Meng Wanzhou, la princesa de Huawei en el ojo del huracán

La directora financiera del gigante tecnológico chino aguarda que se decida su proceso de extradición a EE UU

Había una vez dos emperadores, el del Este y el del Oeste, que rivalizaban por una princesa. Uno de ellos mandó hacerla prisionera en un castillo en un reino aliado; el otro enfureció y amenazó con graves males si no la liberaban. ¿Suena a cuento infantil? Sí. Pero muy real. China y Estados Unidos mantienen una dura pelea por la supremacía tecnológica, encarnada en su disputa sobre Huawei. Y Meng Wanzhou, la directora financiera y heredera aparente del gigante tecnológico chino, es la princesa por la que porfían y cuya detención en Canadá ha hecho montar en cólera a Pekín.


Aunque sobre el papel un régimen comunista, China no deja de tener su propia realeza, los “principitos”, los familiares de los líderes más altos y de los superejecutivos de las empresas de bandera. Y —con la posible salvedad de Alibaba, el gigante del comercio electrónico— en China no hay mayor empresa de bandera que Huawei: opera en 170 países, emplea a 180.000 personas, ingresa más de 41.000 millones de euros anuales y es punta de lanza de la innovación mundial. Si hay una familia intocable en el sector privado chino, esa es la de Ren Zhengfei, el exmilitar fundador de esta compañía de nombre traducible como “logro de China”. Y Meng es su hija mayor. “De ninguna manera China va a aceptar que se retenga a Meng Wanzhou”, advierten, en público y en privado, altos funcionarios chinos.


Cuando el 1 de diciembre la directora financiera fue detenida mientras hacía escala en Vancouver, China se encendió de ira. Ottawa explicó que había, simplemente, acatado una solicitud de EE UU, que considera a Meng sospechosa en un caso de fraude para violar sus sanciones contra Irán. Pero Pekín inmediatamente lo catalogó de caso político. Las aparentes represalias no tardaron en llegar: dos ciudadanos canadienses fueron detenidos en China a los pocos días; este febrero se ha confirmado que son sospechosos de espionaje. De repente, el nombre de Meng, de 47 años, estaba en boca de todos. Un nombre que, hasta entonces, pocos conocían fuera de China: quienes la han tratado la describen como “profesional” y “discreta”. Su primera aparición pública en representación de Huawei llegó en 2011, cuando ya llevaba casi 20 años trabajando para la empresa.


Lo que se sabe de ella con seguridad, como ocurre con el resto de su familia, es relativamente poco. Huawei no cotiza en Bolsa y no necesita publicar detalles de su organización o los ingresos de sus directivos. El propio Ren, hasta que comenzó la detención de su hija, solo había concedido tres entrevistas a medios extranjeros en toda su vida. No se conoce con exactitud a cuánto pueda ascender la riqueza de Meng; tampoco cuántos pasaportes tiene.


Nacida en 1972 en Chengdu —su madre, Mena Jun, de quien toma el apellido, era hija de un alto funcionario del Partido Comunista en la zona—, se mudó en los años ochenta con su familia a Shenzhen, entonces un pueblo de pescadores recién designado como zona económica especial. Su padre fundó allí Huawei en 1988, tras ser licenciado del Ejército.
Ella empezó en la compañía en 1993 como recepcionista. Su ascenso en serio llegó tras completar un máster en contabilidad. Desde 2003 ha ocupado puestos como la dirección financiera de la subsidiaria de Hong Kong o la dirección de contabilidad internacional. En 2011 pasó a ser directora financiera. En marzo pasado, en un posible paso hacia la sucesión, fue nombrada vicepresidenta.


Está casada con Liu Xiaozong, empresario, y tiene cuatro hijos, entre los 20 y los 10 años. Hasta 2009 mantuvo permiso de residencia en Canadá. Aún hoy conserva dos lujosas propiedades en Vancouver, una valorada en 10,6 millones de euros y otra en 3,7. Una está siendo reformada; la otra le sirve de hogar mientras espera, en régimen de libertad condicional y con una pulsera electrónica en el tobillo, a que se resuelva su solicitud de extradición.


No se sabe exactamente cuándo entró en el consejo de administración de Skycom Tech, descrita por los fiscales canadienses como “una subsidiaria no oficial” de Huawei. EE UU le acusa de haber engañado a los bancos negando los vínculos de Huawei con esa compañía —disuelta el año pasado— para que la matriz se saltara las sanciones contra Irán.


Ahora Huawei ha decidido pasar a la acción contra lo que considera un abuso estadounidense. La empresa ha interpuesto una demanda contra la ley que prohíbe a los organismos oficiales de EE UU comprarle equipos y productos. Meng Wanzhou ha apelado también contra su detención. “Hay cuestiones de carácter político, motivaciones políticas, comentarios del presidente de EE UU”, ha dicho uno de sus abogados, Richard Peck. Donald Trump ha insinuado alguna vez que estaría dispuesto a devolver a la ejecutiva a China si ello le reportara un acuerdo en su guerra comercial con Pekín.


El próximo episodio de este cuento real llegará el 8 de mayo, cuando Meng regresará a los tribunales para una vista sobre su extradición. Pero todo el proceso legal puede tardar hasta dos años en agotarse. Mientras, la princesa seguirá esperando en su mansión. ¿Y los dos emperadores? Estos, probablemente, encontrarán nuevos motivos para seguir porfiando.

Por Macarena Vidal Liy
7 MAY 2019 - 02:32 COT

Emerge el rostro de una dictadura tecnológica

Datos y algoritmos conforman un binomio de control que la técnica impone sobre la humanidad, sostiene José María Lassalle en su último libro. Caminamos hacia la administración matematizada del mundo


Una figura destaca sobre el horizonte de incertidumbres, malestares y miedos que acompaña el comienzo del siglo XXI. Se trata por ahora de una silueta por definir. Una imagen que todavía no refleja con exactitud sus contornos pero que proyecta una inquietud en el ambiente que nos previene frente a ella. Su aparición delata un movimiento de alzada vigorosa, que lo eleva sobre la superficie de los acontecimientos que nos acompañan a lo largo del tránsito del nuevo milenio.


Envuelta por un aliento de energía sin límites, su forma va adquiriendo volúmenes titánicos en los que se presiente la desnudez granítica de una nueva expresión de poder. Con sus gestos se anuncia el reinado político de un mundo desprovisto de ciudadanía, sin derechos ni libertad. Una época que asistirá a la extinción de la democracia liberal. Que instaurará una era mítica a la manera de las que imaginó Hesíodo, hecha de vigilancia y silicio, habitada por una raza de humanos sometidos al orden y a la seguridad. Un mundo de fibra óptica y tecnología 5G, dominado por una visión poshumana, que desbordará y marginará el concepto que hemos tenido del hombre desde la Grecia clásica hasta nuestros días.


El mundo evoluciona a lomos de la revolución digital hacia una nueva experiencia del hombre y del poder. Una evolución que parte de una resignificación del papel del ser humano debido a la introducción de un vector que lo transforma radicalmente. La causa está en la interiorización de la técnica como una parte sustancial de la idea de hombre. Esta circunstancia se desenvuelve dentro de un marco posmoderno que da por superadas las claves que definió la Ilustración filosófica del siglo XVII bajo el rótulo histórico de la Modernidad. Jean-François Lyotard explicó a finales de la década de los años setenta del siglo pasado que la condición posmoderna era el final de las grandes narrativas que habían interpretado el mundo dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para este autor la estructura intelectual de la Ilustración era insostenible debido, precisamente, a los avances técnicos y los cambios posindustriales que propiciaban las telecomunicaciones de la sociedad de la información. Estas circunstancias hacían que el humanismo, y la centralidad que atribuía este al hombre, hubiera sido desplazado como eje de interpretación del mundo por una visión científica que lo subordinaba a la técnica y a su voluntad de poder.


La revolución digital en la que estamos inmersos en la actualidad hace cada día más palpable la condición posmoderna. Y, sobre todo, contribuye a una reconfiguración del poder que está gestando una experiencia del mismo a partir de una voz de mando que es capaz de gestionar tecnológicamente la complejidad de un mundo pixelado por un aluvión infinito de datos. Hoy, los datos que genera Internet y los algoritmos matemáticos que los discriminan y organizan para nuestro consumo son un binomio de control y dominio que la técnica impone a la humanidad. Hasta el punto de que los hombres van adquiriendo la fisonomía de seres asistidos digitalmente debido, entre otras cosas, a su incapacidad para decidir por sí mismos.
Esta circunstancia hace que la humanidad viva atrapada dentro de un proceso de mutación identitaria. Un cambio que promueve una nueva utopía que transforma su naturaleza al desapoderar a los hombres de sus cuerpos y sus limitaciones físicas para convertirles en poshumanos programables algorítmicamente, esto es, seres trascendentalmente tecnológicos y potencialmente inmortales al suprimir sus anclajes orgánicos. Un cambio que adopta un proceso previo de socialización que hace de los hombres una especie de enjambre masivo sin capacidad crítica y entregado al consumo de aplicaciones tecnológicas dentro de un flujo asfixiante de información que crece exponencialmente.


La experiencia de la posmodernidad va descubriendo de este modo no solo la naturaleza fallida de la Ilustración que describió tempranamente Lyotard, sino el fracaso de los relatos que la fundaban en toda su extensión. Destacando de entre todos ellos el político, pues, como veremos, la institucionalidad de los Gobiernos democráticos y la legitimidad de las sociedades abiertas de todo Occidente se encuentran en una profunda crisis de identidad. Se ven cuestionadas en sus fundamentos por la sustitución de la ciudadanía como presupuesto de la política democrática por multitudes digitales que allanan el camino hacia lo que Paul Virilio describió como “la política de lo peor”.


Todos estos factores son los que están contribuyendo a que emerja esa figura titánica que describíamos más arriba y que adopta el rostro de una dictadura tecnológica. Una especie de concentración soberana del poder material que descansa en la gestión de la revolución digital. Gestión que ofrece orden dentro del caos y seguridad en medio de la época de catástrofes que acompaña la mutación que estamos viviendo a velocidad de vértigo. El protagonista político del siglo XXI ya está con nosotros. Todavía no ejerce su autoridad de manera plena pero va haciéndose poco a poco irresistible. Acumula poder y crece en fuerza. Se insinúa bajo modelos distintos —China y Estados Unidos son los paradigmas—, que convergen alrededor de los vectores que impulsan su desarrollo: la inteligencia artificial (IA), los algoritmos, la robótica y los datos.


Avanzamos hacia una concentración del poder inédita en la historia. Una acumulación de energía decisoria que no necesita la violencia y la fuerza para imponerse, ni tampoco un relato de legitimidad para justificar su uso. Estamos ante un monopolio indiscutible de poder basado en una estructura de sistemas algorítmicos que instaura una administración matematizada del mundo. Hablamos de un fenómeno potencialmente totalitario que es la consecuencia del colapso de nuestra civilización democrática y liberal, así como del desbordamiento de nuestra subjetividad corpórea. Se basa esencialmente en una mutación antropológica que está alterando la identidad cognitiva y existencial de los seres humanos. La digitalización masiva de la experiencia humana, tanto a escala individual como colectiva, comienza a revestir el aspecto de una catástrofe “progresiva, evolutiva, que alcanza la Tierra entera”. (…)

El siglo XXI continúa su andadura bajo el presentimiento de que es inevitable la aparición de un Ciberleviatán. Sobre sus espaldas se entrevé cómo se ordenará la complejidad planetaria que sacude nuestras vidas y que libera oleadas de malestar e incertidumbres que amenazan las estructuras clásicas de un statu quo que se volatiliza por todas partes. Lo más probable es que el Ciberleviatán se instaure por aclamación, a la manera de la dictadura pensada por Carl Schmitt. Mediando un pacto fundacional sin debate ni conflicto, como el producto de una necesidad inevitable y querida si se quiere preservar la vida bajo la membrana de una civilización tecnológica de la que ya nadie puede desprenderse para vivir.

Por José María Lasalle
7 MAY 2019 - 11:00 COT


José María Lassalle es ensayista y fue secretario de Estado de Cultura y Agenda Digital. Este texto es un extracto de su libro ‘Ciberleviatán, el fracaso de la democracia liberal frente a la revolución digital’, que publica Arpa el 8 de mayo.

Domingo, 28 Abril 2019 05:50

Assange, WikiLeaks y el Estado vigilante

Assange, WikiLeaks y el Estado vigilante

Julian Assange no la tiene fácil, pero tampoco el gobierno de Estados Unidos. Washington lleva más de cinco años investigando al fundador de WikiLeaks a través de un Gran Jurado constituido en las entrañas del complejo burocrático-militar estadounidense. Pero cuando la embajada ecuatoriana echó como a un perro a su huésped más ilustre, el Departamento de Estados apenas pudo retenerlo tras las rejas de una cárcel británica con un modesto pedido de extradición basado solo en un intento fallido de descifrar la clave de una computadora del Departamento de Defensa. Si se llegara a probar que Assange efectivamente se valió de algún acto ilegal para intentar conseguir esa contraseña, se trataría de un presunto crimen informático castigado con hasta cinco años de cárcel. La acusación menciona que Assange solo le dijo a su presunta fuente, Chelsea Manning, que había intentado conseguir la clave pero “no tuve suerte”. Si tomamos semejante confesión literalmente (formaría parte de los chats borrados y luego recuperados entre Manning y Assange) habría que preguntarse si tratar de conseguir una clave secreta constituye delito y, si la respuesta fuera afirmativa, qué pasaría si el supuesto infractor no hubiera tenido “suerte”. Sin no se agregan acusaciones más sustanciales, dichas preguntas podrían terminar determinando la culpabilidad o inocencia de Assange, tanto en el juicio de extradición como en un eventual juicio criminal en Estados Unidos.

Sin embargo, nada asegura que Assange sea juzgado por lo que ha sido acusado hasta ahora. Por un lado, Estados Unidos, habiéndose asegurado el primer objetivo de retener bajo arresto a Assange a través de su pedido de extradición, podría agregar nuevas acusaciones antes de que el juicio de extradición culminara. Algunos expertos legales calculan que los fiscales estadounidenses que lo han requerido tienen hasta 65 días para ampliar su acusación, contando desde el momento en que Assange fue detenido, el 11 de abril pasado. Por otro lado, la alternativa que más inquieta a Assange y a su equipo es que se agreguen nuevos cargos a la acusación original, una vez que el editor y ciberactivista sea deportado de Gran Bretaña. “Creemeos que la acusación que se presentó con la solicitud de extradición es solo parte de la historia”, declaró el nuevo editor de WikiLeaks y vocero histórico de la organización, el periodista islandés Kristinn Hrafnsson. “Vendrán más, se agregarán más cargos.”


James C. Goodale, abogado principal del diario The New York Times durante el juicio por los Papeles del Pentágono en la década del 70, coincide con el pronóstico de WikiLeaks. “La acusación en contra de Assange parece escrita con el único objetivo de conseguir su extradición. Una vez que llegue a Estados Unidos, sin dudas, será golpeado con cargos múltiples”, escribió el abogado en The Hill, un sitio especializado en la cobertura del Capitolio. En su artículo, Goodale hace notar que la ley británica no permite extradiciones por razones políticas y que el crimen de espionaje es considerado un crimen político por la jurisprudencia de ese país. Por esa razón, explica el especialista, los fiscales estadounidenses han evitado por ahora acusar a Assange de espionaje. Sin embargo, continúa el abogado, en la acusación, la descripción de la conspiración de la que habría participado Assange contiene lenguaje extraído de la Ley de Espionaje. “Assange y Manning tenían razones para creer que la difusión pública de los despachos de las guerras de Irak y Afganistán causarían lesión a Estrados Unidos”, dice el texto presentado por los fiscales estadounidenses a las autoridades británicas En concreto, la frase “causar lesión a Estados Unidos” proviene de la Ley de Espionaje. Y según Goodale, no fue insertada en la acusación por casualidad. “Las referencias a la conspiración bajo la Ley de Espionaje en la acusación en contra de Assange hace pensar que Estados Unidos podría cambiar la carnada. O sea, primero sacar a Assange del sistema judicial británico como sea para después acusarlo de espionaje una vez que se encuentre en territorio de Estados Unidos.”


Pero para llevar adelante semejante estrategia los fiscales deben sortear un escollo no menor: el tratado de extradición no permite que una persona sea juzgada por un crimen diferente al por el cual fue extraditado. Sin embargo, dicho escollo legal no sería insalvable, opinó el ex abogado jefe del New York Times. “Hay una excepción a la prohibición de presentar nuevas acusaciones después de la extradición. Se trata de cargos adicionales que se basen en los mismos hechos por los que la extradición fue concedida. En otras palabras, Assange podría ser acusado de espionaje si esos cargos se presentaran como una profundización de la acusación por delitos informáticos”, explicó Goodale.


Pase lo que pase es altamente improbable que Assange sea condenado a muerte. Virginia es uno de los 30 estados entre los 50 del país norteamericano que aplica la pena capital. Es el más rápido en ejecutar a sus sentenciados, con un promedio de ocho años de espera, y es segundo detrás de Texas en cantidad de ejecutados desde 1976 (114, sobre un total de casi 1500). Pero tanto la legislación británica como la europea a la que Reino Unido suscribe prohíben extraditar personas a países con pena de muerte a menos que el país receptor garantice que dicha pena no será aplicada al extraditado.


La exigencia británica del respeto a la vida del extraditado no garantiza que Assange recibirá un trato respetuoso de los derechos humanos en un centro de detención estadounidense. Su supuesta fuente en la megafiltración llamada Cablegate, Chelsea Manning, detenido en 2010, condenado a 35 años y perdonado por Barack Obama a los siete, recibió en la cárcel un trato “cruel, inhumano y degradante, equiparable a la tortura”, según dictaminó en 2012 el entonces relator especial para la tortura de la ONU, Juan Méndez. Mientras Manning recibía ese trato, sus interrogadores insistían en demandarle que involucrara a Assange en un supuesto complot de espionaje. Hace dos meses Manning fue detenido nuevamente y hasta hoy permanece en una celda de aislamiento por negarse a contestar preguntas sobre Assange ante el Gran Jurado de Alexandria.


La nueva detención de Manning y la negociación informal para sacar a Assange de la embajada ecuatoriana en Londres son apenas dos botones de muestra de la creciente intolerancia del gobierno estadounidense a la filtración de información sensible desde la llegada a la presidencia de Donald Trump dos años atrás.


Según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, en inglés), seis personas han ido a juicio por espionaje debido a sus filtraciones a periodistas desde la asunción de Trump, casi el doble de rápido que en los 8 años de Obama, período en el cual diez personas fueron juzgadas. La administración Trump dictó procesamientos por filtrar a la prensa información secreta de la Agencia de Seguridad Nacional (Reality Winner fue condenada a cinco años de cárcel), el FBI (Terry Albury, condenado a cuatro años cárcel) y la CIA (Joshua Schulte, detenido por difundir herramientas de hackeo de la agencia a través de WikiLeaks, está a la espera de ser juzgado.)


Claro que juzgar y condenar a Assange, un publicador de información secreta, sería muy distinto que ir en contra de los filtradores. Los principales medios de Estados Unidos (y del mundo entero) fueron socios de WikiLeaks en la publicación de sus filtraciones más impactantes y la primera enmienda de la constitución estadounidense protege explícitamente la libertad de expresión. Por eso los fiscales de Alexandria, en sus allanamientos e interrogatorios de testigos, insisten en buscar evidencias de que Assange participó en sus filtraciones de una manera distinta a la que habitualmente hacen los periodistas y que no fue simplemente un receptor pasivo de información que le llegó de manera anónima.


En ocho años de investigación, al parecer, apenas consiguieron un chat borrado que sugiere un intento fallido de descifrar una clave secreta y una narrativa legal, sin correlato empírico, que habla de una supuesta “lesión” a Estados Unidos. En tiempos de Trump, fake news y posverdad no hace falta mucho más para castigar al principal responsable de desnudar al Estado vigilante.


“La detención de Assange” –escribió Bruno Galizzi, de la Fundación Garzón en eldiario.es– “es un paso más dado por quienes quieren retroceder a épocas pretéritas cuando reinaba la opacidad, recortando nuestros derechos fundamentales y castigando a quienes dan a conocer los secretos que avergüenzan a quienes detentan el poder”.


@santiodonnell

 

Publicado enInternacional
Mentiras, manipulación, silencios de los medios de comunicación dominantes

Es un hecho indiscutible la limitada proporción de noticias internacionales en los principales medios de comunicación. Esto no se debe a la extrema concentración del poder de decisión en el ámbito de la política exterior: ¡los intereses económicos y estratégicos son demasiado decisivos para estar sujetos al control popular más elemental! Las "democracias" más avanzadas son hemipléjicas y enfermas: las cumbres de los Estados y algunos expertos son las únicas "calificadas" y los ciudadanos de a pie no tienen nada que aportar, ni siquiera cuando se les consulta: en 2005, el "No" francés a la "Constitución" europea no contaba. Perturbaba a las autoridades públicas y privadas y contradecía a todos los medios de comunicación que habían pedido un "Sí".


Los medios de comunicación tradicionales, sin complejos y más allá de la cuestión europea, mienten, distorsionan, se esconden con más o menos sutileza, para alinearse (cuando no son adquiridos a través del reclutamiento selectivo de sus editorialistas) con los intereses de los grupos que los financian. El resultado es un grave desconocimiento de la opinión pública sobre la realidad de las relaciones internacionales y un confinamiento mental de los ciudadanos en su recinto nacional. ¿Cómo sorprenderse de los periódicos retornos del chovinismo estrecho, del nacionalismo arrogante, a menudo acompañado de racismo, en el seno de las grandes potencias? En efecto, los poderes "enseñan" el desprecio del otro y a desear el poder mucho más que la solidaridad transnacional (1)!


La paradoja es profunda en una época de globalización deseada por el mundo de los negocios y sus auxiliares estatales, lo que significa que ninguna economía nacional ni ningún pueblo puede escapar de la injerencia extranjera y del impacto de los intereses multinacionales en todas partes: cualquier régimen, sea cual sea, sufre una especie de "mestizaje". El Estado más apegado a la soberanía nacional y el pueblo más patriótico son víctimas de un entorno internacional desfavorable y se transforman, a pesar de ellos, por la penetración de intereses que no son los suyos propios. Esto es particularmente cierto en el caso de los raros bastiones que pretenden formar parte de un socialismo a menudo dañado por sanciones de todo tipo (embargos, congelación de activos financieros, discriminación comercial, presiones políticas e ideológicas, etc.) que pueden llegar hasta el sabotaje y la intervención militar.


Los principales medios de comunicación occidentales guardan silencio sobre lo que les abruma de los regímenes que les desagradan debido al equilibrio de poder: la presentación de Corea del Norte durante más de medio siglo llega hasta la caricatura más resumida. Lo mismo es cierto para el chavismo en Venezuela, como lo ha sido en el pasado en Vietnam y Cuba! La desinformación es la regla: el simplismo malsano prevalece en la lucha entre un "campo" y el otro, en una niebla mantenida por la charla incesante sobre "valores" e "ideas". La adhesión a la ideología de los administradores capitalistas, junto con una "incultura de moda y descarada, parlanchina y narcisista", como escribe A. Accardo (2), caracterizan a algunos especímenes de escuelas de periodismo que producen conocimientos técnicos más que conocimientos. No todos los periodistas lo hacen, pero, en una situación precaria, casi todos aceptan que les dejen atados con la correa de los "jefes" (3).


Los medios de comunicación dominantes, ya se trate particularmente de canales de noticias en continuo, de emisoras de radio privadas o públicas, o de la prensa escrita, con una etiqueta casi oficial (en Francia, por ejemplo, algunos periódicos están a su vez "mediatizados" por la radio y la televisión, como Libération, Le Figaro, Valeurs Actuelles, etc.), son herramientas para la producción de un pensamiento conforme, a pesar de su aparente diversidad, que parece más o menos "de moda", ¡fuente de un servilismo "voluntario"! Lo internacional es un terreno de información particularmente "eficaz" para producir un consenso muy favorable a las potencias establecidas: sin referirse directamente a los choques políticos internos, favorece un enfoque basado en ellos con un fuerte coeficiente ideológico neoliberal, incluso tendiente al fascismo. Hablar de "otro lado" es una excelente manera de influir en "casa": ¡por qué privarse de atacar a Chávez sin reservas si se alcanza a Mélenchon al mismo tiempo! Durante décadas, cualquier crítica a la URSS permitió poner en tela de juicio a los partidos comunistas occidentales, que no podían hacer mucho al respecto.


Una evaluación binaria basada en las nociones (primaria y cuasi religiosa) del Bien y del Mal, confirmada regularmente por las corrientes doctrinales americanas, se utiliza casi sistemáticamente para cualquier cuestión internacional. La transposición al orden interno es evidente: los medios de comunicación dominantes sirven al Bien y los que no están de acuerdo se encuentran en el campo del Mal.


Por último, toda la información macroeconómica se inscribe en el marco exclusivo del capitalismo y de su gestión: los problemas específicos del socialismo, que se consideran "contranatura", nunca se rechazan de una manera global. Las controversias sólo están permitidas en los medios de comunicación dominantes en el único sistema aceptado, es decir, la economía de mercado y su lógica, de la que nadie puede escapar bajo pena de desastre social. No habría alternativa y la historia económica no tiene cabida: está acabada. La prueba de este fin de la evolución ha sido el fracaso de otros experimentos, por lo que resulta absurdo querer reproducirlos "en casa": tomar en cuenta las múltiples agresiones económicas y financieras sufridas por la URSS, Cuba, Chile, Corea del Norte, Venezuela, etc. está completamente fuera de lugar!


Denunciar la escasez "en otro lugar" (o en algunos casos el éxito de una medida particular que debería adoptarse "en casa") es la manera de evitar propuestas de oposición en nuestra propia economía! Incluso si los contextos extranjeros son muy diferentes y racionalmente no transponibles. El concepto de "modelo" o modelo rechazable se ve así favorecido en la mente de las personas. Todos los "expertos" (seleccionados) convocados por los editores lo confirman en todo momento.


Las reglas seguidas


La información internacional a través de los medios de comunicación dominantes está sujeta a ciertas reglas de "eficacia" propagandística, aunque las redacciones se defienden declarándose "ofendidas" y víctimas de un populismo inaceptable cuando son desafiadas.


Sin embargo, una breve explicación de los métodos utilizados es difícilmente eludible para quienes son de buena fe.


El descriptivismo prevalece sistemáticamente. Los acontecimientos del día no tienen raíces ni historia. El "flash" o destello privilegiado, que busca la emoción, excluye la explicación. Se utiliza la imagen simbólica (por ejemplo, el niño herido en las ruinas de un bombardeo) o el testimonio individual escogido, que sería suficiente para tener sentido.


No se tiene en cuenta el tiempo largo: la cuestión kurda, por ejemplo, ¿no se remonta a las secuelas de la Primera Guerra Mundial, y no plantearía la responsabilidad de los vencedores de 1918? ¿No tendría la cuestión palestina casi setenta años de antigüedad, al igual que la cuestión coreana (incluida la devastadora guerra de 1950-1953), y estas últimas décadas no tendrían ningún impacto en los acontecimientos actuales?


Cada evento mediático martilleado uno o más días consecutivos, con una fuerte intensidad para impregnar las mentes, de repente desaparece para dar paso a otro que a su vez se borra a sí mismo: no hay seguimiento. El objetivo no es hacer que la mente entienda, sino "impresionarla" para crear la opinión deseada por las autoridades.


Uno puede imaginar el daño intelectual que tal método produciría en el campo de la pedagogía escolar!


Cada día, hay muchos eventos dentro o entre los 200 o más estados que comparten el planeta. Los medios de comunicación dominantes hacen "su mercado", en relación con la agenda interna monopolizada por las autoridades públicas y privadas, con el fin de influir en la opinión pública, ya sea para reforzar una idea general recibida o para actuar sobre un tema específico que necesita ser abordado. Por ejemplo, se elegirán acontecimientos que refuercen la hostilidad hacia China o Rusia o que demuestren que la policía argelina puede jugar a la porra como los franceses y que no podemos detenernos en las condenas del gobierno francés pronunciadas por las Naciones Unidas o el Parlamento Europeo con ocasión de la represión de los Chalecos Amarillos en París.


Los acontecimientos no son escogidos a diario por su interés intrínseco, su novedad, su mayor o menor alcance, sino por su "utilidad" en la batalla local del momento (social, ideológica, institucional, etc.). Se trata de ilustrar con una imagen internacional "significativa" lo que es "apropiado" pensar en el orden interno: el ejercicio mediático, de perfecta mala fe, ¡pretende ser ante todo "pedagógico"!
En el orden internacional, las redacciones tienen una gran "libertad": la mayoría de los ciudadanos son incapaces de verificar sus declaraciones, a diferencia de lo que se puede afirmar en el orden interno. En la masa de eventos que ocurren en todos los continentes, donde los ciudadanos tienen algún medio de evaluación, siempre hay algunos que pueden ser identificados y desarrollados para legitimar cualquier causa!


Ninguna de ellas se impone objetivamente en detrimento de todas las demás! Le toca a los periodistas "responsables" (4) a ser hábiles, capaces de elegir bien los hechos y a los "conocedores" que ofrecerán un poco de música de objetividad, el encauzar bien los debates, desestabilizando eventualmente al invitado equivocado por excepción y deliberadamente, para hacer creíbles a los "buenos" pensadores invitados "regulares" porque su posición es conocida de antemano!


Obviamente se excluye que los dominantes estén dominados, aunque sea accidentalmente (de ahí la rareza de la cobertura televisiva o radiofónica de un Bourdieu (en el pasado), un Onfray o un Badie (hoy), o más generalmente un gran número de académicos capaces (siempre que se les solicite) de enfrentarse a los "suscriptores" del estilo Minc, Finkelkraut, B-H. Lévy y otros Zémour o Ménard y una cohorte de falsos expertos más o menos economistas o políticos de fundaciones y organizaciones fantasmas, cuando se necesitan!


La repetición es otra regla cuando el hecho tratado es potencialmente "persuasivo". La información audiovisual continua permite realizar un verdadero "bombardeo" de la opinión pública, que sólo puede ser sensible a ella. A esta crítica de esta insistencia partidista, se responde que otras informaciones (no "ejemplares" para el sistema) se han dado también en el espíritu pluralista que es la doctrina oficial. Pero no está claro si esta información "secundaria" sólo se emitió después de las 23 horas, una o dos veces, en la parte inferior de la pantalla, con o sin imágenes, ¡a diferencia de las "principales"!


Así, la intensidad más o menos repetitiva y el dominio de los horarios y de la puesta en escena crean las condiciones para el respeto ficticio de una pseudo-"objetividad", que es altamente reivindicada por los profesionales de los medios de comunicación mentirosos! Sin embargo, el pluralismo no es esta "objetividad" inaccesible, sino una honestidad elemental que tiene en cuenta tantos acontecimientos internacionales como sea posible, dándoles un contenido explicativo.


El hecho de que en los diferentes canales de televisión y radio la selección de noticias internacionales sea estándar no sería prueba de un deseo de formatear la opinión, sino, por el contrario, de respeto por una "verdad" única frente a los vendedores de "noticias falsas", es una broma triste. Bastaría para demostrarlo la historia de las diversas falsas "verdades" ampliamente difundidas y repetidas, por ejemplo las relativas al ejército iraquí y sus "armas de disuasión masiva" o la "masacre" de Bengasi por los mercenarios del Sr. Gaddafi, causa de la destrucción de Libia por parte de Francia y la OTAN.


Los acontecimientos internacionales "preferidos" por los principales medios de comunicación no son movimientos populares cuando portan demandas sociales, a menos que ocurran en países "enemigos". En lo que se pone énfasis no es el pueblo, sino sus líderes que serían "buenos" o "malos"!


Esta personalización de la vida internacional se persigue al extremo y los enfrentamientos se resumen en "guerras de cabezas" de personalidades con sus pequeños y grandes defectos, o por el contrario sus virtudes, portadoras de altos "valores": los intereses materiales en juego nunca ocupan los titulares, en beneficio de una especie de psicologización de los problemas. Es obviamente "más simple" y más convincente transformar los conflictos internacionales en un cuasi-querella de vecindad entre individuos (Trump/Putin, por ejemplo), que probablemente se resolverá si hay un cambio de personajes!


Un hecho nunca es "puro". Siempre es "tratado" por el informante que crea la impresión que obtiene "el informado". El tono del comentarista, las palabras que utiliza, posiblemente la música de fondo que acompaña a la imagen, la proximidad de otra información que la contamina, distorsionan la cruda realidad a la que es difícil acceder. Una "buena" redacción es por función manipuladora: los adjetivos calificativos se utilizan con oportunidad (para un líder detestado que no se descuidará en llamar "dictador"), la ironía bienvenida (especialmente para los pequeños estados del Sur cuyos aspectos pueden parecer folclóricos), la precaución austera requerida (si se trata del Vaticano o Israel). El estilo debe llegar a causar indignación (por violaciones de los derechos humanos en un país no occidental o por guerras destructivas cuando no son "justas", por ejemplo las de Rusia (y no las de una coalición pro-occidental como en Yemen) cuyos "daños colaterales" deben ser admitidos....


Hay que conseguir disociar como si se tratase de naturalezas totalmente diferentes las "dictaduras" de las "democracias", las guerras "justas" y otras guerras, las intervenciones "humanitarias" y el uso de la fuerza armada, las elecciones de los aliados y las (siempre cuestionables) de los otros.... Es necesario ser "sencillos", evitar la noción de contradicción, negarse a aceptar la complejidad de la realidad, los obstáculos a una "sana" comprensión de las relaciones internacionales en favor del mantenimiento de un orden establecido, menos malvado gracias a un Occidente que trabaja constantemente por el progreso de la Humanidad!


Para los medios de comunicación dominantes, un lanzador de piedras contra la policía en París, o contra la policía de la Sra. Park (ahora en prisión) en Seúl (5) es un matón, pero un ciudadano lúcido y valiente si es "gaseado" en Argel (6) o Caracas! Un manifestante asesinado o herido en París no es más que un "error" resultante de un comportamiento individual en el contexto del mantenimiento del "orden republicano"; en países poco apreciados como Venezuela, ¡es el resultado de la naturaleza represiva de las potencias!


Estas prácticas llevan necesariamente a un creciente descrédito en los medios de comunicación dominantes (el 10% de los franceses siguen confiando en ellos), ya sea el Pravda al final de la URSS o la BFMTV bajo la presidencia de Macron. Sin embargo, tienen el "deber" de superar, a través de una serie de desviaciones, su falta de principios, la inconsistencia de sus juicios de valor y el debilitamiento de la cultura democrática de muchos periodistas, a menudo seleccionados por su adecuación a las "normas" aceptadas y su servilismo oportunista (7)!


Algunas ilustraciones


En el orden interno, lo social es el objeto de toda censura y autocensura: ¡las reivindicaciones necesariamente presupuestables contradicen la lógica de un capitalismo inescrupuloso que no cede nada cuando se trata de dinero!


En el orden internacional, también se neutraliza todo lo relacionado con las transacciones financieras, la "optimización" fiscal, los fenómenos de concentración, la competencia que nunca es libre y siempre es falseada! Es necesario creer en una sociedad internacional "equilibrada", a través del "libre juego de las leyes del mercado", es decir, la mejor manera de asegurar el crecimiento y el progreso. Por lo tanto, el núcleo del sistema está cuidadosamente protegido por los medios de comunicación dominantes.


El orden de la Unión Europea es, pues, objeto de todas las "precauciones" mediáticas: cualesquiera que sean las críticas que algunos hagan, la Unión Europea, la Comisión y el BCE se benefician de una gran autocomplacencia mediática: esto se constató cuando el Estado griego se opuso a ello, así como con ocasión de Brexit y de las disputas italianas. En Francia, el episodio del "No" en el referéndum de 2005, a pesar del apoyo pleno y casi unánime de los medios de comunicación al "Sí", seguido de una manipulación parlamentaria, fue presentado de forma caricaturesca.


El tratamiento de los paraísos fiscales y de la evasión fiscal es muy complaciente: los medios de comunicación sólo critican a unas pocas "ovejas negras de cuello blanco", pero el sistema de fraude "legal" tolerado por los Estados nunca se lleva a juicio. Los casos de los "Paradise papers" o "Panama papers" han sido despolitizados al máximo y las propuestas de medidas vinculantes no han sido apoyadas.
Los periodistas sometidos a las clases decadentes y corruptas tienen, como ellos, miedo de la verdad, como dijo Jaurès ya en 1904. Pertenecen a este "centro extremo", en el corazón de la ideología sigilosa del sistema mediático, una opción que permite sucesivamente a todos los mítines (tanto a Sarkozy, como a Hollande y Macron, este último omnipresente en todas sus facetas en todos los canales), expresión de un mundo "nuevo" perfectamente similar al antiguo. Al adornarse con la finura de la "moderación" en las cuestiones financieras más "delicadas", los medios de comunicación dominantes salvaguardan el liberalismo financiero y su lugar al margen de toda controversia política.


Para estos observadores "honestos", que son periodistas en los medios de comunicación dominantes, el mundo está dividido sin matices entre dos tipos de Estado, dos tipos de sistemas socioeconómicos, liderados por dos tipos de líderes: los "buenos" (los Estados Unidos, incluso con Trump, el capitalismo y los responsables alemanes, británicos,...) y los "malos" (Rusia, China, Irán, así como Putin, los líderes del PC chino, etc.). Los medios de comunicación no entran en matices: ¡ellos nunca logran nada, están en crisis permanente y "nos" amenazan peligrosamente! En resumen, todo estaría bien en el mundo si no existieran.


El delirio a veces alcanza nuevas cotas: ¡sólo en lo que respeca a las últimas décadas se podría hacer una colección entera de los absurdos acumulados contra Corea del Norte o Libia!


Por ejemplo, los medios de comunicación occidentales han anunciado repetidamente la muerte del régimen de Pyong Yang y han esgrimido la amenaza que representa para la paz mundial, que se refleja en el interminable desfile militar en todas las pantallas, que es claramente la única actividad de los fanáticos norcoreanos. A este espectáculo edificante se le añaden los comentarios televisivos y radiofónicos de los "expertos" más analfabetos sobre los horrores sin parangón del régimen norcoreano hasta el cambio de rumbo de Trump.


La evolución de los Estados Unidos en esta materia ha invertido la desinformación europea que, por lo tanto, ha cambiado de tono y... de "expertos", ¡sin recordarnos los daños económicos, políticos y humanos causados por 70 años de embargo!


El Sr. Gaddafi, comparado con un peligroso loco, y la Jamahiriya Libia no fueron tratados mejor hasta que la guerra en Sarkozy y B-H. Levy destruyera todo el país, que sigue hundido en el caos ocho años después! Los medios de comunicación de hoy en día prefieren el silencio casi total sin el menor arrepentimiento.


Por otra parte, la más mínima sacudida positiva en Arabia Saudí, como el permiso de conducir para mujeres, es aclamada como un salto democrático hacia adelante. A eso conduce el binomio dólares y petróleo!


En África (especialmente en el África francófona), donde se multiplican las elecciones presidenciales amañadas, los medios de comunicación occidentales dominantes muestran discreción: ¡la indignación por el fraude electoral se enfoca en otras direcciones! Los medios de comunicación deben ser cautelosos con Bolloré, y con algunos grupos importantes como Total, que tienen un fuerte interés en estas tierras difíciles y que, por lo tanto, se muestran complacientes con las autoridades locales más corruptas (8).


Cuando las tropas de la OTAN han destruido todo Oriente Medio y continúan haciéndolo con Arabia Saudí en Yemen, se "explica" que estas guerras se libran de acuerdo con el derecho humanitario, lo que no es el caso de los rusos en Siria, por ejemplo, "aliado incondicional" del verdugo en Damasco. Los periodistas no tienen que preguntarse por el coste de las "guerras justas", sino sólo por el coste de las intervenciones rusas o iraníes, ¡cuya mala conducta es obvia!


La nueva dictadura brasileña no preocupa a los periodistas sudamericanos. Por otro lado, la Venezuela chavista merece todas las acusaciones, aunque el régimen bolivariano, antes de experimentar la crisis actual en gran medida debido a las políticas estadounidenses, sacó a miles de venezolanos de la pobreza.


Está claro para los medios de comunicación que no se debe dar crédito a ninguna experiencia de orientación socialista porque no hace falta decir que ninguna "debe" tener éxito.
Desde Allende hasta Maduro, pasando por el régimen cubano, se proclamó mediáticamente que el fracaso estaba programado! Todos eso sirve igualmente para golpear a la izquierda occidental cuando ésta se muestra solidaria.


Finalmente, cuando el tema es demasiado sensible para ser juzgado sin precaución (como en el caso del problema de los migrantes o el conflicto entre Pakistán (aliado de Estados Unidos) e India (un contrafuego a China), los principales medios de comunicación buscan su mercado en la manada de intelectuales occidentales y en la "cultura de Wall Street", aunque tengan poco que decir: la cháchara moderna y moderada de los afortunados expertos elegidos ahorra tiempo a los periodistas, a los que se recomienda mantener una postura "neutral" y moderada.


En términos más generales, las líneas estratégicas de los medios de comunicación dominantes satisfacen las preocupaciones de las autoridades públicas y privadas que también son dominantes en Occidente.


Necesitado de enemigos, el sistema mediático cultiva un espíritu de "guerra fría" y un mundo unipolar centrado en Occidente, contra cualquier progreso de una multipolaridad que, sin embargo, sea favorable a los intercambios y al mantenimiento de una paz equitativa.


Nunca se pone en tela de juicio a la OTAN (a diferencia de las Naciones Unidas), a pesar del papel primario desempeñado por el solo Estados Unidos y su unilateralismo agresivo (800 bases militares en todo el mundo). Por el contrario, cuenta con el apoyo de los medios de comunicación, como hemos visto con la crisis ucraniana, la reintegración de Crimea en Rusia y la agresión polaca o báltica contra el Kremlin.
En cuanto a los derechos humanos y las cuestiones humanitarias, se tratan de manera muy diferente según los casos.


A veces ocupan lo esencial hasta el punto de subordinar cualquier otro problema; se olvidan cuando las potencias que los violan se asocian con Occidente, como es el caso de la Turquía de Erdogan, ese pivote de la Alianza Atlántica, incluso cuando masacra al pueblo kurdo. Lo mismo ocurre con los derechos de los migrantes, que son olvidados como seres humanos, relegados al trasfondo de un proteccionismo omnipresente.


Estas orientaciones generales no excluyen expresiones específicas de posiciones críticas que sugieren que no hay monolitismo, una ilusión que tiene el "mérito" de reforzar la credibilidad de un pensamiento coherente pero renovado, si lo comparamos, por ejemplo, con la época gaullista de los primeros días de la V República Francesa. La pseudo "élite" que ejerce su hegemonía a través de los medios de comunicación tiene, hay que reconocerlo, la capacidad de innovar y de ofrecer variaciones de opinión pública que le permitan perdurar (9).


Así, día a día, se desarrolla continuamente una desinformación que formatea, utilizando el desvío de lo internacional, a los ciudadanos para que adopten una posición "políticamente correcta" en el orden interno. Este es el único propósito de la limitación de tiempo y espacio que se da a las relaciones internacionales. Esta intensa propaganda es para la "llamada sociedad democrática, como dice Noam Chomsky, lo que la porra es para el estado totalitario"! Si bien la porra es dolorosa, la práctica de los medios de comunicación occidentales tiene la "virtud" de fabricar en cadena tontos ignorantes que es difícil de curar.


Parafraseando a G. Bachelard afirmando que "no hay ciencia sino es crítica", podemos concluir que "no hay información auténtica si no es crítica", es decir, en una ruptura con el Estado y el dinero.
Pero, ¿cómo se puede lograr esto?


Dentro del marco del sistema, es obvio que el realismo prohíbe cualquier solución.


Pero el "realismo", respondió Bernanos, "es el sentido común de los cabrones.


¡A eso hemos llegado!

Por 

Robert Charvin
Investig'Action

 

Notas


1. Podemos recordar cómo los "boatpeoples" vietnamitas y anticomunistas fueron "aplaudidos", a diferencia de los refugiados chilenos, por ejemplo, expulsados por Pinochet, acogidos por los comunistas y los progresistas europeos.
2. A. Accardo. Para un socio-análisis del periodismo. Agone. 2017.
3. Véase A. A. A. Lancelin. El pensamiento tomado como rehén. Armarse intelectualmente contra los medios de comunicación dominantes. Les Liens qui Libèrent. 2018.
4. Esta categoría muy privilegiada y muy restringida, adquirida por el sistema, debe distinguirse de la masa de periodistas más o menos precarios que no pueden ejercer realmente su profesión (la mitad de los periodistas franceses cobran el salario mínimo y son totalmente dependientes de su empleador).
5. El movimiento popular en Corea del Sur, que de manera masiva y pacífica logró imponer la dimisión de la Sra. Park en 2017, ha sido prácticamente ignorado en Europa. El "ejemplo" era "peligroso"!
6. Como es tradicional para los gobiernos franceses y los medios de comunicación, la posición frente a los acontecimientos en Argelia es la de "dos hierros en el fuego": se garantiza el futuro, sea cual sea, absteniéndose de optar claramente por una u otra fuerza (véase la "cautela" durante la guerra civil entre islamistas y el ejército en la década de 1990 o durante las elecciones presidenciales de abril de 2019).
7. Cuando los periodistas más "eminentes" (los únicos responsables del discurso dominante) son cuestionados por sus seguidores, su cortesía y su agresividad (incluso en la función pública) contra los opositores, tienden a unirse, aprovechando el silencio forzado de sus colegas más precarios. Luego denuncian la "conspiracionismo" y el "populismo", sin dar ninguna definición. Este corporativismo se prefabrica en las escuelas de periodismo donde se enseña un cierto "saber hacer" sin necesidad de una cultura crítica.
8. Las críticas son mucho más fuertes cuando se trata de países más alejados de Europa, como Sudán o Argelia, por ejemplo. Por lo tanto, existe una visión muy diferente de las prácticas internas idénticas de los Estados según su orientación externa. Ver R. Charvin. "¿Nueva "Guerra Fría" o nuevo tipo de beligerancia? "en Relations Internationales (París), n° 108. Enero-Marzo 2017.
9. Afortunadamente, "La historia es un cementerio de élites", como escribe Thomas Bo Homore (Elites and Society. Londres. Watts. 1964).

Publicado enSociedad
Una visión desde el psicoanálisis sobre el ascenso de las derechas

El fascismo actual no es igual al que existió tras la Primera Guerra Mundial. El rasgo común es la xenofobia y la defensa de formas autoritarias. Pero el de ahora es una respuesta a la crisis del capitalismo tardío, no para superarlo, sino para afirmar las condiciones de sometimiento.

 Debemos reconocer que el fascismo está de regreso. Con esta afirmación consideramos los modos del fascismo en las democracias occidentales que en la actualidad no reproducen aquel que existió luego de la primera guerra mundial. Designamos con el término “modos del fascismo” al ascenso de las derechas radicales en diferentes partes de Europa y América. Un rasgo común, desde los movimientos neonazis a los diferentes partidos de la derecha, es la xenofobia y la defensa de formas autoritarias. Creemos que no es posible asimilar las características disímiles de todos estos grupos con una palabra como “posfascismo” o “neofascismo” ya que su particularidad es responder desde el fascismo de las diferencias a la crisis que genera el capitalismo tardío; pero no para superarlo, como en los fascismos clásicos, sino para afirmar las mismas condiciones de sometimiento.

El fascismo clásico: la búsqueda de una comunidad homogénea

“Todos somos nacionalsocialistas –siguió diciendo–; somos SS al servicio de nuestro Volk y de nuestro Führer. Les recuerdo que Führerworte haben Geserzeskraft, la palabra del Führer tiene fuerza de Ley. No tienen que caer en la tentación de ser humanos”... “Los judíos a quienes hay que ejecutar son unos asociales que no valen nada y que Alemania no puede tolerar. Incluiremos también a los pacientes de los manicomios, a los gitanos y cualquier otra persona que no valga lo que come. Pero vamos a empezar por los judíos”.
Jonathan Littell, Las Benévolas


El ascenso del fascismo tiene lugar en Europa durante las décadas de 1920 y 1930. Después del colapso del orden liberal y ante el avance de las fuerzas revolucionarias socialistas que habían triunfado en Rusia, se presenta como una alternativa que anunciaba la utopía del “hombre nuevo” que iba a reemplazar las democracias liberales decadentes para defenderlas de la barbarie “judeo-comunista”. Mussolini anunciaba el renacimiento del Imperio Romano y Hitler el advenimiento de un nuevo Reich que duraría mil años en la que el pueblo, el Volk alemán, viviría en una fraternidad social.


Una de las bases del fascismo clásico es el antisemitismo. El odio a los judíos es su razón de ser. Pero no ya un antijudaísmo basado en los prejuicios religiosos, sino en un antisemitismo sostenido en el positivismo biológico que establecía que los seres humanos se dividían en razas superiores e inferiores. En Francia, desde el affaire Dreyfus, importantes sectores de la población se convirtieron en antisemitas; en Alemania era el eje de la visión nacional-socialista; la Italia fascista en un comienzo le dejaba al Vaticano el monopolio del antijudaísmo hasta que Mussolini promulgó en 1938 una legislación racial antisemita. En España, donde ya no había judíos, pues habían sido expulsados por la Inquisición, la propaganda franquista agitaba la relación entre los judíos y los “rojos” enemigos del nacional-catolicismo. Pero debemos destacar que en Europa y gran parte del mundo occidental, el antisemitismo fundado en las ciencias positivistas tenía una gran legitimidad. Este llevaba a procesos de subjetivación que producían efectos en las diferentes culturas nacionales desde múltiples variantes. Lo que agitaba el fascismo era que los judíos debían ser considerados socialmente extranjeros para las naciones europeas. Además debía considerarse que su inteligencia los había puesto en el centro del capitalismo donde su racionalismo calculador los llevaba a destruir las viejas culturas a través de la revolución socialista. De allí que el fascismo es una respuesta del gran capital ante la crisis capitalista que no se sentía defendido por las instituciones liberales democráticas. El fascismo es racista por definición: su objetivo es afianzar el miedo al diferente. De esta manera lleva a cabo una estatización de la vida económica, política, social y cultural. Ésta se sostiene en un gobierno totalitario donde predomina la adopción de uniformes, el lenguaje militar y el uso de los símbolos patrióticos para adoctrinar a la población.


Umberto Eco afirma que la palabra “fascismo” se fue convirtiendo en una sinécdoque que se usa para disímiles manifestaciones de totalitarismo, tanto en Europa como en América. En 1995 escribe un texto donde describe 14 características de lo que llamó “el Fascismo Eterno”. Esto no significa que todas ellas puedan organizarse en un sistema; pero basta que una de ellas esté presente para permitir que el fascismo se desarrolle. Vamos a enunciarlas: 1°) El culto a la tradición; 2°) El rechazo a lo moderno; 3°) El culto de la acción por la acción: “La acción es hermosa en sí misma y debe ser llevada cabo sin cualquier reflexión previa. Pensar es una forma de castración.” Un fascista autóctono, el militar Aldo Rico que organizó un golpe contra el gobierno de Alfonsín, decía “que la duda es una jactancia de los intelectuales”; 4°) El desacuerdo es una traición; 5°) Miedo a la diferencia; 6°) Apelación a la frustración social: “Una de la características más típicas del fascismo histórico fue el llamado a una clase media frustrada, una clase que sufre de una crisis económica o sentimientos de humillación y que está asustada por la presión de grupos sociales más pobres”; 7°) La obsesión con una conspiración: “La forma más fácil de resolver la conspiración es apelar a la xenofobia”; 8°) La humillación por la riqueza y la fuerza de sus enemigos; 9°) El pacifismo es el comercio con el enemigo; 10°) Desprecio por los débiles; 11°) Todo el mundo es educado para convertirse en héroe; 12°) Machismo y militarismo; 13°) El populismo selectivo; 14°) El Fascismo Eterno habla una especie de neolengua: “Todos los libros escolares nazis o fascistas utilizaron un vocabulario particular.”


Si bien estas características que resume Umberto Eco definen con claridad el fascismo clásico, hay un aspecto que nos interesa destacar: su concepto de comunidad; ya que nos permite entender los modos actuales del fascismo en las democracias occidentales.


En el año 1930, cuando el fascismo todavía era un proyecto que se estaba afirmando, Georges Bataille escribió un texto muy poco conocido donde desarrolla este tema: El Estado y el problema del fascismo. Sus reflexiones no se ocupan tanto de la violencia o de la administración estatal del exterminio, sino sobre el proyecto comunitario que propone el fascismo. Allí sostiene que su expansión se explica por proponer un programa para la comunidad; su triunfo es el de representar a los descontentos para ser la expresión política de una comunidad que se piensa acabada y homogénea. Para Bataille, la homogeneidad consagrada en las sociedades fascistas no es sino el efecto de una heterogeneidad vivida como imperfección y carencia. La necesidad de asimilar, primero y de eliminar después lo heterogéneo es lo que se impone en la comunidad heterogénea: “solo el rechazo de las formas miserables tiene, para la sociedad homogénea, un valor constante universal”. Pero el acto de exclusión de las formas consideradas miserables asocia necesariamente la homogeneidad con las formas imperativas. De hecho, la sociedad homogénea utiliza las fuerzas imperativas contra los elementos más incompatibles con ellas. Como se plantea en el texto de introducción al libro de Bataille, el sentimiento de pertenencia a una comunidad cerrada protege al individuo de aquello que amenaza su propia integridad: el contacto con lo otro, con lo extraño, con lo desconocido. Lo que más teme el individuo es su propia muerte, o lo que viene a ser lo mismo: la pérdida de su propia identidad en la confusión indistinta con todos los otros seres. Es esta angustia ante la pérdida de sí la que le hace tratar como enemigos a cuantos no forman parte de su propia comunidad política. Es la voluntad de asegurar la perennidad de sí mismo y de la propia nación la que da origen a la guerra entre los pueblos: “La existencia nacional y militar están presentes en el mundo para intentar negar la muerte reduciéndola a una porción de gloria sin angustia”. Y es este miedo a la muerte, este afán insensato de sobrevivir a costa de los otros, el que hace “zozobrar cualquier intento de comunidad universal.” Por ello el fascismo construye una “comunidad para la muerte” ya que la conservación de la homogeneidad exige la muerte de lo heterogéneo: la comunidad se funda en su sacrificio. La economía política del fascismo deviene en el germen de su acción genocida. Así como el humo de Auschwitz fue una señal del inconfesable vínculo con la comunidad; en la actualidad ocurre lo mismo cuando los inmigrantes que quieren llegar a Europa mueren en el mar Mediterráneo o los latinos que intentan cruzar la frontera entre EE.UU. y México desaparecen en las arenas del desierto.


Los nuevos modos del fascismo: el rechazo al inmigrante pobre


La ética son los otros humanos. Esto es lo que formuló Spinoza en el siglo XVI. El otro humano necesariamente molesta; si no está esa molestia, ese malestar como diría Freud, no hay ética. En el mundo en que vivimos el otro no existe; da lo mismo si hay personas que están en situación de precariedad, hambre o miseria. Preferimos pensar que eso ocurre muy lejos y no que esas personas o familias están sentadas en la puerta de nuestra casa o en el negocio de la esquina. Cuando se lo ve, ese otro es un enemigo que me puede atacar, que me puede robar. Esta ruptura del lazo social hace que el individualismo se transforme en el eje de nuestras vidas. De allí que las políticas del neoliberalismo en el capitalismo tardío generan la sensación de desvalimiento: su respuesta son los nuevos modos del fascismo. De esta manera la xenofobia y el racismo son aceptados por grandes sectores de la población que encuentran formas de identificación ante un “enemigo” que es considerado el “mal pueblo”. Este lo constituye un conjunto variado que va desde los musulmanes, los inmigrantes pobres, los drogadictos y todos aquellos que sostienen ideas que rompen con formas patriarcales de la cultura. Por lo contrario, el “buen pueblo” es homofóbico, misógino, antifeminista, indiferente a la contaminación, antiinmigrante, apoya políticas autoritarias y de defensa de la seguridad hasta las últimas consecuencias; es decir, exige un poder fuerte, leyes de seguridad y eventualmente la pena de muerte.


Si en otras épocas el fascismo se apoyaba en un racismo que se fundamentaba en el positivismo biológico del siglo XIX, en la actualidad la xenofobia se sustenta en la gran desigualdad social que es justificada por una producción intelectual neoconservadora donde el enemigo es el extranjero pobre. Aclaremos, no cualquier extranjero: el que es pobre; es aquel que ante la crisis social capitalista viene para sacar los trabajos de la población autóctona o utilizar los servicios de salud públicos. Este “buen pueblo” encuentra en los nuevos modos del fascismo una expresión política que aglutina un proyecto comunitario muchas veces apoyado –como en Brasil– por las iglesias evangélicas o, como en Hungría y Polonia, por sectores del catolicismo conservador; es decir, se piensa en una comunidad –al decir de Bataille– acabada y homogénea. Es así como, si el fascismo clásico era antiliberal, hoy los nuevos modos del fascismo aparecen para salvar el liberalismo con fórmulas proteccionistas y del nacionalismo más rancio: Make America Greet Again. Para ello requiere imponer un dispositivo sociocultural que se sostiene en actos crueles. El eje de ese dispositivo cruel es la mentira. Lo que se conoce como la posverdad generada por medio de los fake news.


Podemos decir que la crueldad –un concepto que desarrolló desde el psicoanálisis Fernando Ulloa– es un rasgo exclusivo de la especie humana producto de su condición pulsional; es una violencia organizada para hacer padecer a otro sin conmoverse o con complacencia. Esto nos lleva a la responsabilidad de una cultura que puede desplazar sus efectos o, por lo contrario, potenciarlos.


Los procesos de subjetivación en el capitalismo tardío


Para Freud, la cultura es un proceso al servicio de Eros que une a los sujetos que la integran; a este desarrollo se opone como malestar, la pulsión de muerte que actúa en cada sujeto.

Es por ello que crea lo que denominamos un espacio-soporte donde se establecen los intercambios libidinales. Este espacio-soporte ofrece las posibilidades de que los sujetos se encuentren en comunidades de intereses, en las cuales establecen lazos afectivos y simbólicos que permiten dar cuenta de los conflictos que se producen. Es así como este espacio imaginario se convierte en soporte de los efectos de la pulsión de muerte. De esta manera decimos que el poder es consecuencia de este malestar en la cultura. Por ellos las clases hegemónicas que ejercen el poder encuentran su fuente en la fuerza de la pulsión de muerte que, como violencia destructiva y autodestructiva, permite dominar el colectivo social. Ésta queda en el tejido social produciendo efectos que impiden generar una esperanza para transformar las condiciones de vida del conjunto de la población; es decir, que predomine la cultura de la queja, de la resignación, de que nada puede ser cambiado. En este sentido, es importante distinguir un poder que represente los intereses de una minoría, de otro en manos de una mayoría de la población que permitiría desplazar los efectos de la pulsión de muerte y, por lo tanto de la crueldad propia de cada sujeto. Esta situación es producto de las condiciones políticas, económicas y sociales. Esto nos lleva a plantear cómo se dan los procesos de subjetivación en el capitalismo tardío.

Si seguimos a Agamben, la época actual no se caracteriza por desarrollar procesos de subjetivación, sino formas particulares de desubjetivación. Sostiene que el ser viviente al incorporarse a un dispositivo sociocultural se transforma en sujeto; en la actualidad hay una gran proliferación de dispositivos, lo cual lleva a que los vivientes realicen múltiples procesos de subjetivación. Pero estos dan como resultado procesos de desubjetivación que permiten nuevas determinaciones del ser viviente donde los procesos de subjetivación y desubjetivación parecieran ocurrir de manera permanente. En ellos la identidad del sujeto se transforma en un objeto, en una cosa cuyo único fin es obtener ganancias. Sujeto y objeto no se pueden diferenciar. El sujeto se cosifica en sus relaciones. Producto de esta situación, las identidades tienen formas lábiles, lo que lleva a formas de gobierno que no persiguen otra cosa que su propia reproducción.


De esta manera el orden social objetivo se interioriza en procesos de subjetivación donde encontramos una corposubjetividad construida en la relación del sujeto con su historia personal y con los otros en diferentes dispositivos socioculturales. De allí que estos procesos de subjetivación-desubjetivación conducen al encuentro del sujeto con su desvalimiento primario que intenta atenuar a partir de lo que le ofrece la cultura hegemónica: el consumismo de objetos mercancías. Para sostener este desarrollo de desestructuración psíquica, la cultura plantea que el único juicio válido está en el Yo. Sin embargo, la legitimidad de la referencia narcisista como parámetro de verdad conduce a que el Yo deje de ser soporte del interjuego pulsional poniendo en cuestionamiento la propia identidad en la relación con los otros. Aquí los nuevos modos del fascismo encuentran formas fuertes de identificación para importantes sectores de la población que se sostiene en la crueldad, donde el otro es un enemigo que hay que rechazar y, en lo posible destruir. De allí la importancia que están adquiriendo en las democracias occidentales los espacios de identificación que se oponen al capitalismo patriarcal como los movimientos feministas, los que luchan por la defensa de la diversidad sexual y la legislación del aborto.


Para finalizar, debemos tener en cuenta que la crueldad destruye lo humano presente en los otros: el otro es objeto de crueldad por su semejanza, al no tolerar su desamparo, es decir su propia humanidad. La crueldad destruye la semejanza del semejante, no por sus diferencias, sino por sus semejanzas: no es la diferencia lo que genera la crueldad, es la crueldad la que crea una diferencia radical.


En este sentido el desafío consiste en lograr que el sujeto no solo se enfrente ante su propia crueldad, sino ante la crueldad de la cultura dominante. Para ello es necesario plantear una política de clase, género y generación que cree comunidad para enfrentar la cultura hegemónica. Una política que afirme la potencia de ser. En definitiva, una política –al decir de Spinoza– de la alegría de vivir que no olvide que nunca será más que una resistencia contra la muerte.


Por Enrique Carpintero: Psicoanalista. El presente texto se publica como adelanto del número 85 de la revista Topía, que aparecerá en abril.

Domingo, 17 Marzo 2019 07:13

Misión Crisis Adentro

Misión Crisis Adentro

Barrio Adentro se llama el programa que permitió al médico entrevistado aquí llegar a Venezuela hace 13 años y que ahora está, como tanto allí, descalabrado. Aunque no guarde secretos militares, el entrevistado necesitó sentirse protegido por la reserva. Dijo, entre otras cosas, que el programa sanitario ha derivado en un mecanismo de control político y que, con todo, tiene razones para sentirse más libre en Caracas que en La Habana.

 

Nadie quiere hablar, y eso es entendible. A veces el silencio se convierte en la mejor manera –quizás la única– de desprestigiar la política, no de atacarla, más cuando esta ha optado por meterse hasta en los huesos de los ciudadanos. Las cosas están calientes, muy calientes, aunque el verdadero calor es el que expelen las bocas, aquellas que, día a día salen a poner el pecho –y el verbo– al intenso embate de las circunstancias.


No obstante, ninguna cosa –de tantas– alcanza aún su punto de ebullición. Para eso falta tiempo. Aunque tiempo sea justamente lo que menos hay. Para ambas partes. Por ahora, las opiniones van y vienen, batiendo cada vez más las aguas del río revuelto en el que se ha convertido Venezuela. Por un lado, los chavistas perseveran en una suerte de mutismo que, lejos de asustar, confunde. Y, por otro, los opositores deliran por decir algo, responsable o irresponsablemente, no importa. Lo que cuenta es el escupitajo o la opinión derrocadora, la opinión quejumbrosa, y así: la real. O por lo menos la que el mundo de afuera quiere llevar al paroxismo para demostrar que todo, absolutamente todo, está patas arriba.


De cualquier manera, nadie quiere hablar, y aunque eso sea entendible, no quiere decir que sea aceptable. Puede ser que la verdad sea que nadie, realmente, puede hablar. Simplemente nadie está autorizado para nada. Excepto para prevenir o salvaguardar la salud de las personas.


***


Eso me dice un cubano al que llamaré Jorge, porque él no quiere dar su nombre, no quiere ganarse problemas, no quiere que lo jodan ni en Venezuela, ni en Cuba, ni en ninguna parte, porque lo único que sabe hacer en su vida, en su humilde vida, es salvar las vidas de los demás. Jorge aterrizó en Caracas en 2006, cuando el gobierno bolivariano inauguró el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano Doctor Gilberto Rodríguez Ochoa, y, de paso, dio rienda suelta a la Misión Barrio Adentro IV, un programa social que, desde 2003, ha llevado a miles de médicos cubanos a trabajar en Venezuela en los lugares más recónditos de la república, así como en las zonas más populares e inaccesibles de las ciudades.


Aunque Jorge se negó un par de veces a tener una conversación –ni siquiera le mencioné la palabra entrevista–, una tarde llamó a mi contacto y le dijo que, si queríamos escucharlo, fuéramos a su casa y lleváramos pan, que él ponía el café. Así fue. Llamamos a nuestro conductor y le indicamos. Llegamos pasadas las ocho a un barrio popular pero no problemático del oeste caraqueño. La noche, más que agradable, se mostraba satisfecha. Entramos en una pequeña casa pintada de un amarillo casi incandescente. Jorge nos recibió vestido con una camisa roja de manga corta, blue jeans y alpargatas. Nos invitó a sentarnos en una sala con sillones de cuero verde, un cuadro con un paisaje nevado de fondo y un reloj derretido como el de Dalí, y nos pidió el pan. Enseguida se perdió en una minúscula cocina y, antes de que el ambiente se viera inundado por el grato olor del café recién preparado, salió y nos dijo:


—Lo primero que tienen que saber, básicamente por decencia, es que soy gay y en cualquier momento llega mi pareja. Les digo esto para que no piensen mal. Ah, y otra cosa, les hablo de todo lo que quieran que les hable, pero, una vez que salgan por esa puerta, olvídense de mi nombre real e incluso de que nos conocemos. ¿Están de acuerdo?


***


Jorge es un médico egresado de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Tiene 48 años y, según él mismo, lo único que ha hecho en su vida ha sido estudiar. Nunca se interesó ni por la política, ni por los deportes, ni por el trago, ni por las mujeres. Pero sí por la música clásica y la poesía: adora con el mismo rigor a Mozart y a Bach que a Eliseo Diego y a Nicolás Guillén. Añade que en Cuba nadie sabe que es gay y que una de las cosas que le adeuda a Venezuela es el hecho de sólo allí haber podido deshacerse de esa molestísima carga que es el clóset. Se especializó en cardiología con el “tonto y necio objetivo” de entender el órgano del cual proviene el amor. Dice que, de no haber estudiado medicina, se habría muerto de hambre, porque “de poeta nadie vive, aunque todos vivimos de los poetas”.


—Los cubanos que estamos en Venezuela “en misión” tenemos rotundamente prohibido dar declaraciones so pena de ser devueltos a la isla y ser objeto de sanciones, que van desde la prohibición del ejercicio de nuestra profesión hasta la prisión. Me parece que ellos creen que hablar fuera del margen profesional es algo así como traicionar a la patria. No lo sé, es muy contradictorio, porque ellos mismos se encargaron de meternos en la cabeza que todo acto es político, que el solo hecho de vivir es político, y, sin embargo, nos prohíben conversar de política. Es evidente que los médicos cubanos que estamos acá formamos parte de una misión política que se escuda en ser una misión de salud.


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Cuba está tan metida en Venezuela como la Unión Soviética lo estuvo en la isla hasta que todo se derrumbó, en 1989. Cuba está en cada borde del espectro nacional venezolano, guiando –no gobernando, y esto hay que subrayarlo– hacia no se sabe dónde, pero sus manos insisten, prácticamente, en parecer invisibles: en las comunicaciones, en la inteligencia, en la milicia, en la política, en la cultura, en la educación y, por supuesto, en el sistema de salud pública del país. Las que no son ni pretenden ser invisibles, de ninguna manera, son las manos de miles de médicos cubanos que diariamente curan y protegen la salud de cientos de miles de venezolanos, generalmente pobres o marginados. Jorge pinta un cuadro extremadamente filantrópico, pero, a su vez, desolador. Se siente solo y asegura que este sentimiento está extendido entre sus colegas, que no dejan de trabajar para que el sistema de salud bolivariano no se derrumbe completamente, aun cuando la realidad marca que la misión no es puntualmente un sistema de salud, sino más bien un “sistema de asistencia urgente”, que no soluciona nada, pero sí lo dilata todo.


Según Acnur, más de 3 millones de personas han abandonado Venezuela y se han desperdigado por todo el mundo. El fenómeno migratorio ha golpeado todas las clases sociales, lo cual implica una reducción de la mano de obra en todos los costados de la economía. Naturalmente, el sector de la salud no ha sido ajeno a esta crisis. Muchos profesionales de la salud –venezolanos– se han ido en busca de un futuro más prometedor, mientras que quienes van quedando y haciendo frente a todo son los médicos de la misión Barrio Adentro y los practicantes venezolanos que permanecen adheridos académica, profesional e ideológicamente al programa.


—Desde dentro de esta misión, que debería llamarse más bien Crisis Adentro, puedo decir que ahora, al mes de febrero de 2019, más del 60 por ciento de los módulos de atención o consultorios populares, tanto los fijos como los itinerantes, en todo el país, están cerrados, y los que siguen funcionando permanecen estallados por la falta tanto de personal como de insumos médicos, tecnológicos y farmacéuticos. Esto, más que una crisis, realmente es una emergencia humanitaria que cada día se hace más insostenible. Todo en la misión es artesanal, básicamente hecho a puro pulmón. Algo muy lindo ha sucedido, y es que algunas comunidades han desarrollado un sentido de pertenencia importantísimo para con el programa, lo que ha permitido que las cosas, de una u otra forma, con todas sus fallas incluidas, sigan en pie.


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El novio de Jorge llega a casa y le besa la frente. Se nos presenta como librero. Antes de pasar a la cocina, le cuenta a Jorge que demoró porque justo en la parada de su metrobús una camioneta atropelló a un señor. Enfatiza que el señor podría haberse salvado si hubiera llegado a tiempo una ambulancia o por lo menos un equipo médico, pero que, después de casi una hora de espera, murió desangrado. Jorge pregunta por la camioneta y su novio le responde: “Escapó”. Jorge enciende un cigarrillo y todos quedamos en silencio.


—La base de todo sistema de salud debe ser la solidaridad, que debe ser también uno de los fundamentos de toda revolución. Si nos encontramos con un pueblo que huye, bien de un accidente de tránsito, bien de un país en crisis, no podemos culparlo directamente, por la sencilla razón de que esa actitud es la consecuencia de políticas públicas anodinas y dislocadas, que, a su vez, derivan en complejas realidades humanas que no se pueden contener. La corrupción no sólo es económica, quiero decir, del que roba del erario público para el beneficio propio; la corrupción también es la omisión ética y moral antelo que sucede, es el miedo a afrontar la realidad –dice Jorge, mientras contempla las hondas bocanadas de humo que exhala.

 

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Barrio Adentro es una de las principales banderas de la revolución bolivariana. Desde su fundación, en 2003, su objetivo medular era salvar millones de vidas. Por una buena cantidad de años anduvo viento en popa, pero después empezó a derrumbarse, no como un simple castillo de naipes rozado azarosamente por una minúscula corriente de aire, sino más bien con la severidad con la que se derrumba una fe o se destituye a cualquier dios: a punta de desesperanza e incredulidad.


—Si la gente que trabaja en el proyecto social no percibe un reconocimiento económico que le permita ser independiente del Estado, en algo tan mínimo como decidir qué comer o cómo vivir, es natural que las cosas se hundan. Por eso, tanto profesional venezolano se ha ido. Y los cubanos que seguimos batallando permanecemos, primero, porque estamos acostumbrados, desde hace medio siglo, a no ser valorados económicamente y, segundo, porque realmente estar fuera de Cuba nos representa ciertas ventajas. Acá, por ejemplo, hay un margen de libertad de expresión mucho más amplio y, mal que bien, no vives tan apretado, tan al límite –reconoce Jorge, antes de dar muerte a su cigarrillo en un cenicero que lleva el rostro del Che Guevara.


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Uno de los problemas perentorios de Venezuela, quizás el que más necesita la atención de las autoridades, es el de la inseguridad alimentaria en la que están anegados los más pobres. Hablar de los más pobres en Venezuela significa, prácticamente, referirse –como mínimo– a la mitad de la población del país. Así las cosas, tanto la escasez como la imposibilidad de acceder a alimentos frescos y nutritivos hace que la población en general no pueda sobrellevar enfermedades crónicas, atender enfermedades emergentes, o sencillamente prevenir o tratar las comunes. La exposición ya pasó de desmedida a neurálgica.


—Duele decirlo, pero no hay condiciones para ejercer planes de salud seguros y duraderos. Las instalaciones provistas por el Estado son inhabitables: muchas veces no hay agua ni luz y todo permanece sucio. Estas cosas conforman un mínimo indispensable para que un centro de salud, en cualquier lugar del mundo, funcione cabalmente. Imagínate lo que toca hacer para neutralizar una hemorragia, curar una herida o atender un parto en una habitación que no es aseada hace meses. Lo que hay que hacer es echarse una bendición para que ninguna bacteria o virus se meta y eche todo a perder.


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Jorge va cerrando la conversación. El reloj de Dalí marca las 22.36. Nos advierte que no está bueno estar por ahí de noche. Que Caracas es una ciudad peligrosa y cada esquina esconde sorpresas. Y que lo último que quiere es que, por andar viéndolo y escuchándolo, terminemos experimentando –en carne propia– el desastre que es la salud en Venezuela.


—Jorge, ¿cuántos médicos cubanos tiene actualmente la misión?


—Tranquilamente podemos ser unos 30 mil.


—¿Cómo la definirías?


—En un principio, como un proyecto innovador y benefactor que, por una mala administración y fallas en su proyección, infortunadamente degeneró en una forma de control social.
—¿Control social?


—Sí, mitigamos tu dolor, pero no te solucionamos nada de fondo. Así, tienes que estar volviendo y no puedes decir que no a nada, porque corres el riesgo de quedarte sin el servicio.
—¿Por qué decidiste acceder a esta conversación?


—Hombre, eso sí que no lo sé. Supongo que porque en el fondo encuentro que las cosas no están funcionando bien y el silencio nos hace cómplices, ¿no?
—¿Qué piensas de lo que está pasando?


—Soy médico, no político ni sociólogo. Además, toda la especulación sobre el tema bélico me da un sueño tremendo. Los cubanos estamos esperando que nos invadan desde el 1 de enero de 1959. Con eso te digo todo.


—¿Volverás a Cuba?


—No creo, pero, si aprueban el matrimonio igualitario, quizás lo piense –confiesa, mientras le guiña el ojo a su novio.

Por Giovanny Jaramillo Rojas
15 marzo, 2019

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Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA

Los camiones de caridad de la USAID destinados a Venezuela siguen estacionados en la frontera con Colombia, mientras Donald Trump, el hombre que personifica la solidaridad, amenaza al país suramericano con un ataque militar: quiere que miles de venezolanos que morirán por el impacto de bombas y balas lo hagan con el estómago lleno de galletas que no pudo vender en el mercado de los países desarrollados, quizás por utilizar semillas modificadas, o porque estaban a punto de caducarse.

La Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) fue creada en 1961 con la intención de ampliar el “Plan Marshal” a los países estratégicos del mundo, canalizando sus políticas para 1) impedir que las fuerzas comunistas, -que se fortalecieron al derrotar al fascismo en la Segunda Guerra Mundial-, tomasen el poder, y 2) abrir nuevos mercados a las empresas de EEUU. El vínculo entre la USAID y la Oficina de Seguridad Pública, entonces dirigida por el agente de la CIA Byron Engle, ha ido renovándose año tras año: en 2015 Barack Obama nombró a la directora del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca Gayle Smith como la directora de la agencia.


Según WikiLeaks, entre 2004 y 2006, la USAID realizó diversas acciones en Venezuela y una donación de 15 millones de dólares a decenas de organizaciones civiles, con el fin de llevar adelante la estrategia del ex embajador de Washington Venezuela William Brownfield, basada en provocar fractura en el chavismo y organizar a los sectores descontentos con las reformas del Partido Socialista Unido de Venezuela.


Las funciones de USAID


1. Elegir el país adecuado para el proyecto elaborado por la Secretaria de Estado, y obviamente, no siempre es el más necesitado. Luego la agencia debe decidir en 7qué sector se va a implicar, aunque sus preferidos son el de energía, educación, salud, seguridad y agricultura. En éste suele sustituir la producción de cultivos alimentarios por los comerciales. Después, coloca a sus efectivos en los puestos claves para subvertir las economías locales. Las veces que contrata a valiosas personas solidarias nativas, es para reducir a quienes deberían militar en los partidos políticos para un cambio fundamental en meros gestores de caridad. En Irak colonizado, USAID inyecta la economía neoliberal, impone masivas privatizaciones, incluida una parte de la industria petrolífera, y obliga a la teocracia títere instalada comparar granos transgénicos de Monsanto. En Perú, la agencia donó 35 millones de dólares en los años 1990 a la campaña de Alberto Fujimori, cuyas medidas económicas hundieron al país en la miseria. La solución del protegido de USAID no fue reducir la pobreza sino a los pobres: Fujimori esterilizó de forma forzosa a 300.000 mujeres indígenas.

2. Debilitar e incluso eliminar las instituciones del país receptor, creando redes y entidades paralelas, promoviendo la desnacionalización de los sectores fundamentales en favor de la gestión de los “emprendedores”. Obviamente, el interés de la burguesía de EEUU no está en la autosuficiencia de otros países, sino todo lo contrario.

3. Facilitar a la CIA “plantar sus hombres en las policías de los países estratégicos de todo el mundo“, afirma el ex corresponsal de New York Times AJ Langguth. De hecho, el presupuesto de USAID en parte es el financiamiento oculta de las agencias de inteligencia de EEUU.

4. Fortalecer el dominio de EEUU sobre las finanzas mundiales. En India, país retén de China para Washington, USAID en coordinación con el gobierno ultraderechista de Narendra Modi implantó la “digitalización de la economía”, obligando a decenas de millones de personas de las clases más desfavorecidas del país abandonar el pago en efectivo en favor del digital, dándoles solo un mes -noviembre del 2016- para entregar sus billetes grandes al banco, cuando la mayoría ni tenían ni cuenta bancaria. y ¿Qué consiguió USAID?


a) Servir a los intereses de las Tecnologías de la Información (TI), a los proveedores de servicios de pago y a las compañías de tarjetas de crédito MasterCard, Visa y a la Fundación Gates que prometió a cambio donar un generoso cheque a la ONU


b) Empobrecer a los indios, acabando con los ahorros de muchos pequeños comerciantes y productores, que no consiguieron ingresar su dinero.
c) Hacerse con los datos de los usuarios.


d) Al reducir el uso de efectivo a nivel mundial, permite a EEUU fortalece el dólar mediante el predominio de sus empresas sobre las finanzas internacionales.

e) Vigilar el negocio global: Washington así puede sancionar, por ejemplo, a las compañías que trabajan con Irán, como la china Huawei.


5. Capacitar las fuerzas de represión de un estado, preparándolas para desmantelar la resistencia de la población. El hombre de USAID en Uruguay Dan Mitrione daba cursos en los años setenta sobre el “complejo arte del interrogatorio” y de cómo habría que torturar a los detenidos, utilizando “en directo” a hombres y mujeres sin techos como cobayas humanos. USAID, junto con Green Berets (Boinas verdes) y CIA, está implicada en la tortura, matanza y la desaparición de miles de hombres y mujeres progresistas guatemaltecos, al entrenar para esta misión a cerca de 30.000 policías y grupos paramilitares. En Brasil la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI), una contratista de USAID dedicada a desestabilizar los gobiernos no aliados, operó del mismo modo. Una de sus víctimas fue Dilma Rousseff, detenida y torturada por ser una estudiante marxista.


6. Crear miles de puestos de trabajo para las ONG estadounidenses y dotándolas de enormes fondos públicos y privados al servicio de los intereses de donantes como Rockefeller, Soros, Gates, Ford y Omidyar, mientras abre los mercados a las corporaciones de EEUU. La propia USAID afirma devolver a su país cerca del 80% del dinero invertido en esta organización. Una vez que Bus y sus aliados convirtieron a Irak en escombro a golpe de mentiras en 2003, uno de los contratistas de USAID, “Creative Creative Associates International Inc. (CAII)” se adjudicó un contrato por el valor de 157 millones de dólares destinados a comprar pizarras y tiza para los colegios previamente destruidos por los misiles estadounidenses. Otro, International Relief and Development (IRD), recibió 2.4 mil millones de dólares con los mismos fines, y Halliburton y Bechtel otros tantos. En Afganistán, el principal receptor de las ayudas de EEUU, y donde aterrizaron cientos de onges occidentales “expertas en género” para “salvar a las mujeres”, USAID destinó 216 millones de dólares en 2018 para empoderar a 75.000 mujeres: según el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán sólo empelaron a unas 50 y el dinero de los contribuyentes se esfumó. Pasó algo parecido a otros 89.7 millones de dólares. Arnold Fields, su director fue forzado a dimitir por el Congreso. La “Democratización de Afganistán” dirigida por Bush-Cheney y 300.000 soldados de la OTAN y decenas de miles de la subcontrata “Yihadista” del Pentágono, además de acabar con la vida de cerca de un millón de afganos y provocar la huida de millones de familias de sus hogares, ha significado borrar la memoria histórica de esta nación desde los libros de texto: pocos recuerdan que la República Democrático de Afganistán (1978-1992), dirigida por los comunistas, eliminó la usura, el cultivo del opio, legalizó los sindicatos, estableció una ley de salario mínimo, el convenio colectivo, la igualdad entre el hombre y la mujer, que permitió que por primera vez el 40% de los médicos fueron mujeres así como el 60% del profesorado de la Universidad de Kabul. Se declaró gratuita y universal la educación, al igual que la sanidad, duplicando además las camas en los hospitales. Según la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), el número de civiles muertos o heridos en los ataques de la OTAN en 2017 aumentó un 50% respecto al 2016, y que dos tercios del total eran mujeres, niños y niñas. Hoy en las escuelas de USAID no enseñan los valores de la colectividad, sino el individualismo más perverso de “sálvese quien pueda”.


7. Socavar la resistencia al imperialismo y a las dictaduras aliadas, en los países en tensión, paliando el hambre de forma puntual y en momentos concretos con una limosna, impidiendo que la población se organice exigiendo la justicia social. En Egipto, tanto en el periodo del régimen de Mubarak como hoy bajo el despotismo del general al Sisi, Washington obliga a El Cairo comprarle armas cuando miles de personas viven en los cementerios, y luego le envía a USAID para repartir pan en los barrios que se levantaron durante la secuestrada “Primavera” del 2011, socavando la resistencia. Ha hecho lo mismo en Haití: en los barrios donde los trabajadores habían organizado “ollas públicas” para demandar justicia, reparte míseras bolsas de comida, forjando lealtades: “todos besarían las manos que les da de comer”, ha pensado.


8. Provocar protestas populares contra los gobiernos que repudia bajo la bandera de “Promoción de la democracia”. USAID ha sido expulsada de Rusia, de los países del ALBA (Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua y Venezuela) y de Burkina Faso. Aquí, el presidente de Thomas Sankara, El Che Guevara de Burkina Faso, fue derrocado por un golpe de estado patrocinado por Francia y asesinado en 1987 en castigo por sus grandes medidas dirigidas a la autosuficiencia de la nación. Libia, uno de los países más desarrollados de África, hoy es el mejor ejemplo de esta clase de “liberación”.


9. Crear sus propios medios de comunicación aparentemente despolitizados (Deportivos, musicales, etc.) enviando mensajes subliminales a beneficio de la economía de mercado, del consumismo, la insolidaridad, etc. USAID, a través de la OTI, introdujo en Cuba en 2010 un sistema de mensajería similar a Twitter llamado ZunZuneo. Mientras recopilaba los datos personales de cientos de miles de usuarios a través de sus móviles, pretendía organizar disidencias en la red y también en las calles. Creative Associates International Inc. (CAII), otra de los contratistas de USAID, patrocinó a algunos raperos para atrapar a los jóvenes.


10. Recibir más subvención por mayor destrucción a causa de la guerra: en marzo del 2017, EEUU bombardeó “por error” un edificio en Mosul matando a 105 iraquíes civiles: dos días antes USAID había presentado su solicitud de nuevos presupuesto para la reconstrucción de Irak: ¿Mercaderes de “guerra-construcción”? ¿Bomberos pirómanos? ¡Todo parecido a la escena de la película “Niño” en la que Charlot propone a su hijo romper los cristales del vecindario para lucrarse instalando vidrios nuevos es pura coincidencia!


Si la guerra y la pobreza no fueran tan rentables estarían prohibidas por la ley.

 

2 marzo 2019

Publicado enInternacional
Lo que el algoritmo esconde: matemáticas, sesgos y al final, decisiones humanas

En la era de la digitalización y los datos, se habla de los algoritmos como esas oscuras herramientas que pueden llegar a manejar nuestro destino. Pero no hay que olvidar que los algoritmos son matemáticas, ni más ni menos.

 

El debate está servido: ¿son los algoritmos herramientas opacas e incomprensibles que pueden dañarnos, o simplemente herramientas que dependen de decisiones humanas? ¿No será que las fórmulas son cada vez más complejas y no queremos —o no tenemos capacidad de— estudiarlas para entenderlas? Y si los algoritmos que más nos afectan están en manos privadas, los gigantes de Silicon Valley, ¿cómo podemos defendernos cuando nos metan en un problema?

"¡No somos nosotros, es el algoritmo!" es quizá una de los argumentos más inquietantes que se pueden plantear a problemas que ya existen y con los que convivimos sin saberlo. Desde el ámbito de la universidad se presta cada vez más atención a esta cuestión, que va mucho más allá de la privacidad o la intimidad de nuestras vidas.
Ya existen herramientas que deciden quién tiene más probabilidades de cometer un crimen —como el polémico 'software' PredPol, que ha sido utilizado en secreto en decenas de ciudades—, qué mensajes vemos en las redes sociales o qué crédito tenemos en función de nuestro rastro digital (pregunte en confianza a su amigo analista de riesgos y lo que le contestará le sorprenderá).

En un pequeño evento celebrado en la Facultad de Informática de la UCM, en el marco de la V Semana de la Informática que celebra el centro, varios expertos debatieron sobre la necesidad de abordar estas cuestiones —sesgos en el diseño, diseños abusivos, transparencia, auditabilidad— desde el punto de vista de los ingenieros informáticos, con un contrapunto ético y legal.

Rodeada de ingenieros, la abogada Paloma Llaneza, reconocida experta en seguridad y protección de datos, planteó una de las cuestiones claves del evento. "Tenemos que ser capaces de saber qué pasa con los algoritmos, sobre todo para quienes no tenemos ni idea, para saber si ha tomado la decisión correcta", comentó, y añadió. “No quiero que me digan que tengo un 85% de probabilidades de pagar mis deudas, sino si ese dato es bueno o malo, por un lado, y por otro por qué se toma una decisión determinada sobre mí, en qué se basa esa decisión, cómo funciona el mecanismo".

Esta experta remarcó que la tecnología de consumo, con sus interfaces sencillas e intuitivas, nos han facilitado mucho la vida —"nos han hecho tontos"— aunque luego la responsabilidad que exigen a ese usuario (desde conocer los términos y condiciones de un servicio que aceptas al tocar un botón hasta evitar intrusiones en ordenadores cuyas tripas informáticas no conocemos) "nos exigen ser casi premios Nobel".

Frente a ella, Jorge Gómez Sanz, ingeniero en Informática y profesor titular en la UCM, así como desarrollador de 'software' libre, negó la mayor: "No estamos en la dictadura del algoritmo, hay personas que luego tienen que tomar decisiones", razonó.

Para Gómez, la respuesta que la ingeniería puede dar sobre si un algoritmo acierta o no es relativamente simple: acierta siempre porque siempre genera una respuesta acorde con la función para lo que fue diseñado. "Los defectos que tenemos los humanos y que trasladamos a los algoritmos constituyen lo que debería estar regulado con normas y leyes (que no dejan de ser algoritmos, con nivel de abstracción más elevado)".

"Es cierto que existe un margen de decisión humana" tanto en el proceso de construcción de 'software' como en las decisiones finales basadas en la información que proporciona un sistema, recordó Llaneza, que sin embargo recordó que "el ser humano tiende a alinearse con la máquina por una cuestión de procesos". Es decir, el analista bancario que es obligado por su empresa a seguir las directrices del programa de análisis de riesgos de los clientes seguirá al pie de la letra lo que dice la máquina, para que no se cabree el jefe.


"Hemos dejado de leer el pasado, para proyectar el futuro, a recopilar datos para inferir probabilidades de futuro, en una vorágine probabilística", lamentó la abogada, que sostuvo que "la transparencia exige que el sistema sea auditable, ser posible realizar una inspección para saber el porqué del funcionamiento del sistema en sí". Y eso, hoy en día, raramente sucede.


"Los algoritmos no deciden, computan"

A la hora de hablar de sesgos en los sistemas algorítmicos (¿existen los algoritmos machistas?), el debate hubo consenso en la importancia crucial de la callidad de los datos que se suministran a las máquinas. "Los algoritmos no deciden, computan, no hay nada más obediente que un algoritmo, otra cosa es que nos guste la respuesta", apuntó Gómez.

El profesor e investigador Marcos Sánchez-Elez también sostuvo que "el algoritmo no es el demonio, sino que el problema puede venir que la persona que decide basándose en las respuestas que proporciona no cuestiona esas respuestas". "Cuando introducimos datos cuantitativos en un sistema no debería haber sesgos, pero al meter datos cualitativos —relaciones, rangos, jerarquías— entra una cantidad de subjetividad, y ahí está sobre todo el problema", añadió.

Por su parte, Sara Román, también profesora e investigadora en la Facultad de Informática, abordó la cuestión de la transparencia en los procesos informáticos con la siguiente cuestión: "¿Por qué es necesario sacrificar la precisión o fiabilidad (de los algoritmos) en pos de la transparencia? ¿Hay realmente un conflicto?".

Román incidió en definir qué es la transparencia. "Los criterios con los que me evalúan en una oposición o una beca, por ejemplo, son públicos", apuntó. "Por eso, cuando hablo de transparencia hablo de código abierto: no es que un ingeniero me explique qué hace el algoritmo, sino que pueda acceder al código", remarcó.


Una explicación quiero


La abogada Paloma Llaneza planteó la necesidad de que los ingenieros informáticos fuesen capaces de explicar abiertamente y de forma fácil cómo funcionan las herramientas que diseñan. "A la gente le importa cómo funcionan las cosas cuando funcionan mal, y en mi experiencia puedo encontrar a gente que me explique de todo, pero no cómo funciona un algoritmo", comentó. "Así como yo no tengo que saber nada de gases o física para saber que la bombona tiene un sistema de seguridad que no debería fallar, si hay un algoritmo X que influye en la sociedad tenéis capaces de explicar cómo funciona", dijo, a modo de reto.

Como respuesta, el profesor Jorge Gómez replicó que "a veces está todo explicado, pero no al alcance de todos, porque entender requiere tiempo". "Por supuesto que todos los algoritmos son explicables; sabemos cómo operan", dijo, "las redes neuronales son meras multiplicaciones de matrices, pero eso no lo entiende todo el mundo ni todo el mundo quiere esforzarse en entenderlo". "Un algoritmo es, sencillamente, un transformador de información".

Gómez remarcó que "la respuesta de la ingeniería a algunos de los conflictos que plantean las herramientas algorítmicas" —desde los problemas que existen con el coche totalmente autónomo, aún sin comercializar, hasta el sexismo o el racismo que puede haber en los resultados de las búsquedas por internet— "son los estándares, como la que se está desarrollando contra los sesgos que habrá en un futuro (certificación P7003)".

Porque el sesgo en los sistemas informáticos "autónomos" es un problema existente y cada vez más evidente. El algoritmo para contratar a personas que Amazon, por ejemplo, estuvo cuatro años desarrollando discriminaba a las mujeres. "Amazon contrata a más hombres, y en la parte técnica la tasa llega al 80%", apuntó la profesora Sara Román, que puso el acento en que "cuando se dieron cuenta intentaron arreglarlo, no fueron capaces y cerraron ese proyecto de contratación algorítmica". "Es preocupante que lo cerraran sin saber qué había fallado", añadió.

Al final, lo que quedó claro es que hay debate para rato y queda muchísimo por estudiar, regular y estandarizar. Para Román, "es hora de exigir que nos expliquen cómo funcionan las cosas", especialmente a las corporaciones que actúan de 'cajas negras' y atesoran sus fórmulas bajo el paraguas del secreto comercial. Sánchez-Elez, por su parte, insistió en la idea de que "la tecnología no es neutral" y, como Richard Feinman, está en contra de las explicaciones complejas.

"Los algoritmos no nos gobiernan, son las personas, pero a veces éstas se excusan en los algoritmos", zanjó Gómez. Mientras, Llaneza concluyó con humor que se iba de la facultad más tranquila, sabiendo que los ingenieros son perfectamente capaces de explicar el funcionamiento de cualquier algoritmo.
Otra cosa es que les dejen.

MADRID
08/02/2019 07:33 Actualizado: 08/02/2019 07
@pabloromero

 

Al otro lado de Black Mirror: algoritmos, democracia e igualdad

¿Seremos capaces los Estados, las empresas y especialmente la ciudadanía de hacer todo lo necesario para poner la inteligencia artificial al servicio de los derechos humanos, la democracia y la igualdad y no en contra?

«Sé que estáis ahí, percibo vuestra presencia. Sé que tenéis miedo. Nos teméis a nosotros. Teméis el cambio. Yo no conozco el futuro. No he venido para deciros cómo acabará todo esto... Al contrario. He venido a deciros cómo va a comenzar». The Matrix (1999)


1. Contexto: máquinas que aprenden solas

 

Nadie los ve. Están ahí. Nos gobiernan. Llevan tiempo entre nosotros, pero sólo ahora hemos empezado a percibir su existencia. Son los algoritmos de aprendizaje automático.

Pero ¿qué son realmente estos algoritmos de aprendizaje automático y qué tienen de novedoso? Un algoritmo, en general, podría definirse como un “conjunto de instrucciones lógicas para resolver un problema genérico concreto”. Un ejemplo sencillo es el algoritmo que aprendemos en la escuela para hacer una división. Hasta aquí, nada muy especial. Sin embargo, gracias a los increíbles avances informáticos en la capacidad de procesamiento y de almacenamiento de datos, en los últimos años se ha producido un salto cualitativo sorprendente. Hasta ahora, los programadores tenían que detallar cada uno de los pasos lógicos que debía seguir el programa para obtener el resultado deseado, es decir, eran los programadores los que le decían a la máquina cómo tenía que responder ante determinadas situaciones, pero los algoritmos de aprendizaje automático (en adelante, AAA) funcionan de forma totalmente diferente. De manera simplificada, un AAA consiste en redes neuronales virtuales que, de forma parecida a como aprendemos los humanos, a medida que van procesando los resultados que provocan diferentes reacciones ante una situación, van anticipando cómo responder ante futuras casuísticas. Es decir, la máquina, literalmente, “aprende”.

Para intentar comprenderlo mejor, utilicemos el ejemplo de los programas de ajedrez. Antes, los programas de ajedrez (como el famoso caso de Deep Blue) se construían introduciendo manualmente las estrategias (mejores o peores) que utilizaría cualquier buen jugador humano, por ejemplo, asignando un valor a las piezas (un punto a los peones, tres a caballos y alfiles, cinco a las torres, etcétera) para hacer cálculos de sacrificios o privilegiando por lo general el control de las posiciones centrales para así dominar el conjunto del tablero. Es decir, se les asignaba un conjunto de reglas según las cuales, valorando las posibles jugadas siguientes, calculaban la respuesta a cada posible situación. Sin embargo, a los programas actuales de ajedrez basados en AAA no hace falta introducirles ninguna de estas estrategias predefinidas. El novedoso programa Alpha Zero de Deep Mind ha sido capaz de aprender en veinticuatro horas y simplemente jugando partidas contra sí mismo, sin ninguna participación humana, a ganar al ajedrez a los ordenadores más inteligentes; con la sorpresa de que para ganar realizaba movimientos que a cualquier humano nos resultan absolutamente incomprensibles según nuestras lógicas de puntuación y de dominio del tablero, como regalar una dama o arrinconarla en una esquina del tablero.

En la actualidad, los AAA están por todas partes, aunque no los veamos. Piensan y deciden por nosotros. Nos influyen cuando llenamos el carro de la compra, nos filtran lo que queremos ver en Google o Netflix, nos ayudan a encontrar pareja en internet o incluso orientan nuestro voto (véase el caso de Cambridge Analityca y Facebook en EE. UU.). Además, los algoritmos ya se están usando de manera generalizada en ámbitos estratégicos tan sensibles como, por ejemplo, la gestión pública, la sanidad, la seguridad, el transporte, el sector financiero o por las compañías de selección de personal.

La velocidad a la que se está desarrollando esta suerte de nueva tecnología es tan rápida que, si no empezamos a plantearnos ya de qué maneras están afectando a nuestras sociedades (y pueden afectar a su futuro), especialmente a los sectores más vulnerables, puede ser que muy pronto (si es que no ya) perdamos el control de los algoritmos que controlan nuestras vidas.

2. Mirando al futuro: desafíos, peligros y amenazas

Los escenarios a los que nos enfrentamos en este tema son muchos y muy variados, pero hemos querido agruparlos en tres grandes bloques interrelacionados: primero, las posibles amenazas para la democracia y la soberanía; segundo, los desafíos en materia de (des)igualdad y derechos humanos, y, por último, los peligros de la visión ultrasesgada de la realidad que pueden generar los algoritmos.

2.1.Posibles amenazas para la democracia y la soberanía.

a) La transparencia y la rendición de cuentas son un elemento esencial y vertebrador de toda democracia, pero ¿pueden garantizarlas los AAA que están decidiendo sobre nuestras vidas? Hemos de decir que no, que no podemos esperar que los AAA sean aliados de la transparencia y, lo que es peor, nunca podremos garantizar que lo sean. Si han utilizado el traductor de Google, seguramente hayan notado una increíble mejoría en los últimos años. Esta mejoría se debe, entre otras cosas, a que antes el software estaba programado para utilizar siempre el inglés como lenguaje intermedio, pero ahora el nuevo AAA de traducción no tiene esa restricción. El resultado es que el traductor de Google ha creado un lenguaje intermediario alienígena más eficaz, que muta mucho más rápido de lo que somos capaces de entender. Por tanto, si aceptamos nuestras limitaciones naturales para comprender este lenguaje extraterrestre o, como hemos mencionado anteriormente, las limitaciones lógicas que nos impiden comprender por qué un programa de ajedrez lleva a cabo determinados movimientos a la postre ganadores, tendremos que aceptar que de igual modo estamos inevitablemente limitados para comprender y, por tanto, auditar, las decisiones de otros algoritmos en materias mucho más sensibles para el futuro de nuestras sociedades.

b) En un sentido democrático, podríamos definir la soberanía como “la convicción generalizada de los pueblos de que de una forma u otra somos dueños de nuestro propio destino y de que tenemos la capacidad de impulsar cambios en la dirección que decidamos”. Más allá del hecho de si estamos delegando en los algoritmos un poder excesivo en nuestra toma de decisiones, existe otra amenaza filosófica esencial de los AAA con respecto a la democracia y a la soberanía, y es que suprimen los porqués de nuestra búsqueda del sentido de las cosas. Con esto lo que queremos decir es que las predicciones de los AAA, por su propia naturaleza, centran la interpretación de la realidad social en el cómo sucederán las cosas y no en el por qué suceden. Y a medida que busquemos en los algoritmos más respuestas a las preguntas de este mundo cada vez más complejo y cambiante, corremos el riesgo de estar abandonando la búsqueda de los porqués subyacentes y de empezar a abrazar una sensación cada vez mayor de inevitabilidad tácita, de que sencillamente es así como suceden las cosas y no hay más, y de renunciar, por tanto, a poder cambiar activamente el estado de las cosas e implicarnos en la defensa y el ejercicio del principio que etimológicamente fundamenta la democracia: nuestra soberanía como pueblos.

c) En tanto que los AAA tienen la capacidad de crear una realidad totalmente personalizada (piénsese por ejemplo en la publicidad diferenciada que nos ofrece Amazon a cada uno de nosotros o los ejemplos de las últimas campañas electorales estadounidenses y del brexit en Reino Unido), se abre con ello un peligroso campo para la manipulación mediática y la supresión de otro de los pilares fundamentales de la democracia: el debate público como colectivización e interpretación de problemáticas comunes. Al fin y al cabo, ¿cómo vamos a debatir nada en común cuando nos han ultraindividualizado el relato?

 

2.2. Desafíos en materia de (des)igualdad

a) La naturaleza predictiva de algunos AAA los hace singularmente performativos o, dicho de otra forma, igual que sucede con las encuestas electorales, el mero hecho de predecir una supuesta realidad futura afecta a nuestro comportamiento y acaba provocando el escenario previsto que de otra forma tal vez se podría haber evitado y, lejos de ayudar a resolver las desigualdades existentes, pueden estar agravándolas. Pongamos un ejemplo (inspirado en el libro Armas de destrucción matemática de Cathy O'Neil). En varios lugares del mundo la policía utiliza algoritmos predictivos (el más conocido es PredPol) que, haciendo uso de los registros policiales, anticipan zonas con mayor probabilidad de que se produzcan crímenes. Dejemos al margen la discusión sobre si esos registros policiales –y por tanto la información con que se alimenta al algoritmo– serían fieles a la realidad o estarían repletos de prejuicios que afectarían a la predicción. Como es lógico, el algoritmo señalaría como zonas más probables aquellas en las que ya existe más criminalidad, que en muchos casos viene derivada de situaciones de desigualdad y de racialización. ¿Qué pasaría a continuación? Lo más probable es que el mero hecho de predecir más criminalidad en una zona y el consecuente aumento de la presencia policial, provoque que las familias que se lo puedan permitir huyan del lugar, dejando atrás a las más empobrecidas y arraigadas que no pueden permitirse otra cosa, provocando así una profundización de la desigualdad y la segregación y, por tanto, con toda probabilidad, también de la conflictividad social y de la criminalidad. Se hace coincidir así el resultado con la previsión y se agrava la situación de desigualdad inicial.

b) Como cualquier avance tecnológico en una sociedad ya desigual, pueden ser profundizadores de la desigualdad, ya que la capacidad de acceso a estos avances no es simétrica en los diferentes estratos sociales. Como consecuencia, corremos el riesgo de que estos nuevos avances se pongan a operar al servicio de los intereses de los que más poder tienen y, aunque si bien es cierto que en muchos otros sentidos también pueden generar beneficios para el conjunto de la sociedad, éstos siempre se producen de arriba abajo, no horizontalmente, y normalmente en una clave de consumo. Otro riesgo claro de impacto de los AAA en la desigualdad y que quizás sea el más extendido en la actualidad es la reproducción sistematizada en algoritmos de patrones discriminatorios fruto del sesgo en los datos e información que procesan (un ejemplo reciente de esto es el algoritmo “discriminatorio” utilizado por Amazon para el reclutamiento de personal que “penalizaba” a las mujeres). En este contexto, la pregunta que debemos hacernos es ¿quiénes controlan y dirigen el futuro de los avances que ya están moldeando nuestras sociedades? Y si la respuesta no es “todos por igual”, lo más probable es que estén favoreciendo a los más privilegiados y, por lo tanto, agudizando las desigualdades existentes.

2.3. Peligros de una visión ultrasesgada y dirigida de la realidad

a) Los actuales AAA fomentan además visiones retroalimentadoras y encapsuladas de la realidad (en relación con el punto 3). Esto sucede, por ejemplo, cuando los algoritmos de las redes sociales sólo nos muestran las noticias que tienen más probabilidad de que les demos un me gusta y, por tanto, que más nos sirven para reafirmarnos, cuando comprobamos que la publicidad de Amazon es diferente de una persona a otra y se basa en un perfil personalizado o cuando nos damos cuenta que las propuestas políticas que nos llegan de los partidos son sólo aquellas que más nos preocupaban de antemano. En tanto en cuanto sólo se nos estaría mostrando esta visión ultrasesgada y dirigida de la realidad que nos resulta más cómoda y que nos refuerza y retroalimenta en nuestras concepciones previas, ¿cómo vamos a descubrir e incorporar discursos y realidades que nos son ajenas o incluso desagradables de entrada?

b) Por último, procede destacar que los AAA nos conducen a undata-centrismo, es decir, cuando los análisis de la realidad se sustentan sobre aquellos sectores de la sociedad o países que más datos generan (países ricos más digitalizados frente a países pobres), hay más probabilidades de que la agenda pública y las políticas se orienten en beneficio de dichos sectores o países y sigamos acrecentando así las desigualdades sociales que impera en la actualidad.

3. Una propuesta de futuro: la Declaración de Toronto


Como es sabido, existe un interés creciente en comprender y dibujar las fronteras éticas y prácticas de estas nuevas tecnologías. Un ejemplo de ello es la iniciativa The Toronto Declaration: Protecting the right to equality and non-discrimination in machine learning systems lanzada por Amnistía Internacional, Access Now y otras organizaciones asociadas, sobre “derechos humanos e inteligencia artificial”.


¿Qué plantea esta histórica declaración? Muy resumidamente, la Declaración de Toronto pretende ser un primer paso para establecer las bases de un acuerdo internacional para el desarrollo de la inteligencia artificial y los AAA desde un enfoque ético y con los derechos humanos en el centro.


La estructura y el enfoque de la declaración guarda cierta similitud con los “Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos: puesta en práctica del marco de las Naciones Unidas para proteger, respetar y remediar”, adoptados en el 2011 por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. De hecho, la declaración se articula sobre estos mismos tres pilares según los cuales:

1) Los Estados tiene el deber de prevenir y proteger los derechos humanos. Ello implica que deben crear un marco de seguridad jurídica para promover, respetar, cumplir y proteger los derechos humanos de los potenciales impactos negativos derivados de la aplicación y desarrollo de la inteligencia artificial, garantizar un uso público adecuado de ésta, promover su uso y conocimiento adecuados entre los funcionarios públicos, garantizar la rendición de cuentas y transparencia en las actuaciones de los sectores público y privado relacionadas con la inteligencia artificial y establecer “vasos comunicantes” con el sector privado para intercambiar conocimiento y buenas prácticas.


2) Las empresas tienen la responsabilidad de respetar los derechos humanos y para ello han de adoptar compromisos políticos claros y públicos e implantar un procedimiento de debida diligencia apropiado para identificar, prevenir, amortiguar y rendir cuentas sobre cómo su actividad y uso de la inteligencia artificial impacta o puede llegar a impactar, de forma directa o indirecta a través de su cadena de suministro o de sus relaciones comerciales, en los derechos humanos.

3) Los Estados y las empresas deben reparar y remediar sus impactos negativos en los derechos humanos derivados del uso de la inteligencia artificial, y a tal fin deben poner los recursos y adoptar las medidas necesarias para regular y establecer procedimientos adecuados de reclamación y denuncia, así como habilitar y facilitar el acceso a mecanismos de reparación transparentes, accesibles y eficaces.

A pesar de que la Declaración de Toronto se centra exclusivamente en los conceptos de igualdad y no discriminación, creemos que su contenido es absolutamente replicable a todo el espectro de los derechos humanos y, por tanto, su aportación al debate “derechos humanos frente a inteligencia artificial” es realmente valioso.


Adicionalmente, no podemos dejar de, al menos, citar otra serie de iniciativas de peso en este ámbito, como el programa del Consejo de Europa por una inteligencia artificial ética y responsable con los derechos humanos, el rule of law y la democracia (del que recomendamos dos de sus publicaciones recientes, el borrador de una guía ética para el uso responsable de inteligencia artificial y el informe Algorithms & Human Rights) o la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial ( cuya primera edición se celebró el año pasado en Shanghái).

4. Conclusión: una reflexión de partida

Queremos que este artículo sirva como reflexión para el comienzo de este nuevo paradigma social, económico y tecnológico protagonizado por máquinas capaces de aprender. Sin darnos cuenta estamos depositando una confianza cada vez mayor en ellas para controlar y dirigir nuestro futuro, convencidos de una supuesta neutralidad positiva de los avances tecnológicos. Pero, si una conclusión podemos extraer, es que los AAA –al igual que cualquier otro avance humano– no son un suceso meteorológico externo que responda a leyes naturales que nos superan y ante el cual sólo podemos prevenirnos, pero que no podemos controlar.

La buena noticia es que sí que podemos, pero la pregunta es: ¿seremos capaces los Estados, las empresas y especialmente la ciudadanía de hacer todo lo necesario para controlar los algoritmos que ya nos controlan, de poner la inteligencia artificial al servicio de los derechos humanos, la democracia y la igualdad y no en contra?; y, sobre todo, ¿conseguiremos ser las personas las verdaderas protagonistas de nuestras propias vidas en este nuevo mundo entretejido de algoritmos? Sólo el tiempo y la razón (humana o artificial) nos lo dirán.

 Por  FERNANDO ROMÁN AGUILERA / RAFAEL MERINO RUS

16 DE ENERO DE 2019

Fernando Román Aguilera (@FerxManza) es programador matemático. Obrero de las teclas de día, por las tardes a veces concejal municipalista.
Rafael Merino Rus (@Rafa__Merino) es economista y experto en gestión de ONGs. Uno de esos millennial multitarea obsesionado con mejorar este mundo. De vez en cuando escribo cosas.

Un hombre camina frente a un vehículo quemado tras un ataque el 5 de enero de 2019 en Fortaleza (Brasil). EFE

Tres bandas diferentes de narcotraficantes se han unido para llevar a cabo más de 150 ataques como represalia por una propuesta para acabar con la separación de los miembros de las diferentes bandas en las prisiones brasileñas


El episodio de violencia es uno de los primeros desafíos al nuevo presidente, Jair Bolsonaro, que llegó al poder con propuestas de línea dura contra el crimen

 

Carlos Robério y sus colegas sabían que un ataque sobre el minibús de su cooperativa, radicada en Fortaleza, al noreste de Brasil, era solo cuestión de tiempo. En las últimas noches, miembros de pandillas ya habían destrozado uno de sus vehículos y habían incendiado decenas de autobuses urbanos.


Cuando finalmente llegó el ataque, Robério no pudo hacer mucho más que quedarse mirando las cámaras de vigilancia mientras un grupo de jóvenes bañaba con gasolina uno de sus puestos y le prendía fuego. "Estaba desesperado", cuenta Robério. "Es nuestra propiedad y así es como nos ganamos la vida y apoyamos a nuestras familias".


Las autoridades en el estado de Ceará se han visto superadas por un episodio de violencia que ya cumple más de una semana y que ha sido especialmente intenso en la capital, Fortaleza, una región metropolitana donde viven 4 millones de personas.


Las fuerzas de seguridad señalan que tres bandas diferentes de narcotraficantes se han unido para llevar a cabo más de 150 ataques como represalia por una propuesta para acabar con la separación de los miembros de las diferentes bandas en las prisiones brasileñas.


Se han incendiado autobuses, camiones de correos y coches. Comisarías, edificios del Ayuntamiento y bancos han sido atacados con cócteles molotov y explosivos. El domingo, los pandilleros hicieron explotar una central telefónica dejando 12 ciudades sin servicio de telefonía. Otras explosiones han dañado un paso elevado de autopista y un puente.


El episodio de violencia es uno de los primeros desafíos del nuevo presidente, Jair Bolsonaro, que llegó al poder con sus propuestas de línea dura contra el crimen, entre las que se incluyen tomas militares de ciudades brasileñas y tácticas de seguridad consistentes en disparar a matar.


Hasta ahora, no ha habido muertos, pero el estallido de violencia ha paralizado Fortaleza: autobuses y taxis han interrumpido sus servicios, las tiendas han cerrado durante días y muchos residentes atemorizados se niegan a salir de casa.


Unos 500 miembros de la Guardia Nacional han sido desplegados en la región. Camilo Santana, gobernador del estado de Ceará, señaló el lunes que las autoridades han efectuado 148 detenciones relacionadas con los disturbios. Al menos 20 presos sospechosos de ordenar los actos de violencia han sido transferidos de prisiones estatales a federales.


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A pesar del caos, el Gobierno ha afirmado que no dará marcha atrás en su plan de combatir las actividades de las bandas en las prisiones.


Fortaleza y otras ciudades al noreste de Brasil han sufrido un aumento de los homicidios en los últimos años, a medida que las bandas más infames del país, Primeiro Comando da Capital (PCC) de Sao Paulo, y Comando Vermelho, de Río de Janeiro, empezaron a invadir la región, la cual se disputan con los Guardiões do Estado, radicados en Fortaleza, y con Família do Norte, del estado de Amazonas.


El PCC y el Comando Vermelho están atrapados en una dura batalla por el control del tráfico de drogas en Brasil y la ciudad de Fortaleza es percibida como un premio estratégico porque es el puerto grande más cercano a Europa y África.


"Solíamos ver este tipo de salvajismo únicamente en Río de Janeiro a través de la televisión. Las cosas solían estar tranquilas aquí", cuenta Robério, que añade que el caos le ha llevado a querer adquirir un arma."Es un absoluto caos y me siento como si estuviera en medio del océano sin un bote salvavidas", señala.


Bolsonaro se aprovechó de tales sentimientos durante las elecciones y propuso facilitar la adquisición de armamento y premiar a la policía por llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales. Las fuerzas de seguridad de Brasil ya son violentas y en 2017 mataron a 5.000 personas, una media de 14 muertos al día.


"Bolsonaro promovió una retórica bélica durante su campaña que no solucionará el problema de Brasil con la violencia", señala Renato Sergio de Lima, presidente del Foro Brasileño de Seguridad Pública.


De Lima cuenta que Bolsonaro y muchos políticos antes que él tienden a proponer más violencia en lugar de estrategias más efectivas como invertir en mejorar las capacidades de inteligencia para las investigaciones policiales y reformar el actual sistema de prisiones.


El presidente del Foro Brasileño de Seguridad Pública cita la propuesta del ministro de Justicia, Sergio Moro, de investigar el blanqueo de capitales de las bandas para asfixiarlas económicamente, pero señala que las propuestas duras de Bolsonaro hacen de ciudades violentas como Fortaleza una "bomba de relojería". "Realmente son la policía y las instituciones locales las que tienen que apagar las llamas de estas propuestas bélicas de los políticos", añade.

Por Anna Jean Kaiser - Río de Janeiro
10/01/2019 - 20:22h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enInternacional