¿Es posible convertirse en un fantasma digital y borrar todo rastro en internet?

Siempre ha sido complicado desaparecer, aún menos en los tiempos de internet cuando dejamos rastros digitales siempre que nos conectamos

Una madrugada del año pasado, antes de que los pájaros empezaran a cantar, Tio Bucard, su esposa y sus hijos salieron de su casa, situada en un pequeño pueblo de Francia, y se metieron en un todoterreno negro. Mientras Bucard conducía hacia el aeropuerto más cercano, iba mirando por el espejo retrovisor para ver si le seguía Frank Ahearn, un estadounidense de 54 años de barba canosa y grandes gafas de sol.


Bucard (nombre falso) había conocido a Ahearn el día anterior, en el vestíbulo de un hotel de Mónaco cerca de la oficina de Bucard. Ahora había confiado la seguridad de su familia a este antiguo drogadicto del Bronx.


Bucard entró en la zona de aparcamiento del aeropuerto. Él y la familia pasaron a un todoterreno alquilado por Ahearn. Mientras se dirigían a la autopista, Ahearn bromeaba sobre si, mientras la familia permanecía escondida, él cuidaría el reloj de Bucard, un Bentley Flying B Nº 3 valorado en 5.000 libras esterlinas.


El reloj era el recuerdo de un pasado más opulento. Bucard, que recaudaba capital para un fondo de capital privado, se había encontrado en el lado equivocado de un mal acuerdo. Los problemas fueron en aumento y la empresa empezó a incumplir sus promesas de pago. Uno de los inversores que salió perjudicado tenía, en palabras de Bucard, un "pasado oscuro", y muy pronto pasó del enfado a amenazar su integridad física.


Preocupado por su seguridad y la de su familia, Bucard hizo la siguiente búsqueda en Google: "Cómo desaparecer". Ahearn fue uno de los primeros nombres que le apareció. Este profesional había trabajado en el pasado como detective privado y se había especializado en seguir el rastro de personas que no quieren ser encontradas. Ahora se había convertido en un profesional de la "desaparición".


Ahearn ofrece una amplia gama de servicios, que van desde que el cliente pueda recuperar la intimidad perdida en Internet hasta cruzar Europa con el cliente y su familia para que puedan empezar una nueva vida en un lugar seguro.


"Mi idea inicial era desaparecer durante tres o cuatro meses", explica Bucard. "Hasta que pudiera reunir el dinero para pagar a los inversores". Para que no se alarmaran, Bucard explicó a sus hijos que iban a hacer unas largas vacaciones.


El día antes de huir, Ahearn alquiló a su nombre y en Airbnb un apartamento en una ciudad lejana. Cuando la familia Bucard llegó a esta vivienda, Ahearn les compró teléfonos móviles y ordenadores portátiles y les enseñó las reglas de su nueva vida: utilizar aplicaciones de mensajería de texto que no dejen rastro, no utilizar servidores de correo electrónico públicos, pagar en efectivo, no utilizar Facebook.


Tras unos días con ellos, Ahearn dejó a los Bucard en su alojamiento temporal y regresó a Madrid, donde vive con su novia. En su cartera, llevaba la tarjeta de crédito de Bucard.
Cuando aterrizó en España, Ahearn trató de imaginar qué tipo de gastos haría un hombre de la riqueza de Bucard durante unas vacaciones. Fue entonces cuando empezó a utilizar la tarjeta de crédito: ropa de marcas caras, restaurantes y otros caprichos. "Me lo pasé genial con su tarjeta", dice. "Y así, amigo mío, es como se consigue confundir y dejar un falso rastro".


Desaparecer ya no es tan sencillo


Dinero, violencia o un desliz. Cualesquiera que sean los motivos de una persona para querer desaparecer, suelen poder resumirse en estas tres palabras. Con independencia del motivo o de la magnitud del proyecto, sea empezar una nueva vida en el extranjero o eliminar el nombre y la dirección del listín telefónico, nunca había sido tan difícil desaparecer como ahora. En un mundo donde cualquier acto que se lleve a cabo fuera del cobertizo del jardín suele dejar una huella digital. No es fácil regresar al reino de los desconocidos.
Si algo ha quedado claro en los últimos meses es lo mucho que se ha deteriorado el concepto de privacidad. En las "granjas de servidores" protegidas del calor, Silicon Valley reúne una cantidad ingente de información personal. Esto hace años que lo sabemos. De hecho, en 2010 una investigación constató que las aplicaciones de Facebook recababan, sistemáticamente y sin el consentimiento de los usuarios, información para empresas que rastrean a su público objetivo por Internet, incluso de cuentas privadas.


El reciente escándalo de Cambridge Analytica ha mostrado que el problema es mucho más profundo. Quienes descargaron sus archivos de datos personales descubrieron que Facebook y sus aplicaciones asociadas habían estado rastreando llamadas telefónicas, leyendo mensajes y saqueando directorios telefónicos. Esta actitud tolerante y permisiva con la utilización de nuestros datos forma parte de la esencia de las redes sociales.


Este año ha salido a la luz que en 2004, cuando Facebook era una red que se utilizaba en el campus universitario y que servía para que los estudiantes evaluaran el atractivo de sus compañeras de estudio, el fundador de esta red social, Mark Zuckerberg, ya envió un mensaje a un amigo en el que presumía de haber recabado más de 4.000 correos electrónicos, fotos y direcciones de usuarios.


"¿Qué?, exclamó su amigo. "¿Cómo lo has conseguido?".


"La gente los ha facilitado", le explicó Zuckerberg. "No sé por qué. Simplemente confían en mí".


"Jodidos estúpidos", dijo tras una pausa.


Facebook no es el único gigante tecnológico que recaba información personal. Si Google es el motor que impulsa Internet, la información personal es el combustible. A través de su aplicación Google Maps, sabe dónde has estado, cómo llegaste (a pie, en coche, en autobús, en tren), cuánto tiempo te quedaste y si fue o no tu primera visita.
La empresa almacena el historial de búsqueda de un usuario y en todos los dispositivos en los que ha iniciado la sesión, y también cuenta con algoritmos que rastrean los correos electrónicos en busca de indicios de que el usuario podría estar esperando un hijo, está a punto de casarse o ha caído enfermo. Google Lens, anunciado a principios de este mes, es un motor de búsqueda visual que proporciona información sobre las cosas que ve el usuario través de la cámara de su teléfono.


Es probable que Google conozca tu edad, sexo, aficiones, carrera, intereses, estado de tus relaciones, todos los vídeos de YouTube que has visto, todas las imágenes que has buscado, si estás deprimido o no y, posiblemente, incluso los motivos de la depresión que todavía no tienes. Y lo cierto es que no es, ni de lejos, el único dios omnisciente en el panteón digital.


Lo que empezó en la década de los noventa como una misión que traía consigo la esperanza de democratizar la red, se ha convertido en una economía digital que hace microtransacciones de datos personales.


Si esta información estuviera en manos de un gobierno, ya se habrían organizado manifestaciones en defensa de los derechos civiles.
Para la mayoría de nosotros, la comodidad y la calidad de los servicios que nos proporcionan a cambio de nuestros secretos son suficientes para que lo hagamos sin reparos y voluntariamente.


Sin embargo, cada vez hay más usuarios que están examinando el coste de proporcionar información personal; hasta el punto de exigir su derecho a volver a ser unos desconocidos. Se ha convertido en un reto. Es un desafío. La mujer que huye de una relación tóxica, la anciana víctima del robo de identidad, el personaje famoso que se siente acosado, el estudiante que pierde oportunidades laborales por culpa de vídeos que colgó en YouTube en el pasado saben que es un reto difícil.


Un experto en manipulación


Cuando Ahearn consiguió dejar las drogas a los 17 años, descubrió que ya no necesitaba tomar pastillas pero que no sabía qué hacer con su vida. Consiguió un trabajo temporal en una zapatería de Nueva York. Cuando este establecimiento cerró, respondió a una oferta de empleo de un detective privado. Se trataba de un trabajo muy poco glamuroso pero a Ahearn le fascinó.


Lo contrataron para que se hiciera pasar por un empleado de almacén en una tienda de productos de lujo de Nueva York y descubriera a los compañeros que robaban productos. Pilló a quince trabajadores que robaban y más tarde pilló a una banda criminal integrada por treinta hombres que robaba en un almacén de productos electrónicos y de muebles. "Manipulación", explica. "Es una técnica que realmente domino".


Al cabo de un tiempo, la agencia de detectives privados permitió que Ahearn trabajara en la oficina. Allí se sentó junto a un detective que seguía el rastro de personas que se habían escondido. "Rastrear es el arte de encontrar a personas" (que no quieren ser encontradas], explica: "Hay dos tipos de rastreadores: los pasivos, que utilizan bases de datos y directorios, y los agresivos, que intentan localizar a su presa a través de la ingeniería social".


Ahearn escuchaba mientras su colega obtenía información sobre alguien llamando a las compañías de servicios públicos y se hacía pasar por su presa para tener acceso a sus registros telefónicos y datos bancarios hasta que, finalmente, encontraba el posible paradero de su escondite. Ahearn convenció a su jefe para que le diera una oportunidad. "Me hervía la sangre", recuerda. "Es una habilidad que tengo de forma innata".


En 1984, Ahearn dejó la agencia de detectives y empezó por su cuenta una carrera como "rastreador" de personas que se habían escondido. Durante un tiempo le fue muy bien. De vez en cuando se tomaba un descanso (a veces ser tan bueno en algo te acaba afectando). Sin embargo, su negocio entró en crisis cuando las leyes en Estados Unidos cambiaron y "rastrear" a personas pasó a ser ilegal. "La vida pasó a ser más difícil", señala.


Decidió mudarse a Europa, ya que las leyes aquí eran más permisivas, y a finales de los noventa, la situación volvió a cambiar. La omnipresencia de los teléfonos móviles hizo que fuera mucho más fácil rastrear a las personas y la fiebre por las redes sociales dio pasó a una era dorada para el detective. "Te puedo localizar a través del Facebook de tu madre, un blog que escribiste hace tres años o tu cuenta en LinkedIn", señala.


¿Cómo desaparecer?


En 2001, publicó un anuncio en una página web ofreciendo asesoramiento sobre vivir en otro país. Cuando el propietario de la página web señaló que la profesión de Ahearn podía inquietar a los usuarios, muchos de los cuales valoraban el hecho de no ser identificados, Ahearn propuso escribir un post sobre cómo desaparecer.


"Era un artículo muy ñoño, pero triunfó", recuerda. "Empezaron a contactar conmigo personas del mundo entero", afirma. Tras descartar a todos aquellos que buscaban un ayudante o un cómplice ("Si huyes de la justicia, no puedo ayudarte; también me mantengo alejado de los delitos sexuales"), se quedó con un cliente: una mujer que tenía un compañero violento y quería escapar sin dejar rastro. "No quería una nueva identidad, solo quería desaparecer y estar segura de que su marido no podría encontrarla", indica.
Las técnicas que Ahearn utiliza para hacer desaparecer a los clientes son cada vez más sofisticadas y de mayor envergadura. Sin embargo, a diferencia de las empresas que gestionan la reputación de sus clientes, que por regla general intentan que la información que daña la imagen de sus clientes no pueda ser encontrada por los motores de búsqueda de Internet, él prefiere confundir y proporcionar información falsa. No solo crea confusión utilizando la tarjeta de crédito de sus clientes desde puntos alejados de donde se encuentran. "No puedes eliminar la información", señala: "No hay forma de borrarla. La clave está en manipular".


Ahearn explica que a veces empieza por la cuenta de Facebook de su cliente y "crea información" sobre, por ejemplo, Sydney, Australia. "Me hago amigo de usuarios de Facebook en Sydney y más tarde creo cuentas de Facebook falsas de supuestas personas que se hacen amigas del cliente en Australia". Más tarde, empieza a generar conversaciones abiertas entre estas cuentas de Facebook.


"Creas un amigo digital ficticio y haces que cuelgue un post sobre una cena que hizo contigo y otro amigo de Facebook falso la noche anterior. Se trata de ir dejando migas de información para que sigan un rastro falso. Eliminar información no sirve para nada. Ya ha circulado por la red. Tal vez la persona que te está buscando ya había accedido a esa información. Así que en realidad se trata del arte de confundir y así mantienen al depredador ocupado", señala.


Ahearn se ha convertido en las "fuerzas especiales" del negocio de la evaporación, contratado para los trabajos más extremos, mientras que una diáfana oficina en las afueras de Liverpool es la sede de los soldados rasos de esta floreciente industria. En las instalaciones de la empresa Reputation Defender, un equipo de unos 30 jóvenes profesionales buscan en la red información personal que sus clientes quieren eliminar de la red, por ejemplo, números de teléfono, fecha de nacimiento y qué partido político apoyaron en el pasado.


El director ejecutivo de la compañía, Tony McCrystal, ya hacía un seguimiento de la reputación de sus clientes en la red antes de que a esta profesión se le asignara un nombre. Cuando en 2008 empezó a trabajar para esta empresa, que en ese momento se llamaba Reputation 24/7, se convirtió en uno de los primeros empleados de una compañía que solo tenía cinco clientes.


"Nos iba bien gracias al boca-boca, ya sabes, nunca teníamos la seguridad de que estaríamos trabajando el mes siguiente", reconoce. En la actualidad, se trata de una de las principales empresas del sector.


McChrystal afirma que sus oficinas en el Reino Unido reciben unas setenta peticiones diarias, la mayoría de personas que quieren desaparecer de Internet. Hasta la fecha, la compañía ha trabajado para más de un millón de clientes de todo el mundo y el mes pasado fue adquirida por el grupo Stagwell, con sede en Washington, por una suma que no ha sido revelada.


En sus comienzos, McChrystal trabajó para famosos, futbolistas y directivos que querían evitar que nadie pudiera encontrar a través de los motores de búsqueda por Internet información que dañara su reputación: un fracaso empresarial o una aventura amorosa. Sin embargo, explica que en los últimos años la compañía trabaja mayoritariamente para personas "normales" que reciben un informe de los pagos que han hecho con su tarjeta de crédito, quieren tener un informe sobre su reputación o la información sobre ellos que circula en la red. Por unas 600 libras anuales la compañía les facilita una lista con toda la información personal delicada que circula por la red.


"Muchas veces temen un fraude, una suplantación de identidad e incluso, si su dirección está en la red, temen por su seguridad", indica McChrystal. Para un delincuente es muy fácil utilizar las redes sociales para planear un robo. "La hija de un cliente fue a pasar las vacaciones en una casa que la familia tiene en Francia y colgó fotografías de la casa y de ella y sus amigas luciendo joyas caras en Instagram, sin percatarse de que también estaba proporcionando su localización", explica.


No había pasado ni un día cuando alguien entró en la casa y robó joyas por un valor de medio millón de dólares. "Tras el robo, tuvimos que desplazarnos hasta allí y explicarles cómo activar las configuraciones de privacidad de Instagram y Facebook".


Tom Powell, que ha trabajado en la compañía ocho años, dice que a menudo no es un solo dato lo que pone en peligro a un individuo, sino una concatenación de información. "Digamos que me voy de vacaciones mañana", señala. "Un ladrón se entera de mi viaje a través de un post en Facebook en el que menciono cuántos días estoy fuera. Luego busca la dirección de mi casa en 192.com. Más tarde utiliza Google Maps para comprobar con Google Street View si tengo alarma. Tienen días para pasar por la casa y ver si la alarma está parpadeando, y para llevar a cabo un robo. Toda esta información puede ser usada con una finalidad criminal"

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No valen todos los clientes


Al igual que Ahearn, McChrystal y su equipo analizan las motivaciones de los clientes potenciales. "Probablemente recibimos llamadas de dos pedófilos cada día", admite. Este tipo de persona, dice McChrystal, suele afirmar que es víctima de un error de identidad: alguien que tiene el mismo nombre ha sido acusado de algo horrible. "Ese tipo de cosas no ocurre muy a menudo, así que les decimos que tendremos que cotejarlo con la policía, y ahí es cuando termina la conversación".


Los miembros del equipo se remiten a un documento "A quién servimos", elaborado por los abogados de la empresa, que prohíbe trabajar con delincuentes que hayan sido condenados por "cualquier acción más grave que un delito menor", así como con estafadores y personas que han sido acusadas de haber mostrado una conducta sexual inapropiada. "Es un tema que no está abierto a debate. Si te declararon culpable de maltrato, estamos ante una información relevante que no puede ser ignorada".


Google coincide con esta visión. En 2014, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas dictaminó que los datos "irrelevantes" y obsoletos debían borrarse cuando se solicitaran. En los últimos cuatro años, Google ha recibido más de 600.000 solicitudes (muchas de las cuales fueron presentadas por el equipo de Reputation Defender en nombre de sus clientes) para eliminar casi 2,4 millones de resultados del motor de búsqueda. En muchos casos, Google ha argumentado con éxito que la información es de interés público y que el solicitante no tiene derecho a eliminarla.


Sin embargo, en los últimos dos años, McChrystal, que eliminó su propia cuenta de Facebook hace algún tiempo, ha visto cómo aumentan las peticiones por parte de individuos que no están en peligro ni quieren ocultar información que es nociva para su imagen, sino que simplemente quieren recuperar su anonimato.


"Mi vida era un libro abierto"


Emma Jones contactó con la empresa el año pasado, después de que una de sus mejores amigas fuera víctima de un delito de usurpación de identidad. Cuando Jones se buscó en Google, encontró su nombre y dirección publicados en varias webs de directorios. "No me sentía cómoda con el hecho de que mis datos estuvieran en internet y no había nada que pudiera hacer al respecto", dice. "Tengo hijos pequeños. Sentí que mi vida era un libro abierto".


El equipo que trabajó en su caso elaboró un informe con toda la información de ella y su familia disponible en la red junto con la propuesta de cómo eliminarla o, en el caso de las redes sociales, que fuera privada.


Jones, que trabaja en marketing, representa a un nuevo tipo de cliente: uno sin un problema concreto de privacidad que está lo suficientemente inquieto por las recientes vulneraciones de privacidad en la red como para estar dispuesto a gastar cientos de libras en contratar profesionales para recuperar su anonimato.


Como muchas personas, en el pasado utilizaba Facebook para documentar su vida familiar. "Subía fotos de mis hijos todos los días. No me importaba si mis amigos las encontraban interesantes o no. Ahora prácticamente nunca cuelgo fotos de mis hijos, tal vez de espaldas, pero eso es todo. Debería ser su elección, no la mía. Si mi hija viene a verme cuando sea mayor y me pregunta por qué puse todas esas fotos de ella en Internet, no tengo una respuesta".


La huella que dejas en Facebook


En las últimas semanas, se ha formado un movimiento popular en torno al eslogan Borrar Facebook (Zuckerberg afirma que ha sido un fracaso). A Meg Jayanth, guionista de videojuegos, el escándalo de Cambridge Analytica la empujó voluntariamente a dar la espalda a Facebook. "Había estado considerando la posibilidad de eliminar Facebook durante al menos un año, pero mi preocupación se veía superada por la conveniencia", explica. "Estaba en contacto con amigos y familiares a través de Facebook, y me resistía a no usar esta red social. Las noticias de Cambridge Analytica inclinaron la balanza, no porque fuera inesperado, sino porque dejé las consideraciones de conveniencia atrás y simplemente actué. Estaba harta de sentirme mal por usar un servicio que ya no quería usar".


El proceso de borrar una cuenta de Facebook es deliberadamente confuso. La red social te anima a "desactivar" tu cuenta, en lugar de "borrarla", para dejar una puerta abierta si más tarde te arrepientes de la decisión. El borrado permanente requiere que se realice una solicitud a la empresa. Si te conectas dentro de los 14 días siguientes al inicio del proceso (fácil de hacer por error si tienes la aplicación en tu móvil o cuentas vinculadas que requieren que te conectes a través de Facebook), la compañía cancelará automáticamente tu solicitud.


Para Jayanth, de nacionalidad india, la reciente noticia de que el Departamento de Estado estadounidense está pidiendo a los solicitantes de visado que declaren sus cuentas de medios sociales en sus formularios fue un incentivo adicional. "La idea de que los funcionarios de aduanas puedan tomar decisiones en base a las redes sociales y en función de si apoyas o no al actual gobierno es aterradora. Creo que puede tener un gran impacto en el debate social sobre el poder de las redes sociales".


La experiencia que vivió Tio Bucard el año pasado hizo que reevaluara la privacidad y seguridad de su familia. Nunca regresaron a su casa en Francia.


"Les ocurre a muchos de mis clientes", selaka Ahearn: "El hecho de desaparecer les abre los ojos y empiezan a ser más prudentes y cuidadosos".


Ahearn creó algunas compañías offshore para Bucard, y le ayudó a comprar una nueva casa, automóviles y productos básicos. Estableció un protocolo de comunicación, para que pudiera mantenerse en contacto con su familia y los socios comerciales. Bucard y su esposa decidieron que los hijos no siguieran en el sistema educativo francés y ahora estudian desde casa.


Contrataron un seguro médico privado para no poder ser rastreados a partir de la información de la seguridad social. Mantener una vida de anonimato es un acto continuo de obsesión que a veces se convierte en paranoia.


Bucard ha mantenido a Ahearn contratado. Cada vez que surge un nuevo cliente, Ahearn comprueba la historia de esa persona, para asegurarse de que es quien dice ser, y que no esté conectado de alguna manera con su vida anterior.


Lograr ser completamente invisible es un objetivo inalcanzable a no ser que formes parte de un programa de protección de testigos ("La creme de la creme", según Ahearn. "Si estás en el programa entonces sí puedes desaparecer), incluso para aquellos que nunca han estado en una red social o no tienen una cuenta de Google. En Reino Unido, salvo que no te registres para votar, tu información está disponible y todo aquel que quiera una copia del registro electoral la puede ver.


"La gente cree que el mundo digital funciona de forma paralela al real", señala Ahearn. "En realidad, es lo mismo. ¿Colgarías una foto de tu hijo en una valla publicitaria al lado de una autopista con tu apellido? Por supuesto que no. Sin embargo, la gente lo hace en la red constantemente. No es un problema hasta que se convierte en un problema".

26/05/2018 - 18:41h

La desesperación reina en Gaza donde dos millones de personas continúan atrapadas

Con los pasos cerrados, muchas personas llevan meses esperando el permiso para salir de Gaza
Mufida llegó desde Alemania para hacer una visita corta a sus padres y lleva un año y cuatro meses sin poder salir de Gaza por la frontera con Egipto


En el sofocante estadio de baloncesto al sur de Gaza, la grada está abarrotada. Jóvenes, ancianos y familias se sientan en las butacas de plástico azules y amarillas. Sus ojos están clavados en la pista.


Pero no hay partido y esta gente no son seguidores de ningún equipo, sino viajeros esperanzados. La muchedumbre carga con maletas y lleva tiempo esperando para salir. Algunos de ellos durante meses.


En medio de la enorme sala, un funcionario se sienta en una mesa de madera con una lista de personas que han recibido aprobación ese mismo día para salir a Egipto. Cada vez que pronuncia un nombre en voz alta, esa persona se puede subir al autobús con dirección al otro lado de la frontera.


Una mujer de 60 años dice que lleva intentando recibir permiso de las autoridades egipcias para salir de Gaza un año y cuatro meses. Aunque es palestina, ha vivido durante las últimas tres décadas en Alemania, donde tiene la ciudadanía, pero volvió para lo que ella pensaba que sería una breve visita a sus padres.
“Me registré para viajar [fuera de Gaza] una semana después de llegar. Esta es la primera vez que estoy en la lista”, cuenta Mufida sosteniendo su pasaporte alemán. “Hoy no han pronunciado ni un nombre”, añade.


Mufida, que prefiere no dar su apellido, recibió una llamada la semana pasada anunciando que se le había concedido el permiso para salir, pero que tendría que esperar a que dijesen su nombre. Lleva cuatro días esperando en la pista de baloncesto. Existen rumores de que por varios miles de dólares puedes ir al otro lado de la frontera, pero Mufida sonríe y señala que no tiene ese dinero. “Nadie debería volver aquí”, señala. Sus siete hijos le esperan en Alemania.
Un bloqueo de una década sobre Gaza, la pequeña porción de tierra rodeada por Israel, Egipto y el Mediterráneo, ha llevado al derrumbe de su

economía. El enclave es calificado a menudo como una cárcel al aire libre. Se esperaba que tras dos meses de protestas desencadenadas por la ira y la desesperación, la crisis para los dos millones de palestinos amainara.


¿Seguridad o castigo colectivo?


Desde finales de marzo, decenas de miles de personas se han juntado semanalmente junto a la frontera con Israel para protestar contra las condiciones en las que viven. En medio del clamor internacional y peticiones de investigación, el Ejército israelí ha matado a tiros a 110 personas y otros miles han sufrido heridas de bala, principalmente en las piernas, según las autoridades sanitarias.


El movimiento alcanzó su momento álgido el 14 de mayo, cuando unas 40.000 personas bajaron a la zona fronteriza, muchos de ellos lanzando piedras a las fuerzas israelíes desplegadas detrás de la valla. Hubo intentos de romper el perímetro, aunque ninguno tuvo éxito y otros muchos heridos recibieron disparos decenas de metros más atrás de la valla fortificada, incluidos paramédicos.


Las concentraciones del lunes estuvieron centradas en la consternación por la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén ese mismo día. Y los organizadores de las propuestas han llamado al movimiento la 'Gran Marcha del Retorno', que exige que se permita a los refugiados y a sus descendientes –dos tercios de los residentes de Gaza– volver a sus hogares, los cuales perdieron en la guerra de 1948 tras la creación de Israel.


Pero el objetivo prioritario era acabar con el bloqueo, cuenta Mkhaimar Abusada, politólogo en la Universidad Al Azhar de Gaza. “Ese es el objetivo número uno de la protesta, incluso aunque el eslogan sea la Gran Marcha por el Retorno. Lo más importante de la protesta era romper el asedio y vivir en libertad y dignidad. Vivir una vida mejor”, señala Abusada.


Israel dice que está obligada a controlar el acceso al territorio por razones de seguridad, aunque la ONU ve el bloqueo como un castigo colectivo.


Egipto, que acusa a los gobernantes de Gaza, Hamás, de pasar de contrabando combatientes y armas, solo abre periódicamente el paso fronterizo de Rafah, situado al sur de la franja. La semana pasada se pudieron ver camiones con cemento y madera y El Cairo anunció que el cruce permanecería abierto durante el mes de Ramadán, la apertura sin interrupciones más larga desde 2013.


En los últimos días han cruzado unas 500 personas al día, aunque miles más permanecen en las listas. El viaje está prácticamente restringido a pacientes y estudiantes matriculados en universidades en el extranjero, así como a ciudadanos de doble nacionalidad.


Los disparos, apoyados por el 83% de Israel


Israel, sin embargo, no ha cambiado significativamente la política de acceso en sus cruces fronterizos. Israel sostiene que los palestinos prendieron fuego a un puesto de control, aunque posteriormente envió algunos suministros médicos a Gaza a través del mismo. Hamás rechazó los camiones llenos de ayuda, denunciándolos como una estrategia propagandística. Otros cuatro camiones de Jordania llenos de suministros médicos recibieron autorización el viernes para cruzar el puesto fronterizo, según informó la ONU, aunque el acceso sigue muy restringido.


Las protestas no han logrado provocar mucho apoyo en Israel, donde el baño de sangre se ha enmarcado en gran parte como una respuesta a una potencial amenaza a la seguridad contra los israelíes. Un soldado israelí ha resultado herido desde que empezaron las protestas. Una encuesta realizada este mes halló que el 83% de los israelíes judíos cree que la política de abrir fuego está justificada.


El Ejército de Israel culpa a Hamás de las muertes en las protestas, afirmando que ha puesto a civiles en la línea de fuego. El ministro de Defensa, Avigdor Liberman, calificó a Hamás como un “puñado de caníbales”.


Yehuda Shaul, uno de los fundadores de Breaking the Silence, un grupo de derechos humanos israelí en contra de la ocupación y dirigido por exmilitares, afirma que la mayor parte de la sociedad israelí judía “ha comprado, por desgracia, los argumentos del Gobierno”. “Fue desolador ver la respuesta de la mayoría de Israel”, cuenta.


La voces de indignación han sido en su mayoría silenciadas y marginadas. Pequeñas protestas por todo el país condenando el uso de munición real apenas han alcanzado unos pocos centenares. “Hay una voz de oposición. Es una minoría, pero existe”, cuenta Shaul. “Hay una voz y estamos orgullosos de ello, pero somos una minoría”, añade.

22/05/2018 - 20:03h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enInternacional
El Catatumbo se une y le dice no a la guerra

El pasado 22 de abril, en el municipio de El Tarra, pleno corazón del Catatumbo, más de 5.000 personas se reunieron en Asamblea Regional por la Paz del Catatumbo para buscar salidas a la crisis humanitaria, social y económica que vive la región desde hace más de un mes, crisis agudizada con el paro armado declarado por el Ejército Popular de Liberación (Epl) el pasado 15 de abril.

 

Desde comienzo del 2018 las comunidades campesinas e indígenas del Catatumbo alertan sobre la situación de orden público que vive la región. La salida del Frente 33 de las Farc en enero de 2017, la poca capacidad institucional para copar los espacios dejados por esta insurgencia y la presencia de economías ilegales en la zona, propiciaron la reconfiguración del control territorial, esta vez en disputa por parte de otros grupos armados.


La crisis ganó tamaño en el momento en que el Frente Nororiental de Guerra del Eln inició una ofensiva armada contra el Epl, a raíz del incumplimiento de los acuerdos territoriales y económicos establecidos años atrás entre estos dos grupos armados. Los combates y panfletos emitidos, tanto por uno como por otro, dan cuenta de la agudización del conflicto armado en esta parte del país.


La situación se agravó desde el pasado 15 de abril cuando el Epl declaró un paro armado en toda esta región, que a la fecha deja como saldo 6 civiles muertos, un número indeterminado de población desplazada, miles de niños y niñas sin clases, además de millonarias pérdidas económicas, tanto en la provincia de Ocaña como en todo el departamento de Norte de Santander.


En medio de la zozobra propiciada por esta medida de fuerza, las comunidades campesinas establecieron refugios humanitarios en más de 5 cabeceras municipales y corregimientos, resguardándose del intercambio de balas pero exponiéndose a una situación de crisis alimentaria y de salud, ya que las vías de acceso para la comercialización de víveres están bloqueadas y los cultivos de pan coger tuvieron que ser abandonados, pues los combates se libran dentro de las veredas, y el mismo Epl decretó en un comunicado público que “[…] se refugien en las cabeceras municipales, ya que no queremos que la población civil esté en medio del fuego cruzado. El no hacer caso entendemos de su participación, complicidad y colaboración con el ELN”.


A lo anotado se suma la indignante pero poco sorprendente respuesta del gobierno nacional, que la semana pasada declaró en público, a través del ministro de defensa Luis Carlos Villegas, que el Catatumbo estaba en normalidad, negando así una situación que parece salirse de las manos de la institucionalidad, pues a pesar de que hay actualmente más de 10.000 efectivos del Ejército y la policía en la región, el control sigue estando en manos de otros actores armados.


Todo esto llevó a que el Consejo Departamental de Paz sesionara el pasado 20 de abril con la participación de la Gobernación de Norte de Santander, las diferentes organizaciones sociales con presencia en la región, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría regional, la Iglesia católica, la delegación de paz del Eln, el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior, el Ejército y la Policía. En este espacio se recriminó de manera fuerte al Ministerio de Defensa y al gobierno nacional por las declaraciones de Villegas, y se evaluaron diferentes estrategias para dar una solución a la crisis que se presenta en el Catatumbo.


Pero, es evidente, la situación de la región no se resuelve en la ciudad. Por ello, el 21 de abril se llevaron a cabo diferentes manifestaciones y movilizaciones en los municipios del Catatumbo, a través de las cuales las comunidades manifestaron su rechazo a las confrontaciones y exigieron una salida dialogada a este conflicto.


Como resultado de esto, y de un gesto histórico de unidad entre las organizaciones sociales de la región, el domingo 22 de abril se llevó a cabo la Asamblea Regional por la Paz del Catatumbo, en la que más de 5.000 campesinos, campesinas e indígenas exigencias al gobierno nacional, al Epl y al Eln:


- el fin inmediato de las confrontaciones, y la búsqueda de salidas políticas y negociadas a las mismas,
- respeto a las decisiones autónomas que las comunidades han tomado en sus territorios,
- que se detenga inmediatamente el minado de los territorios,
- que se respeten los refugios humanitarios y la vida de todos los habitantes de la región.
- Que se cumplan los acuerdos de paz,
- que se reconozca la grave situación humanitaria que actualmente vive el Catatumbo,
- que se conforme una Comisión por la Vida, la Reconciliación y la Paz del Catatumbo.
- Plazo hasta el 24 de abril para que el Epl levante el paro armado.


Como resultado de esto, el 23 de abril en la ciudad de Ocaña se estableció la Mesa permanente para atender la crisis social y humanitaria del Catatumbo, en donde las instituciones y organizaciones sociales avanzaron en la construcción de mecanismos de acompañamiento a los refugios humanitarios establecidos por la comunidad, además de estrategias que aporten a la solución de esta crisis. Sin embargo, desconociendo la exigencia de las comunidades de detener de forma inmediata los combates, ese mismo día el Ministerio de Defensa envió más efectivos del Ejército a la zona.


Por su parte, el Epl emitió un comunicado en el que da 60 horas de plazo –contadas a partir del 24 de abril–, para que se abran las vías y se logre reabastecer el comercio de la región, “a las 6:00 PM del día jueves 26-04-2018 se reanuda el cierre del comercio y demás actividades cotidianas”. Declaran además que levantarán el paro cuando el Eln deje de hostigar sus tropas.


Esta situación, que evidentemente se sale de las manos de las autoridades locales y el gobierno nacional, demuestra que la estrategia militar es un fracaso rotundo. En el Catatumbo se han hecho múltiples paros y movilizaciones sociales a través de los cuales las comunidades han exigido a gritos inversión social y dejen de estigmatizar la región, pese a lo cual la cantidad de soldados y policías supera los proyectos de inversión que se han desarrollado; y esto no solo es grave por las consecuencias que trae la militarización de la vida de las comunidades, también lo es porque a pesar de que se instalen bases y puestos de control en todo el territorio, las economías ilegales no han sido afectadas ni disminuidas, y parecen ser la causa y/o el botín de una guerra que día a día se acrecienta más.

Publicado enColombia
Sujetos felizmente manipulados, no gracias

Un punto de partida para comprender el alcance de la masiva fuga de datos de usuarios de Facebook y su uso político es centrarnos en la oscura relación entre las empresas y las agencias de inteligencia.

 

Si hay una figura que se destaca por ser el héroe de nuestro tiempo es Christopher Wylie, un canadiense gay vegano que, a los 24 años, se le ocurrió una idea que llevó a la fundación de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos que tuvo un rol clave en el referéndum en el que ganó la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Más tarde, Wylie se convirtió en una figura clave en las operaciones digitales durante la campaña electoral de Donald Trump, creando la herramienta de guerra psicológica de Steve Bannon. Su plan era irrumpir en Facebook y cosechar los perfiles de millones de usuarios en Estados Unidos y usar su información privada y personal para crear perfiles psicológicos y políticos sofisticados, y luego llenarlos con anuncios políticos destinados a trabajar en su maquillaje psicológico. En cierto punto, Wylie estaba realmente asustado: “Es una locura. La compañía ha creado los perfiles psicológicos de 230 millones de estadounidenses. ¿Y ahora quieren trabajar con el Pentágono? Es como Nixon con anabólicos”.


Lo que hace que esta historia sea tan fascinante es que combina elementos que generalmente percibimos como opuestos. La derecha alt-right se presenta como un movimiento que se dirige a las preocupaciones de la gente común, blanca, profundamente religiosa y muy trabajadora que representa los valores tradicionales simples y odia las excentricidades corruptas como homosexuales y veganos pero también a nerds digitales, y ahora nos enteramos que sus triunfos electorales estaban dirigidos y orquestados precisamente por uno de esos nerds que representa todo a lo que ellos se oponen... Hay más que un valor anecdótico en este hecho: es evidentemente una señal de la vacuidad del populismo de la derecha alternativa que tiene que depender de los últimos avances tecnológicos para mantener su atractivo provinciano. Además, disipa la ilusión de que ser un nerd informático marginal significa automáticamente una posición antisistema “progresiva”. A un nivel más básico, una mirada más cercana al contexto de Cambridge Analytica clarifica cómo la manipulación fría y el cuidado del amor y del bienestar humano son las dos caras de la misma moneda.


En el nuevo complejo militar-industrial de grandes volúmenes de datos Psy-Ops, que apareció en The New York Review of Books, Tamsin Shaw aclara “las empresas privadas desempeñan un papel en el desarrollo y despliegue de tecnologías de conducta financiadas por el gobierno”; el caso ejemplar de estas compañías es, por supuesto, Cambridge Analytica:


“Dos jóvenes psicólogos son fundamentales en la historia de Cambridge Analytica. Uno es Michal Kosinski, que concibió una aplicación con un colega de la Universidad de Cambridge, David Stillwell, que mide los rasgos de personalidad analizando los “me gusta” de Facebook. Luego fue usado en colaboración con el Proyecto de Bienestar Mundial, un grupo del Centro de Psicología Positiva de Pennsylvania que se especializa en el uso de datos para medir la salud y la felicidad para mejorar el bienestar. El otro es Aleksandr Kogan, quien también trabaja en el campo de la psicología positiva y ha escrito ensayos sobre la felicidad, la bondad y el amor (según su currículum, un artículo anterior se tituló ‘Down the Rabbit Hole: A Unified Theory of Love’ ‘Adentro del agujero del Conejo: Una Teoría Unificada del Amor`). Dirigió el Laboratorio de Prosicialidad y bienestar, bajo los auspicios del Instituto de Bienestar de la Universidad de Cambridge”.


Lo que debería atraer nuestra atención aquí es el “cruce bizarro de investigación sobre temas como el amor y la bondad con los intereses de defensa e inteligencia”: ¿por qué esta investigación provoca tanto interés de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses y contratistas de defensa, con la ominosa Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Gobierno de Estados Unidos) siempre acechando en el fondo? El investigador que personifica este cruce es Martin Seligman: en 1998, “fundó el movimiento de psicología positiva dedicado al estudio de los rasgos y hábitos psicológicos que fomentan la felicidad y el bienestar auténticos, generando una enorme industria de libros populares de autoayuda. Al mismo tiempo, su trabajo atrajo el interés y la financiación del ejército como una parte central de su iniciativa de resiliencia del soldado”.


Por lo tanto, este cruce no está impuesto externamente a las ciencias de conducta por manipuladores políticos “malos”, sino que está implícito en su orientación inmanente: “El objetivo de estos programas no es simplemente analizar nuestros estados de ánimo subjetivos, sino descubrir los medios por los cuales podemos ser “empujados” en el sentido de nuestro verdadero “bienestar” como lo entienden los psicólogos positivos, que incluyen atributos como la resistencia y el optimismo”. El problema es que, por supuesto, este “impulso” no afecte a individuos en el sentido de superar sus “irracionalidades” percibidas por la investigación científica: las ciencias contemporáneas de conducta más bien “intentan explotar nuestras irracionalidades en lugar de superarlas. Una ciencia que está orientada hacia el desarrollo de tecnologías de conducta seguramente nos verá como sujetos manipulables más que como agentes racionales.. Si estas tecnologías se están convirtiendo en el núcleo de las operaciones cibernéticas militares y de inteligencia de Estados Unidos, parece que tendremos que trabajar para evitar que estas tendencias afecten la vida cotidiana de nuestra sociedad democrática”.


Tras el estallido del escándalo Cambridge Analytica, todos estos acontecimientos y tendencias fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación progresistas, y la imagen general que se desprende de ello, combinado con lo que también sabemos acerca de la relación entre los últimos avances en la biogenética (cableado del cerebro humano , etc.), proporciona una imagen adecuada y aterradora de las nuevas formas de control social que convierten el buen “totalitarismo” del siglo XX en una máquina de control bastante primitiva y torpe. Para comprender todo el alcance de este control, se debe ir más allá de la relación entre las empresas privadas y los partidos políticos (como es el caso de Cambridge Analytica), a la interpenetración de las empresas de procesamiento de datos, como Google o Facebook y las agencias de seguridad del Estado - Assange tenía razón en su libro clave extrañamente ignorado en Google: para entender cómo nuestras vidas están reguladas hoy, y de qué manera esta regulación se experimenta como nuestra libertad, tenemos que centrarnos en las relaciones oscuras entre las empresas privadas que controlan nuestros bienes comunes y las agencias secretas estatales. No deberíamos escandalizarnos ante China sino ante nosotros mismos que aceptamos la misma regulación y creemos que conservamos plena libertad y medios solo para lograr realizar nuestras metas (mientras que en China las personas son plenamente conscientes de que están reguladas).


El mayor logro del nuevo complejo cognitivo-militar es que la opresión directa y obvia ya no es necesaria: los individuos están mucho mejor controlados e “impulsados” en la dirección deseada cuando siguen experimentándose como agentes libres y autónomos de sus propias vidas ... Pero todos estos son hechos bien conocidos, y tenemos que dar un paso más.


La crítica predominante procede en forma de desmitificación: debajo de la investigación que parece inocente sobre la felicidad y el bienestar, se discierne un oscuro y oculto complejo gigantesco de control y manipulación social ejercido por las fuerzas combinadas de corporaciones privadas y agencias estatales. Pero lo que se necesita urgentemente también es la movida opuesta: en lugar de preguntar solamente qué contenido oscuro está oculto debajo de la forma de investigación científica de la felicidad, deberíamos enfocarnos en la forma misma. ¿El tema de la investigación científica sobre bienestar humano y felicidad (por lo menos en la forma en que se practica hoy en día) es realmente inocente, o ya está permeable al control y la manipulación?.¿Qué pasa si las ciencias no están siendo utilizadas incorrectamente, qué pasa si encuentran aquí precisamente su uso adecuado? Deberíamos cuestionar el crecimiento reciente de una nueva disciplina, “estudios de la felicidad” - cómo es que en nuestra era de hedonismo espiritual cuando el objetivo de la vida está directamente definido como la felicidad, la ansiedad y la depresión están explotando? Es el enigma de este autoboicot de la felicidad y el placer lo que hace que el mensaje de Freud sea más actual que nunca.


Como sucede a menudo, Bhután, un país en vías de desarrollo del Tercer Mundo, explicó las absurdas consecuencias sociopolíticas de esta noción de felicidad: hace dos décadas, el reino de Bután decidió centrarse en la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Bruto Interno; la idea fue creación del ex rey Jigme Singye Wangchuck, quien buscó dirigir Bhután al mundo moderno, mientras preservaba su identidad única. Ahora con las presiones de la globalización y el materialismo creciendo, y el pequeño país listo para sus primeras elecciones, el inmensamente popular nuevo rey de 27 años educado en Oxford, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, ordenó a una agencia estatal calcular cuántos entre los 670.000 habitantes del reino son felices. Los funcionarios dijeron que ya habían llevado a cabo una encuesta a unos 1000 personas y hecho una lista de parámetros para ser feliz, semejante el índice de desarrollo que lleva a cabo las Naciones Unidas. Las principales preocupaciones fueron identificadas como bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, niveles de vida, vitalidad comunitaria y diversidad ecológica... esto es imperialismo cultural, si alguna vez lo hubo.


Deberíamos arriesgarnos un paso más y preguntar sobre el lado oculto de la noción de la felicidad misma, ¿cuándo exactamente puede la gente decir que es feliz? En un país como Checoslovaquia a fines de las décadas de 1970 y 1980 la gente efectivamente ERA feliz. Se cumplían tres condiciones fundamentales para la felicidad entonces. (1) Sus necesidades materiales estaban básicamente satisfechas –no demasiado satisfechas, ya que el exceso de consumo puede generar infelicidad en sí mismo–. Es bueno experimentar una breve escasez de algunos bienes del mercado de vez en cuando (sin café durante unos días, luego sin carne, luego sin televisor): estos breves períodos de escasez funcionaron como excepciones que le recordaban a las personas que debería alegrarse de que los productos estuvieran generalmente disponibles; si todo está disponible todo el tiempo, la gente toma esta disponibilidad como un hecho de la vida y no apreciarían su suerte. La vida, por lo tanto, se desarrolló de manera regular y predecible, sin grandes esfuerzos ni sorpresas y uno se retiraba a su propio nicho privado. (2) Una segunda característica muy importante: existía el Otro (el Partido) a quien culpar por todo lo que estaba mal, de manera que uno no se sentía realmente responsable -si había una escasez temporaria de algunos bienes, aún si una tormenta causaba un gran daño, era “su” culpa. (3) Y, por último pero no menos importante, había un Otro Lugar (el Occidente consumista) sobre el que a uno le era permitido soñar, aún visitar a veces –este lugar estaba a una distancia correcta, no demasiado cerca, tampoco demasiado lejos–. El deseo era la fuerza que impulsaba a la gente a ir más lejos y terminar en un sistema en que la gran mayoría es definitivamente menos feliz...


La felicidad es por lo tanto en si misma, (en su mismo concepto, como Hegel lo hubiera dicho) confusa, indeterminada, inconsistente - recuerden la respuesta proverbial de un inmigrante alemán a los Estados Unidos cuando le preguntaron “¿Es usted feliz?”, contestó: “Si, si estoy muy feliz aber gluecklich bin ich nicht…”. Es una categoría pagana: para los paganos, el objetivo de la vida es vivir una vida feliz, (la idea de vivir “felizmente toda la vida” es ya una versión cristianizada del paganismo), y la experiencia religiosa o la actividad política mismo son consideradas la más alta forma de felicidad (ver Aristóteles)- con razón el Dalai Lama tiene tanto éxito recientemente rezando por el mundo su evangelio de felicidad y con razón está encontrando la mayor respuesta precisamente en Estados Unidos, el último imperio de la búsqueda de la felicidad..


La felicidad consiste en la incapacidad o la poca disposición del sujeto para confrontar las consecuencias de su deseo: el precio de la felicidad es que el sujeto permanece atrapado en la inconsistencia de su deseo. En nuestra vida diaria, (pretendemos) desear cosas que realmente no deseamos, de manera que, en última instancia, lo peor que puede pasar es que obtengamos lo que “oficialmente” deseamos. La felicidad es intrínsecamente hipócrita: es la felicidad de soñar con cosas que realmente no queremos.


¿No encontramos un gesto similar en gran parte de la política de izquierda?


Cuando un partido radical izquierdista pierde por poco las elecciones y la toma del poder, uno a menudo detecta un oculto suspiro de alivio: gracias a Dios que perdimos, quién sabe en que problema nos hubiéramos metido si hubiéramos ganado... En el Reino Unido, muchos izquierdistas admiten en privado que la casi victoria del Partido Laborista en las últimas elecciones es lo mejor que les pudo pasar, mucho mejor que la inseguridad que podría ocurrir si el gobierno laborista hubiera tratado de implementar su programa. Lo mismo vale para la perspectiva de una eventual victoria de Bernie Sanders en Estados Unidos: ¿cuáles hubieran sido sus oportunidades contra la arremetida del gran capital? La madre de esos gestos es la intervención soviética en Checoslovaquia que aplastó la Primavera de Praga y su esperanza de un socialismo democrático. Imaginemos la situación en Checoslovaquia sin la intervención soviética: muy pronto el gobierno “reformista” tendría que confrontar el hecho que no había una posibilidad real de un socialismo democrático en ese momento histórico, de manera que tendría que elegir entre reafirmar el control del partido –por ejemplo, estableciendo límites claros a las libertades y permitiéndole a Checoslovaquia convertirse en uno de los países capitalistas liberal– demócratas de Occidente. De alguna manera, la intervención soviética salvó la Primavera de Praga, salvó a la Primavera de Praga como un sueño, como una esperanza que, sin la intervención, una nueva forma de socialismo democrático hubiera emergido.... ¿Y no ocurrió algo similar en Grecia cuando el gobierno de Syriza organizó el referendo contra la presión de Bruselas para que aceptaran las políticas de austeridad? Muchas fuentes internas confirman que el gobierno estaba secretamente esperando perder el referéndum, en cuyo caso debían bajarse y dejar que otros hicieran el trabajo sucio de ajuste. Como ganaron, esta tarea les tocó a ellos y el resultado fue la autodestrucción de la izquierda radical en Grecia.. Sin ninguna duda, Syriza hubiera sido mucho más feliz si hubiera perdido la consulta.
Entonces, volviendo a nuestro punto de partida, no solamente somos gente “feliz” controlada y manipulada que secretamente e hipócritamente exigen ser manipulados por su propio bien. La verdad y la felicidad no van juntas: la verdad duele, trae inestabilidad, arruina el fluir de nuestras vidas diarias. La elección es nuestra: ¿queremos ser felizmente manipulados o exponernos a los riesgos de la creatividad auténtica?

* Filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal). Próximamente Territorios inexplorados. Lenin después de octubre (Akal).
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Sábado, 31 Marzo 2018 08:04

Gafas que lo ven todo

Gafas que lo ven todo

En la novela 1984 de G. Orwell (publicada en 1949) el Gran Hermano es una entidad omnipresente que observa a todos los ciudadanos, apoyada en una trama de instituciones de control, que vigilan acciones, pensamientos y lenguaje, instaurando el uso de una neolengua que reduce y elimina contenidos con el fin de vaciar las formas de pensar en libertad. La visión de la realidad está fuertemente distorsionada por los medios de comunicación.

Cualquier parecido con la realidad que vivimos no es coincidencia. Lo que denunciaba Orwell sigue siendo el objetivo de estados y empresas trasnacionales: conocer qué pensamos y qué hacemos para controlar a toda la población, sea para moldearla a consumir lo que vendan, para que voten a alguien, para que acepten condiciones de explotación, para adormecerla en mundos virtuales y distraerla de la realidad brutal que nos rodea, y si eso no alcanza, para reprimir a quien se rebele o no se adapte al statu quo dominante. El escándalo que sigue creciendo sobre el uso de información de millones de usuarios en Facebook y otras fuentes por Cambridge Analytica, es parte de ese contexto.
Orwell muestra una realidad opresiva, en la que los ciudadanos obedecen por miedo y formas de control agobiantes. Pero en realidad, la neolengua se está formando al castrar el lenguaje en mensajes hipersintéticos que eliminan vocales, sustituyen palabras por unas letras que evocan una frase. En el camino desaparecen tildes, eñes, signos que abren interrogación y admiración y quizá, al mismo tiempo, la apertura a interrogarnos y admirar el mundo real. Los sentimientos y el tejido infinito de compartirlos en palabras se sustituye por unas caritas estándar para todos los países, idiomas y culturas.


Orwell nunca imaginó que todo esto no sería impuesto, que usar esa neolengua y poner en público la información e imágenes de qué pensamos y hacemos, dónde estamos, qué comemos, con quién hablamos, lo que nos gusta y lo que opinamos de muchos temas no sería un proceso forzado y obligatorio, sino voluntario al participar en lo que paradójicamente se ha dado en llamar redes sociales. Muchísima gente en el planeta vivimos bajo la vigilancia e influencia de las empresas que manejan esas redes de comunicación indirecta, entre las mayores las llamadas GAFA: Google, Apple, Facebook y Amazon.


La información que reúnen Google y Facebook sobre cada usuario es mucho más de la que imaginamos. Un artículo reciente en The Guardian, enlista la cantidad enorme de datos que ambos cosechan al registrar y conservar históricamente, con indicación de tiempo y lugar, el uso que hacemos de sus sitios y otras aplicaciones, las páginas de Internet que vemos, los lugares donde estuvimos, dónde trabajamos, los mensajes que intercambiamos, el directorio de contactos, fotos, avisos que nos llaman la atención, la información que borramos y un largo etcétera. (https://tinyurl.com/y97q3mg4)


Google y Facebook juntos saben más de nosotros que nuestras parejas, familias y amigos. A esto se suma la información electrónica adicional que dejamos en instituciones, tiendas, bancos, etcétera. Todo lo que cargamos en Facebook va por defecto a la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos. Pero aunque no fuera así, el caso de Cambridge Analytica muestra que toda esa información puede ser vendida, comprada o conseguida para usarla con fines comerciales, políticos, militares o represivos. El manejo de datos masivos y el uso de inteligencia artificial es lo que permite conectar e interpretar tal cantidad de datos.


A esto se suma la omnipresencia de cámaras de seguridad en espacios abiertos, instituciones, lugares de trabajo y educativos, y el hecho de que las propias empresas como GAFA y similares, pueden vernos y escucharnos en nuestras casas mediante micrófonos y cámaras de teléfono, computadoras, pantallas de televisión y hasta drones, que en poco tiempo serán comunes para servicios de entrega a domicilio.


A nivel mundial, el líder de las tecnologías de vigilancia es China, que ha integrado el reconocimiento facial a las cámaras de vigilancia públicas y este sistema a su vez a lentes que usan policías en lugares públicos, que conectan imágenes con el historial de cada persona en archivos policiales y de instituciones públicas. China vendió a Ecuador en 2016 el sistema de cámaras de vigilancia Ecu911, que integra parte de estas herramientas.


El laboratorio de vigilancia extrema y control masivo de la población para China parece ser la provincia de Sinkiang, donde vive la población Uygur, mayoritariamente musulmanes, que han protagonizado protestas contra el gobierno desde 2009. Allí instalaron estrategias y tecnologías de vigilancia de punta. A la recolección de datos por cámaras y redes sociales –las permitidas en China, que no son de GAFA– han integrado la identificación de ADN, a partir de bancos genéticos recolectados y el muestreo obligatorio de los Uygur. Un dato significativo es que han cambiado su política de Internet y redes móviles. Mientras en 2009 silenciaron las redes por meses, ahora la estrategia es la opuesta. Necesitan que exista mayor conectividad para que la red de control pueda extenderse. (https://tinyurl.com/yars2nef)


El ejemplo de Sinkiang parece extremo, pero es el modelo que piensan seguir en el resto de China, además de venderlo a otros países. Estados Unidos, Europa, Rusia tienen ya opciones similares.


Ya conscientes, esta realidad se torna opresiva, como pensó Orwell, y eso es un buen paso. No es un ruta sin salida. Pero tenemos mucho que pensar y actuar para enfrentarla.


Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

2018

La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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La ONU denuncia la violación de la privacidad por los Estados

Joseph Cannataci, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la privacidad lo tiene claro: es imprescindible intensificar la protección de la privacidad en el internet. Así lo ha expuesto ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, recomendando que los Estados actuén juntos, coordinados, dado que la problemática ha traspasado las fronteras nacionales.


Tal y como asegura Cannataci, el éxito de esta salvaguarda de la privacidad “depende de la voluntad y la capacidad de los Estados de trabajar juntos para lograr la sinergia entre los intereses de seguridad y la privacidad en el ciberespacio”.


Sin embargo, no sólo no se da esa necesaria cooperación sino que, además, el relator especial asegura que “desafortunadamente, no existe una sola legislación nacional de vigilancia que cumpla perfectamente y respete el derecho a la privacidad”. Desde su punto de vista, “los mecanismos de supervisión interna para la vigilancia de las comunicaciones y el uso de Internet no siempre existen, y cuando lo hacen, con frecuencia son ineficaces y no proporcionan la transparencia y responsabilidad adecuadas”.


La solución propuesta por el representante de la ONU, hoy por hoy, es pura utopía: apuesta por el establecimiento de un instrumento legal internacional, fruto del consenso de todos los Estados miembros de la ONU, para respetar y proteger el derecho a la privacidad en internet, especialmente en lo que al comportamiento que están teniendo los Gobiernos. Consciente de lo complicado de esta empresa, el propio Cannataci admite que es un camino cuyo recorrido se prolongará durante varios años.


Con un incremento de las acciones invasivas por parte de los Gobiernos amparándose en asuntos de seguridad nacional, pensar que es posible desarrollar un marco jurídico claro y exhaustivo sobre privacidad y vigilancia en el ciberespacio, como urge el relator especial, a fin de respetar el derecho a la privacidad dentro de cada país y a través de las fronteras nacionales, es una mera declaración de intenciones.


A pesar de ello, Cannataci ha pedido al Consejo de Derechos Humanos que recomiende a la Asamblea General de las Naciones Unidas que se impulse el desarrollo de un marco jurídico más amplio para Internet en la intersección de la privacidad y la seguridad.


Asimismo, el informe que ha presentado el relator especial presta mucha atención al mundo del big data y las fuentes abiertas (open data). Su análisis concluye que la disponibilidad de grandes volúmenes de datos permite una mayor y mejor toma de decisiones razonada por parte de individuos, empresas y Estados de todo el mundo, pero la mala gestión de la privacidad pone en riesgo su valor potencial.


Tal y como expone, “los datos son y seguirán siendo un activo económico clave, como capital y trabajo”. Sin embargo, “privacidad e innovación pueden ir juntas”, sin erosionar la protección de los Derechos Humanos. Para alcanzar esta meta, emite algunas recomendaciones, como el imperativo de establecer claramente políticas que limiten el uso de información personal basada en estándares y principios internacionales.


Paralelamente, el informe insta a que “cualquier iniciativa de Gobierno Abierto que involucre información personal, ya sea anonimizada o no, requiere un análisis riguroso, público y científico de las protecciones de privacidad de datos, incluida una evaluación de impacto sobre la privacidad”.

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Agencias de ¿noticias? Industrias de la posverdad y la plusmentira

Todas las aberraciones imaginables para deformar la realidad y linchar mediáticamente a las luchas sociales tienen una fuente generosa en las agencias internacionales de noticias. Se llamen como se llamen. Aunque tienen fachadas mercantiles distintas, su dispositivo ideológico (falsa conciencia) es exactamente el mismo. Operan con premeditación, alevosía, ventaja e impunidad pública trasnacional. Con la dictadura del negocio informativo y la concentración de la información, esas empresas se han convertido en oligopolio, con 90 por ciento del mercado dominado por seis compañías principalmente: Bertelsmann, Disney, General Electric, News Corporation, Time Warner y Viacom.

Se barnizan con credibilidad de mercado gracias a su complicidad con la ideología de la clase dominante y se hacen rentables con todos lo artilugios monopólicos ilegales. El colmo es que se infiltran por todas partes y (no pocas veces) imprimen su influencia deformante en espacios que, en apariencia, no comparten su lógica. Hay casos a raudales.

Desde 1945 y hasta el año 90, 80 por ciento de las mercancías informativas provenía de cinco grandes agencias: dos estadunidenses, Associated Press (Ap) y United Press International (Upi); una británica, Reuters; una francesa, France Presse (Afp), y una soviética, Tass. Las cinco empresas de mercancías de noticias internacionales se fusionaron bajo el imperio de los servicios de noticias a la radio, la televisión, el cable y la televisión por satélite. La verdad ya no importa, sólo la mentira que seduce, ilusiona, narcotiza y vende.

Operan con impunidad e impudicia. Las 10 agencias más poderosas hoy: 1.-Reuters, creada en 1851, vende información en más de 20 idiomas. 2.- Agence France Presse, la más antigua, de 1835, de París, vende en 110 países. 3.- Associated Press, de Estados Unidos, creada en 1846, comercia información en cinco idiomas. 4.- ANSA, italiana de 1945, vende en más en 74 países. 5.- United Press International, yanqui y de 1907. 6.- Press Association, de Reino Unido. 7.- Xinhua News Agency, de China, tiene 107 oficinas en el mundo. 8.- Europa Press, de 1957 y española. 9.- RIA Novosti, creada en 1941, rusa. 10.- Interfax Information Services Group, comercializadora rusa fundada en 1989. Las agencias comercializadoras de noticias se convirtieron en cliché fabricante de información-mercancía, de carácter internacional, que son compradas por medios nacionales. Son negocios que venden lo que fabrican como hechos o noticias, a sus clientes o abonados. No tienen capacidad sistemática de análisis crítico de la realidad ni son objetivas ni veraces en la información que venden, siempre plagada con los matices ideológicos de la empresa comercializadora. Son, por ejemplo, corresponsables de las peores canalladas fabricadas por la SIP.

Las agencias mercantilizadoras de información son consecuencia de la expansión del capitalismo y su ataque a la clase trabajadora, incluso con las nuevas tecnologías. Semejante tarea exige la supresión de las barreras regulatorias de información y contenidos culturales para garantizar la libre circulación de las mercancías noticiosas y vender sus productos informativos cargados ideológicamente con cobertura mundial. No es negocio entre amigos, sino guerra monopólica que tiene de base un todos contra todos internacional. Hasta los años 90, Time Warner y Disney controlaban 15 por ciento del mercado internacional hasta 1990, y ya en 1997 lograron 30-35 por ciento.

Los resortes ideológicos

Es necesario intervenir en los flujos mundiales de la información, es decir, en su modo de producción, sus relaciones de producción y su semántica colonialista. Urge un nuevo orden mundial de la información y comunicación (NOMIC). Democratización de la producción, distribución y consumo de la información a escala global y proponer cambios profundos en las fuentes de redacción, en la sintaxis y en los sujetos de la enunciación. El nuevo territorio que hoy dominan los negocios de las noticias internacionales está ampliamente globalizado, es enorme y tiene de base el poder económico, político y social.

Se ensayan, paradójicamente, todas las formas de la censura más sofisticada. La concentración de agencias y pequeñas empresas informativas satélite en los llamados países centrales y la escasez de ellas en países llamados periféricos tiene efectos severos en la dependencia informativa, en el perfil de lo informado y en la orientación ideológica que transita, sistemáticamente, en las venas de cada noticia. Dejan ver lo que conviene, incluso cuando parece inconveniente, es decir, aquello que se informa porque se trata de un juego de espejos altamente sofisticado a pesar de su apariencia rudimentaria poco profesional.

El alcance de semejante poder de concentración monopólica, de lo que algunos autores ya caracterizan como la de la riqueza informativa y de las herramientas de producción y de divulgación, ha venido generando estragos culturales severos en el campo simbólico de los destinatarios o usuarios de esa información industrializada. En primer lugar, la cultura de la competencia de mercado como alma mater de la información. En segundo, la cultura de la uniformidad. Esa situación ya ha generado un formato autoritario en el flujo informativo y ha creado una red de influencias ideológicas en las que se multiplica el poder de las agencias más allá de su carácter de sólo vendedoras de noticias. Algunos creen que su dependencia de las agencias de noticias es un signo de estatus o de proximidad cosmopolita con los poderes reales o con la dominación de conciencias. Mientras, linchan mediáticamente a los lideres sociales.

La industria mundial de la producción de información en manos de las agencias de noticias ha constituido una derrota cultural y comunicacional inmensa, especialmente en América Latina, donde han operado como medios golpistas auxiliares de la antidemocracia. El caso chileno es emblemático, tanto como la ofensiva brutal contra Cuba y Venezuela. Deberían ser, las agencias de noticias, una gran victoria de los pueblos para informarse de sí y de otros con libertad y profesionalismo, pero una vez más, como en muchos otros casos, el lastre ideológico latifundista y la práctica mercantil monopólica reducen la jerarquía histórica de la información y su dialéctica humana a mercancías desechables. Basura.

Por Fernando Buen Abad Domínguez, director del Centro para la Información y Comunicación Sean McBride. Universidad Nacional de Lanús.

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Sábado, 17 Febrero 2018 05:35

La nueva derecha autoritaria

La nueva derecha autoritaria

Muchas veces al día uno siente que fuimos bastante ingenuos. Cuando se ve que lo que parecía una construcción colectiva sólida es extirpado en dos años, se siente una sensación de impotencia y de desgarro muy fuerte. No sé si “ingenuos” es la palabra. Porque en todo caso, el proceso urgente de demolición que esta desconcertante nueva derecha autoritaria lleva a cabo en muchos países al mismo tiempo, es la reacción a los que fueron –con sus contradicciones y sus erratas– los mejores gobiernos que ha tenido en muchas décadas América Latina. Lo de “mejores” está dicho bajo el parámetro de que quien escribe, igual que millones de latinoamericanos, cree firmemente y más allá de cualquier encuadramiento partidario que lo mejor es que la riqueza se redistribuya. Es claro de entender. Es estar política y culturalmente a favor, como decía una célebre cumbia colombiana, de que llegue el momento “en que lo negro sea bello”.


La nueva derecha autoritaria tiene visos extremos. Siempre se ha asociado esa noción de extrema derecha con, bueno, los neonazis que después de todo el gobierno de Macri cobija con mucha más afinidad que al pueblo trabajador. O se ha asociado a persecuciones, censura, detenciones ilegales, prohibición de manifestaciones, disolución de los sindicatos, condena sucinta a muerte por portación de identidad o filiación política, de etnia o de clase. En fin, cada uno de esos desvíos son los que vivenciamos diariamente, pero esta caracterización se esfuma en los eufemismos, los ocultamientos, la pantalla infantilizada en la que se convirtió la televisión. La policía tirando y acribillando a su criterio, por un lado, y Dietrich dando de baja el servicio de transporte de ARbus para que una empresa amiga no tenga competencia, pero a su vez prestándole los servicios de la empresa dada de baja a Flybondi, otro chanchullo, que hasta ahora no ha hecho más que mostrar incompetencia. Y las vacas no dicen ni mu.


Estamos en un siglo nuevo y en una nueva fase de un capitalismo que no guarda un ápice de apego por lo que hasta diciembre de 1015 identificábamos con la democracia. En el último recambio presidencial, y en las elecciones de medio término también, el electorado, aunque muy lejos de una clara mayoría, decidió seguir confiando en Macri. Ese es precisamente un rasgo de esta nueva derecha autoritaria a la que le podríamos agregar “financiera” para completar una categoría provisoria. Accede al poder gracias a un nuevo tipo de sujeto político, alimentado de radio y televisión, que son socios del poder y ya no intermediarios, y con la manipulación abierta al Poder Judicial. Véanlo a Garavano intentando expulsar a Zaffaroni de la CIDH. Vean cómo la opinión ahora es un delito.


Pero si miramos el mundo, incluso si miramos el ombligo de este mundo en el que Macri nos clavó, que es Estados Unidos, veríamos que no faltan las represiones y los ajustes que arrasan con las necesidades básicas, como en Europa del sur, pero las persecuciones no llegan a ser planteadas contra la población norteamericana. Aquí, los más trumpistas que Trump entrenan a las fuerzas de seguridad para combatir a un nuevo enemigo interno y compran armas a destajo para arrasar contra cualquier rebeldía popular. Si esperan esa rebeldía, no es porque nadie esté planeando derrocarlos. Derrocar a un gobierno elegido en las urnas no forma parte de la cultura política que se cultivó en los últimos doce años, lo que no borra los mecanismos constitucionales para enjuiciar políticamente a un funcionario público si hubiera motivos. Pero si esperan y se arman contra un alzamiento popular es porque saben perfectamente que están tomando una batería de medidas y decretando cuestiones que la Constitución les prohíbe, y que los que pisan y patean no son felpudos ni trapos de piso sino hombres y mujeres que no se rinden tan fácilmente a creer que lo que pasa es inevitable.


La nueva derecha autoritaria financiera no es un invento argentino. En mi muro de Facebook comparto noticias de todo el país con otras noticias de otros países de la región y de países europeos que parecen reflejar un mismo tipo de opresión. Las noticias de Africa, sin embargo, están encriptadas en los medios: por eso recién vemos a sus poblaciones cuando intentar huir y son rechazadas. Los medios nunca explican de qué huyen. Y huyen en una gran mayoría de los desastres que las fuerzas de la OTAN hicieron en sus países. Pero en la parte del mundo a la que tenemos acceso informativo, aunque sea en las redes, lo que se ve es lo mismo. El remate de lo público para pasarlo a manos privadas. La nueva derecha autoritaria financiera suele no tener postulados ideológicos, porque es verdad que ideológicamente recurre a un collage de lo ya inventado y se vende a sí misma como una compañía se seguros o una cajita feliz. Pero tiene un culto, el culto al dinero concentrado. Y eso es todo. Lo demás (el hambre, la sangre, el dolor, la impiedad, la sed, el exterminio, el desprecio compulsivo) viene por añadidura. “Lo inevitable” para estos personajes que irrumpieron sincrónicamente en el poder es la destrucción, la extracción y el robo televisado del patrimonio colectivo, y su apropiación inmediata.


Hasta los burdos manuales de Ciencias Sociales de Macri repitiendo que “Sí se puede” están destinados a instalar en las nuevas generaciones la sensación profunda e inculcada de que esos niños pertenecen a países en los que es imposible crecer en paz. Los violentos quieren enseñar en las escuelas –la reforma educativa es un eje del Cóndor II y en todos los países los maestros son blanco de persecución– que los que están arriba tienen derecho a eso, y que los que se niegan a ser precarizados son “los violentos”.


La persecución tiene un solo objetivo, que es extirpar el yuyo de la esperanza, abortar la idea de que no tenemos por qué ser tan infelices, no tenemos por qué soportar tanto dolor, no tenemos por qué pelear hasta el hartazgo, día tras día, por cosas que eran nuestras y nos fueron robadas.


La nueva derecha autoritaria financiera necesita pueblos anestesiados como audiencias de prime time. Necesita mucha distracción. La violencia es usada como distracción. La verdadera razón de ser de estas nuevas fuerzas políticas que detestan la política es precisamente reemplazarla por una idea-estribillo que, incrustada en los cerebros como una neurona implantada, haga desistir a millones de pelear por otro mundo. Mientras tanto, ellos llevan a cabo la tarea que los hechiza, los excita o los psicotiza, según el caso: juntar todo el dinero posible, hacer todos los negocios propios posibles, concentrar la torta a un grado como no se conocía desde hace décadas y hasta un punto que no tiene techo: sacarán para ellos mismos todo lo que puedan como nunca antes nadie se animó ni se interesó. Como dice el Papa, no tienen Dios pero tienen un fetiche execrable por el que son capaces de cometer crímenes de todas las especies. Son adoradores de sus ganancias. Nunca la humanidad presenció este espectáculo dantesco del poder sin límites de los adoradores de sus ganancias. Por eso no hablan y cuando hablan no dicen nada. Porque en su credo no hay lenguaje. Hay números de cuentas bancarias en los únicos paraísos que conocen y conocerán.

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:31

Alguien te espía

Alguien te espía

La policía china empezó a usar anteojos que identifican delincuentes. El accesorio empezó a ser utilizado el 1 de febrero en las estaciones ferroviarias y permite reconocer si hay pasajeros acusados de haber cometido un crimen. El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Críticas por la invasión a la privacidad.


Anteojos negros. Con ese único y polémico accesorio los agentes de la policía china son capaces de identificar a los pasajeros que circulan por las estaciones de tren del país. Mirándolos a través de los vidrios oscuros, pueden reconocer si están acusados de haber cometido un crimen, pero también pueden acceder a su información personal. La controversia por su lanzamiento no tardó en llegar, ante la preocupación de la población por la invasión del Gobierno en su privacidad.


El sistema se puso a prueba esta semana por primera vez en Zhengzhou, capital de la superpoblada provincia de Henan. A los anteojos de los agentes se les incorporó una pequeña cámara, capaz de captar las caras de los transeúntes para luego cruzar esa información con la base de datos policial. Los resultados se conocen de forma prácticamente inmediata en un dispositivo móvil. Si se logra una coincidencia, al instante el policía recibe un informe detallado de la persona, que entre otras cosas incluye su nombre y dirección del domicilio.


Desde el 1 de febrero, los agentes han detenido con el uso de estas gafas -con una estética parecida a las que lanzó Google- a siete personas acusadas de delitos como tráfico de personas o de haberse dado a la fuga después de un atropello, según detalló el portal El País.


El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Las críticas llovieron, ya que se argumenta que es un paso más hacia el Estado policial, en el que la tecnología, al servicio de los gobiernos, desempeñará un papel crucial para coartar libertades.
Según un artículo de la cadena Caracol, la sociedad china es una de las más vigiladas del mundo, en un país con alrededor de 176 millones de cámaras de seguridad operativas. Lo cual aporta al gobierno un gran control sobre sus habitantes.

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