Viernes, 08 Junio 2018 06:41

Medio siglo de educación popular

Medio siglo de educación popular

Entre las múltiples creaciones que alumbró la "revolución mundial de 1968" (concepto acuñado por Immanuel Wallerstein), la educación popular es una de las más trascendentes, ya que ha cambiado en profundidad los modos como concebimos y practicamos el acto educativo, en particular en el seno de los movimientos anti-sistémicos.

En 1967 Paulo Freire publicó su primer libro, La educación como práctica de la libertad, y en 1968 redacta el manuscrito de Pedagogía del oprimido, que se publica en 1970. Este libro influyó sobre varias generaciones y llegó a vender la astronómica cifra de 750 mil ejemplares, algo extraordinario para un texto teórico. Desde la década de los años setenta los trabajos de Freire fueron debatidos en los movimientos, que adoptaron sus propuestas pedagógicas como forma de profundizar el trabajo político de los militantes con los pueblos oprimidos.

Una de las principales preocupaciones de Freire consistía en superar el vanguardismo imperante en esos años. Defendía la idea de que para transformar la realidad hay que trabajar con el pueblo y no para el pueblo, y que es imposible superar la deshumanización y la internalización de la opresión sólo con propaganda y discursos generales y abstractos.

De ese modo sintonizaba con los principales problemas legados por la experiencia de la Unión Soviética, pero también abordaba críticamente los métodos de trabajo de las guerrillas nacidas al influjo de la revolución cubana. Casi la totalidad de la generación de militantes de las décadas de 1960 y 1970 estábamos firmemente convencidos de representar los intereses de los sectores populares (incluyendo pueblos originarios y descendientes de esclavos arrancados de África), pero no se nos ocurría consultarlos acerca de sus intereses y menos aún sobre sus estrategias como pueblos.

Creo que la educación popular es una de las principales corrientes de pensamiento y acción emancipatoria nacidas en el entorno de la revolución de 1968. Buena parte de los movimientos tienen alguna relación con la educación popular, no sólo en sus prácticas educativas y las pedagogías que asumen, sino sobre todo en los métodos de trabajo en el seno de las organizaciones.

Freire se mostraba preocupado por transformar las relaciones de poder entre los revolucionarios y entre éstos y los pueblos (el vocablo revolución es uno de los más usados en Pedagogía del oprimido), probablemente porque estaba intentando superar los límites del proceso soviético. Sus propuestas metodológicas buscaban potenciar la autoestima de los oprimidos, jerarquizando sus saberes, que no los consideraba inferiores a los saberes académicos. Se propuso acortar las distancias y jerarquías entre los educadores-sujetos y los alumnos-objetos, con métodos de trabajo que mostraron enorme utilidad para potenciar la organización de los sectores populares.

Gracias a las formas de trabajo de la educación popular, los oprimidos pudieron identificar el lugar estructural de subordinación que los atenazaba, lo que contribuyó a la creación de las más diversas organizaciones de base en todo el continente.

En la década neoliberal de 1990, la educación popular fue tomando otros caminos. Un excelente trabajo de la socióloga brasileña Maria da Gloria Gohn (goo.gl/zBZVks), destaca que se produjo un profundo viraje que llevó a la "profesionalización" de los educadores populares, se debilita la horizontalidad y se consolidan relaciones de poder entre los que enseñan y los que aprenden. Los educadores populares van dejando de la lado la relación militante con sus alumnos para vincularse con la población como "grupos de beneficiarios".

La mayoría de los educadores populares trabajan para ONG (antes eran militantes organizados que, por supuesto, no recibían paga) y se difunde la idea de que "los gobiernos ya no son el enemigo sino fomentadores de iniciativas sociales para incluir a los excluidos". En adelante, la educación popular se dirige a individuos y ya no a sujetos colectivos, las metodologías ocupan un lugar central desplazando los debates político-ideológicos y el concepto de "ciudadano" sustituye al de "clase".

Los educadores populares tienden a convertirse en auxiliares rentados de las políticas estatales cuando, señala Gohn, dejan de luchar por la igualdad y el cambio social y trabajan para "incluir, precaria y marginalmente, a los excluidos". Los posgrados ocupan el lugar que antes tenían los educadores-militantes, mientras predomina un estilo que deja de lado la organización para la lucha, para adoptar la agenda de las financiadoras internacionales interesadas en proyectos para "aprender a insertarse en una economía desregulada y en un mercado de trabajo sin derechos sociales".

Es evidente que no todos los educadores populares tomaron este camino. Aunque un sector mayoritario se ha incorporado a los ministerios de Desarrollo Social durante los gobiernos progresistas, aún con críticas e insatisfacciones, el sector más activo y rebelde trabaja junto a los nuevos movimientos, a las fábricas recuperadas y los campesinos sin tierra, y dedican tiempo y esfuerzos para la formación con sectores populares rurales y urbanos.

Una porción considerable de la nueva generación de educadores populares (sin título y sin nombre) se dedica a aprender los saberes populares en sus territorios, no para codificarlos ni usarlos con fines propios sino para potenciar la organización de los de abajo. El historiador chileno Gabriel Salazar sostiene que los sectores populares se educan a sí mismos, en sus espacios y en base a sus cosmovisiones. "El objetivo de la autoeducación popular es crear poder", sostiene.

Los caminos se bifurcaron, como suele suceder en todos los procesos emancipatorios. Lo importante es que la educación popular está viva, que viene mutando desde que emergen nuevos sujetos colectivos y que tiene la capacidad de incorporar saberes de los pueblos. Una parte de los educadores decidió que la pedagogía crítica consiste en bajar y no subir.

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Leonardo Padura: “El cambio en Cuba todavía no ha significado nada”

El escritor cubano, premio Princesa de Asturias de 2015, señala la salud del género negro tras la concesión del galardón a Fred Vargas

 

A Leonardo Padura le preocupa el reguetón. Hasta el barrio de La Habana donde se crió y donde aún vive llegan los ritmos y letras actuales, que no termina de aceptar. “Es una muestra muy reveladora, creo, de cómo se manifiesta la sociedad cubana”. No es que la tenga cogida con el reguetón, no, porque para él el reguetón actual no es una causa, sino una consecuencia de un estado social y ético. “Pasó de ser socialmente agresivo, un poco contestatario, a ser soez; luego pasó a ser pornográfico y ahora, directamente, es algo escatológico”, lamenta.

En esas estamos. El maestro cubano de la novela policiaca está en Madrid, a donde ha llegado desde Asturias y donde se quedará para firmar ejemplares en la Feria del Libro. Lleva desde las siete de la mañana dando vueltas por la ciudad. Llega a Casa de América bajo una gorra verde pistacho y con una riñonera en la cintura, y llega a la carrera, de hacerse junto a su mujer unos análisis de sangre —el médico, un amigo, tomaba vacaciones y solo podía atenderlos ayer a primera hora—. Viene de Oviedo, donde el jueves se falló el premio Princesa de Asturias de las Letras a Fred Vargas, en el que ha participado como jurado y que a él le fue otorgado —“para colmo y exageración”, dice— en 2015.


En los últimos cinco años, tres de los escritores que han ganado el Princesa de Asturias escriben novela negra. El irlandés John Banville, la francesa Fred Vargas y Padura. Esto, para el cubano, “certifica la vitalidad y el respeto del género”. “La novela negra son variaciones sobre cinco o seis temas: muerte, violencia, corrupción, miedo… vistas desde el lado oscuro, de la criminalidad. Sobre esas variaciones se pueden tocar muchos temas”, resume, y señala a Montalbán como el gran cronista de la España de finales del siglo XX, a Mankell como historiador de la decadencia del milagro sueco, o a Márkaris como testigo de la crisis griega.


¿Tiene el premio Princesa de Asturias más peso un año en que no se entregará Nobel de Literatura? “¡No sé si decirte cosas que se conversaron allí! [ríe] Pero sí, ese tema se mencionó. Yo creo que el Premio Nobel, con independencia de los problemas internos de la Academia Sueca, necesita una revisión. Trataron de romper con los esquemas y creo que fue un intento fallido”, explica. “A Bob Dylan le daría el premio Nobel de Música. Pero murió Philip Roth y no tuvo el Nobel. Va a morir Kundera y no lo tuvo tampoco. Y antes, por mencionar dos ejemplos en lengua castellana indiscutibles, no lo tuvieron ni Borges ni Carpentier”.


A finales de 2017 terminó la novela que publicó a principios de año, La transparencia del tiempo, de la serie de Mario Conde. ¿En qué anda ahora? “Necesito un tiempo. Y espacio mental”, se justifica. No solo por el agotamiento que supone escribir, sino porque es un firme defensor de la teoría de que si uno escribe una novela justo después de acabar otra, al final sigues escribiendo la misma. Pero sí, hay algo en mente, algo que está “pensando, sin escribir nada aún, solo investigando. Una novela que tiene que ver con la diáspora cubana, una historia de personajes entrelazados”. Se refiere a la diáspora de su generación, no la diáspora histórica de los primeros años de la revolución. “Me interesa por el trauma que fue para los míos. Y porque creo que la novela cubana sobre el emigrante contemporáneo no me ha satisfecho. La visión del cubano de Miami ha sido muy plana. Habría que tratar de entender un poquito más qué ha pasado”.


¿Y qué piensa sobre Cuba, sobre el nombramiento de Miguel Díaz-Canel? “El hecho de que haya habido un cambio de figuras en la presidencia todavía no ha significado nada en cuanto a estilo o política”, señala. “Me imagino que en unos meses habrá alguna señal, porque hay varias deudas que están pendientes, sobre todo en economía. Hablamos de un país que lleva 28 años en crisis”, dice antes de señalar que la de ahora en Cuba es una generación menos romántica, y más escéptica. “Y hay otro fenómeno del que hablaré en la novela, que es que muchos de los más capaces se han ido. Un desangramiento de talento”. “El Gobierno necesita revisar cambios profundos, y no sé si tendrán una varita mágica para resolver tantas cosas”, termina, y se encoge de hombros. Quién sabe. Quizá el cambio en Cuba empiece por el reguetón.


“Con Asturias tengo una relación muy especial”, recuerda el escritor cubano, nacido en La Habana en 1955. “Fue el primer lugar de España que me recibió, en la primera Semana Negra de Gijón, en 1988”. Se pregunta Padura por la importancia de ese evento, la Semana Negra de Gijón, y se muestra convencido de que en algún momento habrá que hacer una valoración “de lo que ha significado”. En ese 1988 que la visitó por primera vez acudió como periodista, antes de escribir ninguna de las novelas del detective Mario Conde que le darían nombre internacional. Y recuerda que allí conoció a Vázquez Montalbán, a Andreu Martín, a González Ledesma, a Paco Ignacio Taibo... Habla del gremio y sonríe. Hay quien dice que, dentro de los escritores, los que mejor se llevan (¿los únicos?) son los que frecuentan el género negro. “Los escritores policiacos somos muchos pero a la vez somos pocos, y se crean relaciones de amistad”, explica, y cuenta cómo en Gijón tuvo su primer encuentro con Vázquez Montalbán, del que terminaría siendo anfitrión en Cuba cuando el barcelonés escribió Y dios entró en La Habana.


“Pero sí”, dice, “el mundo literario es un mundo absolutamente competitivo. Y es absurdo competir en el mundo literario. Barça y Madrid se entiende que compitan, porque solo gana uno. Pero en literatura cada uno tiene el espacio que merece. Hay, sí, espacios inmerecidos, y ausencias inmerecidas también. Pero cada uno tiene lo que logra alcanzar”. Habla con pasión de novela negra y deja claro que, tras citar a Hammett, a Chandler, a Himes, o a Simenon, para él, “a partir de la mitad de los 80 hasta hoy es el momento más alto del género”.

 

Madrid 25 MAY 2018 - 20:28 COT

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Lenín Moreno purga de correístas su Gobierno en su primer año al frente de Ecuador

El sucesor de Rafael Correa corrige las decisiones heredadas más conflictivas y apuesta por el liberalismo para enderezar la economía

Rafael Correa entregó la banda presidencial hace este jueves un año y se retiró del acto de investidura para no eclipsar a su sucesor y hasta entonces aliado, Lenín Moreno. En la fotografía política actual de Ecuador ya no hay espacio para el exmandatario ni para sus socios. En su primer año de Gobierno, Moreno ha depurado su Gabinete de correístas, ha dado marcha atrás en aspectos conflictivos de la anterior Administración —como la política económica o los ataques a la prensa— y ha dado vía libre para perseguir la corrupción del Ejecutivo de Correa. En el camino, su gestión ha sufrido un abultado desgaste perdiendo más de 30 puntos de aprobación al pasar de un 77% en agosto pasado a un 46% el presente mes.


Cuando el partido de Correa revalidó su victoria electoral con unos resultados muy ajustados y controvertidos favorables a Moreno, nadie imaginaba que el exmandatario tardaría solo un par de meses en censurar a su sucesor en redes sociales y en llamarle “traidor”. La delicada situación económica del país fue el detonante de la fricción. Correa había prometido dejar “la mesa servida” tras lidiar con dos años de caída de ingresos por el bajo precio del petróleo, pero Moreno descubrió que en realidad había heredado una deuda de más de 50.000 millones de dólares. Los libros habían sido maquillados por fuera de los límites legales y las cuentas reales dificultaban la ejecución del programa de Gobierno. El jefe de Estado, vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, había prometido construir 325.000 viviendas y subir el bono de Desarrollo Humano —un programa de asistencia estatal— hasta los 150 dólares para los más necesitados.


Tras confiar la gestión económica en Carlos de la Torre y, después, en María Elsa Viteri, dos nombres cercanos al correísmo, el mandatario cambió de rumbo antes de iniciar su segundo año de gestión. Richard Martínez, líder de los empresarios y defensor de una receta económica liberal, asumió en un sorpresivo nombramiento la cartera de Economía y Finanzas hace una semana.


La designación de un empresario para dirigir la política económica reveló definitivamente la estrategia de depuración de rostros correístas, forzada por la corrupción y la ruptura dentro del partido que representaba hasta hace no mucho a Moreno y Correa, Alianza PAIS, de la que este último es fundador. Antes de los dos ministros de Economía, fueron destituidos o sustituidos aliados muy cercanos al expresidente por diferencias políticas o por investigaciones de corrupción.


El vicepresidente Jorge Glas fue el primero en dejar el cargo, al ser condenado a seis años de cárcel por el caso Odebrecht. El presidente del Parlamento, José Serrano, que fue ministro de Interior con Correa, también fue destituido, así como el fiscal general, Carlos Baca Mancheno, exasesor presidencial del exmandatario. El ministro de Interior, César Navas, y el de Defensa, Patricio Zambrano, dejaron sus carteras por su fallida gestión del secuestro de tres trabajadores del diario El Comercio a manos de disidencias de la antigua guerrilla colombiana de las FARC. Finalmente, la canciller María Fernanda Espinosa, que ocupó varios cargos con Correa y que ha sido duramente criticada por sus tibios pronunciamientos sobre Julian Assange —recluido en la Embajada de Ecuador en Londres— y Venezuela, ha aparcado su responsabilidad esta semana para enfocarse durante un mes en su candidatura a la Asamblea General de la ONU. Si se hace con el puesto, no regresará al Gobierno de Moreno.


La separación entre morenistas y correístas se agudizó a finales de 2017, tras medio año del nuevo Gobierno, coincidiendo con la campaña por la consulta popular que ganó Lenín Moreno y que cerró las puertas a un eventual regreso de Correa como candidato a la presidencia. La disputa facilitó la salida de las autoridades de control cuestionadas por su subordinación al expresidente.


Ley de Comunicación


La consulta separó además a los disidentes del bloque de Alianza PAIS en la Asamblea Nacional. Los más fieles a Correa se desafiliaron del partido e iniciaron los trámites para fundar un nuevo movimiento. Aunque en teoría la bancada del partido y sus disidentes votan de forma independiente, en la práctica han apoyado los mismos proyectos. Sobre todo los más polémicos, como el rechazo de la propuesta de crear una comisión que investigase la presunta financiación de las FARC a Rafael Correa en su primera elección.


Para culminar el desmarque de Moreno, esta semana llegó al Parlamento la reforma a una de las leyes icónicas de la Administración de Correa, la de Comunicación. En la nueva redacción de la norma, se elimina la Superintendencia de Comunicación, criticada por los medios al ejercer de juez y parte en las sanciones a la prensa. Aunque la propuesta legislativa mantiene el espíritu regulador sobre el periodismo, se han suprimido los límites a la publicación de información controvertida o la obligación de difundir datos de “interés público”.


La factura de la corrupción y los problemas económicos


En menos de un año, Lenín Moreno ha dilapidado la buena imagen que cosechó con sus primeros gestos de desmarque de Correa. Los avances en la investigación de la corrupción y la denuncia sobre la mala gestión económica de su predecesor le generaron una aprobación del 77% en agosto, según la firma Cedatos. Hoy no llega al aprobado (46%), pues las principales preocupaciones ciudadanas siguen siendo la crisis económica (27,3%), el desempleo (25,5%) y la corrupción (15,2%). Incluso, pese a que los ecuatorianos colocan en quinto lugar (con un 33%) el combate a la corrupción como una de las tareas en las que la Administración actual ha sido más eficiente. Lo que más inquieta al país respecto del panorama económico es la abultada deuda, que excede de los 50.000 millones de dólares, y la falta de transparencia a la hora de presentar las cifras oficiales. Tampoco ha sido suficiente el cambio en las formas y el tono conciliador con el que quiso, ya desde la campaña, distinguir su gestión como presidente. Aunque los ciudadanos creen que Moreno ha sido eficiente en defender la libertad de expresión (66%) y generar diálogo (57%), el descrédito (53,7%) supera, ahora, a quienes sí confían en el mensaje presidencial (42,3%).

Guayaquil 23 MAY 2018 - 18:14 COT

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La revolución de 1968 transformó América Latina

Solo mirando por debajo de la línea de flotación, poniendo la lupa en la vida cotidiana, podemos comprender los profundos cambios que provocaron en la región los sucesos en torno a 1968, que configuran un ciclo de luchas sociales con hondas repercusiones políticas.

Una lista de las nuevas organizaciones sociales surgidas en esos años, sorprendería aún a los propios protagonistas. Fue el período en el que se activaron los pueblos originarios y afroamericanos, pero también los campesinos y estudiantes, los sindicatos obreros y las guerrillas que siguieron el camino del Che Guevara, caído en combate en octubre de 1967 en Bolivia. En su homenaje, Cuba proclamó 1968 como 'Año del guerrillero heroico'.


Entre las grandes acciones populares, en el imaginario colectivo aparece en lugar destacado la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en la Ciudad de México, el 2 de octubre, que puso fin a las masivas protestas estudiantiles contra el régimen que debió asesinar a cientos de jóvenes para que no perturbaran la realización de los Juegos Olímpicos, inaugurados días después de la masacre de Tlatelolco.

Desde la óptica obrera, la acción más importante sucedió tres meses después del fin de ese año, en marzo de 1969, cuando unos 40.000 trabajadores automotrices de la ciudad de Córdoba (Argentina), desafiaron al régimen militar de Juan Carlos Onganía en las calles. Apoyados por estudiantes, los obreros ocuparon el centro de la ciudad el 29 de marzo, corrieron a la policía que agotó los gases lacrimógenos, asaltaron comisarías, tomaron edificios públicos y se enfrentaron a las tropas que el gobernador debió llamar para reponer el orden.


El Cordobazo fue la insurrección obrera más notable del período, que no triunfó pero forzó a la dictadura a emprender la retirada. Lo más destacable es que en los meses siguientes se produjeron 15 levantamientos populares en una decena de ciudades argentinas, entre ellas Rosario y Córdoba, que volvió a protagonizar una nueva insurrección en 1971. Los obreros manuales desbordaron el control en las fábricas y en las calles.


En Colombia los campesinos protagonizaron un desborde similar. El presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) ensayó una política reformista en sintonía con la Alianza para el Progreso, para lo que necesitaba el apoyo del campesinado para promover una reforma agraria desde arriba que neutralizara a los terratenientes, refractarios al menor cambio. Para eso impulsó la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que en su criterio debía "institucionalizar las relaciones del Estado con las clases populares, en particular con el campesinado, que en la década del 60 comenzaba a dar muestras de creciente iniciativa política a través de organizaciones gremiales, movilizaciones espontáneas por la tierra y apoyo directo o indirecto a la guerrilla".


Pero el campesinado aprovechó la oportunidad para desprenderse de la tutela del Gobierno reformista de Lleras. En una clara ruptura con los terratenientes y también con el Gobierno que intentaba conciliar intereses antagónicos, ocuparon 645 fincas de grandes propietarios en los últimos meses de 1971.


El tercer gran desborde fue el estudiantil, que tuvo en Uruguay una de sus mayores expresiones. En los cinco meses que transcurrieron entre la marcha del 1 de Mayo del 68 y la clausura de los cursos en la Universidad de la República, la Universidad del Trabajo y los colegios secundarios, decretada por Jorge Pacheco Areco el domingo de 22 setiembre, se produjeron: 56 huelgas, 40 ocupaciones, 220 manifestaciones y 433 atentados con bombas Molotov y de pintura, según cifras aportadas por Jorge Landinelli en su libro '1968: la revuelta estudiantil'.

En mayo había 10 liceos ocupados, dos cerrados por huelga, tres cerrados por el Gobierno para evitar ocupaciones y los enfrentamientos con la policía eran casi diarios. En julio el Gobierno decreta la militarización de los funcionarios estatales de electricidad, agua, petróleo y telecomunicaciones que estaban en conflicto y se produce la confluencia entre obreros y estudiantes.


Tanto el Estado como las propias organizaciones estudiantiles y sindicales fueron desbordadas por el activismo de base. Ese año fueron asesinados los estudiantes Líber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos, algo inédito en la historia del Uruguay.


En torno a 1968 emergió una nueva generación de movimientos y de activistas, mucho más politizados y activos que los anteriores. Buena parte de las organizaciones que en los años siguientes jugaron un papel social y político destacado, nacieron en esos años. Vale mencionar el Movimiento Julián Apaza en Bolivia, cuna del katarismo; la Federación de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam) en Uruguay; el Consejo Regional Indígena del Cauca en Colombia y la Ecuarunari en Ecuador, entre los más destacados. Años después, pero también influidos por la oleada de 1968, nacen Madres de Plaza de Mayo en Argentina y el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra en Brasil.


En 1968 Paulo Freire redacta su libro 'Pedagogía del oprimido', que es la carta de nacimiento de la educación popular y el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez pronuncia una conferencia titulada 'Hacia una teología de la liberación', con la que nace esta corriente religiosa. En el terreno del pensamiento crítico, son los años de elaboración y difusión de la teoría marxista de la dependencia por los brasileños Ruy Mauro Marini y Theotonio dos Santos, y de la formulación de la teoría de marginalidad por Aníbal Quijano, José Nun y Miguel Murmis.


Con este conjunto de autores, el pensamiento latinoamericano se presenta ante el mundo con personalidad y perfiles propios, del mismo modo que el movimiento social adquiere madurez y modos diferenciados de los del primer mundo.


Este ciclo virtuoso en torno a 1968 fue interrumpido brutalmente por los golpes de Estado en Chile y Uruguay (1973), y en Argentina (1976), y por la represión en casi todos los demás países. Pero provocó cambios muy profundos, tanto en las sociedades como en el sistema político.


En primer lugar, deslegitimó a las viejas oligarquías y a las derechas, y a buena parte de las fuerzas que apoyaban a los Estados Unidos. Aunque los cambios no fueron inmediatos, las bases sobre las que gobernaron aquellas oligarquías fueron erosionadas por la irrupción de las nuevas generaciones de jóvenes.


En segundo lugar, la irrupción de nuevos sujetos colectivos, entre los que destacan mujeres, indígenas, afros y jóvenes, comenzó un largo cuestionamiento del patriarcado y de las relaciones coloniales de poder. Como destaca el sociólogo Immanuel Wallerstein, después de 1968 "los 'pueblos olvidados' empezaron a organizarse como movimientos sociales y también como movimientos intelectuales".


La tercera cuestión son los cambios culturales generados a partir de la década de 1960, que pueden sintetizarse en una menor legitimación del imperialismo, del autoritarismo y de todas las formas de dominación, en un amplio espectro que va desde la familia y la escuela hasta los lugares de trabajo y las instituciones.


Aún estamos viviendo, o sufriendo, si se prefiere, las consecuencias de 1968. En adelante nada volvió a ser igual. Los poderosos tuvieron más dificultades para imponer su voluntad; los dominados tienden a salir de ese lugar. El mundo, para bien o para mal, es un lugar menos estable y más caótico; pero los cambios se han convertido en norma en nuestras sociedades.

 

Libro relacionado:

Los desbordes desde abajo. 1968 en América Latina

Raúl Zibechi

 

 

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Miércoles, 18 Abril 2018 06:46

Cambia el presidente, no el rumbo

Cambia el presidente, no el rumbo

Asamblea Nacional del Poder Popular elegirá hoy probablemente al actual primer vicepresidente, Díaz Canel.

En Cuba, un país de símbolos muy fuertes y de una espesura histórica que excede con holgura a su tamaño, a partir de hoy se definirá un cambio de nombres pero no de política. No es cualquier hombre quién se va del gobierno: Raúl Castro. No es menudo el dato de que su despedida formal remite a Fidel y a su legado. A esa revolución que se transformó en uno de los hechos más importantes del siglo XX. Se aleja el presidente sí, aunque se ratifica el rumbo, dicen todos aquí. ¿Será Miguel Díaz Canel su sucesor al frente del Consejo de Estado? Tal vez, aunque ése no es un motivo de preocupación, ni un tema de conversación dominante entre los cubanos. El socialismo seguirá su camino. La diferencia radicará en que lo conducirá una generación que nació después de la entrada triunfante a La Habana de enero de 1959. Los comandantes de la Sierra Maestra dejarán paso a militantes que tienen un promedio de edad que bordea los 50 años. La Asamblea Nacional del Poder Popular que sesionará desde las 9 en el Palacio de las Convenciones elegirá probablemente al actual primer vicepresidente: un ingeniero electrónico de Santa Clara que cumplirá 58 años el próximo viernes. No habrá más un Castro como jefe de Estado. Ese dato no puede soslayarse. Aunque Raúl continuará como secretario general del Partido Comunista Cubano.

La Asamblea conformada por 605 diputados se reunirá por espacio de dos o tres días. No es azaroso que coincida con una fecha muy cara al sentimiento patriótico que profesan los habitantes de esta isla. Entre el 17 y el 19 de abril se cumple el 57º aniversario de la victoria de Playa Girón. O de la primera derrota del imperialismo en América Latina, como dicen con orgullo los cubanos. Díaz Canel, a quien se señala como el futuro mandatario, estaba a punto de cumplir un año durante la invasión financiada por Estados Unidos. La novena Legislatura que lo elegirá –a él o a un compañero de su camada– está integrada por un 78 % de hombres y mujeres que nacieron después de la revolución encabezada por Fidel, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos.


La fecha del comienzo de la Asamblea se adelantó un día, para sorpresa de los periodistas acreditados en la isla. Estaba prevista para el 19, hasta el momento de tramitar un lugar en el Centro de Prensa Internacional que permita ingresar al Palacio de las Convenciones. El propio Congreso, más Granma y Juventud Rebelde que reprodujeron el anuncio, señalaron que la decisión se adoptaba “para facilitar el desarrollo de los pasos que requiere una sesión de tal trascendencia”. En efecto, la salida de Raúl Castro, pero sobre todo la ratificación de los principios fundacionales de la revolución, será el tema clave. Un indicio lo dio Díaz Canel el 11 de marzo, cuando se eligieron a los actuales diputados. Dijo: “Al reto ideológico se suma el reto económico, el de continuar la actualización de nuestro modelo económico social”.
Ese desafío quedará en manos del Consejo de Estado que lo integran el presidente, un primer vice -el cargo que ahora ocupa Díaz Canel- cinco vicepresidentes, un secretario y 23 miembros más. Sus electores son los diputados de la Asamblea que de acuerdo al artículo 82 de la Constitución cubana “durante el tiempo que empleen en el desempeño efectivo de sus funciones” percibirán “el mismo sueldo o salario de su centro de trabajo”. Porque como dice el mismo artículo: “la condición de diputado no entraña privilegios personales ni beneficios económicos”. Un tema bien candente en la Argentina de estos días.


Comandantes de la revolución del 59 como Ramiro Valdés Menéndez y José Ramón Machado Ventura dejarán su puesto en el gobierno. Jóvenes profesionales de la salud, la cultura, el deporte y hasta del periodismo tomarán la posta. Entre ellos aparece la licenciada en Educación y Máster en sexualidad, Mariela Castro Espín, hija de Raúl y prestigiosa especialista en el tema. O el presidente del Instituto Nacional del Deporte (Inder), Antonio Becali Garrido. También el licenciado en periodismo Antonio Hernández Mena, fotorreportero de la propia asamblea.


La Asamblea que ellos integran convocó por Twitter bajo el lema Somos continuidad a que “ciudadanos con perfiles en redes sociales compartan con el mundo todo lo que acontecerá durante estas jornadas y a exponer las razones por las cuáles seremos continuadores del legado de nuestros líderes”. Las voces de la calle (ver aparte) señalan avances y retrocesos, dificultades y progresos, pero siempre dentro del camino trazado por la revolución. Incluso, si hay críticos - que en la isla los hay como en cualquier país capitalista - sus testimonios le otorgan un rol clave al Partido Comunista. “En Cuba gobierna el partido”, nos dice Walter, un chofer de taxi que maneja un Dodge de la década del ‘50 con motor Toyota. Esos injertos de carrocería con cierto glamour y fierros adaptados con ingenio que los cubanos bautizaron almendrones.
Los cambios que más se perciben en la isla son sociales y económicos. Avanzan los permisos para el desarrollo de trabajos independientes del Estado en ciertos rubros. Los llamados paladares (restoranes pequeños atendidos desde una ventana que da a la calle o con mesas al aire libre) montados en casas de familia. O las viviendas que se alquilan a turistas. También se han creado cooperativas de servicios y producción de insumos. Se levantan nuevas viviendas con subsidios y en la economía más macro siguen asociándose el gobierno y las cadenas europeas en la construcción de nuevos hoteles.


El mantenimiento de los principios políticos de la revolución es lo no negociable. Quedó demostrado durante la última Cumbre de las Américas realizada en Lima, Perú. Ahí el canciller Bruno Rodríguez Parrilla fue muy crítico contra EE.UU. y su agresiva política hacia los demás países, que en nuestro continente tiene dos blancos muy visibles: Venezuela y la propia Cuba. El ministro de Relaciones Exteriores es otro de los hombres que se mencionan para ocupar mayores responsabilidades en el gobierno. Le recordó al vice Mike Pence, quien viajó en lugar de Donald Trump que “todos los gobiernos despóticos de la región han sido impuestos o han recibido apoyo del gobierno de Estados Unidos”. Lo dice de otra manera el artículo 11 de la constitución votada en 2002: “las relaciones con cualquier otro estado no serán jamás discutidas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera”. En eso los cubanos son muy elocuentes hace casi seis décadas.


Esteban Lazo, el presidente de la Asamblea que oficia en la práctica como jefe de Estado mientras dure la misma, quedará en la historia. Conducirá la novena edición de un encuentro clave que dejará una huella indeleble en Cuba. Ya sin Fidel y con Raúl a un paso del retiro en sus funciones como jefe de Estado, nadie quiere hablar de transición. Es tomada como una mala palabra. En la isla, antes que de rupturas, hablan de continuidades. La nave insignia del socialismo avanza pese al bloqueo, la retórica belicista de Trump y sus propias imperfecciones. En las próximas horas se sabrá quién será la persona que la conducirá hacia el futuro.

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Domingo, 15 Abril 2018 06:07

Cuba en un momento crucial

Cuba en un momento crucial

Vivimos tiempos duros, días dramáticos. Donald Trump, ya de por sí insano y aventurero, siente que en Estados Unidos camina sobre arenas movedizas. Emmanuel Macron advierte que la protesta obrera tiende a juntarse con la ecologista, la de médicos, jueces y abogados, los estudiantes y las zonas rurales abandonadas a su suerte y busca apoyo en la derecha más rancia, dando concesiones a los católicos y el nacionalismo xenófobo. Vladimir Putin ve crecer las abstenciones y las protestas públicas y siente la fragilidad de la base económica de la potencia imperial rusa, que es fundamentalmente exportadora de petróleo y gas. Todos ellos buscan un diversivo exterior que afirme su poder y convierta a la oposición en antipatriótica.

El aventurerismo y agresividad de un loco racista, hijo de un nazi y de padres del Ku Kux Klan, se suma al del Napoleón III y medio de pacotilla y al del ex general de la KGB convertido en zar y, pese a la cautela del gobierno chino que está colgado del freno, el mundo corre como un tren sin control hacia el precipicio de una guerra mundial.

Cualquier medida mal calculada, provocación excesiva o bravuconada de Tel Aviv, podría desencadenar en Medio Oriente una guerra entre, por un lado, Estados Unidos más Inglaterra y Francia, ex potencias colonialistas en la zona, e Israel, país que coloniza brutalmente Palestina y, por otro, Rusia, Siria e Irán. En esa guerra ineludiblemente sería involucrada China y, después, la India y Pakistán, asícomo las dos coreas. Toda Asia ardería, desde Turquía hasta Japón y Trump, ya lanzado, se llevaría entre las patas a Cuba y Venezuela y podría ocupar México para compensar en parte los desastres humanos y materiales que sufriría Estados Unidos por primera vez en su historia.

Aunque las armas nucleares quizá no fuesen utilizadas en un primer momento, serían incorporadas tarde o temprano, como lo prueba el genocidio en Hiroshima y Nagasaki o la guerra de Corea de 1952, cuando el alto mando estadunidense valoró el uso de la bomba atómica contra chinos y norcoreanos. La humanidad retrocedería siglos, si no milenios, y esa guerra destruiría la base natural de la civilización actual.

Este es el cuadro en el que, dentro de una semana, la Asamblea Nacional cubana deberá escoger al sustituto de Raúl Castro, como presidente de la República, debido al vencimiento de su mandato. Castro seguirá siendo jefe de las Fuerzas Armadas –que son el eje del Estado y controlan buena parte de la economía isleña– y también secretario del Partido Comunista, que está entrelazado con el Estado y en buena parte sometido a éste, pero igualmente mejorarán la condiciones para dar al César lo que es del César y a la lucha por el socialismo lo que debe ser de Marx.

O sea, para una separación entre el capitalismo de Estado y sus formas estatales concretas, determinadas por el intercambio de mercancías y las necesidades de la intervención en el mercado capitalista internacional y el partido, que lucha por construir el socialismo. Porque éste significa desaparición –no el fortalecimiento– del Estado, planificación democrática de la economía y quiere decir supresión de la ganancia y del interés privado o nacional como resorte principal de las actividades y su sustitución por el interés colectivo, la solidaridad y el altruismo.

Cuba, por eso, no deberá reemplazar simplemente un presidente. Deberá modificar radicalmente el funcionamiento y características del Estado y del partido para hacer frente en las mejores condiciones posibles a la terrible fase en que entra la humanidad y, con ella, la independencia de la isla, para organizar la resistencia y la reconstrucción en caso de que eso fuese necesario.

Tendrá, por tanto, que ampliar al máximo la participación democrática del pueblo cubano en la discusión profunda y pormenorizada de los desafíos que enfrenta la isla, así como de los medios para hacerles frente y rearmar una economía local que es muy frágil por la carencia de recursos y su dependencia del turismo, que es muy volátil, sobre todo en tiempos de conflictos graves.Las bocas deben abrirse, todas las voces honestas deben ser escuchadas para elevar la conciencia colectiva y preparar al pueblo cubano para decidir sobre sí mismo y ser protagonista del destino nacional.

Las diversas orientaciones existentes en Cuba y en el mismo Partido Comunista cubano deben debatir abiertamente con la sociedad. La tendencia predominante, influenciada por la ex Unión Soviética, con su partido único centralizado y monolítico y su visión estalinista de la revolución cubana y del comunismo, no es la única existente. Junto a ella está la comunista heterodoxa o ecléctica, heredera del guevarismo y de pensamiento crítico y también existe una vagamente socialdemócrata o socialcristiana. En el país, en la burocracia y la burguesía hay capas procapitalistas que deben ser vencidas en una lucha ideológica, no con medidas policiales o administrativas, mientras actúen dentro de la ley.

El Estado debe dar libertad para elegir cualquier profesión o actividad prohibiendo sólo las que favorezcan la delincuencia o afecten la salud. Al mismo tiempo, debe favorecer la actividad solidaria y colectiva y el cooperativismo real, donde sean los cooperativistas quienes decidan todo en asambleas, tras escuchar el parecer de los técnicos y economistas.

Sin democracia no hay socialismo. La desaparición del Estado será posible construyendo otro, de transición, desde abajo, entre todos, decidiendo y actuando solidariamente. La Constitución debe ser discutida por todos para que todos la acepten y se rijan por ella. La reorganización de las empresas, de la industria y el plan de vivienda, también. Los sindicatos deben representar a los trabajadores y dejar de ser una rama del partido y del Estado, que aún está en una fase capitalista estatal. Hay que entrar en una nueva fase.

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Viernes, 13 Abril 2018 06:44

Bajar y no subir

Bajar y no subir

En las décadas recientes la educación popular tomó el camino institucional. La inmensa mayoría de los educadores populares optaron por trabajar en cargos estatales o en ONG, integrándose como asesores o ejecutores de las políticas sociales de los gobiernos, ya sean progresistas o conservadores. La profesionalización provocó una honda mutación del papel subversivo que tiempo atrás tuvo la educación popular, cuando se jugaba su destino con los movimientos sociales.

Por eso entusiasma comprobar que todavía un buen puñado de educadores y educadoras siguen trabajando con los sectores populares, en toda la región. En Argentina existen varios colectivos de este tipo, como Pañuelos en Rebeldía y la Universidad Trashumante.

A fines de marzo tuve la oportunidad de participar en el encuentro nacional de la Escuelita Trashumante, en la cordobesa localidad de Cosquín, cuando se cumplían dos décadas de la organización y siete años de la escuelita de “educación popular autónoma”. Fueron tres días intensos, en los que se materializaron los modos y formas de esta corriente que no quiere trabajar “para” los sectores populares sino “con” los de abajo.

A diferencia de la educación popular institucionalizada, los impulsores de la escuelita no la consideran como meras técnicas o metodologías para fomentar la participación, sino “una forma de vida que implica una ética de vida”, como escriben en sus cuadernos. Por lo tanto, la escuelita es no sólo un espacio de formación de educadores populares sino un espacio donde se aprende organización popular.

Diez años atrás había participado en uno de los encuentros de la Universidad Trashumante, en la ciudad de Córdoba. Fue interesante por la mística y la energía colectiva que contenía. Casi todos pertenecían a las clases medias con formación universitaria. Luego de 12 encuentros desde el viraje de 2011, 70 por ciento de los miembros de la escuelita son mujeres, varones y jóvenes de los sectores populares, siendo los universitarios una minoría que no ocupan lugares de poder.

Esta transformación de clase, género y color (porque los militantes de abajo son en su mayoría mujeres, jóvenes y de piel oscura), marcha a contracorriente de los caminos emprendidos por la mayoría de los educadores populares y de las instituciones de la izquierda. Sólo en el encuentro de marzo había más de 160 personas entre adultos, jóvenes, niños y niñas, pero en todo el proceso la escuelita formó más de 500 activistas de los barrios más pobres de las ciudades argentinas.

Quisiera destacar algunos aspectos que pueden servir de referencia para quienes estamos empeñados en la emancipación con los de abajo en todo el continente.

La primera se relaciona con la autonomía material. La escuelita no tiene ningún apoyo material de ninguna institución. Los recursos los consiguen con base en el trabajo colectivo (las familias aportan alimentos a los encuentros y mucho trabajo), pero también de peñas semestrales multitudinarias convocadas por el músico Raly Barrionuevo que participa del proceso de formación. La autonomía es un principio central desde hace dos décadas.

La segunda es la autogestión. La escuelita no tiene un programa elaborado por especialistas sino que los temas que guían los debates salen de las rondas, que son tres: la de adultos, la de jóvenes que son la mayoría, y la de niños y niñas que trabajan con adultos de apoyo. Tato Iglesias, inspirador de la Trashumante, formuló una de las preguntas centrales del encuentro: ¿Qué tenemos nosotros como pueblo que ellos no tienen?

Apuntaba a trabajar no sobre las “carencias”, como hacen las instituciones, sino sobre nuestras potencias individuales y colectivas como sectores populares. Las mujeres de Sembrando Rebeldías (un colectivo de la periferia de Buenos Aires), que habían participado en el encuentro de mujeres en Morelia convocado por el EZLN, preguntaron: ¿Cómo nos atraviesa el patriarcado en nuestras organizaciones? Surgió que varios colectivos están en crisis por el acoso que sufren las mujeres de sus compañeros de organización.

La tercera se relaciona con el poder de la pregunta, que “moviliza, incomoda, busca ir a las raíces, motoriza la reflexión, permite pensar críticamente la realidad” y además “no tiene una respuesta dada de antemano”, sino que se construye en colectivo. Quienes hemos trabajado en la educación popular, sabemos que en la práctica institucional la última palabra siempre la tienen las que coordinan, que sintetizan (y excluyen) lo que emana del colectivo.

En cuarto lugar, debe destacarse el papel de las artes, en particular la música, las danzas y los rituales, porque no somos sólo cabezas, y tanto las opresiones como las liberaciones pasan por los cuerpos. Los cuerpos de abajo, con las huellas de las opresiones (cicatrices, enfermedades, mutilaciones, violencias y violaciones) son las potencias de la emancipación. En este punto, los cuerpos de abajo contrastan vivamente con los cuerpos de las clases medias académicas que suelen hegemonizar las organizaciones.

Por último, destacar la práctica de este tipo de organizaciones que no buscan engordar (acumular personas y recursos) sino potenciar. Que no son espacios de llegada sino de tránsito para multiplicar. “Nos interesa que las escuelitas trashumantes potencien otras luchas”, se dijo en los grupos de trabajo, “y que se llamen como ustedes quieran”. No se proponen crear un gran aparato sino formar personas para fortalecer el campo popular. En Argentina la Trashumante sigue, en este sentido, la huella de Madres de Plaza de Mayo, que fue un espacio por el que transitaron miles de personas que formaron otros espacios.

Dos décadas de trashumancia están dando nuevos frutos. Trashumar, dicen sus impulsores, es ir detrás de los mejores humus, de las mejores personas. “Una doble caminata”, hacia fuera buscando el encuentro con otros y otras. Hacia adentro, para conectarnos con las emociones y sueños de abajo. Bajar y no subir: una forma no institucional de abordar el movimiento.

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:43

“Somos gente de izquierda”

“Somos gente de izquierda”

Toda la izquierda latinoamericana está siguiendo con atención los acontecimientos en Ecuador. En 2017 hubo allí elecciones presidenciales. Rafael Correa, líder de la Revolución Ciudadana, que dirigía el país desde 2007 y había modificado la Constitución para poder ser candidato de nuevo decidió finalmente no presentarse y apoyó la candidatura de Lenín Moreno quien había sido su vice-presidente de 2007 a 2013. Y Lenín -que fue víctima de una agresión armada en 1998 y se desplaza desde entonces en silla de ruedas-, fue elegido presidente el año pasado.

Pero a partir del momento en que entró en funciones, el 24 de mayo de 2017, comenzó entre estos dos hombres un conflicto que se ha ido envenenando sobre todo después del referéndum de febrero 2018. El resultado es que la izquierda ecuatoriana se ha dividido. Y que el gobierno de Lenín Moreno ya no dispone de mayoría parlamentaria estable en la Asamblea Nacional.


“Le Monde diplomatique en español” que aprecia y respeta a ambos mandatarios, no desea tomar partido en esta infeliz querella. El pasado mes de febrero le dio la palabra a Rafael Correa (léase: “Gobernar bajo el fuego mediático”). Hoy se la cede a Lenín Moreno. Nuestros lectores sacarán sus propias conclusiones.

 

 


Ignacio Ramonet: Presidente, vamos abordar tres temas: primero, la política interna de Ecuador; segundo, Ecuador y sus relaciones con América Latina; y tercero, Ecuador y el mundo.
Mi primera pregunta será pues la siguiente: Después de diez años de lo que prácticamente todos los observadores dicen que fue un buen gobierno, el de Rafael Correa y Alianza País, con muy buenos resultados y grandes realizaciones, sin embargo su elección el año pasado fue relativamente difícil. Tuvo usted que ir a una segunda vuelta, y en esa segunda vuelta ganó por muy poca diferencia… ¿Cómo explica usted que un excelente balance de diez años de gobierno, casi no le permite ganar la elección?


Lenín Moreno: Por una razón bastante sencilla: porque el balance de ese buen gobierno no fue de diez años. Fue de los seis o los siete primeros años. Luego, lastimosamente, se dieron condiciones muy adversas, entre aspectos externos y también cierto tipo de comportamientos internos que tuvo el gobierno. En aspectos externos: la baja de los precios de los commodities [materias primas], el fortalecimiento del dólar [que es moneda nacional en Ecuador], la depreciación de las monedas de los países vecinos afectaron negativamente nuestra economía, a tal punto que el presidente de ese entonces [Rafael Correa] creyó que la forma de salir adelante era mediante un endeudamiento agresivo, que ahora nos toca pagar. Se trata de una deuda de corto plazo, a costo de necesidad, y no a costo de oportunidad. Por tanto se vuelve difícil de pagar. A tal punto que este año, entre 10 y 12 mil millones de dólares serán destinados al pago del servicio de esa deuda… Tome usted en cuenta que 10 o 12 mil millones de dólares son casi la suma de los presupuestos de educación, salud y seguridad.


Además se guardó bastante reserva con respecto a la negociación de la deuda. Inclusive se hicieron decretos para que el secretismo de esa deuda subsistiese a través de los años, secretismo en instituciones públicas, secretismo en la forma en que se manejaban las preventas petroleras, etc. Todo eso ha ido aflorando. Y al terminar el mandato anterior, la ciudadanía estaba bastante decepcionada de la última época de gobierno. Parece que este tipo de comportamiento propició incluso una corrupción bastante generalizada en las instituciones públicas que ahora comienza a destaparse.


Todo eso comienza a evidenciarse ahora, inclusive considerando que las autoridades que están todavía en los organismos de control son las que el anterior presidente [Rafael Correa] nombró mediante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social . La tarea no está completa, hay aún mucha tela que cortar, hay muchísimo que trabajar todavía. Mi teoría es que hacia el fin del periodo anterior, el presidente [Rafael Correa] que había aceptado y ayudado a elaborar la Constitución de Montecristi [de 2008] en la parte que corresponde a la reelección indefinida, seguramente el círculo que le rodeaba creyó que había que estimular su ego para que pudiera ser reelegido indefinidamente. Cosa con la cual estamos totalmente en contra. Yo lo he manifestado de manera permanente, inclusive antes. Estoy en contra de las reelecciones indefinidas.


Eso crea círculos inclusive de corrupción. Porque a partir del momento en que ven que el poder se va a mantener indefinidamente, no hay mucha preocupación de que los actos de corrupción tengan en el futuro lo que les corresponde, que es la sanción.


Eso es lo que ocurrió, eso es lo que pasó. Hacia finales de ese periodo estaba muy difícil la reelección. Hasta tal punto que el mismo presidente [Rafael Correa] abandonó la posibilidad de ser reelecto, a pesar de haber hecho el trámite y cambiar la Constitución. Él podía perfectamente presentarse y así lo iba hacer probablemente. Hasta que analizó las encuestas, y vio que eran números totalmente negativos. Ante esas circunstancias, él me buscó. Yo me hallaba en Suiza, usted lo sabe, donde estaba cumpliendo funciones en el seno de Naciones Unidas, y él me buscó para que le tome la posta.


Había que continuar con el proceso. Era la única posibilidad de éxito en las próximas elecciones. Apenas llegué a la Presidencia empecé a tomar decisiones, y me encontré con lo que realmente había ocurrido. Se había montado un plan para endeudarse excesivamente, y 600 obras con problemas que se iniciaron únicamente para dar la sensación de que había muchísimo trabajo, muchísima obra pública. Seiscientas obras que tienen problemas de sobreprecios, de corrupción, obras complementarias en exceso, más allá de lo que permite la ley, etc. Me empecé a encontrar con todo aquello, y empecé a verificar, así como los ministros, que la mesa no estaba servida, como se había manifestado, sino todo lo contrario.


Empezamos enseguida a tomar las decisiones que correspondían. La primera: luchar contra la corrupción; y la segunda: empezar a trabajar para que no se pierda el empleo, para que mejoren los índices de inversión que estaban prácticamente reducidos a cero, en comparación a los países vecinos, peor aún, y trabajar por la reinstitucionalización y eso es lo que estamos haciendo en este momento. Hemos propuesto, los primeros días de enero pasado, un plan económico que va a tener aspectos claros de sacrificio gubernamental, de sacrificio de los sectores económicos, pero al mismo tiempo, cierto tipo de ventajas que ayudan a incentivar la producción, la inversión, el empleo y el bienestar de la ciudadanía.


IR: Ya usted está dando algunas respuestas a mi siguiente pregunta. La que se plantea una parte de la opinión pública internacional y en particular la izquierda latinoamericana : ¿cuál es el origen del diferendo entre usted y el ex presidente Correa?

LM: Es bastante fácil. La no perpetuación en el poder, el círculo de corrupción que se creó, que seguramente pensó que yo iba a alcahuetear (para decirlo en términos bastante claros) y el deseo del presidente anterior de dejar un esquema casi imposible de llevar, para luego poder regresar como “el salvador”. Así de simple.


Nosotros somos gente de izquierda, pero no en la teoría, somos gente de izquierda en la práctica, porque nuestro programa de gobierno está destinado fundamentalmente a los sectores en estado de indefensión. Tratamos de eliminar la pobreza absoluta, disminuir los índices de pobreza, pero sobretodo aumentar el grado de bienestar de toda la ciudadanía y en forma particular de los más desprotegidos. Y en ese sentido, buscar la equidad, buscar la racionalidad por supuesto en los gastos que, a su vez, nos produzcan el ahorro necesario para poder destinar ese dinero a resolver los problemas de salud, de educación, de bienestar social y de seguridad de los sectores más desposeídos. Ese es nuestro propósito. Por eso afirmamos: somos un gobierno de izquierda. Continuamos la Revolución Ciudadana en aquello que se hizo bien, continuamos con la Revolución Ciudadana. Pero también somos críticos con todo aquello que se hizo mal, y queremos revisarlo de manera permanente, porque eso es la dialéctica, y la izquierda es dialéctica. No es pues como una investigación científica que toma una fracción de lo que se quiere investigar, olvidándose de la dinámica general de todo el proceso. Y entonces bueno, nosotros no hemos caído en el juego de enviar voceros internacionales a pregonar nuestro modelo como han hecho ellos, y bastante dinero tienen para ello.


Estamos en una situación bastante compleja pero pensamos que hay una luz al final del túnel con la elección del nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS). Hemos escogido a los mejores hombres y mujeres del Ecuador, gente comprobada para que cumplan con la tarea de evaluar y designar también en su momento a los personeros para las instituciones de control. Ahí está la luz al final del túnel. Las diferencias que tenemos con el ex presidente [Rafael Correa] son muy graves. Yo no quiero permanecer en el poder más que mi periodo. Él quiere regresar para estar permanentemente en el poder. Yo no solapo la corrupción, ellos lastimosamente la propiciaron con sus comportamientos.


IR: O sea que, en cierta medida, ¿el referéndum del 4 de febrero pasado se integra en esta perspectiva de clarificar las cosas?

LM: En promedio, el 70% de los ecuatorianos votaron por la no reelección indefinida, votaron por una sanción mayor a las personas que hayan cometido actos de corrupción, votaron por liberar a nuestros niños y niñas de esta lacra que es la violación infantil y no permitir que prescriba con el tiempo la posibilidad de sancionar a los culpables. Votaron por la vida. Es la primera vez que se hace una consulta que tiene dos preguntas acerca de la conservación de la naturaleza. Y votaron por eliminar una ley de plusvalía inmobiliaria absurda, que detuvo casi completamente la construcción, que como se sabe es un elemento dinamizador de toda la economía.


Entonces el pueblo ecuatoriano votó por ello, a pesar de que el ex presidente [Rafael Correa] vino a hacer una campaña de un mes recorriendo todo el Ecuador. Porque él tiene esa capacidad y tiene el tiempo también. Lanzaron una campaña millonaria contraria a la consulta y, a pesar de ello, perdieron.


IR: Pero el resultado obtenido por Correa no es tan malo, tuvo el 36% creo.

LM: Pero es que usted calcula como si el resultado fuera de él. No. Ahí están involucrados todos los que se oponían. No se olvide de que hablábamos de la no reelección de autoridades de control y hay muchos alcaldes, prefectos, concejales, autoridades parroquiales, que son muy queridas… Por ejemplo el alcalde de Guayaquil es una persona muy querida; el prefecto de Guayaquil es una persona muy querida; el prefecto de Pichincha es una persona muy querida; el Prefecto de Azuay es una persona muy querida…. Claro algunos de ellos de repente nos decían: “No estamos de acuerdo con la reelección.” Pero sus huestes, que iban a perder sus empleos, trabajaron en el otro sentido, a favor del ‘no’. Es un acumulado, es una sumatoria.


IR: ¿ La no-reelección no es solo para el presidente, sino para todos los cargos electos?

LM: Sí. Entonces, tenga en cuenta que muchos alcaldes y prefectos apoyaron nuestra propuesta, pero lo hacían porque estaban convencidos de ello, o porque veían que esa era la tendencia, por su imagen. Pero sus huestes no podían trabajar a favor de la propuesta. Era ir contra su propia supervivencia. La sumatoria de todo eso es muy clara. A tal punto que en una última encuesta que acabo de ver, el ex presidente [Rafael Correa] como eventual candidato a alcalde de Guayaquil, obtiene el 9% del electorado… Mientras que los trescandidatos que le anteceden obtienen promedios de 45, 36 y 22 por ciento respectivamente.


IR: Pero toda esta división ha debilitado a la izquierda en Ecuador ¿no cree?

LM: Yo creo que ya se la debilitó hace rato. No olvide usted que al igual que sucede con un matón de barrio, el gobierno anterior encontraba todos los días con quien ‘bronquearse’ (es el término que nosotros utilizamos), con quien pelear, con quien confrontar… Excesiva confrontación, falta de diálogo, falta absoluta de diálogo en más de una circunstancia. Y mucha prepotencia… En cuanto se definía una postura política, se pensaba que era la única y que se era dueño de la verdad absoluta. Eso hizo que se distanciaran sectores sobre todo de izquierda: como los ecologistas, las mujeres, los indígenas, los maestros, los médicos, las enfermeras, y otros sectores que no corresponden a la izquierda con los cuales también se confrontó de diversas maneras como la policía o los militares. Es decir: peleados con todo el mundo. Pero, por supuesto, fundamentalmente peleados con una ciudadanía de la cual el presidente precedente se había distanciado hace rato.


IR: ¿Por eso hizo usted su campaña electoral insistiendo en un eje central: esa idea de crear una atmósfera de reconciliación nacional?

LM: Sí, y los integrantes del gobierno anterior lo sabían. Y también sabían que yo iba a plantear la no reelección. El ex presidente sabía que yo tampoco estaba de acuerdo en crear una “guardia pretoriana” [i] . Si tenemos policías que defienden nuestra seguridad, y militares que defienden la integridad fronteriza ¿por qué no confiar en ellos que poseen además mecanismos de inteligencia?

 


IR: ¿Usted está hablando de un cuerpo especial de protección del presidente?

LM: Sí, para la protección del presidente. Si yo le confío a un policía la protección del ciudadano, ¿por qué no le puedo confiar la protección del presidente? Esa exclusividad, ese afán de colocarse más allá del bien y del mal, y creer que el único que corre peligro en el país es el presidente… ¿Por qué el cuidado de un ciudadano no debe ser similar, y multiplicado en varios aspectos, al de un presidente?


Como presidente, yo he manifestado que no voy a hacer uso de esa ley. Porque estoy en derecho de hacerlo, porque hay diez años para su aplicación. No quiero aplicarla y confío en nuestras fuerzas armadas y en la policía para que guarden mi integridad física. La cual, le comento, poco me preocupa. Hace rato que le perdí el miedo a la muerte, mi estimado. Y creo que si hay una razón por la cual vale la pena tener la vida en riesgo, es precisamente para cambiar este país.


IR: La otra gran línea de su programa electoral era el programa social que usted llamó: “Toda una Vida”. ¿Ya lo está implementando?

LM: Eso se nos ocurrió casualmente con María Fernanda Espinosa [actual canciller] . Regresábamos de un sector de Guayaquil que se llama Monte Sinaí. Yo había dado mi discurso regular con mis ofrecimientos típicos, pero en ese momento se me vino a la cabeza, y le pregunté creo a María Fernanda, con cuantas casas solucionaríamos el problema del Ecuador, “unas 300 o 400 mil casas” me respondió. Pues llamémosle “Casa para todos”. Ahí se me ocurrió, y se asustaron. Cada uno se asustó. Hubo susto a los que les tocaba trabajar… A mí solamente me correspondía pensar [risas].


Pero si un lobo tiene una madriguera, si un conejo tiene un cubil… Nosotros siempre hablamos de la salud, la educación, la seguridad, el bienestar social… Que son efectivamente derechos de la ciudadanía. Pero casi nunca hablamos de que la vivienda es un derecho, ¿por qué el gobierno no ha de garantizarle la vivienda a una persona?


Estuvimos recientemente en la inauguración de un conjunto de viviendas que ya empezamos a construir, a pesar de que los amigos del ex presidente dicen que no… La realidad es que ya empezamos a construir hace rato. Ya construimos unas 20 mil viviendas, y este año 2018 van a ser 50 mil más. Entregamos un barrio completo el otro día. Y una de las señoras que recibieron sus viviendas -son unas casas muy bonitas- nos comentaba: “Verá, yo viví en un cuarto, un solo cuarto y pagaba unos 100 dólares al mes, un solo cuarto con todos mis hijos, todos allí… Mi esposo me abandonó… Ahí mismo los chicos hacían los deberes, ahí mismo todo, la única forma de que entrase la luz era abrir la puerta porque aquel cuarto no tenía ventana, y no solo eso sino que además tenía goteras…”


Lo cual me ayuda a corroborar la idea que tuve, de que no hay derecho que los ciudadanos humildes no tengan un hogar digno, nada lujoso quizás, pero bonito, que ellos mismos siembren plantas para que los parterres estén llenos de flores... O q ue tengan un huerto colectivo del cual puedan disfrutar y hacer una ‘comida de campo’, lo que nosotros llamamos una “pamba mesa”, los domingos. O que hagan trabajo en comunidad.


Mi esposa [Rocío González], que es la presidenta del programa “Toda una Vida”, tiene la idea de que hay que trabajar muchísimo en comunidad, que hemos perdido el contacto con nuestros vecinos, que hemos perdido la solidaridad ciudadana… En el momento en que nos roban, por ejemplo, solo piensas en que “tendré que reforzar un poco más mis puertas”. ¡No! Antes se perseguía al ladrón, se colaboraba con la persona que era asaltada... Entonces, hay que trabajar también muchísimo en comunidad. Por eso surgió la idea de “Casa para Todos”.


Cuando yo era Vicepresidente [2007-2013] manejé el programa “Manuela Espejo” que tuvo mucho éxito, en beneficio de las personas con discapacidad. Siempre lo vi con un criterio holístico, o sea absolutamente global. Un gobierno responsable no puede dejar nada pendiente. Las personas con discapacidad no necesitan únicamente sillas de ruedas, también necesitan empleo, protección judicial, sitios de diversión, recreación, arte, cultura, mecanismos de comunicación, facilidades para su trabajo, ayudas técnicas, etc. Hay muchísimas necesidades… Pues vamos a abordarlas todas, realmente nuestro gobierno se propone abarcarlas todas.


Ese trabajo integral nos dio prestigio… Gracias a esa Misión Manuela Espejo yo me hice conocer. Y eso me permitió ser presidente de la República. Fue gracias a eso que la gente -a pesar de lo desprestigiado que estaba el régimen- votó por mí. Entonces pensé que se podía extender a nivel gubernamental, y que debíamos preocuparnos por “toda una vida” de la gente. Por eso lo llamé “Toda una vida”, como el bolero de los Panchos. “Toda una vida”, desde el momento de la concepción hasta que Dios decida cerrarles los ojos. Desde el momento de la concepción, porque la embarazada necesita cuidados especiales. Usted sabe lo importantísimo que son esos nueve meses que pasa un ser humano dentro del vientre materno. Es muy importante lo que consume la madre… Es importante su estado psicológico y espiritual... El estado psicológico de la madre, su emotividad de ese momento incide en el destino del alimento, y el destino del alimento es para un ser excesivamente frágil que se está desarrollando en el vientre materno, y hay que cuidar de él con cuidados prenatales.


Luego la atención médica adecuada, vacunas, nutrición, etc. Además también tenemos en un programa “Agua para Todos”… Porque en este país, nadie se preocupa del alcantarillado, del tratamiento de aguas, de la salubridad de los ríos, ni del agua de la gente porque creen que eso no da votos, porque eso no se ve… Esas no son las obras faraónicas para que la gente nos recuerde. Porque claro ningún gobernante pone: “Esta alcantarilla se le debe al presidente Lenín Moreno”… Pero debo decirle que, en este momento, ya iniciamos los 66 primeros proyectos financiados de agua potable para las comunidades.


IR: ¿ O sea que su plan “Toda una Vida” está funcionando?

LM: Está funcionando completamente. Otra parte del programa es el que nos recuerda que tenemos que regresar al campo, es el programa de “La Gran Minga agropecuaria”. Y por supuesto hay varios aspectos de la vida del individuo, que van desde esa época en la que necesitamos inspirarnos, la niñez. Inculcar al ser humano valores, inculcar amor por la ciencia, respeto por la ciencia, por la tecnología, amor a la tecnología, porque al final es la que compone el bienestar cotidiano de la gente. Luego impulsarlo, con educación universitaria a los jóvenes que fueron afectados por el cierre de universidades que no tenían el nivel académico adecuado, pero no se les ofreció alternativas.


Entonces ¿qué hacemos con los jóvenes que se quedaron fuera de las universidades ? ¿Quién se preocupa de ellos? A lo mejor tienen potencialidades que no caben en ese sistema de universidad… Pero, ¿por qué no hay universidades técnicas que desarrollen potencialidades? En este momento estamos llevando a cabo un programa de 42 universidades técnicas para estos jóvenes que no tenían nada que hacer y que se iban a sus casas… Ya se puede imaginar usted a estos jóvenes en la casa sin hacer nada. ¿Cómo cree usted que se comportaba el padre o la madre que llegaban cansados de su trabajo, agobiados y veían a su hijo sin esperanza, acostado y fracasado? ¿Qué cree usted que pasaba en ese momento? Estas cosas nos las comunicaban durante la campaña. La gente nos decía: “No sé que hacer con mi hijo.”


Aquí cabe preguntarse: ¿ cómo debe ser un gobernante de izquierda ? Que se mida el avance del pueblo por el avance del último hombre o de la última mujer de la fila. Por eso, “Toda una Vida” consiste en inspirar, impulsar, y luego apoyar, acompañar al ser humano ya cuando tiene su familia, con una casa, con seguridad, con empleo, y cuando es un viejecito.
Ahora tenemos ya casi 50 mil viejecitos, que no tenían ningún tipo de jubilación, y les estamos otorgando una pensión mensual. Estamos agregando programas de recreación, de profesionalización, ¿por qué no a esa edad? Y luego, cuando Dios decida cerrarles los ojos, que tengan un sepelio digno, ¿por qué has de llevar deudas hasta después de la muerte? “Toda una Vida” va desde el momento de la concepción hasta el momento en que Dios decide cerrarte los ojos… y un poquito más allá.


Hay el programa “Impulso Joven”, hay pasantías, todo eso está desarrollándose muy bien… Tenemos ya, en este momento, entregados 80 millones de dólares a emprendimientos de jóvenes, entre cinco y quince mil dólares a cada proyecto. Los jóvenes tienen sus ideas locas. Alguien me decía: “¿Y si fracasan?” Pues fracasan. Pero si podemos acompañarles, si podemos capacitarles para que puedan tomar buenas decisiones empresariales, mejor todavía. En este momento se están desarrollando ya muchos proyectos con jóvenes.


Porque acá se creyó que haciendo la Universidad Yachay [ii] , esos centros de alta investigación, ya se resolvió el problema… Pero eso no ayuda a los empresariados jóvenes, que surgen, emergen, y muchos se quedan en el camino… Pero los que emergen generan empresas como Google, Amazon o Microsoft, que al final inclusive absorben a todos aquellos que no alcanzaron el éxito porque tienen sus propias experiencias, porque el fracaso no es malo. Acá se considera al fracaso malo… El fracaso puede ser que desmotive a la persona pero es positivo porque encontraste una nueva forma de cómo no se deben hacer las cosas. Y eso es una ayuda increíble. Marc Zuckerberg o Bill Gates, con los cuales he conversado, siempre me han manifestado que ellos a los competidores pequeños siempre han tratado de absorberlos… Entonces eso es lo que queremos generar... Y eso no se puede dar por decisión gubernamental. No es como Yachay, un centro de desarrollo de potencialidades, eso se da por iniciativa propia de la gente.


Por lo demás, creo que era preferible -antes que hacer esa universidad Yachay-, destinar a cada departamento de investigación de las universidades públicas los presupuestos y los equipos que necesitaban para poder desarrollar la investigación científica.


IR: Ese programa “Toda una Vida” es muy bello, pero como toda inversión social supone un coste, y usted decía que la situación económica no es brillante, ¿cómo vislumbra usted las perspectivas económicas?

LM: Precisamente estamos elaborando un Plan económico… Nos acaban de visitar los representantes de la banca Rothschild para ofrecernos una posibilidad mejor de financiamientos, con mejores tasas y con mejores plazos.


Otra de las decisiones es que hemos empezado a llevar con seriedad las cuentas públicas. Sincerar y transparentar. Por eso, nuestro índice de riesgo ha disminuido en casi en 300 puntos, a tal punto que estamos obteniendo créditos a dos y tres puntos más bajos, pero todavía altos. Estamos obteniendo mejores plazos que los que obtenía el gobierno anterior, ya no a cinco años sino a diez años, pero deberían ser de 15 o 20. Por eso, inclusive hemos abierto las puertas a los organismos de financiamiento internacional. Las condiciones tenemos que negociarlas, porque nosotros no podemos hipotecar el bienestar de nuestros ciudadanos, ni hipotecar el futuro de nuestra naturaleza. Tenemos bastantes posibilidades de inversión extranjera. Hay un ministro [Pablo Campana] trabajando intensamente en ello, y se abren muchísimas posibilidades.


IR: Vamos a pasar a la segunda parte y hablar de América Latina. ¿Cómo ve usted este momento tan particular en América Latina? Muchos analistas dicen que el “ciclo de la izquierda” se está terminando, y algunos hasta afirman que ya se acabó.

LM: Creo lo contrario. La izquierda está viva. Pero por supuesto con capacidad dialéctica de revisión. Hay que revisar lo que se ha hecho. Yo considero que lo que se llamó el ‘socialismo del siglo XXI’ no es como el socialismo del siglo pasado. Toma elementos del socialismo del siglo pasado, no es pues un ‘socialismo de cafetín’, es un socialismo que se ha ido construyendo en la práctica. Porque tal vez una de las cosas de las cuales padecimos quienes estábamos militando en la izquierda en el siglo pasado, es que nos olvidábamos de la práctica, nos olvidábamos de aquello que Marx había manifestado y que Lenin había corroborado: que no hay mejor forma de comprobar una teoría que con la práctica social. Así es como las ideas se experimentan y adquieren realidad, en la práctica social. Entonces construir el socialismo, como lo estábamos haciendo los primero años de la revolución, era una práctica apasionante.


Pero vuelvo a recalcar, el asunto se volvió un tanto siniestro a partir del instante en que empezó la corrupción, se alcahueteó la corrupción, y en el momento en que se volvieron ambiciosos con respecto a la posibilidad de perennizarse en el poder.


Yo encontré una cámara de vigilancia… Mientras yo estaba dando un discurso en el balcón de este palacio presidencial, el señor que empuja mi silla de ruedas se arrimó a una pared y sintió que quemaba, la sintió caliente. Llamaron a los técnicos para ver por qué quemaba la pared, y los mismo técnicos que habían instalado el sistema, empezaron a destapar los elementos de disimulo sobre la pared, y detrás apareció una cámara… Esos técnicos que habían instalado la cámara, no me habían informado nunca… El gobernante anterior debió haber tenido la delicadeza de avisarme: “Te voy a espiar”. Cuando me informaron llamé al técnico y le pregunté:”¿Quién monitorea esa cámara?” Y, lo puedo jurar por mis hijas y por mis nietos, ese monitoreo se hacía desde el teléfono celular del ex presidente de la República…


Si se quiere encontrar una alegoría, un simbolismo que encaje exactamente con lo que hizo el ex presidente [Rafael Correa], es esa. No se si usted ha gozado de la película “El Señor de los Anillos”. Recuerda sin duda al personaje de Gollum que fue dueño del anillo. Él fue quien lo encontró, y obtuvo así un poder terrible… Pero ese poder lo destruyó física, moral y espiritualmente. Su deseo desesperado de tener ese poder lo deformó, lo destruyó… La tentación del poder acompaña a todos los protagonistas de esa saga, y por supuesto también a Sauron, el genio del mal. Por eso, la única forma de hacer que esa tentación desaparezca es arrojar el anillo a un volcán. Eso, claro, no sucede en la tetralogía de Wagner, que culmina con “el ocaso de los dioses”, producido por el excesivo deseo de tener más poder… Hay personas que quieren tenerlo todo.


IR: ¿Llamó usted al ex presidente para pedirle una explicación sobre esa cámara oculta?

LM: No, porque ya estábamos distanciados. Creo que fue con intención perversa lo que me hicieron. A lo mejor pensaron que yo no iba a ganar las elecciones… Pensaban dejarle al sucesor una situación muy complicada para luego retornar como un “salvador”. Fue perverso lo que se me quiso hacer, muy perverso. A tal punto que, desde el primer día de mi gobierno empezaron a criticarme… El ex presidente empezó a criticarme en su Twitter.


Inclusive los medios de comunicación que estaban bajo la tutela del gobierno, le entrevistaron [a Rafael Correa]. Yo amo la libertad de expresión, me encanta. Porque, lo que ocurría aquí, era que los periodistas, intimidados por una superintendencia de comunicación sancionadora, no investigaban o investigaban muy poco. Apenas unos pocos valientes se atrevían a decir la verdad… y caían en desgracia. Yo creo que la libertad se respira, no es una cosa que debe constar en una ley. Esa ley [iii] continúa vigente, pero depende también como la aplica un mandatario. Ahora se respira libertad… Pero en ciertas partes, hay que cambiar la ley. Que tiene también aspectos buenos, como la cultura, la exigencia de la participación en el arte nacional, la distribución de las frecuencias a las comunidades -un poco más de la tercera parte-, y que la propiedad de los medios no esté dependiendo de los sectores empresariales ni financieros.

 


IR: O sea la garantía de unos medios realmente independientes.

LM: Pero que tampoco dependan del gobierno, porque un medio público no puede volverse un medio gubernamental. En eso hemos avanzado. A tal punto que ahora, en los medios públicos, ni me conocen. Actúan con completa y total libertad. Y han publicado artículos de personas vinculadas con la derecha. Por ejemplo, como hemos reanudado las relaciones cordiales con nuestro país hermano del Brasil, y aunque no coincidimos ideológicamente con el presidente Michel Temer, a pesar de eso, el Dr Temer publicó un artículo en un medio público nuestro. Yo creo que es mejor, vale más exceso de libertad que ninguna.


IR: Este año 2018 se van a producir cambios en muchos países latinoamericanos. Elecciones en Costa Rica, Cuba, Venezuela, Colombia, Brasil, México, Paraguay… En todos esos países posiblemente algunos presidentes van a cambiar. ¿Hacia qué América Latina piensa usted que vamos?

LM: Yo celebro muchísimo la democracia, una democracia verdadera. Celebro que, en Cuba, vaya a darse la alternancia del poder. Pienso que es una buena decisión del presidente y amigo Raúl Castro. Celebro las elecciones en Bolivia el próximo año 2019. Celebro las elecciones en Venezuela. Celebro que se vaya a hacer una Cumbre de las Américas en Lima en abril próximo. Tengo mis observaciones al respecto, creo que todos tenemos nuestro propio concepto de lo que pasa en Venezuela. Pero nuestra posición es que se deber invitar al presidente Nicolás Maduro a la Cumbre de las Américas. Aunque sea para poder decir “en la cara las cosas”. ¿Cómo puedo yo juzgar a una persona en ausencia? ¿Tengo mucho que decirle a Maduro? Claro que sí. Pero tiene que ser en los foros correspondientes. Uno tiene que ser respetuoso de las instituciones a las cuales tiene que acudir.
Celebro que haya diálogo, celebro que haya elecciones. Me preocupa que haya muchos muertos… Me preocupan los desplazamientos de miles de personas hacia fuera… Me preocupa esa situación.


IR: El año pasado hubo tres elecciones en Venezuela.

LM: Sí, y todas las ganó el gobierno . Yo respeto. Y como debo cumplir la Constitución, el Ecuador no tiene ninguna posibilidad de injerencia en otros países. Cada país tiene su propia forma de salir de sus problemas. Es desconfiar de la gente, el querer intervenir. Nosotros hicimos nuestra independencia, Francia su revolución, y Estados Unidos hizo su propia independencia.


(En ese momento, la Canciller María Fernanda Espinosa, que asiste a la entrevista, nos interrumpe para darnos una importante noticia: “ Al instante, me informan que se ha llegado a un acuerdo con la oposición en Venezuela. Se ha pospuesto para el 20 de mayo la elección presidencial [prevista anteriormente para el 19 de abril], y se ha llegado a un acuerdo con los 8 candidatos que están todos de acuerdo para posponer la fecha.”)


LM: Me alegro mucho de esta noticia. Veo que el diálogo está empezando a dar fruto. Yo conversé con José Luis Rodríguez Zapatero que es prácticamente quien está liderando los diálogos entre la oposición y el gobierno de Venezuela. Estuvimos con la señora Canciller conversando con él y francamente me estimuló muchísimo. Admiramos la tarea en la cual está empeñado el doctor Zapatero. Nosotros hemos hecho nuestro el sistema de gobernar mediante el diálogo, mediante los acuerdos mínimos, mediante la tolerancia, mediante el respeto. Inclusive yo invité a Palacio a conversar, a dialogar, a sectores que se habían alejado de la Revolución Ciudadana. A sectores indígenas, a sectores ecologistas, ciertos sectores políticos que también se habían distanciado, que habían sido aliados nuestros en un comienzo. Eso molestó terriblemente, porque de acuerdo al ex presidente [Rafael Correa] y sus amigos la única forma de dialogar es entre nosotros no más. No creen que hay que dialogar con una persona que piensa diferente, cuando es un poco lo contrario. El mayor estímulo de un diálogo viene de dialogar con quien piensa distinto a ti. Uno tiene que aprender a recrearse en la diversidad, no a padecerla. Entonces esa fue otra de las razones por las cuales me atacaron. Acusándome de que estaba, cosa que nunca hicimos, ofreciendo espacios de gobierno. Ni uno solo.


IR: Hablemos de Julian Assange. Su gobierno le ha concedido la ciudadanía ecuatoriana, pero las autoridades británicas no han cambiado de actitud. ¿Qué piensan hacer ustedes para resolver el caso Assange?

LM: Tal vez un poco de historia haría falta. Recordemos cómo sucedió el tema de Assange que además no lo creamos nosotros, lo heredamos.


No estoy de acuerdo con lo que hace el señor Assange. Le hemos reclamado insistentemente que no intervenga en la política internacional, ni ecuatoriana, inclusive de la oposición -porque en algún momento empezó a criticar a candidatos de oposición-, y yo le dije que no, que no se metiera en eso, que no tiene derecho, que su condición no le permite eso. Pero gente vinculada con la extrema derecha ecuatoriana dice que hay que expulsarlo de la embajada. No, independientemente de lo que haya hecho, él tiene derechos humanos y los derechos humanos en el Ecuador incluyen la no pena de muerte. Y sabemos perfectamente que el señor Assange -hemos revisado las leyes estadounidenses- sí fuera extraditado a Estados Unidos podría correr peligro de muerte.


IR: El 27 de enero pasado hubo un misterioso atentado en San Lorenzo [iv] , aquí en Ecuador, que provocó muchos heridos… Para esclarecer el caso, usted ha aceptado el apoyo de Estados Unidos y en particular que agentes del FBI vengan a Ecuador a investigar el caso. Algunos han visto ahí como una cesión de soberanía. ¿Qué opina usted?

LM: No creo. Cesión de soberanía sería volver a tener una base militar acá, pero no el apoyo de un país hermano, porque así lo consideramos. Estados Unidos es un país hermano, nosotros admiramos y queremos al pueblo estadounidense. A veces estamos muy en contra de cierto tipo de políticas y estamos en contra de cierto tipo de medidas supra-nacionales, de empresas transnacionales que tienen tratamientos reñidos con los países, con todo eso estamos en contra. Pero no contra el ciudadano estadounidense, no contra las empresas estadounidenses, no contra el gobierno estadounidense que, independientemente de que no pensemos igual, debemos respetar porque resulta de la decisión del pueblo estadounidense. Y por supuesto hay temas de migración en los cuales no estamos de acuerdo, hay decisiones unilaterales con las cuales tampoco estamos de acuerdo, pero estamos llevando una relación amistosa con Washington, una relación fraterna. 

 

 

IR: ¿ Y la política de Donald Trump con respecto a los emigrantes y en particular con los emigrantes ecuatorianos entre los que hay sin duda ilegales?

LM: Por lo menos un millón de ecuatorianos viven en Estados Unidos. Seguramente bastantes más. No tenemos la cifra exacta porque es imposible saberlo si no están en la legalidad. Con respecto a la expulsión de los ilegales, nosotros e stamos en un caso contrario. Tenemos una Constitución que respeta el derecho a la movilidad. Creemos que el futuro de la humanidad debe ser la ciudadanía universal. No puede ser que, en un mundo que supuestamente está hermanándose, cada vez más los capitales, las materias primas, las materias elaboradas, vehículos y todo lo demás tengan libre tránsito, y los seres humanos no puedan transitar de un lado a otro. Estar donde quieran y en el momento que quieran. Es muy difícil practicar ese principio en las circunstancias en las que está el mundo, pero nosotros hemos acogido a centenares de miles de colombianos y venezolanos, a los cuales hemos tratado como hermanos. Peruanos también han venido. Los tratamos como hermanos que merecen tener los mismos derechos que tienen los ecuatorianos.


IR: En América Latina, en este momento, nos da la impresión de que la integración no está funcionando. ¿No cree usted?

LM: En efecto. Está más difícil en este momento. UNASUR, por ejemplo, está sin un Secretario General y para nosotros el asunto es muy delicado porque la sede de UNASUR está en Quito. Hemos propuesto varias opciones pero con una Latinoamérica tan fraccionada ideológicamente es difícil… Pero aún en esas circunstancias se pueden encontrar muchísimos elementos por los cuales se comulgue juntos. A veces el término “divide y vencerás” se evidencia en la realidad.


IR: ¿Hace usted alusión al Norte?
LM: No sé si la culpa es de un vecino de más al norte, más al occidente, u otros vecinos de más al oriente, pero el asunto es que estamos fraccionados… El asunto es que ya no tenemos la unidad que tanto bien nos hizo en el pasado. Entonces hay que revivirla, hay que encontrar nuevos elementos de unión, nuevos elementos de comunión.


IR: Última pregunta. Ustedes están proponiendo actualmente a la Canciller María Fernanda Espinosa como candidata a la presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas [v] , ¿Con qué perspectiva?

LM: Con muchísimas perspectivas y buenas. Yo estoy monitoreando permanentemente a nuestra delegación en Naciones Unidas y nos dicen que la candidatura de la canciller ha sido muy bien recibida. Nuestra canciller, además de joven, es una persona que está muy capacitada y tiene muchísima experiencia en el tema. Por eso los países están recibiendo con mucha esperanza la posibilidad de que nuestra Canciller presida la próxima Asamblea General de Naciones Unidas. Pero por supuesto respetamos el derecho que pueda tener cualquier hermano país a proponer su candidatura, y bajo ninguna circunstancia haremos una campaña de desprestigio.


Pensamos que tenemos posibilidades de éxito. Pero sobre todo, vuelvo a recalcar, nos estamos obligando a hacer lo que hicimos durante mi campaña presidencial. No desprestigiar a las otras candidaturas, todo lo contrario; si es posible manifestar los aspectos positivos de las otras candidaturas y de los países hermanos que están auspiciando esas candidaturas. Pero claro, nosotros estamos ejerciendo el derecho de tener nuestra candidatura propia.


(Entrevista realizada en el Palacio de Carondelet, Quito, el 1 de marzo de 2018. Revisada y enmendada por el entrevistado)

Le Monde diplomatique en español, abril 2018

 

Notas:


[i] Ecuador creó, mediante una ley aprobada en mayo de 2017, un cuerpo civil de seguridad para la protección de funcionarios estatales como elpresidente , similar al Servicio Secreto de Estados Unidos.
[ii] Situada a 112 kilómetros de Quito e inaugurada por el presidente Rafael Correa en 2014, Yachay Tech es la primera universidad científico tecnológica experimental de Ecuador, considerada como el corazón de una Ciudad del Conocimiento y de un Parque tecnológico científico, en donde se prevé que se afinquen nuevas industrias. Las asignaturas fueron diseñadas por 70 expertos internacionales.
[iii] La Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador fue promulgada en 2013.
[iv] https://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_contra_el_distrito_policial_de_San_Lorenzo_de_2018
[v] De acuerdo con el sistema de rotación regional, el próximo presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas provendrá de la región América Latina y Caribe . La elección del presidente de la Asamblea General para la sesión que comienza en septiembre 2018, tendrá lugar en julio próximo , luego de lo cual el diplomático elegido asumirá el cargo por un año.

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La política peruana implosiona en un ambiente de “que se vayan todos”

El vicepresidente asumirá casi sin apoyos mientras la izquierda pide “cambiar un sistema podrido”


Hasta el miércoles, Martín Vizcarra vivía en Ottawa como embajador de Perú en Canadá, aislado de todos, casi exiliado y alejado del poder. Allí lo envió Pedro Pablo Kuczynski para apartarlo de la tormenta que arrasa la política peruana. Pero siguió siendo vicepresidente, y por eso desde hoy deberá asumir casi sin apoyos el poder. La política peruana ha implosionado por el caso Odebrecht,que ha forzado la dimisión del presidente, para el que la fiscalía ha solicitado la prohibición de la salida de Perú ante el temor de una fuga. El país se ha instalado en una profunda crisis de credibilidad en la que crece el mensaje antipolítico de “que se vayan todos”.


Mientras la ciudadanía muestra su indignación en Perú, la izquierda de Verónika Mendoza pide “cambiar un sistema podrido” y convocar elecciones, una exigencia a la que se suman otros grupos pequeños. Pero nadie quiere ir a las urnas en este ambiente explosivo y el escenario más probable parece el de un Gobierno muy débil de Vizcarra durante los tres años de legislatura que quedan. Con un Parlamento dominado por los fujimoristas, el Perú parece condenado a la inestabilidad permanente. Vizcarra de momento solo ha enviado un tuit desde Canadá: “Estoy indignado por la situación actual, como la mayoría de los peruanos. Pero tengo la convicción que juntos demostraremos una vez más que podemos salir adelante. Por ello, regreso al Perú para ponerme a disposición del país”. Su llegada parece tener el apoyo del mundo empresarial y tanto la bolsa como el dólar se calmaron con la caída de PPK.


Perú no se está hundiendo. La economía marca un crecimiento algo más suave que en los últimos años, 2,5% anual, pero las cifras son positivas de forma ininterrumpida desde hace 19 años, hasta el punto de que se hablaba del milagro peruano. Y sin embargo, la política peruana es una de las peores valoradas de la región, en las calles de Lima la gente reclama que dimitan todos y el título principal de La República, de centro izquierda, evidencia el ambiente irrespirable que se vive en el poder: “Medio país pide que se vayan todos”. La encuesta que lo sostiene señala que el 49% de los peruanos respalda que ambos vicepresidentes renuncien y que se convoquen elecciones.


Entre carteles de que “que se vayan todos los corruptos”, Mendoza, líder de la izquierda cuyos votos fueron claves en 2016 para que ganara Kuczynski, mostró la gravedad del momento. “Nuestra clase política tradicional ha hecho de nuestro estado un botín. PPK no es una víctima, se va por corrupto e inmoral. Necesitamos una transición democrática, la de 2000 [tras la caída de Fujimori] fue incompleta. Llamamos a todos a recuperar nuestra patria”. La calle no ha estallado, el ambiente parece tranquilo en Lima a la espera de que Vizcarra, quien llega mañana desde Ottawa luego de dos días, se hiciera cargo de la situación. La única manifestación importante congregó a unas 4.000 personas en Lima.


“Perú no se ha recuperado de la destrucción del sistema de partidos que hizo Fujimori en los 90. Antes de que llegara había tres grupos, izquierda, centro y derecha. Ahora solo hay organizaciones personalistas, pragmáticas, sin ideología, muy débiles. Hay mucho aventurerismo. Y por eso cuando alguien pierde el poder puede acabar en la cárcel, como Ollanta Humala, porque no tiene un partido para defenderlo. Ahora vamos a tener un presidente como Vizcarra completamente solo, va a tener que hacer milagros”, explica el analista y profesor Martín Tanaka.


Todos asumen que hay que cambiar el sistema, aunque nadie sabe bien cómo hacerlo con un Parlamento desacreditado y dominado por un fujimorismo dividido y con ganas de venganza por su derrota en 2016 por solo 40.000 votos. “Pensando en el 2021 en adelante, queremos presentar una propuesta como bancada: una asamblea constituyente en paralelo, sin desactivar el congreso actual. Hemos tenido una discusión para reformas políticas y un proyecto de ley multipartidario, con miembros del propio fujimorismo, y el fujimorismo las bloqueó”, sentencia Gilbert Violeta, congresista de Peruanos por el Kambio, el partido que seguirá de momento en el poder aunque nadie sabe por cuánto tiempo, porque Perú devora a toda velocidad a sus políticos y ahora le toca sufrir ese trágico destino al nuevo e inesperado presidente.


En este ambiente depresivo, incluso los analistas admiten que al menos la clasificación de Perú para el mundial por primera vez en 40 años calmará las aguas y hará olvidar por completo la política en pocas semanas.


Protestas contra la corrupción


Mientras el Congreso debatía la aceptación de la carta de renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, unos 4.000 ciudadanos marchaban este jueves por la noche por las principales avenidas del centro de Lima para expresar su indignación por la corrupción de los líderes políticos y su esperanza de cambios.


César Gutiérrez, de 35 años, vendedor de cintas de tela con el lema Que se vayan todos los corruptos comentaba al inicio de la caminata en la Plaza San Martín: "Yo me dedico nomás a trabajar, no hay confianza en ninguno (los políticos). Hace varios años se acabó el trabajo en una fábrica y empecé a trabajar en la calle. Ningún político me ha dado trabajo".


La artista plástica Cristina Planas encabezaba un grupo de trabajadores de las artes en la protesta. Como en otras movilizaciones llevaba tres piezas de arte suyas. Se trata de unas cabezas de gallinazos (ave rapaz) gigantes que creó como símbolo anticorrupción, dado que estas aves se alimentan de desechos. "Nos hemos quedado sin presidente y solo se ha desvelado la punta del iceberg. Se ha visto cuáles son las maneras de corrupción en el Ejecutivo y en el Congreso, y lo que para ellos significa hacer política. Esto ha desencadenado en indignación e ira. La corrupción solo se combate con educación y cultura. La gente tiene que salir a la calle".


El grito "¡Qué se vayan todos!", que se escuchaba en la protesta y se extendía en las redes sociales, fue respondida en la sesión del pleno del Parlamento por el congresista Alberto de Belaunde. "¿Que se vayan todos? No. Que vengan todos. Todos los virtuosos, todos los honestos, todos los capaces. Solo así evitaremos otra crisis", afirmó el político, quien renunció en diciembre al partido de Gobierno, después de que Kuczynski indultara a Alberto Fujimori.


TODOS LOS PRESIDENTES ENCARCELADOS O DESTITUIDOS


Visto dos meses después, y con la decisión de la fiscalía de impedir la salida de Pedro Pablo Kuczynski del país, parecía una profecía: "¿Qué le pasa a Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso? Y presos con rabia ¿no? El sistema llama la atención", se preguntó el Papa en enero, cuando visitó Lima. Ningún presidente desde 1990 ha salido del poder tranquilo y mucho menos aplaudido.


“Después de los 90 se mejoró mucho el sistema judicial en la parte de juzgamiento, se desarrolló mucho el sistema anticorrupción en la persecución del delito, y además ahora la gente no acepta que se robe, es más exigente, pero lo que no se resolvió fue el sistema institucional, de partidos, y por eso no logramos evitar que los presidentes caigan todos en los mismos problemas de corrupción”, señala Luis Vargas Valdivia, exprocurador que se encargó de perseguir la corrupción de Fujimori.


El profesor Maxwell Cameron señala que el problema de fondo es que “el Perú no tiene un contrato social con el cual los ciudadanos forman parte de un proyecto común. En realidad, el Perú tiene una oligarquía electoral cuya función es administrar una economía rentista y extractivista. En ese contexto, la política termina siendo la compra y venta de intereses en medio de una gran corrupción. Aun cuando los presidentes peruanos no cometen grandes errores, sus efectos pueden ser desastrosos”.


“El país no ha madurado. Tenemos casi 200 años como república, pero nuestro presidencialismo encara los mismos problemas en su relación con la oposición parlamentaria que teníamos hace 100, 50, o 25 años”, señala Jorge Valladares, experto de IDEA Internacional. “Todas nuestras crisis terminaron con presidentes desterrados y los tanques en palacio. Nuestro aprendizaje institucional es decepcionante: apenas nos hemos dejado a los militares de lado, pero la verdad es que la fragilidad de nuestras instituciones políticas es igual de decepcionante, y está agravada por la falta de integridad de nuestros políticos. La relación entre el dinero privado y las políticas públicas ya no es solo de influencia, es de captura”, remata.

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En torno a la construcción del sujeto antagonista

¿Cómo construir el sujeto antagonista? Esta es una de las preguntas fundamentales de la política contemporánea. Frente a los esencialismos que funcionaron y siguen funcionando en la tradición antagonista, proponemos un visión del sujeto fundamentada en las prácticas y los procesos de lucha, en consonancia con ciertos planteamientos de Marx.

Ahora que conmemoramos el doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx, resulta muy interesante retornar a sus textos para intentar precisar sus reflexiones en torno al sujeto revolucionario y observar si fuera posible extraer enseñanzas para nuestra tarea política actual. Porque, en este tema, quizá nos encontremos con alguna sorpresa dado que esta cuestión en Marx está muy lejos del simplismo con el que ha solido interpretarlo la tradición dominante del marxismo.


MARX Y LA CUESTIÓN DEL SUJETO


Marx puede ser, sin duda, interpretado en diversas direcciones. Su obra da para interpretaciones mecanicistas, economicistas y esencialistas, pero también para todo lo contrario. Se trata de leer con atención y escuchar al propio Marx, por ejemplo, reprochar a sus seguidores rusos por haber deducido de El Capital cuál debiera ser el proceso político a seguir en Rusia. El enfado de Marx, en forma de carta a una revista rusa, Apuntes de la patria (Otechesvennie zapiski) es monumental. Marx se siente tremendamente disgustado por el hecho de que sus seguidores rusos deduzcan de sus análisis "una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera que sean las circunstancias históricas en que se encuentre”. Una crítica en toda regla al determinismo y al etapismo que tanto ha gustado a cierto marxismo.


Pero vayamos a la cuestión del sujeto, que es la que aquí nos interesa. Si algo puede extraerse de los textos de Marx es su alejamiento de cualquier posición esencialista, tanto en lo que respecta al sujeto individual como al colectivo. El individual, como apunta en su Tesis sexta sobre Feuerbach, está constituido por “el conjunto de sus relaciones sociales”, en absoluto por su exclusiva posición de clase, que, como reprochaba Sartre al marxismo ortodoxo de los años 60, acaba por no explicar nada. El sujeto individual, denominado como “individuo social”, es múltiple, plural, sujeto a numerosas determinaciones, entre las que su posición productiva desempeña, sin duda, un importante papel.


Para hablar del sujeto colectivo deberemos comenzar recordando algo que no ha sido suficientemente subrayado por la hermenéutica marxista. Para Marx, y Engels, el único criterio de verdad es la práctica. Y esa práctica, además, es el origen de la producción de la conciencia. Es decir, Marx nos indica que la conciencia no es previa a los procesos, sino paralela o posterior a los mismos. Así lo argumentan en La ideología alemana: “…tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución”. La conciencia comunista se produce tras la revolución, no antes de la misma.


Este planteamiento de la construcción de la conciencia en el proceso práctico, y no antes, encaja perfectamente con otra cuestión poco resaltada respecto del sujeto político colectivo en Marx. Aquella según la cual la clase social tampoco preexiste al proceso de lucha, sino que es, más bien, consecuencia del mismo. En Miseria de la filosofíapodemos encontrar de forma nítida este planteamiento: “Las condiciones económicas habían transformado primero la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa es ya una clase enfrente del capital, pero no lo es aún para ella misma [cursiva JMA]. En la lucha, algunas de cuyas fases hemos señalado, esta masa se reúne, se constituye en clase para sí misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Y la lucha de clase a clase es una lucha política”. Es la célebre distinción entre clase en-sí y clase para-sí, pero en la que la constitución en clase para-sí no procede de un proceso de concienciación teórica,sino de práctica social. Es decir, la conciencia no puede ser imbuida teóricamente desde fuera al sujeto proletario, sino que es efecto de una autoconstitución práctica. En La ideología alemana, de nuevo, aunque refiriéndose al periodo feudal, Marx y Engels habían escrito algo muy semejante: “Los diferentes individuos solo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”. La concepción sociológica de la clase, la clase en-sí, carece, por tanto, de efectividad política.

EL SUJETO ANTAGONISTA


Marx nos sitúa ante una perspectiva práctica de constitución del sujeto. Una perspectiva que sintoniza a la perfección con lo que en la actualidad plantea el Comité invisible. En A nuestros amigos puede leerse: “No es ‘el pueblo’ el que produce el levantamiento, es el levantamiento el que produce su pueblo, al suscitar la experiencia y la inteligencia comunes, el tejido humano y el lenguaje de la vida real que habían desaparecido”. Llámesele pueblo, llámesele multitud, llámesele clase, para el Comité Invisible, lo mismo que para Marx en su momento, el sujeto es el producto del acontecimiento desencadenado, de las experiencias e inteligencias que le acompañan, es el resultado de ciertas prácticas. Prácticas que pasan, entre otras cosas, por la apertura a la proliferación de los vínculos. El sujeto que se constituye en los procesos, resulta, por tanto, de la superación de los obstáculos que se levantan en la vida cotidiana, de las inercias de aislamiento que caracterizan a nuestras sociedades neoliberales.


Clase, proletariado, es el nombre de una práctica. Multitud, pueblo, son el reflejo de un proceso. Con Marx nos alejamos de las esencias, el ser es sustituido por el devenir y la relación. No hay un sujeto, reconocible por unos rasgos predefinidos que nos permitirían determinarle. Pues toda determinación, como recuerda el aforismo spinoziano tantas veces recogido por Marx, es negación, y en la cuestión del sujeto no hay determinación a priori. El sujeto deviene en el proceso de la lucha y se configura mediante la multiplicación de los vínculos. Burguesía es quien explota y quien teoriza esa explotación como natural o necesaria. Proletariado es el nombre de quien se rebela. Así como el sujeto individual es entendido como el efecto del conjunto de las relaciones sociales que lo constituyen y es, por tanto, plural, el sujeto colectivo viene definido por una sola relación, la que lo convierte en antagonista práctico del poder constituido. Plural en su constitución, unitario en su expresión. Proletariado es el nombre de todo aquel, aquella, que se enfrenta al capital, que encarna en una práctica la vergüenza, el dolor, la explotación, la humillación del mundo. Y cuya práctica se enfoca al beneficio de la mayoría social.


El sujeto antagonista es un devenir, el efecto de la precaria consolidación de vínculos fluidos. No tiene rostro reconocible, no tiene nombre, aunque nos empeñemos en nombrarle. Es un nombre, como diría Deleuze, “para entendernos”, una exigencia comunicativa. Pero hay que evitar el peligro de, al nombrarlo, designarle una esencia. Ni el proletariado, ni las mujeres, ni los empobrecidos, ni las marginadas, ni los estudiantes son el sujeto.


El marxismo, contra la evidencia misma de su propia práctica, en la que dirigentes de extracción burguesa desempeñan un papel fundamental, desarrolló una teoría esencialista del sujeto político, al que nombró como proletariado. En la actualidad es preciso prevenir cualquier gesto esencialista, ser conscientes de que el sujeto es plural, los sujetos son plurales. Clase es todo aquel, aquella, que se une en la lucha contra el capital, independientemente de que sea estudiante, autónoma o trabajadora de fábrica; mujer es toda aquella, aquel, que se enfrenta al patriarcado, independientemente de su sexo; minoría étnica, todos aquellos que luchan contra el racismo. Multitud, o pueblo, es el nombre que podemos otorgar a la coordinación de esas diversas luchas.

 

Por JUAN MANUEL ARAGÜÉS ESTRAGUÉS
PROFESOR DE FILOSOFÍA, UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

PUBLICADO
2018-03-20 10:00:00

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