Ignacio Ramonet y la explosión del periodismo

El 10 de marzo de 2000, Jack Kelly publicó en el USA Today la historia de Jacqueline, una empleada de hotel cubana que huyó de su país en una patera. Según el periodista, en su odisea la migrante se ahogó trágicamente en el estrecho de Miami. La nota era falsa. La mujer, cuyo verdadero nombre era Yamilet Fernández, estaba viva.
 

La narración de este fraude periodístico y de otros más, como los reportajes del júbilo popular en el momento de la demolición de la estatua de Saddam Hussein en Bagdad, el 9 de abril de 2003, forma parte del capítulo “Mentirosos compulsivos”, del libro La explosión del periodismo, de Ignacio Ramonet. Según el analista, la existencia de este tipo de prácticas es una de las razones por las que la prensa diaria de pago se ha desacreditado ante sus lectores y se encuentra al borde del precipicio.
 

El descrédito de los periodistas, de acuerdo con Ramonet, está relacionado también con la confusión creciente entre comunicación (entendida como la difusión de mensajes complacientes y aduladores en favor de las empresas que las encargan) e información; la concentración monopólica de los medios y el concubinato entre políticos y periodistas.
 

Antes, asegura el periodista, los periódicos vendían información a los lectores; ahora lo que hacen es vender consumidores a los anunciantes.
 

El descrédito, sin embargo, no es el único problema que enfrenta la prensa. La época en la que los medios y los periodistas detentaban el monopolio de la información en la sociedad está llegando a su fin, afirma Ignacio Ramonet. El impacto del meteorito Internet ha provocado un cambio sustantivo del ecosistema mediático y la extinción masiva de los diarios de la prensa escrita. Sin embargo, los periódicos no van a desaparecer. Por el contrario, asegura el semiólogo nacido en España y radicado en Francia, probablemente nunca ha existido un momento más favorable para ser periodista.
 

La explosión del periodismo es el último libro de uno de los principales promotores del Foro Social Mundial y entrevistador del subcomandante Marcos y de Fidel Castro, publicado en España el año pasado por Clave Internacional y reditado por el Instituto Cubano del Libro.
 

En apenas 130 páginas, el autor de 20 libros más, director de 1990 hasta 2008 de la edición francesa de Le Monde diplomatique, y desde ese año de la edición española de la publicación, dibuja una detallada y vívida radiografía de los problemas que padece el periodismo contemporáneo. Con la precisión del cirujano disecciona a una prensa desubicada tras los impactos de la revolución digital, el surgimiento y expansión de las redes sociales, la fragmentación de los lectores, el colapso de la credibilidad de los medios y el impacto de la crisis económica.


La radiografía que hace muestra un paciente con graves problemas. Tan sólo entre 2003 y 2008, la difusión mundial de los diarios de pago cayó 7.9 por ciento en Europa y 10.6 por ciento en América del Norte. Solamente en Estados Unidos desaparecieron 120 periódicos, con la pérdida de unos 25 mil empleos. La difusión de la prensa escrita cae 10 por ciento al año. Numerosas publicaciones han sacrificado sus ediciones impresas. El Financial Times paga a sus redactores solamente tres días por semana.
 

La explosión del periodismo es, simultáneamente, un ensayo sobre la prensa escrita y un diagnóstico de sus principales retos, una crónica de sus aventuras y desdichas a lo largo de los últimos 10 años, y un pequeño catálogo de algunas de sus experiencias exitosas. Es así como pasa revista y analiza a profundidad casos como Wikileaks y lo que llama la excepción tunecina.
 

La clave de los proyectos exitosos, recuerda Ramonet, se encuentra, según el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, en que “la gente ya no compra los diarios para informarse, los compra para entender, comparar, analizar, confrontar, revisar el revés y el derecho de la realidad”.
 

Entre los factores que explican el agravamiento de la decadencia de la prensa escrita de pago se encuentran, según el autor de La tiranía de la comunicación, la especulación financiera (con la salida en Bolsa de medios de comunicación y fusiones y concentraciones de los grandes grupos mediáticos), la excesiva dependencia de la publicidad, la competencia de los periódicos gratuitos, el envejecimiento del lector de prensa y la pérdida de fidelidad a los medios escritos.
 

El libro concluye explicando el éxito de Die Zeit (El Tiempo), el seminario alemán cuyas ventas se han disparado y que tira medio millón de ejemplares. La clave de su fortuna consiste, de acuerdo con Giovanni di Lorenzo, su director, en ignorar los consejos de los expertos, estudiar las necesidades de sus lectores, renunciar a las modas y publicar artículos largos, documentados y serios.
 

La explosión del periodismo es un libro esclarecedor y actual; un trabajo indispensable para comprender la problemática y los desafíos de la prensa hoy en día. Una obra que debería llegar al lector mexicano a la brevedad.
 

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Martes, 20 Marzo 2012 06:30

“Todos nos volveremos digitales”

“Todos nos volveremos digitales”

La entrevista con el periodista Aron Pilhofer ocurre en el Mozilla Festival en Londres, en noviembre pasado, en una inmensa escuela de periodismo y nuevos medios que alberga a los más prestigiosos editores digitales de los grandes medios. Pilhofer cuenta con un equipo de veinte personas del área digital en el que trabajan también programadores de software para generar valor agregado al contenido del The New York Times. Un material de tipo inédito o, en verdad, que empieza a ser “édito” desde hace algunos años y que este año promete una explosión en el terreno local. Bases de datos sobre el estado del agua, herramientas interactivas y participativas, mapas sobre la expansión de la radiación en Fukuyima, con cuatro reglas básicas: proveer contexto, describir el proceso, revelar patrones y explicar la geografía. El equipo interactivo de The New York Times piensa las noticias de una manera poco común, historias con forma de base de datos, visualizaciones, historias complementarias a la clásica cuestión de escribir, titular, ilustrar con una foto o una infografía. “Recién hace un par de años logramos tener desarrolladores de software en el mismo escritorio en el que trabajaban los periodistas”, cuenta en el marco del festival organizado por la fundación creadora del navegador Firefox, que tiene como valores centrales la pluralidad, la apertura de la web y la libertad de conocimiento.
 

En esos días, Pilhofer tenía la cabeza puesta en el desarrollo colaborativo del primer libro de periodismo de datos de la historia, Datajournalism HandBook, auspiciado por la Open Knowledge Foundation, proyecto del que participó este cronista. Y las dudas sobre la fascinación por la tecnología eran una constante en las discusiones, como un posible brillo que podría hacer perder el foco del contenido. “Eso es lo que nosotros llamamos tool sharpening, afilar las herramientas más de lo necesario y perder el tiempo haciendo algo que no ayuda demasiado. Si te olvidás del periodismo, perdés el tiempo en cosas que no llevan a ningún lado”, dice Pilhofer, quien ha desarrollado junto a su equipo gran parte del contenido más ambicioso en ese puente que hay entre periodismo y tecnología, como la situación del derrame de petróleo, seguimiento interactivo de votaciones, etcétera. “Nosotros construimos nuevas herramientas, pero lidiamos con mucho tráfico y nuestras aplicaciones tienen que escalar alto y rápido y es difícil encontrar un balance. Pero la mayor parte tratamos de enfocarnos en contar las historias”, dice.
 

La idea de juntar periodistas y programadores de software proviene de mediados de los 2000, pero recién empezó a acelerarse cuando Richard Gordon y Pilhofer, que venían pensando de forma independiente empezar a estimular encuentros entre periodistas y programadores de software, se toparon con Burt Herman, que tenía no sólo la misma idea, sino que hasta la había concebido con el mismo nombre. Le pusieron “Hacks/Hackers”, hacks –recortar– es lo que hacen los periodistas y hacker es programar, en definitiva. “Después conocí a la gente de Scarpper Wiki, que era una idea muy nueva, que eran hackers que usaban software para convertir texto pensado para humanos en textos usables por computadoras, y entonces pensé que era obvio lo que tenía que pasar.” En ese mismo momento, además DocumentCloud ganó un premio y comenzó a convertirse en realidad.
 

–¿Por qué se juntaron estos dos mundos?

–Lo que estaba pasando es que empezábamos a ver organizaciones y periodistas de maneras más sofisticadas, historias digitales, maneras diferentes de mostrar las noticias, pensar en usar la web como una fuente, como herramienta de análisis. Ahora no tenemos que explicarlo más, ahora es algo normal, en Estados Unidos es un tema común en las redacciones hacer análisis de datos e historias con datos.
 

–¿Y cuál es su modelo de negocio? ¿Por qué invierten los medios en esto?

–Lo que hacemos es crear experiencias únicas en nyt.com. Encontrás contenido que no vas a encontrar en ningún otro lado, y cuando ese contenido sale a la luz a los anunciantes realmente les gusta lo que ven. Así que van a pagar Premium para poner su aviso en algo que sólo se encuentra en nyt.com en pocos proyectos. Tenemos proyectos con mucha publicidad, pero también estamos experimentando con vender el servicio de usar la plataforma. Estamos haciendo algo para que otros medios también puedan usarlo y puedan pagarnos por el uso. Lo hicimos en Vancouver como experimento con dos clientes, porque era muy experimental. Pero lo vamos a hacer grande para Londres, muy grande. Además, no es una aplicación de software para “copiarla”, en realidad la tienes que reconstruir. Por eso los anunciantes la quieren porque es inusual y muy diferente.
 

–Sin embargo, no tienen el contenido separado como The Guardian, está dentro del cuerpo de las notas.

–Hay cosas de The New York Times que construimos de las que jamás te vas a enterar. Es igual que cualquier otra parte de la web, no queremos que estén separados, queremos ser parte de esto en conjunto.
 

–A veces resulta difícil encontrar ese contenido, ¿cuál es el archivo de las historias contadas con datos?

–Ese es el problema con todo nuestro contenido. En The New York Times publicamos cientos de historias por día, la mayoría ni siquiera llegan a la página inicial. Este contenido se puede encontrar en la búsqueda, no tenemos una página para nuestras cosas, debatimos en crearla pero no la hemos hecho.
 

–¿Qué pasa con DocumentCloud?

–Va extremadamente bien. Trabajan más de cuatrocientos diarios, con tres millones de documentos. Lo hace muy bien, ahora es parte de la asociación Investigative Reporters and Editors que tiene cinco mil miembros y es perfecto para DocumentCloud. Lo que más nos gusta es que en enero tuvimos una beca de la Open Society para hacer una plataforma multilingüe. Esperamos estar funcionando en español, francés y seguramente más adelante en alemán.
 

–¿Qué puede recomendarles a los medios que están empezando a desarrollar periodismo de datos?

–En este momento, el periodismo de datos quiere decir demasiadas cosas. Se expande de una cobertura tradicional a una de aplicaciones de noticias. Así que depende de que la mayoría de los periodistas aprendan las técnicas usando la data como fuente. Se benefician empezando con lo básico, con usar bases de datos y empezar a comprender el valor de eso y hacer scripts de programación. Los medios tradicionales estamos en una industria que está sufriendo en Estados Unidos, pero inevitablemente nos volveremos digitales. Los periodistas tendrán que ser más fluidos, para usar datos. Cuál es la mejor forma de hacerlo, qué historia cubrimos: hay que buscar la manera de contar cada historia con datos, que los periodistas puedan manipular una gran cantidad de herramientas digitales, y es fácil hacer que eso ocurra.

 

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Miércoles, 14 Marzo 2012 06:34

Caen las piezas clave del imperio Murdoch

Caen las piezas clave del imperio Murdoch

La ex directora ejecutiva del pulpo mediático News International, Rebekah Brooks, ex editora del fenecido dominical News of The World y ex niña mimada del mandamás del grupo, Rupert Murdoch, fue arrestada ayer por la policía británica en el caso de las escuchas telefónicas. Su esposo, Charlie Brooks, viejo amigo del primer ministro conservador David Cameron, y el jefe de seguridad de News International, Mark Hanna, fueron también detenidos junto a otras tres personas por su “intento de encubrimiento e interferencia con la investigación”.
 

Tres investigaciones policiales, 44 arrestos, decenas de renuncias de ejecutivos de la organización y millones de dólares de indemnización a las víctimas no han calmado un escándalo que ha terminado sacudiendo a la organización madre News Org, segundo conglomerado mediático a nivel mundial, con sede en Nueva York. El espionaje mediático no conocía límites. Artistas de fama internacional (Jude Law, Sienna Miller, Hugh Grant), deportistas (Paul Gascoine, Graham Taylor), políticos (varios ex ministros laboristas, numerosos diputados) y víctimas de crímenes (los atentados de 2005, violaciones, desapariciones) tenían un punto en común: podían disparar las ventas mediante el uso de sofisticados métodos de hackeo.
 

La reverberación política del escándalo queda en claro con un mapa y un “quién es quién” del poder en el Reino Unido. Rebekah y Charlie Brooks tienen una casa de campo en Oxfordshire a minutos de la que poseen los Cameron, con quienes mantienen una amistad que, en el caso del marido, un columnista de la high life dedicado a los caballos, se retrotrae a la adolescencia y la escuela más elitista del Reino Unido: Eton. Otro protagonista clave de las escuchas, Andy Coulson, ex editor del News of The World durante la primera fase del escándalo, fue jefe de prensa de Cameron hasta que se vio obligado a renunciar, a principios del año pasado, por las ramificaciones que tomaba la investigación policial.
 

Los arrestos coincidieron con la visita del primer ministro a Washington (ver recuadro), uno de los eventos más importantes de la diplomacia británica, que hace lo indecible para proyectar y sostener la imagen de una “relación especial” con Estados Unidos, derivada de la historia en común, la lengua y una supuesta comunidad de valores y objetivos. La oficina de prensa del primer ministro intentó minimizar el hecho señalando que se trataba de un “tema estrictamente policial”, pero uno de los afectados por las escuchas, el diputado laborista Chris Bryant, subrayó en su cuenta de Twitter el impacto político de los arrestos. “Cameron huye del país mientras arrestan a sus amigotes”, escribió Bryant.
 

El grupo Murdoch ha intentado contener el escándalo con una serie de medidas y renuncias de alto voltaje. La última edición del News of The World contenía un larguísimo pedido de disculpas por las escuchas. Sin chistar, el grupo pagó una seguidilla de indemnizaciones que iban de un mínimo equivalente a unos 70 mil dólares a un máximo que roza los cuatro millones. La cabeza de Brooks rodó en julio del año pasado, junto a la de Les Hilton, mano derecha de Rupert Murdoch que ese mismo día hizo un pedido personal de disculpas a la familia de la adolescente secuestrada y asesinada Milly Dowler, cuyos mensajes habían sido hackeados. En febrero, su hijo y aparente heredero, James Murdoch, renunció a su puesto de director ejecutivo de News International.
 

Nada ha servido. Con su propia reputación en la mira, la policía ha lanzado tres investigaciones que pretenden ser exhaustivas. El operativo Weeting se concentra en las escuchas telefónicas, el Elvedon en el pago a policías y el Tuleta en el hackeo de computadoras. Una de las bombas de tiempo del escándalo es cuánto sabían los Murdoch. En dos comparecencias parlamentarias, Murdoch hijo negó todo conocimiento de las escuchas, pero su testimonio ha sido cuestionado por dos importantes ex ejecutivos de la organización. La otra bomba es la ramificación política y los motivos que llevaron a David Cameron a nombrar a Andy Coulson como su jefe de prensa en 2007, poco después de que renunciara a su cargo de editor de News of the World, durante la primera fase del escándalo.
 

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"Los medios asumen la función de oposición política"
En Bolivia, la Vicepresidencia del Estado organizó del 29 de febrero al 3 de marzo de 2012, el IV Ciclo del Seminario "Pensando el Mundo desde Bolivia", que abordó "La economía y el periodismo".


Ignacio Ramonet llegó el miércoles 29 a La Paz, a invitación de la Vicepresidencia del Estado. Nada más al llegar, sintió que valía la pena estar en La Paz y ver de cerca el proceso boliviano. Estaba en sus planes reunirse con Evo Morales, a quien conoció antes de que éste fuera Presidente.

Aunque a ratos la voz lo traiciona (hace efecto La Paz, 3600 mts, pues), Ignacio Ramonet vence el problema con un mate de coca. De sus palabras emergen la experiencia sobre periodismo y política, y como tal impone un adjetivo, “webactores”, para los no periodistas que están irrumpiendo en las redes sociales, y una afirmación letal para el gremio: los medios “asumen la función de oposición política”.

Habla con convicción de Evo Morales, dice que éste es el “mejor presidente” de la historia del país y que lo imagina más allá de 2014, el año de las elecciones generales. ¿De la oposición? “Francamente, le digo que en este momento no veo oposición en ninguna parte de América Latina. La oposición viene de los propios movimientos sociales”, afirma.

— ¿Sigue pensando en la tiranía de la comunicación?

— Sí, la comunicación es una tiranía, pero es una necesidad. Hoy, no se puede no comunicar, y eso crea una serie de obligaciones, y vemos las consecuencias en los ámbitos político, ideológico, cultural y también en la medida en que la comunicación invadió nuestras vidas.

Antes podíamos decir que “no trabajo en una radio” o “no trabajo en la televisión o un periódico y no tengo obligación de comunicar”; pero hoy, la mayoría tiene acceso a internet, a las redes sociales; mediante un simple teléfono hay que estar comunicando vía Twitter, Facebook o mensajería. Hay un imperativo.

La tiranía, entre el momento que escribí ese libro (Tiranía de la comunicación), hace unos diez años, ha aumentado.

— ¿Pasa en Bolivia lo que una vez cuestionó de Venezuela: ante la decadencia de los partidos, los medios cumplen ese rol?

— Sí. Había teorizado esto desde el principio en Venezuela, cuando ocurrió el golpe en 2002. Lo que hemos visto es que ese mismo fenómeno se ha ido generalizando. Podríamos decir que, en América Latina, en los países donde hay gobiernos de progreso que están haciendo transformaciones sociales muy importantes, las oposiciones no tienen fuerza y en algunos países casi han desaparecido como organizaciones políticas consistentes.

En la mayoría de esos países son los medios los que han tomado el relevo, los que asumen la función de oposición política, cosa que no es el rol de los medios. Hemos visto la batalla que acaba de darse en Ecuador, lo mismo que padeció Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, Cristina Fernández en Argentina con Clarín, y en Bolivia, donde los medios asumen la función de llevar el rol de la oposición política frente al Gobierno.

— Es un fenómeno contra gobiernos de izquierda, verdad de Perogrullo: ¿Incide la empresa o es el factor ideológico?

— Evidentemente, en muchos países, en América Latina, los medios privados han dominado el sector de la comunicación. Sobre todo eran sectores industriales ligados a las oligarquías que controlaban las economías de estos países.

Hoy, estas oligarquías han perdido —por el momento— el poder político y usan del poder ideológico que aún tienen los medios para tratar de mantenerse en el debate político.

— ¿En Bolivia?


— No conozco bien el problema en Bolivia. Pero, digamos que hemos visto cómo aquí algunos periódicos han llevado a cabo campañas contra las realizaciones del Gobierno.

— ¿Tiene ejemplos? 

— Cuando hubo el fenómeno de la secesión separatista de Santa Cruz y de otros departamentos, a escala internacional los medios trabajaron mucho en la idea de que la legitimidad estaba del lado de la oposición contra el poder central.

— ¿Cómo considera esa acción?

— Sencillamente, los medios están asumiendo una función que no es suya, una función política. A lo sumo, los medios tienen la función de informar; aunque pueden tener una función ideológica en sentido de que contribuyen a formar conciencias.

Pero cuando se proponen cambiar un régimen o derrocar un gobierno democráticamente elegido, o cuando apoyan golpes de Estado (aquí, en un momento hubo un conato de golpe de Estado apoyado por los medios, como en Ecuador, y como en 2002 en Venezuela), es obvio que los medios están ultrapasando su función y que están asumiendo una función que una parte de la ciudadanía debe indiscutiblemente criticar, no sólo el Gobierno; porque unos medios militantes de esa manera contra las decisiones democráticas están jugando un papel de regresión política y social en un país.

— Ante esa actitud, Morales consideró a algunos medios como sus 'enemigos'…

— Es posible, no me extraña. En el momento en que los medios asumen esa función, de pretender derrocar a un gobierno democráticamente elegido, evidentemente ellos mismos se están definiendo como enemigos de la democracia.

— ¿Puede atribuirse eso a la mayor votación que, en el segundo periodo, recibió Morales?

— Seguro que el hecho de haber sido elegido de una manera tan neta ha debido desesperar a varios medios, ante la perspectiva de que la oposición perdiese toda esperanza de llegar en corto plazo, y por la vía legítima, al poder.

— ¿Cómo ve desde afuera que gobierna Morales?

— Globalmente, a Evo Morales se le tiene una gran simpatía. Representa una personalidad que ha surgido desde abajo, desde los movimientos sociales; que ha sido un combatiente, primero, con los propios trabajadores y ha asumido el sentir de la población.

Su carácter de pertenecer a los pueblos originarios, de ser indígena, ha creado también un fenómeno de gran simpatía, como si una historia de 500 años se terminase y que él asumiese un nuevo ciclo en la historia de este país. Más allá, es un símbolo para otros países y continentes.

Por otra parte, se considera que su gobierno ha llevado a cabo políticas de inclusión social importantes. De ahí que estas últimas semanas haya cierto desconcierto a escala internacional porque los medios internacionales han difundido mucho el conflicto por el TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure) y de los minusválidos.

Entonces, la opinión pública internacional no entiende cómo alguien que es la encarnación del sentimiento de reivindicación de los pueblos originarios, en el caso del TIPNIS, tiene una actitud que parece que no respeta la Madre Tierra. Hay una sorpresa.

Segundo, cómo alguien que está a favor de la inclusión social y que ejecuta políticas en ese ámbito puede tener una actitud de represión contra los minusválidos? En función de las imágenes que recorrieron Europa.

Es una contradicción, en la medida que el adversario no es, en este caso, la burguesía ni la oligarquía ni los grandes poderes internacionales, sino las clases sociales humildes de las que Evo Morales es el representante. Ahí es donde se crea un desconcierto.

— ¿Casuales o tensiones al fin?

— No le puedo decir, no los conozco. No cabe duda de que el Gobierno y las autoridades deben hacer un esfuerzo de comunicación para tratar de explicar esta contradicción, porque es evidente que nadie puede creer que las autoridades bolivianas tengan una actitud de violencia contra los minusválidos o una actitud de irrespeto contra la madre naturaleza.

Esto hay que explicarlo; si no, se les está dando argumentos a los adversarios de este gobierno.

— ¿Estarán mellando estos dos problemas la condición con que la que se conoce a Morales?


No sé cómo surgieron. Lo que sí veo es la consecuencia en el exterior. Desde el punto de vista comunicacional, las imágenes que se difundieron y las tesis que se han desarrollado provocan desconcierto.

Usted me hablaba de Boaventura de Sousa Santos (estábamos juntos hace poco en el foro de Porto Alegre) y él se interrogó en una de sus intervenciones si frente a las necesidades del desarrollo —hablando de Bolivia— se estaban olvidando los imperativos ecológicos.

No podemos decir que (minusválidos e indígenas) sean adversarios de este Gobierno; al contrario, se definen como amigos de esta experiencia.

— ¿Cómo se ve afuera el proceso boliviano?


— Con una gran simpatía, sobre todo porque Bolivia se conocía como un país de grandes injusticias, que había sufrido el mayor número de golpes de Estado en la historia de América Latina, de mayores desigualdades (se la representaba como un mendigo sentado sobre un trono de oro)… Evo Morales se ha visto como alguien que llegó de manera sensata a tratar de reducir las desigualdades y hacer una transformación social para permitir un desarrollo social, humano, económico y ecológico muy importante. Todo lo que se está haciendo desde entonces va en esa dirección.

La Explosión del periodismo

— "La gente no sólo toma la palabra, sino las calles", ha dicho usted. ¿El nuevo orden de la comunicación está regido por las redes sociales?

— Tienen una influencia considerable, no se puede pensar el nuevo orden sin las redes sociales.

— ¿Pone en riesgo al oficio?

— Seguro, lo cambia. Yo acabo de escribir un libro que se llama La explosión del periodismo, en el que trato de explicar los cambios que se están produciendo. Toda empresa periodística y los periodistas que no estudien los cambios, pueden tener una mala sorpresa.

— ¿Cómo tendría que blindarse el periodismo ante esa irrupción?

— No sé si tiene que blindarse o tiene que cabalgar en ella; tiene que ver qué puede hacer con ella. Lo que no cabe duda es que no puede ocultar que existe; existe cada vez más.

— ¿Tiene consecuencias en los grandes medios?


— Sí, los mayores conglomerados están en crisis y tienen dificultades que antes no tenían; están tratando de adaptarse a la nueva era de la comunicación. Y en este tiempo de adaptación están sufriendo, el propio Rupert Murdoch lo sufre (su hijo renunció); y es el dueño del mayor grupo de comunicación del mundo.

— También despierta el interés ciudadano de tomar la palabra.

— Sí, es el fenómeno. No solamente toma la palabra, sino las calles, como pasó en España, con los estudiantes chilenos, en Israel o con los ocuppy en Estados Unidos.

— ¿Cómo encuentra la libertad de expresión en Bolivia desde su lectura exterior?


— Aquí constato una gran libertad de expresión, no tengo la impresión de que se la vulnere.

— Tenemos una Ley de Imprenta nonagenaria. ¿Hay necesidad de modificarla? 

— Las leyes hay que revisarlas sobre todo si son de comunicación, por tantos cambios que existen. La libertad de expresión hay que mantenerla; lo que ocurre es que la libertad de expresión no es la libertad de hacer cualquier cosa.

— ¿Cree en la autorregulación?

— Creo, es necesaria. Sin embargo, la ley también es necesaria; los periodistas deben imponerse autodisciplina, aunque sea sólo para llevar su trabajo con dignidad necesaria.

— ¿En qué medida debe incidir el Estado en el trabajo periodístico?

— Cuanto menos incida, mejor, no cabe duda.


Por Rubén D. Atahuichi López
La Razón (Bolivia)
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Jueves, 01 Marzo 2012 06:22

Venezuela, Wikileaks y los medios

Venezuela, Wikileaks y los medios

Desde hace años, los mayores medios de información estadounidenses y europeos están liderando una campaña de desinformación contra Venezuela, que claramente contradice su supuesta imparcialidad en su cobertura mediática. En realidad, tal cobertura puede definirse como mera propaganda política en contra del gobierno dirigido por el Presidente Chávez. Los documentos publicados por Wikileaks han mostrado como los diferentes gobiernos federales de EEUU han estado interviniendo activamente en la política doméstica de Venezuela, a fin de derrotar al gobierno Chávez, al que consideran una amenaza para los intereses empresariales estadounidenses, que históricamente han gozado de una enorme influencia sobre los gobiernos de aquel país, anteriores al actual. Lo que no se conocía hasta hace poco, sin embargo, era que -según los documentos publicados en Wikileaks- algunos de tales medios, han jugado un papel muy activo en la desestabilización del gobierno Chávez, lo cual no se ha publicado en los mayores medios de información españoles.

 
La información recogida por Wikileaks, y canalizada a través de algunos de los mayores medios de información, ha permitido detectar un sesgo anti Chávez en tales medios, mostrando un proceso de selección en la publicación de aquellos componentes de Wikileaks que pueden dañar al gobierno Chávez. Tales medios han publicado, por ejemplo, el componente de Wikileaks que señala -según la embajada estadounidense- la influencia que los asesores cubanos tienen en el gobierno venezolano, pero no han publicado la influencia de los asesores durante el gobierno Uribe, el cual gozó de una cobertura muy favorable en los mismos medios. Wikileaks publicó los informes del embajador estadounidense en Colombia, que mostraban la clara participación de sectores del Ejército colombiano en la desaparición y matanza de personas. Colombia es el país latinoamericano que ha tenido un número más elevado de desaparecidos, mucho mayor, por cierto, que Argentina en los años 70 y 80. Los mayores medios de difusión han sido muy escuetos en la cobertura de esta enorme violación de los derechos humanos en Colombia, contrastando con el detalle (y falta de objetividad) en su cobertura de las supuestas (algunas de ellas reales) violaciones de los derechos humanos en Venezuela.

 
Entre las supuestas violaciones está la eliminación de la libertad de prensa en Venezuela, presentando al gobierno Chávez como dictatorial. Los mayores medios de información españoles presentan como una realidad el que no exista libertad de expresión en los medios venezolanos. El intelectual orgánico del neoliberalismo Latinoamérica, Maria Vargas Llosa, siempre se refiere al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Y lo mismo ocurre en España. Un ejemplo es el ex Presidente Aznar del Partido Popular que también se refiere constantemente al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Los datos, sin embargo, no avalan tal definición.
 

Según la Nielsen Media Research International (que analiza los medios de comunicación a nivel internacional) y lo publicado por el Center for Economnic and Policy Research, de Washington, la gran mayoría de canales televisivos en Venezuela (de donde recibe la información la mayoría de la población) son canales privados. Las cadenas públicas (que son la minoría) cubren sólo un 5% de la audiencia. El 95% de la población recibe la información de los canales privados, la mayoría fuertemente hostiles hacia el gobierno Chávez. Los canales públicos, que cubren un 5% de la audiencia total, tienen un porcentaje mucho menor que en Francia (un 37%) o en Gran Bretaña (37%). Nadie acusa a los gobiernos de estos países de ser dictatoriales. Es cierto que el tono de las televisiones públicas de estos países es mucho menos partidista que los canales públicos venezolanos, con lo cual, la comparación tiene límites. El partidismo de los canales públicos venezolanos es muy acentuado. Ahora bien, la clara hostilidad hacia el gobierno de la mayoría de los canales privados (que cubren a la gran mayoría de la ciudadanía) es enormemente partidista. La neutralidad y objetividad no existe en tales medios, los cuales son meros instrumentos propagandísticos de los grupos de presión afectados por las reformas del gobierno Chávez. Hablar de falta de libertad de expresión, cuando la mayoría de los medios están controlados por la oposición, es un indicador claro de la ausencia de objetividad en la cobertura mediática de lo que ocurre en Venezuela. Y un ejemplo del carácter propagandístico y falta de rigor que caracteriza los discursos de Mario Vargas Llosa y José María Aznar, entre muchos otros.

 
¿Por qué tal hostilidad hacia gobiernos de izquierda por parte de tales medios (no sólo Venezuela, sino también Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, entre otros han sido víctimas de las campañas de desinformación de tales medios)? La respuesta es fácil de ver. Tales medios son parte de multinacionales mediáticas que controlan la mayoría de medios en Latinoamérica. Sus intereses se encuentran amenazados por tales gobiernos, que intentan diversificar el abanico ideológico en los medios, hasta la actualidad muy dominados por compañías multinacionales de orientación conservadora y neoliberal. Por extraño que le parezca al lector español, Venezuela tiene mayor pluralidad ideológica en los medios que España, donde la extensión de la prensa o medios televisivos de izquierdas es muy limitada. Hay más medios televisivos y rotativos de derechas en Venezuela que medios televisivos y rotativos de izquierdas en España. Imagínense si en España un gobierno de izquierdas quisiera diversificar tal oferta mediática. Habría una enorme movilización de los medios conservadores y neoliberales acusando al gobierno de atacar la libertad de prensa y de expresión. Mientras, su dominio sobre la información, con escasas voces y medios alternativos, lo definen como “libertad de expresión”.


 

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Jueves, 09 Febrero 2012 06:28

La pinchadura al FBI y a Scotland Yard

La pinchadura al FBI y a Scotland Yard
Guy Fawkes nunca pensó que sobreviviría a tantos siglos y menos aún que, más de cuatrocientos años después de sus andanzas, la máscara que lo representa se convertiría en pleno siglo XXI en el emblema de quienes, desde los indignados hasta los guerreros digitales de Anonymous, pasando por toda la galaxia de los grupos antiglobalización, se oponen con férrea voluntad al orden de un mundo ultraliberal, depredador e indolente. Sin embargo, este católico que el 5 de noviembre de 1605 casi logra hacer volar el Parlamento inglés con 30 kilos de pólvora cuando el rey James Primero estaba adentro es el rostro oficial de la revuelta occidental y, más precisamente, el distintivo con el cual el grupo de hackers reunido bajo la denominación de Anonymous se presenta al mundo.


Sus acciones ya son parte de la resistencia permanente contra toda forma de violación de la libertad según los criterios con los cuales Anonymous la entiende. Presente desde hace varios años en la escena del hacking contestatario, Anonymous saltó a la fama cuando, en 2010, en plena ofensiva oficial contra el fundador de Wikileaks, Julian Assange, el grupo atacó las empresas multinacionales que se habían sumado al boicot instrumentalizado por la administración norteamericana de todas las fuentes de financiación de Wikileaks: los portales de Amazon, PayPal, Visa, MasterCard y Postfinance, la filial de los servicios financieros de los correos suizos fueron bloqueados con el operativo Payback montado por Anonymous contra esas empresas que, sin la más remota orden judicial como base, trataron de impedir que el dinero llegara a Wikileaks.


¿Quiénes y de dónde vienen esos valientes que osaron franquear las puertas de lo más protegido para herir el corazón del sistema? Frédéric Bardeau y Nicolas Danet, los autores de un sobresaliente ensayo sobre Anonymous (Anonymous: ¿pirates informatiques ou altermondialistes numériques?), describen la influencia de esta galaxia sin jerarquía ni manual de instrucciones como un “movimiento que modifica la relación de fuerzas en el seno de la sociedad”. De acción en acción, Anonymous se instaló en el paisaje político mundial y excedió en mucho la herencia de sus padres culturales, es decir, toda la cultura contestataria norteamericana de los años ’70, perfectamente representada por Stephen Wozniak, el cofundador de Apple, y Richard Stallman, el iniciador del proyecto GNU. Anonymous se plasmó en cuatro operativos muy osados: el primero: los ataques contra la Iglesia de la Cientología en 2008; el segundo: la ciberofensiva contra el gabinete de abogados Baylout, defensores de los derechos de autor de la industria del disco y del cine en los Estados Unidos, y contra el portal de la Motion Picture Association of America (MPAA), asociación a la cual Anonymous persigue por sus “políticas excesivas” en la protección de los derechos de autor: el tercero fue la intervención a favor de Assange en lo que se conoció como el primer episodio de una auténtica guerra de la red.


El cuarto episodio remonta al pasado 19 de enero, justo después del cierre del portal de descargas Megaupload y del posterior arresto de su creador, el multimillonario Kim Schmitz. Lanzados desde los cuatro puntos cardinales del planeta, los ataques orquestados por Anonymous bloquearon los portales del Ministerio de Justicia norteamericano, los de la Casa Blanca, los de Warner y Universal, los del FBI, los del organismo que supervisa la red en Francia, Hadopi, y la estructura que administra los derechos de autor, la Sacem. Anonymous logró incluso introducirse en el portal de la presidencia francesa y modificar los mensajes de bienvenida. La quinta y última acción tiene apenas un par de días. Un grupo que se identificó como Anonymous hizo pública la grabación de una “reunión” telefónica entre el FBI y la policía británica en la cual se evocaban las acciones contra los ciberactivistas. ¿Donde están para meterse en esos vericuetos tan íntimos? “En todas partes”, responden Bardeau y Danet. Estos dos especialistas de las ONG observan que los Anonymous no son “piratas propiamente dichos porque no roban nada”. Tampoco son “terroristas”, desde luego, sino “un fenómeno mucho más vago cuyo único hilo conductor es la defensa de la libertad de expresión”. Bardeau y Nadet cuentan que, en cierto momento, “la CIA intentó realizar un perfil tipo de los simpatizantes de Anonymous: era tan borroso que terminaron apuntando hacia la mitad del planeta”.


Su lema se hace realidad: “Somos legión”. En este sentido, Bardeau destaca que los Anonymous “no son ni anarquistas ni sindicalistas revolucionarios, ni marxistas. Es un movimiento posmoderno, anónimo, planetario, descentralizado. Entre los Anonymous de Brasil, muy fuertes y movilizados contra la corrupción, y los de Austria y Alemania, todos antifascistas, no hay unidad, pero sí denominadores comunes como la libertad y la neutralidad de la red”. A diferencia de los indignados o los otros movimientos antiglobalización, Anonymous actúa desde el anonimato: no hay partido político ni foro ni cumbre, ni manifestación. Su identidad física es la máscara de un militante católico británico del siglo XVI y sus territorios son éstos: irc.anonops.li, Twitter @AnonOps, @Anony mousIRC, Facebook Anonymous, AnonOps.blogspot.com. El origen del nombre proviene de los foros anárquicos 4chan. En este portal norteamericano no hace falta inscribirse y cada participante recibe el seudónimo de “Anonymous”. Están en muchos lugares al mismo tiempo; algunos son hackers aficionados, otros no, universitarios, empleados, militantes de una o muchas causas.


Anonymous realiza a su manera el deseo no confesado de muchos ciudadanos del planeta: meter una piedra en el engranaje de la perfección ultraliberal.

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"Hay que denunciar la concentración del poder ideológico que la burguesía tiene con los medios televisivos"
-Alba TV -¿Cual es la importancia del Foro Social de Porto Alegre en la coyuntura de crisis internacional actual?
-El Foro Social Mundial, ahora el Tematico acá en Porto Alegre, y los otros que se desarrollaron en otras partes del mundo, siempre son espacios muy importantes para que la gente venga y comparta sus ideas. Entonces el Foro, más que un espacio organizativo, es una verdadera feria ideológica donde las personas vienen, comparten sus preocupaciones y reflexiones. Aquí ubicamos a quienes son parecidos, para entonces articular cosas concretas de luchas de masas, de propuestas concretas que pueden entonces entrelazar de manera directa a los movimientos sociales de todas partes del mundo, en sus luchas contra el gran enemigo que tenemos en este periodo histórico que son la grandes empresas capitalistas.

-¿Cómo se para América Latina frente a la coyuntura actual, y cual es la importancia del ALBA como proyecto que retoma la idea de construir otro tipo de sociedades, más justas, más humanas?

-Acá en Latinoamérica estamos enfrentando una disputa permanente entre tres proyectos, que se agudiza incluso frente a la crisis.
Hay un primer proyecto que es la recolonización de nuestro continente, defendido por EEUU y que tiene sus laderos en algunos gobiernos como Colombia, como Chile, que nos quieren imponer como un terrtorio para que el Capital venga aquí y pueda apoderarse de los bienes naturales. Sólo quieren que nosotros produzcamos mercancías, materias primas para ellos.

Hay un segundo proyecto que defiende la idea de una espacie de integración latinoamericana pero bajo los intereses de las burguesías locales, donde ellos desarrollan proyectos de integración, de transporte, de libre comercio. Tienen contradicciones con el Imperio, pero no ayudan a resolver los problemas de los pobres.

Y el ALBA se ha constituido como el tercer proyecto, que es más allá que un acuerdo comercial entre gobiernos o Estados. Es una propuesta política que tiene como perspectiva una integración popular entre todos los pueblos de Latinoamérica, sin términos económicos, sin términos políticos, para hacer frente al Imperialismo y a las transnacionales.
Sin términos culturales, incluso, porque nuestros pueblos tienen las mismas experiencias, tienen las mismas formaciones socio-culturales. Entonces los movimientos sociales más combativos de Latinoamérica, aparte de los gobiernos, estamos impulsando ese proyecto ALBA, como una forma de integración popular, una unidad latinoamericana que pueda acumular fuerzas para derrotar a las empresas transnacionales, al proyecto del Imperialismo y avanzar hacia el Socialismo.
El problema es que con esta crisis internacional tenemos una contradicción fundamental que es que el poder económico es el que determina el poder político. Y el poder económico se desarrolló como el capitalismo internacional, bajo el control de los bancos y de las empresas transnacionales, y los gobiernos locales nacionales no tienen fuerzas para encuadrar a ese capital que hace lo que quiere, entonces los gobiernos se van a reunir, pueden sacar bonitos documentos como las Naciones Unidas, pero…¿qué pasa? Que la fuerza económica que domina la economía, que domina los países, no respeta esos acuerdos internacionales.

Entonces sólo es posible enfrentar a ese capital si los movimientos sociales de todos los países logran hacer manifestaciones, logran desarrollar una conciencia en la sociedad para acumular fuerzas y enfrentar a esas empresas capitalistas. Y ojalá muchos de los gobiernos que vengan a Río puedan sumarse y también defender los puntos de vista de sus poblaciones, porque solos los gobiernos no tienen fuerza. La crisis de Europa está ahí, nos da argumentos todos los días de cómo los bancos incluso están indicando a los mismos gobernantes.

-Durante tu intervención en el Foro mencionaste la importancia de los medios masivos de comunicación para difundir la ideología dominante. ¿Como se deben parar los medios contrahegemónicos en esa coyuntura?
-En el período del Capitalismo industrial la burguesía reproducía su ideología con la Iglesia, los partidos políticos y las escuelas. Ahora, en esta etapa del neoliberalismo, del capital financiero, del capitalismo globalizado, la forma de la burguesía, de la clase dominante, de reproducir su ideología en la sociedad es la televisión y por eso ellos mantienen un monopolio en todos nuestros países. Por eso, como movimientos sociales nosotros siempre llevamos esa reflexión. Hay que denunciar la concentración del poder ideológico que la burguesía tiene con los medios televisivos, y a la vez la izquierda y los movimientos sociales tienen que apoderarse de ese instrumento. Por eso nos alegra mucho que precisamente acá, en Latinoamérica, se están desarrollando experiencias muy importantes como Alba TV, como TeleSur. Y en algunos de nuestros países hay televisoras públicas que han asumido un rol progresista. Todo eso es muy importante, justamente para romper el monopolio que el capital impone a las televisoras. Por eso, un gran abrazo a todos ustedes que están trabajando en ese proyecto. Además de ayudarnos a enfrentar el capital, Alba TV nos ayuda a construir aquel proyecto al que me refería de una integración popular entre nuestros pueblos de Latinoamérica.

Fuente: ALBA TV y Marcha desde Porto Alegre
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