Lunes, 08 Julio 2013 06:38

Estado crítico

Estado crítico

Unos 33 mil ricos –0.1 de la población nacional– compraron las elecciones nacionales de Estados Unidos el año pasado, mientras los ingresos de los ejecutivos empresariales se incrementaron aún más en 2012; un banco trasnacional que lavó fondos en este país para narcotraficantes y mafiosos fue, en esencia, perdonado a cambio de un poco de lana; todo esto mientras un sector secreto del gobierno espió, sin permiso de nadie, a la mayoría de ésta y otras poblaciones. Para colmo, a la vez que se ofrecen discursos en el extranjero sobre el apego al derecho internacional, la defensa de los derechos humanos y la democracia, en los hechos hay demasiadas contradicciones como para que las palabras tan elocuentes tengan credibilidad.

 

Todo esto tendría que estar en cualquier lista de síntomas para diagnosticar si una democracia se encuentra en estado crítico.

 

Según la Fundación Sunlight, 31 mil 385 personas –una décima parte del uno por ciento de la población de Estados Unidos– aportaron casi 30 por ciento de los 6 mil millones de dólares en contribuciones a las elecciones federales en 2012 (presidenciales y legislativas). O sea, este grupo, muy exclusivo, que ni siquiera llenaría un estadio de futbol y está compuesto por gente que, según Sunlight, “tiene poco en común con el estadunidense promedio”, ya que proviene de las ciudades más grandes y trabaja en las empresas más poderosas, como Goldman Sachs y Microsoft, determinó en gran medida el resultado del ejercicio en el que, se supone, el pueblo es el jugador principal. La contribución media de los integrantes de ese club de donantes fue de 26 mil 584 dólares, poco más de 50 por ciento del ingreso medio de una familia estadunidense. Ningún legislador del Congreso ganó su elección sin la asistencia financiera de ese grupo elite de donantes.

 

Hablando del uno por ciento, a pesar de un crecimiento económico anémico, con millones batallando contra el desempleo y la pérdida masiva de sus ahorros desde la “gran recesión”, los 200 ejecutivos en jefe en las empresas más grandes recibieron un incremento de 16 por ciento en su remuneración total en 2012 –con el paquete de pago ejecutivo medio llegando a 15.1 millones de dólares, reportó el New York Times. Lawrence Ellison, fundador y ejecutivo en jefe de Oracle, ocupa el lugar número uno, con un pago total por sus servicios de 96.2 millones de dólares. Para ellos, la palabra crisis no existe.

 

Según cálculos del Instituto de Política Económica, la remuneración para ejecutivos en jefe durante 2012 fue 202.3 veces más que lo que gana un trabajador típico, nivel mucho más alto que en los años 60, en los cuales los ejecutivos percibían como máximo 18.3 veces más que un trabajador típico. No sorprende que la distribución del ingreso en este país esté así: el 10 por ciento más rico obtiene 48 por ciento, mientras el 90 por ciento restante comparte el 52 por ciento del ingreso total.

 

Mientras tanto, el gigantesco banco trasnacional HSBC logró resolver su problema legal pagando 1.92 mil millones de dólares a las autoridades, sin tener que enfrentar cargos criminales por haber lavado miles de millones en fondos provenientes del narcotráfico en México y Colombia, y negocios de país bajo sanciones económicas por posibles actividades “terroristas”. Si uno es integrante del uno por ciento, la justicia no es igual para todos.

 


En el ámbito internacional, Washington continúa amenazando a países latinoamericanos para que no permitan el tránsito o sean destino del fugitivo Edward Snowden, acusado de ser espía por haber revelado secretos de que Estados Unidos podría estar violando los derechos de millones de ciudadanos y espiando poblaciones de cualquier otro país, al parecer, que se le antoje. Mientras Washington intenta enfocar la atención sobre Snowden, el asunto más grave es lo que el fugitivo reveló: un aparato masivo de vigilancia y espionaje a ciudadanos aquí y todas partes del mundo, y con ello engaños y falsedades por los más altos funcionarios ante representantes del pueblo sobre todo esto. “Lo que vemos aquí, una vez más, es una corriente autoritaria en la vida política estadunidense, en la cual los oficiales políticos más poderosos no pueden cometer delitos y hacer maldades. Los únicos delitos políticos provienen de los que revelan y agresivamente desafían a esos funcionarios”, escribe Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, quien publicó las revelaciones iniciales de Snowden.

 

A la vez, con la gran preocupación por la “democracia” en el mundo, el Wall Street Journal, en su editorial sobre la crisis política en Egipto, concluyó que “los egipcios tendrían suerte si sus nuevos generales gobernantes resultaran estar en el molde de Augusto Pinochet, de Chile, quien tomó el poder entre el caos, pero contrató a reformistas de mercado libre y asistió el parto de una transición a la democracia”. O sea, ¿la recomendación de uno de los medios nacionales más importantes en este país democrático son 17 años de dictadura, junto con tortura, desapariciones y asesinatos de miles?

 

Éstos son sólo algunos de los más recientes indicadores de la condición democrática de Estados Unidos; mucho de ello no sorprende a estas alturas. Lo que no deja de sorprender es, por ahora, la falta de una reacción masiva de la ciudadanía estadunidense al ver su democracia en un estado tan deteriorado.

 

Sin embargo, hay señales de vida: migrantes luchan por justicia económica y social en todos los rincones del país (continuando la tradición estadunidense de más de un siglo); miles de ciudadanas y una legisladora en Texas batallan por el derecho al aborto ante un bastión del poder conservador; un coro de millones canta, junto con Bruce Springsteen, versos furiosos ante injusticias sociales; un artista, con la ayuda de la comunidad, crea un monumento a Antonio Gramsci en uno de los barrios más pobres del país: el South Bronx.

 

Los pueblos de repente sorprenden, como se ha demostrado en estos últimos días en diversos países, a sus vigilantes.

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Lunes, 01 Julio 2013 07:00

Derechos y libertades

 Derechos y libertades

Esta semana no se sabía si existían o no los derechos y las libertades básicas, si se lograron grandes avances o si hubo enormes retrocesos. Además, no se sabía quién era amigo o enemigo de tan nobles conceptos.

 

Estalló el júbilo y las celebraciones en las calles frente a la famosa cantina Stonewall Inn, en la calle Christopher, del West Village, cuna del movimiento gay, por un gran avance en sus derechos civiles, mientras en el sur, cuna del movimiento de derechos afroestadunidenses, hubo furia y desconsuelo por una derrota histórica de los derechos civiles de las minorías. Mientras tanto, se llevaba acabo un debate nacional sobre la violación a las libertades civiles de los ciudadanos de éste y otros países. A la vez, se condenaban en Sudáfrica las violaciones a los derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos durante la visita de Barack Obama.

 

En sólo 48 horas hubo derrota y triunfo para los llamados derechos civiles en Estados Unidos.

 

Primero, un fallo de la Suprema Corte desmanteló el mecanismo fundamental de la histórica Ley de Derechos de Votar, una de las coronas triunfales del movimiento por los derechos civiles de los años 60. Con esa norma los afroestadunidenses lograron echar abajo medidas para suprimir y anular su derecho al sufragio efectivo en este país, sobre todo en los estados sureños. Con el fallo de la Corte, el mecanismo que hacía efectiva la ley fue desechado como medida caduca, argumentando que los tiempos han cambiado en el último medio siglo, desde la promulgación de la fórmula que imponía condiciones a los cambios en las leyes electorales. La medida obligaba a unos nueve estados, casi todos sureños, a someter cualquier modificación a sus reglas y leyes electorales a la aprobación del Departamento de Justicia, para evitar maniobras dirigidas a marginar o suprimir el voto de las minorías, dada la larga tradición en ese sentido en el sur. Por cierto, una investigación concluyó que la mayoría de los actos de discriminación electoral documentados de 1957 a la fecha han ocurrido en jurisdicciones que estaban sujetas a esa regla, reportó el New York Times.

 

Las principales organizaciones afroestadunidenses y de defensa de los derechos civiles denunciaron el fallo, y el presidente Obama y su procurador general, Eric Holder, también criticaron la decisión. Obama afirmó que estaba “profundamente decepcionado”, y líderes veteranos expresaron tristeza e ira por la decisión, la cual calificaron de revés dramático a la garantía constitucional de asegurar el derecho al voto para toda minoría.

 

Un día después la misma Suprema Corte falló que reconocía los derechos de los matrimonios gays a acceder a los mismos beneficios y trato, dentro de programas federales, que gozan los matrimonios heterosexuales. También, en una maniobra técnica, anuló la ley estatal que prohibía los matrimonios gays en California. Vale señalar que la resolución no determinó un derecho constitucional para el matrimonio gay, y sólo es aplicable en estados donde es legal, o sea, con la inclusión de California suman 13, pero son estados donde vive 30 por ciento de la población nacional. Tampoco anula las prohibiciones estatales del matrimonio gay. Sin embargo, estas decisiones de la Suprema Corte fueron calificadas de avances históricos para los derechos civiles de los homosexuales.

 


El columnista Charles Blow, del New York Times, señala que esos dos fallos no están tan separados como parece a primera vista, “ya que no es coincidencia que muchos de los estados cubiertos por la Ley de Derechos al Voto tienen prohibiciones constitucionales contra el matrimonio gay. Son algunos que tienen las leyes más restrictivas sobre el aborto y los que han debatido o aprobado algunos de los proyectos de ley antimigrantes más estrictos”.

 

El problema es que, en gran medida, los movimientos por los derechos civiles –gays, afroestadunidenses y migrantes, entre otros– no enfrentan todo esto de manera conjunta, aunque hay excepciones esperanzadoras en algunos lugares y momentos.

 

Al mismo tiempo, algo que afecta a todos, sin importar su preferencia sexual, color u origen geográfico, continúa generando un gran debate nacional. Los masivos programas secretos de vigilancia de potencialmente todos los que tienen acceso a comunicaciones por teléfono o cibernéticas, revelados por las filtraciones de Edward Snowden, han expuesto un gobierno que ya no respeta algunos de los fundamentos básicos de libertad individual o colectiva. “Las tres ramas del gobierno, lejos de limitar el poder de cada una de ellas o proteger los derechos de los estadunidenses, entraron en colusión para violarlas, hasta el grado de inmunizar a los responsables…. En otras palabras, el gobierno está en una insurrección clandestina contra la letra y espíritu de la ley”, acusa Jonathan Schell en The Nation.

 

Fue en un país muy lejos de Washington donde recordaron al jefe del gobierno estadunidense que el mundo esperaba algo mejor. Mientras Obama rendía homenaje a Nelson Mandela, declarando que es una de sus fuentes de inspiración y repetía que su política era guiada por la defensa de los derechos humanos universales, la central obrera de Sudáfrica, Cosatu, fuerza clave en la liberación de ese país del apartheid, convocó a manifestaciones para denunciar la política bélica y el abuso de derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos.

 

Vale recordar que Mandela, símbolo internacional de la libertad, Premio Nobel y ahora elogiado por el gobierno estadunidense, fue oficialmente calificado de “terrorista”, junto con su partido, el Congreso Nacional Africano, por Washington durante décadas, y estuvo en las “listas de vigilancia antiterrorista” de este país hasta 2008.

 

Así, fue una semana dedicada a todo tipo de derechos y libertades. Esas palabras siempre suenan bonitas en los discursos, pero no por ello existen.

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Jueves, 27 Junio 2013 06:44

Espionaje y literatura

Espionaje y literatura

Este Edgar Snowden: dio a conocer una serie de documentos impactantes sobre cómo el gobierno de Obama espía a su propio pueblo y a otras naciones, está acusado de traición a la patria; aunque la formulación envuelva el cargo con el lenguaje jurídico del caso, logra no ser atrapado, entra y sale de Hong Kong como Pedro por su casa, burla a los periodistas con una presunta salida a Cuba de la que está ausente, mientras los que tomaron el avión para encontrarlo viajan 12 horas sin poder probar ni una sola gota de alcohol de más de 24 grados, está en Rusia –dice Putin al escribirse estas líneas– y no será extraditado –no hay tratado de extradición entre los dos países–, se especula que tantea la posibilidad de refugiarse en Ecuador, Islandia o Corea de Norte y la administración estadounidense está furiosa con China y Rusia porque no se lo devuelven.

 

Moscú y Beijing simpatizan con Snowden no tanto por divulgar un sistema que seguramente conocían desde hace tiempo, sino por hacerlo públicamente y lastimar la fama de EE.UU. como país democrático. Es cierto, además, que el ex espía perseguido por los espías que espió no dio a conocer documentos top secret a los que tuvo acceso y se limitó a los secrets. Es inútil que el secretario de Estado John Kerry afirme que el acto de Snowden pone en peligro la vida de estadounidenses. Los que conocen, es decir, los espías de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), bien saben que no es así.

 

¿Cuáles serían los motivos que llevaron a Snowden a desnudar el sistema de espionaje de Washington ahora? ¿Lo empujó el ejemplo de Wikileaks? En todo caso, la campaña en su favor que se lleva a cabo en EE.UU. alcanzó –y superó– en pocos días las 100.000 firmas necesarias para que el presidente Obama tenga que ofrecer explicaciones. Para Daniel Ellsberg, que destapó las mentiras de Lyndon Johnson sobre la guerra en Vietnam filtrando los famosos “Papeles del Pentágono”, Snowden es un héroe civil.

 

“Soy una persona corriente. Soy un estadounidense. No soy un traidor ni un héroe, soy uno más de los estadounidenses sentados ante un escritorio leyendo esta clase de material”, declaró Snowden y recordó Ellsberg en una entrevista (//scotthorton.com, 20613). Y propuso qué habrían pensado tanto Manning como Snowden: “Tengo aquí esta información y el público no la tiene. ¿Por qué, sentado ante este escritorio, conozco con autorización algo que el público necesita saber y los senadores necesitan saber, y los senadores no lo saben?”. Según Ellsberg, no pocos senadores manifestaron que, gracias a las revelaciones de Snowden, “en los últimos diez días aprendí más sobre lo que hace la NSA que en los últimos diez años”.

 

La situación ha llevado a John le Carré, el novelista británico autor de extraordinarias novelas de espionaje, a hablar sobre su experiencia como miembro del servicio secreto M15 y M16 en los años ’50 y ’60 a la vez que publicaba dos novelas con seudónimo. A medio siglo de publicar la tercera, El espía que vino del frío, que le procuró fama internacional, John le Carré detalla las dificultades de esa doble pertenencia, al espionaje y a la literatura. De algún modo rozan los pujos subjetivos de Snowden, aunque la manera de darles paso es muy diferente.

 

“Escribí El espía que vino del frío a los 30 años bajo un estrés intenso, no compartido, personal y con privacidad extrema. Como funcionario de inteligencia con la máscara de un joven diplomático en la embajada británica en Bonn, yo era un secreto para mis compañeros y, la mayor parte del tiempo, para mí mismo” (www.guardian.co.uk, 12413). Sus superiores, luego de un largo examen, aprobaron la publicación de esa novela considerándola una ficción. Pero la prensa mundial la leyó de otra manera, como “una suerte de mensaje revelador ‘del otro lado’.”

 

“Hoy pienso que la novela es el resultado de una explosión interna no muy bien disfrazada, después de la cual mi vida nunca sería la misma”, agrega. Le Carré siempre insistió en que no era un texto “auténtico” que reflejaba la actividad del M16, pero distintos rasgos psicológicos del protagonista Alec Leamas son, sin duda, propios. El mismo tipo de “explosión interna” o parecida o similar, ¿se habrá producido en Manning y Snowden?

 

Le Carré se muestra crítico de las prácticas del espionaje de hoy. Enjuicia la guerra de Irak, basada en informaciones falsas, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, la expansión del aparato de espionaje propulsada por Obama (www.guardian.co.uk, 14613). “Hace 50 años –subraya–, según recuerdo, cuando la acción encubierta predominaba en la época y los políticos iban a la mesa para firmar su ejecución, eran los más experimentados, y no los espías profesionales, los que pedían sangre a gritos... Estamos volviendo al punto de partida. O estamos con ellos o estamos con los terroristas.” El ex agente del M16 conoce el tema.

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La perturbadora “privatización” del ciberespionaje global de EU

El legendario Daniel Ellsberg –anterior analista militar de RAND y divulgador de Los papeles del Pentágono de los sensibles secretos de la guerra en Vietnam– considera que “en la historia de Estados Unidos no ha existido una filtración más importante que la divulgación del material de la NSA (National Security Agency) por Edward Snowden” ( The Guardian, 10/6/13).

 

Un aspecto poco abordado del magno escándalo PRISMA de NSA (Ver Bajo la Lupa, 12, 16, 19 y 23.6.13) es la privatización del ciberespionaje de Estados Unidos.

 

Las empresas “privadas” (¡supersic!) se han vuelto supermillonarias por escudriñar la información “privada” de los ciberesclavos ciudadanos para beneficio del gobierno plutocrático de Estados Unidos, desde Verizon hasta los nueve expuestos proveedores de servicios de Internet.

 

Michael Hayden –ex general, anterior director de NSA y de la CIA, quien supervisó tal privatización– se jacta de que “la mayor concentración de ciberpoder (sic) en el planeta se encuentra en la intersección de Baltimore Parkway y Maryland Route 32”, en referencia al parque tecno-industrial que comparte con magnos contratistas adscritos a la vigilancia y el espionaje: desde Booz Allen Hamilton (Grupo Carlyle), pasando por SAIC, hasta Northrop Grumman.

 

Michael Hayden acuñó el neologismo “Black­water digital” del complejo tecnoindustrial de ciberespionaje: “concepto del sector privado (sic) en Ciber”, en perversa alusión al siniestro conglomerado “privado” de 40 mil mercenarios que prestan sus servicios al Departamento de Estado y que, debido a sus multiples atrocidades globales ( v. gr. en Irak), ha transmutado su nombre primigenio, primero, a Servicios (sic) Xe y, ahora, a Academi (¡supersic!).

 

Hoy Michael Hayden, miembro del consejo de administración de Soluciones Motorola, es uno de los máximos jerarcas de Chertoff Group, consultora de espionaje de Michael Chertoff, anterior secretario bushiano de la “Seguridad del Hogar” (creada después del 11-S). ¡Todo lo que transformó el “paradigmático 11-S”!

 

Tim Shorrock –autor del estrujante libro Espías para alquilar: el mundo secreto del outsourcing del espionaje (Simon and Schuster, 2008)– se queja de que la famosa serie “Top secret America”, de The Washington Post (19, 20 y 21/7/10 y 20/12/10), tardó siete años en publicar sus hallazgos sobre la privatización del ciberespionaje.

 

Tim Shorrock desmenuza a una pléyade de trasnacionales de la dupla Estados Unidos/Israel vinculada al complejo militar industrial de ambos países (AlterNet, 10/6/13).

 

Coloca en primer lugar a Narus, hoy “subsidiaria de Boeing, de origen israelí”, que confecciona el software de intercepción de alta velocidad de NSA; luego señala a CSC –“integrador de sistemas” que maneja el sistema interno de tecnología de información/defensa de ciberespionaje–, a otro coloso “privado”, SAIC –empresa de Defensa de 45 mil empleados– y a CACI Intl, que, por cierto, dirigió las torturas bárbaras de Abu Ghraib.

 

Comenta que uno de los más importantes contratistas de NSA es Narus, que realiza un software crucial de telecomunicaciones que permite a las “agencias del gobierno y a las trasnacionales (¡supersic!) monitorear inmensas cantidades de datos que fluyen en los cables de fibra óptica” (nota: como Gran Bretaña).

 

Un solo dispositivo de Narus puede analizar un millón 250 mil correos electrónicos de mil caracteres por segundo: más de 100 mil millones de correos al día.

 

Bill Binney, detractor del ciberespionaje de NSA, conjetura que “quizá Narus pica entre 60 y 80 por ciento de los datos que fluyen en las redes de EU”.

 

La “tecnología Narus” reconstruye todo on line y luego lo traslada al almacenaje de NSA para su análisis ulterior. Todo está incluido (“All inclusive”, como en los hoteles de turismo): correos, llamadas telefónicas y Skype.

 


Debido a que todavía existía un 20 por ciento que se escapaba al ciberespionaje, NSA decidió crear en 2006 el programa Prisma, con el fin de vigilar la base de datos de los proveedores de los servicios de Internet (Google y Yahoo!) y así cerrar la brecha.

 

La parte del “análisis” de los “metadatos” corresponde a Booz Allen Hamilton (Grupo Carlyle) y a otros contratistas, donde Michael McConnell –anterior vicealmirante, ex director de NSA (de 1992 a 2006) y mandamás de la “inteligencia nacional” (NI, por sus siglas en inglés) dependiente del presidente de Estados Unidos– jugó un papel determinante, al unísono de Michael Hayden, para la privatización del ciberespionaje. Hoy Michael McConnell funge como vicedirector de Booz Allen Hamilton (Grupo Carlyle).

 

Cabe recordar que el vicealmirante Michael McConnell participó en el diseño del siniestro Total Information Awareness (TIA) –ver Bajo la Lupa, “Bursatilización del terrorismo financiero-petrolero”, 3/6/04. Entonces comenté: “Lástima que el Pentágono haya desmontado su oficina de bursatilización de asuntos terroristas, por medio de la cual se consideraba cotizar (¡supersic!) los predecibles atentados. La oficina bursátil estaba a cargo del almirante (sic) John Poindexter, tránsfuga del grupo criminal Irán- contras que fue obligado a renunciar cuando se expuso la magnitud de su proyecto macabro, con lo que los megaes­peculadores del planeado terrorismo planetario se hubieran hecho inmensamente ricos con sus pronósticos tan acertados”. TIA es el antecesor de PRISMA.

 

Otras empresas pilares del “análisis Sigint” (señales de espionaje) incluyen a las magnas contratistas de defensa Northrop Grumman y Raytheon.

 

Tim Shorrock se ha consagrado a analizar a los “espías para alquilar”, un proyecto de Corp­Watch: el “Quién es quién” de los contratistas de espionaje (descargable en crocodyl.org).

 

La privatización de NSA se inició mediante el outsourcing durante el auge de la revolución de las telecomunicaciones que dio cabida en las entrañas del Pentágono al sector privado de Internet de Estados Unidos.

 

A propósito, el teniente general retirado James Clapper, hoy director de NI (máximo espía de Estados Unidos), rechaza sin desparpajo los “mitos” sobre el Prisma de NSA (CBS, 8/6/13).

 

Pepe Escobar decanta los hallazgos de Tim Shorrock ( Asia Times, 11/6/13): “La mayor parte del hardware y del software utilizados por la mareante red de 16 agencias de espionaje de EU está privatizada ”(¡supersic!).

 

Pepe Escobar expone que “una investigación del Washington Post descubrió que las agencias de seguridad, contraterrorismo y espionaje de Estados Unidos mantienen negocios con más mil 900 empresas (¡supersic!)”, lo cual les confiere un “acceso indiscriminado a información ultraconfidencial”.

 

¡Increíble paradoja!: “privatización” de la ciberprivacidad de la masa de ciudadanos del mundo por la plutocracia militarizada de Estados Unidos.

 

Valery Plame Wilson (expuesta vengativamente como espía de la CIA por el equipo de Dick Cheney) y su esposo, el embajador Joe Wilson, en un artículo conjunto en The Guardian (24/6/13), fustigan el “complejo industrial de espionaje” de la NSA y consideran que las “filtraciones de Snowden han abierto un debate público vital para nuestros derechos y privacidad en donde la supervisión y la rendición de cuentas han fracasado”, cuando la “seguridad nacional” colisiona con las “garantías constitucionales de privacidad”.

 

¡Oh “privatización”: cuantos crímenes se cometen en tu nombre!

 

www.alfredojalife.com

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Jueves, 20 Junio 2013 06:26

Por un espionaje más transparente

Por un espionaje más transparente

El presidente Barack Obama debió ceder ayer ante la presión de Alemania en particular y del mundo en general y anunció ante Angela Merkel que desclasificará parte del programa de espionaje masivo Prism (programa de vigilancia electrónica de información muy secreta) que emplean sus servicios de inteligencia. Obama se vio forzado a hacerlo en medio del escándalo que sacude a su gobierno por la relevación de que hizo un espionaje masivo de llamadas y sitios de Internet.

 

El Prism permite a Estados Unidos ingresar directamente en los servidores de nueve de las mayores empresas de Internet estadounidenses, como Google, Facebook, Microsoft y Apple, para espiar “contactos en el extranjero de sospechosos de terrorismo”, lo que llevó a Alemania a exigir explicaciones y a agregar el tema en la reunión bilateral de ayer. El presidente estadounidense se comprometió a difundir “parte de los programas” de espionaje cuando regrese a su país tras su viaje a Europa, que lo llevó primero a Irlanda del Norte para una cumbre del G-8 y ahora a Alemania. De acuerdo con sus propias palabras, el objetivo de esta desclasificación parcial será “compartir” con la ciudadanía cierta información “para que conozcan el alcance de los datos privados almacenados, los procesos de obtención de esa información y su uso” por parte de los servicios de inteligencia.

 

Por su parte, Merkel, quien aseguró recientemente que interpelaría al estadounidense sobre este particular, señaló que la clave de este asunto es una “cuestión de equilibrio” entre seguridad y privacidad. La canciller alemana añadió que el Ministerio de Interior seguirá colaborando estrechamente con sus socios estadounidenses en el ámbito de la seguridad. En una entrevista difundida el domingo por la radio pública alemana Deutschlandfunk, el ministro de Relaciones Exteriores germano, Guido Westerwelle, había anticipado que su país esperaba una “explicación” de Obama durante su visita a Berlín. En la citada entrevista, Westerwelle advirtió que ambos gobiernos “deben, en primer lugar, hablar sobre lo que realmente sucedió” y que Alemania ve “con gran escepticismo y reticencia” el espionaje que realiza Estados Unidos a través de su programa de gobierno Prism.

 

Frente a esta firme posición germana y a la indignación internacional, Obama explicó ayer que también va a intensificar su cooperación con sus socios alemanes para que tanto el Ejecutivo de Merkel como los ciudadanos alemanes “sepan que no se han cometido abusos”. “Damos la bienvenida a estos debates”, aseguró el jefe de la Casa Blanca tras hacer referencia a las estrategias que heredó de la administración del anterior presidente, George W. Bush, en materia de la denominada “lucha contra el terror”.

 

“Tenemos que encontrar el equilibrio adecuado y ser cautos en asuntos de inteligencia”, subrayó. El mandatario reveló también que “de los al menos 50 planes terroristas desbaratados” gracias al Prism, “algunos iban a tener lugar en Alemania”.

 

La difusión en Alemania del alcance del programa de espionaje masivo Prism desató una fuerte polémica, ya que los alemanes dan gran importancia a la cuestión de la privacidad y la protección de los datos personales.

 

Hace dos semanas, Edward Snowden, un ex empleado de la CIA de 29 años, filtró al diario británico The Guardian y al estadounidense The Washington Post que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el FBI tienen acceso a millones de registros telefónicos amparados en la Ley Patriota, aprobada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Posteriormente, los periódicos revelaron la existencia del programa secreto Prism, que permite a Estados Unidos espiar “contactos en el extranjero de sospechosos de terrorismo”.

 

Por otra parte, el espionaje realizado por el gobierno estadounidense a Associated Press (AP) “intimidó” a las fuentes que usan los periodistas para su trabajo, según advirtió ayer el presidente de esa agencia de noticias, Gary Pruitt. “Algunas fuentes confiables de largo tiempo se ponen nerviosas y ansiosas a la hora de hablar”, dijo Pruitt, quien acusó también al gobierno de haber “violado la zona de protección” que la Primera Enmienda de la Constitución concede a los periodistas. Pruitt señaló que esa “intimidación” de las fuentes está afectando no sólo a AP, sino también a otras organizaciones de prensa en Estados Unidos. El Departamento de Justicia recopiló de forma secreta los registros de 20 líneas telefónicas de AP entre abril y mayo de 2012 para investigar una filtración sobre seguridad.

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Lunes, 27 Mayo 2013 06:10

Seguridad

Seguridad

La CIA se ha convertido en un servicio paramilitar”, donde más de la mitad de los agentes que ingresaron después de 2001 se dedican exclusivamente a operaciones militares de la “guerra contra el terror”, reporta el New York Times. La agencia de inteligencia se ha encargado de realizar cientos de ataques con drones, las aeronaves a control remoto que se han vuelto el arma moderna más destacada de la política bélica del gobierno de Barack Obama. Además, la CIA tiene ahora estaciones grandes en Kabul y Bagdad, con cientos de agentes clandestinos en lo que se sigue considerando “zonas de guerra”.

 

A la vez, las agencias de seguridad nacional, en el contexto de la guerra contra el terror, también contemplan a Estados Unidos como posible terreno de operaciones “enemigas”, y halcones de esta guerra señalan que, a pesar de sucesos trágicos como los de Boston, varios complots han sido frenados dentro de este país gracias, dicen, a las operaciones clandestinas para rastrear, vigilar y atacar a posibles “terroristas”. No por nada se ha multiplicado el uso de cámaras de vigilancia por todas partes: metros, bancos, calles, edificios importantes y más. De hecho, hace unos años, la empresa de moda Kenneth Cole usó este hecho para su campaña de publicidad, al recordar que un ciudadano es fotografiado en promedio 75 veces durante un día, y sugiere que uno por lo menos “se vea bien” ante esta situación.

 

En tanto, la vigilancia oficial de comunicaciones personales –teléfono, correo electrónico redes sociales y más– continúa ampliándose. El escándalo que estalló recientemente con la revelación de que el Departamento de Justicia, al investigar posibles filtraciones de información “secreta” por funcionarios oficiales, obtuvo de manera clandestina los registros de comunicaciones telefónicas de unos 100 periodistas y editores de la principal agencia de noticias del país, la Associated Press, es sólo un ejemplo de la nueva “vigilancia” cuyo alcance y dimensiones son secretos.

Todo esto se justifica por una “amenaza” constante que proviene de afuera, pero que ya está aquí dentro: la creación de una fuerza paramilitar, los ataques con drones que en esencia son misiones de asesinatos internacionales a control remoto, el espionaje en todos los rincones del mundo y dentro de Estados Unidos. Aun los errores de inteligencia (incluidas miles y miles de vidas en “daños colaterales”) son interpretados con esta justificación de que Estados Unidos hace lo necesario para su “autodefensa”, como dijo Obama la semana pasada, ante ese enemigo que quiere hacer daño a todo estadunidense. Todo para defender la “libertad” mundial y al mismo guardián autoproclamado de ese mundo: Estados Unidos.

Ante este ambiente de amenaza permanente –algo que se nutre a diario por los políticos, las autoridades, los medios, los “expertos” y toda una industria de relaciones públicas dedicadas a esto–, la sensación es de un país bajo sitio.
Eso favorece todo tipo de intereses aquí, como, por ejemplo, a los defensores del “derecho” sagrado a las armas. Wayne LaPierre, principal vocero de la Asociación Nacional del Rifle, insiste en que si todos los ciudadanos estuvieran armados se podrían detener actos como los que ocurrieron en el maratón Boston, y que el intento de controlar ese derecho es nada menos que una amenaza a la libertad. En la lucha contra el control de armas, insistió recientemente en la convención de esa poderosa agrupación, “tenemos una oportunidad de asegurar nuestra libertad por una generación, o perderla para siempre”.

Mientras tanto, hace días se dio la noticia de que un niño de 5 años había disparado y matado a su hermana de 2 años de edad. Peor aún, había utilizado su propio rifle, uno de calibre .22 manufacturado justo para niños, que le habían regalado por su cumpleaños, y que se comercializa con el lema “mi primer rifle”. El sector de menores de edad ha sido uno de los de mayor crecimiento en la industria de armas de fuego, se reporta, ya que en muchos estados no hay leyes que impongan un límite de edad para los usuarios.

Pero ante las amenazas, aun las representadas por los que realizan matanzas de estudiantes y maestros en escuelas, como en Connecticut, Colorado, Oregón y tantos lugares más, todo intento por reducir o limitar las armas, y por supuesto, las guerras, es considerado no sólo antipatriótico, sino hasta de traición.

En la investigación y acción penal contra cualquiera que se atreva a poner ante la luz los secretos oficiales necesarios para llevar a cabo estas guerras de sombras resalta, por supuesto, el caso de Wikileaks, con el juicio del soldado Bradley Manning programado para principios de junio, acusado de, entre otros cargos, “ayudar al enemigo” al hacer públicos secretos sobre las guerras de Estados Unidos. Varios funcionarios y periodistas más están bajo investigación por filtrar información “oficial” secreta al público, con las mismas acusaciones; de hecho, ningún otro gobierno en la historia moderna del país ha realizado tantas investigaciones en este rubro que el de Obama.

Y quien se oponga públicamente también es sospechoso y tiene que ser castigado. Hace unas semanas, Megan Rice, una monja de 83 años, fue condenada penalmente, junto a Michael Walli, de 64, y Greg Boertje-Obed, de 56, por “invasión de una instalación nuclear”, con lo que enfrentan una posible sentencia hasta de 20 años de cárcel. Su delito: el ingreso de los tres activistas de paz a la única instalación del país donde se almacenan armas convencionales radiactivas, donde rociaron sangre humana como símbolo de la sangre que corre en las guerras (nunca llegaron cerca del material nuclear). Rice comentó al jurado, poco antes de ser condenada, que sólo se arrepiente de no haber realizado más acciones directas en sus primeros 70 años de vida.

¿Por qué será que uno se siente tan inseguro con tanta seguridad?

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Vacunación falsa de la CIA en Pakistán pone en peligro a la humanidad

Un daño colateral del operativo realizado por la CIA en la ciudad pakistaní de Abbottabad para neutralizar a Osama bin Laden en 2011, podría afectar a toda la humanidad, según un artículo publicado en la revista ‘Scientific American’.

 

Los periodistas advierten sobre el riesgo de una nueva propagación de algunas enfermedades contagiosas casi vencidas tras décadas de distribución de distintas vacunas entre los niños. Todo puede revertir bajo el efecto del abuso de la propia idea de la vacunación realizada por la CIA en las semanas previas a la incursión final al paradero del líder máximo de Al Qaeda.

 

El servicio especial estadounidense autorizó una campaña de vacunación falsa en distintas regiones de Pakistán para obtener el ADN de alguno de los hijos del ‘terrorista número uno’ y así detectar dónde se escondía. Las autoridades pakistaníes condenaron el uso malintencionado de los servicios sanitarios por parte de la agencia norteamericana. Un médico que ayudó a la CIA a encontrar pistas sobre Bin Laden fue condenado a 33 años de cárcel, tras ser declarado culpable de traición a la Patria.

 

La desaprobación popular de esas prácticas fue aún mayor. Con el tiempo, el recelo ante los supuestos agentes con bata blanca solo iba creciendo y llevó a varios actos de agresión contra los médicos (verdaderos), tanto en Pakistán como en otros países islámicos.

 

En diciembre pasado nueve trabajadores de una campaña de vacunación fueron linchados en territorio pakistaní: hecho que precipitó la decisión de la ONU de retirar a todos sus médicos de la región. Dos meses más tarde unos grupos armados asesinaron a diez participantes de la vacunación contra la poliomielitis en Nigeria: otro triste episodio que puede evidenciar la propagación de la violencia contra los galenos.

 

Esos ataques coincidieron con la etapa decisoria en la lucha contra la poliomielitis, reseña la editorial de ‘Scientific American’. El número de los casos nuevos de la enfermedad se redujo de 350.000 a 650 entre 1988 y 2011. Solo en tres países —Afganistán, Pakistán y Nigeria— la infección sigue difundiéndose por medio de contagio entre personas. Y el cierre de la campaña puede llevar al resurgimiento de la enfermedad, casi vencida en todo el mundo.

 

Actualmente varios organismos internacionales están reduciendo o cancelando los programas de vacunación por las amenazas a la integridad física que corren los médicos. Así, los efectos colaterales de un solo operativo estadounidense han afectado de un modo directo y fatal a decenas de personas e indirectamente a miles de millones de víctimas potenciales de las epidemias en todo el mundo.

 

“Debe haber una línea roja entre los esfuerzos humanitarios y la maquinación de la guerra, por muy inconformista que sea”, sugiere la revista. “El precio de lo contrario para los empeños humanitarios del futuro, la estabilidad global y la seguridad nacional de EE.UU. es demasiado grande: incluso en comparación con la liquidación de uno de los más aterradores enemigos de EE.UU. e incluso si no hay otra opción disponible”, agregan los periodistas.

 

4 mayo 2013

(Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/93532-vacunacion-falsa-cia-pakistan-epidemia)

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Creará el Pentágono su propia red de espionaje, tan grande como la CIA


Washington, 2 de diciembre. El Pentágono emprenderá una expansión de sus actividades de inteligencia; para ello montará una red de espionaje que competirá con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en tamaño, informó el diario The Washington Post, que citó a funcionarios estadunidenses bajo anonimato. El periódico dijo que, como parte del proyecto, cientos de espías adicionales serán enviados por el Pentágono al extranjero.

 

El plan pretende transformar la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA, por sus siglas en inglés) en un servicio de espionaje dedicado a vigilar las amenazas emergentes, el cual tendrá estrechos vínculos con el resto de las entidades homólogas en el gobierno y con las fuerzas especiales, afirmó hoy el diario estadunidense.

 

Según el rotativo, ahora el servicio secreto tiene que concentrarse en nuevas amenazas, como los islamitas radicales en África, la venta de armas de Corea del Norte e Irán, y la modernización militar de China. Otro de los motivos de la expansión de la DIA es la sobrecarga de la CIA con tareas de inteligencia.

 

Cuando este plan se complete, la DIA contará con más de mil 600 especialistas en recolección de información alrededor del mundo, cifra sin precedente para una agencia cuya presencia en el exterior ha contado con alrededor de 500 colaboradores en los últimos años, y que anteriormente se encargaba de obtener información sobre todo en los frentes de guerra de Irak y Afganistán.

 

El total incluirá agregados militares y otros funcionarios que no realizarán trabajo encubierto, pero el crecimiento principal ocurrirá en un periodo de cinco años con el despliegue de una nueva generación de oficiales operativos clandestinos, que serán entrenados por la CIA y dirigidos en sus actividades por altos oficiales de Defensa, agregó el diario.

 


Los nuevos espías en ocasiones trabajarán bajo la dirección del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, que agrupa a las tropas de élite de las fuerzas armadas estadunidenses.

 

El rotativo consideró que el plan del Pentágono para crear lo que ha llamado el Servicio Clandestino de Defensa, refleja las últimas tendencias militares por adentrarse más en el trabajo secreto de inteligencia.

 

El plan, que tendrá un costo inicial de 100 millones de dólares, refleja una tendencia actual en Estados Unidos, la de fusionar cada vez más los servicios de inteligencia militar y civil. Ello coincide con un cambio de mentalidad estratégica del presidente Barack Obama, que apunta a limitar las acciones militares convencionales y a centrarse más en misiones especiales con metas concretas, señaló la publicación.

 

A diferencia de la CIA, los agentes de la Agencia de Inteligencia de la Defensa sólo estarán autorizados por ley a obtener información de inteligencia, pero no a realizar acciones tales como ataques con aviones no tripulados (drones), sabotajes, o a suministrar armas a bandas armadas subversivas.

 

El diario británico The Independent, señaló que una de las principales dificultades será encontrar puestos de trabajo en otros países fuera de la embajadas de Estados Unidos, para los agentes encubiertos, además de que muchos de ellos no gozarán de inmunidad diplomática.

 


Pl, Dpa y The Independent

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EE.UU.: El control de lo que vemos, oímos y leemos

ALAI AMLATINA, 13/11/2012.- En los últimos años se ha producido en Estados Unidos un avance espectacular en la monopolización de los medios. Se puede tomar como punto de partida de este proceso la Ley de Telecomunicaciones (“Telecommunications Act”) de 1996. Esta ley levantó las restricciones que existían sobre la propiedad de estaciones de radio. Con anterioridad a esa fecha, una compañía sólo podía ser propietaria de dos emisoras de radio AM y dos FM dentro del mismo mercado y no más de 40 a escala nacional. Con el cese de esta limitación se desató una ola de consolidaciones.


 
En los seis años que siguieron a la promulgación de la ley, “Clear Chanel Communications”, por ejemplo,  obtuvo el control de 1,225 estaciones de radio en 300 ciudades. Actualmente su propiedad o control se ha extendido a más de 6,600 estaciones, más de la mitad de las que existen en Estados Unidos, incluyendo una red nacional (“Premiere Radio Networks”) que produce, distribuye o representa unos 90 programas, sirve a cerca de 5,800 emisoras y tiene alrededor de 213 millones de oyentes semanales. Incluye también “Fox News Radio”, “Fox Sport Radio” y “Australian Radio Network”, entre otras. Sus ingresos en 2011 alcanzaron la cifra de 6.2 billones de dólares.


 
Eliminadas las restricciones para la consolidación vertical, sólo faltaba suprimir las limitaciones que existían a la consolidación horizontal establecidas por la regla de la FCC (“Federal Communications Commission”) de 1975 (“cross ownership rule”) que prohibía al que poseía un periódico la posesión de  una estación de radio (o de televisión) y viceversa en el mismo mercado. El objetivo de la regla era impedir que una sola entidad se convirtiese en voz demasiado poderosa dentro de una comunidad. En 2003 la FCC flexibilizó estas restricciones, pero el Tercer Circuito de Apelaciones bloqueó la aplicación de los cambios. En marzo de 2010 la Corte levantó el bloqueo y quedó abierto el camino a la consolidación horizontal.


 
Los medios de prensa escrita, radiales o televisivos, siguen las agendas que imponen los dueños. Cuando éstos se cuentan por miles, prevalece la diversidad de información y opinión dentro de los límites que permite el “establishment”. Pero cuando la consolidación se produce en gran escala, como sucede actualmente, la agenda que domina es la de unos pocos y poderosos propietarios, y la ideología que adelantan los medios es, por supuesto, la más reaccionaria y ultraderechista. Hoy tenemos más canales de televisión que nunca antes, pero una cantidad sustancial de ellos se dedica al fundamentalismo religioso, a las ventas por televisión, al más frívolo entretenimiento, o a la pornografía. En el resto, la calidad ha descendido a su peor nivel, lo que, unido al exceso de comerciales, alcanza límites embrutecedores.


 
Todo esto es extremadamente peligroso en una sociedad que apenas lee ya y que ha perdido la capacidad para discernir entre hechos y opiniones, porque se ha acostumbrado a la selección o presentación de los hechos en conformidad con criterios preestablecidos. Los hechos se ignoran o se deforman para validar opiniones.
 


La desregulación abrió a la competencia desleal todos los mercados de telecomunicación, incluyendo los de cable o satelital, y la Internet. Cinco conglomerados mediáticos controlan el 90 % de todo lo que leemos, oímos y vemos. Qué de extraño tiene que decenas de millones de norteamericanos aprueben la guerra preventiva, los asesinatos selectivos de presuntos enemigos de Estados Unidos, la tortura de prisioneros, las violaciones de fronteras con drones, o los crímenes llamados daños colaterales. O que ignoren completamente los sufrimientos de la población de Cuba a causa de un bloqueo criminal de medio siglo, o las injustas y crueles sentencias dictadas contra cinco patriotas cubanos.


 
La consolidación produce medios que no están dirigidos a toda la comunidad. Los anunciantes proporcionan ¾ de los ingresos, y a ellos solamente les interesa el sector de la población con capacidad para adquirir sus productos o sus servicios. Típicamente, la población de menores ingresos no es de su interés. La consolidación convierte a los ciudadanos norteamericanos en simples consumidores y espectadores.


 
Actualmente, el libre mercado es el criterio con el cual se analizan los medios, es decir, la operación eficiente y la máxima ganancia constituyen los objetivos principales o únicos, sin tener en cuenta el importante papel que deben desempeñar los medios en la sociedad y en la vida pública. Los medios consolidados son generalmente grandes y complejas instituciones sociales, culturales y políticas, no sólo económicas, que ejercen una profunda y negativa influencia en la sociedad. Si permitimos que controlen lo que vemos, oímos y leemos, controlarán también lo que pensamos.

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Domingo, 30 Septiembre 2012 06:17

Estuvo bueno

Estuvo bueno

Julian Assange tiene muchos enemigos muy poderosos. En los últimos cinco años su sitio web Wikileaks ha revelado millones de documentos secretos originados en más de ciento veinte países, tanto de organismos públicos como privados y hasta organizaciones religiosas del llamado tercer sector. Algunos medios cercanos a estos sectores pintan a Assange como un delincuente sexual que festeja el choreo por Internet y se regodea contando las intimidades de los ricos de puro envidioso y resentido que es.


Por eso estuvo bueno conocerlo a Assange. Saber que hay cierto método detrás de la locura, cierta dimensión ética detrás de la diversión, cierta capacidad de aprendizaje detrás de la rebeldía.


El jueves pasado se cumplieron cien días desde que Assange se asiló en la Embajada de Ecuador en Londres. Una semana antes habíamos estado con él, compartiendo más de tres horas de entrevista, en una pieza más bien apretada.


Hacía semanas que no veía la luz del sol y se notaba en la palidez de su piel, la estrechez de su mirada y la economía de sus movimientos. Sólo una vez durante toda su estadía de más de cien días había salido al balcón. El dijo que era para evitarse los paparazzi y porque “no quiero molestar a la policía”. Pero después de escucharlo da la impresión de que el no asomarse es por miedo a algo mucho peor.


Llevamos quesos y fruta y flores del Harrods de ahí a la vuelta, una especie de retribución por el café con galletitas de limón que él me había convidado durante nuestro anterior encuentro, en el Palacio de Elligham Hall, en febrero del año pasado, durante su detención domiciliaria.


Aquella vez estaba más tenso. Venía de pelearse con el New York Times y The Guardian y parecía desconfiar de todos los periodistas. Esta vez seguía alerta: no permitió fotos hasta después de dos horas de preguntas y respuestas, no permitió filmaciones de él ni fotos en las que no figurara también yo, ni fotos que mostraran detalles del interior de la embajada, ni fotos de él con terceras personas. Pero habló libremente. Y explicó cómo fueron cambiando sus relaciones con los medios y sus periodistas.


“Hicimos nuestro gran cambio después de lidiar con los grandes medios (New York Times, The Guardian, Le Monde, El País y Der Spiegel). Pasamos de hacer arreglos institucionales con los principales responsables (de las publicaciones), a trabajar de manera individual con cada periodista. Los grandes medios son naturalmente corruptos porque son tan grandes, pero hay buena gente que trabaja en ellos, entonces buscás esa gente buena y trabajás con ellos. Y a través de esa relación hacés que esa gente buena se haga más influyente dentro de sus propio medio.”


Antes de empezar a contestar, a veces se tomaba diez, veinte segundos que parecían interminables, y después arrancaba: principio, desarrollo y conclusión con hablar pausado y monocorde, acompañando el relato con gestos de las manos, casi como si estuviera leyendo de texto escrito.


Parecía inconmovible, como si su corazón latiera a un ritmo más bajo que los demás. Aún cuando denunciaba atrocidades inconfesables o grandes injusticias, nunca perdía la calma. Por eso impactó ver cómo se le humedecieron los ojos cuando terminamos con la parte formal de la entrevista pero seguimos hablando sobre su encierro delante del grabador encendido.


Acababa de agradecerle el tiempo que nos había dedicado cuando le pregunté si necesitaba algo. Lo pensó un rato y contestó con picardía: “Mantené los ojos abiertos por si te llegás a encontrar con miles de archivos del Servicio Secreto de Argentina”.


Entonces pedí sacarle una foto en el famoso balcón (la embajada ocupa el primer piso de un edificio de cuatro) y me contestó que de ninguna manera, pero agregó: “(El discurso del balcón) fue lo más interesante que me pasó. Había mil doscientas personas, ciento cincuenta policías y un helicóptero dando vueltas y salí y dije ‘wow’, y pasaron tres meses, y hasta la posibilidad de ver ladrillos distintos es muy interesante (el balcón da a una fila de edificios de ladrillos de tres pisos)”. “Llevo tres meses acá y lo que más me molesta, como a todos los prisioneros, es no ver cosas que sean distintas, salvo, por supuesto, las visitas.”


Era su manera de decir que había disfrutado nuestra irrupción en su rutina.


Se ve silencioso y suave, pero su corazón debe estar bastante pesado, se le pregunta.


“No he visto a mis hijos en más de dos años y medio”, contesta con la voz quebrada por primera vez, lágrimas brillando en sus ojos.


“¿Cuántos hijos tiene?”, pregunto, sabiendo que nunca lo había contado en un reportaje.


“Ni siquiera lo puedo decir”, contesta sollozando. “No puedo porque han tenido que cambiar sus nombres y se han tenido que mudar porque alguien amenzó con matarlos.”


¿Siente impotencia por todo lo que sabe y todo lo que desearía cambiar?


“Sí. Hay muchas cosas que no puedo decir y eso es frustrante. Necesito callarlas para proteger a mi gente y para protegerme a mí. Por ejemplo, no puedo hablar de las maniobras políticas que están ocurriendo en Suecia (donde Assange es buscado por presuntos delitos sexuales).”


Después de ponerse de pie para posar en algunas fotos, Assange se arrimó hasta el borde de una ventana. “¿Ves ahí?”, señaló con el dedo índice, extendido detrás de la cortina, apuntándole a una camioneta utilitaria blanca estacionada cruzando la calle. “Es de ellos. La policía. También hay uno ahí”, agregó, cambiando la dirección con el dedo para señalar a un agente uniformado apostado en la puerta de su edificio.


La última vez que yo había estado con Assange, en febrero del año pasado, él se había despedido con un consejo: “Tené cuidado, este lugar está lleno de espías”.


Esta vez sus palabras finales fueron de advertencia: “La vigilancia es constante, se hace las veinticuatro horas. No dejes de registrarlo”.
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