Sábado, 29 Octubre 2016 06:32

AT&T, Time Warner y el fin de la privacidad

AT&T, Time Warner y el fin de la privacidad

Han transcurrido 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para comunicarse a distancia. En aquella ocasión, utilizó el dispositivo para decirle a su asistente de laboratorio: “Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T. El Gobierno federal consideró luego que era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en 1982. Ahora bien, AT&T ha regresado, y hay quienes dicen que para crecer y ser aún más poderosa que en el pasado, ya que ha anunciado que planea adquirir Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación a nivel mundial, para conformar así uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta. Más allá de representar una amenaza a la competencia, la fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse.

Actualmente, AT&T ocupa el puesto número diez en la lista de la revista Forbes de las 500 compañías más grandes de Estados Unidos. Si se le permitiera adquirir Time Warner, que ocupa el lugar 99 de esa lista, se crearía una enorme compañía “integrada verticalmente” que controlaría una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, así como la forma en que la población accede a esos contenidos.

Free Press, una organización que lucha por políticas nacionales que regulen los medios de comunicación y amparen el derecho al acceso a la información, está movilizando a la población para que manifieste su oposición a la fusión. Candace Clement, de Free Press, escribió: “Esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso a Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable, franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. Eso significa que AT&T controlaría el acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red”.

La neutralidad de la red es esa cualidad esencial de Internet que la hace tan poderosa. El término “neutralidad de la red” fue acuñado por el docente de derecho de la Universidad de Columbia Tim Wu. El año pasado, luego de que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) aprobara una estricta normativa tendiente a regular la neutralidad de la red, Wu dijo en el programa de “Democracy Now!”: “Es necesario que haya normas básicas que regulen el tráfico en Internet. No podemos confiar en que las compañías de cable y telefonía vayan a respetar la libertad de expresión o a los nuevos innovadores, debido a sus malos antecedentes al respecto”.

Millones de ciudadanos hicieron llegar a la FCC comentarios públicos en apoyo a la neutralidad de la red, al igual que lo hicieron organizaciones como Free Press y The Electronic Frontier Foundation. A ellos se unieron gigantes de Internet como Google, Amazon y Microsoft. A esta coalición se enfrentaron las compañías de cable y telecomunicaciones, el oligopolio de proveedores de servicios de Internet que comercializan el acceso a la red a cientos de millones de estadounidenses. Está por verse si, en la práctica, AT&T violará la normativa que regula la neutralidad de la red creando una vía rápida para acceder a sus contenidos y enlenteciendo el acceso al contenido de sus competidores, entre ellos, el sector no comercial.

Otro problema que presenta AT&T, y que se vería exacerbado con la fusión, es la posibilidad de invadir la privacidad de sus millones de clientes. En 2006, el denunciante de AT&T Mark Klein reveló que la compañía compartía en forma secreta los metadatos de todos sus clientes con la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés). Klein, que fue quien instaló el dispositivo de división de fibra óptica que permitió el espionaje en una sala secreta de la planta principal de AT&T ubicada en San Francisco, vio confirmadas sus acusaciones como denunciante varios años después con las filtraciones de Edward Snowden sobre la NSA. Aunque ese programa de vigilancia se cerró supuestamente en 2011, sigue existiendo un programa de vigilancia similar. Se llama “Project Hemisphere” o Proyecto Hemisferio. El mismo fue expuesto por el periódico The New York Times en 2013 y el sitio web de noticias The Daily Beast reveló esta semana documentos que lo prueban.

En el marco del Proyecto Hemisferio, AT&T vende metadatos a organismos policiales usando como escudo la guerra contra las drogas. Un organismo policial envía una solicitud de toda la información relacionada con una persona en particular o un número telefónico y, a cambio de abultados honorarios pero sin necesidad de que medie una orden judicial, AT&T le entrega un sofisticado conjunto de datos, que permite, según The Daily Beast, “determinar la ubicación del objetivo, con quién habla y probablemente sobre qué”.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/2016/10/28/at_t_time_warner_y_el

Los lugares a los que vamos, lo que miramos, los mensajes de texto que enviamos y lo que compartimos, con quién hablamos, todas las búsquedas que realizamos por Internet y nuestras preferencias, toda esa información junta e "integrada verticalmente" es vendida a la policía y quizás, en el futuro, a cierta cantidad de clientes empresariales de AT&T. Imposible saber si al inventar el teléfono Alexander Graham Bell vislumbró este “mundo feliz” de la nueva era digital. Sin embargo, así es el futuro que se aproxima rápidamente, a menos que la población se oponga y detenga esta fusión.

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lo que 'Snowden' no cuenta sobre cómo EEUU vigiló nuestro Facebook

Una breve guía de los programas de vigilancia masiva que salen en la película de Oliver Stone para entender hasta qué punto somos protagonistas

El nuevo reto de Snowden es despertar con cine de gran difusión a los indiferentes que no conectaron con el lenguaje más técnico de Citizenfour

Oliver Stone dice que su película no es necesaria. Que la controversia es un bien devaluable en Hollywood y que el público olvidará Snowden en cuanto su cartel desaparezca de las marquesinas, como ocurrió con JFK, Nixon o Nacido el 4 de julio. Lo único que permanece en un género que baila entre la no ficción política y el thriller de espionaje son sus protagonistas. Los de carne y hueso. Es posible que las películas no construyan el mito, pero sirven para perpetuarlo.


En el caso de su último filme es aún más urgente porque, en estos momentos, un joven de 33 años tuvo que pedir asilo en Rusia para evitar la cárcel en Estados Unidos. El exanalista de la NSA tiene dividida a la opinión pública de su país. Por eso Snowden es necesaria, como también lo es el oscarizado documental de Laura Poitras, Citizenfour.


Stone, además, pretende lograr algo que no era la prioridad en el testimonio grabado de Edward Snowden. Citizenfour quería poner rostro a la gran filtración y apoyar en vídeo el bombazo que había adelantado The Guardian. Snowden quiere sentar en la butaca al gran público y que veamos reflejado de una vez hasta qué punto somos una parte fundamental de la trama.


Edward Snowden ha dejado claro que la política de recogida de datos de la NSA no ha servido para interceptar "ni un solo ataque terrorista". Aun así, tras el estreno del film de Poitras en 2014, los norteamericanos condenaron esos métodos de vigilancia pero los seguían aceptando para garantizar su seguridad. El nuevo reto del exanalista es llegar a través del cine de masas a quienes no leyeron los artículos de The Guardian o no conectaron con el lenguaje más técnico de Citizenfour.
Desde escenas de sexo controladas por webcam hasta una simulación de redes de datos brillante, Oliver Stone utiliza todas sus armas para atizar a la indiferencia. A esos "me da igual, no tengo nada que esconder" que se repiten a diario en todas las partes del mundo. Justo donde la NSA pinchó teléfonos, leyó SMS privados y grabó las imágenes de las webcam de millones de ordenadores particulares. Para ello, la Agencia de Seguridad Nacional utilizó sistemas y herramientas que se mencionan en Snowden, pero sin tiempo para entrar en detalles.


Por eso hemos montado una breve guía para aquellos que hayan visto (o vayan a ver) la película y quieran entender qué son y cómo nos afectan a todos.


PRISM


Este proyecto aparece por primera vez cuando Joseph Gordon-Levitt, en la piel del jovencísimo Edward Snowden, está haciendo las pruebas de la CIA en la escuela Sherman Kent. El programa permitía desde 2007 el acceso directo de la NSA a los servidores de Google, Microsoft, Facebook, Yahoo, Skype o Apple, entre otros. La cantidad y naturaleza de los datos que vigilaba la agencia variaban dependiendo de la compañía, desde chats en vivo y fotografías hasta historiales de búsquedas y datos de conexiones.


El programa de ciberespionaje PRISM fue diseñado, en teoría, para tener controlados a los ciudadanos de la UE ante una posible tentativa de ataque terrorista. Hay dos leyes que protegen esta recolección masiva de datos y que Snowden ha denunciado desde su aparición en Citizenfour. La primera, la Patriot Act (Ley Patriótica), fue aprobada por el Congreso tras los ataques del 11-S, durante el Gobierno de George W. Bush. La segunda se conoce como Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera o FISA y es la encargada de plantar la semilla de la culpa en nuestro protagonista.


Por cierto, este intercambio de datos entre algunas de las empresas más influyentes de Internet y la NSA no se estaba utilizando solo para registrar perfiles peligrosos. Según The New York Times, la Agencia de Seguridad Nacional establecía también conexiones sociales de preferencias y afinidades entre los ciudadanos a través de su huella (pública y privada) en Internet.


Tribunal FISA


La Ley FISA fue aprobada en 1978 para vigilar a agentes de inteligencia extranjeros y ha sido enmendada múltiples veces desde entonces. También nombró su propio tribunal para dar luz verde a las operaciones de rastreo emprendidas por la NSA. En la película de Oliver Stone es donde empieza y termina todo.


La primera revelación de Edward Snowden a Glenn Greenwald, periodista de The Guardian, fue precisamente que el tribunal FISA había emitido una orden a la compañía telefónica Verizon para que recopilase las llamadas de sus millones de usuarios. Toda esa trama de vigilancia masiva ordenada por el tribunal federal cabe en un cubo de Rubik, donde Snowden esconde la tarjeta SD con esta información al final del film.

XKeyscore


"Yo, sentado desde mi escritorio, tengo la autoridad de realizar escuchas telefónicas, tanto a ciudadanos como al juez federal o incluso al presidente, si tengo acceso a su correo personal". Es la frase más memorable que pronuncia Edward Snowden en el documental Citizenfour y que resume la magnitud del escándalo. La herramienta XKeyscore es la prueba, además, de que esos datos no solo estaban siendo interceptados, sino también almacenados para acceder a ellos de forma retroactiva sin ningún tipo de autorización previa.


En la película, Snowden y otro analista de la NSA introducen en un buscador las palabras Bush, matar e Irak, y automáticamente aparecen miles de fotos, conversaciones privadas de Facebook, y perfiles de Skype. Pero, ¿de quiénes? "De todo el reino, Blancanieves", le dice su colega.


La interfaz permite así consultar ese océano de datos mundiales recogido a un ritmo de 125 gigabytes por segundo. Solo es necesario arrancar la búsqueda a partir del nombre, el número de teléfono, la dirección IP, palabras clave, el idioma o el tipo de navegador utilizado.


"XKeyscore les permite escuchar las llamadas o leer los correos electrónicos de todo lo que la NSA ha almacenado, mirar los historiales de navegación o términos de búsqueda de Google introducidos, y también les avisa de cualquier actividad futura de la persona conectada a ese correo electrónico o dirección IP"- Glenn Greenwald.


Optic Nerve


Esta es una de las escenas en la que más énfasis pone Oliver Stone, por si todavía quedase alguien en la faz de la Tierra que no tapa su webcam con una pegatina. La película ofrece una dramatización de lo que ocurrió durante seis meses en 2008, que no tiene nada que envidiar a la ficción. El servicio de inteligencia británico GCHQ desarrolló un programa que almacenaba automáticamente las imágenes de la webcam de los usuarios de Yahoo Messenger.


Después, los analistas de la NSA utilizaban el buscador XKeyscore para bucear por todos los vídeos. Una de las principales controversias vino por que el 10,8% de las imágenes eran de contenido sexual. Yahoo negó rotundamente estar al tanto de Optic Nerve y en seguida lo condenó como "una grave incidencia en la violación de la privacidad de nuestros usuarios". Poco después, el portal cifró sus correos mediante el sistema PGP, que protege el contenido de los mensajes pero no sus metadatos.


"Los metadatos son mucho más intrusivos y más valiosos que cualquier cosa que puedas decir", dijo Edward Snowden a este periódico.

Boundless Informant


"¿Cuál creéis que es el país al que más estamos vigilando?", pregunta Snowden a sus compañeros en el centro de operaciones SIGINT de Oahu, Hawaii. "Pakistán", dice uno, "Arabia Saudí", el otro. Lo cierto es que los propios ciudadanos estadounidenses estaban siendo víctimas de una operación que tenía como supuesto objetivo la amenaza extranjera. "Quería saber que no era el único al que le parece un poco raro", dice un tímido Joseph Gordon Levitt.


El nombre de este sistema de análisis y visualización de datos masivo dejaba poco a la imaginación ( Informador sin límites). La NSA lo utilizaba para organizar todos los metadatos por países, con toda la información adicional que eso implica. Es decir, si la agencia registraba una llamada, también guardaba los dos números de teléfono, la duración y la ubicación.


Según el siguiente mapa, solo en marzo de 2013 la NSA recogió más de 73.000 millones de metadatos en todo el mundo. Todos recordamos las palabras del director de la agencia, Keith B. Alexander, negando en rotundo al Congreso que espiasen a los ciudadanos norteamericanos. Pero su propia visualización de datos cantó en su contra al mostrar más de 3.000 millones de metadatos made in USA.

Jueves, 29 Septiembre 2016 06:11

El proyecto educativo de la nueva derecha

El proyecto educativo de la nueva derecha

Ha nacido una nueva derecha adecuada a los tiempos extractivos y de expolio-piratería contra los pueblos; una derecha posterior al Estado del bienestar, que ya no aspira al desarrollo, sino a consolidar las desigualdades, la segregación de la mitad pobre, mestiza, india y negra de nuestro continente. Una derecha implacable formada en el rechazo a lo popular, a la soberanía nacional, a las leyes y las constituciones.

En el terreno educativo, esa nueva derecha busca desembarazarse de los anteriores compromisos, entre ellos la laicidad y la libertad de cátedra, para adecuar el sistema educativo al periodo de guerra y confrontación que atravesamos. El objetivo es retomar el control del conjunto del sistema educativo, desde los ministerios hasta el aula, consolidando una educación antiemancipatoria, en la que el control de la población es el objetivo casi excluyente.

Hace 12 años nació en Brasil la organización no gubernamental Escuela Sin Partido, muy activa en las redes sociales y los grandes medios, articulada con diputados y concejales de los más diversos partidos para hacer aprobar sus propuestas. En su página web (escolasempartido.org/) se puede acceder al programa de seis puntos titulado Deberes de los profesores, en el que se destaca que el profesor no promoverá en el aula sus propias ideas, ni perjudicará a los alumnos que profesen ideas diferentes, ni hará propaganda político-partidaria se limitará a exponer de forma neutra el programa, y otorga a los padres la elección de la "educación moral" que quieren para sus hijos.

Algunos "principios" de Escuela Sin Partido parecen compartibles. Sin embargo, conllevan objetivos que nos hacen retroceder más de un siglo. Por un lado, disocia entre el acto de educar y el de instruir. Para ellos la educación es responsabilidad de la familia y la iglesia, mientras los profesores deben limitarse a instruir, o sea a trasmitir conocimiento como si éste fuera neutro, ahistórico, descontextualizado.

La segunda es lo que consideran como "adoctrinamiento" en el aula. Hablar sobre feminismo, homofobia o derechos reproductivos, por ejemplo, sería tanto como imponer una "ideología de género" en las escuelas. Todo lo que sea desviarse de la asignatura se considera "adoctrinamiento", situación que en los proyectos de ley que ha presentado Escuela Sin Partido en varios municipios y en parlamentos de los estados sería tipificada como "crimen de acoso ideológico" y "abuso de autoridad", punibles con cárcel y penas agravadas.

En el apartado "capturando al adoctrinador", en su web, aparece una larga lista de situaciones comunes en las aulas, como "difamar personalidades históricas, políticas o religiosas", entre muchas otras. El docente debería mencionar a Hitler, Pinochet o Mussolini sin más, como a cualquier otra personalidad, sin establecer diferencias, dejando a los padres la exclusividad de opinar. Lo mismo respecto a los genocidios, los feminicidios y así, porque está rigurosamente prohibido mentar valores. Consideran que los debates sobre diversidad sexual, contemplados en las currículas de muchos países, serían en este caso "inconstitucionales".

Una de las prácticas más graves promovidas por Escuela Sin Partido es el espionaje de la práctica docente para luego denunciarla. Bajo el epígrafe "Planifique su denuncia", pide a los alumnos y a sus padres que anoten cuidadosamente o filmen los momentos en los cuales el docente estaría "adoctrinando" a los alumnos. Promueven actitudes que llevan a los jóvenes a convertirse en policías de los docentes.

Uno de los objetivos centrales de la nueva derecha en el terreno educativo es la descalificación de los docentes que serían culpables de todos los males de la educación, desde el fracaso escolar hasta la baja calidad de la enseñanza. De ese modo consiguen desviar la atención de los problemas estructurales en la educación, focalizando sólo las consecuencias y ocultando sus causas. El profesor siempre es sospechoso de izquierdismo. En paralelo, consideran que los alumnos no tienen capacidad para formar sus propias convicciones y que deben estar sujetos a la autoridad paterna, eclesial o docente.

Como era de esperar, los profesores han reaccionado con campañas de denuncia del proyecto, que ya fue aprobado en el estado de Alagoas, Brasil, y será abordado en otros. Pero no debemos olvidar que lo que se proponen en esta coyuntura, no sólo en Brasil, es frenar en seco al creciente movimiento estudiantil, en particular a los estudiantes de secundaria, que son los menos susceptibles de ser cooptados por las instituciones estatales y de la izquierda electoral.

En efecto, la crisis política brasileña está modelada por las movilizaciones de junio de 2013; una crisis que está lejos de haberse cerrado con la destitución ilegítima de la presidenta Dilma Rousseff. Incluso Chile, el régimen neoliberal modélico por su estabilidad, atraviesa una crisis de legitimidad a consecuencia del potente movimiento estudiantil, que desde 2011 abrió brechas por las que están pasando diversos actores sociales. Uno de los más importantes empresarios, Andrónico Luksic, reconoce que "el país se está cayendo" y destaca el papel del movimiento por la educación en esta crisis (goo.gl/qpXIsA).

En otros países sucede algo similar. En Paraguay los estudiantes se mostraron como un actor potente en pleno gobierno reaccionario de Horacio Cartes. Nuevas camadas de jóvenes rebeldes están presentes en casi todos los países. Ni qué hablar de México, después del parteaguas que fue Ayotzinapa.

Buena parte de los objetivos que se propone Escuela Sin Partido en Brasil parecen utopías de orden que cuentan con escasos apoyos. Sin embargo, no se los debe subestimar. Cuando las crisis políticas se profundizan, aparecen potentes bifurcaciones; la derecha se quita el velo para mostrarse como lo que es: el partido del orden, dispuesto a pasar por encima de todo. Son las izquierdas las que deben decidir si optan por las instituciones o por acompañar las resistencias.

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Sábado, 24 Septiembre 2016 06:36

La jaula mundial

La jaula mundial

“La tecnología prometió liberarnos. En lugar de eso nos ha capacitado para aislarnos del mundo a través de la cultura de la distracción y la dependencia. Poner en duda Silicon Valley no es oponerse a la tecnología. Es pedir más a nuestros tecnólogos, a nuestras herramientas, a nosotros mismos. Es situar la tecnología en el plano humano que le corresponde”. Formidable artículo de Nicholas Carr, quien fuera director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas.


Era la escena de una pesadilla: un chacal con la cara de Mark Zuckerberg estaba encima de una cebra recién muerta, royendo las entrañas del animal. Pero yo no estaba dormido. La visión llegaba al mediodía, provocada por el anuncio del fundador de Facebook -divulgado en la primavera de 2011– de que “la única carne que estoy comiendo es la de animales que he matado yo mismo”. Zuckerberg había comenzado su nuevo “reto personal”, aseguró a la revista Fortune, mientras hervía una langosta viva. Luego despachó a un pollo. Siguiendo con la cadena alimentaria, liquidó a un cerdo y cortó la garganta de una cabra. En una expedición de caza, según informó, le disparó a un bisonte. Él estaba “aprendiendo mucho”, dijo, “sobre la vida sostenible”.


Me las arreglé para eliminar la imagen del hombre-chacal de mi memoria. Lo que no pude evitar fue la sensación de que en el último pasatiempo del joven empresario yacía una metáfora a la espera de una explicación. Si tan sólo pudiera centrar la atención y juntar las piezas dispersas, podría conseguir lo que había buscado durante mucho tiempo: una comprensión más profunda de los tiempos extraños en que vivimos.


¿Qué representa el depredador Zuckerberg? ¿Qué significado podría tener la garra enrojecida de la langosta? ¿Y qué el bisonte, sin duda la más simbólica resonancia de la fauna americana? Estaba en lo cierto. Al menos, pensé, tenía que ser capaz de sacar una historia decente para mi blog. El artículo nunca fue escrito, pero muchos otros lo hicieron. Había comenzado a “bloguear” a principios de 2005, justo cuando parecía que todo el mundo estaba hablando de la ‘blogosfera’. Había descubierto, después de una pequeña investigación en el registro de dominios GoDaddy, que ‘roughtype.com’ estaba todavía disponible (un descuido característico de los pornógrafos), por lo que llame mi blog Rough Type (Tipo Rudo). El nombre parecía adaptarse a la crudeza provisional que tenía la calidad de la escritura en línea en ese momento.


El “blogueo” ya se ha subsumido en el periodismo -ha perdido su personalidad-, pero en aquel entonces se sentía como algo nuevo en el mundo, una frontera de lo literario. El disparate colectivista de los “medios conversacionales” y la “mente de la colmena” que llegó a rodear la blogosfera perdió su momento. Los blogs terminaron siendo producciones personales malhumoradas. Fueron diarios escritos en público, comentarios continuos de cualquier cosa que al escritor se le ocurriera escribir, lo que estuviera observando o pensando en el momento. Andrew Sullivan, uno de los pioneros, lo expresó así: “Usted diga lo que le dé la gana”. El estilo favorecía el nerviosismo de la web, necesitada de una agitación oceánica. Un blog era impresionismo crítico o crítica impresionista, y tenía la inmediatez de una discusión en un bar. Pulsabas el botón “Publicar”, y tu artículo se publicaba en la web, para que todos puedan verlo.


O, simplemente, ignorarte. Los primeros lectores de Rough Type fueron insignificantes, lo que, en retrospectiva, fue una bendición. Yo empecé a bloguear sin saber qué demonios quería decir. Solo murmuraba fuerte en un bazar. Luego, en el verano de 2005, llegó la Web 2.0. La Internet comercial, en estado de coma desde el accidente punto com de 2000, volvía a estar de pie, con los ojos abiertos y con hambre. Sitios como MySpace, Flickr, LinkedIn y la recientemente lanzada Facebook estaban sacando dinero de Silicon Valley. Los nerds se enriquecían de nuevo. Pero las jóvenes redes sociales, junto con el rápido incremento de la blogosfera y la interminablemente discutida Wikipedia parecían anunciar algo más grande que otra fiebre del oro. Eran, si se puede confiar en el bombo, la vanguardia de una revolución democrática en los medios de comunicación y la comunicación, una revolución que cambiaría la sociedad para siempre. Una nueva era estaba amaneciendo, con una salida de sol digna de la Hudson River School.


Rough Type tuvo su tema.


***


La mayor de las religiones locales de los Estados Unidos –mayor que los Testigos de Jehová, mayor que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mayor incluso que la Cienciología-, es la religión de la tecnología. John Adolphus Etzler, un emigrante a Pittsburg, tocaba la trompeta en su testamento “El paraíso al alcance de todos los hombres” (1833). Mediante el cumplimiento de sus “fines mecánicos”, escribió, “los EE.UU. se convertirían en un nuevo Edén, en un “estado de sobreabundancia”, donde “habrá un banquete continuo”, “fiestas del placer”, “novedades, deleites y ocupaciones instructivas”, sin que tenga que desdeñarse la “infinita variedad y apariencia de los vegetales”.


Predicciones similares proliferaron a lo largo de los Siglos XIX y XX, con visionarios que se rendían a “su majestad tecnológica”, como el crítico e historiador Perry Miller que escribió: “nos encontramos con el verdadero americano sublime”. Podríamos mandar besos a los agricultores como Jefferson y a los amantes de los árboles, como Thoreau, pero nosotros hemos creído en Edison y Ford, Gates y Zuckerberg. Son los tecnólogos quienes nos inspiran.


El ciberespacio, con sus voces sin cuerpo y avatares etéreos, parecía algo místico desde el principio, y su inmensidad no terrenal un receptáculo para los anhelos espirituales y los tropos estadounidenses. “¿Qué mejor manera -escribió el filósofo Michael Heim en “La ontología erótica del Ciberespacio” (1991) “de emular el conocimiento de Dios que generar un mundo virtual constituido por fragmentos de información”. En 1999, el año en que Google pasó de un garaje de Menlo Park a una oficina de Palo Alto, el profesor de computación de Yale, David Gelernter, escribió un productivo manifiesto sobre “la segunda llegada de la computadora, repleta de delgadas imágenes de ‘cybercuerpos’ a la deriva en el cosmos computacional’ y ‘hermosas colecciones de salida de información, como gigantes jardines inmaculados’”.


La retórica milenaria se incrementó con la llegada de la Web 2.0. “He aquí”, proclamó Wired en un artículo de portada en agosto de 2005, que estamos entrando en un nuevo mundo, impulsado no por la gracia de Dios, sino por la “electricidad de la participación” de la web. Esta será un “paraíso de fabricación propia, manufacturado por los usuarios”. Las bases de datos de la historia serán borradas, la humanidad se reinicia. “Usted y yo estamos vivos en este momento”.


La revelación continúa hasta nuestros días, el paraíso tecnológico brilla para siempre en el horizonte. Incluso los hombres de dinero se han contagiado con el futurismo ilusorio. En 2014, Marc Andreessen, cofundador de la empresa Netscape Communications Corporation y miembro prominente del capitalismo de riesgo, envió una rapsódica serie de tweets -lo llamó un “tweetstorm”- anunciando que las computadoras y los robots estaban a punto de liberar a todos de las “limitaciones de la necesidad física”. Convocando a Etzler (y a Karl Marx), él ha declarado que “por primera vez en la historia la humanidad podrá ser capaz de expresar su naturaleza plena y verdadera: vamos a ser quien queramos ser”. Y: “Los principales campos del esfuerzo humano serán la cultura, las artes, las ciencias, la creatividad, la filosofía, la experimentación, la exploración, la aventura”. Lo único que quedó fuera fueron los vegetales.


***


Tales profecías no deberían ser descartadas por ser una charla de chicos ricos consentidos, sino porque han conformado la opinión pública. Mediante la difusión de una visión utópica de la tecnología, una visión que define el progreso como esencialmente tecnológico, han animado a la gente a apagar sus facultades críticas y dar a los empresarios y a los financieros de Silicon Valley vía libre para rehacer la cultura y adaptarla a sus intereses comerciales.


Si, después de todo, los tecnólogos están creando un mundo de sobreabundancia, un mundo sin trabajo o casi, no quieren que se ponga en duda que sus intereses son indistinguibles de la sociedad. Interponerse en su camino, o incluso cuestionar sus motivos y tácticas, sería contraproducente. Eso sólo serviría para retrasar la inevitable maravilla.


Los teóricos de las universidades y tanques pensantes le han otorgado una impronta académica a la línea de Silicon Valley. Los intelectuales que abarcan el espectro político desde la derecha randianista hasta la izquierda marxista, han retratado la red informática como una tecnología de la emancipación. El mundo virtual, argumentan, proporciona un escape a las represivas restricciones sociales, corporativas y gubernamentales; libera a las personas para ejercer su voluntad y una creatividad sin límites, ya sea como empresarios que buscan riquezas en el mercado o como voluntarios que participan en la “producción social” fuera del mercado. Como escribió el profesor de derecho de Harvard, Yochai Benkler, en su influyente libro “La Riqueza de las Redes” (2006):


Esta nueva libertad es una gran promesa práctica: una dimensión de la libertad individual; una plataforma para una mejor participación democrática; un un medio para fomentar una cultura más crítica y auto-reflexiva; y, en una creciente economía global dependiente cada vez más de la información, un mecanismo para lograr mejoras en el desarrollo humano en todas partes.


Llamarla una revolución, dijo, no es una exageración.


Benkler y su grupo tuvieron buenas intenciones, pero sus suposiciones no eran acertadas. Ellos pusieron demasiado entusiasmo en la precoz historia de la web, cuando las estructuras comerciales y sociales del sistema eran incipientes y sus usuarios eran una muestra sesgada de la población. No pudieron apreciar cómo la red canalizaría las energías de la gente en un monitoreado sistema de información con administración centralizada, organizado para enriquecer a un pequeño grupo de empresas y a sus propietarios.


La red generaría mucha riqueza, pero sería la riqueza de Adam Smith – y que se concentraría en unas pocas manos, no muy extendidas. La cultura que surgió en la red, y que ahora se extiende profundamente en nuestras vidas y en nuestras mentes, se caracteriza por la producción y el consumo frenético -los teléfonos inteligentes han hecho de todos nosotros máquinas al servicio de los medios de comunicación–, con poco poder real y aún menos capacidad reflexiva. Es una cultura de la distracción y la dependencia. Eso no significa negar los beneficios que supone tener acceso a un eficiente y universal sistema de intercambio de información, sino negar la mitología que envuelve el sistema. Supone negar la teoría de que el sistema, con el fin de crear beneficios, tuvo que tomar su forma actual.


Al final de su vida, el economista John Kenneth Galbraith acuñó el término de “fraude inocente”. Lo utilizó para describir una mentira o una verdad a medias que, debido a su adaptación a las necesidades o conceptos de aquellos que están en el poder, se presenta como un hecho verídico. Después de mucha repetición, la ficción se convierte en sabiduría común. “Es inocente porque la mayoría de quienes lo emplean no son conscientes de su error”, escribió Galbraith en 1999. “Es un fraude porque está, silenciosamente, al servicio de un interés especial”. La idea de la red informática como motor de la libertad individual es un fraude inocente.


Me encantan los buenos artilugios. Cuando, como adolescente, me senté en un ordenador por primera vez – una cosa con terminal monocromática conectadaa un procesador de computadora central de dos toneladas -, estaba maravillado. Tan pronto llegaron las asequible PCs me rodeé de cajas de color beige, disquetes y lo que antes se llamaba “periféricos”. Una computadora, descubrí, es una herramienta de múltiples usos, pero también un rompecabezas con muchos misterios. Cuanto más tiempo pasaba en averiguar cómo funcionaba, en aprender su lenguaje y lógica, sondeando sus límites, más posibilidades se abrían. Al igual que la mejor de las herramientas, invita y recompensa la curiosidad. Además, fue muy divertida, a pesar de los dolores de cabeza y los errores fatales.


A principios de 1990, puse en marcha un navegador por primera vez y se me abrieron las puertas de la web. Yo estaba cautivado – mucho territorio y pocas reglas. Pero no pasó mucho tiempo para que llegaran otros aventureros. El territorio comenzó a ser subdividido a modo de centro comercial y, como el valor monetario de sus bancos de datos creció, se empezó a convertir en una mina de oro. Mi emoción se mantuvo, pero se vio atenuada por la cautela. Sentí que los agentes extranjeros empezaron a intervenir mi ordenador a través de su conexión a la web. Lo que había sido una herramienta bajo mi propio control fue transformándose en un medio bajo el control de otros. La pantalla del ordenador se estaba convirtiendo, como tienden a convertirse todos los medios de comunicación, en un entorno, en un ambiente, en un recinto, o peor, en una jaula. Parecía claro que los que controlarían la pantalla omnipresente serían, si se les daba vía, quienes controlarían la cultura.


“La Informática ya no se refiere a los ordenadores”, escribió Nicholas Negroponte, del Instituto de Tecnología de Massachusetts en su bestseller Ser digital (1995). “Se trata de la vida”. Por eso en este siglo Silicon Valley estaba vendiendo, más que aparatos y software, una ideología. El credo se estableció en la tradición estadounidense de la tecno-utopía, pero con un toque digital. Los fanáticos de Silicon Valley eran feroces materialistas – lo que no puede ser medido no tiene sentido-, sin embargo, detestaban lo material. En su opinión, los problemas del mundo, desde la ineficiencia y la desigualdad a la morbilidad y la mortalidad, emanaban del físico mundo, a partir de su realización en la torpe e inflexible materia en descomposición. La panacea era la virtualidad – la reinvención y la redención de la sociedad en código informático. Nos construirían un nuevo Edén con átomos, pero sí con bits. Todo lo que es sólido se derretiría en su red. Esperábamos estar agradecidos y, en su mayor parte, lo estábamos.


Nuestro anhelo de regeneración a través de la virtualidad es la última expresión de lo que en Sobre la fotografía (1977), Susan Sontag describe como “la impaciencia de EEUU con la realidad, el gusto por las actividades cuya instrumentalidad es una máquina”. Lo que siempre hemos encontrado difícil de admitir es que el mundo sigue un guión que no escribió. Esperamos que la tecnología no sólo manipule la naturaleza, sino que la posea, que sea una envoltura para un producto que puede ser consumido pulsando un interruptor de luz o un pedal de gas o un botón que disparo. Anhelamos

reprogramar la existencia, y las computadoras es el mejor medio para hacerlo. Nos gustaría ver este proyecto como heroico, como una rebelión contra la tiranía de un poder ajeno. Pero no es eso en lo absoluto. Es un proyecto que nace de la ansiedad. Detrás se encuentra el temor de que el mundo atómico desordenado se rebelará contra nosotros. Lo que Silicon Valley vende y compramos no es la trascendencia, sino el aislamiento. La pantalla proporciona un refugio, un mundo mediático más predecible, más manejable, y sobre todo más seguro que el mundo recalcitrante de las cosas. Acudimos a lo virtual porque las demandas reales son demasiado pesadas para nosotros.


“Usted y yo estamos vivos en este momento”. Esa historia de Wired – bajo el título “We Are the Web“- me fastidiaba tanto como el entusiasmo por el renacimiento de internet en el 2005. El artículo era irritante, pero también una inspiración. Durante la primera semana de octubre, me senté en mi Power Mac G5 y elaboré una respuesta. El lunes por la mañana, publiqué el resultado en Rough Type – un breve ensayo bajo el portentoso título “La amoralidad de la Web 2.0”. Para mi sorpresa (y, lo admito, placer), los blogueros abundaban alrededor de la nota como fagocitos. En cuestión de días, había sido visto por miles de personas y había brotado una cola de comentarios.


Así comenzó mi discusión -cómo debo llamar este fenómeno cuando hay tantas opciones: la era digital, la era de la información, la era de Internet, la era del ordenador, la edad conectada, la era de Google, la era emoji, la era nube, la era teléfono inteligente, la era de los datos, la era de Facebook, la era robot, la era post-humana. Entre más nombres usaba, más vaporoso parecía. En fin, esta es una era orientada a los gerentes de marca. Terminé por llamarlo el “Now” (ahora).
Fue a través de mi discusión sobre ese “Now”, una discusión que ha generado más de un millar de artículos en blogs, que llegué a mi propia revelación; sólo a una modesta y terrestre revelación. Lo que quiero de la tecnología no es un mundo nuevo. Lo que quiero de la tecnología son herramientas para explorar y disfrutar el mundo que tenemos ante nosotros con todas sus “cosas contrastantes, originales, restantes, extrañas”, como Gerard Manley Hopkins lo describió una vez. Quizás todos podemos vivir ahora dentro de Silicon Valley, pero todavía podemos actuar y pensar como exiliados. Todavía podemos aspirar a ser lo que Seamus Heaney, en su poema “Exposure”, llamaba “emigrantes interiores”.


Y acerca de aquel bisonte muerto. De aquel multimillonario con una pistola. Supongo que el simbolismo era bastante obvio desde el principio.

 

23 septiembre 2016
Original en inglés: The world wide cage
(Artículo publicado en Aeon.co. Traducido para Cubadebate por Dariena Guerra)

Sábado, 24 Septiembre 2016 05:18

El estado de vigilancia en los países libres

El estado de vigilancia en los países libres

ALAI AMLATINA, 23/09/2016.-En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro /No Place to Hide/ (/Sin lugar donde esconderse/).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según /The Guardian/ y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria /routers/, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el /New York Times/ informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

*/Traducción de Jorge Majfud/**//*

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Oliver Stone arremete contra Obama durante la presentación de Snowden en San Sebastían

El director de cine estadounidense, Oliver Stone, reprochó este jueves la actitud de su país por el espionaje mundial, durante la presentación en el Festival de San Sebastián de su película, Snowden, sobre el exanalista de inteligencia que filtró miles de documentos de secretos.


Esperado por los fotógrafos en la alfombra roja y por los periodistas que abarrotaron la sala de prensa para escucharlo, Stone no titubeó en cargar contra el gobierno de Barack Obama, al acusarlo de haber “duplicado la apuesta” en cuanto a los programas de espionaje de su antecesor, George W. Bush.


“Ahora, en 2016, (Obama) ha creado el Estado de vigilancia mundial más masivo que se haya visto jamás, peor que la Stasi de la Alemania del Este, mucho peor”, aseveró en referencia al órgano de inteligencia que espió a la población en la extinta RDA con fines políticos.


Stone aclaró que “Snowden”, estrenada en salas comerciales el fin de semana pasado en Estados Unidos, no busca ensalzar al exagente de inteligencia como un héroe, sino mostrar las razones que lo llevaron a revelar el vasto programa de espionaje estadounidense.


Asimismo, Stone descartó que busque incidir en las elecciones presidenciales de noviembre en su país, durante la rueda de prensa centrada en temas actuales y no cinematográficos, junto a los actores que interpretan a Snowden y su novia Lindsay, Joseph Gordon-Levitt y Shailene Woodley.
El Snowden del filme, presentado en San Sebastián fuera de competencia, es un personaje asaltado por las dudas sobre la ética de su trabajo, que al final decide entregar a periodistas miles de documentos clasificados, aún a sabiendas de que las consecuencias para él serán tremendas. Ha sido imputado de espionaje y vive refugiado en Rusia.
“La mejor esperanza” es que Obama “con su infinito sentido de clemencia” otorgue un perdón a Snowden, agregó el realizador de películas que no dejan indiferente al público sobre episodios de la historia de su país, como la guerra de Vietnam (“Platoon”), un oscuro magnicidio (“JFK”) o los atentados terroristas del 11 de septiembre (“World Trade Center”).
(Con información de AFP)

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Sábado, 17 Septiembre 2016 06:41

Piden un indulto para Snowden en EE.UU.

Piden un indulto para Snowden en EE.UU.

La carta, firmada por integrantes de los dos partidos –demócrata y republicano–, acompañó la publicación de un informe del comité en el que los congresistas afirman que Snowden causó un tremendo daño a la seguridad nacional.

 

El Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos urgió ayer por carta al presidente del país, Barack Obama, a que rechace otorgar el indulto al ex miembro de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), Edward Snowden, en la víspera del estreno de la película sobre su vida.


A juzgar por la firmeza en el tono de los altos funcionarios estadounidenses, las probabilidades de que el presidente Obama perdone a Snowden parecen escasas y cercanas a cero antes de las elecciones de noviembre. La carta, firmada por integrantes de los dos partidos –demócrata y republicano–, acompañó a la publicación de un informe del comité en el que los congresistas afirman que Snowden causó un tremendo daño a la seguridad nacional de Estados Unidos con su filtración de miles de documentos clasificados.


El ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional que hizo públicos miles de documentos secretos en 2013 que revelaron un vasto programa estadounidense de espionaje desplegado luego de los atentados del 11 de septiembre del 2001, vive actualmente en Rusia. Tres grandes grupos de derechos humanos –Amnistía Internacional (AI), Human Rights Watch (HRW) y la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU)– lanzaron una campaña el miércoles para presionar a Obama a perdonar al informante fugitivo. Snowden es también el tema de una película de Oliver Stone que se estrenó ayer en Estados Unidos.


Reconocidos abogados y celebridades entre las que se incluye la escritora Joyce Carol Oates, los actores Martin Sheen y Susan Sarandon, los músicos Peter Gabriel y Thurston Moore firmaron la petición en la página pardonsnowden.org, que urge a Obama a tener clemencia con Snowden antes de dejar la Casa Blanca en enero.


Aunque no es la primera campaña organizada en apoyo de Snowden, de 33 años, que para algunos es un héroe y un traidor para otros, concentra la presión sobre el presidente con la esperanza de que se sienta menos coaccionado al final de su mandato. Sin embargo, Washington no dio señales esta semana de estar escuchando. El informe del Congreso criticó a Snowden, considerado un “empleado desleal’’, no un “informante con principios’’ protegido por la ley. “Edward Snowden no es un héroe, es un traidor que conscientemente traicionó a sus colegas y a su país’’, afirmó Devin Nunes, presidente del Comité de inteligencia de la cámara baja. Snowden por su parte desechó el informe en la red social Twitter. “En definitiva: luego de ‘dos años de investigación’ el pueblo estadounidense merecía más. Este informe desacredita al comité’’, escribió Snowden.


Los congresistas del Comité de Inteligencia pidieron a Obama que rechace la petición de indulto ya que, a su parecer, no es un patriota ni un denunciante, sino un criminal. En el informe, del que tan sólo publicaron cuatro de sus 36 páginas por razones de seguridad, los congresistas aseguraron que la mayoría de material extraído por Snowden no tenía nada que ver con los programas de vigilancia de la NSA, sino con asuntos inteligencia y defensa de gran interés para los enemigos de Estados Unidos en el mundo. Según ellos, Snowden robó cerca de 1,5 millones de documentos, aunque la cifra real todavía hoy se desconoce, igual que el daño causado.


El abogado de Snowden, Ben Wizner, dijo que los documentos develados ayer por el Comité de Inteligencia son la retórica habitual en el caso y afirmó que en los tres años y medio que han pasado desde la filtración no se ha demostrado daño alguno a la seguridad nacional. “Si tuviesen alguna prueba de que alguien ha sufrido daños, eso hubiese estado en las portadas de todos los periódicos”, argumentó.


La Casa Blanca ya había rechazado una petición previa para perdonar a Snowden en julio, que había recibido más de 160 mil firmas. El miércoles, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest, dijo que a Snowden se le garantizaría un debido proceso en un juicio en Estados Unidos, donde enfrenta hasta 30 años de cárcel por espionaje y robo de secretos de estado. “Su conducta puso en riesgo la vida de estadounidenses y la seguridad nacional estadounidense’’, dijo a los periodistas.


Snowden huyó con documentos secretos primero a Hong Kong, donde se escondió entre refugiados de Sri Lanka en viviendas precarias, después recibió asilo político en Rusia luego de que Estados Unidos revocara su pasaporte, cuando estaba en camino hacia Ecuador. Snowden y quienes lo apoyan argumentan que aunque robó información, las revelaciones beneficiaron a la opinión pública estadounidense porque llevaron a mejorar la legislación sobre la protección de la privacidad. “El enorme valor de las revelaciones de Snowden es claro’’, escribieron el director de HRW, Kenneth Roth, y de AI, Salil Shetty, en el diario The New York Times el jueves. “¿Cuál fue el daño? Se obtuvo clara evidencia de las amenazadoras declaraciones de muchos altos funcionarios’’, continuaron.


En una videoconferencia el miércoles, Snowden reiteró que no tendría un juicio justo en Estados Unidos bajo la Ley de Espionaje. “No permite que un informante se defienda. La ley no distingue entre quien da información sensible en forma gratuita a periodistas y los espías que la venden a potencias extranjeras’’.


Pero un perdón parece muy improbable en el actual contexto de la campaña presidencial. El candidato republicano Donald Trump llamó a Snowden “un tipo terrible’’, y agregó que se sabe que todavía existe algo llamado ejecución. Su rival demócrata Hillary Clinton dijo que no se debe permitir a Snowden volver a Estados Unidos sin enfrentar las consecuencias. Por lo tanto, un perdón por parte de Obama antes de la elección, con certeza afectaría a su colega demócrata Clinton, alentando a los republicanos a acusarlo de debilidad. Sin embargo, los presidentes típicamente emiten muchos de sus perdones en sus últimos días en la Casa Blanca.

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Snowden es “alguien que pasará a la historia”

El cineasta Oliver Stone presenta en el festival de San Sebastián su cinta sobre el hacker más famoso de

EE UU


El director Oliver Stone (Nueva York, 1946) ha llegado a sus 70 años arremetiendo contra todo. Hombre de polémicas, ya sea por su visión de la guerra del Vietnam (Platoon), de la política (Nixon, JFK), de la historia (La historia no contada de EE UU), o de la economía (Wall Street). Stone nunca se muerde la lengua y suele buscar en la realidad el germen de su próximo filme. Solo la política española parece acallarle la boca en vísperas a su viaje a San Sebastián para presentar el jueves 22 en la sección Oficial, aunque fuera de concurso, su último largometraje, Snowden. “En Mallorca conocí a representantes de Podemos y he hablado con la alcaldesa de Barcelona. Pero en unos días voy al festival y no, ahora realmente no puedo responderte más”, se evade por una vez en su vida.


En cambio, en pantalla sigue guerrero. Su nuevo trabajo, que se estrena comercialmente en España el 14 de octubre, se centra en la controvertida figura de Edward Snowden, el analista del servicio secreto estadounidense que en 2013 propició la mayor filtración pública de documentos clasificados, entre ellos destapó los informes de los programas de vigilancia masiva del Gobierno estadounidense. A los ojos del cineasta, Snowden es “alguien que pasará a la historia” por tomar cartas en el asunto en un momento en el que en su opinión en la sociedad domina la apatía. “Llevo tantos años siendo un personaje público que no he cambiado mis costumbres”, asegura sobre la sociedad orwelliana en la que Snowden dejó claro que vivimos. “Seguro que pueden sacarme trapos sucios pero yo solo ya me meto en líos vergonzosos. Los que me preocupan son todos esos jóvenes ignorantes que pasan de todo porque dicen que no tienen nada que ocultar. Es ese tipo de gente que no se preocupa por el mundo en el que vive, porque se violen los derechos, las libertades que muchos antes defendieron en la Constitución. Me preocupa la pasividad que veo a mi alrededor”.


A pesar de su vehemencia, Stone es honesto y reconoce que de entrada él tampoco se había interesado en la figura de este hombre con gafas y aspecto de ratón de biblioteca en el centro de estas filtraciones. Él hubiera preferido hacer un filme sobre la figura de Martin Luther King. Y con una carcajada reafirma: “Efectivamente, ya tengo suficientes películas polémicas en mi currículo”. Pero el precio que le toca pagar por una filmografía crítica contra los Estados Unidos es no poder hacer siempre lo que quiere. Un momento de frustración artística que le llevó, a principios de 2014, a conocer a Snowden personalmente. Ese fue el primero de tres encuentros que marcaron su nuevo proyecto. “Me encontré con alguien nervioso y desgastado que no sabía si quería hacer una película de ficción o un documental. Lo único que sabía es que no quería una biografía de estas de televisión. O todavía peor, una película diseñada por Obama”.


Los ataques de este liberal criado en el seno de una familia republicana contra el actual presidente estadounidense son continuos. Lo mismo que contra la candidata demócrata, Hilary Clinton. “Obama es muy bueno en los cambios cosméticos que no sirven para nada. Su fama es buena, en cambio hasta él ningún presidente había hecho tanto uso del Acta de Espionaje para acallar a los informantes”, asegura vitriólico. Con Clinton tampoco ve una mejora, convencido de que Snowden tendrá que pasar unos cuantos años más, si no toda la vida, en Rusia a falta de otro refugio o de un improbable perdón en su país. “Snowden se fue a Rusia porque nadie más le ofrecía protección. La Europa de los sesenta y los setenta le habría apoyado. Era mucho más independiente de los Estados Unidos. Suecia le habría dado asilo. O la Francia de De Gaulle, eso dalo por seguro. En Alemania, la población está con Snowden. Pero los gobiernos...”, deja la frase sin acabar mordiéndose la lengua. “Estamos viviendo tiempos verdaderamente terribles y eso sí que me da miedo”.


Stone está especialmente preocupado por quienes intentaron el cambio en EE UU apostando sin éxito por el senador Bernie Sanders como aspirante a la Casa Blanca. “Tendrán que pagar el precio y serán espiados y desacreditados como grupo”, les augura. “Lo digo en serio: a veces hasta los paranoicos tenemos razón”. Estos tiempos actuales asustan a Stone. Aunque espera celebrar tranquilo: “Lo que me gustaría es poder contar con otras dos décadas llenas de energía porque, ¿para qué negarlo?, a veces es duro levantarse por las mañanas”

 

Los Ángeles 15 SEP 2016 - 18:58 COT

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Una empresa israelí vinculada al ejército convierte los teléfonos  en instrumentos de espionaje

Las sospechas de un abogado árabe de derechos humanos han conducido a la identificación de un programa preparado por una empresa israelí que convierte el iPhone 6 en un aparato capaz de activarse remotamente para espiar a su propietario.



JERUSALÉN.– Es bastante habitual en Israel que cuando una persona quiere hacer una confidencia a otra en cualquier lugar, por ejemplo en una cafetería, extraiga la batería de su teléfono antes de realizar la comunicación. El confidente, que generalmente ha pasado por el ejército, está al tanto de que los teléfonos pueden haberse intervenido sin dificultad por los servicios de inteligencia locales, lo que explica esa medida de precaución.

En Israel existe un número considerable de compañías especializadas en espionaje. Muchas de ellas están dirigidas por especialistas que previamente han dedicado años de trabajo a empresas militares consagradas a estos menesteres. Una de ellas es NSO Group, que el año pasado tuvo unos ingresos declarados de 75 millones de dólares y fue fundada en 2009 en Herzliya, un suburbio de Tel Aviv, por exmilitares que realizaron el servicio de armas en la controvertida Unidad 8.200.
NSO Group, una compañía extremadamente discreta, ha saltado esta semana a los medios de comunicación después de que dos empresas canadienses —Citizen Lab y Lookout— hayan hecho público que una de las actividades de NSO Group consiste en crear un programa espía denominado Pegasus que es capaz de activar a distancia el micrófono y la cámara del iPhone 6 y transmitir lo que ocurre cerca del punto donde se encuentra el aparato. Este fin de semana Apple ha anunciado que después de diez días de investigación ha conseguido subsanar los “defectos” del iPhone 6 y bloquear el programa Pegasus, y ha sido ahora cuando han trascendido las actividades de la compañía israelí.

El descubrimiento de esos “defectos” de fabricación de Apple se debe a un activista de derechos humanos de los Emiratos Árabes Unidos que el 10 y el 11 de agosto recibió varios mensajes de texto en los que se le informaba de que si accedía a los vínculos de los mensajes tendría acceso a una lista de activistas de derechos humanos que han sido torturados por las fuerzas de seguridad de ese país del Golfo.

El abogado Ahmed Mansoor sospechó de los mensajes, no los abrió, y puso el asunto de manos de especialistas canadienses, lo que ha conducido a bloquear el programa. “Si se hubiera infectado, el teléfono de Mansoor se habría convertido en un espía digital en su bolsillo, capaz de emplear la cámara y el micrófono del iPhone 6 para acceder a la actividad del entorno del aparato, registrar sus llamadas de WhatsApp y Viver, registrar los mensajes del móvil y detectar sus movimientos”, ha dicho Citizen Lab.

La compañía canadiense ha añadido que hasta ahora no se había observado ningún caso en que un iPhone fuera controlado a distancia, y que el descubrimiento es “raro”. Lookout considera que se trata del descubrimiento “más sofisticado” realizado hasta la fecha. La empresa israelí evitó al principio hacer comentarios aunque luego se ha defendido señalando escuetamente que todas sus acciones son legales.


No está claro si la fallida intervención del iPhone 6 de Mansoor se ha hecho desde los Emiratos Árabes Unidos o desde Israel. Podría haber sido de cualquiera de las dos maneras puesto que Israel mantiene unas excelentes relaciones, y no muy discretas, con el mencionado país árabe desde hace muchos años, relaciones que cada día son más intensas.

Algunos investigadores sostienen que NSO Group, cuyo mayor accionista es en la actualidad una empresa americana de capital de riesgo, es en realidad un contratista de ciber-armas que se define a sí misma como una compañía capaz de convertirse en “fantasma” en los aparatos de las víctimas y reunir una enorme cantidad de información sin ser detectada, según la BBC.

NSO Group cuenta con clientes en todo el mundo. Muchos de ellos son estados pero también figuran en la lista empresas que se dedican a actividades relacionadas con el espionaje. La empresa asegura que cuando firma contratos en el extranjero requiere que la otra parte se comprometa a utilizar su tecnología “de manera legal”, y que NSO Group no tiene nada que ver con el uso que se hace de su tecnología.

La primera víctima de Pegasus de la que se tiene noticia es uno de los activistas de derechos humanos más conocidos en Oriente Próximo, y en 2015 fue galardonado con el premio Martin Ennals, considerado el Nobel entre los galardones internacionales de derechos humanos. Ahmed Mansoor ha sido detenido y torturado en varias ocasiones en su país y se le ha prohibido viajar al extranjero.

La Unidad 8.200 del ejército israelí, de donde proceden los creadores de Pegasus, es una de las unidades de espionaje cibernético más importantes del mundo. Su base se encuentra en el desierto del Neguev pero tiene destacamentos en las embajadas de Israel en numerosos países occidentales desde donde realizan actividades de espionaje. En 2014 casi medio centenar de veteranos israelíes denunciaron que la Unidad 8.200 reúne información sobre la salud o las actividades sexuales de los palestinos para chantajearlos.


La información publicitaria que facilita NSO Group dice que su programa espía Pegasus también está disponible para teléfonos Android y para aparatos BlackBerry.

“El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales”
Malaguti analiza los mecanismos a través de los cuales el régimen neoliberal desmonta el Estado de Bienestar y promueve la criminalización de la política y “discursos del miedo” para ejercer el control social.

 

 

La obsesión social con la violencia criminal, las políticas represivas, la persistencia cultural del colonialismo, el control social y el neoliberalismo son los principales caminos que explora la socióloga brasileña Vera Malaguti Batista en El miedo en la ciudad de Río de Janeiro, su libro publicado por la editorial de la Universidad Nacional de San Martín. Si bien su trabajo se concentra en Brasil, sus reflexiones extienden su alcance entre las sociedades latinoamericanas. “El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal”, dice en esta entrevista con Página/12.


–¿Por qué la violencia criminal es una de las grandes preocupaciones de las sociedades contemporáneas, al menos en América Latina?

 


–Creo que es una manera plástica de ejercer el control social sobre los sectores populares, criminalizando las estrategias de supervivencia de los pobres. En el período neoliberal, un período con mucha pobreza y desempleo, la criminalización fue una estrategia muy eficaz, incluso para la criminalización de la izquierda. Milo Batista dice que el criminal es un fetiche, porque tapa la conflictividad social que hay por detrás. Esta ha sido una estrategia tan eficaz que hoy en Brasil vemos una criminalización de la política. La criminalización se constituyó en el principal eje político. Ya no se discute un proyecto de país.


–¿A qué denomina “discursos del miedo”, cómo los caracteriza?

 


–El discurso del miedo generalmente es impulsado por quienes están más protegidos. Si uno ve las estadísticas de violencia, al menos en Brasil, la gente que más muere es aquella de la que se tiene más miedo. El peligro, la posibilidad de sufrir violencia, está mucho más en zonas como las favelas que en los barrios más ricos. Pero son esos sectores sociales más ricos los que están detrás de un discurso de larga duración que ha transformado al pueblo en un “gran otro”. Esa estrategia tiene un origen europeo, comenzó con la colonización, es un discurso en contra del pueblo, de las minorías, las poblaciones originarias y afrodescendientes. Los discursos del miedo se agudizan siempre que hay protagonismo popular. Se construye una subjetividad que cree que el protagonismo popular va a generar el caos, el desorden. En Brasil eso es muy fuerte, por un enfrentamiento entre el orden colonial, blanco, y el vasto mundo de los pueblos originarios y afrodescendientes.


–Civilización o barbarie.

 


–Exactamente. Y esa es una estrategia que siempre es reconstruida cuando hay una disputa política en la que las fuerzas populares pueden alcanzar el poder. El miedo al caos, a los sucios, a los inmorales, es una construcción de larga tradición histórica, no es algo que sucede solamente desde los años 90.


–¿Cuál es el atractivo de los discursos del miedo? ¿Por qué logran adhesión social y no sólo entre los sectores acomodados?

 


–En momentos sociales complejos, es atractivo identificar el peligro afuera y atribuírselo a alguien. Además del rol que cumplen los medios de comunicación, la política criminal de drogas impuesta por los Estados Unidos juega un papel fundamental, es también una forma de educación. Por ejemplo, ha construido la figura del narcotraficante como un gran enemigo. Pero, cuando uno observa el comercio al menudeo de drogas, encuentra que es protagonizado por jóvenes sin ningún tipo de organización. Pero ese discurso hace que se constituya un sistema de control de los barrios más pobres, con blancos selectivos.


–¿El discurso de la lucha contra las drogas legitima la violencia contra determinados sectores sociales?

 


–Claro, y en especial legitima la violencia geográficamente instalada. La guerra contra las drogas genera una espiral de violencia que está en constante crecimiento.


–¿Cuál es la relación particular de estos discursos con el neoliberalismo? En su libro se refiere a “la política penal como la gran política social del neoliberalismo”.

 


–Es un poco la tesis del sociólogo Loïc Wacquant, que ha rectificado la comprensión que teníamos del neoliberalismo como algo que destruye las redes colectivas de amparo... La ha rectificado del siguiente modo: el neoliberalismo destruye esas redes de apoyo, pero aumenta exponencialmente el tratamiento penal de los problemas sociales. En ese sentido, es increíble cómo se ha incrementado la población carcelaria. En el caso de Brasil, Fernando Enrique Cardoso ha sido el presidente neoliberal más eficaz: llegó en 1994 y bajo su presidencia se dio un incremento del 500 por ciento de la población carcelaria. Pero, principalmente, lo que consigue el neoliberalismo es producir una adhesión subjetiva al poder punitivo, una fe muy grande en que la política penal puede resolver los problemas sociales. Si hay un problema agrario, se aumentan las penas para delitos relacionados con el modelo agrario.

 

Si hay un problema de salud pública con las adicciones, se aumentan las penas para delitos relacionados con las drogas. Esto no solamente aumenta la población carcelaria, también aumenta la violencia, porque el sistema penal produce violencia. Pero a la vez mantiene “en orden” a vastos sectores populares. Establece vínculos simbióticos entre las favelas y las prisiones. El neoliberalismo se basa en políticas sociales penales: disuelve al Estado de bienestar y desarrolla un tratamiento de la pobreza desde la política penal. Y lo hace inculcando esta fe en lo penal.


–¿Qué función cumplen los medios de comunicación hegemónicos en la configuración de los discursos del miedo?

 


–Hay una educación inculcada por los grandes medios, en el largo plazo, que va constituyendo un flanco muy nítido de peligro. El sociólogo brasileño Gilberto Vasconcellos habla de un “capitalismo video-financiero”. En Brasil, el monopolio mediático tiene nombre y es Globo, una red de televisión que extiende por todo el país una educación comunicacional, subjetiva, de lenguaje, y además tiene el periódico, con una influencia política enorme, desde donde se pautan las políticas públicas en general, y las políticas penales en particular. Zaffaroni dice que para que haya genocidios antes tiene que haber discursos legitimantes... Las políticas criminales en Brasil tienen un grado de letalidad increíble, el esfuerzo de demonizar por ejemplo las redes de venta al menudeo de sustancias ilícitas ha generado una naturalización increíble del exterminio y de la existencia de milicias civiles. Esa construcción de que el gran enemigo está localizado entre los jóvenes de las favelas, es como si fuera una pena de muerte natural. El discurso del miedo al crimen es un fenómeno continental, que ha producido legislaciones, aumento de penas, incremento de las poblaciones carcelarias, la industria de la seguridad... Con un goteo cotidiano, se ha ido produciendo una mentalidad por la que los ricos se atrincheran en fortalezas, en condominios cerrados, un modelo de seguridad total montado en contra del vecino.

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