Sábado, 06 Junio 2020 06:38

La maldición del teflón

La maldición del teflón

El renombrado cineasta Todd Haynes se ha salido un poco de sus intereses habituales, para describir en El precio de la verdad, una preocupación marcada del cine hollywoodense: la lucha del individuo contra un sistema corrupto . Con un guion escrito por otros, basado en un artículo del New York Times, Haynes se apega a los hechos para realizar otra versión del mito de David vs. Goliat.

Parecida en cierta manera a Erin Brockovich: una mujer audaz (Steven Soderbergh, 2000), El precio de la verdad narra el largo proceso por el cual el abogado citadino Rob Billot (Mark Ruffalo) atiende la petición del furioso granjero Wilbur Tennant (Bill Camp), cuyo ganado sufre de trastornos debido al agua contaminada del río cercano en West Virginia. Tras una exhaustiva investigación, Billot descubre que, en efecto, la poderosa compañía DuPont ha envenenado a incontables seres humanos y animales con los desechos tóxicos resultantes de la fabricación de algo tan aparentemente inocuo como el teflón.

Entonces el abogado entablará una demanda colectiva contra DuPont –que, oh ironía, es uno de los clientes de la firma legal a la que pertenece. El camino será arduo y fatigoso, porque la compañía se valdrá de todo tipo de tretas para ocultar su culpabilidad y, sobre todo, negarse a pagar la millonaria indemnización. Habrán transcurrido 17 años entre la visita del granjero y la final resolución.

Digo que El precio de la verdad se aleja de lo habitual en Haynes porque el director nos había acostumbrado a un cine más íntimo y propio, que igual había cuestionado y deconstruido el melodrama de los años 50 ( Lejos del cielo, 2002, y Carol, 2015) o la biografía ficticia de diversas figuras del rock ( Velvet Goldmine, 1998, y Mi historia sin mí, 2007). Podría pensarse que su nueva realización es meramente una chamba; sin embargo, es evidente que Haynes se ha puesto al servicio de su historia con un indudable compromiso personal.

Con las referencias acostumbradas del director al cine del pasado, El precio de la verdad evoca también a esos paranoicos thrillers de los años 70 sobre conspiraciones siniestras de diferentes formas de poder. La atmósfera de la película es oscura y ominosa, aun cuando la vida del protagonista nunca es puesta en peligro.

Es mérito de Haynes y su fotógrafo Edward Lachman el comunicarnos una especie de pesimismo subyacente en dicha atmósfera. Si bien Billot resulta triunfal, hay en todo el proceso de la película una sensación de que los grandes corporativos se saldrán casi siempre con la suya en cuanto se refiere a crímenes contra el medio ambiente.

Una gran virtud de la película es la forma interesante como Haynes ha resuelto las farragosas partes expositivas de la investigación de Billot. Un ejemplo de ello es la secuencia en la que el protagonista le explica a su sufrida esposa (Anne Hathaway), conversando sobre la mesa del comedor, cómo DuPont ha contaminado al pueblo estadunidense desde los años 50 con una sustancia llamada PFOA (o C8), fundamental en la fabricación del teflón. A ello contribuye la urgente actuación de Ruffalo, quien expresa su cansancio con el caso, al mismo tiempo que su tenacidad para nunca darse por vencido.

El precio de la verdad (un título por demás olvidable) iba a estrenarse en cartelera justo cuando sobrevino la pandemia. Por ello, se ha decidido estrenarla en servicios de streaming. La película está, pues, a la renta en Apple TV y en Cinépolis Klic.

El precio de la verdad

( Dark Waters)

D: Todd Haynes/ G: Mario Correa, Matthew Michael Carnahan, basado en el artículo publicado en el New York Times, “ The lawyer who became DuPont’s worst nightmare”, de Nathaniel Rich/ F. en C: Edward Lachman/ M: Marcelo Zarvos/ Ed: Affonso Goncalves/ Con: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Pullman, Bill Camp/ P: Willi Hill, Killer Content, Amblin Partners. EU, 2019.

Twitter: //twitter.com/@walyder">@walyder

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Publicado enSociedad
http://www.elotroparche.com/una-vecina-demasiado-incomoda/

Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

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Publicado enEdición Nº268
http://www.elotroparche.com/una-vecina-demasiado-incomoda/

Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

 

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Publicado enColombia
El Día de la Tierra como recordatorio de que la crisis crucial es la climática

Mientras un planeta confinado ve cómo sus índices de contaminación atmosférica se reducen, la emergencia climática continúa y la Tierra se dirige a un aumento de temperatura de 3,2 ºC. El Movimiento por el Clima llama a una acción global este viernes 24 de abril.

Este 22 de abril el planeta celebra el Día de la Tierra bajo unas circunstancias nunca vistas en un siglo. Es un hecho que en gran parte del mundo las grandes aglomeraciones están viendo cómo la calidad del aire mejora, fruto del parón momentáneo de la movilidad impulsada por motores a combustión.

La Agencia Espacial Europea (ESA) difundía esta semana unos datos sorprendentes. Las mediciones de dióxido de nitrógeno (NO2) —un contaminante asociado especialmente a los vehículos diésel—, realizadas entre el 13 de marzo y el 13 de abril, constataban el importante descenso de los niveles de polución, de en torno a 50% respecto al mismo período del año anterior.

Mientras Madrid reducía sus niveles de NO2 un 48%, otras grandes ciudades europeas como Milán o Roma constataban reducciones del 47% y el 49%, respectivamente. París iba más allá, con una disminución del 54%.

Los datos son especialmente visibles a través de las imágenes del satélite Copernicus Sentinel-5P de la ESA, información que está utilizando el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos para monitorizar la polución por NO2 en todo el continente. Con las medidas de confinamiento prolongadas en la mayoría de países, la previsión a corto plazo del organismo indica que la contaminación continuará en mínimos históricos en las próximas dos semanas.

Problema crucial pospuesto

Sin embargo, en este Día de la Tierra, desde las organizaciones ecologistas recuerdan que la crisis crucial para la humanidad se mueve en un contexto mucho más amplio, y desde Greenpeace recuerdan que, en el actual contexto de emergencia sanitaria, el cuidado del planeta es más necesario que nunca. 

Según el Informe sobre la brecha de emisiones 2019 del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas, si solo confiamos en los compromisos climáticos actuales del Acuerdo de París, es posible que las temperaturas aumenten 3,2 °C este siglo

El Movimiento por el Clima, agrupado en las confederaciones Fridays for Future, 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima —que integran a decenas de organizaciones— hacen un llamamiento a la población para participar este viernes 24 de abril a las 22 horas una acción global en defensa del clima. 

Mediante la proyección simbólica de sombras y sonidos en fachadas, estos colectivos pretenden reivindicar una desescalada de la crisis sanitaria actual “que ponga en el centro el medio ambiente y a las personas y tenga en cuenta criterios de justicia social y climática”, según señalan en un comunicado lanzado para la convocatoria.

“Esta crisis de salud pública ha puesto de manifiesto que esa sensación que teníamos de seguridad absoluta garantizada por la tecnología era absolutamente falsa”, apunta el documento, un texto que resalta “lo dañina que puede ser una crisis si nos pilla desprevenidos, sin planes de prevención y emergencia suficientes que puedan hacerle frente de forma efectiva”.

Así, el manifiesto recuerda que si no actuamos decidida y rápidamente, se alcanzará un cambio climático de tal magnitud y rapidez que haría imposible nuestra adaptación: “Sería devastador para la mayoría de los ecosistemas y las sociedades humanas”.

Niveles récord

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) monitoriza la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, y sus datos indican que entre enero y marzo de 2020 dicha concentración ha alcanzado las 414,03 partes por millón (ppm), frente a las 411,6 registradas en el mismo período del año anterior. La disminución de expulsión de gases de efecto invernadero como la vivida en China, donde se estima que se han reducido un 25% en febrero, apenas han tenido un efecto sobre la emergencia climática, que sigue su curso imparable.

“Mientras el coronavirus se expande por los cinco continentes, el planeta experimenta extremos climáticos: a nivel mundial, el pasado mes de enero fue el más cálido desde que se tienen registros en todo el mundo y marzo el segundo más cálido. En España, el mes de febrero estuvo 3ºC por encima de la media entre 1981 y 2010”, señalan desde Greenpeace.

La organización reclama a los gobiernos transformar la actividad económica “de un modo climática y socialmente justo”, enfrentando una reducción drástica de las emisiones sin perder de vista el garantizar unas condiciones de vida dignas para los colectivos más vulnerables.

Para el portavoz de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, “una vez que empecemos a observar el aplanamiento de la curva de la pandemia, urge abordar la actual crisis climática y de biodiversidad, que no han vivido ninguna cuarentena”. El responsable señala que “una vez que la crisis sanitaria permita salir a las calles, la ciudadanía volverá a pedir que se aborde de manera urgente la respuesta a la crisis ecológica y que los intereses privados, que están retardando la transición ecológica, sean expulsados de los foros donde se está debatiendo el futuro de la humanidad, porque ambas crisis, la sanitaria y la climática, son caras de una misma moneda, la profunda alteración del equilibrio en la Tierra”.

En clave estatal, desde Amigos de la Tierra exigen al Estado español que acelere la descarbonización de la economía a un ritmo mucho mayor del anunciado actualmente. En concreto, este colectivo, junto a las organizaciones firmantes del manifiesto para la acción de este viernes, piden conseguir la neutralidad climática en España en 2040; el aumento de reducción de emisiones de CO2 del 23% actual al 55% para 2030 con respecto a los niveles de 1990; acabar con los subsidios, exenciones fiscales y otros beneficios de los combustibles fósiles; e incorporar medidas de reducción de emisiones que aborden sectores como el transporte, la ganadería y sectores industriales.

@CeboTwit

22 abr 2020 03:40

Publicado enMedio Ambiente
Crean una enzima bacteriana que devora el plástico en horas

Los científicos de la compañía de desarrollo industrial Carbios crearon una enzima bacteriana mutante que podría revolucionar el reciclaje del plástico, puesto que es capaz de descomponerlo en cuestión de horas.

Así, estas enzimas son capaces de reducir a elementos básicos el polietileno tereftalato —mejor conocido por sus siglas PET—, un tipo de plástico usado en la fabricación de envases de bebidas. Estos mismos elementos pueden volver a usarse para producir nuevas botellas.

Es un detalle importante, puesto que el plástico reciclado por medio del ya convencional procesamiento termomecánico no se puede volver a usar para nuevos envases por su baja calidad. En vez de ello, se emplea para fabricar calzado y alfombras.

Según el estudio, que se publicó en la revista Nature, los científicos de Carbios colaboraron en este proyecto con gigantes industriales como Pepsi y L´Oreal. La nueva enzima fue bautizada como hidrolasa PET y es capaz de descomponer hasta el 90% de los polímeros de este tipo de plástico en tan solo diez horas.

Curiosamente, esta enzima fue encontrada en un montón de hojas compostadas en 2012. "Estaba completamente olvidada, pero resultó ser la mejor", destacó Alain Marty, el dirigente de ciencia en Carbios.

Otro aspecto a destacar en la nueva enzima es que ofrece un coste de reciclaje muy bajo. De hecho, los investigadores aseguran que la fabricación del plástico nuevo costaría 25 veces más que el reciclaje con la hidrolasa PET.

Mientras tanto, los científicos esperan poder poner a prueba el potencial industrial y comercial de la nueva enzima en 2021 y lanzar su fabricación a plena escala entre el año 2024 y 2025.

03:56 GMT 09.04.2020

Martes, 07 Abril 2020 06:26

El último llamado de la naturaleza

El último llamado de la naturaleza

James Lovelock es el científico inglés quien junto con la bióloga Lynn Margulis, postularon y demostraron que el planeta Tierra es un organismo vivo, dotado de mecanismos de autocontrol que son tremendamente delicados y frágiles. A toda su demostración, que es científicamente impecable, se le llamó la teoría de Gaia, en honor a la diosa griega de la tierra. Hace 14 años Lovelock publicó La venganza de Gaia (Penguin Books, 2006) en el cual sintetizó las reacciones del ecosistema global ante los impactos de las actividades humanas. Desde cada una de las cosmovisiones de los 7 mil pueblos originarios o indígenas del mundo, existe una visión similar: el castigo de la madre tierra surge porque los humanos no han escuchado su voz y han rebasado los límites marcados por ella. Ya sea desde la ecología científica o desde la ecología sagrada, hoy existe un consenso cada vez más generalizado de que todo daño que se inflige a la naturaleza termina revirtiéndose y que la humanidad debe reconstituirse a partir de su reconciliación con el universo natural, es decir, con la vida misma.

La ecología política todavía va más allá. Postula que no es la especie humana la culpable de las “iras de la naturaleza”, sino un sistema social, una civilización, en la que una minoría de menos del 1% de la población explota por igual tanto el trabajo de la naturaleza como el trabajo de los seres humanos. Esa clase depredadora y parásita sólo será desterrada mediante un cambio civilizatorio radical. Una transformación que puede ser, que debería ser, gradual y pacífica no súbita y violenta. Hoy existe ya un conjunto de directrices que nos marcan los caminos de una profunda transformación civilizatoria (ver mi libro Los civilizionarios; y obras como las de Helena ­Norberg-Hodge, Local is Our Future, o de Edgardo Lander, Crisis civilizatoria).

Es en este contexto donde debe ubicarse la enorme crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Las últimas pandemias han surgido en relación con los sistemas industriales de producción de carne (cerdo, pollo, huevos) como las gripes porcina y aviar, y a la destrucción de los hábitats de especies silvestres de animales portadores de virus y en íntima relación con un sistema alimentario que ofrece productos de baja calidad o perjudiciales por el uso masivo de agroquímicos. La expansión despiadada del coronavirus es el último llamado de la naturaleza. Antes ha habido otros más. En los últimos 25 años la madre naturaleza ha enviado numerosas señales. En 1997-98 los incendios forestales que arrasaron más de 9 millones de hectáreas de selvas y bosques de la Amazonia, Indonesia, Centroamérica, México y Canadá, resultado de uno de los climas más cálidos y secos. Luego en 2003 la canícula europea con temperaturas extremas en Francia, España, Portugal, Alemania, Inglaterra, etcétera, que dejó entre 20 mil y 30 mil muertes, un fenómeno que fue ocultado por los medios masivos de comunicación. Por esos mismos años una secuencia de poderosos huracanes, alcanzó su máximo con Katrina que en 2005 causó los mayores daños a las costas de Estados Unidos, calculados en 108 mil millones de dólares. En la década siguiente tuvo lugar la peor sequía registrada (2011-13) en la historia climática de Estados Unidos (15 estados) y el norte de México, que dejó millones de reses muertas y severos impactos sobre la agricultura. Finalmente, el año pasado de nuevo se concatenaron gigantescos incendios forestales en la Amazonia, Siberia, California y, especialmente, en Australia.

Los daños infligidos a los sistemas vivos, en todas sus escalas y dimensiones, son hoy la mayor amenaza a la especie humana, los cuales están íntimamente ligados a la desigualdad social y a la marginación. Según Oxfam, unos 70 millones de seres humanos poseen una riqueza superior a la de 7 mil millones. El punto clave es entonces cómo cambiar el actual estado de cosas. Algunas transformaciones obligadas son: el paso de una economía de mercado a una economía social y solidaria, de grandes empresas y corporaciones a empresas familiares y cooperativas (fin de los monopolios), de gigantescos bancos a cajas colectivas de ahorro, de energía fósil a energías renovables, de sistemas agroalimentarios industriales a sistemas agroecológicos, de organizaciones centralistas y verticales a organizaciones descentralizadas y horizontales (redes), de una democracia representativa a una democracia participativa. Pero sobre todo construir desde lo local (comunidades, municipios, microrregiones) un poder ciudadano o social capaz de enfrentar y controlar las acciones suicidas del Estado y del capital. En suma, una (eco)política desde, con y para la vida.

Por Víctor M. Toledo, secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)

Publicado enSociedad
Julio Roberto Vargas Malagón, alcalde Cajamarca.

La comunidad y organizaciones sociales de Cajamarca impulsaron la consulta popular en marzo de 2017, con cuyo triunfo obligaron a la multinacional Anglo Gold Ashanti a salir del territorio, cerrando el proyecto La Colosa. Después de la consulta se abrió un debate político y jurídico de carácter nacional que problematiza el modelo de desarrollo del país. El alcalde en ejercicio para el periodo 2019–2022 representa al movimiento que se opuso a la minería, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta esta administración?

 

Cajamarca es un pueblo de campesinos ubicado en la Cordillera Central andina; por su potencial natural y ambiental es considerado como el municipio la despensa agrícola de Colombia. Entre el año 2005-2006, con el auge extractivista internacional experimentado en Sur América, el municipio vivió la llegada de la multinacional Anglo Gold Ashanti, la cual impulsó el proyecto “La Colosa”, uno de los megaproyectos mineros de oro más grandes del mundo.

Opuestos a tal pretensión, por las nocivas consecuencias que el desarrollo de un proyecto tal conlleva para un territorio y quienes lo habitan, un grupo de ciudadanos y organizaciones sociales del municipio tolimense comenzaron a plantear el debate sobre el modelo de desarrollo del municipio y las consecuencias y efectos naturales y culturales de la minería a cielo abierto.

Sus esfuerzos de todo orden para obligar a la multinacional a salir de su municipio les abrieron dilemas, de ahí que en el 2010 tomaran la decisión de participar electoralmente, sin resultados notables; en el 2015 llevaron a 3 integrantes del movimiento al concejo. Para Julio Roberto Vargas, actual alcalde de Cajamarca, fue gracias a estos concejales que en el año 2016 se aprobó la realización de la consulta popular sobre el tema minero.

La consulta fue una de las primeras en el país en decirle no a la minería: 6.165 cajamarcunos frenaron los intereses extractivistas. Posterior a esta victoria, en las elecciones del 2019 la ciudadanía llevó a un integrante del movimiento ambiental a dirigir como alcalde los destinos del municipio a lo largo de los siguientes 4 años, triunfo obtenido con 5.130 votos, igual al 50.11 por ciento del total de los sufragios contabilizados, doblando al candidato de la política tradicional apoyado por la multinacional.

Hoy los habitantes de Cajamarca tienen la esperanza de que la región cambiará, y que el quehacer del nuevo gobierno girará alrededor de la defensa del territorio, el agua y la vida.

desdeabajo tuvo la oportunidad de conversar con Julio Roberto Vargas, quien nos comentó algunos de los retos fundamentales de su gobierno, como también su visión de lo que implica, en este momento del país, ser elegido y decidir sobre el presente y el futuro del municipio en materia de uso y vocación del suelo.

desdeabajo (da). ¿Cuáles son las organizaciones en las que ha participado y qué papel espera que estas cumplan en su gobierno?
Julio Roberto Vargas (JRV). Vengo del movimiento ambiental y campesino. Acá en Cajamarca se encuentra el Comité ambiental y campesino de Cajamarca y Anaime, el cual es un espacio donde confluyen diferentes organizaciones socioambientales, con una agenda en común que también se articula al comité ambiental del departamento del Tolima y el movimiento ambiental a nivel nacional.
En esta alcaldía buscamos que el movimiento ambiental organizado ayude a construir las políticas públicas en materia ambiental y de desarrollo social del municipio, que tengan voz y voto, que tengan capacidad de articular procesos, jalonar recursos y construir una línea de desarrollo económico armonizadas con la naturaleza y las comunidades.

da. ¿Qué ha pasado con respecto al intento de limitar las consultas populares en el país y todo este debate abierto alrededor del uso y vocación de suelo?
JRV. Cuando se realizó la consulta popular, desde el gobierno nacional y todos los sectores minero energéticos del país, empezaron a decir que los municipios no tenían autonomía para decidir el uso y vocación del suelo en temas mineros, sin embargo esto lo dice el gobierno nacional pensando en los intereses de los grandes conglomerados mineros. Como comunidad y municipio Nosotros nos aferramos a la Constitución y a la ley, que nos dice que los municipios sí tenemos la autonomía territorial para tomar decisiones sobre el uso y vocación del suelo, y nosotros, los cajamarcunos, los campesinos, los amantes de la vida, decidimos que Cajamarca siga siendo la despensa de Colombia, siga siendo la estrella hídrica del departamento del Tolima.

El debate continúa. El sector minero a nivel nacional busca tumbar las consultas populares, busca deslegitimar las decisiones del pueblo, y como alcalde y representante de la comunidad tengo el deber de defender los derechos colectivos y ambientales de la población cajamarcuna, defender el derecho constitucional que tiene la comunidad a tomar decisiones sobre su territorio, promoviendo en todo momento la democracia participativa e incluyente.

da. ¿Qué papel juega en la región y el país su elección como alcalde de Cajamarca?
JRV. En este momento somos la única alcaldía en el departamento del Tolima con un alcalde alternativo y que hace parte de los movimientos sociales. Esto implica políticamente que una alcaldía y una comunidad están dando un debate al país y al gobierno nacional sobre el desarrollo del país. La experiencia de Cajamarca es la mezcla entre movimientos sociales y la administración pública, que tiene una política alternativa, independiente y busca transformar las comunidades con la participación directa de las mismas.

da. ¿Qué tienen proyectado realizar para generar una propuesta alternativa de desarrollo para el municipio que no implique la minería?
JRV. Vamos a profundizar en mejorar todos los sistemas de comercialización de los productos agropecuarios del municipio. Vamos a abrir una línea de exportación de productos agropecuarios hacia Europa y Estados Unidos, así mismo vamos a hacer una apuesta bastante grande en el tema del turismo comunitario en el municipio; hoy tenemos en el territorio los bosques naturales de palma de cera, somos vecinos del volcán cerro Machín –que es el segundo volcán más activo del mundo–, tenemos el páramo del Chiní por todo el cañón de Anaime, tenemos tres ríos que nacen en el municipio (Anaime, Bermellón y Toche), entonces vamos a impulsar el turismo como alternativa de desarrollo municipal.

Otros temas fundamentales, en torno a la cultura, son la creación de la casa de la cultura del municipio, el impulso del festival nacional de música campesina y el museo de antropología; pero también hay temas importantes como la agricultura limpia, mejoramiento de vías terciarias, salud, educación, entre otros.

da. ¿Cómo piensan construir una alcaldía realmente alternativa para el municipio y cómo se puede proyectar esto a nivel nacional?
JRV. Estamos apostando a una transformación estructural en la comunidad cajamarcuna, en la forma de hacer política y generar el desarrollo. Estamos apostando a empoderar a las comunidades. Las JAL, organizaciones sociales, cooperativismo, asociatividad y unidad de la comunidad tienen un protagonismo importantísimo. Lo que queremos es hacer un buen gobierno, y esto implica que los recursos públicos van a ser bien invertidos en obras sociales, proyectos productivos, culturales y educativos.

Invitamos a que todos los movimientos sociales y ambientales de Colombia sigamos construyendo una agenda en común. La unidad de todos los sectores alternativos y sociales del país es la que va a permitir transformar esas condiciones de desigualdad y desequilibrio en la que se encuentra nuestra sociedad. Necesitamos cambios profundos, necesitamos que los movimientos sociales se enraícen en las comunidades, que las empoderen y que se empoderen de los procesos políticos, que la política no la vean como los tradicionales sino como una oportunidad para servir y transformar con las comunidades las condiciones de vida.

 

 

 

Publicado enEdición Nº265
"Estaba en todas partes": cómo el plomo está envenenando a los niños más pobres de Estados Unidos

La toxina ha puesto en peligro a cientos de miles de niños y niñas, y, sin embargo, los padres de los barrios más expuestos a esta amenaza nunca serán advertidos por las autoridades

Shanaya Ball intentó hacerlo todo correctamente durante su embarazo: asistió a todas las visitas y controles médicos, comió sano y preparó la habitación para su hijo Amari, que nació en marzo de 2017.

Cuando Amari cumplió un año, prácticamente no había alcanzado ningún hito de desarrollo y no podía jugar, comunicarse o moverse como los demás bebés.

El pasado mes de agosto, con dos años y medio, se le diagnosticó un trastorno del espectro autista, un complejo conjunto de síntomas neurológicos y de desarrollo para los que necesitará apoyo especializado a largo plazo.

Ball, de 27 años, todavía estaba intentando procesar el diagnóstico, cuando el pediatra la llamó para darle otra mala noticia: Amari tenía niveles peligrosos de plomo en su sangre. Había sido envenenado en su casa de Filadelfia. La pintura de plomo que se desprende de las viejas ventanas, marcos de las puertas y zócalos creaba un polvo tóxico que había sido ingerido e inhalado durante todo este tiempo por la madre y el niño.

La madre ignoraba que Filadelfia tiene un gran problema con el plomo, especialmente en las viviendas más viejas, que a menudo son habitadas por las comunidades más pobres. Tampoco sabía que detrás de la laxitud de la normativa sanitaria para las viviendas y de la negativa a abordar este problema de salud pública se esconden poderosos intereses económicos.

"No sabía nada sobre el plomo, pero lo cierto es que en mi casa esta toxina estaba en todas partes y mi bebé entraba en contacto con esta sustancia cada vez que gateaba", explica. "Tenía un gran sentimiento de culpa: ¿Soy la culpable?, ¿debería haberlo sabido?"

Los peligros del plomo, un metal inodoro e invisible

El plomo, un metal pesado que es inodoro e invisible, podría ser cancerígeno y es muy tóxico para el cerebro y el sistema nervioso, así como para la mayoría de los demás órganos. Incluso cuando está presente en niveles bajos, se ha relacionado con la reducción del coeficiente intelectual, el ADHD, el fracaso escolar y la criminalidad. Las investigaciones sugieren que la exposición al plomo durante el embarazo puede aumentar el riesgo de que un niño desarrolle autismo.

Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) señalan que no existe un nivel de plomo seguro. El análisis de sangre de Amari mostró 29,6 µg/dL (microgramos por decilitro) de plomo. Tiene casi tres años y es un niño muy dulce, pero lucha por comunicarse y es emocionalmente volátil. Cuanto más alta y larga sea la exposición, peor será el alcance y la gravedad de los problemas.

El plomo se encuentra principalmente en las viejas tuberías de agua, en la tierra contaminada y en la vieja pintura descascarada; peligros que, según el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, se esconden en unos 3,6 millones de hogares con niños pequeños en todo el país.

En Filadelfia, el 7,6% de los menores de siete años examinados en 2018, o 2.881 niños, tenían niveles de plomo en la sangre de 5µg/dL o más, según cifras publicadas recientemente. Es probable que la cifra real sea significativamente más elevada, ya que solo se ha examinado al 30% de los niños.

La carga de plomo está desigualmente distribuida: una investigación del Philadelphia Inquirer descubrió que cerca de uno de cada cinco niños entran en contacto con este veneno en los barrios más pobres de la ciudad, donde viven principalmente familias negras, latinas e inmigrantes. Alrededor de dos tercios viven en pisos de alquiler.

"El envenenamiento por plomo es completamente evitable, pero una vez que el daño está hecho, es irreparable. No puedo ofrecer ningún remedio, e irán surgiendo problemas con el tiempo", explica George Dalembert, un pediatra del Hospital Infantil de Filadelfia.

La crisis del plomo en los Estados Unidos quedó expuesta en 2016 con el escándalo en Flint, Michigan. El 3% de los niños de esta población presentaban altos niveles de plomo en sangre debido a que las autoridades municipales habían optado por abastecerse con una fuente de agua más barata. En ese momento, Filadelfia estaba entre las 17 ciudades de Pensilvania donde entre el 10% y el 23% de los niños examinados presentaban envenenamiento por plomo en la sangre. Una investigación de las autoridades de Pensilvania, publicada el año pasado, encontró niveles peligrosos de plomo en los 67 condados del estado, siendo la pintura el culpable más común.

El gobierno federal prohibió la pintura con plomo en 1978, pero en Filadelfia, por ejemplo, cerca del 90% de las viviendas fueron construidas antes de que esta prohibición entrara en vigor.

En 2012, los legisladores de la ciudad aprobaron una norma que obliga a los propietarios de casas construidas antes de 1978 a proporcionar a los futuros inquilinos con niños menores de siete años un certificado que confirma que la propiedad es segura y no tiene pintura con plomo.

Sin embargo, los activistas de esta causa señalan que esta ley apenas se ha cumplido ya que el lobby de propietarios hizo mucha presión para que se suavizara, lo cual los ha beneficiado económicamente en detrimento de la seguridad de los inquilinos.

Tras el diagnostico de Amari, el departamento de salud le dio al propietario 30 días para sanear el apartamento, pero pasaron cuatro meses, hasta enero de 2020, antes de que la vivienda quedara completamente libre de plomo. El nivel de plomo en sangre de Amari está disminuyendo, pero sigue siendo alarmantemente alto, y se sitúa en 20 µg/dL.

"Me informaron sobre los beneficios de la lactancia materna y de una alimentación saludable, y cómo conseguir pañales gratis, pero ni una sola vez mencionaron los peligros del plomo", explica Ball a The Guardian mientras Amari le pide una galleta usando el lenguaje de signos.

Los niveles bajos pueden causar daños irreversibles

La magnitud del problema del plomo en Estados Unidos es alarmante: según el CDC, en 2016, medio millón de niños menores de seis años presentaban niveles de plomo en sangre superiores a 5 µg/dL, a pesar de que en los últimos cuarenta años se ha producido una caída significativa de casos. Miles más probablemente tenían bajos niveles de envenenamiento por plomo. Son muchos los estudios que han demostrado que los niveles bajos también pueden causar daños irreversibles.

Sin embargo, las pruebas a nivel nacional siguen siendo incompletas y los datos, fragmentarios. En Pensilvania, en 2018 solo se examinó al 19% de los menores de edad, de los cuales 8.822 presentaban envenenamiento por plomo. En Filadelfia, solo la mitad de los niños nacidos en 2015 que reunían los requisitos para recibir tratamiento médico [gratuito] habían pasado por dos exámenes médicos en 2018, como exige la ley federal.

La exposición al plomo durante el embarazo puede causar abortos espontáneos y alteraciones del desarrollo neurológico, pero los exámenes prenatales no son obligatorios.

“Es increíble que en 2020 los niños sigan siendo el indicador que enciende todas las alarmas para saber si hay plomo en las casas”, lamenta Colleen McCauley, directora de políticas de salud de la organización Public Citizens for Children and Youth (PCCY), que hace campaña para que sea hagan pruebas más completas, se recopilen datos sobre este problema y se saneen todas las viviendas viejas.

"Es difícil convencer a los políticos de los beneficios de apostar por la prevención primaria, porque detectar el plomo es costoso y eliminarlo, también”, señala. Puntualiza que no apostar por la prevención es corto de miras ya que el coste de cuidar a los niños una vez se han envenenado es mucho más elevado.

Invertir en la lucha contra el plomo tiene sentido desde el punto de vista económico. Según una investigación de Pew Charitable Trusts, sanear las viviendas viejas donde viven niños nacidos en 2018 proporcionaría 3.500 millones de dólares en beneficios futuros, el equivalente a 1,39 dólares por cada dólar invertido. La inversión protegería a más de 311.000 niños de familias de bajos ingresos durante 10 años. Cambiar las tuberías de agua de plomo generaría otros 2.700 millones de dólares en beneficios futuros.

Obligatorio acreditar que una casa está libre de plomo

Finalmente, después de que los activistas de los derechos de los niños hayan batallado durante años, se ha modificado la ley que obliga a los propietarios a informar a los inquilinos sobre los niveles de plomo de una vivienda.

A partir de octubre de 2020, todos los alquileres de viviendas, privadas y públicas, deberán obtener un certificado de seguridad que acredite que la vivienda está libre de plomo, sin excepción, o de lo contrario podrían perder la licencia de alquiler. En Rochester, Nueva York, y Baltimore, Maryland, se han adoptado medidas similares, y han dado lugar a una drástica disminución de los casos de envenenamiento por plomo.

"Las leyes de seguridad pública deben contener cláusulas que castiguen en caso de incumplimiento. Si los propietarios no tienen miedo de las consecuencias del incumplimiento, estas leyes son papel mojado", puntualiza Grace Osa-Edoh, una abogada de los Servicios Legales Comunitarios de Filadelfia que ayuda a los inquilinos de bajos ingresos a demandar a los propietarios negligentes.

Un portavoz del Departamento de Salud de Pensilvania ha indicado que el Gobierno estatal, liderado por el gobernador Tom Wolf, está "profundamente preocupado" por este problema de salud pública causado por el plomo y otras toxinas.

"La iniciativa Libre de Plomo de la Gobernadora de Pensilvania incluye una propuesta de invertir hasta mil millones de dólares en subvenciones para ayudar a sanear las escuelas para que estén libres de plomo, amianto y otros elementos tóxicos. El Estado también recibió recientemente una subvención de la EPA para analizar los niveles de plomo en el agua de más de 3.000 guarderías".

Lo cierto es que para cientos de miles de niños, esta reforma legal y la toma de consciencia por parte de los políticos llega demasiado tarde.

Fatu Kante nunca olvidará la llamada de la consulta del pediatra de su hijo en marzo pasado, para informarla de que Aly, de dos años, presentaba altos niveles de plomo en la sangre. "Hasta ese momento, no sabía nada sobre el plomo, y de repente me informaron por teléfono de la posibilidad de que el cerebro de mi hijo estuviera dañado. Recuerdo que lloré y no podía dejar de temblar. No dormí durante 30 días", explica.

El Departamento de Salud saneó su espacioso apartamento después de que el propietario se negara a eliminar la pintura descascarada que envenenaba a Aly. Los techos todavía tienen humedad y están hundidos, pero el polvo de plomo ha desaparecido.

El último análisis de sangre de Aly muestra que el nivel de plomo en su sangre ha bajado a 11 µg/dL, pero el niño sigue siendo hiperactivo y sufre de insomnio y repentinos ataques de agresividad. Su hermana, Cissy, de cuatro años, también presenta bajos niveles de envenenamiento de plomo en sangre. Kemo, de nueve, aún no ha sido examinado.

Kante afirma que, de haberlo sabido, se habrían mudado de casa y que "como es obvio" están asustados.

Por Nina Lakhani - Philadelphia

01/03/2020 - 20:35h

Traducido por Emma Reverter

Publicado enInternacional
Viernes, 21 Febrero 2020 06:32

La ciudad que respiramos

Vista de la Ciudad de México en mayo de 2019, durante un período de contingencia ambiental extraordinaria declarada por la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) / Foto: Xinhua, Francisco Cañedo

El desafío de un mundo contaminado y desigual.

Mientras las ciudades crecen y el campo se vacía, también aumenta la inequidad. Según los especialistas en la calidad del aire, la disparidad en el acceso al aire limpio genera diferencias radicales en la salud de las poblaciones, lo que empeorará si no cambia el modo de organizar la vida en las grandes urbes.

 “Las ciudades no pueden ser un lugar donde invertir, sino un lugar donde vivir”, ha señalado el geógrafo y antropólogo David Harvey, recogiendo lo planteado por el sociólogo Henri Lefebvre mediante la idea de “derecho a la ciudad”. Un derecho que, más allá de posibilitar el acceso individual a los recursos, implica reinventar las ciudades de acuerdo con los deseos de quienes viven en ellas. Entenderlas bajo el umbral de la justicia y hacerlas vivibles, con infraestructuras que todo el mundo pueda usar, donde se garantice el acceso a una vivienda digna y respirar aire limpio sea un verdadero derecho, y no un reto o una utopía, como lo es hoy.

En los próximos años, las urbes seguirán creciendo a ritmo acelerado. El mundo cuenta ya con más de cuarenta megaciudades, lugares con más de 10 millones de habitantes, entre los que se encuentran Los Ángeles, Ciudad de México, Londres, El Cairo y Shanghái. La Onu calcula que el 68 por ciento de la población mundial vivirá en alguna gran ciudad en 2050.

“La evolución en la tecnología ha promovido la producción a gran escala de bienes y servicios en las ciudades, lo que impacta en el sector rural y propicia la migración interior a las ciudades”, explicó a Brecha Ana Rosa Moreno, profesora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Unam. Si el crecimiento se da como hasta el momento, en el futuro las ciudades consumirán más, serán más desiguales y tendrán niveles de contaminación atmosférica más elevados. La idea de tener el derecho a la ciudad y, por ende, el derecho a respirar aire limpio se presenta entonces como un claroscuro, con más sombras que luces.

CAMBIO CLIMÁTICO Y CONTAMINACIÓN.

A pesar de representar entre el 1 y el 3 por ciento de la superficie edificada a nivel global, hoy las ciudades consumen el 78 por ciento de la energía mundial, según estimaciones del Programa de la Onu para los Asentamientos Humanos. Ello se traduce en más del 70 por ciento de los gases de efecto invernadero emitidos a escala mundial, que no sólo contribuyen en gran medida al cambio climático, sino que además generan un alto nivel de contaminación atmosférica.

Sin embargo, Julio Díaz, jefe de epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud español Carlos III, señaló a Brecha que, “en cuanto a las consecuencias en la salud de las personas, es importante entender la diferencia entre el calentamiento global y la contaminación atmosférica”. Díaz recordó que, si bien las emisiones de dióxido de carbono (CO2) contribuyen al cambio climático y que este “tiene un impacto indirecto en la salud”, el CO2 –que en una pequeña proporción nosotros mismos generamos al respirar– no es nocivo para las personas en lo inmediato.

Los elementos realmente perjudiciales para la salud a corto y medio plazo son otros. De acuerdo con Otavio Ranzani, investigador del Institute for Global Health (Isg) de Barcelona, se trata de las partículas PM (siglas en inglés de particulate matter),1 el ozono producido por la industria en grandes cantidades, el dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno. En la atmósfera de las ciudades, la presencia de cantidades perjudiciales de estos elementos es siempre resultado de la actividad humana.

Esto no significa que el cambio climático y la contaminación de la atmósfera de las ciudades no se retroalimenten. Según Díaz, la relación entre contaminación atmosférica y cambio climático se ve en, por ejemplo, los llamados “bloqueos anticiclónicos”. Esto ocurre cuando se producen períodos cálidos de una duración anormal durante el invierno, lo que dificulta la dispersión de las partículas y aumenta su concentración, lo que, a su vez, empeora la contaminación del aire. Para Díaz, la falta de políticas ambientales agudiza este problema y, por ende, su impacto en la salud.

ENVENENADOS.

En 2016, la Organización Mundial de la Salud (Oms) informó que el 92 por ciento de la población del planeta inhalaba aire que no era saludable. Para esa organización, la contaminación atmosférica es, a su vez, el riesgo sanitario más importante de origen medioambiental. “Una de cada nueve muertes se atribuye a ella”, explicó Ranzani. Entre el 40 y el 80 por ciento de estas defunciones se debe a enfermedades cardiovasculares, mientras que el resto de los casos está relacionado, sobre todo, con dolencias respiratorias.

Por su parte, Díaz recalcó que “unos niveles muy altos de contaminación pueden derivar en cáncer de pulmón, cáncer de mama, alergias, infecciones respiratorias o asma”, una dolencia que no sólo empeora por la mala calidad del aire, sino que muchas veces puede ser causada directamente por esta.

Las partículas PM más pequeñas, que miden menos de 2,5 micrómetros, son las más perjudiciales, ya que pueden penetrar en los bronquios y los pulmones más fácilmente e incluso ingresar al torrente sanguíneo. Esto ha llevado al Isg a investigar si otras enfermedades, más allá de las respiratorias, son generadas por la contaminación del aire. Ranzani ha liderado un estudio, en India, en el que se constató que la mala calidad del aire reduce la masa ósea de las poblaciones más expuestas.

LA CARGA DE LA DESIGUALDAD.

“Los riesgos y los efectos en la salud no están distribuidos equitativamente en la población. Las personas con enfermedades previas, los niños menores de 5 años y los adultos de entre 50 y 75 años son los más afectados”, señaló Ana Rosa Moreno. Además, las personas pobres y aquellas que viven en situación de vulnerabilidad socioeconómica –una de cada siete, según Naciones Unidas– corren un mayor riesgo. “Mata más el código postal que el código genético”, señaló Díaz.

“Quienes generan menos contaminación terminan siendo los más afectados”, apuntó Ranzani. El investigador dijo a Brecha que, en las periferias de las ciudades, donde la planificación urbana suele ser más caótica y hay más industrialización, el aire es peor. La Oms afirma que, a nivel global, quienes viven en países de ingresos bajos y medios soportan la mayor carga de contaminación del aire. De las 4,2 millones de muertes prematuras atribuidas a esta causa, el 91 por ciento se produce en esos países.

COCHES O PERSONAS.

Entre los factores que hacen que la contaminación atmosférica de las grandes ciudades, como Beijing, El Cairo, Nueva Delhi y Ciudad de México, supere los límites recomendados por la Oms, se encuentra principalmente el transporte privado. A esto se le suman la actividad industrial, la gestión y la eliminación de residuos, la falta de zonas verdes y el consumo energético.

Pero ¿cómo se repiensa algo que ya está construido? Díaz señaló que un primer paso es actuar sobre lo que ya existe, empezando por reducir la cantidad de coches. “No podemos tener las ciudades diseñadas para los coches: las ciudades deben estar diseñadas para las personas. Limitar los vehículos pasa, por supuesto, por reforzar el transporte público y permitir que las personas que viven lejos puedan llegar con más facilidad”, apuntó el investigador. Las zonas de bajas emisiones, las viviendas más eficientes en cuanto al consumo energético, la mejor gestión de los residuos industriales y municipales, y el aumento de zonas verdes también son imprescindibles, coincidió Ranzani. Sin nada de esto, la sostenibilidad de las ciudades a largo plazo se pone en entredicho.

Moreno cree que lo mismo se aplica a las ciudades latinoamericanas, donde en la actualidad el parque automotor crece anualmente a un ritmo de 4,5 por ciento. Si no se controla este crecimiento, puede llegar a ser “un factor muy importante en la degradación ambiental y en los impactos en la salud”. Para la académica, en el caso latinoamericano, a este desafío se le añaden “la falta de actividades de monitoreo transparentes y la existencia de regulaciones permisivas”.

“Lo que no podemos hacer ante la magnitud de este problema es no hacer nada”, afirmó Díaz. Según el investigador, el papel de la comunidad científica debe seguir siendo estudiar y difundir información. Hacer pedagogía y concienciar, y que la población exija a los políticos que tomen medidas. “Para los políticos, muchas veces los resultados de los estudios sobre el impacto de la contaminación en la salud no son buenos, porque los obligan a emprender políticas poco populares”, aseguró.

El debate sobre las ciudades se centra en qué se prioriza ante este reto. Los investigadores, así como la actual oleada de movimientos sociales por el clima, plantean la necesidad de poner en el centro la vida de las personas. El desafío de los gobiernos es encarar la planificación urbanística en tiempos de una mayor expansión territorial y un crecimiento acelerado de la población, vertebrándola en torno a la salud. Y al derecho, real e igualitario, a un aire limpio.

  1.   Partículas microscópicas suspendidas en el aire, entre las que hay distintos tipos de polvo, ceniza y hollín. Pueden provenir de volcanes, incendios forestales o vegetación, pero también de la quema de combustibles fósiles, los sistemas de refrigeración y otras actividades industriales.
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Desarrollan catalizador capaz de reciclar gases de efecto invernadero

Un nuevo catalizador económico y duradero es capaz de reciclar los gases de efecto invernadero en ingredientes que pueden usarse en combustible, gas de hidrógeno y otros productos químicos.

Los resultados podrían ser revolucionarios en el esfuerzo por revertir el calentamiento global, según los investigadores. El estudio fue publicado en Science.

"Nos propusimos desarrollar un catalizador efectivo que pueda convertir grandes cantidades de gases de efecto invernadero, dióxido de carbono y metano sin fallas", sostuvo Cafer T. Yavuz, autor del artículo y profesor asociado de ingeniería química y biomolecular y de química en el Instituto de Ciencia y Tecnología Avanzada de Corea.

El catalizador, hecho de níquel, magnesio y molibdeno económicos y abundantes, inicia y acelera la velocidad de reacción que convierte el dióxido de carbono y el metano en gas hidrógeno. Puede funcionar eficientemente más de un mes.

Esta conversión se denomina "reformado en seco", en la que los gases nocivos, como el dióxido de carbono, se procesan con la finalidad de elaborar productos químicos más útiles que podrían refinarse para su uso en combustibles, plásticos o incluso productos farmacéuticos. Es efectivo, pero anteriormente requería metales raros y caros, como el platino y el rodio, para inducir una reacción química breve e ineficiente.

Otros investigadores habían propuesto previamente el níquel como una solución más económica, pero los subproductos de carbono se acumularían y las nanopartículas superficiales se unirían en el metal más barato, cambiando fundamentalmente la composición y la geometría del catalizador e inutilizándolo.

"La dificultad surge de la falta de control sobre los puntajes de los sitios activos sobre las superficies de catalizadores voluminosos, porque cualquier procedimiento de refinamiento que se intente también cambia la naturaleza del catalizador en sí", explicó Yavuz.

Los expertos produjeron nanopartículas de níquel-molibdeno en un entorno reductor en presencia de un solo óxido de magnesio cristalino. A medida que los ingredientes se calentaban con gas reactivo, las nanopartículas se movían sobre la superficie cristalina en busca de puntos de anclaje. El catalizador no tendrá una acumulación de carbono ni las partículas de la superficie se unirán entre sí.

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