Facebook, multada con 5 mil millones de dólares y Twitter censura cuenta de Assange

Si partimos del concepto del poder militar que aplica Estados Unidos, es ineludible la jerarquía del C-4 (Comando/Control/Cibernética/Computadoras).

 

¿Quién "comanda" y "controla" las joyas tecnológicas de Silicon Valley del GAFAT (Google/Amazon/Facebook/Apple/Twitter)?

 

Más que la multa supuestamente "cuantiosa" de 5 mil millones de dólares, que asestó la deslactosada Comisión Comercial Federal (FTC, por sus siglas en inglés) a Facebook por su pisoteo a los "derechos de privacidad de los datos" (https://on.wsj.com/2Gboy54), llamó la atención la división de sus cinco miembros: tres republicanos a favor y dos demócratas en contra que criticaron su exigüidad punible dada la dimensión del daño (https://on.wsj.com/2Y3Ej8l).

 

No es casual que Elizabeth Warren, feroz senadora demócrata, exija la atomización de Facebook (https://bit.ly/2LCGzOU).

 

Ahora que Trump ha arremetido contra los vínculos de Google con China, se va asentando la proclividad electoral de los omnipotentes "dueños del universo tecnológico" del GAFAT (https://on.wsj.com/2xNhCqa).

 

Si por sus filias y/o fobias los conoceréis, queda clara la conectividad de Google y Twitter como enemigos de Trump y el Partido Republicano.

 

No queda muy prístino el verdadero "comando y/o control" de Facebook, de estrechos vínculos con Netanyahu (https://bit.ly/2XNay7y).

 

Facebook rompió con George Soros (https://bit.ly/2R2Lhnl), mientras apoyaba "extrañamente" al Brexit y a Trump con la desaparecida Cambridge Analytica (https://bit.ly/2pCFpEJ).

 

Mike Head, del sitio web de World Socialist (WSWS), publica que "Twitter elimina la cuenta de la organización de defensa de Assange" (https://bit.ly/2LlLjaD).

 

WSWS, al unísono de Russia Today, es de los pocos sitios que han difundido la forma arbitraria en la que Twitter suspendió la cuenta @Unity4J (https://bit.ly/18l44gk), plataforma que circula la información sobre la detención de Julian Assange, fundador de Wikileaks, encarcelado en la siniestra prisión Belmarsh, mientras enfrenta una extradición a EU, donde puede ser ejecutado por espionaje (US Espionage Act).

Con la mano en la cintura, la red "social" Twitter, que manipula a sus usuarios enjaulados, no dio razón a las protestas masivas ni ha contestado la "apelación" de los usuarios ni su mandamás Jack Dorsey se ha dignado contestar.

 

Ya había expuesto con antelación el organigrama bancario y ejecutivo de Twitter en San Francisco (https://bit.ly/2vmxf6V).

 

El encargado de "Twitter Latinoamérica" es el español Pepe López Ayala a cargo del eje México/Colombia/Chile/Argentina: aliado del neofranquista y fascista Partido Popular, de íntimos vínculos con Calderón y su presunto asociado Krauze Kleinbort, miembro de los Consejos de Administración de Televisa (https://bit.ly/2JAnSbJ) y Banco Santander (https://bit.ly/2GgjSeb).

 

El legendario músico Roger Waters, cofundador de Pink Floyd, denuncia la suspensión por Twitter para silenciar a los apoyadores de Assange a quien describió como "un gran héroe de la libertad de prensa y de la libertad de cualquier género".

 

Roger Waters comparó a Twitter con el Big Brother (Gran Hermano): personaje central de la novela distópica y totalitaria 1984 de George Orwell (https://amzn.to/2jdTyon).

 

Waters sentenció que Twitter "es el brazo de la policía del pensamiento". Aquí discrepo en el túnel del tiempo, porque Twitter no llega aún a la sofisticación del Gran Hermano, sino que se parece más a la Inquisición medieval (https://bit.ly/2XLaCtl).

 

Mike Head fustiga que "Twitter se ha comportado como un trasnacional juez, jurado y verdugo, sin proporcionar explicación alguna, no se diga justificación".

 

Cabe señalar que también Trump se ha quejado amargamente de que Twitter hostiga en EU a la "derecha" conservadora –que detesta su mandamás estadunidense Jack Dorsey–, mientras que, de acuerdo a mi personal vivencia, el neofranquista/neofascista/neoliberal Pepe López Ayala persigue a los integrantes de la "izquierda" que detesta la dupla golpista Calderón/Krauze (https://bit.ly/30yf2AL).

 

Pese a todo, no faltan cándidos que aún exulten la libertad de expresión de las redes "sociales (sic)".

 

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Sábado, 30 Junio 2018 09:03

Idioma y género

Idioma y género

Esta es una nota escrita por un economisto que de idioma entiende poco y con el género va tratando de adaptarse a las construcciones imaginarias colectivas (Yuval Noah Arari dixit) de nuestro tiempo.


Los iberoamericanos heredamos un idioma muy rico que, entre otras peculiaridades y a diferencia de otros idiomas como el inglés, califica sus sustantivos, adjetivos y artículos con género. De dónde viene esa peculiaridad y por qué no lo sabemos, pero lo cierto es que en castellano podemos hacer el chiste de cómo hacemos para saber si un can es perro o perra (le hacemos mover la cola y si se pone contento es perro, pero si se pone contenta es perra) y los angloparlantes no.


Si buscamos el significado del género en las palabras nos encontramos con explicaciones como esta:


“En castellano (el género) es una discriminación formal que posee capacidades contrastivas diversas. El sustantivo, el adjetivo y el artículo (así como algunos pronombres) llevan marcas de género. Sirve para establecer concordancia entre un adjetivo y el sustantivo al que califica y entre un artículo y el sustantivo al que actualiza”.
O esta otra:


“El género masculino es la forma no marcada o inclusiva: si decimos ‘los alumnos de esta clase’, nos referimos a alumnos de sexo masculino y femenino; el género gramatical femenino es la forma marcada y exclusiva o excluyente: si decimos ‘las alumnas de esta clase’, no nos referimos también a los de sexo masculino, sino solamente a las de sexo femenino”.1


Es más que comprensible que esta “forma no marcada o inclusiva” del género masculino provoque una sensación de discriminación en las mujeres, sobre todo en casos extremos, como si en una reunión de 49 mujeres y un varón alguien dijera, correctamente en castellano, “nosotros estamos aquí reunidos...”.


Esto ha llevado, con bastante justificación, a afirmar que el idioma castellano lleva implícita una fuerte discriminación de género, no ya por el significado de esta característica en el idioma en sí sino por la desigualdad que se percibe en muchos otros órdenes de la vida entre varones y mujeres en perjuicio de estas últimas.


El problema es que la reacción ante esta situación está llevando a propuestas y prácticas que están haciendo del idioma castellano una suerte de adefesio indefendible aun para mujeres que viven del idioma, como es el caso de algunas escritoras que admiten el problema pero no están dispuestas a escribir de una manera poco menos que ridícula y desarticulada.


Veamos un par de ejemplos de esta reacción, que no por entendible puede ser defendible. El primero es la deformación de los participios activos:


En castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.


¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “quien tiene identidad”, en definitiva “quien es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a éste la terminación “ente”.


Así, a quien preside, se le llama “presidente”, y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) de quien realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”, “ausente” y no “ausenta”.


Explicación que termina con una frase irónica que pone de manifiesto lo desatinado de intentar calificar con género a los participios activos:
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!2
La otra reacción/propuesta lesiva del idioma castellano y del sentido común es la que propicia el reemplazo de las vocales que identifican el género de un sustantivo, adjetivo o artículo por el símbolo @ o las letras x o e. Por ejemplo:


[email protected] [email protected] de esta clase han sido [email protected] en su mayoría.
• Lxs alumnxs de esta clase han sido aprobadxs en su mayoría.
• Les alumnes de esta clase han sido aprobades en su mayoría.


Seamos sensatis: la lucha por la igualdad de género en la sociedad no justifica estas ridiculeces en la forma de hablar y escribir, ni estos adefesios idiomáticos van a resolver el problema de la desigualdad en sí mismo. Pero alguna solución hay que buscar porque también es indiscutible la incomodidad, por no decir la indignación, y la falta de equidad implícita en tener que pluralizar en masculino.


La única solución que me parece viable y rápida, en el sentido de la inmensa cantidad de tiempo que le puede llevar a un idioma cambiar aspectos liminares de su lógica interna, es la de cambiar la titularidad en la inclusividad de género, pasándola, por lo menos por tres siglos, del masculino al femenino. En otras palabras, hacer que el género inclusivo deje de ser el masculino y pase a ser el femenino, y digo por tres siglos como resarcimiento de la situación inversa que rige durante la existencia de la Real Academia Española desde 1713; de paso le daríamos tiempo para que pueda ir diseñando una solución definitiva más inclusiva y equitativa para el idioma.


Si esto se llevara a cabo, cosa que la RAE podría decidir de un día para otro, podríamos decir en una reunión de 49 varones y una mujer: “nosotras nos encontramos aquí reunidas...”; el idioma castellano seguiría siendo tan rico y expresivo como siempre y la lucha por la equidad de género obtendría otro gran logro sin arruinar el lenguaje.


Así como hace más de diez años iniciaba reuniones de trabajo en una agencia de Naciones Unidas agradeciendo la presencia a “todes”, con cierta ironía de la que hoy me arrepiento, también hice el ensayo más recientemente de pluralizar en femenino en un curso virtual de maestría de una fundación de alcance continental, y la reacción de los maestrandos masculinos de varios países fue muy positiva, adoptando de manera entusiasta esa modalidad reparadora.


De todos modos me queda una gran duda sobre si la RAE sería capaz de dar un paso tan “revolucionario”, no sólo por la tendencia conservadora y tradicional típica de una institución encargada de preservar el idioma a lo largo de los siglos, sino porque, además, de los 29 directores que tuvo desde 1713 ninguno fue mujer y de los académicos de número actuales las mujeres representan tan sólo el 15 por ciento (7 sobre 46). Pero algo van a tener que hacer porque la presión de género sobre el idioma es muy fuerte y cada día más irresistible.


* Docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
1 http://www.wikilengua.org/index.php/G%C3%A9nero_gramatical
2 Carta anónima de una profesora en https://esnoticia.co/noticia-16757-carta-de-una-profesora-para-los-ignorantes-e-ignorantas

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Trump pide investigar a Obama "por abuso de poder"

Un día después de que el presidente Donald Trump acusó al ex mandatario Barack Obama de espiar sus comunicaciones privadas justo antes de la elección, la Casa Blanca solicitó este domingo que los comités de inteligencia del Congreso abran una investigación sobre el "abuso" de poder, lo que alimenta el ataque sin precedente de un mandatario contra su antecesor.

Sean Spicer, vocero de la Casa Blanca, afirmó este domingo que la información sobre "investigaciones potencialmente motivadas políticamente" de Trump ordenadas por Obama es "muy perturbadora". En una declaración, el vocero informó que Trump "está solicitando que como parte de su investigación sobre la actividad rusa, los comités de inteligencia (de ambas cámaras) del Congreso ejerzan su autoridad de supervisión para determinar si se abusó de las facultades de investigación del Poder Ejecutivo en 2016".

Sin ofrecer ningún detalle sobre la información que supuestamente tienen, ni prueba alguna sobre las extraordinarias acusaciones contra Obama, Spicer concluyó que "ni la Casa Blanca ni el presidente comentarán más hasta que sea realizada la supervisión".

En esencia, la acusación explosiva de Trump es que Obama y su gente impulsaron un complot para descarrilar a su sucesor.

La tarde de este domingo el director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, solicitó al Departamento de Justicia –o sea, a sus jefes– que públicamente rechace la afirmación de Trump de que Obama ordenó la intervención de sus teléfonos, ya que es falsa, no hay evidencia para apoyarla e insinúa que la FBI podría haber violado la ley, reportó esta tarde el New York Times citando a altos funcionarios del gobierno. No hay comentario oficial sobre esto, pero la solicitud, si fuera aceptada, coloca al Departamento de Justicia en una situación en la cual estaría afirmando que el presidente miente.

Este último capítulo del atropellado y espectacularmente caótico arranque del gobierno de Trump se abrió temprano el sábado, cuando el presidente sorprendió al mundo al publicar una serie de tuits acusando a su antecesor de intervenir sus comunicaciones en la Torre Trump en esa ciudad al culminar la contienda presidencial: "¡Terrible! Acabo de enterarme de que Obama intervino mis comunicaciones en la Torre Trump justo antes de la victoria. No encontró nada. ¡Esto es macartismo!" Poco después, agregó: "Cuán bajo ha caído el presidente Obama escuchando mis llamadas durante el muy sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate. ¡Tipo malo (o enfermo)!"

Este domingo, el ex director de inteligencia nacional James Clapper negó la existencia de cualquier orden de espiar la Torre Trump. En la revista de noticias de NBC Meet the Press afirmó que "no existió tal actividad de intervención (telefónica) montada contra el presidente electo en ese tiempo, o cuando era candidato o en contra de su campaña". Negó a la vez que existiera una orden judicial para autorizar tal actividad.

Desde el sábado voceros de Obama rechazaron la acusación afirmando que "nunca ordenaron la vigilancia de ningún ciudadano estadunidense".

La ausencia de pruebas o detalles hizo que periodistas buscaran de dónde estaban brotando estas versiones, y descubrieron que circulaban en algunos medios derechistas, incluido Breitbart News, el sitio cibernético antes dirigido por el estratega de la Casa Blanca Steve Bannon, donde entre otras cosas se manejaba el rumor de "un golpe de Estado silencioso" contra Trump por integrantes del gobierno de Obama.

Las acusaciones de Trump fueron acompañadas por intentos de descalificar, una vez más, el creciente escándalo sobre los engaños e intentos por encubrir las relaciones de varios integrantes claves del equipo de Trump con funcionarios rusos, asunto bajo investigación de agencias de inteligencia, la FBI y los dos comités de inteligencia del Congreso. En particular, las revelaciones de esta última semana de que el procurador general Jeff Sessions no reveló durante sus audiencias (bajo juramento) de ratificación por lo menos dos contactos con el embajador ruso en 2016 en Washington han creado otra crisis política potencial para la Casa Blanca. No es delito que un senador se entreviste con embajadores, pero mentir sobre ello bajo juramento es potencialmente perjurio.

Sin embargo, es posible que las versiones sobre vigilancia electrónica de Trump y su círculo íntimo tengan que ver con información en torno a la investigación de varias agencias del gobierno sobre la interferencia rusa en la contienda electoral, algo que sería manejado de manera autónoma por la presidencia.

La tarde de este domingo, la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders, quien reporta a Spicer, indicó que la Casa Blanca no está pensando retroceder en su acusación contra Obama, y afirmó que Trump tiene suficiente información para pensar que algo grave ha sucedido, y que si tiene razón sería "el abuso más grande de poder que hayamos visto y un enorme ataque contra la democracia misma. Y el pueblo estadunidense tiene el derecho de saber si esto ocurrió".

Los jefes de ambos comités de inteligencia, el senador Richard Burr, y el diputado Deven Lunes (ambos republicanos), emitieron comunicados poco específicos indicando que indagarán la evidencia sobre este asunto.

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Domingo, 06 Noviembre 2016 06:57

Las grietas abiertas de Estados Unidos

Las grietas abiertas de Estados Unidos

En un mundo convulsionado y en reconfiguración geopolítica, este martes 8 de noviembre el pueblo estadounidense elegirá a su Presidente 45 en una elección histórica con resultado abierto. Un número récord de 200 millones de ciudadanos están registrados para votar. Con frecuencia, desde América Latina visualizamos a Estados Unidos como un todo monolítico y uniforme, como la “superpotencia” a secas, pero este atípico ciclo electoral ha dejado al desnudo las divisiones profundas que anidan en la primera economía mundial. No se trata de una “grieta”, sino de muchas grietas superpuestas: tensiones sociales, raciales y económicas, contradicciones y temores. Escasos momentos de buena política iluminaron una campaña dominada por la polarización, los ataques cruzados y los escándalos. Efectivamente, poco queda hoy del inspirador discurso de esperanza y optimismo con que el Presidente Obama hizo historia en 2008. Manipulada por el rating mediático, estamos observando una descarnada lucha por el poder en el marco de una crisis de representación política.


Sin duda, el elemento más sórdido de este proceso electoral ha sido el ascenso y la consolidación de Donald Trump como candidato del Partido Republicano. Sería ingenuo, o simplista, pensar que Trump es un fenómeno aislado, un “loco suelto”, una bala perdida. En términos internacionales, su candidatura se inscribe en el resurgimiento de las posiciones ultranacionalistas de derecha en los países desarrollados, particularmente en Europa, con una plataforma xenófoba y anti-Estado en un marco de creciente desigualdad. Trump representa la versión estadounidense de la “anti-política”, un mal que también aqueja hoy a nuestra América Latina. En Estados Unidos, Trump está cosechando la persistente radicalización de la base política republicana, corporizada en el Tea Party, y su estrategia obstruccionista en el Congreso de los Estados Unidos. Así, la imposibilidad de alcanzar acuerdos bipartidarios expandió la brecha que separa a Washington de las necesidades del pueblo que pretende representar.


¿Cómo explicar el vertiginoso ascenso de Donald Trump? Sin duda, Trump ha sido altamente efectivo en identificar y capitalizar la frustración y el enojo de segmentos del interior profundo de Estados Unidos que han visto sus condiciones de vida estancadas, o deterioradas, durante las últimas décadas, particularmente desde la irrupción de las políticas neoliberales más extremas y el avance de la desindustrialización. Las estadísticas son contundentes: en 1970 la admirada clase media norteamericana concentraba 62 por ciento del ingreso nacional pero hoy representa tan sólo 43 por ciento del PIB. Esta tendencia se agudizó con la crisis iniciada en 2008 en el corazón de Wall Street, en que 9,3 millones de familias perdieron su propiedad mientras se otorgaban rescates billonarios al sector financiero. La desigualdad se disparó a niveles alarmantes y, con ella, prosperaron el malestar y el hartazgo con el sistema. A diferencia de Europa, la economía norteamericana se recuperó y crece ininterrumpidamente (aunque a una tasa baja) desde 2010, pero este crecimiento no generó hasta ahora una mejora significativa en la distribución. De hecho, Estados Unidos distribuye mal la enorme riqueza que genera cada año.


El “sueño americano”, la movilidad ascendente, la certeza de que con esfuerzo y determinación en Estados Unidos todo es posible están hoy en duda para millones de norteamericanos. De hecho, según el Centro Pew, 81 por ciento de la base electoral de Trump considera que la vida para ellos es peor hoy que hace 50 años. Pero el caldo de cultivo donde abona Trump abarca más que la comprensible frustración por este “paraíso perdido”. Trump ha hecho empatía, también, con sectores nostálgicos de aquella época de supremacía cultural de los “varones blancos”. Conecta con sentimientos reaccionarios de quienes rechazan la mayor riqueza demográfica actual y los avances que, con marchas y contramarchas, han obtenido recientemente en materia de derechos e igualdad las minorías estadounidenses. El primer Presidente afroamericano, los progresos del colectivo LGBTI, las oleadas de trabajadores migrantes, la creciente pluralidad religiosa y el avance de la igualdad de género despertaron peligrosos demonios. Se respira resentimiento. Se respira sed de revancha. Se respira el odio de quienes claman por “recuperar su país”. La nostalgia por el pasado está manchada de racismo.


Donald Trump, celebridad mediática, empresario desfachatado, outsider de la política, con aires de super-hombre y delirios mesiánicos estaba llamado, hoy es fácil decirlo, a ser vocero de tanta nostalgia y enojo. El contenido encontró su forma, y arrastró al Partido Republicano a una crisis de identidad y valores sin precedentes. La dirigencia conservadora del partido no logra resolver el escarmiento de un candidato misógino, mentiroso e ignorante pero que colma con votantes los estadios.

No es exagerado decir que su candidatura es un fraude. Su campaña es una colección de slogans y frases vacías. Porque Trump conecta con la ansiedad de millones de norteamericanos, inflamándolos y radicalizándolos, pero no propone una sola política consistente para cumplir con sus grandilocuentes promesas de campaña. El eje económico de su programa es reducir los impuestos a los ricos, bajo la (falsa) promesa de la teoría del derrame. También propone revocar el único programa de salud (Obamacare) que, con falencias, otorgó cobertura a más de 20 millones de personas. No explica en qué consiste su pseudo-proteccionismo y su crítica al “libre comercio”. Alimentado por el lobby de la Asociación Nacional del Rifle, rechaza regulaciones básicas para el uso de armas de fuego. Trump dice apoyar “la ley y el orden” y explota electoralmente el miedo al otro, al extranjero, al diferente. Replica la estrategia habitual de apalancarse sobre un conjunto de reclamos legítimos para avanzar con la vieja agenda de la derecha. No nos engañemos: es el candidato de la mano dura.


La luz en esta elección irradió de las bases jóvenes, trabajadoras y progresistas del partido demócrata, ubicadas en la otra orilla de la “grieta”. También cuestionaron el status-quo, pero desde la izquierda. La “revolución política” de Bernie Sanders se impuso sorpresivamente a Clinton en 22 de los 50 estados del país. Sanders colocó en el corazón de la campaña electoral la preocupación por la desigualdad, los tratados de “libre comercio” y el financiamiento empresarial sin límite de la política, solventando su propia campaña con millones de contribuciones de 27 dólares. Un dato sintetiza el fenómeno: más jóvenes menores de 30 años votaron a Sanders en las primarias que a Clinton y a Trump juntos. Algunos se entusiasman con que allí está el futuro de la política en Estados Unidos: retomando las luchas históricas por un país más igualitario que incluye y expande derechos en lugar de construir muros.


Hillary Clinton fue consagrada en la Convención Demócrata en Filadelfia como la primera candidata presidencial mujer de uno de los dos partidos mayoritarios. A pesar de las tensiones internas, el Partido Demócrata se encolumnó detrás de la ganadora de las primarias con la determinación unificadora de vencer a Trump. El partido concibió una plataforma de gobierno de claro corte progresista para su política doméstica. A diferencia de Trump, Clinton expuso sus propuestas detalladamente. Condicionada por Sanders y la base de su partido, la candidata prometió atacar de cuajo la desigualdad subiendo los impuestos a los ricos, aumentar significativamente el salario mínimo, instaurar la licencia por maternidad, regular el uso de las armas, resolver el problema de la deuda estudiantil, limitar la injerencia de los aportes privados en la política, y reemplear a los trabajadores expulsados por la robotización. Clinton sostiene, como acuñó Joseph Stiglitz, que es imperativo escribir “nuevas reglas” para la economía estadounidense: reglas justas que funcionen para todos y no para el 1 por ciento de arriba.


El Presidente Obama, actualmente con índices de aprobación superiores al 50 por ciento, denostó públicamente a Trump, respaldó sin titubeos a Clinton y la consideró la candidata más preparada de la historia para ocupar la oficina oval. No obstante, Clinton no logró despojarse de su karma: es percibida como una candidata poco confiable y poco transparente, que cambia sus posiciones según convenga. Buena parte del electorado duda sobre si cumpliría con sus promesas de campaña y la asocia con el doble estándar que ha desacreditado a Washington en un momento de avidez por los outsiders. Parte de la propia base demócrata critica sus decisiones de política exterior. A excepción de Trump, es la candidata presidencial que más rechazo genera entre los votantes en décadas. No está siendo sencillo para Hillary Clinton perforar el “techo de cristal” hacia la Casa Blanca.


El panorama expuesto muestra a las claras la envergadura de la crisis de representación política vigente en Estados Unidos. El cuestionamiento al status quo y a la influencia de los lobbies y las corporaciones en la política ya es inocultable. La identidad misma del país está a prueba este 8 de noviembre. Nosotros, como argentinos y sudamericanos, debemos saber que tanto Obama, Clinton o Trump seguirán impulsando en el mundo aquellos intereses acordes a su propia “estrategia de seguridad nacional”. No hay que buscar la salvación afuera. Nos corresponde a nosotros defender nuestros propios intereses como país, tendiendo puentes con el mundo desde una posición de soberanía y solidaridad regional.

Por Cecilia Nahón, profesora de American University, embajadora de Argentina en Estados Unidos (2013-2015).

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Domingo, 06 Mayo 2012 06:14

Contradictorio Evo Morales

Contradictorio Evo Morales
Contradictorio. Ese parece ser el término que, hoy por hoy, refleja mejor la personalidad de Evo Morales, uno de los políticos más sorprendentes y polémicos que gobierna un país en ebullición: Bolivia. Su inigualada e histórica popularidad, -casi un 80% de los bolivianos le apoyaba en 2009-, ha comenzado a menguar con persistencia hasta bordear, según las últimas encuestas, el 38% en las ciudades; sus aliados disienten de sus medidas y ante la intolerancia a sus críticas se alejan de él, pero no discuten su estabilidad.

 
Morales, de 52 años, no deja indiferente a nadie. El pueblo se debate entre la fascinación y el desengaño, justo cuando tiene que remontar su bajada de popularidad para asegurar su reelección el 2014.

 
Estos días atrás, el mandatario boliviano ha sido noticia de primera página porque con una diferencia de pocas horas ha nacionalizado una empresa española y ha asegurado a otra, la petrolera española Repsol, el respeto a sus inversiones.
 

Desde 2006, el Día del Trabajo es propicio para la expropiación y así se mantiene viva la reivindicación de los recursos naturales en manos de los bolivianos. Morales decidió revertir al Estado el 99,4% de las acciones que la española Red Eléctrica Internacional SAU poseía en la Transportadora de Electricidad (TDE), con una innecesaria demostración de fuerza militar en la sede de la entidad, en una tranquila calle del centro de Cochabamba. Atribuye la medida a la insuficiente inversión y ejecución de obras de la firma española, que invierte un promedio anual de cinco millones de dólares.


Más tarde, el mismo Morales aseguró al presidente de Repsol, Antonio Brufau, que el Gobierno boliviano garantiza que sus inversiones serán respetadas como las de un socio. “Bolivia necesita inversiones, necesita socios pero no dueños”, ha aclarado. “Quienes inviertan en Bolivia [pueden estar seguros] de que sus inversiones serán reconocidas, siempre”, agregó.

 
La sorpresiva nacionalización ha sido considerada como un intento gubernamental de aplacar la revuelta de las batas blancas. Miles de médicos, trabajadores sanitarios y universitarios exigen su incorporación a la ley del Trabajo y políticas de atención al precario servicio de salud pública con huelgas y ayunos de 40 días.
 

La novena Marcha Indígena en defensa del territorio indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que comenzó la pasada semana, pone en tela de juicio el papel de “Héroe mundial de la Madre Tierra” de Morales. La ONU le otorgó esa distinción en 2009 por su férrea defensa del medio ambiente y sus duras acusaciones hacia el capitalismo por intentar matar a la Pachamama (madre tierra). Ahora, el presidente quiere construir sí o sí una carretera que atraviese el corazón de la reserva. Los habitantes del territorio, de las etnias moxos, chimane y yuracaré se niegan a destruir su hábitat.
 

El líder boliviano suele decir que no puede creer lo que está viviendo cuando se trata de momentos culminantes en su vida e, inevitablemente, mira en retrospectiva.
 

Rememora entonces su niñez en Isallavi, cercana a Orinoca, su pueblo natal. “Mi mamá me ponía una camisa y un pantalón que no me sacaba nunca. Si me los sacaba era para buscar piojos o para remendar el codo de la chompa. Sí, tenía piojos. Ducha, no conocía. Me lavaba la cabeza con Ace (detergente para ropa), porque así vivíamos todos”, recuerda.

 
El ex ministro de Comunicación de Morales, Iván Canelas, confirma la dura vida de Morales: “Nació en una región olvidada y desconocida para todo el país, sin recursos económicos ni elementales servicios básicos; región de campesinos productores de papa y pastores de llamas y ovejas. ¡Quién podría imaginar que de un lugar así, de un páramo, iba a surgir un líder como Evo!”

 
Panadero, ladrillero, platillero en las bandas de música de Oruro, Morales dejó sus llamas por la ciudad, pero pronto encaminó sus pasos a Cochabamba y a Chapare, donde comenzó cultivando arroz. Allí inició una carrera sindical muy próspera en el plano político, pues desde las seis federaciones del Trópico —que agrupa a unos 30.000 productores de coca— Morales se convirtió en defensor de la hoja y paralizó el país entero con sus temidos bloqueos de carreteras contra la erradicación de la planta.
 

Llegó al Parlamento como diputado y, más tarde, en 2006, asumió la presidencia de Bolivia en el comienzo de un proceso de cambio que está dando la vuelta al país, pero con demasiados sinsabores y decepciones para quienes lo han apoyado.

 
El cambio, aparentemente, ha operado modificaciones en el pensamiento de Morales que ha reforzado el control de todos los poderes del Estado, incluidos el Legislativo y el Judicial, además del poder político, el económico y el social, en el convencimiento de que solo así se completará la revolución democrática y cultural, cuyo eje parece ser un indigenismo a ultranza que no concilia con la modernidad.

 
“El presidente quiere marcar una cercanía al momento transformador postulado por los indígenas y quiere ser su representante”, explica el ex canciller Armando Loayza.

 
El exministro Canelas está convencido de que Morales es, de lejos, el presidente que ha trabajado más por el país: “Nunca antes ningún presidente le ha dedicado tantas horas y con tanta pasión para devolver al país sus recursos naturales. Ha cambiado las reglas y ningún inversor se ha ido”. Nadie ha entregado tantas obras como Morales, asegura, y alude a 4.000 proyectos ejecutados con apoyo de Venezuela (hospitales, escuelas, coliseos y campos deportivos en el área rural).

 
Pero, sin desmerecer sus obras y la gobernabilidad de su administración, quienes lo han apoyado están desencantados. Los indígenas, los asalariados y ahora la clase media le están dando la espalda.

 
La Confederación Indígena de Bolivia (CIDOB), que agrupa a los pueblos originarios de tierras bajas, “está decepcionada”, según el indígena chiquitano Lázaro Tacóo. “La soberbia, el autoritarismo y la terquedad de Evo están poniendo en entredicho a la gente humilde, esa gente que no pisa la escuela pero que es sencilla, educada y pacífica”. Los pueblos indígenas, dice Tacóo, están preocupados ante “la enorme capacidad que tiene para desatar conflictos en los sectores sociales, en lugar de unir a todos los bolivianos”.

 
El ex Defensor del Pueblo Waldo Albarracín cree que Morales ha cambiado de ideología. “Los ideales de alta sensibilidad humana en defensa de los marginados y los excluidos han sido paulatinamente relegados por su carácter autoritario y una ostensible intolerancia a los criterios alternativos. Quien los emite es inmediatamente reprimido; las organizaciones sociales disidentes son destruidas y reemplazadas por otras entidades paralelas promovidas por el Gobierno y con líderes afines”, explica Albarracín.

 
El presidente es famoso por sus ocurrencias. Un librito que recogía cien de sus más picantes frases es un superventas, lo que supone un doble mérito en un país donde apenas se lee una media de un libro al año y los autores costean su impresión.

 
El presidente Morales figura entre las contadas personalidades con más de una distinción académica de doctor honoris causa. Su colección reúne casi veinte títulos de otras tantas Universidades extranjeras y de Bolivia. Con la sinceridad que le caracteriza, acaba de declararse “feliz por no haber ido a la Universidad”.

 
A fuerza de halagos de su entorno, Morales puede que esté convencido de ser el jefazo de un Gobierno popular, aunque no se haya percatado de la lenta dilución de sus bases, como se diluye la esperanza de “vivir bien” en Bolivia.


Por Mabel Azcui 6 MAY 2012 - 03:01 CET

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Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos comenzaron a hacer evidentes sus profundas diferencias en cuanto al manejo político y diplomático de Colombia.
 
Esto, a menos de tres semanas de que Uribe entregue el poder y Santos tome las riendas del país. Los primeros puntos de discrepancia han surgido en el terreno de las relaciones exteriores.
 
El ex mandatario Ernesto Samper dijo que la Presidencia de Álvaro Uribe representa “una de las épocas más siniestras” de la diplomacia nacional. Y que la reciente crisis desatada con Venezuela busca afectar a Santos.
 
La semana anterior, la Casa de Nariño denunció públicamente que guerrilleros de las FARC se esconden en Venezuela y pidió a la OEA una reunión para analizar estas acusaciones. El tema generó la dura reacción de Venezuela, que terminó con el retiro de su Embajador en Colombia. Por su parte, Santos, desde EE.UU., reaccionó prudente, argumentando que es necesario conservar canales diplomáticos.
 
Para Samper, con estas nuevas denuncias, lo que Uribe quiere es “ponerle más palos en la rueda” y “montar una carga de profundidad”, contra Santos.
 
Según Samper, el “aislamiento, peleas o relaciones distantes de Bogotá con Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil se deben a que Uribe convirtió la política de seguridad democrática en política exterior”.
 
Pese a estas duras críticas, analistas y políticos consideran que no hay una fractura en la relación.
 
“Las diferencias existen y se sienten. No cabe duda de que hay cambios notables”, afirmó el ex canciller Augusto Ramírez Ocampo. Sus declaraciones en torno a ese tema han dejado claro a los ojos de los colombianos que Uribe es Uribe y Santos es Santos.
 
El Mandatario electo le da especial importancia a la política exterior en razón de la experiencia que tiene en el tema. Por ejemplo, fue delegado de la poderosa Federación Nacional de Cafeteros en Londres. También fue ministro de Comercio Exterior, desde donde se dedicó a abrir mercados.
 
En contraste, Uribe es un hombre más concentrado en los temas internos, siempre pendiente del detalle y de la provincia, donde pasa un buen tiempo.
 
En las posiciones de Uribe y Santos respecto a Venezuela, en los últimos días confluyen dos variables centrales de la relación binacional: seguridad y comercio.
 
Para el ex asesor de Uribe, José Obdulio Gaviria, “Santos está trazando una política que depende de los mismos elementos definidos por Uribe”, y que “no hay antagonismo o diferencia. Los dos representan la misma corriente”.
 
Sin embargo, es en su concepción de cómo hacer política donde el Presidente saliente y el nuevo Mandatario ponen distancia.
 
“Ellos se tienen un profundo respeto mutuo. Hay el deseo de algunos opositores de hacerlos cazar peleas que fracturen su armonía”, dijo Juan Lozano, senador electo de ‘la U’. Una lectura similar es la del analista Rafael Nieto.
 
El ex presidente Samper analizó las primeras acciones de Santos, sobre todo en materia internacional, como “pasos legítimos para asegurar su gobernabilidad”, los cuales “no tienen por qué coincidir con los de Uribe”.
 
A nivel interno también han existido diferencias. De hecho, las incomodidades iniciales filtradas desde algunos sectores uribistas se produjeron porque los primeros ministros anunciados por Santos no salieron de sus entrañas. Ni Juan Carlos Echeverry (Hacienda-Economía) ni María Ángela Holguín (Canciller) ni Germán Cardona (Transporte) tienen la impronta uribista.
 
También fue cuestionada la designación de Juan Camilo Restrepo, un crítico del Gobierno, como ministro de Agricultura.
 
A Uribe tampoco le gustó que Santos, aún siendo candidato, invitara a Gustavo Petro, César Gaviria y a Germán Vargas a su proyecto de ‘unidad nacional’ pues los considera tres de sus contradictores más fuertes.
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