Las nuevas guerras frías de Internet: EU vs. China

Antecedentes: Ya había analizado la balcanización a la que propende Internet. Hace más de cinco años abordé la tendencia “hacia la balcanización de la cárcel global del Internet estadunidense (http://bit.ly/2P7pehF)” debido al “superescándalo orwelliano del Prisma de National Security Agency (Agencia de Seguridad de Estados Unidos, NSA por sus siglas en inglés), del ciberespionaje de la dupla Estados Unidos/Israel (ver Bajo la Lupa, 12 y 16/6/13)”.

Cuatro días más tarde alerté sobre “la muerte de la privacidad ciudadana por el orwelliano Estado Google (http://bit.ly/2PcZxMD)”.

Cuatro meses después, abordé que los Brics alentaban la “balcanización del Internet para contrarrestar el espionaje global de la NSA, brazo del cibercomando del Pentágono (http://bit.ly/2EzxCSN)”.

Hechos: Cinco años más tarde, el consejo editorial del The New York Times (NYT) avizora la ruptura de la web debido a los conflictos geopolíticos y a la censura del Internet, por lo que la próxima década puede constituir “otro frente de la nueva guerra fría (https://nyti.ms/2PaN8bP)”, cuando una terrorífica (sic) relación con Europa y las incrementadas hostilidades con China estimulan la tendencia hacia la balcanización.

La tesis de NYT es que pronto habría tres Internet: los de Estados Unidos, China y Europa, y no necesariamente el de Estados Unidos será el mejor.

NYT coloca a Europa como tercero en discordia, mientras en septiembre Eric Schmidt (ES), anterior ejecutivo en jefe de Google, afirmó que el Internet sería más probablemente dividido en dos: uno encabezado por China y otro por Estados Unidos.

Él adujo que se trata de una bifurcación entre China y EU: si uno ve a China, la escala de las empresas que son construidas, sus servicios, la riqueza creada, es fenomenal (sic). El internet chino es el mayor porcentaje de su PIB, que es un gran número, el mismo porcentaje de EU –en el momento en que despega su Ruta de la Seda que involucra a 60 países.

CNBC expone con detalle el evento privado auspiciado por Village Global VC –que se publicita como una empresa de asociación de capitales apuntalada por los más exitosos empresarios del mundo como ES, Jeff Bezos y Bill Gates (http://bit.ly/2PavrJC).

NYT pone en relieve la “controversia ( sic)” generada por Sundar Pichai, sucesor de ES, cuando Google desarrolla el Proyecto Dragón Volante (https://cnb.cx/2PaPvLL )”, mediante el cual contempla penetrar en el mercado chino, que no es tan sencillo en momentos de la alta tensión multidimensional de Donald Trump contra China.

El mercado chino no es nada despreciable: 772 millones de usuarios de Internet y más de 500 millones en Mobile.

Según NYT, ES desechó la probabilidad de que “Internet permanezca global ( sic)”.

¿Cómo puede ser global el Internet, en la fase de la desglobalización, del desorden global geopolítico, de las guerras comerciales transcontinentales y de la competencia por el alma de la inteligencia artificial entre EU y China?

ES, degradado en Alphabet a simple técnico, comentó que “Silicon Valley necesitará los principios de la inteligencia artificial antes de colaborar con el Pentágono (http://bit.ly/2P9Wnt0)”.

NYT critica –quizá con justa razón, y en espera del devenir tecnológico de Europa en medio de su balcanización geopolítica– que ES haya descartado demasiado rápido el Internet europeo, cuando a juicio del polémico rotativo neoyorquino todas las señales apuntan a un futuro con tres Internet: Estados Unidos/China/Europa, con sus respectivas idiosincrasias digitálicas, regulaciones e interpretaciones de vigilancia ciudadana y de cocciones artificiales de falsificados derechos humanos.

NYT agrega que si el futuro de Internet es una guerra fría tripartita, Silicon Valley desea hacer dinero en tales tres mundos –como si fuera fácil para el inconsciente colectivo global olvidarse de las demoledoras revelaciones de Edward Snowden hace cinco años, que pusieron a EU en la picota del totalitarismo digitálico.

CONCLUSIÓN: Ben Gomes, prominente investigador de Google, confesó a su equipo de trabajo que este es un mundo en el que ninguno de nosotros ha vivido antes.

¿Es el umbral de la nueva era de la distopía cibernética?

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Jaron Lanier: “Los monopolios han arruinado Internet”

Jaron Lanier, analista del mundo digital, asegura que las redes sociales usan técnicas conductistas de adicción para favorecer a sus clientes y aboga por que sean de pago

“Bienvenido a la jaula que te acompaña donde quiera que vayas”. El último libro de Jaron Lanier no se anda con rodeos y esa es su primera frase. Lanier (Nueva York, 58 años) fue uno de los pioneros de Internet en los ochenta y se le conoce por haber dado los primeros pasos de la realidad virtual. Pero sobre todo es uno de los filósofos más lúcidos sobre el mundo digital que ha inundado nuestras vidas en pocos años. Su nuevo libro tiene título de artículo viral: 10 razones para borrar tus redes sociales de inmediato (Debate). Quedamos con él en Saul’s, un conocido deli judío al lado de la Universidad de Berkeley. Entre un bagel tostado y una ensalada de pescado, despliega su elocuencia contra los señores de las redes.

PREGUNTA. En el libro dice que borremos nuestras redes sociales, pero al mismo tiempo que aprendamos a usar bien Internet. ¿Qué hacemos?


RESPUESTA. Yo todavía soy un verdadero creyente en Internet, pero unas pocas compañías monopolísticas han tomado el control de Internet y lo han arruinado. Nunca he tenido una cuenta en una red social, ni Facebook, ni Twitter, ni nada. Nunca. ¿Cómo lo hago? Porque estos servicios realmente no añaden nada a los que Internet te da. Usando las capacidades normales de Internet, como hacer una página web o mandar un email, no necesitas estas compañías. La gente ha llegado a la conclusión de que las necesita, pero no es verdad. A lo que me opongo es a ese control por parte de monopolios gigantes en el que cualquier conexión entre personas solo se puede financiar si hay una tercera persona que quiere manipular a esas dos personas. Creo que eso es la receta para la locura y la negatividad. Y ha calado tanto que quizá no sobrevivamos. Internet en sí mismo sigue siendo genial.


P. ¿Pero qué explica el éxito masivo de Facebook?


R. No creo que Facebook añada ninguna utilidad. Lo que hizo fue integrar técnicas conductistas para crear adicción. Es muy similar a la expansión de los cigarrillos. Es un uso deliberado de métodos conductistas. Esto no lo digo yo, sino algunos de los fundadores de Facebook como Sean Parker. La razón de que lo use tanta gente no es que añada ninguna utilidad, lo que añade son técnicas de adicción. Esa diferencia es extremadamente importante.


P. ¿Hay alguna forma de hacer bien estas redes sociales?


R. Sí. Lo que requiere son dos pasos. Uno de ellos es reformar el modelo económico. Cambiar las redes sociales de forma que el verdadero cliente sea el usuario, en vez de esa misteriosa tercera persona que está intentando manipular al usuario. Eso quitaría el incentivo perverso que amplifica toda la locura, la acritud, la paranoia, la tensión y la negatividad. Y lo otro que tenemos que hacer es reforzar instituciones intermedias. Esto es más sutil. Cuando Facebook empezó tenía un lema que era ‘muévete rápido y rompe cosas’. Concretamente, lo que se rompió fue las organizaciones intermediarias, como los periódicos. Fueron debilitadas. Y el caso es que estas organizaciones proveían un recurso que era absolutamente necesario.


P. Resulta paradójico. Parece que el viejo mundo, en el que se criticaba a los grandes medios por controlar el discurso, en realidad era más sano que el nuevo mundo.


R. Lo que ocurre es que en el intento de hacerlo todo muy abierto lo que hemos creado son híper monopolios que se han vuelto controladores y autoritarios. Intentamos hacerlo más abierto y fallamos. Intentando hacer el mundo mejor, lo hicimos peor. Eso es lo que pasó

.
P. ¿Hay una rebelión, o este discurso es solo para intelectuales y élites?


R. Es difícil de medir. Yo también creo que la gente empieza a darse cuenta. Una cosa increíble fue que cuando Twitter y Facebook purgaron las cuentas falsas, creadas sobre todo por actores malignos rusos, sus acciones bajaron como un 20%. Algo está muy mal en una estructura de incentivos en la que te penalizan por ser honesto y te premian por ser deshonesto. Hay una generación de ingenieros jóvenes en el mundo tecnológico que sienten asco y vergüenza y quieren cambiarlo.


P. Los niños que están creciendo con ello, ¿tendrán más poder para controlarlo?


R. Desgraciadamente, no. Un individuo por sí mismo puede hacer muy poco. Necesitamos organizarnos como sociedad. Déjeme ser muy claro. Tenemos un problema de adicción masiva. Es muy parecido a lo que pasó con los cigarrillos. O cuando la gente conducía borracha. En los dos casos había grandes intereses corporativos en esa adicción masiva. Pero de alguna forma pudimos tener una conversación como sociedad y nos dimos cuenta de que era muy estúpido. Y lo cambiamos. De la misma forma, aquí necesitamos tener una conversación como sociedad para cambiar. Este mito de que los jóvenes al ser nativos digitales de alguna forma pueden usar los ordenadores tan bien que no caen bajo el control de la tecnología adictiva es falso. Porque las técnicas de adicción son poderosas y están bien estudiadas. Mi prueba es que mis amigos en la industria no dejan que sus hijos utilicen sus productos. Si eso fuera así, la gente de Facebook y Google dejaría que sus hijos lo usaran. No lo hacen.


P. ¿Cuál es el elemento adictivo?


R. Utilizan una rama de la ciencia llamada conductismo que empieza en el siglo XIX. Se basa en la idea de que puedes alterar de forma fiable el patrón de comportamiento de una criatura, persona o animal, a través de un ciclo de retroalimentación, y puedes medir lo que hace la criatura. Lo que es diferente de formas anteriores de medios y de publicidad es que puedes medir constantemente todo, desde tu expresión facial, con quién hablas, lo que dices, y por supuesto lo que buscas. Y metes eso en algoritmos con los que decides qué tipo de alimentación recibe esa persona, en redes sociales o información, y buscas correlaciones, de qué forma el cambio en el feed cambia su comportamiento. Más concretamente, buscas esas correlaciones en millones de personas que parecen compartir algún aspecto con esa persona. Y gradualmente, por estadística, sin ni siquiera entender por qué, te das cuenta de que puedes cambiar a la persona a través de cambios en el feed. Y el objetivo número uno es convertirlos en adictos, de forma que sigan usándolo, que sientan que tienen que estar ahí todo el tiempo. El objetivo número dos es satisfacer a los verdaderos clientes, que son los que pagan por manipular y cambiara a la gente, que puede ser para que compren algo o para que se desencanten y no voten. Lo negativo funciona mejor que lo positivo, y así es como el mundo se convierte en una mierda.


P. ¿Cómo se mejora? ¿Cómo sería un Facebook mejorado?


R. En el cambio de siglo, había un convencimiento general de que todo en Internet debía ser gratis, y que el único modelo de negocio era el de la publicidad. Pero entonces empresas como Netflix decidieron probar otra cosa. Vieron que gracias a Internet podían tener una relación directa con la gente y probaron a ver si la gente pagaría por ver lo que les gustaba. Y eso ha traído un resultado muy positivo para la industria y un escenario que muchos describen como la época cumbre de la televisión. Has pasado de un modelo gratis a un modelo pagado. Creo que de la misma manera ahora creemos que Facebook es lo único posible, porque mucha gente ha crecido con él. Si hubiera una manera de pagar, habría más acceso a información de calidad y más periodistas. Nadie sabe cómo sería exactamente. Nadie sabía cómo sería Netflix.Hay que inventarlo. Pero asumir que no se puede hacer es ridículo.


P. ¿La gente pagará por información fiable?


R. Hay que preguntarse por qué pagaban por los periódicos en un principio. Cuando un periódico crea una fama de fiable, eso es parte de su valor. La gente que buscaba calidad tenía dónde encontrarla. Ese fue un gran error de la primera filosofía de Internet, que debían desaparecer todos los intermediarios. Eso lo que ha hecho es dar todo el poder a un monopolio central.

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Martes, 14 Agosto 2018 06:48

Google te localiza siempre, quieras o no

Google te localiza siempre, quieras o no

Una investigación avalada por expertos de la Universidad de Princeton detecta que Google ignora al usuario que configura la privacidad de su teléfono para que no rastree la geolocalización de su dispositivo.

 

La agencia de noticias AP muestra en exclusiva cómo muchos servicios de Google en móviles (tanto los que funcionan con Android como los iPhones) almacenan datos de la ubicación geográfica incluso si el portador lo configura para impedir que la compañía localice el dispositivo. Mientras Google se defiende y alega que sus herramientas de privacidad son claras y precisas, lo cierto es que muchos datos de localización del usuario son recogidos como "actividad en la web y en aplicaciones”, no como “historial de ubicaciones".

De esta forma, la investigación muestra que cómo Google, por un lado, informa al usuario que puede "desactivar" el historial de ubicaciones "en cualquier momento" ("los lugares a los que vas ya no están almacenados", asegura la compañía) pero, por otro algunas aplicaciones de Google almacenan automáticamente los datos de ubicación con una marca de tiempo incluso con la mencionada función desactivada. Es posible borrar esos datos, aunque requiere tiempo y esfuerzo.

Así, Google almacena dónde estás cuando simplemente abres la aplicación ‘Mapas’. También guarda algunas búsquedas que no tienen nada que ver con la ubicación con una geolocalización extraordinariamente precisa.


La investigación de AP, avalada por científicos informáticos de la Universidad de Princeton, indica que este problema de privacidad afecta a unos 2.000 millones de usuarios de dispositivos que funcionan con Android de Google, así como a cientos de millones de usuarios de iPhone en todo el mundo que usan los mapas y servicios de Google en el teléfono.


Google se defiende y afirma que existen varias formas en las que se puede "usar la ubicación para mejorar la experiencia de las personas", incluido el historial de ubicaciones, la actividad de las aplicaciones, y servicios de localización de dispositivo. "Proporcionamos descripciones claras de estas herramientas y controles robustos para que las personas puedan activarlas o desactivarlas, y eliminar sus historiales en cualquier momento".


El problema que denuncia esta investigación es que, para evitar que Google guarde estos datos de ubicación, es necesario desactivar otra función que no hace referencia directa a la geolocalización, llamada "actividad en la web y en aplicaciones", que además viene habilitada de manera predeterminada. Esa configuración almacena información de las aplicaciones y sitios web de Google en la cuenta de Google del usuario.


Con esa función activada, aunque se desactive el "historial de ubicaciones", Google no deja de recopilar marcadores de ubicación. Es posible eliminar estos marcadores de ubicación a mano, pero es un proceso tedioso para el usuario ya que debe seleccionarlos individualmente, a menos que desee eliminar toda su actividad almacenada.

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Sábado, 11 Agosto 2018 09:10

De policía a cazador

De policía a cazador

¿Cuál es la concepción de Derechos Humanos que rige en la Policía Nacional, y cómo es el proceso formativo que imparten a los nuevos uniformados, para que consideren que su autoridad descansa en las armas? ¿Es posible pasar de una fuerza de ocupación, como en realidad es esta institución en Colombia, a un cuerpo de control social regido por la soberanía comunitaria?

 

“Un grupo especial de comando está preparado para perseguir y matar extraterrestres cucarachas, que invaden el planeta y se esconden en cloacas y ruinas, pero en una de las persecuciones uno de los soldados más eficientes es rociado con algo en el rostro por una de las cucarachas, justo cuando el soldado está dispuesto a matarla. Sucede algo en un inicio incomprensible para él, descubre que a quien ha estado matando no son cucarachas, el spray que rociaron en su cara le ha permitido ver que son personas, mujeres y niños escondidos en esas ruinas que lo miran directamente a los ojos. Se siente aterrorizado porque ya ha matado a muchos; cuando le cuenta a su superior éste le confirma y le da la opción de aplicarle un mecanismo para olvidar o vivir con la culpa que eso implica. El oficial decide someterse al mecanismo para olvidar (serie de Netflix, “Black Mirror 3” temporada 5to episodio)”.

 

Una serie de ficción, que como siempre carga rasgos de realidad. Esa que sí vivimos en Colombia, para el caso que nos ocupa en Bogotá, en donde el pasado 15 de junio un grupo de jóvenes, después de una salida de amigos, intentan abordar un bus del servicio integrado de transporte, ingresando sin pagar a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con calle 142. Intento fallido, pues son vistos por un policía que hace una voz de alto no acatada por los requeridos, quienes echan a correr. Reacción lógica, mucho más cuando se es joven, pues todos temen llegar a las celdas de la mal llamada Unidad Permanente de Justicia (UPJ), espacios hacinados donde se violan casi todos los derechos humanos.

 

¿Todo normal? No. Pero sí en Colombia, un país donde la naturalización de la violencia mutó en estrategia de vida para miles de miles; un país donde la policía, militarizada, dota con armas de gran poder a sus efectivos, los mismos que las usan más para agredir que para prevenir, convirtiéndose de hecho, y de esta manera, en una fuerza de ocupación, como sucede cuando un país es invadido por otro. Naturalización de la violencia que lleva a banalizar el mal, donde no sólo se agrade por cualquier motivo, hasta por los más intrascendentes, y donde personas normales cometen actos monstruosos.

 

Es por ello que este es apenas el inicio de una triste tragedia, pues en el caso de estos jóvenes, el policía, cegado por “el cumplimiento de su deber” –proteger y hacer respetar la propiedad privada– decide perseguirlos unas ocho cuadras, pero sin poderlos capturar. ¿Hubo una motivación profunda, sentimiento de frustración o rivalidad de fuerza que lo impulsaron a demostrar su poder y autoridad? O más tenebroso aún, no fue una emoción profunda que nubló su razón, sino que su lógica secunda sus acciones.

 

Con argumentos en su cabeza que validan su proceder, el policía actúa, toma un taxi y se dirige tras los jóvenes. Ya no es policía, ahora es un cazador. Cuando llega al lugar donde se encuentran –calle 144 con carrera 46– se baja del vehículo y desenfunda su arma; por pura reacción de autoprotección los jóvenes corren de nuevo, ahora por temor al arma; un estruendo estalla y un segundo después yace en el suelo Andrés Camilo Ortiz, de 19 años de edad, uno de los jóvenes que huía del cazador urbano.

 

El susto agobia a sus compañeros, que corren con más energía, pese a lo cual uno de ellos hace un alto para intentar socorrer a quien ahora está moribundo, pero al acercarse al cuerpo alza la vista y ve que el “el paladín de la justicia” le apunta directamente; el frío recorre su cuerpo y siente que tiene que autoprotegerse, retoma la carrera. El policía, con “su trofeo” en el piso, camina de un lado a otro sin solicitar ayuda médica inmediata para el joven que siente que la vida se le va.

 

¿Un motivo para morir? Andrés Camilo nunca hubiera pensado así, mucho menos lo hubiera deseado, nunca hubiera pensado que un policía, por el simple hecho de portar un uniforme verde y un arma, llegara a asumir una simple colada a un portal como motivo para acabar con su vida, tal vez joven como él, viviendo con sus 19 años en plena primavera.

 

Pero Andrés desconocía que los agentes de la Policía Nacional son sometidos voluntariamente a una formación que acalla su conciencia, que elimina la empatía básica entre seres humanos, igual que en la historia del inicio, mecanismos de desconexión moral para ver enemigos en los otros, y considerar cada acción como un combate.

 

Las cámaras del sector registraron todo, ahí está la memoria de lo sucedido, de lo que nunca más debiera volver a ocurrir. El desenlace para Andrés Camilo Ortíz, de 19 años de edad, estudiante de tercer semestre de contaduría de la Universidad Nacional, es fatal. Un joven víctima de un policía que, reaccionó de acuerdo a procesos formativos recibidos, mentalizado como el disciplinador social, que está convencido que más que una vida, hay que proteger el “orden y la propiedad privada”, que las instituciones y las cosas son más importantes que las personas. Así, el policía formado sin un margen de autonomía y valoración ante cada circunstancia que vive y/o enfrenta, sin un aprendizaje donde resalte la vida por sobre cualquier bien privado o público, termina por considerar que ante la burla de estos jóvenes él está cumpliendo con su deber.

 

Buscando pistas

 

Juan es teniente retirado del ejército, es un conocido y amigo a quien reencuentro y le narro los hechos para entender mejor lo sucedido.

 

–Es que si los muchachos se metieron al Transmilenio sin pagar eso es una falta, pero se volvió un delito cuando se les dio la voz de alto y se echaron a correr. Me dice Juan con tranquilidad.

 

–Y ahí, el policía sí puede disparar. Agrega.

 

Esto me produce terror, porque no logro comprender la estructura de las leyes de un país donde es legal disparar a unos jóvenes por no acatar un grito de alto, cuya única falta fue querer entrar colados al sistema de transporte público, y después, por natural temor, correr al ver a la policía. Un temor donde la ética está escrita sobre simples conveniencias institucionales y sus integrantes no hacen, sobre dichas leyes, ningún discernimiento ético, sobre la valoración de la vida y de lo que puede ser catalogado o no, como delito.

 

Pienso en lo dicho por mi amigo Teniente y en el significado profundo de lo que rodea esa voz de ¡alto!, y me produce terror saber, pensar que los policías ven como enemigo y criminal a una persona que no obedece de manera inmediata sus órdenes, por lo cual pueden atentar contra su vida; policías que tienen la convicción total de que sus acciones son coherentes con la ética impartida en el entrenamiento que los prepara para su supuesta función social: proteger y servir a la comunidad.

 

En la lista de horrores que me produce el hecho y hablar de él, me horroriza la absoluta justificación y naturalidad con la que piensa un militar o policía como Juan; cuando la acción que terminó con la vida de Andrés Camilo, según la norma establecida, tiene para él una justificación, por lo cual se siente totalmente libre de culpa y bendecido por el cumplimiento del deber.

 

Dice Juan: “para mi siempre se trata de cumplir la ley del ejército y la ley de Dios, y si tengo que matar a un delincuente en un enfrentamiento pues lo hago”. Y se echa la bendición.

 

¿Ha pensado nuestra sociedad a quiénes y cómo están formando a nuestros supuestos protectores? Las consecuencias en todo caso están a la vista, indicándonos que es urgente construir otra política para la seguridad colectiva.

 

Trasfondo

 

¿Es este policía una persona intrínsecamente mala, con el potencial de matar y hacer daño a otros? ¿Es la fuerza pública un grupo de individuos malvados y violentos, sin familias y con impulsos agresivos incontrolables?

 

Para buscar luz ante este interrogante acudo al psicólogo e investigador Albert Bandura quien asegura que: “Los actos inhumanos son perpetrados por personas que en otros aspectos de sus vidas pueden ser compasivos y humanos”. En sus estudios, Bandura expone los mecanismos de desconexión moral, y parte de las respuestas a las conductas, en este caso de los uniformados que son padres, esposos, ciudadanos, a lo mejor ejemplares, pero que no tienen ningún problema ético al matar, torturar o hacer daño a quien considera como su enemigo.

 

Las personas dentro del contexto social desarrollan un marco de referencia moral que les permite identificar lo bueno y lo malo. Estas normas guían y determinan la conducta. Sin embargo para la conducta del transgresor (en este caso el policía) lo que sucede es un acomodamiento del referente ético de manera que no le incomode. Para Bandura la gente “buena” puede llegar a cometer actos crueles. Lo que hace es conectarse o desconectarse de esas normas morales, y justificar las acciones dependiendo de a quien catalogue de humano o no.

 

Para así proceder tiene varios mecanismos de desconexión moral. Las instituciones militares, religiosas, políticas, y casi cualquiera que pueda resguardarse en un ideal, usan con frecuencia estos mecanismos para validar sus actos (masacres, asesinatos, secuestros, desapariciones, genocidios) Las personas en nombre de ideales –supuestos o reales– hacen cosas para sentirse orgullosas, tener una bandera por la cual luchar les potencia valor personal, un ejemplo de siglos atrás son las Cruzadas, para aquellos caballeros matar estaba totalmente justificado, los enemigos estaban nada menos que en contra de Dios. Pero en tiempo reciente nos podemos acercar a multitud de ejemplos, entre ellos el propio fascismo, en lucha contra el comunismo, o en nuestro territorio los propios paramilitares –o sus aliados en los cuarteles– en lucha contra el “narcoterrorismo”.

 

Son “héroes” de ayer y de hoy, en cuyos casos deshumanizan al enemigo (la víctima), convirtiéndolo en un subhumano, lo que impide que lleguen a generar empatía con él, de ahí que al aludir al mismo anulen sus características humanas, identificándolo dentro de un grupo agresor, revoltoso, terrorista, insurgente, delincuente, o similar*.

 

Para así proceder, uno de los mecanismos más poderosos es la justificación moral, a partir del uso de palabras engañosas para santificar la conducta destructiva, para lo cual cada persona o institución tiene sus propios argumentos para validar sus acciones. Es común en ello el uso de lenguajes enrevesados y eufemismos, con lo cual ocultan la violencia y la agresión que despliegan a partir de ciertas políticas o medidas desplegadas, todo lo cual resume técnicas ya muy desarrolladas por los políticos que no hablan de desalojo de una población sino de reubicación, que no aluden a niveles de pobreza sino de poblaciones vulnerables.

 

Estamos, entonces, ante toda una maquinaria del poder, que requiere un abandono de la voluntad individual para someterse a la obediencia de un superior que lo es en rango, asumido, además, como tal en inteligencia. ¿Cómo discutir con alguien superior a ti? ¿Cómo discutir con quien significa el ideal de lo que quieres llegar a ser? Solo hay una máxima: Obediencia.

 

Comportamiento que de manera técnica recibe el nombre de único superior, y que lleva a la obediencia ciega, la cual tiene otras consecuencias pues cuando un subalterno es enjuiciado y argumenta que simplemente obedecía la ley lo sancionan, porque la obediencia institucional o grupal no exime del delito.

 

Responsabilidad flotante

 

Estamos ante un sistema de estructuración de mentalidades sometidas que es complejo. Los sistemas de autoridad están estructurados para que las políticas destructivas sean camufladas, disimuladas, no explícitas ni directas, pueden ser incluso ilegales –como los paramilitares en Colombia–, que les permite a quienes están en la punta de la pirámide jerárquica desentenderse de las consecuencias y negar las responsabilidades. Además que las culpas quedan diseminadas en cada fracción de la acción, lo que le resta la magnitud de terror que el hecho pudiera tener. Por ejemplo, uno da la orden, otro estructura la estrategia, otro consigue el armamento, otros realizan la acción con la convicción de que cumplen órdenes, ¿la culpa es de todos o es de nadie? La acción grupal propicia el anonimato.

 

Pero también, los mecanismos finales desplegados por el poder culpabilizan a la víctima; por supuesto, para que el sistema moral no se active se desestiman los efectos dañinos de la acción.


Todos estos recursos son potenciados por el poder al momento de formar a quienes supuestamente protegen a la sociedad, los que construyen una coraza en el cerebro de cada uno de sus funcionarios y de sus agentes. Actúan de manera violenta protegidos por tales recursos.

 

Así, al momento del disparo contra Andrés Camilo Ortiz, cuando milésimas de segundo después yace en el suelo moribundo, el “agente del orden” camina de un lado para otro, tal vez se está activando su sistema moral, para encontrar en alguno de los mecanismos antes mencionados la razón lógica de sus acciones. Finalmente, de acuerdo a su razonar, la culpa será del estudiante, que aunque no es un delincuente seguramente su conciencia –en su agonía– le dirá que se portó como tal.

 

¿Paradoja? No. Es el poder y todo su arsenal de defensa y ataque desplegado, en este caso para imponer “orden”, no importa el precio que implique lograrlo ni las consecuencias de ello.

 

* Esto es lo más tradicional, pero ahora también se habla de moralización tecnológica, ya no de personas sino que se usan términos tecnológicos o números, por ejemplo.

 

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Sábado, 04 Agosto 2018 07:01

El dolor es político

El dolor es político

“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines. La convocatoria era sencilla, contundente, más abierta imposible. ¿Quién que sufre no quiere parar de sufrir? Y allí iban, para entrar en el trance de la adoración al pastor los que en ese mismo movimiento de encomendarse a las leyes intrincadas de eso llamado destino, abandonaban en simultáneo la perspectiva política del sufrimiento.


Claro que podemos hablar de angustia existencial, de neurosis, de miedo a la libertad, de fobia a la equidad, de la contingencia de la existencia humana, que es la única especie que tiene conciencia de su propia finitud. Pero quiero especificar a qué tipo de sufrimiento me refiero, porque el capitalismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por privatizar también el sufrimiento que provocan sus políticas.


Vivió en mi casa, cuando mi hija era chica y yo volvía muy tarde del diario, una chica boliviana que era pastora evangelista. Su iglesia no era electrónica ni estaba instalada en un ex cine, pero presencié en poco tiempo cómo la lógica de su vida entró de lleno en la lectura religiosa de cada cosa que le pasaba. Jesús no se le había revelado en un momento cualquiera, sino cuando estaba por quitarse la vida en las vías del tren. Fue un impulso de supervivencia. No quiero interpretar algo tan personal. Lo cierto es que siguió viviendo y consagrada a la lectura de la Biblia en cada momento libre.


Pero esto había empezado antes, cuando ella perdió las ganas de vivir. Hacía tres años que había venido de Bolivia porque era la Bolivia de antes de Evo, y necesitaba mandar dinero para una operación que tenía que hacerse su padre. Dejó allá a un novio al que amaba mucho. Cuando la conocí me dijo que estaba de novia, me habló de él, de sus sueños, de sus proyectos, aunque hacía tres años que no se veían, porque él nunca juntaba la plata para venir a verla, y porque ella cambiaba a dólares casi todo su sueldo y lo mandaba a la casa de sus padres.


Alguna vez me pregunté con escepticismo qué pasaría con ese amor expuesto a tanta distancia. Y poco después ella se enteró que él se había casado con otra mujer. Por eso aquella noche estaba caminando por las vías. Porque se le habían roto todos esos sueños y proyectos, y el motor del esfuerzo de trabajar y vivir tan pobremente para poder pagarle esa operación cardíaca al padre, se cayó. Pero cuando estaba a punto de tirarse, me contó que vio a Jesús. No tengo por qué dudar de eso. La salvó esa visión, aunque a partir de entonces fue una especie de fanática obsesiva que hizo la convivencia muy difícil. Todo era leído en clave divina. Que es lo que hacen superlativamente las nuevas iglesias neopentecostales, entre otras, que ya manejan buena parte de la educación pública en Perú, Colombia, Guatemala y otros países de la región.


El nuevo sujeto, la nueva criatura humana que buscan generar destruyendo la educación pública tiene, desde la base inicial hasta los niveles universitarios más altos, esa impronta. A través de ese tipo de religión o del conocimiento como marketing, buscan parir culturalmente a personas que busquen la explicación de su sufrimiento en motivos totalmente separados de la política.


Cada vez que recuerdo la historia de esa chica boliviana con la que conviví varios años, me pregunto cómo era posible que no pasara por su mente que esa separación fue por razones políticas. Fue por pobreza. Fue por falta de salud pública. Fue por vivir en la periferia del mundo. Fue porque sólo separándose ella podía hacerse cargo de la difícil situación familiar. Y sin embargo, cuando se lo insinuaba, eso no podía ser comprendido. Era Dios el que los había puesto a prueba, y él no la había amado tanto como para esperarla.


El discurso del amor romántico empapelaba la faz de la vida íntima, la más profunda y personal, con misterios insondables, con designios y maldiciones, con embrujos, y la volvía reactiva a advertir que su pobreza era una manera de estar, y no una manera de ser. Y que su angustia tan intensa, finalmente, era el resultado de haber nacido en un país que todavía era colonia, y donde alguien como ella, como casi todxs sus compatriotas, debía emigrar a atender niños extranjeros cuyas madres eran jefas de hogar para pagar, a miles de kilómetros de su hogar, la operación de corazón que necesitaba su padre.


“Pare de sufrir”. Una frase sintética y tan voluminosa en el interior de millones de personas vulnerables, un imperativo en momentos como éste que vivimos ahora. Porque el sufrimiento se ha multiplicado, se ha hecho intenso, insoportable. La actriz Mónica Cabrera subió esta semana a su muro una foto suya encapuchada adentro de su casa. Se muere de frío y no puede pagar el gas. Escribió un texto en un tono diferente al de los videos que sube regularmente. Después de contar su situación, terminaba: “Me están arruinando el último tramo de mi vida”.


El sufrimiento argentino no es resultado de ningún designio, ninguna tormenta, ningún defecto de ningún sufriente. Es un sufrimiento de origen político que nadie le puede pedir a un pueblo que lo acepte como su destino. No es el destino. Es Macri.

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Sábado, 28 Julio 2018 09:04

De policía a cazador

De policía a cazador

¿Cuál es la concepción de Derechos Humanos que rige en la Policía Nacional, y cómo es el proceso formativo que imparten a los nuevos uniformados, para que consideren que su autoridad descansa en las armas? ¿Es posible pasar de una fuerza de ocupación, como en realidad es esta institución en Colombia, a un cuerpo de control social regido por la soberanía comunitaria?

 

“Un grupo especial de comando está preparado para perseguir y matar extraterrestres cucarachas, que invaden el planeta y se esconden en cloacas y ruinas, pero en una de las persecuciones uno de los soldados más eficientes es rociado con algo en el rostro por una de las cucarachas, justo cuando el soldado está dispuesto a matarla. Sucede algo en un inicio incomprensible para él, descubre que a quien ha estado matando no son cucarachas, el spray que rociaron en su cara le ha permitido ver que son personas, mujeres y niños escondidos en esas ruinas que lo miran directamente a los ojos. Se siente aterrorizado porque ya ha matado a muchos; cuando le cuenta a su superior éste le confirma y le da la opción de aplicarle un mecanismo para olvidar o vivir con la culpa que eso implica. El oficial decide someterse al mecanismo para olvidar (serie de Netflix, “Black Mirror 3” temporada 5to episodio)”.

 

Una serie de ficción, que como siempre carga rasgos de realidad. Esa que sí vivimos en Colombia, para el caso que nos ocupa en Bogotá, en donde el pasado 15 de junio un grupo de jóvenes, después de una salida de amigos, intentan abordar un bus del servicio integrado de transporte, ingresando sin pagar a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con calle 142. Intento fallido, pues son vistos por un policía que hace una voz de alto no acatada por los requeridos, quienes echan a correr. Reacción lógica, mucho más cuando se es joven, pues todos temen llegar a las celdas de la mal llamada Unidad Permanente de Justicia (UPJ), espacios hacinados donde se violan casi todos los derechos humanos.

 

¿Todo normal? No. Pero sí en Colombia, un país donde la naturalización de la violencia mutó en estrategia de vida para miles de miles; un país donde la policía, militarizada, dota con armas de gran poder a sus efectivos, los mismos que las usan más para agredir que para prevenir, convirtiéndose de hecho, y de esta manera, en una fuerza de ocupación, como sucede cuando un país es invadido por otro. Naturalización de la violencia que lleva a banalizar el mal, donde no sólo se agrade por cualquier motivo, hasta por los más intrascendentes, y donde personas normales cometen actos monstruosos.

 

Es por ello que este es apenas el inicio de una triste tragedia, pues en el caso de estos jóvenes, el policía, cegado por “el cumplimiento de su deber” –proteger y hacer respetar la propiedad privada– decide perseguirlos unas ocho cuadras, pero sin poderlos capturar. ¿Hubo una motivación profunda, sentimiento de frustración o rivalidad de fuerza que lo impulsaron a demostrar su poder y autoridad? O más tenebroso aún, no fue una emoción profunda que nubló su razón, sino que su lógica secunda sus acciones.

 

Con argumentos en su cabeza que validan su proceder, el policía actúa, toma un taxi y se dirige tras los jóvenes. Ya no es policía, ahora es un cazador. Cuando llega al lugar donde se encuentran –calle 144 con carrera 46– se baja del vehículo y desenfunda su arma; por pura reacción de autoprotección los jóvenes corren de nuevo, ahora por temor al arma; un estruendo estalla y un segundo después yace en el suelo Andrés Camilo Ortiz, de 19 años de edad, uno de los jóvenes que huía del cazador urbano.

 

El susto agobia a sus compañeros, que corren con más energía, pese a lo cual uno de ellos hace un alto para intentar socorrer a quien ahora está moribundo, pero al acercarse al cuerpo alza la vista y ve que el “el paladín de la justicia” le apunta directamente; el frío recorre su cuerpo y siente que tiene que autoprotegerse, retoma la carrera. El policía, con “su trofeo” en el piso, camina de un lado a otro sin solicitar ayuda médica inmediata para el joven que siente que la vida se le va.

 

¿Un motivo para morir? Andrés Camilo nunca hubiera pensado así, mucho menos lo hubiera deseado, nunca hubiera pensado que un policía, por el simple hecho de portar un uniforme verde y un arma, llegara a asumir una simple colada a un portal como motivo para acabar con su vida, tal vez joven como él, viviendo con sus 19 años en plena primavera.

 

Pero Andrés desconocía que los agentes de la Policía Nacional son sometidos voluntariamente a una formación que acalla su conciencia, que elimina la empatía básica entre seres humanos, igual que en la historia del inicio, mecanismos de desconexión moral para ver enemigos en los otros, y considerar cada acción como un combate.

 

Las cámaras del sector registraron todo, ahí está la memoria de lo sucedido, de lo que nunca más debiera volver a ocurrir. El desenlace para Andrés Camilo Ortíz, de 19 años de edad, estudiante de tercer semestre de contaduría de la Universidad Nacional, es fatal. Un joven víctima de un policía que, reaccionó de acuerdo a procesos formativos recibidos, mentalizado como el disciplinador social, que está convencido que más que una vida, hay que proteger el “orden y la propiedad privada”, que las instituciones y las cosas son más importantes que las personas. Así, el policía formado sin un margen de autonomía y valoración ante cada circunstancia que vive y/o enfrenta, sin un aprendizaje donde resalte la vida por sobre cualquier bien privado o público, termina por considerar que ante la burla de estos jóvenes él está cumpliendo con su deber.

 

Buscando pistas

 

Juan es teniente retirado del ejército, es un conocido y amigo a quien reencuentro y le narro los hechos para entender mejor lo sucedido.

 

–Es que si los muchachos se metieron al Transmilenio sin pagar eso es una falta, pero se volvió un delito cuando se les dio la voz de alto y se echaron a correr. Me dice Juan con tranquilidad.

 

–Y ahí, el policía sí puede disparar. Agrega.

 

Esto me produce terror, porque no logro comprender la estructura de las leyes de un país donde es legal disparar a unos jóvenes por no acatar un grito de alto, cuya única falta fue querer entrar colados al sistema de transporte público, y después, por natural temor, correr al ver a la policía. Un temor donde la ética está escrita sobre simples conveniencias institucionales y sus integrantes no hacen, sobre dichas leyes, ningún discernimiento ético, sobre la valoración de la vida y de lo que puede ser catalogado o no, como delito.

 

Pienso en lo dicho por mi amigo Teniente y en el significado profundo de lo que rodea esa voz de ¡alto!, y me produce terror saber, pensar que los policías ven como enemigo y criminal a una persona que no obedece de manera inmediata sus órdenes, por lo cual pueden atentar contra su vida; policías que tienen la convicción total de que sus acciones son coherentes con la ética impartida en el entrenamiento que los prepara para su supuesta función social: proteger y servir a la comunidad.

 

En la lista de horrores que me produce el hecho y hablar de él, me horroriza la absoluta justificación y naturalidad con la que piensa un militar o policía como Juan; cuando la acción que terminó con la vida de Andrés Camilo, según la norma establecida, tiene para él una justificación, por lo cual se siente totalmente libre de culpa y bendecido por el cumplimiento del deber.

 

Dice Juan: “para mi siempre se trata de cumplir la ley del ejército y la ley de Dios, y si tengo que matar a un delincuente en un enfrentamiento pues lo hago”. Y se echa la bendición.

 

¿Ha pensado nuestra sociedad a quiénes y cómo están formando a nuestros supuestos protectores? Las consecuencias en todo caso están a la vista, indicándonos que es urgente construir otra política para la seguridad colectiva.

 

Trasfondo

 

¿Es este policía una persona intrínsecamente mala, con el potencial de matar y hacer daño a otros? ¿Es la fuerza pública un grupo de individuos malvados y violentos, sin familias y con impulsos agresivos incontrolables?

 

Para buscar luz ante este interrogante acudo al psicólogo e investigador Albert Bandura quien asegura que: “Los actos inhumanos son perpetrados por personas que en otros aspectos de sus vidas pueden ser compasivos y humanos”. En sus estudios, Bandura expone los mecanismos de desconexión moral, y parte de las respuestas a las conductas, en este caso de los uniformados que son padres, esposos, ciudadanos, a lo mejor ejemplares, pero que no tienen ningún problema ético al matar, torturar o hacer daño a quien considera como su enemigo.

 

Las personas dentro del contexto social desarrollan un marco de referencia moral que les permite identificar lo bueno y lo malo. Estas normas guían y determinan la conducta. Sin embargo para la conducta del transgresor (en este caso el policía) lo que sucede es un acomodamiento del referente ético de manera que no le incomode. Para Bandura la gente “buena” puede llegar a cometer actos crueles. Lo que hace es conectarse o desconectarse de esas normas morales, y justificar las acciones dependiendo de a quien catalogue de humano o no.

 

Para así proceder tiene varios mecanismos de desconexión moral. Las instituciones militares, religiosas, políticas, y casi cualquiera que pueda resguardarse en un ideal, usan con frecuencia estos mecanismos para validar sus actos (masacres, asesinatos, secuestros, desapariciones, genocidios) Las personas en nombre de ideales –supuestos o reales– hacen cosas para sentirse orgullosas, tener una bandera por la cual luchar les potencia valor personal, un ejemplo de siglos atrás son las Cruzadas, para aquellos caballeros matar estaba totalmente justificado, los enemigos estaban nada menos que en contra de Dios. Pero en tiempo reciente nos podemos acercar a multitud de ejemplos, entre ellos el propio fascismo, en lucha contra el comunismo, o en nuestro territorio los propios paramilitares –o sus aliados en los cuarteles– en lucha contra el “narcoterrorismo”.

 

Son “héroes” de ayer y de hoy, en cuyos casos deshumanizan al enemigo (la víctima), convirtiéndolo en un subhumano, lo que impide que lleguen a generar empatía con él, de ahí que al aludir al mismo anulen sus características humanas, identificándolo dentro de un grupo agresor, revoltoso, terrorista, insurgente, delincuente, o similar*.

 

Para así proceder, uno de los mecanismos más poderosos es la justificación moral, a partir del uso de palabras engañosas para santificar la conducta destructiva, para lo cual cada persona o institución tiene sus propios argumentos para validar sus acciones. Es común en ello el uso de lenguajes enrevesados y eufemismos, con lo cual ocultan la violencia y la agresión que despliegan a partir de ciertas políticas o medidas desplegadas, todo lo cual resume técnicas ya muy desarrolladas por los políticos que no hablan de desalojo de una población sino de reubicación, que no aluden a niveles de pobreza sino de poblaciones vulnerables.

 

Estamos, entonces, ante toda una maquinaria del poder, que requiere un abandono de la voluntad individual para someterse a la obediencia de un superior que lo es en rango, asumido, además, como tal en inteligencia. ¿Cómo discutir con alguien superior a ti? ¿Cómo discutir con quien significa el ideal de lo que quieres llegar a ser? Solo hay una máxima: Obediencia.

 

Comportamiento que de manera técnica recibe el nombre de único superior, y que lleva a la obediencia ciega, la cual tiene otras consecuencias pues cuando un subalterno es enjuiciado y argumenta que simplemente obedecía la ley lo sancionan, porque la obediencia institucional o grupal no exime del delito.

 

Responsabilidad flotante

 

Estamos ante un sistema de estructuración de mentalidades sometidas que es complejo. Los sistemas de autoridad están estructurados para que las políticas destructivas sean camufladas, disimuladas, no explícitas ni directas, pueden ser incluso ilegales –como los paramilitares en Colombia–, que les permite a quienes están en la punta de la pirámide jerárquica desentenderse de las consecuencias y negar las responsabilidades. Además que las culpas quedan diseminadas en cada fracción de la acción, lo que le resta la magnitud de terror que el hecho pudiera tener. Por ejemplo, uno da la orden, otro estructura la estrategia, otro consigue el armamento, otros realizan la acción con la convicción de que cumplen órdenes, ¿la culpa es de todos o es de nadie? La acción grupal propicia el anonimato.

 

Pero también, los mecanismos finales desplegados por el poder culpabilizan a la víctima; por supuesto, para que el sistema moral no se active se desestiman los efectos dañinos de la acción.


Todos estos recursos son potenciados por el poder al momento de formar a quienes supuestamente protegen a la sociedad, los que construyen una coraza en el cerebro de cada uno de sus funcionarios y de sus agentes. Actúan de manera violenta protegidos por tales recursos.

 

Así, al momento del disparo contra Andrés Camilo Ortiz, cuando milésimas de segundo después yace en el suelo moribundo, el “agente del orden” camina de un lado para otro, tal vez se está activando su sistema moral, para encontrar en alguno de los mecanismos antes mencionados la razón lógica de sus acciones. Finalmente, de acuerdo a su razonar, la culpa será del estudiante, que aunque no es un delincuente seguramente su conciencia –en su agonía– le dirá que se portó como tal.

 

¿Paradoja? No. Es el poder y todo su arsenal de defensa y ataque desplegado, en este caso para imponer “orden”, no importa el precio que implique lograrlo ni las consecuencias de ello.

 

* Esto es lo más tradicional, pero ahora también se habla de moralización tecnológica, ya no de personas sino que se usan términos tecnológicos o números, por ejemplo.

 

Publicado enEdición Nº248
La militarización de la seguridad nacional: una tendencia que va más allá de los signos políticos

La creciente utilización de las FFAA en temas de seguridad interior se expande por América Latina, pese a los notables fracasos y a la larga historia de violaciones de los derechos humanos. Primero fue Colombia, le siguió México, Brasil y ahora es el turno de Argentina. La militarización avanza mientras las sociedades se sienten desprotegidas.

El gobierno de Mauricio Macri decidió que las Fuerzas Armadas se desplieguen para proteger objetivos estratégicos en la frontera norte. El presidente anunció la medida el lunes 23 en Campo de Mayo, uno de los mayores cuarteles del país. Como era previsible, la oposición y los organismos de derechos humanos lo criticaron argumentando que se rompe así una tradición nacida luego de la dictadura militar (1976-1983), que provocó la desaparición de 30.000 personas y de la cual las Fuerzas Armadas salieron muy desprestigiadas.


Desde ese momento el presupuesto de defensa ha ido en disminución, a tal punto que los 40.000 miembros con los que cuentan en la actualidad, son menos de la mitad de los que tenían cuando entregaron el poder a los civiles hace 35 años. Diversas leyes aprobadas en democracia, como la Ley de Defensa de 1988, la de Seguridad Interna en 1991 y la de Inteligencia en 2001, prohíben expresamente la participación de los militares en el orden interno.


Aunque el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) acotó aún más las tareas de las FFAA, su sucesora Cristina Fernández (2007-2015) decidió que los militares colaboren con la vigilancia del espacio aéreo de las fronteras con Bolivia, Brasil y Paraguay, donde el narcotráfico tiene presencia. Sin embargo, la decisión de Macri va más allá, pasando por encima de la propia legislación y sin consultar siquiera al Parlamento.


Las relaciones del Gobierno argentino con las FFAA no son buenas. Semanas atrás hubo un encontronazo con la cúpula militar cuando se anunció un aumento salarial para este año del 8%, cuando la inflación supera el 30 %. La crisis llevó a la suspensión del desfile militar previsto para la fecha patria del 9 de julio y dar marcha atrás decidiendo un aumento del 20%.


La polémica desatada en Argentina puede ser una buena oportunidad para revisar el papel de las FFAA en los países latinoamericanos, lo que conlleva ciertas sorpresas. Sabemos que se utilizan legalmente en Brasil, Colombia, México y ahora en Argentina, pero la realidad nos dice que en la mayoría de los países del continente los militares participan en el orden interior, más allá del signo político del gobierno, sea conservador o progresista.


La mayoría de los países de Centroamérica que poseen fuerzas armadas (Costa Rica y Panamá no las tienen), contemplan la posibilidad de que sean utilizadas para garantizar el orden interno, en particular para combatir el terrorismo y el crimen organizado, pero también para la protección del medio ambiente o la "seguridad en el campo", como sostiene el Libro de la Defensa Nacional de Nicaragua de 2005.
Pero su uso también está contemplado en la Ley de la Defensa Nacional de Cuba, de 1994, para "mantener el orden interior"; y en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación de Venezuela, de 2002. En Brasil, las fuerzas armadas participan en tareas de policía de forma indistinta, por decisiones de gobiernos de derecha y de izquierda.


Las utilizó Dilma Rousseff durante los Juegos Olímpicos de 2016 y en el Mundial de Fútbol de 2014, entre otras ocasiones. El actual presidente Michel Temer llevó al Ejército a grandes ciudades como Río de Janeiro. Según el Ministerio de Defensa de Brasil, entre 1992 y junio de 2018, las FFAA fueron utilizadas en 132 ocasiones para actuar en lugar de la Policía.


El caso más notorio es el de México: en los 12 años de 'guerra contra las drogas' han sido asesinadas alrededor de 200.000 personas, más de 30.000 están desaparecidas y el desplazamiento forzado supera los 250.000 habitantes. Pese a todo, la violencia sigue creciendo, ya que 2017 fue "el más violento en la historia contemporánea de México".


Pese a que ya nadie puede ocultar el fracaso de la participación de los militares en el orden interior, la tendencia sigue creciendo. Incluso The New York Times, portavoz de una parte de las elites estadounidenses, sostiene que la militarización equivale a una "adicción al fracaso" de las políticas de los gobiernos latinoamericanos y en particular del de México.


Encuentro varias razones para que este proceso siga adelante sin interrupciones, pese a que no obtiene los resultados esperados y profundiza la crisis social.


La primera es que asistimos a una "militarización del poder" en América Latina, como sostiene el analista Marcos Roitman Rosenmann. En su opinión, "el asesinato de cientos de dirigentes medioambientales, activistas, militantes populares, defensores de los derechos humanos y periodistas", es un genocidio ya que las fuerzas de seguridad del Estado convierten en objetivo a los movimientos sociales.


Lo anterior es enteramente cierto, pero no alcanza para explicar las razones por las cuales los gobiernos que se proclaman progresistas, o de izquierda, también forman parte de la misma tendencia hacia la militarización. Quiero decir que estamos ante una cuestión sistémica, de carácter estructural, que va mucho más allá de las tendencias de tal o cual gobierno.


En segundo lugar, en el mundo gobierna algo que se ha llamado "fascismo financiero", que consiste en el dominio del sistema bancario/financiero en los principales países de Occidente, como sostiene el sociólogo Boaventura de Sousa. Este tipo de dominación nos lleva hacia "una espiral de barbarie", como sostiene un reciente y documentado trabajo, está "fagocitando las últimas reservas de civilización".
Todo indica que la militarización en curso, impulsada por el complejo militar-industrial de EEUU y por el sistema financiero mundial, que promueven grandes obras de infraestructura, la minería a cielo abierto y los monocultivos que suponen despojo de los pueblos y veloz acumulación de capital, es la causa última de la militarización. Porque vulnera la soberanía estatal y margina al 50% de la población.
Ignorar las tendencias de fondo nos impide observar la totalidad del panorama y hablar apenas de lo que nos conviene.

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El fascismo ya está inmerso entre nosotros

El intelectual italiano Umberto Eco definió las 14 caracteristicas principales del fascismo eterno. Eco pedía apuntar con el índice cada vez que este fascismo eterno pueda aparecer en cualquier parte del mundo. Su objetivo era claro: desenmascararlo y combatirlo.


Interesante, como ejercicio filosófico y político, sería ver hasta qué punto estas 14 características aparecen hoy en día en la sociedad israelí, influenciada en forma directa por el pensamiento y la ideología sionista.


El primer punto se refería al culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación que aparece en los textos sagrados. Qué mejor ejemplo que el del gobierno actual de Israel, influenciado por la derecha israelí y los factores religiosos ortodoxos, que propone y promulga legislación de tinte tradicionalista y religiosa que influye en forma directa en la vida cotidiana de sus habitantes.


La segunda característica nos habla del rechazo al modernismo, principio de la depravación humana. En este punto es dificil de acusar al gobierno de Israel de aversión al modernismo. El problema vuelve a aparecer en las influencias políticas de los partidos de ultraderecha religiosa y ortodoxa que integran la coalición de Netanyahu. Políticos que sueñan con insertar los valores religiosos, tradicionalistas pero arcaicos en los diferentes niveles del quehacer cotidiano de la sociedad.


El tercer item nos habla de la cultura como sospechosa en la medida en que ella se identifica con actitudes críticas para con el accionar y la política del actual gobierno. Qué mejor ejemplo que el de la actual ministra de Cultura y Deportes, quien ataca en forma descarada cualquier hecho cultural (cine, radio, teatro) que trae algún tinte crítico o acusador del accionar de la derecha israelí. Prohibiciones, despidos, cese de ayuda o subsidios económicos es moneda corriente del actual gobierno.


El fascismo eterno, según Eco, considera que pensar es una forma de castración. Idolatra el culto de la acción por la acción, rechaza todo pensamiento crítico...quien entra en desacuerdo con el accionar del gobierno es tildado de traición. ¿Cuántas veces aparecen en los medios de comunicación acusaciones de traición contra personalidades culturales o políticas que piensan de forma distinta?...decenas de veces por día. Acusar de traidor a todo el que piensa diferente pasó a ser de uso corriente en el lenguaje cotidiano de gran parte de la población israelí.


El miedo a lo diferente...el fascismo eterno es racista por definición: está en contra del otro, de los intrusos, de todo el que no es como él... qué decir del comportamiento gubernamental y de gran parte de la población con respecto a: los palestinos, los árabes israelíes, los judíos de procedencia etíope, los judíos conservadores o reformistas, los intelectuales de izquierda, los no sionistas...(y la lista sigue...).
El fascismo eterno encontrará en la clase media frustrada y en aquellos grupos sociales que se sienten defraudados o humillados por una izquierda claudicante y soberbia, caldo de cultivo para sustentar su poder. ¿Qué mejor ejemplo que el apoyo popular sin precedentes que tiene el actual gobierno de derecha?


La lista es larga e interesante. Aparecen en ella características como: el nacionalismo y la xenofobia, la creencia en el complot internacional que quiere destruir al Estado (alguien dijo Irán), el miedo al enemigo, el principio de guerra permanente (no hay con quien hablar, los palestinos solo entienden de violencia, la palabra paz es imposible en el Medio Oriente).


Esto produce la aparición de características en la sociedad israelí que y por casualidad (o ¿causalidad?) aparecen en el listado de Umberto Eco. Me refiero al elitismo y al desprecio por los débiles, al heroísmo y al culto de la muerte de una sociedad israeli militarizada en una enésima potencia, al machismo y al odio por el sexo no conformista, al populismo cualitativo, a la continua lucha del gobierno de Netanyahu por contrarrestar las influencias del poder judicial, quien trata con todas sus fuerzas de limitar y minimizar las últimas legislaciones antidemocráticas del gobierno.


El gobierno de Netanyahu, siguiendo las definiciones de Eco, utiliza un lenguaje pobre, una sintaxis elemental para tratar en todo lo posible de limitar los instrumentos que permitan a los ciudadanos el razonamiento complejo y crítico.


En algún momento y en algún lugar, estallaron voces que exigían: ¡No pasarán!... lamentablemente el fascismo está instalado en la mentalidad y el pensamiento sionista del actual gobierno de Israel. Dicho gobierno que aprovecha la coyuntura política y el respaldo internacional de Trump y de distintos gobiernos retrógrados de la región, para legislar decretos y leyes que afiancen el pensamiento sionista fascista en la vida cotidiana del país.


* Profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

 

 

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Cultura de masas y propaganda: la infantilización de las decisiones

La insoslayable naturaleza gregaria del ser humano entra en contradicción con la creación de conceptos nuevos generados por la Revolución industrial y el surgimiento de la modernidad, allá por el siglo xvii y xviii, que creó el concepto de individuo y otros igualmente trascendentes: subjetividad y libre albedrío, que llevan a la búsqueda de la independencia individual que nunca es total, pues vincularnos con otros, sobre todo en una relación amorosa, requiere ceder algo y, a veces, mucho, de la independencia personal en aras de la creación de una imprescindible interdependencia al darle un lugar privilegiado, prioritario, al ser amado. En la relación amorosa se requiere de una posibilidad dinámica: de una entrega amplia, a veces fusional, pero transitoria, para después recuperar la individualidad.

La pareja es el ejemplo más acentuado de la importancia que tienen para los seres humanos los grupos: de familiares, de amigos, de colegas, etcétera. Pero los grupos tienen también un efecto contradictorio: algunos son protectores, tranquilizantes y otros son inquietantes e inclusive atemorizantes. Además, tienen un efecto peculiar sobre los individuos que los integran, crean un efecto regresivo a etapas tempranas del desarrollo, tanto más acentuado cuanto más grande es el grupo, con la consecuencia de que domine el polo emocional sobre el racional. Piénsese, por ejemplo, en los cambios que se generan en los individuos cuando acuden a un partido de fútbol.


Esto llevó a que grandes pensadores, como Gustave Le Bon, Freud y Lacan consideraran a los grupos sólo como generadores de ilusiones y distorsiones del pensamiento por el predominio en ellos de la emocionalidad y la impulsividad. A partir de las experiencias de trabajo de Wilfred Bion con grupos psicoanalíticos durante y después de la segunda guerra mundial se cambió dicha comprensión: las emociones generadas por los grupos pueden ser fuente de distorsión del pensamiento, pero también pueden estimularlo, generar nuevos pensamientos y la consecuente creatividad.


Debido a que como especie estamos condenados a vivir en grupos y en sociedad, tenemos que aprender a obtener lo mejor de esta realidad sin dejar que se distorsionen nuestros ideales y pensamientos, situación difícil cuando la cultura postmoderna y las técnicas de publicidad desarrolladas desde hace un siglo están diseñadas precisamente para manipular los deseos e ideales de los ciudadanos con fines económicos y políticos.


Ahí está planteado el dilema contemporáneo: ¿podemos mantener nuestro pensamiento, ideales y relativa independencia sin afectación a pesar de las presiones de la cultura y los medios de difusión, o seremos fácil presa de sus ardides?

Razón de ser de la propaganda y su relación con la época

En una entrevista filmada y difundida por Spanish Revolution a través de las redes, el gran pensador Noam Chomsky plantea que la industria de las relaciones públicas y la industria de la publicidad, que se dedican a crear consumidores, fueron desarrolladas hace aproximadamente un siglo en Inglaterra y es por una razón que se les volvió clara: ya no podían controlar por la fuerza a la población porque habían ganado demasiada libertad y, en consecuencia, buscaron otras maneras de mantener el control social y encontraron que una de las mejores maneras de controlar a las personas estaba y está relacionada con sus creencias y actitudes, sobre todo en la práctica de “fabricar consumidores”, para que se dediquen a obtener cosas que están a su alcance (aunque sean prescindibles) y que eso sea la esencia de su vida; de esa manera quedarán atrapados no sólo como consumidores sino como consumistas.


Eso fue logrado por el modelo económico neoliberal de manera masiva alrededor de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, con la creación de supermercados y grandes centros comerciales promovidos desde la publicidad en los medios masivos de difusión, estimulando los nuevos ideales de narcisismo, hedonismo y consumismo, así como creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales por medio de la manipulación publicitaria que apela a las emociones y bloquea las decisiones racionales, y plantea cómo debe ser la vida ideal con el tipo de aparatos que se deben tener y que frecuentemente no son necesarios, así como el tipo de vida a llevar siempre orientada a lo rentable para el sistema comercial.


En el caso de los procesos electorales para alcanzar puestos políticos el procedimiento funciona de la misma manera: buscan crear un electorado desinformado que tome decisiones irracionales, a menudo en contra de sus propios intereses, por medio de la creación de grandes espectáculos manipuladores que conforman el proceso electoral supuestamente racional, que sólo es alcanzable para unos pocos ciudadanos con suficiente espíritu crítico y con posturas racionales no dogmáticas.

Infantilización, medios masivos de difusión y cultura de masas

Lo que Chomsky no aborda en su magnífico y sintético análisis sociológico son los mecanismos psicosociales que se echan a andar para lograr estos objetivos mediante la manipulación regresiva o infantilización propia de la cultura de masas vigente en la actualidad.


La cultura de masas se ha definido como el conjunto de formas de expresión cultural que atraen a los individuos en condiciones donde se encuentran influenciados por masas reales o fantaseadas, es decir, en condiciones donde la psicología de las masas opera sobre ellos (Kernberg). Así, la cultura de masas contemporánea se caracteriza por la manipulación de éstas y su consecuente control social.


La novedad contemporánea es que las masas no tienen que estar reunidas físicamente en el mismo lugar: el mismo efecto psicológico se logra cuando multitud de televidentes individuales –cada uno en su hogar– ve el mismo noticiero o programa televisivo de diversión, o se conecta a internet para atender la misma noticia o fuente de información. La industria del entretenimiento a través de la prensa, radio, cine y televisión, redes sociales, así como las dis¬cotecas o el deporte como espectáculo, son la expresión contemporánea más acabada de este fenómeno.


Esta conformación de una cultura de masas por medios virtuales genera una visión llena de convencionalismo y conformismo acorde con el mundo interno de la etapa infantil que transcurre entre los cinco y diez años de edad, época en que los niños no se independizan todavía de los valores de los padres y de la cultura, asumiéndolos en formas muy simplificadas, como el bueno y el malo en las películas del oeste, sin matices ni contradicciones. Simultáneamente, hay deseos y fantasías de poder que hacen que el niño se interese por las historias de héroes y superhéroes.

Cultura de masas e industria del entretenimiento

En la cultura de masas la formación de grupos que funcionan en un nivel de inmadurez, de infantilismo, “puede provocarse también mediante el placer que se siente en la experiencia regresiva al formar parte de un proceso grupal, y por el goce de la fusión regresiva con los otros, derivado de los procesos generalizados de identificación en la masa” (Kernberg), que se relaciona con el concepto de Canetti del gentío festejante.


A esto hay que agregar la dimensión económica del neoliberalismo, productor de condiciones que impactan todos los ámbitos, donde perdemos importancia como ciudadanos para quedar como meros consumidores sujetos al imperio del mercado. La trascendencia económico-política de poder producir agrupamientos pree¬dípicos, o infantilizados, mediante el placer de la experiencia regresiva, es que reúnen un ideal capitalista de control social: son eficaces, rentables y reproducibles al infinito.

Manipulación política

Este fenómeno de masas infantilizadas que generan los medios de difusión da lugar a un incremento de la credulidad y la emocionalidad en el público, lo cual inhibe el análisis racional de los contenidos. Por eso la propaganda y la publicidad se dirigen fundamentalmente a generar ciertas emociones en el público, donde la racionalidad no importa y, de hecho, se utiliza para impedir que aparezca.


De la misma manera, en la propaganda política no son sustantivos los programas de gobierno ni las posturas ideológicas, sino la generación de emociones descalificadoras o esperanzadoras, muchas veces sin sustento objetivo alguno, pero eficaces para manipular a un público crédulo. Por eso también en el voto dominan las emociones en lugar de la racionalidad sustentada en datos objetivos.
Unos votan desde el estómago y la dependencia, y venden su voto por unos pesos; otros votan desde el hígado y emiten voto de castigo a un partido político porque el mandatario anterior tuvo posturas impopulares, aunque votar por el otro partido signifique una lesión grave a los beneficios obtenidos para las capas populares y medias que son su origen de clase y generen después –demasiado tarde– manifestaciones masivas de protesta. Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles, y por el modelo económico neoliberal que produce las mercancías en los lugares del mundo donde encuentra menores costos de operación y, en consecuencia, saca las empresas del país de origen.
Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema.


Por ello, en el psicoanálisis se ha pasado de tratar problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos, al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad en algunos, y la omnipotencia y egoísmo en otros.


En los casos más graves de inmadurez, denominados fronterizos simbióticos o de nivel bajo, el síntoma de difusión de la identidad destaca por su importancia y produce personalidades adhesivas, ambiguas y “gelatinosas”.


La sumatoria de estos dos hechos da un resultado terrible: la conformación de un sector amplio de la población infantilizada y manipulable, al que se agregan eficaces técnicas publicitarias en los medios masivos de difusión que permiten infantilizar y manipular al auditorio, tanto más a los ya infantilizados, para venderles productos prescindibles, así como para inducirles el sentido de su voto.

 

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Facebook admite que registra el movimiento del ratón en la pantalla del ordenador

La red social también detecta “el número de teléfono, la dirección IP, la velocidad de conexión y, en algunos casos, información acerca de los dispositivos que están cerca o en su misma red", según ha confirmado en un documento.


La compañía de Mark Zuckerberg ha revelado, en un documento enviado al Senado de Estados Unidos, cómo recoge datos de los usuarios y de sus hábitos mientras hacen uso de sus dispositivos. El documento, que consta de 228 páginas, ha provocado polémica por la forma de recoger información.


Facebook ha reconocido que monitoriza los movimientos del ratón en el ordenador, un tipo de rastreo conocido como mouse tracking, para, según su versión, "mejorar su interfaz".


Además, también llega a conocer si una ventana está en primer o segundo plano, para "ayudar a saber si se trata de una persona o un robot", según se afirma en el escrito.


"Recopilamos información de y sobre los ordenadores, teléfonos, televisores y otros dispositivos conectados a Internet que usan los usuarios que se relacionan con nuestros productos, y combinamos esta información en diferentes dispositivos que usan los usuarios", escribió Facebook en el documento agregando que la información recopilada se utiliza para "personalizar mejor el contenido (incluidos los anuncios)”.


La red social también detecta “el número de teléfono, la dirección IP, la velocidad de conexión y, en algunos casos, información acerca de los dispositivos que están cerca o en su misma red, con lo que podemos hacer cosas como ayudarles a enviar un vídeo desde el teléfono al televisor”.


Estos métodos se suman a los que hasta ahora se conocía que usaba la compañía para la recopilación de datos como la localización GPS o el acceso a la cámara y a la galería de fotos.