Convocados por el movimiento Extinction Rebellion, cientos de activistas se manifestaron ayer en más de 60 ciudades del mundo para exigir a los gobiernos emprender acciones con el fin de frenar el cambio climático. En la imagen, la protesta en Berlín.Foto Afp

Londres. Cientos de activistas fueron detenidos ayer en ciudades de todo el mundo al comienzo de una campaña de resistencia pasiva convocada por el movimiento Extinction Rebellion, en protesta por la falta de respuesta de los gobiernos ante el cambio climático, y que se extendió a más de 60 ciudades, entre ellas Londres, Madrid, Amsterdam, Berlín, Nueva York, Buenos Aires, Sidney y Nueva Delhi.

Respaldados por la adolescente sueca Greta Thunberg, los jóvenes exigen que se declare la "emergencia climática" y los gobiernos fijen para 2025 neutralidad en las emisiones de gases con efecto invernadero. Su principal forma de protesta consiste en bloquear vialidades y edificios, encadenándose o pegándose al pavimento.

Miles de manifestantes bloquearon las carreteras alrededor de Westminster, en Londres, y levantaron campamentos con carpas y pancartas para marcar el comienzo de dos semanas de protestas y exigir medidas gubernamentales urgentes sobre la crisis climática y ambiental. Al menos 276 personas fueron arrestadas.

París se sumó a la protesta global con el bloqueo a un puente y una plataforma sobre el río Sena, mientras en Madrid 200 jóvenes disfrazados y maquillados que representaban catástrofes naturales, como inundaciones o incendios, se congregaron frente al Ministerio para la Transición Ecológica.

La policía de Alemania informó que unas 4 mil personas se congregaron en la Columna de la Victoria de Berlín, y en el parque entre el Parlamento y la cancillería federal se instaló un campamento. En Amsterdam, más de un centenar de activistas fueron arrestados por bloquear la calle adyacente al Museo Nacional de la capital holandesa.

En Nueva York, unos 200 activistas se congregaron en Battery Park y realizaron una "marcha fúnebre" hacia Wall Street, posteriormente arrojaron pintura roja sobre la icónica estatua del Toro; alrededor de 30 fueron arrestados.

También hubo detenidos en Wellington, Nueva Zelanda.

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Lunes, 30 Septiembre 2019 06:05

Cumbres ambientales: objetivos incumplidos

Cumbres ambientales: objetivos incumplidos

En junio de 1972 tuvo lugar en Estocolmo la primera cumbre mundial sobre el medio ambiente. Convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue un parteaguas en el desarrollo de la política internacional sobre el tema. Asistieron representantes de 113 países, organizaciones no gubernamentales y calificados científicos. El canadiense Maurice Strong condujo las discusiones con gran tino. La cumbre sirvió para que todos los países vieran la necesidad de tomar medidas urgentes a fin de evitar la destrucción de los recursos naturales en aras de obtener el crecimiento económico.

En 1992 se celebró otra, la de la tierra, en Río de Janeiro. Patrocinada por la ONU, asistieron 108 jefes de Estado y de gobierno, 30 mil activistas locales y extranjeros y numerosos representantes de organizaciones de la sociedad. En Río se aprobó el Programa 21, el cual contempla metas ambientales y de desarrollo a cumplirse este siglo; una declaración que define los derechos y deberes de los estados sobre el medio ambiente y el desarrollo; otra de principios sobre los bosques y, finalmente, convenciones sobre el cambio climático, la diversidad biológica y la desertificación. También se reafirmó la meta de la ONU de que las naciones ricas dediquen 0.7 por ciento de su producto interno bruto a la cooperación internacional para el desarrollo.

A la aprobación de esos programas se opuso Estados Unidos, único país que no firmó el tratado sobre la protección de la fauna y la flora. Durante la reunión, el presidente George Bush desconoció la responsabilidad de las naciones ricas en la búsqueda de un desarrollo sostenible, el derecho de las poblaciones dueñas de los territorios donde viven a exigir la conservación de sus recursos naturales y tomar parte decisiva en su utilización.

Luego vendría otro encuentro clave en 1997, en Tokio, para abordar los problemas que ocasiona la generación de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global. Allí se acordó un protocolo que incluye medidas para evitar que la temperatura en el planeta aumente dos grados este siglo. Era urgente que las tomaran los gobiernos, la industria y la agricultura a fin de disminuir la generación de dichos gases. Los que más contaminan son Estados Unidos, China, India, los países europeos, Japón y Canadá.

Los objetivos trazados en esas tres grandes reuniones no se han cumplido a cabalidad y el planeta sigue calentándose. No cesa la destrucción y mal uso de los recursos naturales. Los efectos se dejan sentir por doquier, como se documenta periódicamente en las reuniones sobre el clima y el medio ambiente. La más notable desde Kyoto fue hace cuatro años en París, con nuevos diagnósticos, nada alentadores, y más promesas para evitar lo peor en el futuro próximo.

Este mes será recordado por la irrupción masiva de los niños y los jóvenes de casi todos los países del mundo en la lucha por hacer cumplir los acuerdos sobre el cambio climático y el uso racional de los recursos naturales. Cuestionan a los políticos y funcionarios gubernamentales y a las grandes corporaciones industriales por su desidia en torno a esos temas. Siempre los líderes hablan de que hay que conservar el planeta para las generaciones futuras. Hoy los jóvenes dicen que hacen lo contrario.

Y prueba de ello la tienen en lo que dijeron la semana pasada los presidentes de Brasil y Estados Unidos en la sede de las Naciones Unidas. El señor Jair Bolsonaro, negando que la Amazonia sea el pulmón verde del planeta; y que los ataques que sufre su gobierno por los incendios registrados en esa inmensa selva provienen de países colonialistas.

El señor Donald Trump, defendiendo un aislacionismo y un patriotismo que ya no tienen cabida en el mundo global que hoy vivimos, alardea que su país es la potencia más poderosa del mundo, pero oculta que su administración destruyó toda la política ambiental de su ­predecesor, Barack Obama. Y recalcó que hizo bien en retirarse del Acuerdo de París.

México ha firmado todos los compromisos sobre el clima y la conservación de los recursos naturales; se comprometió a disminuir para 2030 en 22 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero. Bien haría el gobierno en decirnos si esas promesas se están cumpliendo.

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Google proclama la 'supremacía cuántica' con el ordenador más potente (pero el informe desaparece)

El procesador realizó en 3,5 minutos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada, según el documento.

En lo que podría suponer un gran hito informático, Google afirmó esta semana haber construido el primer ordenador cuántico capaz de realizar cálculos que superan las posibilidades de las supercomputadoras más potentes existentes en la actualidad. El avance se anunció en un informe de investigadores de la compañía publicado en el sitio web de la NASA, que fue eliminado más tarde.

El documento, consultado por Financial Times, sostenía que el procesador pudo realizar en tres minutos y 20 segundos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada hasta la fecha, conocida como Summit.

"Un hito hacia la computación cuántica a gran escala"

Los investigadores anunciaron que, de esta manera, habían logrado la 'supremacía cuántica' —momento en que los ordenadores cuánticos llevan a cabo cálculos antes imposibles— y que el experimento suponía "el primer cálculo que solo se puede realizar en un procesador cuántico".

Los autores precisan que el sistema solo puede realizar un único cálculo altamente técnico, y que aún quedan años hasta el uso de máquinas cuánticas para resolver problemas prácticos, pero aun así califican el avance "un hito hacia la computación cuántica a gran escala".

Se desconoce por qué el informe fue retirado de la web, pero una fuente de Google familiarizada con la situación sugirió en declaraciones a Fortune que la NASA publicó accidentalmente el documento, antes de que las afirmaciones del equipo pudieran ser examinadas exhaustivamente a través de una revisión científica por pares.

Si bien en la actualidad ya existen ordenadores cuánticos, estos necesitan entornos muy particulares como laboratorios especializados para funcionar correctamente y su uso práctico es limitado. 

Nuevas posibilidades y nuevos desafíos

A diferencia de los ordenadores convencionales, que manipulan los elementos binarios básicos 'bits', con los valores 0 ó 1, los 'cúbits' (bits cuánticos) pueden encontrarse en ambos estados simultáneamente, lo que hace posible calcular millones de posibilidades al instante.

Un informe de Boston Consulting Group de 2018 adelantaba que los ordenadores cuánticos podrían cambiar drásticamente campos como la criptografía y la química —y, por tanto, la ciencia de los materiales, la agricultura y los productos farmacéuticos— "sin mencionar la inteligencia artificial y el aprendizaje automático", así como la "logística, fabricación, finanzas y energía".

Por otro lado, varios científicos advierten de que el gran potencial que auspicia la computación cuántica va a asociado a nuevos riesgos. En particular, sostienen que, gracias a su gran capacidad de procesamiento, esta tecnología podría usarse para 'hackear' la mejor seguridad cibernética con la que contamos en la actualidad, rompiendo en pocas horas un cifrado que sería prácticamente imposible de derrotar usando la mejor computadora convencional disponible en la actualidad. Por esa razón, instan a trabajar en el desarrollo de medidas de seguridad de criptografía cuántica que reemplacen los estándares informáticos existentes para proteger la transmisión de información.

Publicado: 21 sep 2019 17:21 GMT

Sábado, 21 Septiembre 2019 05:26

Rebelión juvenil por el planeta

Millones de jóvenes en todo el mundo abandonaron ayer las aulas para manifestarse y exigir a los gobiernos acciones contra el cambio climático, en respuesta a la convocatoria de la sueca Greta Thunberg, quien el lunes hablará ante la ONU. Participaron en las movilizaciones científicos, artistas y sindicatos. En México, alumnos y académicos se movilizaron en la capital del país y en varios estados. En NY (imagen) participaron 250 mil. Foto @RDleni

Nueva York. Decenas de miles –organizadores calculaban 250 mil– de jóvenes y adultos a quienes invitaron inundaron la punta sur de Nueva York coreando que "los niveles del mar se elevan y nosotros también nos alzamos", al encabezar la principal marcha de la huelga global climática que se realizó en más de 150 países con unos 4 millones de participantes.

Esta vez, en lugar de que los adultos llevaran a sus hijos a sus actividades políticas, los niños llevaron a los adultos en lo que es una rebelión juvenil para rescatar el futuro. “Hoy no fuimos a la escuela… Y hemos visto que algunos adultos no fueron a sus trabajos. Y es porque esto es una emergencia. Nuestra casa está incendiada”, declaró Greta Thunberg, la estudiante sueca de 16 años que es la cara y voz global de este nuevo movimiento para enfrentar el cambio climático, después de encabezar, con sus contrapartes de aquí y otros países, esta marcha.

Miles de estudiantes abandonaron sus escuelas para sumarse a la huelga sobre cambio climático, algo que inició hace un año con la acción solitaria de Thunberg que cada viernes se iba de "huelga" para ponerse frente al parlamento sueco y exigir con una pancarta que los políticos rindieran cuentas y tomaran acción para frenar el cambio climático que está poniendo en jaque el futuro del mundo. "No hay Planeta B", es una de las pancartas más vistas.

Fueron acompañados por científicos, contingentes de los sindi-catos de enfermeras y de servicios, artistas y músicos –incluyendo una explosiva batucada femenina– activistas de otros movimientos como Black Lives Matter, de defensa de migrantes y puertorriqueños marcando el segundo aniversario del huracán María, agrupacio-nes indígenas incluyendo de Brasil, religiosos y, por supuesto, ambientalistas.

Pero los adultos reconocieron el liderazgo de los jóvenes. Un hombre mayor cargaba una pancarta que sólo decía "Gracias, niños".

 

"Queremos salvar el arcoíris"

 

En una primaria en Brooklyn, una clase de kínder elaboró carteles para mostrar a quienes pasaban rumbo a las marchas; uno decía: "queremos rescatar los arcoíris".

Hubo unos mil actos como parte de la huelga global alrededor de Estados Unidos, con miles en Chicago, Washington, San Francisco y otras ciudades haciendo eco de los demás en todos los continentes, incluyendo la Antártida,

"¿Por qué deberíamos de estudiar por un futuro que nos han robado a cambio de ganancias?", pregunta Thunberg en el mitin en el parque Battery donde concluyó la marcha. Aseguró que en sus viajes por diferentes países las personas en el poder son muy parecidas, "su inac-ción es la misma", y ninguno de ellos "está dispuesto a decir las cosas tal como están, eso nos lo han dejado a nosotros los niños".

Recordó que el lunes se realizará la Cumbre sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas en esta ciudad, y advirtió que los obligarán a "escucharnos". Comentó que a muchos políticos les encanta tomarse selfies con los activistas jóvenes, y “decirnos cuánto nos admiran… pero nosotros que-remos que se pongan en acción… Y si nadie más tomará medidas, nosotros sí lo haremos”.

"No somos unos jóvenes que se fueron de pinta ni algunos adultos que no fueron a trabajar, somos una ola de cambio y, si nos unimos, somos imparables", afirmó Thunberg. Concluyó que para todos los críticos y opositores de este movimiento les tenía “una mala noticia: esto es sólo el inicio… el cambio vendrá les guste o no”. [globalclimatestrike.net ]

 

Por  David Brooks

Corresponsal

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Viernes, 20 Septiembre 2019 06:30

Hoy, desde Nueva York, Huelga Climática Global

Hoy, desde Nueva York, Huelga Climática Global

Científicos se suman a la iniciativa// Frente común contra empresas del sector de los hidrocarburos// La esperanza en el futuro sale a las calles

Nueva York. Miles de jóvenes, entre ellos la invitada de honor, Greta Thunberg, y adultos convidados participarán en la Huelga Climática Global este viernes con una marcha por el antiguo centro de Nueva York, a la par con más de 5 mil acciones parecidas en 150 países, en lo que los organizadores llaman "la movilización sobre el clima más grande de la historia", todo como parte de una creciente rebelión por el futuro del planeta.

Aunque las "huelgas por el clima" se han realizado durante el último año –inspiradas por la inicial acción solitaria de Thunberg hace un año, de abandonar su escuela cada viernes para pararse frente al Parlamento sueco y exigir acción de los políticos– con actos internacionales que llegaron a incluir a cientos de miles (la última internacional masiva fue en mayo), en esta ocasión los jóvenes invitaron a los adultos en una carta abierta publicada en The Guardian, para que “todos desencadenemos la resistencia masiva… si nos importa, tenemos que hacer más que sólo decirlo. Tenemos que actuar”. ( https://www.theguardian.com/ commentisfree/2019/may/23/ greta-thunberg-young-people-climate-strikes-20-september ).

La respuesta ya es inédita: decenas de miles de científicos se han sumado a la acción, casi mil empleados de Amazon suspenderán su trabajo este viernes para acompañar a los jóvenes, la empresa de cosméticos Lush, la de ropa Patagonia y la de helados Ben & Jerry’s cerrarán sus puertas para que sus trabajadores participen. Granjeros en alianzas nuevas con ambientalistas asistirán por igual. En Nueva York, el Departamento de Educación anunció que no marcará ausencias si algunos de los más de un millón de estudiantes en las escuelas públicas de la ciudad abandonan clases para asistir a la marcha, y más de 600 médicos y trabajadores del sector salud elaboran una "nota médica" dando permiso a cualquier joven de faltar a la escuela, con el argumento de que la crisis ambiental es una emergencia de salud. Anunciaron que más de 6 mil portales y empresas digitales apoyarán la huelga.

La cara y voz más visible del movimiento internacional encabezado por jóvenes sobre el clima es la estudiante sueca Greta Thunberg con su iniciativa de Los Viernes por el Futuro (https://www.fridaysforfuture.org), pero el mosaico es mucho más amplio; abarca desde agrupaciones de desobediencia civil a cabildeo en el Congreso y campañas para enfrentar al sector de hidrocarburos y sus vínculos con el sector financiero.

Entre las nuevas expresiones está Extinction Rebellion (https://rebellion.earth), que realiza acciones de desobediencia civil a veces espectaculares para presionar por acción de los políticos y empresarios sobre el cambio climático y lo que científicos dicen es la "sexta extinción masiva" ya en curso en el planeta.

El Sunrise Movement está trabajando dentro del sistema político, impulsando cambios legislativos respecto del cambio climático. La iniciativa de más alto perfil en que ha colaborado este movimiento, en coordinación de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Ed Markey, con el apoyo de más de 100 legisladores, entre ellos el candidato presidencial Bernie Sanders, es conocido como el Green New Deal (https://www.sunrisemovement.org/gnd).

La organización civil 350.org, tal vez la primera en enfocarse especialmente en el cambio climático, está ejerciendo un papel clave al compartir su experiencia e infraestructura para apoyar esta movilización, entre otras cosas (https://350.org). A la vez, organizaciones ambientales como Greenpeace y el Sierra Club colaboran y apoyan estos movimientos también regenerando sus propias filas.

Uno de los frentes comunes es una campaña sostenida contra las empresas del sector de hidrocarburos, tanto en acciones públicas que demandan limitar y finalmente abandonar la extracción y producción, como a través de presión al sector financiero para frenar la inversión en esas actividades. En ejemplos del creciente poder de estas campañas, el fondo de inversiones de miles de millones de dólares del sistema universitario público de California acaba de anunciar que dejará de invertir en el sector, activistas dicen que esto se suma a otros aquí y en otras partes del mundo que han "desinvertido" cientos de miles de millones en esta área. Por otro lado, recientemente los ejecutivos de la OPEP declararon que el movimiento por el cambio climático representa una amenaza real a los intereses petroleros.

Esta semana, activistas jóvenes participaron en la primera Cumbre de los Pueblos sobre Derechos Humanos y Cambio Climático, convocada conjuntamente por Greenpeace y Amnistía Internacional en Nueva York, como parte de los preparativos para la cumbre sobre el clima que se realizará el lunes en la Organización de las Naciones Unidas.

También hay nuevas coaliciones. Los jóvenes estarán acompañados este viernes por activistas de la diáspora puertorriqueña, marcando el segundo aniversario del huracán María, que devastó esa isla caribeña, así como por representantes de comunidades y naciones indígenas estadunidenses y de otras partes del mundo, en reconocimiento de los primeros ambientalistas.

Junto con ellos participarán maestros, pequeños comerciantes que cerrarán sus tiendas, chefs cuyos restaurantes ofrecerán alimentos a los activistas, líderes religiosos protestantes, católicos, judíos, musulmanes, budistas, artistas, músicos y sindicalistas.

"Lo que todos tienen en común es algo que comparten con el resto de la humanidad: un creciente temor de que el calentamiento global esté fuera de control y que necesitamos actuar con una rápidez notable para mantener la esperanza de llevar a nuestra civilización por este siglo", escribe Bill McKibben, cofundador de 350.org, en Truthout.

Los organizadores señalan que las marchas de hoy son sólo el inicio de una semana de acción en todos los continentes al realizarse la Cumbre sobre el Cambio Climático y el arranque de la Asamblea General de la ONU esa semana. (https://globalclimatestrike.net)

De pronto hay esperanza en el futuro; estará en las calles este viernes.

Por David Brooks

Corresponsal

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 Un niño permanece junto a una bomba de agua instalada por una empresa minera china en Masumbiri, Sierra Leona, el 26 de julio de 2019. Nellie Peyton Thomson Reuters Foundation

Los pueblos colindantes a una mina quieren un hospital, un colegio y agua potable, pero de momento ni los han obtenido ni han dejado de ser pobres

Cuando los mineros chinos llegaron al pueblo de Masumbiri, en el norte de Sierra Leona, en busca de oro, todo el mundo se puso a la cola para conseguir un empleo. Los adolescentes mentían acerca de su edad, y las mujeres y las niñas iban a cocinar y limpiar el campamento de los trabajadores, un complejo cerrado situado en la ladera de una montaña cercana que da a los campos de arroz.

Dayu, una empresa privada que empezó a operar en Sierra Leona en 2018, no era más que la última de una serie de compañías chinas en busca de oro atraídas por la riqueza mineral del subsuelo del distrito sierraleonés de Tonkoili. "Al principio la gente estaba muy contenta con los empleos", cuenta Hasan Tholley, el envejecido jefe de Masumbiri, sentado en su porche junto a los ancianos del lugar en este pueblo de calles de tierra. Pronto, cientos de jóvenes con casco empezaron a llevar un sueldo a casa, y la población, con sus 5.000 habitantes, tuvo por primera vez cobertura móvil y bombas de agua, todo cortesía de Dayu.

Sin embargo, cuentan los lugareños, al cabo de 18 meses del comienzo del proyecto, cuyo valor asciende a miles de millones de dólares, el sueldo que ganaban no compensaba la pérdida de tierras, y la pobreza empeoró.

Al igual que muchos otros países africanos, Sierra Leona ha cortejado a las empresas extranjeras que pagan a los Gobiernos elevadas tasas por los derechos de extracción, mientras que la población local a menudo tiene la sensación de que no se le pide su opinión ni recibe ningún beneficio.

China es, con diferencia, el mayor exportador de minerales de África subsahariana. En la última década ha invertido alrededor de 30.000 millones de dólares en minería metálica en el continente, alrededor del 15% de ellos en Sierra Leona. Allí, la extracción de oro ha sido un sector relativamente pequeño comparado con el de los diamantes o el mineral de hierro, pero está aumentando con empresas como Dayu, que afirma tener la mayor mina de oro subterránea del país. Su explotación es el único proyecto de la compañía.

Varios equipos menores, algunos de los cuales operan ilegalmente, también extraen oro de la zona al mismo tiempo que las empresas grandes. "Considerando la actividad de extracción, las comunidades deberían estar experimentando un gran desarrollo", señala Mohamed Smooth Bagura, miembro del consejo del distrito de Tonkoili.

A lo largo de la pista embarrada y llena de baches que conduce a Masumbiri, los carteles oxidados anuncian las compañías mineras que llegaron y se fueron. Los únicos coches, edificios o carreteras nuevas en un radio de kilómetros estaban en el campamento chino.

Empleos

Desde su tienda de la calle principal de Masumbiri llena de cerraduras, camisetas y relojes, Ibrahim Thulleh cuenta que el negocio ha disminuido. "Desde que llegó Dayu, la gente tiene menos dinero para gastar", se lamenta durante una tarde calurosa, sentado en su choza descubierta.

Antes de Dayu, durante algunos años no hubo en el pueblo ninguna compañía minera grande. La gente acudía en masa a buscar pepitas de oro, a menudo con éxito, y luego iba a la tienda de Thulleh a gastar lo ganado. Dayu contrató a unos 350 lugareños, y los demás mineros se fueron porque la empresa se quedó con los yacimientos que ellos explotaban.

Thulleh cuenta que, cuando los trabajadores reciben la paga —cada uno cobra entre 50 y 150 dólares al mes—, la reparten entre la familia y los vecinos y la utilizan para liquidar sus deudas. "A final de mes no queda dinero", cuenta Abdulai Kargbo, un minero de 29 años que tiene uno de los empleos mejor pagados: ocuparse de las voladuras y la perforación de la montaña en busca de oro. Antes de Dayu, transportaba a gente en su moto y ganaba entre 10 y 15 dólares al día, más del doble de lo que gana ahora, cuenta el trabajador, que es padre de seis hijos. Las ventajas de un empleo estable no compensan la mengua de los ingresos, asegura. Dentro de unas semanas, cuando lleve un año trabajando en la mina, piensa dejarlo y volver a la moto.

A William Bangura, que tiene dos hijos trabajando para Dayu, no se le ocurre nada que la familia pueda comprar ahora que no pudiese permitirse ya antes. "Solo nos llega para ir tirando", se queja. Aún así, está agradecido por los empleos. "No teníamos elección", sentencia.

En vez de cribarlas a mano y venderlas en el sitio, ahora las partículas de oro se extraen triturando las rocas en una planta de procesamiento situada en la ladera de la montaña. En el suelo de la última sala se apilan grandes bolsas blancas llenas de polvo gris que contiene unos cuantos gramos de oro. En este estado se transporta en camiones al puerto donde se embarca rumbo a China.

Repartir la riqueza

Sierra Leona está "abierta a las empresas", anunciaba el presidente Julius Maada Bio, que ha pregonado su mensaje entre los inversores de China, Gran Bretaña y Emiratos Árabes Unidos desde que llegó al cargo el año pasado con el compromiso de garantizar que su país se beneficiaría de la minería. De acuerdo con el Código de Minería, las compañías como Dayu pagan medio millón de dólares anuales al Gobierno por una licencia de extracción a gran escala, y se les exige que dediquen el 0,01% de sus ingresos al desarrollo de las comunidades.

Pero las medidas para el desarrollo de las comunidades no están claras y el código no siempre se aplica, afirmaba el Gobierno el año pasado al anunciar una nueva política minera dirigida a poner en marcha una serie de reformas.

Dayu ha decidido aumentar su contribución al 1%, pero todavía está negociando las condiciones con la población local, informaba Mohamed Daffae, gestor encargado de relaciones con la comunidad. Los tres pueblos de la zona piden cosas diferentes. Uno quiere un colegio, otro un centro de salud, y el tercero necesita agua potable, explica el concejal Bangura. Hasta ahora solo se han instalado las bombas de agua, que llega directamente del río sin filtrar. "Hacemos todo lo que podemos para contribuir al desarrollo de la comunidad", declara Peng Hui Yao, director general de Dayu. "Queremos sinceramente que la gente de la zona sea feliz".

Según Daffae, la población está impaciente por que le lleguen los beneficios. "La principal dificultad es que entiendan la concesión", añade desde su oficina del complejo. Los lugareños creen que la tierra y los minerales son suyos, pero no tienen autorización, afirma.

El acuerdo de Dayu con el Gobierno da acceso a la empresa a 9,6 kilómetros cuadrados durante 25 años. Hace poco, Daffae se encontró con la resistencia de la gente del lugar que estaba extrayendo oro de la zona en la que la empresa china quería excavar. "Tuve que desplazarme hasta allí y explicarles que no pueden parar una explotación como esta, que es para todos nosotros", concluye.

Este artículo ha sido realizado gracias al apoyo de la Fundación Thomson Reuters, la sección sin ánimo de lucro de Thomson Reuters dedicada a informar sobre temas humanitarios, derechos de las mujeres y LGTB+, tráfico de personas, derechos de propiedad y cambio climático.

Por Nellie Peyton y Richmond Tholley

MASUMBIRI (Sierra Leona) 20 SEP 2019 - 03:01 COT

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La matriz energética y el desarrollo sostenible en América Latina

En agosto de 2019 la Comisión Económica para América Latina (Cepal) apuntó que los países latinoamericanos deben preocuparse por el medioambiente, además de por el crecimiento económico, el combate a la desigualdad y el aumento en la productividad. La propuesta de un modelo de crecimiento ecológico debe tener en cuenta la estructura del sector energético de los países latinoamericanos. El sector energético es de suma importancia para el crecimiento económico, por ser una de las fuentes motrices de la actividad económica. De este modo, cuando se habla de “crecimiento sostenible”, como lo llama la Cepal, se debe tener en cuenta que la energía utilizada para la actividad económica sea de origen ecológico.

En América Latina, del total de la producción energética, la proporción dirigida a la exportación representa más de la mitad para estos países: Ecuador con 70 por ciento (petróleo crudo), Venezuela con 66 por ciento (petróleo crudo), Bolivia con 65 por ciento (gas natural), Trinidad y Tobago con 58 por ciento (derivados del petróleo) y Paraguay con 51 por ciento (electricidad producida con hidroenergía). En general, dichas energías no renovables exportadas son consideradas “sucias”, por el alto grado de afectación del medioambiente y su carácter no renovable. La extracción del petróleo y el gas natural provoca la contaminación de los ecosistemas y la emisión de gases de efecto invernadero, que contribuye al calentamiento global.

La dinámica exportadora de energías “sucias” se presenta en toda América Latina. El petróleo crudo exportado por Colombia, México, Guatemala, Honduras y Jamaica, y el gas natural, especialmente el peruano, son las principales fuentes de energía exportadas desde esta región. A excepción de Colombia y Venezuela, los países exportadores de petróleo no tienen la capacidad productiva para refinar el crudo. Esto condiciona a los exportadores de petróleo a importar derivados petroleros para su consumo final.

En cuanto a las importaciones, 13 de los 21 países latinoamericanos revisados importan más de la mitad del consumo final energético. La mayor parte de las importaciones de estos países son productos derivados del petróleo para la generación de electricidad o el consumo en transporte. La segunda fuente de energía que más se importa es el gas natural, para generar electricidad o para licuarlo y revenderlo con mayor valor agregado, como en el caso peruano.

Brasil, Bolivia, Colombia, Venezuela y Argentina son los únicos países que gozan de soberanía energética. Producen internamente lo suficiente para satisfacer su demanda e incluso cuentan con producción excedente dirigida a las exportaciones, y, a su vez, el porcentaje del consumo de origen extranjero está por debajo del 30 por ciento. En su mayoría, las importaciones brasileñas y argentinas corresponden al gas natural de Bolivia para la generación de energía eléctrica y a la electricidad de Uruguay. Resaltan, igualmente, los casos de República Dominicana, Jamaica y Panamá, por su porcentaje de importaciones del consumo final, mayor a 100. Esto se explica por el hecho de que en estas economías una gran parte de la importación de combustibles se queda en los buques para el comercio internacional, por lo que nunca entran a ser parte del consumo interno.

Los principales socios por país y su parte de petróleo refinado importado respecto del total de dicho producto presentan un denominador común en casi todas las economías latinoamericanas. El socio predominante, en 19 de los 21 países, es Estados Unidos; 11 de ellos cuentan con un tratado de libre comercio. Esta lógica condiciona la dinámica económica de la región, por la concentración del mercado petrolero y de refinación estadounidense, la volatilidad del precio del petróleo y la caída de la productividad en este sector desde 2014 con un crecimiento anual negativo.

Frente al nuevo impulso de la economía verde de la Cepal, cabe enfatizar que 15 países de América Latina consumen menos del 30 por ciento de energías verdes respecto del total. Estos utilizan biomasa como fuente de energía, principalmente leña, que, a través de un proceso de quema, produce energía eléctrica o calorífica. Este proceso no está exento de emitir gases de efecto invernadero. Aún son muy pocos los proyectos de energías verdes existentes: el parque solar en Jujuy, Argentina, o los parques eólicos en Oaxaca, México. En la estructura de producción y consumo energético de Latinoamérica todavía son predominantes las energías “sucias”.

La propuesta de la Cepal de crecer de manera sostenible no puede ignorar la situación del sector energético en Latinoamérica, basado en exportar petróleo y gas natural, importar derivados del petróleo y consumir, en su mayoría, energías “sucias” importadas de Estados Unidos. Es un sector dependiente del exterior y nada ecológico. Incluso la electricidad generada con energía hidráulica no es necesariamente energía verde: aunque no emite contaminantes, sí afecta a los ecosistemas acuáticos a largo plazo. Las iniciativas de transitar hacia una economía sostenible, como la emisión de bonos verdes o las propuestas de la Cop21, promueven la generación de energías verdes para los países latinoamericanos, pero los avances son muy lentos cuando el problema no está en el futuro, sino en el presente. Todo indica que China está acumulando tecnología solar propia que es la que más crece en términos de capacidad instalada de energía solar. En esto se distingue de Estados Unidos, que está aferrado a la exportación de gasolina refinada y vehículos a gasolina. América Latina aún no toma en serio las energías limpias, que quizás lleguen de la mano de China, más pronto que tarde.

Por Óscar Ugarteche / Carlos de León

6 septiembre, 2019

*    Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y el Sistema Nacional de Investigadores‑Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela).

**           Facultad de Economía de la Unam, miembro del Obela.

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Viernes, 06 Septiembre 2019 06:30

Salvar el planeta

Salvar el planeta

La Amazonia arde, Groenlandia se derrite, 800 millones de personas padecen hambre, hordas de migrantes huyen de las guerras y la miseria hacia los países del derroche, y los gobernantes de los países más poderosos evitan discutir el cambio climático y los desastres ambientales para no irritar a Donald Trump.
Quizá la Tierra ha empezado a sacudirse la plaga humana.

 

 El BUFÓN.

Desde comienzos de la década del 90 el comediante George Carlin creó y refinó una rutina en los escenarios titulada Saving the Planet (Salvar el planeta) en la que, con su habitual insolencia salpicada de groserías, cuestionaba los fundamentos mismos de las políticas ambientales y las campañas y esfuerzos de protección de la naturaleza y las especies amenazadas de extinción. “El planeta está bien, está perfectamente bien”, afirmaba el bufón inteligente, fallecido en 2008. “Los que estamos jodidos somos nosotros”. (Quienes deseen la experiencia directa de su acto de 7.38 minutos pueden visitarla en Youtube, con subtítulos en español.)

“El planeta ha estado aquí por 4.500 millones de años”, continuaba Carlin. “Nosotros hemos estado aquí ¿qué?, ¿100 mil años, tal vez 200 mil años? Hemos tenido industrias pesadas por poco más de 200 años. ¿Y tenemos la pretensión de que, de alguna forma, somos una amenaza?”“El planeta ha sobrevivido y superado cosas mucho peores que nosotros”, añadía con una larga lista de acontecimientos como terremotos, volcanes, placas tectónicas en movimiento, desplazamientos continentales, tormentas solares, manchas solares, tormentas magnéticas, la reversión magnética de los polos, cientos de miles de años de bombardeo de cometas y meteoros, enormes inundaciones, tsunamis, vastos incendios, rayos cósmicos, glaciaciones repetidas. “¿Y nos creemos que las bolsas de plástico y las latas de aluminio harán alguna diferencia?”, preguntaba Carlin.

MÁS DE LO MISMO.

El cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la contaminación del agua y el aire, y la destrucción de las junglas tropicales y los mantos de hielo figuran entre los problemas que, en todo el mundo, las generaciones más jóvenes ponen al tope de sus preocupaciones, y que los más viejos suelen desestimar. Esto ha motivado protestas multitudinarias, la creación de fundaciones, programas, coaliciones y actividades encaminadas a la conservación de la energía que se obtiene con la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), el desarrollo de fuentes alternativas de energía y la sustitución de materiales, especialmente plásticos, por otros que sean biodegradables. La multiplicación de partidos verdes es un fenómeno que cuenta ya con más de tres décadas, y las conferencias y acuerdos internacionales sobre asuntos ambientales son una rutina. Preocupaciones similares continúan emergiendo acerca de la biotecnología, el desarrollo de organismos manipulados genéticamente y medicamentos más potentes para combatir gérmenes que se adaptan y sobreviven a los medicamentos más potentes de hace apenas algunos años.

Los esfuerzos por salvar especies animales y vegetales amenazadas por la extinción –en muchos casos debida a la destrucción humana de los hábitats naturales– van acompañados por campañas de educación para que las sociedades, cada vez más urbanizadas y distanciadas de la naturaleza, entiendan el papel que cumplen los insectos en la polinización, la ganadería extensiva en la deforestación y la pesca industrial en el exterminio de los peces.

Pero, aun con toda la mejor voluntad y los propósitos más altos, muchas de las políticas ambientales en varios casos conducen a una aceleración de la destrucción y la contaminación. Un ejemplo casi cotidiano: las bolsas, vasos, pajitas, envases y todo tipo de objetos de plástico. Las campañas para reducir, mediante educación o multas, el uso de las bolsas de plástico –que se han vuelto omnipresentes en los mercados– proponen dos opciones: o las bolsas de plástico, no desechables, fuertes y resistentes, que pueden usarse muchas veces, o las bolsas de papel, un material desechable. La realidad es que la producción de bolsas de plástico más resistentes requiere más energía y materia prima –que por ahora, en su mayor parte, procede de los hidrocarburos–, y, en el caso del papel y del cartón, demanda más celulosa, que sólo puede obtenerse de la tala de más bosques.

La gran alternativa a los vehículos automotores que consumen gasolina o diésel es el desarrollo de vehículos eléctricos, los cuales demandan… electricidad, pues, que muchas veces proviene de plantas que queman combustibles fósiles. La masificación de los vehículos eléctricos soñada por tantos ambientalistas promete otro problema: la falla del suministro de electricidad paralizará la economía. Imagínese una ciudad de 15 millones de personas donde, en un futuro, el 90 por ciento de los vehículos sean eléctricos, y un apagón de diez días. Con el añadido del agotamiento de todas las baterías con que funcionan nuestros celulares, el número creciente de minicomputadoras dentro de los vehículos que todavía usan gasolina.

Los enormes recursos financieros y científicos dedicados a la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos sólo producirán compuestos a los que las bacterias se adaptarán en menos de una década. El propósito de estas investigaciones y desarrollos es, en definitiva, la prolongación de la vida humana, cuando el planeta soporta ya casi 8 mil millones de personas que siguen, seguimos, consumiendo más recursos.

UNA SACUDIDA.

Las últimas semanas, la atención mundial –y la distracción forzada del Grupo de los 7 en Biarritz– se centró en los incendios forestales en el sur de la Amazonia, un 84 por ciento más extensos que hace un año. Del llamado “pulmón del planeta” que debería contribuir a la absorción de dióxido de carbono en la atmósfera, se levantan enormes columnas de humo que se extienden por cientos de quilómetros. El gobierno brasileño, que ha movilizado a más de 40 mil soldados para combatir las llamas y, supuestamente, reprimir a los responsables de la deforestación por fuego, es el mismo que abrió esas regiones a la explotación de recursos madereros, de los cuales se obtiene, entre otras cosas, la celulosa, y otras riquezas que demanda, ávida, una creciente población mundial. Las corporaciones y gobiernos que buscan y explotan estos y otros recursos naturales no lo hacen porque sean demoníacas, sino porque hay una constante demanda de los consumidores que… somos nosotros. Hemos adoptado un estilo de vida que nos hace dependientes de una red global de producción y distribución que es cada vez más frágil.

Hace 33 años la explosión de un reactor en Chernóbil, de la entonces República Soviética de Ucrania, dispersó por gran parte de Europa una nube radioactiva y dejó una región de 2.400 quilómetros cuadrados vedada para la presencia humana hasta hoy. Aparte de las fallas que se han atribuido a los técnicos de Chernóbil y la torpeza del régimen soviético para encarar el desastre, está el hecho de que la energía nuclear se ha desarrollado para suministrar electricidad a partir de una fuente alternativa a los hidrocarburos. En el bosque silvestre que ha crecido en torno a Chernóbil, han reaparecido especies animales consideradas casi extintas, tal como en regiones rurales de España, abandonadas por la agricultura, se han multiplicado los caballos salvajes.

“El planeta se sacudirá de nosotros como una peste de pulgas, una molestia superficial”, según Carlin. “Estará aquí por mucho, mucho, mucho tiempo después que nosotros hayamos desaparecido, y el planeta se sanará a sí mismo, se limpiará porque eso es lo que hace. Es un sistema que se corrige a sí mismo. El aire y el agua se recuperarán y la Tierra se renovará.”“El planeta no se va a ninguna parte”, predecía el bufón. “¡Nosotros nos vamos! Recojan su mierda, gente. Los que nos vamos somos nosotros. Y no dejaremos mucha traza, tampoco. Gracias a dios por eso. Bueno, quizá sí, un poco de poliestireno. El planeta estará aquí, y nosotros habremos desaparecido hace mucho tiempo. Simplemente, otra mutación fallida.”

Por Jorge A. Bañales

6 septiembre, 2019

Publicado enMedio Ambiente
El futuro del mundo explicado por el hombre que dirige la mayor agencia de desarrollo

 Achim Steiner, administrador del PNUD, advierte de que el cambio climático es cruel porque castiga a quienes menos han contribuido a él. Pero, asegura, ni los ricos van a poder comprarse un escenario distinto

 

La trayectoria de Achim Steiner en el sistema de Naciones Unidas ha estado casi siempre ligada a la preservación del planeta. Dirigió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente durante una década (2006-2016), y también ha sido director general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y secretario general de la Comisión Mundial sobre Represas. Y esto se nota en sus preocupaciones actuales como administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cargo que ostenta desde junio de 2017.

Desde el pasado enero, el PNUD ya no es el encargado de coordinar al resto de agencias, fondos y programas, una función que venía ejerciendo desde hacía un cuarto de siglo. Preguntado por este cambio en su despacho de Nueva York, con el Río Este de fondo, Steiner se limita a mencionar las razones que han llevado al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, a crear una nueva institución de coordinación en el marco de la reforma del sistema de Naciones Unidas. En resumen, para lograr una mayor eficiencia. "Algunos podrían incluso decir que así será más fácil que nos concentremos en el trabajo de desarrollo", zanja sobre cómo afecta al PNUD esta medida.

Con todo, Steiner pilota una de las agencias más grandes de la ONU con enorme peso en el impulso de Agenda 2030, la hoja de ruta internacional para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable para esa fecha. Pero cuatro años después de su aprobación, cuando tenía que despegar y empezar a mostrar resultados, la ONU advierte que no ha sido así. No se hace lo suficiente ni se avanza al ritmo que requieren los retos de la humanidad recogidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la igualdad de género, garantizar educación de calidad para todos y sanidad universal.

Pregunta. El informe de seguimiento de los ODS dice que, al ritmo actual de progreso, no se logrará ningún objetivo en 2030. ¿Cuál es su análisis?

Respuesta. Creo que estos son objetivos realizables, nadie debería sentarse ahora y decir: "Oh, nunca lo lograremos". En algunos países estarán mucho mejor y eso debería ser un estímulo para los demás. En solo 30 años hemos logrado reducir la pobreza extrema del 36% al 8%, teniendo en cuenta que la población casi se ha duplicado en ese tiempo, es un ejemplo de que, en realidad, las políticas y los programas funcionan.

P. El documento alerta de que el cambio climático es una amenaza para los ODS y no se está haciendo suficiente contra este mal. ¿Está de acuerdo?

R.. Estamos lejos de hacer lo suficiente. Pero seamos claros, Europa se ha comprometido a una reducción de emisiones del 40% y tengo mucha confianza en que cumplirá. Igualmente, hace 10 años, el mundo siempre señalaba a China e India como países que estaban frenando el progreso en la acción climática global. Hoy es diferente. China está trabajando activamente en la diversificación de su matriz energética para reducir las emisiones. Como estos, puedo dar muchos ejemplos. El problema es que hemos construido este sistema durante 200 años y ahora estamos perdiendo un tiempo que no tenemos para hacer un cambio en nuestros sistemas energéticos, de transporte, agrícolas... Nos dirigimos hacia una situación de emergencia, la ventana se está cerrando y no estamos actuando lo suficientemente rápido, que es distinto a decir que no se está haciendo nada.

P. Entonces, ¿qué hace falta para salvar el planeta?

R. La verdad amarga es que quienes son lo suficientemente ricos comprarán su salida. Comprarán tierras más altas; aquellos que sean lo suficientemente ricos se mudarán de las naciones isleñas que desaparecerán por la subida de los océanos, podrán pagar el doble de primas para asegurar sus propiedades contra inundaciones y poner más aires acondicionados en sus casas. Algunos comienzan a usar la ruta del norte y celebran el hecho de que el hielo del Ártico se esté derritiendo, lo que facilita el transporte de combustibles fósiles. Es la ironía de principios del siglo XXI: el cambio climático es un fenómeno muy cruel porque ha comenzado a castigar a quienes menos han contribuido a él. Pero en algún momento, incluso con todo el dinero del mundo, no vas a comprarte un futuro diferente.

P. ¿Qué hace el PNUD en este sentido?

Respuesta. El PNUD se ha convertido en uno de los principales socios de los países en desarrollo para abordar la adaptación al cambio climático. Esto se consigue con estrategias nacionales para introducir energías renovables, así como sistemas de transporte más eficientes energéticamente. Hoy tenemos más de 800 proyectos en los 140 países a los que apoyamos, y cerca de dos tercios de ellos están directamente relacionados con el cambio climático.

P. El otro problema que frena el progreso del mundo es, según la ONU, la desigualdad. ¿Qué se debe hacer contra este problema?

R. La desigualdad afecta a todas nuestras sociedades, tanto en las llamadas naciones desarrolladas como las que están en vías de desarrollo. Las tensiones políticas y la polarización han surgido de un aumento en el nivel de desigualdad. El problema es que hemos seguido un paradigma económico que básicamente pone el crecimiento económico por encima de todo lo demás. Nos dijimos: "Mira, la destrucción del medio ambiente y la creciente desigualdad social son en realidad el precio que pagas por un desarrollo acelerado". La gente ya no está dispuesta a aceptar esto.

P. ¿La solución es un cambio del sistema económico?

R. A lo que nos enfrentamos ahora es a cómo abordamos el desarrollo sin, digamos, una disrupción económica. Porque los ricos a los que les ha ido bien con este sistema económico no quieren cambiarlo ni debatir sobre los impuestos, subsidios, sobre cómo se sostiene el sistema de bienestar social o cuánto invierte el Estado en la gente que de otra manera no se las arreglaría, ya sea en las niñas para acceder a la educación, las personas con discapacidad o las comunidades rurales. No se trata de hacer que todos sean iguales, lo que es una contra teoría ingenua; se trata de la equidad en el acceso a las oportunidades. La gente ya no aceptará que, por el hecho de haber nacido en una parte de la ciudad, no se tenga el mismo acceso a la educación que alguien en el otro lado. Pero, ¿significa que todos terminarán con el mismo título universitario? Obviamente, no.

P. ¿Se puede evitar el debate sobre impuestos, acumulación de riqueza y paraísos fiscales en la lucha contra la desigualdad?

R. Puedes culpar a las personas ricas, pero creo que es, francamente hablando, una idea limitada. La riqueza extrema es producto de un marco regulatorio que la permite, tolera y promueve. Me sorprendió, hace unas semanas, que varios multimillonarios en Estados Unidos decían que están listos para pagar más impuestos, porque la sociedad en la que quieren vivir no es una en la que su riqueza pueda crecer sin cesar. Ya sabes, las personas no están seguras mientras otras tantas viven en la miseria y cuyos hijos están en condiciones de extrema pobreza. Las discusiones que queremos apoyar son: ¿cuál es el nivel correcto de impuestos? ¿Cómo deben invertirse los ingresos fiscales? ¿Cuál debe ser la proporción de fondos para zonas urbanas y rurales? ¿Y entre educación y defensa? Estas son elecciones que las sociedades tienen que hacer, pero nuestro papel como Naciones Unidas no es decirles cuál debe ser su elección.

P. ¿Cuál es su papel?

R. Mostrarle a los países cuáles son sus opciones. Y, con la experiencia de ver el ingenio de los seres humanos por todo el mundo, poder enseñarles buenos ejemplos. Si quieren eliminar gradualmente los combustibles fósiles, indicarles la forma en que algunas sociedades lo han hecho con éxito, que no es simplemente anunciando el lunes por la mañana que el precio de la gasolina aumentará en un 20%, lo que hará que todos se enfaden. Con el tema de los impuestos, ¿quién está a favor? Nadie. Pero a todo el mundo le gustaría tener sanidad, un sistema de seguridad social, carreteras, policía en la calle... Así que pagamos impuestos y, en muchos países, no nos oponemos a ello. Lo que no nos gusta es pagarlos y no ver lo que deberíamos obtener a cambio.

P. Se habla mucho de acelerar las medidas para conseguir los ODS en 2030. Pero ¿por qué no se habla de dejar de hacer lo que no funciona, causa daño o impide el progreso, como la venta de armas o los paraísos fiscales?

R. Algo, claramente, no está funcionando muy bien. En 2019 tenemos más conflictos armados dentro y entre países de los hemos tenido en los últimos 30 años. Hay 70 millones de personas que se han visto obligadas a dejar el lugar que llaman hogar. Estos son

P. ¿Qué falla?

R. Si recuerdo bien, entre las grandes potencias se gastan fácilmente un billón de dólares en Defensa. Mientras que la financiación total de la Cooperación para el Desarrollo es de alrededor de 150.000 millones. Es una proporción de nueve a uno. Esta ratio de inversión ya dice mucho. Dirijo hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es el más grande en la familia de las Naciones Unidas. Funciona en 170 países. Pero su capacidad para invertir en el desarrollo es una fracción de lo que puede hacer un ministro de Defensa nacional al comprar la próxima ronda de tanques o aviones. Creo que sería interesante que en el futuro, el conflicto no sea la solución, sino que la cooperación sea el camino a seguir. Habrá quienes dirán que esto es solo un sueño. Pero no. Hay argumentos sobre qué funciona mejor, si las inversiones militares o para el desarrollo. Hay una cierta ironía en el hecho de que, entre las cinco potencias del Consejo de Seguridad con derecho a veto, cuatro son las mayores exportadoras de armas del mundo. No es una buena estadística.

P. Siempre se mencionan los casos de China e India como buenos ejemplos de desarrollo. Pero África subsahariana, según los informes, no avanza. ¿Se está el mundo olvidando de esta región?

R. No debemos subestimar el tamaño de África y la cantidad de países que tiene, más de 50. En este continente hay historias muy diferentes que contar. Algunas de las economías de más rápido crecimiento en la última década son africanas. Senegal es un buen ejemplo. Pero lo que el mundo oye y ve de África son los conflictos y las guerras civiles como la que hay en República Centroafricana. Creo que existe la clara necesidad de mejorar la gobernanza y la creación de instituciones, porque los países en los que los Gobiernos no funcionan tarde o temprano se desmoronan. En segundo lugar, la comunidad internacional tiene que invertir en África, creo que los rendimientos serán enormes. Es la región económica con mayor y más rápido crecimiento en el mundo. Pocos se dan cuenta de que, en solo 30 o 40 años, en el continente habrá 2.000 millones de ciudadanos, es un mercado global. Creo que su futuro está lleno de esperanza

Por Alejandra Agudo

Nueva York 30 JUL 2019 - 17:01 COT

Publicado enSociedad
 Greta Thunberg (la segunda por la derecha) junto a un grupo de jóvenes activistas medioambientales en la Asamblea Nacional de París. Philippe Wojazer Reuters)

La activista sueca, invitada de honor en la Asamblea Nacional francesa

 

 

La puesta en escena para Greta Thunberg en París no podía ser más elocuente. No porque estuviera invitada para debatir en la Asamblea Nacional francesa, un raro honor más extraordinario aún vista la corta edad de la joven, 16 años. Sobre todo, porque el París al que llegó Thunberg este martes es una ciudad —y todo un país— casi fundidos por una oleada de calor, la segunda en pocas semanas, que pone en evidencia que los riesgos del cambio climático contra los que lleva advirtiendo desde hace más de un año la joven activista sueca son un problema que, más que a la vuelta de la esquina, están ya metidos en casa.

“De aquí a 2030, si no hacemos nada, no podremos revertir el cambio climático”, advirtió, muy seria, ante los casi 200 diputados que acudieron a escucharla.

La presencia de Thunberg ha provocado una fuerte controversia en Francia. Diputados sobre todo de derecha y de la extrema derecha criticaron en los últimos días la presencia de la joven, a quien llamaron a boicotear tras calificarla, entre otros, de “profeta en pantalones cortos”, “gurú apocalíptico”, “premio Nobel del miedo” o marioneta al servicio de lobbies ecologistas. Unas calificaciones y unas ausencias —Thunberg y otros tres jóvenes activistas franceses hablaron finalmente en una sala y no el hemiclo— que no inmutaron a la adolescente sueca.

“Algunos han decidido no venir aquí hoy, algunos han decidido no escucharnos. No pasa nada. Ustedes no están obligados a escucharnos, al fin y al cabo, no somos más que chavales. Pero ustedes sí tienen el deber de escuchar a la ciencia. Es todo lo que pedimos: que se unan tras la ciencia”, replicó Thunberg agitando en su mano el último informe del grupo de expertos intergubernamentales sobre la evolución del clima de la ONU, el Giec. Además de contra responsables políticos, la joven también cargó contra empresarios y periodistas, a quienes responsabilizó de “mentir” sobre lo que hacen jóvenes como ella y de no contar lo que está pasando ni de advertir de la seriedad de la emergencia climática para concienciar adecuadamente a la sociedad.

Mientras Thunberg hablaba, toda Francia sudaba. El país sufre su segunda oleada de calor en pocas semanas, tras haber registrado en junio el récord absoluto jamás registrado: 46 grados en el sur del país. París se apresta a batir también en los próximos días su propio récord con temperaturas de hasta 41 grados. El último récord, recuerda la Agencia France Presse, data de 1947, cuando los termómetros capitalinos marcaron 40,4°C.

La sequía es ya una preocupación nacional y sectores como el vinícola se preparan para el golpe que se avecina, con una caída de la producción de entre 6 y 13% respecto al año pasado, según estimaciones oficiales. En numerosas ciudades del país se han dispuesto salas “de refresco”, se ha limitado la circulación y se han decretado medidas dirigidas sobre todo a los mayores, la población más vulnerable en estos momentos, con vistas a evitar un episodio como el de la oleada de calor de 2003, que dejó 15.200 muertos en Francia.

Desde la Asamblea Nacional, Greta Thunberg tomaba sorbos de agua de una botella de aluminio reciclable —también ha venido a Francia en tren para contaminar menos— mientras seguía reclamando que los responsables políticos y sociales actúen de una vez y lo hagan de verdad, no solo como “bellas campañas de relaciones públicas”. “La emergencia climática es hoy y es ahora, y no acaba más que comenzar, y solo va a empeorar”, insistió.

Por Silvia Ayuso

París 23 JUL 2019 - 10:02 COT

Publicado enMedio Ambiente
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