Elecciones en Ecuador: Andrés Arauz obtuvo una amplia ventaja pero habría ballottage

El candidato correísta salió primero en las presidenciales

Los primeros datos entregados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), con el 90 % del conteo rápido de una muestra de 2193 actas, indicaron que el candidato progresista tendría 31.50% de los votos, Yaku Pérez 20.04% y Guillermo Lasso 19.97%.

 

El domingo en la noche terminó con una certeza en Ecuador: Andrés Arauz, candidato de Unión por la Esperanza (UNES), salió primero en la elección presidencial. Se trata de un resultado que había sido anticipado por la mayoría de las encuestadoras de diferentes signos políticos y que resultó confirmado.

 “Ganamos, triunfo contundente en todas las regiones de nuestro bello país”, escribió el candidato en su cuenta de Twitter, que, durante la jornada acompañó a votar a su abuela Flor Celina Galarza, de 106 años, en su centro de votación en la ciudad de Quito. Arauz, con el domicilio aún inscripto en México, donde residía meses atrás, no pudo votar en estas elecciones.

La certeza de la victoria de la revolución ciudadana estuvo acompañada de una pregunta: la existencia o no de una segunda vuelta, objeto central de las especulaciones y operaciones de varias encuestadoras. Junto a la pregunta por el balotaje, se abrió otra, acerca de a quién enfrentaría Arauz: si Guillermo Lasso, candidato por CREO y el Partido Social Cristiano, o a Yaku Pérez, del partido Pachakutik. Éste último, en horas de la noche, antes de tener números oficiales, anunció haber ingresado a la segunda vuelta: “después de la segunda vuelta seremos la primera fuerza política del país”, afirmó.

Los primeros datos entregados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), cerca de las 21.15 hora local, con el 90 % del conteo rápido de una muestra de 2193 actas, indicaron que Arauz tendría 31.50% de los votos, Pérez 20.04%, Lasso 19.97% y Xavier Hervas, un candidato cuyo ascenso había comenzado a ser anticipada la última semana, 16.28% de los votos. Los números entregados por el CNE fueron cuestionados por Rafael Correa, quien afirmó: “Todos saben que eso es mentira, en los mismos datos reales ya ingresados estamos alrededor del 38%. ¡A cuidar cada voto! El engaño es evidente”.

El mensaje de Arauz fue desde el primer momento de la tarde, llamar a esperar al resultado final del CNE, bajo sospecha de parcialidad, para saber si, efectivamente existirá una segunda vuelta, algo que, aún no ha quedado totalmente confirmado, aunque la tendencia indicaría que sí. La posibilidad de que suceda estará dada por el hecho de que el candidato no alcance el 40% necesario. En cuando a los diez puntos de distancia sobre el segundo, los datos indicarían que habría sido alcanzado.

El resultado logrado por Arauz, es decir la revolución ciudadana como proyecto, y la figura de Rafael Correa como liderazgo, representa una victoria política en el contexto actual de persecución que vive el correísmo. Fue celebrada como tal en el bunker situado en el hotel Mercure de la ciudad de Quito, al cerrarse una jornada de votación con una gran afluencia en las urnas.

Las imágenes en Quito y varias ciudades del país, mostraron una participación constante, con colas de varias cuadras en algunos centros electorales, y denuncias acerca de la lentitud para dejar ingresar a la gente. En Ecuador el voto es obligatorio, so pena de 40 dólares -con un salario mínimo de 400- o imposibilidad de realizar trámites en el Estado, algo que forma parte de las varias razones de la afluencia masiva.

Se sabía que había mucho en juego en estas elecciones por los candidatos y modelos en pugna, en el contexto de un país marcado a fuego por la traición política, el retroceso económico neoliberal, la pandemia, una campaña de persecución política, y otra mediática contra el correismo, con el objetivo de convencer que Correa había sido uno de los presidentes más corruptos de la historia. Un modelo ya clásico implementado en las revanchas contra los gobiernos progresistas.

El hecho de haber llegado hasta la elección, luego de las irregularidades del CNE que se mantuvieron a lo largo de toda la campaña, representó en sí un triunfo en el marco de una democracia debilitada e instituciones golpeadas, parcializadas, enfrentadas en oportunidades, uno de los legados que dejan los años de Lenin Moreno, quien, es seguro, dejará la presidencia en el mes de mayo y, se especula, tal vez también el país.

Aún falta por conocerse el resultado definitivo de una contienda donde está en juego la orientación que tendrá el país en los próximos años. En caso de existir el balotaje, Arauz seguramente enfrentará el intento de conformación de un frente anti-correista que reunirá un arco diverso, pero no impredecible: Lasso ya ha afirmado que apoyaría a Pérez en una segunda vuelta en la cual el candidato de Pachakutik disputara la presidencia contra Arauz, y el mismo Pérez ya apoyó a Lasso en las elecciones del 2017 afirmando que era “preferible un banquero a un dictador”.

Al cierre de esta nota el país observa la evolución de los resultados con atención, las fuerzas políticas, en particular el correismo, con vigilancia debido a las irregularidades ya acontecidas por parte de un CNE que funcionó como un actor político a largo de estos meses. Al saberse el resultado final, que deberá ser entregado por el órgano electoral, se sabrá si finalmente comenzará un nuevo ciclo de la revolución ciudadana a partir del mes de mayo o si comenzará una campaña de segunda vuelta que enfrentará a Arauz a Lasso o Pérez en el mes de abril.

La jornada del domingo mostró la voluntad de participación de una mayoría de la población ecuatoriana, la necesidad de expresarse sobre el futuro del país que en cuatro años de gobierno de Moreno vio un giro dramático que dejó heridas políticas, económicas, sociales e institucionales.


Yaku Pérez, candidato de Pachakutik, se disputa el segundo lugar con el banquero Guillermo Lasso

Elecciones en Ecuador: el movimiento indígena, un actor clave

En un escenario abierto, el movimiento indígena quiere aprovechar el impulso de la revuelta de 2019 que puso contra las cuerdas a Lenín Moreno, aunque sus divisiones internas no garantizan un apoyo cerrado a un aspirante a la presidencia. 

Por Guido Vassallo

El escrutinio parcial del Consejo Nacional Electoral  (CNE) ecuatoriano apunta a una segunda vuelta en la que, sin embargo, resta definir quién acompañará en esa instancia al economista y candidato del correísmo, Andrés Arauz. Esta noche el segundo lugar se disputa voto a voto entre el empresario Guillermo Lasso y el sorprendente candidato de Pachakutik, Yaku Pérez. Aunque casi ninguna encuestadora lo vio venir, el exgobernador de la provincia de Azuay llegó a meterse en la pelea por la presidencia de Ecuador coqueteando con las organizaciones ecologistas e intentando superar la "grieta" entre Arauz y Lasso. 

En un escenario abierto, el movimiento indígena quiere aprovechar el impulso de la revuelta de 2019 que puso contra las cuerdas al presidente Lenín Moreno, aunque sus divisiones internas no garantizan un apoyo cerrado hacia ninguno de los aspirantes a la presidencia.

Los 14 pueblos autóctonos de Ecuador representan solo al 7,4 por ciento de la población de acuerdo al censo de 2010. "Sin embargo, el movimiento indígena es el mejor organizado y el más potente entre los movimientos sociales, pues el movimiento de los trabajadores sigue en una larga crisis", aseguró el historiador Juan Paz y Miño en diálogo con PáginaI12. En la misma línea, el politólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Franklin Ramírez, sostuvo que se trata de "un actor fundamental de nuestra democracia que puede moverse al mismo tiempo en la esfera institucional y en la contienda social".

La declaración durante el gobierno de Rafael Correa del Estado Plurinacional en la Constitución del 2008 significó un importante logro para los indígenas: con el establecimiento de un nuevo modelo de Estado se consagró la legalidad de sus reclamos y se instauró una práctica jurídica que persigue la verdadera igualdad entre las distintas comunidades del país. Pero el permiso que otorgó el expresidente ecuatoriano al extractivismo en territorios indígenas generó un quiebre en la relación.

Los años pasaron y en octubre de 2019 el movimiento indígena se puso al frente de una marea de manifestantes que jaquearon al gobierno de Lenin Moreno logrando la suspensión de la eliminación de subsidios a los combustibles. Aquellas movilizaciones contaron con el protagonismo indiscutible de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), la organización indígena más grande de Ecuador, formada en 1986. 

"El movimiento salió a la calle y mostró al país que hay un relevo generacional. Recuperó la dimensión más radical y plebeya que no llegó a tener en los diez años de correísmo", planteó Ramírez. "De todos modos, la inédita represión que sufrieron los indígenas y después la persecución judicial sobre varios de sus dirigentes han sido golpes que afectaron al movimiento. Se sumó, de inmediato, la pandemia del coronavirus en 2020", agregó Paz y Miño.

La apuesta por Yaku Pérez

La Conaie aglutina a 14 nacionalidades y cerca de 15 mil pueblos originarios. Desde su creación tuvo un papel central en la política ecuatoriana formando parte de movimientos que llegaron incluso a derrocar presidentes. El Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik se creó en 1995 como el brazo político de ese colectivo indígena. Ese partido eligió como candidato presidencial a Yaku Pérez, que en palabras de Ramírez representó el "desarrollo acelerado de un ecologismo quizás algo liberal, muy conectado con ONGs del primer mundo".

Pero la elección de Pérez también evidenció las fracturas internas del movimiento. "Los indígenas no estaban alineados detrás de un solo candidato ni tampoco votaron todos por candidatos indígenas. Conocer Ecuador significa que estamos hablando de muchos pueblos que no comparten una misma ideología", explicó el analista político Guillermo Holzmann.

¿Qué pasará en la segunda vuelta?

Las especulaciones son varias de cara al proyectado ballottage del próximo 11 de abril. "Creo que el de Yaku Pérez no será el voto decisor", planteó Paz y Miño. Para el doctor en Historia Contemporánea, frente a una segunda vuelta entre Arauz y Lasso, lo más previsible es que el candidato del correísmo tenga un apoyo masivo de las bases indígenas. "Pero si el ballotage enfrenta a Pérez y Arauz, no es posible definir lo que podría pasar. Buena parte de las derechas del país apoyarían a Pérez a fin de evitar el triunfo del correísmo", agregó.

En cambio Ramírez cree que cualquier escenario de ballotage podría no ser del todo favorable para el correísmo. "El gran límite del correísmo es que no tiene mucho margen de maniobra política para ampliar sus alianzas", explicó el sociólogo e investigador ecuatoriano, aunque alertó que el movimiento indígena "puede tener un papel muy relevante frente a esa situación".

Para Holzmann es muy importante considerar la mencionada división del movimiento indígena. "Tenemos un sector radical ideológicamente identificado con las propuestas de izquierda, donde la pluralidad es un elemento esencial", advirtió el analista político. Allí se encuentra la Conaie, que con un gobierno progresista representado por Arauz tendría mayores posibilidades de obtener una cuota de poder político.

"Pero también hay un sector indigenista pragmático que concuerda con la recuperación de los recursos naturales y apuesta por mejores condiciones de vida, pero está dispuesto a obtener mayores logros con un gobierno de derecha que con uno de izquierda. Se visualizan como mucho más proclives a una negociación política permanente, y votando por la visión empresarial que representa Lasso en una hipotética segunda vuelta tendrían mayores posibilidades", agregó Holzmann.

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Injerencia estadunidense en los comicios ecuatorianos

El 7 de febrero se celebran comicios presidenciales y legislativos (137 asambleístas) en Ecuador. El candidato mejor colocado para ganar la elección es Andrés Arauz, candidato de la coalición Unión por la Esperanza (UNES). Arauz es el representante de la identidad política llamada correísmo, heredero de una revolución ciudadana a la que el actual gobierno intentó aniquilar y proscribir electoralmente.

Andrés Arauz tiene 37 por ciento de intención de voto en las encuestas más recientes, frente a 24 por ciento del banquero Guillermo Lasso, su principal competidor, quien busca "desterrar de una vez por todas el modelo fracasado de socialismo del siglo XXI". El problema es que es necesario alcanzar 40 por ciento de los votos y 10 puntos de diferencia al segundo para ganar en primera vuelta. En caso de no hacerlo, habrá segundo round el 11 de abril.

Lenin Moreno es el tercer actor en disputa. El actual presidente acaba de visitar Washington, donde se reunió con uno de los responsables intelectuales del golpe de Estado en Bolivia, Luis Almagro, con el ex director del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca y actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cubanoestadunidense Claver Carone y con el Fondo Monetario Internacional, con quien Ecuador contrajo una deuda por varios miles de millones de dólares durante la presidencia de Moreno.

Moreno está desesperado y al mismo tiempo temeroso de un eventual regreso del correísmo al gobierno, pues podría ser sujeto de numerosos procesos judiciales por su accionar, y ya ha gestionado su salida del país, con Suiza como destino, nación donde tiene cuentas bancarias resultado de la corrupción y entrega de los recursos del país al capital extranjero y a los organismos financieros internacionales.

Una de sus principales colaboradoras, la ex ministra María Paula Romo, negoció también con la embajada de Estados Unidos su refugio en Washington, siguiendo los pasos de Richard Martínez, ex ministro de Economía, quien fue recompensado en noviembre pasado con la Vicepresidencia del BID.

En paralelo, y al igual que sucedió en Bolivia, comienza a aflorar en la derecha ecuatoriana el discurso de un supuesto fraude electoral. Para ello han creado un "Observatorio para el control electoral" a cargo de Mario Pazmiño, ex jefe de la Policía Nacional, vinculado a los servicios de inteligencia estadunidenses. A este operativo se han sumado el Instituto Nacional Demócrata (NDI) y el Internacional Republicano (IRI) de Estados Unidos.

El NDI está reclutando ciudadanos ecuatorianos participantes de los programas de transparencia electoral, liderados por Julian Charles Quibell, funcionario estadunidense que trabaja en el NDI desde hace 18 años y es considerado el gurú de las elecciones en América Latina.

Quibell comenzó sus andanzas en el NDI en 2002, asesorando la red de partidos políticos de derecha en Bolivia durante dos años, para a continuación llegar a la oficina del NDI en México entre 2004 y 2012, desde donde dio el salto a la oficina regional del instituto en Managua, con la misión de organizar acciones contra el gobierno sandinista, entre ellos el diplomado en liderazgo y gerencia pública, financiado por Usaid, espacio pensado para formar y financiar a líderes opositores "emergentes".

El funcionario estadunidense ligado a los servicios de inteligencia tuvo que salir abruptamente de Nicaragua hacia México en enero de 2019, cuando estaba a punto de ser detenido por las autoridades locales a partir de una serie de denuncias en su contra.

En julio de 2020 fue reubicado en la oficina de Ecuador, donde también le fue encomendada la atención a los programas de Bolivia, casualmente dos naciones envueltas en procesos electorales y con posibilidades de victoria de fuerzas de izquierda.

En estos momentos el NDI ejecuta un proyecto en Ecuador financiado con 2 millones de dólares de USAID, con el objetivo de crear condiciones para "garantizar la transparencia y la seguridad" del proceso electoral, con cierto control sobre el proceso y las plataformas digitales destinadas a fiscalizarlo. Entre sus actividades principales, apoya a sectores de la derecha ecuatoriana y a personal vinculado al escrutinio, en un proyecto en cuya ejecución se implica directamente el gobierno de Lenin Moreno, a través de la cancillería y el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Por si no fuera poco, una de las subordinadas de Quibell es la ciudadana ecuatoriano-brasileña Juliana Ferreira Sevilla, quién anteriormente trabajó en la cancillería y tiene vínculos con el CNE, habiendo sugerido incluso realizar las elecciones de manera virtual.

Pero la idea en la que convergen hoy tanto Lenin, como su ministro de Defensa, responsable de la represión en octubre de 2019 y alfil de Estados Unidos, por un lado, y Almagro y el NDI, por otro, es suspender los comicios ante la posible victoria en primera vuelta de Arauz, al igual que sucedió con la de Lucho Arce en Bolivia.

Se hace necesaria la presión internacional para que esto no suceda, y la presión nacional para cuidar cada voto y cada casilla, rechazando tanto la injerencia externa de Estados Unidos, como la interna de sus lacayos locales.

El rol de los cursos de liderazgo del NDI en Nicaragua y la sui géneris Revolución de las chimbombas http://nicaleaks.com/2018/10/04/ el-rol-de-los-cursos-de-liderazgo-del-ndi -en-nicaragua-y-la-sui-generis-revolucion -de-las-chimbombas

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El presidente Joe Biden firmó ayer varias órdenes ejecutivas en la Casa Blanca para atender las crisis que marcan prioridad en su agenda. Lo observa la vicepresidenta Kamala Harris.Foto Afp

El gobierno de Joe Biden emitió una serie de órdenes ejecutivas y medidas para abordar el tema de la desigualdad racial en el sistema de justicia y vivienda, reafirmar la soberanía de las naciones indígenas y la anulación formal de la llamada política de tolerancia cero que fue empleada para separar de sus padres y secuestrar a más de 5 mil niños migrantes, mientras el nuevo presidente sostuvo su primer diálogo con su par ruso, Vladimir Putin, en lo que se pronostica será un giro menos amistoso en la política bilateral con Moscú.

Biden firmó cuatro órdenes ejecutivas en torno a su promesa de abordar la injusticia racial, informó la Casa Blanca. Al firmar las órdenes, Biden recordó el caso de George Floyd, el afroestadunidense que murió cuando un policía se hincó sobre su cuello, caso que detonó manifestaciones masivas a nivel nacional. “Esos ocho minutos y 46 segundos que le quitaron la vida a George Floyd abrieron los ojos de millones de estadunidenses y millones en todo el mundo. Fue una rodilla sobre el cuello de la justicia y no será olvidado… marcó un parteaguas en la perspectiva de este país sobre la justicia racial”, comentó.

También recordó que entre quienes asaltaron el Capitolio el 6 de enero estaban supremacistas blancos y que ahora es el momento de actuar sobre la crisis de la injusticia racial, una de las cuatro que sufre el país junto con la pandemia, la crisis económica y el cambio climático, que ha identificado como las prioridades de su gobierno.

Sus órdenes ayer, según su asesora de política doméstica Susan Rice (quien se identificó como descendiente de migrantes jamaiquinos y esclavos estadunidenses), son parte de las iniciativas que ponen la equidad racial al centro de la agenda del nuevo gobierno.

En conferencia de prensa, Rice indicó que “para demasiadas familias el racismo sistémico y la desigualdad en nuestra economía, leyes e instituciones aún ponen muy fuera de alcance el sueño americano”. Añadió que la familia afroestadunidense promedio tiene una décima parte de la riqueza de su contraparte blanca, que las personas de color son más afectadas por el Covid-19 que los blancos y que uno de cada 10 trabajadores afroestadunidenses y uno de cada 11 latinos están ahora desempleados, mientras las comunidades indígenas sufren condiciones aún peores.

Una de las órdenes firmadas ayer –la no renovación de contratos del Departamento de Justicia con prisiones privadas– es parte de la respuesta a demandas para reformar el sistema de justicia criminal. Sin embargo, organizaciones de defensa de derechos de migrantes y de derechos civiles criticaron que esa orden no incluye los centros de detención para inmigrantes. Según una investigación de la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, 81por ciento de migrantes (en promedio, unos 50 mil cada día) bajo custodia de la agencia federal ICE están en instalaciones operadas por empresas privadas.

Otras órdenes incluyen reforzar el compromiso del gobierno federal de respetar la soberanía de gobiernos tribales y promover su inclusión en la formulación de políticas federales que tienen implicaciones para los pueblos indígenas, medidas para revertir la discriminación en políticas de vivienda y dar pasos para combatir la xenofobia y los actos de violencia contra asiáticos estadunidenses (esto después de que Trump llamaba al Covid-19, el virus chino).

Por separado, el Departamento de Justicia anuló el memorando del gobierno de Trump que proclama una política de tolerancia cero, según la cual todo adulto capturado cruzando la frontera de manera ilegal sería enjuiciado, reportó la agencia Ap. Pero los menores de edad que viajan con adultos no podían permanecer encarcelados con ellos, de acuerdo con la ley, y como resultado agentes federales separaron a más de 5 mil 500 niños de sus padres en un periodo de meses antes de que la crítica feroz de la práctica la frenara en 2018. Sin embargo, luego de que un tribunal federal ordenó al gobierno pasado reunificar a todas estas familias, hoy día aún no se ha logrado ubicar a los padres de unos 600 de estos menores.

Relaciones exteriores

Mientras el enfoque político del gobierno de Biden ayer fue sobre asuntos de política interna, también se marcaron cambios en la externa. Biden se comunicó la tarde de ayer con el presidente ruso, Vladimir Putin, con el fin de abordar varios temas, como extender el tratado de armas nucleares New START por otros cinco años (caduca el 5 de febrero) y también para expresar críticas y advertencias.

Según la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, Biden expresó sus preocupaciones sobre la interferencia en la elección de 2020, el envenenamiento de Alexei Navalny y el trato a manifestantes pacíficos por las fuerzas de seguridad rusas. Agregó que también se habló de la agresión contra Ucrania y de las versiones de que Rusia había colocado recompensas sobre las vidas de soldados estadunidenses en Afganistán.

Biden había prometido en su campaña asumir una postura más firme con Putin y criticó a Trump por ser demasiado cercano al mandatario ruso. De acuerdo con Psaki, la intención de Biden ayer fue dejar claro que Estados Unidos actuará firmemente en defensa de nuestros intereses nacionales en respuesta a acciones malignas de Rusia.

A la vez, el encargado de la política exterior de Biden, Antony Blinken, fue ratificado por el Senado como secretario de Estado. Blinken tiene una larga relación con Biden desde que el ahora presidente era jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, después fue su asesor de política exterior cuando era vicepresidente, y finalmente subsecretario de Estado en ese mismo gobierno de Barack Obama.

No todo cambia

Al mismo tiempo, el senador Robert Menéndez será el nuevo presidente del Comité de Relaciones Exteriores, como parte de los cambios del traslado del control de la cámara alta a los demócratas, noticia que preocupó a quienes tienen esperanzas de un giro más progresista en la política exterior. Menéndez tiene un largo historial como halcón y fue opositor a la normalización de la relación diplomática con Cuba (él es cubanoestadunidense) impulsada por el gobierno de Obama (con Biden como vicepresidente).

Menéndez también promueve una línea dura contra el gobierno de Nicolás Maduro y ayer la Casa Blanca no indicó que estuviera preparada para algún cambio, aunque tampoco lo descartó. La vocera de la Casa Blanca, Psaki, sólo reiteró que el objetivo de Estados Unidos es apoyar una transición pacífica y democrática en Venezuela por medio de elecciones libres e imparciales y subrayó que Biden se enfocará en abordar la situación humanitaria y buscará proceder por conducto de la diplomacia multilateral.

¿Impunidad otra vez?

Hablando de democracia, elecciones imparciales y transiciones pacíficas, hubo noticias relativamente positivas para Trump en Washington: aunque una mayoría del Senado estuvo a favor de proceder con el juicio político del ex mandatario, sólo cinco de los 50 republicanos se sumaron a todos los demócratas (50), lo que indica que no habrá suficientes votos –por ahora– para condenar a Trump (se requieren dos tercios de la cámara alta para declararlo culpable). Pero eso puede cambiar antes y durante el juicio político programado para comenzar el 9 de febrero.

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Lunes, 25 Enero 2021 06:00

Nosotros

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Es correcto, como han argumentado varios en la izquierda en México y otros países latinoamericanos, que Joe Biden no es un político progresista, y también que su llegada a la Casa Blanca no modificará los objetivos básicos de la política imperial de Estados Unidos. Todo progresista crítico (o sea, no liberal) en Estados Unidos está de acuerdo. Pero ese no es el punto.

Es desafortunado que algunas partes importantes (con excepciones notables) de las fuerzas de izquierda o progresistas en México y otros países latinoamericanos simplemente no han reconocido y felicitado la lucha de sus contrapartes en Estados Unidos. Aún peor, en algunos casos, han declarado que a fin de cuentas lo ocurrido políticamente en el norte "da igual" visto desde el sur. (Advertencia: aquí se repiten puntos de la columna de la semana pasada para argumentar algo muy sencillo: la lucha de los pueblos por la justicia, la dignidad y la autodeterminación en la coyuntura binacional e hemisférica requiere de la solidaridad en su sentido más amplio).

Lo que acaba de ocurrir política y socialmente en Estados Unidos no se puede entender sin poner al centro la lucha contra el proyecto neoliberal durante cuatro décadas (igual que en México y todo el hemisferio) y en particular el proyecto neofascista encabezado por Trump y sus cómplices durante los últimos cuatro años. El triunfo que se logró no se llama Biden sino la derrota de un proyecto neofascista, y con ello se abre otra etapa más de la lucha contra el neoliberalismo. Para las fuerzas progresistas estadunidenses el triunfo electoral es sólo un paso necesario con el fin de continuar la lucha para la democratización fundamental de esta superpotencia que viene de muy atrás y que aún tiene largo camino por delante.

Este triunfo se debe, en gran medida, a un mosaico de movimientos sociales progresistas en su esencia antifascistas y anti-neoliberales, incluyendo el de "vidas negras" –el movimiento de protesta social más grande de la historia del país–, diversas organizaciones latinas y de migrantes, ambientalistas, sindicalistas progresistas y toda una gama de otras expresiones, sobre todo las de nuevas generaciones. La derrota de Trump en Georgia, Arizona, Nevada y otros estados claves es fruto de estas alianzas, y son la vanguardia en la batalla contra el proyecto neoliberal. Por lo tanto, son los aliados objetivos de toda lucha contra la derecha neoliberal en cualquier parte del mundo. O sea, son más bien nosotros.

Más aún, una parte dinámica de ese movimiento está encabezado por mexicanos, centroamericanos, puertorriqueños y otros caribeños y sudamericanos, entre otros inmigrantes (como siempre a lo largo de la historia de este país). O sea, de esta manera, literalmente son nosotros.

Los que han insistido en que "da igual", ¿le han preguntado a un inmigrante mexicano o latinoamericano si "da igual" –entre el que los estaba cazando y el otro que está proponiendo legalizar a casi todos– o a los que han sido enfrentados por neonazis y otros supremacistas con bendición del gobierno anterior, o los trabajadores que fueron aplastados por la ofensiva en su contra? Obvio que Biden no es la respuesta o solución, pero no "es igual". Hitler, Franco, Pinochet y toda la lista de fascistas no eran iguales a otros políticos que colaboran en sistemas capitalistas.

Biden representa algo diferente a Trump en múltiples dimensiones, pero en torno al tema de migración, medio ambiente, justicia racial y derechos de los trabajadores es diferente no porque es buena onda, sino porque los movimientos lo están obligado a proponer y promover esos cambios en política como parte de la lucha desde abajo por la democratización a fondo del país.

La historia de Estados Unidos, incluyendo la de su relación con México y América Latina, no se escribe sólo en las cúpulas, sino por los que luchan en diferentes realidades por los mismos principios de justicia, libertad y dignidad. Eso lo entendía Ricardo Flores Magón junto con incontables más; existe una larga historia de esa solidaridad, del "nosotros" aquí y allá. ¿Cómo se nos olvidó?

Playing for Change. The Times They Are a C h anging : https://www.youtube.com/watch?v=F2NuOVgQWt8 &feature=emb_logo

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El discurso de Joe Biden: sin anuncios y con un llamado vacío a la unidad

Joe Biden prestó juramento como el 46º Presidente de los Estados Unidos. En su discurso, habló muy poco sobre política o la situación que enfrentan millones de personas. En cambio, habló en términos vagos sobre la necesidad de "democracia" y "unidad" al comenzar su intento de restaurar la fe en las instituciones de Estados Unidos.

 

Poco después de que Estados Unidos llegara a 400.000 muertes por coronavirus y fuera sacudido por la toma del Capitolio por la extrema derecha, Joe Biden asumió como Presidente. En una escena distópica, políticos del Partido Demócrata, un sacerdote y celebridades se subieron a un escenario frente a un campo sin público, lleno de banderas en un Washington D.C. altamente militarizado, que ha llegado a ser conocido como "la fortaleza DC". Todos llevaban máscaras.

La toma de posesión de Biden se produce en un contexto en el que millones de personas esperan un cambio y quieren acabar con los problemas que aquejan a la clase obrera y a los oprimidos en los Estados Unidos. Desde erradicar la violencia racista de la policía hasta conseguir derechos básicos como sindicatos, un salario digno, vivienda asequible y el llamado Medicare for All, millones han puesto sus esperanzas de reformas progresivas en Biden. El discurso de unidad trató de ocultar el hecho de que estas expectativas chocan con los intereses del gran capital y con el Trumpismo que, a pesar de que se fue de Washington, todavía goza de un importante apoyo público.

Por primera vez en 150 años, el presidente saliente se negó a asistir a la inauguración. Esta mañana temprano, Donald y Melania Trump fueron llevados a Florida en el avión presidencial Air Force One. El ex vicepresidente Mike Pence, sin embargo, asistió a la inauguración como el último paso en la rehabilitación de su imagen y su re aceptación en el establishment político.

La ceremonia intentó claramente destacar la diversidad racial y complacer, aunque superficialmente, a los mayores movimientos de los últimos cuatro años, Black Lives Matter y la Women’s March (Marcha de las Mujeres). Kamala Harris, la primera mujer y afroamericana en ocupar la vicepresidencia, prestó juramento ante Sonya Sotomayor, la primera latina en la Corte Suprema.

A pesar de los intentos de mantener la continuidad con las ceremonias pasadas, nada en la escena era normal. Todo el espectáculo consistía en apuntalar la imagen de la democracia norteamericana y sus instituciones, que se vieron sacudidas por las protestas de la derecha hace sólo unas semanas.

Desde entonces, Donald Trump y la extrema derecha han sido disciplinados y censurados tanto por las grandes empresas como por la clase política. Ayer, Trump hizo un discurso concediendo la elección y deseándole buena suerte a Biden--- pero también prometiendo que "volverá de alguna manera". Se rumorea que Trump está tratando de organizar su propio partido político. Mientras que la extrema derecha fue disciplinada en el corto plazo, no van a desaparecer y todo indica que Biden lo sabe.

Biden tiene que caminar por una fina línea entre una extrema derecha radicalizada por un lado, y una base cada vez más progresista en el Partido Demócrata por el otro. En los días anteriores a la asunción, sus declaraciones incluyeron algunas políticas y promesas progresistas. Se dispone a emitir órdenes ejecutivas para detener la construcción del muro fronterizo y poner fin a la prohibición de viaje que pesa sobre algunos países musulmanes, y prometió una amplia respuesta de COVID, incluyendo la duplicación del salario mínimo federal, un amplio programa de vacunación, y cheques de 1.400 dólares para todos los que califiquen. Las primeras dos promesas son de corte simbólico y fácilmente realizables, las últimas tres seguramente serán resistidas por el establishment.

Pero estas políticas estuvieron ausentes en el discurso de asunción. En realidad se podría decir que la política estuvo ausente. Fue un discurso vacío... completamente desprovisto de una hoja de ruta de lo que será su presidencia. Fue un discurso construido alrededor de la glorificación de la democracia estadounidense y vacíos llamados a la unidad. Su discurso tenía el único propósito de apagar los fuegos que se desataban sobre la política del país. Pero dado el alcance de la pandemia y la crisis económica, esto es una bofetada en la cara de la gente que está luchando.

Democracia y unidad vacías

La palabra que más sonó en la ceremonia fue "democracia", que según ellos ha sido probada y sacudida por Donald Trump. De hecho, Joe Biden abrió su discurso diciendo: "Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa. La democracia es frágil. Y en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido". Cada orador habló de la "fuerza" de la democracia norteamericana --- así como la necesidad de fortalecerla, apreciarla y revigorizarla en la presidencia de Biden. La idea central fue la supuesta vuelta a la normalidad.

En su discurso, Biden pidió el fin de la "guerra incivil". Continuó diciendo, "la política no tiene por qué ser un fuego ardiente", llamando a los estadounidenses a unirse a pesar de los desacuerdos. Prometió ser un presidente para todos y escuchar a todos, incluyendo a los votantes de Trump. Esta unidad, para Biden, se basa en la historia y en una identidad como estadounidenses. Demás está decir que en un país profundamente dividido y polarizado, la unidad no es más que una quimera.

Irónicamente, Biden dijo que "Para superar estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de EE. UU., se requiere mucho más que palabras". Requiere la más evasiva de todas las cosas en una democracia: la unidad." Pero de hecho, palabras fue lo único que tuvo para ofrecer. Muchos presidentes usan su discurso de inauguración para señalar las políticas que buscan aprobar, Biden no. Mencionó la pandemia sólo cuatro veces en su discurso. La unidad y la democracia, sin embargo, fueron mencionadas 14 y 15 veces, respectivamente.

"Entiendo que muchos de mis compatriotas vean el futuro con miedo y temor. Entiendo que se preocupan por sus trabajos. Pero la respuesta no es volverse hacia adentro, retirarse a las facciones competidoras.... Podemos hacerlo si abrimos nuestras almas en vez de endurecer nuestros corazones." Abrir nuestras almas no paga la renta ni pone comida en la mesa.

La falta de contenido del discurso fue un cálculo intencional: Biden y su equipo saben que tendrá que enfrentarse a su base para satisfacer a Wall Street. Al cambiar el foco de atención de la política a nociones abstractas, Biden se apoya sobre el bipartidismo como una cubierta para sus próximas traiciones a sus (ya lúgubres) promesas de campaña.

Otro objetivo claro de esta "unidad" y "democracia" es restaurar la hegemonía estadounidense en el extranjero; proyectar la imagen de un Estados Unidos fuerte y capaz dispuesto a liderar el mundo una vez más. En este ámbito, Biden y Trump están de acuerdo: las prioridades son disciplinar a China y alinear a los aliados de EE.UU. para sostener la hegemonía imperialista americana. Biden ya ha anunciado que reconocerá a Juan Guaido como el líder de Venezuela, y está tomando el mando justo en el momento en que los EE.UU. se preparan para reprimir la caravana de inmigrantes de Honduras.

La antidemocrática democracia de EE. UU.

Esta glorificación de la "democracia" estadounidense es a la vez risible y una ilusión peligrosa para la clase obrera y los oprimidos. Como hemos visto en los últimos meses, sus instituciones desde el Colegio Electoral, a la Corte Suprema, al Senado, son completamente antidemocráticas por diseño. Biden no está interesado en crear un sistema más democrático, sino más bien en relegitimar las instituciones que han sido empañadas por los años de Trump. Enmarcando los últimos meses como un triunfo de la democracia sobre la extrema derecha, pinta a Trump como una anomalía y se propone reforzar el poder represivo del Estado en sus ataques contra la extrema derecha.

El concepto de unidad también se está desplegando de forma intencionada y cínica. Biden ciertamente llamará a la unidad contra las políticas "divisivas" como la demanda de nuestros derechos básicos: el derecho a la asistencia sanitaria o a un medio ambiente limpio en el que vivir. Es una palabra clave para Biden que busca "bipartidismo"--- a un Partido Demócrata que a pesar de tener los votos le dará la espalda a las demandas progresistas. Busca un consenso bipartidista, lo que seguramente significa que cualquier concesión que Biden ofrezca será por la gran presión ejercida por su base social que ya, en el último año, ha mostrado su disposición a movilizarse en las calles.

Una débil unidad

El hiper enfoque en la democracia y la unidad también revela lo débil que es la presidencia de Biden. A un país en crisis económica, política y sanitaria, Joe Biden le ofreció palabras vacías. ¿Por qué? Porque está tratando desesperadamente de mantener la coalición anti-Trump que lo llevó a la presidencia y se expandió a medida que Trump se volvió más errático y se inclinó hacia la supremacía blanca conspirativa de la extrema derecha.

Biden fue elegido por una amplia coalición que incluía a todos, desde el ex presidente repubicano George W. Bush hasta Bernie Sanders y la dirección del Democratic Socialists of America (DSA). Era el favorito de Wall Street, a pesar de cierta inquietud capitalista por el exceso de gastos. Fue capaz de tejer esta coalición con la única promesa que se exhibe hoy en día: que volvería a legitimar las instituciones, calmaría el tumultuoso terreno político, y traería la estabilidad para que el capitalismo y el imperialismo puedan seguir funcionando como de costumbre. Su promesa central: nada cambiará fundamentalmente.

El problema es que millones de personas quieren un cambio, de hecho, millones de personas necesitan un cambio debido a la crisis económica y la pandemia. Casi medio millón ya han perdido sus vidas. Y estas masas pueden chocar con la administración Biden.

Biden está tratando de usar la zanahoria de la unidad y el garrote de los ataques de la extrema derecha a la democracia para mantener su coalición. Pero las grietas ya están empezando a mostrarse. Biden prometió $2000 a todos los estadounidenses, pero sólo proporcionará $1,400. Esto enfureció a muchos de sus votantes progresistas, y provocó críticas del ala progresista del Partido Demócrata. Por otro lado, The Wall Street Journal criticó la medida, diciendo que estaba gastando demasiado. Esto es indicativo de las presiones sobre Biden como presidente.

Claro, en las próximas semanas y meses puede dar algunas concesiones, pero como demostró hoy, no es un reformista. Si queremos un cambio, tendremos que luchar por él. Biden y los demócratas quieren que nos sentemos y confiemos en que, porque han tomado el poder todo estará bien. Pero tanto la historia como el momento actual muestran que esto es una mentira. No podemos confiar en este partido del capital para proteger a la clase obrera más de lo que podemos confiar en el otro partido del capital. Debemos organizarnos y luchar tanto por nuestras demandas como contra los próximos ataques de Biden.

La frágil unidad burguesa que se creó con el asalto al Capitolio presenta en realidad una oportunidad para la clase obrera y los oprimidos. Millones de personas están hambrientas de cambios, y eso puede alentar a la clase obrera y al movimiento antirracista a no sentarse a esperar que los políticos progresistas negocien con el establishment y Wall Street por sus derechos o a luchar eficazmente contra la extrema derecha y decidir ganarlos en las calles. La Izquierda debe ser un factor en la reorganización de la clase obrera y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter; es hora de promover un gran movimiento nacional que tome el camino de la movilización y unifique todas las luchas, que todos los agravios y dificultades impuestas a la clase obrera, los negros, la gente de color, los inmigrantes, las mujeres, la comunidad LGBTQ+ se conviertan en un solo grito para conquistar todas nuestras demandas. Este es un primer paso para crear las condiciones para una lucha que puede llegar lejos, una lucha dirigida a desafiar al imperialismo bipartidista y arrancar el sistema podrido de raíz.

Por Tatiana Cozzarelli /  Ezra Brain

Miércoles 20 de enero | 19:13

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La RAE frente al lenguaje inclusivo: cuando la batalla del género se juega en la lengua

La Docta Casa responde a una consulta sobre el uso de "todes" o "chiques" rechazando la utilización de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo. La decisión abre de nuevo el debate sobre la pertinencia del lenguaje

 

Una reciente respuesta de la RAE vía Twitter ha dado carpetazo (de momento) al debate sobre el lenguaje inclusivo. Una usuaria tuvo a bien preguntar este martes a través del hashtag #dudaRAE si utilizar "chiques o todes a cambio de chicos y todas es un idiotismo". La réplica de la Docta Casa dejaba claro que "el uso de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ('chicos') ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género". 

Dicho lo cual, la RAE despachaba de nuevo el recurrente asunto del lenguaje inclusivo. Lo hacía, además, en casi idénticos términos a los utilizados cuando se le inquirió por la siempre controvertida 'x': "El uso de la 'x' como supuesta marca de gén. inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario e impronunciable; el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de gén.: 'Los chicos están felices'".

Así las cosas, la posibilidad de que se abra una brecha en la Academia en favor del lenguaje inclusivo queda blindada por el momento, pese a que el debate no tiene visos de remitir. Algo que, según los expertos, responde −entre otras cuestiones− a un proceso creciente de desestabilización del masculino genérico. Un proceso que, por cierto, no sólo afecta al español, otras lenguas romances están inmersas en debates similares en torno al género.

"Hay discursos cambiantes sobre el rol y la posición de las mujeres en la sociedad, muchas no se sienten interpeladas por este tipo de lenguaje, es una cuestión de representación y de cómo los hablantes moldean la lengua sobre la marcha", explica Maite Puigdevall, investigadora del grupo Lengua, cultura e identidad de la Universitat Oberta de Catalunya. Un proceso de cambio constante que la Academia recoge y estipula conforme al poder y la influencia que ocupa en una determinada comunidad lingüística.

"La academia siempre va por detrás −prosigue Puigdevall− las innovaciones lingüísticas las producen los y las hablantes como sujetos que hacen uso de esa lengua determinada, son las prácticas lo que importan y estas son muy diversas porque los espacios de práctica también lo son, la variedad de registros permiten esa flexibilidad de usos". Una cintura a la hora de dar su bendición a nuevas incursiones de la que, por el momento, carece la Docta Casa.

"Elle", un pronombre en disputa

A finales de octubre, otro dictamen de la RAE suscitó cierto revuelo. Todo a causa de la incorporación del pronombre "elle" en el llamado Observatorio de Palabras. Duró poco en el citado observatorio, apenas un mes. Luego desapareció. 

"Pronombre de uso no generalizado creado para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno los dos géneros tradicionalmente existentes". Así aparecía definida la palabra de marras, pero no cuajó. Un tuit tardío de la RAE explicaba su exclusión: "Debido a la confusión que generaba la presencia de 'elle' en el Observatorio de Palabras, se ha preferido sacar la entrada. Cuando se difunda ampliamente el funcionamiento y cometido de esta sección, se volverá a valorar". Quizá sea eso, quizá sea una cuestión de tiempo.

MADRID

17/12/2020 22:40 ACTUALIZADO: 18/12/2020 10:12

JUAN LOSA

 @jotalosa

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El presidente electo de EEUU, Joe Biden. - REUTERS

Continúa la destrucción programada y sistemática de Siria. El país que un día fue uno de los pesos pesados del mundo árabe ha sido borrado del mapa, al igual que Irak y Libia, gracias a la ingeniería militar de EEUU e Israel y su capacidad de manipular la opinión pública. Desde 2011 (fecha del inicio de los tres conflictos sirios), medio millón de su gente ha sido asesinada, cientos de miles de sus mujeres y niñas han sido violadas, doce millones han tenido que huir de sus casas, y el resto recoge su vida destrozada entre los escombros, la pobreza y la desesperación absoluta. Y la situación puede seguir este curso más años a pesar de que la guerra ha cumplido sus principales objetivos.

Siria no estuvo presente en la campaña electoral de EEUU. Las prioridades de la política exterior del futuro presidente Joe Biden serán China, Irán y recuperar el multilateralismo, sobre todo su lado militar representado por la OTAN.

Tres presidentes de EEUU frente a un Assad

Biden hereda una Siria fruto de los cinco años del gobierno de Obama, en el que estuvo de vicepresidente, y cuatro de Donald Trump:

1- Lo que hizo la Administración Obama-Biden

. Aprovechar las "primaveras árabes" y el descontento interno en Siria para crear un Afganistán en Eurasia.

. No poner "las botas en el suelo" sirio, sino intervenir mediante la organización internacional de mercenarios "yihadistas", trasladada desde Irak, Afganistán y Jordania. Primero la llamó "rebeldes moderados" o "Ejercito Libre de Siria" para después bautizarle como "Estado islámico", justificando así los ataques con misiles para desmantelar el Estado sirio: debe haber un terrorismo para que haya una lucha "anti-terrorista". Lo admitió Evan McMullin, un candidato presidencial de 2016: "Mi papel en la CIA era salir y convencer a los operativos [terroristas por la democracia]de Al Qaeda para que trabajaran con nosotros". Este juego sucio ha permitido a EEUU obtener, por primera vez en su historia, no una sino al menos 11 bases militares en el país euroasiático. Aunque, en 2015, las discrepancias entre la CIA, que aboga por respaldar a los kurdos, y el Pentágono -que prioriza salvar las relaciones estrategias con Turquía-, dividen a los mercenarios y enfrenta a los estados que los patrocinan: Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos, Israel, los países europeos, etc.

. A pesar de desatar la "crisis de refugiados", organizada por Turquía, Arabia Saudí, Israel y los halcones de EEUU, cuyo objetivo fue forzar a Obama a derrocar a Assad, mostrando en los medios además imágenes de decapitaciones por los terroristas, el presidente de EEUU se niega porque 1) no iba a espantar a Irán, con el que estaba firmando su desarme nuclear matando a un mandatario con fecha de caducidad, y 2) un Assad vivo le serviría para convertir a Siria en una trampa y así desgastar a Rusia, Turquía, Irán y otros, rivales y enemigos. Fue por eso que Biden negoció con Rusia la retirada de las armas químicas sirios, neutralizando las presiones para una intervención directa y establecer zonas de exclusión aérea, preludio de la partición siria.

2- Lo que hizo la Administración Trump

. Inicialmente, no mostró ningún interés especial por Siria.

. En abril de 2017, y ante la acusación del uso de armas químicas por el gobierno de Assad, Trump lanzó 59 misiles de crucero contra una base aérea siria. Fue muy aplaudido en Washington. "Los combatientes respaldados por la CIA pueden haber matado o herido a 100.000 soldados sirios y sus aliados en los últimos cuatro años", afirma el periodista de The Washington Post David Ignatius, entusiasmado por aquella carnicería.

. En febrero de 2018 bombardeó un convoy del ejército sirio que  intentaba recuperar el yacimiento de gas Conoco (nombre de la empresa petrolífera de EEUU que lo controla), cerca de Deir Ezzor. Aunque el pretexto de la presencia militar sigue siendo "proteger los campos petroleros del ISIS", la realidad es otra: a) las unidades de artillería que ha instalado en la zona no sirven para la lucha antiterrorista, sino, como confiesa el ex Secretario de Defensa Mark Esper, están para impedir el legítimo acceso del ejército sirio al yacimiento; b) Permite que sus aliadas, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), se financien de la venta de este gas y poder pagar a sus 60.000 combatientes y mantener a miles de presos "yihadistas" y sus familias del bolsillo de los sirios. En Afganistan EEUU ha financiado a los Muyahedines mediante la venta del opio, y en América Latina a través del negocio de la cocaína colombiana.  

. Cerró la ruta en Al-Tanf que conecta Irán a Siria desde Irak.

. Apoyó la ocupación turca de Idlib, y luego, en octubre de 2019, (aconsejado por el Pentágono) autorizó al "increíble líder" Tayyeb Erdogan el asalto a los aliados kurdos: un regalo envenenado con el objetivo de empantanar a una Turquía que se estaba acercando demasiado a Rusia. Pero, meses después, asignó 300 millones de dólares para las SDF. Si eso no es un "doble juego" ¿Qué es, entonces?

. Aprobó la Ley César en junio de 2020, que impone sanciones a las personas, empresas y países que apoyan a Bashar al-Assad o trabajan con su gobierno, y prohíbe la reconstrucción del país mientras aquel presidente sigue en el poder.

. Cortó la ayuda humanitaria a los civiles, y ralentizó el trámite de la petición de refugio de cerca de 120.000 solicitantes sirios,  prisioneros en los campos de refugiados infrahumanos.

. Ordenó la retirada de las tropas de EEUU de Siria, a pesar de la oposición del Congreso con 354 votos en contra. Sin embargo, Jim Jeffrey, enviado especial de Trump para Siria, revela que el Pentágono engañó al presidente para disuadirlo de retirar las tropas y no le comunicó el verdadero número de los soldados, que entre los uniformado y los mercenarios armados deben ser decenas de miles. En los últimos meses, EEUU ha reforzado sus bases en las áreas ocupadas de Hasakah, Raqqa y Deir Ez-Zour, enviado convoyes desde Irak. Seguramente la CIA tampoco hizo caso a Trump que mandó acabar sus operaciones en este país.

. Reconoció la soberanía ilegal de Israel sobre los Altos de Golán sirios.

Por lo que, el mandato de Trump no ha reducido la influencia de EEUU en Siria, solo la ha ocultado. Esta potencia sigue siendo el principal y el actor más determinante de este escenario.

3- Lo que planea hacer la Administración Biden

Hay varias cuestiones que habría que tener en cuenta:

  1. Biden prioriza la política exterior, a pesar de que los medios afirman que al menos 250.000 ciudadanos más pobres han muerto a causa de la coid-19: las primeras personas designadas para su gabinete fueron, no el Secretario de Sanidad o de Asunto Sociales, sino de la política exterior y de la seguridad nacional. Antony Blinken, su Secretario de Estado, es un veterano belicista, que a pesar de que no descarta la normalización de las relaciones con el presidente Assad (como hizo Obama en febrero de 2010), afirma que este "no es un escenario probable en los próximos cuatro años". Blinken utilizará el control ilegal sobre el petróleo sirio como "un punto de influencia porque al gobierno sirio le encantaría tener dominio sobre esos recursos. No debemos renunciar a eso gratis".
  2. Biden ha anunciado que corregirá los errores que cometió en Siria. ¿Cuáles? ¿Enviar a miles de "yihadistas" o no romper Siria en líneas sectarias y étnica? En 2006, el senador Biden propuso dividir a Irak en tres regiones independientes: árabe suniita, árabe chiita y kurdo sunnita.
  3. Alrededor del futuro Gobierno de Biden se están reorganizando los defensores de las "guerras perpetuas" como los funcionarios del gobierno de Bush, o criminales de las guerras sucias como John Negroponte, Chuck Hagel, Eliot Cohen, Richard Armitage, Victoria Nuland o Susan Rice que se opusieron a Trump por su "aislacionismo".
  4. Biden mantendrá tranquila a la ala izquierdista del Partido Demócrata con políticas económica sociales para tener las manos abiertas en una política exterior agresiva, aunque por el momento recurrirá a la fórmula del "imperialismo liberal": proporcionar recursos a determinados grupos para minar un régimen desde dentro, bajo el nombre de "solidaridad con la sociedad civil". Significa recuperar el estatus de EEUU como la policía del mundo, violando la soberanía nacional de otros estados, para convertirlos en territorios sin estado. Formar un gabinete con personas con diferentes sexo, color de piel, y origen nacional es una respuesta a las deficiencias políticas en el interior de EEUU, y de ninguna manera significa un cambio en las políticas del imperialismo en el mundo. La vicepresidenta electa Kamala Harris declaró que el gobierno de EEUU "una vez más apoyará a la sociedad civil y los socios prodemocracia en Siria y ayudará a avanzar en un acuerdo político en el que el pueblo sirio tenga voz". Los lobbies financiados por los multimillonarios judíos, como la Fundación para la Defensa de las Democracias o American Enterprise Institute de Paul Wolfowitz, estarán encantados de volver a colocar el cartel "Israel, primero". Un Biden que ha sido uno de los responsables de la desastre siria no podrá, ni pretende darle una solución menos cruel a Siria: puede empezar con una serie de presiones diplomáticas de "palo y zanahoria", para pasar a gestionar el conflicto en vez de colaborar en su solución.

El diseño del llamado "Enfoque 4-R"-Reevaluación,  Reestructuración, Realineación, y no Repetir viejos errores presenta el siguiente panorama:

. Corregir lo que los demócratas consideran el mayor error de EEUU en Siria: dejar que los militares de CENTCOM decidan la estrategia de la superpotencia. Aunque, provocar caos en Oriente Próximo y Asia Central ha sido una estrategia, no un error.

. Revitalizar la diplomacia y el multilateralismo para repartir los gastos y las responsabilidades en sus futuras incursiones militares, como lo hizo en Yugoslavia o Libia.

. Seguir politizando la cuestión humanitaria de los refugiados, condicionando su regreso a realizar amplias "reformas" por Assad o directamente a su salida del poder, ¿para reemplazar el último gobierno semisecular de Oriente Próximo por otro islamista, que es lo que EEUU ha ido haciendo en los últimos 40 años?

. Mantener la Ley César, para forzar a Rusia, Irán y el propio Damasco a una transición "pacifica". Si no lo hace, no habrá reconstrucción de Siria. Para Vladimir Putin, que no recibió a Assad hasta 2015, lo importante no es rescatar a Assad (total, algún día tendría que apartarse, siendo Siria una república) sino preservar lo que ha logrado en Siria y abandonar una guerra muy costosa. En 2016, el embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin, criticó a Assad por su deseo de continuar la contienda hasta recuperar todo el territorio sirio. Entre los 20 propósitos de Rusia en Siria, no está tal objetivo.

. Reactivar la Resolución 2254 del 2015 del Consejo de Seguridad de la ONU (o sea, con los votos favorables también de Rusia y China) que establece la convocatoria de elecciones libres supervisadas por la ONU.

. Mantener la ocupación de Siria. Incluso podrá desplegar tropas árabes para que mueren y maten por los intereses de EEUU, y de paso contengan a Rusia, Irán y Turquía. Los estados árabes no han tenido una política sofisticada y elaborada en la región. Según Lee Smith, columnista de Huston Institute, Obama admiraba a Ghasem Soleimani y su labor de crear redes de apoyo a la política de la República Islámica en la zona. Había dicho a un grupo de funcionarios árabes que "necesitan aprender del ejemplo de Irán", de saber usar el poder blando en los países de su interés y ser más sutiles, más furtivos, más efectivos… bueno, más como Irán.  Arabia Saudí, que ha destituido al hombre de guerra del Ministerio de Exteriores Adel al-Jubeir, ahora puede hasta proteger a Assad ya que la opción del Partido Demócrata de EEUU de instalar a un hombre de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita patrocinada por Turquía y Qatar, es más perjudicial para sus intereses que un presidente secular. Además, así podrá alejar a Assad de Irán, sacándole de la "Comunidad chiitas" para reingresarle en la "Comunidad árabe"; de paso, provocar un enfrentamiento entre Assad y Turquía, el principal enemigo de Riad: los árabes hasta regalaron varios millones a los kurdos sirios por su lucha contra el ejército turco. Los jeques no olvidan que Barak Obama se estrenó en 2009 como presidente con una conferencia en la universidad Al Azhar de HM en el Cairo. Assad que, por su parte, necesitan los petrodólares árabes para reconstruir el país, ha ido alejándose de Teherán.

***

Hace un siglo, Francia y Reino Unido plasmaron, con el Tratado de Picot y Sykes, las líneas de sus intereses en el mapa de Oriente Próximo sobre los restos del Imperio Otomano. En 191, y con la desaparición de la Unión Soviética, EEUU intenta rediseñar este mapa a la medida de sus intereses

 

Por Nazanín Armanian

8 diciembre 2020

Publicado enInternacional
Martes, 01 Diciembre 2020 06:00

Biden o la restauración del Estado canalla

Biden o la restauración del Estado canalla

El pasado 23 de noviembre, al anunciar sus primeros nombramientos, el virtual presidente electo de Estados Unidos (EU), Joe Biden, aseveró que "no hay tiempo que perder cuando se trata de nuestra seguridad nacional y política exterior". En lenguaje orwelliano, Biden expresó su decisión de restaurar el papel del hegemón del capitalismo mundial como "Estado canalla" (roguestate); la aplicación del imperio de la fuerza en los asuntos mundiales que diferentes administraciones demócratas del último medio siglo han practicado con total fruición al margen de la Organización de Naciones Unidas y el derecho internacional.

"Necesito un equipo listo desde el primer día que me ayude a recuperar el lugar de Estados Unidos en la cabecera de la mesa, unir al mundo para enfrentar los mayores desafíos que tenemos y promover nuestra seguridad, prosperidad y valores", indicó Biden, recuperando los principales lineamientos de la doctrina de Estado canalla, que en distintos episodios contemporáneos ha exhibido la alarmante exacerbación del "menosprecio de las obligaciones contractuales" de Washington en el concierto internacional.

Según Noam Chomsky, como muchos otros términos del discurso político, el concepto "Estado canalla" tiene dos usos: uno propagandístico, aplicado a determinados enemigos de EU, y un uso literal, que se aplica a los estados que no se consideran obligados a actuar de acuerdo con las normas internacionales, como ha sido el caso de EU. Ejemplos sobran.

En 1963, en un informe a la American Society of International Law (ASIL, por sus siglas en inglés), el ex secretario de Estado Dean Acheson, consejero de cuatro presidentes de EU y principal artífice de la diplomacia de guerra de Washington en la época de la guerra fría, afirmó que la "conveniencia" de una respuesta a un “desafío (al) poder, posición y prestigio de EU (…) no es una cuestión legal”. Según él, el derecho internacional "no obliga" a EU. Acheson se refería al bloqueo a Cuba, uno de los principales blancos de la subversión, el terrorismo de Estado y la guerra económica de 11 sucesivas administraciones en la Casa Blanca.

En 1993, el presidente Bill Clinton informó a la ONU que EU "actuará multilateralmente cuando sea posible, pero unilateralmente cuando sea necesario". Y en 1999, durante el segundo mandato del demócrata, su secretario de Defensa, el republicano William Cohen –con el Congreso dominado por los republicanos Clinton nombró a Cohen jefe del Pentágono para enviar la señal de trabajar con espíritu bipartidista en temas de Seguridad Nacional−, declaró: "No podemos convertirnos en la policía del mundo, pero tampoco debemos convertirnos en los prisioneros de los acontecimientos mundiales". Agregó que EU estaba dispuesto a hacer "uso unilateral del poder militar" para defender "intereses vitales", que incluían "asegurar el acceso sin obstáculos a mercados clave, aprovisionamiento de energía y recursos estratégicos" y, desde luego, todo lo que Washington pueda decidir que está dentro de su "jurisdicción interna".

Ahora, con absoluta fidelidad a los mitos del Destino manifiesto y el "excepcionalismo" estadunidense, Biden quiere sentar a EU en la "cabecera" de la mesa de las negociaciones internacionales. Para ello, los nombramientos de Antony Blinken como secretario de Estado, y de Avril Haines como directora de la Inteligencia Nacional, envían la señal de que habrá continuidad a la proyección imperial de Washington.

Descrito como el alter ego de Biden y "vendido" con fines propagandísticos como reputado "europeísta" y garante del "multilateralismo", Blinken, cuya nominación deberá ser confirmada por el Senado, forma parte del "partido de la guerra" de la era Obama, y desde el gobierno de Clinton se destacó por sus posiciones intervencionistas. Como asesor adjunto de Seguridad Nacional (2013-15) bajo la vicepresidencia de Biden, Blinken, cercano al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, desarrolló planes de agitación y desestabilización política en todo Medio Oriente. Fue uno de los impulsores de la patraña sobre los arsenales de armas químicas de Bashar Al Assad en Siria, que llevó a la intervención militar de EU y al patrocinio encubierto, con 500 millones de dólares, de las milicias y grupos terroristas como parte de una operación de "cambio de régimen" de la administración Obama. Antes había apoyado la catastrófica invasión a Libia, en 2011. Como operador de la diplomacia de guerra de Washington, intentará ahora reforzar el papel de la OTAN para cercar a Rusia.

Colaboradora de Biden, Avril Haines trabajó en la CIA en el gobierno de Obama, antes de suceder a Blinken como asesora adjunta de Seguridad Nacional. En 2013, como vicedirectora de la CIA defendió el uso de técnicas de "interrogatorio mejorado" (sic) sobre militantes islamitas, prácticas que una investigación del Comité de Inteligencia del Senado calificó de "tortura". Además, es responsable del marco legal de la secreta guerra de drones que costó la vida a casi 800 civiles presuntos terroristas en Pakistán, Somalia y Yemen; ella decidía quién debía ser asesinado. Ahora se convertirá en la primera mujer al frente de la llamada "comunidad de inteligencia", una federación de 16 agencias que incluye a la inteligencia militar y civil, y oficinas civiles de análisis-estadístico que contribuyen a la planificación de misiones militares y actividades de espionaje en el exterior. Haines responderá directamente ante el presidente Biden.

El próximo asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, es partidario de acentuar las herramientas no militares, en particular la guerra económica, para intentar separar a China, Rusia y Cuba de Venezuela, a fin de derrocar al presidente Nicolás Maduro; sus ideas respecto a cómo hacerlo coinciden bastante con la estrategia empleada por Trump.

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Decenas de personas hacen fila para votar en Río de Janeiro, en unas elecciones marcadas por la abstención a causa del coronavirus Fábio Motta / Efe

Bolsonaro, que no tiene partido, dio su apoyo a 13 aspirantes a la alcaldía de alguna de las 57 grandes ciudades; 11 fueron derrotados

 

El centroderecha ha ganado este domingo las alcaldías de Sao Paulo y Río de Janeiro. En esta última ciudad, el 'bolsonarismo' ha sufrido además un nuevo golpe, tras la derrota en la segunda vuelta de las municipales de Brasil del actual regidor, el obispo evangélico Marcelo Crivella.

Este domingo estaban llamados a las urnas en Brasil 38 millones de personas, el 25% de los votantes del país, para elegir alcalde en 57 grandes ciudades. Entre ellas, Recife, donde el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó su debacle tras perder la posibilidad de ganar una gran capital.

En Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país con nueve millones de votantes, se cumplieron las proyecciones de las encuestas con la reelección del alcalde Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de centroderecha. El regidor cuenta con el aval del actual gobernador del estado, Joao Doria, el principal rival político de Bolsonaro entre los conservadores.

Covas ha sido reelegido con un 59,3 % de los votos, lo que supone una amplia ventaja frente al profesor universitario y líder de los sin techo Guilherme Boulos (40,6%), que no pudo ir a votar tras dar positivo por coronavirus en la recta final de la campaña electoral.

Boulos, de 38 años, se ha alzado como la principal voz de la izquierda en Brasil tras llegar a las urnas de la mano del emergente Partido Socialismo y Libertad (PSOL), formación surgida en 2004 tras una purga promovida por el PT, y ha asumido una parte del protagonismo que durante décadas ha tenido Lula dentro del campo progresista.

En Río de Janeiro, la Alcaldía recayó en manos del exalcalde Eduardo Paes, que obtuvo el 64,11% de los votos tras recibir el apoyo crítico de un variopinto grupo de partidos tanto de izquierda como de derecha que tienen en común su animadversión al presidente Jair Bolsonaro.

Crivella (35,89%) contaba con el aval del líder de la ultraderecha brasileña, quien tenía sus cartas puestas en Río de Janeiro tras el varapalo sufrido en la primera vuelta por los candidatos bendecidos por él.

Bolsonaro, que no tiene formación tras abandonar el año pasado el Partido Social Liberal (PSL) por divergencias con sus líderes, transfirió su apoyo público a un total de 13 aspirantes, de los cuales 11 fueron derrotados en las urnas.

Además de Río de Janeiro, el 'bolsonarismo' también cedió este domingo en Fortaleza (nordeste), donde Wagner Sousa Gomes, conocido como el 'capitán Wagner', perdió por un estrecho margen.

El PT de Lula sella su debacle

Pese a que la izquierda consiguió contener la sangría vivida en las municipales de 2016, el tradicional Partido de los Trabajadores terminó de confirmar el descalabro ya vivido en la primera vuelta tras perder las elecciones en Recife y Vitoria (nordeste), las dos capitales que disputaba.

En Recife, Marilia Arraes, ahijada política de Lula, perdió ante su primo Joao Campos, que se convirtió en el alcalde electo más joven en una capital de Brasil, con 27 años.

En Vitoria, un antiguo reducto electoral del PT, el candidato del partido Republicanos, el comisario Lorenzo Pazolini, desbancó al progresista Joao Coser con un 58,50% de los votos.

Esta es la primera vez que el PT, considerado por muchos años como el principal referente del campo progresista de Brasil, no gobernará a ninguna de las capitales brasileñas desde 1985.

El PT, que ya gobernó por dos veces Sao Paulo, la mayor ciudad del país, llegó al récord de nueve capitales en 2004, en el segundo año del mandato presidencial de Lula (2003-2010).

Jornada electoral sin incidentes

Con una abstención récord en Sao Paulo y Río de Janeiro, el proceso se desarrolló casi sin incidentes y bajo estrictas medidas de seguridad por la covid-19, ya que Brasil es el segundo país con más muertes en el mundo por la enfermedad, con más de 172.000 fallecidos, y el tercero con más casos, con cerca de 6,3 millones de contagios.

El escrutinio fue notablemente más rápido que en la primera vuelta, cuando un intento de ataque cibernético retrasó varias horas la divulgación de los resultados.

En Brasil, el voto es obligatorio y se hace mediante urna electrónica, una modalidad considerada fiable según los especialistas, pero que ha sido puesto en duda por el presidente Jair Bolsonaro.

El líder ultraderechista no sólo cuestionó hoy el sistema electrónico de Brasil, sino que aprovechó la cita para denunciar el "fraude" en los comicios estadounidenses, donde el voto es en papel.

"La prensa no lo divulga, pero yo tengo mis informaciones, y no sirve de nada decírselas a ustedes porque no las van a divulgar, de que realmente hubo muchos fraudes (en las elecciones de Estados Unidos)", afirmó el jefe de Estado brasileño, uno de los pocos mandatarios que aún no ha felicitado a Joe Biden por su elección como presidente de Estados Unidos.

30 de noviembre de 2020 07:34h

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El entonces vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, estrecha la mano con el presidente de China, Xi Jinping, en Pekín en diciembre de 2013 (POOL New / Reuters)

Pero no se correrá a revocar todas las políticas de Donald Trump

 

Durante cuatro años, los funcionarios chinos no han dejado de refunfuñar diciendo que el presidente Donald Trump es un matón impredecible, guiado a veces por sus propios intereses egoístas y en otros momentos por asesores que detestan al Partido Comunista. Una nota diplomática filtrada citaba al jefe del Partido Comunista de China, Xi Jinping, quejándose a unos visitantes europeos de que las relaciones con Estados Unidos parecen un “combate de boxeo sin reglas”. El equipo que rodea al presidente electo Joe Biden quiere que la contienda sea a la vez más ordenada, menos abiertamente ideológica y más difícil para China. Como si planearan el regreso de un campeón de peso pesado, los demócratas entrantes quieren ver a un Estados Unidos más en forma e inteligente que sea capaz de seleccionar con más cuidado las peleas con China y luego de entrenarse mucho para ganarlas.

Una China cautelosa intentará aliviar las tensiones, pero no se hace ilusiones acerca de un reconfiguración total de las relaciones. No habrá una vuelta a los días anteriores a 2016, cuando los presidentes estadunidenses de ambos partidos sostenían que la colaboración podía lograr de China a una apertura al mundo de su economía (y quizá de su sociedad). En cambio, Biden hará una crítica diferente a Trump: que por arremeter con demasiada fuerza contra la asertiva China de la época Xi, no ha logrado asestar golpes decisivos.

La llegada de Joe Biden

China no se hace ilusiones acerca de un reconfiguración total de las relaciones

La decepción aguarda a los empresarios que esperan que Biden corra a cancelar, en bloque, los aranceles impuestos por Trump a dos tercios de las importaciones procedentes de China. Biden tampoco va a desmontar de repente todos los controles a la exportación y las restricciones a la inversión impuestas por el gobierno de Trump a las empresas tecnológicas chinas. Biden debe tratar con unos dirigentes chinos convencidos de que Estados Unidos está empeñado en contener a China, lo cual hace inevitable una contienda entre grandes potencias. Para mantener la influencia, tiene interés en desmantelar sólo con mucho cuidado las barreras comerciales de Trump.

Sonará a veces verdaderamente trumpiano cuando hable de la necesidad de reciprocidad en los tratos con China y de lograr la vuelta de puestos de trabajo a Estados Unidos con políticas industriales y reglas de “Compre estadounidense” en apoyo de las empresas nacionales si es necesario. Si bien durante cuatro décadas respaldó con frecuencia los acuerdos de libre comercio en el Senado, ahora dirige un Partido Demócrata más escéptico que nunca con respecto a la globalización. Como vicepresidente, Biden fue un entusiasta de las alianzas de libre comercio, como la Asociación Transpacífica, diseñadas para contrarrestar los métodos mercantilistas de China. Como presidente, Biden no correrá a comprometerse en pact

China se encontrará con algunos cambios tranquilizadores. La Casa Blanca de Biden tendrá economistas ortodoxos que creen que los aranceles comerciales son en su mayoría contraproducentes y que ven graves riesgos en el uso del sistema financiero denominado en dólares como instrumento para contener a China, una táctica que sedujo a algunos asesores importantes de Trump. La puerta de la Oficina Oval de Biden estará más abierta a los directivos tecnológicos del Valle del Silicio, quienes rogarán al gobierno que sea mucho más selectivo a la hora de considerar como amenazas para la seguridad nacional ciertos productos de alta tecnología y ciertas cadenas de suministro, y que eso no debe involucrar a China.

Aún así, algunas detalles de una administración Biden conocedora de la tecnología le dificultarán las cosas a China. El presidente hará un llamamiento para que Estados Unidos mantenga la primacía sobre China en tecnologías fundamentales del futuro, desde la inteligencia artificial hasta la computación cuántica, con la ayuda de inversiones masivas en ciencia básica. Se mostrará menos alarmado por aplicaciones como TikTok, una plataforma digital creada en China en la que los adolescentes filman sus movimientos de baile. Acogerá, con mayor probabilidad que Trump, a estudiantes chinos en universidades estadounidenses y dirá que confía en el FBI para detectar el pequeño número de ellos enviado para robar secretos. Un Estados Unidos más abierto tiene ventajas e inconvenientes para los funcionarios chinos que intentan que los investigadores con talento vuelvan a casa.

Biden tendrá economistas ortodoxos que creen que los aranceles comerciales son en su mayoría contraproducentes

En privado, los funcionarios chinos admiten abiertamente que les gustó la falta de interés de Trump por los derechos humanos o los valores democráticos liberales. Saben que eso cambiará. Cabe destacar que los asesores de Biden han dicho que su jefe ve que se está abriendo una preocupante brecha entre las tecnodemocracias, que utilizan herramientas digitales para ampliar las libertades, y un bloque tecnoautoritario encabezado por China. Aunque Biden se incline por mostrarse cauteloso, el Congreso exigirá sanciones por el aplastamiento de las libertades civiles por parte de China en Hong Kong y por la “reeducación” forzosa de los uigures musulmanes en la región occidental de Xinjiang.

Biden se moverá con cautela en lo que respecta a la isla democrática de Taiwán. Mantendrá un equilibrio de décadas mediante el cual Estados Unidos utiliza sus fuerzas armadas para disuadir a China de intentar invadir la isla y a la vez asegura a los dirigentes chinos que no fomentará una declaración formal de independencia de Taiwán.

En lo que supondrá un gran cambio, Biden buscará la ayuda de China para hacer frente a problemas mundiales que Trump despreció, como el cambio climático, o que prefirió abordar en solitario, como el desarrollo de tratamientos contra la covid-19. Biden puede pedir a China que se una a él para resucitar el pacto nuclear firmado por Barack Obama con Irán y las principales potencias mundiales, y del que luego Trump renegó. Esas ramas de olivo ofrecidas a China serán denunciadas por los republicanos; en particular, por quienes tengan los ojos puestos en 2024.

Por último, Estados Unidos volverá a implicarse en la creación de coaliciones, o al menos a buscar menos peleas con sus aliados. Biden quiere a amigos en su rincón mientras se enfrenta a China. Con reglas o sin ellas, se avecina una dura contienda.

Biden buscará la ayuda de China para hacer frente a problemas mundiales que Trump despreció, como el cambio climático

Por David Rennie | jefe de la oficina de Pekín en The Economist

26/11/2020 06:00| Actualizado a 26/11/2020 10:51

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De The Economist, traducido para La Vanguardia, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, puede consultarse en www.economist.com.

Traducción: Juan Gabriel López Guix

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