Acuerdo estratégico de China e Irán por 25 (sic) años: Ruta de la Seda vs. el Gran Reset

La tercera semana de marzo se convulsionó la "estabilidad estratégica" de EU/Rusia/China (https://bit.ly/2NXhFLI), cuyas reverberaciones prosiguen con jugadas contraofensivas de los actores:

  1. Trascendental visita del canciller Lavrov a su homólogo chino Wang Yi en Beijing para profundizar la "asociación estratégica" de ambos países (https://bit.ly/3u6oqKR); 2. Entrevista virtual del presidente Biden, quien sufre los embates de una grave crisis migratoria en su transfrontera sureña (https://bit.ly/2PDPz8H), con el premier británico Boris Johnson con el fin de proyectar una alternativa a la creativa "Ruta de la Seda" de China (https://bit.ly/39CRX79), y 3. Notable acuerdo de Irán y China por 25 años, durante la gira del canciller chino Yi a seis países del Gran Medio Oriente: Turquía, Irán y varias petromonarquías árabes del Golfo Pérsico.

Hace ya casi nueve meses adelanté el "pacto secreto" de 25 años entre Irán y China contra EU con la bendición de Rusia (https://bit.ly/2Py9Ahd), que finalmente fue concretado durante la reciente visita de dos días del canciller chino Yi a Irán.

Después de haber visitado Turquía –de enorme influencia en las poblaciones centroasiáticas de origen mongol, en particular en la provincia autónoma de Xinjiang, en China, que ahora usan Biden y sus aliados para golpear a Beijing– el canciller chino Yi (https://bit.ly/31nTCsH) concretó el notable acuerdo de 25 años con Irán (https://bit.ly/3ruiTfk).

El presidente iraní Hasan Rohani, quien enfrenta relevantes elecciones, volvió a ofrecer la "Iniciativa de Paz de Ormuz" para mantener la paz en el candente golfo Pérsico (https://bit.ly/39ivE6w).

El pacto sino-persa valió la fijación de Reuters y del periódico israelí Haaretz, que "incluye inversiones chinas en los sectores de infraestructura y energía de Irán", pese a que ambos países padecen las sanciones de EU, igual con republicanos que con demócratas (https://bit.ly/2NXMT5p).

¿Cuántos países en el mundo sufren las sanciones de EU que han hecho de éstas una de sus principales armas disuasivas?

La importancia geoestratégica de Irán radica en que constituye un eslabón fundamental de una de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2PuFwCZ) que patrocina China, mientras Biden procura regresar al acuerdo del contencioso nuclear iraní del formato “5+1 (http://bit.ly/2NWJhj0

Detrás de la vibrante entrevista de Yi al rotativo saudita Al Arabya se insinúa la “cooperación con 19 (sic) países del Medio Oriente sobre la Ruta de la Seda (https://bit.ly/3cvmLsi)” cuando la muy pragmática diplomacia china opera creativamente con turcos, persas, árabes y hasta israelíes (https://bit.ly/2RdRAUY) con el fin de conectar los nodos de dos de las tres Rutas de la Seda (la continental y la marítima).

El muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York, ha entrado en pánico con las tres Rutas de la Seda chinas que busca descarrilar por todos los medios: desde Xinjiang, pasando por el Medio Oriente, hasta una de sus terminales en Alemania, en el mar Báltico (https://on.cfr.org/39lFgNC).

En esta delicada coyuntura de reajustes de EU/Rusia/China, impactó la salida simultánea a la superficie de tres (sic) submarinos nucleares rusos en el Ártico –una de las tres Rutas de la Seda: maniobra que fue catalogada por el Ministerio de Defensa ruso como la "primera" en la historia de los ejercicios navales (https://bit.ly/3fjYUNT), mientras el zar Vlady Putin se encuentra de "vacaciones (sic)" en la taiga acompañado de su ministro de Defensa, Sergey Shoygu (https://bit.ly/3dbMbKn).

Si por sus documentos (como el del CFR) y sus actos (como la entrevista entre Biden y el premier británico Boris Johnson) los juzgaréis, pues pareciera que las tres Rutas de la Seda –continental/marítima/Ártico– han puesto a la defensiva geopolítica a la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña, que ha optado como contraofensiva balcanizadora a su muy polémico "Gran Reset" globalista del Foro Económico Mundial de Davos del dúo Soros/Klaus Schwab (https://bit.ly/39n2YJr)”.

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El bitcóin podría ser declarado ilegal en Estados Unidos: ¿Está en peligro la moneda?

El inversor multimillonario Ray Dalio, conocido entusiasta de las criptomonedas, dijo que el bitcóin podría ser declarado ilegal en Estados Unidos, como sucedió con el oro en 1934. Sus dichos reactivaron el temor sobre la independencia y el futuro de estos activos.

En marzo el bitcóin se robó todas las miradas: la moneda virtual cotizó por encima de los 61.000 dólares y alcanzó un nuevo récord. El activo digital creado en 2009, se caracteriza por su descentralización total y su completa independencia de Estados, bancos centrales u organismos internacionales de cualquier naturaleza.

Consultado por Sputnik, el economista Juan Valerdi, experto en políticas contra el lavado de activos y colaborador de la TAX Justice Network (Red de Justicia Tributaria) apuntó que una limitación o regulación de estas monedas en el futuro "es casi una certeza" debido a que "la burbuja del bitcóin" está impulsada por la liquidez en Estados Unidos.

"El descontrol que hay de liquidez de dólares hace que muchas cosas se inflen, las acciones en particular. Y bitcóin está retroalimentado con esas acciones. El problema para EEUU es que desarmar esa burbuja (…) puede llevar a un derrumbe de las acciones de las empresas y al derrumbe generalizado de todas sus cotizaciones", indicó.

Sin embargo, el trader de criptoactivos Camilo Rodríguez, docente en CR Academia, un espacio de formación en blockchain y criptomonedas, opinó lo contrario. "Sería como intentar prohibir internet", apuntó.

Uno de los lemas más importantes de bitcóin es que se pueden realizar intercambios 'de par a par'. Esto puede ser de persona a persona, de máquina a persona, o de persona a máquina. No importa cómo sea la transacción, aquí no puede entrar nadie a intervenir en la comunicación. La única manera en que bitcóin podría desaparecer, es que alguien tenga más del 51% del poder de cómputo de toda la red", explicó.

28 marz

(Con información de Sputnik

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En marzo de 2020 la cotización del bitcoin era menor a los 5 mil dólares; ahora tocó un pico de 60 mil.

Extraordinaria burbuja especulativa en el mercado de las monedas digitales

El precio del bitcoin superó por primera vez los 60 mil dólares para luego bajar a 54 mil. La novedad en las últimas semanas fue el auge de nuevos mecanismos de inversión con las monedas digitales como los NFT.

La volatilidad de las criptomonedas continúa sorprendiendo en el mercado financiero. El precio del bitcoin superó por primera vez los 60 mil dólares para luego bajar a 54 mil. La novedad en las últimas semanas fue el auge de nuevos mecanismos de inversión con las monedas digitales como los NFT que tienen todas las condiciones de mercado de burbuja. Las críticas por el gasto excesivo de energía se siguen multiplicando.

La criptomoneda más conocida que es el bitcoin pasó de 56 a casi 62 mil dólares para luego bajar al rango de los 54 en los últimos siete días. Se trata de cambios de precio de más del 10 por ciento en pocas jornadas que son usuales al evaluar la volatilidad de este activo digital.

De todas maneras el bitcoin continúa en valores picos cuando se revisa la evolución del último año. En marzo de 2020 la cotización era menor a los 5 mil dólares. A partir de ese momento junto a los cambios que trajo la pandemia la cotización de esta moneda subió por diez.

Las criptomonedas que replican parte de la tecnología del bitcoin pero intentan sumar nuevas funcionalidades tuvieron una performance similar. Entre estas se destacó la moneda de ethereum que durante el último año pasó de menos de 200 dólares a más de 1800.

Con la tecnología de Ethereum empezaron a masificarse distintos negocios que cada vez más analistas consideran una burbuja. Principalmente en las últimas semanas empezó a ganar volumen el mercado de tokens no divisibles ni reproducibles (NFT).

Estos tokens son simplemente una forma de certificar que determinado bien o servicio (real o virtual) es original y puede subastarse en forma online. Por ejemplo los dueños de Twitter subastaron sus primeros mensajes en la plataforma a través de esta tecnología recaudando más de 2 millones de dólares.

La semana pasada se concretó también una subasta de una obra de arte por 69 millones de dólares y distintos medios como Wall Street Journal mostraron la noticia como una de los grandes cambios que vienen para el mundo de las inversiones.

Especialistas del mercado calcularon que las subastas con esta tecnología –que no requieren un intermediario- crecieron por ocho veces en febrero respecto de enero y que se movieron más de 200 millones de dólares.

Este aumento de 750 por ciento de los volúmenes operados en pocas semanas no fue el único impactante. Los usuarios que participan en este tipo de subastas subieron de 89 a 367 mil el mes pasado. Y comienzan a participar del mercado grandes marcas que van desde equipos de fútbol (que subastan videos con jugadas únicas) hasta equipos de la NBA.

Para muchos analistas este tipo de tecnología –si bien es potente porque reemplaza a los intermediarios- está generando una euforia irracional en los inversores. Multimillonarios como Elon Musk lanzaron subastas de productos absurdos y recibieron ofertas por más de 1 millón de dólares. En definitiva están las condiciones de mercado de burbuja.

Otra de las críticas que siguen apareciendo en el ecosistema de las criptomonedas se vincula con el gasto de energía que requiere la red de bitcoin.

Nuevos estudios identificaron que si continúa la tendencia de esta moneda digital el consumo de energía que necesita para funcionar equivaldría a lo mismo que gastan todos los centros de datos del mundo. O puesto en otra escala tendría la misma huella de carbono que Londres.

En la revista Nature Climate Change se estimó además que -si el uso previsto del bitcoin sigue el ritmo de adopción de otras tecnologías- podrían producirse emisiones de carbono C02 como para elevar el calentamiento por encima de los 2 grados en sólo 30 años.

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La alianza agrícola-estratégica entre China y Rusia

Las alianzas estratégicas no pueden soldarse sobre la base de la competencia, sino de la complementariedad económica y de objetivos de largo alcance. Tener enemigos comunes de alta peligrosidad, contribuye a superar rencores y desconfianzas y a unificar voluntades.

 

En plena pandemiaChina le propuso a Rusia crear una "alianza de la industria de la soja", para reforzar los lazos económicos y evitar la gran dependencia que el país asiático tiene de las importaciones de soja de EEUU.

China es el mayor consumidor de soja del mundo y está buscando diversificar los proveedores para no depender de un puñado de países, como Brasil y EEUU. Se sabe que Rusia no puede sustituir a EEUU como su principal proveedor de soja, ya que los suministros rusos representan sólo 1% de las importaciones chinas, aunque el comercio agrícola binacional está creciendo.

Por otro lado, China quiere aumentar la producción de soja y de todos los productos agrícolas para garantizar su seguridad alimentaria. Este es el aspecto principal de su política agrícola, como mencionó el primer ministro Li Keqiang a principios de marzo: "Asegurar que nuestra gente tenga suficiente comida sigue siendo una de las principales prioridades de nuestro gobierno".

Según Li, China ejercerá mayor presión sobre sus regiones para aumentar los rendimientos de granos y aumentar el apoyo a su industria nacional de semillas, para superar las dificultades generadas por la pandemia de COVID-19 en el comercio internacional.

El anteproyecto de política rural anual, conocido como 'Documento No. 1', puso mayor énfasis en la seguridad alimentaria que en años anteriores, instando a todas las provincias a mejorar los rendimientos de grano en los próximos cinco años.

China necesita garantizar la alimentación para una población de 1.400 millones, lo que no le resulta sencillo por la escasez de tierras de calidad y de agua en gran parte de su territorio, lo que genera incertidumbre para el futuro inmediato.

Cinco años atrás el Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria (IIIPA) señaló que la seguridad alimentaria en China enfrenta presiones que requieren de la acción del gobierno., ya que "la manufactura y los servicios reemplazan a la agricultura como motores económicos, lo cual puede tener un impacto en la seguridad alimentaria".

El estudio apunta que la urbanización y la industrialización han reducido la ya de por sí limitada base de tierras arables. Agrega que China debe "promover la agricultura sostenible", para lo cual "los escasos y degradados recursos naturales requieren de una mayor investigación y desarrollo de prácticas y tecnologías agrícolas más eficientes", dijo Shenggen Fan, director general del IIIPA.

La apuesta de China consiste en la "agricultura inteligente". Un reciente artículo de Global Times, escrito por el presidente de Syngenta Group China, sostiene que el Dragón tiene "el 20% de la población mundial pero solo el 7% de su tierra cultivable", lo que se agrava por "la escasez de buenas tierras agrícolas, así como tensión en el suministro de agua".

Esta situación lleva al gobierno a considerar que "la seguridad alimentaria es la principal agenda agrícola del gobierno". El XIV Plan Quinquenal chino sostiene que "la clave para avanzar en la modernización agrícola radica en el desarrollo de la tecnología".

Para ello defiende mejorar la calidad y la nutrición de los cultivos, enseñar a los agricultores a mantener los rendimientos sin abusar de fertilizantes y pesticidas. La apuesta por la agricultura inteligente incluye la utilización de "imágenes de drones y satélites y modelado de patrones, convirtiendo los teléfonos móviles de los agricultores en herramientas y recursos ambientales inteligentes".

En paralelo, desde 2017 el conglomerado ruso de empresas Cognitive Technologies y la Universidad Federal de los Urales (UrFU) ha puesto en marcha un programa internacional de robotización de la agricultura. El programa pretende aumentar la eficiencia de las compañías agrícolas nacionales "a través del uso de sistemas y tecnologías de inteligencia artificial robóticas".

Se trata de aplicar las nuevas tecnologías ya que "el uso de los sistemas robóticos en la agricultura permite mejorar los procesos de negocio en un promedio de entre el 50 y el 70%, sobre todo gracias a la reducción del consumo de combustible, de las pérdidas de agua y electricidad, y al aumento de la cosecha mediante la reducción de las pérdidas alimenticias (entre un 60 y 80%)".

Las ventas de productos agroindustriales de Rusia registraron cifras récord en 2020, cuando el país está volviendo a ser un gran exportador en ese rubro. El pasado año exportó un 20% más productos agrícolas que en 2019, alcanzando un valor de 30 mil 700 millones de dólares.

Rusia exporta alimentos a 150 países, estando China a la cabeza (13%), seguida de Turquía (10%), y Kazajstán (7%), siendo el 33% de los envíos al exterior de cereales, en su mayoría trigo.

Detrás de la modernización de la agricultura china y rusa, está la competencia con EEUU, país que cuenta con amplios recursos de agua y de tierras cultivables, lo que le permite ser un gran productor y exportador de alimentos. En un período de graves tensiones internacionales, cuando Washington apuesta a la confrontación con sus dos grandes adversarios, la seguridad alimentaria puede jugar un papel determinante.

Siendo el país más vulnerable en ese terreno, China necesita imperiosamente profundizar la alianza estratégica con Rusia, que tiene amplias potencialidades de desarrollo agrícola y una vasta frontera común, para asegurarse los alimentos que no es capaz de producir.

La estabilidad política en un período de crispación y de agudización de las tensiones con EEUU y otros países de la región Asia-Pacífico, sólo puede garantizarse asegurando el nivel de vida la población, pero sobre todo alimentos en cantidad y calidad. En el pasado China sufrió hambrunas, antes y de después de la revolución socialista de 1949, hechos que están en la memoria colectiva del pueblo y pueden jugar un papel destacado en la necesaria cohesión nacional para afrontar uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

El editorial de Global Times del 22 de marzo lo dice de forma transparente: "China y Rusia están fortaleciendo su cooperación estratégica de manera franca, abierta y normal". Lo que le da gran seguridad al gobierno chino en estos difíciles momentos.

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Latinoamérica el vector de la guerra EE.UU.-China

Aunque no hay un amo nuevo todavía, las reglas siguen siendo las viejas

Desde hace un tiempo China se convirtió en una preocupación para los Estados Unidos, pero se figuraba un problema relativamente lejano. La crisis del 2008 y la pandemia del Covid-19 aceleraron la posición de China en el centro de la disputa por la hegemonía mundial.

Durante la Administración Trump se modificó el enfoque que se tenía del país asiático. China pasó a ser un “competidor estratégico”, y se convirtió en el objetivo de una política de agresión y contención. De igual forma, su presencia en América Latina, considerada hasta no hace muchos años inofensiva, o incluso beneficiosa, pasó a ser percibida como una amenaza desde la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 norteamericana.

En el apogeo del crecimiento anterior a la crisis del 2008 los observadores comenzaron a alertar con respecto a lo que parecía una tendencia preocupante hacia la desindustrialización y la reprimarización de las economías latinoamericanas. Dejando a un lado las divergencias de la crisis mundial y la desaceleración del crecimiento de China, esta produjo dos efectos nocivos para las economías latinoamericanas: el fin del boom de las materias primas y la inactividad industrial.

Hoy, ante el advenimiento de un renovado ciclo de commodities con precios altos, en un escenario de pandemia y guerra comercial, vuelve a ponerse en duda qué lugar y rol debe ocupar América Latina en la disputa mundial del comercio, dadas las características estructurales de crecimiento de la economía china, con fuerte dependencia de la importación de recursos naturales y bienes primarios. El dilema es mayor cuando nos damos cuenta que cada estado latinoamericano reacciona independientemente y no en bloque frente a los estímulos del entorno internacional. Entonces se entiende fácilmente la fragmentación regional y la necesidad de reeditar una narrativa de Patria Grande, que se encuentra en franco retroceso, sin la cual se comprometen aún más los desafíos económico, financiero, tecnológico y comercial futuros.

América Latina ha sido históricamente la región más desigual del mundo, con un débil desempeño económico y en la actualidad con niveles de deuda que acentúan los lazos de dependencia que siempre han marcado su condición en el escenario global. La idea es descifrar cómo afrontar los riegos de un mundo en el cual se percibe un monumental desorden, un alto grado de incertidumbre, una fuerte entropía. Anteriormente se trataba de regular el futuro, hoy la incertidumbre es más transversal y los diseños de política tienden a mitigar las consecuencias como el calentamiento global, el fraude o robo de datos, los ciberataques, entre otros, agregándoles problemas geoeconómicos, geopolíticos, socioespaciales y geotecnológicos, excelentemente descrito en el artículo “Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida”

Los autores de dicho artículo entienden que, en el marco de la disputa comercial sino–estadounidense, la contienda en AL se lleva a cabo, por un lado, en el marco de los estados, y por otro, en el de la mundialización (globalización). Los primeros “ponen el acento en los Estados-nación, las fronteras, el territorio, la soberanía y el control de los flujos transnacionales. La Mundialización diluye la noción de fronteras, dejando traslucir el papel de los actores no gubernamentales, las grandes corporaciones digitales, la banca financiera multinacional, las organizaciones criminales y los movimientos sociales transnacionales de ambientalistas, feministas o de derechos humanos, entre otros”.

Esta competencia viaja en medio de una disputa por la hegemonía global dentro de un continente que ha perdido peso de todo tipo. Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, 20 de los 51 miembros iniciales eran países latinoamericanos. Hoy, son 193 países miembros perdiendo peso político específico del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (GRULAC). En lo económico, el continuo declive en la colaboración de América Latina en las cadenas globales de valor. “De una participación en el total de exportaciones mundiales de 12% en 1955, la región pasó a 6% en 2016, para llegar a su peor performance de 4,7% en 2018. Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 2018.”

Todo este quebranto, en un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional, como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Alianza del Pacífico (AP), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento, según el caso.

Además, por cierto, en la cuarta revolución industrial la geografía de la economía digital está liderada de manera sistemática por un país desarrollado y otro en desarrollo: los Estados Unidos y China. Esos dos países representan, por ejemplo, el 75% de todas las patentes relacionadas con las tecnologías de cadenas de bloques, el 50% del gasto mundial en la internet de las cosas y más del 75% del mercado mundial de la computación en la nube dirigida al público. Además, lo que es quizá más extraordinario, representan el 90% de la capitalización de mercado de las 70 plataformas digitales más grandes del mundo. La cuota de Europa es del 4% y la de África y América Latina juntas es solo del 1%. Siete “superplataformas”, Microsoft, seguida de Apple, Amazon, Google, Facebook, Tencent y Alibaba, representan dos tercios.

Como dijimos, en fechas relativamente cercanas AL cobró relevancia para China en todos los aspectos y en esta disputa comercial en particular. AL tiene cerca de 650 millones de habitantes, un promedio de edad de 29 años, por lo que el futuro es prometedor. La naturaleza ha sido pródiga, dotándola de vastos recursos, desde poseer la mayor biodiversidad del planeta hasta explotación ganadera, agrícola y minera que evidencian su riqueza. Destacan entre estos últimos el litio, la plata y el cobre, con porcentajes superiores al 50% de las reservas probadas a nivel mundial, y estaño, níquel, zinc, con reservas cercanas al 25%, todos necesario para el desarrollo chino. Con un PBI que representa el 8% del producto mundial, es una región atractiva, tan solo superada por en su PBI por la UE, Estados Unidos y China, y por delante de India y Japón.

Las naciones latinoamericanas tienen poco peso específico en el intercambio comercial con China, algo que resulta importante considerar cuando se toma cada país de manera individual. El único país que tiene un peso relevante en el comercio con China es Brasil, los demás países latinoamericanos no son determinantes de manera aislada, pero sí en  conjunto y por diversidad de exportaciones. En cuanto a las inversiones, la incursión china también se ha ido modificando, de fusiones y adquisiciones a infraestructura. En un principio, respondiendo a una estrategia de expansión económica acelerada tratando de asegurar el suministro de materias primas y de otros insumos. En esta etapa las empresas estatales tenían un papel protagónico en muchas de las inversiones directas en el extranjero. Tras importantes errores y fricciones con las autoridades locales de diversos países, las compañías estatales chinas abrieron paso a otro tipo de organizaciones, empresas privadas de gran tamaño, pero desconocidas en Occidente.

Entonces, entre  los años 2000 a 2018 la centralización fue evidente en materias primas (60%), servicios (31%) y manufactura (9%). La concentración también ocurre en los países receptores: de 2000 a 2019, Brasil atrajo U$S 48.701 millones, Perú U$S 24.655 millones, Chile U$S 14.900 millones, Argentina U$S 12.884 y México U$S 7.924 millones. Entre los años 2015 y 2019 la inversión directa de China en América Latina sufrió una transformación. El rubro de infraestructura alcanzó el 40% del total y aumentó en una miscelánea de áreas, principalmente a costa de la minería.

Como queda expresado, las necesidades chinas juegan un papel fundamental en su desarrollo estratégico, por lo que la idea asiática de hegemonía y los instrumentos utilizados no son diferente a los ideados por los acuerdos de Bretton Woods​ de 1944 y los organismos internacionales que lo sustentan, FMI, BM, y hasta el Plan Marshall. La idea del “asenso pacífico” y el “sueño de China”, el modelo oficial basado en la cooperación, la armonía y el entendimiento como ejes rectores de su política exterior, se apoyan en el New Development Bank (NDB) y el Asian Infrastucture Investment Bank (AIIB), el Banco de los BRICS como organizaciones gemelas a Bretton Woods​. Y podría decirse naturalmente que la Nueva Ruta de la Seda sería la zanahoria equivalente al Plan Marshall.

El soft power garantizar una presencia estable en la región, haciendo uso de la llamada diplomacia de negocios, acercamiento que siguió las directrices contenidas en el Plan de Cooperación China-Estados latinoamericanos y caribeños (2015-2019). El plan también se conoció como 1+3+6, en alusión a la planificación, a los tres motores, comercio, inversión y finanzas, y a las seis áreas estratégicas de colaboración, que comprendían recursos, comercio, infraestructura, cultura, industria y tecnología.

Mediante ese tipo de convenios multilaterales China se aproxima a la región en su conjunto, generalmente con compromisos de buena voluntad. Algo similar ocurre con los acuerdos en el marco de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda con algunos acuerdos formales de adhesión, que incentivan los préstamos blandos y hasta inspiran ideas de mayores movimientos de comercio, ya que más de 60 países están adheridos a la iniciativa. El Banco Mundial atribuye a esta iniciativa “el 30% del PIB mundial, el 62% de la población y el 75% de las reservas energéticas conocidas”, un imán sumamente atractivo para Latinoamérica, si es que la membresía aporta privilegios.

En el comercio los barcos siguieron la ruta marítima transpacífica, conocida como La Nao o el Galeón de Manila, que transportaban mercancías desde los puertos marítimos mexicanos, y que entre 1565 y 1724 cruzó el océano en su travesía cuasi anual, transportando especies, seda, porcelana y otros productos chinos para abastecer a la población de las colonias españolas en América, y no tendría que cambiar nada ahora. Quedan en el tintero el comercio digital, la tecnología 5G, sobre todo la apertura al comercio cross-border (compras en línea) y al comercio digital en general. Hasta el momento, la presencia de Alibaba en América Latina es muy limitada, pero se encuentra dentro de la disputa por desplazar a Amazon y a otras plataformas del e-commerce y establecer el yuan.

Si bien en el tema financiero china ha ingresado a AL sin demasiados contratiempos para seducir con financiamiento obras de infraestructura y proyectos faraónicos. El yuan puede ser el catalizador de enfrentamientos entre las dos potencias, ya que Estados Unidos es especialmente sensible a su uso y sus cualidades de financiamiento. Mucho mayor impacto tendría el uso del yuan reemplazando al dólar en transacciones del sector energético o como instrumento de deuda. También se comienzan a generar dudas respecto a empresas icónicas chinas, como Huawei, o aquellas ligadas al 5G, aplicaciones de inteligencia artificial, robótica industrial o geolocalización. El mayor temor, sin embargo, reside en la expansión     de la denominada Nueva Ruta de la Seda Digital, aunque hasta el momento parece estar limitada a Eurasia y África, pero será motivo de disputa en América Latina.

La realidad demarcaría cual es el poder que tiene AL para ejercer de manera autónoma decisiones que le permitan desarrollarse y llevar a cabo convenios que no la sometan a imposiciones como ya las conocidas con los EE. UU. y sus organismos de control, en medio de esta disputa. El tema de la autonomía y sus significados y conceptos teóricos no se encuentran dentro de la lógica del artículo, pero se puede leer en el artículo “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur Roberto Russell, Juan Tokatlian”

Pero, sí, al menos, la condición del Estado-nación que le posibilita articular y alcanzar metas políticas en forma independiente. Conforme a este significado, autonomía es una propiedad que el Estado puede tener o no a lo largo de un continuo en cuyos extremos se encuentran dos tipos ideales: total dependencia o completa autonomía. Sea esta o cualquiera de las definiciones de autonomía, se percibieron que el sistema internacional tenía un efecto particularmente negativo en América Latina, tanto en el plano político como económico.

La lógica del poder es tratar de conseguir un grado de autonomía nacional, articularse a partir de un uso inteligente de los recursos de poderes tangibles e intangibles de América Latina como un todo, más allá de las particularidades y seducciones propuestas e intentos de acuerdos para la región por alguna de las partes de la guerra comercial, ya sea China o Estados Unidos. Llevarlo a cabo en un continente donde el mayor país está gobernado por militares y alineado con Estados Unidos, pero su mayor socio comercial, es China, es más complejo. Pero de esta idea de autonomía depender el desarrollo futuro de la región.

Por Alejandro Marcó del Pont | 23/03/2021

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Estatua de Mao Zedong, en China. — REUTERS

El decimocuarto plan quinquenal chino (2021-25) no es una estrategia de desarrollo económico cualquiera. Encierra los instrumentos que Xi Jinping maneja para que el gigante asiático certifique el salto hacia el liderazgo global.

 

El recién estrenado plan quinquenal chino contempla objetivos ortodoxos dentro de la política económica que ha regido los destinos del gigante asiático de su historia reciente. Mantener unos indicadores de dinamismo "dentro de unos rangos adecuados"; gastos en I+D+I superiores al 7% de crecimiento anual; contener la tasa de desempleo urbano por debajo del 5,5%; incrementar el censo de residentes en grandes ciudades hasta alcanzar el 65% de la población, elevar la tasa de expectativa de vida en un año, promover el desarrollo sostenible, impulsar las inversiones y los negocios a través de la Nueva Ruta de la Seda que patrocina el Gobierno de Pekín y acomodar la Pax China dentro y fuera de sus fronteras. La estrategia económica para el lustro actual rompe con una tradición de décadas. Por primera vez, no establece una meta concreta de crecimiento del PIB. Sin duda, por las incertidumbres que reinan sobre el ciclo de negocios poscovid. Pero deja retazos de la ambición que el presidente chino, Xi Jinping, trata de inculcar en la segunda economía del planeta para alcanzar el cetro geopolítico y el liderazgo de la prosperidad mundial.

El jerarca china y del partido comunista impulsa un salto económico y tecnológico que refuerce el peso digital del país y que está enfocado a dos aspectos esenciales: a superar cualquier riesgo o amenaza sobre su seguridad nacional y a impulsar la demanda interna; es decir, a espolear el consumo privado y las inversiones empresariales. Dos líneas de actuación preferencial marcadas por Jinping, especialmente tras su renovación presidencial en la Asamblea Popular, que le otorgó el plácet para perpetuarse en la jefatura del Estado. Un escudo de defensa territorial y un clima socio-económico que adentre definitivamente al gigante asiático en la senda de las potencias de rentas altas, mercados que confían las bases de sus sistemas productivos en la capacidad de sus consumidores y el dinamismo empresarial. China busca reducir su dependencia exterior y acabar -o, al menos, recortar- con su ventaja competitiva a través de bajos salarios. No desea seguir con el cartel de la Gran Factoría mundial.

De ahí que el decimocuarto de sus planes quinquenales introduzca indicadores más ambiciosos de retroceso del desempleo o de emisiones de CO2 y de impulso de energías limpias que le haga avanzar hacia la neutralidad energética. A pesar de las dudas de que la reactivación económica global puedan poner en jaque el ritmo de consumo e inversiones, la capacidad de su industria energética por abordar el tránsito hacia las renovables o las reformas aperturistas en sectores considerados estratégicos, como varios segmentos tecnológicos, o el financiero, como advierten los analistas. Oceana Zhou, de Standard & Poor’s Global Intelligence, señala que el plan 2021-25 chino fija un rumbo para "espolear la economía doméstica" con las herramientas elegidas por la UE, "innovación tecnológica y sostenibilidad medioambiental", con objeto de reducir al máximo la dependencia de China de las materias primas en los próximos años.

Pone énfasis especial en el consumo y en el repunte de la demanda de productos con alto valor añadido -dice- lo que se traducirá en reconversiones en sectores estratégicos. Gigantes como Sinopec tendrán que dirigir sus flujos de capital a elimar la huella de carbono de sus refinerías y a reconducir los gastos del próximo lustro, monopolizados hacia el segmento petroquímico, altamente contaminante y a la actividad química. Una transición -explica la analista de S&P- en la que primará el negocio del gas licuado y el hidrógeno para abastecer la apuesta de Pekín por los vehículos limpios y rivalizar con los conglomerados eléctricos del país por este tipo de utilitarios. China sigue importando el 45% de su demanda petroquímica. Con esta variante política del plan, los cálculos de S&P avanza que el techo de consumo de carburantes fósiles se adelantará diez años, hasta 2030.

China ha ideado un plan quinquenal con el que pretende generar un clima socio-económico que adentre definitivamente al gigante asiático en la senda de las potencias de rentas altas, mercados que confían su properidad al consumo y a la inversión empresarial

China se adentra en la senda sostenible

La revisión estratégica del plan se ajusta al anuncio de Jinping, en conexión telemática durante la última reunión de la Asamblea General de la ONU, de certificar emisiones netas cero de CO2 en 2060. Una meta más acorde con la realidad industrial del gigante asiático. Pese a que llegaría a ella diez años después del objetivo temporal europeo. Pero su inclusión en la hoja de ruta del quinquenio actual exige "una estrategia más agresiva para promover las energías renovables en el transporte y la industria". Los mercados observarán con atención las maniobras del principal consumidor de petróleo y combustibles fósiles y las preferencias de su transición energética. En nuestra opinión, dice Jeff Moore, gestor para Asia de Platts Analytics, "la demanda de gas en la economía china crecerá un 41% en los próximos cinco años, con crecimientos constantes de la producción nacional, pero también de los flujos llegados a través de los gaseoductos con los que abastece desde el exterior las necesidades de su industria, que aumentarán en un 26% durante el periodo de vida del plan recién aprobado".

Moore anticipa que la Administración Nacional de la Energía del país ultima el road map de la transición, la configuración del mix energético para este lustro y los niveles de eficiencia que requerirá la adaptación a las metas del quinquenio. Y anticipa la liberalización del sector, por lo que las compañías, locales e internacionales, deberán replantearse sus planes de generación, desarrollo y distribución. Especialmente las gasísticas. También los emporios estatales del petróleo deben reconfigurar sus inversiones. PetroChina ya ha combinado en sus planes estratégicos fórmulas de integración de sus producciones fósiles y renovables, con un amplio abanico de opciones, desde el gas, la geotermia, la solar y la eólica, a través de proyectos piloto en lo que ha integrado en su cadena de valor, en 2020, el hidrógeno. CNOOC apostó en 2019 por la energía eólica y alguna de sus centrales, como la de la provincia de Jiangsu, ya produce la totalidad de su producción con esta fuente energética. Zhou aventura desregulaciones en el sector de la energía, sin que las autoridades, de momento, "levanten la banda de fluctuación de precios de los combustibles fósiles en el mercado doméstico".

Alicia García Herrero asegura en su análisis en Bruegel deja varias lecturas del plan quinquenal. La primera que, pese a la ausencia de un objetivo de crecimiento, el primer ministro, Li Keqiang, deslizó un repunte superior al 6% como meta para 2021 y crecimientos de entre el 7% y el 10% el resto de los ejercicios de la senda marcada por Pekín hasta 2025. Al igual que para la inflación y el déficit. El dinamismo que logre instaurar a su economía determinará el músculo de China en el ciclo de negocios poscovid para abordar el liderazgo global. Y Pekín -explica Herrero- ha sido cauto. Al menos, más que el FMI, que concede a China una previsión del 8,1% este ejercicio. Una maniobra que podría justificarse en unas expectativas de pérdida de ritmo en los próximos años. Porque para China, "la estabilidad es un elemento absolutamente clave" y cualquier señal de un deterioro de la coyuntura venidera -con la incertidumbre situada en 2022- rebajaría la guía con la que Pekín dirige las expectativas económicas del país. Li determina una ligera contracción del desequilibrio presupuestario hasta el 3,2% del PIB y augura un control de los precios, cuyo límite inflacionista es del 3%. Señal de que China anticipa una disminución de su programa de estímulo fiscal. La confluencia de esta triple previsión oficial -pese a la ausencia de objetivos específicos- sobre crecimiento, déficit e inflación desvela la prioridad que otorga Pekín en el próximo lustro a tres prioridades estructurales: el combate contra el rápido envejecimiento de su población, la corrección, de forma aún más acelerada que en las últimas décadas, de la cada vez menor brecha en innovación y la apertura de sus mercados.

Hu Zacai, subdirector de la Comisión Nacional de Reformas y Desarrollo (NDRC, según sus siglas en inglés), otra de las voces autorizadas que analizó el plan quinquenal tras su aprobación, pone más argumento sobre la mesa al trascendental impulso transformador del plan chino: "Busca un escenario de circulación dual, con impulso de políticas de autosuficiencia e independencia en el terreno tecnológico que explican el aumento de los gastos en I+D+i, y de impulso y protección de las inversiones en energías renovables que, a la vez, permita una coexistencia pacífica con el modelo actual, de manera transitoria, pero a corto plazo, con la intención de dejar el menor margen de maniobra posible a las incertidumbres". Porque -admitió Ning Jizhe, directivo de la NDRC, "la recuperación sostenida y estable se enfrenta a tantos riesgos como oportunidades en estos cinco años". Entre otros, citó la evolución de la covid-19, las todavía severas condiciones económicas mundiales, las tensiones geopolíticas crecientes y la incompleta recuperación tanto del consumo como de las inversiones en el mercado chino.

Herrero añade otros tres aspectos prioritarios de Pekín. La innovación, cuyos gastos en I+D+i superan el ritmo de crecimiento del PIB y en cuya política incluye subsidios adicionales a firmas que colaboren en la investigación y el desarrollo de la digitalización. Una proyección inversora y comercial más amplia e intensa que se aprecia con los recientes acuerdos con Europa y Asia o la aceleración de las negociaciones de libre comercio con Japón y con Corea del Sur, así como en el Tratado Trans-Pacífico y con la que pretende elevar el retorno de inversiones y beneficios del exterior y mejorar la posición de sus empresas en sectores bajo procesos de reestructuración y operaciones de fusión derivados de la Gran Pandemia. Estos dos derroteros, combinados, serían esenciales para incrementar la productividad y la competitividad china. Y, finalmente, acumular más capacidad productiva para abordar el cambio del modelo de crecimiento.

Los gastos en innovación, por encima del ritmo de crecimiento del PIB, buscan añadir mayor productividad y competitividad a las empresas chinas en un ciclo de negocios poscovid con "múltiples incertidumbres y riesgos"

Músculo para afrontar la Guerra Fría con EEUU

La tensión en el Mar de China, la reaparición del QUAD -Diálogo de Seguridad Cuadrilateral que integran EEUU, India, Japón y Australia- que ha parecido dormir el sueño de los justos durante 15 años, pero que acaba de reanudar sus sesiones ejecutivas y que, a los ojos de Pekín, es un claro intento de establecer una Alianza Atlántica en Asia, y la amenaza diplomática del secretario de Estado americano, Antony Blinken, para que el gigante asiático ponga fin a los abusos en el orden geoestratégico, económico y de derechos humanos en su país, bajo la amenaza de desatar una Guerra Fría, son varias de las razones que esconde el más misterioso aunque, a la vez, más exigente plan quinquenal chino. Blinken utilizó su cuenta oficial de twitter para dejar claro que EEUU, pese al fin de la Administración Trump, "defenderá sus intereses nacionales, promoverá los valores democráticos y vigilará a Pekín por sus abusos del sistema internacional". El cruce de acusaciones desde la victoria electoral de Joe Biden explicita un escenario diplomático de tensas relaciones. Con altibajos dialécticos modelados desde ambas superpotencias. Desde China, Yang Jiechi, miembro del Buró Político del Partido Comunista Chino (PCCh) y director de la oficina de la Comisión de Asuntos Exteriores de su Comité Central, respondió que su país "no busca ningún tipo de confrontación, sino respeto mutuo y cooperación win-win". Mientras Biden insisten en el discurso de que China es "nuestro más serio competidor y rival" y Jinping advierte sobre las consecuencias de una Guerra Fría entre ambas naciones. Blinken situó el conflicto en "la agresiva política de abusos económicos, sus acciones coercitivas en la escena internacional y sus ataques a los derechos humanos, la propiedad intelectual y la gobernanza global".

La segunda economía mundial ha partido con ventaja en la travesía de la Gran Pandemia. No solo por haber iniciado la recuperación en verano pasado, sino porque ha logrado sortear la recesión del PIB en 2020 y acumula superávits comerciales con prácticamente todas las naciones industrializadas y los principales mercados emergentes por su condición de suministrador de bienes y material médico para combatir la epidemia. También ha desplazado a EEUU como gran primer emisor de flujos de capital transfronterizos. Según datos de la UNCTAD, la agencia para el Comercio y el Desarrollo de Naciones Unidas, las inversiones extranjeras directas se redujeron en un 42%, hasta los 859.000 millones de dólares en 2020, más de un 30% por debajo del registro de 2019. Con China aumentando sus movimientos de capital al exterior en un 4%, hasta los 163.000 millones de dólares, frente a los 134.000 de EEUU, que experimentaron un colapso del 49% en términos interanuales.

El Ejército chino "debe estar preparado para responder al complejo escenario internacional y a las situaciones de alto riesgo a las que se enfrentará la seguridad nacional del país". Palabras de su comandante en jefe, el presidente Jinping, en la última cita de la Comisión Militar Central. Y el horizonte es "extremadamente inestable e incierto". El punto geopolítico más caliente entre ambas superpotencias se sitúa en el Mar de China, donde Pekín ha impuesto un férreo control sobre sus aguas internacionales ante la amenaza que les supone -admite- la defensa diplomática estadounidense de la isla de Taiwán. Pekín asegura que nunca ha intercedido en el comercio marítimo y niega tener la intención de imponer el tráfico de mercancías chinas. Sino que -afirma- sus acciones responden a tácticas de preservación de su soberanía nacional. Mientras en el orden económico, la Casa Blanca insiste en los escasos avances de China para alcanzar el estatus de economía de mercado, en acusar a Pekín de establecer métodos de espionaje empresarial, de no respetar la propiedad intelectual de las firmas extranjeras y de mantener una banda de fluctuación cambiaria, dominada desde su banco central, sobre su divisa que atenta contra la libertad de mercado.

La Administración Biden centra el conflicto con China en "la agresiva política de abusos económicos, sus acciones coercitivas en la escena internacional y sus ataques a los derechos humanos, la propiedad intelectual y la gobernanza global"

22/03/2021 07:57

Diego Herranz

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Nord Stream 2 prevé trasladar cada año hasta 55 000 millones de metros cúbicos de gas natural desde Rusia a Alemania, pasando por las aguas territoriales o zonas económicas exclusivas de Dinamarca, Finlandia, Alemania, Rusia y Suecia. Foto: Sputnik.

 

El secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, urgió este jueves a que todas las entidades involucradas en el gasoducto Nord Stream 2, entre Rusia y Alemania, se retiren inmediatamente del proyecto o serán sancionadas por Estados Unidos.

El jefe de la diplomacia estadounidense aseguró en un comunicado que el Gobierno de Joe de Biden está “determinado a cumplir” la ley adoptada en 2019 y extendida en 2020 por el Congreso de ese país, que prevé sanciones.

“Nord Stream 2 es un mal negocio para Alemania, para Ucrania y para nuestros aliados y socios de Europa Central y del Este”, afirmó Blinken,
reafirmando la conocida oposición de Washignton al gasoducto de 11 000 millones de dólares concebido por debajo del Mar Báltico, y que calificó como un “proyecto geopolítico ruso para dividir Europa”.

El Departamento de Estado “vigila los esfuerzos para completar el gasoducto Nord Stream 2 y está evaluando información sobre las entidades que parecen estar involucradas”, advirtió.

Acusado por varios legisladores, especialmente republicanos, de no haber tomado acciones que apliquen las medidas punitivas por ley, Blinken reiteró que Estados Unidos “alerta que cualquier entidad involucrada en el gasoducto Nord Stream 2 se arriesga a sanciones estadounidenses y deberá abandonar inmediatamente el trabajo en el gasoducto”.

A mediados de febrero, la prensa rusa informó que el 95% gasoducto submarino ya está construido y su montaje continuará pese a los obstáculos existentes, citando declaraciones del vice primer ministro Alexander Novak.

“Estamos seguros de que, a pesar de los enfoques destructivos que observamos por parte de Estados Unidos, que retrasa la implementación de este proyecto, se completará”, dijo Novak.

En ese mes quedaban por colocar alrededor de 120 kilómetros de tubos en aguas danesas y casi 30 kilómetros en aguas alemanas, antes de llegar a la ciudad costera de Lubmin, al norte de Alemania.

En contra del proyecto se han manifestado Estados Unidos, interesado en vender a Europa el gas natural licuado de sus yacimientos de esquisto, y varios países de la región como Polonia, Letonia y Lituania.

Washington impuso sanciones a los contratistas que trabajaban en la colocación de tuberías en 2019, lo que obligó a la empresa suiza Allseas a abandonar las obras, informó la agencia de noticias Sputnik.

En enero, el Senado estadounidense aprobó el presupuesto de Defensa para 2021, el cual incluye las sanciones contra las empresas encargadas de brindar servicios de seguros y las certificaciones necesarios para la conclusión de Nord Stream 2.

18 marzo 2021

(Con información de AFP y PL)

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Sin Trump, Bolsonaro oscila entre EEUU y China

El diputado bolsonarista Daniel Silveira está preso por exaltar el Acta Institucional 5 de la dictadura militar (1964-1985) que anuló el poder de los jueces, además de amenazar en un vídeo al sistema judicial. En los hechos, se trata de un enfrentamiento de poderes entre el Ejecutivo y la máxima institución judicial, que muchos consideran un intento para "contener los ataques a la democracia" del actual Gobierno.

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, enfrenta el momento más grave de la pandemia, con unidades de tratamiento intensivo desbordadas y un crecimiento exponencial de contagios y muertes.

Brasil enfrenta una crisis en la estatal Petrobras, ya que nombró a un militar en la presidencia y las acciones cayeron de forma abrupta, y otra con la justicia por el encarcelamiento de un diputado amigo, acusado de amenazar a jueces del Tribunal Supremo Federal.

La crisis en Petrobras se debe a la incertidumbre con que el Gobierno maneja el futuro de la principal empresa del país, comandada ahora por el general Joaquim Silva e Luna, quien se desempeñó como ministro de Defensa durante el Gobierno de Michel Temer (2016-2018). En un año los precios de la gasolina aumentaron un 35% porque la dirección de la petrolera decidió atarlos a los precios internacionales del crudo, lo que implica un fuerte lastre para la economía y un creciente descontento de los camioneros que amenazan con paros.

La crisis entre poderes se viene agravando y todo indica que se va a profundizar. El último día de febrero el ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, realizó su ataque más duro contra la Operación Lava Jato (que llevó a la cárcel a Lula, a la cúpula del PT y de Odebrecht), al comparar sus métodos con el Primer Comando de la Capital, una de las mayores organizaciones criminales de Brasil dedicada al narcotráfico.

Sin embargo, el Club Militar se despachó con un comunicado de apoyo al diputado encarcelado. Tanto el presidente Bolsonaro como su vice, Hamilton Mourao, son miembros destacados del Club Militar, que acusa al Supremo de arbitrariedad y de ser un aliado de la izquierda. "¿Por qué los amparados por el Poder Judicial siguen siendo los criminales condenados?", dice la carta, en clara alusión a Lula y otros acusados por Lava Jato.

Pekín y Washington tironean a Bolsonaro

El principal problema de Bolsonaro se encuentra en el escenario internacional. La derrota de Donald Trump lo dejó en la orfandad, a la defensiva y sin saber cómo posicionarse, ya que sus críticas e ironías contra China se le vuelven en contra, incluyendo las que lanzó contra la vacuna Sinovac que se fabrica en Brasil y es la que está permitiendo la vacunación masiva.

La académica Karin Costa Vázquez, del Centro de Estudios BRICS de la Universidad de Fudan (Shanghái, China) y directora ejecutiva del Centro de Estudios Afro-Latinoamericanos y del Caribe en Jindal Global University (India), sostiene que a pesar de las coincidencias sobre China, el Gobierno de Biden sigue con "preocupación" el alineamiento de Brasilia con Trump.

Costa Vázquez analiza una carta del senador estadounidense Robert Menéndez a Bolsonaro, sobre las declaraciones del canciller Ernesto Araújo, que cuestionó la limpieza de las elecciones con idénticos argumentos a los de Trump. Menéndez preside el poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado y pidió a Bolsonaro que se una a EEUU para "condenar la incitación a la violencia", en referencia al ataque del 6 de enero al Capitolio por partidarios de Trump.

Pese a todo, la carta mantiene un tono amistoso, ya que para la Casa Blanca cuenta con Brasil "para contener la creciente influencia tecnológica, económica y comercial de Pekín en Latinoamérica". En efecto, Brasilia y Washington coinciden en dejar fuera a China en el proceso de licitación de las redes 5G así como en la sospecha de que los préstamos para infraestructuras son un modo de China para posicionarse en los países de la región.

Sin embargo, la presión de la Casa Blanca "empuja aún más a Bolsonaro y Araújo contra la pared", estima Costa Vázquez en South China Morning Post. Un Gobierno frágil como el de Biden, acosado internamente por el trumpismo y más aislado en lo internacional que los anteriores Gobiernos demócratas, rechaza el apoyo de Bolsonaro a gobernantes de extrema derecha. A medida que los vientos soplan en otras direcciones, Brasil y Bolsonaro "se encuentran cada vez más aislados".

¿Se sumará Bolsonaro a la ofensiva de Biden?

Sin duda la Administración Biden está dispuesta a negociar con Bolsonaro su apoyo a la ofensiva antichina, pero puede exigirle algún gesto que lo desmarque de las huestes de Trump. La columnista de South China Morning Post estima que Bolsonaro se verá cada vez más presionado para reemplazar al canciller antiglobalista, Ernesto Araújo, por un diplomático más moderado, a expensas de su decisión de convertir el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, conocido como Itamaraty, en una plataforma para mantener movilizados a sus seguidores más radicales.

En efecto, el canciller parece un fusible adecuado. Se sitúa en el bando más ideologizado y radical del espectro de Bolsonaro, es enemigo de la globalización, de Rusia y de China, esgrimiendo un discurso de la guerra fría muy similar al de Trump.

Según la nota de South China Morning Post, se abren tres escenarios estratégicos ante el Gobierno de Brasil.

El primero consiste en continuar su alineamiento automático con EEUU en detrimento de China, aún suavizando la retórica contra la globalización. La desconfianza con China está instalada y no va a retroceder.

El segundo escenario sería que Brasil optara por una estrategia propia de expansión y diversificación en Asia, estrechando alianzas con la India pero sin alejarse de China. Como señala Costa Vázquez, el ministro de Economía, Paulo Guedes, apuntó en esa dirección para ampliar la presencia de Brasil en la agroindustria global. "Si podemos tener el mismo flujo comercial con la India que tenemos con China, Brasil alimentará a la mitad de la población del planeta".

Un tercer escenario en el que Brasil no aparezca alineado con ninguna de las dos potencias parece poco probable. China necesita a Brasil y Brasil necesita a China. Las relaciones con EEUU no van tanto por el lado económico, financiero y comercial, sino por los viejos lazos diplomáticos y, sobre todo, militares.

Sin embargo, a medida que el escenario global y regional va cambiando, el margen de maniobra de Bolsonaro parece estrecharse. Brasil ya no es la potencia regional capaz de liderar a los países suramericanos y las elecciones se acercan de forma peligrosa para el presidente: el próximo año puede ser el último de su Gobierno, si no consigue acotar las crisis antes mencionadas (internas e internacionales), que pueden ser tan depredadoras como está siendo la pandemia del COVID-19.

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Miércoles, 17 Febrero 2021 05:08

Otro récord del bitcoin: 50 mil dólares

Otro récord del bitcoin: 50 mil dólares

El bitcoin marcó este martes un nuevo récord al superar por primera vez los 50.000 dólares. Se trata de un nuevo record para la criptomoneda, que en los últimos 12 meses aumento en más de 10 veces su valor.

El máximo histórico se alcanzó durante el mediodía cuando tocó los 50.547,70 dólares. Luego retrocedió hasta los 49.505,35 dólares, acumulando de todas formas un aumento de 2,7 por ciento en la sesión y de más de un 70 por ciento en lo que va de año. 

El aumento exponencial de los precios genera fuerte debate sobre el futuro de las criptomonedaa. Mientras algunos observadores desconfían de la volatilidad de este mercado descentralizado, que no se basa en ningún activo, otros creen que la situación es muy diferente a la de 2017, cuando los precios habían subido con el mismo entusiasmo antes de estrellarse a principios de 2018

"El creciente interés de las empresas por las criptomonedas ha transformado el mercado en comparación con 2017", dijo Neil Wilson, analista de Markets.com. La semana pasada, el fabricante de coches eléctricos Tesla anunció por sorpresa que había invertido 1500 millones de dólares en bitcoin. El jefe de Tesla y hombre más rico del mundo, Elon Musk, no duda en ensalzar los méritos de la criptomoneda en las redes sociales.

En el mismo sentido el grupo MicroStrategy, una compañía de software estadounidense, anunció una captación de fondos de 600 millones de dólares para comprar la criptomoneda, que algunos analistas empiezan a considera el nuevo oro digital.

La adopción institucional de las criptomonedas empieza a acelerarse en 2021 con varios anuncios de  grupos bancarios y financieros que  se muestran cada vez más interesados en el bitcoin. La semana pasada el banco más antiguo de Wall Street, BNY Mellon, así como MasterCard anunciaron nuevos proyectos en el sector de las criptomonedas. El efecto reputacional de estos anuncios es uno de los catalizadores de la suba del precio de estos activos financieros. 

Muchos economistas a pesar del furor de compras del bitcoin plantean que el fenómeno es una burbuja que terminará estallando más temprano que tarde. Critican el uso de energía irracional de la moneda digital y que la descentralización que propone el bitcoin en verdad no sé cumple en la práctica, porque la mayoría de las operaciones termina realizándose a través de plataformas centralizadas. 

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Soldados israelíes durante un entrenamiento en los Altos del Golán ocupados. - REUTERS.  16/02/2021 07:14 Actualizado: 16/02/2021 07:15

Al menos una veintena de ingenieros israelíes han vendido a China misiles fabricados en Israel pero usando en parte tecnología puntera de Estados Unidos. Difundida la semana pasada por los servicios secretos del Shin Bet, la noticia, sobre la que sigue pesando la censura militar, contribuye a enrarecer las relaciones de Benjamín Netanyahu con Estados Unidos.

 

Una red de ingenieros israelíes vendió a China misiles avanzados fabricados en parte con sofisticada tecnología militar de Estados Unidos. La venta, que proporcionó pingües ganancias de "decenas de millones" de dólares a los ingenieros, violó los acuerdos que Israel estableció con Washington para impedir que su puntera tecnología cayese en manos de terceros países, especialmente de China. 

El Shin Bet, los servicios de inteligencia israelíes para el interior del país y los territorios palestinos ocupados, informaron la semana pasada de la desarticulación de la red diciendo que de la venta se había beneficiado "un país asiático", sin mencionar específicamente a China, el principal rival de Estados Unidos en relación con esa tecnología.

El anuncio del Shin Bet llegó menos de un mes después de la entrada en la Casa Blanca de Joe Biden, quien todavía no ha hablado con el primer ministro Benjamín Netanyahu. Aunque Washington aún no ha reaccionado ante el millonario negocio de los ingenieros israelíes, es fácil imaginar que los americanos están muy enojados puesto que en más de una ocasión habían advertido a Netanyahu que no vendiera a China tecnología militar. 

Durante el mandato de Donald Trump, los israelíes disfrutaron de un amplio margen de maniobra en esta materia ya que el presidente republicano accedía a cada una de las demandas de Netanyahu, y es muy probable que por entonces los servicios de inteligencia americanos ya conocieran los trapicheos con China, que no son nuevos, pero decidieran hacer la vista gorda. 

El hecho de que la censura militar haya prohibido a los medios hebreos publicar el dato clave de que el país beneficiado es China, indica la preocupación de Netanyahu con este negocio que sin duda enrarecerá más las relaciones con la administración demócrata. Sin embargo, en distintos blogs y redes sociales de Israel y del extranjero se ha revelado el nombre de China. 

Un dato sorprendente es que quien haya revelado el negocio sea el Shin Bet, y no los servicios de inteligencia militar, Aman. De esta manera Israel trata de referirse a la venta como una cuestión interna y de iniciativa privada, aunque es muy difícil imaginar que dado que de momento hay una veintena de ingenieros implicados, estos no informaran a las autoridades con anterioridad, o que a los servicios de inteligencia les pasara por alto el negocio hasta después de consumado. 

Una explicación puede ser que Israel, que siempre ha cuidado en extremo las relaciones con China, obtuviera a cambio algún beneficio equivalente. Los medios hebreos habitualmente publican informaciones sobre la creciente influencia de Pequín en la política y economía internacionales, y sobre la necesidad de mantener relaciones amistosas con el gigante asiático, a pesar de las reiteradas advertencias de Estados Unidos. 

Se da la circunstancia de que una buena parte de los ingenieros implicados han trabajado con anterioridad para los servicios de inteligencia israelíes o en el desarrollo de armas sofisticadas del ejército, lo que abunda en la dirección de que es muy difícil, si no imposible, que las autoridades militares y políticas de Israel, incluido Netanyahu, ignoraran lo que tantas personas se traían entre manos, máxime teniendo en cuenta la naturaleza del negocio. 

No hay que descartar que el chanchullo haya contribuido a que el presidente Biden todavía no haya llamado por teléfono a Netanyahu. En cada aparición de Biden se le pregunta por qué no lo ha hecho y la Casa Blanca responde que pronto se iniciará la llamada. 

Una parte de los ingenieros trabajaban para las Industrias Aeroespaciales de Israel (IAI), una gigantesca empresa que en su totalidad es propiedad estatal y emplea a más de 15.000 trabajadores. Entre otras cosas, IAI, cuyo nombre tampoco se puede publicar en Israel en relación con este caso debido a la censura militar, fabrica los misiles avanzados vendidos a China. 

Entre los productos que fabrica IAI se encuentra el sistema de misiles Harop, el más avanzado de todos, y también se incluye el Harpy-2, que incorpora tecnología que permite atacar objetivos haciendo que los misiles se destruyan al alcanzar su objetivo. Algunos medios señalan que esta es la tecnología más avanzada en este campo que hay en el mundo. 

Para despistar a Estados Unidos, el clan de ingenieros se sirvió de sofisticados métodos que incluían el uso de intermediarios con el fin de ocultar que el cliente era en realidad China. También se sirvió de un complejo tramado de financiación para evitar que apareciera China. 

Esta no es la primera vez que Israel vende a China material militar avanzado en cuya fabricación se ha usado tecnología estadounidense, aunque probablemente la noticia ha saltado en el peor momento de todos, es decir cuando las relaciones de Israel con Estados Unidos no son precisamente óptimas y la noticia podría deteriorarlas aún más. 

Según Tikun Olam, un blog basado en Estados Unidos pero que se especializa en filtraciones israelíes, la tecnología adquirida por China podría caer en manos de Corea del Sur o Irán, dos países que mantienen buenas relaciones militares con Pequín. 

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