Autodefensas de abajo, sentido común de los pueblos

La Guardia Indígena del Cauca, nacida más de dos décadas atrás para defenderse de las incursiones de paramilitares, militares y guerrillas, marcó un hito en la historia reciente de esas formas de garantizar la vida de los pueblos. Fue reorganizada en grandes asambleas de los pueblos nasa y misak y cuenta con alrededor de 3.500 guardias elegidos por sus comunidades, en 18 cabildos o territorios ancestrales.


Prestan servicio varones y mujeres de 12 a 50 años, no sólo se defienden de enemigos externos, usando sus bastones de mando, eligen coordinadores y prestan gran atención a la formación y la educación de sus miembros, que tiene como una de sus tareas centrales aplicar la justicia comunitaria como forma de mantener la armonía en los pueblos.
Una década atrás surgió la Guardia Cimarrona entre los pueblos negros de Colombia, inspirada en la historia de libertad y resistencia territorial del palenque. Ahora que las FARC dejaron las armas están apareciendo otros grupos armados, a menudos narcos y paramilitares, que deben ser abordados desde la autodefensa por la guardia.


“La Guardia Cimarrona es una propuesta de protección y auto-protección comunitaria para la reconciliación, la construcción de convivencia y el logro de una paz con justicia social”, señala una ponencia que abordas las tareas de la guardia (goo.gl/yjoCPP).


Sus formas de acción son múltiples: protección cultural desde los usos y costumbres; protección espiritual de los territorios y comunidades; protección político territorial y jurídica, con la aplicación de los sistemas de justicia propia; y protección individual y colectiva por las comunidades.


Recientemente ha nacido una Guardia Comunitaria Wichi en la localidad de Sauzalito, en la región del Impenetrable Chaco, norte de Argentina (4 millones de hectáreas de bosques nativos en región semiárida) Cuenta con 300 integrantes que piensan llevar a más de mil para proteger sus 100 mil hectáreas del narco que saquea madera, peces y miel y pretende introducir drogas entre las y los jóvenes.


Días atrás se formó una nueva autodefensa, la Guardia Indígena Whasek, en Nueva Pompeya. Hace más de un mes la guardia interceptó una camioneta del Centro de Integración Comunitario dependiente del gobierno nacional e incautó el vehículo, que ahora se usa para el patrullaje del territorio.


Finalmente, el año pasado se creó el Consejo de Recuperación Territorial (CRT), que volvió a reunirse en Miraflores a fines de febrero, que promovió la recuperación de 3.700 hectáreas, donde “están implementando pequeñas represas para almacenar agua para animales, huertas, fabricación de ladrillos, corrales para los chivos, chanchos y aves”, según relata Alfredo Galarza. Además quieren construir una escuelita, mientras las viviendas van dejando la improvisación del plástico y los palos para levantar paredes de adobe y ladrillos. Las tres localidades del Chaco son pequeños pueblos de cinco a diez mil habitantes.


“Dentro del CRT hay compañeros qom que integran el Consejo Qarashe, que es una organización indígena piquetera, que a su vez es un desprendimiento de la Organización Toba Qompi, legendaria organización indígena”, sigue el relato. El concepto de organización indígena piquetera me parece alucinante, y revela la profundidad que adquirieron los movimientos en los últimos años, que van trenzando sus experiencias vitales.


El Consejo consiguió que se construyan muchas viviendas en Miraflores, que en su mayoría “están a nombre de las mujeres de la organización, que son las que sostuvieron los piquetes y formaron la primer cooperativa de canastos Onolec Lagaraiq. Algunas de las mujeres de la cooperativa, han participado de los encuentros de mujeres a nivel nacional y a fines de 2018 hicieron el primer encuentro de Mujeres y Saberes sin la ayuda de ninguna organización, partido, ni sindicato”.


Onolec Lagaraiq (una sola palma en lengua qom), es una cooperativa de artesanas que nace en 2011 para evitar la explotación de los coyotes que lucraban con su trabajo (goo.gl/kWM2HP). El consejo Karashe ha conformado cooperativas de cestería, miel, madera y se disponen a inaugurar una radio, que nos dice Alfredo “consiguieron con sus propios recursos, además de una salita de primeros auxilios manejada por un enfermero qom”. Van a poner en marcha canchas de basquetball y ya tienen tres equipos de fútbol femenino indígena.


Como hubiera dicho León Felipe, vengo a cantar “cosas de poca importancia”…esas pequeñas cosas que están cambiando el mundo, abajo y a la izquierda.

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Los movimientos que disputan con la nueva derecha

La energía social emancipadora no desaparece ni se esfuma. Se transmuta, se transforma y se convierte en algo diferente, capaz de impulsar nuevos movimientos, sin perder sus rasgos básicos aunque se presente de maneras nuevas e inéditas. Algo así está sucediendo en los países donde los pueblos necesitan pelearle el día a día a unas derechas de nuevo tipo, tan demagógicas como autoritarias.

Quisiera presentar brevemente tres casos que acontecen estos días en Brasil y Argentina, en frontal resistencia a sus respectivos, que enseñan que sí se puede, que pese a la "correlación de fuerzas" desfavorable, podemos tomar iniciativas y avanzar.

El primero es el Movimiento Pase Libre (MPL) de Sao Paulo, que en el mes de enero realizó cinco manifestaciones contra el aumento del pasaje de Metro y autobús (¡¡23 pesos mexicanos cada trayecto!!). El MPL nació durante el Foro Social Mundial de 2005, fruto de una nueva camada de militantes, se expandió por las principales ciudades de Brasil y tuvo un protagonismo decisivo en junio de 2013, al precipitar la salida a la calle de 20 millones de personas en 353 ciudades, en respuesta a la represión de la policía militar.

Cuando la nueva derecha ganó las calles ese mismo mes, desplazando a los movimientos populares, el MPL se retiró del centro y se concentró en los barrios. Sus miembros se dispersaron por un tiempo, pero siguieron activos en los años siguientes en la lucha contra la reforma educativa, impulsando las ocupaciones de más de 2 mil centros durante la gestión conservadora de Michel Temer (2016-2018).

En las convocatorias de enero, participaron entre 500 y 15 mil jóvenes, acosados por cientos de policías, pero fueron capaces de retomar las calles, con muy pocos medios, mientras las grandes organizaciones sociales perdieron la iniciativa (goo.gl/WujJU7). No es fácil salir a la calle durante el primer mes del gobierno de Jair Bolsonaro, pero con esa ofensiva están señalando el camino para los próximos años, que pasa por enfrentar a la ultraderecha, que ya no puede convocar millones como hizo años atrás.

El segundo caso ilustra la potencia del movimiento de mujeres, capaz de "ingresar" hasta en los más recónditos recovecos del patriarcado. Un grupo de mujeres policías de toda Argentina, emitieron un comunicado donde señalan que quieren "frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la institución" y además piden no ser enviadas a marchas de mujeres, porque "no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras" (goo.gl/rdCngm).

Agregan que en caso de acudir a una manifestación de mujeres, será "para levantar el cartel Ni una menos, acompañando, jamás reprimiendo". Como trabajadoras que se sienten, decidieron formar una red y aseguran que están "totalmente en contra de la represión a organizaciones feministas" y advierten que "ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas, y pedimos que denuncien los abusos de poder".

La fuerza del movimiento feminista y la lucha antipatriarcal en Argentina, están involucrando a un amplio abanico, desde las actrices hasta las policías. Nunca habíamos imaginado que sucederían hechos como los mencionados, en cuerpos represivos donde se ejerce un minucioso y férreo control jereárquico/patriarcal.

El tercer caso sucede también en Argentina, donde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) acaba de sufrir una estúpida pero intensa represión de la policía de Buenos Aires, a sus "verdurazos", ventas de productos agrícolas en plazas y calles. La UTT agrupa alrededor de 10 mil familias de productores rurales en todo el país, cuya producción la venden en por lo menos tres grandes almacenes en la capital argentina. Cultivan alrededor de 120 hectáreas y venden a precios por debajo de las grandes superficies.

Dos semanas atrás, la venta de verduras en Constitución (terminal de transportes) fue duramente reprimida por orden del gobierno de la ciudad (goo.gl/bTQ3u3), pero esta semana volvieron con otro "vedurazo" en la céntrica Plaza de Mayo, reclamando mejoras para los pequeños productores. La UTT movilizó 5 mil trabajadores rurales y anunció la donación de 20 mil kilos de hortalizas frescas "para combatir el hambre" (goo.gl/Uid1Hj).

La UTT es hija del movimiento piquetero. Proviene del Frente Darío Santillán y quizá por eso 80 por ciento está en las periferias de Buenos Aires, formando un inédito y creativo movimiento "rur-urbano". Una parte de las familias que integran la organización son migrantes de Bolivia, expertas en la producción agrícola. Ocupan tierras para producir, se orientan hacia la agroecología y se organizan territorialmente en grupos de base.

Habría mucho más para decir. Los movimientos se están rearticulando, creando las condiciones anímicas y organizativas para resistir y lanzar nuevas ofensivas. Sólo queda estar atentos y confiar en los abajos.

 

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Sábado, 16 Febrero 2019 06:18

Los gobiernos populares que ojalá vengan

Los gobiernos populares que ojalá vengan

Pasando por medio de los infiernos que viene causando esta guerra de bandas necesitamos construir visiones que devengan en opciones estratégicas de acuerdo a un escenario de confrontación perfectamente previsible para los próximos tiempos. . 

La estrategia norteamericana seguida por los europeos de ahogar de recursos al Estado y por su parte un gobierno que sigue ofrecido a lógica a mafiosas que podría repetirse a su manera en un gobierno tomado por los chivos de la oposición, obliga a las clases subalternas a salirse a como del lugar de este juego cargado a menos que la historia diga lo contrario, de un potencial altísimo de sangre y una guerra que llamaríamos mercenaria, protagonizada por grupúsculos armados desde fuera.


La bondad que expresan masas humanas que están de lado y lado se diluye en esta historia para convertirse en una historia esencialmente confrontativa y no de clases en sus distintas visiones sino de bandas de interés. Salirse de este juego supone un poder alternativo que tome el terreno de la vida, que haga de la política una respuesta práctica del pensamiento colectivo totalmente a distancia del Estado y los partidos que sostienen su legitimidad. Estado , partidos, juego de gestión política, que ya a estas alturas opera superando ideologías o destruyéndolas, convirtiéndolas en parte de su mismo sistema maquinico y tecnocratico de la política . Es un maquinismo político que a estas altura del capitalismo global no es otra cosa que un constructo mediatico sistemático y manipulado por lo cual cada quien va tejiendo su hegemonía, crea sus personajes y ofrecen su demagogia tratando de hacer de las crisis políticas económicas el alimento de su reproducción. Por supuesto siempre cercanos a las corporaciones mundiales y oligarquías nacionales que en definitiva no son más que la realidad misma del decadente capitalismo , son su sol y su sombra.
Nadie que aspire a los mandos centrales militares y estatales puede evitar su invasión y su sueño de un mundo esclavizado a ellas sea cual sea su procedencia Nacional. Estas corporaciones se desechan por un mundo artificial desde el trabajo hasta el alimento que sería creación de su misma tecnología subsumida a lo que desde el club de Roma (hijo del imperio sacroromano) hasta todas las fasonerías y clubes imperiales están inventando. Es un mundo fuera de la tierra, fuera de todo amor a esa diosa paleolítica que creó las condiciones orgánicas, urbanas, tecnológicas, de la civilización humana, antes de ser sociedades de explotación y guerras entre fuerzas y reinos sustentados en la esclavitud y el servilismo hasta llegar a nuestra moderna condición de esclavitud que es trabajo asalariado, la acumulación bárbara en pocas manos, es decir el capitalismo.


Por estos recintos del mundo, que se han emborrachado de esta lógica perversa despojado de esta nación no menos de 500 mil millones de dólares y la dolencia, hambruna, carencia total de medicamentos que esto contrae, las renuncias deseadas por millones de los personajes de mando de Estado al menos que se quiebre en su contra la base estructural de las ffaa no vendrá rápido. Mucho más veloz serán los cuadros de hambre y confrontación mercenaria, desechando las intervenciones extranjeras que no son otra cosa que parte de la película que está planteada. La intervención en si es parte de la película estratégica imperial que sirve como amenaza, como bloqueo armado hasta tanto no se cree el cuadro político completamente favorable a sus intereses. Algo que ya han logrado en la casi totalidad de Suramérica pero la guerra de bandas y la introducción de buena parte de las comandancias de las ffaa en la lógica mafiosa no lo ha hecho tan fácil, más allá de las imbecilidades y guerras internas de una oposición sin propósito otro que no sea sustituir este bandidaje por otro comandado por ellos


Es por ello mismo que se hace tan necesario el diseño estratégico alternativo al infiernillo creado. ¿De qué se trata? Reafirmar un punto sobre el cual pondríamos lo que sobre ello se fraguó como corriente histórica que fue el alma de lo que luchó por ser una revolución. Estamos hablando de la República autogobernante producida políticamente sobre algo que tomó el nombre de proceso popular constituyente. Todas las estructuras de poder y producción territoriales y locales, chupadas y destrozadas hoy por el mando de Estado, incluidos poderes como alcaldías, tienen que ser tomados por el poder común antes de que sea demasiado tarde y las nuevas mafias y el intervencionismo imperial y sus acompañantes se terminen de tragar esta República.


El tiempo es corto, la lucha de bandas y ojalá la huida de estos tránsfugas hoy bajo el mando de Estado los tenemos enfrente sea igualmente corta, pero lo que vendrá a continuación en nada se parece a los sueños de emancipación por los cuales luchamos. El camino es rápido pero la actividad decidida una necesidad que va a la dimensión de un presente casi horroroso. Tenemos que hacernos dueños de los territorios que nos dieron República y del aparataje de servicios por los cuales vivimos como comunidades urbanas. La revolución autogobernante tiene que ser un hecho antes de ser invadidos no por ejércitos sino por modalidades propias de lo sucedido en el medio Oriente.


El poder común y popular convertido en una verdadera síntesis de lo que llamamos gobierno popular tiene que nacer ya...no hay pueblo vencido.

Por: Roland Denis | Sábado, 16/02/2019 03:05 AM

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Asciende a 66 la cifra de muertos al explotar una toma clandestina de gasolina en México

Muchos de los heridos sufren graves quemaduras y se teme que se encuentren mas cadáveres calcinados en las cercanías del oleoducto


López Obrador comenzó una batalla al robo de hidrocarburos a través de los ductos de Petróleos Mexicanos, que genera pérdidas estatales millonarias


México sufre una crisis de desabastecimiento en unos diez estados del país, con estaciones de servicio cerradas, compras de pánico y el sabotaje de ductos

 

El número de muertos por la explosión de una toma clandestina de gasolina en el estado mexicano de Hidalgo ha subido de 21 a 66 personas en las últimas horas, según han informado este sábado fuentes oficiales.


"El saldo que tenemos al momento de lo ocurrido en Tlahuelilpan es de 66 personas fallecidas y 76 personas heridas, que están siendo atendidas en distintos hospitales", ha indicado en Twitter el gobernador estatal, Omar Fayad.


Muchos de los heridos sufren graves quemaduras y se teme que se encuentren más cadáveres calcinados en las cercanías del oleoducto donde centenares de personas se agolparon para robar el combustible de la fuga provocada a media tarde del viernes.


En una conferencia de prensa convocada este sábado en la mañana, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, instó a los ciudadanos a que abandonen esta modalidad de robo de hidrocarburo, conocida como "huachicoleo".


"De manera sincera, nos entristece lo sucedido, y también comentar a los familiares de los heridos que estamos dando atención especial en hospitales y que se está buscando salvar vidas", ha señalado el mandatario.


El gobernador estatal, Omar Fayad, ha explicado que en el momento en el que se conoció la fuga se intentó acordonar la zona, pero que fue imposible porque había cientos de ciudadanos en el lugar de los hechos.


La explosión tuvo lugar a las 18.50 hora local del viernes (00.50 del sábado). "Las llamas estaban consumiendo todo lo que había alrededor y había personas fallecidas y quemadas", ha agregado el gobernador estatal.


"Hoy se enluta, y se enluta México, con la muerte de estas personas", dijo Fayad antes de dar a conocer la cifra preliminar de 66 fallecidos y 76 heridos. De entre los lesionados, 73 son hombres y tres mujeres.


Desde que llegó al poder el 1 de diciembre, López Obrador comenzó un combate frontal al robo de hidrocarburos a través de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex), que genera pérdidas millonarias para la compañía.


Para tal fin, se reforzó con miles de efectivos la seguridad en los ductos y se transportó más gasolina con pipa (camión cisterna), lo que ha causado una crisis de desabastecimiento en unos diez estados del país, con estaciones de servicio cerradas, compras de pánico y el sabotaje de ductos.

 

EFE
19/01/2019 - 17:12h

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“La gente común no pelea por un gobierno, sino por seguir siendo”

Con Marco Teruggi, sociólogo y cronista en Venezuela.

Acaba de publicar un libro en el que cuenta el día a día en el interior profundo venezolano, recorriendo pequeños pueblos fronterizos, hablando y conviviendo con campesinos y habitantes urbanos alejados de los grandes titulares de los diarios. Por allí pasa la figura del comunero, ese ideal planteado por Hugo Chávez como primer factor de poder en la Venezuela bolivariana. Dialogó con Brecha a su paso por Buenos Aires.


Teruggi retoma una tradición inaugurada por John Reed en su libro Diez días que conmovieron al mundo, y recuerda al mejor Eduardo Galeano, el de China 1964, cuando se largó a recorrer los caminos de ese enorme país y prefería hablar con los campesinos al costado de la ruta, antes que con los funcionarios. Aquí Teruggi aborda las contradicciones de la Venezuela revolucionaria acosada por la derecha oligárquica y los corruptos del aparato estatal que minan el proceso chavista y popular con la lentitud segura de los pequeños actos cotidianos. Pero el foco de Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela (Sudestada, Buenos Aires, setiembre de 2018) está puesto en el papel de los comuneros enfrentados a la derecha y también a la lentitud e incomprensión del gobierno de Nicolás Maduro.


—¿Cuál fue la idea de este libro?


—El punto de partida fue mostrar al chavismo desde un punto de vista que no se suele presentar. Es un gran sujeto histórico que va mucho más allá del gobierno, del partido e incluso más allá de los movimientos, y tiene una gran centralidad en la barriada popular, en los campesinos, la juventud y las mujeres. Ese para mí es el chavismo invisible y protagonista, y ahí empieza el debate sobre sus laberintos. Creo que Chávez lo dejó claro. Después, la revolución, como todo espacio heterogéneo, es un ámbito de disputa. Si no se disputa no hay cambio.


—Contá cómo se da el ingreso de los internacionalistas en el proceso revolucionario venezolano. ¿Son revolucionarios o aventureros?


—Dividiría el proceso revolucionario en tres momentos. La génesis, de 1989 a 1998; del Caracazo a la victoria electoral de Chávez, que es la etapa de instalación y gran confrontación con el golpe de Estado, la estabilización de la revolución hasta 2012 con la nueva victoria de Chávez, y su muerte en 2013; y desde entonces a la fecha. El gran espacio de concentración del internacionalismo es entre 2006 y 2013, en el momento de estabilización de la revolución, cuando hay puertas abiertas para muchísima gente, para hacer comunicación, formación, para ocupar los espacios necesarios en el proceso revolucionario. Vino gente de América Latina, de movimientos sociales, gente suelta, periodistas, militantes de Europa, de Alemania, del País Vasco, y Venezuela se transformó en un lugar de encuentro de militantes que después se convirtieron, en sus países, en referentes de movimientos sociales a partir de lo aprendido en Venezuela. A partir de 2013, cuando empiezan las dificultades y llegamos a una situación muy compleja, ese núcleo internacionalista se va deshaciendo, por ciclos políticos, ciclos personales, por dificultades ante la nueva situación o porque Venezuela ya dejó de ser un espacio atractivo. También es cierto que hay cierto comercio internacional de los procesos políticos más codiciados, cerca de los cuales estar o no estar. Y actualmente Venezuela es uno de esos procesos ubicados en una zona de silencio.


—¿Venezuela hoy no cotiza en el ideario progresista?


—No cotiza. Hay una incomprensión, muchas veces producto de una inmensa campaña aplanadora de los medios de comunicación y de una enorme dificultad de parte del chavismo para comunicar lo que está pasando y contar una narrativa creíble y sólida hacia afuera.


—¿Eso viene de parte del chavismo social o de los burócratas?


—Yo me haría cargo del todo. No le llamaría burócrata sino chavismo oficial. Todo el mundo tiene que disputar esa narrativa, esa construcción del chavismo hacia afuera. Claro que con diferentes posibilidades. Los que manejan la cancillería, de una forma, y los que manejan un movimiento social, de otra. Pero entre esa mezcla de la aplanadora de los medios y las dificultades del chavismo para tener un relato creíble hacia afuera, mucha gente ha decidido alejarse o apoya pero se queda sin argumentos, y en general Venezuela se ha convertido en un país del que muchos internacionalistas se han ido. En un libro tengo una frase sencillita que dice que Venezuela no es para principiantes ni para puristas. Si es tu primera experiencia política va a ser difícil procesarla y entrarle. Y si vas con una mirada purista del proceso, rápidamente vas a desistir. Hoy Venezuela es un país del cual se va gente. Incluso hay una sensación de despedida permanente.


—¿Los venezolanos de a pie perciben esa sensación que se trasmite en los grandes medios sobre una Venezuela que en cualquier momento se cae?


—Sí. En el chavismo como sujeto organizado en los diferentes niveles hay una claridad sobre el asedio internacional. De las matrices: que es una dictadura, un Estado fallido que patrocina el terrorismo, la guerrilla, el narcotráfico, que hay una crisis humanitaria. Esas ideas que circulan están muy aceitadas en el chavismo.


—De hecho, la Onu hizo un llamado para trabajar sobre la crisis humanitaria venezolana, hace ya unos meses. ¿Existe esa situación o las Naciones Unidas se comieron el pescado podrido de los grandes medios?


—El tema de la crisis humanitaria es interesante, porque el primero que lo mencionó fue Kurt Tidd, el ex jefe del Comando Sur estadounidense, quien planteó en 2016 que Estados Unidos no iba a intervenir en Venezuela a menos que hubiera una crisis humanitaria. A partir de esta idea-fuerza el concepto de crisis humanitaria se empezó a trabajar y a lanzar como gran idea para contar lo que pasa en Venezuela. No sé cuáles son los parámetros para medir una crisis humanitaria, pero sé que hay una idea muy clara de por qué construir esa idea. Se dice que hay “refugiados” en lugar de “migrantes económicos”. ¿Por qué plantear que es el éxodo más grande de América Latina cuando sólo en Venezuela hay 6 millones de colombianos? Son ideas que no tienen sustento pero que construyen una narrativa que llama a la intervención humanitaria internacional.


Lo que quiero es hablar de la revolución que se está dando y no de lo que las derechas y Estados Unidos quieren que hablemos. Yo quiero mostrar de la revolución lo que considero más interesante, la idea de una democracia participativa protagónica, el autogobierno, las milicias, la transferencia de poder, las tensiones que se producen, la construcción del sujeto histórico, por qué la gente aguanta, cómo hace su vida en el día a día.


Suelo distinguir en Venezuela entre opositores y “escuálidos”. Los opositores serían la gente común y corriente que no cree en Chávez o en Maduro, pero no hay enfrentamiento ni violencia. El escuálido es la base social más clara de la derecha clasista y tiene una voluntad de venganza y rencor. Ese sector está convencido de que en Venezuela hay una dictadura y que es necesaria una intervención internacional.


Es un país que está muy partido. Antes de las elecciones presidenciales hablaba con una productora de televisión y me decía que después de las elecciones se iba del país porque sabía que iba a ganar Maduro y por ende habría más ataques económicos y ella no iba a poder aguantar. Incluso en el hecho migratorio, si hablás con un venezolano en el exterior vas a ver que hay un nivel de politización alto. Con paradojas, porque mucha gente que se fue pudo estudiar en el país pero en este momento no puede dar respuesta a sus necesidades materiales. El proceso amplió por millones los cupos universitarios, la cantidad de universidades, pero con un salario fijo la gente no puede llegar a fin de mes. Esas son las contradicciones. Preguntales a los venezolanos que andan por Buenos Aires de dónde vienen, qué hacían allá, y si es gente humilde no te va a contar el cuento de la persecución de la dictadura. Hay un sentido común de la gente que vive en Venezuela, que sabe que hay una situación económica muy complicada en el país, pero que no hay dictadura ni régimen ni nada que se le parezca.


—¿Cuál es el alcance de la corrupción? ¿Es algo residual o afecta hasta el punto de trancar el proceso revolucionario?


—Creo que afecta varias cosas a la vez. Es grande la corrupción, es heredada y no se la combatió como se debió. Es una cuestión pública pero también privada. El problema es que se la centró en las prácticas públicas, estatales, pero quienes más utilizan la corrupción para aceitar sus negocios y conocen mejor su lógica son los grandes empresarios. Una parte del chavismo reconoce la necesidad de dar esa pelea, y es un tema que afecta a las áreas neurálgicas de la economía. Creo que es parte de los factores que dificultan muchísimo la estabilidad, porque incluso medidas muy buenas pueden ser atacadas por dentro.


—¿Cómo sería eso? Dame un ejemplo concreto.


—Vos planteás una política de importaciones o una política de asignación de dinero para producción, o una política de control en la producción de petróleo, pero tenés sectores internos que la sabotean. Y te plantean un problema grande, muy concreto en lo económico. Aquello que el boliviano Álvaro García Linera llama la fuerza moral: ¿qué tenemos nosotros para pelear? Una gran convicción. Con estas prácticas corruptas esa convicción se agrieta. Generalmente la corrupción más dañina es la que no se ve. El gran robo es el invisible. El tipo que se queda con 20.000 millones de dólares no lo es, porque forma parte del sector intermedio y alto, y está expuesto.


—Mencionás en tu libro la irritación de la gente común cuando ve que pequeños funcionarios retienen partidas estatales de alimentos para revenderlos y aumentar el precio en el mercado negro.


—Es la microcorrupción que se ha democratizado, como dice García Linera. Y se ha extendido de forma horizontal como una forma de enfrentar la situación económica, de trampear en beneficio personal en medio de una crisis económica para la que el Estado no tiene respuesta.


Un ejemplo muy concreto: a un conductor de autobús le dan un chip para cargar gasolina semanalmente; el tipo llena el tanque, no pone en marcha el autobús durante esa semana, y revende la gasolina en el mercado negro, logrando una ganancia mayor que si manejara el autobús. Ese tipo de corrupción te daña el transporte, la racionalización del combustible, aumenta el contrabando. Y lo que se extendió en todo el país es una falta de autoridad. La gente pide autoridad, orden y mano dura de parte del gobierno. Que vayan presos los corruptos, dice.


—¿A qué atribuís la falta de autoridad y falta de respuesta a ese pedido popular?


—Creo que hay una lógica muy complicada. Algunos la llaman “compadrismo”, y consiste en que cuando hay algunos amigos en puestos de gobierno que cometen delitos de este tipo, en lugar de castigarlos se los mueve de puesto cuando son descubiertos. Y eso se hace con la excusa de que es un compadre, un amigo del proceso revolucionario, y no se lo castiga. Esa impunidad genera más impunidad. Venezuela no es una sociedad que condene la corrupción. Hay sociedades que son más disimuladas. La de Venezuela no, y esa es una situación de cultura política bien complicada. Chávez la combatía, tenía muchos discursos en ese sentido y ponía como ejemplo que cuando a él lo habían mandado en misión a la frontera se había ido con un auto pequeño como patrimonio y cuando regresó lo hizo con el mismo auto. Sus compañeros lo criticaron por eso, y él reivindicaba no haber aprovechado la situación para corromperse. La corrupción es una vieja práctica política que se mantiene en la práctica política actual.


—¿Cómo tomó el comunero del interior esas primeras medidas de Hugo Chávez que apuntaban a empoderarlo?


—El actual comunero viene pasando por un proceso de organización iniciado en 1999. Siempre hubo de parte de Chávez un pedido a la gente de organizarse, hacerse del poder y ejercerlo desde el gobierno local y comunal. Hay millones de personas que llevan casi veinte años organizándose y formándose de diferentes formas sobre su propio territorio, tanto en el campo como en la ciudad. Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción han sido una medida de masas que se lanzó sobre el ejercicio organizativo de la gente, con miles y miles de locales para frenar el desabastecimiento, y eso permitió contenerlo. Ese comunero tiene total conciencia de que el chavismo es su espacio, su identidad, su única posibilidad en este mundo. Antes no había nada, y de la derecha no espera nada. Es muy importante ver que la gente no pelea por un gobierno sino por sí misma, por su propia posibilidad de seguir siendo. Nunca hubo nada que se le pareciera, que hubiera un gobierno que planteara que el centro de la política, de la salud, de la educación, de la economía es la gente. Van a ser los excluidos de toda la vida. Y no es que se lo están regalando, sino que lo construyeron ellos, lo viven y lo pelean. Esa identidad es la que explica que el venezolano de a pie comunero siga peleando. Y si eso no se toma en cuenta no se entiende todo el proceso. La derecha no lo entendió, una parte de la izquierda tampoco, incluso ha subestimado el proceso. Y esa identidad es la que permite entender que cada vez que parece que todo está perdido el chavismo sale, vota y gana.


—¿Por qué creés que la izquierda no entendió ese proceso comunero en la base?


—Hubo un cierto desencuentro con Chávez. Hay una izquierda que quiere que la revolución se parezca a lo que quiere que sea una revolución, y todo lo que no encaja en eso no sirve porque hay una mirada clasista férrea. Y Chávez no encajaba en eso porque es una ruptura. Esa izquierda tiene una retórica a favor del pueblo, le gusta esa palabra, pero después no le gusta cómo el pueblo es, no acepta sus errores, no acepta que el pueblo no se parezca al sujeto revolucionario con el que sueña, no entiende el complejo proceso de las comunas. El pueblo no escucha a Silvio Rodríguez sino a Maluma, y baila rap, y después va a una milicia bolivariana. Siempre vi que la izquierda puso el foco en las decisiones de la estructura más alta del gobierno, la política exterior, pero nunca en eso que Chávez abonó con tanto énfasis, que fue el poder ejercido por las comunas. Pero Chávez se murió en medio del proceso.
—¿Entonces en América Latina seguimos dependiendo del líder y cuando se nos va sonamos?


—Es una buena pregunta. Me parece que el caso venezolano tiene la particularidad de que antes de Chávez no había nada. Lo pondría en relación con la experiencia boliviana, en la que Evo Morales es producto de una acumulación de los movimientos sociales que crean el instrumento político, crean al candidato, dan la pelea y la ganan. En Venezuela hay un estallido en 1989, la gente hace volar el orden excluyente y sale a las calles con un nivel de organización bajísimo pero con mucha movilización y radicalidad, y Chávez asume sin grandes movimientos. Entonces tiene que ponerse todo al hombro y con una fuerza de tracción gigantesca y de generación de organización. Siempre hubo necesidad de Chávez, porque la gente aprendió a hacer política con la expectativa del apoyo estatal, y pese a la lentitud burocrática siempre hubo respuestas. Cuando eso se traba surge la pregunta: ¿qué hacemos si el Estado no nos da apoyo? Hay todo un reaprendizaje en medio de un asedio internacional. Y ese 30 por ciento de la población que es chavista se afirma y sale a dar pelea unida, pero en un escenario de crisis económica.


—¿Cuál es el final de este cuento?


—Veo dos opciones principales. Una, que esto se prolongue indefinidamente hasta lograr una cierta estabilidad económica, con todo lo bueno que eso va a permitir. Hay que tener en cuenta que Maduro gobernará hasta 2025. Otra es una acción de fuerza mucho más elevada que en 2017, que plantee otra vez sacar al chavismo a los golpes. Hay un sector de la derecha apurado por acelerar la cosa y derrocar al gobierno.


—¿Qué apoyo tendría esta última opción?


—Sectores del gobierno estadounidense, el gobierno de Colombia y la gran mayoría de la derecha venezolana. Pasa que todo esto hay que inscribirlo en un marco mundial mayor de alianzas, en el que Venezuela tiene de su lado a Rusia, China, Bielorrusia, Irán e India. Hay serios problemas petroleros en el país que una alianza con China podría resolver, lo cual hace que el enfrentamiento sea entre bloques en el nuevo reordenamiento mundial de una confrontación que supera la situación interna venezolana. Eso ya es cuestión de geopolítica internacional.

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Impunidad, corrupción, objeción de conciencia, ruptura y constancias históricas

Ante las últimas agresiones del Estado contra nuestra Comunidad de Paz, consideramos importante reafirmar realidades y principios que fundamentan nuestras búsquedas de justicia y dignidad.


Los sectores conscientes del país y de la comunidad internacional conocen las formas de genocidio a que hemos sido sometidos desde que nos atrevimos a decirle NO la guerra y a la violencia. Los esfuerzos de muchos años para intentar que lo que en Colombia se llama “justicia” actuara eficazmente, fueron siempre frustrados. Centenares de denunciantes y declarantes de nuestra Comunidad eran inmediatamente amenazados, no pocos asesinados y otros obligados a desplazarse o estigmatizados o judicializados mediante horribles montajes. Todo nos fue mostrando que el victimario salía siempre triunfante, protegido por una impunidad a toda prueba que contaba con el aporte activo o pasivo de las diversas instituciones del Estado y que la víctima entraba forzosamente a un camino de re-victimizaciones sin fin. Esa experiencia de muchos años nos llevó a la Objeción de Conciencia y a la ruptura con ese tipo de “justicia” que de justicia nada tenía. Ante semejante desprotección y conscientes de que el silencio y la resignación equivalían a nuestra destrucción total, acudimos al sistema de las constancias históricas y públicas, como un clamor a las franjas verdaderamente humanas del país y del mundo, para que con su solidaridad y su protesta protegieran nuestra vida y dignidad, ya que el Estado no la protegía sino que buscaba a toda costa destruirla.


Si en esas constancias públicas aparece de manera casi permanente un victimario de varias cabezas, es porque así lo hemos conocido, experimentado y sufrido en carne propia, en vivo y en directo. Los varios millares de crímenes de lesa humanidad de los que hemos sido víctimas y que hemos relacionado ante tribunales internacionales, han sido perpetrados por la alianza entre fuerza pública y paramilitares, una alianza que cubre al menos las dos décadas de nuestra existencia comunitaria y no ha habido poder humano que obligue a ese victimario de varias cabezas a dejar de violar nuestros derechos. El paramilitarismo, como su mismo nombre lo indica, es una entidad incrustada de una u otra manera en las prácticas militares y policiales, y si bien en el pasado y hasta hace muy poco se caracterizaba más por políticas activas de conjunción, en el último período ha dado primacía al apoyo pasivo y omisivo, no menos grave que el activo, y quizás más grave al darle más campo de acción a la franja ilegal que se sitúa fuera de todo control, de toda legalidad y de toda ética.


Hubo fiscales, vice-fiscales, directores de fiscalías y fiscales delegados quienes recibieron centenares de denuncias de crímenes horrendos bien documentadas y las engavetaron inmediatamente sin darles ningún trámite. Uno de ellos, el Sr. Luis González, aún hoy ocupa un alto puesto en la Fiscalía General de la Nación. Hubo procuradores, como el reelegido fraudulentamente, Ordóñez Valderrama, quien jamás quiso darle trámite a denuncias de nuestra Comunidad, alegando que no tenían los mínimos elementos de circunstancias de tiempo, modo y lugar, a pesar de que siempre aportábamos nombres, fechas, horas, y sitios precisos de los crímenes. Ha sido de plena evidencia que el Estado protege con la omisión de todas sus instituciones la impunidad de ese victimario de varias cabezas incrustado en su propia institucionalidad.


Cuando tuvimos acceso a los expedientes concretos, descubrimos que los que se llamaban “agentes judiciales” desconocían numerosos principios de la Constitución y principios rectores del procedimiento judicial, como los principios de legalidad, de imparcialidad, de igualdad ante la ley, de separación de poderes, de independencia, de habeas data, de debido proceso, de consistencia probatoria etc. Todo esto, plenamente documentado y con los nombres de numerosos funcionarios corruptos, se lo presentamos a todas las altas Cortes del Estado el 19 de enero de 2009 en una amplio derecho de petición, para que se hiciera una depuración y corrección a fondo, pero no fuimos escuchados y creemos que en los magistrados predominó el miedo a represalias de quienes detentan los poderes de facto.


En toda esta búsqueda hemos sido presionados para que volvamos a llevar los casos al aparato judicial o disciplinario del Estado, presentando denuncias, rindiendo declaraciones y aportando pruebas. Sin embargo, fuera de la experiencia de dos décadas que nos siembra profunda desconfianza porque no vemos sensibilidad alguna en los funcionarios frente a los crímenes que nos destruyen ni voluntad alguna de hacer justicia, hemos comprobado además que la “justicia” vigente se apoya exclusivamente en testimonios y que el testimonio ha llegado a ser, en lugar de prueba judicial, una mercancía. Es manipulado, comprado o vendido con gran facilidad.


¿Cómo podemos probar que los paramilitares trabajan unidos con los militares? En nuestra terrible realidad, todas las semanas y por todas las veredas, los paramilitares nos están repitiendo que todo lo tienen arreglado y coordinado con el ejército para destruirnos y muchos soldados están afirmando al mismo tiempo por las veredas que ellos tienen orden de no perseguir a los paramilitares porque son sus amigos y colaboradores. Pero si esto lo declaramos en una fiscalía o en un juzgado, sabemos de sobra que, en lugar de servir para frenar la persecución va a servir para todo lo contrario: para que estigmaticen y amenacen al denunciante o declarante. Le van a exigir que “compruebe” lo que está diciendo; que muestre un video o una grabación o dé el nombre concreto y el código militar del soldado que lo dijo y presente a muchos testigos de que lo dijo, todo lo cual, en nuestras circunstancias, es imposible. Los militares ocultan sus códigos y nombres y decomisan enfurecidos las cámaras o celulares que pretenden registrar sus delitos. Entonces lo que ocurre es que el fiscal archiva el caso inmediatamente por “ausencia de pruebas” y el declarante queda en la “lista negra” de amenazados. Y a pesar de todo ello, la Comunidad amontona semana tras semana multitud de amenazas “que no se pueden probar”; multitud de agresiones y atropellos “que no se pueden probar”. Nunca autoridad alguna accede a verificar las denuncias “in situ” y con técnicas que no prevengan a los victimarios. En el mejor de los casos le piden al mismo ejército que haga un operativo en la zona de la denuncia, pero lo hace con todas las precauciones para que ya los victimarios se hayan ido o escondido, sin tener en cuenta que pedirle a la institución victimaria que investigue el crimen es algo no sólo inútil sino algo anti-jurídico y anti-ético. Lo máximo que se hace es un show mediático, como los que se han hecho en los últimos meses en Rodoxalí y en la Cristalina, donde los victimarios van en helicópteros con autoridades civiles y periodistas para entrevistar a campesinos cooptados o amedrentados de antemano que declaren ante las pantallas que las denuncias son falsas.


Nuestra Comunidad se ha visto ante el dilema de dejarse aplastar por la inviabilidad de la “justicia” institucional o apoyarse en el valor tradicional de transparencia de la palabra campesina y buscar articularla con la transparencia de aquellos que nos conocen directa o indirectamente a través de nuestros sufrimientos y nuestros sueños y se solidarizan con nosotros en el clamor ético por una justicia elemental. De allí que hayamos recurrido a la CONSTANCIA HISTÓRICA ANTE EL PAÍS Y EL MUNDO, haciendo caso omiso de una “justicia” que se nos ha revelado inaccesible y corrupta en 22 años de búsqueda.


La constancia histórica se funda en el derecho primario y democrático a la comunicación; está refrendada por las declaraciones universales y regionales de los derechos humanos; reforzada por documentos de las Naciones Unidas, como la Resolución de la Asamblea General del 8 de marzo de 1999 (A/RES/53/144), y representa el clamor más elemental de las víctimas al país y al mundo para no dejarse destruir, frente a acciones sistemáticas que se han prolongado durante 22 años y que son violatorias de todos los tratados internacionales de derechos humanos y de la más elemental dignidad humana.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó
Octubre 14 de 2018

 

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Comunidad de Paza de San José de Apratadó. Ensañamiento hasta el fondo de lo absurdo

8 de cotubre de 2018

Publicado enColombia
Afro Netto, frente a un mural en la fachada de una casa en el centro de Palenque

Colombia tiene 86 comunidades indígenas, 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque
"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita porque la gente se va"
"Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas", dice Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional

 En la entrada de San Basilio de Palenque, un burro atado con una soga vieja mira a un grupo de visitantes con extrañeza, un niño juega con un palo y un grupo de mujeres corta fruta con un cuchillo de filo inmenso. El calor es abrasador y tanto el burro como los humanos buscan cobijo en la sombra en una maniobra de vida o muerte. Los palenqueros caminan despacio por las calles sin asfaltar y, a lo lejos, se oyen frases sueltas acompañadas del sonido de los tambores. De pronto, una lengua extraña (la palenquera) y las vestimentas africanas anuncian que estamos ante un municipio poblado por descendientes africanos. Palenque fue el primer pueblo libre de América Latina.


Un grupo de esclavos liberados y huidos establecieron su fortín en esta zona del norte de Colombia en el siglo XVII. La desbandada desde Cartagena de Indias y su lucha contra las tropas españolas tejieron el inicio de su leyenda rebelde y de su resistencia admirable. Hoy, este pueblo de unos 4.500 habitantes afrocolombianos lucha por subsistir y no caer en el olvido.


"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita precisamente por eso, porque mucha gente se va de Panlenque por cinco o diez años a buscar trabajo para enviar plata al pueblo. Algunos no retornan por miedo a perder lo que han conseguido o porque encontraron una nueva vida por allá. Todo esto hace que se debilite la cultura palenquera", dice resignado y con una cadencia triste.


Colombia es el tercer país americano con mayor población de descendientes africanos después de EEUU y Brasil, según un censo realizado en el año 2005. Presentes en todo el país, pueblan mayormente los departamentos de Chocó, San Andrés y Providencia, Bolívar, Valle y Cauca. Sin embargo, la falta de trabajo y de oportunidades ha hecho que estas comunidades se hayan visto obligadas a desplazarse a las grandes ciudades del país: Cartagena de Indias, Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá.


"Muchos jóvenes se van del pueblo a estudiar cuando terminan la secundaria. Se van a Cartagena, a Barranquilla, a Santa Marta o a Bogotá. Ahora mismo, algunos también se están dedicando al deporte, al boxeo y al fútbol", puntualiza Netto.


"Yo no toco muy bien el tambor", dice un chico de poco más de 18 años mientras da vida a la piel y la madera con las yemas de sus dedos. "Los que se quedaron en Palenque tocan mejor que yo. Yo me fui a estudiar a Cartagena". Como él, muchos otros jóvenes abandonan estas pequeñas poblaciones que probablemente estarían casi vacías si no llega a ser por el turismo.


Afro Netto tiene 26 años, un grupo de música llamado Kombilesa-mi y hace dos años se presentó a las elecciones municipales "para dar voz a su pueblo". Y es exactamente eso lo que intenta hacer con la música y con un centro social que trabaja con unos 50 niños. Con apenas tres años, los niños tocan el tambor y siguen el ritmo con sus pies diminutos.


"Decidí presentarme a esas elecciones porque me doy cuenta de las cosas. Lo primero que veo es que no hay quien hable de nuestro pueblo a nivel municipal. Y lo segundo es que hay cosas como la educación y la sanidad que no llegan a toda la comunidad", dice el líder social. "Mi intención era poder hablar por toda esa gente, hablar para que se desarrolle nuestro pueblo. Luchar por Palenque".


A pesar de los carteles, de la música y de su empeño, Netto no fue elegido concejal por el partido ASI, Alianza Social Independiente. "Obtuve buenos resultados, pero no gané. Ahora me han escogido para consejero de Identidad, Patrimonio y Cultura de la junta directiva del Consejo Comunitario de Ma Kankamaná de San Basilio de Palenque, que es como el Gobierno local", añade con orgullo y desechando la idea de volver a presentarse a más elecciones.


De la frente y las mejillas de Netto caen borbotones de sudor justo al terminar un pequeño concierto improvisado. Hace mucho calor, pero nos explica hasta dónde ha llevado su música y las ganas que tiene de que el mundo conozca esta pequeña rareza colombiana. "Canté con Kase. O en Bogotá en un festival en el que se mezclaban varios estilos musicales", recuerda este hito de su grupo, que lleva en marcha desde 2011.
Colombia tiene 86 comunidades indígenas diferentes, tiene 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque y la raizal.


Y para que todo esto no muera, para que esa música siga sonando y la resistencia legendaria no se quede sin representantes, los palenqueros necesitan acción política. "Llevamos mal la victoria de Duque. En Palenque queríamos a Petro. Pensábamos que con Petro se podrían haber cambiado más cosas porque su ideal es más cercano al pueblo. Él sí que conocía las dificultades de la gente de estas comunidades. Veremos lo que pasa".


"La realidad es que hay varias colombias", dice tajante Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional. "Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas. A esos grupos, aislados de manera histórica, es muy probable que se les agreguen ahora la población migrante venezolana que está en una situación de gran desventaja porque no podrán formar parte de la economía formal", apunta Jiménez.


"Si vas a las zonas más afectadas por el conflicto y ves las situación de las poblaciones indígenas y de las comunidades afrocolombianas (como Palenque), se puede ver de manera todavía más acentuada (en comparación con las grandes ciudades) esos procesos de exclusión histórica", añade Jiménez. Efectivamente, en Palenque parece que el tiempo se detuvo y que su atmósfera marrón y calurosa permanecerá así eternamente.

Por Cristina Armunia Berges - Palenque (Colombia)

01/08/2018 - 21:08h

Publicado enColombia
La minga: aprender sin escuela, sin esperar aprender

Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. […] Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Llega el día miércoles y como todos los miércoles en el área rural de Cachipay y de Zipacón (Cundinamarca), nos alistamos para participar en la minga que comienza a las nueve a.m. Se trata de un colectivo diverso que se reúne cada semana en torno a la labor conjunta, bajo el signo de la fraternidad y la alegría en diferentes espacios. La minga es un bien común y cada minga es diferente. Por temporadas pueden concurrir unos y no otros, dependiendo de la vida de cada participante y sus exigencias; en ocasiones vienen seres que viajan, personas interesadas en conocer la experiencia, echar una mano y quizás compartir un saber.

 

Esta vez la minga es en Trinitaria, en la vereda Laguna Verde, en casa de Zarabanda Opalina, quien tiene un niño de seis años y una niña de casi tres. Después de tres años de labor están cerca de terminar su hogar en bioconstrucción con materiales de la región. Una forma de respetar la naturaleza, de disminuir de manera notoria los costos en dinero de la obra y de incursionar en una estética armónica con un entorno de belleza asombrosa por la diversidad de expresiones de la vida.

 

El clima primaveral y la abundancia de aves y de cantos, de especies frutales y de flores, han ejercido desde hace muchos años una fuerte atracción por esta geografía de naturaleza exuberante ubicada en la ladera occidental de la Cordillera Oriental. En apenas unos centenares de metros es posible elegir entre las tierras más cálidas o las zonas frescas de la partes altas de las montañas. En Trinitaria la atmósfera es fresca y húmeda en la temporada de lluvias. Pero en un día invernal no es improbable que el sol irrumpa entre la niebla con todo el esplendor de la Cordillera Andina.

 

El primero en llegar es Arnulfo, quien con su vitalidad, alegría y la lozanía de su piel, no revela en absoluto los sesenta y cinco años que ha cumplido. Atribuye su formidable salud a las caminatas que realiza por la región cada fin de semana, acompañado de personas que vienen desde la ciudad, visitantes que aprecian su extraordinario conocimiento de las plantas y el privilegio de visitar su jardín, el que alberga una asombrosa variedad de orquídeas, bromelias y plantas medicinales. Hace casi diez años renunció a la ciudad y a los negocios y se vino a las montañas. Minutos después llega Jorge, un joven nativo de la región que sabe de plantas y de cocina, ha apoyado diversos procesos; su vida no la guía por el dinero. Entre sus saberes cuenta, además, con el arte de hacer pequeñas esculturas con rocas superpuestas, que hace poco aprendió.

 

La tercera en llegar a Trinitaria es Manuela, llega acompaña con su padre Víctor que vino a visitarla, y con un grupo de tres artistas que también ha invitado. Manuela ha fungido como el espíritu de la minga. Su carácter dulce y su disposición permanente a echar una mano allí donde se precisa han generado una dinámica fraterna en el colectivo. Muy pocos podrían adivinar que detrás de su apariencia de joven rebelde, con su corte de cabello alejado de la estética normalizada, con su sonrisa blanca y transparente, su piel bronceada por el sol de Peña Negra, y con su overol de trabajo en escultura y dibujo, habitó hasta hace poco tiempo una abogada muy capaz y responsable que vestía de sastre y acudía puntual a su horario de trabajo en una entidad oficial. Manuela dejó trabajo y ciudad y se vino a la vereda hace cinco años.

 

Un tesoro del proceso de la minga radica en la comunicación, que permite conocernos y descubrir diferentes dimensiones que el ritmo trepidante de la vida cotidiana en la ciudad no facilita. Nos vamos conociendo en la labor y compartiendo los alimentos que cada uno prepara y trae. De este modo el espacio fraterniza y gesta complicidades en almas afines, o con proyectos o trayectos que reúnen.

 

Manuela, con la confianza labrada entre todos, me pide que me ocupe de los invitados que ha traído porque vienen a conocer y no se quedaran a trabajar en la minga, mientras ella acude a la casa de Trinitaria para unirse a la labor que ya han iniciado Zarabanda, Arnulfo y Jorge: limpiar el barro que recubre las guaduas de la estructura de la vivienda y su suelo de tablas.

 

Invito al pequeño grupo que llegó con Manuela a un café en Riohaché Payko, un espacio colindante con Trinitaria al cual pertenezco y cuyo acento está en investigar y promover prácticas de educación alternativa y, también, de alternativas a la educación. Primero les escucho: Víctor trabaja en Bogotá en la Fundación Pepazo y desde hace años apoyan procesos de emprendimientos comunitarios dirigidos a mejorar, entre todos, la vida de todos. Felipe es psicólogo egresado de la U. Nacional, además de fotógrafo, y forma parte de un colectivo ubicado en Anolaima: Accionart. César es historiador no académico y durante años ha adelantado una minuciosa investigación sobre la historia regional de esta geografía. Fausto es italiano y vive en el país Vasco donde tiene una tienda de pastas y salsas. A él le pregunto si viene como parte de un proyecto de una Ong, de una ecoaldea. y me responde: tengo sesenta y cinco años, mi salud está quebrantada, y mi único proyecto es vivir cada día que puedo de la mejor manera. Su franqueza ruda me agrada y les propongo narrarles de modo breve el trabajo de cuatro años en la zona, mientras caminamos por la zona de huertas, de restauración de bosque y biblioteca veredal, para concluir el recorrido en Trinitaria. Me han dicho que deben regresar en media hora a Anolaima.

 

Mientras caminamos entre las arracachas, el maizal, los frijoles y arvejas, los yacones, albacas, tomates, lechugas, rosales y anturios, ocobos y cauchos, les comento que hace una semana estuvimos en la minga con Manuela, Anna, Arnulfo y Leo en la escuelita veredal de Cartagena, ubicada a quince minutos de Trinitaria. Todos ellos, como la gran mayoría de integrantes de la Red de Permacultura del Tequendama, comparten el carácter de seres fugados de la urbe y del sistema imperante. Leo es, entre otras muchas cosas, un extraordinario maestro de música, con un muy valioso camino de evolución espiritual. Renunció a su trabajo en una universidad pública por diversas razones, una de ellas: no verse inmerso en las miasmas de la politiquería que ha capturado buena parte de las academias y afecta al delicado trabajo de enseñanza que no sólo tendría que estar libre de los juegos de poder, sino que tendría que contar con todo el reconocimiento, el cuidado y acompañamiento a su alquímica forja de seres libres y creadores. Con sus ahorros consiguió un pequeño terreno en Peña Negra y ahora inicia la construcción de su casa, al tiempo que enseña música a un grupo de cinco niños de la Red de Permacultura en el hogar fraterno que le ha acogido mientras termina su vivienda: Gaiacpa, Jardin del Alma, liderado por un ser decisivo para el tejido comunitario de la red y sus emprendimientos: Girasol.

 

A muchos puede no asombrar, pero a otros sí: los talleres de inmersión en la música funcionan los martes, y los miércoles Mimby, Aluna, Manu, Mauli, Tzie, Ainoa, están preguntando: ¿cuándo es que vuelve a haber taller de música?


El reconocimiento a la labor de Leo por parte de los entornos familiares de los niños se hace, una parte en dinero y otra en trueque o en Ibis: la moneda local que está funcionando para potenciar las diversas labores y posibilidades de los integrantes de la red. Los trueques y los ibis ayudan a no depender tanto del dinero. Así Leo recibe por su invaluable labor: quinua, cremas dentales artesanales, tortas con frutos orgánicos, mambe, cremas de caléndula, etcétera.

 

Anna, pedagoga de la Universidad de Barcelona, llegó hace un par de años interesada por conocer experiencias de educación alternativa. En Medellín, Daniela Cardona, una chica vinculada a la Centro de Estudios Estanislao Zuleta y vinculada a Confiar, le habló de la región. Anna vino por un par de días, sucumbió a la magia del bosque andino tropical y con sus últimos ahorros adquirió un predio en uno de los proyectos que existen en la zona: Samay. Ahora construye allí su casa en bioconstrucción, junto a su amiga, hermana, maestra y cómplice: Melissa.

 

Creo –le confieso al pequeño grupo al que narro el proceso de Riohaché–, que comulgamos a diario con ruedas de molino. Habitamos en el peor sistema para todos, como si fuera lo más normal del mundo. Pero muchas mujeres y hombres están desertando. Prefieren renunciar a los ingresos fijos y tener tiempo para sí. Prefieren reducir al máximo la necesidad de dinero y encontrar el alimento, el abrigo y la salud con formas de cooperación fraterna. Cada vez más gente comprende que habitamos un sistema que ha elevado el absurdo hasta umbrales delirantes, y no esperan ya que ningún poder estatal ayude a resolver sus necesidades. Prefieren buscar un mínimo de cordura en el trabajo con la tierra, en erosionar el poder en la vida cotidiana en casa, en el conocimiento de sí, en la creación de espacios de comunicación, cooperación y coordinación de iniciativas que sirven a la tierra, a la vida y su dignidad. En participar, en la revolución relacional que está teniendo lugar con base en la liberación del ser femenino. Hay una (re)evolución cultural antes que política, vinculada al volver a habitar la tierra de modo sostenible.

 

Hace ocho días llegamos a la escuela veredal y saludamos a Luz Marina y Francy, las profesoras de planta. Ellas nos indicaron las labores que estaban precisando: cortar las guaduas que amenazan con tumbar los cables de alta tensión de la energía, arreglar la huerta, limpiar el área aledaña a la quebrada que baja junto a la escuela.

 

Estas dos profesoras son una invaluable excepción a lo que sucede con buena parte del cuerpo profesoral en las áreas rurales de Cundinamarca: las dos viven cerca de la escuela en la que laboran. Muchas profesoras y profesores vienen desde muy lejos: desde Facatativa, Mosquera, Funza e incluso Bogotá. Las distancias afectan no solo sus economías, sino su energía para ejercer las artes exigentes y decisivas del maestro. Esta es una situación no resuelta por los encargados gubernamentales de la educación, realidad que incide en alto grado en la calidad del proceso formativo. Si no se habita en los lugares en los que viven niños y jóvenes, es muy difícil desarrollar dinámicas educativas que permitan a los estudiantes conocer sus entornos, cuidarlos, defenderlos, y aprender los oficios que les permitan habitar en ellos.

 

La profesora Luz Marina se ganó a pulso el reconocimiento profundo de sus estudiantes y sus familias. El año pasado se empeñó en demostrar que los viajes son una experiencia de aprendizaje de extraordinaria potencia formativa y decidió, alentada por el sueño entusiasta de de sus chicos, a realizar una tarea imposible: viajar con las niñas y niños a conocer el mar. Ni siquiera buena parte de las madres y padres de las niñas y niños lo conocen. Era una responsabilidad tremenda. Luz Marina desplegó una energía huracanada, no se arredró ante las negativas y las indiferencias, y obtuvo apoyos decisivos e inesperados de gente que no la conocía, como una fundación de mujeres en San Andrés que les facilitó el hospedaje en la isla y logró que no tuviesen que pagar el impuesto de entrada. Llevaron en sus equipajes, para preparar con sus propias manos, los mercados que allegaron las familias. Y por encima de la incredulidad de casi todos pudieron viajar, llorar de júbilo ante el espectáculo sobrecogedor del mar Caribe, y regresar sanos y salvos de la más audaz y hermosa aventura acometida en sus breves vidas.

 

Pedro, el rector de la Institución Educativa Cartagena, ha logrado abrir canales de comunicación y cooperación con diversos actores locales en beneficio de su estudiantado. Los niños y los jóvenes han podido viajar y conocer el modo de vida urbano en sectores socioeconómicos diferentes a los de sus veredas, y jóvenes de la capital han venido por temporadas a vivir en Laguna Verde. Para los dos grupos la experiencia ha sido transformadora. Dos mundos que se ignoran: el urbano y el rural, y dos universos distanciados por la economía, pudieron saludarse y conocerse. También la Universidad del Rosario se vinculó a la experimentación y los jóvenes de la vereda tuvieron la oportunidad de tomar un curso intensivo de emprendimiento, junto a jóvenes de primeros semestres de diversas universidades de Bogotá. Algunas de las jóvenes que viajaron desde la vereda regresaron con una determinación invencible: estudiar, estudiar, estudiar, como forma de traspasar los encierros que limitan de modo inexorable los porvenires posibles. No es un cambio de actitud banal, más cuando acontece en un medio en el que el conocimiento es contemplado como algo no práctico, ni útil, además de aburrido.

 

Hace dos meses Manuela, con Diana y Alejandro, padres de la niña Ainoa, e integrantes del proyecto Ecocirco, ubicado en la vereda Cayunda, realizaron un taller de pintura con los niños de la escuela y elaboraron un bello mural en la pared frontal de la escuela.

 

Las profesoras Luz Marina y Francy vienen periódicamente con sus estudiantes a Riohaché Payko, llevan libros de la biblioteca, realizan para ello una caminata que les permite, además, recuperar el bellísimo entorno natural como senda de aprendizajes no formales.

 

La Minga nos enseña a todas y a todos que cuando brota la cooperación es posible hacer mucho con poco. Cuando aprendemos a brindar sin esperar nada a cambio. Para decirlo con Martí: el deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente. Está germinando, como ya está dicho, una (re)evolución cultural antes que política, se está dando desde abajo, como movimiento social antes que político. Es mejor conversar con el azadón en la mano que participar en las interminables discusiones urbanas en las que rivalizan los egos y las doctrinas y cada uno vuelve a casa sin llevar consigo, por lo menos, el goce de ayudar donde se precisa, sin el placer de producir de modo conjunto, sin al menos haber sembrado una lechuga o un arbolito.


Mientras comenzamos la labor con el corte de las guaduas, Manuela y Anna convocan, junto a las profes y los niños, al arreglo de la huerta. Acuden entusiastas, incluida la pequeña y brillante Ruth, hija de la profesora Luz Marina. Arnulfo y Leo se vinculan a la labor con los niños en la huerta.

 

Hay una evolución espiritual que es más decisiva en los escenarios formativos que todos los doctorados del mundo. Para nuestro infortunio, una parte no despreciable de la academia se precipitó en el juego de apariencias de los estudios y escritos para ascender en los escalafones y las tablas de ingresos. No se estudia porque se ama el oficio sino para ubicarse mejor en el escenario de los puntajes que miden los rangos salariales y la posibilidad de adquirir mejores autos. No se escribe sobre lo que se comprende y lo que se aporta al vivir mejor sino para sumar puntos, o incrementar ingresos en el marco de la feroz competencia en la que no se repara en medios, con tal de obtener fines. La lógica del capital ha permeado la vida académica y las consecuencias son pavorosas.

 

Junto a la huerta de la escuela hay una estructura de tanques y tubos que sirve para purificar el agua que baja de la montaña y toman los niños. Fue instalada en tiempos de la anterior gobernación. Cuando la instalaron, se fueron y nunca explicaron cómo funcionaba. Al mes volvieron a tomarse una foto junto a la planta de tratamiento, y volvieron a irse sin capacitar a los funcionarios del colegio en su manejo. Aún no ha sido posible poner en funcionamiento la planta y los niños toman el agua sin tratar.

 

Este tipo de actuaciones no son excepcionales en los asuntos públicos. Falta el amor. Están ausentes las moléculas de amor indispensables para desatar dinámica de perfeccionamiento en las comunidades. Contratan para girar presupuestos a las personas o entidades aliadas que antes o después remuneran a quien les contrató. Lo importante es figurar, lo importante es la foto que demuestra que se montó la estructura y que permite cobrar. No importa si quedó funcionando o no.

 

Nuestra caminata por Riohache conversando nos condujo hasta Trinitaria, y los visitantes se asombran ante la sencilla y hermosa estructura de guadua en la que ahora laboran los mingueros. Les proponemos compartir algo del alimento que cada uno de los participantes de la minga ha traído y expresan su malestar por no haber contemplado traer algo para compartir.

 

En ese momento Facundo nos dice que si le facilitamos unos huevos, un poco de sal y de harina él puede enseñar a hacer la pasta, los tallarines. El pequeño Tzie y Arnulfo se entusiasman con la propuesta y acomodamos una mesa para realizar el taller inesperado. Entre Fausto y Arnulfo se genera una empatía por la edad, el humor y el saber que comparten sobre especies vegetales alimenticias. Al taller se vincula como observadora la pequeña Jadeina. La prisa del regreso desaparece y el grupo se reúne en torno al aprendizaje. El ánimo de Fausto varía, le alegra la compañía y el reconocimiento que genera su enseñanza. Con la ayuda de Arnulfo deciden ir hasta la preparación de la pasta, revelando los secretos para que los tallarines queden al dente, finalizando su cocción con una salsa maravillosa elaborada con los frutos de la huerta que Arnulfo cosecha en unos instantes. Fausto ignoraba que actúa muy bien como maestro. Hoy la minga ha devenido en espacio de aprendizaje intergeneracional. Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. El Buen Vivir lo llaman en el sur los Aymaras. Los bienes comunes circulan recreando, sirviendo a otros saberes. Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Recuerdo, al terminar de escribir estas notas, las mingas en las que algunas de las mujeres nos han enseñado –a algunos de los hombres– la dureza que tiene y lo normalizado que permanece el patriarcalismo; o los niños y las niñas han enseñado a los adultos un poco de la sensibilidad, el juego creador, la ternura y el aprender a valorar lo que vale, y no valorar lo que no vale, que tanta falta nos hace. Recuerdo los aprendizajes, de la mano de Casilda Rodrigañez, que nos ha revelado el engaño de hacernos creer que el egoísmo y la competencia son parte de la esencia humana; que ha desnudado los efectos tremendos de la represión temprana de los deseos de amar y ser amados. El mismo patriarcalismo que ha condenado la libertad sexual de la mujer y que denunció y enfrentó, en la escritura y en su vida, Alexandra Kollontay. La confusión entre amar y poseer, entre amar y dominar, que tanto sufrimiento y violencia engendra. Son parte de una cultura y de una economía que se derrumba sin remedio por su incapacidad manifiesta de acompañar y preservar la vida, por su incapacidad absoluta de abrir cauce al caudal creador de la humanidad, que ya no cabe en los rígidos y estrechos marcos y represas establecidas por la lógica del capital, y su escasez artificial instaurada. 

 

Lunes, 28 Mayo 2018 09:20

Memoria de canto y copla

Memoria de canto y copla

En estos días tengo la oportunidad de realizar un gesto que podría rotular de solidario, pero, a la luz de la candela, a la luz de la realidad, más bien se trata de la donación de un pequeño firulete tecnológico, un juguetico que tal vez nos alegrará algunos ratos.

 

Aunque puedo afirmar, con más pretensión que atino, que la razón fundamental de brindar este aparatico al señor Alfonso, es la de ayudarle a registrar digitalmente los relatos milenarios de sus paisanos, en realidad esperamos, que el pretexto siempre sea el de reunirse, como en una especie de Dabukurí de los datos, que siempre será más relevante a los ojos de las comunidades, que el de rendirle cuentas a la noción de lo patrimonial y sus “patrimonializaciones tan patrimonialmente patrimoniales”.

 

El olvido que me ha patrocinado, el asumirme no ser un investigador de las músicas tradicionales (sólo para las formalidades infidentes de las hojas de vida), me ha permitido acceder a otro tipo de sorpresas coincidentes; sólo, ante la denominada capacidad de asombro. Lamentablemente, en el mundo de situaciones paradójicas y contradictorias que viven los portadores de los saberes tradicionales, nada parece ser coincidencia, sino más bien, consecuencia de un plan concertado que juega en su contra.

 

Guardadora de memorias, de inconformidades

 

En la grabadora de periodista sobrevivían las voces de Eleuterio Sabogal y Moisés Vargas, campesinos músicos, copleros y sabedores que vivían en la vereda Potrerogrande, del municipio de Fómeque (Cundinamarca). Sus voces se entremezclaban con las de Diego Garzón, Lina Paola Forero y mi persona, quienes íbamos a persuadirlos (convencerlos) de que nos acompañaran en la celebración municipal del día del idioma, por allá en el año 2010. A pesar de las estafas que les han hecho históricamente a estos campesinos-actores, con el tiple, el chucho, las coplas, y la pandereta, nos acompañaron.

 

Transvasando al computador el relato que la grabadora guardó, escucho de nuevo las inconformidades de los dos mayores. Nombres y apellidos citados por ellos, confirman que a ellos los buscaron muchas veces desde la institucionalidad, para ellos seguir quedando insatisfechos desde su ruralidad. ¡Qué juego de interpretaciones políticas genera el combinar las palabras promesa, torbellino y copla! Pues, por las peregrinaciones sagradas de Muisca raigambre, los descendientes mestizados bajo el ámbito de la Corona española y la Iglesia católica, generaron la tradición de pagar la promesa a la Virgen de Chiquinquirá, estrategia iconográfica de los curas, desde esa época, para que la “diosa” Madre de la tierra, fuera vista en la figura de María de Nazareth. Pues bien, esas promesas y romerías, generaron coplas cantadas entre torbellinos y guabinas.

 

En contraste, las promesas que ahora hacen los nuevos predicadores, en un territorio fumigadísimo por los carbofuranos del progreso y sus espectáculos, generan en buena medida, merengues, rumbas y rancheras mediocres, éxitos comerciales para las ferias y fiestas de tropel y borrachera, en que el presupuesto que alimentaría a una escuela de formación musical durante un año, se va, se va, se fue… en un concierto del imitador del émulo de Pipe “Charrito” Ayala.

 

Sea en las inmediaciones de las selvas que dibujan al río Guaviare, como en el caso del señor Alfonso Nariño, o en las montañas pedregosas del oriente cundinamarqués, la gestión cultural parece ser la respuesta a una pregunta que jamás se hicieron los depositarios de estos saberes. Conocimientos que tientan a creer que la poética se le escapa a los reyes, a los presidentes y demás jerarcas de los poderes entronizados. A la institucionalidad. Tal vez por eso, el señor Moisés era un capitán, pero un capitán de mojigangas, danzas, sátira y juglaresca. Paz en su tumba, y una que otra copla.

Publicado enEdición Nº246
Jueves, 10 Mayo 2018 17:29

Intervenciones artístico-marikas

Intervenciones artístico-marikas

El espacio urbano es tanto un reflejo como un generador de las interacciones sociales; funciona a modo de espejo de las personas que la habitan en toda su complejidad, resultando en la premisa: "el individuo construye la ciudad tanto como la ciudad construye al individuo".


Así es como encontramos una variedad de dinámicas urbanas que persisten en un mismo territorio, las que van desde la minuciosa planeación urbanística y arquitectónica hasta huellas no planeadas del habitar la ciudad, que generalmente se dan por fenómenos de segregación, crecimiento poblacional excesivo y, en el caso colombiano, por desplazamiento. Estos fenómenos caracterizan las ciudades contemporáneas, especialmente en Latinoamérica y responden al funcionamiento del capitalismo en sí.


La ciudad contemporánea, donde hay de todo pero espacio para nadie, concita al surgimiento de una suerte de distintas estrategias artísticas colectivas e individuales, para visualizar por su conducto su particular manera de leer la existencia misma de forma consciente; en estas estrategias artísticas, reflejadas a través de murales, happenings y los performances, se parte de entender lo efímero de cada intervención como un lugar susceptible de apropiación, obras e intervenciones con lascuales se busca generar cuestionamientos sobre lo invisible-cotidiano y las relaciones de poder existentes.


Confrontar los lugares comunes con los cuales el poder quiere homogenizar a los millones que ahora nos congregamos en un solo territorio, confrontar el poder y su lenguaje de lo posible como norma e imposición, liberando la creación, plasmada en paredes y otros sitios, como gritos de denuncia, pero también como llamado al encuentro y la reflexión, para dejar de ser masa amasada y alcanzar a constiruirnos como individuos en relación dinamica, formando comunidad.


Es por ello que nuestra invitación es a la exploración de las distintas huellas en que nuestras particulares y disidentes maneras de ver el mundo pueden apropiarse de la calle, es por esto que desde lo marika la apuesta de resistencia, lucha y apropiación de nuestros territorios y los espacios que habitamos también nace desde el arte, reconociendo la importancia del arte urbano, medio de expresión de nuestras apuestas y luchas, que se toman las ciudades, lo público, lo urbano, convirtiéndolo en un espacio transgresor, que trasciende los sentires y vivires particulares al cemento y el asfalto urbano, para romper su peso y frío espesor, proveyendo a la ciudad de alma, vitalizándola.


Reto y acción que toma forma, de manera más eficaz, a través de potenciar y reconcer la existencia de lo colectivo, de las comunidades, emergiendo a través de cada acto, a través de decenas, de cientos, de miles, de encuntros, debates y diálogos, con cuya potencia se iluma el camino para la otra ciudad que habrá de ser.

 

Publicado enCultura
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