Pese a la campaña hostil, el chavismo mostró que está vivo

De los 23 estados, el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela ganó 18, incluyendo el estratégico Miranda, la oposición obtuvo cuatro y el estado de Bolívar aún estaba en disputa al cierre de esta edición.


Sin incidentes y en paz, los venezolanos ayer votaron para escoger gobernadores en los 23 estados que componen el país. A las 22 hora local (23 de Argentina) el Consejo Nacional Electoral (CNE) dio a conocer los resultados irreversibles por los cuales 18 estados quedaron en manos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), entre ellos el importante estado Miranda –hasta ahora el oficialismo controlaba 20 gobernaciones–, cuatro en manos de la oposición y el estado Bolívar en disputa.


La participación no alcanzó los umbrales que concita una elección presidencial pero Jorge Rodríguez, jefe del comando de Campaña Zamora 200 del PSUV, subrayó que fue mayor a la registrada en la última elección regional de 2012, por la tanto sería superior al 54% de los habilitados para votar. No obstante en una recorrida por la gran Caracas, en la parte que integra el estado Miranda, como ocurría en el resto del país, se pudo observar la preocupación de los políticos de las fuerzas en pugna, quienes procuraban estimular a través de distintos llamados a sus seguidores a acudir a las urnas.


A las nueve de la mañana el colegio Presidente Kennedy, en barrio Bolívar de Petare Norte, uno de los más populosos del estado Miranda, registraba colas de votantes que fluían con rapidez. Los ciudadanos parecían muy ilusionados, el chavismo ganó las 22 elecciones habidas en este centro electoral de 4355 personas registradas, desde que Chávez asumió el poder en 1999. El teniente Jonathan Marín de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, FANB, tenía a cargo seis soldados, para brindar seguridad al establecimiento y evitar que se cometieran delitos electorales; el militar no exhibía preocupaciones, todo lucía tranquilo en la jornada que más bien parecía ser un día de fiesta.


Miguel Pizarro, diputado opositor en la Asamblea Nacional de 29 años de edad, por el partido Primero Justicia, ayer al mediodía durante una entrevista en vivo realizada por el canal Globovisión, convocaba desde la entrada al Colegio San Agustín del municipio Sucre en Miranda a todos los seguidores a votar. La conducta de Pizarro contrastó con la que sostuvo hasta hace unos meses atrás, cuando lideraba las manifestaciones violentas conocidas en Venezuela como guarimbas, con el objeto de provocar la caída del gobierno del presidente Nicolás Maduro. Un testimonio de un guarimbero arrepentido lo señaló a principios de julio como autor intelectual y proveedor de logística para acciones violentas de calle. El joven guarimbero arrepentido recordó que Pizarro les había dicho “que nos preparáramos, que acabemos con todo, que fuéramos para adelante sin miedo”. En aquel momento la oposición nucleada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), rechazaba el mecanismo electoral como una vía para resolver las diferencias con el gobierno. Hoy la posición mayoritaria dentro de la MUD es la opuesta, y compiten en las elecciones regionales sin complejos por las posturas contradictorias.


La oposición denunció, en Miranda y otros seis estados, la reubicación de algunos colegios electorales. El Consejo Nacional Electoral (CNE) reubicó 201 centros de votación porque durante las elecciones del 30 de julio pasado para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se registraron actos violentos. Para aquellas elecciones la oposición había llamado abiertamente a boicotearlas, y muchos establecimientos donde imperan generalmente sus partidarios fueron epicentro de actos violentos que impidieron votar a ciudadanos que querían elegir candidatos. De todas formas la cifra de centros reubicados representa el 1,48 % del total de los centros electorales del país, y distan en promedio a dos mil metros de los centros de origen, según informa el CNE.


Para solventar el inconveniente los opositores tenían flotas de autobuses para transportar a los votantes hasta los nuevos centros establecidos por el Poder Electoral. Uno de los centros reubicados en Miranda fue la escuela técnica Don Bosco, del municipio Sucre, donde los votantes fueron trasladados a la escuela Martínez Centeno. En uno de los autobuses proporcionados por la oposición, Wilfredo Vargas, coordinador del partido de derecha Voluntad Popular en la Parroquia Leoncio Martínez de Sucre, aprovechó la ocasión para improvisar un discurso y arengar a los pasajeros antes de que acudieran a votar al centro reubicado por el CNE. “La idea es ganar no sólo en Miranda sino la mayor cantidad de gobernaciones a nivel nacional y reducir espacios a esta gente, ya saben como tienen a Venezuela quebrada, sin medicina, sin comida, sin seguridad y todo lo que pueda haber”, sentenció Vargas, frente a los pasajeros que no mostraban demasiado entusiasmo al oír sus palabras.


A esa altura la veda electoral era una ficción, en recorrida por el estado Miranda se pudo apreciar cómo chavistas y opositores continuaban con la propaganda política. Pero más allá de estas infracciones al código electoral, que en otros países pudieran parecer graves, las elecciones en Venezuela son un gran avance democrático frente a la violencia política desatada por la derecha hasta hace dos meses y medio.


Para este 15 de octubre se contó con el acompañamiento del Consejo de Expertos Electorales de América Latina (Ceela), quienes avalaron la transparencia del proceso electoral.


En otro grupo de acampañantes internacionales expertos en sistemas electorales invitados por el CNE, se encontraba Manuel Pineda, miembro del Partido Comunista de España, que relató que le causó una muy buena impresión comprobar “el sistema electoral garantista, impermeable a injerencia o trampas”. Por otra parte Pineda señaló que los acompañantes internacionales, de diferentes ideologías, coincidieron en que es el mejor sistema electoral que han visto. “Vemos que la gente confía en su sistema, le dan valor” añadió Manuel Pineda como parte de su reconocimiento; y también destacó “el esfuerzo por garantizar el derecho al voto incluso a gente impedida”. Pero los observadores extranjeros destacaron como dato sobresaliente de la jornada que la oposición haya participado en las elecciones, teniendo en cuenta el rechazo que expresaban a las mismas hasta el 30 de julio pasado.

Publicado enInternacional
Sábado, 23 Septiembre 2017 07:05

Barómetro

Barómetro

Todo parece indicar que el presidente Vladimir Putin se propone seguir despachando en el Kremlin hasta 2024 y la única duda que no ha podido resolver es en qué calidad va a ser postulado para un cuarto periodo presidencial en los comicios de marzo del año siguiente: como candidato del partido gobernante Rusia Unida, la variante más fácil, o como candidato independiente cuyo registro obliga a recabar un mínimo de 300 mil firmas de apoyo en por lo menos 40 entidades de la federación, sin que ninguna de éstas pueda aportar más de 7 mil 500 rúbricas.


Putin hará pública su decisión entre octubre y noviembre, aunque los resultados de la reciente jornada electoral en Rusia –considerada por los analistas una suerte de barómetro de lo que podría ocurrir en las presidenciales– favorecen la segunda opción, que permitiría al mandatario presentarse como un candidato de masas al margen del oficialismo, aparte de que siempre le queda la posibilidad de sacrificar al primer ministro, Dimitri Medvediev, endosándole toda la culpa en el supuesto de que se agrave la crisis económica.


Entretanto, estas son algunas de las conclusiones que dejó la cita con las urnas a medio año de que se sepa quién estará al frente de Rusia el siguiente sexenio. Llama la atención, sobre todo, la escasa participación, inusualmente baja para todo el país. Convocados los rusos a elegir desde gobernadores en 16 entidades federales hasta, en el otro extremo de la pirámide del poder, diputados municipales, incluidos en este último capítulo los representantes de cada uno de los 146 distritos de la ciudad de Moscú, acudió a las urnas apenas 12 por ciento del padrón.


En el interior del país, según los observadores, más que signo de aprobación de políticas, sigue siendo abrumadora la capacidad de Rusia Unida de facilitar el triunfo del candidato designado desde el Kremlin.


Ello es válido incluso en lugares para los que las encuestas de intención de voto favorecían a un candidato opositor, como la región de Sverdlovsk, por mencionar un solo caso, donde Yevgueni Roisman podría haber arrasado si las autoridades no hubieran impedido su registro con pretextos francamente risibles.


Para ser electo sigue siendo determinante el administratitvny resurs (traducido como recurso administrativo, eufemismo para el uso inequitativo e insultante de todas las ventajas que otorga ostentar el poder para beneficiar al aspirante oficialista).


De nuevo, hubo numerosas denuncias de urnas embarazadas, alteración de actas, carruseles y demás artilugios que hacen posible el fraude. En la capital rusa, no obstante, se logró poner fin a la era de la votación unánime en favor del oficialismo y la oposición al Kremlin, por primera vez en muchos años, tendrá voz y voto en la toma de decisiones de los asuntos urbanos, dejando de ser una especie de simulacro de contrapeso de las autoridades.


En otras palabras, para bien o para mal, según quiera verse, el sucesor de Putin se conocerá no antes de seis años y medio.

Publicado enInternacional
El dilema de una «continuidad con cambios»

En solo tres semanas de mandato, Lenín Moreno ha marcado algunas diferencias con el gobierno de su predecesor Rafael Correa. ¿Hasta dónde llegará el cambio de narrativa?

Han pasado poco más de tres semanas desde que asumió la presidencia del Ecuador Lenín Moreno, promovido por el partido Alianza País (AP) que lleva ya diez años en el ejercicio público. Estos primeros días de gestión han estado marcados tanto por acciones estratégicas que van pautando la línea de la nueva administración, así como por conflictos al interior del partido de gobierno, en una coyuntura de reestructuración de mandos y sectores. Se trata de un proceso de transición en el que emergen, inevitablemente, los límites intrínsecos de AP como un conglomerado de fuerzas dentro del cual entran en disputan diversos proyectos políticos.


Las primeras acciones y posicionamientos del nuevo gobierno son fundamentales, considerando la expectativa social respecto al menos tres temas centrales, producto de la situación política del país. El primero tiene que ver con la necesidad –del gobierno, AP y Moreno- de ir (re)construyendo no solo legitimidad sino también popularidad. El segundo, se refiere a la capacidad de llevar a la práctica el discurso de cambio abanderado en campaña, sobre todo en temas como la apertura al diálogo y el replanteamiento de las prioridades económicas y políticas del Estado. Finalmente, la tercera tiene que ver con la necesidad de constituir una identidad diferenciada de la gestión previa de Rafael Correa, en función de una demanda social que le apuesta a una «continuidad con cambios», pero también de un proceso de debilitamiento de AP como proyecto hegemónico.
El gobierno comprendió el escenario y sus desafíos, constituyendo una agenda estratégica que pareciera responder a varias de las críticas y demandas que vienen acumulando la sociedad civil, sectores y grupos específicos de interés. En ese sentido, Moreno ensaya un estilo más conciliador y un liderazgo menos omnipresente. Así, marca significativas diferencias con el formato que caracterizó a Rafael Correa a lo largo de una década, que condicionó muchas de las relaciones entre el sector público y otros actores políticos, sociales y económicos.


Más allá de las intervenciones de Moreno propias de la agenda presidencial, los principales temas tratados durante estas semanas, sus negociaciones, soluciones o diagnósticos, han sido expuestos públicamente por los ministros o funcionarios encargados. La voluntad de diversificar vocerías, reduce la carga personalista de la política y la gestión pública. De esta manera, se refuerza la imagen de un gobierno más amplio en el que otros cuadros del oficialismo –en el Ejecutivo y el Legislativo- van ganando visibilidad.


Asimismo, la idea de la centralidad del diálogo para una gestión incluyente que viene posicionándose desde la campaña, continúa vigente tanto en Moreno como en su gabinete. Se han abierto varios frentes de trabajo y/discusión sobre diversos temas, evidenciando la disposición política de impulsar una administración más participativa. Además, la priorización de asuntos es también sugerente. No es casual que el primer conversatorio al que llama el presidente sea con la prensa; lo mismo sucede con los sectores productivos.


Finalmente, resulta relevante destacar una medida importante simbólicamente en cuanto a los cambios en el estilo de liderazgo y relacionamiento. Durante la década de gobierno de Rafael Correa, un elemento característico de su mandato fue un espacio semanal de rendición de cuentas -trasmitido por radio y televisión- en el que durante cuatro horas, detallaba sus actividades de la semana. Este recurso fue constantemente criticado por algunos sectores sociales, la oposición política y los medios de comunicación con el argumento de que era la plataforma en la que, de manera más clara, se expresaban las características autoritarias y conflictivas del gobierno. Además, iniciada la crisis, se reprochaba también el costo que tenía realizar cada uno de estos espacios considerados como propaganda política. Entre sus primeras acciones, Moreno decidió reemplazar este recurso por un informe semanas de no más de 20 minutos en el que se relatan las actividades llevadas a cabo por él y el resto de autoridades del gobierno, sin su intervención directa. Esta iniciativa, igual que las otras, ha sido valorada como positiva y, sobre todo, como muestra más de una forma diferente de liderar.
Más allá del estilo y de aquellos aspectos que tienen que ver con la figura de Moreno, se distinguen también otros elementos que van dando forma al nuevo gobierno y que expresan lo que, por ahora, se puede entender como una estrategia de diferenciación que, a largo plazo, podrá evaluarse en su traducción en la política pública. Se trata de temas como la conformación del gabinete, instancias de diálogo anunciadas o ya constituidas, iniciativas que empiezan a impulsarse o declaraciones a las que se debe presentar atención para ir desentrañando el momento político que vive Ecuador.


El entorno cercano: aperturas, retornos y permanencias


Por el compromiso de «cambio con continuidad» que suponía el triunfo de Lenín Moreno, la conformación del gabinete ministerial suscitó gran expectativa. Además, la composición de los equipos de trabajo de un nuevo gobierno develan también asuntos de orden político que tienen que ver con la distribución de fuerzas al interior de un partido, así como con los acuerdos que van estableciéndose con otros actores durante la campaña.


No cabe aquí un análisis exhaustivo de la constitución del gobierno, sin embargo es posible destacar algunas características importantes. En primera instancia, lo más significativo en relación al gabinete ministerial -así como a cargos cercanos al presidente- es la presencia de figuras que fueron parte del momento originario de AP, del diseño e impulso del proyecto o de sus primeros años1. Algunos se mantuvieron vinculados temporalmente a la anterior administración; no obstante, otros se había separado por diferencias de diversa índole y hoy regresan, dándole fuerza a una fracción específica al interior del movimiento.


Paralelamente, se conservan también cuadros de AP que llevan ejerciendo distintas funciones de manera ininterrumpida durante estos diez años y que son quienes han ido conformando la estructura de militancia de alto rango del partido. Incluso, cabe destacar que en carteras fundamentales -como son el Ministerio de Electricidad y Energía Renovable, el Ministerio de Minería y la Secretaria de la Gestión Política- se mantendrán a la cabeza los mismos funcionarios actuantes en el gobierno anterior.


El gabinete y los distintos cargos –e incluso candidaturas- que AP ha tenido designar, reflejan claramente la situación del partido que experimentó varias rupturas previas incluso al proceso electoral. Hoy la organización se encuentra en una situación de ajuste y ordenamiento de las diferentes facciones que la componente, en medio de un proceso de reestructuración de su correlación de fuerzas interna. Del desenlace de este proceso, que sin duda será conflictivo, dependerán, en parte, los límites y alcances del proyecto de Moreno.


Más allá de las condiciones de AP, otra características relevante en la conformación del equipo de gobierno de la nueva administración es que revela una apertura a ciertos sectores sociales y empresariales que se encontraban al margen de la administración pública hasta ahora2. Su composición evidencia un escenario más abierto al diálogo político y menos afín a los perfiles tecnocrático de la administración de Correa.


La agenda: encuentros y desencuentros; reformas y persistencias


La gestión de gobierno de las últimas semanas tiene algunos hitos fundamentales que marcan no solo prioridades de acción, sino también instancias en las cuales se desmarca de lo que se venía haciendo hasta ahora. La mayoría de iniciativas impulsadas están incorporadas en el discurso de Moreno desde la campaña y tienen que ver con temas como la austeridad y eficiencia en el gasto público, el estado de la economía y el fisco, una gestión inclusiva y participativa, el control y sanción frente a la corrupción, así como el afianzamiento y mejora de la política social.


Una de las medidas que apunta a fortalecer la idea de cambio del nuevo gobierno -tomada en el paquete de los diez primeros decretos presidenciales- promovió una reforma institucional a través de la eliminación o reemplazo de ciertas entidades, bajo el argumento de que ya cumplieron su función. Así, Moreno establece un ruptura inicial con la que se va diferenciando y consolidando una identidad propia. Más allá de su sentido práctico, se trata de una jugada estratégica que responde a algunas de las críticas que venían instalándose en el debate nacional durante los últimos meses respecto el tamaño del Estado, no solo en relación a la crisis, sino también a la función que desempeñaban organismos públicos sin un mandato claro3.


Asimismo, la nueva administración le apuesta a un diálogo prioritario con algunos de los actores que han estado en conflicto con AP hasta ahora o con los cuales no se establecieron canales de comunicación efectiva. Tal es el caso de los sectores productivos del país que mantuvieron una relación con Rafael Correa marcada por discrepancias y altos niveles de conflictividad. El actual gobierno anunció durante su primera semana la creación de un Consejo Consultivo Productivo y Tributario encargado de articular el diálogo público-privado, conformado de manera paritaria. Dando un giro al discurso oficial, Moreno ha destacado la importancia de contar con un sector privado que funcione como pilar de la economía del país y su proceso de reactivación.


Frente a esto, organizaciones empresariales y productivas han manifestado ya su interés y dicen tener listas las agendas y propuestas. Se entrevé así una predisposición diferente. Está por verse su real impacto; sin embargo, la aproximación y las condiciones de debate expuestas inciden en el imaginario social a la hora de caracterizar positivamente los pasos que da al nuevo gobierno.


Algo similar sucede con los medios de comunicación, que fue otro tema sensible durante las anteriores administraciones de AP. En este sentido, resulta sugerente el conversatorio organizado por Moreno con representes de la prensa en su primer lunes en funciones. Tras haber afirmado en su discurso de posesión que buscará una relación «fresca y dialogante» con la prensa, durante este encuentro instó tanto a los medios, como a los periodistas, a construir consensos en torno a las propuestas para modificar la Ley de Comunicación; Ley que ha sido especialmente controvertida y que tanto AP, como Rafael Correa, han defendido e impulsado durante varios años4.


Moreno sostiene que la Ley es buena pero que debe ser mejorada. Los sectores involucrados piden la revisión de aquellos artículos que pueden resultar excesivamente restrictivos y/o punitivos. De esta manera se abre otra línea de diálogo que el mandatario apuntala anunciando además que él y sus ministros deberán acudir

permanentemente a los medios de comunicación para informar sobre su gestión, posicionándolos nuevamente como interlocutores válidos.


Resulta significativo el hecho de que el presidente exhorte públicamente a su gabinete a mantener una relación directa con la prensa. Como se ha dicho, su estilo tiende hacia un manejo menos personalista de la política. Varias han sido las señales en este sentido durante las últimas semanas en temas de relevancia nacional en los cuales, sus respectivos ministros han sido voceros activos en medios y redes sociales.


En esta misma línea, otro tema que no ha estado exento de conflictos y críticas en años anteriores fue el proceso de reforma educativa impulsado a fin de mejorar la calidad de la formación superior en el país. La ausencia de debate, socialización o involucramiento de las universidades y docentes en el diseño de la propuesta, así como los excesivos requisitos impuestos a un sistema universitario que requiere de mucho más tiempo para poder responder, fueron las principales razones expuestas por los involucrados. Hoy destacan no solo los diálogos impulsados recientemente desde la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación con varios sectores universitarios, sino también la presentación de una reforma a la Ley de Educación Superior que incluye temas que han sido especialmente polémicos durante los últimos años5.


Los espacios de debate, así como los interlocutores que va reconociendo el gobierno, dan cuenta de un nuevo escenario en el país. Aunque está por verse hacia dónde van los diálogos y las reformas, hoy se leen como una señal de apertura, al igual que los cambios en el discurso y/o manejo de áreas fundamentales. Tal es el caso del Ministerio de Finanzas, en donde se gestiona la respuesta a uno de los principales desafíos que enfrentará Moreno: la situación económica del país.


Desmarcándose del discurso que se venía sosteniendo hasta ahora por el oficialismo, la administración de Moreno ha ido posicionando una perspectiva diferente en el manejo de las finanzas nacionales. Se ha destacado la importancia del sector privado y su convivencia en armonía con la economía popular y solidaria como cable a tierra en relación al proyecto original de AP; se reconoce el déficit fiscal y la necesidad de buscar una solución al respecto; se destaca la importancia de impulsar las reformas necesarias para atraer la inversión extranjera directa, así como el acercamiento a organismos de crédito internacional que permitan al gobierno cumplir con sus objetivos.


Además, el Ministro de Finanzas dio un giro significativo –incluso simbólicamente- al abrir la posibilidad de que el dinero electrónico sea manejado por la banca, con el fin de que cumpla con su objetivo de reducir la demanda de dinero físico. Correa fue categórico al afirmar que eso no era una posibilidad, al punto que a día de hoy ha expresado públicamente sus críticas respecto de la postura que ha tomado la nueva administración6.


Finalmente, un asunto esencial a ser destacado, sobre todo por la clara distancia que marca respecto de la administración anterior, es la relación del gobierno con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. En una reunión con los altos mandos de ambas instituciones y los ministros vinculados al tema, Moreno explicitó su intención de establecer una relación descongestionada y fluida desde el respeto a sus instancias institucionales. A su vez, en medio de un discurso en el que reiteró su confianza frente a dichas instituciones, les encargó su seguridad, posicionándolas como las únicas fuerzas a cargo de dicha función. Esto sucede en el marco de la creación de un servicio de protección presidencial, como guardia civil armada, impulsado por Correa antes de dejar su cargo que generó molestia en militares y policías.


En definitiva, todas las iniciativas, declaraciones y medidas tomadas durante estas semanas no expresan todavía lineamientos de política pública. Marcan prioridades y un estilo de gobierno, determinan una hoja de ruta, establecen voluntades políticas. Permiten identificar las rupturas inmediatas entre ambas administraciones e incluso al interior del partido y sus distintas facciones. Se requerirá de un seguimiento no sólo para poder evaluar acciones más concretas sino también para determinar las características del gobierno a largo plazo.


La lucha anti corrupción como escenario de fondo


Las últimas semanas han estado marcadas por las gestiones que se realizan a nivel nacional en torno al caso Odebrecht. Hasta antes de la posesión de Moreno, no había ni resultados ni acciones contundentes. En esta coyuntura, el tema de la corrupción se ha convertido en objeto de disputas políticas por protagonismo, así como también en un recurso para la desmarcación. Se trata de un mecanismo de legitimación potente, dada la coyuntura.


Moreno ha respondido con una visión global del problema que se evidencia en la convocatoria a todos los poderes del Estado para debatir una estrategia conjunta. La Estrategia Nacional por la Transparencia y la Lucha contra la Corrupción será el instrumento en el que se definirán tanto políticas como acciones concretas para enfrentar y prevenir la corrupción.


A esto se suma, paralelamente, la conformación de un Frente de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, creado por al gobierno y conformado por representantes de la sociedad civil, la academia y la administración. Esta iniciativa tendría cuatro atribuciones: proponer estrategias y mecanismos para la prevención de la corrupción en el sector público y privado; exhortar a las entidades correspondientes para activar y aplicar los mecanismos de control e investigaciones; proponer iniciativas de educación que promuevan una cultura de transparencia y presentar propuestas de políticas y normas.


Así, nuevamente, se evidencia una postura de trabajo colectivo y la centralidad del diálogo en los procesos impulsados desde lo público. Sin embargo, no todas las personas convocadas a ser parte han aceptado y se trata de una iniciativa que ya ha recibido críticas porque existen otras instituciones del Estado con el mismo mandato, porque se considera que hay otras medidas que deben llevarse a cabo antes y que serían más efectivas, porque una parte significativa de sus miembros son militantes de AP y eso genera un desbalance.


La corrupción es un tema que aún tiene mucho trabajo por delante y que no genera consensos. El bloque oficialista en la Asamblea no ha logrado ponerse de acuerdo frente a temas relacionados, el gobierno no consigue una convocatoria representativa que apoye su línea de acción y, entre medio, se suscitan lecturas contrapuestas entre algunos sectores de AP, incluyendo al ex presidente Rafael Correa. Es un tema que deja muchos elementos pendientes y que demandará de un seguimiento. En este sentido, cabe destacar que de sus resoluciones dependerá buena parte de la credibilidad del nuevo gobierno. Existe una significativa expectativa social al respecto que responde a una evaluación del sistema judicial nacional y de la autonomía e independencia de las funciones del Estado.


Los pendientes


Se han marcado ya algunas pautas respecto de temas de gran relevancia; pautas que evidenciarían una coherencia con el discurso de campaña que prometía mantener pero, sobre todo, mejorar lo alcanzado. Empero, frente a esto hay también algunos asuntos que permiten avizorar la extensión de los conflictos que viene arrastrando el oficialismo con determinados sectores. Se trata de asunto en los que el gobierno de Moreno aún no ha tomado una posición clara o, frente a los cuales, se han dado pasos que parecen seguir la tendencia de la última década.


La primera ley aprobada por la nueva Asamblea –de mayoría AP- fue la ley que abre la puerta a los transgénicos en el país, fuertemente criticada por agrupaciones indígenas y ambientalistas. Será difícil encontrar espacios de diálogo con dichos sectores si el gobierno no muestra una voluntad de cambio. Está por verse si los temas vinculados a medios ambiente –como por ejemplo, las concesiones petroleras en el ITT o la explotación minera y maderera- son asuntos que entran en la línea de continuismo o en la cambio. No hay una política consistente aún e incluso se evidencian contradicciones7.


Existen, por otra parte, algunos temas pendientes que han estado en el debate pero que aún no queda clara cuál será su concreción; tal es el caso de un pedido de amnistía para 177 personas e indulto para otras 22 por parte de la CONAIE, bajo el argumento de que se trata de dirigentes que ejercieron el legítimo derecho a la resistencia en el 2015 frente a medidas tomadas por el régimen de Rafael Correa. La organización ha condicionado la posibilidad de un diálogo con el gobierno a las resoluciones de estos casos que consideran actos de persecución política. Tanto la Asamblea, como el Ejecutivo, han manifestado que se analizará cada caso por separado para determinar la pertinencia de acceder a sus pedidos. A día de hoy, se ha dado el indulto a un líder indígena de la Amazonía. Moreno lo anunció diciendo: «¡Buenas noticias! El diálogo empieza a dar frutos.»


Finalmente, entre sus primeros decretos, Moreno elimina el Plan Familia, que fue la iniciativa pública impulsada por Rafael Correa para la prevención del embarazo adolescente, desde una perspectiva de recuperación del rol central de la familia. Dicha política fue un punto de quiebre importante con sectores sociales vinculados a temas de género que trabajan sobre la salud sexual y reproductiva. Su perspectiva, profundamente conservadora, generó un retroceso en las cifras, así como en la concepción de la política pública que no debería legislar a partir de una carga moral o de la imposición de valores y creencias.


Moreno afirmó que habrá un cambio de enfoque con una orientación desde la libertad con corresponsabilidad. Esto ha generado una reacción positiva en sectores que llevan años en conflicto con Correa por sus límites en cuanto a la comprensión de asuntos vinculados a las problemáticas de género. Las organizaciones de la sociedad civil vinculadas al tema están a la expectativa de poder intervenir no solo en el diseño e implementación de una estrategia integral sobre sexualidad, sino también respecto de muchas de muchas deudas pendientes en términos de derechos.


A poco menos de un mes de iniciadas las actividades del nuevo gobierno, estos son solo algunos de los temas pendientes, sobre todo, con actores sociales con los cuales el gobierno de Correa no logró establecer consensos ni diálogos. La relación que Moreno y su equipo establezca con dichos sectores, será también una expresión del alcance de sus reformas.


En definitiva


Este repaso por las primeras tres semanas de gobierno de Lenín Moreno evidencia, sobre todo, una disposición al diálogo y la inclusión de otros sectores. En alguna medida, se ha ido marcando el camino para el cumplimiento de sus objetivos en términos de llevar a la práctica el discurso de cambio y constituir una identidad, así como una línea de gestión, diferenciadas de la de Rafael Correa. La posibilidad de alcanzar tanto legitimidad como popularidad -propias y consistentes- demandará de más tiempos y de la concreción de aquellos pasos iniciales que se han ido dando.


Cabe destacar el hecho de que existe una expectativa de diversos sectores sociales y políticos por la apertura de un nuevo tipo de relacionamiento desde el Estado y el gobierno con las demandas sociales. Bajo dichas condiciones, hay una mayor concurrencia de actores y el escenario político se amplía en términos no solo de participación, sino también de posibilidad de representación.


No obstante, paralelo a la construcción de un escenario que pareciera más incluyente, varios son los temas que van generado distancias entre la actual y la anterior administración de AP. Moreno y su equipo se han esforzado por formular una política de gobierno nueva así como una «marca» propia. En esa línea, se han planteado varias reformas legales, se han abierto espacios de discusión a sectores que antes estaban fuera o en confrontación con Correa, se han modificado asuntos que fueron bandera central de la década pasada.


En medio de dicha coyuntura de construcción y consolidación de gobierno, hay una excesiva presencia de Correa en el escenario nacional. En la medida en que están en debate varios elementos que provocan lecturas contradictorias y/o confrontadas, el ex mandatario se ha encargado de exaltar las diferencias en redes sociales permanentemente, cuestionando a la actual administración, a la bancada de la Asamblea e incluso al partido.


Esta intervención supone una distorsión en el espacio de actuación de Moreno y su equipo. Además, evidencia públicamente las rupturas el interior de AP, debilitando el proyecto y generando cuestionamientos a su actual espacio de gestión pública.


Bajo estas condiciones, la naturaleza del cambio y la resolución de estas tensiones y distintas narrativas, están por verse. Ambos factores marcarán el futuro del gobierno de Moreno. Han pasado solo tres semanas, quedan cuatro años que definirán tanto la situación del país en relación a un proyecto que generó profundos cambios pero que necesitaba de correcciones; así como la situación de un partido al que le urge un trabajo interno de estructuración y de desarrollo orgánico que le permita, entre otras cosas, gestionar sus problemas y disputas constantes.

 

Por Manuela Celi Moscoso
Nueva Sociedad


Notas:

1. Para información general sobre cada uno de los ministros, remitirse a http://www.elcomercio.com/actualidad/ecuador-miemb...
2. Una de las designaciones significativas es la de Humberto Cholango -expresidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, una de las organizaciones que más conflictos tuvo con la administración de Rafael Correa- como titular de la Secretaría del Agua. Los efectos de su gestión serán fundamentales en la medida en que se relaciona con dos temas sensibles: la relación de AP con las minorías étnicas -y sus organizaciones- y el manejo de un recurso fundamental que ha generado ya conflictos significativos.
3. Tal es el caso de los Ministerios Coordinadores, la Secretaría del Buen Vivir y la Secretaría General de la Administración.
4. Poco antes de dejar su cargo, Rafael Correa advirtió ya respecto de una arremetida para eliminar la Ley y pidió tanto a la Asamblea, como al futuro gobierno, evitar que el poder mediático introduzca una agenda. Con Moreno ya en funciones, Correa ha vuelto a manifestarse, esta vez en contra de la línea del gobierno en relación al tema.
5. Como por ejemplo los mecanismos de nivelación y admisión, la autonomía y capacidad de autorregulación de los centros educativos, los grados académicos exigidos a los profesores, entre otros.
6. El dinero electrónico es una forma de pago a través del teléfono celular en la que no se requiere del uso de papel moneda. Entró en vigencia hace casi tres años y, desde entonces, ha sido fuertemente criticado por sectores de oposición que advierten que podría tratarse de una moneda paralela que pone en riesgo la dolarización. Fue además objeto de disputa con la banca privada a la cual Correa se negó a darle el manejo de este tipo de transacciones. Se trata de uno de los proyectos emblemáticos de la anterior administración.
7. Como por ejemplo el posicionar el tema de los pueblos en aislamiento voluntario como una prioridad del gobierno. A través de la firma de un convenio interinstitucional se ha manifestado la voluntad de elaborar un plan de acción que incluye medidas para la protección de los recursos naturales en su entorno. Habrá que ver si esto no entra en conflicto con procesos de explotación petrolera, por ejemplo.

Publicado enInternacional
El Tribunal Electoral de Brasil absolvió a Temer

El mismo día en que Temer se negaba a contestar el interrogatorio de 82 preguntas que le había enviado la Policía Federal, que lo investiga por corrupción, el Tribunal Superior Electoral (TSE) se pronunció por la continuidad de su mandato, por cuatro votos contra tres, en otro proceso en el que estaba siendo investigado por la supuesta financiación ilegal de la última campaña electoral.

El relator del informe del TSE, Herman Benjamin, se pronunció por la anulación del mandato, en tanto que el siguiente en emitir voto, Napoleao Maia, votó por mantenerlo. Al caer la noche, la votación de los siete jueces del Tribunal Superior Electoral era de 3 votos favorables a la absolución y 3 partidarios de la condena, pero la mayoría de los analistas preveían que Temer saldría finalmente victorioso, tal como sucedió, gracias al voto del presidente del tribunal, Gilmar Mendes.


Mientras los magistrados argumentaban sus votos, la defensa del mandatario entregó un documento al Supremo Tribunal Federal (STF) en el que confirmó que Temer no respondería a un comprometedor cuestionario policial cuyo plazo vencía esta misma tarde.


Temer "es blanco de una serie de abusos y agresiones a sus derechos individuales y a su condición de mandatario de la nación", argumentó su defensa al pedir el archivo de la investigación por corrupción, organización criminal y obstrucción a la justicia en su contra.


El mandatario, que asumió el poder hace poco más de un año en sustitución de la depuesta Dilma Rousseff, ya había pedido prorrogar el plazo inicial, que vencía horas antes del inicio del crucial juicio en el Tribunal Superior Electoral (TSE).


La crispación de la vida política brasileña se reflejó este viernes entre los siete miembros TSE, que desde hace cuatro días examinaban si las elecciones de 2014 en las que fue electa la fórmula Rousseff-Temer debían ser invalidadas por abusos de poder y financiación ilegal de la campaña, dentro de la trama de corrupción de Petrobras.


El relator del caso, Herman Benjamin, recomendó la anulación de los comicios, lo que hubiera obligado a Temer a abandonar el poder, pero no consiguió convencer a la mayoría de sus pares de incluir en la causa las confesiones de exjecutivos de Odebrecht, que no figuraban en las acciones judiciales iniciales de fines de 2014.


"Es mejor declarar inocente a un culpable que condenar a un inocente (...) Lo que tiene que preservarse aquí es el voto popular", alegó el juez Napoleao Maia, al votar por la absolución.


Su colega Luiz Fux, que votó en sentido contrario, argumentó que la sociedad brasileña "vive una verdadera pesadilla por el descrédito de sus instituciones (...) por la falta de pudor de los operadores políticos que, violando la soberanía popular, hicieron exactamente todo lo que el elector no deseaba".


En otra muestra de la fragilidad de las instituciones desde el lanzamiento, hace tres años de la operación Lava Jato, el Ministerio Público pidió que el juez Admar Gonzaga fuera apartado del caso por haber defendido en el pasado a Rousseff. La demanda irritó visiblemente al presidente del tribunal y fue rechazada por unanimidad del TSE, donde Gonzaga y otro juez fueron recientemente nombrados por Temer.


Mendes, cuyo voto fue definitorio para desempatar el fallo, había pedido reiteradamente "moderación" a sus colegas por las consecuencias que tendría para Brasil perder a un presidente por segunda vez en poco más de un año

Publicado enInternacional
Viernes, 09 Junio 2017 06:48

Elecciones y poderes de abajo

Elecciones y poderes de abajo

En las recientes décadas la cultura política de izquierda convirtió las elecciones en el principal barómetro de su éxito o fracaso, de avances o retrocesos. En los hechos, la concurrencia electoral se convirtió en el eje de la acción política de las izquierdas, en casi todo el mundo.

Una realidad política nueva, ya que en tiempos no lejanos la cuestión electoral ocupaba una parte de las energías y se considerada un complemento de la tarea central, que giraba en torno a la organización de los sectores populares.

Lo cierto es que la participación electoral fue articulada como el primer paso en la integración en las instituciones (de clase) del sistema político (capitalista). Ese proceso destruyó la organización popular, debilitando hasta el extremo la capacidad de los de abajo para resistir directamente (no mediante sus representantes) la opresión sistémica.

Con los años la política de abajo empezó a girar en torno a lo que decidían y hacían los dirigentes. Un pequeño grupo de diputados y senadores, asistidos por decenas de funcionarios pagados con dineros públicos, fueron desplazando la participación de los militantes de base.

En mi país, Uruguay, el Frente Amplio llegó a tener antes del golpe de Estado de 1973 más de 500 comités de base sólo en Montevideo. Allí se agrupaban militantes de los diversos partidos que integran la coalición, pero también independientes y vecinos. En las primeras elecciones en las que participó (1971), uno de cada tres o cuatro votantes estaba organizado en aquellos comités.

Hoy la realidad muestra que casi no existen comités de base y todo se decide en las cúpulas, integradas por personas que han hecho carrera en instituciones estatales. Sólo un puñado de comités se reactivan durante la campaña electoral, para sumergirse luego en una larga siesta hasta las siguientes elecciones.

En paralelo, la institucionalización de las izquierdas y de los movimientos populares –sumada a la centralidad de la participación electoral– terminaron por dispersar los poderes populares que los de abajo habían erigido con tanto empeño y que fueron la clave de bóveda de las resistencias.

En el debate sobre las elecciones creo que es necesario distinguir tres actitudes, o estrategias, completamente diferentes.

La primera es la que defiende desde hace cierto tiempo Immanuel Wallerstein: los sectores populares deben protegerse durante la tormenta sistémica para lograr sobrevivir. En ese sentido, plantea que llegar al gobierno por la vía legal, así como las políticas sociales progresistas, pueden ayudar al campo popular tanto para acotar los daños producto de las ofensivas conservadoras como para evitar que fuerzas de ultraderecha se hagan con el poder estatal.

Este punto de vista parece razonable, aunque no acuerdo, ya que considero las políticas sociales vinculadas al "combate a la pobreza" como formas de contrainsurgencia, con base en la experiencia que vivimos en el Cono Sur del continente. En paralelo, llegar al gobierno casi siempre implica administrar las políticas del FMI y el Banco Mundial. ¿Quién recuerda hoy la experiencia de la griega Syriza? ¿Qué consecuencias sacamos de un gobierno que prometía lo contrario?

Es evidente que focalizarse en que tal o cual dirigente cometieron "traición", lleva el debate a un callejón sin salida, salvo que se crea que con otros dirigentes las cosas hubieran ido por otro camino. No se trata sólo de errores; es el sistema.

La segunda actitud es la hegemónica entre las izquierdas globales. La estrategia sería más o menos así: no hay bases sociales organizadas, los movimientos son muy débiles y casi inexistentes, de modo que el único camino para modificar la llamada "relación de fuerzas" es intentar llegar al gobierno. Esta situación ha mostrado ser fatal, incluso en el caso de que las izquierdas consigan ganar, como sucedió en Grecia y en Italia (si es que a los restos del Partido Comunista se les puede llamar izquierda).

Diferente es el caso de países como Venezuela y Bolivia. Cuando Evo Morales y Hugo Chávez llegaron al gobierno por la vía electoral, existían movimientos potentes, organizados y movilizados, sobre todo en el primer caso. Sin embargo, una vez en el gobierno decidieron fortalecer el aparato estatal y, por tanto, emprendieron acciones para debilitar a los movimientos.

Siendo las experiencias estatales más "avanzadas", hoy no existen en ninguno de ambos países movimientos antisistémicos autónomos que sostengan a esos gobiernos. Quienes los apoyan, salvo excepciones, son organizaciones sociales cooptadas o creadas desde arriba. En este punto propongo distinguir entre movimientos (anclados en la militancia de base) y organizaciones (burocracias financiadas por los estados).

Una variante de esta actitud son aquellos movimientos que, en cierto momento, deciden incursionar en el terreno electoral. Las más de las veces, y creo que México aporta una larga experiencia en esta dirección, al cabo de los años las bases de los movimientos se debilitan, mientras los dirigentes terminan incrustados en el aparato estatal.

La tercera orientación es la que impulsa el Concejo Indígena de Gobierno, que a mi modo de ver consiste en aprovechar la instancia electoral para conectar con los sectores populares, con el objetivo de impulsar su autoorganización. Lo han dicho: no se trata de votos, menos aún de cargos, sino de profundizar los trabajos para cambiar el mundo.

Me parece evidente que no se trata de un giro electoral, ni que el zapatismo haya hecho un viraje electoralista. Es una propuesta –así la entiendo y puedo estar equivocado– que pretende seguir construyendo en una situación de guerra interna, de genocidio contra los de abajo, como la que vive México desde hace casi una década.

Se trata de una táctica que recoge la experiencia revolucionaria del siglo XX para enfrentar la tormenta actual, no usando las armas que nos presta el sistema (las urnas y los votos), sino con armas propias, como la organización de los de abajo.

Publicado enSociedad
Moreno asumió la presidencia de Ecuador

Correa, ovacionado varias veces durante la ceremonia y a quien se le escaparon algunas lágrimas, le colocó la banda presidencial, ante una decena de mandatarios latinoamericanos, entre ellos el de Argentina, Mauricio Macri.

 

El oficialista Lenín Moreno asumió ayer como presidente de Ecuador con la meta de avanzar en el modelo conocido como socialismo del siglo XXI, la huella que deja Rafael Correa en el país y que está en crisis en Venezuela.


Moreno, de 64 años de edad y que sufre una paraplejia, fue juramentado para un periodo de cuatro años por José Serrano, titular de la unicameral Asamblea Nacional, controlada aún por el oficialismo. Correa, ovacionado varias veces durante la ceremonia y a quien se le escaparon algunas lágrimas, le colocó la banda presidencial, ante una decena de mandatarios latinoamericanos, entre ellos los de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Guatemala y Perú. “Son diez años de haber sido testigos de la construcción de caminos, puentes, puertos y aeropuertos. Diez años de la recuperación de la autoestima y del sentido de pertenencia de los ecuatorianos. Este proceso tiene un nombre: revolución ciudadana”, exclamó Moreno en su primer discurso como mandatario.


Respaldado por la temporal bonanza petrolera, Correa privilegió la inversión y la equidad social, mantuvo subsidios para los combustibles y la electricidad y amplió los bonos económicos para los pobres durante la década que gobernó a Ecuador (2007-2017). Pero su “revolución ciudadana” afronta ahora dificultades económicas. La deuda externa trepó en 150 por ciento (a 25.680 millones de dólares, 26,3 por ciento del PIB) en la última década, según cifras oficiales. La economía decreció 1,5 por ciento en el 2016 y el precio del crudo, principal producto de exportación, cayó del récord de 98 dólares por barril en el 2012 a 35 en el 2016.


El nuevo presidente de Ecuador anunció ayer que decretará la austeridad en su gobierno para mantener la dolarización de la economía, que afronta problemas por la falta de divisas. “Como lo ofrecí en campaña, firmaré un decreto ejecutivo de austeridad en el gobierno. Todo gasto, toda inversión pasará por un filtro objetivo de necesidades ciudadanas”, dijo Moreno en la ceremonia en la que fue juramentado por el Parlamento. Agregó que va a sostener la dolarización de la economía ecuatoriana, implantada en marzo del 2000 en medio de una crisis bancaria, y que para ello impulsará todas las políticas y actividades que permitan sumar dólares. “No tendremos una moneda paralela”, aseguró Moreno.


Además dijo que la nación requiere multiplicar la producción y el empleo con miras a entregar en el año 2021 un país con mejores resultados en los ámbitos interno y externo. También prometió una “implacable” lucha contra la corrupción. “Vamos a practicarle una cirugía mayor”, insistió. “Combatiremos la corrupción, la de ahora y la de ayer, y la que podría venir, la de adentro y la de afuera. Por eso hemos exigido a Odebrecht, a la justicia norteamericana, a la justicia brasileña que nos entregue la lista de los corruptos, los de ayer y los de ahora”, manifestó Moreno. La Fiscalía ecuatoriana abrió una investigación tras la revelación del Departamento de Justicia de Estados Unidos en diciembre pasado de que la gigantesca constructora brasileña pagó entre el 2007 y el 2016 unos 33,5 millones de dólares a funcionarios ecuatorianos.
La Justicia de Ecuador dispuso el sábado prisión preventiva por 90 días para Alecksey Mosquera, ex ministro de Electricidad de Correa, que habría recibido 920 mil dólares dentro de la trama de millonarios sobornos de Odebrecht. Además, está con arresto domiciliario por tener 70 años de edad, el empresario Marcelo Endara, tras ser involucrado con Mosquera en el caso.


El nuevo gabinete está integrado por empresarios, dirigentes sociales y funcionarios de Correa, como María Fernanda Espinosa y Miguel Carvajal, quienes serán canciller y ministro de Defensa, respectivamente. Moreno, quien eliminó seis ministerios coordinadores como el de Política Económica, entregó la cartera de Finanzas a Carlos De la Torre, ex asesor del Banco Central, y la de Hidrocarburos a Carlos Pérez, ex directivo de la petrolera estadounidense Halliburton en América.


En los comicios más reñidos para el correísmo, Lenín (como le llaman sus simpatizantes) ganó el balotaje de abril con 2,3 puntos porcentuales más que el opositor de derecha Guillermo Lasso, con lo que el oficialismo suma 14 victorias electorales desde el 2006. Y ante un país polarizado, Moreno prometió ayer gobernar para todos. “Soy el presidente de todos, me debo a todos, respeto a todos. Trabajar‚ para que nadie, absolutamente nadie se quede atrás”.


La oposición recuperó terreno al aumentar su presencia en el Parlamento (de 137 escaños), en la que el oficialismo dejó de tener la mayoría calificada de dos tercios para reformar la Constitución. El oficialismo ahora tiene una mayoría frágil de 74 escaños, frente a los 100 del periodo 2013-2017. Correa, figura de la izquierda latinoamericana, anticipó que se dedicará a su familia y a la academia, sin descartar el regreso a la política. “Me voy con el corazón repleto de gratitud con mi pueblo, que nunca nos falló”, expresó el mandatario saliente el lunes en su cuenta en la red social Twitter.


Por otro lado, Moreno, dijo que no ofrecerá los informes semanales de gestión que durante una década dio religiosamente Correa. En un programa de radio y televisión, que se realizaba cada sábado en distintas partes del país, Correa detallaba sus actividades semanales durante unas tres o cuatro horas frente a simpatizantes. “Soy un conversador, apegado a las conclusiones, gustoso de ir pronto a la síntesis, al resumen. Por eso no haré el enlace semanal”, expresó Moreno. Luego agregó: “Vamos a encontrar otra forma de hacerlo, pues como ordena la Constitución, mantendré informada a la ciudadanía de forma veraz y oportuna sobre toda la gestión gubernamental, que será completamente transparente”.

Publicado enInternacional
Lenín Moreno gana la presidencia de Ecuador con 51.11% de votos

El candidato oficialista y ex vicepresidente Lenín Moreno se impuso con 51.11 por ciento de votos al empresario derechista Guillermo Lasso, quien obtuvo 48.89 por ciento, en la segunda vuelta de la elección presidencial celebrada en Ecuador este domingo, anunció por la noche el Consejo Nacional Electoral (CNE) con 95.5 por ciento de votos escrutados.

Horas antes de que el CNE diera por vencedor a Moreno, candidato de Alianza País, con una diferencia de 212 mil votos, ambos candidatos habían proclamado su victoria ante miles de simpatizantes. Sondeos a boca de urnas dados a conocer tras el cierre de las votaciones vaticinaron la victoria de los dos postulantes, lo que generó incertidumbre a lo largo de la tarde.


Lasso, de la coalición CREO-Suma, rechazó los resultados y advirtió que los delegados de su partido presentarán objeciones en todas las provincias del país debido a que no coinciden las actas originales con las cifras del CNE; indicó que se puso en contacto con el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.


“Actuemos de manera pacífica, pero firme, en nuestra protesta que es legítima en democracia, y vamos a decir: ‘no me robes el voto’ porque queremos un cambio en Ecuador”, afirmó Lasso en rueda de prensa. Y dirigiéndose al mandatario saliente, Rafael Correa, advirtió: “no juegue con fuego... aquí hay gente que no le ha tenido miedo, que lo segurirá enfrentando, no juegue con el pueblo”.


Casi al mismo tiempo, miles de enardecidos seguidores de Lasso tumbaron vallas metálicas y llegaron casi al pie de la sede del Consejo Nacional Electoral, en el norte capitalino, mientras decenas de policías trataban de contener la avalancha en medio de golpes, empujones y ánimos crispados.


“¡Fraude, fraude!”, era el grito de este grupo, mientras del otro lado, a unas cuatro cuadras, cientos de personas que apoyan a Moreno bailaban y cantaban: “¡Sufre, Lasso, sufre!”, “¡Llora, banquero, llora!”


También se reportaron incidentes en el puerto de Guayaquil, donde el candidato Lasso aguardó los resultados oficiales.


A las 8:30 de la noche el presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, comenzó a divulgar boletines con los resultados. Ecuador, indicó, “merece la responsabilidad ética de sus actores políticos de reconocer la decisión democrática del pueblo en las urnas. El pueblo se pronunció en paz y con respeto al orden público. Es importante que hoy respetemos a la ciudadanía. Aquí ni se ha regalado ni se ha quitado un solo voto a nadie”.


Alrededor de las 8 de la noche, en un conteo rápido la institución Participación Ciudadana aseguró que había un empate técnico, con diferencia de 0.6 por ciento de sufragios.


Una hora antes, Moreno se proclamó ganador. “Tenemos datos completamente certeros. ¡Hemos ganado las elecciones!”, gritó ante una multitud de partidarios reunidos en un hotel de la capital.


Moreno, de 64 años, con paraplejia desde 1998 luego de recibir un disparo en un asalto, y quien acompañó al presidente Rafael Correa en la vicepresidencia desde su asunción en 2007 hasta 2013, prometió con Alianza País: “vamos a seguir construyendo el camino, se ha hecho mucho, pero nos toca la tarea que falta por hacer”.


Su trabajo por las personas con discapacidad en Ecuador lo proyectó a Ginebra para desempeñarse de enviado especial del secretario de la Organización de Naciones Unidas sobre Discapacidad y Accesibilidad entre 2014 y 2016. En 2012 fue nominado por su trabajo social al premio Nobel de la Paz.


Lasso, de 61 años, y quien quedó en segundo lugar en la primera vuelta celebrada el 19 de febrero, es miembro del Opus Dei, reconocido por llevar al Banco Guayaquil, de su propiedad, a ser uno de los principales de Ecuador con un proyecto de bancarización a microempresarios. Fue ministro de Economía y Energía vinculado al gobierno de Jamil Mahuad, en cuyo mandato se desató la crisis de 1999, y ha sido muy crítico de la gestión de Correa.


El presidente, que debe entregar el poder el 24 de mayo después de más de 10 años de gobierno, había calificado de decisivo el resultado para la izquierda en su país, y para la derecha en América Latina, ante la reciente “reacción conservadora” que se vive en algunos países de la región.


Un total de 12 millones 800 mil electores fueron convocados a las urnas; votaron 9 millones 440, según cifras proporcionadas por el CNE.


Más de 378 mil ecuatorianos estaban autorizados a sufragar en el exterior. El voto en Ecuador es obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 65 años. La abstención genera una multa de 37.50 dólares, y ocho dólares adicionales por la papeleta electoral.


Cuatro misiones de observadores electorales estuvieron presentes en la jornada: la OEA, la Unión de Naciones Sudamericanas, la Unión Interamericana de Organismos Electorales y la Asociación Mundial de Organismos Electorales

Publicado enInternacional
Domingo, 13 Noviembre 2016 06:18

El peligro de la pseudoactividad

El peligro de la pseudoactividad

Este texto escrito por Zizek la semana previa a las elecciones, donde afirma que a la izquierda le convenía que ganara Trump, abrió un debate sobre cómo aprovechar la crisis del neoliberalismo, globalizado que mantiene aun más actualidad después de la elección del empresario como presidente de Estados Unidos.


José Saramago en su novela “Ensayo sobre la lucidez” cuenta la historia de hechos extraños en una ciudad capital no nombrada en un país democrático no identificado. Cuando en la mañana del día de la elección llueve torrencialmente, la participación de votantes es sorprendentemente baja, pero el clima mejora a media tarde y la población se dirige en masa a los centros de votación. El alivio del gobierno dura poco, sin embargo, cuando el recuento de los votos revela que más del 70 por ciento de los votos emitidos en la capital fueron en blanco. Perplejo por este aparente lapso cívico, el gobierno le da a la ciudadanía una oportunidad para resarcirse una semana más tarde con otro día de elecciones. Los resultados son peores: ahora el 83 por ciento


de las boletas están en blanco... ¿Es esto una conspiración organizada para derrocar no sólo al gobierno sino a todo el sistema democrático? Si es así, ¿quién está detrás y como lograron organizar a cientos de miles de personas en semejante subversión pasando desapercibidos? La ciudad sigue funcionando casi normalmente, con el pueblo soportando cada uno de los golpes del gobierno en una inexplicable unión y con un nivel verdaderamente Gandhiano de resistencia no violenta... La lección de este experimento mental es clara: el peligro hoy no es la pasividad sino la pseudo actividad, la necesidad de “estar activo” de “participar” para poder enmascarar la vacfuidad de lo que sucede. La gente interviene todo el tiempo, “hace algo”, los académicos participan en debates sin sentido, etc. Lo verdaderamente difícil es dar un paso atrás, retirarse. Aquellos en el poder a menudo prefieren una participación crítica, un diálogo de silencios - sólo para comprometernos en un “diálogo”, para asegurarse que nuestra amenazadora pasividad está quebrada. La abstención de los votantes es por lo tanto un verdadero acto político: nos confronta forzadamente con la vacuidad de las democracias de hoy.


Así, exactamente, es cómo los ciudadanos deben actuar cuando se enfrentan con la elección entre Clinton y Trump. Cuando a Stalin se le preguntó a finales de la década de 1920 qué desviación es peor, la de la derecha o la de la izquierda, replicó: “¡Ambas son peores!” ¿No es lo mismo con la elección que los votantes estadounidenses están enfrentando en las presidenciales de 2016? Trump es, obviamente, “peor”, ya que promete un giro de derecha y promulga una decadencia de la moralidad pública. Sin embargo, por lo menos promete un cambio mientras que Hillary es “peor”, puesto que hace que el no cambiar nada parezca deseable. En tal elección, no debemos perder los nervios y escoger el «peor» que significa cambio -incluso si es un cambio peligroso, ya que abre el espacio para un cambio diferente, más auténtico. El punto no es, por lo tanto, votar por Trump - no sólo no se debe votar por tal escoria, ni siquiera se debe participar en esas elecciones. El punto es abordar fríamente la pregunta: ¿cuál es la victoria más adecuada para el destino del proyecto emancipatorio radical, el de Clinton o el de Trump?


Trump quiere devolver la grandeza a Estados Unidos, a lo que Obama respondió que estados Unidos ya es grande, pero, ¿lo es? ¿Puede un país en el que una persona como Trump tiene la oportunidad de convertirse en presidente ser considerado realmente grande? Los peligros de una presidencia de Trump son obvios: no sólo promete nominar jueces conservadores a la Corte Suprema, no sólo movilizó a los más oscuros círculos de supremacía blanca y coquetea abiertamente con el racismo anti-inmigrante; no sólo se burla de las reglas básicas de la decencia y simboliza la desintegración de los estándares éticos básicos; mientras aboga por la miseria de la gente común, promueve efectivamente una agenda neoliberal brutal que incluye beneficios fiscales para los ricos, más desregulaciones, etc. etc. Trump es un vulgar oportunista, pero sigue siendo un espécimen humano (en oposición a entidades como Ted Cruz o Rick Santorum, quienes sospecho que son extraterrestres). Lo que Trump definitivamente no es, es un exitoso capitalista productivo e innovador: apenas si destaca por entrar en bancarrota y luego hacer que los contribuyentes cubran sus deudas.


Los liberales con pánico de Trump descartan la idea de que una victoria eventual de Trump puede iniciar un proceso del cual surgiría una izquierda auténtica, su contraargumento es una referencia a Hitler. Muchos comunistas alemanes dieron la bienvenida a la toma de posesión nazi como una nueva oportunidad para la izquierda radical como la única fuerza que puede derrotarlos, pero, como sabemos, cometieron un error catastrófico. La pregunta es: ¿Es lo mismo con Trump? ¿Trump es un peligro que podría reunir un frente amplio de la misma manera que Hitler, un frente donde los conservadores decentes y los libertarios luchen juntos con los progresistas liberales tradicionales y con lo que queda de la izquierda radical? Fredric Jameson tenía razón al advertir contra la designación precipitada del movimiento Trump como nuevo fascismo: “La gente está diciendo” ‘esto es un nuevo fascismo’ y mi respuesta es - ¡no todavía!” (Incidentalmente, el término “Fascismo” es usado hoy como una expresión vacía cada vez que algo obviamente peligroso aparece en la escena política, pero carecemos de una comprensión adecuada del término: no, ¡los populistas de hoy no son simplemente fascistas!) ¿Por qué no todavía?


Primero, el temor de que una victoria de Trump convierta a Estados Unidos en un estado fascista es una exageración ridícula. Estados Unidos tiene una textura tan rica de divergentes instituciones cívicas y políticas que su directo Gleichshaltung no puede ser promulgado. ¿De dónde proviene entonces este temor? Su función es claramente unificarnos a todos contra Trump y así ofuscar las verdaderas divisiones políticas que corren entre la izquierda resucitada por Sanders y Hillary, quien es LA candidata del establishment, apoyada por una amplia coalición arco iris, que incluye viejos guerreros fríos como Paul Wolfowitz y Saudi Arabia. En segundo lugar, Trump se apoyó en la misma rabia que usó Bernie Sanders para movilizar a sus partidarios. Por eso Trump es percibido por la mayoría de sus partidarios como el candidato anti-establishment, y lo que uno no debe olvidar nunca es que la rabia popular es por definición de flotación libre y puede ser re-dirigida. Los liberales que temen la victoria de Trump no tienen realmente miedo de un giro radical de la derecha. Lo que realmente temen es simplemente un cambio social radical. Como dijo Robespierre los liberales admiten (y sinceramente se preocupan) por las injusticias de nuestra vida social, pero quieren curarlas con una “revolución sin revolución” (en paralelo exacto al consumismo actual que ofrece café sin cafeína, chocolate sin azúcar, multiculturalismo sin enfrentamientos violentos, etc.): una visión del cambio social sin cambio real, un cambio en el que nadie se lastima realmente, donde los liberales bien intencionados permanecen protegidos en sus enclaves seguros. En 1937, George Orwell escribió:


“Todos estamos en contra de las distinciones de clase, pero muy pocas personas en serio quieren abolirlas Así llegamos a la importante conclusión de que cada opinión revolucionaria saca parte de su fuerza de una convicción secreta de que nada puede cambiarse”.


El punto de Orwell es que los radicales invocan la necesidad de un cambio revolucionario como una especie de símbolo supersticioso que debe lograr lo contrario, es decir, EVITAR que el único cambio que realmente importa, el cambio en los que nos gobiernan, se produzca. ¿Quién realmente gobierna en los Estados Unidos? ¿No podemos oír ya el murmullo de reuniones secretas en las que los miembros de las élites financieras y de otro tipo “están negociando sobre la distribución de los puestos clave en la administración Clinton”? Para tener una idea de cómo funcionan estas negociaciones en las sombras, basta con leer los correos electrónicos de John Podesta o Hillary Clinton: The Goldman Sachs Speeches (que aparecerán pronto en OR Books en Nueva York, con una introducción de Julian Assange). La victoria de Hillary es la victoria de un status quo ensombrecido por la perspectiva de una nueva guerra mundial (y Hillary definitivamente es una guerrera fría demócrata típica), un status quo de una situación en la cual gradualmente, pero inevitablemente, se desliza hacia la ecología, la economía, la humanidad y otras catástrofes. Por eso considero extremadamente cínica la crítica “izquierdista” de mi posición, que afirma que:


“Para intervenir en una crisis la izquierda debe estar organizada, preparada y tener apoyo de la clase obrera y los oprimidos. No podemos de ninguna manera respaldar el vil racismo y sexismo que nos divide y debilita en nuestra lucha. Debemos estar siempre del lado de los oprimidos, y debemos ser independientes, luchando por una verdadera salida por izquierda de la crisis. Aunque Trump cause una catástrofe para la clase dominante, también será una catástrofe para nosotros si no hemos sentado los cimientos de nuestra propia intervención”.


Es cierto que la izquierda “debe ser organizada, preparara y tener apoyo de la clase obrera y los oprimidos”, pero en este caso la pregunta debería ser: ¿cuál victoria del candidato contribuiría más a la organización de la izquierda y a su expansión? ¿No está claro que la victoria de Trump hubiera “sentado los cimientos de nuestra propia intervención” mucho más que la de Hillary? Sí, hay un gran peligro en la victoria de Trump, pero la izquierda se movilizará SOLAMENTE a través de una amenaza de catástrofe - si continuamos con la inercia del status quo existente, NO habrá ciertamente movilización izquierdista. Estoy tentado a citar a Hoelderlin aquí: “Sólo donde hay peligro, la fuerza salvadora también está aumentando.” En la elección entre Clinton y Trump, ninguno de ellos “está del lado de los oprimidos”, así que la verdadera elección es: abstenerse de votar o elegir a quien, sin valores, abre una mayor posibilidad de desencadenar una nueva dinámica política que puede conducir a una masiva radicalización izquierdista.


Muchos de los votantes pobres dicen que Trump habla por ellos - ¿cómo pueden reconocerse en la voz de un multimillonario cuyas especulaciones y fracasos son una de las causas de su miseria? Al igual que los caminos de Dios, los caminos de la ideología son misteriosos ... (aunque, por cierto, algunos datos sugieren que la mayoría de los partidarios de Trump no son de bajos ingresos). Cuando los partidarios de Trump son denunciados como basura blanca, “es fácil discernir en esta designación el temor de las clases más bajas que caracteriza a la élite liberal. Aquí está el título y el subtítulo de un informe del diario británico The Guardian de una reciente reunión electoral de Trump: “Dentro de un rally de Donald Trump: buena gente en un circuito de retroalimentación de la paranoia y el odio. La muchedumbre de Trump está llena de gente honesta y decente, pero la invectiva republicana tiene un efecto escalofriante sobre los fanáticos de su one-man show.”


¿Pero cómo se convirtió Trumpen la voz de tantas personas honestas y decentes? Trump solo arruinó el Partido Republicano, enfrentando tanto al establishment del viejo partido y a los fundamentalistas cristianos. Lo que queda como el núcleo de su apoyo son los portadores de la rabia populista frente al establishment, y este núcleo es desechado por los liberales como el “blanco basura “-, pero, ¿no son precisamente aquellos que deben ser ganados a la causa radical de izquierda? (Esto es lo que Bernie Sanders logró). Uno debiera deshacerse del pánico falso, temiendo que la victoria de Trump sea el último horror que nos hace apoyar a Hillary a pesar de sus obvias deficiencias. Aunque la batalla parece perdida para Trump, su victoria habría creado una situación política totalmente nueva con posibilidades de una izquierda más radical - o, para citar a Mao de nuevo: “Hay desorden bajo el cielo, por lo que la situación es excelente”.


Hay otro aspecto del duelo Trump / Clinton que se refiere a la diferencia sexual. Sorprendentemente para un comunista maoísta, Alain Badiou –en su nuevo libro La Verdadera Vida– advierte sobre los peligros del creciente orden nihilista post-patriarcal que se presenta como el dominio de las nuevas libertades. Vivimos en una época extraordinaria en la que no existe una tradición donde podamos basar nuestra identidad, ningún marco de vida significativa que nos permita vivir una vida más allá de la reproducción hedonista. Este Nuevo Trastorno del Mundo, esta civilización progresivamente emergente, afecta de manera ejemplar a los jóvenes que oscilan entre la intensidad de quemarse totalmente (el goce sexual, las drogas, el alcohol, hasta la violencia) y el esfuerzo por triunfar (estudiar, hacer carrera, ganar dinero dentro del orden capitalista existente), la única alternativa a ella es una retirada violenta hacia alguna Tradición artificialmente resucitada.
Badiou perspicazmente observa aquí que estamos recibiendo una versión decadente y reactiva del alejamiento del Estado anunciado por Marx: el estado de hoy es cada vez más un regulador administrativo del egoísmo del mercado sin autoridad simbólica, carente de lo que Hegel percibió como la esencia del Estado (la comunidad abarcadora por la que estamos dispuestos a sacrificarnos). Esta desintegración de la sustancia ética está claramente señalada por la abolición del reclutamiento militar universal en muchos países desarrollados: la misma noción de estar dispuesto a arriesgar la vida por un ejército de causa común parece cada vez más inútil si no directamente ridículo, ya que las fuerzas armadas, de ser un cuerpo en el cual todos los ciudadanos participan igualitariamente, gradualmente se está convirtiendo en una fuerza mercenaria.


Esta desintegración de una sustancia ética compartida afecta de manera diferente a los dos sexos: los hombres gradualmente se convierten en adolescentes perpetuos sin un claro paso de iniciación que promulgaría su entrada en la madurez (servicio militar, adquisición de una profesión e incluso educación). No es de extrañar, pues, que, para suplantar esta carencia, proliferen las pandillas juveniles pospaternales, proporcionando una iniciación sustituta y una identidad social. En contraste con los hombres, las mujeres son hoy más y más precozmente maduras, tratadas como pequeños adultos, y se espera que controlen sus vidas, que planifiquen su carrera ... En esta nueva versión de la diferencia sexual, los hombres son adolescentes lúdicos, forajidos, mientras las mujeres son maduras, serias, legales y punitivas. La ideología gobernante no espera hoy que las mujeres sean subordinadas, se espera, - se solicita,- que sean juezas, administradoras, ministras, CEOs, maestras, incluso policías y soldados. Una escena paradigmática que ocurre cotidianamente en nuestras instituciones de seguridad es la de una maestra / jueza / psicóloga cuidando a un delincuente masculino joven, antisocial e inmaduro ... Así surge una nueva figura del Uno: un agente frío competitivo de poder, seductor y manipulador, que atestigua la paradoja de que “en las condiciones del capitalismo las mujeres pueden funcionar mejor que los hombres” (Badiou). Esto, por supuesto, de ninguna manera convierte a las mujeres en sospechosas como agentes del capitalismo; simplemente señala que el capitalismo contemporáneo inventó su propia imagen ideal de la mujer.


Hay una tríada política que retrata perfectamente la situación descrita por Badiou: Hillary - Duterte - Trump. Hillary Clinton y Donald Trump son la pareja política definitiva de hoy: Trump es el adolescente eterno, un hedonista imprudente propenso a los estallidos irracionales que dañan sus posibilidades, mientras que Hillary ejemplifica al nuevo Uno femenino, una manipuladora despiadada autocontrolada que explora imprudentemente su feminidad y se presenta a sí misma como guardiana de los marginales y las víctimas - su feminidad la hace más eficiente en la manipulación. De manera que uno no debería ser seducido por su imagen de víctima de un Bill que anda coqueteando por ahí alegremente mientras permite que las mujeres lo chupen en su oficina - él era el verdadero payaso, mientras que ella es el amo en la relación que le permite a su sirviente pequeños placeres irrelevantes ... ¿Qué, entonces sobre Rodrigo Duterte, el presidente filipino que abiertamente solicita asesinatos extrajudiciales de drogadictos y traficantes, llegando a compararse con Hitler? Defiende la decadencia del imperio de la ley, la transformación del poder estatal en una regla extralegal que gobierna su salvaje justicia; como tal, hace lo que todavía no está permitido hacer abiertamente en nuestros países occidentales “civilizados”. Si condensamos los tres en uno, obtendremos una imagen ideal del político hoy: Hillary Duterte Trump.

 

Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural esloveno. Su última obra es Contragolpe absoluto(Editorial Akal).

Publicado enInternacional
Viernes, 11 Noviembre 2016 06:49

Momento histórico

Momento histórico

Este artículo surge a partir de la conmoción mundial en relación al triunfo de Donald Trump en EE.UU. Pretendemos abordar algunos puntos para tener una lectura geopolítica de un hecho que marca un antes y un después en el escenario global.
a) La población no vota sobre las expectivas del escenario internacional. Se valora el escenario interno, independientemente de las tergiversaciones que sobre ese plano puedan crear medios de comunicación y redes sociales. Los grandes conglomerados mediáticos del mundo, al igual que el sistema financiero internacional, esperaban otro resultado: el triunfo de Hillary Clinton. Lo mismo que sucedió en Colombia y en Gran Bretaña, con el plebiscito por la paz y el Brexit, respectivamente.


b) Trump ganó el voto de la clase obrera industrial, hablando contra los TLC. Este elemento fue el menos considerado por la mass media internacional: detrás del pirotécnico xenófobo también había un candidato que se dirigía a un sector desencantado por el “fin del sueño américano”, tras la crisis iniciada en 2008. No fue demasiado creativo: usó el mismo slogan que la dupla Reagan-Bush en 1980: “make America great again”, lo que también coincide con una visión de la inserción global de EE.UU. Pero así ganó en estados clave como Florida y Carolina del Norte, e industriales como Ohio, que incidieron en el resultado final. Tuvo una contundente votación en el interior del país, a contramano de los grandes centros urbanos que le dieron la espalda conociendo sus exabruptos.


c) Hay un debilitamiento de EE.UU. en el plano internacional. Trump ganó cuestionando el Nafta, acuerdo comercial firmado por Bill Clinton en 1994, junto a México y Canadá. También mostrándose contrario al TPP (Acuerdo Transpacífico) que Obama motorizó en detrimento de China. Su perspectiva, al menos discursiva, fue aislacionista. Estas dos variables pueden explicar la tranquilidad de Moscú y Beijing ante el nuevo escenario abierto, que confirma el debilitamiento del hegemón en declive. Rusia espera un debilitamiento de la estrategia intervencionista de EE.UU.: lee que la población le pidió a Trump que mire fronteras adentro y abandone aventuras como Libia y Siria, patrocinadas por la ex secretaria de Estado derrotada en las urnas.


d) América latina espera con incertidumbre. En nuestra región, algunas cancillerías –no particularmente las de gobiernos progresistas o de izquierda– jugaron todas sus fichas a un hipotético triunfo de Clinton. Hicieron lo que pedían las instituciones, la mass media y el sistema financiero internacional. También son perdedores en la contienda: llegaron tarde y se jugaron a fondo, algo que suele cobrarse (no en términos económicos, sino políticos). Un error garrafal en la diplomacia, que no es bueno naturalizar. Una de las incertidumbres reside en la normalización diplomática que Washington planificaba con La Habana bajo la capitanía del propio Obama: ¿qué sucederá con ese proceso?, ¿se amesetará?


e) Hay que volver a interpretar el escenario internacional. La elección de Trump abre paso a una lectura: detrás de los colapsos institucionales que se verifican en la Unión Europea y los EE.UU., la salida –parcial– parece venir de outsiders conservadores. Hay un déficit indudable en los contrapuntos, al menos electoralmente: a Corbyn no lo benefició el Brexit (aunque volvió a ganar la interna de su partido, con comodidad), a Podemos no lo benefició la elección 2016 en España (aunque el voto implícito del PSOE al gobierno de Rajoy lo para como única alternativa real), y las proyecciones de Melenchon en Francia de cara a las presidenciales 2017 parecen ser limitadas. Ni que hablar de Sanders, que tras una elección interna descomunal tuvo que dejar que Clinton sea quien enfrente al pirotécnico Trump, por la elección de los “superdelegados” (en detrimento de gran parte de la base demócrata, que acompañó con entusiasmo su intento de “revolución política”).


La “derecha” parece interpretar mejor que la “izquierda” la actual oleada, nutriéndose de lugares comunes y miedos (¿acaso el debate sobre los refugiados en la UE, donde Francisco tiene la posición más progresista contra los muros, es muy diferente a los exabruptos de Trump sobre México?) y también de ventajas objetivas (mayores recursos y pragmatismo). La tarea de las fuerzas nacional-populares, progresistas y de la izquierda de la región es interpretar el momento histórico que se abre tras esta elección, y proporcionar los mecanismos para hacer competitivas a las opciones que se proponen un orden alternativo, sin renunciar a las banderas de justicia social.


*Por Juan Manuel Karg, politólogo UBA / Analista Internacional / Investigador CCC.

Publicado enInternacional
Lunes, 24 Octubre 2016 06:26

A la vuelta

A la vuelta

Qué ambiente más extraño. Todo indica que Hillary Clinton ganará la elección presidencial el 8 de noviembre, y, tal vez más importante, que Donald Trump será derrotado. Sin embargo, no se siente como que hay algo que festejar. Es más una sensación de alivio, pero sin grandes expectativas, ni esperanzas. Muy diferente de lo que fue con Barack Obama en su primera elección. Es histórico –la primera mujer en llegar a la presidencia de la última superpotencia–, pero ni eso genera gran entusiasmo.

No se sabe qué está a la vuelta, pero no se siente que haya habido un gran triunfo ni nada. Fue más bien un escape de lo peor para seguir en lo mismo.

Entre los jóvenes hay un murmullo inteligente, pero no hay gritos colectivos de alegría. Querían algo más, muchos se atrevieron a soñar que otro Estados Unidos es posible. La campaña de Clinton les ofrece a Katy Perry y Miley Cyrus, entre otros, para intentar captar su voto. Merecen algo más.

Si se da el resultado pronosticado, si no hay grandes sorpresas o algo que descarrile la maquinaria, habrá ganado la élite dominante después de casi dos años durante los cuales la mayoría de este pueblo expresó abierta y explícitamente que desea un cambio y que no confía en las cúpulas políticas, pero está por ganar la reina del establishment. Hay alivio de que, al parecer, el monstruo anaranjado volverá a su jaula dorada, sus campos de golf, sus hoteles, y que no regresará a la arena electoral. Desde ahí, con el resto del uno por ciento, continuará ejerciendo tal vez aun más poder que como político, ya que él mismo dijo –y en gran medida eso está comprobado– que los políticos son títeres de multimillonarios como él.

No se sabe qué se asomará a la vuelta. Algunos creen que las fuerzas más oscuras desencadenadas por la estrella del reality show no aceptarán su derrota en las urnas, desconocerán la legitimidad de un gobierno encabezado por "esa mujer", y podrían pronunciarse "patriotas" al hacer algún llamado a la "resistencia" (vale recordar que hay más de 300 millones de armas de fuego en manos de ciudadanos privados en este país; o sea, casi suficiente para armar a cada habitante).

Otros dicen que a la vuelta puede que se abra una era liberal, y tal vez hasta más progresista, como resultado de una serie de fuerzas que se expresaron en la arena electoral a través de la campaña del socialista democrático, Bernie Sanders. De hecho, el propio Sanders está convocado a que sus bases continúen la "revolución política" que deseaba promover en una administración Clinton.

"No es mi revolución política; es tu revolución política", respondió recientemente a una pregunta de sus seguidores sobre cómo continuar lo que él impulso. "Ideas que en algún momento parecían locas y marginales ahora están incorporadas en la Plataforma Nacional del Partido Demócrata", señaló que la mayoría del contenido es lo que su campaña logró insertar. Afirmó que ahora, la lucha es que "se implemente esto" obligando a la nueva presidenta a proceder a través de "la movilización, la educación y la lucha".

A la vez, expresiones nuevas de luchas antiguas continuarán insistiendo en cambios, desde jóvenes inmigrantes, al movimiento de derechos civiles Black Lives Matter, a la resistencia indígena a la explotación y destrucción ambiental de sus tierras (este fin de semana, unos 80 fueron arrestados en la lucha contra un oleoducto en Dakota del Norte, parte de un gran movimiento de resistencia de los Sioux y decenas de pueblos indígenas a lo largo y ancho del país, junto con ambientalistas blancos y Black Lives Matter), como una creciente huelga de prisioneros nacional y sin precedente en protesta contra la explotación de su mano de obra y las condiciones que padecen, como también batallas por el incremento del salario mínimo a 15 dólares/hora, y la incesante lucha de organizaciones como la Coalición de Trabajadores de Immokalee para transformar las condiciones en que trabajan los jornaleros agrarios.

El menosprecio del pueblo por la clase política no es nada nuevo, pero al llegar a su conclusión este proceso electoral, eso es el aroma a rancio que se huele por todo el país. Son 30 años de políticas neoliberales que cualquiera en América Latina conoce demasiado bien, y para implementarlas se requiere una ofensiva contra las organizaciones sociales, sobre todo los sindicatos. Eso ha resultado no sólo en represión económica de millones para generar concentración de la riqueza sin precedente en casi un siglo, sino también en la represión social. Las políticas del temor son las más efectivas.

Por eso, ante ello, lo que rescata a muchos, y el mejor antídoto al ejercicio arrogante del poder y el desprecio al pueblo es la comedia. Sin los comediantes esta elección general hubiera sido casi inaguantable. Sus críticas a veces se volvieron noticia, igual de importante que la opinión de algún experto, y a veces con más filo periodístico que los medios. Stephen Colbert, la breve y muy bienvenida reaparición de Jon Stewart, Noah Trevor, quien heredó el Daily Show de Stewart y otro discípulo de ese programa, el ferozmente chistoso y atinado John Oliver en su programa semanal en HBO, y la extraordinaria Samantha Bee, son algunos de los mejores guías, reporteros y analistas de esta coyuntura política. Y de vez en cuando, el ya muy añejo Saturday Night Live logra recuperar sus viejos méritos satíricos. En sus mejores momentos, rinden honor a Darío Fo.

Pero los comediantes no pretenden tener la respuesta ni pueden indicar qué podría estar a la vuelta. Aunque los políticos dicen que sí saben y proponen y prometen lo que harán de aquí en adelante al convocar a todos a sumar fuerzas para lograrlo, todos saben que esto suele ser tramposo y hueco. La experiencia lo comprueba. Por lo tanto, nadie se atreve a pronosticar lo que está a la vuelta.

En una calle de Manhattan frente a un antro se anuncia que tocará una banda: Los Esperanzados Desesperados. Tal vez esa es la mejor forma de nombrar lo que se necesita para dar la vuelta en este país.

Publicado enInternacional