Sábado, 28 Julio 2018 09:04

De policía a cazador

De policía a cazador

¿Cuál es la concepción de Derechos Humanos que rige en la Policía Nacional, y cómo es el proceso formativo que imparten a los nuevos uniformados, para que consideren que su autoridad descansa en las armas? ¿Es posible pasar de una fuerza de ocupación, como en realidad es esta institución en Colombia, a un cuerpo de control social regido por la soberanía comunitaria?

 

“Un grupo especial de comando está preparado para perseguir y matar extraterrestres cucarachas, que invaden el planeta y se esconden en cloacas y ruinas, pero en una de las persecuciones uno de los soldados más eficientes es rociado con algo en el rostro por una de las cucarachas, justo cuando el soldado está dispuesto a matarla. Sucede algo en un inicio incomprensible para él, descubre que a quien ha estado matando no son cucarachas, el spray que rociaron en su cara le ha permitido ver que son personas, mujeres y niños escondidos en esas ruinas que lo miran directamente a los ojos. Se siente aterrorizado porque ya ha matado a muchos; cuando le cuenta a su superior éste le confirma y le da la opción de aplicarle un mecanismo para olvidar o vivir con la culpa que eso implica. El oficial decide someterse al mecanismo para olvidar (serie de Netflix, “Black Mirror 3” temporada 5to episodio)”.

 

Una serie de ficción, que como siempre carga rasgos de realidad. Esa que sí vivimos en Colombia, para el caso que nos ocupa en Bogotá, en donde el pasado 15 de junio un grupo de jóvenes, después de una salida de amigos, intentan abordar un bus del servicio integrado de transporte, ingresando sin pagar a la estación de Transmilenio de la Autopista Norte con calle 142. Intento fallido, pues son vistos por un policía que hace una voz de alto no acatada por los requeridos, quienes echan a correr. Reacción lógica, mucho más cuando se es joven, pues todos temen llegar a las celdas de la mal llamada Unidad Permanente de Justicia (UPJ), espacios hacinados donde se violan casi todos los derechos humanos.

 

¿Todo normal? No. Pero sí en Colombia, un país donde la naturalización de la violencia mutó en estrategia de vida para miles de miles; un país donde la policía, militarizada, dota con armas de gran poder a sus efectivos, los mismos que las usan más para agredir que para prevenir, convirtiéndose de hecho, y de esta manera, en una fuerza de ocupación, como sucede cuando un país es invadido por otro. Naturalización de la violencia que lleva a banalizar el mal, donde no sólo se agrade por cualquier motivo, hasta por los más intrascendentes, y donde personas normales cometen actos monstruosos.

 

Es por ello que este es apenas el inicio de una triste tragedia, pues en el caso de estos jóvenes, el policía, cegado por “el cumplimiento de su deber” –proteger y hacer respetar la propiedad privada– decide perseguirlos unas ocho cuadras, pero sin poderlos capturar. ¿Hubo una motivación profunda, sentimiento de frustración o rivalidad de fuerza que lo impulsaron a demostrar su poder y autoridad? O más tenebroso aún, no fue una emoción profunda que nubló su razón, sino que su lógica secunda sus acciones.

 

Con argumentos en su cabeza que validan su proceder, el policía actúa, toma un taxi y se dirige tras los jóvenes. Ya no es policía, ahora es un cazador. Cuando llega al lugar donde se encuentran –calle 144 con carrera 46– se baja del vehículo y desenfunda su arma; por pura reacción de autoprotección los jóvenes corren de nuevo, ahora por temor al arma; un estruendo estalla y un segundo después yace en el suelo Andrés Camilo Ortiz, de 19 años de edad, uno de los jóvenes que huía del cazador urbano.

 

El susto agobia a sus compañeros, que corren con más energía, pese a lo cual uno de ellos hace un alto para intentar socorrer a quien ahora está moribundo, pero al acercarse al cuerpo alza la vista y ve que el “el paladín de la justicia” le apunta directamente; el frío recorre su cuerpo y siente que tiene que autoprotegerse, retoma la carrera. El policía, con “su trofeo” en el piso, camina de un lado a otro sin solicitar ayuda médica inmediata para el joven que siente que la vida se le va.

 

¿Un motivo para morir? Andrés Camilo nunca hubiera pensado así, mucho menos lo hubiera deseado, nunca hubiera pensado que un policía, por el simple hecho de portar un uniforme verde y un arma, llegara a asumir una simple colada a un portal como motivo para acabar con su vida, tal vez joven como él, viviendo con sus 19 años en plena primavera.

 

Pero Andrés desconocía que los agentes de la Policía Nacional son sometidos voluntariamente a una formación que acalla su conciencia, que elimina la empatía básica entre seres humanos, igual que en la historia del inicio, mecanismos de desconexión moral para ver enemigos en los otros, y considerar cada acción como un combate.

 

Las cámaras del sector registraron todo, ahí está la memoria de lo sucedido, de lo que nunca más debiera volver a ocurrir. El desenlace para Andrés Camilo Ortíz, de 19 años de edad, estudiante de tercer semestre de contaduría de la Universidad Nacional, es fatal. Un joven víctima de un policía que, reaccionó de acuerdo a procesos formativos recibidos, mentalizado como el disciplinador social, que está convencido que más que una vida, hay que proteger el “orden y la propiedad privada”, que las instituciones y las cosas son más importantes que las personas. Así, el policía formado sin un margen de autonomía y valoración ante cada circunstancia que vive y/o enfrenta, sin un aprendizaje donde resalte la vida por sobre cualquier bien privado o público, termina por considerar que ante la burla de estos jóvenes él está cumpliendo con su deber.

 

Buscando pistas

 

Juan es teniente retirado del ejército, es un conocido y amigo a quien reencuentro y le narro los hechos para entender mejor lo sucedido.

 

–Es que si los muchachos se metieron al Transmilenio sin pagar eso es una falta, pero se volvió un delito cuando se les dio la voz de alto y se echaron a correr. Me dice Juan con tranquilidad.

 

–Y ahí, el policía sí puede disparar. Agrega.

 

Esto me produce terror, porque no logro comprender la estructura de las leyes de un país donde es legal disparar a unos jóvenes por no acatar un grito de alto, cuya única falta fue querer entrar colados al sistema de transporte público, y después, por natural temor, correr al ver a la policía. Un temor donde la ética está escrita sobre simples conveniencias institucionales y sus integrantes no hacen, sobre dichas leyes, ningún discernimiento ético, sobre la valoración de la vida y de lo que puede ser catalogado o no, como delito.

 

Pienso en lo dicho por mi amigo Teniente y en el significado profundo de lo que rodea esa voz de ¡alto!, y me produce terror saber, pensar que los policías ven como enemigo y criminal a una persona que no obedece de manera inmediata sus órdenes, por lo cual pueden atentar contra su vida; policías que tienen la convicción total de que sus acciones son coherentes con la ética impartida en el entrenamiento que los prepara para su supuesta función social: proteger y servir a la comunidad.

 

En la lista de horrores que me produce el hecho y hablar de él, me horroriza la absoluta justificación y naturalidad con la que piensa un militar o policía como Juan; cuando la acción que terminó con la vida de Andrés Camilo, según la norma establecida, tiene para él una justificación, por lo cual se siente totalmente libre de culpa y bendecido por el cumplimiento del deber.

 

Dice Juan: “para mi siempre se trata de cumplir la ley del ejército y la ley de Dios, y si tengo que matar a un delincuente en un enfrentamiento pues lo hago”. Y se echa la bendición.

 

¿Ha pensado nuestra sociedad a quiénes y cómo están formando a nuestros supuestos protectores? Las consecuencias en todo caso están a la vista, indicándonos que es urgente construir otra política para la seguridad colectiva.

 

Trasfondo

 

¿Es este policía una persona intrínsecamente mala, con el potencial de matar y hacer daño a otros? ¿Es la fuerza pública un grupo de individuos malvados y violentos, sin familias y con impulsos agresivos incontrolables?

 

Para buscar luz ante este interrogante acudo al psicólogo e investigador Albert Bandura quien asegura que: “Los actos inhumanos son perpetrados por personas que en otros aspectos de sus vidas pueden ser compasivos y humanos”. En sus estudios, Bandura expone los mecanismos de desconexión moral, y parte de las respuestas a las conductas, en este caso de los uniformados que son padres, esposos, ciudadanos, a lo mejor ejemplares, pero que no tienen ningún problema ético al matar, torturar o hacer daño a quien considera como su enemigo.

 

Las personas dentro del contexto social desarrollan un marco de referencia moral que les permite identificar lo bueno y lo malo. Estas normas guían y determinan la conducta. Sin embargo para la conducta del transgresor (en este caso el policía) lo que sucede es un acomodamiento del referente ético de manera que no le incomode. Para Bandura la gente “buena” puede llegar a cometer actos crueles. Lo que hace es conectarse o desconectarse de esas normas morales, y justificar las acciones dependiendo de a quien catalogue de humano o no.

 

Para así proceder tiene varios mecanismos de desconexión moral. Las instituciones militares, religiosas, políticas, y casi cualquiera que pueda resguardarse en un ideal, usan con frecuencia estos mecanismos para validar sus actos (masacres, asesinatos, secuestros, desapariciones, genocidios) Las personas en nombre de ideales –supuestos o reales– hacen cosas para sentirse orgullosas, tener una bandera por la cual luchar les potencia valor personal, un ejemplo de siglos atrás son las Cruzadas, para aquellos caballeros matar estaba totalmente justificado, los enemigos estaban nada menos que en contra de Dios. Pero en tiempo reciente nos podemos acercar a multitud de ejemplos, entre ellos el propio fascismo, en lucha contra el comunismo, o en nuestro territorio los propios paramilitares –o sus aliados en los cuarteles– en lucha contra el “narcoterrorismo”.

 

Son “héroes” de ayer y de hoy, en cuyos casos deshumanizan al enemigo (la víctima), convirtiéndolo en un subhumano, lo que impide que lleguen a generar empatía con él, de ahí que al aludir al mismo anulen sus características humanas, identificándolo dentro de un grupo agresor, revoltoso, terrorista, insurgente, delincuente, o similar*.

 

Para así proceder, uno de los mecanismos más poderosos es la justificación moral, a partir del uso de palabras engañosas para santificar la conducta destructiva, para lo cual cada persona o institución tiene sus propios argumentos para validar sus acciones. Es común en ello el uso de lenguajes enrevesados y eufemismos, con lo cual ocultan la violencia y la agresión que despliegan a partir de ciertas políticas o medidas desplegadas, todo lo cual resume técnicas ya muy desarrolladas por los políticos que no hablan de desalojo de una población sino de reubicación, que no aluden a niveles de pobreza sino de poblaciones vulnerables.

 

Estamos, entonces, ante toda una maquinaria del poder, que requiere un abandono de la voluntad individual para someterse a la obediencia de un superior que lo es en rango, asumido, además, como tal en inteligencia. ¿Cómo discutir con alguien superior a ti? ¿Cómo discutir con quien significa el ideal de lo que quieres llegar a ser? Solo hay una máxima: Obediencia.

 

Comportamiento que de manera técnica recibe el nombre de único superior, y que lleva a la obediencia ciega, la cual tiene otras consecuencias pues cuando un subalterno es enjuiciado y argumenta que simplemente obedecía la ley lo sancionan, porque la obediencia institucional o grupal no exime del delito.

 

Responsabilidad flotante

 

Estamos ante un sistema de estructuración de mentalidades sometidas que es complejo. Los sistemas de autoridad están estructurados para que las políticas destructivas sean camufladas, disimuladas, no explícitas ni directas, pueden ser incluso ilegales –como los paramilitares en Colombia–, que les permite a quienes están en la punta de la pirámide jerárquica desentenderse de las consecuencias y negar las responsabilidades. Además que las culpas quedan diseminadas en cada fracción de la acción, lo que le resta la magnitud de terror que el hecho pudiera tener. Por ejemplo, uno da la orden, otro estructura la estrategia, otro consigue el armamento, otros realizan la acción con la convicción de que cumplen órdenes, ¿la culpa es de todos o es de nadie? La acción grupal propicia el anonimato.

 

Pero también, los mecanismos finales desplegados por el poder culpabilizan a la víctima; por supuesto, para que el sistema moral no se active se desestiman los efectos dañinos de la acción.


Todos estos recursos son potenciados por el poder al momento de formar a quienes supuestamente protegen a la sociedad, los que construyen una coraza en el cerebro de cada uno de sus funcionarios y de sus agentes. Actúan de manera violenta protegidos por tales recursos.

 

Así, al momento del disparo contra Andrés Camilo Ortiz, cuando milésimas de segundo después yace en el suelo moribundo, el “agente del orden” camina de un lado para otro, tal vez se está activando su sistema moral, para encontrar en alguno de los mecanismos antes mencionados la razón lógica de sus acciones. Finalmente, de acuerdo a su razonar, la culpa será del estudiante, que aunque no es un delincuente seguramente su conciencia –en su agonía– le dirá que se portó como tal.

 

¿Paradoja? No. Es el poder y todo su arsenal de defensa y ataque desplegado, en este caso para imponer “orden”, no importa el precio que implique lograrlo ni las consecuencias de ello.

 

* Esto es lo más tradicional, pero ahora también se habla de moralización tecnológica, ya no de personas sino que se usan términos tecnológicos o números, por ejemplo.

 

Publicado enEdición Nº248
La militarización de la seguridad nacional: una tendencia que va más allá de los signos políticos

La creciente utilización de las FFAA en temas de seguridad interior se expande por América Latina, pese a los notables fracasos y a la larga historia de violaciones de los derechos humanos. Primero fue Colombia, le siguió México, Brasil y ahora es el turno de Argentina. La militarización avanza mientras las sociedades se sienten desprotegidas.

El gobierno de Mauricio Macri decidió que las Fuerzas Armadas se desplieguen para proteger objetivos estratégicos en la frontera norte. El presidente anunció la medida el lunes 23 en Campo de Mayo, uno de los mayores cuarteles del país. Como era previsible, la oposición y los organismos de derechos humanos lo criticaron argumentando que se rompe así una tradición nacida luego de la dictadura militar (1976-1983), que provocó la desaparición de 30.000 personas y de la cual las Fuerzas Armadas salieron muy desprestigiadas.


Desde ese momento el presupuesto de defensa ha ido en disminución, a tal punto que los 40.000 miembros con los que cuentan en la actualidad, son menos de la mitad de los que tenían cuando entregaron el poder a los civiles hace 35 años. Diversas leyes aprobadas en democracia, como la Ley de Defensa de 1988, la de Seguridad Interna en 1991 y la de Inteligencia en 2001, prohíben expresamente la participación de los militares en el orden interno.


Aunque el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) acotó aún más las tareas de las FFAA, su sucesora Cristina Fernández (2007-2015) decidió que los militares colaboren con la vigilancia del espacio aéreo de las fronteras con Bolivia, Brasil y Paraguay, donde el narcotráfico tiene presencia. Sin embargo, la decisión de Macri va más allá, pasando por encima de la propia legislación y sin consultar siquiera al Parlamento.


Las relaciones del Gobierno argentino con las FFAA no son buenas. Semanas atrás hubo un encontronazo con la cúpula militar cuando se anunció un aumento salarial para este año del 8%, cuando la inflación supera el 30 %. La crisis llevó a la suspensión del desfile militar previsto para la fecha patria del 9 de julio y dar marcha atrás decidiendo un aumento del 20%.


La polémica desatada en Argentina puede ser una buena oportunidad para revisar el papel de las FFAA en los países latinoamericanos, lo que conlleva ciertas sorpresas. Sabemos que se utilizan legalmente en Brasil, Colombia, México y ahora en Argentina, pero la realidad nos dice que en la mayoría de los países del continente los militares participan en el orden interior, más allá del signo político del gobierno, sea conservador o progresista.


La mayoría de los países de Centroamérica que poseen fuerzas armadas (Costa Rica y Panamá no las tienen), contemplan la posibilidad de que sean utilizadas para garantizar el orden interno, en particular para combatir el terrorismo y el crimen organizado, pero también para la protección del medio ambiente o la "seguridad en el campo", como sostiene el Libro de la Defensa Nacional de Nicaragua de 2005.
Pero su uso también está contemplado en la Ley de la Defensa Nacional de Cuba, de 1994, para "mantener el orden interior"; y en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación de Venezuela, de 2002. En Brasil, las fuerzas armadas participan en tareas de policía de forma indistinta, por decisiones de gobiernos de derecha y de izquierda.


Las utilizó Dilma Rousseff durante los Juegos Olímpicos de 2016 y en el Mundial de Fútbol de 2014, entre otras ocasiones. El actual presidente Michel Temer llevó al Ejército a grandes ciudades como Río de Janeiro. Según el Ministerio de Defensa de Brasil, entre 1992 y junio de 2018, las FFAA fueron utilizadas en 132 ocasiones para actuar en lugar de la Policía.


El caso más notorio es el de México: en los 12 años de 'guerra contra las drogas' han sido asesinadas alrededor de 200.000 personas, más de 30.000 están desaparecidas y el desplazamiento forzado supera los 250.000 habitantes. Pese a todo, la violencia sigue creciendo, ya que 2017 fue "el más violento en la historia contemporánea de México".


Pese a que ya nadie puede ocultar el fracaso de la participación de los militares en el orden interior, la tendencia sigue creciendo. Incluso The New York Times, portavoz de una parte de las elites estadounidenses, sostiene que la militarización equivale a una "adicción al fracaso" de las políticas de los gobiernos latinoamericanos y en particular del de México.


Encuentro varias razones para que este proceso siga adelante sin interrupciones, pese a que no obtiene los resultados esperados y profundiza la crisis social.


La primera es que asistimos a una "militarización del poder" en América Latina, como sostiene el analista Marcos Roitman Rosenmann. En su opinión, "el asesinato de cientos de dirigentes medioambientales, activistas, militantes populares, defensores de los derechos humanos y periodistas", es un genocidio ya que las fuerzas de seguridad del Estado convierten en objetivo a los movimientos sociales.


Lo anterior es enteramente cierto, pero no alcanza para explicar las razones por las cuales los gobiernos que se proclaman progresistas, o de izquierda, también forman parte de la misma tendencia hacia la militarización. Quiero decir que estamos ante una cuestión sistémica, de carácter estructural, que va mucho más allá de las tendencias de tal o cual gobierno.


En segundo lugar, en el mundo gobierna algo que se ha llamado "fascismo financiero", que consiste en el dominio del sistema bancario/financiero en los principales países de Occidente, como sostiene el sociólogo Boaventura de Sousa. Este tipo de dominación nos lleva hacia "una espiral de barbarie", como sostiene un reciente y documentado trabajo, está "fagocitando las últimas reservas de civilización".
Todo indica que la militarización en curso, impulsada por el complejo militar-industrial de EEUU y por el sistema financiero mundial, que promueven grandes obras de infraestructura, la minería a cielo abierto y los monocultivos que suponen despojo de los pueblos y veloz acumulación de capital, es la causa última de la militarización. Porque vulnera la soberanía estatal y margina al 50% de la población.
Ignorar las tendencias de fondo nos impide observar la totalidad del panorama y hablar apenas de lo que nos conviene.

Publicado enInternacional
El fascismo ya está inmerso entre nosotros

El intelectual italiano Umberto Eco definió las 14 caracteristicas principales del fascismo eterno. Eco pedía apuntar con el índice cada vez que este fascismo eterno pueda aparecer en cualquier parte del mundo. Su objetivo era claro: desenmascararlo y combatirlo.


Interesante, como ejercicio filosófico y político, sería ver hasta qué punto estas 14 características aparecen hoy en día en la sociedad israelí, influenciada en forma directa por el pensamiento y la ideología sionista.


El primer punto se refería al culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación que aparece en los textos sagrados. Qué mejor ejemplo que el del gobierno actual de Israel, influenciado por la derecha israelí y los factores religiosos ortodoxos, que propone y promulga legislación de tinte tradicionalista y religiosa que influye en forma directa en la vida cotidiana de sus habitantes.


La segunda característica nos habla del rechazo al modernismo, principio de la depravación humana. En este punto es dificil de acusar al gobierno de Israel de aversión al modernismo. El problema vuelve a aparecer en las influencias políticas de los partidos de ultraderecha religiosa y ortodoxa que integran la coalición de Netanyahu. Políticos que sueñan con insertar los valores religiosos, tradicionalistas pero arcaicos en los diferentes niveles del quehacer cotidiano de la sociedad.


El tercer item nos habla de la cultura como sospechosa en la medida en que ella se identifica con actitudes críticas para con el accionar y la política del actual gobierno. Qué mejor ejemplo que el de la actual ministra de Cultura y Deportes, quien ataca en forma descarada cualquier hecho cultural (cine, radio, teatro) que trae algún tinte crítico o acusador del accionar de la derecha israelí. Prohibiciones, despidos, cese de ayuda o subsidios económicos es moneda corriente del actual gobierno.


El fascismo eterno, según Eco, considera que pensar es una forma de castración. Idolatra el culto de la acción por la acción, rechaza todo pensamiento crítico...quien entra en desacuerdo con el accionar del gobierno es tildado de traición. ¿Cuántas veces aparecen en los medios de comunicación acusaciones de traición contra personalidades culturales o políticas que piensan de forma distinta?...decenas de veces por día. Acusar de traidor a todo el que piensa diferente pasó a ser de uso corriente en el lenguaje cotidiano de gran parte de la población israelí.


El miedo a lo diferente...el fascismo eterno es racista por definición: está en contra del otro, de los intrusos, de todo el que no es como él... qué decir del comportamiento gubernamental y de gran parte de la población con respecto a: los palestinos, los árabes israelíes, los judíos de procedencia etíope, los judíos conservadores o reformistas, los intelectuales de izquierda, los no sionistas...(y la lista sigue...).
El fascismo eterno encontrará en la clase media frustrada y en aquellos grupos sociales que se sienten defraudados o humillados por una izquierda claudicante y soberbia, caldo de cultivo para sustentar su poder. ¿Qué mejor ejemplo que el apoyo popular sin precedentes que tiene el actual gobierno de derecha?


La lista es larga e interesante. Aparecen en ella características como: el nacionalismo y la xenofobia, la creencia en el complot internacional que quiere destruir al Estado (alguien dijo Irán), el miedo al enemigo, el principio de guerra permanente (no hay con quien hablar, los palestinos solo entienden de violencia, la palabra paz es imposible en el Medio Oriente).


Esto produce la aparición de características en la sociedad israelí que y por casualidad (o ¿causalidad?) aparecen en el listado de Umberto Eco. Me refiero al elitismo y al desprecio por los débiles, al heroísmo y al culto de la muerte de una sociedad israeli militarizada en una enésima potencia, al machismo y al odio por el sexo no conformista, al populismo cualitativo, a la continua lucha del gobierno de Netanyahu por contrarrestar las influencias del poder judicial, quien trata con todas sus fuerzas de limitar y minimizar las últimas legislaciones antidemocráticas del gobierno.


El gobierno de Netanyahu, siguiendo las definiciones de Eco, utiliza un lenguaje pobre, una sintaxis elemental para tratar en todo lo posible de limitar los instrumentos que permitan a los ciudadanos el razonamiento complejo y crítico.


En algún momento y en algún lugar, estallaron voces que exigían: ¡No pasarán!... lamentablemente el fascismo está instalado en la mentalidad y el pensamiento sionista del actual gobierno de Israel. Dicho gobierno que aprovecha la coyuntura política y el respaldo internacional de Trump y de distintos gobiernos retrógrados de la región, para legislar decretos y leyes que afiancen el pensamiento sionista fascista en la vida cotidiana del país.


* Profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

 

 

Publicado enSociedad
Cultura de masas y propaganda: la infantilización de las decisiones

La insoslayable naturaleza gregaria del ser humano entra en contradicción con la creación de conceptos nuevos generados por la Revolución industrial y el surgimiento de la modernidad, allá por el siglo xvii y xviii, que creó el concepto de individuo y otros igualmente trascendentes: subjetividad y libre albedrío, que llevan a la búsqueda de la independencia individual que nunca es total, pues vincularnos con otros, sobre todo en una relación amorosa, requiere ceder algo y, a veces, mucho, de la independencia personal en aras de la creación de una imprescindible interdependencia al darle un lugar privilegiado, prioritario, al ser amado. En la relación amorosa se requiere de una posibilidad dinámica: de una entrega amplia, a veces fusional, pero transitoria, para después recuperar la individualidad.

La pareja es el ejemplo más acentuado de la importancia que tienen para los seres humanos los grupos: de familiares, de amigos, de colegas, etcétera. Pero los grupos tienen también un efecto contradictorio: algunos son protectores, tranquilizantes y otros son inquietantes e inclusive atemorizantes. Además, tienen un efecto peculiar sobre los individuos que los integran, crean un efecto regresivo a etapas tempranas del desarrollo, tanto más acentuado cuanto más grande es el grupo, con la consecuencia de que domine el polo emocional sobre el racional. Piénsese, por ejemplo, en los cambios que se generan en los individuos cuando acuden a un partido de fútbol.


Esto llevó a que grandes pensadores, como Gustave Le Bon, Freud y Lacan consideraran a los grupos sólo como generadores de ilusiones y distorsiones del pensamiento por el predominio en ellos de la emocionalidad y la impulsividad. A partir de las experiencias de trabajo de Wilfred Bion con grupos psicoanalíticos durante y después de la segunda guerra mundial se cambió dicha comprensión: las emociones generadas por los grupos pueden ser fuente de distorsión del pensamiento, pero también pueden estimularlo, generar nuevos pensamientos y la consecuente creatividad.


Debido a que como especie estamos condenados a vivir en grupos y en sociedad, tenemos que aprender a obtener lo mejor de esta realidad sin dejar que se distorsionen nuestros ideales y pensamientos, situación difícil cuando la cultura postmoderna y las técnicas de publicidad desarrolladas desde hace un siglo están diseñadas precisamente para manipular los deseos e ideales de los ciudadanos con fines económicos y políticos.


Ahí está planteado el dilema contemporáneo: ¿podemos mantener nuestro pensamiento, ideales y relativa independencia sin afectación a pesar de las presiones de la cultura y los medios de difusión, o seremos fácil presa de sus ardides?

Razón de ser de la propaganda y su relación con la época

En una entrevista filmada y difundida por Spanish Revolution a través de las redes, el gran pensador Noam Chomsky plantea que la industria de las relaciones públicas y la industria de la publicidad, que se dedican a crear consumidores, fueron desarrolladas hace aproximadamente un siglo en Inglaterra y es por una razón que se les volvió clara: ya no podían controlar por la fuerza a la población porque habían ganado demasiada libertad y, en consecuencia, buscaron otras maneras de mantener el control social y encontraron que una de las mejores maneras de controlar a las personas estaba y está relacionada con sus creencias y actitudes, sobre todo en la práctica de “fabricar consumidores”, para que se dediquen a obtener cosas que están a su alcance (aunque sean prescindibles) y que eso sea la esencia de su vida; de esa manera quedarán atrapados no sólo como consumidores sino como consumistas.


Eso fue logrado por el modelo económico neoliberal de manera masiva alrededor de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, con la creación de supermercados y grandes centros comerciales promovidos desde la publicidad en los medios masivos de difusión, estimulando los nuevos ideales de narcisismo, hedonismo y consumismo, así como creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales por medio de la manipulación publicitaria que apela a las emociones y bloquea las decisiones racionales, y plantea cómo debe ser la vida ideal con el tipo de aparatos que se deben tener y que frecuentemente no son necesarios, así como el tipo de vida a llevar siempre orientada a lo rentable para el sistema comercial.


En el caso de los procesos electorales para alcanzar puestos políticos el procedimiento funciona de la misma manera: buscan crear un electorado desinformado que tome decisiones irracionales, a menudo en contra de sus propios intereses, por medio de la creación de grandes espectáculos manipuladores que conforman el proceso electoral supuestamente racional, que sólo es alcanzable para unos pocos ciudadanos con suficiente espíritu crítico y con posturas racionales no dogmáticas.

Infantilización, medios masivos de difusión y cultura de masas

Lo que Chomsky no aborda en su magnífico y sintético análisis sociológico son los mecanismos psicosociales que se echan a andar para lograr estos objetivos mediante la manipulación regresiva o infantilización propia de la cultura de masas vigente en la actualidad.


La cultura de masas se ha definido como el conjunto de formas de expresión cultural que atraen a los individuos en condiciones donde se encuentran influenciados por masas reales o fantaseadas, es decir, en condiciones donde la psicología de las masas opera sobre ellos (Kernberg). Así, la cultura de masas contemporánea se caracteriza por la manipulación de éstas y su consecuente control social.


La novedad contemporánea es que las masas no tienen que estar reunidas físicamente en el mismo lugar: el mismo efecto psicológico se logra cuando multitud de televidentes individuales –cada uno en su hogar– ve el mismo noticiero o programa televisivo de diversión, o se conecta a internet para atender la misma noticia o fuente de información. La industria del entretenimiento a través de la prensa, radio, cine y televisión, redes sociales, así como las dis¬cotecas o el deporte como espectáculo, son la expresión contemporánea más acabada de este fenómeno.


Esta conformación de una cultura de masas por medios virtuales genera una visión llena de convencionalismo y conformismo acorde con el mundo interno de la etapa infantil que transcurre entre los cinco y diez años de edad, época en que los niños no se independizan todavía de los valores de los padres y de la cultura, asumiéndolos en formas muy simplificadas, como el bueno y el malo en las películas del oeste, sin matices ni contradicciones. Simultáneamente, hay deseos y fantasías de poder que hacen que el niño se interese por las historias de héroes y superhéroes.

Cultura de masas e industria del entretenimiento

En la cultura de masas la formación de grupos que funcionan en un nivel de inmadurez, de infantilismo, “puede provocarse también mediante el placer que se siente en la experiencia regresiva al formar parte de un proceso grupal, y por el goce de la fusión regresiva con los otros, derivado de los procesos generalizados de identificación en la masa” (Kernberg), que se relaciona con el concepto de Canetti del gentío festejante.


A esto hay que agregar la dimensión económica del neoliberalismo, productor de condiciones que impactan todos los ámbitos, donde perdemos importancia como ciudadanos para quedar como meros consumidores sujetos al imperio del mercado. La trascendencia económico-política de poder producir agrupamientos pree¬dípicos, o infantilizados, mediante el placer de la experiencia regresiva, es que reúnen un ideal capitalista de control social: son eficaces, rentables y reproducibles al infinito.

Manipulación política

Este fenómeno de masas infantilizadas que generan los medios de difusión da lugar a un incremento de la credulidad y la emocionalidad en el público, lo cual inhibe el análisis racional de los contenidos. Por eso la propaganda y la publicidad se dirigen fundamentalmente a generar ciertas emociones en el público, donde la racionalidad no importa y, de hecho, se utiliza para impedir que aparezca.


De la misma manera, en la propaganda política no son sustantivos los programas de gobierno ni las posturas ideológicas, sino la generación de emociones descalificadoras o esperanzadoras, muchas veces sin sustento objetivo alguno, pero eficaces para manipular a un público crédulo. Por eso también en el voto dominan las emociones en lugar de la racionalidad sustentada en datos objetivos.
Unos votan desde el estómago y la dependencia, y venden su voto por unos pesos; otros votan desde el hígado y emiten voto de castigo a un partido político porque el mandatario anterior tuvo posturas impopulares, aunque votar por el otro partido signifique una lesión grave a los beneficios obtenidos para las capas populares y medias que son su origen de clase y generen después –demasiado tarde– manifestaciones masivas de protesta. Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles, y por el modelo económico neoliberal que produce las mercancías en los lugares del mundo donde encuentra menores costos de operación y, en consecuencia, saca las empresas del país de origen.
Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema.


Por ello, en el psicoanálisis se ha pasado de tratar problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos, al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad en algunos, y la omnipotencia y egoísmo en otros.


En los casos más graves de inmadurez, denominados fronterizos simbióticos o de nivel bajo, el síntoma de difusión de la identidad destaca por su importancia y produce personalidades adhesivas, ambiguas y “gelatinosas”.


La sumatoria de estos dos hechos da un resultado terrible: la conformación de un sector amplio de la población infantilizada y manipulable, al que se agregan eficaces técnicas publicitarias en los medios masivos de difusión que permiten infantilizar y manipular al auditorio, tanto más a los ya infantilizados, para venderles productos prescindibles, así como para inducirles el sentido de su voto.

 

Publicado enCultura
Facebook admite que registra el movimiento del ratón en la pantalla del ordenador

La red social también detecta “el número de teléfono, la dirección IP, la velocidad de conexión y, en algunos casos, información acerca de los dispositivos que están cerca o en su misma red", según ha confirmado en un documento.


La compañía de Mark Zuckerberg ha revelado, en un documento enviado al Senado de Estados Unidos, cómo recoge datos de los usuarios y de sus hábitos mientras hacen uso de sus dispositivos. El documento, que consta de 228 páginas, ha provocado polémica por la forma de recoger información.


Facebook ha reconocido que monitoriza los movimientos del ratón en el ordenador, un tipo de rastreo conocido como mouse tracking, para, según su versión, "mejorar su interfaz".


Además, también llega a conocer si una ventana está en primer o segundo plano, para "ayudar a saber si se trata de una persona o un robot", según se afirma en el escrito.


"Recopilamos información de y sobre los ordenadores, teléfonos, televisores y otros dispositivos conectados a Internet que usan los usuarios que se relacionan con nuestros productos, y combinamos esta información en diferentes dispositivos que usan los usuarios", escribió Facebook en el documento agregando que la información recopilada se utiliza para "personalizar mejor el contenido (incluidos los anuncios)”.


La red social también detecta “el número de teléfono, la dirección IP, la velocidad de conexión y, en algunos casos, información acerca de los dispositivos que están cerca o en su misma red, con lo que podemos hacer cosas como ayudarles a enviar un vídeo desde el teléfono al televisor”.


Estos métodos se suman a los que hasta ahora se conocía que usaba la compañía para la recopilación de datos como la localización GPS o el acceso a la cámara y a la galería de fotos.

"El Gobierno y las empresas se han aprovechado de nuestra ignorancia, pero eso está llegando a su fin"

Cinco años después de la histórica filtración de datos de la NSA, Edward Snowden hace un balance de lo conseguido en la lucha contra la vigilancia masiva por el Estado y los servicios de inteligencia. "La gente dice que no ha cambiado nada, que todavía hay vigilancia masiva. Pero los cambios no se miden así. Mira la situación previa a 2013 y mira todo lo que ha pasado. Todo ha cambiado."

 

Cinco años después de la mayor filtración de documentos secretos de la historia, Edward Snowden no se arrepiente de nada. Estados Unidos lo tiene en la lista de personas más buscadas. Vive exiliado en Rusia. Sin embargo, se siente satisfecho con la forma en que sus revelaciones sobre vigilancia masiva han sacudido a gobiernos, agencias de inteligencia y las mayores empresas de internet.


En una entrevista telefónica con motivo del aniversario del día en que The Guardian publicó la noticia por primera vez, Snowden recuerda aquel día en que su mundo –y el de muchos otros en el planeta– cambió para siempre. Se fue a dormir en un hotel en Hong Kong y, cuando se despertó, la noticia de que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) había estado absorbiendo los datos de millones de móviles estadounidenses llevaba horas en los titulares.


Snowden supo en ese momento que su vida que conocía había acabado. "Me dio miedo, pero a la vez fue liberador", señala. "Tenía la sensación de que era algo definitivo. Ya no había vuelta atrás".


¿Qué ha pasado en los últimos cinco años? Snowden es uno de los fugitivos más famosos del mundo, se ha filmado con su historia un documental ganador de un Oscar, una película de Hollywood y se han escrito al menos una docena de libros. Los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido, a causa de sus revelaciones, han sido llevados a los tribunales para cambiar las leyes de vigilancia. Ambos países han tenido que aprobar nuevas leyes. Las empresas de internet, gracias a la reacción popular en torno a la privacidad, han hecho que el cifrado sea algo generalizado.


Snowden, evaluando los cambios, afirma que algunos activistas por la privacidad se han mostrado decepcionados con la forma en que se dieron los acontecimientos, pero él no está de acuerdo con eso. "La gente dice que no ha cambiado nada, que todavía hay vigilancia masiva. Pero así no es como se miden los cambios. Mira la situación previa a 2013 y mira todo lo que ha pasado. Todo ha cambiado".


Según él, el cambio más importante ha sido la conciencia pública: "El Gobierno y el sector empresarial se han aprovechado de nuestra ignorancia. Pero ahora lo sabemos. La gente es consciente. La gente sigue sin tener poder para detenerlo, pero lo estamos intentando. Las revelaciones han hecho que la lucha sea más de equilibrada", explica.
Snowden asegura que no se arrepiente de nada. "Si quisiera estar a salvo, no me habría ido de Hawái" (donde había sido destinado cuando trabajaba para la NSA, antes de marcharse a Hong Kong).


Su propia vida está marcada por la incertidumbre, quizá ahora más que nunca, dice. Su asilo en Rusia depende de un cambio de opinión del gobierno de Putin, y las agencias de inteligencia estadounidense y británica no le han perdonado. Para ellas, el asunto está más candente que nunca. Dicen que su traición les ha perjudicado a un nivel que el público no llega a comprender.


Esto se reflejó en una inusual declaración de Jeremy Fleming, director de la agencia de vigilancia británica GCHQ que, junto con la estadounidense NSA, fue el principal objetivo de la filtración. Respondiendo a una pregunta de The Guardian por el aniversario de la filtración, Fleming alega que la misión de GCHQ era mantener Reino Unido a salvo: "Lo que hizo Edward Snowden hace cinco años fue ilegal y puso en peligro nuestra capacidad de proteger Reino Unido, provocando un daño real e innecesario a la seguridad del país y a nuestros aliados. Debería pagar por lo que hizo"

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El peligro de lo no publicado


La furia de la comunidad de inteligencia en Estados Unidos y Reino Unido no es sólo por lo que se ha publicado –que representa poco más del 1% de los documentos– sino también por lo que no se ha publicado. Explican que han tenido que trabajar suponiendo que toda la información a la que tuvo acceso Snowden ha sido comprometida y la han tenido que desechar.


Las agencias tuvieron otro trabajo más. Al haber tenido que desechar tanta información, tuvieron que desarrollar e instalar nuevos y mejores sistemas, más rápido de lo planeado. Otro cambio llegó en el área de transparencia. Antes de Snowden, las preguntas de la prensa a la GCHQ se encontraban con respuestas de "sin comentarios", mientras que ahora tienen más voluntad de colaborar. El hecho de que Fleming haya respondido con una declaración demuestra ese cambio.


En su declaración, Fleming expresa su compromiso con la transparencia, pero deja claro que eso no es mérito de Snowden, porque el cambio es anterior a 2013. "Es importante que sigamos siendo tan abiertos como podamos y estoy comprometido con los cambios que hemos comenzado hace más de una década para lograr mayor transparencia".
Otras personas de los servicios de inteligencia, especialmente en Estados Unidos, admiten a regañadientes que fue por Snowden por lo que comenzaron a debatir sobre dónde se debía trazar la línea que separa la vigilancia de la privacidad. El exdirector adjunto de la NSA, Richard Ledgett, cuando se jubiló el año pasado, afirmó que el Gobierno debería haber hecho pública la información de que poseía una gran cantidad de datos telefónicos.


El exdirector de la GCHQ, David Omand, está de acuerdo con la afirmación de Fleming sobre el daño causado, pero admite que Snowden ha contribuido a que se introduzca legislación nueva. "Ahora tenemos un marco legal mejor y más transparente para la recolección de datos de inteligencia. Por supuesto que esto habría sucedido de todas formas, pero indudablemente sus acciones aceleraron el proceso", señaló Omand.


El Congreso estadounidense aprobó la Freedom Act en 2015, que limita la recogida masiva de datos telefónicos. Un año más tarde, el Parlamento británico aprobó la polémica Investigatory Powers Act (Ley de Poderes de Investigación).


Ross Anderson, un importante académico especializado en seguridad informática y privacidad, cree que las revelaciones de Snowden fueron un momento trascendental. "Las revelaciones de Snowden fueron uno de esos momentos luminosos que cambian la forma en que la gente ve las cosas", explica Anderson, profesor de Ingeniería de Seguridad en el laboratorio informático de la Universidad de Cambridge. "Quizá no cambiaron mucho en Reino Unido por nuestra cultura de idolatrar a James Bond y todo lo que hace. Pero en el resto del mundo hizo que la gente comprendiera realmente que la vigilancia es un asunto serio".


Los legisladores y gran parte de los medios de comunicación británicos no se han comprometido al mismo nivel que sus colegas en otros países europeos, en Estados Unidos, América Latina, Asia y Australia. Entre las excepciones está el diputado liberal demócrata Julian Huppert, que presionó por este tema hasta que perdió su escaño en las elecciones de 2015. "Las revelaciones de Snowden fueron un golpe tremendo, pero han hecho que logremos mayor transparencia en algunas de las agencias sobre su trabajo", sostiene.


"El contraataque acaba de comenzar"


Una de las revelaciones que más impacto tuvo fue sobre el nivel de colaboración entre las agencias de inteligencia y las empresas de internet. En 2013, las empresas estadounidenses aventajaban a la UE en las negociaciones sobre protección de datos. Las filtraciones de Snowden cayeron como una bomba en medio de las negociaciones y la ley de protección de datos que se aplicó el mes pasado es una consecuencia de ello.


Uno de los efectos más visibles de las revelaciones de Snowden fue la pequeña señal amarilla que comenzó a aparecer en el servicio de mensajería WhatsApp en abril de 2016: "Los mensajes y llamadas en este chat ahora están protegidos con cifrado de extremo a extremo".


Antes de Snowden, este cifrado lo usaba poca gente. "Si pudiera regresar a 2013", explica Jillian York, directora del departamento internacional por la libertad de expresión del grupo por los derechos digitales de la Fundación Electronic Frontier, "yo quizá en mi teléfono tendría TextSecure, la versión previa de la comunicación cifrada de la aplicación Signal. Tendría otra herramienta de cifrado de correo electrónico, PGP, pero no la usaría nadie". La única gran excepción era el iMessage de Apple, que ha estado cifrado de extremo a extremo desde su lanzamiento en 2011.


Los desarrolladores en las grandes empresas tecnológicas, escandalizados por las revelaciones de Snowden, comenzaron a ponerse en acción. Algunos, como los de WhatsApp, aplicación que fue comprada por Facebook un año después de que salieran a la luz las filtraciones, implementaron su propio cifrado. Otros, como Alex Stamos, de Yahoo, dimitieron antes que apoyar más espionaje (Stamos es ahora director de seguridad de Facebook, pero ha anunciado que saldrá pronto de la compañía).

"Sin Snowden", cuenta York. "no creo que Signal hubiera conseguido financiación. No creo que Facebook hubiera conseguido a Alex Stamos, porque se habría quedado en Yahoo. Estas pequeñas acciones provocaron acciones mayores. No es que estas empresas de pronto dijeran ‘nos importa la privacidad’. Creo que no tuvieron otra opción".


Otros cambios en el sector tecnológico demuestran que la influencia de Snowden ha sido limitada en muchos aspectos. El ascenso del "altavoz inteligente", ejemplificado en el Echo de Amazon, ha dejado perplejos a muchos activistas defensores de la privacidad. ¿Por qué, sólo unos años después de un escándalo mundial sobre vigilancia a manos del Gobierno, la gente acepta instalar en sus hogares micrófonos que permanecen siempre encendidos?


"El reciente dilema de privacidad que representa instalar un aparato que puede literalmente oír todo lo que dices es una escalofriante innovación en la era de las cosas conectadas a internet", escribió el año pasado Adam Clark Estes, de Gizmodo.


Hacia el fin de la entrevista, Snowden recuerda uno de sus primeros alias, Cincinnatus, en homenaje al romano que regresó a su granja tras servir a la sociedad. Snowden explica que él también siente que, una vez cumplido su rol, se ha retirado a una vida tranquila, pasando el tiempo desarrollando herramientas para ayudar al periodismo a proteger sus fuentes. "Creo que nunca me había sentido tan realizado", afirma.


Sin embargo, aclara que no celebrará el aniversario como un triunfo. Todavía queda mucho por hacer. "El contraataque acaba de comenzar", asegura Snowden. "Los gobiernos y las empresas llevan mucho tiempo en este juego y nosotros acabamos de comenzar".

 

Ewen MacAskill y Alex Hern
The Guardian / El diario
Traducido por Lucía Balducci

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La selección natural, la verdad y la impostura

La explicación de la vida en nuestro planeta mediante la evolución por selección natural solamente puede ponerla en duda gente partidaria del obscurantismo (recordemos: la militancia contra la difusión del conocimiento), de la religión o de una combinación de ambas que ya acostumbran a ir históricamente muy de la mano. Nunca la pondría en duda ningún disidente creíble en el seno de la comunidad científica.


Como es conocido la actual teoría de la evolución por selección natural se compone de distintos elementos indivisibles: evolución, gradualismo, ascendencia común, selección natural y mecanismos no selectivos de cambio evolutivo. Las pruebas abrumadoras para cada uno de estos elementos no paran de crecer.
Grandes darwinistas vivos como Jerry A. Coyne o Richard Dawkins aunque no tienen la menor duda de lo que quiere decir “teoría” en ciencia, defienden desde hace años que la evolución por selección natural es ya un “hecho”. Intentan con ello apuntalar la idea siguiente: la evolución por selección natural no es “hipotética”, no es una conjetura. Con “hecho” se refieren a que es tanta la evidencia disponible proveniente de muchas ramas científicas distintas que no puede discutirse seriamente. Solamente es una forma de mostrar su convicción, sostenida con una abrumadora evidencia empírica, en la evolución por selección natural. Si una teoría es una explicación de los fenómenos naturales avalados por toda la evidencia disponible o, más precisamente, como han dejado escrito dos grandes investigadores, “un edificio conceptual formado por una colección organizada de nociones y proposiciones que codifica información acerca de cierto tipo de sistemas, fenómenos o procesos y típicamente sirve para dar explicaciones, hacer predicciones y resolver problemas”[1], la evolución por selección natural tiene todas las credenciales para ser considerada teoría. Que algunos de los grandes darwinistas vivos la consideren un hecho, solamente refuerza, o al menos esto es lo que pretenden, la inmensa evidencia empírica de que goza. Efectivamente, consigue explicar mucho a partir de pocos supuestos. Da muchos réditos cognitivos por cada unidad explicativa.


La selección natural o “la supervivencia no aleatoria de variantes aleatorias”, según la agraciada descripción de Dawkins, siempre ha tenido enemigos porque indudablemente es extremadamente peligrosa al explicar la vida mediante un proceso puramente materialista, sin dioses, sin explicaciones sobrenaturales, sin supersticiones que guíen el proceso. Algo tan maravilloso puso, pone y pondrá las alarmas de los que tienen creencias sobrenaturales. Y a la que pueden, atacan.

Como esta sucediendo una vez más en EEUU. Si bien esta batalla viene de lejos[2] ahora, con los favorables aires propios de una administración imperialista, xenófoba, racista y demofóbica como la que está apuntalando Trump en EEUU, la ofensiva se recrudece. Una de las últimas muestras es el borrador que el departamento de educación de las escuelas públicas en el estado de Arizona ha presentado para enseñar en estas escuelas. La evolución por selección natural es “rebajada” para abrir la puerta a “otro tipo de ideas” como la responsable del mencionado departamento, Diana Douglas comentó: “Si vamos a educar a nuestros hijos en lugar de solo adoctrinarlos a una forma de pensar, tenemos que poder permitirles explorar todo tipo de áreas”. Obsérvese: no “adoctrinarlos” en una sola forma de pensar (referido a la evolución por selección natural) quiere decir que entren en pie de igualdad en la enseñanza “otro tipo de áreas” como el religioso diseño inteligente que tantos apoyos financieros tiene en EEUU.


Sigo desde hace muchos años la encuesta que Gallup viene realizando desde 1982 en EEUU sobre las creencias entre la población acerca de la evolución por selección natural o por creacionismo sobrenatural. Se han realizado trece encuestas sobre la cuestión en estos 36 años. La última es la muy reciente de 2017. A la pregunta de “Dios creó a los seres humanos en una forma muy similar a la actual en algún momento durante los aproximadamente últimos 10.000 años” responden, recuérdese que eso acaba de realizarse en el año 2017, que están de acuerdo el 38% (en 1982, el 44%). A la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios guió ese proceso” contestaron afirmativamente 38% (en 1982 era el mismo porcentaje de 38%). Y a la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios no tomó parte en ese proceso” responden que sí el 19% (9% en 1982). Es decir, nada más ni nada menos que el 76% está de acuerdo en explicaciones sobrenaturales y solamente el 19%, una cuarta parte exacta, está de acuerdo con la explicación que dispone de una abrumadora evidencia empírica (un 5% no respondió a la encuesta de 2017). Esta es la “base social” que da cobertura a gente como Diana Douglas. Y actuaciones como la del departamento de educación del estado de Arizona refuerzan que esta “base social” se mantenga y aún se refuerce.


John Milton defendió hace ya casi cuatro siglos que había que dejar lidiar la verdad con la falsedad porque la primera nunca sería vencida por la impostura en liza libre y abierta. Quizás hoy, a la vista de, entre otras realidades poco gratificantes, las encuestas Gallup a las que me he referido, John Milton tendría una opinión no tan esperanzadora sobre el triunfo de la verdad. Poco podía imaginarse que creacionistas, religiosos, posmodernos y relativistas de todo tipo la pusieran constantemente en duda a principios del siglo XXI. Con la impostura campando a sus anchas.
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[1] Jesús Mosterín y Roberto Torretti, Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia, Alianza, 2002, p. 556.
[2] Para un resumen en Sin Permiso, véase: http://www.sinpermiso.info/textos/el-diseo-inteligente-dios-y-la-tetera-orbitante

 

31/05/2018

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Biopolítica del consumidor: de cómo la democracia verdadera acabó convirtiéndose en una fábula

 El consumismo moderno tiene su origen en estrategias de persuasión, propaganda y domesticación de las mentes. Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, supo utilizar las herramientas del psicoanálisis para vendernos todo tipo de objetos innecesarios y para hacernos creer que en el acto de comprar radica la clave de la satisfacción de nuestros deseos más inconfesables.

¿El mundo consumista no es el Mundo Feliz, el totalitarismo perfecto que ha logrado hacernos amar aquello de lo que no era necesario que pudiéramos escapar? Grupo Marcuse


Tras el final de la Primera Guerra Mundial, y como en cualquier periodo posbélico, comenzaron a ponerse en marcha toda una serie de dispositivos simbólico-materiales destinados a la reconfiguración del ordenamiento mundial. La guerra había dejado menguada la economía de muchas de las grandes potencias de entonces, avecinándose tiempos de pauperización, miseria y pobreza. Las crisis, como bien sabemos, suelen traer en sus entrañas a polizontes y oportunistas de toda calaña, dispuestos a hacer su agosto allí donde el terreno ha quedado arrasado por la tragedia. Es posible que podamos interpretar hoy este intermezzo pesimista que separó una guerra de otra como un laboratorio de pruebas en el que distintas estrategias de poder pujaban por quedarse con la tajada más grande del pastel. En Europa, legiones de jóvenes nazis y fascistas canturreaban los cánticos mesiánicos del Angelus novus, como preludio de la gran catástrofe que se agazapaba entre sus alas. En Estados Unidos, sin embargo, una nueva religión comenzaba a gestarse, de manera mucho más silenciosa y latente, mucho más sutil y estudiada. La gran era del consumismo de masas iniciaba, tímidamente, sus primeros pasos. Y para ello, se apoyó en las novedosas herramientas e instrumentos de cierta corriente científico-filosófica, procedente de Austria. Dicha corriente no es otra que el psicoanálisis, el cual iba a otorgar un innovador marco conceptual para la gestión de emociones y deseos.


Son escasos los manuales de marketing o de publicidad que recojan las enseñanzas de uno de sus más discretos fundadores. Nos referimos a Edward Bernays, austríaco de nacimiento, pero radicado en América, sobrino de Sigmund Freud y fundador de las llamadas Relaciones públicas. Siendo muy joven, Bernays iniciaría sus investigaciones en persuasión y técnicas de propaganda para el control y manipulación de la opinión pública. Viendo las consecuencias que tuvo la Primera Guerra Mundial, Bernays se preguntaría por la posibilidad de resignificar muchas de las técnicas propagandísticas utilizadas durante la misma, para así aplicarlas en períodos de paz. En una vuelta de tuerca clausewitziana, Bernays sentaría las bases del consumismo moderno apoyándose en estrategias bélicas de resolución de conflictos, manipulación, propaganda y domesticación de las mentes. Si somos capaces, se preguntaría Bernays, de convencer a la opinión pública americana de la necesidad de una guerra, mucho más sencillo será animarles a comprar todo tipo de productos y objetos innecesarios. ¿Por qué no utilizar la propaganda para el mero hecho de vender? De este modo, la economía se reactivaba, inoculando en el ciudadano la falsa premisa de la participación política a través del consumo. Incluso, podrían investirse algunos productos con determinadas categorías simbólicas, para producir en el consumidor la ilusión fetichizante de acceder a ciertos valores a través de la compra. Con estas técnicas de manual de psicoanálisis básico, debemos a Bernays la ocurrente perversión de empoderar con un discurso feminista a los cigarrillos de Philip Morris o de dar un aura de masculinidad a la industria automovilística. Los deseos más ocultos de la masa comenzaron a estimularse, gracias a las arrulladoras voces de los anuncios publicitarios y sus mundos de fantasía. Con pocas consignas, el consumo se transformó, para el americano medio, en casi una exigencia moral, dado que, solo participando del mismo, el ciudadano era capaz, de manera cuasi heroica, de apuntalar la maltrecha economía americana. De este modo, el consumidor se crea, se produce, se moldea, al mismo tiempo que el espacio democrático se reduce y banaliza, limitándolo al mero acto de la compra. El mundo deviene mercancía y la polis se transforma en un centro comercial.


Con un giro more copernicano, Bernays inaugura una modalidad de la publicidad entendida como dispositivo disciplinario, anatómico-político o biopolítico, en el que los cuerpos y las mentes son reducidas al único papel del consumidor. En su célebre manual de 1928, titulado Propaganda, no duda en recalcar que “la nueva propaganda no sólo se ocupa del individuo o de la mente colectiva, sino también y especialmente de la anatomía de la sociedad”. La finalidad, nos dice Bernays, no es otra que crear, dar forma, moldear un tipo de hombre nuevo: “producir consumidores, ése es el nuevo problema”. ¿Para qué vender coches con el lema “cómpreme usted este coche”, cuando podemos conseguir, a través de la persuasión, que miles de ingenuos nos reclamen y exijan “véndame, por favor, ese coche”?


La propaganda del dócil consumidor funciona con las mismas estrategias del poder, tal y como fue descrito por Foucault. Se trata de una suerte de dispositivo, viscoso e imperceptible, de tela de araña tan transparente como certera a la hora de cazar a su presa. Estamos ante una red de relaciones, de gestos, discursos y enunciados destinados a atravesar los cuerpos y los comportamientos. La “propaganda” está destinada a trabajar sobre la opinión pública a diversos niveles: tanto para vendernos una pasta de dientes, como para fomentar una actitud cívica por parte del ciudadano. “Pues hay que disciplinar al público para que gaste su dinero del mismo modo que hay que disciplinarlo en la profilaxis de la tuberculosis”, nos dirá Bernays. Para éste, puesto que la mente del grupo no piensa, es preciso dirigirse a sus impulsos, sus deseos y sus emociones más básicas para, desde allí, modificar sus hábitos. Y, si conocemos los motivos que mueven la mente del grupo, “¿no sería posible controlar y sojuzgar a las masas con arreglo a nuestra voluntad sin que éstas se dieran cuenta?”. Sobemos, pues, el lomo de la Gran Bestia. Alimentemos sus instintos y deseos más básicos a base de gadchets inservibles, automóviles, cremas antiarrugas y experiencias prefabricadas de emociones baratas. El éxito está asegurado y las colas para comprar el nuevo Iphone comenzarán a formarse días antes de que este salga a la venta.

La democracia del consumidor o, como la definió Chomsky, del “rebaño desconcertado”, se asienta en estas siniestras premisas pseudofreudianas de Bernays, para quien no sólo era posible la modificación consciente y la manipulación de las opiniones y costumbres de las masas, sino que dicha manipulación era la condición necesaria para el desarrollo de las actuales democracias. Se trata de organizar el caos. De esta manera, un estado ideal sería aquel en el que las decisiones estuvieran en manos de unos pocos, de un “gobierno invisible” lo suficientemente capaz como para gestionar a esa mayoría estupidizada e infantiloide, inmersa en universos de estimulación constante de deseos. Tales fueron las ideas que tanto Walter Lippman como Bernays defendieron en el famoso Coloquio Lippman, celebrado en plena guerra mundial, en París, y que ha sido considerado el pistoletazo de salida del neoliberalismo. No es de extrañar que Hitler se sintiera atraído por las tesis de Bernays y solicitara sus servicios, propuesta que, al parecer, este rechazó. Huxley ya nos advertía que el nuevo totalitarismo no funcionaría de manera negativa, reprimiendo, prohibiendo, obstaculizando, privando, sino de forma positiva: constituyendo verdad. “Un estado totalitario eficaz —afirmaba Huxley—sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirlos a amarla es tarea asignada […] a los ministerios de propaganda”.


Por Carolina Meloni González
Profesora de Ética y Pensamiento Político. Universidad Europea de Madrid
2018-05-22 18:36:00

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¿Es posible convertirse en un fantasma digital y borrar todo rastro en internet?

Siempre ha sido complicado desaparecer, aún menos en los tiempos de internet cuando dejamos rastros digitales siempre que nos conectamos

Una madrugada del año pasado, antes de que los pájaros empezaran a cantar, Tio Bucard, su esposa y sus hijos salieron de su casa, situada en un pequeño pueblo de Francia, y se metieron en un todoterreno negro. Mientras Bucard conducía hacia el aeropuerto más cercano, iba mirando por el espejo retrovisor para ver si le seguía Frank Ahearn, un estadounidense de 54 años de barba canosa y grandes gafas de sol.


Bucard (nombre falso) había conocido a Ahearn el día anterior, en el vestíbulo de un hotel de Mónaco cerca de la oficina de Bucard. Ahora había confiado la seguridad de su familia a este antiguo drogadicto del Bronx.


Bucard entró en la zona de aparcamiento del aeropuerto. Él y la familia pasaron a un todoterreno alquilado por Ahearn. Mientras se dirigían a la autopista, Ahearn bromeaba sobre si, mientras la familia permanecía escondida, él cuidaría el reloj de Bucard, un Bentley Flying B Nº 3 valorado en 5.000 libras esterlinas.


El reloj era el recuerdo de un pasado más opulento. Bucard, que recaudaba capital para un fondo de capital privado, se había encontrado en el lado equivocado de un mal acuerdo. Los problemas fueron en aumento y la empresa empezó a incumplir sus promesas de pago. Uno de los inversores que salió perjudicado tenía, en palabras de Bucard, un "pasado oscuro", y muy pronto pasó del enfado a amenazar su integridad física.


Preocupado por su seguridad y la de su familia, Bucard hizo la siguiente búsqueda en Google: "Cómo desaparecer". Ahearn fue uno de los primeros nombres que le apareció. Este profesional había trabajado en el pasado como detective privado y se había especializado en seguir el rastro de personas que no quieren ser encontradas. Ahora se había convertido en un profesional de la "desaparición".


Ahearn ofrece una amplia gama de servicios, que van desde que el cliente pueda recuperar la intimidad perdida en Internet hasta cruzar Europa con el cliente y su familia para que puedan empezar una nueva vida en un lugar seguro.


"Mi idea inicial era desaparecer durante tres o cuatro meses", explica Bucard. "Hasta que pudiera reunir el dinero para pagar a los inversores". Para que no se alarmaran, Bucard explicó a sus hijos que iban a hacer unas largas vacaciones.


El día antes de huir, Ahearn alquiló a su nombre y en Airbnb un apartamento en una ciudad lejana. Cuando la familia Bucard llegó a esta vivienda, Ahearn les compró teléfonos móviles y ordenadores portátiles y les enseñó las reglas de su nueva vida: utilizar aplicaciones de mensajería de texto que no dejen rastro, no utilizar servidores de correo electrónico públicos, pagar en efectivo, no utilizar Facebook.


Tras unos días con ellos, Ahearn dejó a los Bucard en su alojamiento temporal y regresó a Madrid, donde vive con su novia. En su cartera, llevaba la tarjeta de crédito de Bucard.
Cuando aterrizó en España, Ahearn trató de imaginar qué tipo de gastos haría un hombre de la riqueza de Bucard durante unas vacaciones. Fue entonces cuando empezó a utilizar la tarjeta de crédito: ropa de marcas caras, restaurantes y otros caprichos. "Me lo pasé genial con su tarjeta", dice. "Y así, amigo mío, es como se consigue confundir y dejar un falso rastro".


Desaparecer ya no es tan sencillo


Dinero, violencia o un desliz. Cualesquiera que sean los motivos de una persona para querer desaparecer, suelen poder resumirse en estas tres palabras. Con independencia del motivo o de la magnitud del proyecto, sea empezar una nueva vida en el extranjero o eliminar el nombre y la dirección del listín telefónico, nunca había sido tan difícil desaparecer como ahora. En un mundo donde cualquier acto que se lleve a cabo fuera del cobertizo del jardín suele dejar una huella digital. No es fácil regresar al reino de los desconocidos.
Si algo ha quedado claro en los últimos meses es lo mucho que se ha deteriorado el concepto de privacidad. En las "granjas de servidores" protegidas del calor, Silicon Valley reúne una cantidad ingente de información personal. Esto hace años que lo sabemos. De hecho, en 2010 una investigación constató que las aplicaciones de Facebook recababan, sistemáticamente y sin el consentimiento de los usuarios, información para empresas que rastrean a su público objetivo por Internet, incluso de cuentas privadas.


El reciente escándalo de Cambridge Analytica ha mostrado que el problema es mucho más profundo. Quienes descargaron sus archivos de datos personales descubrieron que Facebook y sus aplicaciones asociadas habían estado rastreando llamadas telefónicas, leyendo mensajes y saqueando directorios telefónicos. Esta actitud tolerante y permisiva con la utilización de nuestros datos forma parte de la esencia de las redes sociales.


Este año ha salido a la luz que en 2004, cuando Facebook era una red que se utilizaba en el campus universitario y que servía para que los estudiantes evaluaran el atractivo de sus compañeras de estudio, el fundador de esta red social, Mark Zuckerberg, ya envió un mensaje a un amigo en el que presumía de haber recabado más de 4.000 correos electrónicos, fotos y direcciones de usuarios.


"¿Qué?, exclamó su amigo. "¿Cómo lo has conseguido?".


"La gente los ha facilitado", le explicó Zuckerberg. "No sé por qué. Simplemente confían en mí".


"Jodidos estúpidos", dijo tras una pausa.


Facebook no es el único gigante tecnológico que recaba información personal. Si Google es el motor que impulsa Internet, la información personal es el combustible. A través de su aplicación Google Maps, sabe dónde has estado, cómo llegaste (a pie, en coche, en autobús, en tren), cuánto tiempo te quedaste y si fue o no tu primera visita.
La empresa almacena el historial de búsqueda de un usuario y en todos los dispositivos en los que ha iniciado la sesión, y también cuenta con algoritmos que rastrean los correos electrónicos en busca de indicios de que el usuario podría estar esperando un hijo, está a punto de casarse o ha caído enfermo. Google Lens, anunciado a principios de este mes, es un motor de búsqueda visual que proporciona información sobre las cosas que ve el usuario través de la cámara de su teléfono.


Es probable que Google conozca tu edad, sexo, aficiones, carrera, intereses, estado de tus relaciones, todos los vídeos de YouTube que has visto, todas las imágenes que has buscado, si estás deprimido o no y, posiblemente, incluso los motivos de la depresión que todavía no tienes. Y lo cierto es que no es, ni de lejos, el único dios omnisciente en el panteón digital.


Lo que empezó en la década de los noventa como una misión que traía consigo la esperanza de democratizar la red, se ha convertido en una economía digital que hace microtransacciones de datos personales.


Si esta información estuviera en manos de un gobierno, ya se habrían organizado manifestaciones en defensa de los derechos civiles.
Para la mayoría de nosotros, la comodidad y la calidad de los servicios que nos proporcionan a cambio de nuestros secretos son suficientes para que lo hagamos sin reparos y voluntariamente.


Sin embargo, cada vez hay más usuarios que están examinando el coste de proporcionar información personal; hasta el punto de exigir su derecho a volver a ser unos desconocidos. Se ha convertido en un reto. Es un desafío. La mujer que huye de una relación tóxica, la anciana víctima del robo de identidad, el personaje famoso que se siente acosado, el estudiante que pierde oportunidades laborales por culpa de vídeos que colgó en YouTube en el pasado saben que es un reto difícil.


Un experto en manipulación


Cuando Ahearn consiguió dejar las drogas a los 17 años, descubrió que ya no necesitaba tomar pastillas pero que no sabía qué hacer con su vida. Consiguió un trabajo temporal en una zapatería de Nueva York. Cuando este establecimiento cerró, respondió a una oferta de empleo de un detective privado. Se trataba de un trabajo muy poco glamuroso pero a Ahearn le fascinó.


Lo contrataron para que se hiciera pasar por un empleado de almacén en una tienda de productos de lujo de Nueva York y descubriera a los compañeros que robaban productos. Pilló a quince trabajadores que robaban y más tarde pilló a una banda criminal integrada por treinta hombres que robaba en un almacén de productos electrónicos y de muebles. "Manipulación", explica. "Es una técnica que realmente domino".


Al cabo de un tiempo, la agencia de detectives privados permitió que Ahearn trabajara en la oficina. Allí se sentó junto a un detective que seguía el rastro de personas que se habían escondido. "Rastrear es el arte de encontrar a personas" (que no quieren ser encontradas], explica: "Hay dos tipos de rastreadores: los pasivos, que utilizan bases de datos y directorios, y los agresivos, que intentan localizar a su presa a través de la ingeniería social".


Ahearn escuchaba mientras su colega obtenía información sobre alguien llamando a las compañías de servicios públicos y se hacía pasar por su presa para tener acceso a sus registros telefónicos y datos bancarios hasta que, finalmente, encontraba el posible paradero de su escondite. Ahearn convenció a su jefe para que le diera una oportunidad. "Me hervía la sangre", recuerda. "Es una habilidad que tengo de forma innata".


En 1984, Ahearn dejó la agencia de detectives y empezó por su cuenta una carrera como "rastreador" de personas que se habían escondido. Durante un tiempo le fue muy bien. De vez en cuando se tomaba un descanso (a veces ser tan bueno en algo te acaba afectando). Sin embargo, su negocio entró en crisis cuando las leyes en Estados Unidos cambiaron y "rastrear" a personas pasó a ser ilegal. "La vida pasó a ser más difícil", señala.


Decidió mudarse a Europa, ya que las leyes aquí eran más permisivas, y a finales de los noventa, la situación volvió a cambiar. La omnipresencia de los teléfonos móviles hizo que fuera mucho más fácil rastrear a las personas y la fiebre por las redes sociales dio pasó a una era dorada para el detective. "Te puedo localizar a través del Facebook de tu madre, un blog que escribiste hace tres años o tu cuenta en LinkedIn", señala.


¿Cómo desaparecer?


En 2001, publicó un anuncio en una página web ofreciendo asesoramiento sobre vivir en otro país. Cuando el propietario de la página web señaló que la profesión de Ahearn podía inquietar a los usuarios, muchos de los cuales valoraban el hecho de no ser identificados, Ahearn propuso escribir un post sobre cómo desaparecer.


"Era un artículo muy ñoño, pero triunfó", recuerda. "Empezaron a contactar conmigo personas del mundo entero", afirma. Tras descartar a todos aquellos que buscaban un ayudante o un cómplice ("Si huyes de la justicia, no puedo ayudarte; también me mantengo alejado de los delitos sexuales"), se quedó con un cliente: una mujer que tenía un compañero violento y quería escapar sin dejar rastro. "No quería una nueva identidad, solo quería desaparecer y estar segura de que su marido no podría encontrarla", indica.
Las técnicas que Ahearn utiliza para hacer desaparecer a los clientes son cada vez más sofisticadas y de mayor envergadura. Sin embargo, a diferencia de las empresas que gestionan la reputación de sus clientes, que por regla general intentan que la información que daña la imagen de sus clientes no pueda ser encontrada por los motores de búsqueda de Internet, él prefiere confundir y proporcionar información falsa. No solo crea confusión utilizando la tarjeta de crédito de sus clientes desde puntos alejados de donde se encuentran. "No puedes eliminar la información", señala: "No hay forma de borrarla. La clave está en manipular".


Ahearn explica que a veces empieza por la cuenta de Facebook de su cliente y "crea información" sobre, por ejemplo, Sydney, Australia. "Me hago amigo de usuarios de Facebook en Sydney y más tarde creo cuentas de Facebook falsas de supuestas personas que se hacen amigas del cliente en Australia". Más tarde, empieza a generar conversaciones abiertas entre estas cuentas de Facebook.


"Creas un amigo digital ficticio y haces que cuelgue un post sobre una cena que hizo contigo y otro amigo de Facebook falso la noche anterior. Se trata de ir dejando migas de información para que sigan un rastro falso. Eliminar información no sirve para nada. Ya ha circulado por la red. Tal vez la persona que te está buscando ya había accedido a esa información. Así que en realidad se trata del arte de confundir y así mantienen al depredador ocupado", señala.


Ahearn se ha convertido en las "fuerzas especiales" del negocio de la evaporación, contratado para los trabajos más extremos, mientras que una diáfana oficina en las afueras de Liverpool es la sede de los soldados rasos de esta floreciente industria. En las instalaciones de la empresa Reputation Defender, un equipo de unos 30 jóvenes profesionales buscan en la red información personal que sus clientes quieren eliminar de la red, por ejemplo, números de teléfono, fecha de nacimiento y qué partido político apoyaron en el pasado.


El director ejecutivo de la compañía, Tony McCrystal, ya hacía un seguimiento de la reputación de sus clientes en la red antes de que a esta profesión se le asignara un nombre. Cuando en 2008 empezó a trabajar para esta empresa, que en ese momento se llamaba Reputation 24/7, se convirtió en uno de los primeros empleados de una compañía que solo tenía cinco clientes.


"Nos iba bien gracias al boca-boca, ya sabes, nunca teníamos la seguridad de que estaríamos trabajando el mes siguiente", reconoce. En la actualidad, se trata de una de las principales empresas del sector.


McChrystal afirma que sus oficinas en el Reino Unido reciben unas setenta peticiones diarias, la mayoría de personas que quieren desaparecer de Internet. Hasta la fecha, la compañía ha trabajado para más de un millón de clientes de todo el mundo y el mes pasado fue adquirida por el grupo Stagwell, con sede en Washington, por una suma que no ha sido revelada.


En sus comienzos, McChrystal trabajó para famosos, futbolistas y directivos que querían evitar que nadie pudiera encontrar a través de los motores de búsqueda por Internet información que dañara su reputación: un fracaso empresarial o una aventura amorosa. Sin embargo, explica que en los últimos años la compañía trabaja mayoritariamente para personas "normales" que reciben un informe de los pagos que han hecho con su tarjeta de crédito, quieren tener un informe sobre su reputación o la información sobre ellos que circula en la red. Por unas 600 libras anuales la compañía les facilita una lista con toda la información personal delicada que circula por la red.


"Muchas veces temen un fraude, una suplantación de identidad e incluso, si su dirección está en la red, temen por su seguridad", indica McChrystal. Para un delincuente es muy fácil utilizar las redes sociales para planear un robo. "La hija de un cliente fue a pasar las vacaciones en una casa que la familia tiene en Francia y colgó fotografías de la casa y de ella y sus amigas luciendo joyas caras en Instagram, sin percatarse de que también estaba proporcionando su localización", explica.


No había pasado ni un día cuando alguien entró en la casa y robó joyas por un valor de medio millón de dólares. "Tras el robo, tuvimos que desplazarnos hasta allí y explicarles cómo activar las configuraciones de privacidad de Instagram y Facebook".


Tom Powell, que ha trabajado en la compañía ocho años, dice que a menudo no es un solo dato lo que pone en peligro a un individuo, sino una concatenación de información. "Digamos que me voy de vacaciones mañana", señala. "Un ladrón se entera de mi viaje a través de un post en Facebook en el que menciono cuántos días estoy fuera. Luego busca la dirección de mi casa en 192.com. Más tarde utiliza Google Maps para comprobar con Google Street View si tengo alarma. Tienen días para pasar por la casa y ver si la alarma está parpadeando, y para llevar a cabo un robo. Toda esta información puede ser usada con una finalidad criminal"

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No valen todos los clientes


Al igual que Ahearn, McChrystal y su equipo analizan las motivaciones de los clientes potenciales. "Probablemente recibimos llamadas de dos pedófilos cada día", admite. Este tipo de persona, dice McChrystal, suele afirmar que es víctima de un error de identidad: alguien que tiene el mismo nombre ha sido acusado de algo horrible. "Ese tipo de cosas no ocurre muy a menudo, así que les decimos que tendremos que cotejarlo con la policía, y ahí es cuando termina la conversación".


Los miembros del equipo se remiten a un documento "A quién servimos", elaborado por los abogados de la empresa, que prohíbe trabajar con delincuentes que hayan sido condenados por "cualquier acción más grave que un delito menor", así como con estafadores y personas que han sido acusadas de haber mostrado una conducta sexual inapropiada. "Es un tema que no está abierto a debate. Si te declararon culpable de maltrato, estamos ante una información relevante que no puede ser ignorada".


Google coincide con esta visión. En 2014, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas dictaminó que los datos "irrelevantes" y obsoletos debían borrarse cuando se solicitaran. En los últimos cuatro años, Google ha recibido más de 600.000 solicitudes (muchas de las cuales fueron presentadas por el equipo de Reputation Defender en nombre de sus clientes) para eliminar casi 2,4 millones de resultados del motor de búsqueda. En muchos casos, Google ha argumentado con éxito que la información es de interés público y que el solicitante no tiene derecho a eliminarla.


Sin embargo, en los últimos dos años, McChrystal, que eliminó su propia cuenta de Facebook hace algún tiempo, ha visto cómo aumentan las peticiones por parte de individuos que no están en peligro ni quieren ocultar información que es nociva para su imagen, sino que simplemente quieren recuperar su anonimato.


"Mi vida era un libro abierto"


Emma Jones contactó con la empresa el año pasado, después de que una de sus mejores amigas fuera víctima de un delito de usurpación de identidad. Cuando Jones se buscó en Google, encontró su nombre y dirección publicados en varias webs de directorios. "No me sentía cómoda con el hecho de que mis datos estuvieran en internet y no había nada que pudiera hacer al respecto", dice. "Tengo hijos pequeños. Sentí que mi vida era un libro abierto".


El equipo que trabajó en su caso elaboró un informe con toda la información de ella y su familia disponible en la red junto con la propuesta de cómo eliminarla o, en el caso de las redes sociales, que fuera privada.


Jones, que trabaja en marketing, representa a un nuevo tipo de cliente: uno sin un problema concreto de privacidad que está lo suficientemente inquieto por las recientes vulneraciones de privacidad en la red como para estar dispuesto a gastar cientos de libras en contratar profesionales para recuperar su anonimato.


Como muchas personas, en el pasado utilizaba Facebook para documentar su vida familiar. "Subía fotos de mis hijos todos los días. No me importaba si mis amigos las encontraban interesantes o no. Ahora prácticamente nunca cuelgo fotos de mis hijos, tal vez de espaldas, pero eso es todo. Debería ser su elección, no la mía. Si mi hija viene a verme cuando sea mayor y me pregunta por qué puse todas esas fotos de ella en Internet, no tengo una respuesta".


La huella que dejas en Facebook


En las últimas semanas, se ha formado un movimiento popular en torno al eslogan Borrar Facebook (Zuckerberg afirma que ha sido un fracaso). A Meg Jayanth, guionista de videojuegos, el escándalo de Cambridge Analytica la empujó voluntariamente a dar la espalda a Facebook. "Había estado considerando la posibilidad de eliminar Facebook durante al menos un año, pero mi preocupación se veía superada por la conveniencia", explica. "Estaba en contacto con amigos y familiares a través de Facebook, y me resistía a no usar esta red social. Las noticias de Cambridge Analytica inclinaron la balanza, no porque fuera inesperado, sino porque dejé las consideraciones de conveniencia atrás y simplemente actué. Estaba harta de sentirme mal por usar un servicio que ya no quería usar".


El proceso de borrar una cuenta de Facebook es deliberadamente confuso. La red social te anima a "desactivar" tu cuenta, en lugar de "borrarla", para dejar una puerta abierta si más tarde te arrepientes de la decisión. El borrado permanente requiere que se realice una solicitud a la empresa. Si te conectas dentro de los 14 días siguientes al inicio del proceso (fácil de hacer por error si tienes la aplicación en tu móvil o cuentas vinculadas que requieren que te conectes a través de Facebook), la compañía cancelará automáticamente tu solicitud.


Para Jayanth, de nacionalidad india, la reciente noticia de que el Departamento de Estado estadounidense está pidiendo a los solicitantes de visado que declaren sus cuentas de medios sociales en sus formularios fue un incentivo adicional. "La idea de que los funcionarios de aduanas puedan tomar decisiones en base a las redes sociales y en función de si apoyas o no al actual gobierno es aterradora. Creo que puede tener un gran impacto en el debate social sobre el poder de las redes sociales".


La experiencia que vivió Tio Bucard el año pasado hizo que reevaluara la privacidad y seguridad de su familia. Nunca regresaron a su casa en Francia.


"Les ocurre a muchos de mis clientes", selaka Ahearn: "El hecho de desaparecer les abre los ojos y empiezan a ser más prudentes y cuidadosos".


Ahearn creó algunas compañías offshore para Bucard, y le ayudó a comprar una nueva casa, automóviles y productos básicos. Estableció un protocolo de comunicación, para que pudiera mantenerse en contacto con su familia y los socios comerciales. Bucard y su esposa decidieron que los hijos no siguieran en el sistema educativo francés y ahora estudian desde casa.


Contrataron un seguro médico privado para no poder ser rastreados a partir de la información de la seguridad social. Mantener una vida de anonimato es un acto continuo de obsesión que a veces se convierte en paranoia.


Bucard ha mantenido a Ahearn contratado. Cada vez que surge un nuevo cliente, Ahearn comprueba la historia de esa persona, para asegurarse de que es quien dice ser, y que no esté conectado de alguna manera con su vida anterior.


Lograr ser completamente invisible es un objetivo inalcanzable a no ser que formes parte de un programa de protección de testigos ("La creme de la creme", según Ahearn. "Si estás en el programa entonces sí puedes desaparecer), incluso para aquellos que nunca han estado en una red social o no tienen una cuenta de Google. En Reino Unido, salvo que no te registres para votar, tu información está disponible y todo aquel que quiera una copia del registro electoral la puede ver.


"La gente cree que el mundo digital funciona de forma paralela al real", señala Ahearn. "En realidad, es lo mismo. ¿Colgarías una foto de tu hijo en una valla publicitaria al lado de una autopista con tu apellido? Por supuesto que no. Sin embargo, la gente lo hace en la red constantemente. No es un problema hasta que se convierte en un problema".

26/05/2018 - 18:41h

La desesperación reina en Gaza donde dos millones de personas continúan atrapadas

Con los pasos cerrados, muchas personas llevan meses esperando el permiso para salir de Gaza
Mufida llegó desde Alemania para hacer una visita corta a sus padres y lleva un año y cuatro meses sin poder salir de Gaza por la frontera con Egipto


En el sofocante estadio de baloncesto al sur de Gaza, la grada está abarrotada. Jóvenes, ancianos y familias se sientan en las butacas de plástico azules y amarillas. Sus ojos están clavados en la pista.


Pero no hay partido y esta gente no son seguidores de ningún equipo, sino viajeros esperanzados. La muchedumbre carga con maletas y lleva tiempo esperando para salir. Algunos de ellos durante meses.


En medio de la enorme sala, un funcionario se sienta en una mesa de madera con una lista de personas que han recibido aprobación ese mismo día para salir a Egipto. Cada vez que pronuncia un nombre en voz alta, esa persona se puede subir al autobús con dirección al otro lado de la frontera.


Una mujer de 60 años dice que lleva intentando recibir permiso de las autoridades egipcias para salir de Gaza un año y cuatro meses. Aunque es palestina, ha vivido durante las últimas tres décadas en Alemania, donde tiene la ciudadanía, pero volvió para lo que ella pensaba que sería una breve visita a sus padres.
“Me registré para viajar [fuera de Gaza] una semana después de llegar. Esta es la primera vez que estoy en la lista”, cuenta Mufida sosteniendo su pasaporte alemán. “Hoy no han pronunciado ni un nombre”, añade.


Mufida, que prefiere no dar su apellido, recibió una llamada la semana pasada anunciando que se le había concedido el permiso para salir, pero que tendría que esperar a que dijesen su nombre. Lleva cuatro días esperando en la pista de baloncesto. Existen rumores de que por varios miles de dólares puedes ir al otro lado de la frontera, pero Mufida sonríe y señala que no tiene ese dinero. “Nadie debería volver aquí”, señala. Sus siete hijos le esperan en Alemania.
Un bloqueo de una década sobre Gaza, la pequeña porción de tierra rodeada por Israel, Egipto y el Mediterráneo, ha llevado al derrumbe de su

economía. El enclave es calificado a menudo como una cárcel al aire libre. Se esperaba que tras dos meses de protestas desencadenadas por la ira y la desesperación, la crisis para los dos millones de palestinos amainara.


¿Seguridad o castigo colectivo?


Desde finales de marzo, decenas de miles de personas se han juntado semanalmente junto a la frontera con Israel para protestar contra las condiciones en las que viven. En medio del clamor internacional y peticiones de investigación, el Ejército israelí ha matado a tiros a 110 personas y otros miles han sufrido heridas de bala, principalmente en las piernas, según las autoridades sanitarias.


El movimiento alcanzó su momento álgido el 14 de mayo, cuando unas 40.000 personas bajaron a la zona fronteriza, muchos de ellos lanzando piedras a las fuerzas israelíes desplegadas detrás de la valla. Hubo intentos de romper el perímetro, aunque ninguno tuvo éxito y otros muchos heridos recibieron disparos decenas de metros más atrás de la valla fortificada, incluidos paramédicos.


Las concentraciones del lunes estuvieron centradas en la consternación por la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén ese mismo día. Y los organizadores de las propuestas han llamado al movimiento la 'Gran Marcha del Retorno', que exige que se permita a los refugiados y a sus descendientes –dos tercios de los residentes de Gaza– volver a sus hogares, los cuales perdieron en la guerra de 1948 tras la creación de Israel.


Pero el objetivo prioritario era acabar con el bloqueo, cuenta Mkhaimar Abusada, politólogo en la Universidad Al Azhar de Gaza. “Ese es el objetivo número uno de la protesta, incluso aunque el eslogan sea la Gran Marcha por el Retorno. Lo más importante de la protesta era romper el asedio y vivir en libertad y dignidad. Vivir una vida mejor”, señala Abusada.


Israel dice que está obligada a controlar el acceso al territorio por razones de seguridad, aunque la ONU ve el bloqueo como un castigo colectivo.


Egipto, que acusa a los gobernantes de Gaza, Hamás, de pasar de contrabando combatientes y armas, solo abre periódicamente el paso fronterizo de Rafah, situado al sur de la franja. La semana pasada se pudieron ver camiones con cemento y madera y El Cairo anunció que el cruce permanecería abierto durante el mes de Ramadán, la apertura sin interrupciones más larga desde 2013.


En los últimos días han cruzado unas 500 personas al día, aunque miles más permanecen en las listas. El viaje está prácticamente restringido a pacientes y estudiantes matriculados en universidades en el extranjero, así como a ciudadanos de doble nacionalidad.


Los disparos, apoyados por el 83% de Israel


Israel, sin embargo, no ha cambiado significativamente la política de acceso en sus cruces fronterizos. Israel sostiene que los palestinos prendieron fuego a un puesto de control, aunque posteriormente envió algunos suministros médicos a Gaza a través del mismo. Hamás rechazó los camiones llenos de ayuda, denunciándolos como una estrategia propagandística. Otros cuatro camiones de Jordania llenos de suministros médicos recibieron autorización el viernes para cruzar el puesto fronterizo, según informó la ONU, aunque el acceso sigue muy restringido.


Las protestas no han logrado provocar mucho apoyo en Israel, donde el baño de sangre se ha enmarcado en gran parte como una respuesta a una potencial amenaza a la seguridad contra los israelíes. Un soldado israelí ha resultado herido desde que empezaron las protestas. Una encuesta realizada este mes halló que el 83% de los israelíes judíos cree que la política de abrir fuego está justificada.


El Ejército de Israel culpa a Hamás de las muertes en las protestas, afirmando que ha puesto a civiles en la línea de fuego. El ministro de Defensa, Avigdor Liberman, calificó a Hamás como un “puñado de caníbales”.


Yehuda Shaul, uno de los fundadores de Breaking the Silence, un grupo de derechos humanos israelí en contra de la ocupación y dirigido por exmilitares, afirma que la mayor parte de la sociedad israelí judía “ha comprado, por desgracia, los argumentos del Gobierno”. “Fue desolador ver la respuesta de la mayoría de Israel”, cuenta.


La voces de indignación han sido en su mayoría silenciadas y marginadas. Pequeñas protestas por todo el país condenando el uso de munición real apenas han alcanzado unos pocos centenares. “Hay una voz de oposición. Es una minoría, pero existe”, cuenta Shaul. “Hay una voz y estamos orgullosos de ello, pero somos una minoría”, añade.

22/05/2018 - 20:03h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enInternacional