La misión Parker Solar Probe comienza a desvelar los secretos del Sol

Ondas gigantes solitarias en el viento solar, campos magnéticos que se doblan, vientos lentos que surgen en las zonas ecuatoriales de nuestra estrella y nuevos datos sobre sus energéticas partículas. Estos son algunos de los primeros resultados que ofrece la misión Parker Solar Probe de la NASA tras sus primeras aproximaciones al Sol.

 

La misión Parker Solar Probe de la NASA despegó en agosto de 2018 rumbo al Sol. En noviembre de aquel mismo año y en abril de 2019 realizó dos acercamientos a nuestra estrella, aproximándose a unos 24 millones de kilómetros. Hasta ahora, la mayoría de las mediciones se habían realizado a una distancia de una unidad astronómica (la que separa la Tierra del Sol, unos 150 millones de kilómetros).

Los instrumentos de la nave han registrado ahora nuevos datos sobre la corona (la atmósfera exterior del Sol, mil veces más caliente que su superficie), sus energéticas partículas y el viento solar, una información que se publica esta semana en cuatro artículos de la revista Nature.

Los científicos tratan de entender cómo se calienta la corona a temperaturas de millones de grados centígrados, y cómo produce las ondas de partículas y campo magnético que constituye el viento solar. Este fluye y transporta energía hacia el espacio a enorme velocidad, desde cientos a miles de kilómetros por segundo.

 “Para nuestra sorpresa, cuando nos acercamos al Sol, no solo estas pequeñas ondas fueron más fuertes, sino que también vimos olas gigantes solitarias, como las del océano; y cuando una de ellas pasaba por la sonda, la velocidad del viento podía saltar más de 500.000 km/h en segundos”, explica a Sinc el investigador Justin Kasper de la Universidad de Michigan (EE UU), autor principal del primer estudio.

El equipo vio miles de estas ondas solitarias en los diez días que la sonda Parker estuvo cerca del Sol, y ahora los investigadores se preguntan si son las que calientan la corona. “En el paper describimos cómo estas grandes ondas tienen un pico en la velocidad y una inversión en la dirección del campo magnético (que se dobla en forma de 'S' sobre sí mismo por algún tipo de perturbación en el viento solar)”, apunta Kasper tras observar en detalle los datos sobre los iones de plasma y los haces de electrones del Sol.

“Además, en cuanto a la velocidad del viento solar hubo otra sorpresa”, destaca el investigador: “Cuando estábamos cerca de nuestra estrella, descubrimos que el viento giraba alrededor del Sol en la misma dirección en que gira alrededor de su eje. Esto se había predicho, pero la rotación que encontramos es de 10 a 20 veces más rápida de lo que decían los modelos estándar del Sol. De hecho, siguió aumentando a medida que nos acercamos a él y alcanzamos un máximo de aproximadamente 50 km/s”.

"Así que estamos descubriendo que a nuestros modelos del Sol les falta algo de física muy fundamental, pero la misión Parker Solar Probe tiene una gran oportunidad de revelar lo que realmente está sucediendo", apunta Parker, que subraya: "Esto podría tener implicaciones para cualquier bola giratoria de plasma que se pueda imaginar, como estrellas jóvenes, discos de acreción de agujeros negros y algunos dispositivos de fusión de plasma".

El investigador también destaca la importancia que tienen todos estos datos para la Tierra: "Esta nueva información sobre cómo ocurre el calentamiento y cómo fluye el viento solar mejorará en gran medida nuestra capacidad de predecir si una eyección de masa coronal (una erupción de material del Sol) podría golpear la Tierra o los astronautas en su camino a Marte".

Otros tres nuevos estudios sobre la corona solar

Por su parte, el segundo estudio, dirigido por el investigador Stuart Bale de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), se centra en el llamado viento solar lento (se mueve a menos de 500 km/s), cuyos orígenes han sido menos claros que el del viento rápido (a más de 500 km/s). Los autores han encontrado que este viento lento se origina en agujeros en la corona que se encuentran cerca del ecuador del Sol.

Otro equipo internacional liderado desde la Universidad de Princeton (EE UU) también analiza en un tercer artículo el entorno de las partículas energéticas que se mueven cerca del nuestra estrella, y un grupo internacional coordinado desde el Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos ha analizado las observaciones de la luz solar dispersada por los electrones (la llamada corona K) y el polvo (la corona F o luz zodiacal).

La sonda Parker se acercará tres veces más al Sol en los próximos cinco años, llegando finalmente a poco más de seis millones de kilómetros de su superficie. Esto permitirá a los científicos medir la potencia de las ondas solitarias, comprobar si están calentando la corona, analizar si la rotación del viento alrededor del Sol sigue aumentando y otros nuevos descubrimientos.

Durante este tiempo, el Sol entrará en una fase más activa de su ciclo de once años, "por lo que podemos esperar resultados aún más emocionantes en los próximos años", apunta el investigador Daniel Verscharen del University College de Londrés en una valoración que acompaña a los cuatro artículos de Nature.

 

05/12/2019 10:26 Actualizado: 05/12/2019 10:26

ENRIQUE SACRISTÁN/SINC

 @agencia_sinc

Lunes, 28 Enero 2019 10:48

Cuando la forma quiere ser el fondo

La decisión está tomada: en Colombia nacerá el Ministerio de Ciencia y Tecnología, una clara respuesta a las exigencias de la Ocde para darle cabida al país en su estructura. Sin embargo, como parece ser la constante de este Gobierno, todo es forma y apariencia, nada contenido y cuerpo.

 

De los 34 países de la Ocde, 23 tienen un Ministerio de Ciencia y Tecnología. El de Colombia tendrá el nombre oficial es de Ministerio de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (MinCTI). En América Latina Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Cuba, Uruguay y Venezuela tienen ya un ministerio semejante. Es una buena noticia para el país, para el conocimiento, la investigación, la educación y la juventud colombiana.

 

La decisión política y administrativa consiste en convertir a Colciencias en el nuevo ministerio. Sin embargo, lo que no se hace plenamente público, es que el presupuesto del naciente ministerio será el mismo que en la pasada legislatura tenía Colciencias. La forma es decorosa, la creación del nuevo ministerio. Pero el fondo es dramático: el nuevo ministerio tendrá el mismo presupuesto que un (ex) Departamento Administrativo. Políticamente hay que decirlo: se trata de una jugada astuta por parte de Iván Duque, semejante a la negociación que llevó a cabo a finales del 2018 con los rectores de las universidades públicas, buscando desmovilizar a los estudiantes, a saber: una promesa a futuro. Pero en el presente, sólo queda un vacío. Es una mala noticia desde el punto financiero, por tanto de realidad del nuevo ministerio.

 

En efecto, si el presupuesto del MinCTI no aumenta significativamente, Colombia seguirá invirtiendo menos del 0,5 por ciento del PIB, y nunca habrá aumentado el presupuesto para ciencia en al menos el 1 por ciento del PIB, que fue la solicitud que en su momento formulara en tema presupuestal la Misión de Ciencia Tecnología y Cultura (1991).

 

La verdad es que Colciencias había perdido totalmente el norte de la ciencia y la investigación en el país hasta el punto, por ejemplo, que muchos investigadores, universidades, grupos de investigación e incluso editoriales universitarias no creían en Colciencias y dejaron de jugar el juego que ésta les imponía, sin más. Exactamente en el contexto del descrédito de Colciencias se crea el MinCTI.

 

La memoria del país recuerda una jugada semejante: en su momento, a raíz de los escándalos de las chuzadas, el gobierno de Santos disolvió al DAS y a cambio creó la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI). Políticamente se trata de una jugada semejante. Un filósofo importante (John Searle) lo estudió de manera precisa: “cómo hacer cosas con palabras”. Esto es, resolver los problemas reales en términos de palabras. Una vez más, la forma se superpone al fondo y termina convirtiéndose en el fondo.

 

Política, administrativa y económicamente –por lo menos en el papel; eso, en la forma-, el nuevo ministerio tendrá asiento en el Consejo de Ministros al mismo nivel que todos los demás. Pero el manejo de presupuesto sigue dependiendo del ministerio de Hacienda –actualmente bajo el mando de A. Carrasquilla–, y políticamente queda sujeto a las decisiones del Presidente de turno. No todo lo que brilla es oro.

 

Ahora bien, el fondo de lo que significa la creación del MinCTI pudiera adquirir contenido como nunca si el Gobierno y el Estado logran integrar y escuchar verdaderamente a la comunidad académica y científica. Pues lo cierto es que todos los gobiernos nacionales han permanecido de espaldas a la comunidad científica, y a la educación.


Social y culturalmente, la creación del nuevo ministerio pudiera significar que la ciencia y la investigación cobraran vida en los medios políticos y económicos. Y de manera muy significativa, en los medios de comunicación. Hasta la fecha, con la excepción de un par de emisoras universitarias, la ciencia es un tema inexistente en la vida social y cultural de Colombia, reservado tan sólo a grupos pequeños y especializados. Así, la ciencia podría estar al mismo nivel, por lo menos, del deporte, la farándula, el mundo light. Evidentemente, la ciencia, la tecnología y la innovación deberían poder estar por encima de la farándula y el deporte y, obvio, del mundo light.

 

Una cosa debe ser clara: socialmente hablando, el surgimiento del MinCTI debe ir de la mano con la creación e implementación de un programa nacional de ciencia y tecnología, que debe ir desde abajo hacia arriba, formando a niños y jóvenes en el amor a la ciencia, y de un extremo a otro, incorporando regiones, municipios y departamentos en una unidad articulada, evitando los centralismos y las jerarquías.


La ciencia debe poder convertirse en un programa a largo plazo, tanto más cuanto que la especificidad de la reflexión científica consiste en trabajar, investigar y vivir a largo plazo. Exactamente, en términos inter y transgeneracionales. De suerte que, literalmente, la creación del MinCTI significa que por primera vez la nación y los gobiernos empiezan a pensar en proyectos país; es decir, a mediano y largo plazo, situando los pies en las realidades locales, pero mirando al mundo en su totalidad.

 

No hay que llamarse a engaños. La ciencia funciona en términos de redes –de conocimiento, y la horizontalidad y la cooperación son la regla. En este sentido, el nuevo ministerio le enseñará al país la veleidad de las dependencias unilaterales –por ejemplo de una sola potencia– y la importancia de la internacionalización en toda la línea de la palabra. El pensamiento científico es por su naturaleza altamente democrático, pues los argumentos de autoridad son inexistentes en ciencia, y lo que prima son: los datos sobre los que se asan las afirmaciones, la construcción de los argumentos, el debate y la crítica, la demostraciones y refutaciones.

 

Así, el ministerio MinCTI puede significar una verdadera revolución mental en la historia del país. Algo que, a decir verdad, los ministerios de Educación y de Cultura no lograron llevar a cabo plenamente, hasta la fecha.

 

Iván Duque dijo que la condición para la creación del nuevo ministerio era que no aumentara la burocracia, y por derivación, entonces, la corrupción. La primera misión del futuro nuevo ministro deberá ser la convocatoria nacional de la comunidad científica, en toda la línea de la palabra: universidades, centros e institutos de investigación, las comunidades, disciplinarias e interdisciplinarias de investigadores, las academias nacionales, y la creación de una agenda nacional de innovación, tecnología y ciencia. Si esta convocatoria no se realiza, el gobierno de Duque no habrá entendido las especificidades de las dinámicas y funcionamientos de la ciencia y la investigación de punta.

 

La creación de un programa de investigación significa que, análogamente a lo que sucede en México, los investigadores deben poder recibir beneficios específicos por parte del Estado, y no solamente de las universidades, tales como reducción de impuestos, beneficios por producción intelectual, y demás. Colciencias sabía cómo funciona el sistema mexicano, pero sólo incorporó la forma (CvLac y GrupLac), pero nunca el fondo. Dejó que en manos de las universidades tales estímulos, haciéndose la sorda y ciega sobre el fondo.

 

La creación y funcionamiento del Ministerio es cosa de días, a la fecha. Pero la implementación de las políticas nacionales –programa, agenda, diálogo nacional, etcétera–, será cosa que tome varios meses. En este sentido, el reloj corre en contra del actual gobierno. Cuanto más se dilate la discusión e implementación de una política nacional de ciencia y tecnología en diálogo con la comunidad científica, tanto más evidente será que en este Gobierno todo es asunto de forma y no de fondo. La pelota, en consecuencia, se encuentra en el terreno de Duque. La carga de la demostración, por tanto, también se encuentra en su campo.

 

La demora de la activación del MinCTI en toda la línea de la palabra hará que Colombia se descuelgue del pelotón de punta en producción científica en América Latina, un pequeño pelotón conformado por México, Brasil, Argentina y Chile. (Cuba jamás aparece en estos indicadores; una clara señal del bloqueo a la Isla). La distancia entre Chile y Colombia tiende a aumentar. Si Colombia se desprende de este pelotón de punta, en el que todavía se encuentra, a la fecha, quedará relegado, sin ofender, en un grupo de países secundarios, muy rezagados del grupo de punta.

 

Las universidades, públicas y privadas, hacen lo que les corresponde. Pero en la sociedad de la información, en la sociedad del conocimiento o en la sociedad de redes, la verdad es que el Estado debe poder jugar un papel protagónico en materia de investigación, educación, ciencia, tecnología e innovación.

 

No en última instancia, le corresponde al gobierno nacional enseñarle al sector privado qué significa la ciencia y la tecnología. Hasta la fecha, en contextos en el que el 94 por ciento de las empresas son pequeñas (de 2 a 6 trabajadores), y en el que las grandes empresas (más de 50 trabajadores) es de menos del 0,5 por ciento, el gobierno tiene una tarea educativa y política: hacerle entender al sector privado que no hay desarrollos social y humano ni es posible una política de protección y conservación de la naturaleza, si no se entiende y se apoya a la ciencia. La educación es necesaria, ciertamente, pero es insuficiente. La ciencia es la verdadera toque de piedra de una democracia fuerte, de un país nacional, en fin, de una apuesta sincera y abierta por el futuro: el futuro a mediano y a largo plazo, lo cual requiere y demanda más contenido que forma.

 

 

Publicado enEdición Nº253
Domingo, 20 Enero 2019 09:46

Diebold y su "democracia digital"

Diebold y su "democracia digital"

En su explosiva entrevista a Teheran Times, el confeso agente de la CIA Robert David Steele aseveró que, gracias a la empresa Diebold que maneja(ba) el voto digital (screen touch) de las máquinas electrónicas para votación,“el vencedor puede ser designado antes de que se emita el primer voto (http://bit.ly/2ASsi8O)”. ¡Vaya "democracia digitalizada (en el doble sentido)"!

Steele comenta que Trump no esperaba su triunfo –ni su esposa Melania–, pero no explica la razón por la cual, si es que son ciertas sus aseveraciones, se reprogramó el logaritmo y se redireccionó el resultado en su favor, en detrimento de Hillary Clinton, quien había sido vapuleada por el FBI (http://bit.ly/2AMnYIg).

Según SourceWatch, Diebold Election Systems (DES) ostenta al mismo propietario con un nuevo nombre: Premier Election Solutions (PES), con sede en Allen, Texas, feudo de los Bush.

Walder O’Dell, mandamás de DES, "fue uno de los principales organizadores de la campaña de Bush" y donante, quien confesó estar "comprometido para ayudar a que Ohio proveyera sus votos electorales a Bush".

En 2003, un anterior empleado del almacén de Diebold en Georgia reveló que su empresa había colocado piezas en sus máquinas que no fueron certificadas, un año antes de la re-elección de George W. Bush.

Hace 17 años Diebold se introdujo a la "industria (sic) electoral de Estados Unidos con su adquisición de Global Election System (GES)", productora de la tecnología del voto digital (touch screen) con sede en McKinney, Texas, ¡Otra vez Texas!

En DES exultaban que la confiabilidad de sus máquinas electrónicas era impecable, “por lo que no había razón para registros de los votos en papel (sic) que pudieran ser verificados en forma independiente ("El Negocio del Voto"; https://nyti.ms/2AMnlhS)”. ¿Para qué tanta alharaca y coreografía seudo-democrática?

Desde 2004 se practicaba la “venta del voto electrónico (http://bit.ly/2B0064f; removido)”.

Diebold se enfocó luego a la tecnología "mobil" de los bancos y en 2008 fue seleccionado como el "único proveedor de cajeros automáticos (ATM) en los Juegos Olímpicos de Pekín" en ciertos recintos.

En 2008, United Tecnologies Corporation (UTC) con ingresos anuales por 60 mil millones de dólares –conglomerado de ingenieros para la defensa– con sede en Farmington, Connecticut, hizo una oferta por 2 mil 630 millones para comprar Diebold (ya con 17 mil empleados en el mundo), rechazada por ser muy baja (sic).

¿A poco en el Pentágono y su complejo militar-industrial creen que las elecciones son muy baratas?

PES, presidida por un hermano de O’Dell, fue vendida a un "competidor" –con quien acaparaba 80 por ciento del voto electrónico en todo Estados Unidos–, Election Systems& Software(ES&S). Nada mejoró porque proliferaron las controversias del manejo electrónico 'de ES&S.

En 2009, Bank Technology News colocó a Diebold como el primero en el ranking de proveedores ATM (cajeros bancarios). ¿Quién hará el ranking del fraude electoral electrónico screen touch, donde Diebolddes se colgaría el primer lugar?

O’Dell, súbdito de Baby Bush y mandamás de Diebold abandonó en 2005 su empresa debido a una investigación de la comisión bursátil (SEC) por "información privilegiada".

Kim Zelter, reportero en ciberseguridad del NYT, expuso “El mito de la máquina de votos a prueba de hackers (https://nyti.ms/2AObAHS)”.

No hay necesidad del screen touch para operar un fraude electoral, como sucedió en México cuando en colusión con el IFE, Diego Zavala, hermano de Margarita y cuñado del ex presidente Calderón, fue atrapado con su empresa Metadata/Hildelbrando SA de haber provisto el software del alterado padrón electoral (http://bit.ly/2APyy1j).

En la etapa aciaga de Woldenberg Karakowsky, ex presidente del IFE, que por tanta fetidez cambió su nombre a INE –y cuyo cuñado fue señalado de tener vínculos con la CIA con su empresa Bacardi (http://bit.ly/2SVS9UA)–, fue "hurtado" su software que reapareció mágicamente con el FBI y con Choice Point vinculado a Jeb Bush, según el investigador británico Greg Palast (http://bit.ly/2AORBJ0).

 

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Publicado enInternacional
Martes, 09 Octubre 2018 08:45

Robots saltarines sobre un asteroide

Robots saltarines sobre un asteroide

Una proeza tecnocientífica japonesa a 300 millones de kilómetros de la Tierra entra en una nueva fase.


“He terminado mi trabajo… exploré Ryugu durante más de 17 horas. Eso es más de lo que mi equipo esperaba. ¿Me pagarán las horas extra?” Adaptándose a las modas infantiloides de las redes sociales, así se expresaba supuestamente en Twitter el módulo robótico Mascot, convertido en personaje en aras de la comunicación popular, después de aterrizar con éxito la pasada semana sobre el asteroide Ryugu y cumplir su misión de observar, adquirir datos y transmitirlos a la Tierra hasta que su batería se acabó.


A pesar de estas presentaciones simplistas que tanto chirrían a muchos científicos, la misión espacial japonesa Hayabusa 2 es cualquier cosa menos simple y hasta ahora ha tenido éxito en todas sus fases. Antes de que la nave nodriza japonesa soltara a Mascot, un vehículo francoalemán que tiene el tamaño de una caja de zapatos, habían llegado a la muy oscura superficie de Ryugu dos pequeños robots saltarines japoneses, llamados Minerva. Alimentados por energía solar, el dúo ha mandado espectaculares imágenes e incluso un vídeo mientras sigue tomando datos que también envía a la Tierra. Son los primeros robots móviles que se posan sobre la superficie de un asteroide en la historia de la exploración espacial, recalcan los responsables del proyecto en la agencia espacial japonesa JAXA, que califican el logro como el sueño de muchos años hecho realidad por fin. Mascot también dispone de un brazo oscilante externo para saltar.


Ryugu (El Palacio del Dragón en japonés) es uno de los muchos asteroides que circulan entre las órbitas de la Tierra y de Marte. Ahora está a casi 300 millones de kilómetros de la Tierra. Tiene forma de diamante y mide casi un kilómetro de diámetro, pero su gravedad es tan baja que solo se puede explorar su superficie si los vehículos que descienden pegan saltos sobre ella. Los Minerva lo hacen sobre unas finas patas que también sirven de termómetros, evitando así salir despedidos. Una misión muy arriesgada por la irregular y pedregosa superficie del asteroide, que fracasó en el primer intento (la misión Hayabusa 1) en 2005.


La nave nodriza, que tiene una masa de 600 kilogramos, despegó de la Tierra en 2014 y está en órbita del asteroide desde el pasado mes de junio. Se propulsa con un motor iónico alimentado por el gas xenón, del tipo que ya han utilizado otras naves espaciales. El estudio de este tipo de asteroides ricos en carbono y moléculas orgánicas interesa no solo por lo que pueden revelar sobre los primeros tiempos del Sistema Solar sino también por las incógnitas existentes sobre cómo llegó el agua a la Tierra y el origen de la vida en el planeta.


Una vez cumplida esta difícil fase de la misión, a Hayabusa 2 le queda todavía liberar un tercer robot saltarín, el año que viene, así como descender varias veces sobre el asteroide para tomar muestras que volverán a la Tierra en una cápsula autónoma dentro de dos años.
A últimos de octubre la nave se posará por primera vez sobre Ryugu y recogerá muestras. Luego tiene previsto lanzar una pequeña carga explosiva sobre la superficie para provocar un cráter del que se extraería material en un segundo contacto. Esta fase es muy complicada, porque mientras Hayabusa se esconde detrás del asteroide para evitar daños, una pequeña cámara que habrá liberado antes se encargará de confirmar la explosión y tomar imágenes del cráter, explica Makoto Yoshikawa, investigador principal de la misión.


El plan de la misión está lleno de peligrosas maniobras, ya que la nave se ha acercado muchísimo en varias ocasiones a la superficie, llegando a estar a solo 50 metros de esta antes de soltar a Mascot, por ejemplo, que va equipada con cuatro instrumentos: un microscopio, un magnetómetro, una cámara y un radiómetro.


En los próximos meses habrá que estudiar todos los datos obtenidos en esta fase de la misión Hayabusa, además de seguir con el plan previsto, pero la exploración de pequeños cuerpos celestes también se ampliará en este periodo, ya que la nave Osiris-Rex de la NASA se está acercando al asteroide Bennu, de apenas 500 metros de diámetro. El 3 de diciembre se aproximará a solo 20 metros de su superficie e iniciará una larga serie de sobrevuelos, tomando imágenes y analizando la superficie para elegir la zona donde intentará tomar muestras en 2020.
Todavía más lejos, la nave automática New Horizons que sobrevoló Plutón en 2015 por primera vez en la historia se acerca ahora a un objeto celeste del cinturón de Kuiper llamado Ultima Thule, que pretende sobrevolar el 1 de enero de 2019. Está situado a 6.600 millones de kilómetros de la Tierra, una cifra mareante que convierte esta misión en la exploración del cuerpo más distante hasta la fecha. Las imágenes, también las que se han tomado a más distancia en la historia, ya han empezado a llegar.


La NASA no ha entrado en la moda de convertir sus misiones en personajes de las redes sociales. Si no, seguro que escribiría algo así como: “Me acerco a Ultima Thule a 52.000 kilómetros por hora. ¡Espero no estrellarme!”. Esperemos, porque emoción seguro que no falta.

 

Gabriel Beltrán

Este escrito es una continuación del artículo “¿Qué es Anonymous?”, publicado en Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº 174, febrero 2018. Se trata de un estudio sobre la sociedad del conocimiento y las políticas en torno al derecho a la información, que pasa por el conocimiento de redes y lenguajes informáticos.

 

Vivimos una auténtica revolución en varios órdenes en el mundo. Actualmente, como manifestación de un proceso acelerado y dinámico, en donde un cuerpo aún no termina de desplegar todo su potencial y sobre él emana otro, vivimos la tercera revolución industrial, la cuarta revolución industrial, la segunda revolución científica, la tercera revolución científica. La información, el procesamiento de la misma, y la computación se encuentran entre las tres más radicales revoluciones en la historia de la humanidad, después de la invención de la agricultura y de la imprenta. Sólo que la revolución de la información es demasiado reciente y apenas se están llevando a cabo las primeras reflexiones sobre el fenómeno.


Por primera vez la información y el conocimiento dejan de ser un bien privado, para convertirse en un bien común para toda la humanidad. Aunque aún quedan los rezagos de quienes pretenden controlar la educación, la información, el conocimiento. Por ejemplo, la producción de patentes, el registro del conocimiento, los debates en torno a la propiedad intelectual. Todo se gatilla a partir de internet.


Más allá de los rastros primeros de internet hasta Arpanet, como un proyecto militar, Internet fue originariamente la obra del Cern (Centro Europeo de Investigación Nuclear), y puede decirse que nace en los años 1980, específicamente con la creación de la WWW (World Wide Web), la que para 1991 es una realidad social y cultural. Razonablemente, allí comienza la sociedad de la información, y con ella, una inflexión fundamental en la historia de la humanidad.


El mundo de Internet


Primero nace el computador, y luego la computación, la que en general es el trabajo con bases de datos y procesamiento de información. Es lo que comienza a suceder en los años 1980/1990 con el tránsito de los computadores (desktop) hacia la World Wide Web.
Internet es simple y llanamente el televisor, si cabe, en el cual pueden verse canales, programas, series, documentales, noticias, por ejemplo. Lo importante, lo inteligente de internet es la web, y hasta la fecha se han desarrollado tres niveles de la misma, así:

 

• La web 1.0: Es básicamente un sistema de emisión de información, con información estática que está lista sólo para ser leída. Se crean las primeras, y posteriormente numerosas páginas personales (Home pages), generalmente privadas, y aparecen los primeros directorios como motores de búsqueda. La tecnología usada es básicamente Html (Hypertext Markpup Language), que es el lenguaje estándar para crear páginas web y aplicaciones, y FTP (File Transfer Protocol), que es el protocolo estándar de red para la transferencia de archivos. Grosso modo, cubre los años 1990 al 2000.
• La web 2.0: Es una red interactiva, con información dinámica, cuyo foco ya no es una organización determinada sino toda la comunidad (la sociedad), caracterizada por dinámicas en las que se comparten noticias, opiniones, gustos, y demás. Es en este momento que nace Wikipedia y todas las wikis; aparecen Java, Flash y XML (Extensible Markup Language), que es un lenguaje que crea códigos para documentos que permiten que tanto los humanos como las máquinas las puedan leer, y muchos otros lenguajes y protocolos. Todas las redes sociales habituales son hijas de la web 2.0, y proliferan por doquier los blogs de toda índole. Puede decirse que abarca los años 2000 a 2010, en términos generales.


• La web 3.0: Técnicamente, es el momento en el se imponen las tablets y los teléfonos inteligentes, así como los portátiles sobre los computadores de escritorio. Se transmite en vivo toda clase de eventos, surgen las aplicaciones inteligentes y, de manera significativa, nace la web semántica, para designar el uso natural de búsqueda por los usuarios de la web, en la que humanos y máquinas trabajan en colaboración mutua. En términos generales, abarca el período 2010 al 2020, y aparecen las primeras bases de datos semánticas. Las tecnologías de base son RF, Rdfs y OWL, que son básicamente modelos de datos de metadatos, y el trabajo con ontologías, que son la forma como se elaboran y se trabajan con taxonomías y redes de clasificación definiendo estructuras de conocimiento en varios dominios.

 

En los días que cursan nos encontramos en la discusión acerca de la futura web 4.0, que está prevista para ser una realidad a partir de los años 2020, aproximadamente. Consistirá, en lo fundamental, de una web que muestra información (que se le solicita) a una web que ofrece soluciones (como pedir cita al médico, buscar el mejor colegio, reservar un tiquete para un evento, y demás).

Asimismo, desde ya se trabaja en la web 5.0, que ha sido llamada como la web emocional, consistente en la interacción entre humanos y computadoras.

De manera puntual, las anteriores webs han sido llamadas de la siguiente manera: internet (web) de contenidos, internet de comunicaciones, internet de contextos, internet de las cosas (IoT) e internet de pensamientos. Los ritmos son verdaderamente acelerados. Esta es, sin la menor duda, una de las más agudas fronteras del conocimiento.

 

La web profunda

 

Como muchas otras realizaciones de los seres humanos, la web profunda nace sin ninguna conciencia de lo que sucedería posteriormente. La idea surge a partir de un artículo publicado por tres científicos del Laboratorio de Investigación Naval de los E.U., en el que proponían esconder las rutas de información, de tal suerte que sencillamente los usuarios de internet pueden acceder a información sin revelar su identidad, ya sea en ningún servidor de las web o en los routers con los que navegan.
Como resultado, la web profunda (deep web, en inglés) nace en Octubre del 2003. La motivación inicial era poner en marcha un mecanismo de seguridad en el sentido de que la policía podía obtener información de delatores sin que estos corrieran peligro, o explorar sitios de la web sin que se supiera que estaban siendo espiados, por ejemplo.


¿Qué es la web profunda?


Llamada en ocasiones como la web oscura, la web oculta, la web invisible, el nombre genérico es el de “web profunda”. Se trata de una frontera, ampliamente inexplorada, de información. La web profunda es una capa de internet mediante la cual es posible buscar información manteniendo el anonimato, algo que no es posible en la superficie de la web. La inmensa mayoría de la información existente en internet se encuentra en la capa profunda (a veces llamada igualmente como internet escondido); se ha calculado que internet (superficial) constituye alrededor del 5 por ciento de la web. Cerca del 95 restante es web profunda.


Existen dos mitos acerca de internet, pero ambos coinciden en una misma afirmación. Al nivel superficial (WWW), existe la creencia de que la mayoría de la información es superficial, si no, equívoca. Es notablemente la afirmación en la comunidad de médicos o de profesores, acerca del “doctor Google”. Aún prevalece la idea que Wikipedia es espuria, y la mayoría de la información allí contenida carece de validación técnica, por no decir científica.


En el mismo sentido, existe el mito según el cual la mayoría de información en la web profunda es acerca del crimen organizado, mucho vejamen y cosas semejantes.


Pues bien, lo cierto es que en la web hay una amplia corriente de verdades falsas (“post-verdades”), mucha opinión (“opinionitis”), y también que una buena parte de gente mayor de edad es escéptica, crítica y negativa acerca de las redes sociales, internet y toda la sociedad de la información digital (U. Eco con sus críticas a las redes sociales e internet era un buen ejemplo de ello). Es verdad que hay mucha pornografía (páginas xxx), y mucha banalidad. Pero los estudios demuestran que esta es la amplia minoría de la información en la web.


Asimismo, es verdad que en la web profunda hay mucha información propia del mundo del crimen y la oscuridad, y que pueden encontrarse allí prácticamente lo que se desee en el mundo, incluyendo lo más escabroso posible. Sin embargo, sorpresivamente, los estudios evidencian que la mayoría de la información en la profunda puede clasificarse, en escala descendente, de la siguiente manera: empresas y economía (business and economy), computadores e internet (ci), educación (ed), sociedad y cultura (sc), referencias (re), noticias y medios (nm), ciencia (si), salud (he), regional (rg) (estos tres en el mismo nivel), gobierno (go), recreación y deportes (rs), artes y humanidades (ah), y finalmente entretenimiento (en). Al final, en una categoría, otros (ot).


La superficie de la web está vinculada por miles de millones de páginas estáticas Html, pero una cantidad significativamente mayor de información con bases de datos que no son accesibles desde los motores habituales de búsqueda. Para la web profunda hay que acceder a través de otros motores de búsqueda, tales como Tor, The WWW Virtual Library, Surfwax, IceRocket, Stumpedia, Freebase, TechDeepWeb, Onion.City, Onion.to, Not Evil, SilkRoad, Memex Deep Web Search Engine, Disconnect, y varios otros. Sin embargo, hay que advertir que algunos de estos motores no garantizan totalmente el anonimato. Se requiere una experticia y un cierto conocimiento para saber cuáles son enteramente confiables.


Bajar e instalar alguno de estos motores de búsqueda es una operación que toma menos de tres minutos.


¿Qué hay en la web profunda?


Contra todas las apariencias y mitos, en ella encontramos una fuente maravillosa de información. Esto es, una fuente para crear, buscar y procesar información. En este nivel, principalmente por razones de seguridad, se encuentran la mayoría de repositorios, los informes científicos (no simplemente los artículos y revistas), los historiales médicos, la información sobre suscripciones, los recursos gubernamentales y de estado en general, en fin, los documentos legales.


Naturalmente, también se encuentran allí el tráfico de drogas, información ilegal en toda la línea de la palabra, el registro y memoria de todas las comunicaciones privadas por cualquier canal, en fin, incluso las protestas políticas.


Prácticamente cualquier operación es posible en la web profunda, desde conseguir pasaporte de cualquier país, asesinos a sueldo, libros prohibidos, informes clasificados, intercambiar mercancías, y comprar cualquier mercancía que se desee, por ejemplo.


Pero hay que saber navegar por la web profunda. Si en el nivel superficial un link conduce a otro, y este a otro más, de suerte que alguien que busca X termina finalmente encontrándose con Y, por ejemplo, en la navegación por la web profunda es indispensable saber qué se busca, pues de lo contrario resulta terriblemente aburrida, particularmente para quienes esperan links e hiperlinks como sucede con Google, Amazon, Yahoo, Bing o Safari, por ejemplo. La defensa del anonimato es indispensable, con todo y los riesgos y juegos que implica. Es aconsejable que quien se introduzca por esta ruta por primera vez haya idealmente adquirido antes una mentalidad de hacker. La mentalidad que, hoy por hoy, es la mentalidad específica de la sociedad del conocimiento. Mentalidad de hacker con valores morales (¡y políticos!) firmes.


De manera específica, una mentalidad tal hace referencia a cualquier cualidad menos a la pereza mental; en consecuencia, el espíritu crítico y la constancia son elementos propios que caracterizan a quienes no solamente son pasivos ante internet, sino, mejor aún, quienes son activos frente a la información. De manera filosófica, el hacker forma parte del hacktivismo, esto es, ese movimiento que se define por no dejarse bloquear por información secreta, clasificada, cerrada, y que cree que la información es un bien para la humanidad y que las sociedades tienen derecho a estar informadas, a saber y a tomar decisiones consecuentemente.


Son muchas las acciones posibles y reales de los hackers, y ese sería el objeto de un texto aparte.


El hecho es que, análogo a lo que sucede en la web superficial, en la web profunda la información crece a ritmos muy acelerados, y las fuentes de datos se multiplican igualmente. En consecuencia, son numerosos los estudios destinados a mejorar la cualidad de la información en la web oculta.


Tipos de información, tipos de procesamiento de datos


Los motores de búsqueda de internet (Google, Bing, etc.) sólo pueden identificar páginas estáticas (Html) y no páginas dinámicas de la web, que son justamente las bases de datos de la web profunda. Existen dos tipos de datos en esta web: estructurados y no estructurados. Aquellos se encuentran en bases de datos que han sido elaboradas por diversas organizaciones alrededor del mundo. Los datos no-estructurados sólo se puede acceder a ellos a través del link *.onion, por ejemplo.


En el acceso a la web profunda, los usuarios deben someter búsquedas de información a través de interfaces de búsqueda, a fin de acceder a la información existente o disponible. A la solicitud de una información o datos, el usuario recibe en respuesta un gran número de páginas. La minería de datos no funciona en los niveles de la web oculta. En la actualidad, la investigación sobre internet tiene como uno de sus vértices la construcción de mecanismos interactivos o verticales en la web profunda.


Los E.U. han desarrollado un proyecto llamado Memex, desarrollado por Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency), que busca quebrar el anonimato de los usuarios de la web profunda, específicamente la de quienes usan el motor TOR.


Mientras que en la internet superficial los datos de búsqueda están disponibles mediante URLs (Uniform Resource Locator; sencillamente, una dirección en internet), en la web profunda los datos están guardados en interfaces de búsqueda. Cada vez que se busca alguna información hay que empezar desde cero, dado el sistema de organización de la web profunda.


De manera puntal, la información en la web superficial se busca (crawling); en la web profunda esa información se le solicita a las bases de datos (query). Dos formas de procesamiento perfectamente distintas. Así, las solicitudes en la web profunda son estructuradas y no-estructuradas.


La web profunda, acción social y acción política


El uso de internet está perfectamente asociado a que la personalidad privada y la personalidad pública estén totalmente asociadas. No existe ninguna distinción entre privacidad e imagen pública, o entre intimidad e información pública. Una manera ingenua de acercarse al tema es a través del habeas data, pero la verdad es que las legislaciones al respecto presentan muchos vacíos. Los escándalos recientes de Google Analytics en Inglaterra con Facebook ponen en evidencia un muy serio problema.


Pues bien, la web profunda existe para que sea posible una separación entre la personalidad privada y la búsqueda y exploración de información. Nada de lo que se haga en la web profunda puede estar asociado con la identidad de cada quien en el mundo real, a menos que la persona desee lo contrario. La defensa de la privacidad no es un asunto menor, y la verdad es que mediante el Machine Learning, el Deep Learning, y numerosos algoritmos sofisticados, las grandes empresas de la información –Amazon, YouTube, Google, Facebook y Apple– (a los que recientemente hay que sumar, entre otros, a Samsung, Huawei, Microsoft, IBM; Sony y Panasonic), acumulan información de los ciudadanos cuyo destino jamás es conocido. No hay que olvidar que el Departamento de Estado de los E.U. declaró a Facebook y a Google como empresas de interés estratégico nacional. Sin ambages, la pretensión de las corporaciones y los estados es la de acumular, procesar y usar a su antojo la información que los ciudadanos libremente ponen al descubierto.


Hay un problema de lado y lado, como se aprecia.


La lucha civil, política y ética es hoy en día la lucha por la libertad de la información, por el respeto a la intimidad y la individualidad, pero como un asunto común, público, y no solamente pertinente para cada quien.


La web profunda es el canal a través del cual se ponen de manifiesto documentos sobre la injusticia en determinados países o prácticas nefastas por parte de algunas compañías. Siempre puede suceder que el trabajo con información llegue a afectar aquello que se denomina “seguridad nacional”. La historia de Anonymous, Wiileaks y muchos otros movimientos es ilustrativa al respecto.


Hay gobiernos que prohíben el uso de Facebook o de Twitter, por ejemplo, para divulgar protestas sociales. El uso entonces de la web profunda resulta vital para acciones de denuncia, información, educación y organización.


Existe una enorme cantidad de datos y de información en internet. Vivimos, literalmente, una era de luz. Pero debe ser posible acceder y procesar dicha información. Mayor información se traduce en mayores grados de libertad, y menos información da lugar a injusticias, inequidades, asimetrías peligrosas en la sociedad. La libertad y las garantías de vida son directamente proporcionales a la información en general que se dispone.


En condiciones de una sociedad, un Estado y una economía y sistemas militares y de policía panópticos, el anonimato garantiza el derecho a la libre opinión, la libertad de acción (digital), la libertad de decisiones y organización. Las consecuencias de la web profunda no son pocas.
Los movimientos sociales y políticos deben poder conocer lo que es la web profunda, y saber usarla. Deben poder establecer conexiones entre sí, cuidando la seguridad de las organizaciones y de sus miembros. La acción colectiva es hoy por hoy acción colectiva con información, conocimiento y mucha educación y ciencia. La dialéctica entre la web superficial y la web profunda debe ser de tal modo que se haga un uso óptimo de la información. Sin más, las organizaciones sociales y políticas, si se ponen al día en materia de conocimiento, deben poder conocer y trabajar con la web profunda. Es un asunto básico de inteligencia organizacional.


En dos palabras, a mayor y mejor información, más libertad, autonomía y vida. En eso exactamente consiste todo el debate en torno al deseo, de unos, de controlar internet; y de otros, por hacer común la información existente. Acaso la expresión puntual del problema, se denomina: democracia digital.

 

Bibliografía (selecta)

Ehney, R., Shorter, J. D., (2016). “Deep web, dark, web, invisible web and the post isis world”, en: Issues in Information Systems, Volume 17, Issue IV, pp. 36 – 41
Grossman, L., Newton-Small, J. Roy, J., Stampler, L. (2013). “The Deep Web”, en: Time International (South Pacific Edition), Noviembre 11, 08180628, Vol. 182, Fascículo 20
He, B., Patel, M., Zhang, Z., y Chang, K Ch.-Ch., (2007). “Accessing the Deep Web. Attempting to locate and quantify material on the Web that is hidden from typical search engines”, en: Communications of the ACM, Mayo, vol. 50, No. 5, pp. 95-101
Huang Q., Li, Q., Li, H., Yan, Z., (2012). “An Approach to Incremental Deep Web Crawling Based on Incremental Harvest Model”, en: Procedia Engineering 29, pp. 1081 – 1087
Tapia, M. G., Shorter, J., (2015). “Into the depths of the internet: the deep web”, en: Issues in Information Systems, Volume 16, Issue III, pp. 230 - 237

 

*Investigador. Profesor universitario.

Domingo, 03 Junio 2018 07:12

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enColombia
Lunes, 28 Mayo 2018 10:53

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enEdición Nº246
El colombiano Carlos Eduardo Maldonado laureado con el Premio Dr. Zenobio Saldivia

La agencia internacional de noticias Prensamérica Internacional, creadora y organizadora del Premio Internacional Dr. Zenobio Saldivia, anunció el pasado 23 de mayo que el profesor e investigador universitario Carlos Eduardo Maldonado, integrante del consejo de redacción del periódico Le Monde diplomatique y asidúo colaborador del periódico desdeabajo, recibirá el galardón del premio 2018 en la categoría “Filosofía y Complejidad”, por sus importantes aportes en la investigación de las ciencias de la complejidad.

 

En noviembre de este año se llevará a cabo la premiación de la segunda versión del Premio Internacional Dr. Zenobio Saldivia en la ciudad de Guayaquil, Ecuador, organizado por Prensamérica Internacional, el Colegio de periodistas del Guayas y la Federación Nacional de Periodistas del Ecuador. En esta ocasión, se entregarán 13 galardones correspondientes a las categorías: Ciencias Políticas y Sociales; Identidad latinoamericana (cultura, arte y folklore); Rescate Humanitario, Ciencias de la Comunicación Colectiva y Periodismo ciudadano; Literatura y Emprendimiento; Filosofía y Complejidad, entre otras.


Este premio se otorga cada dos años a distinguidas figuras del mundo académico y periodístico de América, con el fin de reconocer su labor científica, periodística y humanitaria. Lleva el nombre del chileno Zenobio Saldivia, en honor a este importante doctor, por su trayectoria científica y su labor en la difusión de su producción académica a través del periodismo científico. “Los directivos nos inclinamos por el académico como dignatario del premio, por la valía de su nombre y su honorabilidad como ser humano. Ambos aspectos han sido la fuente motivacional que como medio de comunicación internacional, nos ha animado sin temor a cobijarnos con su nombre, en beneficio del mejoramiento humano a través de esta premiación internacional”, aseguró Roberto González Short, fundador de Prensamérica Internacional.


En ésta, la segunda versión del Premio, el filósofo, profesor e investigador colombiano Carlos Eduardo Maldonado, será galardonado no solo por su labor científica, sino por su compromiso con la difusión del pensamiento científico en la sociedad. Maldonado, doctor en Filosofía de la K.U. Leuven de Bélgica, Dr. Honoris Causa por la U. de Timisoara (Rumania); cursó estudios de posdoctorado en la U. de Pittsburgh, Cambridge y la Catholic University Of America; actualmente se desempeña como profesor investigador de la Universidad del Bosque.


desdeabajo dialogó con Maldonado, quién considera que recibir este reconocimiento es importante para la comunidad científica colombiana, pues “en América Latina en general, en contraste con Estados Unidos o Europa, no tenemos una cultura grande de reconocimientos; y se debe a la historia de nuestros países. Por tanto, la creación de éste premio, y el haberlo ganado, es un hecho excepcional que me compromete mucho más con mi trabajo”.


Las ciencias de la complejidad, en las que Maldonado ha hecho valiosos aportes, permiten, en sus palabras, “pensar en posibilidades más allá de lo que sucede, pensar en sistemas imprevistos, pensar más allá de lo real; lo que implica una comprensión interdisciplinar de la sociedad, el país y el mundo”.


Para él, la tarea de la comunidad científica colombiana es “tratar de mantenerse en la punta del conocimiento, pero al mismo tiempo hacer un trabajo de educación, de formación, de conciencia social en los temas que cada quién trabaja; ya que la ciencia no es una actividad que se deba a sí misma, se debe a la gente, al resorte social, al resorte cultural”. Asímismo, desde su trayectoria académica, forjada en empeño, disciplina y curiosidad por el conocimiento, cualidades gracias a las cuales logró ser becado y cursar en el extranjero estudios de doctorado y posdoctorado, Maldonado da cuenta de la necesidad que existe en Colombia de que los gobiernos reconozcan la importancia de las ciencias, la educación y la investigación en la construcción de una mejor sociedad.


Este reconocimiento a tan valiosa labor investigativa y académica resulta importante, en un país donde los gobiernos de turno no han asumido la ciencia como una herramienta fundamental en la construcción de una mejor sociedad. Es por ello que cobra especial fuerza lo dicho por Maldonado, cuando menciona que “aquí el mérito de la gente es el mérito de cada quién, y no el resultado de políticas gubernamentales”, y sin embargo no sorprende su importante labor en la difusión del pensamiento científico y complejo en la sociedad colombiana.

 

       


Carlos Maldonado y las ciencias de la complejidad


Las ciencias de la complejidad rompen el paradigma científico tradicional y abren un nuevo espacio en las formas de entender e interpretar el mundo. Aquí, la interdisciplinariedad es clave para comprender los diferentes fenómenos, no de una manera aislada, sino como parte de un universo complejo; alejándose así de las interpretaciones clásicas en donde las humanidades iban por un camino y las ciencias exactas por otro, o en donde, como él mismo lo menciona en su libro “Significado e impacto social de las ciencias de la complejidad”, se da una dicotomía entre ciencia y arte. Adicionalmente, el estudio no solo de los sistemas complejos, sino de todas sus posibles rupturas y transformaciones, permiten que haya una mejor comprensión de la naturaleza y los sistemas vivos que la componen.

 

Carlos Eduardo Maldonado explica desde diferentes orillas las ciencias de la complejidad y su pertinencia en el análisis y la construcción de la realidad que vivimos actualmente. Por ejemplo, en su libro “Política + Tiempo = Biopolítica”, explica la relación existente entre la política y la complejidad, dando cuenta de las trasformaciones políticas que se están presentando en la actualidad a través de la complejización de la política y de lo político, es decir, del análisis de la política actual a la luz de las ciencias de la complejidad, en este caso particular, de los grados de libertad (un concepto que nace en la mecánica clásica).


Las ciencias de la complejidad rompen los esquemas tradicionales de pensamiento científico, generando así curiosidad pero también temor por parte de quienes no las conocen. El trabajo de Maldonado permite un acercamiento inicial pero a su vez profundo a los planteamientos de este nuevo paradigma científico.


“Como quiera que sea, las ciencias de la complejidad nos permiten entender, explicar, aprovechar y vivir con fenómenos complejos en tiempos de turbulencia. Con una salvedad: “complejo” no tiene absolutamente nada que ver con “complicado”, “dificil”, “tenaz”, “duro” y demás. La complejidad, en su acepción primera, hace referencia a la vida. Pues desde cualquier punto de vista, los sistemas vivos son los de máxima complejidad conocida –y por concebir”(1).

 

1 Carlos Eduardo Maldonado. “Significado e impacto social de las ciencias de la complejidad”, Ediciones Desde Abajo, 2013, pág, 12Carlos Eduardo Maldonado. “Significado e impacto social de las ciencias de la complejidad”, Ediciones Desde Abajo, 2013, pág, 12

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Un aficionado hace el primer avance de los últimos 60 años en un famoso problema de combinatoria

El llamado problema de Hadwinger-Nelson es de esas cuestiones matemáticas muy fáciles de formular y entender, incluso para los no expertos, como el problema del mapa de los cuatro colores o el último teorema de Fermat. Sin embargo, pese a esta aparente sencillez a menudo la solución resulta extraordinariamente sofisticada y requiere unas matemáticas que solo están al alcance de muy pocos expertos. Pese a ello, el autor del primer avance en el problema de Hadwinger-Nelson de los últimos 60 años ha sido un no especialista: Aubrey de Grey, un gerontólogo bastante conocido y mediático, que sostiene que es posible detener el proceso de envejecimiento.


El problema de Hadwiger-Nelson estudia coloraciones del plano. Se trata de dar un color a cada punto del plano de manera que todos los puntos que estén a distancia uno tengan asignado un color diferente. Si se quiere pintar de esta manera un plano, todo lo grande que queramos, ¿cuál es el menor número de colores necesarios? El problema fue planteado en 1950 por Edward Nelson, aunque algunos resultados relacionados ya aparecieron en un artículo de Hugo Hadwiger de 1945. Hasta hace poco, se sabía que la respuesta podía ser cuatro, cinco, seis o siete.


Efectivamente, no puede ser más de siete. Con solo siete colores se puede colorear el plano a partir de una teselación de hexágonos de diagonal ligeramente inferior a uno, en la que todos los polígonos adyacentes tengan un color diferente. Partimos de uno de los hexágonos y lo pintamos de un color, y los seis adyacentes de otros seis colores diferentes (y así sucesivamente). Si dos puntos están a distancia uno, como los hexágonos tienen diámetro menor que uno caerán en hexágonos diferentes y adyacentes, por lo que tendrán distinto color.


Las circunferencias que aparecen en el dibujo tienen radio 1.


Está claro entonces que siete es la cota máxima para el problema, pero, ¿hay una mínima? Para ver que ha de ser al menos cuatro, bastaría con encontrar una configuración de cuatro puntos que estén todos a distancia uno del resto (que, por tanto, no podrían colorearse con solo tres colores). Pero el caso es que no existe: cuatro puntos que disten todos uno entre sí forman los vértices de un tetraedro regular, cuyos vértices no están sobre el mismo plano. Sin embargo, son conocidas algunas configuraciones de puntos que necesitan cuatro colores (es imposible hacerlo con tres). Así sucede como los siete puntos del llamado “huso de Moser” que son los señalados en la siguiente imagen:


En 1961 los hermanos William y Leo Moser dieron esa configuración, y desde entonces no se había avanzado nada en el problema. Ahora Aubrey de Grey ha dado una configuración de puntos tales que necesitan al menos cinco colores para ser coloreados, es imposible hacerlo con cuatro. Aunque el ejemplo dado por Grey contiene 1581 puntos, el método para construirlo es descriptivo y no es excesivamente complicado. En los últimos días se ha conseguido rebajar la configuración hasta los 633 vértices, a través de un proyecto de Polymath(proyectos colaborativos en los que trabajan cientos de matemáticos a través de una página web), creado por el propio de Grey.


Con este avance, ya sabemos que para poder colorear cualquier grafo harán falta cinco, seis o siete colores diferentes. Para zanjar el problema existen dos posibilidades: que usando ideas parecidas a las de De Grey se encuentren estructuras con gran cantidad de puntos que requieran muchos colores para ser coloreadas (él ha encontrado una que necesita cinco, se trataría de encontrar otra con seis y, para solucionar el problema, necesitaríamos otra con siete). Así sabríamos que el número necesario para colorear el plano de forma que cualquier par de puntos a distancia uno tengan diferente color es siete. Si, por el contrario, la solución no es siete, es posible que sean necesarias nuevas técnicas totalmente desconocidas hasta el momento, porque no bastaría con ir descartando opciones con contraejemplos, sino dar un razonamiento general.


Alberto Márquez es Catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla y Ágata Timón es responsable de Comunicación y Divulgación en el ICMAT

Sábado, 12 Mayo 2018 09:23

Impactos invisibles de la era digital

Impactos invisibles de la era digital


Cuando pensamos en la era digital, probablemente lo primero que acude a la mente son computadoras, teléfonos móviles y otros elementos obvios de lo que se ha dado en llamar TIC: tecnologías de información y comunicación. Parece algo etéreo, pero en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos.


Además, la industria digital va mucho más allá de esas primeras imágenes. Es una de las bases fundamentales del tsunami tecnológico que ya está sobre nosotros, pero que difícilmente percibimos en todas sus dimensiones. Entre ellas, por ejemplo, el rápido avance del Internet de las cosas, que se propone sustituir al comercio convencional –incluyendo hasta la compra semanal de los hogares–; la tecnología digital que mueve los mercados financieros; las transacciones y monedas digitales; la digitalización de la agricultura, con el uso de autómatas, drones, satélites, sensores y big data; la optogenética que propone manipular seres vivos a distancia; la omnipresencia de cámaras y sensores que se comunican con gigantescas bases de datos, que pueden incluir hasta nuestros datos genómicos; el Internet de los cuerpos, con la digitalización de la medicina y las nuevas biotecnologías, y el avance de la inteligencia artificial que subyace a todo ello. Todas son áreas de fuertes impactos –escasamente comprendidos por la sociedad– y la lista apenas comienza.
Uno de los aspectos más pesados y a la vez invisibles de la era digital, es que contrariamente a lo que se podría pensar, los impactos materiales, en el medio ambiente, en recursos y demanda de energía son enormes. Jim Thomas, codirector del Grupo ETC, ejemplifica esto en tres sectores: el iceberg de la infraestructura digital, la demanda de almacenamiento de datos y la voraz demanda energética del uso de las plataformas digitales.


La infraestructura digital y de telecomunicaciones ya instalada es muy desigual. Mientras en la mayoría de países de África y otros países del Sur global no llega a 20 por ciento de acceso de la población, en América del Norte supera 90 por ciento. En conjunto, constituye lo que Benjamin Bratton llama la mayor construcción accidental de infraestructura que la humanidad haya hecho jamás. Es decir, la infraestructura está conectada –o pretende estarlo– a todos los rincones del planeta, pero nunca se han tomado decisiones de conjunto sobre ésta, sus múltiples implicaciones e impactos. La mayor parte de la discusión global al respecto, a menudo promovida por empresas de telecomunicación y big data, es sobre supuestos aspectos de equidad (todos deben tener derecho de acceder a la red), y por tanto lo que plantean es que los gobiernos o agencias de apoyo al desarrollo deben construir y pagar por la infraestructura donde no la hay, y en muchos casos le dan prioridad frente a otras necesidades. Lo que en general no se nombra es que la expansión de la infraestructura digital implica, entre otras cosas, aumentar la red de radiación electromagnética a todas partes, que tiene efectos negativos graves, pero poco estudiados, sobre la salud y la biodiversidad. Es, además, un motor de conflictos para extraer los materiales necesarios para construir teléfonos celulares y otros aparatos de trasmisión y recepción.


Paralelamente, el almacenamiento de toda la información digital generada en el planeta se estimó para 2016 en 16.1 zettabytes (un zettabyte es un billón de gigabytes). Para 2025, se calcula que se requerirán 163 zettabytes, 10 veces más (IDC).


Para hacer la cifra un poco más tangible, serían unos 16 mil millones de dispositivos de almacenamiento, aproximadamente dos discos duros de alta capacidad por cada persona en el planeta. Esto requiere una cantidad gigante de materiales, que incluyen minería de muchos elementos, incluyendo raros y escasos, la producción masiva de químicos sintéticos (y basura tóxica) y una enorme cantidad de energía para extracción, fabricación, distribución y uso, incluyendo la operación y ventilación de los dispositivos, etcétera.


Los requerimientos energéticos son a menudo invisibilizados, porque se supone que la digitalización demandaría menos energía que otras actividades, lo cual podría suceder en algunos casos. No obstante, uno de los ejemplos más contundentes de lo contrario es el uso de monedas digitales como el bitcoin. Según datos recientes, una simple transacción en bitcoin, requiere la misma cantidad de energía que usa una casa promedio en Estados Unidos ¡durante dos semanas! (Digiconomist.net)


Estos son algunos ejemplos de los impactos que en general no se consideran. Todos ellos implican además efectos devastadores sobre las comunidades y poblaciones de donde se extraen los recursos, además de las consecuencias sobre la salud de usuarios y quienes están cerca de las líneas y torres de trasmisión, así como sobre fauna, vegetación y biodiversidad.


La tremenda demanda de energía de la infraestructura y operación digital se suma a los factores principales causantes del cambio climático. Por todo ello es necesario que desde las bases de la sociedad asumamos el análisis y evaluación múltiple de los desarrollos tecnológicos, incorporando todos sus aspectos, no solamente los que las industrias quieren vendernos.


*investigadora del Grupo ETC

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