Los lobos supremos de Wall Street: JP Morgan Chase y Bernard Madoff

Deben existir otros lobos más sanguinarios en Wall Street que quizá no convenga capturar ahora o nunca, pero al corte de caja de hoy despunta el convicto israelí-estadunidense Bernard Madoff, máximo defraudador en la historia de la humanidad (Ver Bajo la Lupa, 17 y 21/12/08, 15/03/09, 12 y 15/12/10, 8/8/12 y 11/12/13), quien confesó desde la cárcel que su socio JP Morgan Chase (a mi juicio, el lobo mayor de Wall Street) conocía perfectamente sus engaños.


JP Morgan Chase, fusionado con el anterior banco de la legendaria familia Rockefeller, es el máximo megabanco de inversiones del mundo (http://www.bloomberg.com/news/2013-05-13/it-s-official-sort-of-jpmorgan-is-world-s-biggest-bank.html) con 2.3 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) de activos y el manejo de la descomunal cifra de 70.6 millones de millones de dólares en derivados financieros.
El demoledor reporte de 300 páginas del Senado de Estados Unidos, Las transacciones de ballena de JP Morgan Chase con los riesgos y abusos de los derivados (http://www.hsgac.senate.gov/subcommittees/investigations/hearings/chase-whale-trades-a-case-history-of-derivatives-risks-and-abuses), exhibe su contabilidad creativa y su ocultamiento de 6 mil millones de dólares de pérdidas, además que no compartió información con los reguladores y engañó al público. Su robo fue bautizado como La Ballena de Londres.


Gretchen Morgenson, del New York Times (16/03/13), comentó que JP Morgan Chase, el mayor tratante de derivados del mundo, es demasiado grande para ser regulado y que el reporte del Senado había servido al público al iluminar (sic) los rincones oscuros del mundo financiero –donde han sido puestos en la picota Goldman Sachs y las ciegas calificadoras anglosajonas S&P, Fitch y Moody's.


Perseguido judicialmente por sus macabras transacciones con el bankster Madoff (cuyo hijo fue hallado suicidado en forma extraña), JP Morgan Chase acordó indemnizar con 2 mil 600 millones de dólares (una bicoca frente a sus montos criminales) a las autoridades federales de EU y a otros querellantes.


En forma cínica, Philip Stephens, del rotativo británico The Financial Times (17/1/14), alardea que es hora de admitir la derrota. Los banqueros se han salido con la suya.


The Financial Times, portavoz de la bancocracia que domina el neoliberalismo global, es controlado conjuntamente con la revista The Economist por el megabanco BlackRock –que preside el polémico israelí-estadunidense Lawrence Fink, quien maneja el máximo de activos del mundo del orden de 15 millones de millones de dólares: el principal beneficiado con la privatización de Pemex (ver Bajo la Lupa, 11/12/13).


BlackRock es el principal accionista de JP Morgan Chase y su sinergia expone los vínculos entre la banca de Wall Street y la banca de Israel, no se diga con la Reserva Federal (http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.565997), específicamente la triada financierista de Lawrence Fink, Jacob Aharon Frenkel y Bernard Madoff, este último vilipendiado como uno de los presuntos operadores financieros globales del Mossad (servicios de espionaje de Israel), según Wayne Madsen (http://www.effedieffe.com/index.php?option=com_content&task=view&id=6484&Itemid=152).


La firma de Madoff formaba parte del complejo enjambre financiero de JP Morgan Chase, cuyos tentáculos alcanzan al polémico Banco Medici de la banquera Sonja Kohn y donde aparecen como accionistas el ex primer ministro británico Tony Blair y el inmaculado think tank Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés, http://www.muckety.com/Council-on-Foreign-Relations/5000520.muckety).
El defraudador Madoff solamente sopló uno de sus tantos asociados que pudo haber delatado (http://www.muckety.com/Bernard-L-Madoff/94883.muckety) como la banquera Sonja Kohn del pestilente Banco Medici (Ver Bajo la Lupa, 12 y 15/12/10), el Palm Beach Country Club y megafinancieros vinculados a la banca de Israel (12/10/08) y a su banco central (mediante sus anteriores gobernadores, Jacob Aharon Frenkel y Stanley Fischer, éste nominado por Barack Obama para vicegobernador de la Reserva Federal con Janet Yellen).


No se puede entender el predominio militar de Israel sin su desproporcionado poder financiero global, donde destacan los directivos de su banco central.


JP Morgan –uno de los cuatro mayores bancos de EU, con Bank of America, Citigroup y Wachovia/Wells Fargo (supremo blanqueador en México: http://www.theguardian.com/world/2011/apr/03/us-bank-mexico-drug-gangs)– ostenta en su international council un nexo al más alto nivel de la cúpula del poder estadunidense: George P. Shultz, secretario de Estado de Reagan y ex directivo de Bechtel Group Inc., miembro del ominoso Committee on the Present Danger, de Hoover Institution y del CFR (http://www.muckety.com/George-P-Shultz/528.muckety). Los juegos bancarios en EU pertenecen a su poder cupular.


La rama trasnacional JP Morgan Chase & Co. ostenta como presidente a Jacob Aharon Frenkel, Chicago Boy y anterior gobernador del Banco Central de Israel, quien fue arrestado en Hong Kong por haber robado un portafolio en una tienda.


La filial consultiva JP Morgan Chase International Council es jefaturada por el controvertido ex primer ministro británico Tony Blair y donde aparecen Kofi Annan (ex secretario general de la ONU), el cada vez más visible Alberto Baillères (presidente del ITAM), vinculado a Pedro Aspe (Ver Bajo la Lupa, 8/1/14), Henry Kissinger, Álvaro Uribe Vélez (ex presidente de Colombia), etcétera (http://files.shareholder.com/downloads/ONE/0x0x652207/8f7ec58e-e5cd-47ec-913b-8bc6c16dd23b/JPMC_2012_AR_CorpInfo_Boards.pdf).
Según Andrew Gavin Marshal (3/7/13; Occupy.com), la mayor parte de la élite político-financiera de EU pertenece a JP Morgan Chase, donde destaca la plana mayor del think tank CFR.


El connotado investigador Matt Taibbi ( Rolling Stone, 25/10/13) comenta que nadie debe derramar una lágrima por JP Morgan Chase y que los banqueros gánsteres son demasiado grandes para encarcelar. Sucede que las inmundicias de JP Morgan ya no podían ser ocultadas debajo del tapete cuando habían sobresaturado el edificio entero.


Según The New York Times (18/7/09) el controvertido Jamie Dimon, mandamás de mandamás de JP Morgan Chase y banquero favorito (¡súper sic!) de Obama se encuentra entre los 40 más influyentes neoyorquinos (http://www.muckety.com/Most-Influential-New-Yorkers/5098059.muckety): nieto de un banquero griego y esposo de una israelí-estadunidense, fue director clase A del Consejo de Administración de la Reserva Federal de Nueva York.


La película El Lobo de Wall Street, que versa sobre la vida depravada del israelí-estadunidense Jordan Belfort (Rob Eshman, 31/12/13; jewishjournal.com) puede ser extrapolada a todo el sector bancario de Wall Street en su mezcla de codicia, drogas, prostitución, fraudes y blanqueo, como también lo había delatado el documental Inside Job, narrado por Matt Damon que obtuvo el Óscar en 2010.


Wall Street y la City, supremas plazas financieras del poder anglosajón, representan las nuevas Sodoma y Gomorra de la postmodernidad.


www.alfredojalife.com
Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife

Publicado enInternacional
Jueves, 02 Enero 2014 07:09

Un verdadero festín salvaje

Un verdadero festín salvaje

Por Y de pronto, sin previo aviso, Martin Scorsese regala la que tal vez sea su película más atrevida y estimulante en dos décadas. El lobo de Wall Street dista de ser un film perfecto: en sus tres horas de metraje conviven lo excelso, lo innecesario y lo raso. Pero hay pocas películas contemporáneas en el mainstream de Hollywood con el nivel de salvajismo y el ritmo que Scorsese, con 71 años recién cumplidos, le imprime a su último largometraje. El lobo de Wall Street es una película vital y móvil, por momentos agotadora, siempre imaginativa. Es, también, una suerte de relectura de Buenos muchachos y Casino sin tiros, deudora de la estructura de ascenso y caída de los films de gangsters clásicos, uno de los géneros más amados por uno de los realizadores estadounidenses más cinéfilos de su generación. Más allá de su origen literario –la novela autobiográfica del mismo título de Jordan Belfort–, el film deja de lado la descripción más clínica del submundo bursátil de Wall Street para contagiarse del frenesí de dinero, poder, drogas y sexo del protagonista, reservando el irónico corolario moral para los últimos minutos (otro resabio consciente de los crime films de comienzos de los años '30).


Una de las primeras imágenes de El lobo de Wall Street encuentra a Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio, en su quinta colaboración con el director de Taxi Driver) a punto de consumir unos gramos de cocaína distribuidos prolijamente en el trasero de una mujer; en las cercanías de su ano, para ser más precisos. Un par de segundos antes, el mismo personaje lanza hacia un blanco, junto a un par de sus colaboradores, el más insospechado de los proyectiles: un enano de carne y hueso, un ser humano. Ese par de estampas desmesuradas pintan de cuerpo y alma a Belfort, un tipo carismático, irritante, desagradable, inteligente, autodestructivo, por momentos inhumano, frívolo, siempre extremo. Corte y flash-back a su primer día en una oficina de Wall Street, donde conoce a su mentor y gurú Mark Hanna (Matthew McConaughey), a quien superará con creces en ambiciones y excesos. Una temprana escena en un restaurante, en la cual Hanna le enseña a Belfort un canto indígena de origen incierto (metáfora de vaya uno a saber qué poderes ocultos) encuentra a Scorsese apretando el acelerador de la comedia y el disparate, la caricatura incluso. Hay en el film, más allá de sus aristas serias e incluso oscuras, un tono de farsa que nunca lo abandonará, incluso en sus momentos más dramáticos.


Tiempo después, cuando la caída por el tobogán resulta ineludible, Belfort y su compañero de ruta Donnie Azoff (Jonah Hill, el mayor acierto de casting de la película) serán los protagonistas de una secuencia antológica disparada por el consumo excesivo de pastillas de metacualona y que incluye caídas por escaleras, graves problemas de dicción y ahogamiento por fetas de jamón. Allí Scorsese se abandona por completo a la comedia slapstick, en una escena hilarante y patética, tal vez el símbolo máximo del tono de la película en su conjunto. Como una contracara o versión alternativa del Howard Hughes de El aviador, el multimillonario Belfort es asimismo otro símbolo del self-made man en su versión más abigarrada y pesadillesca. Belfort es también el Tom Powers de Enemigo público, el clásico de William Wellman de 1931, y el Tony Montana de De Palma, el sueño americano transformado en irresistible libertinaje: minas, autos, drogas, alcohol y todos los etcéteras imaginables. Pero, atención, aquí existe la posibilidad de obtenerlos a partir del deseo, la perseverancia y un buen speech de venta, sin violencia física ni muertes innecesarias. No casualmente la película se reserva una media docena de escenas en las cuales Belfort alienta y estimula a su tropa de corredores de Bolsa a "alcanzar sus propios sueños", vendiéndole acciones desvencijadas al resto de la sociedad, a esa gran masa de losers.


Más allá de la excitante cadencia, siempre al palo, de sus 180 minutos (el montaje, nuevamente, es responsabilidad de la veterana Thelma Schoonmaker), de una notable banda de sonido que va de Howlin' Wolf a Jimmy Castor, del no siempre prolijo entretejido de los papeles secundarios y las subtramas. Más allá de todo eso, ¿qué clase de espectáculo es El lobo de Wall Street? Martin Scorsese se cuida, y mucho, de no transformar la historia en una fábula moral. Porque, más allá de la aparición de un enemigo jurado de Belfort, el investigador del FBI interpretado por Kyle Chandler, receptáculo no sólo de la ley sino de la ética del ciudadano medio, el film no habilita posibles lecturas edificantes. O lo hace solamente a partir de un sarcasmo cercano al cinismo. Tampoco puede afirmarse que se celebre ese vale todo sostenido como dogma por el protagonista. Comedia de usos y costumbres, a fin de cuentas, la historia del joven ambicioso devenido millonario a partir de prácticas non sanctas es un espejo deformante donde se reflejan deseos e impulsos, un festín salvaje en el cual el espectador puede sentirse atraído y repelido, alternativamente o al unísono. Un regreso al Scorsese más desaforado y libre. No es poca cosa en una época donde el control de forma y contenido en el cine de gran presupuesto de Hollywood se acerca, en muchos casos, al conservadurismo liso y llano.


EL LOBO DE WALL STRET

(Estados Unidos, 2013)


Dirección: Martin Scorsese.


Guión: Terence Winter

.
Fotografía: Rodrigo Prieto.


Montaje: Thelma Schoonmaker

.
Duración: 179 minutos.

Con Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Kyle Chandler, Rob Reiner.

Publicado enInternacional
Jueves, 31 Octubre 2013 08:21

Robert Redford y la ética del activismo

Robert Redford y la ética del activismo

Robert Redford mira hacia atrás, hacia los años del activismo estudiantil contra el Gobierno de EE.UU. y su política en la Guerra de Vietnam, para retratar la situación ahora, o mejor dicho, para hacer la radiografía de la generación de los jóvenes del mundo occidental, buscar sus motivaciones, calcular su fuerza y, sobre todo, preguntarse si son un posible relevo hoy. Lo hace en su película Pacto de silencio (The Company you Keep), un thriller que dirige y protagoniza y con el que recupera la memoria de los Weatherman, conocidos también como The Weather Underground, una organización radical de izquierdas de los setenta que llegó a poner bombas en edificios públicos, asegurándose de que no moriría nadie en esas acciones.

 

El actor y director, que ha reunido un reparto de auténtico lujo para esta película -Susan Sarandon, Julie Christie, Nick Nolte, Brendan Gleeson, Shia LaBeouf, Richard Jenkins...- propone al espectador una reflexión acerca del uso de la violencia, la necesidad de buscar la verdad y la importancia de mantener la esperanza en la posibilidad del cambio. Son cuestiones que surgen de la historia de Jim Grant, un abogado especializado en derechos civiles, que tiene que abandonar a su hija y su vida de los últimos treinta años, cuando un periodista desvela su auténtica identidad, la de un antiguo radical antibelicista de los setenta, fugitivo buscado por asesinato (en esta ficción hay un muerto en una de las acciones de los Weatherman).


Movimientos estudiantiles

 

"Tengo la sensación de que América siempre quiere resolver las cosas muy deprisa, sin pensar en los costes o las consecuencias, o en cómo eso afecta a las vidas de las personas. Y yo cada vez estoy más y más interesado en las zonas grises, donde las cosas no son nada fáciles de cuantificar", dijo recientemente el veterano actor y director refiriéndose a esta película y a aquel grupo estudiantil. Son declaraciones de una entrevista donde reconocía que, aunque no participó en aquellos movimientos en su juventud, siempre simpatizó con ellos.
La postura de Redford en Pacto de silencio es clarísima. Hay que pelear, hay que luchar por lo que creemos, hay que involucrarse en la creación de un mundo mejor y son los jóvenes los que deben liderar esa batalla. Pero el mensaje se tropieza con algunos enemigos a lo largo del camino y uno de los peores es el que él mismo crea al enfrentar su personaje con el que interpreta Shia LaBeoauf, el de Ben Shepard, uno de los periodistas más aborrecibles del cine de los últimos años.


Pensado para ser el hombre que toma el relevo del personaje principal, Redford presenta a Shepard como un reportero de periódico local, muy ambicioso y absolutamente carente de ninguna ética del periodismo. Compra información con total naturalidad, miente, hace promesas falsas... "Ahora me explicó por qué el periodismo ha muerto", es una de las frases que al comienzo de la historia le dedica el personaje de Jim Grant. La intención es llevar a este joven periodista por un recorrido de reconocimiento de la verdad hasta convertirle en el 'relevo' y en el símbolo de la nueva generación de luchadores democráticos. El problema es que cuando el proceso ha terminado, ya no hay tiempo para empatizar con el personaje.


La posibilidad de cambiar el mundo


El discurso de Redford es ineficaz justamente por esa pérdida de pulso cinematográfico, sin embargo, sí funciona desde otros ángulos. Pacto de silencio es una reivindicación de la solidaridad, el trabajo en equipo y, sobre todo, la lealtad. Los miembros de aquel grupo radical jamás se han delatado unos a otros, siempre se han respetado y han sido capaces de discutir civilizadamente las estrategias de acción. Algunos han desistido de sus sueños, pero otros aún creen en ellos.


"Yo sigo creyendo en la posibilidad de cambiar el mundo", sentencia Mimi Lurie, la activista a la que da vida Julie Christie, una actriz que, por cierto, siempre ha dejado constancia de su postura progresista. En la película, es el personaje determinante, el que finalmente debe decidir. Es una mujer que ha apostado por mantenerse en la lucha a pesar del paso de los años. "Es también una fugitiva, pero cree que entregarse sería como colaborar con las fuerzas contra las que luchaba; sería como aceptar sus convenciones -dice-. Mucha gente podría pensar que es estrecha de miras, cuando lo cierto es que ve mucho más allá. Ha elegido lo que cree que va a ser la manera más efectiva de operar, mientas que la mayoría de las personas siguen lo que les mandan. Esa es la verdadera estrechez de miras. Al final lo que tiene es una integridad descomunal. Diría que es una integridad 'dolorosa' porque la integridad es un asunto doloroso".

 

"Comerciar honradamente con marihuana es un delito, pero lo de las preferentes es legal". Así define este personaje el mundo que desprecia y que quiere cambiar, un mundo al que también se enfrenta Redford desde su postura de cineasta, desde la que formula -con más o menos efectividad- preguntas necesarias. "Pensé que ésta era una buena historia y que ofrecía la oportunidad de ver el interior de un acontecimiento que es parte de la historia americana", afirma y añade: "Por otro lado, tenía a muchos amigos que estuvieron involucrados en aquellos movimientos. Vi lo que estaba ocurriendo, podía ver lo bueno de todo ello. La razón por la que la gente era tan apasionada era porque había una corriente entonces..."


Aquí, Redford recupera la memoria de aquellos estudiantes que lucharon para terminar con la guerra de Vietnam, los presenta como alternativa posible hoy, y, con ellos, además rememora los versos de la canción de Dylan que dieron nombre a ese grupo radical: "You don't need a weather man / to know which way the wind blows" ("No necesitas al hombre del tiempo para saber de qué lado sopla el viento").

Publicado enInternacional
Miércoles, 25 Septiembre 2013 07:13

Oliver Stone, otra historia (de EE UU)

Oliver Stone, otra historia (de EE UU)

El guerrillero cinematográfico, el amante de los excesos, el cineasta provocador viene hoy vestido con el atuendo de un profesor universitario de Historia. Oliver Stone (Nueva York, 1946) está en San Sebastián presentando el cuarto montaje —asegura que el definitivo— de la película Alejandro Magno y también su serie televisiva The untold history of United States (La historia nunca contada de Estados Unidos), 12 capítulos que desvelan la cara oculta —o al menos oscura— de su país. El primero, el dedicado a la Segunda Guerra Mundial, arranca su montaña rusa con un montaje vibrante, sin entrevistas cara a cara, pero sí con toneladas de documentos visuales y sonoros y la voz efervescente como narrador de Stone.

 

Ese capítulo es también el que le sirve como prólogo. "Queríamos darle la vuelta a todo, poner en duda lo establecido, porque lo que estudié yo, lo que han estudiado mis hijos, no es la auténtica verdad. Nací en 1946 y lo que he visto ha sido asombroso. Nunca sospeché que se derrumbaría el sistema comunista, que el gobierno estadounidense se convertiría en el imperio de un mundo del que es el policía. Les decimos a todos lo que deben de hacer. Edward Snowden ha huido de Estados Unidos a Rusia; en los años cincuenta hubiera salido de la URSS para llegar a mi país. El mundo está al revés. Estados Unidos es hoy el gobierno sin ley, nadie se mete con nosotros, somos el imperio que lo controla todo, una sociedad agresiva y militarista, y yo cuento cómo hemos llegado hasta aquí", explica Stone.


Televisión Española va a emitir a partir del próximo lunes diez de esos capítulos. ¿Por qué solo diez de los doce? "Entregué los dos últimos episodios un par de años después de los primeros, y son una especie de prólogos que arrancan desde la guerra de 1898, pasando por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, y el periodo de entreguerras. Están llenos de nombres y lugares. Son más complejos para la gente joven".


Oliver Stone jamás se ha quedado de brazos cruzados. Ante algo que le detuviera siempre reaccionó empujando fuerte. Contra toda frustración, siempre opuso acción. "No quiero sonar fatuo, pero esta serie documental es tal vez el mayor logro de mi vida profesional. Espero que quede para las generaciones futuras. Hay que hacer lo que debemos hacer aunque no haya esperanza, decía Martin Luther King. Mi conocimiento es el del cineasta, y mi alma la de un director de ficción, pero a veces es imposible dramatizar, ficcionar la auténtica historia. Peter Kuznick, coautor de la serie y profesor de historia en la American University, además de experto en temas nucleares, dice que mucha de esa información se conoce en las facultades, pero que teníamos que llevarla a los chavales de los institutos. Usamos herramientas del cine de ficción, como la música y un montaje cañero para atraerles, y así aprendes mucho. No espero que la gente se lo vea del tirón, porque es más grande que una película".


Con los años, Oliver Stone se ha convertido en director histórico: con sus películas uno puede recorrer y entender parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI. "Bueno, es tu opinión, otros dirían que ese era John Ford. Yo soy un cineasta amante de la ficción al que le atraen las tramas políticas. Crecí en un ambiente muy conservador, y tenía el punto de vista de mi padre. Necesité más de treinta años en cambiar mis ideales, fue muy lento. En los setenta viví algunas revelaciones que me transformaron: y cuanto más investigas más te das cuenta de lo equivocado que estabas. No es rebeldía contra mi padre, que murió hace ya mucho, sino sencillamente, que he madurado. Formo parte del imperio americano, vivo en Nueva York, he sido bendecido con un montón de privilegios, pero debes rebelarte contra esos privilegios. Roosevelt lo hizo en su presidencia. Si no, todos acabaremos como en Rebelión en la granja o 1984 de Orwell. Yo soy un cineasta con alma de historiador".


Oliver Stone no apuesta por Obama —"es un producto del sistema que muestra la serie, y ningún hombre puede con el imperio. Solo Roosevelt y Kennedy lograron agitarlo", sostiene— y rehúye cualquier teoría conspirativa alrededor del 11-S. "Lo que hizo Bush [con el que curiosamente el cineasta coincidió en Yale; él cree que llevan vidas paralelas] con sus acciones ha sido más dañino que el ataque original. Es una ecuación imposible de resolver ahora. Esos fundamentalistas, a los que apoyamos durante años mientras eran útiles matando comunistas, no nos atacaron por odio, como decía el entonces presidente, sino por las malas decisiones de Bush padre en la primera Guerra del Golfo. Las conspiraciones son muy atractivas para la ficción, sin embargo, eso no nos hace comprender las cosas, las causas y las consecuencias". El director asegura que fue la presidencia de George W. Bush la que le empujó a estos cinco duros años de trabajo en esta obra: "Él no es una aberración, sino otro mal ejemplo de la política imperialista americana".

 

Por GREGORIO BELINCHÓN San Sebastián 24 SEP 2013 - 21:25 CET

Publicado enInternacional
Sábado, 22 Junio 2013 16:13

"Años de prosperidad"

"Años de prosperidad"

Así titula la novela del escritor chino Chan Koonchung –2011– que cuenta la historia de cómo desaparecen diez meses de la memoria colectiva de los chinos y cómo los medios de comunicación controlan todo, incluyendo la vida de los ciudadanos. Para algunos críticos, una novela parecida a Un mundo feliz de Aldous Huxley, a Nosotros de Zamiatin, a China Montaña Zhang de Maureen F. Meltugh. Sin duda, una distopia sobre el poder y la manipulación del Partido Comunista de China (Pcch).

 

Novela considerada de culto, censurada en China, siendo que como dice la novela, "En China hay un 90% de libertades y un 10% de control". "En China hay mucha libertad social y de consumo" (Hujintao, 2012), pero sin libertad política: "el siguiente en ser perseguido puedes ser tú". La novela nos muestra un país anestesiado por el dinero, el consumismo y la propaganda, a pesar de los cientos de miles de protestas obreras, campesinas y estudiantiles que se presentan por todas sus coordenadas.

 

Desde la época de las cuatro modernizaciones de Teng Siao Ping –agricultura, industria, educación y ciencia y tecnología–, se planteó la necesidad y la orientación de orden y buen ambiente, y para ello la represión y el castigo no pueden estar ausentes: "Algunos padres llevan a sus hijos a la policía, y algunas esposas denuncian a sus maridos si cometen delitos, relataba Pekín Informa de 1983.

 

Años de prosperidad se ubica en China 2013, haciendo el recuento del momento de la crisis económica mundial de 2008. El país perece vivir al margen de la crisis, sus ciudadanos desbordan felicidad, tranquilidad, y parecen estar satisfechos con sus vidas, encantados de poder disfrutar de los años de bienestar que les ha tocado vivir y disfrutar. Sin embargo el escritor taiwanés Lao Chen, que vive en Pekín, se da cuenta de que algo anda mal. Dos amigos suyos, que por casualidad se encuentra, le darán la clave de lo que estaba ocurriendo. Poco después de iniciarse la crisis mundial, un mes completo desapareció de la memoria colectiva, ¿qué pasó? He Dongsheng, miembro del Buró Político del Pcch, recuerda que el año 2009 fue de aniversarios: 90 años del Movimiento del 4 de Mayo de 1919, 68 años de la fundación del PCCH, el 50 aniversario de la huida del Dalai Lama a la India, veinte años del aniversario de los sucesos del 4 de junio de 1989 en la Plaza Tiananmen, y el décimo aniversario de la represión del Movimiento Falun Gong, y que por todo esto el 2009 fue denominado el año 9-6-5-2-1.

 

A continuación Dongsheng reseña los acontecimientos del año inmediatamente anterior, y cómo el Comité Central (CC) del Partido lo llama a participar en un comité secreto, con la misión de planificar un plan para el gobierno en tiempos de crisis, por ejemplo, cómo lidiar con levantamientos masivos como los del 2008. El CC se reúne con el Ejército y la Policía antidisturbios, para analizar de conjunto y definir las estrategias. He se dio cuenta que con la crisis mundial se podía solucionar la crisis interna o, en otras palabras, preparar a la población para que entendiera que en una gran crisis debe aceptar un gobierno autoritario (la novela dice dictadura). Demostrar, además, que el sistema de partido único es superior a los regímenes democráticos –occidentales–, de no entenderlo todo estaría en peligro.

 

He Dongsheng elabora en sus noches de insomnio el portentoso Plan de Acción para gobernar pacíficamente el territorio chino. El CC definió algo parecido: "Hojas de ruta hacia la prosperidad a través de la crisis". La cuestión era experimentar cuánto podía soportar el pueblo en una coyuntura sin gobierno, por eso dejaron que la crisis, el pánico, los saqueos, se tomaran al país sin gobierno. Y mientras esto sucedía la gente pedía a gritos que el gobierno, las autoridades, se manifestaran, logrando de esta manera que la población se entregara sumisamente en manos del gran Leviatán. La población aguantó seis días completos y solo actuó la maquinaria del Estado cuando se iniciaron las sublevaciones.

 

Esta fue la razón de que el 15 del primer mes lunar, la policía armada entrara en más de 600 ciudades y fueran recibidas como los héroes salvadores. No había que permitir que todas las críticas fueran dirigidas al mismo tiempo en contra del gobierno. Dejar que el pueblo se aterrorice a si mismo, que le tenga miedo a la anarquía; "El Estado necesita controlar completamente a la sociedad, domar al pueblo y que todos los ciudadanos le escuchen con obediencia", explica He a sus amigos.

 

Pero, ¿cómo domar al pueblo? En 1983 Teng Siao Ping lanzó la campaña contra la delincuencia, el 4 de junio del 89 es otro ejemplo de represión contra los indeseados. Los puntos del plan: campañas de represión, estimular el consumismo, estimular los negocios, fomentar la agricultura, meter miedo a la autoridad, y perseguir la delincuencia, la corrupción gubernamental; ejecutar a unos pocos para asustar a los muchos.

 

Para que todo esto funcionara, y la población no se pusiera critica con la campaña de represión, se inventaron de parte de la Oficina de Mantenimiento de la Estabilidad algo que conservara a la población en estado de buen humor, de actitud positiva, pero que al mismo tiempo no despertara ímpetus violentos en la población ni afectara la armonía de la población. Ese medio fue el éxtasis, metilendioximentanfetamina, para lo cual se construyó una fábrica. La droga se añadió a todos los embalses del país, pero también a la leche vacuna, a la de soja, a las bebidas gaseosas, a los zumos, al agua embotellada, y al alcohol.

 

¿Y el mes desaparecido? Pues se refieren al periodo de la campaña de represión para mantener el orden y contra la delincuencia. La gente comenzó a olvidar estos sucesos y el CC prohibió a los medios hablar de esos días. Así se esfumaron 28 días del calendario de ese 2008. La economía mundial en crisis y China ingresando a una nueva era de prosperidad y paz.

 

En China se puede escoger entre un infierno bueno o un paraíso falso.

 

Publicado enEdición 192
Sábado, 23 Febrero 2013 07:27

Israel, Palestina y los premios Oscar

Israel, Palestina y los premios Oscar

La ceremonia de entrega de los premios Oscar hará historia este año tras la nominación por primera vez de un documental realizado por un director palestino. “Cinco cámaras rotas” fue filmado y dirigido por Emad Burnat, que vive en la localidad de Bil’in en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania, junto con su colega israelí Guy Davidi. ¿Qué vestirá un campesino palestino en la alfombra roja de Hollywood? Por poco no nos enteramos, ya que Burnat, su esposa y su hijo de 8 años fueron detenidos en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, donde amenazaron con deportarlos. A pesar de tener una invitación formal de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como realizador nominado al Oscar, Michael Moore, el documentalista ganador del Oscar y actual miembro de la junta directiva de gobernadores de la Academia tuvo que intervenir junto con los abogados de la Academia para que Burnat y su familia pudieran ingresar a Estados Unidos.


 
“Cinco cámaras rotas” compite en los premios Oscar con el documental israelí “The Gatekeepers”, que muestra entrevistas a seis ex directores de la Shin Bet, el servicio secreto de seguridad interna de Israel, que es una especie de híbrido entre el FBI y la CIA de Estados Unidos. En la película, los seis entrevistados condenan las actuales prácticas israelíes de ocupación y de expansión de asentamientos.


 
Se trata de un caso notable de la vida que imita al arte: mientras las celebridades se reúnen para la mayor gala cinematográfica del año, el conflicto entre Israel y Palestina se está desarrollando en las calles de Tinseltown.


 
Horas después de recuperar su libertad, Burnat emitió una declaración que decía: “Anoche, cuando viajamos de Turquía a Los Ángeles, California, mi familia y yo fuimos detenidos por el servicio de inmigración de Estados Unidos durante casi una hora. Nos interrogaron acerca del propósito de nuestra visita. Los funcionarios de inmigración nos solicitaron pruebas de que yo estaba nominado a los Premios de la Academia por el documental ‘Cinco cámaras rotas’ y me dijeron que si no podía probar el motivo de mi visita, mi esposa Soraya, mi hijo Gibreel y yo seríamos enviados de regreso a Turquía ese mismo día”.


 
Emad Burnat cuenta: “Cuando llegué [a Estados Unidos] ayer, me interrogaron y me pidieron más documentos y más papeles. Tenía la visa, tenía los documentos y tenía la invitación. Tenía todo. Sin embargo, me pidieron que les diera más documentos”. En su declaración escrita el cineasta Emad Burnat dijo: “Después de cuarenta minutos de preguntas y respuestas, Gibreel me preguntó por qué aún estábamos aguardando en aquella pequeña habitación. Le dije la pura verdad: ‘Quizá tengamos que regresar’. Pude sentir su congoja”. El nacimiento de Gibreel en 2005 fue la motivación de la película. Emad Burnat adquirió una cámara en ese momento para filmar el crecimiento de su cuarto hijo. En aquel entonces, el gobierno de Israel había comenzado a construir el muro de separación a lo largo de Bil’in, lo que dio lugar a una campaña de resistencia no violenta por parte de los residentes palestinos y quienes los apoyaban. Mientras Burnat filmaba las protestas, una a una sus cámaras fueron destruidas o dañadas por la violenta respuesta del ejército israelí y de los colonos israelíes armados.


 
Dror Moreh es el director israelí del documental “The Gatekeepers”. Moreh me dijo: “Los asentamientos son el mayor obstáculo para la paz. Si hay algo que evitará la paz son los asentamientos y sus colonos. Creo que se trata del mayor y más influyente grupo en la política israelí. Básicamente han dictado la política de Israel de los últimos años. Creo que para los palestinos los asentamientos son definitivamente el peor enemigo para el logro de su patria. Al ver cómo crecen los asentamientos en todas partes como los hongos después de la lluvia, ahora en el área de Judea y Samaria, ven cómo se reduce su país”.


 
Tanto “Cinco cámaras rotas” como “The Gatekeepers” compiten en los Oscar con otros pesos pesados como “Cómo sobrevivir una plaga”, sobre la epidemia del SIDA; “La guerra invisible”, acerca de la violación endémica e impune en las fuerzas armadas estadounidenses; y “Searching for Sugar Man”, acerca de la reaparición de un músico que hacía tiempo se creía muerto.


 
Emad Burnat cerró la declaración sobre su detención en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles: “A pesar de que fue una experiencia desagradable, esto le ocurre a diario a los palestinos, todos los días, en Cisjordania. Hay más de 500 puestos de control israelíes, carreteras bloqueadas y otras barreras al libre movimiento en nuestros territorios y todos hemos sufrido la experiencia que mi familia y yo experimentamos ayer. El nuestro fue tan solo un pequeño ejemplo de lo que los palestinos tienen que soportar a diario”.


 
Más allá de cuál sea el documental ganador, los premios Oscar de 2013 marcarán un cambio histórico en el diálogo público acerca del conflicto entre Israel y Palestina, un cambio postergado durante mucho tiempo del que serán testigos 40 millones de televidentes.


 
--------------------------------------------------------------------------------

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 

 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Sábado, 16 Febrero 2013 07:01

Los desafíos del cine colombiano

Los desafíos del cine colombiano

El panorama del cine colombiano a comienzos de la década pasada era peligrosamente similar al argentino en los primeros años de los ’90, con una industria lánguida generadora de un puñadito de films anuales carentes de ambición artística o curiosidad por la exploración de nuevos lenguajes. El público, a su vez, se empalagaba con producciones norteamericanas. Y al igual que ocurrió aquí, la solución llegó de la mano de una Ley de Cine que, en 2003, creó un Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, alimentado por aportes de exhibidores, productores y distribuidores sobre la taquilla, además de diversos estímulos tributarios para incentivar la producción. Así, la cinematografía comenzó un proceso de crecimiento constante: de los cuatro estrenos nacionales por año durante los ’90 a los 16 y 23 en 2011 y 2012, respectivamente. “Fue un trabajo de todos los sectores que nos permitió trabajar de forma muy armónica y equilibrada”, afirma ante Página/12 la directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura de aquel país, Adelfa Martínez Bonilla, quien pasó por la Argentina para presentar, junto al escritor y director de cine, teatro y televisión Sandro Romero Rey, diversas producciones audiovisuales en el ciclo cultural Colombia en Buenos Aires, que culminará hoy.

 

Aquella batería de medidas se complementó con una nueva normativa reglamentada hace algunas semanas, en las que se estableció una serie de beneficios económicos a los productores de películas que filmen en Colombia, como por ejemplo la devolución de una parte de las inversiones en servicios nacionales de preproducción producción y posproducción y de los gastos logísticos. “En el Fondo creado en 2003, el dinero era una suma proveniente del aporte de las distintas áreas de la industria para que luego el Estado reinvierta en el mismo sector. La segunda, en cambio, se basa en los recursos del presupuesto nacional que cada año el gobierno defina. Este segundo fondo será administrado por el Ministerio de Comercio y dirigido a través de un comité conformado por representantes de esa área junto con algunos de Cultura, del sector cinematográfico y de la entidad colombiana encargada de la promoción del país en el exterior”, explica la Ejecutiva.

 

–¿El dinero del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico se reinvierte sólo en producción?

 

Adelfa Martínez Bonilla: –La ley establece que el 70 por ciento debe ir a la producción. El Consejo de Cine encargado de administrarlo decidió orientar el resto a la promoción, al fortalecimiento del patrimonio fílmico y a las regulaciones para los derechos de autor, además de contribuir en la capacitación del sector. Los estímulos tributarios sí son específicamente para fortalecer proyectos en producción.

 

–¿Se financia algún tipo de cine en particular?

 

Sandro Romero Rey: –Ese es el desafío de este tipo de leyes: ¿qué tipo de cine incentivar? Hay mucha polémica en ese sentido porque muchos dicen que, al ser un país “subdesarrollado”, en Colombia no existe una cinematografía internacionalmente competitiva y no tiene sentido financiar cine si finalmente se harán películas menores y sin ningún tipo de trascendencia. Entonces el reto que tienen tanto quienes promulgan las leyes como quienes realizan películas es ver de qué manera se revierte o complementa artísticamente este tipo de incentivos. Además, si se crean esas ayudas es porque existe la necesidad de un lenguaje audiovisual propio y coherente. El cine no tiene que ser una herramienta para divulgar una imagen positiva, no es una oficina de turismo, sino que tiene que mostrar todas las complejidades de nuestra sociedad.

 

A. M. B.: –La idea es promover una creación libre y absolutamente independiente. No restringimos temáticas, tratamientos o contenidos. Nuestra idea es que los autores puedan crear libremente sin que nosotros ejerzamos ningún tipo de control de esa libertad.

 

–En ese sentido, Romero Rey remarcó en varias entrevistas que hoy lo difícil no es hacer películas, sino que el público las vea. ¿Qué ocurre con los espectadores?

 

A. M. B.: –Creo que es un reto no sólo de la industria cinematográfica colombiana, sino de las de todos los países. Nosotros tenemos un mercado muy orientado al consumo del cine norteamericano. Eso es una realidad en todo el mundo, incluso en Francia, que tiene políticas muy poderosas para la promoción y distribución de su cine. Uno de los retos más importantes es formar esos públicos para que estén dispuestos a conocer otras posibilidades, que aprendan a valorar nuestro cine. En Colombia tenemos una situación muy favorable porque el público creció en los últimos años. En 2012 tuvimos un total de 43 millones de espectadores, en 2011 habían sido 40 y el anterior, 37. Y en ese marco también creció la asistencia a nuestras películas. Pero también es cierto que tenemos que tener muy claro cuál es el tipo de cine orientado a los grandes públicos y cuál a otro más minoritario.

 

–La situación colombiana es bastante similar a la que vivió la Argentina en los ’90. Hoy, sin embargo, aquí se hacen más de cien películas anuales, cifra que ni el mercado ni el público está preparado para absorber. ¿Tienen alguna meta a nivel producción?

 

A. M. B.: –Cuando estábamos trabajando en el diseño de la ley, contratamos un estudio que proyectó que para que en Colombia exista una producción sostenible con un impacto económico positivo tendrían que hacerse un mínimo de catorce películas al año que lleven tres millones de espectadores. Eso logramos superarlo en 2011, así que estamos en un punto en el que podemos decir que hay productoras que están viviendo de hacer cine. Ahora es importante sostenerlo, pero es cierto que si esa cifra llegara a aumentar, seguramente la situación sería muy difícil de manejar.

Publicado enColombia
Página 7 de 7