MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Martes, 11 Septiembre 2012 06:52

Firmas mexicanas invaden el mundo

Firmas mexicanas invaden el mundo
Las inversiones de mexicanos en el extranjero han crecido en forma considerable en años recientes, al punto de que los montos salientes han rebasado a los entrantes en el primer semestre de 2012. Esta tendencia sugiere que las empresas mexicanas intentan aumentar ingresos con operaciones en otros países, diversificando el riesgo y generando grandes alzas potenciales de utilidades.


Es probable que los altos volúmenes de flujos al exterior continúen en los próximos años, impulsados por crecientes oportunidades de inversión y por el surgimiento y consolidación de jugadores globales en México.


En el primer semestre de 2012, la cuenta financiera de la balanza de pagos mostró una salida neta de mil 900 mdd en inversión extranjera directa (IED). Esto sólo había ocurrido una vez antes en un periodo de seis meses (abril-septiembre de 2010).


La elevación de flujos de IED es una tendencia reciente: entre 2001 y 2008, las entradas superaron a las salidas por un promedio de 20 mil mdd al año, pero esa cifra comenzó a declinar después, a unos 7 mil mdd, en 2009-11. En comparación, las salidas de IED de Chile llegaron a 11 mil 800 mdd en 2011, luego de promediar 8 mil 500 mdd en 2008-10. Los flujos de Brasil disminuyeron en 2009 y 2011, pero llegaron a 11 mil 600 mdd en 2010 y promediaron18 mil 600 en 2006-08.


La capacidad de las grandes empresas mexicanas de invertir en el extranjero refleja el hecho de que muchas operan con poca competencia en sus mercados domésticos, y por tanto gozan de márgenes más altos que sus contrapartes internacionales, lo que les permite generar fuertes flujos de caja.


Esas compañías, que tienden a ser manejadas por familias únicas, han seguido tradicionalmente una estrategia conservadora de negocios, ajustándose a las constantes crisis financieras y con fuerte dependencia del ciclo político. Durante mucho tiempo, su objetivo primario ha sido defender su participación de mercado y distribuir ingreso a sus propietarios.


Aunque tal vez siga siendo así, el pensamiento gerencial ha evolucionado por efecto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de la creciente globalización de México, y se ha ajustado a normas internacionales una vez que las empresas han comenzado a buscar formas alternativas de elevar el crecimiento y maximizar la acumulación de capital.


Para la mayoría de las empresas, invertir en el mercado doméstico sigue siendo la opción preferida; sin embargo, esta estrategia se ve restringida por un desempeño económico bastante mediocre en comparación con otros mercados del mundo, y por limitadas oportunidades de desarrollo, dado que la extensa desigualdad de ingreso continúa baldando la demanda doméstica. Como resultado, las compañías mexicanas han comenzado a ver más allá del mercado doméstico, a otros mercados que puedan ofrecer mejores oportunidades de crecimiento e inversión, con riesgos manejables.


Al mismo tiempo, la población de ascendencia mexicana en EU ha seguido creciendo y ganando poder de compra. De los 40 millones de personas nacidas en el extranjero que viven en ese país, 12 millones provienen de México y otros 10 millones del resto de América Latina y el Caribe.


Además, la población de origen latino en EU asciende a 51 millones de personas y su contribución al crecimiento demográfico fue de 56% del total entre 2000 y 2010.


El gran incremento de la inversión mexicana en EU ha buscado, por tanto, aprovechar un mercado latino que en muchos casos ha sido difícil de penetrar para las empresas locales. Se estima que este mercado vale unos 500 mil mdd, alrededor de la mitad del PIB mexicano.


Asimismo, la mayoría de los países latinoamericanos han reportado firmes tasas de crecimiento en la década pasada, lo que representa cada vez más prometedores, y redituables, destinos de IED para inversionistas mexicanos ansiosos de diversificar su cartera. Las similitudes culturales también les ofrecen una ventaja competitiva.


Según la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés), la inversión mexicana en ese país totalizó 7 mil 700 mdd entre 2005 y 2010, en comparación con flujos negativos de Brasil (unos 700 mil dólares en promedio) en el mismo periodo. En 2011 la inversión mexicana y brasileña se elevó a 2 mil 500 y 3 mil 700 mdd, respectivamente.


La mayor parte de la inversión mexicana en el exterior se ha dado en los sectores de manufacturas, alimentos y telecomunicaciones. En 2010, Grupo Bimbo, la mayor empresa panificadora del mundo, adquirió la firma estadunidense Sara Lee por casi mil mdd, con lo cual se volvió la primera firma del ramo en EU. El consorcio opera también en varios países latinoamericanos, como Brasil, Chile y Colombia.


Sigma, brazo de alimentos refrigerados del conglomerado Alfa, ha expandido sus capacidades de procesamiento y distribución de alimentos al mercado estadunidense, con una planta de carnes frías en Oklahoma y otra de productos lácteos en Wisconsin. También cuenta con 16 oficinas de distribución en territorio de EU.


Apeak, igualmente parte de Alfa, se ha convertido en la segunda empresa petroquímica de AL y tiene plantas en EU y Argentina.


Entre tanto, el gigante de materiales de construcción Cemex ha realizado una dinámica expansión en EU, mediante 13 plantas de cemento, 46 terminales de distribución y más de 450 plantas de concreto premezclado. Cemex opera en 50 países, desde Argentina hasta Israel.


Por último, pero por supuesto no menos importante, el gigante de telecomunicaciones Telmex (y su compañía filial, América Móvil) se ha expandido con fuerza en todo EU y AL en los ocho años pasados, a menudo bajo su marca registrada Claro.


El potencial del mercado latino en EU y las firmes tasas de crecimiento en AL continuarán atrayendo inversionistas mexicanos en busca de nuevas oportunidades. En algunos casos, estos proyectos son parte de una estrategia integral para convertirse en verdaderos jugadores globales, como en el caso de Cemex, en la cresta de la ola de multilatinas (empresas multinacionales latinoamericanas).


En otros casos, las inversiones reflejan oportunidades de corto plazo a la vez que proporcionan diversificación y significativas ganancias potenciales. En ausencia de sorpresas negativas en el panorama mundial, es probable que la tendencia observada en la inversión mexicana en el extranjero se consolide y se mantenga por algún tiempo.


Traducción de textos: Jorge Anaya

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Según Samir Amin hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Cree que se trata de una etapa cualitativamente nueva. El sistema capitalista no solo está en crisis, -mantiene Amin- sino que lo que se está produciendo en él una autentica implosión, pero que no es el efecto de la lucha popular.


Samir Amín es uno de los pensadores marxistas más importantes de su generación. Nacido en El Cairo, pasó su infancia y juventud en Port Said. Fue allí donde asistió a la escuela secundaria. De 1947 a 1957 estudió en París, obteniendo un diploma en Ciencias Políticas antes de graduarse en estadística (1956) y economía (1957). En su autobiografía Itinéraire intellectuel confesó que su vida militante solo le permitía dedicar un mínimo de tiempo a su preparación para los exámenes universitarios. En efecto, a su llegada a Paris, Amin se unió prontamente al Partido Comunista Francés. Sin embargo, terminaría alejándose de esta organización para aproximarse a los círculos de pensamiento maoísta


Samir Amin es autor de una voluminosa obra de análisis crítico del capitalismo y de sus crisis. Durante una reciente visita a Ecuador de este notable pensador marxista, Irene León, de la organización FEDAEPS, le realizó una entrevista. De ella hemos tratado de resumir las ideas que nos han parecido más significativas.


Según Samir Amin hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Cree que se trata de una etapa cualitativamente nueva, caracterizada por la extraordinaria centralización del capital, llegando a tal punto que, hoy en día, el capital monopólico lo controla absolutamente todo.


Se trata de un relevante cambio cualitativo que él le adjudica la calificación de "monopolio generalizado", es decir, que extiende sus tentaculos a todas las esferas.


Esta característica provoca consecuencias importantísimas . "En primer lugar -dice Samir Amin- se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa, pues si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, más o menos populares, más o menos burguesas, pero diferenciadas por sus concepciones de la política económica, en la actualidad, en Estados Unidos, por ejemplo, republicanos y demócratas, o en Francia socialistas de la corriente de Hollande y la derecha de Sarkozy,


Samin cree que el sistema capitalista no solo está en crisis, sino que lo que se está produciendo es una autentica implosión del sistema mismo... Es decir, el sistema no está siendo capaz de reproducirse desde sus propias bases. O dicho de otra forma, está siendo víctima de sus propias contradicciones internas.


Por otra parte, Samir Amin cree que a diferencia de lo que ocurría en el pasado, las fuerzas reaccionarias dominantes -el capital monopólico- está concentrado en una triada imperialista constituida por Estados Unidos-Europa-Japón. A esta tríada se suman todas las fuerzas reaccionarias alrededor del mundo que se agrupan, de una forma u otra, en bloques hegemónicos locales. De acuerdo con la opinión de Samir Amin, estas fuerzas reaccionarias locales son extremadamente numerosas y difieren enormemente de un país al otro.


"La estrategia política de las fuerzas dominantes,-Estados Unidos-Europa-Japón- está definida por su identificación del enemigo. Para ellos, el enemigo son los países emergentes, es decir, China. El resto, como India, Brasil y otros, son para ellos semi-emergentes".


UN SISTEMA QUE IMPLOSIONA PERO CON UNA DÉBIL RÉPLICA POPULAR


Para Samir Amin, el sistema capitalista no está implosionando como consecuencia del ataque organizado de los pueblos, sino que paradójicamente su destrucción está siendo una consecuencia de su propio éxito. "Desgraciadamente, -puntualiza Samir Amin- si examinamos los movimientos de nuestros pueblos en la actualidad, su grado de conciencia sobre la naturaleza del sistema y, particularmente, sobre la implosión es aún muy débil y muy limitado. Se circunscribe a la izquierda histórica de tradición marxista, mientras la mayoría, al cabo de reiteradas capitulaciones frente al neoliberalismo, no se cuestiona, ni problematiza el asunto de fondo".


Y Amin hace una puntualización histórica: "Los momentos revolucionarios son raros y cortos a lo largo de la historia, y si en esos momentos, hay iniciativas audaces, estas ganan terreno y se abren paso muy rápidamente. No me molesta escuchar que en la actualidad, los comunistas en Ecuador o en Egipto, son una pequeña minoría y en casos no logran nada en las elecciones generales y demás. Si tienen audacia, y no solamente una audacia retórica, si emprenden acciones, eso se convierte rápidamente en una bola de nieve".


Para constatarlo, explica Samir Amin, basta examinar la historia de los partidos comunistas que han llegado al poder. Alcanzaron el poder en muy corto tiempo. El Partido Bolchevique se constituyó formalmente en 1897. En 1905, siete años después, hubo una primera revolución y siete años después, vino la segunda. No pasaron ni siquiera veinte años.


"Cuando el Partido Comunista Chino, se reunía en Shanghái, con Mao y otros, eran apenas una veintena, muy pocos para un país de la dimensión de China. Seis meses después, fueron varios centenares y unos años después, ya encabezaban un pequeño ejército local de liberación. Similares características tuvo la Revolución Cubana, liderada por Fidel Castro".


Samir Amin cree que históricamente las victorias revolucionarias han sido o rápidas o inexistentes. "El hecho es que los partidos de izquierda que se ponen a congelar, durante cincuenta años, esperando el "momento indicado", simplemente se congelan y ahí termina su historia".


Fuene: Canarias Semanal

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Domingo, 05 Agosto 2012 06:13

La lógica infernal del capital

La lógica infernal del capital
Los estados capitalistas dependientes que, en América Latina tienen gobiernos llamados progresistas” que se rehúsan a aplicar las políticas impuestas por el Consenso de Washington, están atrapados en un engranaje que devora continuamente los esfuerzos en pro de un cambio económico y social, mecanismo que reproduce y agrava el pasado, afirmando de paso las políticas neoliberales que esos gobiernos declaran rechazar.


Sus economías viven cada vez más de la exportación de commodities, sobre la base del cultivo de unos pocos productos exportables; además, necesitan inversiones extranjeras para impulsar una industrialización de base y la creación de infraestructuras porque el gran capital controla el ahorro nacional y lo exporta, y los grandes capitalistas extraen y se llevan legal o ilegalmente capitales y ganancias por cientos de miles de millones de dólares.


Los bancos, las grandes industrias exportadoras o productoras de alimentos y bienes de consumo e incluso buena parte de la tierra están, en efecto, en manos extranjeras y su producción y exportaciones son, en realidad, un comercio interno entre la matriz y diversas filiales de empresas transnacionales.


Los autos “argentinos”, por ejemplo, son Fiat, Ford, GM o de otras marcas similares; el acero “argentino” es de la transnacional Techint; los granos exportados, de Cargill, Bunge y Dreyfus, grandes transnacionales del sector, y la propiedad del gas, del petróleo y de la electricidad sigue en manos extranjeras, pues la cacareada “renacionalización” de YPF se limitó meramente al control del Estado de 51 por ciento de las acciones del ex socio mayoritario –Repsol–, que continúa formando parte de la empresa, la cual es mixta, no estatal; mientras, 68 por ciento de los yacimientos argentinos son explotados por otras firmas igualmente privadas, en su inmensa mayoría de otros países. Petrobras, por su parte, no es brasileña, sino una compañía mixta, y lo mismo sucede con la gran mayoría de las palancas de la economía boliviana o ecuatoriana.


Esos gobiernos, para sostener el alto nivel de ganancias de los inversionistas, deben mantener bajo control los ingresos reales de los trabajadores, lo cual impide un aumento mayor de la construcción de viviendas y del consumo de bienes esenciales y, por consiguiente, una importante parte de la población económica activa se encuentra en el sector llamado “informal” (de desocupación disfrazada), en el desempleo estructural y en la pobreza. Los cuantiosos subsidios estatales en realidad no tienen como principal motivación aliviar la pobreza y asegurar un mínimo de consumo sino, sobre todo, abaratar la mano de obra al reducir el precio de los servicios, en particular el del transporte, y de algunos “bienes salario”. Son subsidios al sector patronal porque el Estado contiene así las demandas salariales y asegura una fuerza de trabajo barata pero con alta productividad.


Esa política de sostén estatal a las ganancias patronales en los tiempos de crisis, como el actual, es insostenible y no puede impedir ni los despidos ni un nuevo aumento de la pobreza y tampoco el número de desempleados; ni siquiera traba la desindustrialización relativa porque, cuando la especulación se concentra sobre el sector de granos forrajeros o alimenticios (soya, maíz, trigo) es mucho más lucrativo poner los capitales en ese comercio que invertir a largo plazo en mercados asfixiados por la escasa capacidad de consumo de una gran masa de su población.


Por otra parte, los intentos de unificar esfuerzos, por ejemplo, en el contexto del Mercosur, son fructíferos sólo a mediano o largo plazo, pues por importantes que sean, no arrojan resultados inmediatos y no hay aún una estrecha cooperación financiera entre los países miembros ni una moneda común, y como dichos esfuerzos deben vencer los intereses particulares de cada nación, la coordinación y una posible unificación aparecen más como una meta que como una solución inmediata.


Eso lleva a recurrir desesperadamente a una nueva panacea: el desarrollo de la minería, para extraer oro y metales y tierras raras, cualquiera que sea el precio social, ambiental y político. También conduce a la reducción al máximo de los márgenes democráticos, para acallar las protestas de la sociedad y adoptar decisiones repentinas –desde arriba e inconsultas–, chocando así con la base social de esos gobiernos y pisoteando leyes e instituciones.


De este modo, gobiernos que fueron el resultado directo o indirecto de movilizaciones por la democracia y por un cambio social, restringen ahora los márgenes de la democracia y reproducen el viejo orden social, debilitándose.


No se sale de los males del capitalismo con más capitalismo. La solución a ese nudo gordiano nuevamente es la de Alejandro: cortarlo. Ahora bien, es imposible la autarquía y no es posible comerse la soya y prescindir del comercio exterior, pero éste podría ser monopolizado por el Estado, que vendería la producción a otros países pagando en pesos a los productores. Es posible igualmente dar prioridad al futuro, a las próximas generaciones, preservando el agua y el ambiente, en vez de regalarlos a las mineras extranjeras, y es factible comenzar a planificar la producción y los consumos, así como reconstruir el territorio, considerando en conjunto, con los países vecinos, los recursos, los medios, las necesidades.


Precisamente porque la crisis es profunda y duradera y, contrariamente a muchas fanfarronadas dichas hasta hace poco, nuestros países no están blindados contra ella; la alternativa es clara: seguir en este juego y hundirnos aún más o tomar medidas radicales que puedan ayudar a una transición fuera realmente de la lógica infernal del capital, contando con el apoyo y la movilización de los trabajadores y las poblaciones. Eso requiere dejar de lado la arrogancia de los ignorantes. No es tiempo para decisiones de gabinetes de tecnócratas, sino de discusión pública y democrática de lo que se debe hacer ante los grandes problemas.

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Miércoles, 18 Julio 2012 07:09

Su apellido es ‘Crisis’

Su apellido es ‘Crisis’
¿Cuándo fue la última vez que una economía capitalista se mantuvo en expansión y en armonía social? Parece que hay que hacer un buen ejercicio de memoria porque no es fácil recordar semejante episodio de placidez. Y sin embargo, en el imaginario social perdura la creencia de que en una época perdida que habría que recuperar, el capitalismo pudo hacer entrega de buenos resultados. Quizás el anhelo profundo del ser humano es ese mundo de paz, bienestar y justicia. Pero esa aspiración no significa que ese mundo anhelado sea posible bajo la feroz regla del capital.


La historia del capitalismo revela un proceso de continua expansión y eso ha sido interpretado como señal de éxito. En esa misma historia hay una nutrida sucesión de episodios de contracción y descalabro. Es como si la crisis incesante fuera el estado natural del capitalismo.


La lista de crisis y dislocaciones traumáticas en la marcha del capitalismo es densa. En ella se entrelazan la especulación financiera, la caída en la demanda agregada provocada por recortes salariales, el exceso de capacidad instalada y, por supuesto, las expectativas optimistas de los inversionistas que fueron una y otra vez desmentidas por el mercado. En varios momentos los límites a la acumulación de capital condujeron a confrontaciones inter-imperialistas y a políticas de colonización que buscaban superar esas limitaciones. En todos estos casos la secuela de desempleo y empobrecimiento, destrucción y guerras dejó cicatrices sombrías.


El mítico periodo glorioso del capital es algo endeble. Hagamos abstracción de las crisis de siglos anteriores, como la de la South Sea Company inglesa (1720) o las del siglo XIX: la depresión post-napoleónica, la crisis de 1837 en Estados Unidos, la de 1847, las de 1857 y 1873-96 (llamada la ‘Larga Depresión’). Pasemos al siglo XX.


En 1907 explota una feroz crisis en Nueva York que amenaza todo el sistema bancario y desemboca en la creación de la Reserva Federal. En 1920-21 se presenta una crisis deflacionaria que precedió a la Gran Depresión. Ésta dejó una huella profunda en la historia económica y política de la primera mitad del siglo.


Después de la Segunda Guerra viene la llamada “época dorada” de expansión capitalista. Esa fase (1947-1970) estuvo sostenida por circunstancias excepcionales e insostenibles: la demanda de la reconstrucción post bellum y del consumo postergado desde la crisis de 1929. La era dorada duró poco: a fines de los sesenta comienza el agotamiento de oportunidades rentables para la inversión. En 1973 concluye el crecimiento de los salarios y arranca la crisis de estancamiento con inflación, misma que desemboca en el alza brutal de las tasas de interés y desencadena la crisis de los años 80 a escala mundial. En América Latina nos acostumbramos a decir “la década perdida” de los 80. Olvidamos que en los países centrales la crisis se había gestado precisamente en la “era dorada”. La crisis de los 80 le pega a todo el mundo.


A finales de los 70 estalla la crisis de las cajas de ahorro y crédito en Estados Unidos. El costo fue enorme y los efectos se prolongaron a lo largo de 10 años hasta que en 1987 sobrevino el Lunes Negro. Durante los años 90 la economía estadunidense experimenta un episodio de bonanza artificial y hasta las finanzas públicas alcanzan a tener un superávit. Mientras en Estados Unidos se está gestando la burbuja de las empresas de ‘alta tecnología’, en el resto del mundo se presenta una nutrida serie de crisis: México, Tailandia y el sudeste asiático, Rusia, Turquía, Brasil. Para cuando los atentados del 9-11 la recesión ya tenía dos años de golpear en Estados Unidos.


No hay pausa para respirar. El capitalismo vive a través de mutaciones patógenas continuas. Es como si se tratara de un enfermo que en momentos de aparente buena salud estuviera preparando los momentos de graves convulsiones.


No hay que caer en una visión reduccionista. No todas las crisis son iguales, ni tuvieron las mismas causas. El desarrollo del capitalismo es un proceso contradictorio y por ello ha tenido fases de relativa prosperidad. Precisamente en esas etapas de estabilidad se gestan las mutaciones que conducen a más crisis.


El análisis de corte marxista ofrece las perspectivas más ricas para el análisis teórico de la crisis como esencia del capital. Pero hasta en una disposición reformista, à la Keynes, es fácil observar que la crisis es el apellido del capitalismo: no existe un mecanismo de ajuste que permita solucionar el problema de la inestabilidad de las funciones de inversión y de preferencia de liquidez en una economía monetaria de tal manera que se alcance una situación de pleno empleo. El punto es este: no es que no funcione el mecanismo, sino que no existe.


Definitivamente, la visión ingenua sobre el capitalismo debe ir a reposar en el museo de los mitos curiosos. Se desprende una importante tarea política e histórica para la izquierda, la única fuerza capaz de cuestionar las bases del capitalismo.

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Lunes, 16 Julio 2012 06:02

China, en guardia ante la crisis

China, en guardia ante la crisis
El primer ministro chino, Wen Jiabao, ha vuelto a hacer gala de su prudencia habitual y ha asegurado que el impulso para lograr una recuperación económica aún no es estable y las dificultades continuarán durante algún tiempo, a pesar de que la economía del país asiático crece a tasas impensables en Occidente. Así lo señaló el sábado durante una de sus habituales giras por China —en la provincia suroccidental de Sichuan—, según publicó el domingo la agencia oficial Xinhua.


“Hay que entender claramente que todavía no se ha logrado el empuje para un rebote estable. Necesitamos evaluar la situación de forma exhaustiva y reconocer los problemas, dificultades y riesgos, en particular la presión a la baja de la economía”, señaló. El banco central lanzó también una advertencia el viernes y dijo que la debilidad de la demanda global dificultará el crecimiento. Calificó la situación mundial de “sumamente” complicada.


Los comentarios de Wen, que dejará el cargo en marzo próximo, se producen después de que el viernes fueran publicados los datos de la economía del segundo trimestre, que, según la Oficina Nacional de Estadísticas, ha crecido un 7,6% anual, el valor más bajo desde el 6,6% registrado en el primer trimestre de 1999, cuando la crisis financiera mundial estaba en auge. La ralentización se ha debido al impacto que ha tenido en China la crisis en Europa y Estados Unidos, que ha desanimado la demanda extranjera, y al efecto de los controles aplicados por Pekín para frenar la especulación inmobiliaria y la inflación.


No obstante, el primer ministro afirmó que el actual ritmo de crecimiento del PIB se encuentra dentro de los cálculos previstos, y las medidas tomadas por el Gobierno para “estabilizar la economía” están “dando frutos”. El objetivo oficial de crecimiento para el conjunto del año es del 7,5%. En 2011 subió un 9,2%, y en 2010 lo hizo un 10,4%.


Wen apuntó que “los fundamentos para el desarrollo siguen siendo sólidos”, ha vuelto a repetir que “la prioridad número uno” es estabilizar el crecimiento y ha asegurado que en el segundo semestre se van a realizar ajustes para cumplir las previsiones.


El Gobierno dará prioridad a la creación de puestos de trabajo —uno de los grandes retos de la segunda economía del mundo—, impulsará la actividad de empresas privadas, y proporcionará ayuda financiera y ventajas fiscales a las compañías exportadoras afectadas por la caída de la demanda exterior. También incentivará el desarrollo de los mercados emergentes y la inversión privada.


El primer ministro afirmó que la moderación de la inflación, las subidas de los salarios y la mejora en el nivel de vida y la inversión en infraestructuras auguran un futuro crecimiento. El Gobierno recortó recientemente los tipos de interés por segunda vez en un mes, y desde diciembre ha disminuido en tres ocasiones los requisitos de reservas que deben tener los bancos. La inflación china se situó en el 2,2% en junio, el valor más bajo en 29 meses.


Pekín está inyectando dinero en la economía mediante inversiones en compañías estatales y mayor gasto en proyectos de vivienda de bajo coste y obras públicas. Pero lo está haciendo con precaución, ya que el plan de estímulo aprobado en noviembre de 2008 por valor de cuatro billones de yuanes (513.400 millones de euros al cambio actual) para hacer frente a la crisis financiera global disparó la inflación y provocó una espiral inmobiliaria.


La búsqueda de un crecimiento que garantice el desarrollo y la creación de suficientes puestos de trabajo, sin sobrecalentar la economía ni desatar la inflación, ha sido una constante de la política china desde hace años. Un fallo por cualquiera de los lados podría generar descontento e inestabilidad social y poner en peligro la continuidad del Partido Comunista Chino, algo que preocupa especialmente a los líderes cuando se preparan para el cambio en la dirección del partido a finales de año, y en la cúpula del Gobierno, en marzo de 2013.


Por Jose Reinoso Pekín 15 JUL 2012 - 19:33 CET
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Domingo, 01 Julio 2012 06:11

El opio y el esteroide del capitalismo

El opio y el esteroide del capitalismo
Durante el Mundial en Sudáfrica 2010 Terry Eagleton escribió que el futbol es un opio del pueblo” y “buen amigo del capitalismo” y que si se quiere pensar en un verdadero cambio político, habría que abolirlo –sic (The Guardian, 15/6/2010).


Se le reprochó que la suya no era la crítica de la alienación futbolera, sino una prueba de su alienación de la realidad. Pero el marxista británico no es completamente insensible al futbol: en Después de la teoría (Debate, 2005) evocó a George Best y el significado de jugar la pelota para las decisiones morales, lo que recuerda la famosa, pero apócrifa frase de Camus: “lo que más sé acerca de moral se lo debo al futbol” (él hablaba del deporte en general).


Pero mirando el contexto de la Eurocopa 2012 en Polonia y Ucrania –de la que hoy se juega la final– Eagleton incluso se quedó corto: el futbol puede ser un opio, pero también es un fuerte esteroide, un motor de la acumulación y del desarrollo desigual.


Para el premier Donald Tusk (PO) –gran aficionado y jugador– la Eurocopa fue un regalo: no sólo cumplía sus sueños, sino que vino justo a tiempo para salvarlo. En los meses pasados él y su gabinete liberal-conservador, arrogante y hostil a cualquier diálogo social, enfrentaron grandes protestas (las más fuertes por retrasar la edad de jubilación) y metían la pata una y otra vez.


Gracias al futbol anestesiaron la sociedad y mejoraron la imagen. Anunciaron una peculiar pax futbolera, posponiendo las reformas y pidiendo a los sindicatos que no se manifestaran durante el evento (Tusk prefiere tratar con una masa sinclasista de hinchas que con los sectores agrupados en torno a demandas específicas).


Gracias a un particular conjunto de factores Polonia se salvó relativamente de la crisis. Las inversiones para la Eurocopa jugaron un papel, pero decir que fueron decisivos o que el campeonato ha sido crucial para la modernización de la infraestructura (estadios, aeropuertos, carreteras y trenes en cuales se gastó unos 23 mil millones de euros) es admitir que el gobierno es inepto y sin el futbol no sabe hacer nada.


Además se construía rápido, en una atmósfera de la euforia, sin pensar en las verdaderas necesidades. Se invirtió demasiado en los estadios y en los aeropuertos, poco en trenes.


Lo más preocupante es que el efecto esteroide en la construcción es la prolongación del modelo que ocasionó la crisis (Polonia se salvó porque no tuvo un boom inmobiliario). Más que dejar un “legado” del que hablan los políticos (ni hablar de ganancias que serán para la UEFA y los monopolios), dejará problemas económicos y sociales.


La mayoría de estadios para la Eurocopa 2004 en Portugal resultaron “elefantes blancos”. Hoy es más barato demolerlos, que mantenerlos. Pero la deuda contraída para su construcción infló el déficit, problema que hoy acecha a este país (una estupenda lección sobre el origen de la eurocrisis –nada que ver los supuestos “privilegios sociales”).


Para construir los suyos Poznan, Wroclaw y Gdansk se endeudaron hasta las orejas (Varsovia está mejor). Podrían servir para conciertos o ferias, pero hacerlos rentables será difícil. Ya antes faltaba para hospitales, viviendas, escuelas, guarderías, teatros o transporte público. Ahora habrá aún menos gasto social, más privatización de bienes municipales y más impuestos.


El futbol resultó aquí la herramienta de la redistribución de riqueza hacia arriba y de estructurar las ciudades en torno de las exigencias del capital. En fin el circo lo pagará la gente, aunque no quiera verlo.


Marx, que tachó la religión de “opio”, criticaba al propio pueblo que prefiere soñar en vez de fijarse en las condiciones materiales de su vida. Su intención era que los viera.


En Polonia la crítica de la Eurocopa desde el principio fue objeto de burla. Pocos se atrevían a decir que mucha parte del dinero será malgastado. Lo oficial era un sueño de la grandeza futbolística (con un equipo mediocre) y del “prestigio internacional” (lo que decía más de nuestras inseguridades, que del evento).


Los que resistieron esta maniobra organizaron una campaña “Pan en vez del circo” criticando el endeudamiento, la falta de la política pública de la vivienda y reclamando el derecho a la participación en la gestión de las ciudades –una voz en el desierto.


Dicho todo esto y estando consciente de los usos y abusos del futbol, por un mes anduve hasta cierto punto “alienado” o conectado con la “realidad futbolera”. Lloré cuando Polonia no salió del grupo (no lo logramos desde hace 30 años...). Me enfurecí cuando tampoco lo logró Ucrania (a la que no le reconocieron un gol, aunque el balón entró en el arco...). Disfruté el hecho y el estilo con que Italia derrotó a Alemania en las semifinales.


El futbol por supuesto no se trata sólo del capitalismo. Querer abolirlo es absurdo.


Pero tal vez sólo en otro modo de producción el juego cobraría su verdadera dimensión moral (ya que la única moral capitalista es la del mejor postor).


Tal vez sólo más allá del capital dejará de ser el opio y el esteroide del sistema, volviéndose un placer puro (a Eagleton le gusta subrayar que la teoría de Marx no es tanto sobre el trabajo, sino sobre el tiempo libre que permita el florecimiento humano).




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Lunes, 13 Febrero 2012 08:38

Insomnio

 Insomnio
El sueño americano –tanto su mito como su realidad– ha sido anulado aquí y sólo los ricos pueden dormir. Esto no es simbólico; de hecho, está al centro de todo el debate político y social de Estados Unidos. La promesa de este país fue que todos, sin importar dónde y cómo nacieron, en la pobreza o en una mansión, si en este u otro país, de una raza u otra, tenían a su alcance la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida para que fueran superiores a las de la generación anterior.

Claro que en su forma más simplista –cualquiera podría llegar a ser presidente o millonario si se portaba bien, estudiaba mucho y trabajaba más– siempre fue un mito, como también eso de que ésta era una sociedad sin clases económicas. Pero en cierto grado, por ser la economía más rica del mundo, con una serie de conquistas logradas por movimientos sociales (derechos y normas laborales, derechos civiles, educación pública, seguro social, etcétera), Estados Unidos sí ofreció elementos de ese sueño, y durante décadas cada generación gozó de mejores condiciones que su antecesora. Hasta que ya no.

El sueño aquí fue cancelado con las mismas políticas neoliberales aplicadas a países del "tercer mundo", ahora implementadas en el "primer mundo". Los resultados, en el contexto de cada país, son los mismos: desmantelamiento del estado de bienestar, privatización de funciones públicas (incluidas las guerras), ataque frontal para destruir organizaciones sociales, sobre todo sindicatos, intentos por revertir conquistas sociales (derechos laborales, de mujeres, de minorías, de educación, etcétera), mayor represión (este país ha enjaulado a más de 2 millones de sus habitantes –más que cualquier otro en el mundo– en sus prisiones), y concentración extrema de la riqueza.

Durante los últimos meses se ha documentado tanto el fin de ese sueño como las pesadillas que lo han sustituido. Entre éstas: uno de cada dos estadunidenses está en la pobreza o al borde de ésta; dos tercios del caudal neto de los latinos y la mitad del de los afroestadunidenses se esfumó al perder su posesión más valiosa: sus casas, en la crisis hipotecaria; la desigualdad económica ha llegado a extremos sin precedente desde la gran depresión; el ingreso promedio de los trabajadores se ha estancado durante más de tres décadas; uno de cada siete hogares estadunidenses padece o enfrenta la amenaza del hambre (el nivel más alto jamás registrado).

Más recientemente se detectó algo que anula en lo fundamental el sueño americano. La educación siempre ha sido considerada el factor clave en promover la igualdad de oportunidades en una sociedad, en particular en Estados Unidos. Pero recientes y amplias investigaciones descubrieron que la brecha educativa entre estudiantes de familias ricas y pobres se ha ampliado de manera significativa. En una se registró que la distancia en calificaciones de exámenes estandarizados entre los estudiantes prósperos y los de bajos ingresos se amplió 40 por ciento desde los años sesenta hasta ahora. En otra, la brecha entre pobres y ricos que completan sus estudios universitarios se amplió 50 por ciento desde finales de los ochenta, reporta el New York Times. La conclusión es que el ingreso familiar ahora determina más que nunca el "éxito" de un joven en el ámbito de la educación.

Anteriormente se reportó otra investigación de expertos que reveló que Estados Unidos se distingue entre los países avanzados por ser donde hay menos "movilidad social", o sea, donde más se hereda la posición socioeconómica de sus ciudadanos. Eso contradice toda la esencia del llamado sueño americano, y confirma que hoy es casi todo mito y poca realidad.

De hecho, para los varones con preparatoria o menos –los que antes lograban obtener vidas de clase media con buenos empleos manufactureros, o sea, participar en el sueño– las cosas van de mal en peor: los salarios se han desplomado 23 por ciento desde 1973, y mientras 65 por ciento de ellos en 1980 tenían seguro de salud como prestación de su empleo, en 2009 sólo 29 por ciento gozaban de él, reportó el economista premio Nobel Paul Krugman.

Hasta los multimillonarios más honestos confiesan que algo está muy mal entre lo que debería ser y lo que existe en este país. "La marea alta eleva a todos los barcos", decía el refrán, recuerda el segundo hombre más rico de Estados Unidos, Warren Buffett, en una entrevista para la cadena de televisión CBS. Pero lo que ha ocurrido es que "esa marea alta sólo ha elevado a los yates", dijo, y agregó que "los muy ricos de este país no han sacrificado ni una onza" para mejorar las condiciones económicas de todos los habitantes del país. El financiero George Soros recientemente alertó, en entrevista con Newsweek, que "estamos enfrentando un tiempo extremadamente difícil, comparable en muchas maneras a los treintas, la gran depresión", y que con ello pueden surgir "mayores conflictos de clase, disturbios en las calles y, con ello, mayor represión estatal, mucho en torno a la desigualdad económica".

De hecho, en encuestas recientes del Centro de Investigación Pew, el conflicto de clases se agrava: 66 por ciento (dos de cada tres) creen que existen conflictos fuertes o muy fuertes entre la élite y los empobrecidos en Estados Unidos.

Hace unas semanas, otro multimillonario, Richard Branson (Virgin Airways, Virgin Records y otras empresas), opinó que el movimiento Ocupa Wall Street debería ser "un muy necesario despertador" para los empresarios ricos. En entrevista con The New Yorker, Branson estimó que Ocupa es "un movimiento admirable, un movimiento pacífico. La única cosa que no ha sido pacífica es la manera en que la policía en algunos estados lo ha enfrentado, lo cual creo que está absolutamente mal".

El grito de Ocupa Wall Street, de que el 99 por ciento padece el secuestro del sueño americano por el 1 por ciento, logró enmarcar el contexto básico en el cual se realizan las elecciones nacionales este año en Estados Unidos.

Es un año más de insomnio y pesadilla para el 99 por ciento en Estados Unidos. Pero a veces las pesadillas provocan gritos y despiertan la demanda de soñar.
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Auge del "capitalismo estatal" (energía y electricidad) y caída del neoliberalismo, admite The Economist

The Economist, portavoz del neoliberalismo global, publicó un "reporte especial" (21.1.12) sobre "la mano visible" del "capitalismo de Estado", de Adrian Wooldridge, quien aduce que "la crisis del capitalismo neoliberal occidental ha coincidido con el ascenso de una poderosa nueva forma de capitalismo de Estado en los mercados emergentes".
 

Se enfoca al "futuro resplandeciente de China, Rusia y Brasil" –tres miembros prominentes de los BRICS– y deja extrañamente de lado a India, corroída por la corrupción (como si el circuito anglosajón fuese menos corrupto), a Sudáfrica y al "añejo capitalismo de Estado de Europa". ¿Dan los anglosajones por muerta a Europa?

Cita al Instituto Fraser (Canadá) –uno de los proponentes del amero, la divisa común del ASPAN foxiano–, que ha degradado su "índice de libertad" (de apertura neoliberal).
 

Juzga que la "crisis del capitalismo neoliberal se ha profundizado por el ascenso de una alternativa poderosa: el capitalismo de Estado, que intenta combinar los poderes del Estado con el capitalismo", además de "usar instrumentos capitalistas como la bursatilización de las empresas estatales y la adopción de la globalización". Esto ya ocurrió en Alemania en 1870 y en Japón en 1950, "pero nunca había operado en tal escala y con herramientas tan sofisticadas" como hoy.
 

Las cifras son imponentes: "El capitalismo de Estado detenta las más exitosas economías del mundo", cuando en los "pasados 30 años el PIB de China ha crecido a un promedio de 9.5 por ciento al año y su comercio internacional ha incrementado su volumen 18 por ciento". En los pasados 10 años, "el PIB de China se ha más que triplicado a 11 millones de millones de dólares". Hoy "el Estado es el mayor accionista de las principales 150 empresas de China".
 

Subraya que el "capitalismo de Estado ostenta las más poderosas empresas del mundo. Las 13 principales empresas petroleras (sic), que concentran más de 3/4 partes de las reservas mundiales de petróleo, todas son estatales (¡súper sic!)", como Gazprom, la mayor empresa rusa de gas natural del mundo. Por cierto, estos datos los expuse hace cuatro años en mi libro La desnacionalización de Pemex (Ed. Orfila, 2009), con el tonificante prólogo de AMLO.
 

Wooldridge constata que las "firmas estatales exitosas pueden ser encontradas en casi cualquier industria", como China Mobile, con 600 millones de clientes; Saudi Basic Industries Corp., el banco ruso Sberbank, Dubai Ports, etcétera.
 

El "índice bursátil nacional" de MSCI exhibe la "participación de capitalización" de las empresas controladas por el Estado: China (80 por ciento), Rusia (62 por ciento) y Brasil (38 por ciento).
 

El capitalismo de Estado "va viento en popa, pletórico de liquidez y envalentonado (sic) por la crisis de Occidente": el "Estado avanza mientras el sector privado retrocede; esto sucede tanto en China como a escala global".
 

Resulta y resalta que, según datos del "índice de mercados emergentes" del MSCI por sector industrial (junio 2011), la "participación de las empresas estatales en energía" es de 67 por ciento (¡súper sic!) y 55 por ciento del sector eléctrico, frente a otras industrias donde el Estado es todavía minoría: servicios de telecomunicación (36 por ciento), finanzas (35 por ciento), salud (6 por ciento), tecnología de la información (2 por ciento), etcétera.
 

Una de las características exitosas del capitalismo de Estado consiste en que las empresas son manejadas por "gerentes profesionales" en lugar de "burócratas o compinches".
 

Hoy el crecimiento del mundo emergente en su mercado dinámico es de 5.5 por ciento al año frente a 1.6 por ciento de Occidente, y se calcula que constituya la mitad del PIB mundial en los próximos nueve años. El capitalismo de Estado se consolida como "la tendencia futura". ¿Futura? Mi libro Hacia la desglobalización (Ed. Jorale, 2007) ya lo había detectado hace seis años…
 

Pese a todo, el "reporte especial" mantiene "un ojo escéptico sobre el capitalismo de Estado" y "levanta dudas" tanto sobre su habilidad para "capitalizar sus éxitos cuando tenga que innovar en lugar de alcanzar" como sobre "su capacidad de autocorregirse cuando las cosas salgan mal". Aduce que "una cosa es manejar las contradicciones del sistema cuando la economía crece rápidamente y otra es cuando se encuentra con obstáculos". ¿Tal "escepticismo" no es válido, acaso, para cualquier sistema humano nada perfecto?
 

Proclama "el retorno de la historia" y ejecuta la autopsia de los teóricos fracasados de la globalización –es decir, los Fukuyamas de la economía, finanzas, historia y sociología, quienes pulularon grotescamente durante cuatro décadas (desde la imposición del thatcherismo/reaganomics) gracias a la falta de rigor crítico de los multimedia, propiedad de las trasnacionales anglosajonas–, como Kenichi Ohmae, quien descabelladamente había sentenciado el "fin del Estado-nación" (a ver si se da una vueltecita por Europa del este).
 

No fue el fukuyamesco "fin de la historia", sino el "fin de la histeria" del vulgar propagandista nipón del Departamento de Estado, estigmatizado con el ridículo global.
 

Cita el controvertido libro El fin del libre mercado: ¿quién gana la guerra entre estados y trasnacionales?, de Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group.
 

Bremmer, teórico de la hilarante "curva J" y contaminado por su asociación mercantil con el vilipendiado Citigroup, aborda el fenómeno del capitalismo de Estado desde su perspectiva neoliberal daltónica y –en lugar de elogiar el exitoso ascenso de las empresas estatales de China, Rusia, Brasil, los Países Árabes del Golfo, Irán, Venezuela, etcétera– fustiga el capitalismo de Estado, que califica de "autoritario" y de "desafío (sic) para la economía global" que encabeza EU.
 

Wooldridge considera que el "mundo emergente ha aprendido cómo usar el mercado para promover sus objetivos políticos" y concluye que "la mano invisible del mercado cedió su lugar a la mano visible del capitalismo de Estado".
 

Se asienta que la corriente histórica global está del lado de la "estatización" –primordialmente del binomio energéticos/electricidad– bajo el modelo del "capitalismo de Estado", como aduje en mi ponencia ante el Senado (www.tu.tv/videos/ponencia-dr-alfredo-jalife-completa-), cuatro años antes de la confesión neoliberal de The Economist.
 

En forma coincidente, en México colisionan dos proyectos diametralmente opuestos que definirán el destino del país en la próxima elección: la privatización de Pemex propuesta por el candidato del PRI, Peña Nieto –apuntalado por el equipo neoliberal/monetarista/itamita de Aspe y Videgaray– frente a la consolidación de la (para)estatal de parte de AMLO, cuya postura se asemeja más a las políticas estatales de los BRICS, curiosamente, la "economía mixta" del PRI nacionalista hoy en derrilección.
 

La postura de AMLO NO tiene por qué colisionar con la seguridad del abasto energético a EU: situación insalvable por consideraciones de buena vecindad geopolítica y geoeconómica (situación singular de la que carecen otras potencias energéticas).
 

Porque de otra manera EU va a acabar vendiéndonos nuestro propio petróleo, como ha sucedido en forma demencial con España, que nos vende muy caro nuestro propio gas. ¿Eso es lo que desean? La próxima vez abordaré las "variedades" del "capitalismo de Estado", según el evangelio apócrifo de The Economist.
 

http://alfredojalife.com
 

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Miércoles, 25 Enero 2012 06:27

El capitalismo tiene los siglos contados

El capitalismo tiene los siglos contados

A pesar de los mayas, no parece que el mundo vaya a acabarse en 2012. Y a pesar de la crisis, tampoco el capitalismo tiene visos de correr esa misma suerte: "El capitalismo tiene los siglos contados", decía al principio de esta larguísima Gran Recesión un político italiano, Gianni Ruffulo, a propósito de la mala salud de hierro, del extraordinario instinto de supervivencia del sistema. Davos (Suiza) es un buen lugar para tomarle el pulso al sistema; y al antisistema. La reunión del Foro Económico Mundial, con los primeros espadas de la política, las finanzas y las grandes multinacionales en liza, empieza hoy con un lema grandilocuente, La gran transformación. Y con el habitual juego de contrastes: mientras los superricos juegan al polo sobre la nieve, un puñado de jóvenes ha construido iglús en los aledaños del archivigilado palacio de congresos, en la versión alpina del Ocupa Wall Street o del 15-M. "Davos apesta"; "Destruye el Foro", dicen pintadas que recuerdan a la que una vez recogió el escritor Eduardo Galeano en el puente de Boca, en Buenos Aires: "Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie".
 

Davos no vota por nadie. Y en cambio paga lo que haga falta. En torno a 2.000 vips estarán presentes en la edición de 2012, a la que van llegando en autobuses y trenes, pero sobre todo en limusinas, aviones privados y helicópteros, a un coste de 5.500 dólares por viaje (solo ida). Los hoteles, por encima de los 500 dólares por noche, deberían ser un indicador del optimismo entre la clase dirigente. Nada más lejos de la realidad: PricewaterhouseCoopers presentó ayer en el Foro una encuesta a primeros ejecutivos de todo el mundo que constata que la confianza en la economía se desvanece: solo el 15% de los directivos cree que mejorará este año.
 

El año 2012 llega cargado de riesgos. Europa amenaza la recuperación mundial. Nadie sabe cómo están los bancos. La deuda pública es ahora una fuente más de incertidumbre. El paro se ha desbocado. El estancamiento amenaza a las grandes potencias occidentales, y las burbujas a los emergentes. Las desigualdades se han ensanchado a toda velocidad y los sociólogos vaticinan una etapa convulsa que acabe con el "silencio de las víctimas" que, según Alain Touraine, ha caracterizado el primer lustro de la Gran Recesión.
 

Hace dos años Nicolas Sarkozy habló aquí de "refundar el capitalismo". En 2011, Davos volvió a reclamar reglas globales para el tigre de los mercados. Está por ver qué decretan los mandarines esta vez, pero la gran transformación que reclama el Foro contrasta con la cruda realidad: lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. El multimillonario George Soros comerá hoy con los periodistas, pero ya ha adelantado su punto de vista: el problema es que los mercados se han hecho globales, pero la regulación, no. La paradoja es que eso lo denuncie un tipo al que el Nobel Paul Krugman definía como un "delincuente de aventuras financieras". En fin, así es Davos: contradictorio y estimulante, incluso en tiempos difíciles.


Por CLAUDI PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) - Davos - 25/01/2012

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Viernes, 13 Enero 2012 07:34

Las izquierdas y el fin del capitalismo

Las izquierdas y el fin del capitalismo

La actual crisis mundial fragmenta el planeta en regiones de tal modo que el sistema-mundo se aproxima a una creciente desarticulación. Uno de los efectos de esta creciente regionalización del planeta es que los procesos políticos, sociales y económicos ya no se manifiestan del mismo modo en todo el mundo y se producen divergencias –en el futuro tal vez bifurcaciones– entre el centro y la periferia.
 

Para las fuerzas antisistémicas esta desarticulación global hace imposible el diseño de una sola y única estrategia planetaria y hace inútiles los intentos de establecer tácticas universales. Aunque existen inspiraciones comunes y objetivos generales compartidos, las diferentes velocidades que registra la transición hacia el poscapitalismo, y las notables diferencias entre los sujetos antisistémicos, atentan contra las generalizaciones.
 

Hay dos cuestiones relevantes que afectan sin embargo las estrategias en todo el mundo. La primera es que el capitalismo no se va a derrumbar ni va a colapsar, sino que debe ser derrotado por las fuerzas antisistémicas, sean éstas movimientos de base horizontales y comunitarios, partidos más o menos jerárquicos e incluso gobiernos con voluntad anticapitalista.
 

Parafraseando a Walter Benjamin, habría que decir que nada hizo más daño al movimiento revolucionario que la creencia de que el capitalismo caerá bajo el peso de sus propias “leyes” internas, sobre todo de carácter económico. El capital llegó al mundo envuelto en sangre y lodo, como decía Marx, y tuvo que mediar una catástrofe demográfica como la producida por la peste negra para que las gentes, paralizadas por el miedo, se sometieran no sin resistencias a la lógica de la acumulación de capital. Depende de la gente perder el miedo, como hacen los zapatistas, para comenzar a re-apropiarse de los medios de producción y de cambio, y construir algo diferente.
 

La segunda es que nada indica que la transición a una sociedad nueva será breve o se producirá en unas pocas décadas. Hasta ahora todas las transiciones requirieron siglos de enormes sufrimientos, en sociedades donde las regulaciones comunitarias ponían límites a las ambiciones, cuando la presión demográfica era mucho menor y el poder de los de arriba no se parecía en absoluto al que hoy acumula el uno por ciento de los más ricos.
 

En América Latina, en las tres últimas décadas los movimientos antisistémicos inventaron nuevas estrategias para cambiar las sociedades y construir un mundo nuevo. Existen también reflexiones y pensamientos sobre la acción colectiva que por la vía de los hechos divergen de las viejas teorías revolucionarias, aunque es evidente que no niegan los conceptos acuñados por el movimiento revolucionario a lo largo de dos siglos. En la coyuntura actual podemos registrar tres hechos que nos imponen reflexiones diferentes a las que se vienen procesando por parte de las fuerzas antisistémicas en otras regiones.
 

En primer lugar, la unidad de las izquierdas ha avanzado de forma notable y en no pocos casos éstas han llegado al gobierno. Por lo menos en Uruguay, en Bolivia y en Brasil la unidad de las izquierdas ha ido tan lejos como era posible. Es cierto que por fuera de esas fuerzas hay partidos de izquierda (sobre todo en Brasil), pero eso no cambia el hecho central de que la unidad ha sido consumada. En otros países, como Argentina, hablar de unidad de la izquierda es decir muy poco.


El hecho central es que las izquierdas, más o menos unidas, han dado casi todo lo que podían dar más allá de la evaluación que se haga de su desempeño. Los ocho gobiernos sudamericanos que podemos calificar de izquierda han mejorado la vida de las personas y disminuido sus sufrimientos, pero no han avanzado en la construcción de sociedades nuevas. Se trata de constatar hechos y límites estructurales que indican que por ese camino no se puede obtener más de lo logrado.
 

En segundo lugar, en América Latina existen gérmenes, cimientos o semillas de las relaciones sociales que pueden sustituir al capitalismo: millones de personas viven y trabajan en comunidades indígenas en rebeldía, en asentamientos de campesinos sin tierra, en fábricas recuperadas por sus obreros, en periferias urbanas autorganizadas, y participan en miles de emprendimientos que nacieron en la resistencia al neoliberalismo y se han convertido en espacios alternativos al modo de producción dominante.
 

Lo tercero es que los sufrimientos generados por la crisis social provocada por el neoliberalismo en la región fueron contenidos por iniciativas para sobrevivir creadas por los movimientos (desde comedores hasta panaderías populares), antes que los gobiernos que salieron de las urnas se inspiraran en esos mismos emprendimientos para promover programas sociales. Estas iniciativas han sido, y son aún, claves para resistir y crear a la vez alternativas al sistema, ya que no sólo reducen los sufrimientos, sino generan prácticas autónomas de los estados, las iglesias y los partidos.
 

Es cierto, como señala Immanuel Wallerstein en La izquierda mundial luego de 2011, que la unidad de las izquierdas puede contribuir a alumbrar un mundo nuevo y, a la vez, reducir los dolores del parto. Pero en esta región del mundo buena parte de esos dolores no han menguado con los triunfos electorales de la izquierda. Hay casi 200 encauzados por terrorismo y sabotaje en Ecuador por oponerse a la minería a cielo abierto. Tres militantes del Frente Darío Santillán fueron asesinados hace días por mafias en Rosario, en lo que puede ser el inicio de una escalada contra los movimientos. Cientos de miles son desplazados de sus viviendas en Brasil por la especulación de cara a la Copa del Mundo de 2014. La lista es larga y no deja de crecer.
 

La unidad de la izquierda puede ser positiva. Pero la batalla por un mundo nuevo será mucho más larga que la duración de los gobiernos progresistas latinoamericanos y, sobre todo, se dirimirá en espacios manchados de sangre y barro.
 

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