Miércoles, 08 Marzo 2017 08:22

Mujeres

Mujeres

 

Una larga lucha por pasar de objeto a sujeto


Un ocho de marzo más la historia se repite. Celebración de una onomástica y denuncia de una inequidad que no parece tener arreglo, al menos hay poca voluntad política de que lo tenga. Han pasado ciento sesenta años desde aquel 8 de marzo de 1857 en que un grupo de mujeres trabajadoras del textil se declararon en huelga y salieron a la calle a reclamar derechos. Casi tantos años como los que dicen los datos que son necesarios para que la mujer “alcance” al hombre en condiciones económicas y laborales.

Este 2017 el Día Internacional de la Mujer será el día del Paro Internacional de Mujeres para reclamar derechos, para denunciar la inacabable desigualdad y la reincidente violencia de género. Porque más que para celebrar es un día para seguir luchando.

La mujer, por suerte, no es igual que el hombre. Las mujeres no piden esa igualdad repetida hasta la saciedad e ignorada hasta la saturación. Lo que la mujer quiere, y me arriesgo a suponerlo porque me podrían tachar, y con razón, de no serlo, es equidad.

 

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No hay que irse a países mal llamados tercermundistas para ver esa discriminación. La vieja Europa, los EE.UU. u otros territorios “desarrollados” también tienen esa lacra hacia quienes nos dan la vida. Y tampoco se libran de ella en los medios masivos de difusión de noticias, donde el lugar de las periodistas está por debajo de sus capacidades y en condiciones de desigualdad respecto de sus compañeros.

Esa diferencia se aprecia en casi todos los sectores sociales, culturales y económicos. Entre ellos en el cine, donde la mujer sigue siendo más objeto que sujeto y donde los papeles se les van cerrando según van llegando a una madurez que, como a todo ser humano, las enriquece y mejora pero que parece lastrarlas frente a una cámara.

El cine, como gran medio de comunicación, debe ser una de las esferas para luchar por la equidad, por la justicia social y el pleno reconocimiento de la mujer como ciudadana con los mismos derechos. La gran pantalla debe ser ejemplo de lucha por superar las tradiciones aferradas a lo femenino como deudor o vicario.

¿Hay alguna actividad en la que, a lo largo de su existencia, la mujer haya sido más utilizada como objeto que en el cine? Pues creo que, publicidad aparte, la respuesta es no. Objeto de deseo, por supuesto. Sólo hay que recordar aquel casposo cine español de finales de los ´70, el llamado del destape, hecho para aplacar los picores de una sociedad pacata, y machista, que empezaba a ver la luz. Un destape que solamente se imponía a las mujeres. O es que alguien recuerda haberle visto algún pelo que no fuera del pecho a los Landa, Pajares, Esteso, etc...

Pero el cine puede aprovecharse para educar desde la equidad. Equidad que todavía hoy, en pleno siglo XXI, sí aunque parezca que socialmente volvemos hacia el XIX estamos en la segunda década del veintiuno, es necesario pelear y cuesta conseguir. El cine es una gran herramienta de comunicación y concienciación, un arte para hacer visible el papel de la mujer, como persona, como ciudadana, en situación de igualdad y contra el patriarcado que domina la sociedad. Porque, pese a que el cine y la televisión han reforzado estereotipos sobre la mujer, han sido también, sobre todo el primero, más crítico, muestrario de los cambios sociales y altavoz para reclamar el lugar de la mujer como sujeto activo de la sociedad.

Hemos de superar las narraciones ancladas en mujeres negociables (esposas, madres) o mujeres consumibles (casquivanas, prostitutas), como decía el profesor Jesús Ibáñez, siempre deudoras del hombre, para reivindicar a la mujer como sujeto, como persona: ni más ni menos que como MUJER. La lucha por la igualdad no se soluciona con decretos, que hay que ponerla en práctica en la vida diaria, en la familia, en la escuela, en la calle y en el trabajo.

Por eso quiero hacer un reconocimiento a las mujeres a través del séptimo arte. El lugar de la mujer en el cine ha estado, casi siempre, frente a la pantalla, en roles protagonistas o secundarios, encasillados o no. Pero, qué decir de otras profesiones relacionadas como guionistas, productoras o directoras. Difícil, muy difícil.

La historia de las mujeres directoras de cine, como en otras muchas profesiones, ha sido ardua, muy cuesta arriba y hoy lo sigue siendo. Pese a ello, hay grandes nombres, grandes mujeres que han hecho más grande el séptimo arte. La lista completa de mujeres dedicadas a la realización cinematográfica no nos cabría en este espacio. Tan sólo queremos mencionar nombres de autoras destacadas, algunas reconocidas y otras injustamente olvidadas, como ocurre con demasiada frecuencia, de la historia del cine.

Empecemos por Alice Guy-Blaché (París, 1873 – New Jersey, 1968), la verdadera pionera del cine. Adelantada a su tiempo, incluso al padre de este arte, George Meliés. Realizó, en 1896, la primera película narrativa de la historia, La Fee aux Choux (El hada de los repollos). Productora y directora independiente, usó grabaciones sonoras simultáneas a las imágenes, utilizó efectos especiales como la doble exposición del negativo, el retoque o los movimientos hacia atrás de la cámara. En 1912 dirigió la primera película interpretada íntegramente por personas de raza negra, Un tonto y su dinero, y tuvo su propio estudio.

 

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Alice Guy Blaché

 

Charlotte (Lotte) Reiniger, (Berlín, 1899 – 1981), precursora del cine de animación. Guionista y directora de la película animada más antigua que se conserva, Las aventuras del príncipe Achmed. Realizada con más de 300.000 imágenes individuales, tenía una duración de 65 minutos.

 

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Las aventuras del príncipe Achmed

 

En España, las precursoras fueron Helena Cortesina (Valencia, 1904 – Buenos Aires, 1984) primera directora de cine española con Flor de España o la leyenda de un torero en 1921, estrenada dos años después, y Rosario Pi (Barcelona, 1899 – Madrid, 1967) productora y directora, fue la primera en realizar una película sonora, El gato montés, en 1935. Posteriormente, no hemos de olvidar a Ana Mariscal, que llegó a rodar diez películas, la última El paseíllo (1968), en una época nada fácil; Cecilia Bartolomé, autora de la considerada primera película feminista española, Vámonos, Bárbara (1978); Ana Diez, primera mujer ganadora de un Goya como directora por Ander eta Yul, (1989); Pilar Miró, guionista y directora, primera mujer en dirigir RTVE; Icíar Bollaín, actriz, guionista y directora, Goya en 2004 por Te doy mis ojos; o Isabel Coixet, Goya como directora por La vida secreta de las palabras (2006). Las tres últimas son las únicas mujeres que han obtenido el Goya como directoras en las 31 ediciones del premio. Recordemos que el primer Óscar a una mujer directora fue para Katrhyn Bigelow, en 2009, por The hurt locker (En tierra hostil). Sólo tuvo que esperar a la 82ª edición de los premios de Hollywood.

En Colombia, Gabriela Samper, la primera directora, guionista y productora (Páramo de Cumanday, 1965); Marta Rodríguez, una gran documentalista (de Chircales, 1972, a Testigos de un Etnocidio, memorias de resistencia, 2011) con tal vez más reconocimiento fuera que dentro de su país; Camila Loboguerrero, primera mujer en filmar largometrajes en Colombia (Con su música a otra parte, 1984); Libia Stella Gómez, directora y guionista (Ella, 2015); Patricia Ayala, documentalista (don Ca, 2013), o Patricia Cardozo, ganadora del premio especial del Jurado y del Público en el Festival Sundance, 2002, con Las mujeres de verdad tienen curvas. Mencionar aquí al colectivo Mujeres al borde, iniciativa producto del sueño de dos amigas para dotar de un espacio a las mujeres desobedientes, transgresoras, que quieren crear un mundo distinto practicando el artivismo (arte + activismo) sexodisidente.

Terminamos el recorrido con un recordatorio a otras cineastas que, desde diferentes culturas, han dicho y hecho mucho por el papel de la mujer en el cine y en la sociedad: Deepa Metha (India), Julie Bridgham (EEUU), Niki Caro (N. Zelanda), Mira Nair (India), Marguerite Duras (Francia), Claudia Llosa (Perú), Hana Makhmalbaf (Irán), Lucía Puenzo (Argentina), Rebeca Chavez (Cuba), Liliana Cavani (Italia), Ma Liwen (China), Doris Dörrie (Alemania), Agnieszka Holland (Polonia), Fina Torres (Venezuela), Samira Makhmalbaf (Irán) o Djamila Sahraoui (Argelia).

Y hay muchas, muchísimas más, en el cine y en otros muchos ámbitos de la vida. En un día como el 8 de marzo y el resto de los días del año. Ya va siendo hora de que lo femenino se tome la palabra. Porque son, ni más ni menos y en definitiva, MUJERES.

 

 

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"Si empezara a hacer cine hoy, sería youtuber"

 

Hablamos con Pedro Almodóvar, a quien la Filmoteca española dedica, por primera vez, una retrospectiva.

 

Pedro Almodóvar aparece y pregunta por unas fotos de Cate Blanchett. Y de repente, todo está allí: el pelo arremolinado como una medusa, los colores alegres, los ojos saltones. Almodóvar está ahí por primera vez, y aún así, forma parte de algo ya vivido, algo reconocible.

Y tiene una razón de ser. ¿Qué no conocemos de Almodóvar? Es icono, historia del cine y revuelo mediático. Es también una trayectoria de 38 años, veinte películas y un adjetivo con su apellido que define a la vez situaciones jocosas, estrambóticas y frívolas. En la distancia corta, podríamos decir que Almodóvar es como sí mismo, pero en tres dimensiones.

De Pedro Almodóvar conocemos éxitos, polémicas, promociones y sobre todo, su intrahistoria: el chico manchego que soñaba primero con las estrellas de Hollywood a través de las chocolatinas, su llegada a Madrid, su trabajo en Telefónica, sus primeros éxitos con la movida madrileña, su consagración, los Oscar y la estabilidad. De Almodóvar, podríamos decir, parecemos saberlo todo. Como un rodillo, ha pasado por encima de nosotros con cada película. Conocemos sus carteles, bandas sonoras y promociones. Pero, ¿qué sabemos en realidad de Almodóvar?

Tras un año complicado que le hizo primero aparcar la promoción de su última película por las filtraciones sobre los Papeles de Panamá y ser ninguneado -una vez más- por la Academia del cine español en la última gala de los Goya, Pedro Almodóvar vuelve, incansable, en formato homenaje. La Filmoteca dedica una retrospectiva, por primera vez en España, a todo su cine. Y él accede, por primera vez, a darnos una entrevista.

 

Una retrospectiva de este calibre tiene algo de autorretrato, ¿es capaz de encontrar etapas, autoanalizarse a través de su trabajo?

No me autoanalizo porque no es un ejercicio que haya tenido tiempo de hacer. Lo que sí he dicho es que nunca escribiré mi autobiografía, porque está incluida en las veinte películas que he hecho. He vivido antes de hacer Pepi, Luci, Bom, claro. Sí es cierto que mis películas me retratan, no de un modo inmediato y evidente, pero yo estoy en cada corte del negativo, detrás de personajes que no son los principales, en el color... Estoy absolutamente presente y mi vida también.

La película es también el tiempo que empleas desde que empiezas a escribirla hasta que la preparas, las ruedas, la promocionas... Esa es la vida que yo he vivido y que ha estado siempre pendiente de una película.

 

Julieta Serrano aparece como monja metiéndose un pico en Entre tinieblas. ¿Cree que podría hacer alguna de sus primeras películas hoy en día, con el clima de corrección moral que impera?

Es una época muy mala para muchas cosas. Es un clima que ha nacido dentro de la Red, que tiene cosas maravillosas, pero que tiene gestos que no lo son y resultados que no lo son. El odio ha encontrado un vehículo para promocionarse y realizarse a través de las redes. De repente hay juicios sumarísimos por tonterías, teniendo el problema tan grave como tenemos en este país con la violencia de género. Ese es el tema que hay que abordar y al que tenemos que encontrar solución.

Con respecto a esta organización del odio, parece que tienes que mirar con mucha más atención cada gesto que haces, cada palabra que dices, cada película que ruedas. Muchas de mis películas, sobre todo las que hice en los años ochenta, ahora se tratarían como películas muy procaces, la sexualidad de los personajes era gloriosa, se celebraba. No era la que los autobuses [de Hazte Oír] promocionarían.

Cuando mis películas se han pasado en televisión, sobre todo Entre tinieblas, sí que he recibido muchas llamadas de amigos para decirme que les había gustado mucho más, pero sobre todo que se habían quedado atónitos ante el atrevimiento de la película y ha habido un comentario común: "Esta película no la podrías hacer ahora mismo".

Yo tendría suficiente atrevimiento para hacerla, pero lo que sí es cierto -y esto sí es malo- es que ahora mismo lo más probable es que hiriera el sentimiento religioso de algunos católicos, y ese concepto [sentimiento religioso] nunca antes había aparecido. Desde luego en los ochenta no apareció.

Seguro que ahora tendría muchos problemas y probablemente no se distribuiría y no habría ninguna sala que se atreviera a ponerla.

 

Parte de esa libertad incide en que la sexualidad y el género son completamente fluidos en su obra. Usted ha dicho que el género binario está condenado a desaparecer.

Está condenado a desaparecer como tal, como única manera de definir el género.

 

Pero a su vez vivimos un retroceso con respecto a las libertades. ¿Cuánto del concepto "almodovariano" tiene que ver con la sexualidad, con la fluidez de género?

Yo me alegro de que los tiempos hayan cambiado para bien en este sentido. La visibilidad de la masculinidad, la feminidad, pero también la de los transexuales, de los bisexuales y también de la “i” que se ha añadido a LGTB, porque estamos teniendo testimonios de intersexuales y eso me parece muy positivo. Seres humanos como nosotros tienen ambos órganos, no deben sentirse obligados a decidir y sobre todo que los padres no lo decidan [por ellos] cuando son pequeños y no saben con qué género se identifica su hijo o su hija.

Y en cuanto a la transexualidad, no se identifica ya con la genitalidad masculina o femenina. Creo que dentro de todo este problema es un enorme paso porque no son conceptos tan físicos, tan genitales, sino que están dentro de uno mismo. Ahora mismo ya se puede hablar de todo esto con mucha más naturalidad.

En España se ha dado un gran avance, el sentido almodovariano del género era que todos existen, que todos son reales, que todos son "celebrables" y yo en mis películas nunca lo traté como "el problema de ser transexual". El transexual era un personaje, era también un ama de casa, era un niño y tenía problemas porque estaba vivo, como los tenía también un heterosexual. Un guionista como yo, tan perverso, le ponía siempre muchas dificultades para que la historia fuera amena y contable.

Hemos avanzado mucho pero da la impresión de que hay sectores que no lo ven tan claro. Yo les doy carta de naturaleza a los personajes, están vivos porque los veo, porque yo estoy rodeado de ellos.

 

Teniendo en cuenta que usted se ha inspirado con anterioridad en la actualidad española, ¿qué situación podría considerarse almodovariana hoy en día?

Me interesan muchos personajes muy variados, pero mi última película es sobre una señora de sesenta años a la que su hija ha abandonado y se rompe por la culpa que siente. Con el tiempo me acerco a personas de mi edad con problemas muy simples y básicos que entrañan dolor.

Veo poca televisión, para mí es imposible ser incorrecto con un libro, una película, el mayor motivo de escándalo yo lo encuentro en las imágenes y la realidad de la que se da noticia. Creo que contra eso casi nadie puede competir.

 

Usted ha adaptado libros escritos por mujeres, sus actrices le reclaman, la última, Victoria Abril, hace apenas una semana. Y todas se quejan de que se cuentan pocas historias de mujeres, y muchas menos a partir de determinada edad. ¿Tienen razón?

Absolutamente. Hay una gran carencia de mujeres en todos los puestos importantes del proceso cinematográfico. Desde operadoras, directoras, guionistas... y sobre todo en las historias que se cuentan. Las mujeres que se quejan tienen toda la razón, las actrices sobre su tempranísima caducidad, porque es verdad.

Cuando me felicitan por ser uno de los pocos directores y escritores que escribe papeles femeninos de todas las edades me siento muy raro porque os tratan a las mujeres como si fuerais otra especie animal, algo surreal, un elemento de ciencia ficción en el que tienes que especializarte. Pertenecemos a la misma especie, no es difícil. Lo único es que no se escriben las historias.

Hay más guionistas hombres que mujeres, pero tampoco ellos eligen las historias que van a contar, sino las grandes compañías, los grandes estudios a los que les interesa más el cine protagonizado por hombres, las películas comerciales, las de héroes, antihéroes, secuelas, precuelas, tributos. Hay muy pocas superheroínas. La mujer tiene que estar ahí casi para testimoniar que el héroe no es homosexual. A mí me parece una pena.

Hay edades que no aparecen y que son casi más interesantes que las otras, especialmente a partir de los cuarenta años. Habría que tratar los conflictos de las mujeres de cincuenta, sesenta y ahora de setenta y ochenta años de todos los géneros, porque vivimos más. Los guionistas se están perdiendo un verdadero tesoro sin contar las experiencias y peripecias que podrían encarnar estas mujeres.

 

Como académico, ¿qué opina de los Oscar y los demás premios?

Me siento muy bien tratado, ya soy una especie de vaca sagrada con la que cuentan en las ceremonias. Con Julieta me di cuenta de que soy mayor, no un anciano, pero sí que formo parte de esos directores de la historia del cine a los que se trata con el respeto reverencial que da la edad (ríe).

Me parece bien que los Oscar no hayan sido "so white”, pero tampoco deben ser "so black". Me parece que la academia americana, como el pueblo americano, tiene una reacción algo infantil. Este año daba la impresión que el hecho de ser mujer, negro o gay era un plus. Lo que debe ser es la paridad y la naturalidad más absoluta.

Ha habido categorías de rebote provocadas por elementos extracinematográficos. La influencia de los pocos días que Trump lleva en el poder ha sido nefasta para determinadas categorías, como la de película extranjera. Además de que la gala pasará a la historia por la confusión con las tarjetas, algo digno de los hermanos Marx, que no se lo podrán quitar de por vida (ríe).

 

¿Ha normalizado su trato con la Academia del cine español?

Yo tengo un trato normal, sí. Ni muy caluroso ni frío, formo parte de la Academia. La gala de los Goya tiene que hacerse de otro modo, no quisiera decir cuál pero cada vez se hace peor. Hay que cambiar técnicamente de equipo. No puede ser que una gala que es de un colectivo que se dedica al espectáculo, al cine, esté tan mal realizada como estuvo la última. Espero que el nuevo equipo, que es muy entusiasta, vaya mejorándolas.

 

Usted ha dicho que escribió Pepi, Luci, Bom, Entre tinieblas y Laberinto de pasiones como si Franco no hubiera existido ni dejado recuerdos. Nuestro país ha vivido cambios trascendentales con la crisis, el 15M, y se han revisado esos años con la etiqueta de la “cultura de la Transición”. ¿Qué opinión le merece esa revisión histórica y su papel cultural?

Mi cine nace en plena Transición española. Empecé a rodar Pepi, Luci, Bom en 1979, un año después de que acabara la censura, que me impidió rodar antes. El cine que yo hacía en ese momento era la traslación real de nuestra democracia. Me alegro muchísimo de haber sido joven a finales de los setenta y haber podido vivir ese periodo.

Lo malo que tiene la Transición de 1978 no es la Transición en sí misma, sino que desde hace unos años estamos necesitando con urgencia otra transición, porque no era una transición eterna. Las cartas magnas de los países se revisan, hay que retocarlas. Las constituciones también deben adaptarse a la sociedad. Mi corazón está con los jóvenes del 15M, pero en el año 1978 y en nuestra transición se hizo lo que se pudo hacer, se lo dijo muy bien Iñaki Gabilondo a [Pablo] Iglesias en una entrevista. Y ellos van a hacer lo que puedan hacer.

Yo estoy de acuerdo que leyes como la Ley de Amnistía hay que revisarla, y la Constitución hay que retocarla. Pero mi cine nace y pertenece a esa época, así fue, y estoy orgulloso de que así sea. Pero sí, necesitamos con mucha urgencia una nueva transición, y de eso sí me quejo y eso es lo que no se está llevando a cabo.

 

Ha hablado de sus temas en el cine como políticos en relación a la libertad moral y a la autonomía de las mujeres. Ha dicho en ocasiones que tenía proyectos de cine políticos ligados a lo social y siempre los ha abandonado porque no le salían.

Siempre he tenido preocupaciones sociales, soy una persona de izquierdas pero mis películas que tienen una visión política -desde las más lúdicas como Pepi, Luci, Bom o Laberinto de pasiones- representan ahora mismo mucho mejor a España en 1979 y el 1981 que otras de la época que se realizaron también desde la izquierda. En los últimos años he intentado, y no he conseguido, escribir algún guión donde los problemas sean sociales o sobre cosas que me preocupan como la memoria histórica. Es cierto que nunca he conseguido llevarlos a buen puerto. Muchas veces retomo guiones que no he terminado y consigo terminarlos.

Hay problemas sociales que me preocupan mucho y que me hubiera gustado mucho tratar en alguna película, los desahucios, por ejemplo, en la que toda la sociedad española podría estar presente. No he conseguido como escritor lograr un guión que me parezca lo suficientemente bueno.

 

Ha dicho también que hace doce años que se convirtió en la bestia negra de la derecha.

Me refiero concretamente a 2004. Los nostálgicos del régimen anterior, durante la Transición y los años que siguieron después, los ochenta y los noventa, guardaron silencio y se quedaron en sus casas, agazapados. Hubo algo muy interesante: el miedo cambió de acera y de sitio. De pronto, en 1977, uno se da cuenta de que sale a la calle y ha perdido el miedo, no sabes cómo. Lo perdimos.

Hasta que Aznar no llega al poder, esa otra España estaba silenciosa, sin manifestarse, sin decir lo que pensaba. Eso nos procuró años de muchísima bonanza. Pero esa gente seguía ahí. La conciencia radical de que en España se abría una grieta muy profunda y muy negra tuvo lugar ese año, cuando Aznar dejó de ganar. Entonces la derecha española mostró su faz más feroz y más salvaje, fue traumático para mí descubrir que existía en los ochenta, pero que antes estaba silenciada y desactivada.

 

¿Afectó a su carrera?

No a mi carrera, pero sí personalmente. Perdí la espontaneidad, la naturalidad. No llegué a autocensurarme, eso hubiera sido peor. La autocensura es resultado de la corrección política y moral, es el peor de los efectos. Es cuando uno dice "es que no quiero ofender a nadie". Yo nunca he querido ofender a nadie, solo entretener y emocionar y mi cine ha seguido un proceso biológico paralelo al mío.

Personalmente, sí que me condené a la discreción porque sí que celebré de un modo muy expreso, cuando se estrenó La mala educación, el triunfo socialista y me convertí en la bestia negra del PP.

 

Si empezara a hacer cine hoy, como veinteañero, ¿cómo comenzaría su carrera?

Si tuviera ahora veintitantos años y empezara a trabajar, a pesar de todo esto que estamos hablando de la corrección política, sería un youtuber. Y sería muy activo y fabularía y escribiría guiones y los pondría en la Red. Estábamos hablando de la parte mala de la Red, pero hay algo maravilloso, casi un milagro democrático. Yo hago un cortito de cinco minutos, lo pongo, y si interesa hay millones de personas que pueden verlo. Estaría trabajando por ese camino.

 

Ha dicho que las veinteañeras de ahora son muy diferentes a las veinteañeras de los ochenta, que para preparar Julieta tuvo que explicar a Adriana Ugarte que una chica de los ochenta "se hubiera follado a un hombre en un tren".

Es un poco burdo explicarlo así porque no se trata de follar (ríe), sino de lo que teníamos que tratar en la película con las actrices. En la primera época en la que aparece Julieta, con 25 años, le pasan muchas cosas. La escena del tren es esencial porque entra en contacto con los dos polos de la existencia: la muerte y el sexo. Tuve que explicar a Adriana Ugarte y a Michelle Jenner, que son chicas muy jóvenes, la ligereza con la que ella se entrega al compañero de viaje.

Yo veía que una chica de veintitantos de ahora tiene un tipo de libertad y de espontaneidad con los hombres que en ese momento, en los ochenta, las chicas habían conquistado y que celebraban. A las actrices jóvenes tuve que explicarles que una chica en ese momento podría haberse entregado precisamente para celebrar su libertad con naturalidad sin ser "ligera de cascos". No existía "la ligereza de cascos" (ríe). A Emma Suárez no tuve que explicárselo, ella lo sabía.

 

¿Podríamos entonces acabar diciendo que una chica Almodóvar de ahora pararía un autobús contrario a los niños transgénero?

Les montaría un escándalo y lo pararía ella sola con su cuerpo.

 

Lucía Lijtmaer @lalitx

 

 

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“Habría sido una película distinta si no se hubiera hecho en Miami”, dice Jenkins sobre Moonlight.

 

Cuando todavía soñaba con el Oscar que se llevó anoche, el cineasta reconoció que le interesaba mostrar “los personajes y sus vidas”, más allá de las estigmatizaciones, y que sabía que el suyo no era un film “con el que todos pudieran identificarse”.

 

Barry Jenkins está sentado cerca de la ventana en una suite de hotel de un piso alto de un rascacielos un día después de que su segunda película, Moonlight, fue nominada a ocho premios Oscar. Calmado, no parece estar resentido en lo más mínimo por el hecho de estar en Europa en el final del invierno como parte de un agotador tour promocional para su film, cuando podría estar en su casa de Los Angeles disfrutando de la adulación previa a los galardones.

“Sorprendido es la palabra incorrecta”, sugiere Jenkins cuando se le pregunta si se quedó atónito ante la cantidad de nominaciones que recibió Moonlight. “Estaba orgulloso de la película. Pensé que habíamos hecho un buen trabajo. Pero tengo amigos que han hecho grandes trabajos que nadie ve, así que nunca se sabe cómo van a salir las cosas”.

Moonlight es una historia de maduración en tres partes que narra la historia de Chiron, un joven negro gay que crece en la pobreza en una parte dura de Miami. Aunque está basada en la obra teatral de Tarell Alvin McCraney, In Moonlight Black Boys Look Blue, Jenkins admite libremente que la historia de McCraney tiene una resonancia personal muy fuerte para él. En particular, el personaje de la madre soltera y adicta Paula (brillantemente interpretada por la actriz británica Naomie Harris) es como la propia madre de Jenkins.

Una razón por la que Moonlight ha cautivado al público y a los críticos es que . El dealer astuto Juan (Mahershala Ali) termina siendo uno de los personajes más sensibles y altruistas del film. La madre adicta y hecha polvo tiene devoción por su hijo a su propia delincuencial manera. El sensible y aparentemente pasivo Chiron (“No soy blando”) eventualmente revela reservas de agresión oculta y también habilidad para absorber el castigo.

La obra original de McCraney había sido inspirada en su relación con un dealer local que, cuando él todavía era un niño, lo había tomado bajo su ala y actuado como una figura paterna postiza. “Al haber existido alguien así en la vida de Tarrell, él nunca fue dealer. El siempre fue un ser humano completo”, explica Jenkins. En la mayoría de las películas, agrega, un dealer negro “es simplemente un dealer negro”. Lo diferente de Moonlight es que deja ver otros aspectos del personaje y otras partes de su vida. “Para mí, vender drogas es algo que hace un hombre, este hombre. No es la totalidad de lo que es él”.

Jenkins nunca tuvo la intención de hacer un film que “se dirigiera a todos y con el que todos pudieran identificarse”. “Es más sobre tratar de hacer el mejor trabajo que podemos para mostrar estos personajes y sus vidas”. El director describe a Moonlight como “cine envolvente” y habla de cómo quiere que el público vea lo que sucede desde la perspectiva de Chiron.

“Había una escena en la que Naomie, como Paula, se encuentra con Chiron en el patio, justo antes de sacarle el dinero de sus bolsillos”, dice Jenkins, describiendo un incómodo momento en el que Paula le roba dinero a su hijo para alimentar su adicción a las drogas. “Recuerdo filmar esa escena y pensar que, al ser esto algo tan personal para mí, estaba viviendo las cosas como un ser humano que había vivido esto que el público no, que la cámara no estaba transmitiéndole al público. Para asegurarse de que la audiencia sintiera por completo la fuerza emocional de la sensación de sentirse traicionado del muchacho, Jenkins la filmó desde el punto de vista de éste, para que los espectadores tuvieran la sensación de estar mirando directo a los ojos de la madre mientras ella le hablaba a la cámara.

Jenkins eligió a Naomie Harris después de que se la recomendara la compañía de producción de Brad Pitt, Plan B. Al principio, Harris no quería interpretar a una adicta. El director recuerda haberle explicado: “En realidad vas a interpretar una versión de mi mamá y nunca crearía una versión de ella que no tuviera toda su humanidad”.

En ese momento, Harris había estado ocupada promocionando la película de Bond Spectre, en el que interpretaba a la señorita Moneypenny, pero se metió de lleno en prepararse para el papel de Paula. “Ella nunca consumió drogas, nunca tomó alcohol. En la vida real, es totalmente diferente de su personaje, pero confié en que cuando apareciera iba a tener esta presencia”, dice Jenkins. En la primera escena que filmaron, él le pidió que actuara mirando a cámara. Cuando ella aceptó, él se dio cuenta de algo: “Estábamos trabajando desde la misma base y adonde yo necesitara llevarla, ella iría. Fue simplemente una hermosa experiencia”.

Al final de uno de los episodios, Chiron hace algo brutal con uno de sus atormentadores. Es un momento catártico y algunos espectadores han celebrado eso. Pero cuando Jenkins vio la película en el Festival de Toronto, hubo aplausos y también respiración entrecortada. El mismo no ve ningún triunfo en esa escena. “Hay una cicatriz física en el matón, pero también una cicatriz psíquica en Chiron”, dice sobre el momento que representa simbólicamente la pérdida de la inocencia para el chico, incluso aunque se reivindique a sí mismo.

La película fue filmada en Miami, que es donde creció el propio Jenkins. El describe a la ciudad como un personaje de la historia. “Su esencia, su atmósfera, su espiritualidad... tenían que estar. No podía ser en ningún otro lado. Habría sido una película distinta si no se hubiera hecho en Miami”.

El año pasado hubo una furiosa controversia acerca de lo que el director Spike Lee llamó “otra votación entre blancos” en los Oscar. Jenkins estaba en post producción de Moonlight en ese momento y siguió el debate con interés, apenas cayendo en la cuenta de que un año más tarde él mismo sería uno de los máximos candidatos al premio. “La industria cinematográfica en la que trabajo no es homogénea. Creo que todo eso que se habló (en 2016) tuvo que ver con tratar de tener todos esos que manejan cosas reflejaran la industria en la que trabajamos, el mundo en el que vivimos”, nota acerca de lo que parece haber sido una transformación del evento desde la bronca del año pasado. La Academia se comprometió a tener el doble de miembros mujeres y de minorías en 2020, y las nominaciones de este año ya están entre las más diversas de la historia. Jenkins le da la bienvenida al trabajo que se ha hecho para “traer voces de los márgenes al centro”.

Para él, el desafío ahora está en hacer algo después de Moonlight. No quiere hablar sobre proyectos futuros, pero la prensa del cine reportó que está encaminado a dirigir la adaptación televisiva de la novela de Colson Whitehead The Underground Railroad, la historia de un esclavo que huye de una plantación de algodón de Georgia y es perseguido por un despiadado cazador de esclavos. Jenkins insiste en que encarará cada proyecto futuro del mismo doloroso modo que lo hizo con Moonlight: “Cuando todo esto termine, voy a abrir mi cuaderno de notas y ya sé que habrá ahí: una página en blanco. Y llenarla va a llevar la misma cantidad de trabajo que con esta película. Como escritor, una página en blanco te baja los humos enseguida. Siempre lo hace y siempre seguirá haciéndolo”.

 

* The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

 

 

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La confusión reina sobre el escenario en el momento culminante de la ceremonia del Oscar.

 

En un papelón sin precedentes en la historia de la Academia, Warren Beatty y Faye Dunaway leyeron el sobre equivocado y dieron por triunfadora a La La Land, cuando en verdad la mejor película era Luz de luna. Hollywood quedó en ridículo, a merced de Donald Trump.

 

En un final sin precedentes en la historia de los premios Oscar, con un papelón que parecía inimaginable en un show de la envergadura de la ceremonia de la Academia de Hollywood, Luz de luna rompió con todos los pronósticos y se quedó con el premio a Mejor Película de la 89° edición de los Premios Oscar, que se entregaron anoche en el Dolby Theatre de Los Ángeles.

En un principio, los presentadores del premio principal, Warren Beatty y Faye Dunaway, anunciaron que la ganadora era La La Land, pero aparentemente les habían dado un sobre equivocado. La confusión reinó en el escenario y las disculpas de todos los involucrados no fueron suficientes. Al cierre de esta edición, se esperaba algún tuit de Donald Trump, quien fue el blanco de críticas y pullas de toda la velada y a quien le quedó servida la venganza en bandeja.

La gran favorita, La La Land, que había cosechado 14 nominaciones, se quedó con el consuelo de haber sido la más ganadora de la noche con un total de seis estatuillas, entre ellas la de Mejor Director y Actriz, contra los tres que acumuló el film de Barry Jenkins (aspiraba a ocho).

Le siguieron Hasta el último hombre y Manchester junto al mar, con dos para cada una. El premio a Luz de luna -con presencia en ocho ternas- sorprendió a absolutamente todos. Incluso a sus responsables, quienes, en uno de los momentos más increíbles de la historia del Oscar, miraban desde las butacas cómo festejaban sus colegas de La La Land. Hasta que uno de ellos, en plena celebración, se percató que en realidad todo se había tratado de una confusión del actor Warren Beatty, quien leyó "La La Land" sin darse cuenta que se trataba del sobre de Mejor Actriz y no del de Mejor Película. El resultado fue una escena cuanto menos curiosa: el mismo productor que hasta ese momento le agradecía al mundo, terminó entregándole el premio a sus pares.

Al margen del blooper de Beatty, durante la ceremonia hubo pocos indicios que permitieran vaticinar el triunfo de Luz de luna. Al fin y al cabo, La La Land, que había tenido un dominio prácticamente monopólico en la temporada de alfombras rojas, venía imponiéndose con holgura llevándose los rubros Diseño de Producción, Efectos visuales, Edición, Fotografía, Música Original, Canción, Dirección y Actriz. Mientras que el film de Barry Jenkins se había llevado apenas dos: Mejor actor de reparto para Maharsala Alí y Guión Original.

El triunfo de Luz de luna, que relata el proceso madurativo de un chico negro homosexual de Miami en los '80, podría entenderse como una rápida respuesta de la Academia ante el escándalo de los #OscarsSoWhite del año pasado, cuando no hubo ningún afroamericano en los rubros actorales. Además del de Mejor Película, el film de Jenkins se quedó con el premio a Actor de Reparto para Maharsala Ali y Guión Adaptado, mientras que Viola Davis se alzó con el femenino por Fences. El tercer intérprete de color con chances serias en los apartados interpretativos era Denzel Washington, pero finalmente Casey Affleck terminó imponiéndose como Mejor Actor por Manchester junto al mar.

La sorpresiva victoria no fue única señal política enviada desde Hollywood. Ya desde el mismo inicio, las referencias críticas a Donald Trump en el discurso del presentador Jimmy Kimmel marcaron la tónica abiertamente opositora de la ceremonia. "Nos están viendo en más de doscientos países que nos odian", dijo Kimmel. También hubo tiempo para una andanada de elogios del presentador y un aplauso generalizado a Meryl Streep, quien había sido catalogada como "mediocre" por el presidente de norteamericano después de criticarlo en la ceremonia de los Globos de Oro. En ese contexto tampoco pareció casual el premio a Mejor Film extranjero para El cliente, de Asghar Farhadi, ausente con aviso (ver nota aparte) a modo de protesta contra las políticas migratorias del Ejecutivo norteamericano.

 

 


 

 

El discurso del director iraní

 

 

Por su película El cliente, el director Asghar Farhadi ganó anoche su segundo premio Oscar (el primero había sido por La separación, 2011). Pero su condición de ciudadano iraní lo puso en el punto de mira de la prohibición ejecutiva de Donald Trump de acudir a los Estados Unidos. Pese a que ese decreto actualmente está en suspenso por una apelación judicial, Farhadi decidió igualmente no acudir a la ceremonia y que el premio lo recogieran dos ciudadanos de doble nacionalidad iraní-estadounidense: la astronauta e ingeniera Anousheh Ansari y el ex directivo de la NASA Firouz Naderi. Este fue su mensaje, que leyó Ansari: "Es un gran honor recibir este valioso premio por segunda vez. Quiero dar gracias a los miembros de la Academia, a mi equipo en Irán, a mi productora Amazon, y a mis compañeros nominados. Lamento no estar con ustedes esta noche. Mi ausencia se basa en el respeto a la gente de mi país y a la de los otros seis países a los que la ley inhumana que prohibe la entrada de inmigrantes en EE.UU. ha faltado al respeto. Dividir el mundo en la categorías 'Estados Unidos´ y 'nuestros enemigos´ es fuente de temor. Una justificación engañosa para la agresión y la guerra. Guerras como las que impiden la democracia y los derechos humanos en países que ya han sido víctimas de estas agresiones. Los directores tienen el poder de enfocar sus cámaras para capturar las cualidades humanas que compartimos y romper los estereotipos sobre religiones y nacionalidades; para crear empatía entre nosotros y los demás. Una empatía que hoy necesitamos mas que nunca".

 

 

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Jueves, 09 Febrero 2017 07:03

Nicaragua en La la land

Nicaragua en La la land


He visto hace poco en Managua la película musical La la land, a la cabeza de las nominaciones para los premios Oscar, y hay una escena donde se menciona de pasada a Nicaragua. Mia, la clásica empleadita de cafetería ansiosa de llegar al estrellato en Hollywood, interpretada por Emma Stone, oye comentar a una pareja de amigos acerca de un viaje de vacaciones a Nicaragua del cual habían desistido al fin.

El diálogo se da más o menos así: “–Pensábamos ir a Nicaragua, pero es un país subdesarrollado. –Algo subdesarrollado. –Más que poco subdesarrollado; no creo que sea seguro ir allá”. “–Sí, no lo veo tan seguro”. Y eso es todo.

Mientras discurre este efímero pasaje, el público en la sala ríe con sorpresa y bastante gusto. No es así no más oír mencionar al propio país en una superproducción de tales calidades, cualquiera cosa que sea lo que digan de él.

Al día siguiente, un amigo empresario, quien también ha visto la película, me llama para comentarla, y como somos contemporáneos, se muestra maravillado de la filmación en el viejo Cinemascope de nuestra mocedad, y alaba los números musicales que rinden tan buen homenaje a los tiempos de oro de Fred Astaire, Ginger Rogers, Gene Kelly y Cyd Charrisse.

Pero tiene un reparo. Lo que esos actores han dicho de Nicaragua. Bueno, le respondo, tal vez no sea políticamente correcto lo de subdesarrollado, o algo desarrollado, cuando el lenguaje de los organismos internacionales exige hoy en día decir "país en vías de desarrollo"; pero el personaje no iba a salir con "pensábamos ir a Nicaragua, un país en vías de desarrollo", para que el otro le responda: "¿Cuánto ha mejorado su producto interno bruto en los últimos años?"

Él no acepta de ninguna manera lo de subdesarrollado. Le parece ofensivo. Lo contradigo. ¿Qué diablos importa en un musical el crecimiento de la economía en Nicaragua, y si beneficia a todo el mundo o sólo a unos pocos, si el número de pobres sólo disminuye fracciones de puntos en las estadísticas, mientras crece el número de los privilegiados?

Me alega que la película está siendo vista por millones de personas en el mundo, y también se pone a Nicaragua como un país inseguro, lo cual destruye en instantes los loables esfuerzos del gobierno, las cámaras de turismo, las operadores de tours y las agencias de viajes de vender la imagen de Nicaragua como un país que se puede visitar con toda confianza, dueño del índice más bajo de criminalidad en América Latina, y donde se puede andar por las calles, de día y de noche, sin el peligro de ser asaltado y asesinado.

Mi amigo, además de exitoso empresario, es buen cineasta y, como se ve, partidario del gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional bajo el liderazgo del comandante Ortega. Echa la culpa a quien dirigió y escribió la película: Damien Chazelle. ¿Cómo se le ocurrió escribir esas líneas innecesarias y perjudiciales? Sin duda tiene algo contra del país de Rubén Darío y de Sandino. ¿Por qué no fue a escoger Guatemala, Honduras o El Salvador, países realmente peligrosos, donde las bandas de narcotraficantes y las pandillas andan sueltas?

Y me cita a la revista Rough Guides, de Inglaterra, que ha incluido a Nicaragua en el puesto número seis de la lista de los diez destinos turísticos a visitar en 2017, allí donde el único otro país latinoamericano es Bolivia, y los demás son la India, Escocia, Canadá, Portugal, Finlandia, Namibia, Taiwán y Uganda.

No quiero insolentarlo más recordándole que Uganda no es ningún modelo de democracia y seguridad. Fue el reino tenebroso de Idi Amín, quien guardaba en su congelador los cuerpos descuartizados de sus enemigos para comérselos. Ahora está gobernada por el antiguo jefe guerrillero Yoweri Museveni, convertido en nuevo dictador y quien lleva ya 30 años seguidos en el poder.

Para consolarlo le comento, en cambio, que seguramente Chazelle no sabe ni siquiera dónde está Nicaragua, y debe de haber buscado al azar el nombre de un país latinoamericano para esa conversación de relleno en la película. Los guionistas a veces se informan poco, y le pongo como ejemplo la referencia sobre Colombia hecha en el capítulo 22 de la tercera temporada de la serie House of Cards.

Frank Underwood, tan siniestro como Macbeth, a esas alturas de la serie vicepresidente de Estados Unidos, busca librar de un escándalo sexual a su esposa Claire, tan despiadada como lady Macbeth, y para eso se necesita salvar de la pena de muerte a un activista colombiano de derechos humanos, acusado de traición por colaborar con la guerrilla. Según el guión se trata de una venganza, por haber denunciado las atrocidades cometidas por el gobierno en el tapón del Darién.

Pero aquí el guionista a quien tocó escribir este capítulo peca de ignorancia, pues en Colombia la pena de muerte fue abolida desde hace más de un siglo. Tendría que haber elegido Guatemala o Cuba, los dos únicos países de América Latina donde aún sobrevive en las leyes penales la pena capital. Como en Estados Unidos.

Mis argumentos no convencen a mi amigo, quien se propone escribir en la prensa local un artículo en contra de La la land, a pesar de que tanto le ha gustado. "No somos ni subdesarrollados ni algo subdesarrollados ni mucho menos un país inseguro", me dice. “Algún vendepatria con vínculos en Hollywood le metió en la cabeza al realizador del film perjudicar al país. Deben ser esos mismos que andan cabildeando para que se aprueba la Nica Act en el congreso de Estados Unidos y así dejar a Nicaragua en la lista negra de los países dictatoriales, y también gestionan en la Casa Blanca para que Trump destruya con un solo tuit todo el progreso logrado en estos años”.

Cuelga el teléfono, aún indignado, y yo vuelvo a mi novela.

Masatepe, febrero 2017

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“Si uno desprecia la política, acaba gobernado por los que desprecia”

Siento lo de su padre..

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Ha muerto hoy y no podré acudir a su entierro.


¿Cuál sería su homenaje?


Se lo hice en vida. Mi padre es el protagonista de la película que me dio a conocer, La estrategia del caracol. Ese era su sueño de justicia. Era español, de familia de militares que no apoyaron el golpe de Franco.
Y se refugió en Colombia.


Me contagió su sueño de que el mundo podía cambiar. Y ambos conseguimos verlo cambiar, pero no para mejor.


¿Decepcionado?


Sí, los políticos de izquierda no tienen espíritu crítico. En la época que yo militaba creía que la ambición, el egoísmo, la intolerancia y el autoritarismo era contra lo que luchábamos, pero en realidad pocos luchaban contra eso: cuando tuvieron poder, abusaron de él.


A los 11 años se instaló en China.


Mi padre recibió una oferta de trabajo para ser profesor de los estudiantes de español de posgrado. Formó a muchos diplomáticos.


Deme una imagen de aquellos años.


Yo era un privilegiado, pero los años 60 fueron difíciles para China. Todo estaba racionado. Me impresionó ver una cola larguísima de gente con un palito en la mano, esperaban horas para que le pusieran cerdas a su cepillo de dientes.


¿Cómo le fue en el colegio?


Estuve interno. Fue duro. Los niños chinos se burlaban de mí. Recuerdo que una niña me preguntó: “¿Tú lo ves todo verde?”. El color de mis ojos era una rareza. Yo para los chinos era un extraterrestre. Pero el recuerdo que tengo es bueno.


No me lo parece.


Comparado con Colombia, donde todo era impositivo, aquella forma de ser y de pensar me parecía una maravilla. Le contaré otra anécdota: yo de niño leía mucho, un día llegué a clase, me faltaba una página para acabar una novela policiaca de Simenon; me puse el libro en la falda y seguí leyendo. Cuando levanté la vista, el profesor se había ido, los alumnos me miraban.

“¿Qué pasa?”, pregunté. “El profesor se ha molestado porque no te interesa su clase. Tienes que ir a buscarlo”. En China el profesor es un Dios, en Colombia mis alumnos se pasaban el día chateando.


Fue usted guardia rojo.


En medio del fanatismo y con 16 años, no fui capaz de tomar distancia. Y aunque uno tenga dudas, que yo las tenía, ir contra una corriente de ese tamaño es casi imposible.


Fue también guerrillero en Colombia.


Con esa formación maoísta entré a militar en el Partido Comunista colombiano y acabé en el monte porque la policía me buscaba. Estuve cuatro años, y desde el primer momento aquello no me gustó, poníamos continuamente en riesgo a los campesinos que nos apoyaban, y que eran muchos porque la injusticia era enorme.


Sufrían las represalias.


Sí, mientras nosotros nos retirábamos. Yo entré pensando que, cuando el movimiento guerrillero controlaba una zona, planificaba su economía e impartía justicia. Era mentira. Fuimos necesarios, pero lo hicimos mal y no justifico ciertas acciones como los secuestros.


Y volvió a China.


Ya habían abierto las universidades y pude estudiar Filosofía. Tener una carrera de humanidades era condición para entrar en la escuela de cine de Londres, algo que se tendría que imitar, porque el lenguaje cinematográfico es muy sencillo pero si no tienes nada que decir...


Curiosa, esta militarización a la que se sometió por voluntad propia.


Colombia era un país de señoritos y soñábamos con un mundo justo. El planteamiento teórico era muy bonito. El siglo XIX dejó muchos sueños románticos que no funcionaron en el XX.


Dejó el cine para meterse en política.


Creé el movimiento Colombia Siempre y fui candidato. Si uno desprecia la política, acaba gobernado por esos políticos que desprecia.


¿Por qué abandonó?


Cuando era miembro de la Comisión Nacional de Asuntos Militares y vicepresidente de la Cámara de Diputados (1989-1991), la extrema derecha, que mataba a diestro y siniestro, me amenazó de muerte. Me vine a España.
¿Qué ha aprendido de esos años?


Tengo claro que la herramienta más útil es la capacidad de riesgo. Eso de jugar la vida a la fija, contentarse con lo que hay, no da buenos réditos. No quiero ser una persona dócil.


¿Y qué quiere contar en su cine?


Ayudar a la gente a que sea consciente de su capacidad de emocionarse y sentir tolerancia, amor, generosidad u odio, rencor y venganza es ayudarla a dominar sus emociones, algo que en un país maleducado como el mío hace mucha falta.
¿...?


Hemos sido educados en la intolerancia y el rencor. Desde la época de la conquista todo ha sido violencia y venganzas. La guerra en Colombia no tiene 50 años, tiene 500 años. Yo odio el cine político porque considero que el cine debe emocionar y divertir, pero no he hecho una película que no tenga su carga de veneno, que no siembre una duda.


El no a la reconciliación le ha debido de ¬doler.


Ha ganado la mentira, hace unos días uno de los estrategas de la campaña explicaba cuáles habían sido las mentiras que utilizaron. Pero la paz está cerca. Hay que persistir en los sueños.


Sergio Cabrera, director de cine, guionista y productor


Tengo 66 años. Nací en Medellín, me formé en China y en Londres, trabajé en España y vivo en Bogotá. Casado, tengo cuatro hijos de tres matrimonios. Estamos en un momento en que los viejos ideólogos han muerto y aún no ha surgido ningún liderazgo: me siento solo. Quiero un mundo más justo. Soy ateo

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Oliver Stone arremete contra Obama durante la presentación de Snowden en San Sebastían

El director de cine estadounidense, Oliver Stone, reprochó este jueves la actitud de su país por el espionaje mundial, durante la presentación en el Festival de San Sebastián de su película, Snowden, sobre el exanalista de inteligencia que filtró miles de documentos de secretos.


Esperado por los fotógrafos en la alfombra roja y por los periodistas que abarrotaron la sala de prensa para escucharlo, Stone no titubeó en cargar contra el gobierno de Barack Obama, al acusarlo de haber “duplicado la apuesta” en cuanto a los programas de espionaje de su antecesor, George W. Bush.


“Ahora, en 2016, (Obama) ha creado el Estado de vigilancia mundial más masivo que se haya visto jamás, peor que la Stasi de la Alemania del Este, mucho peor”, aseveró en referencia al órgano de inteligencia que espió a la población en la extinta RDA con fines políticos.


Stone aclaró que “Snowden”, estrenada en salas comerciales el fin de semana pasado en Estados Unidos, no busca ensalzar al exagente de inteligencia como un héroe, sino mostrar las razones que lo llevaron a revelar el vasto programa de espionaje estadounidense.


Asimismo, Stone descartó que busque incidir en las elecciones presidenciales de noviembre en su país, durante la rueda de prensa centrada en temas actuales y no cinematográficos, junto a los actores que interpretan a Snowden y su novia Lindsay, Joseph Gordon-Levitt y Shailene Woodley.
El Snowden del filme, presentado en San Sebastián fuera de competencia, es un personaje asaltado por las dudas sobre la ética de su trabajo, que al final decide entregar a periodistas miles de documentos clasificados, aún a sabiendas de que las consecuencias para él serán tremendas. Ha sido imputado de espionaje y vive refugiado en Rusia.
“La mejor esperanza” es que Obama “con su infinito sentido de clemencia” otorgue un perdón a Snowden, agregó el realizador de películas que no dejan indiferente al público sobre episodios de la historia de su país, como la guerra de Vietnam (“Platoon”), un oscuro magnicidio (“JFK”) o los atentados terroristas del 11 de septiembre (“World Trade Center”).
(Con información de AFP)

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Snowden es “alguien que pasará a la historia”

El cineasta Oliver Stone presenta en el festival de San Sebastián su cinta sobre el hacker más famoso de

EE UU


El director Oliver Stone (Nueva York, 1946) ha llegado a sus 70 años arremetiendo contra todo. Hombre de polémicas, ya sea por su visión de la guerra del Vietnam (Platoon), de la política (Nixon, JFK), de la historia (La historia no contada de EE UU), o de la economía (Wall Street). Stone nunca se muerde la lengua y suele buscar en la realidad el germen de su próximo filme. Solo la política española parece acallarle la boca en vísperas a su viaje a San Sebastián para presentar el jueves 22 en la sección Oficial, aunque fuera de concurso, su último largometraje, Snowden. “En Mallorca conocí a representantes de Podemos y he hablado con la alcaldesa de Barcelona. Pero en unos días voy al festival y no, ahora realmente no puedo responderte más”, se evade por una vez en su vida.


En cambio, en pantalla sigue guerrero. Su nuevo trabajo, que se estrena comercialmente en España el 14 de octubre, se centra en la controvertida figura de Edward Snowden, el analista del servicio secreto estadounidense que en 2013 propició la mayor filtración pública de documentos clasificados, entre ellos destapó los informes de los programas de vigilancia masiva del Gobierno estadounidense. A los ojos del cineasta, Snowden es “alguien que pasará a la historia” por tomar cartas en el asunto en un momento en el que en su opinión en la sociedad domina la apatía. “Llevo tantos años siendo un personaje público que no he cambiado mis costumbres”, asegura sobre la sociedad orwelliana en la que Snowden dejó claro que vivimos. “Seguro que pueden sacarme trapos sucios pero yo solo ya me meto en líos vergonzosos. Los que me preocupan son todos esos jóvenes ignorantes que pasan de todo porque dicen que no tienen nada que ocultar. Es ese tipo de gente que no se preocupa por el mundo en el que vive, porque se violen los derechos, las libertades que muchos antes defendieron en la Constitución. Me preocupa la pasividad que veo a mi alrededor”.


A pesar de su vehemencia, Stone es honesto y reconoce que de entrada él tampoco se había interesado en la figura de este hombre con gafas y aspecto de ratón de biblioteca en el centro de estas filtraciones. Él hubiera preferido hacer un filme sobre la figura de Martin Luther King. Y con una carcajada reafirma: “Efectivamente, ya tengo suficientes películas polémicas en mi currículo”. Pero el precio que le toca pagar por una filmografía crítica contra los Estados Unidos es no poder hacer siempre lo que quiere. Un momento de frustración artística que le llevó, a principios de 2014, a conocer a Snowden personalmente. Ese fue el primero de tres encuentros que marcaron su nuevo proyecto. “Me encontré con alguien nervioso y desgastado que no sabía si quería hacer una película de ficción o un documental. Lo único que sabía es que no quería una biografía de estas de televisión. O todavía peor, una película diseñada por Obama”.


Los ataques de este liberal criado en el seno de una familia republicana contra el actual presidente estadounidense son continuos. Lo mismo que contra la candidata demócrata, Hilary Clinton. “Obama es muy bueno en los cambios cosméticos que no sirven para nada. Su fama es buena, en cambio hasta él ningún presidente había hecho tanto uso del Acta de Espionaje para acallar a los informantes”, asegura vitriólico. Con Clinton tampoco ve una mejora, convencido de que Snowden tendrá que pasar unos cuantos años más, si no toda la vida, en Rusia a falta de otro refugio o de un improbable perdón en su país. “Snowden se fue a Rusia porque nadie más le ofrecía protección. La Europa de los sesenta y los setenta le habría apoyado. Era mucho más independiente de los Estados Unidos. Suecia le habría dado asilo. O la Francia de De Gaulle, eso dalo por seguro. En Alemania, la población está con Snowden. Pero los gobiernos...”, deja la frase sin acabar mordiéndose la lengua. “Estamos viviendo tiempos verdaderamente terribles y eso sí que me da miedo”.


Stone está especialmente preocupado por quienes intentaron el cambio en EE UU apostando sin éxito por el senador Bernie Sanders como aspirante a la Casa Blanca. “Tendrán que pagar el precio y serán espiados y desacreditados como grupo”, les augura. “Lo digo en serio: a veces hasta los paranoicos tenemos razón”. Estos tiempos actuales asustan a Stone. Aunque espera celebrar tranquilo: “Lo que me gustaría es poder contar con otras dos décadas llenas de energía porque, ¿para qué negarlo?, a veces es duro levantarse por las mañanas”

 

Los Ángeles 15 SEP 2016 - 18:58 COT

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Rúner Rúnarsson: “Hacen falta muchos más hombres feministas en el mundo”

Representante del nuevo cine islandés, ganó con ‘Sparrows’ la Concha de Oro de San Sebastián a la Mejor Película. Historia de un adolescente que vuelve a su pueblo y retrato de la ‘masculinidad’, con ella obliga al público a abrir los ojos, ver la realidad y enfrentarla.


Han pasado más de cuarenta años (24 de octubre de 1975) desde el que se conoce como ‘El día libre de las mujeres’. El 90% de las mujeres islandesas se pusieron en huelga, no fueron a sus trabajos, no cocinaron en sus casas... y salieron a la calle en Reikiavik en una manifestación histórica. El país se paralizó por completo. Bancos, escuelas, tiendas... tuvieron que cerrar.

Cinco años después, Vigdis Finnbogadottir, una madre soltera divorciada, ganó las elecciones presidenciales y se convirtió en la primera mujer presidenta en Europa y la primera en el mundo elegida democráticamente jefa de Estado. Hoy Islandia está considerado el país más feminista del mundo. Seguramente, lo es, pero todavía tiene agujeros negros. El cineasta Rúner Rúnarsson los desvela en ‘Sparrows’, Concha de Oro a la Mejor Película en San Sebastián 2015.


A través de la historia de Ari, un chico de dieciséis años que tiene que volver al pueblo de su infancia, una remota región de los fiordos occidentales, a vivir con su padre después de que su madre decida marcharse con su nueva pareja a vivir a África, Rúnarsson coloca un espejo ante los espectadores, islandeses, españoles y de cualquier lugar del mundo.
Con su historia, impide al público mirar hacia otro lado y, de alguna forma, le impone la obligación de reflexionar sobre la realidad. Lo que pasa con muchos chicos y hombres en su relación con las mujeres en este pueblo abrumado por una naturaleza imponente es brutal, aunque el espectador vaya descubriéndolo al mismo tiempo y con idéntico asombro que el adolescente protagonista.


Todo el mundo habla de su película como de una historia iniciática, pero ¿no es más un retrato de cierta parte de la sociedad y de sus taras?


Sí. Es muy fácil decir que es una película iniciática, pero en verdad es un espejo que intenta mostrar elementos como la masculinidad a través de la relación padre e hijo o del comportamiento de los chicos en las pandillas, la integración en la sociedad... y todo ello reflejado en el protagonista. Espero que el público se vea reflejado en él. La película es, en realidad, una especie de espejo para el resto de la sociedad.


La impresionante naturaleza que acoge a los personajes ¿no podría distanciar a algunos espectadores?

El lugar donde todo ocurre seguramente es muy exótico no solo para los españoles, pero lo cierto es que no pasa nada en la película que no encuentre su reflejo en la sociedad española y en todas las demás.


Así que, ¿‘Sparrows’ es su manera de decir a la gente que mire alrededor, que no hay excusas?


Con cada periodo de tiempo que vivimos somos más conscientes de que cómo es la sociedad, pero a este ritmo de la vida moderna muchos cerramos los ojos. Sin embargo, muchas veces, un buen libro o una buena película, bien narrados, nos hace ver la obligación de confrontar la realidad y de reflexionar sobre ella.La abuela del joven protagonista, tras un episodio bochornoso del padre y sus amigos cargados de alcohol, le dice: “Son tonterías de macho, esa es su discapacidad”...

Es fabuloso que estemos hablando de esto, porque es, justamente, una de las cosas de las que quería hablar y no todo el mundo lo ve. Quería hacer el retrato de la masculinidad. La película ha sido criticada por no tener demasiados papeles femeninos y por no ser políticamente correcta. Pero es una película muy feminista, porque en ella retratamos esa masculinidad y sus consecuencias. Además, yo he intentado hacerlo de un modo inteligente y con honestidad. Me crie entre mujeres, tengo tres hermanas, en los créditos de la película la mayor parte son mujeres, desde la directora de foto Sophia Olsson a todas las demás... Sé de lo que hablo.


Y ¿por qué quería hacer ese retrato de la ‘masculinidad’?


Para abrir algunos ojos y que se vea que las mujeres son mucho más sensatas. Non son mujeres las que han llevado a la bancarrota a los bancos en el mundo. Aunque yo soy hombre, se me puede permitir ser feminista. Hacen falta muchos más hombres feministas en el mundo. Pero Islandia es un país feminista...

En el que, como en la película, pasan cosas terribles, aunque eso no es general, ocurre solo en un segmento de la sociedad.


El chico en Reikiavik canta en un coro, tiene una voz maravillosa. En el pueblo no tiene esa opción. ¿La escasa presencia cultural es responsable de alguna forma de esas deficiencias?


La idea con la música y el canto era la de subrayar la inocencia, entonces no pensé en marcar las diferencias culturales, era más que se notase que el chico había llegado a un lugar muy distinto. Pero, por supuesto, la cultura es una forma muy buena de pasar el tiempo libre y, como alguien dijo en cierta ocasión: “A través de las artes es como podemos llegar a Dios”.


Entonces, ¿en su historia lo importante es el lugar y también la época en que vive todo esto el chico?


Sí. Por cierto, que hay gente que me pregunta por qué la madre despacha así a su hijo. Esas personas dicen que mi película no es feminista. Pero lo cierto es que nunca hubieran hecho la misma pregunta si hubiera sido el padre el que hubiera despedido al hijo. El caso es que ese sitio es justo al que el chaval no quiere ir, volver al pueblo donde se ha criado. El periodo de entre diez y dieciséis años es importante en la vida de cualquier persona, en ese tiempo uno cambia mucho y mientras que puede parecer que todo sigue igual, lo cierto es que no es así.‘


'Sparrows’, como otras películas del nuevo cine islandés, es estéticamente muy limpia, casi quirúrgicamente, concentrada en narrar con las imágenes...


Creo que somos una generación que nos preparamos muy bien antes de rodar. Y tenemos en común que estamos tratando temas que conocemos muy bien. En cuanto a la estética de la narrativa visual, creo que sí, que es cierto, y eso que hoy la narrativa visual en el cine está en declive. Las películas se registran en imágenes, pero hoy no se están narrando en imágenes.

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Una escena de El séptimo sello, del maestro Ingmar Bergman.

 

Una reseña histórica desde los inicios hasta la actualidad sobre las películas que han tomado el universo de los trebejos como objeto de análisis, accesorio o simplemente como musa inspiradora desde los más diversos ángulos: el humor, el drama, la política, la ciencia ficción.

 

 

A lo largo de los años, se ha definido al ajedrez ya meramente como un juego, ya como juego y arte, ya como juego, arte y ciencia, conceptualizándolo conforme apreciaciones subjetivas de su significado. Todas esas apreciaciones, por supuesto, son valederas. Tal vez por sus atractivas formas externas, o acaso por la complejidad de la combinación de sus movimientos, o por la sensación de magia que crean en el tablero los grandes ajedrecistas, se ha utilizado reiteradamente al ajedrez como un modelo para establecer analogías o utilizarlo como metáfora de distintas disciplinas del quehacer humano.

 

En este contexto, es interesante observar de qué manera el Cine ha permitido observar a nuestro juego desde ópticas distintas y se ha valido del mismo como motivo, ya sea principal o accesorio, de muchas de las historias de la pantalla grande. Un breve repaso, que ni de cerca agota el tema ni en extensión ni en profundidad, es el siguiente:


Ya en los tempranos inicios del cine, el ajedrez visto desde el humorismo fue el eje central de un cortometraje de algo más de un minuto: “A chess dispute” (“Una disputa de ajedrez”), es una película muda inglesa, rodada en 1903, donde dos señores sentados ante un tablero en un café, terminan a las trompadas luego de unas pocas jugadas. Pocos años más tarde, en 1925 y con motivo de la celebración del famoso Torneo de Moscú de ese año, el ruso Pudovkin filmó “La fiebre del ajedrez” que retrata la pasión que el torneo y la concurrencia al mismo de los mejores jugadores del mundo, despertó en la población soviética. El film, de 19 minutos, es francamente muy divertido y como condimento, tiene una breve actuación del mismísimo Capablanca, así como las apariciones de Reti, Grunfeld y Marshall y otros grandes jugadores de la época.


Mucho más adelante, en el año 1957 el genial cineasta sueco Ingmar Bergman se valió del ajedrez como hilo conductor de su largometraje El séptimo sello, que ha sido considerado un gran clásico del cine universal. En el mismo, un caballero cruzado juega una partida con la “muerte”, a fin de prolongar su vida. Metáfora sobre sentido de la vida, el enigma de la muerte y la misión del arte, la película lleva al ajedrez a un plano filosófico.


Con el correr de los años fueron apareciendo, cierto es que con cuentagotas, nuevas películas con el juego-ciencia ya sea como tema principal o accesorio. La literatura de ficción aportó lo suyo en distintas épocas, y literatura, cine y ajedrez se unieron para conformar películas de mérito: “Una novela de ajedrez” (Alemania, 1960), adaptación de la novela homónima de Stephan Zweig (acaso la mejor que se haya escrito sobre el tema ajedrez), “Uncovered” (Inglaterra, 1994), sobre “La Tabla de Flandes” de Arturo Pérez Reverte y “The Luzhin Defence” (traducido al castellano como “Alexander y Natalia”, Inglaterra, 2001) de la novela de Nabokov del mismo nombre, son tres films emblemáticos de esta simbiosis de las tres artes.


La crítica social no ha estado ausente en esta relación ajedrez y cinematografía: en 1977, el director indio Shatranj Ke Khiladi, filmó “Los jugadores de ajedrez”, en la que dos nobles ociosos se enfrascan en interminables partidas, ausentes de las necesidades y avatares del pueblo. Más adelante, en 2013, se estrenó la norteamericana “La vida de un Rey” y en 2014 la neozelandesa “El caballo negro”, ambas relativas a ajedrecistas dedicados a utilizar el juego para alejar de los peligros de la calle a adolescentes en situación de riesgo.

 

Cuando hoy en día hablamos de la informática aplicada a nuestro juego, lo hacemos de una disciplina que, sobre todo los más jóvenes, consideran ligada al ajedrez de forma poco menos que indispensable. Pero hace no tanto, pensar en inteligencia artificial y en computadoras que jugaran con éxito contra el hombre, era solamente un proyecto en la cabeza de algunos intrépidos investigadores y científicos (y aquí, sin dudarlo, hay que nombrar a Botvinnik como un esclarecido precursor). En el cine, también este tema ha resultado motivo de menciones, como la de la obra máxima de Stanley Kubrick “2001, una Odisea del espacio” que, si bien no es una película de tema ajedrecístico, prefigura en una escena memorable, ya en 1968: el triunfo de la máquina sobre el hombre, en la partida que el computador HAL9000 le gana al astronauta Poole. Y en 2013, la estadounidense “Computer Chess” ambientada en 1980, relata en tono de comedia un match entre humanos y computadoras programadas por expertos informáticos.

 

La política y más concretamente las Guerra Fría, ha estado también presente en la relación cine-ajedrez: en 1984, se presentó la película suiza “La diagonale du fou” (“La diagonal del loco”), una bien lograda realización en donde un Campeón Mundial soviético, leal al régimen imperante en su país, se enfrenta con su retador, un ruso exiliado. El relato tiene tintes relativos a la lucha de Viktor Kortchnoi, el disidente soviético, contra el campeón Anatoly Karpov y es una de los largometrajes más logrados desde el punto de vista ajedrecístico.


También algunos hechos biográficos han sido adaptados y llevados al cine: “Capablanca” (Cuba, 1987) dramatiza el episodio del viaje a Moscú, en 1925, del entonces Campeón Mundial, del que mas allá de sus triunfos sobre el tablero, nacerá una relación amorosa. En 1993 se estrenó “Searching for Bobby Fischer” (“Jaque a la inocencia” según su retitulado en castellano), que narra la precoz relación del niño Josh Waitzkin con el ajedrez y de la pertinaz insistencia de su padre para el logro de sus objetivos deportivos. Y por fin, la reciente “Pawn sacrifice” (retitulada “La jugada maestra), que historia en clave de drama, el período en el que el mítico Bobby Fischer alcanzó la cumbre de su carrera y su legendario encuentro con Boris Spassky.


El cine incluso ha logrado, con su ingenio ilimitado, pergeñar un relato de crimen y suspenso donde un asesino serial construye un andamiaje de problemas ajedrecísticos para marcar patrones que solamente ajedrecistas destacados podrán desentrañar, con el Campeón Mundial de ajedrez a la cabeza. La película se llama “Knight moves” y, otra vez, la magia de los retitulados la convirtió en “Enigma mortal”; es norteamericana y se estrenó en 1992. En la misma sintonía de intriga, en Canadá se produce desde 2011 una serie para TV, en capítulos, donde un ex campeón de ajedrez padece de agorafobia y, recluido en su habitación de hotel, se dedica a la investigación de crímenes casi imposibles de resolver, aprovechando su gran capacidad de análisis.


Hay, también, películas no referidas al ajedrez en concreto, pero que contienen escenas que, al menos para los ajedrecistas, resultan memorables. Hemos mencionado más arriba a la computadora derrotando al humano en “2001 Odisea del espacio” y no podemos dejar de hacerlo con esa inolvidable escena de la mítica “Casablanca” con Humprey Bogart (en el fascinante personaje de Rick) sentado frente a un tablero de ajedrez, conversando con el personaje interpretado por Peter Lorre. Bogart era un avezado jugador y según cuentan, influyó sobre el director para incluir esa escena en la película.


En el largometraje de la saga de James Bond “De Rusia con Amor”, una de las primeras escenas muestra a dos maestros jugando una partida de torneo; no sería nada remarcable si no fuera porque la posición que se deja ver brevemente en el tablero corresponde a una partida verdadera, hecho demostrativo del cuidado que el director (o alguien!) puso en los detalles. Se trata nada menos que de la partida Spassky-Bronstein, Leningrado 1960, ganada en estilo brillante por el primero, luego de un original sacrificio de torre.


Entre otras, hay escenas de ajedrez también en las muy conocidas “El affaire de Thomas Crown”, “Spectre” (también de la saga Bond) y “Atraco perfecto”.


Así entonces, esta breve reseña, que reiteramos no agota el tema, es un pequeño aporte a una visión de la forma en que la industria cinematográfica y el juego de ajedrez han unido su arte para el desarrollo de relatos en campos tan diversos como el humorismo, la historia, la filosofía, la investigación policial, la informática y la política.


En definitiva, ambas actividades comparten en alguna forma, su componente lúdico, artístico y científico.

 

 

 

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