Domingo, 28 Febrero 2016 05:50

Bolivia: un tiro en el pie

Bolivia: un tiro en el pie

Durante siglos, salvo durante el breve intervalo de los gobiernos militares nacionalistas de clase media de Toro y Villarroel, Bolivia fue gobernada por una minoría oligárquica ferozmente racista que rotaba en la ocupación de los principales puestos. Nunca hubo un Estado digno de ese nombre, ya que la mayoría indígena de la población no daba su consenso ni ejercía la ciudadanía. Con la revolución boliviana de 1952 –en la que las milicias obreras destruyeron al ejército e impusieron de hecho una vasta reforma agraria– esa situación cambió radicalmente. Los obreros y campesinos entraron en la vida política y ni siquiera las dictaduras pudieron evitar su posterior evolución independiente ni afirmar un poder estatal todopoderoso.


El proceso actual nació de la irrupción de los pobres y los trabajadores en la guerra del agua, en Cochabamba, y en la posterior del gas, que derrocó al gobierno proimperialista del hombre más rico del país. Un sindicalista y diputado indígena, Evo Morales, que no había dirigido esas luchas, sin embargo las canalizó hacia las elecciones nacionales, que ganó, y una Asamblea Constituyente, que logró organizar. La nueva Constitución mantuvo el carácter unitario del Estado pero lo declaró plurinacional y basado sobre las autonomías indígenas, campesinas y regionales y la democracia directa.


Los regionalismos dirigidos por distintas fuerzas oligárquicas locales –en Santa Cruz, Tarija, el Beni–, y los otros regionalismos, fruto del atraso cultural de amplios sectores de los trabajadores, fueron momentáneamente vencidos. La derecha clásica y sus partidos perdieron fuerza y unión y el gobierno inventó un partido, el Movimiento al Socialismo, que era en realidad un pool de direcciones burocráticas o semiburocratizadas de sindicatos y sectores sociales, muchas veces con conflictos de intereses y necesitados de un árbitro.


Evo Morales, como buen sindicalista, desempeñó ese papel desde 2006. El problema principal que tuvo que enfrentar fue la carencia de una formación política mínimamente homogénea y con intereses comunes porque los dirigentes del MAS están desesperados por tener un lotecito de poder propio y compiten entre sí por los cargos estatales más prestigiosos (y, en muchos casos, más lucrativos). Eso favoreció la fusión consiguiente entre el MAS y el Estado, que corrompió a los dirigentes sociales, los sometió al aparato estatal y les quitó la posibilidad de ejercer un control de las clases trabajadoras sobre un organismo, como el Estado, destinado a defender los intereses de las clases dominantes y explotadoras.


Evo tenía que asegurar la unidad de las diferentes naciones indígenas preservando sus derechos e identidades, construir las bases de un Estado más democrático plurinacional apoyado en la democracia directa y en las autonomías y, al mismo tiempo, modernizar el país, modificar su base económica y elevar la productividad y la cultura de los trabajadores bolivianos. Pero fracasó en esta tarea nada fácil, para la cual no estaba ni está política ni culturalmente preparado y recurrió a un indigenismo superficial y folclórico representado por ritos prehispánicos, flores y ropajes semiindios, y por funcionarios y diputados indígenas, sin preguntarse qué cubría ese pachamamismo de oropel.


Mientras tanto, su eminencia gris y teórico oficial, el vicepresidente Álvaro García Linera, trabajaba para construir un Estado jacobino, decisionista y verticalista que llevase a Bolivia a un capitalismo moderno, no a superar el sistema y construir las bases del socialismo. Primero habló de un capitalismo andino, formado por los restos de los ayllus y por la nueva burguesía aymara, que acumula sobre la base de la explotación gratuita o mal pagada de la mano de obra familiar o comunitaria.

Después, de un socialismo comunitario que no es ninguna de las dos cosas, sino un capitalismo de Estado en un país dependiente. Aprovechando los altos precios de las materias primas, ese capitalismo de Estado y su política desarrollista y extractivista logró importantes progresos económicos y sociales, pero dejó intacta la estructura capitalista y aplicó una política de imposiciones (como el gasolinazo), eliminando las consultas previas a las autonomías, como en el caso de la carretera por el TIPNIS, mientras facilitaba la corrupción de los funcionarios del MAS. Después, los precios de las materias primas (soya y minerales) se derrumbaron, y aunque la economía boliviana aún crece a 5 por ciento anual, en 2015 las exportaciones cayeron a la mitad.


Entonces García Linera, aprovechando el evismo de Evo Morales, creyó que funcionaría hacer un referendo cuando Evo tiene aún un amplio apoyo antes de que la situación económica empeorase. O sea, dar una salida tecnoburocrática al problema político de la carencia de cuadros, de partido y de políticas no capitalistas. La soberbia y el aislamiento de lo que siente la gente eran tan grandes que Evo esperaba un gran triunfo y declaró muy confiado que no se presentaría como candidato si el Sí no lograba el 70 por ciento (consiguió poco más del 48 y perdió votos a raudales incluso donde ganó).


Por olvidar que, como decía Bernard Shaw, a los pañales y los políticos hay que cambiarlos a menudo, por las mismas razones, una derecha reaccionaria, dividida y aislada se encontró de repente con el caudal popular del NO y finge encabezar y representar a amplias masas de obreros y campesinos que en realidad votaron por la democracia, contra la corrupción del MAS y hasta contra el vicepresidente, pero no contra el gobierno, su política, y menos aún contra Evo Morales. Éste ha perdido así parte de su prestigio de ganador y mediador. En los cuatro años que quedan hasta las elecciones se impone la necesidad de dar vida a la democracia, la autogestión y las autonomías para crear cuadros. Las medidas antidemocráticas y las calificaciones estalinistas contra los críticos de izquierda agravarán, por el contrario, la situación.

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El Sí y el No a Evo se contaban voto a voto

El gobierno pidió esperar los resultados oficiales, dado que las cifras preliminares daban un 49 por ciento al Sí y un 51 por ciento al No a una segunda reelección, una tendencia que podría revertirse fácilmente con el transcurrir de las horas.


Por primera vez en 11 años, el Movimiento Al Socialismo (MAS) está ante la posibilidad de perder en una elección nacional. Aún sin resultados oficiales, las cifras preliminares daban un 49 por ciento al Sí y un 51 por ciento al No, una tendencia que fácilmente podría revertirse con el transcurrir de las horas. El gobierno de Evo Morales no está dispuesto a aceptar la derrota hasta no ver las cifras del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Por su parte, la oposición salió a las calles a gritar su alegría. Si este resultado se mantiene, el presidente no podrá postularse para un cuarto mandato consecutivo de 2020 a 2025.


“Aún no tenemos resultados oficiales. Habrá que esperar horas o días. Sin embargo, las cifras de las empresas de consulta muestran que estamos en un clarísimo empate técnico electoral, que muestra que pese a la guerra sucia, la infamia, la mentira y la tergiversación que la oposición, las fuerzas de derecha conservadoras han desplegado las últimas semanas, la mitad ha optado por que se modifique la Constitución Política del Estado”, dijo el vicepresidente Alvaro García Linera anoche en el Palacio Quemado.


“Estos recuentos rápidos que hacen las empresas de encuestas se acercan a la verdad, pero siempre tienen diferencias. Cuando se hicieron las elecciones nacionales el 13 de octubre de 2014, Ipsos y Mori dijeron que el presidente Evo ganaba con el 59 por ciento. Días después, se supo que en verdad ganó con el 61 por ciento. Estas encuestas son imprecisas porque no toman en cuenta el voto en el exterior. Ya sabemos que en Argentina y en Brasil el Sí ha ganado. Estas encuestas tampoco toman en cuenta a los barrios más alejados, a las comunidades más alejadas, donde el MAS siempre tiene mayor porcentaje de votación. Por ello, es altamente probable que estas cifras se modifiquen de una manera drástica”, dijo el vicepresidente.


“Sobre el festejo forzado que hacen algunos funcionarios públicos de alcaldías y gobernaciones, les digo: no vaya a ser que su alegría forzada se convierta en llanto mañana. Pedimos paciencia a la población”, agregó García Linera.


“Hay que reconocer con nobleza que esta es la victoria del pueblo, de los jóvenes de la ciudad. Estamos con alegría en el corazón, agradecidos con pueblo boliviano”, dijo el gobernador de Santa Cruz de la Sierra, Rubén Costas, uno de los principales promotores del No. Según los datos preliminares, la cantidad de votos contra la propuesta de Morales en este departamento definió el resultado. Luego de cinco años de un romance complicado entre el presidente Morales y Santa Cruz, ayer volvió a ser el bastión de la oposición. En estas calles, las y los opositores festejaban como si Bolivia hubiera ganado la Copa del Mundo, con batucadas y petardos incluidos.


En el Palacio Quemado, en cambio, se tomaron el resultado con calma. Se reconocen desgastes dentro del partido, sobre los cuales se proponen trabajar los próximos cuatro años.


Morales votó ayer por la mañana en El Chapare, en el trópico de Cochabamba, donde empezó su lucha junto al movimiento campesino cocalero. Cuando salió del cuarto oscuro, reiteró una de sus citas preferidas: “Lo que dice el Subcomandante Marcos: ‘Gobernar obedeciendo al pueblo’. Es lo que hicimos ahora, es parte de nuestra política”. Anoche, el presidente revisaba los resultados junto a sus ministros y ministras.


Ayer, el diario El País de España publicó una entrevista realizada al referente aymara. En ella, Morales advirtió que la pérdida de apoyo a su gobierno puede deberse “al machismo, a la corrupción y a la división interna en el MAS. Todos quieren ser alcaldes, concejales. Tenemos ejemplos de alcaldes que si no están en la cárcel están procesados. Estos temas de corrupción nos han afectado”.


Y aseguró que está preparado para asumir una derrota electoral de este tipo. “Con semejante record, me voy feliz y contento a mi chaco (chacra). Jamás voy a claudicar en mis principios. Me quedaré apoyando desde abajo. Me encantaría ser dirigente deportivo, me encanta el deporte”, adelantó.


Marcelo Humala fue temprano a votar al colegio Aspiazu, en el barrio paceño de Sopocachi. Su voto fue por el Sí. “Yo tengo 52 años, ya vi todos los gobiernos, todos los presidentes. Y este gobierno es lo mejor que nos puede pasar. Ahora escucho a los jóvenes que están cansados del abuso y de la tiranía. Pero ellos solamente conocen este gobierno. Esos lloq’allas (niños) no tienen idea de lo que va a pasar si vuelven los vendepatria de antes. Ahora todos tienen trabajo. Todos tienen unos pesos para gastar y algunos pesos más para el ahorro”, dijo a Página/12.


Salvador Schavelzon, antropólogo argentino e investigador de la Universidad Federal de Sao Paulo, escribió dos libros el surgimiento del Estado Plurinacional. Consideró que “para una fuerza que llegó a ganar varias elecciones con más del 60 por ciento, el alto porcentaje de votos por el No se refiere sin duda a un agotamiento en el núcleo político que llegó al gobierno desde las calles, luchas sociales y un proyecto político que hablaba de descolonización, pero que hoy muestra la fragilidad de un modelo que terminó apostando por una no realizada industrialización e inclusión generalizada en la clase media. La derrota no puede reducirse entonces a campañas sucias, al poder de la prensa y de los asesores de marketing, o a la intervención imperialista de Estados Unidos, como intentaba defender un ministro después del escándalo mediático involucrando capital chino y la ex pareja de Evo Morales. En el análisis de la derrota sin duda debe discutirse la dirección de un proceso que no pudo realizar un proyecto por el que terminó optando, que no era el propio”.


Según la consultora Equipos Mori, en el departamento de La Paz el Sí obtuvo el 56 por ciento, contra el 44 por ciento de No. En Cochabamba, el 57 por ciento votó por el Sí, mientras el 43 por ciento lo hizo por el No. En Santa Cruz, el 42 por ciento votó Sí, contra el 58 por ciento que optó por el No. En Oruro, el 51 votó Sí, contra el 49 por ciento de No. En Chuquisaca, el 42 por ciento dijo Sí y el 58 por ciento dijo No. En Beni, el 40 por ciento eligió el Sí y el 60 por ciento optó por el No.


En Pando, el 44 por ciento avaló la modificación del artículo 168, mientras el 56 rechazó esta propuesta. En Tarija, el 40 por ciento votó por el Sí, mientras el 60 por ciento eligió el No. Y en Potosí, el 41 por ciento dijo Sí y el 59 por ciento dijo No.

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Bolivia encara la votación más incierta en la era Evo

El referéndum del domingo decidirá si se reforma la Constitución para permitir que el presidente se vuelva a presentar en 2020

 

La incertidumbre reina en Bolivia ante el referéndum convocado para este domingo por su presidente, Evo Morales. Los bolivianos decidirán si permiten al líder indígena, el artífice del mayor cambio social que ha vivido el país en la última década, la posibilidad de volver a presentarse a unas elecciones en 2020 y, de ganarlas, postergarse en el poder hasta 2025, año del bicentenario de la independencia del país. El alto porcentaje de indecisos entre el sí y el no, según todos los sondeos, será determinante.


Morales ha logrado un amplio respaldo en todas las contiendas electorales a las que se ha presentado hasta ahora. Legó al poder en 2006 con el 54% de los votos; dos años después, superó un referéndum revocatorio con el 67% del apoyo; en 2009, tras reformar la Constitución, volvió a ser elegido presidente con el 64% de los sufragios y cinco años después, en octubre de 2014, con el 61%. Las autoridades judiciales consideran que esta última fue la primera reelección de Morales, por lo que la segunda, que de momento no permite la Constitución, sería a partir de 2020.


Por primera vez, la mayoría de sondeos publicados hasta el pasado domingo, último día permitido por la ley, auguran un empate en el sí y el no y una horquilla de indecisos que oscila entre el 10 y el 15% de los más de seis millones de personas que podrán votar el domingo. En lo que sí coinciden todas las encuestas es en destacar la gestión del Gobierno de Morales. Incluso las que dan una clara mayoría a los partidarios de que Evo no pueda volver a presentarse, reflejan una aprobación del mandatario de más del 60%.


Después de más de 10 años en el poder, es indudable la transformación que ha sufrido el país. La incorporación a la clase media de un amplio sector de la población y la salida de otro tanto de la pobreza, ha traído un cambio significativo a Bolivia. Un mero paseo por La Paz permite comprobar cómo en el último año y medio se han abierto decenas de nuevos comercios, la construcción de edificios se ha disparado y el teleférico, la gran obra de infraestructura en la capital, funciona sin cesar.


Sin embargo, la creación de nuevas élites ha traído consigo también un aumento de la corrupción en las instituciones. Además, la sombra del caudillismo, tan propio de la historia de América Latina, ponen en duda la continuidad de Morales en el poder pese a su gestión. A ello hay que sumar que muchos bolivianos que le han respaldado en anteriores ocasiones no están de acuerdo con la forma en que el presidente ha encarado la campaña por este referéndum.


‘Con Evo sí tenemos futuro’, el lema utilizado para defender el sí en la votación del domingo, basado en destacar los logros alcanzados, nada tiene que ver con los discursos oficiales de los últimos meses. En vez de resaltar la estabilidad política o el crecimiento económico, que aún se mantiene, Morales y buena parte de su entorno –lo que ha profundizado una división en el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de gobierno- han recurrido al discurso antineoliberal y antiimperialista para alertar de las consecuencias de una victoria del no.


Todo ello se ha visto acentuado por un escándalo de tráfico de influencias en el que se ha visto envuelto Morales. Hace dos semanas, Carlos Valverde, conductor de un programa de televisión, mostró ante las cámaras un certificado de nacimiento de un hijo de Morales con Gabriela Zapata en 2007. La madre del niño es gerente comercial de la empresa china CAMC Ingineerig, la principal proveedora del Estado, con contratos por alrededor de 500 millones de dólares. Morales niega que hubiese tráfico de influencias a favor de la CAMC y achaca todo a una conspiración en su contra liderada por Estados Unidos.


Una turba quema la alcaldía de El Alto y deja seis muertos


La violencia ha ensombrecido el último día de campaña previo al referéndum de reforma constitucional que se celebrará el domingo en Bolivia. Una protesta en El Alto, la cuidad satélite de La Paz, feudo tradicional de Evo Morales y ahora gobernado por la oposición, derivó este miércoles en una turba que quemó gran parte de la alcaldía. Al menos seis personas, según las informaciones oficiales, murieron por asfixia y 18 resultaron heridas.


Los hechos se produjeron en torno al mediodía. A esa hora, una marcha convocada por un gremio de padres de familia reclamaba mejoras en las obras de varias instituciones. Cuando llegaron a las inmediaciones de la alcaldía, según el testimonio de varios testigos, una turba atacó las instalaciones. El miedo y la confusión se apoderó del lugar. Mientras el fuego incendiaba la parte baja del edificio, las personas que se encontraban en el interior trataban de resguardarse en las plantas superiores. Algunos intentaron abandonar la alcaldía saltando por la ventana.


La alcaldesa, Soledad Chapetón, en el cargo desde el pasado junio, aseguró que detrás de la protesta se encuentran dirigentes afines al exalcalde Édgar Patana (en prisión) y que están procesados por distintos delitos. Además, varios testigos aseguraron que los asaltantes trataron de llevarse y quemar documentos que, supuestamente, comprometían a dirigentes vecinales.


Entre las decenas de personas que se aglomeraban frente al edificio, ennegrecido por el humo, ya apagado el fuego, se repetía una misma idea: la participación premeditada de dirigentes gremiales, próximos al Movimiento al Socialismo (MAS), el partido gobernante, en los actos violentos para tratar de sembrar el caos de cara a la cita electoral del domingo. El ministro de Gobierno, sin embargo, aseguró que se trató de una “franca provocación” de los funcionarios hacia los marchistas.


“Quieren suspender las elecciones porque saben que van a perder, saben que el no va a ganar”, aseguraba René Chimba, de 42 años, alteño. “La intención era suspender el referéndum del domingo”, aseguraba, por su parte, Elías Villa, de 28 años. Las autoridades, tanto los dirigentes de El Alto, opositores, como desde el oficialismo, se mostraban recelosas de tratar de ligar el ataque con la votación del domingo.


La protesta se produjo a la misma hora que, en el sur de La Paz, feudo tradicional de la oposición, el presidente Evo Morales celebraba el cierre de su campaña. Los bolivianos decidirán este domingo si permiten al líder indígena, artífice del mayor cambio social que ha vivido el país en la última década, la posibilidad de volver a presentarse a unas elecciones en 2020 y, de ganarlas, perpetuarse en el poder hasta 2025, año del bicentenario de la independencia del país andino. El alto porcentaje de indecisos entre el sí y el no, según todos los sondeos, será determinante.


El Alto ha sido tradicionalmente un foco de reivindicaciones. Vecina de La Paz, mayoritariamente poblada por migrantes indígenas del altiplano, de ahí surgió la conocida como guerra del gas que derivó en la salida del Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003. La antesala de la llegada al poder de Evo Morales, hoy más cuestionado que nunca por quienes le apoyaron fielmente en sus inicios

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Lunes, 15 Febrero 2016 05:43

Estrellas electorales

Estrellas electorales

Ante el espectáculo electoral, es cada vez más necesario el espectáculo cultural no sólo para propósitos de propaganda, sino para la pura credibilidad. No hay disputa que una figura cultural es mucho más creíble que la gran mayoría de los políticos. Y los políticos –y sus estrategas– lo saben.

Cuando Barack Obama estaba en la recta final de su campaña de relección en 2012, y el estado de Ohio era –como casi siempre– pieza clave en la matemática electoral, solicitó ayuda urgente. Claro, convocó al rey del Partido Demócrata, el ex presidente Bill Clinton, y también a varios políticos de perfil nacional a que lo acompañaran en sus giras electorales por la región, pero eso no era suficiente. Necesitaba a alguien con gran credibilidad entre las bases ciudadanas. No invitó a un gran intelectual, y menos a otro político, invitó a El jefe Bruce Springsteen.

Los políticos y sus estrategas de relaciones publicas entienden que como parte de cualquier campaña se requiere de la presencia de los verdaderos héroes populares: los músicos, actores, atletas y otras estrellas, o por lo menos de su música e imágenes.

Cuando Trump entró a su acto de celebración por su triunfo en Nueva Hampshire la semana pasada, la ruta sonora en las bocinas eran los Beatles cantando Revolution. Tal vez él y sus operativos no se dieron cuenta que parte de la letra de esa rola dice: “Dices que quieres una revolución... Pero cuando hablas de destrucción/No sabes que dejas de contar conmigo”; y sigue, “Dices que tienes una solución real... Pero cuando quieres dinero/Para gente cuyas mentes odian/Todo lo que te puede decir hermano es que tendrás que esperar”; o sea, justo lo opuesto al mensaje de este populista de derecha que promete bombardear a todo enemigo y alimenta el odio contra inmigrantes y musulmanes. Los Beatles sobrevivientes aún no han dicho si se oponen a que se use su música.

Vale recordar que los estrategas de la campaña de Ronald Reagan en los 80 usaron como himno Born in the USA, de Springsteen, hasta que El jefe exigió que dejaran de usar su música. Al parecer nunca se dieron cuenta que no era una canción patriotera, ni una oda a la grandeza del país, sino una condena de la guerra en Vietnam y sus secuelas en este país.

En este ejercicio electoral, estas son algunas de las estrellas que participan en el espectáculo político actual:

Hillary Clinton, reina del Partido Demócrata y su favorecida precandidata presidencial cuenta con un amplio elenco de estrellas que promueven su campaña, participando en algunos actos o sencillamente declarando que votarán por ella: Beyonce, Demi Lovato, Jamie Lee Curtis y Katy Perry, Pharell Williams, Kanye West, Christina Aguilera, Tony Bennett, Mariah Carey, Snoop Dogg, Cher, Ricky Martin, Jennifer Lopez, Barbra Streisand, Usher, Stevie Wonder, Lady Gaga, Morrisey, James Taylor, Salma Hayek, Richard Gere y Eva Longoria, entre otros.

Bernie Sanders, el otro precandidato demócrata y autodefinido "socialista democrático", goza de un creciente apoyo de figuras culturales, entre ellos los actores Mark Ruffalo, Danny DeVito, Sarah Silverman y Susan Sarandon, los raperos KIller Mike y Lil B, el filósofo Cornel West, el documentalista más famoso del país Michael Moore, el legendario Neil Young, la banda Red Hot Chili Peppers, Paul Simon y Art Garfunkel (que dieron permiso de usar una de sus canciones, America, en publicidad), Jackson Browne, Bonnie Raitt, David Crosby y Billy Bragg, entre otros. A la vez, es el único político que goza del apoyo de dos nombres conocidos en todo supermercado: los fundadores de los helados Ben & Jerry, Ben Cohen y Jerry Greenfield.

Vale señalar que hasta donde se sabe, Sanders es el único precandidato que tiene su propia obra cultural: un disco en el que él y músicos de Vermont cantan canciones de lucha social, incluida una de Woody Guthrie, grabada cuando era alcalde de Burlington, en 1987, y que es, como dijo un crítico, “tan malo que es bueno (aquí, una muestra).

Trump no tiene una larga lista de artistas, aunque sí de gente que ha pedido que deje de usar su obra Adele, Neil Young, Steve Tyler de Aerosmith, y Michael Stipe de REM, quien envió un mensaje después de enterarse que la campaña estaba usando una de sus canciones: "váyanse a la chingada, todos ustedes, hombrecitos tristes en busca de atención y hambrientos de poder. No usen nuestra música o mi voz para su farsa imbécil de campaña". El multimillonario tiene a dos figuras viejas del mundo de la lucha libre, incluido Hulk Hogan, el rockero derechista Ted Nugent, el veterano de Las Vegas Wayne Newton y la estrella country Loretta Lynn. Además, cuenta con el apoyo de la estrella deportiva Tom Brady, el mariscal de los Patriotas de Nueva Inglaterra.

Los demás tienen pocos amigos entre las estrellas. Marco Rubio tiene al vocalista de Lynyrd Skynyrd, antigua banda de rock sureño y de otra figura que se ha proclamado por él, pero que el prefiere no mencionar: la superestrella de cine porno Jenna Jameson. Ben Carson cuenta con Kid Rock. Jeb Bush tiene sólo a la estrella country Toby Keith.

A veces hay errores de producción en este espectáculo. La semana pasada, los dioses decidieron burlarse de algunos de los falsos profetas. El precandidato Cruz, el cristiano ultraconservador que se ofrece como campeón de la familia, la ética y los "valores estadunidenses" tuvo que cancelar un espot publicitario llamado Conservadores Anónimos después de que se enteró que una de las actrices contratadas, Amy Lindsay, había aparecido en películas de porno "suave". Lindsay, que también ha actuado en papeles menores en películas comerciales, se identifica como una republicana cristiana conservadora que estaba decidiendo si apoyar a Cruz o Trump.

El espectáculo político tiene todo, desde estrellas de cine, música y deporte hasta la pornografía como parte integral del ritmo electoral.

Aún está por verse quien ganará el premio por mejor actuación democrática.

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Martes, 26 Enero 2016 06:39

Izquierda, Constitución y hegemonía

Izquierda, Constitución y hegemonía

Si algo se puede afirmar con alguna certeza acerca de las dificultades que están pasando las fuerzas progresistas en América latina, es que tales dificultades se asientan en el hecho de que sus gobiernos no enfrentaron ni la cuestión de la Constitución ni la cuestión de la hegemonía. Con la primera me refiero al conjunto de reformas constitucionales o infraconstitucionales dirigidas a reestructurar el sistema político y las instituciones para prepararlos ante posibles embates de los proyectos de democracia de bajísima intensidad. Por hegemonía entiendo al conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y la vida que, cuando son altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por esas ideas, permiten que las élites políticas gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernen en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios.


En el caso de Brasil, el resultado de no haber enfrentado estas cuestiones es particularmente dramático. Y explica en parte que los enormes avances sociales de los gobiernos de Lula sean ahora tan fácilmente reducidos a meros expedientes populistas y oportunistas, incluso por parte de sus beneficiarios. Explica también que los muchos errores cometidos (para empezar, el haber desistido de la reforma política y la regulación de los medios de comunicación, entre otros, dejan heridas abiertas en grupos sociales importantes, tan diversos como los campesinos sin tierra ni reforma agraria, los jóvenes negros víctimas del racismo, los pueblos indígenas ilegalmente expulsados de sus territorios ancestrales, pueblos indígenas y quilombos con reservas homologadas pero arrinconadas, militarización de las periferias de las grandes ciudades, poblaciones rurales envenenadas por agrotóxicos, etc.) no sean considerados como errores, sino que sean omitidos y hasta convertidos en virtudes políticas o, al menos, sean aceptados como consecuencias inevitables de un gobierno realista y desarrollista.


Las tareas incumplidas de la Constitución y de la hegemonía explican también que la condena de la tentación capitalista por parte de los gobiernos de izquierda se centre en la corrupción y, por tanto, en la inmoralidad y en la ilegalidad del capitalismo, y no en la injusticia sistemática de un sistema de dominación que se puede realizar en perfecto cumplimiento de la legalidad y la moralidad capitalistas.


El análisis de las consecuencias de no haber resuelto las cuestiones de la Constitución y de la hegemonía es relevante para prever y prevenir lo que puede pasar en las próximas décadas, no solo en América latina, sino también en Europa y otras regiones del mundo. Entre las izquierdas latinoamericanas y las de Europa del sur ha habido en los últimos veinte años importantes canales de comunicación, que están todavía por analizarse en todas sus dimensiones. Desde el inicio del presupuesto participativo en Porto Alegre (1989), varias organizaciones de izquierda en Europa, Canadá e India (de las que tengo conocimiento) comenzaron a prestar mucha atención a las innovaciones políticas que emergían en el campo de las izquierdas en varios países de América latina.


A partir del final de la década de 1990, con la intensificación de las luchas sociales, el ascenso al poder de gobiernos progresistas y las luchas por asambleas constituyentes, sobre todo en Ecuador y Bolivia, quedó claro que una profunda renovación de la izquierda, de la cual había mucho que aprender, estaba en curso. Los trazos principales de esa renovación fueron los siguientes: la democracia participativa articulada con la democracia representativa, una articulación de la cual ambas salían fortalecidas; el intenso protagonismo de movimientos sociales, de lo que el Foro Social Mundial de 2001 fue una muestra elocuente; una nueva relación entre partidos políticos y movimientos sociales; la sobresaliente entrada en la vida política de grupos sociales hasta entonces considerados residuales, como los campesinos sin tierra, pueblos indígenas y pueblos afrodescendientes; la celebración de la diversidad cultural, el reconocimiento del carácter plurinacional de los países y el propósito de enfrentar las insidiosas herencias coloniales siempre presentes. Este elenco es suficiente para evidenciar cuánto las luchas por la Constitución y la hegemonía estuvieron presentes en este vasto movimiento que parecía refundar para siempre el pensamiento y la práctica de izquierda, no sólo en América Latina, sino en todo el mundo.


La crisis financiera y política, sobre todo a partir de 2011, y el movimiento de los indignados, fueron los detonantes de nuevas emergencias políticas de izquierda en el sur de Europa, en las que estuvieron muy presentes las lecciones de América latina, en especial la nueva relación partidomovimiento, la nueva articulación entre democracia representativa y democracia participativa, la reforma constitucional y, en el caso de España, las cuestiones de la plurinacionalidad. El partido español Podemos representa mejor que cualquier otro estos aprendizajes, incluso cuando sus dirigentes fueron desde el principio conscientes de las diferencias sustanciales entre los contextos político y geopolítico europeo y latinoamericano.
La forma en que tales aprendizajes se irán a plasmar en el nuevo ciclo político que está emergiendo en Europa del sur es, por ahora, una incógnita. Pero desde ya es posible especular lo siguiente: si es verdad que las izquierdas europeas aprendieron con las muchas innovaciones de las izquierdas latinoamericanas, no es menos cierto (y trágico) que éstas se "olvidaron" de sus propias innovaciones y que, de una u otra forma, cayeron en las trampas de la vieja política, donde las fuerzas de derecha fácilmente muestran su superioridad dada la larga experiencia histórica acumulada.


Si las líneas de comunicación se mantienen hoy, y siempre salvaguardando las diferencias de contextos, quizá sea tiempo de que las izquierdas latinoamericanas aprendan también de las innovaciones que están emergiendo entre las izquierdas del sur europeo. Entre ellas destaco las siguientes: mantener viva la democracia participativa dentro de los propios partidos de izquierda, como condición previa a su adopción en el sistema político nacional en articulación con la democracia representativa; pactos entre fuerzas de izquierda (no necesariamente solo entre partidos) y nunca con fuerzas de derecha; pactos pragmáticos no clientelistas (no se discuten personas o cargos, sino políticas públicas y medidas de gobierno), ni de rendición (articulando límites que no pueden ser cruzados con la noción de prioridades o, como se decía antes, distinguiendo las luchas primarias de las secundarias); insistencia en la reforma constitucional para blindar los derechos sociales y tornar al sistema político más transparente, más próximo y más dependiente de las decisiones ciudadanas, sin tener que esperar elecciones periódicas (refuerzo del plebiscito); y, en el caso español, tratar democráticamente la cuestión de la plurinacionalidad.


La máquina fatal del neoliberalismo continúa produciendo miedo a gran escala y, siempre que falta materia prima, trunca la esperanza que puede encontrar en los rincones más recónditos de la vida política y social de las clases populares, la tritura, la procesa y la transforma en miedo. Las izquierdas son la arena que puede atajar ese aparatoso engranaje a fin de abrir las brechas por donde la sociología de las emergencias hará su trabajo de formular y amplificar las tendencias, los "todavía no", que apuntan a un futuro digno para las grandes mayorías. Por eso, es necesario que las izquierdas sepan tener miedo sin tener miedo del miedo. Sepan sustraer semillas de esperanza a la trituradora neoliberal y plantarlas en terrenos fértiles, donde cada vez más ciudadanos sientan que pueden vivir bien, protegidos, tanto del infierno del caos inminente como del paraíso de las sirenas del consumo obsesivo. Para que esto ocurra, la condición mínima es que las izquierdas permanezcan firmes en las dos luchas fundamentales: la Constitución y la hegemonía.

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Mayoría de los bolivianos apoyan Referendo Constitucional

Los resultados de la más reciente encuesta de la empresa Equipos Mori reflejan hoy una ventaja para la opción Sí del 41 por ciento sobre el No, que archiva un 37% hacia el referendo del próximo 21 de febrero.


De acuerdo con el informe la diferencia más notable a favor de la modificación parcial de la Constitución Política del Estado (CPE) que permita al presidente Evo Morales y al vicejefe de Estado Álvaro García Linera a postularse en los comicios de 2019 se observa en el occidental departamento de Oruro, donde el Sí gana con el 64 por ciento al No que alcanza 23%.
Agrega el resumen del sondeo que en la oriental ciudad de Santa Cruz, el Sí aventaja por estrecho margen al No, 36 por ciento por 35, en tanto en el amazónico departamento de Beni, el 47 por ciento de las personas aseguró que votará afirmativamente.


En la ciudad capital, La Paz, el 44 por ciento de los encuestados votó por el Sí, mientras en el central departamento de Cochabamba lo hizo 46%.


Añade el boletín que en el sureño departamento de Tarija se impuso el No con el 54 por ciento de aceptación, mientras el Sí apenas sumó el 22%.


La encuesta de Equipos Mori muestra también la victoria del No en Chuquisaca y en Pando, sin embargo en la llamada "Villa Imperial, el departamento de Potosí, la mayor aprobación se lo llevó el Sí con un 43 por ciento de la intención de los sufragios por el 40% del No.


De manera general en todo el país, refleja la nota, el 11 por ciento de los encuestados se abstuvo y el ocho por ciento respondió que aún está indeciso sobre su voto.


El venidero 21 de febrero el pueblo boliviano irá a las urnas para definir si se modifica o no la CPE para permitir a Morales y a García Linera respostularse en los comicios de 2019.


(Con información de Prensa Latina)

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Sorpresivo empate técnico por la presidencia argentina

Sorpresivamente el candidato del oficialista Frente para la Victoria (FpV), Daniel Scioli, llevaba la madrugada de este lunes mínima ventaja, con 36.33 por ciento de los votos, sobre el abanderado de la fómula derechista Cambiemos, Mauricio Macri, con 34.80 por ciento, en la elección presidencial celebrada este domingo en Argentina, con el escrutinio de 92.30 por ciento de los sufragios, lo que abrió la puerta a una histórica segunda vuelta a realizarse el 22 de noviembre.


En tercer lugar, se encontraba el peronista disidente Sergio Massa, de Unidos para una Nueva Alternativa (UNA), quien lograba 21.27 por ciento, al cierre de esta edición.


Todas las encuestas a boca de urna anticiparon el triunfo del FvP, por lo que sorprendieron los resultados preliminares cuando, al filo de la medianoche y con 67 por ciento de votos escrutados, las cifras favorecían a Macri con 36.24 por ciento contra 34.70 puntos de Scioli, aunque a medida que avanzaba el escrutinio y se integraban más resultados de provincia la brecha se fue cerrando y Scioli lograba una ventaja muy ligera.


En la sede de Cambiemos comenzaron desde temprano los festejos mientras, a raíz de los pronósticos de diferentes encuestadoras, continuaba la certeza del triunfo oficialista y la duda era si habría o no segunda vuelta.


Otra sorpresa fue el triunfo de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, donde la candidata María Eugenia Vidal se imponía sobre Aníbal Fernández, del oficialista FvP, por 39.12 por ciento contra 34.54.


Vale pensar en un escenario de segunda vuelta con el rearme de las alianzas y hacia dónde van a ir los votos de los peronistas que sufragaron por Massa o en algunas provincias por alianzas opositoras.


En estas elecciones acudió a las urnas 80.86 por ciento del padrón de 32 millones 37 mil 323 ciudadanos.


La jornada arrojó otras sorpresas, como en la provincia de Córdoba, donde el gobernador José Manuel de la Sota, quien triunfó recientemente, se unió a Sergio Massa y esperaban ganar en esa provincia. Datos extraoficiales indicaban que la alianza de Macri con la Unión Cívica Radical y otros partidos habría ganado en ese lugar, lo que sería una de las razones para la buena elección que está logrando Macri, el dirigente derechista de Propuesta Republicana (PRO).


Los representantes de todos los partidos y alianzas que participaron en estos comicios se comprometieron con la Cámara Nacional Electoral a respetar los tiempos antes de hacer anuncios, pero no lo hizo Cambiemos, que instaló antes de cualquier resultado oficial la idea de la segunda vuelta.


La posibilidad de una segunda ronda electoral cobró fuerza con un discurso de Scioli ante sus seguidores y previo a la divulgación de resultados. El candidato oficialista se dirigió a los indecisos y reafirmó sus propuestas al señalar que los argentinos no quieren volver al ajuste, la devaluación y el endeudamiento.


Más tarde, y también antes de que se conocieran las primeras cifras oficiales, Macri dijo que los resultados cambian la política del país, y alabó las banderas del peronismo, el socialismo y la izquierda, en un sorprendente discurso.


El FvP enfrentará su mayor desafío después de 12 años de gobierno y en un contexto en el que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se retira con más de 50 por ciento de aprobación. Estas elecciones se realizaron en el contexto de una de las campañas más sucias en la historia argentina, con injerencia externa –como la pública permanencia de una fuerza de tarea de los fondos buitres de Paul Singer repartiendo grandes sumas de dinero a la oposición política y sus poderosos medios de comunicación–, como denunció en su momento Fernández de Kirchner.


Pero también como informaron los escasos medios locales que no responden al poder mediático hegemónico, una red de organizaciones no gubernamentales que trabaja para fundaciones de Estados Unidos, o la constante actividad de algunos representantes republicanos contra el gobierno argentino, han operado en los últimos años para debilitar al Ejecutivo.
La situación hace crecer la incertidumbre política porque el sistema de segunda vuelta, consagrado en la carta magna de 1994, nunca se utilizó en los hechos; debió haberse aplicado en 2003, pero entonces Carlos Menem retiró su postulación y asumió Néstor Kirchner, recuerda el diario Ámbito Financiero.


Aún falta determinar el resultado en la elección de legisladores para ver cómo queda conformado el nuevo Congreso, ya que se eligieron también 24 senadores y 130 diputados nacionales.


Falta definir las gubernaturas en las provincias de Santa Cruz, Chubut, La Pampa, San Luis, San Juan, Entre Ríos, Catamarca y Jujuy. Hubo grandes festejos, curiosamente en todas las sedes de los contendientes, especialmente de Cambiemos, pero también en UNA. En el lugar donde se encontraba el FvP, también con festejos, los primeros resultados cayeron como balde de agua fría.


Los análisis más generales coinciden en que la muerte de Néstor Kirchner (2010) y la imposibilidad de una segunda relección de su esposa y sucesora obligaron a tratar de asegurar el proyecto nacional-popular no sólo sin un Kirchner al frente, sino sin que lo encabece alguien del núcleo duro kirchnerista.


Este es el escenario menos esperado que se hubiera podido imaginar.


Argentina no es sino una metáfora del reflujo del cambio de época en nuestra América. Metáfora que nos remite a una discusión amplia que debemos dar en las izquierdas sobre la cuestión de los liderazgos; la importancia de la vía electoral pero también la del trabajo territorial y la formación política; la necesidad de reactualizar el proyecto para seducir a las clases medias y la juventud sin perder la esencia original ni el núcleo duro que ha llevado adelante cada proceso; la unidad en la diversidad pues ningún país va a poder profundizar las conquistas logradas frente a una nueva derecha recargada y golpes blandos que no apuntan a un solo proceso sino a todos los del campo de la izquierda, sean estos revolucionarios o reformistas, señala un análisis de Katu Arkonada en la Agencia Latinoamericana de Información.

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Lunes, 19 Octubre 2015 17:58

El "gran salto" de Clara

El "gran salto" de Clara

La poderosa oligarquía bogotana conformada alrededor de los negociosinmobiliarios facilitados por el primer Plan de Ordenamiento Territorial del alcalde Enrique Peñalosa en el 2001, al igual que las mafias de la contratación en la administración distrital, se trazaron hace algunos meses

el objetivo de sepultar a Clara López como candidata de una gran coalición de izquierda y progresista al primer cargo de la capital de la nación.

No han ahorrado artimaña, ni procedimiento torticero para socavar el prestigio social, el reconocimiento político y la prestancia intelectual de ella.

La etapa preliminar consistió en la más sucia campaña de difamación y señalamientos cargados de mentiras y afirmaciones absurdas para afectar su honra y su buen desempeño como alta funcionaria del Estado y el gobierno de la Capital.

Se pasaron por encima, no les importó, que bajo su gestión como alcaldesa encargada de la ciudad, sus habitantes le reconocieran un alto nivel de aceptación y confianza merced a las excelentes labores como gestora de los asuntos públicos de una urbe con más de 9 millones de habitantes, afectada por escándalos de corrupción en la construcción de una de las rutas de Transmilenio, en el que se encontraron involucrados prominentes figuras del establecimiento colombiano.

Para no ir muy lejos, la reciente captura por corrupción del gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, y la muy segura privación de la libertad de su esposa, Zoraida Cruz, permanente Secretaria de Enrique Peñalosa, es una evidencia palpable del alto grado de involucramiento de reconocidos nombres de la dirigencia política en los desfalcos y atracos protagonizados por los integrantes del Clan Nule, traídos a Bogota por intermediarios cercanos a los partidos políticos mayoritarios como la U, el Centro Democrático, el Conservador, el liberal y Cambio Radical. Muchos de cuyos concejales purgan largas penas en centros penitenciarios.

El caballito de batalla de la propaganda negra ha sido su articulación al gobierno de Moreno Rojas, en el que brillo por su rectitud y seriedad. A ella se le exige con sevicia funciones de fiscalización que los verdaderos encargados de tal menester no realizaron, incluyendo los poderosos medios de comunicación, que hoy se rasgan las vestiduras, después de haber mantenido un silencio cómplice con las irregularidades detectadas, como resultado de las abundantes prebendas y prestaciones de que disfrutaban en el gobierno y presupuesto distrital.

Igual sucedió con otros altos funcionarios de la época, que encargados de administrar la hacienda pública y autorizar los desembolsos, jamás emitieron las alarmas que les correspondía y hoy falsamente quieren lavarse las manos, como Ortega, el ex secretario de Hacienda del momento.

Ya en plena campaña el recurso ha sido la más descarada manipulación de las encuestas. Conocidas consultaras de opinión, ligadas a obscuros intereses corporativos y transnacionales, saltándose las normas y regulaciones electorales, han desplegado una brutal y ventajista campaña
para afectar el prestigio de Clara López, mediante encuestas amañadas que han tenido como fin manipular el "voto útil" para inflar el candidato de las simpatías de la gran oligarquía, el señor Enrique Peñalosa, asociado
con diversas irregularidades en la ciudad cuando fue su Alcalde, como las detectadas en la línea de Transmilenio por la Avenida Caracas y la Autopista Norte, en las que se realizó un fraude con costos cercanos al billón de pesos; igualmente las relacionadas con la instalación de los bolardos, y los procesos de privatización neoliberal de las más importantes empresas públicas para favorecer el enriquecimiento de conocidas roscas del contratismo.

Conociendo el ascendiente de Clara entre amplios sectores de la sociedad bogotana, dichos estudios y encuestas han pretendido descalificar y minimizar, con argucias de diverso orden, el amplio peso de su liderazgo, construido con tesón y transparencia. Es que nada de lo que acompaña a la candidata ha sido fruto de los favoritismos conocidos y de las prácticas del clientelismo predominante en las relaciones políticas y partidistas.

Todo indica que el artífice de esta descomunal campaña contra Clara López es el mismísimo Vicepresidente de la Republica, Germán Vargas Lleras, socio de Peñalosa, quien dispone de los más abundantes recursos presupuestales para apalancar sus pretensiones políticas.

Pero fallaron en sus planes. La campaña de Clara, que reúne a todos los sectores democráticos y de la izquierda progresista, ganó espacio y audiencia como resultado de sus propuestas en favor de los sectores más afectados por la crisis, la pobreza y la exclusión.

Clara lanzó un compromiso con las conquistas sociales alcanzadas en los años recientes por los gobiernos progresistas.

Sus iniciativas más audaces plantean la organización de un sistema universitario nocturno gratuito utilizando la infraestructura de los megacolegios para establecer una facultad de ciencias de la salud y una amplia red de ingenierías y profesiones avanzadas, acordes con la revolución científica y tecnológica de nuestros días.

Proponen la generación inmediata de 380 mil empleos para los jóvenes bogotanos.

Incluyen el buen vivir, los derechos plenos de la mujer, una ciudad de oportunidades, un desarrollo consistente de la industria y la garantía de los derechos políticos democráticos.

Lo más importante. Clara como abanderada de la paz con justicia social ha planteado convertir a Bogotá en la capital de la convivencia y la reconciliación, para hacer realidad los acuerdos avanzados en la Mesa de conversaciones de La Habana.

Todo lo anterior, junto a un formidable trabajo de organización y movilización electoral en los meses recientes, ha derivado en un alto y creciente reconocimiento popular y ciudadano de su liderazgo.

Pese a las zancadillas y trampas, hoy Clara ha dado un "gran salto", convirtiéndose en la más segura alternativa para conducir los asuntos de Bogotá en el periodo 2016-2019, como la primera mujer alcaldesa de la capital de los colombianos.

Es el avance que se consolidara en las elecciones del próximo 25 de octubre.

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Miércoles, 09 Septiembre 2015 05:09

De progresistas, reaccionarios, utopías y cambios

De progresistas, reaccionarios, utopías y cambios

Una jovencita manifestó su confusión con algo que apunté en mi último ar¬tículo: la derecha es como la izquierda: una, múltiple e intercambiable.


Tiene razón. La primera parte de la frase suena a cinismo derechista, o desencanto izquierdista. En cambio, la segunda ("una, múltiple...") fue disparada por hechos emblemáticos, como la desastrada historia de la Concertación, en Chile, y partidos políticos como el PSOE o Podemos, en España.


Las palabras... ¡ay! ¿Cuántos politólogos se han explayado sobre el significado de los vocablos izquierda y derecha? Veamos la dificultad para asimilarlos.


Primero: derechas que se niegan a ser tratadas como tales, y hasta se dicen de izquierda moderna.


Segundo: izquierdas ancladas en el clasismo del siglo XIX europeo, por no hablar de su insólita capacidad para fragmentarse, al tiempo de advertir que sólo con unidad se podrán concretar las utopías anheladas.


Un debate poco fructífero. En parte, porque algunas izquierdas carecen de lo que a las derechas sobra: voluntad de poder. Y luego, porque otras izquierdas creen que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder.


Moción de orden. Si ambos vocablos se prestan a confusión... ¿por qué no revalorar términos como progresista y reaccionario? ¿No se trata de avanzar? Después de todo, un progresista difícilmente devendrá en reaccionario, mientras que un reaccionario siempre será...


Veamos al papa Francisco, a quien, sin ser de izquierda, nadie calificaría de reaccionario o derechista.


Con algunas derechas se puede debatir con seriedad: son progresistas. Con otras, jamás: son reaccionarias. Pero algo similar acontece con las izquierdas radicales o antiprogresistas.


¿Qué ofusca más a las izquierdas? ¿Gobiernos progresistas que las despojan de su discurso, o gobiernos reaccionarios que, a más de negárselo, las exterminan?


Cuando a finales del decenio de 1960 aparecieron gobiernos progresistas encabezados por militares, izquierdas y derechas les sacaron la lengua. ¿Y el caso de Hugo Chávez? Felizmente, Fidel las llamó a sosiego y ya no guardan dudas de que el líder bolivariano fue un gran revolucionario.


Es claro que el subcomandante Marcos no se dejó engañar. Primer guerrillero de la historia que usó Internet, Marcos dijo hace unos años que Chávez y Cristina eran fenómenos mediáticos. Y Evo, un indígena de arriba. Y López Obrador, lo mismo que Salinas de Gortari.


Como fuere, sería injusto (o sea, reaccionario), restar méritos al movimiento políticamente antipolítico, que a finales del siglo pasado pegó un disparo certero en el cénit de la noche neoliberal.


No obstante, si todos los gobernantes de arriba fueran lo mismo, Lula, Cristina, Correa, Mujica, Dilma, Evo, serían como Menem o Fujimori. O asesinos seriales como Álvaro Uribe Vélez, y el recientemente destituido Otto Pérez Molina. Algunos dirán: ¡no es el caso de México! ¿De veras?


En México –país desangrado, violado, hambreado, despojado, explotado, alienado por Te-levisa, vigilado y monitoreado por el Pentágono–, Morena cosechó cerca de 16 millones de votos en 2012, situándose a sólo 3 millones del partido ganador. O sea que, subrayado, en condiciones de adversidad límite, las fuerzas progresistas de México pasaron a ocupar el segundo lugar en el continente, después de Brasil.


En los comicios presidenciales recientes, los partidos progresistas de América Latina consiguieron poco más de 100 millones de votos. En algunos países, más de 40 y 50 por ciento de los sufragios. Por consiguiente, hay que estar cu-cú para decir que el progresismo es una nueva forma de dominación.


Las izquierdas y derechas utópicas suelen ignorar males concretos para soñar con bienes abstractos. Por esto, un filósofo de barrio dijo que las utopías deben corregirse y actualizarse día tras día en cada esquina, conjurando rencores como el que María del Carmen Chichina Ferreyra guardó toda su vida.


Chichina (82 años) fue el gran amor de un joven rebelde al que ella siempre decía: Sos un utópico. Nunca vas a cambiar. Y él respondía: Sos vos la utópica. Nunca vas a cambiar.


En agosto pasado, en las elecciones primarias de Argentina, Chichina votó en favor de la coalición de partidos conservadores Cambiemos. El Che tenía razón. Ella nunca iba a cambiar.

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Sábado, 11 Julio 2015 05:35

El deterioro de Rafael Correa

El deterioro de Rafael Correa

Si hubo un punto preciso de inflexión en la tendencia mayoritaria de apoyo popular al gobierno de Rafael Correa, es probable que haya ocurrido a inicios de 2015. Ese fue el momento en el que la economía ecuatoriana pasó a evidenciar los impactos derivados de la caída de los commodities y el fin de la "década dorada" latinoamericana.

 

El correísmo no es más que la expresión política de la profunda transformación emprendida por el capitalismo ecuatoriano en los momentos posteriores a la crisis financiera que vivió el país en 1999. Es decir, cuando un sector del capital nacional, transversalizado por los capitales regionales, pasa a entender mejor sus posibilidades de negocios propiciando un mayor nivel de consumo interno mediante la incorporación de sectores populares al mercado. Todo ello en el marco de una importante disputa de poder con las viejas oligarquías que dominaban las exportaciones agrícolas, el viejo modelo de agronegocio no tecnificado.


Superar la inestabilidad política que ha caracterizado el reciente pasado ecuatoriano significó repartir más en momentos de bonanza económica, buscando garantizar las condiciones de acumulación a largo plazo de los sectores del capital emergente. Al fin y al cabo, el fenómeno correísta no deja de ser algo parecido a lo que significó el keynesianismo respecto del fordismo durante gran parte del siglo pasado en Estados Unidos y Europa.


Sin embargo, los ciclos políticos vienen determinados por los ciclos económicos, y esta realidad determina el fin de un consenso político, social y económico implementado con el triunfo del Movimiento Alianza Pais (Patria Altiva y Soberana) en las elecciones de 2006, e institucionalizado en la Constitución de 2008.


El reflujo económico que vive Ecuador viene a desnudar un modelo de desarrollo que, al igual que otros tantos aplicados en la región, muestra presto sus límites una vez acabado el período de bonanza. En estas condiciones, no tardará mucho el momento en que el oficialismo, bajo sus propias lógicas internas, busque con análisis simplistas a los responsables de su deterioro. En el fondo da igual, dado que en la práctica la transformación que vive el Estado durante la era correísta no es más que el fruto de las necesidades del nuevo mercado ecuatoriano.


Es un hecho que a pesar del proceso de tardo-modernización capitalista impulsado desde la planificación estatal se ha reprimarizado la economía nacional, lo que agudizó la dependencia respecto del mercado internacional de crudo. Las exportaciones de bienes procesados no petroleros, que en 2006 significaban para Ecuador un 4,9 por ciento del Pbi nacional, en 2014 descendieron al 3,9, lo cual evidencia lo banal del discurso gubernamental con respecto al cambio de matriz productiva y la transformación del régimen de acumulación económica heredado de la época neoliberal.


Gran parte de los logros económicos y sociales se han sostenido gracias a los elevados ingresos derivados de la exportación petrolera durante estos últimos ocho años (57.000 millones de dólares, descontados los costos de los combustibles importados), motivo por el cual pasan ahora a estar en riesgo. Sin dejar de reconocer que durante este gobierno la pobreza, medida por el ingreso (2,63 dólares diarios, usando la línea de pobreza nacional), disminuyó del 37,6 en 2006 al 22,5 por ciento en 2014, ya comienzan a aparecer los primeros datos económicos que reflejan el fin de ciclo. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la pobreza nacional habría aumentado entre junio de 2013 y junio de 2014 en casi un punto porcentual, y estamos a la espera de ver datos peores en el presente año; el empleo precario subió entre marzo del pasado año y el de éste en más de un punto y medio, y la evolución positiva del coeficiente de Gini (indicador de desigualdad), de lo cual se ha vanagloriado el régimen durante estos años, está estancada desde 2013.


SIN PLATA NO HAY PASIÓN

 

Si bien el régimen ha disfrutado de altas tasas de popularidad hasta hace relativamente poco tiempo, el deterioro económico conlleva a su vez el deterioro de la hegemonía ética y cultural, es decir, del consenso formado a partir de la Constitución de 2008. Desde el año pasado se está incrementando aceleradamente la percepción de corrupción generalizada en el país y la presidencia ha perdido credibilidad, mientras se pone cada vez más de manifiesto un descontento generalizado respecto de la situación de la economía nacional y su influencia negativa en la capacidad adquisitiva de la población.


El discurso oficialista, basado en una estrategia que tiene mucho que ver con aquello que Orwell definiese como un sistema casi perfecto de "doble pensamiento", y enfocado al descrédito de todo cuestionamiento crítico y al control sobre las definiciones de la realidad, pasó, en una coyuntura de incremento cada vez mayor de la conflictividad social, a redefinir términos e invertir valores. Lo que en el pasado fue heroísmo revolucionario ahora es terrorismo; la movilización social se transformó en sedición; y la disidencia política, en anarquismo y traición. Sin embargo, la realidad es –según demuestran las encuestas– que no sólo son las elites burguesas las que manifiestan su disconformidad, sino también gran parte del 43 por ciento de población vulnerable (con ingresos entre cuatro y diez dólares diarios, según la Cepal).


El correísmo pasó de ser una alternativa a la vieja y deslegitimada partidocracia a convertirse en el paradigma de la modernizada partidocracia del siglo XXI. Para los jóvenes ecuatorianos, según indican diversos estudios demoscópicos, todo el espectro político nacional son "astillas del mismo palo".


OPOSICIONES

 

No fue la intención de construir un "capitalismo moderno" –según la terminología implementada por el propio mandatario en estos últimos días– lo que motivó las resistencias al neoliberalismo en los momentos anteriores a su llegada al poder. Es más, el propio presidente ha definido en innumerables ocasiones al "ecologismo y el izquierdismo infantil" como los principales enemigos de lo que se ha dado en llamar la "revolución ciudadana". Sin embargo, ha sido la incapacidad de esa misma izquierda a la hora de generar diagnósticos reales de lo que ha venido sucediendo durante los últimos años lo que ha permitido el auspicio e inicial consolidación del fenómeno correísta.
Las movilizaciones populares que han venido siendo encabezadas hasta hace muy poco por los sindicatos independientes y la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), desde la llegada del reflujo económico están pasando a ser hegemonizadas por la derecha, que comienza a reposicionarse en el tablero político. La izquierda política y social aún no manifiesta condiciones para generar alternativas al modelo implementado por el neopopulismo correísta. Su discurso crítico se limitó a marcar las contradicciones existentes entre el discurso y la praxis oficialista: revolución, socialismo, poder popular o gobierno de los trabajadores versus aumento de los beneficios empresariales, incremento de los grupos nacionales de capital con la incorporación del capital emergente, agudización de la explotación laboral, control y criminalización de la protesta social. Los sectores políticos más progresistas ni siquiera cuentan hoy con organizaciones políticas capaces de disputar en términos hegemónicos el liderazgo poscorreísta.


Sin embargo, en una coyuntura enmarcada por la quiebra del concepto gramsciano de hegemonía ideológica y dominio social correísta, son los sectores conservadores los que mejor han entendido que la política electoral consiste en agudizar las contradicciones del oponente. Para ello han aprovechado el descontento ante las nuevas medidas implementadas desde el gobierno, que buscan el refinanciamiento del Estado, pasando a protagonizar la resistencia ante dos de las propuestas más redistributivas que el régimen ha planteado en los últimos años: el incremento de impuestos a la plusvalía de los bienes inmuebles y a las herencias.


Si bien el inicio del declive oficialista puede datarse en las elecciones seccionales de febrero del pasado año, cuando perdió un tercio de su electorado, su colofón ha tenido lugar frente a las movilizaciones de junio –se habla de medio millón de personas movilizadas en todo el país–, lo cual culminó con la retirada por parte del gobierno de sus propuestas de reforma fiscal.


En la práctica, el oficialismo puso en evidencia que, más allá de su permanente conflicto con las organizaciones populares, sus debilidades se perciben más claramente cuando los sectores conservadores se movilizan. La visita del papa Francisco, esta semana, que pretendía ser utilizada como un acto de respaldo a Rafael Correa ante un supuesto y estratégicamente inventado golpe de Estado, terminó teniendo un efecto negativo para la imagen presidencial. Los principales medios de comunicación internacionales se encargaron de posicionar mediáticamente, y con especial ahínco, las rechiflas recibidas por el mandatario mientras acompañaba al líder religioso.


Está por verse el desenlace de esta trama: el liderazgo en filas conservadoras está en disputa, y las condiciones en que llegarán a los comicios presidenciales y legislativos de 2017 dependerán de sus capacidades de entendimiento interno; queda también por ver cuál será la evolución del mercado global del crudo, así como la capacidad interna del correísmo para superar sus lógicas cartesianas del "conmigo o contra mí".

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