Cuando escuchar es obsceno y ocultar es impúdico

El suicidio de Aaron Swartz, programador y activista por el acceso libre a la información en la Red, el 11 de enero de 2013, inauguraba un año que se ha mostrado prodigo en sucesos relacionados con el manejo y las políticas de la información que circula en los medios electromagnéticos. Swartz, un joven genio de la informática, fue acusado de descargar alrededor de 4,8 millones de documentos, entre artículos y otros productos científicos, de la base de datos Jstor (por la siglas en inglés de "almacén de publicaciones periódicas –Journal Storage–) para compartirlos a través de sitios de descarga gratuita. Recluido en su domicilio, que le había sido asignado por la justicia como sitio de detención, poco antes de que se iniciara el juicio, el joven de 26 años se quitó la vida.


El 3 de junio, también de éste año, se inició el juicio a Bradley Manning, el soldado estadounidense que reconoció haber filtrado a Wikileaks (cuyo director, Julián Assange, aún se encuentra refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres) más de 700.000 documentos, entre los que se encontraba el video "Asesinato Colateral" que muestra un helicóptero militar de USA matando en Bagdad –año 2007– a 12 civiles, de los cuales dos eran trabajadores de la agencia de noticias Reuters e hiriendo a dos niños. En el video también se puede observar como un tanque de guerra norteamericano pasa por encima de uno de los cadáveres, partiéndolo en dos.

 

Y como corolario de lo anterior, entre el 6 de junio, el diario inglés The Guardian divulga que la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA) tiene acceso a registros telefónicos y de Internet de millones de usuarios a través de sendos programas secretos de espionaje. La información indica que los servicios de inteligencia parecen acceder directamente a datos de los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. El 9 de junio, un joven de nacionalidad estadounidense, ex-técnico de la CIA, que responde al nombre de Edward Snowden, declara ser la fuente del diario inglés. Se inicia, entonces, el drama de su solicitud de asilo, que parece tan solo comparable a la que vivó el revolucionario ruso León Trotsky entre 1929 y 1936, y que dio lugar a la expresión de "un mundo sin visa". Como se sabe, el derecho de asilo fue posible, en su momento, gracias a la actitud soberana del Méjico nacionalista de Lázaro Cárdenas y hoy, parece repetirse la historia, pues ante la negativa de la mayoría de países del mundo a la solicitud del joven Snowden, tan sólo Venezuela y Nicaragua se muestran firmes en conceder el refugio.

 

Un poco de historia

 

Con el inicio de la llamada "Guerra Fría" entre las potencias occidentales y la Unión Soviética, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, el mundo del espionaje adquiere una gran dimensión y un tinte casi novelesco. En ese ambiente surge Echelon, el proyecto de interceptación de comunicaciones electrónicas liderado por los EE.UU. y la Gran Bretaña, que en compañía de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, conforman la comunidad Ukusa (hoy conocidas como los cinco ojos). Hasta acá no hay nada nuevo, pues la existencia de Echelon se hace pública en 1976 en un informe producto de una investigación del Parlamento Europeo, aunque esa institución tan sólo reconoce oficialmente la existencia del programa en 2001, y se ve obligada a recomendar a sus ciudadanos tomar precauciones cuando se comunican a través de medios electrónicos. Lo nuevo es, entonces, el propósito de las interceptaciones, que luego de tener por objeto los estados comunistas enemigos, pasa a tener como mira a todos los ciudadanos de forma indiscriminada, incluidos los nativos de los países espías. De la defensa nacional se pasa al control de los individuos y a una sociedad autoritaria y disciplinaria.

 

La internacionalización y transnacionalización de las comunicaciones indujo la preocupación de muchos activistas de derechos humanos desde la década del setenta del siglo pasado. Y algunos países de la periferia percibieron pronto que un sistema de comunicaciones electrónico centralizado y controlado por las grandes potencias, era un lazo adicional a sus condiciones de dependencia. Es así como bajo la guía del movimiento de Países No Alineados surge el impulso de estructurar desde la ONU una reflexión sobre las condiciones que debían regir la circulación y regulación de la información y la comunicación, para crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Nomic).

 

En 1977 el abogado irlandés Sean MacBride (premio Nobel de la paz en 1974 y Premio Lenin de la paz en 1977), es comisionado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), para presidir una comisión que estudie el problema de la información y la comunicación en el mundo, de la que hicieron parte entre otros, Marshall McLuhan, quien acuño el término de "aldea global" para caracterizar el mundo moderno, y el Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez. El resultado del estudio se hizo público en 1980 con el título de "Voces múltiples, un solo mundo", más tarde conocido como el Informe MacBride, que de inmediato generó el rechazo del mundo anglosajón liderado por los Estados Unidos.

 

El informe trataba, entre otros temas, el de la concentración y la centralización de la información y la comunicación, los sesgos derivados de su origen, y la transnacionalización, abogando por una democratización y diversidad en la fuente que debía reforzar la multiplicidad cultural. El malestar de EE.UU fue de tal magnitud que motivó su retiro de la Unesco, hecho efectivo en 1984 y prolongado hasta 2003. La visión de una información monopolizada y mercantilizada que el grupo Ukisa sostiene hasta hoy, está en la raíz del tipo de propuestas que los norteamericanos defienden, en contravía del resto de países, y que se han traducido en proyectos de ley como el que en el 2010 formularon contra la falsificación y delitos online (conocido como Coica por sus siglas en inglés), o los dos presentados en el 2011: La Stop Online Piracy Act (Acta de cese a la piratería en línea) también conocida como Ley Sopa, y la ley de prevención contra el robo a la propiedad intelectual (Pipa), que tienen como característica no sólo fortalecer el control de acceso a la red sino el pretender ser leyes jurídicas con validez transnacional.

 

La disputa por la regulación del espectro electromagnético lleva, entonces, más de treinta años, y en ella se juega el futuro de la privacidad de las personas, la seguridad de los Estados más débiles, y por tanto su autonomía, así como la posibilidad del disenso y la multiculturalidad. Los derechos de autor y la "lucha contra el terrorismo", no son más que la disculpa para la imposición de una sociedad totalitaria, y los nombres de Swartz, Assange, Maning y ahora Snowden, son apenas los primeros de una lucha que tan sólo es una parte de una guerra virtual que los países anglosajones le han declarado al resto del mundo y en la que equivocarse de qué lado se está representa hipotecar la posibilidad de un futuro verdaderamente libre y amable.

 

Algunos mitos y realidades del mundo virtual

 

Las cifras que se citan sobre las telecomunicaciones se presentan siempre con el ánimo de abrumar. La empresa de procesadores Intel, por ejemplo, ha estimado que cada minuto, en el buscador Google se producen más de 2 millones de búsquedas y en Facebook 277.000 usuarios se conectan a sus cuentas. Lo que significa que diariamente las búsquedas serían de 2.880 millones, mientras que las conexiones a la red social mencionada se acercarían a los 400 millones. En ese mismo sentido, el blog de Youtube, en enero del año pasado, estimó que se veían 4.000 millones de vídeos por día.

 

Sin embargo, pese a lo espectaculares que puedan parecer las cifras, si miramos el tamaño relativo de la economía de la información electrónica éste parece más bien pequeño. Según los datos de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), ente de la ONU encargado de dictar las normas y regulaciones sobre los servicios de telecomunicaciones en el mundo, este tipo de servicios sumaron 1,5 billones de USD en 2010, lo que corresponde al 2,4% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial –en un país como USA ese porcentaje no llega al 1,5%–, y las inversiones en el sector se calcula que representan 2% de la formación bruta de capital fijo total en el mundo. En cuanto a la fuerza de trabajo destinada al sector, las cifras tampoco son gran cosa, en países como Méjico y Brasil, los dos gigantes latinoamericanos, los servicios de las telecomunicaciones ocupan el 2,2% de la fuerza de trabajo total, mientras que en un país como EE.UU. ese porcentaje llega al 4%; en Colombia ese índice es tan sólo del 0,56%.

 

Sin pretender negar la importancia de internet, y en general de la transmisión moderna de voz, datos e imágenes, no deja de ser cierto también que en muchos casos y sobre algunos aspectos se sobredimensiona el fenómeno. Entre 1996 y 2000 se vivió en las bolsas de valores la burbuja de las "empresas punto com", que quintuplicaron el valor de sus acciones en ese período, para desplomarse a partir de ahí hasta el punto que en el 2003 habían regresado a los valores que tenían en 1996. Igual sucedió con el valor de las acciones de la red social Facebook que entre mayo y septiembre de 2012, año en el que la empresa salió a la bolsa, perdió el 46% de su precio inicial, en una muestra de la sobrevaloración, que por lo menos desde la perspectiva económica, se da a los servicios de la Red (en la actualidad el valor nominal de dicha acción es menor en 38% al inicial).

 

Entre 2008 y 2011 el precio de los servicios de las tecnologías de la información y la comunicación disminuyó en promedio 30% en el mundo, siendo los de Internet de banda ancha fija, los que más bajaron (75% en promedio). Sin embargo, las diferencias de los precios relativos de este tipo de productos entre los países del centro capitalista y los de la periferia sigue siendo abismal. Mientras que en los primeros, según la UIT, el servicio de banda ancha fija residencial representa el 1,7% del PIB per cápita, en los segundos se estima alrededor del 30%.

 

El consumo de servicios de telecomunicación en el mundo muestra las mismas asimetrías que las que padecen los servicios tradicionales. El Secretario General de la UIT, Hamadoun Touré, reconocía en el Congreso Mundial de la Telefonía Móvil en Barcelona, realizado en 2012, que dos tercios de la población mundial (alrededor de 4.500 millones de personas) carecen de acceso a la Red. Pero, mientras que en los países marginales el 70% de personas está privada de dicho acceso, en los dominantes tan sólo el 23% está desconectado. Incluso, las diferencias de género se manifiestan en este tipo de consumo, como quiera que en las naciones periféricas la brecha entre el número de hombres y de mujeres que acceden a la red es de 16% a favor de los hombres (en el mundo de capitalismo avanzado la diferencia es de 2%). No se trata, entonces, que la brecha tecnológica sea causa de la pobreza y la discriminación, sino que son estas últimas la que explican la brecha tecnológica existente, lo que altera los términos del problema.

 

El desarrollo computacional ha posibilitado y abaratado la recopilación y clasificación de información, que como insumo del conocimiento se convierte en una herramienta estratégica de la producción y el control de las personas. De allí que, pese al relativo tamaño reducido del sector, los estados imperiales estén inmersos en una agria disputa por su monopolio. La prioridad de la seguridad sobre la libertad, que los gobiernos hacen cada vez más explícita, se explica por la tensión social que se vive actualmente frente a la inequidad creciente. Razón de más para que los poderosos aspiren a verlo todo y escucharlo todo, convirtiendo ese deseo de omnipresencia en meta de un Estado que se adentra cada vez más en la ruta del totalitarismo.

 

De la esperanza al Puma

 

Espionaje, control de datos y personas que no es ajeno a nuestro país. Como se conoce, avanza el desarrollo de la Plataforma Única de Monitoreo y Análisis (Puma), que es un sistema de interceptación de lo que se hable o escriba a través de correos electrónicos, o de cualquier otro medio que utilice internet. El proyecto, aprobado por un Conpes del 2011, tendrá un costo de 100.000 millones de pesos y aspira a tener 700 estaciones de monitoreo en todo el país, de las cuales 300 se localizarán en Bogotá. La cuantiosa inversión busca reemplazar el actual sistema de interceptaciones conocido como Esperanza, que según los impulsores de la nueva plataforma ha quedado obsoleto.

 

Llama la atención que Colombia, un país que invierte tan sólo 0,44% del PIB en ciencia y tecnología, y donde el 51% de municipios aún carecen de fibra óptica, gaste una cantidad tan grande en un programa de interceptaciones, máxime cuando en el periodo que va de 2002 a 2008 se dio el escándalo de las chuzadas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) a los magistrados de la Corte y a miembros de la oposición política al gobierno de la época.

 

No parece simple coincidencia que cuando el mundo anglosajón se mueve en una dirección determinada, Colombia lo haga en el mismo sentido. La firma de tratados de libre comercio, como el suscrito con EE.UU, obliga a aceptar los lineamientos que en materia de telecomunicaciones y propiedad intelectual defienden los países de Ukusa, por lo que no suenan extraños los rumores de que la compañía israelí Comverse Technology sea la más opcionada para el desarrollo de Puma.

 

Los casos de Swartz, Maning y Snowden están entrelazados pero encierran mensajes diferentes. Aaron Swartz estaba siendo enjuiciado, en el momento de su muerte, por defender el derecho al conocimiento, Maning está siendo juzgado por reclamar que la verdad debe ser conocida y Snowden es perseguido por denunciar violaciones a la intimidad. Conocimiento, verdad e intimidad son reclamos que empiezan a colocarse en primera fila, en un mundo inequitativo que en su afán de lucro y conservación de privilegios para unos pocos, amenaza con violar incluso los valores más generales que la humanidad ha aceptado como patrimonio común.

 

Publicado enEdición N°193
Cómo opera Estados Unidos en América Latina

Un ex topo de la CIA destapó un peligroso programa de espionaje e intervención política en la región. Quiénes y cómo trabajan para desestabilizar a los gobiernos populares de la Unasur. Edward Snowden no es un héroe, pero la humanidad le debe un enorme favor. Los documentos que el ex topo de la CIA filtró al mundo demuestran lo que hasta acá la política global sabía pero no se atrevía a denunciar: que Estados Unidos no ahorrará en crímenes para seguir siendo lo que es. Un imperio voraz.

 

Los habitantes de América latina podríamos presumir que no necesitábamos de Snowden para saberlo. En esta región, Estados Unidos propició golpes, dictaduras genocidas, políticas económicas predatorias y elites financieras mafiosas con el evidente objetivo de succionar sus recursos naturales, materiales y humanos. La intervención fue tan vasta y letal que en la diplomacia regional aún se intercambia un viejo chiste: “¿Sabe por qué en Estados Unidos no hay golpes de Estado? Porque allí Estados Unidos no tiene embajada”.

 

A pesar de las evidencias históricas, en varios países de Latinoamérica, como la Argentina, abundan quienes creen que la intervención estadounidense en asuntos domésticos es pura ficción. El equívoco fue alimentado por formadores de opinión aliados o cooptados por la diplomacia estadounidense, como lo revelaron los cables difundidos por Wikileaks, donde abundan referencias a los vínculos entre La Embajada y el sistema tradicional de medios que en nuestro país conduce el multimedios Clarín. Un detalle: referirse a la sede diplomática estadounidense como “La Embajada” explicita hasta qué punto se naturalizó a EE.UU. como faro político. Pero no son las sedes diplomáticas las únicas que perpetran las actividades intervencionistas de EE.UU. en la región. El país del Norte cuenta con una compleja red de organismos que, con fachadas varias, fueron y son utilizados para tareas sucias que van desde el espionaje y la formación de cuadros dirigenciales adictos hasta la desestabilización de gobiernos y economías con su consecuente costo político y social.

 

Una de las organizaciones más activas es la United States Agency International Development (USAID), un organismo que EE.UU. creó con la proclamada intención de desplegar tareas humanitarias en los países del Tercer Mundo. Su origen se remonta a la Alianza para el Progreso, creada el 13 de marzo de 1961 por los mismos funcionarios que varios años antes habían alumbrado el Plan Marshall con la intención de poner a su país a la cabeza de la reconstrucción de la Europa de posguerra. La Alianza fracasó a poco de nacer luego de que los países de la región rechazaran las condiciones de la “revolución pacífica y democrática” que pretendía imponer EE.UU. a cambio de los 20.000 millones que prometía invertir. Pero antes de que fuera cancelada, en noviembre de 1961 se fundó la USAID, una de sus agencias que, en las formas, debía vehiculizar parte de las inversiones a programas de desarrollo humanitario, fachada que se mantiene hasta hoy.

 

La fantasía filantrópica le permitió forjar, a través de generosos aportes financieros, una red de fundaciones y ONGs destinadas a difundir los beneficios del alineamiento con EE.UU. y su “american way of life” mediante propaganda y programas de formación. Pero esa es apenas la cara amable de su tarea. Apenas maquillado, el verdadero rostro de la agencia es más hostil: intervenir en los procesos políticos de la región con el pretexto de proteger la seguridad nacional de su país.

 

La militarización de los objetivos de la USAID tocó cumbre en 2010 cuando el presidente Barack Obama incluyó al general Jeam Smith –un estratega militar que estuvo en la OTAN– en el Consejo de Seguridad sólo para que atendiera los programas de “asistencia social” que llevaba adelante la agencia. Y como director adjunto se nombró a Mark Feierstein, cuya hoja de servicios encajaba con los desafíos que EE.UU. percibe en la región: experto en guerras de cuarta generación –o campañas de desinformación–, y dueño de Greenbarg Quinlan Rosler, una firma que ofrece orientación estratégica sobre campañas electorales, debates, programación e investigación.

 

Alérgico a los gobiernos populares que se extienden por América latina, Feierstein probó la eficacia de su método como asesor de Gonzalo Sánchez de Lozada durante la campaña que lo depositó en la presidencia de Bolivia. Goñi, como lo llamaban en su patria, fue el paroxismo del coloniaje político que EE.UU. impartió en los noventa sobre los países del Sur. Criado, educado y formado en suelo estadounidense, Sánchez de Lozada volvió a su tierra de nacimiento para ser presidente de la mano de Feierstein. Duró en el cargo algo más de un año: la denominada “Masacre del Gas”, en 2003, donde murieron más de sesenta personas, lo eyectó del poder y lo devolvió a EE.UU., donde vive como prófugo de la Justicia boliviana amparado por el gobierno que nombró a su amigo Feierstein al frente de la USAID.

 

Las correrías de su director no es lo único que liga a la agencia con Bolivia. El pasado 1 de mayo, el presidente Evo Morales no sabía que el escándalo Snowden lo llevaría a protagonizar una vergonzosa detención en Europa (ver nota aparte). Pero sí sabía de lo que la USAID era capaz. Por eso, en esa jornada emblemática donde los trabajadores celebran su día, el presidente anunció que expulsaba a la agencia de suelo boliviano por “injerencia política” y “conspiración”. Días después, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, detalló: “No se trata de una agencia inocente de cooperación filantrópica de Estados Unidos a Bolivia y al mundo. La agencia estadounidense sirvió para legitimar las dictaduras entre 1964 y 1982, para promover el neoliberalismo entre 1985 y 2005, además es un factor externo que alimenta la inestabilidad en el país desde 2006”.

 

Uno de los hechos que llamó la atención del gobierno boliviano fue la materialización, en 2007, de un convenio entre el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, y la USAID para llevar adelante “programas sociales” en Bolpedra, Cobija y El Porvenir. El apoyo logístico estuvo a cargo del Comando Sur y la cobertura institucional de la Iniciativa de Conservación de la Cuenca Amazónica. Otro episodio que motivó la expulsión fue la activa participación de la agencia estadounidense vía Wildlife Conservation Society (Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre) en la disputa violenta entre los pobladores de Caranavi y Palos Blancos por el lugar de instalación de una planta procesadora de frutas en enero de 2010, a pocos días de que Evo Morales asumiera su primer mandato dentro del Estado Plurinacional.

 

La utilización de fundaciones y ONGs para tercerizar operaciones es una práctica habitual de la USAID. En la Argentina, por caso, hay una decena de fundaciones que operan por cuenta y orden de la agencia estadounidense. Que los movimientos sean más sigilosos no implica que sean menos potentes. Un ejemplo: entre el 8 y el 12 de abril de este año, la USAID financió una cumbre de la derecha internacional. Organizada por la Fundación Libertad –el tentáculo predilecto de la agencia en nuestro país–, a la cita concurrieron el Nobel Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro –reactivos a los gobiernos populares que habitan la región–; José María Aznar –ex presidente español que impulsó la invasión a Irak–; el pinochetista Joaquín Lavín; Marcel Granier, presidente de la emisora venezolana RCTV que apoyó e impulsó el golpe a Hugo Chávez en 2002, y la cubana anticastrista Yoani Sánchez, quien a último momento desistió de la visita.

 

El seminario abundó en críticas contra los procesos emancipadores de la región. Y los expositores, sin sutilezas, pidieron terminar con los gobiernos populares en curso para reemplazarlos por otros más “modernos”, a tono con los conceptos de “democracia” que EE.UU. impuso como doctrina global. No fue, por cierto, un planteo original. Cinco años atrás, en el mismo escenario empachado de prosperidad sojera, se había realizado un seminario similar, con el propio Vargas Llosa como animador principal.

 

Aquel seminario contó con varios “expertos” alineados con las políticas del Consenso de Washington como el periodista de La Nación Carlos Pagni, el ex candidato presidencial Ricardo López Murphy, y Mauricio Macri, regente del Pro y de la Fundación Pensar, co-organizadora del evento.

 

Estas fundaciones, como otras similares que operan en la región, cuentan con el aval financiero del National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), financiada oficialmente por el Congreso norteamericano. Pero la vinculación no se agota en los aportes. En los ochenta, mucho antes de ser director de la USAID, el inefable Feierstein trabajó para la NED en Nicaragua. Su objetivo: evitar el triunfo del sandinista Daniel Ortega. Lo logró patrocinando la candidatura de Violeta Chamorro.

 

Las operaciones de la dupla USAID-NED en América latina fueron reveladas por Wikileaks, el sitio que difundió millones de telegramas internos del Departamento de Estado. En uno de ellos, el ex embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, reveló cómo su país alimentó la oposición a Hugo Chávez con ideas y millones. El telegrama, enviado desde la embajada de EE.UU. en Caracas en noviembre de 2006, detallaba cómo docenas de organizaciones no gubernamentales recibían financiamiento del gobierno norteamericano por intermedio de la USAID y de la Oficina de Iniciativas de Transición (Office of Transition Initiatives –OTI–). Este operativo incluyó “más de 300 organizaciones de la sociedad civil venezolana”, que iban desde defensores de los discapacitados hasta programas educativos.

 

En apariencia, esos programas tenían objetivos humanitarios, pero fue el propio embajador Brownfield quien detalló los objetivos reales de esas inversiones: “La infiltración en la base política de Chávez... la división del chavismo... la protección de los intereses vitales de EE.UU... y el aislamiento internacional de Chávez”.

 

Brownfield escribió que el “objetivo estratégico” de desarrollar “organizaciones de la sociedad civil alineadas con la oposición representa la mayor parte del trabajo de USAID/OTI en Venezuela”. A confesión de partes…

 

En una excepción a su modus operandi, en Paraguay la agencia hizo el trabajo sucio sin intermediarios. Invirtió 65 millones de dólares en el proyecto “Umbral”, un programa que incluyó la confección de un Manual Policial, lo que le permitió hacer pie en una institución que resultaría clave en el devenir político del país. Fue la policía, con una brutal e injustificada represión rural, la que sirvió en bandeja la excusa para derrocar al presidente Fernando Lugo. Ya lo predijo el ministro de la Corte argentina Raúl Zaffaroni: sepultado el partido militar, son las fuerzas de seguridad quienes ejercerán el rol de fuerza de choque de los poderes fácticos de la región interesados en interrumpir procesos políticos que contraríen sus intereses.

 

Las operaciones de la agencia revelan que la verdadera amenaza para la consolidación del proceso político de la región no es el espionaje, sino las decisiones que EE.UU. tome a partir de esa información. Como se demostró en Irak –donde el Pentágono utilizó información falsa para justificar la invasión–, ni siquiera es necesario que los datos sean fiables. Basta con que la CIA o algún organismo similar evalúe que algún país de América latina representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense para que se avance con ataques preventivos hacia esa nación. La avanzada puede ser brutal, como en Irak, o más sofisticada, ejecutando tareas que desestabilicen a un gobierno popular. Una conspiración que nunca descansa.

 

Todos bajo la lupa

 

A partir de las revelaciones de Edward Snowden, el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, se descubrió un manto que confirma la red de espionaje del gobierno de Barack Obama. Todo comenzó cuando le ofreció a The Guardian y The Washington Post la publicación de documentos e información confidencial. Siguió con el episodio del secuestro del presidente Evo Morales luego de visitar Rusia, donde se suponía que estaba Snowden, cuando no le permitieron usar el espacio aéreo de España, Italia, Portugal y Francia por sospechar que estaba escondido en su avión. El hecho mereció el repudio de todos los mandatarios de la Unasur que se reunieron en forma urgente en Bolivia, para brindar apoyo a Evo. Mientras Snowden buscaba asilo político y con Estados Unidos tratando de cazarlo en todo el planeta, hace pocos días volvió a revelar nuevos documentos, esta vez fueron publicados en el diario brasileño O Globo. Se conoció que la red de espionaje de Estados Unidos se expandió por toda América latina, operando fuertemente en Brasil, México y Colombia, pero con una rigurosa vigilancia en países como la Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, Perú y Panamá. Los datos confirman el espionaje vía satélite de comunicaciones telefónicas, correos electrónicos y conversaciones online, hasta por lo menos marzo de este año. El monitoreo se realizaba a través de los programas de software: el Prism (Prisma) que permite el acceso a e-mails, conversaciones online y llamadas de voz de usuarios de Google, Microsoft y Facebook y el Boundless Informant (Informante Sin Límites), que permitían violar toda clase de comunicaciones internacionales, faxes, e-mails, entre otros. Los temas más controlados por los espías fueron petróleo y acciones militares en Venezuela, energía y drogas en México, un mapeo de los movimientos de las FARC en Colombia, además de la agonía y muerte de Hugo Chávez.

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner mostró su preocupación en el acto del 9 de julio en Tucumán y señaló: “Me corre frío por la espalda cuando nos enteramos que nos están espiando a todos a través de sus servicios de informaciones. Más que revelaciones, son confirmaciones que teníamos de lo que estaba pasando”. De paso, aprovechó para hacer un llamado de atención: “Los gobernantes de los pueblos de la América del Sur, que hemos dado batalla en esta década incluyendo a millones de compatriotas, tenemos el deber de mirar lo que está pasando y unir nuestras fuerzas”. El viernes se reúnen los representantes del Mercosur y la Presidenta espera “un fuerte pronunciamiento y pedido de explicaciones” al gobierno de Obama.

 


Por Adrián Murano
Revista Veintitrés

Publicado enInternacional
Miércoles, 17 Julio 2013 06:11

Lo público y lo común en la era digital

Lo público y lo común en la era digital

Henry Jenkins, uno de los más importantes innovadores en materia de nuevas tecnologías y educación, definió sobre tres conceptos la “gran transformación” de la civilización contemporánea: la convergencia mediática, la cultura participativa y la inteligencia colectiva. Sobre estos carriles se mueve el mundo hoy. Los medios de comunicación tradicionales (la radio, el cine, la televisión, la prensa) del siglo XX se están fusionando en una única plataforma de múltiples lenguajes, formatos, idiomas, estilos, que se cruzan y fluyen, en el siglo XXI, en lo que llamamos el entorno digital; pero esta convergencia se amplifica y profundiza con la expansión de diversas terminales de recepción: computadoras, celulares, pantallas callejeras, Internet, blogs, redes sociales, ubicuos y transversales. En cualquier lugar y en cualquier momento nos alcanzan sus mensajes. En el auto, en casa, en un aula, en la oficina, viajando en la ruta o en una plaza. Por otro lado, las últimas transformaciones sociotecnológicas están fortaleciendo una cultura participativa. ¿Qué significa esto? Que ya nadie se contenta con ser espectador. Lo que en los años ’60 era una performance de las elites, como los happenings de Marta Minujin, pioneros en la Buenos Aires pop de unos pocos, hoy es masivamente disfrutado, consumido, divulgado, experimentado y creado. Como demostraron los fans del último Gran Hermano, las audiencias quieren dirigir el juego. Y ese juego tanto puede fluir por la red como trasladarse a las calles, como en las movilizaciones recientes de Brasil o Argentina. Por último, la inteligencia colectiva. Pierre Lévy lo advirtió a principios del siglo XXI como una diferencia cualitativa en la experiencia del conocimiento: el saber es más útil y profundo cuando más somos los que participamos en su construcción. Y esa construcción, a medida que es más colectiva, es más democrática.

 

Estas son las causas por las cuales varias de las distinciones que organizaron nuestros marcos de interpretación del orden social desaparecen: lo culto y lo popular, lo estatal y lo privado, el hogar y el trabajo, el estudio y el ocio, el consumo y la ciudadanía. Las políticas de los internautas, como bien sugiere el título del último libro de Mario Carlón, tienden a la autonomía. Es decir, cada uno quiere decidir a dónde dirigir sus esfuerzos y sus deseos, solos, acompañados, en grupos, en comunidades, colectivamente, pero nunca en masa. No comprender este proceso es ir contra la historia. Esto no significa suponer que en este contexto hipermediatizado no haya disputas ni conflictos. Tampoco nos permite imaginar que el mundo digital es transparente. Por el contrario, el espacio de los flujos, como lo definió hace ya tiempo Manuel Castells, vuelve a ser un campo de batalla. Ahora bien, cuál es el sentido de las luchas democráticas presentes. Voy a arriesgar una hipótesis: creo que las luchas democráticas contemporáneas, más que basadas en las viejas antinomias (como lo estatal/privado), se ubican en la expansión de los conceptos de lo público y lo común. Porque lo público supera la distinción entre privado y estatal y lo común supera la distinción entre identidad y alteridad. ¿A qué me refiero?

 

Usemos estas categorías para pensar, por ejemplo, la escuela pública. La educación en la Argentina es pública, con dos modelos de gestión: estatal o privada. Pero es pública porque es un derecho garantizado por ley y definido en cuanto a sus políticas curriculares, sus contenidos académicos, sus prescripciones pedagógicas, por el Ministerio de Educación de la Nación y el Consejo Federal (que integran todos los ministros de Educación de las provincias). En el caso de la provincia de Buenos Aires, la ley dice expresamente que “los niños y jóvenes son sujetos de derechos”, y la “educación y el conocimiento, un bien social y público”. En este sentido, no importa quién lo administre, el fondo de la cuestión es que tiene que estar garantizado para todos los habitantes del suelo argentino.

 

Con lo común, nos referimos a lo que nos interpela como sociedad. ¿Qué es eso? Pueden ser muchas cosas, pero si hay algo que atraviesa profundamente a las sociedades contemporáneas es el “conocimiento”. El conocimiento que define hoy el modo de desarrollo, como lo llamó Manuel Castells: el modo informacional de desarrollo, motor de la economía del mundo. Lo común es hoy el conocimiento. Y el conocimiento, en la escuela, en los medios, en el trabajo, en la calle, es de todos, de lo contrario estaríamos de nuevo en la barbarie, antes del pacto; porque el pacto social abre el camino a lo común, a pesar de nuestras diferencias. Si buscáramos solos la identidad estaríamos negando la dialéctica de la vida, si primara la alteridad, no habría nosotros. En lo público hay más que lo estatal y en lo privado debe haber menos exclusión. Lo que quiero sugerir es que hay una correspondencia entre las transformaciones en la cultura mediática contemporánea que hace posible tantas interacciones y el crecimiento de los valores de lo público y lo común.

 

Por Luciano Sanguinetti, docente e investigador. Ex decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.

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“Está en juego la libertad del individuo”

A finales de la semana, dos ONG con sede en Francia, la Liga de Derechos Humanos (LDH) y la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), presentaron una querella contra X (desconocidos) ante el fiscal de la República apuntando hacia la NSA norteamericana y varias empresas transnacionales de Internet: Google, Yahoo!, Facebook, Microsoft, Paltalk, Skype, YouTube, AOL y Apple. Las dos ONG consideran que estas empresas están implicadas en el espionaje mundial que Washington organizó a través del sistema Prisma y cuya metodología fue revelada por el ex agente de la CIA y la NSA Edward Snowden. Hasta ahora, esta es la única acción emprendida en Europa contra Estados Unidos o sus empresas. Todo el sistema político del Viejo Continente se escondió como conejos asustados ante la prepotencia tecnológica de la Casa Blanca. Colmo del ridículo y la servidumbre, el gobierno socialista (en fin...) del presidente François Hollande impidió, junto a Italia, España y Portugal el sobrevuelo del territorio francés al avión del presidente boliviano Evo Morales: algún servicio secreto inepto hizo circular la información según la cual Snowden estaba en el avión de Morales. Más vergonzoso es el papel que desempeñó la prensa ante una violación tan colonial del derecho internacional. Burlas, títulos como “los latinos están enojados”, o boicoteo de la información marcaron la cobertura de este escándalo. Sobran los dedos de una mano para contar, en Francia, los diarios que mencionaron la última cumbre del Mercosur y la convocación de los embajadores de los países concernidos por el bloqueo del avión.

 

En esta entrevista con Página/12 realizada en París, el abogado Patrick Baudouin, presidente de honor de la FIDH, explica las bases de la querella judicial en Francia y analiza tanto la prepotencia norteamericana como el perfil de lacayo de Washington que adoptó la Unión Europea.

 

–Este episodio de espionaje planetario, violación del derecho internacional contra un jefe de Estado y perfil bajo de Europa es un caso de escuela. Sin embargo, pese a su amplitud y a sus múltiples conexiones, sólo ustedes recurrieron a la Justicia contra los implicados.

 

–Es asombroso, en efecto, que la nuestra sea la primera querella presentada. El juicio lo iniciamos porque las revelaciones de Snowden permitieron descubrir la existencia de un sistema de vigilancia generalizada a escala planetaria a través de Internet. La NSA, la CIA y el FBI pueden ingresar en los programas de los gigantes de la informática como Google, Yahoo!, Facebook, Microsoft y otros y colectar los datos. Esto les permite conocer el nombre del autor, del destinatario y el contenido de los mensajes. Pero esto no se limita al territorio norteamericano sino que Estados Unidos se adjudica el derecho de poner en práctica ese sistema en todo el mundo, en Europa, en América latina, en Asia. Esto es intolerable porque se opone totalmente a las legislaciones nacionales. Lo que está en juego acá es la libertad del individuo. Nuestro juicio apunta a la Agencia Nacional de Seguridad, la NSA, la CIA y, por complicidad, apunta también a los gigantes de la informática. Estos no pueden ignorar lo que pasa. Google, Facebook y los demás dicen hoy que, tal vez, si el espionaje tuvo lugar, fue sin que ellos se dieran cuenta. ¡ Es una broma! Desde luego, la base legal de la querella está constituida por las revelaciones de Snowden. Lo más increíble está en el hecho de que los mismos responsables de estos abusos no ponen en tela de juicio la información sobre los mismos. Estados Unidos no negó la veracidad de las revelaciones, no. Al contrario. Washington dijo: “Señor Snowden, usted es culpable por haber dicho la verdad. Y nosotros no queremos que esa verdad sea dicha”.

 

–Las cifras sobre el volumen de datos colectados es de ciencia ficción: son miles de millones de informaciones.

 

–Desde que el sistema Prisma se puso en funcionamiento hubo 97 mil millones de comunicaciones controladas en todo el mundo. Entre diciembre de 2012 y enero de 2013 en Francia se controlaron dos millones de comunicaciones. Y lo que nosotros queremos saber con este juicio es cuántas de esas dos millones de comunicaciones fueron utilizadas y con qué fines. Lo escandaloso no reside en activar un sistema de vigilancia en torno de personas ligadas al terrorismo o al crimen organizado, no. Todo Estado democrático debe protegerse y tener sistemas de control. Lo escandaloso está en que, en nombre de esa lucha contra el terrorismo, se violaron todas las reglas. En vez de controlar a las personas que pueden ser peligrosas se controló a todo el mundo, sin medida. La libertad de cada ciudadano ha quedado así en tela de juicio. Podemos imaginar qué pasaría si esos medios llegan a manos de gobiernos dictatoriales. Nada nos garantiza que, mañana, en España o en Francia, no haya un gobierno de extrema derecha, autoritario, dictatorial, el cual va a recurrir a esa información para controlar a todos los individuos. En Libia hemos visto que el coronel Khadafi tenía un sistema así que le permitió detener a los opositores y torturarlos. Nosotros buscamos precisamente limitar la amplitud de esos sistemas. Queremos que se tome conciencia del riesgo que esos dispositivos hacen correr a la libertad individual.

 

-En medio de este escándalo, el diario Le Monde reveló que Francia tenía también un sistema de vigilancia semejante.

 

–En efecto. Los llamados Estados democráticos reaccionaron tímidamente cuando las revelaciones de Snowden salieron a la luz. Podemos preguntarnos si esa reacción tímida no se debe precisamente al hecho de que los responsables de esas democracias no se sienten un poco responsables porque actúan de la misma manera.

 

–América latina fue también objeto del mismo espionaje. Estamos de nuevo frente a un imperio al que nada puede oponerse y que, con su potencia tecnológica, atropella todo el planeta.

 

–El imperialismo norteamericano es una práctica bien conocida en América latina. Y justamente, lo que provocó un shock en Europa Occidental fue que esta historia fue como un descubrimiento. En América latina el imperialismo y sus consecuencias son una constante. En Europa no. Hay algo que puede ser ventajoso en todo esto: que la movilización y la reacción se activen en todas partes contra el imperialismo norteamericano. En contra de lo que se cree, no hay ningún ocaso del imperialismo norteamericano. Creo, al contrario, que la potencia de Estados Unidos nunca fue tan importante como hoy. Desde los atentados del 11 de septiembre Estados Unidos pasó por alto todas las reglas y las leyes. Hay varios artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que han sido violados de manera constante y en toda impunidad. Es eso lo que nosotros queremos denunciar. Y esperamos que en otros países haya otras ONG u otras personas que hagan juicio contra los responsables del espionaje.

 

–Europa, en vez de actuar contra Estados Unidos, terminó por castigar a América latina cuando bloqueó el avión del presidente boliviano. Es una forma de abuso colonial y de servidumbre ante la Casa Blanca.

 

–Sí, absolutamente. Si este episodio fuera una película sería cómica, pero no lo es. Se trata de política internacional. Entre los países que impidieron el sobrevuelo de su territorio Francia se ridiculizó con esta historia. Hubo, de hecho, un miedo inmediato de molestar a Estados Unidos y provocar con ello medidas de retorsión. Para evitar un problema con Estados Unidos por el posible paso de Snowden en un avión se decidió prohibir el sobrevuelo del territorio. Aquí tenemos la prueba evidente de que somos como un remolque de Estados Unidos. Incluso un gobierno socialista, de quien hubiésemos esperado una actitud menos admirativa que la de su predecesor, el conservador Nicolas Sarkozy, repito, incluso un gobierno socialista sigue la misma línea. Lamentablemente, en Francia y en muchos países europeos seguimos siendo los sirvientes de lo que aún hay que continuar llamando el imperialismo norteamericano. Es una ilustración desastrosa.

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 Brasil busca protegerse del Gran Hermano

El gobierno de Brasil anunció su intención de analizar la posibilidad de forzar a firmas extranjeras que ofrecen acceso y servicios en Internet a almacenar sus datos en el país y no en el exterior. El motivo no es otro que el conocimiento sobre el nivel de aglutación de empresas estadounidenses en el sector luego de que se divulgara que Estados Unidos espió masivamente a varias naciones (ver pág. 19). “Creo que vamos a tener que obligar a las empresas de Internet a almacenar los datos generados en Brasil dentro de Brasil”, afirmó el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo Silva, en declaraciones publicadas ayer por el diario O Estado de São Paulo.

 

El funcionario indicó que el nivel de concentración de empresas estadounidenses de Internet “es colosal” y que “siempre se está en conexión con servidores americanos”. Asimismo, el ministro admitió que una medida como ésa no formaba parte del proyecto de ley destinado a regular la actividad en Internet, que el gobierno analiza y tiene en carpeta desde hace varios meses con la intención de enviarlo próximamente al Congreso. Pero subrayó que se hace necesaria ahora, luego de que se revelara la semana pasada que Estados Unidos realizó acciones de espionaje masivas y sistemáticas sobre ciudadanos y empresas de numerosos países, incluido Brasil.

 

Esa afirmación fue hecha en un artículo elaborado en conjunto y publicado simultáneamente el domingo de la semana pasada por los diarios brasileño O Globo y británico The Guardian, sobre la base de revelaciones hechas por el ex analista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, en inglés) estadounidense Edward Snowden. La revelación motivó un inmediato pedido de explicaciones del gobierno de Brasil al de Estados Unidos, según hizo público el mismo domingo el canciller, Antonio Patriota.

 

En los días siguientes, la presidenta Dilma Rousseff anunció que llevaría el caso ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado también requirió explicaciones. En ese contexto, tanto Patriota como Bernardo conversaron con el embajador estadounidense, Thomas Shannon, quien mostró disposición al diálogo y reconoció que servicios de Inteligencia de su país registraron “metadatos” de comunicaciones telefónicas y cibernéticas de ciudadanos brasileños, según el canciller.

 

En cambio, Shannon negó que Estados Unidos hubiera instalado una base de espionaje en Brasil, como sostuvo la denuncia periodística y también fue desmentido por gobernantes brasileños actuales y anteriores. En las declaraciones publicadas ayer, Bernardo defendió la posición de Rousseff de activar organismos de las Naciones Unidas para crear un marco regulatorio multilateral sobre la privacidad de datos.

 

“El problema es que la Internet tiene reglas de gestión exclusivamente dictadas por Estados Unidos por medio de una entidad privada vinculada al Departamento de Comercio. Defendemos una gestión multilateral y multisectorial. Países y sociedades tienen que estar representados, pero los Estados Unidos se resisten mucho y frenan cualquier intento de discusión sobre el asunto”, señaló el funcionario brasileño. Además, Bernardo subrayó que el almacenamiento de los datos en el país es una cuestión de soberanía nacional debido a que las empresas de Internet están negándose a ofrecer información a la Justicia brasileña con el argumento de que sus archivos no están en el país.

 

Al respecto, citó la reciente negativa de Google a entregar copias de un mensaje de correo electrónico a un tribunal que investiga un caso de lavado de dinero. “Con esas denuncias (las de Snowden) vimos que ellos (las empresas de Internet) entregan todo, pero aquí alegan que no pueden hacerlo”, remarcó Bernardo. El ministro opinó que lo ideal es que esas empresas mantengan sus registros en el país para que puedan estar disponibles en caso de que la Justicia brasileña los solicite.

 

En este sentido, Bernardo dijo que el gobierno de Brasil ya había ofrecido incentivos para que las firmas de Internet mantuvieran sus centros de almacenamiento de datos en el país pero, ante la falta de éxito, ahora intentará garantizarlo mediante una ley. “Creamos incentivos para que los centros de datos se instalasen en Brasil y les suspendimos todos los impuestos sobre la compra de equipos, pero creo que ahora vamos a tener que obligarlos a almacenar los datos aquí”, explicó.

 

Otra iniciativa del gobierno brasileño será el análisis de las políticas de privacidad de empresas como Facebook y Google para garantizar el libre uso de Internet con respeto a la libertad individual. “La mayoría no lee bien (las autorizaciones) ni sabe que el contenido de sus correos puede ser visto o, peor, entregado a una agencia de seguridad de Estados Unidos. Estamos evaluando si las cláusulas están de acuerdo con la ley brasileña”, aseguró el ministro brasileño.

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Radios comunitarias: un tesoro público a proteger

Un micrófono encendido y un radiotransmisor en manos de un líder comunitario imparten poder. Hay quienes lo comparan con el efecto transformador del descubrimiento del fuego. Por ese motivo, la posibilidad de que existan 1.000 nuevas radios comunitarias en Estados Unidos, para lo cual la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) recibirá solicitudes en octubre, es fundamental y urgente.

 

Los trabajadores rurales que deben realizar su labor bajo el intenso calor de los campos de Florida, cerca de la remota localidad de Immokalee, trabajaban en condiciones que el fiscal estadounidense Doug Molloy describió como “lisa y llana esclavitud”. Algunos trabajaban de sol a sol, bajo la vigilancia de guardias armados, y percibían un salario de tan solo 20 dólares a la semana. Hace veinte años se organizaron y formaron la Coalición de Trabajadores de Immokalee. Diez años más tarde, con la colaboración del Proyecto Radial Prometheus, una organización sin fines de lucro de Filadelfia, los trabajadores inauguraron su propia radio comunitaria, denominada Radio Consciencia, para servir a la comunidad de agricultores e informar, movilizar y ayudar a los trabajadores en dificultades a forjar una vida mejor.

 

Mientras las empresas que son propietarias de los medios más grandes del planeta se han consolidado en los últimos veinte años, lo que provocó una concentración del poder de los medios en pocas manos, se ha producido un florecimiento poco difundido de los pequeños medios locales. Un elemento fundamental de este sector son las radios comunitarias, que en Estados Unidos surgieron del movimiento denominado Low-Power FM o movimiento de FMs de baja potencia. En octubre de este año, los grupos comunitarios de Estados Unidos tendrán una oportunidad única en toda una generación de solicitar a la Comisión Federal de Comunicaciones una licencia de radio para instalar una FM de baja potencia. Sin embargo, los medios masivos prácticamente no informan acerca de este importante acontecimiento.

 

“Se trata de una oportunidad histórica para las comunidades de todo el país de tener una voz en el aire”, afirmó Jeff Rousset, líder nacional del Proyecto Radial Prometheus. “Se supone que las ondas de radio pertenecen a la población. Esta es la oportunidad de los grupos comunitarios de ser propietarios y tener el control de sus propios medios”. Prometheus se creó en 1998 y lleva su nombre en honor al héroe de la mitología griega que le dio el fuego a los seres humanos para hacerles la vida más fácil.

 

En las décadas de 1980 y 1990, decepcionadas por el fracaso del sistema de medios comerciales y públicos, a los que las comunidades tenían cada vez menos acceso y que aparentemente estaban reservados a las empresas y los grupos de interés, algunas personas lanzaron radios “piratas” en comunidades de todo el país. Estas radios se denominaban así debido a que no contaban con una licencia de la FCC. Tras la persecución de agentes federales a las radios que intentaban transmitir, los fundadores de las llamadas radios ‘piratas’ crearon Prometheus, una iniciativa para cambiar las leyes federales y abrir el dial a una nueva generación de radios comunitarias no comerciales. Después de quince años de lucha, ganaron la batalla. Jeff Rousset me dijo: “Vamos a convertir la estática en sonido y utilizarlo para amplificar las voces de la gente de todo el país”.

 

Lejos de Immokalee, en el otro extremo del país, trabajadores rurales de la localidad de Woodburn, Oregon, luchaban contra las malas condiciones de trabajo, similares a las de los recolectores de tomate y sandía de Florida. La mayor organización latina de Oregon, Pineros y Campesinos Unidos del Noroeste (PCUN), fundó una radio de baja potencia denominada Radio Movimiento. El presidente de PCUN, Ramón Ramírez, explicó en Democracy Now!: “Somos parte del movimiento que lucha para convencer al Congreso de que abra las ondas de radio a las organizaciones comunitarias, los sindicatos y los grupos por los derechos de los inmigrantes, para que puedan utilizarlos como herramienta para organizarse, y Radio Movimiento: La Voz del Pueblo es nuestra emisora de radio, fundada con la ayuda del Proyecto Radial Prometheus. Hemos podido utilizarla no solo como herramienta de organización de los trabajadores rurales (somos el Sindicato de Trabajadores Rurales de Oregon), sino también para brindar información y dar voz a quienes nunca la tuvieron. Por ejemplo, transmitimos en cuatro lenguas indígenas de México y América Central y les damos a esas personas una voz en la comunidad que nunca antes tuvieron”.

 

Cuando estaba cubriendo el levantamiento Zapatista en Chiapas, México en 1994, asistí a la primera conferencia de prensa realizada por los comandantes zapatistas, entre ellos el Subcomandante Marcos y la Comandante Ramona. Convocaron la conferencia específicamente para los periodistas radiales mexicanos. La radio, afirmó Marcos, es la forma más accesible de comunicación masiva. Hasta la localidad más pobre tiene al menos una radio alrededor de la cual la gente puede reunirse, sostuvo.

 

En la actualidad se ha atribuido, con razón, a las redes sociales como Twitter y Facebook el haber sido un apoyo fundamental de movimientos sociales como la Primavera árabe. Sin embargo, la mayoría de las personas en Estados Unidos se informa a través de los medios tradicionales, fundamentalmente la radio y la televisión, especialmente en el caso de grupos que están aislados por causa de la llamada “brecha digital”: los pobres, los inmigrantes y otras comunidades marginadas.

 

Las solicitudes para la apertura de nuevas radios FM de baja potencia deberán realizarse en octubre y es preciso una importante planificación del grupo solicitante si desea que su propuesta sea aprobada. Los trabajadores de Oregon no tenían conocimientos de radio. Prometheus reclutó a 300 activistas de los medios de todo el mundo para que los ayudaran a salir al aire mediante la realización de una minga comunitaria. Los activistas voluntarios literalmente construyeron la emisora desde los cimientos.

 

Las ondas de radio son un tesoro público que debemos recuperar. El Proyecto Radial Prometheus te está esperando.

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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 Para la administración Obama todos los empleados federales son “sospechosos”

El presidente Barack Obama emitió hace dos años una orden que obliga a empleados federales a espiar a sus colegas y reportar cualquier comportamiento “sospechoso” que pudiera representar una “amenaza interna” a la seguridad nacional, y califica cualquier filtración no autorizada de información oficial de acto que “asiste al enemigo”.

 

El llamado Programa de Amenaza Interna (Insider Threat Program, ITP) impulsado por Obama es una iniciativa sin precedente para suprimir toda filtración de información del gobierno federal, con un alcance más allá de las agencias de seguridad nacional e inteligencia, incorporando a casi toda la burocracia de la rama ejecutiva, incluyendo los cuerpos de paz, la administración del Seguro Social, el Departamento de Educación y el de Agricultura, reveló la cadena de periódicos McClatchy.

 

Aunque el programa se enfoca en prevenir filtraciones de material oficial secreto, las definiciones son tan ambiguas y amplias que ofrecen enorme “latitud para abordar la divulgación no autorizada de cualquier información, no sólo materiales clasificados”, reporta McClatchy al obtener documentos oficiales que detallan el desarrollo e implementación de la orden ejecutiva.

 

“Comportamientos de alto riesgo”

 

El programa ordena además a millones de empleados federales vigilar a sus colegas para detectar “personas o comportamientos de alto riesgo”, y si no los reportan enfrentan castigos, incluyendo acusaciones criminales.

 

Para algunas partes de la burocracia, toda filtración no autorizada a los medios es considerada el “equivalente a espionaje”, reporta McClatchy.

 

Uno de los documentos relacionados con el ITP en el Departamento de Defensa, fechado el primero de junio de 2012, afirma que “la filtración es equivalente a asistir a los enemigos de Estados Unidos”.

 

Ese documento de estrategia antifiltración señala que los administradores encargados de seguridad “tienen” que castigar y hasta revocar la autorización de acceso a información secreta de cualquier empleado que viole esas normas, algo que en esencia pone fin a sus carreras.

 

Más aún, los empleados deben entregarse a sí mismos o a colegas si fracasan en reportar violaciones de esas normas.

 

En algunos departamentos del gobierno, bajo esos programas, se han girado instrucciones a empleados para detectar entre sus colegas comportamientos “sospechosos” o de “alto riesgo”, que incluyen “experiencias de vida” que pueden convertir a un colega en una “amenaza interna”.

 

Esos comportamientos o experiencias podrían ser “estrés, divorcio, problemas financieros” o “frustraciones con colegas o con la organización”, trabajar más allá de los horarios normales o viajes fuera de lo común.

 

El programa fue lanzado en octubre de 2011, después de que el soldado Bradley Manning filtró cientos de miles de documentos clasificados a Wikileaks.

 

El propósito del programa es tener mayor control sobre acceso y manejo de esa información, para prevenir más filtraciones, así como para evitar más Mannings en el futuro.

 


Dos años después, eso obviamente fracasó, cuando hace poco mas de un mes Edward Snowden, ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional, filtró documentos secretos sobre programas masivos de vigilancia de las comunicaciones de millones de ciudadanos en éste y otros países alrededor del mundo.

 

Por otro lado, hay indicaciones de un cambio significativo en la opinión pública que podría representar otro revés en los esfuerzos del gobierno de Obama para condenar a Snowden.

 

Después de semanas en que sondeos registraban una opinión pública dividida sobre los actos del filtrador, una encuesta nacional de la Universidad Quinnipiac presentada este miércoles encontró que, por un amplio margen, ahora una mayoría (55 por ciento contra 34) consideran a Snowden más un denunciante (whistleblower) que un traidor (como lo ha calificado el gobierno estadunidense).

 

Además se revirtió de manera dramática la tendencia en que una mayoría consideraba aceptable el sacrificio de libertades civiles a cambio de seguridad, y ahora, por 45 a 40, los votantes opinan que dichas libertades se han limitado demasiado en los esfuerzos antiterroristas.

 

“El giro masivo en la opinión pública sobre libertades civiles y esfuerzos antiterroristas gubernamentales, y la percepción publica de que Snowden es más denunciante que traidor son la reacción publica y aparente shock ante los extremos a que el gobierno ha llegado para intentar evitar incidentes terroristas en el futuro... Además el veredicto de que Snowden no es un traidor va en contra de la casi unificada percepción del establishment político de la nación”, comentó Peter Brown, del instituto de encuestas de Quinnipiac.

 

El propio Snowden rechazó tajantemente las acusaciones del gobierno estadunidense y algunos medios de que ha actuado como espía y que “posiblemente” había entregado materiales secretos a los gobiernos de China y/o Rusia, reportó Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, quien habló con el fugitivo en dos ocasiones en los últimos días.

 

“Nunca pasé informaciones a ninguno de los dos gobiernos, y ellos nunca tomaron algo así de mi laptop”, afirmó Snowden.

 

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), principal organización nacional de defensa de libertades ciudadanas, continúa una campaña masiva de “decenas de miles” de sus afiliados para “reclamar nuestro control del gobierno y nuestra privacidad si ciudadanos ordinarios actúan sobre la información extraordinaria que Edward Snowden ha revelado”.

 

Como parte de la campaña, el director de cine Oliver Stone –entre otras figuras destacadas– grabó un video acusando que “la máquina gigantesca de vigilancia del gobierno se está comiendo a nuestra libertad”.

 

Afirma que “la pregunta es si nosotros controlamos al gobierno o si el gobierno nos controla a nosotros” [ver el video].

 

Nueva York, 10 julio.

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América latina está enojada y Europa un poquito

Cunde la indignación en los países de América latina por el atropello propinado al mandatario boliviano Evo Morales al permitir y luego prohibir al avión presidencial el espacio aéreo de España, Francia, Italia y Portugal para su regreso a La Paz. El pretexto, manifestado con todas las palabras por el embajador de EE.UU. en Viena, fue que transportaba a Edward Snowden, el ex técnico de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) que denunció la existencia de un mundo donde cada quien es espiado. Washington también afirmó en su momento que Irak estaba atiborrado de armas de destrucción masiva. No se encontró una ni por equivocación.

 

Esa actitud de los cuatro países europeos no sólo tiene el aire del patrón maltratando a un inferior, también denota un cariz de desdeñoso racismo. Porque para esta gente, ¿qué es Bolivia? Un país pequeño, de poco peso internacional y encima gobernado por un indígena. Cabe dudar mucho, pero muchísimo, de que se intente alguna vez aplicar semejante violación a las convenciones internacionales de Chicago y de Viena a la aeronave de México, Argentina o Brasil que transportara a sus presidentes. Las disculpas por este escándalo –Portugal adujo “razones técnicas”, el galo socialista Hollande lamentó “el contratiempo”– son tan flacas que dejan ver los huesos de la mentira. Con la soberbia ibérica que lo caracteriza, Rajoy manifestó que España no tenía por qué pedir disculpa alguna.

 

La irritación latinoamericana toca niveles más altos cuando Snowden da a conocer, por ejemplo, documentos que muestran a Brasil convertido en base de operaciones de la NSA. A solicitud de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador, se llevó a cabo el martes una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos, que condenó a los cuatro países europeos y les exigió explicaciones de lo actuado.

 

Mientras EE.UU. amenaza con considerar enemigo al país que brinde asilo a Snowden y exige su inmediata captura a Rusia y a Venezuela, Bolivia y Nicaragua que le ofrecieron cobijo, la irritación también se expresa en algunos países europeos que ahora saben, gracias al ex de la NSA, que también son espiados, en especial Alemania. La Merkel se le quejó a Obama: una acción de esa naturaleza, le dijo, es inaceptable entre “socios y amigos”. El tema es qué le resulta inaceptable a la canciller: que su país sea espiado o que los servicios alemanes, que trabajan de consuno con la CIA, conocieran el programa de espionaje, pero no recibieran ninguna información.

 

El importante semanario germano Der Spiegel señaló que esa clase de espionaje nada tiene que ver con la seguridad nacional y que no sólo es una mera intrusión en la privacidad de la gente, sino también en la correspondencia diplomática y las estrategias negociadoras en materia de comercio (www.spiegel.de, 7-7-13). Y no sólo: el espionaje de las grandes empresas permite a EE.UU.aprovechar avances tecnológicos que aún no posee. Alemania es el blanco número uno en la materia. La ministra de Justicia, Sabine Leutheusser-Schnarrenbeger, señaló que esos métodos eran propios de la Guerra Fría. Sólo que ahora entre “socios y amigos”, no agregó.

 

El gesto alemán parece haber dado a Hollande más energía condenatoria que en el caso Snowden: “Pedimos que esto se acabe de inmediato... Tenemos la evidencia suficiente para pedir una explicación”, se envalentonó (www.alterney.org, 6-7-13). Es que, como señalara The New York Times: “Una lectura atenta de los documentos de Snowden muestra hasta qué punto la agencia furtiva (la NSA) desempeña ahora dos nuevos papeles: es una masticadora de datos, con un apetito (capaz) de recolectar, y almacenar durante años, una asombrosa variedad de información. Y es una fuerza armada de inteligencia con ciberarmas destinadas no sólo a monitorear computadoras extranjeras sino también, si fuera necesario, a atacarlas” (www.nytimes.com, 7-7-13).

 

Mientras la Casa Blanca exige la cabeza de Snowden a toda costa, la Sam Adams Associated for Integrity in Intelligence acaba de concederle su premio anual por “su decisión de revelar la vastedad de la vigilancia electrónica que el gobierno de EE.UU. ejerce sobre los habitantes del país y de todo el mundo” (www.middle-est-online.com, 9-7-13). Se trata de una organización curiosa: la mayoría de sus integrantes son ex agentes de alto rango de los servicios de inteligencia estadounidense que, desde luego, conocen y acatan la necesidad legítima de mantener en secreto determinados documentos. Piensan, a la vez, que cuando se guardan secretos para ocultar actividades inconstitucionales es su deber apoyar a quienes tienen el valor de filtrar la verdad. Así, proclamaron a Snowden ganador del Premio Sam Adams 2013. Bregan por un espionaje con ética.

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¿Por qué Chomsky desconfía de internet?

El telégrafo y las bibliotecas públicas tuvieron un impacto mucho mayor en las comunicaciones y el acceso a la información que internet. Eso le dijo a BBC Mundo Noam Chomsky desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), el mismo lugar donde en 1962 el informático John Carl Robnett Licklider concibió por primera vez la idea de una red global.


 
Activista político y ácido crítico del poder, Chomsky cree que las revelaciones del exanalista de inteligencia Edward Snowden sobre el espionaje en Estados Unidos son una prueba de que los gobiernos pueden aliarse con las grandes corporaciones para usar la red contra los ciudadanos.


 
Considera, además, que los lentes de Google son “orwellianos y ridículos” y que internet puede aislar y radicalizar a las personas.


 
El académico que revolucionó la lingüística y ha escrito más de cien libros reconoce que la red puede ser valiosa y él mismo la usa todo el tiempo, pero desde su oficina en Cambridge, Estados Unidos, desmitifica su impacto y se pregunta sobre sus consecuencias.

 


Internet vs. telégrafo


 
“Internet representa un cambio, pero ha habido cambios mayores cuando uno mira el último siglo y medio”.


 
“La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela y la que permitió el telégrafo fue mucho mayor que la que generan las diferencias entre el correo tradicional e internet”.


 
“Hace 150 años si mandabas una carta a Inglaterra, la respuesta podía demorar unos dos meses, porque viajaría en barco, y quizás ni siquiera llegaría a su destino”.


 
“Cuando surgió el telégrafo la comunicación se volvió prácticamente instantánea, y ahora que tenemos internet es sólo un poco más rápida”.


 
Internet vs. bibliotecas


 
“Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet”.


 
“Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living, pero la información ya estaba allí, cruzando la calle”.


 
“La diferencia entre internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca y una biblioteca… En la biblioteca además al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación”.


 
“Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad”.


 
¿Más unidos o más separados?


 
“Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?”


 
“Yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque está separando a la gente, construyendo relaciones superficiales”.


 
“En vez de hablar con las personas cara a cara, de conocerlas a través de la interacción, hay una especie de carácter casual de esta cultura en desarrollo”.


 
“Conozco adolescentes que creen que tienen cientos de amigos, cuando en realidad están muy aislados”.


 
“Cuando escriben en Facebook que mañana tienen un examen, alguien les responde ‘espero que te vaya bien’ y conciben eso como amistad”.


 
“Todavía no he visto ningún estudio, pero pienso que la nueva tecnología está aislando a las personas en un grado importante, está separándolas unas de otras”.


 
¿Más o menos abiertos de mente?


 
“Internet entrega acceso instantáneo a todo tipo de ideas, opiniones, perspectivas, información. ¿Eso ha ampliado nuestras perspectivas o las ha hecho más estrechas?”


 
“Yo creo que ambas. Para algunos las ha ampliado. Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, internet puede ampliar tus perspectivas”.


 
“Pero si te aproximas a internet de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto”.


 
“La mayoría usa internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan muy rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas”.


 
“Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros”.


 
“Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista, y tú te vuelves más extremista y te separas más de los demás”.


 
Sin secretos


 
“Sólo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información de las personas; información que yo creo que no deberían tener”.


 
“Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte dirigiéndote en determinadas direcciones”.


 
“Y creo que lo están haciendo en niveles que exceden a lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda”.


 
“Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti”.


 
¿Una tecnología neutra?


 
“Cuando los medios para hacer algo están disponibles y son fáciles de acceder, son tentadores y la gente, especialmente la más joven, tiende a usarlos”.


 
“Internet es una tecnología que está disponible, hay mucha presión por usarla, todo el mundo quiere decir ‘yo esto, yo lo otro’. Hay un componente de autovaloración”.


 
“Pero también hay toneladas de publicidad… Internet se mercadea a sí misma como un medio para comunicarnos y conectarnos, y hasta cierto nivel, eso es cierto: puedo contactar amigos auténticos en diferentes partes del mundo, en India, en Medio Oriente, en Chile, en cualquier lugar”.


 
“Y puedo interactuar con ellos de una forma que sería muy difícil por correo”.


 
“Pero por otro lado, Internet también tiene el efecto opuesto. Es como cualquier tecnología: es básicamente neutra, puedas usarla en formas constructivas o dañinas. Las formas constructivas son reales, pero muy pocas”.

 

10 julio 2013


 
(Tomado de BBC Mundo)

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Miércoles, 10 Julio 2013 18:35

La disputa de sentidos

La disputa de sentidos

ALAI AMLATINA, 10/07/2013.- Con la entrada en vigencia de la Ley Orgánica de Comunicación en Ecuador, el pasado 25 de junio, se plantea un nuevo desafío de gran trascendencia para hacer realidad los derechos ciudadanos a la comunicación reconocidos en la Constitución del 2008. Esto es, frente al actual predominio del modelo mercantil-privado-oligopólico, ¿cómo generar e implementar nuevos modelos de comunicación que devuelvan a la ciudadanía el control sobre sus procesos comunicativos?

 

En esta época en la cual la vida política de nuestras sociedades, la organización y movilización social, la disputa de ideas y modelos de sociedad y las mismas relaciones sociales e interpersonales, se encuentran cada vez más atravesadas por los medios y tecnologías de la comunicación, se vuelve un imperativo de los procesos democráticos analizar y repensar las formas de organización, gestión y control de éstos. En efecto, la industria mediática concentra un enorme poder que hoy, bajo el modelo imperante, define la agenda pública en función de intereses privados y no rinde cuentas ante nadie.

 

La Constitución ecuatoriana se destaca no solo por reconocer el derecho a la participación en los procesos comunicacionales y a una ciudadanía bien informada, sino también por establecer un tercer sector de la comunicación, más allá del privado y el público, que es el sector ciudadano sin fines de lucro -que denomina como "medios comunitarios"-, el cual debe desarrollarse en igualdad de condiciones con los otros dos sectores. Este solo hecho, que supera la visión tradicional reducida a la polaridad Estado-sector privado, representa un cambio paradigmático significativo.

 

El reparto igualitario de frecuencias previsto en la ley y la creación de medios comunitarios, sería un paso importante, pues significa una especie de "reforma agraria" de las ondas radioeléctricas que permitiría establecer un terreno más equitativo y –al igual que lo que sucedió con las tierras–contribuiría a sacudir las bases del modelo actual de los "latifundios" mediáticos. Pero esto no basta. Y es que promover efectivamente la participación, la interacción, nuevos valores y una estética distinta en la comunicación implica pasar por profundos cambios culturales, pues de poco servirían si la población no se apropia de ellos.

 

Si bien este cambio de modelo no concierne solo al tercer sector –más bien tendrá sentido en la medida en que se generalice-, es sin duda en ese sector que hay un mayor potencial transformador, debido a que la comunicación comunitaria, popular o alternativa tiene una larga historia en el continente de enraizamiento y compromiso con los sectores populares y de defensa de la democratización de la comunicación, además de un rico acumulado de experiencias en comunicación participativa. Por cierto, hasta ahora ha sufrido limitaciones por las condiciones de precariedad que le han dejado en desventaja frente a los otros sectores.

 

Haciendo una comparación con la economía, las teorías dominantes toman en cuenta únicamente a dos sectores: el privado y el público-estatal. La Constitución ecuatoriana de hecho es una de las primeras en reconocer a la economía popular y solidaria como una de las formas de organización de la economía, junto con la privada, la pública y la mixta. Sin embargo, en las políticas públicas, se sigue tratando a este tercer sector más como parte de las políticas sociales que como un sector económico con igual derecho y potencial que los otros.

 

De manera similar, en el caso de la comunicación comunitaria, para que salga de la marginalidad y asuma su potencial transformador de la comunicación, requerirá de políticas de fomento, de formación y capacitación, de condiciones técnicas y fuentes de autosostenimiento que le den viabilidad, y por supuesto, de mucha creatividad. Y ello solo será viable en la medida en que deje de ser considerada como algo segundario, artesanal y circunscrito al ámbito local. Implica también desarrollar pensamiento teórico y asegurar su plena inclusión en el pensum de estudios de la comunicación.

 

Comunicación y economía política

 

En la búsqueda de un nuevo pensamiento teórico hacia este cambio de paradigma, un aporte clave viene de la escuela de pensamiento de la economía política de la comunicación (durante mucho tiempo relegada en la academia por el pensamiento neoliberal). Esta escuela, según Robert McChesney, es orientada a entender los factores que permiten producir un sistema mediático que fomente valores democráticos en la sociedad, y para ello persigue dos líneas generales de análisis: por un lado, las instituciones, subsidios, estructuras de mercado, empresas, mecanismos de apoyo y prácticas laborales que definen un sistema mediático o comunicacional; y por otro, el rol de las políticas públicas de comunicación y cómo han sido debatidas y definidas (1).

 

Entre los elementos centrales que esta línea de pensamiento ha puesto en evidencia, está el hecho que el mercado privado de la información no funciona de acuerdo a los principios del "libre mercado", donde supuestamente la competencia regula el precio y la calidad del producto. Ello ocurre primero porque la misma información, a diferencia de los bienes físicos, se puede vender simultáneamente a muchas personas y no se desgasta con el uso. Y segundo, porque la fuente de lucro no es tanto la venta del producto a los consumidores, cuanto que la "venta" de éstos a los patrocinadores. Ello implica, en términos de mercado, que importa menos la calidad de la información que la cantidad de consumidores.

 

Otro aspecto central que analiza es la conformación de oligopolios y su vinculación con intereses afines del poder económico, con lo cual el periodismo ha dejado de ser un contrapeso al poder hegemónico y la producción mediática pasa a ser funcional de ese poder. Así, de estos análisis se desprende que el sistema mediático imperante en las Américas, articulado en torno al sector privado, entra en contradicción directa con el derecho ciudadano a una información de calidad, base de la participación democrática. Por lo cual resulta fundamental diversificar las formas de propiedad y gestión de los medios.

 

En el ámbito ecuatoriano, estos temas comienzan apenas a entrar en el debate. A pocos días de aprobarse la Ley, el gobierno organizó la Cumbre para un Periodismo Responsable en los Nuevos Tiempos (Guayaquil, 19 - 20 de junio), donde en su discurso inaugural, el presidente Rafael Correa expuso justamente un análisis (2) desde el enfoque de la economía política de la comunicación. Situando su observación en el contexto de la actual dominación del mundo por el capital, cuyos intereses priman sobre los derechos de los seres humanos, el economista Correa ubicó como un primer problema la forma de propiedad -con fines de lucro- de los grandes medios, siendo que ellos concentran un poder que crece en la medida que la información es un bien indispensable; y por lo mismo -argumentó-, es un sector que debería ser fuertemente regulado en defensa de los consumidores.

 

Correa habló también de la necesidad de democratizar la propiedad de los medios y de independizarlos del dominio del gran capital, así como de crear medios por fuera de la lógica del mercado (comunitarios y públicos). En el caso de Ecuador, recordó que la Constitución de 2008 obliga a la separación de poderes entre el sector económico/financiero y el sector de los medios de comunicación.

 

Una economía social de la comunicación

 

No deja de ser significativo que sectores del poder político estén asumiendo tesis que desde hace mucho tiempo viene defendiendo el movimiento por la democratización de la comunicación; pero aún falta mucho para que se asuma la dimensión del reto que implica desarrollar las nuevas visiones y prácticas a las cuales refiere el inicio de este artículo. Justamente llamó la atención que la misma Cumbre de Guayaquil no consideró incluir los aportes del sector comunitario en las mesas de debate.

 

Quien de alguna manera sí abordó el tema en esta Cumbre fue el académico español Francisco Sierra; él planteó la necesidad de un periodismo para el buen vivir y una nueva ecología de la comunicación saludable, autónoma y emancipadora. En su ponencia apeló a la recuperación del espacio de dominio público, que se refiere no solo a los medios públicos, sino, por ejemplo, a garantías de acceso, participación y deliberación pública sobre la acción mediadora de las industrias periodísticas. A la vez lamentó que la mayor parte de la profesión periodística en el mundo no tenga consciencia de esta dimensión pública de la comunicación. "No hay comunicación ni nuevo periodismo si no hay una afirmación de la comunicación como un derecho social y de la información como un bien común", enfatizó. Habló de recuperar la capacidad de narrativa y el periodismo ciudadano, que implica volver a las calles.

 

En el debate posterior, en respuesta a una pregunta de ALAI, el académico reconoció el papel central del tercer sector en ese proceso y añadió que ese sector "es estratégico para la regeneración democrática del tejido. En América Latina debe ser una punta de lanza fundamental, por la tradición de ese periodismo del Sur, desde abajo, de nuevas prácticas, de otras agendas y otras técnicas de producción en diálogo con la gente".

 

Toda vez, Sierra señaló dos tareas pendientes, que los países no han asumido hasta ahora: "clarificar qué entendemos por tercer sector; y cómo organizar una economía de ese tercer sector". Sin despreciar los apoyos del presupuesto público para financiar los medios comunitarios, el analista recordó que "el reto es también tener autonomía y sostenibilidad en sus proyectos". Por ello, saludó el hecho que la ley ecuatoriana –a diferencia de España y la mayoría de países de Europa– reconozca la posibilidad de que ellos se financien con patrocinios y publicidad. Pero –señaló– plantear seriamente la organización de la economía social de la comunicación pasa por "integración, convergencia y plataformas de medios ciudadanos, públicos, de titularidad del Estado –gobierno central, local y autonómico– y, por supuesto, medios sociales de la ciudadanía".

 

Sierra se refirió también a otro frente, que es cómo los medios de ese sector "redefinen su posición en esta convergencia digital de las grandes corporaciones privadas y de los medios públicos". Citando el ejemplo de Europa, lamentó que la colaboración entre medios públicos y comunitarios sea prácticamente inexistente; y planteó la idea de hacer un pool de dominio público de medios ciudadanos y medios públicos, para compartir producción, publicidad, estrategias y capacidad de organización, en un marco de respeto de la autonomía. Pues –dijo– "no es sostenible esta proliferación de medios, muchos de ellos fenecen en el intento por puro voluntarismo". Si bien pueden haber enfoques diferentes, a veces contrapuestos, "si se trata de ampliar agenda ciudadana y dominio público, creo que los intereses son convergentes", opinó.

 

Francisco Sierra concluyó reconociendo que son muchos los retos para poder avanzar y que hace falta abrir el debate con la participación activa de medios comunitarios, para reflexionar sobre cómo materializar y desarrollar buenas prácticas, hecho que el nuevo marco reglamentario de Ecuador podría facilitar, en la medida en que representa "un gran avance democrático para el país".

 

La entrada en vigencia de la ley ha desatado un cruce de opiniones y criterios dentro y fuera del país, en el cual hasta ahora prima la campaña de descrédito lanzada por los grandes medios frente a lo que llaman la "ley mordaza", campaña que se ha intensificado al coincidir con la solicitud de asilo político de Edward Snowden a Ecuador, a cuyo gobierno se acusa de "doble moral". Sin duda la ley no es perfecta; pero si logra efectivamente desatar un debate de fondo y enrumbar iniciativas para un cambio de modelo de la comunicación, entonces este "avance democrático" del cual habla Francisco Sierra tendrá relevancia no solo para Ecuador sino para toda América Latina.

 

Por Sally Burch es periodista de ALAI.

 

(1) McChesney, Robert W. Digital Disconnect: How Capitalism is Turning the Internet against Democracy, 2013, The New Press.n (pp. 64-65)

(2) El discurso de Correa "Información como derecho y medios como poder" se puede leer aquí: http://alainet.org/active/65201

 

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