Un hombre camina frente a un vehículo quemado tras un ataque el 5 de enero de 2019 en Fortaleza (Brasil). EFE

Tres bandas diferentes de narcotraficantes se han unido para llevar a cabo más de 150 ataques como represalia por una propuesta para acabar con la separación de los miembros de las diferentes bandas en las prisiones brasileñas


El episodio de violencia es uno de los primeros desafíos al nuevo presidente, Jair Bolsonaro, que llegó al poder con propuestas de línea dura contra el crimen

 

Carlos Robério y sus colegas sabían que un ataque sobre el minibús de su cooperativa, radicada en Fortaleza, al noreste de Brasil, era solo cuestión de tiempo. En las últimas noches, miembros de pandillas ya habían destrozado uno de sus vehículos y habían incendiado decenas de autobuses urbanos.


Cuando finalmente llegó el ataque, Robério no pudo hacer mucho más que quedarse mirando las cámaras de vigilancia mientras un grupo de jóvenes bañaba con gasolina uno de sus puestos y le prendía fuego. "Estaba desesperado", cuenta Robério. "Es nuestra propiedad y así es como nos ganamos la vida y apoyamos a nuestras familias".


Las autoridades en el estado de Ceará se han visto superadas por un episodio de violencia que ya cumple más de una semana y que ha sido especialmente intenso en la capital, Fortaleza, una región metropolitana donde viven 4 millones de personas.


Las fuerzas de seguridad señalan que tres bandas diferentes de narcotraficantes se han unido para llevar a cabo más de 150 ataques como represalia por una propuesta para acabar con la separación de los miembros de las diferentes bandas en las prisiones brasileñas.


Se han incendiado autobuses, camiones de correos y coches. Comisarías, edificios del Ayuntamiento y bancos han sido atacados con cócteles molotov y explosivos. El domingo, los pandilleros hicieron explotar una central telefónica dejando 12 ciudades sin servicio de telefonía. Otras explosiones han dañado un paso elevado de autopista y un puente.


El episodio de violencia es uno de los primeros desafíos del nuevo presidente, Jair Bolsonaro, que llegó al poder con sus propuestas de línea dura contra el crimen, entre las que se incluyen tomas militares de ciudades brasileñas y tácticas de seguridad consistentes en disparar a matar.


Hasta ahora, no ha habido muertos, pero el estallido de violencia ha paralizado Fortaleza: autobuses y taxis han interrumpido sus servicios, las tiendas han cerrado durante días y muchos residentes atemorizados se niegan a salir de casa.


Unos 500 miembros de la Guardia Nacional han sido desplegados en la región. Camilo Santana, gobernador del estado de Ceará, señaló el lunes que las autoridades han efectuado 148 detenciones relacionadas con los disturbios. Al menos 20 presos sospechosos de ordenar los actos de violencia han sido transferidos de prisiones estatales a federales.


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A pesar del caos, el Gobierno ha afirmado que no dará marcha atrás en su plan de combatir las actividades de las bandas en las prisiones.


Fortaleza y otras ciudades al noreste de Brasil han sufrido un aumento de los homicidios en los últimos años, a medida que las bandas más infames del país, Primeiro Comando da Capital (PCC) de Sao Paulo, y Comando Vermelho, de Río de Janeiro, empezaron a invadir la región, la cual se disputan con los Guardiões do Estado, radicados en Fortaleza, y con Família do Norte, del estado de Amazonas.


El PCC y el Comando Vermelho están atrapados en una dura batalla por el control del tráfico de drogas en Brasil y la ciudad de Fortaleza es percibida como un premio estratégico porque es el puerto grande más cercano a Europa y África.


"Solíamos ver este tipo de salvajismo únicamente en Río de Janeiro a través de la televisión. Las cosas solían estar tranquilas aquí", cuenta Robério, que añade que el caos le ha llevado a querer adquirir un arma."Es un absoluto caos y me siento como si estuviera en medio del océano sin un bote salvavidas", señala.


Bolsonaro se aprovechó de tales sentimientos durante las elecciones y propuso facilitar la adquisición de armamento y premiar a la policía por llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales. Las fuerzas de seguridad de Brasil ya son violentas y en 2017 mataron a 5.000 personas, una media de 14 muertos al día.


"Bolsonaro promovió una retórica bélica durante su campaña que no solucionará el problema de Brasil con la violencia", señala Renato Sergio de Lima, presidente del Foro Brasileño de Seguridad Pública.


De Lima cuenta que Bolsonaro y muchos políticos antes que él tienden a proponer más violencia en lugar de estrategias más efectivas como invertir en mejorar las capacidades de inteligencia para las investigaciones policiales y reformar el actual sistema de prisiones.


El presidente del Foro Brasileño de Seguridad Pública cita la propuesta del ministro de Justicia, Sergio Moro, de investigar el blanqueo de capitales de las bandas para asfixiarlas económicamente, pero señala que las propuestas duras de Bolsonaro hacen de ciudades violentas como Fortaleza una "bomba de relojería". "Realmente son la policía y las instituciones locales las que tienen que apagar las llamas de estas propuestas bélicas de los políticos", añade.

Por Anna Jean Kaiser - Río de Janeiro
10/01/2019 - 20:22h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enInternacional
Lunes, 07 Enero 2019 06:43

Las agresiones en las redes sociales

Las agresiones en las redes sociales

Los ataques de trolls y cuentas falsas buscan disciplinar, limitar la libertad de expresión y degradar el debate público, señalan los expertos. Un análisis de los casos #Maldonado, #AbortoLegal, #MiráCómoNosPonemos y #Bolsonaro. Qué hacer con las fake news y cómo regular los contenidos.

La violencia online disciplina, encorseta las narrativas, limita la libertad de expresión y baja la calidad del debate público. Contra la “política de tierra arrasada” impulsada por la coordinación de trolls y cuentas falsas en redes sociales –con especial saña en conmociones públicas tales #Maldonado, #AbortoLegal, #MiráCómoNosPonemos o #Bolsonaro–, diversas instituciones públicas y de la sociedad civil trabajan en estrategias de regulación viables. PáginaI12 dialogó con los investigadores Martín Becerra y Ernesto Calvo sobre el mapa de interacciones y las prácticas discursivas que se despliegan en el escenario virtual actual.


–¿En qué consiste la investigación que están realizando desde Anmesty Internacional acerca de las agresiones en el escenario virtual? ¿Sobre qué aspectos avanza respecto del informe anterior?


M.B.: En el marco de la discusión sobre el proyecto de Ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) tanto en Diputados como en Senadores, nos proponemos sistematizar y analizar las agresiones y la violencia online a mujeres que participaron de ese debate público, que estuvo en el tope de la agenda, comprometió a fuerzas políticas y sociales y movilizó la temperatura de la sociedad. El estudio no será solo un mapeo del modus operandi de esas agresione


–¿Qué consecuencias prevén que han tenido estas agresiones en redes sociales, tanto en términos de libertad de expresión como en la calidad del debate público?


M.B.: Hay un efecto disciplinador del abuso y la violencia que hace que uno, cuando es una víctima directa, ecualice mucho su intervención en el espacio público. Pero hay también una vía indirecta –el efecto disciplinador sobre los demás–, que en el espacio virtual es muy clara y requiere ser investigada. En las entrevistas nos encontramos con que algunas mujeres muy identificadas en su papel de políticas creen que las agresiones no les afectan. Pero al indagar indirectamente sobre esos efectos vemos que subieron los estándares de privacidad para tener menos cantidad de interacciones o que tomaron medidas en su vida privada, con su familia, sus hijos, sus parejas.


–¿Creen que el debate sobre la legalización del aborto en el plano virtual tuvo los rasgos de lo que denominan “política de tierra arrasada”, como consecuencia de la acción coordinada de trolls?


E.C.: A diferencia de lo que ocurrió con #Maldonado, #Nisman o #Tarifazo en Twitter, el diálogo virtual en #Aborto estuvo dominado por activistas que no son los habituales de las redes políticas. Al mismo tiempo, el sujeto de la agresión está “genderizado” (sic). En la red de #Aborto se ve violencia dirigida a la mujer, por un lado, y un esfuerzo por cuidar al otro que es poco común en las redes. Leí en un tuit la siguiente frase: “es tétrico e increíble que, a pesar de que recién nos conocemos, las mujeres nos preguntamos si llegamos bien”. Esa dinámica, ser blanco de ataques y cuidarse recíprocamente, era muy clara en la red de #Aborto. Es una dinámica que vemos también con claridad en las redes que tienen que ver con casos de abuso, como en el reciente caso de Darthes y el hashtag #MiráCómoNosPonemos. Otro hecho que distingue a la red de #Aborto en Twitter es que los tuits que dominaban la red eran explicativos. Es decir, frente a las agresiones no se respondía con contraagresiones sino que había un esfuerzo, proveniente de la onda verde, de explicar, analizar, discutir y reconstruir un lenguaje menos trollero.


M.B.: En torno del hashtag #MiráCómoNosPonemos, que fue tendencia global, confluyeron los reclamos feministas y del debate público promovido y protagonizado por mujeres, tanto en forma organizada como de modo espontáneo. Aun cuando el detonante haya sido la denuncia por abuso de Fardin contra Darthes, pero su trascendencia es mucho mayor y cala hondo en la sociedad porque acompaña la resignificación en curso de los vínculos entre mujeres y hombres y, en ese marco, tributa de modo directo al reclamo #NiUnaMenos. Es un ejemplo paradigmático de asociación entre la experiencia “analógica” y la “virtual”.


–¿Qué diferencias encuentran entre la red de #Aborto y la red #Maldonado en la conversación en Twitter?


M.B.: Una característica de la campaña a favor de la legalización del aborto fue que se le hablaba a un “paradestinatario” con un esfuerzo de explicación pedagógica y no solo al convencido o al “contradestinatario” con una lógica beligerante (N. de la R.: En el acto de enunciación, el “paradestinatario” ocupa la figura del indeciso, son sectores de la ciudadanía fuera del juego a los que hay que persuadir). Hablar a un “paradestinatario” –en el sentido de que no todos están encuadrados– es un esfuerzo que en Argentina se ve poco en el espacio público. Es un rasgo que se vio en los inicios de la discusión sobre la desaparición de Santiago Maldonado y después se fue desdibujando. En #Aborto se vio de manera más permanente. Incluso después de la derrota en el Senado, se observa un esfuerzo pedagógico de convencer.


–Después de esa etapa inicial más “pedagógica” en la red #Maldonado, ¿qué cambió para que se convirtiera en una conversación de trinchera?


E.C.: Para pensar la función de los trolls en #Maldonado hay que imaginar una jauría de perros de ataque. Hay un espacio en el cual la jauría interactúa y se divierten produciendo mensajes. No es un ataque coordinado en el sentido de que se les diga qué hacer sino que simplemente se les da un objetivo. Los trolls comparten un sentimiento de comunidad y acuerdo tácito sobre el tipo de objetivo político y de campañas a ejecutar. Como los perros, están esperando esa señal: “ataque, quédate quieto, ataque, quédate quieto”. En el caso #Maldonado, la coalición oficialista tenía muy claro el tipo de intervención que le cabía en el terreno y cómo distorsionar el discurso virtual. En #Aborto, en cambio, el oficialismo estaba dividido y eso inhibió a los trolls. Hay una parte de la actividad oficialista que dice: “No estamos de acuerdo con trollear este evento”, y esa actitud corta la sinergia de agresión de ese grupo intenso de trolls. En #Aborto hay dos comunidades de ataque y agresión, las dos son pequeñas y no están coordinadas; se ubican relativamente en la misma zona pero se distinguen una de la otra.


–Considerando que la conversación en Twitter tiende más a la polarización que al consenso y que en ese escenario se vigoriza la violencia virtual coordinada, ¿cómo se puede regular este tipo de agresiones online?


M.B.: Bueno, hay una parte de esa regulación que las plataformas ya empezaron a hacer por sí mismas de manera creciente; lo peligroso es que lo hacen sin ningún tipo de auditoría pública. Es una iniciativa de las plataformas dado el impacto que tiene en su valorización bursátil y en los negocios en general, como los escándalos por venta de datos y desmanejos de sus plataformas. Tanto en el caso #Maldonado como en #Aborto o #Bolsonaro, esa actividad violenta no es porcentualmente la más grande. Entonces las compañías disminuyen eso porque es absolutamente artificial. Pero hay algo más profundo: la libertad de expresión no es absoluta, tiene límites. Es antipático decirlo porque es un derecho, pero también hay otros derechos, como el derecho a no ser abusado, violentado o discriminado.


–Lo cierto es que las regulaciones exceden la implementación de una normativa. La pregunta es: ¿con qué criterio se regula?


M.B.: Las empresas están ejerciendo de facto una reglamentación sin auditoria pública. Otro elemento es que cuando se reporta una situación de violencia en Facebook o Twitter, las compañías no contestan. Allí podría haber un tímido inicio de regulación: si alguien reporta un abuso amerita que haya un seguimiento acerca de cuántos reportes hubo, qué hizo la empresa con eso... Entender la casuística de ello y que sedimente en algún tipo de normativa; pero es cierto que la legislación normativa de prepo puede ser peor que la situación actual.


–¿Qué podría resolver la vía judicial en este tipo de abusos?


M.B.: Resuelve las garantías procesales: derecho a la defensa, presunción de inocencia, un debido proceso. Esto significa que no sepuede remover contenido porque a alguien no le gusta, así que ese procedimiento es fundamental. El Poder Judicial es lento y funciona mal. Entonces, hagamos que funcione bien, creemos un foro. Pero mientras no hacemos nada, el poder de policía lo tienen Google, Facebook y Twitter. ¡Y eso es un espanto!


E.C.: Hace cuatro años empezamos a ver el cambio de posicionamiento de las redes sociales para transformase en el ecosistema dominante en el área de noticias políticas. Los medios tradicionales son figuras dominantes dentro de ese ecosistema aunque la gente ahora accede a noticias a través de redes sociales. En estos cuatro años pasamos de un espacio que estaba totalmente desregulado y era muy jerárquico a una estratificación que ha ido mutando muy rápidamente. Se introdujeron actores externos que impulsan fake news, grupos que se organizan políticamente para producir sinergias y trollear. En este tiempo, estos ecosistemas se fueron estratificando y hay una mayor cantidad de bolsones distintos. ¿Cuál es la respuesta? Cuando uno tiene un ecosistema complejo, la regulación tendrá que ocuparse de un montón de pequeñas aristas.


–¿Cómo coordinar esas regulaciones?


E.C.: Lo que observamos ahora es la proliferación de distintos mecanismos de autoregulación por parte de las compañías y los usuarios. Lo difícil es encontrar un modelo de responsabilización democrática en las redes que no afecte la libertad de expresión.


–¿Qué singularidad aporta el diálogo político en Twitter durante la campaña electoral de los recientes comicios en Brasil, en el que ganó Jair Bolsonaro?


E.C.: La red #Bolsonaro muestra que ciertos mecanismos de regulación inciden en la propagación de mensajes y en cómo se estructuran estas redes sociales virtuales. En el momento en que se da de baja una gran cantidad de cuentas de WhatsApp y de cuentas de Twitter que distribuían noticias falsas, cambia la dinámica de propagación de mensajes en ciertas áreas de la red. Esa regulación produjo efectos en la difusión de narrativas. Eso quiere decir que podemos aprender cómo administrar esos efectos para producir redes que sean más saludables. Es una tragedia para la democracia que haya ganado Bolsonaro pero eso habla de otra dinámica política, que es el crecimiento de movimientos políticos de derecha, antisistema y conservadores. Esa dinámica no depende simplemente de la polémica que observamos en las redes sociales. Desde el punto de vista mediático virtual, la comunidad pro-Bolsonaro es más pequeña que la comunidad anti-Bolsonaro. Y todo el ecosistema de noticias falsas que lo sostiene fue identificado y dado de baja, de manera que hay mecanismos posibles de regulación.


–¿El debate y la coordinación de noticias falsas influyeron en el resultado de las elecciones en Brasil?


E.C.: Todo influye, pero las redes sociales activan a un votante que ya está inclinado. Sin las redes sociales, ¿se habrían inclinado esos votantes a votar por otro candidato? No puedo asegurar que el resultado electoral en Estados Unidos habría sido distinto, pero el margen de victoria de Trump en varios Estados fue tan pequeño que es posible que las redes incidieran. El amplio margen de victoria de Bolsonaro en Brasil, en cambio, me hace dudar de que las redes sociales hayan sido las responsables. Las redes sociales virtuales solo pueden incidir en elecciones que se definen por muy bajos márgenes e incluso esto es extraordinariamente difícil de probar.


–Volviendo a los criterios para la regulación de contenidos, ¿cuál es la concepción de información noticiosa para decidir si un contenido puede o no ser dado de baja tildándolo de “falso”?


M.B.: Hay una gran dificultad para llevar adelante ese propósito, que es la definición misma de noticia y de noticia falsa. No se trata de una definición universalmente estable. Y creo que es peligroso operar sobre un concepto que es inestable reclamando sanciones en torno a contenidos. Yo sería muuucho más cauto de lo que hasta ahora se viene viendo en redes sociales y organizaciones periodísticas y de la sociedad civil a la hora de etiquetar como noticia falsa un contenido. El segundo punto es que buena parte de los contenidos que en el registro coloquial llamamos “noticias” son opiniones o interpretaciones con condimentos noticiosos, así que es imposible desguazar y analizar a nivel átomo cada pieza para decir “esto es noticia y esto es interpretación”.


–¿Cómo evalúa el caso de Primereando las noticias, cuyo artículo “El FMI exige liquidar el Anses y vender las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad” fue dado de baja con el argumento de que se trató de una noticia falsa?


M.B.: Según mi lectura, es legítimo que pueda decir eso como que pueda decir todo lo contrario. Por cierto, en la última renegociación con el FMI, columnistas económicos del mainstream argentino decían cosas opuestas. Para algunos era una gran noticia para la Argentina por ser un respaldo inequívoco del FMI. Para otros, una mala noticia porque –dentro del mismo encuadre ideológico– le dan la mitad de lo que prometieron y produce condicionamientos asfixiantes. En definitiva, la de Primereando las noticias era una noticia cargada de interpretación como la mayoría de las noticias que vemos publicadas en portales y sitios webs que circulan en nuestra sociedad. Son pocas las noticias que afirman: “Obama es musulmán”. Es falso: Obama no es musulmán sino que es cristiano. O decir que Cristina no es abogada; resulta que se hace una investigación periodística y tiene el título de abogada. Pero pocas veces vemos eso. La mayoría de las noticias no son dicotómicamente clasificables, por lo tanto el riesgo es muy alto y creo que hay que ser precavidos porque se está afectando el derecho a la libertad de expresión lisa y llanamente. Y después hay otros problemas derivados.


–¿Cómo cuáles?


M.B.: Quienes producen estas piezas informativas en muchos casos son instituciones muy consolidadas. ¿Aceptarán las sanciones que ellas mismas y su entorno proponen para terceros cuando difunden noticias fake? Los productores de fake news no son piratas anónimos que están en un subterráneo clandestino sino grandes organizaciones, algunas de medios, otras políticas, otras religiosas. La mayor producción de fake news en elecciones proviene de los partidos políticos que, paradójicamente, dicen querer regular la contaminación del espacio público por las fake news que ellos mismos producen. Acá, en Francia y en Estados Unidos.


E.C.: No hay nadie que sea más promotor del término fake news que Donald Trump, que es la usina más importante de noticias falsas en Estados Unidos. Sin embargo, él popularizó el concepto de fake news aduciendo que los demás mentían.


M.B.: Es la misma estrategia de Bolsonaro en Brasil quien, además, acusa a Folha de Sao Paulo de ser fake media. Lo interesante acá es que mucha acusación de que el otro es fake se basa no tanto en lo que este haya publicado sino en lo omitido.


E.C.: Totalmente. Ahora, hablando de los mecanismos para lidiar con este tipo de cosas, algunas formas de regulación son posibles utilizando “sello de calidad” provisto por organizaciones que les aseguran a los lectores que es válido lo que están leyendo. Hay formas de organización de la sociedad civil que pueden definir los parámetros a través de los cuales aquello que es noticioso, si es controversial, igual satisfaga los requerimientos periodísticos. Una posible solución a estos problemas requiere de la consolidación de comunidades intersubjetivas –como afirma Habermas– que validen contenidos que son aceptables, de modo tal que el que no lo hace pague un precio. En lugar de prohibir las noticias falsas, su precio de mercado debería caer en relación con el precio de las noticias que no son falsas. Por ejemplo, la problematización de que existen noticias falsas ha hecho que la gente sea más reticente a distribuir información porque dentro de las propias comunidades de redes sociales o de WhatsApp se dice: “che, esto no es cierto, tené cuidado que estás distribuyendo fake news”. Ese control intersubjetivo que está apareciendo puede tener un correlato institucional que valide lo noticioso.


M.B.: Los medios tradicionales funcionaban sobre estas convenciones con autoridad. El problema es que hoy tratan de reeditar aquella etapa con viejas herramientas y viejos reflejos. Tengo dudas de que una campaña como la de Adepa –“tenemos editor responsable”– dé buenos resultados. Por dos motivos: uno es porque ellos también producen fake news y están muy desacreditados. El segundo motivo es más general y desborda las condiciones argentinas, en el sentido de que esas instituciones no tienen las raíces sólidas que tuvieron, entonces el acuerdo social acerca de su legitimidad para ofrecer puntos de vista validados es un acuerdo que está cada vez más descompuesto.


E.C.: El que menciona Martín era exactamente el mismo problema que tenían los medios tradicionales a fines del siglo XIX o principios del XX, antes de que se fuera institucionalizando un conjunto reglas periodísticas. Hay organizaciones de FactChecking que, más allá de si uno acuerda o no con ellas, dan cuenta de que hay un espacio de organización civil que procura reconstituir ese tipo de validación intersubjetiva. Ello muestra que estamos en un momento de clara descomposición, que las redes sociales fueron un golpe a la estructura de la organización económica del periodismo en estos países. Creo que el New York Times tendrá más posibilidades de supervivencia que Fox News.


–¿En qué sentido, qué diferencia a ambas organizaciones periodísticas?


E.C.: Hay cierta inconsistencia entre el mensaje de Trump que dice “todo es fake news” y el grupo que le tiene que creer eso, que es el mismo grupo que consume el producto de Fox News. Mientras que el otro grupo que dice “esto no es fake news” es el que consume el New York Times. Hay un mecanismo de estabilización de la reputación periodística que permite defender al New York Times; Fox News no cuenta con ese mecanismo. Entonces, el salvaje Oeste de las redes sociales afecta primariamente a sus promotores. No estamos en el espacio desregulado de hace tres años, tampoco estamos en el espacio mediático que a uno le interesaría tener; pero al menos el actual es un espacio un poco más inhóspito para los trolls. Ello sugiere que algo está pasando independiente de que llegue a buen término o sea exitoso.

 

 

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Llegan las huellas dactilares maestras: inteligencia artificial para desbloquear cualquier teléfono

Un equipo de investigadores estadounidenses ha creado un sistema capaz de generar huellas dactilares por sí mismo destinado a desbloquear teléfonos


Hablamos con una experta en seguridad y vigilancia sobre las implicaciones de la biometría en cada vez más ámbitos de nuestra vida

La única diferencia entre una contraseña y una contraseña biométrica es que la primera la puedes cambiar, perder, olvidar, rehacer o pedir una nueva, mientras que la segunda está contigo para siempre, tengas la edad que tengas y estés donde estés. Porque la contraseña es tu cuerpo. Si te roban tu número de tarjeta de crédito podrás cancelar la tarjeta y pedir una nueva, pero si alguien se hace con tu huella dactilar estarás metido en un problema.


La biometría es la técnica que permite generar contraseñas a partir de tus datos biológicos, ya sea tu voz, tu huella o tu iris. La tecnología se ha popularizado tanto estos últimos años que no es raro ver cómo cada vez más teléfonos y dispositivos electrónicos incorporan sensores de reconocimiento facial o de huella dactilar para proteger el acceso al mismo.
¿Proteger o desproteger? La biometría no es segura ni nunca lo fue a la hora de proteger el acceso a un dispositivo, según alertan cada vez más expertos. Una nueva prueba de ello es el último estudio que varios investigadores de las universidades de Michigan y Nueva York han publicado en el repositorio de artículos científicos arxiv y que esta semana cuenta Motherboard. Se titula Deep master prints (Copias maestras profundas) y ahí explican cómo han construido un sistema a base de machine learning (aprendizaje automático) que es capaz de generar huellas dactilares para desbloquear teléfonos móviles.


Cómo funciona una llave maestra que aprende sola


Imagina que tienes una llave que abre todas las puertas de tu bloque de edificios y que a medida que abres más y más puertas, la llave aprende nuevas configuraciones de cerradura, lo que a la larga le servirá para abrir un mayor número de cancelas. Este es un buen ejemplo para entender cómo funcionaría una llave maestra alimentada con Inteligencia Artificial (IA), que al fin y al cabo es lo que han prototipado los investigadores estadounidenses.


Uno de los grandes avances de la IA es sido el descubrimiento y puesta en práctica de las redes neuronales artificiales, un tipo de arquitectura de programación que permite a un sistema "aprender" en función de la información que se le proporcione. En este caso, los investigadores le dieron 6.000 huellas dactilares humanas, que una vez analizadas le permitieron comenzar a crear las suyas propias.


Cada nueva huella generada era después enviada a otra red neuronal artificial que se encargaba de discriminar si lo que veía era real o no. Las huellas que esa red identificaba como falsas eran devueltas al sistema, que las perfeccionaba y las volvía a enviar al discriminador, a ver si en ese nuevo intento pasaban la prueba. Este proceso, repetido miles de veces en un laboratorio, da como resultado huellas dactilares maestras.


Cuando el sensor de huella del teléfono escanea nuestro dedo y lo desbloquea no está escaneando todo el dedo, sino unos pocos puntos. Lo explica a eldiario.es Gemma Galdón, ideóloga y experta en seguridad y creadora de la Fundación Éticas: "Para ir más rápido, lo que se hace es minimizar los puntos de comparación y te aseguras más o menos de que esa persona es la que dice ser, aunque seguramente esos mismos puntos pueden coincidir con una parte importante de la población".
Acierta tres de cada cuatro intentos


Galdón pone el ejemplo de los aeropuertos como lugar en el que se utiliza la biometría a discreción pero con escasas garantías: "Allí lo importante es que la gente pase rápido. Si quieres eso, tienes que bajar el nivel de seguridad o los puntos que se cotejan cada vez que alguien pasa", continúa. Los sistemas de reconocimiento facial tampoco se salvan: el año pasado, apenas dos meses después de lanzar Apple su iPhone X, la tecnología fue burlada con una máscara hecha a base remiendos.


La experta en seguridad y vigilancia recuerda, sobre la biometría, que "hay un montón de vulnerabilidades técnicas brutales" y advierte sobre algunos sitios en donde "no se encripta bien la huella, con lo cual se recoge la huella plana que es super fácil de reproducir". Tampoco entiende cómo esta tecnología se sigue incorporando en los dispositivos nuevos que salen cada año: "Ni yo ni creo que ninguna de las personas que trabajamos en esto desde hace tiempo entendemos muy bien cómo ha colado tanto eso de que la biometría es la metodología más segura para verificar la identidad".


Los investigadores estadounidenses usaron dos tipos de huellas para alimentar el sistema: impresas en un papel y las generadas por los sensores de huellas de cientos de dispositivos. Después vieron que la criatura entendía mejor las segundas, y no es casualidad: estas son el resultado de poner el dedo en el sensor cientos de veces, en tu móvil, en el iPad, en el trabajo, en un aeropuerto. Ese fue el paquete de datos que la máquina entendió correctamente, el que provenía de los usos mayoritarios de la biometría en el mundo.


Las huellas maestras llegaron a tener éxito hasta en un 76% de las veces que fueron puestas a prueba. Son tres de cada cuatro intentos. "La biometría está contigo para siempre", recuerda Galdón, que se despide lanzando una mensaje: "Una biometría que no es segura es como un coche sin motor".

David Sarabia
19/11/2018 - 21:18h

Black Cube, agencia privada israelí de espionaje contrata al ex director del Mossad

En medio de la inagotable carnicería de Netanyahu contra el despojado pueblo palestino en Gaza,la prensa de Israel se desbordó con la contratación de Ephraim Halevy (EH), anterior mandamás del Mossad (espionaje "público" de Israel), por la agencia israelí de espionaje "privado" Black Cube (http://bit.ly/2DgVUPe).

Black Cube ha sido apodada el "Mossad privado" que destila su legendaria hediondez en sus tres sedes de Tel-Aviv/Londres/París y fue expuesta de haber espiado a Obama, a su viceconsejero de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Ben Rhodes, y a Colin Kahl, consejero de Seguridad Nacional del vicepresidente Joe Biden, con el fin de hurtar 6 mil millones de dólares de los depósitos iraníes en el mundo (http://bit.ly/2DgrBZ9). Según Haaretz,falló la operación.

Sus metástasis alcanzan a 70 países: desde Argentina hasta Rumania, donde dos de sus empleados israelíes fueron arrestados por intimidar al fiscal anticorrupción (http://bit.ly/2DeqUQ0). ¿Quién es el representante de Black Cube en México?

Nada detiene a Black Cube de investigar hasta el DNA de sus víctimas explotando sus vulnerabilidades. Lo más indecente radica en la ceguera deliberada de los países anfitriones donde operan en forma "encubierta" en paralelo y/o al unísono con los servicios de espionaje de sus huéspedes.

El ennegrecido Black Cube se ha consagrado a las tratativas inmundas de los bancos israelíes Discount Bank y Hapoalim (http://bit.ly/2PRvquh).

En mi artículo “Sexo-Escándalos Politizados: Israel, Mossad y Harvey Weinstein Controlan Hollywood (http://bit.ly/2A6ZfhM)”, expuse el incesto del "ejército de espías" contratados por el confeso sionista Harvey Weinstein donde "se encuentran agentes del Mossad que forman parte de Black Cube", siniestra firma de espionaje "privado (sic)". Mencioné que Black Cube, fundada en 2010 por altos funcionarios del espionaje israelí, "mantiene estrechos lazos con el gobierno de Israel y sus agencias de espionaje", donde destacaba Meir Dagan, anterior mandamás del Mossad.

El disoluto cineasta israelí de Hollywood, Harvey Weinstein,había contratado a Black Cube por 1.3 millones de dólares con el fin de "suprimir los alegatos de que había violado y acosado a decenas de mujeres".

Black Cube ha sido descrita como “una rama casi privada del Mossad (http://bit.ly/2DgrTPu)” que buscaba descarrilar el acuerdo que había conseguido Obama con Irán.

A Sputnik no pasó inadvertida la impúdica contratación de EH, de 83 años y nacido en Londres, por Black Cube que también recluta espías de Shin Bet, espionaje interno, y Haman, espionaje militar (http://bit.ly/2PNUzX1).

Jorge Benítez (JB), del rotativo español El Mundo, afirma que los agentes de Black Cube fueron contratados por el catalán Puigdemont (http://bit.ly/2DdTLE5)

Y expone sus inmundicias en Madrid: “Sus clientes son grandes empresas, magnates y gobiernos. Pueden cobrar 4 por ciento del "dinero recuperado" en una operación y "ha sido relacionada en asuntos de todo tipo, desde disputas empresariales (su mayor fuente de ingresos) hasta elecciones (sic)": "Black Cube es el Mossad SA".

Según Forbes, con datos de la consultora Gartner, el "espionaje comercial" mueve 80 mil millones de dólares en el mundo. Para ello Black Cube usa "analistas con conocimientos en derecho, sicología y finanzas que trazan perfiles sicológicos de las personas que pueden tener información relacionada con el caso".

¿Utilizarán sus "servicios" los cárteles de la droga para su encarnizada competencia interna?

Según JB, Black Cube "nunca trabajaría para un enemigo declarado de Israel" como "Irán,Iraq, Siria y Líbano (sic)".

Siempre me ha llamado la atención la razón por la cual cierto tipo de entelequias esotéricas en Israel y Estados Unidos con avasallante poder usan el nombre "black": BlackRock (mayor banco de inversiones del mundo), Blackstone (mayor firma de inversiones de capital privado/"private equity"), Blackwater (ejército privado de mercenarios del Pentágono), Black Cube, etcétera.

¿Será una mera coincidencia lingüística o una herética clave monástica digna de indagar por Umberto Eco en El Nombre de la Rosa?

AlfredoJalife.com

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Viernes, 09 Noviembre 2018 06:05

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

La extrema derecha actual es hija del extractivismo/cuarta guerra mundial, mientras el fascismo fue parido por el capitalismo monopolista en competencia por los mercados mundiales, por el colonialismo e imperialismo en su deriva racista, como señaló Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Comprendo que en los debates apasionados contra esa derecha machista y racista que crece exponencialmente, hablemos de "fascistas" o "fachos" y utilicemos adjetivos similares. Muchos lo hacemos como forma de fustigarlos. Sin embargo, el análisis sereno que expide el pensamiento crítico debería ir más al fondo de la cuestión.

Una porción importante de tales analistas desgajan el crecimiento de esta ultraderecha de la realidad económica, social y cultural que vivimos, y atribuyen este proceso a la influencia de los medios, al papel del imperialismo y a otras cuestiones generales que no consiguen explicar el fenómeno y lo atribuyen o bien a causas exógenas o a fenómenos como las redes sociales que no explican nada. La Revolución Francesa no fue consecuencia de la expansión de la imprenta, ni la rusa fue hija de la electricidad o del cine, aunque estos desarrollos tecnológicos tuvieron su influencia.

Por otro lado, el capitalismo no fue siempre igual. No siempre pretendió eliminar a camadas enteras de la sociedad, como aspira hacerlo en estos tiempos. Hubo periodos en los cuales las clases dominantes buscaron integrar a las "clases peligrosas", y a esa política la denominamos estados del bienestar. Ahora se trata de explicar porqué han pasado de la integración a la segregación, para fantasear luego con el exterminio.

Para comprender el nazismo y el fascismo, Karl Polanyi se remontó a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, analizando en detalle el cercamiento de los terrenos comunales (enclosures) en favor de los terratenientes. Ese proceso fue clave para promover la modernización, "liberando" a los campesinos de la tierra de la que fueron expulsados, sin más opción que ofrecer sus brazos a la naciente industria.

Pero la proletarización del campesinado fue un proceso traumático, que desarticuló la sociedad inglesa, como destaca Polanyi en La gran transformación, publicado en 1944. Con datos económicos, sociológicos y antropológicos, el autor concluye que el liberalismo económico y su "mercado autorregulado", destruyeron los cimientos materiales y espirituales de las sociedades.

En sus propias palabras, la economía de mercado procedió a "la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra", y de las ruinas de la vida comunitaria nació la tentación fascista.

Las ultraderechas actuales tienen otra genealogía, aunque es evidente que hay puntos en común. Quiero destacar algunos aspectos que muestran las diferencias con el fascismo de los años 30 del siglo pasado y señalan también la necesidad de hurgar en nuestras sociedades para entender la deriva en curso.

Uno, el extractivismo expulsa a la mitad de la población (según regiones más o menos) de una vida digna, incluyendo salud, educación, vivienda, agua y seguridades mínimas. Esa población a la intemperie, debe ser controlada con nuevos modos: masificación de cámaras de seguridad, militarización, feminicidios, bandas de narcotraficantes, milicias parapoliciales, entre las más conocidas formas legales e ilegales.

Dos, el tipo de Estado que corresponde a este sistema de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, es el Estado policial, con sus correspondientes campos de concentración para los de abajo. Quien crea que exagero, que observe los entornos de la gran minería, de las megaobras de infraestructura y de los monocultivos, donde esto ya funciona. ¿Qué son las barriadas de las periferias urbanas, sin agua pero con abundancia de hombres armados, sino campos de concentración?

Tres, este sistema desborda violencia estructural, machista y racista, por todos sus poros. Sugiero dos lecturas. El reportaje de Katrin Beenhold en The New York Times sobre los varones de extrema derecha en Alemania del este (goo.gl/Y98L51), donde la violencia machista tiene un claro motivo sistémico; y "El laboratorio social de China en Xinjiang", en II Manifesto (goo.gl/bH9JTk), donde el poder ejerce "un control capilar" y diabólico sobre la población.

Los varones, desde Alemania hasta Brasil, no se vuelven feminicidas por su genética, sino porque perdieron muchas cosas, como consecuencia de un modo de acumulación que no reconoce fronteras. Entre lo que perdieron, está el "mandato de masculinidad", que analiza Rita Segato.

Cuatro, este sistema extractivo de guerra no puede ser desmontado paso a paso, ni desde adentro, porque sus instituciones no funcionan para la sociedad sino contra ella. No son las instituciones que conocimos durante el periodo del desarrollismo y el estado del bienestar que protegían a los ciudadanos. Las de ahora lo parasitan, en particular a quienes viven en la zona del no-ser: pobres y descartables, mujeres y jóvenes.

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“Me acuerdo bien del fascismo, por eso me da miedo”

“En julio decidí volver a Italia, apremiada por la necesidad de entender. Seguía a Salvini en la televisión desde París, donde vivía desde hace doce años, y sentía vergüenza por lo que veía". 

"'También es culpa mía, culpa de los nuestros’, me repetía a mí misma. Había pasado mi vida dedicándome a la política y consideraba mi lejanía como un abandono de la lucha".

Rossana Rossanda, 94 años, periodista, escritora, partisana, “la muchacha del siglo pasado”, como tituló su famosa autobiografía, hojea los primeros números de la colección de Il Manifesto, el periódico fundado por ella en 1969. “Quiero volver a leer las crónicas de las luchas obreras de entonces, los trabajadores lucharon por sus derechos y ganaron”.


¿Qué Italia ha encontrado?


Un país irreconocible, sin espina dorsal. Me da miedo ver en qué se está convirtiendo.


¿Le da más miedo Salvini o Di Maio?


Salvini, porque sabe lo que quiere. Di Maio es el que está siempre ahí riéndose.


¿Qué le asusta de Salvini?


La prepotencia. He estudiado a fondo el decreto sobre Seguridad y no entiendo cómo Mattarella [el presidente de la República] ha podido firmarlo.


¿Le parece racista?


Lo es. Al migrante lo ve solamente como a un criminal potencial.


¿Qué tipo de poder tenemos en el Gobierno?


Es la deriva racista del populismo. Di Maio y Salvini son los dos populistas, pero de forma distinta, porque en el Gobierno prevalecen las ideas del leghista. A los Cinco Estrellas no logro tomarlos en serio.


Han obtenido el 32%, de los votos ¿cómo puede decir que no hay que tomárselos en serio?


Quizá lo he expresado de forma equivocada. Lo que quiero decir es que no consigo entenderlos. Me dicen que mucha gente de izquierda les ha votado, pero los Cinquestelle no tienen nada de izquierdas.


Muchos exmiembros de la izquierda extraparlamentaria han votado al Movimiento 5 Estrellas. ¿Cómo lo explica? ¿Por una propuesta radical que la izquierda reformista ya no ofrecía?


Parece evidente. Han buscado un cambio de protesta, al ver que sus esperanzas fueron echadas por la borda.


¿Que nos dice esto de la izquierda italiana?


Millones de personas votaban a la izquierda porque en su ADN estaba la defensa de los más débiles. Esto ya no lo defiende nadie.


¿Cuándo tuvo lugar esa mutación?


Diría que comienza con el cambio de nombre decidido por Achille Occhetto [último secretario general del Partido Comunista italiano]. Cambiar de nombre significa cambiar de identidad. Desde entonces han cambiado de nombre tres o cuatro veces y, en cada cambio, iban alejándose un poco más de sus bases. Veltroni llegó a decir que nunca había sido comunista.


¿Usted sigue siendo comunista?


Yo sí.


Y hoy, ¿a quién votaría?


No lo sé. Mire los candidatos para liderar el PD: Zingaretti, Minniti, Martina, Boccia, Richetti. No los distingo. Me dicen que Delrio es capaz. No lo discuto. ¿Pero cuál es su visión del mundo? Cuando era joven, en Milán conocí bien a la izquierda democristiana, la de Marcora y Granelli: sus voces se distinguían netamente de las opiniones de las otras corrientes. Como la del democristiano Fiorentino Sullo, sus batallas contra la especulación inmobiliaria se recuerdan todavía.


¿Le sorprende que los obreros voten a la Lega?


Esto es otra historia, más vieja. Ocurría ya hace 15 años. Carné de la CGIL (sindicato comunista) y voto a la Liga.


¿Por qué sucedió?


La Liga ofrecía argumentos simples. ‘Si pierdes el trabajo, te lo ha quitado un inmigrante, o mejor uno del sur, el terun. No es culpa tuya. No es culpa del sistema’. Eso ofrece al mismo tiempo un enemigo y un consuelo.


¿Le preocupa la prima de riesgo?


No creo que sea una indicación de ruina en sí, me parece más grave hacer unos Presupuestos que no traigan crecimiento ni trabajo.


¿Está a favor de la renta ciudadana?


En principio sí, está bien mantener a los pobres pero luego, ¿qué nos quedará? Hay que crear trabajo. Y en esto estoy de acuerdo con ese proverbio chino que dice: dale un pez a un hombre y comerá hoy. Dale una caña y enséñale a pescar y comerá siempre.


¿Por quién se decantará en las europeas?


Votaré a favor de Europa, contra el peligro fascista que veo alrededor. Me acuerdo bien del fascismo, así que me da miedo.


¿Qué caminos le quedan a la izquierda acorralada entre el populismo y la austeridad?


A los que dicen que no hay alternativas les digo que miren a Sánchez y a Podemos en España o al pequeño Portugal: hagan como ellos.


¿Está sorprendida por la simplificación del debate político?


Estoy sorprendida por la vulgaridad. El otro día vi en la televisión un programa donde todos decían “no me importa una mierda”; si yo le hubiese hablado así a mi padre, como mínimo me hubiera dado una bofetada.


¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?


Sí. Ahora estaría menos sola y, sobre todo, tendría la percepción de haber dejado un legado.


¿Por qué no los tuvo?


Tenía muchas cosas que hacer.


¿Cómo fueron sus dos matrimonios?


Grandes amores. Eran los dos muy simpáticos. Siempre teníamos ganas de estar juntos, no hay nada más bonito que eso, ¿no cree?


¿Cómo mira al futuro?


Se que no me queda mucho, y en el fondo no me da pena. He tenido una vida muy afortunada, y he conocido a gente interesante.


¿Los personajes más importantes?


Mi suegro, el maestro Antonio Banfi, Sartre.
¿Cómo era Sartre?


Un raro caso de francés atento, abierto. Venía a Roma todos los años, amaba Italia, era curioso. De Beauvoir era más rígida.


¿Cuál es el último libro que ha leído?


Le assaggiatrici, de Rossella Postorino, interesante. Me gustaría leer Scurati sobre Mussolini.


¿Frecuenta las redes sociales?


Las detesto. Quiero pasar al otro mundo sin haber dado un solo euro a Zuckerberg.


Haciendo un balance de su vida, ¿tienen más peso los aciertos o los errores?


He intentado que prevalezcan los aciertos, pero he cometido grandes errores. Al fin y al cabo, ¿quién puede negar haberlos cometido?


¿Cuál fue el error más grande?


No se lo voy a decir. Me cuesta decírmelo incluso a mí misma.
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Concetto Vecchio (LA REPUBBLICA)

4 de Noviembre de 2018


Traducción: Elisa Mora.
Este artículo se publicó originalmente en La Repubblica, que ha cedido a CTXT los derechos para la traducción al español.

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Ben Wizner (izq.) dice que su trabajo como abogado de Snowden (der.) es, en primer lugar, político antes que legal.

Antes de hacerse cargo de la defensa del ex espía que denunció los programas de vigilancia masiva de celulares y servidores de Internet que llevan adelante los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Wizner defendió a víctimas de tortura y secuestros de la CIA en el exterior así como a prisioneros de Guantánamo. Dice que Snowden está más conectado que nunca y que Trump no salió de un repollo.

 

Desde su oficina repleta de papeles en un rascacielos que se alza en la punta inferior de la isla de Manhattan, Ben Wizner maneja o sugiere o controla la agenda del disidente exiliado más famoso de mundo. Joven, rápido e implacable, sofisticado y arrogante en lo intelectual, emergente de la izquierda liberal urbana que crece en la resistencia al huracán Donald, Wizner actúa desde el 2013 como el abogado principal –y algo más–de Edward Snwoden, el ex espía que conmovió al mundo ese año al revelar los programas de vigilancia masiva de Estados Unidos. Graduado de Harvard, ex profesor de leyes de New York University, director del Proyecto de Libre Expresión, Privacidad y Tecnología de la ONG progresista más poderosa del país, la ACLU, en esta entrevista Wizner, de 47 años, analiza el legado de Snowden, revela detalles íntimos sobre su exilio en Rusia y traza un crudo retrato de las amenazas a la democracia y a los derechos humanos en tiempos de Trump.


–Antes de Snowden usted trabajó con otros arrepentidos. ¿Podría explicarme cómo se especializó en el tema?


–No me considero un especialista en arrepentidos no soy un experto en todos los vetustos remedios administrativos que existen el sistema legal de Estados Unidos para arrepentidos. Para mí, la verdadera Ley del Arrepentido es la primera enmienda de la Constitución (de EE.UU., que garantiza la libertad de expresión). Lo que me llevó a este trabajo es que empecé a trabajar como abogado en la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses (ACLU, en inglés) cinco semanas antes del atentado del 11-9. Entonces sin saberlo empecé como defensor de derechos humanos en un momento de sobrerreacción al 11-9. Representé a víctimas de tortura, a víctimas de secuestros en el exterior, a gente que apareció en listas negras de terroristas, a gente bajo vigilancia, a prisioneros de Guantánamo. Este es el trabajo principal que hice durante mi primera década en la ACLU. Durante el gobierno de Bush hijo estuve involucrado en el caso de una arrepentida, una traductora del FBI llamada Cibel Edmonds, que había sido despedida después de denunciar serias irregularidades en investigaciones. Ese caso me dio una lección sobre cómo responde la comunidad de inteligencia estadounidense en esa clase de situaciones. Aunque la información que Edmonds necesitaba para ganar su caso de despido injustificado era información pública, el FBI se defendió diciendo que su derecho a preservar secretos de estado significa que no podemos litigar el caso sin dañar la seguridad nacional. Y tres salas de la justicia federal aceptaron ese argumento y no permitieron que Edmonds presentara su caso. Ese mismo privilegio de secretos de estado se usó para negarles la posibilidad de ser escuchados en los tribunales a prácticamente todas las víctimas del programa de tortura de la CIA. Ninguna corte dijo jamás que el programa era legal. Ninguna corte dijo que la tortura no ocurrió. Pero de hecho ninguna víctima fue compensada porque la CIA le decía a la corte federal “desafortunadamente no podemos llevar adelante este juicio sin revelar secretos de estado y por lo tanto dañar la seguridad nacional” y entonces los casos eran archivados. Todo esto me preparó para el caso Snowden.


–Pero los dos psicólogos que diseñaron el programa de tortura de la CIA sí llegaron a juicio, justamente por una demanda de la ACLU.
–No llegó a juicio, arreglamos antes de eso el año pasado. Pero fue la primera vez que una víctima de tortura pasó la primera barrera de una moción para archivar el caso en base al secreto de estado. Fue un caso contra dos psicólogos llamados Mitchell and Jassen, quienes habían diseñado las llamadas “técnicas reforzadas de interrogatorios” (eufemismo de la CIA para disfrazar la tortura). Ese caso, el día antes del juicio, fue arreglado con un acuerdo confidencial. Esto fue positivo para los querellantes porque pudieron obtener algún tipo de compensación, pero también significa que seguimos sin tener una sola corte en Estados Unidos que falle acerca de la legalidad del programa de tortura.
–¿Entonces por qué arreglaron?


–La decisión de llegar a un acuerdo es de los clientes, no de los abogados.


–Recien usted comentaba que todo esto lo preparó para ser el abogado de Snowden.


–La razón por la cual estaba tan preparado para ayudar a Snowden es que uno de los cuestionamientos que recibe es: ¿por qué no usó el sistema para llevar adelante su queja? ¿ por qué no se quedó acá y enfrentó las consecuencias, en vez de escapar a otro país? Mi respuesta es que yo me pasé 10 años tratando de usar el sistema con víctimas de tortura, con víctimas de grandes violaciones a los derechos humanos y el sistema nos contestó que nos vayamos, que no hay remedio para ese tipo de casos. Por lo tanto no tengo mucha paciencia con el argumento de que si alguien denuncia un sistema de vigilancia masiva a su jefe algo grande va a pasar. La única manera en que Snowden iba a lograr cambios era llevar esta información al público. No a su supervisor o al supervisor de su supervisor. Cuando Snowden hizo su denuncia el presidente Obama se defendió diciendo que las actividades que estaban siendo reveladas (pinchaduras masivas de celulares y servidores de internet) habían sido aprobadas por los tres poderes del estado. Básicamente decía la verdad, pero ése era el problema: En cuanto la opinión pública se enteró, los tres poderes cambiaron de opinión. El presidente dijo que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, en inglés) había ido demasiado lejos e impuso restricciones, incluyendo a la vigilancia en el exterior. El Congreso impuso restricciones a la vigilancia de la NSA por primera vez desde la década del 70. Y las cortes federales, que siempre se habían rehusado a tomar casos de vigilancia masiva por razones de seguridad nacional, empezaron a aceptarlos y a fallar que esos programas son ilegales porque violan la Constitución. Nada de esto hubiera ocurrido si Snowden hubiera usado el sistema en vez de eludirlo.


–¿Como es trabajar con él?


–Ha sido una de las experiencias más significativas de toda mi vida. La mayoría de nosotros no cambia el mundo por sí mismo. Como mucho ayudamos a que suceda. Pero de vez en cuando aparece alguien como él que toma este riesgo histórico que permite cambiar de manara radical el comportamiento de la población mundial. Mi trabajo es ayudarlo a ser más efectivo. No ha sido una representación legal tradicional. Normalmente en un caso legal gran parte de mi trabajo es conseguir un resultado judicial favorable para mi cliente. Pero desde el primer día él me dijo: “ hagamos eso cuando tengamos tiempo.” Por eso nuestro foco principal como abogados suyos es ayudarlo a obtener reformas, ayudarlo a cumplir su misión política, antes que defender sus intereses legales, aunque obviamente debemos hacer las dos cosas.


–¿Como es su situación acá y en Rusia?


–El no quiere que le tengan lástima. Te diría que está más conectado socialmente que cuando trabajaba para el gobierno, dado que había entrado a los servicios de inteligencia cuando tenía unos 20 años y trabajó mucho tiempo bajo anonimato en el exterior. Nunca estuvo insertado en un grupo familiar o de amigos en el que podía hablar libremente de lo que hacía y forjar vínculos afectivos, excepto por su novia y su familia inmediata. Ella se mudó con él en Rusia, lo cual él le agradece eternamente, pero además ahora está en contacto con abogados y aliados, periodistas y amigos. Desde adolescente sus interacciones fueron a través de internet y mantiene su acceso a la red. Por lo tanto está más conectado al mundo en su exilio que cuando trabajaba para el gobierno. Su situación legal es que tiene residencia legal en Rusia, renovable cada tres años, así que por lo menos hasta abril del 2020 puede vivir en Rusia y no tenemos motivos para pensar que su permiso de residencia no le sería renovado si debe permanecer más tiempo en Rusia. Ya le han renovado el permiso una vez, pero él no tiene ningún control sobre eso. Ha habido muchos rumores de que por la relación cercana entre Trump y Putin la situación de Snowden podría peligrar. No tenemos manera de saber si eso es cierto o no. El dice que va a seguir hablando libremente, que si su seguridad fuera su prioridad todavía estaría viviendo en Hawaii y nunca hubiera dejado su trabajo bien remunerado. Como es de público conocimiento (Snowden) continúa criticando no solo al gobierno estadounidense pero también al ruso, a pesar de advertencias de personas como yo que le decimos que no sabemos si es la mejor estrategia para su seguridad. Pero así es él.


–¿Como lo va a tratar la historia?


–Cada vez que alguien da un paso adelante como hizo él y no solo revela información secreta pero pone a los servicios de inteligencia estadounidenses bajo una luz completamente distinta a nivel global , se puede esperar la respuesta retórica que él recibió. No creo que fue ingenuo cuando se metió en esto, ni pensó que el mundo le iba a agradecer lo que hizo. Pero la historia suele ser muy bondadosa con los arrepentidos. Cuando Daniel Ellsberg publicó los Papeles del Pentágono lo acusaron de ser un espía ruso y el gobierno de Nixon dijo que Ellsberg le había entregado una copia de los papeles a la embajada rusa. Ahora Ellsberg es un héroe nacional, prácticamente ha sido santificado.


–¿Como es vivir en tiempos de Trump? Como afectó las libertades civiles y los derechos humanos el actual gobierno?


–Creo que Trump es fundamentalmente autocrático y antidemocrático. Pero no es único ni novedoso. No es el primer presidente estadounidense en partir el pan con dictadores y autócratas de otros países. No es el primero en nombrar jueces federales y jueces supremos derechistas. No es el primero en facilitar la corrupción y transferir ingresos de la clase media a los ricos. Todo esto venía ocurriendo rutinariamente en la centroderecha estadounidense desde hace mucho tiempo. Creo que donde Trump es novedosamente peligroso es en que no está conectado a ninguna tradición política ni es él mismo un político. Y en un momento de peligro, por ejemplo en un ataque terrorista, no va a mostrar ningún respeto por las tradiciones y las instituciones democráticas. Además, su voluntad de promover xenofobia en contra de los inmigrantes de México y Centroamérica y los musulmanes en general es genuinamente peligrosa y de hecho gran parte del trabajo de la ACLU de los últimos años ha sido combatir es agenda xenófoba. Pero no creo que Trump fue instalado en EE.UU. por el líder ruso o que represente algo que es completamente opuesto a la historia y los valores de EE.UU., como si EE.UU. hubiera sido una democracia perfecta hasta que llegó Trump.


–¿Cómo siente que afectó la reputación de Estados Unidos en el mundo la incapacidad de cerrar la cárcel de Guantánamo y las declaraciones de Trump y de altos funcionario de su gobierno en favor de la tortura?


–Antes de hablar de Trump hablemos de Bush y de Obama. Porque el gobierno de Bush echó para atrás medio siglo el consenso global sobre tortura al implementar en esencia una conspiración para torturar en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia.


–¿Por qué habla de una conspiración?


–Porque fue una conspiración. Los líderes que lo autorizaron sabían que era ilegal, pero conspiraron para crear un canal legal para que abogados corruptos escribieran directivas diciendo que algo que siempre habíamos juzgado como ilegal ahora era legal. Fue una conspiración de tortura e impunidad. Y el gobierno de Obama echó para atrás medio siglo el consenso sobre la penalización de la tortura cuando protegió del alcance de la ley a los arquitectos de la tortura. Obama dijo: “tenemos que mirar para adelante, no para atrás.” Estoy seguro que a cualquier criminal encarcelado le gustaría haber escuchado eso en referencia al delito que cometió. Esa decisión de no permitir que las cortes juzguen la legalidad de los programas de tortura abrió el camino para que venga Trump y diga “deberíamos tener el submarino (una forma de tortura) otra vez”. Para ser claros no hay evidencias de que el gobierno de Trump haya retomado la práctica de torturar. Hasta donde sabemos, se dejó de torturar en el 2006, cuando los militares y los servicios se dieron cuenta de que es una práctica peligrosa y aunque ellos no fueran juzgados por llevarla adelante, torturar les traería otras consecuencias negativas. También debo decir que nadie ha sido enviado a Guantánamo desde el gobierno de Bush. Todavía tenemos decenas de personas detenidas ahí, pero nadie fue llevado ahí desde el 2006. Pero en general creo que usted tiene razón. La retórica de Trump acerca de los derechos humanos le da amparo al régimen saudita, al presidente filipino, a Myanmar, y también a China y Rusia, para que realicen grotescos abusos a los derechos humanos y que apunten sus dedos a Estados Unidos y digan: ¿Ellos son los que nos van a decir cómo comportarnos? Guantánamo sigue abierta y ni siquiera pudimos cicatrizar esa herida pustulenta. No es un problema creado por Trump, es un problema que Trump empeoró.


–¿Que va a pasar en la elecciones del mes que viene?


–No quiero hacer predicciones porque me equivoco muy seguido. Lo que veo es una ola de fuerzas antidemocráticas en todo Occidente y más allá. Veo que la democracia se encoge en Turquía, en Hungría, en Polonia, en Israel, en China, en Rusia, en el Reino Unido con el Brexit, en Estados Unidos, en Italia, en Arabia Saudita. Paradójicamente, al menos en Estados Unidos hay razones para ser optimistas con respecto a la reacción hacia Trump. Parte del manual del autócrata es atacar y achicar a los medios y a la sociedad civil. Y lo que vemos acá es que ONGs como la mía han crecido exponencialmente. La ACLU tenía 480 mil miembros el día de la elección. Ahora tenemos dos millones. Esto es, gente que aportan dinero mensualmente para apoyar nuestro trabajo. Los grandes medios como el New York Times y el Washington Post, más allá de que uno coincida con su enfoque periodístico, son importantes para la democracia y hoy dan ganancia y su base de lectores ha experimentado una tremenda expansión. Y a pesar de todos los ataques de Trump no creo que alguien pueda decir que los medios están más débiles hoy por culpa de Trump. Puede ser que los estadounidenses empiecen a entender que ejercer la democracia va más allá de votar cada cuatro años y que necesitamos invertir en instituciones que defiendan la democracia. Mucho dependerá de lo que pase en las elecciones de noviembre.

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Viernes, 26 Octubre 2018 05:48

La irresistible atracción del macho alfa

La irresistible atracción del macho alfa

Las elecciones brasileñas muestran una enorme diferencia de comportamientos entre varones y mujeres, tan amplia y profunda como pocas veces se registra en nuestras sociedades. Según la primera encuesta de Datafolha luego de la primera vuelta, existe un "empate técnico" entre las preferencias femeninas: 42 por ciento apoyaban a Jair Bolsonaro y 39 por ciento a Fernando Haddad, cuando el primero tiene casi 20 puntos de diferencia (goo.gl/B769dj).

Las preferencias masculinas se vuelcan en 57 por ciento por el candidato de la extrema derecha y sólo 33 por ciento por Haddad. La diferencia es tan grande que merece alguna explicación. Bolsonaro es un personaje machista, militarista y racista, que nunca ocultó sus opiniones y hasta se jacta de ellas, de modo que quienes lo apoyan es porque simpatizan con sus ideas y actitudes. Lo que debemos explicarnos entonces son las razones por las cuales la mayoría de la población brasileña se siente atraída por él.

La primera es la profunda crisis, tanto económica como social, con un aumento importante de la violencia. En 2017 se produjeron casi 64 mil muertes violentas, una cifra que aumenta de modo exponencial: al comienzo del periodo neoliberal en 1990 eran 14 mil y en 2002, cuando Lula ganó las elecciones, eran 49 mil personas muertes cada año (goo.gl/82jd9i). La violencia no deja de crecer y se ha llevado medio millón de personas en la reciente década.

Un aspecto central de la crisis es la disolución de los vínculos sociales y comunitarios. Mucho antes de la centralidad que adquirió Bolsonaro, las grandes ciudades se habían convertido en espacios de violencia desbordada. La principal diferencia desde 2013, es que ahora la violencia arraigó también en los barrios de clase media, cuando históricamente estuvo focalizada en las favelas y periferias urbanas, donde la sociedad más desigual del mundo descerrajaba sus armas contra la población negra.

La segunda es el clima de inseguridad imperante. Por curioso que parezca, en los barrios populares las cosas han cambiado poco. En la noche, en la Maré, la mayor favela de Brasil en Río de Janeiro, la gente continúa haciendo su vida en calles que siempre están atestadas. En los barrios "nobles" (así le llaman en este país a la ciudad formal), las calles están desiertas y los pocos peatones deambulan como fantasmas apurando el paso.

La inseguridad es cosa de clase media, ya que los más pobres nunca vivieron otra realidad que el temor a la Policía Militar y a sus aliados: políticos conservadores, traficantes y, más recientemente, iglesias pentecostales y evangélicas que persiguen con saña las religiones afro.

Son los miedos de las clases medias los que se vuelven noticias, sus paranoias ganan titulares y sus barrios se llenan de guardias privados, cuando pueden pagarlos. Con la crisis un sector muy amplio de las clases medias teme, además, perder el empleo y el estatus económico y social. En este punto, Bolsonaro promete acabar con la inseguridad, se ofrece como el gran protector, liberando el gatillo contra los pequeños delincuentes y prometiendo castración química a los violadores. Todo parece tan fácil que resulta poco creíble.

La tercera cuestión es que el macho alfa, en sus variantes duras o blandas, es el estereotipo conocido, tanto a derecha como a izquierda. Salvo el pequeño sector de universitarios exitosos, el resto de la población sigue creyendo en la mano dura y el hombre fuerte que la practique, desde la familia y el barrio hasta las instituciones estatales. Por algo las fuerzas armadas gozan de tan buena reputación, al punto que toda la campaña de Bolsonaro gira en torno a militares que no rechazan ni la tortura ni las soluciones represivas.

La cuarta cuestión se relaciona con el campo emancipatorio. Los partidos y movimientos, incluso los varones que nos decimos antipatriarcales, no hemos trabajado otros modelos masculinos diferentes a los que nos ofrece el sistema. Nuestra izquierda sigue apostando en caudillos, algo que parecía hasta cierto punto entendible hasta la revolución mundial de 1968.

Hemos hablado de leninismo, de peronismo y de castrismo. Ahora seguimos por el mismo camino: chavismo, lulismo y todos los ismos imaginables vinculados siempre a un caudillo que, naturalmente, remite al patriarcado. Somos tan grotescos que incluso cuando un movimiento cubre las caras de sus portavoces y los denomina subcomandantes para que se entienda que obedecen a las comunidades, incluso en este caso, los analistas creen que son Galeano y Moisés los que mandan.

Nuestra cultura política no deja de producir machos alfa. Vladimir Putin y Xi Jinping provocan suspiros de amor revolucionario entre no pocos intelectuales que, en tanto, se horrorizan cuando el macho resulta de signo contrario a sus ideologías.

Finalmente, creo que no debe confundirse la figura del guerrero/guerrera, necesaria para defendernos, con el macho alfa. Éste se manda solo y hace lo que su testosterona le indica. El guerrero obedece a su pueblo.

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Facebook es a la vez vector de sociabilidad y monstruo voraz que vive en un caos digital, señalan los autores de Monstruos 2.0.

La semióloga Pauline Escande-Gauquié y el teórico de los medios Bertrand Naivin definen a las redes sociales como monstruos, instrumentos eficaces para la manipulación política desde el Brexit, pasando por la victoria de Trump hasta la votación en Brasil.

 

Estaban destinadas a ser un espacio social y responsable y terminaron convirtiéndose en un instrumento masivo de manipulación política y en un basural donde abundan las amenazas, los insultos, los agravios, las calumnias masivas, las venganzas y los patoteros anónimos de toda índole: las redes sociales son el depósito infinito de las peores inclinaciones de la condición humana. Del Brexit en Gran Bretaña, pasando por la elección de Donald Trump hasta la consulta presidencial brasileña donde WhatsApp sirvió de lazo para sembrar incontables mentiras, la eficacia de las redes está sobradamente probada. Ya no cabe llamarlas redes sociales sino “redes suciales” o, como las definen dos autores franceses que acaban de publicar un ensayo- investigación sobre el tema, liza y llanamente “un monstruo”. El sueño igualitario desembocó en une pesadilla colectiva. La semióloga Pauline Escande-Gauquié y el teórico de los medios Bertrand Naivin exploran los pasillos más oscuros en el libro Monstres 2.0, l’autre visage des réseaux sociaux (ed. François Bourin) (Monstruos 2.0, el otro rostro de las redes sociales). Twitter, FaceBook, Instagram y los demás derivados con sus ejércitos de conspiradores, trols y vengadores incógnitos son un espacio de suciedad globalizada. Pauline Escande-Gauquié observa que “la redes sociales funcionan como un médium, o sea, una técnica, a través de la cual los desbordamientos del espacio real se multiplican porque dentro de ese otro espacio virtual no hay control ni regulación. Allí todo depende del libre arbitrio, o sea, de la capacidad de los individuos a autorregularse”.


Esa autorregulación, en las redes, es una utopía. Reina la angustia y una suerte de maldad descontrolada. La semióloga francesa observa a este respecto que “las redes sociales nos empujan cada vez más hacia el pathos y cada vez menos a la reflexión”. Entre todos estos odios y violencia arrojadas en las redes se perdió la utopía inicial de quienes las crearon,

tanto más cuanto que, asegura la autora, “en el espacio virtual ciertas fronteras que se activan en el mundo real explotan, lo que termina explicando la profanación y la transgresión”. Al principio, “la cultura web estuvo empujada por una cultura que giró en torno al acceso gratuito al conocimiento para todos. La idea central consistió en que la expresión fuera totalmente libre y, de esa forma, romper la verticalidad y permitir que el público tuviera la oportunidad de expresarse con otra mirada sobre los acontecimientos, tantos los históricos como los de la actualidad”. Ese enfoque-sueño quedó sepultado, y no sólo por las agresiones o agravios, sino por una suerte de totalitarismo del chantaje y la vigilancia. Eso es precisamente lo que los autores de Monstruos 2.0 llaman “el control absoluto”. Según precisa Pauline Escande-Gauquié, se trata de un régimen donde el “riesgo totalitario no esta personificado por un ente de vigilancia. No. Está basado en la lógica de la sociedad de vigilancia. Cada ciudadano tiene la capacidad de vigilar, de multiplicarse. Ya no es un órgano de vigilancia que lo observa todo para controlar. Ahora es el control de todo por todos, a cada momento sabemos que todo el mundo está mirando, controlando”.


Resulta agraviante constatar que en una sociedad totalmente libre de su expresión los individuos acepten sin protestar que las redes se entremetan en todo, a cada instante, que cada huella sea convertida en dinero y que no existe ni se reclame un marco de regulación. Los pocos dirigentes políticos que tratan de limitar los zarpazos del Monstruo se encuentran en minoría. La propia Comisaria europea de Justicia, Vera Jourova, calificó a Facebook como “un flujo de basura”. Las redes parecen convertirnos en seres con una doble identidad. El psicólogo y psicoanalista Michaël Stora, fundador del Observatorio de los mundos digitales en ciencias humanas (OMNSH) y autor del libro Hiperconnexion (Editorial Larouse) comenta que “se pueden ver a las redes sociales como una suerte de baile de máscaras. La idea que preside todo es que en las redes me permito ser ese otro que, por lo general, no me autorizo a ser”. De allí una de las características monstruosas del territorio virtual, al cual, a propósito de Facebook, Michaël Stora califica como una suerte de “tiranía invisible”.

Facebook sería así, para los dos autores de Monstruos 2.0, “un nuevo Leviatán, al mismo tiempo vector de socialidad y monstruo voraz que vive no ya en un caos acuático sino digital”. Esos monstruos plantean “un interrogante a nuestra humanidad y a los desvíos de nuestra época”, asegura Pauline Escande-Gauquié, para la cual, por un lado “será necesario reforzar de una u otra forma nuestra educación digital porque las redes no son solo un espacio de likes o selfies inocentes. Por otro lado, será preciso sancionar financieramente a las empresas que administran las redes monstruos. No podemos pensar más en vivir desconectados porque esos útiles son fenomenales si se los utiliza bien”.


Mientras tanto, conviviremos con un territorio virtual donde reinan el patoterismo y el arreglo de cuentas, las identidades múltiples y los traficantes de opiniones. Los racistas, los homófonos, los misóginos, los agresores de mujeres, los cornudos y cornudas y las empresas que hacen dinero con todo esto tienen al alcance de sus dedos un mundo ideal. La pregunta que subyace a lo largo de todo el libro consiste en saber si las redes sociales nos convierten en monstruos potenciales o no hacen más que despertar el monstruo que ya estaba adentro. “El problema, destaca la autora, es que con internet tendemos a confundir la vida virtual y la vida real. Antes, ambas estaban bien separadas, pero ya no”. Y dentro de esa virtualidad se abren las fauces de los Monstruos en plural porque esta investigación descubre que, en las redes, somos monstruos múltiples: “monstruos híbridos con varias cabezas como la Hidra de la mitología griega cuyas cabezas vuelven a crecer cuando se las corta. Las redes sociales reproducen esa hibridez porque allí se pueden crear varias identidades con las que se revelan así nuestras zonas obscuras: monstruos devoradores, empezando por el mismo medio que devora el tiempo y nuestras capacidades criticas cuando nos tienta permanentemente a escribir, a mirar y a opinar de forma adicta: monstruo de la bestialidad también desde el momento en que las redes sociales alientan a la expresión de nuestras pulsiones más mórbidas y agresivas. Y esa bestialidad es, a menudo, el signo de un retroceso civil”. En suma, las redes, según los autores, ofrecen la alternativa perfecta: santos en la vida cívica y real, monstruos encubiertos en las redes.
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Las nuevas guerras frías de Internet: EU vs. China

Antecedentes: Ya había analizado la balcanización a la que propende Internet. Hace más de cinco años abordé la tendencia “hacia la balcanización de la cárcel global del Internet estadunidense (http://bit.ly/2P7pehF)” debido al “superescándalo orwelliano del Prisma de National Security Agency (Agencia de Seguridad de Estados Unidos, NSA por sus siglas en inglés), del ciberespionaje de la dupla Estados Unidos/Israel (ver Bajo la Lupa, 12 y 16/6/13)”.

Cuatro días más tarde alerté sobre “la muerte de la privacidad ciudadana por el orwelliano Estado Google (http://bit.ly/2PcZxMD)”.

Cuatro meses después, abordé que los Brics alentaban la “balcanización del Internet para contrarrestar el espionaje global de la NSA, brazo del cibercomando del Pentágono (http://bit.ly/2EzxCSN)”.

Hechos: Cinco años más tarde, el consejo editorial del The New York Times (NYT) avizora la ruptura de la web debido a los conflictos geopolíticos y a la censura del Internet, por lo que la próxima década puede constituir “otro frente de la nueva guerra fría (https://nyti.ms/2PaN8bP)”, cuando una terrorífica (sic) relación con Europa y las incrementadas hostilidades con China estimulan la tendencia hacia la balcanización.

La tesis de NYT es que pronto habría tres Internet: los de Estados Unidos, China y Europa, y no necesariamente el de Estados Unidos será el mejor.

NYT coloca a Europa como tercero en discordia, mientras en septiembre Eric Schmidt (ES), anterior ejecutivo en jefe de Google, afirmó que el Internet sería más probablemente dividido en dos: uno encabezado por China y otro por Estados Unidos.

Él adujo que se trata de una bifurcación entre China y EU: si uno ve a China, la escala de las empresas que son construidas, sus servicios, la riqueza creada, es fenomenal (sic). El internet chino es el mayor porcentaje de su PIB, que es un gran número, el mismo porcentaje de EU –en el momento en que despega su Ruta de la Seda que involucra a 60 países.

CNBC expone con detalle el evento privado auspiciado por Village Global VC –que se publicita como una empresa de asociación de capitales apuntalada por los más exitosos empresarios del mundo como ES, Jeff Bezos y Bill Gates (http://bit.ly/2PavrJC).

NYT pone en relieve la “controversia ( sic)” generada por Sundar Pichai, sucesor de ES, cuando Google desarrolla el Proyecto Dragón Volante (https://cnb.cx/2PaPvLL )”, mediante el cual contempla penetrar en el mercado chino, que no es tan sencillo en momentos de la alta tensión multidimensional de Donald Trump contra China.

El mercado chino no es nada despreciable: 772 millones de usuarios de Internet y más de 500 millones en Mobile.

Según NYT, ES desechó la probabilidad de que “Internet permanezca global ( sic)”.

¿Cómo puede ser global el Internet, en la fase de la desglobalización, del desorden global geopolítico, de las guerras comerciales transcontinentales y de la competencia por el alma de la inteligencia artificial entre EU y China?

ES, degradado en Alphabet a simple técnico, comentó que “Silicon Valley necesitará los principios de la inteligencia artificial antes de colaborar con el Pentágono (http://bit.ly/2P9Wnt0)”.

NYT critica –quizá con justa razón, y en espera del devenir tecnológico de Europa en medio de su balcanización geopolítica– que ES haya descartado demasiado rápido el Internet europeo, cuando a juicio del polémico rotativo neoyorquino todas las señales apuntan a un futuro con tres Internet: Estados Unidos/China/Europa, con sus respectivas idiosincrasias digitálicas, regulaciones e interpretaciones de vigilancia ciudadana y de cocciones artificiales de falsificados derechos humanos.

NYT agrega que si el futuro de Internet es una guerra fría tripartita, Silicon Valley desea hacer dinero en tales tres mundos –como si fuera fácil para el inconsciente colectivo global olvidarse de las demoledoras revelaciones de Edward Snowden hace cinco años, que pusieron a EU en la picota del totalitarismo digitálico.

CONCLUSIÓN: Ben Gomes, prominente investigador de Google, confesó a su equipo de trabajo que este es un mundo en el que ninguno de nosotros ha vivido antes.

¿Es el umbral de la nueva era de la distopía cibernética?

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