Sábado, 22 Junio 2013 16:13

"Años de prosperidad"

"Años de prosperidad"

Así titula la novela del escritor chino Chan Koonchung –2011– que cuenta la historia de cómo desaparecen diez meses de la memoria colectiva de los chinos y cómo los medios de comunicación controlan todo, incluyendo la vida de los ciudadanos. Para algunos críticos, una novela parecida a Un mundo feliz de Aldous Huxley, a Nosotros de Zamiatin, a China Montaña Zhang de Maureen F. Meltugh. Sin duda, una distopia sobre el poder y la manipulación del Partido Comunista de China (Pcch).

 

Novela considerada de culto, censurada en China, siendo que como dice la novela, "En China hay un 90% de libertades y un 10% de control". "En China hay mucha libertad social y de consumo" (Hujintao, 2012), pero sin libertad política: "el siguiente en ser perseguido puedes ser tú". La novela nos muestra un país anestesiado por el dinero, el consumismo y la propaganda, a pesar de los cientos de miles de protestas obreras, campesinas y estudiantiles que se presentan por todas sus coordenadas.

 

Desde la época de las cuatro modernizaciones de Teng Siao Ping –agricultura, industria, educación y ciencia y tecnología–, se planteó la necesidad y la orientación de orden y buen ambiente, y para ello la represión y el castigo no pueden estar ausentes: "Algunos padres llevan a sus hijos a la policía, y algunas esposas denuncian a sus maridos si cometen delitos, relataba Pekín Informa de 1983.

 

Años de prosperidad se ubica en China 2013, haciendo el recuento del momento de la crisis económica mundial de 2008. El país perece vivir al margen de la crisis, sus ciudadanos desbordan felicidad, tranquilidad, y parecen estar satisfechos con sus vidas, encantados de poder disfrutar de los años de bienestar que les ha tocado vivir y disfrutar. Sin embargo el escritor taiwanés Lao Chen, que vive en Pekín, se da cuenta de que algo anda mal. Dos amigos suyos, que por casualidad se encuentra, le darán la clave de lo que estaba ocurriendo. Poco después de iniciarse la crisis mundial, un mes completo desapareció de la memoria colectiva, ¿qué pasó? He Dongsheng, miembro del Buró Político del Pcch, recuerda que el año 2009 fue de aniversarios: 90 años del Movimiento del 4 de Mayo de 1919, 68 años de la fundación del PCCH, el 50 aniversario de la huida del Dalai Lama a la India, veinte años del aniversario de los sucesos del 4 de junio de 1989 en la Plaza Tiananmen, y el décimo aniversario de la represión del Movimiento Falun Gong, y que por todo esto el 2009 fue denominado el año 9-6-5-2-1.

 

A continuación Dongsheng reseña los acontecimientos del año inmediatamente anterior, y cómo el Comité Central (CC) del Partido lo llama a participar en un comité secreto, con la misión de planificar un plan para el gobierno en tiempos de crisis, por ejemplo, cómo lidiar con levantamientos masivos como los del 2008. El CC se reúne con el Ejército y la Policía antidisturbios, para analizar de conjunto y definir las estrategias. He se dio cuenta que con la crisis mundial se podía solucionar la crisis interna o, en otras palabras, preparar a la población para que entendiera que en una gran crisis debe aceptar un gobierno autoritario (la novela dice dictadura). Demostrar, además, que el sistema de partido único es superior a los regímenes democráticos –occidentales–, de no entenderlo todo estaría en peligro.

 

He Dongsheng elabora en sus noches de insomnio el portentoso Plan de Acción para gobernar pacíficamente el territorio chino. El CC definió algo parecido: "Hojas de ruta hacia la prosperidad a través de la crisis". La cuestión era experimentar cuánto podía soportar el pueblo en una coyuntura sin gobierno, por eso dejaron que la crisis, el pánico, los saqueos, se tomaran al país sin gobierno. Y mientras esto sucedía la gente pedía a gritos que el gobierno, las autoridades, se manifestaran, logrando de esta manera que la población se entregara sumisamente en manos del gran Leviatán. La población aguantó seis días completos y solo actuó la maquinaria del Estado cuando se iniciaron las sublevaciones.

 

Esta fue la razón de que el 15 del primer mes lunar, la policía armada entrara en más de 600 ciudades y fueran recibidas como los héroes salvadores. No había que permitir que todas las críticas fueran dirigidas al mismo tiempo en contra del gobierno. Dejar que el pueblo se aterrorice a si mismo, que le tenga miedo a la anarquía; "El Estado necesita controlar completamente a la sociedad, domar al pueblo y que todos los ciudadanos le escuchen con obediencia", explica He a sus amigos.

 

Pero, ¿cómo domar al pueblo? En 1983 Teng Siao Ping lanzó la campaña contra la delincuencia, el 4 de junio del 89 es otro ejemplo de represión contra los indeseados. Los puntos del plan: campañas de represión, estimular el consumismo, estimular los negocios, fomentar la agricultura, meter miedo a la autoridad, y perseguir la delincuencia, la corrupción gubernamental; ejecutar a unos pocos para asustar a los muchos.

 

Para que todo esto funcionara, y la población no se pusiera critica con la campaña de represión, se inventaron de parte de la Oficina de Mantenimiento de la Estabilidad algo que conservara a la población en estado de buen humor, de actitud positiva, pero que al mismo tiempo no despertara ímpetus violentos en la población ni afectara la armonía de la población. Ese medio fue el éxtasis, metilendioximentanfetamina, para lo cual se construyó una fábrica. La droga se añadió a todos los embalses del país, pero también a la leche vacuna, a la de soja, a las bebidas gaseosas, a los zumos, al agua embotellada, y al alcohol.

 

¿Y el mes desaparecido? Pues se refieren al periodo de la campaña de represión para mantener el orden y contra la delincuencia. La gente comenzó a olvidar estos sucesos y el CC prohibió a los medios hablar de esos días. Así se esfumaron 28 días del calendario de ese 2008. La economía mundial en crisis y China ingresando a una nueva era de prosperidad y paz.

 

En China se puede escoger entre un infierno bueno o un paraíso falso.

 

Publicado enEdición 192
Sábado, 23 Febrero 2013 07:27

Israel, Palestina y los premios Oscar

Israel, Palestina y los premios Oscar

La ceremonia de entrega de los premios Oscar hará historia este año tras la nominación por primera vez de un documental realizado por un director palestino. “Cinco cámaras rotas” fue filmado y dirigido por Emad Burnat, que vive en la localidad de Bil’in en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania, junto con su colega israelí Guy Davidi. ¿Qué vestirá un campesino palestino en la alfombra roja de Hollywood? Por poco no nos enteramos, ya que Burnat, su esposa y su hijo de 8 años fueron detenidos en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, donde amenazaron con deportarlos. A pesar de tener una invitación formal de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como realizador nominado al Oscar, Michael Moore, el documentalista ganador del Oscar y actual miembro de la junta directiva de gobernadores de la Academia tuvo que intervenir junto con los abogados de la Academia para que Burnat y su familia pudieran ingresar a Estados Unidos.


 
“Cinco cámaras rotas” compite en los premios Oscar con el documental israelí “The Gatekeepers”, que muestra entrevistas a seis ex directores de la Shin Bet, el servicio secreto de seguridad interna de Israel, que es una especie de híbrido entre el FBI y la CIA de Estados Unidos. En la película, los seis entrevistados condenan las actuales prácticas israelíes de ocupación y de expansión de asentamientos.


 
Se trata de un caso notable de la vida que imita al arte: mientras las celebridades se reúnen para la mayor gala cinematográfica del año, el conflicto entre Israel y Palestina se está desarrollando en las calles de Tinseltown.


 
Horas después de recuperar su libertad, Burnat emitió una declaración que decía: “Anoche, cuando viajamos de Turquía a Los Ángeles, California, mi familia y yo fuimos detenidos por el servicio de inmigración de Estados Unidos durante casi una hora. Nos interrogaron acerca del propósito de nuestra visita. Los funcionarios de inmigración nos solicitaron pruebas de que yo estaba nominado a los Premios de la Academia por el documental ‘Cinco cámaras rotas’ y me dijeron que si no podía probar el motivo de mi visita, mi esposa Soraya, mi hijo Gibreel y yo seríamos enviados de regreso a Turquía ese mismo día”.


 
Emad Burnat cuenta: “Cuando llegué [a Estados Unidos] ayer, me interrogaron y me pidieron más documentos y más papeles. Tenía la visa, tenía los documentos y tenía la invitación. Tenía todo. Sin embargo, me pidieron que les diera más documentos”. En su declaración escrita el cineasta Emad Burnat dijo: “Después de cuarenta minutos de preguntas y respuestas, Gibreel me preguntó por qué aún estábamos aguardando en aquella pequeña habitación. Le dije la pura verdad: ‘Quizá tengamos que regresar’. Pude sentir su congoja”. El nacimiento de Gibreel en 2005 fue la motivación de la película. Emad Burnat adquirió una cámara en ese momento para filmar el crecimiento de su cuarto hijo. En aquel entonces, el gobierno de Israel había comenzado a construir el muro de separación a lo largo de Bil’in, lo que dio lugar a una campaña de resistencia no violenta por parte de los residentes palestinos y quienes los apoyaban. Mientras Burnat filmaba las protestas, una a una sus cámaras fueron destruidas o dañadas por la violenta respuesta del ejército israelí y de los colonos israelíes armados.


 
Dror Moreh es el director israelí del documental “The Gatekeepers”. Moreh me dijo: “Los asentamientos son el mayor obstáculo para la paz. Si hay algo que evitará la paz son los asentamientos y sus colonos. Creo que se trata del mayor y más influyente grupo en la política israelí. Básicamente han dictado la política de Israel de los últimos años. Creo que para los palestinos los asentamientos son definitivamente el peor enemigo para el logro de su patria. Al ver cómo crecen los asentamientos en todas partes como los hongos después de la lluvia, ahora en el área de Judea y Samaria, ven cómo se reduce su país”.


 
Tanto “Cinco cámaras rotas” como “The Gatekeepers” compiten en los Oscar con otros pesos pesados como “Cómo sobrevivir una plaga”, sobre la epidemia del SIDA; “La guerra invisible”, acerca de la violación endémica e impune en las fuerzas armadas estadounidenses; y “Searching for Sugar Man”, acerca de la reaparición de un músico que hacía tiempo se creía muerto.


 
Emad Burnat cerró la declaración sobre su detención en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles: “A pesar de que fue una experiencia desagradable, esto le ocurre a diario a los palestinos, todos los días, en Cisjordania. Hay más de 500 puestos de control israelíes, carreteras bloqueadas y otras barreras al libre movimiento en nuestros territorios y todos hemos sufrido la experiencia que mi familia y yo experimentamos ayer. El nuestro fue tan solo un pequeño ejemplo de lo que los palestinos tienen que soportar a diario”.


 
Más allá de cuál sea el documental ganador, los premios Oscar de 2013 marcarán un cambio histórico en el diálogo público acerca del conflicto entre Israel y Palestina, un cambio postergado durante mucho tiempo del que serán testigos 40 millones de televidentes.


 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 

 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Sábado, 16 Febrero 2013 07:01

Los desafíos del cine colombiano

Los desafíos del cine colombiano

El panorama del cine colombiano a comienzos de la década pasada era peligrosamente similar al argentino en los primeros años de los ’90, con una industria lánguida generadora de un puñadito de films anuales carentes de ambición artística o curiosidad por la exploración de nuevos lenguajes. El público, a su vez, se empalagaba con producciones norteamericanas. Y al igual que ocurrió aquí, la solución llegó de la mano de una Ley de Cine que, en 2003, creó un Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, alimentado por aportes de exhibidores, productores y distribuidores sobre la taquilla, además de diversos estímulos tributarios para incentivar la producción. Así, la cinematografía comenzó un proceso de crecimiento constante: de los cuatro estrenos nacionales por año durante los ’90 a los 16 y 23 en 2011 y 2012, respectivamente. “Fue un trabajo de todos los sectores que nos permitió trabajar de forma muy armónica y equilibrada”, afirma ante Página/12 la directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura de aquel país, Adelfa Martínez Bonilla, quien pasó por la Argentina para presentar, junto al escritor y director de cine, teatro y televisión Sandro Romero Rey, diversas producciones audiovisuales en el ciclo cultural Colombia en Buenos Aires, que culminará hoy.

 

Aquella batería de medidas se complementó con una nueva normativa reglamentada hace algunas semanas, en las que se estableció una serie de beneficios económicos a los productores de películas que filmen en Colombia, como por ejemplo la devolución de una parte de las inversiones en servicios nacionales de preproducción producción y posproducción y de los gastos logísticos. “En el Fondo creado en 2003, el dinero era una suma proveniente del aporte de las distintas áreas de la industria para que luego el Estado reinvierta en el mismo sector. La segunda, en cambio, se basa en los recursos del presupuesto nacional que cada año el gobierno defina. Este segundo fondo será administrado por el Ministerio de Comercio y dirigido a través de un comité conformado por representantes de esa área junto con algunos de Cultura, del sector cinematográfico y de la entidad colombiana encargada de la promoción del país en el exterior”, explica la Ejecutiva.

 

–¿El dinero del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico se reinvierte sólo en producción?

 

Adelfa Martínez Bonilla: –La ley establece que el 70 por ciento debe ir a la producción. El Consejo de Cine encargado de administrarlo decidió orientar el resto a la promoción, al fortalecimiento del patrimonio fílmico y a las regulaciones para los derechos de autor, además de contribuir en la capacitación del sector. Los estímulos tributarios sí son específicamente para fortalecer proyectos en producción.

 

–¿Se financia algún tipo de cine en particular?

 

Sandro Romero Rey: –Ese es el desafío de este tipo de leyes: ¿qué tipo de cine incentivar? Hay mucha polémica en ese sentido porque muchos dicen que, al ser un país “subdesarrollado”, en Colombia no existe una cinematografía internacionalmente competitiva y no tiene sentido financiar cine si finalmente se harán películas menores y sin ningún tipo de trascendencia. Entonces el reto que tienen tanto quienes promulgan las leyes como quienes realizan películas es ver de qué manera se revierte o complementa artísticamente este tipo de incentivos. Además, si se crean esas ayudas es porque existe la necesidad de un lenguaje audiovisual propio y coherente. El cine no tiene que ser una herramienta para divulgar una imagen positiva, no es una oficina de turismo, sino que tiene que mostrar todas las complejidades de nuestra sociedad.

 

A. M. B.: –La idea es promover una creación libre y absolutamente independiente. No restringimos temáticas, tratamientos o contenidos. Nuestra idea es que los autores puedan crear libremente sin que nosotros ejerzamos ningún tipo de control de esa libertad.

 

–En ese sentido, Romero Rey remarcó en varias entrevistas que hoy lo difícil no es hacer películas, sino que el público las vea. ¿Qué ocurre con los espectadores?

 

A. M. B.: –Creo que es un reto no sólo de la industria cinematográfica colombiana, sino de las de todos los países. Nosotros tenemos un mercado muy orientado al consumo del cine norteamericano. Eso es una realidad en todo el mundo, incluso en Francia, que tiene políticas muy poderosas para la promoción y distribución de su cine. Uno de los retos más importantes es formar esos públicos para que estén dispuestos a conocer otras posibilidades, que aprendan a valorar nuestro cine. En Colombia tenemos una situación muy favorable porque el público creció en los últimos años. En 2012 tuvimos un total de 43 millones de espectadores, en 2011 habían sido 40 y el anterior, 37. Y en ese marco también creció la asistencia a nuestras películas. Pero también es cierto que tenemos que tener muy claro cuál es el tipo de cine orientado a los grandes públicos y cuál a otro más minoritario.

 

–La situación colombiana es bastante similar a la que vivió la Argentina en los ’90. Hoy, sin embargo, aquí se hacen más de cien películas anuales, cifra que ni el mercado ni el público está preparado para absorber. ¿Tienen alguna meta a nivel producción?

 

A. M. B.: –Cuando estábamos trabajando en el diseño de la ley, contratamos un estudio que proyectó que para que en Colombia exista una producción sostenible con un impacto económico positivo tendrían que hacerse un mínimo de catorce películas al año que lleven tres millones de espectadores. Eso logramos superarlo en 2011, así que estamos en un punto en el que podemos decir que hay productoras que están viviendo de hacer cine. Ahora es importante sostenerlo, pero es cierto que si esa cifra llegara a aumentar, seguramente la situación sería muy difícil de manejar.

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