La mentira en la historia de Estados Unidos

Utilizar la historia o el mito para justificar las peores barbaridades, inventar esencias o necesidades y construir ideas de raza o nación, ha sido práctica común desde que existe la organización social basada en la opresión. Los imperios que se consolidaron en la época moderna, cuyas élites siguen dominando la economía mundial, no hicieron otra cosa para legitimar sus conquistas y genocidios. Un ejemplo muy claro de la manipulación de la historia lo presenta la construcción ideológica de Estados Unidos y su excepcionalidad.

Según esa idea, Estados Unidos tiene el derecho, sea por sanción divina o por obligación moral, de brindar civilización, democracia o libertad al resto del mundo, mediante la violencia si es necesario. Complementa esa idea otra, según la cual Estados Unidos tiene el destino manifiesto de expandirse por todo el continente y, posteriormente, llevar al mundo nuestro gran cometido de libertad y autogobierno (Howard Zinn, La Jornada, 27 y 28/7/05).


Esas ideas, que en sí no son muy distintas de las justificaciones divinas, raciales o ideológicas que otros imperios o estados totalitarios han usado para legitimarse, están en la base de un gigantesco proceso de falsificación de la historia.


La derecha estadunidense combate a quien cuestione esos mitos convertidos en dogmas: En los años treinta, los libros de texto que no fuesen de un patrioterismo conservador eran denunciados, prohibidos o quemados. Durante la guerra fría la persecución ideológica arreció. En las universidades se combinó la represión selectiva con la corrupción generalizada, es decir, la investigación a sueldo para justificar las políticas de guerra, agresión y contrainsurgencia:


Así se construyó una visión del pasado de los Estados Unidos como una historia de consenso, basada en las doctrinas del excepcionalismo norteamericano y del Destino Manifiesto, y en el mito de la conquista triunfante del oeste, que omitía cualquier mención sobre la raza, esclavitud, conquista de los pueblos nativos y restricciones opresoras sobre muchos grupos marginalizados incluyendo las mujeres (Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social [edición de 1999], pp. 264-266).


Al mismo tiempo, la teoría de la modernización sostenía que el milagro estadunidense, donde los planteamientos del marxismo no es que fueran equivocados, sino totalmente irrelevantes, podía repetirse en los países subdesarrollados, si seguían las mismas reglas que habían observado los norteamericanos.


Dichas reglas, impuestas por la combinación del poder económico y militar, se resumen en dos: libre mercado y sujeción a la economía estadunidense. Hannah Arendt lo explica con claridad prístina:


"Cuando se nos decía que la libertad era para nosotros la libre empresa, fue muy poco lo que hicimos para destruir tan enorme falsedad [...] Hemos afirmado que en los Estados Unidos la riqueza y el bienestar económico son los frutos de la libertad, pese a que debiéramos haber sido los primeros en saber que ese tipo de felicidad constituía la bendición de América con anterioridad a la Revolución y que su razón de ser era la abundancia natural bajo un gobierno moderado y no la libertad política ni la iniciativa privada, libre y sin freno, del capitalismo, el cual ha conducido en todos los países donde no existían riquezas naturales a la infelicidad y a la pobreza de las masas. En otras palabras, la libre empresa sólo ha sido una bendición para Estados Unidos" (Arendt, Sobre la revolución, p. 357).


La historia oficial en Estados Unidos tiene ese sentido. Dice Howard Zinn: Se puede mentir como un bellaco sobre el pasado. O se pueden omitir datos que pudieran llevar a conclusiones inaceptables.


Los manuales escolares omiten las diferencias de clases, la esclavitud, las guerras de conquista; omiten también las razones económicas, geográficas y demográficas que permitieron que Estados Unidos se convirtiera en imperio. Es una historia que, reduce el pasado a los encuentros y desencuentros, heroísmos e infamias de un grupo de elegidos, que por regla general son blancos, machos, militares y ricos, dice Eduardo Galeano sobre el libro de Zinn ( La otra historia de los Estados Unidos, p. 17. La cita de Galeano en cuarta de forros).
Frente a esto, las historias oficiales de los totalitarismos parecen burdas e ineficaces. El nazismo se apoyó en una de las mayo

res mentiras ideológicas de la modernidad: la diferencia de raza; y apoyado en ella, perpetró uno de los más atroces crímenes colectivos de la historia. Pero su mentira duró 12 años como política de Estado. El estalinismo falseó la historia de manera sistemática. Pero su dictadura historiográfica se derrumbó al cabo de un cuarto de siglo.


La mentira sistemática con la que Estados Unidos justifica sus guerras de agresión y la imposición de sus modelos económicos al mundo, lleva

más de dos siglos vigente.
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Un cable directo entre Europa y Brasil para evitar el espionaje

Dos de las mujeres más poderosas del mundo han sufrido en los últimos meses un mismo problema. Los servicios de seguridad de Estados Unidos espiaron, entre otros muchos líderes, a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y a la canciller alemana, Angela Merkel. Las escuchas llevadas a cabo por un país amigo han servido para convencer a Rousseff de la necesidad de dotar de mayor seguridad a las comunicaciones, idea sobre la que ha girado la cumbre UE-Brasil celebrada este lunes en Bruselas.


"Queremos comunicaciones que sean seguras y en las que la UE y Brasil podamos confiar", ha asegurado la mandataria brasileña junto a los presidentes de la Comisión, José Manuel Barroso, y del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. Con su visita a la capital comunitaria, Rousseff ha querido impulsar un proyecto que unirá con un cable a través del Atlántico los 5.600 kilómetros que separan a la ciudad brasileña Fortaleza de Lisboa. "Tenemos que respetar la privacidad, los derechos humanos y la soberanía de las naciones. No queremos que nuestros negocios puedan ser espiados", ha añadido la presidenta.


Fuentes europeas señalan que el principal obstáculo con el que tendrá que lidiar el proyecto es encontrar los cerca de 185 millones de dólares (unos 135 millones de euros) necesarios para financiarlo. El consorcio encargado de la obra, que está previsto que eche a andar en la primera mitad de este año, estará formado por la operadora brasileña Telebras, la empresa española IslaLink Submarine Cables y un fondo de inversión brasileño, según fuentes comunitarias. El cable de nueva construcción competirá con el que ahora envía los datos de Sudamérica a Estados Unidos a través de Miami, operado por la española Telefónica. La comunicación de fibra óptica más larga que ahora está operativa es la que une Alemania con el este de Asia.

La noticia de que EE UU había pinchado el teléfono móvil de Rousseff disparó la tensión hasta el punto de que la presidenta brasileña suspendió el pasado mes de septiembre una visita oficial a Washington. El proyecto de cooperación con Europa se presenta como un movimiento vital para un país como Brasil, cuyos canales de comunicación por cable pasan sin excepción por Estados Unidos.


La colaboración entre Brasil y Europa para impulsar la agenda digital no acaba con la visita de Rousseff a Bruselas. El próximo mes de abril se celebrará en Sao Paulo una cumbre multimedia para desarrollar una gobernanza mejorada de Internet, en la que los representantes europeos se reunirán con los brasileños en la búsqueda de un objetivo que ya ha reclamado Merkel. La jefa de Gobierno alemana propuso hace una semana la creación de una red de datos europea que evite el paso de las informaciones digitales por servidores informáticos estadounidenses.


 

La UE y Brasil defienden la necesidad de un acuerdo entre Europa y Mercosur

Por Ignacio Fariza Bruselas 24 FEB 2014 - 11:11 CET


Los presidentes de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y de Brasil, Dilma Rousseff han dado este lunes un paso más en el "necesario" acuerdo entre Mercosur y la UE. Ambos mandatarios han recalcado la importancia de un proyecto que, a su juicio, sería un importante impulso para el crecimiento y para la creación de empleo en ambos bloques. Tanto la UE como Brasil esperan que el acuerdo no se demore mucho más allá del encuentro técnico que está previsto para el próximo 21 de marzo, cuando ambas partes expondrán sus ofertas.


"Es fundamental que las negociaciones se concreten cuanto antes", ha señalado Dilma Rousseff al término de la cumbre UE-Brasil que se ha celebrado este lunes en Bruselas. Las conversaciones entre Mercosur (el bloque comercial que agrupa a Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Venezuela y el propio Brasil) y las autoridades europeas dieron comienzo en 2010 pero se han estancado desde entonces. La cumbre de este lunes podría ayudar a que las conversaciones fluyan con mayor celeridad, dada la importancia de Brasil en el principal bloque comercial latioamericano. Aunque ninguna de las dos partes han querido adelantar acontecimientos y han subrayado que el acuerdo depende del resto de Gobiernos presentes en Mercosur —especialmente el argentino, que ha mostrado reservas sobre sus beneficios—, la sintonía escenificada este lunes es un fuerte espaldarazo al proceso de integración económica.


"Es un acuerdo ambicioso, que va más allá de lo comercial", ha apuntado Barroso sobre un convenio que, según sus palabras, solo encuentra dificultades en "algunos puntos muy concretos". El presidente del Ejecutivo comunitario ha querido enmarcar este proceso negociador en el marco de una "ambición" europea por firmar acuerdos de libre comercio con varios países y bloques económicos. "La UE está trabajando en varios importantes acuerdos y sería una pena no alcanzar un entendimiento con Mercosur. Si tenemos claro nuestro objetivo, seguro que se podrá firmar pronto". En esta misma línea se han expresado los representantes de la delegación de empresarios brasileños que ha acompañado a Rousseff hasta Bruselas, que se muestran optimistas sobre la posibilidad de que el acuerdo se firme "antes de mayo".


La Zona Franca de Manaos, sobre la que la UE hizo una consulta a la OMC en diciembre al sentirse perjudicada en sus exportaciones, ha sido otro de los asuntos centrales de la cumbre. "No tenemos ninguna oposición de principio", ha señalado Barroso. Esta zona de la Amazonía brasileña está señalada en rojo por las autoridades comunitarias por las ayudas fiscales que concede a la industria de equipos electrónicos. La presidenta brasileña mostró su "extrañeza" por la queja europea y defendió un proyecto que es "mucho mejor que cortar árboles".


El encuentro, de marcado tono económico, también ha servido para que los mandatarios acercaran posturas sobre el despliegue de un cable de fibra óptica submarino que unirá Lisboa y Fortaleza y que mejorará la conexión entre ambas orillas del Atlántico. Aunque el proyecto corre a cargo de un consorcio privado eurobrasileño, fuentes comunitarias no descartan la participación pública en el proyecto por el lado de la financiación.


En otro orden de cosas, Rousseff y Barroso han recalcado su vocación de "mejorar" los programas de intercambio educativo —Europa es el principal destino de los estudiantes e investigadores brasileños— y han reiterado la importancia del flujo de capitales entre ambas regiones. En la actualidad, las empresas europeas lideran la inversión extranjera en Brasil y la UE se mantiene como su principal socio comercial. El 20% de las exportaciones brasileñas se dirigen al mercado comunitario que, a su vez, acapara el 21% de sus importaciones.


La importancia de Brasil como nuevo actor en el mapa geopolítico mundial también tuvo reflejo en el encuentro. Más allá de los asuntos propios de la región —la crisis interna que vive Venezuela solo recibió una leve mención por parte de Rousseff, que defendió la democracia en América Latina—, las delegaciones discutieron el acuerdo nuclear con Irán, la inestabilidad en el Sahel, la situación en Siria y la resolución del conflicto entre Israel y Palestina. "Compartimos valores con Europa y la cooperación es fundamental, especialmente en un momento de grandes cambios como el actual", ha subrayado la presidenta brasileña al término de la cumbre. Rousseff también ha mostrado interés por la situación interna que vive Ucrania tras la caída del Gobierno de Viktor Yanukóvich.

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"Internet no es suficiente para reducir el monopolio"

El profesor de la Universidad Federal Fluminense Denis de Moraes se reunió con Página/12 en ocasión de la reciente publicación de Medios, poder y contrapoder (Biblos). En la charla, el investigador brasileño desplegó los ejes de un trabajo en el que confluyen ensayos de su autoría con otros de los investigadores Ignacio Ramonet y Pascual Serrano. Todos estos escritos están atravesados por un denominador común: poner en cuestión la configuración actual del sistema mediático –objeto de una fuerte concentración en manos de un puñado de "megagrupos y dinastías familiares"– y, como contrapartida, reconocer la emergencia de mutaciones comunicacionales a partir de la llegada de Internet con efectos significativos en las prácticas periodísticas en red con sentido contrahegemónico, enfrentadas a lógicas dominantes que atraviesan el plano ideológico, cultural y económico.


–Usted menciona una penetración del discurso neoliberal en el sistema mediático, ¿cómo se vislumbra ese discurso en la narración noticiosa?
–Me parece necesario hacer una distinción sobre el neoliberalismo contemporáneo. Por un lado, el neoliberalismo no para de exhibir rotundos fracasos en los países en los que actualmente continúa vigente, o en los que ya no está vigente por causa de crisis sucesivas. Por otra parte, el neoliberalismo permanece actuante, vigoroso, incisivo, en el plano ideológico y cultural. Esta distinción es importante porque hubo una época, los años '80 y '90, en la que ambas partes eran exitosas. El triunfo del neoliberalismo era a la vez ideológico, cultural y económico. Hoy en día, está en crisis desde el punto de vista económico, sobre todo en América latina y del Sur, donde se manifiesta de manera más fuerte sólo en tres países del Pacífico. Aunque por suerte, a partir del día 14 de marzo de 2014, en Chile habrá un cambio importante para debilitar la Alianza del Pacífico. Desde el punto de vista ideológico-cultural, lamentablemente las ideas de celebración de la vida para el mercado siguen siendo hegemónicas.


–¿A qué se debe?


–A la potencia de las máquinas mediáticas, que se benefician mucho del proceso de digitalización, de tecnologización de la vida y que aumentan, además, su potencia de irradiación en las sociedades contemporáneas.
–¿En qué las beneficia la digitalización?


–Las beneficia porque hay una expansión exponencial de los productos y servicios de entretenimiento culturales y de información con las nuevas plataformas o multiplataformas integradas, como las llaman los neoliberales. Hay una explosión de nuevos productos, servicios y canales digitales. Esta formidable expansión digital está permitiendo una ampliación de la plusvalía de los grandes grupos monopólicos mediáticos, en la medida en que los mismos productos están siendo producidos y distribuidos en varios canales y medios en todos los continentes con un costo bajo. Por otra parte, la variedad de contenidos se multiplica exponencialmente en estas multiplataformas digitales, por lo que la oferta de contenidos cubre un horizonte amplio y diversificado de necesidades y aspiraciones de audiencias, en todas partes y al mismo tiempo.
–¿Qué características tiene la visión de la realidad social que instala esta lógica de distribución de contenidos?


–Esos contenidos están todos matizados por visiones de mundo, por concepciones, por puntos de vista y medidas de valor muy semejantes que consagran la economía de mercado, la rentabilidad, el lucro y los mantras de la era digital de manera obsesiva y neurótica. Entonces, hay una variedad enorme de contenidos en circulación social en todas partes, pero las orientaciones, las interpretaciones que presiden la elaboración y la divulgación de esos contenidos, son muy parecidas. Hay una prevalencia desmesurada de valores como individualismo, competencia, éxito..., todo parece estar vinculado a la necesidad de triunfo, de victoria y a una disputa por ganar posiciones en la sociedad, que son difundidas por las máquinas mediáticas globales.


–Según se plantea en el libro, el avance de la digitalización permite consolidar el discurso hegemónico y la desterritorialización pero, al mismo tiempo, es considerado una suerte de amenaza, de resquicio para un discurso "contrahegemónico". ¿Cómo compatibilizar estas dos visiones?
–Eso tiene que ver con el título del libro, Medios, poder y contrapoder. Creo que este diagnóstico común de los tres autores tiene que ver, por un lado, con la explosión digital y, por otro, con el momento de crisis que vive el llamado cuarto poder: la prensa. Es muy interesante observar el escenario contemporáneo de los medios monopólicos.


–¿Por qué?


–Porque de un lado se ve esta posibilidad casi infinita de rentabilidad, de multiplicación de contenidos, canales y medios, de buscar siempre más lucro al menor costo posible. Simultáneamente, las grandes empresas enfrentan un momento de crisis, que tiene –a nuestro juicio– dos puntos clave: la pérdida de credibilidad de los medios de información en la opinión pública en grados e intensidades diferentes en función de cada contexto histórico y social. Esta pérdida tiene que ver con los procesos de control de la información, de la opinión y con una percepción cada vez más generalizada en amplios sectores sociales de que los medios son agentes políticos e ideológicos que tratan, casi todo el tiempo, de elegir e interpretar la realidad social de acuerdo con sus intereses propios y con sus intereses económicos y financieros.


–¿Por qué cree que se produce esta crisis?


–Tiene que ver con el segundo punto clave al que me referí antes. Nosotros compartimos la idea de que el cuarto poder ya no es el cuarto poder, porque se imbricó de tal manera con los poderes económicos y políticos que no tiene más la posibilidad de ser un contrapeso, una especie de fiscalía de los abusos o errores de los otros poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Los vínculos económicos y políticos de los grandes medios con el bloque hegemónico en la sociedad debilitaron su proceso de evaluación más racional y sensato de los otros tres poderes, por lo que hay una pérdida de credibilidad producto de los procesos de manipulación y mistificación de control casi absoluto de los contenidos que son difundidos. Por otra parte, porque los medios no son más esa especie de poder que tenía la capacidad de criticar los abusos de los otros poderes. A nuestro juicio, la percepción social de esta situación es cada vez más evidente y, por eso, los grandes diarios de América latina en este momento presentan caídas expresivas en sus tiradas: Clarín en Argentina, O Globo en Brasil.


–¿La caída en la tirada de estos grandes periódicos se explica por la crisis de credibilidad, como usted afirma, o se trata de cambios en los hábitos de consumo de información, que se generaron con la llegada de Internet?


–A mi juicio se justifica por las dos versiones. Una versión interna: el cuarto poder está en crisis, los grupos con toda su sofisticación estratégica y gerencial, con las multiplataformas y los grandes medios, no consiguen ampliar su base de audiencia, sobre todo la prensa tradicional: diarios y revistas. Y también por el hecho de que hay efectivamente una crisis de atención motivada por una explosión de medios y una posibilidad descentralizada y diversificada de los lectores de tomar contacto con el mundo a través de las informaciones en varios vehículos y canales, sobre todo Internet.


–Es cierto que hay una disponibilidad de información multiplicada, proveniente de una mayor diversificación de fuentes de información. ¿Pero en qué medida puede plantearse como una idea estable el que los medios tradicionales hayan perdido el control de la producción informativa y del establecimiento de la agenda pública frente a los nuevos medios?


–Es una excelente pregunta. Esta diversificación informativa y de entretenimiento permitida y disponible por Internet y otras formas de comunicación instantánea no tiene que ver directamente con Internet, aunque haya una convergencia con Internet cada vez mayor. Efectivamente, hay una diversificación imprevista y creciente. Sin embargo, hay dos cuestiones relevantes para no perder de vista el poder de los medios.


–¿Cuáles?


–Las agendas informativas continúan siendo definidas por los grandes medios. Uno de los problemas más sensibles de la comunicación alternativa es que, tanto agencias como blogs y portales críticos y contrahegemónicos, continúan dependiendo –de manera general, aunque con excepciones que deben ser rescatadas– de las agendas mediáticas. Claro, hay hechos y acontecimientos que son obligatorios en los noticieros, pero muchos otros son definidos por las intensidades, énfasis y elecciones de los grandes medios. El segundo punto que no podemos perder de vista es que la penetración social de los grandes medios sigue intocable. Esto tiene que ver con una expresión que utilizamos en el libro: "la colonización del imaginario social por parte de los grandes medios". Este es un proceso histórico y social largo que no para de profundizarse. Tiene que ver con hábitos de lectura, con hábitos de audiencia, tiene que ver con la potencia tecnológica de las máquinas mediáticas y con la capacidad de influencia en términos de valores, de mentalidades, de puntos de vista, de concepciones del mundo que los grandes medios siguen manteniendo de manera incisiva.


–En el libro también se habla del "fin del monopolio informativo", pero no debemos desconocer la brecha digital existente: el acceso a los nuevos medios no es una práctica generalizada. Y el tipo de información que se intercambia entre los medios ciudadanos sigue concentrada en un sector ciertamente pequeño y elitista.


–Hay una diferencia entre el fin del monopolio informativo y el fin del monopolio de la audiencia, que ciertos sectores de la izquierda –a mi juicio, mal informados y sin capacidad de entendimiento más consistente– no entienden: no se trata sólo de apuntar que hoy hay más posibilidades de acceso, de producción y difusión de información. No tienen una visión clara y nítida de que el monopolio de la audiencia continúa vigente. Frente a eso es necesario debilitar esos monopolios, es una lucha política fundamental. No es suficiente desarrollar las posibilidades de producción, difusión e intercambio de sociabilidad en red. Internet no es suficiente para reducir el monopolio, es sólo un medio complementario que enfrenta problemas que son propios y externos.


–¿Cómo definiría a unos y otros?


–Propios porque hay necesidad de habilidades técnicas, de acceso a programas informáticos, de patrones culturales y educativos diferentes. Los accesos y usufructos son desiguales, frente a ello las tecnologías no tienen la capacidad de disolver las desigualdades que son graves, provocadas casi siempre por un modo de producción que es, por definición, excluyente; el capitalismo es una fábrica de desigualdades. Por lo que imaginar que Internet es suficiente para debilitar el monopolio de audiencia, de formación de las mentalidades y de los valores es creer en un sueño imposible. Debemos utilizar Internet como medio complementario, suplementario, de diversificación, descentralización, de circulación de mayor cantidad de opiniones y de voces sociales. Pero eso tampoco es suficiente porque los medios monopólicos están presentes en Internet de manera hegemónica. Los principales portales de Internet, en términos de audiencia, son de los medios monopólicos. En el libro hay un estudio de mi autoría sobre las agencias alternativas en red, un fenómeno espectacular en América latina, de descentralización de fuentes, de prácticas, de modalidades colaborativas no lucrativas, y eso es una novedad desde México hasta la Patagonia. Son casi una centena de agencias periodísticas, contrahegemónicas, alternativas, que se expresan a través de Internet; un fenómeno espectacular pero no suficiente para poner en riesgo el monopolio mediático. Para lograrlo en América latina son necesarias varias leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual, una acción firme, permanente y prolongada del Estado, en el sentido de transformar los marcos regulatorios, de permitir que otras voces sociales tengan acceso a la radiodifusión pública.


–¿Cree que las leyes son una herramienta suficiente para que eso se logre?


–Claro que las leyes no son suficientes. Se precisa de una especie de alianza entre todos los sectores, entre todas las herramientas que luchan por la comunicación como derecho humano. Porque se necesita financiamiento y sostenibilidad, que es un problema grave. Yo diría que éste es un momento en el que no tenemos derecho de elegir una forma de actuación para democratizar los medios.
–¿Y cómo se enfrenta este obstáculo?


–Nosotros tenemos el deber de buscar asociar todo junto al mismo tiempo. De un lado, movilizar a la sociedad y presionar al Estado para alcanzar nuevas legislaciones, marcos regulatorios, acciones del poder público de defensa de la comunicación como derecho humano. Al mismo tiempo, necesitamos profundizar estas experiencias de comunicación alternativa en red, necesitamos multiplicar más aún los portales, los blogs, las agencias informativas, ocupar las redes sociales con el sentido de criticar, formar nuevas ideas, otros valores. Una especie de bloque en el campo de la sociedad civil. Ese bloque tiene posibilidades de producir, editar y difundir más, pero no será suficiente solamente explotar el mundo de Internet, la comunicación móvil, la comunicación instantánea. Entonces no tengo la ilusión de que más leyes de medios vayan a resolver todo, de manera alguna. Creo que son indispensables, pero no sin una acción cada vez más organizada, consecuente, permanente, de nuevas experiencias periodísticas y comunicacionales en el campo de la sociedad civil, que trabajen de manera independiente y autónoma para ocupar las redes sociales con contenidos más ciudadanos. Allí habría una especie de frente, creo que ése es el sentido que Ignacio Ramonet, Pascual Serrano y yo encontramos.


–¿Cuál es el diagnóstico de ese frente que han formado?


–Hay una explosión del periodismo y es plenamente posible que ocurran dos cosas: un periodismo más ético, más plural, más ciudadano, más independiente, más autónomo, más participativo. Por otro lado, es posible un tipo de comunicación de manera general, que a nuestro juicio depende de dos cosas: de la acción ciudadana y también de la presión y movilización de las sociedades con la idea de la comunicación como derecho humano. Me parece que la clave es que nosotros en este momento no tenemos el derecho de elegir un único camino para la lucha por la democratización. La necesidad de contrapoder, de contra-información y de contra-opinión debe estar presente en todas las áreas, en todos los lugares de acción posible.


–Usted ha mencionado que los medios son agentes políticos e ideológicos. ¿Cuál es la definición de medios como actores políticos que subyace a los ensayos que componen el libro?


–Entendemos que los medios son actores políticos de primera línea. Ellos elaboran, unifican y divulgan valores y concepciones de mundo que influyen la conformación del imaginario social. Cada cual con sus estilos, lenguajes y formatos, actúan de manera incisiva en las disputas de sentido y poder en la sociedad contemporánea, priorizando temas y difundiendo determinados enfoques sobre la realidad, a partir de ópticas sintonizadas casi siempre con los intereses de grupos y clases más o menos homogéneos y preponderantes. Sin delegación social para eso, asumen posiciones y orientan sus noticieros como si fueran "intérpretes de la opinión pública". En tal perspectiva, los medios operan como verdaderos partidos políticos.


–¿En qué se expresa esa lógica de operar como partidos políticos?


–En que interfieren, con énfasis específicos, en los modos de conocimiento, interpretación y entendimiento de los hechos y situaciones. Ellos demuestran exacta noción de su papel clave en la batalla de las ideas por la hegemonía cultural y política, incluso cuando procuran reducir al mínimo el espacio de circulación de visiones alternativas y expresiones de disenso, por más que éstas continúen manifestándose y resistiendo. La meta es neutralizar pautas informativas y análisis críticos generalmente contrarios a la lógica económica y a las concepciones políticas dominantes.

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Lunes, 24 Febrero 2014 06:14

American Curios. Reconocimiento

American Curios. Reconocimiento

En este país cada vez hay menos lugares comunes de encuentro, con malls que sustituyen centros urbanos, cafés donde todos están aislados, enchufados a una computadora; con menos gente que va al cine porque han instalado enormes pantallas de televisión digital para ver películas en casa. Uno ya no va a comprar discos o libros para toparse con otros ahí, conversar, hasta enamorarse en una librería, sino que baja su música y libros, o los pide para entrega a casa (mientras eso de buscar amor ahora también se hace por Internet). Dicen que estamos más conectados que nunca a nivel mundial, pero todo indica que todos están más aislados que nunca también, cada quien en su mundo virtual.


Al mismo tiempo, el bombardeo cotidiano con el mensaje de que otros son amenaza no ayuda. Una y otra vez se afirma que hay quienes quieren atentar contra el American way of life, sean terroristas, inmigrantes, pueblos o gobiernos que no comparten la idea de la libertad estadunidense, ni hablar de anarquistas. No es gratuito que una línea de ataque de la ultraderecha estadunidense repita constantemente que el presidente Barack Obama es musulmán y/o socialista –o sea, un otro– hasta hoy día.

 

Ante todo esto, el reconocimiento del otro es tal vez el milagro más importante y básico en este país.


Hace ya muchos años –de hecho en el marco del gran debate binacional sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte–, un líder granjero de Kansas participó en un encuentro con sus contrapartes mexicanos para hablar de los efectos de la integración económica entre Estados Unidos y México. Después de platicar de cómo en su país cada día familias granjeras eran obligadas a abandonar sus tierras por la combinación de la especulación de los precios de grano y el endeudamiento, escuchó que millones de campesinos mexicanos eran expulsados del campo, muchos forzados a emigrar a las ciudades o a Estados Unidos. Ahí comentó que todos los días pasaba frente a su granja un mexicano y preguntó a sus colegas si era posible que ese señor hubiera sido granjero. Cuando le respondieron que seguramente sí, pensó, abrió los ojos, y de repente comentó: entonces, ¿ese mexicano soy yo?


Esta semana en el metro de Nueva York, un padre afroestadunidense entró a un vagón con sus dos hijos pequeños y buscó dónde sentarlos. Una mujer china dejó su lugar para que la familia se sentara toda junta; sin palabras y sólo con una sonrisa indicó su invitación. Un nerd blanco, enchufado a su iPod y viendo algo intensamente en su tablet digital, levantó la vista para ver todo esto y se encontró con la risa de los dos niños y la sonrisa de la china. Por un segundo, todos se vieron, se encontraron, se reconocieron.


Otro día, un jamaiquino sentado en el metro veía su reflejo en la ventana. Decidió hablarse en voz alta: Nadie de afuera de este país va a venir a destruir Estados Unidos. Estados Unidos se va destruir solito. Sus propios hijos lo van a destruir. Otros pasajeros escuchaban, aunque, como casi siempre, disimulaban que no. Pero sus ojos se encontraban, breves sonrisas, y reconocieron algo en común: la retórica oficial no convence.


La serie de televisión House of Cards tiene gran impacto. Es un drama sobre el cinismo profundo de la cúpula en Washington. El papel estelar está en manos del gran actor Kevin Spacey, quien comentó en entrevista con Jon Stewart sobre lo que ha aprendido al observar el quehacer de los políticos en Washington al estudiar para el papel: "es en gran parte un arte de performance... Y la mayoría de ellos son muy malos actores. No creo que la mayoría crea en lo que dice o en lo que hace". La serie tiene enorme éxito justo porque todos reconocen lo mismo: que los políticos que dicen representar al pueblo en esta democracia no son creíbles.


El periodista Pete Hamill suele contar cómo sus padres, inmigrantes irlandeses, llegaron a este país como tantos otros trabajadores del mundo, y que su padre, que amaba jugar futbol, sufrió un cruel accidente que le destrozó una pierna. La pierna le dolía después de estar parado todo el día en la fábrica, y su madre le cantaba lamentos irlandeses para consolarlo en las noches. Hamill dice que hoy día escucha canciones parecidas en las calles de Nueva York, y que seguramente una esposa le está cantando eso a un marido agotado por su trabajo incesante, pero que ahora, en lugar de una letra en inglés, se escucha en español. Concluye que aquí los que ahora cantan y sufren son iguales que aquellos con quienes creció. Por eso hay que darles la bienvenida, porque se tiene que reconocer que ellos somos nosotros.


Una sindicalista cuenta algo parecido, de cómo su abuela le contaba que en una maquiladora de confección en Nueva York ella y sus compañeras trabajaban cantando canciones como una sobre un sueño de un jardín con sus plantas y flores bajo el sol. Dice que hay canciones hoy día muy parecidas en las maquilas. Su abuela la cantaba en yiddish, ahora son en español y chino. Se hubieran reconocido.


Este reconocer –conocer de nuevo, conocer otra vez– es esencial para la solidaridad, para crear esperanza, para romper el anonimato y rescatar el futuro. Fue la experiencia de reconocimiento que estaba al fondo de expresiones como Ocupa Wall Street o el movimiento altermundista, al igual que en otros momentos de rebelión y resistencia. Es lo que se está expresando hoy día entre sindicatos, organizaciones de defensa de libertades civiles, maestros, inmigrantes, latinos, afroestadunidenses, religiosos, estudiantes y más que participan en el creciente movimiento de los Lunes Morales, primero en Carolina del Norte y Georgia, y que en estos próximos días se estrenará en Florida.

Tal vez el futuro de este país dependerá de si la gente logra apartar los ojos de las pantallas, salir a buscar a otros, ver alrededor, y reconocerse.

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La fusión de Comcast y Time Warner amenaza a la democracia

Comcast anunció que tiene la intención de fusionarse con Time Warner Cable, uniendo así a los dos mayores proveedores de cable y banda ancha de Estados Unidos. La fusión debe contar con la aprobación del Departamento de Justicia y de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés). Dado el poderío financiero y político de Comcast, y el pobre desempeño del gobierno de Obama a la hora de proteger el interés público, es momento de defender nuestros derechos y organizarnos.

 

Michael Copps, ex funcionario de la Comisión Federal de Comunicaciones, me dijo pocos días después del anuncio de la fusión: "Se trata de un acuerdo de tan amplio alcance que debería descartarse apenas ingrese para su aprobación al Departamento de Justicia y a la Comisión Federal de Comunicaciones". Copps fue comisionado de la FCC entre los años 2001 y 2011, uno de los períodos más largos de permanencia en el cargo en la historia del organismo. En la actualidad, dirige la Iniciativa por una Reforma de los Medios de Comunicación y la Democracia impulsada por la organización Common Cause. "Esta fusión significaría tener el equipo completo: banda ancha, emisión, contenido, distribución. Sería controlar el medio y el mensaje, las telecomunicaciones y también los medios. Significaría simplemente conferir un grado de control sobre nuestra infraestructura de noticias e información al cual ninguna compañía debería tener derecho de acceder. Y todo esto tiene lugar en un mercado en el que los precios al consumidor se incrementan cada vez más a la vez que la competencia se reduce cada vez más". En el año 2011, cuando Comcast procuraba que los organismos de contralor aprobaran su propuesta de adquisición de NBCUniversal (NBCU), Copps fue el único de los cinco comisionados de la FCC que votó en contra.


Pero Michael Copps no es el único ex comisionado de la FCC con una opinión formada acerca de esta fusión. Meredith Attwell Baker se desempeñó en el cargo por un breve período comprendido entre 2009 y 2011. El Presidente Barack Obama la designó para mantener el equilibrio partidario que existe tradicionalmente en la FCC. Baker, que es republicana, fue ferviente partidaria de la fusión entre Comcast y NBCU. Sin embargo, sorprendió bastante cuando repentinamente renunció a su cargo como comisionada de la FCC y, adivinen qué, se fue a trabajar a Comcast como vicepresidenta principal para asuntos gubernamentales de la NBC Universal, sólo cuatro meses después de haber votado a favor de aprobar la fusión.


En lo que respecta a los reguladores, el sitio web de noticias Republic Report reveló que el responsable de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia, William Baer, fue representante legal de NBC durante la fusión con Comcast, y que Maureen Ohlhausen, comisionada de la Comisión Federal de Comercio, prestó asesoría legal a Comcast antes de integrar dicha comisión. Si usted se pregunta qué piensa el Presidente Obama de todo esto, eche un vistazo a quién designó como nuevo director de la FCC: a Tom Wheeler, que durante años fue uno de los principales integrantes de grupos de presión tanto de la industria del cable como de la comunicación inalámbrica.
Free Press, una organización líder en políticas de los medios de comunicación en Estados Unidos, emitió un comunicado tras el anuncio de la propuesta de fusión. Craig Aaron, presidente de la organización, expresó: "Nadie se despertó esta mañana soñando que su compañía de cable fuera más grande o tuviera más control sobre lo que uno puede mirar o descargar. Pero eso, además de una factura más elevada, es la realidad a la que se enfrentarán mañana, a menos que el Departamento de Justicia y la FCC hagan su trabajo e impidan esta fusión". Free Press espera que millones de personas expresen a la FCC y al Departamento de Justicia su desacuerdo con respecto a la fusión Comcast/Time Warner.


En el Congreso, uno de los más fervientes opositores a la fusión es alguien que verdaderamente conoce un poco acerca de la industria de la televisión, el Senador de Minnesota Al Franken. Franken se dio a conocer a nivel nacional cuando trabajó como comediante y escritor en las primeras temporadas del programa "Saturday Night Live", de la cadena NBC. Es claro que la posibilidad de una Comcast más grande no le hace mucha gracia. "Me preocupan las facturas de cable de los consumidores. Se trata del principal proveedor de cable del país, Comcast, que adquiere al segundo principal proveedor, Time Warner. La competencia que hay en el sector tal cual está no es suficiente y me preocupa lo que esto puede provocar en las facturas de cable de los consumidores. ¿Van a recibir un servicio peor del que ya reciben? ¿Van a tener menos opciones? Ayer envié una carta a los reguladores federales para que consideren estos temas y les expresé mis serias preocupaciones". En una carta dirigida a la FCC, al Departamento de Justicia y a la Comisión Federal de Comercio, Franken escribió "Las tarifas del cable se han incrementado significativamente durante los últimos veinte años y mis electores expresan su frustración con respecto a las facturas de cable inaceptablemente altas que reciben cada mes. Muchos consumidores cambiarían de proveedor de cable si tan sólo tuvieran una alternativa viable para hacerlo".


Este intento de fusión coincide con una nueva batalla por la llamada neutralidad en la red, las normas básicas que regulan el funcionamiento de Internet, especialmente en lo que respecta a si los proveedores de servicios de Internet como Comcast y Time Warner, AT&T y Verizon deberían poder o no favorecer a algunos sitios web en detrimento de otros. ¿Tendrían que existir normas que permitieran a la gente acceder al sitio web de una pequeña organización de derechos humanos de Rusia o de un grupo de activistas de Occupy en Nueva York de igual manera que a los sitios web de, por ejemplo, Wal-Mart o la Asociación Nacional del Rifle? Entre los activistas a favor de una Internet libre aumenta el temor de que el sistema regulatorio de Estados Unidos, comprometido con los grupos de presión y las empresas donantes, renuncie a la defensa de la neutralidad en la red y genere lo que Michael Copps llama "la cableización de Internet".


El pueblo se ha opuesto en el pasado a otras fusiones monstruosas y las ha impedido. También se ha enfrentado a los intentos de las grandes empresas de sofocar el derecho fundamental a una Internet libre. La libertad de expresión, la libertad de conexión y de comunicación son la sangre que corre por las venas de la democracia. La lucha por conservar y expandir la diversidad y la vitalidad de nuestros medios de comunicación no puede ser abandonada, ni dejada en manos de reguladores comprados o de grupos de presión del sector empresarial.


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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Miércoles, 12 Febrero 2014 06:04

Periodismo de elite

Periodismo de elite

En el mundo de los medios de comunicación, se abre el camino hacia una nueva publicación que será el faro de la elite económica a nivel mundial.


Un nuevo proyecto comunicativo vio la luz en el último foro económico de Davos. La idea en cuestión reúne a la fundadora del Huffington Post, Arianna Huffington, y al multimillonario Nicolás Berggruen. La publicación lleva el nombre de The World Post y será el lugar en común donde se concentrarán columnas de líderes mundiales. Personajes como Barack Obama, Angela Merkel, Tony Blair, Eric Schmidt –presidente de Google– y John Elkann, heredero del imperio de Fiat, entre otros, serán los encargados de escribir y aportar sus opiniones para la construcción del portal de noticias.


En relación con estos columnistas que formarán parte del medio, el diario The Guardian no tardó tiempo en calificarlo como un medio para el uno por ciento de la población más rica del mundo, dejando de lado el 99 por ciento restante. Curiosamente un medio dirigido a esta elite fue presentando en el foro de Davos mientras que, por el otro lado y al mismo tiempo, Oxfam (Oxford Committee for Famine Relief) alertaba que la riqueza mundial de 241 billones de dólares se divide en una mitad para el uno por ciento y la otra mitad para el 99 restante.


Nicolás Berggruen integra el consejo de administración del grupo Prisa y es dueño de gran parte de las acciones del grupo que tiene entre sus medios a nivel mundial al diario El País (España) y Radio Continental (Argentina). Según lo publicado en la revista Business Week, Berggruen pertenece a 24 consejos de administración de distintas firmas en todo el mundo, entre las que se destacan Soros Found, del magnate George Soros, o las sociedades de inversión en bancos como Deutsche Bank, Citigroup, etc.


Así como el multimillonario formará parte del consejo del nuevo medio, también lo hará Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, quien es reconocido por haber participado en gran cantidad de reuniones del grupo Bilderberg. Esta organización, cuyo nombre fue tomado del hotel holandés donde se concretó el primer encuentro en 1954, reúne una vez al año a nivel global a los dirigentes de todo el planeta y cuenta con la participación de autoridades del FMI, el Banco Mundial, la Reserva Federal, CIA, FBI. Participan también empresas como Walmart, Coca Cola, Microsoft, entre otras. En aquellas reuniones no se permite la presencia de la prensa, solamente se puede ingresar con invitación explícita y las discusiones sobre la cuestión financiera a nivel mundial, los planes a largo plazo en cuanto a acción política y demás operaciones no son revelados ante nadie por ningún motivo. Sus máximos referentes son las familias Rothschild y Rockefeller.


Son estos contactos de peso los que influirán en forma definitiva en la línea editorial del flamante medio. En una nota aparecida en el diario El País titulada "Nace un observador global", la idea del portal de noticias se resume en que, "aunque tendrán cabida las voces de la elite en el mundo de la política y de los negocios, la idea es que compartan este espacio figuras menos conocidas, cuyo papel en numerosos ámbitos encuentre visibilidad. Se trata de hacer hablar a la vez a un jefe de Estado y a un estudiante en Brasil". Lo que se planea desde esta nueva implementación es expandir la información a nivel mundial mediante una sola línea editorial que se mantenga en todo el mundo. Ediciones para Francia, Italia, Canadá Reino Unido, España, Alemania y otros países ya están en proceso de construcción para una expansión del "observador global".


Aunque se especifique que podrán compartir espacio figuras menos conocidas como un "estudiante" de cualquier país que quiera opinar, la realidad es que resultará bastante difícil pensar en que se puedan realizar críticas hacia el gobierno norteamericano por su espionaje a nivel global, o hacia Alemania por sus políticas de ajuste. El diario de la elite económica, según comentan sus impulsores, tendrá vigencia mientras su sustentabilidad económica lo permita. Pero resulta extraño que un déficit económico pueda atacar a un diario que, por lo bajo, será sostenido por pesos pesado como Rockefeller, Obama, Merkel, Berggruen y otros tantos que ven una oportunidad enorme para opacar el aumento constante de críticas hacia ellos.

rondo.

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Sábado, 01 Febrero 2014 07:59

Los censores y los malhechores

Los censores y los malhechores

La libertad de expresión sólo existe cuando se aplica a las opiniones que se reprueban. Por otra parte, los ultrajes a su principio sobreviven mucho tiempo a los motivos que los justificaron y a los gobernantes que los usaron para reprimir. El 25 de octubre de 2001, en el clima rayano al pánico que siguió a los atentados homicidas del 11 de septiembre, un solo senador estadounidense, Russel Feingold, votó contra la Patriot Act, arsenal de disposiciones liberticidas que fue aprobado en bloque por los representantes del Congreso con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Trece años y un presidente después, esas medidas excepcionales siguen siendo la ley de Estados Unidos.

 

Es sabido que los ministros del Interior se preocupan más por el orden y la seguridad que por las libertades. Cada amenaza los alienta a exigir nuevos pertrechos represivos que concitarán a su alrededor a una población escandalizada o inquieta. En enero, a título preventivo, Francia ha prohibido varias reuniones y espectáculos juzgados contrarios "al respeto debido a la dignidad de la persona humana". Al denunciar los monólogos antisemitas de Dieudonné, que "ya no es un cómico", y cuyo método "ya dejó de ser creativo", Manuel Valls amenazó: "No quiero descartar ninguna posibilidad, incluso un endurecimiento de la ley" (1). Pero un Estado democrático no debe aceptar sin estremecerse que un ministro de la policía juzgue el humor y la creación –aun cuando tanto uno como el otro estén ausentes.

 

En julio de 1830, Carlos X revocó por ordenanza la libertad de prensa. Uno de sus partidarios justificó, en ese momento, el restablecimiento del principio de la censura previa, que sustituía al recurso a posteriori frente a la justicia, en los siguientes términos: "Cuando interviene la represión, el daño ya está hecho; lejos de repararlo, el castigo le añade el escándalo del debate" (2). Sin embargo, tras la ordenanza real, los diarios se publicaron igual sin autorización previa, gracias a diversos subterfugios. El público se precipitó a leerlos y comentarlos. Y la Revolución derrocó al régimen de Carlos X.

 

Cerca de dos siglos después, los rebeldes, los parias y los malhechores tienen decenas de miles de seguidores en su cuenta de Twitter; YouTube les permite organizar reuniones en su salón, y perorar interminablemente desde un sillón, frente a una cámara. Si se prohíben espectáculos y reuniones públicas por ser juzgados indignos de la persona humana, ¿entonces también debe sancionarse la difusión de los mismos mensajes por las redes sociales? Eso equivaldría al inmediato otorgamiento del aura de víctimas del "sistema" a unos comerciantes de la provocación y a dar crédito a sus acusaciones más paranoicas.

 

En reacción a las últimas iniciativas de Valls, un ex ministro socialista expresó su preocupación por una "profunda regresión que tiende a instaurar una especie de régimen preventivo, incluso de censura moral previa a la libertad de expresión". Y concluyó, sin duda, caritativamente: "En este caso, la emoción, la rabia y la rebeldía contra la infamia han hecho vacilar a los mejores espíritus" (3).

 

Serge Halimi
Le Monde Diplomatique


Notas


(1) Entrevista en Aujourd'hui en France, París, 28 de diciembre de 2013.
(2) Citado por Jean-Noël Jeanneney, Les Grandes Heures de la presse qui ont fait l'histoire, Flammarion, París, 2013.
(3) "Jack Lang sur l'affaire Dieudonné: 'La décision du Conseil d'Etat est une profonde régression'", Le Monde, París, 13 de enero de 2014

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Martes, 31 Diciembre 2013 08:08

Snowden: del Agente 2.0 al ciudadano digital

Snowden: del Agente 2.0 al ciudadano digital

El mes de junio Edward Snowden desveló la mayor trama de espionaje masivo de la historia. Internet, según sus filtraciones, se ha convertido en una fabulosa herramienta de control que amenaza la libertad de expresión y aquello de lo que era garantía: la democracia y los derechos humanos. El ex-analista de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana [NSA, según sus siglas en inglés] revela que estamos en plena regresión civilizatoria.
Las promesas de Obama y Google sobre la democracia digital eran pura patraña. Y la gravedad de este fraude no se corresponde con la indiferencia o cinismo que muestran muchos de los afectados. Podríamos estar pasando por alto que con WikiLeaks y Snowden la primera generación de nativos digitales reclaman su derecho a ejercer como ciudadanos en y desde la Red. Por ello, como en momentos históricos precedentes, el reconocimiento de los derechos civiles pasa por ejercer la desobediencia civil para reclamarlos. Snowden y Manning son a Rosa Parks lo que Assange a Martin Luther King y Mandela.


Dicen las corporaciones y los estados que para satisfacer nuestras demandas y para defendernos necesitan saber con quiénes, cuánto tiempo y desde dónde nos comunicamos. Esa información son los metadatos con los cuales se generan unos perfiles que más tarde y si es necesario cobrarán cara, poniéndoles nombre y apellidos como en el caso de Chelsea Manning, (antes Bradley, la fuente de WikiLeaks). La disidencia digital está siendo ya condenada mediante la elaboración de dosieres formados con miles de documentos extraídos de la Red. Manning ingresó en prisión, sin que existiese constancia informática de que hubiese filtrado el Cablegate. Las pruebas que le incriminan – correos, chats... – apenas expresan sus intenciones, sus motivos e ideales. Tengan cuidado con lo que escriben en sus pantallas.


Habrá lectores que piensen que nada de esto les incumbe. Debieran considerar que, con la diligente colaboración de las autoridades patrias, la NSA recopiló en España 60 millones de llamadas telefónicas en tan sólo dos meses (del 10-XII-2012 al 8-I- 2013). Resulta significativo que no le interesaran los emails y SMS de Fin de Año. Ese día los vigilantes descansaron. A lo mejor se relajan de nuevo cuando estemos otra vez de cotillón. Porque les interesan nuestras actividades y contextos cotidianos. Algo que su ordenador y móvil recuerdan mejor que usted. El espionaje es sistemático, preventivo, global. Tiene un alcance hasta ahora impensable sobre nuestras facetas vitales más íntimas, rutinarias e inconscientes.


Aprovechando nuestra ignorancia tecnológica y la desprotección legal, los proveedores de servicios digitales se pusieron primero al servicio de la investigación de mercados. Han elaborado patrones de lo que consumimos, cruzando nuestros metadatos y pagos con tarjetas, almacenando perfiles... que, llegado el día, podrían considerarse terroristas a ojos de la NSA. ¿Adquirió usted una mochila y una olla a presión antes de un atentado? Ah, ¿que no se acuerda? Tranquilo, como le ocurrió a más de uno después del maratón de Boston, alguien podrá llamar a su puerta para recordárselo y pedirle explicaciones.


Intervenidos: sin soberanía ni autonomía


Nos han arrebatado la privacidad y el anonimato. Ante el fingido escándalo de "nuestros" líderes al "saberse" espiados por Obama, medio millar de "autores y creadores" de más deochenta países han venido a denunciar que si el poder financiero ha intervenido nuestras economías, el político ha hecho lo mismo con nuestras democracias. Sostienen "La vigilancia es un robo. Estos datos no son propiedad pública, nos pertenecen. Cuando se usan para predecir nuestro comportamiento, se nos roba algo más: el principio del libre albedrío, crucial para la libertad democrática"[i]. Las grandes corporaciones digitales nos han vendido. El negocio de los macrodatos, el ingente mercado de metadatos de la población mundial, que encubrían con sus servicios "gratuitos", se ha convertido en nuestra mayor fuente de desprotección. Los centros de almacenamiento de datos, en manos de quienes dicen protegernos, suponen el fin de nuestra soberanía y autonomía, a nivel personal y colectivo.


Ya no somos dueños de la información que manejamos y que, sin embargo, revela quién somos, qué hacemos y deseamos. La generamos, se registra y procesa sin nosotros saberlo ni consentirlo. Hemos pasado, por tanto, de la condición de ciudadanos – sujetos soberanos, que mandan en sus recursos – a la de súbditos – desposeídos de lo que es suyo y de nadie más. En consecuencia carecemos de autonomía o de la capacidad de autogobernarnos. En el contexto actual seremos incapaces de dirigir nuestros recursos hacia los fines que determinemos como propios, que es lo que pensamos que hace alguien a quien consideramos autónomo.


Sabiéndose vigilados, muchos se pondrán la mordaza antes de abrir la boca: se aplicarán una corrección política que resultará inocua para quien mande. Habitaremos una esfera pública plagada de autocensura. O peor, anticipando las críticas y demandas más duras, nos quitarán los dientes antes de que podamos hincárselos. Ya han empezado a proscribir el periodismo que actúa de contrapoder – ilegalizando sitios como WikiLeaks – y persiguiendo a los ciudadanos que colaboran para defender lo poco que queda de sus libertades civiles.


El calado de las cloacas que ahora conocemos es tal que resultaba preciso rebajar la entidad del protagonista y de su denuncia. A Snowden se le presentó, primero, como un hacker, demasiado joven y sin méritos para merecer la atención pública. Una vez que la acaparó, se le envolvió en una historia de espías a sueldo de Pekín, Moscú... Presentadas con este guión, las peripecias de Evo Morales, retenido en un aeropuerto por sospechoso de trasladarle en su avión presidencial, eludieron el calificativo de "secuestro y piratería aérea". Así las catalogó el reconocido reportero de guerra John Pilger

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Pero por mucho que lo nieguen, Snowden encarna la máxima expresión de un ciudadano digital. Este tecnocidano, que diría Antonio Lafuente, ha cuestionado con su competencia tecnológica y sus valores cívicos el sistema para el que trabajaba. Si WikiLeaks se presentó como la Agencia de Inteligencia del Pueblo, Snowden sería nuestro espía. El funcionario del capitalismo cognitivo se erigió en desobediente civil. Apeló a los Padres Fundadores de EE.UU. y a la Primera Enmienda. Renunció a un magnífico sueldo, se exilió y se arriesga a ser eliminado, en medio de voces de supuestos políticos y pretendidos periodistas que así lo sugieren. Por último, ofrece su colaboración a la ONU, a los gobiernos de Brasil y Alemania, embarcados en dar respuestas (bien diferentes, por cierto) al ya ineludible reto de la gobernanza de Internet. El Internet del siglo XXI – la democracia y la economía sostenible o el totalitarismo y la devastación a él asociadas – no podrán entenderse sin Snowden.


Nuestro espía y el coro de putas, ángeles e imbéciles


Para el fundador de los Estudios de Paz, Johan Galtung, el espía que se hizo hacker reactualiza la lucha de los años 70 por las libertades civiles. Para quienes acabaron con Vietnam mediante otras filtraciones (Daniel Ellsberg), constituye el ejemplo que debieran seguir otros compañeros de teclado. En una carta abierta han llamado a imitarle reutilizando la frase fetiche de Assange: "el coraje es contagioso". Estas voces insumisas apenas resultan audibles. Las tapan las noticias sobre el personaje del Agente 2.0 al servicio del Eje del Mal. La información se presenta guionizada como un thriller tramposo que, de paso, rebaja el coraje del espectador infundiéndole calculadas dosis de miedo. De eso se trata, de que la ciudadanía solo se asuma como espectadora. Mejor aún, como espectadora que se sabe monitorizada y que, en consecuencia, no hará nada raro ni cochino en la oscuridad de la sala de cine o en el salón de estar.


Tan peligrosa como la desinformación que viene de arriba resulta la "corrosión del carácter" que traslucen las reacciones de los de abajo. Pareciéramos rodeados de audiencias cínicas, descreídas e ignorantes. Me refiero a quienes aún atienden a los presstitutes (prostitutas de la prensa) que, como buenos profesionales, tras realizar la faena – en este caso informativa – presuponen que no hace falta recordarte que nada de lo dicho y hecho era verdad. Sus reacciones ante Snowden y sus valedores se resumen en una batería de preguntas ramplonas. ¿De verdad era necesario contarte que nada en esta vida es gratis? ¿Creías que Facebook significaba "por la cara"? Y la Guerra por la Libertad, ¿también te iba a salir gratis? Los escribas a sueldo llegan a reprocharnos que pensáramos que alguna vez se pondrían en pie por nosotros o, mejor dicho, con nosotros.


A estas meretrices se suman quienes se presentan como ángeles custodios del sistema. Para ellos las mega-filtraciones minan la legitimidad de las democracias, porque mientras estas son vulnerables a la crítica las dictaduras permanecen inmunes a cualquier denuncia. Es decir, Assange, Manning y Snowden habrían degradado nuestras democracias; situándonos en desventaja frente a quienes nos amenazan. No falta quien también acusa a los filtradores de empeorar la situación. Porque si antes se hacían así las cosas, ahora aumentarán la opacidad y el rigor. Los argumentos son equiparables a imputarles a Al Gore y a Greenpeace el cambio climático, la impunidad con que China destruye la capa de ozono y el creciente agujero de ozono.


No les hagan caso. Mienten, igual que quienes afirman que todo lo denunciado ya se sabía. Hasta la llegada de Snowden la monitorización y la represión digitales solo se imputaban a las dictaduras; ya saben, Irán, China, Rusia... El joven analista-hacker ha tenido que jugarse el pellejo para que los apocalípticos más señalados de la Red denunciasen, ahora sí, los desmanes de la NSA. Los "soplones" que se anticiparon a Snowden pagaron caras sus denuncias; precisamente, por la ausencia de portavoces que denunciasen la confluencia digital de los intereses corporativos y militares en nuestras sociedades.


Putas, ángeles custodios y mentirosos rodean a Snowden para acallarle. Ante todos ellos se congregan quienes afirman que nada temen, porque nada tienen que ocultar. Pobres imbéciles. Ni siquiera aplican al móvil los mismos criterios que a su coche. Pues bien, nos queda decirles, puros del mundo, nudistas de la red, instalen en su automóvil un dispositivo que informe puntualmente de cada uno de sus trayectos, la identidad de sus acompañantes, y todas y cada una de las infracciones de tráfico que comete a diario, la mayoría sin darse cuenta. Luego hablamos del nuevo precio de su seguro, o de...
¿Soluciones? Las mismas que en anteriores periodos del avance de las libertades civiles. Desarrollar herramientas de emancipación y construir sujetos capaces de emplearlas. Para empezar, conduzcamos coches que solo nos lleven a dónde queramos; es decir, usemos software libre. Generemos, tejamos redes de ciudadanía digital; más allá de la palabrería, del fetichismo y snobismo. Garanticemos la existencia de un Snowden en cada corporación y de una Manning en cada ejército. En eso deberíamos ocuparnos los próximos años.


Este texto anticipa el libro El cuarto poder en red, que será publicado por Icaria en primavera de 2014. Comenzará a ver la luz en el blog, que con el mismo título, aparecerá próximamente en Público

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Lunes, 23 Diciembre 2013 07:26

Sombra y luz

Sombra y luz

El sábado fue el día más oscuro del año –el solsticio invernal– justo antes de que en varias culturas se celebre la promesa del retorno de la luz. Todo va oscureciendo cada día más hasta el 21 de diciembre, y a partir de ahí, el milagro de que empieza a regresar cada vez más luz con el paso de los días. Pero eso depende en parte de la gran batalla entre sombra y luz.


Ha sido un año en que el negocio de las sombras empezó a ser revelado. Las dimensiones casi surrealistas de las operaciones de vigilancia clandestina del gobierno continúan siendo expuestas a la luz del día casi diario, llevando a un juez federal a caracterizarlas como algo "casi orweliano" y probablemente inconstitucional.

El ex profesor de derecho constitucional de Harvard y Chicago Barack Obama insiste en que no ha habido ningún abuso, sólo el potencial para ello, y que lo importante es que el pueblo confíe en que todo esto es por su propio bien. Pero toda persona consciente sabe que lo último que uno puede hacer es confiar en el poder; de hecho, la Constitución se basa en esa noción, afirma que el pueblo es el poder en una democracia y que goza de derechos y libertades inviolables por parte de sus autoridades. Eso dice.


El hecho es que las actividades de comunicación entre los estadunidenses por teléfono e Internet (ni hablar del resto del planeta) son registradas por espías del gobierno. Dicen que eso es necesario para combatir al enemigo del día: el terrorismo (como antes lo fue el comunismo), pero cada vez hay más elementos para concluir que el enemigo, para ellos, es el propio pueblo, o por lo menos es sospechoso de serlo.

Las implicaciones de esto son obvias y el gran debate que las revelaciones de Edward Snowden ha detonado aquí y en todo el mundo lo demuestran. Y es que las mismas herramientas para la comunicación, esa función tan esencial para la civilización humana, se han convertido en instrumentos para controlar esa función. En nuestra era cibernética, las computadoras, los celulares, las redes, las nubes, todo, se usa no sólo para la comunicación entre seres humanos, sino para vigilarlos y controlarlos.


Hay consecuencias más allá de las más visibles: la persecución de filtradores como Chelsea Manning, ahora Edward Snowden y otros seis ex funcionarios que se atrevieron a denunciar lo que consideran abusos, asimismo entidades como Wikileaks y hackers activistas.


Un sondeo reciente de la asociación nacional de escritores PEN encontró que sus miembros están cada vez más intimidados por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y hasta han empezado a censurar su propio trabajo; 88 por ciento de sus miembros en este país expresó preocupaciones por la vigilancia estatal, 28 por ciento ha limitado su uso de medios sociales y 24 por ciento evita abordar ciertos temas en sus comunicaciones. Los escritores expresaron preocupación por discutir asuntos militares, del Medio Oriente, la encarcelación masiva, políticas antinarcóticos, pornografía, críticas al gobierno estadunidense y hasta del movimiento Ocupa Wall Street en sus comunicaciones

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El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), como se reportó anteriormente, emitió hace unos meses su primer informe sobre la supresión de la libertad de expresión de periodistas por el gobierno en Estados Unidos, donde afirmó que las políticas agresivas de la administración Obama contra filtraciones y control de información oficial son las peores desde los tiempos de Richard Nixon, ponen en duda la promesa del presidente de que encabezaría el gobierno más transparente en la historia del país y dañan la libertad de prensa en Estados Unidos.


Lo bueno es que al crecer la luz hay cada día más denuncia y demandas por un cambio. Además de los defensores de libertades civiles y derechos humanos que han promovido demandas legales y han defendido a los que se atreven a denunciar estos abusos desde adentro, periodistas y ahora escritores están alzando la voz.


Hace poco, más de 500 intelectuales y escritores de unos 80 países, incluidos los premios Nobel Orahn Pamuk, J.M. Coetzee, Günter Grass, Tomas Transtrome y Elfriede Jelinek, así como otros destacados: Umberto Eco, Margaret Atwood, Dave Eggers, Arundhati Roy, Juan Goytisolo e Ian McEwan, firmaron un escrito declarando que el pilar básico de la democracia es la integridad inviolable del individuo. Agregan que la integridad humana se extiende más allá del cuerpo físico. En sus pensamientos y sus ambientes personales y comunicaciones, todo humano tiene el derecho de permanecer no observado y no molestado. Este derecho humano fundamental ha sido anulado mediante el abuso de desarrollos tecnológicos por estados y empresas para propósitos de vigilancia masiva. Acusan que ese tipo de vigilancia viola la esfera privada y limita la libertad de pensamiento y opinión. La vigilancia masiva trata a todo ciudadano como un sospechoso potencial (ver).


El autor estadunidense David Eggers escribió en The Guardian la semana pasada que todo indica que esta situación empeorará si no hay una mayor respuesta pública (lamenta que más de 50 por ciento dice que acepta la necesidad de lo que hace la NSA). Entrevistó a un autor que fue víctima de la cacería anticomunista del macartismo en los años 50, quien consideró que las cosas están peor actualmente, ya que la vigilancia ahora es de todos. Su colega cuenta que con el macartismo por lo menos habían caras de los encargados de la persecución, pero ahora es una agencia clandestina que aparentemente no rinde cuentas a nadie. Justo eso es lo más dañino, afirma Eggers, eso de que nadie sabe a ciencia cierta qué se esta recaudando, grabando, analizando y almacenando; o cómo todo esto será usado en el futuro. El que sobrevivió a McCarthy dice que tiene más miedo ahora más que nunca ante esta situación. Al preguntarle su consejo para escritores hoy día, le respondió todo lo que puedo decir es que necesitas resistir. Resistir, resistir, resistir, resistir.


Tal vez todo esto promete el inicio de días de mayor luz.

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"Existe un nivel de vigilancia que supera al de la Unión Soviética"

"Todos deberíamos exponer en nuestros balcones y ventanas un cartel grande indicando que la Ley de Seguridad Ciudadana insulta a España". Así de tajante se muestra Richard Stallman, padre del software libre, en una conferencia en la Universidad Rey Juan Carlos. A la cita se presenta descalzo, con la melena suelta y aspecto despreocupado. Comienza soltando frases lapidarias contra el Gobierno y la industria informática con una sinceridad divertida, pero con conocimiento de causa: el que aporta haber estado 30 años aplicando su inteligencia y "espíritu juguetón" para hackear el software y desafiar al monopolio de lo privativo.


Presenta un discurso directo, casi radical, en contra del servilismo ante el yugo informático. Ataca directamente a la conciencia y no hay medias tintas. Por eso, escucharle no deja indiferente. Explica con sencillez lo que significa el software libre: una filosofía iniciada por el hacker estadounidense, que desarrolló el primer sistema operativo libre, GNU (mal conocido como Linux), y creó la Free Software Foundation para proteger la libertad informática. Antes de eso estuvo trabajando en el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology), tras comenzar estudios de Física en Harvard.


El principio de su filosofía es claro: "O los usuarios tienen el control del programa o el programa tiene el control de los usuarios".


El origen de esta filosofía es dotar al usuario de mecanismos de poder, ¿estas herramientas pueden dar soberanía a la ciudadanía?
La sociedad tiene una elección: solidaridad y democracia o sometimiento y control total. Entre ambas, hay que elegir libertad. El objetivo del proyecto GNU es la liberación del ciberespacio y de todos sus habitantes. Esa es la invitación que hacemos desde la Free Software Foundation: ser libres a través del control de nuestra informática, evitando regulaciones arbitrarias de desarrolladores particulares y empresas privadas. La única manera de resistir es unirnos ahora. Si se valora la democracia se tiene que luchar para reducir el nivel general de espionaje hasta hacerlo compatible con la democracia. El uso en sociedad de programas privativos no es desarrollo, es dependencia. La meta debe ser acabar con esa dependencia. Hoy en día existe un nivel de vigilancia que supera al de la Unión Soviética: esto es un peligro para los derechos humanos.
¿Cuál es la diferencia entre privado y privativo?

El privado es el uso personal que cada uno hace de la informática; el software privativo es el que se distribuye al público pero bajo las condiciones de las empresas privadas, para someternos a su poder. Es menos malo robar comida que desarrollar software privativo.
Plantea el uso de software libre como una manera eficaz de luchar contra el poder de las empresas sobre los usuarios y como defensa ante el espionaje. ¿Cómo entender que la clave de la libertad se encuentra en el uso y control de la informática?


Los programas privativos tienen funcionalidades malévolas, como espiar, y sus puertas traseras hacen cosas al usuario sin permiso y sin informar. El programa privativo opera como un yugo para someter a la gente. El software libre es un asunto ético: no es gratuito, sino libre. Se basa en cuatro leyes esenciales: Ejecutarlo como quieras, poder cambiar el código fuente, ayudar a los demás redistribuyéndolo y contribuir a la comunidad compartiendo los cambios. Debemos ser libres de participar en el desarrollo del código y para tener el control individual y colectivo, esas cuatro libertades son esenciales. Usar el software libre nos invita a vivir en un mundo libre porque respeta la libertad individual y la solidaridad social mediante la cooperación con los demás.


¿Qué diferencia hay entre software libre y 'open source´?


El término código abierto fue planteado por Linus Torvalds para evitar planteamientos morales, para hacer olvidar la ética de libertad que hay detrás del proyecto GNU. Quieren separar nuestras ideas de nuestros programas, pero no se puede. No podemos dejar que se olviden nuestras ideas. Nuestro futuro depende sobre todo de nuestros valores.


Hay que rechazar los términos de propaganda del enemigo: por ejemplo, cuando me preguntan sobre la piratería respondo que es malo atracar barcos. Cuando me preguntan sobre la piratería en el cine, yo siempre digo que me gustó el primer Piratas del Caribe.


Después de tantos años, la mayoría de los usuarios aún no utiliza software libre, ¿por qué? ¿Cree que valoran su libertad?


Hay que defender la libertad, a nivel general, en todos los países, incluso hoy en día en España: ¿por qué no hay cien mil españoles en la calle contra la Ley de Seguridad Ciudadana? La Ley de Seguridad insulta a España. A los que no les importa que les espíen porque no tienen nada que esconder: no son muy inteligentes, evidentemente. Cuando tengan algo que esconder será demasiado tarde. Hay muchos delitos que todos cometen sin saberlo. Para mantener la libertad hay que defenderla, para defenderla hay que valorarla.


¿Cuáles son los principales softwares privativos?


Todos los usuarios utilizan, al menos, un sistema operativo privativo. Los móviles con software tienen funciones malévolas porque pueden espiar datos de ubicación y el usuario no puede evitarlo. Y tienen puerta trasera para convertirlos en dispositivos de escucha, incluso apagados. El teléfono móvil es el sueño de Stalin. Un ejemplo de software privativo es Microsoft Windows, que restringe al usuario con grilletes digitales: es malware. El malware es un programa diseñado para maltratar al usuario, es como se denomina a los virus. Windows es malware porque tiene puertas traseras, puede imponer cambios de software sin avisar y sin permiso. MacOS también es malware y los "iThings" son mucho peores. Espían a los usuarios, son plataformas de censura, son cárceles que impiden descargar o ejecutar cualquier programa que no sea de Apple.

Flash también es malware, aunque sea gratuito y no te exija pagar para abusar de ti. Hasta Facebook es un sistema de espionaje. Incluso Kindle es malware, porque engaña el usuario: Amazon es un sistema soviético de distribución de libros porque impone sus condiciones y puede registrar qué lees y cuándo. Por ejemplo, en 2009 provocó un escándalo al borrar, en un acto orwelliano, miles de copias de 1984. Curiosa ironía. Su verdadero propósito es quemar libros a distancia.


¿Qué papel crees que juega la Administración a la hora de promocionar e implementar el software libre?


Es sencillo. El Estado hace su informática para el pueblo y tiene la responsabilidad ante el pueblo de mantener el control de la informática y de rechazar el software privativo. El Estado tiene la responsabilidad de migrar al software libre.


Sin embargo, salvo algunas excepciones, las leyes favorecen el privativo...


Sí, los estados se someten a las empresas, es injusto.


Y en el sistema educativo ¿Crees que sería importante implantar el software libre?


Todos los niveles de educación deben enseñar software libre, no sólo por razones económicas. La escuela tiene la misión social de educar buenos ciudadanos, solidarios, independientes y libres, y solo el software libre cumple esta función.


Sin embargo no se corresponde con la realidad.

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Ya, por ejemplo el Estado español propone distribuir "tabletas-cárceles", con software privativo, para imponer grilletes digitales a los libros de texto. Es horrible. Hay que combatirlo. Quieren someter el futuro del país a Microsoft y Apple. ¿Por qué creéis que las empresas ofrecen programas privativos gratuitos a las escuelas? Por el mismo motivo que los narcotraficantes: ofrecen la primera dosis gratis y así crean una dependencia. Los privativos son enemigos del espíritu de la educación, de la difusión del conocimiento compartido, por eso hay que combatirlos desde el principio.


Centrándonos en la filosofía que inspira este proyecto, en el ámbito de la comunicación surgen otros proyectos que pretenden liberar la información, como WikiLeaks. ¿Qué le parece ese caso? ¿Qué consecuencias ve?


WikiLeaks es bueno. En cuanto a los efectos... no quiero especular. Realmente me parece que son detalles, lo importante de WikiLeaks es que tiene el efecto de dificultar que los Estados cometan crímenes secretos. Que el público tenga más información acerca de qué hacen los Estados es positivo, los ciudadanos deben tener el control del Estado.
Comparten la cultura hacker.

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Sí pero no somos iguales, hay un poco de similitud pero son asuntos diferentes: WikiLeaks publica secretos sucios y el software libre no tiene secretos sino conocimiento para su utilización práctica. Es importante, pero no es igual.


El software libre nació para "tener el control de tu propia vida". La NSA parece habérselo tomado al pie de la letra, ¿cómo se pueden evitar casos de espionaje masivo como este?


El desarrollo del software libre es básico para las cuestiones de transparencia, y no usar software privativo es la mejor defensa ante el espionaje. Para proteger la democracia hay que exigir cambiar el diseño de los sistemas digitales, para que no acumulen historiales de todo el mundo. En una democracia es necesario conocer qué hacen los Estados sin tener que depender de los heroicos reveladores de secretos como Snowden.


Precisamente, hace unos días The Guardian publicaba "Exploiting terrorist use of games and virtual environments" (aprovechando el uso terrorista de los videojuegos online), otra de las filtraciones de Edward Snowden...


No me sorprende. Todo el mundo puede tener acceso a esos datos que estaba investigando la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, son foros más o menos públicos. Me escandaliza menos que las otras cosas que hacen. Yo creo que queda bien así, me refiero más a la respuesta.


Las comunidades de desarrolladores, los hackers, suelen ser desconocidos...


No, yo nunca me escondí. No nos escondemos, no hay motivo. Los hackers son personas que emplean su inteligencia con un espíritu juguetón en cualquier campo de la vida. Lady Gaga, por ejemplo, tiene actitud hacker por su forma de vestir.


¿Qué pueden aportar las herramientas de software libre al periodismo?


Hay periódicos que hacen todo con software libre, ¡se puede hacer! Y el periodista merece esa libertad como cualquiera.

Por Kay Levin, Sofía de Roa y Virginia Uzal; forman parte de la Comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

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