Lars Wehring : “La tecnología hace que nuestra vida sea predecible y dirigida”

No tiene smartphone y sus equipos informáticos se limitan a un pequeño ordenador portátil con Linux. El activista Lars Wehring cree que no se puede separar el capitalismo de la tecnología

 

“No rechazo la tecnología pero quiero mantener mis secretos a salvo”, comenta el físico e investigador alemán Lars Wehring (Wuppertal, 1969) al explicar por qué no tiene smartphone y sus equipos informáticos se limitan a un pequeño ordenador portátil con Linux. Activista del colectivo Capulcu (Vagabundo, en turco), que surgió en 2013 en seis ciudades alemanas para mantener nuestro futuro no escrito y que los adelantos tecnológicos no conviertan en autómatas nuestras vidas, Wehring ha participado en Bilbao en las jornadas “Kapitala ala bizitza” (Capital o vida), organizadas por Komite Internazionalistak.

Desde Capulcu habláis de ataque tecnológico en lugar de progreso.


Estamos convencidos de que vivimos algo más que un desarrollo tecnológico y además de que no es neutral. Durante la segunda revolución industrial se inventó la cadena de montaje, que no fue algo casual sino intencionado. Taylor quería acabar con la autonomía de los trabajadores. Ahora estamos viviendo lo mismo con la inteligencia artificial. El proceso de innovación tecnológica no es casual sino intencionado y está cambiando la sociedad. Por eso lo llamamos un ataque tecnológico.

La tecnología no es neutral. Y no solo por cómo se usa.


El uso de la tecnología y su desarrollo no se pueden separar, están intrincados. Si queremos, podemos interpretar la historia de la tecnología como algo neutral pero no vamos a entender las dinámicas de sus innovaciones, todo lo relacionado con el poder que está inscrito en ese proceso de innovación. Por eso digo que no podemos entender la historia de la tecnología si hablamos de que es neutral o de que depende de cómo la usemos.

Habéis publicado ya tres libros. El último, en octubre, y de momento solo en alemán, se titula Delete (Borrar). ¿Es esa la solución, borrarse de las redes sociales?


No, no. Tenemos que borrar mucho más que nuestro perfil de Facebook. Se trata de borrar nuestras dependencias de la tecnología. Dejar de ser unos simples usuarios de estas tecnologías.

En este sentido, apostáis por la autodefensa digital.


Ese fue nuestro punto de partida. Comenzamos por ahí en el 2013, cuando Edward Snowden reveló la manera de funcionar de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense. Tuvo que escapar y para mantener a salvo su integridad y el contacto con los periodistas utilizó un sistema operativo muy duro y hermético. Esa fue nuestra primera tarea, escribir un manual sobre este sistema operativo blindado para que lo puedan utilizar los activistas, periodistas y abogados de izquierdas. Entonces descubrimos que eso era necesario pero no suficiente y pasamos a los tres libros que ya hemos publicado: Disrupt (Interrumpir), Disconnect (Desconectar) y Delete (Borrar). Y comenzamos a construir un discurso más político que el de la simple autodefensa.

Hablando de política, ¿se puede liberar a la tecnología del capitalismo?


Estaría bien que pudiéramos desconectar la tecnología del capitalismo pero creo que esta idea es falsa. No se puede quitar la parte capitalista de la tecnología.

Entonces, ¿tampoco se puede hablar de una tecnología anticapitalista?


No. Hay que analizar la forma en la que utilizamos la tecnología y ahí sí que se puede decir quizás que exista una manera anticapitalista. Es interesante mirar a Chile, con Salvador Allende. Inventaron un sistema cibernético para organizar a las doscientas empresas más importantes del país. Su idea era hacer una especie de socialismo cibernético. Podemos pensar que esto es una versión anticapitalista de la tecnología pero incluso en esta interpretación socialista de la cibernética había investigadores que tenían en mente usar esa tecnología para controlar a las personas, al pueblo. Por eso pienso que es difícil darle incluso un uso anticapitalista a la tecnología.

Todo lo relacionado con los avances tecnológicos tiene muy buena prensa y la gente aún lo percibe de manera positiva.


Sí, aunque está cambiando, sobre todo en relación con Facebook, Google y Amazon, que están teniendo problemas para mantener su buena reputación. Ha habido recientes escándalos por el mal uso de los datos que manejan estas empresas y los usuarios estamos volviéndonos cada vez más escépticos. Estamos pasando de pensar que es un escándalo singular o puntual a que quizás sea un problema del modelo de negocio en sí mismo que tienen estas empresas, que al final lo que hacen es vender nuestros datos. La gente está comenzando a entender que se trata de un escándalo permanente.

¿Y cómo se posiciona la izquierda en este tema?


Es una cuestión interesante porque la mayoría de los activistas de izquierdas están utilizando constantemente estas tecnologías y al mismo tiempo criticando el uso que se les da. Y cuando se les confronta por ello te llaman primitivista. No quieren mantenerse apartados de esta tecnología pero al mismo tiempo demandan más análisis político sobre ella.

La empresa Facebook ofrece a través de su aplicación móvil “Free basics” acceso gratuito a sitios webs con la idea de favorecer el uso de internet en algunos países en desarrollo.


Eso es neocolonialismo y los propios pueblos lo sienten y perciben así. Y por eso lo rechazan. Sobre todo, en India. En 2015 hubo un gran movimiento contrario al paquete “Free basics” que da acceso gratuito a cuarenta páginas de internet, a las páginas que Facebook quiere, por supuesto. Y la gente en India denunció que se trataba del viejo colonialismo que ya habían sufrido. Y a raíz de las protestas, Facebook tuvo que retirar su oferta allí en febrero de 2016.

Volvamos la vista atrás. Hacéis un paralelismo entre los almacenes de Amazon y las fábricas de producción en cadena de Ford de comienzos del siglo XX. ¿Por qué?


La cadena de montaje es la versión antigua de la herramienta para apropiarse de la habilidad de los trabajadores para organizarse por sí mismos, por su cuenta. La nueva versión, a día de hoy, es el escáner manual con el que se recogen y seleccionan los paquetes en los grandes almacenes logísticos de Amazon. Este escáner monitoriza la posición de los productos en el almacén pero también registra dónde se encuentra en cada instante cada trabajador, a qué hora manipula cada paquete, el tiempo que tarda… así que puede medir la velocidad a la que trabajan los operarios. La máxima de Amazon es que los trabajadores no pueden estar por debajo de la media de rendimiento de la empresa. Y todo el mundo se da cada vez más prisa para lograrlo aunque nadie sabe cuál es esa media. Esta autooptimización es la nueva versión de la cadena de montaje.

La asistencia digital lo ocupa todo. Incluso en nuestra vida cotidiana parece difícil ya pasar un día sin recurrir a Google. ¿Terminaremos convirtiéndonos en bots?


Eso es justo lo que actualmente están midiendo los sociólogos, si nuestro comportamiento es cada vez más robotizado y hasta dónde podrá automatizarse. Con la asistencia digital, basada en la inteligencia artificial, no solo obedecemos sino que nos uniformizamos y volvemos menos individuos.

Alibaba, la empresa líder en comercio electrónico del planeta, utiliza desde hace tiempo en su aplicación móvil Alipay –la principal plataforma electrónica de pagos en China y en el mundo– el sistema de crédito social, un baremo para calificar el comportamiento de los usuarios y la confianza que merecen. Esta puntuación la calcula un algoritmo que se supone tiene en cuenta nuestras compras pero también, por lo que parece, otros datos relativos a nuestras multas, créditos bancarios o informes de salud. ¿Qué consecuencias puede tener para nuestras vidas que las empresas utilicen estos sistemas de puntuación social?


Hacen que nuestra vida no solo sea predecible sino también guiable, dirigible. Y esto es algo que además crea muchísima dependencia y destruye nuestra autonomía. Es por lo que nosotros lo combatimos tan duro como podemos. El sistema chino de crédito social es el instrumento perfecto para manipular realmente los pensamientos y hábitos de la gente. Si yo no tengo suficientes créditos en este sistema, mi cifra es pequeña, me saldrá más caro alquilar un piso, utilizar el tren de alta velocidad, conseguir un billete de avión para vuelos intercontinentales o un puesto de trabajo para el Estado. Las consecuencias son severas solo por no tener suficientes puntos. Así que terminaremos haciendo lo necesario para lograrlos. Nos guste o no somos obligatoriamente dependientes de este número.

De momento, este sistema lo usan ya algunas empresas y el gobierno chino tiene previsto instaurar un carnet cívico público y obligatorio inspirado en él que podrían luego copiar también otros países.


Tengo miedo de que así sea. La respuesta de Google con su “Book of life” es muy similar, va por esa línea. Sin entrar en muchos detalles, la ideología del conductivismo viene a decirnos que el mundo es demasiado complejo así que tenemos que obedecer a nuestros expertos, que ellos nos van a decir cómo vivir. Y esta ideología está en la base de este sistema. Tenemos que combatir esta ideología porque es muy dura. No se trata de combatir solo la tecnología sino la ideología que transmite y esto es mucho más difícil.

¿Cómo se hace?


Tenemos que rechazar este sistema pero no lo podemos hacer de forma individual sino colectiva. El rechazo individual implica colocarnos fuera de la sociedad. De forma colectiva podemos cambiar la opinión pública y esto afectaría también a la aceptación de estos sistemas. Por otra parte, podemos sabotear el funcionamiento de estos sistemas. En Berlín, por ejemplo, la gente ha destruido físicamente, ha quemado, instalaciones y conexiones de internet con la idea de desconectar el flujo de datos necesarios para que el capitalismo funcionara.

Lo que más preocupa a las empresas es su reputación social.


Las empresas tiene miedo a la opinión pública porque la reputación es la base para que la gente utilice sus productos. Ese es su punto más débil. Revelar las condiciones laborales de mierda en Amazon, la visión antisocial del futuro que tiene Amazon, es nuestra mejor opción para combatir y reducir su reputación aún más.

Si las quejas contra alguno de sus productos amenaza su reputación son capaces de retirarlo.


Este fue el caso de Google, en 2014, cuando sacaron al mercado sus Google Glass, las gafas inteligentes para googlear todas las cosas que vemos. Como hubo una gran resistencia en contra, Google las sacó del mercado porque, según reconoció, no estábamos suficientemente preparados para este avance y había que esperar. Ahora está desarrollando otras Google Glass 2.0. Nosotros somos muy escépticos y cuando las saquen otra vez al mercado vamos a seguir combatiéndolas y atacando a la gente que las use. La resistencia permanece y por eso Google de momento solo utiliza estas gafas en la industria automovilística pero no en el espacio público.

Da mucho miedo el futuro que se adivina tras todos estos avances. ¿Cómo se combate ese miedo?


Deberíamos mantener nuestras estructuras de solidaridad, tanto analógicas como digitales, porque son incompatibles con la forma de pensar de Facebook, que nos presiona para aislarnos como individuos en sus sistemas predefinidos de comunicación y vida. Nuestras estructuras sociales son la mejor forma de mantener la esperanza en contra de este distópico futuro.

Vivimos en una especie de cárcel digital en la que todo lo que hacemos está controlado, vigilado.


El panóptico digital no solo es represivo, tal y como veíamos en la obra “1984”, de George Orwell, sino que es también seductor. Si comparamos el viejo panóptico, esa torre central de vigilancia de las prisiones del siglo XVIII, y el de ahora, vemos que el de antes es mucho más represivo y el de ahora, mucho más seductor. Somos nosotros mismos quienes damos los datos sobre nuestros gustos, preferencias, dónde estamos, relaciones personales… En la novela “1984” había palabras que estaban prohibidas y ahora no hay nada prohibido, te seducen todo el rato para que lo entregues todo voluntariamente.

El escritor George Orwell vaticinó en su famoso libro que el Gran Hermano llegaría cuarenta años después. ¿Cómo ves nuestro mundo tecnológico dentro de diez?


Tengo también una visión distópica del futuro. Un montón de gente va a ser completamente dependiente de las estructuras de poder basadas en la tecnología. Sin embargo, va a haber un creciente número de disidentes, bien porque estén en contra críticamente o porque no tengan materialmente capacidad de utilizarlo, que van a desconectarse de este sistema de las tecnologías. Por ejemplo, habrá gente que no va a poder ser partícipe del sistema público de salud porque va a estar tan tecnologizado que no van a poder interactuar con él. Por eso, será importante crear un proceso colectivo para que esta gente expulsada del sistema sanitario tenga su propio sistema de salud alternativo. Algo así como lo que vimos en 2008 en Grecia. El sistema público griego de salud quebró pero en diferentes barrios la gente se organizó para tener su propio sistema de salud.

Y tú, ¿qué estarás haciendo en 2029?


Andaré en algún lugar de Europa tratando de organizar de alguna manera estas resistencias y procesos de autogestión.

2019-06-10 06:41:00

 Ayer se realizó en Hong Kong la mayor manifestación desde que dejó de ser colonia británica, en 1997. Más de un millón de personas, según organizadores, protestaron contra el plan de permitir las extradiciones a China continental. Foto Ap

Organizadores de la movilización advierten que las acciones crecerán si el gobierno no da marcha atrás

 

Hong Kong. Hong Kong vivió ayer la mayor manifestación desde que dejó de ser colonia británica, en 1997, cuando más de un millón de personas, según los organizadores, protestaron contra el plan de permitir las extradiciones a China continental.

 

Los inconformes marcharon en el transcurso de siete horas bajo un calor abrasador por las estrechas calles de la isla principal de este centro financiero, en una ruidosa y colorida movilización en la que se pedía al gobierno dar marcha atrás en sus planes.

 

La movilización transcurrió de manera pacífica, pero en las primeras horas de este lunes la policía antidisturbios dispersó con gas pimienta a grupos de jóvenes que intentaron instalar un plantón afuera de las oficinas de gobierno y permanecer ahí hasta el miércoles, cuando la polémica ley será sometida a segunda lectura en el Congreso, reportó el diario británico The Guardian en su portal de Internet.

 

No se recordaba una marcha similar desde la que congregó a 1.5 millones de personas, en 1989, durante el gobierno colonial, en apoyo a los manifestantes de la plaza Tiananmen.

 

"Hay un millón 30 mil personas en la manifestación", sostuvo un organizador entre los vítores de la multitud.

 

La policía, que históricamente da cifras mucho más bajas que las de los organizadores, calculó que el número máximo de asistentes fue de 240 mil, lo que sigue siendo la segunda estimación más alta desde el traspaso de la ex colonia a China.

 

La protesta de ayer estuvo fácilmente a la par con la de 2003, cuando se calcula que medio millón de manifestantes obligaron al gobierno a dejar de lado una ley de seguridad nacional profundamente impopular.

 

"El gobierno no puede ignorar estas cifras", declaró a la agencia de noticias Afp el manifestante Peter Chan, de 21 años.

 

Este proyecto de las autoridades de Hong Kong pro Pekín dejará a la población a merced de un sistema judicial chino opaco y politizado, argumentan sus detractores.

 

No está claro, sin embargo, que los dirigentes vayan a cambiar su postura. La líder de la ciudad Carrie Lam ha cimentado su carrera política sobre una reputación de sacar adelante las leyes.

 

Ignorar las protestas podría hacer que vuelvan los disturbios de 2014, cuando manifestantes a favor de la democracia ocuparon durante dos meses avenidas claves de la ciudad.

 

Los organizadores advirtieron ayer que incrementarán sus acciones si el gobierno no da marcha atrás, lo que podría ser rechazado por Pekín, ya que la ley tiene el apoyo de varios altos dirigentes del Partido Comunista.

 

En un comunicado, el gobierno local describió anoche las protestas como "ejemplo del ejercicio de la libertad de expresión del pueblo de Hong Kong", sin dar signos de estar dispuesto a hacer cambios.

 

La iniciativa ha suscitado críticas de juristas, de los círculos financieros y de los diplomáticos occidentales.

 

Marco Ng cerró su café para sumarse a la movilización. "Nuestra ciudad es más importante que mi comercio", aseguró. "Si no protestamos, el gobierno no tomará en cuenta nuestras preocupaciones", añadió.

 

"No se escucha la voz del pueblo", aseveró Ivan Wong, estudiante de 18 años. "Esta ley no sólo afectará a la reputación de Hong Kong como centro financiero internacional, sino también a nuestro sistema judicial. Esto tiene consecuencias para mi futuro", subrayó.

 

Numerosos manifestantes admitieron que no creían más en los compromisos del Ejecutivo de Hong Kong de no enviar al continente a los críticos del poder chino.

 

Las autoridades intentan hacer votar en el Consejo Legislativo (LegCo, el parlamento local) este texto que autorizaría las extradiciones hacia países como China continental, con los que no existe un acuerdo en este tema.

 

El Ejecutivo de la región semiautónoma asegura que esta ley llenaría una vacío jurídico y es necesaria, especialmente para permitir la extradición a Taiwán de un hongkonés acusado de asesinato.

 

De acuerdo con los detractores de la ley, este caso sólo es un pretexto para satisfacer a Pekín.

 

La desconfianza hacia China ha ido en aumento desde que desaparecieron una serie de personalidades críticas con el poder chino, entre ellas un grupo de editores disidentes y un multimillonario, que reaparecieron luego detenidos en el continente.

 

Según los términos del acuerdo sino-británico sobre la devolución de Hong Kong a China, la ciudad goza de más libertades que el resto del Estado asiático en virtud del principio "un país, dos sistemas", en teoría, hasta 2047.

 

La manifestación puso fin a semanas de creciente indignación en la esferas empresarial, diplomática y jurídica, que temen una erosión en la autonomía de Hong Kong y la dificultad de garantizar la protección básica en la China continental.

 

Funcionarios de Estados Unidos y Europa han emitido advertencias formales –preocupaciones que coinciden con las de los lobbies internacionales del comercio y derechos humanos– que temen que los cambios afecten el estado de derecho.

 

La oposición al proyecto de ley de extradición de ayer se hizo evidente en medio de movimientos gubernamentales para profundizar los vínculos entre el sur de China continental y Hong Kong.

 

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Gobernemos los algoritmos (para que no nos gobiernen ellos)

 

Desde 2018 el debate sobre los sesgos y efectos perversos de los algoritmos cobra cada día mayor importancia. Fue entonces cuando salió a la luz el caso de la empresa británica Cambridge Analytica, que utilizó datos privados obtenidos de Facebook para intentar influir en las elecciones. Esto nos hizo reflexionar sobre los riesgos de aplicar algoritmos personalizados que explotan las características psicológicas del individuo con fines políticos.

En palabras de Chris Wylie, el exempleado de la empresa que destapó el caso:

Esta experiencia, generalizada pero no compartida, es llamada filter bubble o echo chamber (burbuja de filtro o cámara de eco, en español). El término evidencia cómo las mismas tecnologías que nos conectan también nos aíslan en burbujas informativas que refuerzan determinadas opiniones y nos hacen cada vez más vulnerables a la manipulación.

El caso de Cambridge Analytica forma parte de un conjunto de intentos de manipulación masiva de la opinión pública a través de ingeniería social, que Facebook denomina Information Operation (Operación Información). Es decir, acciones emprendidas por actores organizados (gobiernos u organismos no estatales) para distorsionar los sentimientos políticos de la población, al fin de lograr algún resultado estratégico y geopolítico específico.

 

Capitalismo de vigilancia

 

La psicóloga social Shoshana Zuboff, en su libro The age of surveillance capitalism (La era del capitalismo de vigilancia), nos habla de forma más articulada de algo que ya intuíamos: que la manipulación de opiniones y comportamientos es parte integrante del capitalismo basado en la vigilancia digital.

En este contexto, el dato, sobre todo el de carácter personal, juega un papel clave por dos razones. La primera es que forma parte de la base de la economía digital, el modelo de desarrollo económico más prometedor que tenemos. La segunda, que su análisis permite orientar el comportamiento colectivo, cada vez a mayor escala y de forma más rápida.

Por desgracia, el requisito básico de cada sistema informático que sea capaz de escalar conlleva la amplificación exponencial del riesgo de un posible fallo. La matemática Cathy O’Neil hablaba en 2017 de armas matemáticas de destrucción masiva (Weapons of Math Destruction) para enfatizar la escala, el daño potencial y la opacidad de los sistemas de toma de decisión basados en algoritmos de aprendizaje automático (machine learning).

El profesor de Derecho y experto en inteligencia artificial Frank Pasquale habla del problema de introducir mecanismos de rendición de cuentas (que buscan la equidad y la identificación de responsabilidades) en los procesos automatizados, en lugar de tratar esos procesos como una caja negra. Así, se esconden tras los derechos propietarios de las empresas privadas que los han desarrollado.

Solon Barocas, que investiga las cuestiones éticas y políticas de las inteligencias artificiales, hablaba en 2013 de la “gobernanza de los algoritmos” y de la necesidad de cuestionar estos artefactos y analizar sus efectos desde una perspectiva legal y de políticas públicas.

El congreso FAT*, cuya tercera edición se celebrará en Barcelona en enero de 2020, se ha convertido en el encuentro de referencia para los que quieren abordar cuestiones de transparencia, justicia y rendición de cuentas de los sistemas automatizados.

 

Europa vs. EE UU

 

En Europa, el artículo 22 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) nos obliga a garantizar que haya supervisión humana y derecho de apelación de las decisiones tomadas por sistemas automáticos y de perfilado (profiling).

En EE UU, fallos como la incapacidad de algoritmos, entrenados con bases de datos con una sobrerrepresentación de fotos de personas blancas, para identificar a personas de color, también motivan la voluntad de abrir y auditar estos sistemas.

Estos casos, junto a otros más inquietantes en el ámbito jurídico y policial, han sido tomados como ejemplos de la falta de sensibilidad entre los programadores sobre las cuestiones raciales y de género. Así lo argumentan Sarah Myers West, Meredith Whittaker y Kate Crawford en el libro blanco Discriminating Systems: Gender, Race, and Power in AI (Sistemas discriminatorios: género, raza y poder en las IA).

La publicación está en línea con otros autores como Andrew Selbst, que investiga los efectos legales de los cambios tecnológicos. Pretende llamar la atención sobre la necesidad de contextualizar cualquier discurso sobre desarrollo tecnológico y analizarlo como sistema tecnosocial, como ya hacen los estudios de ciencia, tecnología y sociedad.

La automatización de procesos de decisión conlleva un gran desafío técnico, legal, de gestión corporativa y moral. Esto ocurre en todas las áreas, que van desde la detección de noticias falsas y fraudes hasta el diagnóstico médico y la encarcelación de sospechosos. Por ello, es necesaria la creación de un espacio de dialogo multidisciplinar.

Los sistemas de inteligencia artificial siempre serán producto de los sesgos, la heurística y los puntos ciegos de los programadores . Abrir un debate sobre qué valores queremos grabar en nuestros sistemas para que la humanidad florezca es responsabilidad de todos.

10/06/2019

Es por esto que Estados Unidos está persiguiendo a Julian Assange

Hace una década estuve en Kabul cuando Wikileaks publicó un tramo masivo de documentos del Gobierno de los Estados Unidos sobre los conflictos en Afganistán, Irak y Yemen. El día del lanzamiento yo estaba organizando por teléfono con un funcionario estadounidense una reunión informativa no formal. En el curso de nuestra conversación, le conté de lo que me acababa de enterar por los cables de noticias.

Él se mostró muy interesado y me preguntó qué se sabía sobre el grado de clasificación de los archivos. Cuando le dije, dijo en tono aliviado: "entonces no son secretos reales".


Cuando nos encontramos más tarde en mi hotel, le pregunté por qué rechazaba las revelaciones que causaban tanto alboroto en el mundo. Explicó que el Gobierno de los Estados Unidos no era tan ingenuo como para no darse cuenta de que hacer que estos documentos estuvieran disponibles para una amplia gama de funcionarios civiles y militares significaba que era probable que se filtraran. Cualquier información realmente dañina para la seguridad de los Estados Unidos habría sido eliminada.


En cualquier caso, dijo: "No vamos a aprender los secretos más grandes de WikiLeaks porque estos ya han sido filtrados por la Casa Blanca, el Pentágono o el Departamento de Estado".


Encontré su argumento persuasivo y más tarde escribí un artículo diciendo que los secretos de Wikileaks no eran tan secretos.


Sin embargo, el amable funcionario estadounidense y yo éramos ingenuos, ya que olvidábamos que el verdadero propósito del secreto de Estado es permitir que los gobiernos establezcan su propia versión de la verdad, interesada y a menudo mendaz, mediante la selección cuidadosa de "hechos" para ser transmitida al público. Se sienten enfurecidos por cualquier revelación de lo que realmente es o por cualquier fuente alternativa de información. Tales amenazas a su control de la agenda de noticias debe ser suprimidas cuando sea posible y, donde no lo consiguen, los responsables deben ser perseguidos y castigados.


Hemos tenido dos buenos ejemplos de hasta dónde un gobierno, en este caso el de los Estados Unidos, irá para proteger su propia versión contaminada de los eventos. El primero es la acusación al fundador de Wikileaks, Julian Assange, en virtud de la Ley de espionaje por filtrar 750.000 documentos confidenciales militares y diplomáticos en 2010.


El segundo ejemplo ha ocurrido en los últimos días. Es posible que los medios internacionales no siempre se hayan cubierto de gloria informando sobre la guerra en Yemen, pero hay periodistas valientes y organizaciones de noticias que han hecho precisamente eso. Uno de ellos es el reportero yemení Maad al-Zikry que, junto con Maggie Michael y Nariman El-Mofty, es parte de un equipo de Associated Press (AP) que ganó el premio internacional Pulitzer de este año por su excelente cobertura sobre el terreno de la guerra de Yemen. Sus historias incluían revelaciones sobre los ataques con aviones no tripulados estadounidenses en Yemen y sobre las prisiones mantenidas allí por los Emiratos Árabes Unidos (EAU).


Al Gobierno de los Estados Unidos claramente no le gustó este tipo de periodismo crítico. Cuando el Pulitzer fue otorgado el martes pasado en Nueva York, Zikry no estaba allí porque le habían negado una visa para ingresar a los Estados Unidos. Ya no hay embajada de EE.UU. en la capital yemení, Sanaa, pero hace dos meses se dirigió a la embajada de los EE.UU. en El Cairo, donde su solicitud de visa, aunque con el respaldo total de AP y muchas otras instituciones prestigiosas, fue rechazada.


Después de que AP ejerciera más presión, Zikry hizo una segunda solicitud de visa y esta vez fue visto por un consejero en la embajada. Se pregunta a sí mismo: "¿Piensa la embajada de los Estados Unidos que un periodista de investigación yemení que hace informes para AP es un terrorista? ¿Estás diciendo que soy un terrorista?


El consejero dijo que "trabajarían" con su visa o, en otras palabras, que preguntarían a los poderes en Washington qué hacer. "Entonces, esperé y esperé, y esperé", dice. "Y hasta ahora no oí nada de ellos".


Por supuesto, Washington es totalmente capaz de desechar cualquier prohibición de otorgar una visa a un yemení en un caso como este, pero decidió no hacerlo.


¿Se puede comparar lo que hicieron Assange y Wikileaks en 2010 con lo que hicieron Zikry y AP en 2019? Algunos comentaristas, para su vergüenza, afirman que la búsqueda de Assange y su encarcelamiento actual en espera de una posible extradición a los Estados Unidos o Suecia no tiene nada que ver con la libertad de expresión.


De hecho, estaba haciendo lo que todo periodista debía hacer y lo hacía con mucho éxito.


Tomemos a Yemen como un ejemplo de esto. Es una historia de gran importancia actual porque en los últimos días altos funcionarios estadounidenses han denunciado a Irán por presuntamente dirigir y armar a los rebeldes hutíes que luchan contra las fuerzas saudíes y respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos. La acción de estos supuestos representantes iraníes podría ser un casus belli en el enfrentamiento entre los Estados Unidos e Irán.


El secretario de Estado de los EE.UU., Mike Pompeo, dice que Irán ha proporcionado a los hutíes "el sistema de misiles, el hardware y la capacidad militar" que han adquirido.


El asesor de seguridad nacional, John Bolton, dijo el miércoles que Irán arriesgó una "respuesta muy fuerte" de los Estados Unidos por, entre otras cosas, los ataques con aviones no tripulados por parte de los hutíes en Arabia Saudita de los que responsabiliza a los iraníes.


Estas acusaciones de los Estados Unidos, Arabia Saudita y quien sea su aliado yemení del día en que los hutíes son títeres de Irán armados con armas suministradas por Irán tienen una larga historia. Pero, ¿qué sabemos de lo que Washington realmente piensa de estas acusaciones que no han variado mucho con los años?


Aquí es donde Wikileaks viene al rescate.


La embajada de Estados Unidos en Saná puede cerrarse hoy, pero se abrió el 9 de diciembre de 2009 cuando el embajador de Estados Unidos, Stephen Seche, envió un informe detallado al Departamento de Estado titulado: “¿Quiénes son los hutíes? ¿Cómo están luchando?”. Citando numerosas fuentes, se sabe que los hutíes“obtienen sus armas del mercado negro yemení” y por acuerdos corruptos con los comandantes militares del Gobierno. Un oficial de inteligencia yemení de alto rango dice: "Los iraníes no están armando a los hutíes. Las armas que usan son yemeníes". Otro funcionario de alto rango dice que el ejército antihutí" encubre sus fallas diciendo que las armas [de los hutíes] provienen de Irán".


Expertos yemeníes en el conflicto dicen que la adquisición de armas por parte de los hutíes hoy en día tiene poco que ver con Irán. Yemen siempre ha tenido un floreciente mercado negro de armas donde se pueden obtener armas, grandes y pequeñas, si el dinero es legal. Las fuerzas antihutí, generosamente suministradas por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, están felices de obtener ganancias vendiendo armas a los hutíes o a cualquier otra persona.


En un período anterior, el estudio de la embajada cita "informes delicados", presumiblemente de la CIA u otra organización de inteligencia, diciendo que los extremistas de Somalia, que querían los cohetes Katyusha, simplemente habían cruzado el Mar Rojo y los habían comprado en el mercado negro yemení.


Por revelar información importante sobre la guerra de Yemen, en la que murieron al menos 70,000 personas, es la razón por la que el Gobierno de los Estados Unidos está persiguiendo a Assange y Zikry.


El desafiante periodista yemení dice que "una de las razones clave por las cuales esta tierra está en esa condición trágica tan empobrecida que ha alcanzado hoy es por el castigo masivo de Yemen por parte de la administración estadounidense". Esto es demostrablemente cierto, pero sin duda alguien en Washington lo considera un secreto.

 


(Publicado de The Independent con autorización del autor o representante)

Por Patrick Cockburn
The Unz Review

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

 

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Snowden alerta ante el esquema de control social más efectivo de la historia

El antiguo empleado de la CIA y de la NSA denuncia que el Gobierno de EE.UU. explota la necesidad natural de los seres humanos de pertenecer a grupos para obtener datos confidenciales.

El Gobierno de Estados Unidos tiende a secuestrar y militarizar las innovaciones en el ámbito de las telecomunicaciones, aprovechándose del deseo humano natural de comunicarse y explotándolo para conseguir poder ilimitado, denunció el exempleado de la CIA, Edward Snowden, vía videoconferencia desde Moscú ante una audiencia en la Universidad de Dalhousie (Halifax, Canadá). El video de su discurso completo fue publicado en la cuenta de YouTube del centro educativo el pasado 31 de mayo.


"Tomaron nuestra capacidad nuclear y la transformaron en el arma más horrible que el mundo había presenciado", dijo Snowden, argumentando que en el siglo XXI se está observando la misma tendencia, pero con las ciencias de la computación. "Su alcance es ilimitado... ¡pero las medidas de su salvaguardia no!", advirtió.


"El medio de control social más efectivo"


Snowden, que en 2013 filtró información altamente confidencial sobre los programas de vigilancia globales de los servicios de inteligencia estadounidense —lo que le valió la acusación de traidor—, argumenta que las tecnologías modernas militarizadas, con ayuda de los medios sociales y los gigantes tecnológicos, permite que los gobiernos se vuelvan "todopoderosos" en su capacidad de monitorear, analizar e influir en el comportamiento de la gente.


"Es a través del uso de nuevas plataformas y algoritmos […] que pueden cambiar nuestro comportamiento. En algunos casos, son capaces de predecir nuestras decisiones, y también pueden empujarlas hacia diferentes resultados", declaró Snowden.


Según él, la necesidad de los seres humanos de pertenecer a grupos sociales está siendo explotada, ya que los usuarios de las redes voluntariamente consienten en proveer sus datos privados al firmar acuerdos cuidadosamente redactados que casi nadie lee jamás.


"Tienen cientos y cientos de páginas de jerga legal que no estamos calificados para leer y evaluar y, sin embargo, se consideran vinculantes para nosotros. Y ahora estas instituciones, que son tanto comerciales como gubernamentales, [...] lo han estructurado y afianzado hasta convertirlo en el medio de control social más efectivo en la historia de nuestra especie",

Publicado: 3 jun 2019 04:27 GMT | Última actualización: 3 jun 2019 09:37 GMTconcluyó.

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Sábado, 01 Junio 2019 06:50

5G: Pinky en el mundo digital

5G: Pinky en el mundo digital

Imaginemos un satélite capaz de filtrar imágenes de la Tierra donde sólo aparecieran las señales que emiten nuestros dispositivos digitales (celulares, laptops, controles, Pcs…), las conexiones se verían en color azul, los mensajes en tenues líneas blancas. Probablemente, el efecto sería muy parecido al que se obtiene cuando se fotografía un cerebro humano con tecnología 3D. Un enjambre pulsante de nerviosas conexiones.

Un cerebro, que al igual que el cerebro humano –aunque sin muchas de sus funciones– tendría su propio discurrir fuera del alcance de la voluntad de quienes integra como cuerpo. En este caso, el planeta humano. La paradoja sería que lejos de acercar a cada uno de los cuerpos que lo componen los habrá abismado entre sí a tal grado que quede poco o nada de su inmanencia. Porque si algo ha traído consigo la conectividad digital es la más grave crisis de la presencia que se recuerde en la historia de la modernidad.

De alguna manera hemos dejado de ser seres para convertirnos en usuarios. Embotados y aislados durante horas y horas al día somos abducidos por el vértigo de las energías y los deseos que se evaporan en la red. Tan sólo para encontrar que lo que antes llamabamos "realidad" es un simple páramo o un pie de página de lo que nos ha ocurrido –o mejor dicho: no sucedido– en el incrédulo abismo de las pantallas de cristal líquido. Como en la fatal predicción de Niklas Luhmann, frente al exocerebro digital, el ser humano aparece como su simple y maleable entorno.

Hasta hoy la conectividad del sistema se regía por la tecnología de Cuarta Generación, 4G. Una conectividad basada en redes de microondas que llegaban hasta nuestros cuerpos a través de la telefonía celular. Incluso cuando se empezo a divulgar hace década y media en su versión 3G, se suponían graves efectos biomentales: angustia, insomnio, depresión… hasta los más severos: cáncer y tumores. Sin duda los produce sin alcanzar todavía sus variantes más agravantes.

Lo que está por inaugurarse en los meses próximos es la denominada Quinta Generación de los sistemas de conectividad, la tecnología 5G. La diferencia con la 4G es que sus ondas son más cortas, precisas y manipulables. Y habrá de permitir la conexión ya no sólo de celulares, sino de todos los artefactos denuestra geografía cotidiana: automóviles, televisores, puertas, estufas, camáras, baños, camas, lo que se quiera. El dilema es que en estas frecuencias, las microondas ya no son traslúcidas a los muros, los árboles y los parques. De ahí que sea preciso instalar cajas celulares cada 100 o 150 metros en edificios, calles, casas y departamentos, parques y paradas de transportes. En los próximos años, 20 mil satélites habrán de proveer esta tecnología, que en palabras de una de sus más firmes detractoras, la doctora. Sharon Goldberg, habrán de "cocinar a la humanidad con radiación de microondas".

Las impugnaciones a la tecnología 5G datan desde 2017 en un documento firmado por 185 científicos notables de 35 naciones. Hace poco, en una audencia en Washington, el senador Patrick Colbeck recogió una cantidad impresionante de estudios y testimonios que mostraban los efectos biomentales devastadores de la 5G.

Las compañías imbricadas en su desarrollo y diseminación han desoído por completo las críticas. Es muy simple. La 5G traerá consigo "la necesidad" de cambiar ¡todo! el parque celular del planeta y renovar la mayoría de los artefactos que nos rodean, desde el cochecito de juego de los niños hasta el automóvil. Una nueva fuente casi infinita de acumulación de capital.

Es aquí donde la Casa Blanca en alianza con Google ha entrado en conflicto con Huawei, la compañía china de tecnología digital. El argumento principal de Washington es que Huawei –léase: el Estado chino– pondrá en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo que no dicen es que Google y las empresas estadunidenses pondrán bajo la vigilancia más inimaginable a la mayor parte de sus habitantes y una buena parte de la ciudadanía de Occidente. La 5G volverá transparentes todas y cada una de las acciones de los individuos en su habitat cotidiano.

La discusión parece entresacada de esa vieja caricatura que circuló en la década de los años 90, Pinky y Cerebro, que ironizaba sobre los sueños de control mundial. Cada capítulo daba inicio siempre de la misma manera:

“-¿Qué vamos hacer hoy?- preguntaba Pinky.

“-Vamos a conquistar el mundo- respondía Cerebro.”

Y Pinky, que era el supuesto bobalicón del par, se encargaba de refutar todas las ambiciones de Cerebro.

La diferencia es que la 5G sí ofrece una precisión de control sobre deseos, voluntades y acciones que incluso hoy resulta inconcebible. En realidad, la discusión ya ha llegado a México. Todo el debate sobre la necesidad de ampliar Internet a una cobertura nacional no es en realidad más que la fachada donde se dirimen los intereses que habrán de definir a la teconología dominante en México. ¿Cablear con cables de fibra óptica el territorio o adquirir satélites que hagan posible la implantación de la tecnología 5G? El más grave error sería dejar todo en manos de la 5G.

 

Las grandes empresas tecnológicas y el capitalismo de vigilancia

Mientras que antes era el mundo social y natural el que se veía subordinado a la dinámica del mercado, ahora, según nos dice, ha llegado el momento de sacar rentabilidad de la extracción de nuestra propia experiencia humana.


Hace unos años, después del colapso financiero de 2008, Matt Taibbi, de la revista Rolling Stone, describió a Goldman Sachs, el gran titán del capitalismo financiero, como “un gran calamar vampiro que envuelve el rostro de la humanidad y mete a la fuerza inexorablemente su conducto sanguíneo en cualquier cosa que huela a dinero”. Según Shoshana Zuboff, autora de Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power (“Capitalismo de vigilancia: la lucha por un futuro humano en la nueva frontera del poder”), diez años después, podríamos decir lo mismo, e incluso cosas peores, acerca del capitalismo de vigilancia.


Pero esta vez, es un calamar más grande y mete ese conducto sanguíneo a través de los móviles, las televisiones inteligentes, las tabletas y, dentro de poco, los hogares inteligentes; llega hasta el último rincón de nuestra privacidad individual y colectiva. Lo que se suponía que nos iba a liberar y que iba a estar a nuestro servicio, que era lo que esperaba Tim Berners Lee, el creador de internet, ha evolucionado a lo que él mismo definió como “un motor de injusticia y división movido por fuerzas poderosas que lo usan para sus propios planes”. El registro y mercantilización de nuestros datos, la estructura depredadora de perfiles de usuarios y de vigilancia está en el ADN del capitalismo de vigilancia. Cambridge Analytica solo es la punta del iceberg.


Zuboff señala en su brillante libro que el capitalismo de vigilancia, dominante, furtivo y omnipresente, ha explotado la experiencia humana para recoger materia prima gratuita y traducirla en datos conductuales. El excedente conductual (nuestras emociones, miedos, voces y personalidades) alimenta la “inteligencia de las máquinas” pensantes y luego se reconfigura en productos predictivos. Son productos diseñados especialmente para anticiparse a lo que vas a hacer hoy o la semana que viene a través de la modificación conductual. Pero el capitalismo de vigilancia no solo predice, sino que también nos anima influyendo en nuestro comportamiento a través de anuncios específicos personalizados e intrusivos.


Como dice la autora de un modo tan memorable, una vez que buscamos en Google, Google (y el resto) nos busca a nosotros. La lógica despiadada de las exigencias de la rentabilidad de las grandes tecnológicas nos ha desposeído digitalmente. Mientras que antes era el mundo social y natural el que se veía subordinado a la dinámica del mercado, ahora, según nos dice, ha llegado el momento de sacar rentabilidad de la extracción de nuestra propia experiencia humana.


Nuestros datos, que se han ido recopilando con remordimientos en los últimos años sin nuestro consentimiento real, se han convertido en un arma contra nosotros con eficiencia militar, según declaró Tim Cook, de Apple nada menos, al crear un perfil digital que permite que las empresas nos conozcan mejor que nosotros mismos.


¿Rebuscado o poco convincente? Considera lo siguiente


Los rastreadores de emociones portátiles tienen sensores integrados que miden y rastrean las señales biométricas de su portador (la temperatura de la piel, la frecuencia cardíaca y el pulso). Estos datos se envían a un aparato vinculado mediante tecnologías inalámbricas, como Bluetooth. Entonces se compilan enormes conjuntos de datos que, sin duda, se pueden analizar mediante algoritmos con el objetivo de detectar patrones y correlaciones a partir de los que se pueda predecir el comportamiento futuro. Quizás, cada vez que nos sintamos tristes, nuestros teléfonos nos den un chute de oxitocina o serotonina.


Todo esto se comercializa como bienestar para el consumidor, pero, en realidad, es una agresión a nuestros yos inconscientes que ayuda a los negocios a vender productos oscuros y a aumentar sus ingresos. Extraen esas microemociones y esas sensaciones más íntimas en tiempo real para obtener beneficios.


¿Te parece extraño? Vayamos un poco más lejos. Amazon patentó hace poco un diseño “de ahorro de trabajo” para llevar en la muñeca, que monitoriza las manos de los operarios de almacén y los impulsa con más rapidez a prácticas de trabajo más eficiente mediante vibraciones ultrasónicas. No hace mucho, este era el tipo de cosas que aparecía en la ciencia ficción distópica; ahora, una supervisión electrónica a distancia muy restrictiva que haga que los trabajadores no se salgan de los roles asignados se ve como una posibilidad.


Hace veinte o treinta años, la gente se hubiera indignado ante tales propuestas y vulneraciones de la persona. A finales de los ochenta, los verdes alemanes pelearon con el estado a cuenta de un censo nacional: el eslogan era “Solo se cuentan las ovejas”. En 1983, el Tribunal Constitucional alemán sentenció que las preguntas del censo propuesto eran intrusivas e innecesarias y que se podía producir un abuso de la información. Los tiempos han cambiado.


Hace poco, dos miembros del sacerdocio de la élite digital, Tom Cook y Mark Zuckerberg, exigieron más privacidad y una mayor regulación de internet. Zuckerberg, además, prometió que Facebook “iba a avanzar gradualmente hacia servicios privados y encriptados que permitieran a los usuarios confiar en que lo que hablan entre ellos permanezca seguro”.


Los dos anuncios son desvergonzados, interesados y cínicos y se ejercen en la dirección equivocada. Los principios de confianza, privacidad y comportamiento ético nunca han sido una prioridad cuando desarrollaban su hegemonía digital, social y cultural. Han hecho muy poco por proteger nuestros datos. En realidad, legalmente hablando, son sus datos, y siempre tuvieron la intención de que fuera así. Las leyes que protegen nuestros datos están siendo, desde hace mucho tiempo, socavadas por un laberinto de contratos online y términos y condiciones que nadie lee y que a los que podríamos llamar eufemísticamente un marco regulatorio laxo.


Como muchas de las sedes europeas de las grandes tecnológicas estadounidenses se encuentran en Irlanda, la comisión de protección de datos irlandesa es, de facto, la normativa europea desde que se materializó el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Aun así, el comisionado irlandés dijo el año pasado que no iban a investigar el rastreo secreto por parte de Google de la localización de los usuarios de Android. Supongo que es mejor no molestar demasiado al imperio con ideas de privacidad y derechos y libertades de los individuos. Hace unos años, el antiguo taoiseach (primer ministro irlandés) Enda Kenny dijo que Irlanda era el “mejor país pequeño” del mundo en el que hacer negocios. Quizá se refería a eso.


Silicon Valley, que siempre ha sido una especie de religión cienciológica digital poblada por gente que utiliza el dialecto propio del Atlántico medio como lengua franca, ha roto a sabiendas el pacto social, y ahora que los han pillado y sus beneficios podrían verse mermados, exige que haya una regulación.


Zuckerberg vino a Dublín hace poco y, en un reportaje del Irish Times, que parece un boletín de prensa de Facebook, dijo de las leyes de privacidad en Europa y el RGPD: “Creo que es una buena base que codifica muchos de los valores importantes de las personas, para que puedan elegir cómo son tratados sus datos...”. Facebook ha crecido despiadadamente gracias a una campaña casi religiosa de recogida de datos casi a cualquier precio. Embriagado por las mediciones del comportamiento y rastreando nuestras interacciones, se ha comportado como ese calamar gigante que chupa la sangre, oliendo el dinero donde sea que se agarre a esa curiosidad y debilidad humana.


Los datos que se usan (y esto significa que son recabados sin piedad, explotados y vendidos al mejor postor) no son más que una desviación de las relaciones públicas, lo que sería irrisorio, si no fuera tan obvio. Somos nosotros, y nadie más, los que debemos decidir cómo se usan nuestros datos, si es que se van a usar.


Esto no es más que propaganda interesada de Zuckerberg. Mentiras del departamento de Relaciones Públicas de Silicon Valley para intentar mejorar su “imagen corporativa” empañada. Después de todo, hasta cuando desactivas el rastreo, Facebook te sigue rastreando. Asimismo, te persigue por internet a través del código que implanta en tu navegador. Adiós a la tan aclamada promesa de Zuckerberg de remodelar Facebook y convertirla en una plataforma «“centrada en la privacidad”.


Lo que es aún más irrisorio, Facebook paga al Daily Telegraph como parte de su campaña de marketing para que cuente historias positivas sobre la plataforma bajo el título: “Ser un humano en la era de la información”. Como Orwell podría haber dicho sobre esas piezas propagandísticas: no podríais inventároslo.


Shoshanna Zuboff señala exactamente que los oligarcas digitales son los capitalistas sin escrúpulos del siglo XXI. Su modelo de negocio está basado en el “adormecimiento psíquico” y en nuestra percepción inconsciente de lo que han estado haciendo.


Que las grandes tecnológicas exijan ahora una normativa es una estrategia de los de relaciones públicas cínica, porque durante años se han opuesto a que existiera una normativa, puesto que dificulta la “innovación”, y la privacidad ya no es, según Zuckerberg, una regla social. Sin embargo, las tecnologías con las que ganan miles de millones solo han sido posibles gracias a las cuantiosas ayudas estatales y a contratos de investigación públicos. Sin el presupuesto de defensa de los Estados Unidos, o lo que es lo mismo, el dinero de los contribuyentes estadounidenses, varias generaciones de ordenadores no se habrían construido. Dicho de otro modo, es el capitalismo de Estado reestructurado como emprendimiento de libre mercado.


Lo que escribió Noam Chomsky en 2009 lo explica bien:


“El núcleo de la economía depende en gran medida del sector estatal, y eso está claro. Por poner como ejemplo el último boom económico, que estuvo basado en la tecnología de la información. ¿De dónde ha venido? De los ordenadores y de internet. Los ordenadores e internet estuvieron casi en su totalidad en el sistema estatal durante unos 30 años (investigación, desarrollo, adquisición, otros dispositivos) antes de que, por fin, se cedieran a empresas privadas para que se lucraran con ellos”.


La relación Silicon Valley / Estado está en desarrollo y aún es recíproca. Eric Schmidt, ex CEO de Google, ahora es el presidente del Consejo de Innovación en Defensa creado por el Pentágono y constituido por expertos procedentes de Silicon Valley, profesores universitarios y la industria de defensa estadounidense para “innovar” (otra vez esa palabra) y analizar el uso de la inteligencia artificial en la guerra, entre otras cosas. La innovación, en este momento, es en realidad un recurso retórico y un poder otorgado para violar nuestra privacidad y cosas peores.


Es sorprendente que otro miembro de la junta, el profesor de Derecho de Harvard Cass Sunstein, propusiera hace unos años la idea innovadora y propia de Huxley de la “infiltración cognitiva”, idea que supone que “los agentes del Gobierno (y sus aliados) podrían entrar en salas de chat, redes sociales en línea e, incluso, en grupos reunidos en espacios físicos e intentar socavar teorías de la conspiración filtradas planteando dudas sobre sus hipótesis objetivas, su lógica causal o consecuencias por actuaciones políticas”. El camino al infierno se ha pavimentado con buenas intenciones y efectos inesperados. Quizás. O quizás, no. A lo mejor, su momento, por fin, ha llegado.


Se podría decir que hay privacidad para los ricos y el panóptico de las redes sociales para todos los demás. No es, ni más ni menos, que la devastación gradual de la libertad humana, como la fábula de la rana en el agua hirviendo, y ha pasado incluso antes de que nos demos cuenta de lo que estaba pasando.


¿Por qué es importante todo esto? La vigilancia constante crea una cárcel para la mente. Las innovaciones de vigilancia de las grandes tecnológicas golpean directamente a lo que nos hace humanos: nuestra privacidad, nuestra voluntad, nuestra autonomía y nuestra necesidad de soledad.


Sin soledad, ¿cómo podemos comprender quiénes y qué somos? Sin ella, no podemos ser totalmente humanos y, sin duda, nunca podemos ser totalmente libres.


Reagan, Thatcher, Blair y otros nos dijeron que el capitalismo neoliberal iba de la libertad y la liberación del individuo de la economía y de la libertad económica. Internet nos prometió una emancipación similar y, aun así, hemos acabado en un capitalismo de vigilancia.


El artículo de Richard Barbrook y Andy Cameron titulado The Californian Ideology now, publicado hace más de veinte años, parece extraordinariamente profético. En él, advertían de que “las tecnologías de la libertad se están convirtiendo en las máquinas de dominación”. Tim Berners Lee estaría de acuerdo. De una forma estrambótica para todos nosotros, la ideología californiana de individualismo libertario de la disconformidad y el capitalismo de libre mercado han convergido y se han transformado en un capitalismo de vigilancia rapaz.


El utopismo tecnológico es la nueva ortodoxia digital del día y la “innovación” se ha convertido en la representante de la intrusión profunda en nuestra privacidad, e incluso, como nos advierte Ruboff, en la conciencia que tenemos de nosotros mismos. La doctrina de la inevitabilidad tecnológica de Silicon Vally, añade la autora, “trae consigo un virus convertido en arma del nihilismo moral programado para dirigirse a la capacidad humana de tomar decisiones y borrar del texto de la posibilidad humana la resistencia y la creatividad”.


Como se ha dicho en otro lugar, el modelo de negocios de las grandes tecnológicas no es compatible con nuestros derechos, valores humanos ni con nuestras democracias. Y lo que es más importante, no es compatible con la propia idea del ser humano. Zuboff termina este libro providencial con una advertencia que deberíamos tener en cuenta:


“No está bien que nuestros movimientos, emociones, expresiones y deseos sean catalogados, manipulados y, después, utilizados para llevarnos en manada de manera subrepticia a través del tiempo futuro para beneficio de alguien”.


En este momento, hay asimetrías de conocimiento sin precedentes con multimillonarios como Eric Schmidt y Zuckerberg, pues ellos saben muchísimo sobre nosotros, pero nosotros sabemos muy poco de ellos. Como señala Zuboff: “Aspiran a que nadie les cuestione su poder para saber, para decidir quién sabe y quién decide”.


Pero ¿y si surge de todo esto un monstruo burocrático, estatal y corporativo? Este monstruo, como advierte David Samuels, de la revista Wired, tiene capacidad para “rastrear, clasificar, enloquecer, manipular y censurar a los ciudadanos”, algo similar al Estado-Gran Hermano de China. ¿Y si la libertad digital que creíamos tener no es libertad en absoluto, sino un tipo de tiranía disfrazada de libertad? ¿Y si durante nuestra somnolencia digital inducida el calamar monstruoso ya ha llegado?

 
Traducción: Isabel Pozas González.

publicado
2019-05-30 06:26:00
Publicado enSociedad
El Internet ruso, el Google chino, el 5G de EEUU: Internet se va llenando de fronteras

Internet nunca fue un terreno neutral, pero el ansia de los gobiernos por aumentar su control sobre él está restringiendo cada vez más derechos

El veto de Trump sobre Huawei y China afecta directamente a la libertad de los consumidores europeos, pero encierra una lucha por el control de la infraestructura

"Quien controla la infraestructura tiene un control muy alto sobre qué se mueve por ella, cuándo y a qué velocidad", recuerdan los expertos

 

Hace una década, decir que Internet como red libre estaba para tirar a la basura y empezar de cero con otra era considerado una postura radical. Hoy es lo que propone uno de sus padres, Tim Bernes-Lee, el ingeniero que inventó del concepto de la World Wide Web. A través de la fundación que dirige está buscando apoyos para desarrollar una red descentralizada y que impida por concepto que los gobiernos y las grandes empresas vuelvan a cerrarla, como han hecho con la actual. Internet no es neutral y nunca lo ha sido, pero está yendo a peor.

Que EEUU haya decidido determinar a la población mundial sobre qué dispositivos comprar, bloqueando que haya software o componentes estadounidenses en los dispositivos que fabriquen la empresas chinas Huawei o ZTE es el último ejemplo. Pero hay muchos más, mirando arriba, abajo y a los lados.


No hay ninguna autoridad pública que gobierne los asuntos de Internet. Esta circunstancia, considerada positiva por los expertos como un plus en sus primeros años, está en cuestión tras escándalos como el de Facebook y Cambridge Analytica. No hay nadie que ponga reglas, pero eso implica que tampoco hay nadie encargado de que proteger la red como un espacio neutral.


Otros aspectos están gobernados de forma estrictamente privada. Es el caso de la asignación de nombres de dominio, como los ".com" o ".es", sobre los que decide el ICANN, una institución privada aunque sin propósito de lucro radicada en California. Puede parecer que su labor no es demasiado trascendental, hasta que se topa con un debate con aristas, como sobre el que se ha posicionado esta semana: ¿el dominio ".amazon" debe ser de Amazon o de los países de la cuenca del Amazonas?


Un conflicto de siete años que el ICANN ha resuelto este jueves a favor de la multinacional. Esta solicitó primero la gestión del ".amazon", cuando la organización anunció que permitiría un mayor grado de personalización de los dominios. Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela solicitaron una "gobernanza compartida": argumentan que no pretenden impedir que Amazon pueda utilizar "kindle.amazon" o "ebooks.amazon" como desee, pero no querían depender de la buena voluntad de la multinacional para otros como "tourism.amazon". Ahora tendrán 90 días para presentar alegaciones al ICANN que, si no son aceptadas, supondrán el punto final de sus aspiraciones a decidir sobre ".amazon".
"En realidad, si te pones a buscar en la materialidad sobre la que se asienta Internet, en sus infraestructuras físicas, en qué zonas geográficas, y te das cuenta de que en realidad la red lleva privatizada casi desde su surgimiento", recuerda en conversación con este medio Enric Luján, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona. "Ves que la gran mayoría de cables de Internet los controlan megacorporaciones internacionales, que los intercambiadores de paquetes y todos los centros logísticos están en manos privadas. Al final, quien controla la infraestructura tiene un control muy alto sobre qué se mueve por ella, cuándo y a qué velocidad".


"La decisión de Trump de vetar a Huawei, más que ser un game breaker, lo que hace es confirmar la tendencia de segmentación que Internet ha tenido desde el principio. Ahora perdemos también la libertad de escoger una u otra marca. Se te restringe el acceso a Internet incluso como usuario, como cliente, desde determinados soportes, solo porque sobre ese soporte hay un boicot activo y descarado para beneficiar a unas marcas por delante de otras", continúa Luján, experto en la relación entre filosofía y tecnología y coautor del libro Resistencia digital.


El Gobierno estadounidense escudó su veto a Huawei en motivos de "seguridad nacional", acusándola de espionaje. EEUU no ha ofrecido pruebas de ello, mientras que las investigaciones que se han abierto en otros países tampoco han hallado evidencias. Varias fuentes de empresas del sector digital español con presencia en toda Europa confesaron a eldiario.es que detrás del veto ven motivos económicos, ya que esta empresa es puntera en el desarrollo de la tecnología 5G, clave en el proceso de robotización de la sociedad y el futuro de proyectos como el del coche autónomo, y está en negociación con varios gobiernos europeos para suministrarles su tecnología.


Fronteras y privatización cada vez más visibles


La cuestión de la soberanía digital ha vuelto con fuerza al debate público europeo a raíz del recorte de libertades que un gobierno tercero ha impuesto al resto del mundo a la hora de elegir la marca del dispositivo que desea comprar. Pero en los países de fuera de la órbita de EEUU como China o Rusia. Estos países sospecharon desde el principio de la neutralidad de la red estadounidense y de las empresas estadounidenses que le daban forma. Las primeras vetadas fueron las empresas de redes sociales y Google. Tienen compañías que dan servicios paralelos, pero nacionales y bajo la vigilancia de sus gobiernos.


Los chinos viven directamente en su propio ciberecosistema vallado: su buscador censurado Baidu es el más usado del mundo. Apenas usan productos de Google. En el otro extremo, las cifras de venta de Huawei en EEUU son muy pequeñas, lo que deja a Europa como uno de los territorios más afectados por el veto de Trump.


"Hay varios estados, sobre todo los grandes países más autoritarios, que tienen su propio control de Internet, no cerrado del todo, pero sí muy controlado. Está China, Rusia o la India, pero hay otros", explica Andrés Ortega Klein, investigador del Real Instituto Elcano y director del Observatorio de las ideas. "La guerra comercial se está dando también por la preeminencia tecnológica. No solo por imponer tecnología propia a los demás países, sino por el control: Internet es también en un instrumento de control tanto de las poblaciones propias como del resto de países".


El experto recuerda en este punto las publicaciones de Edward Snowden, que demostraron que los servicios de inteligencia tenían túneles para espiar básicamente a todo el mundo, desde Angela Merkel a los técnicos brasileños que analizaban una de las mayores bolsas de petróleo del mundo que fue encontrada frente a su costa y por el que estaban pujando las petroleras estadounidenses.


"El resto de países se han dado cuenta de esto y los que pueden, quieren tener su propia infraestructura. Esto está fragmentado Internet en varias redes, cada vez más separadas", detalla el experto: "Además en poco tiempo puede venir una fragmentación superior, que son los Internet de diversa calidad", alude Ortega Klein en referencia a la intención de la administración Trump de romper la neutralidad que todavía existe entre los contenidos que circulan por la red y permitir a las operadoras priorizar unos sobre otros. Los que más paguen, concretamente.


Independízate si puedes


En el verano de 2013 acababa de estallar el escándalo de espionaje revelado por Snowden los europeos interrogaron a la UE por los motivos por los que la directiva de privacidad que debía protegerles de desmanes como aquel estuviera tan sumamente anticuada. Databa de 1995, antes siquiera de la expansión de Internet.


La entonces vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de la cartera de Justicia, Viviane Reding, dio una pista sobre el por qué de semejante retraso: "Nunca había visto un lobby tan potente", declaró, señalando al Gobierno estadounidense y sus multinacionales digitales. Explicó que en ese momento en Bruselas había más lobbistas tratando de dificultar que la nueva norma saliera adelante que burócratas comunitarios trabajando en ella: "[Las compañías norteamericanas] han presionado para que no se les aplicasen los estándares comunitarios. Y el Gobierno estadounidense ha ejercido presión, lo mismo que esas compañías".


"Los estadounidenses han entendido antes que los europeos la importancia de este dossier. Por eso intentan pararlo, porque suponía que no podrían actuar más como hasta ahora. Es un juego de poder. Y los estadounidenses lo han entendido", denunció Redding, del PP europeo.


El Reglamento General de Protección de Datos europeo seguiría retrasándose mucho más. Terminó entrando en vigor un lustro después, el 25 de mayo de 2018. Las autoridades comunitarias lo festejaron como una vía para poner a Europa en el mapa digital. No se independizaría del imperialismo digital estadounidense, pero al menos impondría los estándares más altos en cuanto a protección de derechos individuales en el entorno digital.


Una de sus medidas más publicitadas fue la posibilidad de multar a cualquier compañía que se lo saltara con un 4% de su facturación mundial anual. Un año después se su entrada en vigor esas grandes sanciones aún están por llegar.

Por Carlos del Castillo
23/05/2019 - 21:56h

“Ubicar en los jóvenes los males de la sociedad los deja sin salida”

La adolescencia es un momento de exposición a circunstancias inéditas, experiencias inaugurales y desafíos: un tránsito bueno si es creativo y no perjudicial para el sujeto. La especialista plantea precisamente cómo y cuándo intervenir desde la clínica analítica.


El mismo término define el estado: en el pasaje de la niñez a la siguiente etapa de la vida de un ser humano el sujeto adolece. La psiquiatra infantojuvenil y psicoanalista Sara Cohen, de larga trayectoria, lo estudió con detalle en Morir joven. Clínica con adolescentes (Editorial Paidós). Miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, Cohen entiende que la adolescencia es un momento de exposición a circunstancias inéditas, experiencias inaugurales y desafíos en el que la subversión del statu quo se vuelve central. Eso es bueno siempre y cuando el tránsito sea creativo y no perjudicial para el sujeto. El trabajo de Cohen plantea precisamente cómo y cuándo intervenir desde la clínica analítica. Para ello, combina relatos clínicos con textos literarios y casos que la propia autora se vio enfrentada en su labor terapéutica. 

Cohen destaca que cada sociedad tiene su manera de mandar a la muerte a sus jóvenes de manera directa o indirecta. “La actualidad es tremendamente hostil para cualquier ciudadano. Primero, hay un ofrecimiento de consumo muy grande. Pero además los jóvenes se encuentran con padres bastante castigados y tironeados por distintas circunstancias”, plantea la autora sobre la sociedad actual. En el momento en que un joven sale a probar suerte en muchos aspectos que la vida infantil lo protegía (aparentemente, porque está la singularidad de cada caso) “hay una emergencia de lo pulsional y pone en juego muchas cosas que hasta ese momento eran de otra manera”, entiende esta prestigiosa psiquiatra y psicoanalista, también poeta, sobre el pasaje más conflictivo de la vida humana. “Además, hay un abandono de lo que serían ciertas posiciones libidinales infantiles. Dentro de todo ese contexto, cómo están ubicados los padres es sustancial. Hay que admitir que, a veces, los padres están más castigados que los pibes y viven circunstancias muy graves actualmente.

Ahora, no es directo. Vivimos en una democracia que no es el gobierno militar que mandaba a matar a los jóvenes. O sea que dentro de nuestro sistema no es directo cómo los mandan a matar. Pero estamos en un sistema donde no hay soporte social y, a la vez, a los jóvenes no se les ofrecen perspectivas más o menos buenas. Además, es una sociedad que cree que el joven es como el punto fantástico para venderle cosas de consumo. Esa no es la situación más favorable para que el adolescente encuentre un eje con posibilidades vitales que implican su sexualidad, su desempeño de actividades, distintas posibilidades que le dan un margen creativo”, argumenta Cohen, quien forma parte del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Alemán.


–¿Por todo lo que dice es que usted señala que cada joven llega a la adolescencia del modo que puede?


–Tal cual, porque el modo que puede involucra todo. A veces, se tiende a demonizar o patologizar a la juventud. En realidad, los casos son muy diversos. No es que todos tengan que decir:”¡Qué mal que anda la juventud!”. Hay manifestaciones sintomáticas que, por supuesto, asustan porque suponen riesgos. Cuando eso sucede, hay que indagar de qué se trata. Muchas veces pueden ser situaciones impulsadas por cuestiones del medio ambiente. No necesariamente quiere decir que el joven tenga una patología grave. Por eso, hay que escuchar al joven. El crecimiento también supone, en general en la adolescencia, un grado de oposición, de denuncia, de rebeldía porque para diferenciarse de los padres también hay que poder cuestionar. Eso no tiene que devenir en contra del pibe o la piba.


–Es que a nivel social hay una estigmatización de la juventud: “Los jóvenes de ahora se drogan, no quieren trabajar”, suele decirse con los prejuicios sociales del mundo adulto. Está muy instalado ese discurso.


–Y cuando lo ves en lo singular te encontrás con muchas situaciones que son lo contrario. Padres que por ahí tienen un consumo importante de psicofármacos que se autoadministran. No es que la psicofarmacología es mala sino que tiene que ser administrada cuando se necesita. En realidad, ubicar en los jóvenes los males de la sociedad es una situación que es engañosa y los perjudica porque los deja sin salida. Un joven que encuentra con quién discutir y con quién pelear se robustece. Pero los que pelean y discuten tienen que ser padres bien plantados, una sociedad que tenga algunos parámetros que funcionan porque si no, ¿a dónde vamos?


–¿Y la clínica consiste en articular esa emergencia pulsional con la singularidad de cada sujeto?


–Sí. Cada uno no sólo llega a la adolescencia de una manera que le es singular sino que además tiene diversos encuentros en la adolescencia. Los encuentros de esa etapa son sustanciales. Pueden ser encuentros con profesores, con intereses, con un amor. Los encuentros de la adolescencia son cruciales, son inaugurales. Es un hito muy importante. Ahí hay que ver cómo el joven puede encauzar algunas cuestiones de las que le están ocurriendo en ese momento evolutivo.


–¿El mayor conflicto en la etapa de la adolescencia está marcado por la relación entre sexualidad y muerte?


–Ahí hay un lazo muy fuerte entre la emergencia de lo pulsional y el tema de la posibilidad de muerte. No quiere decir que no pueda haber una modalidad en la cual esto se implemente más creativamente. Nosotros tenemos que separar, enojarnos, pelear, pero si eso está libidinizado, si eso es una posibilidad libidinal para un crecimiento, para un desarrollo es buenísimo. Alguien que se queda en una situación en la que no puede llevar a cabo mínimamente una actitud hostil de discusión, de pelea para ir armando algo que lo configure y que sea significativo para esa persona, es alguien que no va a poder crecer. El asunto es que esto no quede libre en condiciones que sean mortíferas para el joven. Si dejás en cualquier condición o en situaciones que son muy hostiles, donde el joven no puede procesar un montón de cosas que le pasan en las cuales también hay elementos que podrían devenir mortíferos, estás favoreciendo que ocurran cosas dramáticas o trágicas.


–Usted toma algunas tragedias clásicas y algunas preexistentes al psicoanálisis para articular con el relato clínico. ¿Qué fundamentos de la literatura sirven para la clínica psicoanalítica?


–A mí me sirve un montón. Todos los psicoanalistas somos distintos. A mí me gusta leer, escribo y las obras, tanto literarias como de otras disciplinas, aportan un material de una riqueza muy grande. Hay que entender que eso no es para aplicar algo que nosotros ya conocemos. Al contrario: es para aprender de eso que tiene quizás una riqueza mayor de muchas cosas que nosotros sabemos. Entonces, a uno lo deja con muchas preguntas y, a partir de eso, uno entra con ciertas preguntas. En realidad, uno tiene un pilar teórico, pero escucha, lee, ve qué pasa, se pregunta cosas. Si no, uno nunca podría servirle a ningún paciente pero, además, tampoco podría escribir nada ni ninguna obra de arte nos podría transformar. Yo creo que el arte también puede tener una condición transformadora.


–¿Dice “transformadora” en sentido terapéutico?


–No en forma directa. En realidad, el último capítulo del libro apunta a un devenir creativo. Esto supone que hay algún orden de experiencia en lo estético, a mi parecer, que algún punto de viraje condiciona algunas posibilidades interesantes para quienes pueden. A veces, pueden ser experiencias tempranas de la adolescencia respecto al encuentro con algunas obras, o encuentros azarosos ligados con el amor pero que, a la vez, condicionan algunas búsquedas y cuestiones estéticas. O cosas traumáticas que frente a cómo explicarse eso, el joven hizo ciertas búsquedas que le condicionan posibilidades futuras que tienen que ver con la creación. Esto es muy para cada uno. No puede decirse que el arte en sí mismo sea terapéutico. Ahora, que el encuentro con algunas obras es muy importante para algunas personas, eso es claramente así.


–¿La marca de la sociedad que impone reglas y modos de ser puede llevar a los jóvenes a tendencias autodestructivas?

–Hay una sociedad en un sentido amplio que usted menciona y después está el pequeño mundo de cada joven. Atendiendo a chicos y adolescentes, uno se sorprende muchísimo de cuántos mundos hay. Con los chicos o los adolescentes, los padres a veces tienen que recurrir porque “no hay otra”. No recurrirían jamás a que sea atendido y tienen un mundo cultural, personal, a veces muy endogámico, y uno se va dando cuenta de las reglas que funcionan ahí cuando va trabajando con ellos. Por eso, hablar en general es difícil porque hay muchos mundos. Es increíble la cantidad de contextos y de situaciones que se van develando a partir de alguna cosa que aparece en un síntoma en un adolescente. Pero cuando vas indagando ves distintas circunstancias que hacen a un modo de funcionamiento que ni te imaginabas. Y por más que estén incluidos acá en Buenos Aires, tienen un mundo en lo familiar y en lo social que tiene su cultura propia.


–La pregunta también apuntaba a esa escala de valores o disvalores que se bajan desde la sociedad. Por ejemplo, la cultura del exitismo. Se promueve mucho que la juventud tiene que ser exitosa, al menos en este sistema. ¿Eso puede afectar a un joven que, por ejemplo, tiene sensibilidad al fracaso?


–A ver: el tema es que cuando empezás a atender a un joven y lo escuchás, muchas cosas empiezan a caer. Te habla de que “Fulanito publicó esto” y todas estas cuestiones que circulan. Entonces, uno indaga un poco más y va al grano, va a las cuestiones que le pasan a ese adolescente. Y algunas cosas van cayendo. Cualquier pibe pensante, en definitiva, reubica las cosas. Las cuestiones actuales pueden amplificar algunas cosas que a los pibes los dejan mal parados pero, en realidad, un pibe tiene que ver con cómo está ubicado en su medio, con sus vínculos con sus pares, en la sociedad donde se mueve. No puede ser que eso en forma directa lo envíe a una cuestión autodestructiva. Tiene que ver con otras dinámicas.


–En ese sentido, usted también señala que hay casos en que los adolescentes son los seres más sensatos en una familia riesgosa. ¿Cómo se da eso?


–Eso se ve bastante. Para que un pibe tenga algún tipo de situación donde es adulto dentro de un contexto familiar, primero tiene que tener recursos para poder serlo, ya que si todo se viene abajo en una familia por ahí el pibe también se viene abajo. Ahora, si el pibe trata de sostener algunas cosas con los recursos que tiene, eso tiene un costo elevado porque es una cuestión de sobreadaptación, pero se entiende también que tiene los recursos para eso. No es bueno para el desarrollo del mismo porque, en realidad, el pibe tiene que ser el que puede discutir, pelear, salir, vivir su adolescencia. Es decir, todas las cosas que hace un adolescente como el experimentar cosas. Si un adolescente se vuelve muy responsable frente a todo lo que se está cayendo en su entorno es como que pierde el vivenciar de su adolescencia porque tiene que hacer un adultito desde jovencito. Es una macana pero son las maneras que encuentran para poder sobrellevar algunas circunstancias que son muy difíciles.


–Un tema que aborda en el libro tiene que ver con la intimidad. ¿Es una búsqueda en la adolescencia?


–Es importante y, a veces, paradójica porque parece que los jóvenes muestran mucho y con lo que uno se encuentra es que son tímidos y le temen a la presencia del otro y no a lo virtual. Hay que entender que depende de la psicopatología. Una gran cantidad de jóvenes, en realidad, tienen miedo de encontrarse con alguien. Inclusive, beber alcohol y todo eso es para vencer la timidez porque no saben cómo hablar, cómo estar. Y todo esto que se puede llegar a decir de “cuánto que se muestran”, en realidad son conductas que no quiere decir que sean desfachatados y que vaya a saber todo lo que hacen.

Publicado enSociedad
La ruptura de Google con Huawei muestra el peligro de la dependencia tecnológica... y las ventajas del 'software' libre

Una decisión político-comercial puede suponer un duro golpe a determinadas compañías, pero a determinada escala siempre es un perjuicio para los ciudadanos. No obstante, en el caso de Google y Huawei, puede que esta decisión —forzada desde la Casa Blanca— suponga a la larga una buena noticia para todos.



La guerra comercial entre EEUU y China se está convirtiendo en una auténtica escalada. Una de las últimas consecuencias es la suspensión por parte de Google de una importante porción de su negocio con Huawei tras la inclusión de esta compañía en la 'lista negra' estadounidense de empresas que suponen una "amenaza para la seguridad nacional". Se demuestra una vez más el riesgo que supone dejar en manos de empresas de otros países elementos esenciales de un producto, como el 'software', de tal forma que una decisión de la Casa Blanca puede terminar perjudicando a ciudadanos de todo el mundo.


Esta decisión de la Administración Trump, que ataca directamente a la próspera división de teléfonos móviles del fabricante chino, supone que Huawei pierde el acceso a la mayoría de las transferencias del gigante estadounidense: sus móviles, a partir de ahora, dejarán de tener acceso a Google Mobile Services, la plataforma que aglutina los servicios del gigante estadounidense como Google Play Store (la 'tienda' de aplicaciones), el cliente de correo electrónico Gmail, la aplicación de YouTube y el navegador Chrome para móvil: los nuevos teléfonos no podrán llevar esas 'apps'.


La empresa asiática, eso sí, aún tendrá acceso a la versión libre de Android a través de licencias de código abierto, disponibles para cualquiera que quiera usarlas. De hecho, Huawei tiene desarrollado un sistema operativo derivado basado en Android; la instalación de este sistema, que ya no dependería de Google para nada, podría generar todo un mercado alternativo mundial: no olvidemos que la compañía china logró colocar el pasado año en todo el mundo nada menos que 200 millones de dispositivos móviles.


"Si dependes de un proveedor que está en un país y se somete a sus reglas, y mañana ese país se enfada con el tuyo por la razón que sea, pues tienes un problema", comenta a Público, en conversación telefónica, el abogado especializado en tecnología David Maeztu.


Este caso es el ejemplo perfecto que muestra cómo la dependencia de terceros radicados en otros países puede convertirse en una vulnerabilidad para el negocio de gigantes tecnológicos (entre otros muchos problemas), pero también cómo el 'software' libre puede suponer una garantía frente a determinadas decisiones políticas.


"Lo bueno del 'software' libre es que compañías desarrollen productos propios basándose en lo que otros ya han hecho, es decir, uno no tiene por qué empezar de cero, y además todo ese trabajo nuevo se aporta a la comunidad", recuerda el citado experto.


Efectivamente, el punto fuerte de Android es que su base es 'software' libre, lo que va a permitir a Huawei reaccionar mejor que si tuviese que crear un sistema operativo desde cero. "Lo que es bueno para ti se convierte en algo bueno para la comunidad, lo que además extiende la estandarización, los sistemas se vuelven más interoperables, y si mañana un gobierno toma una decisión como la que ha tomado EEUU, el impacto puede ser menor".


La capa básica de Android cuenta con licencias Apache y GPL, comenta Maeztu, que apunta que el principal problema que va a tener Huawei va a ser el quedarse sin acceso a las aplicaciones de Google. "Pero es que los teléfonos ya funcionan sin ellas", afirma, y aventura: "Imaginemos que un fabricante como Huawei se mete a saco con la distribución".


"Que la decisión de un país pueda afectar a consumidores y ciudadanos de otros países, pues que parece que redefine un poco las reglas de la gobernanza global: EEUU puede obligar a Google a hacer determinadas acciones por el hecho de estar radicada allí", razona Maeztu, que apunta: "Igual deberíamos ir pensando en ir avanzando hacia sistemas más abiertos, y que internet sea lo que era: gente que volcaba conocimiento y libertad para usarlo".


Todo este movimiento puede suponer, en un futuro no muy lejano, la ruptura del monopolio 'de facto' que ejerce Google en los sistemas operativos móviles. Y esto puede ser una buena noticia.


Soberanía tecnológica


Para el abogado especializado en internet y doctor en filosofía Javier de la Cueva, un histórico defensor del 'software' libre, en el caso de Google y Huawei "existe una cuestión de soberanía tecnológica que está íntimamente ligada a la libertad de competencia: en el momento en el que viene desde fuera una disposición estadounidense en la que se establece es una prohibición de competencia precisamente a través de un código, lo que se está haciendo es beneficiar a una serie de productos frente a otros".


"Como siempre, la pregunta que hay que hacerse es: ¿a quién beneficia todo esto? o bien, ¿quién se lleva el dinero?", se pregunta De la Cueva, para quien estamos ante "una acción teledirigida económicamente, eso es evidente, aquí lo que realmente importa es el dinero". "La Unión Europea, por cierto, tendría que verificar si esa decisión atenta contra el libre mercado, para empezar", añade: "Y yo creo que sí".


Este letrado denuncia, además, que la acción "demuestra cómo, precisamente a través del código, lo que se está haciendo es montar una normativa en sí; es decir, cuando impido realizar una serie de actualizaciones lo que hago es que, mediante el propio acceso a ese código, expulso a un actor del mercado".


De la Cueva realiza una interesante reflexión sobre el código abierto. "La base de internet mismo, lo que realmente hizo que estallase la revolución de la Red, fueron los Request for Comments (RFC), que son de licencia libre. Internet es la obra de propiedad intelectual libre más grande y relevante de la historia, como ninguna otra obra propietaria".


"En un momento dado", añade, "Google se hizo con el kernel de Linux, y usó ese núcleo para montar un sistema operativo —Android—que atrapa a los consumidores; lo que vemos aquí es que hasta qué punto cualquier sistema libre puede ser utilizarse para el mal". "Todo esto muestra cómo Google ya estaba usando ese sistema libre para cooperar en la sociedad de control en la que vivimos —nos prometieron la sociedad del conocimiento, nos han devuelto la sociedad del control—, y muestra también que esa sociedad del control existe realmente, no sólo sobre los individuos sino también sobre las empresas".


"Es interesante lo que está pasando porque, de alguna manera, obliga a Huawei —no olvidemos que también es un gigante— a hacer un fork o bifurcación (un proyecto derivado de otro que usa el código fuente del proyecto ya existente).", comenta este experto, que añade: "A largo plazo, EEUU podría estar dándose un tiro en el pie: está forzando a los chinos a hacer una versión alternativa a la dominante bajo la batuta de Google, de modo que se genere un importante mercado con móviles sin Google". Un ejemplo de un sistema derivado que es libre es LineageOS.


"Y oye", ironiza De la Cueva, "nos vendría muy bien a muchos, en concreto a los parlamentarios españoles que llevan en sus bolsillos móviles con aplicaciones que envían su geolocalización a servidores de compañías estadounidenses: ¿Cómo es posible los representantes de la soberanía popular están cediendo sus datos a Google? ¿Estamos locos?".
Para este jurista, "hay una oportunidad para poner en valor no la tecnología china o la estadounidense, sino la 'tecnología ciudadana': a lo mejor esto produce un impulso en los grupos de desarrollo de 'software' libre, ya que bajo el paraguas del código libre puede entrar cualquier tipo de agente".


"No sabemos las consecuencias que puede tener todo este movimiento, pero sí sabemos que lo que pasaba hasta ahora no era asumible: la situación de monopolio 'de facto' a la que estábamos entregados tanto con Google (Android) como con Apple (iOS)", afirma, y concluye: "A lo mejor, todo esto que está pasando es hasta bueno".


El origen de todo esto


La guerra comercial entre las dos primeras superpotencias del mundo tiene varias patas, y esta última medida en forma de sanciones es sólo una ramificación de una de ellas: la batalla por el despliegue de la tecnología 5G en Europa.


La periodista especializada Marta Peirano explica a la perfección y muy claro, en un hilo en Twitter, cómo las acusaciones de espionaje por parte de la Casa Blanca contra compañías tecnológicas chinas ha derivado en un pulso político y judicial que tensiona las ya difíciles relaciones entre ambos países.


Por tanto, esta lista negra que ha obligado a Google y otras tecnológicas de EEUU a romper con Huawei es una decisión política que es necesario analizar desde una perspectiva más amplia. No se trata sólo de espionaje o seguridad.


"De momento, no se han aportado pruebas de que el gobierno de China hace lo mismo que el gobierno de EEUU", comenta irónicamente David Maeztu, que añade: "No sabemos si EEUU acusa a las empresas chinas de espiar, o de que no les da la información que obtienen al espiar".


Visto con un poco más de distancia, lo que está en juego es el dominio de la tecnología móvil durante las próximas décadas. Y si por el camino se rompen uno o dos monopolios, o se consigue concienciar a uno o dos políticos, quizá deberíamos aprovecharnos de ello.

20/05/2019 23:50 Actualizado: 20/05/2019 23:50
Por Pablo Romero
@pabloromero