Las grandes tecnológicas nacieron entre las cenizas de la crisis financiera y ahora son otro incendio imparable

Facebook, YouTube, Uber o Airbnb nacieron hace una década, durante el colapso de la crisis financiera, y con la promesa feliz de un futuro digital

Diez años después, son grandes potencias que se comportan de una manera que recuerda a la burbuja previa a la crisis financiera

Con una estructura mínima y unos beneficios que crecen exponencialmente, la economía de escala de las grandes plataformas globales arrasa con toda competencia local

 

A finales de la primera década del siglo XX, las redes sociales estadounidenses MySpace y Facebook libraban una batalla por acaparar el mercado del resto del mundo con estrategias de expansión "radicalmente diferentes", como publicó entonces el portal TechCrunch. MySpace invertía tiempo y dinero en desarrollar una infraestructura local en cada nuevo mercado, con equipos sobre el terreno que traducían el portal a los diferentes idiomas y actividades de promoción para músicos y artistas locales; mientras, Facebook se limitaba a reclutar a un equipo de voluntarios que traduciría el portal al español, luego al alemán, al francés y a muchos más.

En 2010, MySpace comenzaba su larga decadencia y Facebook sumaba quinientos millones de usuarios en todo el mundo, con traducciones en más de 80 idiomas gracias a los voluntarios. Como dijo durante una entrevista en 2015 el exvicepresidente de marketing online de MySpace, Sean Percival, montar todas esas oficinas en el extranjero equivalió a "cientos de millones de dólares literalmente tirados a la basura". "La posición de Facebook, mientras tanto, era: 'No necesitamos abrir oficinas tan rápidamente, esto va a crecer por sí solo'".

Rendimientos crecientes a escala. Si hay un concepto que resume la última década de las empresas de internet es conseguir esos rendimientos. La escala es el santo grial de las startup tecnológicas con fondos de capital riesgo detrás, ese nivel en el que sus ingresos registran crecimientos exponenciales, mientras sus infraestructuras y costes se limitan a una progresión lineal. Facebook ha conseguido la escala para obtener esos rendimientos. Igual que Uber, Youtube, Airbnb y Amazon.

Conseguir rendimientos crecientes a escala ha permitido desarrollar negocios con una infraestructura física mínima (el caso de Facebook y de YouTube, entre otras compañías de software), o pasar a los contratistas el coste de la infraestructura y su mantenimiento (el caso de Uber y de Airbnb). Amazon logró desarrollar una economía de escala pese a necesitar una importante infraestructura física. WeWork no lo consiguió.

En la última década, ha habido una transición gigantesca de los negocios hacia las plataformas de internet, desde la industria publicitaria hasta los transportistas o las agencias de viaje. Las empresas locales han quebrado o se han adaptado, y en los dos casos, las plataformas de internet han salido ganando.

Los números que dan cuenta del tamaño de estas plataformas son difíciles de asimilar. En 2018, YouTube comunicó que sus usuarios subían 500 horas de vídeo por minuto, lo que equivale a 1.250 días de vídeo por hora, o más de 82 años de vídeo por día. Uber dice que, solo en EEUU, sus conductores hacen 45 viajes por segundo. Eso significa prácticamente 4 millones de viajes por día solo en EEUU.

Entre octubre de 2017 y octubre de 2018, Facebook eliminó 2.800 millones de cuentas falsas. Los 14 millones de usuarios de la red social con información personal hackeada (un número mayor al de los habitantes de Tokio) representaron menos del 1% de las personas con cuenta en Facebook. Airbnb dice tener alojamientos en más de 100.000 ciudades del mundo.

Es imposible que nadie esté al tanto de todo lo que pasa dentro de las plataformas y está claro que las empresas responsables de ellas ni siquiera se están molestando en intentarlo. Tal vez sea una de las ironías del siglo XXI: los cimientos de muchos de estos monstruos tecnológicos se fijaron sobre las cenizas de una economía mundial que lidiaba con el incendio de tener otra industria de escala monstruosa: la bancaria.

Un mes después de que Facebook comenzara su conquista del planeta con una inversión mínima y máxima velocidad, la Reserva Federal rescataba a Bear Stearns prestándole 25.000 millones de dólares. En el verano de ese año, se fundaba Airbnb, apenas unas semanas antes del estallido de Lehman Brothers; y en marzo de 2009, el Dow Jones tocaba un mínimo justo cuando se creaba Uber.

"Demasiado grande como para quebrar" se convirtió en la consigna de una era grotesca de la política en la que se rescataba a los bancos y se echaba de sus casas a los que no cumplían con la hipoteca. Una era de banqueros cobrando primas por desempeño y trabajadores pidiendo subsidios de desempleo. El sistema se tambaleaba, pero no se derrumbaba. Vista de cerca, la crisis provocó millones de pequeñas tragedias. Desde más arriba, todo estaba bien.

¿Es una coincidencia que los años de "demasiado grande como para quebrar" hayan sido el germen de empresas a las que en la década siguiente se les permitió crecer aún más y ser menos manejables? ¿O es que rescatar a los bancos sentó un mal precedente del que las tecnológicas podrían aprovecharse en el futuro? Los cómics de superhéroes dicen que a un gran poder siempre le acompaña una gran responsabilidad, pero eso no parece ser lo que están entendiendo las tecnológicas. Su postura es otra: con grandes escalas, viene la impunidad total.

Tomemos como ejemplo la implantación de Facebook en el mundo. Oficialmente, la red social ya está traducida en 111 idiomas, pero hasta abril de 2019 las reglas de publicación que vetan temas clave como los discursos del odio, las incitaciones a la violencia, la desinformación en asuntos de salud y las autolesiones, solo habían sido traducidas a 41 idiomas. Según la investigación de la agencia Reuters de esa fecha, los 15.000 moderadores de contenido de la empresa hablan con fluidez solo unos 50 idiomas y las tan promocionadas herramientas de moderación automática contra el contenido peligroso solo funcionan en unos 30. El periódico The Guardian consultó a Facebook si esas cifras habían mejorado desde abril, pero no obtuvo respuesta.

La jefa de políticas globales de la red social, Monika Bickert, había dicho antes a Reuters que traducir las reglas de contenido, un manual que contiene unas 9.400 palabras en inglés, había representado "un gran esfuerzo". No tener la página traducida en 2008, cuando Facebook aún era una startup que perdía dinero, puede haber sido una acertada decisión estratégica. Pero el beneficio neto de la empresa ha superado los 69.100 millones de dólares desde 2010. No tenerlo todo traducido hoy es sencillamente imperdonable.

Los discursos del odio y la propaganda descontralada pueden tener un efecto mortal. La incapacidad de Facebook de ponerle freno a los discursos del odio ha sido directamente relacionada con la campaña de limpieza étnica de Myanmar y con los disturbios anti-musulmanes de Sri Lanka. La barrera lingüística les impidió entender y reaccionar ante lo que estaba sucediendo en los dos países.

Es solo uno de los muchos ejemplos que demuestran la resistencia de Facebook y de otras grandes tecnológicas a asumir la responsabilidad de sus propias empresas, escudándose en el tamaño de la plataforma para escurrir el bulto.

En 2018, más de tres mil pasajeros denunciaron agresiones sexuales a bordo de un Uber en EEUU. Cuando la empresa publicó el informe argumentó que se debía a un problema general de la sociedad: "Solo en Estados Unidos hay más de 45 viajes de Uber por segundo", escribió en un blog el director jurídico, Tony West. "A esa escala, no somos inmunes a los más importantes retos de la sociedad en materia de seguridad, incluyendo las agresiones sexuales". La única diferencia es que la sociedad no se lleva una tajada de cada uno de esos viajes. Uber sí lo hace.

En el año 2015, YouTube lanzó una versión de su portal para niños. Han pasado cuatro años y un sinfín de escándalos, pero la empresa de vídeos online sigue sin incorporar un control de contenidos previo a la publicación para asegurarse de que, en efecto, sean aptos para niños.

Amazon se ha quedado con una posición dominante de mercado gracias a su decisión de permitir que terceros vendan en su plataforma. La medida ha sido muy rentable para Amazon pero, según una investigación de The Wall Street Journal, el portal ahora vende miles de artículos que no cumplen con los protocolos de seguridad, incluyendo productos para niños.

La lógica bajo la que parecen operar las compañías es esta: si das de comer a 10.000 niños y solo se intoxican 10, es un número perfectamente aceptable teniendo en cuenta la escala.

Ahora que nos acercamos al inicio de una nueva década, una de las pocas cosas que parecen claras es que seguiremos lidiando con las consecuencias de tener un puñado de tecnológicas de escala inmanejable. La magia de las plataformas de internet con economías de escala es que los beneficios son solo para ellas pero las consecuencias las pagamos todos.

Por Julia Carrie Wong - Oakland (EEUU)

29/12/2019 - 20:40h

Traducido por Francisco de Zárate

Google nos vigila: el caso de los servicios médicos

Para nadie es un secreto que internet es una de las rutas de información más grandes en el marco del mundo globalizado. Se ha logrado conocer, por ejemplo, que Facebook vendió una serie de datos a una empresa británica –Cambridge Analitica- que finalmente influyó en las elecciones de algunos países en América Latina. La red es hoy por hoy uno de los medios de intercambio de información más importantes, pero al mismo tiempo más peligrosos. Lo anterior se sustenta en un reciente artículo de Wall Street Journal en el cual se sostiene que el gigante tecnológico Google, tiene acceso a la información médica de millones de pacientes en al menos 21 estados de Estados Unidos. En colaboración con Ascension, uno de los mayores sistemas de salud del país, la empresa de tecnología dispone de 2.600 instalaciones, entre hospitales y consultorios a lo largo y ancho del país. Aunque las dos empresas han salido al paso a decir que su actuación es absolutamente legal, algunas preguntas saltan a la vista, verbigracia, si su actuación está apegada a la ley y al profesionalismo, ¿por qué se buscó ocultar la información? Este y otros cuestionamientos serán el centro de la presente investigación.  

Antes de adentrarnos en los motivos reales de Google es fundamental conocer un poco más del proyecto. En este sentido, el objetivo del gigante tecnológico es desarrollar un programa de inteligencia artificial capaz de alojar millones de datos de diferentes pacientes en una misma interfaz. De acuerdo con Google y Ascension, el proyecto conocido como Nightingale cumple con las leyes federales en salud que permiten la transferencia de información de sus socios sin nececidad de consultarlos. Particularmente, se menciona el Health Insurance Portability and Accountability Act’  de 1996 que permite justamente conocer los datos de pacientes (sin necesidad de ser autorizados), siempre que el fin sean funciones médicas y que se disponga de un programa de protección de datos personales. Bajo este paraguas, las dos compañías han buscado evadir las responsabilidades y restar importancia a los riesgos que tendría el hecho de que sólo 150 personas, trabajadores de Google, tengan acceso al historial clínico de millones de personas en Estados Unidos. Algo que puede expandirse por el globo si los resultados son los esperados.

El proyecto Nightingale se presenta como un medio para gestionar soluciones en temas médicos que permitan mejorar la situación de millones y, al tiempo, optimizar los servicios prestados. En efecto, Google anunció en julio pasado que “las soluciones de inteligencia artificial y machine learning de Google Cloud están ayudando a organizaciones de atención médica como Ascension a mejorar sus servicios y resultados” .  De esta manera, el gigante informático es un intermediario en la gestión y protección de datos bajo estrictos estándares de privacidad y seguridad, o ese es el deber ser de la compañía. Sin embargo, no es del todo claro los protocolos de protección ni tampoco para qué se quiere almacenar esa información tan sensible.

Desde otra perspectiva, lo peligroso de este caso es que Google y en concreto el software que se encuentran desarrollando, podría determinar no sólo los procesos para “mejorar la atención médica”, sino que eventualmente también estaría en la capacidad de clasificar a los pacientes. Esto, dicho de otra manera, implicaría que los hospitales estarían en la discreción de no prestar un servicio de salud a determinados segmentos de la población al considerarlos costosos o innecesarios. La situación no es irreal toda vez que en los Estados Unidos se debate continuamente el acceso universal a la salud como un derecho fundamental que, los grupos conservadores amparados en las grandes empresas rechazan de inmediato, al considerarlos demasiado “costosos”. Si llevamos más allá el argumento, se podría afirmar que la concentración de datos en una compañía como Google implica un control sobre la vida de los ciudadanos y por qué no de las decisiones médicas que se tomen en adelante. Un software puede determinar, por ejemplo, que un tratamiento contra el cáncer es costoso en términos monetarios y de tiempo, por lo que en el futuro los hospitales y consultorios podrían dejar de prestar el servicio o cobrar en exceso la atención.

Lo anterior confirma una verdad de Perogrullo: Google no es una empresa altruista, es decir, que detrás de la recopilación de datos médicos hay una clara intención política y económica. En efecto, la empresa informática no realiza una actividad que no implique monetización, de ahí que todo el entramado de las historias médicas tenga un fin concreto. Como lo confirmó el abogado y miembro del comité nacional republicano, Harmeet Dhillon, la situación respecto a la alianza Google-Ascension es "francamente alarmante" y lanza una pregunta a la ciudadanía: “¿confía en Google con los resultados de sus análisis de sangre, diagnósticos e información confidencial de salud?”. Es claro que constituye un riesgo mayor otorgar información personal a un grupo que sólo le importa la recolección de datos, que desconoce el valor humano y que se interesa por obtener enormes ganancias. Por si esto fuera poco, las personas que hoy se encuentran en las bases de datos de estos dos consorcios, no tienen la menor idea, lo cual deja entrever la seriedad del asunto.

Al respecto es imperativo recordar el caso de Google Health 2008, una aplicación de la empresa que, a pesar de proyectarse como una alternativa para la gestión de temas de salud, cerró cuatro años más tarde, al no poder persuadir a suficientes usuarios para que subieran su historial médico. Los pacientes se sentían incómodos de que una emprresa de informática albergara datos tan sensibles. Existieron múltiples razones para el fracaso de este servicio que, en Estados Unidos mueve el 17% del PIB. Para algunos analistas la causa fue justamente el fallo en torno a confiar información como metas de salud, peso o colesterol. Muchas personas no estaban dispuestas a exponerse de una manera tan evidente. Por otra parte, el motivo pudo ser que el servicio no generó la suficiente “atracción” a los usuarios y a los médicos que en poco promovieron la aplicación.

No obstante, la principal razón del fracaso de Google Health fue la ausencia de monetización, es decir, que no pudo corresponderse con el modelo de salud estadounidense. Como es bien conocido en el ámbito global, la prestación del servicio en el país del norte se basa en la medicina privada, esto es, en privilegiar la realización del mayor número de intervenciones (muchas veces más de las necesarias), ya que las instituciones médicas sólo devengan en la medida en que se realicen mayores operaciones. Si ponemos todo lo anterior en plata blanca, diremos que buena parte de la medicina norteamericana se basa en la creación y cura de enfermedades en una suerte de círculo vicioso; si alguno de esos factores se altera, así lo hará la oferta y la demanda hecho que repercute directamente sobre la economía del país. Por ese motivo, no es tan fácil generar procesos de automatización y gestión en un Estado que necesita continuamente del ejercicio de la medicina como oportunidad de negocio.

La salud en Estados Unidos funciona, entonces, como cualquier rubro de la economía, es decir, basada en los principios de ganancia, olvidando que es un derecho fundamental. Con la eliminación del criterio de consentimiento individual de las operaciones con datos de atención médica, el gigante tecnológico se libra de cualquier responsabilidad penal y de paso asegura un campo lucrativo que se corresponde con la proyección de una empresa de sus dimensiones. Nunca debe perderse de vista que compañías como Google persiguen fines económicos y que el tema de la salud pública siempre será un espacio importante para las inversiones. Ahora bien, el hecho según el cual, una empresa que conoce sobre las preferencias y gustos de las personas, tenga acceso libre a datos tan sensibles puede generar un conflicto ético y de intereses, pues podríamos estar asistiendo a la reducción de la humanidad misma a un dato de computadora. Este acontecimiento debería estar alarmando a las sociedades tanto o más que el cambio climático.

También deben considerarse las inquietantes alianzas de Google pues además del gestor de salud Ascension, el gigante Google ha entablado nexos con la clínica Mayo en septiembre de 2019, acontecimiento que le permitiría el acceso al menos un millón de datos de pacientes. Y aunque el pacto ha sido visto desde la supuesta filantropía por parte de la compañía ofimática, la realidad es que hay fuertes motivos de fondo. Esto se comprueba con la adquisición de los dispositivos Fitbit, una aplicación relacionada con el seguimiento del estado físico. El dispositivo le permite acceder a información de poco más de 28 millones de personas; desde los pasos que dan hasta el ritmo cardiaco. En ese sentido, es evidente que el futuro de las compañías está dado en términos del acceso y gestión de datos. Google Health no fue un fracaso, tan sólo era un experimento de los hombres de negocios de Silincon Valley que estaban probando diversas alternativas para lograr juntar los datos de un número considerable de pacientes y de esa forma establecer un algoritmo capaz de automatizar el acceso a la salud.

Lo más grave de todo es que habrá un futuro cercano en el que el acceso a los tratamientos médicos hará parte de un reducido grupo de personas de acuerdo con la lógica de oferta y demanda, condenando a millones de personas a morir mientras esperan una atención que nunca llegará.

Publicado enSociedad
El Paramilitarismo busca servirse de las juntas comunales e implantar el Memoricidio

Nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve nuevamente en la necesidad de recurrir al país y al mundo para denunciar las graves violaciones a sus derechos fundamentales de que ha sido víctima en los últimos meses.

Al igual que los gobiernos anteriores, el Presidente Duque ha optado también por la política de brazos caídos y oídos sordos frente al paramilitarismo. A pesar de haber recibido voluminosos documentos que le demuestran la continuidad de políticas de Estado de complicidad, connivencia, tolerancia y mucho más frente a millares de crímenes perpetrados por estructuras armadas cuya relación con el Estado ha sido puesta en evidencia ya por numerosas sentencias de tribunales nacionales e internacionales, prefiere callar y no actuar para seguirles dejando las manos libres.

El paramilitarismo en Urabá pasó de períodos en que actuaba adjunto a la fuerza pública a la luz del día sin ningún pudor, a períodos de separación coordinada, acompañada de un intenso negacionismo, afirmando todas las instituciones que “el paramilitarismo no existe” mientras todo el mundo los ve actuar dentro de los mismos parámetros políticos y criminales de siempre. Ahora parecen entrar en un nuevo período en el cual la cooptación de las juntas de acción comunal les sirve de camuflaje, pues descargan en ellas la ejecución de sus decisiones, prohibiéndoles delatar sus estrechas relaciones. Ya las más atrevidas políticas contra la población campesina y contra sus valores ancestrales aparecen como “decisiones democráticas” de las juntas de acción comunal, aunque todo el mundo sabe que son órdenes del paramilitarismo recibidas a su vez del alto gobierno. Oponerse a esas decisiones puede traer graves consecuencias y los miembros honestos de las juntas lo saben muy bien y por eso prefieren callar y someterse.

Dentro de esta nueva estrategia, a las juntas de acción comunal se les ha encargado gestionar el MEMORICIDIO, o sea el exterminio de la memoria histórica. Nuestra Comunidad está sufriendo ahora las amenazas de destrucción de los monumentos de memoria que señalan los lugares sagrados donde fueron sacrificados nuestros líderes con altos grados de sevicia por parte de militares y paramilitares. Ahora son, pues, las juntas comunales las que bloquean o quieren exterminar la memoria, cumpliendo órdenes perversas de los poderes vigentes. Era difícil imaginar que se podría llegar a esa ignominia, pero lamentablemente ya es un hecho.

Los hechos que queremos poner en conocimiento del país y del mundo son los siguientes:

En la última semana de octubre de 2019, el ex militante de las FARC-EP y ahora integrante de la estructura paramilitar con presencia en el Cerro de Chontalito, conocido como “Pablo”, participó en una fiesta en la vereda Cabecera de Mulatos y allí quiso asesinar a un joven de la zona a quien persiguió con un arma; cuando el joven se le escapó, él lo buscó por diversas viviendas para darle muerte. Cuando la Junta de Acción Comunal abordó el caso, consideró que no podían arreglar el problema con alias “Pablo” sino que debían comunicarse con alias “René”, también ex militante de las FARC-EP y quien ahora ejerce la comandancia del paramilitarismo en la zona de San José de Apartadó.

El sábado 2 de noviembre de 2019, en la vereda La Esperanza una tropa del ejército ingresó a una vivienda donde sólo estaban los niños, pues los padres habían salido a trabajar. Cuando uno de los niños observó que ellos llevaban un radio, les dijo que ese radio era igual al de su papá y fue y sacó el de su papá para mostrárselo. Los militares comprobaron que en realidad era un radio de su institución, lo que confirmaba que el jefe de ese hogar era un espía o “punto” paramilitar. Los militares regresaron a esa vivienda en la tarde cuando el señor regresó de su trabajo y departieron amigablemente con él como colegas.

En la primera semana de noviembre de 2019, en un sitio aledaño al centro urbano de San José de Apartadó fue citado un joven del caserío por paramilitares; al llegar fue amenazado de muerte acusándolo de robo y drogadicción. El joven no aceptó la acusación de robo y afirmó que si consumía droga era con su dinero. El hecho es demostrativo del tipo de “justicia” de facto que pretenden implantar los paramilitares en la región.

El sábado 9 de noviembre de 2019, el ex militante de las FARC-EP y ahora integrante de la estructura paramilitar con presencia en el Cerro de Chontalito, conocido como “Pablo”, llegó hasta la Bodega de comercialización del cacao en San Josesito, acompañado por otros integrantes de la estructura paramilitar y permaneció un tiempo en sus alrededores en actitud de espionaje.

En la segunda semana de diciembre de 2019, la Comunidad de Paz recibió informaciones según las cuales alias “Pablo”, ex integrante de las FARC-EP y ahora integrante con mando importante en la estructura paramilitar, se desplazó a la vereda de Saiza, del municipio de Tierralta, del departamento de Córdoba, a dar un curso sobre explosivos a la estructura paramilitar de dicha zona.

El viernes 13 de diciembre de 2019, varios integrantes de la Comunidad de Paz quienes se desplazaban por el camino que conduce del caserío de San José a la vereda La Unión, encontraron sobre el camino un panfleto manuscrito en el cual se incitaba a “dar muerte a los sapos”, refiriéndose a los denunciantes. La molestia y furia con que los paramilitares se refieren a las denuncias de sus acciones es algo ya muy conocido en la región, así como su acusación permanente a la Comunidad de Paz de denunciar ante el mundo todas las agresiones criminales de los actores armados y las violaciones a los derechos humanos y atentados contra la dignidad humana.

El miércoles 18 de diciembre de 2019, algunas juntas de acción comunal de la zona convocaron a una reunión de pobladores en la vereda La Esperanza para transmitir la orden de los paramilitares de obligar a todos los pobladores a pagarles impuestos ilegales de 10.000,oo (diez mil pesos) por cada hectárea de tierra que posean.

En el mes de diciembre de 2019 se han intensificado los anuncios, por parte de juntas de acción comunal de la zona, impulsadas por estructuras paramilitares que les imparten directrices, de destruir construcciones realizadas por la Comunidad de Paz en sitios sagrados de memoria de sus víctimas. Desde hace un tiempo la Comunidad de Paz ha venido construyendo un monumento – memoria de la masacre perpetrada por el ejército y los paramilitares el 8 de julio de 2000 en la vereda La Unión. Por su parte, la junta de acción comunal de dicha vereda ha amenazado reiteradamente con destruir el memorial, alegando que el gobierno les ha ofrecido construir en ese mismo sitio una placa poli-deportiva. Esto coincide, en su estrategia, con las presiones de la junta de acción comunal de la vereda Mulatos Medio, la cual ha querido apoderarse violentamente de la Aldea de Paz Luis Eduardo Guerra, donde la Comunidad hace presencia desde hace 15 años y ha construido una capilla en el sitio sagrado donde fue masacrado Luis Eduardo con su compañera y su hijo de 10 años. En ese mismo sitio la junta de acción comunal alega que el Estado les ofrece construir una escuela y una caseta de venta de licores, precisamente allí y no en otro sitio. No cabe duda de que estas amenazas coincidentes revelan una política estatal de memoricidio, como afán de borrar la memoria de las víctimas y de los crímenes de Estado.

En otros países, el negacionismo y el memoricidio se desarrollan en períodos de posconflicto y de posviolencia, cuando la memoria busca exigir que se tomen medidas de corrección y de no repetición. En Colombia esas perversas estrategias coinciden con la continuidad de los crímenes, pues mientras los paramilitares, brazo armado ilegal del Estado, tratan de bloquear la memoria valiéndose de las juntas de acción comunal, esos mismo paramilitares continúan exterminando el liderazgo social del país y matando a los combatientes desmovilizados.

Otra labor destacada de las juntas de acción comunal en los últimos meses ha sido la recolección de firmas en favor de las empresas transnacionales orientales (Coreanas y Chinas) que ya están diseñando la explotación del carbón y de varios metales, comenzando por el corregimiento de Nuevo Antioquia (Turbo) y avanzando por las veredas de San José de Apartadó. Igualmente promueven la presentación de hojas de vida para ser contratados por esas empresas, como solución al problema del desempleo. Es profundamente lamentables que el Estado quiera apoyarse en necesidades básicas insatisfechas de la población campesina para involucrarla en un modelo económico basado en la destrucción definitiva de recursos naturales no renovables, explotación que daña y envenena radicalmente el medio ambiente.

Una vez más agradecemos a las numerosas comunidades y personas que desde muchos lugares del país y del mundo mantienen en alto nuestra moral de resistencia y nuestros ideales de un mundo menos inhumano que el que vivimos. Al mismo tiempo les deseamos que el año que va a comenzar sea una nueva oportunidad de unir fuerzas entre todos los sectores del mundo que se apoyan en principios éticos humanitarios con el fin de avanzar en la construcción de la justicia, la solidaridad y la paz entre los vivientes.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Diciembre 26 de 2019

Publicado enColombia
Cortar Internet durante grandes protestas se convierte en tendencia internacional: el caso de India es un precedente peligroso

- Cuanto más aumenta la conectividad a Internet, más aumentan también los intentos de algunos gobiernos por cortarla

- India es uno de los países que más corta la red, el año pasado se registraron 134 cortes y en Cachemira llevan sin internet 137 días

- Los gobiernos argumentan que controlando las telecomunicaciones defienden el orden público en sus países


El jueves, los usuarios de internet de Nueva Delhi comenzaron a notar que internet dejaba de funcionar. ¿El motivo? Había protestas. Cada vez más gobiernos autoritarios, entre los que toca incluir el de la democracia más habitada del mundo –India cuenta ya con un largo historial en esta lides– saben que la suspensión de los servicios de datos y llamadas son una buena táctica para desarticular la respuesta social en las calles.

El aumento del acceso a internet durante la última década, sobre todo en los países en vías de desarrollo, ha provocado un aumento paralelo de los intentos por controlar la información que transporta. Access Now, un grupo que promueve la libertad en la red, ha recopilado una lista de 75 cortes del servicio en 2016. En 2018 ese tipo de hechos había aumentando a 196.

Berhan Taye, analista de políticas de Access Now, cree que a medida que las protestas sacuden docenas de países por todo el globo, es muy probable que la cifra aumente "mucho".

Iraq ha cortado el acceso a internet en repetidas ocasiones a medida que las protestas han ido expandiéndose por el país. En Etiopía, esos mismos cortes se han convertido en una realidad tan frecuente que están incluso dañando la economía. Una organización de derechos digitales ha calculado que le cuestan al país 4,5 millones de dólares al día. En Venezuela sucede tan a menudo que ya es imposible contarlos. Taye lo compara con un niño que le da al interruptor de la luz una y otra vez cuando tiene miedo de que suceda algo.

Desde la primera ocasión en que India optó por esta táctica, se ha convertido en líder de su aplicación sin rival alguno. Sólo el año pasado se registraron 134 cortes. El 68% de todos los que suceden en el mundo. Esta semana rompió el récord de cualquier gobierno democráticos. En la región de Cachemira, que vive un convulso proceso político, llevan sin internet 137 días.

El apagón ha causado estragos en empresas, servicios médicos o el sistema educativo. Cuando comenzó, los reporteros volaban hasta Nueva Delhi para entregar su material o se acercaban hasta el aeropuerto de Srinagar, capital de Cachemira, donde pedían a pasajeros que llevaran consigo tarjetas de memoria que contenían las imágenes de lo que estaba sucediendo en el estado.

Los gobiernos justifican ese férreo control de las comunicaciones en defensa del orden público. Está claro que la velocidad acelerada a la que la información, sea cierta o no, viaja por la red, comienza a crear problemas. En 2018, India se esforzó para controlar rumores sobre secuestros de niños que viajaban más rápido de lo que las autoridades podían seguir. El resultado fue que al menos 30 personas fueron linchadas a lo largo del país.

Unos meses antes, el gobierno de Sri Lanka bloqueó las redes sociales para limitar la expansión de publicaciones de odio que alimentaban ataques mortales contra la minoría musulmana. El Ministro de información lo justificó diciendo que "el país podía haber estallado en cuestión de horas".

Pero estas medidas, que han comenzado a ponerse en marcha durante crisis puntuales, comienzan a convertirse en moneda de cambio habitual. La táctica, aceptada por la ciudadanía india, cuando se aplica en estados fronterizos como Jammu, Cachemira o Assam, se vuelve contra ellos y se activa también para desactivar protestas en Nueva Delhi o Bangalore.

Estados autoritarios como Rusia o Irán están planeando ya el siguiente paso: Construir "redes soberanas" que pueden desconectarse del resto del mundo cada vez que el gobierno así lo decida o que vivan desconectadas de lo que sucede fuera de sus fronteras como ya sucede con la "gran muralla de internet" que China ha levantado.

Las protestas del pasado noviembre en Irán fueron la excusa perfecta para que su gobierno probara lo que ha dado en llamar "halal.net": una especie de intranet iraní que sigue funcionando aún cuando se desconecta del internet mundial.

El modelo aún no es perfecto. Algunos iraníes se quejaron de múltiples fallos la red de cajeros automáticos y se cayeron las redes de algunos hospitales. Pero  aplicaciones como Snapp, que permiten compartir coche, funcionaron. El presidente iraní Hassan Rouhani, dijo este mes que el servicio propio del país mejorará hasta que "la gente no necesite conectarse a redes extranjeras para saciar sus necesidades".

Muchos gobiernos están interesados en entender como funcionan esos sistemas de control. Taye explica que "los países aprenden los unos de los otros,como funcionan los cortes de internet y como pueden ponerse en marcha".

La aplicación de este tipo de medidas preocupa allá donde pueda suceder pero el de India es uno de los casos paradigmáticos. En un país que se vanagloria de estar llamado a ser una superpotencia democrática, el modo en que controla y amenaza internet, servirá como ejemplo para países menos comprometidos aún con las libertades civiles.

Un editorial publicado esta misma semana por el periódico del estado chino, People's Daily Online, no dejó escapar la posibilidad de llamar la atención sobre el mensaje que lanzan los líderes indios. "Significa que cortar internet durante un estado de emergencia debería ser una práctica estandarizada para los estados soberanos", se afirmaba.

Por Michael Safi

20/12/2019 - 21:21h

Traducido por Alberto Arce

Publicado enInternacional
Sábado, 21 Diciembre 2019 06:26

Google, multado por discriminar 

Google, multado por discriminar 

Francia penalizó la política comercial del motor de búsqueda

 

El gobierno de Francia penalizó a Google con una multa de 150 millones de euros por considerar que las reglas que impone a los anunciantes de su motor de búsqueda son opacas y discriminatorias, y la empresa adelantó que apelará la decisión.

La Autoridad de Competencia del país europeo consideró en su fallo que "la opacidad y la ausencia de objetividad de esas reglas hacen difícil su aplicación por los anunciantes, mientras Google puede modificarlas de forma difícilmente previsible y decidir en consecuencia si las respetan o no". Esta política, según el organismo, perjudica a los clientes anunciantes del motor de búsqueda, pero también a los usuarios.

La Autoridad de Competencia intervino tras recibir una denuncia de la empresa Gibmedia, cuya publicidad fue suspendida por el motor de búsqueda sin aviso previo y, según sus alegaciones, sin motivos objetivos y transparentes.

El gigante de Internet adelantó que apelará la sanción. "Gibmedia estuvo publicando anuncios de sitios web que engañaban a las personas para que pagaran por determinados servicios aplicando términos de facturación poco claros para los usuarios", aseguró Google en la nota. "En Google no queremos este tipo de anuncios en nuestras plataformas y por eso no solo hemos suspendido a Gibmedia sino que también renunciamos a los ingresos por publicidad que se generaron a partir de este proceso con el fin de proteger a los consumidores de cualquier daño", subrayó.

Además de la multa, la Autoridad le obligó a la empresa estadounidense a publicar la sentencia en el buscador durante una semana. Se trata de la tercera mayor multa impuesta por este organismo regulatorio y la primera contra Google, que ya había sido sancionada en Francia por la Comisión Nacional de Informática y Libertades y por los tribunales por cláusulas abusivas.

El fallo hace referencia a las páginas patrocinadas que Google muestra cuando un usuario efectúa una búsqueda, y que el gigante de Internet vende a través de subastas entre anunciantes. "Google está obligado a definir reglas de funcionamiento de su plataforma de anunciantes de manera objetiva, transparente y no discriminatoria", destacó el fallo. Sin embargo, en la actualidad "no se basan en ninguna definición precisa y estable, lo que deja libertad a Google para interpretarlas según las situaciones", agregó.

El gigante de Internet -que representa el 90 % de las búsquedas en Francia y que detenta más del 80 % del mercado publicitario asociado-, además "ha modificado su interpretación de las reglas" lo que genera "inseguridad jurídica y económica" a los anunciantes, que han comprobado que, incluso en el seno de Google, no todos los equipos tienen la misma visión. Esas modificaciones normativas no son comunicadas a los clientes anunciantes, sostuvo el organismo regulatorio.

Publicado enEconomía
Martes, 03 Diciembre 2019 06:23

La dictadura perfecta

La dictadura perfecta

Vargas Llosa, súbdito de Felipe VI de España, dijo el viernes que ve mal la administración de AMLO. Teme por un México de “regreso a la dictadura perfecta”. El súbdito de un rey que vino a Cuba a hablar de ¡democracia! ha vuelto a proferir una de sus gansadas perfectas y, como era de esperarse, ha sido imitado nuevamente por los replicantes mexicanos: los persistentes defensores del régimen neoliberal en retiro. No es extraño que Vargas Llosa sea un neoliberal: ha sido un alto beneficiario de ese régimen, abrazó tempranamente la ideología de ese sistema de expoliación y ha sido profundamente construido por ella.

Los historiadores probablemente registrarán al discurso neoliberal como uno vuelto sentido común en tiempo récord. No parece haber otro caso en la historia humana: en muy pocos años penetró la mente de mayorías sociales con un discurso con el cual se proclamaba la “libertad individual” como régimen social, mientras se construía en los hechos un sistema de expoliación.

El abuso en el uso del término neoliberal no debiera perder de vista el hecho contundente apuntado. En el marco del capitalismo, lo contrario del régimen neoliberal es el Estado de bienestar. Ambos son creaciones humanas: propuestas de organización del Estado y la sociedad. Pero el discurso neoliberal, sin engañarse a sí mismo, engaña: cree que el suyo es un orden natural, el de la “libertad individual”, y que todo lo que se oponga a ese orden debe ser rechazado y combatido. Para el neoliberalismo la intervención del Estado en la economía –especialmente en la economía– es contra natura por antonomasia; más precisamente expresado, la intervención del Estado en la acción libre de los individuos en el mercado debe ser rechazada categóricamente por todos. Todos tenemos unas cualificaciones que debemos vender en el mercado, nos dicen. Si obtenemos poco es porque pocas son nuestras cualificaciones y talentos: auméntelos para venderse mejor. Y los neoliberales se ufanan: reclamamos para todos esa libertad; de modo natural libres nacimos todos y toda fuerza opuesta a esa libertad es opresión, autocracia, dictadura, autoritarismo, que deben ser resistidos, combatidos, controlados.

Libre mercado = orden natural autónomo = pilar organizativo de la sociedad. Esta es la patraña sobre la que se construye el discurso neoliberal. En mis tiempos de estudiante el libre mercado era sólo un supuesto simplificador para empezar a conocer los sencillos principios de funcionamiento de un mercado de productos en la asignatura de microeconomía neoclásica (una asignatura entre 30 o 40), donde un (inexistente) homo œconomicus (otro supuesto simplificador) se guiaba por la competencia, la información perfecta y el comportamiento racional orientado por la utilidad marginal de un producto cualquiera.

El mercado libre neoliberal es producto de unas ideas, unas prácticas, unas reglas, unas instituciones, unas leyes: un producto humano absolutamente, no un resultado de la naturaleza: ¿hay alguna duda? Este orden social produjo un ínfimo grupo de ganadores y un mar de perdedores, en proporciones nunca vistas en la historia humana. Cuando el neoliberalismo fue instituido en los años 1980, el punto de partida fue un estado de desigualdad escalofriante. El resultado del libre mercado fue a peor: la economía del 1%.

El ideal utópico del libre mercado soñado por los neoliberales se derrumba porque produjo el estado distópico de la realidad efectiva del presente, hoy enfrentada por grandes oleadas de disconformes que protestan en el mundo. La posverdad del neoliberalismo va reduciendo su poder de discurso imbatible. En Chile ha sido puesto en el banquillo con una demanda más clara que en ninguna otra parte: un nuevo pacto social: otra creaciación humana, esta vez humana en el mejor sentido de la palabra.

Desde que Adam Smith imaginó la economía como una esfera autónoma dirigida por una “mano invisible”, existía el riesgo de que el mercado se convirtiera no sólo en una parte de la sociedad, sino en la sociedad misma. Especialmente a partir de los años 1980 la idea Friedrich Hayek –que vivió hipnotizado por el sistema de precios– se hizo realidad: el Estado sólo tendría como función mantener libre al mercado (y mantener a raya a los disidentes). El aterrador mundo de hoy es el resultado de ese éxito. En términos históricos eso se acabó: el dominio ideológico del neoliberalismo está volviéndose añicos. A escala humana veremos a muchos estados cometer, en nombre de la “libertad individual”, horrores sin cuento.

La economía tiene que ser una técnica, como creía Keynes, para alcanzar fines sociales deseables, que son siempre resultado de una deliberación pública, política, democrática, que ha de tener lugar justamente fuera del mercado. Una deliberación que produzca un Estado de bienestar social. La dictadura perfecta del mercado libre anhelada por los neoliberales, sólo produce monstruos o insensibles súbditos del dogma neoliberal, como Vargas Llosa.

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Lunes, 25 Noviembre 2019 06:20

"Los periodistas trabajan para Google"

"Los periodistas trabajan para Google"

La experta española en vigilancia digital Marta Peirano alerta sobre la falta de privacidad y seguridad en internet

La autora de "El enemigo conoce el sistema" analiza cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de la tecnología está cambiando al oficio de informar.

 

La española Marta Peirano es escritora y periodista, aAutora de los libros El enemigo conoce el sistema y Pequeño libro rojo del activista en la red, con prólogo de Edward Snowden). Es fundadora de CryptoParty Berlin, una iniciativa alrededor de cuestiones sobre privacidad y seguridad en internet, y actual especialista en tecnología del diario El País. Aterrizó en la capital mexicana recientemente para disertar acerca de cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de esas tecnologías están cambiando al oficio de informar. Después de su presentación en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, habló de esos temas con Página/12.

- En su presentación mencionaba que la campaña presidencial estadounidense de 2016 fue la madre de todas las campañas en términos de fake news.

- Hubo tres campañas de desinformación durante las elecciones de Estados Unidos en 2016. La primera fue la que hizo la propia campaña de Donald Trump, a la que se integró Cambridge Analytica. La segunda fue la del Gobierno ruso a través de su Internet Reaserch Agency (IRA) y de sus aledaños como RT y Sputnik. Y la tercera y más inesperada, fue la campaña de un grupo de chicos en una ciudad que se llama Veles, en Macedonia, en la que estuvieron creando noticias falsas para ganar dinero con AdSense. Empezaron escribiendo posts sobre temas como hongos que curan el cáncer y jugos que te hacen adelgazar, que son noticias que típicamente tienen más viralidad, pero descubrieron rápidamente que si hacían noticias a favor de Trump y en contra de Hillary Clinton y de su gente, ganaban más dinero.

- ¿Y estas campañas son la base de lo que se hace en el mundo hoy?

- Claro, pasan dos cosas con la campaña de Estados Unidos en 2016. Hay una conjugación de elementos que no sabemos si estaban alineados, al día de hoy, después de todas las investigaciones no podemos saber si la campaña rusa y la campaña de Trump se solapaban, si había ramificaciones entre ellas. Pero tanto el Gobierno estadounidense a través de su Congreso como el Gobierno británico a través de su Parlamento, pidieron investigaciones especiales, uno porque quería saber lo que Cambridge Analytica había hecho durante el referéndum del Brexit, y otro porque quería saber lo que Rusia hizo durante las elecciones de 2016. Y entonces existen informes muy extensos sobre las estrategias de estos grupos, que claramente las empresas de marketing online y marketing político estudiaron profundamente, y que han ido repitiendo, mezclando y combinando de las maneras que más les convenían.

- Contó el caso de Nancy Pelosi, muy parecido al de Patricia Bullrich en la Argentina, ¿podría desarrollarlo? como fue lo de Pelosi?

- Hace unos meses salió un video de Nancy Pelosi (la Presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos) en una conferencia como arrastrando palabras, tartamudeando; de inmediato salió otro video en el que estaba dando una entrevista y parecía que estaba borracha. Arrastraba las palabras, se le trababa la lengua, giraba los ojos para arriba, estaba rara. Lo tuiteó todo el mundo, desde Trump a Rudy Giuliani, acusándola de estar borracha. Rápidamente se descubrió que era un video real, no era exactamente una fake news porque el video existía, pero había sido ralentizado a un 70 por ciento de su velocidad, generando ese efecto de parecer que había tomado alcohol. Luego un periodista de The Daily Beast hizo una investigación en la que estuvo mirando las páginas donde habían salido los dos videos por primera vez; descubrió una pestaña de donación con un nombre detrás y logró encontrar a la persona que los había subido. El periodista le preguntó a esta persona si había subido él los videos y le dijo que no. Entonces Facebook hizo algo que no había hecho antes: ayudó al periodista a averiguar la verdad. Un portavoz oficial de Facebook le dijo al periodista que no era verdad lo que decía el sospechoso. Y que no sólo había subido los videos, sino que había sido el administrador de las dos páginas donde habían salido. Se trataba de un seguidor de Trump que en realidad hacía estas páginas para ganar dinero.

- ¿Qué es una campaña de desmotivación del voto?

- Es una campaña que te anima a que renuncies a tu derecho al voto, que es un derecho que, como sabemos, ha costado muchos siglos y mucha sangre conseguir. En España, una semana antes de las elecciones, apareció en un pueblo de Córdoba un cartel en el que salían dos candidatos a las elecciones, Pedro Sánchez por un lado y Pablo Iglesias por el otro, con los hashtags #yonolesvoto y #nocuentenconmigo. Normalmente la campaña de desmotivación del voto se hace no contra tu propio candidato sino contra otros: no para que voten a quien tu quieres, sino para que dejen de votar a la oposición. Entonces descubrimos que en Madrid había otros carteles, también en barrios históricamente de izquierdas. Buscando las pocas referencias que había en el cartel, que eran los hashtags, encontramos una persona que había creado un grupo y una página en Facebook, que estaba haciendo otra cosa que hacen en este tipo de campañas: desviar el voto de un candidato con posibilidades a otro que tiene menos. En Estados Unidos se desvió el voto de Hillary Clinton a una candidata que era Jill Stein, y aquí se estaba desviando el voto tanto de Pablo como de Pedro Sánchez a Iñigo Errejón, un candidato sin chances. Descubrimos que el administrador del grupo era un chico de las juventudes del Partido Popular, que además estaba trabajando para los consejeros de la campaña del PP en las elecciones andaluzas.

- O sea, el candidato de la derecha había armado esta campaña de desalentar el voto, pero parecía todo lo contrario...

- Exacto. Este joven había pagado 17.000 euros para distribuir la campaña entre gente seleccionada, de izquierda, que estaba desencantada con los candidatos principales. Esto es algo que pasa mucho cuando hay una brecha. Las campañas de desinformación, de intoxicación y de desmotivación del voto, lo que hacen es encontrar la brecha y abrirla, aprovecharse.

- Dice que no hay que solamente desmentir las noticias falsas, sino que hay explicar la estructura de la noticia falsa.

- Sí, creo que la manera más productiva de combatir este tipo de campañas no es tanto señalarlas como campañas todo el tiempo, sino darles el contexto apropiado. Es decir, dejar en claro las señales de identificación, para que al final no sea solo una cuestión de tu palabra contra la de otros, para que no parezca una opinión. Porque en realidad se parecen mucho entre ellas, no son particularmente originales, hay como cinco o seis estrategias y se vienen repitiendo desde hace siete años.

- Ahora ya todas las elecciones tienen fake news. ¿Es un fenónemo mundial?

- Se trata de una manera de hacer campaña que es muy efectiva, porque te permite hacerlo de una forma selectiva, es económica e inmediata. Por otra parte es la clase de campaña que le permite a un partido recién llegado, que no tiene su propia base de datos de votantes, hacer una campaña nacional que pueda tener éxito. Entonces es muy difícil resistirse y diría que no hay ningún lugar en el mundo que no se esté utilizando.

- ¿Por qué dice que los periodistas trabajamos para Google y no para nuestros lectores?

- Hace años que los periodistas estamos produciendo más contenido del que nuestros lectores son capaces de leer. Y esto empezó un poco con el tema del SEO, cuando empezamos a utilizar nuestros contenidos para buscadores.

- ¿Qué es el SEO?

- El SEO es un conjunto de estrategias para que tu noticia, titular o contenido, suba en el ranking de Google. Lo que hace es utilizar una estructura específica para el titular, meter unas palabras clave, codificar ese contenido con tags, clasificarlo para que el buscador pueda encontrarlo, que sea corto, descriptivo, conciso. Es decir, hemos dejado que alguien que no era nuestro director venga y nos diga cómo escribir las noticias, con la promesa de una audiencia infinita, mucho mayor de la que podemos aspirar a llegar nosotros solos. Y en esa carrera hemos estado produciendo cada vez más noticias, destinando cada vez menos tiempo a la investigación, porque no puedes producir 150 noticias al día en lugar de 90 sin perder recursos, y preocupándonos por cuánta gente nos lee en Twitter o en Facebook. Hacemos cosas como publicar titulares sin contenido, porque Google te premia por eso. Un sistema que te premia por publicar un titular sin contenido, ¿qué clase de sistema es? Google se ha convertido en nuestro jefe.

- ¿Los medios están produciendo más cantidad de noticias que hace unos años?

- Sí, antes producíamos entre 70 y 90 noticias al día. Ahora estamos publicando entre 150 y 200. A veces hasta 300, cuando es fin de semana. Es un disparate. Nadie es capaz de leerse 300 noticias al día, ni el director del medio. Alguien que se dedique a leer noticias durante todo un día no puede leer 300. Estamos pensando en esa audiencia infinita que tenemos en las redes. Y como estamos alimentando el scroll infinito y la veloz máquina de las redes sociales que nos traen visitas, estamos generando contenidos cada vez más cortos, cosas como alargar noticias de manera completamente artificial, hacer de un acontecimiento siete noticias. Y en ese proceso nos quemamos porque no estamos haciendo nuestro trabajo. Estamos trabajando para Google, porque el lector no puede leer tanta cantidad de noticias al día, y peor aún, hemos perdido el coraje de decidir cuáles son las noticias, cuáles son apropiadas para nuestro lector. Estamos llenando nuestros periódicos de no-noticias.

- Ha conocido y entrevistado a Julian Assange y Edward Snowden. ¿Qué opinión tiene de ellos?

- Julian Assange es para mí una de las personas que más impacto ha tenido en la profesión periodística, al menos en lo que llevamos de este siglo. Primero porque introdujo la posibilidad de abrir un buzón seguro para personas que no tenían que ser contactos importantes. No gargantas profundas que te encuentras a las cuatro de la mañana en un callejón en Washington, sino una secretaria, un repartidor, cualquier persona con acceso a un administrador de sistemas, a información relevante, y con la capacidad de mandarte algo sin que sea sobre ellos, es decir, de manera anónima. Eso me parece crucial. Lo otro muy importante de Assange es consolidar la idea de las coaliciones mediáticas. Cuando él publica los contenidos que le facilitó el entonces soldado Manning, lo que hace es crear un consorcio de medios, no se los da al país, se va a los cinco periódicos que le parece que van a tener más peso y los hace trabajar juntos. Esto es algo que aún no ha sido lo suficientemente imitado y me parece una clave fundamental para la supervivencia de nuestra profesión, los consorcios, la colaboración entre los medios de comunicación, si nuestra voluntad es el servicio público.

- ¿Y Snowden?

- Llevo años estudiando temas de vigilancia, y Snowden fue la persona que hizo que mis amigos dejaran de pensar que yo estaba loca. Entonces tiene una importancia mayúscula para mí. Pero sobre todo Snowden es la persona que nos ha explicado, primero, que esa red de vigilancia existe y es persistente, deliberada, y que lo ocupa todo. Y segundo, que tiene consecuencias fundamentales sobre nuestras vidas. Es decir, la idea de que no tengo nada que ocultar y por lo tanto puedo dejar que me espíe el gobierno, es absurda porque un gobierno que te espía sin tu permiso no es un gobierno del que te puedas fiar. Pero además lo que nos ha mostrado es que tiene un impacto enorme sobre la libertad de expresión, la libertad de reunión, y que es muy difícil ser libres en una sociedad en la que estás constantemente vigilado.

- ¿Qué reflexión le merece la actualidad de Assange y Snowden, uno preso, el otro exiliado?

- Que no los merecemos, que nos llenamos la boca de libertad de expresión, de periodismo y de democracia, y sin embargo no ha habido ningún país aparte de Rusia, que no es un país democrático, capaz de acoger a Edward Snowden, cuyo único crimen ha sido facilitar información valiosa y necesaria a los ciudadanos de todo el mundo. Y en el caso de Julian, ni siquiera ha sido el artífice de esa documentación, él no era un contratista de la NSA que robó los documentos y se los entregó a la prensa. Él ha sido la prensa. Es muy interesante saber que lo están procesando por algo que también ha hecho ese consorcio de periódicos con los que trabajó. Cinco medios que se beneficiaron muchísimo de sus filtraciones, de su documentación, esos periódicos deberían estar defendiéndolo, deberían ser una coalición para su defensa. Si permitimos que un país, independientemente del que sea, pueda llevarse a un periodista o a un editor por haber publicado cosas que son verdad y que son legítimas, que han sido legitimadas por otros medios, llevárselo y encarcelarlo por eso, luego ¿qué impide a Corea del Norte, China, Irán, o los Emiratos Árabes que se lleven en helicóptero a un periodista en Argentina o en España o en Suecia por haber denunciado crímenes de guerra y abusos de autoridad, o lo que sea? Es decir, se lo llevan porque ha publicado cosas que son verdad y que eran crímenes. Estamos hablando de países que son capaces de descuartizar a un periodista del Washington Post en un consulado por estar investigando algo que no les apetece. Si dejamos que este precedente tenga lugar, hemos abierto la mesa a todo tipo de barbaridades.

- Contó que Rusia tiene una agencia dedicada a las fake news. ¿Es el único país que la tiene eso, o también existe en otros?

- China y Rusia son los dos países que sabemos que tienen una estructura más establecida de producción para la desinformación y para el trolleo, para la generación de consenso y la manipulación de grandes cantidades de gente. China, por ejemplo, tiene el famoso programa de crédito social chino, por el cual todos los chinos están vigilados las 24 horas del día por los propios dispositivos que ellos mismos han comprado, para que el gobierno les vaya quitando y subiendo puntos de buena ciudadanía, algo que tiene un impacto muy alto en sus vidas. Y es un programa que ya excede a la vigilancia: es de reeducación. Una de las cosas que hace ese sistema de vigilancia chino es encontrar a los chinos musulmanes y meterlos en campos de reeducación, que se consideran campos de concentración contemporáneos, y tenerlos ahí hasta que se mueren o se reeducan.

- ¿Y Estados Unidos?

- Estados Unidos, desde mi punto de vista, no es tan diferente. En el sentido de que ahora mismo están avanzando con tecnologías de super vigilancia desde plataformas como Palantir, que le pertenece al primer gran inversor de Facebook y uno de los dos grandes inversores de la campaña de Donald Trump en 2016, Peter Thiel. La están utilizando para cazar personas y meterlos dentro de esos centros de inmigrantes, separando a sus hijos, ponerlos en jaulas, etc. Es una de las primeras plataformas que denuncia Snowden.

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 En foto la ciudad de Culiacán durante los enfrentamientos. FOTO: EFE / VIDEO: AFP

Fuentes militares han confirmado la posterior liberación de Ovidio Guzmán "para proteger vidas" y poder restaurar la paz en ciudad, después de que se registraran fuertes detonaciones y ráfagas de armas de fuego.

La detención de Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante mexicano Joaquín El Chapo Guzmán, que ha sido confirmada por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Alfonso Durazo, ha desatado el caos en la ciudad de Culiacán, en el noroeste del país, después de que se registraran fuertes detonaciones y ráfagas de armas de fuego.

Durazo ha explicado que una patrulla de 30 miembros de la Guardia Nacional y de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) estaban realizando labores de patrulla en Culiacán, que se encuentra en el estado de Sinaloa, cuando fueron agredidos desde una vivienda.

Los agentes tomaron el control de la vivienda y detuvieron en su interior a cuatro personas, entre ellos al hijo del narcotraficante mexicano, según ha detallado Durazo.

La detención, el detonante del caos en la ciudad

Dicha detención ha hecho que varios grupos de delincuentes organizados "rodearan la vivienda con una fuerza mayor a la de la patrulla". Asimismo, otros grupos han llevado a cabo "acciones violentas" en varios puntos de la ciudad, algo que el secretario mexicano ha afirmado que ha generado una "situación de pánico\".

"Tomamos la decisión de trasladarnos a la ciudad de Culiacán para conducir personalmente las acciones correspondientes", ha recalcado Durazo. "El Gobierno ratifica su compromiso de continuar su lucha contra la criminalidad hasta alcanzar la paz y la seguridad de todos los mexicanos", ha detallado.

Además, el secretario de Seguridad Pública de Sinaloa ha advertido de que se ha producido una fuga de reos en la prisión de Culiacán tras los tiroteos registrados en la ciudad.

Más tarde, fuentes militares han informado al diarioEl Universal de que el hijo del narcotraficante ha sido liberado después para pacificar la ciudad. Además, Durazo ha afirmado a la agencia de noticias Reuters de que ante las acciones violentas de lo seguidores de Ovidio Guzmán, el Ejército ha suspendido su operación para "proteger vidas".

Las autoridades aconsejan mantenerse "a salvo" 

Por su parte, el gobernador del estado de Sinaloa, Quirino Ordaz, ha llamado a los ciudadanos a no salir a las calles y a mantener la calma. "Estamos trabajando en recuperar la seguridad de la ciudad de Culiacán. Les pido mantenerse a salvo y estar atentos a las cuentas oficiales del Gobierno del estado. Estaremos dando información puntual. Aquí estoy pendiente y trabajando con ustedes", ha indicado Ordaz a través de su cuenta en la red social Twitter.

En varios vídeos publicados en las redes sociales se observan a varias personas armadas en coches por las calles de Culiacán, así como tiroteos en diferentes partes de la ciudad y vehículos incendiados.

Tras los tiroteos registrados en varios puntos de la ciudad, la Universidad Autónoma de Sinaloa ha anunciado que ha suspendido sus actividades en la jornada de hoy para "salvaguardar la integridad de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios".

Además, la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social en Sinaloa ha informado de que las guarderías de Culiacán resguardan a niños y padres de familia "hasta que las autoridades emitan mensaje".

Ovidio Guzmán, de 28 años y conocido como El Ratón o Ratón Nuevo, ha sido identificado como miembro del cártel de Sinaloa y se enfrenta a cargos en Estados Unidos por conspiración para traficar cocaína, metanfetaminas y marihuana de México.

Estados Unidos alerta a sus ciudadanos

El Gobierno de Estados Unidos ha emitido este viernes una alerta a sus ciudadanos por la violencia en la ciudad, según ha recogido el diario mexicano El Sol de México.

El Consulado estadounidense ha recomendado a sus ciudadanos que se mantengan fuera de las zonas de peligro, que estén pendientes de los medios de comunicación, que sigan instrucciones del Gobierno y en caso de emergencia llamar al 911.

madrid

18/10/2019 10:27 Actualizado: 18/10/2019 11:06

europa press

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Manifestantes y policía endurecen sus tácticas en las protestas de Hong Kong

La nueva ley contra las máscaras no solo no ha conseguido detener las protestas en Hong Kong; las ha empeorado. Dos días después de su entrada en vigor, decenas de miles de personas han salido a la calle a protestar contra la medida en tres grandes marchas en distintos puntos de la excolonia británica. La inmensa mayoría, en un gesto de desafío, llevaba máscaras o la cara cubierta de algún otro modo. Pero, tras comenzar de manera pacífica, grupos de manifestantes contra el Gobierno autónomo y contra China se han lanzado a una nueva ola de destrozos. La policía ha respondido con  cargas tras las que ha detenido a decenas de personas.

La jornada había comenzado con una derrota judicial para los opositores a la ley antimáscaras, la segunda en menos de 48 horas. Un tribunal de primera instancia denegó una petición de 24 legisladores de la oposición pandemócrata para que se impusiera una moratoria a la ley mientras se decide sobre su validez. La audiencia para analizar la legitimidad de la medida comenzará el próximo día 18, mientras tanto la prohibición continuará vigente.

Durante el día, continuaba aún la tensa atmósfera del sábado, cuando Hong Kong se levantó semiparalizado tras los fuertes choques de la noche del viernes —la medida entró en vigor esa medianoche—, con el metro completamente cerrado durante 24 horas por primera vez en su historia, numerosos comercios que no llegaron a abrir y destrozos aún visibles, especialmente en sucursales de bancos chinos. El cierre parcial de algunas líneas de metro, el principal sistema de transporte en esta ciudad de 7,4 millones de habitantes, continuaba el domingo; algunos de los centros comerciales más populares también optaron por prolongar su cierre.

Tras la decisión del tribunal, decenas de miles de personas desafiaron a la fuerte lluvia y los problemas de transporte para expresar su repulsa a una medida muy impopular: los manifestantes usan las máscaras para ocultar su identidad, pero también para protegerse del gas lacrimógeno. Con carteles en los que se leían mensajes como “los pacíficos y los bravos (los dos tipos en que se dividen a sí mismos los participantes en las protestas: moderados y radicales) lucharán siempre unidos”, entonaban el himno de las protestas, Gloria a Hong Kong, y gritos como “¡hongkoneses, rebelión!”

Muchos hacían, con una mano, el gesto chino para el número seis, con el puño cerrado y el pulgar y el meñique estirados, una alusión a lo que ya llaman su “sexta demanda”, la reforma o el desmantelamiento de la policía. Se suma así a las cinco previas: la retirada del polémico proyecto de ley de extradición que desencadenó las manifestaciones —la única a la que el Gobierno autónomo ha accedido—, la puesta en libertad sin cargos de los más de 2.000 detenidos, retirar la descripción de “disturbios” para las protestas, abrir una investigación independiente sobre el comportamiento de la policía y un verdadero sufragio universal.

Gradualmente, y como ha venido ocurriendo en los cuatro meses de protestas, la marcha pacífica se fue transformando en una serie de actos de violencia. Como en los últimos días, los bancos de propiedad china o los establecimientos de propietarios percibidos como simpatizantes de Pekín fueron el blanco preferido del vandalismo. Varias estaciones de metro sufrieron destrozos; alguna —la de Mong Kok, uno de los “puntos calientes” habituales de enfrentamientos entre movilizados y policía—- quedó completamente inundada.

Un taxista que golpeó a dos mujeres manifestantes con su vehículo en un barrio periférico fue atacado por los participantes. Un periodista de la televisión pública hongkonesa sufrió quemaduras en la cara cuando un cóctel molotov prendió el poncho de plástico que llevaba para protegerse de la lluvia.

Por primera vez, y después de que hubieran circulado en las redes algunas imágenes en las que antidisturbios hongkoneses parecían entrar en el cuartel de las tropas chinas en Hong Kong, en el acomodado barrio de Kowloon Tong, un grupo de manifestantes intentó acercarse al acantonamiento y apuntarlo con luces láser. Los soldados respondieron con una banderola de advertencia: si los jóvenes no se dispersaban, podrían ser arrestados.

La policía respondió con dureza al giro violento de las protestas, con gases lacrimógenos, balas de plástico y cañones de agua a presión y decenas de personas fueron detenidas. La operación de búsqueda y captura continuó durante la noche: a las nueve, las líneas de metro operativas cerraban definitivamente hasta el lunes. En puestos de control, los antidisturbios paraban los autobuses y registraban a los pasajeros, especialmente a los jóvenes, en busca de indicios de que hubieran participado en las movilizaciones.

En un comunicado en su página de Facebook, la policía acusaba a los manifestantes de intentar tomarse “la justicia por su mano”. “Las atrocidades perpetradas por los autores de los disturbios están por debajo del mínimo aceptable en cualquier sociedad civilizada. La policía advierte a los autores de disturbios que detengan todos sus actos ilegales y expresa su más fuerte condena contra todos los actos violentos de los alborotadores”.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín 7 OCT 2019 - 01:02 COT

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Snowden: Estado y democracia en tiempos de big data

Ante seguidores y detractores Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. 

 

Acaba de salir “Vigilancia Permanente” la autobiografía de Edward Snowden, el espía más famoso del mundo. Y aunque no deja de ser muy interesante lo que dice, tanto o más es lo que elige callar. Porque hay que ponerse en su situación. Está asilado en Rusia y ha sido funcional a Rusia al haber revelado secretos valiosos de su rival geoestratégico, Estados Unidos, el país donde nació y para el cual ejerció de espía.  Por ambas razones es percibido como un colaborador ruso, y por lo tanto un traidor, por una amplia franja de la opinión pública estadounidense.

Pero ante a sus fieles seguidores, sobre todo los activistas en defensa de las libertades civiles, la privacidad, los derechos humanos y la libertad en la web, y especialmente ante sus detractores, empezando por los servicios de inteligencia estadounidenses y los congresistas que integran los comités de inteligencia en el Capitolio, Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. Un ciudadano común, miembro de la “comunidad de inteligencia” como la llama él, igual que su papá y su mamá. Típica familia que vive en un suburbio de Washington cerca de alguna base militar, y que puede tener como vecino a un Marine, un contratista de Blackwater o un agente del FBI.  Alguien que un día decidió revelar cómo funcionan los programas secretos de vigilancia masiva al tener una especie de epifanía después de releer la constitución. Ahí se da cuenta que dichos programas violan la Cuarta Enmienda, la que prohíbe realizar registros e incautaciones sin causa previa. “(La NSA) insistía en que el ‘registro’ y la `incautación’ sólo se producían cuando sus analistas, no sus algoritmos, hacían consultas activas en lo que ya se había recopilado de forma automática,” escribe Snowden, para quien “se trata de una interpretación extremista ( y por lo tanto errónea) de la cuarta Enmienda.”  Entonces siente que es su "deber" convertirse en denunciante porque al entrar a los servcios había jurado defender la constitución.

El libro arranca con un par de capítulos sobre su juventud,  donde deja en claro su fascinación por las computadoras y por la sensación de libertad y excitación que sintió al ver a su padre experimentar con la Commodore 64 en los albores de internet. Después cuenta cómo, a pesar de ser un pésimo alumno en la secundaria sus conocimientos de computación la abrieron de par en par las puertas de los organismos de inteligencia más importantes del país. Después, a medida que diseñaba programas para facilitar el intercambio de archivos y evitar duplicaciones, fue ganando acceso a los más preciados secretos del mundo del espionaje internacional. En medio del cuento Snowden entrelaza varias reflexiones sobre los peligros de la vigilancia masiva, las consecuencias negativas que puede acarrear el de dejarse espiar con dicha tecnología, los dilemas éticos, las razones (o más bien los temores) que habrían llevado a sus colegas a no realizar denuncias como la suya.

A continuación llega un capítulo en el que cuenta cómo sacó la información del búnker de la Agencia de Seguridad Nacional en Hawaii engañando a los guardias con chamuyo y microchips. Es la parte más divertida de libro y se lee como una novela de espionaje. Lo mismo que el viaje a Rusia y su encuentro con los espías de ese país. Un mano a mano inolvidable en el que Snowden mira a su rival en la cara y le espeta que se olvide de intentarlo, que él nunca va a colaborar con Rusia.

Verdad y consecuencia

Y después, de repente, casi como que se termina el libro. Nada sobre el criterio para elegir la información que divulgó. Específicamente, por qué, además de los documentos sobre vigilancia masiva, también divulgó documentos sobre espionaje a países aliados como Brasil y Alemania. No lo explica. No dice cuántos ni cuáles documentos filtró. Ni hablar de los documentos sobre cómo Estados Unidos espía celulares chinos que le entregara al South China Morning Post poco antes de salir Hong Kong. De todo eso ni una palabra. Ni vamos a encontrar en el libro las críticas a Trump y Putin que Snowden periódicamente tuitea o menciona en reportajes.

Tampoco hay ni una línea sobre las consecuencias geopolíticas de sus actos. Y no es que no lo pensó. En un momento escribe que eligió Hong Kong para divulgar sus documentos, entre otras razones, porque “en términos geopolíticos era lo más parecido que podía estar de una tierra de nadie.” En realidad, si pensó que desde el punto de vista de cómo sería percibida su delación, el estadounidense medio haría una clara distinción entre Hong Kong y China, entonces sobreestimó a su audiencia. Para el estadounidense medio, Snowden es un tipo que contó secretos estadounidenses en China y después corrió a refugiarse en Rusia. El propio Snowden parece no entenderlo cuando escribe que Estados Unidos, al cancelarle el pasaporte en pleno viaje a Ecuador para obligarlo a asilarse en Rusia, le entregó en bandeja “una victoria propagandística” a ese país. Al revés, la victoria propagandística fue para Estados Unidos, ya que le permitió pintar a Snowden con el mote de villano prorruso que lo persigue hasta hoy, limitando su efectividad como profeta de la privacidad acechada. 

Es interesante que por este clima desfavorable hacia él, que cerca de Snowden atribuyen con demasiado énfasis a la retórica de Trump, el propio Snowden eligió casi no publicitar su autobiografía en ese país, eligiendo casi exclusivamente a periodistas de medios europeos, sobre todo alemanes, para los reportajes promocionales. “Ya no quiero hablar con los medios de comunicación de Estados Unidos porque allí el ambiente está envenenado” le dijo a dos periodistas de Die Welt que lo visitaron en Moscú. Y sin embargo hoy el libro encabeza la lista de lo más vendidos gracias al empujón que le diera el propio gobierno de Trump al anunciar que le embargaría sus regalías porque Snowden habría violado acuerdos de confidencialidad con agencias de inteligencia. 

Snowden escribe que los programas de vigilancia masiva son secretos porque, si se conocieran, los estadounidenses no los tolerarían. Pero eso está por verse. En Estados Unidos, y en todo el mundo, el debate entre seguridad, privacidad y sus límites está lejos de estar saldado, aunque del 9-11 a esta parte la balanza parece inclinarse para e lado de la seguridad.

Se entiende la postura de Snowden de no profundizar ciertos temas espinosos. Está en Rusia. Su permiso de residencia expira en el 2020 y no tiene ofertas para radicarse en ningún otro país. Si quiere ser creíble en Estados Unidos, necesita criticar un poquito a Putin, pero si lo critica demasiado corre el riesgo de que lo entreguen a Estados Unidos, donde casi seguro sería condenado por espionaje. Tampoco puede criticar mucho a Trump desde Rusia porque los patriotas no critican a sus presidentes desde territorio enemigo. Con periodistas europeos puede hablar del poder de Jeff Bezos, de la legislación europea de internet y de cómo la propiedad intelectual se ha convertido en un instrumento de control social. Puede hablar de su situación en el exilio, describiéndose como un ciudadano global virtual que vive online y que no importa en qué país mira su pantalla. Puede describirse como un benefactor que trabaja por el bien de la humanidad en sistemas de seguridad que facilitan la tarea de los periodistas de investigación. En otras palabras, puede hablar como un técnico apolítico, un cruzado romántico contra la vigilancia masiva. En su libro, Snowden dice que uno de los mejores consejos que le dio su mujer Lindsay, es que no comparta sus ideas político-partidarias, porque podrían alienar a un segmento de su audiencia, ya que la vigilancia masiva y la consecuente pérdida de privacidad es un problema tanto para demócratas como republicanos.

En un punto tiene razón, pero la política no se puede evitar y ése es su problema. Para ganar la batalla cultural necesita hablar de política, sobre todo porque sus ideas políticas son las que lo llevaron a hacer lo que hizo. Al revelar secretos sensibles de Estados Unidos causó un terremoto. Sobre todo en esta era de guerras de información, en la que las bases de datos han reemplazado a los recursos naturales como los grandes objetivos en las pujas de poder entre potencias, un tiempo en el que el poder blando y la digitalización de drones y virus han convertido a los ejércitos tradicionales en reliquias inútiles y caras. En este escenario Snowden debilitó la capacidad de espionaje de Estados Unidos en favor de sus rivales Rusia y China. ¿Acaso Rusia y China no hacen uso y abuso de la vigilancia masiva de sus ciudadanos? 

Sin embargo, Snowden dice en su libro que denunció a los servicios estadounidenses porque era su “deber” constitucional.  Agrega que hay “secretos legítimos que no iba a darles a los periodistas” para no perjudicar a su país. De hecho Snowden nunca reveló secretos de Rusia, Ucrania, Afganistán, Irak, Cuba o Pakistán, por sólo nombrar alguno de los países donde actúan los enemigos reales o percibidos de Estados Unidos . Hay una ética en juego, un voto de lealtad hacia un país y un sistema de gobierno que incluye “secretos legítimos” que Snowden asegura no haber violado.  Por el contrario, él siente que su acto de delación se inscribe dentro de las más añejas y respetadas tradiciones estadounidenses: la del justiciero que hace cumplir la ley. Y dice además que le entregó sus secretos a medios tradicionales como The Guardian y The Washington Post (en vez de publicaciones más cuestionadas como WikiLeaks) porque conforman “la cuarta rama de facto del gobierno estadounidense, protegida por la Carta de Derechos”. Toda una definición política. En "Vigilancia Permanente" Snowden defiende no sólo el orden constitucional, sino también a las instituciones y los enunciados de la democracia republicana liberal como la división de poderes, la legitimidad de los servicios de inteligencia y el imperio de la ley. Habla de reformar el sistema, de imponerle controles y medidas de transparencia. Pero no lo cuestiona ni quiere abolirlo.

En contraste, Julian Assange en su libro “Los archivos de WikiLeaks” (2016) describe a Estados Unidos como un “imperio” y a sus servicios de inteligencia como un “culto”. Es por eso que para Snowden, Assange mostraba “una oposición visceral al poder central” y WikiLeaks, “un escepticismo radical ante el poder central.” Snowden no es Assange, eso está claro. Snowden cree en Estados Unidos y sueña con volver a Estados Unidos como hombre libre y respetado, sueña con reintegrarse a la vida cívica de su país. En su libro, Snowden se compara con los veteranos de guerra por el costo que pagó para cumplir con su deber. En cambio Assange cree que el sistema está podrido, que los grandes medios son parte de ese sistema y que solo queda resistir y luchar contra el orden tecnocapitalista resultante de la alianza parida entre el complejo militar industrial y Silicon Valley. Todo está relacionado y todo es político, desafía Assange.

Aislado en Rusia, atrapado entre su reformismo y la revolución que desató, entre su patriotismo y su deber ser, entre su silencio forzado y su necesidad de decir algo, su libro se lee como un intento de darle un sentido al acto que definió su vida y lo marcó, héroe o villano, como el espía más famoso del mundo. Gracias a esa acción y a este libro es que podemos hacernos tantas preguntas que él, por ahora, no puede o no quiere contestar.

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