Domingo, 05 Agosto 2018 08:04

Una enigmática campaña

Una enigmática campaña

El próximo 7 de octubre se celebrará en Brasil la elección presidencial con resultado más incierto desde 1989, cuando, tras el fin de la dictadura, fue restablecido el sufragio directo. Aunque el panorama político todavía es muy nebuloso, los partidos lanzaron sus campañas con ímpetu y comenzaron a anunciar oficialmente sus candidatos presidenciales. Las últimas candidaturas más destacadas son las de Ciro Gomes, por el Partido Demócrata Laborista (Pdt), y la del ultraderechista Jair Bolsonaro, por el Partido Social Liberal (Psl).

El ex presidente Lula, preso en Curitiba, sigue liderando en las encuestas de cara a las presidenciales, aunque su futuro político sigue en un limbo, ya que su posibilidad de candidatearse dependerá de la decisión del Tribunal Superior Electoral, que el 15 de setiembre podría vetarlo por estar condenado en segunda instancia. No obstante, el PT espera que los recursos judiciales presentados por los abogados de Lula impidan esa inhabilitación. En el caso de que el plan no prospere, el ex ministro José Dirceu, con gran peso en el partido, ya ha apoyado la candidatura de Jacques Wagner, ex gobernador de Bahía. Otro posible candidato sería Fernando Haddad, ex alcalde de San Pablo y coordinador de la campaña de Lula.


Por la izquierda, el Partido Comunista de Brasil lanzó como presidenciable a Manuela d’Avilla, mientras que la fórmula del Partido Socialismo y Libertad (Psol) es Guilherme Boulos como presidente y la indígena Sonia Guajajara como vice. En estos días también se confirmó la candidatura de la ex petista Vera Lúcia por el trotskista Partido Socialista de los Trabajadores Unidos (Pstu), que se creó como una escisión del PT.
Por otro lado, Marina Silvia se lanzó por tercera vez como candidata por el partido Rede. En 2014 terminó dando su apoyo en segunda vuelta al entonces candidato Aécio Neves (del Psdb), que actualmente enfrenta nueve causas de corrupción.


Ciro Gomes, candidato del Pdt, ha hecho numerosos intentos por sumar apoyos y conseguir para fines de agosto el mayor tiempo posible en la televisión. En busca de un posible apoyo del PT, en caso de que su candidato estrella sea inhabilitado a candidatearse, ha elogiado a Lula y defendido su liberación inmediata. Pero pocos días antes, tratando de ganarse el respaldo del centro político, había manifestado desacuerdos con el ex presidente preso.


En los próximos días debería oficializarse la candidatura presidencial de Geraldo Alckmin, por el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb), que consiguió el apoyo del Partido Laborista Brasileño (Ptb) y otros denominados “de centro” (Dem, PP, PR, Psd, Prb y Solidariedade), integrados por parlamentarios que se caracterizan por apoyar a quienes les ofrecen beneficios personales y que colaboran con el gobierno de Temer. Alckmin es un político vinculado al Opus Dei y es partidario de la reducción del Estado y de las privatizaciones (como las que se llevaron a cabo bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso). Defiende las reformas del trabajo y del sistema de jubilaciones –al igual que la congelación del gasto público por 20 años– que el propio Temer no logró hacer aprobar. El ex gobernador de San Pablo busca a toda costa presentarse como el candidato preferencial del centro, aunque sus propuestas son claramente de derecha.


Otro candidato prominente de San Pablo es el diputado Jair Bolsonaro. Este capitán de reserva del Ejército es el candidato de la extrema derecha brasileña. Defensor declarado de la dictadura iniciada en 1964 y de varios torturadores, como el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, todavía no ha anunciado quién será su candidato a vice, pero no ha descartado que pueda ser un militar de reserva que comparta su ideología. Las encuestas vienen ubicando a Bolsonaro en segundo lugar después de Lula. Y en caso de que el petista preso no pueda candidatearse, sus chances serían óptimas: desde hace varios meses las encuestas indican que sería el más votado en primera vuelta.


Otros pretendientes al cargo presidencial son João Goulart –hijo del presidente del mismo nombre, depuesto por el golpe de 1964–, que será oficializado por el Partido Patria Livre (Ppl), y el senador Álvaro Dias, que militó varios años en el Psdb y a pesar de haber cambiado de partido sigue defendiendo los mismos ideales conservadores. Dias es el candidato presidencial de Podemos (que nada tiene que ver con el partido español). Por el Partido Demócrata Cristiano se candidatea a presidente José Maria Eymael junto con el pastor de la evangélica Asamblea de Dios Helvio Costa como vice.


El partido del presidente Temer –el Movimiento Democrático Brasileño, Mdb, que en diciembre pasado eliminó la pe inicial de su sigla– oficializó ayer la candidatura presidencial de Henrique Meirelles, quien fuera ex ministro de Hacienda de Temer. Meirelles no cuenta con más de 1 por ciento de las intenciones de voto y es probable que termine bajándose de la carrera a favor de algún otro candidato de la misma orientación política.


La campaña electoral brasileña sigue siendo un carnaval de pactos y movidas tácticas.

Por Mario Augusto Jakobskind
3 agosto, 2018

Publicado enPolítica
Lunes, 02 Abril 2018 07:47

¿Quién lo tiene más largo?

¿Quién lo tiene más largo?

Todos pueden ser elegidos como Presidente. Según diversos analistas, esa es una de las principales enseñanzas de las elecciones del 11 de marzo. Hasta antes de esa fecha y según las encuestas, por fuera de tal posibilidad estaban Vargas Lleras y Humberto de La Calle, ambos reposicionados, el primero por su crecimiento parlamentario y el segundo porque pese a todo lo previsto el Partido Liberal logró sobreaguar.

 

Correspondiente con tal conclusión, unos y otros declaran ser imprescindibles, triunfadores, cabeza de cualquier posible coalición, conducto indispensable para hacer realidad la conclusión de los opinadores de oficio.

 

Estamos pues ante un juego de simulaciones y/o apariencias, como cuando Trump le aseguró a Kim Jong-un que su botón nuclear era más largo. Su contrario aseguró lo propio.

 

Entonces, en el caso colombiano, ¿quién lo tiene más largo? ¿Petro? ¿Duque? ¿Vargas Lleras? ¿de La Calle? ¿Fajardo? ¿O tal vez Córdoba o Pinzón?

 

Puede ser uno u otro, pero lo cierto es que más allá de esa fingida musculatura, a ninguno le basta para ser elegido y ganar en primera vuelta sin concertar una alianza con uno o varios de sus contrincantes.

 

Los escenarios

 

Ni Duque, que prolonga el embrujo uribista pese a toda la violencia paramilitar y el desafuero sufrido con los derechos humanos y el modelo económico en nuestro país. Dicen sus adalides en los medios de comunicación oficiosos que con un poco de esfuerzo podría vencer en la primera vuelta. Pero los resultados del mismo 11 de marzo, apoyados además en la historia electoral reciente del país, evidencian que ya está sobre su propio techo.

 

Tampoco Vargas Lleras, a pesar de estar apoyado en todo el esfuerzo de la Casa de Gobierno y en la clientela aceitada desde los distintos ministerios ocupados durante los últimos ocho años. “Le falta pelo para el moño”, a pesar de inyectar a sus impulsores regionales con vitaminas llenas de pesos.

 

De La Calle, inflando el precario resultado del 11 de marzo, alza sus brazos de flácida musculatura, como diciendo “yo soy el más fuerte”, además del más ético, pero no logra convencer a las mayorías ya que detrás de su espalda alcanzan a verse los lazos tensados por brazos de hijos de varones electorales, espurios en su mayoría, como lo es su partido.

 

Vanagloriándose de sus casi tres millones de votos, Petro pide que le agreguen discos a la mayúscula pesa que levantó en los comicios del segundo domingo de marzo, “yo lo puedo todo”, repite una y otra vez, sin percatarse que con un voto mayoritario de izquierda aún no alcanza a movilizar ni a conmover al país nacional, el que sí le inyectaría las vitaminas necesarias para dar el envión que requiere para alcanzar su soñada presidencia.

 

Sentado en la esquina de un barrio de élite de una de las principales ciudades del país, mirando con desdén a todos sus contrincantes, Fajardo deja escuchar dos o tres lugares comunes, entre ellos que el país necesita reconciliación y que el centro es la vía, “y yo soy el centro, yo venceré”. El sobreesfuerzo que tendrá que realizar para llegar hasta la meta, lo llevará a quebrar su “pureza”, al tener que correr a última hora, o un poco antes, para sujetarse a algún aliado, ¿el menos neoliberal y el menos corrupto?

 

Pretendiendo que la sombra no los opaque del todo, mostrando el músculo que no tienen, Pinzón y Córdoba también ascienden al escenario. Aquí estamos, no lo olviden. ¿Quién da más por estos pocos votos?, es perceptible la voz que sale de ambas sedes.

 

Las alianzas

 

Pasarán las semanas que nos separan del último domingo de mayo, tal vez unas pocas, tal vez unas más, y las alianzas tomarán forma. Presionado por la obsesión que con el poder tiene su inocultable jefe, Duque está decidido a intentar llegar a la Casa de Nariño de un solo envión, “el mío es el más largo”, dirá, de salir ungido, para lo cual su alianza más factible es con los conservadores, que con sus casi 2 millones de votos –sumados a los 6 que ya tiene en el bolsillo– le garantizarían coronar su propósito. ¿Logrará el pastranismo convencer a sus antiguos compañeros de partido o prevalecerán las rencillas por el poder que terminaron distanciándolos? El plato está casi servido y los aromas provocadores…


¿Quién suma igual? Todos los partidos deben ser conscientes de esto, llevándolos a intentar juntar lo que más puedan a partir del encuentro entre varios. De esta manera podrían cuajar alianzas entre: Cambio Radical (2.155.487) más liberales (1.901.933) más Colombia justa libre (431.418) más Partido Unión ciudadana (354.042), partidos, organizaciones o siglas, todos, de igual estirpe. El resultado los deja por debajo de los cinco millones de votos, lo que los obligaría a intentar llevar a esta alianza al Partido de la U (1.853.054). ¿Imposible? ¿Estará Santos inclinado por esta componenda? ¿Logrará mover todos sus recursos para hacerla viable y obligar al Centro Democrático a una segunda vuelta?

 

¿Hacia dónde girará Gustavo Petro? Él siempre concita a los otros candidatos a sumársele, ¿encontrará eco? Estará dispuesto a llegar a otra campaña como segundo? Difícil. Las cuentas de la lechera siempre son alegres, y en el camino se rompe la vasija. Petro cuenta con una importante votación, pero nunca del tamaño requerido para ser ungido como Presidente en el 2018. ¿Tendrá capacidad para romper la apatía nacional y para quitarle a la izquierda las dos banderillas que ahora la tienen lesionada: la deuda moral y ética de las Farc con la sociedad colombiana, y los ecos de la crisis que padece Venezuela? Difícil.

 

Hay que precisar. Petro arrastró una votación 5 veces superior a la reunida por la Lista de la decencia, explicable porque recibió votos de la izquierda, pero además de militantes del Polo, de los Verdes y, sobre todo, de votantes independientes que ven que en él una opción anti establecimiento. Sin embargo, si nos apegamos a los números alcanzados por la izquierda el 11 de marzo, es claro que todavía el 83 por ciento del electorado no ve en ella un referente.

 

Distancia con las mayorías que han logrado profundizar desde el poder con la propagandización del Castro-chavismo y todos sus males. Paradójico, mientras desde el poder atizan este temor, en ninguna de las fracciones que clasifican como izquierda –incluyendo a las Farc– defienden un programa político anticapitalista, por lo que simplemente no existe a nivel electoral una política con vocación y capacidad real de disputar el modelo económico y político vigente.

 

Por su parte, los Verdes están contentos con el resultado obtenido para el Congreso (1.317.429), pero sumados estos votos con los del Polo –también satisfecho por lo conservado (736.367)– escasamente alcanzan dos millones de votos. Podrán cuajar una alianza con Petro / Caicedo (3.368.000), más Lista de la decencia (523.286), más los liberales (1.901.933)?, única opción para disputarle el gobierno a los mismos de siempre, aunque con una parte de ellos. Y de buscarse esta alianza, ¿quién cederá la cabeza de la campaña, Fajardo, Petro, de La Calle? Difícil vaticinarlo, como difícil es reunirlos. ¿Cuántos votos de opinión podría arrastrar Fajardo por cuenta propia?, una confianza excesiva en su propia fuerza puede sellar su tumba.

 

Una alianza de este tipo expresaría de mejor manera el descontento de un sector significativo de la población frente al establecimiento, corrupto y tradicional, aunque la participación liberal en parte la mellaría, por ser lo contrario de lo ofrecido. Sin embargo, parece que las vitaminas poco alcanzan para su desarrollo neuronal y el bombeo a un corazón más solidario y colectivo, pues la falta de prospectiva organizativa de estos movimientos centrados en líderes, con reportorios políticos limitados a la gestión institucional, y con programas de conciliación, le hacen el juego al discurso del establecimiento, donde la paz no es reconocida como una reivindicación histórica del pueblo colombiano, sino como una excusa para la reconciliación con ciertos sectores de la élite, lo que le imprime un grado de tibieza, y de mayor intrascendencia a lo que proponen.

 

En estas condiciones, más allá de las sumas y restas, todos estos partidos y organizaciones electorales tienen ante sí el reto de romper la indiferencia, el descontento, y el desconocimiento para el trámite del tarjetón evidenciado el segundo domingo de marzo. ¿Existirá alguna de esas propuestas y esos liderazgos con capacidad para conmover a los millones de jóvenes desempleados o mal pagos que habitan en las ciudades y que buscan con afán una alternativa para sus vidas, y que muy seguramente no acudieron a votar el marzo? Algunos encuentran luz en las iglesias político-cristianas, pero otros mucho no. ¿Podrán esas campañas poner en su sitio al Centro Democrático y sus aliados, para evitar que su botón apriete al país entre el 2018-2022? ¿Podrán esos nuevos liderazgos despintar la imagen de Uribe, alguien que logró una contrarrevolución en Colombia antes de que cuajara una revolución?

Publicado enColombia
Sábado, 31 Marzo 2018 10:44

¿Quién lo tiene más largo?

¿Quién lo tiene más largo?

Todos pueden ser elegidos como Presidente. Según diversos analistas, esa es una de las principales enseñanzas de las elecciones del 11 de marzo. Hasta antes de esa fecha y según las encuestas, por fuera de tal posibilidad estaban Vargas Lleras y Humberto de La Calle, ambos reposicionados, el primero por su crecimiento parlamentario y el segundo porque pese a todo lo previsto el Partido Liberal logró sobreaguar.

 

Correspondiente con tal conclusión, unos y otros declaran ser imprescindibles, triunfadores, cabeza de cualquier posible coalición, conducto indispensable para hacer realidad la conclusión de los opinadores de oficio.

 

Estamos pues ante un juego de simulaciones y/o apariencias, como cuando Trump le aseguró a Kim Jong-un que su botón nuclear era más largo. Su contrario aseguró lo propio.

 

Entonces, en el caso colombiano, ¿quién lo tiene más largo? ¿Petro? ¿Duque? ¿Vargas Lleras? ¿de La Calle? ¿Fajardo? ¿O tal vez Córdoba o Pinzón?

 

Puede ser uno u otro, pero lo cierto es que más allá de esa fingida musculatura, a ninguno le basta para ser elegido y ganar en primera vuelta sin concertar una alianza con uno o varios de sus contrincantes.

 

Los escenarios

 

Ni Duque, que prolonga el embrujo uribista pese a toda la violencia paramilitar y el desafuero sufrido con los derechos humanos y el modelo económico en nuestro país. Dicen sus adalides en los medios de comunicación oficiosos que con un poco de esfuerzo podría vencer en la primera vuelta. Pero los resultados del mismo 11 de marzo, apoyados además en la historia electoral reciente del país, evidencian que ya está sobre su propio techo.

 

Tampoco Vargas Lleras, a pesar de estar apoyado en todo el esfuerzo de la Casa de Gobierno y en la clientela aceitada desde los distintos ministerios ocupados durante los últimos ocho años. “Le falta pelo para el moño”, a pesar de inyectar a sus impulsores regionales con vitaminas llenas de pesos.

 

De La Calle, inflando el precario resultado del 11 de marzo, alza sus brazos de flácida musculatura, como diciendo “yo soy el más fuerte”, además del más ético, pero no logra convencer a las mayorías ya que detrás de su espalda alcanzan a verse los lazos tensados por brazos de hijos de varones electorales, espurios en su mayoría, como lo es su partido.

 

Vanagloriándose de sus casi tres millones de votos, Petro pide que le agreguen discos a la mayúscula pesa que levantó en los comicios del segundo domingo de marzo, “yo lo puedo todo”, repite una y otra vez, sin percatarse que con un voto mayoritario de izquierda aún no alcanza a movilizar ni a conmover al país nacional, el que sí le inyectaría las vitaminas necesarias para dar el envión que requiere para alcanzar su soñada presidencia.

 

Sentado en la esquina de un barrio de élite de una de las principales ciudades del país, mirando con desdén a todos sus contrincantes, Fajardo deja escuchar dos o tres lugares comunes, entre ellos que el país necesita reconciliación y que el centro es la vía, “y yo soy el centro, yo venceré”. El sobreesfuerzo que tendrá que realizar para llegar hasta la meta, lo llevará a quebrar su “pureza”, al tener que correr a última hora, o un poco antes, para sujetarse a algún aliado, ¿el menos neoliberal y el menos corrupto?

 

Pretendiendo que la sombra no los opaque del todo, mostrando el músculo que no tienen, Pinzón y Córdoba también ascienden al escenario. Aquí estamos, no lo olviden. ¿Quién da más por estos pocos votos?, es perceptible la voz que sale de ambas sedes.

 

Las alianzas

 

Pasarán las semanas que nos separan del último domingo de mayo, tal vez unas pocas, tal vez unas más, y las alianzas tomarán forma. Presionado por la obsesión que con el poder tiene su inocultable jefe, Duque está decidido a intentar llegar a la Casa de Nariño de un solo envión, “el mío es el más largo”, dirá, de salir ungido, para lo cual su alianza más factible es con los conservadores, que con sus casi 2 millones de votos –sumados a los 6 que ya tiene en el bolsillo– le garantizarían coronar su propósito. ¿Logrará el pastranismo convencer a sus antiguos compañeros de partido o prevalecerán las rencillas por el poder que terminaron distanciándolos? El plato está casi servido y los aromas provocadores…


¿Quién suma igual? Todos los partidos deben ser conscientes de esto, llevándolos a intentar juntar lo que más puedan a partir del encuentro entre varios. De esta manera podrían cuajar alianzas entre: Cambio Radical (2.155.487) más liberales (1.901.933) más Colombia justa libre (431.418) más Partido Opción ciudadana (354.042), partidos, organizaciones o siglas, todos, de igual estirpe. El resultado los deja por debajo de los cinco millones de votos, lo que los obligaría a intentar llevar a esta alianza al Partido de la U (1.853.054). ¿Imposible? ¿Estará Santos inclinado por esta componenda? ¿Logrará mover todos sus recursos para hacerla viable y obligar al Centro Democrático a una segunda vuelta?

 

¿Hacia dónde girará Gustavo Petro? Él siempre concita a los otros candidatos a sumársele, ¿encontrará eco? Estará dispuesto a llegar a otra campaña como segundo? Difícil. Las cuentas de la lechera siempre son alegres, y en el camino se rompe la vasija. Petro cuenta con una importante votación, pero nunca del tamaño requerido para ser ungido como Presidente en el 2018. ¿Tendrá capacidad para romper la apatía nacional y para quitarle a la izquierda las dos banderillas que ahora la tienen lesionada: la deuda moral y ética de las Farc con la sociedad colombiana, y los ecos de la crisis que padece Venezuela? Difícil.

 

Hay que precisar. Petro arrastró una votación 5 veces superior a la reunida por la Lista de la decencia, explicable porque recibió votos de la izquierda, pero además de militantes del Polo, de los Verdes y, sobre todo, de votantes independientes que ven que en él una opción anti establecimiento. Sin embargo, si nos apegamos a los números alcanzados por la izquierda el 11 de marzo, es claro que todavía el 83 por ciento del electorado no ve en ella un referente.

 

Distancia con las mayorías que han logrado profundizar desde el poder con la propagandización del Castro-chavismo y todos sus males. Paradójico, mientras desde el poder atizan este temor, en ninguna de las fracciones que clasifican como izquierda –incluyendo a las Farc– defienden un programa político anticapitalista, por lo que simplemente no existe a nivel electoral una política con vocación y capacidad real de disputar el modelo económico y político vigente.

 

Por su parte, los Verdes están contentos con el resultado obtenido para el Congreso (1.317.429), pero sumados estos votos con los del Polo –también satisfecho por lo conservado (736.367)– escasamente alcanzan dos millones de votos. Podrán cuajar una alianza con Petro / Caicedo (3.368.000), más Lista de la decencia (523.286), más los liberales (1.901.933)?, única opción para disputarle el gobierno a los mismos de siempre, aunque con una parte de ellos. Y de buscarse esta alianza, ¿quién cederá la cabeza de la campaña, Fajardo, Petro, de La Calle? Difícil vaticinarlo, como difícil es reunirlos. ¿Cuántos votos de opinión podría arrastrar Fajardo por cuenta propia?, una confianza excesiva en su propia fuerza puede sellar su tumba.

 

Una alianza de este tipo expresaría de mejor manera el descontento de un sector significativo de la población frente al establecimiento, corrupto y tradicional, aunque la participación liberal en parte la mellaría, por ser lo contrario de lo ofrecido. Sin embargo, parece que las vitaminas poco alcanzan para su desarrollo neuronal y el bombeo a un corazón más solidario y colectivo, pues la falta de prospectiva organizativa de estos movimientos centrados en líderes, con reportorios políticos limitados a la gestión institucional, y con programas de conciliación, le hacen el juego al discurso del establecimiento, donde la paz no es reconocida como una reivindicación histórica del pueblo colombiano, sino como una excusa para la reconciliación con ciertos sectores de la élite, lo que le imprime un grado de tibieza, y de mayor intrascendencia a lo que proponen.

 

En estas condiciones, más allá de las sumas y restas, todos estos partidos y organizaciones electorales tienen ante sí el reto de romper la indiferencia, el descontento, y el desconocimiento para el trámite del tarjetón evidenciado el segundo domingo de marzo. ¿Existirá alguna de esas propuestas y esos liderazgos con capacidad para conmover a los millones de jóvenes desempleados o mal pagos que habitan en las ciudades y que buscan con afán una alternativa para sus vidas, y que muy seguramente no acudieron a votar el marzo? Algunos encuentran luz en las iglesias político-cristianas, pero otros mucho no. ¿Podrán esas campañas poner en su sitio al Centro Democrático y sus aliados, para evitar que su botón apriete al país entre el 2018-2022? ¿Podrán esos nuevos liderazgos despintar la imagen de Uribe, alguien que logró una contrarrevolución en Colombia antes de que cuajara una revolución?

Publicado enEdición Nº244
La mandataria estudia una agenda de izquierda para estar cerca de los movimientos que la defienden en las calles
Reunida con sus asesores más fieles y dirigentes sociales en el Palacio del Planalto, la mandataria quiere evitar que Temer se atribuya trabajos de licitaciones en aeropuertos. La presidenta convocará al consejo de política indígena.

 

La presidenta brasileña Dilma Rousseff prepara una agenda de izquierda para resistir fuera del poder, si llega a ser apartada del cargo con el juicio político que se realiza en el Senado. Mientras, el vicepresidente, Michel Temer, en caso de asumir la jefatura de Estado, formará un equipo especial para reinaugurar la era de las privatizaciones en Brasil.

 

En el marco de la votación que se realizará en el Senado el 11 de mayo y que podría dejar a Rousseff suspendida por seis meses, la mandataria estudia una agenda de izquierda para establecer una marca cercana a los movimientos que la defienden en las calles. La organización del gobierno y del Partido de los Trabajadores (PT) pasa por cómo encarar una resistencia sin reconocer al gobierno de Temer durante los seis meses en los cuales ella estaría apartada de la presidencia hasta un veredicto final del Senado. El alejamiento de la presidenta del poder debe ser aprobado por mayoría simple de los 81 senadores. Si en 180 días el Senado no resuelve la cuestión, Rousseff volverá al cargo, pero el país, tras seis meses de Temer, se encontrará en otras condiciones. “Un gobierno de Temer, golpista, no tendrá paz en las calles”, dijo el presidente de la Central Unica de Trabajadores (CUT), que prepara un acto para del 1° de mayo en San Pablo, para denunciar el golpe, ocasión que podría contar con la presencia de Dilma. “El objetivo del golpe es darle al empresariado la posibilidad de derogar las leyes laborales que rigen desde 1943”, concluyó Freitas.

 

Reunida con sus asesores más fieles y dirigentes sociales en el Palacio del Planalto, la mandataria quiere evitar que Temer se atribuya por ejemplo los trabajos de licitaciones en cuatro aeropuertos (Puerto Alegre, Fortaleza, Florianópolis y Salvador). “Es muy probable que Dilma convoque al consejo de política indígena y que haga anuncios sociales en materia de salud en las periferias, la entrega de viviendas populares, además de participar en un acto de recibimiento de la antorcha olímpica de los Juegos de Río 2016”, afirmó un allegado al ex presidente Lula.

 

En torno de Rousseff está planteada la hipótesis de nuevas elecciones, alentada por el presidente del Senado, Renan Calheiro, y calificadas como “el verdadero golpe” por Temer, ya que el calendario electoral las fecha para octubre del 2018. Calheiro, que pertenece al Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB) que integra Temer, que ayer se reunió con el vicepresidente, es un hombre clave porque el Senado cumplió su segunda sesión de la comisión de juicio político y de él depende gran parte de los trabajos y la llamada “pacificación” en caso de que Rousseff sea apartada del cargo.

 

Con la posibilidad de llegar a ser presidente interino y tal vez definitivo, Temer armó una agenda económica vinculada a nombres del liberalismo y al mundo financiero, que la presentó a los grupos de poder nacionales e internacionales para cerrar filas en torno de la recuperación económica del país. Un estrecho colaborador de Temer informó que el vicepresidente prepara la creación de un consejo especial de cinco personas, liderado por el ex gobernador de Rio de Janeiro Wellington Moreira Franco, para reflotar un plan de privatizaciones y administrar la política de concesiones vigentes. “La novedad sería la participación privada (llamada PPP) para gerenciar en el sistema público de salud, una agenda que siempre fue obstruida por el PT”, afirmó la fuente cercana a Temer.

 

El plan de concesiones de puertos, aeropuertos y carreteras forma parte del actual gobierno de Rousseff, pero Temer busca apoyos en el Partido Social de Democracia Brasileña (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) para avivar la confianza de los inversores. Las únicas resistencias a la participación del PSDB en una gestión de Temer, fueron impuestas por el senador, ex candidato presidencial y ex gobernador de Miras Gerais, Aécio Nieves, presidente del partido, quien anunció ayer que el próximo martes lanzará una agenda de emergencia para Brasil para condicionar al vicepresidente.

 

Temer está conformando a cielo abierto su gabinete y ya obtuvo el sí del que sería su ministro de Economía, Henrique Meirelles, ex presidente del Banco Central en la era de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y ex presidente del Banco de Boston. Como condición pidió participar de la elección de un jefe de un Banco Central Autónomo. Para ese cargo, hoy ocupado por un funcionario de carrera elegido por Rousseff, Alexandre Tombini, están considerando a Ilan Goldfajn, economista jefe del Itaú, el banco privado más poderoso de Brasil.

 

Mientras tanto en el Senado, la comisión de juicio político discutió ayer sobre las “pedaleadas fiscales”, el delito por el cual se enjuicia a Rousseff, el mismo que se le adjudica al senador instructor del caso, el opositor Antonio Anastasia, cuando fue gobernador de Minas Gerais hasta 2014. Hoy está previsto que los abogados denunciantes, vinculados al PSDB, ofrezcan testimonio en la comisión de impeachment y el viernes lo harán los defensores de la presidenta, el abogado general de la Unión, José Eduardo Cardozo, y los ministros de Economía, Nelson Barbosa, y de Agricultura, Katia Abreu. Cardozo sostiene que no existe delito de responsabilidad para juzgar a Rousseff y que el proceso de trata de una “venganza” del presidente de Diputados, Cunha.

 

 

Publicado enInternacional
Alcanzar la investidura en dos meses, misión poco menos que imposible

Llegó la cruda después de un domingo electoral de mucho ruido y muchas nueces. Tanto y tantas que las fuerzas políticas españolas y nacionalistas –léase catalanas y vascas– hacen esfuerzos denodados para digerir unos resultados que, salvo a Pablo Iglesias, de Podemos, y Ada Colau, la carismática alcaldesa catalanista de Barcelona, las dejaron descolocadas.


Resultados engañosos como nunca desde la transición que llevó a cabo el fallecido Adolfo Suárez, el hombre que siendo hijo del franquismo entendió la necesidad de cambiar de tercio. Contó para ello con dos personajes singulares, ambos de izquierda. Santiago Carrillo, líder histórico del Partido Comunista, y Felipe González, el hombre que se adueñó de la sala de controles del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde la clandestinidad.


Entre los tres parieron los históricos Pactos de la Moncloa. Ese acuerdo que dejó insatisfechas a las fuerzas nacionalistas vasco-catalanas es hoy un modelo fuera de foco, inservible. Los votantes dijeron ayer que están cansados de las mismas caras y de una corrupción que, en mayor o menor medida, afecta a los dos partidos que capitalizaron la mentada y nunca terminada transición española.


La irrupción de Podemos a nivel nacional y de Colau –más o menos asociada con Podemos– a nivel catalán, es un mensaje para navegantes. Hay que caminar por las calles de la guapa Madrid para escuchar las conversaciones ciudadanas.


Este domingo entró con fuerza lo nuevo, pero lo viejo ahí sigue, con achaques, pero ahí está, en una silla de ruedas si se quiere, pero está. Los partidos más dañados, PP y PSOE, esbozaron este lunes explicaciones que tal vez sirvan para atemperar el desánimo de sus bases, si acaso. Lo mismo sucede con el cascarón llamado Ciudadanos, la joven derecha liderada por Albert Rivera que, soñándose casi en La Moncloa, acabó en el vagón de cola.


Y eso no quiere decir que la izquierda española se renueve y se fortalezca. No va por ahí el cuento. Es perder el tiempo pontificar sobre el significado del 20D. Apenas se abre un nuevo teatro político. El PP de Rajoy dispone de dos meses para ser investido como presidente, y a tenor del ánimo prevaleciente hoy, eso será poco menos que misión imposible.


En ese caso, como ya vaticinan los grandes bancos europeos, habrá nuevas elecciones tan pronto como en 2016. Ningún partido quiere apuntalar a un PP que hace aguas y finge demencia ante la corrupción interna. Es una derecha en retirada, desacreditada por el uso y abuso del poder que le dieron las urnas hace cuatro años.


El drama de la derecha política española es que las huestes de Ciudadanos se llevaron el pasado domingo un trancazo inesperado. Lo fiaron todo a la cara bonita y acartonada de Rivera y creyeron que con eso era suficiente para dar atole con el dedo al electorado de centro derecha. No funcionó el invento. A sus electores potenciales no les gustó ese atole.


Tampoco por la izquierda pintan las cosas de color rosa. La pica en Flandes colocada por Podemos tiene sus bemoles a tenor del comportamiento ciudadano ante las urnas. Si patinan serán pasados a cuchillo sin misericordia. Sucede que los electores pusieron el listón casi en las nubes para todos los partidos. La ciudadanía, como nunca antes, tiene la seguridad de que su voto es importante, y cuenta y pesa.


Los fraudes electorales en estas latitudes son prácticamente imposibles, y si se dan es a niveles ínfimos. Nada que ver con historias harto conocidas en México y en otros países de América Latina y de otras latitudes. Hasta las televisoras están sujetas al ojo crítico ciudadano. Lo que no gusta no se ve ni se oye.


Por eso el pasado 20 de diciembre pasó lo que pasó. Habló la calle y las urnas reflejaron ese estado de ánimo.


Comicios españoles: ¿hacia una gran coalición?


Joan Martínez Alier

En escaños y más todavía en votos, ha ganado claramente la izquierda. Sus fuerzas son en teoría suficientes para formar gobierno. El Partido Popular (PP, derecha tradicional española) con sus 123 escaños más los 40 de Ciudadanos (centro derecha), suman solamente 163 escaños en el Parlamento, que tiene 350.


En cambio, los 90 escaños del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), los 69 de Podemos y sus aliados regionales, los nueve de Esquerra Republicana de Cataluña, los dos de Izquierda Unida (que malgastó muchos votos porque solamente entró en alianza con Podemos en Cataluña y Galicia), y los dos de Bildu, del País Vasco, suman 172. Los 15 que faltan hasta 350 son ocho diputados de la centro-derecha catalana, seis del PNV vasco y uno de Canarias.


La mayoría en el Parlamento son 176, o sea que un gobierno PSOE-Podemos con 172 votos dependería de la abstención de Ciudadanos o de varios de esos 15 diputados. Los ocho catalanes y los seis vascos seguramente se abstendrían en la investidura de presidente de gobierno, les sería difícil por el contrario apoyar un gobierno del PP con Ciudadanos.


Por tanto, si el PSOE no ensaya un gobierno con Podemos es porque no quiere. Seguramente la aritmética le permitiría incluso prescindir de los cuatro incómodos votos favorables de Bildu e IU. Pero sí que haría falta negociar la abstención de Ciudadanos o, más coherentemente, conseguir los nueve votos de Esquerra Republicana a cambio de una promesa de eventual referendo de independencia en Cataluña, algo que está en el programa de Podemos, pero difícil de digerir por el PSOE.


Podemos, en estas elecciones, ha tenido éxito particular en Cataluña, Valencia, Galicia y el País Vasco. Puede ser que la estructura interna de Podemos se encamine hacia una especie de confederación de izquierdas políticas más o menos autónomas, con grupos de este tenor también en Aragón y Castilla, y en Adalucía, donde el PSOE continúa triunfando por ahora.


Ha ganado la izquierda. La posibilidad aritmética de un gobierno de PSOE y Podemos realmente existe, y ese gobierno podría desarrollar en lo económico un programa un poco contrario a la austeridad de Merkel, podría aliarse al nuevo gobierno de izquierda de Portugal. Así el PSOE podría hacerse perdonar despacito su alianza con el PP para modificar el artículo 135 de la Constitución (al inicio de la crisis económica y por exigencia exterior) imponiendo como prioridad del presupuesto nacional el pago de la deuda. Sacar a Mariano Rajoy del poder podría también llevar a más rápido castigo de los casos de corrupción del PP y a que se olvidaran un tanto los del PSOE.


La prensa internacional conservadora más bien recomienda otra vía. Como el deseado gobierno PP más Ciudadanos no tiene escaños suficientes (suman solamente 163, les faltan 13) y como el PP y sobre todo Ciudadanos son anatema, por españolistas, para los partidos catalanes y vascos moderados, la alternativa conservadora es una gran coalición entre el PP y el PSOE, cambiando algunos de los líderes. No me gusta nada esta alternativa, pero me parece probable. Una gran coalición como en Alemania, elogiada por la Comisión Europea y que al tiempo intente poner coto a la rebelión catalana y relegue a Podemos a su papel de oposición juvenil y simpática.


El PP y el PSOE juntos tienen 213 escaños, tres quintas partes del parlamento; ambos son partidos monárquicos, hicieron juntos la transición de la cual los franquistas salieron tan bien librados. Ese eventual gobierno de coalición a los veteranos socialistas como Felipe González les parece muy bien, en comparación con una peligrosa aventura del PSOE con los muchachos de Podemos. Esa gran coalición apartaría el riesgo de que se ponga en duda las virtudes de la gloriosa transición del franquismo a la monarquía (que incluyó la autoamnistía que se concedieron los franquistas con la aquiescencia del partido socialista de Felipe González y del partido comunista de Santiago Carrillo). Esa gran coalición ampararía mutuamente el pasado y el presente de PSOE y PP ayudando a encubrir sus numerosos delitos. Con el tiempo, otros cuatro años, se iría tal vez olvidando el mal manejo de la economía por ambos partidos durante la burbuja inmobiliaria que duró ocho años y que explotó en 2008, y su cruel gestión de la austeridad posterior. Una Gran Coalición dejaría a los muchos emigrantes jóvenes varados allá donde estén y, como ha ocurrido en estas elecciones, con posibilidad escasa de votar.


Sería la continuación del bipartidismo más allá del bipartidismo; sería un bipartidismo monogubernamental durante cuatro años y después ya se vería.


Esta alternativa dejaría a Podemos aparcado en la oposición. Su prestigio y sus votos aumentarían con el tiempo. ¿Quién sabe? Son jóvenes profesionales, son profesores politólogos, pueden esperar cuatro, ocho años, preparándose para sus futuros años en el gobierno, madurándose y ¬moderándose.

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Lunes, 21 Diciembre 2015 07:35

España, modelo para armar

España, modelo para armar

El PP venció, aunque sin mayoría absoluta, los socialistas se ratificaron como segunda fuerza y los partidos Podemos y Ciudadanos quedaron en tercer y cuarto lugar, con un papel clave en la búsqueda de pactos para el nuevo Ejecutivo.


El bipartidismo perdió el mando de la política española y el Partido Popular (PP) perdió su mayoría absoluta, pero el grupo de Mariano Rajoy ganó las elecciones y el Partido Socialista (PSOE) se reafirmó como segunda fuerza. Nada es blanco o negro tras las elecciones presidenciales de este domingo en España. La pluralidad que ya modificó las reglas de juego durante la campaña electoral se ratificó en las urnas y el Congreso a partir de hoy se verá fragmentado como nunca. El partido encabezado por Mariano Rajoy obtuvo la victoria con 123 escaños y un 28,7 por ciento de los votos, el PSOE resultó segundo, con el 22 por ciento de los votos y 92 escaños, Podemos quedó en tercer lugar, con 69 diputados y Ciudadanos se convirtió en la cuarta fuerza con 40 parlamentarios, protagonizando una de las sorpresas de la noche tras meses de encuestas que le auguraban un ascenso mucho mayor.


Dado que ninguna agrupación consiguió la cantidad de escaños suficientes (176) para hacerse con la mayoría absoluta requerida para investir al nuevo presidente, la única salida es la búsqueda de pactos. Los partidos de centroderecha (PP y Ciudadanos) consiguieron juntos tan solo un diputado más (163) que los de izquierda (PSOE, Podemos e Izquierda Unida), lo cual implicará no sólo sentarse a negociar sino también hacerlo alrededor de una mesa más grande. Tanto el hipotético frente de izquierdas como el de derechas necesitarán incluir a otros partidos afines para formar gobierno, y las agrupaciones que también obtuvieron representación parlamentaria en estos comicios son la izquierda independentista catalana, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y los secesionistas de centroderecha Democràcia i Llibertat, con 9 escaños cada uno; los nacionalistas vascos PNV (6 diputados) y EHBildu (2 diputados), y Coalición Canaria (1 parlamentario).


Se abre así un abanico múltiple de posibilidades que deja al país ante las elecciones más inciertas de su historia. Todos hacen sus apuestas pero recién a partir de hoy los partidos empezarán a reunirse para plasmar en la realidad sus ofertas e intentar investir presidente antes de que se cumpla el plazo de dos meses marcado por la ley. Si eso no ocurre, el rey firmará un decreto y convocará nuevas elecciones.


De momento, lo que sí se puede afirmar en base a los resultados de estos comicios es el final de una era política marcada por el bipartidismo. El PP perdió 63 diputados respecto a 2011, quedándose con 123 muy lejos de la mayoría absoluta que ostentó durante su última legislatura. El PSOE, la otra gran fuerza tradicional, también bajó en 19 escaños con respecto a los que sacó en las anteriores elecciones y el porcentaje de votos obtenido fue cinco puntos menor. En cambio, dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, irrumpieron con fuerza en el Parlamento convirtiéndose en pieza clave para la formación de un nuevo Ejecutivo.


"Hoy ha nacido una nueva España que pone fin al sistema del turno", afirmó Pablo Iglesias, líder de Podemos, al valorar los resultados en la sede de Madrid. Con más de cinco millones de votos y 69 escaños en el Congreso de los Diputados, el partido heredero del movimiento indignado se situó como tercera fuerza política, a 400.000 votos del PSOE. El apoyo en las urnas se vio reflejado, principalmente, en territorios clave como Cataluña y el País Vasco, donde son primera fuerza; y en antiguos bastiones del Partido Popular como Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Baleares y Madrid, donde ocupan ahora el segundo lugar.


En su comparecencia, Iglesias condicionó cualquier acuerdo con otros partidos a que se reforme la Carta Magna y a tres puntos que, para su formación, son "inaplazables e imprescindibles": el blindaje en la Constitución de los derechos sociales, la reforma del sistema electoral y el revocatorio ciudadano a mitad del mandato si el presidente no cumple su programa. Según fuentes del partido, la intención es esperar a después de las fiestas para negociar y pensar con calma una decisión que los coloca en una seria encrucijada. Los números de escaños instan a Podemos a investir a Pedro Sánchez para no permitir la continuidad de Mariano Rajoy al mando del país pero eso significaría un suavizamiento –aún mayor del que ya vienen haciendo– de su discurso. Iglesias, consciente de ello, quiso tomar distancia de esta posibilidad y recordó que el PSOE "ha obtenido el peor resultado de toda la democracia".


Cierto es que los socialistas, con 90 escaños y el 22,02 por ciento de los votos, consiguieron el número más escaso de diputados en toda su historia –muy por debajo de los 110 que logró en 2011 con Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato– pero, pese a todo, Pedro Sánchez logró mantenerse a flote dentro del partido y seguir siendo la segunda fuerza más votada. Y no solo eso. El líder del PSOE sería, de momento, la opción más probable para encabezar un Ejecutivo progresista en la nueva legislatura. Sánchez asumió, sin embargo, la victoria del Partido Popular e instó a la formación que dirige Mariano Rajoy a buscar su investidura. "España quiere izquierda y quiere cambiar, pero los españoles hoy (por ayer) han decidido que la primera fuerza política sea el PP. Por eso felicito a Mariano Rajoy y al Partido Popular y corresponde a la primera fuerza política intentar formar Gobierno", afirmó ante los más de trescientos simpatizantes que llenaron la sede socialista de la capital.


El PP fue el partido más votado pero a su cabeza de lista, Mariano Rajoy, le será muy complicado formar una mayoría que le permita gobernar. "Voy a intentar formar un Gobierno estable", aseguró el hasta hoy presidente de los españoles en un breve discurso desde el balcón de la sede de su grupo en Madrid. Sin embargo, los resultados de ayer no respaldan su optimismo. Además de perder 63 escaños y más de 4,5 millones de votos frente a los de las elecciones generales de 2011 –cuando Rajoy obtuvo el mejor resultado del Partido Popular, 186 escaños– el PP cuenta con un posible aliado mucho menos poderoso de lo que parecía. El desinfle de Ciudadanos, que prometía alcanzar el segundo puesto y se quedó en el cuarto, hizo que entre los dos juntaran un número de diputados insuficiente para la mayoría absoluta y necesiten buscar nuevas alianzas.


Albert Rivera, líder de Ciudadanos, evitó calificar lo sucedido e hizo hincapié en "la nueva etapa de esperanza e ilusión, una nueva etapa política que empieza en España". Rivera proclamó que "se acabó la resignación", puesto que "vamos a participar del cambio político de este país con 40 mujeres y hombres valientes que van a pensar en el futuro de los ciudadanos". Y advirtió que el cambio se llevará a cabo de forma conjunta con los 350 diputados de las Cortes Generales: "Van a ser nuestros compatriotas y no mis enemigos", aseguró, a la vez que incidía en el papel "decisivo" de su agrupación "para formar unas mayorías para gobernar este país".


Aunque el partido emergente "naranja" se postuló durante toda la campaña como la verdadera "llave de gobierno" y las encuestas, sobre todo al principio, parecían corroborarlo, el grupo de Rivera no voló tan alto y la clave pasó a manos de formaciones regionales que son, en su mayoría, nacionalistas. Ante la mínima diferencia que aleja al posible grupo de centroderecha conformado por PP y Ciudadanos del de centroizquierda de socialistas, Podemos e Izquierda Unida, la única forma que tienen ambos bloques para que las cuentas cierren y puedan conseguir mayoría es aglutinar otros partidos con representación en el Parlamento.


Entre estos grupos, el PP cuenta con muy pocos amigos. Su gobierno en solitario durante los últimos cuatro años lo apartaron del diálogo con otras fuerzas políticas y más aún con representantes de opciones independentistas, aunque estas sean también conservadoras, como Democràcia i Llibertat –la nueva marca de Convergència, el partido de Artur Mas en Cataluña–, que sacó 5 escaños, y el Partido Nacionalista Vasco (PNV), con otros 6.


Por el lado de la hipotética coalición de izquierdas, el acuerdo se presenta algo más factible dado que los grupos secesionistas de Cataluña y País Vasco (ERC y EHBildu) podrían apoyar a Podemos si este mantiene la que hasta ahora fue una de sus condiciones infranqueables: la celebración de un referéndum de autodeterminación.


La izquierda se renueva y se fortalece

Por Emir Sader


Junto con España, la izquierda española también ha cambiado. Esa es la diferencia esencial respecto de las elecciones nacionales anteriores. Del marco bipartidista, con el PSOE igualmente comprometido con la austeridad junto al PP y con Izquierda Unida incapaz de capitalizar el descontento de amplios sectores –especialmente jóvenes– de la población, al marco actual, mucho ha cambiado y Podemos ha sido el gran responsable del cambio.


El fenómeno más marcado de las elecciones ha a sido la irrupción de Podemos. Conquistar más de 5 millones de votantes y 69 parlamentarios –que serían varios más, si no fuera por la injusta repartición de los escaños–, volverse la primera fuerza en Cataluña y en el País Vasco –por medio de una hábil política de alianzas– es un hecho inédito en la vida política española. Renueva y refuerza a la izquierda, con un programa claramente de rechazo a las políticas de ajuste.


La subida de Podemos en el tramo final de la campaña ha sido el resultado de la militancia política de la organización, pero sobre todo del brillante desempeño de su líder, Pablo Iglesias, en los debates públicos. Todas las encuestas le dieron ganador con amplísima ventaja.


En su discurso de anoche, Iglesias destacó que Podemos es la única fuerza que puede dar solución a los problemas territoriales de España, justamente por su triunfo en Cataluña y en el País Vasco. Los otros puntos recalcados por él podrían ser incorporados por el PSOE, en caso de que el partido se propusiera gobernar con un frente de izquierda, al estilo de Portugal. Pero las posiciones radicalmente opuestas de los socialistas y de Podemos respecto de Cataluña bastan para impedir que esa vía hoy aparezca como posible.


La probable crisis de gobernabilidad a la que se adentra España a partir de los resultados electorales de ayer, deja a Podemos en una posición expectante. Con su trayectoria ascendente, debe ser un factor que inhiba a los partidos tradicionales –ambos en curvas descendentes– de apelar a nuevas elecciones en pocos meses. Mientras la crisis afecta también a Izquierda Unida, que casi ha desaparecido, los buenos resultados de Podemos animan a su militancia política frente a las enormes responsabilidades que se le plantean en la nueva fase histórica en la que ha ingresado España.

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Elecciones en España: mucho ruido y pocas nueces

Nunca en estos 40 años de monarquía parlamentaria los medios de comunicación han jugado un papel tan determinante en el proceso electoral. Han condicionado –hasta el extremo de ignorar candidatos, coaliciones, formaciones políticas e invisibilizar opciones– para favorecer una visión manipulada e interesada de quienes se jugaban ser alternativa de gobierno. En este sentido ninguno de ellos constituye una amenaza para el sistema. Los cuatro están de acuerdo en lo fundamental y gozan del beneplácito de los empresarios, la banca y las instituciones europeas, más allá de los discursos estridentes.


Por hacer memoria. En el plazo de un año de vida Podemos ha pasado de promover el sí a la renta básica, el impago de la deuda, la salida del euro, la nacionalización de las compañías eléctricas, las telecomunicaciones, la banca, los transportes, el sector sanitario, a un no sin paliativos. Ya no defiende la jubilación a los 60 años y se suma a la reforma laboral del PSOE y del PP.


Asimismo, del no a la OTAN pasa a un sí. Igualmente, de rechazar las empresas de trabajo temporal a reconocer su valía. Y en política internacional no ha sido menos su transformación. No es de extrañar que el presidente de la Cámara de Comercio y la presidenta del consejo de administración del Santander señalen que no hay por qué temer a Podemos. Ahora ellos mismos han pasado a definirse como nuevos socialdemócratas, continuadores de la labor progresista de los primeros gobiernos de Felipe González y Rodríguez Zapatero.


En otro orden de cosas, tampoco habíamos asistido a una mentira construida para hacer creíble un discurso falaz y maniqueo: presentar la realidad política de España como un sistema bipartidista, imperfecto, pero al fin y al cabo bipartidismo. En España nunca ha existido tal situación; cuestión diferente es la existencia de partidos hegemónicos, Partido Popular y Partido Socialista. Ambas organizaciones, en momentos determinados, han conseguido la mayoría absoluta, lo cual les ha permitido gobernar en solitario.


No es lo mismo partidos hegemónicos que bipartidismo. Mientras uno de los dos partidos gozó de la mayoría absoluta, aplicó la política del rastrillo. Así aprobaron recortes, la guerra del Golfo, privatizaciones, rescates bancarios y concesiones de soberanía y seguridad, sin olvidar las leyes mordaza y de restricción a las libertades ciudadanas.


Sin embargo, cuando tal situación no se ha producido, Partido Popular y PSOE han sido obligados a pactar, negociar, llegar a acuerdos y construir legislaturas abiertas y con coaliciones de coyuntura. Para estos fines han servido las minorías vasca, catalana, navarra o partidos regionales con uno o dos diputados.


La situación que hoy se presenta como novedad no lo es tanto; la diferencia estriba en la emergencia de nuevos actores que sustituyen a otros o, mejor dicho, expresan nuevas voluntades, que en nada suponen desestabilizar el régimen, más bien lo apuntalan. Bien es cierto que parte de los votos de los partidos hegemónicos han ido a parar, mayoritariamente, a sus hermanos de sangre: Podemos, con respecto al PSOE, y Ciudadanos, en relación con el Partido Popular. En este sentido los datos son elocuentes: con 96.2 por ciento de los votos escrutados, según cifras oficiales del Ministerio del Interior, el PP logra 123 diputados y el PSOE 90. Entre ambos conservan 50 por ciento de los votos emitidos, el equivalente a 13 millones de votos de los 25 millones que acudieron a las urnas (73.6 por ciento de participación).


Por otro lado, Ciudadanos alcanza 13.9 por ciento, 3 millones y medio de votos, y 40 diputados; Podemos se sitúa con 12.6 por ciento de los votos y 42 diputados. Constituye una manipulación mal intencionada concederle como suyos los diputados electos pertenecientes a las coaliciones de las cuales forma parte junto con movimientos sociales y partidos de izquierda. Anove, en Galicia; Compromis, en Valencia, e Izquierda Unida, Iniciativa, PSUC e independientes, en Cataluña. Lo cual no supone desconocer un porcentaje mayor si fuese posible desagregar a quienes votaron a Podemos dentro de las coaliciones. En otras palabras, no todos los diputados electos de estas listas pertenecen a Podemos.


Lo cierto es que el mapa electoral se rediseña y un gobierno de coalición se advierte como resultado de la fragmentación del voto. Pero no será viable a cuatro bandas. Se intuye una legislatura inestable, a lo cual hay que agregar una hipotética convocatoria de elecciones anticipadas a medio plazo. Salvo sorpresas de última hora, acuerdos a tres bandas, entre los cuatro primeros más votados, se antojan improbables. Unos y otros han mostrado su reticencia bien a Podemos, al Partido Popular o Ciudadanos. Recordemos que el congreso lo conforman 350 diputados, situándose la mayoría para formar gobierno estable en 176 curules.


La casi desaparición de la izquierda política en el parlamento, por el descalabro de Izquierda Unida, acosada por una campaña espuria llamando al voto útil para traspasarlo a Podemos y el PSOE, le hace perder 800 mil votos. Ayer, con dos diputados, alcanza 3.7 por ciento de los votos. Unión Progreso y Democracia (UPD) desaparece. La que sí mantienen su fuerza con altos y bajos es la derecha vasca y catalana. El voto nacionalista se decanta mayoritariamente hacia el PNV, Ezquerra Republicana y la nueva derecha salida de la ruptura de Convergencia y UPD, con el proyecto independentista.


En conclusión, mucho ruido y pocas nueces. No habrá crisis de régimen, gobiernos de izquierda, cambios constitucionales de gran calado o un cuestionamiento de la casta. Ahora se antoja un tiempo de espera en el cual, lo más probable, será una restructuración de los dos grandes partidos hegemónicos bajo la atenta mirada de Estados Unidos, la Troika y el Ibex 35.

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