Manifestantes que intentaban llegar al Parlamento libanés responden a los disparos de gases lacrimógenos de la policía, en el segundo día de protestas antigubernamentales tras las devastadoras explosiones que causaron 158 muertes y más de 6 mil heridos, así como 300 mil personas que perdieron sus viviendas. Los ministros de Información y de Medio Ambiente renunciaron ante las repercusiones políticas de la tragedia. Francia ha encabezado un puente aéreo y marítimo de ayuda internacional. Foto Ap. Agencias

 

Protestas y represión en las calles de Beirut por segundo día consecutivo

 

Beirut. La policía libanesa disparó ayer gas lacrimógeno para dispersar a manifestantes que arrojaban piedras y bloqueaban un camino cerca del Parlamento, en el segundo día de protestas antigubernamentales tras las devastadoras explosiones de la semana pasada.

Un incendio se desató en un acceso a la Plaza del Parlamento cuando los manifestantes intentaron irrumpir en un área acordonada. También entraron por la fuerza en las oficinas de los ministerios de Vivienda y Transporte.

Los ministros de Información, Manal Abdel Samad, y de Medio Ambiente y Desarrollo Administrativo, Damianos Kattar, renunciaron ante las repercusiones políticas de la tragedia, tras meses de crisis económica, al señalar que el gobierno fracasó en sus planes de reforma.

El estallido de más de 2 mil toneladas de nitrato de amonio el martes pasado mató a 158 personas, dejó más de 6 mil heridos y a unos 300 mil sin casa.

Policías antidisturbios se enfrentaron a manifestantes cuando miles convergieron en la Plaza del Parlamento, cerca de la Plaza de los Mártires, donde se instalaron carpas para distribuir pan, agua y comida caliente.

Los manifestantes respondieron a los disparos de gas lacrimógeno con el grito: "¡Revolución, revolución!" Algunos trataron de escalar las imponentes barricadas de la policía para proteger la calle que lleva al Parlamento.

El principal clérigo maronita cristiano del país, Bechara Boutros al Rai, dijo que el gabinete debería renunciar, ya que "no puede cambiar la forma en que gobierna".

La ayuda internacional sigue llegando. Francia creó un "puente aéreo y marítimo" para llevar más de 18 toneladas de ayuda médica y cerca de 700 toneladas de alimentos.

La ayuda de urgencia recolectada ayer por medio de una videoconferencia organizada por Francia y la Organización de Naciones Unidas para Líbano se eleva a poco más de 250 millones de euros.

El monto total de la ayuda de urgencia comprometida o movilizable a corto plazo es de 252 millones 700 mil euros, de los cuales 30 millones son de Francia, precisó el Palacio del Elíseo.

El presidente libanés, Michel Aoun, descartó el viernes una investigación internacional, en oposición a una solicitud planteada por su homólogo francés, Emmanuel Macron, quien el jueves visitó Beirut.

Hay que "actuar rápido", exhortó Macron en la videoconferencia de países donantes antes de pasar la palabra a su homólogo estadunidense, Donald Trump, quien se pronunció por una investigación internacional, y a los jefes de gobierno Giuseppe Conte, de Italia, y Pedro Sánchez, de España, así como responsables de las grandes organizaciones internacionales (FMI, Banco Mundial, Cruz Roja, etcétera).

La Organización de Naciones Unidas estimó que sólo el costo de las necesidades sanitarias asciende a 85 millones de dólares.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia calculó además que unos 100 mil niños pueden haberse visto afectados por la situación en que se encuentran sus viviendas, derruidas o semiderruidas, tras las explosiones, y muchos de ellos están entre las víctimas mortales y heridos a causa de este suceso.

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Al menos 100 muertos y más de 4.000 heridos tras una fuerte explosión en el puerto de Beirut

La explosión se produjo en un almacén de explosivos precedida de un incendio en un hangar de silos de trigo.

 

Una fuerte explosión en un almacén de la zona del puerto de Beirut ha sacudido este martes la capital libanesa, sobre la que se eleva una gran columna de humo de color rojizo. La explosión que ha generado una enorme onda expansiva, se pudo sentir en toda la capital desde varios kilómetros de distancia. El incidente ha provocado la muerte al menos 100 personas y deja más de 4.000 heridos, según ha informado la Cruz Roja libanesa. Cientos de personas permanecen atrapadas entre los escombros cercanos a la zona del puerto y los hospitales están saturados.

De acuerdo con la Agencia Nacional de Noticias (ANN), la explosión se ha producido en un almacén de explosivos del puerto de Beirut y ha venido precedida de un incendio en un hangar de silos de trigo del puerto. La agencia dice que hay "heridos" y "grandes daños en las viviendas y vehículos en los alrededores" del lugar donde se produjo el estallido. 

Por su parte, el gobernador de Beirut, Maruán Abud, ha afirmado que las autoridades han perdido el contacto con varios bomberos que se habían desplazado al lugar tras la primera explosión, según la cadena libanesa LBC.

El director de la Seguridad General libanesa, Ibrahim Abbas, ha señalado a los medios en una visita al puerto de Beirut que "parece que la explosión ocurrió en un almacén con material altamente explosivo confiscado desde hace años", sin dar más detalles.

Imágenes difundidas en las redes sociales muestran la detonación y una gran nube con forma de hongo elevándose en el cielo, provocando una onda expansiva que ha afectado a varios barrios de la ciudad y ha provocado daños materiales.

El Ministerio de Salud ordenó a los hospitales "recibir a los heridos a cuenta del Ministerio", en un breve comunicado difundido en su cuenta oficial de Facebook, y la Cruz Roja libanesa está llamando a sus colaboradores a que se movilicen con urgencia.

Según el canal de televisión libanés Al Mayadín, afiliado al grupo chií Hizbulá, el almacén que explotó contenía gasolina.

BEIRUT

04/08/2020 18:11 ACTUALIZADO: 05/08/2020 09:49

AGENCIAS

(Con información de RT en Español)


Explosiones en Beirut son equivalentes a un terremoto de magnitud 4,5

5 agosto 2020 

Al menos dos fuertes explosiones se han registrado este martes en Beirut, la capital libanesa, causando decenas de muertos y miles de heridos, además de cuantiosos daños materiales.

Esto es lo que se sabe hasta el momento de la tragedia, que ha sido calificada por el gobernador de Beirut, Marwan Abboud, de "desastre nacional parecido a Hiroshima".

¿Qué pasó?

La primera explosión se produjo cerca del puerto de la ciudad poco después de las 18:00 (hora local). Pronto aparecieron informaciones de otra explosión cercana al lugar donde se registró la primera.

Los videos captaron la onda expansiva, que golpeó edificios a kilómetros de distancia, mientras una enorme nube de polvo y de escombros se elevaba por el cielo. 

Las víctimas

El Ministerio libanés de Salud sitúa en más de 73 los muertos y en 3.700 los heridos que deja el incidente. Entre los fallecidos se encuentra el secretario general del partido político de las Falanges Libanesas, Nazar Najarian.

Poco después de las explosiones, trascendió que los hospitales estaban saturados y que los heridos estaban siendo enviados a hospitales fuera de la capital.

El primer ministro del Líbano, Hassan Diab, ha decretado un día de luto nacional este miércoles por las víctimas de la explosión.

Los daños

Imágenes obtenidas por residentes locales evidencian los graves daños causados por las explosiones en el interior de edificios, así como calles devastadas. El gobernador de Beirut afirmó que las explosiones han afectado, aproximadamente, a la mitad de la capital.

Las detonaciones dañaron también el aeropuerto internacional situado a varios kilómetros de distancia del epicentro. El impacto del estruendo fue tal, que incluso se llegó a sentir en Limasol, Chipre. Por su parte, sismólogos jordanos compararon la potencia de la explosión con la de un terremoto de magnitud 4,5.

Las causas

En un primer momento, el ministro de Salud, Hamad Hassan, atribuyó las explosiones a un barco que transportaba fuegos artificiales. Sin embargo, las autoridades pertinentes descartaron la versión de la pirotecnia.

El jefe de seguridad interna del Líbano, Abbas Ibrahim, declaró que el suceso se produjo en una sección que albergaba materiales "altamente explosivos". Además, se negó a especular sobre la causa de la detonación, asegurando que "no se puede adelantar a las investigaciones".

Fuente: Cubadebate

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La tragedia de Hidroituango: ¿El ocaso de un modelo?

La decisión de no construir sino un túnel de desviación, así como de poner a producir energía a Hidroituango antes de lo proyectado o en el tiempo exacto de lo calculado, a riesgo de llevar al límite esta megaobra, es parte de la explicación profunda de por qué la misma entró en crisis. Hace rato que EPM se comporta con un criterio privado, en el cual se priorizan los resultados financieros sobre los resultados sociales o energéticos.

 

Con el agua al cuello. Tras más de tres décadas de estudios de factibilidad y diseño de obra, y diez años de construcción, Hidroituango flaquea. Como al mal brujo que no logra controlar sus hechizos, aquí, en el campo de la ingeniería, parece suceder lo mismo, pero todo ello por decisiones mal tomadas.

Es conocido lo sucedido en este proyecto durante el último mes: la obstrucción de un túnel de desviación de las aguas, cuando los otros dos estaban taponados, hizo que el embalse se empezara a llenar sin haberse terminado la presa. Buscando evitar una tragedia que implicara, entre otros, la destrucción de la presa, se optó por desviar el río por los túneles de conducción, inundando la casa de máquinas. Si bien los riesgos aún existen son menores que hace unos días.


Las causas de esta situación, en especial la razón por la cual se taponaron los túneles de desviación, sin construir compuertas para su cierre como estaba previsto en el diseño original, será materia de investigación por parte de los entes correspondientes.

Sin embargo, hay que ir un poco más allá. En realidad, las Empresas Públicas de Medellín (EPM) tenían urgencia de cumplir el compromiso de poner en operación el proyecto en diciembre de 2018. No tenerlo le hubiera costado pagar las garantías por la adjudicación del cargo por confiabilidad y tener que comprar energía para cumplir los contratos de venta firmados con anterioridad.


Es decir, el afán a la hora de la decisión tomada, era no perder unos pesos de rentabilidad de un proyecto diseñado para producir energía por más de 50 años. El modelo de mercado y de competencia lleva a este tipo de decisiones. Se prioriza la rentabilidad sobre las decisiones técnicas y se asumen riesgos que jamás han debido asumirse. Un proyecto de esta magnitud no podía tomar el riesgo de no tener sino un túnel de desviación, así fuera por pocos meses. Se hizo en el peor momento, cuando el invierno estaba en su mayor nivel. La competencia por el mercado conduce a actuaciones muchas veces equivocadas. Una empresa pública como EPM tiene la presión de ganar dinero para rendirle cuentas a su municipio. Hace rato que EPM se comporta con un criterio privado, en el cual se priorizan los resultados financieros sobre los resultados sociales o energéticos.


Una reflexión y pregunta fundamental en este momento sería: ¿Cuál es el papel de las empresas públicas en la prestación de un servicio esencial como la energía eléctrica?


La obra


Son decisiones erradas, con consecuencias mayores por la magnitud de la misma obra, que de romperse la presa implicaría una catástrofe humanitaria de mayúsculas proporciones.


No es para menos: El embalse albergará 2.720 millones de metros cúbicos de agua e inundará unas 3.800 hectáreas. La presa tiene una altura de 225 mts y es de enrocado con núcleo de arcilla (1). La casa de máquinas es de tipo subterráneo y alberga 8 unidades de 300 MW de potencia cada una. Las obras principales ocupan predios de los municipios de Ituango y Briceño, mientras que los municipios de Santafé de Antioquia, Buriticá, Peque, Liborina, Sabanalarga, Toledo, Olaya, San Andrés de Cuerquia, Valdivia y Yarumal, aportan predios para las diferentes obras del proyecto.


Conocido como el proyecto hidroeléctrico de Pescadero-Ituango, está ubicado en el noroccidente del departamento de Antioquia a 173 Kms. de la ciudad de Medellín, consiste en el represamiento del río Cauca, en el denominado cañón del Cauca, para la generación de electricidad, con una capacidad instalada de 2.400 MW (equivalente a casi un 15 por ciento de la actual capacidad instalada en el Sistema Interconectado Nacional). Los dos socios principales en la construcción del proyecto son el Departamento de Antioquia a través del Instituto para el Desarrollo de Antioquia (Idea, 50,7%) y Empresas Públicas de Medellín (EPM, 46,3%), siendo esta última la encargada de contratar la construcción y hacer la operación una vez entre en funcionamiento.


El proyecto, en promedio, cada año podrá generar 13.930 GWh, que representa un 20,1 por ciento de la demanda anual proyectada para 2018 por la Unidad de Planeación Minero Energética. El costo del mismo, según información difundida por EPM, supera los 12 billones de pesos, es decir, es el proyecto más grande emprendido por las EPM y el más grande en la historia del sector eléctrico colombiano.


Las tragedias


Tal vez el tono de Jorge Londoño De la Cuesta, gerente general de EPM, o el mismo del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, o el hecho de que Juan Manuel Santos se haya trasladado hasta la zona en emergencia como evidencia de que las cosas, supuestamente no pasarán a mayores, han servido, todas y cada una de ellas para ocultar o menguar la magnitud de lo que está en curso, pero con Hidroituango estamos ante la peor de las tragedias vividas por el sector eléctrico nacional, debido al impacto extendido a todos los ámbitos de la sociedad. Es tal su magnitud, y a pesar de lo antes anotado, que es el único hecho que ha logrado opacar en cierta forma el proceso electoral y colocar en el debate presidencial el tema, así sea de manera superficial.


En efecto, se trata de una tragedia de múltiples dimensiones: en primer lugar, una tragedia para las comunidades ribereñas, tanto de aguas abajo como de aguas arriba de la presa. Tragedia mucho más crítica toda vez que ellas se opusieron a esta obra desde el mismo momento en que se anunció su construcción por considerar que tenía impactos muy negativos en el medio ambiente; fauna, flora, pesca, aguas, etcétera, todo lo cual afectaría de manera negativa a quienes habitan la zona de influencia del río desde siempre. Pese a la justeza de sus reclamos, como en casi todos los casos de las megaobras, estas demandas no fueron escuchadas y el proyecto de todos modos inició su construcción en el año 2010.


La decisión de ejecutar el proyecto parte de la adjudicación de la subasta de Energía Firme (2) hecha por la Creg en junio de 2008, mediante la cual se le adjudica a éste y a otros proyectos un cargo por confiabilidad por 20 años que favoreció la posibilidad de financiación del proyecto. El compromiso adquirido por Hidroituango fue el de entregar 2.972.603 kW-h-día durante 20 años, por lo cual recibiría un cargo de US$13.998 por MWh generado.


Durante la construcción la comunidad, en buena parte acompañada por el Movimiento Ríos Vivos, realizó veeduría constante de las obras, exigiendo el cumplimiento de los compromisos señalados en la licencia ambiental y otros que surgieron en el proceso de construcción, como el hallazgo de fosas comunes de víctimas de las masacres varias ocurridas en la zona por parte de grupos armados, especialmente paramilitares. Pero en este referido tampoco fueron escuchadas, lo que hubiera evitado la inundación de fosas comunes. Su evaluación previa al llenado, sin duda, hubiera contribuido a esclarecer las terribles masacres de una de las regiones más azotadas por el conflicto armado colombiano.


También es una tragedia ambiental inmensa. Por supuesto, un proyecto de esta magnitud tiene impactos, no solo en la zona de influencia sino en toda la cuenca, como lo señala un reciente estudio de expertos de la Universidad Javeriana. En primer lugar, inunda dos centros poblados (Orobajo en Sabanalarga y el corregimiento Barbacoas en Peque), lo cual produjo el desplazamiento de numerosas familias. Además, tendrá impactos sobre la flora y la fauna regional, sobre la pesca y otras actividades que desarrollaban los habitantes ribereños como la minería artesanal de oro.


Como parte de esta tragedia ambiental también está la tala del bosque antes de el llenado del embalse, decisión tomada por los responsables de esta megaobra y contraria a lo consignado en la licencia ambiental original otorgada por la Anla al proyecto. Sin embargo, EPM logró convencer a la Anla para modificar la licencia en este aspecto y disminuir la cantidad de bosque a talar y retirar del sitio del embalse antes del llenado. Es posible que el arrastre de una gran cantidad de madera haya contribuido al taponamiento del túnel que inició la tragedia.


Todo lo anterior es parte de la tragedia de la comunidad. Sus voces y sus justos reclamos no han sido escuchados. Y a ello agregamos la tragedia actual. Señala el Movimiento Ríos Vivos en su portal (3): “El ambiente en la región es de temor, desesperanza y desconsuelo. En estos momentos urge la solidaridad nacional e internacional para las comunidades que han perdido sus viviendas, formas de sustento y de relacionarse con el entorno […]”. Pero hay más, desde el inicio del proyecto han sido asesinados dos miembros del Movimiento Ríos Vivos. Por ello, si bien no han habido muertos por el taponamiento del túnel, sí los ha habido por la intolerancia y la incapacidad de escuchar voces distintas y diversas. Son los muertos de todos los días, impunes, abandonados por la indiferencia e indolencia de un Estado incapaz de proteger la vida de todos los colombianos.


También es una tragedia para la Ingeniería nacional, la cual no sale bien librada por lo que está en curso. Después de lo ocurrido en varios edificios en Medellín y Cartagena, sumado a lo del Puente Chirajara en la vía al Llano, lo ocurrido en Hidroituango pone una vez más las luces sobre lo que viene ocurriendo con nuestros ingenieros. ¿Será que la calidad de la educación ha retrocedido? o, ¿Será que los ingenieros son víctimas del modelo de rentabilidad que exige tiempos y réditos a ritmos que la ingeniería no puede cumplir sin afectar la calidad de las obras? Este es un debate que no puede posponerse por parte de la misma academia. La ingeniería colombiana no resiste un fracaso más.


Es una tragedia para los antioqueños, porque el departamento es el dueño de la mayor parte del proyecto y los efectos económicos son de un tamaño gigantesco para el ente territorial.


De igual manera lo es para las EPM, la joya de la corona de aquella ciudad, una empresa pública con un gran historial de buenas ejecutorias, es una tragedia no solo en lo reputacional, sino en lo económico, porque sin duda el costo no esperado de este suceso, que aún no está cuantificado, va a afectar las finanzas de una empresa que ya con algunas inversiones en el extranjero ha mostrado ciertas debilidades en sus decisiones para realizar buenos negocios. Ello sin agregar la investigación que se adelanta a nivel de fiscalía por la contratación de Consorcio CCC (conformado por la brasileña Construções e Coméercio Camargo Corrêea S.A., y las colombianas Constructora Conconcreto S.A. y Coninsa Ramón H. S.A), el cual ha sido el encargado de ejecutar la construcción de la presa, la central de máquinas y demás obras asociadas al proyecto hidroeléctrico. Es importante señalar que la firma brasileña es una de las implicadas en el proceso por corrupción que se adelanta en Brasil con el nombre de “Lava Jato”.


Pero para el país también es una tragedia, no solo por el tamaño del proyecto y su importancia en el futuro suministro de energía. Lo es porque a pesar que la dirigencia de EPM afirma que los sobrecostos no se trasladarán a la tarifa, eso no es cierto en el modelo eléctrico actual, como explicaremos más adelante. Es decir, los platos rotos los pagaremos todos los usuarios de energía del país que representa el 96 por ciento de la población, ya que el 4 restante aún no cuenta con fluido eléctrico.


Consecuencias posibles


La crisis ha roto todo lo proyectado en esta obra, y aunque parece que va encontrando soluciones, vale la pena preguntar, ¿qué va a pasar después de este desastre?
Un pronóstico previsible sobre este particular, sería:


Se investigará lo sucedido técnicamente y posiblemente se le achaque la responsabilidad a algunos ingenieros de EPM. Poco probable que los directivos asuman responsabilidades de algún tipo.
El proyecto, probablemente, se terminará en uno o dos años, con un sobrecosto muy alto con respecto a lo prevista hasta la fecha.
EPM, posiblemente vea afectada sus finanzas, pero con los demás proyectos que tiene podrá superar la situación.
La Creg hará todo lo posible por facilitar el futuro de EPM.
Es posible, pero no seguro, que este hecho posibilite las subastas de energía de largo plazo que permitan la entrada de Fuentes de energía renovable no convencional. Ojalá también sea posible la entrada de nuevos agentes.
El atraso del proyecto probablemente no producirá desabastecimiento de energía porque el sistema cuenta con reservas suficientes y ya se anuncia una nueva subasta de energía firme para el mes de octubre (se adelantó dos años con respecto a lo inicialmente previsto).
El modelo del sector eléctrico continuará. Posiblemente se hagan reformas para profundizar el mercado


Consecuencias deseables


Es claro que lo deseable es que esta tragedia produzca cambios de fondo en el modelo eléctrico, entre ellas:


Dar más participación a las comunidades en las decisiones de los proyectos que de alguna manera las afecten.
Establecer un sistema de precios con base en costos y no en competencia de precios, donde quienes tiene el poder de mercado pueden manipular los precios para obtener mayores ganancias.
Organizar a los consumidores para que tengan voz en la Creg, para tener en cuenta sus necesidades y posibilidades.
Democratizar el consumo y la producción de energía, facilitando la entrada de pequeños productores y agrupaciones comunitarias.
Dar mayor injerencia a los municipios en las decisiones sobre el servicio público de energía.
Acelerar el proceso de penetración de fuentes no convencionales de energía. Que los municipios tengan mayor injerencia en las decisiones sobre el servicio público de energía.
Propender porque los megaproyectos hidroeléctricos que afecten a las comunidades y al medio ambiente, por encima de sus beneficios económicos, puedan ser reemplazados por otras fuentes de energía. Que se empiece aceleradamente el proceso de penetración de fuentes no convencionales de energía.


En últimas, las consecuencias de esta tragedia en Hidroituango están por verse. Podría no pasar casi nada o podría transformarse el modelo para bien de las mayorías que habitan en Colombia. g

1. Una presa de enrocada con núcleo de arcilla es la que se construye con rocas extraídas de la misma región del proyecto y que en el centro lleva arcilla o barro para impermeabilizarla y que no se filtre el agua. Hay otros tipos de presa: presas de concreto, presas de tierra, etc.
2. Las subastas de energía firme se hacen para garantizar la confiabilidad y desarrollar nuevos proyectos. La CREG define una cantidad de energía a contratar por este mecanismo, denominada firme porque se puede entregar con una probabilidad muy alta, y la adjudica a los proyectos que compiten por el precio menor a recibir en la subasta.
3. https://defensaterritorios.wordpress.com/

*Profesor Facultad de Ingeniería Universidad Nacional de Colombia


El modelo

 

El modelo de funcionamiento del sector eléctrico colombiano se fundamenta en las Leyes 142 y 143 de 1994, que reformaron el modelo estatal que funcionó hasta ese año. Las principales características del modelo existente son:

 

• Participación privada en todas las actividades de la cadena de producción.
• Separación de actividades: generación, transmisión, distribución y comercialización. Las empresas que se crearan después de las leyes de 1994 no podrían estar integradas verticalmente (tener todas las actividades de la cadena de producción).
• Promover la competencia donde fuera posible: se hizo en la generación y en la comercialización de grandes consumidores.
• Creación de un mercado mayorista de electricidad: Este mercado es competitivo y en él pueden participar los generadores y los comercializadores que le venden la energía a los usuarios finales.
• El Estado se encarga de la regulación de precios y tarifas y de las reglas del mercado. Este rol lo ejecuta la Comisión de Regulación de Energía y Gas –Creg–. Las tarifas deben reflejar los costos económicos de producción.
• El Estado se encarga de la planificación a través de la Upme. Sin embargo, en cuanto a la generación esta planeación es meramente indicativa. Las empresas generadoras deciden los proyectos que quieren ejecutar. La Creg da señales económicas para que los proyectos se realicen.

 

Uno de los propósitos de las reformas hechas al sector en la década del 90, y que aún hoy se mantienen, era garantizar el suministro confiable y seguro y a partir de mayor eficiencia tener mejores precios para los consumidores finales. El primer objetivo se ha cumplido parcialmente, pero el segundo no. Colombia tiene tarifas de energía más altas que países similares que poseen incluso menos fuentes energéticas que nosotros.


Respecto a la eficiencia en el suministro, el país utiliza hoy combustibles líquidos (principalmente diésel) para la generación de electricidad. Este hecho, muestra una gran ineficiencia en la matriz eléctrica, pues la generación con este combustible es varias veces más costosa que con energías convencionales y tiene impactos en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), efectos ambientales muy cuestionables.


Por otra parte, en la generación eléctrica existe una alta concentración de la propiedad, en la cual tres empresas (EPM, Isagen y Emgesa –propiedad de la italiana Enel) controlan más del 52 por ciento de la capacidad de producción. Esta situación produce capacidad de ejercer poder de mercado, lo cual eventualmente podría afectar los precios de la energía.


En Colombia aún no han penetrado las Fuentes renovables no convencionales de energía (eólicas, solares, biomasa o geotermia) porque el esquema de mercado a ultranza hasta ahora desarrollado no permite que se otorguen los incentivos necesarios para que estas tecnologías entren al país. Además, de contar con recursos abundantes, especialmente de sol, viento y biomasa, la Creg ha demorado años en dar señales de mercado positivas, no solo para que se realicen proyectos con energías limpias sino para que entren nuevos productores que hagan más eficiente el sistema.


En conclusión, en el sector eléctrico impera un modelo de mercado con fuerte participación privada, aunque aún quedan varias empresas públicas (entre ellas EPM). 

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Miércoles, 20 Septiembre 2017 07:30

México murió el día en que recordó la muerte

México murió el día en que recordó la muerte

Dos horas después del simulacro, que se realiza anualmente en coincidencia con el aniversario del trágico sismo de 1985, se desató un temblor que destruyó edificios, calles, rutas. Murieron, al menos, 139 personas y hay muchos desaparecidos.

 

El edificio, de unos siete pisos, vibró primero, se saltaron unos cables después, con la fuerza de un latigazo. Acto seguido, se desmoronó sobre sí mismo, sin dar tiempo, sin anunciar nada, cada piso tragándose al de arriba, aplastados techo contra piso y piso contra techo, con todo lo que hubiere dentro, en medio de un estrépito y una nube de polvo que ocultaba todo, menos los gritos de- sesperados. Acababa de abrirse y cerrarse la tierra. No se sabe si entre los escombros habría gente adentro, es presumible que sí. Esa misma imagen se repitió una y otra vez en la Ciudad de México, en Puebla y en Morelos, estado donde, cerca del poblado de Axochiapan, se localizó el epicentro del terremoto, de 7,1 en la escala de Richter, a 57 kilómetros de profundidad, a las 13.14, hora local (15.15 de Argentina). Ayer, cuando habían pasado tres horas del impacto más duro, la información oficial hablaba de más de 105 muertes (con cifras provisorias y toneladas de escombros por remover) entre el DF, Puebla, Morelos y Estado de México. Y una imprecisión completa en el número de personas que quedaron en la calle. Dos horas más tarde, la cifra llegó a 119. Al cierre de esta edición, había aumentado a 139.


“Mi familia vive en ese edificio”, gritaba la mujer, mientras algunas personas la rodeaban e intentaban consolarla o contenerla para que no se lanzara hacia los escombros. Otra repetía a gritos sin esperar que la escucharan, “¡de repente, se abrió la tierra!”. La otra mujer gritaba desesperada porque los nombres de sus familiares no estaban en la lista de los rescatados. Intentaban explicarle que estaban tratando de encontrar más personas vivas debajo de las lozas de hormigón entrelazadas. Sobre los restos de lo que fue la estructura del edificio, veinte, quizás treinta hombres golpeaban con picos unos, levantaban cascotes y pedazos de hormigón otros, en una desventajosa carrera contra el tiempo.


“No sabemos cuántas más están entre los escombros. También hay una escuela caída”, dijo una policía en la avenida Nuevo León. Se refería a una escuela del barrio de Villa Coapa, al sur del DF, la escuela Enrique Rebsamen, que tenía jardín de infantes, primaria y secundaria, distribuidos en dos edificios. Uno colapsó. Los rescatistas habían logrado rescatar a una buena cantidad y seguían esforzados. Tres niños habían fallecido. “No se puede meter maquinaria”, dijo el ministro del Interior, Miguel Angel Osorio Chong. El rescate debe hacerse con picos y a mano por si hay sobrevivientes.


Los rescatados fueron llevados a un hospital, mientras se seguía en la búsqueda. Debajo, a nivel de la calle, una multitud se había organizado en columnas que iban pasando, mano en mano, los bloques de cemento para despejar el lugar. Cada vez que se detectaba a alguien entre las piedras y lograban rescatarlo con vida, los de arriba levantaban las manos, una señal hacia abajo, para contar que lo habían logrado, que habían ganado esa mínima carrera, y la multitud de abajo levantaba las manos. La imagen, a la vista, la intensidad que despegaban esas manos en alto daban cuenta de la emoción puesta en esas búsquedas de familiares y de desconocidos. Ver el festejo de las manos en alto, arrancaba ganas de llorar. En otros momentos, la tristeza del rescate de un cuerpo, aplastaba el alma.


En la colonia Condesa, en la calle Amsterdam, un edificio de unos ocho departamentos se derrumbó por completo. “Hay personas atrapadas, todavía no han sacado a nadie y esperamos que no haya fallecidos”, dijo un funcionario de Protección Civil. “Apaguen sus celulares, hay una fuga de gas”, gritaba un joven que, con un casco de bicicleta y una pañoleta que cubría su nariz y boca, ayudaba a organizar a los voluntarios. Muchos lo imitaban y otros pedían botellas de agua y alimentos para los rescatistas. Cada tanto se veía pasar alguien cargando un bidón de agua.


Con mirada angustiada y una mano en el pecho, Norma Medina hablaba con sus vecinos fuera del edificio de departamentos del cual es conserje en la colonia Nochebuena. El miedo le había marcado el rostro. “Todo se movió: las paredes, los muebles, las ventanas. Recordé el terremoto del ‘85 y justo hoy fue el simulacro”, dijo la mujer. Todos allí recordaban aquellos días de horror (ver página 5). Ayer se cumplían exactamente 32 años. Desde aquella fecha ese día se realiza un simulacro anual, un poco en homenaje, y otro poco para establecer prácticas y protocolos. Dos horas después, México empezó a temblar. Nadie se acordó del homenaje.


El sismo, de magnitud 7,1, se originó al sureste de Axochiapan, estado de Morelos, a 160 kilómetros al sureste de la Ciudad de México y sólo 12 días después de otro terremoto de 8,2 (el más fuerte desde 1932) que sacudió el sur del país y que dejó 98 muertos y miles de viviendas destruidas.


A las 13:14 empezó el temblor, primero de forma suave, a lo que ya están acostumbrados los mexicanos, para luego convertirse en una sacudida tan fuerte que llevó a las personas a escapar de sus casas y reunirse en las calles. Niños que lloraban, perros que ladraban, expresiones de pánico entre los adultos, ocupaban las calles, mientras el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, que regresaba al DF –se dirigía al estado sureño de Oaxaca– cuando ocurrió el sismo, pedía que no colapsaran las calles para permitir el traslado de heridos.


“Estábamos terminando de hacer el pan para vender y empezó a temblar. Se rompieron los vidrios de las ventanas y los focos. Logramos apagar las estufas antes de que algo peor ocurriera”, contó Pablo Sandoval, trabajador de una panadería en la colonia Nochebuena. Fuera del local se veían los vidrios astillados en el suelo.


Una estimación del director general de Protección Civil, de Gobernación, Luis Felipe Puente, informó que al menos 139 personas murieron. En Ciudad de México (DF) fallecieron al menos 36; 29 en Puebla, 64 en Morelos, 9 en Estado de México, y 1 en Guerrero. La perspectiva no era alentadora. Sólo en el DF las autoridades habían contado casi medio centenar de edificios derrumbados por completo. Las listas de desaparecidos seguía en aumento.


Las escenas se replicaban semejantes en diferentes colonias del DF. Sirenas de bomberos y ambulancias se escuchaban retumbando en las calles, los vehículos atestando el asfalto, sus conductores intentando regresar a sus hogares. En las calles, muchos intentando conectarse desde sus celulares con familiares y amigos.


Mientras, desde el mundo llegaban mensajes de aliento y envíos de asistencia. En la búsqueda de alternativas para acompañar y auxiliar, Facebook y Google activaron sus programas localizadores de personas. El consulado argentino hizo lo propio: informó que hasta el momento no tenía información sobre víctimas argentinas. Después debió que ser evacuado para evitar riesgos.

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Vista aérea de un barrio de Mocoa, completamente arrasado por las piedras y el fango.

 

La avalancha de agua y fango, que ha provocado hasta la fecha 267 muertes en la localidad colombiana de Mocoa, podría haber sido fuertemente condicionada por factores humanos, según han venido señalando distintos expertos ambientales en los últimos días. El desbordamiento de tres ríos, que provocó una inmensa avalancha en la capital del distrito del Putumayo, enclavada en plena selva amazónica, habría sido causado por la alta deforestación, el cambio climático y la mala planificación urbanística según estos expertos.

“El 50 por ciento de los puntos calientes de la deforestación en Colombia están ubicados en la Amazonía, en donde está el departamento del Putumayo. Esa deforestación incluye la degradación de cuencas”, declara a Público Adriana Soto, ex viceministra de Ambiente y directora regional de la organización ecologista The Nature Conservancy. Para Soto, las principales causas de la deforestación en estos departamentos son la ganadería extensiva, los cultivos ilícitos, la tala indiscriminada y la minería ilegal.

“Recordemos que los bosques sirven como administradores del agua. En épocas de pocas lluvias permiten que el líquido salga de forma controlada y se evita la sequía, y en la temporada de invierno acumulan el recurso dosificando su escorrentía”, declaró al periódico El Espectador Néstor Franco, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR).

 

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Ataudes apilados para cobijar a los cadáveres por la tragedia de Mocoa. /REUTERS

 

Las voces denunciando estas causas humanas de la tragedia no sólo habrían aparecido tras la avalancha, sino que varios estudios ya anunciaron el riesgo hace nueve meses, según informó la revista colombiana Semana. Estos informes advertían de que la falta de planificación urbanística en distintos municipios de la región había permitido que se construyeran viviendas en zonas de riesgo de desbordamientos fluviales en una zona caracterizada por las altas precipitaciones.

“Es un tema de uso inadecuado de los suelos que agrava este tipo de eventos. Hace nueve meses los estudios revelaban que algo como esto podía pasar”, declaró a la revista Semana Luis Alexander Mejía, director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía).

“La gente se ha ubicado y ha construido viviendas en las rondas de los ríos y en las zonas de riesgo no mitigable y esto hace que cuando se combina el cambio climático con eventos extremos y la deforestación hace que aumente la vulnerabilidad de los elementos expuestos”, delcara la ex viceministra Soto. “La mayoría de municipios de Colombia tienen que actualizar sus planes de ordenamiento territorial para incorporar las zonas de riesgo frente al cambio climático”, añade Soto.

 

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Un coche destrozado por la riada en Mocoa. /REUTERS

 

 
Desarrollo o prevención

 

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) puso en alerta roja por riesgo de nuevas inundaciones a ocho departamentos del país. Esta situación de alto riesgo llega, además, en un periodo poco inusual del año, cuando la temporada de lluvias del clima tropical colombiano aún no ha comenzado.

La influencia del cambio climático en este tipo de desastres naturales es indudable para el ambientalista Rodrigo Botero, que en un artículo publicado el pasado sábado escribió: “Observamos, cómo han cambiado drásticamente los patrones de precipitación. La intensidad de los aguaceros, el volumen total por mes y por año, la frecuencia de eventos extremos es notoria. Es decir, además de la condición intrínseca (susceptibilidad de los suelos, paisajes inestables, precipitación, pendientes fuertes y largas), un uso del suelo crecientemente inapropiado, se suma una condición de cambio en los patrones de precipitación”.

El debate entre si el país debe primar el desarrollo y construcción de infraestructuras frente a la prevención de riesgos de catástrofes como la de Mocoa también estuvo presente en los medios colombianos. En una antigua entrevista de 2011 a la revista Semana reflotada en estos días en Internet, el gestor de medio ambiente colombiano Gustavo Wilches Chaux declaró: “Pensamos en obras de infraestructura en aras de la competitividad económica del país y dejamos un aspecto fundamental de la competitividad, que es tener un país capaz de aguantar los efectos del clima, la visita de un huracán, una sequía, y sobre todo capaz de mantener la convivencia entre los seres humanos”.

 

PABLO RODERO @pablorodero

 

 


 

El país

 

Colombia declara la emergencia económica y social por la avalancha de Mocoa

 

El presidente Juan Manuel Santos designa al ministro de Defensa gerente para la reconstrucción de la ciudad

 

 

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El equipo de rescatistas sigue sacando cuerpos de entre los escombros en Mocoa, al sur de Colombia. FERNANDO VERGARA AP / ATLAS

 

 

Ana Marcos


Bogotá 4 ABR 2017 - 04:51 COT

 

Mocoa, en el sur de Colombia, sigue sacando escombros de sus calles en busca de sus desaparecidos. Han pasado tres días desde que la madrugada del 1 de abril el desbordamiento de varios ríos sepultara la capital del Putumayo bajo barro, piedras y palos. La cifra de fallecidos sigue aumentando: 273. Otras 200 personas están heridas. Los desaparecidos se cuentan por centenares, pero sigue sin definirse un número a falta de un inventario definitivo. Ante esta situación, el Gobierno de Juan Manuel Santos ha decretado la emergencia económica, social y ecológica "para efectuar modificaciones y traslados presupuestales y adoptar todas las medidas necesarias para atender la emergencia", ha dicho en una declaración pública.

Para enfrentar esta tarea, el presidente colombiano ha designado como gerente del operativo de reconstrucción de la localidad al ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. "Ya lideró con éxito la reconstrucción del eje cafetero a través del FOREC", ha explicado Santos, en referencia al terremoto que sufrió esta zona en 1999.

El último balance presentado por el Gobierno fija como máxima prioridad la salud pública. Cientos de cuerpos siguen desaparecidos y los cadáveres esperan en una morgue improvisada a ser identificados por Medicina Legal bajo el sol de esta región amazónica. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, explicó sobre el terreno la necesidad de construir una sala fría, con la ayuda de generadores de electricidad, para evitar brotes y epidemias. "Se han iniciado campañas de prevención y educación", ha asegurado Santos.

Al mismo tiempo, ya está funcionando una planta de agua potable que suministra 7.000 litros de agua diarios, además del uso de carrotanques y plantas potabilizadoras. Para asegurar la provisión de agua y energía, el Gobierno diseña un plan de abastecimiento de combustible. La falta de energía tras la avalancha es una de las necesidades más acuciantes en este momento en Mocoa.

Los supervivientes de la tragedia de Mocoa duermen en varios albergues dispuestos por lo que queda de la ciudad. Se han instalado en cada uno de ellos puestos de salud. El informe del Gobierno detalle que hasta ahora se han entregado 2.000 paquetes de comida, 2.000 equipos de cocina, 2.300 de aseo, y miles de mantas y colchonetas para pasar las noches.

Juan Manuel Santos vuelve a viajar por tercer día consecutivo a la zona con el nuevo gerente del operativo y la compañía de un amplio grupo de ministros. Su esposa, María Clemencia Santos, se traslada con material humanitario a Mocoa y mantiene su trabajo con el Instituto de Bienestar Familiar en la asistencia a los menores.

 

 

Publicado enColombia
“Tenemos una infraestructura defectuosa”

Las lluvias y las inundaciones no dan tregua. Ríos desbordados, ciudades cubiertas por más de un metro y medio de agua, poblaciones aisladas, más de 30 mil viviendas destruidas o inhabitables, graves daños a la infraestructura vial y a los cultivos, 101 muertos, 20 desaparecidos, más de 141 mil damnificados y 940 mil personas afectadas, es, hasta hoy, el duro balance del desastre causado por las torrenciales lluvias que afectan al Perú desde hace varias semanas y que, según los expertos, se prolongarán un mes más. El país no padecía lluvias tan fuertes desde hace 20 años.

La costa norte es la más afectada, pero el desastre también ha golpeado la capital y algunas ciudades del sur. La magnitud de los daños ha dejado en dramática evidencia lo mal preparado que está el país para enfrentar las fuertes lluvias, a pesar de ser un problema que se repite cada cierto tiempo a causa del fenómeno de El Niño, un calentamiento de las aguas del Pacífico que origina intensas precipitaciones pluviales. Un nuevo golpe a la clase política, esta vez por su falta de previsión. Las últimas ocasiones en las que El Niño golpeó el país fueron en 1998 y 1983. Ahora se repite la historia de destrucción, dramas humanos y falta de previsión, más corrupción y malas políticas.

Los más golpeados por las lluvias, los desbordes de ríos y las avalanchas de agua, lodo y piedras, son los sectores más pobres, asentados precariamente en las laderas de los cerros y en las quebradas y cauces secos de ríos que se han activado con las grandes lluvias. Pero las inundaciones también han llegado hasta el centro de varias ciudades de la costa norte, las cuales, a pesar de que las lluvias torrenciales son un fenómeno cíclico en esa zona, no están preparadas para soportarlas. No tienen drenajes adecuados y las defensas ribereñas son escasas y malas.

En la frontera con Ecuador, el río Zarumilla, que separa ambos países, se desbordó solamente por el desprotegido lado peruano, con millonarias pérdidas en tierras de cultivo. Del lado ecuatoriano, donde se ha construido una barrera protectora de piedras, no hubo desborde, ahí los cultivos han quedado intactos. Este caso destaca la diferencia entre las autoridades de uno y otro país para encarar la prevención. Así lo ha reconocido el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, que ha destacado como un ejemplo a seguir las obras de prevención hechas en Ecuador, que ha recibido similares lluvias que el Perú, pero ha sufrido daños significativamente menores.

“Los daños han sido muy altos porque tenemos una infraestructura defectuosa, construida sin tener en cuenta la posibilidad de un desastre como éste, a pesar que El Niño es cíclico en el Perú. Los parámetros de diseño de carreteras y puentes son inadecuados y subdimensionan los efectos que pueden causar las lluvias y los caudales que pueden alcanzar los ríos. Las defensas ribereñas son muy limitadas y no han tenido el mantenimiento necesario para que cumplan su función. Las ciudades no tienen la infraestructura para evacuar las aguas. Los ríos no han sido canalizados y no tienen vías de evacuación para que en tiempos de crecida las aguas puedan desfogar sin afectar a las poblaciones. No hay una planificación de las autoridades para un ordenamiento del uso del territorio que evite que poblaciones se instalen en zonas de riesgo donde no deben estar”, le señaló a PáginaI12 Juvenal Medina, ingeniero geólogo y coordinador de estudios y proyectos del Centro de Estudios y Prevención de Desastres.

El especialista agrega: “Las autoridades priorizan obras que les pueden dar réditos políticos en el corto plazo y no hacen obras de prevención para el mediano y largo plazo. Además, está el problema de la corrupción, que afecta la calidad de las obras que se hacen. Espero que este desastre sirva para un punto de quiebre y ahora sí tengamos una política seria y planificada de prevención”.

El gobierno ha destinado hasta ahora para la reconstrucción 1500 millones de dólares, pero el monto final que ésta demandaría sería mayor. Medina estima que los daños finales –las lluvias todavía continúan– superarían los 3500 millones de dólares en pérdidas que dejó El Niño en 1998.

Este desastre natural también ha tenido un impacto político. Las inundaciones le han dado un respiro al presidente Kuczynski. Frente al desastre, se ha generado una extensa cadena de solidaridad ciudadana y una demanda de unidad que ha sacado del escenario los enfrentamientos políticos que golpeaban a un régimen muy debilitado. La iniciativa se ha desplazado de la oposición al gobierno.

El desastre se ha convertido en una inesperada oportunidad para el gobierno, que ha tenido una activa reacción para atender la emergencia. Un primer efecto es que se ha detenido la caída en picada que venía teniendo la popularidad del presidente, que solamente entre diciembre y febrero había caído 17 puntos. En marzo, según una reciente encuesta de GFK, el apoyo a Kuczynski subió dos puntos, pasando de 29 a 31 por ciento.

De cómo encare el difícil reto de la reconstrucción dependerá en mucho el destino del gobierno. Si lo hace con eficacia e inicia una política planificada de prevención –como infraestructura que mitigue los efectos de las lluvias y la reubicación de poblaciones asentadas en zonas de riesgo– que otros gobiernos eludieron, y maneja bien el costo económico de la reconstrucción, puede remontar la temprana crisis política que lo agobiaba a menos de un año de llegar al poder, pero si no es así, muy probablemente volvería a caer en la crisis, con el riesgo de terminar tempranamente ahogado.

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