Miércoles, 09 Abril 2014 08:02

La receta ortodoxa del Fondo Monetario

La receta ortodoxa del Fondo Monetario

En el tradicional informe semestral sobre las perspectivas económicas mundiales, el FMI propone un "ajuste ordenado" de la economía argentina. Cuestiona las políticas expansivas de crecimiento e inclusión social. Comparación con Venezuela.


La actividad económica local crecerá 0,5 por ciento este año, al tiempo que avanzará 1,0 por ciento en 2015. Así lo estimó ayer el Fondo Monetario Internacional, en su publicación semestral acerca de las perspectivas para la economía mundial. Desplegando toda la batería de ideas ortodoxas, para confirmar lo poco que ha cambiado el Fondo pese al fracaso de sus recetas, el documento criticó las políticas de impulso a la demanda interna con distribución del ingreso de los últimos años. Apuntó que generaron distorsiones inflacionarias y caída de las reservas internacionales, mientras que mencionó que la estrategia del Gobierno para moderar estas tensiones a través de controles de precios, del mercado cambiario y del comercio exterior no fue eficiente. Afirmó que el país tiene dificultades para acceder al financimiento externo y que se debe avanzar en un "ajuste ordenado". A su vez, el organismo computó que en 2013 Argentina creció 4,3 por ciento, para lo que se emplearon datos del Indec con la metodología de medición –ya abandonada– del año base 1993. El informe también comparó la situación local con la de la economía venezolana.


El documento del FMI aseguró que la economía mundial empieza a mostrar signos de recuperación. Estimó que el crecimiento de la actividad global fue del 3 por ciento el año pasado, al tiempo que ascenderá a 3,6 este año y a 3,9 durante 2015. La entidad precisó que la mejor situación de las potencias maduras potenció este desempeño. En las economías avanzadas, el crecimiento promedio para 2014-2015 será de 2,25 por ciento, un punto porcentual más respecto del dato de 2013. "Los principales factores detrás de ese cambio son la aplicación de políticas fiscales menos restrictivas y la decisión de mantener condiciones monetarias sumamente acomodaticias. El crecimiento más fuerte se registrará en Estados Unidos y rondará el 2,75 por ciento", marcó el informe.


A diferencia de este desempeño, el FMI mencionó que la perspectiva de corto plazo para Argentina es desfavorable. "Se prevé que la actividad en Argentina se desacelerará marcadamente en 2014", indicó el organismo, que en la última década acumuló año a año fallidos en los pronósticos de crecimiento del país. Agregó que "las políticas macroeconómicas que han sido continuamente expansivas han dado lugar a un alto nivel de inflación y a una disminución de las reservas oficiales de divisas. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el de mercado sigue siendo amplia. Las medidas administrativas para gestionar los desequilibrios internos y externos, entre ellas los controles de los precios, los tipos de cambio y el comercio, están refrenando aún más la confianza y la actividad".


La entidad comparó este panorama local con el de la economía de Venezuela, asociando las distorsiones de precios y las dificultades cambiarias con el desmanejo de la política del sector público. En el informe no se relaciona la baja de reservas señalada con la política de desendeudamiento del Estado nacional, por la cual se vienen cancelando compromisos con acreedores privados y organismos de crédito desde 2010 con divisas en manos de la autoridad monetaria.


Además de criticar el uso de herramientas heterodoxas (no convencionales) para impulsar la economía, moderar las tensiones inflacionarios y recuperar margen de maniobra en el frente externo, el Fondo dio recomendaciones a través de su documento semestral respecto de cómo debería actuar el equipo económico. "Recientemente, se ajustó el tipo de cambio y se elevaron las tasas de interés, pero se precisan modificaciones más importantes de las políticas para evitar un ajuste desordenado." Las recomendaciones históricas del organismo para atacar tensiones macroeconómicas se concentraron en la contracción del gasto público, con el objetivo de reducir el peso del Estado. La consecuencia fue el retroceso de la distribución de los ingresos (por el congelamiento de jubilaciones y pensiones), la disminución de remuneraciones de empleados públicos y el recorte de la transferencia de recursos (asignaciones) hacia sectores vulnerables de la población.


En cuanto a las estadísticas del Indec, el Fondo precisó que utilizó datos oficiales para calcular el crecimiento de la actividad del 4,3 por ciento del 2013. La metodología empleada fue la del año base 1993, una serie que se discontinuó el mes pasado, cuando el Gobierno anunció la actualización de la base a 2004. Esta nueva medición computó un crecimiento preliminar de 3 por ciento para 2013, al tiempo que en septiembre se conocerá el dato definitivo.

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La desigualdad puede ralentizar el desarrollo económico de América Latina

La reducción de los índices de pobreza en América Latina a lo largo de la primera década del siglo XXI es un éxito reconocido por toda la comunidad y organismos internacionales, sin embargo, la incapacidad por disminuir, en la misma intensidad, la brecha de la desigualdad es una asignatura pendiente que, si no se combate, puede obstaculizar el crecimiento económico en la región y contribuir a la ralentización que auguran todas las previsiones macroeconómicas, de acuerdo con el último informe del Banco Mundial. En el estudio Ganancias sociales en la balanza en América Latina y el Caribe, que la organización ha presentado este martes en Washington, se aconseja a los países del hemisferio que adopten políticas fiscales redistributivas y que garanticen el acceso generalizado a bienes y servicios básicos para promover un desarrollo inclusivo en el continente.


"La pobreza ha seguido decreciendo de manera importante en América Latina en 2012, situándose en el 12,3%. Pero ahora el mayor porcentaje de la población en la región lo componen las familias vulnerables", ha señalado durante la presentación del informe Louise Cord, responsable del Grupo de Reducción de la Pobreza, Género y Equidad del Banco Mundial. El informe advierte de que la falta de progreso en la reducción de la desigualdad en América Latina puede poner en riesgo el proceso de disminución de la pobreza en pos de un crecimiento de la clase media en la región. "Si no se reduce la desigualdad, esta circunstancia podría poner en cuestión el avance en la reducción de los niveles de pobreza" ha señalado Cord

Entre las causas que explican las dificultades de los Gobiernos de la región a la hora de no poder frenar la divergencia entre ricos y pobres, el Banco Mundial cita un crecimiento en los ingresos que no se ha visto acompañado por una redistribución de las rentas. El informe de la organización advierte de que si persiste esa inercia "el progreso en reducir la pobreza y mejorar la prosperidad pueden ser más evasivos".


El Banco Mundial propone como motores para paliar el problema de la inequidad la adopción de políticas económicas más redistributivas y el desarrollo de estrategias que extiendan el acceso a los bienes y servicios básicos a toda la población, poniendo el énfasis en la infancia. El informe, reconoce cómo son los países del Cono Sur –Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay- quienes continúan liderando a la región en cuanto a disminución de la pobreza, cayó un 37% en 2012, frente a la zona andina –donde ha descendido en un 22%-. Centroamérica y México, sin embargo, han expandido el tramo de población por encima del umbral de la pobreza, alcanzando el 41%.


Para George Gray Molina, economista jefe del programa de Desarrollo de Naciones Unidas de la Oficina para América Latina, ahora mismo México y Brasil constituyen los dos principales modelos en la región para abordar la reducción de la pobreza y la inequidad. "Las reformas fiscales en México tienden a crear un entorno más favorable para las empresas y están enfocados a reducir la desigualdad a través del crecimiento económico", ha señalado Gray durante la presentación del informe del Banco Mundial. "Brasil ha optado por el modelo de la protección social, enfocado en recortar la desigualdad a través de la inversión pública". Para el economista va a ser muy importante observar lo que ocurre en los próximos dos años en ambos países para determinar cuál de las dos estrategias es más eficaz.


De acuerdo con el informe, el crecimiento de los ingresos y las políticas redistributivas explican el liderazgo del Cono Sur, de acuerdo con el documento del organismo. En el caso de los países andinos, es únicamente el aumento de los ingresos lo que justifica la reducción en el nivel de la pobreza, mientras que en el caso de México y Centroamérica aunque estos dos factores "han contribuido por igual a disminuir la inequidad, la aportación de la subida de ingresos ha sido inferior que en el resto de regiones".


En cuanto a la política redistributiva, el Banco Mundial alerta del problema que para América Latina supone la generalización de los impuestos indirectos, un factor que contribuye a ralentizar la reducción de la brecha de desigualdad. "El impacto regresivo de la estructura impositiva afecta mucho más a los más pobres", señala el informe. Cord ha incidido en esta idea reconociendo que en la región "la política fiscal es un instrumento que no está siendo suficientemente utilizado por los Gobiernos para combatir la desigualdad.


En el caso de la generalización del acceso a bienes y servicios públicos, para el Banco Mundial "permitir que los menores tengan las mismas oportunidades de disfrutar de educación básica, salud e infraestructura inmobiliaria es central para fomentar una sociedad más equitativa, libre de pobreza y que garantice el desarrollo de todo el potencial de las personas durante la infancia". El informe pone el énfasis en el acceso a la educación, una vivienda digna y las nuevas tecnologías como los principales pilares para multiplicar las posibilidades de progreso y destaca que, en muchas ocasiones, es el entorno en el que una persona nace lo que determina la calidad y la extensión de ese acceso.


En este sentido, Cord tiene esperanza en la clase media, cada vez más afianzada en América Latina, pueda impulsar un cambio en esta tendencia. "La clase media está creciendo y va a demandar cada vez más de sus Gobiernos una mayor responsabilidad en que los servicios sean de calidad", ha señalado.

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Los errores de las tesis del decrecimiento económico

Una característica de los movimientos ecologistas en Europa es su enorme diversidad ideológica, lo cual se considera como una de sus fortalezas, cuando, a mi entender, podría ser una de sus debilidades. Un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados, concluyendo con ello que el crecimiento económico es intrínsecamente negativo, pues consume unos recursos limitados que se irán agotando con el tiempo, creando una crisis global (ver mi artículo "El movimiento ecologista y la defensa del decrecimiento", Público, 29.08.13). Estos movimientos han sido muy influenciados por Paul Ehrlich, el fundador del ecologismo conservador.


En Europa, sin embargo, parece desconocerse el movimiento ecologista de claras raíces socialistas (que lideró Barry Commoner, al que considero uno de los personajes más lúcidos que ha tenido el movimiento ecologista a nivel mundial). Barry Commoner alertó de las consecuencias reaccionarias que el maltusianismo puede tener. Y una de ellas es el movimiento a favor del decrecimiento, aun cuando, incluso ahí, depende de lo que se utilice para definir decrecimiento. El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer. El hecho de que haya una u otra forma de crecimiento es una variable política, es decir, depende de las relaciones de poder existentes en un país y de qué clases y grupos sociales controlan la producción y distribución de, por ejemplo, la energía. Barry Commoner solía mostrar cómo en Estados de EEUU en los que había habido gran consumo de energía contaminante no renovable, este consumo había variado a consumo de energía renovable, creando con ello incluso más crecimiento económico. El punto de debate no es, pues, crecimiento o no crecimiento, sino qué tipo de crecimiento, lo que es consecuencia de quién controla tal crecimiento. Este es el punto clave. Como señaló Commoner, las fuentes de energía han ido variando históricamente y ello no ha sido resultado de cambios tecnológicos (como por regla general se explica), sino de cambios políticos. Utilizar una forma u otra de energía es un proceso determinado políticamente.

El desconocimiento de la historia del socialismo


Esta es la realidad ignorada por los maltusianos, que desconocen también el enorme debate que ha tenido lugar sobre este tema en la historia del socialismo. En los primeros albores de las revoluciones socialistas, se creyó que el socialismo era la lucha por la distribución de la riqueza creada por los medios de producción, a los cuales se los suponía intrínsecamente positivos, meros instrumentos del progreso. Fue más tarde que se cuestionó este supuesto (que alcanzó su máximo exponente en la Unión Soviética), pues estos medios de producción reflejaban también los valores de los que los habían diseñado. Una fábrica de automóviles, por ejemplo, refleja unos valores que determinan cómo, cuándo y dónde se realiza la producción de bienes y servicios en esa empresa. Y estos valores eran los dominantes en la sociedad capitalista que había creado dichos medios. La protesta frente a esta interpretación del socialismo quedó expresada en el famoso eslogan de que "el socialismo no es capitalismo mejor distribuido". Mi libro (conocido en el mundo anglosajón) crítico del productivismo en la Unión Soviética, Social Security in the USSR, Lexington Books, 1977, criticó este productivismo, prediciendo, por cierto, el colapso del sistema soviético. El libro fue prohibido en la Unión Soviética, considerándoseme como persona non grata.


Uno de los puntos que subrayé en aquel libro era que el socialismo tenía que cambiar no solo la distribución de los recursos, sino la forma y tipo de producción. Y para que ello ocurriera era fundamental cambiar las relaciones de poder en el mundo de la producción (con la democratización de la producción, que es distinto a su estatalización) y cambiar el motor del sistema, de manera que el afán de lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente. Este fue uno de los debates más vivos que ha habido dentro de la sensibilidad transformadora socialista. Los debates sobre el significado de la revolución cultural china, por ejemplo, con la victoria en aquel país de los sectores capitalistas dentro del Estado chino, condujeron a la China actual, en donde el afán de lucro y el tipo de producción que condiciona han dominado aquel proceso, creando unas enormes desigualdades a la vez que crisis ecológicas.

Es obvio que un gran número de proponentes de las teorías del decrecimiento desconocen esta historia. Así, cuando Florent Marcellesi ("La crisis económica es también una crisis ecológica", Público, 09.10.13) señala que el socialismo y el capitalismo son igual de insensibles a la necesidad de cambiar el tipo de producción y consumo, está ignorando estas discusiones dentro del socialismo. Es más, me pone a mí una etiqueta errónea, estereotipando lo que según él un socialista es y/o piensa. Me critica por pertenecer a la visión productivista del socialismo, visión que precisamente he criticado mucho antes y más intensamente que él. Marcellesi escribe "Vicenç Navarro afirma por ejemplo que 'si los salarios fueran más altos, si la carga impositiva fuera más progresiva, si los recursos públicos fueran más extensos y si el capital estuviera en manos más públicas (de tipo cooperativo) en lugar de privadas con afán de lucro, tales crisis social y ecológica (y económica y financiera) no existirían'". Esta frase está extraída de un artículo mío que señalaba cómo salir de la crisis. Florent Marcellesi indica que ello no es suficiente para prevenir el supuesto agotamiento energético, y por lo tanto las crisis económicas y ecológicas, pues añade que "incluso si redistribuyéramos de forma equitativa las rentas entre capital y trabajo, y todos los medios de producción estuviesen en manos de los trabajadores, la humanidad seguiría necesitando los 1,5 planetas que consume hoy en día".


Para llegar a esta conclusión (de que el cambio del proyecto capitalista a uno socialista no resuelve el problema, pues los dos, el capitalismo y el socialismo, creen en el crecimiento económico que agotará los recursos), Marcellesi asume erróneamente que yo estoy reduciendo el proyecto transformador (mi propuesta de cómo salir de la crisis) a una mera redistribución de los recursos, sin cambiar ni el tipo ni la forma de los medios de producción, ignorando no solo mis escritos, sino también la extensa bibliografía científica sobre la transformación del capitalismo al socialismo, cosa que ocurre con gran frecuencia entre ecologistas conservadores que, como he dicho antes, desconocen los intensos debates sobre los temas tratados derivados de otras sensibilidades políticas y de otros tiempos. Es obvio que Florent Marcellesi desconoce la historia del socialismo, y me pone en la casilla errónea (en la casilla productivista, a fin de poder llegar a sus conclusiones). Como he indicado, he sido una de las voces más insistentes en cambiar el tipo de producción en el proyecto de transformación socialista, y no se da cuenta de que la frase a la cual él hace referencia, sintetizando mi postura, tiene los dos elementos –democracia y cambio del motor del sistema- que rompen con el determinismo productivista que erróneamente me atribuye. No es mi objetivo polemizar con tal autor y ahora figura política, sino responder a críticas al socialismo basadas en un desconocimiento de su historia.


El determinismo energético no puede sustituir al determinismo político


Otro punto que considero importante esclarecer es que los cambios de producción pueden ya ocurrir dentro del capitalismo. El socialismo no es un sistema económico-político que toma lugar el año A, día D, con la toma del Palacio de Invierno, sino que se hace y deshace diariamente ya en el capitalismo. Y es ahí donde todo el movimiento a favor del decrecimiento parece ignorar un hecho bastante elemental, y es, como he indicado anteriormente, que el problema no es el crecimiento, sino el tipo de crecimiento. De nuevo, Barry Commoner mostró cómo la utilización de nuevas tecnologías (cuya producción también determina el crecimiento económico) ha permitido poder utilizar ríos en EEUU que eran antes totalmente inhabitables. Y, una vez más, Barry Commoner muestra también como han aparecido muchas formas de energía, que son renovables, que sustituyen a las más tradicionales no renovables, y que también determinan el crecimiento. El problema no es que no haya formas de energía alternativa, sino que estas están controladas por los mismos propietarios que las no renovables. En un momento de enormes crisis, con crecimiento casi cero, que está creando un gran drama humano, las voces a favor del decrecimiento parecen anunciar que ello es bueno, pues así salvamos el planeta. No se dan cuenta de que están haciendo el juego al mundo del capital responsable de las crisis económica y ecológica.
Por último, varias aclaraciones a bastantes afirmaciones sorprendentes que se están haciendo por portavoces maltusianos sin ninguna evidencia que las avale. No es cierto que el encarecimiento del petróleo y de las materias primas se deba a su escasez. Y tampoco es cierto que la crisis hipotecaria se debiera al crecimiento del precio del petróleo. La crisis financiera ha sido muy estudiada y no puede atribuírsela al crecimiento del precio del petróleo y a la inflación que creó. Y tampoco es cierto que la crisis profunda de los países del sur de Europa se deba a la falta de energía. Este determinismo energético (que la energía es la que condiciona todo lo demás) ignora que son las relaciones de poder, derivadas de la propiedad de la producción y distribución de bienes y servicios, las que configuran la crisis actual (ver mi artículo "El conflicto capital-trabajo en las crisis actuales", El Viejo Topo, octubre 2013). El hecho de que dichos países estén en crisis se debe al enorme poder que el capital tiene en ellos a costa del mundo del trabajo, poder que se manifiesta en el tipo de producción (incluida la de la energía que se utiliza y consume). La solución pasa por un cambio en estas relaciones de poder, con la democratización del Estado, que originaría no solo una nueva redistribución, sino una nueva producción. Y es en esta estrategia, donde el socialismo y el movimiento ecologista progresista pueden aliarse e incluso converger. Es una lástima que los escritos de Paul Ehrlich, que reflejan la visión conservadora maltusiana del ecologismo (y que paradójicamente recibió un premio de la Generalitat de Catalunya durante la época del tripartito), sean conocidos, mientras que los de Barry Commoner, el fundador del movimiento ecologista progresista en EEUU, apenas sean conocidos en nuestro país. Es un indicador más del conservadurismo que existe en la vida intelectual y política del país.

 

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La economía de China logró cerrar 2013 con un avance mayor de lo esperado del 7,7% en tasa interanual. Sin embargo, esta supuesta mejora no logró ocultar los problemas latentes en un modelo económico necesitado de profundas reformas que tendrán que llevarse a cabo a corto plazo y bajo la persistente amenaza de una crisis de crédito

Sobre el papel, el dato final de 2013 supera en dos décimas el objetivo del Gobierno para todo el año aunque, echando la vista atrás, supone una leve moderación frente al balance del trimestre anterior (7,8%). Por su culpa, repite el ritmo de crecimiento registrado en 2012, con lo que mantiene la tasa más bajo de los últimos 14 años dentro del proceso de enfriamiento gradual con el que prevé dar paso al cambio de moleo.
El país está en plena transformación mientras agota el modelo de crecimiento basado en las exportaciones, una apuestsa que le ha llevado a crecer a ritmos superiores a los dos dígitos hasta el estallido de la crisis financiera internacional y la caída de la demanda en los países receptores. Para ello, las autoridades chinas han anunciado en los últimos meses una serie de reformas cuyo objetivo es fomentar la demanda interna, lo que permitirá a la larga un crecimiento estable y sostenible.


Para este año, las previsiones apuntan a un resultado similar al de 2013. "Creo que será muy difícil que el crecimiento alcance un 8% este año", dijo a Reuters Ting Lu, un economista del Bank of America-Merrill Lynch en Hong Kong. Sus proyecciones pasan por que la economía de China se expanda un 7,6% este año. Además, los analistas ponen el foco en la producción industrial, que pese a que se expandió un 9,7% en 2013 con respecto al año anterior, pierde impuslo. Por su parte, las ventas al por menor crecieron un 13,1% interanual en 2013, para alcanzar un volumen de 23,44 billones de yuanes, o 3,84 billones de dólares.


Después de 30 años de crecimiento económico de dos dígitos que sacaron a varios millones de chinos de la pobreza, pero también devastaron el medio ambiente, China quiere cambiar de enfoque y adoptar un desarrollo sostenible y de mayor calidad. Se espera que cualquier cambio se dé al coste de un crecimiento económico menor, un precio que Pekín dice estar dispuesto a pagar.


En cuanto al resto de economías, el Producto Interior Bruto (PIB) del país alcanzó a cierre de 2013 los 56,88 billones de yuanes, o 9,31 billones de dólares, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Con ello, se mantiene como segunda potencia mundial a una gran distancia Estados Unidos, cuyo PIB superará los 15 billones de dólares.


No obstante, aunque en su conjunto todavía no alcanza a EE UU, algo que podría pasar en un par de años, ya sí ha adelantado a la primera potencia en el intercambio de mercancías al convertirse en líder del comercio mundial durante 2013.

 

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El crecimiento económico en América Latina no reduce la informalidad

Casi la mitad de los trabajadores de América Latina, un 47,7%, tiene un empleo informal. De los 275 millones de personas que forman la fuerza laboral de la región, solo 145 millones poseen un trabajo formal. Así lo indica el informe Programa Laboral 2013 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentado este martes en Lima. La directora regional de ese organismo, Elizabeth Tinoco, calificó la situación de "preocupante" pues si bien el desempleo urbano en América Latina y el Caribe bajó a una tasa mínima histórica de un 6,3%, ello no se debió a una mayor generación de empleo, sino a las personas que salieron del mercado laboral. El año anterior ese indicador fue de un 6,4%.


La representante del organismo dijo que, pese al crecimiento económico registrado en años anteriores, "el ritmo de reducción de la informalidad no ha sido acelerado y las perspectivas de reducción son casi las mismas. Si sigue como está la tasa de desempleo, con este crecimiento económico y con estas pocas medidas para combatirlo, va a mantenerse igual". En 2009 la tasa de informalidad en la región era de 50% y en 2011 de 47,7%.

Los índices de mayor empleo informal se registran en Centroamérica: Guatemala con 76,8% y Honduras con 72,8%, mientras que Perú, que el año pasado fue el segundo país en la región con mayor crecimiento, tiene el 68,8% de personas con ocupación informal.


El 50% de las mujeres y el 45% de los hombres trabajan en condición informal. Así como la informalidad ataca más a ellas, el desempleo también: de los 14,8 millones de latinoamericanos que buscan empleo sin conseguirlo, más de la mitad son mujeres: 7,7 millones, además, hay unos 22 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. "Seis de cada diez jóvenes tienen empleo informal", precisa a este diario Juan Chacaltana, especialista en empleo y mercado de trabajo de la oficina regional de la OIT.


"No es casual que en diversas ciudades sean los jóvenes quienes encabezan protestas cuestionando el sistema y las instituciones", indica el prólogo del reporte.


Tinoco destacó que la preocupación acerca del mercado de trabajo en América Latina y el Caribe también se debe a lo ocurrido con los salarios mínimos: estos aumentaron en 2012 en un 6,9% pero solo un 2,6% en 2013.


"En 2012 el crecimiento económico se ha desacelerado y también, en consecuencia, la generación de empleo. El impacto en el mercado de trabajo es de menor remuneración por salario, baja productividad que incide en la redistribución de la riqueza, alta informalidad mantenida y no reducida, cobertura de protección ineficiente y alto porcentaje de desempleo juvenil al alza", refirió Tinoco.


La OIT hizo un llamado a los gobiernos a "tomar medidas económicas pues no pueden estar divorciadas y separadas de la necesidad de generar más y mejores empleos", acotó la directora regional.


La funcionaria indicó que el desempleo juvenil que viven más de seis millones de latinoamericanos tiene "repercusión en la gobernabilidad de nuestras sociedades. La falta de esperanza y de posibilidades de insertarse genera frustración, no necesariamente violencia. Ésta se está acumulando en el espíritu de los jóvenes porque no tiene respuesta de parte del gobierno", añadió.


La tarde del sábado, tres jóvenes peruanos cantaban hip hop en un microbús que circulaba por el distrito de Miraflores, de clase media: se quejaban de la corrupción, de los políticos. Con su melodía y un aparato reproductor, pedían un apoyo a su arte a falta de oportunidades. Ellos, como otros miles que suben a vehículos de transporte o se buscan un ingreso en las calles, entran en la calificación de personas con empleo de acuerdo a la OIT, aunque dependiendo de su formación y sus ingresos, pueden considerarse en el subempleo y la informalidad. Quien trabaja al menos una hora por semana y obtiene un ingreso es considerado una persona con empleo.


El Panorama Regional de la OIT también destacó que América Latina registra índices de productividad por debajo del promedio mundial, e hizo también una invocación a los gobiernos en ese sentido pues es la región más rezagada en comparación con Europa y Asia. Desde el 2000 al 2010 apenas creció en 10% la productividad. "Si no hay productividad, ¿qué se va a redistribuir?", afirma Tinoco.
Ante este panorama, el organismo multilateral recomienda a los gobiernos a que tomen medidas para un mayor di

álogo con los sindicatos, mejorar la productividad, incrementar el empleo formal, promover el empleo juvenil, reducir el trabajo forzoso y las peores formas de trabajo infantil, entre otras. Sin embargo, no hay nada que obligue a los gobiernos y agentes económicos a actuar en ese sentido. "Es común moverse mucho por coyuntura y por indicadores de corto plazo, luego surge la preocupación cuando bajan algunos precios de materias primas, pero cuando tratamos el tema de diversificación económica los agentes económicos suelen responder 'eso demora'. Hay que empezar en algún momento", explicó Chacaltana a la consulta acerca de este obstáculo.

 

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BM: pese a las reformas, México será el de menor crecimiento en AL

El Banco Mundial (BM) calificó de desafortunado que México y Brasil, las dos principales economías de América Latina y el Caribe, crecerán este año a una tasa menor al promedio de la región, aunque descartó la ocurrencia de crisis financieras como las de décadas pasadas.

 

La pérdida de dinamismo de la región se expresa en el hecho de que la tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe se redujo en 2013 a menos de la mitad de la que registró en 2010, un año después de la crisis financiera de 2009, que llevó al mundo a la recesión, mostraron datos divulgados este miércoles por el Banco Mundial.

 

"Desafortunadamente los gigantes regionales, Brasil y México, crecerán en 2013 por debajo del promedio regional; el crecimiento de México caerá por debajo de 2 por ciento a pesar de la ola de reformas que se están llevando a cabo", definió el organismo este miércoles.

 

La víspera, el Fondo Monetario Internacional redujo de 2.9 a 1.2 por ciento el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para este año, nivel que representa el segundo más bajo de los países Latinoamericanos –excluido el Caribe–, sólo mejor al de Venezuela, que avanzará apenas uno por ciento.

 

El fenómeno de pérdida de dinamismo del crecimiento descrito para América Latina no es la excepción, sino que apunta a ser más bien un denominador común en las regiones del mundo en desarrollo o emergentes, como las llama el organismo.

 

"Ciertamente la desaceleración del crecimiento de la región forma parte de una ralentización de las economías emergentes, incluidos los países de ingreso medio de Europa oriental, Asia oriental y América Latina y el Caribe, así como China", explicó el Banco Mundial en el reporte La desaceleración en América Latina y el tipo de cambio como amortiguador, publicado ayer. Esta desaceleración ha provocado una reducción de 3 puntos porcentuales en las tasas de crecimiento reportadas en 2010 hasta ahora.

 

En América Latina y el Caribe la tasa de crecimiento disminuyó de 6 por ciento en 2010 a 3 por ciento en 2012, para retroceder a 2.5 por ciento, nivel previsto por el organismo para 2013. A su interior, la región presenta una dinámica heterogénea. En Jamaica y Venezuela la tasa de crecimiento esperada para este año no supera uno por ciento; Perú y Panamá oscilarán entre 5.5 y 8 por ciento, respectivamente. Un "buen número" de países de ingreso medio, como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala y Uruguay tendrán un desempeño en torno al promedio regional. En tanto, las dos mayores economías regionales, Brasil y México, se situarán debajo del promedio.

 

"La gran desaceleración y la intensificación de la volatilidad de los flujos de capitales y los precios de los activos financieros han desencadenado una ola de pesimismo con respecto al futuro de la región", planteó el informe. "Expresiones como 'economías sumergidas' y 'la fiesta se acabó' se han vuelto habituales en la jerga de analistas e inversionistas, lo que supone un vuelco en las opiniones que hasta hace poco tiempo no hacían sino alabar la década de progreso económico y social de Latinoamérica", añadió. Los "escépticos sostienen que el progreso fue en buena medida un espejismo y una oportunidad perdida para el desarrollo de proporciones dramáticas", planteó.

 

Para el Banco Mundial, apunta el reporte, la década pasada "de progreso económico y social de la región está lejos de ser una ilusión: 70 millones de personas abandonaron la pobreza y alrededor de 50 millones se sumaron a la clase media".

 

El bajo crecimiento, junto con un entorno global menos favorable no se traducirá, "como advierten los escépticos, en el tipo de angustia financiera de los años 90", dice el informe. "Si se analiza la capacidad de las economías regionales de sobrellevar los efectos de un entorno internacional menos favorable, uno se da cuenta que los días en que depreciar la moneda terminaba en desastre son prácticamente cosa del pasado", agregó. "Es por esto que creemos que es equivocado analizar la tendencia actual con los ojos del pasado y asumir que América Latina inevitablemente caerá en las mismas trampas de antes".

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El PIB de América Latina y Caribe afronta uno de los peores años de la década

Cambio a la vista en el motor de la economía mundial. Si los países emergentes fueron los que impulsaron el crecimiento durante los últimos cinco años, ahora levantan el pie del acelerador antes de compartir el mando. En el caso de las economías de América Latina y Caribe, eso se traduce en un crecimiento del 2,7% para este año, uno de los más bajos de la última década, de acuerdo con la última proyección del Fondo Monetario Internacional.

 

El recorte es importante. La previsión que publicó hace seis meses el FMI daba una expansión del 3,4% para este año. Ahora lo sitúa dos décimas por debajo al de 2012. Como indica el informe que se someterá a la reunión de esta semana en Washington, en el caso de Latinoamérica dominan en este momento factores que tiran a la baja del crecimiento, en gran medida porque las condiciones externas son menos favorables.


El FMI señala en todo caso que el crecimiento volverá tomar fuerza de forma gradual hasta alcanzar el 3,1% en 2014, gracias a un repunte la demanda externa. En este caso, la nueva proyección se queda ocho décimas por debajo a la en abril. Pese a la moderación prevista, la región crecerá cerca de la media global. Para este año, la proyección es de una expansión del 2,9% en todo el mundo y del 1,2% para las economías avanzadas.

Pero el FMI también considera que América Latina es la región más vulnerable ante un cambio de política monetaria en EE UU, sobre todo si los tipos de interés de los bonos suben rápido. Para el conjunto de los mercados emergentes, la proyección del FMI es de una expansión del 4,5% este año, frente al 5,3% que dijo en abril y el 4,9% que registró en 2012. El que viene repuntará al 5,1%, también lejos del 5,7% que había previsto.


El gran temor del FMI es que la Reserva Federal proceda a retirar los estímulos sin que la economía se haya recuperado por completo y crear volatilidad en el mercado. El proceso de abandono podría empezar tan pronto como a finales de octubre, pero su efecto en el flujo de los capitales se nota desde hace meses. Las economías más vulnerables son la de los países cuyas divisas están aparejadas al dólar estadounidense.


La política de dinero barato en EE UU provocó que la inversión extranjera se dirigiera hacia América Latina, lo que ayudó a potenciar su crecimiento durante la crisis tras superar el bache de 2009. Pero este año, como indican desde el FMI, ya se observa una desaceleración significativa. Christine Largade ha pedido por eso a la Fed que actúe con responsabilidad y pensando en los efectos que puede causar fuera de Estados Unidos.


"Al repatriar los inversores fondos hacia EE UU, los países más expuestos serán lo que tiene una posición fiscal más débil y una inflación más alta", señala Olivier Blanchard. Pese al riesgo, el FMI no cree que esta vez el inicio hacia la transición monetaria vaya a tener un efecto desestabilizador de las economías en Latinoamérica, como en el pasado. Augura más bien que será "limitado".
Previsiones por países


México, por ejemplo, cuenta ahora con un tipo de cambio más flexible, una inflación más baja y una mejor política fiscal, lo que amortiguarán cambios. La proyección del FMI es de un crecimiento del 1,2% frente al 3,6% en 2012. El recorte en la previsión es de más de dos puntos, reflejo del fuerte debilitamiento en el primer semestre. Volverá al 3% en 2014, gracias a un repunte de la demanda en EE UU y al impacto de las reformas.


En el caso de Brasil, la economía más importante de la región, rebaja su previsión al 2,5% este año y el próximo. Hace seis meses proyectó un crecimiento del 3% en 2013 y del 4% en 2014. La depreciación de su moneda le ayudará a mejorar la competitividad exterior y amortiguará "parcialmente" el impacto de un incremento de tipos, dicen los economías del Fondo. Pero la alta inflación juega en contra y puede lastrar el consumo. La incertidumbre política frenará la actividad.


El FMI proyecta ahora para Argentina un crecimiento del 3,5% para este año, con lo que casi dobla el 1,9% con el que se cerró 2012 y es mejor que el 2,8% que anticipó en el informe de primavera. El ritmo de la expansión se moderará al 2,8% en 2014, en este caso se recorta frente al 3,5% que recogía en la previsión de hace seis meses.


En el caso concreto de Colombia, el Fondo anticipa una moderación del crecimiento desde el 4% en 2012 al 3,7% en 2013, para de ahí volver al 4,2%. Hace seis meses la proyección fue del 4,1% y del 4,5%, reflejo de los cuellos de botella con los que se puede topar su economía por la caída en el precio y en la demanda de las materias primas.


Para Chile, Perú y Uruguay, también se espera una moderación del crecimiento a un nivel más sostenido, aunque seguirá siendo "relativamente fuerte". El FMI cree que en su caso el incremento de los salarios y las bajas tasas de paro deberían apoyar el consumo privado.


Precisamente, sobre la dependencia general hacia el negocio de las materias primas, el FMI advierte de que considera este vínculo como el principal riesgo para la región. Los motivos son la caída de precios y la disminución de la demanda en países hacia los que exporta, como China. En este caso en concreto se cita también a Venezuela. Por lo general, solo este componente se comerá medio punto del crecimiento en la región.


La situación fiscal empeora


De nuevo, el FMI pide que se preste atención al gasto público ahora que estudian medidas para hacer frente a la moderación del crecimiento. En algunos países, como Brasil, el margen es mínimo. Es más, por lo general se considera que la situación fiscal es peor en este momento que antes de la crisis. Problema al que se le suma un mayor déficit en la balanza de pagos.


"Tratar de mantener tasas insostenibles de crecimiento por la vía de los estímulos fiscales lo único que hará es debilitar la finanzas públicas y elevar el déficit exterior", advierte el FMI, que deja claro que cada país es diferente y que por ese motivo cada Gobierno debe calibrar las respuestas al cambio de ciclo de la manera más realista posible. De nuevo, defiende elevar la productividad y el ahorro.
Dicho esto, en los países con los precios bajo control, la rebaja de tipos debería ser un arma de defensa a tener lista si la situación empeora. No es el caso de Brasil, concluye el FMI, a la vista de los altos precios que sufre el consumidor. También se invita a los países a que vigilen el sistema financiero, para poder identificar y tomar medidas en caso de que emerjan vulnerabilidades.

Por SANDRO POZZI Nueva York 8 OCT 2013 - 15:00 CET


EE UU y el freno de los emergentes lastran la recuperación mundial

Por AMANDA MARS (ENVIADA ESPECIAL) Washington 8 OCT 2013 - 15:00 CET

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dibujado este martes una economía mundial extremadamente frágil, no solo porque ha rebajado de nuevo las previsiones globales de crecimiento, sino porque además ha plagado estos pronósticos de peros y matices que reflejan cuánta incertidumbre rodea a la actividad productiva y financiera en todo el mundo, cuánto penden de un hilo todas las proyecciones. El frenazo de los países emergentes resultará superior a lo esperado hace solo seis meses, Europa continúa con una recuperación demasiado renqueante y Estados Unidos, la primera potencia del mundo, se ha colocado al borde del abismo por un bloqueo político que ha llevado al cierre de la Administración federal por falta de recursos.


Ha sido precisamente en la capital de estadounidense, en la que unos 300.000 funcionarios llevan una semana en sus casas sin cobrar, donde el FMI ha alertado del debilitamiento global. Si en la asamblea de primavera se preocupó de la "reactivación de tres velocidades distintas", ahora estas todas en cuarentena: la economía mundial crecerá este año un 2,9%, tres décimas menos de lo esperado el pasado julio, y 3,6% en 2014, lo que supone una rebaja de dos décimas, arrastrada sobre todo por la ralentización de los países en desarrollo. En esta ocasión, el impulso tendrá que apoyarse más en las viejas potencias y este relevo está plagado de incertidumbre.


A primera vista nada parece muy extraordinario estos días en el centro de Washignton DC, el transporte y los servicios esenciales funcionan, las cafeterías siguen repletas de estudiantes y ejecutivos con sus ordenadores y los operarios ultiman los preparativos para la asamblea del FMI que ha arrancado este martes. Pero tras el primer vistazo, sí hay consecuencias: muchos museos y teatros están cerrados, hasta 300.000 empleados públicos —solo en la capital— se han quedado en casa sin cobrar, el metro ha perdido un 20% de sus viajeros habituales y los comerciantes y dueños de restaurantes maldicen este bloqueo de la vida administrativa que castiga su negocio. Y lo peor es que el bloqueo puede prolongarse incluso hasta el 17 de octubre, fecha límite en la que, o bien la casa Blanca llega a un acuerdo con los republicanos para elevar el tope de deuda, o la primera economía del mundo habría agotado sus recursos y tendría que suspender pagos.
Situación de los emergentes


Esa misma sensación de fragilidad es la que se desprende el informe de perspectivas económicas del Fondo. El economista jefe, Olivier Blanchard, pone el foco en el escenario menos deseado: "la ralentización de las economía emergentes combinada con un endurecimiento de las condiciones financieras impulsada desde EE UU". Porque el mercado mundial ya espera una retirada de la artillería monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed), lo que ha castigado el flujo de capitales que llegaba hasta ahora a los países en desarrollo.


El convencimiento de que la época de la expansión de la Fed llegaa su fin y que China iba a levantar el pie del acelerador han hecho posible una suerte de "ministest de resistencia", que refleja esta pérdidas de capitales, por un parte, y un incremento de las rentabilidad exigidas a los bonos de largo plazo estadounidenses y de otros países. Y estas posiciones no se han alterado pese a que la Fed, de momento, no ha retirado un solo dólar de su programa.


El FMI ha recortado en medio punto su previsión sobre los emergentes para este año respecto a la revisión de julio y ha dejado el avance en el 4,5%, mientras que para el próximo ha rebajado el pronóstico en cuatro décimas, hasta el 5,1%. India ha sufrido el mayor descalabro, dado que crecerá casi dos puntos menos de lo previsto este año, hasta el 3,8%, mientras que China lo hará en dos décimas menos de lo pronostica hace tres meses (7,6%).


Mejora de los mercados


Un vuelco en los mercados financieros también puede arruinar la lenta y débil reactivación de las economías más castigadas, como las de la periferia de la zona euro, a las que el FMI concede una mejora de la actividad para el año que viene, gracias a una moderación de los ajustes fiscales (de un 1% del PIB a medio punto). De hecho, es el acceso a la financiación lo que sigue lastrado la recuperación: "el apoyo al crecimiento por el menor ajuste fiscal queda amortiguado por la duras condiciones crediticias en la periferia", señala el Fondo, por eso "el crecimiento espera solo alcanzará el 1% en 2014, frente a una contracción de medio punto en 2013". La fragmentación financiera, por la que el norte se financia de forma mucho más barata que el sur, no se ha solucionado desde primavera.


En este contexto, Blanchard sigue detectando problemas en el sector bancario europeo, tanto en el corazón de la zona euro como en la periferia. "Sigue habiendo incertidumbre sobre los balances bancarios", señala en el informe, si bien esta debería calmarse con las nuevas pruebas de resistencia europeas. Así, el Fondo critica el lento avance de la UE hacia la unión bancaria y la insuficiente competitividad ganadas para animar las exportaciones.


Éxito de Japón


También advierte el Fondo de que el éxito de los Abenomics, es decir, de la expansión monetaria de Japón como dinamizador económico dependerá de su eficacia en los recortes fiscales y en las reformas estructurales.


Pero todo requerirá con permiso de la política estadounidense, ya que el impulso al crecimiento global recae esta vez en Estados Unidos. El PIB subirá un 1,6% (solo una décima por debajo de lo previsto en julio) y un 2,6% en 2014 (dos décimas por debajo de esa última previsión), según las proyecciones del FMI. El pero es que estas asumen que este cierre de administrativo será breve, que se aprobará un programa de gasto y que el techo de deuda se eleve finalmente, si bien "hay incertidumbre respecto a estos tres supuestos", admiten los técnicos del Fondo. "Mientras que el daño para la economía estadounidense será limitado si el cierre es corto, si este es prolongado será muy perjudicial. Y, aun más, el fracaso en la elevación del límite de deuda, con un consiguiente impago selectivo de EE UU, podría dañar gravemente la economía global", advierte el Fondo.

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Riesgo de recesión en México si no se recupera la actividad económica

En la recta final del año, primero del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, la economía mexicana “está en la parte más profunda del fuerte bache” que comenzó a finales de 2012, advirtió este viernes Bank of America Merrill Lynch (BoA-ML).

 

Para México existe el “riesgo de una recesión” si la actividad no se recupera en el segundo semestre de este año, advirtió Carlos Capistrán, economista en jefe para México de BoA-ML.

 

En el segundo trimestre del año, la economía mexicana creció 1.5 por ciento, prácticamente una tercio del resultado del mismo periodo de 2012, de acuerdo con datos oficiales. Sin embargo, el producto interno bruto (PIB), la medida más amplia sobre el desempeño de la actividad, del segundo trimestre de 2013 fue negativo en 0.74 por ciento, comparado con el del periodo de enero a marzo pasados.

 

“La economía está en la parte más profunda del fuerte bache que comenzó a finales de 2012 debido a los choques externos (disminución de las exportaciones) y fiscales (contención del gasto por parte del gobierno del presidente Peña Nieto)”, comentó Capistrán.

 

El impacto de los choques externo y fiscal a que fue sometida la economía mexicana “prevemos que se desvanezca gradualmente para el segundo semestre de 2013 y que el país regrese a un mayor potencial de crecimiento en 2014”, anticipó. Comentó que el impulso de las reformas continúa, con la propuesta gubernamental de modificar la Constitución para permitir la participación privada en el sector energético y la anunciada reforma fiscal, que será presentada antes del 8 de septiembre, según anticipó esta semana Luis Videgaray, secretario de Hacienda.

 

Uno de los principales riesgos que afronta la economía es la recesión, comentó.

 

Aunque existe más de una forma de caracterizarla, se acepta que una economía se encuentra en recesión cuando acumula dos trimestres consecutivos con tasas negativas en la evolución del producto interno bruto.

 

Entre los principales riesgos actuales para la economía mexicana está el de “una recesión si la actividad no se recupera en el segundo semestre de 2013”, abundó Capistrán. También incluyó: la posibilidad de que el Banco de México (central) reduzca su tasa de interés de referencia “como resultado de la desaceleración/recesión. Estancamiento político que evite la reforma energética o fiscal, o ambas, o conduzca a reformas decepcionantes. Un fuerte incremento en las tasas de interés de Estados Unidos que podría producir una salida desordenada de inversionistas extranjeros”.


Viene el IVA en alimentos, dice

 

La inflación terminará 2013 en 3.8 por ciento, anticipó Merrill Lynch. El incremento desde el nivel actual de 3.5 por ciento se deberá a un rebote de la inflación subyacente en los próximos meses. Dicho rebote será el resultado de la aceleración de la actividad económica y un efecto base que tendrá lugar en noviembre, dada la fuerte caída en los precios de los teléfonos celulares en noviembre de 2012, lo que no se espera que se repita, agregó.

 

Previó que la inflación para 2014 sea de 4.7 por ciento “debido a un incremento en la tasa del impuesto al valor agregado (IVA) para algunos bienes y servicios, con la última parte de una reforma fiscal que será presentada al Congreso en la primera quincena de septiembre”.

 

“Nuestro escenario considera 94 puntos base (0.94 puntos porcentuales) de inflación adicional en 2014 debido a un incremento en las tasas del IVA. Prevemos que en las fronteras el IVA sea subido de 11 a 16 por ciento, mientras que la actual tasa cero en alimentos procesados y medicinas subiría a 16 por ciento”, añadió Bank of America Merrill Lynch.

 

También consideró un escenario alternativo: si la tasa del IVA en alimentos procesados y medicinas es únicamente aumentada a 6 por ciento en 2014, esto incrementaría la inflación alrededor de 32 puntos base (44 puntos base si se considera un incremento del IVA en las fronteras). En este segundo escenario, la inflación para finales de 2014 sería de 4.2 por ciento, apuntó.

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Se “enfría” el crecimiento de América Latina, alerta el FMI

La reciente desaceleración de la economía mexicana es parte de una tendencia que afecta a la mayoría de las naciones de América Latina y el Caribe, después de que la región registró en la última década un crecimiento que duplicó las tasas reportadas en los años 80 y 90 del siglo anterior.

 

Un nuevo reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) definió que los datos más recientes sobre el desempeño de la economía de América Latina y el Caribe sugieren que el crecimiento de la región “se está enfriando”, en algunos casos “bastante rápidamente”. Las actuales condiciones de la zona, apuntó, generan “un buen número de preguntas” para los siguientes años.

 

América Latina disfrutó de un fuerte crecimiento de su producto interno bruto (PIB) en la última década, estableció el FMI. La economía de la región creció 4 por ciento al año, casi el doble de la tasa que registró entre 1980 y 1990, apuntó.

 

En el caso de México, como en el de los países de Centroamérica y del Caribe más dependientes de la economía estadunidense, la tasa promedio de crecimiento fue menor al promedio latinoamericano en los últimos diez años. En ese periodo, la economía mexicana avanzó a un ritmo de 2.2 por ciento en promedio anual, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

 

Mejoras sin precedentes

 

El fuerte crecimiento de Latinoamérica y el Caribe en los diez años pasados estuvo acompañado por la disminución de la desigualdad, la pobreza y los niveles de deuda pública, planteó el FMI. La mejora en los niveles de vida de la región “no tiene precedentes”. En la década pasada, apuntó, el PIB per cápita, una medida general de la distribución del ingreso, aumentó más de 30 por ciento, casi dos veces más rápido que en décadas anteriores.

 

En los últimos diez años, abundó, el crecimiento promedio de América Latina mostró “importantes diferencias” a nivel subregional. Por un lado, los países exportadores de materias primas de América del Sur, como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, tuvieron un crecimiento económico promedio de 4.5 por ciento en promedio anual. En cambio, México, los países de América Central y los del Caribe fueron “mucho menos boyantes”, con un incremento de su PIB que, en promedio, fue de 2.5 por ciento anual en el periodo, agregó.

 


América del Sur se benefició en la última década del incremento “sin precedente” en los precios de materias primas. Más aún, los países con mayor integración financiera, como Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay, también se vieron favorecidos por las mejores condiciones financieras externas.

 

Los países más al norte, como México y los de Centroamérica, que tienen vínculos más estrechos con las economías avanzadas, fueron golpeados con más fuerzas por la crisis financiera internacional que estalló en el otoño de 2008 “y el mediocre desempeño posterior” de la economía de Estados Unidos y las naciones de la eurozona, agregó.

 

La desaceleración de la economía latinoamericana se ha expresado en varios países. México, la segunda economía más importante de la región, crecerá este año 1.8 por ciento, según el gobierno, la mitad de lo previsto a comienzos de año. Brasil, la mayor economía regional, tendrá un repunte este año de 2.5 por ciento, menor al 3 por ciento esperado inicialmente, según la más reciente proyeccción de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. En junio pasado, el FMI revisó de 3.8 a 3.4 por ciento su previsión de crecimiento del PIB de América Latina y el Caribe para este año.

 

Bajo las actuales condiciones de desaceleración económica se abren varias interrogantes respecto de la economía latinoamericana, consideró el FMI. “¿Es temporal? Cuando las condiciones financieras internacionales se normalicen y el precio de las materias primas se estabilice, ¿continuará Sudamérica logrando las altas tasas de crecimiento recientes? ¿Por qué el desempeño de México, Centroamérica y el Caribe fue peor que el de los países sudamericanos? y ¿lograrán ponerse al día?”

 

Las señales de que la economía de China, que se convirtió en el segundo socio comercial de América Latina después de Estados Unidos, se está desacelerando, “sólo añaden preocupaciones respecto de las perspectivas de crecimiento para América Latina”, apuntó.

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Sábado, 27 Julio 2013 06:58

La década ’00

La década ’00

La década ’00 fue la mejor de las últimas tres para América latina y el Caribe. La del ’80 fue considerada pérdida, la del ’90 estuvo dominada por la inestabilidad financiera y la primera del nuevo siglo ha sido apreciada como ganada en términos de disminución de la pobreza e indigencia y en mejoras en la distribución del ingreso. Así se desprende del más reciente documento de la Cepal presentado el miércoles pasado en Santiago de Chile, sede del organismo dependiente de las Naciones Unidas. Los meses previos a elecciones no es el período para esperar análisis desapasionados sobre tendencias estructurales de la economía debido a la exacerbación del discurso político. El caso argentino es particular debido a que la disputa mediática-política ha configurado un escenario de tensión permanente, lo que ha derivado en la agudización de esa característica de procesos electorales. Este rasgo del debate desordena la evaluación de ciclos económicos y su comprensión para precisar la dimensión de los avances como también de la agenda pendiente. Ante la prédica abrumadora y constante acerca de que poco y nada se ha mejorado en términos sociales, e incluso de equiparar la actual situación a la vigente en décadas anteriores, el informe de la Cepal es un aporte para contrarrestar la soberbia de los promotores de la ignorancia, nostálgicos de los noventa que pretenden el olvido de su pasado. El documento se ocupa de América latina y el Caribe en su conjunto, pero en ese análisis se filtra que el recorrido de Argentina en cuestiones sociales, reparto de la riqueza y tasa de crecimiento económico ha sido uno de los más destacados en la región durante la última década.

 

La edición número 65 del Estudio Económico de América Latina y el Caribe del bienio 2012-2013 tiene como subtítulo “Tres décadas de crecimiento desigual e inestable”. En la primera parte se ocupa de las perspectivas de crecimiento de la región estimando que crecerá 3 por ciento este año, tasa similar a la registrada en el anterior. La Cepal señala que el retroceso en el crecimiento con respecto a la última proyección (3,5 por ciento en abril pasado) se debe a la baja expansión de Brasil y de México, y a que varios países que venían creciendo a tasas elevadas, como Chile, Panamá y Perú, muestran una desaceleración de su actividad económica en los últimos meses. El documento anual preparado por la División de Desarrollo Económico de la Cepal dirigido por Juan Alberto Fuentes tiene una segunda parte que aborda las políticas macroeconómicas vinculadas con el crecimiento entre 1980 y 2012. Concluye que la iniciada a partir de 2000 es ganada porque “en el entorno externo de la región se produjeron cambios muy pronunciados que se tradujeron en períodos sostenidos de crecimiento”. El informe destaca que el crecimiento del PIB de la Argentina a una tasa del 8,5 por ciento ha sido el más alto de la región entre 2003 y 2008.

 

En la cuestión social, la Cepal señala que “la desigualdad de ingresos dentro de los países –medida a través del coeficiente de Gini–, así como la pobreza, aumentaron y luego comenzaron a reducirse en la mayor parte de ellos en la última década”. El informe dice que las décadas de 1980 y 1990 fueron adversas en términos distributivos, pues la concentración del ingreso aumentó en doce países, incluidas las tres mayores economías (Brasil, Argentina y México). Lo define como un período de crisis, crecimiento inestable e inflación y desempleo elevados. A partir de 1998, y con mayor fuerza en la década que siguió, la concentración del ingreso comenzó a ceder, de tal modo que entre 2000 y 2011 el coeficiente de Gini se redujo en trece países. Menciona que dos de los países preferidos por la ortodoxia, Colombia y Chile, que también fueron beneficiados por ganancias de sus términos de intercambio, crecieron a tasas significativas y tuvieron tasas de inflación inferiores a un dígito, pero “no exhibieron tendencias claras a una menor concentración del ingreso en esos años”.

 

La Cepal menciona que la dinámica de la distribución del ingreso y la reducción de la pobreza en el período que va de 2003 a 2011 estuvo marcada por avances en el mercado de trabajo, transferencias hacia los hogares y cambios institucionales. Contribuyeron a la mejora de la distribución del ingreso el aumento del empleo de calidad y el incremento de las remuneraciones medias, que beneficiaron proporcionalmente más a los miembros de hogares de menores ingresos. También la sustancial recuperación del mercado laboral asociado al importante crecimiento económico, y además las políticas de transferencias a los hogares de menores ingresos, de salario mínimo y de fomento de la formalización laboral.

 

Pese a estos avances, la región continúa siendo altamente desigual en términos de la distribución del ingreso: el 10 por ciento más rico de la población concentra el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre sólo percibe el 15 por ciento.

 

Las mejoras distributivas contribuyeron a uno de los logros recientes más relevantes de América latina y el Caribe: la reducción de la incidencia de la pobreza, que fue generalizada entre los países, aunque de magnitud desigual, apunta la Cepal. “La década de 1980 fue la década perdida en la región no solamente en términos económicos, sino también en cuanto a la evolución de la pobreza”, recuerda el informe. Al final de la década, la tasa de pobreza en América latina había pasado del 40,5 al 48,4 por ciento, casi uno de cada dos latinoamericanos era pobre, al mismo tiempo que el porcentaje de indigentes se había incrementado del 18,6 al 22,6 por ciento. En términos absolutos, esto significó que en 1990 la cantidad de pobres alcanzara los 200 millones y de indigentes, los 93 millones. “En un contexto de deterioro del bienestar, la política de restricciones fiscales para enfrentar la crisis de la deuda agravó la situación social”, explica.

 

Para panegiristas de la década del noventa, la Cepal observa que el período comprendido entre 1990 y 2002 se caracterizó por una disminución parcial de la incidencia de la pobreza como resultado de un crecimiento económico levemente más alto que en la década anterior, pero inestable y afectado por fuertes crisis en los países de la región de mayor tamaño relativo. En cambio, en la década siguiente, marcado por el auge del ingreso nacional disponible en un contexto externo favorable en los términos del intercambio, la mayoría de los países de la región experimentaron una reducción de los niveles de pobreza e indigencia. “La expansión económica se tradujo en un significativo aumento de los niveles de empleo, lo que, junto con un moderado crecimiento de los ingresos laborales reales, redundó en un incremento de los ingresos medios de los hogares. Esto a su vez contribuyó a la reducción de la pobreza y la indigencia, en conjunto con políticas de transferencias a los hogares más pobres”, destaca la Cepal.

 

Esas políticas se reflejaron en una caída de la tasa de pobreza de América latina de casi un 25 por ciento y de la tasa de indigencia de un 33 por ciento. En ambos casos, las tasas de 2008 fueron inferiores a las registradas en 1980. La reducción de la pobreza y la indigencia en ese período se concentró principalmente en las áreas urbanas, revirtiendo el proceso de aumento en estas zonas que se había producido en períodos anteriores. La Cepal no ignora que la crisis financiera mundial de 2008 y 2009 afectó el crecimiento económico, pero pondera que gracias a varios factores, entre los que menciona el aumento de los salarios reales, las políticas contracíclicas aplicadas en muchos países y la rápida recuperación del crecimiento, la pobreza no aumentó en la región y en los años posteriores su trayectoria decreciente se mantuvo, “de tal modo que su incidencia alcanzó un nivel estimado del 28,8 por ciento en 2012”. Es el valor más bajo de toda la serie desde 1980. En línea con esa tendencia en lo que va de la década ’10 del nuevo siglo, el desafío es su continuidad y profundización. La Cepal destaca a la Argentina junto a Ecuador, Venezuela, Honduras, Nicaragua, Colombia y México como los países que alcanzaron las mayores reducciones de las tasas de pobreza e indigencia.

 

En materia de reparto de la riqueza y de la cuestión social puede decirse que falta mucho o que se pudo haber hecho mucho más, pero que la situación es igual o peor que en las décadas del ’80 y ’90 y, por lo tanto, definir a la última como “desperdiciada” o “malograda” es un reflejo de desprecio a quienes pudieron dejar atrás la pobreza y la indigencia.

 


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