recuperadas y los bachis, que no esperan que se haga la revolución para empezar a construir relaciones sociales de otro tipo. Entonces me parece que aquí hay un punto de inflexión importante, y es que los procesos históricos son procesos largos. Creo que esta idea de crear mundos nuevos, o mundos otros, ya empieza en germen en los ‘60 de forma muy clara, y eso es lo que quería destacar en esas experiencias.


¿En qué sentido las luchas del movimiento feminista y las resistencias indígenas contemporáneas tienen una de sus raíces en el ‘68 como proceso?


Jorge Zabalza plantea que en el MLN Tupamaros había una presencia importante de mujeres, como en todos los grupos armados, más que en otras instancias de partidos de izquierda o movimiento sindical, y él marca un matiz que me parece muy importante: esas mujeres eran valoradas en la medida que tenían un comportamiento masculino, que eran valientes, que agarraban los fierros y que daban órdenes. Ese fue quizás el precio para tener un protagonismo, pero a partir de ahí el peso de las mujeres fue creciendo. Creo que hoy el movimiento de mujeres en Argentina y en América Latina es heredero del ‘68, las raíces profundas están ahí, en ese cambio en el papel de las mujeres, y creo que también en esos años, un poco después, pero influido por esos años, empieza el camino de un feminismo popular, plebeyo, indígena y negro en América Latina. En el libro destaco el caso de Villa El Salvador en Perú, donde la lideresa del lugar era María Elena Moyano, quien creó la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador (FEPOMUVES), un barrio ocupado que hoy tiene medio millón de habitantes y es realmente una ciudad. María Elena Moyano era una mujer pobre y negra, de la periferia de Lima, una mujer extraordinaria que terminó siendo asesinada por Sendero Luminoso en 1992. Me parecía importante destacar esta experiencia como un feminismo nuestro, latinoamericano, distinto al primer feminismo que aterrizo en América Latina a principios de los ‘80, muy eurocéntrico y académico, de mujeres blancas profesionales. A partir de aquí hay muchas inflexiones: las Bartolinas y todas las corrientes populares, ANAMURI en Chile, CONAMURI en Paraguay… y así multiplicaríamos los feminismos populares, hasta el gran encuentro de Morelia del 8 de marzo de este año, convocado por las mujeres zapatistas. Ahí hay un arranque de estos múltiples feminismos comunitarios, negros, plebeyos, populares e indígenas, que tenemos hoy en América Latina y que, a mi modo de ver, enriquecen este movimiento.


Mencionaste a estos feminismos plebeyos y se nos hicieron presentes Marielle Franco y Berta Cáceres. ¿Te parece que el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado implican hoy una guerra contra las mujeres?


Totalmente. Creo que hay una guerra contra las mujeres y contra los jóvenes pobres, porque son los sujetos anticapitalistas por excelencia. Marx planteaba que el proletariado no tiene nada que perder salvo sus cadenas, a mí me parece que definir desde ese lugar al proletariado, a las y los anticapitalistas, es mucho más útil que una versión muy abstracta, muy teórica, que es lo que solemos hacer los militantes cuando decimos “clase obrera es quien vende su fuerza de trabajo”. ¿Quiénes son hoy los que no tienen nada que perder salvo sus cadenas? Las mujeres de clase media para abajo y los jóvenes de las periferias urbanas. Y ambos son víctimas de un fenómeno que es el narco. Al hablar del complejo del narco refiero a la alianza de lo que llamamos narcotráfico con partes del Estado, como la policía, sectores del poder judicial y bandas que giran en torno a ellos, que tienen como objetivo principal a las mujeres y los jóvenes pobres. Este complejo del narco -que Rita Segato lo ha trabajado bastante, si bien desde otra perspectiva, pero convergemos- implica una refuncionalización del patriarcado, porque son bandas muy patriarcales, muy machistas, muy caudillistas y sumamente violentas. Yo me hago una preguntan: ¿dónde estarían esos chicos si no existiera el narco? Porque son los que no tienen lugar en esta sociedad, son los que el modelo extractivo margina y no les da futuro. En la época de Agustín Tosco, los jóvenes y las mujeres de los sectores populares emigraban del campo o de las pequeñas ciudades a la gran ciudad y, al cabo de una generación de trabajo industrial o comenzando en la construcción, o en el empleo doméstico, tenían una cierta perspectiva de vida ascendente. Hoy en día estos chicos tienen, respecto a sus padres, una performance de vida descendente. Y esto me parece importante tener en cuenta para explicar por qué el narco arraiga en esos lugares. En Uruguay, que hoy tenemos niveles de violencia superiores a Argentina, más de la mitad de los feminicidios son provocados por policías, soldados y guardias de seguridad privada. Quiere decir que hay ahí un núcleo duro de la violencia contra las mujeres que esta intimidante ligada a la institución para-militar o militar policial del Estado.


Hay otro proceso que mencionas y recuperas en el libro, que es el de las comunidades eclesiales de base y la teología de la liberación, que tienen en nuestro presente una presencia importante en muchas de las organizaciones y movimientos populares. Veíamos una tensión en el imaginario de cierta izquierda, que intenta equiparar esa experiencia con el planteo de la Iglesia como institución y del Papa como referencia global. ¿Cómo lees ese vínculo y en qué medida difieren los procesos?


Las comunidades eclesiales de base surgen a contrapelo de la institución eclesial, surgen como una experiencia de iglesia popular y de sectores populares involucrados en procesos de transformación. Tuvieron una masividad descomunal: 80.000 comunidades en Brasil, decenas de miles en toda América Latina, millones de personas que tomaron la experiencia en sus manos y transformaron la práctica eclesial. En Argentina se dio a partir de los sacerdotes del tercer mundo, con los curas villeros, de los cuales Carlos Mugica es una expresión, no es la única. Eso permitió que después viniera una reflexión teológica que es la teología de la liberación, pero no es que la Iglesia impulsó la teología de la liberación, y la teología de la liberación impulsó las comunidades, es al revés. Las comunidades eclesiales de base empezaron por una necesidad popular que había, y por personas concretas o militantes vestidos con sotana, da lo mismo. Como Camilo Torres en Colombia, como Juan Carlos Scannone en Argentina, como los curas villeros que mencioné, en una experiencia que sectores de la institución no tienen más que bendecir porque eran millones de personas que se les escapaban. Yo miro las cosas de abajo para arriba, creo que el arriba tiene una influencia, pero el arriba no tuvo más remedio que aceptar lo que estaba pasando. Como sucede en tantas situaciones en la historia, este fue un cambio importante. Recordemos que el grueso de los movimientos populares tuvo alguna influencia de las comunidades eclesiales de base. En Brasil, por ejemplo, la CUT, el PT y el MST surgen muy vinculados a la experiencia de las comunidades, y además recordemos que el imperio, en el Documento de Santa Fe II, menciona que la teología de la liberación es uno de sus enemigos prioritarios, más que el comunismo, más que la guerrilla que ya estaban derrotados en ese entonces. Por lo tanto, hay un cambio importante, una experiencia relevante que en algún momento se cruza con la educación popular, porque los participantes de las comunidades eclesiales de base y los que practicaron educación popular en los ‘70 eran más o menos los mismos. Ahí tenes una riqueza de experiencias maravillosa.


Te preguntamos porque acá entre los movimientos populares es una discusión abierta el papel de Bergoglio a nivel global. ¿Cuál es la lectura que haces de la intervención del papa Francisco en los diferentes conflictos de América Latina?


El papel de Bergoglio, si lo comparamos con los papas anteriores, es un papel positivo, y punto. Aunque algunos como Leonardo Boff hoy sean francisquitas, yo creo que la experiencia de vida y personal de Francisco no tiene nada que ver con las comunidades eclesiales de base ni con los curas villeros, si bien algunos de ellos me han dicho que el Papa los apoya. Me parece muy bien, pero es otra experiencia. Bergoglio no viene de la matriz de Scannone, de Dussel, del Padre Mujica, de los curas del Tercer Mundo. Bergoglio viene del núcleo duro de la institución iglesia con una vertiente distinta, por que Francisco se forma intelectualmente en un sector de la iglesia que no es fascista, que dentro de la institución tienen un guiño favorable a los movimientos en un momento en el cual la iglesia necesita limpiar su imagen. Mi análisis de Francisco no es negativo, es más bien positivo, pero creo que hay que ser muy cuidadoso, en el sentido en que no viene de esa corriente, esa corriente es ajena a Francisco. Otra cosa es que esa corriente hoy simpatice con Francisco porque estuvo en el congelador, o si prefieren, en el Purgatorio, durante mucho tiempo y fue perseguida, pero eso no quiere decir que sean lo mismo. Puede haber ciertas confluencias, pero yo no comparto las opiniones de Evo Morales, ni de los sin tierra, ni de otros movimientos con respecto a Francisco, en Argentina saben a qué me refiero. Creo que está muy bien, podemos hacer alianzas puntuales con Francisco, pero sin confundir los puntos. No me sirve decir que Francisco es heredero o que tuvo algo que ver con las comunidades eclesiales de base porque no tuvo nada que ver.


En estos días está habiendo un debate muy fuerte en torno a la necesidad de que se apruebe el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. La Iglesia como institución, y algunos representantes de ella en los barrios populares como los curas villeros, salieron a posicionarse en contra. ¿Cómo ves esta tensión entre la Iglesia y la irrupción de los feminismos que plantean la soberanía sobre los cuerpos?


Aquí se mezclan varias cosas que me gustaría brevemente explicar. Por un lado, la lucha de las mujeres por la interrupción del embarazo es muy importante y muy justa. Segundo, después que se aprueba la ley aparecen otros problemas, que miden la relación de fuerza en la sociedad. En Uruguay tenemos una ley aprobada, pero hay muchos médicos y hay departamentos enteros en los que no se puede abortar porque hay objeción de conciencia. Por otro lado, aquí la iglesia y sus operadores están haciendo lo posible, no solo porque no se apruebe, sino por dividir al campo popular que apoya esta iniciativa. No podemos olvidarnos que durante los gobiernos de Cristina no se aprobó esta ley ni se discutió. Acá hay intereses muy profundos en que la ley se discuta, en que aparezca este debate, y ahí evidentemente la iglesia juega a dividir.


En el libro afirmas en clave vivencial y autocrítica “fuimos una generación rebelde pero eurocéntrica”, y rescatas a Fausto Reinaga y Abdias do Nascimento, dos figuras poco conocidos por una izquierda que, muchas veces ha sido racista y eurocéntrica ¿Qué tienen para enseñarnos en la construcción de un pensamiento y un mundo otro?


Fausto Reinaga es más conocido que Abdías do Nascimento. En Bolivia es muy conocido, al punto que la vicepresidencia que dirige Álvaro García Linera ha publicado recientemente sus obras completas. Fausto tiene la gran virtud de hacer en los ‘60 un viraje hacia el pensamiento indígena, y luego hacia el pensamiento amautico, que es el pensamiento cósmico aymara quechua. Si hablabas de Reinaga en el ’70, cuando empecé con 19 años la militancia, te decían “me estás hablando en chino”, ya que nosotros apoyábamos al Che, al ELN, al gobierno de Torres, sabíamos de Tupac Amarú, pero no de la existencia de Tupac Katari y todo lo que era ese pensamiento tan rico. Para nosotros el sujeto era la clase obrera y no existía el mundo indígena. Creo que es importante rescatar a Fausto y todo el indigenismo, y me parece que el Manifiesto de Tiwanaku, del año 1973, es una pieza político-ideológica importante, escrita por indígenas aymaras, primera generación de indígenas alfabetizados, y urbanizados, profesores, maestros y estudiantes que lo redactan. A mí siempre me gusta hacer el juego con las Tesis de Pulacayo, de 1946, de la Federación de Trabajadores Mineros de Bolivia, un manifiesto muy importante, pero eurocéntrico, en la onda de la Internacional, que valora a los aymaras y a los campesinos quechuas como pequeñoburgueses, cosas que yo hubiera compartido en esos años, y que es muy eurocéntrico en su análisis. El Manifiesto Tiwanaku es una pieza fundamental, en el libro lo pongo entero porque creo que las y los militantes deben conocer estas cosas. Y con Abdías do Nascimento mi encuentro pasó en una situación que no podía haber sido de otra manera. Hace unos años estuve en Timbau, una de las 17 favelas del complejo de la Maré, de los más grandes de Río de Janeiro. Allí una amiga tiene un teatro negro. Posteriormente estuve en otra favela de Brasilia, en esta ocasión pequeñita, pero también de población negra, y un amigo me empieza a hablar de Abdías Do Nascimento, que creó en los años ‘40 el teatro experimental negro, el TEM. Esta experiencia negra y marginal había ocurrido 20 años antes de la educación popular de Paulo Freire. Abdías empieza a hacer el teatro negro porque vio que cuando en los años ‘40 iba al teatro y aparecía un negro en escena, era un blanco pintado haciendo de negro. Frente a esto, Abdías empieza a hacer teatro con negros, y el teatro experimental negro es un espacio de formación, de educación, de desalienación colectiva, como diría Silvia Rivera. Era necesario también recuperar esa experiencia. Y más recientemente después de escribir el libro, me llega la historia de Carolina María del Jesús, una escritora negra, favelada, cartonera y muy pobre. En los ‘60 Carolina vendió muchos más libros que Jorge Amado o Clarice Lispector, a quienes yo he leído mucho, pero no sabía que había una mujer que vendió un millón de ejemplares de su primer libro, que es una cifra alucinante. Me parece que esas experiencias que están en el sótano, en el subsuelo, son las que es importante recuperar. Cuando tenés una olla con leche y queda la nata arriba, es lo único que ves. Es necesario revolverla y sacar a la superficie las cosas que han quedado abajo, subordinadas o invisibles. Fausto, Abdías, el feminismo plebeyo… era importante remover estas experiencias y volver a ponerlas en circulación.


Por último, subyace en el libro un diálogo con las periferias urbanas, con esos territorios signados por la violencia pero que a la vez cobijan saberes, haceres y sentires plebeyos, que tienen que ver con los ámbitos rurales y con esa migración que se mixtura en las grandes ciudades para construir y ensayar formas comunitarias de producir y reproducir la vida. ¿Consideras que en estas realidades se tejen otros mundos?


Creo que esos otros mundos están pululando en todas las periferias. Tenemos 100 bachilleratos populares, 400 fábricas recuperadas, casi 200 revistas comunitarias de estas que censa AReCia, la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina, con millones de lectores, eso es la periferia del sistema de comunicación. Eso es fundamental y eso es el futuro, con un cambio con respecto a los ‘60, ya que en los ‘60 estas experiencias eran marginales, mientras que hoy son minoritarias, pero ya no marginales. Cuando te digo 100 bachis, o 400 fábricas o 200 revistas autogestivas, estoy hablando de un mundo que no es mayoría, pero que ya no es un mundo marginal. En estos 50 años hay que ver ese proceso y ver que se ha avanzado enormemente. Alguien me puede decir: “bueno, de los 100 bachis, de las 400 fábricas, algunos funcionan más o menos bien, otros no”. Sí, sí, pero están. Son la posibilidad de que creemos algo nuevo y ahí es donde está el futuro de una sociedad diferente a la actual. Por eso mi optimismo no es un optimismo ciego, sino un optimismo que viene de una reflexión sobre la experiencia y de observar de que en esos otros mundos están surgiendo lo nuevo. Cuando Darío Aranda plantea que los mapuches de Argentina recuperaron en 30 años 100.000 hectáreas, uno podría decir, “en la Patagonia 100.000 hectáreas no son nada”, pero son 100.000 y eso va creciendo. El gran temor de las clases dominantes es que esto que es minoritario, mañana en una situación de crisis -una crisis que es inevitable-, se multiplique. De hecho, ya se está multiplicando, aunque todavía muy lentamente. Este es el punto en el que estamos: pasamos de lo marginal a lo minoritario y ya somos una masa crítica. Cuando uno mira la historia en perspectiva, no hay motivos para la tristeza ni la depresión, sino para celebrar, para la alegría y para profundizar el trabajo.

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Miércoles, 25 Julio 2018 07:01

No es un chiste

No es un chiste

A partir de la afirmación de que el lenguaje es un lugar más de construcción y disputa de sentidos, Roberto Samar señala que detrás de la supuesta corrección lingüística también se esconden espacios de poder que hegemonizan los varones.

Conscientes o no, cuando transitamos nuestra vida lo hacemos atravesadxs de significaciones. Nombramos fenómenos y cosas, y al hacerlo los cargamos con determinados sentidos. Estas producciones incidirán en cómo pensamos nuestros problemas.


El lenguaje es uno de los escenarios de disputa. Como nos enseñaron las compañeras feministas: no es lo mismo hablar de “crimen pasional”, donde subyace la idea de un asesinato producto de un desborde de pasión, que definirlo como “femicidio”, lo que da cuenta de una sociedad desigual, en la cual se asesina a mujeres por su condición de mujer.


Sin embargo, el poder busca normalizarnos e invisibilizar esas disputadas ideológicas: la Real Academia Española se creó en Madrid en 1713. Desde allá, a 10,969 km, nos quieren decir qué está bien y qué está mal, qué es lo correcto y lo incorrecto. Esa corrección muchas veces responderá a una matriz cultural sexista y euro céntrica.


En ese sentido, oportunamente la RAE señaló en relación a hablar de “los ciudadanos y las ciudadanas” que “este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico”. Asimismo, sentenció “el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones”.
Ahora bien, esta norma ¿no responde a una mirada ideológica? ¿no fortalece determinada forma de ver el mundo?


El filósofo griego, Cornelius Castoriadis, afirmaba que “en el marco del pensamiento heredado, la creación es imposible”. Por lo tanto, si queremos crear algo nuevo debemos cuestionar las categorías y conceptos del pensamiento dominante. Una sociedad más equitativa y más justa requerirá nuevas formas de describirnos y de pensarnos. Para Castoriadis estamos atravesados por fuerzas instituyentes que buscan transformar las supuestas “verdades” de la sociedad y por fuerzas instituidas que buscan mantener lo establecido. En ese sentido, cuestionar el lenguaje sexista genera tensión.


Hablar sólo en masculino es producir un espacio más donde se invisibiliza a las mujeres, como lo son la mayoría de los manuales, libros de historia, los nombres de las calles o los monumentos. El lenguaje es un lugar más de construcción y disputa de sentidos.


El escritor Juan Cruz Balián sostiene que el lenguaje sexista “es nombrar ciertos roles y trabajos sólo en masculino; referirse a la persona genérica como ‘el hombre’ o identificar lo ‘masculino’ con la humanidad; usar las formas masculinas para referirse a ellos pero también para referirse a todes, dejando las formas femeninas sólo para ellas; nombrar a las mujeres (cuando se las nombra) siempre en segundo lugar”. Asimismo, según Bailán, “las indeseables consecuencias de esta desigualdad lingüística se traducen en lo que el sociólogo Pierre Bourdieu define como ‘violencia simbólica’, y esto nos sirve para comprender uno de los mecanismos que perpetúan la relación de dominación masculina.”


Es decir, detrás de la supuesta corrección lingüística se esconden y mantienen los espacios de poder que hegemonizamos los varones. A modo de ejemplo, hablar de “presidenta” generó discusiones y tensiones en nuestro país. Muchos, y lamentablemente muchas, afirmaban que debíamos usar el término “presidente”. Sin embargo, como señaló la escritora Claudia Piñeiro a un señor opositor del uso de “presidenta” en una cena: “¿Y ‘sirvienta’ tampoco decís? ¿O ‘presidenta’ no pero ‘sirvienta’ sí”? Curiosamente, hablar de sirvienta no nos molesta.


Hace unos años atrás el docente de la Universidad Nacional del Comahue, Fabian Bergero, me comentó una anécdota: frente a una cursada donde la mayoría eran mujeres, él comenzó su clase hablando en femenino. Los tres varones presentes se rieron. A la segunda clase se acercaron al docente y le dijeron, “cortémosla, ya pasó el chiste de hablar en femenino”. El profesor Bergero les dijo, “no es un chiste, así es la realidad que viven las mujeres cotidianamente”.


El desafío actual es enfrentar el pensamiento de clausura que acepta y se resigna a las injusticias establecidas. Como sostiene Castoriadis, podemos ser una sociedad autónoma, “que se da a sí misma su ley”, tomando conciencia que las reglas de nuestra sociedad son producto de nuestra construcción y, por lo tanto, podemos modificarlas.


* Licenciado en Comunicación Social UNLZ. Docente de “Comunicación social y seguridad ciudadana” en la UNRN

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Camino al matrimonio igualitario en Cuba

La Carta Magna modificará su artículo 68 en el que especifica el matrimonio entre un hombre y una mujer. El nuevo texto aprobado por los diputados reconoce la propiedad privada y saca la palabra “comunismo”.

 

La Asamblea Nacional de Cuba aprobó ayer el anteproyecto de reforma constitucional que reconoce la propiedad privada, saca la palabra “comunismo” de la Carta Magna y acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo. El anteproyecto será sometido ahora a consulta popular entre los próximos 13 de agosto y 15 de noviembre y, finalmente, tendrá que ser apoyado por un referéndum para el que aún no hay fecha.


Con el reconocimiento de la propiedad privada como una de las formas de propiedad y la promoción de la inversión extranjera, el nuevo texto reflejará los cambios económicos que vive el país a raíz de las moderadas reformas implementadas por Raúl Castro desde 2006. Estas medidas legalizaron negocios al margen del Estado en ciertos sectores como la hotelería, el transporte y otros servicios, a las que ha dado continuidad el presidente Miguel Díaz Canel tras asumir el poder en abril de este año.


Tras aprobarse el proyecto de nueva Constitución, Díaz Canel animó a la participación popular para que exprese libremente sus opiniones para, según dijo, que el texto refleje el hoy y el futuro de Cuba.
Más limitados son los cambios que la nueva Constitución impondrá en el ámbito político, donde, a pesar de quitar la palabra “comunismo”, explicita que se mantiene el “carácter socialista del sistema político y social” bajo el mando del Partido Comunista de Cuba como “fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad”.


La Constitución también modificará su artículo 68, en el que se especifica que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, para reemplazarlo por una fórmula más amplia que habla de matrimonio entre dos personas, en respuesta a las demandas de la comunidad LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). “Con esta propuesta de regulación constitucional, Cuba se sitúa entre los países de vanguardia, en el reconocimiento y la garantía de los Derechos Humanos”, expresó la diputada Mariela Castro, hija del ex presidente Raúl Castro, una de las principales promotoras del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTBI en la isla.


La medida no encontró rechazo en los legisladores, pero en la reunión de ayer la diputada Castro quiso que se ampliase el artículo y que no se restringiese la posibilidad de adoptar a los futuros matrimonios homosexuales, lo que generó un arduo debate de un par de horas. La parlamentaria propuso suprimir los párrafos en los cuales queda explícita la condición reproductiva del matrimonio. “Si se está diciendo que el matrimonio tiene fines reproductivos, entonces todas las familias cubanas han de tener garantizados por el Estado los derechos y vías para alcanzar estos fines”, afirmó Castro. “El matrimonio no es solamente para tener hijos, empieza con otros fines, porque quieren convivir y luego viene la reproducción. Lo que propongo es que todas las familias tengan los mismos derechos”, señaló la diputada y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).


“No hay razón alguna para negar el matrimonio a personas homosexuales, no hay razón alguna para limitar la felicidad de estas personas”, dijo, por su parte, la diputada Yolanda Ferrer. La legisladora Teresa Amarelle, presidenta de la oficial Federación de Mujeres Cubanas (FMC), a su turno, afirmó: “Que se quite que la unión del matrimonio sea exclusiva entre hombres y mujeres es un avance. Sobre el tema de la adopción, será un tema para el Código de Familia”. Finalmente, el acuerdo de los diputados fue aprobar el matrimonio igualitario y dejar el tema de las adopciones para la redacción del nuevo Código de Familia.


Al examinar los artículos que tratan sobre la protección de la familia, se hizo hincapié sobre la responsabilidad en el cuidado y atención a las personas de la tercera edad en Cuba, donde se ha producido un progresivo envejecimiento poblacional, uno de los grandes desafíos de la sociedad y el sistema estatal de salud.


En el ámbito institucional existen algunas modificaciones estructurales como la institución de la figura del presidente de la República, papel hasta ahora ejercido por el presidente del Consejo de Estado, que deberá asumir el cargo con menos de 60 años de edad y limitar su mandato a un máximo de una década (dos períodos de cinco años). Además, se creará el puesto de primer ministro -que se había eliminado con la aprobación de la Carta magna de 1976- para liderar el Consejo de Ministros, máximo órgano ejecutivo del Estado.


Otro de los cambios propuestos vino de mano de la diputada Daicar Saladrigas, del municipio de Camagüey (este), quien propuso cambiar el término “libertad de palabra” que figura en el anteproyecto por “libertad de expresión” al considerar éste más amplio, acorde con la realidad actual y reconocido por organismos internacionales. Los representantes de la comisión parlamentaria que elaboró el anteproyecto aceptaron la propuesta de la diputada, por lo que el cambio podría plasmarse en el documento final del ordenamiento supremo del país.


El proceso de debates en los barrios se realizará entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre. La fecha de inicio es simbólica porque coincide con el día que nació el ex presidente cubano, Fidel Castro, en 1926. Después de los debates populares se realizará un referéndum y tras ratificarse la nueva Carta Magna se abrirá un período de un año para modificar los Códigos Penal, de Familia y Civil y ponerlos en sintonía con el nuevo texto constitucional.

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Sábado, 21 Julio 2018 09:04

Un equipo de empresarios y uribistas

Un equipo de empresarios y uribistas

Algunos de los nombres resuenan por un pasado de tropiezos con la Justicia y otros por su destacado paso por empresas privadas, a falta de representar los intereses de la clase trabajadora, los indígenas y las víctimas del conflicto.

Mientras los partidos políticos se enfrentaban por la distribución de cargos directivos en el Congreso que se posesiona hoy, el presidente electo Iván Duque avanzó en elegir su gabinete ministerial anunciándolo a cuenta gotas y causando sorpresas por el alto número de mujeres, entre ellas Nancy Patricia Gutiérrez, Ministra del Interior, que se estrenó prematuramente en sus funciones para calmar los ánimos entre los parlamentarios inconformes por resultar relegados en la repartición del poder. El ramillete de ministros, entre tanto, se abrió pasó sin problemas entre uribistas “pura sangre” y representantes de los gremios económicos. Algunos de los nombres anunciados resuenan por un pasado de tropiezos con la justicia, y otros por su destacado paso por empresas privadas, a falta de representar los intereses de la clase trabajadora, los indígenas, las víctimas del conflicto, y los líderes sociales que siguen llevando la peor parte tras el fin de la guerra con las Farc sin lograr que alguno de los nuevos ministros o el mismo Presidente electo les dedique atención.


Se destaca, sin embargo, lo paritario del nuevo gabinete en cumplimiento de las promesas de campaña. “Es un orgullo que el país tenga, por primera vez, una ministra del Interior”, afirmó el ex senador Iván Duque sobre la señora que estuvo investigada por los seguimientos ilegales a la oposición y la prensa desde el ya desaparecido –justamente por ser un ente corrupto– Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) durante el gobierno de Alvaro Uribe Vélez, mentor de Duque quien alcanzó la Presidencia en ballotage en junio pasado.”He creído firmemente en una sociedad donde se empodere el liderazgo de la mujer”, dijo el joven político que por vicepresidenta tiene a Marta Lucía Ramírez, ex ministra de Defensa, criticada por los movimientos feministas que la consideran machista y contraria a defensora de los derechos de las mujeres.


Otra mujer, que hasta la fecha ha recibido elogios por su gestión en el tema, será responsable de la cartera de Educación. María Victoria Angulo fue la secretaria de Educación en la Alcaldía de Bogotá de Enrique Peñalosa, mientras Gloria Alonso será quien dirija al Dirección Nacional de Planeación, una importante institución para la definición y financiación de políticas públicas. Además, Sandra Monroy, aún no confirmada en voz de Duque pero sí por medios como Portafolio.Co sería la nueva ministra de Tecnologías. Como la mayoría en el nuevo gabinete, viene del sector privado y favorecía intereses de empresarios en el gobierno que comienza. Monroy pasó por Claro Colombia, Terpel, Azteca Comunicaciones, y la Comisión Nacional de Regulación de Comunicaciones.


Además, María Fernanda Súarez, de 44 años quien ha trabajado en la empresa pública de petróleos EcoPetrol, fue elegida ministra de Minas y Energías. Según el nuevo primer mandatario “con ella promoveremos una mayor diversificación de la matriz energética, la responsabilidad social y ambiental, la eficiencia y competitividad del sector”.


Lo novedoso del grupo de Duque, además del número de mujeres, fue el nombramiento de Ricardo Lozano como Ministro de Ambiente, quien es declarado integrante de la comunidad lgbti. Sin embargo, sectores sociales le critican que representa los intereses de los privados pues viene de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi) como la ministra de Comunicaciones que proviene de Asomovil, la asociación de operadores móviles que en Colombia están en manos de privados, a excepción del operador Tigo de la empresa pública Une de Medellín, que podría estar vendiendo acciones próximamentes para superar el descalabro generado con su la tragedia del proyecto hidroeléctrico Ituango.


Y lo polémico tuvo que ver con el nombre de Alberto Carrasquilla, al frente de la cartera de Hacienda, por haber afirmado años atrás que el salario mínimo en Colombia es ridículamente alto. Lo hizo mientras ocupó el mismo cargo en el periodo presidencial del cuestionado Uribe Vélez. Por lo que analistas como Héctor Riveros opinan que una el gabinete de Duque refleja una “especie de tecnocracia integrada por una élite social e intelectual que se ha tomado los gobiernos en Colombia desde hace treinta años ha traído cosas positivas, por ejemplo, Colombia es un país moderno y con mucha menos pobreza que antes, pero también ha profundizado los mayores problemas de nuestra sociedad: la desigualdad y la exclusión”.


Para Riveros, los nombres anunciados hasta ahora son mucho más viejos de lo esperado, egresados de las mimas universidades privadas de Bogotá, lo que significaría un centralismo en el gobierno próximo, y critica que la mayoría han nacido o habitado en los barrios de clase alta de la capital.


El nombramiento del Ministro de Defensa, Guillermo Botero, no ha sido menos polémico pues también proviene de las empresas, y no tiene conocimiento militar ni en derechos humanos en un momento crítico de transición de un país que está dejando atrás las insurgencias y debe enfrentar los retos del narcotráfico y la recién aprobada ley de sometimiento a la justicia de las bandas criminales (neo paramilitares, mafiosos o grupos ilegales al servicio de economías ilegales). Botero ha dicho, generando rechazo en la opinión pública, que reformará las leyes para la protesta social.


Del mundo privado al público también hacen su salto Andrés Valencia Pinzón, que proviene de la Federación Nacional de Avicultores y será el Ministerio de Agricultura, y Jonathan Malagón, uno de los más jóvenes del gabinete, que será el Ministro de Vivienda. Egresado de la Universidad Nacional, la institución educativa pública más importante de Colombia, Malagón generó buenas reacciones entre sectores de centro e incluso en la oposición. Por último, se supo que Juan Manuel Restrepo será el Ministro de Comercio, que Juan Pablo Uribe, médico y experto en sanidad pública, dirigirá Ministerio de Salud, y que Gloria Borrero –quien trabajó con los ex presidentes Samper, Pastrana y Gaviria– será la ministra de Justicia.

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Cuba admitirá la propiedad privada en su Constitución

El anteproyecto de reforma reconoce "el papel del mercado" pero reafirma los principios socialistas

 El régimen cubano se prepara para asentar legalmente su lenta transición a un modelo de socialismo de partido único abierto al mercado. A través de medios oficiales se ha difundido un resumen del anteproyecto de reforma constitucional en el que “se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada”. Pero se reafirma que en Cuba el sistema económico “mantiene como principios esenciales la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”.

La reforma se viene elaborando a puerta cerrada desde hace varios años en un grupo de trabajo al mando del general Raúl Castro, que en abril cedió la presidencia a Miguel Díaz-Canel, pero sigue ocupando el cargo de secretario general del Partido Comunista de Cuba, máximo órgano de poder del Estado según mandato constitucional, aspecto que no variará tras la reforma. Otras novedades adelantadas serán la creación del cargo de primer ministro —actualmente el presidente es jefe del Consejo de Estado y de Ministros—, la limitación de los mandatos a un máximo de dos legislaturas —diez años— y la ratificación en el texto fundamental “de la importancia de la inversión extranjera para el desarrollo económico del país, con las debidas garantías”.


El anteproyecto, calificado en la prensa oficialista como una “reforma total” –en 1992 y 2002 hubo revisiones puntuales– consta de 224 artículos que no se han hecho públicos y que se debatirá entre el sábado y el lunes en la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) y los diputados votarán para que se apruebe la convocatoria de una consulta popular previa a su ratificación final. De momento, no se ha anunciado una fecha límite para que se complete el proceso, aunque se espera que se culmine antes de termine este año.


El concepto de propiedad privada quedó eliminado en la Constitución de 1976, redactada con el molde de las Constituciones del bloque soviético, si bien en la práctica había quedado proscrita tras la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968, con la que Fidel Castro asestó el golpe definitivo a cualquier resquicio de capitalismo y radicalizó su apuesta por el modelo comunista. Desde los retoques constitucionales de 1992 —forzados por la crisis generada por la caída de la URSS— se reconoció el trabajo por cuenta propia, figura que ha sido impulsada, como parche a la inoperancia de la economía estatal, por Raúl Castro desde que relevó a Fidel en la presidencia en 2008. En Cuba (11 millones de habitantes), existen actualmente alrededor de 600.000 trabajadores por cuenta propia –13% de la fuerza de trabajo–; en 2010 eran 150.000. El martes pasado el Gobierno anunció que a partir de diciembre se volverán a entregar licencias de trabajo por cuenta propia. Este creciente sector privado, que insufla vida a la economía con negocios particulares como restaurantes, taxis, hostales o salones de belleza, había visto congelada la concesión de licencias desde el verano pasado. Con el desbloqueo para poner en marcha nuevos negocios llegan a su vez restricciones: cada ciudadano podrá tener un solo negocio y los restaurantes, por ejemplo, no podrán servir a más de 50 personas.


Demandas sin responder


“Lo que ocurrió desde los noventa es que se dejó de estigmatizar la propiedad privada. Y lo que ocurre ahora es que se legitima, se le pone el cuño institucional para decir: "Esto está para quedarse”. Supone admitir que se vuelve a antes de 1976; no con intención de restablecer el modelo económico previo a la revolución de 1959 pero sí con el propósito de adaptar el país a la realidad”, considera Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas, que cree que este paso podría sentar las bases para mayores inquietudes económicas, sociales y políticas en un futuro. “Es una reforma que va a plantear demandas de otras reformas”, añade.


El politólogo Michael J. Bustamante, de la Universidad Internacional de Florida, afirma: “Hay demandas que quedan sin ser respondidas. En el terreno económico, el sector cuentapropista viene reclamando que sus negocios sean reconocidos bajo la figura de las pequeñas y medianas empresas, y no parece que la reforma en principio vaya a satisfacerlos. Y se aprecia la contradicción sin resolver de que se reconozca el papel del mercado y de la propiedad privada pero se mantenga en primer lugar la planificación central de la economía”.


Para el historiador Rafael Rojas, la reforma en marcha “va a darle régimen jurídico a algo que ya existe: un régimen socialista que se abre mínimamente a un sector no estatal de la economía y de la sociedad pero bajo un control hegemónico del Estado”. Rojas advierte de que hasta que se apruebe y se publique un nuevo texto constitucional “no se puede medir la profundidad del cambio”, y se pregunta si se reconocerá personalidad jurídica a organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles. “Eso abriría un camino para la expresión ciudadana”, afirma. Apunta, sin embargo, que no se ven indicios de que exista esa tendencia.


En su discurso del sábado ante la Unión de Periodistas de Cuba, el presidente Díaz-Canel, de 58 años, no mostraba disposición a abrir la mano, por ejemplo, en materia de libertad de prensa: “Por más que lluevan intentos de devolvernos al pasado de sensacionalismo y prensa privada bajo máscaras nuevas, ni los medios públicos cubanos ni sus periodistas están en venta”. "No acuso injustamente", continuó el presidente, "apunto a la abierta guerra que se nos hace desde medios que, bajo el paraguas de mejores tiempos en las siempre frágiles relaciones con el vecino poderoso que nos desprecia [EE UU], han ido escalando en el ataque a lo que nos une —el Partido— y lo que nos defiende —nuestra prensa—, descalificando continuamente a ambos y tratando de fracturar y separar lo que viene de una misma raíz y crece en un mismo tronco".


Lo más inesperado del avance de reforma ha sido la propuesta de creación del puesto de primer ministro, según coinciden los analistas, aunque sus implicaciones son todavía una incógnita. El diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, se limitó a precisar que el presidente será jefe de Estado y el primer ministro dirigirá el Consejo de Ministros. El analista Carlos Alberto Montaner percibe un intento de “fragmentar la autoridad”, una “ingeniería administrativa” para crear “balances de poder” entre distintos sectores del régimen al verse agotado el modelo del poder unitario en torno a figuras históricas de liderazgo como Fidel Castro (1926-2016) o Raúl Castro, de 87 años.

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La sociedad mexicana frente al proyecto político de AMLO.

México vivió una elección presidencial histórica en la que una multitudinaria ciudadanía ejerció su derecho a castigar las políticas neoliberales que tienen a más de 50 millones de mexicanos viviendo en la pobreza y pobreza extrema. Fue un voto también por el fin de la guerra que desde hace 12 años azota prácticamente todo el territorio y que al momento tiene un saldo de más de 35 mil desaparecidos y 200 mil asesinados. Una guerra que tiene al ejército en las calles supuestamente contra el crimen organizado, pero que en realidad ha sido contra el pueblo, con un histórico índice de violaciones a los derechos humanos.

Más de 30 millones de mexicanos y mexicanas se aferraron a las urnas para expresar su hartazgo. Sabían que tenían que lograr un triunfo masivo y contundente, pues las experiencias anteriores, 2006 y 2012, vaticinaban un fraude del aparato del Estado. La gente rebasó las intenciones fraudulentas (que las hubo) y al momento de escribir estas líneas se cumplen cuatro días de la legítima celebración de una victoria que llevó, en su tercer intento, a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México.


La alegría ciudadana es del tamaño de su expectativa, pero no hay señales de cambios estructurales a las políticas neoliberales que han entregado los recursos naturales del país a la inversión privada nacional y extranjera. Desde su primer discurso la noche del domingo 1 de julio, López Obrador ha sido enfático en su afán de calmar a los mercados. Respeto a la autonomía del Banco de México y disciplina financiera y fiscal, sin confiscación de bienes, y reconocimiento de los compromisos contraídos con empresas y bancos extranjeros, lo prometió desde el principio para generar confianza.
Los cambios visibles están, entre otros ámbitos y por lo pronto, en la probada austeridad personal de un candidato electo que ingresa por la puerta principal al Palacio Nacional en su modesto automóvil y que anuncia que dejará a un lado el avión presidencial y viajará en líneas comerciales, además de que no habitará la casa presidencial de Los Pinos (inaugurada en 1934 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien a su vez decidió no ocupar el Castillo de Chapultepec). Su esposa, Beatriz Gutiérrez, ha dicho que no será la “primera dama”, pues eso implicaría que hay mujeres de segunda y de tercera. Duplicar la pensión a los adultos mayores y garantizar que todos los jóvenes tendrán educación y trabajo fueron las promesas en su segunda alocución, esta vez al frente de un Zócalo colmado de gente que no dejó de aplaudirlo.


El nuevo presidente de México no ha escondido su baraja. El adelanto de su gabinete y las alianzas pragmáticas anunciaron lo que vendría, o lo que no vendría: Alfonso Romo, empresario y coordinador de su plan de gobierno, además de futuro jefe de la Oficina de la Presidencia, ha esbozado un proyecto que él mismo califica de centro, reformista. Las palabras “izquierda” o “anticapitalista” no han sido dibujadas, las promesas se centran en la atención a los pobres y el combate a la corrupción, no en una refundación del Estado.


Los más de sesenta pueblos indígenas que conforman la nación mexicana prácticamente quedaron fuera de la campaña y del proyecto. Una breve mención sobre ellos se hizo en la celebración, pero hasta el momento no hay un planteamiento que se comprometa con los derechos y la cultura indígena, plasmados en los Acuerdos de San Andrés que firmaron en 1996 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) y el gobierno de México. En 2001 todos los partidos políticos traicionaron estos acuerdos con una ley que desconoce la autonomía ganada.


En las últimas décadas se recrudeció el despojo y la represión contra los pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas del país. Minas, hidroeléctricas, acueductos, parques eólicos, carreteras, proyectos turísticos e inmobiliarios se han impuesto con el discurso del progreso en sus territorios. No son pocas las batallas que se libran contra los llamados mega proyectos de muerte, y en prácticamente todas la represión ha sido la respuesta. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (Fpdt) lleva 17 años resistiendo al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (Naicm). Es un movimiento emblemático de la lucha social en México y el próximo presidente ha sido ambiguo y cambiante en su postura. Primero que no, luego que sí, luego que puede ser. “No concebimos que un gobierno como el que usted reivindica, y por el que este 1 de julio el grueso del pueblo mexicano votó, acuerde o negocie con los interesados en el negocio el futuro y la vida de la gente humilde del país, sin el consentimiento y decisión de los mismos pueblos, sin siquiera haberlos escuchado”, advirtieron ya los campesinos.


Por su parte, el Congreso Nacional Indígena (Cni) y el Ezln dejaron claro en un pronunciamiento hecho en abril de este año que no permanecerán quietos “mientras se destruyen y nos arrebatan la tierra que heredamos de nuestros abuelos y que se la debemos a nuestros nietos, y mientras contaminan los ríos y perforan los cerros para sacar minerales. No nos quedaremos quietos mientras convierten la paz y la vida que venimos construyendo diariamente en guerra y muerte mediante los grupos armados que protegen sus intereses. Nuestra respuesta, no tengan duda, será la resistencia organizada y la rebeldía para sanar al país”.


AMLO asumirá la presidencia de un México sumido en la mayor crisis de derechos humanos de las últimas décadas: incremento de feminicidios (siete cada día); segundo lugar de asesinatos de periodistas en el mundo y el lugar más peligroso del continente americano para ejercer el periodismo; asesinatos, secuestros y extorsiones a los migrantes centroamericanos en su paso por estas tierras, más de 30 mil desapariciones en el marco de la guerra contra el narco y 200 mil muertos, entre otras calamidades que tienen en común el marco de la absoluta impunidad y en no pocos casos la participación del Estado. Los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos irrumpieron en un acto de campaña al que no fueron convidados y exigieron la presentación con vida de sus hijos, verdad y justicia. El nuevo gobierno tiene una gran oportunidad de legitimación en este rubro, pues no hay reconciliación posible sin justicia y garantías de no repetición.


Las reformas estructurales (energética y educativa) y la ley de seguridad interior, que legaliza la permanencia del ejército en las calles en labores de seguridad pública, son algunos de los grandes temas en los que hasta hoy no hay pronunciamientos contundentes. “No habrá gasolinazos” y se revisarán los contratos a las empresas es lo que ha dicho el presidente electo. Nada de echar para atrás lo que ya está plasmado y que garantiza el despojo y la explotación. Convertir los territorios del sureste de México en zonas económicas especiales (Zee), es decir, continuar la neocolonización, es una de las banderas de Alfonso Romo, coordinador de su proyecto.


La alianza con el Partido Encuentro Social (Pes), de origen evangélico ultraconservador, es otro de los cuestionamientos al nuevo presidente de México. El derecho al aborto (al menos en la Ciudad de México, donde es legal desde el 2007), el respeto a la diversidad sexual, los derechos de la mujer, entre otros, son temas que tendrán que ser vigilados en una sociedad de por sí conservadora.
La sociedad mexicana, la que le dio el triunfo y su confianza, la que por fin echó del poder a los derechistas Partido Revolucionario Institucional (Pri) y al Partido Acción Nacional (Pan), y la movilización de los sectores que desde la izquierda son un contrapeso crucial para el poder, al igual que una prensa crítica y vigilante, tienen la enorme tarea de coprotagonizar esta historia que se seguirá escribiendo en las calles.

 

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Viernes, 06 Julio 2018 08:14

Guerras por la superioridad tecnológica

Guerras por la superioridad tecnológica

Uno de los errores másfrecuentes entre quienes deseamos superar el capitalismo es el confundir nuestros deseos con la realidad. En cada recodo de la historia creemos ver el fin del sistema y el triunfo inexorable de sus sepultureros. Sin embargo, se trata de un “error”muy frecuente, incluso entre gobiernos y estados poderosos, que suelen sobrestimar sus capacidades y subestimar las de sus adversarios.

Por eso resulta interesante el editorial del diario oficialista chino Global Times del 24 de junio, titulado “Mantener la calma ante la brecha tecnológica entre China y Occidente” (goo.gl/ZQMrBd). El artículo toma como punto de partida una conferencia de Liu Yadong, editor jefe del Science and Technology Daily (periódico del Ministerio de Ciencia y Tecnología) que causó sorpresa al afirmar que “la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados es cada vez mayor”.


El editor del periódico criticó la “inclinación por la jactancia y la exageración en el campo tecnológico de China” y afirmó que los logros del dragón siempre fueron precedidos por los de otros países.
Lo interesante es que el editorial de un diario de la importancia del Global Times elogie el discurso de Liu marcando la necesidad de una “introspección interna” y destacando que “la crítica a la exageración de los logros tecnológicos de China llega en el momento justo”.


Ese momento es la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China, que tiene su punto álgido en una guerra por la superioridad tecnológica que se plasma, entre otras, en las sanciones impuestas al gigante chino de las telecomunicaciones ZTE y la multinacional Huawei, suavizadas luego pero con severas condiciones que limitan la compra de componentes a empresas estadunidenses.
Global Times llama a los chinos a permanecer modestos, ya que esa actitud “es beneficiosa para el ascenso de China y ayudará a la sociedad china a ser realista”. En paralelo, hace un llamado a la objetividad y la autocrítica, destaca que China ha realizado enormes avances en todos los sectores, pero sentencia: “Existe una gran brecha entre China y EU, que requiere generaciones de arduos esfuerzos para superar”.


El editorial también convoca a no alarmar a las élites occidentales con alusiones a que China superará a Occidente en pocos años, porque genera temores y resentimientos, sobre todo en Estados Unidos, agravados en este periodo de crisis y desconfianzas mutuas.


El mencionado editorial coincidió con la difusión del Top500, uno de los índices más valorados por los medios chinos, que es el ranking de las 500 supercomputadoras más eficientes del mundo, elaborado de forma independiente de los gobiernos por varias universidades de Estados Unidos. Desde 2012 el tope de la lista correspondió a dos superordenadores chinos, con la peculiaridad de que el Sunway TaihuLight (que lideraba desde 2016) fue creado por el Centro de Investigación Nacional de China con componentes enteramente fabricados en el país.


En la lista de junio de Top500, los ordenadores chinos fueron desplazados por sendos aparatos estadunidenses de la IBM, que ocupan el primero y el tercer lugares. Sin embargo, China amplía su ventaja entre los 500 ordenares más potentes con 206 unidades frente a 124 de Estados Unidos, lo que muestra que la competencia entre ambas potencias sigue siendo muy cerrada (goo.gl/XDE6df ).
Uno de los caminos que ha encontrado China para reducir la brecha tecnológica consiste en la compra de empresas occidentales de alta tecnología y en fuertes inversiones en investigación y desarrollo. Sin embargo, un informe de Global Timesde agosto de 2017 destaca que en las tecnologías de vanguardia las inversiones estadunidenses son muy superiores a las del dragón. En 2016 Estados Unidos invirtió en inteligencia artificial cuatro veces más que China, diferencia similar a la que mantiene en robótica, drones e impresiones 3D, entre otras (goo.gl/Yrgd2z ).


La segunda manera de reducir la brecha viene siendo el robo de propiedad intelectual que hace China, de los más diversos modos, algunos de ellos ilegales pero legítimos. Algo que no debe sorprender, toda vez que las potencias ascendentes en la historia, como Inglaterra y Francia, llegaron al privilegio usando y abusando de la piratería. Los corsarios británicos fueron bendecidos con las patentes de corso que emitían los reyes, de modo que nadie debe sorprenderse de la piratería china.


El sector tecnológico está resultando clave para la seguridad nacional, según creen los gobernantes de las principales potencias. Algunos especialistas estiman que China ganará la batalla por la inteligencia artificial para 2025, cinco años antes que el plazo fijado por el gobierno de Xi Jinping ( goo.gl/N43pTA).


Para quienes pensamos que la historia la mueven los conflictos colectivos, la propuesta de que todo lo deciden las tecnologías nos parece una concesión elitista a las tecnocracias. Los grandes cambios los promueven los pueblos, ayudados en diversos grados por las tecnologías.

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