Viernes, 06 Julio 2018 08:14

Guerras por la superioridad tecnológica

Guerras por la superioridad tecnológica

Uno de los errores másfrecuentes entre quienes deseamos superar el capitalismo es el confundir nuestros deseos con la realidad. En cada recodo de la historia creemos ver el fin del sistema y el triunfo inexorable de sus sepultureros. Sin embargo, se trata de un “error”muy frecuente, incluso entre gobiernos y estados poderosos, que suelen sobrestimar sus capacidades y subestimar las de sus adversarios.

Por eso resulta interesante el editorial del diario oficialista chino Global Times del 24 de junio, titulado “Mantener la calma ante la brecha tecnológica entre China y Occidente” (goo.gl/ZQMrBd). El artículo toma como punto de partida una conferencia de Liu Yadong, editor jefe del Science and Technology Daily (periódico del Ministerio de Ciencia y Tecnología) que causó sorpresa al afirmar que “la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados es cada vez mayor”.


El editor del periódico criticó la “inclinación por la jactancia y la exageración en el campo tecnológico de China” y afirmó que los logros del dragón siempre fueron precedidos por los de otros países.
Lo interesante es que el editorial de un diario de la importancia del Global Times elogie el discurso de Liu marcando la necesidad de una “introspección interna” y destacando que “la crítica a la exageración de los logros tecnológicos de China llega en el momento justo”.


Ese momento es la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China, que tiene su punto álgido en una guerra por la superioridad tecnológica que se plasma, entre otras, en las sanciones impuestas al gigante chino de las telecomunicaciones ZTE y la multinacional Huawei, suavizadas luego pero con severas condiciones que limitan la compra de componentes a empresas estadunidenses.
Global Times llama a los chinos a permanecer modestos, ya que esa actitud “es beneficiosa para el ascenso de China y ayudará a la sociedad china a ser realista”. En paralelo, hace un llamado a la objetividad y la autocrítica, destaca que China ha realizado enormes avances en todos los sectores, pero sentencia: “Existe una gran brecha entre China y EU, que requiere generaciones de arduos esfuerzos para superar”.


El editorial también convoca a no alarmar a las élites occidentales con alusiones a que China superará a Occidente en pocos años, porque genera temores y resentimientos, sobre todo en Estados Unidos, agravados en este periodo de crisis y desconfianzas mutuas.


El mencionado editorial coincidió con la difusión del Top500, uno de los índices más valorados por los medios chinos, que es el ranking de las 500 supercomputadoras más eficientes del mundo, elaborado de forma independiente de los gobiernos por varias universidades de Estados Unidos. Desde 2012 el tope de la lista correspondió a dos superordenadores chinos, con la peculiaridad de que el Sunway TaihuLight (que lideraba desde 2016) fue creado por el Centro de Investigación Nacional de China con componentes enteramente fabricados en el país.


En la lista de junio de Top500, los ordenadores chinos fueron desplazados por sendos aparatos estadunidenses de la IBM, que ocupan el primero y el tercer lugares. Sin embargo, China amplía su ventaja entre los 500 ordenares más potentes con 206 unidades frente a 124 de Estados Unidos, lo que muestra que la competencia entre ambas potencias sigue siendo muy cerrada (goo.gl/XDE6df ).
Uno de los caminos que ha encontrado China para reducir la brecha tecnológica consiste en la compra de empresas occidentales de alta tecnología y en fuertes inversiones en investigación y desarrollo. Sin embargo, un informe de Global Timesde agosto de 2017 destaca que en las tecnologías de vanguardia las inversiones estadunidenses son muy superiores a las del dragón. En 2016 Estados Unidos invirtió en inteligencia artificial cuatro veces más que China, diferencia similar a la que mantiene en robótica, drones e impresiones 3D, entre otras (goo.gl/Yrgd2z ).


La segunda manera de reducir la brecha viene siendo el robo de propiedad intelectual que hace China, de los más diversos modos, algunos de ellos ilegales pero legítimos. Algo que no debe sorprender, toda vez que las potencias ascendentes en la historia, como Inglaterra y Francia, llegaron al privilegio usando y abusando de la piratería. Los corsarios británicos fueron bendecidos con las patentes de corso que emitían los reyes, de modo que nadie debe sorprenderse de la piratería china.


El sector tecnológico está resultando clave para la seguridad nacional, según creen los gobernantes de las principales potencias. Algunos especialistas estiman que China ganará la batalla por la inteligencia artificial para 2025, cinco años antes que el plazo fijado por el gobierno de Xi Jinping ( goo.gl/N43pTA).


Para quienes pensamos que la historia la mueven los conflictos colectivos, la propuesta de que todo lo deciden las tecnologías nos parece una concesión elitista a las tecnocracias. Los grandes cambios los promueven los pueblos, ayudados en diversos grados por las tecnologías.

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“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”

A [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones de las Redes de Apoyo al CIG:

A la Sexta Nacional e Internacional:
Considerando que:
Primero y único:


La Gran Final.


Llega usted al gran estadio. “Monumental”, “coloso”, “maravilla arquitectónica”, “el gigante de concreto”, calificativos parecidos se repiten en las voces de los locutores que, a pesar de las distintas realidades que describen, coinciden en resaltar la soberbia construcción.


Para llegar a la grandiosa edificación, usted ha tenido que sortear escombros, cadáveres, suciedad. Cuentan quienes más años cuentan, que no siempre fue así; que antes, en torno a la gran sede deportiva, se levantaban casas, barrios, comercios, edificios, ríos y arroyos de gente que uno esquivaba hasta casi toparse de narices con el gigantesco portón, que sólo se abría cada tanto tiempo, y en cuyo dintel se leía: “Bienvenido al Juego Supremo”. Sí, “bienvenido”, en masculino, como si lo que ocurriera dentro fuera cosa sólo de varones; como antes los sanitarios, las cantinas, la sección de máquinas y herramientas de las tiendas especializadas… y, claro, el futbol.


Pero, a vuelo de pájaro, la imagen vista bien podría ser un símil de un universo contrayéndose, dejando en su periferia muerte y destrucción. Sí, como si el Gran Estadio fuera el hoyo negro que absorbe la vida a su alrededor y que, aún insaciable, eructa y defeca cuerpos sin vida, sangre, mierda.


Desde cierta distancia, se puede apreciar el inmueble en su totalidad. Aunque ahora sus erróneas disposiciones arquitectónicas, sus fallas estructurales en cimientos y edificaciones, sus cambiantes decoraciones al gusto del equipo ganador en turno, aparecen cubiertas por una tramoya que abunda en llamados a la unidad, la fe, la esperanza y, claro, la caridad. Como si se ratificara así esa semejanza entre cultos religiosos, políticos y deportivos.


Usted no sabe mucho de arquitectura, pero le molesta esa insistencia casi obscena en una escenografía que no coincide con la realidad. Colores y sonidos proclamando el fin de una era y el paso al mañana soñado, la tierra prometida, el reposo que ya ni la muerte promete (se dice usted mientras hace un recuento de sus cercanas, personas desaparecidas, asesinadas, “exportadas” a otros infiernos, y cuyos nombres se diluyen en estadísticas y promesas de justicia y verdad).


Como en la religión, la política y los deportes, hay especialistas. Y usted no sabe mucho de nada. Le marean los inciensos, salmos y alabanzas que pueblan esos mundos. Usted no se siente capaz de describir el edificio, porque usted anda otros mundos, sus largos y tediosos caminos transcurren en lo que, desde los soberbios palcos del gran estadio, se podría llamar “el subsuelo”. Sí, la calle, el metro, el colectivo, el vehículo en abonos o pagado con cargo a otros abonos (una deuda siempre pospuesta y siempre creciente), el camino de terracería, las rutas de extravío que conducen a la milpa, a la escuela, al mercado, al tianguis, al trabajo, al jale, a la chinga.


Usted se inquieta, sí, pero el optimismo de dentro del gran estadio es mayoritario, abrumador, a-v-a-s-a-l-l-a-n-t-e, y desborda hacia afuera.


Como en esa canción que usted recuerda vagamente, el espectáculo que ya terminó, unió “al noble y al villano, al prohombre y al gusano”. En esos momentos la igualdad fue reina y señora, no importa que el silbatazo final haya vuelto a cada quien a su lugar. Basta del olvido de que cada uno es cada cual, de nuevo, “y con la resaca a cuestas/ vuelve el pobre a su pobreza, /vuelve el rico a su riqueza /y el señor cura a sus misas /se despertó el bien y el mal/ la zorra pobre vuelve al portal, / la zorra rica vuelve al rosal, / y el avaro a las divisas”.


Y es que, ahora le informan a usted ruidos e imágenes, el partido ha finalizado. La gran final tan esperada y temida, concluyó y el equipo vencedor recibe, con falsa modestia, los clamores de los espectadores. “El respetable público”, dicen voceros y cronistas. Sí, así se refieren a quienes han participado activamente con gritos, porras, hurras, insultos y diatribas, desde las gradas, como espectadores a quienes sólo en la gran final se les permite simular que están frente al balón y que su grito es el puntapié que dirige el esférico “al fondo de las redes”.


¿Cuántas veces ha escuchado usted eso? Muchas, ¿vale la pena contarlas? Las derrotas reiteradas, la promesa que a la que sigue sí, que el árbitro, que el campo, que el clima, que la luz, que la alineación, que la estrategia y la táctica, que etcétera. Al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos… a la que luego se sumará la desilusión prevista.


En las afueras del recinto, una mano maliciosa ha rayado, en el soberbio muro que rodea el estadio una sentencia: “FALTA LA REALIDAD”. Y no conforme con su herejía, la mano le ha agregado trazos y colores a las letras, tan variados y creativos que ya no parecen pintados. Ya no es un grafiti, sino una inscripción como grabada con cincel, manchando el concreto. Una huella indeleble en la apática superficie del muro. Y, para colmo, el último trazo de la “D” final ha abierto una grieta que se alarga hasta el basamento. Un cartel, roto y descolorido, con la imagen de una feliz pareja heterosexual, con un par de hijos, niño y niña, y con el encabezado de “La Familia Feliz”, trata en vano de ocultar la hendidura que, tal vez por un efecto óptico, parece rasgar también la feliz imagen de la familia feliz.


Pero ni el ruido interno que hace vibrar las paredes del estadio logra disimular la grieta.


Dentro, aunque el partido ha terminado, la muchedumbre no abandona el estadio. Aunque no tardará mucho en que sea de nuevo expulsada de vuelta al valle de ruinas, la multitud embelesada se hace eco de sus propios gritos e intercambia anécdotas: quién gritó más fuerte, quién hizo la mejor burla (se dice “meme”), quién divulgó la mentira más exitosa (el número de “likes” determina el grado de verdad), quién lo supo desde un principio, quién nunca dudó. En las tribunas, algunos, algunas, algunoas, intercambian análisis: que “¿sí viste que los contrarios cambiaron de camiseta en el medio tiempo y que ahora festejan la victoria quienes iniciaron el encuentro con el uniforme del equipo rival?”; que “el árbitro (el siempre “árbitro vendido”) ahora sí cumplió porque la victoria del equipo todo lo limpia y enaltece”.


Algunos, algunas, algunoas, más escépticos, ven con desconcierto que, entre quienes celebran el triunfo, están los que jugaron y juegan en equipos rivales. Tratan, pero no entienden. O sí entienden, pero no es hora de entender, sino de festejar. Para dejárselos claro, una pantalla gigante parpadea con la tonada visual de moda: “Prohibido Pensar”.


La noche ha pospuesto su llegada, piensa usted. Pero se da cuenta de que son los reflectores y los fuegos de artificio los que simulan claridad. Claro, una claridad selectiva. Porque allá, en aquel rincón, unas gradas se han derrumbado y los equipos de rescate no acuden, ocupados como están en el festejo. La gente no se pregunta cuántos muertos, sino de cuál equipo eran seguidores. Más allá, en ese otro rincón oscuro, una mujer ha sido agredida, violada, secuestrada, asesinada, desaparecida. Pero, vamos, es sólo una mujer, o una anciana, o una jóvena, o una niña. Los medios, siempre en sintonía con los tiempos que corren, no preguntan el nombre de la víctima, sino si portaba su playera de tal o cual equipo.


Pero no es tiempo de amarguras, sino de fiesta, de brindis, del f-i-n-d-e-l-a-h-i-s-t-o-r-i-a mi buen, del comienzo de un nuevo campeonato. Fuera, la oscuridad parece el colofón pictórico para la zona devastada. Sí, piensa usted, como un escenario de guerra.


El barullo le reclama atención. Usted trata de tomar distancia para comprender el impacto de ese gran triunfo de su equipo favorito… mmh… ¿era su equipo favorito? Ya no importa, el triunfador siempre fue y será el equipo favorito de las mayorías. Y, claro, todos sabían que el triunfo era inevitable, y en tribunas se suceden las explicaciones lógicas: “sí, no era posible otro resultado, sólo el de la copa embriagante coronando los colores del equipo favorito.”


Usted trata, sin conseguirlo, de hacer suyo el entusiasmo que inunda las tribunas, los palcos, y parece llegar hasta el punto más alto de la construcción donde, lo que se adivina es una lujosa habitación, refleja en sus vidrios polarizados las luces, los gritos y las imágenes.


Usted recorre las tribunas con dificultad, la gente se abarrota en pasillos y escaleras. Busca usted algo o alguien que no lo haga sentir extraño, camina como un extraterrestre o un viajero del tiempo que aterriza en un calendario y una geografía desconocidos.


Se detiene un poco donde dos personas de edad miran con atención una especie de tablero. No, no se trata de ajedrez. Ahora que usted se ha acercado lo suficiente, ve que se trata de un rompecabezas con apenas algunas piezas engarzadas y sin la figura final siquiera esbozada.


Una persona le está diciendo a la otra: “Bueno, no, no me parece que sea ficción. Después de todo, el pensamiento crítico debe partir de una hipótesis, por alocada que parezca. Pero no debe abandonar el rigor para confrontarla y verificar si procede, o hay que buscar otro punto de arranque.” Y, tomando una de las piezas del rompecabezas, esa persona la muestra y dice: “por ejemplo, puede ser, a veces, que lo pequeño ayude a entender lo grande. Como si en esta pequeña parte pudiéramos adivinar o intuir la figura ya completada”. Usted no escucha lo que sigue, porque los grupos vecinos gritan contra ese extraño par y acallan sus palabras.


Alguien le ha pasado un volante. “Desaparecida” se lee, y una imagen de una mujer cuya edad usted no puede determinar. ¿Una anciana, una mujer madura, una jóvena, una niña? El viento le arrebata el volante y su vuelo se confunde con las serpentinas y el confeti que nublan la vista.


Y hablando de niñas…


Una niña, pequeña, de piel oscura, de ropas extrañas de tan coloridas y adornadas, mira el estadio, las tribunas, las luces multicolores, las sonrisas de vencedores y vencidos, alegres las primeras, maliciosas las segundas.


La niña tiene una duda. Se adivina en la expresión de su rostro, en su mirada inquieta.


Usted se siente generoso, al fin al cabo usted ha ganado… mmh… ¿ha ganado? Bueno, no importa. Usted se siente generoso y, solícito, le pregunta a la niña qué busca.
La niña le responde: “el balón”. Y, sin voltear a verlo a usted, sigue con su mirada barriendo la gran construcción.


“¿El balón?”, pregunta usted como si la pregunta viniera de otro tiempo, de otro mundo.


La niña suspira y añade: “bueno, de ahí que tal vez lo tiene el dueño”


“¿El dueño?”


“Sí, el dueño del balón, y del estadio, y del trofeo, y de los equipos, y de todo esto”, dice la niña mientras con sus manitas intenta abarcar la realidad concentrada en el gran estadio.
Usted trata de encontrar las palabras para decirle a la niña que esas preguntas no vienen al caso, o cosa, según, pero entonces usted recuerda…, o más bien no recuerda haber visto el balón. En su mente le aparece una imagen borrosa, cree que al inicio del partido, del esférico con sus gajos manchados por “nuestros amables patrocinadores”. Ni siquiera en los goles anotados lo ubica.
Pero ahí está la pantalla del marcador, y la pantalla marca la realidad que importa: tal ganó, tal perdió. Ningún marcador señala quién es el dueño ni siquiera del marcador, mucho menos quién es el dueño del balón, de los equipos, de las tribunas, de las “cámaras y micrófonos”.


Además, el marcador no es un marcador cualquiera. Es el más moderno que existe y costó una fortuna. Incluye el VAR para ayudar a sus empleados a sumar o restar puntos en la pantalla, y para las repeticiones instantáneas o reiteradas de cuando “juntos hicimos historia”. Y el marcador no marca los goles, sino los gritos. Gana quien más grite, entonces ¿quién necesita el balón?


Pero entonces usted revisa sus recuerdos y nota algo extraño: minutos antes del final del partido, la porra, la barra, la fanaticada del equipo contrario guardó silencio. Y los gritos de los seguidores del equipo ahora triunfador no tuvieron rival. Sí, muy extraña esa súbita retirada. Pero más extraño es que, cuando en la pantalla del marcador no se reflejaban aún los resultados, ni siquiera los parciales, el equipo contrario volvió a la cancha sólo para felicitar al triunfador… que todavía no era triunfador. En los altos y lujosos palcos del estadio estalló la algarabía y los colores de sus pendones eran ya los del equipo ganador. ¿A qué hora cambiaron de favorito? ¿Quién ganó realmente? Y sí, ¿quién es el dueño del balón?


“¿Y por qué quieres saber quién es el dueño?”, cuestiona usted a la niña, porque le parece que, no obstante sus dudas, es tiempo de silbatos y matracas, y no de preguntas necias.
“Ah, porque ése no pierde. No importa qué equipo gane o pierda, el dueño siempre gana.”


Usted se incomoda con la duda que eso plantea. Y se incomoda más al ver a quienes declaraban que el equipo ahora triunfador traería desgracias, celebrando un triunfo que, apenas unas horas antes, no era suyo. Porque no se ve que hayan perdido, más bien festejan como si el triunfo fuera suyo, como si dijeran “ganamos otra vez”.


Usted está a punto de decirle a la niña que deje la amargura en otro lado, que tal vez esté en sus días, o en la depre, o no entiende nada, después de todo es sólo una niña, pero en eso el respetable prorrumpe en un alarido: el equipo vencedor regresa a la cancha para agradecer al respetable su apoyo. La gente-gente sigue en las tribunas y contempla, arrobada, a los modernos gladiadores que han vencido a las bestias… ¡un momento!, ¿no son las bestias quienes ahora abrazan y festejan y cargan en hombros al equipo vencedor?


Usted se ha quedado pensando en lo que dijo la niña. Y recuerda entonces, inquieto, que el equipo contrario, conocido por su rudeza, mañas y trampas, abandonó el partido justo antes de que sonara el silbatazo final. Sí, como si temiera que su inercia propia, pudiera hacerlo triunfador (con trampa, claro) y, para evitarlo, se retirara completamente. Y con él, desaparecieron sus porras, sus fanáticos, sus, ahora usted lo recuerda, contados banderines y banderas.


La algarabía sigue. Al parecer en tribunas no importa el absurdo que transcurre en el centro del campo, donde el pódium espera la premiación final.


Usted se hace eco de la pregunta de la niña y, con timidez, cuestiona a su vez:


“¿Quién es el dueño del balón?”


Pero el grito masivo se traga su pregunta, y nadie le escucha.


La niña le toma de la mano y le dice: “Vámonos, tenemos que salir”


“¿Por qué?”, pregunta usted.


Y la niña, señalando la base de la gran edificación, responde:
“Se va a caer”.


Pero nadie parece darse cuenta… Un momento, ¿nadie?


(¿continuará?)


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En base a lo anteriormente expuesto, la Comisión Sexta del EZLN invita a [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones que apoyaron y apoyan al CIG y, claro, que todavía piensan que los cambios que importan nunca vienen de arriba, sino de abajo (además de que no hayan mandado su cartita de adhesiones y peticiones al capataz futuro) a un:
Encuentro de redes de apoyo al Concejo Indígena de Gobierno.


Con la siguiente propuesta de temario:


.- valoraciones del proceso de apoyo al CIG y su vocera Marichuy, y de la situación según la perspectiva de cada grupo, colectivo y organización.
.- propuestas de pasos a seguir.


.- propuestas para regresar a consultar con sus grupos, colectivos, organizaciones, lo ahí planteado.


Llegada y registro: jueves 2 de agosto del 2018; registro y actividades los días viernes 3, sábado 4 y domingo 5 agosto.


Para registrarse como participante en el encuentro de redes, la dirección es:


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También, las comunidades indígenas zapatistas, invitan a quienes tienen al arte como vocación y anhelo, al:


CompARTE POR LA VIDA Y LA LIBERTAD


“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”


Del 6 al 9 de agosto del 2018.


Llegada y registro: cuando puedan del 6 al 9 de agosto.


Clausura el día 9, 15° aniversario del nacimiento de los caracoles zapatistas.


El programa será según quiénes se apunten, pero seguro ahí estarán [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], de las comunidades zapatistas en resistencia y rebeldía.


Para registrarse como participante y/o asistente, la dirección es:


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Todo en el caracol de Morelia (donde fue el encuentro de mujeres que luchan), en la zona Tzotz Choj, tierra zapatista en resistencia y rebeldía.


Mucho ojo: Traigan su vaso, plato y cuchara, porque las mujeres que luchan ya aconsejaron de no usar desechables que contaminan, además de que dejan un tiradero. No sobra si trae un su focador (o lámpara de mano), su loquesea para poner entre el digno suelo y su muy digno cuerpo, o casa de campaña. Su impermeable o nailon o equivalente por si llueve. Sus medicinas y comida especial si las requiere. Y cualquier otra cosa que luego le vaya a faltar y, cuando nos deje sus críticas, [email protected] podamos responder “les avisamos antes”. Para las personas ya de edad, “de juicio” como decimos acá, veremos de, en lo posible, darles alojamiento en alguna parte especial.


Nota: sí se permitirá el acceso a varones y a otras minorías.


Por la Comisión Sexta del EZLN.


Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.
México, 4 de julio del 2018.


P.D.- No, nosotras, nosotros, zapatistas, NO nos sumamos a la campaña “por el bien de todos, primero los huesos”. Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo. Ergo…

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“La inmensa mayoría de la gente que está en Morena no perteneció a ningún partido.”

¿Cómo nació? ¿Quiénes son? ¿Cómo articularon un proyecto genuinamente de izquierda sin que nadie se diera cuenta? ¿Hacia dónde van ahora que llegaron al poder y cuál fue la clave de la victoria? Primeras respuestas a horas del triunfo de AMLO.

 Amanece en un nuevo país que aún no se da cuenta del todo del proceso de transformación que acaba de poner en marcha. México se mira con asombro y entusiasmo. Morena, el partido movimiento del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, dibujó un México de metamorfosis. Obrador subió a una cúspide impensable: ganó 31 de los 32 Estados del país y sólo perdió Guanajuato. Las cifras de la elección del domingo caen hora tras hora en una danza que legítima la honda mutación que se avecina. Con 24 millones de votos, Andrés Manuel López Obrador es ya el presidente más votado de la historia de México. Morena (Movimiento de regeneración nacional, espina dorsal de la coalición Juntos Haremos Historia) prácticamente borró al PRI del mapa electoral: hasta consiguió quedarse con estados que eran la misma identidad del PRI como Coahuila, Campeche, Estado de México e Hidalgo. El giro ha sido masivo, pero esta vez, a diferencia de la transición del 2000 cuando ganaron los conservadores del PAN con Vicente Fox, la trayectoria fue hacia la izquierda. México expulsó al PRI con una opción progresista que rompió todas las marcas: Vicente Fox desalojó al PRI con casi 16 millones de votos, en 2012, Enrique Peña Nieto se impuso al PAN con 19 millones de votos y López Obrador sepultó a ambos con cerca de 25 millones. Lo único común entre los tres son las esperanzas que, en cada momento de la historia, llegaron a representar. El presidente electo es la esperanza de la transformación radical que él prometió. Su victoria es, ante todo, el triunfo de una idea que nació en 2010 cuando empezaron a gestarse las bases de la que sin lugar a dudas es la mayor innovación política de la América Latina contemporánea: Morena, el movimiento de Regeneración Nacional. ¿Cómo nació? ¿Quiénes son? ¿Cómo articularon un proyecto genuinamente de izquierda sin que nadie se diera cuenta? ¿Hacia dónde van ahora que llegaron al poder y cuál fue la clave de la victoria? A estas preguntas responde Luciano Concheiro, uno de los intelectuales orgánicos del proyecto de Morena y expresidente de la Comisión nacional de elecciones de Morena. Licenciado en Economía (UNAM), especialista en economía política y economía agrícola (Instituto Gramsci, Italia), maestro en ciencias sociales (Flacso) y doctor en desarrollo rural (UAM-Xochimilco), Luciano Concheiro es profesor-investigador en el Departamento de Producción Económica y docente del posgrado en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana. 

 

–Para buena parte de la izquierda latinoamericana Morena es un misterio. Y, sin embargo, llegó al poder.


–Morena es un partido en movimiento. En su primer Congreso tuvimos un gran debate. Primero queríamos conservarnos como movimiento y surgió la idea de que había que ser un partido político para construir una suerte de prefiguración estatal. El gran debate consistió en saber si para cambiar México nos alcanzaba una simple prefiguración estatal, o si debíamos proponernos una prefiguración de sociedad, si al ser un movimiento tu te conviertes en el proceso de configuración de la sociedad posible. Luego alguien planteó y “por qué no un partido en movimiento”. ¿Qué quiere decir esto? Esto significó que se convirtiera en un partido en el hacer y no en el deber ser. Ocultas para mucha gente, ahí había una de las grandes revoluciones de lo que es Morena. Con ello hubo una perspectiva en la cual la inmensa mayoría de la gente que está en Morena no perteneció a ningún partido. Fue la primera vez que hizo política y se inscribió en una organización socio política. Entonces se construyó y se aprobó una propuesta. No nos proponemos construir una prefiguración estatal porque hoy el problema no es nada más el Estado. Morena es al final un partido en movimiento donde no hay casi estructuras, donde la gente se convoca para hacer cosas.


–¿Cómo se articuló esa ida con la victoria presidencial de Andrés Manuel López Obrador? ¿Cuál es la clave?


– Creo que Morena se fue haciendo en la marcha. Un poco como con los zapatistas, no hay un proyecto sino que se fue construyendo mucho alrededor de las prácticas sociales, de alternativas o utopías posibles. Eso puede sonar muy romántico, pero lo que Morena acabó construyendo fue la estructura de donde vive la gente y donde la gente hace su vida. El gran conector con todo esto fue Andrés Manuel López Obrador. Es un líder carismático y un hombre muy ligado a la gente, que le toma mucho el pulso al momento. El captó el conjunto de las relaciones en el país, participó en los grandes debates sobre la construcción del proyecto alternativo del país alrededor de ciertos puntos que tenían que ver con practicas sociales. Un ejemplo: cuando le presentamos a AMLO el mapa de los movimientos socio ambientales en México, buena parte de la agenda fue adoptada. Por eso lo socio ambiental atraviesa el conjunto de Morena. No es un tema más sino un elemento transversal.


–Aún mucha gente, en Europa y América latina, cuestiona la legitimidad de López Obrador como un hombre de izquierda.


–Los que venimos de la vieja izquierda, de la izquierda revolucionaria y nos planteamos la transformación radical del país, hemos encontrado en Morena un lugar donde hay continuidad sobre el elemento de la revolución. La palabra revolución no está prohibida en Morena. Por eso Andrés Manuel López Obrador volvió a plantear que esta es la cuarta transformación. Dijo “nos proponemos abrir la transformación radical del país”. Y recalcó que esto era una revolución, una revolución de las conciencias. Entonces ¿ que es ser de izquierda hoy ?. Esa es la gran pregunta. Hay grupos para quienes el tema de la izquierda pasa por la diversidad sexual, el matrimonio igualitario, por las cuestiones ambientales. Pero yo me pregunto ¿dónde está el planteamiento de la izquierda que diga hay que transformar el conjunto ?. No lo encuentras.


–Hasta ahora se creyó que en México sólo había narcos y corruptos…pero hay una izquierda y una poderosa sociedad que la llevó al poder.


–Esa figura de la invisibilidad de la izquierda de México convino a los intereses de los de arriba. Hablaron de derrota y convirtieron a la izquierda mexicana en algo ligerito, que estaba integrada al sistema y que apoyaba al neo liberalismo. Se olvidaban de algo clave en este país: México es un país de oleadas transformadoras, tiene una memoria impresionante en la transformación social que además incluye un sentido republicano muy profundo. En este país hasta los marxistas son guadalupanos porque sino no somos buenos marxistas porque la Virgen de Guadalupe es la virgen de la Revolución. Se difundió la idea según la cual México era un país insalvable. Para América Latina estábamos ligados a Estados Unidos. Pero aquí hay una trayectoria y yo no creo que haya sido generación espontánea y que gracias a Morena tenemos lo que tenemos. Hoy en México hubo un giro muy importante.


–A partir de ahora la utopía inicial de Morena se convierte en una realidad del poder. ¿Cómo se derrota la violencia, la corrupción y la desigualdad que imperan en México?


–Tiene que ser reconstruyendo la sociedad sobre otras bases, tenemos que atacar las causas. Las causas tienen que ver con los elementos estructurales que Andrés Manuel López Obrador resume en una fórmula que dice “queremos becarios no sicarios”. Esa fórmula que parece simplona terminó prendiendo en la gente porque la gente vio una alternativa en una condición donde no están colocando a una parte de la sociedad afuera, sino tratando de entender que los problemas que tiene esa sociedad tiene que solucionarlos desde su reconstrucción básica. Ahí entra un punto clave: no fue únicamente un cambio de Morena sino que se trató del encuentro de una sociedad que después de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa dijo basta, no más la política del miedo, la necro política que nos va a acabar por terminar. Esa sociedad se atrevió a salir a la calle, a defender a 43 jóvenes estudiantes, campesinos que eran socialistas. ¡Cuidado, qué palabra !. En esa representación estaban los enemigos del Estado neo liberal y, sin embargo, la sociedad dijo basta y cortó. Se dio entonces la conexión de una organización socio política que va en la búsqueda de una conexión con las capacidades de transformación con uno de los movimientos que trastocaron nuestras vidas. Hasta ese entonces se había normalizado la violencia, todo el mundo sabía por donde no pasar para no ser un daño colateral. Se decía “mientras la guerra no sea contra mi que sea contra ellos”. El problema se ve mayúsculo cuando tu ves las cifras que oscilan entre 180 mil y 240 muertos. Esta es una guerra no declarada, punto.


–¿Pero cómo se sale de esa lógica?


–Andrés Manuel ha dicho: tenemos que ir en contra de la impunidad que está ligada a la corrupción. La impunidad arma el sistema político en general. El punto esencial consiste en reconstruir un tejido social institucional donde la gente se pueda sentir segura.


–México retomó su tradición revolucionaria. Esa utopía ya de lo real puede reconectarnos, reconectar a las izquierdas de América Latina y reformular un proyecto de transformación común a partir de México.


–La Revolución Mexicana tuvo una influencia mayor en el conjunto de América Latina. Es el equivalente de lo que la Revolución francesa fue para el conjunto de Europa. El grupo de intelectuales que trabajamos con Andrés Manuel López Obrador dijimos: sólo si nos latinoamericanizarnos y entramos en la lógica de nuestra América como diría Martí tenemos un sentido para la transformación en México. Que Donald Trump le haya dedicado media hora a López Obrador, y a plantear entonces la idea de hacer un proyecto de desarrollo para atacar la causa de la migración, que incluya también a América Central, ya dice mucho. Este sentimiento latinoamericanista va a ser un elemento fundamental. Sin América Latina, nosotros frente al imperio no somos nada. Sin Brasil, sin la Argentina, sin los demás, no podemos enfrentar una política violenta de Estados Unidos sobre nosotros. Nos va a unir un sueño. Por eso uso la idea de nuestra América de José Martí: era un sueño y esos sueños tuvieron sentido con la Revolución mexicana, con los sueños del progreso. El proyecto de Morena es latinoamericanista. La pregunta es si tiene que ser económico o si tiene que ser algo que con México se construya de otra manera, que tiene que arrancar por lo cultural. Creo que hoy hay esa gran oportunidad de arrancar con una idea que nos prenda al conjunto, que nos devuelva al sentido de pensarnos como un universal posible desde América Latina. Creo que eso parte de la necesidad de vernos como un sujeto real actuante. Debemos recuperar el sentido indígena y anti colonial del 91, pero tiene que representarnos al conjunto. Tenemos esa gran oportunidad. Hay mucho para hermanarnos a través del camino cultural.


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Martes, 03 Julio 2018 07:42

AMLO y el poder real

AMLO y el poder real

Ayer, primero de julio, millones de mexicanos salieron a votar, y si no hubo un fraude de Estado monumental, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será el próximo presidente de la República. De no ocurrir nada extraordinario en el periodo de transición, el primero de diciembre próximo AMLO deberá asumir el gobierno. Pero en ese lapso, y aún más allá del mediano plazo, el poder seguirá estando en manos de la clase capitalista ¬trasnacional.

Es previsible, también, que a partir de este 2 de julio, el bloque de poder (la plutonomía, Citigroup dixit), incluidos sus medios hegemónicos (Televisa y Tv Azteca, de Azcárraga y Salinas Pliego, ambos megamillonarios de la lista Forbes), y sus operadores en las estructuras gubernamentales (el Congreso, el aparato judicial, etcétera), escalarán la insurgencia plutocrática buscando ampliar sus privilegios y garantizar sus intereses de clase, y para seguir potenciando la correlación de fuerzas en su favor.


Más allá del ruido de las campañas, el proceso electoral transcurrió bajo el signo de la militarización y la paramilitarización de vastos espacios de la geografía nacional, y de una guerra social de exterminio (necropolítica) que elevó los grados de violencia homicida a límites nunca vistos en el México moderno, similares a los de un país en guerra (naturalizándose en vísperas de los comicios el asesinato de candidatos a cargos de elección ¬popular).


Como recordó Gilberto López y Rivas en La Jornada, ese conflicto armado no reconocido es la dimensión represiva de lo que William I. Robinson denomina acumulación militarizada, cuya finalidad es la ocupación y recolonización integral de vastos territorios rurales y urbanos para el saqueo y despojo de los recursos geoestratégicos, mediante una violencia exponencial y de espectro completo que es característica de la actual configuración del capitalismo; el conflicto y la represión como medio de acumulación de la ¬plutonomía.


Para ello la clase dominante hizo aprobar la Ley de Seguridad Interior. Y está latente, para su ratificación en el Senado, la iniciativa de Diputados de quitar el fuero al presidente de la República; la denominada estrategia de lawfare aplicada a Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, que implica el uso de la ley como arma para perseguir y destruir a un adversario político por la vía parlamentaria y/o judicial; una variable de los golpes suaves de manufactura estadunidense que podría revertirse contra AMLO.


Al respecto, y más allá de su giro hacia el centro y el rediseño de su programa de transición reformista −capitalista, democrático y nacional, con grandes concesiones al bloque de poder dominante−, la llegada de López Obrador al gobierno pudiera implicar, en principio, una ralentización o respiro (Galeano dixit) a la tendencia del mentado fin de ciclo progresista y restauración de la derecha neoliberal en América Latina.


El impulso de una nueva forma de Estado social, sin ruptura frontal con el Consenso de Washington, significará, no obstante, un cambio en la correlación de fuerzas regionales y tendrá tremendo impacto en los pueblos latinoamericanos. Por ello no es para nada inocente –o simplemente centrada en la profundización de las políticas de cambio de régimen en Venezuela y Nicaragua− la reciente gira neomonroísta del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, por Brasil, Ecuador y Guatemala.


Cabe recordar el inusualmente crítico editorial del Washington Post del 18 de junio, que asumió como suficientemente creíbles los nexos de colaboradores cercanos de López Obrador con los gobiernos de Cuba y Venezuela, y las declaraciones del senador republicano John McCain, tildando a AMLO como un posible presidente izquierdista antiestadunidense y las del actual jefe de gabinete de la administración Trump, general (retirado) John Kelly, quien afirmó que López Obrador no sería bueno para Estados Unidos ni para México.


Según asesores de política exterior de AMLO, ante Washington, su gobierno antepondrá la defensa a ultranza de la soberanía nacional; revisará el marco de la cooperación policial, militar y de seguridad (DEA, CIA, ICI, Pentágono, etcétera), y bajo la premisa de que la migración no es un crimen, incrementará la protección de los connacionales irregulares, como si fuera una procuraduría ante los tribunales de Estados Unidos. También revisará los contratos petroleros y de obra pública. Lo que sin duda traerá fuertes confrontaciones con la Casa Blanca y la plutocracia internacional.


Como dice Ilán Semo, en México la Presidencia de la República encierra potencialidades simbólicas insospechadas; una suerte de carisma institucional. No importa quién la ocupe, incluso a un inepto (pensemos en Vicente Fox), el cargo le trasmite un aura: es el Presidente. Tras la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, AMLO quiere trascender a la historia como el hombre de la cuarta transformación. Pero para ello se necesita un cambio de régimen e impulsar grandes saltos en la conciencia política de los sectores populares; sin un pueblo organizado y movilizado tras un proyecto de cambio radical y profundo, no hay carisma que alcance.

Por Carlos Fazio
La Jornada

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Martes, 03 Julio 2018 07:36

Una mujer al frente del DF

Una mujer al frente del DF

Con Sheinbaum en el gobierno de la Ciudad de México y López Obrador en el Palacio Nacional, por primera vez la izquierda mexicana ocupará las dos grandes instituciones ubicadas en la céntrica plaza del Zócalo capitalino.

 

Claudia Sheinbaum, del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), partido de Andrés Manuel López Obrador, venció en las elecciones a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y se convierte así, en la primera alcaldesa electa de la capital.


“Gracias a todas y a todos. ¡Ganamos! Rescataremos la Ciudad de la Esperanza”, publicó Sheinbaum en redes sociales poco después del cierre de urnas este domingo. Con el 49% de los votos escrutados, Sheinbaum obtenía el 47,10% de los apoyos populares, seguida de Alejandra Barrales del también izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien habría cosechado el 30,95% de los sufragios.


Con Sheinbaum en el gobierno de Ciudad de México y López Obrador en el Palacio Nacional, por primera vez la izquierda mexicana ocupará las dos grandes instituciones ubicadas en la céntrica plaza del Zócalo capitalino, una metáfora de la estrecha relación que han mantenido los dos políticos.


La mujer que logró desbancar del gobierno de la capital al hegemónico Partido de la Revolución Democrática (PRD) luego de 21 años en el poder es científica y política, y siempre ha estado vinculada a movimientos de izquierda. Descendiente de judíos europeos llegados a México, Sheinbaum (Ciudad de México, 1962) estudió Física en la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en 1995 en Ingeniería Ambiental en la misma universidad, en la que se incorporó como académica.


Desde sus años como universitaria, Sheinbaum integró el movimiento estudiantil CEU Histórico, que en los años ochenta se enfrentó con la dirección de la UNAM por las reformas académicas que estaba impulsando la universidad.


La ahora electa alcaldesa comenzó, luego, a implicarse en política institucional apoyando la candidatura presidencial del izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas en las polémicas elecciones de 1988, en las que se impuso Carlos Salinas de Gortari entre acusaciones de fraude electoral.


Posteriormente, Sheinbaum participó en la fundación del PRD, formación que ha gobernado en la capital mexicana desde 1997, cuando una reforma política instauró la elección ciudadana del jefe de Gobierno capitalino.


López Obrador, que dirigió la Ciudad de México con el PRD entre los años 2000 y 2005, nombró a Sheinbaum secretaria de Medio Ambiente del gobierno capitalino y, desde entonces, su carrera política ha ido muy vinculada a la del líder izquierdista.


Sheinbaum fue portavoz de la candidatura presidencial de López Obrador en 2006 e integró el llamado “Gobierno legítimo”, ya que AMLO no reconoció la victoria del presidente Felipe Calderón y creó un Ejecutivo simbólico.


Seis años después volvió a intentar hacer el salto al Gobierno federal, cuando López Obrador propuso a Sheinbaum como secretaria de Medio Ambiente en caso de ganar las elecciones. La izquierda volvió a perder esos comicios y Sheinbaum acompañó a López Obrador en una nueva aventura política: la fundación de Morena.


Con esta plataforma, Sheinbaum regresó a la política local y en 2015 ganó las elecciones de la delegación (distrito) de Tlalpan, en el sur de Ciudad de México, como candidata de Morena. Su gestión estuvo en el ojo del huracán tras el sismo del 19 de septiembre pasado, cuando una veintena de niños murieron por el derrumbe del Colegio Rebsamen, ubicado en Tlalpan.


La oposición la acusó entonces de irregularidades en la adjudicación de permisos de construcción de la escuela, reproches que ella rechazó.


Sheinbaum vende como su mayor aval la gestión realizada por López Obrador cuando dirigió la capital mexicana, marcada por una mejora en la seguridad pública y la extensión de programas sociales.
Es previsible que la estrecha relación entre los dos políticos ganadores se materialice en una fuerte cooperación entre el Gobierno federal y el capitalino para combatir los problemas que más afectan a la ciudad más poblada del país: la desigualdad, la delincuencia y la contaminación.

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“Hay que cooperar, no buscar la implosión”

El líder socialista español se define a sí mismo como un “testigo incómodo”, a la vez que critica a los países que buscan aislar a Venezuela. En su rol de mediador, el ex presidente ha viajado 33 veces a Venezuela y 10 a República Dominicana.

 En la sede porteña del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) lo esperan varios veteranos militantes, como Maruja, que le muestra un póster con su cara y le pide sacarse una foto. El ex mandatario José Luis Rodríguez Zapatero, vestido de traje azul, los saluda por unos minutos y accede a un breve diálogo con PáginaI12 y la TV Pública, antes de reunirse con la ejecutiva del partido en Buenos Aires. En unas horas estará viajando a Madrid. Y quién sabe cuánto tiempo pase para que tome un avión a Caracas, ya que Rodríguez Zapatero lleva los últimos tres años como mediador entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición. Ha viajado 33 veces a Venezuela y 10 a República Dominicana. 

El líder socialista español se define a sí mismo como “testigo incómodo” y sostiene que está convencido de que el diálogo es la solución al conflicto, a la vez que critica a los países que buscan aislar a Venezuela. “Discrepo de la posición de una parte de la comunidad internacional que desconoce el proceso electoral. Hay un hostigamiento, unas sanciones económicas que están bloqueando no sólo al gobierno sino al pueblo, al no poder importar productos básicos y medicinas. La comunidad internacional debería cooperar y no buscar la implosión de la situación”.


–Después de la espiral de violencia, de los muertos de ambos lados, de las detenciones de manifestantes, de la realización de elecciones presidenciales que una parte de la oposición no reconoció: ¿el diálogo en Venezuela está en punto muerto?


– En Venezuela tenemos un conflicto de 20 años entre el chavismo y la oposición. En 2002 hubo un intento de golpe contra Chávez. No se puede entender lo que pasa ahora sin atender a ese momento. Porque el gobierno de Maduro tiene la sensación de que vive en amenaza permanente de golpe de Estado. No se explicaría el tema de los presos, yo trabajo para que estén en libertad -en las últimas tres semanas se liberaron a 142 personas–. También hay policías encarcelados. Vi cómo se quemaban vivas a personas por su ideología. El diálogo no solo es un método, un camino, sino que es un fin en sí mismo. Hay que mantener siempre la expectativa de diálogo. Los que no quieren reconocer al presidente, no lo hacen ni con Cuba ni con Corea del Norte, eso se llama tener doble vara.


–En las últimas elecciones en las que fue reelecto Maduro Henry Falcón fue el único candidato de la Mesa de la Unidad Democrática que se postuló.


–(interrumpe) ¿Sabe usted por qué?. Porque la oposición rechazó firmar el acuerdo para realizar los comicios. Pregúntele al gobierno de República Dominicana, estábamos allí. Si Venezuela está mal, ayúdele. Esa es mi visión de las relaciones internacionales. Todos los conflictos tienen que tener una salida pacífica y negociada. En Venezuela hay que refundar el diálogo, unos tienen que reconocer a los otros. Un enfrentamiento civil sería muy desestabilizador para la región.


–La región ha dado un giro a la derecha. En Argentina y Brasil las políticas económicas que se aplican están dando un efecto muy negativo para las mayorías.


–La democracia es cíclica, pero cada país tiene su propia dinámica. Más que girar a la izquierda o a la derecha, lo importante para Latinoamérica es que gire para unirse. Lo estamos viendo en Argentina: si hubiera una unión latinoamericana seguramente no hubiéramos tenido que contemplar y pedir recursos externos, porque hoy un país mediano o pequeño en la globalización de los mercados tiene muy poca capacidad de defensa. Con la crisis financiera en Europa si no hubiese sido por la unión de los europeos, con un Banco Central Europeo poderoso, habríamos tenido problemas quizá irresolubles. Yo quiero ver que haya un cambio a favor de la unión latinoamericana y caminar hacia una unión política, como sería un parlamento latinoamericano, con una unión económica y comercial.


–Hoy encontramos un Mercosur estancado y una Unasur dividida…


–Vivimos en un tiempo de aceleración y de sorpresas. Puede pasar cualquier cosa. Voy a confesar algo: nadie esperaba una semana antes lo que pasó con Argentina y la crisis de los mercados. Al revés, había un clima favorable, por lo menos es lo que yo percibía en la comunidad financiera internacional.


–¿Y ahora que percibe?


– Yo confío más en Argentina que en los mercados. Ahora otra vez se ha levantado la sospecha, y cuesta recuperarse.


–En Argentina se dio media sanción a la ley de despenalización del aborto. España sirve como antecedente, siendo que la norma fue aprobada durante su gobierno. ¿Qué puede decir al respecto?


–Después de ocho años de aprobación de la ley, el balance es muy positivo, porque se ha reducido notablemente el número de interrupciones voluntarias del embarazo. Porque hay más educación, más información. La legalidad de las cosas es siempre el camino para que mejoren. Es poner legalidad y normalidad donde hay ilegalidad y riesgo.


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Lunes, 02 Julio 2018 09:53

Transar

Transar

Para estas elecciones, Andrés Manuel López Obrador ha incluido en su equipo político a figuras del mundo empresarial. Quien encabezó la redacción de su programa político fue Alfonso Romo, un magnate ex dueño de una empresa de semillas transgénicas. Y su futuro ministro de Agricultura es un lobista pro transgénicos.

 

La alianza del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el Partido Encuentro Social, evangélico, movió políticamente a López Obrador hacia la derecha. El acuerdo de campaña fue anunciado públicamente a fines de diciembre pasado, y la coalición Juntos Haremos Historia permitirá amplificar al Pes y el PT, ya que obtendrán la mitad de los escaños parlamentarios que coseche la alianza.

Además de estos integrantes, otras figuras conservadoras empezaron a sumarse a la coalición. Uno de los primeros en hacerlo fue el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, quien se convirtió en el candidato único al gobierno del estado de Morelos, luego de que el ex rector de la universidad de ese estado, Alejandro Vera, que también pretendía el cargo, cediera el lugar al deportista.


En fila detrás del “Cuau” saltaron al Morena figuras como Manuel Espino, que fue presidente del Pan y, aunque él lo ha negado, se lo vincula a un grupo de ultraderecha llamado El Yunque. No mucho tiempo después, también se sumó el militar retirado Julián Leyzaola, que, según detalla la periodista Marcela Turati, “tiene en su historial 19 recomendaciones por violaciones de derechos humanos y 25 averiguaciones previas y actas circunstanciadas ante autoridades estatales y una por la Procuraduría General de la República por delitos como tortura y homicidio” (Proceso, 18-V-2018).


UN MAGNATE DE TIMONEL.


Otro que se integró al equipo de campaña de López Obrador es Alfonso Romo, un magnate de Nuevo León, titular del Grupo Pulsar, que maneja empresas en diversos rubros, incluidos los transgénicos. Romo pasó a liderar el trabajo de redacción del “proyecto de país” de López Obrador, un candidato que públicamente defiende una posición “contra la mafia del poder”. En una entrevista publicada esta semana en El Heraldo de México, Romo explicó que, cuando comenzaron a trabajar juntos, la instrucción que le dio López Obrador fue que necesitaba “crear confianza”, y que por eso Romo le había hecho “un plan de gobierno de centro que toma en cuenta a los olvidados”.


El proyecto presentado por Romo se centra en eliminar la corrupción, con lo que se recuperaría el equivalente al 10 por ciento del Pbi y con eso se financiarían las obras de infraestructura y la generación de empleos que el país necesita. Y López Obrador refrendó la lectura de que la corrupción es el verdadero mal detrás de la desigualdad. En una entrevista que le dio al canal Televisa dijo: “El problema no es que el empresariado acumule riqueza y no la distribuya. (En) México la causa principal de la desigualdad es la corrupción. La monstruosa desigualdad que tenemos no se debe a la explotación del empresario al obrero, puede ser, pero no es lo determinante. Lo principal es que la desigualdad de México se ha mantenido y se ha acrecentado y es monstruosa por la corrupción. Nada ha dañado más a México que la deshonestidad, es la causa principal de la desigualdad social.


A dos días de las elecciones, en un acto público, López Obrador anunció que, de ser electo presidente, Romo sería su jefe de gabinete. Ya había anunciado quiénes serían sus ministros a mediados de diciembre pasado. Entre esas designaciones sorprendió la de la cartera de Educación, que recayó en Esteban Moctezuma Barragán, titular de la Fundación Azteca, parte del conglomerado mexicano de medios TV Azteca. Pero el nombre probablemente más preocupante sea el del probable futuro secretario de Agricultura: Víctor Villalobos. Sin embargo esto no ha generado demasiado revuelo, los únicos que denunciaron su presencia en un futuro gobierno del Morena fueron los activistas de Greenpeace. “Nuestra reacción fue inmediata. Greenpeace es una organización apartidista, mas no apolítica, y en ese sentido denunciamos a candidatos que tienen o promueven conductas que deterioran el ambiente y afectan la salud humana”, comentó a Brecha María Colin, asesora legal de Greenpeace en México.


TRANSGÉNICOS.


Villalobos, explicó la abogada –que lleva el litigio de las comunidades mayas de Campeche y Yucatán, y que logró a mediados del año pasado que se revocara el permiso de siembra de soja transgénica de Monsanto–, ocupó varios cargos gubernamentales desde principios de este siglo y fue el primer director de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. “Hemos seguido en el tiempo su trayectoria pro-transgénicos, y nuestra gran crítica contra él, entre muchas, es haber permitido el llamado ‘Tlc transgénico’ entre Canadá, Estados Unidos y México, en el cual, mediante un acuerdo regional, se permite un 5 por ciento de tolerancia a las semillas transgénicas en los embarques entre los tres países”, explicó.


Colin sugirió que es muy probable que el vínculo entre el candidato López Obrador y Villalobos lo haya forjado Alfonso Romo, quien fue dueño de la empresa productora de semillas Seminis, que en 2003 vendió a un empresario estadounidense, Fox Paine, quien dos años después fusionó esa empresa con Monsanto.


Desde 2016, cuando se falló en la causa “Demanda colectiva del maíz” prohibiendo la siembra de maíz transgénico en México, hay presiones desde el sector agrícola industrial por allanar el camino a esta tecnología. Como señala Colin, las dudas todavía son muchas y resta ver si la designación de Villalobos significa una luz verde para las grandes trasnacionales que concentran el mercado de producción de semillas, en un momento en que su avance en México está detenido.


Aunque, señaló la abogada, “Villalobos lleva muchos años promoviendo esta tecnología, ¿por qué de repente, en un proyecto nacional, va a asumir una postura distinta?”.

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Exigen miles en Estados Unidos justicia para todos

La Campaña de los Pobres, última movilización del reverendo Martin Luther King en 1968, resucitó en los pasados 40 días con acciones de decenas de miles alrededor del país, culminando ayer con una manifestación en Washington de miles de comprometidos a luchar contra la desigualdad económica, el racismo y el militarismo –triplete de males identificados por King hace medio siglo–, así como en rechazo de la devastación ecológica y ahora en favor de los niños migrantes.


Miles de líderes religiosos –cristianos, judíos y musulmanes, entre otros–, sindicalistas, pacifistas, veteranos de luchas por los derechos civiles, ambientalistas, indígenas, estudiantes y organizadores comunitarios de varias partes del país marcharon en Washington no sólo para conmemorar el 50 aniversario de cuando la Campaña de los Pobres instaló una ciudad de carpas sobre el parque, frente al Capitolio, con miles de luchadores sociales y comunidades pobres, sino para anunciar que esto apenas es el inicio de un nuevo movimiento del siglo XXI para lograr justicia para todos en este país.


Encabezados por el reverendo William Barber y la reverenda Liz Theoharis, quienes durante un par de años han impulsado la reinauguración de este movimiento, los manifestantes declararon que su propósito es recuperar el gobierno para el pueblo y promover una revolución de valores.


Barber declaró a los manifestantes que es el principio de un levantamiento moral a través de Estados Unidos.


Entre otros, marcharon el reverendo Jesse Jackson –quien como uno de los asistentes de King ayudó a coordinar la acción hace 50 años, semanas después del asesinato de su líder– y el actor y activista Danny Glover.


“Hace 50 años el doctor King llamó a los pobres y a los desposeídos de todas las razas a unirse y actuar en conjunto –convertirse en una nueva e inquietante fuerza en nuestra vida nacional complaciente. Hoy, por todo el país, esa fuerza inquietante ha llegado, declaró Theoharis.


En las pasadas seis semanas la Campaña ha realizado múltiples acciones de desobediencia civil en 40 capitales, donde más de 2 mil activistas fueron arrestados, e innumerables foros, consultas, vigilias y más.


Los líderes de la Campaña tildaron ayer la separación de niños migrantes de sus familias de una de las expresiones más intolerables de las políticas contra los pobres. El reverendo Jackson afirmó: No descansaremos hasta que los niños en la frontera sean reunificados con sus familias. En la marcha se coreaba, entre otras consignas, levántese, mi gente, mis cóndores, mis águilas. Ningún ser humano jamás será ilegal. Ello, en inglés y español.


Hoy se marca, afirmaron, el comienzo de otra fase que busca construir un nuevo movimiento desde abajo para presionar a los políticos a escala local, estatal y nacional, con el objetivo de abordar los temas de justicia económica, racial y ambiental. También, revertir las políticas que se impulsan contra pobres, trabajadores y migrantes durante las últimas décadas en este país. Anunciaron un esfuerzo masivo para movilizar a los 140 millones de personas pobres y de bajo ingreso para poner fin a la política violenta que los mantiene encadenados a la pobreza.


https://www.poorpeoplescampaign.org
Más información en http://www.jornada.com.mx/sin-fronteras

 

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Lunes, 18 Junio 2018 07:01

Colombia: un país distinto

Colombia: un país distinto

Si Duque no hubiera sido el candidato menos agresivo para los votantes indecisos, no habría ganado esta batalla de miedos

Una propuesta de izquierdas ajena a los partidos tradicionales ha logrado ocho millones de votos en Colombia. En la primera vuelta, una plataforma de centro progresista alcanzó los cuatro millones y medio, sumando más de nueve junto a la primera. La victoria, la presidencia, ha recaído sobre el candidato más moderado y más limpio de todo el menú que tenía a su disposición un expresidente que tuvo que quedarse sentado, en segundo plano, durante la celebración de la noche electoral. El más asociado con el establishment ni siquiera alcanzó el 8%: ni las maquinarias ni la opinión (si es que marcar una división entre ambas tiene sentido) le dieron su confianza.


Por todo ello, Colombia ya es un país distinto.


Un país que recogerá Iván Duque, que logró ampliar la coalición del “no”, o del uribismo (que tuvo 6.5 millones en 2016, y 6.9 millones en 2014). Hay tres maneras de leer esto: una, la simple (casi simplista), vendría a decir que el uribismo gana adeptos. Otra, probablemente más ajustada a la realidad e igualmente popular, atribuiría la victoria de Duque al miedo a Petro: el "argumento Venezuela" ha funcionado, y le ha dado esos votos extra. Sin embargo, la tercera explicación es necesaria para que la segunda también sea cierta: si Duque no hubiera sido el candidato más centrado, menos agresivo para los votantes indecisos, no habría ganado esta particular batalla de miedos en que se ha convertido la segunda vuelta.


En definitiva, el núcleo duro del uribismo tiene que aceptar que sus dudas sobre la idoneidad de Duque como candidato eran infundadas. Sin embargo, ahora vendrán las cuestiones sobre el Duque presidente. Y sobre él, como candidato que ha logrado aunar a la derecha y al centro-derecha, penderá una duda que es al mismo tiempo una amenaza que tiene dos ejecutores. La duda es si, o cuánto, se va a distanciar Duque de Uribe. Quizás se da un volteo tan radical como el de Santos en el ciclo 2010-2014, que reconfiguró toda la política colombiana al traicionar a su padrino, el expresidente. Pero es posible también que todos, incluso el propio Uribe, haya descontado cierto giro. Pero, ¿hasta dónde? Y aquí entra la amenaza: si no se mueve tanto como esperan sus votantes moderados, quizás su plataforma sufra un castigo en 2022. Pero si se mueve demasiado, tal vez otros se sientan traicionados. Duque es, en no poca medida, una caja de esperanzas para una coalición más heterogénea de lo que parece a simple vista.


Colombia es también un país en el que un candidato de izquierda puede alcanzar más de un 40% de los sufragios. Aunque pase a la segunda vuelta por sólo 300.000, esto significa que una parte importante (si bien no mayoritaria) de los votantes progresistas están dispuestos a ponerse detrás de una propuesta en el extremo del espectro político. Es cierto que, probablemente, muchos de ellos llegarán ahí sin entusiasmo y con dudas. El apoyo de dos miembros clave del centro regeneracionista como Claudia López y Antanas Mockus habrá sido importante para disipar parte de las mismas. Así que ahora, en la oposición, se abre una dinámica que durante cuatro años combinará cooperación y conflicto.


Gustavo Petro cuenta con la impresionante cifra de la primera vuelta y con el recientemente aceptado puesto en el Senado que le dará una plataforma mediática sin par. Mientras, el centro (sea Fajardo quien lo siga representando, sea otro) tendrá en su mano los votos que ganó en primera vuelta. Ambos comparten el interés en derrocar a la derecha, pero discrepan en cómo hacerlo, y sobre todo en qué hacer una vez lo logren. Estas diferencias son demasiado grandes y demasiado evidentes como para que desaparezcan en tres semanas, o en cuatro años. Pero la verdad es que Petro ganó dos veces en ese periodo de tiempo: una, cuando realmente sobrepasó al centro. Otra, cuando alcanzó el umbral psicológico del 40%. De ahí la esperada combinación de cooperación y conflicto: un resultado más pobre de Petro le habría dado alas a sus rivales, pero habría hecho falta una diferencia mayor el 27 de mayo para darle a la izquierda el reinado indiscutible de la oposición. Esta lucha solapada tendrá como primera meta volante las elecciones locales y regionales de octubre de 2019.


En definitiva, Colombia es un país donde las luchas ideológicas dentro de cada bloque (el conservador, que ahora está en el gobierno, y el progresista, que ocupará la oposición) van a definir los próximos cuatro años. Lo cual reproduce en cierta medida las dinámicas de la larguísima campaña que llevó al país a la primera vuelta, a la que probablemente ha sido la elección más plural de la historia de la República. También la más pacífica en medio siglo. Y ambos factores están íntimamente relacionados. Porque el país continúa embarcado en un ciclo que ha abierto la política. Lo ha hecho, por un lado, a segmentos e ideas tradicionalmente excluidos (como la izquierda). Pero, por otro, ha profundizado en una fragmentación de las élites establecidas que también favorece la multiplicación de perspectivas. En otras palabras: si todo sigue como hasta ahora, Colombia será, cada vez más, un país plural.

Por JORGE GALINDO
18 JUN 2018 - 08:58 CEST

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¿Nuevos tiempos, nueva Constitución?

Ya funciona en Cuba una comisión parlamentaria encargada de modificar la Constitución y crear un marco legal para las “nuevas formas de gestión” –inversión extranjera, pequeños negocios privados y cooperativas no agropecuarias– promovidas por el gobierno.

 Alguna vez, entre finales de los años noventa y principios de los dos mil, se comenzó a hablar en Cuba de la necesidad de eliminar la “doble moneda”. Dos décadas más tarde esta práctica persiste. Ni siquiera la preocupación de Fidel Castro por la circulación de una moneda paralela (la población llegó a emplear incluso el dólar estadounidense) bastó para cambiar una realidad que abrió las puertas al fenómeno social más temido por la ortodoxia revolucionaria: la desigualdad.

“Antes del Período Especial todos éramos prácticamente iguales, pero cuando se cayó la Urss y quitaron la prohibición de tener dólares, ese sueño se desvaneció”, comenta Caridad, una vendedora de divisas de la ciudad de Matanzas, cien quilómetros al este de La Habana. Hace alrededor de diez años que compra y vende Cuc, el peso cubano “convertible”, equivalente al dólar y 25 veces más valioso que el peso cubano “normal” o Cup. Se trata de un negocio ilegal, que le asegura unos ingresos constantes y nada despreciables, confiesa.


A Caridad no la inquieta que algún día vaya a desaparecer su fuente de recursos: “Cuando empecé en esto ya decían que iban a quitar los Cuc, y todo ha seguido como si nada. Posiblemente, ese cambio no lo vean ni mis hijos”.


La historia parece darle la razón. La celeridad no ha sido nunca característica distintiva de los gobiernos de la revolución. Ni siquiera a comienzos de la década de 1990, cuando La Habana quedó prácticamente aislada en el mundo luego de la desaparición del socialismo real. Por entonces Fidel Castro condujo con cautela extrema un proceso de reformas que se extendió de 1991 a 1997 y tuvo como premisa no adoptar decisiones que pusieran en peligro “las conquistas del socialismo”. Una década más tarde, en julio de 2006, Raúl Castro relevó de forma inesperada a su hermano. Apenas asumida la nueva responsabilidad, el general de Ejército enarboló como bandera el principio de “avanzar sin prisas pero sin pausa”, un compromiso que cumplió al pie de la letra… sobre todo en cuanto al primer aspecto.


El pasado 19 de abril, durante la entrega oficial de la presidencia a su sucesor, Miguel Díaz-Canel, Raúl Castro señaló la necesidad de contar con una carta magna más acorde a la realidad del país. El principal motivo detrás de esta iniciativa del gobierno es adecuar el marco legal existente a los grandes cambios económicos que se vienen dando en la isla desde hace más de una década, por ejemplo con el emergente sector privado.


UN PROCESO EXPRÉS.

La redacción de la nueva Constitución, anticipaba Raúl Castro, estaría a cargo de “una comisión de diputados que se propondrá a ustedes (la Asamblea Nacional del Poder Popular, Anpp) en el mes de julio”, es decir al comenzar el período ordinario de sesiones (uno de los dos que en el año establece la ley para la Anpp). Pero cuando el pasado 28 de mayo el Palacio de la Revolución anunció inesperadamente la convocatoria anticipada de la legislatura quedó claro que el proceso de reescritura de la Constitución era una de las principales prioridades del gobierno. El sábado pasado fueron aprobados los 33 nombramientos de la comisión constituyente, que –como cabía esperar– es presidida por Raúl Castro en su condición de primer secretario del Partido Comunista. Tampoco se dejó margen a la improvisación al elegir al resto de los constituyentes. Treinta de los puestos están ocupados por dirigentes políticos o administrativos a distintos niveles. Los tres restantes son un historiador muy vinculado al Comité Central del partido, una jueza de un tribunal de provincia, y Raúl Castro.


De la labor de este grupo emergerá un anteproyecto de reforma constitucional que luego transitará por dos períodos de discusión en la Asamblea y un proceso de consultas entre la población, antes de ser sometido a un referéndum nacional.


Tal como lo señaló la periodista Andrea Rodríguez, de Associated Press (AP), esta iniciativa del gobierno llega tras una década en que “se configuró un país diferente: se abrieron las puertas a una incipiente iniciativa privada y al mercado de bienes raíces, al tiempo que miles de personas ostentan orgullosas su doble ciudadanía –prohibida por la carta magna– y los derechos de la comunidad gay están en franco avance”.


Crear un marco constitucional para las “nuevas formas de gestión” promovidas por la política de actualización económica –inversión extranjera, pequeños negocios privados y cooperativas no agropecuarias– es una de las principales prioridades del gobierno cubano, así lo han manifestado varios de sus funcionarios en diferentes ocasiones.


AGENDAS DIVERSAS.

Mientras el gobierno pretende circunscribir la reforma a algunas cuestiones económicas y otras de orden “administrativo” (como el límite de dos mandatos promovido por Raúl Castro para los principales cargos públicos), hay sectores sociales que esperan que este proceso incluya también otros cambios de carácter político (que probablemente sean más difíciles de conseguir). Y aunque muy tímidamente, ya han comenzado a promover sus propias agendas.


Tal es el caso de la comunidad Lgtbiq, interesada en la regularización de derechos, como el matrimonio igualitario; por otra parte, en círculos académicos, sobre todo de ciencias políticas, se discute y promueve la posibilidad de profesionalizar a los diputados de la Asamblea Nacional y reducir su número (en la actualidad son 605); y entre la disidencia y ciertas franjas de la intelectualidad se considera la oportunidad de comenzar un período de transición hacia el pluripartidismo o un sistema electoral diferente, con todo lo que esa nueva circunstancia pudiera implicar. Desde la izquierda se discute cómo modificar el sistema político, mientras que desde la derecha se intenta buscar las maneras de remplazarlo.


“Esta podría ser la contienda política más importante de los últimos años en Cuba, porque va a haber un debate muy importante”, consideró en una entrevista reciente con AP el abogado cubano y profesor de la Universidad de la Habana Julio Antonio Fernández Estrada, para quien la gran pregunta que estará en discusión es en qué tipo de sociedad vivirán sus conciudadanos en el futuro.


LEGITIMACIÓN.

“La intención política de acometer su reforma (de la Constitución) en el contexto de cambios que experimenta la sociedad cubana forma parte de un proceso mucho más complejo que le trasciende”, reflexionaba en febrero pasado el ensayista y profesor de la Universidad de Oriente René Fidel González García. En una larga conversación con los redactores del sitio digital cubano de izquierda La Tiza, alertaba que cualquier acción que se emprenda en ese sentido deberá tener en cuenta “la urgencia de blindar, ampliar y modernizar en derechos, institucionalidad y prácticas ciudadanas los logros y estructuras civilizatorias alcanzadas en Cuba (…) pero también las necesidades de legitimación y construcción de consensos políticos y sociales”.


La actual Constitución –de fuerte influencia soviética– entró en vigor en febrero de 1976 avalada en un referéndum por más del 98 por ciento de la ciudadanía. En sus más de cuatro décadas de vigencia ha sido objeto de dos reformas importantes. La primera en 1992, a tenor con el comienzo del Período Especial (la crisis económica provocada por la desaparición de la Unión Soviética), cuando se buscó democratizar el sistema de gobierno otorgando a los ciudadanos el derecho a elegir los diputados nacionales y los delegados a las asambleas de las provincias, y fueron creados los Consejos Populares, las instancias de administración local. El segundo proceso modificatorio tuvo lugar en 2002, en respuesta al llamado Proyecto Varela, una suerte de consulta alternativa promovida por grupos disidentes. Por entonces, Fidel Castro impulsó la recolección de millones de firmas reclamando que se modificara la carta magna, incorporando en su articulado el “carácter irrevocable del socialismo”.


Dieciséis años después la realidad de la isla conserva sólo unas pocas trazas de aquellos contextos históricos. Hoy más de una décima parte de su fuerza laboral está empleada en el “sector no estatal” –es decir en el privado–; alrededor de 40 mil cubanos emigran cada año, y gana protagonismo una pequeña pero pujante clase media. Es un país que ha cambiado


La persistencia de la doble circulación monetaria –con su carga de inflación y restricciones al consumo para el ciudadano de a pie– pudiera considerarse un ejemplo paradigmático en Cuba. Modificar la Constitución seguramente resultará más fácil que eliminar una moneda de su sistema económico. En su discurso de investidura, el nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anticipó el derrotero que guiaría todos los ámbitos de su administración, incluido el tema de la actualización constitucional: “No habrá lugar en Cuba para quienes luchan por la restauración del capitalismo”, aseguró. Llevarlo al papel no se perfila como algo demasiado complicado; la cuestión es cómo asegurarse de que ello no ocurra en la realidad.

 

Amaury Valdivia

8 junio, 2018

Publicado enInternacional