Inversión extranjera, mayor producción petrolera y renegociación de deuda: Las claves del decreto de emergencia energética de Venezuela

Maduro enfatizó que está abierto a inversionistas estadounidenses en el sector hidrocarburos, en una relación "ganar-ganar".

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció este viernes que su país tomará "medidas audaces" para la "recuperación integral y definitiva" de la industria petrolera, a pesar de las sanciones coercitivas impuestas por el gobierno de EE.UU.

En esa línea, Maduro recalcó que toda la industria de hidrocarburos del país está abierta a la inversión extranjera. "Con la Ley Antibloqueo vamos a buscar buenos socios internacionales que traigan capital, tecnología y mercado para la gran industria de Venezuela", sostuvo.

El mandatario indicó que ya están en marcha las negociaciones de contratos para inversionistas internacionales en Venezuela, especialmente con empresas de Turquía, India, China, Rusia y algunos países de Europa, por lo que también extendió la invitación a empresarios estadounidenses para sumarse a estas propuestas de negocio.

"Quiero decirle a los inversionistas de los EE.UU. de Norteamérica que las puertas de Venezuela están abiertas para la inversión petrolera, gasífera y petroquímica del capital estadounidense, para trabajar en una sociedad ganar-ganar", manifestó. 

Asimismo, el mandatario firmó un Decreto Presidencial que extiende por 12 meses la declaratoria de la emergencia energética en el sector petrolero, gasífero y petroquímico, así como la existencia de una Comisión Presidencial, denominada "Alí Rodríguez Araque", para avanzar en la recuperación de la industria.

Negociar deudas

Este viernes, Maduro adelantó que el Ejecutivo está listo para reactivar las negociaciones con los tenedores de deuda de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), que dejaron de cobrar sus participaciones debido a las medidas coercitivas unilaterales impuestas a la industria por la Administración de Donald Trump.

El mandatario, que el año pasado planteó una nueva reestructuración de deuda con los acreedores, indicó que los tenedores dejaron de percibir 110.000 millones de dólares de deuda de la República y de PDVSA, a causa de las sanciones de EE.UU.

"Ratifico a todos los tenedores que estamos listos para reactivar toda relación del sistema crediticio y tenemos una oferta muy fuerte para honrar los compromisos de Venezuela con el mundo. Hago la oferta pública a tenedores de deuda de Pdvsa y de la República", reiteró Maduro.

Asimismo, el jefe de Estado venezolano denunció el bloqueo de las cuentas de PDVSA para comprar y pagar deudas, además de las restricciones financieras a la industria petrolera para acceder a créditos internacionales.

Más producción

Por su parte, el ministro de Petróleo, Tareck El Aissami, aseveró que durante este 2021 la industria prevé alcanzar una producción de 1.508.000 barriles día de crudo y 6 millones de pies cúbicos de gas.

El Aissami señaló que, a un año de haberse declarado la emergencia energética, se logró la desaceleración de la caída abrupta de la producción petrolera con estrategias innovadoras para estabilizar el sistema de extracción de crudo que, para el cierre de enero de este año, ya supera los 600.000 barriles diarios.

Según la autoridad petrolera, el país también avanzó la recuperación progresiva del sistema de refinación, procesando más de 250.000 barriles de crudo y realizando grandes esfuerzos para rescatar la operatividad de las refinerías afectadas por las restricciones al acceso de partes y repuestos, a raíz de las sanciones estadounidenses.

El Aissami detalló que las sanciones implicaron la paralización de actividades de socios estratégicos y la reducción del número de taladros, lo que impidió la perforación de nuevos pozos y la rehabilitación de yacimientos inactivos. Esta situación, apuntó el ministro, fue la responsable de "una brutal caída de la producción petrolera, de 2,4 millones de barriles en el año 2015, a menos de 400.000 barriles en 2020".

A principios de febrero, el gobierno informó que las sanciones aplicadas por Washington en contra PDVSA, a partir de 2019, incidieron en que Venezuela cerrara el 2020 con una producción de apenas 339.000 barriles por día. En total, las medidas coercitivas unilaterales impuestas por EE.UU. en contra del país suramericano han ocasionado la pérdida de ingresos brutos por el orden de los 102.000 millones de dólares, de acuerdo a los más recientes datos oficiales.

Publicado: 20 feb 2021 02:13 GMT

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La expropiación en Andorra de más de 2 mil millones de euros a empresarios y políticos del régimen de Videgaray/Peña Nieto expuso su conectividad con la Casa de Cambio Tíber, donde Juan Collado depositó cuantiosas sumas.Foto José Carlo González

 Resurgió el tema de los paraísos fiscales y el lavado de dinero, que abordé hace 21 años en "El lado oscuro de la globalización" (https://bit.ly/3akkIWZ).

Existen tecnicismos financieros y sutilezas legales que disocian la evasión fiscal del vulgar "lavado de dinero", cuyo origen es ilícitamente criminal y es blanqueado en los paraísos fiscales para esterilizarlo de su pecado original y que constituye el 5 por ciento del PIB global: 4.2 trillones de dólares estadunidenses (en anglosajón) en 2020. Otros aducen que asciende a un descomunal 10 por ciento del PIB global (https://bit.ly/3tTD3ld).

La evasión fiscal exclusivamente para INDIVIDUOS en los paraísos fiscales off-shore fue de 8.7 trillones de dólares estadunidenses (en anglosajón) en 2017 (https://bit.ly/3bfRlEv), según Gabriel Zucman, economista de la Universidad de California/Berkeley, quien tiene como asesor doctoral al connotado Thomas Piketty.

La confusión semántica proviene de que los blanqueadores y los evasores convergen en los mismos paraísos fiscales que les procuran sus facilidades.

Existen diferentes rankings de paraísos fiscales. Para Corporate Tax Haven Index, tres territorios británicos (sic) de ultramar (sic) ostentan los primeros lugares: las Islas Vírgenes Británicas (IVB), Bermuda y las Islas Caimán (https://bit.ly/3aZLbYH). En su ranking integral de 64 paraísos fiscales, la hoy tan de moda Andorra viene en el lugar 51 (https://bit.ly/3jK9SMM).

Según Financial Secrecy Index, entre 21 y 32 trillones de dólares (en anglosajón) de "riqueza financiera privada (sic)" están localizados en "jurisdicciones secretas (¡megasic!)", sin impuestos o con "impuestos ligeros".

En forma inverosímil, ¡más de 38 por ciento del PIB global se encuentra ubicado en “jurisdicciones secretas (https://bit.ly/3rGmyHo)”!

En los 15 primeros lugares descuellan los territorios británicos de ultramar: las Islas Caimán y las cada vez más famosas IVB, que “poseen más de 5 mil veces el valor de lo que su economía puede sostener (https://bit.ly/2Zbzmt1)”.

El PIB de las IVB es de unos irrisorios mil 28 millones de dólares (datos de 2017), cuyo 93.1 por ciento proviene de los "servicios", primordialmente de su centro bancario off- shore, sumado de su sicalíptico "turismo fiscal".

La economía de las IVB está íntimamente ligada a las otras Islas Vírgenes Estadunidenses, de mayor tamaño y más pobladas: sede de la pedofilia del "suicidado" Jeffrey Epstein.

La develación de las múltiples cuentas mafiosas de García Luna, secretario de Seguridad de Calderón, vinculados presuntamente al cártel de Sinaloa, expusieron la evasión fiscal en las IVB del locuaz ex locutor itamita de Televisa Carlos Loret de Mola-Álvarez, desde donde tramó y timó para adquirir su departamento de lujo en Miami, muy cerca de su mentor García Luna (https://bit.ly/3pcaUlL).

En México, cada sexenio ha tenido sus modas de paraísos fiscales: desde De la Madrid (en Luxemburgo), pasando por Raúl Salinas y su séquito empresarial (en las Islas Caimán), hasta la dupla Videgaray/Peña Nieto en Andorra (https://bit.ly/2N4viZ0).

La expropiación en Andorra de más de 2 mil millones de euros a 23 empresarios y políticos del régimen de la dupla Videgaray/Peña Nieto expuso su conectividad con la Casa de Cambio Tíber, donde Juan Collado depositó cuantiosas sumas en efectivo para ser transferidas al hoy banco clausurado BPA.

Carlos Djemal Nehmad, mandamás de la fétida Casa de Cambio Tíber, fue encarcelado en Nueva York, lo que llevó al cierre de su banco InvestaBank, que cambió su nombre a Accendo.

Existen paraísos fiscales poco citados que han causado mucho daño, como Antigua (https://cnn.it/3d9DRg6), sede del extinto banco Stanford, que lavaba al cártel del Golfo y en el que fue miembro de su Consejo de Administración Jorge Castañeda Gutman (https://bit.ly/3rIYgwc).

El operador financiero de Banca Stanford en México fue David Nanes Schnitzer, detenido en el paraíso fiscal de Belice, para luego ser liberado y recapturado en la Ciudad de México por sus incontables desfalcos (https://bit.ly/3b186mv).

Los anti-civilizatorios y piratas paraísos fiscales, que deben ser abolidos, son hoy los tolerados avernos de los despojados humanos.

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Caída de la inversión a nivel mundial

La inversión extranjera directa mundial se derrumbó un 42 por ciento durante 2020, para totalizar 859.000 millones de dólares, desde 1,5 billones de dólares alcanzados en 2019, informó este domingo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), en su 38° Monitor de Tendencias de Inversión Mundial.

La Inversión Extranjera Directa (IED) terminó 2020 más del 30 por ciento por debajo de la crisis financiera mundial en 2009 y regresó a nivel visto por última vez en la década de 1990.

El informe da cuenta que "la disminución se concentró en los países desarrollados, donde los flujos de IED cayeron un 69 por ciento a un estimado de 229.000 millones de dólares. Los flujos a Europa se agotaron por completo a -4.000 millones de dólares, incluidos los grandes flujos negativos en varios países. También se registró una fuerte disminución en los Estados Unidos (-49 por ciento) a 134.000 millones de dólares".

La Unctad, con sede en Ginebra, Suiza, remarcó que "el declive en las economías en desarrollo se midió relativamente en -12 por ciento a un estimado de 616.000 millones de dólares. La participación de las economías en desarrollo en la IED mundial alcanzó el 72 por ciento, la participación más alta registrada. China encabezó la clasificación de los mayores receptores de IED".

Para la caída de los flujos de IED en las regiones en desarrollo fue desigual, con un 37 por ciento en América Latina y el Caribe, un 18 por ciento en África y un 4 por ciento en los países en desarrollo de Asia.

Asia oriental fue la región receptora más grande y representó un tercio de la IED mundial en 2020. La IED destinada a las economías en transición disminuyó en un 77 por ciento a 13.000 millones de dólares.

La IED en China, donde la fase inicial de la pandemia provocó fuertes caídas en los gastos de capital, terminó el año con un pequeño aumento (+ 4 por ciento).

La IED en India aumentó un 13 por ciento, impulsada por las inversiones en el sector digital. En el bloque de la Asean, un motor del crecimiento de la IED durante la última década, se redujo un 31 por ciento.

La reducción a la mitad de las entradas de IED en los Estados Unidos se debió a fuertes caídas tanto en las inversiones nuevas como en las fusiones y adquisiciones transfronterizas. La IED en la UE se redujo en dos tercios, con importantes descensos en todos los principales receptores; excepto el Reino Unido que no mostró caídas.
La Unctad pronostica que "se espera que la tendencia de la IED se mantenga débil en 2021"

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2020, el año en el que se derrumbaron los mantras y dogmas de la economía

La pandemia lo ha cambiado todo. No ha destruido el sistema, ni lo hará, pero nos muestra sus fallos y abre el debate hacia qué tipo de economía mundial queremos avanzar.

 

Repetir una y otra vez hasta que las suposiciones se conviertan en dogmas. Aplastar el conocimiento y la imaginación machacando con que there is no alternative. Tratar como locos o ignorantes a todo aquel que se descarrile de la ortodoxia que ellos mismos han convertido en ley divina. Y, si esas supuestas normas inviolables fallan, pues se le echa la culpa a las “externalidades”, o sea, se exculpa de todo error y pecado a sus métodos y recetas: si la mano invisible no funciona es porque no le dejan. Así se ha fraguado la corriente económica dominante de las últimas décadas y todo el tinglado financiarizado al servicio del capital que se ha construido sobre él. Pero el 2020 lo ha cambiado todo.

Este no va a ser uno de esos artículos donde se explica que el capitalismo está llegando a su fin. Aquellos que lo manejan tienen mucho poder y nos llevan mucha ventaja, y su renovación y subsistencia ya se lleva fraguando desde la anterior crisis. Pero 2020 ha mostrado los fallos del sistema, y en entender dichos fallos se encuentra la clave para marcar una agenda política y social que sea capaz de labrar un futuro mejor para todo el mundo. El covid-19 ha señalado al rey desnudo mientras sus fieles vasallos insisten en convencernos de que sigue llevando ropa, pero que sus prendas necesitan una renovación. Un año donde hasta el Papa parece permitirse el lujo de señalar directamente al capitalismo y sus dogmas como causantes de la desigualdad en el mundo y la inminente crisis ecológica. Donde las instituciones que siempre han defendido sus reglas divinas se han visto obligadas a dar marcha atrás. Donde a Hayek se le esconde y todos se convierten en keynesianos.

Y, como siempre, se nos señala a la externalidad. Hemos pasado de culpar al que “ha vivido por encima de sus posibilidades” a “nos vemos obligado a tomar esta medida por el virus”, aliñados con muchas noticias de gente joven haciendo botellón, para imprimir en nuestras mentes la idea de que la culpa de que la pandemia sea más larga de lo que esperábamos es de esa gente joven y no de metros abarrotados y centros de trabajo repleto de currelas. Pero no nos engañemos, la economía ya estaba enferma y el covid solo ha sido una nueva excusa para poder justificar sus fallos estructurales.

Botón de “pausa” a la austeridad

Era comienzos de marzo y en España todavía nos estábamos riendo de “esos chinos totalitarios que encierran a ciudades enteras para la gripe esa” cuando Jerom Powell y Christine Lagarde, directores de la Reserva Federal Estadounidense (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) respectivamente, anunciaron que harían lo necesario para sostener a un sistema económico que ya se resentía y se anotaba, en forma de caídas mundiales en los mercados bursátiles, sus primeros coletazos de la nueva crisis que se nos venía encima. En occidente todavía no teníamos conciencia de lo que estaba pasando al otro lado del globo y nuestra vida era totalmente normal, pero los mercados ya habían entrado en pánico total. Por supuesto, los bancos centrales salieron en su rescate.

Todos los bancos centrales anunciaron paquetes de medidas extraordinarios que básicamente venían a inyectar ingentes cantidades de dinero en los mercados para, otra vez, intentar “que fluya el crédito a familias y pymes”. No era suficiente. Los bancos querían que esos créditos fueran seguros y los gobiernos también salieron en su rescate a modo de avales a esos préstamos, como en el caso español con los créditos ICO avalados por el Estado central en un 80%, 90% para el sector de la hostelería.

Pero sin duda, el mayor golpe a las recetas aplicadas en las últimas décadas a los países del sur y en la última a los Estados del sur de Europa, lo dio la presidenta de la Comisión Europea el viernes 20 de marzo. Von der Leyen anunciaba que suspendía el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

El límite del 60% de deuda pública respecto al PIB, que ya casi nadie en Europa cumplía, y el de déficit del 3%, se desvanecían ante un nuevo escenario de nueva crisis y de fuerzas eurófobas donde aplicar austeridad hubiera supuesto la descomposición de la Unión Europea y el ahondamiento en una profunda crisis económica sin solución fácil. La Comisión Europea, con la boca pequeña, desnudaba y ponía en evidencia las recetas austericidas aplicadas en la anterior crisis. Resultó que las reglas sagradas de la “estabilidad económica” europea no era más que, como algunos llevan años denunciando, un corsé absurdo al servicio de la estabilidad de los mercados financieros y no de los Estados. Tras 2008, viniendo de una burbuja inmobiliaria y financiera, había margen para apretar pero, en este nuevo episodio, apretar hubiera ahogado.

El “mea culpa” de la austeridad con boca pequeña se replicó en todos los gobiernos que lo habían abrazado anteriormente. Las instituciones supranacionales que habían sido el brazo ejecutor de dichas recetas también tuvieron que rectificar su mantra dominante. Tan solo un par de días antes de Navidad, el FMI publicaba el documento final de su revisión económica anual. Entre sus análisis y recomendaciones se desliza un mensaje clave, algo que muchos economistas a los que el FMI nunca ha querido escuchar llevan una década argumentando, un cambio de paradigma ya no solo en las políticas contra una crisis, sino de entender el destino de la economía global.

El FMI se ha dado cuenta de que expoliar mediante la austeridad, traducida en privatizaciones de todo lo público, y la apertura de sus economías, entendida como abrir las puertas a los expoliadores, estaba bien cuando se trataba de eso, de expoliar. En la anterior crisis, la financiera que arrancaba en 2008, se aplicaron esas medidas de austeridad a los países del norte y (¡oh, sorpresa!) funcionaron igual de mal que lo habían hecho en los países del sur. Desmantelaron nuestros servicios sanitarios y de protección social, desmantelaron una industria tan prometedora y necesaria como la de las energías renovables, rebajaron los impuestos a empresas y grandes capitales, nos dejaron indefensos ante nuevos impactos de la economía e indefensos, o al menos peor preparados, ante una crisis sanitaria.

Pero lo dicen con la boca pequeña. Nadie en Bruselas se atreve a decir en voz alta que la austeridad nunca volverá o que los objetivos del déficit no tendrán que cumplirse en unos años. De hecho, la solución divina a la crisis que se propone y abraza en Europa, los fondos de reconstrucción Next Generation UE, son un contrato de préstamo donde las condiciones de devolución siguen difuminadas. Otra vez, si no hay un cambio decisivo y valiente a nivel europeo en el destino de nuestra economía, lo que se presenta como la salvación a corto plazo puede ser nuestra tumba dentro de unos años.

El monocultivo económico

El “reparto en la cadena productiva global” u otros eufemismos para explicar que los países han sido empujados en esto de la globalización a especializarse en un tipo de industria, delegando en las bondades del libre comercio nuestro abastecimiento de otros servicios, es otro de esos castillo de naipes que se ha derrumbado. Ese monocultivo económico que es el turismo en España ha pasado de ser nuestro motor a nuestra tumba. El cierre de fronteras y la paralización casi por completo del turismo ha defenestrado nuestra economía de un plumazo, mostrando la debilidad de un país que ha confiado en un sector tan sensible a los shocks internacionales.

Las compañías aéreas son rescatadas, el sector de la hostelería también reclama su salvación, miles de personas esperan el trágico destino de las colas del paro al finalizar los ERTE. El panorama que deja la pandemia a un país como España es desolador y los fondos europeos, destinados a inversiones verdes y a la digitalización, no lo van a solucionar. 

En cuanto a las cadenas globales logísticas, también pudimos ver los fallos del sistema. La fábrica del mundo, China, paralizaba casi por completo su producción industrial al poner sus ciudades y centros de trabajo en confinamiento. Las cadenas logísticas de suministros globales se descomponían y congelaban. Las empresas de occidente temían el desabastecimiento de productos y componentes asiáticos que afectara a su oferta. No sabían todavía que su demanda, nosotros, estaríamos encerrados en casa sin poder consumir un par de semanas más tarde. Las bondades de la deslocalización productiva de la globalización se deshacían al mismo tiempo que faltaban EPI, respiradores o mascarillas en países europeos, con cada subasta en aeropuertos donde enviados de países competían por un container de productos que ya no se fabricaban en Europa o Estados Unidos, cada vez que producto básico y necesario en pandemia no llegaba a la balda de un supermercado porque no había salido de un puerto chino.

Nuevos actores, mismo poder

Mientras las guerras comerciales por la hegemonía mundial nos han despistado, la financiarización de la economía no ha hecho más que dar otro paso de gigante aprovechando esta nueva crisis. Las ingentes cantidades de dinero inyectadas en los mercados por parte de los bancos centrales no ha hecho más que engordar una economía especulativa que poco o nada tiene que ver con la economía real y con una recuperación efectiva de la economía y el empleo. Mientras el desempleo no se recupera y la gente hace interminables papeleos para conseguir el Ingreso Mínimo Vital, las bolsas de todo el planeta ya han recuperado sus niveles anteriores a la crisis impulsadas primordialmente por los dos sectores que controlan el planeta: el financiero y el tecnológico.

Trump intentó mostrar que defendía su Make America Great Again, cuando lo que pretendía era salvar la hegemonía norteamericana frente a China. La mejor forma de hacerlo ha sido rescatar con liquidez a esos dos sectores como puntas de lanza de su poder mundial. Los capos del mundo digital, como Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, han aumentado su riqueza exponencialmente durante esta pandemia. Los grandes fondos estadounidenses, como Black Rock, salen a la compra de gangas bursátiles en los países más afectados por la pandemia. Alimentar a empresas rentistas, de dinero o de datos que se convierten en dinero, es la principal vía del capitalismo para mantener el orden de las cosas tal y como están, y esta crisis no iba a ser menos. Visibilizar ese poder y cómo los Estados lo están apuntalando es una tarea esencial para poder vislumbrar nuevas formas de lucha y resistencia ante dichos poderes.

Si no sirve en crisis, no sirve

Alemania entró en el accionariado de una de las empresas que están en la carrera de la vacuna para asegurarle su financiación. España limitó el precio de las mascarillas. Los bancos centrales del Reino Unido o Japón han financiado directamente a sus Estados. Los que abogan por la no intervención de los Estados en la economía han (otra vez) lloriquedado a sus puertas para exigir más dinero. Todos los sectores han exigido la intervención pública para ser rescatados. Todo ello y mucho más en tan solo unos meses, incluso semanas, de crisis económicas. El capitalismo presume de una fuerza y estabilidad que no aguanta ni dos meses sin tener que llorar y reclamar ayudas públicas.

En esos lloros debemos cimentar las bases de una economía que atienda más a las necesides públicas, de las personas, que a las de los mercados financieros. De esta pandemia quedarán secuelas y, como he dicho al comienzo, el capital ya está conformando su salida y su nueva posición dentro de esa recuperación económica para no perder su lugar dominante (de cómo los capitales están dando forma a esa transformación verde y a la digitalización lo dejamos para otro artículo). Pero de esas cenizas es de dónde debería salir esa nueva forma de entender la economía. De los restos de esas recetas fallidas debe cocinarse una nueva forma de entender la economía. Abandonar esos dogmas para crear unas nuevas fórmulas que pongan la vida en el medio. Que los mantras de la nueva recuperación hablen de que la economía y la ciencia deban estar al servicio de la sociedad, sobre sistemas más resilientes a las crisis o que directamente las evite, sobre cómo poner por encima los intereses del planeta sobre el de los accionistas y donde el cortoplacismo capitalista se sustituya por la necesidad de hacer un planeta que beneficie a todas y todos. Porque esta crisis ha mostrado que el sistema actual es débil, que los mantras mil veces repetidos no tienen por qué ser ciertos y que los dogmas de la economía son eso, dogmas, pero que la economía es, o debe ser, otra cosa.

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Viernes, 11 Septiembre 2020 05:50

¿El poscapitalismo ya está aquí?

¿El poscapitalismo ya está aquí?

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

 

El 12 de agosto sucedió algo extraordinario. Se dio a conocer la noticia de que, en los primeros siete meses de 2020, la economía de Reino Unido había sufrido su mayor contracción en la historia (una caída del ingreso nacional superior al 20%). La Bolsa de Londres reaccionó con un alza en el FTSE 100 (su principal índice bursátil) de más del 2%. El mismo día, cuando Estados Unidos empezaba a parecerse a un estado fallido, no solamente a una economía en problemas, el indice S&P 500 alcanzó un pico sin precedentes.

Sin duda, los mercados financieros desde hace mucho tiempo han recompensado los resultados que aumentan la miseria. Las malas noticias para los trabajadores de una empresa –despidos planificados, por ejemplo– suelen ser una buena noticia para sus accionistas. Pero cuando las malas noticias afectaban a la mayoría de los trabajadores simultáneamente, los mercados bursátiles siempre caían, debido a la expectativa razonable de que, cuando la población se ajustara el cinturón, todo el ingreso, y por lo tanto las ganancias y dividendos promedio, se comprimirían. La lógica del capitalismo no era bonita, pero era comprensible.

Ya no más. No existe una lógica capitalista para los acontecimientos que culminaron el 12 de agosto. Por primera vez, una expectativa generalizada de menores ingresos y rentabilidad condujo a un frenesí de compra sostenido en Londres y Nueva York –o al menos no lo impidió-. Y esto no es porque los especuladores estén apostando a que las economías de Reino Unido y Estados Unidos hayan tocado fondo, haciendo que este sea un gran momento para comprar acciones. No, por primera vez en la historia, a los financistas no les importa en absoluto la economía real. Ven que el covid-19 ha colocado al capitalismo en una animación suspendida. Ven cómo desaparecen los márgenes de ganancias. Ven el tsunami de pobreza y sus efectos de largo plazo en la demanda agregada. Y ven cómo la pandemia revela y refuerza las profundas divisiones clasistas y raciales preexistentes.

Los especuladores ven todo esto, pero lo consideran irrelevante. Y no se equivocan. Desde que el covid-19 colisionó con la enorme burbuja que los gobiernos han venido utilizando para reflotar al sector financiero desde 2008, los mercados bursátiles en auge se volvieron compatibles con una implosión económica masiva. Fue un momento históricamente significativo, que marcó una transición sutil pero discernible del capitalismo a un tipo peculiar de poscapitalismo.

Pero comencemos por el principio.

Antes del capitalismo, la deuda aparecía al final del ciclo económico. En el feudalismo, lo primero era la producción. Los campesinos trabajaban los campos de los señores y la distribución venía luego de la cosecha, cuando el sheriff recolectaba la parte que le correspondía al señor. Parte de esta cuota luego se monetizaba cuando el señor la vendía. Recién entonces surgía la deuda, cuando el señor prestaba dinero a los prestatarios (muchas veces, inclusive, al rey).

El capitalismo revirtió el orden. Una vez que la mano de obra y la tierra se habían mercantilizado, la deuda era necesaria incluso antes de que comenzara la producción. Los capitalistas sin tierra tenían que endeudarse para rentar tierra, trabajadores y máquinas. Los términos de estos arriendos determinaban la distribución del ingreso. Recién ahí podía comenzar la producción, generando ingresos cuyo residual era la ganancia de los capitalistas. En consecuencia, la deuda alimentó la promesa temprana del capitalismo. Pero fue recién en la Segunda Revolución Industrial cuando el capitalismo pudo reformular el mundo a su imagen.

El electromagnetismo dio lugar a las primeras compañías en red, que producían de todo desde plantas de generación de energía y la grilla de electricidad hasta bombillas para cada habitación. Las colosales necesidades de financiamiento de estas empresas engendraron el megabanco, junto con una capacidad considerable para crear dinero de la nada. La aglomeración de megafirmas y megabancos creó una tecnoestructura que usurpó mercados, instituciones democráticas y medios de comunicación, lo que primero derivó en los «locos años 20» y luego en la crisis de 1929.

Desde 1933 hasta 1971, el capitalismo global estaba planificado centralmente bajo diferentes reproducciones del marco de gobernanza del New Deal, incluidos la economía en guerra y el sistema de Bretton Woods. Como ese marco fue arrasado a mediados de los años 1970, la tecnoestructura, disfrazada de neoliberalismo, recuperó sus poderes. Luego vino un aluvión de «exuberancia irracional» al estilo de los años 20, que culminó en la crisis financiera global de 2008.

Para reflotar el sistema financiero, los bancos centrales canalizaron olas de liquidez muy barata al sector financiero, a cambio de una austeridad fiscal universal que limitó el gasto de los hogares de bajos y medianos ingresos. Al no poder beneficiarse de los consumidores golpeados por la austeridad, los inversores pasaron a depender de las constantes inyecciones de liquidez de los bancos centrales, una adicción con efectos colaterales graves para el propio capitalismo.

Consideremos la siguiente reacción en cadena: el Banco Central Europeo otorga nueva liquidez al Deutsche Bank a un interés de casi cero. Para sacarle provecho, el Deutsche Bank debe prestar ese dinero, aunque no a la «pobre gente» cuyas circunstancias deterioradas han debilitado su capacidad de pago. Entonces, se la presta, por ejemplo, a Volkswagen, que ya está inundada de ahorros porque sus ejecutivos, por temor a una demanda insuficiente de nuevos autos eléctricos de alta calidad, pospusieron inversiones cruciales en nuevas tecnologías y empleos bien remunerados. Aunque los jefes de Volkswagen no necesitan el dinero extra, el Deutsche Bank les ofrece una tasa de interés tan baja que lo toman e inmediatamente lo usan para comprar acciones de Volkswagen. Naturalmente, el precio de la acción se dispara y, con él, los bonos de los ejecutivos de Volkswagen (que están asociados a la capitalización de mercado de la compañía).

De 2009 a 2020, estas prácticas ayudaron a desvincular los precios de las acciones de la economía real, lo que resultó en una «zombificación» corporativa generalizada. Así estaba el capitalismo cuando llegó el covid-19. Al afectar el consumo y la producción al mismo tiempo, la pandemia obligó a los gobiernos a reemplazar los ingresos en un momento en que la economía real tenía la menor capacidad para invertir en la generación de riqueza no financiera. Como resultado de ello, se llamó a los bancos centrales a estimular de manera aún más grandiosa la burbuja de deuda que ya había «zombificado» a las corporaciones.

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

Fuente: Project Syndicate

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El Estado salió al rescate de empresas y trabajadores

Informe de la OIT sobre los programas de subsidios al salario en el mundo

 

“Los subsidios al salario tienen efectos positivos sobre la recuperación económica y previenen despidos que, de realizarse, desembocarían en una mayor crisis. Pueden ser costosos, pero permiten conservar el empleo”, indicó la Organización Mundial del Trabajo (OIT) en un informe dedicado a estudiar los programas de subsidio del Estado a las empresas para pagar los sueldos en el contexto de las medidas de aislamiento social. 

El documento muestra que este tipo de políticas se adoptó a lo largo y ancho de todo el mundo, aunque con diferentes matices dados por los requisitos para acceder, el monto pagado al trabajador, la forma de pago y la duración del beneficio. 

En la Argentina, el Estado nacional pagó alrededor del 50 por ciento de la carga salarial de las empresas a través del ATP en los sueldos de abril y mayo y se analiza su extensión a junio. Abarca a más de 300 mil empresas que emplean a 2,5 millones de personas.

Argentina, Australia, Austria, Bangladesh, Bélgica, Botswana, Brasil, Camboya, Canadá, Chile, Croacia, República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, India, Italia, Holanda, Marruecos, Nueva Zelanda, Filipinas, Polonia, Portugal, Singapur, España, Suecia, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos y Uruguay son las experiencias estudiadas por la OIT en materia de programas de subsidio al salario del empleo privado. Se trata de medidas extraordinarias, impensadas en otro contexto que son adoptadas por países con diferente tradición política y gobiernos de distinto signo ideológico ante los fuertes riesgos de destrucción del tejido laboral.

La crisis económica derivada de la pandemia emerge como una crisis de oferta, porque el confinamiento obligatorio retrae la producción y las ventas de manera masiva. Pero rápidamente se transforma en una crisis de demanda, porque la caída de la actividad reduce ingresos y ello vuelve a impactar negativamente en el consumo y la inversión. Uno de los mecanismos que los gobiernos encontraron para contener ese círculo vicioso es el pago de los salarios del sector privado. “No se trata de un nuevo instrumento, pero en la escala utilizado en esta crisis, es algo sin precedentes”, explica el informe de la OIT.

En los Estados Unidos, se lanzó una línea crediticia de hasta el 50 por ciento de la nómina salarial. Para las pequeñas y medianas empresas, el empresario puede transformar ese crédito en un subsidio si demuestra que lo utilizó para pagar salarios. En Nueva Zelanda y Australia, todas los tipos de empresas son elegibles para recibir el subsidio, incluyendo ONG y trabajadores independientes. En Francia también se incluye a las empleadas domésticas. En Brasil los trabajadores deben estar registrados, al igual que en Túnez, que permite que las empresas registren trabajadores para obtener el beneficio, como estímulo a la formalización.

En Tailandia, el subsidio al salario sólo está disponible para las pequeñas y medianas empresas. Mucho más restrictivo es el beneficio en Bangladesh y Camboya, en donde se orienta solamente al sector textil y a los exportadores. En la Argentina, el ATP está disponible para todas las empresas del sector privado que hayan experimentado una suba de las ventas en términos nominales no superior al 5 por ciento en abril frente al mismo mes de 2019, que implica una fuerte caída en términos reales teniendo en cuenta la inflación del 50 por ciento.

También en otros países las empresas deben mostrar que están en dificultades para poder acceder al beneficio. En Holanda, el beneficio se otorga a las firmas cuyas ventas hayan caído al menos un 20 por ciento. En Australia, la merma de ventas debe ser superior al 30 por ciento para las pequeñas empresas y del 50 por ciento para las grandes empresas. En Malasia, las firmas deben mostrar una caída del 50 por ciento en sus ingresos. Argentina, como Suecia, impuso restricciones para que las firmas beneficiadas distribuyan dividendos. En otras experiencias no se aplicó ese criterio.

En Francia, Alemania, Suiza y el Reino Unido, entre otros, el subsidio lo recibe la empresa. En cambio, en Argentina, Chile y Uruguay, el beneficio lo cobra directamente el trabajador, aunque en los últimos dos casos, el pago se canaliza a través del seguro de desempleo. Según la OIT, el subsidio llega hasta el 75 por ciento del salario, aunque operan a veces restricciones nominales. El pago es muchas veces proporcional al salario (Francia, Alemania, Reino Unido, Tailandia y Singapur, por ejemplo), pero en otros consiste en una suma fija, como en Nueva Zelanda, Brasil y Malasia

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Viernes, 15 Mayo 2020 06:17

La pandemia de las transnacionales

La pandemia de las transnacionales

La expansión de la pandemia de Sars-Cov-2 ha puesto de manifiesto muchos problemas en este mundo globalizado donde en la mayoría de las naciones impera el sistema neoliberal, con énfasis en la proliferación de las privatizaciones, impuesto por los países capitalistas desarrollados.

Con la propagación del nuevo coronavirus esas compañías han sufrido algunas pérdidas que después de aminorar la enfermedad resarcirán con creces debido a los grandes capitales, el financiamiento que poseen y el control que ejercen sobre los países donde están ubicadas.

Los grandes perdedores, como ya se ha hecho habitual desde que se expandieron estos monopolios, son los trabajadores y los países donde se han instalado.

Los primeros porque son ciudadanos que enfrentan una gran explotación capitalista bajo constantes amenazas de despido sin poder recurrir a un sindicato que los represente, pues esas organizaciones están prohibidas en esos centros. Los segundos perjudicados son las naciones donde se asientan, ya que extraen sus riquezas y envían las ganancias hacia sus sedes principales.

En reiteradas ocasiones se ha comprobado el poder de estas transnacionales que al tener gran influencia en la economía de un país presionan a los gobiernos y hasta en ocasiones, cuando no les convienen, ayudan a derrocarlos.

En estos días se han conocido represalias y excesos de varias  transnacionales contra empleados que protestan por la desatención sanitaria y la poca protección que le ofrecen los dueños para evitar contagiarse con el coronavirus.

Ante las demostraciones, empresas como Amazon, Walmart o JBS Cactus (especializada en empaque de carnes) expulsaron a varios trabajadores al catalogarlos de “revoltosos”.

En estas tres empresas decenas de empleados están enfermos con la covid-19 y siguen trabajando sin las mínimas condiciones de resguardo, lo cual aumenta la proliferación del virus entre los que están sanos. 

En los dos últimos meses éstas y otras compañías han cerrado filiales y despedido a numerosos empleados sin que los mismos tengan derecho a una compensación.

Como se conoce, sus matrices o sedes casi siempre se hallan en naciones desarrolladas como Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia y Japón, y en la actualidad también en Brasil, México o India.

Los abundantes capitales y movilidad de que disponen les permiten lanzarse sobre las ventajas que les ofrecen diversos países del mundo y de esa forma obtener fabulosas ganancias.

Bajo las leyes neoliberales exigen y obtienen facilidades como bajos salarios, impuestos y obligaciones tributarias bajas o nulas, acceso fácil y barato a recursos naturales y energías, normas ambientales, laborales y prebendas financieras permisivas en algunos Estados con sistemas judiciales débiles y vulnerables.

Las transnacionales operan en todos los sectores de los países y en todos los ámbitos de nuestras vidas. Destacadas en la producción, distribución y venta de alimentos aparecen, Coca-cola, Walmart, Monsanto, Cargill, Nestlé, PepsiCo, Mars, Unilever. En la elaboración y expendio de medicamentos e insumos para la salud: Johnson and Johnson, Bayer, Novartis, Pfizer, Roche, Merk.  

En las energías y petróleo sobresalen, Exxon-Mobil, BP, Chevron, Shell, Petrobrás, Gazprom, Total y en comunicaciones y tecnología, Apple, Telefónica, Samsung, Microsoft, Facebook. 

En la rama del transporte se pueden citar, Daimiel, GM, Volkswagen, Toyota, Alstom, y en educación y libros, Kroton, Alfaguana, Person, Amazon.

En la industria extractiva y minera, Glencore, BHP Bilinton, Anglo American, y en la banca y fondo de inversiones, HSBC, JP Morgan Chase, Bank of America, Wells Fargo, Citigroup.

En la mala política social que aplican algunos estados y los beneficios que otorgan a estas transnacionales se encuentran los orígenes de la pobreza, exclusión, impunidad, violación de derechos humanos, deterioro del medio ambiente e incertidumbre laboral.

Resulta innegable que las inversiones extranjeras son necesarias para el desarrollo, pero deben realizarse con estricto control y sin permitir convenios leoninos en contra de la mayoría de la población.

Un informe del año 2018 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) asegura que las transnacionales extraen de los países hasta el 60 % de las ganancias y solo dejan unas migajas a los gobiernos.

El crecimiento tan marcado de estas utilidades, indica el organismo regional, tiende a neutralizar el efecto positivo que produce el ingreso de la inversión extranjera directa sobre la balanza de pagos.

En los últimos años, con la imposición en América Latina de gobiernos dóciles a Estados Unidos, se han incrementado las privatizaciones a favor de esas poderosas compañías que lejos de ayudar a los ciudadanos los impulsan al desempleo, al hambre y la miseria.

Medios de prensa hegemónicos y organismos financieros internacionales han propagado en estos días que las transnacionales han sufrido grandes pérdidas por la covid-19 pero no dicen que como tienen gran control mundial sobre productos de consumo, alimentación, medicinas, vestuario, transporte, recursos energéticos y hasta del agua, sus riquezas crecerán rápidamente tras la eliminación de la pandemia, mientras millones de personas padecerán más hambre y pobreza si los gobiernos no son capaces de ayudarlos.  

Por Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla. - REUTERS

Este aumento de riqueza se produjo entre el 18 de marzo hasta el 10 de abril coincidiendo con el primer repunte acusado de contagios por covid-19 y cuando 22 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos.

 

Las grandes fortunas son inmunes a la crisis económica desatada por la covid-19. En Estados Unidos hay, según la revista Forbes, 607 milmillonarios, personas cuyas fortunas personales superan los mil millones de dólares es decir, 925 millones de euros. La crisis económica desatada por la pandemia, lejos de estar minando su riqueza, la está propulsando. Según un informe del Institute for Policy Studies, una organización progresista con sede en Washington DC, los milmillonarios de Estados Unidos aumentaron su riqueza en 282.000 millones de dólares (261.000 millones de euros) en sólo 23 días, los que van desde el 18 de marzo hasta el 10 de abril.

No es un margen de fechas cualquiera. Se trató del primer repunte pronunciado de la epidemia de covid-19 en el país. El presidente Donald Trump, de hecho, declaró la emergencia nacional el 13 de marzo y los contagios diarios subieron como la espuma hasta alcanzar su primer pico en la primera semana de abril. En esos 23 días entre el 18 de marzo y el 10 de abril, los ricos de Estados Unidos añadían ceros a sus fortunas mientras que los casos y los muertos se multiplicaban y mientras 22 millones de personas perdían sus trabajos, casi a millón diario.

Entre ellos destaca el fundador de Amazon, Jeff Bezos. Según resalta el informe, entre el 1 de enero y el 10 de abril ha incrementado su fortuna en 10.000 millones de dólares (9.255 millones de euros), aproximadamente el presupuesto de Galicia para 2020.

"El incremento de la riqueza de Bezos no tiene precedentes en la historia financiera moderna y varía enormemente de un día para otro", asegura el informe. "Para el 15 de abril su fortuna se había incrementado en 25.000 millones de dólares respecto al 1 de enero". Esta cifra equivale al presupuesto de la Comunidad de Madrid de 2019.

Pero ¿cómo puede esto estar sucediendo en medio de una crisis financiera y con la actividad económica paralizada? El informe es rotundo: "El cierre de cientos de miles de pequeñas empresas está dando a Amazon la oportunidad de aumentar su cuota de mercado, fortalecer su lugar en la cadena de suministro y ganar más poder de precios sobre los consumidores", destaca.

El documento critica que, "a pesar del dominio del comercio electrónico de Amazon, Bezos ha sido incapaz de proteger su la mano de obra de la covid-19: trabajadores de diez almacenes diferentes dieron positivo a finales de marzo", lo que ha generado denuncias de los sindicatos y otras organizaciones.

Bezos es, según el informe del Institute for Policy Studies, uno de los ocho milmillonarios de Estados Unidos que en ese período de tiempo –del 1 de enero al 10 de abril– han incrementado sus fortunas en más de mil millones de dólares.

Tras el fundador de Amazon le sigue Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla, con un incremento en su riqueza de 5.000 millones de dólares (4.627 millones de euros). Tras él se encuentran McKenzie Bezos, exmujer del fundador de Amazon, con 3.500 millones de dólares (3.239 millones de euros); Eric Yuan, de Zoom, 2.580 millones (2.388 millones de euros); Steve Ballmer, de Microsoft, 2.200 millones (2.036 millones de euros); John Albert Sobrato, dueño de la firma Sobrato de bienes raíces y comerciales, 2.070 millones (1.916 millones de euros); Joshua Harris, de la firma de inversión Apollo, 1.720 millones (1.592 millones de euros); y Rocco Commisso, de la compañía de televisión por cable Mediacom, 1.090 millones (1.009 millones de euros).

En total, el aumento de la fortuna de estos ocho milmillonarios ha sido de 28.160 millones de dólares en los primeros 101 días del año. "Estos números demuestran que la riqueza multimillonaria tiende a recuperarse de los colapsos de los mercados", señala el informe, que, a modo de prueba, añade: "Inmediatamente después de la crisis económica mundial de 2008, los entonces 400 milmillonarios norteamericanos de la lista Forbes vieron cómo su riqueza caía y pasaba de 1,57 billones en 2008 a 1,27 billones en 2009. Pero en los 30 meses siguientes a la caída de septiembre de 2008, la mayoría de estas fortunas se recuperaron y en 2012 la riqueza multimillonaria había alcanzado ya 1,7 billones de dólares. Entre 2010 y 2020, la riqueza de la clase milmillonaria de los Estados Unidos aumentó en un asombroso 80,6%, de 1,6 billones de dólares a 2,9 billones de dólares".

El estudio del Institute for Policy Study alerta de la guerra que los multimillonarios le han declarado al pago de impuestos. Los miles de millones de dólares que evaden, añaden sus autores, "están deshilachando la red de seguridad social. Y para completar el insulto, los americanos de la clase trabajadora pagan ahora mayor porcentaje de sus ingresos en impuestos que los multimillonarios".

"Milmillonarios y multimillonarios están financiando toda una industria de defensa de la riqueza con profesionales como abogados de impuestos, contables, administradores de patrimonio, que ayudan a ocultar sus megafortunas en paraísos fiscales en el extranjero y fideicomisos", denuncia el informe.

Por este motivo, sus autores reclaman al gobierno de Donald Trump varias medidas para combatir esto, entre ellas, el establecimiento de una comisión para supervisar los beneficios económicos en la pandemia y establecer un impuesto del 10% a esa gran riqueza. En cuanto a la primera medida, el informe reclama seguir el modelo "de la Comisión Truman durante la Segunda Guerra Mundial, tanto para supervisar el paquete de estímulos como para erradicar la corrupción y la especulación en la sociedad en su conjunto".

En cuanto al impuesto a las grandes fortunas, el documento señala que "aunque sólo afectaría al 0,2 por ciento más rico de los estadounidenses, una sobretasa millonaria recaudaría unos 635.000 millones de dólares en diez años y afectaría a los muy ricos que obtienen ingresos sustanciales de las ganancias de capital".

Chuck Collins, uno de los autores del estudio y director del Programa sobre Desigualdad del Institute for Policy Study, alerta de que con la pandemia "se corre el riesgo de que se aumenten todavía más las desigualdades sociales existentes a menos que el gobierno intervenga con medidas audaces para gravar con impuestos a los multimillonarios. Si se sigue actuando como hasta ahora, sólo se acentuará la polarización económica".

Collins es muy crítico con los cuatro paquetes de ayudas aprobados hasta ahora por el Senado y el Congreso norteamericanos y firmados por la administración Trump. De hecho, el último paquete de ayudas, la llamada Ley CARE, dotada con 2,2 billones de dólares –unos 2 millones de euros–, lo califica Collins como de "huesos lanzados a la clase trabajadora frente a los miles de millones que la norma les regala a los millonarios".

"Demasiadas pequeñas empresas y contribuyentes de la clase obrera están esperando que aparezcan las ayudas. Entretanto", asegura, "se están viendo obligados a elegir entre su salud y su supervivencia económica".

Collins sostiene que esta situación no es exclusiva de Estados Unidos. Los multimillonarios del mundo también están haciendo su agosto en medio de la pandemia. El informe del Institute for Policy Study estima que en el mundo hay 21 billones de dólares ocultos en paraísos fiscales.

"Es lo que estarían ocultando al fisco los ricos con más 30 millones de dólares. No podremos tener éxito en la imposición de impuestos a los ricos a menos que cerremos la industria de la riqueza oculta, comenzando especialmente en Estados Unidos y Reino Unido", concluye Collins.

Washington

12/05/2020 08:42 Actualizado: 12/05/2020 09:57

Por Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

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Coronavirus: los abuelos que según el vicegobernador de Texas están dispuestos a sacrificarse

El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, aseguró que los “abuelos” están dispuestos a sacrificarse para evitar el derrumbe de la economía de Estados Unidos, situación que generaría un aislamiento obligatorio por el coronavirus. El funcionario sostuvo que tanto él como otros ciudadanos mayores estaban dispuestos a "jugarse su propia supervivencia", frente a la crisis por el nuevo coronavirus.

“A mí nadie me preguntó si como ciudadano mayor estoy dispuesto a jugarme mi supervivencia a cambio de mantener a los Estados Unidos tal y como es para nuestros hijos y nuestros nietos. Porque mi respuesta es que sí, que estoy dispuesto”, señaló Patrick, en una entrevista a la cadena Fox News.

“Mi mensaje es que debemos volver al trabajo, volvamos a vivir, seamos listos acerca de todo esto y los mayores de 70 ya cuidaremos de nosotros mismos. No sacrifiquemos el país, no sacrifiquemos el gran sueño americano”, manifestó el vicegobernador.

El funcionario aseguró que muchos otros adultos mayores se sienten como él y que esta afirmación no lo hace ni más ni menos “valiente”. “Creo que hay muchos más abuelos que se sienten como yo. No quiero que todo el país se sacrifique”, manifestó el gobernador republicano de 70 años.

Estados Unidos es el tercer país con más contagios confirmados del nuevo coronavirus. Las declaraciones de Patrick siguen la línea del presidente Donald Trump, que está en contra de anunciar una cuarentena obligatoria para impedir la expansión del virus.

En tanto, Nueva York acumula alrededor de la mitad del total de positivos en el país. El estado tiene el mayor número de casos, con más de 20.000 contagiados y 157 muertos. Para intentar frenar el contagio, el distrito sancionó algunas restricciones de aislamientos, que se comunicaron como “Nueva York en pausa” y afecta a 19 millones de personas.

Las autoridades sanitarias de la ciudad advirtieron, sin embargo, que “lo peor está por venir” dado que se prevé el desborde del sistema de salud y la falta de equipamiento e insumos para atender a los infectados. 

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El primer ministro checo, entre las dudosas y repentinas fortunas. REUTERS/Archivo.

Hace una generación no existían. Pero los milmillonarios ya son una realidad entre los socios europeos del Este. Especialmente, en el llamado Grupo de Visegrado y, dentro de este club de cuatro, en su triángulo más nacional-populista, el que conforman Polonia, República Checa y Hungría. Oligarcas y empresarios de emporios de múltiples sectores que se expanden hasta la ex repúblicas soviéticas revelan la transformación socioeconómica de los países del otro lado del Telón de Acero.

 

Poseen yates de última generación e, incluso, son propietarios de clubes de fútbol. Se mueven con estrellas de cine e interceden en el ámbito político. Asumen ingentes cantidades de riqueza, hasta el punto de que, en algunos casos, resultan imprescindibles en el futuro económico de sus países. A veces, resultan ser oligarcas, entendidos en no pocas ocasiones como los beneficiarios de los conglomerados industriales heredados de la época del Telón de Acero.

Muy habituales en la Rusia posterior a la desintegración de la URSS, próximos al núcleo duro político que habita en El Kremlin –en la época de Boris Yeltsin, primero y, sobre todo, durante la actual hegemonía de Vladimir Putin, donde el denominado Clan de San Petersburgo tomó las riendas del de Moscú– y que inspiraron el término capitalismo de amiguetes que el entonces director gerente del FMI, Michael Camdessus, utilizó para definir el habitual tráfico de influencias y de prebendas entre la tumultuoso élite política y la emergente clase empresarial que ocasionó tres crisis financieras y se llevó a cinco primeros ministros antes de que apareciera la figura de Putin. O que llevó al economista Jeffrey Sachs a decir, a finales de los noventa, que “lo mejor que podía suceder en la Rusia de Putin, era nacionalizar las recientes privatizaciones que se habían acometido, para volverlas a poner, paulatinamente, en manos privadas para su modernización, con transparencia y concursos realmente abiertos al capital”.

Pero también hay milmillonarios que han labrado sus ingentes cantidades patrimoniales al convertirse en grandes magnates. Industriales o empresariales. Adalides del sueño oriental que ha emergido al calor del boom económico de sus cada vez más poderosos mercados emergentes. Al margen o no de que hayan contribuido a lo que también el ex jefe del Fondo, Camdessus, calificó en su día como un foco de cleptocracia, al definir los oscuros negocios en la Rusia que transitaba desde la extinta Unión Soviética.

El primer ministro checho

Porque la moralidad –lo que los americanos llaman moral hazard, el riesgo ético que se inicia a través de inversiones que buscan altas rentabilidades, al alcance de grandes fortunas, propensas a desencadenar crisis financieras, como los activos tóxicos en 2008, y que suele desembocar en una socialización de los gastos, a modo de rescates bancarios, por ejemplo– es una frontera que, a menudo, resulta demasiado tenue entre estos poderosos patrimonios del Este europeo. Sin ir más lejos, uno de ellos, sobre el que penden dudas razonables de posibles conflictos de intereses, es el del primer ministro checo, Andrej Babis. De corte populista y acérrimo nacionalista, en 2018, tras asumir el cargo, desencadenó las mayores protestas ciudadanas en tres décadas de democracia en el país. La propia Comisión Europea le ha auditado. Y ha declarado que mantiene el control sobre su emporio químico, agrícola y mediático, por el que sigue recibiendo fondos del presupuesto comunitario desde 2017, cuando asumió la jefatura del Gobierno checo, tal y como informa la web Neovlivni.cz y recoge la agencia Bloomberg. En especial, sus empresas del sector agrícola. Babis alega que Agrofet, su compañía, se convirtió en un trusts antes de recalar en la jefatura del Gobierno de Praga.

En contra del criterio de la unidad de vigilancia de Bruselas encargada de supervisar el arsenal de ayudas de la PAC a las firmas destinatarias de los subsidios. Agrofet, que emplea a 34.000 trabajadores en 18 países y tuvo unas ventas de 7.000 millones de euros (unos 158.000 millones de coronas checas) asegura que no ha sido auditada, mientras el primer ministro y propietario apela a la “interpretación sin sentido de las leyes” de su país por parte del Ejecutivo comunitario. El de Babin es sólo un botón de muestra del modus operandi de muchos de estos milmillonarios de nuevo cuño en el Este europeo. Donde no existían grandes fortunas hace una generación en su vasta estepa. Hasta que la caída del comunismo abrió sus mercados y ensanchó las diferencias de renta entre sus ciudadanos. Así lo refleja un informe de Bloomberg a partir de su Billionaires Index 2019, en el que refleja que el pasado ejercicio, los grandes patrimonios globales elevaron sus riquezas en una cantidad similar al PIB de España. Su radiografía habla de la trayectoria que han tomado los nuevos ricos del Este. Desde la ciudad kazaja de Almatý a Praga, o desde Moscú a Zagreb.

“Muchos de ellos han adquirido la vitola de empresarios legendarios, exhiben modos de vida extravagantes y aplican sin tapujos sus influencias políticas”. Muchos de ellos, aún bajo un tinte soviético. “Una gran mayoría tuvieron poder en los regímenes comunistas y mantienen su capacidad económica y política con las estructuras democráticas de mercados abiertos”, dice Mark Mobius, un veterano inversor en economías emergentes que trabaja para su propia firma de inversión después de ejercer como analista en Franklin Templeton Investments. En un e-mail para este medio, Mobius pone el dedo en la llaga: “La selección de las fortunas no fue sencilla, porque algunos de los viejos apparatchiks no se adaptaron a los cambios políticos y económicos tras la Caída del Muro de Berlín y dieron un espacio determinante a jóvenes emprendedores y ambiciosos de poder para amasar riqueza”. La mitad de ellos se beneficiaron de los procesos de privatización. Mientras que los milmillonarios que se han hecho a sí mismos siguen siendo unas raras avis. Su ascenso en el escalafón financiero y social se ajusta al proceso de transformación de estos países en los últimos 30 años. En cada etapa de estas tres décadas, destaca un magnate emblemático.

Los tumultuosos ochenta

Finales de los ochenta. Los Early Birds. Una fase tumultuosa, llena de contracción económica e inestabilidad política en la mayoría de países del Este. En la que aparecen los inversores privados para dinamizar segmentos productivos casi al completo a través de procesos de privatización en los que primaba la desestructuración y la falta de planificación. Petr Kellner, República Checa. 12.800 millones de dólares de riqueza personal. Nacido en Checoslovaquia en 1964, adquirió la empresa de fotocopiadoras Ricoh poco después del triunfo de la Revolución de Terciopelo, en 1989. Su cuenta empezó a engordar con la venta de activos públicos y el intercambio de acciones entre las compañías resultantes. Tomó el 20% de Ceska Pojistovna, la mayor aseguradora del país, a la que hizo rentable durante años hasta que vendió sus participaciones a la italiana Generaly por 3.300 millones de euros. Los tentáculos de PPF, su emporio, se expanden por los sectores financiero, de telecomunicaciones, el de biotecnología, la ingeniería y el mercado inmobiliario en China, Vietnam, India, Indonesia, Filipinas y Kazajistán. En sus escasas apariciones en los medios admite que el postcomunismo “fue una oportunidad que quizás nunca se vuelva a repetir” en la que fue capaz de “encontrar la gente adecuada, de sortear los riesgos iniciales y de inculcar sacrificios a largo plazo” para obtener la sostenibilidad de sus proyectos. Mediados de los noventa. Atrapa los activos. Al calor de los programas económicos caóticos de los primeros gobiernos democráticos. Época en la que se idolatró al capital foráneo, a las divisas extranjeras y se demonizó el legado industrial cincelado con subsidios estatales. Yeltsin se aferró a los oligarcas, cedió la gestión financiera del país a un grupo de banqueros y vendió una ingente cantidad de activos de empresas soviéticas.

Vladimir Potanin. Rusia. 28.500 millones de dólares de patrimonio neto personal. De 58 años, es uno de los pocos oligarcas originales, de la época de Yeltsin. Trabajó en comercio exterior hasta que, en 1990, antes del colapso de la URSS, registró su primera empresa. Rápidamente se hizo con un grupo bancario por su influencia directa en el Kremlin. “La propiedad privada es la única medicina contra el estado fallido del comunismo; no hay alternativa. Por eso los activos se tuvieron que transferir a manos privadas”, explica. A finales de 1995, Potanin y su socio, Mikhail Prokhorov, se hicieron con el control de NorilskNickel, el mayor productor de níquel y paladio por la módica cantidad de 170 millones de dólares. La capitalización de esta compañía ha subido a más de 40.000 millones. Posee el 35% de sus acciones. Al año siguiente, apoyó financieramente la campaña de reelección de Yeltsin, que le nombró viceprimer ministro encargado de Economía y Propiedades Estatales. Renunció en menos de un año. Ha sobrevivido a dos crisis, la del rublo en 1998, y la financiera de 2008. Pero, sobre todo, se ha adaptado a la realpolitik de Putin, con el que juega al hockey, cuya liga promociona junto a famosos atletas, políticos y empresarios.

Los albores del milenio

1990-2000. El Salvaje Este. Apertura plena de puertas al capital extranjero. El libre capitalismo se hace con los resortes económico-financieros. La llegada de firmas occidentales, que obtienen de inmediato las pertinentes validaciones de los gobiernos orientales. Las rutas para hacerse con el amplio censo de industrias estatales se aceleran. Se crea una cultura propia del negocio. Algunos economistas hablaron de colonización y de que el interés empresarial se basaba en las bajas condiciones laborales, una ventaja competitiva asegurada, y en el potencial expansivo de sus consumidores.

Zygmunt Solorz, Polonia. Patrimonio neto personal: 2.700 millones de dólares. El hombre más rico de Polonia. Enigmático. Ha empleado numerosos nombres. Nació como Zygmunt Krok a 60 kilómetro de Varsovia. Siendo veinteañero, se fugó a Alemania, vía Austria, y fundó una firma de transporte. Utilizó el nombre de un amigo, Piotr Podgorski –de hecho, muchos conocidos le siguen llamando desde entonces Piotrek– para registrase como refugiado. En los ochenta adoptó otra personalidad. Respondía a Solorz, apellido que incorporó su primera mujer. En esa época, vendió coches y otros bienes desde el Oeste europeo a Polonia. Tras la caída del régimen polaco empezó a crear su imperio desde la adquisición del mayor canal privado de televisión, Telewizja Polsat. Su holding empresarial incluye Cyfrowy, una de las más amplias plataformas digitales de toda Europa, un banco minorista y el segundo operador de móviles del país, por el que pagó la cifra de fusión récord en Polonia. Ahora, planea construir un distrito residencial exclusivo en la capital polaca. También es propietario de plantas energéticas de lignito. Y, para sorpresa de sus conciudadanos, ahora habla de combatir la catástrofe climática. Cuando se había aproximado a las tesis negacionistas y usa el helicóptero como principal medio de transporte.

1990-2000. Las relaciones familiares. Época de surgimiento de entramados empresariales que se configuran a través de lazos sanguíneos y que representan a figuras de los negocios que están muy bien conectados con el poder.


Tímur Kulibayev y Dinara Kulibayeva. Kazajistán. Patrimonio neto: 5.000 millones de dólares. No hay un linaje más prestigioso en Asia Central que el de Dinara. La hija mediana de Nursultán Nazarbayev, presidente del país desde 1990 hasta marzo pasado. El líder espiritual vitalicio de esta ex república soviética y que acaba de rebautizar a Astaná, la capital kazaja, con su nombre: Nursultán. Dinara es la mayor riqueza de la nación. Ella, junto a su marido, Tímur, controlan las principales instituciones financieras, incluidas las mayores entidades crediticias de las empresas petrolíferas y agrícolas, además de las inmobiliarias que mueven el mercado de la vivienda y de la construcción en su país y en Dubái. Estudiante de artes escénicas en Moscú, hizo un MBA en Kazajistán. Mientras Tímur estudió Económicas a la capital rusa y trabajó en compañías de gas y petróleo. Presidió un fondo de inversión soberano en Rusia, hasta que en 2011 ocupó un sillón en el consejo de administración de un gigante gasístico ruso. Un diplomático estadounidense le definió como “un milmillonario de manicura”. Está al frente de la cámara de comercio del país y es un consumado y eficaz lobista financiero y energético en toda zona de influencia ex soviética.

  1. 1998. Devaluaciones, crash bursátil, contagio. La suspensión de pagos de Rusia fue el detonante de la crisis en la región. Pérdidas de cotización fulgurantes de sus divisas, montañas de deuda e incapacidad para gestionar la coyuntura económica. Los bancos colapsaron y provocaron que el ahorro de las familias se evaporara. Los daños colaterales se cebaron con sus plazas bursátiles. En todo el bloque oriental. Los resortes del nuevo sistema financiero se tambalearon. La crisis se expandió a los nacientes emporios empresariales. Pero no todos salieron damnificados.
    Andrei Melnichenko, Rusia. Fortuna personal: 15.200 millones de dólares. Uno de los diez más ricos de Rusia. Era demasiado joven para ser un beneficiario de la privatización. Pero hizo fortuna en la siguiente estación. En el negocio del tipo de cambio de las divisas, donde hizo un master acelerado, con pingües beneficios, que le llevó a crear MDM Bank. Surgido de la crisis de 1998 se ha convertido en la entidad prestamista con mayor número de clientes.

Practica una política conservadora, sin exposición al mercado de bonos soberano del país y controlando la liquidez de sus activos. Gestión que posibilitó la compra de acciones de oligarcas en dificultades. Así se hizo con la planta y el oleoducto petrolífero de Volzhsky, adquirido desde su rival, Menatep, un banco en manos de Mijail Khodorkovsky. Su emporio inauguró entonces su división energética. “Mi visión entonces era consolidar los activos fragmentados y arriesgarme a reestructurar sus entramados empresariales e industriales con la intención de generar blue chips internacionales en distintas áreas productivas”. En especial, en acero, fertilizantes y carbón. Segmentos a los que las autoridades rusas no les colgó el cartel de estratégicas y que, por tanto, eran más fáciles de controlar empresarialmente que otros como el petróleo, el gas, los diamantes o el oro. La crisis de 2008 dividió su grupo. Él se quedó con la división de minería y fertilizantes, con menor exposición a la turbulencia financiera global, y su socio, Sergei Popov, con el banco, que vendió a su principal rival en 2015.

Y llegó Putin

El ascenso de Putin. En el año nuevo de 1999, Yeltsin elige sucesor en el ex coronel de la KGB Vladimir Putin, que rápidamente monta su propio club de oligarcas. Con dos exponentes esenciales. Boris Berezovsky, procedente del mundo financiero, y el magnate de los medios Vladimir Gusinsky. En 2003, Mijail Khodorkovsky, fue arrestado acusado de evasión de impuestos y delitos de fraude. Era, entonces, el hombre más rico del país. Un año más tarde, el Kremlin empezó a vender su conglomerado petrolífero, la mayoría del cual ahora pertenece a la estatal Rosneft. Tras una década en prisión, fue perdonado por Putin en diciembre de 2013. Vive en Londres desde entonces, desde donde trata de liderar la oposición al presidente ruso, cuya irrupción en el poder, generó una nueva clase de jerarcas empresariales que han dominado la escena económica en sus dos décadas en el Kremlin.

Arkady Rotenberg, Rusia. Patrimonio neto de 2.100 millones de dólares. Nacido en la antigua Leningrado. La actual San Petersburgo, el centro del poder real en Rusia, que da nombre al clan de Putin. Amigo de la infancia del líder ruso, con el que practicó judo en su juventud. Instructor de artes marciales. Fundó un selecto club de millonarios, el Gennady Timchenko, del que Putin es el presidente de honor. Engendró su imperio a raíz de la llegada al Kremlin de su amigo. En 2001, adquirió SMP Bank, sancionado por EEUU tras la anexión rusa de Crimea y, en 2007, su firma de construcción de oleoductos y gaseoductos, que también ha hecho rico a su hermano pequeño, Boris. Ambos compraron cinco empresas un año después y, en 2014, se hicieron con el concurso de Gazprom para la construcción de su mayor oleoducto. Como Potanin, juega al hockey con Putin.
2004-2013. Europa y el mundo. Con Putin consolidando el poder en Rusia y los antiguos aliados de Europa del Este haciendo guiños para adherirse a la OTAN, en paralelo a sus ingresos en la UE y, por ende, armonizando sus mercados productivos con las directivas comunitarias, el eje generador de riqueza se movió hacia el centro del continente.

Ivan Chrenko, Eslovaquia. Patrimonio personal neto de 1.400 millones de dólares. Nacido en Sala, en la extinta Checoslovaquia, en 1967, llegó al negocio inmobiliario casi por accidente. Su primer negocio fue la venta de equipos de sonido en la recién independiente Eslovaquia, que le reportó beneficios y que vendió a los pocos años. Este colchón monetario le sirvió para gestar su firma constructora, que se hizo con un sinfín de contratos para la rehabilitación de la capital, Bratislava, y la instalación de grandes superficies en su primer extrarradio. Aupark es su seña de identidad comercial. En 2005, apenas un año después de la adhesión eslovaca al club europeo, vendió por casi 400 millones de euros su participación en HB Reavis a inversores holandeses, que incluían los dividendos de su inversión inicial, de 77 millones. En la actualidad, maneja más de 2.000 millones en activos dirigidos al sector de la construcción, con proyectos internacionales en Londres, Berlín, Varsovia y Budapest. Abandonó las labores ejecutivas en 2013. No concede entrevistas.

2008-2009. Credit-crunch. El mayor crash financiero y bursátil desde 1929 contagió a todas las economías globales. En mayor o menor medida. La tentación de adquirir préstamos en dólares o euros expandió la exposición a la contracción del crédito por toda la región oriental europea. Pero la pérdida de músculo de sus competidores occidentales hizo emerger una serie de nichos de negocio que fue aprovechado por empresarios del Este.

Ivica Todoric, Croacia. El hombre más rico del país, logró hacerse con una fortuna tras la Caída del Muro de Berlín, que luego perdió durante las guerras de los Balcanes. Junto a su padre vendía flores y la buena climatología del territorio croata le permitió expandir su negocio hacia el sector de alimentación. Accedió a las ventas por privatización de empresas del país a nacionales tras la desintegración de Yugoslavia en la segunda mitad de los noventa. Sorteó la crisis, pese a los seis años de crecimiento cero de la economía croata. Hasta que, en 2014, compró Mercator, la mayor cadena minorista de Eslovenia y, en 2017, tomó las riendas de Agrokor, entidad financiera a la que reestructuró con éxito. Acusado por la Justicia croata, se desplazó a Reino Unido, que le extraditó en diciembre de 2018. El litigio por administración desleal sigue abierto. Agrokor es ahora propiedad de sus grandes acreedores.

La década de los diez. La oleada de populismo. La crisis de 2008 no sólo destruyó riqueza, sino que llegó a poner en el disparadero al sistema capitalista. El descontento social encendió la mecha del nacional-populismo, que germinó especialmente, entre los países del bloque oriental, en Hungría, Polonia y la República Checa. Tres de los cuatro integrantes del club de Visegrado. El cuarto es Eslovaquia, que se ha desviado de la senda autoritaria de sus hermanos geográficos. Con Viktor Orban, el primer ministro húngaro, como auténtico maestro de ceremonias de una auténtica deriva autoritaria que preocupa, y mucho, en Bruselas.

Lorinc Meszaros, Hungría. Fortuna personal valorada en 1.500 millones de dólares. Compañero de pupitre de Orban. Empezó a gestar su riqueza con una pequeña compañía de gas en su ciudad natal, Felcsut, en los noventa. Su ascenso estratosférico vino de la mano de su amigo personal. Desde que Orban llegó al poder, en 2010, Meszaros ha subido constantemente en la lista de las grandes fortunas húngaras, hasta su cúspide. Hecho del que ha alardeado. Hasta el punto de decir que su ascenso fue más inteligente que el de Mark Zuckerberg, presidente de Facebook. Pese a atribuir su éxito a Dios, la suerte y Orban. Su emporio acapara empresas constructoras, de medio de comunicación, bodegas y firmas que acceder a concursos públicos. Es dueño de una academia de fútbol que fundó Orban.
2014-2019. La fase de sanciones a Rusia. Las tensiones geopolíticas de Rusia con Europa y, en mucha menor medida, con los EEUU de Donald Trump, a propósito de su intervención en suelo de Ucrania y, sobre todo, con la anexión de la Península de Crimea, sumergió al bloque del Este en una nueva dimensión. Occidente respondió con sanciones económicas a Moscú y señalaron con sus dedos acusadores a empresas de oligarcas.

Oleg Deripaska, Rusia. Patrimonio personal neto: 3.400 millones de dólares. El gran vencedor de la guerra del aluminio, se hizo rico en la década de los noventa. Más tarde, sus lazos familiares le ayudaron. Se casó con la hija del jefe de gabinete de Yeltsin. Empezó su expansión mundial en la post-crisis de 2008. A través de la adquisición de valores en gigantes de la construcción y en la industria auxiliar y manufacturera del automóvil. Compró también Norilsk Nickel. Los noventa -asegura- fueron años de locura, de caos, pero también de oportunidades, con las que logramos transformar el país”. La compra de Norilsk Nickel fue inicialmente un mal negocio. Sus primeros años de gestión se saldaron con caídas del precio del aluminio, que llevaron a Rusal, su emporio, al borde de la bancarrota. Pero la compañía salió a flote, a pesar de reestructurar más de 17.000 millones de dólares de deuda, la mayor corporativa en Rusia. Pero la guerra de Crimea lo cambió todo. Las embestidas financieras y las volatilidades bursátiles de los últimos ejercicios, sobre las que pendían los efectos de las guerras comerciales y de los riesgos geopolíticos alimentados por la Administración Trump, cercaron el valor de las divisas de los mercados emergentes. Incluido el rublo. Pero la moneda rusa se ha repuesto del susto y Rusal ha ganado contratos en el terreno militar ruso y en medio de las hostilidades arancelarias entre EEUU y China, con el aluminio y el acero, como hilos conductores del proteccionismo americano. Las sanciones a Rusia han venido de perlas a grupos como el de Deripaska, que ha llevado a cabo un intenso proceso de lobby en el Kremlin para que logre de la Casa Blanca la retirada de sanciones en el sector automovilístico, en el que también tiene intereses patrimoniales.

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