Lunes, 04 Marzo 2019 06:24

El miedo europeo a la China de Xi

El miedo europeo a la China de Xi

Occidente se debate entre ver a China como oportunidad o amenaza. En Europa, la percepción de riesgo crece: una mirada que incluye tanto el intercambio económico como los análisis del modelo político chino. El poder y los cambios impulsados por su actual líder. La pelea con Trump.

 

El politólogo doctorado en la Universidad Católica de Milán Filippo Fasulo insiste en que, como académico, tiene (debe tener) una mirada crítica pero no ética ni de juicio. “Lo que necesitamos –afirma– es tener las cartas de China sobre la mesa para comprender mejor.” Investigador del Instituto Italiano de Estudios de Política Internacional y de la Fundación Italia-China, pasó por Buenos Aires y fue entrevistado por PáginaI12 sobre las preocupaciones que existen en Europa (se traslada a todo Occidente) sobre el ascenso chino.

–Napoleón dijo: “Cuando China despierte, el mundo temblará”. Los franceses siguen disparando, como con el terrible documental de Arnaud Xainte contra el presidente Xi Jinping. ¿Lo viven así, hoy, los europeos?


–La visión cambió muy rápido en 2 o 3 años. En lo económico, la inversión china ya se ve menos como oportunidad que como peligrosa en ciertas áreas. El Parlamento Europeo debate cómo controlarla, incluso bloquearla en sectores estratégicos o tecnológicos. Los países más inquietos son los fabriles, Alemania, Francia o Italia, no tanto los nórdicos, más volcados a servicios. Una parte de la disputa se vio cuando la Unión Europea denegó el estatus de economía de libre mercado a China en la Organización Mundial del Comercio, porque así le es más fácil reclamar por dumping. Otro ejemplo es la mayor presión de firmas europeas para que China sea recíproca en el acceso de inversiones, porque ven asimetrías.

–¿En lo político también en Europa crecen las posturas críticas?


–Sí. Vivimos un momento de transición, cambia China y el análisis cambia también. Hay think tanks europeos, sobre todo en Alemania (como el Mercator Institute for China Studies, Merics), con una posición muy crítica sobre el autoritarismo y en particular la propensión externa, o sea fronteras afueras.


–Pero China no busca exportar su modelo al estilo de la vieja URSS, si bien hay textos que citan la “superioridad” de su modelo frente al de Occidente.


–Me refiero a otros aspectos, además del tema que cité de las inversiones: el mayor rol de los medios de comunicación social chinos en Europa y el rol de los estudiantes. Hay muchos en Gran Bretaña, Francia, Alemania (en Italia también, pero más que nada en bellas artes y canto lírico, eso no incide) que estudian ciencias duras o tecnológicas y hay inquietud, pues se cree que esos jóvenes tienen lazos con el Partido Comunista de China, ese es el punto.

–¿Cuál sería el problema?


–Hay temor al llamado sharpower, al medio del poder duro y el softpower; o sea, de que China –igual Rusia– puedan influir en la política interna europea por esas vías. Esa percepción es la que fue cambiando y genera temores. Y lo grave es que los gobiernos no saben qué hacer; por un lado afirman que “queremos tener una relación con China porque es más importante ahora”, pero a la vez, dicen “hay que parar las relaciones porque pueden ser una atadura”.


–Desde la reforma constitucional reciente en China asoman más temores sobre su sistema, al menos en la prensa dominante europea y en sus think tanks.


–La academia europea ahora habla más del retorno del autoritarismo en China y del “fin de la ilusión” que ya vivió Estados Unidos y Occidente en general. Aflora esa conciencia. Es un punto muy importante, haber pensado que China iría a una democracia multipartidaria, liberal... eso estaba en el abordaje académico hace 10 o 20 años.


–Pero era utópico. Usted mismo plantea en un capítulo del libro El Sueño Chino (CEAP/UBA, 2018) que para que ocurriera eso China debería revertir una visión del mundo milenaria. Por otro lado, en Occidente la democracia liberal casi no da respuesta positiva a ningún problema, más bien al contrario, en América latina, en Europa, incluso en EE.UU...


–Pero esa ilusión sobre China estaba. Básicamente, hay una concepción muy diferente en China y en Occidente de lo que es el gobierno. La pregunta no es tanto cómo gobernar, sino qué es gobernar. China y Occidente dan respuestas distintas y, por lo tanto, son diversos sus sistemas. En China, parece haber un objetivo final bien definido, y todo lo que debe hacer la autoridad sería buscar la mejor manera para realizar esa utopía. En esa construcción, el gobierno ya sabe qué hacer, busca la mejor gente para ello, la llamada meritocracia. Ahora bien, esa es la teoría; en la práctica surgen problemas. Y todo eso en China se articula a su largo pasado histórico.

–O sea, ¿no es un atributo del PCCh sino que viene del fondo de la historia imperial?


–Viene de lejos, pero el problema que yo veo es que, en rigor, no hay definición ni concepto exactos de cuál es el objetivo final.


–Una vez un diplomático me aconsejó en China no preguntar qué es específicamente “socialismo con peculiaridades chinas”, pues iba a incomodar. En mi opinión, capitalismo no es, y sacar a 800 millones de pobres en pocas décadas es claramente una política social gigante.


–Pero, si no hay algo exacto ¿cómo poner un límite? Más, cuando no hay un Congreso o una Constitución que lo fijen. En Occidente el poder absoluto se define claramente y se marca un límite. Lo que pasa en China es que el poder absoluto no es definido, a lo sumo tiene un límite moral. El emperador tenía un límite sobre el qué hacer bien; Mencio, discípulo de Confucio, hablaba del deber de hacer la revolución si eso no ocurría. Todavía está esa tradición de hacer el buen gobierno y trabajar para el bien de la población.


–¿Quién define qué es eso?


–Ese es el punto. El gobierno mismo lo define, y entonces siempre puede ir cambiándolo. Debería haber un equilibro. Debe hacer buen gobierno, pero a la vez demostrar que lo hace bien. En la antigüedad, si había algún desastre natural o una revolución, eso marcaba algo. Hay momentos en que no se requiere controlar mucho. Hay otros, como este, en los cuales mostrar que se está gobernando bien es difícil y surge un mayor control social, incluso digital, en la era de Xi Jinping.

–Ya abordaremos eso, pero sigamos con las diferencias que hay con el sistema político occidental en general, que no luce muy democrático y afronta serios problemas de legitimidad.

–La democracia liberal no tiene un objetivo definido. En tal caso se define una vez cada 4 o 5 años, al votar. Es un proceso cuantitativo, suma un individuo más otro, un voto más otro. En cambio, la meritocracia puede definirse como la cualidad del funcionario; hay, así, un proceso cualitativo, ahora con el PCCh o antes con el examen imperial. Son dos construcciones diversas de instituciones. Luego, la democracia tiene la promesa fallada, es cierto, pero también este sistema chino las tiene.

–¿Más que una democracia multipartidaria se critica la falta de un Parlamento y una Constitución como contrabalances?

–El punto es que en China el poder no se puede limitar, salvo un límite moral e interno. Es un mecanismo circular. Analistas como Thomas Metzger estudiaron la visión optimista y pesimista sobre la sociedad civil. En Occidente, la sociedad civil cree que el gobierno actúa siempre mal y debe limitarlo. En China, la sociedad civil trabaja con el gobierno.

–Es que en Occidente la sociedad civil está afuera del gobierno, lo interpela, pero en China parece dentro del Estado. Un famoso sinólogo dijo que lo asemeja a su padre.

–Justamente, la sociedad debería ayudar al gobierno a hacer el bien, pero en China está adentro. Eso explica que en su academia puede haber diferentes líneas, pues están dentro del sistema, no confrontan con el gobierno, sino que lo ayudan a ser mejor. Describe muy bien lo que pasa en China. Occidente es distinto.

–¿Ahí entran los derechos humanos y las diversas visiones de Occidente y Oriente?


–El concepto de derechos humanos es la idea de que el individuo está separado del Estado; así, tiene que ampliar el grado de libertad del individuo. En China –que no lo inventó, en Europa era igual antes de que naciera el liberalismo– el individuo es parte del Estado, parte del tian xia. El Sueño Chino de Xi Jinping, diferente al sueño americano, apunta a una comunidad, no a un individuo. Luego, en Occidente, si el individuo se realiza en la sociedad, tiene un beneficio. En China, si la sociedad se realiza, el individuo también tiene su beneficio. La suma de los intereses individuales hace un cambio total de interpretación. Mirar así a China así hace más fácil entenderla. En el Sueño Chino de Xi, el año 2049 es el nuevo objetivo, como la sociedad armoniosa u otros slogans de líderes anteriores. Si vamos a ver la distinción del objetivo final en 2049 (una sociedad moderna y próspera) y el intermedio en 2021 (no más indigentes en China) vemos reminiscencias confucianas. El “Libro del Gran Saber” habla de metas de mediano y largo plazo.

–Académicos occidentales mentan “totalitarismos” como el fascismo o el comunismo en China, categorías y de hecho fenómenos que surgieron en Occidente, uno como subproducto y otro como rival del capitalismo… ¿es lícito aplicarlos a China?


–No sé. Quizá debamos poner esa descripción en la discusión que teníamos, sobre objetivos finales de un gobierno. Fascismo y comunismo tienen un proyecto utópico. Sería un error decir que el fascismo es una versión negativa y el comunismo una positiva de la misma cosa. Tienen cosas similares, el uso del Estado en la economía y la corrupción o, en todo caso, formas no puras de fascismo y no puras de comunismo, etc. El debate es complicado. En China está siempre ese equilibrio en cuanto a su objetivo final y el hecho de hacer buen gobierno. El control debe buscar el equilibrio, y tildarlo de fascista o comunista no es preciso. Ahora, algunos académicos probablemente lo vean como más “fascista” porque el componente de control es más relevante que hace unos años, por razones políticas y económicas.


–¿Por qué hoy sería más relevante el control?


–Hay una transición importante. Los chinos hablan de una nueva era y “nueva normalidad”, y no es sólo propaganda, deben adoptar un nuevo modelo de desarrollo económico, distinto al anterior.


–O sea, están creciendo a 6/7 por ciento cuando antes lo hacían a 10 por ciento, el PBI se apoya más en el mercado interno que en el sector externo...


–Eso. Pero es un proyecto que tiene costos sociales y políticos. Cerrás una fábrica y abrís una nueva, pero un obrero no pasa en un día de hacer un juguete a hacer un misil o una nave espacial. El presupuesto para hacer ese tránsito es ajustado.


–¿Como nuestras “reconversiones” en los años 70/80?


–Similar. Entonces, como hay o puede haber resistencia o malhumor social, sube la necesidad estatal del control.


–¿Qué opina de Xi y de cómo encara ese desafío?


–Xi es un sujeto especial, en medio de esa transición. Nunca hubo en China alguien que en 2012 dice ser un hombre de compromiso entre dos facciones, que iba a ser uno de los dos funcionarios más importantes junto a Li Keqian (como antes el ex presidente Hu Jintao y el ex premier Wen Jiabao) y cinco años después escribe su nombre en los estatutos del PCCh al mismo nivel que Mao Zedong. Veo una veloz centralización política que no es sólo porque Xi procura el núcleo del poder partidario y del Estado, sino porque está convencido de que hay que hacer esa transición económica, y para hacerla necesita centralizar el poder para superar la reforma sin que la frenen intereses políticos ni económicos.


–¿Quiénes se resisten?


–Si el dirigente local o central necesita –de nuevo– cerrar una fábrica y echar muchos trabajadores, tiene al político nacional con vínculos con esa empresa, y al político local que puede ver complicada su carrera, no quiere desempleo en su provincia. En 2014, Xi hizo una reforma jurídica y ahora ni el gobierno ni la corte locales pueden frenar una decisión de Beijing. Xi sabe que debe hacer esa transición económica; si China no la hace, no puede haber un buen gobierno, es un punto clave para el PCCh: debe mejorar la economía y para eso, hacer reformas con costos económicos y sociales. Pasó en muchos países occidentales. Hay ganadores y perdedores. Al hacerlo, Xi pierde alguna fuerza política, surgen opositores. Y ahora es muy complicado. Sólo él está al comando. Un problema económico es el equilibrio entre el mercado y el estado centralizado. En el Estado se sabe qué tiene que hacer. Pero el centro no puede conocer todo. No puede advertir si hay errores o si hay algo no funciona.

–¿Por ejemplo?


–Creo que Xi no vio venir la amenaza de guerra comercial con EE.UU. Cuando se encontraron en 2017, Xi parecía el hombre fuerte y Donald Trump, el débil. Cuatro meses después, Trump empezó esta guerra y complicó a Xi. A mitad de 2018 incluso hubo rumores de desestabilización en China. O sea, en poquísimo tiempo pasó todo esto y hay señales sugestivas. Luego del Congreso partidario hubo tres plenario y faltó el cuarto, que es habitual. En medio, hubo una reforma constitucional que le dio más poder a Xi. ¿Por qué todo eso? ¿Está Xi tan fuerte que no necesita ese pleno? ¿O por tan débil no logró consenso en el seno del PCCh? ¿El hombre parecido a Mao está débil o está fuerte? Todo, en medio de una economía cambiante y una transición histórica, cuando China quiere coronar su regreso a lo que era antes de las guerras del Opio del siglo XIX que la postergaron y dieron primacía a Occidente.

–¿Todo esto puede condicionar a Xi?


–Sí, a su política al interior de China y también al exterior. En su país, debe controlar más porque, si no, la economía se detiene y afectaría su política exterior, y debe mostrarse nacionalista hacia afuera para un consenso interno que haga menos visibles los problemas económicos. Es todo un equilibrio muy delicado.


–¿Cómo juega ahí el control en las redes, la cuestión digital, big data, comparado con Occidente, que también ejerce sus controles, desde ya?


–En Occidente, al final, hay una posibilidad de control sobre ese control. Mark Zuckerberg puede ir al Capitolio y explicar lo que pasa. En China no. Ahí el Estado dice: esto sirve para la estabilidad del buen gobierno y se termina el debate. Occidente en manos de compañías privadas tiene obviamente muchos problemas y mucho por mejorar, pero hay un control, está la posibilidad de poner en tu teléfono alguna privacidad más alta, en China no. Y tu opinión política no es relevante para Facebook. En China sí.


–Mmm... acá hay un colosal manejo de esos datos para inducir votos, manipular, condicionar resultados electorales...


–Pero es diferente. Si no sos influenciable, podés no aceptar eso. En China es distinto. Tu opinión muy crítica al gobierno chino directamente no se permite. La propaganda, la manipulación en internet, ¿es nueva? No, se hacía antes con la tv, la radio, la prensa. Las fake news están en la historia, las hubo hasta en el Imperio Romano o la Antigua Grecia. Claro, hoy hay técnicas más eficaces, un público más amplio. Yo veo diferencias. Si vos escribís “mi gobierno no me gusta”, acá no pasa nada.

–Bueno, más o menos.


–Ok, con alguna excepción, no te ponen publicidad...


–O podés ir preso también; se acusa a Venezuela de tener presos políticos, pero hay opositores presos en Argentina y en muchos países de Occidente, Lula, virtualmente Assange, en Colombia matan a diario a líderes opositores...


–Pero es completamente distinto en China, no podés escribir eso, directamente.


–¿La censura china en las redes globales como Google, Facebook, tiene que ver también con su soberanía y la lucha contra EE.UU. por el control del big data y las bases de datos?

–El fenómeno es previo a la guerra comercial. China permitió Facebook hasta 2009, tras una revuelta en la provincia Xinjiang, de mayoría musulmana, y Google se fue antes también. Entonces la guerra con EE.UU. no era tan clara. Por ejemplo, en el mercado chino Apple es muy fuerte, a la ciudad de Zhengzhou la llaman Apple City porque allí se hacen todos los componentes. Si por esta situación ese tipo de empresas se muda, digamos, a la India, como se habla, y los nuevos IPhone se fabrican en otro lado, es una cuestión gigantesca que puede cambiar totalmente lo economía global. Por lo que pasó con la detención de la directiva de Huawei, en Italia ya hay quienes dicen “no compremos Huawei”. Yo creo que debemos mantener el sándwich frío, ser muy calmos, es un cuadro complejo y las consecuencias de estas peleas pueden ser muy grandes.

 

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EE UU encadena 100 meses seguidos de creación de empleo

El cierre parcial del Gobierno no tuvo un efecto perceptible en el mercado laboral. El paro sube al 4% porque hay más gente que busca empleo

La creación de empleo en Estados Unidos se aceleró en enero, tras registrarse 304.000 ocupados. El dato es muy sólido y revela que el cierre parcial del Gobierno no tuvo un efecto perceptible en el mercado laboral. Se encadenan así 100 meses consecutivos en positivo. La tasa de paro subió, entretanto, una décima y se coloca en el 4%, porque la tasa de participación laboral crece.


Esta primara lectura está sujeta a dos revisiones, por lo que puede fluctuar. Se ve en el dato que se da ahora para diciembre, que queda en 222.000 ocupados frene los 312.000 que se anunciaron hace un mes. Pese a este recorte, la tendencia confirma que la economía avanza en la buena dirección y eso daría munición a la Reserva Federal para subir los tipos de interés en junio o más adelante.


La racha de creación de empleo en EE UU comenzó en octubre de 2010. Es la más prolongada de la historia y machaca los 48 meses que se encadenaron hasta junio de 1990. Pero, a diferencia de otras fases expansivas, la intensidad en la contratación es más baja. La media actual está siendo próxima a los 200.000 ocupados mensuales. Solo fue más baja en el periodo que finalizó en 2007, antes de la crisis mundial.


Se esperaban 170.000 nuevos ocupados y que el paro se mantuviera en el 3,9%. Era, en todo caso, difícil de entender las consecuencias del parón gubernamental. El mes de enero suele verse afectado por los empleos que se pierden tras la temporada de compras navideñas. Enero fue, además, más cálido de lo normal, lo que podría haber compensado al incentivar el consumo.


El litigio presupuestario afectó a 800.000 funcionarios. La mitad se quedó en casa sin paga. La disrupción afectó a nueve departamentos y a las agencias que están bajo su paraguas. Los empleados esenciales tuvieron que trabajar sin cobrar. Pero el mercado laboral cuenta con cerca de 163 millones de ocupados. El efecto, según el Departamento de Empleo, fue “discernible”.


La oficina presupuestaria del Congreso estimó el impacto económico del cierre parcial en unos 11.000 millones de dólares. Duplica la estimación que hizo la agencia de calificación Standard & Poor's para el periodo que duró el bloque político en Washington y también los 5.700 millones que solicita el presidente Donald Trump para financiar con fondos públicos la construcción del muro.


El efecto, en todo caso, es menor si se compara con el tamaño de la economía de Estados Unidos. La publicación del indicador que mide el producto interior bruto se aplazó como consecuencia del parón gubernamental, que afectó al Departamento de Comercio. Será el correspondiente al cuarto trimestre de 2018. El lastre se notará más en el arranque de 2019, el mes más débil por el invierno.


La Fed decidió esta semana dejar intactos los tipos de interés en una banda entre el 2,25% y el 2,5%. El presidente Jerome Powell dio la indicación más clara hasta ahora de que no encarecerá mucho más el dinero y se mostró paciente al avanzar en el proceso de normalización. La inflación le da margen para ir con cautela, para no pasarse de frenada al retirar los estímulos monetarios.


Powell ya anticipó la posibilidad de una pausa hace unas semanas, lo que dio aire caliente a Wall Street tras sufrir un diciembre de vértigo como no se veía desde la Gran Depresión. El sentimiento en el parqué es justo el opuesto y provocó que el índice S&P 500 avanzara casi un 8%, en el mejor enero desde 1987. Otro de los factores de sustento es el optimismo en la negociación con China

Por SANDRO POZZI
Nueva York 1 FEB 2019 - 09:31 COT

 

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El Banco Mundial alerta de que crecen los riesgos para la economía global

La actividad repuntará en la región de América Latina aunque con menos fuerza de lo anticipado

 

Las perspectivas económicas mundiales oscurecen. Es la advertencia que hace el Banco Mundial, que proyecta que el crecimiento global se modere al 2,9% este año. Es una décima menos que en 2018 y de lo anticipado en junio. Pero el organismo enciende el farolillo rojo al señalar que los riesgos crecen por la tensión comercial y porque un gran número de países experimenta presiones financieras “sustanciales”. América Latina repuntará del 0,6% al 1,7% en 2019, aunque será seis décimas menos robusta de lo que se auguró.

El ritmo de crecimiento global sigue siendo robusto. Pero la balanza de riesgos empuja más a la baja, reitera el organismo, para afirmar que “las perspectivas se han vuelto inciertas”. “La ralentización de la demanda externa, el encarecimiento de los créditos y la persistencia de la incertidumbre política harán de lastre”, continúa la institución financiera en la actualización de sus proyecciones.


Además, explica, hay otros potenciales desenlaces que pueden afectar a la actividad económica. Cita una “depresión” de los flujos de capital por un brusco encarecimiento de los costes de financiación. A la espiral alimentada por el alza de tipos y la apreciación del dólar se le suma la tensión comercial, que puede debilitar el crecimiento y alterar la cadena de suministro.
El panorama es completamente distinto al de hace un año, cuando se aguraba una expasión estable. "A comienzos de 2018", recuerda Kristalina Georgieva, consejera delegada del Banco Mundial, "el motor de la economía global disparaba todos los cilindros". "Pero fue perdiendo fuerza a lo largo del año y el camino puede ser incluso más agitado", advirtie. La volatilidad del mercado, añade, "es una señal" en ese sentido que preocupa al organismo.


Y aunque se ve improbable a corto plazo, se alerta de que la combinación de una eventual recesión en Estados Unidos y una mayor desaceleración de la esperada en China podrá “detonar una caída marcada de la actividad global”. La expansión en los países avanzados se mantiene en el 2% para este año. Es dos décimas menos que en 2018. Menciona la desaceleración de la zona euro, que pasa de crecer un 1,9% a un 1,6% este año. Supone una rebaja de una décima.


La expansión se moderará también en EE UU casi medio punto, al 2,5% este año. De ahí volverá a debilitarse al 1,7% en 2020 conforme se pierda el efecto de los estímulos fiscales. En el caso de China, se espera se modere al 6,2% por el reequilibrio de la demanda. Si la negociación comercial no da frutos, el Banco Mundial advierte de que los efectos de la escalada arancelaria serán severos.


Vulnerabilidades


Pekín puede contrarrestar el impacto de la tensión comercial tirando de la política fiscal y monetaria. Pero se corre el peligro de que eso provoque un aplazamiento de los esfuerzos que se están haciendo para contener la expansión de la deuda y se crearán vulnerabilidades por otro lado. “Si el estrés financiero se materializa”, señala, “la ralentización económica será mayor de la esperada”.


Los economistas del Banco Mundial señalan que cualquier factor negativo puede jugar en contra. La experiencia pasada ilustra, además, que el efecto dominó suele ser más severo del que se suele anticipar y se propaga rápido, de una manera sincronizada. La resolución de las tensiones comerciales, sin embargo, podría elevar el sentimiento y reactivar las inversiones y los intercambios.


Para Latinoamérica, la proyección es que Brasil se expanda un 2,2% este año, remontando de un 1,2%. Es tres décimas menos de lo que se dijo hace seis meses. México se modera una décima respecto a 2018, al pronosticarse un crecimiento del 2% este año. Supone un recorte de medio punto por la incertidumbre política. Los dos repuntarán al 2,4% en 2020, como toda la región.


Argentina se contraerá este año un 1,7% por el efecto de la consolidación fiscal, la pérdida de empleo, la criss cambiaria y la caída de la demanda y las inversiones. Supone una moderación de la recesión cuando se compara con el 2,8% en 2018. Pese a la mejora, representa una drástica rebaja de 3,5 puntos respecto a la previsión de hace seis meses. En 2020 volverá a crecer, un 2,7%.


Derrumbe


Colombia es de los que tira. Crecerá un 3,3% este año. También Chile y Perú, con un 3,5% y un 3,8% respectivamente en 2019. Venezuela sufrirá una contracción del 8%. Es más baja que el 18% el pasado ejercicio, pero eso no significa que la situación mejore. “El derrumbe económico es cada vez más profundo”, advierten, al tiempo que no se ve fin a la espiral hiperinflacionista.


Aunque el patrón de crecimiento regional muestra que se refuerza, el Banco Mundial reitera que “la mejora será más débil de la anticipada”. Los riesgos a la baja “dominan”, añade, por la posibilidad de una restricción abrupta de las condiciones financieras, una escalada de la batalla arancelaria, la incertidumbre política, una respuesta adversa a las condiciones fiscales y los desastres naturales.


Estas corrientes contrarias, además, hacen difícil ser precisos en las proyecciones. En las actuales condiciones, la posibilidad de que la economía global crezca un punto por debajo a la media estimada es del 21%. Es de un 17% para la eventualidad de que lo haga un 1% más alto. Como señala el organismo, todo esto se refleja en la volatilidad que acusa Wall Street desde octubre.


ECONOMÍA SUMERGIDA


S. P.


El Banco Mundial advierte de que la ralentización económica y las dificultades financieras pueden poner en peligro todos los progresos logrados desde la última crisis financiera para reducir la probreza extrema y lograr un mayor reparto de la prosperidad. Por eso se pide un esfuerzo coordinado para mantener el ritmo de las reformas y destinar recursos al capital humano.


El organismo recomienda que para navegar la actual incertidumbre, se adopten medidas que eleven la productividad y al mismo tiempo se doten de colchones fiscales para poder tener margen de maniobra en caso de que la coyuntura empeore. “Hay que reforzar los planes de contingencia, facilitar el comercio y mejorar el acceso a la financiación”, insiste Georgieva.
El Banco Mundial recuerda que la economía sumergida representa un 70% del empleo y un 30% del producto interior bruto en los países emergentes y en desarrollo. Es una parte de la economía que se asocia con la baja productividad y que no genera ingresos fiscales. “Es sintomático de una oportunidad perdida”, afirma. Por eso se insiste en que se diseñen políticas fiscales y sociales que equilibren la situación.

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Lunes, 31 Diciembre 2018 13:20

La economía mundial se frenará en 2019

La economía mundial se frenará en 2019

Las previsiones apuntan a un año complicado con múltiples frentes abiertos que van desde la guerra comercial al Brexit pasando por la retirada de liquidez de los bancos centrales 

Al echar un rápido vistazo a los títulos de los informes especiales que bancos de inversión, gestoras de fondos y brókers han elaborado para explicar cómo creen que será 2019 desde el punto de vista económico, se percibe que serán 12 meses más complejos que los 12 meses que estamos a punto de dejar atrás. Hay quien tira de refranes para encabezar los documentos: “No es la caída lo que te mata. Es el aterrizaje”; algunos recurren a títulos de canciones (“Riders on the storm”, jinetes en la tormenta); mientras que otros van directamente al grano: “Se avecinan turbulencias”. Y es que hay un consenso bastante generalizado sobre que 2019 será otro año de crecimiento mundial, aunque a una velocidad inferior a la de los últimos ejercicios.

“El crecimiento alcanzó su punto máximo en 2018, pero los principales indicadores siguen siendo sólidos”, según Stefan Kreuzkamp, responsable de DWS. Esta opinión es compartida por Michael Strobaek, economista jefe de Credit Suisse: “2019 se perfila como otro año de crecimiento, aunque a niveles un poco más bajos que en los últimos años”. El PIB mundial cerrará este año con una mejora cercana al 3,7%. En cambio, la previsión para el próximo cursocontempla pronósticos que van desde el 2,9% hasta el 3,7% que augura el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta horquilla tan amplia en las quinielas sugiere que las incertidumbres se acumulan sobre las hojas de cálculo de los expertos. Cualquier cisne negro puede cambiarlo todo.

A pesar de la ralentización de la actividad, hasta cierto punto lógica tras una fase expansiva tan larga, ninguno de los expertos consultados vislumbra una recesión a corto y medio plazo. “Si bien en junio de 2019 el ciclo actual en EE UU se convertirá en el más largo de la historia, hay que tener en cuenta que la recuperación de la economía ha sido mucho más moderada que en ciclos expansivos pasados. Además, tanto en Europa como en Japón el ciclo no es tan maduro y queda recorrido. La experiencia vivida en países como Canadá o Australia demuestra que los ciclos económicos no mueren por el mero hecho de que sean muy largos”, argumentan desde Banca March.

Tras un par de años de crecimiento mundial sincronizado, parece que se volverá a producir una divergencia en el grado de desarrollo de los diferentes países. Los analistas consultados creen que EE UU será, una vez más, la locomotora que tire de la economía mundial. En 2018 el crecimiento estadounidense rozará el 3% gracias a los estímulos fiscales, un factor que también será determinante para que el alza del PIB en 2019 se sitúe en torno al 2,5%, aunque avanzado el año este viento de cola irá perdiendo efecto en un entorno monetario cada vez más restrictivo. “El ritmo de desaceleración en EE UU debería ser menos pronunciado que en otras zonas”, señalan en UBP. “La inversión y la demanda interna se apoyarán en la reforma fiscal y en unos tipos de interés que, aunque suben, siguen siendo bajos. Además, algunos planes de infraestructuras presentados al inicio de la presidencia de Donald Trump podrían ser estudiados de nuevo e incentivar si fuera necesario el crecimiento de la demanda desde el sector público”, agregan.

El otro gran polo de actividad, China, debería confirmar el proceso de “aterrizaje suave” en el que se encuentra su economía desde hace unos años, con un crecimiento previsto del PIB en 2019 próximo al 6%, medio punto porcentual menos que lo que se espera para 2018. En cualquier caso, la evolución del gigante asiático estará muy condicionada por el grado que puedan alcanzar las tensiones comerciales. “En la medida en que el Gobierno chino tiene la determinación de estimular la economía local gracias a incentivos fiscales y monetarios, creemos que el crecimiento del país se desacelerará el próximo año, pero lo hará de una manera suave”, explican en Natixis.

En medio de los dos colosos mundiales y su pulso por la hegemonía mundial se encuentra Europa. El ritmo de crecimiento de la zona euro podría caer por debajo del 2% alcanzado en los últimos ejercicios debido a la menor actividad en el resto del mundo y a debilidades políticas y económicas internas. “La economía de la zona euro ha decepcionado durante la mayor parte de 2018 debido a que diferentes factores coyunturales la han perjudicado. Esperamos que la desaceleración se acentúe en 2019 hasta el 1,4%, porque creemos que el consumo interno caerá debido a la menor generación de empleo. También prevemos que la inversión empresarial se modere por la pérdida de tracción mundial y el incremento de las incertidumbres”, avisan en Axa Investment Managers.

Dentro de la eurozona, España seguirá siendo un año más uno de los alumnos aventajados, aunque el ritmo de crecimiento también se resentirá. La última previsión del FMI para España, por ejemplo, sitúa el avance del PIB en 2019 en el 2,2% frente al 2,7% previsto para 2018, en un contexto de menor apoyo del sector exterior y del turismo. “La demanda interna continuará actuando como uno de los principales soportes del crecimiento en España. Las grandes cifras macro del país se mantienen sólidas, aunque todavía hay ajustes internos pendientes, sobre todo en relación con los desequilibrios fiscales del sector público”, según Banca March.

Este diagnóstico positivo para España no está exento de posibles complicaciones por el flanco político. “A corto plazo nos preocupa la incertidumbre política en Cataluña que sigue sin resolverse y que está afectando a las inversiones previstas”, avisan en Julius Baer. Otro factor de incertidumbre tiene que ver con la debilidad del Gobierno central. “Hay un gran barullo político”, describen en Andbank. “Pese a los esfuerzos del Ejecutivo por mantenerse una legislatura parlamentaria completa y aparcar los planes de elecciones generales hasta mediados de 2020, no descartamos que dichos comicios se produzcan en 2019. Todo dependerá del resultado de las elecciones autonómicas”, añaden desde esta entidad.

En una época tan volátil, hay sobre la mesa, como viene ocurriendo en el último lustro, una serie de riesgos que están detrás de la desaceleración esperada y que, además, de acentuarse podrían hacer que el escenario central para la economía mundial dibujado por los expertos termine siendo incluso peor. El principal factor de incertidumbre sigue siendo la guerra comercial entre EE UU y China. “El incremento de los aranceles puede tener implicaciones no solo sobre el ciclo económico sino también sobre la estructura productiva actual, la cual está basada en el libre comercio. Ese cambio haría que el impacto de la guerra comercial sobre la economía fuese aún mayor”, dicen en Natixis.

Razones para frenar la tensión

A pesar de que el fantasma de una escalada en el pulso arancelario sigue muy presente, la última cumbre del G-20 celebrada en Argentina hace que algunos expertos sean ahora más optimistas que hace unos meses respecto a la evolución de la actividad comercial en 2019. “El argumento a favor de un acuerdo es que China estará deseosa de llegar a un pacto que le dé un respiro. Con sus últimas sanciones, Washington ha mostrado que puede cerrar grandes empresas chinas en un instante, amenazando todo el plan de semiconductores de Pekín y poniendo en peligro a Huawei, su empresa nacional de telecomunicaciones. Por otro lado, Donald Trump necesita una victoria propia de un gran estadista, como el hombre que domó China, que le sitúe en una buena posición de cara a las elecciones presidenciales de 2020”, comenta Andbank en su informe de estrategia.

Si la tensión en torno a la guerra comercial podría aminorarse, todo lo contrario ocurre con el Brexit. La retirada del Reino Unido de la Unión Europea se materializará del 29 de marzo de 2019 a las 11 de la noche (hora de Londres). El Gobierno de Theresa May y Bruselas han llegado a un acuerdo de salida, pero su refrendo se encuentra atascado en el parlamento británico. Lo que antes parecía improbable, un Brexit duro, coge cada vez más cuerpo a medida que la cuenta atrás se aproxima a su fin. “Si se lleva a cabo una salida sin acuerdo, el daño a la economía británica sería considerable: el crecimiento podría caer un 5% de media, e incluso un 8% si otros socios comerciales como EE UU tardan en firmar nuevos acuerdos”, avisan en UBP. Y está claro que la onda expansiva no se limitaría a la isla. “Cabe esperar que a última hora se logre un acuerdo de transición, que esencialmente dé lugar a pocos cambios reales”, sugiere León Cornelissen, economista jefe de Robeco.

Otro foco de incertidumbre viene de la mano de los bancos centrales. La bajada de tipos de interés y las medidas monetarias heterodoxas como la compra masiva de deuda pública inundaron el sistema de liquidez y sacaron al mundo de la recesión provocada por la crisis financiera. Esa era de estímulos a gran escala, sin embargo, llega a su fin. “Por primera vez en casi una década, el balance agregado de los bancos centrales se reducirá. Habrá que acostumbrarse a vivir sin el apoyo del quatitative easing. Esta normalización monetaria llega además en un momento en el que la economía mundial crecerá por debajo de su potencial tras una larga racha alcista”, describen los expertos de Unigestion.

La Reserva Federal, pese a las presiones de Trump, ha subido en cuatro ocasiones los tipos en EE UU en 2018, situándolos en una banda entre 2,25% y el 2,5%. El organismo que preside Jerome Powell —que en paralelo lleva más de un año amortizando la deuda que tenía en su balance— baraja para el próximo año subir los tipos en dos ocasiones más. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto fin al programa de estímulos —más de 2,6 billones de euros—, aunque no se espera que encarezca el precio del dinero, como muy pronto, hasta el último trimestre de 2019. “Es probable que el BCE haya dejado para demasiado tarde la normalización de los tipos de interés y que con el tiempo considere que ha perdido una gran oportunidad al no haberlo hecho en 2018. La región podría verse atrapada en un entorno de tipos bajos y escasa munición monetaria para hacer frente a la próxima recesión”, advierte Keith Wade, economista jefe de Schroders.

Atentos a la inflación

Los grandes bancos centrales han diseñado una hoja de ruta que contempla una retirada muy gradual de la liquidez para no causar un cortocircuito en una economía que se ha acostumbrado a la barra libre del dinero barato. De momento ese plan se está pudiendo cumplir gracias a que el largo ciclo de crecimiento se ha desarrollado sin despertar grandes tensiones inflacionistas. Los pronósticos para 2019 apuntan a un ligero repunte de los precios en las principales economías, impulsados por revisiones al alza de los salarios, aunque no mucho más allá del 2%, umbral que hace saltar las alarmas en los bancos centrales (y acelerar las subidas en los tipos de interés). La caída de los precios energéticos —la cotización del barril de brent, crudo de referencia en Europa, se ha abaratado casi un 40%— también contribuye a relajar las presiones sobre el IPC.

“Es cierto que la subida de los salarios empieza a acelerarse debido a la caída del desempleo en las principales economías”, reconocen los expertos de Pimco, el mayor inversor en deuda pública del mundo. “Sin embargo, el aumento de la productividad puede moderar las presiones sobre los costes laborales. Además, el incremento de la competencia y la transparencia en el mercado de bienes debido al efecto Amazon probablemente mantengan controlados los precios”, añaden desde Pimco.

2018 ha sido el año del dólar. El billete verde se ha apreciado un 5,7% frente al euro desde euro. Los giros bruscos en la divisa estadounidense suelen desestabilizar la economía mundial y los mercados financieros. La solidez del dólar, como se vio en el primer semestre de este año, puede ejercer fuertes presiones sobre aquellas economías, sobre todo emergentes, que necesitan financiación en dólares a tipos bajos. Por su parte, una debilidad pronunciada de esta moneda ejerce presión sobre aquellos países más exportadores como Alemania y Japón, y agita el espectro de la inflación, pues los precios de las materias primas suelen subir durante esta etapa. La situación óptima para la economía mundial, por tanto, consiste con épocas de estabilidad para el dólar, justo lo que pronostican la mayor parte de los expertos para 2019 gracias sobre todo a la divergencia en las políticas monetarias. “Habida cuenta de que la Fed ya ha avanzado con las medidas de endurecimiento, y el BCE y el Banco de Japón habrán de equipararse gradualmente, es muy posible que el dólar se mantenga estable”, apuntan en Credit Suisse.

Uno de los efectos secundarios de los chutes de liquidez aplicados para dejar atrás la Gran Recesión es el considerable aumento de los niveles de endeudamiento, tanto en el sistema público como en el ámbito privado. “Gobiernos y empresas son ahora más vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras”, reconoció la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, hace tan solo unos meses. La deuda total acumulada en el mundo es un 60% superior a la que había en 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera, y equivale a 182 billones de dólares.

En cualquier caso, como recuerdan los expertos de Bankinter, las recesiones vienen precedidas o provocadas cuando, además de un nivel de deuda desproporcionado respecto al tamaño de una economía, también se dan simultáneamente otros factores como un alto coste de financiación, que encarece sobremanera el pago de los préstamos, así como la existencia de fuertes desequilibrios económicos en forma de un déficit fiscal o por cuenta corriente excesivo. “La coincidencia de estas tres señales hoy no se produce, por lo que no creemos que pueda defenderse la proximidad de una recesión desde un punto de vista objetivamente razonado”, concluyen.

 


Janet Henry (HSBC): “El crecimiento mundial ha tocado techo”

 

DAVID FERNÁNDEZ

 

Janet Henry (Bristol, Reino Unido, 1969) pilota el área de previsiones económicas de uno de los mayores bancos del mundo: el HSBC. Desde su atalaya privilegiada vislumbra un frenazo en la economía mundial, pero no ve riesgo de recesión por el momento.

Pregunta. El consenso de mercado afirma que la economía mundial crecerá menos el próximo año. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Sí. El crecimiento mundial ha tocado techo. Esto sirve también para EE UU que en 2019 todavía crecerá por encima de su potencial, ayudado por los recortes de impuestos. En Europa los datos del tercer trimestre fueron peores de lo esperado, lastrados por la situación en Alemania, aunque se espera una recuperación en el cuarto trimestre. Un caso similar lo detectamos en China: el año comenzó muy fuerte pero ahora vemos una evolución más lenta, aunque las autoridades chinas han reaccionado para que la situación no se les vaya de las manos, sobre todo con un mayor gasto en infraestructuras. Creemos que estos estímulos seguirán en 2019, facilitando el acceso al crédito selectivo y el recorte de las tasas.

P. ¿También detecta este cansancio económico en las economías emergentes? ¿Qué presión tiene para Latinoamérica?
R. En Latinoamérica hay una serie de factores específicos que afectan según sea el país que analicemos. Argentina, por ejemplo, está en recesión, aunque esperamos que revierta la situación en la segunda mitad de 2019. En Brasil la evolución dependerá en gran medida de si el nuevo gobierno de Jair Bolsonaro logra implementar las reformas estructurales necesarias. Si consigue realizar cambios es posible que el sentimiento de los inversores internacionales mejore. Numerosos países de esta región, al igual que las economías emergentes, se han visto afectados por las subidas de tipos en EE UU. En la medida que ya han sufrido buena parte del ajuste este año, se podría experimentar una aceleración de estas economías en el transcurso de 2019.

P. Usted, como la mayoría de economistas, solo hablan de que habrá un ritmo menor de crecimiento, pero ¿cómo de lejos ve la próxima recesión?
R. Es verdad que estamos en una fase avanzada de un largo ciclo económico. En EE UU, concretamente, es el segundo de mayor duración desde la Segunda Guerra Mundial. No sería inusual que a una expansión de una década al final de un ciclo de ajuste de la Fed [Reserva Federal] le siga una recesión. En este momento, nuestras proyecciones, que se extienden hasta 2020, no incluyen una recesión, ya que esperamos que la Fed se ajuste con cautela y mantenga los tipos en espera en la segunda mitad de 2019. Es poco probable que la Fed se sorprenda por la inflación porque, aunque los salarios aumentan gradualmente, el impacto se ve contrarrestado por una mayor productividad y parte de este impacto se hará notar en los márgenes de beneficios. No obstante, estamos pronosticando una desaceleración más marcada en 2020 a medida que el estímulo fiscal se desvanezca.

P. Si tuviera que quedarse con los tres grandes riesgos que se ciernen sobre la economía mundial, ¿cuáles elegiría?
R. El principal riesgo diría que son las tensiones comerciales. En las últimas décadas hemos visto cómo el desarrollo de cadenas de producción globales ha mejorado el nivel de vida de la gente y ha traído mayores niveles de eficiencia. Fuera de EE UU, otro punto de tensión son las subidas de los tipos de interés, sobre todo en aquellas economías con un déficit elevado, en los países con mucha deuda denominada en dólares o aquellos que dependen mucho de los flujos de capital exterior.

P. Como ha recordado varias veces el banco central de EE UU está en plena fase de retirada de estímulos y el BCE comenzará a imitarle. ¿Cree que es posible drenar toda la liquidez que hay en el sistema sin que la economía mundial descarrile?
R. Esperamos tres subidas de tipos más de la Fed en 2019. Además, en los próximos meses deberá tomar una decisión sobre si sigue o no reduciendo el tamaño de su balance. Esta política ya está teniendo impacto en el sentimiento de los inversores, aunque la Fed podría tomarse un respiro. En cuanto al BCE, es verdad que ha anunciado su intención de normalizar su política monetaria, pero todavía no está claro cómo de lejos llegará con este plan. De momento, los mercados financieros no esperan subidas en los tipos de la zona euro hasta 2020

P. ¿Cree que tanto los bancos centrales como los gobiernos se han quedado sin herramientas monetarias y fiscales para combatir la próxima crisis?
R. Es verdad que ahora tanto los bancos centrales como los políticos están más limitados a la hora de responder con medidas convencionales cuando llegue la próxima crisis. Durante las contracciones económicas, la Fed ha bajado de media los tipos en EE UU en 500 puntos básicos. Nuestra previsión es que el precio del dinero llegue al 2,75%-3%, por lo que no podrán bajar tanto los tipos en la próxima desaceleración pero, por lo menos, la Fed será capaz de recortar más que el BCE o que el Banco de Japón. Por ello, creo que asistiremos a más experimentos con los tipos en negativo y mayor colaboración entre bancos centrales y gobiernos porque la opción más evidente será una política fiscal más flexible.

P. ¿En qué consistirían esos experimentos?
R. El llamado helicóptero del dinero será sin duda considerado de nuevo. De todas formas, siempre hay nuevas medidas que se pueden poner en práctica. Ahora todo el mundo habla con naturalidad del Quantitative Easing [expansión cuantitativa de la base monetaria], pero en 2010, cuando empezó a estudiarse como nueva fórmula contra la crisis, era un territorio por explorar para los bancos centrales de todo el mundo. Otra cuestión distinta es si la próxima gama de instrumentos de política con los que se experimentará será efectiva.

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Lunes, 27 Agosto 2018 08:28

Auge en Wall Street

Auge en Wall Street

El mercado de acciones en Estados Unidos pasa por el ciclo de expansión más grande de su historia. Son ya más de 3 mil 450 días –más de nueve años– sin que se registre una severa corrección, o sea, sin una caída de más de 20 por ciento del nivel máximo alcanzado hasta ese momento.

El récord anterior ocurrió con la burbuja especulativa asociada con las empresas de tecnología (llamadas entonces dot com) y que colapsó el mercado en 2001.


El diario The Wall Street Journaldescribió la recuperación como surgida de las “cenizas” de la crisis financiera de 2008 y apunta que esto desafía a aquellos que cuestionaban el poder del mercado para sostenerse.
Esta es una hipótesis arriesgada, propia de quienes operan en el mercado y de ese famoso diario especializado en cuestiones financieras. En lo que acierta, sin duda, es en denominar las consecuencias de la crisis como cenizas.


De ellas renacieron el mercado financiero compuesto por los grandes bancos, los fondos de cobertura (hedge funds) y las bolsas de valores, pero no por un efecto mitológico al que parece muchas veces asociarse el carácter del capitalismo contemporáneo.


No, esos mercados y esas empresas renacieron por las acciones específicas emprendidas por lo bancos centrales, especialmente la Reserva Federal, los bancos de Inglaterra, el Central Europeo y el de Japón. Inundaron con dinero fabricado electrónicamente, que era contabilizado como deuda, los mercados e hicieron posible que las instituciones financieras jugaran de nuevo el papel central de la supuesta reconfiguración de las transacciones.


Esa deuda, pública en efecto, se emitió a tasas de interés prácticamente de cero, los grandes bancos recompusieron sus balances, que estaban de hecho quebrados, no prestaron a las empresas para elevar la producción. Y al mismo tiempo desviaron los recursos para acrecentar la especulación, incluso con sus propias acciones.


Esa historia está expuesta en varios libros, entre ellos, los del ex gobernador del Banco de Inglaterra, Marvin King: El fin de la alquimia, y de Nomi Prins : Colusión, que expone el poder enorme y sin control político que adquirieron los bancos centrales en la gestión de la crisis.


Este es el marco en el que se debe ubicar la larga expansión del mercado accionario. Se le asocia usualmente con la recuperación de la economía estadunidense e incluso de la global.


La recuperación es muy desigual entre los distintos sectores de la economía, privilegiando a los servicios y, sobre todo, a las empresas de tecnología que representan 22 por ciento del crecimiento de los índices accionarios. Entre ellas sólo Apple da cuenta de 4.1 por ciento; junto con Amazon, Microsoft Netflix y Google significan más de 40 por ciento de las ganancias del índice S&P (Standard & Poor’s).


La recuperación del sector productivo no ha ido al mismo ritmo y tampoco la del empleo y el ingreso de familias. Las distorsiones económicas son muy grandes. Quienes invierten en el mercado accionario son aquellos que tienen el control de la riqueza (es cierto que se incluyen los muy ricos fondos de pensiones) y eso hace que ésta se concentre aun más en la parte alta de la pirámide.


Los analistas no prevén que el ciclo expansivo esté por agotarse. Muchos trabajan para los empresas que ganan con el largo auge. Pero la boga no se extenderá por tiempo indefinido, sobre todo ahora que la Reserva Federal intenta devolver cierta normalidad a la política monetaria mediante el aumento de las tasa de interés y el recorte de la expansión de dinero fabricado.


Uno de los indicadores más usados en materia de inversión bursátil es el relativo a los precios de las acciones con respecto de las utilidades de las empresas, los llamados múltiplos. Otro tiene que ver con la valuación en términos de precios de las acciones de una empresa y su valor “real” en el mercado.


Cuando esos indicadores se disparan empiezan las alertas entre los inversionistas. Pero estos no actúan de manera racional como quiso en una época imponer la teoría económica convencional. La especulación es un comportamiento primordial del mercado financiero y tiende a extenderse hasta el límite.


Esa fue precisamente la experiencia del periodo de las hipotecas chatarra que disparó la crisis de 2008, misma que provocó políticas de expansión monetaria y desajustes estructurales en los canales de inversión y de consumo que no se han superado.


No puede preverse el momento en que acabe el auge accionario, lo que la historia financiera dice es que la especulación no puede extenderse sin fin.
Una nota más que anecdótica es que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo hace unos días que el fin del rescate de Grecia apuntaba a la solidaridad con ese país tras su profunda crisis. La realidad es que la sociedad griega quedó destrozada.

 

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La economía de América Latina se desacelera en un contexto de “incertidumbre y volatilidad” global

La Cepal estima que la región crecerá este año un 1,5%, siete décimas menos de lo proyectado en abril, pese a que consumo e inversión mantienen el tipo. La expansión será, no obstante, mayor que en 2017

América Latina y el Caribe seguirán creciendo en 2018, pero a un ritmo notablemente más bajo de lo previsto. La economía de la región se expandirá un 1,5%, siete décimas menos de lo esperado hasta ahora por la Cepal pero tres más que en 2017, según el informe anual que ha presentado este jueves en la Ciudad de México. "Como el resto de organismos internacionales, fuimos demasiado optimistas", reconoce la jefa del ente de Naciones Unidas para el desarrollo económico del subcontinente americano, Alicia Bárcena. El año, en cambio, ha acabado marcado por la "alta incertidumbre y volatilidad" sobre la economía global y, muy especialmente, sobre el bloque emergente.


En una región joven, que parte de bajos niveles de ingreso per cápita, el aumento consumo interno logrará esquivar en 2018 buena parte del daño que ya está infligiendo la falta de certeza en el terreno comercial tras la deriva proteccionista estadounidense, la fortaleza del dólar frente a las principales monedas latinoamericanas y la firme decisión de la Reserva Federal de continuar con las alzas de tipos de interés diga lo que diga Donald Trump. El desempleo, por su parte, seguirá ligeramente a la baja durante el ejercicio en curso, aunque la tasa urbana permanecerá por encima del 9%: un nivel elevado para economías emergentes.


Como en años anteriores, el crecimiento sigue desacompasado entre las diferentes subregiones latinoamericanas. Mientras que el área que engloba a Centroamérica y México seguirá liderando holgadamente la tabla, con una expansión media prevista del 2,5% en 2018 y con tres de los 10 países más dinámicos de la región en su seno, las islas del Caribe crecerán a una tasa media del 1,7% y América del Sur quedará por debajo de la media regional con un incremento del PIB de solo el 1,2%, lastrado fundamentalmente por Venezuela, Argentina y Brasil.


En entrevista con EL PAÍS, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, admite su "preocupación" por una divergencia interregional que amenaza con cronificarse. "Tiene que ver con los precios de las materias primas: si suben, como ahora, a América del Sur le debería ir mejor y a Centroamérica, peor. Pero lo que cambia todo son los problemas de [las dos mayores potencias sudamericanas] Argentina y Brasil. El primero es de visión de país y de consenso de Argentina y el segundo está en una situación muy compleja a la que se suma la incertidumbre política por las elecciones de octubre".
Los tres lastres de América del Sur


Las diferencias en el rumbo de crucero no solo son regionales, sino también subregionales. Sudamérica es la mejor prueba de ello: aunque la mayor parte de los países que la integran avanzan a buen ritmo, la media se ve golpeada por el mal desempeño de sus tres mayores economías. El principal lastre es, como en los cinco últimos ejercicios, Venezuela, un país sumido en una grave crisis económica e institucional en el que la recesión se ha convertido en el nuevo normal. La Cepal prevé que su PIB se contraiga este año otro 12% a pesar del alza del precio del petróleo, el gran activo del país. Desde 2013, la economía venezolana ha retrocedido un 43%.


"Más allá de la hiperinflación, el problema de Venezuela es que su deuda cada vez es menos sostenible: más escasa y más cara. Y la producción de petróleo, que se destina al repago de la deuda, va a la baja. Es un panorama lúgubre", remarca Bárcena. "Algunas de las medidas que se han anunciado en los últimos días, como la normalización del precio de la gasolina, van en la dirección correcta. Pero son tímidas y tardías", añade Daniel Titelman, jefe de la división de Desarrollo Económico del organismo con sede en Santiago de Chile.


El segundo mayor lastre sudamericano es Argentina, que no ha logrado superar la tormenta cambiaria iniciada a finales de abril, que provocó una rápida devaluación del peso (del 65%) frente al dólar. Por primera vez un organismo internacional estima que el país austral cerrará 2018 en números rojos, con una caída del 0,3%. La senda de subida de los tipos de interés en Estados Unidos, que ha acelerado la retirada de fondos de los países emergentes, ha castigado con especial virulencia al país austral, muy necesitado de crédito para sufragar su déficit público. El Gobierno de Mauricio Macri acordó un rescate de 50.000 millones de dólares con el FMI en junio que garantizaba fondos hasta el fin del mandato, en 2019. Pero el respaldo financiero no ha sido suficiente para frenar la sangría.


Brasil, por su parte, se vio sacudido por una huelga de camioneros que paralizó al país en mayo. "Afectó muchísimo, más de lo que pudiéramos anticipar", destacan los técnicos de la Cepal. Sin embargo, el gigante suramericano se aleja de la recesión: según sus proyecciones, el gigante sudamericano avanzará un 1,6%. En el extremo opuesto, con un crecimiento previsto del 4,4%, Paraguay se mantiene como la economía más dinámica de Sudamérica seguida por Bolivia (4,3%) y Chile (3,9%). Este último recupera velocidad este año y crece al ritmo más rápido del último lustro, respaldado por el aumento de las exportaciones de cobre y también del consumo interno.


En América Central y el Caribe la tendencia es notablemente mejor que en el sur. México, el gran exponente de la zona, cerrará 2018 con una expansión del 2,2%. Como viene siendo habitual en los últimos tiempos, esta tasa queda bastante por debajo de lo que cabría esperar para un país con mimbres para crecer mucho más, pero es la cuarta más alta de entre las potencias latinoamericanas. Solo la superan Chile (3,9%), Perú (3,6%) y Colombia (2,7%), todas ellas impulsadas por el encarecimiento de las materias primas, en las que descansa buena parte de su crecimiento. Además, un país caribeño -República Dominicana- y otro centroamericano -Panamá- liderarán en 2018 el crecimiento latinoamericano con sendas expansiones del 5,4% y del 5,2%. Economías más pequeñas, como Costa Rica, Honduras, Antigua y Barbuda y Granada también se cuelan entre las 10 más dinámicas. América Latina crece, sí, pero poco y a muchas velocidades.


 "EL MODELO DE CRECIMIENTO BASADO EN EXPORTACIONES ESTÁ AGOTADO"


Tras varios años de niveles históricamente bajos de volatilidad financiera, con la liquidez en máximos, el repunte de las dudas afecta especialmente a los emergentes, con América Latina a la cabeza. En paralelo, los flujos de capitales hacia mercados emergentes, tras aumentar de forma sostenida el año pasado, caen en este 2018. "La combinación de un dólar fuerte, tasas de interés altas y menos liquidez es lo que ha disparado los niveles de incertidumbre". En consonancia, el riesgo soberano de las principales economías de la región ha repuntado a partir de febrero, sobre todo en Venezuela –"el caso más dramático"-, Argentina, tras el rescate del Fondo Monetario Internacional, y Ecuador, una economía plenamente dolarizada.


América Latina y el Caribe tampoco son ajenos a los movimientos proteccionistas de Washington. "La gran incertidumbre pasa por las tensiones comerciales. El conflicto arancelario entre EE UU y China está creando una tensión muy fuerte en todas las economías, también en las latinoamericanas y caribeñas", apunta Bárcena. "Es un cambio de época: la globalización está en cuestión en el sentido productivo y no solamente social del fenómeno; hay una desaceleración estructural y no solo coyuntural del comercio en el mundo. Y el modelo basado en las exportaciones, en el que se han basado casi todas las economías de la región, está agotado. No se puede exportar hasta el infinito", sentencia.


Ante este cambio de era en la economía mundial, la recomendación de la Cepal para la región pasa por enfocar los esfuerzos de la inversión y en el consumo interno, con un aumento sostenido de los salarios. "No todo es comercio. Hay países, como Uruguay, que sí se están dando cuenta de que estamos en un cambio de época. Que la siguiente frontera es la de la tecnología y la innovación. Pero no todos lo están haciendo", reflexiona Bárcena. "Es muy importante que la región tenga una mirada estratégica de la inversión pública y que revierta su caída".

 

Por IGNACIO FARIZA / MAR CENTENERA

México / Buenos Aires 23 AGO 2018 - 21:24 COT

 

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Miércoles, 08 Agosto 2018 07:45

Límites de la recuperación económica en EU

Límites de la recuperación económica en EU

La expansión de la economía estadunidense a partir de 2009 lleva ya acumulados 109 meses de crecimiento sin interrupción y se perfila para romper el récord de duración de una onda expansiva. Hoy esa marca corresponde a la del periodo 1991-2001. Pero todo esto no puede impedir la formulación de la pregunta clave: ¿cuánto durará la actual fase de expansión?


Donald Trump se jacta de haber sido el responsable de este buen desempeño de la economía. Pero sus engañosos discursos no mencionan que el ciclo de la recuperación comenzó antes de que llegara a la Casa Blanca. La fase ascendente del ciclo arrancó a finales de 2009 y se fortaleció con el estímulo fiscal puesto en marcha por la administración de Barack Obama. Ese paquete inyectó 720 mil millones de dólares en la economía al reducir impuestos, generar empleos directos y extender beneficios por desempleo en los sectores de salud y educación.


La política monetaria también tuvo impacto en la recuperación. Ya desde 2008 la Reserva Federal (Fed) redujo la tasa de interés de referencia a un nivel cercano a cero por ciento. Y en diciembre de 2008, después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers, anunció el arranque de su programa de flexibilidad cuantitativa. Este programa de compra de activos emproblemado s en manos de los bancos inyectó más de 4 billones (castellanos) de dólares en el sistema bancario y financiero. Aunque no se tradujo en inversiones productivas y mucho del paquete terminó inflando una enorme burbuja en la bolsa de valores, la expansión económica recibió una inyección de adrenalina con esa política heterodoxa de la Fed. Así es que la recuperación se debe menos a las fuerzas competitivas del mercado que a la intervención del Estado, tanto por el lado fiscal como por el monetario.


Pero como todas las recuperaciones económicas después de una recesión, la actual onda expansiva llegará a su fin. Quizás el freno en la actividad económica se haga sentir justo cuando arranque la campaña electoral en la que Trump buscará la relección. La realidad es que el estímulo fiscal que acompañó la reducción de impuestos a los estratos más ricos tendrá efectos temporales y hacia finales de 2019 el impulso macroeconómico derivado de estas medidas se habrá agotado. Además, la normalización de la política monetaria (con sus alzas en tasas de interés y la reducción de la hoja de balance de la Fed) será un freno adicional para la actividad económica. Finalmente, la guerra comercial que Trump ha iniciado con China, la Unión Europea, Canadá y México no está ayudando a fomentar nuevas inversiones.


Quizás el hecho más importante que comienza a dejar sentir sus efectos es la normalización de la política monetaria. Esta normalización consiste en primer lugar en alejarse más del territorio de tasas de interés cercanas a cero. Por eso los aumentos en la tasa de interés van a seguir su curso mientras prosiga la expansión y la tasa de inflación se mantenga cercana a la meta de 2 por ciento definida por la Fed.


En días recientes Trump ha acusado a la Fed de sabotear sus esfuerzos para mejorar la economía. Esas acusaciones no tienen precedente en la historia de la Reserva Federal, pero no alterarán el calendario de incrementos en la tasa de interés. Uno de los efectos de esos aumentos seguirá siendo el fortalecimiento del dólar estadunidense, lo que tendrá repercusiones negativas sobre el sector exportador. Y si a todo esto añadimos las consecuencias de la guerra comercial, el panorama se antoja más complicado de lo que creen los economistas del equipo de Trump. El gasto de los consumidores sigue siendo el principal motor del crecimiento en Estados Unidos y se verá afectado por el efecto combinado de todos estos factores y el hecho de que los salarios siguen estancados. Finalmente, los precios de crudo y de materiales como el acero y el aluminio (afectados por los nuevos aranceles aplicados por la Casa Blanca) también pesarán negativamente en el sector productivo.


El impacto de los aumentos en la tasa de interés no debe subestimarse. El rescate mediante la flexibilización cuantitativa de la política monetaria generó uno de los episodios más intensos de inflación en los precios de activos financieros en la historia del sistema financiero estadunidense. Por eso los aumentos en la tasa de interés tendrán repercusiones profundas, incluso para la economía mundial. Las empresas estadunidenses deberán refinanciar el equivalente a 4 billones de dólares en bonos emitidos en los años recientes, y deberán hacerlo con tasas de interés mayores. Cualquier sacudida en este proceso conducirá a un número importante de quiebras y muchos bancos no tendrán más remedio que recortar el crédito. La economía volverá a entrar en recesión, y ya veremos a quién le echa la culpa el actual ocupante de la Casa Blanca. Por lo pronto, las consecuencias para el resto del mundo no serán buenas noticias.


Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 25 Julio 2018 07:35

La economía mundial en la encrucijada

La economía mundial en la encrucijada

En 1931 John Maynard Keynes escribió un ensayo sobre Las posibilidades económicas de nuestros nietos. En él describió con profundo optimismo el potencial que en el largo plazo conlleva el desarrollo del capitalismo. Entre las perspectivas que pronosticaba para 2031 estaba la semana de trabajo de 15 horas. La población dedicaría el resto de su tiempo a la cultura y el esparcimiento. Al comenzar la Gran Depresión, Keynes escribía estas reflexiones como un antídoto contra la desesperanza que comenzaba a predominar. Sus predicciones no se han cumplido y las crisis recurrentes, el deterioro ambiental y la profunda desigualdad que imperan en el mundo vuelven a alimentar el pesimismo.


Una gran distancia separa las perspectivas de largo plazo sobre el capitalismo y lo que ocurre en la coyuntura actual. Pero no hay que olvidar que el viaje más largo se compone de pequeños pasos. Los fuertes vientos de fronda y profundas contracorrientes que hoy sacuden la economía mundial son las palabras con las que se escribirá mañana la historia del capitalismo.


Lo que hace unos meses podía parecer una frágil recuperación hoy se presenta como un paisaje sombrío. Existen fuerzas que estimulan el crecimiento, pero coexisten con varios factores que frenan la expansión. ¿Cuál será el desenlace? O la recuperación se consolida y la economía mundial avanza por un sendero de tímida expansión, o el deterioro se profundiza y resurge el espectro de una crisis más profunda que la anterior.


En caso de que la recuperación llegue a consolidarse, no hay que esperar tasas de crecimiento espectaculares. Pero sí habría un periodo de cierta estabilidad y se alejarían (temporalmente) los nubarrones que marcaron los años inmediatos a la crisis de 2008. En contraste, si la recuperación es perturbada, la situación se complicará y se podría retornar a esos años en los que el sistema financiero del mundo amenazaba con desintegrarse.


Los datos sobre crecimiento comenzaron a revertir la tendencia negativa desde 2013, pero la trayectoria que sigue la economía mundial es frágil y no es posible hablar de crecimiento sostenido. Hoy 85 por ciento del crecimiento mundial es atribuible a dos economías: China y Estados Unidos. El resto del mundo, con la Unión Europea y Japón a la cabeza, continúa con tasas de crecimiento más bien mediocres. ¿Será duradero el crecimiento en "ChinAmérica", como algunos llaman al entrelazamiento de estas dos economías? Cualquier descalabro en ese binomio tendría graves consecuencias a escala mundial.


La respuesta no es evidente. En la economía china la expansión ha descansado excesivamente en el crédito y buena parte del sistema bancario en ese país se encuentra en dificultades. En 2008 la deuda total en China era equivalente a 141 por ciento del PIB, pero en 2017 esa proporción había pasado a ser 256 por ciento. La mayor parte de ese endeudamiento (163 por ciento) corresponde a las empresas, y los términos de los contratos que rodean esos créditos se desconocen. La opacidad del sistema bancario en China es una de las características más inquietantes de esa economía. Por otra parte, el nivel de ingreso per cápita en China (15 mil 400 dólares en 2017) hace muy difícil para los hogares sobrellevar esa carga de endeudamiento. Si el banco central decide incrementar las tasas de interés para controlar el apalancamiento y la creación de crédito, la carga de la deuda se incrementará y se frenará el crecimiento. El aterrizaje no será suave y las repercusiones globales no se harían esperar, sobre todo en el caso de los exportadores de productos básicos que tienen en China uno de sus principales mercados.


En Estados Unidos el crecimiento hoy está soportado por un estímulo fiscal cuyos efectos no van a durar más allá de 2019. La reforma fiscal de Donald Trump se ha acompañado de buenos resultados en algunos indicadores económicos. Pero los salarios siguen estancados, la desregulación financiera se mantiene y los bancos han seguido creciendo y concentrándose. De los 15 bancos que recibieron ayuda durante la crisis, 11 son ahora más grandes de lo que eran en 2008: la tendencia hacia mayor concentración en el sector bancario se mantiene y eso no es una buena señal. La generación de empleo arroja cada trimestre datos aparentemente positivos, pero esos empleos no son de buena calidad y la medida amplia de desempleo sigue siendo elevada. Además, la Reserva Federal piensa que ya hay presiones inflacionarias y seguirá aumentando la tasa de interés, lo que frenará el crecimiento. Hay que añadir la guerra comercial que Trump ha desatado y cuyos destrozos irán mucho más lejos de lo que alcanza a imaginar su narcisismo infantil.


No es la Gran Depresión, pero tampoco es el brillante escenario que describía Keynes para el futuro de los nietos. En la intersección de la coyuntura económica y las reflexiones sobre el largo plazo, es tiempo para repensar las estrategias de desarrollo económico.
Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 05 Febrero 2018 06:18

Del crecimiento productivo

Del crecimiento productivo

Si ya se está materializando alguna forma de recuperación luego del estancamiento prácticamente generalizado de los países con las economías más avanzadas del mundo, su horizonte de inversión está aún fijado en el corto plazo.

La producción de esos países creció en promedio anual y en términos reales (descontada la inflación) a una tasa de 2.2 por ciento entre 2002 y 2008, es decir hasta antes de la crisis de 2009, cuando el producto cayó 3.4 por ciento. Entre 2011 y 2017 ese promedio fue de 1.7 por ciento.

Ahora se anuncia una recuperación y, en el caso de Estados Unidos, un fuerte estímulo al gasto privado –inversión y consumo– apoyado en la rebaja de impuestos, especialmente a las corporaciones, derivada de la reforma fiscal recientemente implementada.

Hace un año, a mediados de febrero de 2017, el índice Dow Jones del mercado accionario en Nueva York (uno de los indicadores claves del desempeño de los títulos de inversión en ese país) tenía un valor de 15 mil 973 puntos. A fines de enero de este año ese valor fue de 26 mil 606; una elevación de 66 por ciento.

Esto indica el cambio en las tendencias del crecimiento y, también, en las expectativas que logró generar la elección de Donald Trump, además de que la nueva legislación impositiva beneficia significativamente a las empresas que pasaron de pagar una tasa 35 por ciento a una de 21.

Pero el entusiasmo inversor en la bolsa se frenó por las mismas consecuencias del cambio en la expectativas y la ley fiscal. En la medida en que crece la producción y se absorbe mayor cantidad de mano de obra, los salarios tienden a subir y con ello baja la perspectiva de ganancia.

De igual forma, una mayor demanda agregada empuja los precios hacia arriba, y la inflación refuerza la tendencia de la Reserva Federal a subir las tasas de interés, encareciendo el crédito.

El proceso empuja a un cambio en la asignación de los recursos destinados a la inversión y a la compra de acciones. El viernes pasado el mercado accionario tuvo su mayor caída desde el comienzo de la presidencia de Trump.

La idea que sustentó la reforma de los impuestos en ese país fue expresada de modo claro por Gary Cohn, ex banquero de Goldman Sachs y ahora director del Consejo Económico Nacional. Sostenía que: “Habrá una continuación del auge en el mercado de acciones basado en los indicadores fundamentales de la economía… así como en el mayor poder de los ingresos de las empresas por los impuestos más bajos”.

El mercado de valores no expresa un comportamiento racional de los inversionistas basados en un caudal suficiente de información y en un conocimiento cabal de cómo se forman los precios de las acciones de una empresa en particular y, menos aún, de cómo se comporta el conjunto de los mismos.

Al respecto cabría discutir de modo más amplio cómo funciona ese mercado y si es el mejor instrumento para asignar los recursos disponibles para la inversión productiva. En este sentido habría que tener, también, una mejor comprensión de la actividad de los especuladores en un periodo en particular y en el ciclo de los negocios.

Hay estudios relevantes de corte sicológico acerca de cómo toman las decisiones de inversión en el mercado de acciones los jefes de finanzas de las empresas o los ejecutivos de cuenta de los grandes bancos y las casas de bolsa.

Uno de ellos, por ejemplo, escrito por David Tuckett y titulado Ocupándose de los mercados, tiene el llamativo subtítulo de Una visión financiera emocional de la inestabilidad financiera. En los diversos casos que reseña no encuentra una manera de describir de manera racional las decisiones de inversión.

Kahneman es uno de los autores que se han ocupado del desarrollo de la economía del comportamiento, la que cuestiona severamente las hipótesis de racionalidad de los agentes que operan en el mercado. Lo mismo ocurre con los estudios de Richard Thaler o los de Robert Shiller.

El punto que quiero hacer es que sustentar una política de crecimiento económico en las condiciones en las que funcionan los mercados accionarios es ahora una base insuficiente para provocar un crecimiento sustentable en el largo plazo.

Hubo una época en que las familias colocaban su patrimonio en acciones de empresas como General Motors o General Electric y esperaban que se valorizara con el paso del tiempo. Hoy el tiempo se ha acortado, las expectativas de ganancias no se adecuan a las necesidades de inversión con maduraciones a plazos largos. Los fondos de inversión y los de coberturas (hedge funds) en particular tienen horizontes de corto plazo y son altamente especulativos.

No es posible así afianzar un crecimiento económico que distribuya los beneficios de forma suficiente entre la población. Las ganancias financieras están muy por encima de los ingresos salariales y de las condiciones de bienestar de la mayor parte de la población.

Hay fondos que retribuyen más de 15 por ciento anual a sus inversionistas. No hay manera en que los salarios puedan siquiera competir en una proporción que se considere socialmente adecuada. Los empleos no están bien remunerados y son cada vez más precarios.

 

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Viernes, 29 Diciembre 2017 07:00

China. Secretos del crecimiento

China. Secretos del crecimiento

A lo largo de su milenaria historia, China se mantiene como un paradigma y referente de asombrosas y ricas realizaciones en campos tan variados como ciencia, técnica, política, filosofía y en su particular cultura.


El interés inevitable que siempre suscita el gran país asiático, igualmente es explorado o interpelado, de manera equivocada, con la lente cognitiva y el espíritu de Occidente, circunstancia que lleva, por demás, a no poder observar con el debido rigor, objetividad y pragmatismo, las dinámicas, lógicas y complejidades, así como las singularidades y los caminos que animaron, con sus ingenios, a las dinastías y emperadores fundantes de su ethos y grandeza como centro del mundo antiguo. Legado también honrado con tenacidad por la iconografía institucionalizada de sus ilustres líderes modernos, entre ellos Mao Tse Tung, Deng Xiaoping y el recientemente asi investido Xi Jimping que apostaron, cada uno a su manera, por la construcción del socialismo –realmente existente del siglo XX y el del presente siglo XXI–; y por hacer perdurar el orgullo de grandeza como nación central del ahora moderno mundo global neoliberalizado.


Para contribuir al debate general y al implacable de las izquierdas, atravesado de incógnitas, incertidumbres, ideología y demás interpelaciones, el libro China. Secretos del desarrollo nos ayuda a desentrañar las más importantes improntas que recorren el presente y futuro del sueño chino y el de la utopía no realizada del socialismo o, si se quiere, del poscapitalismo con democracia otra, basada en un ethos igualitario y de libertad/es con justicia/s social, de la diferencia y riesgo ambiental.


El libro cuenta con la impronta del pedagogo mexicano Sergio Quiroz Mirada, Director del Instituto de Pedagogía Crítica Peter McLaren, en Ensenada, México, y quien desde joven se interesó por la cultura de los campesinos chinos migrantes desde comienzos del siglo XX a la ciudad de Mixcali, fronteriza con Estados Unidos. Conocimiento que, además de sus lecturas personales, él profundizó en 2015 al visitar varios lugares y directamente constatar las realidades actuales de China.


El autor, de manera amena, pedagógica, bien documentada y sucinta, recrea contextos y circunstancias históricas, políticas y culturales para explicar los extraordinarios secretos del modelo de desarrollo económico chino de los últimos treinta años. Al tiempo que nos devela pistas y algunas claves constituidas de un socialismo y modernidad sin occidente; es decir, de una pos-occidentalidad fundada en la espiritualidad y los valores de un neo-confucionismo constituyente de un nuevo humanismo mundializado (Le Monde diplomatique, edición Colombia, edición Nº 147, 201).


El profesor Quiroz Miranda, al viajar a China también quizo despejar diversos interrogantes que había acumulado en sus lecturas e investigaciones, entre ellas: ¿China es un país socialista o capitalista?, ¿por qué China ha crecido tanto en tan corto tiempo, como país alguno lo ha logrado? y, ¿por qué China apadrinó un modelo capitalista para construir el socialismo? Para dilucidarlas, en su viaje entrevistó a dirigentes del actual Partido Comunista Chino (Pcch), que así respondieron: Los grandes pensadores del socialismo científico, Marx y Engels, así como Lenin, proporcionaron una respuesta a como pasar de un estado de inmenso atraso al socialismo, y China después de 2000 años de feudalismos debió descubrir ese camino, y es lo que está haciendo.


Odisea de tal experimento que empezó en 1978 de la mano de Deng Xiaoping, al ocupar la presidencia del Pcch y de la República, luego de la muerte de Mao, quien en vida, pese a su agudeza política, fracasó en sus proyecciones económicas con El Gran Salto Adelante y con la traumática Revolución Cultural de 1968.


Para adelantar su plan económico, Deng contaba con la experiencia de los años sesenta, cuando junto con Liu Shao Shi había iniciado un programa de recuperación económica, desmantelando las Comunas Populares y dándole apertura a formas de propiedad mixta. Con este antecedente, Deng reedita el marxismo de las fuerzas productivas de la NEP leninista, o el paradigma del Capitalismo de Estado, pero sin la estrategia de la Revolución cultural instrumentalizada por Lenin con fundamento en la cooperativización del campo y la economía del país.


Contrario a lo sucedido con la destrucción de la NEP rusa por parte de Stalin en 1928, la del país asiático lleva más de cuarenta años, ahora bajo el rótulo de Socialismo de mercado y con el cerrojo político de la planeación centralizada, bajo el control económico y el de las finanzas por parte del Pcch. Modelo económico de desarrollo que, más allá de las distintas observaciones, críticas e incertidumbres que suscita, es a todas luces exitoso y supera con notables creces los mismos avances económicos de los dominantes países capitalistas centrales. Así lo afirmaría el FMI en su Informe de 2014, al señalar que la economía China es más grande y productiva que la de los Estados Unidos.


De otra parte, con respecto a la transformación de las relaciones sociales de producción, anunciada por todas las revoluciones emancipatorias, llevando la propiedad de todos los medios de producción al proletariado y al pueblo triunfantes, el país asiático tampoco deja de ser una excepción plena de contrastes y de conflictos con sus trabajadores/as urbanos y rurales. En efecto, el Estado controla los bienes estratégicos, permite la inversión privada pero en condición de minoría frente al Estado, quien prioriza en toda su inversión lo público. Es así como pudieron, desde 1978 y según cifras que aporta este libro, sacar 400 millones de personas de la pobreza y, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, para el 2022 habrá eliminado la pobreza extrema.


Todo un mar de contrastes. Ahora existen 200 millones de personas de clase media con alta capacidad de consumo de bienes, que en 2025 bordearían los 800 millones. A la vez, han ascendido a 2 millones los grandes multimillonarios y algunos de ellos han ingresado también al Pcch, al tiempo que crece la desigualdad social.


Según el índice de Gini urbano, en 1980 era de 0.16 y el rural de 0.31, revelándose como una sociedad muy igualitaria; para 2010 éste último fue del 0.612 y el urbano en 2015 se disparó al 0.51, lo que ubica a China como uno de los países más desiguales del mundo; y con la presencia asimismo del fenómeno de los vendedores ambulantes y de otras patologías sociales (Dávalos, 2011) propias de los actuales países capitalistas desarrollados.
Lo que tenemos aquí son las evidencias y dilemas que tuvieron que enfrentar al decidir dejar atrás el socialismo vía Mao –podríamos decir–, y enrutarse en una economía de nuevo tipo para poder enfrentar los retos deparados por una sociedad poblada por millones de personas que habían sido negadas de todo derecho por el imperio que llegó hasta 1948.


Los diversos retos que ahora enfrenta este país y el Pcch, bajo la conducción de Xi Jimping, se resumen en poder reencausar al país al socialismo, lo cual deberá ser así en 2050, con destierro de toda forma de explotación y opresión que salde la deuda social histórica con el inmenso proletariado del constituido socialismo de Estado chino realmente existente y en transición a un reconfigurado “Socialismo con mercado”, re-constituyente de una economía plural y diversa centrada en las lógicas de a cada quién según sus necesidades y con democracia atiborrada de derechos, autogestión y co-decisión colectivas desde abajo de las empresas, la institucionalidad y del Estado socialistas que, igualmente, superen la contradicción entre el trabajo manual e intelectual y la existente entre el campo y la ciudad (Zibechi y Machado, 2016).

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