Miércoles, 02 Noviembre 2016 06:57

Estancamiento secular: el paradigma perdido

Estancamiento secular: el paradigma perdido

En la cosmogonía de los economistas no hay nada más aterrador que la perspectiva de la crisis y el estancamiento secular. Ambos se acompañan de la pérdida del paradigma sobre estabilización y crecimiento que desde hace décadas orientó el trabajo de los economistas.


En la actualidad, como huérfanos desorientados, los economistas cercanos a la corriente dominante en teoría macroeconómica siguen buscando señales de que su paradigma no ha muerto. Recuerdan los pasajes del Paraíso perdido de John Milton en los que un Adán desamparado implora perdón pero su expulsión del paraíso es decretada. Así los economistas convencionales vagan sin rumbo, tratando de rescatar el paradigma perdido.


En el poema de Milton, el arcángel Miguel lleva a Adán a una colina desde donde contempla el porvenir que aguarda a la humanidad. Hoy desde una colina similar, los economistas observan consternados el desolador panorama del estancamiento secular. Ante su vista se suceden desempleo, pobreza, desigualdad, finanzas públicas desequilibradas y una política monetaria sumida en el desconcierto.


El viejo paradigma de estos economistas de la corriente neoclásica está basado en la creencia de que la política macroeconómica puede controlar los vaivenes de los ciclos económicos y la volatilidad de los mercados financieros. Sin duda la crisis de 2008 hizo añicos ese sueño y la fantasía de la estabilidad macroeconómica. Pero muy pocos economistas fueron capaces de leer las señales anteriores a la crisis sobre el gran diluvio del estancamiento secular.


Y sin embargo, esas señales eran bastante claras. En los últimos 30 años la tasa de crecimiento de la economía mundial disminuyó de manera constante. Entre 1973 y 2015 la tasa de crecimiento del PIB mundial pasó de 6.4 a 2.4 por ciento. Es decir, antes del frenazo que sufre la tasa de crecimiento del PIB mundial por la crisis de 2008 ya se observaba una tendencia decreciente durante más de tres décadas.


Otro indicador es el comportamiento de la tasa de interés real. Durante el periodo 1975-2015 la tasa de interés real para activos libres de riesgo fue disminuyendo brutalmente y pasó de un nivel cercano a 4 por ciento a niveles negativos cercanos a –1.2 por ciento. Los cálculos pueden variar ligeramente, pero cuando se observa una tendencia de esta magnitud a lo largo de un periodo de 30 o 40 años no se puede evitar pensar que aquí están en juego algunas fuerzas económicas seculares muy poderosas.


El problema es que frente a estas fuerzas del tiempo largo los economistas convencionales no pueden ofrecer un remedio en materia de política macroeconómica. Por ejemplo, los modelos macroeconómicos que utilizan los bancos centrales en la mayoría de los países son incapaces de sugerir medidas para afrontar un problema secular como el del estancamiento de largo aliento. Esos modelos dinámicos estocásticos de equilibro general (DSGE por sus siglas en inglés) sólo permiten en el mejor de los casos pensar en problemas acotados en el tiempo corto, como en algún episodio cíclico o un incidente de volatilidad en los mercados. Pero el marco analítico de esos modelos y sus metas sobre inflación no hace posible el concebir problemas como un desplome constante de la oferta o una deficiencia crónica de la demanda agregada. Es decir, además de tener todas las deficiencias para el tratamiento de problemas de corto plazo (agentes representativos y condiciones artificiales de estabilidad) los modelos DSGE son incapaces de dar cabida al tratamiento de problemas estructurales de largo plazo.


Frente a un escenario de estancamiento de largo plazo la política macroeconómica convencional permanece muda. Es que desde hace décadas su objeto no ha sido el control del nivel general del producto agregado. Y además, hoy los economistas convencionales no saben cómo articular una política fiscal expansiva con una política monetaria no convencional de tasas de interés muy bajas o incluso en terreno negativo. Tampoco tienen algo que ofrecer frente al problema de la desigualdad en la distribución del ingreso que tantos problemas macroeconómicos conlleva.


La teoría y política macroeconómica convencional tienen graves deficiencias, incluyendo sus anacrónicas hipótesis sobre el papel del sector bancario (como simple intermediario) y la presencia de agentes representativos (desacreditados teóricamente desde 1974). Así que ¿cómo pedirles que den el salto conceptual que les permita incorporar cosas como la evolución de la tasa de ganancia, el nivel general de salarios y la evolución del endeudamiento? Éstas son las preguntas centrales en una discusión sobre las tendencias futuras del capitalismo, pero tienen que ver con el espinoso tema de la distribución del ingreso y eso es algo que la teoría convencional prefiere ignorar.


La hipótesis del estancamiento secular invita a pensar en formas novedosas de política macroeconómica. También impone la necesidad de reflexionar sobre la necesidad de transformaciones económicas radicales porque el paradigma perdido de los neoclásicos jamás será recuperado.
Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 26 Septiembre 2016 06:50

Dinero y confianza

Dinero y confianza

El funcionamiento de la economía mundial está hoy marcado por la incapacidad de las políticas monetaria y fiscal para provocar una aceleración del crecimiento de la producción.

Los instrumentos tradicionales con que actúan los bancos sobre la cantidad de dinero y del crédito (básicamente las tasas de interés y la compraventa de títulos de deuda) no responden desde la crisis de 2008 para desplazar el nivel de la actividad económica. Además, tienen una relación con las medidas de corte fiscal que mantienen un sesgo hacia la austeridad del gasto en muchos países desarrollados y en un entorno de elevada deuda del sector público.

Los bancos centrales de esos países están en una situación anómala en la que durante muchos años ya buscan elevar la inflación como forma de estímulo del gasto agregado, es decir, el consumo y la inversión. Este rasgo se confronta con el principal mandato que tienen: controlar el crecimiento de los precios. Las metas de inflación de alrededor de 2 por ciento anual que se han fijado para los casos de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón no se consiguen. El marco que predomina es el de recesión de tipo crónico o, como se le ha llamado recientemente, de "estancamiento secular".

Para las economías a las que se llama emergentes esto ha conformado un escenario externo de apocamiento de la demanda, a lo que se añade una presión financiera sobre los tipos de cambio en medio de una intensa actividad especulativa. Esta se asocia, otra vez, con las políticas de determinación de las tasas de interés, sobre todo en Estados Unidos, por la generalizada demanda de dólares (inversiones en certificados del Tesoro).

En otros países las tasas de interés vigentes son negativas. Hay quienes proponen que para lograr mayor tracción de la actividad económica, esas tasas deben ser incluso más negativas, lo que llevaría a situaciones cuyo control sería muy complicado de conseguir.

Todo esto cuestiona la capacidad que tendrían los bancos centrales para enfrentar una nueva crisis recesiva, puesto que los márgenes de maniobra de los instrumentos arriba señalados son cada vez menores.

Una economía capitalista es en esencia una economía monetaria, y las condiciones que privan hoy provocan que no haya suficiente estímulo para el gasto de consumo y de inversión privado ni público. El horizonte de corto plazo de las decisiones económicas que predomina no es compatible con un aumento significativo del gasto en nueva inversión.

El debate sobre estas condiciones en las economías más desarrolladas tiene algunos elementos de índole estructural, como es el relacionado con el lento crecimiento de la productividad. Este asunto no es independiente del estado apocado de las expectativas de rentabilidad en la producción. Por otra parte, destacan fenómenos como el envejecimiento de la población y su efecto en el aumento del ahorro sobre el gasto de consumo. Una expresión de esto es el cambio en la política demográfica en China, que abandonó desde hace algún tiempo la medida de limitar a las familias a un solo hijo.

Mervyn King, que fue gobernador del Banco de Inglaterra de 2003 a 2013, considera en su libro titulado Alquimia el papel central del dinero en el funcionamiento de la economía y, en especial, en el desarrollo de la crisis de 2008 y sus secuelas. Se refiere a algunas cuestiones que determinan las funciones del dinero.

Una es la noción de desequilibrio, que caracteriza como la ausencia de un estado de balance de las fuerzas que actúan en un sistema. En economía, dice, esa posición es insostenible y los cambios en los patrones del gasto y la producción se desplazan a una nueva posición, que da lugar a una nueva inestabilidad.

Otra cuestión tiene que ver con la "incertidumbre radical", aquella que hace imposible representar el futuro en términos de un conocimiento completo de los escenarios a los que se asigna una cierta probabilidad. Este es un tema antiguo, propuesto por Frank Knight en 1921 y que está también detrás de las propuestas de Keynes. Esta concepción fue abandonada como forma de pensar la economía y el dinero en las teorías más ortodoxas formuladas durante décadas.

La más relevante en el entorno de los mercados y que tiene un claro significado político tiene que ver con la confianza. King la considera como el ingrediente básico que hace que funcione la economía de mercado. En la práctica, sugiere que la confianza se complementa con la regulación. La confianza es clave para definir el papel del dinero, de los bancos y de las instituciones con las que se administra la economía.

King recuerda una fórmula atribuida a Confucio y que tiene una aplicación muy amplia en cuanto al carácter del poder y su ejercicio en una sociedad. Según esa fórmula, "tres cosas son necesarias para el gobierno: las armas, la comida y la confianza. Si un gobernante no puede mantener las tres, debe ceder las armas primero y la comida después. La confianza debe ser resguardada hasta el final: sin ella no puede sostenerse".

Estas tres partes no se combinan en una receta a seguir como en la farmacia o el fogón; es un trabajo fino y un "equilibrio" que tiende a quebrarse recurrentemente. La gestión del dinero y su valor es sólo una parte, pero su impacto es muy grande.

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Domingo, 25 Septiembre 2016 06:28

Estancamiento secular

Estancamiento secular

Los economistas del mundo están batallando con algo nuevo que les es muy difícil explicar. ¿Por qué es que los precios del mercado de valores han continuado subiendo pese al hecho de que algo conocido como crecimiento parece estar estancado? En la teoría económica dominante no se supone que funcione de tal modo. Si no hay crecimiento, los precios del mercado deberían declinar, estimulando por tanto el crecimiento. Y cuando se recupera el crecimiento, entonces los precios del mercado vuelven a subir.

Todos aquellos que son fieles a esta teorización dicen que la anomalía es una aberración momentánea. Algunos niegan incluso que sea cierto. Pero hay otros que consideran la anomalía un desafío importante a la teorización dominante. Buscan revisar la teorización para que tome en cuenta lo que muchos ahora llaman "estancamiento secular". Los críticos incluyen a prominentes personas, algunos de ellos laureados con el Premio Nobel. Incluyen pensadores tan diferentes como Amartya Sen. Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Stephen Roach.

Aunque cada una de estas personas tiene una diferente línea de argumentos, comparten algunas creencias. Todos ellos consideran que lo que hagan los Estados tiene un impacto grande en lo que ocurre. Todos ellos consideran que la situación actual es poco sana para la economía como un todo y ha contribuido a un incremento signifi- cativo en la polarización del ingreso real. Todos ellos consideran que se debe intentar movilizar la opinión pública para ponerle presión a las autoridades gubernamentales para que actúen formas específicas. Y todos ellos consideran que aunque continuara la actual situación anómala y poco sana todavía algún tiempo, existen políticas estatales apropiadas que harán posible una economía menos polarizada y más sana.

Hace no tanto, el estancamiento secular fue un término utilizado por muchos analistas, primordialmente para describir el estado de la economía japonesa, al comienzo de los años 90 del siglo XX. Pero desde 2008 el uso del concepto se ha aplicado a diversas regiones –miembros de la zona del euro, como Grecia, Italia e Irlanda; Estados ricos en petróleo, como Rusia, Venezuela y Brasil; recientemente también Estados Unidos, y potencialmente actores económicos previamente fuertes como China o Alemania.

Uno de los problemas de quienes buscan entender lo que está ocurriendo es que diferentes analistas utilizan diferentes geografías y diferentes calendarios. Algunos hablan de la situación Estado por Estado y algunos intentan evaluar la situación en la economía-mundo como un todo. Algunos piensan que el estancamiento secular comenzó en 2008; otros dicen que fue en la década de los 90. Otros más piensan que viene de finales de los 60, y unos cuantos más la sitúan aun antes.

Déjenme proponerles una vez más otro modo de entender el estancamiento secular. La economía-mundo capitalista ha existido en partes del globo desde el siglo XVI. Yo le he llamado el sistema-mundo moderno. Se ha expandido de un modo constante en lo geográfico terminando por abarcar el mundo entero desde mediados del siglo XIX. Ha sido un sistema muy exitoso en términos de su principio rector: la interminable acumulación de capital. Es decir, la búsqueda de acumular capital de modo de acumular más capital aún.

El moderno sistema-mundo, como todos los sistemas, fluctúa. También tiene mecanismos que limitan las fluctuaciones y lo empujan hacia un renovado equilibrio. Esto semeja un ciclo de altas y bajas. El único problema es que las caídas nunca retornan al punto bajo previo, sino a uno un poco más alto. Esto se debe a que en el complejo patrón institucional hay resistencia a ir hasta el fondo. La forma real de los ritmos cíclicos es dos pasos hacia arriba y un paso hacia abajo. Por tanto, el punto de equilibrio se mueve.

Si uno mide la abscisa de las tendencias, se mueven hacia una asíntota de 100 por ciento, que por supuesto no pueden cruzar. Un poco antes de dicho punto (digamos, cerca del 80 por ciento), las curvas comienzan a fluctuar alocadas. Esto es señal de que nos hemos movido al interior de la crisis estructural del sistema. Se bifurca, lo que quiere decir que son dos diferentes, casi opuestos, modos de optar por un sistema sucesor (o sistemas). Lo único que no es posible, es hacer que el actual sistema opere del modo normal anterior.

Mientras que antes de ese punto los grandes esfuerzos por transformar el sistema tuvieron como efecto pocos cambios, ahora lo opuesto es cierto. Cada pequeño esfuerzo por cambiar el sistema tiene un gran impacto. Es mi argumento que el sistema-mundo moderno entró en su crisis estructural cerca de 1970 y se mantendrá en ella todavía otros 20-40 años más. Si deseamos evaluar las acciones útiles, necesitamos tener en cuenta dos temporalidades diferentes: el corto plazo (a lo sumo tres años) y el mediano plazo.

A corto plazo lo que podemos hacer es minimizar el sufrimiento de quienes son los más afectados negativamente por la creciente polarización en el ingreso que está ocurriendo. La gente vive en el corto plazo y necesita alivio inmediato. Sin embargo, tal alivio no cambiará el sistema. El cambio puede ocurrir a mediano plazo conforme los que favorecen una clase u otra de sistema sucesor obtienen la suficiente fuerza para inclinar la bifurcación hacia su propia dirección.

He aquí el peligro de no ir lo suficientemente lejos en el análisis crítico del sistema. Sólo si uno mira con claridad que no hay salida del estancamiento persistente uno puede de hecho volverse lo suficientemente fuerte para ganar la batalla política y moral.

Una punta de la bifurcación pugna por remplazar el capitalismo por otro sistema que será tan malo o más que el anterior, manteniendo los rasgos cruciales de jerarquía, explotación y polarización. La otra punta pugna por un nuevo sistema que sea relativamente igualitario y relativamente democrático.

En los años por venir, habrá vueltas que parezcan indicar que el sistema vuelve a funcionar. Puede incluso subir el nivel de empleo en el sistema como un todo (la medida clave del estado del sistema). Pero tal alza no podrá durar mucho, porque la situación global es demasiado caótica. Y el caos paraliza la presteza de los poderosos emprendedores y de las personas simples por igual, en lo tocante a gastar el capital remanente en formas que tienen el riesgo de pérdida y, por tanto, de su supervivencia.

Estamos en un alocado viaje, uno que no es nada placentero. Si nos hemos de comportar con sensatez, el primer requisito es la claridad de análisis, seguida de decisiones morales y juicio político. El fondo del asunto es que ya hace mucho rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir.

Traducción: Ramón Vera Herrera

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Lunes, 05 Septiembre 2016 06:18

En pos del dólar

En pos del dólar

Sobre la reunión del G-20 en Hangzhou, China, pende la duradera condición de lento crecimiento de la economía mundial que se ha asentado desde la crisis de 2008. China, que tiene altas tasas de expansión productiva: 14.2 por ciento en 2007 y 9.2 en 2009, creció 6.9 por ciento en 2015 (cifras del Banco Mundial). Las previsiones de aumento del PIB en el mundo para este año y el siguiente se han reducido a 3.1 y 3.4 por ciento, respectivamente, y se espera que haya otra corrección a la baja en octubre (Fondo Monetario Internacional).


En Estados Unidos la recuperación no se ha consolidado e, incluso, las cifras recientes de creación de empleo no sustentan la política de revisión al alza de las tasas de interés, anormalmente bajas en ese país. Mientras que la Reserva Federal busca cómo elevar las tasas, los países europeos siguen aplicando medidas de expansión monetaria con tasas de interés negativas en algunos casos.


Esta falta de sincronía es una expresión de las condiciones de la crisis misma y contrarresta las posibilidades de crecimiento del PIB. Lo que priva en los mercados de capitales es el uso especulativo de los recursos a expensas de la inversión productiva y la creación de empleos e ingresos.


Según los informes de la Organización Mundial del Comercio, desde la reunión del G-20 en Turquía, el año pasado, se han aplicado entre esos países 145 acciones adicionales de restricción comercial, el registro más alto desde 2009.


A pesar del constante reconocimiento de la insuficiencia del crecimiento de las economías desde hace nueve años, no se han recreado las condiciones para el relanzamiento de la actividad económica. En cambio, las pautas de la generación y el uso de los recursos tienden a separarse entre países y regiones, como se aprecia en el caso de la decisión de Reino Unido de salir de la Unión Europea. A eso hay que añadir el conjunto de medidas de política económica que se aplican en esa zona y que no consiguen expandir la demanda agregada y apuntalar una expansión.


La globalización, que ha sido el fenómeno económico predominante en las tres últimas décadas, y del que China ha sido uno de los principales beneficiarios, está ahora cuestionada políticamente. La campaña electoral en curso en Estados Unidos ha centrado buena parte de su atención en la vuelta a las medidas proteccionistas. Los argumentos de Trump coincidían en buena medida con los de Sanders en las elecciones primarias, y orillan a Clinton en esa dirección. México, por cierto, está en la mira de esas revisiones de los flujos de comercio e inversión.


En fin, que las secuelas de la crisis financiera no se han agotado. Persisten fuertes desequilibrios en las corrientes del crédito y en la solvencia de los bancos, como ocurre en Italia. Y, sobre todo, no se recomponen los escenarios para la expansión.
La duración de esta crisis tiene ya notorias repercusiones políticas, otra vez, los casos del Brexit y de la candidatura de Trump son ejemplares. Pero no son únicos. En los países de este de Europa hay un resurgimiento de los movimientos ultranacionalistas que, además, están motivados por las secuelas de la guerra en Medio Oriente y las grandes corrientes de migrantes.


En materia financiera se mantiene el predominio del dólar en los mercados mundiales de dinero y capital. Las bajas tasas de interés propician que aumente la contratación de deuda pública, en especial de las llamadas economías emergentes, destacando en América Latina México y Argentina. Se estima que en este año la emisión la deuda de los países emergentes sea de 125 mil millones de dólares. Arabia Saudita entra a este mercado, lo que indica el impacto del bajo precio del petróleo.


En México, el banco central ha advertido expresamente sobre el riesgo que significa el aumento de la relación de la deuda con respecto al producto. Pero las necesidades financieras del gobierno son elevadas, y para contrarrestarlo queda bajar el nivel del gasto, es decir, aplicar medidas que llevan a la contracción del ingreso.


La demanda de dólares continúa siendo un rasgo clave de la economía mundial. Esta condición que se estableció a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, se modificó de modo significativo en 1971 con la declaración de inconvertibilidad del dólar por el oro, establecida en los acuerdos de Bretton Woods (1944), y luego se ha alterado de nuevo tras la crisis de 2008.


Lo que se mantiene es el deseo de tener dólares, especialmente como instrumento de reserva de valor. Y esto se asocia con el hecho de que se admite que el gobierno de Estados Unidos paga su deuda que está denominada en dólares y es el emisor de esa moneda. No hay ninguna otra que haya sido capaz de sustituirla como reserva de última instancia.
Según algunos teóricos esto le da al dólar y, por ello, a Estados Unidos, un privilegio exorbitante (Barry Eichengreen). Y así es, ese país financia su déficit atrayendo inversiones de otros países que compran deuda emitida por el gobierno. Incluso el enorme superávit chino está colocado en deuda pública emitida en dólares. Este privilegio seguirá en pie. Todos, sean gobiernos o particulares, están en pos del dólar.

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La economía mundial vuelve a estar en punto crítico: Xi Jinping

Hangzhou, China.

En un encuentro con récord de asistencia, el presidente de China, Xi Jinping, abrió la cumbre de líderes del G-20 con una advertencia: "ocho años después de la crisis financiera internacional, la economía mundial vuelve a estar en un punto crítico".

No fue la única alerta del líder de una de las economías más grandes del mundo. El proteccionismo, sostuvo, va en aumento, y el régimen comercial multilateral está en una situación difícil y pese a los avances que se han seguido en la reforma financiera regulatoria, "sigue existiendo el riesgo de burbujas".

Desde el monumental Centro Internacional de Convenciones, Xi Jinping pidió tomar "medidas concretas sin discusiones huecas", y exhortó a una mayor cooperación en materia de impuestos, medidas anticorrupción y para mejorar la capacidad de la economía mundial para resistir los riesgos.

Antes de la apertura de la cumbre, en un encuentro entre el presidente de China con su similar de Estados Unidos, Barack Obama, ambos ratificaron el acuerdo sobre cambio climático de París (COP21) de diciembre de 2015.

La suscripción del documento fue recibida con beneplácito, sobre todo por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, porque se trata de dos de las naciones con mayores emisiones de gases de efecto invernadero. A través de este acuerdo se busca limitar las emisiones nocivas que producen el calentamiento global, paso clave para que pueda entrar en vigencia el pacto climático antes de fin de año, y marca el camino para que otros países concreten la iniciativa.

En su mensaje a los líderes del G-20, el presidente chino dijo que este mecanismo debe adaptarse a sus tiempos y mostrar el camino, adaptarse a la economía mundial y transformarse a un proceso de respuesta, "con una visión de más largo plazo. Hace falta una visión estratégica, hace falta que el G-20 abra el camino para el crecimiento mundial".

Xi Jinping, que fue líder del Partido Comunista en la provincia de Zhejiang, cuya capital es Hangzhou, indicó que durante este encuentro los presidentes y jefes de Estado de las naciones más poderosas del mundo buscarán cómo abrir una nueva senda de crecimiento, una gobernanza más eficaz, un comercio incluyente interconectado, entre otras cuestiones.

El mandatario chino apuntó que si bien la economía mundial mantiene cierta recuperación, también enfrenta riesgos y retos como un crecimiento débil, disminución en la demanda e inversión, y volatilidad de los mercados financieros. Llamó a los mandatarios participantes a fortalecer la coordinación macroeconómica y promover el crecimiento mundial y la estabilidad financiera internacional.

Indicó: "los miembros del G-20 deben aplicar políticas macroeconómicas más integrales, acordes con su realidad nacional, y deben coordinar sus políticas de reforma estructural y monetarias para aumentar la demanda mundial y mejorar la calidad de la oferta".

El líder chino pidió fortalecer la coordinación de políticas y reducir los impactos negativos, para apuntar hacia una nueva ruta y ritmo de crecimiento. Para ello, instó a seguir mejorando el sistema financiero y monetario así como fortalecer la estructura de gobierno de las instituciones financieras internacionales, afianzar la red de seguridad financiera mundial, aumentar la cooperación en cuestiones tributarias y en la lucha contra la corrupción para hacer a la economía internacional más resistente a los riesgos.

En materia comercial Xi Jinping llamó a continuar con la liberalización y facilitación del comercio y las inversiones, y cumplir el compromiso del G-20 de no adoptar nuevas medidas proteccionistas. Reiteró que una de las prioridades del G-20 para este año es el desarrollo, y para ello se ha impulsado un plan de ayuda para África y otros países menos avanzados.

"Siempre y cuando actuemos juntos, podremos capotear el temporal de la economía y navegar a un futuro de crecimiento", sostuvo.

El presidente Xi Jinping pidió a los gobernantes de Estados Unidos, Alemania y otras economías que resistan la presión para elevar barreras comerciales, en el comienzo de esta cumbre que se realiza en un contexto de crecimiento global lento, disputas en torno a las exportaciones chinas de acero y los impuestos de Apple en Irlanda. "Deberíamos construir una economía mundial abierta", sugirió.

La organización para esta cumbre incluyó un fastuoso espectáculo cultural –con fuegos pirotécnicos– desde el famoso Lago del Oeste, donde los mandatarios pasearon en bote, después de que lo hicieran Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan.

Para este lunes habrá tres sesiones de trabajo más antes de la ceremonia de clausura y la suscripción de un comunicado de los líderes participantes.

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Sábado, 16 Julio 2016 05:59

País chico, alternativa grande

País chico, alternativa grande

La economía de Islandia ha crecido por una vía bien diferente a la propuesta por la ortodoxia económica para afrontar la crisis.

 

El Pbi islandés aumentó el año pasado 4 por ciento, más de dos veces que el de la UE y la zona euro, y dos veces más rápido que en 2014. En la Unión Europea, sólo Irlanda presenta un crecimiento superior. En mayo la tasa de paro era de 4,1 por ciento, el nivel más bajo en 11 años, mientras que la tasa de actividad fue de 86,1 por ciento. En la zona euro el desempleo está en 10,1 por ciento, con una tasa de actividad del 70.


Islandia tiene una economía pequeña, con un Pbi de 15.000 millones de euros, pero es uno de los países más ricos de Europa. En 2015 era el octavo en términos de Pbi por habitante en paridad con el poder adquisitivo, un nivel 17 por ciento superior al de Francia y 24 por ciento por encima de la media de la UE.


Sin embargo, la isla nórdica vuelve desde muy lejos. Ha atravesado, desde octubre de 2008, una de las peores crisis financieras de la historia. La gestión de esa crisis no entró en los cánones de la teoría económica y se resolvió con éxito. En eso el equipo de fútbol islandés se parece un poco a la economía nacional: surgió del infierno y sorprendió a todo el mundo.


LOS AÑOS “LOCOS”

 

Independiente de Dinamarca desde 1944, Islandia sufrió mucho la crisis de la pesca, entonces su principal recurso, en los ochenta y noventa. En 1991 se formó un nuevo gobierno, dirigido por Davíð Oddsson, jefe del Partido de la Independencia, que lanzó al país a una ola de liberalización con el modelo irlandés en mente. Diez años más tarde las finanzas islandesas estaban ampliamente desreguladas. La meta de esta política era atraer a los inversores extranjeros. Islandia se convirtió entonces en un polo financiero mundial que se utilizaba para el carry trade, consistente, grosso modo, en tomar dinero prestado en países con intereses bajos (como la zona euro) para colocarlo en países con intereses elevados (como Islandia). El dinero abundaba, la Bolsa despegaba, los créditos se multiplicaban, el crecimiento alcanzaba ritmos astronómicos. En 2007 los activos del sector bancario representaban 1.035 por ciento del Pbi de la isla y la actividad del sector bancario era un 10,3 por ciento del Pbi, tres veces más que en 1997.


Cuando la crisis financiera mundial estalló, en setiembre de 2008, Islandia estaba en primera línea. Los tres grandes bancos, Kaupthing, Glitnir y Landsbankinn, estaban virtualmente en bancarrota. En todas partes el Estado inyectaba capital en los bancos. En Irlanda el gobierno decidió garantizar la integralidad de las deudas bancarias, es decir 235 por ciento de su Pbi (440.000 millones de euros). Pero Reykjavik fue por otra vía: se contentó con garantizar los depósitos de los islandeses en los bancos islandeses. El resto fue abandonado a su suerte. Los tres bancos fueron nacionalizados y escindidos en una parte sana y otra tóxica. Los “bad banks” no se beneficiaban de la garantía del Estado, mientras que los bancos “sanos” fueron recapitalizados en un nivel del 30 por ciento del Pbi y gestionaron a menudo directamente el incalculable número de empresas en impago.


Contrariamente a lo que escuchamos a menudo, Islandia no ha rechazado salvar a los bancos: eligió qué quería salvar y decidió preservar su demanda interior antes que sus acreedores internacionales. El elemento destacable es que el gobierno y la población mantuvieron esa política. Cuando fue cuestión de reembolsar a los depositantes británicos y neerlandeses, clientes de la estructura islandesa Icesave, los islandeses rechazaron hasta dos veces en referéndum la opción de un reembolso.


AUSTERIDAD, A PESAR DE TODO

 

Esta elección entre acreedores no permitió evitar la austeridad. Para capitalizar la parte “sana” de los bancos y del Banco Central, el Estado tuvo que pedir prestados 3.200 millones de euros al Fmi y a sus vecinos escandinavos. La deuda pública pasó del 28,5 por ciento del Pbi en 2007 al 96,4 en 2015. El gasto público también se vio reducido. Hubo socialización de riesgos y transferencia de la deuda privada a la deuda pública, pero de manera limitada, y eso permitió que la economía rebotara más rápido.


El otro elemento clave fue la depreciación de la corona. Para comprar un euro hacían falta 82 coronas islandesas a principios de 2007. Dos años más tarde hacían falta 182. Esta caída condujo a una inflación que alcanzó el 17 por ciento y mermó el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, permitió recobrar rápidamente la competitividad externa y circunscribir los efectos de la crisis.


A pesar de su vía original y su moneda propia, Islandia en 2009-2010 no era un paraíso ni mucho menos. En el tercer trimestre de 2010, tras nueve trimestres de contracción en ritmo anual, el país volvía al crecimiento. Habría que esperar, sin embargo, a 2014 para que el Pbi superase su nivel de 2008.


¿La “vía islandesa” era más eficaz que la elegida en la zona euro en 2010? No para Irlanda, que ha salido más rápido de la crisis, pero menos por la política llevada a cabo que por elementos externos. En cambio, Islandia parece haber salido mucho más rápido que España, Italia, Grecia o Portugal. Sobre todo, parece mucho menos amenazada que la mayoría de estos países por el riesgo deflacionista y por el crecimiento blando. Las comparaciones son, sin embargo, delicadas.


Conviene no sobreinterpretar la “vía islandesa”. El crecimiento islandés de después de la crisis se debe a las exportaciones: de bienes, pero sobre todo de servicios. Son por lo tanto las ganancias en competitividad externa por la compresión de la demanda interior las que han hecho rebotar a Islandia. Los dos motores del crecimiento del país han sido principalmente la pesca, que se ha beneficiado del alza de los precios y de la demanda de pescado, y los turistas, cuyo número creció 27 por ciento en 2015. Esto es fruto de una política activa con, especialmente, un desarrollo de las infraestructuras y del marketing público y privado. Pero hoy asistimos a un reequilibrio rápido: en el primer trimestre el consumo ha aumentado 7,1 por ciento. En 2015 el país conoció un déficit comercial y fue la demanda interna la que empujó el crecimiento.


Islandia ha querido adherirse a la UE para beneficiarse de una cierta “protección”. Este procedimiento, iniciado por la centroizquierda, ha fracasado rápidamente por las diferencias en cuanto a las políticas de pesca. Después de la vuelta de la derecha al poder, en 2013, la demanda de adhesión fue retirada sin el referéndum prometido al respecto. Esto irritó mucho al sentir democrático de los islandeses, pero los sondeos dan en realidad una mayoría de casi 59 por ciento en contra de la adhesión a la UE. Miembro del espacio económico europeo, Islandia se beneficia del acceso al mercado único y de la libertad de circulación, lo que es crucial para el turismo y la voluntad de hacer de la isla una escala entre Europa y América del Norte. Y la isla también puede beneficiarse de una protección de sus zonas de pesca. La adhesión a la UE no parece entonces muy atractiva.


Una de las principales originalidades islandesas reside, sobre todo, en el trato “moral” de la crisis. Islandia ha sido uno de los pocos países –junto con Irlanda– en “judicializar” la crisis. Los jefes de los tres principales bancos han sido condenados a 18 meses de cárcel, y muchas más condenas han sido establecidas. Hasta el primer ministro en funciones en 2008, Geir Haarde, fue condenado sin prisión por un tribunal, en 2012. A partir de entonces, la sociedad islandesa es muy sensible a los asuntos financieros. Cuando la mujer del actual primer ministro, Davíð Gunnlaugsson, fue citada por el asunto de los Papeles de Panamá, el gobernante se vio obligado a dimitir por las manifestaciones gigantes que se dieron en Reykjavik. Nuevas elecciones van a tener lugar y el partido del primer ministro saliente, el Progresista, está amenazado por una nueva formación, el Partido Pirata, que prospera gracias al rechazo de los partidos tradicionales y del mundo político en general, un elemento común a muchos países que han conocido la crisis.


¿Qué lecciones retener de la crisis islandesa? Primero, permite advertir los peligros de la financiación externa de la economía. Este modo de desarrollo tiene un revés inevitable: el de la explosión violenta de la burbuja, con consecuencias raramente positivas para la población, incluso cuando, como en el caso islandés, se haga todo lo posible por circunscribirla al máximo. También Islandia prueba que los intereses bancarios no coinciden necesariamente con el interés general. Y que es posible liberarse de los primeros en nombre de los segundos sin provocar las catástrofes que los banqueros vaticinan. La vía islandesa prueba que un gobierno siempre puede elegir las medidas a tomar en caso de crisis. Y que un pueblo pequeño puede enseñarle mucho a los grandes.


* Encargado de la sección económica de La Tribune, de París. Tomado de Público.es.

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Una vez más, Colombia en el ranquin de los peores lugares del mundo para las y los trabajadores

En el marco de la 105 Conferencia de la OIT que terminó en Ginebra, Suiza, la Confederación Sindical Internacional (CSI) presentó su informe anual sobre los países del mundo considerados mejores y peores para las y los trabajadores, en términos de respeto a los derechos laborales y el Trabajo Decente. Informe en el que Colombia, como todos los años anteriores, aparece en el ranquin de los peores.

“El Índice Global de los Derechos” se denomina este ranquin, que la CSI publica cada año y clasifica 140 países en función del grado de respeto hacia los derechos de los trabajadores, según normas internacionalmente reconocidas por gobiernos y empleadores como requisitos esenciales para la realización del trabajo decente. Downloads/survey_ra_2016_sp%20(1).pdf


Para la elaboración de este índice la CSI envía un cuestionario a 333 sindicatos nacionales de 162 países, solicitándoles información sobre las violaciones de los derechos de los trabajadores con la indicación de detalles relevantes. Luego los investigadores jurídicos analizan la legislación de esos países e identifican secciones en las que no se están protegiendo de manera adecuada los derechos laborales colectivos reconocidos a nivel internacional.


La CSI, valga recordarlo, es una confederación de centrales sindicales nacionales que fue fundada en el año 2006. En la actualidad cuenta con 333 organizaciones afiliadas en 162 países y territorios de los 5 continentes, y una membresía que se aproxima a los 180 millones de trabajadores, 40% mujeres. Tiene oficinas especializadas en varios países y posee carácter consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.


El índice por regiones


En términos generales, el Índice Global 2016 muestra que los derechos laborales se han debilitado en prácticamente todas las regiones del mundo, siendo una vez más el Oriente Medio y Norte de África la peor región para las y los trabajadores. Allí la gran mayoría de éstos están excluidos de las protecciones básicas que aporta la legislación laboral, incluyendo el derecho de sindicalización y negociación colectiva. Y es generalizado el sistema de la kafala, que somete a millones de migrantes al riesgo del trabajo forzoso.


Y en el otro extremo, los países de Europa y Asia Central continúan ofreciendo la mejor protección de los derechos laborales y sindicales, pero al mismo tiempo han experimentado el mayor deterioro de dichos derechos. Varios gobiernos, sin consultar a los sindicatos, han impuesto o anunciado cambios significativos a la legislación laboral que vulneraran acuerdos colectivos y normas internacionales. Es el caso de Bosnia, Serbia y Ucrania, pero también de países más desarrollados como Reino Unido, Finlandia y sobre todo Francia, donde el movimiento sindical hoy está en huelga y en pie de lucha contra cambios legislativos regresivos.


Por otra parte, los derechos laborales siguen siendo atacados bajo el pretexto de medidas de austeridad, caso Grecia. O bajo el pretexto de amenazas terroristas y la creciente importancia que se concede a la seguridad, que también se usa como justificación para limitar derechos laborales fundamentales, particularmente en Turquía, pero también en Bélgica.


El número de países donde las y los trabajadores se exponen a las peores formas de violencia (asesinatos, amenazas, secuestros) se incrementó de 36 en 2015 a 52 en 2016. De este grupo Colombia siempre ha hecho parte, y con ventaja sobre los demás países.

No en vano sigue siendo el país más riesgoso para el ejercicio del sindicalismo. Otros países con alta violencia antisindical son Egipto, Guatemala, Honduras, Indonesia y Ucrania.


En 46 países, es decir 9 más que el año pasado, se reprimieron manifestaciones y los trabajadores sufrieron represalias por expresar sus opiniones. Ciertas categorías de trabajadores están excluidos del derecho a la libertad sindical en el 58% de los países, y no pueden ejercer el derecho de huelga en el 68% de ellos. En el 57% de los países se niega el derecho a negociar colectivamente para conseguir mejores condiciones de trabajo.


El índice por países


Para determinar los peores países del mundo para trabajar, el Índice Global de los Derechos de la CSI establece 5 grupos con clasificaciones del 1 al 5, donde 1 es la mejor y 5 es la peor clasificación que un país puede obtener. Una puntuación alta significa que se han cometido un gran número de violaciones a los derechos de las y los trabajadores.


Hay un grupo de países clasificados como 5+, o sea que están fuera de serie en materia de violaciones a los derechos. Son aquellos considerados como estados fallidos, en los que las instituciones son disfuncionales como resultado de un conflicto interno o una ocupación militar. En esta lista hay 10 países, entre ellos Iraq, Libia, Palestina, Siria, Somalia, Sudán.


Colombia aparece clasificado en el Grupo 5, conformado por 25 países, considerados los peores del mundo para las y los trabajadores. Son países en los que, si bien el Estado funciona y la legislación enumera ciertos derechos, los trabajadores carecen de acceso efectivo a ellos, y están expuestos a regímenes autocráticos y a prácticas laborales injustas. En esta lista, aparte de Colombia, solo aparece otro país latinoamericano: Guatemala. Y figuran países como Arabia Saudita, Argelia, Bangladesh, Camboya, China, Corea, Egipto, Emiratos Árabes, Filipinas, Grecia, Hong Kong, India, Indonesia, Irán, Pakistán, Qatar, Turquía, Ucrania, Vietnam, Zambia, Zimbabwe, entre otros.


Del Grupo 4 hacen parte 30 países donde las violaciones a los derechos laborales son sistemáticas. De América Latina en este grupo están Honduras, Paraguay México, Panamá, Haití, y Trinidad y Tobago. Y también está Estados Unidos.


Del Grupo 3, integrado por los 41 países donde las violaciones a los derechos laborales son regulares, hacen parte Venezuela, Argentina, Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Jamaica y Perú.


El Grupo 2 lo conforman 22 países, en los que las violaciones son repetidas. De América Latina en este grupo están Brasil, Barbados, Costa Rica y República Dominicana.


El grupo uno, que aglutina a los mejores países para las y los trabajadores, donde las violaciones a los derechos laborales son irregulares, lo integran 13 países. Uruguay es el único latinoamericano en este grupo privilegiado. El resto son todos países de Europa.


El caso Colombia


Con el siguiente texto, el Índice Global de los Derechos de la CSI 2016 reseña la situación de nuestro país:


“Los sindicalistas han venido siendo asesinados con total impunidad desde hace décadas en Colombia. En 2015 se registraron 20 asesinatos de sindicalistas, el mayor número que en ningún otro país. Por ejemplo, Oswaldo Hernández Gutiérrez, Presidente del Sindicato Nacional de la Salud y Seguridad Social (Sindess), Seccional San Sebastián de Buenavista, recibió varios disparos de arma de fuego en la cabeza y el cuello cuando se disponía a entrar en su domicilio. Además, resulta extremadamente difícil para los trabajadores entablar negociaciones colectivas debido a la prevalencia de los denominados pactos colectivos, que los empleadores utilizan para socavar las negociaciones colectivas genuinas sobre condiciones de trabajo y salarios. Estos pactos son negociados con trabajadores no sindicalizados que no pueden presentar sus reivindicaciones colectivas. Las condiciones son por tanto impuestas unilateralmente por el empleador. Los trabajadores continúan siendo empleados con contratos que los priva de la posibilidad de ejercer sus derechos fundamentales en el trabajo”.


46 millones de personas en la esclavitud


Aparte del Índice Global de los Derechos de la CSI, recientemente también se publicó el Índice Global de Esclavitud 2016, que publica anualmente la ONG Walk Free Foundation, de Australia. Según este informe, es alarmante el número de personas que en el mundo sufren privación de la libertad de decidir sobre su destino: 45,8 millones, 10 millones más que en 2014, y el 58% de ellas en Asia.


Este Índice define la esclavitud como una "situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño". Y en ese orden de ideas, Asia es el continente donde más se practica la esclavitud en cualquiera de sus formas: explotación sexual, trabajo forzoso en telares y fábricas de ropa, matrimonios de conveniencia, etc.


En India, China, Pakistán, Corea del Norte, Bangladesh y Uzbequistán (por las plantaciones de algodón) se encuentran los índices más altos de esclavitud en el mundo. "Son países más pobres, con menor educación, un clima mucho más hostil, y una falta clara de derechos humanos", señala el informe.


Pero lo grave es que no hay ningún país que esté haciendo lo suficiente para acabar con la esclavitud. “Todos podrían hacer mucho más", sostiene Davina P. Durgana, investigadora de la fundación y coautora del informe. Los países que más contribuyen a eliminar esclavitud están en occidente: Holanda, EE.UU., Reino Unido, país éste que en 2015 aprobó una ley que obliga a las grandes compañías a informar sobre sus gestiones para evitar la esclavitud en su cadena productiva.


Pero aun así queda mucho camino por recorrer. En Reino Unido, por ejemplo, hay 11.700 personas en condición de esclavitud, y en Holanda unas 17.500, según el documento. "Lo más importante es que los consumidores de estos países conozcan qué es lo que compran", sugiere Durgana, porque es precisamente en el inicio de la cadena productiva donde se halla el trabajo forzado de millones de personas, en especial mujeres y niños.

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Crían embriones humanos durante dos semanas en un laboratorio

Investigadores de Reino Unido y Estados Unidos criaron embriones humanos durante dos semanas en el laboratorio, sin necesidad de intervención materna, según un estudio que publican las revistas Nature y Nature Cell Biology, el podría reavivar los debates sobre la investigación embrionaria.

 

Primero, los investigadores observaron en detalle el desarrollo de embriones humanos, de sólo una semana de vida, en una placa de Petri, en una sustancia artificial en lugar de en el útero materno.

 

Es un proceso de autorganización totalmente independiente a las influencias maternas, informan las revistas. Sus trabajos podrían contribuir, entre otras cosas, a investigar mejor las causas de los abortos involuntarios.

 

Dieter Birnbacher, presidente de la comisión ética central de la cámara de médicos alemanes, considera el experimento muy interesante desde el punto de vista científico. Hasta ahora no había sido posible investigar cómo puede anidar el embrión fuera del útero materno.

 

Pero estamos muy lejos aún de la visión de una ectogénesis, es decir, el desarrollo de un niño fuera del útero materno, señala.

 

También son interesantes los resultados a nivel ético-filosófico, pues apoyan la suposición, recogida en la ley alemana de que un embrión tiene el potencial de autorganizarse con sus propios recursos.

 

En un comentario sobre el estudio, los científicos estadunidenses Insoo Hyun, Amy Wilkerson y Josephine Johnston piden que se revise la ley de los 14 días vigente en muchos países, según la cual se permite criar embriones fuera del cuerpo materno un máximo de dos semanas.

 

 

Plausible, más allá de lo estipulado

 

Las investigaciones presentadas ahora chocan con esa línea, escriben en Nature. El cultivo de embriones humanos parece plausible ahora más allá de ese periodo, por lo que es necesario revisar la normativa para valorar debidamente la investigación y los eventuales planteamientos éticos en el futuro, consideran.

 

Los óvulos fecundados anidan en torno al séptimo día de su desarrollo en forma de mórula, un conjunto circular de células, en la mucosa uterina.

 

Después, esas células se especializan. De algunas se desarrolla el embrión en sí mismo y de otras la placenta, que garantiza el alimento durante el embarazo. Esa parte del desarrollo humano era una absoluta caja negra, señalan los investigadores de Ali Brivanlou, de la Universidad Rockefeller de Nueva York, que lideró el primer equipo.

 

Para investigar mejor el proceso, utilizaron una técnica que ya había ensayado en ratones Magdalena Zernicka-Goetz, de la Universidad de Cambridge, directora del sgundo grupo de investigación, en Reino Unido. Los científicos cultivaron los embriones con ayuda de una solución nutritiva optimizada dotándolos de una estructura a la que pudieran agarrarse.

 

Además, esta nueva técnica nos da una oportunidad única de comprender mejor nuestro propio desarrollo en fases cruciales (los primeros días de la vida), afirmó Zernicka-Goetz.

 

El sistema de cultivo celular permite investigar por qué algunos embarazos terminan tan pronto y por qué los métodos de reproducción asistida tienen tasas de éxito tan bajas.

 

Los dos equipos suspendieron los ensayos después de dos semanas en cumplimiento de los acuerdos internacionales sobre la investigación embrionaria.

 

La ley de los 14 días es un límite para la investigación con embriones vigente en Australia, Canadá y Estados Unidos, pero también en algunos países europeos, como Dinamarca, Suecia o Reino Unido.

 

Otros, sin embargo, prohíben totalmente la investigación embrionaria, como en Alemania, que sólo permite crear embriones para reproducción asistida.

 

A partir del día 14, el embrión se convierte en una estructura humana primitiva con una cabeza y una cola, lo que marca el momento a partir del cual puede ser considerado como un individuo, explicó el doctor Peter Donovan, de la Universidad de California. Para el estudio, utilizaron embriones que al final no fueron utilizados en procedimientos de fertilización.

 

Para cada procedimiento se desarrollan varios embriones y en cada ciclo son implantados en el útero de la paciente uno o dos. Los otros son congelados para ser usados si el procedimiento falla, si hay un aborto espontáneo o la paciente desea un nuevo embarazo. El excedente puede ser utilizado con fines científicos.

 

 

Obama: "Los demás países deberían seguir las reglas de EE.UU. y sus socios, no al revés"

Barack Obama ha solicitado al Congreso decidir con celeridad sobre el TPP, porque China discute las reglas del comercio con otros países, hecho que pone en peligro el desarrollo económico de EE.UU.

El mandatario estadounidense Barack Obama ha afirmado en un artículo de su autoría para 'The Washington Post', que considera que los demás países deben seguir las reglas establecidas por EE.UU. y sus socios. En este contexto, Obama ha pedido al Congreso que apruebe el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que prevé la creación de una zona de libre comercio de 12 países en la región de Asia y el Pacífico, tan pronto como sea posible, porque solo Estados Unidos y sus socios en los contratos y, no otros países, como China, deben regir las reglas básicas del comercio mundial.


"EE.UU. debe definir las reglas. EE.UU. debe tomar decisiones. [...] Los demás países deberían seguir las reglas establecidas por EE.UU. y sus socios, y no al revés", señaló Obama.


En lo que respecta a la utilidad del acuerdo, Obama señala que el mismo "refuerza la seguridad nacional de EE.UU. [...] Cuando se reduce el número de personas que sufren la pobreza, cuando nuestros socios comerciales prosperan y cuando nuestra economía establece lazos más estrechos en una región de importancia estratégica, EE.UU. se vuelve más fuerte y aumenta su seguridad".


Al mismo tiempo, el presidente pidió al Congreso tomar una decisión con más celeridad, porque China también está discutiendo las reglas del comercio con otros países de Asia y el Pacífico: "La semana pasada, China y otros 15 países se reunieron en Australia con el fin de concluir antes de finales de año un acuerdo llamado Partenariado Económico Comprehensivo Regional" ( PECR). De acuerdo con Obama, este acuerdo le permitirá al gigante asiático "compartir algunos de los mercados de crecimiento más rápido, en detrimento de EE.UU., poniendo en peligro el empleo, el negocio y los bienes en riesgo".


El documento, que fue firmado en febrero y que pretende establecer la mayor zona mundial de libre comercio y que representa alrededor del 40% del PIB mundial, fue rubricado por ministros y representantes de Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Perú, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam. El convenio entrará en vigor en cuanto sea ratificado por los parlamentos de todos los Estados que conforman el bloque, proceso que puede durar aproximadamente dos años.

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Estados Unidos se enfrió en el primer trimestre

La mayor economía del mundo creció a un ritmo anualizado de solo el 0,5% del producto interior bruto

El crecimiento de la economía de Estados Unidos se moderó con fuerza en el arranque del año, al expandirse la actividad económica a una tasa anualizada de solo el 0,5% del producto interior bruto. Es casi tres veces menos que en el cuarto trimestre del pasado año y está dos décimas por debajo de lo que anticipaba Wall Street. Este crecimiento anémico justifica la prudencia de la Reserva Federal.


La debilidad del crecimiento al inicio de cada ejercicio es ya una constante desde hace seis años en EE UU, por el efecto combinado del mal tiempo con el fin de la temporada de compras navideñas. El enfriamiento es de tal calibre que pone a la mayor economía del mundo al borde de la recesión. El segundo trimestre, sin embargo, suele caracterizarse por un fuerte repunte.


Es el ritmo más lento de expansión en dos años. La economía de EE UU creció un 1,4% en el cuarto trimestre de 2015, tras hacerlo un 2% en el tercero. Para el conjunto del año quedó en el 2,4%, un ritmo que se espera se mantenga este 2016. En la coyuntura actual hace de lastre el efecto de un dólar fuerte en el negocio de las grandes multinacionales exportadoras. El consumo creció solo un 1,9%.


El desplome en el precio de la energía y de las materias primas está forzando a las empresas a recortar las inversiones en equipamiento y estructuras. La debilidad económica global hizo de lastre por la vía de las exportaciones, que cayeron un 2,6% en el trimestre. Hizo de motor el sector inmobiliario, con un incremento del 14,8% en las inversiones en vivienda, el ritmo más sólido en cuatro años.


La primera estimación del crecimiento del primer trimestre se publica un día después de que la Reserva Federal decidiera mantener los tipos de interés en una horquilla del 0,25% al 0,5%. El banco central de EE UU dejó caer la referencia a los riesgos de la tensión internacional. Pero aunque mantiene abierta la puerta a un encarecimiento del precio del dinero en junio, señaló que la actividad económica se debilitó.


Tendencias opuestas


La nota final de la reunión de abril muestra tendencias que van en sentidos opuestos. El mercado inmobiliario mejora, pero la inversión empresarial se moderó y también las exportaciones. El equipo que preside Janet Yellen opta así por la cautela en el proceso de normalización de la política monetaria. La inflación sigue baja, lo que da margen a la Fed para modelar su estrategia.
La Reserva Federal está teniendo complicado comunicar al mercado cuál sería el nivel idóneo para los tipos de interés. El pasado diciembre los miembros del comité veían como posibles cuatro subidas. Pasados tres meses se dejó en dos en el mejor de los escenarios. El ritmo lo determinará la marcha del mercado laboral, que podría ralentizarse en la segunda mitad del año por el deterioro de los resultados empresariales.


Los analistas de Credit Suisse y de BlackRock no descartan por todo esto que vaya a haber una sola subida en 2016 pese a que los potenciales riesgos globales dejaron de ser un argumento recurrente para justificar la pausa. Se da además la circunstancia de que EE UU está inmerso en plena campaña electoral y que la estrategia monetaria de la Fed va en sentido opuesto a la del Banco Central Europeo.

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