La NSA rastrea cada día cientos de millones de celulares en el mundo

La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos recauda diariamente más de 5 mil millones de registros de ubicación de cientos de millones de celulares en el mundo que le permiten detectar redes de interrelaciones entre usuarios mediante un programa de espionaje mucho más grande en escala que los antes revelados en los documentos secretos filtrados por Edward Snowden, reporta hoy el diario The Washington Post.

Los registros nutren un banco de datos que almacena información sobre la ubicación de cientos de millones de aparatos, y con nuevos programas esto se convierte en una herramienta de vigilancia masiva, informa el rotativo con base en documentos filtrados por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y entrevistas con funcionarios estadunidesnses.


Un funcionario de la agencia comentó al Post que están recibiendo vastos volúmenes de datos sobre la ubicación de celulares alrededor del mundo a través de intervenir los cables que vinculan a las redes móviles a escala mundial. Aunque la NSA no tiene el objetivo de espiar los datos de ubicación de estadunidenses, obtiene información de manera incidental. Además, reporta el Post, se reacaudan datos de celulares de las decenas de millones de estadunidenses que viajan al extranjero cada año.


En escala, dimensión e impacto potencial sobre la privacidad, los esfuerzos para recaudar y analizar datos de ubicación podrían ser insuperables entre los programas de vigilancia de la NSA que se han divulgado desde junio. Analistas pueden encontrar teléfonos celulares en cualquier parte del mundo, rastrear sus movimientos y revelar relaciones secretas entre los individuos que los usan, indica el Post.
Funcionarios estadunidenses aseguraron al rotativo que los programas que recaudan y analizan datos de ubicación son legales y tienen la intención exclusiva de desarrollar inteligencia sobre objetivos extranjeros.


El rotativo explica que la NSA no sospecha de la gran mayoría de los usuarios de celulares, sino que obtiene datos en grueso y con sus herramientas de análisis conocidas como CO-TRAVELER le permiten buscan socios desconocidos de objetivos de inteligencia al rastrear la intersección del movimiento de personas.


Con sólo la información sobre ubicación –o sea, sin intervenir las comunicación en sí– la NSA puede aplicar técnicas matemáticas que le permiten mapear las relaciones entre usuarios de celulares al hacer correlaciones sobre sus movimientos durante periodos de tiempo con miles o millones de otros usuarios con que se cruzan. El Post recuerda que los celulares transmiten de manera constante sus ubicaciones, aun cuando no están en uso en una llamada o enviando textos.


Así, la NSA está rastreando a gente en todas sus actividades –reuniones, citas médicas, si usan hoteles o si están en sus casas– a nivel planetario.


Expertos señalan que aunque uno puede usar técnicas para poner en código sus comunicaciones digitales, es imposible ocultar ubicación si uno no se desconecta por completo de los sistemas modernos de comunicación.


El Post señala que la NSA, al no saber qué fracción microscópica de la información podría necesitar en algún momento, recauda y almacena todo lo que puede: 27 terabytes, según un cálculo, o más del doble de todo el contenido de texto en la colección de la Biblioteca del Congreso, la más grande del país.


El rotativo ofrece una gráfica y explicación sobre cómo la NSA rastrea a la gente en este momento.


Las revelaciones nutrirán el gran debate dentro y fuera de Estados Unidos sobre el espionaje masivo de gobiernos y pueblos que se detonó cuando The Guardian y The Washington Post empezaron a publicar reportajes sobre los documentos filtrados por Snowden hace seis meses. Ese debate ya ha llevado a que el gobierno de Barack Obama anuncie una amplia evaluación de los programas para lograr un mejor equilibrio entre libertades civiles y seguridad, y múltiples audiencias, investigaciones y propuestas legislativas para establecer nuevas normas y mayor transparencia.


Mientras tanto, Brasil y Alemania promueven una resolución ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) para abordar el asunto del espionaje masivo; otros gobiernos, incluido México, han solicitado explicaciones sobre el alcance de los programas de espionaje estadunidense empleados contra sus líderes políticos.


Sin embargo, continúan las acusaciones contra los mensajeros en Estados Unidos y Gran Bretaña, donde no sólo Snowden, sino periodistas, son acusados de poner en riesgo la seguridad nacional al reportar sobre los programas de espionaje. El director de The Guardian Alan Rusbridger fue interrogado ante el Parlamento el martes, donde se afirmó que las autoridades británicas evalúan si presentan cargos contra él y su periódico, tal como reportó La Jornada. En Estados Unidos las principales organizaciones de defensa de la libertad de expresión han denunciado medidas contra periodistas por el gobierno de Obama.


Ante esto, el relator especial sobre contraterrorismo y derechos humanos de la ONU, Ben Emmerson, anunció esta semana que está lanzando una investigación sobre los programas de espionaje de la NSA y su contraparte británica GCHQ que culminará en recomendaciones a la Asamblea General de la organización. Emmerson, en un artículo publicado en The Guardian, defendió el trabajo de los periodistas y escribió que la sorprendente sugerencia de que este tipo de periodismo responsable puede de alguna manera ser igualado con asistir y apoyar al terrorismo necesita ser detenida de manera decisiva.


Carl Bernstein, el famoso periodista que reveló, junto con Bob Woodward, el escándalo de Watergate para The Washington Post, envío una carta abierta a Rusbridger afirmando que su obligada comparecencia ante el Parlamento es algo peligrosamente pernicioso: un intento por las autoridades más altas de Reino Unido para cambiar el tema de políticas gubernamentales y secretos excesivos del gobierno en Estados Unidos y Gran Bretaña por uno sobre la conducta de la prensa.


Bernstein acusó que los gobiernos en Washington y Londres parecen tener la intención de armar "las barreras más serias (y de servicio para ellos) contra el reportaje legítimo de noticias –sobre todo del sigilo excesivo gubernamental– que hemos visto en décadas".

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La iniciativa sobre Internet de Dilma Rousseff enfrenta a industria y usuarios

Tras el escándalo de las revelaciones del espionaje de EE UU a sus aliados desatado por el caso Snowden, Brasil ha enarbolado la bandera del cibernacionalismo para garantizar la protección de datos y la transparencia en Internet. Además de las desavenencias públicas con Barack Obama después de conocerse que Washington espió las comunicaciones de la presidenta y a empresas como Petrobras, el Gobierno de Dilma Rousseff desempolvó con urgencia un viejo proyecto de ley - el llamado Marco Civil -, una especie de Constitución de Internet para intentar salvar a Brasil del radar estadounidense o de los tentáculos de Google o Microsoft, algunas de las compañías que colaboraron con la NSA.

 

El aspecto más polémico de la ley, cuya idea surgió hace seis años y que se debate estos días en el Congreso brasileño, es el que podría obligar a los grandes provedores de internet que operan en el país a nacionalizar sus bases de datos y a guardar los registros al menos durante un año. Un miembro del Gobierno hizo público, además, un plan para crear un cable submarino alternativo que evitaría el territorio de Estados Unidos, pero que enlazaría el país con Europa, Asia y África. E incluso Rousseff anunció en su Twitter la creación de un correo electrónico encriptado, dependiente de una red local que no atravesara suelo estadounidense.


La polémica ha estallado porque estos pasos apuntan de lleno a lo que será, según los especialistas, la próxima batalla de la Red: libertad o control, gobiernos o ciudadanos, sobreexposición o derecho al olvido digital. De hecho, varios gigantes de la informática y algunos medios de comunicación anglosajones han acusado a Rousseff de querer aislar a su país. La han llegado a comparar con los dirigentes chinos e iraníes y han alertado sobre los efectos indeseados de la ley como ahuyentar la inversión extranjera en este sector y condenar a los internautas brasileños a la segregación digital, pese a que en algunos países europeos existe una legislación parecida que protege cierta información sensible.


"Me preocupa más la balcanización de la Red que el caso Snowden", llegó a decir el presidente de Google, Eric Schmidt. La iniciativa también ha dividido a los provedores brasileños. ABRINT (siglas de la Asociación Brasileña de Proveedores de Internet) ha mostrado su apoyo al Marco Civil y apuesta por la neutralidad de la Red, mientras otra asociación del sector, ABRANET, se ha mostrado en contra de las algunas modificaciones que, según ellos, ponen en riesgo la libertad de expresión.


"Tiene muchos aspectos positivos, pero puntos negativos", dice Ronaldo Lemos, uno de los abogados que redactó el primer borrador del proyecto de ley que era, en sus orígenes, mucho menos controvertido, según sus palabras. "La obligación de instalar los centros de procesamiento de datos en Brasil puede disuadir a las empresas extranjeras de ofrecer sus servicios, ante el temor de aumentar sus costes, y ser un obstáculo para las compañías brasileñas que pretendan instalarse en el mercado local o global", asegura.


"Y además", añade Lemos, "paradójicamente podría conseguirse el efecto contrario al que dice perseguir el Gobierno: que los internautas queden desprotegidos y sus datos salgan a la luz pública. El texto original establecía que, para proteger la privacidad, el almacenamiento de los registros sería facultativo y no obligatorio (aunque podía ser requerido de forma oficial). Sin embargo, ahora existe la posibilidad de que esos dispositivos puedan alterarse y los datos de acceso de todos los brasileños tengan que ser obligatoriamente almacenados lo que sería negativo para su privacidad, que es lo que se debería proteger˜.


Lemos no es el único especialista que piensa así. Otros ven en esta medida un componente económico y proteccionista, continuación de la llamada reserva informática (las restricciones impuestas por Brasilia a este sector entre durante 20 años, hasta 1992) que pretendía crear una industria nacional con la ayuda de un férreo sistema impositivo. Instalar un centro de almacenamiento cuesta en Brasil unos 60,9 millones de dólares, comparados con los 48,7 que cuesta en México y los 43 en Estados Unidos, y según un informe de la consultora Cushman & Wakefield en 2012, Brasil está clasificado en el último lugar de 30 países analizados con respecto a la seguridad digital, debido a las altas tarifas eléctricas, al bajo nivel educativo y a la dificultad para crear un negocio, pese a que la población es muy activa en las redes sociales y hay más de cien millones de internautas.


"Se trata de una operación complicada tecnológicamente", dice Carlos Eduardo Lins da Silva, periodista y analista del Wilson Center Institute de Brasil, que también subraya los teóricos perjuicios para el consumidor, mientras que para Joanna Varon, de la Fundación Getulio Vargas, hay infraestructuras mucho más importantes, costosas y a largo plazo que sí diversificarían las rutas de tránsito de datos y que "no empezarían por ahí y mucho menos en una carta de principios como el Marco Civil".


Según los expertos, tampoco parece que estas medidas logren disuadir a la NSA a dejar de controlar las redes brasileñas, uno de los más importantes nudos de comunicaciones del planeta como mostró un reciente reportaje de la revista New Yorker. La mayoría del tráfico de Internet en Sudamérica y América Central pasa por un edificio, situado en Miami, llamado Network Access Point of the Americas, y la construcción de un cable alternativo costaría miles de millones de dólares y no impediría que Washington siguiera teniendo la facultad de obligar a Google o a Facebook a suministrarles los datos almacenados en Brasil. "De hecho, por la arquitectura actual de la Red, gran parte del trasiego de datos en Internet pasa por Estados Unidos, o sea, siguen sujetos a espionaje. Por eso, en el escenario al que nos enfrentamos ahora muestra como es cada vez más importante tener otras rutas", dice Varon, para quien lo urgente es que se apruebe el proyecto de ley de protección de datos personales.


Mientras, los esfuerzos brasileños, escenificados en un alegato de Dilma Rousseff en septiembre ante la Asamblea General de Naciones Unidas en el que se pronunció a favor de la neutralidad y la gobernanza de la Red para evitar lo que llamó "una guerra virtual" han sido muy bien recibidos por la población, en especial por la izquierda, que recuerda la aquiescencia de Washington hacia la dictadura militar entre 1964 y 1985. "Si no hubiera sido por la NSA, este asunto se hubiera postergado hasta 2014. Sin embargo, el tema tiene ahora un gran impacto electoral y se ve con simpatía esa posición de desafío con respecto a Estados Unidos", asegura Carlos Eduardo Linz da Silva. "Al contrario que sus predecesores, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva, Dilma Rousseff no tiene las banderas internacionales que tenían ellos. Así que la presidenta aprovechó bien la oportunidad que le brindó el asunto del espionaje. Al contrario que Angela Merkel, congeló o paralizó la relación con Estados Unidos, y eso no es bueno para Brasil", concluye.


"Rousseff ha tenido el valor de liderar el debate internacional sobre la privacidad en la Red", asegura, por su parte, Camille François, investigadora de la Universidad de Harvard (EE UU) que ha trabajado, entre otros, para Google y la Agencia estadounidense de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, en sus siglas en ingles). "Es lo que dijo ante la ONU y lo que podemos leer en el borrador presentado por Alemania y Brasil. Parece dispuesta a buscar un debate internacional constructivo sobre lo que los países pueden esperar y acordar para proteger la libertad individual en la era digital, no un escenario en el que cada uno se refugie en su jardin vallado. Es una conversación abierta en la que han participado expertos, abogados y empresas de Internet, no una serie de anuncios inesperados que no se sabe de dónde salen".


Controlar la información es una obsesión de todos los Gobiernos y más en el siglo XXI, en el que el avance de las comunicaciones hace casi ingobernable el tráfico de datos, cuyos fines pueden ser o no benéficos. La iniciativa de Dilma Rousseff parece necesaria para regular fenómenos impensables hasta hace poco, pero también es un intento de poner puertas al campo que podría volverse contra ella.

 

Cecilia Ballesteros / Frederico Rosas São Paulo4 DIC 2013 - 05:20 CET

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Martes, 03 Diciembre 2013 08:10

"Hoy el periodismo se ha jibarizado"

"Hoy el periodismo se ha jibarizado"

El vértigo de las horas, lejos de amainar, crece en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Juan Villoro está invitado a esta fiesta del libro, en la que podría ser declarado "visitante ilustre". A pocos días de recibir el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez por su trayectoria periodística, el escritor presentará una antología de relatos y crónicas, Espejo retrovisor (Planeta), en la FIL, además de participar en varias actividades. Hace una semana estuvo en La Habana, en la Casa de las Américas, institución que le dedicó su Semana de Autor. Las manos del mexicano acicatean el lenguaje. Hablan esos dedos estilizados de pianista, como impulsados por la corriente eléctrica de las palabras. El péndulo de los recuerdos inmediatos va y viene de Cuba a Guadalajara. Y viceversa. El inmenso cielo cubano flota sobre una multitud descalza y expectante. Cientos de ojos auscultando los pensamientos, atrapando las frases en los puños de los párpados. No es un sueño, no es una fábula. No son los atajos previsibles de una imaginación arrebatada que añade detalles inventados. "Los lectores cubanos son absolutamente apasionados. La calle donde di la charla se inundó. La gente llegó descalza, con los zapatos en la mano. Llegar así a una conferencia es algo que sólo ocurre en pocos lugares. Es un acto de fe hacia la palabra, algo que no voy a olvidar", confiesa el narrador mexicano a Página/12.

 

"El nivel de discusión en la isla se ha ampliado –confirma Villoro–. Yo siempre he tenido una postura cercana a la mayoría de las ideas de la izquierda, pero también soy enemigo de dogmatismos y autoritarismos, de persecuciones y purgas internas. Hay un proceso de transición que no sabemos dónde terminará en Cuba. Los mexicanos somos especialistas en transiciones lentas. Después de la masacre de Tlatelolco, en 1968, el presidente Luis Echeverría inició un período que se llamó 'la apertura democrática' y que teóricamente nos iba a llevar a la alternancia política. Pasaron tres décadas antes de que eso sucediera. De modo que somos especialistas en un cambio que se va produciendo muy lentamente. Y algo semejante está ocurriendo en la isla. Pero creo que la historia del continente pasa por Cuba. Y creo que algunas de las discusiones más interesantes sobre una futura pluralidad intelectual se están dando dentro de la isla, entre los escritores e intelectuales cubanos."


Villoro explica que hace unos años se realizó un homenaje al propio Fernando Benítez (1912-2000), una mesa redonda que salió muy bien y fue el germen de este reconocimiento. "Los mexicanos tenemos la superstición de que todo lo que sale bien por casualidad se debe convertir en tradición –dice Villoro, medio en broma, medio en serio–. En este caso, se trata de un accidente afortunado que permitió que en los siguientes premios se hicieran mesas redondas protagonizadas por colaboradores muy cercanos de Benítez, como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska. Y ha seguido la lista hasta llegar a mí, lo cual me da mucho gusto porque yo trabajé con Benítez en un periódico imaginario dos años, sin que el periódico llegara a salir, entre 1989 y 1991. Se llamaba El independiente, pero demoramos tanto en existir que nos decían 'el inexistente'. El director general era Benítez y el director editorial era Miguel Bonasso. Yo era el más joven del grupo y estaba a cargo de la sección de cultura; fue como hacer un master con toda esa gente." El autor de las novelas El disparo de argón, El testigo y Arrecife subraya que la experiencia en ese periódico inexistente fue "extraordinaria" en lo pedagógico y revela que convivió mucho con Benítez, un escritor y periodista "muy significativo" porque fue precursor de cierta crónica etnográfica que reunió en su obra monumental Los indios de México. "También estuvo muy interesado en vivir desde el presente momentos de la historia, por ejemplo reproducir la ruta de Hernán Cortés desde Veracruz a la ciudad de México en tiempos modernos", cuenta el escritor y periodista.


–¿Qué es el periodismo cultural hoy en un mundo tan cambiante?


–Es una tautología, porque todo buen periodismo es cultural. Una buena crónica política, si está bien escrita, tiene elementos que honran la cultura. Todo buen periodismo establece conexiones entre zonas dispersas de la realidad que sólo gracias al periodismo se tocan. La representación de lo real en clave periodística es un ejercicio cultural en sí mismo. Muchas veces se piensa que el periodismo cultural es exclusivamente el eco de la cartelera, lo que sucede noticiosamente en el ámbito restringido de las bellas artes. Pero creo que rebasa esta categoría y hoy en día vemos que algunas de las propuestas más interesantes de cambios de costumbres tienen que ver con las nuevas tecnologías, con cambios de hábitos culinarios y el papel de los chef como nuevos gurúes de la especie, con la participación cada vez más activa y necesaria de arquitectos y urbanistas en el discurso público de las ciudades. El periodismo cultural no tiene una zona restringida exclusivamente a lo literario y la cobertura de las bellas artes.


–¿Qué aprendió en esos dos años de preparación con infinitos números ceros del periódico El Independiente, que nunca salió?
–Hacíamos cierres imaginarios, mejorábamos nuestro record de cierre, teníamos exclusivas que sólo nosotros dábamos, en una mesa de café. Eramos un grupo de locos, como un proyecto de esos personajes de Roberto Arlt, que intentan algo en un garage. Así estábamos nosotros. Eramos más alquimistas que periodistas, pero nuestro tema eran las noticias. Desde luego que fue un gran aprendizaje: titular, cabecear, resumir las noticias. El periodismo tiene que ver mucho con el arte del resumen en el buen sentido. El gran problema es que hoy en día el periodismo se ha jibarizado: ya no es el arte del resumen, sino de la liposucción y muchas veces de la amputación. Un buen texto breve puede ser extraordinario. Ahora estamos ante el desafío ya no de trabajar con un muy buen texto breve, sino con una miniatura que apenas es el apunte de una nota.


–¿Qué más aprendió o encontró en esa escuela de "alquimistas"?


–El periodismo como forma de vida. Una cosa que me parece extraordinaria es que aprendí que el periodismo es absolutamente agotador, pero también profundamente adictivo. Sales extenuado de cubrir algo y en la calle, yendo a descansar, ves algo y ya es otra noticia. Sientes ese reflejo animal de hacerlo. Eso, cuando dirigí La Jornada Semanal, lo tuve hasta el último día que hice el suplemento. Cuando terminé el último número, pensé que iba a descansar. Al siguiente, domingo, en una sala de espera, vi una persona leyendo el suplemento que ya no había hecho yo. Sentí una mezcla de nostalgia y curiosidad por lo que habían hecho. Sentí lo que siente el niño de Toy Story 3 que tiene que regalar sus juguetes. Es bueno y noble regalar los juguetes cuando ya no los usas, pero también es triste que ya no puedas usarlos. Necesitaba dejar la coordinación editorial, que me tenía del otro lado de la mesa, del lado para mí equivocado, porque creo tener mucho más espíritu de colaborador que de director. Necesitaba escribir y pues no he dejado de hacerlo.


–¿Por qué decidió que la antología Espejo retrovisor se despliegue a la inversa de lo que se estila: de lo inédito y más reciente hacia atrás?


–Reuní treinta años de trabajo en los dos géneros que más he practicado: el cuento y la crónica. Me pareció interesante que los cuentos fueran una especie de viaje a la semilla, es decir, pasar por cuentos que aún no están en libros –pero que formarán parte de libros futuros– y llegar a los cuentos más remotos, uno de ellos titulados precisamente "Espejo retrovisor". Hay cierto peligro en hacer una lectura evolucionista de un autor, una especie de darwinismo intelectual de pensar que empezó como un protozoario y fue progresando hasta convertirse en otra especie (risas). Eso no es real. Me parece más interesante trabajar el tiempo al revés porque es mucho más literario darle una coherencia retrospectiva al destino. Y eso sólo lo podemos hacer desde el presente. En cambio, las crónicas las ordené caprichosamente, porque tampoco quería que las crónicas, que desde su nombre dependen del registro del tiempo, estuvieran datadas y fueran unas más viejas y otras más nuevas. Las crónicas que funcionan se pueden leer sustraídas de la contingencia que les dio origen. Hay un juego de tiempos donde no necesariamente hay una cronología. Me parecía muy importante que el género cuyo dios es Cronos no se atuviera a sus designios en el orden.


–¿Qué pasa con el tiempo y la urgencia en la crónica?


–Hay dos formas de emplear el tiempo. Una es el tiempo para escribir el texto y la otra es el tiempo como contenido del texto. El tiempo para escribir el texto es una condición inmanente de la crónica. No necesariamente es una restricción negativa. Hay muchas cosas que he escrito presionado por la entrega y que solamente con esa espada de Damocles encima pudieron haber salido. Eso me parece muy significativo, un obstáculo estimulante. "Los convidados de agosto" la escribí en dos días porque llegué de Chiapas y tenía que dar la crónica de inmediato. La entrevista con Mick Jagger la escribí en un día. La de Salman Rushdie empezó aquí, en la Feria de Guadalajara; lo acompañé a Tequila, el pueblo donde se hace la bebida famosa, y tenía que entregarla en tres días. Sólo dos fueron muy lentas. Una sobre mi padre, porque es un aprendizaje entender su vida con una construcción de sentido. Querer a una persona muchas veces es imaginarte una manera de acercarte a ella. Es una crónica demorada por los años que he vivido junto a mi padre. "Los once de la tribu" fue hecha durante dos horas para el Mundial de Italia. El tiempo es una restricción, pero también es un acicate. Naturalmente, he tardado años en terminar cuentos, en encontrarles la salida. Pero hay otros escritos en una sentada. "Mariachi" lo escribí en el mismo tiempo que escribí una crónica, un cuento que salió como una especie de desahogo personal. En una crónica no puedes violentar el decurso de los hechos; en el cuento, el propio cuento que le da título al libro, juego con esto: es un amor de adolescencia que nunca se realizó y regresa como posibilidad muchos años después. El desafío de las segundas oportunidades. ¿Realmente es lo mismo o no? ¿Ahora sí se cumplirá ese amor o no? La metáfora del cuento es una reiteración del mismo obstáculo: ha pasado el tiempo y eso no ha solucionado nada.


–¿Por qué los textos que salen con la espada de Damocles muchas veces funcionan mejor que aquellos en los que hubo más tiempo de escritura y preparación?


–Yo creo que se disuelve el papel censor de la conciencia. Todos nosotros tenemos prejuicios, tabúes, miedos y eso nos está limitando. Ante la presión, tenemos una licencia para suprimir momentáneamente ese tribunal porque no te queda más remedio. Los momentos de apuro te vuelven fácilmente narrativo. Regresas a las cuatro de la madrugada a tu casa, con la corbata en la frente y unas manchas de carmín en la camisa, y tu esposa te dice: "¿Dónde estuviste?". En ese momento tienes una capacidad para la ficción que no habías sospechado en ti mismo (risas).


–¿Cómo anda el libro sobre la ciudad de México que está escribiendo?

 

–Va muy mal, como la ciudad de México. Empecé el primer texto de El vértigo horizontal –la famosa definición de la pampa de Pierre Drieu La Rochelle– hace 16 años. La pampa tiene esa condición de llanura ilimitada y vertiginosa. Durante mucho tiempo, la ciudad de México fue una ciudad baja que apostó por la extensión. Ahora está cambiando. Quiero captar lo que ha sido esa ciudad que he registrado durante cincuenta años. Es un texto donde mezclo crónicas, memorias, reportajes; pero el libro ha crecido como su tema y ahora ya no necesita un corrector de estilo, sino un urbanista que le ponga orden (risas). Espero terminarlo, pero estoy luchando mucho...

 

–¿Contra qué?


–Contra mi propio caos, contra la tentación de ser exhaustivo en una ciudad donde no puedes serlo. Nadie conoce todos los barrios de la ciudad de México, ni siquiera el más laborioso de los taxistas ha estado en todas sus calles. Es una demencia tratar de captar la ciudad. Pero siempre hay cosas que se te están escapando y tú dices: "¡Pero cómo no metí también esto!". Es una visión caprichosa y restringida de algo inagotable. Es una ciudad que responde a lo que los topógrafos aéreos llaman "mancha urbana". Una ciudad sin forma, sin límites aparentes, de ahí también la dificultad de captarla.


–Es una ciudad muy literaria también poresa imposibilidad de captarla, ¿no?

 

–Desde luego, es una conjetura. Nadie sabe realmente cómo es toda la ciudad. Podemos conjeturar su espacio y eso es un ejercicio sumamente literario. La ciudad pide ser explicada porque ella misma no ofrece una explicación tangible. Es como una hormiga describiendo la selva. Ese es el desafío que tengo: la selva vista por la hormiga. Habría preferido tener el punto de vista del águila, que es más panorámico.

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Televisores inteligentes "espían" en los hogares

¿En qué otro lugar puede sentirse usted más seguro que en su propia casa? Pero hoy hasta en nuestra cama podemos estar bajo el control del 'ojo omnipresente'. Y el culpable es un dispositivo que se encuentra en casi todos los hogares: el televisor.


Puede sonar más como el argumento de una película de ciencia ficción futurista, pero estas escenas ya suceden todos los días en pueblos y ciudades de todo el mundo y en la mayoría de los casos, las víctimas no tienen ni idea de que alguien puede estar observando qué ropa llevan puesta, qué alimentos han comido, qué programa de TV han visto y cada paso que dan. Estos 'vigilantes' pueden ser delincuentes o trabajar para grandes corporaciones y ahora saben sus secretos más íntimos.


En pocas palabras, nuestros televisores han comenzado a espiarnos y esto es algo que está comprobado.


La semana pasada un consultor de tecnologías de la información, Jason Huntley, residente en un pueblo cerca de la ciudad de Hull, en el condado ceremonial de Yorkshire del Este, Reino Unido, descubrió que su televisión inteligente de pantalla plana, colocado en su sala de estar desde este verano, estaba invadiendo la privacidad de su familia, informa 'The Daily Mail'.


Huntley comenzó a investigar el dispositivo de marca LG que le costó 400 libras esterlinas (unos 649 dólares) después de darse cuenta de que su pantalla de inicio estaba mostrándole anuncios basados en los programas que él había estado viendo.


Fue entonces cuando el británico decidió controlar la información que el televisor inteligente que se conecta a Internet estaba enviando y recibiendo. Lo hizo mediante el uso de una computadora portátil como puente entre su televisor y el receptor de Internet, por lo que el portátil era capaz de mostrar todos los datos que eran obtenidos por el 'dispositivo espía'.


Pronto el informático descubrió que no solo todos los detalles de cada programa que estaba viendo, sino también sobre cada botón que pulsaba en su mando, estaban siendo enviados de nuevo a la sede corporativa de LG en Corea del Sur.Allí, la empresa de electrónica parecía estar utilizando los datos personales de sus clientes para ganar más dinero, enviando videos promocionales de productos que potencialmente podrían parecerles interesantes.


El LG de Huntley había enviado a la sede de la compañía también el contenido de su colección privada de videos digitales que estaba viendo en el televisor, incluyendo filmaciones de celebraciones familiares que contenían imágenes de su esposa y sus dos hijos pequeños.


Pero lo más preocupante de toda la situación fue que el dispositivo continuó el envío de dicha información a Corea, incluso después de que Huntley ajustara la configuración predeterminada para desactivar el intercambio de datos.


El británico escribió acerca de su experiencia en su blog, después de que el caso llamase la atención de los principales medios de prensa del país, lo que obligó al gigante LG a abrir una investigación.


"La privacidad del cliente es una prioridad", afirmaron los representantes de la compañía. "Estamos investigando informes de que cierta información de visualización en televisores inteligentes LG era compartida sin su consentimiento", añadieron.


No obstante, expertos en informática destacan que la investigación de Huntley probablemente es solo la punta del iceberg. Según ellos, los nuevos televisores inteligentes que se conectan a Internet cada día entran en más hogares por todo el mundo y cada uno de ellos puede ser fácilmente 'hackeado', ya que a diferencia de las computadoras, es imposible instalarle un antivirus por la falta del 'software' necesario.
Así, por ejemplo, un delincuente que tiene unos mínimos conocimientos de informática podría obtener los detalles de las tarjetas de crédito que los usuarios suben al televisor para realizar el pago de las películas que descargan o el uso de aplicaciones comerciales.


Otro descubrimiento inquietante que recientemente hicieron los expertos fue que es posible acceder de forma remota a las cámaras de vídeo integradas en miles de televisores inteligentes y recibir las imágenes de cada paso que dan los usuarios en su propia casa, siempre que estén al alcance del objetivo de ese dispositivo.


28 NOVIEMBRE 2013

(Con información de RT)

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Miércoles, 27 Noviembre 2013 07:40

Democracia audiovisual para Unasur

Democracia audiovisual para Unasur

La tercera edición del Encuentro de Comunicación Audiovisual realizada del 21 al 23 de noviembre en Mar del Plata mostró aspectos de trascendencia nacional y regional hacia la democracia audiovisual.

 

Los distintos ministerios y agencias públicas actualizaron el avance de las redes de fibra óptica, el incremento de horas de producción nacional con temática diversificada y raigambre cada vez más federal. Recordaron la disponibilidad y el alcance nacional de la Televisión Digital Abierta y los contenidos de las señales públicas.


Assange y la circulación de contenidos


Sorprendió, en el último día del encuentro, la presencia vía teleconferencia desde "territorio ecuatoriano en Londres" del asilado Julian Assange. Durante la exposición, con frases contundentes, actualizó diagnósticos de dependencia en la circulación de contenidos y de la concentración de producción y distribución de empresas con posiciones dominantes del mercado. También Assange valoró "el rol activo de Latinoamérica en la búsqueda de resguardar la soberanía y la libertad frente a los avances sobre la Internet global".


Así, reafirmó los fundamentos de la convocatoria lanzada el día anterior para vertebrar un Consejo de Comunicación Audiovisual para Unasur, propuesta realizada por el vicepresidente Amado Boudou y la presidenta del Incaa, Liliana Mazure.


En una reunión articulada vía la Cancillería, representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela analizaron "las principales conquistas y desa-fíos que atraviesan los países suramericanos en el mayor proceso de transformación de la producción y comunicación audiovisual de su historia", de acuerdo con el acta suscripta.


Destacaron la revisión de los criterios de conectividad de redes de fibra óptica e inalámbrica y la necesaria planificación y regulación de los Estados para impedir imposiciones "de facto" en las capacidades de interconexión, en la distribución (vía centros de emisión ubicados fuera del propio territorio), y las barreras a la entrada de nuevos prestadores vía costos directos o indirectos fijados por los oligopolios preexistentes.

 

Se evaluó imprescindible no sólo aumentar la diversidad de contenidos de acceso libre, sino también incidir en la distribución y exhibición del cine, la televisión y "cualquier nuevo producto audiovisual que circule por distintas plataformas", aludiendo a YouTube, Google, Netflix y demás emprendimientos que generan excedente económico por fuera de los sistemas analógicos tradicionales. "No es una cuestión de control social, sino de necesaria promoción de la construcción colectiva", sintetizaron.


Resulta gratificante tomar nota de experiencias en marcha que trascienden las fronteras de cada país. Ejemplo de ello es la cooperación en Televisión Digital Abierta de de-sarrollos argentinos y brasileños, en Venezuela y Bolivia. O el funcionamiento de Ibermedia TV, con programas a emitir en las televisoras públicas. O el desarrollo de los satélites de Arsat y el Tupac Katari boliviano. O los fondos de coproducción entre países para aumentar la cantidad de películas.


Sin embargo, se constataron fuertes restricciones del mercado de distribución que impiden a la casi totalidad de los 430 largometrajes estrenados por año en Latinoamérica ser vistos por el público del propio país, y mucho menos por los países vecinos o hermanos. Preocupación común con las naciones europeas, que tampoco ofrecen en sus pantallas producciones de origen distinto a las grandes majors norteamericanas.


La agenda


Resaltaron las siguientes cuestiones de agenda para Unasur:
- Diversidad audiovisual. Nuevos emisores en radio, TV y plataformas digitales: fortalecer criterios comunes (ejemplo: garantía de un tercio del espectro radioeléctrico para organizaciones sociales, como ya existe en legislaciones de Argentina, Uruguay y Ecuador).


- Unificación de criterios para limitar las crecientes presiones de los distribuidores a los derechos de emisión y propiedad intelectual de los realizadores de películas, que impiden su difusión para el gran público latinoamericano.


- Fortalecer bancos de contenidos audiovisuales de acceso público en cada país pensando en esquemas inteligentes de circulación y programación. Digitalización de películas y materiales producidos con tecnología analógica, tendiendo a un Banco de Contenidos Audiovisuales de Suramérica para preservar y difundir nuestro patrimonio audiovisual.


- Promover la formulación de guiones y producciones compartidas entre los países (coproducciones, proyecto venezolano Canal Patria Grande, etcétera).


- Regular, desarrollar y capacitar en nuevas tecnologías en sintonía con la convergencia tecnológica. Compartir redes como Arsat para asegurar la distribución digital de películas y material audiovisual sin depender de redes comerciales.


- Consolidar la producción de componentes y terminales para sustituir importaciones y multiplicar los recursos humanos calificados y el empleo en la región. (Mazure anunció un plan de ensamblaje en Argentina de proyectores digitales por la empresa NEC, lo cual se suma a la creciente implantación de sistemas digitales de TDA.)

 

Por Diego Rossi, U.B.A. Observatorio del Sector Audiovisual.
Desde Mar del Plata

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Greenwald y Keller

Recientemente el periodista Bill Keller, de The New York Times, retó a Glenn Greenwald, ex reportero del diario británico The Guardian que reveló las filtraciones de Edward Snowden. Cubadebate comparte con sus lectores esta extraordinaria esgrima verbal entre dos modelos de periodismo, texto que ha traducido el sitio Ventana Política, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

 

Mucha de la especulación acerca del futuro de las noticias se centra en el modelo empresarial: ¿Cómo generaremos ingresos para pagar a quienes recopilan y difunden las noticias? Pero la prejudicial influencia del Internet da lugar a otras cuestiones profundas con respecto a lo que se está tornando el periodismo, a su carácter esencial y valores. La columna de esta semana es una conversación — una polémica (mayormente) civil — entre dos puntos de vista muy diferentes de cómo el periodismo lleva a cabo su misión.

 

Glenn Greenwald hizo público probablemente el mayor artículo periodístico del año, las revelaciones de Edward Snowden acerca del inmenso aparato de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, ha criticado abiertamente el tipo de periodismo que se practica en lugares como The New York Times, y ha abogado por un tipo de periodismo más activista, más parcial. A principios de este mes anunció que pasaba a formar parte de una nueva empresa periodística, con el apoyo del multimillonario de eBay, Pierre Omidyar, quien prometió invertir 250 millones de dólares y "tirar a la basura las viejas reglas." Yo invité a Greenwald a que se me sumara en un intercambio en línea acerca de lo que eso significa exactamente.

 

Estimado Glenn:

 

Llegamos al periodismo provenientes de diferentes tradiciones. Yo he pasado mi vida trabajando en periódicos que dan mucha importancia a la cobertura progresista pero imparcial, que esperan que reporteros y redactores se reserven sus opiniones a menos que se reubiquen (como lo hice yo) en las páginas identificadas claramente como la portada de opinión. Usted proviene de una tradición más activista — primero como abogado, luego como bloguero y columnista, y más recientemente como parte de una nueva empresa periodística independiente financiada por el fundador de eBay, Pierre Omidyar. Su redacción procede de un punto de vista expuesto claramente.

 

En un anuncio publicado por Reuters este verano, el crítico periodístico Jack Shafer celebró la tradición del periodismo parcial — "De Tom Paine a Glenn Greenwald" — y lo comparó a usted con lo que llamó "el ideal empresarial." No explicó la frase, pero no creo que la haya empleado de manera positiva. Henry Farrell, bloguero de The Washington Post, escribió más recientemente que publicaciones como The New York Times y The Guardian "tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones", y sugirió que su nuevo proyecto con Omidyar representaría un gran escape a tales relaciones.

 

Encuentro bastante que admirar en la historia estadounidense de periodistas defensores, que van desde los autores de panfletos hasta los sensacionalistas, hasta el Nuevo Periodismo de los 60 y hasta lo mejor de los blogueros activistas de la actualidad. En el mejor de los casos, su fortaleza y pasión han estimulado las verdaderas reformas (con frecuencia, como en la Era Progresista, gracias a las "relaciones políticas de los periodistas con los gobiernos"). Espero que la cobertura que usted ofreció acerca de la vigilancia hiperactiva de la Agencia Nacional de Seguridad conlleve a alguna responsabilidad inmediata.

 

Pero el tipo de periodismo que practican The Times y otras organizaciones de prensa convencionales — en el mejor de los casos — también incluye bastante de qué enorgullecerse, revelaciones desde Watergate hasta la tortura y las prisiones secretas para la malversación de la industria financiera, e incluso algunas revelaciones previas a las de Snowden acerca del abuso de autoridad de la Agencia de Seguridad Nacional. Esos son casos que saltan a la mente, pero usted encontrará ejemplos casi en cada reportaje diario. Los periodistas en esta tradición tienen muchas opiniones, pero dejarlas a un lado para seguir los hechos — como se supone que un juez en un tribunal aparte los prejuicios para seguir la ley y la evidencia — a menudo puede tener resultados más sustanciales y más creíbles. La prensa convencional ha tenido sus fracasos — episodios de credibilidad, equivalencia falsa, sensacionalismo y falta de atención — por los que hemos sido merecidamente azotados. Espero que usted diga: no han sido suficientemente azotados. Así que le paso el azote.

 

Estimado Bill:

 

No existe cuestión alguna en que los periodistas en las sedes de los medios de prensa, ciertamente incluyendo al The New York Times, hayan producido alguna cobertura extraordinaria en las últimas dos décadas. No pienso que alguien discuta que lo que se ha tornado (bastante recientemente) el modelo estándar para un reportero — ocultando las perspectivas subjetivas propias o lo que parecen ser "opiniones" — excluya al buen periodismo.

 

Pero asimismo este modelo ha generado mucho periodismo atroz y algunos hábitos tóxicos que debilitan la profesión. Un periodista que se aterrorice de salir a expresar cualquier opinión muchas veces estará libre de frases declaratorias con respecto a la verdad, optando en cambio por una formulación cobarde e inútil de "esto-es-lo-que-ambas-partes-dicen-y-yo-no-voy-a-resolver-los-conflictos". Esto recompensa la deshonestidad por parte de los funcionarios políticos y empresariales que saben que pueden confiar en periodistas "objetivos" para ampliar sus falsedades sin desafíos (por ejemplo, la cobertura se reduce a "X dice Y" en lugar de "X dice Y, y eso es falso").

 

Lo que es peor aún, esta coacción asfixiante con respecto a cómo se permite a los reporteros expresarse genera una forma de periodismo estéril que se torna tanto incapaz como aburrido. El no llamar tortura a la "tortura" porque funcionarios del gobierno exigen el empleo de un eufemismo más agradable, o el identificar perezosamente una afirmación cuya verdad es demostrable con una cuya falsedad se puede probar, priva al periodismo de su pasión, vigor, vitalidad y esencia.

 

Lo peor de todo es que este modelo se basa en una concepción falsa. Los seres humanos no son máquinas impulsadas por la objetividad. Todos nosotros de manera intrínseca percibimos y procesamos el mundo a través de prismas subjetivos. ¿Qué sentido tiene fingir lo contrario?

 

La distinción relevante no está entre los periodistas que tienen opiniones y los que no las tienen, porque esta última categoría es mítica. La distinción relevante está entre los periodistas que revelan honestamente sus suposiciones subjetivas y valores políticos y aquellos que de manera deshonesta fingen no tener ninguna o las ocultan de sus lectores.

 

Por otra parte, todo periodismo es una forma de activismo. Cada elección periodística necesariamente comprende suposiciones altamente subjetivas — de tipo cultural, político o nacionalista — y sirve a los intereses de una facción o de otra. El antiguo abogado del Departamento de Justicia de Bush, Jack Goldsmith, en el 2011 elogió lo que llamó "el patriotismo de la prensa estadounidense", refiriéndose a su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos, lo que pudiera (o no) ser una acción noble, pero definitivamente no es objetiva: es bastante subjetiva y clásicamente "activista."

 

Pero en última instancia, la única medida real del periodismo que debe importar es la exactitud y la fiabilidad. Yo personalmente creo que revelar honestamente en lugar de esconder nuestros valores subjetivos hace al periodismo más sincero y fidedigno. No obstante, ningún periodismo — del más "objetivo" desde el punto de vista estilístico al más descaradamente dogmático — posee ningún valor real si no se basa en hechos, evidencias, e información comprobable. La afirmación de que periodistas abiertamente dogmáticos son incapaces de producir un buen periodismo es absolutamente tan inválida como la afirmación de que la artificiosa forma de periodismo libre de perspectivas no puede hacerlo.

 

Estimado Glenn:

 

No los veo como reporteros fingiendo no tener opiniones. Los veo como reporteros, como una disciplina ocupacional, postergando sus opiniones y dejando que la evidencia hable por sí misma. Y lo que importa es que este no es sólo un ejercicio individual, sino una disciplina institucional, con redactores que tienen la tarea de desafiar a los escritores si han desestimado hechos o argumentos opuestos que los lectores pudieran querer saber.

 

Lo importante es que una vez que hayas declarado públicamente tus "suposiciones subjetivas y valores políticos", es la naturaleza humana querer defenderlos, y se torna tentador omitir o minimizar los hechos, o formular los argumentos de forma tal que apoyen el punto de vista que has declarado. Y algunos lectores, al saber que escribes desde la izquierda o la derecha, mirarán tu cobertura con justificada desconfianza. Por supuesto que lo podrían hacer de cualquier modo — pasando por alto cualquier cosa que lean porque aparezca en el "liberal" The New York Times — pero considero que la mayoría de los lectores confían más en nosotros porque sienten que hemos hecho la debida diligencia, y no sólo expuesto los argumentos. (Una vez vi una encuesta de opinión donde se preguntó a los lectores del The Times si consideraban que esta publicación era "liberal." La mayoría dijo que sí. Entonces les preguntaron si The Times era "imparcial." Una gran mayoría dijo que sí. Supongo que puedo vivir con eso). En estos momentos trabajo en el campo de la opinión, pero como reportero y redactor de noticias he definido mi trabajo no cómo decir a los lectores lo que pienso, o decirles lo que deben creer, sino decirles lo que necesitan saber para decidir por ellos mismos. Usted está en lo cierto, por supuesto, con respecto a que algunas veces los resultados de ese proceso son menos emocionantes que una fuerte polémica.

 

En ocasiones el juego limpio se convierte en equivalencia falsa, o se percibe como un eufemismo. Pero es simplista decir, por ejemplo, a menos que utilice la palabra "tortura", que usted ha fracasado ante una prueba de coraje, o que encubre al diablo. Claro que considero el waterboarding (ahogamiento simulado) una tortura. Pero si un periodista me ofrece una descripción vívida delwaterboarding, observa la larga línea de regímenes monstruosos que lo han practicado, y luego expone el debate legal en cuanto a si se viola un estatuto o acuerdo internacional específico, no me interesa si emplea la palabra o no. Yo estoy contento — y completamente equipado — para sacar mis propias conclusiones.

 

Si Jack Goldsmith, antiguo abogado de la administración de Bush, hubiera elogiado a la prensa estadounidense, citando las propias palabras que usted emplea, por "su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos", entonces yo estaría fuertemente en desacuerdo con él. Nosotros hemos publicado muchos artículos que desafiaron las políticas e intereses declarados por el gobierno. Pero eso no es exactamente lo que dice Goldsmith. Él plantea que The Times y otros medios de difusión importantes toman seriamente en cuenta los argumentos de que publicar algo perjudicará la seguridad nacional — lo que podría significar que alguien resultara asesinado. Eso es verdad. Nosotros escuchamos con respeto tales afirmaciones, y luego tomamos nuestras propias decisiones. Si no estamos convencidos, en ocasiones publicamos a pesar de las fuertes objeciones del gobierno. Si estamos convencidos, esperamos o no damos a conocer detalles. La primera vez que me enfrenté a una decisión de esa índole fue en 1997 cuando era redactor extranjero, y un reportero aprendió de un conflicto entre Rusia y Georgia, antigua república soviética, qué hacer con un alijo de uranio altamente enriquecido dejado atrás luego de la desintegración de la Unión Soviética. El conflicto fue una noticia interesante. Pero cuando el reportero verificó resultó ser que el arsenal estaba completamente sin protección, a disposición de cualquier terrorista que quisiera fabricar una sucia bomba. Nos pidieron reservarnos el artículo hasta que se cercara y resguardara el material — y así lo hicimos. No fue una decisión difícil.

 

¿Entonces cuál sería su política con respecto a publicar información que algunos consideran pone en peligro la seguridad nacional? (Comprendo que esta no es una pregunta totalmente hipotética). ¿Usted les permitiría al menos tratar de exponer los argumentos?

 

Estimado Bill:

 

¿Por qué esos reporteros que ocultan sus opiniones habrían de estar menos tentados por la naturaleza humana a manipular su cobertura que aquellos que son honestos en cuanto a sus opiniones? En todo caso, ocultar sus puntos de vista, le ofrece a un reportero más libertad para manipular su cobertura puesto que el lector desconoce esos pareceres ocultos y por ende le es imposible tomarlos en consideración.

 

Por ejemplo, yo desconocía hasta bien transcurrido el hecho, de que John Burns [corresponsal del Times] ocultó algunas opiniones bastante favorables acerca del ataque a Irak. Él no solo admitió en el 2010 y 2011 que no logró anticipar la matanza y destrucción masiva que ocasionaría la invasión, sino que además consideró a los soldados invasores de los Estados Unidos como "ángeles del Señor" y "libertadores." ¿Eso lo hace ser un activista en lugar de un periodista? Yo no lo creo. Sin embargo, como lector, realmente desearía haber conocido sus opiniones ocultas en el momento que reportaba acerca de la guerra para haber podido tomarlas en consideración.

 

Pienso que es muy difícil argüir que el tono aparentemente "objetivo" exigido por los grandes medios de comunicación eleve la confianza pública, dada la tan baja estima que le merecen al público esas instituciones del sector de los medios de comunicación. Mucho más allá de las preocupaciones relativas a la parcialidad ideológica, el fracaso de la credibilidad de los medios de comunicación es el resultado de cosas tales como el apoyo al gobierno de los Estados Unidos a divulgar falsedades que originaron la guerra en Irak, y de manera más general, la sumisión ciega al poder político: patologías exacerbadas por la prohibición de noticias concernientes al esclarecimiento de cualquier afirmación declaratoria relacionada con las palabras y acciones de funcionarios políticos por miedo a que se nos acuse de ser imparciales.

 

En cuanto a tomar en cuenta los peligros que existen para las vidas inocentes antes de la publicación: nadie cuestiona que los periodistas deben hacerlo. No obstante, no le concedo un valor agregado a las vidas de estadounidenses inocentes en comparación con las vidas de individuos inocentes no estadounidenses, ni sentiría especial lealtad por el gobierno de los Estados Unidos con respecto a otros gobiernos a la hora de decidir qué publicar. Cuando Goldsmith elogió el "patriotismo" de los medios de difusión estadounidenses, quiso decir que los medios informativos de este país profesan especial lealtad a las opiniones e intereses del gobierno de los Estados Unidos.

 

Supongo que uno puede argumentar que así es como debe ser. Pero cualquiera que sea el modo de pensar, ciertamente no es "objetivo". Es nacionalista, subjetivo y activista, lo que es mi cuestión principal: todo periodismo es subjetivo y una forma de activismo, incluso si se intenta fingir que no lo es.

 

No tengo ninguna objeción con respecto al proceso mediante el cual se permite a la Casa Blanca hacer aportes antes de la publicación de secretos confidenciales.

 

En efecto, WikiLeaks, defensor de la transparencia radical transparencia, fue a la Casa Blanca y solicitó orientación antes de publicar los diarios de guerra de Iraq y Afganistán, pero la Casa Blanca se negóa responder, y entonces tuvo la osadía de criticar a WikiLeaks por publicar materiales que se dice deberían no ser revelados. Ese proceso previo a la publicación es tanto razonable desde el punto de vista periodístico (los periodistas deben obtener la mayor cantidad de información relevante que les sea posible antes de tomar decisiones de publicación) y sensato desde el punto de vista legal (todo abogado de la Ley de Espionaje dirá que tal consulta puede ayudar a demostrar la intención periodística a la hora de publicar dichos materiales). Para todas las coberturas de la Agencia Nacional de Seguridad que he hecho — no sólo para The Guardian sino para los medios de difusión de todo el mundo — los redactores han notificado a la Casa Blanca antes de proceder a su publicación (aunque en la inmensa, inmensa mayoría de los casos, no se tuvieron en cuenta sus exigencias de omitir información por falta de razones específicas en favor de tales supresiones).

 

Mi objeción no es con respecto a ese proceso como tal, sino a instancias específicas que conllevan a la supresión de información que debe hacerse pública. Sin rencor intencionado, considero que la decisión del The Times en el 2004 de no sacar a la luz el artículo de Risen/Lichtblau de la Agencia de Seguridad Nacional a solicitud de la Casa Blanca de Bush fue uno de los casos más atroces de esa índole, pero existen muchos otros.

 

En esencia, veo el valor del periodismo sobre la base de una misión que comprende dos aspectos: proporcionar al público una información fiel y de vital importancia, y su capacidad única de realizar una verificación verdaderamente confrontacional a quienes están en el poder. Cualquier reglamento no escrito que afecte alguno de esos dos flancos es el que considero como una antítesis al verdadero periodismo y no se debe tomar en cuenta.

 

Estimado Glenn:

 

"Nacionalista," la palabra que usted utiliza para referirse al "modo de pensar" de la prensa estadounidense, es una marca que lleva cierta carga repugnante. Es el lado oscuro de la palabra "patriótico" (igualmente superficial). Sugiere lealtad ciega y chovinismo. Supongo que no lo usa por casualidad. Y yo por casualidad tampoco lo puedo dejar así.

 

The New York Timeses global cuando se trata de recopilación de noticias (31 oficinas fuera de los Estados Unidos), de su plantilla (de entrada, nuestro funcionario ejecutivo principal es británico) y especialmente de su público. Pero es, desde sus orígenes, una empresa estadounidense. Esa identidad conlleva a beneficios y a obligaciones. Los beneficios incluyen una constitución y una cultura que, en comparación con la mayor parte del mundo, favorece la libertad de prensa. (Es por tal razón que los editores suyos en The Guardian se nos han acercado en más de una ocasión para asociarnos en empresas periodísticas delicadas — buscando refugio de la Ley de Secretos Oficiales de Gran Bretaña al amparo de nuestra Primera Enmienda). Las obligaciones incluyen, ante todo, imputar la responsabilidad al gobierno cuando viole nuestras leyes, falte a nuestros valores, o no logre estar a la altura de sus responsabilidades. Hemos consumido una gran energía periodística al poner a la luz la corrupción y opresión en otros países, pero la responsabilidad comienza en casa.

 

Como cualquier empeño de los seres humanos, el nuestro no es perfecto, y algunas veces decepcionamos. Los críticos de la izquierda, incluyéndolo a usted, se indignaron al saber que mantuvimos en secreto el artículo de la escucha clandestina de la Agencia de Seguridad Nacional por más de un año, hasta tanto estuve satisfecho de que el interés público pesara más que cualquier posible daño a la seguridad nacional. Los críticos de la derecha se enfurecieron aún más cuando publicamos en el 2005. Las personas honorables pudieran estar en desacuerdo con tales decisiones de publicar o no publicar. Pero esas opiniones fueron el resultado de un cálculo largo, difícil e independiente, de sopesar riesgos y responsabilidades, no por "lealtad al gobierno de los Estados Unidos."

 

A propósito, ya que menciona a WikiLeaks, una de nuestras principales preocupaciones al convertir esos documentos en artículos periodísticos en el 2010 era evitar poner en peligro a informantes inocentes — no a estadounidenses, sino a disidentes, eruditos, defensores de los derechos humanos o civiles corrientes cuyos nombres se mencionaron en los cables clasificados desde puestos de avanzada extranjeros. La actitud de WikiLeaks con respecto a ese asunto fue una cruel indiferencia. Según David Leigh, investigador del The Guardian a cargo de ese artículo, Julian Assange dijo: "si los matan, se lo merecen." (Assange niega haberlo dicho, pero la trayectoria de David Leigh le da bastante credibilidad). El ejecutivo de Google Eric Schmidt dijo que Assange le había comentado que hubiera preferido que no hubiera redacciones. En varias ocasiones he dicho que Julian Assange y WikiLeaks deben tener derecho a la misma libertad de prensa que The New York Times. Pero no finjamos que tienen el mismo sentido de responsabilidad.
¿Un nuevo asunto?

 

Pierre Omidyar, su nuevo empleador, cree que ha visto el futuro del periodismo, y que se parece a usted. En una entrevista para la NPR (Radio Nacional Pública), Omidyar dijo que "la confianza en las instituciones está disminuyendo" y ahora el "público quiere relacionarse con personalidades". Por eso está creando una constelación de estrellas, solistas "llenos de pasión" e investigadores defensores. Sé que usted no habla por Omidyar, pero tengo algunas interrogantes acerca de cómo usted ve este nuevo mundo.

 

En primer lugar, se ha vuelto un cliché de nuestro negocio/profesión/oficio que los periodistas se forjen como "marcas" individuales. Sin embargo, el periodismo — en particular la materia más difícil, como lo es el periodismo investigativo — se beneficia inmensamente del apoyo institucional, incluyendo a un personal técnico que sabe cómo aprovechar al máximo una base de datos, redactores y verificadores de hechos que enriquecen los artículos, diseñadores gráficos que ayudan a complicar los temas comprensibles y, no menos importantes, abogados quienes están sumidos en la libertad-de-información y en la ley de la Primera Enmienda. En la cobertura de Snowden, usted trabajó dentro de la estructura institucional del The Guardian y, por un tiempecito, del The Times. ¿Entonces qué tiene de diferente la nueva empresa? ¿Será solamente una institución periodística con otro nombre?

 

En Segundo lugar, en una entrevista con mi viejo amigo David Cay Johnston usted dijo que la cobertura de los gobiernos y de otras grandes instituciones está próxima a cambiar de manera radical debido a la omnipresencia del contenido digital. Los gobiernos y negocios dependen de inmensos tesoros de información. Todo lo que se necesita, según usted, es acceso y una conciencia atribulada para crear a un Edward Snowden o a un Bradley Manning. No obstante, me parece que se necesita algo más: una voluntad de arriesgarlo todo. Manning está cumpliendo 35 años de condena en prisión por las revelaciones en WikiLeaks, y Snowden se enfrenta a una vida en el exilio. Las mismas herramientas digitales que facilitan el leak (filtración de información) a su vez hacen difícil que puedas evitar que no te agarren. Esa es una razón por la que a mi entender la abrumadora preponderancia de la cobertura investigativa aún viene tras reporteros que cultivan fuentes confiables durante meses o años, no de aquellos con acceso a información confidencial que de repente deciden confiar un dispositivo portátil de almacenamiento lleno de secretos a alguien que no conocen. ¿En verdad cree usted que Snowden y Manning representan el futuro del periodismo investigativo?

 

Y, en tercer lugar, ¿será lo Nuevo de Pierre Omidyar una monocultura política, o espera usted que haya otros Glenn Greenwalds de la derecha a bordo?

 

De vuelta a usted.

 

Estimado Bill:

 

Para entender lo que quiero decir con "nacionalista," examinemos el ejemplo que hemos discutido: la no utilización de la palabra "tortura" por parte del The New York Times para describir las técnicas de interrogatorio de la era de Bush. Usted dice que el empleo de esta palabra es innecesario puesto que usted describió las técnicas de manera detallada. Eso está bien: pero The New York Times (junto con otros medios de comunicación) sí usó la palabra "tortura" sin reservas para referirse a las mismas técnicas — al ser empleadas por países que son adversarios de los Estados Unidos. A eso es a lo que me refiero con "nacionalismo": a tomar decisiones periodísticas para conducir y promover los intereses del gobierno estadounidense.

 

No me refiero al término despectivamente (al menos no de forma absoluta), sólo de manera descriptiva, lo que demuestra que todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo.

 

En lo que concierne a la diferencia entre WikiLeaks y The New York Times: The Guardian (conjuntamente con The New York Times) tiene una amarga y prolongada enemistad con Assange (ahora que ya han sacado provecho de sus documentos), así que yo personalmente no asumiría su inherente credibilidad en conflictos relacionados con lo que se dijo o no en privado. Sobre la base de todo lo que he visto, ni Assange ni WikiLeaks tienen el más remoto deseo de poner en peligro a personas inocentes. Más bien lo contrario: ellos han tratado diligentemente de redactar nombres de inocentes, y enviarlos a la Casa Blanca para sus aportes antes de la publicación (lo que fue injustificadamente negado). Además, la única vez que se hizo público un inmenso tesoro de documentos no editados fue, irónicamente, cuando el periodista que usted mencionó (no uno relacionado con WikiLeaks) publicó la contraseña del archivo en su libro.

 

No obstante, en un sentido más amplio: incluso si uno fuera a asumir como argumento que la transparencia más agresiva de WikiLeaks pudiera ocasionalmente traducirse en revelaciones excesivas (proposición que rechazo), la postura más amigable al gobierno por parte de The New York Times y de medios de prensa similares con frecuencia genera su propio periodismo bastante perjudicial. No fue WikiLeaks quien lavó afirmaciones oficiales falsas con respecto a las armas de destrucción masiva de Saddam y a la alianza con Al Qaeda en su primera página bajo la capa de "noticias" para ayudar a comenzar una guerra atroz. No es WikiLeaks quien de manera habitual ofrece anonimato a funcionarios de los Estados Unidos para permitirles divulgar mitologías que exaltan a los dirigentes o calumnias bastante tóxicas de los detractores del gobierno sin ninguna responsabilidad.

 

No es WikiLeaks quien estampa acusaciones increíblemente incendiarias acerca de aquellos estadounidenses que denuncian la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización sin la más mínima evidencia. Y no fue WikiLeaks el que permitió al pueblo de los Estados Unidos reelegir a George Bush mientras sabía, pero ocultaba, que él escuchaba sus conversaciones a escondidas exactamente de la misma manera en que lo prohibía el derecho penal.

 

En cuanto a la nueva empresa que estamos creando con Pierre Omidyar: aún estamos ideando cómo será, cómo estará estructurada y demás, así que mi capacidad para dar respuesta a algunas de sus preguntas es limitada. No obstante, puedo abordar varias cuestiones que plantea.

 

Somos de la absoluta opinión que redactores fuertes y experimentados son vitales para el buen periodismo, y es nuestra intención tener muchos de ellos. Es necesario que los redactores garanticen el mayor nivel de fidelidad factual, verifiquen las afirmaciones claves, y ayuden a los periodistas a tomar decisiones que eviten perjudicar a inocentes.

 

Pero no necesitan imponer reglas estilísticas obsoletas, ni apagar la voz y pasión exclusivas de los periodistas, ni impedir ningún tipo de afirmación declaratoria cuando funcionarios de alto nivel recurren a evasivas, o exigen eufemismos solicitados por el gobierno en lugar de aclarar los términos según los hechos, o confieren una categoría superior a las declaraciones oficiales o exigencias oficiales de supresión. En resumen, los redactores deben estar ahí para facultar y posibilitar al periodismo acusatorio agresivo, fuerte y altamente factual, no para servir de control en aras de neutralizar o suprimir el periodismo.

 

Intentamos abordar las afirmaciones de las más poderosas facciones con escepticismo, no con reverencia. Las aseveraciones oficiales son nuestro punto de partida para investigar ("El funcionario A dijo X, Y y Z hoy: ahora veamos si esa es la verdad"), no la pura verdad sobre la que versa la creación de nuestros relatos ("X, Y y Z, dice el funcionario A").

 

En lo que a las fuentes respecta, en verdad no entiendo la distinción que usted cree que existe entre Snowden y fuentes más tradicionales.

 

Snowden acudió a periodistas que trabajan para periódicos entre los más respetados del mundo. Los "dispositivos portátiles de almacenamiento" no nos caían simplemente del cielo: trabajamos por un tiempo bastante prolongado para establecer una relación de confianza y desarrollar un marco que nos permita informar sobre estos materiales. ¿En qué difiere eso de la decisión de Daniel Ellsberg de llevar los Papeles del Pentágono al The Times a principios de 1970?

 

Habiendo dicho todo esto, usted menciona un asunto interesante e importante con respecto a los riesgos para las fuentes. Pero no sólo personas como Manning y Snowden enfrentan acusaciones y prolongados períodos en prisión. Estadounidenses que acudieron a medios de comunicación más tradicionales para denunciar la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización — como Tom Drake y Jeffery Sterling — también enfrentan cargos por delitos graves ante una administración que, como dijo el antiguo consejero jurídico general de su diario, James Goodale, se ha mostrado más vengativa al atacar el proceso de recopilación de noticias que cualquiera desde Richard Nixon.

 

E incluso periodistas en este proceso, como el galardonado con el Premio Pulitzer de su diario, Jim Risen, enfrenta la real amenaza de ir a prisión.

 

La situación de miedo que se ha generado de manera deliberada significa que, como plantea Jane Mayer del The New Yorker, el proceso de recopilación de noticias ha llegado a un "punto muerto." Muchos reporteros de seguridad nacional del Times, tales como Scott Shane, han emitido similares advertencias: que en estos momentos las fuentes temen usar los medios tradicionales de trabajo con los reporteros a causa de la agresividad de la administración de Obama. Obviamente, la vigilancia omnipresente exacerba en gran medida este problema, puesto que la recopilación de todos los metadatos imposibilita casi totalmente la comunicación entre una fuente y un periodista sin conocimiento del gobierno.

 

Entonces sí: conjuntamente con las nuevas tecnologías para aumentar la privacidad, yo sí pienso que denunciantes valientes e innovadores como Manning y Snowden son de crucial importancia para abrir en alguna medida esta oscuridad y ofrecer algo de luz. El denunciar los actos negativos del gobierno llevados a cabo en secreto no debiera traer aparejado un coraje extremo y la voluntad de ir a prisión por décadas o incluso de por vida. Sin embargo, así es. Y ese constituye un inmenso problema para la democracia, que todos los periodistas deberían combatir de conjunto. La reclamación de las libertades básicas de prensa en los Estados Unidos constituye un impulso importante para nuestra nueva empresa.

 

Acerca de si nuestra nueva empresa estará ideológicamente homogeneizada: la respuesta es "sin dudas no." Damos la bienvenida y aceptamos a quienquiera que se dedique al verdadero periodismo acusatorio sin tener en cuenta dónde se clasifique en el espectro político, y si ha estado hablando con periodistas conservadores así: verdaderos conservadores, no la interpretación de "conservadores" de la Costa Oriental como es el caso de David Brooks.

 

La ideología que nos impulsa es el periodismo de responsabilidad basado en una rigurosa fidelidad factual.

 

Estimado Glenn:

 

Su aparente desdén por David Brooks es revelador. Supongo que lo que lo descalifica de la categoría que usted propone de "verdaderos conservadores" es que él pone la razón por encima de la pasión y en ocasiones encuentra una confluencia. De la misma forma en que Lenin despreciaba a los liberales, en que el Tea Party se resiste a los republicanos moderados, así mismo usted parece reservar su desdén más perspicaz para la moderación, para el compromiso. Eche un vistazo al Washington de hoy y dígame cómo está resultando.

 

Estamos de acuerdo, por supuesto, en que el afecto de la actual administración por la Ley de Espionaje y la disposición de apresar a reporteros que protegen a sus fuentes ha generado un clima hostil para todo tipo de cobertura investigativa. Concordamos en que eso es deplorable y perjudicial para la democracia.

 

También existen otras cosas en las que coincidimos, pero no se suponía que este intercambio fuera para encontrar nuestros puntos comunes, así que antes de cerrar me gustaría volver una vez más a lo que considero es nuestro desacuerdo fundamental.

 

Usted insiste en que "todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo." Y por ende, no tiene sentido tratar de ser imparcial. (Evito la palabra "objetivo," que sugiere un perfecto estado mítico de la verdad). Es más, caso tras caso, donde participan los medios convencionales, usted, Glenn Greenwald, está convencido de que sabe lo que es controlar ese "grupo de intereses". Nada es tan inocente como el sentido de juego limpio o la determinación de dejar que el lector decida; debe ser alguna fidelidad servil a fuerzas políticas poderosas.

 

A mi juicio, la imparcialidad es una aspiración que vale la pena en el periodismo, incluso cuando no se alcance totalmente. Entiendo que en la mayoría de los casos te acerca a la verdad, porque impone una disciplina de verificar todas las suposiciones, incluyendo en gran medida las propias. Esa disciplina no llega de manera natural. Considero que el periodismo que comienza desde una predisposición declarada en público es menos propenso a encontrar la verdad, y tiene menos posibilidades de convencer a los que ya no están convencidos. (Evidencia A: cadena de noticias Fox News). Y sí, los escritores son más propensos a manipular la evidencia para sostener un punto de vista declarado que uno mantenido en privado, porque el orgullo está en riesgo.

 

Usted señala acertadamente que esta búsqueda de la justicia es un principio relativamente nuevo en el periodismo estadounidense. Un lector no tiene que retroceder mucho en los archivos — incluidos los archivos de este periódico — para hallar el tipo de periodismo abiertamente dogmático que usted aprueba. Tiene el "alma" que usted ansía. Pero para un oído moderno, a menudo suena sermoneador, y sospechoso.

 

A mi entender, la necesidad de un periodismo imparcial es más grande de lo que alguna vez fue, porque hoy vivimos en un mundo de medios de difusión basados en afinidad, donde los ciudadanos pueden construir, y lo hacen, cámaras de ecos de sus propias creencias. En general, es demasiado fácil sentirse "informado" sin nunca toparse con información que desafíe nuestros prejuicios.

 

Hace poco usted señalaba que las encuestas demuestran una mala opinión del público estadounidense con respecto a los medios informativos. Afirmó — considero sobre la base de ninguna evidencia — que esta estima en decadencia es el resultado de la "sumisión ciega al poder político." ¿En serio? Me parece más verosímil que el menoscabo del respeto por los medios de comunicación de los Estados Unidos — categoría que incluye todo desde mi periódico, hasta el USA Today, el Rush Limbaugh, el National Enquirer, y los noticieros locales que se basan en noticias sensacionalistas — se explica por el hecho de que mucho de él es trivial, superficial, sensacionalista, redundante y, sí, ideológico y polémico.

 

Le ofrezco la última palabra, y entonces podemos dar paso a los usuarios, en caso de que alguno haya llegado hasta aquí.

 

Glenn, le deseo suerte en la nueva empresa, y espero que inspire a más multimillonarios a invertir dinero en el periodismo. Si me permite darle un consejo no solicitado. Hay muy poco de lo que usted ha mencionado en este intercambio que no se haya dicho antes en las páginas del The Times, aunque en un lenguaje menos cargado. La autocrítica y la corrección, de las cuales poseo gran experiencia, no son divertidas, pero son tan saludables para el periodismo como la independencia, y constituyen una reverencia a la verdad. La humildad es tan querida como la pasión. Así que mi consejo es: Aprenda a decir: "Estábamos equivocados."

 

Estimado Bill:

 

Sólo me restan un par de asuntos rápidos para concluir.

 

Mi "desdén" por David Brooks se basa en los años que lleva animando la guerra extrema y la veneración de una clase política de élite que ha generado poco más que un lamentable fracaso y corrupción. No veo en lo absoluto nada de moderado en él. Yo sólo señalaba que si usted quiere enorgullecerse de contratar a conservadores para que escriban en su periódico, mal puede él representar tal movimiento.

 

Pienso que existe algún juego semántico en la forma que escoge para resumir nuestro debate. Mi visión del periodismo sin lugar a dudas requiere tanto justicia como una adhesión rigurosa a los hechos. No obstante, entiendo que esos valores se promueven siendo honestos acerca de nuestras propias perspectivas y suposiciones subjetivas en lugar de asumir un tono de todo-lo-sabe, de neutralidad que da a entender equivocadamente que los periodistas residen más allá de los puntos de vista normales y de las lealtades a las facciones que plagan al no periodista y al "activista" pavoroso.

 

Arraigado a la perspectiva institucional y a las metodologías para hacer reportajes del The New York Times existen todo tipo de suposiciones políticas y culturales bastante discutibles y subjetivas acerca del mundo. Y salvo algunas nobles excepciones, The Times, por diseño o de cualquier otra forma, ha servido por mucho tiempo a los intereses del mismo grupo de facciones poderosas y de élite. Su manera de reportar no es menos "activista," subjetiva o motivada por las opiniones que las nuevas voces de los medios de comunicación que desdeña en ocasiones con condescendencia.

 

Gracias por sus mejores deseos y por el intercambio que exhorta a la reflexión. Se lo agradezco.

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Lunes, 25 Noviembre 2013 07:41

"Hay que impedir los medios oligopólicos"

"Hay que impedir los medios oligopólicos"

La vida como política de Constanza Moreira comenzó en 2007, cuando José Mujica le propuso que fuera candidata a la presidencia del Frente Amplio (FA), la coalición de centroizquierda uruguaya fundada en 1971 y que hoy gobierna el país. Licenciada en Filosofía y doctora en Ciencia Política, Moreira es senadora desde 2009 por el Partido por la Victoria del Pueblo (dentro del FA) y se postula como precandidata a la presidencia para las primarias de junio de 2014. Antes se había desempeñado como profesora y analista en varios medios.

 

Moreira tendrá enfrente al ex mandatario socialista Tabaré Vázquez, quien alguna vez imaginó una guerra con Argentina, en diálogo con George W. Bush, y dejó el gobierno con alta popularidad. Eduardo Galeano y Daniel Viglietti apoyan la postulación de esta mujer que se crió en una familia de frenteamplistas y que sumó a su corriente a Macarena Gelman, nieta recuperada de los argentinos Berta Shuberoff y Juan Gelman.


Con sus 53 años, Moreira desea imprimirle su estilo al programa de gobierno que se aprobó ayer en el congreso partidario. Como señaló el semanario Brecha, "los lineamientos programáticos del FA no sufrirán grandes modificaciones" respecto del actual gobierno; sin embargo, para la precandidata la coalición debe renovar sus caras. Moreira estuvo recientemente en Buenos Aires para la presentación del libro Nuevos escenarios para la integración en América Latina (Clacso) y dialogó con Página12 sobre su agenda más de izquierda: la ley de medios versión uruguaya, la deuda con los derechos humanos y el conflicto con Argentina por las papeleras.


–¿Por qué lanzó su precandidatura habiendo enfrente un candidato cantado como Tabaré?


–En política no hay destino manifiesto, no hay candidatos naturales, todo se construye. Muchos de nosotros pensamos que en un tercer gobierno de izquierda el Frente Amplio está en condiciones de dar un salto hacia adelante desde el punto de vista del relevo generacional. Tenemos figuras fundacionales muy queridas, como Tabaré y Mujica, pero después de diez años de gobierno llegó el momento de que el Frente Amplio cambie, incorpore más mujeres y jóvenes y también despliegue otras candidaturas con un giro más hacia la izquierda.

 

–En concreto, ¿en qué aspectos se diferencia de la postura política del ex mandatario?


–Defendemos una política muy fuerte hacia América latina, de apuesta a la solidaridad para con todos los países, especialmente con aquellos con los que compartimos cierta continuidad ideológica, como Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Los otros, como Chile, Perú y México, también se organizan en la Alianza del Pacífico. Esta idea de una alianza mirando a Estados Unidos contrasta con el proyecto de Mercosur ampliado, dentro del cual Uruguay debe tener una posición bien firme. En Uruguay la mitad está a favor y la otra mitad está en contra. Los blancos y los colorados (partidos de oposición) todos los días reclaman salirse del Mercosur. Es una guerra permanente que se traduce en que no podemos contar con sus votos y en el Parlamento sólo tenemos un legislador más en cada cámara. Cuando se hizo el acuerdo tributario con Argentina, cuando se votó el ingreso de Venezuela al bloque o se aprobó la sanción a Paraguay, siempre el FA tuvo que luchar contra la otra mitad.


–Tabaré Vázquez coqueteó con un tratado de libre comercio con Estados Unidos.


–Tenemos diferencias de matices entre los que consideramos que reforzar la integración es prioritario y quienes no lo creen tanto. Hay que recordar que Uruguay en el período inmediatamente anterior heredó una crisis económica –por la devaluación del real y luego la crisis argentina–, siendo su manifestación más visible la crisis bancaria. Los Estados Unidos de Bush le permitieron a Uruguay levantar el corralito. Washington se había convertido en el principal socio comercial del país y (Jorge) Batlle decía: "Yo quisiera tener una carnicería en cada estado de EE.UU". El primer gobierno de nuestra coalición heredó ese vínculo carnal. Ahora la situación es muy distinta, EE.UU. no es ni el sexto socio comercial –el primero es China–, aunque la potencia norteamericana todavía detente el poder financiero y comunicacional. Sin defender a Tabaré, creo que no fue sólo él, fue el gobierno uruguayo el que aceptó la venida de Bush. Las luces y sombras están colocadas en la agenda de la izquierda, porque los partidos Nacional (blanco) y Colorado prácticamente no tienen agenda propia. El FA es un partido tan grande para tener democratacristianos y trotskistas, entonces cuando hay que compaginar todo eso, siempre se va por la vía del medio.

 

–El Frente Amplio aprobó una ley que deja sin efecto la caducidad o amnistía, pero la Corte Suprema consideró que artículos clave son inconstitucionales. ¿Hay una discusión fuerte en el FA sobre los derechos humanos, o ciertas figuras prefieren no meterse con el pasado?


–Vamos avanzando en ganar conciencia. Estamos en la oscuridad respecto de la verdad y la justicia. La ley de impunidad estuvo vigente durante 20 años. El primer gobierno del FA estableció que se podía investigar el delito de desaparición forzada y se avanzó por allí, con jueces comprometidos con la causa de los derecho humanos y otros que no. El fallo del Supremo se juntó con el traslado de la jueza Mariana Mota, quien tenía la mayor cantidad de causas sobre delitos de lesa humanidad. Ahora estamos en un atolladero, donde hay una cantidad de casos en marcha y dependemos mucho del talante de los jueces de seguir avanzando con las causas. El traslado de la jueza Mota fue un revés para todos los que queremos que se haga justicia. Se ha producido un conflicto entre poderes, el Legislativo y Ejecutivo por un lado y la Suprema Corte por el otro. El Poder Judicial en Uruguay no experimentó cambios significativos de la dictadura a la democracia. De allí que impulsamos una serie de reformas para cambiar el Código Penal y el sistema de designación de jueces.

 

–¿Una reforma del Poder Judicial?


–Sí. Amerita una reforma estructural, que ya está entre los proyectos de ley en el Congreso. La Justicia será otra a partir del 2015.

 

–¿En qué situación se encuentra la ley de medios?


–El proyecto se está tratando en Diputados y la idea es tenerlo aprobado antes de que termine el año. Tomando en cuenta el antecedente argentino, el gobierno juntó a las organizaciones no gubernamentales, a las radios alternativas y a los canales de televisión y los puso a trabajar durante un año. El texto tiene un componente de regulación empresarial, de regulación de contenidos, y el marco general, que no hay ninguno ahora. El proyecto llegó a cierto consenso –entre comillas, porque los grandes medios afirman que les va a coartar la libertad–, cuenta con los votos del FA y va a salir. Además el gobierno abrió el espectro a nuevos canales de televisión privados, comunitarios y públicos. Para el Uruguay la oferta se agranda.


–¿Qué rol juegan los multimedios?


–Los tres grandes canales (12, 4 y 10) son a la vez conglomerados empresariales. Hay una gran concentración de los medios de comunicación. Se hizo un estudio sobre eso, y una de las partes del proyecto apunta a desconcentrar, a aplicar mecanismos anti-trust e impedir la oligopolización en un país tan chiquito, cuyo impacto es mucho mayor. La ley de medios o de Servicio de Comunicación Audiovisual es importante, pero más importante me parece que es abrir el espectro a otros canales.


–¿Cuál es su postura sobre las papeleras?


–Tuvimos un desarrollo de la industria forestal vía subsidio en los noventa, que llevó luego a la inevitabilidad de las plantas de celulosa. La forestación con las plantas de celulosa está inserta dentro del proyecto de la estrategia de diversificación productiva del Uruguay. El tema de la instalación de Botnia viene del gobierno de Jorge Batlle; creo que allí hubo problemas de negociación política, crisis de la izquierda uruguaya con los ambientalistas, y finalmente eso se encontró con un aparato de Estado muy debilitado para controlar el medio ambiente. La gran discusión en este momento, fuera del conflicto con Argentina, es la del control mediambiental de los megaemprendimientos (forestación, agrotóxicos y minería) y que las papeleras estén instaladas en zonas francas con escasa capacidad de recaudación para el gobierno. La discusión se centra en cómo vos insertás la forestación en una estrategia de desarrollo a largo plazo. Después, me parece que el conflicto con Argentina fue triste para el Uruguay, en sentido de que si Botnia genera 360 empleos directos, con el puente cortado perdés 300 empleos. El debilitamiento de las relaciones con Argentina tiene un impacto negativo directo. Sin embargo, creo que en este tiempo ha habido un paquete de negociaciones bilaterales que ha sido positivo. Hay que monitorear conjuntamente y que las iniciativas empresariales se sometan a la capacidad de regulación conjunta de ambos países.


–El gobierno de Uruguay autorizó a ampliar la producción de celulosa.


–El gobierno optó por la solución salomónica. UPM pidió un aumento de la producción de 1 a 1,3 millón de toneladas (anuales) y le aprobó que incrementara a 1,1 millón, pero eso no impidió la reacción argentina. Montes del Plata también está pidiendo aumentar la producción y creo que hay que poner las exigencias empresariales en un mapa en el que la relación con Argentina debe ser lo prioritario.


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Assange: Internet ha sido ocupada militarmente por EEUU y sus aliados

Internet ha sido ocupada militarmente por Estados Unidos y sus aliados anglosajones", con el fin de dominar las sociedades "perdiendo la soberanía nacional y la libertad", advirtió Julian Assange, fundador de la organización Wikileaks.

 

Assange intervino en una videoconferencia en el marco del 3º Encuentro de Comunicación Audiovisual, en Mar del Plata, desde la embajada de Ecuador en Londres, donde se encuentra asilado desde junio de 2012. Assange se comunicó con un panel encabezado por el periodista Pedro Brieger y otros comunicadores.

 

Assange manifestó que "la lucha contra los monopolios de medios es la lucha de una nación porque un país es tan bueno como los medios de comunicación que tiene".

 

"Una organización de medios puede ser peor que alguna otra cosa", dijo el periodista australiano, quien remarcó que "muchas cosas se plantean en términos económicos y muchas veces hay jugadores importantes que toman posiciones dominantes del mercado".

 

Además, cuestionó "la centralización y el control por parte de las mismas personas de la distribución de los diarios", lo que les "permite realizar aprietes" a nivel mundial.

 

"Una organización de medios es muchas veces la que domina el entorno de conocimientos del público, entonces esto puede implicar un gran problema", dijo Assange.

 

Tras su llegada a la embajada de Ecuador en Londres, el 19 de junio de 2012, el fundador de Wikileaks solicitó asilo político al gobierno de Rafael Correa, que se lo concedió, pero no pudo abandonar la sede diplomática porque el Reino Unido se negó a darle un salvoconducto.

(Con información de Patria Grande)

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Bernard Cassen: Los medios públicos no pueden abandonar el campo de batalla cultural

Palabras de Bernard Cassen, profesor emérito de la Universidad de Paris 8, ex director general de Le Monde Diplomatique y secretario general de la ONG Mémoire des luttes (Memoria de las luchas), París. Cassen participó en el panel "Integración, Cultura e Identidad", del Primer Festival Internacional de Radio y Televisión, celebrado en La Habana, el 9 de septiembre 2013.

 

En lo que llamamos en Francia el "paisaje audiovisual", los canales públicos de radio y televisión son sólo una fracción de importancia muy variable según el país y el momento. En unos pocos países – digamos por ejemplo Corea del Norte – el sector público puede ocupar la totalidad del espacio. En otros, por ejemplo los Estados Unidos, este sector tiene una presencia muy limitada, aunque su influencia en el debate de las ideas, la educación y la cultura va más allá de su alcance. Entre estos dos extremos, se puede hablar de un " modelo europeo " que combina un sector público fuerte y dispositivos de regulación que se aplican a todos los servicios de comunicación audiovisual, ya sean públicos o privados.


En primer lugar, tenemos que hacer algunos recordatorios para saber de que realmente estamos hablando:


- Hay que hacer la diferencia entre medios públicos y medios de comunicación del Estado o del gobierno. Además del Estado nacional y del gobierno, hay otras entidades de carácter público que tienen derecho a expresarse de forma independiente : los parlamentos; los partidos políticos; los sindicatos; los poderes locales (regiones, municipios, comunas); los grupos y organizaciones culturales, étnicas, religiosas y lingüísticas; las universidades y los centros de investigación, etc.


- Incluso en los sistemas nacionales sujetos a una regulación pública de todos los medios audiovisuales, el sector privado tiene como objetivo principal hacer dinero. Esto había sido formulado cínicamente por Patrick Lelay, entonces presidente del mayor canal de televisión privado francés, TFI, en un libro publicado en 2004. Según él, su trabajo era vender a los anunciantes "tiempo de cerebro humano disponible".
- Sin embargo, con la creciente concentración del sector de la comunicación – del cual las emisoras privadas de radio y televisión son sólo un componente – el sistema mediático no obedece únicamente a una lógica de rentabilidad. También es un poderoso vector mundial de la ideología neoliberal que califica todas las medidas de regulación pública en favor del pluralismo y de los bienes comunes de la sociedad de "ataque a la libertad de información", "a los derechos humanos", etc.


En América Latina, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una caricatura de esta postura ideológica. Más que en otros continentes, el sistema mediático se ha convertido en un actor político de choque contra los gobiernos progresistas. En Venezuela, participó abiertamente en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. En otros países, como Argentina, Bolivia y Ecuador, está llevando campañas de desestabilización contra los respectivos gobiernos en un intento de impedir toda democratización de la legislación del sector de la comunicación. En estos países, en su gran mayoría, los medios privados se comportan como fuerzas de oposición y, en ocasiones, como fuerzas golpistas.


Los Estados Unidos es otro ejemplo del papel anti-democrático del sistema mediático. La vida política está secuestrada por las grandes corporaciones que gastan miles de millones de dólares para comprar espacio o tiempo de publicidad en los medios a fin de derrotar a los candidatos al Congreso hostiles a sus intereses, y elegir otros que serán entonces meras marionetas en sus manos. La sentencia de la Corte Suprema del 21 de enero de 2010 permite a las empresas de financiar sin limitaciones las campañas electorales. Le da carácter oficial al concepto " un dólar, un voto".


Hasta el punto de que Barack Obama, sin embargo beneficiario de este sistema – había recogido mas aportaciones financieras que su competidor – calificó la sentencia de la Corte de " gran victoria para las multinacionales petroleras, los bancos de Wall Street, las compañías de seguros y otros grupos de interés quienes, cada día, movilizan fuerzas en Washington para ahogar la voz del pueblo estadounidense".
A cambio de un diluvio de dólares, ciertos medios de comunicación se abstienen de toda crítica de los candidatos beneficiarios de esta compra de votos. En cada elección, estamos frente a un golpe de Estado electoral organizado por lo que podría llamarse el complejo mediatico-financiero financiero, no ajeno al complejo militaro-industrial denunciado par Eisenhower en 1952 al abandonar la Casa Blanca. La ausencia de regulación de la financiación de las campañas electorales y la debilidad de los medios públicos impiden cualquier contrapeso al poder del dinero.


La situación es mas sofisticada en Europa. Por un lado, la financiación de las campañas electorales es generalmente enmarcada por la ley; por otro lado, no existe el concepto de canal de radio o televisión "opositor". Debido a los dispositivos de regulacion, partidos políticos de la oposición, cualquiera que sea el gobierno, tienen cierto acceso a los canales públicos y privados. Pero sería un gran error centrarse sólo en este derecho de acceso. El formateo de las mentes se hace de manera mucho menos visible a través de la estructura y del contenido de los noticieros: sensacionalismo (crímenes, accidentes, catástrofes); reducción de la política a polémicas superficiales; cobertura de los problemas económicos y de las luchas sociales a travès del prisma neoliberal.


El tratamiento de los movimientos sociales obedece a cinco objetivos que el colectivo de comunicación de la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo) de La Vía Campesina, ha identificado. Se publicó en la edición de enero de 2013 dedicada a la comunicación de la revista América Latina en Movimiento, producida por ALADI (Agencia Latinoamericana de Información) que recomiendo encarecidamente la lectura . Estos son los objetivos:


-Cooptar mediante el personalismo. Personalizar las luchas destacando los dirigentes escogidos no por los trabajadores, sino por los medios de comunicación
-Dividir
-Criminalizar las luchas sociales
-Imponer agendas
- Invisibilizar las luchas


Estos métodos no son exclusivos de América Latina, también se aplican al resto del mundo, especialmente en Europa.


Las cuestiones de control o la falta de control de la información en la radio y la televisión, y el contenido de los programas de noticias son sólo parte del problema. Para evaluar el impacto político e ideológico global de las empresas de medios audiovisuales, es también, y quizás lo más importante, tener en cuenta los programas de entretenimiento, por el número de horas que representan.


En Francia, las personas mayores de 4 años pasan un promedio de 3.50 hrs por día delante de las pantallas de televisión. Las personas mayores de 13 años escuchan la radio una media de 2.58 hrs por día. Y eso sin contar el tiempo que pasan ahora, gracias a Internet, delante las pantallas del ordenador, tabletas y teléfonos inteligentes (smartphones), fenómeno al que regresaré en un momento. Una pequeña fracción del tiempo es la que se dedica a la información política en el sentido estricto del término. Todo lo demás es entretenimiento, donde hay que incluir a los deportes.


Este es uno de los principales retos a los radiodifusores públicos para cumplir con su misión de difusión de la cultura, de promoción de la identidad, de integración y de defensa de las lenguas nacionales.


Las situaciones varían mucho de un país a otro. Dejaré a mis colegas de América Latina el tratamiento de su propio continente, y en particular el analisis del contenido y de los resultados de las iniciativas constitucionales y legislativas en materia de derecho a la comunicación en Venezuela, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina. Permítanme mencionar algunas tendencias importantes en Europa, principalmente en Francia. Vamos a ver cómo convergen o no con los existentes en otras partes del mundo.


De antemano, recuerdo lo que dije al principio de esta presentación sobre la necesaria distinción entre canal público de radio y televisión y canal de radio o televisión de Estado o de Gobierno. Nadie en Europa defiende un monopolio estatal abolido en Francia en 1982. Nadie en Europa tampoco defiende la idea de que una cadena pública debe estar al servicio del gobierno. Dicho esto, se entiende que cuando los medios privados se tornan hostiles violentamente, es grande la tentación de convertir los medios de comunicación públicos en herramientas de promoción exclusivamente para el gobierno.


En última instancia, sin embargo, esta opción puede ser contraproductiva, porque si hay un cambio en el poder después, por ejemplo, de una derrota electoral, la oposición controlaría tanto los medios de comunicación públicos como los privados... La batalla a librar es la democratización de los sectores tanto público como privado, y por lo tanto el pluralismo interno en ambos.


Esta batalla se da también en Europa, aunque con formas menos espectaculares que en América Latina. Sin lugar a dudas, en sus estatutos, el sector público no es la correa de transmisión del poder político, pero está sometido a las presiones y a las intervenciones gubernamentales. Podríamos citar muchos ejemplos, especialmente en Italia y Francia. En nuestros dos continentes, por no hablar de los demás, el deseo por la democracia y la libre expresión de las diferencias es un componente de toda identidad nacional. Por eso no debemos temer que esta aspiración se convierta en un requisito para el sector público.


En cualquier caso, con la explosión del número de canales y la convergencia de las comunicaciones audiovisuales y de las comunicaciones electrónicas, el sector público tiene que competir con la proliferación del sector privado y no tiene a priori una audiencia garantizada. Él debe conquistar y retener a esta audiencia. Es inútil producir programas que nadie o muy pocas personas ven o escuchan.


La situación se complica aún más con la nueva tendencia de los jóvenes que se apartan de la televisión en favor del Internet. Un estudio realizado en Francia en enero de 2013 mostró que semanalmente los jóvenes de 13 a 19 años gastan de 13.00 hrs Web contra 11.15 hrs viendo la televisión, y esta brecha es cada vez mayor. En su ordenador, componen sus propios menús a partir de los sitios de replay, de los canales de televisión, y sobre todo de las plataformas de intercambio de videos como YouTube o su equivalente francés Daily Motion.


Esta migración de los jóvenes de la televisión al ordenador (y también tabletas y teléfonos inteligentes), y por lo tanto la migración de programas sin ningún tipo de limitaciones físicas o de tiempo, no puede ser ignorada. Los canales de televisión tendran que adaptarse. No saben todavía cómo, ni los privados ni los públicos. Pero éstos ultimos tienen una responsabilidad especial para anticipar este fenómeno si no quieren que los paquetes de programas que cada uno puede componer de forma individual.


La cuestión del control político de la información producida por el sector audiovisual público tiende con demasiada frecuencia a eclipsar el contenido de sus programas. Sin embargo, son ellos, mucho más que los noticieros, los que contribuyen al formateo de las mentes. Desde este punto de vista, no vemos diferencias fundamentales entre los canales públicos y los canales privados. Se nota en particular que las series estadounidenses son omnipresentes en los canales privados de máxima audiencia, y tienen también un espacio importante en las cadenas públicas, en detrimento de la producción nacional.


Esto también es cierto en otros países de Europa continental. Romano Prodi, ex Primer Ministro de Italia y ex presidente de la Comisión Europea dijo lo siguiente ante el Parlamento Europeo el 13 de abril de 1999 : "La fuerza de la cultura estadounidense en un sentido amplio, tal como se expresa simbólicamente por los medios de comunicación, es vista por algunos como si pudiera constituir una referencia unitaria para una Europa en busca de su alma. Esta suposición no es escandalosa". La consecuencia lógica de esta rendición incondicional de un alto funcionario europeo es la promoción del inglés como lengua común de Europa y por supuesto, del resto del mundo.


El gran desafío a los canales públicos, europeos y de América Latina, es la producción de programas que, respetando la letra y el espíritu de su misión, sean a la vez popular y de alta calidad con el fin de atraer a una gran audiencia. Esto es a la vez una cuestión de creatividad y de libertad de expresión cultural y una cuestión de financiación para deshacerse de la dictadura de la publicidad.


Hay que resistir a la tentación de limitar las producciones del sector público a unas audiencias minoritarias. Sería abandonar el campo de batalla cultural. No debemos encontrarnos en el dilema que el sociólogo francés Henri Maler formuló de este modo: "Para que los espectadores no tengan que elegir entre los programas demagógicos sujetos al mercado y los programas educativos presentados por el Estado ; entre el entretenimiento comerciante (y privado), por un lado, y la formación ascética (pero pública) del otro".

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Miércoles, 20 Noviembre 2013 06:50

Con un grito en la voz

Con un grito en la voz

Se desarrolló en Quito, entre el 4 y el 6 de noviembre, el encuentro "Democratizar la palabra en la integración de los pueblos" que, con la participación de más de 40 delegados y delegadas de movimientos sociales y de un amplio abanico de medios populares, desde radios barriales hasta el canal venezolano Telesur, dejó constituido el Foro Latinoamericano de Comunicación para la Integración.

 

El encuentro, convocado por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), giró en torno de cinco ejes: formación y capacitación, agenda informativa común, tecnología, incidencia política y sostenibilidad. Durante tres días los y las participantes elaboraron propuestas y aportaron estrategias en torno de la comunicación y la integración desde una mirada de las organizaciones sociales.


Las limitaciones de los medios populares para interpelar con su discurso a las grandes mayorías de la sociedad fue la principal autocrítica que recorrió el debate. Para superar esta limitación se decidió elaborar una agenda de trabajo común que apunte a romper el aislamiento y la dispersión, que permita una mayor integración "con justicia e igualdad entre pueblos, entre mujeres y hombres, y con respeto a la naturaleza". Como otro acuerdo de trabajo se propuso realizar coberturas conjuntas ante coyunturas represivas, ante otros acontecimientos que atañen a los intereses populares, y en los próximos procesos electorales de Honduras, Chile, Venezuela y El Salvador.


Los avances en varios países de la región en cuanto a la "democratización de la comunicación" ocuparon un lugar central en los debates del encuentro, como el reciente estreno de la Ley Orgánica de Comunicación en Ecuador. Sin embargo, se dejó en claro que los adelantos son resultado de procesos de luchas y por ello se señaló la necesidad de profundizarlos. En torno a esto el periodista uruguayo Aran Ahronian resaltó que "una ley no crea la comunicación", porque "la comunicación la creamos desde el campo popular".


El documento final producto del encuentro, que será presentado a los diferentes mandatarios de la región, incluye una convocatoria "a todos los pueblos latinoamericanos a sumar esfuerzos para hacer valer el derecho a la comunicación". También resalta que "la democratización de la cultura, la educación, la información y la comunicación social son requisitos imprescindibles para la consolidación de democracias participativas".


Para los movimientos sociales ya no sólo importan los medios de comunicación en tanto pueden dar a conocer "las verdaderas luchas", sino que hoy en día la comunicación es parte de sus agendas y se ha transformado en un terreno estratégico a la hora de las disputas políticas, culturales e ideológicas que se desarrollan en nuestro continente. Por este motivo se destacó en la declaración final del foro que "la importancia de consolidar una agenda para una comunicación que promueva la integración requiere del impulso de los movimientos sociales, de los Estados nacionales y de las instancias regionales".


La comunicación ha acompañado el proceso organizativo de muchos movimientos sociales del continente, quienes comprenden que no pueden asumirla como herramienta instrumental, sino como un ámbito de lucha, donde visibilizar sus propuestas y acercarla a los diversos espacios de transformación. La comunicación no es un ámbito exclusivo de los comunicadores, de las comunicadoras, y necesita de la participación activa de quienes forman parte de los diferentes procesos políticos.


En las organizaciones hay que continuar trabajando en la conformación de esa visión no instrumental de la comunicación, para que sea verdaderamente una práctica de vida y no sólo una declaración a nivel del discurso.


Para los medios populares es fundamental dar pasos en la práctica y, a la vez, ir construyendo nuevas teorías que tengan que ver con sus realidades, idiosincrasias, que permitan visualizar el proyecto político que acompañan diariamente.


Los medios de comunicación populares deberán seguir construyéndose desde espacios de referencia, como son los movimientos sociales y políticos que diariamente impulsan luchas y debates que no encuentran lugar de visibilización en los grandes medios de comunicación. El encuentro "Democratizar la palabra en la integración de los pueblos" sirvió para pensar los aportes de la perspectiva comunicacional comunitaria, libre y alternativa, a las políticas de acción que incrementan y amplían la organización del campo popular.


Por Fernando Gómez, integrante del medio comunitario Radionauta FM 106.3 y miembro del equipo de comunicación de la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

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