Feminismo comunitario-Bolivia. Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

 

El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra, pero por supuesto hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico.

 

El feminismo comunitario fue parido en Bolivia dentro del proceso de cambio llevado adelante por un pueblo que quiere vivir con dignidad, un pueblo que está cuestionando al sistema patriarcal, capitalista, neoliberal, colonial, transnacional, un pueblo comprometido con la despatriarcalización, la descolonización y la autonomía. El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra pero, por supuesto, hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico. Consecuentes con esa lucha, nos llamamos feministas y construimos nuestros propios conceptos como un acto de autonomía epistemológica.

El feminismo comunitario hoy es un movimiento en Abya Yala que articula a hermanas de Argentina, Chile, Bolivia y México; es entonces una herramienta de articulación y lucha. Desde este feminismo que construimos cada día, creemos que sería injusto hablar de un movimiento feminista en América Latina y el Caribe, sí podemos hablar de colectivos y organizaciones, también de académicas y “estudiosas” que, en conjunto, no han logrado articularse pues siguen construyendo desde un feminismo colonizado y colonizante, sobre categorías insuficientes y fragmentadas, haciendo luchas temáticas, por los derechos, por la diversidad, por la inclusión, alejándose de la lucha contra el sistema. Hablamos de un feminismo que, al dejar de nombrar y de ver al patriarcado, o al reducirlo a la relación de los hombres hacia las mujeres, ha perdido la perspectiva revolucionaria y se ha vuelto funcional a éste.

Establecemos que, en la actualidad, no hay un movimiento feminista, hecho que hemos constatado en el XIII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe EFLAC, realizado en Perú en noviembre de 2014 desde la institucionalidad de las ONGs. Encuentro al cual asistimos evidenciando la carencia no sólo de propuestas sino de rebeldía y capacidad de soñar. Creemos que es posible identificar algunos de los desafíos que hoy convocan a las feministas que decidan asumir la responsabilidad política de luchar contra el sistema patriarcal. Descolonizar el feminismo Para el feminismo comunitario el feminismo es la lucha de cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, en cualquier tiempo de la historia, que lucha, se rebela y propone ante un patriarcado que la oprime o que pretende oprimirla.

Entonces, descolonizar el feminismo es dejar de pensar, únicamente, desde los parámetros y categorías del feminismo eurocéntrico o de fechas como la revolución Francesa, porque han demostrado ser insuficientes y se han encerrado en un sistema de derechos que, en realidad, encubre los privilegios de unas y unos pocos frente a las opresiones de las mayorías. Descolonizar el feminismo es dejar de pensar desde la dicotomía del colonizador y el colonizado, es dejar de asumir el tiempo como lineal y el pensamiento como superador de las luchas, la clase como explicación suficiente y la posmodernidad como proyecto político.

Descolonizar el feminismo es volver a mirar al patriarcado en su complejidad. Para el feminismo comunitario el patriarcado es el sistema de todas las opresiones, no es un sistema más, es el sistema que oprime a la humanidad (mujeres, hombres y personas intersexuales) y a la naturaleza, construido históricamente y todos los días sobre el cuerpo de las mujeres. Descolonizar el feminismo ha sido, para nosotras, pensarnos frente al patriarcado recuperando la memoria larga de nuestros pueblos aymaras, huicholes, quechuas, mapuches, tzotziles, tzeltales, para construir un proyecto político de sociedad y de mundo, la comunidad y la comunidad de comunidades. Un desafío para el feminismo es dejar de dar solamente cuenta de las opresiones.

No basta un feminismo de las explicaciones, hay que proponer y construir un proyecto político, esto implica reconocer que ser negra, ser lesbiana, ser joven, ser indígena, es una posición política pero no un proyecto político de mundo, que es lo que los pueblos en lucha demandamos hoy. Superar sus categorías y las formas sectarias de sus luchas No podemos seguir asumiendo que el feminismo se reduce a la equidad de género, a la igualdad, a la diferencia o a la lucha por los derechos, cuando los pueblos en América Latina y el Caribe luchan por otra forma de vida, en Bolivia por el Vivir bien.

Superar las categorías del feminismo que ven la realidad segmentada y nos asumen a las mujeres como un tema entre tantos temas, un sector entre tantos sectores, que quiere incluirse en el sistema, es otro desafío. Esto implica, entonces, superar la visión de gueto, de superioridad, de lucha feminista desarticulada de la lucha de los pueblos. Sólo en la lucha con nuestros pueblos podemos aportar a visibilizar al patriarcado como el sistema de opresiones, hay que poner el cuerpo y no conformarnos con el colectivo, el performance o la academia.

 
Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

 

Todo esto tiene que ver con el desafío mayor, construir un feminismo útil para la lucha de pueblos de los que somos parte, que reposiciona la discusión sobre el aborto en el campo de la autonomía y la descolonización del cuerpo y la sexualidad; que desmonta la maternidad en esclavitud y soledad con la crianza comunitaria como responsabilidad con la vida; un feminismo que, reconociendo en el trabajo impagado de las mujeres en el hogar la constitución misma del capitalismo, construya un modelo económico que no redite la explotación de nadie ni de la naturaleza. Un feminismo que construya modelos de recuperación de los recursos, circulación de los productos y convivencia con la naturaleza para Vivir bien.

El feminismo comunitario ha encarado estos desafíos, hablamos desde un feminismo descolonizado, hemos construido conceptos, categorías y acciones útiles para desmontar el patriarcado y tenemos como propuesta la comunidad como forma de vida que se construye cada día y que es, a la vez, la forma de garantizar que el patriarcado no se recicle. Desde este camino, y sabiendo que es necesario hacer un movimiento feminista regional y mundial, convocamos al Primer Encuentro de Feminismo desde los Pueblos que se realizará en Bolivia el 2016, porque no hemos dejado de soñar y porque sabemos que los sueños se construyen cada día en comunidad.

 

Fuente: http://conlaa.com/feminismo-comunitario-bolivia-feminismo-util-para-la-lucha-de-los-pueblos/

 

Sobre la autora:

Adriana Guzmán Arroyo. Transgresora, rebelde, intensamente luchadora contra el patriarcado y la heterónoma. Es sin duda creadora de vida y sueños utopías. No calla las hipocresías del sistema ni tampoco sus ideas contundentes y revolucionarias. Desde las organizaciones sociales es reconocida por sus estudios y su experiencia política en Educación Popular, Ciencias de la Educación y Feminismo, herramientas que fortalecen la energía del Feminismo Comunitario. Nació en La Paz, Bolivia, hija de Amparo, nieta de Teresa y Elena, y creadora de Diana y Julia. Estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia. Fue parte de los movimientos sociales que enfrentaron la masacre del gas el 2003.

 

 

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Domingo, 02 Julio 2017 05:55

El gran sueño africano

El gran sueño africano

Con la llegada del verano, volvemos a asistir a los repetidos y a veces trágicos asaltos contra las murallas alambradas de Melilla, llevados a cabo –con sofisticadas técnicas y artimañas de asedio medieval– por disciplinadas columnas de jóvenes subsaharianos. En otras zonas (Canarias, la isla italiana de Lampedusa, las costas de Sicilia, de Grecia, de Chipre, de Malta y la isla francesa de Mayotte, cerca de Madagascar), los “invasores” llegan casi siempre a las playas de noche –cuando no zozobran–, en silenciosas embarcaciones, como antaño lo hacían sin duda vikingos, normandos o sarracenos.


En Europa y en otras partes del mundo rico, muchos (entre ellos el presidente estadounidense Donald Trump) tienden a considerar a esos “asaltantes” como agresores, delincuentes y hasta criminales. La extrema derecha europea reclama más mano dura para repeler a los intrusos, menos miramientos, y la adopción urgente de medidas más radicales. Más vigilancia, más policía, más ejército, más expulsiones... Y no siempre se pregunta: ¿por qué causas están dispuestas esas personas a correr tantos riesgos para, en definitiva, poner, por precio vil, al servicio de nuestro confort y nuestro alto nivel de vida, su fuerza de trabajo?
El África Subsahariana es una de las regiones más empobrecidas del planeta.


Con una pobreza extrema que se explica por diversos factores. En primer lugar: la trata de esclavos, crimen y genocidio que vació durante siglos el subcontinente de millones de sus hombres y mujeres más jóvenes, sanos y fornidos, obligando a comunidades enteras a vivir escondidas y aisladas en las profundidades de la jungla, sin contacto alguno con los progresos de la técnica y de la ciencia.


Rememorarse también que África ha sido, hasta hace apenas unos decenios, tierra de colonización. De una colonización impuesta por las potencias europeas a sangre y fuego, a base de guerras, exterminios y deportaciones. Todos los poderes locales que osaron oponerse y resistir a los conquistadores –portugueses, holandeses, británicos, franceses, alemanes, italianos o españoles– fueron aplastados.


En el aspecto económico, las potencias coloniales establecieron, de modo autoritario, una economía fundada en la exportación de materias primas hacia la “metrópoli” y en el consumo obligatorio de productos manufacturados producidos en Europa. De esa manera, África perdió en los dos tableros. Y esa doble explotación, por lo esencial, no se ha modificado.


Por ejemplo, Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao (el 40% del volumen mundial) nunca ha podido desarrollar una industria chocolatera exportadora. Lo mismo se puede afirmar de Malí o Níger, dos de los principales productores de algodón, quienes se han hallado en la imposibilidad de montar una verdadera industria textil. Y eso porque, en general, las excesivas tarifas aduaneras impuestas por los países importadores ricos a los eventuales productos elaborados en el Sur arruinan toda posible competencia con los productos fabricados en el Norte.


Los países desarrollados quieren conservar la exclusividad de la transformación de las materias primas, o, en el marco de la globalización liberal, aceptan deslocalizar sus fábricas hacia China o Bangladesh, donde la mano de obra es hábil, dócil y sobre todo barata, pero no están en absoluto dispuestas a invertir en África, ni en desarrollar en este continente un sector industrial importante.


La división internacional del trabajo, efectuada en favor de los intereses de los países del Norte, atribuye a África un papel subalterno, marginal, lo cual impide a este continente entrar en la espiral virtuosa del desarrollo.


Las fabulosas riquezas mineras y forestales del continente africano son vendidas a precios de saldo, para el mayor enriquecimiento de las empresas importadoras y transformadoras del Norte. De ese modo, no se crean empleos ni siquiera en las industrias agroalimentarias, que es el sector básico a partir del cual se puede edificar un verdadero desarrollo agrícola, y más tarde industrial. Por eso también, África es el último continente que aún conoce con regularidad crisis alimentarias y hasta hambrunas.


Esta región del mundo, tan a menudo calificada por los medios dominantes del Norte de “subdesarrollada”, “violenta”, “caótica” e “infernal”, no habría conocido tal inestabilidad política – golpes de Estado militares, insurrecciones, masacres, genocidios, guerras civiles, terrorismo yihadista–, si los países ricos del Norte (empezando por las antiguas potencias coloniales) le hubiesen ofrecido posibilidades de desarrollo reales en lugar de seguir explotándola. La pobreza creciente se ha convertido en causa de desorden político, de corrupción, de nepotismo y de inestabilidad crónica. Y esta misma inestabilidad desalienta a los inversores, tanto locales como internacionales. Con lo cual se cierra el círculo vicioso del laberinto de la pobreza.


Todo esto explica por qué hoy un (o una) joven del sur del Sahara, en plena salud y a menudo con buena formación educativa, no desea seguir viviendo en lo que es el calabozo del mundo. Decenas de miles, en este momento, están marchando hacia los vados que conducen a Europa, con la esperanza de poder vivir, por fin, una vida normal. Y quizá también con la reivindicación inconsciente de que algo les debemos de nuestra riqueza actual.


Esto es solo el comienzo, y no se sabe qué tipo de muros habrá que construir para desalentar el flujo. Porque el Banco Mundial acaba de advertir de que la bomba demográfica ya ha estallado, y que ya hay en los países pobres unos 2.500 millones de jóvenes menores de 22 años que no encuentran trabajo en sus países. Y cuya única perspectiva es correr al asalto de las murallas de Europa...


Para algunos países africanos del Sahel, que están entre los Estados más pobres del mundo, como Malí, Burkina Faso, Níger y Chad, el algodón, “oro blanco”, representa entre un 30% y un 40% del valor de sus exportaciones. Es, por consiguiente, un producto vital del que, en estos Estados, viven directamente tres millones de agricultores e indirectamente más de quince millones de personas... “El algodón está ligado a la historia de África y a la penosa historia de la esclavitud –dice Aminata Traoré, exministra de Cultura de Malí–, pero hoy queremos que nos ayude a liberarnos y no que nos esclavice de nuevo”.


Estos países pobres, en los últimos decenios, han sacrificado otras infraestructuras y han hecho esfuerzos considerables (construcción de embalses, canales de riego) para aumentar las superficies dedicadas al cultivo del algodón. Y hoy se encuentran en una situación dramática porque, a pesar del bajísimo coste de una producción realizada por campesinos pobres, el algodón africano se vende mal a la exportación y resulta más caro que el que producen algunos países ricos como Estados Unidos, que controla el 30% de las exportaciones mundiales de la fibra blanca.


¿Cómo es posible que el algodón producido a precio de oro en Norteamérica resulte más barato que el que se cultiva a coste infrahumano en África? Sencillamente porque Washington vierte a sus productores de algodón unas subvenciones anuales de unos 3.000 millones de dólares... Por eso el algodón estadounidense puede venderse en el mercado internacional a un precio inferior al de su coste y hasta más bajo que el precio del “oro blanco” africano.


Consecuencia: si esas subvenciones se mantienen, se producirá una catástrofe económica de gran envergadura en esos países africanos del Sahel que ya se encuentran entre los menos avanzados del planeta. Millones de agricultores seguirán abandonando el campo para ir a enrolarse en los ejércitos yihadistas que controlan gran parte del Sahel; o irán a hacinarse en los barrios de chabolas de las periferias urbanas desde donde la miseria y el hambre empujarán a los más atrevidos a tratar de emigrar a Europa. A bordo de cayucos hasta Canarias, o atravesando el desierto del Sahara hasta Libia intentando después cruzar a Italia.


Del algodón a la patera solo hay un paso. Y aunque parezca que una cosa no tiene que ver con la otra, los países de la Unión Europea, y entre estos los más expuestos a la entrada de los inmigrantes clandestinos subsaharianos, deberían insistir para que se supriman las subvenciones a las exportaciones agrícolas, y en particular a las del algodón, que solo benefician a unos miles de agricultores norteamericanos mientras arruinan a millones de africanos.


Recordemos que la actividad principal, a escala planetaria, sigue siendo la agricultura. De todos los campesinos del mundo, apenas unos 30 millones disponen de un tractor, 250 millones trabajan con instrumentos de tracción animal y 1.300 millones usan herramientas manuales... Esa es la dramática realidad de la agricultura de hoy.
En junio de 2005, para tratar la situación de África y como coartada en dirección a la opinión pública mundial, los jefes de Estado del G-8 invitaron a los presidentes de Sudáfrica, Argelia, Etiopía, Ghana, Senegal y Tanzania, además de a Kofi Annan, entonces secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La idea de Tony Blair, primer ministro británico en aquel momento y que presidía ese G-8, era reducir la deuda externa de los países intermediarios, después de haber reducido la de trece países pobres de África. También proponía aumentar la ayuda pública al desarrollo (APD) unos 25.000 millones de dólares al año durante un lustro hasta alcanzar el 0,75% del producto nacional bruto (PNB). El presidente estadounidense George W. Bush se opuso a ello bajo el pretexto de que África no sería capaz de absorber tal cantidad de capitales... Sin embargo, la ayuda propuesta por Tony Blair era inferior a lo que estaba costando entonces la guerra de Irak. Otros observadores recordaron que Estados Unidos consintió consagrar, después de la Segunda Guerra Mundial, no el 0,75% de su PNB, sino el 1% durante cuatro años para ayudar a reconstruir Europa con el Plan Marshall...


Si de verdad quisieran ayudar a África, los países ricos tendrían que tomar, con urgencia, cinco sencillas medidas:


— Primera, suprimir definitivamente la deuda externa africana (por cada dólar prestado, África ya ha devuelto 1,3 dólares solo en intereses).
— Segunda, suprimir las subvenciones a las exportaciones agrícolas que inundan, a precios de saldo, los mercados de los países en desarrollo y destruyen la agricultura local.
— Tercera, abrir los mercados agrícolas de Norteamérica, de la Unión Europea y de Japón a los productos africanos.
— Cuarta, aceptar que los países africanos establezcan una política proteccionista en favor de sus producciones locales tanto agrícolas como industriales, sin que el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial los sancione.
— Y quinta, reorientar la investigación farmacéutica para curar las epidemias endémicas de África (cuando hoy, el 90% de la investigación farmacéutica está orientada a mejorar la vida del 10% de la población rica mundial).


Los recursos abundan y existen soluciones para erradicar la pobreza en África y en el resto del planeta; falta voluntad política. ¿Cuándo se acabará de admitir que suprimiendo la pobreza y las injusticias, se suprimen las principales causas del terrorismo en el mundo?

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Viernes, 23 Junio 2017 07:04

El Estado (colonial) y la revolución

El Estado (colonial) y la revolución

Ha transcurrido un siglo desde que Lenin escribiera una de las piezas más importantes del pensamiento crítico: "El Estado y la revolución". La obra fue escrita entre las dos revoluciones de 1917, la de febrero que acabó con el zarismo, y la de octubre que llevó a los soviets al poder. Se trata de la reconstrucción del pensamiento de Marx y Engels sobre el Estado, que estaba siendo menoscabado por las tendencias hegemónicas en las izquierdas de aquel momento.

 

Las principales ideas que surgen del texto son básicamente dos. El Estado es "un órgano de dominación de una clase", por lo que no es apropiado hablar de Estado libre o popular. La revolución debe destruir el Estado burgués y remplazarlo por el Estado proletario que, en rigor, ya no es un verdadero Estado, puesto que ha "demolido" el aparato burocrático-militar (la burocracia y el ejército regular) que son sustituidos por funcionarios públicos electos y revocables y el armamento del pueblo, respectivamente.

 

Este no-verdadero-Estado comienza un lento proceso de "extinción", cuestión que Lenin recoge de Marx y actualiza. En polémica con los anarquistas, los marxistas sostuvieron que el Estado tal como lo conocemos no puede desparecer ni extinguirse, sólo cabe destruirlo. Pero el no-Estado que lo sustituye, que ya no cuenta ni con ejército ni con burocracia permanentes, sí puede comenzar a desaparecer como órgano de poder-sobre, en la medida que las clases tienden también a desaparecer.

 

La Comuna de París era en aquellos años el ejemplo predilecto. Según Lenin, en la comuna "el órgano de represión es la mayoría de la población y no una minoría, como siempre fue el caso bajo la esclavitud, la servidumbre y la esclavitud asalariada".

 

Véase el énfasis de aquellos revolucionarios en destruir el corazón del aparato estatal. Recordemos que Marx, en su balance sobre la comuna, sostuvo que "la clase obrera no puede simplemente tomar posesión del aparato estatal existente y ponerlo en marcha para sus propios fines".

 

Hasta aquí una brevísima reconstrucción del pensamiento crítico sobre el Estado. En adelante, debemos considerar que se trata de reflexiones sobre los estados europeos, en los países más desarrollados del mundo que eran, a la vez, naciones imperiales.

 

En América Latina la construcción de los estados-nación fue bien diferente. Estamos ante estados que fueron creados contra y sobre las mayorías indias, negras y mestizas, como órganos de represión de clase (al igual que en Europa), pero además y superpuesto, como órganos de dominación de una raza sobre otras. En suma, no sólo fueron creados para asegurar la explotación y extracción de plusvalor, sino para consolidar el eje racial como nudo de la dominación.

 

En la mayor parte de los países latinoamericanos, los administradores del Estado-nación (tanto las burocracias civiles como las militares) son personas blancas que despojan y oprimen violentamente a las mayorías indias, negras y mestizas. Este doble eje, clasista y racista, de los estados nacidos con las independencias no sólo no modifica los análisis de Marx y Lenin, sino que los coloca en un punto distinto: la dominación estatal no puede sino ejercerse mediante la violencia racista y de clase.

 

Si aquellos consideraban al Estado como un "parásito" adherido al cuerpo de la sociedad, en América Latina no sólo parasita (figura que remite a la explotación), sino que es una máquina asesina, como lo muestra la historia de cinco siglos. Una maquinaria que ha unificado los intereses de una clase que es, a la vez, económicamente y racialmente dominante.

 

Llegados a este punto, quisiera hacer algunas consideraciones de actualidad.

 

La primera, es que la realidad del mundo ha cambiado en el siglo anterior, pero esos cambios no han modificado el papel del Estado. Más aún, podemos decir que vivimos bajo un régimen donde los estados están al servicio de la cuarta guerra mundial contra los pueblos. O sea, los estados le hacen la guerra a los pueblos; no estamos ante una desviación sino ante una realidad de carácter estructural.

 

La segunda es que, tratándose de destruir el aparato estatal, puede argumentarse (con razón) que los sectores populares no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, por lo menos en la inmensa mayoría de los países. Por eso, buena parte de las revoluciones son hijas de la guerra, momento en el cual los estados colapsan y se debilitan en extremo, como sucede en Siria. En esos momentos, surgen experiencias como la de los kurdos en Rojava.

 

No tener la fuerza suficiente, no quiere decir que deba darse por bueno ocupar el aparato estatal sin destruir sus núcleos de poder civil y militar. Todos los gobiernos progresistas (los pasados, los actuales y los que vendrán) no tienen otra política hacia los ejércitos que mantenerlos como están, intocables, porque ni siquiera sueñan con entrar en conflicto con ellos.

 

El problema es que ambas burocracias (pero en particular la militar) no pueden transformarse desde dentro ni de forma gradual. Suele decirse que las fuerzas armadas están subordinadas al poder civil. No es cierto, tienen sus propios intereses y mandan, aún en los países más "democráticos". En Uruguay, por poner un ejemplo, los militares impidieron hasta hoy que se conozca la verdad sobre los desaparecidos y las torturas. Tanto el actual presidente, Tabaré Vázquez, como el anterior, José Mujica, se subordinaron a los militares.

 

Es muy poco serio pretender llegar al gobierno sin una política clara hacia las burocracias civil y militar. Las más de las veces, las izquierdas electorales eluden la cuestión, esconden la cabeza como el avestruz. Luego hacen gala de un pragmatismo sin límites.

 

Entonces, ¿qué hacer cuando no hay fuerza para derrotarlos?

 

Los kurdos y los zapatistas, además de los mapuche y los nasa, optaron por otro camino: armarse como pueblos, a veces con armas de fuego y otras veces con armas simbólicas como los bastones de mando. No es cuestión de técnica militar sino de disposición de ánimo.

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Sábado, 01 Abril 2017 09:09

Entre universalismo y colonialismo

Entre universalismo y colonialismo
Desde el 20 de marzo se desarrolla una revuelta popular histórica en Guyana Francesa que ha cobrado una fuerza sin precedentes y que denuncia la desigualdad social y económica entre este departamento francés del norte de Sudamérica y la Francia “metropolitana”.

 

Guayana Francesa arde. Desde el 20 de marzo se desarrolla allí una movilización popular que ha cobrado una fuerza sin precedentes y que denuncia la desigualdad social y económica entre este departamento francés del norte de Sudamérica y la Francia “metropolitana”. El puerto comercial de Dégrad-des-Cannes ha sido bloqueado y cortadas las rutas hacia todas las ciudades del departamento y a lo largo de la costa atlántica. Cerraron escuelas, comercios y oficinas públicas. Las protestas culminaron el lunes con una huelga general y el martes con “las manifestaciones más grandes de la historia” en el territorio, según las autoridades. De los casi 250 mil habitantes del departamento, unos 14 mil salieron a las calles y paralizaron las ciudades, en lo que se llamó “El día muerto”.

“Estamos en Francia pero no se nos considera verdaderamente franceses”, expresó una docente francoguayanesa al diario francés Le Monde (28-III-17).
Su frase resume el trasfondo del movimiento francoguayanés que reclama la igualdad y el universalismo que el Iluminismo y la revolución francesa les prometieron a todos. Es que la realidad en este territorio, que fue colonia francesa entre 1676 y 1946, es muy diferente a la del “metropolitano”: el desempleo es de 23 por ciento, los sueldos 30 por ciento inferiores, mientras que el costo de vida es 12 por ciento superior. Pero además la inseguridad es endémica, con la mayor tasa de homicidios de todos los departamentos del país (radio Europe 1, 25-I-17). En 2016 fueron asesinadas 42 personas de esta escueta población.

El punto culminante, afirmó un policía francoguayanés llamado Pierre a Le Monde, fue “cuando dos jóvenes fueron abatidos como perros en febrero o marzo”. En respuesta surgieron Los 500 Hermanos Contra la Delincuencia, un grupo de hombres musculosos que se manifiestan con las caras cubiertas por pasamontañas y exigen medidas contra la inseguridad a la vez que se reivindican pacifistas.

Los francoguayaneses reclaman un nuevo “Plan Marshall”, y sus reivindicaciones son diversas: piden mejoras en la infraestructura, de la red de atención a la salud (en los hospitales faltan médicos, muchos pacientes tienen que viajar a Europa para tratarse y, según los profesionales, en los centros de salud se trabaja en condiciones deplorables); los docentes demandan inversiones masivas para mejorar la educación; los campesinos denuncian retrasos en el cobro de las subvenciones europeas; los indígenas denuncian los proyectos de explotación de oro.

Guayana Francesa también es un lugar de grandes contrastes, al lado de una sociedad que carece de buenos servicios básicos sociales existe una ciudad como Kourou, con su Centro Espacial Guayanés, desde donde la empresa Arianespace lanza cohetes al espacio. “Kourou es el Estado dentro del Estado. He visto helicópteros sobrevolarlo y pienso: ‘¿Ah, sí? ¿Tenemos todo eso aquí?’ Ya vemos cuáles son las prioridades de Francia en Guayana, son los cohetes lo que le interesa”, declaró un manifestante en Kourou al portal francés Médiapart (24-III-17).
Debido a las movilizaciones, la empresa de satélites Arianespace se vio obligada a postergar el lanzamiento de uno de sus cohetes.

Las respuestas de París a las protestas revelaron la distancia que todavía existe entre la capital y el llamado “ultramar”. Ante la histórica movilización, el gobierno francés terminó anunciando, el lunes, que enviaría dos ministros a Guayana, pero llevaba una semana negándose a hacerlo. La ministra de Ultramar, Ericka Bareigts, propuso que el diálogo se llevara a cabo en París, mientras que el movimiento reclamaba que se hiciera en suelo francoguayanés. A pesar de que las manifestaciones fueron pacíficas, el ministro del Interior, Matthias Fekl, declaró que “no se dialoga con un pasamontañas, se dialoga con el rostro descubierto”, en referencia a los 500 Hermanos.

Al cierre de esta edición de Brecha, los dirigentes de la movilización popular, sentados a la mesa para conversar con la ministra de Ultramar y el ministro del Interior, suspendieron las discusiones en Cayena a pocos minutos de comenzar, reclamando transparencia en las negociaciones.

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Jueves, 02 Marzo 2017 23:24

¡Paren de matar!

¡Paren de matar!


El presente artículo es una versión reducida de la entrevista realizada a su autor por la radio pública alemana, a propósito de la disputa abierta en Colombia entre defensores y detractores del toreo. Una polémica que va mucho más allá y que implica la protección de los animales y de la misma naturaleza.


P. ¿Por qué las corridas de toros son un legado colonial y patriarcal?
R. Primero, porque refuerzan la estructura sexual y la concepción de la naturaleza occidentales. La estructura sexual occidental se ve claramente reflejada en el estereotipo del torero (hombre) viril, valiente/violento enfrentándose a la bestia/animal/naturaleza (toro) y, por ahí derecho, seduciendo (sometiendo, conquistando) a las damas (mujeres). Hay toreras, mujeres toreras, es cierto, pero eso no cambia el sentido patriarcal estructural del espectáculo. Recordemos además que la palabra “matador”, ampliamente usada en la tauromaquia, tiene una doble acepción en muchos contextos hispanoparlantes. El matador es el asesino, quien mata, pero también el seductor de mujeres. Lo mismo sucede con la palabra “conquistador”, el conquistador también es un asesino, es quien se impone violentamente sobre territorios y comunidades, y a su vez es igualmente un seductor, el que “conquista el corazón de... y lo doblega”.

 

Tampoco podemos olvidar que la socialización mediante la violencia es una cuestión típicamente masculina. En las corridas de toros se exhibe toda esta performance de la dominación, de la dominación de las mujeres, los animales y la naturaleza. De hecho algunos taurinos reconocen abiertamente que las corridas son una performance de la dominación y de las dinámicas de vida y muerte, pero lo que no especifican muy bien es de qué tipo de dominación y dinámicas de vida y muerte están hablando. Esto difiere, por otro lado, de los juegos indígenas, de ciertos indígenas, de cacería y co-habitación o co-modificación entre especies. No los traigo a colación como un modelo a seguir, no necesariamente, simplemente quisiera marcar el contraste entre tradiciones. En conclusión, en las corridas hay toda una política sexual en juego, que es una política colonial. Las corridas no son una actividad bárbara, sino parte de un proyecto civilizatorio occidental.

 

Respecto a la concepción occidental de la naturaleza, simplemente resta agregar que, en esta performance, inicialmente el hombre somete a una bestia, a un “animal bravo”, pero esa bestia representa la naturaleza en general. Ahora bien, el sometimiento de la naturaleza resulta clave en los proyectos civilizatorios, pero también en los desarrollistas y neodesarrollistas, modernizantes. Solo que ahora la dominación de los animales y la naturaleza se lleva a cabo por la vía, por ejemplo, de la ciencia: aparecen dispositivos como los zoológicos, bioterios, granjas industriales, monocultivos, etc. Reitero: las corridas son un espectáculo antropocéntrico occidental, una performance de la dominación de la naturaleza por el Hombre, y si bien a la naturaleza se la admira y teme, si bien se alude por ejemplo a la “bravura del toro” y su belleza, esto no ocurre porque se la ame, sino debido a que se la desea doblegar, poseer y superar, trascender.

 

En segundo lugar, las corridas de toros son un legado colonial porque constituyen una tradición defendida por sectores de hombres blancos, blanco-mestizos, adinerados y ligados a la posesión de tierra y ganado. Sectores herederos de privilegios coloniales. Sectores ligados a dinámicas de violencia y despojo, a lo que muchas y muchos autores en Latinoamérica llaman el “colonialismo interno”. Es más, la guerra en Colombia tiene todo que ver con esto, pues dichos sectores son los que han avalado la destrucción de comunidades y ecosistemas enteros para la ganadería extensiva, y en últimas para la reafirmación de privilegios de clase, raza, sexo y especie. La guerra es una guerra entre formas de vida, por eso el elemento estructurante de la guerra es la tierra: ¡la tierra es la vida misma! ¡Por eso también es que las y los animalistas no se han equivocado al articular el discurso de la paz con el de la abolición de las corridas de toros, la liberación animal y, como las compañeras indígenas dirían, la liberación de la tierra!

P. ¿Es la crítica a la tauromaquia un resabio de la defensa de la propia especie, ahora extendida a ciertos mamíferos y especialmente a los animales domésticos?
R. La necesidad de abolición de la tauromaquia está basada en un aprecio por la diferencia, por cierta afinidad con quien no es mi prójimo, próximo, vecino o semejante... Por eso los movimientos ecosóficos, de liberación animal y de la tierra son tan estimulantes, porque nos obligan a pensar en la dignidad tanto del toro como del agua y de la planta o de la máquina, en las mejores de sus versiones, y por esa vía a descentrarnos radicalmente como seres humanos. La crítica de la tauromaquia puede estar dando cuenta, más bien, de verdaderas transformaciones del tejido sensible y de la configuración de nuevas formas de vida, y eso es lo que más les molesta justamente a los defensores de la especie a ultranza; ellos sienten que a medida de que nosotras avanzamos, el antropo-poder, su poder de especie, se diluye, se desdibuja y acaba.

P. ¿Son violentos y autoritarios los anti-taurinos y el movimiento animalista?, ¿quieren aplastar a las minorías, a la diversidad?
R. Las recientes manifestaciones a favor de la vida y por la abolición de las corridas de toros no son otra cosa que un despliegue heterogéneo, libertario e igualitarista de vitalidad. Es la vida misma la que se expresa en las calles. ¿Cuáles son las características de la vida? Básicamente su capacidad de movimiento, de transmutación y diferenciación en un marco relacional, de co-modificación e inter-dependencia. Las diversas singularidades vivientes estamos a merced unas de otras, pero esto también significa que nos potenciamos unas con otras. El lenguaje de la vida no reconoce, por ende, jerarquías trascendentes. Pues bien, las manifestaciones han sido una clara muestra de vitalidad en el sentido de que las calles fueron ocupadas por cirqueros, músicos, nuevas religiosidades, experimentos gastronómicos, disidentes sexuales, personas con “extrañas” modificaciones corporales, recicladores, habitantes de calle, ecologistas, defensores de la despenalización de la marihuana, indigenistas, animales no humanos, feministas, etcétera.

En otros términos, las calles fueron ocupadas por la heterogeneidad de la vida que no meramente solicita el derecho a la vida del toro, sino que realiza, performa o reconfigura, en el acto, todo un tejido sensible que, justamente, da lugar a nuevos territorios existenciales donde los toros ya no pueden ocupar el lugar de subordinación al que las corridas los somete. Cuando las/os manifestantes gritaban: “Toro, amigo, el pueblo está contigo” lo que ocurría era una transmutación del concepto clásico de pueblo. El pueblo empieza a ser ese compuesto escurridizo de humanos y no humanos en toda su multiplicidad, el pueblo se convierte en algo monstruoso para los defensores de la ciudadanía clásica, para quienes el verdadero ciudadano es aquel que pertenece a una comunidad humana con pretensiones de homogeneidad y que se diferencia de la vida natural y animal, vida que desean poner violentamente a su servicio. Esto último lo impugnaba y comprendía perfectamente una manifestante que sostenía un cartel donde se podía leer: “Humanos, paren de matar, conquistemos la alegría de vivir”.

P. ¿Es contradictorio defender la despenalización del aborto y, al tiempo, la abolición de las corridas de toros?
R. El control zoobiopolítico que se aplica sobre los cuerpos de las mujeres está relacionado con el de los animales domésticos, incluyendo los llamados “toros de lidia” (aunque, por supuesto, hay muchas diferencias). El punto central allí es que, en ambos casos, se aplica un biopoder que está también marcado sexualmente, que nos separa de lo que podemos hacer con nuestros cuerpos y vidas y de la posibilidad de, caso por caso, resolver el problema de con-vivir materialmente con otros seres, sean humanos o no. Lo que se suele disputar no es que las mujeres puedan decidir soberanamente sobre otras vidas, que es lo que ocurre en la ganadería comercial y la tauromaquia, sino la posibilidad de reapropiarse de la vida, del propio cuerpo, y de redefinir contextualmente los límites entre vida y muerte; de ahí que la despenalización del aborto no quiera decir que necesariamente las mujeres aborten o salgan todas a promover el aborto sin tener en cuenta las situaciones específicas. La lucha por la despenalización del aborto y por la abolición de las corridas de toros son ambas, pues, luchas en pro de la vida y contra los dispositivos que la controlan y obstruyen.

Publicado enEdición Nº232
NI VOTO CONSCIENTE, NI VOTO ÚTIL: ENTENDER LA DEMOCRACIA COMO ESCUELA

 

Debo confesar no solo mi tristeza sino también mi desazón al ver que después de una supuesta “década ganada” (ya van a hacer dos décadas desde la elección de Hugo Chávez en Venezuela que inaugurara una era anti–, si no post-neoliberal en las urnas y la esperanza de que sea así en la esfera público-estatal de la (geo)política latinoamericana), nuestros debates político-electorales no llegan más allá de lo más superficial y los lugares comunes de la “larga y triste noche neoliberal” que pareciera nos sigue encegueciendo en sus penumbras.

Si de lo que se trataba era de democratizar no solo el funcionamiento de las instituciones del Estado sino también de transformar las relaciones de poder que constituyen a la sociedad en la que vivimos, tanto por dentro como en los márgenes y más del Estado, parece que ganamos más ambivalencia e incertidumbre que otra cosa. La restauración conservadora que se nota dentro y fuera del correísmo, dentro y fuera de las fronteras nacionales, alrededor del continente. Quiero creer, no como dogma de fe sino como hipótesis científico-social, que esto es solo la punta del iceberg: ante la mediocridad de los temas planteados en la actual campaña electoral como una suerte de pantalla que esconde un Ecuador y una América Latina profunda, como su historia milenaria de creación (contra)cultural y de resistencia anti-colonial, existen diálogos y conversas que revelan otra concepción (geo)política sobre lo que somos y podemos ser como sujetos de nuestra propia historia.

La (geo)política no puede ser vista simplemente como el arte y/o la ciencia de dar o importar recetas para resolver problemas sociales (sean estas de cuño economicista-tecnocrático o relacionados a la acción colectiva sea en forma de instituciones, organizaciones o movilizaciones sociales) ni de buscar una inserción más adecuado o no-dependiente en el mercado global. Lo político surge del dichoso poder constituyente, que en sociedades como las nuestras ha sido más invocado que realmente vivido en un proceso geopolítico de largo aliento en Nuestra América digno de ser llamado revolucionario por haber transformado las lógicas detrás del sistema de clasificación capitalista y las formas de identificación que este genera, tanto a nivel local como nacional y global. Poder constituyente que no es más que la invocación del poder originario como raíz que dio lugar a los poderes constituidos; es a la vez una invitación a hacer memoria colectiva para entender de donde surgen los problemas sociales que enfrentamos y –a través de este proceso- volvernos capaces de forjar otro tipo de organizaciones e instituciones constituidas de forma que fomenten –no ofusquen- la participación protagónica y no la representación mentirosa.

En las últimas dos décadas en el Ecuador tuvimos dos asambleas constituyentes que produjeron dos constituciones (1998 y 2008) que sin duda – a pesar de la hegemonía neoliberal que marcó el cambio de siglo en el continente y el mundo- fueron el resultado y también catalizaron enriquecedores procesos de creatividad (geo)política-cultural; espacios donde convergieron las resistencias anti-neoliberales como las del movimiento indígena que, a su vez, deben ser entendidas en el contexto histórico más amplio de lo que el sociólogo peruano Aníbal Quijano ha llamado la colonialidad del poder. En otras palabras, la continuación del poder estructurante[1] de las lógicas violentas de la acumulación por desposesión que fundó el colonialismo europeo en el siglo XVI, y que continúan caracterizando a los distintos tipos de dependencia estructural que ha generado la modernidad capitalista, continúa limitando tanto la capacidad del Estado para trans-formarse en el espacio real de la participación popular y la apropiación/defensa de lo público así como el potencial transformador de las movimientos y organizaciones sociales.

El potencial transformador y anti-colonial de los conceptos que surgieron de estos procesos constituyentes, entendidos no simplemente como las asambleas oficiales sino en los procesos organizativos que comenzaron a demandar la creación de estos espacios, está claro cuando tomamos con seriedad los desafíos de la plurinacionalidad y la interculturalidad para replantear el problema de la auto-determinación de los pueblos o las formas de desarrollo endógeno (como el Sumak Kawsay o el Suma Qamaña), poder popular y comunal necesarios para forjar democracias revolucionarias. La existencia todavía latente de este potencial revolucionario está tanto en las genealogías históricas que estos conceptos nos invitan a investigar cuanto en los horizontes (geo)políticos que plantean más allá de la modernidad capitalista y el sentido común que ha generado en la gran mayoría de nosotros.

En sociedades tan desiguales como las que han resultado del (neo) colonialismo moderno, la democracia no puede ser meramente democrática sino que debe aspirar a ser revolucionaria, en el sentido descolonizador de la palabra. La democracia lo puede ser a medida en que se base en la participación protagónica no meramente de los ciudadanos (entendidos como conjunto abstracto de individuos) sino de aquellos sujetos subalternizados por la historia moderna. Por “subalterno” no me refiero a una característica esencial sino al hecho social y la condición histórica de haber sido empujadxs hacia los márgenes de la estatalidad y la “ciudadanía” excluyente que ha caracterizado al desarrollo del capitalismo moderno y el sistema de estados-nación que lo conforma. Aquellxs reducidos a posiciones estructurales subalternas en la lógica de la clasificación capitalista dominante (que produce “clases en si”[2]) guardan en su alteridad el potencial revolucionario de volverse “clases para si”[3] al constituirse en sujeto histórico capaz de transformar el orden normal de las cosas; en otras palabras de subvertir la lógica clasificatoria dominante empleando formas de identificación que subvierten el status quo a medida en que su existencia no permite la total estabilidad de sistemas (geo)políticos basados en la desigualdad extrema.

Es por eso que molesta que estos conceptos –con dignas excepciones- se evaporen tan rápido del debate de lxs políticxs que aspiran a representar a una sociedad tan diversa (en el sentido barroco [B. Echeverría] y abigarrado [R. Zavaleta Mercado] de la palabra) y tan rica en historia rebelde que fue la que dio vida a los proyectos (geo)políticos que estos conceptos sugieren. Y molesta mucho más que en este contexto aparezcan los falsos sabios y profetas que quieren con moralismos utilitaristas sugerir que los que hemos decidido protestar (sea con nuestro voto y ojalá también con otras formas y estrategias de mayor alcance) no estamos siendo ni conscientes ni útiles al “cambio” que nos prometen. Resultaría tierno –sino fuera tan perverso- que la oposición a la auto-proclamada “Revolución Ciudadana” diga que “ya viene el cambio positivo” con fuerza inesperada para que, a renglón seguido y tratando de inspirar la vergüenza católico-cristiana que muchos llevamos dentro, nos digan después que ni se nos ocurra votar nulo o blanco pues así gana más fácil el sucesor del partido de Correa, que por cierto, estaría bajando estrepitosamente en las encuestas, dicen. Suspiro. Cuando el juego democrático se reduce a enseñarnos matemáticas, ni las cuentas electorales nos terminan por salir bien.

El voto útil sería aquel que va por aquel(la) que tenga más chances de llegar a una segunda vuelta con el candidato oficialista. Los que lo dicen asumen que lo “útil” para el país es acabar con este gobierno y confunde sus utilidades con el interés general. Por otro lado el voto consciente sería aquel de un/a votante que dispone de información y ha formado su preferencia en relación a su consciencia sobre lo individualmente cree que es lo que el país necesita. Sin embargo, no admite que en este proceso a algunxs la consciencia nos llame a votar nulo o blanco. Ahí nos damos cuenta de que los que así presentan nuestras opciones solo tienen consciencia de una democracia limitada al ritual del voto como tal: hablan de libertad y, aun cuando no se refieran meramente a la libertad de defender sus intereses mezquinos, la piensan en el sentido abstracto, del que recibe una dádiva divina o responsabilidad cívica y no llaman nunca la atención a la necesidad de la organización de sujetos (geo)políticos capaces de sostener transformaciones estructurales de largo aliento antes que debates políticos sin imaginación.

Al oír que por un lado se celebran puentes, carreteras e hidroeléctricas mientras por el otro se ofrece de todo un poco aunque no se sepa bien cómo mismo, después de acabar con todos los impuestos habidos y por haber, van a financiar sus descabelladas propuestas, solo puedo pensar en el revolucionario afrocaribeño Frantz Fanon, quien, después de haber conseguido la Independencia de Angola, a partir de la lucha armada en la que este participó como combatiente y cómo psiquiatra que fue de profesión, argumentaba:

Si la construcción de un puente no ha de enriquecer la conciencia de los que trabajan allí́, vale más que no se construya el puente, que los ciudadanos sigan atravesando el río a nado o en barcazas. El puente no debe caer en paracaídas, no debe ser impuesto por un deus ex machina al panorama social, sino que debe surgir por el contrario de los músculos y del cerebro de los ciudadanos” (Los Condenados de la Tierra, 1959).

Pues solo así se hacen ciudadanos. Parece que ni los unos ni los otros han entendido ni entenderán esta básica lección sobre construir naciones democráticas que funcionen como escuelas. Escuelas donde se forjen no solo ciudadanos sino hombres y mujeres nuevas, con cuerpos y mentes descolonizadas, capaces de superar la competencia y la explotación como regla estructurante de sus relaciones sociales.

No se trata de simplemente de mejorar la vida a los ciudadanos, ni darles derecho de ciudadanía a lxs que nunca los han tenido (aunque esto haya sido históricamente importante sin duda). Ni el cemento ni ninguna otra cosa son ni pueden ser en si mismos revolucionarios, a menos que fomenten el surgimiento de la conciencia (geo)política de que no se puede esperar que otrxs nos resuelvan nuestros problemas ni mucho menos que solxs y fragmentariamente podamos hacerlo algún día. Hoy más que nunca, vótese por quien se vote, se requiere más que votos, útiles o conscientes, votos (y otras herramientas) que sean conscientizadores de la necesidad de organizarnos para ejercer poder popular a contracorriente de los que instrumentalizan a la democracia para defender sus intereses y privilegios. En otras palabras, no se puede democratizar sin descolonizar y, a la vez, no se puede descolonizar sin despatriarcalizar la (geo)política moderna. En estos tres campos interconectados no se le puede sacar el cuerpo al conflicto social y a la batalla de ideas.

Por estas razones (y otras cuantas más) votaré nulo en la papeleta presidencial (¿no es otra forma acaso de combatir el dichoso hiperpresidencialismo entendido no solo como problema institucional sino relacionado a la cultura política dominante?) y en el resto de papeletas trataré de escoger estratégicamente lxs que puedan ser aliados en la lucha cuesta arriba por despatriarcalizar y descolonizar, en otras palabras re-inventar y trans-formar lo público, para así sentarnos de nuevo en una gran asamblea que pueda constantemente (re)definir no solo qué ha sido y qué es realmente sino también lo que puede ser la democracia.

La necesaria multiplicación de espacios donde la creatividad (geo)política y (contra)cultural de la gente común pueda volver a florecer a través de la participación protagónica que teorice encarnadamente las posibilidades de concebir la democracia ya no desde los políticos realmente existentes sino desde la (geo)política cotidiana que forjan lxs que luchan y resisten a las injusticias del capitalismo global y su colonialidad heternormativa.

 

Referencias bibliográficas:

Bourdieu, Pierre (1977). Outline of a Theory of Practice. Cambridge University Press.

Wright, Eric Olin. (2015). Understanding Class. Verso.

[1] Con “poder estructurante” hago referencia a la noción de Pierre Bourdieu de “estructura estructurante estructurada” que utiliza para teorizar la noción de habitus (1977) . Si queremos cambiar estructuras sociales tenemos que entenderlas en su complejidad histórica, que implica una permanencia autoritaria/autorizante, en tanto las estructuras sociales están, por definición, estructuradas, y las posibilidades políticas que emergen del saber que las estructuras también son estructurantes, o sea requieren constantemente de (re)producir formas de actuar y pensar normalizadas, propias del sentido común imperante.

[2] La concepción marxista de “clase-en-si” refiere a un entendimiento de clase social como lugar social o posición estructural, objetivamente definida por la relación compartida de los miembros de una clase social con el modo y los medios de producción. Sin embargo puede entenderse también en relación a lo que Max Weber definió como “situación de clase” (ver Wright, 2015, p. 34).

[3] A diferencia de “clase-en-si”, la concepción marxista de “clase-para-si” implica la distinción analítica entre clase como actor socio-político y clase como lugar o posición estructural. Es importante no caer en la tentación teleológica de pensar que es un proceso natural la trans-formación de una clase-en-si en una clase-para-si, ya que esto oscurece la utilidad de analítica de esta distinción. Importancia que está en entender la relación entre clasificación e identificación como dinámicas sociales para entender la relación entre estructuras históricas y el potencial subalterno, siempre latente pero nunca inevitable, de convertirse en un actor/agente (geo)político capaz de destruir y reemplazar estructuras colonial-capitalista.

 

*Docente de la Escuela de Sociología de la Universidad Central del Ecuador

 

Publicado enPolítica
Frei Betto: "La desgracia de Brasil es su política, culpa de una herencia colonial no superada"

Hablamos con Frei Betto, escritor y teólogo brasileño, fundador de la CUT y consultor del MST, sobre el contexto extractivista en Brasil y la situación actual de este país tras la llegada al poder de Michel Temer.

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, es teólogo de la liberación y ha escrito más de 50 libros. Tras pasar por la universidad, decidió dejar el periodismo por la religión, pero manteniendo una postura crítica y activa contra la dictadura militar que en esos años dominaba Brasil. Fue detenido varias veces y torturado por su activismo político. Es uno de los fundadores de la Central Única de Trabalhadores de Brasil (CUT) y es consultor del Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Tierra (MST). Hablamos con él a raíz de la publicación de su última novela, El oro perdido de los Arienim (Hoja de Lata, 20169.


Con tu novela El oro perdido de los Arienim se puede dibujar sobre un mapa cómo fue la explotación de los recursos de Brasil por parte de los colonos portugueses. ¿Cómo ha influido esta dinámica extractivista en la configuración de Brasil como país?


Brasil ha sido una colonia ibérica, como toda América Latina –o como todas las Américas, porque Estados Unidos y Canadá durante algún tiempo han sido colonias ibéricas también–. En Brasil llegaron los portugueses y explotaron muchísimo todas nuestras riquezas. Cuando estaba en la enseñanza primaria aprendí que la historia económica de Brasil se dividía en varios siglos: primero el siglo de la madera –el nombre de Brasil viene de palo brasil, un tipo de madera que los portugueses y franceses, que también llegaron para invadir Brasil, sacaban para tintar sus tejidos aquí en Europa [actualmente este tipo de árbol está en peligro de extinción por su masiva explotación]. Después vino la caña de azúcar, después vino el oro, el café. Ocurre que hasta hoy estamos en lo mismo. La única diferencia es que la denominación ‘materias primas’ ha cambiado por el elegante nombre de ‘commodities’. Yo quise escribir esta novela, primero para hacer una narrativa de la historia colonial de Brasil. Poca gente sabe esto: en dos siglos, de Minas Gerais se ha sacado más oro que la suma de toda la plata sacada en toda América Latina. Es una cantidad impresionante. Quise rescatar esta historia, pero con sentido crítico. ¿Cuando vamos a dejar de ser un país extractivista? Y, ¿cuando vamos a aprovechar nuestras propias riquezas? Porque lo que hicieron los portugueses con las explotaciones de oro y diamantes en Minas Gerais fue lo mismo que hicieron los europeos en África y en Asia. Y, ¿qué dejaron? Nada. Dejaron dolor, miseria, hambre y pobreza. Y ahí está ahora el drama de los refugiados. Europa está cosechando lo que ha sembrado.


Por un tiempo usted fue consultor del Gobierno de Lula, que mantuvo la política extractivista, aunque aumentando el poder estatal sobre los recursos brasileños. ¿Qué valoración hace sobre la gestión de los recursos naturales en los Gobiernos del PT?


Yo fui asesor especial de Lula para el programa Hambre Cero. Estuve los dos primeros años en el gobierno y salí por una razón muy sencilla: Hambre Cero era un programa emancipatorio, pero un año después, por presión de los alcaldes de Brasil, el Gobierno decidió cambiar el programa de Hambre Cero por Beca Familia. Beca Familia es un buen programa, pero es compensatorio. ¿Cual es la diferencia? Una familia que hubiera ingresado en Hambre Cero, en tres o cuatro años estaría en condiciones de no volver jamás a la pobreza y producir sus propios recursos. Las familias que han ingresado en Beca Familia, a día de hoy siguen siendo dependientes del dinero del gobierno. Es un programa asistencialista. Me fui porque no estaba de acuerdo con ese proyecto. Efectivamente Lula y Dilma han sido los mejores presidentes de nuestra historia republicana. Han hecho políticas para revalorizar nuestro mercado interno, pero no suficientes como para cambiar estructuras de Brasil que son muy anacróncias. Poca gente lo sabe, pero Brasil y Argentina son los únicos países de las tres Américas que nunca han hecho una reforma agraria. La diferencia es que Brasil es un país demasiado grande y, a diferencia de otros países grandes como Rusia, China, India o Estados Unidos, no tiene áreas estériles. Todo es productivo, para sembrar o para reforestación, como la Amazonia. No tenemos desiertos o zonas de nieve permanentes como hay, por ejemplo, en Canadá o en la Cordillera de los Andes. En Brasil decimos que es un país que está bendecido por dios, que los ángeles se quejaban porque dios le había dado muchos privilegios, pero que dios les respondió que se esperaran a ver qué tipo de políticas esta gente iba a votar. La desgracia de Brasil es la política que tenemos, pero es culpa también de toda una herencia colonialista que todavía no hemos superado.


Al poco de que Michel Temer asumiera el Gobierno, muchas voces ya comenzaban a advertir de los cambios legislativos con los que se iban a volver a abrir las puertas de las empresas extranjeras a la explotación de recursos brasileños. ¿Piensas que el nuevo gobierno puede poner en peligro los avances conseguidos en los últimos años de PT?


Lo que hubo en Brasil fue un golpe. Un golpe blando o golpe parlamentario como ha pasado en Honduras y Paraguay. Ahora vivimos en una 'democradura', o sea, una falsa democracia en la que aparentemente la gente es libre, pero no es verdad. Hay una intensiva criminalización de los movimientos sociales. El pasado sábado, 5 de noviembre, la policía de Sao Paulo invadió la escuela de los Sin Tierra, cerca de la capital de este Estado, en una ciudad llamada Guararema, con armas letales, con mucha violencia. Con Temer las cosas están empeorando muchísimo. Temer se ha puesto de rodillas ante las recetas de ajustes fiscales que ya conocéis aquí en España, igual que en Grecia. En Brasil tenemos casi 20 millones de personas desocupadas. Estamos viviendo una crisis muy aguda, y todavía no sabemos cómo vamos a salir. Nuestra esperanza son las elecciones de 2018, si Lula puede volver a ser candidato. Yo no pienso que se atrevan a meterlo en la cárcel, por la repercusión mundial que esto podría tener, pero pienso que van a incriminarlo y a aprobar alguna ley que le impida ser candidato.


Justamente el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), del que eres asesor, desde el primer momento denunció el golpe de Estado, a pesar de las críticas formuladas contra el Gobierno del PT, que no llevó a cabo la prometida reforma agraria.


El MST es el movimiento popular más importante de Brasil porque congrega a más de cuatro millones de familias sin tierra y las mantiene muy bien organizadas en campamentos o en asentamientos. Es una gente productiva, que hace la reforma agraria de facto. Es decir, ocupa tierras que no son utilizadas –nunca ocupa propiedades productivas– y siempre tiene cuidado en investigar si una tierra que está ocupada por latifundistas pertenece a ese latifundista o si éste es un invasor y realmente la tierra pertenece al gobierno o al Banco de Brasil, que a su vez depende del gobierno. También cuando hay tierras sin uso aunque sean de latifundistas, o, por ejemplo, en el caso de latifundistas que compran áreas de la Amazonia y derriban los árboles y las mantienen sin plantar nada porque lo que quieren es vender esa tierra. Hay incluso latifundistas en la Amazonia que han vendido hasta un cuarto piso de la tierra, es decir, han hecho negocio con la misma tierra hasta cuatro veces. Es una cosa tremenda, de viejo oeste y gansters. Hay tierras de explotación ilegal de madera en las que hay ocupaciones, que ellos llaman invasiones.


En general todas las ocupaciones son exitosas. Yo mismo estaba en el gobierno cuando un grupo indígena del sur de Bahía ocupó una tierra de un latifundista. Hubo mucha protesta por parte de los latifundistas, que protestaban diciendo que eso era comunismo y que era ilegal, pidiendo que se expulsara a los indígenas. Yo estaba en la sala de Lula cuando éste llamó al ministro de Justicia, con todo el equipo de gobierno en la sala, y comentaba: "¿Qué vamos a hacer? esta tierra pertenece a ese señor". Y el presidente del Banco de Brasil le respondió a Lula: "Presidente, no. Esta tierra no pertenece a este señor, nos pertenece a nosotros, al Banco de la Unión. Este señor es un invasor". Entonces Lula legalizó la cesión de la tierra a lo indígenas. Eso pasa muy a menudo. A estos latifundistas invasores en Brasil se les conoce como grileiros, que viene de grillo. ¿Por qué son llamados grilleros? Porque la única reforma agraria que hubo en la historia en Brasil, y con comillas, fue en 1855, cuando el emperador portugués de Brasil ordenó que cada propietario fuera a la parroquia más cercana para registrar su tierra. Cada propietario fue y registró su tierra hasta un límite concreto y se olvidaron de abarcar la tierra que estaba entre propietarios. Pasó el plazo y como ya nadie podía registrarlo como suyo, ¿que hicieron? una escritura falsa que pusieron en un cajón con varios grillos –que segregan una sustancia química que da al papel la apariencia de viejo– y que utilizaron como prueba de que esta tierra era de su propiedad.


Volviendo a la situación actual de Brasil, qué opina, como teólogo, del aumento del evangelismo en el país y la relación que ha podido tener con el impeachment a Dilma Rousseff.


¿Porqué hay tantos evangelistas en Brasil? En Brasil no hay un buen servicio médico, y hay mucha pobreza. La gente que no tiene acceso a servicios médicos muchas veces va a la iglesia pentecostal en busca de curas milagrosas. Hay muchos evangelistas que son honestos, gente de buena cabeza y buena intención, pero hay muchos que son explotadores del pueblo pobre, que sacan millones de reales, porque allí, como aquí, la Iglesia no tiene que pagar impuestos, y yo, como fraile esto en desacuerdo con esto. Creo que la iglesia debe estar obligada a pagar impuestos, porque si no es un lavado de dinero; un lavado 'santo', pero un lavado–. Muchos pastores y curas predican que Jesús es el camino, pero ellos se ponen en medio para cobrar el peaje. Ahora hay un aumento del pentecostalismo en Brasil, con funciones de fundamentalismo político. Ellos quieren llegar al poder para cambiar las leyes civiles según sus preceptos religiosos. Por ejemplo, no permitir que la gente tome bebidas alcohólicas, no permitir que las mujeres tengan derechos sobre su cuerpo, equiparar la homosexualidad a una enfermedad para la que hay que dar tratamiento. Y ya han hecho un gran avance en el Congreso brasileño, están en el poder ejecutivo y legislativo, y acaban de elegir al alcalde de Río de Janeiro. Estamos en una situación muy peligrosa de huevo de la serpiente: se está criando algo que en los próximos años va a explotar, que es el fundamentalismo evangelista en Brasil.


Siguiendo con la religión, has trabajado como asesor para países como Cuba, Nicaragua o Polonia en cuanto a relaciones entre Iglesia y Estado. ¿Qué opinas del papel de la Iglesia en España?


Me parece que la Iglesia de España tiene un pecado mortal muy grave por el que tendría que hacer mucha penitencia, que es su apoyo durante 36 años a la dictadura de Franco. La iglesia siempre predica que no se mete en política, pero es mentira. Siempre que ha visto amenazados sus privilegios, como en la guerra civil, toma partido político. Yo tengo también posiciones políticas, pero estoy en contra de que la Iglesia tome posiciones políticas contra los pobres, contra el pueblo, y a favor de los más ricos, los opresores, los banqueros. Todos los cristianos somos discípulos de un preso político: Jesús no murió en la cama de viejo, ni por un camelo en una esquina de Jerusalem. Fue preso y torturado, fue a juicio bajo dos poderes políticos, el romano y el judaico, y condenado a la pena capital de los romanos, que era la muerte en la cruz. Así que la pregunta es otra: ¿qué clase de política hacemos como cristianos y como iglesia: a favor de los más ricos o a favor de los más pobres? El papa Francisco el pasado sábado clausuró un encuentro con líderes de movimientos sociales de 60 países afirmando que tenían que seguir luchando por las tres 't': techo, tierra y trabajo. La iglesia de España todavía no está totalmente alineada con la postura de Francisco. Era muy papista cuando estaba Juan Pablo II o cuando estaba Benedicto XVI, y ahora parece que ya no tiene que seguir las orientaciones del papa. Entonces, no puede decir que no tiene consideraciones políticas.

 

Por Ter García
09/11/16 • 8:00

Publicado enInternacional
La Universidad latinoamericana: ¿tiene falla de origen?



La Universidad es una conquista social de singular importancia para la democratización del saber y su relación con la transformación social. Sin embargo, no es osado señalar que en el presente, presta un limitado aporte a los cambios sociales en su conjunto y mucho menos a los proyectos emancipatorios en América Latina y el Caribe. Más allá de destacadas, honorables y admirables figuras que trabajan desde sus espacios, la universidad comienza a ser percibida socialmente como una institución de titulación para acceder al campo laboral, distante del imaginario que había construido décadas atrás de espacio para soñar y pensar lo social, lo humano y el contrapoder.


Este no es un fenómeno atribuible sólo a las instituciones universitarias. En muchos lugares de la región, los Estados nacionales y sus instituciones parecieran mirar en sentido opuesto al horizonte que están dibujando sus pueblos. Este desencuentro es dramático y puede traer en el mediano plazo severos problemas de gobernabilidad en la región. Las dinámicas del pasado, los discursos de ayer, las respuestas que fueron efectivas cada día tienen mayores dificultades para empalmar con la agenda mínima ciudadana del presente. Es hora de pensar políticamente (con P mayúscula) sobre estos fenómenos, desde una perspectiva descolonial.


Y es que el proceso de colonización logró apropiarse del firmamento de espacios ciudadanos ocupando hasta las rutas de emancipación. La colonización cultural –la peor de todas porque domina las ideas y con ellas el mundo- pretendió y en muchos casos lo lograron, enseñarnos cómo es que era permitido y posible ser libres; es decir, han pretendido enseñarnos los límites y fronteras de la propia libertad. Lo académico no fue ajeno a ello, por el contrario fue y es aún hoy en día, epicentro de ese sostenimiento del orden colonial en las estructuras de pensamiento.


Cuando el esclavo libre, ahora colonizado –neo esclavitud- se atreve a pensar por sí mismo, atreviéndose a explorar, conocer, indagar, construir nuevos caminos para concretar su libertad, suele encontrarse en el peor de los mundos. Por un lado la más feroz rabia del colonizador y por el otro la burla/temor/incredulidad de los iguales, quienes colonizados culturalmente, quieren que otro les muestre como cambiar los cosas, pero no creen posible ser protagonistas del cambio, es decir de la nueva historia.


La universidad latinoamericana debe construir una nueva historia, que le permita romper con el velo cultural del colonizado atreviéndose colectivamente a repensarse en todos los planos, desde la forma de crearse y actuar en ella misma, pero también atreviéndose a cuestionar sus orígenes y pensar una nueva forma de parir y nacer. Revisar sus prácticas y procesos desde ese ejerció descolonizador, puede contribuir con el surgimiento de ese otro mundo no colonizado, alterno, donde pensar el mundo patas arriba sea sinónimo de cordura libertaria.


Al respeto Quijano, A. (2014) afirma que “al formular sus cuestiones en un espacio social abstracto, históricamente indeterminado, quienes así proceden no pueden evitar identificar a piori a esta cultura (o a esta sociedad y a este Estado) con la cultura (o la sociedad o el Estado). El contexto histórico social concreto se asume, pues, como dado, no cómo algo a cuestionar en el punto mismo de partida” (p.667).


Desde ese lugar de enunciación, me atrevo a plantear respecto a las universidades que los problemas que se evidencian y nos hacen siempre pedirle una y otra vez a ella: transformación ... transformación ... transformación universitaria tienen como punto de partida una falla de origen. Esta falla de origen, desde mi punto de vista, tiene que ver con el código genético con el cual se edifica la vida y el que hacer universitario. Falla de origen que se inicia en el propio momento de la fundación de las universidades. Falla de origen que se expresa en su concepción práctica, más allá de la definiciones teoréticas, al auto asumirse y ser aceptada por la mayoría de la gente, como una institución fundamentalmente para la docencia. El gen problemático de la estructura de vida universitaria se desarrolla por una perspectiva colonial de su existencia.


De hecho, las universidades en América Latina y el Caribe tienen sus orígenes en procesos coloniales, asignándosele desde sus comienzos la tarea de formar a la burocracia y los funcionarios que demandaba el orden imperial de dominación. Para Tünnermann (1996) la universidad colonial en América Latina y el Caribe procura resolver:

 

a) La necesidad de proveer localmente de instrucción a los novicios de las órdenes religiosas que acompañaron al conquistador español, a fin de satisfacer la creciente demanda de personal eclesiástico creada por la ampliación de las tareas de evangelización;


b) La conveniencia de proporcionar oportunidades de educación, más o menos similares a las que se ofrecían en la metrópoli, a los hijos de los peninsulares y criollos, a fin de vincularlos culturalmente al imperio y, a la vez, preparar el personal necesario para llenar los puestos secundarios de la burocracia colonial, civil y eclesiástica. Por otro lado, las dificultades de las comunicaciones, arriesgadas y costosas, aconsejaban impartir esa instrucción en las mismas colonias;

 

c) La presencia, en los primeros años del periodo colonial, en los colegios y seminarios del Nuevo Mundo, de religiosos formados en las aulas de las universidades españolas, principalmente Salamanca, deseosos de elevar el nivel de los estudios y de obtener autorización para conferir grados mayores. De ahí que las gestiones para conseguir los privilegios universitarios fueron con frecuencia iniciadas por estos religiosos de alta preparación académica (p.122)


Es decir, las Universidades en la región no fueron pensadas para el desarrollo de las naciones dominadas, ni para la formación de sus ciudadanos, mucho menos para el desarrollo de un conocimiento, ciencia y tecnología que les permitiera ser independientes. Las universidades en América Latina y el Caribe fueron arietes conceptuales de un conocimiento que reproducía el orden de dominación. No fueron universidades desarrolladas a partir de las necesidades de la gente y los requerimientos de sus sociedades, sino implantadas desde las naciones que se asumían conquistadoras y por lo tanto dueñas de los nuevos territorios.


El propio Tünnermann (1996) distingue dos modelos en las universidades implantadas: la de Salamanca y la de Alcalá de Henares, ambas de origen español. El modelo de Salamanca respondió a “la idea de una universidad al servicio de un “estado-nación”, concepto que recién surgía en España (siglo XIV)... Todo el edificio de la transmisión del conocimiento descansaba sobre la cátedra” (pp-124-125). Por su parte, la preocupación central de la universidad alcalaína fue la teología, material que sólo en épocas posteriores ocupó un lugar relevante entre los estudios salamantinos. Su organización correspondió más bien a la de un convento-universidad” (pp-124-125). Los modelos de Salamanca y Alcalá se desarrollaron sobre la base de la docencia, es decir como instituciones para impartir conocimiento.


Para Morles, Medina Rubio y Álvarez Bedoya (2002) en el proceso de construcción de la República, luego de alcanzar independencia nacional, la llamada universidad Republicana reemplazaría el modelo elitesco y eclesiástico imperante por uno más “dinámico, tolerante y científico (...) incorporando nuevas cátedras y laboratorios” (p.20), haciendo que las estructuras académicas se asemejarán bastante al modelo Napoleónico. Continúan estos autores señalando que “con el modelo napoleónico de universidad se afirma en Venezuela, desde el último cuarto del siglo XIX, el pensamiento positivista y evolucionista. El modelo napoleónico se basa también en la docencia, con un carácter más científico contribuyendo a la ruptura con el dogmatismo religioso.

 

Autores Galo Gómez, citado por D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012) precisan respecto a la concepción Napoleónica de la universidad:


La Universidad Imperial creada en 1808 y organizada dos años más tarde, es algo muy distinto de lo que tradicionalmente se había entendido como Universidad. Es un organismo estatal, al servicio del Estado que la financia y organiza y que fija no sólo sus planes de estudios, su administración y el nombramiento de profesores, sino hasta la moral pública que ha de inculcar a sus discípulos: "Mi fin principal - declara el mismo Napoleón- al establecer un cuerpo docente es tener un medio de dirigir las opiniones políticas y morales". Una Universidad centralizada, burocrática y jerárquica. Es difícil encontrar algo más opuesto a lo que había sido la Universidad desde su origen" (Galo Gómez O., 1976, p.7)

 

Esta implantación no pasa desapercibida por parte de quienes se resisten a la dominación. Propuestas y modelos alternativos comienzan a surgir en todo el continente en el siglo XX, los cuales tienen una expresión clara y firme en El Manifiesto Liminar (1918) que fundamentó la reforma de Córdoba, en el cual se plantea:


Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.


Agregando:


Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.

Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.

 

El grito de Córdoba es el más importante cuestionamiento hecho a la universidad desde la perspectiva de sus estudiantes. Los reclamos centrales se refieren a la forma y mecanismos de gobierno interno y de una u otra manera a la desconexión de la universidad con su entorno. En buena medida, el Manifiesto Liminar impulsa un modelo de universidad para un nuevo ciclo de proyectos de independencia nacional.


En el siglo XX la idea de investigación universitaria se fue deslizando progresivamente hacia los posgrados. Para Lucas Luchilo (2010), “en América Latina, el fomento de la formación de posgrado fue y es una de las funciones básicas asignadas a los Consejos de Ciencia y Tecnología, que se crearon a partir de la década de 1950. Desde esta perspectiva, se trata de instrumentos de política con alta legitimidad y en los que los países de la región han acumulado experiencia, tanto en el nivel de promoción como en el de ejecución” (p.14). Este auge se produce en medio del creciente influencia de las ideas de desarrollo nacional y regional, así como de la planificación auspiciadas, entre otras por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Sus resultados en términos de crecimiento sectorial (posgrados) y de impacto se mostraron limitados. Posteriormente el neoliberalismo, en los ochenta y noventa del siglo XX, se encargaría de generar un proceso de vaciamiento de la investigación y los investigadores universitarios promoviendo su migración hacia centros independientes de investigación con fuerte financiamiento privado y ubicados en los países del centro capitalista.

 

El Mayo francés con sus críticas iniciales al Libro Blanco del Ministro Francés de Juventud y deporte François Missoffe, abren un capítulo especial que lleva a la juventud mundial a repensar el compromiso de la universidad con los más altos ideales de la humanidad. Pero la universidad siguió siendo una institución centrada en la docencia. Los movimientos de profesores universitarios planteando la urgente necesidad de una reforma de la educación superior se multiplicaron en el mundo en las décadas de los setenta y los ochenta del siglo XX.

 

Es importante detenernos brevemente sobre los resultados alcanzados en materia de investigación en la región. Lemasson&Chiapee (1999) señalan respecto a la investigación universitaria que “los resultados obtenidos no permiten hoy, con los desafíos contemporáneos que conocemos, concluir que están listos para enfrentar el porvenir de manera constructiva. Si el camino pasado, aunque con muchas diferencias nacionales, fue positivo, la necesidad de continuar con el cambio es imperativa y va a exigir una visión y una voluntad resueltas” (p.315). Más adelante, estos mismos autores afirman:


“Es fácil concluir que la única vía para asegurar la independencia a largo plazo, el desarrollo económico endógeno en nuevas esferas con un alto valor agregado y sistemas sociales más justos, es promover con urgencia las actividades de ciencia y tecnología como prioridades nacionales. Responder a esta urgencia significa que el momento de decisiones radicales ha llegado, particularmente respecto del papel de las universidades, las que constituyen en términos de recursos humanos actuales y futuros las instituciones claves del porvenir colectivo” (p.317).

 

Autores como Didriksson (2000) siguen apostando por el binomio clásico docencia-investigación. Seguramente Axel argumentará en defensa de esta direccionalidad –que no es una cuestión menor- que “la parte más dinámica del proceso [producción y transferencia de conocimientos ] se ubica en la relación entre la docencia y la investigación, y el curriculum desde la perspectiva de la creación de un valor económico: el conocimiento, y de un valor social: los trabajadores del conocimiento“ (pp. 32-33). En consecuencia, la universidad latinoamericana sigue pensándose desde la docencia como epicentro sobre el cual gravita el grueso de su actividad general, pero también particular de cada profesor(a). Es el círculo propio de una universidad pensada para aportar al papel asignado por el centro a la periferia, en el campo de la producción y transferencia de conocimientos. En este sentido, la llamada producción del conocimiento universitaria, no es otra cosa que la adaptación de premisas generales al contexto de países dependientes y neocoloniales.

 

El emerger del neoliberalismo en el mundo, en el marco de la globalización económica y la mundialización cultural, retan el pensamiento respecto a qué modelo de universidad demandan las nuevas formas de acumulación y producción capitalista puestas en marcha. Desde los discursos de resistencia y alternativos se concentraron fuerzas contra la privatización de la educación y fue precario el debate a nivel del público en general. Las polémicas respecto al presente y futuro de las universidades, sin neutralidad pero mucho más allá de la diatriba ideológica, fueron impulsadas en buena medida por instancias internacionales como la CRESALC, hoy convertido en IESALC UNESCO.

 

En los noventa del siglo XX la UNESCO plantea la necesidad de convocar a una Conferencia Mundial sobre la Educación Superior que repensara la universidad a escala planetaria, pero también como un espacio de reencuentro con la academia de la recién desmantelada URSS. Los documentos que circularon con carácter previo y las propias conclusiones de la I Conferencia señalaron preocupaciones muy especiales respecto a la eficacia de la universidad existente, la calidad de sus dinámicas y procesos de aprendizajes, el impacto de las NTIC y la cultura global en las dinámicas universitarias. Esta conferencia, al igual que la segunda (2008) fueron precedidas por sendas Conferencias Regionales (CRES). En cada uno de estos espacios se evidenció la urgencia de repensar a la propia universidad y los límites de los procesos de reforma interna.

 

El año 2018 se cumplen 20 años de la primera Conferencia Mundial de educación Superior y coincide con los cien años del grito de Córdoba. Pensamos que es un excelente momento para reanimar, retomar y reimpulsar el debate sobre la educación universitaria. En esta dirección recibimos con alegría el anuncio hecho este 15 de Junio de 2016, en la propia ciudad y universidad de Córdoba, respecto al lanzamiento de la Tercera Conferencia regional de educación Superior (CRES) en la ruta –aún no anunciada por UNESCO- de la III Conferencia Mundial del sector. En hora buena celebramos este anuncio como oportunidad de oro para reabrir y relanzar los debates por esa otra universidad posible.

 

La Universidad para los proyectos de desarrollo nacional, de independencia y para la construcción de sociedades libres, democráticas, justas, igualitarias y, en permanente cambio tiene que ser una universidad pensada desde una perspectiva del Sur. Boaventura de Sousa Santos (2008) nos habla de pensar lo nuevo con lo nuevo, porque

 

“no puede enfrentarse lo nuevo contraponiendo lo que existía antes. En primer lugar, porque los cambios son irreversibles y en segundo lugar, porque lo que existió antes no fue una edad de oro, o si lo fue, lo fue solamente para la universidad y no para el resto de la sociedad, y en el seno de la propia universidad, lo fue solamente para algunos y no para otros. La resistencia debe involucrar la promoción de alternativas de investigación, de formación, de extensión y de organización que apunten hacia la democratización del bien público universitario, es decir, para la contribución específica de la universidad en la definición y solución colectiva de los problemas sociales, nacionales y globales” (p.30)

 

Para Aboites. H. (2011) “este cambio requiere una transformación de la mentalidad universitaria, las estructuras de gobierno, los mecanismos de acceso, la reglamentación y la organización académica, que deben ajustarse a las nuevas demandas y necesidades de acceso, formación y profesionalización que tiene la actual población joven y estructuralmente excluida, pero también a las necesidades de un momento de tránsito al posneoliberalismo como es el actual”. (p.273, en Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela)

 

En la perspectiva que invitan Boaventura y Aboites, nos atrevemos a pensar la universidad del siglo XXI, el presente y el futuro inmediato, en tres momentos: el primero las universidades que se están creando o se van a crear, segundo las universidades que inician procesos de transformación y tercero, las universidades que permanecen inamovibles. En este artículo me referiré sólo a las primeras, esperando poder abordar los otros dos casos en próximos trabajos.

 

Estoy convencido que crear universidades sobre la lógica estructurante de la docencia con complementos de investigación y extensión –independientemente que se digan vinculadas- es un ejercicio colonial, que reproduce el modelo de conocimiento, formación, indagación y acción en lo social, propio, desde y para la dominación. Trataremos pedagógicamente de ir explicando paso por paso esta afirmación.

 

La universidad fundada en cátedras, escuelas, facultades está pensada en buena medida para reproducir el llamado “conocimiento de punta” en las distintas áreas. En esa orientación, por ejemplo, en la sociología, la medicina o la química surgen textos, contenidos curriculares, paradigmas, discursos, resultados que pasan a ser de uso común en los países de la periferia capitalista. A estos se les suele asociar al llamado “conocimiento de punta”; cuando lo cierto es que estas producciones son sólo el “conocimiento liberado para consumo académico masivo” por parte del modo de producción . Desarrollos de ello, lo constituye el tan cotidiano internet de hoy, que pasó décadas siendo utilizado por el llamado complejo industrial-militar antes de que fuera conocido por todos nosotros; evidentemente la tecnología comunicacional “de punta” que debe estar usando ese mismo complejo hoy en día debe ser revolucionariamente distinta a la que usamos cotidianamente. Muchos otros ejemplos surgen en el campo de la genética, la medicina o la neurociencia. De hecho, la mayoría de las investigaciones más importantes realizadas en el 2015 –como en años anteriores- se refieren al cerebro humano, sus usos y potencialidades las cuales aún no forman parte de ese “conocimiento liberado para consumo académico masivo”. Entonces lo que se enseña en el modelo basado en la docencia es solo el cascarón del conocimiento de vanguardia.

 

Argumentaran los defensores de este modelo que la investigación autóctona esta llamada a reducir esta brecha. Esto tal vez sea cierto en términos teórico-conceptuales pero la realidad o la empírea nos dice a diario que la inmensa mayoría de la investigación que se realiza en las universidades está asociada a trabajos de ascenso en el escalafón universitario o de interés muy particular. Con ello no pretende solapar o desconocer la meritoria labor que realizan algunos investigadores en casi todos los campos de las ciencias, pero a decir verdad esta es por lo general una labor muy particular y excepcional y no característica del sistema.

 

Los neoliberales usan esta verdad y realidad para asignarle la mayor cuota de responsabilidad al respecto, al personal docente universitario, eximiendo de culpas al sistema, los gobiernos nacionales, los mecanismos de conducción de la educación superior y mucho más a la propia concepción universitaria. El neoliberalismo educativo, interesado en la privatización educativa a inventado ranking, modelos de evaluación de eficiencia docente, sistemas de clasificación de la investigación, protocolos de reconocimiento de resultados de pesquisas, etc. que sólo terminan certificando los procesos de adaptación del conocimiento liberado por los centros de investigación que sustentan el modelo de producción del capitalismo del siglo XXI.

 

Pero lo que ya resulta inocultable, es que la universidad basada en la docencia con sus complementos de “investigación” y “extensión”, no le resultan útil ni al capitalismo, ni al socialismo en el siglo XXI -desde una perspectiva “neutra” de carácter nacionalista- pero si al modelo de globalización económica y mundialización cultural que impulsa a escala planetaria el neoliberalismo que implica una nueva ruina de las naciones de la periferia en beneficio de las del centro. Es decir, el modelo de universidad, basada en la docencia se ha convertido en un mecanismo de perpetuación de la dominación.

 

No es la primera vez que este debate se abre y las propuestas de solución han sido variadas, desde cacarear una reforma universitaria que se elabore por todos democráticamente –lo cual no ha sido garantía alguna de romper el círculo de la dominación- pasando por modelos organizacionales que terminan queriendo convertir a las universidades en Ministerios, altamente burocratizadas antes que en centros de generación de conocimiento. Pero nadie se atreve a cuestionar los paradigmas, conceptos y procesos sobre los cuales se crean nuevas universidades; por el contrario todos los dispositivos legales y de trámites están montados para repetir una y otra vez el modelo. Área de conocimiento de la nueva universidad a crear, facultades, carreras, programas de formación, cátedras y/o unidades curriculares con variados diseños funcionales terminan pareciéndose cada vez más las unas a las otras.

 

Esto se debe a que la genética epistémica de uno u otro intento tiene una misma raíz: la universidad basada en la docencia. Más allá de cualquier meta discurso innovador, en la mayoría de los casos cualquier iniciativa fenece cuando se concreta en carga de docencia en el aula, de actividades administrativas, de planeación de clases, de asesoría de tesis, etc. del profesor universitario; allí mueren las ilusiones.

 

El desafío doble entonces reside en desarrollar investigaciones nacionales, regionales y locales que permitan ir rompiendo el círculo de la dependencia mediante conocimiento necesario para el desarrollo nacional a la par de ir disminuyendo la brecha de varias décadas existente entre conocimiento de vanguardia y conocimiento reproductor que se suele trasmitir en las universidades de los países de la periferia. Todo ello a la par que se forman los ciudadanos calificados para los proyectos nacionales de independencia económica, tecnológica y cultural.

 

Las universidades son parte integral de un país de una región geopolítica, no son islas a la deriva en un mar abierto, ni un Estado dentro del Estado. La necesaria autonomía universitaria en ningún momento puede significar una desconexión orgánica de las casas de estudios superiores con los proyectos nacionales de país. Por ello considero que el primer pensamiento proto universitario es el de identificar cuáles son los problemas centrales de un país; una vez identificado los 10 o 20 problemas prioritarios para el desarrollo nacional, verificar si alguna universidad de las existentes tiene el perfil para abordar su estudio, análisis y propuestas de solución.

 

De no existir, por ejemplo, en el área del petróleo, pensar primero en el diseño de un Centro Nacional de Investigaciones Petroleras –siguiendo con el ejemplo- que se dedique a estudiar los temas vinculados a esta campo, desde una perspectiva transdiciplinaria, es decir desde los procesos técnicos de producción hasta los operativos de comercialización, pasando por la geopolítica del petróleo hasta la arquitectura financiera para la estabilización de los ingresos producto de las fluctuaciones de precios. Y aquí el pragmatismo de gestión puede no siempre coincidir con las premisas ontológicas, epistemológicas o conceptuales del debate académico, porque se van a requerir estudios disciplinares, multidisciplinares y transdiciplinares en cada caso.

 

Centros de Investigaciones de este tipo, con una plantilla de investigadores con salarios equivalentes al promedio internacional mínimo estándar o más, pueden ser acusados por los conservadores o por los radicales del igualitarismo a ultranza, de elitescos. Pero en ciertas etapas de la historia de las naciones libres y de avanzada se ha requerido y requiere conformar una élite generadora de conocimiento, cuya teleología de constitución es la democratización del mismo y el mejor uso con fines sociales.

 

Centros de investigación de este corte, produciendo resultados concretos luego de cinco, diez o quince años de investigación según sea el caso y la complejidad de los estudios que abordan debieran abrir estudios de postgrado, Doctorados, post doctorados, maestrías, especializaciones y cursos de alto nivel donde se socialice los procesos y resultados de investigación a la par de ir formando, mediante la lógica de equipos de investigación abiertos, el personal docente que trabajaría en el pregrado. Se trataría de invertir la ruta de los procesos de docencia desde el posgrado hacia el pregrado, entendiendo los posgrados no como profesionalizantes, sino como dinámicas de investigación y construcción / validación de discurso científico alternativo. En consecuencia, las nuevas universidades deberían ser paridas por centros de investigación y desde ellos.

 

En consecuencia, serían investigadores con treinta horas mínimas de trabajo semanal investigativo quienes darían un máximo de 8 horas de docencia en la futura universidad. Esta integración investigación-docencia asociada a la validación del impacto social del conocimiento emergente haría posible dar un salto en tecnología, ciencias, conocimientos, técnicas y procedimientos que posibilitarían avanzar en desarrollos nacionales que fundamenten económica, tecnológica y políticamente procesos de autentica independencia nacional.

 

Esto crearía otra serie de problemas, propios de lo nuevo que se crea a los cuales no hay que temerles, sino por el contrario abordarlos dado el impacto de lo nuevo que se construye. Algunos de ellos, como el reconfigurar el concepto de la carrera docente universitaria, el tamaño de la universidad, su vinculación con contextos, el financiamiento, la cobertura, entre otros. En los próximos artículos intentaremos abordar nuestra perspectiva sobre cada uno de ellos, además de plantearnos la reflexión y el debate respecto a cómo alinear las universidades existentes en un esfuerzo tan dialécticamente distinto a la génesis de las mismas, como el que estamos planteando.


A cualquier colega que diga que es posible hacer lo mismo con la universidad fundada sobre la docencia, tendríamos que pedirle que -no como excepción sino como generalidad- muestre donde se está dando esta haciendo lo mismo con el modo colonial viejo, basado en la docencia como epicentro. A los innovadores que han logrado muy buenas definiciones en reglamentos y estatutos universitarios sobre el papel de la investigación deberíamos pedirles que después de por lo menos una década, necesario seria tener resultados de gran impacto para mostrar.


La única forma de eliminar la falla de origen de la universidad es generando una nueva forma de creación del mundo universitario, ya no desde el conocimiento reproductor sino del creador, no desde la dominación sino de la liberación. Se trata de atrevernos a romper con el molde colonial respecto a cómo se construye una universidad. Eso implica dejar de pensar como los dominados que tienen temor de explorar una nueva ruta que no sea la que el amo les enseñó. Creemos pues una universidad a partir de los procesos de investigación, sepultemos la vieja universidad atrapada en la camisa de fuerza de la docencia, construyamos una pedagogía desde el aprendizaje por descubrimiento.

 

 

Lista de referencias:


Bonilla-Molina, L (2001). Gerencia, investigación y Universidad. Ediciones Iesalc. Caracas Venezuela

Bonilla-Molina, L (2015). Calidad de la educación: ideas para seguir transformando el sistema educativo. Ediciones Fonacit MPPE. Venezuela

Bonilla, L y Segrera, F. [2011]. Educación universitaria para el siglo XXI. Ediciones CIM/OPSU, Caracas. Venezuela

D’Andrea, R. E, Zubiría, A y Sastre Vázquez, (2012). Reseña histórica de la extensión universitaria. Mimeografiado

Dridiksson, A. (2000). La universidad de la innovación: una estrategia de transformación para la construcción de universidades de futuro. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas Venezuela

Lemasson, J.P y Chiapee, M. (1999). La investigación universitarias en América Latina. Colección respuestas. Ediciones IESALC UNESCO. Caracas. Venezuela.

Lucilo, L. (2019) Formación de posgrado en América Latina: políticas de apoyo, resultados e impactos. Ediciones EUDEBA, Buenos Aires, Argentina.

Manifiesto Liminar: disponible en http://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/historia/reforma/manifiesto
Morles, V., Medina R., E. y Alvarez B., N. (2002). La Educación Superior en Venezuela. Ediciones IESALC. Caracas, Venezuela.

Quijano, A. (2014). Cuestiones y Horizontes: Antología esencial de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Colección Antologías. Clacso. Buenos Aires. Argentina

Sousa Santos, Boaventura (2008). La universidad del siglo XXI. Ediciones CIM. Caracas. Venezuela.
Tünnermann Bernheim, C. (1996) Breve historia del desarrollo de la universidad en América Latina, publicado en La Educación superior en el umbral del siglo XXI, Caracas: Ed. CRESALC, 1996, pp-11-38

 


[i] Especialmente en casas de estudios superiores como la Universidad Central de Venezuela a mediados del siglo XIX.

[ii] Contenido de los corchetes es mío para contextuar adecuadamente la cita

[iii] En este trabajo partimos del principio que todo conocimiento es primero usado, probado, implementado o desechado por las diferentes expresiones del modelo capitalista globalizado, previamente a su liberación en el mercado de consumo académico.

La Guerra de Irak y las mentiras en que se basó siguen generando polémica

 

Esta semana se dio a conocer un devastador informe sobre la activa participación del Reino Unido en la invasión y ocupación de Irak, al mismo tiempo que continúan buscándose entre los escombros los cuerpos de las personas fallecidas en el peor atentado suicida con camión bomba que ha tenido lugar en Bagdad desde el inicio de aquella funesta guerra en el año 2003. El documento se conoce como “el informe Chilcot”, por su principal investigador y autor, Sir John Chilcot. La investigación fue encomendada en el año 2009 por el entonces primer ministro Gordon Brown. Chilcot dio a conocer el informe de 6.000 páginas el miércoles por la mañana, tras siete años de trabajo. El informe ofrece una larga lista de críticas al ex primer ministro Tony Blair y su gabinete al dejar al descubierto de qué manera se exageró la amenaza que suponían las presuntas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, así como la inquebrantable lealtad que Blair demostró al presidente George W. Bush. “Ahora resulta claro que las políticas sobre Irak se elaboraron sobre la base de información de inteligencia y valoraciones infundadas que no fueron contrastadas”, afirma Chilcot en el comunicado que acompañó la publicación del informe.

 

Un memorando incluido en el informe, enviado por Blair a Bush en julio de 2002, meses antes de la invasión, comienza con la siguiente promesa hecha por Blair a Bush: “Estaré contigo, pase lo que pase". Muchas personas, entre ellas referentes parlamentarios del propio Partido Laborista, piden que Blair sea llevado a juicio por crímenes de guerra. Mientras el Reino Unido, sumido aún en un caos político a consecuencia del referéndum que derivó en el brexit, reacciona al informe Chilcot, la población de Bagdad no se repone aún del atentado del sábado. La cifra de víctimas fatales del atentado se ha incrementado hasta alcanzar las 250. George W. Bush expresó sin ningún atisbo de arrepentimiento a través de un portavoz que “sigue creyendo que el mundo entero esta mejor sin Saddam Hussein en el poder”. Según trascendió, al momento de realizar estas declaraciones, Bush recibía a veteranos heridos en su rancho de Texas.

 

Mientras que las fuerzas británicas perdieron a 179 de sus miembros a lo largo de toda la guerra, las fuerzas estadounidenses tuvieron 4.502 bajas (siete de las cuales sucedieron en 2016). A la invasión y posterior ocupación se destinaron miles de millones de dólares, y se destinarán miles de millones más para el cuidado de por vida de los veteranos heridos y emocionalmente afectados. Sin embargo, la mayor e incalculable pérdida es la que ha sufrido el pueblo iraquí. Como lo demuestra este reciente y devastador atentado, la guerra en Irak no ha llegado a su fin. Se han llevado a cabo varias iniciativas para contabilizar la cifra de víctimas fatales de la guerra. El más bajo de estos estimativos ubica la cifra entre 160.000 y 180.000 fallecidos. Algunos estudios sostienen que el número de víctimas es varias veces mayor. Resulta imposible determinar la cifra exacta, pero el efecto en la población de Irak ha sido devastador y los daños se harán sentir por generaciones.

 

El pronunciamiento británico fue claro: “Nuestros ejércitos no llegan a sus ciudades o a sus tierras como conquistadores o enemigos, sino como libertadores”. Sin embargo, estas palabras no fueron expresadas en 2003, sino en 1917. La guerra arrasaba Europa y la Marina Británica dependía ampliamente del petróleo proveniente de Irak y el Golfo Pérsico. Como sostiene el detallado anexo histórico que acompaña al informe Chilcot: “Para asegurar ese petróleo para Gran Bretaña, en la primavera de 1914, el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, adquirió para el Gobierno Británico el 51% de las acciones de la Anglo-Persian Oil Company o Compañía de Petróleos Anglo-Persa”. Y fue así como todo un siglo de ocupación, explotación, represión, violencia y dolor se ha grabado a fuego en la vida de los iraquíes y en la historia de Irak.

 

Para Sami Ramadani todo esto es más que historia. Ramadani nació en Irak pero vive en Londres desde que se convirtió en un exiliado del régimen de Saddam Hussein. Durante mucho tiempo se ha dedicado ha impulsar el movimiento contra la invasión y la ocupación de Irak, pero también contra las devastadoras sanciones que las precedieron. Poco después de que el informe Chilcot fuera dado a conocer, Sami Ramadani dijo en “Democracy Now!”: “Irak, como sociedad, como Estado, fue destrozado de la manera más cruel desde la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, con tácticas como la llamada de ‘conmoción y pavor’ y con crímenes en masa a una escala indescriptible. El verdadero objetivo no era sacar al dictador, sino controlar Irak. Y al no poder controlarlo, lo destruyeron, al igual que están haciendo con Libia, con Siria y demás. Esto entra en esa escala. Pero la peor de las tragedias es la pérdida de vidas”.

 

Un año después de la invasión, en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y Televisión en Washington, D.C., el presidente Bush bromeó ante los cientos de periodistas presentes en la cena: "Esas armas de destrucción masiva tienen que estar por aquí, en alguna parte. Nop, por allá no hay armas. Puede que estén aquí debajo". Imágenes de Bush en el Despacho Oval, en cuclillas, buscando armas de destrucción masiva bajo los muebles, acompañaron la comedia cotidiana de aquellos días. En tiempos en que los miembros fallecidos del Ejército de Estados Unidos eran retornados a la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en donde estaba prohibido tomar fotografías de las bolsas en que se transportaban los cuerpos, y en que los cadáveres de los iraquíes se amontonaban en las calles y las morgues, la conducta de Bush resulta incomprensible. La guerra no es broma. Tras el informe Chilcot, debería emprenderse una iniciativa seria para que personas como Bush o Blair rindan cuentas por la muerte y la destrucción que siguen teniendo lugar en Irak y en otras partes del mundo.

 

 

Publicado enInternacional
Los monocultivos ya están dándose en algunos países, con los daños que generan, asevera la activista y científica
 
Vandana Shiva, activista y científica de India, advierte que el nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería: Bill Gates, dueño de Microsoft, busca mapear territorios y obtener la información genética de más de siete millones de especies de flora y fauna. Esto se debe detener, porque es patrimonio de la humanidad, señala.

 

 

En entrevista con La Jornada, apunta que en varios países ya es una realidad la presencia de monocultivos de alimentos básicos, producidos a partir de semillas genéticamente modificadas que las empresas trasnacionales venden. Son los casos de Argentina y Brasil con la soya. El riesgo aún es para países como México e India, centros de origen y biodiversidad del maíz y la berenjena, respectivamente.

 

La ganadora del premio nobel alternativo (Right Livelihood Award) en 1993, quien estuvo de visita en México la semana pasada para participar en el primer Foro Mundial de los Derechos de la Madre Tierra, advierte que –además del monopolio de los alimentos– las empresas fabrican pesticidas que ocasionan enfermedades y al mismo tiempo desarrollan las medicinas para curarlas.

 

Toxina cancerígena

 

–¿Se cumplieron las promesas hechas sobre los transgénicos cuando se crearon, hace casi 20 años? –se le pregunta.

 

–La promesa principal fue que iba a mejorar la productividad y a resolver el problema del hambre, pero fue una farsa. Lo que hicieron fue introducir la toxina BT al maíz, la soya, el algodón y la canola, así como desarrollar el herbicida round up. Los productos han sido utilizados para elaborar biocombustibles y alimentos de animales; sólo 10 por ciento es para consumo humano. Originalmente las empresas dijeron que se iban a emplear menos químicos, pero en realidad ocupan más. Quienes entonces trabajábamos en investigaciones anunciamos que se darían efectos negativos. Nuestra predicción fue validada. Las promesas de las empresas no se cumplieron. El fin real era patentar la semilla y ser dueños de los alimentos.

 

“La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el round up, desarrollado por Monsanto, es cancerígeno. Francia y Sri Lanka han demostrado que produce tumores en el riñón. Nuestra alimentación tiene que ser entera para que nosotros estemos enteros, pero está siendo rota, contaminada y robada. Nuestros cuerpos serán igualmente contaminados y dañados.”

 

–Ante el control de los alimentos que buscan estas empresas, ¿qué se puede hacer?

 

–Hay tres formas en que trabajan las trasnacionales de alimentos. Una, con la semilla, ya que así controlan la alimentación, la vida en la Tierra; la segunda es con tratados de libre comercio, pues tienen el mercado para sus propios fines, y el tercer mecanismo es que se están uniendo. Bayer lo va a hacer con Monsanto; Dow con Dupont, y Syngenta con otras. Se están uniendo, pero estos tres grupos ya son uno. Hablamos de que son un grupo con mucho dinero, que busca controlar la alimentación. Tenemos que ser una unidad para proteger la biodiversidad del planeta.

 

“El nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería. Bill Gates es una figura importante en este neocolonialismo de la alimentación. Busca obtener, junto con Carlos Slim, el conocimiento de los pueblos originarios y utilizarlo en fines científicos. Microsoft y la tecnología de computación se unen con la tecnología de organismos genéticamente modificados; mapean los territorios y obtienen la información genética de más de siete millones de especies.

 

“Tenemos que decirle: ‘No, ese es patrimonio de la humanidad y no lo pueden patentar’. Por eso en diciembre, cuando se realice la Convención de Diversidad Biológica en Cancún, voy a regresar para decirlo.”

 

–Hay casos en que estas empresas atacan a quienes cuestionan sus desarrollos. ¿Usted ha sido afectada?

 

–Por supuesto. Las compañías quieren mentir sobre quién produce más comida, pero la vida es un regalo de la tierra, no es invención de Monsanto. Cuando se dice que los pesticidas causan cáncer de riñón y otras enfermedades, persiguen a quien dice la verdad. No es la primera vez que sucede. Sabemos que somos parte de la Tierra, de nuestra biodiversidad y la cultura. Todos esos ataques y periodistas pagados son pequeñas voces que van a desaparecer con la evolución de la historia. Dos o tres años pueden atacar, pero no pueden detener a la Tierra. No pueden detener nuestra libertad.

 

–Monsanto y otras empresas tienen varios años insistiendo en el cultivo de maíz transgénico en México. ¿Usted ve en ello una amenaza del centro de origen del maíz, que se encuentra aquí?

 

–Las empresas se enfocan a ir al centro de origen de las semillas. Llegaron a India, donde hay cientos de especies de la berenjena; buscaron entrar, pero se detuvo la introducción transgénica. En México se ha logrado parar. Hay odio de Monsanto hacia la biodiversidad y la libertad de la alimentación. La defensa debe venir desde un amor a la biodiversidad, a la tierra.

 

–¿Ve el riesgo de que se lleguen a establecer monocultivos de alimentos que son básicos, como el caso del maíz o la berenjena?

 

–No es un riesgo: eso ya está pasando. Hay que ver a Argentina, donde se extendió el cultivo de soya transgénica y sufren los efectos de los pesticidas o el medio oeste de Estados Unidos, es un monocultivo de maíz y soya; Brasil es un monocultivo de maíz. En muchos lugares ya vemos el monocultivo y los daños que esto ocasiona.

 

"En India existe el sistema Navdanya, parecido a la milpa. Son de biodiversidad interna, autosustentables. Lo que las empresas promueven es destruir la biodiversidad, establecer un solo cultivo y la dependencia a una alimentación externa basada en pesticidas. Las compañías que causan las enfermedad son las mismas que trabajan en dar el remedio. La misma que produce el pesticida también tiene la medicina para curar la enfermedad que provocó".

 

 

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