El tratado internacional para controlar a las multinacionales, cada vez más lejos

Esta semana tiene lugar en Ginebra la quinta sesión del grupo de la ONU encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Pero en el texto que se discute apenas queda nada del espíritu y la ambición con que nació este proceso hace cinco años.

El lunes 14 de octubre dio comienzo, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, la quinta sesión del grupo de trabajo intergubernamental encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Como viene ocurriendo todos los años por estas fechas desde que en 2014 se aprobó la resolución del Consejo de Derechos Humanos que instaba a los países a avanzar en esta línea, durante toda esa semana está volviendo a ponerse en el centro de la agenda internacional la necesidad de contar con mecanismos de control para frenar la impunidad con que operan las grandes corporaciones en su expansión global. Las posibilidades de que este proceso en la ONU concluya con la creación de nuevas normas vinculantes que puedan poner mínimamente en riesgo los beneficios empresariales, sin embargo, son cada vez más remotas.

Ya el año pasado se presentó el primer borrador de lo que será el futuro tratado. En aquella versión inicial del texto había al menos seis elementos fundamentales que resultaban cuestionables y se alejaban de las demandas expresadas por las organizaciones sociales implicadas en el proceso. A saber: no se trataba de un instrumento jurídico específico para las empresas transnacionales; únicamente establecía obligaciones para los Estados; no incorporaba mecanismos efectivos para el cumplimiento de la legalidad internacional; dejaba de lado la responsabilidad solidaria de las multinacionales en las cadenas de valor globales; no tenía en cuenta la primacía de los derechos humanos sobre los acuerdos de comercio e inversión; no incluía instancias ni órganos de control y seguimiento.

En la segunda versión del texto del tratado, que ha sido presentada este año y está siendo la base de los debates en Ginebra esta semana, se profundiza aún más en esa misma línea. Así, lejos de incorporar las exigencias de una mayor regulación para evitar que se desdibujen las responsabilidades legales de las transnacionales en la esfera global, se sigue dejando en manos de los Estados las posibilidades de controlar a estas empresas. Por decirlo con un titular: el tratado está más cerca de convertirse en una versión remozada de los Principios Rectores —de los que, recordando su preámbulo, “no se deriva ninguna nueva obligación jurídica”— que de servir para avanzar en la creación de normas internacionales que sitúen los derechos humanos por encima de la lex mercatoria.

Poco queda ya del espíritu y la ambición con que nació la resolución 26/9 hace cinco años. Ni siquiera el que siempre fue el objetivo fundamental de un tratado de este tipo: que fuera útil para caracterizar los crímenes económicos y ecológicos cometidos por las empresas transnacionales y sirviera para cubrir el hueco que existe en el derecho internacional respecto a su regulación. En esta involución del proceso en Naciones Unidas han tenido mucho que ver las presiones de los lobbies empresariales y los cambios en la correlación de fuerzas a escala mundial. Los giros tanto del gobierno de Ecuador, que al principio asumió un fuerte liderazgo del proceso pero luego fue suavizando su posición, como de la Unión Europea, que de boicotear la primera sesión del grupo de trabajo en 2015 pasó a mostrar en la apertura de la sesión de ayer su buena disposición por el rumbo que está tomando el tratado, así lo atestiguan.

Frente a la arquitectura de la impunidad…

A la vez que en los organismos internacionales se va perfeccionando la retórica sobre “proteger, respetar y remediar” los derechos humanos, continúa fortaleciéndose la arquitectura jurídica de la impunidad. Los contratos y los negocios empresariales se blindan a través del complejo entramado normativo que en las últimas décadas han venido construyendo las transnacionales y los Estados que las apoyan, pasando por encima de los derechos fundamentales de las mayorías sociales y de la propia democracia. El proceso del tratado en la ONU, al fin y al cabo, no se desmarca de la realidad actual de los derechos humanos en todo el planeta.

El telón de fondo es que estamos viviendo una ofensiva mercantilizadora a escala global, en la que las dinámicas capitalistas, patriarcales, coloniales, autoritarias e insostenibles se están exacerbando. Así continúa reforzándose un modelo donde las grandes empresas continúan ampliando su poder, poniendo en cuestión la propia democracia liberal-representativa y llegando a constituirse como un gobierno de facto. El resultado es la progresiva destrucción de la soberanía popular y la captura de países y territorios como si formasen parte de la organización interna de las grandes corporaciones.

Se agudiza, de este modo, la asimetría normativa que protege los derechos de las corporaciones transnacionales y el capital financiero, que cuentan con reglas de obligado cumplimiento y con tribunales privados que las aplican con una eficacia absoluta. Mientras, los derechos humanos se mueven entre la fragilidad de las normas internacionales, las recomendaciones de los comités encargados de su aplicación y la pasividad de los gobiernos ante el incumplimiento de los pactos y tratados internacionales.

En este contexto se generan modificaciones sustanciales en la propia categoría jurídica de los derechos humanos, que sufren una triple reconfiguración. Primero, se desregulan en base a la explotación generalizada de personas y los procesos de privatización. Segundo, se expropian siguiendo la lógica de acumulación por desposesión. Y tercero, se destruyen en función de un colonialismo/racismo extremo vinculado a la necropolítica. En ese contexto, resultan prescindibles quienes no participen de la sociedad de consumo o no aporten valorización al proceso de reproducción del capital.

Las instituciones globales y la mayoría de los Estados no solo están eliminando y suspendiendo derechos. También están reconfigurando quiénes son sujetos de derecho, quiénes quedan fuera de la categoría de seres humanos, lo que provoca una sensación de descomposición generalizada del sistema internacional de los derechos humanos. La feudalización de las relaciones económicas, políticas y jurídicas está colonizando la arquitectura institucional de las democracias representativas. Por eso, si se quiere hablar en serio de derechos humanos, de Ecuador a Rojava pasando por el Mediterráneo, hay que ajustar los discursos vacíos a los contextos donde esos derechos se subordinan a los intereses del capital transnacional.

Mientras el cuerpo normativo relacionado con la mercantilización del sistema neoliberal ha ido perfeccionándose a favor de las empresas transnacionales, se ha ido abandonando la posibilidad de ejercer un control real sobre sus actividades, dejando sus obligaciones socioecológicas en manos de los acuerdos voluntarios. En estos momentos, a raíz de la nueva oleada de tratados comerciales y de inversión, resurge la idea de incluir la “responsabilidad social” —rebautizada en la agenda internacional como los “objetivos de desarrollo sostenible”— como un elemento corrector de esta asimetría normativa.

Dos décadas después de que se lanzara el paradigma de la “empresa responsable” como un supuesto salto adelante en el modelo de relaciones entre las multinacionales y el conjunto de la sociedad, queda claro que la RSC nunca tuvo la intención de ser un instrumento eficaz para controlar a las grandes corporaciones. La “responsabilidad social”, además de servir para el lavado de cara empresarial, se ha constituido como una fórmula de soft law que se ampara teóricamente en la “ética de los negocios” pero que, en la práctica, apenas remite sus obligaciones a la publicación de sus memorias anuales.

De ahí la necesidad de introducir modificaciones en las legislaciones nacionales. Pero también, y sobre todo, de avanzar en regulaciones internacionales capaces de abarcar toda la complejidad de los grandes conglomerados económicos, con criterios que trasciendan el marco estatal, rompan la aparente separación entre matriz y filiales, y amparen el “levantamiento del velo corporativo”. La cuestión es que los Estados carecen de instrumentos políticos y normativos para poder controlar de manera efectiva a las empresas transnacionales, ya que las reglas internacionales de comercio e inversión —y la fuerza con la que los Estados centrales las hacen cumplir— construyen una armadura jurídica muy difícil de romper solamente desde el ámbito estatal.

…Regulación y confrontación

En la coyuntura actual del capitalismo global, cualquier intento de regulación de los mecanismos de extracción y apropiación de riqueza que protagonizan las grandes corporaciones puede convertirse en una medida de carácter radical, al atacar directamente al núcleo del beneficio empresarial. De hecho, la mera sugerencia de que puedan introducirse modificaciones legislativas en materia laboral o fiscal suele hacer saltar las alarmas de las patronales y los lobbies empresariales, que enarbolan la bandera de la “seguridad jurídica” para defender sus contratos e intereses privados.

En caso de verse afectadas por medidas regulatorias que perjudicasen sus intereses, no hay duda de que las grandes corporaciones presionarán con todos los instrumentos jurídico-económicos a su alcance para tratar de echarlas atrás. Pero el núcleo de esta disputa no se encuentra en una cuestión de técnica jurídica, sino de voluntad política; en otras palabras, en la capacidad para poder sostener ese tipo de reformas con una fuerte movilización social y apoyo popular. Lo que parece claro es que el Derecho oficial, al ser parte de la estructura hegemónica de dominación, únicamente podrá convertirse en un vehículo contrahegemónico si se subordina a la acción política.

El proceso seguido en la ONU no es ajeno a este contexto. Poco a poco, el tratado va convirtiéndose en un documento irreconocible en relación a los debates y a las propuestas formuladas entre 2015 y 2018 por juristas, defensoras de derechos humanos y representantes de las organizaciones sociales y de las comunidades afectadas. En el texto apenas queda nada sobre la empresa transnacional como sujeto de obligaciones en derecho internacional, sobre las normas de comercio e inversión, el rol que juegan las instituciones económico-financieras internacionales, la posibilidad de crear una corte mundial sobre empresas y derechos humanos, etc. En este marco, una estrategia de incidencia política solamente sostenida en la presión a embajadas y gobiernos no va a poder arrancar un tratado internacional para controlar de manera efectiva a las multinacionales.

Formalmente, el proceso continúa. Pero con este documento como base de la negociación entre los países, en la que inevitablemente se van a ir rebajando todavía más los postulados del texto, aunque finalmente llegara a aprobarse el tratado tampoco serviría de mucho. Las reformas “sin más”, además de meramente coyunturales, pueden acabar fortaleciendo el orden establecido y generar desmovilización social.

Sirva el declive del proceso hacia una normativa internacional vinculante sobre empresas y derechos humanos, en torno al cual se han articulado cientos de ONG y organizaciones sociales de todo el mundo, para reflexionar sobre las estrategias a seguir; para no perderse en procesos largos y burocráticos, no generar falsas expectativas y, a la vez, fortalecer la capacidad de denuncia, movilización e incidencia. En este tipo de negociaciones institucionales resulta cuestionable el consejo habitual del “realismo”. La concepción de “altura de miras” de los movimientos sociales y las comunidades afectadas es diferente a la que pueden tener los gobiernos de los países centrales y las empresas transnacionales. El pragmatismo del que estas últimas hacen gala se basa en una negociación asimétrica que suele terminar en resultados vacíos y poco precisos.

En un escenario que se torna cada vez más adverso, se trata de evitar que la acción social y política de los colectivos y movimientos en resistencia quede condicionada a los tiempos de los organismos nacionales e internacionales. La apuesta, más que por centrar todas las fuerzas en el terreno institucional, pasaría por seguir potenciando lógicas contrahegemónicas a nivel local, regional y global. Estas alianzas locales y globales, sin abandonar aquellas instancias de regulación en las que haya posibilidades de lograr importantes modificaciones normativas, resultan fundamentales para construir modelos alternativos capaces de desmantelar a las transnacionales y formular propuestas económicas de largo alcance.

Guiar la actividad social, política y económica con valores contrahegemónicos sustentados en el ecofeminismo, la propiedad colectiva, la democracia y la autogestión supone confrontar de raíz las prácticas promovidas por las empresas transnacionales. Y es que, además de separar el ámbito del mercado y el de las instituciones públicas, se trata de construir —más allá del sistema estatal— sistemas económicos, de cooperación y de nueva institucionalidad que sean capaces de autodinamizarse, autoconstruirse y autoorganizarse. Frente a la eliminación institucional de derechos, una articulación internacionalista que rechace a los Estados como única fuente de derecho y que reivindique el papel protagonista de organizaciones, movimientos y comunidades en la creación de las condiciones que garanticen una vida digna y en paz con el planeta a las mayorías sociales presentes y futuras.

Por Pedro Ramiro, Erika González, Juan Hernández Zubizarreta

El Salto

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El FMI alerta de los riesgos para la banca por la fortaleza del dólar

La sobrevaloración del billete verde vuelve a poner en riesgo los balances de los bancos en medio de un clima de especulación creciente en los mercados cambiario y de deuda, según el informe financiero del organismo internacional, que avisa también de que España mantiene niveles de endeudamiento corporativo aún altos.

 

Cuando una línea aérea mexicana adquiere a su rival brasileña financia su compra con dólares obtenidos desde bancos no estadounidenses. “Es sólo un ejemplo de la hegemonía del billete verde en las transacciones internacionales” que monopoliza múltiples acuerdos empresariales de fusión o adquisición entre dos contendientes mercantiles sin pasaporte americano. De esta manera tan gráfica explican Claudio Raddatz y Adolfo Barajas, autores del capítulo del Global Financial Stability Report, el informe financiero del FMI, las serias consecuencias que, a su juicio, puede provocar la sobrevaloración del dólar en los mercados cambiarios, y que el consenso de los analistas privados sitúa en un 18% por encima de su valor estimado.

Pero, “¿qué ocurre si un banco no estadounidense, de repente, se queda corto de billetes verdes? Es lo que ocurrió entre bambalinas, durante la crisis de 2007-2008, en medio de una súbita demanda de firmas americanas que reclamaban con urgencia financiación en dólares para aportar liquidez a sus negocios o delegaciones en el exterior. O para afrontar desembolsos propios. Para prevenir el colapso, dicen Raddatz y Barajas, la Reserva Federal nutrió al sistema con más de medio billón de billetes en circulación, a través de fondos de emergencia con los que satisfizo la petición de otros bancos centrales, a los que envió esa cantidad a modo de suministro monetario urgente.

Lo recuerdan en un blog oficial del Fondo en el que ofrecen más detalles del daño colateral que podría desencadenar en los distintos modelos financieros internacionales la fortaleza inusitada del dólar en el último bienio, impulsada por una nueva reedición de la política de dólar fuerte (apaciguada durante el doble mandato de George W. Bush y de Barack Obama) decidida por la Administración Trump. Para atestiguar a continuación que la historia vuelve a tener visos de ser reincidente.

Los activos en dólares de los bancos no estadounidenses alcanzaron en el ecuador del pasado ejercicio los 12,4 billones de dólares frente a los 9,7 billones que atesoraban en 2012. Cifra comparable, a precios actuales de mercado, a los niveles que mantenían en los años que precedieron a la crisis. “La proliferación del dólar reverbera y expande los costes asociados a su encarecimiento en toda la arquitectura financiera internacional” afirma el informe del Fondo. En un clima, aún, en el que las tasas de endeudamiento privado, de empresas no financieras y hogares, y público (servicios de deuda soberana), no invitan al optimismo precisamente.

En contraste con los bancos de EEUU, alertan Raddatz y Barajas, el resto de entidades financieras no tienen acceso estable a una base de depósitos en dólares. De hecho, operan con límites claros, enfatiza el informe de estabilidad financiera del Fondo. “Así que, deben extremar la prudencia al acudir a fuentes de financiación a corto plazo, ante previsibles, potenciales y volátiles cambios en la evolución de las divisas, con objeto de garantizar sus préstamos comerciales y los créditos que solicitan diariamente a otras entidades bancarias” resaltan estos autores. Porque en caso de que sus líneas de prestación monetaria y crediticia sean insuficientes, tendrán que acudir a instrumentos como los foreign currency swaps que son más caros y pueden provocarles episodios de stress (tensiones) en sus balances por la acumulación de activos tóxicos.

Los analistas del Fondo también vinculan la volatilidad en los mercados cambiarios, con el dólar como referente intratable, a las embestidas de las disputas comerciales, que han contagiado a los mercados de capitales, han generado desconfianza en el sentimiento empresarial, con caídas de los flujos de mercancías, servicios e inversiones, y que conducen a la economía mundial a un escenario de “contracción sincronizada” con el dinamismo más moderado desde el estallido de la Gran Depresión de 2008. “Con 15 billones de dólares de deuda en los parqués financieros bajo rentabilidades negativas”, advierte. Esta fase de pérdida de atractivo por la adquisición de deuda afecta a aseguradoras, fondos de pensiones e inversores institucionales que derivan sus carteras hacia valores de mayor riesgo, pero con menos liquidez. O a refugios recurrentes como el oro o el franco suizo.

Ante esta tesitura, el FMI recomienda a los gobiernos medidas que reduzcan las vulnerabilidades. Centradas, sobre todo, en aplicar prudencia macroeconómica y en fortalecer los instrumentos de supervisión financiera. Y, en concreto, en activar mecanismos de demanda para equilibrar sus mercados inmobiliarios (la vivienda es el principal factor de endeudamiento de las familias) y en facilitar herramientas de acceso convenientes, con estabilidad económica, a empresas y bancos a la financiación del exterior. Por ejemplo, contribuyendo a rebajar la alta tensión arancelaria en los mercados, reduciendo el grado de incertidumbre en sus mercados y ofreciendo garantías frente a las vulnerabilidades de sus sistemas bancarios.

Un asunto nada baladí, porque el FMI alerta sobre los cada vez más intensos movimientos especulativos. El intenso baile de divisas que se libra en los mercados monetarios en el último año y medio, con el dólar en su valor más alto de 2019 desde finales de agosto, encierra un caso de doping. La sustancia estimulante es una vieja conocida de la crisis de 2008: los productos estructurados. De alto riesgo, identificados entonces como los activos tóxicos que precipitaron el quebranto de los sistemas financieros.

Tesis que corrobora el Banco Internacional de Pagos (BIS) en su informe del segundo trimestre de este año, en el que constata que el volumen diario de contratación en el negocio inversor y mercantil del intercambio de monedas entre los meses de abril y junio creció en un 29%, impulsado por la efervescencia de los derivados, especialmente swaps, lo que catapultó las operaciones en este mercado hasta cotas nunca antes registradas en un periodo trimestral: más de 6,6 billones de dólares. Un tamaño similar a la suma de los PIB de Japón y de España. Y una cantidad muy alejada de los 5,1 billones del segundo trimestre del año precedente.

Este ambiente de oscilaciones se ha trasladado también al mercado de bonos. “El nivel de deuda especulativa en riesgo es significativo en varios países, debido a sus todavía elevados niveles de endeudamiento soberano y corporativos”. Apartado en el que cita a China, Francia, España y Reino Unido, que “migraron” activos tóxicos de sus sistemas bancarios “en los momentos de mayor adversidad de la crisis financiera”. A juicio del Fondo, “el deterioro de la calidad crediticia es palpable en China y Reino Unido”, acentuada por las dudas en torno al Brexit y “focalizada en sus multinacionales”, mientras “Francia y España se mantienen a resguardo” por los exigente requerimientos de higiene del Sistema Monetario Europeo. En conjunto, en EEUU, Reino Unido, China, Japón y las cuatro mayores economías del euro, el montante de la deuda corporativa en riesgo alcanza los 19 billones de dólares, casi el 40% de su total acumulado, que podría entrar en peligro “en 2021, bajo otro escenario financiero adverso”.

No es la única mención que realiza sobre España. El estudio del FMI admite que la deuda familiar “se ha moderado” y que los precios inmobiliarios “han caído en términos reales”. A diferencia de mercados como el británico o el estadounidense, donde han superado con creces los niveles previos a la crisis. Al igual que la corrección del endeudamiento empresarial, aunque de menor intensidad. Porque dice que el componente especulativo de esta deuda privada, la corporativa, va en aumento y supera el 50% de sus vencimientos futuros. Como Italia y Reino Unido. Y, junto a Francia, ha saltado hasta las cotas que registraban en los años que precedieron a la quiebra de Lehman Brothers.

En general, el Fondo ensalza la fiabilidad alcanzada por las normas de unión bancaria y de supervisión en la zona del euro. Pero alerta a sus autoridades sobre “la debilidad de los bancos de pequeña y mediana dimensión” si las tensiones financieras se acentúan. Por lo que recomienda a sus socios que “extremen” la precaución, pese a operar con una regulación “robusta y rigurosa” y les insta a “ampliar el perímetro supervisor” a entidades financieras no bancarias que actúan de intermediarias en el sistema crediticio, en especial, las que tienen como clientes a grandes compañías, a vigilar su “exposición tanto a firmas inmobiliarias como a este tipo de instituciones prestatarias”, exigiéndoles provisiones de capital y de gestión adecuadas o dirigiendo sus exámenes de stress hacia los bancos que prestan a sectores o industrias con altos listones de riesgo corporativo.

 

15/10/2019 12:54 Actualizado: 16/10/2019 14:42

Por DIEGO HERRANZ

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Trump, con el viceprimer ministro chino en la Casa Blanca este viernes. REUTERS/Yuri Gripas

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses.

 

Estados Unidos y China alcanzaron hoy un acuerdo parcial "significativo" para dar una tregua a la guerra comercial que libran desde el año pasado, y podrían firmarlo durante la cumbre del APEC que se celebrará en noviembre en Chile, anunció el presidente estadounidense, Donald Trump.

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, según la Casa Blanca. "Hemos alcanzado un acuerdo significativo de primera fase (...) pero todavía no está redactado", dijo Trump a los periodistas durante una reunión en el Despacho Oval con el viceprimer ministro chino, Liu He.

El pacto se pondrá sobre papel a lo largo de las próximas cuatro semanas y el objetivo es que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, lo firmen durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará en Santiago de Chile el 16 y 17 de noviembre. "Estaremos en Chile y tendré una [ceremonia de] firma formal con el presidente Xi", afirmó Trump, que hasta ahora no había confirmado si iría a la cumbre del APEC.

Trump aseguró que en los últimos meses ha habido mucha "fricción" entre Estados Unidos y China, pero ahora hay un "festival del amor" entre ambas potencias. "Este es un acuerdo tan grande que lo estamos haciendo por secciones", explicó Trump, quien precisó que se empezará a negociar una "segunda fase" en cuanto se firme la primera y no descartó que haya una tercera etapa.

El mandatario precisó que el pacto recién alcanzado incluye algunas medidas relativas a la devaluación de la divisa china y temas de propiedad intelectual, aunque no lidia con la transferencia forzada de tecnología en China, un tema que se tratará "en la segunda fase", según Trump.

El acuerdo tampoco resuelve el tema de los vetos a la exportación que afectan al gigante chino de la telefonía Huawei, un tema que se está negociando mediante un proceso paralelo, explicó a los periodistas el representante de Comercio Exterior estadounidense, Robert Lighthizer.

"No implementaremos el aumento de los aranceles" que iba a entrar en vigor el próximo martes, confirmó el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin. Trump también aseguró que había hablado con Liu sobre las manifestaciones en Hong Kong, pero que cree que ese tema acabará resolviéndose solo.

11/10/2019 22:22 Actualizado: 11/10/2019 23:01

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La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en su primer día en su nuevo puesto en la sede del FMI en Washington. REUTERS / Jonathan Ernst

La economista búlgara, Kristalina Georgieva, explicó que "la precaria perspectiva" será un desafío para los países que ya enfrentan dificultades. Así mismo, advirtió que las perspectivas mundiales serán "a la baja".

 

La nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió este martes de una desaceleración económica este año "en el 90% de los países del mundo", durante su primer discurso al frente de la organización multilateral.  

"En 2019, esperamos un crecimiento más lento en casi el 90% del mundo. La economía global se encuentra ahora en una desaceleración sincronizada", dijo Georgieva en la sede central del FMI, en Washington. 

La economista búlgara, que sucede en el cargo a Christine Lagarde, que será la presidenta del Banco Central Europeo, explicó que esta desaceleración generalizada "significa que el crecimiento de este año caerá a su ritmo más bajo desde el comienzo de la década". "Los números reflejan una situación compleja", consideró. 

Georgieva hizo esta valoración una semana antes del inicio de la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial (BM), en la que ambas instituciones presentarán sus proyecciones económicas y que congregará a los principales ministros de economía y banqueros centrales de todo el mundo. 

En este sentido, avisó que las nuevas perspectivas económicas serán "a la baja" respecto a las últimas presentadas en julio en Chile, en las que el organismo redujo en una décima sus previsiones de crecimiento global para 2019, hasta el 3,2%, y 2020, al 3,5%. 

En su análisis, Georgieva argumentó que la actividad económica "se está ablandando" en economías avanzadas, como EEUU, Japón y, especialmente, la zona euro, mientras que en otos mercados emergentes, como India y Brasil, la desaceleración es "aún más" pronunciada este año. 

Respecto a China, señaló que su crecimiento económico "está bajando gradualmente del rápido ritmo que vio durante muchos años". "La precaria perspectiva -continuó- presenta desafíos para los países que ya enfrentan dificultades, incluyendo algunos de los países del programa del Fondo", como Argentina. 

Sin embargo, celebró que cerca de cuarenta mercados emergentes y economías en desarrollo, incluyendo 19 en África subsahariana, "tendrán tasas de crecimiento del PIB real superiores al 5%". "Representan una parte relativamente de la economía global", justificó.

En su discurso, Georgieva achacó a las disputas comerciales, como la guerra comercial entre Washington y Pekín, parte de la responsabilidad de esta desaceleración económica global, además de las diferentes tensiones geopolíticas y el posible impacto del brexit. "Hemos hablado en el pasado sobre los peligros de las disputas comerciales. Ahora, vemos que en realidad están pasando factura", sentenció.

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Lunes, 07 Octubre 2019 06:50

Una recesión manufacturera global

Una recesión manufacturera global

Comienza octubre y la recesión mundial del sector manufacturero se hace realidad. Los índices PMI de actividad manufacturera de la mayoría de las principales economías están por debajo de 50, el umbral para la expansión o la contracción. Son solo encuestas a directivos empresariales a los que se pregunta sobre producción, ventas, empleo, etc. Pero los PMI han sido indicadores razonablemente precisos de la producción industrial y manufacturera reales, cuyos datos estadísticos suelen llegar algo más tarde.

En septiembre, el PMI manufacturero de la Eurozona cayó a su nivel más bajo desde la crisis de la deuda del euro de 2012, liderado por Alemania pero seguido por los demás. En eso ha quedado el éxito del reinado de Mario Draghi como presidente del BCE.

En Japón, la historia es similar. El “espíritu” de los grandes fabricantes de Japón cayó a su nivel más bajo en más de seis años en el tercer trimestre, según una encuesta clave realizada por el Banco de Japón. Y el PMI manufacturero de Japón ha vuelto al nivel de contracción del sector visto por última vez en la mini recesión de 2016.

Incluso los Estados Unidos ya están en una recesión manufacturera. El PMI manufacturero de Markit está por encima de los 50, pero es un nivel más bajo que en 2016. Y el PMI manufacturero del ISM de EEUU cayó  en septiembre a su nivel más bajo desde la Gran Recesión en 2009.

Y, por supuesto, el sector manufacturero británico pre-Brexit ya se ha “hundido”, para usar la frase del primer ministro Boris Johnson los últimos meses.

Para completar el G7, el PMI de Canadá también está por debajo de 50.

Y no solo se contrae el sector manufacturero del G7. Los siguientes países están registrando contracciones en su actividad manufacturera: Malasia, México, Nueva Zelanda, Polonia, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Corea del Sur, Suecia, Suiza, Turquía, Taiwán

Y los siguientes países tienen una caída anual en la producción manufacturera: Australia, Brasil, Canadá, Chile, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Japón, Países Bajos, Portugal, Corea del Sur, Turquía, el Reino Unido y también los EEUU.

Y en cuanto a las principales economías de más rápido crecimiento del mundo, China e India, ambas están experimentando sus tasas de crecimiento del PIB real más lentas de más de una década, mientras que sus sectores manufactureros están justo por encima de la línea de flotación.

La crisis en el sector manufacturero es en parte el resultado de la desaceleración general de la inversión en las economías capitalistas y en parte el resultado de la intensificación de la guerra comercial entre las dos economías manufactureras más grandes del mundo: China y los Estados Unidos. La guerra comercial está actuando como un desencadenante de una recesión manufactuera en todo el mundo.El comercio mundial ya se estaba desacelerando antes de que estallara la guerra comercial y ya había provocado victimas a nivel mundial: por ejemplo, Argentina y Turquía.

Ambos han sufrido un colapso catastrófico en la producción, la inversión extranjera y el valor de sus monedas. Turquía está sumida en una profunda recesión general. Argentina se ha visto obligada a incumplir sus enormes pagos de deuda externa. A medida que el país se dirige a las elecciones generales este mes, los tenedores de bonos están tratando desesperadamente de encontrar formas de evitar una 'reducción' sustancial de sus activos.

Pero hasta ahora, la recesión se limita al sector manufacturero. Y la fabricación constituye no más del 10-40% de la mayoría de las economías. El llamado sector de servicios -que incluye servicios minoristas, servicios financieros, servicios comerciales, bienes raíces, turismo, 'industrias creativas', etc.-, continúa manteniendo la cabeza por encima del agua en la mayoría de las economías del G20. No hay una economía del G20 con un PMI de servicios inferior a 50.

Por eso una economía como Grecia, que fue devastada por la recesión mundial y la crisis de la deuda del euro, ahora puede experimentar un modesto crecimiento anual del PIB del 2%. Los servicios de turismo y ocio, un componente clave de la economía griega, continúan expandiéndose. Pero una tasa de crecimiento del 2% no es mucho después de una contracción del 25% durante la crisis. La recuperación griega ha sido débil. Cinco años después del climax de la depresión de 1933, el PIB per cápita de los Estados Unidos había aumentado en un 35 por ciento. Cinco años después del colapso argentino de 1998-2002, el PIB per cápita aumentó en un 45 por ciento. Pero de 2013 a 2018, el PIB per cápita de Grecia aumentó en menos del 6 por ciento. De hecho, Oxford Economics predice que Grecia no recuperará sus niveles de PIB anteriores a la crisis hasta 2033. Si no hay una crisis global mientras tanto. Y si el sector de servicios globales entra en crisis, Grecia volverá a caer en recesión.

La pregunta es si el sector de servicios será arrastrado por las manufacturas a una depresión. Algunos dicen que no, porque la fabricación manufacturera es un sector mucho más pequeño.

Pero ese argumento no reconoce que muchos sectores de servicios dependen de las manufacturas para su propia expansión. El contagio de las crisis manufacturas generalmente ha sido significativo en recesiones anteriores. Si el crecimiento del empleo mundial se debilita o se frena, el poder adquisitivo de los trabajadores disminuirá y el sector servicios comenzará a sufrir también. El empleo depende de la disposición de las empresas capitalistas a invertir y expandirse. Y la inversión y la expansión dependen de la rentabilidad esperada de la inversión. Los capitalistas la calculan a partir de la rentabilidad actual, a menos que se arriesguen.

Por lo tanto, ¿qué está pasando con los beneficios a nivel global? Bueno, los economistas de JP Morgan acaban de publicar un análisis completo de los beneficios globales (desafortunadamente este informe no está disponible al público). Y creen que los beneficios globales en el segundo trimestre de 2019 se han estancado. Cada uno de los 10 sectores que componen el mercado total muestra una fuerte desaceleración en el crecimiento de los beneficios, y la mitad experimentó contracciones directas de los beneficios durante el año pasado (particularmente materias primas y telecomunicaciones). Incluso en aquellos sectores que aún tienen un crecimiento positivo de los beneficios: minorista, IT, finanzas y servicios públicos, el crecimiento de los beneficios está cayendo rápidamente.

JPM ha llegado a la ‘sorprendente' conclusión (que la teoría marxista y la evidencia empírica previa podría haberles facilitado) de que "el descenso en el crecimiento global durante el año pasado ha coincidido con una desaceleración igualmente impresionante de los beneficios empresariales".

El estancamiento de los beneficios empresariales a nivel mundial todavía no es tan malo como en la mini recesión de 2016, o por supuesto en la Gran Recesión o la caída anterior de 2001-2, pero está acercándose. En particular, JPM señala que el crecimiento de los beneficios ha disminuido a cero porque los márgenes de ganancias se están reduciendo; en otras palabras, los costes de la mano de obra (más trabajadores y salarios más altos) no están siendo compensados por un mayor valor, la tasa de plusvalía está disminuyendo. un resultado que JPM cree que "ha precedido históricamente el comienzo de la dinámica de una recesión".

JPM señala la guerra comercial como el desencadenante y señala que el sentimiento empresarial (los PMI) está cayendo en el sector manufacturero debido a la reducción de los beneficios, y no al revés. Pero la guerra comercial "también podría ser un presagio ominoso de ganancias más débiles por venir".

Como predice la teoría marxista, la desaceleración o caída de los beneficios eventualmente significará una disminución de la inversión empresarial, y JP Morgan está de acuerdo. “La caída de los beneficios y el sentimiento empresarial están afectando a las inversiones de capital.El crecimiento global de la inversión de capital se ha desacelerado sustancialmente desde un máximo de seis años en 2017 hasta casi un estancamiento a partir del 2T de 2019.Es probable que también sea un factor que contribuya en elretrocesomás recientedel crecimiento del empleo.El riesgo es que la desaceleración del crecimiento de los salarios laborales pesa negativamente sobre el gasto del consumidor, que luego se refleja en los beneficios y la contratación de las empresas ” . Exactamente.

JPM sigue siendo optimista, en el sentido de que el crecimiento de la productividad cambiará las cosas. Pero eso parece una ilusión si la inversión sigue cayendo.

En el pasado, he resaltado algunos otros indicadores clave (además de los beneficios) que pueden predecir una recesión. El más famoso es la llamada curva de rendimiento invertida en bonos. He explicado cómo funciona en un artículo anterior. Baste decir ahora que cuando la curva de rendimiento de los bonos se invierte (y el rendimiento de los bonos con vencimiento más largo cae por debajo de los rendimientos de los bonos a corto plazo) y se mantiene invertido, se produce una recesión en el plazo de un año. La curva estadounidense se ha mantenido invertida desde mayo.

Otro indicador es el precio de los metales industriales, particularmente el cobre, un metal que se usa en todos los ámbitos de producción. Una caída en su precio indicaría una desaceleración en la inversión y la producción en muchas industrias. En la mini recesión de 2016, el precio del cobre cayó a alrededor de $ 200 / lb. En la Gran Recesión, cayó a $ 150 / lb. Habiendo aumentado a $ 320 / lb a principios de 2018, ahora ha vuelto a caer a $ 250 / lb.

La economía capitalista mundial ha entrado ya en una recesión manufacturera, pero hay indicadores importantes de que el resto de la economía se verá arrastrada pronto.

Por 5/10/2019

Michael Roberts

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession

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Yuri Borísov, vice primer ministro de Rusia, se reune con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 5 de octubre en Caracas. Foto: Reuters.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, reafirmó hoy la unidad entre la nación bolivariana y Rusia, expresada en convenios de colaboración, con vistas a avanzar en la recuperación económica del país sudamericano.

"Es una verdadera cooperación estratégica, con 264 acuerdos en múltiples áreas que buscan el desarrollo compartido y la sincera hermandad entre nuestros pueblos", escribió el jefe de Estado venezolano en la red social Twitter.

Tras el encuentro de copresidentes de la Comisión Intergubernamental de Alto Nivel entre ambos países, celebrado este sábado, el vicepresidente sectorial para el Área Económica de Venezuela, Tareck El Aissami, junto al primer viceministro ruso, Yuri Borísov, suscribieron nuevos acuerdos en materia energética, tecnológica, económica, agrícola y militar.

Maduro aseveró en tal sentido, que la nación sudamericana tiene la asesoría de Rusia para ganar la batalla económica a la cual está sometida.

Durante la reunión, el primer viceministro ruso informó que el comercio entre Venezuela y su país aumentará en 150 millones de dólares en lo que resta de 2019.

Resaltó a su vez, que el país sudamericano es importante para la nación euroasiática en materia comercial, y reafirmó el compromiso de la Federación Rusa con el mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos a través de los envíos de medicamentos y productos de primera necesidad.

Por otra parte, El Aissami ratificó que la relación de intercambio y respeto entre las naciones se afianzó aún más con la visita de Maduro a Rusia, por invitación de su homólogo Putin, la cual convirtió a la Federación Rusa en uno de los más importantes socios comerciales y aliados políticos de Venezuela.

De acuerdo con el vicepresidente sectorial la reunión se traduce el día de hoy en grandes proyectos en el sector energético, con inversiones rusas en Venezuela por el orden de los cuatro mil millones de dólares, así como un importante crecimiento en el intercambio comercial en el sector agrícola.

La nación euroasiática suministrará al país sudamericano un millón 500 mil vacunas para la gripe y cinco millones de medicinas, así como también importantes alianzas en la producción de insulina, resaltó el vicepresidente venezolano.

"Nuestro Gobierno siempre abrirá las puertas a todas las empresas inversionistas rusas que desean trabajar en el país, en aras de fortalecer la cooperación empresarial y el desarrollo en ambas naciones", enfatizó El Aissami.

Señaló también que la reunión permitirá construir un sistema político, económico, social, cultural y financiero más justo, al tiempo que resaltó la consolidación de la cooperación entre ambos países en los últimos 20 años, producto de la visión estratégica del comandante Hugo Chávez (1954-2013).

6 octubre 2019

(Con información de Prensa Latina)

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Jueves, 03 Octubre 2019 06:07

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El desmoronamiento del orden mundial establecido en 1944 acelera la batalla entre China y Estados Unidos por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico

Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

Así pues, después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el motor principal de la acumulación de capital a nivel mundial, así como el director de las reglas de dicho proceso, liderando el ámbito económico, tecnológico, comercial, financiero, militar y cultural. Esta configuración colapsa con la crisis de 2008, en la que el orden establecido empieza a descomponerse ante los límites de la globalización financiera. Como contrapartida, ante el deterioro del imperio estadounidense, se acelera la batalla por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico. Así, China y Rusia se establecen como actores políticos de primer orden, empujando el orden unipolar hacia la multipolaridad. La llegada de Trump es la respuesta a la decadencia del hegemón: pérdida de hegemonía mundial y la ruptura del sistema político en Estados Unidos.Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

En este sentido, es posible afirmar que la guerra comercial es parte de la lucha por la construcción de las nuevas reglas del juego en el tablero mundial: es difícil imaginar que el final de la presidencia de Trump signifique el cese de hostilidades. Para comprobar esto, vamos a mostrar algunos indicadores que nos ayudarán a darle dimensión y contexto a este conflicto histórico entre China y EE.UU.

La batalla por la hegemonía

En el primer gráfico podemos observar cómo la proyección de China y su peso relativo en el mundo avanzan a un ritmo vertiginoso. Concretamente, en un lustro, India y China superarán en PIB (medido en Paridad de Poder Adquisitivo) al conjunto de EE.UU. y la UE. Si nos alejamos más en el tiempo, con la prudencia que se debe tener con este tipo de estimaciones, según las predicciones de Goldman Sachs, para el año 2050 el PIB de China será casi el doble del de EE.UU. y el de India tendrá un tamaño similar al del país norteamericano. De esta forma, existe un claro desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo mundial hacia Asia, esto es, el fin de occidente como centro productivo del mundo.

Además, si atendemos a los datos del comercio mundial, en un contexto en el que la globalización está perdiendo fuerza, (el PIB mundial crece ahora por encima del comercio mundial) China lidera las exportaciones con un 12,8% del total, mientras que las estadounidenses suponen el 8,5%. En cuanto a las importaciones, la potencia norteamericana lidera el indicador con un 13,2%, y China es la segunda importadora mundial en 2018 con el 10,8%. Además, si observamos más detenidamente las exportaciones de cada país, podemos ver el cambio del modelo chino, ya que, en 1992 el porcentaje de exportaciones de alta tecnología suponía el 6,4% y, en la actualidad, un 23,8%. De forma contraria, EE.UU. ha pasado del 32,6% a un 13,8. De esta forma, China se está convirtiendo en una exportadora de bienes de alta tecnología, alejándose del papel de fábrica del mundo de bajo valor añadido.

EXISTE UN DESPLAZAMIENTO DEL CENTRO DE GRAVEDAD DEL CAPITALISMO HACIA ASIA, ESTO ES, EL FIN DE OCCIDENTE COMO CENTRO PRODUCTIVO DEL MUNDO

En esta línea, es conveniente detenerse en el área tecnológica, ya que, precisamente, este es uno de los puntos más candentes en la actualidad. Así, el plan Made in China 2025 tiene como objetivo reducir la dependencia de la tecnología extranjera y convertir al país asiático en una potencia mundial en las industrias de alta tecnología. En efecto, si observamos el gráfico que muestra el número de patentes registradas, en la actualidad China, que superó a Estados Unidos en 2015, es el líder indiscutible. Más concretamente, China también lidera el ranking de patentes en desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial, con 473 de un total de 608, mientras que Estados Unidos registra 65.

Ante este escenario, la Administración Trump está mostrando sus garras al Made in China 2025 : gran parte de su ofensiva comercial es, en realidad, un ataque al plan chino, que se ha materializado, por ejemplo, en el conflicto con Huawei y las redes de 5G. De este modo, podemos comprobar que la guerra comercial no tiene tanto que ver con el déficit comercial de Estados Unidos como con la intención de Washington de frenar el desarrollo tecnológico de China.

Otro de los puntos más candentes en la actualidad es la llamada guerra monetaria. Si atendemos a los datos del BIS –Bank for International Settlements/Banco de Pagos Internacionales– el dólar supone el 87% de las transacciones mundiales y el yuan el 4% (sobre un 200% porque cada transacción implica dos monedas). Con respecto a los datos de reservas mundiales de divisas, el dólar representa el 62,9% frente al 1% del yuan. Sin duda, el papel del dólar como centro del sistema monetario internacional es uno de los pilares de la hegemonía de Estados Unidos y, más todavía, desde la ruptura del patrón oro-dólar en la década de los setenta, que situó a EE.UU. como centro de la globalización financiera.

Como contrapartida, la potencia asiática ha comenzado un progresivo proceso de potenciación del yuan con el objetivo de disminuir la dependencia del dólar y aumentar su capacidad de soft power –no impliquen el uso directo de la fuerza (militar o económica)–. En esta línea, China ha promovido el comercio bilateral en yuanes con países como Rusia, Irán, Venezuela o Angola, ha conseguido que su divisa forme parte de la canasta de monedas de Derechos Especiales de Giro del FMI y, más recientemente, ha creado un mercado de futuros de petróleo en yuanes. Aunque todavía estamos lejos de una alternativa al dólar como centro del sistema monetario internacional, las medidas proteccionistas pueden suponer la desdolarización del comercio mundial.

Por último, en relación a la esfera militar, según el indicador Global Fire Power, Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso del mundo. En efecto, siguiendo dicho indicador (siendo el valor óptimo 0), Estados Unidos lidera el ranking con un índice de 0,0615, seguido por Rusia con 0,0639 y China 0,673. Además, en relación al gasto militar por países, Estados Unidos encabeza la lista con 609.757 millones de dólares de inversión anual, seguido por la Unión Europea y China, con 258.701 y 228.230 millones respectivamente y, con casi una décima parte menos, Arabia Saudí y Rusia, con 69.413 y 66.334 millones de dólares.

La configuración del nuevo orden mundial

En cierto modo, un orden mundial es una determinada correlación de fuerzas congelada en un conjunto de instituciones, un paradigma cultural y una forma de ver el mundo que impera y dirige a la sociedad en una dirección determinada, todo ello bajo la batuta de una potencia que actúa como hegemón. Como hemos señalado, el edificio levantado después de la II Guerra Mundial, apuntalado a lo largo de las décadas posteriores, es un marco institucional en el que ya no encaja la nueva correlación de fuerzas mundial: Bretton Woods era un estructura claramente adaptada a un centro de gravedad occidental y en el siglo XXI asistimos al desmoronamiento acelerado de esas instituciones.

LA LUCHA COMERCIAL NO EMPIEZA CON TRUMP, SINO CON OBAMA: EL TTP Y EL TTIP SUPONEN UNA OFENSIVA COMERCIAL CONTRA CHINA

Como observamos en los datos, la tendencia es vertiginosa en cuanto al peso de China (y Asia) en el mundo. El punto de inflexión que hizo que comenzase el deshielo fue la crisis del 2008. De hecho, podemos ver que la lucha comercial no empieza con Trump, sino con Obama: el TTP y el TTIP suponen una ofensiva comercial contra China, que intenta perpetuar las reglas de la globalización financiera liderada por EE.UU. desde los años ochenta. Sin embargo, la estrategia no funcionó y de ahí deriva el giro de Trump, que asume que el traje de Bretton Woods ya no le sirve. De esta forma, el auge del proteccionismo y el bilateralismo supone la ruptura con la concepción de las reglas internacionales multilaterales que defendía EE.UU., más allá de las contradicciones que haya asumido este discurso a lo largo de las décadas.

De forma opuesta, uno de los mejores ejemplos de fin de época es que, en paralelo a la descomposición, existe una edificación de nuevas instituciones internacionales: un traje a medida de China. En efecto, el país asiático ha iniciado la creación de la Nueva Ruta de la Seda, ha creado el Banco de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras, entidades alternativas al FMI y el Banco Mundial. Así, la creciente soberanía de China, choca frontalmente con la de EE.UU. y seguirá haciéndolo de manera inevitable en el futuro.

Resulta evidente que, cuando Trump abandone la Casa Blanca, el centro de gravedad seguirá desplazándose hacia Asia. El contexto actual va más allá de la estrategia de un determinado gobierno, pues Trump es un ejemplo de la doble crisis de hegemonía interna y externa que vive EE.UU.: la crisis de gobernabilidad y la crisis de hegemonía mundial. En consecuencia, cualquier candidato que llegue a la presidencia estadounidense tiene que asumir los mandos de una potencia en decadencia, que ya no dirige como antaño las riendas del orden mundial.

Este hecho es el que determina que vivamos una crisis de sistema internacional: el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia y el ascenso de China implican que el orden mundial de posguerra asume en su seno una correlación de fuerzas que ya no existe, de tal manera que hasta la propia potencia creadora y directora de las mismas precisa romper con ellas. En este camino no hay vuelta atrás, el futuro del mundo irá ligado a la construcción de esas nuevas reglas.

En definitiva, los próximos años nos enfrentaremos a una mayor profundización del desorden mundial, las distintas potencias se moverán a la búsqueda de alianzas y de nuevos marcos para la construcción de una nueva estructura mundial que permita fijar la nueva correlación de fuerzas. Este proceso se verá acelerado con la próxima crisis económica global. En consecuencia, uno de los puntos más delicados es el de crear un nuevo encaje a nivel internacional en el que el reparto de poder pueda llevarse a cabo sin una guerra (militar) entre China y EE.UU., sea esta directa o proxy. En definitiva, lo que queda por ver es si es posible evitar la trampa de Tucídides. 

Por Juan Vázquez Rojo*

CTXT

*Juan Vázquez Rojo es economista, investigador y editor de la Revista Torpedo.

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Paz para el pueblo y guerra para la selva: la deforestación en Colombia aumenta tras el fin de la guerrilla

Las cifras de la tala ilegal venían mejorando hasta que el gobierno de Santos comenzó a negociar el acuerdo de paz

La ausencia de las FARC ha creado un vacío aprovechado por quienes se apoderan de la selva para actividades como la minería, la ganadería y el cultivo de coca

En 2016 se perdieron 179 mil hectáreas de bosque en Colombia, cifra que ha ido a más en los siguientes años

El acuerdo de paz que firmó el gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC el 24 de noviembre de 2016 fue un hito para la sociedad colombiana, desangrada por 52 años de conflicto. También fue un punto de inflexión para las selvas de un país que, tras una década de mejoras en la tasa de deforestación, perdió ese año una superficie de bosque comparable a la de Toledo, Guipúzcoa o Almería: 179.000 hectáreas.

Según los datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), el ritmo de la deforestación en la Amazonia colombiana y otras reservas forestales del país llevaba diez años bajando de forma casi ininterrumpida. Pero en 2016 la tasa comenzó a acelerar de nuevo, con una subida de 44% en la superficie deforestada de ese año y otra del 23% en la del siguiente. La ganadería, el oro, la madera y la coca protagonizan gran parte del aumento de un fenómeno que, según los datos del IDEAM, es la principal fuente de gases de efecto invernadero de Colombia (debido al CO2 que se libera al talar los árboles). Por no hablar del daño irreversible al hábitat de las comunidades indígenas, además de la dramática pérdida en biodiversidad y recursos hídricos.

De acuerdo con el profesor y consultor medioambiental Manuel Rodríguez Becerra, que en 1993 fue el primer ministro de Medioambiente de Colombia, para entender lo ocurrido hay que distinguir entre el año del acuerdo de paz y lo que vino después. Según él, el aumento de la deforestación durante 2016 se explica por la negociación con las FARC, un momento en que el Gobierno quiso alejar fuentes de conflicto: "La mayor tolerancia que hubo ese año con las FARC les permitió aumentar la deforestación para los cultivos de coca". 

Paradójicamente, Rodríguez Becerra también atribuye el incremento del 2017 a las FARC, aunque esta vez el motivo fue su retirada de la zona. "Una vez hecho el proceso de paz el gobierno de Santos no tomó el control efectivo del antiguo territorio de las FARC y algunas regiones se convirtieron en tierra de nadie y comenzaron los procesos de apropiación". La explicación es la siguiente: en su último año, las FARC aprovecharon la tregua negociadora para aumentar las plantaciones de coca, pero en la década anterior habían ejercido de vigilantes impidiendo que los campesinos deforestaran. Entre otros motivos, porque así dificultaban el acceso del ejército colombiano a su área.

Terminado el miedo a una represalia de las FARC, en 2017 llegaron los grandes capitales. Como dice Rodríguez Becerra, "se puede ver claramente el tamaño de los deforestadores, porque en tres meses talan hasta 1.500 hectareas en áreas perfectamente trazadas y hacer eso significa una capacidad grande, tener mucho dinero".

Según Brigitte Baptiste, que hasta julio dirigió el Instituto Humboldt para la Investigación sobre la Biodiversidad de Colombia, uno de los factores de la impunidad de los responsables es la falta de claridad de los títulos de propiedad. A principios de los años 40, explica, "se instituyó un mecanismo para proteger a los campesinos y fue que tras 20 años de ocupación, si presentaban pruebas de desarrollo productivo, eran reconocidos como propietarios".

"Lo que era una ley con buena intención acabó convirtiéndose en un incentivo para el robo de tierras del Estado", concluye Baptiste. Agrega que hay procesos históricos de ocupación que aún no han sido resueltos, con comunidades agrícolas viviendo hace décadas en reservas forestales sin títulos: "Sólo los cafeteros fueron apoyados por el Estado con títulos claros desde principios del siglo XX, por eso casi no hay conflictos en tierras cafeteras".

Al abuso de la ley se añade la falta de reacción estatal por la dificultad de hacer valer la ley en un territorio con escasa implantación de las fuerzas de seguridad. "Las autoridades regionales no tienen personal o están cooptadas por los ilegales", resume Baptiste. "Y tampoco es que puedan hacer mucho, si tratas de llegar sin respaldo a una zona donde se está deforestando, no tienes ninguna opción de salir vivo".

La alternativa a castigarlos con la ley es eliminar los incentivos económicos de la deforestación. La venta de la coca ilegal ya está prohibida, pero el veto se podría extender a la ganadería de tierras deforestadas. Una medida elemental, según Baptiste, "que algunos congresistas y senadores resisten pidiendo hacer un punto de corte para que solo afecte a lo deforestado a partir del año 2016". Sostiene: "Me da la idea de que quienes lo piden están envueltos en la corrupción".

Según Rodrigo Botero, de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, la responsabilidad de muchos poderes públicos se hace evidente cuando hacen llegar servicios como carreteras o electricidad a tierras no formalizadas, "generando un estímulo a la apropiación de tierras que luego son incorporadas a la frontera agropecuaria".

Pero también hay motivos para el optimismo. A principios de 2018, un grupo de niños y jóvenes ayudados por la ONG DeJusticia presentaron una demanda contra el Estado colombiano exigiendo que les garantizase una vida libre de catástrofes medioambientales. Un año después, la Corte Suprema les dio la razón, exigiendo al Gobierno cumplir con sus promesas de frenar la deforestación en la Amazonia colombiana. 

Los activistas esperan que la presión del fallo contribuya a que el nuevo gobierno de Iván Duque acelere la dotación de recursos para capturar y castigar a los responsables de la deforestación. Tras los aumentos de 2016 y 2017, el ritmo de deforestación mejoró en 2018. Aunque sigue en niveles catastróficos, las 197.000 hectáreas del año pasado representan una reducción de 10% con relación al 2017. Según Baptiste, el Gobierno ha desplegado recientemente fuerzas en algunas zonas y ha habido señales de control en el Amazonas pero aún es pronto para saber si 2019 confirmará la tendencia con nuevas bajas. "Como la deforestación es una actividad tan estacional, hay que esperar a que termine la temporada de lluvia, en las próximas semanas veremos en los satélites si sigue aumentando o no".

Por Francisco de Zárate

30/09/2019 - 22:03h

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Opinión  El "Milagro de China", una oportunidad para América Latina

Cuando la comunidad latinoamericana e internacional felicita a la República Popular China, la Nueva China, por los enormes logros alcanzados desde su fundación hace 70 años, en general se pregunta: ¿De dónde viene China y a dónde irá? ¿Qué tipo de mundo está promoviendo China? ¿Cómo se llevará con el mundo?

En respuesta a estos problemas, el gobierno chino publicó el viernes pasado su primer libro blanco integral "China y el mundo en la nueva era". Utilizando ejemplos y datos, revisó exhaustivamente los logros del desarrollo y las importantes contribuciones al mundo. Expuso de manera integral y sistemática las relaciones de China con el mundo, respondió a las principales preocupaciones de la comunidad internacional y declaró claramente que China siempre ha sido firmemente constructor de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global, defensor del orden internacional, demostrando la sinceridad, la determinación y la responsabilidad de un gran país,

En el curso del desarrollo humano, 70 años es solo una gota en el océano, pero para la Nueva China, significa un gran cambio. El pueblo chino se ha apoyado en la autosuficiencia y el trabajo duro, y ha experimentado décadas en el proceso de desarrollo que los países desarrollados han experimentado durante cientos de años, creando un milagro de desarrollo sin precedentes en la historia humana e inyectando energía positiva en la paz y el desarrollo mundial. El libro blanco revisa con orgullo la historia de la fortaleza económica del país, la mejora de la calidad de vida de las personas y la influencia significativa del estatus internacional desde el 18° Congreso Nacional del Partido Comunista de China, señalando que China ha crecido interactuando con el mundo, promoviendo la paz y el desarrollo mundial.

China, como país de gran escala, avanzará hacia la modernización de manera pacífica, lo que inevitablemente traerá una influencia general al mundo. En este sentido, el libro blanco se ha elaborado tanto sobre el concepto de desarrollo como sobre la acción real.

En primer lugar, China se ha embarcado en un camino adecuado para su propio desarrollo. La elección del camino es crucial para el éxito o el fracaso de un país. En los tiempos modernos, muchos países en desarrollo han llevado a cabo arduas exploraciones al respecto y algunos han copiado el modelo occidental, pero tal vez este modelo no corresponde con sus características locales y esto ha causado serios problemas económicos y sociales. Bajo el liderazgo del Partido Comunista de China, la Nueva China ha encontrado un camino de desarrollo correcto para el socialismo con características chinas.

Otro aspecto de la historia de 70 años de la Nueva China ha sido acompañado por una "teoría de la amenaza de China". En este sentido, el libro blanco señaló que este argumento tiene malentendidos cognitivos, prejuicios profundamente arraigados, desequilibrios psicológicos causados por el crecimiento del poder y distorsiones deliberadas para salvaguardar sus propios intereses.

"Cuando el mundo es bueno, China puede ser buena; cuando China es buena, el mundo es mejor". Esta es la verdad que ha demostrado la práctica de desarrollo de China en los últimos 70 años, y también es la tendencia de los tiempos. No importa cómo cambie la situación internacional, no importa cómo se desarrolle, China nunca buscará la hegemonía, nunca se expandirá, nunca buscará la esfera de influencia, y estará decidida a contribuir a construir un mundo mejor.

Desde la fundación de la Nueva China, las relaciones con América Latina están sin duda en su mejor momento. En los últimos años ha aumentado la cooperación comercial, financiera, tecnológica, educativa, y con los años seguramente la cooperación será cada vez más profunda.

En los últimos años más países latinoamericanos establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular China como ser Panamá, República Dominicana y El Salvador.

A pesar del gran avance en las relaciones, sabemos que esto no es fácil ni sencillo debido a las grandes distancias geográficas, diferencias culturales y al desconocimiento mutuo que todavía aún persiste.

Pero el crecimiento de las relaciones ha sido rápido y constante. Por ejemplo desde la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), las exportaciones latinoamericanas a China han pasado de representar un 1,5 % del total en 2001 a un 10 % en 2017. Y con respecto a lo educativo, es considerable el aumento de la cooperación entre universidades que permiten que en un futuro cercano haya más intercambios de alumnos, docentes y de investigadores. Cada vez más latinoamericanos estudian el mandarín en China a través de becas de grado y postgrado para cursar en China, como el crecimiento de chinos que estudian español, habiendo al día de hoy casi 90 universidades que lo enseñan en todo el país.

China debe ser vista como una oportunidad y no como una amenaza para América Latina y el mundo, el avance del país en estos 70 años lo ha demostrado.

Yin Xiaotong es Directora del Departamento de Español de la Radio Internacional de China

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Diez motivos para explicar la volatilidad del precio del petróleo 

El ataque con drones contra la refinería Abqaiq, la de mayor producción de crudo del planeta, que gestiona la petrolera estatal saudí Aramco, la empresa más poderosa del mundo, ha dejado una semana convulsa en el mercado del oro negro. El precio del barril de Brent subió por encima de los 69 dólares, un 20% más, su revalorización más alta en 28 años. El atentado terrorista vuelve a mostrar la alta sensibilidad del petróleo a los riesgos geoestratégicos.

 

El mercado del petróleo acostumbra a dejar jornadas negras en cada ejercicio. Es, sin duda, la plaza bursátil más propensa a vaivenes traumáticos en su cotización diaria, aunque también a medio y largo plazo para cerrar contratos a futuros –fórmulas para garantizar el abastecimiento en periodos de meses– motivados por una alargada lista de riesgos exógenos.

El último botón de muestra de esta susceptible sensibilidad del barril de crudo hacia la distorsión de la irritable ley de la oferta y la demanda que rige en estas transacciones mercantiles imprescindibles para nutrir la actividad económica de cualquier país se produjo el pasado fin de semana. El ataque mediante drones contra las instalaciones de Aramco en Abqaiq y Khurais, frenó en 5,7 millones de barriles diarios la capacidad extractiva de la mayor petrolera del mundo -y la empresa líder en ingresos y beneficios de todo el planeta- e hizo saltar por los aires el mercado de futuros.

Los contratos a dos meses del Brent, barril de referencia en Europa, se revalorizaron por encima del 15% –pese a que superaron por instantes el 19% el lunes, otro día trágico en el mercado–, tres puntos más que su cotización al cierre de la jornada, en la que superó los 69 dólares. La subida de más calibre desde que se iniciaron las operaciones contractuales de compraventa de crudo, en 1988.

El West Texas Intermediate (WTI) la bolsa que determina el precio del petróleo en EEUU también se unió a la escalada. Otro 15%, hasta los 62,90 dólares. Otro salto sin precedentes, en este caso desde 2008, al inicio de la crisis financiera, informa Bloomberg.Pero, ¿qué factores determinan el precio del mercado? Y, sobre todo, ¿por qué los riesgos tanto económicos como geopolíticos propician tanta volatilidad colateral a la cotización del oro negro? El régimen de Riad ha anunciado que restablecerá la producción de las refinerías dañadas por el ataque de los diez aviones no tripulados, cuya autoría señala, según acusaciones oficiales tanto de EEUU como de Arabia Saudí a la milicia huti, la más combativa en Yemen contra la alianza de fuerzas del Golfo Pérsico que sufraga mayoritariamente Riad, y a Irán, el rival geoestratégico del mayor productor de petróleo en Oriente Próximo y el país que ocupa el top-one de amenazas a la seguridad global a los ojos de la Administración Trump.

Las diez claves

Acusan a Teherán de patrocinar y de participar activamente en los atentados con drones. Las autoridades petrolíferas saudíes han prometido que tiene la capacidad de devolver, en varias jornadas, hasta el 70% de los daños de extracción ocasionados por el ataque. Pero, de no hacerlo, los analistas ya avanzan que el precio del barril sobrepasará de inmediato -si se supera un tiempo prudencial sin una oferta mínima de crudo en el mercado- los 80 dólares.

1.- La frágil frontera entre la oferta y la demanda. En el mundo del petróleo no es una relación directa que determine que una retirada del crudo en el mercado eleva las peticiones de compra. O a la inversa. En este juego de tronos entre productores y consumidores se opera con algunos ases en la manga. Los contratos de futuros -acuerdos que conceden el derecho de adquisición de un número de barriles de petróleo a un precio predefinido para entrega en fechas específicas- o los hedge funds vinculados a la energía, son dos de ellos. Son agentes especuladores con unos niveles de éxito fulgurantes en la cotización. La autoridad bursátil Chicago Mercantile Exchange (CME), la gran plaza de las materias primas, detrás de la mayoría del tráfico de futuros no está la mano que mece los mercados, sino la de especuladores que, en realidad, formalizan menos del 3% de las transacciones de compraventa de barriles.

Movimientos desde áreas de inversión de líneas aéreas que suscriben estos contratos en previsión de alzas del barril a medio plazo o, sencillamente, los que negocian al alza o a la baja en función de la trayectoria del mercado o de los episodios de volatilidad en una u otra dirección, pero sin intención alguna de adquisición. Su papel ficticio no le resta un ápice de trascendencia en el valor del crudo. Determinan el clima del mercado, el sentimiento inversor, la aversión al riesgo o la falsa calma psicológica a la hora de cerrar volúmenes de operaciones concretas a precios pactados. Y lo que es peor, abaratan o encarecen artificial e interesadamente, en no pocas ocasiones, equilibrios básicos. Como el de que el crudo descienda en época de vacas flacas como la actual -la OCDE acaba de augurar el crecimiento más débil del PIB mundial desde el credit crunch de 2008 en medio de proclamas de cada vez más analistas de que se avecina una recesión en las potencias industrializadas, casi todas altamente demandantes de combustibles fósiles-, o el que aumente en ciclos de negocios boyantes. También influyen sobremanera en episodios de extrema volatilidad como el actual.

2.- La dictadura del cártel de la OPEP. El flujo de crudo en el mercado tiene un incuestionable actor principal, la OPEP. Sus quince socios, capitaneados siempre por Arabia Saudí, controlan el 40% del crudo mundial y sus exportaciones suponen el 60% de las transacciones globales, según la Agencia Internacional de la Energía. La propia OPEP dice estar en posesión del 79,4% de las reservas de petróleo probadas. En 2019, han puesto en el mercado, de media, 80,6 millones de barriles diarios, pero en julio ya rebajaron, por sus políticas de ajuste de cuotas –han entrado en una fase agresiva de recortes por decisión de Riad– este flujo en más de 170.000 barriles por día. Los intentos de la Justicia, especialmente en EEUU, donde en el pasado se abrieron causas por competencia desleal y dumping de precios, en cumplimiento de las exigentes normas anti-trust americanas, han sido en balde.

Su muerte ha sido anunciada en demasiadas ocasiones, pero sus miembros mantienen una especie de hermandad de sangre. Por mucho que Irán amenace con alejarse del club cuyos destinos dirige su enemigo político, económico y religioso regional o que denuncie los acuerdos privados de producción entre Riad y Moscú, ajenos al cártel. Que Irak no se haya sentido cómoda con sus aliados energéticos bajo el yugo del bloqueo exportador que, durante décadas, le ha impuesto Occidente. O que Venezuela se salte soterradamente las cuotas asignadas por la organización o no las alcance por su elocuente déficit tecnológico de extracción y que Nigeria traslade sus constantes reticencias a rebajar su producción. Su decisión de agosto de perpetuar los recortes marcó el trigésimo segundo mes consecutivo de retirada de crudo. A los que hay que sumar el de los diez aliados de la OPEP, entre los que figuran Rusia, México, Omán o Malasia. Entre ambos bloques, sacaron en agosto de la actividad mercantil 1,2 millones de barriles diarios.

3.- Una cuestión de inventarios. Los países consumidores también tratan de controlar el precio. Y la nación más capacitada para ello es EEUU que ostenta, a la vez, el mayor demandante de crudo y, si la Casa Blanca desea abrir su grifo productor al máximo, el primer suministrador. La Administración Trump, más que ninguna otra en tiempos recientes y pretéritos, ha decidido usar el petróleo como brazo ejecutor de su política exterior. Irónicamente, el arma arrojadiza que la Casa Blanca ha lanzado contra Rusia o Arabia Saudí.

El fracking ha otorgado a Washington el cetro de primer productor global. Por su recuperada capacidad para extraer más de 10 millones de barriles diarios. Una ratio sólo comparable a Arabia Saudí y Rusia. Porque Venezuela, con una balsa de crudo que excede el 25% de las reservas probadas de toda la OCDE, por encima de las saudíes, carece de la capacidad técnica para operar a pleno rendimiento. La Administración de Información Energética americana (EIA) admite que la mayor economía del mundo fue también, en 2018, el mayor productor de crudo, con unos 14,86 millones de barriles al día, contabilizando el total de su producción, que incluye petróleo condensado, productos refinados, gas natural, carburantes sin tratamiento y combustibles licuados. Por delante de Arabia Saudí, con 12,39 millones de barriles y Rusia, con una capacidad de 11,24 millones.El grifo de regulación del crudo estadounidense podría activarse de inmediato, además, por los retrocesos de los inventarios, el stock acumulado de crudo adquirido por el país y sus petroleras y que, a finales de agosto, descendió en 4,7 millones de barriles respecto a la semana precedente en una clara tendencia de pérdida de avituallamiento.

4.- Los tres tenores del mercado. Donald Trump, Vladimir Putin y el Mohamed Bin Salman. Son los grandes protagonistas del precio del crudo. Por diferentes intereses, obviamente. Dominan el flujo de crudo. El príncipe heredero saudí restableció una aparente relajación en junio de 2018 con su mandato de que la OPEP + (como se llama al consorcio con los grandes países productores ajenos al cartel y capitaneados por Rusia) bajara el ritmo de restricción de crudo, que empezó al inicio de 2017, lo que permitió activar el cauce de extracción hasta límites próximo a su récord. Era una acción de obediencia debida a la decisión del presidente de EEUU de elevar las sanciones económicas a Teherán. Los stocks de los socios de la OCDE volvieron a mostrar fuerza de nuevo. Hasta que Riad decidió recortar en otro medio millón de barriles diarios en octubre pasado. En este tránsito temporal, se ha ido retirando gradualmente crudo en el mercado, según consignas de la entente saudí-americana. El reto de Bin Salman era aproximar el precio a los 80 dólares, cota que ha logrado puntualmente, aunque se haya instalado en la banda de los 72-76 dólares por barril. Rusia también ha asumido este sacrificio. Asume recortes, pero su condición de país no miembro de la OPEP le permite superar cuotas para llegar a una cotización de 70 dólares que, según sus palabras, “le satisface plenamente”. Entretanto, la industria petrolera de Texas ya ha logrado un ritmo productivo similar al poder extractor de Nigeria (miembro de la OPEP, en doce meses.

5.- El delicado enclave de Ormuz. Este estrecho marítimo está bajo la jurisdicción de Irán, que ostenta la llave de entrada y salida de petroleros. Las tensiones geoestratégicas entre EEUU y la república islámica, que acaba de recibir una nueva amenaza de aumento de multas económicas de la Casa Blanca, sin aportar pruebas convincentes de que los drones contra la refinería suadí tenían el sello del régimen iraní. Ormuz es paso obligado del crudo de la península arábiga que inicia su travesía inicial por el Golfo Pérsico. Por este estrecho pasa la tercera parte del tránsito marítimo de crudo. A comienzos de verano hubo dos incidentes con petroleros, uno de bandera británica y otro con enseña japonesa, a los que siguieron la retención de otro iraní en Gibraltar por orden de Reino Unido. Tokio se desmarcó del tono beligerante de Washington. Pero el cruce de acusaciones entre EEUU, que ha enviado al portaviones Abraham Lincoln a la zona, e Irán, que traslada estar listo para unas hostilidades que dice no desear, ha ido en aumento, afirma la agencia Associated Press. El propósito de Trump de anular la actividad exportadora de crudo de Irán está en connivencia con los deseos de Rusia y Arabia Saudí de ocupar su nicho de mercado. Desde los 2,5 millones de barriles al día -una merma ya considerable de su capacidad- que le impone el bloqueo liderado por Washington, a casi cero, con el consiguiente deterioro de una economía, la iraní, ya bastante deteriorada. Al ritmo que EEUU, Arabia Saudí y Rusia consideren necesario.

6.- Resurge el impuesto terrorista. ¿Existe en el mundo una especie de impuesto revolucionario vinculado al terrorismo? Voces del mercado admiten que sí. Sobre todo, desde los atentados del 11-S. Se paga una especie de prima de riesgo por ataques a instalaciones petrolíferas. Riad ha logrado abortar varias decenas de atentados en el último decenio y medio. Sobre todo, en la de Abqaiq. Con el barril en torno a los 70 dólares, ese impuesto agregado -y casi nunca declarado por los agentes que intervienen en el mercado- es de 12 dólares, en torno al 18% del precio del barril. Pero se dispara tras acontecimientos como el de la pasada semana. Desde el Instituto Memorial para la Prevención del Terrorismo (MIPT, según sus siglas en inglés) se asegura que la factura global por esta tasa supera los 70.000 millones de dólares cada año. El Instituto para el Futuro de la Seguridad Energética Americana (SAFE) augura catástrofes, con distorsiones de flujo de crudo, de índole terrorista, por el resurgimiento de células de Al Qaeda, que podrían elevar la factura petrolífera al 8% del PIB mundial con un barril de nuevo por encima de los 120 dólares si resultan tener la firma de la Yihad.

7.- El polvorín de Oriente Próximo. El ex comandante de la Quinta Flota americana, John Miller, alerta en Foreign Policy de que los ataques a la refinería saudí desencadenan una “escalada más que significativa” de tensiones en esta convulsa región. Describe que el consenso en Washington es de creciente inclinación hacia una intervención militar contra Teherán. En una entrevista más que elocuente, afirma que, pese al respaldo sin fisuras de Arabia Saudí e Israel -en pleno vacío institucional por la incertidumbre postelectoral para formar gobierno y con Benjamin Netanyahu bajo serias acusaciones de corrupción y sin la autoridad de haber ganado en las urnas-, EEUU se encuentra “bloqueado y sin mucha capacidad de respuesta” para iniciar una incierta declaración bélica. Miller, que dirigió la flota de la Armada americana que navega por el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y la Península Arábiga entre 2012 y 2015, cree que “es demasiado pronto para conocer qué ocurrió realmente en el ataque y de dónde procedía o quién ha patrocinado el ataque con drones y misiles de crucero”, dando por hecho que la Casa Blanca ha podido precipitarse en su duro diagnóstico acusador.

8.- ¿Cuál es la posición de los aliados de EEUU? Japón se ha desmarcado de cualquier intento de conflicto contra Irán. Tampoco los socios europeos, partidarios de mantener, sin fisuras, el acuerdo nuclear de junio de 2015 con Irán. Incluso Reino Unido elude un apoyo oficial. Sólo Riad está decidido a forzar una vuelta de tuerca más. La financiación de la guerra de Yemen le ha ocasionado los primeros déficits presupuestarios al gran petro-Estado. Aun así, Trump cierra casi cualquier posibilidad de un entendimiento diplomático con Teherán: “dicen querer un acuerdo, pero no hacen lo más mínimo para lograrlo”, explica en un tweet el artífice de la salida unilateral de EEUU del pacto atómico con Irán y el inductor de las sanciones y el bloqueo económico hacia el país persa.

9.- Boicot americano al gaseoducto entre Rusia y Europa. El Nord Stream 2 no gusta a Trump. Es el canal por el que Alemania especialmente pretende garantizar el suministro del gas natural a su mercado nacional. Más de 1.200 kilómetros de infraestructura que conecta Vyborg, en la Península rusa de Jamal, con Greifswarld, ciudad del norte de Alemania a través de las aguas del Mar del Norte y el litoral báltico. La Casa Blanca ha amenazado con sanciones a Berlín si continúa apoyando su construcción con Moscú, hasta el punto de que asegura estar dispuesto a retirar las tropas americanas, bajo el paraguas de la OTAN, de suelo germano. EEUU no desea que haya nuevas redes de transporte que sirvan para reducir su capacidad de control del petróleo.

10.- Alza de carburantes en el espacio industrializado. El efecto inmediato es un encarecimiento de combustibles. En especial, en las economías de rentas altas, muy dependientes del consumo de crudo y que se adentran en escenarios de contracción. El G-7 se encuentra ya en la antesala de una probable recesión sincronizada. 2020 no será un buen año. En España, con incertidumbre política plena, nuevas elecciones el 10-N y un presupuesto que calcula sus partidas con un precio del petróleo instaurado por Cristóbal Montoro, el coste de la gasolina supondrá un incremento de cuatro euros -para llenar un depósito de 55 litros- y de tres en el caso del gasoil. Con carácter inminente. En Reino Unido, enfrascado en hacer acopio de provisiones de todo tipo para hacer frente a un Brexit duro, la factura energética le depara nuevos desembolsos. China, además, se podría convertir en el gran perdedor de los ataques contra Arabia Saudí. La retirada inicial de casi el 5% del crudo diario del mercado. Riad es el gran suministrador del combustible que Pekín necesita para mantener su ritmo industrial. El segundo mayor demandante de energía. En unos meses claves para espolear un PIB que ha renunciado a los dobles dígitos de dinamismo y ahora se instala en crecimientos del 6%. Con presiones añadidas por las guerras comerciales en curso.

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23/09/2019 07:59 Actualizado: 23/09/2019 07:59

DIEGO HERRANZ

Publicado enEconomía
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