“Africa es y ha sido un gran laboratorio”

Es argentino y se doctoró en Antropología en la Universidad de Columbia. Desarrolló su trabajo de campo en Mozambique. Con esa experiencia, fijó su atención en el impacto del neoliberalismo en los países africanos. Aquí, traza un paralelo entre los procesos de aquel continente y América latina. Y advierte sobre los efectos del poscolonialismo en ambas regiones.

 


–¿Por qué propone comparar los colonialismos en América latina y en Africa?

 

–La discusión viene desde los ’80 con las teorías poscoloniales, con intelectuales de India y Africa. Después de consagrarse en el Norte, llega a Latinoamérica. Propongo traer esa discusión al capitalismo global. Cuando lo planteamos para Latinoamérica no debemos retrotraernos sólo al colonialismo español. Me parece mucho más importante estudiar a Latinoamérica como colonia de nuevos imperios, pensándola como región y, luego, como Estados-nación. Cuando India se estaba independizando en el año ’48 –al mismo tiempo que Israel, Palestina– y en Africa empezó la descolonización, acá éramos, en teoría, Estado-nación independiente desde 1800, pero bajo una órbita colonial informal. Así tratamos de ver y estudiar los mecanismos políticos y diplomáticos de dominación económica en paralelo.

 

–¿Cuáles son las similitudes entre ambas regiones que dan cuenta de un colonialismo que subsiste?

 

–Lo que es poscolonial en India o Africa, en nuestra región habría que estudiarlo en la posdictadura, y analizar las dictaduras latinoamericanas como un proceso semicolonial formal.

 

–¿Por qué?

 

–El giro es que no se trató de una colonia formal con un ejército de ocupación extranjero. Pero hay que estudiar cómo los mecanismos de golpe de Estado, de dictaduras extranjeras, diplomáticas, militares y políticas dieron pie a mecanismos económicos de extracción, explotación y articulación económica. Eso está muy documentado en Argentina y en Latinoamérica. Lo interesante es abrir el panorama y ver cosas similares en la descolonización. Desde el Sur debemos estudiar a Latinoamérica como laboratorio de neoliberalismo fuerte bajo gobiernos dictatoriales, que son semicoloniales. Africa, en los ’70, fue un campo de batalla de la Guerra Fría, dividida entre gobiernos afines al bloque del Este y dictaduras que duraron 20 o 30 años, financiadas por los Estados Unidos. Yo realicé mi trabajo de campo en Mozambique, que durante 15 años fue un régimen socialista aliado a la Unión Soviética. Angola es otro caso, Etiopía otro. Si bien las historias son diferentes, esta perspectiva propone ver paralelismos.

 

–¿Como cuáles?

 

–Por ejemplo, el capitalismo de extracción que se está dando como modo de acumulación global en India, en Asia, en Africa y Latinoamérica tiene rasgos similares en el tipo de proceso económico de inversión, de extracción, de acumulación. Las empresas son las mismas. Podemos hablar de empresas mineras en Africa que también están en Perú, Ecuador y Colombia, donde se han generado revueltas políticas de resistencia.

 

–¿El monocultivo es muy importante también en Africa?

 

–Sí, todos los países están centrados en un único cultivo, de lo cual están intentando salir pero es muy difícil.

 

–¿Quién y por qué están dando esa discusión?

 

–Porque son economías que ya han sido estructuradas de esa manera desde el período colonial. Estamos hablando de 1880, de estados que son satélite de una colonia y productores de café (Ghana), petróleo (Nigeria), diamantes y oro (Sudáfrica). Ahora se está planteando el tema desde los gobiernos. Paralelamente, China está teniendo una gran influencia económica y política y generando cambios en la demanda de un continente como Africa, que empieza a aumentar su producción.

 

–¿Cuáles son los principales perjuicios que genera el monocultivo en los países africanos, en términos económicos y sociales?

 

–Todos los procesos que vemos en Latinoamérica, de violencia, extracción económica, en Africa se ven en dimensiones mayores. Hay una debilidad concreta en lo institucional, una herencia clara del colonialismo. El colonialismo británico y el francés dejaron estados muy débiles, muy marcados, sometidos. Hablamos de ciento cincuenta años de un altísimo nivel de violencia, de capitalismo extractivo y opresión colonial, que es lo que define al colonialismo. Cuando digo que hay que hablar de poscolonialismo en Latinoamérica me refiero a la violencia política.

 

–¿En qué se diferencian el colonialismo y el poscolonialismo?

 

–Lo que se denomina poscolonial es aquello que tiene una impronta colonial. Con el prefijo se está señalando que la experiencia colonial, corta o mediana, ha sido fundamental y que sus efectos políticos, económicos y culturales permanecen con un altísimo grado de violencia, con un aparato estatal que es una mala copia degradada del Estado occidental y con déficit absolutos en términos de ciudadanía, porque la ciudadanía estaba basada en la segregación racial. Ese es un tema muy importante para plantear en Latinoamérica, sobre todo en Argentina, donde supuestamente no tenemos las categorías raciales.

 

–¿Cómo se explican determinados conflictos armados entre pueblos dentro de un mismo país en Africa, que generalmente son presentados como “guerras tribales”?

 

–El estereotipo colonial incorporado indica que son guerras tribales de grupos arcaicos, que hace miles de años se vienen peleando y odiando. No hay nada de eso. Es una historia de violencia política muy corta en el tiempo. Lo que se denomina “grupos étnicos” es una configuración que tampoco responde a una realidad concreta social.

 

–¿Por qué?

 

–Porque esos grupos étnicos se han venido mezclando, casando, juntando, peleando y volviendo a articular durante cien o doscientos años. Dentro de cada país hay muchos grupos étnicos y eso es una cuestión para desentrañar. El colonialismo de los antropólogos aquí (en América latina) lleva a hablar de tribus, de grupos étnicos, de raza. Sí hay grupos sociales, pero ¿en base a qué se los define?, ¿qué diferencia a un wichí de un toba?

 

–Desde esa visión crítica, ¿cómo explica el genocidio de Ruanda en 1994, por ejemplo?

 

–En Ruanda, una minoría del “grupo étnico utu” masacró a cientos de miles de tutsis en el lapso de tres meses. La CNN dice que esa masacre está basada en odios ancestrales, cuando en realidad responde a una lógica colonial manejada por el colonialismo belga que trajo grupos que no estaban en el territorio de Ruanda.

 

–¿Qué hizo el gobierno belga, concretamente?

 

–Los trajo de lugares extranjeros, los instaló y les dio más derechos que a los que allí vivían. La política colonial es dividir para reinar. A lo largo de 80 años, utus y tutsis se han ido mezclando. Entonces ¿cómo saber quién es cada cuál? Cuando se produjo el genocidio, bandas de utus fueron por las calles y las casas buscando tutsis, y la única manera de identificarlos era por el documento de identidad que decía “Fulano de tal, tutsi”. Porque ya no hay manera de identificar un tutsi de otro grupo étnico por la apariencia. Pero que el documento estatal diga tu pertenencia étnica es una herencia colonial de segregación racial. En un momento de la historia de Ruanda, utus y tutsis eran casi grupos políticos, no grupos étnicos.

 

–Y en 1994, ¿qué desató tamaña violencia?

 

–En el ’94 hubo una gran crisis política interna, un proceso de ajuste estructural de achique de la economía brutal y, además, una campaña desde los medios de comunicación llamando a la violencia contra los tutsis. Se preparó mucho desde sectores aliados al gobierno. Los medios fueron un factor importantísimo. El eslogan político era: “Vamos a matar a los cucarachas”. Esto está pasando en muchos conflictos de Africa.

 

–Se referenció a esos episodios siempre por cantidades llamativamente altas de muertos.

 

–¿Y cómo llegamos en Argentina a matar a 30 mil personas, y a torturarlas? En Africa, a veces, todo aparece como más exagerado, pero aquello que se llama violencia étnica es importante de entenderla como violencia política. No es ningún odio étnico, biológico ni ancestral, son procesos histórico-políticos con fuerte impronta poscolonial. Y para no echarles toda la culpa a los belgas o a los ingleses, digamos que después hay dinámicas internas que son propias. En Ruanda hubo 200 mil muertos en tres meses, con machete. Esos niveles exagerados, excesivos en todos los frentes –la economía, la política, la violencia– es donde creo que interviene la violencia colonial fuertemente, violencia extrema de cien años de colonialismo deja esa herencia. Además, no han creado instituciones que la canalicen. Pero no debemos estereotipar. Africa no es el caso perdido de la historia universal, es un producto local e internacional.

 

–¿El nivel armamentístico que hay en países africanos es muy alto?

 

–Tengo entendido que Mozambique fue el primer lugar donde se aplicaron técnicas de terrorismo contra poblaciones civiles. Allí hubo una guerra civil de 15 años, desde el ’77 al ’92. Entonces había un gobierno socialista y el gobierno del apartheid, junto con la CIA, formaron una guerrilla que fue muy famosa en su época. Y hoy en día son los dos partidos políticos de la democracia que comparten muchas cosas. Africa funciona mucho como campo de experimentación. Los campos de concentración se inventaron en una guerra en Sudáfrica en 1890, no contra británicos sino contra holandeses y otros europeos. El Africa subsahariana es una cosa y el norte, otra. El norte tiene un desarrollo cultural muy importante, como Egipto, pero dicen que no es Africa. Porque desde Hegel Africa “no puede ser nada, está fuera de la historia”. Tanto geopolítica como poscolonialmente es muy importante decir que lo que se llaman “revoluciones árabes” son revoluciones africanas.

 

–¿Por qué empezaron a producirse estas resistencias?

 

–Hay dinámicas de dominación muy enquistadas, lo poscolonial heredó mucho de dominación. La culpa no es sólo de las colonias, porque incluso durante los gobiernos democráticos se ven dinámicas de control y coerción de elites políticas. Hay procesos de resistencia fragmentarios, donde un actor fundamental es la juventud. Y en los países islámicos, donde las mujeres están oprimidas, son un actor político y cultural fundamental. Juventud y mujeres son un foco de resistencia que se articula y lidera el movimiento.

 

–¿Cuál es la problemática que mayor interés está generando en Africa?

 

–Un tema muy importante es la tierra, principal recurso económico y político. Están ingresando inversores extranjeros individuales y corporaciones, que arman negocios con el Estado o algún aparato de la elite. La mayor parte del continente es población rural y va hacia un mundo que se urbaniza. Pero todo lo que pasa en la capital a nivel de la elite política tiene conexión con la población rural.

 

–¿Y por qué sigue siendo tan importante el sector rural cuando el mundo va hacia lo urbano?

 

–Es un mundo subdesarrollado económica e institucionalmente, además las dinámicas políticas y culturales están muy fuertemente atadas a lo rural, donde hay una importante red clientelar. Una dinámica que el neoliberalismo y el ajuste han exacerbado. El neoliberalismo reforzó muy profundamente toda la cuestión de los derechos consuetudinarios, lo tradicional; reforzó muchísimo el poder de los jefes tribales. Hay una articulación Banco Mundial-agencia-jefes tribales que supone un desguace del Estado.

 

–¿Cuál es el interés de China en Africa?

 

–Repito que Africa es y ha sido un gran laboratorio. Y también el reflejo de un mundo más multipolar porque la influencia (norte)americana es muy fuerte, pero no es lo único ni lo más poderoso. Porque es una globalización dirigida por Estados Unidos en retirada, pero los ex poderes coloniales europeos son los principales clientes económicos y políticos, con un control diplomático y político y una influencia muy grande en el sostén de regímenes autoritarios, aunque sean democráticos.

 

–¿Y cómo entra China en este escenario?

–China se ha vuelto el principal socio económico de todo el continente. Se dan dos dinámicas. Por un lado, un fuerte endeudamiento –China da créditos blandos a miles de años– y, por otro, un fuerte capitalismo extractivo en recursos naturales y energía. China compra o financia proyectos gigantescos en cualquier lugar del mundo, pero en el caso de Africa más aún, por su importancia geopolítica. En algún momento, China puede ser el principal gobernador de la región. Está acumulando y “comprando” Africa, empujándola a salir del monocultivo y diversificarse para la demanda china, otorgando créditos blandos para desarrollo e infraestructuras a elites políticas a las que va cooptando clientelarmente. Mirar hacia dónde va China ahora y qué dinámica está desplegando en Africa es un espejo para pensar Latinoamérica. Un investigador decía que China tiene la deuda impagable de Estados Unidos pero con eso se está comprando Africa y medio mundo. Y la elite china dice tener plazos muy largos.

 

–¿Usa el término “comprando” en forma simbólica o literal?

 

–Mitad y mitad. Por un lado, están invirtiendo. Por otro, están generando margen de maniobra con las elites políticas africanas. (Con su iniciativa) pueden reemplazar los planes de ajuste estructural. China presta a una tasa muy baja a 50 o 100 años. Un dato etnográfico es la influencia que tenía China desde la época de la Guerra Fría, con países afines como Tanzania y Mozambique.

 

–Y en cuanto a su trabajo de campo en Africa, ¿en qué consistió?

 

–Realicé trabajo de campo en Mozambique dos años y medio. La mitad del tiempo en la capital, y el resto en localidades rurales. Vi los cambios que produjeron las reformas neoliberales desde el punto de vista del derecho.

 

–¿Y qué efectos encontró?

 

–El neoliberalismo ha sido –y todavía lo es– un gran andamiaje jurídico, legal. Ha regulado desde el discurso de la desregulación. Al estudiar los mecanismos jurídicos y la proliferación de leyes bajo la lógica del mercado pude ver que el Estado es un actor privado más, un sujeto de derecho. El concepto “Estado del ajuste estructural” es muy claro en Mozambique y quizás en otros países.

 

–¿En qué se traduce ese concepto, concretamente?

 

–Quiere decir que no hay un aparato de Estado nacional y agencias extranjeras e inversiones extranjeras. Sino que son dinámicas muy fluidas donde no se puede distinguir, en general, entre lo nacional y lo transnacional, ni entre lo privado y lo público. Son corporaciones extranjeras que deben asociarse a un personaje de la elite local que todavía digita los controles de las privatizaciones. No se trata sólo de que agencias extranjeras digan qué legislar como parte de los programas de ajuste, sino que los consultores externos hacen las leyes que aprobará el Congreso. Incluso, hay miembros de la Corte que son consultores.

 

–¿Miembros de la Corte y a la vez consultores?

 

–En el Estado postestructural, sí. Sucede a menudo..., es que el Estado no tiene fondos. En este caso (Mozambique), la mitad del presupuesto nacional proviene de ayuda externa de distinto tipo. Es un Estado muy precario. Algunas personas dejan su puesto en el Estado para desempeñar el mismo puesto pero en una agencia de cooperación que financia esa área del Estado. Por ejemplo, alguien dirige tal subsecretaría pero no cobra dinero del Estado porque esa subsecretaría es parte de un proyecto de desarrollo de una agencia sueca y cobra el triple como consultor desarrollando el mismo trabajo.

 

–Ese mecanismo se daba en algunos países andinos también.

 

–Entonces, viéndolo desde la experiencia del ajuste en Argentina, allá vi todo más exagerado, exacerbado y profundizado. Al mismo tiempo, yo fui con la idea de que el Banco Mundial y las agencias digitaban todo. Pero en el Estado del ajuste debe haber una negociación constante entre elites locales –con altas cuotas de poder en control militar, control de inteligencia y seguridad– y agencias privadas y extranjeras. Por ejemplo, la agencia escandinava financia y regula un área importante de desarrollo, pero cuando hay una licitación de puerto y aduanas la gana una empresa de ese país. Eso no se anota en ningún lado, pero se puede estudiar en el marco del Estado de ajuste estructural. En Latinoamérica, las dinámicas y los límites que marca el capitalismo extractivo son muy fuertes, claros y violentos, por eso está generando resistencias.

 

–¿Cómo se articula el neoliberalismo con la cultura y la religión en Africa?

 

–Africa se globaliza y genera la exclusión de todo lo local. Ahora hay celulares en Kenia pero desaparece el Estado-nación. La exacerbación de las identidades locales es una reinvención de los orígenes de los grupos locales que luchan por el acceso a la tierra, reinventadas como el primer ocupante del lugar y con una fuerte dosis de exclusión del otro, del extranjero. El neoliberalismo liberó el mercado de la tierra y hay cada vez menos acceso a ella por parte de las comunidades locales. Eso generó que en todos lados hubiera conflictos candentes de lo que se llama “autoctonía”: reforzar la identidad local apegada a la tierra y el rechazo al otro.

 

–¿Qué lineamientos propone en términos de línea política Sur-Sur?

 

–Lo que nos une es la lógica de los enclaves: el neoliberalismo genera fragmentación de los Estados nacionales, porque la producción económica está en un enclave que se desconecta del resto de los Estados-nación y de la economía. Adquiere una dinámica propia conectada a los centros financieros internacionales. Esto en Africa es muy descarnado, pero empieza a verse en Latinoamérica. En el interior del Estado, los enclaves son estados de excepción, zonas económicamente autosuficientes que se transforman en mini-Estados privados. En el Congo hay enclaves de extracción de diamantes y oro, en Nigeria de petróleo. Lo más interesante es ver la fragmentación social y cultural.

 

–En ese contexto, ¿por qué el interés en estudiar lo poscolonial?

 

–Esa era la lógica colonial: dividir, segregar comunidades y pueblos en territorios que no se podían articular, una absoluta división territorial y político-cultural. El ajuste estructural tiene una historia colonial de fragmentación y lógicas de enclave. Es importante estudiar esto comparativamente entre Africa, Asia y Latinoamérica. El eje de trabajo es para los académicos que se instalen en la red Sur-Sur, en articulación con sectores intelectuales y políticos en el Sur.

 

–¿Hay intenciones reales de concretar ese trabajo en red?

 

–Por ahora hay intenciones. Vine a la Universidad de General San Martín a desarrollar esta iniciativa. Aunque la lógica colonial es lo que está marcando el campo, el objetivo último es pensar esto desde el Sur. Los intelectuales y políticos están dando los primeros pasos. Brasil, India y Sudáfrica tienen iniciativas en común, discuten políticas públicas, están a nivel del gobierno en el BRICS, en el G-20. Están en la Agencia de Naciones Unidas de cooperación Sur-Sur pero también tienen iniciativas en el marco de Naciones Unidas y el Banco Mundial. Quizá sea demasiado purista, pero la apuesta es poder saltearnos eso y ponernos en red con gente en Mumbai, en Nairobi, Johannesburgo, Buenos Aires, México.

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"La economía verde es el nuevo colonialismo para someter a nuestros pueblos"
Plenaria de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Rio+20 Rio de Janeiro, 21 de junio de 2012


Saludando a todos los presentes y a los pueblos del mundo, el Presidente Evo Morales Ayma, del Estado Plurinacional de Bolivia inició su discurso de la siguiente manera:


En los pueblos del Sur hoy festejamos nuestro año nuevo Andino Amazónico, festejamos el Inti Raimy, en quechua Fiesta del Sol, el Inca Cuti, en Aymara el retorno del padre sol, los relojes cósmicos que nos enseñan y señalan los siglos de la madre tierra. Hoy en Bolivia es feriado, festejamos el año nuevo andino amazónico. Quiero felicitar a todos los pueblos del sur, especialmente al movimiento indígena originario.


Hace 20 años, en la Cumbre por la Tierra realizada aquí en Brasil, se planteaba una reflexión profunda sobre la vida y la humanidad tomando en cuenta nuestro planeta tierra. Recuerdo el gran mensaje de un hombre sabio, Fidel Castro, Presidente y Comandante de Cuba Revolucionaria que nos decía “acaben el hambre no al hombre, paguen la deuda ecológica no la deuda externa”. Ahora nos damos cuenta que este hombre tenía mucha razón, al afirmarnos que hay que condenar la deuda del sistema capitalista, los países llamados pobres o en vías de desarrollo sentimos que la deuda de los países capitalistas es impagable.


En esta conferencia es importante hacer profundas reflexiones tomando en cuenta las futuras generaciones. Está en debate la llamada Economía Verde, que de acuerdo al sentimiento de los movimientos sociales del mundo, especialmente el movimiento indígena, el ambientalismo de la Economía Verde es el nuevo colonialismo de sometimiento a nuestros pueblos y a los gobiernos anticapitalistas.


El ambientalismo de la economía verde es un nuevo colonialismo de doble partida, por un lado es un colonialismo de la naturaleza, al mercantilizar las fuentes naturales de la vida y por otro es un colonialismo a los países del Sur que cargan en sus espaldas la responsabilidad de proteger el medio ambiente que es destruido por la economía capitalista industrial del Norte. Este llamado ambientalismo mercantiliza la naturaleza convirtiendo cada árbol, cada planta, cada gota de agua y cada ser de la naturaleza en una mercancía sometida a la dictadura del mercado que privatiza la riqueza y socializa la pobreza.


La economía verde usurpa la creatividad de la naturaleza, que es un patrimonio común de todos los seres vivos existentes, para expropiarla hacia el lucro privado a nombre del cuidado de la naturaleza. Es una estrategia imperial que cuantifica nuestros recursos naturales: cada río, cada lago, cada planta, cada producto natural es traducido en dinero, para la ganancia empresarial y su apropiación privada. Convierte la fuente de vida de todas las generaciones en un bien privado para el beneficio de unas cuantas personas, al dar réditos económicos por la naturaleza, por ello este es solo un modo de realización del capitalismo destructor, gradual y escalonado de destrucción mercantil de la naturaleza.


Pero además el ambientalismo del capitalismo, la economía verde, es también un colonialismo depredador porque permite que las obligaciones que tienen los países desarrollados, de preservar la naturaleza para las futuras generaciones, les sean impuestas a los países llamados en vías de desarrollado, mientras los primeros se dedican de manera implacable a destruir mercantilmente el medio ambiente. Los países del Norte se enriquecen en medio de una orgia depredadora de las fuentes naturales de vida y nos obligan a los países del Sur a ser sus guardabosques pobres.


Pretenden eliminar nuestra soberanía sobre nuestros recursos naturales, limitando y controlando el uso y aprovechamiento de nuestros recursos naturales. Nos quieren crear mecanismos de intromisión, para elevar, monitorear, juzgar y controlar nuestras políticas nacionales. Pretenden juzgar y castigar el uso de nuestros recursos naturales con argumentos ambientalistas.


Quieren un Estado débil, con Instituciones débiles, sumisas, sin regulación para que les regalemos nuestros recursos naturales, como siempre ha pasado en la historia. Por eso es tan importante una profunda reflexión en esta conferencia internacional, de como el capitalismo de la economía verde promueve la privatización y la mercantilización de la biodiversidad y el negocio de los recursos genético. La biodiversidad para la Economía Verde no es Vida es negocio, por lo que llego a la siguiente conclusión: la vida no es un derecho sino solo un negocio para el capitalismo y para el colonialismo que usa el medio ambiente en esta conferencia.


Queridos presidentes, no es posible que la llamada civilización de 200 o 300 años pueda destruir la vida armónica en la que vivieron los pueblos indígenas por más de 5000 años, esta es nuestra profunda diferencia entre el occidente y los países del sur, especialmente con los movimientos sociales que viven en armonía con la Madre Tierra.


Un pequeño aporte desde Bolivia para esta lucha es la aprobación de la Ley de la Madre Tierra y desarrollo integral para vivir, aprobada hace 2 días en el Senado, su objetivo es vivir bien en desarrollo integral a través de la armonía y equilibrio con la madre tierra, para construir una sociedad justa, equitativa y solidaria y sin pobreza.


Para lograr el desarrollo integral necesitamos realizar de manera complementaria, compatible e interdependiente los siguientes derechos:


a. Los derechos de la Madre Tierra

b. Los derechos de los pueblos indígenas

c. Los derechos de los pobres a superar la pobreza

d. El derecho del pueblo boliviano a Vivir Bien

e. Derecho y obligación del Estado al desarrollo sostenible


No podemos desarrollarnos sin tocar la naturaleza, ni desarrollarnos destruyendo la naturaleza, por eso nuestra ley propone la complementariedad de estos derechos. Además de eso nuestra Ley crea también la Entidad Plurinacional de Justicia Climática, para gestionar la adaptación y mitigación climática y crea un Fondo Nacional de Justicia Climática.


Una pequeña experiencia vivida hasta ahora en Bolivia, en la búsqueda del vivir bien de nuestros pueblos, es la recuperación de nuestros recursos naturales. Con ello se ha mejorado bastante nuestra economía nacional, puedo comentarles tres ejemplos, la empresa más grande de los bolivianos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, el 2005 apenas rentaba 300.000.000 de dólares, luego de su nacionalización, en este año va a recibir 3500.000.000 de dólares gracias a la lucha del pueblo boliviano y el cumplimiento de su mandato de nacionalizar nuestros recursos naturales.


Sabemos que somos un país pequeño, llamado país pobre y en desarrollo, nuestras reservas internacionales el año 2005 eran 1700.000.000 dólares, este año estamos llegando a 13000.000.000 dólares de reservas internacionales. La inversión pública en Bolivia el 2005 antes de que llegue a la presidencia era de 600.000.000 dólares además de eso el 70% era de créditos o de donaciones, este año la inversión está programada para más de 5000.000.000 dólares. Ustedes podrán imaginarse como cambió nuestra economía después de recuperar y nacionalizar los hidrocarburos, es una experiencia muy importante el recuperar nuestros recursos naturales, con mucho respeto a los países del mundo, los llamo a que recuperen y nacionalicen sus recursos naturales, los recursos naturales son de los pueblos y deben estar bajo competencia del Estado y no pueden ser el negocio de las transnacionales.


Además de eso, otra experiencia está relacionada a los servicios básicos, los cuales jamás podrán ser negocio privado. En Bolivia estaban privatizados los servicios de telecomunicaciones y agua, después de llegar a la presidencia se inició su recuperación y de esta forma se logra recuperar los servicios básicos como una obligación del Estado y decir no a la privatización, ningún negocio de las transnacionales nos ayuda a resolver los problemas sociales tan importantes en Bolivia.


Queridos compañeras y compañeros presentes aquí sería importante pensar de verdad en las futuras generaciones, y solo podemos hacerlo terminando con los modelos de saqueo que depredan y acaban con nuestros recursos naturales. El capitalismo no es ninguna solución, lamento mucho que se esté haciendo un seguimiento a la llamada economía verde ya que esta es el nuevo colonialismo para someter a los pueblos y a los gobiernos antiimperialistas y anticapitalistas, por lo que los llamo a la reflexión para el bien de las futuras generaciones, si queremos pasar a la historia y si queremos que este evento sea inédito, no tenemos otra alternativa aquí más que aprobar un documento que permita terminar con las políticas económicas, ecológicas y sociales que estan llevando al mundo a un humanicidio, para lanzarnos al humanismo que sería muy importante para los pueblos del mundo.


Presidente muchas gracias por su atención, será muy importante seguir trabajando juntos todos los pueblos del mundo.

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En las Naciones Unidas se habla de “territorios sin gobierno propio” cuando se habla de colonialismo, pero el art. 73 de la Carta de las Naciones Unidas (ONU-1946) dice que son territorios cuyos habitantes no han alcanzado totalmente a gobernarse a sí mismos.

También se lo define como el dominio que ejerce un pueblo sobre otro, de una nación étnica sobre otra, o de un poder hegemónico sobre un conjunto de colectividades a las que subordina en su propio beneficio. Es a raíz de estos conceptos que en 1961 se crea el Comité de Descolonización en el seno de la ONU. Según este organismo, son tres potencias los que controlan los 16 enclaves coloniales registrados en el mundo.

Once son colonias del Reino Unido: Anguila (desde el año 1650), a 240 km de Puerto Rico; Bermudas (año 1609), sobre el Atlántico norte; Gibraltar (desde el año 1713), queda en Europa en la península Ibérica; Islas Caimán (desde el año 1962, las separa de Jamaica cuando en este año le da la independencia a ésta); Islas Malvinas (desde 1833); Islas Turcas y Caicos (desde el año 1962) también fueron separadas cuando se le dio la independencia a Jamaica; Pitcairn (desde 1838) queda en la Polinesia, sobre el Pacífico; Islas Vírgenes Británicas (desde 1672) queda al este de Puerto Rico; Montserrat (desde 1632) queda al sudeste de Puerto Rico; Santa Elena (desde el año 1651) queda en Africa, a 2800 km de Angola; y Tokela (desde el año 1889, aunque en 1925 Inglaterra las cedió a Nueva Zelanda, la ONU no reconoce esta medida).

Tres colonias tiene Estados Unidos: Samoa Americana (desde 1899), situada en el Pacífico sur, en Oceanía; las Islas Vírgenes de los Estados Unidos (desde 1917 que fueron compradas a Dinamarca) limitan con Puerto Rico; y Guam (desde 1898 en que fue cedida por España), situada en Asia, a 1350 millas de Japón.

Francia tiene una colonia, Nueva Caledonia (desde 1853), en Oceanía, a 1500 km de Australia, siendo que el Sahara Occidental en el Africa ahora está en manos de la misión de la ONU para referéndum.

Si de algo sirve esta enumeración es para destacar que los principios de la ONU enunciados al comienzo son contradictorios con las agobiantes cifras que acabamos de repasar.

Encontramos, por ejemplo, que los tres países colonizadores son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, quienes se reservan el derecho de veto para cualquier tema que les afecte.

Se hace muy difícil pensar que desde ese organismo se va a encontrar una solución en tiempo y forma: solamente van descolonizando cuando expoliaron totalmente el lugar. Basta ver cómo quedaron los países del Africa que encontraron su independencia.

La única arma que tenemos los colonizados son los principios enunciados por la ONU. ¿No será el tiempo de aprovechar las nuevas instancias en las que se va organizando el mundo ante esta cristalización del Consejo de Seguridad para ir buscando consensos, ampliar el diálogo, multilateralizarlo, entre la Unasur, la Organización para la Unidad Africana, la Unión Asiática, el Caricom, la Unión Europea más Estados Unidos, México y Canadá?

Propongamos y acordemos que en un día universal, en todo el planeta, se haga un plebiscito sobre si queremos vivir con colonialismo o no.

Nuestra arma es la razón, no la fuerza. “Occidente”, como les gusta llamarse a las potencias, pregona la democracia como la forma de vida “civilizada”; el voto es la herramienta básica del sistema democrático, usémoslo para evitar que saqueen lo que queda de nuestras Malvinas.

En esa instancia no dependeremos de Cameron y su futura reunión con Barack Obama, ni del veto que tienen las potencias coloniales.

Por Eduardo Valdés, ex jefe de Gabinete de la Cancillería argentina.
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ALAI AMLATINA.- Se reabrió la polémica por las Malvinas en un tema estratégico: la explotación petrolera. La noticia remite a inversiones inglesas en las islas argentinas usurpadas por el Reino Unido y la decisión del gobierno argentino por impedir el transporte de materiales asociados a dicha explotación. Esa medida gubernamental está sostenida en el incumpliendo inglés de acuerdos diplomáticos entre ambos países. Acuerdos que funcionaron entre 1995 y 2007 y reiteradamente incumplidos por las licitaciones de áreas petroleros habilitadas por Inglaterra en Malvinas.

Los trascendidos y declaraciones en cada país motivan las más diversas especulaciones, incluso guerreristas (al mejor estilo Thatcher en 1982) en el ambiente electoral británico, pero lo importante es la discusión sobre el uso soberano de los recursos naturales, un tema que trasciende la explotación de hidrocarburos y se proyecta a la explotación de la minería, de la tierra y su producción agrícola y ganadera, especialmente en tiempos de subas de los precios de la alimentación y deterioro de la capacidad de compra de los sectores de menores ingresos.

El capital sin fronteras

El hecho son las concesiones para explorar y explotar yacimientos establecidos en el mar argentino. Son acciones de empresas transnacionales sobre un potencial de 200.000 millones de barriles de petróleo.

No resulta ocioso recordar el peso estratégico de la producción petrolera en las condiciones del modelo productivo vigente y que la Argentina es de los pocos países que no administra soberanamente las reservas petroleras. El 90% de las reservas de petróleo del mundo son administradas por los Estados nacionales, claro que también se verifica la dependencia de la actividad petrolera de las corporaciones privadas que manejan el paquete de la tecnología del petróleo, la comercialización, el financiamiento y el transporte. No alcanza con la soberanía sobre los yacimientos, siendo estratégico el paquete tecnológico, el know how de la exploración, explotación y distribución de los hidrocarburos. Es todo un tema para pensar la cuestión energética desde un enfoque alternativo, pues no solo se trata de recuperar la petrolera estatal, sino de articular un trabajo de ciencia y técnica en el marco de la cooperación e integración regional.

El episodio que comentamos articula a la Empresa Desire Petroleum y uno de sus principales accionistas: la Banca Barclays, entidad financiera organizadora seleccionada por el gobierno argentino para la reapertura del canje de la deuda externa en cesación de pagos. Se trata de una combinación de dos temas centrales, la explotación petrolera y la negociación de las acreencias externas. Convengamos que la cuestión involucra a socios locales de la iniciativa inglesa, ya que el detenido embarque de tubos sin costura provenía de la empresa Techint. Este consorcio actúa en la explotación petrolera en territorio argentino a través de Tecpetrol y cabe el interrogante si el intento exportador de Techint no inhabilita el accionar del grupo en la explotación petrolera en nuestro país.

Es un razonamiento extensivo a la actividad petrolera inglesa, de la Barclays y la banca británica, como de todas las empresas externas, especialmente inglesas, que operan en el país. Recordemos que existen disposiciones de la Secretaría de Energía que prohíbe expresamente operar en la plataforma continental argentina sin habilitación de autoridad competente de nuestro país, situación que incluye a las empresas “controlantes, controladas, accionistas, y asociadas”.

Pensar y actuar soberanamente

Son cuestiones a considerar en el marco de la recrudecida crisis de la economía mundial, donde se discute la cuestión fiscal de Europa, el déficit de los estados europeos y su financiamiento por la banca europea. La respuesta del capital y los Estados hegemónicos a la crisis pasa por el ajuste de las cuentas públicas afectando salarios y gasto estatal social, y por una nueva escalada de la ofensiva del capital por la expansión de la explotación de fuerza de trabajo y recursos naturales.

Es tiempo para pensar en la administración soberana de la economía, en soberanía alimentaria, energética y financiera. Lo que estamos sugiriendo es combinar acciones diplomáticas con un debate sobre la soberanía del orden económico local. ¿Es acaso utópico pensarlo, cuando la tendencia es al alza del precio del petróleo, de las tasas de interés (ahora aumentadas por la Reserva Federal de EEUU) y de los precios de los recursos naturales? El debate no es ocioso, máxime cuando el país está negociando el tratado de libe comercio entre el Mercosur y Europa para suscribir en Mayo en los fastos del bicentenario.

El asunto es que no son discusiones distintas, el libre comercio que afecta y afectará a la debilitada industria local es parte de la estrategia ofensiva del capital mundial por la expansión de su actividad en recursos naturales, finanzas y comercio.

Lo que sugerimos es la oportunidad para la discusión sobre la organización económica local sobre bases de soberanía, ahora que se acaba de anunciar el funcionamiento de una articulación entre el Ministerio de Economía y el Banco Central para redefinir el “modelo productivo” surgido de la cesación de pagos de fines del 2001 y de la devaluación de comienzos del 2002. De allí vino el gran crecimiento económico de los últimos años. Se sostiene ahora que además de dólar alto hace falta financiamiento para ampliar la inversión y la acumulación.

Pretendemos argumentar que no sirve engordar el mismo modelo productivo. Se requiere avanzar en otro sentido, donde el eje sea la soberanía y la satisfacción de necesidades sociales que fundamentan la extendida pobreza en la Argentina.

Por Julio C. Gambina,  profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. Director del Centro de Estudios de la Federación Judicial Argentina, CEFJA. Fundador de ATTAC-Argentina.
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La muerte de Ryszard Kapuscinski fue seguida por una ola de elogios y homenajes. Pero en lugar de acompañarla intentos serios de leer y estudiar su obra, siguió más bien una “Kapu-trofia”, que antepuso sus títulos menores o más recientes, y despojó su obra del incómodo mensaje crítico y libertario. Abundaban ediciones póstumas y compilaciones de diferente tipo y faltaban intentos serios de releer sus libros. Tras la caída del campo socialista y en sus últimos años, el escritor polaco se dejó llevar, en parte, por la ola intelectual dominante, desarrolló conceptos como “multiculturalismo”, o se desgastó en debatir a Samuel Huntington o Francis Fukuyama. Sin embargo, a la luz de la crisis capitalista cobra enorme actualidad un tema en su obra: el colonialismo.

Kapuscinski fue reportero y corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca (PAP) en el periodo de la descolonización, en los años 50 y 60, en particular en África. Allí, entre los complejos procesos independentistas, encontró el tema de su vida: el poder. Apoyó las luchas por la emancipación y las describió con un profundo sentimiento de participación. Conoció a algunos de su principales actores como Léopold Senghor, presidente de Senegal, poeta y representante de la négritude, o a Kwame Nkrumah, arquitecto de la liberación de Ghana, marxista, ideólogo de panafricanismo, a quien el autor polaco dedicó su segundo libro, profundamente anticolonial: Las estrellas negras (1963).

El hecho de que Polonia no tuvo nunca tuvo colonias (aunque existieron proyectos de conseguir algunas en Madagascar o Liberia) y padeció las ambiciones coloniales de sus vecinos, hizo que Kapuscinski no fuera indiferente. Siguiendo los pasos de Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski), quien describió las aberraciones del colonialismo belga en el Congo en el siglo XIX, ‘Kapu’ se sumó a la denuncia del poder colonial. Bien le pudiera acompañar en este camino Malinowski a quien Aimé Césaire (poeta y político martiniqués) le concedió méritos por explicar el carácter del capitalismo colonizador, pese a las conocidas críticas a su quehacer antropológico. Malinowski se volvería el principal maestro de Kapuscinski mucho más tarde.

Después, trasladó su mirada a otras regiones y otros fenómenos sin abandonar su enfoque del “colonialismo”. A inicios del siglo XXI, habló de la “tercera ola de descolonización cultural” (según él las fases anteriores fueron la decolonización política y la económica), un proceso en curso ya desde hacía un tiempo, basado en la destronización del poder cultural europeo.

Pero al predominar los temas “culturales” se creó la impresión de que se vivía un post-conflicto y que junto con “el fin de la historia”, había llegado el fin del imperialismo y el colonialismo, y que la experiencia de la descolonización era “inútil”. Los llamados colonial studies acabaron en el campo de la crítica cultural. Se decía que en la globalización no había ya colonizadores ni colonizados, porque iba a beneficiar a todos. Quizás la única amenaza radicaba en “el choque de las civilizaciones”, que en parte fue un metódo para ocultar los conflictos e intereses coloniales presentes. En el caso de África, significó encerrar el continente  en el estereotipo de “guerras étnicas” que lo sacudían “desde adentro”.

Pero el tema, tirado por la puerta, regresó por la ventana.

Ante la crisis política en Inglaterra, George Monbiot sugirió en The Guardian que no era la falta de liderazgo, ni el escándalo de excesivos salarios gubernamentales: que la política en Gran Bretaña entró en crisis debido a la crisis de su colonialismo. Su economía ya no podía alimentarse de otras naciones.

A lo largo de tres siglos, las periferias (como India) no sólo le servían como una fuente de acumulación, o el destino de sus exportaciones, sino también como una válvula de escape para externalizar tensiones sociales y hambrunas. Las rebeliones en las colonias permiteron mantener la calma en la metropolí y aunque allí también había pobreza, las catástrofes nunca han alcanzado los niveles que azotaron India. La supremacia financiera británica y la City de Londres como centro financiero fueron construidos gracias a la ventaja comercial con India, sobre los escombros de su industria y agricultura y los cadáveres de los campesinos muertos de hambre. Esta aseveración la podemos ampliar a todo el mundo.

¿En qué consiste la actualidad de Kapuscinski, si según el mismo autor mucha parte de la descolonización se había consumado? Por lo menos tres razones.

Primero. El colonialismo sigue de pie (aunque en crisis). Boaventura de Sousa Santos apunta que el fin del colonialismo formal no significó el fin del colonialismo social, cultural y por lo tanto político: éste continúa hoy en vigor bajo nuevas formas y su articulación con el capitalismo global nunca fue tan intensa como ahora. La  descripción de los “viejos” mecanismos coloniales de Francia, Bélgica, Portugal o Gran Bretaña, hechas por el cronista polaco, así como algunos logros y limitaciones de los procesos descoloniales, sigue siendo de utilidad para distinguir sus diferentes modalidades: colonialismo interno (prácticas de los Estados latinoamericanos hacia sus poblaciones indígenas), o cambiantes prácticas del capital y la privatización del colonialismo emprendida por las transnacionales.

Segundo. El principal tema de sus escritos cómo El Sha, o El Emperador, la centralidad del poder, no pierde relevancia en el momento de emprender el camino hacia la descolonización, aunque aquí también sería pertinente una actualización, con la ayuda del concepto de “colonialidad del poder”, propuesto por Aníbal Quijano (una forma de poder que continuó en las sociedades post-coloniales). Para el caso de África, ayuda a explicar la gran crisis, que dura hasta hoy, en que se hundieron los nuevos Estados donde una élite negra sustituyó a los colonialistas blancos.

En cambio los procesos políticos llevados a cabo por los gobiernos de Correa o Morales, apoyados por los movimientos sociales y lejos de pertenecer o formar una élite, se perfilan como verdaderas descolonizaciones. El nuevo gobierno de Ecuador decidió no pagar su injusta deuda externa y optó por una descolonización económica/financiera. En Bolivia, el gabinete encabezado por un indígena revirtió las relaciones de poderes, para combatir el colonialismo interno.

Tercero. Las historias del ‘Kapu’, al ser caracterizadas por su incansable afán de explicar la diversidad de los continentes colonizados y acompañadas por una nueva propuesta ética, constituyen una vía de salida del eurocentrismo. No son retratos, sino denuncias: Ébano no es una lectura exótica sino crítica; no una serie de cuadros, sino una lista de acusaciones.

Kapuscinski ya no presenció los últimos efectos del colonialismo alimentario (aunque lo sospechaba; en uno de sus Lapidarios anotó: “Ya sabemos como morirá la humanidad: de hambre”). Veía elementos del colonialismo dentro del proyecto neoliberal y en la hegemonía del libre mercado, pero no actualizó (salvo al hablar de la descolonización cultural) su mirada a la luz de las cambiantes prácticas de las potencias y el capital. No teorizaba sobre el colonialismo, lo registraba.

Por Maciek Wisniewski

 

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Jueves, 10 Septiembre 2009 06:32

El colonialismo cabalga de nuevo

Hace tan sólo cinco años nadie consideró oportuno celebrar el bicentenario de uno de los hechos más trascendentes de la historia moderna: la primera revolución negra triunfante en el mundo. Cuando los esclavos comandados por Toussaint L’Overture expulsaron de Haití a los colonizadores franceses, en nombre de los mismos ideales que en 1789 habían llevado al “Tercer Estado” a derrocar a la monarquía, sólo obtuvieron recelos y rechazo de los revolucionarios de la metrópoli.

Mulas

Las palabras del conde de Mirabeau merecen ser recordadas. Cuando desde la colonia recién liberada se consultó a las autoridades rebeldes sobre la participación de sus habitantes en la elección de la Asamblea Nacional, los revolucionarios franceses respondieron a los revolucionarios haitianos que los derechos del hombre y del ciudadano no se extendían a los negros, por la sencilla razón de que (aún) no eran ciudadanos. Mirabeau fue más lejos al pedir a la Asamblea Nacional que recordara a los haitianos que “al calcular el número de diputados que corresponden proporcionalmente a la población de Francia, no tomamos en consideración ni el número de nuestros caballos, ni el de nuestras mulas”.

Algo muy similar ocurrió respecto a la revuelta andina de 1780, dirigida por indios y ejecutada por indios, cuyo bicentenario no fue merecedor de fastos pese a constituir un claro antecedente de la liberación de las colonias que sobrevendría tres décadas más tarde. Sus líderes más conocidos, Tupac Amaru, Tupac Katari y Bartolina Sisa, siguen siendo referentes de segundo nivel frente a los “libertadores” como San Martín y Simón Bolívar, pese a que estos jamás hubieran podido triunfar sin el debilitamiento del colonialismo provocado por aquellos.

Propias tradiciones

Es cierto que en la década de 1980 los países latinoamericanos estaban gobernados por férreas dictaduras militares, que en modo alguno estaban dispuestas a revisar sus preconceptos sobre la historia. Pero llama la atención que las izquierdas, tanto las del Norte como las del Sur, aún se muestren tan remisas a la hora de poner las cosas en su sitio. En este continente los pueblos originarios se han levantado a lo largo de cinco siglos, aunque de modo más persistente en los 200 últimos años. Sus procesos han sido bien diferentes de los que encabezaron los criollos. En efecto, los indios no se han inspirado en los principios de la Ilustración, sino en sus propias tradiciones. Quizá para las izquierdas sea ir demasiado lejos aceptar que existe una genealogía rebelde y emancipatoria no ilustrada ni racionalista, que aunque no ha merecido mayor atención de las academias y de los partidos de izquierda, está en la raíz del pensamiento y las prácticas ‘otras’ de los oprimidos andino-amazónicos.

Otra genealogía

Sinclair Thompson, en Cuando sólo reinasen los indios, uno de los trabajos históricos más penetrantes sobre la historia rebelde de los aymaras, concluye que “no existe casi ninguna evidencia de que la insurrección panandina estuviera inspirada en los philosophes de la revolución francesa o por el éxito de los criollos norteamericanos”. Por el contrario, los rebeldes de 1780 sustentaron demandas y acciones en sus tradiciones comunitarias y como pueblos, en las prácticas asamblearias, descentralizadas y en el tradicional sistema de cargos rotativo o por turnos. No es fácil aceptar que existe otra genealogía revolucionaria que puede contribuir a fecundar los pensamientos y las prácticas emancipatorias cuando el legado occidental de cambio social, los modos y códigos como hemos practicado nuestras rebeldías, está mostrando límites tan severos como la propia civilización que los produjo. Como mínimo, debería aspirarse a promover entre las dos orillas emancipatorias en las que ha abrevado la humanidad, la oriental y la occidental, diálogos y mestizajes que las fecunden. Indagar en esa dirección es el camino elegido en solitario por el zapatismo y unos pocos otros movimientos del sótano.

Hazañas criollas

Por el contrario, tanto los gobiernos de derecha como de izquierda parecen coincidir en celebrar la gesta de los criollos, que tuvo sus primeros estertores en Bolivia y Ecuador en 1809 y uno de sus momentos de mayor brillo en Buenos Aires en 1810. No hay que ir muy lejos para concluir que se trata de criollos festejando hazañas de criollos, lo que no estaría nada mal si no pasaran por alto la importante ayuda que recibieron Bolívar y Miranda de los haitianos y que en los ejércitos de todo el continente había una buena proporción de indios y mestizos que, una vez conseguida la independencia, fueron las primeras víctimas de los ‘libertadores’.

Con la solitaria excepción de José Artigas, los hoy llamados ‘héroes nacionales’ de las independencias, no hicieron más que utilizar a indios y negros como carne de cañón. Lo peor, pese a todo, vino después, como bien lo puede atestiguar el pueblo mapuche. Las nuevas na- ciones fueron mucho más lejos que los colonizadores en la destrucción de los pueblos originarios, como lo prueba la guerra de exterminio denominada por la República de Chile como “Pacificación de la Araucania”. En ese sentido, los criollos mostraron una decisión genocida mucho más audaz y profunda que sus abuelos españoles y portugueses. Ahí está la guerra de Triple Alianza, donde Brasil, Argentina y Uruguay diezmaron a Paraguay, haciendo el trabajo sucio que demandaba el imperio inglés para derribar las trabas al comercio de un país que buscada su autonomía además de su independencia.

Reconquista

Sería una ironía del destino si los millonarios festejos que se preparan por parte de los ‘iberoamericanos’ estuvieran cofinanciados por empresas como Repsol, Telefónica ENCE o el Banco de Santander, que están jugando un activo papel en la recolonización del continente. Tendría su lógica: una parte sustancial de las ganancias de esas empresas provienen de sus negocios en América Latina, mucho más que de los emprendimientos en los países del norte. Repsol y Telefónica, se beneficiaron de las dudosas privatizaciones de gobiernos corruptos como los del argentino Carlos Menem, a los que repartieron cuantiosos sobornos para hacerse con el botín. Algunos de sus más destacados ejecutivos, así como los think tank de las derechas, se muestran muy activos en ‘promover las democracias’, o sea, en derribar a los gobiernos de Venezuela y Bolivia, así como apoyar a las derechas más ultras de este continente.

Bien mirado, tienen mucho para festejar. En la década de 1990, gracias a la liberalización promovida por el Consenso de Washington, volvieron a cargar oro y plata en sus arcas con la misma fruición que sus antepasados lo hicieron cinco siglos atrás. Ahora, cuando algunos gobiernos, con cierta timidez, les impiden seguir con el saqueo, se dedican a uno de sus deportes favoritos: conspirar, en nombre de la democracia y el libre mercado, contra las decisiones soberanas de los pueblos. Los festejos que se preparan, ¿forman parte de esa conspiración

Diagonal

Por Raúl Zibechi. Analista y responsable de Internacional en el semanario uruguayo Brecha

http://www.diagonalperiodico.net/El-colonialismo-cabalga-de-nuevo.html
 

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New 7 Wonders Portugal, SA está lanzando un concurso para elegir las «7 Maravillas de origen portugués en el mundo». Los resultados se darán a conocer el próximo día 10 de junio. No hay ninguna duda de que estamos en el mundo de los negocios y de los medios de comunicación y los criterios por los que se rige este mundo tienen poco que ver con la búsqueda de la verdad o la justicia. Más bien, en este caso, tienen que ver con los beneficios que pueden obtenerse con la explotación de la historia, de la obtención de los derechos de explotación del concepto de «7 Maravillas», de la publicidad, la promoción del turismo, etcétera.

Ante esto, puede parecer extraño la incomodidad y la protesta que el concurso ha suscitado en el espacio de lengua oficial portuguesa, que implica sobre todo a investigadores que se dedican al estudio del imperio colonial portugués, de los países independientes que emergieron con el fin del imperio y a educadores que, en este espacio, intentan transmitir a las nuevas generaciones una visión compleja de la historia que, lejos de ser un residuo del pasado, continúa afectando sus vidas y sociedades.

Sin embargo, la incomodidad y la protesta tienen razones de peso. La razón principal es que este concurso no sólo implica la historia de Portugal, sino también la historia de los países que estuvieron sujetos al colonialismo portugués. Y lo hace precisamente a modo de ocultar el colonialismo, es decir, el contexto social y político en que estos monumentos fueron erigidos y el uso que tuvieron durante siglos. La mirada está orientada para ver la belleza del arte y de la arquitectura de los monumentos y al mismo tiempo orientada para no ver el sufrimiento inenarrable de los millones de africanos que, entre los siglos XV y XIX, sacrificaron su vida para que muchos de estos monumentos tuvieron vida, ya sean los comprados como «propiedad mueble» o aquellos construidos al otro lado del Atlántico.


Portugal fue un participante activo en el tráfico de esclavos, la mayor deportación de la historia de la humanidad, que sólo en África occidental supuso entre 15 y 18 millones esclavos. Si tenemos en cuenta que, por cada esclavo que llegó a América, cinco murieron en los procesos de captura, en el traslado desde el interior hasta los almacenes —algunos de ellos, los monumentos de hoy—, durante el cautiverio a la espera de ser transportados o durante el viaje, estamos hablando de 90 millones de personas. Y no olvidemos que la esperanza media de vida de los recién llegados a América era de sólo de cinco o seis años más.


Los monumentos deben ser respetados y recuperados para devolvernos la historia, no para ocultárnosla. Es por esta razón que nadie imagina que se promueva la visita a Auschwitz sólo para conocer la arquitectura carcelaria modernista de Alemania. Resulta perturbador que el comisario del concurso diga que «esta visita al patrimonio de origen portugués en el mundo está hecha con un sentimiento de orgullo y satisfacción por el legado histórico de nuestro pasado» y añada que «los flujos de personas y de información a escala global nos aproximan unos a otros en tanto partes constituyentes de una misma humanidad». ¿Tendremos que concluir de ello que, como el tráfico de esclavos fue uno de esos flujos, los monumentos son un monumento al colonialismo portugués?


Todos los que trabajamos en el espacio de lengua oficial portuguesa lo hacemos con la convicción de que Portugal es un país de futuro y que éste pasa por las relaciones fraternas que supimos crear con los países que estuvieron sujetos al colonialismo portugués. Pero para que esto ocurra es necesario asumir la historia en toda su complejidad y no retirar de ella tan sólo aquello que nos conviene. Es en base a este presupuesto que estamos construyendo una vibrante comunidad científica y educativa en el espacio de lengua oficial portuguesa. El patrimonio en causa es tanto de origen portugués como de origen angoleño, mozambiqueño, guineano, caboverdiano, indio o brasileño [1]. Por un criterio mínimo de justicia histórica, las instituciones que patrocinan este concurso deben exigir a la empresa responsable total transparencia de cuentas y que los beneficios obtenidos sean destinados íntegramente a la recuperación de los  monumentos.

 

[1] Sin olvidar otros países de Asia (Timor Oriental, Macao, Goa, Damán, Diu, Dada y Nagar Haveli) y de África (Santo Tomé y Príncipe) que también fueron objeto del colonialismo portugués [N. del traductor].


Por, Boaventura de Sousa Santos
Carta Maior
Traducido por Antoni Jesús Aguiló y revisado por Àlex Tarradellas

Artículo original publicado el 6 de mayo de 2009.


Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=4322


Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal).


Antoni Jesús Aguiló es miembro de Rebelión y Tlaxcala. Àlex Tarradellas es miembro de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente, a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

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Sábado, 24 Octubre 2009 11:46

Mariscal Antonio José de Sucre y Bolívar

Nacido en Mérida (Venezuela), comenzó a estudiar Ingeniería de Caminos, carrera que abandonó para combatir al lado de Bolívar. En 1819, ocupando José Antonio Zea provisionalmente una importante posición, éste designó a Sucre como general. Al identificarse ante Bolívar con este cargo, el Libertador se enfureció, pues ignoraba la designación de Zea y creía que, en general, él debía hacer los ascensos superiores. Aclarado lo acontecido, a regañadientes lo aceptó.

Pero Bolívar tenía un alto concepto de Sucre. En 1819 lo nombra Ministro de Guerra en campaña y dice sobre él: “Es uno de los mejores oficiales del ejército; reúne todos los conocimientos profesionales de Soublette; el bondadoso carácter de Briceño; el talento de Santander y la actividad de Salom; por extraño que parezca, no se le conocen ni sospechan sus actividades. Estoy resuelto a sacarlo a la luz, persuadido de que algún día me rivalizará”.

El primer año de Sucre en Ecuador, enviado por Bolívar, fue de infortunios. Venía luchando por que los soldados argentino-peruanos cooperaran en la liberación de Quito. A comienzos de 1822, llegaron mil hombres del Perú a órdenes del coronel Santa Cruz, incorporándose en febrero al ejército de Sucre. Atravesando las difíciles cordilleras de los Andes, el 24 de mayo, mediante movimientos que desorientaron a los españoles, avanzaron sobre Quito, produciéndose una difícil batalla en la que triunfaron los patriotas, destacándose el ataque del coronel Córdoba. Al día siguiente, Sucre entró en Quito con sus tropas.

Las dificultades internas en la Nueva Granada y sobre todo sus desacuerdos con Santander habían llevado a Bolívar a asumir la dictadura. Antes, en Perú, también había encontrado fuertes y desleales opositores y la abierta traición de uno de sus máximos dirigentes dispuesto a hacer causa común con los españoles. La independencia de Perú estaba llena de dificultades. Organizó su cuerpo de oficiales, con Sucre al mando del ejército aliado, aunque Bolívar retuvo la dirección de la campaña. A los peruanos les asignó el norte, y la cercanía de las montañas a los colombianos. Sucre aconsejó la ofensiva, pues consideraba la defensiva muy peligrosa, pero Bolívar se opuso. “Bolívar no podía inspeccionar por sí mismo la ejecución de todas la órdenes pero tenía en Sucre un excelente sustituto que podía equipararse a él en todas las artes militares y lo sobrepasaba en el método. Sucre no sólo adiestró a los soldados: cabalgó por las montañas para familiarizarse con los caminos, confeccionó mapas, en una palabra, fue infatigable”.

De Colombia llegaron nuevas tropas y Sucre, que oficialmente era comandante en jefe del ejército, fue comisionado por Bolívar para recoger aquellas dispersas y enfermas, ubicándolas en los cuarteles. Una vez cumplida su misión, se quejó por escrito ante Bolívar, presentándole su renuncia, pues pensaba que esas actividades eran degradantes para el Comandante del Ejército y que sus oficiales se habían burlado de él. “He sido separado de la cabeza del ejército para ejecutar una comisión que en cualquier parte se confía, cuando más, a un ayudante general, y enviado a retaguardia a tiempo que se marchaba contra el enemigo; por consiguiente, se me ha dado públicamente el testimonio de un concepto de incapaz en las operaciones activas, y se ha autorizado a mis compañeros para tratarme como a un imbécil o un inútil”.

Bolívar no puso mayor atención a la queja de Sucre, pero le contestó que lo había hecho como una prueba de estima y no de humillación. Sucre aceptó a medias estas explicaciones y retiró su renuncia. En el mismo mes, Bolívar recibió un mensaje de Santa Fe en el que Santander le comunicaba que le retiraba las facultades extraordinarias que tenía. Dio instrucciones a Sucre para que informara al ejército de esa decisión. Sucre asumió el mando, ya no como delegado de Bolívar sino con plenos poderes para actuar.

El colapso del Imperio

El 8 de diciembre, en Ayacucho se enfrentaron los dos ejércitos. Las fuerzas españolas estaban ocultas en una colina, a muy corta distancia del ejército comandado por Sucre, compuesto por 5.800 hombres (recordemos que los españoles eran más de 9.000). Unas y otras fuerzas se ubicaron en el terreno según su conveniencia. El ala derecha de los españoles inició el ataque. Sucre envió sus tropas a ese sitio, a órdenes del teniente coronel Córdoba, quien arengó a sus tropas, y con gran serenidad daría la consigna célebre en la historia de las batallas por la Independencia. “Soldados, adelante! Paso de vencedores!”. Los batallones de caballería, sin disparar un solo tiro, se lanzaron al ataque. Las furiosas bayonetas patriotas desbarataron la resistencia enemiga. Capturaron al virrey La Serna, su artillería, víveres, muchos otros recursos y centenares de prisioneros, muchos de ellos nativos reclutados a la fuerza.

Sucre asumió modestamente este triunfo, sin jactancia alguna. Ese mismo día ascendió a general a José María Córdoba, y poco después, Bolívar, feliz por la victoria, nombró a Sucre Mariscal de Ayacucho, en tanto que él seguía siendo el Libertador, general Simón Bolívar. El 10 de diciembre de 1824, Sucre le escribe a Bolívar: “He creído justo nombrar al general Córdoba sobre el campo de batalla, y, a nombre de usted y de Colombia, general de división… Córdoba se ha portado bravamente: él decidió la batalla”.

Aquella fue la última batalla en el continente contra las fuerzas españolas, que perdieron 18.000 hombres y toda su capacidad militar. Sucre tenía 29 años y hacía 15 había iniciado su lucha al lado de los patriotas. El 9 de febrero de 1825 emitió un decreto proclamando nación independiente al Alto Perú y convocado una asamblea nacional para definir sobre su forma de gobierno. Bolívar se opuso, pues creía que Sucre se había excedido en sus atribuciones. “Usted y el ejército a su mando me están subordinados; sólo debe ejecutar lo que yo le ordene. Ni yo ni usted ni los parlamentos peruano-colombianos pueden violar los principios del Derecho Público que hemos reconocido en América”.

Sucre arguyó que no había hecho nada distinto de lo ya propuesto por Bolívar. Aceptó aplazar la Asamblea Nacional y ofreció su renuncia, que Bolívar no aceptó. Pero el fondo del problema era otro: “Se resistía a que la reputación militar de Sucre se realizara con la gloria de libertar a toda una nación. De ahí que el propio Bolívar, al cabo de tres meses, emitiera una orden confirmando el decreto de Sucre en todos sus puntos esenciales” (Mazur).

La Asamblea Nacional se reunió en Chuquisaca el 10 de julio, y el 6 de agosto declaró su independencia. A propuesta de Sucre, la nueva nación tomó el nombre de Bolivia el 18 de agosto de 1825. Sus admiradores le dieron una corona de oro, que Bolívar le entregó a Sucre, y éste se la dio a Córdoba, que patrióticamente emocionado la envió a Rionegro, su tierra natal, donde reposa en el Museo de la Independencia. Sucre fue nombrado Presidente del nuevo país.

Ahora la máxima preocupación del Libertador era la Constitución Política de Bolivia. Así concibió una “monarquía sin monarca”, con vicepresidente hereditario y vitalicio. “El poder del primer ministro se concentra en una familia, disposición ilógica y ridícula […] la Constitución Boliviana, adoptada en julio de 1826, es el producto asombroso de una extravagante imaginación política. El autor de este libro no ha encontrado prueba alguna de que no fuera totalmente hija del cerebro de Bolívar” (G. Mazur).

El vicepresidente sería Sucre, que no aceptó y rechazó el proyecto de monarquía. En la Presidencia de Bolivia tuvo muchas dificultades. Vencido su segundo año de gobierno (1826-1828), se retiró y viajó a Bogotá, donde no encontró a Bolívar, pero le dejó una bella carta de despedida. Emprendió camino de regreso a Quito, y fue asesinado en la montaña de Berruecos. Se atribuye su muerte al general Juan José Flores, entonces presidente del Ecuador.

Bibliografía

Indalecio Liévano Aguirre. Los grandes conflictos socio-económicos de nuestra historia
E. Botero Saldarriaga. Biografía de Córdoba
Gerhart Mazur. Simón Bolívar


Publicado enEdición 151