¿Por qué el capitalismo está en constante conflicto con la democracia?

El sistema económico capitalista ha tenido siempre grandes problemas con la política en sociedades dotadas de sufragio universal. En previsión de tal situación, la mayoría de los capitalistas se opusieron y resistieron durante mucho tiempo a extender el sufragio más allá de los ricos poseedores de capital. Solo presiones masivas desde abajo forzaron repetidas ampliaciones del derecho al voto hasta que se logró el sufragio universal, al menos legalmente. Hasta el día de hoy, los capitalistas desarrollan y aplican todo tipo de mecanismos legales e ilegales para limitar y restringir el sufragio. Entre todos aquellos que están comprometidos con la conservación del capitalismo, el miedo al sufragio universal es profundo. Trump y sus republicanos ejemplifican y actúan sobre ese miedo al avecinarse las elecciones presidenciales de noviembre de 2020.

El problema surge de la propia naturaleza básica del capitalismo. Los capitalistas que poseen y gestionan empresas comerciales —los empleadores como grupo— constituyen una pequeña minoría social. En cambio, los empleados y sus familias son la mayoría social. La minoría de empleadores domina claramente la microeconomía dentro de cada empresa. En las corporaciones capitalistas, los principales accionistas y la junta directiva que aquellos seleccionan toman todas las decisiones clave, incluida la distribución de los ingresos netos de la empresa.

Sus decisiones asignan una gran parte de esos ingresos netos a ellos mismos en forma de dividendos de accionistas y paquetes remunerativos para los ejecutivos de la alta dirección. Por tanto, sus ingresos y riqueza se acumulan con mucha mayor velocidad que los promedios sociales. En las empresas capitalistas privadas, sus propietarios y altos directivos se comportan de manera similar y disfrutan de un conjunto parecido de privilegios. La renta y la riqueza desigualmente distribuidas en las sociedades modernas fluyen principalmente de la organización interna de las empresas capitalistas. Los propietarios y sus altos directivos utilizan así su desproporcionada riqueza para moldear y controlar la macroeconomía y la política que va entretejida con ella.

Sin embargo, el sufragio universal permite a los empleados deshacer por medios políticos las desigualdades económicas subyacentes del capitalismo cuando, por ejemplo, las mayorías ganan las elecciones. Los empleados pueden elegir políticos cuyas decisiones legislativas, ejecutivas y judiciales reviertan efectivamente los resultados económicos del capitalismo. Las leyes sobre impuestos, salario mínimo y gasto público pueden redistribuir el ingreso y la riqueza de muchas formas diferentes. Si la redistribución no respeta la forma en que las mayorías han elegido acabar con los inaceptables niveles de desigualdad, pueden adoptarse otras medidas. Las mayorías podrían, por ejemplo, votar a las organizaciones internas de empresas en transición de las jerarquías capitalistas a las cooperativas democráticas. Los ingresos netos de las empresas serían entonces distribuidos no por las minorías que están en lo alto de las jerarquías capitalistas sino por decisiones democráticas de todos los empleados, cada uno con un voto. Así, los múltiples niveles de desigualdad típicos del capitalismo desaparecerían.

El problema político actual del capitalismo ha sido cómo evitar de la mejor forma posible que los empleados formen precisamente esas mayorías políticas. Durante sus épocas recurrentes de especial dificultad (cracs periódicos, guerras, conflictos entre industrias monopolizadas y competitivas, pandemias…), el problema político del capitalismo se intensifica y amplía. Y se convierte en la mejor manera de evitar que las mayorías políticas de los trabajadores acaben por completo con el capitalismo e impulsen a la sociedad hacia un sistema económico alternativo.

Para resolver el problema político del capitalismo, los capitalistas, como pequeña minoría social, deben forjar alianzas con otros grupos sociales. Esas alianzas deben ser lo suficientemente fuertes como para desactivar, disuadir o destruir todas y cada una de las mayorías emergentes de trabajadores que puedan amenazar los intereses de los capitalistas o la supervivencia de sus sistemas. Cuanto más pequeñas o débiles son las minorías capitalistas, más importante es la alianza con los militares. En muchas partes del mundo, el capitalismo está asegurado por una dictadura militar que ataca y destruye los movimientos emergentes a favor del cambio anticapitalista entre los trabajadores o entre los sectores no capitalistas. Incluso donde los capitalistas son una minoría relativamente grande y bien establecida, si su dominio social se ve amenazado, por ejemplo, por un gran movimiento anticapitalista desde abajo, la alianza con una dictadura militar puede ser un mecanismo de supervivencia de último recurso. Cuando tales alianzas culminan en fusiones de capitalistas y aparato estatal, se produce la llegada del fascismo.

Durante momentos no extremos del capitalismo, cuando no se ve amenazado por inminentes explosiones sociales, su problema político básico permanece. Los capitalistas deben impedir que las mayorías de trabajadores arruinen el funcionamiento y los resultados del sistema económico capitalista y especialmente sus distribuciones características de ingresos, riqueza, poder y cultura. Con ese fin, los capitalistas buscan segmentos de la clase trabajadora con quienes aliarse para desconectarlos de otros compañeros de trabajo. Por lo general, trabajan con partidos políticos y los utilizan para formar y mantener tales alianzas.

En palabras del gran teórico marxista Antonio Gramsci, los capitalistas utilizan a sus partidos políticos aliados para formar un “bloque político” con porciones de la clase trabajadora y posiblemente otras de fuera de la economía capitalista. Ese bloque debe ser lo suficientemente fuerte como para frustrar los objetivos anticapitalistas de los movimientos de la clase trabajadora. Para los capitalistas, en el mejor de los casos, su bloque debería gobernar la sociedad —ser el poder hegemónico—, controlar los medios de comunicación, ganar elecciones, producir mayorías parlamentarias y propagar una ideología en las escuelas y más allá que justifique el capitalismo. De esta forma, la hegemonía capitalista mantendría los impulsos anticapitalistas desorganizados o incapaces de construir un movimiento social en un bloque contrahegemónico lo suficientemente fuerte como para desafiar la hegemonía del capitalismo.

Trump ilustra las condiciones actuales de la hegemonía capitalista. En primer lugar, su gobierno financia generosamente y homenajea a los militares. En segundo lugar, concedió un enorme recorte de impuestos en 2017 a las corporaciones y a los ricos, a pesar de haber disfrutado de varias décadas anteriores de redistribución ascendente de la riqueza. En tercer lugar, sigue desregulando empresas y mercados capitalistas. Para mantener la generosidad de su gobierno hacia sus patrocinadores capitalistas, cultiva notoriamente alianzas tradicionales con segmentos de la clase de los empleados. El Partido Republicano que Trump heredó se había permitido ciertos fallos, se había debilitado y provocado pérdidas políticas peligrosas. Había que reconstruirse y fortalecerse o, de lo contrario, el Partido Republicano ya no podría ser el medio para que los capitalistas construyeran y mantuvieran organizativamente un bloque hegemónico. El Partido Republicano probablemente se evaporaría, dejando que los capitalistas se aliaran y utilizaran al Partido Demócrata para lograr ese bloque tan hegemónico.

Los capitalistas han cambiado repetidamente de aliados y agentes hegemónicos entre los dos partidos principales en la historia de Estados Unidos. Al igual que el Partido Republicano dejó caer sus alianzas con sectores de la clase trabajadora abriendo el espacio para Trump, también lo hizo el Partido Demócrata con sus aliados tradicionales. Eso abrió espacio para Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y los progresistas. Para recuperar y reconstruir el Partido Republicano como aliado hegemónico con los capitalistas estadounidenses, Trump tuvo que dar bastante más a los fundamentalistas cristianos, los supremacistas blancos, las fuerzas antiinmigración, los chovinistas (y antiextranjeros), los entusiastas de la ley y el orden y los amantes de las armas que el antiguo establishment republicano. Esa fue la causa de que pudiera derrotar a ese establishment. Por razones históricas, Clinton, Obama y el antiguo establishment del Partido Demócrata sobrevivieron una vez más a pesar de dar muy poco a sus aliados de la clase empleada (trabajadores, sindicatos, afroamericanos, latinos, mujeres, estudiantes, académicos y desempleados). Mantuvieron el control del partido, bloquearon a Sanders y el creciente desafío progresista y ganaron el voto popular en 2016. Pero perdieron las elecciones.

Los capitalistas prefieren utilizar a los republicanos como socios hegemónicos porque estos cumplen de manera más fiable y regular que los demócratas lo que quieren los capitalistas. Pero si/cuando el bloque republicano de alianzas se debilita o funciona de manera inadecuada como socio hegemónico, los capitalistas estadounidenses se inclinarán hacia los demócratas. Aceptarán políticas menos favorables, al menos por un tiempo, si obtienen a cambio un socio hegemónico sólido. Si las alianzas de Trump con segmentos de la clase de los empleados se debilitaran o se disolvieran, los capitalistas estadounidenses se decantarían por los demócratas Biden-Clinton-Obama en su lugar. Si fuera necesario, también se unirían a los progresistas, como hicieron en la década de 1930 con Franklin Delano Roosevelt.

Trump intenta repetidamente fortalecer sus alianzas con más de un tercio de los empleados estadounidenses que parecen aprobar su régimen, sin importar cuánto ofenda a los demás. Él cree que eso es suficiente para que la mayoría de los capitalistas se queden con los republicanos. Después de todo, la mayoría de esos capitalistas prefiere a los republicanos; su régimen ha apoyado con toda firmeza el lucro militar y empresarial. Solo los fracasos colosales de Trump y los republicanos para preparar o contener tanto la pandemia como el colapso económico causado por el capitalismo podrían cambiar el sentimiento de los votantes y elegir a los demócratas. Así que Trump y los republicanos se concentran en negar esos fracasos y distraer la atención pública de los mismos. El establishment del Partido Demócrata intenta persuadir a los capitalistas de que un régimen con Biden manejará mejor la pandemia y el colapso, brindará una base de masas más grande que apoye al capitalismo y solo marginalmente reformará sus desigualdades.

Para los progresistas de dentro y fuera del Partido Demócrata se avecina una gran elección. Muchos están sintiéndolo así. Por un lado, los progresistas pueden acceder al poder como los aliados hegemónicos más atractivos para los capitalistas. Al agudizar las críticas sociales en lugar de moderarlas, los progresistas pueden dar a los empleadores capitalistas alianzas hegemónicas más fuertes con los empleados que las que el establishment tradicional demócrata puede o se atreve a ofrecer. Eso es más o menos lo que hizo Trump al desplazar al establishment tradicional del Partido Republicano. Por otro lado, los progresistas se verán tentados por su propio crecimiento a romper con la alternancia bipartidista que mantiene la hegemonía del capitalismo. Además, los progresistas podrían abrir la política estadounidense para que el público tuviera una mayor libertad de elección: un partido anticapitalista y prosocialista compitiendo contra los dos partidos tradicionales procapitalistas.

El problema político del capitalismo surgió de su yuxtaposición intrínsecamente antidemocrática entre una minoría de empleadores y una mayoría de empleados. Las contradicciones de esa estructura chocaron con el sufragio universal. Las interminables maniobras políticas alrededor de bloques hegemónicos con sectores alternativos de empleados permitieron sobrevivir al capitalismo. Sin embargo, esas contradicciones excederían finalmente la capacidad de las maniobras hegemónicas para contenerlas y controlarlas. Una pandemia combinada con un colapso económico importante puede provocar y permitir que los progresistas rompan con todo eso, cambien la política de los Estados Unidos y hagan realidad cambios sociales largamente esperados.

(Este articulo contó con el apoyo de Economy for All, un proyecto del Independent Media Institute.)

Por Richard D. Wolff, profesor emérito de economía en la Universidad de Massachusetts, Amherst. Actualmente es profesor invitado en la New School University de Nueva York. Pueden consultarse sus trabajos en: rdwolff.com y en democracyatwork.info.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Fuente:
https://www.counterpunch.org/2020/08/11/why-capitalism-is-in-constant-conflict-with-democracy/

Publicado enSociedad
"Sé tu propio jefe y define y planifica tu horario", anuncia Amazon su trabajo de repartidor. Pero Carolina cuenta que luego el exceso de repartidores hace que "cazar" un "bloque" (un conjunto de paquetes para entregar) te lleva a estar "todo el día pegada al móvil" EFE

Javier, Carolina y Luis trabajaron para Facebook, Amazon y Uber. Son tres historias de escasos derechos laborales en el seno de algunos de los mayores gigantes de internet. Porque lo nuevo no es necesariamente novedoso y la precariedad ya estaba inventada; la tecnología solo la enmascara

 

La tecnología atraviesa cada vez más nuestras vidas. Pedimos comida, compramos regalos, escuchamos música e incluso ligamos a través de una pantalla. Miles de empresas hacen negocio prestando esas facilidades y se han convertido en enormes corporaciones que despliegan en todo el mundo sus plataformas a través de Internet. Detrás, o más bien en lo bajo de estos gigantes tecnológicos, siguen trabajando personas que quedan invisibilizadas por la facilidad del clic.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido del peligro de crear "jornaleros digitales", con prácticas laborales más propias del siglo XIX, pero bien empaquetadas con un envoltorio de modernidad. España está a la vanguardia en la expansión del trabajo en plataformas digitales, como el país con más trabajadores (18%) y donde más se incrementaron de 2017 a 2018, según un reciente estudio para la Comisión Europea. Pero, ¿cómo trabajan los obreros de los algoritmos? Javier, Carolina y Luis nos cuentan sus experiencias en tres de las mayores multinacionales tecnológicas: Facebook, Amazon y Uber.

"700 euros al mes" para los moderadores de Facebook

Sus ojos son la barrera para que no circulen violaciones, asesinatos y otros abusos en la red social con más usuarios del mundo, Facebook. Ven esas imágenes para que 2.500 millones de usuarios no tengan que hacerlo. Son los moderadores de contenido del gigante creado por Mark Zuckerberg, que analizan cuáles incumplen las normas para ser mostrados en Facebook. Un total de 15.000 personas con la mirada clavada en un ordenador. "Cobraba 700 euros netos al mes por ocho horas de trabajo en Varsovia. La meta era revisar unos 500 perfiles al día", cuenta Javier, un exmoderador subcontratado a través de Accenture.

El cargo suena "muy cool", dice con ironía el trabajador, que pide no revelar su nombre real. "Data analist. Tuvimos dos semanas de formación pagadas, no nos exigían titulación", relata Javier sobre lo vivido en la oficina de la capital polaca. Fuentes de Facebook explican que los moderadores están repartidos "en más de 20 sitios en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, Alemania, Polonia, España y Portugal". En los últimos años están invirtiendo además en "inteligencia artificial", para que sean algoritmos y no personas los que detecten estos contenidos dañinos.

Con un total de 35 minutos de reposo en toda la jornada, "evidentemente comía ante la pantalla del ordenador", sostiene Javier. Frente a sus ojos, un chorreo constante de vídeos, fotos, perfiles y comentarios sobre los que los moderadores deben decidir en unos 30 segundos: si eliminan el contenido o ignoran la denuncia. Ser lento o equivocarse impide cobrar el plus de objetivos, que solo reciben con "un 98% de calidad" en su trabajo. El sistema "es muy precario, se necesitaría más gente para poder decidir con más tiempo", lamenta el antiguo trabajador. El contenido puede tratarse de insultos y perfiles suplantados, pero también otros de gran impacto psicológico. "Ves mucha mierda. Porno, violencia… Cosas brutales. Nadie aguantaba más de dos años".

Accenture ponía a disposición de los empleados una psicóloga en su oficina. El apoyo psicológico es un requisito que exige Facebook "para asegurar el bienestar" de estos trabajadores, sostienen en la red social. "Yo nunca fui, no me inspiraba confianza. Había trabajado con los marines de EE UU y creía que era una chivata, que quería ver quién estaba desmotivado, si criticabas al jefe… Había compañeros que veían cosas muy fuertes, sobre todo en el mercado árabe, que sí iban", explica Javier.

El secretismo y las severas medidas de control marcaban el día a día del moderador en Varsovia. "Estaba prohibido hasta sacar el móvil del bolsillo. En cada equipo, había un topo que informaba a los superiores. Teníamos cámaras y una tarjeta de acceso que utilizabas todo el rato. Para ir de mi escritorio a la cocina tenía que pasarla, para ir al baño e incluso para llamar al ascensor". Todas las persianas estaban completamente bajadas para que no se pudiera ver nada desde el exterior. "En el contrato firmas confidencialidad por dos años, no puedes decir en lo que trabajas ni a tu familia. Pareces un espía de la CIA", bromea Javier.

Aunque con 700 euros al mes podía vivir por su cuenta en Polonia, Javier confronta el modesto salario de la plantilla encargada de esta función de control clave para Facebook con los beneficios millonarios de la red social. En 2019, ganó casi 17.100 millones de euros. En Facebook afirman que trabajan "en estrecha colaboración" con sus socios "para asegurarnos de que proporcionen el pago y las prestaciones que lideran la industria". En Accenture se limitan a decir que ofrecen "una remuneración competitiva" en todos los mercados. "Yo lo peor que vi son personas decapitadas y un señor mayor violando a un niño", recuerda Javier. "Piensas: a lo mejor tendrían que pagar más por ver esta mierda".

Pegada al teléfono para "cazar" repartos de Amazon

Viernes tarde. Llega la "cacería". Carolina, como en plena competición, no se separa del móvil. Refresca una y otra vez la aplicación de Amazon Flex hasta que, por fin, "caza un reservado", lo que llaman un "bloque" de trabajo garantizado la semana siguiente repartiendo paquetes para el gigante del comercio electrónico. "Ya pillar un bloque a estas alturas es muy complicado. Somos muchas personas para la cantidad de bloques que hay. Ahora casi solo trabajamos lo que nos ofrecen los viernes", explica esta venezolana que, como tantos otros compatriotas, vino a España a rehacer su vida.

La retórica del anuncio parece atractiva. "Sé tu propio jefe y define y planifica tu horario", se publicita Amazon Flex. El horario flexible y la facilidad para comenzar a trabajar fue lo que llevó a Carolina a repartir paquetes con su coche. Solo tenía que hacerse autónoma, descargarse la aplicación de la compañía y subir ahí los documentos que pide la multinacional, como el alta en la Seguridad Social y un certificado de ausencia de antecedentes penales. "Lo hice todo por Internet, nunca me vi con ninguna persona de Amazon", cuenta.

Una vez Amazon valida la cuenta, estos repartidores autónomos ya pueden recoger en sus estaciones las cajas de cartón con la famosa sonrisa. La multinacional no facilita información sobre el número de personas que reparten de este modo. Fuentes de Amazon se limitan a circunscribirlo a "un pequeño porcentaje de autónomos que colaboran con nosotros". Por su experiencia, Carolina sostiene que autónomos hay muchos, pero no tantas horas de trabajo: "Antes era más fácil, yo hacía el máximo de seis bloques de cuatro horas a la semana. Ahora con suerte hago tres bloques".

Carolina agradece "no tener jefe y no estar esclavizada a un horario fijo". Los limitados ingresos que genera y la incertidumbre continua de si conseguirá repartos la abocan sin embargo a estar "todo el día pegada al móvil intentando cazar horas". Al final, reconoce, "yo misma acabo trabajando más horas". Con un calendario laboral de "lunes a lunes", Carolina reparte por su cuenta para Amazon Flex, a través de la empresa Paack, que también tiene asignados envíos de la multinacional estadounidense, y con Deliveroo por las noches y los fines de semana.

"Ahora puedo hacer unos 700 euros quincenales, trabajando todo el día con todas las aplicaciones", explica Carolina. De ahí tiene que restar la gasolina, el pago de la cuota de autónomos y otros gastos. Amazon cerró 2019 con un aumento de sus beneficios del 15%, hasta los 10.678 millones de euros. "El tema es que Amazon no te garantiza el trabajo. Si lo hiciera, sería genial", dice la venezolana, que tiene que cortar ya la conversación. Va a repartir a primera hora para Paack y luego ha logrado pescar un bloque en Amazon Flex de cinco y media a nueve y media. "De ahí me voy a repartir con Deliveroo, Llegaré... a las once y media de la noche", calcula. "Hay que buscarse la vida".

El precario "salvavidas" de trabajar sin papeles en Uber

"Mal que bien Uber ha sido una ayuda para nosotros, los emigrantes que llegamos a España". Luis trabaja como repartidor de Uber Eats, la plataforma de comida a domicilio de la multinacional estadounidense Uber. Durante meses lo hizo pese a no tener permiso de trabajo. Llegó como turista, pidió asilo y obtuvo la famosa tarjeta roja que se concede a los solicitantes de protección internacional mientras la Administración resuelve sus expedientes. El documento les permite residir en España, pero durante seis meses no pueden trabajar, algo muy criticado por organizaciones humanitarias. "De algo tenemos que vivir", destaca el repartidor.

"Amigos venezolanos me hablaron de Uber". Luis no sabe cómo funciona el sistema, pero sí que hay "un vacío" por el que los migrantes sin papeles pueden repartir para la multinacional. A veces funciona de manera informal entre los repartidores, mediante el préstamo de sus licencias. "Cuando llegó mi primo al principio le dejé la mía de Uber", cuenta.

En otras ocasiones, existe un sistema más sofisticado. "Hay dueños de flotas en Uber con las que puedes repartir sin estar dado de alta. El responsable de la flota no te pide papeles, trabajas como una extensión de su cuenta y luego le pagas un porcentaje pequeño de lo que ganas", cuenta Luis.

Uber Eats asegura en su web que exige a los repartidores su identificación, el alta a la Seguridad Social como autónomos e, incluso, según el territorio, el certificado de antecedentes penales. eldiario.es ha preguntado a la multinacional sobre los repartidores sin papeles dentro de la plataforma, pero la compañía no ha respondido. Uber irá a juicio en Madrid este año tras una investigación de la Inspección de Trabajo que detectó a decenas de trabajadores sin permiso de trabajo y que concluyó que los mensajeros eran falsos autónomos.

Luis trabaja "de lunes a lunes" y saca unos "500 euros semanales" a los que tiene que descontar la cuota de autónomos, gasolina e impuestos. "Pensaba en un autónomo e imaginaba a un empresario, pero no eres un empresario cuando llega el trimestre y quieres salir corriendo porque no te llega", dice riendo. Pese a las duras condiciones, "Uber ha sido una ayuda, no sé qué habríamos hecho todas estas personas sin este trabajo", resuelve el venezolano. "La necesidad de uno es trabajar".

Lo nuevo no es necesariamente novedoso, vino a decir un abogado laboralista en un juicio contra la multinacional Deliveroo respecto al empleo en las empresas y plataformas digitales. La explotación laboral, falta de seguridad de los trabajadores, los bajos salarios y los falsos autónomos existían antes y lo hacen ahora, pero la tecnología permite a veces camuflar el rastro de los responsables.

Carolina dice que no tiene jefes, pero varios días ha cargado más paquetes de Amazon de los que le gustaría en su coche. "Es que, si no lo hacía, los supervisores me querían abrir una incidencia y a la tercera no puedes repartir más. No puedo permitírmelo, necesito el trabajo".

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Sábado, 15 Agosto 2020 06:11

Los matices humanos

 Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Buenos Aires, noviembre de 2019. AFP, JUAN MABROMATA

EL FEMINISMO COMO FENÓMENO DE MASAS

 

La identidad es una cárcel. (…)

La identidad no es una idea que ayuda a la humanidad a encontrarse consigo misma.

Deseo para el futuro la inutilidad absoluta de la identidad. (…)

Lo importante es la invención: alguien que decide pararse en el mundo e inventarse.

Lucrecia Martel1

 

Cuando aquel 3 de junio de 2015 las argentinas salieron a las calles a gritar «ni una menos», los feminismos uruguayos, que venían en un proceso de transformación propia, se hicieron eco de la marcha y sus reclamos, estableciendo un mojón histórico en la construcción de un internacionalismo popular y masivo. En ese momento, el objetivo primordial era romper el silencio social e instalar con fuerza la certeza de que la violencia basada en género es una variable básica para comprender las desigualdades estructurales que asolan la vida de los cuerpos feminizados. A partir de ese momento –y también gracias a la globalización de movimientos como el #MeToo y a procesos locales de «destape» como la Operación Océano, entre otros–, las causas feministas empezaron a tomar un protagonismo mucho más importante en la opinión pública, revolucionando con herramientas diversas –que van desde las nuevas escrituras académicas hasta los usos del lenguaje inclusivo, pasando por un millón de estrategias autogestivas e institucionales– la construcción de nuestras subjetividades. Es muy probable que la actitud de escucha de la sociedad hacia el caso Viglietti, por ejemplo, tenga mucho que ver con esa ruptura del silencio que se ha logrado. Si era un secreto a voces que ya se había hecho público en 2017 cuando el compositor murió, ¿por qué recién ahora, a pesar de todas las resistencias, pudimos comenzar a procesarlo y discutirlo? Porque ha cambiado el contexto de escucha, y eso, en sí mismo, constituye un logro inmenso.

Para instalar la discusión y volver a politizar la vida, las tácticas comunicacionales de los feminismos latinoamericanos han dado un enorme resultado. Las calles y las redes se complementan para difundir un vasto campo de pensamiento no hegemónico, y si bien es cierto que las consignas siempre son una síntesis de ideas más complejas, esas pequeñas frases hicieron la diferencia y permitieron que cada vez más personas se encuentren dispuestas a escuchar razones sobre asuntos que, hace sólo cinco años, se encontraban casi ausentes de las conversaciones cotidianas. Empezamos a leernos y escucharnos más entre nosotras, a darnos cuenta del profundo alcance de la cultura patriarcal, a identificar la opresión de género como un mecanismo fundante para el capitalismo, pero que, incluso, lo trasciende para extenderse a casi todos los sistemas políticos que han estructurado la vida humana a lo largo del tiempo.

Hemos vivenciado el valor de ese proceso esta misma semana, en la que decenas de estudiantes de Medicina se animaron, bajo el hashtag #MeLoDijeronEnLaFmed, a contar en Twitter sus experiencias de acoso y abuso dentro de la facultad. La literatura de consignas, esa creación colectiva orgánica al movimiento, ha sido clave para que las ideas feministas lleguen a lugares impensados, trascendiendo distancias de todo tipo. Así, la ruptura del silencio dio paso a una masividad sumamente heterogénea, en la que incluso la palabra feminismo se ha convertido en territorio de disputa. Esa masividad que, sin lugar a dudas y a pesar de todo, es tremenda buena noticia, ha traído nuevos problemas y ha intensificado debates que se han vuelto muy difíciles de transitar con serenidad, porque es natural que las pasiones atraviesen una práctica política tan enraizada en las experiencias personales. Sentirse parte del movimiento feminista no necesita más (por suerte) que un acto voluntario: alcanza con declararse feminista. Aun así, la posibilidad de considerarnos «compañeras» se ha fragilizado para dar paso a acusaciones que parecen irreparables, como la de «encubrir violadores», que aparece con una facilidad alarmante. ¿De verdad es responsable una mujer que ama a un varón, porque es su padre, su hermano, su pareja, su amigo o su compañero de trabajo, de las acciones que ese varón realiza o ha realizado en el pasado? ¿No resulta evidente que para condenar a cualquier persona que se conoce y se ama son necesarias ciertas garantías? ¿No hay contradicciones en el acto de erigirse en un lugar de moral impoluta y colocarse «afuera» del problema cuando sabemos que la sociedad de la que formamos parte está enteramente atravesada por la cultura de la violación y por una idea de amor que tiene un vínculo histórico con la violencia?

Resulta difícil para las feministas hacer ciertas preguntas críticas hacia adentro. Para escucharnos y ser escuchadas tuvimos que atrincherarnos y no dar el flanco, porque no nos quedaba otra. Decir «hermana, yo te creo» es una decisión política fundamental, porque es un acto de habilitación de la escucha, una subversión revolucionaria contra la sospecha obligada que caía sobre quienes se animaban a hablar. ¿Pero qué pasa cuando vemos que la práctica del rumor se instala en las generaciones más jóvenes y que acusaciones anónimas, para las que no hay ni siquiera testimonios o personas cercanas que les pongan el cuerpo a las denuncias, terminan destruyendo la potencia de los movimientos colectivos mixtos, que se desarman en pedazos? Es un problema muy grave, porque, claro, la Justicia está muy lejos de ofrecer caminos reales de intervención. Si ni siquiera es capaz de prevenir femicidios perpetrados por varones denunciados previamente, ¿cómo podemos pretender que intervenga con eficacia para dirimir, por ejemplo, si el hecho de que un varón se quite un preservativo sin permiso constituye un delito que debe ser penalizado? Así, si bien en un principio el trabajo de las feministas se encauzaba con naturalidad hacia lograr que las mujeres denunciaran más, contar con una Justicia que no sea funcional a la perpetuación de la violencia parece un objetivo tan lejano e inaccesible que, para muchas compañeras, es inevitable la tentación de abandonarlo.

Pero que la Justicia sea una institución patriarcal y funcional al poder no puede llevarnos a «pasar de ella» de manera acrítica. El método del escrache es una herramienta importante cuando el sistema falla o se rehúsa a actuar, pero nunca debería ser nuestra primera opción. Mal utilizado puede resultar muy peligroso, incluso para la víctima. En los escraches que se hacían a los represores después de la dictadura, tanto en Argentina como en Uruguay, había organizaciones que generaban su propia información y respaldaban esas acusaciones: Madres y Familiares, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. ¿Pero qué pasa cuando, en un movimiento masivo, los escraches no cuentan con ningún mecanismo de confirmación, ni siquiera interno? ¿Es loable pensar en un feminismo que juzga sin ofrecer garantía alguna? Hoy, más que nunca, el procedimiento de la justicia por mano propia –por más que esa justicia se trate del aislamiento social o de la «cancelación»– se acerca demasiado a los procesos de construcción de subjetividad más alarmantes de la sociedad, esos que les abren paso a los fascismos. Los grises existen: no es lo mismo una acusación de acoso hacia un profesor o un jefe, por ejemplo, con la disparidad de poder que eso significa, que una acusación que se realiza hacia un par, aunque resulte incómodo decirlo. Del mismo modo, si bien la violencia verbal es violencia, no es exactamente lo mismo que la que se ejerce físicamente. Aplanar esos matices no es una actitud responsable. Todo ciudadano merece un juicio justo, y sus personas cercanas necesitan ese juicio para enfrentar la verdad, y por eso necesitamos disputar la Justicia para transformarla. El humanismo es una concepción filosófica necesaria porque la identidad no debería ser una cárcel. Creer que las personas pueden cambiar también es una decisión política, y no es momento de menospreciarla.

Hoy no estamos en el mismo lugar que hace cinco años atrás. No es fácil preguntarnos con lucidez sobre cómo seguir, porque muchas veces eso implica abandonar los atajos para jugarse por el camino largo. Hay demasiadas luchas que requieren que podamos organizarnos sin acusarnos, a priori, entre nosotras. Sin ir más lejos, de cara a las elecciones departamentales, asusta la manera en que nuestras causas están siendo ninguneadas por todos los partidos políticos. La tolerancia, la confianza y el cuidado también incluyen otorgarnos garantías reales, responsables, para decidir a quién aislar, a quién cancelar o a quién odiar. Y tenemos que poder hacer autocrítica sin juzgarnos y condenarnos tan fácilmente, para que la masividad no sea un ruido que nos engulla y nos traga, operando en contra del cambio social estructural por el que venimos luchando y que, más temprano que tarde, conseguiremos.

1   Extraído de la charla brindada por Lucrecia Martel el 7 de marzo en el Centro Cultural Kirchner, Buenos Aires, Argentina. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=VzpfPwsOpjA

 

14 agosto, 2020

Publicado enSociedad
Viernes, 14 Agosto 2020 06:11

¡No somos basura!

¡No somos basura!

“Llámense falsos positivos, exterminio, limpieza social o asesinato selectivo, lo ocurrido con los 5 adolescentes afrodescendientes en el sector Llano Verde, de la comuna 15 de Cali, es parte del infanticidio que ocurre en estas barriadas marginales pero que la sociedad olvida ante otros eventos no menos dolorosos que castigan a los nadie, a los desposeídos”.

 

Bogotá, D.C., 13 de agosto de 2020 | El miércoles 12 de agosto, distintos medios de comunicación publicaron la noticia del asesinato de 5 adolescentes afrodescendientes en Llano Verde, de la comuna 15, que pertenece al distrito de Aguablanca enCali, una zona periférica y altamente vulnerable.  Unas horas antes de leer la noticia, estaba escuchando la conferencia Herramientas para acercar a niños y jóvenes a la realidad de la guerra de la escritora de literatura infantil y juvenil Pilar Lozano, quien trabaja como mediadora de lectura con niños, niñas y jóvenes en distintas zonas del país, afectadas por el conflicto armado, la pobreza y el olvido estatal.

Una de las anécdotas más dolorosas y conmovedoras de la charla ocurrió en un barrio limítrofe entre Bosa y Ciudad Bolívar, después de una lectura en voz alta del libro Tengo miedo de Ivar Da Coll, una niña de 10 años se acerca a la escritora y le confiesa que en su barrio se hace la limpieza social, deacuerdo con su testimonio,  los jueves y los viernes una camioneta negra sube y mata a los niños, la menor  remata su relato con la siguiente la frase: “a mí me da mucha rabia, porque limpieza tiene que ver con mugre y nosotros no somos basura, somos seres humanos”.

Este testimonio llevó a la periodista a escribir un libro sobre esta repugnante práctica que tituló No somos basura. Llámense falsos positivos, exterminio, limpieza social o asesinato selectivo, lo ocurrido es parte del infanticidio que ocurre en estas barriadas marginales pero que la sociedad olvida ante otros eventos no menos dolorosos que castigan a los nadie, a los desposeídos.    

Del mismo modo que conmueve escuchar el relato de la escritora, resulta indignante y repulsivo leer los comentarios que algunos de los ciudadanos hacen frente a esta noticia, uno de ellos dice: “Qué hacían los angelitos en el cañaduzal donde permanentemente atracan?” Sin duda esta noticia parte de las sentencias discursivas de connivencia fratricida que se vienen repitiendo desde cuando el entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, se refirió a los jóvenes desaparecidos en Soacha y que más tarde pasarían a llenar las listas de los falsos positivos. Esto nos hace pensar en una doble victimización que comete el Estado colombiano y sus ciudadanos, en donde el primer crimen que comete un niño o una niña que nace en un barrio periférico y olvidado, es ser pobre y, por lo tanto, delincuente; en comparación con otros y otras ciudadanas, estos niños y niñas antes denacer son culpables, no cuentan con la presunción de inocencia a la que ahora apela el presidente Duque en defensa de su mentor y padrino político.

¡No somos basura!

Por Valeria Maldonado, integrante del equipo de Territorios y Derechos Humanos de la organización Pensamiento y Acción Social (PAS).  Pedagoga, promotora de lectura y defensora de los derechos de los niños y las niñas.

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H. G. Wells: socialismo y ciencia para cambiar el mundo

El 13 de agosto de 1946, falleció uno de las figuras literarias más importantes del Reino Unido. Sus obras abordaban la ciencia ficción y las desigualdades sociales, además de ser un ferviente defensor de la corriente humanista. Al menos, hasta que las guerras mundiales terminaron sepultando su optimismo.

 

Herbert George Wells se autodefinió como un socialista demócrata en 1886 y, durante toda su vida, profesó unos ideales que buscaban la igualdad total. Para ello, promulgó la eliminación de clases y la libre competición en la sociedad, siempre y cuando las personas tuviesen derecho a las mismas oportunidades, sin importar su origen. 

En sus obras literarias, destacó su pasión por los avances científicos y plasmó de manera explícita las diferencias sociales. Por ejemplo, en La Máquina del Tiempo ofrece un paradigma muy ilustrativo sobre ambas temáticas, a través de una historia en la que figuran dos razas descendientes de los seres humanos, los Eloi y los Morlocks. En la novela, basada en un futuro muy lejano, las desigualdades sociales son fehacientes: mientras los Eloi viven en verdes praderas, iluminados por la luz del sol y en armonía pura, los Morlocks habitan bajo tierra, denostados y sin vestigios de su antigua humanidad.

De manera similar, Cuando el Durmiente Despierta presenta una realidad futurista, concretamente en el año 2100. A diferencia de La Máquina del Tiempo, no existe un dispositivo para viajar en el tiempo, sino que Graham, el protagonista de la narrativa, duerme durante 200 años, y al despertar, contempla aterrorizado el deterioro de la sociedad.

En esta realidad, los proletarios son oprimidos de manera incesante, la policía utiliza continuamente la violencia contra los civiles, y las mujeres que dan a luz, tienen que entregar a sus bebés, que pasarán a ser alimentados por robots con forma de mujer. Para horror de Graham, se da cuenta que, a través de una sucesión de eventos inicialmente inexplicables, él se ha convertido, mientras dormía, en la persona más poderosa del mundo. 

Nuevamente, la pasión de H. G. Wells por el desarrollo tecnológico queda plasmado en la novela, aunque a través de Graham, muestra el peligro que entraña el uso de la ciencia para fines ególatras. A través de un método de vigilancia extremadamente preciso, se ilustra una sociedad donde se ha establecido una esclavitud sistémica. En este aspecto, el escritor británico siempre remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas.

Una sociedad en la que “riqueza es poder”, y enseñar “solamente produce descontento y problemas”, es la historia sobre la que versa Cuando el Durmiente Despierta. A pesar de no ser una de las obras más famosas, ofrece una imagen muy lúgubre acerca del excesivo control y la represión ejercida sobre los habitantes, temáticas adoptadas por George Orwell en 1984 o Czeslaw Milosz en La Mente Cautiva.

Pese a tener el dominio mundial, el protagonista de Cuando el Durmiente Despierta nunca llega a corromperse y, por el contrario, se une a las clases más denostadas para eliminar la desigualdad en el planeta

Además de ciencia y socialismo, en La Isla del Doctor Moreau y El Hombre Invisible, se detalla una clara lucha interna en el propio ser humano, entre lo éticamente correcto y la importancia del progreso. La idea se basa en que la capacidad para inventar es prácticamente ilimitada, al igual que la facilidad para caer en actos inmorales y perversos. 

En El Hombre Invisible, H. G. Wells desafía al lector, a través de una cuestión formulada de manera indirecta durante la narrativa, a que se imagine con un poder semejante, y que sea capaz de no caer en la tentación de cometer actos malignos.

Por otra parte, la duda sobre las barreras que están dispuestas a atravesar los seres humanos en sus ansias por expandirse, la responde de manera explícita en La Guerra de los Mundos. La idea del relato surgió de una conversación que tuvo con su hermano Frank, mientras hablaban de la llegada de los europeos a la isla de Tasmania, y la destrucción de los nativos. 

 “Imagina que, desde el cielo, vienen seres de otro planeta, y se ponen a vivir entre nosotros”, dijo Frank. Y años más tarde, H. G. Wells explicó que, antes que criticar a los invasores de la novela, “hemos de recordar la implacable y absoluta destrucción que los seres humanos hemos causado”, y mencionó la hostilidad de los europeos hacia los nativos de la isla de Tasmania. Con su ironía habitual, lanzó una pregunta al aire: “¿Somos tan misericordiosos, como para quejarnos si los marcianos apareciesen con el mismo espíritu conquistador?”.

Al final de “La Guerra de los Mundos”, la humanidad parece condenada a la extinción, tras la hecatombe producida por la llegada de los invasores. Sin embargo, a diferencia de los humanos, el sistema inmunológico de los extraterrestres, no estaba preparado para defenderse de las enfermedades de la Tierra. De esta forma, la pandemia aniquiló a una especie que estaba causando estragos en el planeta.

Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

 

Libertad total e igualdad sin restricciones

 

Antes de la Primera Guerra Mundial, H. G. Wells era, posiblemente, el escritor que mejor captaba la esencia de la época. Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

De esta manera, muchos de sus escritos se enfocaban en la posibilidad de investigar, en las aventuras que aguardaban a aquellas personas con capacidad y determinación para descubrir. Y no solamente en el ámbito científico, también en el aspecto social, pues para él, la libertad debía extenderse a todos los ámbitos. 

De hecho, era muy crítico con los movimientos conservadores cristianos y los códigos de conducta de la época. Entre sus reivindicaciones, destacó su apoyo incuestionable a la libertad sexual, a la necesidad de una educación global, y al movimiento sufragista. De hecho, en su novela Ann Veronica, escrita en 1909, habla sobre los futuros movimientos de liberación de la mujer, en la lucha para conseguir la igualdad de género.

Para él no existía duda posible. Si la humanidad quería alcanzar un futuro próspero, el camino debía trazarse a través de la igualdad, la cooperación, y la paz mundial. Estos ideales fueron plasmados a comienzos del siglo XX en Mankind in the Making, novela en la que destaca la igualdad entre sexos, y en sus convicciones de la necesidad de crear un proyecto social, al que calificó como Nuevo Republicanismo. 

Siendo uno de los escritores más famosos de la época, también participó activamente en las campañas socialistas, y criticó a la burguesía. En 1903, se unió a la Sociedad Fabiana, formada por un grupo de intelectuales socialistas, que incluía a personajes ilustres como George Bernard Shaw, Beatrice Webb, y Sidney Webb.

No obstante, desde los inicios, se mostró decepcionado con muchas acciones tomadas por la organización, y en 1906, redactó un artículo, donde criticó abiertamente la falta de ambición de sus integrantes para hacer reformas importantes, de aspecto más radical. Uno de los principales desacuerdos, era la negativa de los miembros de la Sociedad Fabiana, a reconocer la libertad para amar y tener sexo.

 

Ciencia para el progreso social

 

A lo largo de los años, las novelas de H. G. Wells han perdurado, gracias en parte por la sencillez en sus narrativas de ciencia ficción. Adelantó muchos avances tecnológicos a través de sus novelas, y la fascinación que el escritor británico tenía sobre la ciencia, tras sus años de estudio, era evidente. A ello se unía su creencia de que el socialismo y el progreso científico eran dos aspectos que debían permanecer juntos. A través de su estudio en la biología, comprendió que la unión de los seres humanos era esencial para poder adaptarse a una realidad cambiante, y así poder mejorarla por el bien común.

Por ello, no sorprende que en Anticipaciones, publicada en 1902, el escritor británico muestre una idea de que, para prosperar, los seres humanos han de confiar en la ciencia. Años más tarde, en 1905, escribió Una Utopía Moderna, novela en la que se ilustra un mundo donde la propiedad es regulada por el estado, en la que la igualdad entre hombres y mujeres es patente.

Aunque su obra parece una analogía del comunismo, al igual que la obra Utopía, publicada en 1516 por Thomas More, la realidad es que, por aquel entonces, H. G. Wells rechazaba el comunismo como ideología de estado.

Precisamente, se observa una crítica al sistema en el hecho de que los Samurai, que son los líderes de la sociedad de la novela, gobiernan sin haber sido elegidos. Sobre el sistema de gobierno implementado en Una Utopía Moderna, Michael Sherborne, escritor de la biografía H. G. Wells: Another Kind of Life, explica que se trata de “un Estado unipartidista antidemocrático, en el que la verdad no se establece mediante una discusión crítica, sino a través de una creencia compartida”.

Pero con el transcurso de los años, H. G. Wells viajó a Rusia en tres ocasiones, y tras su encuentro con Lenin, su percepción sobre el comunismo cambió drásticamente. Prueba de ello son sus experiencias recogidas en el libro Rusia en las Sombras, donde detalla su entrevista con el líder de la Revolución Bolchevique.

De aquel encuentro, el escritor británico se mostró impresionado con la doctrina de Lenin, y declaró que “gracias a él, a pesar de Marx, entendí que el comunismo podía ser enormemente creativo”. Era obvio su rechazo al filósofo alemán, como había demostrado en escritos anteriores. Para él, la expansión del marxismo no se debió al mérito de esta corriente ideológica, más bien a que la opción contraria, el capitalismo, es “estúpida, egoísta, excesiva y anárquica”.

Por sus críticas al marxismo, se granjeó la enemistad de gran parte de los comunistas, mientras que, por su desprecio al capitalismo, fue duramente criticado por los conservadores. Entre ellos, Winston Churchill, que le había otorgado el crédito de concebir en sus obras, la idea de usar aeroplanos y tanques antes de la Primera Guerra Mundial.

Habiéndose reunido durante décadas para discutir sobre diversos temas de actualidad, finalmente la relación entre ambos se deterioró. H. G. Wells le consideraba un miembro ilustrado de la clase gobernante, y Winston Churchill repudiaba sus ideales socialistas.

 

Las guerras mundiales y el pesimismo de H. G. Wells

 

Con el paso de las décadas, y el transcurso de las guerras, su firme creencia en la corriente humanista fue debilitándose. Primero fue la Guerra de los Boers en 1899, el conflicto a través del cual empezó a entender la complejidad de la naturaleza violenta en los seres humanos.

Después de la primera Guerra Mundial, inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse

Y después de la Primera Guerra Mundial, para H. G. Wells y gran parte de los intelectuales de la época, confiar en una raza que había causado tanta devastación, dependía prácticamente de un acto de fe sin fundamentos en los que sostenerse. Inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse.

Además, a través de su novela de ficción El Mundo Liberado, escribió acerca de un potencial atómico de catastrófica magnitud. Publicada en 1914, este escrito fue una oda a los posibles avances tecnológicos, al igual que un aviso sobre los peligros del uso indebido de la ciencia.

Paradójicamente, la exhaustiva imaginación que H. G. Wells muestra en la novela, especialmente al describir una granada de uranio capaz de provocar explosiones de manera indefinida, cautivó a Leo Szilard. Posteriormente, el físico húngaro reconoció que, a través de la obra del escritor británico, entendió “lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala”.

Y eventualmente, en 1934, plasmó esta realidad en forma de reactor nuclear. En 1939, El propio Leo Slizard y Albert Einstein escribieron una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, que comenzó el Proyecto Manhattan, y que terminó con el bombardeo de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagaski. Precisamente, en otra novela de H. G. Wells, La forma de las cosas que vendrán, publicada en 1933 y que fue adaptada al cine, se pronosticó con precisión el lanzamiento de bombas durante un conflicto global, provocando una devastación inminente. Por su parte, el propio Leo Slizard quedó atormentado al comprobar el poder destructivo de las bombas atómicas, y en 1950, pronosticó que una bomba de cobalto destruiría a todos los seres vivos.

Pasando de la ficción escrita a la realidad vivida, para H. G. Wells, la Segunda Guerra Mundial fue una ilustración definitiva de un panorama desalentador. La humanidad, que parecía incapaz de aprender de sus errores, quedó retratada.

De manera simbólica, como una broma macabra del destino, la última obra del escritor británico fue Mente al final de su atadura. Publicada en 1945, en el año de la conclusión del conflicto armado, el escritor inglés ofrece una visión oscura y desalentadora del mundo, donde tras la destrucción ocasionada, los seres humanos no pueden seguir viviendo.

Finalmente, el 13 de agosto de 1946, tendido en su lecho, H. G. Wells se despidió de sus seres queridos, a los que dedicó sus últimas palabras. “Podéis iros. Estoy bien”. 

 

El legado humanista de Wells y la Declaración de Derechos Humanos

 

El escritor británico se despidió de un mundo que debía continuar sin él, pero que nunca le olvidaría. No es casualidad que un socialista de convicciones igualitarias tan efusivas como él, y siendo una de las figuras literarias más influyentes de la época, fuese esencial en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Durante sus últimos años de vida, su visión crítica y sagaz sobre el mundo seguía intacta. De esta forma, en 1940 escribió un borrador titulado “La Declaración de Derechos del Hombre”, que él mismo reconoció que incluía de igual a manera a “mujeres y hombres, niños o adultos”.

A través este escrito, su objetivo era encontrar “un código de Derechos Humanos fundamentales, que fuese accesible a todas las personas”. Años más tarde, este documento sirvió de inspiración para la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Las premisas del borrador se centraban en la necesidad de crear un documento, a través del cual se pudiese establecer una ley internacional, con el fin de acabar con los conflictos. Remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas, la necesidad de preocuparse por cualquier acto de crueldad que aconteciese en el mundo, y abogó por una “profunda reconstrucción de los métodos de la vida humana”. 

De manera similar a José Saramago, quién en Ensayo Sobre la Lucidez explicó que “los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados”, H. G. Wells resaltó que “la ley debe incluir a la totalidad de las personas”. Según el escritor inglés, teniendo en cuenta la evolución social y el continuo nacimiento de seres humanos, “no puede existir una generación particular que sea capaz acaparar todo el poder legislativo, sino que este debe ser inherente a toda la humanidad”.

Desde que avisara de los peligros del aumento de las desigualdades de clases en “La Máquina del Tiempo”, hasta que se resignó a la capacidad destructiva de la raza humana en “Mente al final de su atadura”, transcurrieron 50 años. Durante su vida y a través de sus escritos, profundizó sobre temas que tienen resonancia en el siglo XXI, como el peligro de un conflicto nuclear, los métodos de vigilancia, el poder de manipulación de los medios, la creación de una red de conexión global y el calentamiento global.

De hecho, durante una conferencia en Australia en 1939, alertó de los peligros que entraña la explotación frenética de los recursos ambientales. “Los seres humanos queman bosques, talan árboles, destruyen terrenos, extinguen animales”, explicó. También ofreció una idea para concienciar a los seres humanos acerca de la necesaria protección del ecosistema: “Si en cada atlas se mostrasen las regiones devastadas por las actividades del ser humano, la gente quedaría atónita”. 

El legado de Herbert George Wells es asombroso, y sus desalentadoras advertencias sobre el futuro, demasiado reales en el presente.

Por Juanjo Andrés Cuervo

13 ago 2020 09:00

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Líder mapuche chileno en huelga de hambre publicó un audio de despedida

“Será un orgullo dar la vida por mi pueblo mapuche”, dijo Celestino Córdova

La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos demandan la devolución de tierras usurpadas.

 

El líder mapuche chileno Celestino Córdova grabó un mensaje de despedida ante las complicaciones de salud que sufre tras cumplir 100 días en huelga de hambre. Córdova exigió reivindicaciones políticas, territoriales y judiciales al gobierno. La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos entraron en pugna con el gobierno para pedir la devolución de tierras usurpadas por el Estado y empresas. Además reclaman la autonomía del pueblo mapuche y la creación de un ministerio indígena.

Córdova cumple desde 2014 una condena de 18 años de cárcel. Se lo acusó por el homicidio del matrimonio Luchsinger Mackay. Ambos murieron durante un incendio en su casa de Vilcún, 700 kilómetros al sur de Santiago, como consecuencia de un ataque incendiario llevado a cabo en 2013. “Lamento mucho que tenga que entregarles mi último mensaje dentro mis últimos días que me quedan”, señaló el líder mapuche. También aludió a su condición de machi (guía espiritual) para expresar que es su deber realizar este sacrificio. "Para que mi muerte sea más rápido me he colocado a la disposición de retomar huelga seca en cualquier momento y así mi desenlace no será lento como se lo esperan los actores de todos los poderes del Estado", agregó Córdoba. Además destacó que dará la vida por su pueblo y sus creencias. “Sólo espero que al Estado de Chile le sigan exigiendo, de todas las formas, devolver nuestro territorio ancestral mapuche y todas las deudas históricas con todos los pueblos originarios”, sostuvo el machi.

En medio de este histórico conflicto entre los pueblos originarios y el gobierno, el presidente Sebastián Piñera afirmó el pasado domingo que estaba abierto al diálogo. Sin embargo enfatizó que se debía respetar el Estado de Derecho, renunciando a la violencia y colaborando en avanzar en las soluciones. Nada dijo del violento desalojo por parte de Carabineros de las tomas de municipalidades en la Araucanía. Por su parte, el líder mapuche sostiene que desde el 2013 el Estado chileno le arrebató sus tierras, su comunidad y a su familia. 

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La protesta kukama, antes de la represión policial.

Tres miembros de la etnia kukama murieron durante una protesta

Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. Hay 17 heridos, cuatro de ellos graves, 

 

Desde Lima. El nuevo gabinete ministerial, encabezado por un general del ejército en retiro, se ha estrenado con tres muertes durante una protesta social. Tres indígenas de la etnia amazónica kukama murieron en un enfrentamiento con la policía cuando protestaban por el abandono por parte del Estado ante el dramático avance de la covid 19 en las comunidades amazónicas y por la falta de servicios básicos. Hubo diecisiete heridos, once pobladores, cuatro de ellos graves, y seis policías. El abandono ante la pandemia que golpea duramente a las poblaciones nativas de la Amazonia gatilló la protesta, pero ésta tiene profundas raíces de marginación, maltrato y violación de los derechos de estas comunidades.

La represión estalló cerca de la medianoche del último sábado frente a las instalaciones del Lote 95 de la petrolera canadiense PetroTal, en la selva amazónica. Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. En la mayoría de los casos no tienen acceso a centros médicos básicos en sus comunidades y deben hacer largos viajes para recibir atención, algo dramáticamente evidenciado en esta pandemia. También exigen una compensación económica por parte de la empresa por el uso de sus territorios.

El ex viceministro de Gestión Ambiental, José de Echave, ha advertido que la expansión de la pandemia del coronavirus y el abandono del Estado están poniendo a estas poblaciones indígenas “en el límite de lo humanamente tolerable”.

Las autoridades culpan de los hechos violentos a los indígenas. En un comunicado, el Ministerio del Interior señala que los pobladores llevaban escopetas de caza y “habrían realizado disparos” contra la policía. Se afirma que eso desató el enfrentamiento. El ministro del Interior, el general en retiro de la Fuerza Aérea, Jorge Montoya, ha dicho que se ha abierto “un proceso de investigación”, pero su ministerio ya adelantó opinión antes de esa “investigación”, culpando a los indígenas

Los dirigentes nativos rechazan enfáticamente esa versión oficial de lo ocurrido, que los acusa. Aseguran que no llevaban armas de fuego, solamente lanzas, armas ancestrales que portan en toda movilización. Dicen que en la oscuridad los policías se habrían disparado entre ellos.

El líder indígena Mayter Flores, que participó en la protesta y es hermano de uno de los fallecidos, denunció que “la policía prácticamente ha venido a matarnos”. “Nosotros -precisó- teníamos nuestras armas que son las lanzas y la policía nos comenzó a disparar”.

“Los hermanos indígenas no tenían armas de fuego. Solo estaban con sus armas ancestrales. Demandamos una investigación que esclarezca los hechos, que paren las medidas represivas de la policía y que se inicie un diálogo para atender las demandas de nuestros hermanos. Son demandas justas, porque existen pueblos que están en la pobreza y en la pandemia se ha visto reflejada”, ha dicho el presidente de la Organización de los Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio), Jorge Pérez.

Hay una larga historia de abandono de las poblaciones indígenas y también de conflictividad entre esas comunidades y las empresas extractivas -de petróleo, minería y la industria maderera-, que son respaldadas por el Estado. Las poblaciones nativas son afectadas por estas actividades extractivas, que contaminan su entorno vital. La vida de estas comunidades se ve seriamente afectada, y no reciben ningún beneficio de la riqueza extraída de sus territorios, por el contrario, se quedan con pobreza, contaminación y enfermedades. Y cuando reclaman por sus derechos, la respuesta suele ser violenta.

“Los pueblos indígenas estamos con más de 50 años de explotación petrolera y ni siquiera tenemos lo básico, salud y educación. Gran parte de la población está infectada (por la covid 19)”, ha denunciado la presidenta de la Asociación de Mujeres Kukamas, Mariluz Canaquiri.

En diálogo con Página/12, el antropólogo Alberto Chirif, dedicado a los temas amazónicos, señala que “lo ocurrido evidencia que la incapacidad de diálogo se está haciendo una costumbre en el país, se explota a la primera. Hay que desarrollar capacidades para el diálogo, desde el Estado en primer lugar, y también desde las organizaciones. Hay poblaciones que no ven satisfechas sus demandas y sus aspiraciones, eso lleva a que la mecha se encienda con gran facilidad”.

Hace un año, el gobierno se comprometió con las poblaciones indígenas de la zona amazónica de Bretaña, donde opera la petrolera PetroTal y escenario de esta protesta, a poner en marcha un “plan de cierre de brechas” para llevar servicios de salud, educación, agua potable y saneamiento, y reducir los impactos por la contaminación petrolera. Pero un año después, el gobierno no ejecuta ese plan. Esas demandas sin resolver se juntaron con los reclamos por el abandono ante la pandemia y estalló la protesta.

Luego de las tres muertes, el gobierno envió a la zona una comisión encabezada por el ministro de Cultura, Alejandro Neyra, quien se reunió con dirigentes indígenas. El ministro reconoció la validez de las demandas indígenas, prometió una investigación por las muertes causadas por la represión policial, aunque funcionarios del gobierno ya adelantaron opinión, y ofreció poner en marcha “el plan de cierre de brechas”, incumplido desde hace un año.

Los indígenas, acostumbrados a las promesas no cumplidas desde diferentes gobiernos, pidieron acciones concretas y anunciaron que mientras eso no ocurra se mantendrán movilizados. “Hay comunidades que se han sumado a la lucha y no se van a retirar ante esta represión”, aseguró el dirigente Jorge Pérez

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Imagen: EFE 

Entrevista con la socióloga franco israelí especializada en  capitalismo subjetivo

 "El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años." 

Ese pacto nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona.

 

 Nadie había pensado en esta modernidad hasta qué punto el contrato que nos liga con el Estado y el que liga al Estado con la economía liberal está basado en la salud. Sólo en el Siglo XX el filósofo francés Michel Foucault teorizó la forma en que, a partir del Siglo XVIII, “la vida se convirtió en un objeto de poder”. Y la vida es la salud. Ese “pacto sanitario” que desarrolla en esta entrevista la pensadora franco israelí Eva Illouz nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona. Illouz es la socióloga y pensadora que más ha reflexionado y escrito sobre capitalismo visto desde el ángulo de la subjetividad, es decir, desde el punto de vista del amor y sus (nuestras) relaciones con el sistema liberal. Sus ensayos son el testimonio de un pensamiento basado en la idea de que la modernidad puede ser comprendida a través del amor. No se trata tanto en su obra del amor propiamente “sentimental”, sino, más bien, de la manera en que el capitalismo trastornó los códigos emocionales y la estrategia con la cual la llamada economía moral de las relaciones sociales instituye intercambios económicos a través de las emociones (Capitalismo, consumo y autenticidad, Katz Editores, Argentina, 2019). Sus libros anteriores o posteriores han explorado con una originalidad incuestionable toda la esfera de esa relación contaminante entre amor y capitalismo: Intimidades congeladas (Katz Editores, 2007), El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo (Katz Editores, 2009), La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda (Katz Editores, 2010), Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico (Katz Editores, 2014), Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Katz, 2012), Futuro del Alma. La creación de estándares emocionales (Katz y Six Barral, 2014), Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, junto a Edgar Cabanas (Paidós, 2019). Su último libro en francés, La Fin de l'amour. Enquête sur un désarroi contemporain (El final del amor. Investigación sobre el desorden contemporáneo) se sumerge en las formas más modernas de las relaciones amorosas atravesadas por la libertad de no comprometerse. Ha sido, por paradoja, una de las etapas más dolorosas de la pandemia: para proteger al otro tuvimos amor sin compromiso, es decir, sin presencia.

La pertinencia de su pensamiento se despliega en esta entrevista cuyo hilo conductor es el Estado y su nuevo protagonismo total, la hipocresía y el desenmascaramiento del liberalismo, el amor y la centralidad del pacto sanitario con los ciudadanos. El debate entre un Estado que confina, una ciudadanía que obedece y sectores que lo impugnan ha circulado en todas partes del mundo. Jamás con la grosería, la mentira y la violencia aciaga con que la derecha cavernícola lo hizo en la Argentina. Sin embargo, Eva Illouz señala que ha sido, en el mundo, la socialdemocracia la que mejor ha asumido la gestión de la pandemia.

---De pronto, con la pandemia, en un abrir y cerrar de ojos, la relación entre el Estado y la sociedad se transformó: el discurso liberal de la libertad, de la incitación a la autonomía, a realizarse como un individuo emancipado, quedó neutralizado por la reentronización del Estado. No somos más responsables de nuestro destino. El Estado asumió todas las prerrogativas y se convirtió en el rey en contra del discurso liberal de la emancipación.

---El Estado siempre ha actuado en el telón de fondo de nuestra vida, pero nunca antes habíamos sido testigos de la potencia fenomenal del Estado como ahora, ni de la uniformidad con la cual obedecimos a las órdenes del Estado. Hubo, sin embargo, excepciones muy asombrosas. Pienso por ejemplo en los Estados Unidos, donde la concepción del Estado es muy diferente. Al Estado fuerte lo vimos sea en las democracias sociales, Europa entre otros, sea en los Estados autoritarios. Pero el Estado federal estadounidense fracasó. Hay algo paradójico en esta situación si observamos también lo que ocurrió en Alemania. Fueron más las personas de la extrema derecha las que desobedecieron al Estado que las de la extrema izquierda. De alguna forma hemos sido prisioneros del Estado. Sin embargo, también hemos comprendido que el contrato que nos liga al Estado es un contrato sanitario. El Estado tiene todos los poderes mientras asume la defensa de nuestra seguridad, a la vez militar y sanitaria. Es la primera vez que, por razones sanitarias y no militares, el Estado tiene tantos poderes. Lo ha hecho antes, pero por razones militares y, en el caso de las dictaduras, por causas políticas. Se privó al individuo de sus derechos. Nunca antes había ocurrido debido a razones sanitarias y menos aún a escala planetaria. Cuando hay que elegir entre la seguridad, la supervivencia y la libertad, los ciudadanos siempre elegirán la seguridad. En el contrato social de la teoría liberal siempre se prefiere la seguridad a la libertad. La seguridad será siempre más fuerte que la libertad. El Estado actuó allí.

---Se dio también en el mundo una suerte de convergencia entre los Estados ante la pandemia.

---Hubo una homogeneidad en la gestión de la crisis y fue China quien dio el ejemplo, quien mostró el camino sobre la forma de administrar la crisis. Con algunas excepciones, todos los Estados imitaron a China y terminaron imitándose entre ellos. La uniformización de la gestión de la pandemia fue también algo nuevo.

---¿ Usted cree que el Estado restauró su pertinencia ente un neoliberalismo que siempre buscó retirarle poderes ?. Las crisis mundiales han probado el papel preponderante del Estado: la crisis de 1919, la crisis petrolera de los años 70, la bancaria de 2008 y, ahora, en 2020, la pandemia. El Estado fue, cada vez, el bombero del sistema.

---El capitalismo fue periódicamente salvado por los Estados. Creo que el neoliberalismo siempre tuvo una relación ambigua con el Estado. El neoliberalismo le impone al Estado la lógica del capitalismo y, al mismo tiempo, lo utiliza porque necesita del Estado. El mercado no puede sobrevivir sin el Estado. Las ganancias del sistema capitalista neoliberal son posibles porque el Estado instala estructuras que benefician al capitalismo. El Estado construye las infraestructuras, los trenes, las rutas, los aeropuertos o la electricidad. El Estado también asume la educación. Sin todo esto las compañías no existirían. El Estado se encarga de la capacitación, de la educación. Lo más irónico de todo esto es que el Estado también financia la salud, sin la cual, igualmente, las compañías no sobrevirían. Hay una enorme mala fe en esta situación porque, sin el Estado, el capitalismo no podría existir. Todo lo que el Estado financia y administra es esencial para el mantenimiento de la mano de obra. Un Estado social fuerte es casi necesario para el capitalismo. Pero esta necesidad se ve a menudo negada por los neoliberales. La crisis del Covid-19 fue la prueba flagrante e insoslayable de que el capitalismo necesita de un sistema de salud muy fuerte. En cuanto ese sistema de salud tambaleó, todo se detuvo. De alguna manera esto fue como la hipótesis escondida de todo el sistema.

---Justamente, una de las dimensiones escondidas de esta tragedia radica en que la salud es una de las variables esenciales de la gobernabilidad. En una escala social amplísima no se había visto que la salud era un regulador de todo.

---El Estado moderno está ligado a sus ciudadanos mediante un pacto sanitario. Esto es muy interesante porque, por ejemplo, en Estados Unidos quedó demostrado que sin ese pacto nada funcionaba. Las grandes manifestaciones de Black Lives Matter se desencadenaron por la horrible muerte de Georges Floyd, pero también porque entre las poblaciones negras y latinas se produjeron dos veces más muertes por el Covid que entre los blancos. Nada de esto habría ocurrido si las poblaciones negras hubiesen sido atendidas por el sistema sanitario. Muy ampliamente, esta población estaba enferma y sin atención médica. Estados Unidos nos muestra que sin ese pacto sanitario no es posible gestionar a los ciudadanos. Alemania, por ejemplo, fue el ejemplo más elocuente de una socialdemocracia y de la manera en que el Estado respetaba el pacto sanitario que lo liga a sus ciudadanos

---Se ha dicho en casi todas partes que lo más arcaico, es decir, un virus, vino a demoler la híper modernidad tecnológica. Sin embargo, con un enfoque más sutil, usted sugiere otra interpretación.

---Fue exactamente al revés. No creo que el virus haya provocado un cortocircuito en la modernidad sino, más bien, pienso que nos propulsó hacia adelante. El mundo distópico que nos aguarda es el mundo donde todo se hace en casa: trabajamos en casa, hacemos compras desde casa, nos ponemos en relación con los otros desde casa, buscamos relaciones sexuales desde casa. Es un mundo donde las grandes empresas tecnológicas que lo controlan y desarrollan la tecnología nos permiten navegar en el mundo a partir de nuestra casa. El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años.

---La expansión de los tapabocas, de las máscaras, como un antídoto contra la propagación del virus es otro episodio globalizado y simbólico. Usamos todos máscaras al mismo tiempo que, como usted lo ha afirmado, la crisis sanitaria desenmascaró la impostura del liberalismo.

---La impostura consistió en decir que el mercado puede autorregularse y que el mercado es el mecanismo más poderoso y, por consiguiente, que es él quien puede regular la vida social. Está también esa idea darwiniana según lo cual todo aquello que sobrevive, que funciona, está muy bien, y que todo lo que es ineficiente desaparecerá. Pero, como lo hemos visto con la salud, el sistema sanitario no es un sistema capaz de funcionar con lógicas de rentabilidad. La impostura consistió también en difundir la ilusión de que lo primero es el mercado y que el Estado es algo viejo, desactualizado, que su forma de reflexionar en el bien común no es eficaz y que su lógica lleva a gastar mucho sin necesidad. Hemos visto ahora que sin un sistema de salud fuerte y sin un Estado que pueda a exigir de su población creer en sus expertos, la crisis de la pandemia no podía gestionarse. Para mí, esta crisis marca el triunfo del modelo socialdemócrata. Los países que mejor gestionaron la crisis fueron los países socialdemócratas. Estados Unidos, que no es una socialdemocracia, se equivocó por completo. Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos países donde la ideología liberal es la más fuerte, son los países que peor gestionaron la crisis.

---Frente al futuro que se diseña usted puso de relieve la ética de la responsabilidad. ¿ Cómo se interpreta esa necesidad ?

---Los campos de la responsabilidad cambian ampliamente. Comparemos esto con la crisis del Sida. El Sida se transmitía por vía sexual o por transmisión sanguínea. Rápidamente se entendió que con un preservativo se llegaba a limitar considerablemente la difusión del Sida. El Covid-19 plantea nuevos interrogantes porque concierne a toda la sociabilidad, va mucho más allá de las relaciones sexuales. La pregunta “ ¿ que me debe usted, que le debo yo y cuáles son los términos de nuestro encuentro ? carece por ahora de guion. De allí se desprende esa lógica de la responsabilidad porque, en adelante, deberemos contar con los demás para que ellos no nos pongan en peligro. Nos vimos enfrentados al amor a través de la negatividad. Tuvimos que dejar solas a las personas que amábamos para protegerlas. Solemos pensar en la ética desde el punto de vista de la solidaridad, de la acción, de ser solidarios, tocar. Nos faltó imaginación para pensar en la responsabilidad en modo negativo, en un modo de distanciamiento y de ausencia de acción.

---Aquí entramos plenamente en su obra, particularmente en ese extraordinario libro, El Fin del amor. La pregunta es: ¿acaso esta crisis puede restaurar la creencia en el amor después del desencanto que usted describió tan bien en su ensayo ?

--Creo que la crisis es más difícil para las personas que están acostumbradas a tener varias relaciones al mismo tiempo. Pero lo que torna difícil la condición del amor es cierta forma de individualismo, el hecho de que la familia se volvió opresora, el hecho de que tenemos muchos discursos igualitarios, pero nada de igualdad en la pareja, el hecho de que el cambio, la realización de uno mismo es alentada y, por consiguiente, la gente cambia muy seguido de gustos y de puntos de referencia. Son todas fuerzas exteriores. ¿Una crisis como esta puede aportar una reflexión distinta sobre el amor… ? . Todo dependerá de lo que se ponga en tela de juicio globalmente. Mucha gente descubrió que para medirse a una crisis semejante lo mejor era estar en pareja, con una relación sólida. Ahora ¿ acaso eso es el amor ?. No sé. Tal ves sólo se trata de una relación de afectos, pero no realmente de amor. En China, los divorcios aumentaron luego de la crisis. La gente descubrió que, cuando estaban todo el tiempo juntos, era un infierno. La familia y la casa moderna, o sea, los departamentos pequeños, reposaban sobre la hipótesis según la cual los niños estaban afuera durante el día y que los hombres y las mujeres no se encontraban a lo largo de la jornada. Esta crisis forzó las familias a ingresar en un estado de implosión interior. La tendencia inversa también es posible.

---Usted teorizó por primera vez lo que llamó “el capitalismo sentimental” (también “capitalismo afectivo”). Es decir, esa esfera donde los seres humanos eran absorbidos para producir más. ¿Tiene ese sistema futuro luego de la pandemia ?

---No creo que tenga una incidencia. El capitalismo sentimental conduce a que las emociones sean manipuladas, utilizadas, sublimadas dentro de la esfera de trabajo capitalista para transformar al trabajador y al lugar del trabajo en una unidad donde se puede producir más. Lo que tal vez cambie es que el lugar de trabajo enfrentará más ansiedad o miedo. La pregunta es quien administrará todo este miedo y ansiedad, o sea, el no funcionamiento.

---El amor es, para usted, una forma de comprender la modernidad. ¿Cuál es la forma de nuestra modernidad en este momento-amor preciso ?

---Podemos hablar en primer lugar del individualismo afectivo. Es un elemento central en la historia del individuo. El individualismo es la afirmación de que el individuo tiene derechos nuevos contra los padres, las comunidades y el Estado. El amor desempeñó un papel central en esa afirmación moral del individualismo. Romeo y Julieta, por ejemplo. Luego, está la idea de la libertad, la idea de que el individuo tiene derechos inalienables. Esto se elaboró en la esfera política y después se proyectó en la esfera individual. Es la idea hegeliana de pensar en la familia y el matrimonio en función de los nuevos derechos y de un contrato que va a unir a dos individualidades libres. Todo el modelo moderno de las relaciones presupone la libertad de cada uno para entrar y salir. Es una idea predominante en el amor. En el catolicismo no se puede divorciar porque el matrimonio es una institución santa y, como tal, es más fuerte que la voluntad o el deseo de los individuos. Luego, el amor pone en juego toda la cuestión del deseo. Y el deseo se ha convertido en el motor central de la economía y de la cultura del consumo. Esta cultura legitimó el deseo. Se trata de un encuentro, de una convergencia histórica, entre el deseo del objeto y el deseo sexual y romántico. Desde luego, no se puede obviar la revolución sexual, que fue muy importante. ¡ Sexual !. Esta revolución concierne la vida privada, la sexualidad. La revolución sexual puso todo en tela de juicio y fue uno de los acontecimientos más importantes del Siglo XX que cambió la estructura. Sexualidad, deseo, la forma en que las mujeres van a comprenderse dentro de una relación ocuparon un lugar determinante. En el amor pueden leerse procesos económicos, morales, políticos, jurídicos y sociales.

---La tensión entre el deseo de libertad y los fantasmas de sumisión, entre la atracción y la irritación, la autonomía y la independencia. Con o sin pandemia, el amor es una dualidad difícil de conciliar.

---Sí, absolutamente. Me gusta la perce pción de Freud según la cual el amor es esencialmente ambivalente, está atravesado por una ambivalencia estructural. Durante el confinamiento, la famosa frase de Jean-Paul Sartre “el infierno es el otro” resultó muy pertinente. Creo, también, que es dentro del amor que la frase de Sartre se plasma; en esa presencia constante del otro, en esa intimidad permanente con él. El amor moderno se ha convertido en algo parecido: una suerte de veleidad de intimidad, de transparencia, de simbiosis y de fusión que hace que la proximidad del otro sea simultáneamente más imperiosa y más insoportable.

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"El derecho a la vivienda debería ser un derecho mundial"

Lidera el Movimiento sin Techo del Centro 

Habla de la actualidad de Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro, la discriminación racial, el movimiento al que pertenece y los efectos de la pandemia en la población indígena.

 

A Janice Ferreira se la conoce mucho más por su apodo, Preta. Acusada de extorsión en la toma de viviendas, pasó 108 días detenida en la prisión de Santana, en San Pablo. “No vino contra mí el Estado y su poder judicial, fue el Estado en tanto especulador inmobiliario”, comenta. Orgullosa de su condición de mujer negra con formación universitaria y luchadora social, lidera el Movimiento sin Techo del Centro (MSTC). A los 35 años ya tiene unas cuantas cicatrices por la vida que lleva en constante pelea contra las injusticias. Su perfil viene de familia. Carmen, su madre, también es referente de las personas sin vivienda que viven en las calles o alternan entre un alquiler imposible de pagar y el riesgo latente de ser desalojadas. Las dos fueron encarceladas aunque con una diferencia. El proceso contra la mamá de Preta terminó con su absolución y su hija  en libertad. Desde la capital paulista dialogó con Página/12 sobre la actualidad de Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro, la discriminación racial, el movimiento al que pertenece y los efectos de la pandemia sobre la población de las comunidades quilombolas e indígenas. La clase más sumergida de su país.

-¿Nos puede explicar cómo ha sido su militancia en el Movimiento sin Techo?

- Soy militante de la lucha por la moradia (en portugués hogar, vivienda, una palabra que repetirá a lo largo de toda la entrevista) y del MSTC. Me formé en Publicidad y trabajo en la cultura con música, cine, arte… soy cantora, actriz y ahora escritora. Acabo de terminar un libro que saldrá antes de fin de año y se llama Mi carne, diario de una prisión. Todas son cosas que veo con naturalidad. Yo fui criada en hacer lo que me gusta.

-¿Desde qué edad comenzó a involucrarse en las luchas sociales?

-Milito desde los 14 años, tengo 35 y me comprometí con el Movimiento sin Techo. Soy una persona excluida de la sociedad y entonces milité por eso. Y lo hice para que otras personas no pasaran lo que yo pasé, cuando se me negó el derecho a la moradía y ahora soy una negra que lucho por los derechos constitucionales. Porque acá en Brasil estamos en las mismas condiciones que en la década del ’60, en 1964, cuando se produjo el golpe de la dictadura militar.

-¿Cómo se compone su familia?

-Nosotros somos ocho hermanos, cuatro hombres y cuatro mujeres. Yo vivo en el centro y todos viven acá en San Pablo y todos están unidos a esta causa donde ocupamos viviendas por necesidades. Solo mi padre y la parte de su familia siguen en San Salvador de Bahía.

-¿El Movimiento que usted integra es social y políticamente amplio o está identificado con algún sector en especial?

-Es un movimiento amplio que cuida de las personas que necesitan su casa independientemente de su condición social y de su credo. Es un movimiento muy diverso que lucha por las garantías constitucionales. No nos ocupamos solamente de conseguir una casa; también de la salud, la educación y de temas judiciales de quienes están dentro del MSTC.

-¿Cuántas personas estiman ustedes que no tienen techo en San hablo o en todo Brasil?

- (NdelaR: en 2018 un estudio señalaba que había 6,9 millones de familias sin techo y 6 millones de inmuebles vacíos en todo Brasil). Acá en San Pablo no sé cuántas son las personas sin techo porque aumentan gradualmente como los predios deshabitados. No tengo ninguna referencia. Pero así como hay 86 mil predios vacios, la cantidad de gente en las calles es bien mayor. Falta voluntad política para resolver el problema de la vivienda, para hacer un programa sobre el tema. Más esto pasa también por la especulación inmobiliaria. Porque si tú no tienes el dinerinho para pagar el alquiler vas a la calle y el problema de la especulación inmobiliaria es un problema del mundo todo, no es solo de San Pablo. El derecho a la vivienda debería ser un derecho mundial. Las personas se quedan sin casa porque la especulación inmobiliaria se está comprando todo.

-¿Se identifican ustedes con el movimiento Okupa que surgió a mediados de la década del ‘80?

-Sabía sobre ese movimiento pero la verdad es que nosotros tomamos predios desocupados, cien por ciento vacíos hace más de veinte años, ociosos, donde no se cumple la función social de la propiedad y donde unos derechos dejan de estar garantidos. Los movimientos sociales quieren pagar por un hogar pero no existen políticas públicas que, es importante recordar, deben hacerse efectivas para que la población pueda tener esas viviendas a un precio justo. Queremos que se den años de gracia para pagar pero parece que no es interesante liberar esos predios para los trabajadores populares o de baja renta porque existen grandes empresas que quieren comprarlos para transformarlos en apartamentos lujosos o minúculos para vender por un precio que un trabajador pobre o de baja renta no consiga comprar. Por eso el movimiento tiene la obligación de denunciar esta especulación inmobiliaria y por eso se nos criminaliza. Prueba de eso es que yo fui presa 108 días sin haber cometido crimen alguno.

-¿Cómo es afectada la población negra de Brasil en esta problemática? ¿Tiene más dificultades por cuestiones raciales que la población blanca o mestiza?

-Ahí ve la gente el problema racial, cuando se afecta el derecho a la moradia. Desde la época de la esclavitud que se está arrastrando y al Estado no le interesa que una mujer negra tenga estudios superiores, un diploma, porque ese acceso es negado y lo señalan las estadísticas. A mí me pasó esa discriminación cuando un empresario me pagó mi pasaje de avión y GOL no me dejó viajar porque la tarjeta de crédito no era la mía. Porque era de un hombre blanco, de Bélgica, hicieron especulaciones sobre dónde había comprado ese pasaje y no conseguí viajar y tuve que comprar otro con mi dinero, porque una mujer negra no puede viajar en Brasil si adquirió el pasaje con una tarjeta que no es de ella. Eso es el racismo en este país. Es un cáncer.

-¿Le hizo juicio por eso a la compañía?

-No, no quise gastar energía en eso, tengo muchas cosas a qué dedicarme.

-¿Las condiciones de movimientos como el MSTC empeoraron con el gobierno de Bolsonaro?

-Es un gobierno dictatorial, totalitario, fascista, racista, machista, que excluye y gobierna para una torcida organizada. Usted ve ahí la ayuda a la población índígena siendo negada por el presidente con un veto. Las personas de esas poblaciones indígenas y de las quilombolas no son gente para él. No es el presidente de la república, el presidente debe gobernar para todos, para toda la población del país. Bolsonaro gobierna para los ricos, ellos están muy bien. El hijo de él se vio envuelto en el asesinato de Marielle Franco. Bolsonaro nos mandó la Policía Federal para aprehendernos a nosotros, Bolsonaro junto al gobernador de San Pablo Joao Doria. Bolsonaro, Doria y Witzel el gobernador de Río de Janeiro, son tres asesinos, tres genocidas y hoy que estamos viviendo la pandemia el presidente le niega derechos a una parte de la población.

-¿Adhiere a la denuncia internacional contra Bolsonaro por genocidio?

-Sí. Absolutamente. Un presidente que no obliga a las personas a usar tapabocas es justamente para matar a esas personas, a la población carcelaria. Un presidente que firma un veto para que la población indígena y quilombola no tenga atención médica durante una pandemia mundial es un asesino. Un presidente de la República que sabe que está infectado con Covid-19 y está en la calles conversando con las personas, es un asesino. No son opiniones, son hechos.

-¿Cómo siguió lo que pasó en EEUU con el asesinato de George Floyd y la respuesta que generó en la población?

-Yo creo que en Brasil debemos valorizar nuestras luchas porque acá, cada 23 minutos, muere un George Floyd. Cada 23 minutos un joven negro es asesinado.

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Foto: Un salón de clases es desinfectado en Egipto. (UNICEF/Ahmed Mostafa)

La pandemia de coronavirus ha provocado la mayor paralización educativa de la historia y el cierre de escuelas en más de 160 países, a mediados de julio, ya había afectado a más de mil millones de estudiantes, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, este martes.

Además, al menos 40 millones de niños en todo el mundo se han perdido la educación «en su año crítico de preescolar», agregó.

Como resultado, Guterres advirtió que el mundo enfrenta «una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, socavar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades enquistadas».

Antes incluso de la pandemia, el mundo sufría «una crisis de aprendizaje», con más de 250 millones de niños sin escolarizar y sólo un cuarto de los jóvenes de secundaria que dejaban la escuela en países en desarrollo tenían «habilidades básicas», explicó Guterres.

Según una proyección global sobre 180 países elaborada por la Unesco, la agencia educativa de la ONU, y organizaciones asociadas, unos 23,8 millones de alumnos más entre el jardín de infantes y la universidad están en riesgo de abandonar sus estudios o de no tener acceso al próximo curso académico por el impacto económico de la pandemia.

«Estamos en un momento decisivo para los niños y jóvenes del mundo», dijo Guterres en un mensaje en video y en una conferencia de prensa sobre el informe de 26 páginas. «Las decisiones que los gobiernos y los socios tomen ahora tendrán un impacto duradero en cientos de millones de jóvenes y en las perspectivas de los países en vías de desarrollo para las próximas décadas».

Según el reporte, «la paralización educativa sin precedentes» por la pandemia está lejos de terminar y hasta 100 países no han anunciado todavía el calendario para la reapertura de centros educativos.

Guterres pidió acciones en cuatro áreas clave, la primera de ellas la reapertura de los centros educativos.

«Una vez que la transmisión local del COVID-19 esté bajo control, hacer que los estudiantes regresen a las escuelas e instituciones educativas con la mayor seguridad posible debe ser una prioridad», manifestó.

La Unesco tiene previsto celebrar una importante videoconferencia de alto nivel en otoño, probablemente en la segunda mitad de octubre, para lograr compromisos de los líderes mundiales y de la comunidad internacional que sitúen a la educación en primera línea de las agendas para la recuperación, explicó la subdirectora general de la institución para Educación, Stefania Giannini, a reporteros.

«Puede haber compensaciones económicas, pero cuanto más tiempo sigan cerradas las escuelas, más devastador será el impacto, especialmente en los niños más pobres y vulnerables», advirtió Giannini.

Los colegios no sólo proporcionan educación, sino que también ofrecen protección social y nutrición, especialmente a jóvenes vulnerables, afirmó.

La crisis del coronavirus ha ampliado las desigualdades digitales, sociales y de género, dijo Giannini añadiendo que las niñas, refugiados, discapacitados, desplazados y jóvenes de zonas rurales son los más vulnerables y tienen oportunidades limitadas para continuar su educación.

Guterres dijo que incrementar la financiación de la educación debería ser una prioridad.

 

Agencias

5 agosto 2020 0

Publicado originalmente en AFP

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