Chile: Mutilación en los ojos, estrategia importada de la represión sionista

“En lo que es una estrategia de mutilación importada directamente de Israel, en apenas dos semanas de protestas Carabineros ha dejado parcialmente ciegas a 157 personas debido a disparos intencionales, una brutalidad de número que no tiene precedente a nivel mundial, donde hasta los medios internacionales están denunciando esta masacre” indica la prensa no oficialista de Chile.

Este sábado se cumplieron 15 días desde el estallido social que vive el país. En este contexto, el director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Sergio Micco, informó una nueva cifra de lesionados. De acuerdo al profesional, hasta las 06:00 horas del sábado, 157 personas han sufrido lesiones oculares. Todas producto de perdigones disparados por Carabineros. Asimismo Micco indicó que como organismo han presentado 179 acciones judiciales; 132 son querellas por torturas y tratos crueles y degradantes. Sobre las lesiones oculares, Micco ya pidió que se realicen los peritajes pertinentes. “Hemos pedido un peritaje para saber la composición de los perdigones; la cantidad de pólvora y la presión que se imprime en su uso. Es un tema que tenemos que estudiar. Es de la mayor gravedad tener a 157 personas con lesiones oculares”, aseveró el director del organismo.

ONU exige el cese del uso de perdigones contra la población

El Sistema de Naciones Unidas en Chile llama a las autoridades a terminar con el uso de proyectiles no letales. A tres semanas del inicio de la crisis social que vive el país, el Sistema de Naciones Unidas en Chile reitera su rechazo a toda forma de violencia y su preocupación por la situación nacional, especialmente por la gran cantidad de muertos y heridos.

En particular, el Sistema de Naciones Unidas en Chile urge a las autoridades a cesar de inmediato el uso de balines y perdigones, que hasta el día de hoy ha causado cientos de heridos y más de 170 traumas oculares, de acuerdo con las cifras oficiales del Instituto Nacional de Derechos Humanos. La utilización arbitraria e indiscriminada de este tipo de armas no letales, constituye una violación grave de los derechos humanos y vulnera el principio de proporcionalidad.

El Sistema de Naciones Unidas en Chile, llama también a alinear las acciones de control de la violencia a los estándares internacionales existentes y que han sido ratificados por el Estado chileno.

El Sistema de Naciones Unidas en Chile, que ha mantenido diálogos con organizaciones de la sociedad civil y del estado se pone a disposición de las autoridades y de la sociedad en su conjunto, para avanzar en medidas que permitan alcanzar la protección de todas las personas y la paz social.

El caso de los niños palestinos mutilados

HISPANtv en un informe sobre los ataques en contra del pueblo palestino, publica: El Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en la Palestina en un informe citado este martes por la agencia palestina de noticias Maan, ha informado que en la actualidad 12 residentes de la ciudad de Al-Quds (Jerusalén) se han quedado ciegos tras haber sido blanco de los disparos de las fuerzas israelíes.

Siete de estos casos, agrega, son menores de 6 años que han perdido al menos uno de sus ojos. El organismo en un comunicado ha denunciado el caso al consejero judicial y el inspector general de la policía israelí.

Haciendo referencia a pruebas consistentes han confirmado que los agentes han recurrido ilegalmente a usar este tipo de armas ya que según las leyes está prohibido disparar con balas de goma contra niños, mujeres embarazadas y ancianos.

Incluso, en las manifestaciones solo se puede utilizar para individuos identificados y apuntar la parte inferior del cuerpo.

Estas restricciones, afirma la entidad palestina, no están bien claras ya que teniendo en cuenta las consecuencias peligrosas de estas balas, no hay una legislación específica en la mayoría de los casos.

De este modo, ha advertido sobre la continuación del uso de esta arma por los militares israelíes y la considera como un signo de la irresponsabilidad de la policía del régimen de Tel Aviv.

Al final, ha urgido a tomar lo antes posible las medidas necesarias para el cese inmediato del uso de armas disuasivas como las balas de goma.

El pasado 1 de abril, Palestina ingresó oficialmente en la Corte Penal Internacional de la Haya (CPI), una membresía que le permitirá llevar a las autoridades del régimen israelí ante este ente, para que sean juzgadas por sus crímenes de guerra o contra la humanidad.

14 noviembre 2019 

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El "éxito" del modelo: endeudar a los chilenos

Había una vez un papá que tenía un montón de plata guardada bajo el colchón, pero que mandaba a sus hijos con los zapatos rotos al colegio. Según la ortodoxia de los economistas que han manejado el Estado hasta hoy en Chile, ese es un papá ejemplar y responsable porque ahorra y no gasta. Había también una mamá que no tenía plata bajo el colchón, pero que necesitaba comprar un remedio para su hijo enfermo, y que decidió comprar ese remedio con su tarjeta de crédito. Según esos mismos economistas, esa mamá es una populista irresponsable. Santificar el ahorro y demonizar el gasto público tiene estos absurdos.

Por eso mi propuesta es heterodoxa. Dado el contexto de la urgencia social destapada en esta fiesta de la democracia que es la manifestación social -otros ven en ella barbarie y la reprimen-, la propuesta de "Agenda Social" del Gobierno es absolutamente mezquina. Es necesario multiplicar por 5 ese paquete fiscal propuesto, de apenas 1200 millones de dólares -que en realidad son 600 millones, porque la otra mitad son simplemente reasignaciones presupuestarias, vale decir, desvisten un programa del Estado para vestir a otro- y para eso debemos romper la regla fiscal del 3%, tomando deuda pública de manera responsable.

Chile tiene una deuda fiscal pública baja, de menos del 40%. Hay economías sanas que deben 100%, 170%. Luego, Sebastián Piñera puede perfectamente, por un tiempo, endeudar conservadoramente al Estado, porque, igual que los padres que deben comprar zapatos, o las madres que deben comprar remedios, los chilenos y chilenas están viviendo un sufrimiento que es inaplazable.

Por lo demás, no es verdad que Chile no esté endeudado. Lo que pasa es que el modelo neoliberal chileno consistió en quitar sus deberes al Estado (salud, educación, pensiones, fiscalización de derechos, etc.), y trasladar esos deberes privadamente a las personas, quienes, para cumplirlos, han debido endeudarse hasta más arriba de la coronilla, y pagar de su bolsillo -y no a través de sus impuestos- por esos derechos que el Estado tiene el deber de administrar y solventar. Las élites achicaron el Estado e hicieron crecer la economía con las tarjetas de crédito de los chilenos y chilenas.

Por eso, un Estado como el chileno pudo soportar que se privatizaran casi todas sus empresas y jibarizarse tanto. Por eso pudieron enriquecerse tanto unos pocos y debieron endeudarse tanto todo el resto. Porque este es un modelo astuto, no inteligente. Tal vez siquiera es un modelo neoliberal, probablemente es simplemente un modelo oligárquico. Se hicieron más ricos no solo privatizando en dictadura las empresas del Estado, sino que, al mismo tiempo, cargaron su fortuna a las tarjetas de crédito de todos los chilenos y chilenas

Pero no basta con esto. Los chilenos y las chilenas me conocen. Fui candidato presidencial 3 veces, por primera vez en 2009, y en todos mis programas mis compromisos fueron: impuesto específico a los súper ricos, nacionalización de las riquezas naturales, descentralización, transformación al sistema de pensiones, de salud y de educación por sistemas públicos, y un largo etcétera, que es ese mismo etcétera está hoy en la calle.

Hoy, más que nunca creo que esas medidas son necesarias, pero también, creo que hay que aprovechar esta coyuntura -de politización de la sociedad- para reordenar las reglas de este juego donde siempre ganan los mismos. Por eso, en paralelo a la reestructuración del gasto público, debemos comenzar también, por otro de los pregones a los que me sumé con fuerza el 2010: La escritura de una Nueva Constitución. El mecanismo es simple y Sebastián Piñera puede empezar ahora mismo si quisiera: a través de un proyecto de ley con discusión inmediata, que reforme la constitución, que deberá ser aprobado en pocas horas por ambas cámaras, y que permita la realización de un plebiscito, que deberá realizarse dentro de los 6 meses siguientes. Para entonces, una asamblea constituyente habrá redactado una Nueva Constitución que será, por fin y sobre todo, legítima. Una constitución política ilegítima, que no representa a nadie es inútil, porque se convierte en un sistema de reglas al que deberás someter al pueblo a través del terror y no de la razón. Y ya basta de terror en las calles de Chile. 

Marco Enríquez-Ominami es ex candidato presidencial por el Partido Progresista en Chile. Grupo de Puebla.  

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Domingo, 10 Noviembre 2019 05:54

Migraciones globales

Migraciones globales

A pesar de las distancias y los diferentes contextos, los procesos migratorios muestran regularidades sorprendentes. Los de carácter explosivo suelen ser detonados en situaciones de guerra o crisis política, como sería el caso de Siria en Medio Oriente y Venezuela en Sudamérica. Millones de personas huyen en periodos muy cortos de tiempo; escapan de una crisis y suelen generar otra en la nación de destino.

En Alemania, por ejemplo, los migrantes sirios y de otros países superaron el millón de personas y pusieron en problemas al gobierno de Angela Merkel. En nuestra región el éxodo hondureño desbarató los controles migratorios de Estados Unidos y puso en peligro la relección de Donald Trump y de rebote en jaque al gobierno de México, que ingenuamente había abierto sus puertas a los migrantes centroamericanos. El año pasado transitaron por el país cerca de un millón de migrantes y 800 mil fueron capturados por la migra. Y lo peor de todo es que los están regresando a México y no a sus naciones de origen, por un mal acuerdo llamado de "protección" a migrantes por supuestas razones humanitarias.

En Colombia también se abrieron las puertas a los venezolanos que huían del caos generado por Maduro. La derecha colombiana, creía que esa medida ayudaría a derrocarlo, pero ha resultado lo contrario, tuvieron que acoger a un millón y medio de migrantes y dar paso a otros 2 millones que se desperdigaron por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Para Maduro cada emigrante es un opositor que se va y una boca menos que alimentar. Son varios millones menos de perniles que tendrá que entregar para que su pueblo festeje la Navidad.

Hace cinco años, Colombia tenía 140 mil extranjeros y de ese año para acá la población foránea se ha multiplicado por 10 y no hay visos de que se arregle el asunto en Venezuela y menos aún de que los migrantes quieran regresar.

En Perú, el defenestrado presidente Pedro Pablo Kuczynski convocó a los gobiernos opositores de Maduro y lideró al Grupo de Lima, consecuentemente abrió las puertas a los venezolanos, ofreció refugio y llegaron 800 mil en menos de tres años.

Pobreza, conflictos, violencia, dictadores y gobiernos fracasados hay en todos los rincones del planeta y a estos factores se les ha llamado de expulsión. Pero también hay otros de atracción, ya lo decía Ravensteim en 1889 en su ensayo sobre Leyes de las migraciones, al referirse a las "luces de la ciudad" que atraen a los migrantes. Todos tienen derecho a buscar la luz y salir de la oscuridad, pero no todos pueden acceder a ella.

En Cuba, la mayoría quisiera vivir en la Habana, allí están los dólares de los turistas, pero no todos tienen derecho a residir en la capital del país, porque las viviendas que controla el Estado no alcanzan para todos, y prácticamente no hay mercado inmobiliario.

En China, los campesinos tampoco pueden ir a vivir a las ciudades, la escasez de vivienda y otros controles limitan el acceso. Son casos excepcionales, pero reales; hay derecho de tránsito, pero no de acceso a la vivienda.

Al derecho de tránsito, consagrado por la mayoría de constituciones nacionales, no le corresponde un derecho paralelo de ingreso a otro país. Ese derecho lo otorga la nación de destino a los que cumplen ciertos requisitos. Y las excepciones corresponden al derecho de asilo, por persecución política o refugio porque la preservación de la vida en el país de origen está amenazada o por tener una condición de apátrida. En términos generales, estás convenciones forman parte de un acuerdo social compartido por muchos países.

Al mismo tiempo, el sistema de Estado-nación, en el que estamos inmersos y del cual no podemos escapar, u obviar, limita a los ciudadanos buscar oportunidades o mejores condiciones en otras naciones. Limitaciones que son menores para los ciudadanos de países centrales y son muy grandes en los de la periferia. En otras palabras, las disparidades entre naciones ricas o pobres, países del norte o del sur.

Donde no hay acuerdos formales entre naciones es sobre la migración en tránsito. Por lo general los países dejan pasar a los migrantes y se hacen de la vista gorda porque su ingreso fue irregular. El problema radica en la "última" nación de tránsito, como sería el caso de México, donde la presión se concentra en la frontera norte y en la relación con Estados Unidos que viene a ser el país de destino al que todos quieren llegar. Por eso Washington presiona para que México acepte la condición de tercer país seguro.

En el siglo XXI se puede caracterizar por la presión migratoria contenida a escala global por los controles y limitaciones que imponen los estados-nación. Los migrantes, por su parte, no sólo exigen sus derechos, sino que tienen un potencial disruptivo que pone en cuestión al Estado-nación al que quieren llegar.

Es el caso de los cientos de migrantes africanos y extracontinentales confinados en Tapachula, Chiapas, o los miles que esperan en Pas de Calais, en Francia y otros campamentos. Unos quieren llegar a Estados Unidos y otros al Reino Unido. Pero permanecen en un limbo legal. No quieren quedarse ni en México, ni en Francia, pero no pueden entrar a Estados Unidos o a Inglaterra.

Un problema que no tiene fácil solución.

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Sábado, 09 Noviembre 2019 06:14

El derecho de vivir en paz

Pintada en una pared de Santiago de Chile, año 2008. Imagen: Andrés Osojnik

Lo que pasa en Chile está más visto que contado. No cesan los relatos visuales escalofriantes, a su vez documentos sobre la represión descontrolada que castiga a hombres, mujeres, ancianos, niños, estudiantes, discapacitados; que castiga sin relación entre el balazo y el castigado. Lo que pasa en Chile nos envía también a nosotros al recuerdo de las épocas más oscuras y salvajes del siglo XX. Lo que vemos además nos reconfirma que la pelea con los grandes medios no fue un episodio argentino de la década pasada, sino que se trata de un dispositivo de blindaje que existió siempre, pero hace poco que tenemos conciencia colectiva de que los grandes medios, cuando se concentraron, fue para ser una pata más del neoliberalismo.

Los medios no sólo han actuado sólo contra los chilenos: le han ocultado al mundo qué había atrás de aquello a lo que le hacían propaganda. Y seguimos sin ver nada de Haití, seguimos sin coberturas sobre el genocidio por goteo en Colombia, no tenemos idea de lo que pasa en Africa. El nuevo intento de golpe en Bolivia se hizo visible también por las redes, en videos movidos, mostrando una de las escenas más bárbaras y asquerosas que puedan concebirse, con la alcaldesa de Vinto retenida por la turba de la derecha, vejada, golpeada, teñida de rojo. El odio es profundo y está acicateado, estimulado y otra vez quieren muertes. Y uno piensa, mientras escucha a los chilenos cantar de a miles El derecho de vivir en paz, que sí, que basta ya, que se traguen su odio y que se calmen, que a veces se gana y a veces se pierde, y que si pierden que soporten, como acabamos de hacer en la Argentina, a gobiernos que detestan. Pero la derecha no soporta no ganar. Y derroca, invade, injuria, encarcela, censura, miente, roba, mata.

Sin embargo, lo que pasa en Chile no viene sólo con el olor de la opresión, sino también con el perfume de las primaveras. Por muy poco menos que esto la prensa mundial habló de la primavera árabe, que terminó siendo su propio reverso. Y es una confesión de parte que los medios hoy no hablen de la primavera chilena: ven vándalos donde, cuando a sus mandantes les convenía, veían pueblos rebelándose contra la tiranía. Entendámoslo: el neoliberalismo es una forma de tiranía.

Lo que pasa en Chile viene con el olor turbio de la opresión, pero también con el perfume de aquella resistencia que, como en Chile nunca fue reivindicada institucionalmente, reaparece ahora con una fuerza acojonante. Ver tocar ante una multitud a la Sinfónica de Chile los temas de Víctor Jara es un fenómeno de renacimiento. Lo reprimido, lo aplastado, lo hundido a sangre y fuego por la vara de la normalidad de los militares y la elite, retoma su énfasis en un pueblo que hoy es otro y es el mismo. Eso es un pueblo, una cadena transgeneracional que conserva el fuego de su identidad encendido aun en las peores circunstancias. Hay varias generaciones que no son contemporáneas a Víctor Jara. Pero la cultura popular también tiene sus clásicos, que son los que en cualquier latitud, en cualquier idioma y en cualquier época expresan lo que necesita cantar el pueblo para hacer comunión con sus emociones. Y uno ve pibes de secundario cantar sus letras y entonar sus melodías, y ve y escucha un Te recuerdo Amanda que son ellos mismos, que son los de antes y los de ahora y serán los de mañana. La identidad chilena que fue condenada guardó sus íconos y sus tótems. Guardó su espíritu.

Decían que la historia había muerto. En uno de los lugares donde anclaron esa idea fue en Chile. Que la historia había muerto significaba que habían implantado un orden inmodificable. Y a ese orden le llamaron, desde entonces, “normalidad”. Atrás quedaban los crímenes de Pinochet. Como en España los de Franco. Durante décadas los impulsores del fin de la historia nos aturdieron con los magníficos atributos del Pacto de la Moncloa y con la Concertación chilena. El modelo exitoso que nunca acercaba el foco a la población de Chile sino que mostraba planillas con números. Cada tanto las revueltas eran tan grandes, especialmente las de los estudiantes y las de los mapuches, que teníamos noticias pero luego se apagaban, porque había vuelto la “normalidad”.

Esa normalidad incluye y siempre incluyó el abuso de poder. Chile hasta ahora ha sido un gran abuso, como lo han sido los últimos cuatro años argentinos. Somos pueblos abusados por elites. Están convencidas de su supremacía. No hay supremacía posible si no se aplasta a otro. Y el otro de las elites es el 99 por ciento de la población. Pero al parecer hay una sincronía histórica que nos hace vivir a muchos pueblos al mismo tiempo un despertar de lo que parecía la vigilia y era un ensueño, un folleto, una cáscara, la publicidad de un producto que éramos nosotros mismos, vendidos como trabajadores baratos.

El Chile que vemos muestra a un gobierno y unas fuerzas de seguridad cometiendo a los ojos del mundo un monstruoso delito de lesa humanidad contra todo el pueblo chileno. Se pueden pretextar asesinatos diciendo que fueron enfrentamientos, se pueden justificar represiones salvajes diciendo que hubo vándalos, pero allá ya son más de veinte las denuncias comprobadas de violaciones a mujeres y homosexuales detenidos. Es algo que no es nazismo ni fascismo pero que pertenece a esa familia de regímenes de bajos instintos morales: es el neoliberalismo defendiéndose en el poder.

La dignidad, la claridad conceptual y la conciencia política con la que el pueblo chileno ha salido a la calle tienen mucho que ver con haber preservado, como vemos, la memoria. No tuvieron juicios a genocidas, como aquí, pero preservaron la cultura que les dejó esa generación, y con Víctor Jara hoy cantan los vivos y los muertos.  

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Ministro de Defensa de Colombia presenta su dimisión tras escándalo por la masacre de ocho menores de edad

Las muertes ocurrieron en el marco de un operativo del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (CCOES) de las Fuerzas Militares de Colombia.

El ministro de Defensa de Colombia, Guillermo Botero, renunció este miércoles luego de haberse difundido información sobre la muerte de ocho menores de edad tras un bombardeo en una zona de San Vicente del Caguán (Caquetá), en el sur del país. 

"El día de hoy en reunión con el señor presidente de la República para analizar la actual coyuntura política, se acordó que lo más conveniente era presentar renuncia al cargo de ministro de Defensa Nacional", reza un comunicado oficial de su despacho.

Tras aceptar la renuncia de Botero, el presidente Iván Duque informó a través de su cuenta de Twitter que el general Luis Fernando Navarro, actual comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, será el nuevo ministro de Defensa. 

En medio del escándalo político, Duque destacó los supuestos logros durante la gestión de Botero, entre los que enumeró el "freno" al crecimiento de los cultivos de coca y la reducción del delito de homicidio en 2%. 

Este miércoles, la Fiscalía General de la Nación detalló que de los 15 cuerpos identificados por equipos forenses tras el bombardeo en Caquetá, 8 eran menores de edad y 7 adultos. Otros dos cadáveres permanecen sin identificar.

La dependencia informó que el fiscal del caso ha autorizado la entrega a familiares de 10 cuerpos identificados. 

La operación 

El 30 de agosto, Botero informó a través de su cuenta de Twitter que habían muerto nueve integrantes de los Grupos Armados Organizados Residuales' (GAO), como también son llamados los grupos disidentes de las FARC-EP. "Los delincuentes están advertidos: se entregan o serán vencidos", agregó en su trino.

Días después, el ministro de Defensa actualizó la cifra a 14 personas fallecidas, entre los que se encontraba 'Gildardo El Cucho', quien presuntamente pertenecía a los grupos armados residuales. Esta operación, que fue la primera acción de los cuerpos de seguridad del Estado, tras el anuncio del prófugo de la Justicia colombiana Iván Márquez y un grupo de guerrilleros de regresar a las armas, fue resaltada como una victoria del Gobierno de Duque.

Sin embargo, el pasado martes, durante una moción de censura contra el ministro, el senador del Partido Social de Unidad Nacional, Roy Barreras, presentó un informe de Medicina Legal que puso en entredicho la versión oficial. 

"Usted le escondió a Colombia que ese día de septiembre bombardeó a siete niños", afirmó Barreras, presidente de la Comisión de Paz del Senado. Además, el legislador advirtió que esa cifra podría incrementarse debido a que cuatro cuerpos "llegaron tan despedazados" y las pruebas forenses solo pudieron establecer que tres tenían menos de 20 años.

Después del informe presentado por el senador, Botero alegó que las operaciones militares "siempre se realizan de acuerdo de estándares internacionales de derecho humanitario" y aseguró que cuando se llevó a cabo la operación, "no se sabía la presencia de menores".

Botero, quien llevaba 14 meses de funciones, adujo que ese tipo de operaciones "tienen control judicial y estaban soportadas en investigaciones de dos fiscalías".

Publicado: 6 nov 2019 23:48 GMT | Última actualización: 7 nov 2019 04:29 GMT

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Lunes, 04 Noviembre 2019 06:44

5 mil 460

Migrantes celebraron el fin de semana el Día de Muertos con una protesta afuera de un supermercado Whole Food en Brooklyn, Nueva York, para exigir que Amazon (propietaria de la cadena de tiendas) corte los lazos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y el Departamento de Seguridad Nacional.Foto Afp

El régimen de Trump –según cifras oficiales– ordenó y realizó el secuestro de más de 5 mil niños migrantes. El presidente y los encargados de implementar esa medida, desde su gabinete hasta los jefes de agencias migratorias, y los oficiales que físicamente cumplieron las órdenes de arrancar a los niños de los brazos de sus padres, todos siguen impunes ante el mundo.

Los niños fueron separados cuando sus familias intentaban ingresar a Estados Unidos sin documentos y desaparecieron durante días, semanas y meses con la llamada política de "cero tolerancia" diseñada e implementada por este régimen.

Fue por una demanda legal de la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) que resultó en una orden judicial del juez federal Dana Sabraw, hace 16 meses, lo que obligó al gobierno a identificar el número de niños afectados para que fueran reunificados con sus familias.

El régimen de Trump primero reveló hace meses que eran 2 mil 814 niños los afectados por estas medidas. Hace una semana, casi año y medio después de la orden judicial para contabilizar a todos, resulta que detectaron otros mil 556 niños que habían separado de sus familias. La mayoría tenían 12 años o menos; unos 300 de ellos tenían sólo cinco años o menos. De los mil 556 recién revelados que fueron separados entre julio de 2017 y junio de 2018, cinco de ellos no habían cumplido un año de edad, 26 tenían un año, 40 tenían dos años, 76 tenían tres y 60 tenían cuatro.

Más aún, el gobierno informó que había separado a otros mil 90 menores supuestamente por protegerlos de padres abusivos, algo que disputan abogados.

O sea, en total, por lo menos 5 mil 460 niños fueron separados de sus familias por el régimen de Trump. Estas son las dimensiones de esta crueldad.

¿Como es posible justificar tal barbaridad?

El régimen de Trump se atrevió a decir que era para proteger el bienestar de los niños al disuadir a sus familias de intentar hacer ese peligroso viaje, al mostrar que sólo les esperaba la separación y detención de sus hijos (el gobierno de Obama justificó medidas –aunque menos extremas– contra el flujo de menores con un argumento parecido).

Otros son más sinceros: la razón por la crueldad es aterrorizar. Hasta cristianos conservadores cercanos a Trump afirman que las separaciones familiares son "un castigo apropiado" para los que deciden ser "inmigrantes ilegales" según Ralph Drollinger, pastor que se encarga de enseñanza de la Biblia al gabinete de Trump.

¿Pero cuál es la justificación de los gobiernos, partidos, organizaciones del mundo de no presentar cargos contra Washington por abuso, secuestros, tortura y tráfico de los hijos del mundo, incluyendo sus propios ciudadanos –en su mayoría latinoamericanos– que han tenido que padecer este tratamiento inhumano?

Todos han visto a sus niños en jaulas y los reportajes –algunos extraordinarios– en los medios, los reportes de organizaciones de derechos humanos y los informes de los pediatras que han denunciado el trauma y daño permanente que esto ha causado en miles de niños.

¿Y ese silencio de todos aquellos que se congratulan de haber ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño (por cierto, el único país que no ha ratificado la convención es Estados Unidos) y otras relevantes de las cuales les encanta hablar en instancias multilaterales como la ONU y esa OEA tan preocupada por los derechos, aunque sólo en ciertos países?

Seguramente algunos explicarán, como siempre, que es más importante la diplomacia pragmática y no entorpecer otras prioridades como acuerdos de libre comercio, inversión e iniciativas de "cooperación" y evitar provocar problemas con este régimen. A ver quién le explica eso a los niños que todos dejamos abandonados.

A pesar del ruido de algunas condenas y reprobación de diversos sectores y organizaciones civiles dentro y fuera del país, no hay consecuencias para los responsables.

Eso no es culpa de ellos, es culpa de todos nosotros aquí y en el mundo. ¿No es hora de aplicar la cero tolerancia a Washington en nombre de estos 5 mil 460 niños?

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Ciudadanos iraquíes durante una de las protestas recientes para exigir al Gobierno mejores servicios y empleos. EFE

Desde que comenzaron las protestas en Irak a principios de octubre han fallecido más de 250 personas

Los hombres de las milicias, muchas apoyadas por Irán, se han metido dentro de los servicios de seguridad y juegan un papel fundamental en la represión

 

Ciudadanos iraquíes durante una de las protestas recientes para exigir al Gobierno mejores servicios y empleos. EFE

En el parque Al Umma del centro de Bagdad, un pequeño grupo de hombres en el que también había dos mujeres debate bajo los viejos eucaliptos. El tema de discusión es la forma de expresar las demandas de los miles de manifestantes que este mes han salido a las calles de las ciudades iraquíes.

"Quemar los camiones del ejército no nos ayuda, sólo sirve para que el Gobierno nos acuse de vándalos", afirma un joven. "Si yo te doy 17 RPG [lanzagranadas] y quemas este edificio, ¿en qué medida puede eso ayudarnos con nuestras demandas?".

Otro hombre aboga por derrocar el Gobierno y se forma un corro de gente a su alrededor. "¿Quién ha dicho que puedes hablar por todos?", grita un tercero. En seguida, todos comienzan a corear ‘nadie nos representa’ y ‘fuera, fuera, Irán’, en referencia a los partidos islamistas que gobiernan Irak con el respaldo iraní.

Es un debate caótico, ruidoso y sin líder, igual que las manifestaciones que tienen lugar fuera del parque. Aunque en su mayoría son jóvenes de 20 años, en el grupo también hay dos viejos comunistas con boinas del Che Guevara.

Al final, la multitud se pone de acuerdo en una lista de demandas que un joven barbudo y con gafas lee desde los escalones del monumento a la Libertad de Bagdad: "Dimisión del Gobierno, nuevas elecciones, un cambio en la ley electoral y, lo que es más importante, que todos las autoridades del gobierno sean juzgadas". La multitud aplaude, levanta los teléfonos móviles y queda convocada la manifestación en la plaza Tahrir.

"Los que no quieran avanzar, que vuelvan a casa"

La última erupción de protestas de Irak estalló el 1 de octubre con un llamamiento por Facebook. La chispa fue el despido de un general muy popular por su trabajo en la guerra contra ISIS, pero la razón de fondo es el profundo malestar que hay con una oligarquía religiosa corrupta, un régimen burocrático que no funciona y un primer ministro, Adil Abdul-Mahdi, que no ha cumplido ninguna de las promesas de campaña después de un año en el poder.

En gran parte respaldados por Irán, los partidos religiosos dominan la escena política. Para la generación de jóvenes crecida en los 16 años posteriores al derrocamiento de Sadam Husein, las palabras elecciones y democracia representativa se han convertido en sinónimos de corrupción y de abuso de privilegios por parte de los diputados.

Rico en petróleo, Irak tiene ingresos de cientos de miles de millones de dólares pero la vida de muchos de sus ciudadanos es similar a la de los países árabes más pobres por el desempleo, el derrumbe del sistema de salud y la falta de servicios.

Bagdad pareció llegar al borde del abismo en las protestas del 5 de octubre. A menos de dos kilómetros de la plaza Tahrir, un adolescente de camiseta amarilla, pantalones cortos y chanclas caminaba lentamente por un paso elevado mientras un policía con su Kalashnikov lo expulsaba del lugar.

Finas columnas negras de humo subían retorciéndose hacia el cielo mientras una multitud de jóvenes y adolescentes marchaba hacia la plaza. Los policías disparaban al aire pero la gente seguía adelante ondeando pancartas chiíes y banderas iraquíes.

Los neumáticos empezaban a arder y aumentaban los disparos hasta convertirse en un ruido ininterrumpido. El humo blanco de las bombas de gas lacrimógeno, cada vez más frecuentes, se mezclaba con la espiral negra del caucho en llamas. Los jóvenes iban y venían, obligados a retroceder por el fuego pesado de las ametralladoras y del gas lacrimógeno.

Decenas de pequeños 'tuk-tuks' hechos a partir de motocicletas de tres ruedas se mueven en medio de la carnicería sacando de allí a los heridos. En la parte de atrás de uno amarillo, un hombre despatarrado con dificultades para respirar.

Un joven bajo y delgado con una cuidada barba pelirroja increpa a la gente. "¿Por qué os quedáis ahí detrás?", grita a unos hombres que se habían parapetado detrás de la barandilla del puente. "Los que no quieran avanzar, que vuelvan a casa".

El hombre de la barba pelirroja dice llamarse Jawdat y ser un excombatiente del grupo paramilitar Hashd al-Shaabi. Creado en 2014 a partir de grupos voluntarios de lucha contra ISIS, Hashd al-Shaabi ha recibido la capacitación y el apoyo de Irán.

Jawdat dice que su hermano, muerto en la guerra contra ISIS, también era un oficial del grupo. "Luché en el Hashd, incluso fui a luchar a Siria, pero ¿qué obtuve de este Gobierno? Nada, mientras que los políticos de la Zona Verde [el área más segura y fortificada de Bagdad] impiden cualquier intento de reformar el Estado".

Las ambulancias corren de un lado a otro transportando a heridos y muertos. Sólo en esas manifestaciones del 5 de octubre perdieron la vida 20 personas.

Durante seis días de protestas, el primer ministro, Abdul-Mahdi, apareció en la televisión todas las noches. Con voz suave, prometía crear puestos de trabajo, entregar viviendas baratas y terminar con la corrupción. Pero mientras él hablaba los jóvenes desarmados eran asesinados buscando refugio tras barreras de cemento o manifestándose en las calles con sus banderas al viento. En al menos un caso, hubo francotiradores apostados en edificios participando en las matanzas.

Los activistas y periodistas han sufrido múltiples intimidaciones, con decenas de ellos huyendo de Bagdad tras recibir amenazas por teléfono. Se han cerrado medios de comunicación y cadenas de televisión y es normal ver a oficiales vestidos de civil deambulando por las salas de los hospitales para arrestar a los manifestantes heridos.

"Los médicos acababan de curar mi herida, pero cuando los agentes entraron al hospital en busca de manifestantes me dijeron que me fuera rápidamente", cuenta un joven convaleciente en su cama. Tres días después de un balazo en una calle de las inmediaciones de la plaza Tahrir, la herida todavía sangraba. Hasta el día 7 de octubre se contabilizaron más de 106 personas muertas y 6.000 heridas.

"Irán no quiere nada que ponga en riesgo su posición"

A principios de mes, el tamaño de las manifestaciones estaba dentro de lo normal. Lo sorprendente fue la virulencia de la respuesta. Según muchos analistas iraquíes, la violencia se debe a que el régimen se siente atacado. Según otros, la razón está en que a las milicias proiraníes les preocupa que el auténtico objetivo de la protesta sea socavar el poder de Teherán. "Irán no quiere nada que ponga en riesgo su posición aquí y por eso la reacción ha sido tan dura", explica un oficial de inteligencia del Ministerio de Interior.

Muchos de los partidos iraquíes tienen vínculos con Irán y con las milicias originadas en ese país. Una más de las secuelas de la guerra de 2003, cuando Teherán respaldó a la nueva y poderosa mayoría chií que antes había sido reprimida por el régimen baazista del gobierno suní de Sadam.

Después de que un bloque de diputados vinculado al clérigo Moqtada al-Sadr anunciara este fin de semana que retiraba su apoyo al primer ministro, el partido que ha quedado como principal sustento de Abdul-Mahdi es precisamente Fatah, el brazo político de Hashd al-Shaabi.

Los hombres de las milicias se han metido dentro de los servicios de seguridad y juegan un papel fundamental en la represión. Los manifestantes dirigen su rabia especialmente contra esas milicias, que para ellos representan el control iraní sobre el Gobierno de Irak.

En una de las noches de protestas, un alto mando del ejército sin armas ni barba se detuvo frente a una multitud de jóvenes para pedirles que se dispersaran. "Puedo dejarles bajar y marchar hacia la plaza Tahrir", dijo señalando a las columnas de humo que se elevaban hacia el cielo. "Pero juro por Alá que los milicianos y los francotiradores los matarán". La multitud le respondió con enfurecidos cánticos contra Irán.

"Nuestra alma, nuestra sangre, nos sacrificamos por ti"

El viernes pasado comenzó la segunda ola de manifestaciones. La muchedumbre agitaba banderas iraquíes y cantaba "nuestra alma, nuestra sangre, nos sacrificamos por ti, Irak". Al menos 74 personas murieron en dos días y cientos resultaron heridas. Contando con ellas, el número total de víctimas fatales desde principios de mes ya supera las 250.

El domingo, el servicio antiterrorista de élite de Irak comunicó que había desplegado sus efectivos en Bagdad para proteger los edificios estatales importantes de "elementos indisciplinados".

Los manifestantes que durante el fin de semana pasado se mantuvieron en la Plaza Tahrir, epicentro de las manifestaciones, se unieron este lunes a miles de estudiantes que se saltaron las clases de universidades e institutos. Las fuerzas de seguridad dispararon gas lacrimógeno y granadas cegadoras para impedir que cruzaran un importante puente de comunicación con la Zona Verde, sede de las embajadas y las oficinas del Gobierno, y el ejército anunció que impondría el toque de queda en la capital.

El lunes también hubo marchas de jóvenes manifestantes en las ciudades sureñas de Nasiriyah, Hillah y Basora. Incluso en la ciudad sagrada de Najaf salieron a la calle decenas de jóvenes clérigos en formación. En Kut hubo que cerrar la mayoría de las oficinas gubernamentales por falta de personal y en la ciudad sagrada chií de Karbala, un pistolero enmascarado abrió fuego contra los manifestantes. Entre la noche del lunes y la mañana del martes, mató a 18 personas y dejó heridas a cientos. Hasta la fecha, ha sido uno de los ataques más letales.

"Hemos dado órdenes estrictas a nuestros hombres de ir desarmados y presentarse sin armas entre los civiles porque no queremos ser acusados de matar a los manifestantes", señala un joven y agotado agente de inteligencia sentado en un pequeño turismo japonés cerca de la Zona Verde. Es parte de la mesa de operaciones del Ministerio de Interior desde el comienzo de las manifestaciones.

"La gente que disparó a los manifestantes [a principios de octubre] formaba parte de las milicias Khorasani y Badr [de mucho poder, tienen el apoyo de Irán]. Los comandantes de estas milicias los han controlado desde el principio", cuenta. "A finales de septiembre, antes del inicio de las manifestaciones, recibimos un telegrama urgente y secreto informándonos de la presencia dentro de la Zona Verde de pequeñas unidades de la Guardia Revolucionaria Iraní. El poderoso político iraquí Hadi al-Amiri y el jefe de la milicia Khorasani estaban con ellos".

Según el oficial de inteligencia, los comandantes de las milicias iraníes e iraquíes llevan dirigiendo la respuesta a las manifestaciones desde el 1 de octubre. "Estas milicias se han convertido en el instrumento para oprimir las manifestaciones y lo siguen siendo, esto ya es algo público que se hace a la luz del día", denuncia.

En un país donde se suceden las revoluciones, las guerras y las revueltas, el Gobierno, los partidos religiosos y las milicias apoyadas por Irán están obsesionadas con la posibilidad de un golpe de Estado. Acusan a los manifestantes de ser conspiradores y exmiembros baazistas. Según esa interpretación, la embajada estadounidense y los Estados del Golfo están alentando las protestas para derrocar al Gobierno chií de Irak.

"Mira a la gente que te rodea", señala un abogado de 23 años en la ciudad de Sadr, a las afueras de Bagdad. Es una noche de principios de octubre y las balas silban sobre su cabeza mientras decenas de niños se agachan para esconderse en un pequeño callejón. "¿Crees que la embajada americana sabe que ese callejón existe? Todos estamos sin trabajo, yo terminé la carrera de Derecho hace tres años y aún no he encontrado empleo".

Desde el frente traen a un joven con la pierna empapada en sangre. Un montón de neumáticos incendiados lanza grandes llamas hacia al cielo. "Estas son las mejores manifestaciones desde 2003", señala el abogado. "Todas las manifestaciones anteriores fueron organizadas por Moqtada al-Sadr o por los secularistas, pero este es un auténtico levantamiento popular y sin líderes".

Ghaith Abdul-Ahad - Baghdad

01/11/2019 - 21:03h

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Viernes, 01 Noviembre 2019 05:51

La represión recrudece a la noche en Chile

La represión continuó en las calles de la capital chilena. Imagen: EFE

Las manifestaciones espontáneas se sucedieron en Palza Italia, tradicional epicentro de las marchas masivas en contra del gobierno.

Las leyendas en aerosol en las fachadas de los edificios, bombas textuales para el presidente, los pacos, algunos deseos. Los trajes impermeables cubriendo de pies a cabeza. Máscaras, maquillaje. Sombreros de bruja. Cascos, antiparras, pañuelos, barbijos. El sonido constante de cacerolas y silbatos, algún cántico. La interrupción repentina del estruendo del gas lacrimógeno o la dispersión a la que obliga el camión hidrante. La represión recrudece a medida que avanza la noche. Los carabineros se ubican en la boca de la estación de metro Baquedano, donde funcionó un centro de tortura. Los de veintitantos, los que no tienen en el cuerpo la memoria de la dictadura --tal vez los que menos miedo tengan-- son mayoría esta tarde en la zona conocida como Plaza Italia. Es una manifestación espontánea, algo de lo más habitual por estos días, que suele iniciarse a las 17.


En la escena se mezclan vendedores de comidas varias y cervezas, jóvenes de cabellos de colores que circulan en rollers y bicis, la épica imagen de un chico trepado al caballo del monumento que homenajea al general Baquedano. Desde lo alto flamea la bandera nacional. Hay muchas mapuches, también. Un muchacho toma un megáfono para dedicar un poema al “Negro matapacos”, un perro fallecido, ligado al movimiento estudiantil. No hay un único reclamo: patriarcado, bajos salarios, dificultades para estudiar, el monocultivo, la falta de camillas para enfermos son apenas algunos de los blancos. Cientos de motos irrumpen de pronto en la Alameda; ruidoso ritual contra el negocio de TAG en las autopistas. Un vendedor de empanadas y masas rellenas dice que trabaja y de paso apoya “a los chiquillos”. “Tuvo que llegar el caos para que nos tomaran en cuenta”, sentencia el asfalto, también copado por mensajes de aerosol.


Varios de los presentes marcharon más temprano hacia el Palacio de la Moneda. Constanza, 23 años, estudiante, tiene las manos manchadas de rosa. Acaba de dedicar lo opuesto a un piropo a la Policía. Aunque ya no hay militares en las calles la violencia continúa. Hay quienes postulan que los gases contienen sustancias más dañinas. “Nos manifestamos pacíficamente. Tengo muchos amigos a los que les han llegado perdigones, que han perdido ojos. Nuestro único derecho en Chile es poder elegir, pero teniendo plata”, expresa. No es la única que piensa que los jóvenes tienen un “deber” en estos tiempos. Invitar a “que esto se siga moviendo”. “Nos obligan a regresar con piedras. No es lo que queremos”, asegura Lucas.


Para Javiera es todo muy fuerte “emocionalmente”. El primo de una amiga suya ha desaparecido en Puente Alto. “Nadie esperaba un estallido social. Pero tenemos que decantarlo bien”, se esperanzan Constanza y Jorge. Lo que aparece en el horizonte como deseo –además de la renuncia de Piñera-- es una asamblea constituyente que engendre una nueva constitución, para desplazar a la heredada de la dictadura y que “las necesidades básicas de la población” queden garantizadas desde el Estado.

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La muerte de Marielle salpica a Bolsonaro  

Según el portero del condominio donde vivían Bolsonaro y el acusado por el asesinato, el presidente habría autorizado el ingreso de un supuesto cómplice del acusado poco antes del crimen.

 

Son conocidos desde hace mucho los vínculos de uno de los hijos de Jair Bolsonaro, el hoy senador Flavio, con las “milicias”, como son conocidos los bandos integrados por policías, militares retirados y hasta bomberos, y que dominan, a base de la violencia extrema, vastas áreas de Rio de Janeiro y municipios vecinos.

Son frecuentes y extremamente violentas las disputas con narcotraficantes por el control de territorio, frente a la visible ineficacia, cuando no complicidad, de las fuerzas policiales.

Es igualmente conocida la admiración del actual presidente por esas bandas criminales. Buen ejemplo de eso se registró en sus tiempos de diputado nacional: Bolsonaro llegó a ofrecerse, en una frase de humor más que dudoso, para despachar algunos milicianos a Bahia, cuando la provincia vivía un brote de asaltos.

El ex policía militar de Rio Fabricio Queiroz, mano derecha de Bolsonaro a lo largo de décadas y estrechamente vinculado a su hijo Flavio, facilitó siempre el acceso del hoy senador y hasta el año pasado diputado provincial en Rio a milicianos y vice-versa. Flavio distribuyó varios cargos de asesor de su despacho de diputado a familiares de notorios milicianos. Queiroz retenía la mayor parte de los sueldos de esos supuestos asesores, la mayoría de los cuales jamás aparecieron en el trabajo, y se sospecha que ese dinero era reenviado al hoy senador.

Como para subrayar esa cercanía, en el condominio de Barra da Tijuca, un barrio de nuevos ricos de Rio donde está la casa de Bolsonaro, vivía, a metros de distancia, el ex policía militar Ronnie Lessa, preso por sospechoso de ser el autor de los disparos que asesinaron a la entonces concejala de Rio Marielle Franco y su asistente y chofer, Anderson Gomes.

Hay fotos de los dos vecinos, Bolsonaro y Lessa, imágenes que, más que sugerir, indican fuerte cordialidad entre ambos.

Nunca antes, sin embargo, había surgido – siquiera en insinuaciones vagas – alguna cercanía entre Bolsonaro y el crimen que sacudió a la opinión pública brasileña y cuyos mandantes nunca fueron identificados.

En la noche del pasado martes el programa Jornal Nacional, de la red Globo de Televisión, el de mayor audiencia en Brasil, contó en un reportaje que el portero del condominio donde Bolsonaro y Lessa tienen casas había declarado que alrededor de las cinco y diez de la tarde del 14 de marzo del año pasado un Renault Logan se acercó a la portería diciendo que iba a la casa de número 58, del entonces diputado y actual presidente.

Luego de llamar pidiendo que se autorizara la entrada del visitante, el ex policial militar Elcio Queiroz, se le permitió al conductor ingresar al condominio. Acorde a lo que el portero declaró en dos testimonios prestados a la policía, la voz que autorizó era la de “don Jair”. Por las cámaras internas de vigilancia, el portero vio que el visitante se dirigía a la casa de número 65, donde vivía el ex policía militar Ronnie Lessa. Volvió a llamar a “don Jair”, que lo tranquilizó diciendo saber a qué casa iba el visitante.

Horas después, Lessa y Queiroz salieron del condominio y fueron a cumplir su misión, asesinar a Marielle Franco.

El Jornal Nacional destacó que había una evidente e innegable contradicción entre el testimonio del portero y Jair Bolsonaro: el entonces diputado estaba en la Cámara, en Brasilia, y además de firmar el libro de presencia sacó varias fotos con admiradores.

No se informó si el portero llamó a la casa de Bolsonaro o solamente a “don Jair”. La pregunta es justificada, porque podría haber sido una llamada al celular de Bolsonaro.

La reacción del actual presidente superó todos sus anteriores brotes de furia y agresividad. En una transmisión por Facebook de 23 minutos y 47 segundos realizada desde la alta madrugada de Arabia Saudita (diez de la noche en Brasil) un Bolsonaro transpirado y ruborizado de furia atacó a la Globo, amenazando con no renovar su concesión que vence en 2022, al actual gobernador de Rio Wilson Witzel y rehusó, entre palabrotas y menciones a las “canalladas” de la Globo, cualquier vínculo con el asesinato de Marielle Franco y su motorista.

Concretamente, no hay, al menos por ahora, ninguna base justificable para que se sospeche de la existencia de ningún vínculo. Llama la atención, en todo caso, la desproporcionada reacción del presidente. Por más que sean harto conocidas tanto su desequilibrio emocional como su agresividad sin límites, nunca antes Bolsonaro había ofrecido espectáculo tan furioso, al borde del descontrol.

Por involucrar el nombre del presidente de la República, será necesaria una autorización del Supremo Tribunal Federal para que sean iniciadas investigaciones. Pero ayer mismo el Ministerio Público ya se pronunció, defendiendo el archivo del caso por inconsistencias en las declaraciones del portero, cuya identidad no fue revelada, a la policía.

Bolsonaro, a su vez, oredenó al ministro de Justicia, el ex juez Sergio Moro, que la policía federal se encargue del tema. Se olvidó, el señor presidente, que tal decisión no depende de él. Ni de su ministro. Hay que esperar qué decide la corte suprema.  

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 Manifestantes iraquíes, el pasado viernes cerca de la sede central del gobierno, en el centro de Bagdad (Irak). En vídeo, imágenes de las protestas. EFE | EPV

Cerca de 80 personas han muerto en Ias manifestaciones de Irak desde que se reanudaron el viernes y al menos 230 durante el mes de octubre

Miles de estudiantes universitarios y de secundaria se han unido este lunes a las protestas antigubernamentales que sacuden Irak, desafiando las advertencias de las autoridades. El primer ministro, Adel Abdelmahdi, ha respondido intensificando la presencia de las fuerzas de seguridad en las calles y decretando un toque de queda en la capital, Bagdad, de medianoche a seis de la mañana “hasta nuevo aviso”. La medida se produce después de los últimos cuatro días de manifestaciones que las autoridades no han logrado acallar ni con promesas de reformas, ni con una controvertida respuesta policial que dejado casi 80 muertos desde el pasado viernes (y 230 en lo que va de mes) en todo el país.

“El pueblo quiere la caída del régimen”, corean varios centenares de estudiantes de diversos centros por las calles del barrio de Al Mansur, repitiendo el lema que popularizaron las revueltas de la primavera árabe. Con todas las diferencias que los analistas quieran encontrar, hay factores concurrentes: una población muy joven (el 60 % de los 39 millones de iraquíes tiene menos de 25 años) y una enorme frustración ante la falta de expectativas de futuro en un país que es el tercer exportador de petróleo del mundo.

Más allá de los eslóganes, los chavales tienen claras sus reclamaciones. “Para obtener una buena puntuación en la Selectividad, nuestros padres tienen que pagarnos clases particulares porque la enseñanza que recibimos es muy mala”, explica Fedek. “Incluso con notas altas, no te aseguras plaza en la carrera que te gusta y estudies lo que estudies, sin enchufe no encuentras trabajo”, apunta Safa. Ambas tienen 17 años y les gustaría hacer Medicina.

La huelga, asegura Mohamed Beshar, es indefinida. A sus 16 años, tiene claro que quiere estudiar Farmacia para poder abrir una botica y no depender del providencial trabajo en la administración. Ni a él ni a los compañeros que le acompañan les impresiona la amenaza del primer ministro de “sancionar con severidad a cualquiera que pierda días de trabajo o de clase”.

“¿Para qué queremos la educación, si no tenemos futuro? Incluso si perdemos el curso, habremos ganado 50 años”, defienden con una seriedad impropia de su edad. Aunque sus profesores no les han dado permiso para manifestarse, dicen que sus padres lo aprueban porque también “quieren que cambie el sistema político”. La indignación con las elites gobernantes se basa en cifras: desde el derribo de Sadam Husein en 2003, la corrupción se ha tragado 400.000 millones de euros, dos veces el producto interior bruto de Irak, según datos oficiales.

Frente a los jóvenes estudiantes, sorprende ver tres vehículos militares cargados de soldados y una tanqueta. Varias colegialas de uniforme se hacen fotos con ellos, que sonríen complacidos. Alguno incluso ondea un banderín con la enseña nacional, convertida en símbolo de una protesta que intenta dejar atrás el sectarismo.

“Estamos aquí para proteger a quienes se manifiestan”, declara a este diario el responsable del destacamento. “Nuestro corazón está con ellos”, asegura. Pero el ambiente festivo es engañoso. Sólo unas calles más al sur, las fuerzas de seguridad impiden el acceso a la plaza de Al Nisur (Las Águilas) y han rodeado con vallas el monumento que le da nombre para evitar que los estudiantes más jóvenes y, sobre todo, las estudiantas, la conviertan en una Tahrir bis ante el peligro que supone para ellos acudir a la plaza de la Independencia.

Allí, los manifestantes agradecen el apoyo de los estudiantes. “Significa mucho para nosotros, especialmente después de que el sábado por la noche la policía amenazara con desalojarnos por la fuerza”, afirma Monzer, un obrero en paro que asegura no haber podido cursar más allá del bachillerato por falta de recursos. Los grupos de universitarios se asoman por el sur bajo el monumento que conmemora el nacimiento de la República de Irak. Es el extremo más alejado del puente de Al Yumhuriya (La República), desde donde los antidisturbios disparan granadas aturdidoras y gases lacrimógenos para impedir el paso de los indignados hacia la Zona Verde, emblema de la desconexión de los gobernantes con la sociedad.

“El toque de queda sólo va a provocar que las protestas se extiendan por toda la ciudad como ya ocurrió en la primera semana de octubre”, lamenta un diplomático europeo en medio de las cábalas sobre cuánto más va a durar Abdelmahdi al frente del Gobierno. Otros temen que facilite el desalojo de Tahrir.

Es difícil calcular cuántos manifestantes hay en la plaza porque su número aumenta a lo largo del día, aunque la mayoría se va a casa a dormir. Los más experimentados llevan cuatro noches acampados bajo los soportales de las calles adyacentes y están dispuestos a seguir “lo que haga falta”. Una red de solidaridad formada por madres y abuelas se ocupa de llevarles agua y comida, sin arredrarse ante las continuas detonaciones. Las mascarillas que reparten los voluntarios no evitan el intenso picor que produce el gas lacrimógeno, según los manifestantes “caducado en 2014”.

Por Ángeles Espinosa

Bagdad (ENVIADA ESPECIAL) 28 OCT 201

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