Elecciones en Perú: nace un gobierno acechado por las  corporaciones

El futuro según tres analistas peruanos si se confirma el triunfo de Pedro Castillo

Un país polarizado, un margen de victoria estrecho, minoría en el Congreso, oposición abierta de los grandes medios y una derecha que no va a querer dejarlo gobernar. 

El triunfo electoral del izquierdista Pedro Castillo, no confirmado oficialmente, pero a estas alturas prácticamente un hecho con un conteo de votos al 99 por ciento, es la victoria del Perú marginado, de los más pobres, del interior del país sobre Lima, del mundo rural andino menospreciado por las élites del país. La victoria del cambio en un país marcado por grandes inequidades. También el triunfo sobre el miedo que impuso la derecha con una masiva campaña que anunciaba “una dictadura comunista” si ganaba Castillo.

El profesor de escuela rural se encontraría con un complicado escenario, un país polarizado y políticamente muy fragmentado, un ambiente de marcada división, sin mayoría parlamentaria, con el poder económico y los grandes medios en contra. Y con una población muy golpeada por la pandemia y una grave crisis económica.

Tres analistas consultados por Página/12 examinan el escenario que se abre en un eventual gobierno del profesor y sindicalista de izquierda.

Debilidad de origen

“Lo que se viene es un escenario de conflicto. Lo más probable es que la derecha se resista a los cambios y no deje gobernar a Castillo y lo confronte. En ese escenario de agudizar el conflicto está Keiko, que busca mantener la polarización del país a partir de un conflicto abierto con Castillo para así tratar de mantener su liderazgo en la derecha después de tres derrotas electorales. Para darle estabilidad a su gobierno, lo primero que tendría que hacer Castillo es formar un gabinete plural que le baje el tono al conflicto, que tiene que ser un gabinete de centroizquierda, y como primeras acciones combatir la pandemia y reactivar la economía”, señala el sociólogo Alberto Adrianzén.

En la opinión del politólogo Eduardo Dargent, profesor de la Universidad Católica, “con la élite en contra, un Congreso opositor en el que habrá sectores de derecha antidemocráticos que hablan de golpe, un duro contexto de pandemia y crisis económica, el principal reto de un gobierno de Castillo es desmontar el enorme miedo que se ha creado en su contra, y para eso debe formar un gabinete ministerial que dé confianza en el manejo de la economía. Esto no significa que sea un gabinete que se corra a la derecha, eso sería un error, sino un gabinete con técnicos de izquierda reconocidos que den confianza de un manejo serio. En el Perú los tiempos son muy cortos, si Castillo no logra rápido cierta estabilidad y control, su popularidad se desparramaría”.

Gobierno de coalición

Para el historiador y analista político Nelson Manrique “el destino de un gobierno de Castillo dependerá con qué equipo construye gobierno. Hay un conjunto de cuadros de izquierda, particularmente de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza (coalición progresista que apoyó a Castillo en la segunda vuelta), que tienen competencia profesional y credibilidad política. Depende de Castillo aprovechar ese capital o cerrarse en un proyecto partidario de Perú Libre (partido por el que postuló y que se define como marxista-leninista) como quisiera Vladimir Cerrón (fundador y secretario general del Partido Libre). Cerrarse en un proyecto partidario sería un error. Esa decisión va a marcar cuál será el escenario y el margen de juego que va a tener su gobierno”.

Manrique considera que “existe margen” para que Castillo lleve adelante sus propuestas de cambio, como la renegociación de contratos con las empresas transnacionales. Pero aclara: “Si nos quedamos en el Congreso, llevar adelante esos cambios sería imposible, hacerlo dependerá de en qué medida Castillo es capaz de movilizar a la sociedad civil para cambiar la correlación de fuerzas con el Congreso, que no le favorece”.

Pactar o no pactar

“Castillo debe hacer un gobierno popular, que implique un cambio de modelo, para tener un Estado más redistributivo, fiscalizador, más regulador. Una especie de modelo socialdemócrata de izquierda. Si el Congreso no lo deja hacer un gobierno de este tipo, la alternativa sería el enfrentamiento”, dice Adrianzén. Sin embargo, advierte que “veo un gobierno de Castillo débil, y existe la posibilidad que en esa debilidad pacte con la derecha y modifique sus planteamientos. Eso generaría una nueva gran frustración. La posibilidad de un levantamiento popular en ese caso dependerá si hay gente capaz de movilizar esa decepción”.

Adrianzén considera que las denuncias de supuesto fraude electoral lanzadas, sin pruebas, por la derecha, apuntan a debilitar a Castillo. “Esas denuncias de fraude no creo que lleguen a desconocer los resultados electorales, pero sí buscan ensuciar el triunfo de Castillo, desprestigiarlo y deslegitimarlo para debilitarlo y así la derecha esté en mejor posición para pactar con él y domesticarlo para que modifique sus planteamientos, como hicieron con Ollanta Humala, o, si eso no ocurre, debilitarlo para tumbárselo”.

“El principal riesgo de un gobierno de Castillo enfrentado a las élites y con el Congreso en contra, es de un desgobierno y desorden, de una presidencia accidentada y probablemente corta”, advierte Dargent.

Disparen al Congreso 

“En el Perú es muy fácil que el Congreso destituya un presidente, hay una figura legal no definida para hacerlo que es la incapacidad moral, si se tienen los votos se puede usar sin mayores razones”, recuerda Manrique. Esa figura fue invocada para destituir a Martín Vizcarra.

Los tres analistas coinciden en que, si bien diversos grupos de derecha del fragmentado nuevo Congreso, que tendrá diez bancadas, hacen mayoría, no alcanzan los dos tercios necesarios para destituir al presidente. Pero advierten que eso puede cambiar.

Castillo ha levantado como su principal bandera cambiar la Constitución que viene de la dictadura de Alberto Fujimori, pero el Congreso debe darle luz verde para convocar una Asamblea Constituyente y su mayoría de derecha se opone. Tendría la alternativa de reunir poco más de dos millones de firmas para convocar un referéndum para una Asamblea Constituyente. Algunos constitucionalistas dicen que esa salida no es constitucional, otros la respaldan.

“Si Castillo insiste en convocar un referéndum sin aprobación del Congreso creo sería un error que le daría al Congreso una razón para destituirlo”, dice Dargent. Adrianzén discrepa: “La Asamblea Constituyente va a ser una fuente de conflicto, pero Castillo no la puede dejar de hacer. Movilizarse para juntar las firmas para un referéndum es lo primero que debe hacer en el gobierno. Si Castillo no logra sacar la Constituyente sería una gran derrota”

Por Carlos Noriega

10 de junio de 2021

Desde Lima

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Los constituyentes independientes, motores de la nueva Carta Magna de Chile

Los votantes se vieron reflejados en una serie de candidatos entre los que se pueden encontrar activistas sociales, ecologistas, docentes, escritores, period

 

Los candidatos independientes de los partidos políticos tradicionales dominarán la Convención encargada de redactar una nueva Constitución en Chile, luego de quedarse con 48 de 155 escaños en los comicios del pasado fin de semana. Si se suman los 40 constituyentes electos que no militan políticamente pero llegaron a competir atados al cupo de un partido, la cifra de independientes llega a un 64 por ciento del órgano, según el Observatorio Nueva Constitución. El bloque de la derecha oficialista, Vamos por Chile, no alcanzó siquiera a lograr un tercio de la representación en la Convención, porcentaje que le hubiera otorgado cierto poder de negociación para frenar el alcance de los cambios más progresistas que se anticipan.

Los votantes chilenos se vieron reflejados en una serie de candidatos que levantaron las demandas que emanaron de las calles durante el estallido de 2019, entre los que se pueden encontrar activistas sociales, ecologistas, docentes, escritores, periodistas, abogados y personajes mediáticos. Página/12 dialogó con algunos de ellos para conocer sus principales preocupaciones y expectativas de cara a un momento histórico para el país.

Los constituyentes independientes llegaron a la Convención por distintas vías. Varias listas correspondieron a candidatos que no militan pero fueron asociados o con el sello de un partido político tradicional. Tal es el caso de Daniel Stingo, el más votado el pasado fin de semana, que se presentó como independiente pero bajo el amparo de la lista de izquierda de Revolución Democrática. "Me imaginaba un resultado positivo porque en la calle el apoyo, cariño y adhesión de la gente era inmenso. Ahora bien, recibir tanta cantidad de votos (más de 111 mil) era imposible de predecir", le explica Stingo a este diario.

El abogado de 55 años dice que no le sorprendió el mal desempeño de los sectores aliados al presidente Sebastián Piñera por el mal resultado del plebiscito del 25 de octubre del año pasado y "porque notábamos la desafección de la ciudadanía con las posturas de la derecha y la total falta de sintonía de este mismo grupo con la realidad social y política". A pesar de ser el candidato más votado, Stingo no piensa en presidir la Convención y buscará, en cambio, contribuir en el desarrollo de un "catálogo de derechos sociales" entre los que menciona "un plan de salud universal, de calidad y oportuno, una educación gratuita, de calidad e inclusiva, un sistema de seguridad social con pensiones dignas y el derecho a la vivienda digna".

El único candidato independiente que se presentó sólo en una lista fue Rodrigo Logan, electo por el Distrito 9. Los más de 34 mil votos obtenidos le permitieron superar listas completas a quien es conocido como el "abogado ciudadano" por su presencia en programas de televisión. "El proceso constituyente tenía como promesa de valor que era abierto a la gente común y corriente y eso no fue así. Debía existir un mensaje que rompiera esa 'igualdad falaz' de la que habla el Sistema D'hont", explica sobre los motivos de cortarse solo. Frente a los resultados de los comicios, Logan se manifiesta "muy ansioso y muy alegre" ya que "desde 1810 a la fecha jamás habíamos tenido la oportunidad de tener una constitución de, para y por la ciudadanía".

Más allá del caso atípico de Logan se encuentran las listas completas que se presentaron por fuera de los partidos. Entre las más exitosas se encuentra la de "Independientes No Neutrales (INN)", que consiguió cupos para 11 de sus postulantes. Uno de los constituyentes electos por ese espacio es el ambientalista Juan José Martin.

Martin es presidente y cofundador de Cverde, organización juvenil de Chile por la Sustentabilidad. "Nos sentimos super orgullosos y tranquilos con haber salido electos, porque nosotros desde el primer momento hicimos una apuesta: nos vamos a dedicar a llevar la voz y la prioridad de aquellos que no votan, la naturaleza y los animales", destaca Martin en diálogo con este diario. Por eso, apuesta por lo que llama una Constitución "ecocéntrica".

Martin era consciente de que esa plataforma electoralmente podía alejarlos de la prioridad de la mayoría de los chilenos que viven al día, pero "sentíamos que era consecuente con nuestra visión". A sus 25 años, planea llevar a la Convención a "los movimientos sociales y ambientales que están muy separados de la política tradicional". El joven ecologista propone una Carta Magna "de la realidad y de los datos, ya no de las ideologías prefabricadas por otros grupos".

Aunque entre las listas independientes, sin dudas la mayor sorpresa del pasado fin de semana la dio la llamada "Lista del Pueblo", que alcanzó 27 de las 155 bancas en juego, casi igualando al Partido Comunista y al Frente Amplio que juntos sumaron 28 escaños. La Lista del Pueblo representa a una articulación de candidaturas progresistas sin afiliación política, aunque muy comprometidas con la realidad. Sostenidos en un relato nacido en las entrañas de las históricas movilizaciones de la Plaza Dignidad, no estaban en las proyecciones de los analistas ni de los medios de comunicación chilenos. A base de eficaces campañas en las redes sociales y en las calles del país, sumaron alrededor de 884 mil votos.

Entre los 24 convencionales elegidos en la Lista del Pueblo destaca la figura de Giovanna Grandón, una maestra jardinera y chofer de transporte escolar que saltó a la fama al asistir a las marchas disfrazada de Pikachu, el personaje de dibujos animados japonés. Y si bien no logró sumar una banca a la Convención, la periodista Paulina Acevedo celebra que gracias a su candidatura el espacio sumó el 15 por ciento de los votos a nivel nacional, "un golpe a la cátedra de la política clásica, ya que el pueblo dijo que cualquier persona tiene derecho a escribir la Constitución".

"Cuando Carabineros me detuvo haciendo labores profesionales, eso sacó a la luz públicamente mi candidatura y me obligó a hacer campaña de manera más activa", recuerda Acevedo. En la madrugada del 12 de marzo, fue aprehendida mientras cubría los trabajos de remoción de la estatua del General Baquedano en la icónica Plaza Dignidad. "Fue una situación totalmente arbitraria e ilegal. Por lo mismo estuve 14 horas detenida y más de cuatro horas arriba de un carro policial esposada para finalmente ser absuelta de todos los cargos", remarca.

En ese sentido la periodista del Observatorio Ciudadano plantea que es necesaria una reforma profunda de Carabineros, "una institución que tiene más de 100 años y está absolutamente desacreditada por las violaciones a los derechos humanos pero también por situaciones de corrupción y malversación de fondos públicos".

Pero no se podría comprender esta renovación institucional en Chile sin considerar la importancia de los feminismos. "Desde la Coordinadora 8-M estamos muy contentas porque ingresó la compañera Alondra Carrillo y junto a ella entró el feminismo de los pueblos a través de cinco integrantes de la plataforma constituyente, feminista y constitucional", asegura al respecto Javiera Manzi, militante y vocera de la coordinadora.

"Hoy vemos que los partidos del orden han fracasado y son precisamente sectores movilizados por fuera de los partidos quienes avanzan", agrega Manzi. Para una nueva Constitución con perspectiva feminista, la jóven socióloga plantea que es necesario "el reconocimiento del trabajo no remunerado, los derechos sexuales y reproductivos y la garantía de derechos sociales que hoy se encuentran privatizados". La aplicación efectiva de esas reivindicaciones permitirá, por fin, implementar el "programa feminista contra la precarizacion de la vida".

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Chile: la convención constitucional puede ser la tumba de la revuelta

La derecha pinochetista fue derrotada, ya que no consiguió el tercio de la convención constitucional necesario para bloquear cambios. Una derrota que comenzó a fraguarse hacia 2000, con la resistencia empecinada del pueblo mapuche y luego las luchas de los estudiantes secundarios. A partir de octubre de 2019, el pueblo chileno decidió enterrar la herencia de Pinochet con una multitudinaria revuelta.

Los partidos de la antigua Concertación que gobernó Chile desde el fin de la dictadura, también salieron mal parados, al obtener sólo 25 escaños bajo el lema Unidad Constituyente, frente a los 37 de la derechista Vamos por Chile. La izquierda consiguió 28 escaños en un muy buen desempeño. Los pueblos originarios tenían asignados 17 puestos, los independientes consiguieron nada menos que 48 escaños y se alcanzó a la paridad entre varones y mujeres.

Sabemos quiénes perdieron, pero no es sencillo saber quiénes resultaron vencedores. En primer lugar, debe constatarse una elevada abstención, ya que votaron sólo 42.5 por ciento de los inscritos, cifra que cae hasta 21 por ciento entre los mapuches. Puede argumentarse que la pandemia no favoreció el voto, pero lo cierto es que la deserción de las urnas viene creciendo en la última década y media.

La segunda cuestión es que si bien la derecha pinochetista no tiene poder de veto, sí lo tiene la suma de ésta con la ex Concertación, integrada básicamente por socialistas y democristianos que han apoyado el modelo neoliberal extractivo. Juntos superan el tercio de los votos para impedir cambios.

En tercer lugar, la revuelta en Chile no fue para conseguir una nueva Constitución, sino para poner fin al modelo neoliberal. Desde que las negociaciones cupulares abrieron esa posibilidad, argumentando que con la nueva Constitución caerá el modelo, la movilización comenzó a desgranarse.

Si bien entre los 155 miembros de la convención constitucional hay una fuerte presencia de la izquierda y de los movimientos sociales, que aportaron una parte considerable de los constituyentes independientes, la garantía de cambios no está en los representantes, sino en organizaciones y movilizaciones colectivas.

La cuarta cuestión es mirar hacia los lados. En América Latina hubo tres nuevas constituciones en pocos años: en Colombia, en 1991; en Ecuador, en 2008, y en Bolivia, en 2009. Algunas contienen capítulos bien interesantes: la naturaleza como sujeto de derechos, en la ecuatoriana, y la refundación del Estado, en la boliviana.

En ninguno de los casos se cumplieron esas aspiraciones, pese a que en Bolivia y en Ecuador la derecha fue derrotada en las calles y cayeron cinco presidentes mediante grandes insurrecciones.

Sin embargo, el neoliberalismo extractivista continuó despojando a los pueblos de los bienes comunes, y la situación concreta de los pueblos originarios y de los sectores populares no hizo más que empeorar. No por las constituciones, sino por algo más profundo: la desmovilización de las sociedades y los pueblos.

Pensar que se puede derrotar al neoliberalismo, que es la forma que asume el capitalismo en este periodo, mediante nuevas cartas magnas y con leyes que declaman derechos para las más diversas opresiones, es una ilusión que conduce a callejones sin salida. No es una cuestión de ideologías, sino de la lectura del pasado reciente y de la situación que atravesamos en todo el mundo.

En Chile no estamos ante una constituyente legítima, sino ante un juego político, como sostiene Gabriel Salazar (https://bit.ly/3f1W6Eo). Ese juego lo parieron dirigentes del Frente Amplio, la proclamada nueva izquierda, que pactaron con la derecha cuando había millones en las calles y lo volverán a hacer en un recinto donde caben malabares discursivos con total impunidad.

La única garantía que tenemos los pueblos, para que al menos nos respeten, es la organización y la movilización. En Chile hubo durante meses enormes manifestaciones y se crearon más de 200 asambleas territoriales. Los constituyentes de izquierda están diciendo que no es necesario volver a las calles y la mayoría de las asambleas se debilitaron al apostar a las urnas, aunque ahora retornan a sus territorios.

¿Cómo se harán realidad los mejores artículos de la nueva Constitución, que sin duda los habrá? Resuenan las palabras de la comandanta Amada en la inauguración del segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan: Dicen que ahora hay más leyes que protegen a las mujeres. Pero nos siguen asesinando.

Ninguna ley impedirá a los hombres armados (Carabineros y militares), núcleo duro del patriarcado, seguir golpeando, lacerando y asesinando. El mapuche Fernando Pairicán reconoció que 80 por ciento de los mapuches que no votaron, lo hicieron, en parte, por la fuerza del movimiento autonomista que llamó a no votar (https://bit.ly/3ot3Gv0).

La esperanza de un nuevo Chile sigue estando en la resistencia mapuche y en las redes de vida que sobreviven en unas cuantas asambleas territoriales.

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Ganadores en las megaelecciones: Jadue, Hassler, Rapaminti y Grondón.

Las claves que dejó la elección de constituyentes, alcaldes, concejales y gobernadores

Candidatos de izquierda ganaron alcaldías de comunas clave como Santiago Centro y Maipú. El Partido Comunista y el Frente Amplio salieron victoriosos en estas megaelecciones.

 

Un nuevo capítulo se escribió este fin de semana en el proceso de cambio de la Constitución de 1980 que rige a Chiley que fue perpetrada durante la dictadura de Pinochet. Fue la elección de los integrantes de la Convención Constitucional, conocida como “la madre de todas las batallas” en unas megaelecciones que incluyeron, además, gobernadores, alcaldes y concejales. Los resultados, que comenzaron a darse a conocer  tres horas después del cierre de las mesas de votación, a las 18:00 -19 de Argentina- no sólo demuestran el éxito de los comicios —a pesar de la pandemia, del tamaño de las papeletas que incluían hasta 100 nombres y problemas de locomoción— sino también una transformación del mapa político que demuestra que el estallido social de octubre de 2019, donde el motor fue la exigencia de un cambio del modelo neoliberal y la desconfianza a la clase política, se sigue manteniendo.  Justamente, un movimiento social amplio, sin partidos políticos ni liderazgos definidos, que provocó este proceso gracias al plebiscito un año después donde un 78% de los chilenos aprobaron cambiar la Carta Magna. Dos datos de vital importancia: con un total de 6.108.676 votantes (41% del total de habilitados que suma 14.900.189), la participación fue más baja que la del plebiscito con 7.569.082 (50,95%). Y segundo, la Constitución deberá votarse en un plebiscito de salida en el primer semestre de 2022.

La irrupción de los independientes

Giovanna Grandón era una conductora de micros escolares que comenzó a disfrazarse del personaje de Pikachu de Pokémon y sus frenéticos bailes —y caídas— durante las protestas de 2019 y 2020 se hicieron virales. El apoyo ciudadano era tal, que decidió postularse a constituyente, consiguiendo las firmas necesarias para hacerlo. Las pocas veces que estuvo en TV apenas le daban tiempo para responder y los analistas destacaban jocosamente su supuesta poca preparación técnica. Hoy aparece en la tapa de El Mercurio electa como constituyente con su 5,75% en su distito, junto al mediático abogado Daniel Stingo (24,85%, uno de los más votados del país) y el experimentado Benito Baranda (12,65%), vocero por años del Hogar de Cristo (la gran institución de solidaridad en Chile), actual América Solidaria. Todos ellos independientes. Y esa ha sido la tónica de la clase política y sus medios asociados: la sorpresa y el reconocimiento a regañadientes de las fuerzas sociales que lograron un apoyo del 31% (48 electos) que suman a las listas de domicilio político de izquierda: Apruebo Dignidad (28, 18,1%) y Lista del Apruebo (25, 16,1%). A esto hay que incluir a los pueblos originarios que tenían 17 cupos (11,0%).

La gran derrota de la derecha

La derecha se quedó sin el tercio soñado y esperado con apenas 37% de electos (23,9%). Algo que era importante considerando que los dos tercios es el requisito acordado por la misma clase política en noviembre de 2019, en pleno estallido social para conseguir los acuerdos en la redacción de la nueva Constitución. Ministros como el cuestionado Gonzalo Blumel, titular del interior durante el estallido que dejó una veintena muertos y 400 personas con daño ocular, no lograron convertirse en constituyentes. Pero esto también se tradujo en las derrotas en las elecciones de Gobernadores con Catalina Parot por la Región Metropolitana —habrá segunda vuelta entre Claudio Orrego (DC) y Karina Oliva (Frente Amplio)— pero también las alcaldías de comunas clave como Santiago Centro donde la comunista Irací Hassler logró vencer al derechista Felipe Alessandri (Renovación Nacional) que se repostulaba. Lo mismo sucedió en la populosa comuna de Maipú donde la oficialista Cathy Barriga (Unión Democrática Independiente) perdió la reelección frente a Tomás Vodanovic del Frente Amplio/Revolución Democrática. Una de las pocas triunfadoras del conglomerado —y que marca una de las excepciones de la opción independiente, en su gran mayoría de izquierda— fue la exministra de Educación de Sebastián Piñera Marcela Cubillos (22,17%) que, de todas formas representa al oficialismo. O la filósofa Teresa Marinovic (9,47%) que es tan ultraderechista que encuentra “blando” al gobierno, se opone al aborto y tiene un discurso exagerado y populista muy cercana a la de Milei.

Partido Comunista y Frente Amplio “descentralizan” la izquierda

Que comunista Daniel Jadue y candidato presidencial sea reelecto como alcalde de Recoleta con el 63% de los votos y que la nueva alcaldesa de Viña del Mar sea Macarena Ripaminti —sacando a la derecha que tuvo el control de la ciudad por 17 años con Virginia Reginato quien decidió no postularse— es sólo la punta de un iceberg político donde las fuerzas de la izquierda se alejan del centro representado por el PS, PPD y DC sobre todo. Algunos analistas lo interpretan como un “castigo” de la ciudadanía, aunque lo más posible es que sea el entusiasmo que generan propuestas frescas y con soluciones directas como las de Jadue que instaló ópticas, farmacias, librerías y hasta inmobiliarias populares. Idea que fue replicada por otras alcaldías, incluso de derecha. También fue el fracaso de figuras disruptivas como Pablo Maltés, pareja de Pamela Jiles, diputada humanista y candidata presidencial que marcó el fin de semana por tratar de “conchadesumadre, asesino igual que Pinochet” al presidente Piñera además de pedir en TV —en plenos comicios, lo que es ilegal en Chile— que votaran por Maltés quien postulaba a gobernador. Uno de los pocos ganadores de derecha es Joaquín Lavín, candidato presidencial, reelecto como alcalde de la UDI por Las Condes, una de las comunas más ricas del país.

La novedad de paridad

Que los pueblos originarios tengan un espacio en la Convención Constitucional era una exigencia que ya estaba presente en procesos políticos de otros países como Canadá o Noruega. Pero que sea un proceso paritario era algo inédito en el mundo. Algo que hace estas “megalecciones” una suma de hitos que también incluyen la primera elección de gobernadores ciudadanas, ya que antes el cargo estaba en manos de los Intendentes designados por el presidente, algo que potencia el proceso de regionalización. Así se generan situaciones curiosas donde alguien con mayor cantidad de votos tenía que cederle el cupo a un compañero de lista que obtuvo un segundo lugar. Un ejemplo destacado es Natalia Arevena, independiente en el cupo de Convergencia Social que aunque fue la mayoría con 13.636 votos de su lista, debió ser reemplazada por el ex ministro de desarrollo social, Marcos Barraza (PC) con 11.073. preferencias. O, al revés, Jaime Coloma Alamos (UDI) a pesar de haber obtenido 18.923 votos su distrito, debió cederle el puesto a Claudia Castro, compañera de lista que apenas obtuvo 3.834.

Revés para Piñera

El presidente de Chile Sebastián Piñera se notaba decepcionado. Y un poco enojado. En la noche del domingo dio un punto de prensa en La Moneda donde, cuidando el discurso, felicitó a la población por un proceso que, paradojalmente lo salvó de su posible destitución vía el acuerdo de noviembre de 2019 para votar una nueva Constitución. Con referencias a “Dios” (es un reconocido católico) y autocríticas: “Estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos” y “No estamos sintonizando con las demandas y anhelos de la ciudadanía”. Esto, por supuesto, significa que habrá costos en La Moneda. Ya se habla de cambio de gabinete y de la “soledad” de un mandatario cuyo único éxito incuestionable hasta el momento ha sido el proceso de vacunación. Y haber respetado un proceso que, contra todo lo esperado, incluso por los expertos, ha acercado las demandas ciudadanas a la política como sólo había sucedido en 1970 cuando el mundo, por supuesto, era otro

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa

17 de mayo de 2021

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Histórico avance de la izquierda en Chile para cambiar la Constitución de Pinochet

Un revés para el oficialismo en las megaelecciones

Las candidaturas independientes, en su mayoría progresistas, concentran el 34% de los votos en el primer recuento de las elecciones de convencionales constituyentes. Fernando Atria, Constanza Schonhaut y Patricio Fernández, entre otros. 

 

Las candidaturas independientes, en su mayoría de izquierda, concentran el 34% de los votos, en el primer recuento de sufragios de las elecciones Convencionales Constituyentes, marcando un hito histórico en las “megaelecciones” de este sábado y domingo en Chile. En estos comicios se definíeron los 155 ciudadanos que discutirán y redactarán la Constitución que reemplazará a la 1980, instaurada por la dictadura de Pinochet. Una Carta Magna autoritaria y que fomentó el neoliberalismo, afectando negativamente a la educación, salud pública y sistema de pensiones. También es relevante el triunfo del espacio de izquierda Frente Amplio, joven conglomerado de partidos nacido al alero del movimiento estudiantil de 2011.

Destaca, por ejemplo, el triunfo de Fernando Atria (12,58%), abogado constitucionalista que lleva décadas criticando la Carta Magna de 1980; el escritor y divulgador de la historia de Chile Jorge Baradit (4,97%) y la periodista Patricia Politzer (7,62%). Todos ellos por el distrito 10 de Santiago (abarcando comunas como Ñuñoa, Providencia y Santiago Centro). También es relevante la frenteamplista Constanza Schonhaut (Convergencia Social) (5,8%) y el periodista y fundador de The Clinic, Patricio Fernández (3,07%) por el Distrito 11. Por el distrito 14, también de Santiago, fue electo el abogado y exdiputado Renato Garin (Red Liberal), el actor y dirigente Ignacio Achurra (9,53%), Camila Musanta (Revolución Democrática) y Francisco Caamaño (8,37%) de la lista del pueblo. Por el distrito 12 una de las ganadoras fue Giovanna Grandón (5,79%), famosa por vestirse de Pikachu, el personaje de Pokemon que salía a las calles a bailar en prácticamente en todas las protestas. De todas formas también hay independientes de derecha como Teresa Marinovic (9,95%) con un discurso “antipolítico” que superó a históricos dirigentes de derecha, que de todas formas también fueron elegidos como Cristián Monckeberg de Renovación Nacional (4,59%) en el distrito 10.

Evidentemente, hay mucho que analizar. Cada distrito es un universo de candidatos con un número fijo de escaños que generan este tipo de contradicciones. De todas formas, las primeras cifras marcaban una derrota de proporciones para la derecha.Algo que también se estaba traduciendo en las otras tres elecciones —Gobernador, Alcalde y Concejal— que se vivieron este fin de semana en Santiago y que hasta el cierre de esta crónica están contabilizándose los votos.

El Frente Amplio, por ejemplo, logró dos triunfos importantes en las elecciones de gobernadores. Primero en Valparaíso con Rodrigo Mundaca obteniendo el 44,33%.. Por otro lado, el experimentado Claudio Orrego (Democracia Cristiana) pasaría a segunda vuelta junto a la frenteamplista Karina Oliva (Partido Comunes), tras obtener 23,72% y 22,58% respectivamente. En las alcaldías, los candidatos presidenciales Daniel Jadue (Partido Comunista) fue reelecto en Recoleta con 64% de votos. En Providencia, sucedió lo mismo con la derechista Evelyn Mathei (Unión Demócrata Independiente) con un 57,96% de los votos.

El futuro de Chile

Una vez contabilizado los votos, los constituyentes deberán tener lista una Constitución que será votada tentativamente en el primer semestre de 2022, en lo que se conocerá como Plebiscito de Salida.

Al mismo tiempo se efectuaron las elecciones de alcaldes, consejales y gobernadores Regionales. Esto último es un hito también ya que subtituyen a los Intendentes designados por el presidente y cuya reforma fue promulgada por el segundo gobierno de Michelle Bachelet

Más allá de problemas puntuales de organización, fue relativamente exitoso, aunque un poco lento: según cálculos del Servicio Electoral de Chile (SERVEL) el proceso tomaba en promedio cuatro minutos. Lo que si fue un problema fue el trasporte público sobre todo en las comunas con menos recursos lo que explicaría —en parte— la brecha entre Vitacura (41,3%) o Lo Barnechea (36,2%) contrastando con La Pintana (13,6%) o Cerro Navia (15,3%). Una situación que también se registró en regiones donde, aunque las distancias de traslado son menores, chocó con la garantía de la ministra de Transporte Gloria Hutt de que habría mayores frecuencias de buses (colectivos).

Todo esto en medio de una pandemia que no da tregua. Con 34.583 fallecidos y 6.230 nuevos casos según el Ministerio de Salud, los colegios y establecimientos donde se emitieron los votos contaron con alcohol gel y distanciamiento social, además del uso obligatorio de la mascarilla.

La gran oportunidad histórica

Este fue el momento donde los presidenciables aprovechan la cobertura de los medios para hacer declaraciones. Esta vez el tema fueron los insultos en directo de la candidata —y actual diputada humanista— Pamela Jiles al presidente Piñera a quien encaró, sin nombrarlo, de “conchadesumadre, asesino igual a Pinochet”. Además, aprovechó de llamar a los televidentes a que voten por su pareja, Pablo Maltés como gobernador, lo que podría ser multada por el Servel al hacer propaganda fuera de plazo.

El comunista Daniel Jadue, alcalde de Recoleta se desmarcó de Jiles, en un punto de prensa. “Tengo una opinión distinta de cómo se conduce el debate político. No es que sea blando con este gobierno. Todos me conocen: le he puesto una querella por el mal manejo de la pandemia, por cuasi delito de homicidio, es una dureza bastante importante. Pero me parece que lo cortés no quita lo valiente. El debate político tiene que darse en un marco de debate político y en las palabras que vi no vi ningún debate político ni una sola idea política y eso me llama la atención”.

Además, señaló que la diputada no es de izquierda ni de derecha y que mientras ella no defina “en que lado de la historia está”, sería difícil competir con ella ante unas eventuales primarias. “No conozco su proyecto y no sé dónde está ubicada. Tiene una contradicción un poco vital, porque es la primera humanista que es partidaria de la pena de muerte. Yo soy humanista y no soy partidario de la pena de muerte, entonces habría que conocer cuáles son sus propuestas”.

Por otro lado, Paula Narváez (PS), considerada una heredera de la expresidenta Michelle Bachelet (trabajaba con ella hasta hace unos meses en la ONU), reflexionó sobre el bajo apoyo a los candidatos de la oposición y al mismo tiempo la necesidad de definir nombres de consenso para competir contra la derecha. “Me parece que la manera de definir el candidato o candidata de la oposición tiene que ser a través de una primaria legal, esa es la manera de honrar nuestra democracia, hacer ese ejercicio, es importante hacerlo. Tenemos enemos que ser consistentes o sino la ciudadanía consideraría que todo esto es improvisable, cambiable y discrecional y creo que eso atenta contra las normas de la democracia”.

Sebastián Sichel, ex ministro de Desarrollo Social del gobierno de Piñera, que también está en campaña aunque asegura ser “independiente” y que acaba de sacar un libro titulado llamativamente “Sin privilegios”, ya que insiste en haber surgido desde “abajo” señaló que “No me pone contento una democracia en que solo vote la elite y no participen todos los chilenos”, además de sumarse a las críticas por la performance de Jiles: “Ayer vimos a una candidata que no solo ofendió, dijo garabatos y llamó a votar por su pareja, sino que además no cree en la democracia".

Unas elecciones en pandemia

Si bien este proceso ha estado dominado por la situación sanitaria y el confinamiento —recién esta semana Santiago y las principales ciudades del país pasaron a “Fase 2” que permite trasladarse sin necesidad de sacar un salvoconducto— también ha habido problemas de información. Temas como los escaños para pueblos originarios o las mismas propuestas de los candidatos con menos recursos, fueron invisibilidados por candidatos que podían pagar espacios en las radios, repartir volantes o invadir las calles con las “palomas”, como se llaman en Chile a los afiches gigantes con rostros sonrientes de los candidatos. La gran batalla se ha dado en las redes sociales donde al fin podrá comprobarse si lo que se discute en Twitter o difunde en Instagram tiene los mismos “likes” en los votos reales.

Pero también —y esto es quizá lo más importante del proceso— se podrá tener un mapa de los mundos que representan los 155 elegidos para redactar la Constitución, donde han postulado desde abogados constitucionalistas hasta escritores best seller, pasando por figuras de la TV o políticos experimentados.

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa

17 de mayo de 2021

Desde Santiago

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Presidente de Chile envía un proyecto de ley que busca aplazar las elecciones de abril

La propuesta tiene como objetivo "cuidar la salud" de los ciudadanos chilenos en medio de la pandemia.

 

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció este domingo "el envío de un proyecto de ley que busca aplazar las elecciones de este 10 y 11 de abril", con la intención de "salvaguardar la seguridad de las chilenas y chilenos producto de la pandemia", publicó la cuenta oficial del Gobierno chileno en Twitter. Las nuevas fechas para los comicios propuestas por el Gobierno son el 15 y el 16 de mayo de 2021

"Enviaremos un proyecto de ley de reforma constitucional para postergar por cinco semanas las elecciones de constituyentes, alcaldes, concejales y gobernadores", afirmó el mandatario; Piñera aseguró que "ha sido una decisión muy difícil" que se tomó para "proteger la salud y la vida de todos los compatriotas".

Además, anunció que la segunda vuelta de las elecciones de gobernadores, prevista para el 9 de mayo, se aplazará hasta el 4 de julio, junto con las elecciones primarias presidenciales. El mandatario chileno instó al Congreso Nacional a "analizar, plantear mejorías y aprobar con urgencia esta necesaria reforma constitucional".

Piñera señaló que después de la propagación de nuevas variantes del coronavirus, en el país ha aumentado el número de contagios, por lo que "el consejo de expertos del covid-19, el Ministerio de Salud, el Colegio Médico y la comunidad médica en general han planteado con fuerza y claridad la necesidad de postergar las elecciones".

Publicado: 29 mar 2021 00:40 GMT

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Chile: evalúan postergar las elecciones de abril por el avance de la pandemia

Desde el jueves, 14 millones de personas volverán a la cuarentena total 

Según un reciente sondeo de la consultora Plaza Pública Cadem, el 62 por ciento de los encuestados se muestran a favor de suspender la votación. 

 

En medio de un fuerte repunte de casos de coronavirus, en Chile se debate la idea de postergar las elecciones del sábado 10 y domingo 11 de abril, donde se elegirán a los 155 convencionales constituyentes que deberán redactar la nueva Constitución, pero también a gobernadores, alcaldes y concejales. Según un reciente sondeo de la consultora Plaza Pública Cadem, el 62 por ciento de los encuestados se muestran a favor de postergar la votación. Algunas voces de la política local también ponen en tela de juicio el proceso.

El país atraviesa la paradoja de ser uno de los líderes mundiales en niveles de vacunación, pero enfrenta una nueva ola de contagios que iguala a las peores cifras del año pasadoCasi la mitad de las 52 comunas de Santiago y cerca de 14 millones de personas en todo Chile volverán a la cuarentena total por coronavirus desde el próximo jueves.

Frente a ese escenario, en el gobierno chileno hay un fuerte debate en cuanto a la posibilidad de posponer las votaciones. Entre los funcionarios que se pronunciaron al respecto se encuentra el ministro de Salud Enrique Paris, quien aseguró que "nosotros no estamos de acuerdo en suspender las elecciones si los protocolos se cumplen tal como se cumplieron en el plebiscito" constitucional del 25 de octubre de 2020.

"Las elecciones hay que hacerlas", agregó Paris, a pesar de reconocer que el país vive una nueva ola de contagios, con más de seis mil casos diarios en los últimos días. Por su parte la diputada María José Hoffmann, de la pinochetista Unión Democrática Independiente (UDI), dijo que una suspensión de las elecciones sería una decisión “estrictamente sanitaria, pero nuestra voluntad es que el proceso se realice".

El senador Guido Girardi, del opositor Partido por la Democracia (PPD), fue más allá y acusó al Ejecutivo de no tomar las medidas necesarias para evitar la suspensión de los comicios. "Es como si quisieran llegar a un punto crítico, con camas ocupadas para optar por postergar", sostuvo Girardi en diálogo con Radio ADN. Si sigue el aumento de casos positivos y no se corta la cadena de contagios, "lo más probable es que dos semanas antes habrá que evaluar si se posterga, algo que nadie quiere y que se puede evitar", advirtió.

Mientras se resuelve el futuro electoral, las autoridades del ministerio de Salud optaron por continuar con el cronograma de inmunización existente y comenzar este lunes la vacunación de los vocales de mesa entre 51 a 56 años. Por primera vez en su historia, Chile dividirá sus elecciones en dos días: el sábado 10 y domingo 11 de abril, oportunidad en la que se elegirá a los 155 convencionales constituyentes que deberán redactar, en un máximo de 12 meses, una nueva Constitución que dejará atrás la escrita en 1980 durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Actualmente, 17 de las 52 comunas de la Región Metropolitana están en aislamiento total. Desde este jueves el número se elevará y serán casi la mitad de las comunas las que pasarán a esa fase. Así lo anunció este lunes el gobierno, luego de que el ministro Enrique Paris alertara que "siguen aumentando los casos a nivel nacional". Desde el inicio de la pandemia, Chile acumula 938.094 casos y 22.359 vícitmas fatales.

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Imagen de una de las movilizaciones de noviembre de 2019 que obligaron al gobierno chileno a abrir el camino a una nueva Constitución.Foto Afp

Los candidatos independientes, en desesperada carrera contra el tiempo para reunir miles de firmas

 

Santiago. A unos días de que concluya en Chile el plazo (11 de enero) para inscribir candidaturas a las elecciones de delegados constituyentes, gobernadores, concejales municipales y alcaldes, a realizarse simultáneamente el 11 de abril de 2021, la oposición de centroizquierda carece de aptitud para unir fuerzas y aspirar a derrotar a la derecha –que sí irá unida al próximo ciclo electoral–, arriesgando especialmente quedar lejos de la mayoría de dos tercios necesaria para aprobar un texto constitucional que termine con el neoliberalismo en el país.

La dispersión de la centroizquierda parece concretarse en cuatro listas electorales y podrían llegar hasta seis; a eso habrá que sumarle aquellas que logren armar los independientes: la sociedad civil organizada, gestora y protagonista del alzamiento social del 18 de octubre de 2019, cuya movilización con millones en las calles durante semanas obligó a la élite política a ceder, abriendo el tránsito a terminar con la Constitución del dictador Augusto Pinochet.

Los independientes, que desprecian a los partidos políticos (marcan 2 por ciento de aprobación) y ven en éstos una expresión del abuso, privilegios y corrupción institucionalizada, están empeñados en levantar sus propias candidaturas, en una desesperante carrera contra el tiempo porque deben reunir hasta aquella fecha fatal entre centenares y miles de firmas, dependiendo si son candidaturas unipersonales o van en listas, en cada uno de los 28 distritos electorales del país, según el tamaño de cada uno.

Los partidos se tardaron todo lo que pudieron en aprobar la reducción parcial de los requisitos de entrada a los independientes y lo hicieron hace tres semanas; y si bien bajaron a la mitad las firmas a conseguir, impidieron que las listas de la sociedad civil pudieran hacer pactos electorales entre ellas, algo que las potenciaba enormemente. Han recurrido entonces a ofrecer cupos en sus listas a representantes del mundo civil, con la esperanza de arrastrar votos y así lograr un "lavado de cara".

Pero hay decenas de nombres que se han apuntado para ir por cuenta propia o en listas desconocidas, la gran mayoría personas de centroizquierda, que si logran concretar sus candidaturas van a dispersar aún más la votación progresista que, pese a ser mayoría electoral, quedaría subrepresentadas en el total de delegados a la Convención Constitucional.

"La experiencia más inmediata del efecto de dispersión de varias listas versus la competencia unitaria de un pacto minoritario, fue la elección de diputados en 2017, en que Chile Vamos (la coalición derechista del presidente Sebastián Piñera) obtuvo 38 por ciento de los votos pero se quedó con 46 por ciento de la representación parlamentaria. Si esto se replica en mayor magnitud, entonces esta minoría podría quedar aún más sobrerrepresentada en 2021, porque en los sistemas proporcionales el pacto que compite en única lista suele beneficiarse en representación y obtiene más escaños a raíz de la división que se produce al frente, en este caso la centro izquierda", dice Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca.

En las últimas horas proliferan los llamados desesperados a la unidad e incluso los presidentes de los partidos Socialista, Radical y por la Democracia suscribieron una carta llamando a la unidad, ejercicio para el ridículo cuando durante semanas ellos rechazaron de manera implícita y explícita la posibilidad de ir en alianza con el Partido Comunista (PC) –que junto a las nóveles y erráticas fuerzas del Frente Amplio (FA) conforman la lista Chile Digno–, priorizando su pacto con la Democracia Cristiana (DC), furiosamente anticomunista.

Pero "a confesión de parte relevo de pruebas": en una entrevista publicada el domingo en el diario La Tercera, el presidente de la DC, Fuad Chahin, reconoció que "había una conciencia compartida de que la unidad era un camino imposible, pero nadie se atrevía a decirlo; 18 partidos más los independientes, es imposible que entremos en una única lista", sentenció.

Mauricio Morales cierra cualquier oportunidad a la unidad de la centroizquierda. "A estas alturas casi no existe opción de una lista única de oposición. Para que eso ocurriera, tendría que contar con el concurso de Humanistas y Ecologistas Verdes, además del FA y del PC. Por tanto, el camino a esa lista única está prácticamente cerrado. Lo que están haciendo los presidentes de partido que insisten en la unidad son manotazos de ahogado. Si hubiese existido voluntad, esto se habría resuelto con mayor antelación. Es mucho más honesto reconocer que no se competirá en una sola lista, a seguir insistiendo en algo sobre lo que no existe consenso ni voluntad política".

Lucía Dammert, politóloga de la Universidad de Santiago, dice que hay razones estratégicas, ideológicas y electorales que explican la ausencia de unidad. "Existe un mundo de centroizquierda y otro que se autodenomina de izquierda y que buscan diferenciarse. Eso puede traer en algunos casos beneficios electorales pero también otros de largo plazo para remarcar diferencias y probablemente hay negociaciones que impiden una mirada más estratégica de la unidad".

Además de considerar evidente que hay "una resistencia por parte de la generación que administró los partidos de centroizquierda por muchos años, que se resiste a cambiar", también hace notar que "lo único claro en toda la oposición es que no hay, salvo el alcalde Daniel Jadue, del PC, una figura electoral que los aglutine".

En cuanto al destino de los independientes, cree que "individualmente pueden jalar una gran votación, pero es más auspicioso para aquellos que tratarán de ir en cupos de los partidos, que tienen máquinas aceitadas; hay independientes que han sido cabezas de movimientos sociales o de organizaciones de la sociedad civil que pueden tener un impacto mayor, pero no es claro hoy cómo van a jugarse".

Dammert cree probable un escenario en que la gente concurra en masa a votar independiente como castigo a los partidos y así las listas de independientes recibir un apoyo inusitado, lo cual dependería del contexto al final de la campaña

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

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Chile votó por enterrar la Constitución de Pinochet

La opción "Apruebo" arrasó en el histórico plebiscito

La ciudadanía chilena decidió poner fin a la Carta Magna de 1980, elaborada por la dictadura. El estallido social del año pasado fue decisivo para este proceso constitucional.  

 

Aunque todos los sondeos vaticinaron el triunfo de la opción “Apruebo”, ninguno previó una cifra tan espectacular: 78,20 por ciento frente al 21,80, con el 86 por ciento de las mesas computadas, con lo que se abre el tan ansiado proceso de cambiar la Constitución de 1980 elaborada por la dictadura de Pinochet y que aún rige a Chile, con modificaciones que apuntan más a quitar lo “militar” pero manteniendo un modelo económico que beneficia a las empresas en contra de la ciudadanía. También arrasó la opción Convención Constitucional (79,10 por ciento) frente a la Mixta (20,90), la que obligará a conformar un equipo para redactarla, de 155 miembros elegidos por voto popular y con paridad de género frente la segunda opción que buscaba incluir un 50 por ciento de parlamentarios en ejercicio.

Desde las 20:00 de este domingo sectores como Plaza Baquedano/Italia —rebautizada como “Plaza de la Dignidad”— comenzaron a llenarse de personas, incluidas familias donde destacaban cánticos como “El pueblo unido jamás será vencido” y la bandera mapuche, símbolo del movimiento social que generó todo este movimiento, mientras las Fuerzas Especiales se mantuvieron a distancia en una celebración totalmente pacífica.

Quizá por primera vez desde la pandemia, se podía percibir cierta alegría en las personas. El sol primaveral, la sensación de estar haciendo historia en las nuevas generaciones y cierto recuerdo del plebiscito de 1988 donde el “No” derrotó a Pinochet generó un ambiente sin mayores perturbaciones. En los colegios de Santiago Centro donde se votaba, se veía mucho joven y adulto mayor y hasta los policías y militares que controlaban estos locales de votación saludaban a las personas, en una postal francamente sorprendente.

Piñera: “Ha triunfado la democracia"

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, acompañado de sus ministros dio un discurso por TV a las 21:20 (misma hora que en Argentina). “Hoy los chilenos y chilenas han expresado libremente su voluntad a través de las urnas, eligiendo una Convención Constituyente, que por primera vez tendrá plena igualdad entre hombres y mujeres, para acordar una Nueva Constitución para Chile”.

Mientras miles de personas llegaban a la zona de Plaza Baquedano/Italia/Dignidad y en el centro de Santiago se escuchaban aplausos, bocinazos y gritos, tal como si fuera la final de un mundial, Piñera continuó: “Hoy la voz de todos los ciudadanos se ha escuchado con la misma fuerza y cada voto ha tenido el mismo valor. Ha prevalecido la unidad sobre la división y la paz sobre la violencia. Es un triunfo de todos los chilenos (…) El comienzo de un camino, que juntos, todos, deberemos recorrer. Hasta ahora la Constitución nos ha dividido. A partir de hoy, todos debemos colaborar para que la Nueva Constitución sea el gran marco de unidad y se constituya en la casa de todos”.

Y finalizó: “Hoy es tiempo de sanar las heridas del pasado, unir voluntades y levantar con generosidad la vista hacia el futuro. Agradezco a todos los que contribuyeron a un plebiscito constitucional que nos enorgullece y a los millones de ciudadanos, en Chile y en el extranjero, que cumplieron con su deber cívico (…) Como siempre lo hemos hecho, una vez más nos pondremos de pie. Todos sabemos que para avanzar juntos no debemos dejar a nadie atrás”.

Parecía el final, pero es solo el principio

Este plebiscito, acordado el 15 de noviembre en una maratónica sesión en el Congreso tras semanas de paros, movilizaciones y cabildos auto convocados, se conoce como “de entrada”. Lo que viene son las elecciones de los ciudadanos que integrarán la Convención Constituyente el 11 de abril de 2021. Luego vendrá la redacción de la Constitución con un plazo de nueve meses, renovable por tres más. Finalmente habrá un plebiscito ratificatorio “de salida” durante 2022. 

El profesor del Instituto de Historia de la Universidad Católica e investigador COES (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social), Manuel Gárate tiene muy claro lo que se viene: “Los mayores problemas y desafíos, a mi parecer, están en el exceso de expectativas sobre los cambios a venir. Nos espera un largo proceso deliberativo no exento de conflictos y tensiones. La cláusula de aprobación de dos tercios (por cada artículo de la Constitución) obligará a [email protected] constituyentes a llegar a acuerdos y a negociar largamente”.

El historiador cree que habrá un periodo importante donde la convención deberá ponerse de acuerdo sobre sus reglas de funcionamiento, y que suele ser un momento tenso, largo, pero necesario. “Entonces es importante que las autoridades democráticas, los partidos, y otras organizaciones de la sociedad civil hagan una amplia pedagogía para explicar qué se puede esperar y qué no de un proceso constituyente. La movilización y la protesta social seguramente continuarán, aunque quizás con menos fuerza que en 2019. El Poder Ejecutivo tiene una responsabilidad importante en proteger el proceso y evitar los excesos de cualquiera de los extremos y no aprovechar la situación para imponer una agenda propia o un pre-proyecto constitucional. También deberá encuadrar y regular muy bien la acción de la policía y evitar los abusos que vimos durante los últimos meses”.

El cientista político e investigador de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes advierte que hay que tomar en cuenta el multipartidismo del sistema político chileno. “No hay mayoría absoluta de una sola tendencia. El gran desafío va a ser establecer mínimos constitucionales básicos para llegar a un acuerdo que, según la norma requiere dos tercios. Por lo tanto, necesitas acuerdos de distintas fuerzas políticas para un mínimo constitucional.

El segundo desafío para Fuentes es que, independiente del proceso, “hay una demanda ciudadana por participar, por ser protagonistas de esta transformación”. “Hay que ver como las élites, que estarán en la Convención Constituyente serán capaces de abrirse para incluir distintos actores y agentes sociales, mecanismos de participación no vinculantes, cabildos, etcétera. Esto requiere una convención abierta, si no será percibida como un acuerdo cupular”.

La calle fue decisiva

Hace exactamente un año, más de un millón de personas repletó las calles de Santiago pero también el resto de Chile popularizando frases como “Con todo ¿sino pa'qué?” o “No fueron 30 pesos, fueron 30 años”. Está última en relación al alza del precio del metro que generó una serie de manifestaciones lideradas por escolares que comenzaron a evadir el boleto del metro (subte) capitalino en lo que sería el comienzo del “Estallido Social” del 18 de octubre.

Esto generó una desproporcionada represión policial contra los chicos, pero también el apoyo de los adultos que terminó con bombas lacrimógenas, estaciones incendiadas y la declaración de Estado de Emergencia, dejando 31 muertos, 500 chicos mutilados en los ojos (la policía disparaba balines a la cara) junto a más de 5.558 personas denunciando violación de derechos humanos

 “La calle fue decisiva. Sin eso no hubiera pasado nada”, explica el profesor de derecho de la U. de Chile y presidente del movimiento Fuerzo Común, Fernando Atria. El proceso constituyente fue abierto por la movilización popular, eso está clarísimo. La clase política lo acepta a regañadientes, atribuyéndose un rol más importante del que tienen en realidad”.

“Los sectores políticos no están muy conscientes del rol que cumple la protesta y el movimiento social en el proceso” agrega Fuentes. “La Convención Constituyente busca abrirse a mecanismos de participación más inclusivos: paridad, escaños reservados para pueblos indígenas, participación de independientes. Pero ha costado mucho, porque es una idea que va a contrapelo de las elites, que no quieren ceder poder. Es una historia conocida en América Latina. Esta tensión requiere ser resuelta”.

Gárate recuerda que ya desde 2006 con la llamada “revolución pingüina” —término que alude popularmente al uniforme de colegios públicos— y el movimiento estudiantil de 2011, la protesta y el malestar se intensificaron fuertemente. “La protesta y el malestar siguieron por años con reventones sociales esporádicos en todo el país, pero la olla seguía juntando presión. El sistema político, en general, no fue capaz de resolver esas demandas o bien fueron bloqueadas o dilatadas por la oposición como le ocurrió al segundo gobierno de Michelle Bachelet. Entonces, la protesta social, sobre todo desde el año pasado, obligó a la clase política a mirar de frente los problemas de Chile y terminar con el discurso complaciente de los últimos 20 años, que nos hablaba de los éxitos y el desarrollo del país, mientras se acumulaba un enorme malestar y frustración por el costo de la vida y el endeudamiento endémico que promueve y alienta nuestro modelo de desarrollo”.

Y agrega: “La clase política ha sido reactiva; logró un acuerdo importante el 15 de noviembre pasado, pero "in extremis". Creo que aún no dimensiona la magnitud del malestar social y tratan de sacar ventaja en una óptica de corto plazo. Es fundamental para evitar la reversión autoritaria que la llamada clase política se abra a una participación diversa de las y los chilenos que no son militantes de partido, y comprender que el Chile de hoy es mucho más complejo que hace 30 años y exige más participación y una renovación de sus representantes. Sin la movilización ciudadana probablemente no habría pasado nada de lo que estamos viendo en estos días. Nada nos asegura un éxito en el futuro proceso, pero se abrió un camino para superar la crisis social y política desatada el 18 de octubre pasado”.

Una Constitución al servicio del pinochetismo

La Constitución de 1980 mantiene una serie de bloqueos institucionales y políticos a cuestiones que la sociedad viene pidiendo hace años, explica Gárate. Una auténtica máquina legal al servicio de la elite pinochetista que incluye quórums supra mayoritarios en el Congreso que, incluso siendo aprobado cuenta con el Tribunal Constitucional que puede bloquear cualquier intento de cambio de temas como pensión, salud, educación, vivienda o el cuidado de la niñez. “Pero seguramente la necesidad del cambio constitucional tiene también un componente simbólico-político en el sentido de ponernos de acuerdo nuevamente sobre cómo diseñaremos el pacto social para los próximos 50 años y con la posibilidad histórica de hacerlo con paridad de género. Una constitución democrática probablemente no soluciona ningún problema en particular ni rápidamente (salvo el no menos importante de su legitimidad de origen), pero abre un camino más participativo para discutir, deliberar y hacer que la clase política esté en mayor sintonía con el electorado”, dice el académico.

Aunque tuvo modificaciones, siendo la más relevante la hecha por Ricardo Lagos en 2005, los cambios señala Atria, “estaban más vinculados con la relación del poder civil y el militar, como por ejemplo, la restitución al presidente de la posibilidad de destituir a los comandantes de jefes de las FF.AA. Lo que no hizo fue cambiar la forma en que la Constitución le daba a la derecha, los herederos del proyecto político de la dictadura en relación al veto político”. Para el abogado —que desde 2009 ha estado impulsando en televisión y prensa la necesidad de cambiar la Carra Magna, “era un sistema electoral distorsionado en beneficio de la derecha, leyes orgánicas constitucionales que exigían quórums muy exagerados y Tribunal Constitucional con muchas facultades. Desde 2005 quedó claro que las reformas que se le podían hacen al texto constitucional no iban a solucionar el problema”.

Un escenario que tal como la pandemia, nadie hubiera imaginado hace un año.

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Domingo, 25 Octubre 2020 05:51

Un plebiscito en modo covid-19

Un plebiscito en modo covid-19

Piñera despliega medidas sanitarias y miles de carabineros en Chile

 

Este domingo Chile decidirá cambiar o mantener la Constitución de 1980, elaborada entre cuatro paredes por la dictadura de Pinochet y que benefició al empresariado en desmedro de los derechos ciudadanos. Tanto, que eso fue el detonante de las grandes movilizaciones iniciadas en octubre del año pasado, lo que obligó al gobierno a acordar un plebiscito.

El votante se va a encontrar con dos papeletas, la primera con la opción “Apruebo” y “Rechazo” el cambio de constitución. La segunda es sobre la forma de redactar la eventual nueva Carta Magna: “Convención Constitucional” (155 ciudadanos elegidos por la ciudadanía) versus “Convención Mixta” (86 parlamentarios y sólo 86 ciudadanos elegidos).

Según la Encuesta Data Influye, ganaría el “Apruebo” con un 69 por ciento y la “Convención Constitucional” con un 6. Se estima que esta votación será la que tendrá la mayor participación desde el plebiscito del Si y el No de 1988, donde cayó Pinochet. El voto está marcado por el coronavirus que ya causó 18.313 decesos considerados casos sospechosos, pero sin confirmar. Otro dato relevante es que Chile acaba de superar este sábado los 500 mil contagios confirmados desde que comenzó la pandemia. Es decir, uno de cada 40 habitantes.

Sin embargo, desde las recientes Fiestas Patrias del 18 de septiembre, cuando el gobierno finalmente autorizó reuniones sociales, en teoría, restringidas, la ciudadanía ha comenzado a tomarse las calles. Se ve sobre todo los fines de semana, aprovechando la primavera y el progresivo desconfinamiento de la ciudad. Y no sólo para retomar las protestas en el sector de Plaza Baquedano/Plaza Italia, sino también en los parques, malls, locales comerciales con aforo reducido o los restaurantes que han dispuestos sus mesas en las calles aunque con discutibles medidas de distancia social sumados a la falta de mascarilla para comer y conversar.

El gobierno de Sebastián Piñera ha asegurado medidas para proteger a los votantes que según estimaciones recientes llegarían a un ochenta por ciento de los 14.796.244 habilitados para votar. El ministro del interior Víctor Pérez prometió fiscalizaciones en la calle. “Al interior de los recintos electorales no se puede fiscalizar, la fiscalización es externa (…) Esperamos que las personas que tengan covid 19 se queden en sus casas, para que se cuiden ellas mismas y cuiden a los demás”.

El gobierno también anunció que va a desplegar 23 mil carabineros para resguardar la seguridad, junto al establecimiento anillos perimetrales que buscarán evitar el contacto de los votantes luego que salgan de los lugares de votación. Los locales donde se votará, principalmente colegios, serán sanitizados varias veces al día con amonio cuaternario y nanoparticulas de cobre. 

Un detalle es que además del uso obligatorio de mascarillas y la distancia social, serán los propios votantes deberán llevar lápices tipo bic de color azul en reemplazo del clásico lápiz mina de procesos anteriores. Esto debido a que otro tipo de lápices impiden la legibilidad del voto y que colores pasta como el rojo permiten que el voto se vea desde el exterior. También están prohibidas las remeras o cualquier alusión visible a las opciones en disputa. 

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