Cortar Internet durante grandes protestas se convierte en tendencia internacional: el caso de India es un precedente peligroso

- Cuanto más aumenta la conectividad a Internet, más aumentan también los intentos de algunos gobiernos por cortarla

- India es uno de los países que más corta la red, el año pasado se registraron 134 cortes y en Cachemira llevan sin internet 137 días

- Los gobiernos argumentan que controlando las telecomunicaciones defienden el orden público en sus países


El jueves, los usuarios de internet de Nueva Delhi comenzaron a notar que internet dejaba de funcionar. ¿El motivo? Había protestas. Cada vez más gobiernos autoritarios, entre los que toca incluir el de la democracia más habitada del mundo –India cuenta ya con un largo historial en esta lides– saben que la suspensión de los servicios de datos y llamadas son una buena táctica para desarticular la respuesta social en las calles.

El aumento del acceso a internet durante la última década, sobre todo en los países en vías de desarrollo, ha provocado un aumento paralelo de los intentos por controlar la información que transporta. Access Now, un grupo que promueve la libertad en la red, ha recopilado una lista de 75 cortes del servicio en 2016. En 2018 ese tipo de hechos había aumentando a 196.

Berhan Taye, analista de políticas de Access Now, cree que a medida que las protestas sacuden docenas de países por todo el globo, es muy probable que la cifra aumente "mucho".

Iraq ha cortado el acceso a internet en repetidas ocasiones a medida que las protestas han ido expandiéndose por el país. En Etiopía, esos mismos cortes se han convertido en una realidad tan frecuente que están incluso dañando la economía. Una organización de derechos digitales ha calculado que le cuestan al país 4,5 millones de dólares al día. En Venezuela sucede tan a menudo que ya es imposible contarlos. Taye lo compara con un niño que le da al interruptor de la luz una y otra vez cuando tiene miedo de que suceda algo.

Desde la primera ocasión en que India optó por esta táctica, se ha convertido en líder de su aplicación sin rival alguno. Sólo el año pasado se registraron 134 cortes. El 68% de todos los que suceden en el mundo. Esta semana rompió el récord de cualquier gobierno democráticos. En la región de Cachemira, que vive un convulso proceso político, llevan sin internet 137 días.

El apagón ha causado estragos en empresas, servicios médicos o el sistema educativo. Cuando comenzó, los reporteros volaban hasta Nueva Delhi para entregar su material o se acercaban hasta el aeropuerto de Srinagar, capital de Cachemira, donde pedían a pasajeros que llevaran consigo tarjetas de memoria que contenían las imágenes de lo que estaba sucediendo en el estado.

Los gobiernos justifican ese férreo control de las comunicaciones en defensa del orden público. Está claro que la velocidad acelerada a la que la información, sea cierta o no, viaja por la red, comienza a crear problemas. En 2018, India se esforzó para controlar rumores sobre secuestros de niños que viajaban más rápido de lo que las autoridades podían seguir. El resultado fue que al menos 30 personas fueron linchadas a lo largo del país.

Unos meses antes, el gobierno de Sri Lanka bloqueó las redes sociales para limitar la expansión de publicaciones de odio que alimentaban ataques mortales contra la minoría musulmana. El Ministro de información lo justificó diciendo que "el país podía haber estallado en cuestión de horas".

Pero estas medidas, que han comenzado a ponerse en marcha durante crisis puntuales, comienzan a convertirse en moneda de cambio habitual. La táctica, aceptada por la ciudadanía india, cuando se aplica en estados fronterizos como Jammu, Cachemira o Assam, se vuelve contra ellos y se activa también para desactivar protestas en Nueva Delhi o Bangalore.

Estados autoritarios como Rusia o Irán están planeando ya el siguiente paso: Construir "redes soberanas" que pueden desconectarse del resto del mundo cada vez que el gobierno así lo decida o que vivan desconectadas de lo que sucede fuera de sus fronteras como ya sucede con la "gran muralla de internet" que China ha levantado.

Las protestas del pasado noviembre en Irán fueron la excusa perfecta para que su gobierno probara lo que ha dado en llamar "halal.net": una especie de intranet iraní que sigue funcionando aún cuando se desconecta del internet mundial.

El modelo aún no es perfecto. Algunos iraníes se quejaron de múltiples fallos la red de cajeros automáticos y se cayeron las redes de algunos hospitales. Pero  aplicaciones como Snapp, que permiten compartir coche, funcionaron. El presidente iraní Hassan Rouhani, dijo este mes que el servicio propio del país mejorará hasta que "la gente no necesite conectarse a redes extranjeras para saciar sus necesidades".

Muchos gobiernos están interesados en entender como funcionan esos sistemas de control. Taye explica que "los países aprenden los unos de los otros,como funcionan los cortes de internet y como pueden ponerse en marcha".

La aplicación de este tipo de medidas preocupa allá donde pueda suceder pero el de India es uno de los casos paradigmáticos. En un país que se vanagloria de estar llamado a ser una superpotencia democrática, el modo en que controla y amenaza internet, servirá como ejemplo para países menos comprometidos aún con las libertades civiles.

Un editorial publicado esta misma semana por el periódico del estado chino, People's Daily Online, no dejó escapar la posibilidad de llamar la atención sobre el mensaje que lanzan los líderes indios. "Significa que cortar internet durante un estado de emergencia debería ser una práctica estandarizada para los estados soberanos", se afirmaba.

Por Michael Safi

20/12/2019 - 21:21h

Traducido por Alberto Arce

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Sábado, 21 Diciembre 2019 06:26

Google, multado por discriminar 

Google, multado por discriminar 

Francia penalizó la política comercial del motor de búsqueda

 

El gobierno de Francia penalizó a Google con una multa de 150 millones de euros por considerar que las reglas que impone a los anunciantes de su motor de búsqueda son opacas y discriminatorias, y la empresa adelantó que apelará la decisión.

La Autoridad de Competencia del país europeo consideró en su fallo que "la opacidad y la ausencia de objetividad de esas reglas hacen difícil su aplicación por los anunciantes, mientras Google puede modificarlas de forma difícilmente previsible y decidir en consecuencia si las respetan o no". Esta política, según el organismo, perjudica a los clientes anunciantes del motor de búsqueda, pero también a los usuarios.

La Autoridad de Competencia intervino tras recibir una denuncia de la empresa Gibmedia, cuya publicidad fue suspendida por el motor de búsqueda sin aviso previo y, según sus alegaciones, sin motivos objetivos y transparentes.

El gigante de Internet adelantó que apelará la sanción. "Gibmedia estuvo publicando anuncios de sitios web que engañaban a las personas para que pagaran por determinados servicios aplicando términos de facturación poco claros para los usuarios", aseguró Google en la nota. "En Google no queremos este tipo de anuncios en nuestras plataformas y por eso no solo hemos suspendido a Gibmedia sino que también renunciamos a los ingresos por publicidad que se generaron a partir de este proceso con el fin de proteger a los consumidores de cualquier daño", subrayó.

Además de la multa, la Autoridad le obligó a la empresa estadounidense a publicar la sentencia en el buscador durante una semana. Se trata de la tercera mayor multa impuesta por este organismo regulatorio y la primera contra Google, que ya había sido sancionada en Francia por la Comisión Nacional de Informática y Libertades y por los tribunales por cláusulas abusivas.

El fallo hace referencia a las páginas patrocinadas que Google muestra cuando un usuario efectúa una búsqueda, y que el gigante de Internet vende a través de subastas entre anunciantes. "Google está obligado a definir reglas de funcionamiento de su plataforma de anunciantes de manera objetiva, transparente y no discriminatoria", destacó el fallo. Sin embargo, en la actualidad "no se basan en ninguna definición precisa y estable, lo que deja libertad a Google para interpretarlas según las situaciones", agregó.

El gigante de Internet -que representa el 90 % de las búsquedas en Francia y que detenta más del 80 % del mercado publicitario asociado-, además "ha modificado su interpretación de las reglas" lo que genera "inseguridad jurídica y económica" a los anunciantes, que han comprobado que, incluso en el seno de Google, no todos los equipos tienen la misma visión. Esas modificaciones normativas no son comunicadas a los clientes anunciantes, sostuvo el organismo regulatorio.

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Martes, 03 Diciembre 2019 06:23

La dictadura perfecta

La dictadura perfecta

Vargas Llosa, súbdito de Felipe VI de España, dijo el viernes que ve mal la administración de AMLO. Teme por un México de “regreso a la dictadura perfecta”. El súbdito de un rey que vino a Cuba a hablar de ¡democracia! ha vuelto a proferir una de sus gansadas perfectas y, como era de esperarse, ha sido imitado nuevamente por los replicantes mexicanos: los persistentes defensores del régimen neoliberal en retiro. No es extraño que Vargas Llosa sea un neoliberal: ha sido un alto beneficiario de ese régimen, abrazó tempranamente la ideología de ese sistema de expoliación y ha sido profundamente construido por ella.

Los historiadores probablemente registrarán al discurso neoliberal como uno vuelto sentido común en tiempo récord. No parece haber otro caso en la historia humana: en muy pocos años penetró la mente de mayorías sociales con un discurso con el cual se proclamaba la “libertad individual” como régimen social, mientras se construía en los hechos un sistema de expoliación.

El abuso en el uso del término neoliberal no debiera perder de vista el hecho contundente apuntado. En el marco del capitalismo, lo contrario del régimen neoliberal es el Estado de bienestar. Ambos son creaciones humanas: propuestas de organización del Estado y la sociedad. Pero el discurso neoliberal, sin engañarse a sí mismo, engaña: cree que el suyo es un orden natural, el de la “libertad individual”, y que todo lo que se oponga a ese orden debe ser rechazado y combatido. Para el neoliberalismo la intervención del Estado en la economía –especialmente en la economía– es contra natura por antonomasia; más precisamente expresado, la intervención del Estado en la acción libre de los individuos en el mercado debe ser rechazada categóricamente por todos. Todos tenemos unas cualificaciones que debemos vender en el mercado, nos dicen. Si obtenemos poco es porque pocas son nuestras cualificaciones y talentos: auméntelos para venderse mejor. Y los neoliberales se ufanan: reclamamos para todos esa libertad; de modo natural libres nacimos todos y toda fuerza opuesta a esa libertad es opresión, autocracia, dictadura, autoritarismo, que deben ser resistidos, combatidos, controlados.

Libre mercado = orden natural autónomo = pilar organizativo de la sociedad. Esta es la patraña sobre la que se construye el discurso neoliberal. En mis tiempos de estudiante el libre mercado era sólo un supuesto simplificador para empezar a conocer los sencillos principios de funcionamiento de un mercado de productos en la asignatura de microeconomía neoclásica (una asignatura entre 30 o 40), donde un (inexistente) homo œconomicus (otro supuesto simplificador) se guiaba por la competencia, la información perfecta y el comportamiento racional orientado por la utilidad marginal de un producto cualquiera.

El mercado libre neoliberal es producto de unas ideas, unas prácticas, unas reglas, unas instituciones, unas leyes: un producto humano absolutamente, no un resultado de la naturaleza: ¿hay alguna duda? Este orden social produjo un ínfimo grupo de ganadores y un mar de perdedores, en proporciones nunca vistas en la historia humana. Cuando el neoliberalismo fue instituido en los años 1980, el punto de partida fue un estado de desigualdad escalofriante. El resultado del libre mercado fue a peor: la economía del 1%.

El ideal utópico del libre mercado soñado por los neoliberales se derrumba porque produjo el estado distópico de la realidad efectiva del presente, hoy enfrentada por grandes oleadas de disconformes que protestan en el mundo. La posverdad del neoliberalismo va reduciendo su poder de discurso imbatible. En Chile ha sido puesto en el banquillo con una demanda más clara que en ninguna otra parte: un nuevo pacto social: otra creaciación humana, esta vez humana en el mejor sentido de la palabra.

Desde que Adam Smith imaginó la economía como una esfera autónoma dirigida por una “mano invisible”, existía el riesgo de que el mercado se convirtiera no sólo en una parte de la sociedad, sino en la sociedad misma. Especialmente a partir de los años 1980 la idea Friedrich Hayek –que vivió hipnotizado por el sistema de precios– se hizo realidad: el Estado sólo tendría como función mantener libre al mercado (y mantener a raya a los disidentes). El aterrador mundo de hoy es el resultado de ese éxito. En términos históricos eso se acabó: el dominio ideológico del neoliberalismo está volviéndose añicos. A escala humana veremos a muchos estados cometer, en nombre de la “libertad individual”, horrores sin cuento.

La economía tiene que ser una técnica, como creía Keynes, para alcanzar fines sociales deseables, que son siempre resultado de una deliberación pública, política, democrática, que ha de tener lugar justamente fuera del mercado. Una deliberación que produzca un Estado de bienestar social. La dictadura perfecta del mercado libre anhelada por los neoliberales, sólo produce monstruos o insensibles súbditos del dogma neoliberal, como Vargas Llosa.

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Lunes, 25 Noviembre 2019 06:20

"Los periodistas trabajan para Google"

"Los periodistas trabajan para Google"

La experta española en vigilancia digital Marta Peirano alerta sobre la falta de privacidad y seguridad en internet

La autora de "El enemigo conoce el sistema" analiza cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de la tecnología está cambiando al oficio de informar.

 

La española Marta Peirano es escritora y periodista, aAutora de los libros El enemigo conoce el sistema y Pequeño libro rojo del activista en la red, con prólogo de Edward Snowden). Es fundadora de CryptoParty Berlin, una iniciativa alrededor de cuestiones sobre privacidad y seguridad en internet, y actual especialista en tecnología del diario El País. Aterrizó en la capital mexicana recientemente para disertar acerca de cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de esas tecnologías están cambiando al oficio de informar. Después de su presentación en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, habló de esos temas con Página/12.

- En su presentación mencionaba que la campaña presidencial estadounidense de 2016 fue la madre de todas las campañas en términos de fake news.

- Hubo tres campañas de desinformación durante las elecciones de Estados Unidos en 2016. La primera fue la que hizo la propia campaña de Donald Trump, a la que se integró Cambridge Analytica. La segunda fue la del Gobierno ruso a través de su Internet Reaserch Agency (IRA) y de sus aledaños como RT y Sputnik. Y la tercera y más inesperada, fue la campaña de un grupo de chicos en una ciudad que se llama Veles, en Macedonia, en la que estuvieron creando noticias falsas para ganar dinero con AdSense. Empezaron escribiendo posts sobre temas como hongos que curan el cáncer y jugos que te hacen adelgazar, que son noticias que típicamente tienen más viralidad, pero descubrieron rápidamente que si hacían noticias a favor de Trump y en contra de Hillary Clinton y de su gente, ganaban más dinero.

- ¿Y estas campañas son la base de lo que se hace en el mundo hoy?

- Claro, pasan dos cosas con la campaña de Estados Unidos en 2016. Hay una conjugación de elementos que no sabemos si estaban alineados, al día de hoy, después de todas las investigaciones no podemos saber si la campaña rusa y la campaña de Trump se solapaban, si había ramificaciones entre ellas. Pero tanto el Gobierno estadounidense a través de su Congreso como el Gobierno británico a través de su Parlamento, pidieron investigaciones especiales, uno porque quería saber lo que Cambridge Analytica había hecho durante el referéndum del Brexit, y otro porque quería saber lo que Rusia hizo durante las elecciones de 2016. Y entonces existen informes muy extensos sobre las estrategias de estos grupos, que claramente las empresas de marketing online y marketing político estudiaron profundamente, y que han ido repitiendo, mezclando y combinando de las maneras que más les convenían.

- Contó el caso de Nancy Pelosi, muy parecido al de Patricia Bullrich en la Argentina, ¿podría desarrollarlo? como fue lo de Pelosi?

- Hace unos meses salió un video de Nancy Pelosi (la Presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos) en una conferencia como arrastrando palabras, tartamudeando; de inmediato salió otro video en el que estaba dando una entrevista y parecía que estaba borracha. Arrastraba las palabras, se le trababa la lengua, giraba los ojos para arriba, estaba rara. Lo tuiteó todo el mundo, desde Trump a Rudy Giuliani, acusándola de estar borracha. Rápidamente se descubrió que era un video real, no era exactamente una fake news porque el video existía, pero había sido ralentizado a un 70 por ciento de su velocidad, generando ese efecto de parecer que había tomado alcohol. Luego un periodista de The Daily Beast hizo una investigación en la que estuvo mirando las páginas donde habían salido los dos videos por primera vez; descubrió una pestaña de donación con un nombre detrás y logró encontrar a la persona que los había subido. El periodista le preguntó a esta persona si había subido él los videos y le dijo que no. Entonces Facebook hizo algo que no había hecho antes: ayudó al periodista a averiguar la verdad. Un portavoz oficial de Facebook le dijo al periodista que no era verdad lo que decía el sospechoso. Y que no sólo había subido los videos, sino que había sido el administrador de las dos páginas donde habían salido. Se trataba de un seguidor de Trump que en realidad hacía estas páginas para ganar dinero.

- ¿Qué es una campaña de desmotivación del voto?

- Es una campaña que te anima a que renuncies a tu derecho al voto, que es un derecho que, como sabemos, ha costado muchos siglos y mucha sangre conseguir. En España, una semana antes de las elecciones, apareció en un pueblo de Córdoba un cartel en el que salían dos candidatos a las elecciones, Pedro Sánchez por un lado y Pablo Iglesias por el otro, con los hashtags #yonolesvoto y #nocuentenconmigo. Normalmente la campaña de desmotivación del voto se hace no contra tu propio candidato sino contra otros: no para que voten a quien tu quieres, sino para que dejen de votar a la oposición. Entonces descubrimos que en Madrid había otros carteles, también en barrios históricamente de izquierdas. Buscando las pocas referencias que había en el cartel, que eran los hashtags, encontramos una persona que había creado un grupo y una página en Facebook, que estaba haciendo otra cosa que hacen en este tipo de campañas: desviar el voto de un candidato con posibilidades a otro que tiene menos. En Estados Unidos se desvió el voto de Hillary Clinton a una candidata que era Jill Stein, y aquí se estaba desviando el voto tanto de Pablo como de Pedro Sánchez a Iñigo Errejón, un candidato sin chances. Descubrimos que el administrador del grupo era un chico de las juventudes del Partido Popular, que además estaba trabajando para los consejeros de la campaña del PP en las elecciones andaluzas.

- O sea, el candidato de la derecha había armado esta campaña de desalentar el voto, pero parecía todo lo contrario...

- Exacto. Este joven había pagado 17.000 euros para distribuir la campaña entre gente seleccionada, de izquierda, que estaba desencantada con los candidatos principales. Esto es algo que pasa mucho cuando hay una brecha. Las campañas de desinformación, de intoxicación y de desmotivación del voto, lo que hacen es encontrar la brecha y abrirla, aprovecharse.

- Dice que no hay que solamente desmentir las noticias falsas, sino que hay explicar la estructura de la noticia falsa.

- Sí, creo que la manera más productiva de combatir este tipo de campañas no es tanto señalarlas como campañas todo el tiempo, sino darles el contexto apropiado. Es decir, dejar en claro las señales de identificación, para que al final no sea solo una cuestión de tu palabra contra la de otros, para que no parezca una opinión. Porque en realidad se parecen mucho entre ellas, no son particularmente originales, hay como cinco o seis estrategias y se vienen repitiendo desde hace siete años.

- Ahora ya todas las elecciones tienen fake news. ¿Es un fenónemo mundial?

- Se trata de una manera de hacer campaña que es muy efectiva, porque te permite hacerlo de una forma selectiva, es económica e inmediata. Por otra parte es la clase de campaña que le permite a un partido recién llegado, que no tiene su propia base de datos de votantes, hacer una campaña nacional que pueda tener éxito. Entonces es muy difícil resistirse y diría que no hay ningún lugar en el mundo que no se esté utilizando.

- ¿Por qué dice que los periodistas trabajamos para Google y no para nuestros lectores?

- Hace años que los periodistas estamos produciendo más contenido del que nuestros lectores son capaces de leer. Y esto empezó un poco con el tema del SEO, cuando empezamos a utilizar nuestros contenidos para buscadores.

- ¿Qué es el SEO?

- El SEO es un conjunto de estrategias para que tu noticia, titular o contenido, suba en el ranking de Google. Lo que hace es utilizar una estructura específica para el titular, meter unas palabras clave, codificar ese contenido con tags, clasificarlo para que el buscador pueda encontrarlo, que sea corto, descriptivo, conciso. Es decir, hemos dejado que alguien que no era nuestro director venga y nos diga cómo escribir las noticias, con la promesa de una audiencia infinita, mucho mayor de la que podemos aspirar a llegar nosotros solos. Y en esa carrera hemos estado produciendo cada vez más noticias, destinando cada vez menos tiempo a la investigación, porque no puedes producir 150 noticias al día en lugar de 90 sin perder recursos, y preocupándonos por cuánta gente nos lee en Twitter o en Facebook. Hacemos cosas como publicar titulares sin contenido, porque Google te premia por eso. Un sistema que te premia por publicar un titular sin contenido, ¿qué clase de sistema es? Google se ha convertido en nuestro jefe.

- ¿Los medios están produciendo más cantidad de noticias que hace unos años?

- Sí, antes producíamos entre 70 y 90 noticias al día. Ahora estamos publicando entre 150 y 200. A veces hasta 300, cuando es fin de semana. Es un disparate. Nadie es capaz de leerse 300 noticias al día, ni el director del medio. Alguien que se dedique a leer noticias durante todo un día no puede leer 300. Estamos pensando en esa audiencia infinita que tenemos en las redes. Y como estamos alimentando el scroll infinito y la veloz máquina de las redes sociales que nos traen visitas, estamos generando contenidos cada vez más cortos, cosas como alargar noticias de manera completamente artificial, hacer de un acontecimiento siete noticias. Y en ese proceso nos quemamos porque no estamos haciendo nuestro trabajo. Estamos trabajando para Google, porque el lector no puede leer tanta cantidad de noticias al día, y peor aún, hemos perdido el coraje de decidir cuáles son las noticias, cuáles son apropiadas para nuestro lector. Estamos llenando nuestros periódicos de no-noticias.

- Ha conocido y entrevistado a Julian Assange y Edward Snowden. ¿Qué opinión tiene de ellos?

- Julian Assange es para mí una de las personas que más impacto ha tenido en la profesión periodística, al menos en lo que llevamos de este siglo. Primero porque introdujo la posibilidad de abrir un buzón seguro para personas que no tenían que ser contactos importantes. No gargantas profundas que te encuentras a las cuatro de la mañana en un callejón en Washington, sino una secretaria, un repartidor, cualquier persona con acceso a un administrador de sistemas, a información relevante, y con la capacidad de mandarte algo sin que sea sobre ellos, es decir, de manera anónima. Eso me parece crucial. Lo otro muy importante de Assange es consolidar la idea de las coaliciones mediáticas. Cuando él publica los contenidos que le facilitó el entonces soldado Manning, lo que hace es crear un consorcio de medios, no se los da al país, se va a los cinco periódicos que le parece que van a tener más peso y los hace trabajar juntos. Esto es algo que aún no ha sido lo suficientemente imitado y me parece una clave fundamental para la supervivencia de nuestra profesión, los consorcios, la colaboración entre los medios de comunicación, si nuestra voluntad es el servicio público.

- ¿Y Snowden?

- Llevo años estudiando temas de vigilancia, y Snowden fue la persona que hizo que mis amigos dejaran de pensar que yo estaba loca. Entonces tiene una importancia mayúscula para mí. Pero sobre todo Snowden es la persona que nos ha explicado, primero, que esa red de vigilancia existe y es persistente, deliberada, y que lo ocupa todo. Y segundo, que tiene consecuencias fundamentales sobre nuestras vidas. Es decir, la idea de que no tengo nada que ocultar y por lo tanto puedo dejar que me espíe el gobierno, es absurda porque un gobierno que te espía sin tu permiso no es un gobierno del que te puedas fiar. Pero además lo que nos ha mostrado es que tiene un impacto enorme sobre la libertad de expresión, la libertad de reunión, y que es muy difícil ser libres en una sociedad en la que estás constantemente vigilado.

- ¿Qué reflexión le merece la actualidad de Assange y Snowden, uno preso, el otro exiliado?

- Que no los merecemos, que nos llenamos la boca de libertad de expresión, de periodismo y de democracia, y sin embargo no ha habido ningún país aparte de Rusia, que no es un país democrático, capaz de acoger a Edward Snowden, cuyo único crimen ha sido facilitar información valiosa y necesaria a los ciudadanos de todo el mundo. Y en el caso de Julian, ni siquiera ha sido el artífice de esa documentación, él no era un contratista de la NSA que robó los documentos y se los entregó a la prensa. Él ha sido la prensa. Es muy interesante saber que lo están procesando por algo que también ha hecho ese consorcio de periódicos con los que trabajó. Cinco medios que se beneficiaron muchísimo de sus filtraciones, de su documentación, esos periódicos deberían estar defendiéndolo, deberían ser una coalición para su defensa. Si permitimos que un país, independientemente del que sea, pueda llevarse a un periodista o a un editor por haber publicado cosas que son verdad y que son legítimas, que han sido legitimadas por otros medios, llevárselo y encarcelarlo por eso, luego ¿qué impide a Corea del Norte, China, Irán, o los Emiratos Árabes que se lleven en helicóptero a un periodista en Argentina o en España o en Suecia por haber denunciado crímenes de guerra y abusos de autoridad, o lo que sea? Es decir, se lo llevan porque ha publicado cosas que son verdad y que eran crímenes. Estamos hablando de países que son capaces de descuartizar a un periodista del Washington Post en un consulado por estar investigando algo que no les apetece. Si dejamos que este precedente tenga lugar, hemos abierto la mesa a todo tipo de barbaridades.

- Contó que Rusia tiene una agencia dedicada a las fake news. ¿Es el único país que la tiene eso, o también existe en otros?

- China y Rusia son los dos países que sabemos que tienen una estructura más establecida de producción para la desinformación y para el trolleo, para la generación de consenso y la manipulación de grandes cantidades de gente. China, por ejemplo, tiene el famoso programa de crédito social chino, por el cual todos los chinos están vigilados las 24 horas del día por los propios dispositivos que ellos mismos han comprado, para que el gobierno les vaya quitando y subiendo puntos de buena ciudadanía, algo que tiene un impacto muy alto en sus vidas. Y es un programa que ya excede a la vigilancia: es de reeducación. Una de las cosas que hace ese sistema de vigilancia chino es encontrar a los chinos musulmanes y meterlos en campos de reeducación, que se consideran campos de concentración contemporáneos, y tenerlos ahí hasta que se mueren o se reeducan.

- ¿Y Estados Unidos?

- Estados Unidos, desde mi punto de vista, no es tan diferente. En el sentido de que ahora mismo están avanzando con tecnologías de super vigilancia desde plataformas como Palantir, que le pertenece al primer gran inversor de Facebook y uno de los dos grandes inversores de la campaña de Donald Trump en 2016, Peter Thiel. La están utilizando para cazar personas y meterlos dentro de esos centros de inmigrantes, separando a sus hijos, ponerlos en jaulas, etc. Es una de las primeras plataformas que denuncia Snowden.

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 En foto la ciudad de Culiacán durante los enfrentamientos. FOTO: EFE / VIDEO: AFP

Fuentes militares han confirmado la posterior liberación de Ovidio Guzmán "para proteger vidas" y poder restaurar la paz en ciudad, después de que se registraran fuertes detonaciones y ráfagas de armas de fuego.

La detención de Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante mexicano Joaquín El Chapo Guzmán, que ha sido confirmada por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Alfonso Durazo, ha desatado el caos en la ciudad de Culiacán, en el noroeste del país, después de que se registraran fuertes detonaciones y ráfagas de armas de fuego.

Durazo ha explicado que una patrulla de 30 miembros de la Guardia Nacional y de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) estaban realizando labores de patrulla en Culiacán, que se encuentra en el estado de Sinaloa, cuando fueron agredidos desde una vivienda.

Los agentes tomaron el control de la vivienda y detuvieron en su interior a cuatro personas, entre ellos al hijo del narcotraficante mexicano, según ha detallado Durazo.

La detención, el detonante del caos en la ciudad

Dicha detención ha hecho que varios grupos de delincuentes organizados "rodearan la vivienda con una fuerza mayor a la de la patrulla". Asimismo, otros grupos han llevado a cabo "acciones violentas" en varios puntos de la ciudad, algo que el secretario mexicano ha afirmado que ha generado una "situación de pánico\".

"Tomamos la decisión de trasladarnos a la ciudad de Culiacán para conducir personalmente las acciones correspondientes", ha recalcado Durazo. "El Gobierno ratifica su compromiso de continuar su lucha contra la criminalidad hasta alcanzar la paz y la seguridad de todos los mexicanos", ha detallado.

Además, el secretario de Seguridad Pública de Sinaloa ha advertido de que se ha producido una fuga de reos en la prisión de Culiacán tras los tiroteos registrados en la ciudad.

Más tarde, fuentes militares han informado al diarioEl Universal de que el hijo del narcotraficante ha sido liberado después para pacificar la ciudad. Además, Durazo ha afirmado a la agencia de noticias Reuters de que ante las acciones violentas de lo seguidores de Ovidio Guzmán, el Ejército ha suspendido su operación para "proteger vidas".

Las autoridades aconsejan mantenerse "a salvo" 

Por su parte, el gobernador del estado de Sinaloa, Quirino Ordaz, ha llamado a los ciudadanos a no salir a las calles y a mantener la calma. "Estamos trabajando en recuperar la seguridad de la ciudad de Culiacán. Les pido mantenerse a salvo y estar atentos a las cuentas oficiales del Gobierno del estado. Estaremos dando información puntual. Aquí estoy pendiente y trabajando con ustedes", ha indicado Ordaz a través de su cuenta en la red social Twitter.

En varios vídeos publicados en las redes sociales se observan a varias personas armadas en coches por las calles de Culiacán, así como tiroteos en diferentes partes de la ciudad y vehículos incendiados.

Tras los tiroteos registrados en varios puntos de la ciudad, la Universidad Autónoma de Sinaloa ha anunciado que ha suspendido sus actividades en la jornada de hoy para "salvaguardar la integridad de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios".

Además, la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social en Sinaloa ha informado de que las guarderías de Culiacán resguardan a niños y padres de familia "hasta que las autoridades emitan mensaje".

Ovidio Guzmán, de 28 años y conocido como El Ratón o Ratón Nuevo, ha sido identificado como miembro del cártel de Sinaloa y se enfrenta a cargos en Estados Unidos por conspiración para traficar cocaína, metanfetaminas y marihuana de México.

Estados Unidos alerta a sus ciudadanos

El Gobierno de Estados Unidos ha emitido este viernes una alerta a sus ciudadanos por la violencia en la ciudad, según ha recogido el diario mexicano El Sol de México.

El Consulado estadounidense ha recomendado a sus ciudadanos que se mantengan fuera de las zonas de peligro, que estén pendientes de los medios de comunicación, que sigan instrucciones del Gobierno y en caso de emergencia llamar al 911.

madrid

18/10/2019 10:27 Actualizado: 18/10/2019 11:06

europa press

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Manifestantes y policía endurecen sus tácticas en las protestas de Hong Kong

La nueva ley contra las máscaras no solo no ha conseguido detener las protestas en Hong Kong; las ha empeorado. Dos días después de su entrada en vigor, decenas de miles de personas han salido a la calle a protestar contra la medida en tres grandes marchas en distintos puntos de la excolonia británica. La inmensa mayoría, en un gesto de desafío, llevaba máscaras o la cara cubierta de algún otro modo. Pero, tras comenzar de manera pacífica, grupos de manifestantes contra el Gobierno autónomo y contra China se han lanzado a una nueva ola de destrozos. La policía ha respondido con  cargas tras las que ha detenido a decenas de personas.

La jornada había comenzado con una derrota judicial para los opositores a la ley antimáscaras, la segunda en menos de 48 horas. Un tribunal de primera instancia denegó una petición de 24 legisladores de la oposición pandemócrata para que se impusiera una moratoria a la ley mientras se decide sobre su validez. La audiencia para analizar la legitimidad de la medida comenzará el próximo día 18, mientras tanto la prohibición continuará vigente.

Durante el día, continuaba aún la tensa atmósfera del sábado, cuando Hong Kong se levantó semiparalizado tras los fuertes choques de la noche del viernes —la medida entró en vigor esa medianoche—, con el metro completamente cerrado durante 24 horas por primera vez en su historia, numerosos comercios que no llegaron a abrir y destrozos aún visibles, especialmente en sucursales de bancos chinos. El cierre parcial de algunas líneas de metro, el principal sistema de transporte en esta ciudad de 7,4 millones de habitantes, continuaba el domingo; algunos de los centros comerciales más populares también optaron por prolongar su cierre.

Tras la decisión del tribunal, decenas de miles de personas desafiaron a la fuerte lluvia y los problemas de transporte para expresar su repulsa a una medida muy impopular: los manifestantes usan las máscaras para ocultar su identidad, pero también para protegerse del gas lacrimógeno. Con carteles en los que se leían mensajes como “los pacíficos y los bravos (los dos tipos en que se dividen a sí mismos los participantes en las protestas: moderados y radicales) lucharán siempre unidos”, entonaban el himno de las protestas, Gloria a Hong Kong, y gritos como “¡hongkoneses, rebelión!”

Muchos hacían, con una mano, el gesto chino para el número seis, con el puño cerrado y el pulgar y el meñique estirados, una alusión a lo que ya llaman su “sexta demanda”, la reforma o el desmantelamiento de la policía. Se suma así a las cinco previas: la retirada del polémico proyecto de ley de extradición que desencadenó las manifestaciones —la única a la que el Gobierno autónomo ha accedido—, la puesta en libertad sin cargos de los más de 2.000 detenidos, retirar la descripción de “disturbios” para las protestas, abrir una investigación independiente sobre el comportamiento de la policía y un verdadero sufragio universal.

Gradualmente, y como ha venido ocurriendo en los cuatro meses de protestas, la marcha pacífica se fue transformando en una serie de actos de violencia. Como en los últimos días, los bancos de propiedad china o los establecimientos de propietarios percibidos como simpatizantes de Pekín fueron el blanco preferido del vandalismo. Varias estaciones de metro sufrieron destrozos; alguna —la de Mong Kok, uno de los “puntos calientes” habituales de enfrentamientos entre movilizados y policía—- quedó completamente inundada.

Un taxista que golpeó a dos mujeres manifestantes con su vehículo en un barrio periférico fue atacado por los participantes. Un periodista de la televisión pública hongkonesa sufrió quemaduras en la cara cuando un cóctel molotov prendió el poncho de plástico que llevaba para protegerse de la lluvia.

Por primera vez, y después de que hubieran circulado en las redes algunas imágenes en las que antidisturbios hongkoneses parecían entrar en el cuartel de las tropas chinas en Hong Kong, en el acomodado barrio de Kowloon Tong, un grupo de manifestantes intentó acercarse al acantonamiento y apuntarlo con luces láser. Los soldados respondieron con una banderola de advertencia: si los jóvenes no se dispersaban, podrían ser arrestados.

La policía respondió con dureza al giro violento de las protestas, con gases lacrimógenos, balas de plástico y cañones de agua a presión y decenas de personas fueron detenidas. La operación de búsqueda y captura continuó durante la noche: a las nueve, las líneas de metro operativas cerraban definitivamente hasta el lunes. En puestos de control, los antidisturbios paraban los autobuses y registraban a los pasajeros, especialmente a los jóvenes, en busca de indicios de que hubieran participado en las movilizaciones.

En un comunicado en su página de Facebook, la policía acusaba a los manifestantes de intentar tomarse “la justicia por su mano”. “Las atrocidades perpetradas por los autores de los disturbios están por debajo del mínimo aceptable en cualquier sociedad civilizada. La policía advierte a los autores de disturbios que detengan todos sus actos ilegales y expresa su más fuerte condena contra todos los actos violentos de los alborotadores”.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín 7 OCT 2019 - 01:02 COT

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Snowden: Estado y democracia en tiempos de big data

Ante seguidores y detractores Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. 

 

Acaba de salir “Vigilancia Permanente” la autobiografía de Edward Snowden, el espía más famoso del mundo. Y aunque no deja de ser muy interesante lo que dice, tanto o más es lo que elige callar. Porque hay que ponerse en su situación. Está asilado en Rusia y ha sido funcional a Rusia al haber revelado secretos valiosos de su rival geoestratégico, Estados Unidos, el país donde nació y para el cual ejerció de espía.  Por ambas razones es percibido como un colaborador ruso, y por lo tanto un traidor, por una amplia franja de la opinión pública estadounidense.

Pero ante a sus fieles seguidores, sobre todo los activistas en defensa de las libertades civiles, la privacidad, los derechos humanos y la libertad en la web, y especialmente ante sus detractores, empezando por los servicios de inteligencia estadounidenses y los congresistas que integran los comités de inteligencia en el Capitolio, Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. Un ciudadano común, miembro de la “comunidad de inteligencia” como la llama él, igual que su papá y su mamá. Típica familia que vive en un suburbio de Washington cerca de alguna base militar, y que puede tener como vecino a un Marine, un contratista de Blackwater o un agente del FBI.  Alguien que un día decidió revelar cómo funcionan los programas secretos de vigilancia masiva al tener una especie de epifanía después de releer la constitución. Ahí se da cuenta que dichos programas violan la Cuarta Enmienda, la que prohíbe realizar registros e incautaciones sin causa previa. “(La NSA) insistía en que el ‘registro’ y la `incautación’ sólo se producían cuando sus analistas, no sus algoritmos, hacían consultas activas en lo que ya se había recopilado de forma automática,” escribe Snowden, para quien “se trata de una interpretación extremista ( y por lo tanto errónea) de la cuarta Enmienda.”  Entonces siente que es su "deber" convertirse en denunciante porque al entrar a los servcios había jurado defender la constitución.

El libro arranca con un par de capítulos sobre su juventud,  donde deja en claro su fascinación por las computadoras y por la sensación de libertad y excitación que sintió al ver a su padre experimentar con la Commodore 64 en los albores de internet. Después cuenta cómo, a pesar de ser un pésimo alumno en la secundaria sus conocimientos de computación la abrieron de par en par las puertas de los organismos de inteligencia más importantes del país. Después, a medida que diseñaba programas para facilitar el intercambio de archivos y evitar duplicaciones, fue ganando acceso a los más preciados secretos del mundo del espionaje internacional. En medio del cuento Snowden entrelaza varias reflexiones sobre los peligros de la vigilancia masiva, las consecuencias negativas que puede acarrear el de dejarse espiar con dicha tecnología, los dilemas éticos, las razones (o más bien los temores) que habrían llevado a sus colegas a no realizar denuncias como la suya.

A continuación llega un capítulo en el que cuenta cómo sacó la información del búnker de la Agencia de Seguridad Nacional en Hawaii engañando a los guardias con chamuyo y microchips. Es la parte más divertida de libro y se lee como una novela de espionaje. Lo mismo que el viaje a Rusia y su encuentro con los espías de ese país. Un mano a mano inolvidable en el que Snowden mira a su rival en la cara y le espeta que se olvide de intentarlo, que él nunca va a colaborar con Rusia.

Verdad y consecuencia

Y después, de repente, casi como que se termina el libro. Nada sobre el criterio para elegir la información que divulgó. Específicamente, por qué, además de los documentos sobre vigilancia masiva, también divulgó documentos sobre espionaje a países aliados como Brasil y Alemania. No lo explica. No dice cuántos ni cuáles documentos filtró. Ni hablar de los documentos sobre cómo Estados Unidos espía celulares chinos que le entregara al South China Morning Post poco antes de salir Hong Kong. De todo eso ni una palabra. Ni vamos a encontrar en el libro las críticas a Trump y Putin que Snowden periódicamente tuitea o menciona en reportajes.

Tampoco hay ni una línea sobre las consecuencias geopolíticas de sus actos. Y no es que no lo pensó. En un momento escribe que eligió Hong Kong para divulgar sus documentos, entre otras razones, porque “en términos geopolíticos era lo más parecido que podía estar de una tierra de nadie.” En realidad, si pensó que desde el punto de vista de cómo sería percibida su delación, el estadounidense medio haría una clara distinción entre Hong Kong y China, entonces sobreestimó a su audiencia. Para el estadounidense medio, Snowden es un tipo que contó secretos estadounidenses en China y después corrió a refugiarse en Rusia. El propio Snowden parece no entenderlo cuando escribe que Estados Unidos, al cancelarle el pasaporte en pleno viaje a Ecuador para obligarlo a asilarse en Rusia, le entregó en bandeja “una victoria propagandística” a ese país. Al revés, la victoria propagandística fue para Estados Unidos, ya que le permitió pintar a Snowden con el mote de villano prorruso que lo persigue hasta hoy, limitando su efectividad como profeta de la privacidad acechada. 

Es interesante que por este clima desfavorable hacia él, que cerca de Snowden atribuyen con demasiado énfasis a la retórica de Trump, el propio Snowden eligió casi no publicitar su autobiografía en ese país, eligiendo casi exclusivamente a periodistas de medios europeos, sobre todo alemanes, para los reportajes promocionales. “Ya no quiero hablar con los medios de comunicación de Estados Unidos porque allí el ambiente está envenenado” le dijo a dos periodistas de Die Welt que lo visitaron en Moscú. Y sin embargo hoy el libro encabeza la lista de lo más vendidos gracias al empujón que le diera el propio gobierno de Trump al anunciar que le embargaría sus regalías porque Snowden habría violado acuerdos de confidencialidad con agencias de inteligencia. 

Snowden escribe que los programas de vigilancia masiva son secretos porque, si se conocieran, los estadounidenses no los tolerarían. Pero eso está por verse. En Estados Unidos, y en todo el mundo, el debate entre seguridad, privacidad y sus límites está lejos de estar saldado, aunque del 9-11 a esta parte la balanza parece inclinarse para e lado de la seguridad.

Se entiende la postura de Snowden de no profundizar ciertos temas espinosos. Está en Rusia. Su permiso de residencia expira en el 2020 y no tiene ofertas para radicarse en ningún otro país. Si quiere ser creíble en Estados Unidos, necesita criticar un poquito a Putin, pero si lo critica demasiado corre el riesgo de que lo entreguen a Estados Unidos, donde casi seguro sería condenado por espionaje. Tampoco puede criticar mucho a Trump desde Rusia porque los patriotas no critican a sus presidentes desde territorio enemigo. Con periodistas europeos puede hablar del poder de Jeff Bezos, de la legislación europea de internet y de cómo la propiedad intelectual se ha convertido en un instrumento de control social. Puede hablar de su situación en el exilio, describiéndose como un ciudadano global virtual que vive online y que no importa en qué país mira su pantalla. Puede describirse como un benefactor que trabaja por el bien de la humanidad en sistemas de seguridad que facilitan la tarea de los periodistas de investigación. En otras palabras, puede hablar como un técnico apolítico, un cruzado romántico contra la vigilancia masiva. En su libro, Snowden dice que uno de los mejores consejos que le dio su mujer Lindsay, es que no comparta sus ideas político-partidarias, porque podrían alienar a un segmento de su audiencia, ya que la vigilancia masiva y la consecuente pérdida de privacidad es un problema tanto para demócratas como republicanos.

En un punto tiene razón, pero la política no se puede evitar y ése es su problema. Para ganar la batalla cultural necesita hablar de política, sobre todo porque sus ideas políticas son las que lo llevaron a hacer lo que hizo. Al revelar secretos sensibles de Estados Unidos causó un terremoto. Sobre todo en esta era de guerras de información, en la que las bases de datos han reemplazado a los recursos naturales como los grandes objetivos en las pujas de poder entre potencias, un tiempo en el que el poder blando y la digitalización de drones y virus han convertido a los ejércitos tradicionales en reliquias inútiles y caras. En este escenario Snowden debilitó la capacidad de espionaje de Estados Unidos en favor de sus rivales Rusia y China. ¿Acaso Rusia y China no hacen uso y abuso de la vigilancia masiva de sus ciudadanos? 

Sin embargo, Snowden dice en su libro que denunció a los servicios estadounidenses porque era su “deber” constitucional.  Agrega que hay “secretos legítimos que no iba a darles a los periodistas” para no perjudicar a su país. De hecho Snowden nunca reveló secretos de Rusia, Ucrania, Afganistán, Irak, Cuba o Pakistán, por sólo nombrar alguno de los países donde actúan los enemigos reales o percibidos de Estados Unidos . Hay una ética en juego, un voto de lealtad hacia un país y un sistema de gobierno que incluye “secretos legítimos” que Snowden asegura no haber violado.  Por el contrario, él siente que su acto de delación se inscribe dentro de las más añejas y respetadas tradiciones estadounidenses: la del justiciero que hace cumplir la ley. Y dice además que le entregó sus secretos a medios tradicionales como The Guardian y The Washington Post (en vez de publicaciones más cuestionadas como WikiLeaks) porque conforman “la cuarta rama de facto del gobierno estadounidense, protegida por la Carta de Derechos”. Toda una definición política. En "Vigilancia Permanente" Snowden defiende no sólo el orden constitucional, sino también a las instituciones y los enunciados de la democracia republicana liberal como la división de poderes, la legitimidad de los servicios de inteligencia y el imperio de la ley. Habla de reformar el sistema, de imponerle controles y medidas de transparencia. Pero no lo cuestiona ni quiere abolirlo.

En contraste, Julian Assange en su libro “Los archivos de WikiLeaks” (2016) describe a Estados Unidos como un “imperio” y a sus servicios de inteligencia como un “culto”. Es por eso que para Snowden, Assange mostraba “una oposición visceral al poder central” y WikiLeaks, “un escepticismo radical ante el poder central.” Snowden no es Assange, eso está claro. Snowden cree en Estados Unidos y sueña con volver a Estados Unidos como hombre libre y respetado, sueña con reintegrarse a la vida cívica de su país. En su libro, Snowden se compara con los veteranos de guerra por el costo que pagó para cumplir con su deber. En cambio Assange cree que el sistema está podrido, que los grandes medios son parte de ese sistema y que solo queda resistir y luchar contra el orden tecnocapitalista resultante de la alianza parida entre el complejo militar industrial y Silicon Valley. Todo está relacionado y todo es político, desafía Assange.

Aislado en Rusia, atrapado entre su reformismo y la revolución que desató, entre su patriotismo y su deber ser, entre su silencio forzado y su necesidad de decir algo, su libro se lee como un intento de darle un sentido al acto que definió su vida y lo marcó, héroe o villano, como el espía más famoso del mundo. Gracias a esa acción y a este libro es que podemos hacernos tantas preguntas que él, por ahora, no puede o no quiere contestar.

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Jueves, 19 Septiembre 2019 05:55

Así te vigila (y te controla) tu móvil

Así te vigila (y te controla) tu móvil

Sacamos el móvil del bolsillo unas 150 veces al día, aunque creemos que lo usamos en la mitad de ocasiones. Lo cierto es que nuestro smartphone genera un volumen brutal de datos que nos localizan, nos vigilan y nos transforman. Puro petróleo para las grandes empresas tecnológicas.

Lo más importante son los metadatos. No el mensaje que mandas, sino a quién se lo mandas, desde dónde y con quién. Sobre todo, desde dónde. Aquel que sabe dónde estás en todo momento te conoce mejor que tú mismo. Aquel que sabe dónde has estado durante los últimos tres meses puede predecir dónde estarás de ahora en adelante con una precisión del 93%. Y tú se lo dices a mucha gente. Tu móvil tiene una cámara por delante, otra por detrás, un micrófono, una media de 14 sensores y al menos 3 sistemas independientes de geoposicionamiento. Tu tarjeta SIM manda señales a las antenas más cercanas para recibir cobertura. Tu receptor de GPS se comunica con satélites para calcular su propia posición. Tu wifi busca constantemente redes a las que conectarse, gritando el nombre de todas a las que se ha conectado antes. Tu ­bluetooth busca objetos con los que hacer una red. Y tus aplicaciones registran cada uno de tus movimientos, incluso cuando has apagado esa función.

No necesitas sacar el móvil, pero lo haces unas 150 veces al día. Si te parecen muchas es porque la mayoría de las personas que tienen un smartphone piensan que lo utilizan menos de la mitad de tiempo que lo usan en realidad. Probablemente lo desbloqueas para ver si te ha llegado un mensaje por Messenger o Whats­App, si ha pasado algo en Twitter, si a alguien le ha gustado tu foto de Instagram o en Facebook, o si has recibido un correo importante. Una vez dentro, es difícil soltarse. Las aplicaciones más populares del mundo están diseñadas para que, cada vez que las usas, recibas una microdosis de dopamina, en un circuito llamado cámara de condicionamiento operante o, más popularmente, caja de Skinner, por el psicólogo que la creó. Por eso desbloqueas el móvil tantas veces sin darte cuenta. Las mejores mentes de tu generación trabajan para las grandes empresas tecnológicas, buscando maneras de que estés el máximo tiempo posible tocando el móvil de manera inconsciente. Cuanto más tiempo pasas, más datos generas. Y esas empresas viven de convertir tus datos en alimento para sus algoritmos predictivos de inteligencia artificial.

Los algoritmos necesitan una gran cantidad de datos para mejorar sus predicciones. Google los saca del correo, los mapas, el buscador, YouTube y el sistema operativo Android, entre otros. Amazon, de la tienda, el Kindle, los altavoces inteligentes y AWS. Facebook, de la red social, Instagram, WhatsApp y ­Oculus. Netflix, de las series. Uber, de los coches. Spotify, de las listas. ­Airbnb, de las vacaciones. Tinder, del sexo. Match, del amor.

Pero también necesitan una dieta variada, por eso trabajan con los data brokers, empresas que rastrean el resto de los datos que hay desperdigados y los ponen en un solo lugar. Manejan otras fuentes: tarjetas de puntos, seguros, marketing directo, hackers, inmobiliarias, bibliotecas, operadoras, laboratorios de análisis, bancos, farmacias, Administraciones. Las plataformas digitales saben lo que haces cuando estás conectado. Los data brokers eran los únicos que sabían lo que haces cuando no lo estás. Ahora hay cámaras ­conectadas a sistemas de identificación facial que te siguen sin que lo sepas, lectores ­automáticos de matrícula, satélites capaces de leer tu marca de reloj. Los algoritmos predictivos digieren los datos para saber anticiparse a tus deseos, pero no siempre para satisfacerlos. También para cambiarlos.

Cuando tus datos vuelven a ti, han transformado el mundo. Han elegido los anuncios que ves y el precio que pagas por los billetes de avión, por alquilar un coche, por el seguro dental. Han cambiado tus posibilidades de conseguir un crédito, de acceder a un puesto de trabajo, de recibir un pulmón. También eligen las noticias que aparecen en tu timeline, los Pokémon que aparecen en tu mapa, los cinco mejores restaurantes, la mejor manera de llegar de A a B. Porque te has convertido en el microobjetivo de cientos de campañas. No todas son comerciales.

La campaña pro-Brexit convenció a millones de británicos de que los turcos estaban a punto de invadir Europa. La campaña pro-Trump convenció a millones de americanos de que había bandas de centroamericanos “infestando” EE UU. La agencia de desinformación rusa convenció a medio millón de activistas afroamericanos de que no votaran, porque votar a Clinton era peor que votar a Trump. Cuando vuelven a ti, tus datos ya no son datos, son una visión del mundo. Y no sabes quién  la financia, ni con qué fin.

Por Marta Peirano

14 SEP 2019 - 17:00 COT

El inversionista George Soros intenta boicotear un acuerdo de Trump con China.Foto Afp

George Soros, a sus 89 años de edad, intenta torpedear el inminente acuerdo de Trump con China, que ha sido facilitado por la defenestración del ex asesor de Seguridad (sic) Nacional, John Bolton, quien deseaba librar siete guerras en el mundo contra Rusia (sic), China, Norcorea, Irán, Siria, Afganistán y Venezuela (https://bit.ly/2kb1QCh).

Con el fin de apanicar a los inversionistas de Wall Street, Soros pregunta en forma móbida si Trump venderá a EU (¡mega sic!) por Huawei (https://on.wsj.com/2lOgNum).

Empieza alabando a Trump, antes de golpearlo sin misericordia: “El mayor –y quizá el único (sic)– logro de política exterior de Trump ha sido desarrollar una política coherente (sic) y genuinamente bipartidista frente a la China de Xi Jinping” por declarar a Pekín como rival estratégico y colocar a Huawei como amenaza a la seguridad nacional, lo cual previene a las empresas de EU de hacer negocios con Huawei.

Soros, vulgar agente de la CIA y espantapájaros de los esclavistas banqueros Rothschild –como varios investigadores del más alto nivel han evidenciado–, maneja el muy aburrido ¡Ahí viene el lobo! contra China y que usó durante una generación contra la URSS/Rusia:

China es un rival peligroso (sic) en Inteligencia Artificial y en las máquinas de aprendizaje, pero todavía depende de casi 30 empresas de EU que abastecen a Huawei con los principales componentes que necesita para competir en el mercado del 5G.

Mientras Huawei permanezca en la lista negra de EU, carecerá de la tecnología crucial y será seriamente debilitada. Pero el misántropo mega especulador con máscara de travesti filántropo, teme que Trump pueda pronto socavar su propia política frente a China y ceder su ventaja a Pekín.

Basa su prejuicio en que Trump removerá las restricciones a Huawei: desea arreglar una reunión con el presidente Xi Jinping conforme se acerca la elección de 2020 y realizar un trato comercial con él y desea que el estatuto de Huawei se encuentre en la mesa de negociaciones como una de sus piezas de regateo.

Soros fustiga que no es la primera vez que Trump opera una mal concebida concesión a China cuando levantó las restricciones a ZTE, otra empresa china de telecomunicaciones de menor calibre que Huawei: Trump “parece desesperado (sic) para un arreglo con el presidente Xi con el fin de impulsar el mercado de valores y la economía y así mejorar su oportunidad de relegirse –colocando sus intereses electorales antes que los intereses de EU”.

Más bien parece que lo que no desea el grupo globalista de Soros es que Trump se relija.

¿De cuando acá les ha interesado a los globalistas los intereses de EU, donde 99 por ciento de la población ha sido excluida de su modelo plutocrático?

Soros apela, otra vez con el petate del muerto, al Congreso para prevenir las tentativas de Trump y alucina que Trump sacará de apuros al gigante de las telecomunicaciones manejado por el Partido Comunista chino (Huawei).

Soros concluye con una frase apta para oligofrénicos: mi interés (sic) en derrotar a la China de Xi Jinping va más allá de los intereses nacionales de EU. ¿Por fin?

¿Y a poco un no-arreglo de Trump y Xi no afectan al mundo?

Soros se equivoca de apuesta bursátil y expone el verdadero motivo visible de su eterna aversión a China: el sistema crediticio social (¡mega sic!) que está construyendo Pekín, si se permite (sic) su expansión, sonará la señal de muerte para las sociedades abiertas (sic) en China y el mundo (sic) ya que los “déspotas estarán ansiosos en comprar el know-how de las empresas chinas, siendo política y financieramente (sic) dependientes de China y así expandir los sistemas de control político (sic) de China en el mundo”.

El portal Sputnik juzga que Soros promueve la guerra comercial entre EU y China (https://bit.ly/2miI9t3= y, en su versión en inglés, comenta que Soros ha gastado una fortuna para apoyar a los opositores de Trump, además de haber financiado el mendaz documento Steele para descarrilar la relación de EU con Rusia (https://bit.ly/2kiCrXv).

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Edward Snowden: "Los gobiernos están empezando a delegar su autoridad a las grandes plataformas tecnológicas"

"El Reglamento General de Protección de Datos europeo no será efectivo hasta que las plataformas paguen el 4% de sus beneficios en multas cada año", afirma el exanalista de la NSA, que hoy publica sus memorias

"Los presidentes escogen a Amazon porque practican el culto de la eficiencia", asegura Snowden, que denunció la existencia de la red de vigilancia más poderosa del mundo

"La única manera de evitar el abuso de poder es limitar la eficiencia de ese poder", explica

Marta Peirano

16/09/2019 - 22:30h

Su infancia son recuerdos de un Commodore 64 y del mundo infinito de los canales del IRC. Su adolescencia, la típica de un estudiante con inquietudes técnicas, afición por los Multijugadores Masivos y el resentimiento contra la autoridad. "Era demasiado guay para recurrir al vandalismo y no lo suficiente para drogarme. (…) En lugar de eso, empecé a hackear".

Sus habilidades le llevaron de los canales del IRC a la administración y el análisis de sistemas para las agencias de inteligencia más poderosas del mundo, sin sacarse un solo título universitario. Su conciencia le condujo a denunciar la existencia de la red de vigilancia más poderosa y peligrosa del mundo, y al exilio forzoso en Moscú, donde vive desde que EEUU le revocó el pasaporte en agosto de 2013. Su libro de memorias, Vigilancia permanente, se publica este martes 17 de septiembre en todos los países a la vez. Hablamos en exclusiva con el espía más famoso del mundo sobre sus memorias, el futuro de las comunicaciones y la posibilidad de reconstruir un sistema más justo con leyes, tecnología y el espíritu de resistencia de la comunidad. 

En el libro hablas de los boletines, el IRC y esa atmósfera del Internet primigenio en el que un Snowden de 14 años podía aprender a construir un ordenador o a escribir código con la asistencia desinteresada de especialistas sin más ambición que la voluntad de aprender y la responsabilidad de contribuir a una comunidad técnica fuerte y preparada. ¿Podemos volver allí?

Ese momento es crucial. Porque, si recuerdas los primeros y mediados 90, sabes que había un sentido de comunidad, que estabas allí porque querías estar allí y era como eso que dicen de que hace falta todo un pueblo para educar a un niño. Los niños como yo éramos adoptados por adultos competentes en una especie de tutoría casual. Claro que había flamewars pero nadie se las tomaba en serio porque Internet no se tomaba en serio. Ahora no hay ese sentido de la comunidad ni ese sentido de responsabilidad. Los mayores odian a los jóvenes, los jóvenes desprecian a los mayores. ¡Millennial es un insulto! La cuestión es, cómo recuperar ese sentido de la fraternidad cuando la tecnología ha dejado de conectar a las personas para animarlas a establecer su identidad en oposición a todo lo que no son.

El problema no es en la tecnología sino el objetivo de esa tecnología. La de ahora está diseñada para la explotación de los usuarios, no para incentivar la fraternidad. No hay ninguna razón por la que no podamos implementar redes distribuidas entre pares con otros objetivos.

Totalmente cierto, y es lo que estamos viendo en ciudades como Hong Kong. Otro de los grandes temas del libro son los Sistemas: sistemas políticos, sistemas legales, sistemas tecnológicos. Y, como dices, no es la tecnología lo que está fallando; la tecnología funciona bien. La cuestión es para quién trabaja. Lo que falla es el sistema, no la tecnología. Y lo que vemos es que, cuando la necesidad les empuja a escapar de ese sistema o tratar de reconstruirlo, es cuando surgen esas redes distribuidas, esas comunicaciones basadas en bluetooth y otras redes ad-hoc. Lo vemos una y otra vez en las manifestaciones porque ponen a la policía en una disyuntiva mucho más compleja. Ya no pueden bloquear Signal o Telegram sino que tienen que bloquear todas las redes wifi, bloquear las antenas. Pero ya no pueden sabotear de manera selectiva a los usuarios de ciertas aplicaciones sino que tienen que cortar las comunicaciones para toda la población. Y hay gobiernos que no quieren hacer eso.

Cada vez hay más gobiernos dispuestos a cortar Internet.

Sí, pero mira, cuando Rusia trató de cortar Telegram porque no facilitaban las claves para descifrarlo –y que quede claro que no estoy recomendando en absoluto el uso de Telegram–, el Kremlin fue a su oficina de censura, Roskomnadzor, que es la agencia reguladora de comunicaciones del Estado, y les dijo que bloquearan Telegram. Pero Telegram estaba alojado en la nube de Google y en la nube de Amazon. Y Amazon los echa, pero Google no, y no pueden bloquear Telegram en Google sin bloquear la mitad de sus propias IPs. Al final consiguieron que los cientos de miles de empresas que dependían de los servicios de Google, incluyendo el propio gobierno ruso, se quedaran sin servicio –y sin taxis y sin comida a domicilio y sin pagos por móvil– porque todo está centralizado en los servidores de un par de gigantes tecnológicos. Una posición muy ventajosa si eres uno de esos dos gigantes o si eres uno de los gobiernos capaces de coaccionar o seducir a uno de esos gigantes para que haga lo que tú quieres.

Y muy mala si no eres ninguna de las dos cosas.

Si eres cualquier otro, es una posición muy vulnerable. Estamos construyendo vulnerabilidades sistémicas, concentrando nuestras comunicaciones, toda nuestra experiencia, en estos pocos gigantes. Cuando la web primigenia de la que hablábamos desapareció, esas empresas salieron en busca de un nuevo producto y ese producto fuimos nosotros. Y se colocaron oportunamente en medio de todas nuestras interacciones: cuando hablas con tu madre, cuando compras una pizza, cuando ves una serie, cuando sales a correr. Ellos están ahí, registrando todo lo que haces pero lo importante no eres tú sino todos nosotros. Y ahora que ya empiezan a tener el registro permanente de la vida privada de todos, ahora ellos tienen el control. Ya no somos colaboradores ni usuarios ni clientes. Somos su presa, sus súbditos, su material.

En el libro cuentas que te caíste del guindo cuando preparabas una charla sobre la red de vigilancia del Gobierno chino para la agencia. Te diste cuenta de que los chinos no estaban usando ninguna tecnología que los americanos no usaran también. ¿Cuál es la diferencia entre el sistema de crédito social chino y la red de vigilancia de EEUU, aparte de la visibilidad del primero y la opacidad del segundo?

China vigila abiertamente a sus ciudadanos y nosotros lo hacemos en secreto. Pero antes, al menos, podíamos decir que nosotros no encerrábamos a la gente en campos de concentración. Ahora mira lo que está pasando en nuestra frontera. O con la lista negra de terroristas, que solo ahora conocemos después de décadas de secuestros y operaciones secretas. Aún hoy, si estas en la lista no puedes saber por qué y por lo tanto no puedes defenderte para que te saquen de ella. En democracia, la visibilidad de las operaciones es lo que te permite defenderte de ellas. En China desgraciadamente no se puede resistir al estado. Pero en las democracias liberales, los gobiernos mantienen en secreto su red de vigilancia porque saben que generará el rechazo de la población. Y pueden hacerlo gracias a que las empresas privadas que facilitan esas redes de vigilancia pueden actuar con el mismo secreto, y la misma impunidad.

Hace poco vimos cómo Google y Facebook y Apple con Siri entregan nuestras conversaciones privadas a empresas externas y ninguno de los usuarios de sus servicios parecía saberlo. Una especialista como tú que estudia el fenómeno, que conoce la tecnología, puede intuir y deducir que la vigilancia de masas está ocurriendo, pero no lo puede demostrar. Y es esa chispa de distancia entre saberlo y poder demostrarlo es lo que lo cambia todo en una democracia. Porque, si no podemos estar de acuerdo en los hechos, no podemos tener un debate acerca de qué hacer al respecto.

¿Quién crees que es más peligroso, Donald Trump y el poder de su gobierno o Jeff Bezos, que aloja y procesa la mitad de Internet?

La gente diría Donald Trump, porque es evidentemente una persona horrible. Pero Trump no es el problema, sino el producto derivado de los errores del sistema. Pero la gente como Jeff Bezos sobrevive a los presidentes, no está sujeta a elecciones democráticas y tiene en sus manos el control de la infraestructura de todo el planeta. Es una amenaza completamente distinta. En Silicon Valley te dirán que Bezos no tiene un ejército, y es verdad. Pero Bezos no tiene un país ni necesita uno, porque tiene más dinero que muchos países.

¿Dirías que las grandes plataformas pueden competir con los estados nación?

De momento, los gobiernos tratan de beneficiarse del poder de estas empresas y las empresas entienden que se pueden beneficiar con menos regulación y la habilidad de influir directamente sobre la legislación, teniendo línea directa con presidentes, ministros, etc. Esta es la historia que cuentan los documentos PRISMA. Se pueden leer como un timeline: primero, cae uno; después, otro. El resto ven que la competencia lo hace y piensan oye, si ellos lo hacen y no hay consecuencia, nosotros lo hacemos también.

No piensas que vayan a dividir esos monopolios como hicieron con AT&T.

Los gobiernos obtienen su poder de esas empresas. ¿Cómo encuentran a la gente a la que quieren matar? El exdirector de la NSA, Michael Hayden, dijo literalmente: "matamos gente basándonos en metadatos". Sólo metadatos. Si creen que este teléfono pertenece a un terrorista, enviarán un misil contra la granja donde está localizado el teléfono, sin importar quién lo tiene en la mano porque lo que quieren es acabar con quien sea que usa ese teléfono y eso es peligroso. Es peligroso creer que puedes conocer a alguien, conocer sus planes, sus intenciones, su territorio; si son criminales, si son inocentes. Que puedes comprender a alguien así. Incluso si tienes acceso total a sus comunicaciones, la gente cambia de parecer, comete errores, miente incluso a las personas que más quiere. Nuestras comunicaciones no son el espejo de nuestra alma pero los gobiernos toman decisiones basadas en esos datos. Y así las justifican.

Y la legislación no evoluciona precisamente a favor de la privacidad.

Es 2019 y ya vemos lo que ocurre en Rusia, en China y en los EEUU. Pero incluso los países donde la vigilancia era ilegal de pronto la han legalizado después de un escándalo. Primero en Alemania [Intelligence Service Act, 2016], después en UK [Investigatory Powers Act, 2016] y lo mismo en Australia [The Assistance and Access Act 2018]. Y no dudo de que está pasando o pasará en España próximamente. La respuesta a los escándalos sobre vigilancia no ha sido hacer que los servicios de inteligencia se ajusten a la ley, sino hacer que la ley se ajuste a los servicios de inteligencia.

Por otra parte, la cuarta enmienda en EEUU limita las capacidades del gobierno y del Estado pero no limita las de las empresas privadas. Este es un problema sistémico, un agujero estructural. Así que, cada vez que pienses en el poder de estos gobiernos, debes saber que proviene de los datos corporativos. Los gobiernos son peligrosos porque tienen acceso a todo lo que has puesto en el buscador de Google. Si no tienes una cuenta de Gmail, toda la gente que conoces tiene una y guarda copias de tus comunicaciones.

De hecho, ahora hay congresistas pidiendo que las empresas tecnológicas sean las que decidan sobre temas como la libertad de expresión.

Efectivamente, los gobiernos están empezando a delegar su autoridad a estas empresas, a convertirlos en pequeños sheriffs para que funcionen como agentes gubernamentales e impongan nuevas reglas, como qué se puede y no se puede decir y todo ese debate acerca del "deplatforming" [expulsar de la plataforma]. Se trata de una delegación de autoridad, voluntaria y deliberada, por parte de los gobiernos sobre estas empresas. Y lo que va a ocurrir, puede que no en dos años, pero en los próximos diez, cuando se den cuenta de que han ido demasiado lejos, es que no van a poder recuperar esa autoridad. Porque estas compañías habrán cambiado la manera en la que opera el sistema. Estas compañías opacas que no responden ante la ciudadanía habrán cambiado la manera en que la gente lee, come, conduce, trabaja, piensa y vota.

Una delegación de funciones que perjudica especialmente a los usuarios que ni siquiera son ciudadanos estadounidenses ni tienen derechos en esa legislación.

¡Exacto! ¿Cómo vais a controlar a Facebook en España, si ni siquiera os reconoce como una autoridad competente? El parlamento británico llama a Mark Zuckerberg a testificar y Mark les contesta "no sois lo bastante importantes para que yo vaya, voy a mandar a uno de mis agentes". Cuando ocurre algo así y no hay consecuencias, el precedente se extiende al resto de los CEOs de estas plataformas que dicen voy a pasarme un poco más de la raya a ver qué pasa. Y si los gobiernos han dejado de ser un mecanismo apropiado para expresar la voluntad de la ciudadanía, un instrumento para decidir el futuro de esa sociedad, qué es lo que nos queda. A dónde vamos.

Lo que vemos en Hong Kong, entre otros lugares, es una balcanización de la red a través de las plataformas: si quieres escapar del control chino, usas plataformas americanas; y si quieres escapar de las americanas, entonces usas plataformas rusas exiliadas en Berlín, como Telegram.

Lo que vemos en Hong Kong ya ha pasado antes: cuando nuestros modelos de autogobierno empiezan a fallar, inmediatamente pasamos al modo resuelveproblemas. Nos volvemos extremadamente utilitarios, fríamente pragmáticos y hacemos lo que tengamos que hacer para llegar a mañana, a pasado mañana y a la semana que viene, lo que haya que hacer para conseguir nuestros propósitos y seguir viviendo como queremos vivir. Y empezamos a elegir estas frágiles alianzas temporales sin darnos cuenta de que tienen un precio.

En Europa hemos optado por la GDPR, donde seguimos dependiendo de las plataformas pero interponemos una capa de legislación como medida profiláctica. ¿Es una estrategia más realista?

La GDPR es significativa porque al menos demuestra una intención de cambiar esas estructuras torcidas. Pero no está siendo efectiva, ni lo será hasta que las plataformas paguen el 4% de sus beneficios en multas cada año, hasta que cambien de modelo. Y, de momento, ninguno de los comisionados europeos ha mostrado un verdadero interés por implementar esa solución. Quieren tratar a Facebook como un aliado. Facebook no es un aliado, no es un amigo. Apenas es un servicio realmente útil. Facebook es un depredador.

Facebook es la reencarnación de todos los errores que hemos cometido en nuestras políticas y leyes en los últimos 30 años. Es el fantasma que ha venido a atormentarnos. Y la manera de exorcizarlo es cambiando cosas. Cambiando la legislación, cambiando la tecnología, cambiando nuestras decisiones como consumidores y como ciudadanos. Es un cambio que no puede ocurrir en un solo nivel.

Y con una descentralización radical de las infraestructuras.

Uno de los motivos por los que tenemos este problema es que no hay espacio para la competencia. Las plataformas han diseñado sus servicios de tal manera que se han convertido en la autoridad central. Cualquiera que necesite métricas para ver cómo funciona su propia aplicación tiene que usar Firebase, la SDK de Google o Graph, la API de Facebook. Y toda la información de los usuarios de tu App pasa a ser de Google y de Facebook, sin que ellos lo sepan. Porque los usuarios no saben lo que es una SDK ni lo que es una API ni cómo funciona una App ni cómo funciona el teléfono. Solo saben apretar iconos. Tienes que ser un experto para saber usar estos dispositivos de manera segura. Y en el contexto de una autoridad central cada vez más corrupta, y de un estado de insatisfacción cada vez más patente y de una administración cada vez más incompetente, estas compañías han empezado a reemplazar a los gobiernos en pequeñas tareas administrativas. Como, por ejemplo, mantener bases de datos actualizadas de los ciudadanos, algo que hasta ahora era derecho único del estado.

O mantener datos biométricos de la población, algo que antes solo podía hacer la policía en casos justificados. ¿Cómo se resiste a esa clase de autoridad centralizada, corporativa, invisible y opaca?

Hay gente como Tim Berners Lee tratando de redescentralizar la red. Porque tenemos que cambiar la arquitectura de nuestras redes. Por ejemplo, tus lectores se habrán preguntado alguna vez por qué suena tu teléfono y ningún otro teléfono del mundo, cuando alguien te llama. ¿Cómo saben que eres tú? Por los identificadores únicos universales. Cada teléfono tiene al menos dos. Tienes el IMEI en el dispositivo, tienes tu IMSI en la tarjeta SIM y tu teléfono va gritando esos números al viento en todo momento, tan alto como lo permita el teléfono, hasta que la torre más cercana responde a la llamada, registra tu nombre y le dice al resto de la red que le pasen todas tus comunicaciones porque ahora estás en su jurisdicción. Y estos registros se guardan durante todo el tiempo que pueden.

Las operadoras en EEUU tienen registradas todas las llamadas que hemos hecho desde 1987. Y el de todos nuestros movimientos desde 2008. Cualquier operadora conoce los detalles de tu vida mejor que tú. La única manera de evitar estos registros es crear estructuras alternativas, sistemas alternativos, protocolos alternativos que no requieran una autoridad central. Que no requieran confiar demasiado poder en las manos de unos pocos. Históricamente, cuando hay demasiado poder acumulándose en el garaje de alguien como Jeff Bezos, es solo cuestión de tiempo que lo use en su beneficio personal y en detrimento del bien común. Y eso no va a cambiar mientras tenga la oportunidad delante. La cuestión es cómo cierras esa oportunidad. No basta con cambiar a Jeff Bezos por otro, a Mark Zuckerberg por otro. Hace falta un cambio holístico, un cambio estructural.

Ahora mismo la fórmula mágica de las tecnológicas –ofrecer servicios gratuitos a cambio de datos– se expande a nuestras ciudades y gobiernos. El mismo Pedro Sánchez regresó de Bruselas hace unos meses celebrando un "acuerdo sin precedentes" con Amazon Web Services para mover la administración del Estado a la Nube de Amazon. Tampoco puedes tirar el móvil, abandonarlo todo y huir a las montañas porque tus identificadores únicos universales son tu cara y tu voz. Estas tecnologías están cada vez más diseñadas para controlar los movimientos de grandes masas de gente por todo el planeta, son los centinelas de un planeta al borde del desastre climático. ¿Tiene sentido seguir pensando en una Internet global descentralizada como Berners-Lee ¿No es mejor trabajar en miles de redes comunitarias locales, capaces de conectarse entre sí pero autosuficientes?

Los presidentes escogen a Amazon porque practican el culto de la eficiencia. Y esas formas de brutal sobreidentificación que mencionas, con esos identificadores biométricos que son indelebles, porque no se pueden cambiar –pero sí copiar, hackear, suplantar y duplicar–, presuponen que la identificación es buena porque optimiza la eficiencia. Habrás notado que el 80% de los países exigen ahora que te registres para poder tener un teléfono móvil. Que no haya un solo teléfono sin identificar.

El culto de la eficiencia significa que, si algo puede hacerse más rápido, por menos dinero y con menos esfuerzo, entonces es mejor. Todo el mundo está de acuerdo en eso. Pero si lees cualquier constitución de cualquier democracia liberal, como la de EEUU, verás que en nuestra Carta de derechos, cuatro de las principales enmiendas están diseñadas explícitamente para hacer que el trabajo del gobierno sea más difícil, menos eficiente. Y esto es lo que a menudo se olvida: la clase de dirigente que practica el culto de la eficiencia olvida que el exceso de eficiencia por parte del gobierno es una amenaza fundamental para la libertad de los ciudadanos.

Queremos que el trabajo de la policía, el trabajo de Hacienda, el trabajo de los publicitarios sea difícil, para que solo nos enfrentemos a esos grandes poderes cuando sea absolutamente necesario. Que el ejercicio de investigar la vida de una persona sea tan costoso, tan difícil, que solo se utilice cuando la alternativa sea impensable. Hace 30 años necesitabas un equipo coordinado de tres personas para vigilar a una sola persona. Hoy tienes una persona vigilando a poblaciones enteras. La única manera de evitar el abuso de poder es limitar la eficiencia de ese poder.

El 5G es el colmo de la eficiencia.

[Se ríe a carcajadas] Ya, ya. Cuando empezamos a hablar de la tecnología de ondas milimétricas [mWT] y de los puntos de acceso ultralocal que transmiten tu posición, no en el edificio ni en la habitación sino en una parte de la habitación, en un pasillo de la tienda, se me ponen los pelos de punta. No puede haber sino una ceguera ética completamente deliberada por parte de los responsables de este desarrollo. Hay una cosa: cuando en EEUU se han implementado este tipo de tecnologías, se ha hecho pensando que éramos los únicos capaces de explotar sus vulnerabilidades, pero ahora vemos a nuestros vecinos y enemigos ponerse a la vanguardia. Por eso creo que veremos que el mundo de las redes y del software va a ser más seguro, más difícil de comprometer. Pero que, por otro lado, los gobiernos y compañías incluirán vulnerabilidades para su propia explotación, creando debilidades sistémicas que serán inevitablemente descubiertas por otros gobiernos, por otras empresas, por otros grupos organizados, con terribles consecuencias. Cuando eso pase, espero de todo corazón que tengamos redes locales ciudadanas.

España ha sido pionera en 5G con fibra de Vodafone y antenas de Huawei. ¿Qué te parece?

Sabemos a ciencia cierta que tanto los chinos, como los británicos usan su acceso a estas redes para perjudicar al resto del mundo. Este es el status quo, la naturaleza de un poder que ya conocemos hoy. Ahora, ¿cómo gestionas eso sin frenar el progreso? No es fácil. En el caso de 5G, tenemos un proceso en marcha que no sirve el interés público y tenemos una capacidad de producción que solo existe en un puñado de países, porque nuestras leyes de propiedad intelectual están tan rotas que incluso si un grupo de ingenieros españoles quisiera y supiera cómo implementar estas tecnologías, no tienen las patentes para fabricar los chips necesarios o las radios para producir estas transmisiones de manera independiente y segura. Todas las fábricas están en China o Taiwan, todas las patentes están en EEUU, China, UK o Noruega. Y EEUU tiene la información, porque el 80% del tráfico de contenidos pasa por EEUU. Las revelaciones de 2013 son el resultado directo de esa brutal asimetría en el acceso a la información.

No basta con cambiar gobiernos. Nada cambiará mientras vivamos en un mundo donde los chips solo pueden ser americanos o chinos, donde los métodos para fabricar radios que operan en cierta frecuencia tienen que estar licenciados y cumplir la legislación estadounidense o china, aunque vivas y trabajes en España, o Colombia o Chile. Donde la gente que ha creado el sistema en el que nos movemos siga colonizando los medios de producción, los medios de expresión.

Han convertido la propiedad intelectual en una herramienta de control político y social a escala global. Hasta que empecemos a mirar ese sistema y empezar a cambiarlo de manera que se puedan modificar estos aspectos fundamentales, la tendencia será la misma que hemos vivido hasta ahora: desempoderar a la ciudadanía para empoderar a las instituciones. Un concepto completamente antidemocrático.

Parece que la ventana de oportunidad existe, pero se está cerrando rápidamente.

Creo que estamos viendo la tensión de un mundo al límite, y que estamos al borde de algo y podemos caer en dos direcciones opuestas. Si caemos en la dirección correcta, habrá reforma. Si caemos en la mala, habrá revolución. Pero no podemos seguir como hasta ahora.

Estás en Rusia desde hace seis años porque tu gobierno te revocó el pasaporte, pero ibas camino de Ecuador. En vista de las actuales circunstancias, podemos decir que tuviste suerte.

Es una de esas ironías del destino. El gobierno de los EEUU trató de destruir mi vida exiliándome de forma permanente en un lugar donde soy un arma política, porque pueden desacreditarme sin responderme, simplemente apuntando en el mapa. Pero puede que, con ese castigo, hayan salvado mi vida sin quererlo. Si ahora estuviera en Ecuador, bajo el mandato de Moreno y su desesperación por mostrar su lealtad a los EEUU, no es que crea que mi asilo hubiera sido revocado. Creo que probablemente estaría muerto o encarcelado, como Julian Assange.

Como director de la Freedom of the Press Foundation, qué futuro crees que le espera a este caso.

Creo que este caso se va a alargar durante años. Y creo que ha sido un error por parte de EEUU perseguir a un editor por publicar. Porque hay que tener claro que es eso de lo que ha sido acusado. No persiguen a Assange por ninguna de las numerosas polémicas que ha generado a lo largo de los años. Hay numerosas razones contra él. Pero los EEUU persiguen a Assange por el mejor trabajo que ha hecho Wikileaks. Y si dejamos que ganen, entonces nos merecemos el mundo que viene después.

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