Sábado, 06 Junio 2015 18:05

Todos somos extras

Todos somos extras

La gran industria del cine que utiliza México en sus localizaciones refleja, sin pretenderlo, la desigualdad entre la situación en el país y el papel que juega en el mundo. Las elecciones de mañana pertenecen a la industria del conflicto

 

El 26 de marzo de 2015, a seis meses de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, una marcha tomó las calles de la Ciudad de México. De manera simultánea, la plaza de la Constitución se llenó de esqueletos, calaveras y guadañas de afilada artesanía. Un helicóptero filmaba ese festival de los difuntos. Curiosamente, los disfraces fúnebres no pertenecían a la manifestación de protesta, sino al rodaje de Spectre,nueva película de James Bond. Aun así, se trataba de un gesto político: no hay modo de ver una calavera en México sin pensar en desaparecidos.

En su más reciente superproducción, 007 beberá martinis mientras conquista chicas de irrefutable aspecto y cuestionable proceder. Una escena lo hará despeinarse en el Distrito Federal. ¿Qué papel jugará ahí la población local? El mismo que en la arena política: el de extra.


Un clima de falsa participación determina nuestra democracia. Tal vez porque llevamos la impuntualidad a dimensiones épicas, tardamos 71 años en liberarnos de un sistema de partido único. En 2000 conocimos finalmente la alternancia. ¿Qué pasó en los últimos 15 años? Los escándalos salpican a toda la clase política, las consignas partidistas son intercambiables y ningún candidato parece capaz de cumplirlas.


Sin otro control que ellos mismos, los partidos descubrieron la industria del conflicto, donde lo más redituable no es resolver problemas sino preservarlos. Eso permite hacer negociaciones interesadas y pactos en los que se obtienen dividendos.


El Partido Verde Ecologista de México ha sido multado con más de 36 millones de euros por violar la ley en anuncios publicitarios, y los paga con el optimismo con que promueve la pena de muerte. La sanción le afecta poco porque las mentiras que difunde, y su alianza con el PRI, le garantizan un 7% de los votos, lo cual significa obtener prebendas superiores a las multas, que en realidad son una inversión de futuro. El PVEM no es una anomalía de nuestro sistema político; es la agrupación que mejor aprovecha su funcionamiento.


Con olímpico desdén, Borges se refirió a la democracia como "ese curioso abuso de la estadística". En la hora mexicana, la frase adquiere inquietante radicalidad. Los votos no obligan a actuar en forma definida; sirven como un pretexto o, en el mejor de los casos, como un sondeo para justificar el negocio de los partidos. En este ambiente de kermés, no es de extrañar que Morena, agrupación de izquierda, seleccione a sus candidatos plurinominales por medio de una rifa.


El domingo 7, los mexicanos abusaremos de la estadística. Votar resulta preferible a no hacerlo porque la abstención favorece al partido más poderoso (en este caso, el PRI); sin embargo, estamos ante la elección más desangelada desde 1976, cuando sólo hubo un candidato a la presidencia: José López Portillo, del PRI.


Los partidos se desmarcan de los ciudadanos y el Gobierno opta por el aislamiento, blindándose ante la crítica. Las presiones arrecian sobre los periodistas (la ONG Artículo 19 ha detectado más de 300 agresiones en el último año). Hace poco, Virgilio Andrade fue nombrado secretario de la Función Pública; sin embargo, este fiscal anticorrupción carece de autonomía porque depende del presidente. Heinrich von Kleist renovó la comedia alemana con El cántaro roto, donde un juez investiga un crimen que él cometió. En México, eso recibe otro nombre: "Legalidad".


Más de seis meses después de las desapariciones de Ayotzinapa no hay una versión fidedigna de lo ocurrido. En un intento por cambiar los usos del lenguaje, el procurador llamó "verdad histórica" a una hipótesis: los muchachos fueron entregados por la policía a narcotraficantes que los quemaron hasta convertirlos en cenizas. Sin embargo, para calcinar cuerpos al aire libre habría sido necesaria una cantidad de leña o neumáticos de la que no hay rastros. Berta Nava, madre de uno de los desaparecidos, visitó el presunto lugar de los hechos y dijo: "A la redonda, estaba verde". No había huellas de una pira descomunal. Por su parte, el equipo internacional forense encargado de revisar los restos se ha quejado de intromisiones y manipulación de datos.


Si el Gobierno da por buena su "verdad histórica", ¿dónde están los responsables? El 11 de mayo, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, criticó la "fragmentación de la investigación": "Más de trece causas penales en seis juzgados de distintas ciudades del país". Eso impide tener una visión integral de los hechos.


En La guerra de las imágenes, Serge Gruzinski describe a la población del DF como "caos de dobles". Se diría que ésa es la función actual de la ciudadanía (dada la violencia, podríamos precisar que se trata de "dobles de riesgo", como los que suplantan a Daniel Craig en las escenas peligrosas de Spectre).


Las superproducciones brindan involuntarias metáforas de México. En 1997, a tres años de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, Titanic se rodó en las playas de Baja California. Los bloques de "hielo" en el agua eran trozos de poliuretano, y los "ahogados", extras mexicanos. Este símbolo del intercambio desigual entre norte y sur, al que México aporta cuerpos flotantes, también ha encarnado en la ciencia-ficción. En Total Recall (1990) y Elysium (2013), la Ciudad de México fue usada como escenario natural —sin retoque alguno— de la devastación y sus habitantes participaron como una horda menesterosa, los pordioseros de una edad futura.


¿Tenemos vocación de extras o la historia nos orilla a ese papel vicario? Tal vez por eso cada año México presenta la mayor concentración mundial de muertos vivientes en el Zombie Walk.


Según las cláusulas de nuestro sindicato cinematográfico, quien pronuncia un parlamento califica como "actor". Los extras no tienen voz. En el cine de alto presupuesto, los mexicanos son náufragos, limosneros del porvenir, heraldos de la muerte. Están ahí, pero no influyen. Si se necesitan más, pueden ser replicados por computadora: "Dobles de dobles".


Nuestra situación electoral no es muy distinta. Mientras la política no se ciudadanice, no seremos protagonistas.


"Muestra tu rostro al fin para que vea / mi cara verdadera, la del otro, / mi cara de nosotros siempre todos", escribió Octavio Paz. La democracia comienza cuando los extras hablan.


La elección del 7 de junio pertenece a la industria del conflicto. Resolverlo dependerá de los dobles, los desaparecidos, los mexicanos.
Juan Villoro es escritor

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El respeto a los derechos humanos como fin del drama en Colombia

América Latina, a pesar de lo que dicen algunos de sus gobernantes, es un territorio asolado por conflictos: desde México a Argentina se suceden los conflictos sociales y aún hay pervivencia de enfrentamientos armados. Detrás de ellos hay una larga historia de antagonismos sociales y étnicos que se han resuelto con violencia y represión. La desigualdad y la herencia histórica represiva continúan hegemonizando la vida en la región.


Existe una campaña mediática que nos muestra Colombia como un país de oportunidades y como una locomotora en América Latina, en comparación con otros países de su entorno. Pero la verdad es que no se visualiza la consolidación de un Estado de Derecho inclusivo para todos los sectores de la población y los indicadores sociales, económicos y de respeto a los derechos humanos no parecen generar esperanza en una menor desigualdad entre sus habitantes.


Desde hace más de medio siglo, Colombia vive un drama histórico caracterizado por el sistemático recurso a la violencia como forma de resolución de los conflictos sociales, económicos y políticos. Esta no sólo se vincula al conflicto armado que enfrenta al gobierno, grupos paramilitares y a las guerrillas de las FARC-EP y ELN, sino que es un fenómeno complejo y multidimensional. Adopta diversas modalidades, formas y experiencias en las cuales se cruzan la violencia producto de la lucha interna, con la derivada de las condiciones de pobreza en la que vive una importante parte de la población. Hoy, en el país persiste el conflicto armado más antiguo de América Latina, a la vez que se mantienen y reproducen las enormes desigualdades sociales. Así mismo se producen innumerables violaciones a los derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario que afectan a la vida, la integridad, la libertad y los derechos económicos, sociales y culturales de la mayor parte de su ciudadanía.


En Colombia existen más de 5 millones de desplazados internos (un 13% de la población) y cada año 150.000 personas se ven obligadas a abandonar su hogar. Cruz Roja dice que en 2014 hubo 617 casos de delitos de lesa humanidad. En lo que va de año ha habido 52 víctimas de violación de derechos humanos, las ejecuciones extrajudiciales a partir del año 2000 superan las 5.840 víctimas (1.500 fueron considerados falsos positivos- muchachos asesinados por las fuerzas de seguridad y presentados como guerrilleros) y la impunidad persiste en un 98% de los casos. Así mismo se han usado niños y niñas como miembros de organizaciones armadas.


En este mismo sentido los organismos de derechos humanos cifran en más de 40.000 las personas desaparecidas por los grupos legales e ilegales y sitúan la violencia contra las mujeres como parte de las dinámicas del enfrentamiento armado. Las mujeres sufren violencia física, psicológica y sexual en la lógica de "lesionar al enemigo" y su cuerpo se configura en campo de batalla. Por otra parte los defensores y defensoras de derechos humanos son amenazados, perseguidos y asesinados y las escuchas ilegales, conocidas por "chuzadas", los seguimientos y las amenazas están a la orden del día.


De igual modo si analizamos la situación del país, al calor de los textos de organismos de derechos humanos tanto nacionales como internacionales, podemos constatar que el principal violador de los mismos es el propio Estado colombiano, quien además es el principal incumplidor del Derecho Internacional Humanitario, seguido de distintas organizaciones paramilitares – las conocidas por "bacrim"- creadas por los propios aparatos del Estado y en clara connivencia y complicidad con grupos de narcotraficantes y junto a ellos los grupos insurgentes como las FARC-EP y el ELN.


El conflicto armado no es la única fuente de violación de los derechos humanos. El 45% de la población está por debajo de los niveles de pobreza y a ello se suma la falta de tierra (8 millones de hectáreas de tierra despojada) y de trabajo (más de tres millones de personas desempleadas, un 16% de la población) e importantes carencias en infraestructuras y necesidades básicas como educación, sanidad y vivienda.


La ONU denunció este año que la violación a los derechos humanos queda impune en la mayoría de los casos, especialmente entre altos cargos militares. Flavia Pansieri, Adjunta del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los DD.HH, en la presentación del Informe sobre Colombia al Consejo de DD.HH de la ONU recordó que "amplios segmentos de la población colombiana permanecen marginados, especialmente los indígenas, los afrocolombianos, los trabajadores rurales, las mujeres y los niños. Todas las formas de discriminación deben ser abordadas para lograr avanzar en la lucha contra la pobreza".


Las violaciones a los derechos humanos se agravan en el caso de las poblaciones indígenas y afrocolombianas, pues sus territorios son objeto de disputa y de interés de numerosos actores –armados y no armados-, al albergar en ellos grandes recursos y riquezas naturales. El conflicto colombiano hunde sus raíces en la apropiación de la tierra y de riquezas naturales, minerales, hídricas, agrícolas y energéticas que alberga el país, por lo que es importante tener en cuenta a actores que como las grandes multinacionales que, bajo la protección del gobierno y de grupos paramilitares, se han beneficiado de proyectos de infraestructuras, agroindustriales, agrocombustibles y extractivos. Y es que dichas multinacionales se han adueñado de buena parte de los sectores clave de la economía: energía, banca, telefonía, minería, etc. Algunas de estas empresas son españolas (BBVA, Banco Santander, Telefónica, Gas Natural-Fenosa, Repsol, FCC, Ferrovial, Acciona, OHL, Abertis, Abengoa y Mapfre entre otras) y no han traído el progreso y bienestar que se prometió, con las reformas neoliberales, a la mayor parte de la población.


Pudiera pensarse que el conflicto armado colombiano es el último que se vive en el continente, aunque no debemos olvidar que aún persisten alzamientos armados en México y últimamente, en menor escala, en Nicaragua. El país se enfrenta actualmente a uno de los mayores desafíos de su historia reciente: poner definitivamente fin a su sangrante conflicto armado que dura ya cinco décadas y construir un país y una sociedad en paz. Las conversaciones entre el gobierno y las FARC-EP en la Habana podrían permitir al pueblo colombiano soñar con ese escenario. Ahora bien, la experiencia de países como Guatemala nos lleva a pensar que la firma de la Paz que no conlleve una Hoja de Ruta donde se contemple además del cese del enfrentamiento armado, la superación de las causas que lo originaron y el respeto a los Derechos Humanos en su conjunto, podría llevar al cierre en falso del conflicto. Cerrar los ojos y permitir la impunidad al gobierno de Juan Manuel Santos no ayuda a lograr que la Paz con Justicia pase de la palabra a la realidad.

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Jueves, 04 Diciembre 2014 06:25

Leo y comparto

Leo y comparto

Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.


Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas de futbol donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cifra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos.


Mientras tanto, el presidente Peña Nieto, recién regresado de China, advertía que esperaba no tener que hacer uso de la fuerza, en tono de amenaza.


Además, el presidente condenó la violencia y otros actos abominables cometidos por los que no respetan la ley ni el orden, aunque no aclaró que esos maleducados podrían ser útiles en la fabricación de discursos amenazantes.


El presidente y su esposa, la Gaviota por su nombre artístico, practican la sordera de lo que no les gusta escuchar y disfrutan la soledad del poder.


Muy certera ha sido la sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos, pronunciada al cabo de tres años de sesiones y miles de testimonios: En este reino de la impunidad hay homicidios sin asesinos, torturas sin torturadores y violencia sexual sin abusadores.


En el mismo sentido, se pronunció el manifiesto de los representantes de la cultura mexicana, que advirtieron: Los gobernantes han perdido el control del miedo; la furia que han desencadenado se está volviendo contra ellos.


Desde San Cristóbal de Las Casas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional dice lo suyo: Es terrible y maravilloso que los pobres que aspiran a ser maestros se hayan convertido en los mejores profesores, con la fuerza de su dolor convertido en rabia digna, para que México y el mundo despierten y pregunten y cuestionen.

 

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Ayotzinapa y el hartazgo de la población mexicana

Un hecho revela la fragilidad actual de uno de los gobiernos más autoritarios y fuertes de América Latina durante siete décadas, el mexicano. El 7 de noviembre, el procurador general de la república Murillo Karam, representante legal del gobierno ante el sistema de justicia, declaró que los 43 estudiantes desaparecidos por los cuerpos policiacos de la ciudad de Iguala el 26 de septiembre de 2014, habían sido asesinados y quemados. Las madres y padres de los normalistas de Ayotzinapa le contestaron que aceptarán que sus hijos están muertos sólo cuando los forenses argentinos lo confirmen.

"No se tiene ni la más mínima confianza en ellos", había afirmado con anterioridad, el 20 de octubre, al salir de una de las reuniones con la PGR, un vocero de las familias, Vidulfo Rosales. La falta de credibilidad del actual gobierno queda así de manifiesto: el pueblo mexicano no cree en sus autoridades. Se cansó de la corrupción, de vivir con miedo, de la impunidad, de la falta de justicia no sólo para este caso sino para las mujeres y hombres desaparecidos y asesinados desde hace décadas, para los niños y niñas quemados en la guardería ABC hace 5 años y 5 meses, para las mujeres violadas, para las y los migrantes también desaparecidos y asesinados en territorio mexicano, de la creciente pobreza y las faltas de oportunidades de estudio y trabajo, de las tierras arrasadas por proyectos que dan ganancias a empresas ligadas al gobierno, de la conversión de la trata de personas y del narcotráfico en empresas.

Movilizaciones ciudadanas masivas, en México, con repercusiones en el extranjero, se han sucedido desde principios de octubre. En tres ocasiones las escuelas y universidades del país se declararon en paro nacional; y lo cumplieron, llevando las acciones educativas y políticas a la calle. Las marchas crecieron numéricamente y manifestaron un espíritu de paz que no esconde la rabia y el hartazgo. Los comerciantes no cerraron las puertas al paso de las y los manifestantes, abiertamente autos convocados, sin partidos ni organizaciones no gubernamentales que los manejaran. En dos ocasiones el estado tuvo que reconocer que los actos de agresión a los bienes públicos –un bus quemado frente a las puertas de la Universidad Nacional el 5 de noviembre, y el fuego en la puerta del mismísimo palacio nacional el día 8– fueron cometidos por "infiltrados" (en realidad agitadores violentos) en el movimiento de repudio a la violencia y la impunidad.

La policía y el ejército en México, en efecto, no dan seguridad. Una parte importante de la población considera que la política de seguridad nacional ante la "delincuencia organizada" funciona como una estrategia de disciplinamiento, control y represión de la sociedad en general. En efecto, el ejército ha sido involucrado en el secuestro de jóvenes en las comunidades indígenas, la policía extorsiona transeúntes y amaga a las personas y las detenciones y la tortura contra las personas para que se autoinculpen de los delitos que se quieren resolver formalmente han sido denunciadas por Amnistía Internacional. Las denuncias en la prensa, además, han resultado en el más alto índice de asesinato de periodistas de América.

El 26 de septiembre de 2014, la policía municipal de Iguala, en el estado de Guerrero –donde durante los años 1970 fue más feroz la "guerra sucia", es decir la política de estado de desaparición de las fuerzas rebeldes en armas y de sus bases de apoyo–, disparó a mansalva sobre diversos buses que transportaban futbolistas, viajantes y donde "boteaban" (eso es, pedían recursos económicos de la solidaridad popular)los estudiantes que se habían montado en ellos para que los llevaran a la Ciudad de México para participar en la marcha del 2 de octubre. Mataron a seis e hirieron alrededor de 20 personas, entre ellos a un joven al que le destrozaron el cerebro.


Los pasajeros todos se dispersaron en los campos circundantes y cuando los estudiantes se reagruparon no supieron de inmediato cuántos de ellos estaban de-saparecidos. Entonces una delegación se dirigió al ejército para pedirle que interviniera, recibiendo una respuesta represiva. A los dos días apareció un cadáver torturado al que habían arrancado la piel de la cara y los ojos, el de Julio César Mondragón, estudiante normalista de Ayotzinapa originario de la Ciudad de México y padre de una niña de dos meses que había ingresado en la Normal Isidro Burgos un mes antes. El horror estremeció al mundo.

En México se supo que eran hijos de campesinos y que las madres y padres empezaban a buscarlos, sosteniendo la injerencia de los tres niveles de gobierno en la desaparición de sus hijos. El gobierno federal intentó desviar la atención hacia el presidente municipal (alcalde) de la ciudad, perteneciente a un partido que fue de oposición, y hacia el gobernador del estado, del mismo partido, casi dando a entender que el contubernio entre las autoridades y el narcotráfico, cuyos sicarios están implicados en el asesinato e intento de desaparición de los cadáveres de los estudiantes, implicaba a los miembros del Partido de la Revolución Democrática. El problema para la estrategia del gobierno fue que en México ya nadie cree que el PRD sea un partido de izquierdas. Ni siquiera un partido menos corrupto.

El periodista Pedro Miguel, en su blog Navegaciones ha publicado un Memorial de Agravios donde enumera los motivos por los que la masacre de los estudiantes normalistas se ha convertido en un parteaguas entre la "impune impunidad" con que actuaban los delincuentes amparados ("administrados", como dice la politóloga Pilar Calveiro) por los cuerpos represivos del estado al mando de políticos locales y federales y el enojo ciudadano, la rabia, la exigencia de justicia que resuena en todas las consignas de las marchas, en los performances callejeros, en las acciones de artistas plásticos y en las presentaciones de escritoras y maestros, rockeros y actoras, deportistas y bordadoras.

Por las mujeres violadas y asesinadas y por los ríos envenenados; por el poder enloquecido del dinero ilícito y por los gestos triunfales de los políticos sobre las ruinas del país; por la enseñanza y la salud convertidas en negocios privados y por los y las campesinas ajusticiados por defender los recursos naturales; por los cien mil de saparecidos, asesinados, disueltos en ácido y por las personas tratadas, entre otros agravios, según Pedro Miguel los muchachos de Ayotzinapa son la semilla de un pueblo que se ha cansado de ser víctima, cansado de tener miedo y de ver masacres impunes sucederse en Acteal, Aguas Blancas, El Charco, El Bosque, Tlatelolco.

Después de tres paros nacionales, los y las estudiantes mexicanas se han dirigido físicamente a Ayotzinapa para entregar la ayuda que han recolectado del pueblo mexicano, mientras de forma espontánea los habitantes de la Ciudad de México se dirigieron al Zócalo (la plaza mayor) para manifestar su apoyo a las madres y padres de los desaparecidos, oficialmente muertos, cuya muerte no van a creer sin pruebas.

El presidente mientras tanto está en China; hay bromas que circulan en las redes y las pláticas familiares sobre el accidente que podría sufrir allá para que el estado no cargue con su dimisión. Cada día más personas, en efecto, exigen la renuncia de Enrique Peña Nieto y su gabinete entero. Algo que recuerda el "Que se vayan todos" de la Argentina de 2001. Una noticia relativa a la casa de 7 millones de dólares que le "regaló" la Constructora Teya, perteneciente al Grupo Higa, que edificó obras millonarias durante el "gobernadorado" de Peña Nieto en el estado de México, no lo ayuda a limpiar su imagen.

La noticia salió a la luz después que el pasado jueves 6 de noviembre, el Gobierno mexicano revocó, de manera sorpresiva, el fallo de la licitación del tren de alta velocidad México-Querétaro, ganada de manera dudosa por un consorcio liderado por la empresa China Railway Construction Corporation del gobierno chino, en el que figuraban tres empresas mexicanas vinculadas estrechamente al presidente y su partido. Una de las tres empresas era Grupo Higa, propiedad del empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, quien gastó enormes cantidades para la campaña presidencial de 2012.

En la marcha del 5 de noviembre, también circulaba una pregunta: ¿qué va a pasar cuando los encuentren? No hacían referencia a la vida o a los cuerpos de los desaparecidos, la gente se preguntaba si el enorme esfuerzo de manifestación que la demanda de aparición con vida de los estudiantes de Ayotzinapa se disiparía al no tener ya una finalidad concreta.

Algunos sectores de la población consideran que este movimiento de regeneración nacional no lo para nadie: sin dirigentes, pero claramente enfocado contra las políticas del miedo, los favoritismos en las concesiones de los trabajos públicos, el acoso a las comunidades indígenas, los abusos policiacos contra las y los jóvenes, los asesinatos que llenan centenares de fosas clandestinas. Otros sectores, por el contrario piensan que sin una dirección política clara, la rabia popular se va a desbaratar por falta de objetivos. También hay quien asegura que el estado va a reprimir porque ha perdido toda capacidad de negociación y es incapaz de contravenir los pactos con los beneficiarios de la conversión del histórico capitalismo nacional proteccionista y productor en un neoliberalismo de tendencias monopólicas, conocido como "la vía mexicana al enriquecimiento de pocos" o el "capitalismo de los cuates".

La verdad es que la colusión entre el estado y la delincuencia ha quedado demostrada en la trágica desaparición de los normalistas. Según Amnistía Internacional, las investigaciones del caso han sido "limitadas e incompletas" porque es "tan sólo el último de una larga serie de horrores que han sucedido". La falta de atención a demandas contra los abusos del alcalde de Iguala sería parte de una negligencia rayana en la complicidad entre las autoridades federales y los actos locales de corrupción y asesinato.

Un día después de las declaraciones de Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional, el 8 de noviembre, el Ejército Popular Revolucionario (EPR), un grupo guerrillero que se mueve en el estado de Guerrero, emitió un comunicado donde afirmaba que la versión de la Procuraduría General de la República que da por muertos a los normalistas, busca atribuir los hechos a la delincuencia cuando la presencia del Ejército, la Policía Federal y la Estatal en la escena del crimen los días 26 y 27 de septiembre lo vuelven un crimen de Estado. Llamó farsantes, hipócritas y criminales de Estado a las autoridades federales. Epítetos que hasta los más pacíficos manifestantes les endilgan gustosos. Así como suscribirían que: "Desde el pueblo no les creemos ni un ápice, ustedes desde el poder no sienten dolor alguno por los crímenes contra el pueblo. Las expresiones del supuesto dolor que expresan es demagogia pura y parte del escenario mediático para distorsionar la realidad".

Qué sucederá en México no es fácil de adivinar, pero es evidente que algo revela la consigna que circula por las calles en los últimos dos días: Ya me cansé del miedo.


Comunicado de Amnistía Internacional, del 7 de noviembre de 2014:


El anuncio de hoy (viernes 07/11/14), por el Procurador General de la República Jesús Murillo Karam, de que los 43 estudiantes pudieron haber sido asesinados, quemados y arrojados a un río se da después de semanas de especulaciones sobre el destino de los estudiantes. Sin embargo, las líneas de investigación de la desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales han sido limitadas e incompletas, además de estar acompañadas de funcionarios que se rehúsan a cuestionar la colusión entre el Estado y el crimen organizado que subyace a estas graves violaciones de derechos humanos.

Trágicamente, la desaparición forzada de los estudiantes es sólo el último de una larga serie de horrores que han sucedido en el estado de Guerrero y el resto del país. La corrupción y la violencia como señales de advertencia han estado allí para que todos las vean desde hace años y los que negligentemente las han ignorado son ellos mismos cómplices de esta tragedia ", dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

En el recuento más reciente de las desapariciones de los estudiantes, el Procurador General Murillo Karam ha fallado en reconocer que se trata de un crimen de Estado y no de un hecho aislado. También, olvidó mencionar la negligencia y complicidad del Estado en la investigación de una serie de denuncias contra el alcalde de Iguala y el hecho de no llevar a la justicia a los integrantes de la policía federal y local involucrados en el asesinato y la tortura de otros estudiantes de Ayotzinapa en 2011.

El alcalde de Iguala, quien es el principal sospechoso de la desaparición forzada de los estudiantes, ha sido también sospechoso de corrupción y otros delitos graves. En junio de 2013, el sobreviviente de un ataque a ocho activistas locales, en el que tres personas murieron, informó que el alcalde había participado directamente en los asesinatos. El sobreviviente proporcionó una relación detallada que se le entregó a un notario público, debido a los temores sobre la connivencia de la policía. Sin embargo, el fiscal del Estado no llevó a cabo ninguna investigación sobre las reclamaciones.

A pesar de la evidencia que involucra al alcalde, la investigación fue presuntamente cerrada en mayo de 2014.

En diciembre de 2011 las autoridades fallaron en hacer rendir cuentas a los funcionarios policiales federales y estatales responsables de la muerte de dos estudiantes de Ayotzinapa y de la tortura y malos tratos de otras 20 personas.

"Cualquier investigación iniciada ahora por el Procurador General llegará demasiado tarde. Si se hubieran realizado investigaciones exhaustivas sobre las denuncias contra el alcalde de Iguala y la policía federal y local cuando se produjeron otras violaciones graves de los derechos humanos, tal vez estos terribles asesinatos y desapariciones forzadas no hubieran tenido lugar", dijo Erika Guevara.

Las familias de los estudiantes también han anunciado que no confían en las autoridades y la información presentada por el Procurador General hasta que no esté respaldada por evidencia científica de los expertos forenses argentinos y el reconocimiento de la responsabilidad del Estado. Así mismo, recordaron al Presidente Peña Nieto su compromiso con los padres y con la sociedad.

Amnistía Internacional lamenta que, a pesar de los compromisos expresados por el presidente Peña Nieto, sus acciones demuestran lo contrario. El gobierno mexicano no ha aceptado la asistencia técnica internacional ofrecida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por otra parte, en medio de esta profunda crisis de derechos humanos, el Presidente iniciará una gira internacional al Foro de Cooperación Económica, demostrando poco interés en hacer frente a la grave situación de derechos humanos en México.

Es obligación de las autoridades llevar ante la justicia a todos aquellos que trabajan a nivel estatal y federal que son cómplices de estas graves violaciones a los derechos humanos, así como aquellos que han descuidado sus deberes en la investigación de estos hechos y hacer frente a la grave crisis de derechos humanos, concluyó Guevara Rosas.

Publicado enEdición 208
México vive una revolución pasiva, asegura Enrique Semo

Lo que estamos viviendo en México es lo que Antonio Gramsci denominó revolución pasiva, cuyo resultado no está escrito todavía. Habla el historiador Enrique Semo, que este año recibirá, junto con el investigador y antropólogo Néstor García Canclini, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. Ese es el motivo de esta entrevista.


Lo que la historia tiene para enseñarnos en este momento de crisis que vive el país son muchas cosas. Nos ofrece un sinfín de enseñanzas, siempre y cuando se comprenda que no hay dos circunstancias iguales, que siempre hay diferencias, pero en esencia hay muchas lecciones, y los que no saben tomarlas cometen muchos errores, señala Semo Calev.


El ejemplo específico de ello es que en la historia del país ha habido en tres ocasiones –al final de los siglos XVIII, XIX y XX– un fenómeno muy parecido: Gramsci lo llamó revolución pasiva, que es cuando una clase gobernante quiere transformar el país para modernizarlo. En ese plan de modernización puede haber muchos aspectos positivos, pero lo quieren hacer sin tomar en cuenta las necesidades, los sueños, la mentalidad del pueblo, incluso despreciando al pueblo. Eso son revoluciones pasivas y en la historia de México hay tres: una se dio con las reformas borbónicas, a finales del siglo XVIII; otra fue 100 años después, en el periodo de Porfirio Díaz.


La tercera es ahora con los neoliberales "que quisieron modernizar al país. Escogieron un camino que era adelgazar al Estado, darle a la empresa privada mucho más juego en todos los aspectos de la economía, abrirse al capital extranjero, que es el único que tiene los avances técnicos de la nueva revolución que es la informática; escogieron este otro camino.

Las dos primeras revoluciones pasivas acabaron en revoluciones activas: la de Independencia y la gran Revolución mexicana. ¿Cómo va a acabar la de este siglo? Eso no está escrito todavía.


–¿Hay salida a esta crisis?

–Toda crisis tiene su salida. No hay crisis sin salidas, sólo que a veces las salidas son peores que las crisis y otras son una superación de la crisis. Al final del porfiriato, México había avanzado mucho pero su pueblo no. ¿Estaba mejor un comunero, un miembro de la comunidad? No, definitivamente no. Estaba peor, habían perdido todas sus tierras; el obrero había perdido derechos que antes tenía como campesino o como artesano.

Rosa Luxemburgo, en plena Primera Guerra Mundial, de la que ahora se conmemoran 100 años, dijo que la humanidad tenía dos salidas: el socialismo o la barbarie. No nos olvidemos nunca de eso, que es profundamente cierto y vigente. En la salida de las crisis puede haber las dos cosas.

Enrique Semo nació en Bulgaria en 1930 y fue durante su infancia que comenzó su pasión por la historia. Más adelante estudió economía y después historia económica. Hoy es profesor de la Facultad de Economía y maestro emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.


De regreso a su infancia y al momento en que decide dedicarse a la historia: "Cuando era muy niño, mis primeras lecturas fueron de realidades exóticas. Por ejemplo leía a Salgari, Sandokan, en unas islas que ni sabía dónde era pero me imaginaba, o a un escritor alemán que escribía sobre los indios norteamericanos. Mi madre, que conocía buena parte de la literatura romántica francesa, me contó partes de Los miserables, pero con tal pasión estaba ella comprometida con Jean Valjean y sus aventuras. Oír de los franceses, de Sandokan, de Emilio Salgari, obviamente esas historias tremendamente diferentes mostraban la gran riqueza de los pueblos. También me contaba mucho historias de Panait Istrati, un autor rumano que escribía sobre los campesinos rumanos, y ella me contaba de las rebeliones y de todo eso".


Más adelante estudió economía antes que historia, pero me parecía que algo faltaba en la teoría económica que yo leía. Leí a varios economistas que decían que sin la historia la economía estaba coja, no podía por sí misma explicar todas las cosas que había que tener en cuenta del pasado: la cultura del pueblo, la política y otra vez la historia. Por fin acabé agarrando la historia económica, algo intermedio, y mi título de doctorado, que es el PhD, lo obtuve en una universidad que ya no existe, en la Universidad Humboldt de la Alemania Democrática, que tampoco existe. Doctor en filosofía es el título general, con especialidad en historia económica.

Su infancia hasta los nueve años transcurrió en Bulgaria; fue bastante tranquila. Hijo de padres sefarditas, en su casa se hablaban dos idiomas: el búlgaro y el español. Bueno, un español muy arcaico y con palabras turcas, francesas, pero español. Entonces ésta era el medio y era una familia de clase media, y yo pasé una infancia hasta los nueve bastante normal. Su padre era experto en divisas y su madre ama de casa, pero con muchas aficiones, entre ellas la lectura, además de que era políglota.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, sus padres se encontraban en París y fueron unos tíos quienes lo llevaron hasta la capital francesa. Su hermana, ocho años mayor, se enamoró de un militar, se casó y se quedó. Comenzó entonces la huida: primero a París, y con la llegada de los alemanes salieron hacia Marsella.


En el camino había ametrallamientos, bombas, siempre para crear el caos. En Marsella estuvimos dos años y medio, casi tres. Marsella era un lugar muy especial y llena de refugiados de toda Europa. Dígame cualquier nacionalidad y seguro que había alguien. Era una Casablanca grandota, eso era Marsella.


Ahí aprendió francés, uno de los seis idiomas que habla. Fue entonces cuando su padre se dio cuenta de que los alemanes llegarían a esa zona de Francia, así que consiguió la visa que pudo. México. Eso decía el documento. Mi padre se hubiera ido a cualquier lado. Cuando nos dijeron México, lo buscó en el mapa porque no sabía qué era México. Para un europeo del este, era decir ahora Tombuctú.

El viaje a México fue en barco. Viajamos en el famoso San Tomé, que era originalmente un barco de carga que había sido transformado en barco de pasajeros poniendo literas de dos pisos en las bodegas. Hombres y mujeres estaban separados. Unos señores tenían dificultades para entrar en el segundo piso y nosotros ayudábamos empujándolos en la noche y en la mañana jalándolos. Nos daban de sus manzanas como pago.


Esa fue toda una aventura, recuerda, "pero una aventura mareada porque las pastillas que había para el mareo no eran buenas. Era un grupo muy interesante de gente: primeramente españoles, refugiados de la Guerra Civil de España, y después de eso de todo, muchos judíos. Entre ellos venían con nosotros varias personalidades que después fueron conocidas en México; por ejemplo, había una niña como de 16 años, española –o creíamos que era española–, que cantaba y bailaba muy impresionantemente y siempre, a cualquier provocación, se ponía a cantar y bailar, después fue soprano, primera soprano de la ópera mexicana: Rosita Rimoch. Había varios científicos españoles también que después fueron maestros de la Universidad Nacional Autónoma de México".


Desembarcaron en Veracruz y después llegaron a la ciudad de México. La primera noche en un hotel me caí de la cama, porque creía que estaba en el mar todavía. Me tuvo que calmar mi madre, y después fui a una escuela que era de acuerdo con el pensamiento de mis padres, la adecuada, porque todos los maestros hablaban francés, y eran los padres salecianos. O sea: fui a una escuela católica, yo que provenía de una familia judía.


Más adelante viajó a Israel, para estudiar economía, y trabajó en un kibutz. Ha ido de un lugar a otro del mundo, ya como estudiante, como profesor o impartiendo conferencias, pero su hogar era México, país cuya nacionalidad adoptó –la cual ya habían tomado sus padres– a los 21 años.

Dos veces participó en la administración pública: primero en la Secretaría de Agricultura, a los 23 o 24 años, y en 2000 en la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Fueron los últimos años en la administración pública y todavía estoy digiriendo las lecciones.

Es autor, entre otros, de Entre crisis te veas, Viaje alrededor de la izquierda, Historia mexicana y lucha de clases, La crisis actual del capitalismo, Historia económica y social de la Nueva España y La búsqueda, dividida en dos volúmenes: La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI y La izquierda y el fin del régimen de partido de Estado 1994-2000. Actualmente tiene varios proyectos, uno de ellos es el libro La conquista sin fin.

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Miércoles, 19 Noviembre 2014 06:27

Los zapatistas y Ayotzinapa

Los zapatistas y Ayotzinapa

El encuentro de los zapatistas en el caracol de Oventik el 15 de noviembre con las madres, los padres y familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzipana subraya la centralidad de la palabra de los que están directamente afectados por la violencia del Estado. Como señala el subcomandante insurgente Moisés, la palabra de los familiares ha conseguido que muchas, muchos, en México y en el mundo, despierten, pregunten, cuestionen.

Es gracias a la lucha de los familiares que se ha roto con el intento de inculpar a los mismos estudiantes y es gracias a la ampliación de la solidaridad que se exhibe como absurdo el argumento de la Secretaría de Relaciones Exteriores en el sentido de que el de Ayotzinapa es un caso aislado. Si se han registrado más de 150 mil muertos y más de 27 mil desaparecidos desde el comienzo de la llamada guerra contra el narcotráfico en 2006, ¿cómo es posible decir que los 43 desaparecidos de Ayotzinapa representan un caso aislado? Más bien los aislados serán los funcionarios que solamente buscan controlar los daños políticos y recomponer su imagen internacional.

Los zapatistas también agradecieron la palabra de los familiares como la mejor arma para cumplir el deber de no olvidar lo que ha pasado. Este deber de recordar es fundamental para la construcción de nuevas relaciones humanas solidarias. El pasado, presente y futuro se entrelazan en una memoria histórica que exige la justicia y el fin de la impunidad.

La memoria histórica cobra especial importancia en una semana en que se celebran tanto el aniversario de la Revolución Mexicana, el día 20 de noviembre, como la fundación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 17 de noviembre, dos acontecimientos separados no sólo por el tiempo, sino también por sus características políticas y sociales. Si bien el 20 de noviembre de 1910 representa la ruptura con el régimen porfirista, el resultado fue la reconstrucción de un poder político autoritario de una forma más institucionalizada. El régimen pos-revolucionario retomó las justas demandas populares y, en gran parte, las convirtió en mecanismos de control corporativista y clientelar, generando nuevos ciclos de resistencia obrera, campesina y popular. El movimiento estudiantil de 1968 puso en evidencia la crisis de este sistema y desató una larga lucha por democratizar la vida política y de crear condiciones más justas para la mayoría de la población. Sin embargo, la crisis del régimen priísta no fue resuelta en este sentido, sino por la imposición de un régimen neoliberal dirigido por los sectores empresariales y políticos más alineados con los intereses de gobiernos extranjeros y empresas trasnacionales.


Otra salida al autoritarismo posrevolucionario ha sido la emprendida por el EZLN, un movimiento que representa la convergencia de la izquierda revolucionaria de las décadas de 1960 y 70 con la resistencia local de las comunidades indígenas chiapanecas a la explotación de finqueros y la represión política por parte de las autoridades del estado. Durante 10 años los zapatistas construyeron un movimiento en silencio y su declaración de ¡Ya Basta! el primero de enero de 1994 rompió la imagen del México de primer mundo que Salinas quiso vender a los inversionistas. De ahí en adelante los zapatistas han construido sus propias formas de gobierno autónomo, a pesar de las agresiones a manos del Ejército, paramilitares y grupos afiliados a los diferentes partidos.

Por eso, para los zapatistas, la crisis actual en México abre diferentes posibilidades. Una es la recomposición de los grupos y dirigentes de los partidos en el poder, lo cual no ofrece justicia, sino más bien la continuidad. Una alternativa es la construcción de otras relaciones basadas en el control del gobierno por parte de la sociedad. De esta forma, dice el subcomandante Moisés, el resultado no será un cambio de nombres y de etiquetas donde el de arriba sigue estando arriba a costa de quienes están abajo. La transformación real no será un cambio de gobierno, sino de una relación, una donde el pueblo mande y el gobierno obedezca.


En este momento las demandas son muy claras: la aparición con vida de los desaparecidos; el castigo a las autoridades en todos los niveles, y acabar con las condiciones que sigan permitiendo estos crímenes. Son demandas que se han convertido en el deber de todos y el paso necesario hacia un futuro justo y digno.

 

Neil Harvey, profesor-investigador, Universidad Estatal de Nuevo México, Las Cruces

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Viernes, 31 Octubre 2014 06:28

La masacre como forma de dominación

La masacre como forma de dominación

Mientras sostenía el Premio Tata Vasco 2014, entregado por la Universidad Iberoamericana en Puebla a Fudem (Fuer¬zas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México), uno de los pocos varones del grupo de 25 familiares que acudieron al acto gritó: Esto es una guerra. El dolor inimaginable de los familiares los fuerza a mirar de frente y sin vueltas la realidad que sufren.


En efecto, hay una guerra contra los pueblos. Una guerra colonial para apropiarse de los bienes comunes, lo que supone la aniquilación de aquellas porciones de la humanidad que obstaculizan el robo de esos bienes, ya sea porque viven encima de ellos, porque se resisten al despojo o, simplemente, porque sobran, en el más crudo sentido de que son innecesarios para la acumulación de riqueza.

Una guerra colonial, además, por el tipo de violencia que utiliza. No sólo se asesina. Se decapita y se desmiembra para regar las partes a la vista de la población, como escarmiento y advertencia. Para infundir miedo. Para paralizar, impedir cualquier reacción, en particular las acciones colectivas.

No se trata de una tecnología novedosa. Fue utilizada por la Corona española para aniquilar las luchas indígenas. Allí la aprendieron los nuevos colonizadores. Túpac Amaru fue descuartizado vivo delante de la multitud reunida en la plaza de armas de Cusco.

Amaru fue obligado a presenciar la tortura y asesinato de sus dos hijos mayores y de su esposa, además de otros familiares y amigos. Antes de morir fueron torturados, les cortaron la lengua, todo un símbolo de lo que realmente molestaba a los conquistadores. El hijo menor, de sólo 10 años, fue obligado a presenciar la tortura y muerte de toda la familia, para ser luego desterrado a África.


La cabeza de Amaru fue colocada en una lanza exhibida en Cusco y después en Tinta, sus brazos y piernas fueron enviados a ciudades y pueblos para escarmiento de sus seguidores. Túpac Katari y sus seguidores sufrieron más o menos los mismos tormentos y sus restos fueron también esparcidos por los territorios de lo que hoy es Bolivia. No es nueva la crueldad de los nuevos conquistadores. Antes se trataba de apoderarse del oro y la plata; ahora es la minería a cielo abierto, los monocultivos y las hidroeléctricas. Pero en el fondo, se trata de mantener a los de abajo en silencio, sometidos y quietos.

La masacre es la genealogía que diferencia nuestra historia de la europea. Aquí las formas de disciplinamiento no fueron ni el panóptico ni el satanic mill, la fábrica del diablo de la Revolución Industrial y la explotación capitalista, retratada por el poeta William Blake y analizada con rigor por Karl Polanyi. El cercamiento de campos a partir del siglo XVI en Inglaterra, una revolución de los ricos contra los pobres, es analizada como el quebrantamiento de los viejos derechos y costumbres por los señores y nobles, "utilizando en ocasiones la violencia y casi siempre las presiones y la intimidación" (La gran transformación, La Piqueta, p. 71, subrayado mío).

Aquí la violencia fue, y es, la norma, el modo de eliminar a los rebeldes (como en Santa María de Iquique, Chile, en 1907, cuando fueron masacrados 3 mil 600 mineros en huelga). Es el modo de advertir a los de debajo de que no deben moverse del lugar asignado. Aquí hemos tenido, y tenemos, esclavitud; nada que se parezca al trabajador libre que promovió el desarrollo del capitalismo europeo al robarles las tierras a los campesinos.

Nótese que en las guerras de independencia entre criollos y españoles, los insurgentes apresados por los realistas no fueron torturados. Miguel Hidalgo y José María Morelos, por mencionar destacados rebeldes criollos, fueron juzgados y luego fusilados como se hacía en la época con los prisioneros de guerra. Sólo el color de piel explica el diferente trato que tuvieron Túpac Katari y Túpac Amaru, como todos los indios, negros y mestizos de nuestra América.


No es historia. En el Brasil democrático, la organización Madres de Mayo contabiliza, entre 1990 y 2012, 25 masacres, todas de negros y pardos, como la que dio origen a su militancia: en mayo de 2006, en el contexto de la represión al Primer Comando de la Capital de Sao Paulo (narcos organizados desde las cárceles), fueron asesinados 498 jóvenes pobres, varones de 15 a 25 años, entre las 10 de la noche y las 3 de la madrugada por la policía.

El narco es la excusa. Pero el narco no existe. Son los negocios que forman parte de los modos de acumular/robar de la clase dominante. No estamos ante excesos policiales esporádicos, sino ante un modelo de dominación que hace de la masacre el modo de atemorizar a las clases populares para que no se salgan del libreto escrito por los de arriba, y que le llaman democracia: votar un día cada cinco o seis años y dejarse robar/asesinar el resto del tiempo.

Lo peor que podemos hacer es no mirar la realidad de frente, hacer como si la guerra no existiera porque todavía no te han golpeado, porque todavía sobrevivimos. Esto es contra todos y todas. Es cierto que hay una porción que aún pueden expresarse libremente, manifestarse incluso, sin ser aniquilados. Siempre que no se salgan del libreto, que no pongamos en cuestión el modelo. Bien mirado, los que podemos manifestarnos a cara descubierta somos algo así como los criollos de las guerras de independencia, los que pueden esperar una muerte digna, como Hidalgo y Morelos.

Pero el tema es otro. Si queremos de verdad que el mundo cambie, y no usar la resistencia de los de abajo para treparnos arriba, como hicieron los criollos en las repúblicas, no podemos conformarnos con maquillar lo que hay. Se trata de tomar otros rumbos.

Tal vez un buen comienzo sea continuar los pasos de los seguidores de Amaru y Katari. Reconstruir los cuerpos despedazados para reiniciar el camino, allí donde el combate fue interrumpido. Es un momento místico: mirar el horror de frente, trabajar el dolor y el miedo, avanzar tomados de las manos, para que los llantos no nos nublen el camino.

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Padres de los normalistas dan dos días de plazo al gobierno para que aparezcan

Del Zócalo a Paseo de la Reforma, la masa estudiantil entró en ebullición, con irreverencia e indignación. Confluencia de pasiones de decenas de miles que salieron a las calles –en una de las movilizaciones más nutridas de los años recientes– para hacer tabla rasa de los políticos y sin distingo de cargos, federales o estatales, sentenciaron de manera sumaria: ¡Asesinos! O acaso ya tienen identificado al culpable, como señaló una pancarta de la Facultad de Filosofía y Letras: Ayotzinapa, fue el Estado.


Fue una ebullición con tintes de rebelión. El destino de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa catalizó el drama de los desaparecidos que arrastra el país desde hace años y que ahora es repudiado a coro por los jóvenes que reclaman: "PRI, PAN, PRD=narcogobierno", un gobierno al que sin regateos le imputan la responsabilidad principal en la tragedia de Ayotzinapa.


Nos arrancaron tanto que hasta el miedo se llevaron, decía una de las miles de pancartas enarboladas en el Día de Acción Global por Ayotzinapa, cuya convocatoria unificó ayer a la comunidad estudiantil que salió a las calles en una marcha multitudinaria. A saber las cifras, pero cuando los padres de los jóvenes desaparecidos comenzaban a hablar frente a las puertas de Palacio Nacional, el último contingente sorteaba la glorieta de Colón y pasadas las 21:30 horas ingresaba a la Plaza de la Constitución.


Muerte, sangre, corrupción


Incontables escuelas hicieron acto de presencia en la movilización e insólitamente entre ellas hubo grupos del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Cada conjunto se esforzó por plasmar su identidad escolar, pero hubo denominadores comunes que los unificaron en la protesta: muerte, sangre, corrupción, desaparecidos.

Y algo más: gran parte de los contingentes llevaron a niveles más altos la responsabilidad de los hechos de Ayotzinapa y corearon: ¡Fuera Peña!

En la vanguardia de la movilización, padres y madres de los normalistas desaparecidos. Con la tristeza a cuestas llevaban consigo los retratos de sus hijos, de quienes nada saben desde hace 27 días. Caminaron en silencio la mayor parte del trayecto, pero a ratos algunos desahogaron su impotencia y exigieron, por enésima vez, la renuncia del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, y que se castigue a los culpables de los homicidios y desapariciones de normalistas, para rematar con una advertencia: si las autoridades estatales y federales no pueden hacer justicia, que se vayan todos.
Alexander, ¡vivo!; Martín, ¡vivo!; Carlos, ¡vivo! Uno a uno se pasó lista a los estudiantes desaparecidos mientras la manifestación recorría Paseo de la Reforma y avenida Juárez rumbo al Zócalo.


El paso de los familiares de los normalistas y de sus compañeros de estudios fue atestiguado por miles de personas que formaron vallas a los costados de los contingentes a lo largo de Reforma.

Con enormes retratos de los jóvenes desaparecidos, la vanguardia del contingente entró al Zócalo. Se colocó en la parte central del templete, desde el cual los oradores recordaron una y otra vez: Nos faltan 43 compañeros, a quienes dejaron 43 sillas vacías para patentizar su ausencia. Tres sillas más tenían una veladora, para recordar a los normalistas que fallecieron aquella noche.

El gobierno no nos ha respondido como debería. Le demandamos que nos dé respuesta lo más pronto que pueda. Les vamos a dar dos días más; si no, tomaremos otro tipo de medidas. Que se atengan a las consecuencias, dijo desde el templete uno de los hombres cuyos hijos no aparecen.

Otro de los padres señaló que en Ayotzinapa la gente se está organizando para buscar a los que se llevaron a sus hijos. Y reiteró: Les damos dos días o vamos a tomar otras acciones.


Casi cuatro horas de movilización

Convocada para las 18 horas, la marcha se retrasó ante la interminable confluencia de contingentes que llegaron a las inmediaciones del Ángel de la Independencia, que padeció el embate de la indignación de los jóvenes, mientras la policía capitalina estuvo ausente o, al menos, desplegada de forma discreta.


La intensidad de las consignas dio cuenta de la relatividad del tiempo en esta tragedia. Entre la parsimonia gubernamental para esclarecer los hechos y el apremio, con tintes de emergencia nacional, que para la comunidad estudiantil tiene conocer el destino de los 43 desaparecidos.


La lucha tuvo varias formas de expresión. En las inmediaciones del Ángel de la Independencia varios jóvenes desafiaron la solemnidad del monumento y embozaron a las petrificadas mujeres que simbolizan la justicia, la paz y la ley. Parecía demasiada ironía para los tiempos que vive el país y optaron por ocultarles el rostro.


Antes de salir, el contingente del Instituto Nacional de Bellas Artes dio muestras de su particular forma de protesta: la danza y la música contra el horror de Ayotzinapa. Vestidos de negro, varios jóvenes improvisaron una danza ¿por la vida o por la muerte? La interpretación fue celebrada por la masa que remató con gritos en demanda de la aparición de los normalistas.


Otro grupo de estudiantes optó por el desnudo. Los cuerpos de las mujeres de la Escuela Nacional de Antropología e Historia cubiertos con pintura que simulaba la sangre de un país violento, y la consigna: No más muertes.

Porque la agresión contra los jóvenes debe atraer la atención social, porque nuestros cuerpos desnudos muestran la indefensión en la que estamos los estudiantes, explicó una alumna.

La diversidad de la protesta fue del silencio casi con tono de procesión hasta el legendario estribillo contra el ¿viejo régimen?: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Algunos grupos con rítmica música taladraron las calles con esa añeja consigna.

Entre la gran cantidad de grupos estudiantiles se intercalaron organizaciones sociales que añadieron al reclamo popular sus propias demandas: el Sindicato Mexicano de Electricistas, los campesinos de San Salvador Atenco y representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, entre otros.


La enorme columna de manifestantes (50 mil personas, según el Gobierno del Distrito Federal) hizo imposible la confluencia de todos en el mitin central. Padres, madres y normalistas de Ayoztinapa demandaron desde el templete la salida de Enrique Peña Nieto y de Ángel Aguirre Rivero, cuando gran parte de la multitud apenas ingresaba a la avenida 5 de Mayo.


Mientras algunos oradores desahogaban a las puertas de Palacio Nacional sus sentimientos de rabia, dolor, tristeza e indignación, o todos juntos, el Zócalo se llenaba paulatinamente de centenares de veladoras que rodearon el asta bandera. En amplios espacios de la Plaza de la Constitución la consigna política dio paso al silencio, mientras las luces de la veladoras ardían en memoria de los desaparecidos.


La marcha concluyó pasadas las 22:30 horas. Asistieron casi todas las escuelas de la región, aunque una pancarta fue el epígrafe de la movilización: No somos todos, nos faltan 43.


 

Crece en AL y Europa el clamor por la presentación con vida de los normalistas


ARMANDO G. TEJEDA, STELLA CALLONI Y ENRIQUE GUTIÉRREZ
Corresponsales

Vivos se los llevaron, vivos los queremos, se escuchó y se leyó en actos de protesta y concentraciones efectuadas en ciudades europeas y latinoamericanas para exigir el regreso con vida de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero.


En Barcelona, París, Helsinki, Copenhague, Florencia, Madrid, Londres, Buenos Aires, Santiago de Chile, La Paz y Bogotá, entre otras urbes, se escuchó también el clamor de justicia.


Con fotografías de los jóvenes estudiantes, ante las cuales se prendieron veladoras, o con mantas y pancartas, ciudadanos de diversas partes del mundo expresaron su indignación por este crimen de Estado, en céntricas plazas y representaciones diplomáticas, con mensajes contra el gobierno de Enrique Peña Nieto y contra el Estado mexicano.
En Barcelona, en la céntrica Plaza de Cataluña, más de 200 personas se concentraron de noche, custodiadas por una inmensa réplica del Guernica, cuadro que pintó Pablo Picasso en 1937 para denunciar el que fue el primer bombardeo de un ejército contra una población civil, precisamente a la ciudad vasca de Gernika, masacrada durante la Guerra Civil española por los aviones nazis a petición de Francisco Franco.

Además desplegaron una pancarta en la que se leía: "Tots som Ayotzinapa" (Todos somos Ayotzinapa, en catalán), una bandera de México y mensajes de solidaridad.

En Madrid, estudiantes que participaban en la manifestación en defensa de la escuela pública, que reunió a más de 30 mil jóvenes, mostraron pancartas en solidaridad con Ayotzinapa y reclamaron también que los estudiantes sean devueltos con vida.

En París, decenas de mexicanos se concentraron en las inmediaciones de la Torre Eiffel y desplegaron pancartas y fotografías en glorietas emblemáticas, en las que se podía leer: Ayotzinapa, crimen de Estado. Y de nuevo el lema Vivos se los llevaron, vivos los queremos.


En Helsinki hubo una concentración pacífica frente a la embajada de México, donde ciudadanos mexicanos y finlandeses se congregaron en torno a un mensaje: Una luz por Ayotzinapa.

Lo mismo ocurrió en Copenhague, donde mexicanos y daneses mostraron pancartas con el mensaje Todos somos Ayotzinapa. Todos somos politécnicos. En Florencia, en la mítica Plaza de la Señoría, una veintena de ciudadanos mexicanos e italianos desplegaron las fotografías de los jóvenes estudiantes, ante las que prendieron veladoras.
En Buenos Aires, ante la embajada de México en Argentina, convocadas por la Asamblea de Mexicanos en ese país, unas 200 personas exigieron la presentación con vida de los 43 estudiantes.

La Asamblea de Mexicanos agradeció la respuesta local en este día de acciones mundiales y coordinadas para expresar la solidaridad con los normalistas.

En Santiago de Chile, ante una férrea guardia policial, decenas de jóvenes se reunieron anoche ante la embajada de México para hacer presente el repudio y el horror por los 43 estudiantes normalistas desaparecidos.

Los organizadores de la concentración indicaron que se necesita la voz de toda América Latina para exigir la aparición con vida de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos.

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Martes, 14 Octubre 2014 21:07

Las tumbas mejor planeadas de Iguala

Las tumbas mejor planeadas de Iguala

Más de cuarenta estudiantes fueron secuestrados la semana pasada en el estado de Guerrero, México. Los asesinaron y sus cuerpos están apareciendo en tumbas colectivas. Marcela Turati, joven reportera que acaba de ganar el premio García Márquez a la excelencia periodística, lo cuenta en la siguiente crónica.

Más de cuarenta estudiantes fueron secuestrados la semana pasada en la localidad de Iguala, en el estado de Guerrero. Sólo estaban manifestando. Los torturaron y asesinaron y sus cuerpos están apareciendo en tumbas colectivas. Una masacre más de las tantas que se producen a diario en México. Marcela Turati, joven reportera que acaba de ganar el premio García Márquez a la excelencia periodística por sus coberturas sobre la violencia en su país, lo cuenta en la siguiente crónica.1 En la contratapa, Brecha reproduce una nota de reflexión de Turati sobre qué es eso de convertirse en "corresponsal de guerra" en su propio país.


Nunca vi nada así, se le escucha decir al nervioso policía apostado en la punta del monte, el rifle atento. A unos pasos la tierra cortada; hay seis hoyos bien trazados, son seis fosas que escondían los fragmentos de 23 cuerpos calcinados. Bajo la arena retirada a golpes de pala se logran ver troncos de árboles chamuscados, ramas marchitas manoseadas por el fuego. Un pedazo de pantalón de mezclilla. Banderines rojos que marcan el terreno y una cinta amarilla desmayada con el rótulo "Escena del crimen".

"¿Te imaginas todo lo que pensaron mientras llegaban acá?", suelta una fotógrafa jovencita, la mirada de tristeza. El silencio que se impone.

La identidad de esos cuerpos no está confirmada, pero nadie puede espantar de la mente el testimonio de los dos detenidos que declararon a la Procuraduría General de Justicia de Guerrero que ahí asesinaron y enterraron a 17 de los 43 normalistas de Ayot-
zinapa desaparecidos; los que fueron arrestados por policías municipales y entregados a sicarios de la narcomafia local Guerreros Unidos.

El pesado silencio queda ahogado por un zumbido: es el concierto de las moscas.

Un reportero local lanza como telegrama los que imagina fueron los últimos momentos de los condenados a muerte: "Los obligaron a subir caminando. Los ejecutaron. Pusieron una cama de troncos. Los quemaron. Ahí mismo los enterraron. A ellos mismos les hicieron cavar sus tumbas".

La fragancia de la muerte impregna el monte. Ese olor cada vez más frecuente en esta interminable fosa común en la que se ha convertido México. El mismo lodo podrido, con mezcla de masa orgánica, que se pisa en Tijuana, en los terrenos regados con ácidos con los que los cadáveres son disueltos. El mismo olor que despiden las fosas donde quisieron ser reducidos a nada los migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas. El mismo que se hace presente, cada vez con más frecuencia, en episodios que por comunes pasan desapercibidos para la prensa.

Es un olor dulzón y rancio que hace nido en las fosas nasales, asfixia la garganta, se atenaza en el cerebro. No se quita por más que te bañes o recurras a los perfumes. Es un recordatorio que deja el sufrimiento de un ser humano que se niega a ser desaparecido, enterrado a escondidas, martirizado.

Una mariposa negra y amarilla aletea al borde del corte de la tierra. Avanza y retrocede. Testigo de primera fila. Centímetros abajo agua de lluvia que al contacto con la tierra se convirtió en un caldo pútrido, un charco estancado, con nata en la superficie que impide cualquier reflejo.

Para subir a las fosas de Iguala hay que salir de esta ciudad –la tercera más importante de Guerrero– y dirigirse a la periferia, donde la ciudad se convierte en campo. Hay que guiarse por un cerro con pelo verde, andar por calles sin pavimento, preguntar por Jardín Pueblo Viejo, luego por la vereda a La Parota.

Derecho por la vereda formada por piedras hay que seguir el camino marcado por las pisadas pioneras. Es un sendero paralelo a un maizal del que se va perdiendo la perspectiva porque a lo largo se extiende una bóveda de ramas y arbustos que hacen pensar en la entrada a una selva.

No hay pérdida si se sigue la vía marcada por los cubrebocas azules colgados de los matorrales, tirados en el piso, aventados en la cuneta, como en una urgencia de quienes querían desprenderse pronto de la peste. Para más referencias se puede buscar las marcas que dejó en algunos arbustos el enviado de una televisora deseando que nadie se perdiera.

Impresas en el lodo del suelo se notan huellas de distintos tamaños, de botas, de tenis, de huaraches. Son las huellas de la gente que ha subido a ese cerro. Me pregunto si alguna de ellas será de los asesinados, si sabrían que ese iba a ser su destino, que ese monte sería su cementerio. Pocas huellas, casi ninguna, van en sentido contrario. Claro, ellos no bajaron. Ellos se quedaron arriba.
Caminar. Subir. El único ruido es el de la propia respiración y la orquesta de insectos. Hasta que se llega al lugar marcado por las moscas, el inconfundible sitio de la muerte. El lugar que condensa el horror de la narcopolítica mexicana. La presentida confirmación de la identidad que nadie desea. ¿Asesinaron aquí a los estudiantes normalistas raptados durante la novatada que les hicieron en su escuela que ni siquiera habían cumplido los 20 años? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quiénes? ¿Por qué así?

Sólo queda lanzar en silencio un rezo en este espacio de muerte y pedir que (sea quien sea) quien murió aquí encuentre la paz, que sus restos regresen a su casa.

A unos metros del área marcada, en un claro aplanado se ve un montículo formado por ropa, basura, plásticos, cobijas. Es fácil pensar que esa era una guarida de los dueños de estos caminos prohibidos. Donde descansaban, porque las masacres implican trabajo.

El camino de regreso a la ciudad lo marca el botadero de bolsas de basura de plástico rojo con signos que indican toxicidad. Y más cubrebocas, decenas de ellos, guantes de látex, botas de plástico, empaques de geles o desinfectantes tirados a lo largo del camino, como si quienes participaron en las exhumaciones hubieran querido quitarse de encima el horror aferrado en la piel. Como si quisieran dejar atrás la pesadilla.

Un reportero local dice que este horror no es peor que el de las fosas de los 18 turistas michoacanos enterrados en una huerta de coco en Acapulco y exhumados un mes después de sus asesinatos. Su error fue haber viajado juntos a bordo de un autobús que llevaba placas del lugar equivocado, de su estado natal que engendró también un cártel rival a los de Guerrero.
Estos duelen distinto porque las declaraciones apuntan a que aquí quedaron puros estudiantes, los mejores de sus pueblos, los que se inscribieron a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa porque desafiaron su destino y quisieron ser alguien.
Iguala es tierra fértil para la siembra de cadáveres.

Según el Departamento Municipal de Panteones, 76 personas no identificadas han sido enviadas a la fosa común del cementerio durante la administración interrumpida del alcalde perredista prófugo José Luis Abarca (quien gobernó dos años).
Los cuerpos de desconocidos provienen de diferentes hallazgos.

En mayo de 2013 en San Miguelito, parte trasera del Cerro de La Parota, fueron de-senterradas 33 osamentas. Hace cuatro meses, de camino al municipio vecino de Taxco, en Mezcaltepec, se descubrieron 17 cuerpos (el sexenio pasado encontraron a 55 dentro de un pozo). Ahora la tierra engendró cadáveres en La Parota, ese cementerio clandestino que algunos funcionarios locales dicen que era usado desde hace más de un año para eliminar seres humanos.

Esto ocurre en Iguala, la cuna de la bandera nacional. La ciudad que se ufana de tener el lienzo tricolor más grande del país enarbolado desde uno de sus cerros. Por toda la ciudad se ven bardas ilustradas con episodios de la independencia que se comenzó a esbozar aquí hace 200 años, aunque al día de hoy la gente vive como esclava, sometida por el crimen organizado que de día impone su ley y en las noches su toque de queda.

Antes de subir a La Parota un reportero local, que acudió a la despedida de los policías municipales enviados voluntariamente-a la fuerza a reeducarse en una academia de policía en Tlaxcala, me mostró una fotografía que lleva en su celular: tirados sobre el piso se encuentran seis cuerpos inflados, brillosos, tapizados por arena café.

El reportero aseguraba que corresponden a los cuerpos recuperados de esa fosa, que son la prueba de que los exhumados no son los de los normalistas. "No son los estudiantes –afirmaba mientras agrandaba con sus dedos la fotografía en su celular–, estos cuerpos son de adultos, no son de jóvenes. Este cinturón de cuero no es el que usa gente como los normalistas."

Yo veo bultos inertes. No sé distinguirles la humanidad, salvo por la silueta. No sé qué cinturones usan los estudiantes más pobres de México, los que buscan superarse estudiando la carrera de maestro en una escuela normal.

Más tarde un forense que participó en las exhumaciones corregirá la información sobre esa foto de los cadáveres inflados que se publica en un diario de nota roja. Asegura que las personas enterradas en La Parota podrían haber sido asesinadas ocho días antes. Los restos recuperados no estaban completos. Estaban podridos. Quemados. Fragmentados.
"Quien hizo esto trató de no dejar huella, fue como una cremación. Sabía. Trataba de borrar rastros", explicaría el especialista bajo la condición del anonimato.

Según se rumorea, la noche que cavaron su propia tumba en La Parota, después de que fueron asesinados, una lluvia impidió que esos cadáveres rociados con diesel y prendidos con lumbre quedaran reducidos a cenizas. Como si la naturaleza se hubiera resistido a destruir la evidencia. Como si ella también esperara a que en México algún día se haga justicia.

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El principal puerto del Pacífico colombiano sitiado por la violencia

Resulta paradójico que Buenaventura, el puerto por donde se mueve más de la mitad del comercio exterior de Colombia, sea también el municipio con más desplazados del país debido a los cruentos enfrentamientos entre dos bandas criminales que tienen aterrorizada a la población. Así lo denunció Human Rights Watch (HRW), que el jueves presentó en Bogotá un informe que narra la crisis de violencia que allí se vive, luego de entrevistar a más de 70 personas.


Este puerto sobre el Pacífico colombiano en el que viven más de 370.000 personas, en su mayoría afrodescendientes, históricamente ha sido azotado por grupos armados, ya sea por las guerrillas, los paramilitares y en los últimos años, por sus herederos, en este caso las bandas conocidas como Los Urabeños y La Empresa, instaladas en los barrios de la ciudad, donde se disputan rutas de droga y el control del microtráfico cometiendo toda clase de abusos que llegan al punto de la aberración.


Según HRW, estas organizaciones criminales mantienen "casas de pique" donde desmiembran a sus víctimas, en ocasiones cuando están vivas. "Por mucho grito que se escuche, el temor no lo deja a uno salir. La gente se da cuenta y sabe dónde hay casas de pique, pero no se mete porque es un temor total", dice un habitante de Buenaventura citado por la ONG. Estas bandas también reclutan a menores de edad, extorsionan a los comerciantes y hasta restringen la libre circulación de sus habitantes, imponiendo las llamadas fronteras invisibles.


"La situación en Buenaventura es una de las más alarmantes que hemos observado en muchos años de trabajo en Colombia y la región", señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW en un comunicado. "Tan solo caminar por una calle equivocada puede provocar que uno sea secuestrado y desmembrado; por ende, no debería sorprendernos que los residentes huyan por miles".


La existencia de las "casas de pique" ha estado en los titulares de los medios colombianos en las últimas semanas. Estas viviendas de madera estarían ubicadas en los barrios más pobres sobre la playa. Incluso se han encontrado partes de cuerpos desmembrados a la orilla del mar. La Fiscalía investiga lo que pudo haber ocurrido en dos de estas casas donde encontraron rastros de sangre a comienzos de marzo.


El miedo causó que en 2013 más de 13.000 personas abandonaran Buenaventura, señala HRW y agrega que, según las autoridades judiciales, en más de 150 casos en los cuales se denunció que una persona se había extraviado entre 2010 y 2013, habrían sido desaparecidas. Y pesar de que ha habido capturas, la impunidad está a la orden del día.


"La Fiscalía ha iniciado más de 2.000 investigaciones de casos de desaparición y desplazamiento forzado perpetrados en Buenaventura por diversos actores en las dos últimas décadas, pero ninguna ha tenido como resultado una condena", dice HRW. La tasa de homicidios también es alarmante. En el pasado Buenaventura tenía tasas muy altas y habían venido bajando, pero volvieron a subir un 50% en el 2013, pasando de 32,4 a 48,6 homicidios por cada cien mil habitantes, según la Fundación Ideas para la Paz.


Se suma que reina la "ley del silencio" impuesta por Los Urabeños y La Empresa, por lo que las cifras de los delitos podrían ser mucho mayores. "Existe una sensación de enorme indefensión entre los habitantes de Buenaventura, que por largo tiempo han estado totalmente desprotegidos", señaló Vivanco.
Estos hechos provocaron la reacción del presidente Juan Manuel Santos, que anunció el refuerzo de las fuerzas del orden, que hasta finales de 2013 sumaban 900 policías y 500 miembros de la Armada. Los primeros aumentaron en 650 efectivos.


Sin embargo, HRW recogió testimonios de pobladores que aseguran que la presencia de la policía se siente poco en los barrios y que a algunos los han visto reuniéndose con integrantes de las bandas criminales. Otros afirman que parte de su temor a denunciar se debe a la desconfianza en las autoridades y el temor de que vayan a filtrar la información a los delincuentes.


Para la ONG, el Estado colombiano "no brinda seguridad a comunidades de Buenaventura donde prevalecen amenazas de violencia, asesinatos, desapariciones y desplazamientos". Por eso recomienda que la policía tenga una presencia ininterrumpida en los barrios, además que se designe una comisión independiente para evaluar las desapariciones y se diseñe un plan para sancionar a los responsables, entre otras. Buenaventura también está pendiente de tener un albergue donde puedan refugiarse los desplazados.

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