Los migrantes centroamericanos aguardan a entrar a México en el puente sobre el Suchiate. Hector Guerrero / atlas

Plegarias, desesperación e incertidumbre. Así aguarda la caravana de migrantes hondureños su entrada a México para continuar al norte


Cientos de inmigrantes hondureños cierran los ojos y levantan las manos hacia el cielo. “¡Humíllense, Dios los quiere humillados! ¡Oremos, oremos porque esta noche dormirán en territorio mexicano!”, grita un predicador. “¡Amén, amén!”, contesta Julio César Ulloa, de 35 años, con los ojos llorosos. “¡Lo vamos a lograr, hay que estar unidos, raza!”, afirma justo en la mitad del puente que divide a México de Guatemala y que se alza sobre el caudaloso río Suchiate, en medio de un calor sofocante y de un mar de gente. Algunos no han aguantado la espera y se han lanzado a las aguas para avanzar en su camino hacia Estados Unidos.
Los migrantes centroamericanos aguardan a entrar a México en el puente sobre el Suchiate. Hector Guerrero / atlas

La caravana ya ha derribado la valla de la aduana guatemalteca y algunos han pasado al lado mexicano, pero la mayoría aún permanece varada en el puente fronterizo. La euforia se convirtió rápidamente en desesperación e incertidumbre tras el altercado que se vivió en la parte más adelantada del contingente. Padres angustiados retrocedían hacia Guatemala, con sus niños a cuestas, envueltos en sus brazos o agarrados de la mano después de que las autoridades mexicanas lanzaran gas pimienta para responder una agresión a pedradas.

“¡Hay que calmarnos, raza! Unos porros lanzaron piedras a los policías, dejen pasar a los niños, por favor”, grita Cristian Palma, de 19 años. Decenas de personas, sobre todo niños, recibieron atención médica este viernes por deshidratación, confirma la Cruz Roja de Guatemala. La organización ha ofrecido cuidados prehospitalarios a más de 900 personas y apoyo psicosocial a casi 1.785 migrantes de la caravana en la última semana.

Las autoridades mexicanas han dado prioridad a mujeres y a niños para solventar los trámites migratorios. El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, ha dicho que unos 200 migrantes han tramitado su ingreso y esperan la entrada de otros 6.000. La caravana es tan densa y tan extensa que las noticias y los rumores se esparcen como pólvora: “Están deportando”, “solo están dejando pasar con permiso”, “las filas no están avanzando”. Muchos no entienden con claridad los trámites para las solicitudes de refugio ni que tardan 45 días como mínimo, incluso varios meses. México es la primera frontera formalmente cerrada a la que se enfrenta la caravana, sin que baste una credencial para caminar sin contratiempos, a estas alturas se habla ya de visas y permisos de tránsito.

“Estoy desesperado, me vine a ver otras opciones, pero es un rifón”, relata Henry Martínez, de 33 años, a unos metros de la orilla del río Suchiate. Él y otros 10 migrantes hondureños barajan la opción del brinco ilegal, después de haber esperado casi 24 horas en Tecún Umán. Son solo 10 quetzales (poco más de un dólar), pero el río está crecido y es bravo. “Vamos a ver, no lo hemos decidido”. El dilema es claro: unos apuestan por la paciencia, otros quieren buscarse la vida. “Si es necesario, nos quedamos toda la noche en el puente, vamos a dormir en el suelo, no importa”, asegura en cambio Delmar Rodríguez, de 22 años. “Nos quedamos sin dinero, no nos queda de otra que cruzar por aquí”, explica Patrick Rodríguez, su gemelo.

Tecún Umán, en el extremo guatemalteco, es otra ciudad a la de esta mañana. Ya no existe ninguna barrera que derribar, el paso fronterizo está completamente abierto. Atrás quedaron las escenas del cerco policial que contenía a la caravana, de la plaza principal donde no cabía un alma, del portazo a la aduana, de los migrantes que corrían y gritaban a todo pulmón por el puente fronterizo. Ahora es momento de replegarse, de llevar comida y agua para hacer frente a la espera.

El puente se ha convertido en un albergue gigantesco y el río concentra ahora toda la tensión. Y aunque el grueso de la caravana está varada entre dos países, la responsabilidad ya está del lado mexicano, pese a que el flujo de migrantes en tránsito por Guatemala no ha se ha acabado. “Estamos esperando, hay más que todavía no han llegado y vamos a seguir… juntos”, afirma Santiago Maldonado, de 22 años, mientras toma un respiro y pasea en el centro de Tecún Umán con un mástil de dos metros con las banderas de Honduras, Guatemala y México. “Puse la mexicana hoy, para allá vamos”, agrega convencido.

“¿Qué va a pasar? Solo Dios sabe”, dice dubitativo Ulloa, que vivió cinco años en Florida y cinco años en Carolina del Norte. Después de haber sido deportado hace menos de un año busca una segunda oportunidad en Estados Unidos. “Pero por lo que he visto hoy, él ya nos está abriendo las puertas”, agrega esperanzado.

Publicado enInternacional
Naciones Unidas prevé una disminución de la tasa de crecimiento poblacionalFoto María Meléndrez Parada

 

Si no cambiamos hábitos, en 2050 se necesitarían 3 planetas: WWF

 

En los próximos días nacerá un bebé que elevará la población mundial por encima de 7 mil millones, y muy probablemente ese nacimiento tendrá lugar en China o India, dos países con más de mil millones de habitantes.

Nadie está seguro, pues es posible que ya haya 7 mil millones de pasajeros en esta nave espacial que es el planeta Tierra, y no hay estadística que pueda predecir con exactitud cuándo se cruzará esta simbólica cifra.

Naciones Unidas fijó el 31 de octubre como fecha del profético nacimiento, pero como con frecuencia los hechos han refutado las previsiones de los demógrafos, se espera que ese bebé nazca más pronto que tarde.

La tasa de crecimiento de la población ha aumentado a lo largo de la historia. Cuando Jesús nació, se pensaba que unos 300 millones de personas poblaban la Tierra. La marca de los mil millones se alcanzó después de 1800. Sin embargo, en los 11 años del siglo XXI se han sumado mil millones de nuevos habitantes. Y las predicciones sobre el crecimiento futuro de la población se toman ahora con el mismo escepticismo que los avances meteorológicos a largo plazo.

David Bloom, de la facultad de salud pública de Harvard, afirma que la multitud de factores impredecibles obstaculiza tener un panorama global. Entre estos factores figuran enfermedades infecciosas, guerras, avances científicos, cambios políticos y nuestra capacidad para la cooperación global, afirma.

No obstante, se espera que la tasa de crecimiento de la población vaya disminuyendo: para 2050, las previsiones de la ONU oscilan entre 8 mil y 10.5 mil millones de habitantes.

Lo que está claro es que las proporciones variarán entre los países, empezando por las altas tasas de natalidad en Asia y África. India, que actualmente tiene 1.2 mil millones de habitantes, pronto tomará la delantera a China, con 1.3 mil millones, como la nación más poblada del mundo.

Nigeria, el país más poblado de África, cuenta hoy con 162 millones de habitantes, pero verá crecer su población a 750 millones a mediados de siglo.

Otro ejemplo: tanto la industrializada Alemania y Etiopía, en vías de desarrollo, tienen una población de poco más de 80 millones de habitantes. Dentro de 40 años, probablemente habrá 174 millones de etíopes, mientras los alemanes serán sólo 72 millones.

Además, el mundo industrializado está envejeciendo rápidamente. Y esto significa que las relaciones de poder político van a cambiar. Países como China, India y Brasil, con sus 193 millones de personas, cada vez tienen más influencia política.

El peso de las cifras significa más presión sobre la tierra, los alimentos y las fuentes de energía, y cada vez se teme más una lucha por los recursos. Por ejemplo, muchos creen que habrá guerras entre países vecinos por el agua.

La organización medioambiental WWF calcula que, si no cambiamos nuestros hábitos, se necesitarían tres planetas para 2050. En los próximos 40 años tendremos que producir la misma cantidad de alimentos que los creados a lo largo de los pasados 8 mil años, opina Jason Clay, de WWF. Y apunta que todavía se sigue tirando demasiado en el mundo industrializado.

Los más optimistas sostienen que siempre ha habido advertencias apocalípticas sobre las fatalidades del crecimiento de la población, pero aún no se han cumplido. De hecho, avances técnicos y médicos han derivado con frecuencia en resultados más positivos de lo que se temía, no sólo como consecuencia de la píldora y el preservativo, sino de mejoras para la agricultura.

 

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 21 Septiembre 2016 08:26

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

 

Edición 2013.Formato 22 x 27 cm.56 páginas.
P.V.P: $20.000  ISBN:978-958-58826-2-1

 

Reseña:

Estamos en un escenario de luchas, fuerzas y necesidades económicas, políticas e ideológicas que dan nacimiento a un nuevo campo histórico de profundos impactos en la sociedad, del cual no escapan la familia y sus diversas variables.Las transformaciones en la estructura demográfica, por ejemplo el aumento de madres solteras, madres adolescentes, padres solos, familias reconstruidas, familias diversas, familias que no están unidas por parentesco o consanguinidad, son un hecho social incontrovertible, así sigan existiendo múltiples resistencias que persisten en ideas en torno al modelo tradicional de familia, aferradas a valores morales que quieren seguir imponiendo esa moralidad en los ordenes públicos y legales

 


 

Indice.

 

Familias, cambio social y resistencia (Carlos Iván Pacheco)

Mis dudas políticas acerca de la familia como una entidad necesaria a la convivencia social. (Francesca Garallo Celentani)

Cultura, amor y monogamia (Norma Mogrovejo)

Cultura patriarcal, amor romántico y monogamia (Julia Antivilo)

Sexualidad humana y revolución feminista ( Helio Gallardo)

 

Informes-Pedidos:



Transv 22 N 53D-42. Int 102 (Bogotá)

Carrera 48 N 59-52 Of. 105 (Medellín)

E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (todas las ciudades)

Teléfonos: 345 18 08 / 217 89 92 (Bogotà y otras ciudades) / 291 09 69 ( Medellìn)

Whatsapp: 3204835609

Facebook : http://bit.ly/2bwXbER

 

 

 

Publicado enSerie Documentos
Siempre sí llegó Al Qaeda a la Torre Eiffel

Hace exactamente dos años alerté sobre la probabilidad de un operativo de Al Qaeda en la Torre Eiffel ( http://goo.gl/zxYln6 ) con base en "una entrevista de Michael Maloof, experto del Pentágono en la fase del bushiano Ronald Rumsfeld, al cada vez más imprescindible Russia Today ( http://goo.gl/iESPBm )", quien esclarece el empantanamiento de Francia y hasta presagia un epílogo trágico (sic) al presidente Hollande. Maloof pronostica que Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés), a partir de sus reductos en Libia/Malí/Argelia, emprenderá ataques a Europa (¡supersic!).


Fue cuando inquirí premonitoriamente: ¿Al Qaeda en la Torre Eiffel?


El mismo día de la aparición del libro Sumisión ( http://goo.gl/fwujgu ) –significado de Islam: sea por la palabra del Corán, sea por la espada–, que vaticina el ascenso de un presidente mahometano en Francia en 2022, del provocador autor islamófobo hoy escondido Michel Houellebecq, fueron perpetrados varios atentados triplemente repudiables en ese atribulado país: 1) por constituir cobardes asesinatos de inocentes, sean quienes fueren; 2) por cobrar la vida de 12 periodistas del semanario satírico de izquierda Charlie Hebdo, y 3) por desatar una ola de islamofobia en Europa.
El motivo enarbolado por la narrativa unánime de los multimedia occidentales sería una venganza seriada por la profanación y caricaturización del profeta Mahoma, cuya efigie no es dibujable en la religión islámica de corte iconoclasta, en similitud al protestantismo cristiano en referencia a la imagen de Jesús.

La franquicia de Al Qaeda en Yemen reivindicó la autoría de la carnicería que los yihadistas del Estado islámico Daesh/ISIS/ISIL festejaron como héroes ( http://goo.gl/nPiwMP ).

Más allá de las simplistas motivaciones fabricadas por la narrativa políticamente correcta para la catarsis del consumo furibundo, caben dos adicionales hipótesis operativas: 1) si el encuentro inopinado hace un mes entre los presidentes Hollande y Putin en el aeropuerto Sheremétyevo de Moscú indispuso a alguien ( http://goo.gl/uYOyec ) y 2) si el exhorto hace una semana por el presidente galo de levantar las sanciones a Rusia no derramó la gota irascible del vaso logístico anglosajón en Ucrania ( http://goo.gl/driCGw ).


La procedencia rocambolesca de los yihadistas desde Yemen, la otrora Arabia Felix de los romanos, no es menor desde el punto de vista geopolítico: donde se libra una guerra civil teológica entre sunnitas (cercanos a Arabia Saudita) –60 por ciento de la población– y 40 por ciento de hutis/chiítas (apuntalados por Irán) en las fronteras del reino wahabita, principal superpotencia petrolera global que ya inició su delicado proceso sucesorio.


En Yemen –llave metafórica del superestratégico estrecho de Bab Al Mandab: la Puerta de las Lágrimas en el mar Rojo, que conecta el mar Mediterráneo y el canal de Suez con el océano Índico– operan tanto Al Qaeda, que recluta a los desposeídos jóvenes sunnitas desempleados, como los drones y los instructores de guerra de Estados Unidos (EU).


Sin esquivar la parte emocional dolorosa, no se pueden soslayar los datos estructurales que marcan las tendencias del choque de civilizaciones en curso promovido por el nonagenario israelí-británico-estadunidense Bernard Lewis y su fallecido seguidor mexicanófobo Samuel P. Huntington.


¿Por qué existen 6 millones de musulmanes en Francia, en su mayoría norafricanos árabes sunnitas?


Pues por un similar fenómeno al de los migrantes mexicanos –genuinos refugiados económicos– que debido a la globalización financierista y su outsourcing buscan empleo en los países del G-7 por carecer del mismo en sus propios países expoliados económicamente, cuando no bombardeados militarmente desde Afganistán pasando por Irak hasta Libia.


Los musulmanes representan 56 millones, 7.6 por ciento de Europa (¡sin Turquía!), donde prevalece el ocaso de la tercera edad que imita el declive demográfico y económico deflacionario de Japón.

Rusia, de lejos, ocupa el primer lugar con 27 millones de musulmanes, luego Francia (6 millones) y, en tercer lugar, Alemania (4 millones): una implosiva bomba demográfica que ya empezó a detonar y que alguien aprovecha.


¿Rusia es el verdadero objetivo en Europa del teledirigido estallido yihadista –en las versiones hollywoodenses de Al Qaeda y/o Daesh del Estado Islámico–, más que Francia y Alemania, o los tres, con el fin de impedir su interacción geoeconómica y geopolítica?

Hoy la verdadera revolución global es demográfica.

El perfil demográfico del mundo islámico, de 57 países de más de mil 800 millones de feligreses y, por reducción, del mundo árabe, de 22 países (sin contar a los saharauis) de 377 millones –que naufragan en su invierno seudorrevolucionario–, es similar al de México: 50 por ciento de la población eminentemente juvenil es menor de 24 años.


Para los estrategas chinos la primavera árabe –similar al levantamiento juvenil de Hong Kong estimulado por National Endowment for Democracy (NED) y la CIA– fue un artefacto de EU para propiciar cambios de regímenes que avancen su agenda geopolítica.


Yemen cuenta con 26 millones de habitantes ( http://goo.gl/4bzpA1 ) cuyo 62 por ciento (¡supersic!) es menor de 24 años (de 0-14 años: 41 por ciento y de 15-24 años: 21 por ciento) y constituye un país disfuncional con uno de los peores PIB per cápita del planeta –mil 418 dólares: ranking número 187 de 228 países–, cuyos adolescentes carecen de futuro: verdaderos muertos vivientes que no tienen ya nada más que perder y se refugian en una adulterada interpretación de su muy respetable religión y son fácilmente reclutados por Al Qaeda y/o sus afines servicios occidentales de espionaje ( http://goo.gl/pIrXVJ ).


El choque de las civilizaciones de la dupla Lewis/Huntington desemboca ineluctablemente en más tragedias y no se vislumbra cómo pueda aniquilar a mil 800 millones de musulmanes, en su mayoría juveniles, de la faz de la Tierra.


Tampoco se puede eludir que Occidente practica con cierta frecuencia los operativos de falsa bandera ( false flag), como el atentado de Bombay de 2008, que luego resultó imputable a los servicios secretos israelíes ( http://goo.gl/iaTJWe ), lo cual ridiculizó a los zelotes turiferarios del Mossad y avaló mi hipótesis primaria ( http://goo.gl/67Z0JW ).


En medio del dolor y del choque emocional que sufre la población francesa –lo cual favorece el ascenso de Marine Le Pen, del Frente Nacional, que ya se instaló en el año 732 de Poitiers con el legendario estadista franco Charles Martel– no es el momento elegante, políticamente incorrecto, para explotar los perturbadores agujeros negros desinformativos sobre los atentados de Al Qaeda en suelo galo.

Immanuel Kant, uno de los máximos filósofos de Occidente de todos los tiempos, catalogaba al Islam en el siglo XVIII –cuando no estaba en el horizonte el choque de civilizaciones– como la religión de la tolerancia.


¿Sufrió el Islam en el lapso de tres siglos una lamentable transmogrificación o fue el mismo Occidente que la padece por su insaciable expoliación geopolítica?

Esta es la pregunta que deben responder quienes anhelan el diálogo de las civilizaciones y su coexistencia universal.


www.alfredojalife.com
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife
Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Miércoles, 30 Enero 2013 06:54

La maldición de Malthus

Puede que la crisis tenga algo que ver, o que la coincidencia sea solo fortuita, pero últimamente se suceden los pronósticos agoreros sobre el porvenir de la humanidad. Con apenas un día de diferencia, los titulares de dos noticias publicadas la semana pasada en este diario interpelaban directamente a nuestra especie y su capacidad de pervivencia en el planeta: “Los humanos son una plaga sobre la Tierra”, sentencia del naturalista británico David Attenborough sobre el exceso de población, y “que se den prisa y se mueran”, recomendación del ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, a los ancianos de su país para aliviar los gastos en atención sanitaria del Estado.


 
Dejando a un lado la pertinencia de la segunda frase, neutralizada luego con la habitual disculpa de haber sido sacada de contexto, ambos mensajes abundan en una idea fuerza: el control de la población —incluso mediante métodos tan expeditivos como la eutanasia implícita en las declaraciones de Aso— para una adecuada satisfacción de las necesidades básicas mediante los recursos disponibles. O, dicho de otra manera, para el precario equilibrio entre bocas y alimentos, agua y tierra suficientes.


 
Ninguno de los dos mensajes suena a nuevo; al contrario, ambos se amparan en la alargada sombra del malthusianismo, esa alarma lanzada durante la revolución industrial por el pastor Thomas Malthus que preveía la pauperización de la especie humana por falta de recursos, e incluso su desaparición, si no mediaban mecanismos de regulación periódicos como guerras o epidemias.


 
Así pues, Attenborough, premio Príncipe de Asturias en 2009, recoge casi dos siglos después el guante de Malthus y los ecos de la teoría neomalthusiana de la bomba demográfica de los años sesenta para urgir a controlar el crecimiento de la población antes de que lo haga la naturaleza, como ya ocurre en algunas zonas de África golpeadas por la hambruna. Taro Aso, más tradicional, apela a la cultura del haraquiri igual que, en los albores de la historia, la población de algunas sociedades tradicionales esperaba que los mayores, cuando devenían una carga para el resto, se autoeliminaran. Un escenario inquietante, pero demográficamente revelador, que podría sustanciarse en una de las representaciones más dramáticas de la crisis, los suicidios de mayores: “Esas muertes de matrimonios ancianos que se etiquetan como violencia de género pero que resultan ser suicidios, quitarse del medio al sentirse una carga, son claras señales de alerta” de uno de los principales problemas de las sociedades desarrolladas, el envejecimiento de la población, apunta la demógrafa Margarita Delgado, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Pero al procedimiento expeditivo de Taro Aso yo no lo llamaría neomalthusianismo, le pondría una etiqueta más fuerte”, añade.


Para Honorio Manuel Velasco, catedrático de Antropología Social de la UNED, no cabe lugar a dudas sobre el calificativo: “Estos mensajes suenan a Malthus redivivo. Confiar en que uno de los factores es posible de controlar: la supervivencia en un medio ambiente limitado”. Ese control pertenecería a la especie humana, apunta el antropólogo —igual lo hace Attenborough en su advertencia—, “en un estado de cosas que presenta a la naturaleza como si fuera un sistema regulado cuyo control recae en manos humanas”.
 


“Lo cierto es que todo está en manos de la especie humana; también la distribución de los recursos”, añade el catedrático de la UNED, lo que trasciende el planteamiento puramente demográfico e introduce en el debate cuestiones tales como el modelo de crecimiento económico y hasta los derechos humanos, el primero de ellos, a la alimentación. “Pero no estamos ante una crisis planetaria, sino que afecta más a unos que a otros. Las hambrunas, las guerras, son mecanismos de regulación demográfica tradicionales, pero no los únicos; también la frecuencia de las catástrofes”.


 
Pero ni el de Aso ni el de Attenborough son mensajes reduccionistas, “a menos que algunos poderes los aprovechen para erigirse en reguladores únicos; entonces estaríamos hablando de totalitarismo”, explica Velasco. Como la política del hijo único en China, o las campañas de esterilizaciones forzosas en India a mediados de los setenta del pasado siglo, bajo el Gobierno de Indira Gandhi, o en el Perú de Fujimori. Para el antropólogo no cabe llegar tan lejos: “Creo más bien que Attenborough está enviando un mensaje de sensibilización”.

 


Con más de 7.000 millones de habitantes, la Tierra parecería estar a punto de agotarse, pero, según los expertos consultados, no se trata tanto de una cuestión de concepto como de estructura: el reparto desigual de la población y, sobre todo, la distribución inequitativa —vale decir también desproporcionada, injusta— de los recursos. Porque, por ejemplo, con la fortuna de 2012 de los 100 hombres más ricos del mundo se podría eliminar cuatro veces la pobreza global, según la ONG Oxfam International. “Somos muchos si comparamos el número con décadas pasadas, pero lo más importante es la distribución”, sostiene Margarita Delgado. “Han cambiado los equilibrios tradicionales. Europa tenía 728 millones de habitantes en 1995, y África, poco más de 700. En 2000, África superaba los 970 millones, mientras que Europa tenía unos 730. Ser muchos o pocos en un país, depende: en Japón hay más de 120 millones de habitantes, pero nadie lo asocia a la sobrepoblación. Es decir, más que un problema de volumen, estamos ante un problema de estructura: ha descendido la fecundidad en los países más desarrollados y a la vez ha aumentado la esperanza de vida por la reducción de la mortalidad, por lo que la pirámide se ensancha por arriba con el progresivo envejecimiento de la población. El volumen sí condiciona el desarrollo de muchos países —en África, algunos de Asia—, pero en otros casos, como el de España o el entorno europeo, el problema es el desequilibrio entre grupos de edad”.


 
España crece al ritmo de 1,36 hijos por mujer, según los últimos datos de INE (2011). Muchos países del África subsahariana, y algunos en América Latina, tienen una tasa de fecundidad de 4,5 nacimientos por mujer; alrededor de 40 países en el mundo, según la ONU, rondan los cinco hijos por mujer. Aparte de la dirección de los flujos migratorios —una salida natural para un excedente de población sin acceso a recursos básicos—, el crecimiento determina también la viabilidad o la impotencia de numerosas políticas. “Somos muchos en algunos países y en otros se puede considerar que somos pocos”, prosigue Delgado. “El envejecimiento pone en riesgo los pilares del Estado de bienestar. Según el INE, los mayores de 65 años somos ahora el 20% de la población, pero en 2049 serán en torno al 37%-38%. Y la ecuación entre dependientes y activos será cada día más difícil de resolver, ya estamos viendo los recortes en el presupuesto de la dependencia”, concluye la demógrafa, que incide en los casos de mayores que se suicidan —algunos matando antes a sus parejas dependientes o enfermas— como una clara señal de alarma.

 

“Los reguladores históricos de la población han sido las guerras y las pandemias. En el siglo XX, por primera vez en la historia de la humanidad, la población se ha cuadriplicado: de 1.500 millones pasamos a 6.000 [la ONU elevó la cifra a 7.000 en octubre de 2011]; en todos los siglos anteriores ni siquiera se había doblado. Pero la clave demográfica no es una amenaza: un país tan estable como Japón tiene 120 millones de habitantes”, sostiene Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). “Es el contexto sociopolítico y económico el que nos acerca o aleja de la amenaza. Es decir, que estén satisfechas las necesidades básicas, porque, a mayor población, mayor lucha por los recursos. Hoy hay alimentos suficientes para alimentar a la población mundial; el factor belígero es la desigualdad de acceso de la población a los mismos”.


 
Aunque en los últimos años se ha acelerado la convergencia entre países desarrollados y los que están en vías de desarrollo —con desafíos tan claros al predominio de los primeros como la pujanza de los emergentes BRICS—, la desigualdad horizontal entre grupos que conviven en un mismo territorio —es decir, la desigual asignación de recursos— resulta una clave insoslayable para plantear el debate de la sobrepoblación. La competencia por el acceso a bienes escasos —tierra, agua, materias primas— marca la pauta de la supervivencia. “Lo que caracteriza al modelo económico actual es la sobreexplotación de los recursos como si fueran infinitos: tierras de cultivo, agua, fuentes de energía. Pero no lo son. En el mundo, por ejemplo, hay 260 ríos compartidos por dos o más países. Si no hallamos fórmulas de gestión común del agua, el agua será un factor belígero”. La tantas veces anunciada guerra del agua en Oriente Próximo, las construcciones faraónicas en China o la lucha por el control de los acuíferos del este de África son ejemplos de ello.


La hipotética sobrepoblación, pues, funcionaría como el sistema de las matrioskas rusas: el factor demográfico encierra dimensiones como la ecología —el ecosistema humano—, la economía o incluso los derechos humanos, cuando no la amenaza del cambio climático, un fenómeno que no solo hay que leer en clave ambiental. Con la compra masiva de tierras en África, China está introduciendo un desequilibrio fatal en las sociedades nativas. “De Madagascar a Sudán, en connivencia con los Estados locales, la compra de tierra por los chinos provoca el desplazamiento de poblaciones que se quedan sin tierras que cultivar. Son poblaciones que antes se alimentaban de una forma más o menos modesta, pero que al menos podían abastecerse”.


 
La provisión de seguridad alimentaria para evitar conflictos es otra de las patas de este polifacético asunto, igual que la amenaza el cambio climático, “que debemos leer en clave de competencia por los recursos, como una cuestión de desarrollo humano más que ecológica”, sentencia Núñez Villaverde, autor del blog Extramundi en EL PAÍS.


 
Olivier Longué, director general de la ONG Acción contra el Hambre, niega la mayor: la relación directa entre exceso de población y hambre. “El Sahel tiene una densidad de población bajísima, y sin embargo periódicas y graves hambrunas. En un país donde hay democracia no hay hambre; Japón tiene 120 millones de habitantes y no pasan hambre”. En el precario equilibrio entre factores tan volátiles como los que componen la ecuación hambre por falta de cosecha por falta de lluvia, hay factores incidentales que dan un vuelco al escenario, “como la guerra o un desastre natural, que son elementos de ruptura” de la balanza.


 
“El viejo argumento de la demografía como explicación del hambre empezó con Malthus, pero lo cierto es que un europeo o un americano consumen 150 y 200 veces más recursos, respectivamente, que un africano”, añade Longué en referencia a la desigualdad distributiva. “En las declaraciones de Attenborough resuena esa visión religiosa, mística del mundo: hay gente que dijo lo mismo cuando apareció el sida: no solo que era una plaga que castigaba a pecadores, sino también un mecanismo de regulación poblacional”.


 
De hecho, el propio Attenborough nació cuando en el mundo solo había 2.000 millones de habitantes; “cuando la pervivencia del planeta se cifraba en un tope de 900 millones; ahora, los modelos demográficos más pesimistas prevén que en 2050 la humanidad empezará a declinar”, apunta Longué, que plantea una solución para neutralizar la inoperancia de muchos Gobiernos: “Que la gestión de los recursos recaiga en manos de las mujeres; solo la educación de las madres puede revertir la curva demográfica”. Para que sociedades como las africanas, donde los hijos son la seguridad social —la mano de obra para las cosechas y el báculo en la vejez—, puedan desarrollarse y avanzar hacia la convergencia con las sociedades desarrolladas, donde, sin embargo, los viejos son cada vez más un estorbo. A juzgar por las referencias geográficas más repetidas a lo largo de este reportaje, el mapa de la sobrepoblación traza una línea de África a Japón, como casilla de salida y de llegada; como el recorrido de la especie humana desde los albores al ocaso.

Publicado enInternacional

Las mamás de Sun City, un bloque de apartamentos modernos en el centro de Pekín, suelen esperar a que caiga el sol y el calor afloje para sacar a sus retoños al patio. Entre ellas están Li Dong y Wu Yan, dos jóvenes treintañeras que pasan la tarde sentadas en un banco con sus bebés en el regazo y compartiendo la experiencia de ser madres por primera vez. Sus bebés tienen 2 y 3 meses, pero ambas ya sueñan con tener otro. "Ser hijo único es muy solitario", dice Li, entornando sus ojos verdosos, característicos de la etnia mongola. "Y encima, de mayor, tendría que responsabilizarse de cuatro abuelos", añade Wu, pellizcando con cariño el moflete de su hijo. Li y Wu no tienen por qué preocuparse. Una, por pertenecer una minoría étnica, y la otra, al estar casada con un extranjero, no están sujetas a la llamada "política de hijo único", que obliga a pagar una sustanciosa multa a las parejas que deseen tener más de un vástago y que amenaza con acelerar el envejecimiento de la población en el país más poblado del mundo.

Problemas económicos

"La política de hijo único puede acarrear graves problemas económicos y sociales en los próximos años", explica Mu Guangzong, profesor del Instituto de Estudios de la Población de la Universidad de Pekín. Las propias autoridades empiezan a mostrar su preocupación por los efectos de esta política, introducida en 1979 para controlar el riesgo de superpoblación: el rápido envejecimiento de la población, que pone en peligro la creación de un sistema universal de seguridad social y de pensiones de jubilación, y un desequilibrio de sexos cada vez mayor, provocado por una sociedad con preferencia por el varón. Se calcula que la política de hijo único ha fomentado miles de abortos, aunque la identificación fetal del sexo por razones no médicas es ilegal. Según Mu, la proporción de mujeres y hombres en China es de 100/122, cuando lo máximo aceptable sería 100/107.

Frente al problema del envejecimiento de la población, Shanghai la ciudad más poblada de China ha sido la primera en tomar acción y acaba de anunciar la puesta en marcha de una campaña para animar a las parejas en las que ambos sean hijos únicos a que tengan dos niños, informó a finales de julio el rotativo oficial China Daily. El objetivo es aumentar el número de jóvenes en edad laboral y rebajar la carga económica que recae sobre las familias a la hora de mantener a sus mayores.

"Espero que pronto muchas otras ciudades sigan el ejemplo de Shanghai", explica Ye Ting Fang, investigador en la Academia China de Ciencias Sociales (CASS) y defensor de la relajación de la política de hijo único. En 2007, Ye se hizo conocido por presentar su campaña "un hijo está bien, pero dos mejor" ante la Conferencia consultiva del Parlamento chino.

De hecho, la iniciativa de Shanghai no supone ningún cambio en la política de hijo único, que actualmente permite tener dos hijos a las parejas en que ambos padres no tengan hermanos. La regulación también excluye a las minorías étnicas, que pueden tener dos o más hijos, y a la población rural (más de 700 millones), que tienen permiso para un segundo hijo si el primero es niña.

Las autoridades de Shanghai han asegurado que visitarán casa por casa, repartirán panfletos informativos y ofrecerán asesoramiento emocional e incentivos financieros para asegurar que las parejas que cumplan con los requisitos tengan un segundo hijo. Pero esto no es suficiente, según Mu, partidario de que "el Gobierno sustituya la política impositiva por un sistema de planificación familiar adaptado a cada lugar, con atención personalizada para las familias, más educación y ayudas económicas".

Li Dong, la joven madre treintañera, lamenta que "tener un hijo es cada vez más caro". Lo dice mientras deposita su bebé en brazos de su madre. Los abuelos se han convertido en una figura imprescindible para sacar adelante a los niños desde que la mujer china se ha incorporado al mercado laboral. Además, los costes cada vez más elevados de la educación y el nivel de vida impiden que muchas parejas se muestren recelosas a la hora de tener más hijos, aunque cumplan con los requisitos.

"Pequeños emperadores"

Los matrimonios formados por hombres y mujeres sin hermanos son cada vez más numerosos como resultado de tres décadas de la política de hijo único. Se trata de la llamada generación de "pequeños emperadores", jóvenes consentidos, egoístas, con poca habilidad para socializarse y con falta de espíritu independiente, según Ye Ting Fang. "La política de hijo único fue introducida sin tener en cuenta su impacto en el desarrollo psicológico de los niños ni el derecho natural de las personas a reproducirse", opina el experto. Y agrega: "La consecuencia es un entorno familiar insano".

Según las previsiones de la ONU, la población mayor de 60 años en China se triplicará de aquí a 2050, hasta los 440 millones de personas (el 31% de la población total). Se espera que en los próximos 10 años la población de entre 18 y 50 años de edad se reduzca en 100 millones en China. "Eso comporta una gran pérdida de creatividad, productividad y vitalidad para el país", concluye el investigador de la Academia China de Ciencias Sociales.

ANDREA RODÉS - CORRESPONSAL - 22/09/2009 02:30

 

 

Publicado enInternacional